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http://periodicoellibertario.blogspot.com/2017/09/opinion-no-al-arco-minero-del-orinoco.

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Opinión: ¡ No al Arco Minero del Orinoco! ¡No al rentismo minero!

Ronald Guédez

En Venezuela, uno de los países latinoamericanos con


importantes potencialidades en toda la región a nivel de
sostenibilidad en turismo, agricultura y forestería, insiste su
gobierno en el modelo económico rentista extractivista sin
evaluar los graves impactos ambientales y socioculturales que
genera tal modelo para el desarrollo humano.

En febrero de 2016 fue aprobado por parte del Ejecutivo


Nacional el Decreto N° 2.248 (Gaceta Oficial N° 40.855)
denominado “Arco Minero del Orinoco”, definido como un
plan de inversión para la explotación de minerales acumulados
en diversos ecosistemas perfectamente variados en los Estados Bolívar, Amazonas y Delta
Amacuro, resultando particularmente en un proyecto megaminero y ecocida, destinado a la
destrucción del patrimonio natural de la nación, representado por sus parques nacionales,
reservas forestales y monumentos naturales. Éste Arco Minero se cuantifica en 111.843,70
kilómetros cuadrados, 12.2% del territorio nacional, es decir, mayor al espacio geográfico de
países como Panamá, Cuba, Portugal o Bulgaria, con un plan de inversión que involucra a más de
150 empresas de 35 países.

La creación de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas


(CAMIMPEG) en enero de 2016 y la denominada “Masacre de Tumeremo” denunciada a inicios de
marzo del mismo año, son dos hechos aparentemente inconexos que parecen converger en el
Decreto N° 2.248. El primero autoriza una empresa nueva, militar, a ejercer la minería en el sur del
país junto a la estatal Minerven. Del resto, toda minería se asume como ilegal, aunque esto no ha
impedido una situación de facto estos últimos años en el Arco Minero. Una situación en la que se
han visto implicados cabecillas de distintos centros penitenciarios del país, dentro del argot
venezolano conocidos como “pranes” y el aval de estos por las Fuerzas Armadas y la Gobernación
del estado Bolívar.

Las repercusiones de estos actos pueden verse en países como Brasil, Ecuador y Perú,
pertenecientes a la Amazonia, donde son comunes altas tasas de deforestación, fuertes
remociones de suelos, colmatación de cauces, sedimentación de ríos y otros cuerpos de aguas,
contaminación mercurial y derrames de cianuro, con razones para asomar riesgos que pueden
padecer la población y los ecosistemas venezolanos.

Por ello, se considera al proyecto como una grave violación a los derechos humanos consagrados
de forma fundamental en el Titulo III: De los Deberes, Derechos Humanos y Garantías de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en sus Capítulos VIII y IX, así como también
en leyes orgánicas que enmarcan el cumplimiento de normas y preceptos especiales, establecidos
en el ordenamiento jurídico venezolano.

El Decreto del Arco Minero del Orinoco trae consigo una autorización para la explotación de una
importante extensión de territorio, entrando a un modelo rentista minero que es muchísimo peor
que el rentista petrolero, pues no hay forma de minería en el mundo que no sea nociva y
perjudicial para el medio ambiente, por tal motivo, numerosos grupos ambientalistas,
personalidades de la sociedad civil, académicos y políticos han alzado su voz en contra del
Decreto, alegando que estas prácticas extractivistas sólo traerán consigo graves consecuencias
ambientales y sociales, con daños irreversibles para la vida nacional.

En base a los principios de Universalidad, Responsabilidad, Indivisibilidad y Participación regentes


de los Derechos Humanos y los fines comunes perseguidos, el proyecto resulta insostenible debido
al carácter ilegal que este posee, considerándose un Decreto inmediatista.

Etiquetas: Arco Minero del Orinoco, extractivismo, luchas ambientales Venezuela, rentismo


minero

https://www.aporrea.org/pachamama/a254616.html

Lo que verdaderamente es el Arco Minero del Orinoco

Por: Yoner Arrioja Gaitán | Martes, 31/10/2017 01:40 PM | Versión para imprimir

1. Es el plan de ecocidio más grande en la historia venezolana, que bajo el concepto


rebuscado de “minería ecológica” el gobierno ha cedido el 12,2% (111.846,86 km 2;
extensión equivalente a la superficie de la isla de Cuba) del país a empresas
transnacionales y nacionales para que exploten todos los minerales existentes en ese
territorio, el más antiguo del planeta y por lo tanto su biodiversidad es muy especial; por
lo que su fauna y su flora son únicas. La explotación será a cielo abierto la cual es la más
destructiva de todas las minerías. Los ríos más afectados son nada menos que el Caroní y
el Caura, además del Suapure, Cuchivero y Aro, y por lo tanto el Orinoco.

2. Es el nuevo genocidio que sufriremos los aborígenes venezolanos, esta vez en el albor del
siglo XXI, pues será destruida el hábitat de los pueblos indígenas Pemones, Mapoyos y
Panares, principalmente, y parte del hábitat de Waraos, Kariñas, Yekwanas, Pumé, Jivis y
Piaroas. Todos estos pueblos o partes de ellos perecerán al no disponer de un medio
ambiente con el que han convivido desde hace aproximadamente 15 mil años. Una vez
mas el gobierno muestra el desprecio por los pueblos originarios venezolanos, al no
considerarles su proyección futura, tal como lo está haciendo con los yucpas, los cuales
están sufriendo todo tipo de atropellos por parte del ejecutivo.
3. Es la expresión más fehaciente del acuerdo PSUV-oposición-militares en la repartición de
los recursos del país: hay alrededor de 150 empresas transnacionales de 135 países (entre
ellas la Gold Reserve, expropiada y expulsada del país por Hugo Chávez, hoy aceptada por
sus auto denominados hijos y defensores de su legado); las empresas de la oposición están
representadas por el grupo Cisneros y por las pertenecientes a los “Amos del Valle”,
mientras que los militares tienen principalmente a su empresa CAMIMPEG y seguramente
a su socia SPS (Southern Procurement Services, con sede en Miami). Como se puede
apreciar, todo un panorama “revolucionario”.

4. Es un acto de traición a la patria, pues en los territorios asignados a cada empresa se


regirán por leyes especiales y a la medida de las empresas, y no serán para favorecer a los
trabajadores. Seguramente la nueva constitución que será redactada por la inoperante
ANC le dará legalidad a esa exigencia de las transnacionales.

El oro sacado de esa región vendrá cubierto con la sangre de los pueblos indígenas que se
extinguirán por la acción de un gobierno (el más corrupto de la historia venezolana) que se ufana
de pagar religiosamente una deuda ilegítimamente contraída, en lugar de renegociarla y así
permitir que parte de ese servicio a pagar sirva para paliar el sufrimiento del pueblo.

No al Arco Minero del Orinoco..!

Yoner Arrioja Gaitán. Ingeniero Electrónico perteneciente al pueblo indígena Jivi, pueblo
visibilizado gracias a Hugo Chávez

yonerarrioja@hotmail.com; @ArriojaYoner

https://www.aporrea.org/economia/a224226.html

Impactos ambientales potenciales del arco minero del Orinoco

Por: José Luis Rodríguez | Martes, 08/03/2016 10:21 AM | Versión para imprimir

La exploración y extracción de minerales en el Arco Minero del Orinoco ubicado al norte del
Estado Bolívar, comprende una extensión de 111.845 Km2 repartido en cuatro zonas: Área 1 de
24.717 Km2 limitada por el río Cuchivero, extracción de diamante, coltan, bauxita; Área 2 de
17.246 Km2, limitada por los ríos Cuchivero y Aro, extracción de minerales no metálicos y oro
aluvional; Área 3 de 29.730 Km2, limitada por el río Aro, extracción de hierro, oro y bauxita; Área 4
de 40.152 Km2, extracción de cobre, caolín, dolomita y oro, además se contempla al sur de ese
mismo estado un bloque especial de 1.754 Km2 limitada por el río Icabarú afluente del río Caroní,
extracción diamante y oro (2).

La minería a gran escala remueve grandes cantidades de suelos y rocas para extraer una ínfima
cantidad de minerales; ejemplo, el oro se encuentra en forma de vetas en grietas de la corteza
terrestre y en los sedimentos de los ríos; para extraer un gramo de oro aproximadamente se
requiere desplazar en promedio 3 toneladas de suelos y rocas, con un consumo de 1000 litros de
agua (3), acción que conduce a reducir sus reservas en un periodo muy corto, y a generar graves
problemas ambientales, del mismo modo va ocurrir con los otros minerales.

Esos minerales van a ser imposible recuperarlos o reciclarlos por la gran dispersión que se
encuentran o se encontraran en los diversos artefactos que existen o existirán en el mundo
producto de su consumo exponencial, esta afirmación la hace Alicia Valero tomando en cuenta la
aplicación de la segunda ley de la termodinámica (4), además recalca que por esa razón las futuras
generaciones no contarán con esos minerales, y por lo costoso que sería extraerlos por las pocas
reservas que van quedando, hecho que lo considera como uno de los problemas mas grave para la
humanidad.

Entre los impactos ambientales potenciales que pudieran generar algunas de las actividades como
el extractivismo, proceso de eliminación de impurezas de los minerales, se pudieran mencionar los
siguientes:

 Eliminación y alteración de ecosistemas terrestres y acuáticos; disminución de la


biodiversidad.

 Contribución a la contaminación de los ríos Cuchivero, Aro, Cuyuní y Orinoco.

 Contaminación y gran aporte de sedimentos del río Icabarú al río Caroní y de este al embalse
el Gurí reduciendo la vida útil de las turbinas generadoras de energía eléctrica.

 Aumento de la retención de agua superficial que servirá de criaderos de mosquitos con la


consiguiente proliferación de enfermedades especialmente la malaria.

 Distorsión de valores que inducen a crear conflictos sociales sólo por el interés de ganar dinero
rápido que luego conlleva a provocar otros problemas sociales como el incremento de la
prostitución, consumo de drogas y otros.

 Reducción de abastecimiento de agua potable a las futuras generaciones.

El deterioro ambiental continuara con la industrialización de esos minerales, dicha degradación del
país va a ser tan evidente que no necesita contar con estudios de impactos ambientales de esas
actividades para identificar, evaluar los impactos potenciales, además porque las medidas que se
propondrían no podrán restaurar la zona ni mucho menos restituir los minerales ya que una parte
de ellos se lo llevaran las 156 empresas extranjeras que participaran en esas actividades. Lo
anterior implica convertir la Tierra en un Thanatia donde sus recursos estarán dispersos y
degradados hasta el punto en que la composición del lecho rocoso haya alcanzado su
homogeneidad y todos los combustibles fósiles existentes hayan sido quemados (1).

De allí la necesidad de una mayor toma de conciencia de nosotros sobre la importancia en las
decisiones hacia el desarrollo sostenible y la protección del patrimonio natural que conlleve a la
preservación del país y del planeta Tierra; de esa manera se estaría cumpliendo con el artículo 1
de la ley Orgánica del Ambiente, el preámbulo de nuestra Constitución en cuanto a mantener "el
equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de
la humanidad, por eso "es una obligación del Estado, con la activa participación de la sociedad,
garantizar que la población se desenvuelva en un ambiente libre de contaminación,.." (art.127 de
la Constitución).

Referencias.

1.Carmona, Luis Gabriel y Whiting, Kai (2015) Pandora y Thanatia: una visión termodinámica del
agotamiento de los recursos minerales.

