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Características del psiquismo del púber y del adolescente.

Caracas, 2019
1
Sandra Bear

Tradicionalmente, la adolescencia ha sido considerada como un período crítico de


desarrollo comprendido entre el final de la niñez y el comienzo de la edad adulta. Los
autores coinciden en que el comienzo de la adolescencia lo determina el aspecto biológico y
surge con la pubertad, alrededor de los 10-12 años cuando se presentan los cambios
fisiológicos. Estos incluyen: el comienzo de la menstruación de las mujeres, la presencia de
semen en los varones, la maduración de los órganos sexuales primarios y el desarrollo de
las características sexuales secundarias. Con respecto a la edad en que se deja de ser
adolescente y la persona se convierte en adulta, el acuerdo no es tan claro, ya que el fin de
la adolescencia lo determinan factores biológicos, psicosexuales, socioculturales, familiares
y económicos. Es así como, la entrada a la adultez de un joven que es forzado a asumir
responsabilidades económicas y a ganarse el sustento prematuramente, es previa a la un
adolescente inmerso en una familia que cubre todas sus necesidades físicas y afectivas. En
ocasiones esta etapa se acorta y en otras se alarga excesivamente, siendo el criterio de
realidad al observar al adolescente, lo más adecuado para determinar el momento de ir
emancipando al joven.
En esta etapa se produce un ​segundo importante período de “individuación”​,
habiendo ocurrido el primero alrededor de los 2 años. Este proceso de individuación
implica la reafirmación de la persona como un individuo o ente separado de los demás,
fundamentalmente de los padres; con intereses, necesidades y formas de sentir, pensar y
actuar diferentes a ellos. La individuación conlleva momentos de alegría y gozo por las
propias adquisiciones y simultáneamente, momentos de tristeza y duelo (de los que
hablaremos más adelante) por los vínculos que se van desligando. Esto sucede tanto en el
alma de los adolescentes, como en la de aquellos que los acompañan en su proceso de
hacerse su propia personalidad.
Los autores con énfasis en el aspecto biológico fundamentan las características de
esta etapa, en los cambios fisiológicos de la pubertad, los aumentos de las hormonas
sexuales y en las transformaciones en la estructura y función del cuerpo. Otros estudiosos
de la adolescencia explican las dificultades de este periodo por las presiones que ejercen la
cultura y la sociedad sobre el adolescente, la demanda de independencia y la elección
vocacional serían ejemplos de tareas que generan tensión en los adolescentes. Por su parte,
los investigadores que focalizan en lo psicológico se refieren a la multiplicidad de cambios
1
Psicólogo y Psicoanalista en función Didacta de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis.
Correo: ​sandrabearp@gmail.com
psíquicos y duelos que el joven debe enfrentar durante este momento de su vida. También
la neurología da cuenta de los cambios cerebrales característicos de la adolescencia, como
lo es la “poda sináptica” en la que se producen nuevas conexiones neuronales. El cerebro en
este periodo evalúa y aprende constantemente de las experiencias y va eliminado aquellas
conexiones poco útiles, se reorganiza para dar cabida al aprendizaje acelerado que se
vivencia.
Tanto el aspecto biológico, como el social y el psicológico tienen importancia
relativa en cómo cada uno vivencie esta etapa de su existencia, desde la pubertad hasta la
adolescencia. Además, desde el enfoque que les presento no tiene por qué ser una etapa de
conflicto necesariamente, aunque sí de grandes cambios. Aún así, existen ciertas
condiciones que hacen que la adolescencia se perciba como años de transición crítica
internamente en el adolescente y en relación a su entorno:
1) Esta etapa se problematiza por un estereotipo basado en medias verdades. ​Es cierto
que es una etapa de contradicciones afectivas, vulnerabilidad e impulsos que colocan al
adolescente en riesgo: pero es esta vitalidad interna la que moviliza el seguir sus metas,
innovar, liderar y le da fortaleza para lidiar con este período de aprendizaje acelerado en el
aspecto vincular y socioemocional.
