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PROGRAMA DE PREPARACIÓN PARA LA EVAU 2020

Como sabéis, nos quedan tres meses y medio para la EvAU. El examen de Lengua será el martes 2 de
junio (convocatoria ordinaria) y el martes 30 de junio (convocatoria extraordinaria).
Para aprobar el examen os propongo un plan de trabajo complementario a las clases y de una
duración de 12 semanas, estructurado por bloques:

Bloque 1. Comentario de texto. Resumen

Bloque 2. Texto argumentativo

Bloque 3. Semántica y morfología

Bloque 4. Sintaxis

Bloque 5. Literatura
COMENTARIO DE TEXTO
BLOQUE 1. Comentario de texto. Resumen
Os propongo 10 textos para resumirlos, clasificarlos y hacer el comentario de texto.
6 de marzo: entrega de los comentarios 1 y 2, y de los resúmenes del texto 1 y 2.
13 de marzo: entrega de los comentarios 3 y 4, y de los resúmenes del texto 3 y 4.
20 de marzo: entrega de los comentarios 5 y 6, y de los resúmenes del texto 5 y 6.
27 de marzo: entrega de los comentarios 7 y 8, y de los resúmenes del texto 7 y 8.
17 de abril: entrega del comentario 9 y del resumen del texto 9.
24 de abril: entrega del comentario 10 y del resumen del texto 10.

TEXTO 1
No tener maestro es no tener a quién preguntar y, más hondamente todavía, no tener ante quién
preguntarse. Quedar encerrado dentro del laberinto primario que es la mente de todo hombre
originariamente; quedar encerrado como el Minotauro, desbordante de ímpetu sin salida. La
presencia del maestro que no ha dimitido –ni contradimitido– señala un punto, el único hacia el cual
la atención se dispara: el alumno se yergue. Y es ese segundo instante cuando el maestro con su
quietud ha de entregarle lo que parece imposible, ha de transmitirle, antes que un saber, un tiempo;
un espacio de tiempo, un camino de tiempo y luz, los elementos esenciales de toda mediación.
Y ese tiempo que se abre como desde un centro común, como el que se derrama por el aula
envolviendo a maestro y discípulos, un tiempo naciente, que surge allí mismo, como un día que nace.
Un tiempo vibrante y calmo; un despertar sin sobresaltos. Y es el maestro, sin duda, el que lo hace
surgir, haciendo sentir al alumno que tiene todo el tiempo para descubrir y para irse descubriendo,
liberándolo de la ignorancia densa donde la pregunta se agazapa, de ese temor inicial que encadena
la atención; el temor que dispara la violencia. Pues toda ignorancia tiende a liberarse en la
agresividad, la del Minotauro en su oscuro laberinto. Toda vida está en principio aprisionada en su
propio ímpetu.
Y el maestro ha de ser quien abra la posibilidad, la realidad de otro modo de vida, de la verdad. Una
conversión es lo más justo que sea llamada la acción del maestro. La inicial resistencia del que
irrumpe en las aulas se torna en atención. La pregunta empieza a desplegarse. La ignorancia de sentir
el vértigo de la distancia y ese desierto de la cátedra, como todos, pródigo en tentaciones. Ignorancia
y saber circulan y se despiertan igualmente por parte del maestro y del alumno, que solo entonces
empieza a ser discípulo. Nace el diálogo. (María Zambrano, La vocación del maestro, 1965)
CUESTIONES
1. Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas
siguientes: a) enuncie el tema del texto (0,5 puntos); b) detalle sus características lingüísticas y
estilísticas más sobresalientes (1,25 puntos); c) indique qué tipo de texto es (0,25 puntos).
2. Redacte un resumen del contenido del texto. (1 punto)

