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mihmiMmimñm

ISBN 978-950-08-4089-7
Patricia
Ili
toda romana, solo se preocupa por el poder
¿AMOR CORRESPONDIDO?
púrpura batida para teñir mantos. Calpurnia
nido que compartirlo con otra romana vieja y
Servilla. ¡Servilla!, una matrona que tiene un
tan soso y mediocre como ella, Marco Bruto.
nos afirman que el muchacho es hijo ilegítim
César. La gente habla mucho y sobre todo p
tiene lengua.
La afición del César a las señoras hermo
D E ENTRE LAS PREGUNTAS SOBRE LO QUE ACABO
proverbial; no hace tanto, cuando entró triu
de contar, surge seguramente entre ustedes la más
te en la Galia, sus groseros soldados gritaban
obvia: ¿es que acaso podrá amarme el César, Ca-
va voz: "¡Les traemos al irresistible galán
yo Julio César, Emperador de Roma y por ende
del mundo: cuiden a sus mujeres!". Bravucon
Amo del Mundo, militar excelente, que sufre desde
de soldados, pienso yo (aunque es cierto que
muy pequeño la enfermedad divina, la epilepsia?
tá quedando pelado y lo sabe: tiene una obs
Julio César, ¡gran orador y tremendo mujeriego!
con el asunto y se cubre la calva como pued
Para casarse con su primera esposa, Cornelia, rom-
esos flequillitos romanos tan graciosos, qu
pió su compromiso con Cossutia. El pueblo rumo-
hacen parecer perritos de aguas).
rea que fue a Cornelia a quien amó de verdad
Los poetas sugieren que el César en su
porque cuando ella murió, le dedicó un discurso
amorosa mantuvo ardientes romances con
fúnebre halagándola, algo que ningún romano ha-
chas damas, pero que de verdad no se enamo
bía hecho nunca antes por una mujer. César está
más de ninguna. (¿Y no habrá sido porque e
casado en terceras nupcias con Calpurnia (una mu-
esperando por mí, Cleopatra V I I , para que a
jerona más sosa que un huevo sin sal), que, como
La reina del Nllo
magno rey, ¿podrá sentirse cautivado por una mu- IV
chacha de dieciocho años, baja, menuda y con ENROLLADA PARA CAYO JULIO CÉSAR
una nariz cuya largura da que hablar a su pueblo?
¿Seré para él nada más que una conveniencia po-
lítica, una reina al paso? ¿O me amará como nun-
ca antes amó a nadie? M u y bien, muy bien; oigo
con atención la pregunta que se me hace. La res-
puesta es la siguiente: no lo sé. Ya se sabe cómo
funciona Cupido, el pequeño dios romano de los
desvarios amorosos. El muy miope de Cupido lle- CÉSAR ESTABA EN MI PALACIO, MIEN
va a sus espaldas un carcaj con dos clases de fle- habían expulsado de él a instancias d
chas: las de oro, que dispara directo al corazón Ptolomeo X I I I , que en ese entonces
provocando el amor a primera vista; y las de plo- minado por el eunuco Potino y por
mo, que producen aborrecimiento. N o creo yo conté arriba pero vuelvo a contar po
que Cupido haya cometido la maldad de pinchar pierdan el hilo de la historia con ta
al César con flechas de plomo cuando, por prime- enfrentamientos y tantos nombres. D
ra vez, posó sus ojos en mí. bía quedado en el palacio, en la cá
bonita, tapizada con pieles de leopa
cebra que mi padre recibió como reg
Numidia. Su ayudante, Rufio, le esta
César un jugo de frutas. Como no
carme a mi propio ex palacio como h
—en litera y rodeada de mi séquito
ventarme una añagaza, una trampa p
La reina del Nilo
Ya saben aquello que los romanos creen del Enga- apenas yo recuperara el pode
ño: que es una doncella bellísima hasta la cintura y entonces de buen grado a ayu
que el resto de su cuerpo es un escorpión. Por eso camos un buen tapiz; es decir
ella, con una mano trata por todos los medios de un buen tapiz, de dos metros
esconder su aguijón, y con la otra ofrece un panal Encontró uno que tenía bord
de miel a los amantes. En fin, a veces el Engaño fue la figura de Horus, el dios c
la única forma que encontré para llegar con éxito a protector de m i país. Como y
mis metas. clusivamente a la madre Isis
Esa vez hube de recurrir a la ayuda de Apolo- Horus en el tapiz no me hiz
doro, un mercader de tapices finamente bordados no teníamos más tiempo que
y de cuadros. Él se dice artista, porque sabe com- uno de mis ayudantes tendier
prar telas que tienen algún valor especial, así como me acosté y me enrollaron de
