Вы находитесь на странице: 1из 17

ÉTICA Y ERÓTICA EN EL ESTILO

DE VIDA SWINGER
SWINGER, UN ESTILO DE VIDA ALTERNATIVO

JOHN JAIRO PIEDRAHITA ARANGO. 1060147


FAISURY RENZA POLANCO. 1060105

DIRECTOR: JHON JAMES GOMEZ GALLEGO

UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA CALI


FACULTAD DE PSICOLOGIA
PSICOLOGIA
SANTIAGO DE CALI
2010
Ética y Erótica en el Estilo
De Vida Swinger
Swinger, un estilo de vida alternativo

Por: Faisury Renza Polanco


John Jairo Piedrahita Arango
John James Gómez Gallego

“Te amo pero te comparto”

Los cambios surgidos en el pensamiento humano, han presentado manifestaciones en lo


íntimo. La satisfacción de ambos integrantes de la pareja tanto en el aspecto afectivo
como en el sexual, hoy son considerados básicos para la buena funcionalidad de dicha
unión. Se han adoptado nuevos esquemas que apuntan hacia la obtención de mayor
placer y experiencias que solidifiquen la relación y permitan que en tal alianza los
sentimientos y pensamientos de cada miembro sean tomados en cuenta, así mismo, se
han dejado de lado otros esquemas como el llevar a cabo una vida sexual solo con fines
reproductivos, cuestión propia de la ideología victoriana ligada a los cánones religiosos, o
la toma de decisiones por parte del hombre en la pareja, esto solo para mencionar
algunos aspectos.
Es interesante recordar que Freud (1912) nos hace ver cómo la mujer digna en la época
victoriana estaba ligada a la maternidad, confinada al hogar y al cuidado de sus hijos.
Ocupaba el lugar idealizad de la santa madre, aquella que debía ser ab-negada y en ese
sentido renunciar al deseo. Esa era la forma en que, hasta la era victoriana, la mujer
encontraba una forma de sublimar la pulsión. (Freud, 1908). No obstante, lo que Freud
encontraba en sus pacientes, era justamente el síntoma como efecto de la represión de
ese deseo y que como tal daba cuenta de que la sublimación de la pulsión lograda a
través de la ab-negación, vía el ideal de santidad, perdía cada vez más su eficacia.
Resultaba de ello una queja de insatisfacción que reclamaba una escucha, un
destinatario. Freud se coloca en ese lugar en la medida en que permite que ellas puedan
decir eso que la sociedad de la época quería silenciar, a saber, su deseo de acceder al
goce sexual.
Esta puerta a la represión abierta por Freud y por el Psicoanálisis entorno a la sexualidad
femenina, ha implicado transformaciones significativas. Es claro que la ab-negación ya no
es más el lugar privilegiado en el que la mujer se ubica, sino, que se trata de una mujer
que demanda satisfacción, igualdad y acceso al goce de los bienes simbólicos que hasta
la era victoriana sólo eran accesibles a los hombres. Tal vez sea esta la razón por la que
la liberación de la sexualidad de la mujer ha generado tantos debates y transformaciones,
en tanto se trata de la fractura de un paradigma cultural mantenido durante siglos.
A partir de nuestra investigación en torno a la Subjetividad y la Estructura simbólica en el
Estilo de Vida Swinger, la aproximación a las formas contemporáneas de satisfacción de
la pulsión y los destinos hallados para ella se ha vuelto asunto central, en la medida en
que nos hemos visto en la necesidad de suponer en dicho estilo de vida un espacio
simbólico a través del cual se trata, sino de sublimar, si de domeñar la pulsión (Freud,
1914). La sexualidad y la muerte, nos dice Freud (1901), son cuestiones que en la cultura
suelen tener siempre el velo que la represión impone. Tal vez sea por ello que, a pesar de
las transformaciones a las que hacemos referencia, lo swinger irrumpe hoy haciendo
pregunta a la moral sexual cultural de nuestra época.
De acuerdo al sexólogo Norberto Litvinoff las pareas swinger: “No creen en la propiedad
privada de la pareja, es decir, no se sienten dueños del cuerpo del otro y por eso se
pueden permitir buscar otras fuentes de placer” (Citado por: Ons, Silvia), pero en las
cuales se pacta la escogencia de estas nuevas fuentes alternativas de generación de
placer, en este caso vinculadas al intercambio con otras parejas.
Ahora bien, el hombre como ser social, inserto en una cultura, se ve obligado a responder
con sus actos, con sus prácticas, a los ideales y demandas que desde dicha cultura se le
imponen. Ideales que se constituyen en buena medida en imperativos morales
articulados a una serie de creencias que representan las diferentes formas de discurso a
través de las cuales se interpreta el mundo. En el caso judeo cristiano, por ejemplo, ha
sido históricamente evidente, una moral basada en estereotipos en los cuales la mujer
aparece ligada al pecado, tal como lo manifiesta el génesis, en cuyo caso se presenta a
Eva como quien cedió a la tentación de la serpiente y quien además sedujo a Adán para
que cayese en pecado. Es decir, según dicha lógica ella sería la vía por la que el pecado
tendría acceso al hombre. Los discursos morales operan, pues, como oráculos que
destinan y definen lo prohibido o permitido. Así, para el caso del Estilo de Vida Swinger
como fenómeno social que irrumpe presentando otras formas de valores y creencias que
llegan a diferir de manera significativa de los ideales establecidos, se genera de inmediato
un rechazo que en ocasiones no permite siquiera la aproximación a un saber que permita
comprender su lógica y su estructura, así como, lo que en tanto formación cultural actual,
intenta hacer escuchar.