TEXTO 2
La letra “a” parece estar dotada para ofuscar talentos. La primera vez que me topé con el sulfure por
la “a” fue hace años. Acabábamos en nuestra facultad de elegir decana. Y en calidad de tal, ella se
dirigió al catedrático vetusto de turno. Le envió lo que se llama un oficio. Un escrito que ella firmaba
con su cargo. Resultado, se desató una tremenda erupción de un volcán de espumarajos.
Lamentándolo mucho... otro nombre no tiene. El visitado por el oficio entró en exaltación (si bien
hay que confesar que tampoco le costaba mucho) y replicó con un breve en el que más o menos decía
que... “habiendo recibido pliego enviado por ‘la decana’ y no sabiendo quién sea tal autoridad...”
informaba de que pensaba pasárselo, perdón, enviarlo al archivo ese que solemos tener a la derecha
y debajo de la mesa. O sea, la entrañable papelera. Decía esto y dos o tres lindezas más que la
membrecía decanal atribuimos en aquel entonces al deje viejuno.
De otra amiga, que alcaldesa fue y digna de su ciudad, traigo diferente historia. Casada ya y con hijos
estudió su carrera de Derecho. La acabó bien, en su tiempo que ello lleva, y se colegió. Mientras
esperaba clientes se hizo papel y tarjetas: “Fulanita, abogada”. Un amigo de la familia, persona
benévola y de orden, se lo reprochó con todo cariño. Bien estaba estudiar; bien tener una carrera,
aunque se fuera mujer casada; bien incluso ejercerla... pero “abogada...”, eso no era necesario y
ensuciaba el resto del buen hacer. Aquella “a” lo estropeaba todo. No se debía entrar en el mundo
pisando ni mandando. Quien ejerce en el foro es “abogado”. Nada de estridencias que son el camino
a malgastar lo bien hecho.
Mi amiga, que siempre como Ulises fue “diestra en recursos”, y como él poco dada a dejarse amilanar,
le miró con igual cariño, le dio las gracias por el consejo y le recordó que era, el digno señor, un buen
católico. El aludido no acababa de ver la relación. “Pues claro que lo soy”, repuso, “y con orgullo”. Así
que mi amiga, con un punto de luz en sus ojillos le pidió que rezaran, ambos y juntos, la salve. Petición
extraña, pero, tras titubeo inicial, admitida. “Dios te salve reina y madre de misericordia, vida,
dulzura, esperanza nuestra... A ti clamamos los desterrados hijos de Eva...”, y al poco... “Ea pues,
señora, abogada nuestra...”. El caballero dio un respingo. Pero, como lo era, abrazó a mi amiga y
exclamó: “Tienes toda la razón y yo ninguna”. No hubo más contienda. Nuestra señora llevaba siendo
abogada varios siglos, pero las mujeres no tenían tanto recorrido. (Amelia Valcárcel, “La gramática
no es la vida” en EL PAÍS, 01/08/2018)

TEXTO 3
Corría 1861 cuando el protagonista de esta historia llegó a Jaca de la mano de su padre. Tenía diez
años y era un niño travieso, díscolo, inquieto. Solo se tranquilizaba pintando. Quién sabe si en
nuestros días lo hubieran calificado de hiperactivo. Su progenitor, médico de profesión, estaba harto
de sus diabluras y decidió matricularlo en un colegio de los padres Escolapios que tenía fama de
excelencia educativa en latín, al tiempo que lograban domar a los estudiantes más problemáticos. El
padre animó al director del colegio a que fueran severos con su hijo y que le aplicaran sin
contemplaciones los castigos que mereciera. El director del colegio se comprometió a hacerlo, e
inmediatamente llamó al padre Jacinto. Antes de marcharse el padre también advirtió al director de
que el niño no andaba bien de memoria y que le dejaran expresarse cuando le preguntaran la lección.
“De concepto lo aprenderá todo; pero no le exijan ustedes las lecciones al pie de la letra”. En esto no
le hicieron caso y los castigos y las humillaciones fueron continuas desde el primer día de clase. El
niño se llevó mal con el latín, la filología y la gramática y peor con los padres Escolapios. Los castigos
no eran efectivos y el padre Jacinto decidió un ayuno diario que el estómago del niño terminó
también por asumir. Ante el fracaso de los frailes y asustados por el estado famélico con el que el
niño regresó al pueblo en verano, sus padres decidieron que el siguiente curso el niño iría a un
instituto de Huesca. Como castigo, el padre decidió que compaginaría sus estudios con un trabajo de
aprendiz de barbero. El siguiente curso el niño no mejoró. Su padre lo volvió a castigar colocándolo
de aprendiz de zapatero con un severo artesano que le hacía dormir en un desván lleno de ratas.
Pasó un año entero hasta que le dio de nuevo la oportunidad de volver a los estudios. Con doce años
el niño intentó cambiar de actitud y se aplicó en los estudios aun sin renunciar a sus viejas andanzas
como el día en que se topó con una valla recién pintada y no pudo evitar hacer una caricatura de su
profesor, con la mala suerte de que al maestro le gustaba pasear y se topó con el alumno y su obra.
Finalmente, y a pesar de sus diabluras el niño se matriculó, con dos años de retraso respecto a sus
compañeros de promoción, en la Facultad de Medicina de Zaragoza y en 1906 le concedieron el
premio Nobel de Medicina. Se llamaba Santiago Ramón y Cajal. (Antonio Arráez, “La historia del mal
estudiante que llegó a Premio Nobel” en PÚBLICO, 16/09/2013)

