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El hombre y su enigma

Dato bibliográfico: Gesché, Adolphe. El hombre y su enigma. En: Dios para pensar. El
mal. El hombre. Salamanca – España: Ediciones Sígueme, 1995.
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El hombre y su enigma

Lo desearíamos, sin duda, pero no somos del todo transpa-


rentes a nosotros mismos. Acaso haya que comenzar por ahí para
comprenderse bien. El hombre es ese ser en perpetua búsqueda
de su humanidad y del secreto que ella encubre. Cuestión que
no tiene nada de académica. Es existencial: cercana a las cüos.-
tiones de nuestro destino. Pues presentimos que el hecho de
inclinarnos sobre el brocal de nuestro propio pozo acaso nos
conduzca al sentido de nuestra vida. Que no tenga que decir un
día: ..¿He pasado de largo?>>.
El reto es soberbio e inquietante, pero también terrible y
amenazador. No habría que equivocarse sobre el hombre. Es
menester que <<el hombre salga airoso>>. En esta pregunta sobre
nuestra identidad concruren rnuchos factores: la ciencia, la afec-
tividad, el'arte, la preocupación por los objetivos, la religión, la
vida individual y en sociedad, la técnica, etc. También convergen
algunas mediaciones: la familia, los otros, las Iglesias, el mundo
y la naturaleza, la acción, etc..Pero, aunque así dispongamos de
neuchos de los hilos de la trama que constituye aL hombre, se
impone evitar las trampas que nos acechan: todo lo que nos
reduzca a los estrechos límites de nosotros mismos, como, por
ejemplo, una confianza excesiva en la racionalidad o en la acción.
Asimismo, en el fondo y en lo secreto'de todas estas cosas
y de todas estas mediaciones -ya que todo esto no basta para
expresar todo el misterio- se encuentra el reino de los signos:
esa iniciación que nos hace nacer verdaderamente al mundo y
que nos permite descifrarnos. Nosotros hemos sido educados
(e-ducere: conducir a partir de/hacia más). A todos, oD cuanto
r94 EI hombre
El hombre y su enigma 19s
I

somos, se nos ha puesto en el mundo gracias a una tradición (tra- I

dere, o sea, trans-dare), que nos transmite una herencia, nos I

propone proyectos y nos inicia en la invención. I

A fin de cuentas, es necesario que todo eso se nos transmita.


En un verso enigmático, del que unas páginas de Hannah Arendtr
constituirían un espléndido comentario, el poeta René Char se
expresa así: <<Nuestra herencia no ha sido precedida por ningún
testamento>>. ¿Qué quiere decir? Que efectivamente esta gene-
ración dispone de una herencia, de una tradición, de un patri-
monio. Por consiguiente, hay algo. Pero no hay ningún testador
ni notificador, ni <<notario>> que haga señas y le diga: ¡Oye!, <<1o
que has recibido en posesión de tus padres , gánatelo>> (Goethe).
Todos nosotros estamos ahí para hacer señas al heredero de la
humanidad y transmitirle sus riquezas.
Elie Wiesel escribe que hoy es capital rcalttzar una <<trans-
fusión de memoria>>2. Lo que Jacques Attali expresa asimismo
en su novela I^a vida eterna.' <<IJno no es más que aquellos en
los que se dejan recuerdos>>3 . La tradición de los signos no tiene
nada de enajenación en el pasado. Es la transmisión de lo que
constituye nuestra memoria de hombres y mujeres de esta tierra.
<<La realidad no se forma sino en la memorio> (Proust). Nos
hacemos signo.
¿Y cómo no pensar entonces en el viejo Heráclito, en lo que
alguien ha llamado el <<fragmento admirable>> (A.-M. Frenkian)?
(El soberano (anax), cuyo oráculo está en Delfos, Do enuncia ni
oculta: significa (semainei)>> (fragm. 93). No enuncia, como si
pronunciase palabras definitivasr eüe bloquean todo porvenir y
toda libertad. Tampoco se calla -otra dejación-, como si no
hubiese nada que decir. Signffica: hace señal, indica, muestra lo :

que ya existe
-pistas, senderos- y al mismo tiempo invita al
<<recién venido>> a emprender el desciframiento de su nuevo y ;

propio camino. ¿Podría existir mejor emblema de nuestra misión?


