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Universidad Nacional de Colombia

Seminario de historia de la lectura II


Valeria Alejandra Berón Cerón

El libro álbum y sus códigos de lectura

En este breve texto hablaré del libro álbum como «un tipo de lectura» en el campo de la
«literatura infantil», alejándome de los estudios y análisis que lo ven como un «género
literario», ya que si se entiende a un género literario como «[…] un conjunto de constantes
retóricas y semióticas que identifican y permiten clasificar los textos literarios […]» los
libros álbum no podría cumplir con estas características ya que «son increíblemente
diversos, híbridos y omnívoros a la hora de incorporar influencias directas. Esta diversidad
hace que sea muy difícil observar rasgos genéricos; además, muchos álbumes se podrían
inscribir en géneros narrativos ya existentes: por ejemplo, en el policial, o en la narración
psicológica […]» como mencionó la investigadora Cecilia Silva (2012). Entonces, si se
tiene en cuenta que los grandes géneros literarios son: el cuento, la novela, el mito, la
leyenda, la fábula, la crónica, la epístola, el ensayo, la epopeya, la lírica; y que en cierta
medida un libro álbum puedo incluir algunos de estos en su temática: ¿en dónde
categorizamos esta propuesta de lectura o a esta forma narrativa?

Lo más lógico es que relacionemos al libro álbum con la literatura infantil y el mundo de la
infancia, debido el hecho de tener un gran componente gráfico, puesto que en los inicios de
este tipo de lectura su producción «estaba destinada a los niños, con la idea de que la
imagen les aliviara la carga de lectura» (Silva, 2012). Pero en la actualidad, está idea se ha
trasformado, y cuando vamos a librerías y por curiosidad comenzamos a leer libros álbum,
nos encontramos con que muchos de estos no parecen estar dirigidos exclusivamente para
niños, sino para todos los públicos. A lo largo de este trabajo me interesa ver cómo este
«tipo de lectura» que a simple vista parece sencillo y divertido se vuelve crucial en el
mundo de la literatura infantil, por que liga a diferentes públicos lectores y además como
menciona Cecilia Silva (2012) «[…] el libro álbum es la única contribución que la literatura
infantil ha hecho a la literatura, los demás géneros han sido puramente imitativos».
Entonces, en este trabajo estudiaré aquello que le permite al libro álbum ser un tipo de
lectura que relaciona al público lector infantil con el público lector adulto. Para desarrollar
mi idea
he analizado algunos libros álbum de autores colombianos que considero cumplen con los
requisitos de mi investigación ya que, en primer lugar, son libros en los que subyacen unos
códigos de lectura, que, aunque se ha dicho que atraen a los niños, de igual forma lo hacen
con los adultos. En segundo lugar, son obras contemporáneas escritas a partir del año 2000,
y por último, son libros ubicados en la sección de literatura infantil de las librerías.

Antes de empezar el análisis se vuelve importante entrar en los conceptos que maneja
Roger Chartier en Historia de la lectura en el mundo occidental, acerca del «mundo del
texto» y «el mundo del lector». Según Chartier «el mundo del texto» es un «mundo de
objetos, formas y ritos cuyas convenciones y disposiciones sirven de soporte y obligan a la
construcción del sentido» (1998, p.13); en otras palabras, en el mundo del texto hay unos
mecanismos o señales que llevan a los lectores a interpretarlo de forma determinada. «El
“mundo del lector” está constituidos por “comunidades de interpretación” […], a las que
pertenecen los lectores/as singulares. Cada una de estas comunidades comparte, en su
relación con lo escrito, un mismo conjunto de competencias, usos, códigos e intereses»
(Chartier, 1998, p. 13).