TEXTO 4
La introducción del uniforme escolar en los centros públicos no es una medida anodina. Puede herir
sensiblidades, dar lugar a conflictos o abrir un debate más amplio sobre un orden social dado. Desde
un punto de vista psicológico, atañe a la sempiterna tensión entre la necesidad de ser al mismo
tiempo semejante y diferente de los demás. Los argumentos a favor del uniforme son numerosos y
conocidos. Se imagina como un freno al marquismo, a ver los centros escolares como una pasarela.
Desde una perspectiva psicosocial, se añade que el uniforme acabaría con la comparación entre los
alumnos, se destronaría el estilo de vestir como signo de diferencias sociales, económicas, étnicas,
religiosas, nacionales o incluso entre pandillas. Se cree también que favorece la disciplina, y la
concentración. No faltan tampoco razones de tipo económico o de sentido práctico.
Pero vestir de uniforme tiene tras sí una larga historia. Recordemos, por ejemplo, cómo el cuello Mao
se impuso a 900 millones de habitantes. El uniforme ha sido un instrumento para establecer
jerarquías y distancias entre clases o entre castas. En suma, el uniforme trae a la memoria lo militar,
la penitenciaría, la hospitalización, el internado. Evoca la despersonalización, lo homogéneo, la falta
de iniciativa y de autonomía o la ausencia de sensibilidad estética. Suele oponerse a modernidad,
innovación y juventud. (Juan Antonio Pérez, “Una reflexión psicosocial”, El País, 17 de junio de 2008.)

TEXTO 5
La timidez es un rasgo de carácter. Se define por una marcada tendencia a rehuir los contactos
sociales con desconocidos, evitar la iniciativa en el terreno social, permanecer silencioso en las
reuniones, sentir dificultad para mirar a los ojos, y un gran pudor en hablar de las propias emociones.
El tímido no suele serlo dentro de casa o en ambientes familiares, y una vez pasada la dificultad de
los primeros contactos su adaptación social puede ser buena. La timidez hace sufrir a mucha gente,
pero no es un trastorno grave, ni una enfermedad como lo es la fobia social. El tímido suele adaptarse
bien a partir de un período de inhibición inicial. ¿Qué es lo que teme una persona tímida? Las
estadísticas nos proporcionan el siguiente ranking: los desconocidos (70%), las personas del sexo
opuesto (64%), hablar delante de un público (73%), estar en un grupo grande (68%), ser de un estatus
que se supone inferior al de sus interlocutores o sentirse inferior a ellos de una forma u otra (56%).
Hay que ser cuidadoso al juzgar una posible timidez, porque en un mundo soez, ruidoso, agresivo y
desvergonzado como el nuestro podemos acabar llamando timidez a la buena educación y el respeto
por los demás. La evolución del concepto de pudor nos demuestra que estamos tratando un tema
sometido a grandes influencias sociales y culturales. Una parte importante de las características
atribuidas a las personas tímidas —dulzura, pudor, recato, pasividad— han sido durante siglos
atributos de la perfección femenina. Tradicionalmente se ha elogiado a la mujer tímida, lo que hace
que en este momento la timidez sea sentida y resentida sobre todo por los hombres, que son los que
con mayor frecuencia acuden a los especialistas en busca de ayuda, porque contraviene gravemente
la imagen social de la masculinidad.
Estamos hablando de un tipo de ansiedad social que dificulta la vida de muchas personas y las
condena a la soledad y a vivir en retirada. Solo cuando alcanza unos grados de angustia insoportables
e invalidantes entramos en el terreno patológico y hablamos de “fobia social”. (José Antonio Marina,
Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía, 2006)
TEXTO 6
Para la mayoría de la gente, como también para el periodismo y los medios de masas en general, las
artes se ocupan de producir objetos valiosos, bonitos, decorativos, únicos o preciosos. Y así ha sido,
en efecto, durante algunos períodos históricos, como cuando los pintores trabajaban para las grandes
casas de la nobleza y el clero. Sin embargo, durante períodos mucho más prolongados no se ocuparon
de tal cosa, como en los quinientos años que van del siglo VIII al siglo XIII. En ese gran río del arte
bizantino, cristiano, medieval, románico, feudal y gótico, que de todos estos nombres goza, la belleza,
el preciosismo, la originalidad o el coste eran valores secundarios. El principal era la exaltación
espiritual, el enigma divino sobre el destino humano.
Tampoco, desde luego, en otro período, cuyas similitudes con el arte medieval pueden llevar a
equívoco, que es el período de las vanguardias y posvanguardias, entre 1890 y 1990. Cien años en los
que tampoco la belleza o la exquisitez o el preciosismo contaron apenas para nada, aunque sí (y de
qué manera) la originalidad y la actualidad. De hecho, estos méritos suplantaron a todos los demás
valores. En cualquier caso, tanto el arte remoto (las culturas llamadas primitivas), como el lejano (el
arte románico), coinciden con el arte moderno en no obedecer al tópico del objeto bello, ornamental,
precioso o único.
Visto desde una perspectiva mucho más general, las artes constituyen un conjunto de prácticas
notablemente diversas que nacen en el origen mismo de lo humano (es decir, de lo mortal), desde
las primeras entalladuras sobre huesos animales hasta los frescos troglodíticos, y nunca nos han
abandonado, incluso cuando las condiciones de supervivencia habrían aconsejado dejar esas
prácticas para intentar salvar el pellejo. Puede decirse que la producción de esos signos que los
modernos llamamos artísticos y cuyo nombre se aplica tanto a un ídolo de terracota azteca como al
urinario de Duchamp, es indistinguible de la aparición en el cosmos de un animal consciente de que
ha de morir.
Las artes, desde este punto de vista más general, como las religiones y las ciencias, parecen más bien
un desesperado intento por imponer un sentido a nuestra vida, tan efímera como insensata. (Félix
de Azúa, Autobiografía sin vida, 2010)

