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Recordando mis días de Navidad en mi pueblo natal.

Hablar de las navidades güireñas, es recordar cómo se iniciaban los preparativos para celebrar tan
bello acontecimiento como es el nacimiento del Niño Dios, la venida del Niño Jesús. Los niños
ayudábamos a construir el pesebre o nacimiento, había que preparar el cultivo de las maticas de
maíz y colocábamos las semillas en frasquitos con papel húmedo y esperábamos con mucho
entusiasmo a que germinaran. Estas eran parte de la ornamentación. Luego había que buscar en los
negocios que te regalaran la paja y procedíamos a pintarla con verde vegetal. Esta paja sería todo el
piso donde se colocaban las figuritas del pesebre ( casitas, ovejas, pastorcitos, otros animalitos),se
hacía un río, o un lago ( el fondo era un espejo para imitar el agua) dependiendo del espacio y se
colocaban paticos, garzas, luego se armaba una casita tipo pesebre donde se colocaba a la Virgen
María, San José, el Niño Jesús, el burro, la vaca , el ángel siempre en la parte alta con la estrella y los
tres Reyes Magos que al pasar los días se iban moviendo y acercándose hasta el 24 que los
colocábamos al frente del Niño Jesús, era toda una ceremonia, imaginación, mucha creatividad de
nuestros abuelos, padres y de los niños. La familia con esta actividad mantenía esta hermosa
tradición. En esos días se cantaban villancicos, se recibían a las parrandas de niños y adultos que le
cantaban al Niño Jesús y pedían su aguinaldito, era costumbre brindarles un palo de ponsiqué, ron
San José, el sabroso ponche crema hecho en casa, siempre había un Anís, en mi pueblo por su
cercanía a Trinidad siempre había la posibilidad de un Whisky Vat 69. Estas parrandas se formaban
a veces de manera espontánea y salíamos a recorrer el pueblo visitando las casas de los amigos para
cantarles aguinaldos y parrandear a lo güireño: con alegría, algarabía, bucheros, bailando tomando
y comiendo todo aquello que por más humilde el hogar tenía para compartir y celebrar estos
momentos.

Cómo no añorar y remontarme a ese pasado alegre de camaradería, con valores únicos que nos
trasmitieron nuestros viejos, amigos y familiares. Era una época de hermandad donde prepararse
para la Navidades era una fiesta se sentía la alegría, se pintaban las casas, se arreglaban, adornaban,
el que tenía arbolito lo montaba, para la época se construía más el nacimiento. No se conocía Santa
Claus ni San Nicolás. Todos escribíamos la carta al Niño Jesús, en ella le pedíamos los regalos: una
muñeca, un carrito, un volteo, un par de pistolitas, una zaranda, o una bicicleta a ver si el Niño podía
traerla. Oh mamá, papá, gracias por esos días tan hermosos de mi niñez, a esos amigos vecinos que
quedan sembrados en el alma y me vienen a la mente esos bellos viejos: mi abuelita María, a mis
tío José Casís, Angel Fermín, Panchita, Teíta, el Sr. Ricardo, Morella, María Teresa, Mercedes
Quiñones, Miguelina, Luis Gómez, Mariana y Andito Gutiérrez, María Marcano, Chelao, Picho,
Isaura, las Niglaglioni, Victoria y Alcides, mi madrina Enriqueta (Quetica), Cupertina (Coupé), mamá
Popota, a la viejita Noy mi eterno cariño por esconderme de papá para que no me castigaran
cuando hacía una de mis travesuras. Dios los tenga en la gloria a los que ya no están con nosotros y
mi oración fervorosa por su eterno descanso.

Continuaban las labores y llegamos a los preparativos para hacer las Hallacas, buscar o encargar la
carne de cochino, los aliños ( cebollín, cebollas, ají dulces, aceitunas, alcaparras, pasitas, onoto),
aceite, papelón, vino Sagrada Familia, el pabilo, hacer la masa de maíz ( había que salcochar el maíz,
molerlo y se obtenía la masa ( esta se amasaba con sal y consomé de gallina, un punto de sal y
papelón, se le daba color con onoto) y luego venía el trabajo más laborioso, fastidioso que era
seleccionar las hojas de plátano para envolver las hallacas. Una vez elaborado el guiso, se procedía
a tender las hallacas, este momento era de alegría donde todos metíamos las manos para hacer
algo, o comernos las pasitas, aceitunas o comerse un poco de guiso en un pan de la panadería de
Sinencio o de la Sra. Dios mío, con solo recordar me viene el olor a guiso recién hecho, el sabor del
vino o del ponche crema que degustaba haciendo estas hallacas, la llegada de una parranda que te
amenizaba la tarea y disminuía el número de hallacas, pero con gusto las compartías. Era una fiesta,
era la navidad, era celebrar el nacimiento del Niño Jesús.