Disponible en file:///C:/Documents%20and%20Settings/Mi%20Pc/Mis
%20documentos/Downloads/42404-239155-1-PB.pdf

2. Lopéz, Manuel (2016). Se creó la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional del Arco Minero.
Diario Correo del Orinoco. No. 2303, 25/02/16. Pgs 2-3

3. Salva la Selva ( 2011 ) Materias Primas no energéticas.

Disponible en https://www.salvalaselva.org/temas/materias-primas/oro

5. Valero; Alicia (2014) Gaia versus Thanatia: the twilight of the Earth’s mineral resources.
Disponible en https://gailtheactuary.files.wordpress.com/2014/11/alicia-
valero_gaia_thanatia_barbastro_2014.pdf joseluisrodriguez4@gmail.com

http://revistasic.gumilla.org/tag/arco-minero-del-orinoco/

http://revistasic.gumilla.org/2016/manifiesto-de-guayana-sobre-el-arco-minero/

Manifiesto de Guayana sobre el Arco Minero

Junio 3, 2016 - Artículos, Política - Etiquetas: Arco Minero del


Orinoco, contaminación, depredación, extractivismo, minería ilegal, Nicolás maduro, pueblos
indígenas, Sindicatos, trasnacionales - 1 comentario
Ante la realidad de una crisis financiera sin precedentes en el país, el Ejecutivo Nacional publicó en
la Gaceta Oficial Nº 40.855 de fecha 24/02/2016, el Decreto Nº 2.248, mediante el cual se crea la
“Zona de desarrollo estratégico nacional “Arco Minero del Orinoco” para el estímulo sectorial de
las actividades asociadas a los recursos minerales que posee el país

La justificación de creación de esta zona de desarrollo, la sustenta el Gobierno Nacional en el


aprovechamiento de las potencialidades de los recursos minerales que posee el país como una
oportunidad clave para contribuir con el desarrollo económico productivo y social de la nación,
salir del rentismo petrolero y lograr un sistema productivo diversificado e integral.

La Zona de Desarrollo del Arco Minero (ZDAM) tiene una extensión de 111.843,70 km2 (46% del
estado Bolívar), ocupa gran parte de 10 de los 11 municipios del estado, afecta prácticamente a
toda su población; especialmente a pueblos indígenas. Dentro de ella se localiza la reserva Forestal
de Imataca y en su área de influencia se encuentran otras Áreas Bajo Régimen de Administración
Especial como monumentos naturales, reservas de biosfera, parques nacionales, refugios de fauna
silvestre, zonas protectoras, otras reservas forestales y cuencas protegidas por convenios
internacionales entre los que se incluye la cuenca del Caroní, la cual provee las reservas de agua
dulce más importantes de la nación y abastece las centrales hidroeléctricas que generan el 70% de
la energía que consume el país.

El decreto otorga a la autoridad de la ZDAM un poder supraconstitucional, suprarregional y


supramunicipal en la planificación y ejecución de proyectos que tienen como eje la “creación de
los estímulos necesarios para incrementar las capacidades de aprovechamiento de las
potencialidades de los recursos minerales” (artículo 4), otorgándole la potestad de contar con un
régimen especial de contrataciones públicas, incentivos tributarios, facilidades de importación,
régimen especial tributario y aduanero.

En el acto de proclamación del decreto, el presidente Nicolás Maduro invitó a 150 empresas
nacionales y transnacionales a firmar memorándums para la exploración, certificación y
explotación de los recursos minerales que existen en esta extensa zona.
Unos días antes de la emisión de este decreto, el Presidente de la República crea la empresa del
Estado Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg, GO.
40.845 del 10-02-2016) adscrita al Ministerio de la Defensa que tiene por objeto, realizar todas las
actividades económicas referidas a la exploración, explotación, procesamiento y comercialización
de los recursos existentes en el subsuelo del país, entre otras.

El 5 de marzo del presente año, el país y el mundo reciben con estupor la noticia del asesinato de
17 mineros en una mina de oro del municipio Sifontes. Esta tragedia evidencia la compleja
situación que viven los habitantes dedicados a la extracción y comercialización del oro en varios
municipios del estado Bolívar y las consecuencias de carácter económico, social y ambiental
producto de la actividad minera. Dada la riqueza de mineral de oro en la vasta zona de Guayana y
el valor convertible del mismo, muchos venezolanos y extranjeros se arriesgan a buscar el
preciado metal sin consideración de ningún tipo de reglas ni normas ni control del Estado.

A pesar de que es responsabilidad del Estado el control de la minería y que las Fuerzas Armadas
han de custodiar esta región, se evidencia una indolente gestión que se manifiesta en la ilegalidad
en que los trabajadores del oro realizan la actividad, utilizando métodos de búsqueda, extracción,
procesamiento y comercialización que atentan contra la frágil masa boscosa y las cuencas de los
ríos, causando daños ambientales irreparables a la salud de ecosistemas y seres humanos. Por otra
parte, la riqueza que produce el oro no se traduce en mejor calidad de vida para los que participan
de esta actividad económica; por el contario, viven en poblados sin los más esenciales servicios,
expuestos a enfermedades endémicas y epidémicas como la malaria y con el peligro permanente
de arriesgar la vida a manos de bandas armadas que controlan el negocio a través de la extorsión.
Tampoco la comercialización del oro, diamante y recientemente el coltan dejan ningún beneficio
para el Estado.

Ante este escenario presente y futuro los abajo firmantes,

RECHAZAMOS EL DECRETO DEL ARCO MINERO POR:

 1.– La violación de normas constitucionales sobre los derechos:

     1.1.– De los pueblos indígenas: el art. 119 establece que el Estado con la participación de los
pueblos indígenas, debe demarcar y garantizar la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales
serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles. El art. 120 consagra la previa
información y consulta para que el aprovechamiento de los recursos naturales no lesione su
integridad cultural, social y económica.

     1.2.– Ambientales: El Estado protegerá el ambiente, la diversidad biológica, los procesos


ecológicos, los parques nacionales y demás áreas de importancia ecológica. Es obligación del
Estado con la activa participación de la sociedad crear un ambiente libre de contaminación en
donde el aire, el agua, los suelos, las costas, el clima, la capa de ozono, las especies vivas, sean
protegidas (Art. 127). Se ordenará el territorio de acuerdo a las previsiones del desarrollo
sustentable con información, consulta y participación ciudadana (Art. 128). Toda actividad
susceptible de causar daño a los ecosistemas debe ser previamente acompañada de estudios de
impacto ambiental y sociocultural. (Art. 129).

     1.3. – De libre asociación, libertad sindical y derecho a huelga: El art. 25 del decreto de creación
del ZDAM cercena estos derechos e insta a los órganos de seguridad a incumplir la norma
constitucional en estas materias al establecer que: “Ningún interés particular, gremial, sindical, de
asociaciones o grupos, o sus normativas, prevalecerá sobre el interés general en el cumplimiento
del objetivo. Los sujetos que ejecuten o promuevan actuaciones materiales tendentes a la
obstaculización de las operaciones totales o parciales de las actividades productivas de la ZDAM,
serán sancionados. Los organismos de seguridad del Estado llevarán a cabo las acciones
inmediatas necesarias para salvaguardar el normal desenvolvimiento de los planes de la ZDAM”.

2.– Rechazamos el querer convertir gran parte de la Región Guayana en un territorio cuya
actividad económica central sea la minería, en torno a la cual giren las demás, pasando de un
rentismo petrolero a uno minero y fortaleciendo el extractivismo puro y simple, lo cual atenta
contra otras actividades económicas y sociales importantes, como el turismo, la actividad
agropecuaria, forestal y energética, entre otras.

3. – Rechazamos que se entregue la exploración y certificación de nuestros recursos mineros a


empresas transnacionales que pretenden nuestras riquezas, por considerar que con ello se atenta
contra nuestra soberanía e independencia económica.

4. – Rechazamos la indolencia del gobierno nacional por no ejecutar una política integral de la
actividad minera en Guayana en términos de:

      4.1. – Falta de protección de las cuencas hidrográficas; particularmente las del Caroní, Paragua,
Caura y Cuyuní.

      4.2. – Abandono de los organismos regionales y nacionales responsables de la investigación,


prospección y exploración de los recursos naturales de la Región Guayana (Tecmin e Ingeomin)

     4.3. – Quiebra y desmantelamiento de la empresa del Estado responsable de la actividad


minera del oro en el País (Minerven).

     4.4. – Desmantelamiento de la institución del Estado venezolano con responsabilidad en el área


ambiental.

     4.5. – Deficiente control de la minería a pequeña escala por parte de las instituciones del
Estado, lo cual ha generado una anomia social en materia de salud, seguridad, otras actividades
económicas y, en general, un deterioro de la calidad de vida de sus habitantes.

PROPONEMOS

1) Actualizar, discutir y promulgar el Plan de Ordenación del Territorio del estado Bolívar y sus
reglamentos de uso, con el objeto de armonizar las actividades económicas y sociales de acuerdo a
la vocación de uso del espacio.
2) Aprobar la reforma parcial del Decreto N° 2.165 con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica, que
Reserva al Estado las Actividades de Exploración y Explotación del Oro así como las Conexas y
Auxiliares a éstas, que rescata la competencia de la Asamblea Nacional para la revisión y
aprobación de contratos de interés público referidos a la exploración, explotación y demás
actividades sobre los minerales propiedad de la república (artículos 150 y 187 de la CRBV).

3) Diseñar una política minera que contemple la creación de un ministerio específico para esta
área, reformar la ley de minas y su reglamento y fortalecer las instituciones que tradicionalmente
han investigado y evaluado las potencialidades mineras reales de la región, tales como Tecmin e
Ingeomin, utilizando el talento humano venezolano.

4) Rescatar la institucionalidad, eficiencia, profesionalismo y funcionalidad del ministerio con


competencia en el área ambiental, que liderice la estratégica función de promover y viabilizar el
paradigma del Desarrollo Sostenible en la región Guayana.

5) Circunscribir, formalizar, sanear, ordenar y controlar la actividad minera en la Reserva Forestal


Imataca, únicamente a las áreas de excepción ya existentes, con acompañamiento técnico
profesional en el área geológica, legal, social, ambiental y educativa, que garantice buenas
prácticas mineras, conjuntamente con el seguimiento de las autoridades y la contraloría social por
parte de distintas organizaciones sociales (ONG, Consejos Comunales, representación indígena,
entre otros). Solo si estos elementos están presentes, sería posible realizar una minería más
amigable con el ambiente, lo cual requiere conocimientos por parte de los actores involucrados,
utilización de tecnologías limpias, voluntad política para ejecutarla, transparencia ante la opinión
pública y una institucionalidad eficiente capaz hacer cumplir nuestra legislación ambiental y
minera.

6) Someter los planes y proyectos, por desarrollar, a los controles regulares establecidos en el
ordenamiento jurídico nacional, hacerlos de conocimiento público, cumplir con los procesos de
consulta y las aprobaciones correspondientes por los órganos de representación nacional
(Asamblea Nacional), regionales o locales, según el caso; con el fin de garantizar el resguardo de
los intereses generales de la nación y de los intereses de las comunidades involucradas.

7) Apoyar los pronunciamientos que hasta ahora han sido formulados para la defensa de los
derechos Indígenas y ambientales contemplados en la CRBV.