2) Otro de los factores que explicaría la dificultad de este periodo de la vida es el momento
evolutivo de los padres. Sucede que justamente estos años coinciden con la ​crisis de la
edad media o de la adultez de los padres​, momento en que ellos se cuestionan sus logros
y reconocimientos y padecen por el cambio de su cuerpo asociado a la vejez y se enfrentan
a la condición de ser finitos y a la dificultad de aceptar la muerte; evalúan su productividad
y éxitos laborales y profesionales, con miras a un futuro más corto en el tiempo; desean (y
algunos envidian) la vitalidad del muchacho, la frescura de la muchacha y los logros que a
su edad han conseguido sus hijos o alumnos a diferencia de ellos mismos. Se enfrentan a
sueños y deseos que quizás deban abandonar, es una época que pudiera ser conflictiva si la
realización personal y la propia existencia no tiene significación plena. Claro está, en la
medida que el adulto sea más maduro y estable emocionalmente, podrá lidiar mejor con los
cambios y aconteceres del adolescente. Así mismo, una infancia en la que se han ido
elaborando las pérdidas, no hay demasiadas culpas y la resolución de los conflictos ha ido
fortaleciendo e integrando una personalidad más estable, también estructura una sana base
para una adolescencia no conflictiva.
3) También la adolescencia es percibida como una crisis, ya que las ​consecuencias de los
actos y conductas a esta edad tienen efectos mucho más determinantes que en la
infancia​. La expresión de la agresividad y de la sexualidad ​es más abierta y en ocasiones
impulsiva. Estas son pulsiones que la sociedad tiende a reprimir, por lo que la expresión de
los mismos y sus consecuencias son, generalmente conflictivas y tienden a ser mal
manejadas por los adultos. En cuanto a la agresividad, muchas veces es producto de la
frustración ante límites rígidos; impotencia ante la escucha; o un equivalente depresivo. El
adulto tiende a reaccionar: con parálisis y autoridad negligente; enfrentamiento; o borrando
la brecha generacional lo que deja al adolescente abandonado y sin contención. Y en
referencia a la sexualidad, a partir de la pubertad con los cambios hormonales, va a parecer
el aumento de la pulsión sexual. La capacidad genital lleva a poder actuar la fantasía
edípica, lo que acarrea tensiones en padres y adolescentes ya que implicaría consumar el
incesto. El adolescente busca su pareja exogámica y marca su separación de los padres.
4) La ​ambivalencia y resistencia de los adultos a aceptar el proceso de crecimiento
complejiza y pudiera complicar el paso por la adolescencia. El crecimiento implica
separación, lo que conlleva un sentimiento de pérdida. Tiende el adulto a evitar el dolor, el
duelo y la renuncia del hijo pequeño, del vínculo como padre idealizado, del cuerpo sin
conflicto, de la relación que no lo enfrenta con el revivir su propia adolescencia.
5) La ​capacidad de razonamiento abstracto y de cuestionamiento es una característica
del adolescente que también tiende a generar conflicto en su entorno académico y familiar.
El adolescente sano, es crítico y pensante. Tiene pleno uso de sus funciones mentales y las
ejercita. Esto tiende a no ser bien recibido por aquellos adultos que presentan argumentos
rígidos no fundamentados en el criterio de realidad, y que por lo tanto, son argumentos
fácilmente puestos en duda por el adolescente. Esto sucede tanto en el Liceo, como en casa,
donde entonces, las palabras del adolescente son consideradas generalmente como
irrespetuosas cuando probablemente dicen una verdad, de la que el adulto si se permite
escuchar, puede aprender.
6) Otro punto importante en la vivencia conflictiva en esta etapa es que el cuerpo, que es
sagrado para el adolescente, ​cambia de manera brusca y angustiosa​, además experimenta
sensaciones nuevas. El cuerpo es foco principal de atención, representa la identidad que
está en definición y gran parte de la autoestima depende de la imagen corporal. El
adolescente se preocupa si su cuerpo será cuestionado. En esta edad, ciertas dificultades
emocionales que vienen sin atención desde la infancia, pudieran llevar a trastornos
alimenticios y de la imagen corporal
Habiendo mostrado el vértice desde el cual nos acercaremos al adolescente,
adentrémonos en las ​etapas de la adolescencia y sus características​.