Recordando algo más, les comento que también los comerciantes y costureras se beneficiaban de
estas fiestas vendiendo sus artículos y las señoras y sastres confeccionaban los vestidos para estos
días de fiesta, era tradición estrenar el 24 y el 31 de diciembre, hasta el hogar más humilde
trabajaban y ahorraban para comprar y preparar lo necesario para celebrar. También se preparaba
un sabroso dulce de lechoza, pan dulce, la insuperable, exquisita y sabrosa torta negra de la amiga
Cupertina (Cupé), pan dulce, pan de jamón tradición venezolana que se mantiene hoy día en todo
el territorio venezolano que ya traspasó las fronteras nuestras por su sabor exquisito.

Oh, como no rememorar el tradicional baile en el Balneario Brisas de Güiria, donde su salón se
engalanaba a las tres de la tarde con toda la chiquillería del pueblo, que estrenando sus vestidos
acudían acompañados de sus padres, familiares a bailar, el pasodoble que iniciaba la fiesta y luego
al son de merengues, y guarachas hasta las seis de la tarde que culminaba el baile infantil y daba
paso al de la juventud. Este hermoso local lo construyó papá (Cap. Julio Casas), a la orilla de la playa
con el único objeto de ser un lugar de recreación familiar para el pueblo. Los güireños de esa época
deben recordar los momentos de alegría, el disfrute de una cita, la declaración de amor de la chica
o chico que hoy día será la esposa o esposo. ¡ Cuanta historia !. Esos salones guardaron el murmullo,
de secretos, cuitas de amor, exclamaciones de admiración por esos diestros bailarines como
Monchin, Betzaida, Luis Coll, Pedro Luis, Olga España, Conchita Pérez, Nilda Bethelmy, Lina
Rebeca…… Lo administraron por mucho tiempo papá y Elviro Rausseo, es curioso pero uno solo
bailaba pasodoble (papá) y el otro era un gran bailarín el recorría con su pareja toda la pista (era
casi media cuadra) de baile era toda una sensación verlo bailar. Bailar un pasodoble con Elviro era
todo un reto tenías que saber bailar. Tengo el privilegio de haber bailado por mucho tiempo con él
y creo que no habrá otro que lo sustituya.

Sería imperdonable no mencionar otra hermosa tradición que se ha perdido. No, porque no
queramos sino porque la inseguridad impide que disfrutemos de las Misas de Aguinaldo. La primera
Misa de Aguinaldo se celebraba el 16 de diciembre, esta se hacía en honor a la Virgen del Carmen y
como Patrona de la Guardia Nacional, Choferes, Marineros , se unían para estar a las 4 am en la
Iglesia para oír misa, cantar villancicos y luego al terminar nos esperaba a las puertas de la Iglesia el
Steel Band, donde salíamos al son del calipso a recorrer las calles hasta las seis de la mañana que se
llegaba hasta el Balneario para continuar la parranda bailando y otros a bañarse en la playa. Yo
estando pequeña aprovechaba esa caminata para correr en patines todo el trayecto, al salir dela
Iglesia me paraba en la panadería y compraba un pan dulce recién hecho calientico y seguía al
tambarín montada en mis patines. Estas misas se hacían hasta el día 23, la última era la Misa del
Gallo, o Misa de Nochebuena, era una hermosa Misa cantada se celebraba a las doce de la noche y
luego se regresaba a casa para recibir los regalos que había traído el Niño Jesús y saltar de alegría
cuando lo pedido en la cartica se hacía realidad.
Hoy, este 24 se me arruga el corazón viendo, leyendo y viviendo lo que poco a poco se va perdiendo,
pareciera que ya no quedamos muchos de los que vivimos tan hermosos tiempos y seguimos con la
tradición. Quizás, los momentos difíciles que estamos pasando nos hayan hecho perder el
entusiasmo de celebrar el nacimiento del Niño Jesús, la pérdida del poder adquisitivo impide a la
gran mayoría de los hogares obtener comida, regalos y vestido para sus hijos. Pero más allá de estos
impedimentos, se siente una falta de valores terribles en el comportamiento de los venezolanos. No
se siente ese querer lo nuestro, no hay sentido de preservación de nuestro patrimonio, ni familiar y
mucho menos regional o nacional. Se siente como se le da paso y abren las puertas a las costumbres
de otras latitudes, a la tecnología que sustituye de manera increíble lo hermoso de nuestras
tradiciones, con la pérdida de ese calor humano, con emoción, alegría para celebrar estos días
navideños, que su objetivo es celebrar el cumpleaños del Niño Dios.

Mi sincera petición a todos los paisanos, amigos y a quienes tengan la oportunidad de leer estas
vivencias, que traten de inculcarles valores a sus hijos, nietos y a los que le rodean en relación a
nuestras tradiciones que debemos preservar para las futuras generaciones, es un deber ineludible
no dejar perder lo que nos hace ser venezolanos.

Carmen Cecilia Casas. (CeCe).

24/12/2016.