Вы находитесь на странице: 1из 21

Voces: DEFENSA DEL CONSUMIDOR - DEBER DE INFORMACIÓN - COMPRAVENTA DE

AUTOMOTORES - RESPONSABILIDAD DEL FABRICANTE - DAÑO MORAL - RELACION


DE CONSUMO

Partes: Fernández Carlos Daniel c/ Volkswagen S.A. de Ahorro Previo Para Fines
Determinados y otro | ordinario

Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial

Sala/Juzgado: F

Fecha: 27-dic-2016

Cita: MJ-JU-M-104005-AR | MJJ104005

Producto: SOC,MJ

Aplicación de la Ley de Defensa del Consumidor para juzgar la controversia suscitada con
motivo de la compraventa de un automotor por el sistema de ahorro previo.

Sumario:

1.-No existiendo dudas de que se configuró, en el caso, una relación de consumo, tal situación
impone la aplicación de las disposiciones de la LDC para dirimir el conflicto.

2.-La relación de consumo alude al vínculo que se establece con quien en forma profesional,
aun ocasionalmente, produzca, importe, distribuya o comercialice cosas o preste servicios a
consumidores o usuarios (LDC, arts. 2 y 3 ).

3.-El objeto de esa relación puede referirse a: (i) servicios, considerados como un hacer
intangible que se agota con el quehacer inicial y desaparece e involucra una obligación de
hacer y un derecho creditorio; y (ii) bienes, en tanto cosas elaboradas y con destino al uso final
que son en realidad productos, cosas sin elaboración materiales e inmateriales, durables o no
e inmuebles.

4.-La aplicación de LDC, en tanto normativa específica que protege los derechos de los
consumidores y usuarios, no puede soslayarse, en función de lo previsto por su art. 65 de
dicho ordenamiento legal.

5.-Bien se ve que el art. 4º de la Ley 24.240 regula la ley el derecho del consumidor o
usuario a recibir información sobre las características de los bienes y servicios que el
proveedor le ofrece. Según los standards exigidos, dicha información debe ser cierta, clara y
detallada.

6.-Por su relevancia, el deber de información constituye uno de los pilares sobre los que se
asienta el régimen protectorio de la LDC, de raigambre constitucional.

7.-Las Leyes 26.361 , 27.250 y 27.266 -modificatorias de la Ley 24.240- incorporaron


la necesidad de que los datos necesarios sean brindados en forma gratuita y, en particular, que
los proveedores suministren bajo idénticos parámetros las condiciones de comercialización del
servicio que ofrecen.

8.-La razón de ser de la norma del art. 4º LDC encuentra base en el art. 42 de la CN. en
cuanto consagra el derecho de los consumidores a una información adecuada y veraz, notas
que son complementadas por el art. 46 de la Constitución porteña en cuanto dispone que la
información debe ser transparente y oportuna- radica en la necesidad de suministrar al
consumidor conocimientos de los cuales legítimamente carece, a efectos de permitirle efectuar
una elección racional y fundada respecto de un determinado bien o servicio. El por qué de la
necesidad de una información al consumidor o al usuario radica precisamente en la
desigualdad evidente que tiene respecto del proveedor, lo concerniente a los conocimientos
sobre los productos y servicios.

9.-Paralelamente con el art. 4º, el art. 10 de la LDC prevé, respecto del instrumento que se
extienda por la venta de la cosa mueble, que debe: i) contener el precio y las condiciones de
pago (inc. f) y ii) emitirse en tantos ejemplares como partes integren la relación contractual
(antepenúltimo párrafo), haciéndose entrega de un ejemplar al consumidor (anteúltimo
párrafo).

10.-La norma del art. 10 de la Ley 24.240 se inscribe también dentro de lo que podría
denominase la reglamentación de la obligación de informar, ya que los apartados de la misma
establecen formalidades destinadas a la descripción del producto, identificando con claridad y
precisión el objeto de la contratación. Se trata, en definitiva, de exigir al proveedor el
cumplimiento de una serie de requisitos que procuran que sea proporcionado al consumidor de
modo claro y detallado un estándar mínimo de información vinculada con los bienes
contratados, así como condiciones sobre el vendedor y fabricante, características del bien,
garantía, costos, y, en lo que al caso refiere, el precio y las condiciones de pago.

11.-Resulta evidente que la información, además de resultar del texto del documento de venta
del automotor, debe necesariamente figurar en el ejemplar que sea entregado al consumidor.
Lo contrario importaría contravenir la previsión de la norma supra referida, además de vulnerar
el principio de buena fe contractual.

12.-No se cumple con el deber de información previsto por los arts. 4º y 10 de la Ley 24240
cuando el fue entregado al adquirente del automotor una copia apócrifa de la solicitud de
adhesión que las accionadas le dieron al momento de contratar el plan de ahorro previo, que
no era tal.

13.-La obligación de los proveedores de informar y el correlativo derecho de los consumidores


a un adecuado conocimiento de las condiciones del contrato fue recientemente robustecido
mediante la sanción de la Ley 27.266 (B.O. 17.8.16). Dicha norma reformuló el art. 38 de la
LDC disponiendo que los proveedores que presten servicios o comercialicen bienes a
consumidores o usuarios mediante la celebración de contratos de adhesión, deberán publicar
en su sitio web un ejemplar del modelo de contrato a suscribir y entregar sin cargo y con
antelación a la contratación, en sus locales comerciales, un ejemplar del modelo del contrato a
todo consumidor o usuario que así lo solicite. Además en dichos locales se exhibirá un cartel
en lugar visible con la siguiente leyenda: Se encuentra a su disposición un ejemplar del modelo
de contrato que propone la empresa a suscribir al momento de la contratación . Resulta
entonces impensado entender que, en el caso, el deber de información que emana del art. 4 y
10 de la LDC se cumplió adecuadamente cuando le fue entregado al adquirente del automotor
como supuesta copia un texto del contrato que resultó distinto del contenido en el convenio
original.

14.-Respecto de la procedencia del daño moral en supuestos de incumplimiento contractual,


ya he dicho con anterioridad que el daño moral es un perjuicio que aprehende el orden jurídico.
Y es así en la medida en que lesiona los bienes más preciados de la persona humana, al
alterar el equilibrio de espíritu, la paz, la tranquilidad, la privacidad. Toda persona vive en
estado de equilibrio espiritual y tiene derecho a permanecer en ese estado; las alteraciones
anímicamente perjudiciales deben ser resarcidas.

15.-La modificación disvaliosa del espíritu no corresponde identificarla exclusivamente con el


dolor, porque pueden suceder, como resultas de la interferencia antijurídica, otras
conmociones espirituales: la preocupación intensa, angustia, aflicciones, la aguda irritación
vivencial y otras alteraciones que, por su grado, hieren razonablemente el equilibrio referido,
desde que generalmente en ese ámbito de interacción humana sólo se afectan intereses
pecuniarios.

16.-Corresponde a quien reclama la indemnización la prueba de su existencia, es decir, la


acreditación de las circunstancias fácticas susceptibles de llevar al ánimo del juzgador la
certidumbre de que la actitud del incumplidor provocó un efectivo menoscabo de su patrimonio
moral. Ello pues, de su mismo concepto se desprende que el mero incumplimiento contractual
no basta para admitir su procedencia en los términos de la norma citada

17.-La indemnización del daño moral en el caso de incumplimiento contractual se encuentra


regulada en el art. 522 del CCiv. Preciso es señalar en esta directriz, que su admisibilidad
es facultativa para el Juez, toda vez que el precepto dice podrá , con lo cual se está
significando que no impone al tribunal la estricta necesidad de hacerlo.

18.-Sobre el carácter restrictivo que la jurisprudencia asigna a la reparación del daño moral en
materia contractual, cabe subrayar que se tiende esencialmente a excluir de este ámbito las
pretensiones insustanciales, basadas en las simples molestias que pueda ocasionar el
incumplimiento del contrato. Sin embargo, esa razonable restricción no puede erigirse en un
obstáculo insalvable para el reconocimiento del agravio moral cuando el reclamo tiene visos de
seriedad suficientes y encuentra base sólida en los hechos de la causa.

19.-La regla general en materia de reparación es que el responsable debe resarcir todo el daño
causado por su acto ilícito, sin que tenga carácter de pena, sino de indemnización. Tal postura
surge de los arts. 1068 , 1069 , 1077 , 1079 , 1082 y 1109 del CCiv y en tal
sentido, no veo que la reparación a las modificaciones disvaliosas del espíritu presente
características particulares respecto a los restantes perjuicios indemnizables que ameriten
apartarse del principio general de nuestro código civil.

