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UNIVERSIDAD DE LA SALLE

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN


MAESTRÍA EN DOCENCIA
Sesión: 2
Seminario de: epistemología e historia de la pedagogía y la docencia.
Tema específico: Posturas de Freire frente a: escuela-enseñanza; maestro-estudiante
Por: Ómar Andrés Martínez López - Paulo Alexander Vargas Medina
Fecha: febrero 1 de 2020

Las realidades y los contextos problemáticos han llevado a los ciudadanos a pensar y re-
pensar las dinámicas internas de esas situaciones y su posible solución. En medio de estos
hombres y mujeres reflexivos, sobresalen los pedagogos, sujetos empoderados y políticos, que
han investigado la forma en que una población pueda tomar una decisión acertada para salir
de una situación crítica a nivel político, económico o social. Esta respuesta, que resulta en la
práctica más compleja y con mayores implicaciones que el problema a solucionar, se
denomina educación.

Dentro de los pedagogos clásicos, se destaca Paulo Freire, investigador brasileño y uno de
los pedagogos críticos más influyente de Latinoamérica. El cual, por medio de valiosos
aportes a la educación, cambió la manera en cómo hoy se concibe esta práctica. Por tanto, la
presente relatoría buscará informar y argumentar porqué la pedagogía planteada por Freire, es
el camino predilecto para lograr los procesos de democratización y toma de conciencia
ciudadana necesarios en el cambio de una sociedad. Para dicho fin, se planteará una dinámica
de correlación entre las categorías principales en educación, las cuales son: maestro-
estudiante, escuela-enseñanza; con la situación actual en materia política, ciudadana,
democrática y cultural del país. Esta imbricación brindará una iluminación sobre cómo
construir ciudadanos conscientes de la realidad, los cuales actúan para la liberación de los
oprimidos en un país de opresores.

Escuela-enseñanza

Es pertinente decir que la escuela juega un papel fundamental en la construcción de


individuos generadores de pensamientos, de ideas, de cambios reales. Cambios que
involucren la participación colectiva en aras de obtener una voz de peso que articule y
subsane las brechas sociales, políticas, culturales y educativas que durante décadas han calado
en la razón y los sentimientos de cada uno de los individuos expuestos a estos procesos. Así
pues, es necesario lograr una eficiente articulación entre escuela y enseñanza. Debido que, al
conseguir ese balance se podrá generar un equilibrio estable y hacer que el estudiante se
descubra y se sienta parte de una sociedad que lo necesita comprometido y responsable. En
este sentido, Freire (1994) afirma:

“Es preciso no olvidar que hay un movimiento dinámico entre pensamiento, lenguaje y
realidad del cual, si se asume bien, resulta una creciente capacidad creadora, de tal
modo que cuanto más integralmente vivimos ese movimiento tanto más nos
transformamos en sujetos críticos del proceso de conocer, enseñar, aprender, leer, escribir,
estudiar” (p. 24).

Cuando la escuela y la enseñanza tienen el equilibrio adecuado llegan a generar esos tres
aspectos fundamentales: “pensamiento, lenguaje y realidad”, los cuales producen estudiantes
que aprenden a re-pensarse desde posturas concretas y auténticas. De tal manera, que la
apropiación y uso acertado de la lengua generará una relación óptima entre el pensamiento y
la realidad de todos los que decidan acogerla. Esto se logra teniendo en cuenta que la escuela
no solamente está formada por estudiantes, docentes y padres de familia, en ella también
cohabitan todo tipo de relaciones comunitarias, como los administrativos, personal de área de
servicio, directivos y agentes externos a la escuela que permanecen en un constante ir y venir
en la vida educativa. Estos individuos tienen influencia en la formación conductual y social de
los estudiantes. Desde ahí. es necesario reconocer las interacciones escolares para lograr una
mejor mediación en la conciencia individual y colectiva de los educandos. Parte de ahí la
afirmación de Freire (1979) al decir que:

“La educación que se impone a quienes verdaderamente se comprometen con la


liberación no puede basarse en una comprensión de los hombres como seres “vacíos” a
quienes el mundo “llena” con contenidos; no puede basarse en una conciencia
especializada, mecánicamente dividida, sino en los hombres como “cuerpos conscientes” y
en la conciencia como conciencia intencionada al mundo” (p. 70).