En función de avanzar en nuestra investigación, resulta primordial comprender, la manera


en que los ideales morales proponen un actuar definido por ostentar un buen grado de
mesura en relación con el placer. De otro lado, el sujeto actual parece estar dando gran
importancia a las emociones y a los deseos particulares, lo cual lleva a la formación de
conceptos que, dados a conocer de manera pública, podrían ser calificados como
incorrectos o inmorales, generando así una exclusión a partir de lo cual los sujetos deben
mantener reserva en relación con aquello que desean con tal de evitar el enfrentamiento
con el discurso común basado en lo que Freud (1908) llama la “moral sexual cultural”.
Igualmente el Antropólogo Clifford Geertz nos presenta algunos planteamientos
interesantes acerca de la función cultural de la moral:

[… ] la moral tiene pues el aire de un simple realismo, de un


saber práctico; la religión presta apoyo a la conducta apropiada al
pintar un mundo en el cual dicha conducta es solo producto del
sentido común. […] Y es solo producto del sentido común porque
entre ethos y cosmovisión, entre el estilo de vida aprobado y la
supuesta estructura de la realidad, hay una simple y fundamental
congruencia, de suerte ambos ámbitos se complementan
recíprocamente y se prestan significación el uno al otro.
(2001:120)

La posibilidad de asumir de forma distinta el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo


moral y lo inmoral, por parte de cada sujeto, se hace visible en la pareja en la cual la
normatividad es llevada a cabo mediante acuerdos que se plantean de forma intima como
parece ocurrir en el estilo de vida Swinger. Por esta razón se encuentra en ellos una
forma diferente de aplicar la ética y la moral, pues sus principios obedecen a otras
coordenadas. Así, es notoria la condición en las parejas entrevistadas acerca de que, a
pesar de la apertura en el intercambio sexual, que los aspectos afectivos son exclusivos
de la pareja, y que dicho intercambio se toma como una experiencia placentera que
ambos deben vivir a partir de la premisa del consentimiento mutuo.

Lo anterior abre paso a concepciones de fidelidad y amor que discreparían de los


asumidos tradicionalmente, y dentro de las cuales se consideraría una infidelidad el
sostener relaciones sexuales con alguien distinto de la pareja, basado en ello se
consideraría que el sujeto, como lo manifiesta Clifford Geertz, pasaría a adoptar nuevos
deber ser, desear, hacer, o ser.

Veamos entonces, a partir del caso de una pareja inscrita en el Estilo de Vida Swinger,
cuestiones que puedan darnos alguna luz, para aproximarnos a la comprensión de lo que
se pone juego en torno a ello.

Es notorio así, como en el estilo de vida Swinger se ha realizado una interpretación o


reinterpretación de la fidelidad en la cual en el aspecto físico, el sostenimiento de
relaciones sexuales con una persona diferente a la pareja, no significa que se pierde la
lealtad y el amor dentro de la misma. Es así como no podemos olvidar el significado de la
ética distinto de “buena moral”. La palabra ética proviene del griego "ethos" que significa
„comportamiento‟ o „costumbre‟, esta, asume las pautas de comportamiento en lo que al
sexo y la sexualidad se refiere, tomando en cuenta no sólo los procesos sexuales, sino
que toma en cuenta también los efectos e implicaciones tanto físicos como emocionales
sociales y porque no, deriven devenga.

Por lo general, a la hora de hablar de sexualidad se cae reduccionismos, y se olvida todo


lo que la palabra encierra. Se debe pues tomar la palabra sexualidad como toda
interacción de un ser humano con la realidad desde su propia construcción de lo que es
su sexualidad, siendo así, como todos somos intercambiadores de algo en nuestra
sexualidad, algunos intercambian el cuerpo, otros las ideas, otros los deseos, pero
ninguno de nosotros se escapa al intercambio. En términos psicoanalíticos, cualquier tipo
de lazo e intercambio entre seres sexuados, es decir, hablantes. (Lacan; 1972-73).