Perffechado, con estas citas, ffie pregunto ahora por lo que la
fe en Dios éste es nuestro propósito en la aventura de este
libro- osa -que
aportar a la búsqueda común. Si nos remitimos a los '

numerosos testimonios de nuestras expresiones más espontáneas

l. H. Arendt, I-a crisi de la cultura, Barcelona 1989,7-28.


2. E. Wiesel, L'oublié, Paris 1989. 'pero entreveradas, nuestras palabras-clave,
3. J. Attali, La vie éternelle, Paris 1989, 376.
amplio. Es aquí, a rni modo de ver, donde
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se determirs, al menos en parte, lo que está en juego en nuestra do Orfeo quiere ir hasta el fin y verlo todo, pierde a su Eurídice
tarea de hombres y de creyentes confusos, pero interpelados los y la pierde en el sombrío infierno. Y en nuestras Escrituras,
unos por los otros.
cuando, a pesar de la advertencia, la mujer de Lot vuelve su
Arranquemos esta vez de una cita de Thierry Maulnier: <El
mundo nos envuelve con la triple dimensión de lo sensible, lo
cabeza hacia Sodoma y Gomorr&, queda petrificada. Quiso re-
solverlo todo.
racional y lo incomprensible>>a.
,Es evidente que el hombre tendrá siempre necesidad de ra-
El enigma forma parte de nuestra vida. No es un residuo
cionalidad. Somos zoon logikon, <<animal racional>>, según la miserable que convendría abolir del todo. <<Pónganos enigmas
definición de Aristóteles. Sólo esto justifica ya nuestra tarea. Y para comprendernos>>. Así se expresaban unos jóvenes con su
ese empeño de racionalidad se impone tanto en rnateria de fe profesor, según me dijeron un día. Ese enigma que reside en
como en otros ¿imbitos. La teología halla su legitimidad y su nosotros no es una desgracia. Todo 1o contrario: sin él la racio-
pertinencia en ese deber de vigilancia intelectual, para que ia fe nalidad es un señuelo (un engaño, un error sobre el hombre).
y la religión no se conviertan en superstición o en átgo áberrante Para ser hombre, todo ser humano deberá aprender cada vez más
a convivir con el enigma. Este no puede ser abolido: ni por la
-peligro siempre presente-. Para no ir a la deriva y prevenir racionalidad (ésta no satura toda pregunta existencial), ri por la
las contramarchas, siempre posibles (en nuestra propia-cás a y no
sólo en la de los otros), del obscurantismo, del fanatismo del fe (volveremos sobre el tema), ni por la afectividad (mito del
integrismo. Este deber de racionalidad se lo debemos a todo
i amor de fusión), ni por la acción (ilusión de las ideologías), ni
hombre. por la técnica (desengaño del consumo).
Con todo y so pena de rec aer en idéntico error si se lo ignora, Por más que todas esas dimensiones de la vida contribuyan
el hombre no es sólo racionalidad y luz. EI hombre es timbién a hacer al hombre y deban continuarse sin cejar, deben inserirse
enigma. <<No sé lo que soy, ni soy lo que sé>> (Angelus Silesius). dentro de un marco rnás amplio y más profundo, a fin de que la
Hay en nosotros algo sin límite ni comprensióñ posible, que interrogación persistente brille como una kimpara del santuario.
permanecetá siempre y que es incluso constitutivo de nuestro Hombre, te destruirías, si creyeses que llegas al término de tu
ser. Uno no se construye sin contar con ello. Aprender a vivir y enigma dichoso y saludable. En la realidad entera, eo nosotros
a estructurarse con lo enigmático rne parece que es, en los tres y en torno nuestro, hay una parte de <<nocturnidaó> (H. Bosco)
niveles indicados (incluido el religioso), un secreto para la edu- que nos constituye y con la que -parte inextinguible- nos
cación del mañana. construimos. Por esto seiá capital reaprender a vívir, y a vivir
He aquí por qué he tenido interés en recordar el oráculo de siempre, con (subrayo: con; y no: conffa o a pesar de) nuestra
Delfos. A Edipo, Quien acaba de plantearse o se le plantea la parte enigmática, en nosotros, en los demás, er el mundo y
pregunta sobre lo que es (<<Hombre, conócete a ti miimo, está
respecto a Dios.