20.-La ley, al referirse al daño moral, siempre habla de reparación (conf. arts. 522, 1077,
1078, 1079, 1081 , 1109, 1110 CCiv) y nunca de pena o sanción, aunque cierto es que,
antiguamente, este perjuicio fue entendido como una pena civil mediante la cual se reprobaba
ejemplarmente la falta de reproche al ofensor -vigente el art. 1078 del CCiv. en su antigua
redacción, que condicionaba su procedencia de la indemnización a que el hecho fuese un
delito del derecho criminal -. La finalidad punitiva surgía manifiesta en tal recaudo, inexistente
tras la reforma de la Ley 17.711, razón por la cual la reparación del daño moral procede en
toda clase de ilícitos, lo que importa de suyo restarle calidad ejemplar o de castigo.

21.-La indemnización del daño moral tiene carácter exclusivamente resarcitorio. Este criterio,
por lo demás, ha sido seguido en reiteradas oportunidades por nuestra Corte Suprema de
Justicia de la Nación (Fallos: 184:52; 311:1018; 316:2894; 318:1598 ; 321:1117 ;
325:1156 ; 326:847 ; 327:5991 ; 328:4175 ; 329:2688 ; 329:3403 ; 329:4944 ;
330:563 ; etc.). Ello se ve ahora, además, robustecida, desde dos nuevas perspectivas: i) si
se advierte la procedencia de otorgar -en forma independiente a los daños que revisten estricta
naturaleza reparatoria- otros montos económicos que solo tienen por objeto sancionar la
conducta del responsable, como sería el caso de los daños punitivos (art. 52 bis Ley
24.240) y, ii) el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, establece expresamente que la
responsabilidad civil tiene dos funciones: preventiva y resarcitoria (conf. arg. art. 1710 y art.
1716 ), así la antigua discusión que giraba en torno a si la responsabilidad civil debía tener, o
no, un componente punitivo, debe entenderse superada.

22.-En relación a la tasa de interés que corresponde otorgar cuando, como en el caso, el daño
fue valuado al tiempo de dictar sentencia, procederá -como también quedó dicho- aquella
representativa del interés puro que compense solo la mora del deudor. N.R.: Sumarios
elaborados por Ricardo A. Nissen.

En Buenos Aires a los veintisiete días del mes de diciembre de dos mil dieciséis, reunidos los
Señores Jueces de Cámara en la Sala de Acuerdos fueron traídos para conocer los autos
"FERNANDEZ CARLOS DANIEL CONTRA VOLKSWAGEN S.A. DE AHORRO PREVIO P/F
DETERMINADOS Y OTRO SOBRE ORDINARIO" (Expte. Com. 12619/2011) en los que al
practicarse la desinsaculación que ordena el art. 286 del Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación resultó que la votación debía tener lugar en el siguiente orden: Doctora Tevez, Doctor
Barreiro y Doctor Ojea Quintana.

Estudiados los autos la Cámara plantea la siguiente cuestión a resolver:

¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada de fs. 423/434?

La Sra. Juez de Cámara Doctora Alejandra N. Tevez dice:

I. Antecedentes de la causa.

a. Carlos Daniel Fernández (en adelante, "Fernández") inició demanda contra Volkswagen S.A.
de Ahorro para fines determinados (en adelante "Volkswagen S.A.") y Automóviles Améndola
S.A. por incumplimiento contractual y daños y perjuicios. Reclamó el cobro de $91.450,
intereses y costas.

Explicó que el 2.5.09 adhirió a un plan de ahorro para adquirir un vehículo Volkswagen Suran
Confortline y que, luego de adelantar cuotas por $32.500 y $7.500, en los actos licitatorios de
agosto y septiembre de 2010, la accionada incumplió la obligación de adjudicarle el vehículo,
otorgándoselo a otro oferente que integró una suma menor.

Agregó que Volkswagen S.A. respondió una intimación por carta documento informando que la
oferta había sido ajustada dado que superaba el monto máximo admitido para licitar,
equivalente a la cantidad de cuotas por vencer multiplicado por el valor de la cuota pura.

Continuó narrando que formuló denuncia ante la Dirección de Defensa al Consumidor, trámite
en el que sólo se presentó Automóviles Améndola S.A.y reintegró el monto abonado por la
oferta licitatoria.

Encuadró la vinculación en la órbita del derecho del consumidor y destacó la ausencia de


cláusula limitativa del monto a licitar en la solicitud de adhesión. Dijo que la leyenda en tal
sentido introducida en el reverso de los cupones de pago -que tildó de sorpresiva- incumplió
con el deber de información del proveedor.

Fundó la responsabilidad de Automóviles Améndola S.A. en el art. 40 de la Ley de Defensa del


Consumidor (en adelante: "LDC").

Demandó la adjudicación del vehículo y reclamó $36.450 por privación de uso, $40.000 por
daño moral, y $15.000 por pérdida económica.

Ofreció prueba y fundó en derecho su postura.

b. A fs. 67/76 Volkswagen SA contestó demanda.

Con carácter liminar, por imperativo procesal negó todos y cada uno de los hechos invocados
en el escrito de inicio.

Luego, tras reconocer la vinculación con el accionante mediante la suscripción de un plan de


ahorro identificado como Grupo y orden 9589-094, explicó que los montos licitados en el mes
de agosto y septiembre de 2010 debieron ser ajustados a $27.527 y $27.200 por exceder la
oferta el límite máximo permitido que surge de multiplicar el valor de cuota pura por la cantidad
a vencer.

Resistió la endilgada violación del deber de información con relación al límite máximo admitido
para licitar, aduciendo que la previsión respectiva fue introducida en el reverso de los cupones
de pago entregados al actor que resultaron parte integrante del contrato.

Destacó que el accionante no podía desconocer tal estipulación, dado que sobre aquellos
efectuó los pagos mensualmente y tal proceder contraviene sus propios actos.

Finalmente, rechazó la procedencia de los daños reclamados, ofreció prueba y fundó en


derecho su postura.

c. En fs. 84/89 Automóviles Améndola S.A. contestó demanda y solicitó su rechazo, con
costas.

Refirió a su vinculación con Volkswagen S.A.por medio del contrato de concesión, y destacó
su ajenidad al vínculo contractual entre ésta y el accionante. Sostuvo, en tal sentido, que sólo
actuó como representante de la administradora en la suscripción del contrato y recepción de
pagos, sin tener injerencia en la licitación o ejecución del convenio.

Invocó la improcedencia de la LDC:40 para fundar su responsabilidad, ofreció prueba y fundó


en derecho su postura.

II. La sentencia de primera instancia.

La a quo desestimó la demanda en fs. 423/434 e impuso las costas en el orden causado.

Inicialmente consideró que la pretensión de entrega del vehículo se había tornado abstracta,
dado que el accionante informó durante el trámite del proceso su adjudicación mediante
sorteo.

Seguidamente consideró legítimo el ajuste efectuado por Volkswagen S.A. a la oferta de


licitación, por encontrarse ello previsto tanto en los cupones de pago como en los anexos de la
solicitud de adhesión suscriptos por el accionante. Ponderó además que los cuestionamientos
se centraron en la ilegitimidad de tales ajustes y no en errores en su cuantificación.

De otro lado, destacó que, aun cuando se trata de un contrato de adhesión en la órbita de las
relaciones de consumo, las partes deben respetar el cumplimiento de lo convenido en los
términos del art. 1197 del Cód. Civil, y solo cabría apartarse de ello si se demostrase su
abusividad en el caso concreto.

III. Los recursos.

A fs. 439 apeló Fernández y su recurso fue concedido libremente a fs. 440.

Lo mismo hicieron Automóviles Améndola S.A. a fs. 435 y Volkswagen S.A. a fs. 445. Sus
recursos fueron concedidos libremente a fs. 436 y fs. 446, respectivamente.

Las quejas del accionante obran a fs. 488/495 y fueron contestadas únicamente por
Volkswagen S.A. a fs. 510/518.

Los agravios de Automóviles Améndola S.A. lucen a fs. 497/498 y merecieron respuesta a fs.
507/508.

El recurso concedido a Volkswagen S.A. fue declarado desierto en fs. 496.

A fs.520 se llamaron autos para dictar sentencia y en fs. 521 se practicó el sorteo previsto en
el art. 268 del Cpr.

Ello así, se encuentran estos autos en condiciones de dictar pronunciamiento conclusivo.