8) DEROGAR el Decreto No. 2.248, de fecha 24/02/2016, decretado por el Ejecutivo Nacional,
mediante el cual se crea la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero y publicado en la
Gaceta Oficial No. 40.855 en función de los considerandos planteados en este documento.

http://revistasic.gumilla.org/2016/del-plan-guayana-socialista-al-arco-minero-del-orinoco/

Del Plan Guayana Socialista al Arco Minero del Orinoco


Junio 22, 2016 - Artículos, Minería, SIC 785 - Etiquetas: Arco Minero del
Orinoco, biodiversidad, minería, poblaciones indígenas, SIC 785 - 3 comentarios

Cuando el gobierno de Hugo Chávez colocó su mirada en


Guayana pensó en un “gran modelo” que en 2009 llamó
Plan Guayana Socialista. Después del fracaso en el
desarrollo industrial, ahora Nicolás Maduro mira hacia el
sur más profundo en busca de nuevas riquezas. El nuevo
plan concebido como Arco Minero del Orinoco amenaza
con acabar con todo tipo de ecosistemas naturales,
cursos de agua, especies, comunidades indígenas y
nuestra soberanía

Clavel A. Rangel Jiménez*

En un territorio vasto, en su mayoría prístino, el gobierno de Nicolás Maduro ha colocado su


mirada como un salvavidas de último minuto. No es cualquier momento para mirar al sur de
Venezuela, cuando la economía se hunde, las deudas suben y la conflictividad social aumenta.

Ha sido un proceso que comenzó en 2014 cuando Venezuela entró oficialmente en recesión con
contracciones sostenidas del Producto Interno  Bruto (PIB) debido a la caída de la productividad,
los altos índices de corrupción (el país ocupa el primer puesto en Índice de Percepción de la
Corrupción 2015 de Transparencia Internacional) y la distorsión de la economía.

Los pronósticos para este año no son alentadores a juzgar por las proyecciones del Fondo
Monetario Internacional (FMI) que estiman una contracción de 8 % del PIB, 2.3 puntos más que en
2015, así como una inflación de 500 % para este año y de hasta 1.600 % para 2017.

Todo esto sume al país en la crisis económica más honda de su historia apenas a unos meses de
haber dejado atrás el boom petrolero, que oxigenó por más de una década el proyecto bolivariano
de transición al socialismo en Venezuela.

Aun así, a no ser porque la Gaceta Oficial número 40.855 lo confirma, nadie creería que el
Ejecutivo, en medio de una espiral de conflictividad social y el desnudo de la ingobernabilidad en
zonas mineras evidenciado en la masacre de Tumeremo en Sifontes, se aventuraría de tal forma.

Se trata del Decreto 2.248 de la Gaceta Oficial Nº 40.855 que crea la Zona de Desarrollo
Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco (AMO) en una extensión de 111.843, 70 kilómetros
cuadrados, más grande que países como Portugal, Panamá o Cuba. Son cálculos ya hechos por
expertos en una alarma general.

El territorio, ubicado al sur del Orinoco, representa el 12, 2 % del territorio nacional y, según el
Gobierno, el Arco Minero del Orinoco surge por la necesidad de “impulsar la transición del
rentismo petrolero con esfuerzos sostenidos y coherentes de gestión pública”.
Comienza desde la desembocadura del río Apure sobre el río Orinoco, coincidiendo con la Faja
Petrolífera del Orinoco, los límites con Delta Amacuro, la cuenca del Caura, el río Paragua hasta
llegar a la zona de Parguaza. Un territorio extenso rico en oro, cobre, coltán, diamantes, caolín,
bauxita, entre otros y hábitat de al menos dieciséis etnias indígenas.

De acuerdo con la Gaceta Oficial estará organizado mediante un Consejo de Gestión que fungirá
como la máxima instancia de coordinación del Ejecutivo nacional, constituido por un coordinador y
un representante de cada vicepresidencia sectorial-

El Consejo de Gestión, según el Decreto, funcionará de manera permanente en la AMO y  la


designación de sus miembros será autorizada por el presidente de la República y en otras áreas
que se requieran podrían designarse vocerías.

El responsable de la administración del AMO en teoría será un coordinador, quien deberá además
fiscalizar e inspeccionar las actividades mineras en sus distintas fases productivas, además de
exhortar a los gobiernos locales o regionales, a los entes descentralizados dependientes de estos,
y a las organizaciones del poder popular a participar en la unificación de trámites que se
requieran.

Para dar cumplimiento a los principios de celeridad y cooperación dentro de la zona de desarrollo
estratégico, promueve el Decreto,  los Consejos de Gestión podrán abarcar una o más áreas
operativas especiales asociadas a las áreas de explotación en las que se ha organizado el Arco
Minero.

De la estatización al Arco

Desde el anuncio del plan, el presidente Nicolás Maduro ha defendido la idea como respetuosa del
ambiente y como una idea novedosa a la que es necesaria recurrir en tiempos de recesión.

En enero, Nicolás Maduro decretó estado de emergencia por el colapso de la economía y aprobó
el Decreto de Emergencia Económica que, a su término, tuvo una especie de continuación el 13 de
mayo con el estado de excepción y de la emergencia económica justificado en las “circunstancias
extraordinarias de orden Social, Económico, Político, Natural y Ecológicas, que afectan gravemente
la Economía Nacional” expuestos en el Decreto Nº 2.323, aparecido en la Gaceta OficialNº 6.227.

Este último decreto da espacio, en su artículo 2, a que los contratos suscritos en el marco del AMO
no pasen por la aprobación de la Asamblea Nacional, a la par del arranque del “motor minero”
como apalancamiento para la economía.

“Es es una fuente magnifica y extraordinaria que tiene Venezuela y que hoy activo como fuente de
riqueza, para que vaya equilibrando los ingresos, que los vaya diversificando y vaya sustituyendo al
petróleo como única fuente de divisas internacionales”, dijo Maduro en referencia al AMO el
pasado 24 de febrero de 2016.
Pero pese al discurso oficial, cada día son más las organizaciones y colectivos que se suman a las
voces en contra. Incluso el entonces presidente Hugo Chávez tenía dudas sobre la explotación de
una zona rica en minerales pero de amplia reserva.

“Mantener callado a Chávez era difícil y en un viaje él me preguntó que si era verdad que había
que explotar eso (Arco Minero), o si era mejor dejar eso para otras generaciones cuando existieran
tecnologías más amigables con el ambiente”, contó en entrevista con el circuito Unión Radio el 
exministro, Héctor Navarro.

Si bien Chávez colocó su mirada en el sur, siempre fue tímido en la ejecución de planes que
contrastaran con los derechos ambientales. En su lugar planteó el Plan Guayana Socialista 2009-
2019 para rescatar aquella idea de la alternativa no petrolera, que se materializó en la década de
los 60, pero ahora bajo un esquema ceñido a su proyecto político personal.

Durante el boom petrolero, con los mayores ingresos de divisas, Chávez ensayó al menos unos
cinco planes de gestión socialista en las empresas básicas de la región que fueron desde la
cogestión hasta los “presidentes-trabajadores”.

Los resultados a corto plazo fueron una caída estrepitosa de la producción, profundización de las
pérdidas ($14.089 millones en los últimos cinco años según la comisión técnica de la Asamblea
Nacional) y un abultamiento de las nóminas dependientes del Estado en más de un 50 %.

Hasta hace una década las empresas básicas representaban el 40 % del Producto Interno Bruto
(PIB) no petrolero en el país, y un 10 % del PIB, lo cual proyectaba a la región – junto al desarrollo
de la Faja Petrolífera del Orinoco – como el colchón de la economía.

Sin embargo, la concepción centralista y los continuos ensayos políticos en la industria del estado
Bolívar, aceleraron la desinstitucionalización de la región y la instauración de un Estado paralelo en
áreas que pasaron al control de la delincuencia, como las minas al sur oeste del estado Bolívar.

Poblaciones y territorialidad indígena

Ahora que los recursos escasean, son pocos los intentos del Gobierno de enmendar los fracasos
del Plan Guayana Socialista y en su lugar ha insistido en que para salir de la política rentista es
necesario impulsar motores, uno de ellos el minero.

En ese plan, el Ejecutivo ha vendido la idea de que los pueblos originarios no solo tendrían
participación y aceptación, sino además comulgarían con la ejecución al AMO que pretende –en
teoría– incorporarlos a una actividad de la cual algunas etnias ya intentan deslastrarse.

De hecho, el vicepresidente para el Desarrollo Social y Revolución de las Misiones, Jorge Arreaza,
ha afirmado que las comunidades indígenas que habitan en el estado Bolívar se incorporarán a los
proyectos productivos de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. “No
habría patria de no ser por la resistencia de los pueblos indígenas, no habría patria de no haber
sido por la lucha que ustedes, que sus ancestros dieron, y las luchas que siguen dando. Por eso
nosotros no vamos a imponer un plan en sus tierras, ustedes van a incorporarse al desarrollo del
Arco Minero”, indicó durante el acto de instalación de la Comisión presidencial de desarrollo
ecosocialista y salvaguardia de los derechos de los pueblos indígenas en la actividad minera, en Los
Pijiguaos, municipio Cedeño del estado Bolívar.

La medida, sin embargo, es violatoria de los convenios internacionales en materia de derechos


humanos y de la Constitución Bolivariana de la República de Venezuela.

El Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea) ha manifestado que


el Arco Minero se formaliza incumpliendo las obligaciones constitucionales de realizar estudios de
impacto ambiental y sociocultural en las actividades susceptibles de generar daños a los
ecosistemas (artículo 129) así como consultar de manera previa, libre e informada a los pueblos
originarios cuando se aprovechen recursos naturales en hábitats indígenas (artículo 120, Convenio
169 de la OIT).

Según el censo del año 2011, en el estado Bolívar habitan 54.686 indígenas y dentro del AMO, los
pueblos Inga, Mapoyo, Eñepá, Kariña, Arawak y Akawako.

Provea alertó que la explotación de minerales afectaría espacios habitados por las  comunidades
Baniva, Piaroa, Yekuana y Jivi, quienes ya sufren amenazas a su modo de vida debido al auge de la
minería ilegal, la militarización de sus territorios y la presencia de grupos irregulares armados en
sus hábitats.

Ante el AMO las organizaciones indígenas se han pronunciado. Más de veinte comunidades de los
pueblos Ye’kwana-Sanema y Pemón suscribieron el 24 de abril una carta de abierto rechazo en el
marco de la XX Asamblea General Ordinaria de la Organización Kujuyani.

En el caso particular del Caura les preocupan los resultados de los estudios científicos que desde
2010 y 2011 reportan el incremento de contaminantes químicos y sedimentos en suspensión en el
río Yuruani y en el río Caura, así como bioacumulación de mercurio en el tejido muscular de los
principales peces de consumo masivo por parte de las comunidades.

El excapitán indígena, Alexis Romero, denunció que “el Gobierno está tomando decisiones a través
de su gente de confianza, que no representa a los pueblos indígenas, son voceros escogidos por
ellos mismos y no voceros de los indígenas, es mentira que sea el pueblo el que toma decisiones”.

Además de ignorar los requisitos establecidos por la Carta Magna para la realización de un
proyecto de esa envergadura, el decreto del AMO lesiona diferentes garantías en materia de
derechos humanos.

El artículo 25 del Decreto elimina “tanto los principios de universalidad y progresividad como los
contenidos inherentes al derecho de libre asociación y reunión al establecer que los intereses de
Estado, en maximizar la producción minera en la zona, se encontrarían por encima de los derechos
de los particulares”.
Este artículo también establece nociones que pueden interpretarse como la proscripción del
derecho a la manifestación pacífica y el derecho a la huelga.

Sobre esto, Provea ha indicado que prohibir y penalizar el ejercicio de los derechos a la reunión,
manifestación pacífica y a la huelga, es contrario a lo previsto en el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos; al convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
relativo a Libertad Sindical y a los artículos 53, 68 y 97 de la Carta Magna.

“La restricción de garantías constitucionales sólo puede hacerse de forma temporal, mediante la
declaratoria de estado de excepción por parte del Presidente en Consejo de Ministros, decreto
que debe ser aprobado por la Asamblea Nacional y declarado constitucional por el Tribunal
Supremo de Justicia”.