grabado, cgmo interpelando, er el frontispicio del templo), se le
propone el enigma. Pero advirtamos que Edipo <(muere>> por En nosotros: nadie de entre nosotros es enteramente trans-
resolverlo, por quererlo deshacer. En el mismo momento en que parente a sí mismo. Magna quaestio factus sum mihi, me he
responde a la esfinge entra en el proceso mortífero que le condúce convertido en una gran pregunta para mí mismo , decía san Agus-
al asesinato del padre, ol incesto con la madre y a sacarse los tín. Y mil quinientos años después de é1, alguien - ¡y qué dis-
ojos (é1, ya oidipous: el de los pies hinchados). tinto!-, el filósofo mar¡rista Ernst Bloch, dirá del hombre 1o que
No es que no haya que intentar una clarificación. Pero no la tradición profética decía de Dios (Deus absconditus), que es
con la intención o el supuesto de hacerlo todo transparente. Cuan- un misterio oculto: homo absconditus, üo ser oculto a sí mismo.
Es también el desconocido de sf mismo, como se sentía el poeta
4. Th. Maulnier, Les matins que tu ne'verras pas, Paris tg8g,79. portugués Fernando Pessoa.
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En los demás: ni siquiera el amor más perfecto da toda la Respecto a Dios: Dios no debe servir para resolver nuestros
clave ni la respuesta completa sobre nosotros mismos y sobre el problemas. Es cierto que Dios y su Cristo dan sentido. Si ro,
otro. Pensemos una vez más en Orfeo y Eurídice . La afectividad ¿qué quiere decir aún la palabra <<salvación>? A este propósito,
tampoco sacia más que la racionalidad. Repitámoslo: es el error no le tengo demasiada simpatía al tema del <<Dios gratuito>>.
iluso y mítico del amor de fusión, denunciado ya por la psico- Comprendo lo que quiere decir y le atribuyo una voluntad de
logía. A este respecto, nuestra cultura, por cierto felizmente expresar que Dios, aun dando sentido, no está ahí para dar
menos crispada que antario en ese ámbito de la afectividad, tro sentido, pÍtto prestar el servicio de dar sentido. Dios no está al
debe hacer creer que todo está resuelto. cargo de las significaciones ni es funcionario de nuesffas utili-
dades. En este caso se ffataría de ese Dios que Heidegger, tras
El siglo XX, que se enorgullece de haber liberado la sexualidad expresarle con la prosaica palabra de <<utensilio>>, estigmatizó tan
y que gusta burlarse de los sentimientos románticos, Do ha sido bien. Dios no se reduce a ser el fundamento, ese Grund que
capüz de dar a la noción de amor un sentido nuevo (éste es uno
de sus fracasos), de suerte que un joven europeo, al pronunciar buscaba una cierta teología filosófica. Dios mismo habita en una
mentalmente esta gran palabra, llevado en alas del entusiasmo, nube (cf. Ex 13, 2I), una oscuridad, y nosotros mismos tenemos
vuelve, quiera o ro, al punto exacto en el que Werther vivió su que cohabitar con la nuestra. Es un poco la <<bruma de los des-
amor por Carlotas. conocimientos>>, de que habla un místico inglés anónimo del siglo
XIV. Hay que hablar de Dios, pero no para ponerle a remolque,
En eI mundo: la ciencia y su racionalidad no encierran toda ni siquiera del sentido.
la realidad. La Aufklcirung, el siglo de las lucesr pr€cisamentg Uno no puede, pues, liquidar lo inabarcable. Ni por la ra-
creyó
-y esto fue la modernidad- que el conocimiento podía
proporcionar toda la luz. Y ciertamente, esta empresa resultó in-
cionalidad ni por Ia afectividad ni por Dios; tampoco por la
acción, por el sentido o por la moral. Ni siquiera
dispensable contra todos los obscurantismos y 1o sigue siendo do- -insisto, pues
es atrí donde se ejerce nuestra vigilancia- por la fe, incluso
quiera nos acechen todavía los mismos demonios del fanatismo. siendo necesario proponerla, ya que éste sí que es un ámbito de
Pero hoy hemos entrado en la posrnodernidod, que no cree ya claves y de signos que dan sentido. Pero sin llegar a deshacer el
que todo sea transparente. La primera y famosa <era de la sos- enigma. Si uno cree en Dios, es por Dios mismo. Dios no puede