IV. Los agravios.

Las quejas de Fernández al veredicto de grado corren por los siguientes carriles: i) la a quo
utilizó argumentos y documentación no invocados por las defendidas, ii) existe incongruencia
entre la solicitud de adhesión entregada a su parte y la aportada al proceso por Volkswagen
S.A., iii) las condiciones insertas en los cupones no integran las cláusulas contractuales, iv) se
violaron los deberes de buena fe e información, y v) fue incorrecta la invocación de la doctrina
de los actos propios.

De su lado, Automóviles Améndola S.A. cuestionó la imposición de costas en el orden


causado.

V. La solución.

a. Adelanto que no atenderé todos los planteos recursivos de las recurrentes, sino aquellos
que estime esenciales y decisivos para dictar el veredicto en la causa (cnfr. CSJN, "Altamirano,
Ramón c. Comisión Nacional de Energía Atómica", del 13/11/1986; ídem "Soñes, Raúl c. Adm.
Nacional de Aduanas", del 12/2/1987; bis ídem, in re: "Pons, María y otro" del 6/10/1987 ter
ídem, in re: "Stancato, Caramelo", del 15/9/1989; y Fallos, 221:37 222:186; 226:474; 228:279;
233:47; 234:250; 243:563; 247:202; 310:1162 entre otros).

b. Cuestionó Fernández que la a quo considerara que el monto máximo para licitar se
encontraba estipulado tanto en el anexo de la solicitud de adhesión como en el reverso de los
cupones de pago.

Sostuvo que el contrato traído por la demandada al proceso difirió de la copia que le fuera
entregada en su oportunidad. Y afirmó que las clausulas insertas en los cupones le resultan
inoponibles por contravenir el art. 10 de la LDC y el art. 985 del CCyCN.

Anticipo que receptaré el agravio.

Ello pues de un prolijo, detenido y minucioso cotejo de la solicitud de adhesión -incorporada a


fs.159/170- y de la copia entregada al actor -obrante a fs. 5-, se advierte que los textos de
ambas piezas difieren en cuanto al contenido de las cláusulas contractuales.

Esta situación explica, bien se ve, el desconocimiento del actor sobre la existencia de una
específica previsión relativa al monto máximo admitido para licitar.

En efecto.

Si bien ambos documentos en la primer página poseen un formato preestablecido que resulta
sustancialmente idéntico -incluyendo el número de solicitud de adhesión "W 00516850"- a
poco que se avanza con la lectura y confronte del resto de las hojas, se verifica que las
cláusulas insertas difieren en su contenido.

Así pues, mientras el original aportado a fs. 159 vta. en copias certificadas remite a
determinados anexos -que se agregan a continuación; v. fs. 160/169-, la copia entregada al
actor obrante a fs. 5 carece de ellos. dicha divergencia proyecta consecuencias
trascendentales para la resolución de la litis. Ello así, por cuanto el ejemplar que obraba en
poder del accionante carece del anexo "consentimiento informado" cuyo art. 4° consigna el
valor máximo para licitar (y sobre cuya base la a quo falló rechazando la demanda).

O, dicho de otro modo: mientras que el instrumento original daba cuenta del monto máximo
que podía cancelarse para resultar adjudicatario en el acto de licitación, en la supuesta copia
entregada al accionante (que, evidentemente, no era tal) dicha estipulación no existía.
Destaco, a mayor abundamiento, que si bien el art. 4 del anexo "consentimiento informado"
para fijar el límite máximo remitía a lo dispuesto en el art. 6 de la "solicitud de adhesión", lo
cierto es que el ejemplar de fs. 159/169 aportado por Volkswagen S.A. careció tanto de tal
artículo como de estipulación asimilable; y que la presunta copia entregada al actor tan solo
aludió en su art. 6 al valor mínimo para licitar (v. fs.5).

Es decir, el anexo de la solicitud de adhesión remite a una cláusula y condiciones inexistentes


en los restantes documentos.

En ese cuadro de situación, dos son las conclusiones que pueden extraerse:

i) en el ejemplar y anexos obrantes a fs. 159/169 se fijó el modo de calcular el monto máximo
admitido para que Fernández licitara (art. 4° de anexo "consentimiento informado"); y

ii) la copia que se le entregó al actor, además de resultar sensiblemente d iferente, careció de
dicha estipulación.

Claro resulta que las divergencias apuntadas contravinieron lo dispuesto por los arts. 4 y 10 de
la LDC e indujeron a error al accionante, quien se creyó con derecho a licitar sin límite de
monto.

De allí que propondré la íntegra revocación del fallo apelado en función de los argumentos que
seguidamente desarrollaré.

c. No hay dudas de que se configuró, en el caso, una relación de consumo. Y tal situación
impone la aplicación de las disposiciones de la LDC para dirimir el conflicto.

Recuérdese que la relación de consumo alude al vínculo que se establece con quien en forma
profesional, aun ocasionalmente, produzca, importe, distribuya o comercialice cosas o preste
servicios a consumidores o usuarios (LDC, arts. 2 y 3).

El objeto de esa relación puede referirse a: (i) servicios, considerados como un hacer
intangible que se agota con el quehacer inicial y desaparece e involucra una obligación de
hacer y un derecho creditorio; y (ii) bienes, en tanto cosas elaboradas y con destino al uso final
que son en realidad productos, cosas sin elaboración materiales e inmateriales, durables o no
e inmuebles (conf. Lorenzetti, Ricardo Luis, "Consumidores", pp. 101 y 105, Rubinzal-Culzoni,
Santa Fe, 2003; esta Sala, "Lento Erica Vanina y otro c/ Banco de Servicios Financieros SA y
otro, s/ ordinario" del 20.11.12, íd."Lopez Dolores Gregoria c/ Telecom Personal S.A., s/
ordinario" del 19.11.15).

la aplicación de LDC, en tanto normativa específica que protege los derechos de los
consumidores y usuarios, no puede soslayarse, en función de lo previsto por su art. 65 (cfr.
esta Sala, "Kirchner Gustavo Gerardo c/ Hernández Pablo Daniel s/ secuestro prendario", del
22.12.09; "Molina Cristina Irma y otro c/ BBVA Consolidar Compañía de Seguros SA, s/
ordinario", del 18.10.12).

Por lo demás, existe consenso entre las partes en punto a la aplicabilidad al caso de las
previsiones establecidas por la citada normativa (véase que así lo postuló Fernández al
demandar y ello no resultó controvertido por las accionadas en sus escritos troncales del
proceso; v. fs. 47 in fine, 71 in fine y 86 vta.).

d. Dispone la LDC en su artículo 4 lo siguiente: "El proveedor está obligado a suministrar al


consumidor en forma cierta, clara y detallada todo lo relacionado con las características
esenciales de los bienes y servicios que provee, y las condiciones de su comercialización. La
información debe ser siempre gratuita para el consumidor y proporcionada en soporte físico,
con claridad necesaria que permita su comprensión. Solo se podrá suplantar la comunicación
en soporte físico si el consumidor o usuario optase de forma expresa por utilizar cualquier otro
medio alternativo de comunicación que el proveedor ponga a disposición." (conf. Ley 27.250).

Bien se ve que regula la ley el derecho del consumidor o usuario a recibir información sobre las
características de los bienes y servicios que el proveedor le ofrece. Según los "standards"
exigidos, dicha información debe ser cierta, clara y detallada.

Destaco, por su relevancia, que: (i) el deber de información constituye uno de los pilares sobre
los que se asienta el régimen protectorio de la LDC, de raigambre constitucional (cfr.Tevez,
Alejandra N., "El deber de advertencia en las relaciones de consumo", La Ley del 5 de mayo de
2015); y (ii) las Leyes 26.361, 27.250 y 27.266 -modificatorias de la ley 24.240- incorporaron
la necesidad de que los datos necesarios sean brindados en forma gratuita y, en particular, que
los proveedores suministren bajo idénticos parámetros las condiciones de comercialización del
servicio que ofrecen (conf. mi voto en esta Sala F, "DA3 S.R.L. c/ Telefónica Móviles de
Argentina S.A. s/ cobro de pesos" del 11.12.14).

La razón de ser de la norma -que, como quedó dicho, encuentra base en el art. 42 de la
Constitución Nacional en cuanto consagra el derecho de los consumidores a una información
adecuada y veraz, notas que son complementadas por el art. 46 de la Constitución porteña en
cuanto dispone que la información debe ser transparente y oportuna- radica en la necesidad de
suministrar al consumidor conocimientos de los cuales legítimamente carece, a efectos de
permitirle efectuar una elección racional y fundada respecto de un determinado bien o servicio.
El por qué de la necesidad de una información al consumidor o al usuario radica precisamente
en la desigualdad evidente que tiene respecto del proveedor, lo concerniente a los
conocimientos sobre los productos y servicios (cfr. López Cabana, Roberto, "Deber de
información al usuario", Actualidad en Derecho Público (AeDP), nro. 12, pág. 89).