El comienzo de este proceso, denominado ​Pre-adolescencia (10 a 12 años aprox.)
está demarcado, como se mencionó anteriormente, por la línea de la pubertad, en la que
aumenta una gran curiosidad sexual, adquiere importancia el grupo de amigos, comienza la
aproximación más intelectual a los hechos. Es una ruptura clara con la infancia.
Posteriormente, en la ​Adolescencia ​temprana (13 a 15 años aprox.) el cuerpo va
definiendo más su forma femenina o masculina, existe una franca separación de las figuras
parentales y tienden al cuestionamiento abierto de las normas establecidas y la autoridad.
En la etapa de la ​Adolescencia propiamente dicha ​(16 a 17 años aprox.) ​generalmente
ocurre el enamoramiento. Surgen las preocupaciones por los aconteceres mundiales, los
problemas políticos, filosóficos y sociales. Son comunes además, los cambios de humor, la
sobrevaloración del propio ser y sentimiento de omnipotencia. Afloran las expresiones
artísticas y se van definiendo los talentos. Desean ser tratados como adultos y a la vez
conservar las bondades de la infancia. En la ​Adolescencia tardía ​(18 a 20 años aprox.)
existe la disminución del estallido hormonal, lo que tiende a estabilizar al adolescente en su
conducta, reacciones y autoestima. Va terminando el crecimiento físico y las funciones
cognoscitivas superiores encuentran su satisfacción en el inicio de la vida académica
posterior al bachillerato, en ocasiones paralelamente al comienzo de la vida laboral. Se va
comprometiendo con las metas de su vida a futuro, tanto a nivel de trabajo, como afectivo.
Finalmente, la etapa denominada ​Postadolescencia ​(21 a…) ​corresponde a los adultos
jóvenes, los cuales en términos generales logran armonizar su personalidad, y tienden a ser
más coherentes en su sentir, pensar y actuar. La mayoría ha consolidado su elección
vocacional. Algunos han iniciado su autonomía económica y ya comparten una vida en
pareja, a veces inclusive son padres o madres en esta etapa.
Miremos ahora al adolescente, ya no desde el punto de vista evolutivo de etapas,
sino desde el vértice de los procesos que vive el ser humano. Arminda Aberastury,
Psicoanalista argentina de Niños y Adolescentes plantea los siguientes ​procesos
fundamentales durante este periodo de la vida:
1) Búsqueda de sí mismo y de la identidad​. Una de las funciones esenciales de esta etapa
de la vida es la verdadera cristalización de la individuación y con ella el logro del carácter
estable y personalidad del adulto. Sin embargo, la adolescencia no debe ser vista
únicamente como una preparación para la adultez, ya que es una etapa de la vida en la que
cada ser humano tiene una identidad característica de ese momento evolutivo. La identidad
es el conocimiento del sí mismo o del self como individualidad biopsicosocial en relación
con un entorno, experimentado por el individuo como un sentimiento interno de mismidad
y continuidad. Es el saber ‘quién soy yo’ y el adolescente quiere ser ‘él mismo’. Para esto
es necesario integrar las concepciones que acerca de sí mismo tienen muchas personas,
instituciones y la propia persona. Se integra también, lo experienciado, lo internalizado y lo
rechazado. En esta búsqueda de identidad el adolescente recurre a la uniformidad del grupo
que le brinda seguridad y estima personal (identificación masiva). En ocasiones, la realidad
puede no presentar figuras sanas de identificación, por lo que el joven, necesitado de
identidad, halla una “identidad negativa”… “es preferible ser alguien negativo a no-ser”. El
adolescente, en su búsqueda de identidad en medio del duelo por la identidad infantil recién
perdida, adopta identidades transitorias, ocasionales, circunstanciales de manera sucesiva o
simultánea, lo que tiende a confundir al adulto. Un buen mundo interno que surge de una
relación satisfactoria con los padres internalizados facilita la estructuración de la identidad
en el adolescente.