Las subjetividades que se han generado a través del tiempo y los cambios en la
asunción de la vida sexual, traen consigo la necesidad de investigar y conocer el
desarrollo de tales diversidades, que pese a la poca aceptación moral en la sociedad,
comprenden aspectos importantes del ser humano. Así mismo, surgen planteamientos
acerca de las opciones tomadas para encontrar complacencia y en ocasiones lo que el
sujeto consideraría una solución para el mejoramiento en las situaciones que se le
presenten, dista de ser el modelo conformado por normas sociales que pretenden para la
humanidad una sola visión de las particularidades.

Una teoría de los valores que considere la conducta de la gente


real en sociedades reales con culturas reales, como su estímulo y
su validación, nos apartara de los argumentos abstractos y hasta
cierto punto escolásticos con los que vuelven a afirmarse una y
otra vez unas pocas posiciones clásicas con muy poco nuevo que
las recomiende, y nos llevara a un conocimiento y comprensión
cada vez mayores de lo que son los valores y de la forma en que
funcionan. (Geertz: 130).

Es precisamente la no permanencia del sujeto en un estado, lo que lo lleva a plantearse


nuevos significantes o resignificar conceptos en su vida sexual y explorar espacios que
públicamente se consideran negativos o perversos, pero que a manera de ejemplo, en el
denominado estilo de vida Swinger, en ocasiones, parece aportar a la estabilidad de la
pareja. Para ello la pareja habiéndose adherido a nociones distintas, en lo relacionado
con su forma de llevar a cabo su sexualidad, advierte la necesidad de crear una
normatividad particular que le permita conservar aquello que considera fundamental para
el funcionamiento positivo de su relación, que podrían llamarse reglas privadas las cuales
pueden trasgredir las impuestas por la Ley cultural, pero que al interior de la pareja se han
tomado como las bases que permiten solidificar la relación así como direccionarla, en
cuanto a sus propósitos y necesidades al tomar decisiones; aquello que para los
practicantes del estilo de vida Swinger comprende la ética del individuo en la pareja, no
significa, de suyo, una visión equivocada de dicha ética, pese a que difiera de opiniones
en cuales la moral que se encuentra interiorizada en la cultura prevalecería ante algunos
deseos del hombre.
El Nombre del Padre, bien podría ser su plural pues de hecho
todo significante es múltiple en su significación cuando se
confronta con el mar de significantes, puede decir eso y lo
contrario, puede decir singular y plural. Aunque la ausencia de
referente frustre la pretensión humana de tener un mundo (hecho
en definitiva palabras) ordenado, ubicable y cartografiado al
extremo. (Irazola 43-44).

El manejo dado a su erotismo por parte de quienes llevan un estilo de vida Swinger, es
considerado por los mismos como perteneciente a la vida privada de la pareja, por lo tanto
esta no necesariamente se encuentra en conocimiento del entorno familiar, a su vez, no
significa que exista una carencia de valores, puesto que la Ley cultural puede, en
determinados momentos, privar al sujeto de asumir condiciones distintas.

En el denominado estilo de vida Swinger podría decirse, a manera de hipótesis, que sus
practicantes han encontrado una forma de conservar la sexualidad y la vida en pareja, sin
estar estrictamente sometidos a las normas que generalmente se asumen como propias
del matrimonio o las uniones sentimentales, pero que van de la mano de un compromiso
que custodia los aspectos ante los cuales la pareja no negociaría, como lo son el amor
dirigido solo a la pareja y el respeto hacia la misma, y que teniendo absolutamente claras
tales condiciones, se podría acceder a explorar su erotismo mediante el intercambio
sexual con parejas distintas, así mismo, reanimar la relación mediante tales experiencias.

Las multivoces de lo sexual hablan de la pluralidad de personas


psíquicas en el lenguaje y las versiones posibles de ser en la
legalidad del lenguaje (Irazola: 20)

En palabras de Irazola, se nos muestra la multiplicidad de caminos a tomar en torno al


desarrollo plausible de la sexualidad, desde esta óptica, cada camino tomado es igual de
razonable y para algunos como descabellado y depravado para otros, el lenguaje nos
permite construir mundos en los que habitamos en la intimidad de nuestro ser, siendo así
como somos, los seres humanos, los únicos capaces de dar significado a la sexualidad y
gozar en torno de lo que la sexualidad misma nos deja, así mismo, gozamos con el
mismo gozo de la perdida y el impase, de esta forma, la sexualidad de cada individuo se
enriquece, se fortalece y se pierde en la pluralidad.
Ethös y Erótica en una Pareja Swinger
Octavio y Penélope son una pareja de esposos practicantes activos del estilo de vida
Swinger. Definen su relación marital como estable, de la cual tienen un hijo. El noviazgo
inició hace 13 años. El tipo de relación que ellos cultivaron en este tiempo fue, según
como ellos lo llaman, romántica y conservadora, ya que los dos provienen de familias
tradicionalmente religiosas, aunque en el caso de Octavio, esto era menos marcado ya
que, según él comenta, en su hogar las creencias religiosas no excluían el acceso a
formas de vida diferentes. Así, fue costumbre durante el noviazgo escribirse cartas y
poesías. Además, según manifiesta Penélope, esa fue la manera utilizada por Octavio
para conquistarla.