TEXTO 7
Ya no es propio tan solo del príncipe o del político ser “un gran simulador y un gran disimulador”,
como quería Maquiavelo; esa es hoy la condición universal para sobrevivir y, más aún, para medrar.
Lo mismo en lo privado que en lo público, los seductores se entregan en cuerpo y alma a acicalarse,
y acaban confundidos por su propia careta. Por mucho que rasquemos, no hallaremos nada debajo.
Y puesto que ya no hay alma que vender al diablo, traficamos con la imagen como su sucedáneo más
aproximado. Quien mejor se anuncie, quien sepa aplicar a sus fines los resortes de la propaganda —
aunque solo eso sea—, ese es el que triunfa. Es algo que está casi al alcance de cualquiera: basta con
dominar unos cuantos tics, ciertos signos externos, hacer como que se cree en lo que no se cree. Se
trata, en suma, de apuntarse al mimetismo colectivo y vestir el uniforme como normas insuperables
de vida. Frases hechas, poses, modas de todas clases, gestos estereotipados… contribuyen a
instalarnos en el reino de la imagen dominante. Y así hasta que se imponga la nueva.
Desde estos carriles mentales, ¿qué es lo que nuestra cultura censura como nefasto? Nada más que
la apariencia indebida. Lo inadmisible no es que algo funcione mal, sino que así lo haya parecido a
muchos, que el fallo haya sido descubierto. Lo que debe importar no es el escándalo de este o aquel
partido, institución o empresa (ponga el lector aquí los nombres propios que correspondan), sino que
su difusión acarree el temible deterioro de su imagen. No anda lejos el sentido de esa frase por la
que los partidos políticos acostumbran hoy a manifestar a modo de autocrítica su fracaso electoral:
lo que pasa es que no hemos sabido comunicar. Es decir, nuestras ideas y programa eran lo correcto,
pero ha fallado el mensaje o su transmisión. Como en una estrategia de ventas, el “qué” se comunica;
la propuesta no se justifica por su contenido sino por su continente o envoltorio. Entonces, ¿a qué se
llama cambiar algo? No a transformar la realidad —¡como si hubiera otra posible!—, sino tan solo a
cambiar su imagen. No es cuestión de tocar lo que las cosas son, sino el modo como las percibimos,
la idea que nos hacemos de ellas. Son los aparatos de propaganda los que deben hacerlo mejor. A
partir de aquí, cualquier técnica de manipulación y coerción de las conciencias (categorías, valores,
gustos) está justificada. Al reducirla cada vez más a política de imagen, la política se degrada a
cosmética, como ya había anticipado el viejo Platón. (Aurelio Arteta, Tantos tontos tópicos, 2012)