Una de las voces que se ha sumado en contra es el rector de la Universidad Nacional Experimental
Indígena del Tauca, el antropólogo Esteban Emilio Monsonyi, quien ha indicado en un foro en la
Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en Guayana, reseñado por el Correo del Caroní, que:
“Somos el primer país con un proyecto mega minero, sin ningún tipo de consulta a sus ciudadanos,
mucho menos a las comunidades indígenas”.  Las deudas del Gobierno, al margen de la ejecución
de un plan inconsulto, recordó, también parten por la demorada demarcación de sus territorios lo
que, en su opinión, significará “desplazamiento, marginación y asfixia social”.

Monsonyi hizo referencia al comunicado de los Yekwana, en donde se oponen al desarrollo del
Arco Minero del Orinoco dentro de sus tierras, así como la afectación que generará a la Orinoquía
que “está encerrada, ahora, en una enorme tenaza minera, el río está condenado a muerte,
prácticamente”, lo cual acabaría con el principal surtidor de agua dulce.

Afectación de la biodiversidad

Una de las mayores reservas sobre la explotación del Arco Minero es su afectación ecológica. No
se trata de una zona cualquiera. Los 111.843,70 kilómetros cuadrados sobre los que se pretende el
aterrizaje de 149 transnacionales que, según el Gobierno, han mostrado interés en el territorio
venezolano, parece a lo lejos una gran subasta en momentos de un honda crisis económica y
social.

El Decreto prioriza el interés económico sobre el ambiental. La extensa área sobre la cual se
pretende su desarrollo es parte de la Amazonía, es decir, “la extensión de bosque húmedo tropical
más grande del planeta, con un área de 6 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente 35
% del continente sudamericano”, resume parte del último informe presentado por la Red
Amazónica de Información Ambiental Georreferenciada y reseñado por el diario El Nacional.

En una entrevista el investigador Lionel Hernández, de la Universidad Nacional Experimental de


Guayana (UNEG)[i], calcula  que entre 36 % y 57 % de las especies arbóreas del área están en
peligro de desaparecer si se implementa el AMO.

El mal precedente del Ejecutivo en el cuido de otras áreas como la Cuenca del Caroní o el   Parque
Nacional Canaima, no son buenas credenciales para el Gobierno. Sobre todo en zonas donde la
guerra por el control de los territorios por parte de grupos armados ya arrojan más de cincuenta
muertos en 2016, diecisiete de ellos renombrados después de la protesta del pueblo de
Tumeremo por la masacre del 4 de marzo de 2016 y la desaparición forzada denunciada por
organizaciones como el Comité de Familiares de las Víctimas de los sucesos ocurridos entre el 27
de febrero y los primeros días de marzo de 1989 (Cofavic).

Una de las principales detractoras dentro de las filas del chavismo ha sido su exministra del
ambiente, Ana Elisa Osorio, quien ya ha manifestado que interpondrá un amparo constitucional
sobre el territorio en el que se pretende la instalación de empresas transnacionales. “El Macizo
Guayanés es muy importante para la reserva, no solamente de esos minerales sino del agua del
país, y porque la proporción boscosa del estado Bolívar es muy importante como reserva de
biodiversidad y como productora de agua. En algún momento uno tiene que priorizar qué es más
importante: sacar el oro, sacar el coltán o proteger el agua que es indispensable para la vida”[ii],
planteó el 9 de marzo de 2016 en una entrevista al portal Aporrea.

Los continuos manifiestos, sin embargo, han sido desoídos por el Gobierno con el argumento de
que se trata de un plan de la oposición para propiciar el fracaso del proyecto socialista.

El Centro de Investigaciones Ecológicas de Venezuela (CIEV) ha resaltado la importancia de


preservar la biodiversidad que abarca bosques y selvas protegidas por decretos de reserva como el
caso de Imataca de 3 millones 800 mil hectáreas, o el de La Paragua y El Caura con 5 millones 134
mil hectáreas, así como monumentos naturales como el caso de Guanay.

La Cuenca del Caroní, por ejemplo, está protegida por leyes ambientales y convenios
internacionales. Abarca 96 mil kilómetros cuadrados y provee de las reservas de agua dulce más
importantes del país, de la que se genera el 60 % de la energía hidroeléctrica.

Sin embargo, para Maduro, todo ello no se corresponde con los estudios del Gobierno, cuyo
contenido no ha sido mostrado. Especialistas de la Universidad Experimental de Guayana (UNEG),
como el investigador y antropólogo, Sergio Milano, creen que el Arco Minero puede ser una
“buena oportunidad” para explorar y certificar los minerales si se hace dentro de un plan
ordenado[iii]. Mas “si no hay los estudios, el trabajo tiene base de inconstitucional porque tiene
que cumplir los extremos de ley (…) Hay un temor porque como hasta ahora no se ha pegado una
en ese sector, el temor es que ahora tampoco se pegue”, advirtió en entrevista al Correo del
Caroní.

El planteamiento extractivista, sin embargo, no es nuevo. En 1997 el entonces presidente Rafael


Caldera planteó retirar la figura de “reserva forestal” a la Sierra de Imataca, un pulmón vegetal de
3 millones 700 mil hectáreas ubicado al norte del estado Bolívar que se extiende hasta Delta
Amacuro.  El objetivo era el “ordenamiento y uso” que permitía la explotación maderera, mineral
y aurífera, recuerda el coordinador de Provea, Rafael Uzcategui.

Con el ascenso de Hugo Chávez, indicó Uzcátegui, muchos de los activistas indígenas y ecologistas
que se habían manifestado en contra de la apertura minera en Imataca comenzaron a trabajar
para el nuevo Ejecutivo.

“La polarización política ocasionó que el trabajo electoral sustituyera a las agendas de
preservación de la naturaleza. Esta parálisis permitió que el presidente Chávez continuara, tras
neutralizar la resistencia, la desregulación ambiental en Imataca y aprobara concesiones para su
explotación maderera y minera”.

Realizar y difundir estudios de impacto ambiental, sigue siendo, veinte años después, una deuda.
Así como la promoción de las consultas previas, libres e informadas a las comunidades indígenas.

La pérdida de la soberanía

Muchos fueron los amagues del Gobierno para llegar a la Gaceta Oficial número 40.855.

La caída de la economía nacional ha propiciado la entrega de una estrategia pragmática que


desdice de los planes dibujados por el entonces presidente Hugo Chávez. Desde la
renacionalización del oro hasta la última decisión del Ejecutivo todo ha ido a la par de la caída de
la economía.

La pérdida de la soberanía, sin embargo, ha sido progresiva al restarle capacidades a la


Corporación Venezolana de Guayana (CVG), disminuir las condiciones de la estatal Compañía
General de Minería de Venezuela, C.A. (Minerven) e ir sustituyendo sus tareas con empresas
extranjeras.

En ese afán, aniquilar a Minerven  parecía fundamental tratándose de la empresa estatal que –en
teoría– monopolizaría la actividad minera al sur del estado Bolívar. Paralelo a la propaganda
oficial, la producción de la estatal cayó a niveles inferiores al 20 por ciento de su capacidad
instalada y sus instalaciones fueron desmanteladas e invadidas por mineros informales en los
municipios de El Callao y Sifontes.
La desidia fue acompañada por la reducción de Minerven a una compañía dependiente de la
Empresa Nacional Aurífera, S.A. (ENA), adscrita a Pdvsa Industrial, que pronto dejaron a la
organización del Estado desasistida. Se trata de una compañía mixta compuesta en un  60 % por
acciones de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y 40 % del Banco Central de Venezuela (BCV).

Aunque los objetivos eran el apalancamiento de la industria minera con recursos de la renta
petrolera, estas estrategias hasta ahora no han redundado en cambios en la administración de la
empresa.

La industria también ha sido fragmentada con la creación de la Compañía Anónima Militar de


Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg) que les permite a los militares administrar
también el sector minero.

En un sector oficialista, la medida ha sido justificada como un asunto de soberanía. “En medio de
una guerra a nivel mundial por las reservas de petróleo, siendo que Venezuela tiene las más
grandes, es fundamental desarrollar mecanismos para resguardar la soberanía”, declaró el técnico
oficialista Fernando Travieso a la BBC Mundo.

Hizo referencia, incluso, a la masacre en Tumeremo y a la presencia de paramilitares como


justificativo para la constitución de Camimpeg en defensa de un área “conflictiva”, como ha
denunciado el Ministerio de Interior y Justicia.

En ese orden, ha sido la cuantificación y certificación de reservas mineras otro eslabón en la


entrega de la soberanía al firmarse –en 2012– acuerdos con la estatal china Citic Group  para el
desarrollo conjunto del proyecto Las Cristinas (en el municipio Sifontes). El convenio  suscrito en
septiembre, y entonces anunciado por el ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, consistía
en realizar un mapa minero de todas las reservas del país, lo que significaba una extensión de los
convenios con la firma asiática que entró inicialmente a Venezuela con contratos para la
construcción de viviendas.

Geólogos expertos como Nessin Benaim, quien entre la década los años 60 y 80 recorrió el país,
dijo en enero de 2013 a la periodista de El Nacional, Fabiola Zerpa, que esa actividad solo debería
corresponder al Estado por soberanía.

Competencia directa tendría el Instituto de Geología y Minería y la Corporación Venezolana de


Guayana (CVG), tal como se hizo hasta la década de los años 80. La estatal dedicada a esta
actividad, CVG Técnica Minera (Tecmin), fue también prácticamente desmantelada al llevar su
presupuesto a cero y restarle competencias en el inventario de los recursos naturales de Guayana
y prospecciones geológicas en zonas fronterizas.

La soberanía, sin embargo, también ha estado amenazada por ser esta zona controlada por grupos
que actúan al margen del Estado y, según las denuncias de sus pobladores, en clara anuencia con
funcionarios del Gobierno.
Aunque el artículo 12 del AMO prevé el desarrollo de un subsistema de protección para la paz, que
proteja al pueblo, la infraestructura, áreas operacionales, actividades y demás aspectos del Arco
Minero, solo por concepto de explotación informal del oro más del 60 % no es reportado al Banco
Central de Venezuela (BCV).

El artículo 13 contempla que la Fuerza Armada Nacional junto con el Poder Popular tendrá la
responsabilidad de salvaguardar, proteger y mantener la continuidad armoniosa de las
operaciones y actividades de las industrias estratégicas.

Pero en ese ámbito, el Gobierno tampoco ha sido exitoso. Entre 2002 y 2016 ha ensayado al
menos cinco planes para el control y ordenamiento de la actividad minera. Pasando por la
Reconversión Minera,  Plan Piar, Plan Caura hasta la Comisión presidencial para la protección, el
desarrollo y promoción integral de la actividad mineral lícita en la región de Guayana, los
resultados han sido similares: más violencia y anarquía.

Del petrolero al minero

Ese último antecedente es lo que preocupa


con el acento en una política rentista,
desesperada por una crisis económica que
ahoga el margen de gobernabilidad de un
Ejecutivo fragmentado y flanqueado por el
fantasma de Chávez.

La discusión sobre el desarrollo de esta zona


prístina se remonta, sin embargo, a 1938
cuando se dio exploración global y se ordenó
el estudio de la Sierra de Imataca y la Gran
Sabana. “El informe de la comisión
exploradora arrojó una importantísima evaluación de los yacimientos de mineral de hierro y abrió
una polémica en torno a su explotación y el aprovechamiento hidroeléctrico del Caroní,
lamentablemente entibiada a causa del estallido de la II Guerra Mundial”, recuerda la
publicación A las puertas de El Dorado, a propósito de los treinta años de la CVG.