venderlas al cliente adecuado, que habrá de admi- lo ató muy justo con un cordel
rarlas y cuidarlas a través del tiempo. Para mí no garon hasta un bote que nos c
es más que un vulgar comerciante, poco paciente ra recobrado— palacio. Los s
con las gentes que van a comprarle y a pichulear querían dejar pasar, y Apolo
sus precios, un arte que en Egipto es muy aprecia- para convencerlos. Apolodor
do. Apolodoro es siciliano y puede hablar el latín cho tino para hacerlo: o sea, ¡
con facihdad; cuando le conté m i plan gritó como villas del arte!, ¡a ellos, a los s
loco y se mesaba los cabellos y se mordía los pul- quienes el mayor producto
gares. Abrí la tapa de la canasta en donde vive mi apreciar es la pata de carne
mascota Abu y un poco se llamó a recato y se ca- agria! Entonces Apolodoro e
lló. Pero Apolodoro se negaba a secundarme en m i chillar que no se iría de allí si
plan, así que lo amenacé con cortarle la cabeza César. Por ese motivo, llegó R
La reina del Nilo Patricia Su
del Emperador, y preguntó de malos modos por qué Apolodoro desató el cordel y de golpe
tanto escándalo. Mientras yo, desde dentro, le susu- ránnn!: la Reina de Egipto, la mismísima des
rraba amenazas ("Si renuncias a convencer a los ro- diente del general Ptolomeo, con la peluca despein
manos, olvídate de que llevas una cabeza sobre los y el kohol corrido por toda la cara. N o obsta
hombros"), Apolodoro hizo acopio de paciencia y créanlo o no, mis amados lectores, fue en ese mi
tragando saliva explicó que el tapiz representaba al instante, con la primera mirada de Julio César,
dios egipcio Horus, que era de buena fortuna y de la saeta de oro del travieso de Cupido penetró
buen talante de parte del Emperador aceptar la mi corazón y caí rendida a sus pies. El Emper
ofrenda para no desatar después una guerra con los se arrodilló a observarme mientras yo yacía e
egipcios. suelo. "¿Quién es?", preguntó. Rufio bufó: "C
Desde el interior del palacio llegaba la voz del patra. ¿Quiere que la mate. Emperador?". "No,
César: "¡Rufio, Rufio! ¿Dónde está mi cepillo de Dime nada más qué edad tiene. ¿Diez, doce año
los dientes?" Sí: César es muy cuidadoso de su hi- "Cumplirá dieciocho la próxima estación,
giene dental y es por eso que tiene una sonrisa tan César", respondió Apolodoro. " A h " , suspiró e
estupenda. De pronto, apareció. N o pude verlo del mundo, "entonces muy bien puedo enam
pero sí oír cómo con cuatro palabras ordenó a sus me de ella".
soldados acompañar a Apolodoro con su tapiz a Desde esa noche, Julio César y yo som
sus aposentos. Rufio le sugirió: "César, esto es del uno para el otro, el Sol y la Luna. Desde esa n
todo contrario a su seguridad...". Él le respondió: ha pasado ya más de un año y debo decirle
"Estoy seguro, no temas, mi querido Rufio". Su- muy, muy importante. M á s importante que
bimos escaleras, me golpeé el morro con una co- lo que pudiera suceder, a excepción de mi m
lumnata, después bajamos escaleras, doblamos en o la suya, y que cambiará con seguridad el de
un pasillo demasiado estrecho y al fin... ¡al fin en- de Roma, que es el destino del mundo.
tramos en la recámara del César!
V la Bona Dea, Venus y Belona, p
con una egipcia (una reina egipci
LA E N F E R M E D A D DE LOS COMICIOS
esclava. Rufio entró y en dos zanc
lado, le metió a César un rollo de
ca, transversalmente, para que lo
fuera a lastimarse la lengua, segú
Todo el ataque habrá durado un
durante el cual el corazón me gal
cervatillo. O diré mejor —ya qu
poético y yo adoro la poesía— qu
L A PRIMERA N O C H E Q U E PASÉ C O N CESAR F U I T E S -
galopaba como una paloma que
tigo de uno de sus secretos mejor guardados: su en-
¿Se imaginan ustedes una paloma
fermedad. Estaba yo quedándome dormida entre
fio ayudó a César a incorporarse
sus brazos, cuando un temblor l o sacudió. A l co-
go trabó la puerta y me habló.
mienzo pensé que se trataba de u n temblor de l a
tierra, del mundo, y luego que era el castigo que me —Nuestro César padece la en
enviaban los dioses egipcios por haber tenido algu- comicios. Es un secreto, su Majes
na clase de amor con los romanos, nuestros opre- celosamente guardado.