Paralelamente, el art. 10 de la LDC prevé, respecto del instrumento que se extienda por la
venta de la cosa mueble, que debe: i) contener el precio y las condiciones de pago (inc.f) y ii)
emitirse en tantos ejemplares como partes integren la relación contractual (antepenúltimo
párrafo), haciéndose entrega de un ejemplar al consumidor (anteúltimo párrafo).

Esta norma se inscribe también dentro de lo que podría denominase la reglamentación de la


obligación de informar, ya que los apartados de la misma establecen formalidades destinadas a
la descripción del producto, identificando con claridad y precisión el objeto de la contratación
(conf. Picasso-Vazquez Ferreyra, "Ley de Defensa del Consumidor Comentada y Anotada", t°
1, pág. 150, ed. La Ley, Buenos Aires, 2009).

Se trata, en definitiva, de exigir al proveedor el cumplimiento de una serie de requisitos que


procuran que sea proporcionado al consumidor de modo claro y detallado un estándar mínimo
de información vinculada con los bienes contratados, así como condiciones sobre el vendedor
y fabricante, características del bien, garantía, costos, y, en lo que al caso refiere, el precio y
las condiciones de pago.
Resulta evidente que dicha información, además de resultar del texto del documento de venta,
debe necesariamente figurar en el ejemplar que sea entregado al consumidor. Lo contrario
importaría contravenir la previsión de la norma supra referida, además de vulnerar el principio
de buena fe contractual.

e. Y es la infracción a aquélla obligación la que encuentro configurada en el caso.

Así pues, como quedó dicho (v. pto b.), fue entregada a Fernández una copia apócrifa: la
supuesta copia de la "solicitud de adhesión" que las accionadas le dieron al momento de
contratar el plan de ahorro previo no era tal. Es que, además de diferir sustancialmente en
cuanto al formato y contenido del instrumento que quedara en poder de su contraparte, no
contuvo la cláusula relativa al límite máximo del importe dinerario para licitar el rodado.

Agrego, a mayor abundamiento, que la existencia de una cláusula en este sentido (art.4 de
anexo "consentimiento informado") no fue invocada por la administradora del plan al tiempo de
repeler la intimación que formulara Fernández por carta documento (v. fs. 218 y 220), ni,
inclusive, al tiempo de contestar demanda y oponer defensas, ocasiones ambas en que sólo
aludió a la previsión incorporada en el reverso de los cupones de pago.

O, dicho en otras palabras: pese a encontrarse la cláusula en cuestión incorporada en la


solicitud de adhesión "original" que quedara en poder de la administradora del plan de ahorro,
lo cierto es que tal estipulación no quedó plasmada en la "copia" apócrifa que se entregara al
suscriptor.

La situación descripta no se ve modificada por el hecho de que al pie de la supuesta "copia" se


asentara que el accionante ha "recibido copia de la Solicitud de Adhesión así como de los
anexos integrantes de la misma" (sic.; v. fs. 5).

Ello, en tanto las defendidas no han arrimado recibo detallado de los anexos que dijeron haber
entregado, y, en particular, aquel denominado "consentimiento informado".

Este obrar desaprensivo y absolutamente reprochable de las proveedoras vulneró el deber


impuesto en los arts. 4 y 10 de la LDC; y, adicionalmente, tuvo virtualidad suficiente para
generar un estado de confusión y desconcierto en Fernández, quien ignoraba la existencia de
la referida previsión contractual.

f. Cabe puntualizar, por lo demás, que la obligación de los proveedores de informar y el


correlativo derecho de los consumidores a un adecuado conocimiento de las condiciones del
contrato fue recientemente robustecido mediante la sanción de la Ley 27.266 (B.O. 17.8.16).
Dicha norma reformuló el art.38 de la LDC disponiendo que los proveedores que presten
servicios o comercialicen bienes a consumidores o usuarios mediante la celebración de
contratos de adhesión, deberán publicar en su sitio web un ejemplar del modelo de contrato a
suscribir y entregar sin cargo y con antelación a la contratación, en sus locales comerciales, un
ejemplar del modelo del contrato a todo consumidor o usuario que así lo solicite. Además en
dichos locales se exhibirá un cartel en lugar visible con la siguiente leyenda: "Se encuentra a
su disposición un ejemplar del modelo de contrato que propone la empresa a suscribir al
momento de la contratación".

Resulta entonces impensado entender que, en el caso, el deber de información que emana del
art. 4 y 10 de la LDC se cumplió adecuadamente. Así pues, como se vio, le fue entregado a
Fernández como supuesta "copia" un texto del contrato que resultó distinto del contenido en el
convenio original.

el hecho de que el monto máximo del importe a licitar figurase en el reverso de los cupones de
pago en poder del accionante -aspecto puntual sobre el que se agravió Fernández- en nada
varía la solución anticipada.

Así pues, contrariamente a lo juzgado en el veredicto de grado y como quedó dicho, sólo deben
ser tenidas como condiciones contractuales aquellas que surjan del "documento que se
extienda por la venta de la cosa";

y, por lo demás, se encuentra vedado el reenvío "a textos o documentos que no se entreguen
previa o simultáneamente con la contratación", debiendo ser los documentos, para que de e
llos nazcan deberes y obligaciones, suscriptos por ambas partes (LDC:10).

g. Dado que propondré, como anticipara, la revocación de la sentencia apelada, por el principio
de adhesión implícita de la apelación cobran virtualidad todas las defensas planteadas al
contestar demanda y aquellos argumentos expuestos por la defendida al tiempo de contestar la
expresión de agravios (conf. arg. Hitters, Juan C. "Técnica de los recurso ordinario", ed.Librería
Editora Platense, La Plata, 1988, p. 419).

En líneas siguientes me someteré a su estudio.

h. Privación de uso.

El reclamo del accionante por la carencia del rodado -resistido por las accionadas en fs. 73 y
87 vta.- resulta desestimable.

Cierto es que, como se explicara en párrafos precedentes, infringieron aquéllas el deber de


información, al haber omitido suministrar un ejemplar fidedigno del contrato suscripto.

Sin embargo, no lo es menos que tal situación no conlleva a desvirtuar la vigencia para las
partes de las convenciones que emergen del convenio, y, en particular, la del art. 4 del anexo
"consentimiento informado", cuya validez no fue desconocida por Fernández (Cpr. 398). Se
estableció allí que la suma licitada no podrá "superar el saldo a vencer formado por las
alícuotas reducidas a vencer" (v. fs. 167).

Desde esta perspectiva, cabe señalar que los contratantes deben atenerse a lo contratado y
cumplirlo (pacta sunt servanda) en tanto ello no importe una transgresión de normas
imperativas, exista una extralimitación de las facultades o el propio sentido del contrato
conduzca a su extinción o modificación (conf. Llambias-Alterini, "Código Civil Anotado", t° III-A,
pág. 145, ed. Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1982).

De otro lado, la prueba pericial contable practicada en autos dio cuenta de que en el acto
licitatorio del grupo n° 9589 correspondiente al mes de septiembre de 2010 resultó ganadora la
oferta de otro miembro por $27.200, siendo que la del actor - más allá de que lo fue por
$40.000- en orden a la previsión del art. 4 fue reajustada a $26.582,50.

lo cierto es que, aún de considerarse los parámetros formulados por el actor en su


impugnación de fs. 289 vta. pto. 3, la solución es la misma: así porque el monto que hubiera
correspondido reajustar tampoco habría superado la oferta ganadora:véase que el mismo
refirió que se adeudaban 49 cuotas sobre una alícuota pura de $554,49, lo que arroja la suma
de $27.170,01, resultando de todos modos inferior a la de $27.200 que resultó ganadora.

En consecuencia, la infracción al deber de información y adecuada emisión de copia del


documento de venta, en nada incidió en la validez de la estipulación del art. 4 y el resultado del
acto licitatorio.

i. Pérdida económica.

Encuentro que el reclamo en base al incremento del valor del vehículo objeto del contrato de
ahorro previo resulta también desestimable.

ello es así por los mismos argumentos desplegados supra.