De aquellos análisis de la década de los treinta los que más resaltan son los del escritor Enrique
Bernardo Núñez, quien recordó cómo los contratos particulares habían sido traspasados al
extranjero bajo los afeites del “desarrollo de nuestras riquezas” o el “progreso nacional”, y
concluía que el Caroní era una reserva nacional. “La Guayana venezolana es entre las regiones del
país, la más rica quizás en productos minerales y forestales, pues además de su tradicional riqueza
aurífera posee el Caroní con sus afluentes, enormes depósitos de diamantes de todos tamaños. El
Caroní con su amplio cauce y su ancho valle es considerado la más grande cuenca diamantífera del
mundo”[i], se afirma en la publicación.
El desarrollo de la industria en Guayana, lejos de convertirse en una política extractivista,
planteaba el desarrollo sustentable de las ventajas comparativas como el sector aluminio o
ferrosiderúrgico.

No en vano el entonces presidente Rómulo Betancourt instaba, en la década de los 60, a


contemplar la región como el próximo Detroit, la ciudad estadounidense emblema de la
industrialización. Era parte de una discusión que durante la Junta Revolucionaria (1945-1948) se
daba con la creación de la Corporación Venezolana de Fomento.

El objetivo era lograr un desarrollo económico basado, principalmente, en el aprovechamiento de


recursos pasando por el impulso de la electricidad y, por último, de la siderúrgica. “A los
venezolanos les pido que dejen de ir tanto a Jamaica o Nueva York y hagan un poco de turismo
interno. Que se vayan a Guayana a sentir esa emoción profunda que yo he sentido al ver
extraordinarias posibilidades de un desarrollo económico que hará de esa zona el Pittsburgh, el
Ruhr o el Detroit de Venezuela”, decía Betancourt.

Para el entonces presidente “Encontrarse la energía eléctrica del Caroní, la producción de acero de
la siderúrgica, las enormes extensiones de tierra colonizable y el hierro que en cantidades
inconmesurables está a flor de tierra, un desarrollo integral de la agricultura y la cría [permitiría]
ver sin tristeza, y acaso con íntima alegría, que deje de estar saliendo el oro negro de los taladros
de Oriente y Occidente”.

Esa última frase resumía los anhelos de superar una política rentista que comenzó con la
nacionalización del petróleo y nos hizo dependientes en más de un 70 por ciento de nuestra
economía. Era lo que el periodista y político Arturo Uslar Pietri proponía al plantear la necesidad
de invertir la riqueza producida bajo la insignia de “sembrar el petróleo”.

Ochenta años después aquel lema sigue intacto luego del desmoronamiento del proyecto chavista,
únicamente sostenido por el emblema del boom petrolero.  Las voces en contra, sin embargo, no
han impedido que se avance en esta política.

Para mayo de 2016 el Gobierno avanza en sus intenciones de entregar el proyecto Las Cristinas, la
quinta mina de oro en el mundo con más de 17 millones de onzas probadas, a la transnacional
canadiense Gold Reserve.

En el municipio Sifontes, sin embargo, es poco lo que se habla del Arco Minero y el regreso de las
transnacionales.

Para los más de 30 mil mineros informales que practican la actividad dentro del yacimiento es
poco probable que el Gobierno ejecute una medida que obligaría el desplazamiento de una
población que ha encontrado al sur de Bolívar, no solo vías de sustento, sino oportunidades para
abastecerse de alimentos en tiempos de altos índices de escasez.

Bloques del AMO:


 Área 1, de 24.717 kilómetros cuadrados (km2), limitada por el río Cuchivero (coltán y
diamante).

 Área 2, de 17.246 km2, limitada por los ríos Cuchivero y Aro (minerales no metálicos y oro
aluvional).

 Área 3, de 29.730 km2, limitada con el río Aro (hierro y bauxita).

 Área 4, de 40.152 km2 (oro).

 Bloque Especial Icabarú, con superficie de 1.754 km2, con abundante presencia de
diamante y oro.

*Periodista del Correo del Caroní.

https://www.derechos.org.ve/actualidad/ucv-consecuencias-ambientales-del-proyecto-arco-
minero

UCV | Consecuencias ambientales del Proyecto Arco Minero

Oct 19, 2016 | Actualidad

  

Un grupo de científicos del Instituto de Zoología y Ecología


Tropical de la Facultad de Ciencias de la Universidad
Central de Venezuela, consideramos importante solicitar
información acerca de las fases y procedimientos del
Macroproyecto Arco Minero promulgado en Gaceta de la
República Bolivariana de Venezuela bajo el Decreto 2.248.
Hasta los momentos se desconocen cuáles son los planes
de mitigación y recuperación de las áreas que serán
afectadas por la actividad de la megaminería, información
que hasta los momentos es desconocida para los
ciudadanos de la nación.

Debido a la gran extensión y ubicación del proyecto nos encontramos en la obligación de alertar a
la nación de las posibles consecuencias ambientales que se pueden derivar de llevar a cabo
actividades de megaminería en una de las áreas más diversas del país. Entre las consecuencias
ambientales que consideramos más importantes están:

La actividad minera, tal y como está planteada, fragmentará los ecosistemas de la zona, en su
mayoría bosques, provocarán una importante pérdida de especies tanto de flora como de fauna,
algunas de las cuales ya se encuentran amenazadas. Es de destacar que muchas de las especies de
la zona son endémicas, es decir, no se encuentran en ninguna otra parte del mundo.

Los bosques continuos que queden en pie correrán riesgo de degradarse progresivamente dada las
severas condiciones que tendrán las áreas deforestadas, las cuales propician sequias locales,
mayor efecto del viento que favorecerá la continua caída y muerte de árboles que queden
expuestos.

La zona del sur del Orinoco representa el área con mayor biodiversidad del país. Se estima que
más de la mitad de especies de la fauna del país habita en esta zona del territorio nacional, entre
las que se incluyen especies emblemáticas como el manatí, la tonina rosada, el caimán del Orinoco
y la tortuga Arrau. Especies que ya se encuentran amenazadas.

La inevitable perdida de especies de fauna que se producirá de llevar a cabo esta actividad en la
extensión propuesta en este proyecto, hará difícil la recuperación de estos ecosistemas, pues se
estarán eliminando especies que cumplen funciones importante en la naturaleza.

El tipo de minería planteada, producirá la modificación del terreno y pérdida de suelo. En las áreas
que requieren la minería a cielo abierto resulta difícil la recuperación de los ecosistemas. Esta
actividad generará una enorme cantidad de sedimentos que tendrán a su vez compuestos
contaminantes como en el caso del cianuro, que se convertirán en un pasivo ambiental.  La
deforestación masiva impactaría la región más antigua del planeta, a la cual le ha llevado más de
4.000 millones de años desarrollarse sin posible recuperación.

En cuanto a la salud también se tendrán efectos catastróficos. Por ejemplo:

Las zonas deforestadas y donde se generen pozos de agua representarán condiciones idóneas para
las especies de los mosquitos Anopheles darlingy y Anopheles marajoara trasmisores
del plasmodiumcausante de la Malaria. Actualmente, la región del estado Bolívar ya es foco de
malaria a causa de la deforestación por minería.

La contaminación atmosférica por compuestos orgánicos volátiles y partículas en suspensión,


producto de las voladuras y remoción de terreno, producirían enfermedades respiratorias y
cardiovasculares, así como también aumento de migrañas, gastroenteritis, enfermedades en la
piel y riesgos de cáncer en diferentes órganos vitales. Debido a que las partículas en suspensión
pueden tener una trayectoria aérea importante a diferentes áreas del país, se generaría brotes de
enfermedades en zonas alejadas al área del proyecto minero.

Adicionalmente, dichas partículas se depositarán en las hojas de las plantas, impidiendo la


fotosíntesis y produciendo daño en los árboles locales así como también en áreas agrícolas del país
debido a la dispersión aérea, afectando la seguridad alimentaria de diferentes zonas de la nación.

A pesar de que se piensa que el cianuro es menos contaminante que el mercurio, ya que este
compuesto puede descomponerse de forma natural en el ambiente dando productos no tóxicos,
esto sólo podría ocurrir si el cianuro se encuentra en bajas concentraciones y en condiciones de un
medio neutro con suficiente luz solar. Sabemos, por experiencia de otras actividades mineras en la
región, que para poder disolver oro se necesitan 350 mg de cianuro por litro de agua, y en un
proyecto de esta magnitud se necesitaría miles de litros de agua y en caso de un accidente de
derrame de cianuro, el cual es factible ya que ha ocurrido en otras zonas de Latinoamérica (Ej:
Mina Veladero Argentina,) la descomposición natural podría ser poco probable ya que extensas
áreas de la cuenca del Orinoco son zonas oscuras y muy turbias, que impedirían la
descomposición.

El daño en los ecosistemas acuáticos de la región, debido a la tala de bosques, erosión de los
suelos, sedimentación en los cursos de agua y alteración del régimen fluvial por embalses y
distritos de riegos afectará irremediablemente la biodiversidad acuática y los recursos pesqueros
continentales del país.

Todos los sedimentos y químicos producidos por la minería, desembocarían en el Océano Atlántico
y el Mar Caribe a través del Delta del Orinoco, lo que ocasionará importantes implicaciones en
otros ecosistemas marino costero y oceánico, dentro y fuera de nuestras fronteras, alcanzando la
región del Caribe Sur (no sólo nuestra costa e islas oceánicas, sino que podría alcanzar a las Antillas
holandesas) y el Caribe oriental (desde las Antillas menores hasta Puerto Rico).

Buena parte de la alta productividad pesquera del noreste del país se debe a la influencia del río
Orinoco y sus aguas enriquecidas en nutrientes. No obstante, si las concentraciones de
micronutrientes aumentan significativamente ante aportes antropogénicos, tal como se espera
con las actividades mineras, se produciría un colapso del sistema costero con altas consecuencias
sobre los recursos marinos pesqueros del país.

Se espera que la actividad minera genere una alta descarga sedimentaria que traería cambios
negativos en la producción pesquera en la región del Caribe Este. Aún sin realizar el proyecto del
Arco Minero, se ha reportado que en época de abundantes lluvias hay descensos significativos en
la salinidad y aumentos importantes en la temperatura, que generan alta susceptibilidad en peces
a infecciones bacterianas. Igualmente, se ha reportado que a través de la descarga del río Orinoco
puede ocurrir la dispersión de patógenos producto de contaminantes de origen antropogénico,
provocando mortandad masiva de peces en la región.

Finalmente, hay que destacar que la temporada de huracanes del Atlántico coincide con la época
de mayor descarga de agua del río Orinoco. Las evidencias demuestran que la intensidad y
duración de la mayoría de los huracanes más destructivos de la historia en la región, han sido
influenciados por la interacción atmósfera-océano con la descarga de los ríos Orinoco y Amazona
justo antes de llegar al Caribe. Esto implica que al generar aguas aún más cálidas debido al
incremento de la descargas del río Orinoco producto de la megaminería, se generarán período de
huracanes más vigorosos a los observados en los últimos meses.

De acuerdo al escenario ambiental planteado, recomendamos no solo realizar las evaluaciones


ambientales que se requieran en el marco del proyecto, sino analizar el costo de la pérdida del
ecosistema y los pasivos ambientales que deriven del mismo.
Sabemos que es necesario el desarrollo económico y tecnológico del país, pero respetando la
legislación que rige la materia, garantizando la conservación de los ecosistemas y con ellos los
servicios que estos ofrecen. Los bloques de explotación minero del proyecto incluyen varias Áreas
bajo régimen de administración especial, cuya figura debe y tiene que ser respetada.