pecha>>, con sus nornbres ilusffes (Nietzsche, Mam y Freud) había ser utilizado sin convertirse por esto mismo en un dios falso.
significado una primera brecha en esa seguridad. Pero no sin sus Y ¿qué es un dios falso, si no lo que nos remite a nuestras
propias ilusiones de una racionalidad que disipase toda oscuridad. ideas míticas de poder total, de omnipotencia y de transparencia
Creo que ahora hemos entrado en la era de la sospecha de la total? Los dioses falsos son justamente los dioses que uno puede
sospecha (no sabría exactamente qué nombres citar: ¿Paul Ri- apropiarse, poner a su servicio, porque re uelven , míL9icamente
coeur, Julia Kristeyd, Hannah Arendt? Ly no es acaso signifi- y sin coste, cualquier dificultad. Nuestro Dios no es ese seductor.
cativo encontrar aquí a dos mujeres, como señal de que entramos Y tampoco su Cristo ha querido vaciar sus propios enigmas. El
en una era nueva?). La realidad no es traslúcida de parte a parte.
ha expresado a gritos desde una cruz y sin la dignidad de un
Ni siquiera en ciencia: Heisenberg y su principio de la indeter- Sócrates el enigma de un abandono. El ha bajado a un infierno,
minación; Ilya Prigogine e Isabel Stengers diciéndonos que la
a su infierno de muerte, y es solamente por haber entrado en éI,
realidad es imprevisible (salvo excepciones: las que consigna la
por no haber rechazado el enigma, por 1o que ha resucitado y ha
ciencia clásica) y que lo es no por defecto o debilidad de nuestras
recibido respuesta (a diferencia de Orfeo y de la mujer de Lot).
posibilidades de conocimiento, sino porque carece de previsi-
El ha renunciado a la magia de la omnipotencia (puesto que soy
bilidad.
el Hijo de Dios podría llamar en mi ayuda a legiones de ángeles)
5. M. Kundera, La inmortalidad, Barcelona 1990,261. y a la del milagro (si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo).
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Es justamente por haber vivido hasta el fondo una cierta agonía ha de saber, poder y deber asumirlo). Si no está preparado para
del sentido y de la evidencia (el Hijo del hombre no conoce ni este cara a cara, será realmente imposible vivir la vida. Será un
el día ni la hora; ni siquiera ha tenido siernpre donde reclinar la mal vivir. Uno perderá su calidad de ser. El peligro está en
cabeza) por lo que ha ganado. Y nos enseña que el enigma salva, generar la ilusión de respuestas sin vuelta de hoja (incluso en la
que construyo, que puede ser saludable y que intentar disiparlo afectividad el ser huma,no vive un inabarcable que ni la ruzón ni
resultaría vano y conftaproducente. Tenemos, todos, que soportar el corazón podrrán explicar de forma absoluta).
lutos y cargar con ellos. A este respecto, no hace falta subrayar aquí la importancia
El hombre debe construirse con lo <<insoportable>>. Con lo de las prohibiciones en nuestra construcción como hombres. Y
indecible que hay en é1. Lo que alberga ahí no es un desastre. no nos referimos a esas <<malvadas prohibiciones>> de una divi-
<El vínculo que no se ve es más fuerte que el que se ve>> (He- nidad celosa y arbiffaria. Las prohibiciones expresan soberana-
ráclito). Nuestra educación sería, pues, falsa y destructora, si mente el límite enigmático de nuestro ser y de nuestro obrar,
creyese o permitiese creer que uno puede quitar de en medio 1o fuera del cual y salvo casos excepcionales de transgresión obli-
inabarcable mediante las maquinaciones de la racionalidad (los .-Y.
':'+t gada, nos destruiríamos. Con las ffes gr,andes prohibiciones del
..:.5
<ardides de la razónrr) o los logros de la técnica. La técnica y la .-- if
r: '-ii- a incesto, el asesinato y la idolatría ¿qué se nos indica sino la
racionalidad misma simples servicios del hombre para los más imposibilidad de creer que podemos suprimir todo enigma?
-
altos designios- perderían con ello todo su sentido. <<La única
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El enigma de la afectividad, por la ilusión de que uno podría