Es entonces, la labor del lector descifrar los códigos que el autor de un texto incluye en
este. También hay que tener en cuenta que cuando un lector se acerca a un texto se
identifica con él y se proyecta en él, llenándolo de subjetividad. Por tanto, quien lee
encuentra en lo escrito elementos con los cuales se puede identificar; en el caso de las
«comunidades de interpretación» como mencioné, hay unos códigos e intereses particulares
que motivan algunos tipos específicos de lectura. Entonces me gustaría pensar, que estos
códigos que propician los libros álbum que parecen captar la atención tanto de niños como
adultos son los siguientes:

La relación imagen y texto, la cual en el libro álbum tiene una «naturaleza


intrínsecamente dual» (p. 98), ya que «[…] las palabras no se sostienen por sí solas. Sin la
ilustración el contenido de la historia se vuelve confuso. Son las imágenes las que
proporcionan la información que omiten las palabras» (Shulevitz, 1999, p. 10). Por tal
razón el libro álbum debe concebirse como una unidad. Se ha dicho que la imagen es lo que
ha ligado al libro álbum con la literatura infantil, y por ende con el público lector infantil.
Pero este elemento lo que ha hecho en los últimos años es que le ha brindado la posibilidad
a este tipo de lectura de abarcar el mundo de la literatura para adultos, ya que la imagen,
desde siempre, ha sido un objeto que cautiva, y en el caso del libro álbum construye a la
obra misma. Un ejemplo, en Colombia, de libro álbum que no está dirigido exclusivamente
para niños es Paraguas de María Villa. En este libro, por medio de ilustraciones que
parecen ser hechas a lápiz, bastante realistas, y con muy poco color, se metaforiza la
relación entre la libertad y aquello que nos impide ser libres. Las imágenes juegan con la
dualidad entre alas de pájaros y paraguas; aquello que nos da abrigo pero que cuando no
tenemos que utilizarlo nos da libertad.

De esta obra se podría decir que su público lector, indiscutiblemente, no es el de los niños
más pequeños, pero sí el de los jóvenes que comienzan a cautivarse por la poesía y adultos
que están en búsqueda de libros de literatura que se salgan un poco del formato canónico
que normalmente es ofrecido en grandes librerías, libros de más de cien páginas, con
ninguna o pocas ilustraciones. Uno de los aspectos que me cautivo de este libro álbum es
que cuando lo encontré no estaba ubicado en un sitio de literatura para jóvenes, ni tampoco
como un libro de poesía, mucho menos como un libro para adultos: estaba en la sección de
literaria infantil. Me surgió entonces el interrogante ¿qué consideran en una librería que es
literatura infantil? Según John Rowe Townsend (2001) «[…] a largo plazo se puede
considerar que la literatura para niños está conformada por aquellos libros que son
asignados a la sección infantil por consenso entre adultos y niños» (p. 34). Esta definición,
bastante pragmática, deja a corto plazo en manos del editor decidir que es literatura infantil,
con la posibilidad de incluir las obras, según su criterio, en la lista de literatura para adultos
o en la lista de literatura para niños. Entonces, si un libro álbum es asignado a la lista de
literatura para niños, aunque no lo sea exclusivamente, como sucede con Paraguas, va a ser
más difícil que un adulto o un joven excedan a este.

Continuando con la relación entre imagen y texto hay un libro de Jairo Buitrago de título El
señor L. Fante que, si nos guiamos únicamente por la narración escrita de la obra, nos
encontramos con la historia de un personaje, un señor «común corriente», solitario, que
como ser solitario recuerda constantemente a sus seres queridos que ya no están, la
situación en el mundo y hasta darle comida al gato. Pero si leemos la historia con las
imágenes veremos que el señor L. Fante es literalmente un elefante en medio de la vida
cotidiana de la ciudad, por lo tanto, no parece ser un señor tan común y corriente.

Como ya he mencionado los libros infantiles y la ilustración son elementos que han estado
ligados históricamente, se podría poner como referente el Orbis sensualium pictus,
enciclopedia para niños creada en 1658 por Amos Comenio, considerada como el primer
libro ilustrado para un público infantil en occidente. Pero la imagen en los libros infantiles,
en la actualidad, ya ha dejado de tener solo una función pelágica. Como menciona William
Moebius (2005) la ilustración en los libros álbum proporciona unos códigos de lectura,
interactivos, simultáneos y que no siempre son congruentes con el texto, por tal motivo en
los libros álbum, aunque se exprese algo en la imagen no necesariamente tiene que ser lo
mismo que se expresa en el texto, como es el caso de El señor L. Fante. Considero que este
juego que se genera en los libros álbum entre imagen y texto propicia la creación de
ambientes difíciles y «caóticos», algunas veces camuflados por la idea de que como es un
texto infantil lo que se construye en él probablemente es una nimiedad. Pero la verdad es
que muchas veces los libros álbum logran representar la realidad de la cotidianidad del
hombre mediante «[…] figuras de nuestra propia dinámica confusa y búsqueda del orden»
(Moebius, 2005, p. 129).