TEXTO 8
En España, donde la pereza es, más que un vicio, una religión, se comprenden difícilmente esas
monumentales obras de los químicos, naturalistas y médicos alemanes en las cuales solo el tiempo
necesario para la ejecución de los dibujos y la consulta bibliográfica parecen deber contarse por
lustros. Y, sin embargo, estos libros se han redactado en uno o dos años, pacíficamente, sin febriles
apresuramientos. El secreto está en el método de trabajo, en aprovechar para la labor todo el tiempo
hábil, en no entregarse al diario descanso sin haber consagrado dos o tres horas por lo menos a la
tarea, en poner dique prudente a esa dispersión intelectual y a ese derroche de tiempo exigido por
el trato social, en restañar, en fin, en lo posible, la cháchara ingeniosa del café o de la tertulia,
despilfarradora de fuerzas nerviosas (cuando no causa disgustos), y que nos aleja, con pueriles
vanidades y fútiles preocupaciones, de la tarea principal.
Si nuestras ocupaciones no nos permiten consagrar al tema más que dos horas, no abandonaremos
el trabajo a pretexto de que necesitaríamos cuatro o seis. Como dice juiciosamente Payot, «poco
basta cada día si cada día logramos ese poco».
Lo malo de ciertas distracciones, demasiado dominantes, no consiste tanto en el tiempo que nos
roban, cuanto en la flojera de la tensión creadora del espíritu y en la pérdida de esa especie de
tonalidad que nuestras células nerviosas adquieren cuando las hemos adaptado a determinado
asunto.
No pretendemos proscribir en absoluto las distracciones, pero las del investigador serán siempre
ligeras y tales que no estorben en nada las nuevas asociaciones ideales. El paseo al aire libre, la
contemplación de las obras artísticas o de las fotografías de escenas, de países y de monumentos, el
encanto de la música y sobre todo la compañía de una persona que, penetrada de nuestra situación,
evite cuidadosamente toda conversación grave y reflexiva, constituyen los mejores esparcimientos
del hombre de laboratorio. Bajo este aspecto será bueno también seguir la regla de Buffon, cuyo
abandono en la conversación (que chocaba a muchos admiradores de la nobleza y elevación de su
estilo como escritor) lo justificaba diciendo: «Estos son mis momentos de descanso». (Santiago
Ramón y Cajal, Reglas y consejos sobre la investigación científica, 1897)

TEXTO 9
Jesús estaría contento. Cada vez nos amamos más los unos a los otros. Por lo menos, nos damos más
besos que nunca. Nos comemos a ósculos. Sobre todo entre desconocidos. Así, porque sí. Por puro
amor al prójimo. Puede una pasarse semanas no ya sin besar, sino sin intercambiar palabra con su
pareja, sus padres, sus hijos y sus amigos más íntimos. Ahora, a poco que esté en el mundo, habrá
enviado y recibido besuqueos varios de medio planeta al cabo del día. El beso es el nuevo negro de
las relaciones personales, que dirían las revistas femeninas. Un comodín de las normas de cortesía.
Un básico que queda bien con todo y no compromete a nada. Nos despedimos con besos de los jefes
en los correos de empresa. Mandamos besitos a diestro y siniestro en los grupos de WhatsApp donde
nos meten los entusiastas de turno. Y le endosamos un besazo al primero que nos ríe las gracias en
Twitter: amor con amor se paga.
Luego, nos cruzamos en el ascensor besadores y besados y nos hacemos los suecos de Gotemburgo,
que una cosa es besarse de boquilla y otra mirarse a los ojos, ese exceso de confianza. Dicen de los
adolescentes, pero los adultos también necesitamos que nos aplaudan, que nos quieran, que nos
besen, aunque sea con el beso de Judas. Por eso contamos los “favoritos” y los “me gusta” y los
emoticonos de corazoncitos como si fueran las huellas de nuestro paso en la tierra. Y en esas se nos
va pasando el arroz. Y la pasta. Y la vida.
La otra noche, escuché de pasada a mi hija de 14 años rebuznarle al micrófono del móvil y partirse
de risa al recibir como respuesta un bramido de su penúltima mejor amiga. Menudo pavo salvaje,
pensé, instalada en la cima de mi condescendencia. Pero para pavazo, el nuestro. Había en ese
rebuzno y ese bramido más alma, más corazón y más vida que en todos los besos, besitos y besazos
que había enviado y recibido yo en esa semana. Ahí lo dejo. Bss. (Luz Sánchez Mellado, “Bss”, en El
País, 5/11/2015)