2) Tendencia grupal. ​En su búsqueda de identidad, el adolescente recurre al grupo de
manera de obtener la seguridad por el vacío que genera la separación creciente del entorno
familiar que anteriormente era fuente de seguridad. Así mismo, se transfiere también al
grupo gran parte de la dependencia que se mantenía con los padres. Es un proceso de
sobreidentificación masiva, en donde todos se identifican con cada uno. En el grupo se
facilita el acting-out motor y afectivo, apareciendo entonces conductas temporales de corte
psicopático, como la indiferencia, la crueldad, la burla y la falta de responsabilidad. El
grupo constituye la transición necesaria en el mundo externo para lograr la individuación
adulta.
3) Necesidad de intelectualizar y fantasear. El adolescente en su necesidad de un refugio
frente al mundo externo exigente de nuevas tareas y a su mundo interno cambiante, recurre
al pensamiento y al fantasear consciente como defensa por el desasosiego que ello le
genera. La ‘huida’ a su mundo interior de fantasías e ideas, le permiten un reajuste
emocional…un aislamiento positivo, que tiende a llevarlo a planteamientos filosóficos y
éticos y a veces a manifestaciones literarias. Es un recogerse para luego florecer.
4) Crisis religiosas. ​El adolescente puede manifestarse como un ateo exacerbado o como
un místico fervoroso. Estas fluctuaciones son intentos de solución de la angustia que vive el
yo en su búsqueda de identificaciones positivas, en la búsqueda de sí mismo. Además, a
algunos la religión los ayuda a enfrentar la separación emocional de los padres y la
aceptación de la posible muerte de los mismos.
5) Desubicación temporal. ​La percepción realista del tiempo y la discriminación temporal
son tareas fundamentales que deben quedar hechas en la adolescencia. El adolescente
tiende a manejar el tiempo de acuerdo a sus necesidades e ideas propias, que no siempre se
encuentran en sintonía con la realidad objetiva temporal. Tiende a convertir así, el pasado y
el futuro en presente, en función de su mundo interno; por lo que, visto desde afuera,
presentan urgencias y postergaciones inexplicables. En ocasiones, las tareas inminentes del
presente y del futuro adulto lo agobian, por lo que se aísla y en la soledad, se defiende con
la negación y se refugia en el pasado conocido, en el que dichas demandas no estaban
presentes. Por lo tanto está regido por lo “experiencial o vivencial” basado en el tiempo en
que “se hacen las cosas”, ya sea esto, comer, dormir, estudiar, etc. La aceptación de los
duelos de la adolescencia y un predominio de experiencias positivas en la infancia, facilitan
que el adolescente reconozca su pasado, formule proyectos de futuro y tenga en el presente
la capacidad de espera, trabajo y de integración de sí mismo.
6) Evolución sexual manifiesta. ​Esta evolución va desde el autoerotismo hasta la
heterosexualidad y durante el proceso existe un oscilar entre actividades de tipo
masturbatorio y los comienzos del ejercicio genital. La masturbación tiene aquí una
finalidad exploratoria, de aprendizaje y preparatoria para la futura genitalidad madura y
procreativa. Le permite conocerse en la seguridad de su propio ser para luego permitirse la
apertura del placer con otro. En la adolescencia temprana inicia la búsqueda de la pareja en
forma tímida y posteriormente comienzan los enamoramientos intensos pero frágiles
característicos de las relaciones interpersonales del adolescente. Es importante destacar que
se reactiva el triángulo edípico con mayor intensidad y angustia ya que la genitalidad hace
factible la consumación de la fantasía edípica. Esto hace que el adolescente se aleje en
muchos casos del contacto corporal cercano del padre o de la madre, distancia que debe ser
respetada. La sana resolución del Edipo permite que hembra y varón se identifiquen cada
uno con su género positivamente. Pudieran producirse experiencias homosexuales en esta
etapa entre los adolescentes que no deben ser consideradas patológicas, siempre y cuando
tengan un carácter transitorio en la búsqueda de la definición genital.