El hecho de mencionar la dinámica confusa que mantiene el libro álbum entre imagen y
texto me lleva a hablar acerca del segundo código de lectura, que es el de la
indeterminación, este es un aspecto que se ha estudiado en numerosos ensayos, se le ha
visto como un elemento posmoderno, pero es algo que ha estado en la literatura desde hace
varios siglos. La indeterminación se da cuando los relatos se construyen sobre brechas y
sobre ausencias (Lewis, 2005, p. 99). Como es sabido una gran cantidad de libros álbum
suelen romper con algunos esquemas de la literatura infantil, como la linealidad en la
historia, la configuración de personajes principales que sean fáciles de identificar, o una
coherencia en la construcción del mundo a través de la historia. Esta característica del
código de lectura que brinda el libro álbum se le ha asociado con (el mundo indeterminado
de la niñez), como afirma David Lewis (2005):

«La actitud de esta clase de libro parece asumir una audiencia para la cual la naturaleza, el
mundo y la actividad llamada “leer” están en un constante flujo. Culler habla de aquellos
lectores que han aprendido “…lo que puede hacerse con las obras literarias,” pero para los
lectores que se inician, este problema aún no está resuelto. Preguntas como qué es leer, qué
es un libro y qué es un relato permanecen abiertas. […] Los autores de libros-álbum se
dirigen a una audiencia que no da nada por sentado empleando un despliegue de fluida
inventiva que otros escritores que se dirigen a lectores más experimentados pocas veces
pueden emular» (p. 98).

Esta idea de Lewis es refutable, en la media de que la literatura es algo que se va


trasformando a medida que pasa el tiempo, y decir que un adulto ya sabe qué hacer con la
literatura y bajo que parámetro calificarla u organizarla, a mi parecer es bastante arriesgado.
La idea de que hay una estrecha relación entre el libro álbum y el mundo de la niñez debido
a que la indeterminación es una constante en ambos elementos también es cuestionable, ya
que el mundo de un adulto, del ser humano en general, siempre será indeterminado.

Un ejemplo de indeterminación en un libro álbum colombiano es por ejemplo Toro rojo de


Dipacho, en esta obra el personaje principal es un toro al que no le gusta nada, ni en lugar
el que habita, ni los seres que lo rodean. Hasta que encuentra una laguna en la que se
sumerge.
Después de esa escena los colores de la ilustración cambian; ya no hay texto, ya todo se ve
más calmado. ¿Pero qué sucedió?, ¿el toro dejo de odiar todo?, ¿se desprendió de su enojo?
Evidentemente, el final de esta obra queda a interpretación del lector el cual es el encargado
de consolidar el sentido de la obra.

El tercer código de lectura que subyace en el libro álbum es el de la ruptura de límites,


que surge cuando ocurre una «transgresión de barreras» (Lewis, 1999, p. 101). Por ejemplo,
en la obra de Claudia Rueda A veces, un libro álbum escrito en segunda persona, que parece
que constantemente estuviera interpelando al lector, se construye un juego entre el narrador
y el personaje protagonista que rara vez puede suceder en un libro ilustrado de literatura
infantil. Además, el hilo narrativo de esta historia queda en un segundo plano ya que lo
principal es la descripción de las emociones de la protagonista. En este libro, mientras en
las páginas del lado derecho aparecen imágenes en las que se dibuja el marco de un espejo,
en el que se refleja la imagen de una niña que busca entender su estado de ánimo, en las
páginas del costado izquierdo veremos solo texto, en el que el narrador lanza afirmaciones
como: «A veces te ahogas en una gota. Otras, el océano te queda estrecho. A veces caes en
una tormenta y no te mojas. Y otras te tumba un suspiro […]» (Rueda, 2012). El espejo que
se ilustra en el libro tiene como función representar las emociones que describe el narrador,
quien parece interpelar al lector, y al mismo tiempo mostrar la figura de una niña. Esta
propuesta de lectura que brinda el libro álbum se le considera como subversiva en el mundo
de la literatura infantil ya que hace que el lector participe activamente tanto en la lectura de
las imágenes, como del texto, conectando las historias que construyen ambas partes. Pero la
ruptura de límites en una obra no es un elemento que únicamente se encuentre en los libros
álbum, este es un código de lectura que se viene aplicando en la literatura occidental desde
el siglo XVII, por lo que se puede ver como un elemento que conecta lo que es el libro
álbum con géneros literarios que no están dirigidos a la infancia.