Pasaron seis meses de noviazgo antes de llegar a su primera relación sexual, cuestión
atribuida por Penélope a que Octavio, en ese momento, tenía problemas con su anterior
novia ya que ella le había dado noticias de estar esperando un hijo suyo, lo que al final,
según explican, resultó ser falso.

Así, se casaron después de dos años de noviazgo, y fueron a vivir juntos en una
habitación alquilada en un sector de la ciudad de Cali conocido como Loma de la Cruz;
un sitio caracterizado por el arte y la cultura, pero en una estratificación baja. Octavio y
Penélope, hacen hincapié en que vivían en condiciones económicas difíciles pero que,
aun así, eran felices pues vivían tranquilos. Además, nunca les faltó lo que consideraban
necesario.

Luego de un tiempo, Octavio obtiene una oportunidad laboral en la ciudad de Girardot, por
lo que la pareja toma la decisión de radicarse en dicha ciudad. Para que ello fuera posible,
Penélope debió abandonar sus estudios en Bellas Artes. En la entrevista ella menciona
que fue un gran sacrificio puesto que esto representaba algo de suma importancia, era lo
que siempre había deseado hacer.

En Girardot, Octavio labora en diversos cargos iniciando como mensajero, y poco a poco
asciende hasta lograr un lugar como ejecutivo, ambos se refieren a ello con orgullo,
aunque a su vez relatan que esto generó problemas entre ellos. Gracias a la mejora en la
calidad de vida económica, inician juntos sus estudios en contaduría. Penélope ingresa a
trabajar en la misma empresa que Octavio con lo que no sólo son esposos, sino
compañeros de trabajo y de curso en la universidad, lo que según comentan generó
saturación, tanto en la vida particular como en lo laboral. Durante este tiempo, Octavio
comienza a pasar su tiempo libre con personas distintas a Penélope, y según sus
palabras “conoce el mundo del trago y los amigos, por ser de Cali, la gente me quería
mucho y les gustaba estar conmigo y siempre la actividad era tomar”. Durante este
tiempo, Octavio inicia relaciones esporádicas con otras mujeres, cuestión de la que
Penélope llega a enterarse y que genera impases en la pareja. En distintas ocasiones se
separan debido a los conflictos derivados de las infidelidades de Octavio. Los problemas
cada vez se hacen más evidentes y el matrimonio, según relatan, “no iba para ninguna
parte”, así que deciden tener un hijo pues consideraban que esto podría contribuir al
mejoramiento de la relación. Durante el embarazo la situación no cambia, y
adicionalmente Octavio inicia una relación ya no esporádica, sino un poco más estable
con otra mujer, situación que también es descubierta por Penélope y razón por la cual ella
finalmente decide separase de Octavio y regresar a Cali. Luego de esto, Octavio termina
la relación con la otra mujer y renuncia a su trabajo. Decide regresar a Cali en búsqueda
de Penélope, como él lo dice, “sin nada”.

Cada uno reinicia su vida laboral, ahora en Cali. Las situaciones de dificultad continúan
presentándose entre ellos, reduciéndose finalmente, según comentan, a un impase en su
vida sexual, pues Octavio no logra satisfacer sexualmente a Penélope, lo que a su vez
genera gran frustración en él: “ella me descontrola y me vengo1 muy rápido”. La pareja
afirma que haber tenido tantos problemas y contacto sexual con otras personas, les
permitió ampliar su marco de referencia y su visión de la sexualidad, ya que en el caso de
Penélope, según comenta ella, nunca había estado con un hombre distinto a Octavio. De
esta forma deciden proponerse a la búsqueda de nuevas alternativas para encontrar una
manera de saber hacer con los impases en su sexualidad, entre las cuales surgió la idea
de aproximarse al mundo Swinger.

Así, indagan para conocer de qué se trataba dicha práctica, fundamentalmente a través
de páginas web y referencia de conocidos que contaban con alguna información respecto

1
Forma coloquial para referirse a la eyaculación.
al tema. Octavio relata haber sentido miedo de ingresar en dicho estilo, debido a que los
conceptos que tenía acerca de la relación en pareja, distaban de ser apropiados al
confrontarlos con los que había adquirido de la sociedad, sin embargo, poco tiempo
después se lanzan a la búsqueda de parejas con las que puedan encontrar algún grado
de afinidad para observar la posibilidad de llegar, eventualmente a un intercambio.