TEXTO 10
Heterofobia significa miedo al otro. El término califica actitudes que tienen que ver con nuestra
organización tribal, con el nosotros y el ellos y la identificación del ellos como amenaza. Los humanos
no sabemos vivir fuera de nuestro grupo. Es una ventaja evolutiva por la que hemos pagado un precio
muy alto en guerras y matanzas. En las sociedades urbanas y complejas la tribu es cada vez menos
reconocible, nos cuesta encontrar a los nuestros. ¿Quiénes son? ¿Los compatriotas? Demasiado
diversos. Tengo mucho más en común con un escritor treintañero de Melbourne que con mi vecino.
¿Nuestros compañeros de trabajo? Difícil, aunque la clase obrera ha sido una de las tribus más
exitosas de los últimos cien años. ¿Los de mi sexo, los que hablan mi lengua, los de mi religión, la
gente de mi edad, los que están en mi tramo de renta, los de mi tendencia sexual, los que tienen
hijos, los que no los tienen? Antes de escribir que la patria es la infancia o los amigos o cualquier otra
tontería, prefiero dejar claro que vivimos en sociedades tan complejas que han sustituido las
lealtades tribales por afinidades cambiantes y sutiles que vienen a ser sucedáneos de tribu.
Esos sucedáneos tienen dos ventajas: no nos obligan a ir a la guerra contra la tribu vecina y son, en
buena medida, electivos. Muchas de estas afinidades tienen que ver con gustos adquiridos, como el
equipo de fútbol o la música. Esa riqueza y mutación solo es posible en las ciudades. Hay otros
factores, pero es fundamentalmente una cuestión de grandes números o de masa crítica. Cuanto más
grande es la ciudad en que se vive, más posibilidades hay de tejer afinidades en muchas direcciones
y niveles. Esto es algo nuevo en la historia de la humanidad. Hasta hace menos de doscientos años,
la gente crecía y moría en una tribu que no había elegido y a la que pertenecía porque había nacido
en ella. En las comunidades pequeñas aún funcionan las lealtades tribales que justifican que, una
noche cualquiera, unos guerreros incendien las casas de la tribu invasora. (Sergio del Molino, La
España vacía, 2016)
TEXTO ARGUMENTATIVO
BLOQUE 2. Texto argumentativo
Os propongo los siguientes 10 temas. Podéis ir haciendo los textos argumentativos cuando queráis.
Entregádmelos siempre los viernes al terminar la clase, para irlos revisando.
Para argumentar:
1. Recordad sed vosotros mismos. Hablar desde vuestra propia voz. Por favor, evitemos frases hechas
o argumentos que va a dar todo el mundo. Del tipo: El perro es el mejor amigo del hombre. O: Los
robots nos van a quitar el trabajo.
2. Para argumentar, hagamos un juego de roles y perspectivas. Por ejemplo: abandono de los perros
en el verano.
a. perspectiva de los dueños
b. perspectiva de la asociación protectora de animales
c. perspectiva del Ayuntamiento y las autoridades
d. perspectiva de las tiendas que venden mascotas
e. perspectiva de los veterinarios

3. Contad algo personal, una anécdota familiar o de algún conocido relacionada con el tema.
4. Si es posible, usad argumentos de autoridad. Pueden ser refranes, citas de escritores, una canción…
5. Contrargumentad y ejemplificad.
SOBRE TODO, dad siempre una perspectiva nueva, aunque sea absurda o demasiado extravagante.
Da igual. Se trata de que penséis distinto al rebaño.
TEMAS:
1. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que sea peligroso colgar fotos personales
en las redes sociales.
2. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que en ciertas profesiones se sustituya un
horario fijo de trabajo por otro flexible a cambio de una determinada productividad.
3. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que un chico tímido tenga un problema
mayor que una chica tímida.
4. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de emigrar para encontrar trabajo.
5. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra del uso de bicicletas en las ciudades.
6. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que sea legal hacer botellón.
7. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que se pueda ser neutral y objetivo al
valorar un acontecimiento histórico que se ha vivido.
8. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de la necesidad de contar con un modelo
para el desarrollo académico o profesional.
9. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de usar los nombres de profesión en
femenino para reflejar la realidad de la presencia de la mujer en la sociedad.
10. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra del uso de robots en la industria.
SEMÁNTICA Y MORFOLOGÍA
BLOQUE 3. Semántica y morfología
Semántica
Las siguientes definiciones tenéis que aprenderlas tal cual.