Existen países en la región, como el caso de Costa Rica, que han preferido otras actividades
económicas antes que la megaminería y por ende se están dirigiendo un desarrollo sostenible.
Nosotros, de desarrollar este proyecto, perderíamos la oportunidad de:

1. Aprovechar una región rica en biodiversidad de especies, de ecosistemas y culturas que


permitiría el desarrollo del turismo.

2. Aprovechar especies endémicas con gran valor para la industria farmacéutica y agroalimentaria,

3. Ser ejemplo de un desarrollo que empodere a sus comunidades y las haga salir de la
dependencia y de la pobreza.

4. Conservar uno de los grandes reservorios de carbono del planeta.

El resguardo y manejo responsable de las riquezas de la Guayana venezolana le permitiría no solo


a Venezuela sino al planeta el equilibrio y la posibilidad de tener un desarrollo sostenible que le
garantice a las generaciones futuras un ambiente sano y la posibilidad de vivir en una sociedad en
equilibrio, en paz y con igualdad de oportunidades. Tenemos un gran compromiso con esta tierra,
han sido muchas las injusticias que se han venido sucediendo, es hora de que la razón y la cordura
prevalezca.

Publicado el 18 de octubre de 2016

Estrella Villamizar, Mayida El Souki, Luisa Villalba, Ana Teresa Herrera, Ana Yranzo, Marcia Toro,
María Eugenia Grillet, Diego Griffon y Gabriela Rodríguez

http://revistasic.gumilla.org/wp-content/uploads/2016/07/AFICHE-FORO-UCAB-232x300.jpg
https://www.aporrea.org/pachamama/a265628.html

Una mirada estructural del megaproyecto Arco Minero del Orinoco (I)

Por: Minerva Vitti | Viernes, 29/06/2018 08:00 PM | Versión para imprimir

El extractivismo es un modelo que se ha extendido en toda Latinoamérica, y es necesario verlo en


su complejidad porque los gobiernos y las corporaciones manejan la misma lógica desde México
hasta Argentina. Venezuela no escapa de esto y al entender las causas estructurales del decreto
2.248, mejor conocido como la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco,
publicado en Gaceta Oficial el 24 de febrero de 2016, también podremos aproximarnos a las
resistencias que los movimientos sociales vienen haciendo en otros países, aprender de ellas, para
seguir aportando en la nuestra. Estas reflexiones son el resultado de cuatro meses de estudio en un
Seminario de Ecología Social y Ecología Política organizado por los compañeros del Observatorio
de Ecología Política de Venezuela. Y no son más que un aporte para la discusión. Nada de lo que
diré aquí es nuevo, pero parece que se nos olvida. Así el objetivo de esta serie de artículos es
profundizar en las razones de por qué decimos:

#NoAlModeloExtractivista y #NoAlArcoMinerodelOrinoco.
Minerva Vitti

La Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco viene a profundizar el modelo
extractivista y acentuar la lógica rentista en Venezuela. Con la incorporación de transnacionales.
Esto responde a una lógica regional donde los países buscan obtener ingresos monetarios a corto
plazo, a cambio de la destrucción socio-ambiental irreversible de una significativa proporción del
territorio nacional y el etnocidio de los pueblos indígenas, comunidades campesinas, y habitantes
de la zona.

En toda la historia de Venezuela nunca se había propuesto un proyecto de megaminería de tal


magnitud y esto es significativo sobre todo para un país que en las últimas décadas ha basado su
economía en la explotación del petróleo (que también ha traído sus desastres sociales y
ambientales).

En el territorio donde se pretende ejecutar el megaproyecto existen conflictos de larga data,


producto de la minería ilegal. Hay presencia de sindicatos, mafias, comerciantes, traficantes,
grupos armados irregulares, militares, y personeros del gobierno que controlan la actividad
minera. Y a su vez de población local, indígenas, gente que ha migrado de las ciudades para
sobrevivir con los pocos ingresos que les deja esta práctica, que también tienen sus
contradicciones internas.

 
La falacia de ordenar con megaminería la minería ilegal

Con el decreto el gobierno pretende "ordenar" lo que sucede en el territorio. El debate de la


pequeña minería (en algunos casos hasta mediana por el uso de dragas, motobombas, y otras
maquinarias) no se ha dado y ahora se intenta solapar con la megaminería, dos practicas muy
distintas desde el punto de vista técnico, de impactos socio-ambientales, hasta de los actores
involucrados. El Arco Minero del Orinoco no tiene que ser una respuesta para estos mineros
informales, especialmente en las zonas con vocación minera de los municipios Callao, Roscio y
Sifontes, en el estado Bolívar.

 
En esta misma línea es importante destacar que
no toda la zona decretada (12 % del territorio)
tiene vocación minera. Con el decreto el
gobierno posiciona el discurso de que toda esa
región practica minería, cuando solo son algunos
enclaves mineros ya mencionados
anteriormente. Por ejemplo, la minería aurífera
ha estado más presente en el municipio Sifontes,
no en El Caura o en Parguaza (todos estos lugares
ubicados en el estado Bolívar)

En palabras del geógrafo Hector Escadell: "La decisión de basar el proyecto económico nacional en
otra actividad extractivista minera, lo que evidencia es una visión cortoplacista por generar riqueza
material a costa de los efectos de mediano y largo plazo sobre elementos naturales que, como el
agua dulce, son esenciales para la vida; y sobre las posibilidades autogestionarias de las
poblaciones locales, particularmente de los pueblos indígenas; mientras que paralelamente
inviabiliza otras opciones más sostenibles (manejo de la selva y su biodiversidad, turismo,
agricultura…)".

La izquierda marrón

Resulta paradójico que un proyecto de este calibre haya sido impulsado en un proceso
revolucionario, pero a su vez evidencia el viraje que han dado los gobiernos progresistas en todo el
continente. Una real contradicción entre un desarrollo extractivista y el bienestar social que llegó
al clímax en países como Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, Uruguay, Venezuela.

Eduardo Gudynas, investigador del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES), lo llama "la
izquierda marrón", donde "el decidido apoyo al extractivismo para alimentar el crecimiento
económico, está agravando los impactos ambientales, desencadena serias protestas sociales, y
perpetúa la subordinación de ser proveedores de materias primas para la globalización. Se rompe
el diálogo con el movimiento verde, y se cae en una izquierda cada vez menos roja porque se
vuelve marrón".

En estas las estrategias de desarrollo se basan en la intensa apropiación de los bienes naturales y
se apuesta a los altos precios de las materias primas en los mercados globales. "Su
macroeconomía está enfocada en el crecimiento económico, atracción de inversiones y promoción
de exportaciones. Se busca que el Estado capte parte de esa riqueza, para mantenerse a sí mismo,
y financiar programas de lucha contra la pobreza".

No obstante, en los discursos de los gobernantes se hacen algunas referencias ecológicas


("minería ecológica", "motor minero", "tecnologías ecoamigables"), se hacen invocaciones a la
Pachamama y se rasgan las vestiduras por el "buen vivir", que ni siquiera entienden y mucho
menos practican.

"El Arco Minero del Orinoco es una continuación de las lógicas de colonización que ya se planteaba
en el período temprano del neoliberalismo con Caldera. Además, esta lógica neoliberal hace que el
proyecto tenga una importante función de respaldo de pago para la deuda pública (externa o
interna externalizada)", dice Emiliano Terán Mantovani, miembro del Observatorio de Ecología
Política de Venezuela.

Una conflicto regional

Un elemento muy importante es que el


megaproyecto lo están ubicando en la
Amazonía, una región de 7 millones de
hectáreas, muy delicada en términos
ecosistémicos y una de las más megadiversas
del mundo. En este lugar, que compartimos
con nueve países que también están dentro
de la Amazonía, habitan la mayor parte de los
indígenas de Venezuela (y más de 300
pueblos indígenas de todos los países que
comparten la Amazonía)

Toda la zona del territorio venezolano al sur del Orinoco constituye la mayor fuente de agua dulce
del país. Los procesos de deforestación previsibles con la actividad minera en gran escala
inevitablemente conducirán a una reducción adicional de los volúmenes de agua en la zona, y a su
vez en una profundización de la crisis energética que atraviesa el país.

El impacto socio-ambiental de este megaproyecto tendrá un carácter internacional: por la


contaminación de ríos que desembocan en el Atlántico, el potencial impacto de esto en las
pesquerías, modo de vida tradicional tanto en nuestras costas, como en los países vecinos;
incluyendo que todo esto impacta profundamente la salud de las personas.

No es casualidad que también el megaproyecto Arco Minero del Orinoco esté ubicado en lo que
sería uno de los "Ejes de Integración y Desarrollo" de la Iniciativa de Integración de Infraestructura
Regional Sudamericana (IIRSA) que ahora se llama Consejo Suramericano de Infraestructura y
Planeamiento (Cosiplan). Esta es una propuesta de creación de infraestructura a escala
continental, sin precedentes en el mundo, destinada a poner en contacto los centros de
producción con los centros de consumo, incidiendo en una baja de los costos y una aceleración del
traslado, promoviendo una mayor explotación de la naturaleza e incrementando el control social.
El IIRSA surgió de un acuerdo alcanzado en Brasil, en el 2000, entre los gobiernos de 12 países
suramericanos, e incluye al Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Financiero de la Cuenca
del Plata, y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

El IIRSA se organiza por "Ejes de Integración y Desarrollo". Precisamente hay uno llamado "Escudo
Guayanés", en el oriente de Venezuela, arco norte de Brasil, Guyana y Surinane. Con vínculos
comerciales con Europa, El Caribe y la India. Salida atlántica de commodities y productos
industriales desde la cuenca Amazónica.

Ejes de Integración Desarrollo del IIRSA. Especial atención en dónde está ubicado la Zona de
Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco.

Ni consulta previa, libre e informada. Ni estudio de impacto socio-ambiental

Luego del decreto 2.248 ha habido una manipulación del proceso de consulta previa, libre e
informada, que no escuchó la opinión tanto de pobladores locales (liderazgo legítimo indígena)
como de los especialistas en materia socio-ambiental y de la población en general, en atención a la
magnitud del proyecto.
La consulta previa, libre e informada a los pueblos originarios es obligatoria cuando se aprovechen
recursos naturales en sus hábitats, y este derecho está garantizado en el artículo 120 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades
Indígenas, y en el propio Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

"¿Por qué no se nos consultó ese decreto? Es un punto grave no haber hecho una consulta.
Sabemos que nuestro territorio sufre una emergencia económica. Creo yo que los indígenas no
podemos pagar las consecuencias de eso. Es algo como que existen nuestras riquezas y vamos a
acabar todo. Será que este decreto aunará más nuestros problemas, aquí en El Caura existe la
minería ilegal, este decreto la legalizará. Esto es un peligro para nosotros. Desde el 2006 no se ha
logrado parar la minería. Esto ha ocurrido por el mismo Estado y me atrevo a decirlo delante de la
representación del Gobierno. Esto aumentará la invasión minera en nuestro territorio", dijo
Ramón Tomedes, indígena de la etnia yekuana, durante una visita que hiciera Indira Fernández,
viceministra del área socioproductiva, hábitat y vivienda del Ministerio del Poder Popular para los
Pueblos Indígenas, a la comunidad de El Playón en abril de 2016 (dos meses después de publicado
el decreto)

 
El área 2 del megaproyecto tiene 17.246,16 kilómetros cuadrados de los 111.843, 70 kilómetros
cuadrados que conforma todo el Arco Minero del Orinoco. En este mapa mostramos los puntos
conocidos del área 2 que afectarían la Cuenca del río Caura, incluyendo las comunidades criollas e
indígenas y los monumentos naturales cercanos a la zona. Mapa elaboración propia: Laura
Niederjaufner/Minerva Vitti

 Los impactos socio- ambientales de este megaproyecto también han sido invisivilizados,
empezando porque nunca se hizo un estudio de impacto socio-ambiental. Esto lo reconoció el
gobierno ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Todo ha quedado reducido a un
discurso que sólo habla de dinero, de las toneladas de oro que ha extraído la pequeña minería, del
uso de "tecnología ecoamigable" cuando es conocido que se sigue empleando mercurio. Mientras
tanto el gobierno oculta la situación de la salud de los pobladores, la erosión cultural, la
contaminación, las masacres y desapariciones forzosas diarias.