Esto permite vislumbrar la importancia de configurar la escuela hacia dinámicas


permanentes de diálogo en el campo educativo. Teniendo en cuenta, que desde las propias
experiencias participativas de maestros, alumnos y demás integrantes que forman el campo
educativo se pueden lograr avances significativos en la participación-acción de los
estudiantes.

Por tanto, podemos mencionar que la enseñanza colombiana está intentando corregir el
rumbo del sentido educativo, el rumbo del docente, el rumbo de la escuela, hacia una
transición que envuelve al estudiante, que lo haga partícipe de su propia condición de ser
social desde la crítica y el autoanálisis para así lograr acrecentar los niveles de participación
de forma autónoma. Freire (1969) dice: “Si la comprensión es crítica o preponderadamente
crítica la acción también lo será. Si la comprensión es mágica, mágica también será la acción”
(p. 78). En pocas palabras, entre tanto la enseñanza sea más significativa y comprensiva
mayor será el interés y la autonomía del estudiante por re-pensarse como ser activo de la
sociedad y transformador de su propia vida.

Así pues, en la conversión de escuela y enseñanza se torna de vital importancia que la


institución tome medidas drásticas sobre la participación del estudiante en la cimentación de
su propia metodología educativa. a lo que Freire (2012) afirma: “Los niños precisan tener
asegurado el derecho de aprender a decidir, cosa que sólo se hace decidiendo.” (p. 71). luego,
la praxis docente tiene la responsabilidad de fomentar la participación estudiantil en la
construcción de los modelos de enseñanza y mallas curriculares fabricadas desde la
democratización escolar y los intereses propios de una comunidad educativa al servicio de la
sociedad que la rodea.

Maestro-estudiante

Dentro de los diversos contextos sociales y culturales que se expresan en la realidad


colombiana, se resalta que uno de los pilares más endebles dentro de los gobiernos pasantes,
es la educación. Las pruebas nacionales y las pruebas internacionales han comunicado a gritos
que la génesis del cambio y la transformación, la cual Freire afirma que es la educación, tiene
unas falencias de tal envergadura que se necesitarían años para alcanzar a los países más
desarrollado, por supuesto si estos no se desarrollaran más. (Alonso, 2019).

Así pues, esta perspectiva que parece desoladora a primera vista, se debe de consolidar en
un ente transformador denominado maestro, que ayude al impulso, desde pequeñas acciones,
a generar cambios significativos dentro de la sociedad.

Para Freire (1994), el maestro es un sujeto democrático y dialéctico, que posee cualidades
de interesante trasfondo como: la humildad, para escuchar las perspectivas sin sentir que la
suya es más; la amorosidad, para apreciar la vocación siendo consciente de las políticas
educativas que denigran la profesión; la valentía, para impulsar procesos democráticos y
políticos en aula, revolucionando a estudiantes sobre el pensamiento crítico y la lectura de la
realidad; la tolerancia, para comprender que la educación se construye desde las diferencias y
que esto, a su modo, fundamenta la democracia; la decisión, para comunicar de manera
certera sus saberes; la seguridad, para proponer un punto de vista científico y válido; la
tensión entre paciencia e impaciencia, la cual lleva a generar un equilibrio entre la teoría
pasiva y la práctica desenfrenada; y la alegría, para comprender que el maestro es el principal
transmisor de vida entre su comunidad. Estas cualidades plantean al educador, como un
progresista y un constructor de democracia dentro de su institución educativa.

Freire (1994) comunicaba que: “La escuela democrática, progresistamente posmoderna y


no posmodernamente tradicional y reaccionaria, tiene un gran papel que cumplir en el Brasil
actual” (p. 110). Ese papel se cristaliza en la democratización y toma de conciencia de los
ciudadanos que posteriormente transformarán su realidad. De igual manera, la misma idea
podría ser empleada y decir que la escuela democrática tiene un papel que cumplir en la
Colombia actual. Las preguntas serían, ¿Este papel se está cumpliendo?, ¿realmente el
docente colombiano se está empoderando de sus cualidades y las está compartiendo de
manera dialógica en el aula?, ¿se están llevando propuestas para que el estudiante logre la
lectura de la realidad y aprenda desde su contexto? o ¿sólo ha evolucionado la educación
bancaria haciéndola más atractiva, pero igual de dañina?