Es que el presupuesto base para la admisión del reclamo radica en la improcedencia del
reajuste de la licitación y cómputo de mejor oferta licitatoria, siendo que, como quedó dicho,
resultó ajustado a derecho reajustar la oferta y denegar la licitación en favor del actor.

j. Daño moral.

j.1. Respecto de la procedencia del daño moral en supuestos de incumplimiento contractual, ya


he dicho con anterioridad que el daño moral es un perjuicio que aprehende el orden jurídico. Y
es así en la medida en que lesiona los bienes más preciados de la persona humana, al alterar
el equilibrio de espíritu, la paz, la tranquilidad, la privacidad. Toda persona vive en estado de
equilibrio espiritual y tiene derecho a permanecer en ese estado; las alteraciones
anímicamente perjudiciales deben ser resarcidas (v. mi voto en, "Oriti, Lorenzo Carlos c/
Volkswagen Argentina S.A. y otro s/ ordinario", del 01.03.11).

esa modificación disvaliosa del espíritu -como claramente se hubiera definido, v. Pizzaro,
Daniel en "Reflexiones en torno al daño moral y su reparación", JA del 17.09.86- no
corresponde identificarla exclusivamente con el dolor, porque pueden suceder, como resultas
de la interferencia antijurídica, otras conmociones espirituales:la preocupación intensa,
angustia, aflicciones, la aguda irritación vivencial y otras alteraciones que, por su grado, hieren
razonablemente el equilibrio referido (Mosset Iturraspe, Jorge, Responsabilidad por Daños, t.
V, págs. 53/4, Ed. Rubinzal - Culzoni, 1999).

Por otro lado, no desconozco que cuando el daño moral tiene origen contractual (art. 522
CCiv.), debe ser apreciado con criterio estricto, desde que generalmente en ese ámbito de
interacción humana sólo se afectan intereses pecuniarios. En este sentido, corresponde a
quien reclama la indemnización la prueba de su existencia, es decir, la acreditación de las
circunstancias fácticas susceptibles de llevar al ánimo del juzgador la certidumbre de que la
actitud del incumplidor provocó un efectivo menoscabo de su patrimonio moral. Ello pues, de
su mismo concepto se desprende que el mero incumplimiento contractual no basta para
admitir su procedencia en los términos de la norma citada (CNCom., Sala A, "Aguerri de Ribot,
Sara c/ Héctor A. García", 25.6.82; id., "Capon Bonell S.A. c/ Papel Prensa s.a.", 13.5.83; id.,
"Collo Collada, A. c/ Establecimientos Metalúrgicos Crespo S.A.", 13.7.84; id., "Transpuertos
S.A. c/ Austral Líneas Aéreas S.A.", 24.10.84; id., "Rosner, David c/ Banco Río de La Plata
S.A.", 29.11.84; id., "Danisewski, Juan c/ Jorge Hitszfelder", 22.5.86; id., "Criado soc. de
hecho c/ Federación Patronal Coop. de Seguros Ltda.", 30.8.95; Sala B, "Cilam S.A. c/ IKA
Renault S.A.", 14.3.83; id., "Katsikaris, A. c/ La Inmobiliaria Cía. de Seguros S.A.", 12.8.86; id.,
"Cabral, Raúl c/ Aseguradora Rural S.A.", 1.6.88; id., "Rossano de Rossano, María c/ Ramiro
Pazos", 22.3.89; id., "Borelli, Juan c/ Omega Coop. de Seguros Ltda.", 10.4.90; id., "Barven
S.A. c/ Mellino S.A.", 10.4.90; id., "Gelman, Juan c/ Edic.Corregidor S.A.", 10.8.90; id.,
"Colombo, Jorge c/ Sevel S.A.", 27.11.92; Sala C, "Nassivera, Oscar c/ Ares S.R.L.", 7.12.81;
id., "Fernandez, Vicente c/ Tavella y Cía. S.A.", 17.2.83; id., "Peralta Hnos. S.A. c/ Citroen
Argentina S.A.", 23.4.84; id., "Campomar, María c/ Aseguradora Rural S.A.", 21.8.87; id.,
"Labriola, Walter c/ La Nueva Coop. de Seguros Ltda.", 29.9.88; id., "Gagliano, Juan c/
Chacabuco Cía. Argentina de Seguros S.A.", 27.4.89; id., "Wolf, Manuel c/ Prado, Raúl",
5.10.89; id., "Lucarelli, José c/ Asorte S.A.", 10.11.89; id., "Perez Leiros c/ Plan Rombo S.A.",
23.6.93; id., "Percossi, Nora c/ Cía. Argentina de Seguros Visión S.A.", 29.7.94; id.,
"Federación Patronal Coop. de Seguros Ltda. c/ Garage Bosso", 14.4.97; Sala D, "Indeval S.A.
c/ Fenochietto, Carlos", 7.9.81; id., "Penna, José c/ Bejmias, Jaime", 29.7.85; id., "Desup
S.R.L. c/ Irusta Cornet, José", 25.6.90; Sala E, "De Vera, Diego c/ Programa de Salud S.A. s/
ordinario", 07.09.1990; id. "Cammarata, Ricardo c/ La Defensa Cía. Argentina de Seguros
S.A.", 28.8.85; id., "Balk Rolff c/ Instituto Italo Argentino Cía. de Seguros S.A.", 20.4.87; id.,
Piquero, Hugo c/ banco del Interior y Buenos Aires", 6.9.88; id., "De Vera, Diego c/ Programa
de Salud S.A.", 7.9.90; id., "Izaz, Pedro c/ Sanabria Automotores S.A.", 11.12.90, entre
muchos).

La indemnización del daño moral en el caso de incumplimiento contractual se encuentra


regulada en el artículo 522 del Código Civil.Preciso es señalar en esta directriz, que su
admisibilidad es facultativa para el Juez, toda vez que el precepto dice "podrá", con lo cual se
está significando que no impone al tribunal la estricta necesidad de hacerlo.

Sobre el carácter restrictivo que la jurisprudencia asigna a la reparación de esta clase de daño
en materia contractual, cabe subrayar que se tiende esencialmente a excluir de este ámbito las
pretensiones insustanciales, basadas en las simples molestias que pueda ocasionar el
incumplimiento del contrato (conf. Guillermo A. Borda, "La reforma del 1968 al Código Civil", p.
203; Ed. Perrot, Bs. As., 1971).

Sin embargo, esa razonable restricción no puede erigirse en un obstáculo insalvable para el
reconocimiento del agravio moral cuando el reclamo tiene visos de seriedad suficientes y
encuentra base sólida en los antecedentes de la causa (cfr. esta Sala, "Bebebino Anabella
Karina c/ Ford Argentina y otro, S/ Ordinario", del 6/12/11; CNCom, Sala C, "Giorgetti Héctor
R. y otro c/ Georgalos Hnos. S.A.I.C.A., s/ ordinario", del 30/6/93; íd. íd., "Miño Olga Beatriz, c/
Caja de Seguros SA, s/ ordinario", del 29/5/07).

La regla general en materia de reparación es que el responsable debe resarcir todo el daño
causado por su acto ilícito, sin que tenga carácter de pena, sino de indemnización. Tal postura
surge de los artículos 1068, 1069, 1077, 1079, 1082 y 1109 del CCiv.

En este sentido, no veo que la reparación a las "modificaciones disvaliosas del espíritu"
presente características particulares respecto a los restantes perjuicios indemnizables que
ameriten apartarse del principio general de nuestro código civil.

Acótese que la ley al referirse el daño en cuestión, siempre habla de reparación (conf. arts.
522, 1077, 1078, 1079, 1081, 1109, 1110 CCiv) y nunca de pena o sanción (v. en tal sentido,
"Orgaz, Alfredo, "El daño moral:¿Pena o reparación?, ED 79-857).
Cierto es que, antiguamente, este perjuicio fue entendido como una pena civil mediante la cual
se reprobaba ejemplarmente la falta de reproche al ofensor -vigente el art. 1078 del CCiv. en
su antigua redacción, que condicionaba su procedencia de la indemnización a que "el hecho
fuese un delito del derecho criminal"-. La finalidad punitiva surgía manifiesta en tal recaudo,
inexistente tras la reforma de la ley 17.711, razón por la cual la reparación del daño moral
procede en toda clase de ilícitos, lo que importa de suyo restarle calidad ejemplar o de castigo.
En síntesis, en mi parecer la indemnización del daño moral tiene carácter exclusivamente
resarcitorio. Este criterio, por lo demás, ha sido seguido en reiteradas oportunidades por
nuestra Corte Suprema de Justicia de la Nación (Fallos: 184:52; 311:1018; 316:2894;
318:1598; 321:1117; 325:1156; 326:847; 327:5991; 328:4175; 329:2688; 329:3403;
329:4944; 330:563; etc.).