cosa cierta es que no he encontrado nada en el cielo lcósmico] ' ..)rE
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disponer de ella en una relación inmediata y automáttica, sin la
que pueda explicar el destino>> (Kepler). Hay aquí un reto pnr- oscuridad y lo imponderable de la diferencia. El enigma del otro,
ticularmente importante para nuesffa civilización que se ventila por asesinato, como lo tizo Caín, gesto brusco e impaciente que
hoy, inmediatamente después de una época que se pregunta sobre quiere suprimir este misterio <<insoportable>>, y que siempre des-
sus proezas y en vísperas de otra que redescubre las grandes borda, del otro. El enigma de Io sagrado, poÍ la idolatría, que
preguntas. precisamente quiere sustituir el Dios diferente y verdadero por
Como creyentes, dirigiéndonos primero a nosotros y luego a el dios fácil y tranquilizador de la imagen de sí mismo reflejada
los demás, tenemos aquí nuestra responsabilidad. Si el hombre en el espejo' El enigma del saber, por la racionalidad o la magia,
no está prepilado para vivir este cara a cÍra con la opacidad y en la que cayeron Adán y Eva, al quererlo conocer todo en eI
el misterio (palabra, por lo demás, perteneciente al vocabulario acto (pues posiblemente todas las prohibiciones protegen fun-
cristiano), la vida resultará realmente imposible de vivir. El pe- damentalmente el enigma del conocimiento)u.
ligro de toda formación consiste en generar la ilusión de res- He aquí por qué deberemos releernos -unos a otros y a
puestas que dejan absolutamente satisfecho. Y esto en cualquier nosotros mismos- los grandes relatos míticos y originarios de
ámbito: el de la racionalidod, el de la afectividad, el de la moral los que desgraciadamente nos hemos ido quedando <<desarbola-
dos>> (cardenal Danneels), esos grandes relatos que nos hablan
y el de 1o divino. (<El que busca la verdad debe estar preparado
para lo inesperado, pues la verdad es difícil de encontrar y des- de las finalidades. Necesitamos progresar en la demanda im-
prescriptible de ruzón, de amor y de sentido, pero sin jamás creer
concertante cuandó se da con ello> (Heráclito). No podemos
ahorrarnos ese avance lento y largo, lejos de las respuestas rápidas
o hacer creer que uno puede dominarlos. Este es justamente el
sentido de lo que llamamos <<grandes preguntas>> y que hoy vuel-
e inmediatas, en el fondo mágicas.
ven con fuerza. Lo que resulta sorprendente es que muy a menudo
El hombre, aun construyéndose con la racionalidad, el sen- de aquí todas esas citas- donde
es fuera del recinto cristiano
tido, la afectividad, con la acción y con Dios (si le confiesa), se -y
construye también con lo <<insoportable>>, que es lo indecible, lo 6. Cf. R.-Y. Loew, Les puits de I'exil, Paris 1982, 287; B. Lévy, Le
indescifrable (el hombre desearía siempre desgarrar el velo, pero nom de l'homme. Dialogue avec Sartre, Lagrasse 1984, 180.
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esas preguntas vuelven a la memorta, como si nosotros Pero, a diferencia de las respuestas, que a menudo son frágiles,
-cris-
tianos que nos hernos vuelto demasíado sensibles a las cuestiones las preguntas son siempre inteligentes, precisamente porque no
seculares- hubiésemos quedado mudos al respecto. Se redes- deshacen el enigma. Las preguntas están al acecho de las res-
cubren estos grandes interrogantes con los que se habían medido puestas. <<Las palabras son realmente lámparas tras las ideas>>8.
los más grandes Y, desde este punto de vista, los menos sospe- Las preguntas pennanecen vivas y son ellas las que , a fin de
chosos entre nosotros. Es el caso de Nietzsche: <<'Los granáes cuentas, siempre al acecho, dan su sentido a las respuestas. De
lo contrario, éstas ya no son respuestas (respuestas a), sino pro-
problemas'
-Dios, el alma, el sentido de la vida-: ihay tanta