Después de este breve recuento acerca de algunos de los códigos de lectura que se
construyen en el libro álbum y que llaman la atención tanto al público lector infantil como
al público lector adulto, surge la pregunta ¿para quienes, a fin de cuentas, se dirigen estos
textos? Según Umberto Eco, las obras literarias, implícitamente, tienen un lector modelo
que es el encargado de completar los espacios vacíos que deja el texto, y de actualizarlos.
Esto hecho se debe a que el autor de un libro prevé unos caminos de lectura, que son los
que el lector modelo puede interpretar en la obra. Es decir, que en todo texto el autor
incluye una estrategia para prever los movimientos de su lector.

Para organizar su estrategia textual, un autor debe referirse a una serie de competencias
(expresión más amplia que “conocimiento de los códigos”) capaces de dar contenido a las
expresiones que utiliza. Debe suponer que el conjunto de competencias a que se refiere es el
mismo al que se refiere su lector. Por consiguiente, deberá prever un Lector Modelo capaz
de cooperar en la actualización textual de la manera prevista por él y de moverse
interpretativamente, igual que él se ha movido generativamente (Eco, 1993, p. 80).

Entonces, independientemente de encasillar si los libros álbum son escritos para los niños,
o no lo son, el lector modelo de estos libros es quien puede descifrar y disfrutar de los
códigos de lectura que se consolidan en el texto. Por tal razón, las obras que se han
mencionado a lo largo de este trabajo, tienen en común que, aunque están ubicadas en la
sección de literatura infantil, los temas que tratan y la forma en la que lo hacen generan un
puente que permite la interacción entre diversos públicos lectores, aspecto fundamental de
lo que es el libro álbum.

Para concluir este análisis es importante tener en cuenta que, pese a que en los últimos años
el estudio teórico de la literatura infantil ha cobrado valor, aún prevalece la idea entre los
diferentes públicos lectores de que las obras que se encuentran en este campo deben ser
leídas en la infancia y que si se leen en la adultez es difícil encontrarles el mismo valor. Por
lo cual, la mayoría de reseñas de obras de libros álbum se quedan en lo temático y en el
estudio general. Lo que ocasiona que los lectores se acerquen a la literatura infantil
predispuestos a enfrentarse con una literatura más sencilla y fácil de entender, lo cual no es
cierto, porque como he mencionado la literatura infantil tiene la posibilidad de desarrollar
cualquier tema; desde el más complejo al más simple. Por lo tanto, creo que la importancia
de este trabajo radica en cuestionarse qué está pasando, en cierta medida, con lo que
consideramos que es literatura infantil

Bibliografía
 Cavallo, G., y Chartier, R. (1998). Historia de la lectura en el mundo occidental.
España: Taurus.
 González, N. (2012). [Entrevista a Cecilia Silva]. Revista de letras. Recuperado de:
http://revistadeletras.net/cecilia-silva-diaz-el-libro-album-es-un-terreno-propicio-
para-experimentar/
 Lewis, D. (1999). El libro álbum. Invención y evolución de un género para niños.
“La constructividad del texto: el libro-álbum y la metaficción”. Caracas : Banco del
libro. (págs. 86- 101).

 Rueda, C. (2012). A veces. México: Océano travesía

 Sánchez, D. (2016). Toro rojo. Colombia: Milserifas.

 Silva-Díaz, M. C. (2005). La metaficción como un juego de niños. Una


introducción a los álbumes metaficcionales. Recuperado de: https://ciie-
r10.wikispaces.com/file/view/Silva_D%C3%ADaz._Metaficción..pdf

 Umberto Eco. (1993). Lector in fabula: la cooperación interpretativa en el texto


narrativo. Barcelona: Editorial Lumen. (p. 80).

 Uri Shulevitz. (1999). El libro álbum. Invención y evolución de un género para


niños. “¿Qué es un libro-álbum?”. Caracas : Banco del libro. (págs. 8-13).

 Villa, M. (2012). Paraguas. Colombia: Tragaluz Editores.