7) Actitud social reivindicatoria. ​El adolescente en pleno uso de su capacidad de
abstracción tiende a ser cuestionador hacia el entorno y sobre todo hacia sus figuras de
autoridad. Además, el duelo y en ocasiones la rabia, por la pérdida de los padres de la
infancia, tiende a ser proyectado en la sociedad adulta. Esto aunado a las restricciones
reales que ejerce la sociedad sobre el adolescente, culmina en la necesidad por parte de los
jóvenes de reclamar y argumentar a favor de sus derechos y nuevos campos de acción. Este
tipo de acción ha sido motor históricamente, de grandes cambios socioculturales. Es la
vitalidad y la fuerza del adolescente que cuando está bien canalizada lleva a la lucha por la
justicia y a emprender movimientos de contenido noble útiles para el futuro de la sociedad.
8) Contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta. ​La conducta
del adolescente oscila entre estar dominada por la acción, en los momentos en que el pensar
es angustioso; y quedarse en la inercia sumido en la fantasía y el pensamiento, en las
situaciones que no le interesa o teme moverse en su entorno. Esto va a depender de las
identificaciones ocasionales, transitorias y circunstanciales que se describieron
anteriormente y de cómo se van elaborando los diferentes duelos que ocurren en esta etapa
de la vida. Es decir, la misma joven puede comportarse de manera diferente cuando está
con sus amigos que en compañía de la familia y aún así, ser la misma joven. Y más aún,
puede pasar períodos en los que su conducta cambie radicalmente y sigue siendo ella. Esto
es lo esperado durante la adolescencia. La rigidez conductual o una identidad absoluta y
permanente a esta edad, sería considerado patológico. Ante esto, el mundo adulto no tolera
los cambios de conducta del adolescente y exige de él una identidad adulta, que él por
supuesto, no puede tener aún.
9) Separación progresiva de los padres. ​Uno de los duelos fundamentales que debe
elaborar el adolescente es el duelo por los padres de la infancia. Por lo tanto, una de las
tareas básicas inherentes a la búsqueda de la identidad es la de ir separándose de los padres.
El que este proceso esté cargado de angustia, rabia o miedo dependerá de la forma en la que
se han ido realizando las diferentes tareas psíquicas desde que fue concebido, y a lo largo
de la infancia. Especialmente, el que la relación padres-hijo haya permitido la separación y
frustraciones necesarias, acompañadas de tolerancia y amor, en las diferentes etapas críticas
del primer periodo de la vida. Sin embargo, como en toda separación, existirán momentos
de alegría y momentos de tristeza tanto en padres, maestros, como en los adolescentes,
tendiendo siempre, cuando el proceso es sano, al final de la situación, un balance positivo
en cuanto a ganancias en fortalecimiento de la personalidad individual del joven.
10) Fluctuaciones del humor y del estado de ánimo. ​Los cambios de humor son típicos
de la adolescencia y se relacionan, una vez más, con los duelos que debe realizar el
adolescente, con la presiones del entorno que lo empujan hacia la adultez (y muchas veces
lo frustran) y con los cambios psico-biológicos que se dan en su ser. Es común encontrar
entonces que, la ansiedad y la depresión, pero también, la alegría y la fuerza vital,
acompañan al ser humano en su paso por la adolescencia. El “aburrimiento” también es un
sentimiento común entre los adolescentes. Ellos tienden a ensimismarse y aislarse de
manera de resguardarse, con el aburrimiento como ‘bandera’, del torbellino de afectos y
tensiones físicas y psíquicas que se movilizan en su ser. Se recogen para luego enfrentar de
nuevo la vida.