burla de todo esto en el mundo en que vivimos ! Es bello ¿no? y posiciones petrificadas (que, al no responder a nada, no son ya
de una nobleza auténtica el drama de un hombre (Nietischej, ni respuestas).
para el que esas preguntas no han dejado de ser capitales y que Por lo demás, las verdaderas respuestas no deshacen el enig-
-
ha muerto de sentirse perdido en ellas>> (H. Guiltemin). ma. Sin duda, habría aquí que estar muy atento a lo que, junto
Replantear las grandes cuestiones del destino y de la finalidod, a las famosas <<grandes preguntas>>, llamaúa yo las <<grandes
y especialmente la cuestión de Dios, no es buscar un fundamento respuestas>>. En este sentido, ¿no estamos todos, desde que na-
que cierre todos los interrogantes. Es ir en busca de aquel guo, cemos, precedidos y pertrechados de respuestas? No hemos na-
sin cegarnos (no pide que uno le mire cara a cara, pues, e1 este cido sin bagaje (Ricoeur). ¿No son las respuestas las que van
sentido, <no se puede ver a Dios sin morin>, dice el antiguo por delante de las preguntas? ¿no son ellas las que las suscitan?
testamento, y san Pablo nos recuerda que no conocemos sino in Y 1o hacen justament como enigmas, como enigmas que plan-
aenigmate; acaso sea una buena noticia y no una desgracia), es, tean preguntas. El ser así precedidos ¿no es una oportunidad?
pues, ir en busca de aquel que , sin cegarnos es el dios que ¿cómo comenzar sin ser iniciado? El problema de la vida pro-
fulmina con la mirada-, mantiene en su enigma -no bablemente se reduce a saber preguntar a las respuestas. Ese
la lámpara
vacilante y tenue del santuario, no las luces deslumbrantes dé un género de las <<grandes respuestas>> constituye la herencia de la
foco. <<Así, la palabra de los profetas adquiere para nosotros una que hablaba al cornienzo. En algún sentido, esas respuqstas son
nueva fuetza y tenéis razón de fijar en ella vuestras miradas, preguntas: estián ahí para interrogarnos. Y, al mismo tiempo,
como en una lámpara que brilla en la oscuridad, hasta que des- hacen posible las preguntas: están ahí para ser interrogadas. Las
punte el día y la estrella de la mañana se levante en vuestros grandes respuestas son preguntas que interrogan y a, las que uno
interro ga. Como dice Claudel del color: <<Una respuesta de la
corazones)> (2 Pe l, 19).
,cosa a la pregunta de la huz>>e.
¡Oh elogio de la nocturnidad en nuestra pregunta sobre una
trascendencia que no está ahí para ahogarnos! Se impone dar con ¿No será exactamente ahí donde nos hallamos nosotros, a
quienes se nos ha delegado como portadores de signos? Pienso
el lenguaje, la <<retórica>>: una retórica que (<pasee el absoluto por
las calles de la ciudaü; es sólo la luz de una vela: <al absoluto en la mayéutica de Sócrates, que nos servirá aquí de modelo.
no lo he encontrado jamás, pero lo conozco como conoce el Dar a tuz, transmitir respuestas que uno va a interrogar y a
escrutar corno enigmas afortunados que hay que descifrar para
sueño el que padece insomnio y la luz el que sabe de oscurida-
' encontrar en ellos el secreto de su ser. Sin dogmatismo y sin
dgs>>7 . escepticismo. <<No sabría decir quiénes me irritan más: los que
Será necesario más que nunca aprender a convivir con las
nos prohíben saber algo o los que no nos dejan nada, ri siquiera
preguntas. Aunque siempre se busquen y propongan respuestas.
la ignorancio> (Séneca; obsérvese la sorprendente semejanza de
El hombre no está hecho para un cuestionamiento incesante: eso
también sería destructor, tan destructor como un saber absoluto. 8. M. Maeterlinck, Introduction, en Ruysbroeck, Noces spirítuelles, Bru-
xelles 1990, 30.
7. C. Michelstaedter, In persuasion et la rhétorique, Paris 1989. 9. P. Claudel, L'oeil écoute, en Oeuvres en prose, Paris 1967, 330.
204 El hontbre EI hombre y su enignta 205