SINONIMIA
La sinonimia es una relación semántica de identidad o semejanza en el significado de palabras
diferentes. Son vocablos que están comprendidos en el mismo campo semántico, tienen la misma
categoría gramatical y, sobre todo, expresan significados parecidos. La identidad perfecta, la llamada
sinonimia absoluta, es rara en la lengua (“distinto”/”diferente”). Sin embargo, la sinonimia relativa,
palabras de significado próximo, intercambiables en muchos contextos (“chico”/”muchacho”,
“selva”/”jungla”) ocurre en todas las lenguas y en la mayoría de las palabras de una lengua, por lo
que podemos pensar que es una propiedad fundamental y no solo un accidente. También existe la
sinonimia contextual o connotativa, donde palabras que denotan realidades diferentes son a veces
intercambiables por las connotaciones que sugieren (“cerdo”/”sucio”).
ANTONIMIA
La antonimia es una relación semántica de oposición o contraste en el significado de palabras
diferentes. Son vocablos que están comprendidos en el mismo campo semántico, tienen la misma
categoría gramatical y, sobre todo, expresan significados opuestos. El carácter polisémico de las
palabras hace que la antonimia sea un fenómeno complejo. Así, "mujer" puede oponerse a "hombre"
en muchos contextos, pero también a "niña" en otros, o a "amante", etc. Se habla de antonimias
binarias cuando la oposición se establece entre dos elementos: graduables ("vivo/muerto",
"cara/cruz") si la negación de un término supone la afirmación del otro, o graduables ("frío/caliente",
"bien/mal") en caso contrario. Antonimias no binarias son aquellas que establecen una relación de
incompatibilidad y no directamente de oposición, como la que hay entre los días de la semana, los
meses del año o incluso los colores. Hay, además, antónimos léxicos (cuyos lexemas son diferentes,
como “frío” y “calor”) y antónimos morfológicos (que se forman añadiendo un prefijo al lexema de
la palabra opuesta, como “moral” y “amoral”, “legal” e “ilegal”).
POLISEMIA
Polisemia es la pluralidad de significados asociados a un mismo significante. Es una propiedad
esencial de las lenguas naturales, ya que permite aludir a infinitas realidades con un número
manejable de significantes. Es por ello que la mayoría de las palabras de una lengua son polisémicas
y la monosemia es la excepción.
HOMONIMIA
Homonimia es la coincidencia de significantes de palabras diferentes. No se trata de significados
distintos de una misma palabra, sino de palabras distintas, que por evolución de su etimología han
convergido en el mismo significante. “Haya” del verbo “haber”, es homónima a el árbol “haya”.
También se habla de homonimia cuando una palabra tiene varios significados, pero tan alejados entre
sí que ya no reconocemos un origen común: “banco” como asiento y “banco” como entidad
financiera.
HIPERONIMIA
La hiperonimia es una relación semántica que se establece entre una palabra englobadora
que incluye en su significado a otras. Por ejemplo, la palabra flores es un hiperónimo porque su
significado abarca a las rosas, los claveles, las margaritas. En este ejemplo, las palabras rosas,
claveles y margaritas son hipónimos de la palabra flores.
Un hiperónimo abarca varios hipónimos. A su vez, un hiperónimo puede ser un hipónimo de
otro grupo de palabras. Por ejemplo, la palabra pájaro es un hiperónimo de las palabras
golondrinas, colibríes, canarios. Pero a su vez, la palabra aves es un hipónimo de la palabra animal,
donde también se incluye a los roedores, reptiles, mamíferos.
METÁFORA
Es una figura retórica de significado que se basa en la semejanza entre dos elementos ya sea
real o subjetiva. Es un tipo de comparación en la que uno de los elementos está en ausencia.

MORFOLOGÍA
Analiza morfológicamente las siguientes palabras:
librería - mediopensionista - enloquecer - semifinalista - botellita - golpetazo - pinar - archiduque -
trabajarías – recapitulaciones – enriquecedor -deslumbramiento -preconcebir - amotinamiento -
fijaremos - hijastros - desigualdad - cafecito - contracultural - simpaticón - parachoques - atemorizado
- Enaltecer - Antirrevolucionario - insaciablemente - gallina - vivaracha -antropofagia - apepinadas -
tendencias - indispensable - apoliticismo - enturbiar - destronar -hospitalización - escandalizar -
invulnerables - ecosistema - regulaciones - mujeres - arboleda - hipócritas - desterrados - sangrantes
- ofimática - resplandor - orografía - discapacidades - anacrónico - burocratizar - biografía - bicharraco
- tardío - desventurado - alumbramientos -boquiabierta - algunas - renegrido - ambicionaba -
puntapié - innovaciones - desliz - justificaran - deslenguado - oigamos - malhadado
SINTAXIS
BLOQUE 4. Sintaxis