La solución propugnada se ve ahora, además, robustecida, desde dos nuevas perspectivas: i)


si se advierte la procedencia de otorgar -en forma independiente a los daños que revisten
estricta naturaleza reparatoria- otros montos económicos que solo tienen por objeto sancionar
la conducta del responsable, como sería el caso de los "daños punitivos" (art. 52 bis ley
24.240) y, ii) el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, establece expresamente que la
responsabilidad civil tiene dos funciones: preventiva y resarcitoria (conf. arg. art. 1710 y art.
1716), así la antigua discusión que giraba en torno a si la responsabilidad civil debía tener, o
no, un componente punitivo, debe entenderse superada (conf.Vázquez Ferreyra Roberto A.,
"Aspectos generales de la responsabilidad civil en el nuevo Código de derecho privado", RCyS
2015-II, 5).

Ahora bien.

Es ostensible, a poco que nos emplazamos en la situación del accionante, que padeció
tribulaciones anímicas con significación jurídica, a raíz del incumplimiento y conducta de las
demandadas y de los reclamos y gestiones que debió efectuar en consecuencia.

Es indudable que el hecho de haber contado con un ejemplar de la solicitud de adhesión cuyas
cláusulas diferían del instrumento original suscripto, indujo a Fernández a considerarse con
derecho a reclamar tanto a la administradora del plan de ahorro como al concesionario. Y tal
contingencia vivenciada por el demandante excedió el concepto de mera molestia o
incomodidad, para tornarse en una situación en la cual vio aquél frustradas sus expectativas de
resultar favorecido en el acto licitatorio.

Tanto más, siendo que ni siquiera Volkswagen S.A. en oportunidad de contestar las
intimaciones que se le formularan (v. carta documento en fs. 218 y 220) le hizo saber la
existencia de la previsión contenida en el anexo de la solicitud de adhesión.

Tal cuadro de situación torna procedente el reconocimiento del daño moral padecido.

j.2. Respecto al instante o momento que debe adoptarse para estimar el daño, este será
efectuado al tiempo del dictado de este pronunciamiento.

A los fines de fundamentar dicha valoración, encuentro necesario realizar liminarmente una
serie de precisiones para distinguir las obligaciones denominadas de "dinero" de las otras,
rotuladas de "valor". Una de la otra se diferencian respecto al objeto debido (cfr. Bueres,
Alberto J. - Highton, Elena
I., ob. op. cit., t. 2 A, 2da. Reimpresión, p. 423, 2006).

En las primeras, desde su constitución, el objeto de la prestación es la moneda misma como


tal e independientemente de su valor intrínseco. Aquí el deudor se obliga a entregar un
"quantum" que está determinado al tiempo de su nacimiento. Se libera de su obligación dando
la cantidad determinada de dinero al día de su vencimiento.Debo agregar que el art. 622 del
CC establece que en el supuesto en que el deudor no cumpla con su obligación de dar sumas
de dinero, deberá indemnizar el daño causado por su mora; el que estará constituido por los
intereses debidos desde el vencimiento.

En las segundas, el objeto de la prestación no es el dinero, sino la medida de un determinado


valor. Su objeto se aprecia en dinero como medio de restaurar en el patrimonio del acreedor el
valor desmedrado por el deudor, valor abstracto a ser explícito en una suma de dinero y cuya
expresión deberá cambiar necesariamente según las oscilaciones del valor de la moneda
(Belluscio, Augusto -Zannoni, Eduardo "Código Civil y leyes complementarias. Comentado.
Anotado y concordado", Ed. Astrea, Bs. As, 1988, T. 3, p.69). Si bien aquí el deudor cumplirá
con su obligación entregando una suma de dinero; éste deberá ser suficiente para satisfacer
ese "quid" o valor debido, en tanto que aquel es la unidad de medida que permite cuantificar los
valores. En este tipo de obligaciones, hasta tanto no se haya obtenido sentencia judicial que
determine cuál es la cantidad de dinero debida a fin de indemnizar el valor desmedrado, su
obligación será una deuda de valor.

Acótese que en las obligaciones de dinero, el objeto inmediato debido es el dinero, en las
obligaciones de valor, el objeto inmediato se refiere a un valor abstracto, constituido por bienes,
que luego habrá que medir en dinero (Llambías, Jorge J., "Tratado de derecho Civil.
Obligaciones", T. II A, pág. 170, Ed. Abeledo Perrot, Bs.As., 1982).

Sentado lo anterior, debo decir que el inicio del curso de los intereses en la deuda de valor no
presenta particularidades especiales respecto a la deuda de dinero, y debe quedar sometida a
las mismas reglas generales (Belluscio, Augusto -Zannoni, Eduardo "Código Civil y leyes
complementarias. Comentado. Anotado y concordado", Ed. Astrea, Bs. As, 1988, T. 3, p. 82.).
Ello pues, debe diferenciarse la determinación del "quantum" necesario para resarcir el daño y,
por otro, la mora en el cumplimiento mismo de la obligación de reparar el daño causado por el
hecho.

Sin embargo, en aquellos supuestos de deudas de valor, en tanto que el "quantum" fue
valuado o cristalizado al tiempo de dictar sentencia, no corresponde la aplicación de la tasa
activa usualmente aplicada en este fuero.

Ello pues la imposición de dicha tasa desde el origen de la mora consagra una alteración del
capital establecido en la sentencia que configuraría un enriquecimiento indebido, dado que uno
de los factores que contiene la entidad de la referida tasa, lo constituye la paulatina pérdida del
valor de la moneda, extremo ponderado al definir el daño a valores actuales

o, cuando se fija al tiempo de dictar sentencia la indemnización debida al tratarse de


obligaciones de valor. Así en tales supuestos, corresponde aplicar un interés que no englobe
tal rubro y solo pondere el interés puro, que corresponda a la justa renta del capital.

Tras todo lo anterior, debo concluir que como principio general - no absoluto- tratándose de
deudas de valor, los daños deben fijarse al tiempo de dictar sentencia, siempre que su
estimación no sea ni inferior, ni superior al daño efectivamente causado (conf. Orgaz, Alfredo
"El daño resarcible. Actos ilícitos", Ed. Bibliográfica Argentina, Bs.As., 1952, 163 y ss.).

Enfoques estos que, por lo demás, son sobre los que se enrola la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Civil en la mayoría de sus Salas (v. en este sentido, la útil sinopsis en
Santarelli, Fulvio G., "La determinación de la tasa de interés judicial. Una controversia que no
saldó con el plenario "Samudio", La Ley 2009-D, 777).

A esto agrego que el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, incorpora el art. 772 que
refiere a las deudas de valor y su cuantificación, así dice: "Cuantificación de un valor.Si la
deuda consiste en cierto valor, el monto resultante debe referirse al valor real al momento que
corresponda tomar en cuenta para la evaluación de la deuda. Puede ser expresada en una
moneda sin curso legal que sea usada habitualmente en el tráfico. Una vez que el valor es
cuantificado en dinero se aplican las disposiciones de esta Sección".

Sentado todo lo anterior y en uso de las facultades previstas en el art. 165 del Cpr., fijaré el
daño -como anticipé, a la fecha de este pronunciamiento- en la suma de $30.000 Dicho monto
devengará intereses a las tasas que indicaré "infra" desde la mora, que tendré por ocurrida el
27.9.10 -v. interpelación por Carta Documento a fs. 221/222-.

j.3. En relación a la tasa de interés que corresponde otorgar cuando, como en el caso, el daño
fue valuado al tiempo de dictar sentencia, procederá -como también quedó dicho- aquella
representativa del interés puro que compense solo la mora del deudor (conf., CSJN., "Sontag
Bruno y otro c/ Banco de Galicia y Buenos Aires SA", del 5/4/2005; "Insaurralde Jorge Raúl y
otro c/ Transportes Olivos SACI y F y otro", del 16.11.09; esta Sala, "Rozanski Horacio Miguel
c/ Banco Mercantil Argentino y otros s/ordinario", del 22.05.12., "Artes Gráficas Modernas y
otros c/ Tattersall de Palermo S.A. s/ ordinario", 07.03.13; "Quintana Milciades Flora c/ Nosis
Laboratorio de Investigación y Desarrollo S.A. s/ ordinario", del 10.09.13; "Santarelli, Héctor
Luis c/ Mapfre S.A. s/ ordinario", del 08.05.14; "Podesta, Arturo Jorge c/ Caja de Seguros S.A.
y otro s/ ordinario", 18.02.14; "Campos, Horacio Angel c/HSBC Bank Argentina S.A.s/
ordinario", del 03.07.14).