Octavio es quien se encarga de ingresar a las páginas, inscribir su perfil y estar atento a la
recepción de los mensajes que, a través de la página, eran enviados por otras parejas.
Según comentan, esto se debe a que es él quien cuenta con mayor disponibilidad de
tiempo para dedicarse a los medios por los que mayoritariamente se encuentran las
parejas Swinger. Octavio manifiesta que su noción acerca del denominado estilo de vida
Swinger cambió al conocer más sobre dicha práctica y comunicarse con personas
pertenecientes a la comunidad, “Conocí una comunidad que tiene sus normas muy bien
demarcadas, que solamente tiene encuentros sexuales respetando a la otra persona o a
las personas que están involucradas”, Octavio resalta que las propuestas para realizar
intercambios sexuales, durante las conversaciones con miembros de la comunidad
Swinger , siempre fueron dirigidas a ellos como pareja y nunca individualmente. Octavio,
en su relato, da cuenta de la existencia de una normatividad moral al interior de la
comunidad, pues según señala, es mal visto intentar tener relaciones sexuales solo con
un miembro de la pareja sin que el otro miembro esté al corriente de la situación, fue
precisamente la organización de la comunidad aquello que dio a Octavio más confianza
para ingresar en lo que, para él, era otro mundo.

Luego del establecimiento de contactos a través de las páginas web, si lo consideraban


prudente, agregaban a las otras parejas al Messenger y poder chatear2. Esto permitió un
acercamiento paulatino a los otros. La página web de contactos a través de la cual inician
su incursión es Guía Cereza,3 de la cual participan activamente como miembros. Allí
conocen una pareja que les es afín a los dos y con la cual acceden a su primer y hasta
ahora única relación de intercambio Swinger.

2
Anglicismo para referirse a las conversaciones a través de la escritura en tiempo real por medios
virtuales.
3
Ya se ha realizado un desarrollo detallado de las características de esta página en un capítulo
previo de esta publicación, titulado: Sujetos, Redes Virtuales e Intercambio Swinger.
Este último, es para nosotros un dato importante, ya que son una pareja que lleva un
tiempo considerable dentro de la actividad social Swinger, es decir, que participan de
espacios sociales con otras parejas Swinger, pero no necesariamente del intercambio
sexual, pues ellos consideran que lo que se intercambia no es sólo el cuerpo con fines
sexuales, sino que además se trata del intercambio de experiencias. Es así como las
experiencias contadas por otras parejas acerca de su vida sexual, resultan fundamentales
para Octavio y Penélope en la medida en que su interés inicial por este estilo de vida,
derivó de los impases en su vida erótica. Resulta pues interesante, como, a pesar de
haber tenido sólo un intercambio de parejas, Octavio y Penélope se describen a sí
mismos firmemente como una pareja Swinger.

Esto nos lleva a considerar que el estilo de vida Swinger, al menos para este caso,4 no se
define por la frecuencia del intercambio sexual, sino que estarían en juego otra serie de
cuestiones de su sexualidad, no sólo el intercambio del cuerpo con otras parejas, sino
también aquellos que mantienen una mentalidad, una cosmovisión y una ética que los
instaura dentro del estilo de vida Swinger y con lo cual se agrupan bajo el significante
comunidad. Esta es una de las razones por la cual no todos aquellos que participan de
prácticas de intercambio sexual entre parejas, son considerados por una comunidad como
Swingers, pues un principio fundamental se refiere a entregar algo que es propio, la
pareja estable y, por lo tanto, quien se acerca a la práctica como un lugar en el que su
acompañante es un o una amante y su fin es la promiscuidad por fuera del matrimonio, no
es alguien que pueda ser considerado como parte del estilo de vida Swinger. Esto marca
un hito importante a propósito de las normas que rigen no la práctica, como se veía en el
capítulo sobre la rumba Swinger, sino el Estilo de Vida como forma de hacer lazo, o en
términos psicoanalíticos, de hacer sinthoma con otros. En este sentido, podemos plantear
la hipótesis de que se trata de un intento de construir un discurso que haga lazo y que
permita velar los impases de la falta de armonía entre los sexos (Lacan, 1972-73).