Frases de exámenes de selectividad


1. Mi casa de Salamanca tenía dos pasillos paralelos que se comunicaban por otro pequeñito y
oscuro en el que no había habitaciones.
2. El sitio era muy grande y en él reinaban el desorden y la libertad que nos permitían cantar a
voz en cuello.
3. Saltábamos encima de un sofá desvencijado y con los muelles rotos al que llamábamos el
pobre sofá
4. Hay como una línea divisoria que empezó a marcarse en el año treinta y seis entre la infancia
y el crecimiento.
5. Hay que decir que en el cuarto de atrás había un aparador grande de castaño en el que
guardábamos objetos heterogéneos.
6. El cuarto de atrás era un armario de trastos y juguetes, porque la función de los objetos es
marcada por los hombres.
7. Se permitía saltar encima de un sofá desvencijado al que llamábamos el pobre sofá.
8. Saqué mi tarjeta, la entregué y añadí que yo era miembro de la Academia Española.
9. Hay un mundo lleno de personas que creen que sus propias opiniones e intereses son los más
importantes.
10. Hoy en estos lugares nuestros, el egocentrismo es uno de los rasgos más evidentes y
peligrosos de lo que hemos ido construyendo.
11. Una persona egocéntrica cree que todos deben buscar lo que él busca, porque lo que él ve,
de alguna manera, excede todo lo demás.
12. Todos tenemos derecho a pelear por nuestros deseos, pero si vamos pisando los deseos del
prójimo, de nada valdrá.
13. Los niños pequeños son egocéntricos porque no tienen la suficiente habilidad mental para
entender a otras personas.
14. Que las democracias nos decepcionen hoy es natural, pero que defrauden, no.
15. Las democracias resultan fraudulentas cuando las trampas al Estado de derecho dejan de
escandalizar y la legalidad pierde capacidad constrictiva, puesto que toda regla resulta
sumamente interpretable.
16. Defraudan cuando en la comunicación política prevalece la charlatanería y las palabras, a
pesar de no significar nada.
17. El fraude más dañino se produce cuando los ciudadanos estiman irrelevante su capacidad de
control.
18. Hay hombres virtualmente sin hogar, y en ellos la influencia del medio se reduce al ambiente
social, que no es nunca, ni aun en las épocas más favorables de la Historia, austero.
19. Estos hombres propenden a la frivolidad y a la falta de espíritu de sacrificio y de rectitud moral
que son los únicos capaces de superarnos.
20. Hay otros seres humanos que viven en un hogar hostil y en ellos esta influencia adquiere
carácter reaccional y propenden a la misantropía, al escepticismo.
21. Hay otros hombres que llegan a su madurez en un hogar favorable, en el que se aprende a
juzgar a los demás hombres a través de los únicos sentimientos veraces.
22. De esta última categoría fue el hogar del Conde-Duque cuyas virtudes tanto influyeron en su
vida.
23. Ahora hemos de tratar el elemento ambiental que más influye en la vida de los hombres.
LITERATURA
BLOQUE 5. Como la literatura es un ejercicio memorístico, principalmente, voy a confiar en que
estudiaréis los temas por vuestra cuenta y sin mi supervisión. Por ello, en el mes de mayo subiré al
aula los temas desarrollados y con una extensión adecuada para el espacio que tendréis ese día del
examen. NO recomiendo estudiar temas de literatura que tengan una extensión de dos folios: no hay
espacio para escribir tanto.
Viernes 22 de mayo: Repaso de los temas 1-4. Redacción en 20 minutos de cada tema. En casa, ponéis
un crono y redactáis en 20-25 minutos el tema de literatura (tal cual os lo sabéis, nada de mirar
apuntes ni de copiar). Recomiendo organizarlo así:
lunes 18: tema 1
martes 19: tema 2
miércoles 20: tema 3
jueves 21: tema 4
viernes 22: entregamos a la profesora los 4 folios redactados, como si fuese el del examen e
indicamos en el folio cuánto hemos tardado (el tiempo real) redactando.
lunes 25: tema 5
martes 26: tema 6
miércoles 27: tema 7
jueves 28: tema 8
viernes 29: entregamos a la profesora los 4 folios redactados, como si fuese el del examen e
indicamos en el folio cuánto hemos tardado (el tiempo real) redactando.

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