Más allá a la resolución de los anteriores interrogantes, la finalidad es reconocer la


pertinencia que posee la pedagogía Freireana desde la perspectiva de escuela democrática en
Colombia. Parte de ahí, la necesidad de poner sobre la mesa de diálogo, la tensión que
propone la escuela democrática en relación a la interacción maestro-estudiante. Para
introducir dicha relación, Freire (1994) afirma que: “Es que el enseñar no existe sin el
aprender, y con esto quiero decir (...) que el acto de enseñar exige la existencia de quien
enseña y de quien aprende” (p. 44). Es decir, no puede existir maestro sin estudiante ni
estudiante sin maestro. Lo anterior, parece que es una idea básica dentro de la escuela o la
educación en general, pero por contexto cultural, se puede afirmar que es una premisa que se
obvia más veces de que se gustaría aceptar.

El maestro está en función de sus estudiantes y se encuentran ligados, no sólo en el aula de


clase, ya que ello sería reducir la práctica docente, sino en la vida misma. Es por eso que el
educador enseña desde su propia vida y por lo tanto “La práctica educativa en la que no exista
una relación entre lo que la maestra dice y lo que la maestra hace es un desastre como tal”
(Freire, 1994, p. 97). El estudiante aprende de manera más significativa en el contacto con la
vida, el ejemplo y el testimonio del docente, que con su simple discurso.

Comprendida la dinámica de interacción entre el maestro y el estudiante, se vuelve


fundamental presentar cuál es la finalidad que propone la pedagogía freiriana y la escuela
democrática. En este sentido, Jiménez (2009) afirma:

"Freire presenta, como tarea fundamental de su propuesta pedagógica, la necesidad de


provocar en los agentes que intervienen y hacen posible el acto educativo un proceso de
toma de conciencia de la realidad de la cual son partícipes y protagonistas activos en el
devenir de la historia, a este proceso lo llamó concientización" (p. 17).

Por ende, el producto de la imbricación entre el maestro y el alumno es la concientización.


Pues al tomar elementos de la realidad y al aprender de ella, el sujeto implicado se convierte
en el protagonista y partícipe de su propio cambio. Este proceso genera dinámicas
transformadoras dentro de los contextos a los cuales pertenece.

Partiendo de la premisa sobre el fin de la escuela democrática, se hace necesario


vislumbrar, sobre qué cambios sucederían en la actual Colombia, teniendo en cuenta un
desarrollo progresivo de la propuesta de Freire. Este enmarcado en un maestro con las
habilidades del educador progresista y con una teleología que le apunta al proceso de
concientización.

Esta idea se podría plantear como utópica para un país en donde el índice de democracia
publicado en el 2019 por The Economist Intelligence Unit, presenta a Colombia con un índice
de 7.13 en contraste positivo al año pasado de 6.96 (Pérez, 2020). La cuestión a reflexionar en
este sentido, es que la unidad de negocios independiente clasifica a Colombia como una
democracia defectuosa. En ese sentido, cabe hacer la pregunta ¿Qué necesita Colombia para
lograr ser una democracia completa según el estudio de este grupo de investigadores? La
brecha para llegar a tal estatus del estudio se da por dos problemáticas. En un primer
momento, las movilizaciones dadas desde el año 2019, valorada como comportamiento de la
región y en un segundo momento, las políticas públicas, valoradas como desigualdad (Pérez,
2020), esto sin contar la vulneración a los derechos humanos, tales como la vida, la libertad o
la libertad de expresión, los cuales son noticia diaria dentro de nuestro país.