4
De hecho como se podrá observar en capítulos posteriores, este parece ser un dato importante,
pues es común en otras parejas, en las que el estilo de vida Swinger, no se define por la
participación en la práctica sino por una forma de comprender y asumir la vida en pareja a partir de
una serie de principios, un ëthos.
Durante la entrevista, Octavio y Penélope, nos relatan una anécdota que permite ubicar lo
que para ellos, de acuerdo a su experiencia particular, significa ser Swinger. En su primer
encuentro con otra pareja, fueron a un bar Swinger. Allí, se encontraba una que tenía una
discusión, y la mujer que hacía parte de dicha pareja, comentó a Penélope que su razón
de haber ingresado en la práctica Swinger era que su esposo quería tener relaciones
sexuales con otra chica que no tenía más de 20 años, y ella, la esposa, no se sentía
cómoda con esto, pero el esposo le exigía que tenía que permitírselo porque era lo que él
deseaba. Luego de narrar esto, con firmeza los dos nos dicen: “Eso no es ser Swinger”, y
que eso solo hace referencia a gente que está cansada de su pareja y encuentra en esta
actividad una manera para tener sexo con otros, mientras que ser Swinger es, según su
concepción, respetar no sólo lo que el otro quiere, sino aceptar y entender el límite que el
otro en la pareja impone. Hay aquí entonces una carga súper yoica importante, desde el
ideal del yo, de lo que implica ser Swinger. Ideal pues, en tanto soporte para un ëthos.

Esto nos señala un segundo principio interesante alrededor del estilo de vida Swinger
según esta pareja. Se trata del pacto, es decir, de la regla que regula el acceso al
intercambio bajo la condición del consentimiento pactado, del contrato. Esto implica la
tramitación por lo simbólico de la fantasía como una manera de disminuir sus efectos
imaginarios, a saber, los celos, la envidia, la agresión, entre otros.

Penélope y Octavio consideran pertinente el pacto en la pareja antes de tomar cualquier


decisión, ya que, de otro modo se estaría obligando a la pareja para que acceda al
intercambio, por lo tanto, Penélope refiere que “Tiene que haber un acuerdo entre los
dos”. Es así como, previo al intercambio sexual, resulta necesaria la interacción con la
otra pareja para saber si existe afinidad. Para Octavio y Penélope son importantes
aspectos como el sostenimiento de lo que consideran una buena conversación y aspectos
físicos, a manera de ejemplo el precedente sentado por Penélope al no interesarse por los
hombres que ella denomina “barrigones y calvos” ni por personas del mismo sexo.

De otro lado, quienes participan de la práctica del intercambio, hacen una descripción del
mismo como un estilo de vida que los representa y en el cual logran enmarcar y constituir
su forma de lazo amoroso. Además consideramos importante hacer énfasis en que la
práctica del estilo de vida Swinger presenta, a nuestra manera de ver, un marco político,
entendiendo la política como “El arte del bien común” (Aristóteles; 2005).
De acuerdo con esto, y con lo manifestado por los practicantes del estilo de vida Swinger,
cada persona en la práctica debe pasar primero por el consenso, es decir, nada se hace
sin que los dos estén de acuerdo, de tal forma que el estilo de vida Swinger se muestra
como una pequeña democracia, donde los dos tienen igualdad de poder de decisión.

Lógicamente, esto corresponde al ideal desde el cual se representa el estilo de vida


Swinger. Pero consideramos que justamente es esto lo que proporciona la aparición de un
ethös, en la medida en que se trata del establecimiento de principios ideales a partir de
los cuales se espera regular el lazo en la pareja y con ello reducir, en la medida de lo
posible, los efectos imaginarios (Lacan; 1949); a saber, los celos, la agresión o cualquier
otra manifestación especular. Así, podríamos pensar que en los Swinger se intenta
establecer una sexualidad que pasa por el orden de lo consensuado, lo limitado, es decir,
de una ley que regula el goce y en ese sentido sus excesos posibles, excesos del goce.
No obstante deberemos dejar en suspenso la pregunta acerca de si, en efecto, dicha ley
logra operar de manera eficaz sobre la constante de la pulsión en su meta de búsqueda
de satisfacción que conlleva siempre el riesgo de un goce que se torne displacentero y a
través del cual un sujeto puede ubicarse en un más allá del principio del placer que lo ata
a un real insoportable (Freud, 1920).5

En el caso de Penélope y Octavio, aunque es él quien se dé a la tarea de hallar las


parejas potenciales para el intercambio, el acceso al encuentro concreto para conocerse
con otra pareja, debe ser primero consultado y concertado con Penélope. En caso de
acordar el encuentro, lo que acontece a continuación es la puesta en marcha de una cita
en la que las parejas intercambian sus experiencias y comentan detalles de su vida y de
su estilo de vida, con el fin de establecer si existe alguna coincidencia en lo que se
espera, así como observar si hay surgimiento del deseo de intercambio sexual.