sores. Pero al poco comprendí que los temblores —¿La qué? —^pregunté. Era la
sobrecogedores venían del propio César. Cuando escuchaba esa palabra.
se levantó del lecho cayó al suelo, agitándose, y le —La enfermedad de los co
salía espuma por la boca. N o como a un perro en- medad sagrada, según el sabio Hi
fermo, sino que era saliva, se le juntaba demasiada —¿Epilepsia? —inquirí.
saliva y había puesto los ojos en blanco. Me dije —Sí. Nosotros —explicó Rufi
que a lo mejor a él lo castigaban los dioses latinos. enfermedad de los comicios. Porq
Patricia Suárez
La reina del Nllo
se reúne la Asamblea para debatir algo, si alguno A matarla antes que usted comente sobre la enfer-
de los ciudadanos padece un ataque, el comicio se medad.
suspende. Es una dolencia que se considera de ma- —¡A mí! ¿Estás intimidándome, Rufio.' Eres
la suerte, la maldición de Apolo. menos que un perro, ¿y te atreves a amenazarme?
—Hace ciento cincuenta años Hipócrates es- —Sí.
cribió que no es ninguna enfermedad divina, sino -¡¿Sí?!
que le dicen así porque no se conoce la causa —in- —Lo haré en nombre de César. Ya sabe lo que
formé. Para algo tiene que servirme haber leído tan- dice la gente de César y lo escribe por las paredes
tos libros, pensé mientras hablaba—. Sin embargo, de toda Roma: "Julio César es amor".
Hipócrates considera que es una enfermedad que —Eres menos que un gusano, Rufio.
proviene del cerebro, y que el cerebro humano, lo Así dije y me marché; por dentro pedía a Isis
mismo que el de los animales, está dividido en dos y a Anubis que me protegieran, porque sentía los
partes y... pies de Rufio venir detrás de mí. Pero la voz cas-
—Sí, sí, sí —masculló Rufio a la par que le cada de César sonó:
daba de beber agua al César—, muy sabio para —Déjala ir, Rufio. Ella no hablará una palabra.
usted, Majestad, que es una reina y ha tenido ac- Con César es siempre así; amor, terror, pero
ceso a la biblioteca m á s grande del cosmos. Pero nunca la paz.
para la plebe romana y para la soldadesca, esta
enfermedad es la maldición de Apolo. Y César no
empañará su fama por la mala suerte de estos
ataques que le han caído desde hace un par de
años. Y tampoco arruinará su popularidad entre
los ciudadanos por una lengua indiscreta que ser-
pentee sobre estos asuntos. César preferirá enviar
VI porque espero ser la madre de u
LOS VAIVENES DE MI ALMA da r, el único heredero varón de
Julia ya es bastante mayor y est
be mejor que nadie que, según l
NJ no tiene un heredero varón q
conserve su apellido, deberá ad
cho. Por eso yo le daré ese hijo d
necesita tanto. Porque estoy seg
rá un varón: una mujer como y
INTENTO HABLARLE A L CÉSAR D E M I AMOR. D E M I de enfrentarse al mismo dios S
amor o de m i reino, m i arte de reinar; ambas co- los malvados, solo puede engend
sas son un poco lo mismo, y por momentos, inter- Hace tres días, César apunt
cambiables. Lo intento por todos los medios, no tas para un escrito: Comentarios
solo me esmero en persuadirlo con platos sucu- Alejandría. Mi guerra, por deci
lentos y festines y flautistas. Espero a que los es- llón de que en él hable de mí, de
clavos desaparezcan de la sala y tomo el abanico y tal vez, quién sabe, tal vez ose
de plumas de avestruz de manos del esclavo nubio, timientos hacia la joven y bella
para apantallar a César y espantar las moscas que Por momentos me siento en
vuelan alrededor de nosotros. En Egipto hay de- rámide, amada y con el mundo
masiadas moscas y hacen nuestra vida muy moles- tonces, la sangre bulle dentro de
ta. Cuando finalmente logramos quedarnos solos, burbujas y espesa, un poco com
arremeto contra él. Tengo que darle la noticia de lo que beben en todo Egipto y dice
que está ocurriendo dentro de mi cuerpo y que es pio Tutankamón. Pero luego se
fruto de su amor y del mío. Me siento orguUosa
La reina del Nilo
mi alma, botando de un lado al otro del palacio y tiempo más tarde, en noviem
maullando de alegría, y me sumo en una negrura nuiltiplican los corderos en
peor que la del reino de la nada. ¿Y si el empera- sería signo de que mi hijo se
dor Julio César me enviara a matar por ser porta- perador pacífico... ¡o que s
dora de un hijo suyo? romanos!