Síguese de ello que será fijada una tasa pura correlativa del 6% anual desde la mora hasta la
sentencia de Cámara; y, en caso de incumplimiento, adelanto que, de momento, propiciaré que
se continúe con el porcentual habitual que esta Sala determinaba (conf. args. arts. 1, última
parte y 3 del CCyC.).

j.4. De acuerdo con averiguaciones hechas desde esta Vocalía, no hay reglamentaciones
específicas del BCRA que establezcan diversas tasas de interés moratorio para las distintas
relaciones jurídicas a partir de la entrada en vigencia -el 1ro. de agosto del año 2015- del
Código Civil y Comercial de la Nación (conf. arg. art. 768 inc. "c", del CCyC).

Así, tal como como sostuve en numerosos antecedentes (cfr. mi voto en "Fernández Jorge
Eduardo c/ La Caja de Seguros S.A. s/ Ordinario", del 26/11/15 y "A.H. Llames y Cía S.A. y
otro c/ RPB S.A. s/ Ordinario" del 12/5/16), de acuerdo con averiguaciones hechas desde esta
Vocalía, no hay reglamentaciones específicas del BCRA que establezcan diversas tasas de
interés moratorio para las distintas relaciones jurídicas a partir de la entrada en vigencia (el
1°/8/15) del Código Civil y Comercial de la Nación (conf. arg. art. 768 inc. "c", del CCyC).
Me explico.

Como premisa inicial, sostengo que los intereses moratorios producidos a partir del 1ro. de
agosto de 2015 son una consecuencia no agotada de la relación ju rídica y que, sobre tal base,
deben regirse por la ley nueva (conf. arg. art. 7, 1er. párrafo, CCyC.; conf. Moisset de
Espanés, Luis; "Irretroactividad de la ley y el nuevo art. 3 (Código Civil)", pág. 19, Ed.
Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1976).

En esa misma línea se ha expedido la Dra.Aída Kemelmajer de Carlucci -coautora del CCyC-,
al señalar que "si la apelación versara sobre las consecuencias no agotadas de esas
relaciones, o lo que atañe a la extinción de esa relación (por ej., una ley que regula la tasa de
interés posterior al dictado de la sentencia de primera instancia), debe aplicar esa ley a los
períodos no consumidos" (conf. "El artículo 7 del Código Civil y Comercial y los expedientes en
trámite en los que no existe sentencia firme", v. La Ley 2015-B, 1146).

De igual manera fue explicitado por la Sala 1° de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia
de Mendoza el 29/9/15 en los autos "Complejidad Médica Cuyo S.R.L. c/ Valle de Las Leñas
S.A. s/ ordinario s/ recurso extr. de inconstitucionalidad- casación" (La Ley,
AR/JUR/40758/2015), al juzgar aplicable la normativa del CCyC a los intereses devengados
por los daños y perjuicios consecuencia de una resolución contractual acaecida con
anterioridad a la entrada en vigencia de la nueva normativa.

Finalmente, ésta ha sido, por lo demás, la postura asumida por vía elíptica por la Corte
Suprema de Justicia con fecha 15/3/16 en autos "Intesar S.A. c/ Chubut, Provincia del y otro s/
acción declarativa de certeza" al expedirse sobre la procedencia de intereses moratorios a la
luz del art. 768 del Código Civil y Comercial, respecto de una obligación exigible con
anterioridad a la entrada en vigencia del citado cuerpo legal. En definitiva, desde mi perspectiva
interpretativa del derecho transitorio y del contenido de las disposiciones del art. 768 del
CCyC., cabe concluir que los nuevos accesorios devengados por la mora ya no pueden ser
fijados de acuerdo a las pautas de los arts. 565 del CCom. y 622 del CCiv.

En este sentido, el art. 768 del CCyC. dice sobre los intereses moratorios que: "A partir de su
mora el deudor debe los intereses correspondientes. La tasa se determina: a. por lo que
acuerden las partes; b.por lo que dispongan las leyes especiales; c. en subsidio, por tasas que
se fijen según las reglamentaciones del Banco Central ".

En el caso, no hay tasa acordada por las partes ni dispuesta por ley especial. Así, en este
supuesto, la cuestión debe decidirse de acuerdo a lo previsto en el último inciso del transcripto
art. 768, es decir, ".por tasas que se fijen según reglamentaciones del Banco Central".

Desde este enfoque conceptual, las diversas tasas de interés moratorio que el BCRA
determine, en su caso, habrán de aplicarse a todas aquellas relaciones jurídicas que no
tuvieren una prevista ni por las partes ni por la ley.

No significa ello, necesariamente, que sea la autoridad monetaria quien fije derechamente la
tasa moratoria: siempre será el juez quien la determinará, mas dentro de las pautas indicativas
de las tasas aplicables de acuerdo con las reglamentaciones que dicte la autoridad monetaria
(cfr. conclusiones arribadas en las Jornadas Nacionales de Derecho Civil desarrolladas en
Bahía Blanca los días 1 a 3 de octubre de 2015 por la Comisión n° 2, "Obligaciones"; arg. art.
771 del CCyC).
Ahora bien. Pese a que el art. 768 inc. "c." del CCyC resulta de aplicación inmediata, como
señalé, al día de la fecha no existen reglamentaciones actuales del BCRA que determinen, de
acuerdo al art. 768, inc. c del CCyC., cuáles son estas tasas.

Así las cosas y en este estado inicial de situación, frente a la ausencia de reglamentación
especial actual, el deber de los jueces de resolver (art. 3 del CCyC) y vistos los usos, prácticas
y costumbres imperantes, juzgo que, por el momento, procede continuar con la aplicación de la
tasa activa usualmente utilizada por este Fuero Comercial ("S.A. La Razón s/quiebra inc. de
pago profesionales (art. 288)", del 27/10/94 y esta Sala F "Moreno Constantino Nicasio c/
Aseguradora Federal Argentina S.A. s/ ordinario", del 1/8/13.).

Sobre la base de estos fundamentos, propiciaré, de momento, la utilización de la tasa activa.

k.Responsabilidad de Automóviles Améndola S.A.

No hay dudas respecto de la responsabilidad que cabe atribuir a Automóviles Améndola S.A.,
con base en lo dispuesto por el art. 40 de la LDC.

Ello pues el concesionario, quien intermedió en la celebración del contrato, incumplió el deber
de suministrar la información adecuada y hacer entrega de un ejemplar fidedigno del contrato
que suscribiera "en representación de la administradora" (v. fs. 85 vta.).

Así las cosas, ante la existencia de una relación de consumo, la atribución de responsabilidad
con fundamento en lo preceptuado en el art. 40 LDC se hace extensiva al vendedor, quien sólo
pudo exonerarse de las consecuencias de su actuar perjudicial si hubiera demostrado que la
causa del daño le fue ajena -lo que no aconteció en el sub lite-.

l. Costas.

Corresponde finalmente introducirme en el cuestionamiento formulado por Automóviles


Améndola S.A. a la imposición de costas en el orden causado.

De acuerdo con lo previsto por el Cpr. 279, ponderando la modificación de la sentencia de


grado que aquí se propone, procede la readecuación del régimen de costas decidido en la
anterior instancia.

Conforme al art. 68 del Cpr., el principio general es la imposición de las costas al vencido, y
solo puede eximirse de esa responsabilidad -si hay mérito para ello- mediante un
pronunciamiento expreso acerca de dichas razones, bajo pena de nulidad (conf. Fallos: 328:
4504 y 332: 2657).

Por ello, y por no advertir motivos suficientes para apartarme del principio establecido en dicha
norma, corresponde que las costas del pleito, en ambas instancias, se impongan a las
vencidas (conf. CSJN, "Ferreyra, Claudia Alejandra e/ Universidad Nacional de Córdoba s/ Civil
y Comercial - varios" 13.3.15).

VI. Conclusión.

Por todo lo expuesto, si mi criterio fuera compartido por mis distinguidos colegas del Tribunal,
propongo al Acuerdo: i) acoger los agravios del accionante y, consecuentemente, revocar el
pronunciamiento de grado, con el alcance de condenar a Volkswagen S.A. de Ahorro para
fines determinados y Automóviles Améndola S.A.a abonar a Carlos Daniel Fernández la suma
de $ 30.000 (pesos treinta mil), con más los intereses según lo dispuesto en el punto "j.3.", ii)
imponer las costas de ambas instancias a las demandadas perdidosas, y iii) fijar el plazo de
diez días para el cumplimiento de la presente.