Por otro lado, a medida que avanza el tiempo el gobierno ha comenzado a decir que solo se extrae
el oro de una pequeña porción del territorio, los "pequeños" enclaves mineros del norte del
estado Bolívar. Tratando de justificar que con esto se reduce el impacto. Esta visión errónea da
cuenta que no hay un conocimiento de la interconexión de todo el territorio. Todos los ríos,
cuencas, ecosistemas están relacionados. Lo que hagas en una parte afectará el resto.

Todo facilito para las corporaciones públicas, mixtas y privadas (y para los militares)

 
Infografía publicada en periódico Ciudad Caracas

 Este megaproyecto tiene como lógica imperante la flexibilización económica para lograr su
viabilidad. ¿Qué quiere decir esto? El decreto contempla una variada gama de incentivos públicos
a estas corporaciones mineras, entre otras la flexibilización de normativas legales, simplificación y
celeridad de trámites administrativos, la no-exigencia de determinados requisitos legales previstos
en la legislación venezolana, la generación de "mecanismos de financiamiento preferenciales", y
un régimen especial aduanero con preferencias arancelarias y para arancelarias para sus
importaciones. Contarán igualmente con un régimen tributario especial que contempla la
exoneración total o parcial del pago del impuesto sobre la renta y del impuesto de valor agregado.
¿En qué se traduce? En un aumento significativo del poder de las transnacionales en el negocio.
¿Qué no han llegado las transnacionales? No importa, ese es el esquema planteado en el modelo
neoliberal extractivista, y un patrón que se ha repetido en todo el continente.
"El Estado no controla el mineral explotado por la empresa ni mucho menos la comercialización de
los minerales en el mercado internacional; que por lo general ocurre a través de las principales
bolsas que comercializan "commodities" como la de Nueva York, Chicago, Londres o la de Toronto
(enfocada en la compra-venta de oro)", explica César Romero, miembro de la Plataforma Contra el
Arco Minero del Orinoco.

Uno de los casos más visibilizados es el de Gold Reserve, una corporación canadiense que no tiene
ninguna experiencia en explotación minera, que el presidente Hugo Chávez sacó del país por
daños ambientales, que luego nos hizo una demanda ante el Ciadi (Centro Internacional de Arreglo
de Diferencias relativas a Inversiones, una institución del Banco Mundial con sede en Washington)
por 769 millones de dólares, que ganó, y aun estamos pagando, y que ahora creó una empresa en
Los Barbados para aliarse con el gobierno y montar "Siembra Minera". Encima de eso la
transnacional le vendió al gobierno de Nicolás Maduro, el set de datos técnicos de la mina Las
Brisas por 240 millones de dólares, de dónde había sido sacada por lo explicado anteriormente.
Entrega de soberanía en su máxima expresión.

Otro elemento importante es su lógica militar, que ha estado presente desde el siglo pasado en la
explotación petrolera en Venezuela. Ahora, pasando por encima de todos los conflictos que ha
habido entre los militares y los pueblos indígenas en varias zonas del territorio donde se pretende
ejecutar el megaproyecto. En este caso se crea, dos semanas antes de publicar el decreto 2.248, la
Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg), adscrita al
Ministerio del Poder Popular para la Defensa, con atribuciones de amplio espectro para dedicarse
"sin limitación alguna" a cualquier actividad relacionada directa o indirectamente con actividades
mineras, petrolíferas o de gas. En cualquier caso, las Fuerzas Armadas no representarán el "interés
general" en la zona, sino que tendrán un interés económico directo para que las actividades
mineras no tengan ningún tipo de obstáculo.

Luchas socio-ambientales ante el megaproyecto

La Plataforma contra el Arco Minero del Orinoco se constituyó semanas después de la aprobación
de este decreto. El 31 de mayo de 2016 introdujo un recurso de nulidad ante el Tribunal Supremo
de Justicia. Los accionantes de este recurso también visitaron las embajadas de Canadá, Suráfrica,
Cuba, Estados Unidos, Rusia y Francia, de donde provienen algunas de estas transnacionales. Sin
embargo, todo permanece en un universo de ocultamiento donde no se conocen ni contenido ni el
estatus de los convenios con las transnacionales (aproximadamente 150 corporaciones anunciadas
durante el lanzamiento del megaproyecto en agosto de 2016)
También se han organizado protestas de calle, pancartazos informativos, foros, seminarios en
distintas universidades del país, con el objetivo de ir creando un tejido social fortalecido e
informado sobre las magnitudes de este megaproyecto y sus implicaciones. Del mismo modo
varias organizaciones indígenas han realizado pronunciamientos en contra del megaproyecto,
entre estas la Organización Kuyujani de la Cuenca del Caura, La Organización de Pueblos Indígena
de Amazonas (ORPIA), la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de Amazonas (COIAM) y la
Organización de Mujeres Indígenas de Amazónas Wanaaleru.

Todas estas resistencias han ocurrido bajo la sombra del artículo 25 del decreto que dice lo
siguiente: "Ningún interés particular, gremial, sindical de asociaciones o grupos, o sus normativas,
prevalecerá sobre el interés general en el cumplimiento del objetivo contenido del presente
decreto. Los sujetos que ejecuten o promuevan actuaciones materiales tendentes a la
obstaculización de las operaciones totales o parciales de las actividades productivas de la zona de
desarrollo estratégica creada en este decreto serán sancionados conforme al ordenamiento
jurídico aplicable. Los organismos de seguridad del estado llevarán a cabo las acciones inmediatas
necesarias para salvaguardar el normal desenvolvimiento de las actividades previstas en los Planes
de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco, así como la ejecución de lo
dispuesto en este artículo".

Existe una suspensión de las garantías constitucionales en 12 % del territorio nacional. Esto se
traduce en la violación de derechos políticos, a la consulta, el consentimiento, la participación, la
libre asociación y la información.

Ya hay personas que han sido llevadas a tribunales, ecologistas en Guayana que han sufrido
allanamientos (Alejandro Lanz), censura en ministerios y universidades, despidos, remoción de
cargos (como por ejemplo: Emilio Monsonyi, director de la Universidad Indígena de Venezuela;
Santiago Arconada, profesor; y Edgardo Lander, profesor), y retención de periodistas y defensores
de DDHH mientras trabajan en la zona que el gobierno ha delimitado para ejecutar el
megaproyecto.

También se han documentado algunas masacres como la de Cicapra y Tumeremo. La desaparición


de líderes indígenas (Oscar Meya, líder pemón), el asesinato de indígenas (14 indígenas de la etnia
pemón en San Luis de Morichal, una pareja que quería salir de una mina en Kuyuwi, territorio
donde vive la etnia yekuana, y otros que no salen en los medios de comunicación)

El cambio estructural y el fortalecimiento de la resistencia

Todavía hay gente que apuesta a que los precios del petróleo aumenten y a la minería, y no
colocan en sus discursos el cambio estructural necesario. Estamos envueltos en un imaginario
desarrollista, petrolero, profundamente extractivista, que atraviesa todas las clases sociales.
Resulta chocante que aun "líderes" políticos de gobierno y oposición hablen sobre repartir la cuota
de petróleo, cuando lo que está en discusión es el modelo de dependencia hacia la variación de los
precios en los mercados internacionales. Estos "políticos" declaran a Venezuela como un país
petrolero-minero, por encima de cualquiera de sus otras identidades, y plantean que el país saldrá
de la crisis que atraviesa si explota sus bienes naturales a gran escala.

Es agresivo para todos los venezolanos y venezolanas que no se hable del reordenamiento de las
finanzas, gastos públicos, y del combate de la corrupción. Por ejemplo la repatriación de los 450
mil millones de dólares que se robaron y que están fuera del país. ¿Cómo se pretende que el
venezolano se ajuste el cinturón? Sencillamente esto no es justo y requiere de una lucha política,
liderizada por movimientos sociales críticos.

Cuando se mencionan los impactos que ha tenido este modelo rentista a nivel social y ambiental, y
que se profundizará con esta diversificación del extractivismo que no es más que una
diversificación del rentismo (se cambia petróleo por minerales), algunos aseguran
peyorativamente que los que hacen resistencia quieren volver a la "edad de piedra" o son unos
"come flor antimineros" que no le importa lo que pasa en el país.
No es renunciar a la ciencia y a la tecnología sino ponerlas al servicio de la gente y el ambiente. No
se trata de prohibir el consumo, sino darle nuevos marcos valorativos: qué consumimos, para qué
lo consumimos, porqué lo consumimos, cuánto necesitamos. ¿Cuál es la verdadera razón de la
explotación del Arco Minero del Orinoco? ¿Es necesario?

"Cualquier explotación minera debe tener un fin bien específico, por ejemplo, para construir
viviendas necesitamos acero, para lo que hace falta la explotación y procesamiento del mineral de
hierro. Ahora, está el caso del oro, en el que el más del 90 % de la producción mundial va
destinada a la joyería, bancos o bonos. Nada útil para el avance y bienestar de la humanidad", dice
César Romero.

Para detener este megaproyecto o al menos frenarlo es necesario seguir fortaleciendo la


conjunción de los saberes indígena-campesino, saberes ambientalistas, y saberes de los activistas,
para poder posicionar un discurso que haga peso al discurso hegemónico, que devele las trampas
del modelo extractivista y las alternativas a este. Es fundamental que crezca un movimiento de
justicia ambiental en las ciudades. Que nos sintamos dolientes de toda esta degradación que
ocurre en un territorio lejos de las urbes pero que nos impacta profundamente. Ya tenemos
dificultades para acceder al agua y a la electricidad, ya sabemos que el modelo rentista no sirve. El
Arco Minero del Orinoco no traerá cambios estructurales para nuestro país, profundizará aun más
la crisis que atravesamos. Ahora, ¿quéRecomienda esta nota en las redes sociales:
Minerva Vitti

Periodista [UCAB]. Jefa de redacción de la Revista SIC.

https://www.analitica.com/opinion/no-al-arco-minero/

¡No al Arco Minero!

MARZO 5, 2018   ANALÍTICA

OPINIÓN

Aunque el gobierno fracasó en sus aspiraciones de lograr la participación de 150 empresas de


renombre internacional (a pesar de la alharaca formada cuando lanzó el Arco Minero, cosa que el
Petro nos hizo recordar), no debemos alegrarnos por ello, por cuanto a pesar de que no hubo
mayor interés de las compañías reconocidas, el llamamiento si tuvo la desgracia de incrementar la
minería ilegal. Además el propio gobierno flexibilizó los controles para regular la extracción
efectuada por la minería informal, disminuyó la vigilancia y relajó el precario control ambiental
que existía. Tampoco exige la obligación de reparar zonas que están siendo deforestadas. Por otra
parte, ninguna explotación cuenta con estudios de impacto ambiental, lo cual viola las leyes. Así,
en tanto que en América Latina ha bajado la tasa de pérdida de bosques, en Venezuela ha
aumentado.

Aunque lo fundamental es la explotación del oro, la ambición gubernamental por obtener réditos
fiscales ha ampliado los permisos para extraer coltán, diamantes, bauxita, cobre, dolomita, hierro,
caolín y tierras raras (yacimientos de tantalio y niobio). Esta apertura del abanico ha estimulado a
los mineros ilegales a trasladarse a la región y a depredar la naturaleza bajo la mirada cómplice de
la Guardia Nacional que reclama y obtiene su tajada.