esta carta del filósofo estoico a Lucilio con el comentario de rnejor dicho
-como bien lo ha mostrado Bruno Bettelheim -t2,
Heráclito sobre el oráculo de Delfos). Cuestionar las respuestas peligrosa. Una vez más: no se puede abordar la vida creyéndola
es plantear las <<grandes preguntasrr, justamente porque existe esa evidente. <<La ambigüedad es la primera prueba de eternidad.
parte de lo desconocido, de la que jamás nos despediremos. Pero Porque son ambiguos, los mitos duran rnucho más que los he-
que nos hace vivir. <¿Cómo vivir sin lo desconocido ante sí?>> chos>>r3. ¿Podemos hacer algo mejor que perpetuar de generación
(R. Char). Y esto, sea la que fuere la respuesta, laica o religiosa, en generación <<los signos y los prodigios>>?
que uno dé a la vida. La parte del hombre es esa parte de lo
desconocido, esa <<noche talismánico>r eüe él debe asumir e Los mitos son aves migratorias que vuelan de memoria en me-
moria. Nosotros no somos sino las ramas sobre las que se posan
integrar como parte de sí mismo y del mundo. Santo Tomás,
esas aves. Hay ramas sin aves. Pero no aves sin rama. No hay
poco sospechoso, nos asegura que en Dios mismo, entre las recuerdos sin alguien que los conserve. No hay mitos sin civili-
personas de la Trinidsd, hay un <<resto>> incomunicable. Si en zaciín que los reviva. Los hombres, pues, sólo valen si llevan
Dios hay enigma-... más allá de ellos mismos los sueños de sus antepasadosra.
La iniciación del hombre no puede atascarse en la noctur-
nidad. <<No hay que ofender a las divinidades del sueño>> (G. de ¿Se puede expresar mejor lo que debemos ser?
Nenral). A este respecto, los mitos constituyen las respuestas- No estamos en un mundo de evidencias e inmediateces. No
preguntas por excelencia, de las que cada uno de nosotros tendrá, nacemos como el animalillo, dl que con un simple aprendizaje
a su vgz, necesidad cada vez que se encuentre en la encrucijada de superoivencia le basta. Tenemos necesidad de íryiciación que
de su Tebas. No se puede preicindir de los mitos, decía plátón. nos ilumine en el laberinto de nuestro pasado y de nuestra génesis,
\dei mythologein). No podemos despojar de ellos a los jóvenes. para ser capaces (¡bello y sublime juego las tres en raya!) de
Hagamos para ellos de Tiresias , dl borde del camino. <Ella [Go- nuestro futuro y de algo novedoso. Ser de cultura, el hombre es
lischal se felicitó de ese silencio y se dijo que estaba bien que el ser que nace a su hümanidad aprendiendo, decía santo Tomás.
el ciego no hubiese intentado reducir el abismo del enigma>rt0. Enseñar es iniciar; e iniciar es recurrir a los signos y a los sím-
Los cuentos y los relatos son precisamente esos pozos de los que bolos . In-signare. Transumanar per verba, dice Dante (Paraíso)
sacarán su agua los que nos siguen. en su toscano todavía mágicamente transido de latín. Hacer pasar
de in-fante a hombre por una tra-dición de palabras de oro y una
Los cuentos son en el fondo de nosotros como los tesoros de una
herencia de símbolos. <<He ahí el paraíso reencontrado. Estamos
cueva prodigiosa. No sería razonable tomar a la ligera esos en-
tretenimientos aparentemente sin peso. Algunos sabios de oriente envueltos y penetrados de su munnullo callado, de sus tinieblas
piensan que la historia justa, dicha en el momento preciso, es deslumbrantes
capaz de iluminar al que la oye, o sea, de enseñarle lo que ninguna Por esto recibimos signos y claves. En este sentido, hay una
otra explicación, por inteligente que sea, podría decirtr. cosa que todos nosotros tenemos, de entrada, en común, seamos
o no creyentes: aprendemos y enseñamos. Seres que aprenden y
¿Se dtrá que esos mitos y relatos nos alejan de nosotros enseñan, o sea, hombres y mujeres a los que se les ha hecho
mismos? Todo lo conffario: nos construyen contándonos unas señal y que hacen señal. Que esa es la etimología de la palabra
historias <<imaginarias>> que nos permiten, pertrechados de claves (que por ello se enorgullece): in-signare, o sea, hacer señal, ser
y anticipaciones, entrar en la historia <<real>> y descifrar la ex- portador y dador de señales, de claves y de símbolos. El que
periencia, que, de otra forma, resultaría totalmente opaca, o
12. B. Bettelheim, PsícoancíIisis de los cuentos de hadas, Barcelona 1978.
10. J. Attali, La vie éternelle, 337. 13. J. Attali, La vie éternelle, 335.
11. H. Gougaud, programa de la Dewiéme rencontre autour du conte, 14. Ibid.,335-336.
Bruxelles, 12-23 de mayo de 1990. 15. P. Claudel, L'oeil écoute, 330.