Así voto.

El doctor Rafael F. Barreiro dice:

Adhiero en lo sustancial al voto de mi distinguida colega Dra. Tevez, mas disiento en dos
aspectos sobre los que de seguido dejaré expresada mi posición.

i) El primero, es aquél referido al carácter exclusivamente resarcitorio que se asigna a la


indemnización otorgada en concepto de daño moral.

En mi parecer -y tal como lo he sostenido en reiteradas ocasiones- el agravio moral debe ser
entendido aquí en su doble función, como sanción ejemplar al proceder reprochable y como
reparación a quienes padecieran las aflictivas consecuencias de dicho proceder (conf. esta
Sala, 06.05.2010, "González Ricardo Adrián c/ CTI PCS SA, s/ ordinario"; íd., 04.05.2010,
"Cantero Delia Noemí c/ Berkley Internacional Seguros SA, s/ ordinario"; íd., 27.04.2010,
"Lucchini Hernán Ricardo c/ Banco de La Nación Argentina y otro, s/ ordinario"; íd.,
22.04.2010, "Farenga Juan Antonio y otro, c/ Banco Río de la Plata SA, s/ sumarísimo"; íd.,
24.06.2010, "Cots Roberto Jorge c/ La Caja de Seguros SA, s/ ordinario"; íd., Sala C, "López
Carlos, c/ Banco Roca Coop. Ltda., s/ ord.", 12.10.94; íd., "Rodrigo Juan Carlos y otros, c/
Esso S.A.P.S.A., s/ ord.", 23.03.99; íd., "Porcel Roberto José c/ Viajes Futuro SRL, s/ sum.",
28.03.03; íd., "Albín Gabriel F.y otro, c/ Club Vacacional SA - Rincón Club- y otros, s/ ord.",
20.04.07).

Aclaro que la postura que he plasmado no se ve alterada por las previsiones contenidas en el
nuevo Código Civil y Comercial de la Nación (Ley 26.994) en el Título V, Sección 2, desde que
el perjuicio que se repara con el rubro en examen quedó consumado al amparo de la
legislación anterior. En esa situación, sería impropio de la función jurisdiccional resolver la
cuestión bajo el prisma de la normativa ahora vigente (mi voto DEL 24.09.2015 en la causa
"GARCIA GUILLERMO ENRIQUE C/ BANKBOSTON N.A. Y OTROS, S/ ORDINARIO").

ii) En punto a la operatividad del CCyC: 768, me permito transcribir -bien que parcialmente- los
fundamentos que expuso el doctor Juan Manuel Ojea Quintana al emitir su voto el 29.10.2015
en la causa caratulada "Consulgroup SA c/ BMW de Argentina SA y otros, s/ ordinario" y que
hube replicado en idéntica fecha en autos "Pelay Alfredo Ismael y otro, c/ Plan Rombo SA P/F
Determinados", en tanto los comparto plenamente.

Díjose en aquella oportunidad: "en punto a lo propuesto respecto de los accesorios, juzgo
como línea de principio que no corresponde la aplicación inmediata -a partir del 1.8.2015- de la
preceptiva concerniente a los réditos moratorios establecida por el artículo 768, inc. c) del
Código Civil y Comercial de la Nación, tratándose esta materia recursiva de una situación
jurídica -procesal- preexistente a la vigencia del citado cuerpo legal" (esta Sala, 29.10.2015,
"Guzman DE San Félix Julieta c/ Plan Ovalo SA y otro, s/ ordinario"; íd., "López Dolores
Gregoria c/ Telecom Personal SA, s/ ordinario" del 19/11/2015; íd., 29.12.2015, "Zazzarino,
Gustavo Adrian c/ Liderar Cía. Argentina, s/ ordinario", entre muchos otros) y tampoco
comparto la interpretación que efectúa la Dra.Tevez respecto de la parte final del mentado
artículo; concretamente, aquella que refiere a "las tasas que se fijen según las
reglamentaciones del Banco Central". Por el contrario, concuerdo con el análisis efectuado por
Juan J. Formar o en su artículo titulado "Aplicación de la ley en el tiempo y los intereses
moratorios judiciales" (diario La Ley del 03.12.2015).

Es que tal como lo explica el mencionado autor, ".interpretando el precepto a la luz de las
directivas del propio Código (art. 2 CCyC), la finalidad de la norma no se orienta a dejar librado
al Banco Central el tipo de tasa aplicable a cada crédito judicialmente reclamado. No puede ser
facultad de una mera autoridad monetaria establecer, a modo de ejemplo, si a un crédito
laboral impago nacido de un despido o a aquel que se encuentra en mora y deriva del daño a la
integridad psicofísica producto de un accidente de tránsito, se le aplicará la tasa pasiva o activa
(y, dentro de ellas, cuáles de sus variantes)".

"Nuestra conclusión se apoya asimismo en los propios Fundamentos del Anteproyecto, pues
expresa allí la Comisión su decisión de no aludir en la norma a una tasa específica, porque se
considera que hay supuestos de hecho muy diversos y es necesario disponer de mayor
flexibilidad a fin de adoptar una solución más justa para el caso".

".Es decir, se deriva a las reglamentaciones para seleccionar la tasa (con mayor precisión en
torno a los alimentos) y en modo alguno se delega a la entidad monetaria la fijación de
intereses moratorios para los diversos supuestos que la realidad lleve a los tribunales.

El objeto de la solución legal no es quitar la posibilidad de seleccionar la tasa pertinente, sino


establecer la elección entre las tasas que acepta el Banco Central de la República Argentina. Y
en torno a ello se presentan dos posibilidades interpretativas:la primera, acudir a las tasas que
aplican las diversas entidades bancarias -públicas o privadas, provinciales o no- según autoriza
el Banco Central; la segunda, recurrir a las tasas publicadas directamente por el citado Banco
Central -reduciéndose entonces la variedad de las tasas posibles en las distintas jurisdicciones
del país-. Ninguna de esas soluciones implica librar a la decisión del BCRA, reiteramos, el tipo
de tasa aplicable a cada crédito judicial.

No seguimos la posición que sustenta que se ha atribuido a la entidad monetaria la fijación de


las tasas judiciales, librando a su decisión macroeconómica la aplicable a las diferentes clases
de deudas que se reclaman y reconocen en los tribunales (la propia realidad demuestra
además que, arribado el 1 de agosto de 2015, ninguna reglamentación en tal dirección se ha
dictado)". (Ver mi voto en los autos: "PAPA RAUL ANTONIO CONTRA SMG COMPAÑÍA
ARGENTINA DE SEGUROS S.A. SOBRE ORDINARIO" del 20.10.16).

Con dicha aclaración, adhiero al voto de la vocal preopinante

El doctor Juan Manuel Ojea Quintana dice:

Adhiero en lo sustancial al voto preopinante de mi distinguida colega, con la aclaración


formulada por el Dr. Rafael F. Barreiro.

Con lo que terminó este Acuerdo que firmaron los señores Jueces de Cámara doctores:

Rafael F. Barreiro
Juan Manuel Ojea Quintana

Alejandra N. Tevez

María Florencia Estevarena

Secretaria

Buenos Aires, 27 de diciembre de 2016.

Vistos:

I. Por los fundamentos expresados en el Acuerdo que antecede, se resuelve: i) acoger los
agravios del accionante y, consecuentemente, revocar el pronunciamiento de grado, con el
alcance de condenar a Volkswagen S.A. de Ahorro para fines determinados y Automóviles
Améndola S.A. a abonar a Carlos Daniel Fernández la suma $ 30.000 (pesos treinta mil), con
más los intereses según lo dispuesto en el punto "j.3.", ii) imponer las costas de ambas
instancias a las demandadas perdidosas, y iii) fijar el plazo de diez días para el cumplimiento
de la presente.

II. Notifíquese (Ley n° 26.685, Ac. C.S.J.N. n° 31/2011 art. 1° y n° 3/2015). Fecho, devuélvase
a la instancia de grado.

Hágase saber la presente decisión a la Dirección de Comunicación Pública de la Corte


Suprema de Justicia de la Nación (cfr. Ley n° 26.856, art. 4 Ac. n° 15/13 y Ac. n° 24/13 y n°
42/15).

María Florencia Estevarena

Secretaria