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a) En lo teórico, mi “vuelta a Freud” ha contribuido a subrayar el

carácter sintomal de la elección de carrera entendida como efecto


sobredeterminado de la estructura del aparato psíquico del sujeto
que elige por un lado y de la estructura social por otro.

La dinámica del deseo y la demanda social se le imponen al sujeto


y lo constituyen fundamentalmente a través de los procesos de
identificación –límite de nuestras investigaciones precedentes- de
modo tal que nociones enfatizadas en el libro como “libertad” de
elección”, “autenticidad” y “madurez” exigen un replanteo radical.
Sin renunciar a los modelos “ingleses” considero hoy que desde la
nueva óptica que su inclusión puede ser útil en el esclarecimiento y
no una forma de racionalizar un desconocimiento.

Otro tanto puedo afirmar actualmente de la filiación norteamericana


de las nociones de autonomía yoica a las que tanta confianza
brindaba mi ignorancia de las implicancias ideológicas de la Ego
psychology. Hoy sobre la frase quién elige se abre un interrogante
de difícil respuesta. Si los objetos son “vocantes” y la ideología
“convoca” (interpela) al sujeto, ¿éste “elige” o más bien es “vocado”
desde una insoslayable alteridad?

b) En lo estratégico, las largas discusiones acerca de los límites


entre orientación vocacional y pedagogía por un lado y orientación
vocacional y psicoterapia por otro, me han conducido a precisar el
encuadre clínico y a sopesar lo que en orientación vocacional hace
a la práctica pedagógica y psicológica. Aquella busca una toma de
conciencia en lo concerniente a la lectura de la realidad institucional
(universidad, carrera) y social (estructura de las profesiones) se
refiere; ésta busca una toma de conciencia en lo que hace a
significados inconscientes de los motivos y proyectos “personales”.
Aquella tiene como contrincante la ignorancia y sus determinaciones
(educativo-familiares, ideológicas en última instancia), ésta la
represión, idealización y negación como defensas. Aquella informa
en el más amplio sentido del término, ésta esclarece. Ambas
dimensiones coadyuvan en un mismo propósito: la toma de
conciencia. Son las dos acepciones del término “conciencia” las que
determinan su especificidad. El propósito u objetivo a alcanzar es el
que debe ser resguardado a toda costa aun cuando la situación
concreta del que elige o del contexto en que se programará la
asistencia harán variar a las estrategias de abordaje y las técnicas
a emplear.

c) En lo técnico instrumental se han desarrollado experiencias que


ponen en evidencia la necesidad de un empleo cada vez más
sistematizado de encuadres grupales e institucionales que atiendan
con mayor eficacia a la meta de prevención primaria.

En lo grupal tanto el pulimiento de las técnicas operativas como la


introducción del role-playing, técnicas dramáticas y lúdicas
(originarias en la práctica de Laboratorios de Relaciones Humanas)
han redundado en un acceso más fácil y profundo a la problemática
por encarar. El grupo deja de ser un instrumento a usar tan sólo por
un criterio económico y revela otras dimensiones que lo califican
como el más apto, siempre y cuando el encuadre sea preciso y el
entrenamiento del profesional adecuado1.

El encuadre institucional parece tender a privilegiarse


fundamentalmente desde aquellas universidades que han
reconocido la importancia de la orientación vocacional o que al
menos demandan “hacer algo” con los ingresantes. Cabe advertir –
hasta que la experiencia sea sistematizada- sobre el peligro de que
el servicio de orientación vocacional por organizar se instaure la
misma patología institucional cuyo esclarecimiento debería tender a
promover. (Ejemplo: la orientación vocacional como curso de
ingreso limitativo disfrazado de eficiencia técnica).

Dentro de la esfera técnica debería citar la creación de recursos


nuevos tanto para el diagnóstico como para la resolución de la
problemática vocacional. A los estudios sobre el Test de Frases
Incompletas iniciados en el Departamento de Orientación
Vocacional de la Universidad Provincial de Mar del Plata por la
licenciada Marta Ricchini debe agregarse un Test Desiderativo de las
Identificaciones Profesionales, aplicado hasta la fecha en forma
clínica asistemática y un repertorio de juegos que promueven la
dramatización de situaciones críticas que obstaculizan la elección.

d) En el plano ideológico, el intrincado “campo” de la orientación


vocacional en el que las dimensiones económica, educacional y
familiar llegan a constituir lo que llamé una “encrucijada
vocacional”, ha conducido a una necesaria discusión sobre las
implicancias ideológicas de la teoría (¿Existe un yo libre, capaz de
elegir autónomamente? ¿Existe un paralelismo sustancial entre
sociedad e individuo que permita pretender una complementariedad
necesaria entre “realización personal” e inscripción social en la
estructura productiva?...) y de la técnica (¿Qué demandas del
sistema hallan eco en el psicólogo que pretende una elección

1
En este sentido el punto de partida sigue siendo lo postulado en el Capítulo V. La práctica de
supervisión ha ocupado cada más mi atención y revela obstáculos típicos en la formación de profesionales
que en caso de no ser resueltos comprometen gravemente el campo de fenómenos cuya lectura debe ser
encarada y explicitada por aquellos. Hoy propongo algo así como una “Orientación Vocacional
Didáctica” sin los vicios del psicoanálisis didáctico (denunciados por ejemplo por G. Baremblit en El
concepto de realidad en psicoanálisis, Socioanálisis, Buenos Aires, 1974), en cuyo proceso los propios
condicionamientos del profesional puedan ser examinados y concientizados.
madura, adaptada y libre de conflicto? ¿Qué condiciona la búsqueda
de la tan ansiada identidad personal?...) que además de recabar un
análisis de los componentes ideológicos de lo que constituye el
marco conceptual, referencial y operativo, hace necesario ver cómo
aquellos actúan a través del psicólogo que como profesional soporta
y los transporta. Si hoy para mí la psicología ha de constituirse en
una ciencia del sujeto y de las determinaciones que lo “sujetan” y
su ejercicio apuntar a una toma de conciencia, si la materia prima
del psicólogo “orientador” es el futuro de sus “orientados”, resulta
evidente que éste no puede ser cualquier futuro (tendenciosa
neutralidad valorativa), sino uno y sólo uno: o bien el de una
engañosa libertad personal // para la cual es condición sine qua non
la liberación nacional y social.