Veamos ahora los ​duelos psicológicos de los que se ha hecho mención en diferentes
párrafos anteriores, su elaboración y su repercusión en las diferentes áreas de la vida del
adolescente.
Duelo por el cuerpo infantil: ​El adolescente es espectador del cambio de su propio
cuerpo, lo vive y lo sufre sin poder hacer nada para detenerlo, cambiar su rumbo o
acelerarlo. La genética y la biología toman su curso y se va perfilando en la persona de un
niño-púber, el cuerpo de un adolescente. Los tamaños y las formas pueden no ser los
deseados por ellos mismos y/o por los padres, pero éstos se presentan sin aviso, ni permiso.
El cuerpo infantil era seguro, conocido, este nuevo cuerpo parece moverse por sí solo y le
toca adaptarse a él. El adolescente no maneja bien estas nuevas dimensiones y puede ser y
sentirse torpe al inicio del desarrollo. Además, es un cuerpo que respira sexualidad y atrae a
otros y se siente atraído por otros por su propia cuenta, casi sin que el joven o la joven
tengan nada que ver con esto. Debe elaborarse el dolor de haber dejado atrás el cuerpo de
antes, el que era fácil de manejar, y comenzar a aprender a integrar esta nueva imagen. Es
un proceso doloroso al inicio, sobre todo cuando la autoestima del muchacho viene
golpeada, pero que al finalizar la adolescencia si el proceso es sano, se verá consolidado en
un nuevo esquema corporal integrado, no negado y real. Es por esto que el cuerpo debe
respetarse en extremo, no se debe tocar para estimular, agredir o “disciplinar” y si se desea
una aproximación cariñosa o médica, es importante tener el consentimiento del adolescente
de manera que no se sienta invadido.
Duelo por la identidad y rol infantil: ​El rol infantil conlleva una dependencia natural del
niño con sus padres; luego en la adolescencia, existe una confusión, ya que debe abandonar
la identidad y rol de niño, cuando aún no cuenta con otra identidad estable que la sustituya
y le proporcione la seguridad y los parámetros que necesita para un actuar y sentir
cohesionado. El joven recurre entonces al grupo de pares en quien delega parte de las
funciones que anteriormente ejercían los padres, quedando su rol relativamente
indeterminado. Es como si el adolescente se alejara del criterio de realidad, por no saber
cómo asumirlo y delegara en otros sus decisiones. Aparece la falta de responsabilidad del
adolescente de la que tanto se quejan los adultos. Sabe que ya no es un niño y debe hacer un
trabajo psíquico doloroso para irse desprendiendo de ese rol seguro. El adolescente sano no
quiere conscientemente volver atrás, pero su identidad actual es cambiante y esto le genera
inestabilidad en la intimidad de su ser, así como en los roles que debe ir asumiendo, por lo
que en ocasiones se comporta y piensa como una persona de menor edad con criterio poco
sensato. Esto puede entenderse a la luz de no tener estructurada aún la nueva identidad que
le permita discriminar y funcionar acertadamente, tampoco posee suficiente experiencia de
vida y además, la negación que hace el joven de la pérdida de su niñez por la incertidumbre
que esto le produce, le lleva a responder automáticamente con los viejos patrones infantiles.
Duelo por los padres de la infancia: ​Este es un doble duelo, ya que es un proceso penoso
tanto para los padres, como para los hijos dejar el vínculo que los unía cuando los hijos eran
niños. Ya no son más “pequeños”, ya no se tienen que cuidar los detalles de su cuidado
diario, estudios, alimentación. Ahora el joven es más autónomo, decide por ejemplo, cuánto
come, cómo estudia, cuándo se baña, asuntos en los que los padres ya no tienen injerencia.