Al contexto anterior de índice de democracia, cabría añadir otra categoría de sumo interés
para la comprensión de Colombia como un país necesitado de una escuela democrática. Este
dato corresponde a la tasa de abstención en el voto. Este dato ha mejorado en comparación de
años anteriores, pero sigue sin ser significativo, en relación a la cantidad de votantes. Para
proponerlo en números en el año 2015, la cifra de abstención en Bogotá fue del 48,90 y el de
2019 fue del 44,97 en el escrutinio local. Es decir que, 2’630.692 adultos bogotanos no
votaron este 2019 para escoger sus representantes locales (Cárdenas, 2019). La abstención
hace relucir la falta de concientización que se posee el país, ya que una buena parte del
ciudadano no se siente el protagonista, el actor que transforma la democracia a través de sus
decisiones, o en este caso específico la deforma con su falta de aprehensión ante el derecho y
el deber al voto.

Comprendiendo la anterior realidad, el deber del maestro en relación al estudiante, sería en


un primer momento, brindar una re-significación del autoritarismo, dando a entender que las
figuras elegidas por representación popular son soluciones a corto plazo a situaciones en
relación a las políticas públicas. En esta misma línea se hace necesario “trabajar los
obstáculos ideológicos, sin lo cual no prepararemos el camino para percibir lúcidamente que
entre yo y el candidato al yo voto hay mucho más que una relación afectiva o de gratitud”
(Freire, 1994, p.38). La anterior afirmación de Freire, es habitual dentro de la política
colombiana en la cual se mueven vínculos afectivos o condiciones laborales para el
favorecimiento de ciertos candidatos políticos; en un segundo momento, se debería brindar el
proceso de concientización a través del trabajo con el contexto y con la realidad, medios
privilegiados para la construcción de ciudadanía. El maestro debe ser el garante de que este
proceso se lleve a cabo, brindando las condiciones para que el estudiante se desarrolle de
manera plena en el salón de clases (Freire, 1994) y crear de esta manera un aula democrática,
para posteriormente formar la escuela democrática.

A modo de cierre, se puede afirmar que Colombia se encuentra en un momento coyuntural


donde una parte significativa de la ciudadanía se encuentra con un malestar generalizado.
Producto de esta sensación, algunos grupos se han organizado para declarar por medio de la
protesta pacífica su descontento. Aunque se han hecho avances en relación a periodos de
protestas anteriores, los procesos de toma de conciencia de la realidad y la participación
ciudadana en actos concretos y reflexivos se encuentran cortos. Por lo anterior, se concibe la
pedagogía freiriana y su propuesta de maestro, estudiante, escuela y enseñanza, la vía
necesaria para lograr, a largo plazo, la transformación de una sociedad colombiana política, la
cual se inicia a soñar en estas pequeñas prácticas. Prácticas que siembran una semilla de
realidad que una generación posterior recogerá como una acción de cambio materializado en
políticas públicas contextualizadas en una Colombia en vías de liberación. En palabras de
Freire (1969), “La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el
mundo para transformarlo” (p. 7).

Bibliografía

● Alonso, M. [Leer para Crear con Marco Tulio]. (2019, abril 24). Introducción a
la Pedagogía de Paulo Freire. Principales ideas explicadas. Pedagogía del Oprimido
[Archivo de video]. Recuperado de
https://www.youtube.com/watch?v=UUfaPqynO6U&t=1252s
● Cárdenas, A. (28 de octubre del 2019). Abstención bajó, pero voto en blanco
subió. El tiempo. Recuperado de https://www.eltiempo.com/elecciones-colombia-
2019/elecciones-2019-asi-le-fue-al-voto-en-blanco-y-la-abstencion-427828
● Freire, P. (1969) La educación como práctica de la libertad. España: Siglo
Veintiuno. editores
● Freire, P. (1979) Pedagogía del oprimido. España: Siglo Veintiuno editores.
● Freire, P. (1994) Cartas a quien pretende enseñar. Siglo Veintiuno editores.
S.A de C.V
● Freire, P. (2012) Pedagogía de la indignación: cartas pedagógicas en un
mundo revuelto. Buenos Aires Argentina: Siglo Veintiuno editores.
● Pérez, A. (23 de enero del 2020). ¿Por qué The Economist cree que Colombia
sigue teniendo una democracia defectuosa? Dinero. Recuperado de
https://www.dinero.com/economia/articulo/the-economist-cual-es-la-posicion-de-
colombia-en-el-indice-de-democracia/281131