Octavio y Penélope han compartido experiencias con varias parejas, sin embargo como
ya lo mencionábamos, hasta el momento sólo han participado de un intercambio sexual.
En ese sentido, resulta interesante cómo el goce que se produce para esta pareja en el

5
Sobre esta pregunta se desarrolla un capítulo al final del libro, justamente a partir de los efectos
de la transgresión de la ley en el caso de una pareja Swinger.
estilo de vida Swinger, no se encuentra reducido al encuentro cuerpo a cuerpo con otros,
sino, al juego que implica el establecimiento del contacto, el encuentro, la seducción y el
intercambio de experiencias. En palabras de la pareja: “Es como si estuviéramos
buscando novio”, es decir, que se trata de una búsqueda que supera la vertiente genital y
se aproxima al establecimiento de un discurso en el cual, a través de lo tramitado en el
cortejo con otra pareja, se erotiza el vínculo posibilitando la aparición de un discurso que
haga lazo entre ellos dos, con el fin de velar lo que, como se había señalado, resultaba
insoportable y que incluso la concepción de un hijo no había apaciguado. De esta
manera, tener acceso a conversaciones en las que se la elección de potenciales parejas
Swinger, e introducir la fantasía del intercambio al interior de la pareja, parece ser
suficiente de acuerdo con lo mencionado por Penélope y Octavio, para inscribirse en la
estructura del estilo de vida Swinger. Por lo tanto la inscripción no se encuentra para ellos
relacionada de manera directa con la frecuencia o cantidad intercambios, aun así ellos se
asumen en dicho estilo de vida, lo que pudo verse manifestado durante la entrevista con
frases como, “nosotros los Swinger… desde que somos Swinger”, etc.

Ahora bien, las leyes que regulan el pacto, resultan para la pareja como principios que
protegen el lazo amoroso. Esto se evidencia, de manera particular, en la forma en que
cada uno limita el acceso del otro a un tercero basándose en lo que concibe como un
saber acerca del deseo de su pareja. Octavio señala que han acordado que en caso que
el hombre para el potencial intercambio sea “bohemio, artista, músico”, no se consentirá el
intercambio pues ello pondría en riesgo la relación, ya que “así son los hombres de los
sueños de ella” y por lo tanto Octavio anticipa la posibilidad de un enamoramiento. De
igual manera Penélope señala que “cuando yo veo que la vieja le gusta mucho, le gusta
más de la cuenta, entonces le digo que no”. Se trata pues de un principio sobre el cual se
regulan los riesgos de los excesos del goce a partir del pacto fundamentado en una
prohibición en el intercambio que delimitaría el acceso o la prohibición a un tercero de
acuerdo con los efectos que ello podría tener sobre el lazo amoroso. En otras palabras, se
busca regular el intercambio sexual a partir de pactos basados en el lazo amoroso.

De otro lado, vemos cómo esta condición de la regulación cuenta con un punto
particularmente llamativo pues los practicantes de este estilo de vida, refieren que: “son
las mujeres quienes tienen la última palabra”. Los hombres entrevistados en esta
investigación asumen este principio con total convencimiento de que es así como deben
funcionar todas las parejas si desean llegar a resultados idóneos y limitar los efectos
imaginarios de la agresión, además de poder ser considerados practicantes sinceros del
estilo de vida Swinger., es decir que hayan asumido las normas de dicho estilo de vida y
el respeto que este implica. La mujer como soporte del ideal del amor, sería entonces
garante del mantenimiento del lazo a pesar de la entrega del cuerpo a un tercero.6

Penélope y Octavio refieren que el consentimiento de ambos para efectuar el intercambio


sexual, es una forma de acentuar la seguridad en la pareja, ya que no experimentan la
angustia de una infidelidad y por el contrario como relata Penélope refiriéndose al estilo
de vida que han adoptado “nos ha hecho afianzar mucho la relación… yo no desconfío de
él”, de acuerdo a lo se infiere que en esta pareja se ha dejado de lado el concepto de
infidelidad relacionado con los encuentros con una persona diferente de la pareja, para
tomar una noción de fidelidad referida al respeto y la confianza desde un punto de vista
emocional más que físico.

Así, parece avizorarse cómo el cambiante espacio de las interacciones sociales en las
que se sumerge el matrimonio, propone nuevas formas de articular cuestiones tan
íntimos el amor y la sexualidad. Las parejas con estilo de vida Swinger, ven el
intercambio del cuerpo, no como una cosificación del mismo, donde solo se impone la
satisfacción de uno de los dos, sino que por medio de la práctica se abre al otro la
posibilidad de encontrar variantes para el goce sexual y que a posteriori esperan sean
reciprocas para su pareja. Esto es notable en el hecho de que los sujetos entrevistados
manifiestan la importancia de la “reciprocidad” en cuanto a la práctica, es decir, cada uno
está limitado al deseo regulado a partir de la ley pactada con el otro.

De otro lado, pareciera brindarse un nuevo estatuto de la palabra de la mujer en cuanto al


goce sexual, siendo el espacio de los Swinger un lugar donde ella es tomada en cuenta
como factor determinante.