Dicho de esta manera, esto parece una pérdida sólo para los padres y gozo por la nueva
libertad para los hijos. Sin embargo, es un camino de doble vía: Así como alegra la
autonomía y la libertad, también asusta por el monto de responsabilidad y entristece por el
desapego de los padres. Y en cuanto a los padres, ya no tener que “criar” abre un espacio
para la adultez en sus propias vidas individuales y de pareja; además, permite tomar cierta
distancia del hijo y mirar cómo se perfila su personalidad y alegrarse por su crecimiento
físico y espiritual. Este proceso tiene un desarrollo oscilante que genera contradicciones en
el pensamiento del adolescente, ya que desea desligarse marcadamente de los padres, pero
para esto requiere aún de ellos material e inmaterialmente y por lo tanto, es dependiente
aunque pretenda desconocerlo. La elaboración de esta situación, dará paso a un individuo
con conciencia de la interdependencia de su individualidad en su entorno; y con gratitud, si
fuera el caso.

En ocasiones el camino de la adolescencia es tortuoso, ya sea porque se dificulta la


elaboración de los duelos, el entorno es excesivamente demandante o abandonante, los
recursos afectivos o intelectuales son escasos. Como personal de salud es útil pensar acerca
de los ​factores de riesgo en el adolescente​, de manera de atenderlos o referirlos al
profesional que corresponda lo antes posible. Entre estos se encuentran: sucesos
traumáticos; consumo de cigarrillo, alcohol y/o drogas; padecimiento de alguna enfermedad
crónica o lesión limitante; abandono o negligencia por parte de los padres o familiares
responsables; inconsistencia en las figuras paternas; excesivo control por parte de los
padres o cuidadores; retraimiento y aislamiento excesivo; temperamento explosivo e
impulsivo; perfeccionismo y rigidez en la personalidad; sensación de vacío y dificultad de
estar a solas; vivir en condición de calle. Si alguno de estos factores estuviera presente, es
necesario mirar la situación en profundidad para comprender y tomar las medidas
correspondientes.
Para finalizar por ahora, abordaré un tema de consulta permanente por los adultos
que están en contacto diario con adolescentes: es el del adolescente y la libertad​, no sólo
la libertad referida a lo disciplinario, sino la libertad para pensar ampliamente, sentir de
acuerdo a su vivencia, decidir sus intereses, escoger a su propio ritmo sus caminos y
levantarse para andarlos a su particular manera. El adolescente trae consigo una ola de
crecimiento activa que en numerosas ocasiones no es bien recibida por su entorno, que
rigidizado en una normativa a veces poco útil y efectiva, se ensordece y aniquila o en el
mejor de los casos ignora la fuerza vital transformadora que respira y transpira el joven.
Esto no significa que no deben colocarse límites a la impulsividad, al pensamiento poco
sensato, al aislamiento excesivo, a la irresponsabilidad o a la búsqueda desmedida de sólo
placer. Muy al contrario, es muy necesario para el desarrollo sano del adolescente colocarle
los límites a lo que “no corresponde”; pero la represión agresiva y la confrontación por
parte del adulto, sólo conducirá a la rebelión, al oposicionismo, a la mentira como recurso
para vivir, al bloqueo del pensamiento, al aplastamiento de la personalidad naciente del
joven, al cese de la pasión por la verdad…en suma a la perturbación de su desarrollo.

El ejemplo de una figura querida y respetada, y unas palabras dichas a tiempo, en el


momento y de la manera que pueden ser escuchadas, son los aliados idóneos para
acompañar el crecimiento del ser humano a nivel personal o profesional, en cualquier etapa
de la vida.

Bibliografía
ABERASTURY, Arminda. “La adolescencia normal”. Editorial Paidos. Buenos Aires,
1993.
ASOCIACIÓN VENEZOLANA DE PSICOANALISIS. “Adolescencia”. Editorial Das Es.
Caracas, 1986.
ATTIAS, Addys. “El muñeco de trapo”. Editorial Psicoanalítica. Caracas, 1993.
CORDOBA, Luis y col. “Psicoanálisis y psicoterapia breve en niños y adolescentes”.
Ediciones Kargieman. Buenos Aires, 1971.
LANDAETA, César. “El adolescente de hoy”. Editorial Galac. Caracas, 1998.