La explotación minera, incluso realizada por empresas reconocidas, causa severos daños al
ambiente; por ello, y porque se pone en riesgo la biodiversidad del escudo guayanés, una de las
formaciones geológicas más antiguas del planeta, lo que tendría el efecto de atentar contra la
cuenca del Caroní, la mayor fuente de hidroelectricidad del país, es que hay que decirle NO al arco
minero.

Pero también en esta hora histórica de cambios profundos en la visión del país, habría que decirle
también que NO a un conjunto de instituciones que si bien cumplieron su cometido en el pasado,
en el presente ya no funcionan. Entre otras tenemos: el bolívar como signo monetario; el Instituto
Venezolano de los Seguros Sociales; la Guardia Nacional; la propia Pdvsa por la enorme carga
burocrática que lleva sobre sus espaldas (150.000 trabajadores) y por sus ineficiencias y
corrupción; el INTI; la Cantv; etc. No hablemos de la salida de Mercosur, la eliminación de las
milicias, las comunas, etc., etc. Venezuela debe arrancar una nueva gobernabilidad deslastrada de
un peso muerto que impediría el ascenso al desarrollo.

https://elpais.com/elpais/2018/09/03/planeta_futuro/1535983599_117995.html

OPINIÓN

Arco minero del Orinoco: la crisis de la que pocos hablan en Venezuela

En 2016 se aprobó la extracción de minerales en una superficie que equivale al 12,2% del
territorio nacional, donde habitan 54.686 personas indígenas y tiene una gran diversidad
ecológica

RAFAEL UZCATEGUI / MARIANNA BELALBA BARRETO

11 SEP 2018 - 10:46 CEST

Desde el año 2016 una decisión del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela ha
dispuesto de la totalidad de 111.843 kilómetros cuadrados para la explotación de minerales,
decisión que ha puesto en peligro la biodiversidad de la Amazonía venezolana y la vida de las
comunidades indígenas de la zona. Esta área es tan grande como la extensión total de países como
Cuba, Corea del Sur, Austria, República Checa o Suiza.

Venezuela ha vivido de la explotación petrolera desde que la extracción de hidrocarburos superó,


en la década de 1910, el cultivo y comercialización de café y cacao. Desde ese momento, todos los
proyectos de desarrollo se han basado en la renta energética. Ahora, en un contexto de profunda
crisis económica, el gobierno intenta diversificar sus políticas extractivistas, en la expectativa de
recibir altos ingresos económicos a corto plazo.

El 24 de febrero de 2016 se creó la llamada Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero
del Orinoco (AMO), en una superficie de terreno que equivale al 12,2% del territorio nacional. Esta
zona se encuentra en el margen sur del río Orinoco, la principal fuente de agua del país, donde
habitan 54.686 personas indígenas, según el último censo del año 2011, y una gran biodiversidad
ecológica que tras esta decisión se encuentra bajo amenaza.
Según el decreto, el AMO busca la extracción y comercialización por parte del capital nacional,
trasnacional o mixto, de los minerales de bauxita, coltán, diamantes, oro, hierro, cobre, caolín y
dolomita en toda la margen sur del río Orinoco. Esto se ha promovido ignorando dos requisitos
necesarios de acuerdo a la propia Constitución de Venezuela, aprobada en el año 1999.

El primero de ellos, artículo 129, la obligación de realizar estudios de impacto ambiental y


sociocultural en las actividades susceptibles de generar daños a los ecosistemas. Adicionalmente,
artículo 120, la realización de una consulta previa, libre e informada a los pueblos originarios
cuando se aprovechen recursos naturales en hábitat indígenas.

Son muchos los sectores que han criticado el proyecto, desde sectores indígenas que han visto sus
derechos afectados, como organizaciones ambientalistas y de derechos humanos quien han alzado
su voz, intentando prevenir la afectación de esta zona. En este sentido, las organizaciones Provea,
Grupo de Trabajo de Asuntos Indígenas de la Universidad de Los Andes y Laboratorio de Paz,
denunciaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) las violaciones a
derechos humanos en el marco de este proyecto, como la omisión de la realización del estudio de
impacto ambiental así como del derecho a la consulta previa, libre e informada; impactos
negativos en el proceso de demarcación de los territorios indígenas; vulneraciones del decreto
para los derechos a la libertad de reunión y asociación pacífica, así como en los derechos laborales
y la militarización de la zona sin realizar consultas efectivas con las comunidades indígenas.

En un contexto de profunda crisis económica, el gobierno intenta diversificar sus políticas


extractivistas, en la expectativa de recibir altos ingresos económicos a corto plazo.

Sin embargo, el gobierno de Nicolás Maduro no ha escuchado las diferentes críticas realizadas
contra este proyecto. Por el contrario, las diferentes iniciativas que por ejemplo, han alertado
sobre el impacto del proyecto han sido criminalizadas desde el sistema nacional público de
medios.

En un país sumido en una profunda crisis social, económica y política, es poca la atención que se
ha prestado a esta situación y el proceso de movilización contra el proyecto, que incluye
académicos, activistas medioambientales y de derechos humanos, indígenas, músicos y otros
sectores se ha eclipsado. Esto, a pesar de las repercusiones de este proyecto que ya se empiezan a
notar. En los últimos años, la minería ilegal en la zona se ha expandido y con ello, ha aumentado el
flujo de personas que llegan en busca de oportunidades económicas inmediatas.

Esto ha traído como consecuencia la acentuación de la crisis sanitaria con un repunte de


enfermedades como el paludismo. En un país enfrentando una grave crisis humanitaria con
una creciente escasez de medicinas, esto no es un mal menor. Ante la ausencia de medicamentos
y centros asistenciales, el número de muertes a consecuencia de estas enfermedades es
significativo.

La crisis social, política y económica que afecta Venezuela es muy grave y las severas violaciones
de derechos humanos que persisten en el país, merecen la atención de las organizaciones
nacionales, así como de la comunidad internacional. Sin embargo, no podemos ignorar la grave
situación ambiental que puede derivar de la implementación del proyecto del Arco Minero y la
vulneración de los derechos fundamentales de las comunidades indígenas de la zona.

En mayo de 2018, 24 países de América Latina y el Caribe (ALC) adoptaron el Acuerdo de Escazú,
que busca garantizar de manera efectiva el derecho de acceso a la información y el derecho de la
población a ser consultada en asuntos que puedan afectar su calidad de vida o el derecho a gozar
de un ambiente sano.

El proceso de ratificación del instrumento se abre en septiembre de 2018, y un compromiso


indiscutible con la garantía de los derechos ambientales y la protección de las personas defensoras
del medio ambiente, sería la inmediata ratificación del mismo por parte de Venezuela y su efectiva
implementación.

Marianna Belalba Barreto es investigadora en CIVICUS, la Alianza Mundial para la Participación


Ciudadana.

Rafael Uzcategui es coordinador general de Provea, el Programa Venezolano de Educación-Acción


en Derechos Humanos.

http://www.ecopoliticavenezuela.org/2018/01/18/mapa-de-conflictos-socio-ambientales-las-
luchas-contra-el-mega-proyecto-del-arco-minero-del-orinoco/

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

CONFLICTOS

Las luchas contra el mega-proyecto del Arco Minero del Orinoco


PUBLICADO EL 18/01/2018 OEPVZLA

En el año 2011, el presidente Hugo Chávez anunciaba un enorme proyecto minero denominado
por entonces comúnmente el “Arco Minero de Guayana”, que consistiría en un largo cinturón de
minerales que cubre toda la zona norte del extenso estado Bolívar, al sur del río Orinoco. Desde el
año 2015, y en medio de una muy severa crisis social, política y económica en el país, el presidente
Nicolás Maduro ha venido relanzando este proyecto, como parte de la llamada “Agenda
Económica Bolivariana” y la activación de los “Motores Productivos”. El 24 de febrero de 2016 se
oficializa este relanzamiento con el decreto N° 2.248 Gaceta Oficial N° 40.855, que determina la
creación de la “Zona de Desarrollo Estratégico Nacional” Arco Minero del Orinoco. Se trata de una
propuesta de llevar la megaminería en Venezuela a una escala nunca antes vista en su historia. Se
ha propuesto la apertura a unas 150 compañías internacionales de 35 países para la explotación
de un vasto territorio de 111.843 kms2, el cual representa el 12% del territorio nacional y equivale
a la extensión de todo el territorio de países como Cuba o Bulgaria y que contiene reservas de oro,
diamantes, hierro, coltán, bauxita, entre otros minerales.

A la fecha ya se han firmado algunos acuerdos y memorándums de entendimiento con empresas


transnacionales canadienses, estadounidenses, chinas, italiana, congoleña, entre otros. El
Gobierno Nacional ha acelerado el avance del proyecto y ha flexibilizado notablemente los marcos
de negocio para la explotación minera en el país, ofreciendo atractivas ventajas al capital foráneo.
Los detalles de los acuerdos no son conocidos por la opinión pública y lo que se conoce de los
mismos representan convenios sumamente desventajosos para Venezuela. La situación de crisis
económica, la creciente necesidad de endeudamiento y las numerosas demandas que contra
Venezuela se procesan en el CIADI (Banco Mundial), favorecen a esta condición de debilidad del
Estado venezolano ante el capital transnacional. El Gobierno Nacional ha anunciado que este
proyecto se impulsa para la construcción de una “nueva economía” que contribuya a su
“diversificación”, rompiendo con la tradición de ser un país monoproductor. También ha
anunciado el objetivo de convertir a Venezuela en una potencia económica media y que la minería
que será impulsada se realizará de manera sustentable respecto al ambiente. Desde el mismo
anuncio por parte del presidente Chávez, algunas organizaciones indígenas y voces críticas se
pronunciaban en contra del proyecto. No es sino a partir de la promulgación del decreto 2.248
cuando comienza una nueva fase del conflicto, con numerosas declaraciones de organizaciones
sociales, indígenas, movimientos de base del chavismo, intelectuales, académicos, artistas, entre
otros, que denuncian los terribles efectos que tendría la concreción de este proyecto.
Comunicados, protestas de calle, recursos jurídicos, foros y talleres, propuestas narrativas y
artísticas, han sido desarrolladas en una campaña que ha venido creciendo a escala nacional. Se
han señalado los terribles impactos ambientales que tendría el desarrollo del A.M.O. en la región
Guayana, una muy delicada biorregión en la cual más del 70% del territorio del estado Bolívar y un
49% de Amazonas están protegidos bajo regímenes de administración especial (ABRAE), donde
está terminantemente prohibida la minería. Extraordinarias amenazas se ciernen también sobre
los 19 pueblos indígenas que habitan esta zona. Una profundización del rentismo y el
extractivismo ha sido también señalada en las protestas, ahora con una mayor incidencia de las
corporaciones mineras transnacionales.

A pesar de las numerosas críticas, el Gobierno sigue adelante con el proyecto y asegura que nada
lo va a detener. Ya se han iniciado actividades de exploración, con miras a iniciar el proceso de
certificación de todas las reservas mineras de la zona. Ya se han mostrado unos primeros indicios
de criminalización de las protestas por parte de algunos voceros oficiales, incluyendo el presidente
de la República, quien ha asegurado que detrás de los que protestan contra el proyecto hay dinero
de las mafias mineras. Las movilizaciones han crecido y se mantienen constantes, en un contexto
de severa crisis económica y política.

Convocatoria de la plataforma contra el Arco Minero para la concentración del día mundial contra
la megaminería, 22/7/2016 Source: https://twitter.com/sebasdaniel/media

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