Como se ha mencionado anteriormente, Octavio se encarga de establecer los contactos


para la efectuación del intercambio, no obstante, es Penélope quien decide si este se

6
Este punto será desarrollado en el capítulo: El Lugar de la Mujer en el Estilo de Vida Swinger: La
Búsqueda del Mantenimiento de la Tradición Amorosa en Tiempos de Fragmentación.
realiza, por lo tanto, Octavio debe tener presente las preferencias de su pareja al
seleccionar los prospectos que aparecen en las páginas web mediante las cuales conoce
las distintas parejas que sostienen el estilo de vida Swinger. Lo anterior nos da una noción
de la importancia que tiene el lugar de la mujer en dicha práctica, su ingreso debe
realizarse sin obligación. Al preguntarle a Penélope acerca de su determinación de llevar
un estilo de vida Swinger con su pareja refiere “Estamos en este cuento no por necesidad
sino por hacer algo diferente”. Pese a que anteriormente se mencionó que hubo
problemas en su relación ella relata que aunque al principio tuvo dudas para tomar la
decisión, gracias a ello su relación de pareja ha mejorado, así mismo, aclara, que para
ella es un complemento que le ha permitido expresarse y conocerse con su pareja de una
forma más desinhibida, además de obtener experiencias nuevas.

Al entrevistar las parejas que practican el estilo de vida Swinger, y preguntarles acerca de
los beneficios que ellos consideran les ha traído dicho estilo de vida, se encontró que un
factor común, que apunta hacia la revivificación de la relación de pareja, donde se ha roto
con la rutina y en ocasiones con la posible finalización de la relación Teniendo en cuenta
el caso de Penélope y Octavio, encontramos que ellos apoyan dicha teoría ya que el
establecimiento de una mejor comunicación en cuanto a lo que ellos deseaban, les ha
permitido avizorar posibilidades distintas de asumir las dificultades en el plano sexual y
emocional, “A diario nos estamos enamorando mas… hemos recuperado muchísimo la
relación”; así mismo podría hablarse de un reenamoramiento surgido a partir de la
contemplación del deseo del otro.

Entre los practicantes del denominado estilo de vida Swinger existen una serie de normas
entre las cuales de contemplan algunas relacionadas con el aseo, los cuidados al realizar
prácticas sexuales, el mutuo acuerdo, el cumplimiento de citas y la reserva acerca de
dicho estilo de vida y sus practicantes. En cuanto a este último punto, se observa que
existe una petición de confidencialidad por parte de la comunidad, en el caso de
Penélope y Octavio ellos refieren que prefieren tener cierta discreción: “Obviamente uno
no les comparte esto a las demás personas”, esto debido a que es un tema de poca
aceptación pública y les resulta incomodo mostrar un pensamiento tan marcado y
diferente con personas que seguramente lo rechazan.
Sea como fuere, el estilo de vida Swinger se caracteriza por el rompimiento de algunos
parámetros, dando conceptos nuevos acerca de la fidelidad, igualdad y respeto en la
relación de pareja. En un primer momento, las razones para el ingreso al mismo
encontradas en esta investigación han sido la evitación de la infidelidad o la necesidad de
vivificar la relación de pareja, no obstante, no es pertinente el afirmar que el estilo de vida
Swinger responde satisfactoriamente en todos los casos en los que se desee el logro de
las razones que impulsan a su ingreso, aun así, da lugar a nuevos planteamientos que
surgen a partir del cambio en el ideal del amor y de pareja, que nos están hablando de un
sujeto cambiante que avista para su bienestar la asunción de formas distintas que den
satisfacción a su deseo. Ahondaremos en estos puntos en los capítulos posteriores.

Referencias Bibliográficas
Freud, S. (1908). La Moral Sexual Cultural y la Nerviosidad Moderna. En: Obras
Completas; Vol IX. Editorial Amorrortu, Buenos Aires. 1979.
Freud, S. (1912). Sobre la Más Generalizada Degradación de la Vida Amorosa.
Contribuciones a la Psicología del Amor II. En: Obras Completas; Vol XI. Editorial
Amorrortu, Buenos Aires. 1979.
Freud, S: (1901). Psicopatología de la Vida Cotidiana. En: Obras Completas; Vol VI.
Editorial Amorrortu, Buenos Aires. 1979.
Freud, S. (1914). Pulsiones y Destinos de Pulsiones. Trabajos Sobre Metapsicología. En:
Obras Completas; Vol XIV. Editorial Amorrortu, Buenos Aires. 1979.
Geertz, C. (2001). La Interpretación de las Culturas. Editorial Gedisa, Buenos Aires.
Lacan, J. (1972-73). Aun. En: El Seminario, Libro 20. Editorial Paidos, Buenos Aires.
2004.
Ons, S. Comunismo Sexual. El Perfil. Noticias de la Semana. Publicación Argentina.
Recuperado en Enero de 2010. http://www.revista-
noticias.com.ar/comun/nota.php?art=2207&ed=1730