Este sube y baja de mis emociones me tiene Ay, estoy tan atribulada
exhausta, pero mi criada. Tutu, de quien hablaré César, motivo de mi fre
más adelante, expUca que es propio de las emba- lugar de dedicarme sus mom
razadas. Además Isis protege a las mujeres que —que son escasos, vale la p
darán a luz y yo soy devota de la madre Isis. Aun- el día entre contemplarse en
que no soy del todo una mujer, quiero decirle: soy o escribir rápido como un c
una reina, sí, pero también aún soy una niña. Da periencia guerrera en la Gali
igual, asevera Tutu, la edad y la jerarquía de quien trarse en el África y apoderar
lleva a un hijo en su seno. Tutu afirma estas cosas, comentan los espías de mi rei
¡pero ella no ha tenido ningún niño, así que no na: que quiere el reino de M
puede saber con certeza de lo que le hablo! hacer suya a la reina Eunoé,
.¿Nacerá el bebé para cuando crezca el Nilo? gud. La gente habla porque t
Eso sería un signo de suma fortuna, de prosperi- llo, me arranco la peluca, m
dad. El río Nilo crece y se desborda; cuando vuelve ¡C^ésar ama solamente a Cl
a su cauce, deja un estrato de tierra negra y fértil callan, mis sabios hacen un si
donde brota casi cualquier semilla que se plante. un rumor que suena: Eunoé e
Nosotros, los egipcios, adoptamos como color fa- que cualquier griega y cualq
vorito el negro, porque nos recuerda el limo fecun- de comentarios me pone ta
do del Nilo. M i niño también podría nacer un morder por mi áspid para ac
Patricia
VII de ese sobrino que el César considera una pie
OCTAVIO oro.
Quiero interrumpirlo, decirle que nu
reinos ya están unidos porque llevo el frut
nuestra alianza en el vientre, pero él me sigue
do la lata con el joven Octavio. Salgo con la
za hecha una calabaza por culpa de la jaquec
me provoca tanto Octavio esto. Octavio lo
¡estoy hasta la coronilla de Octavio, la octav
C O M O SI FUERAN POCAS MIS T R I B U L A C I O N E S C O N ravilla! Además, el juicio del tío sobre el so
el pueblo egipcio y mi amor tan mal correspondi- no me resulta del todo confiable. Hoy Octa
do, el tirano César trata de meterme ideas extrañas el ser humano más perfecto de la Tierra y m
en la cabeza. N o , en la cabeza no. N o exactamente es una rata del puerto más mísero. Hoy es e
en la cabeza. En el corazón. Intenta ligarme a un chacho de una inteligencia prodigiosa, criad
sobrino suyo de trece años, Octavio. Ya bastante los mejores perros molosos para las legion
mala experiencia tuve con mi hermano, el difunto poeta que ansia hallar el verso exquisito
Ptolomeo, para que me venga a endiosar a un mo- plasmar su obra, y por supuesto el galán per
coso de trece años. Me parece que a César no le im- limo tanto para una matrona romana como
porta cuál es el grado de mis afectos; es decir, si una reina oriental... Y al día siguiente, Cés
llegaría a gustarme Octavio, si podría amarlo o clara: "El niño de mi hermana es un joven d
aun si detestándolo considero posible una unión table habihdad, ambicioso, sensato y total
marital con él para aliar definitivamente nuestros cruel. Desgraciadamente su salud es deficient
reinos. Octavio es tan atractivo como un espanta- ro también lo fue la mía a su edad. Si vive, h
La reina del Nilo
ahora prefiere la poesía por sobre la política. Es VIII
imposible ser joven y no ser un idealista. Yo era M A R C O ANTONIO Y QUIÉN
igual a su edad y ya está visto, me he convertido SABE CUÁNTOS M Á S
en el amo del mundo, un general capaz y resoluto
y como si fuera poco un escritor excelente. Por las
venas de nuestra familia corre la Uteratura. A n -
dando los años dirán de Octavio lo que hoy escri-
ben de mí en todos los muros: 'Octavio César es
amor'".
Tal vez Cayo Julio César esté loco de remate C O M O CADA V E Z Q U E E L CÉSAR
y yo tan loca como él, por embarcarme en este lU querido y portentoso sobrino
amor. Sin embargo, ni siquiera oso pronunciar es- go los ojos en blanco o resoplo co
tos pensamientos en voz alta. ¡Habrá que ver si furioso, ha decidido ofrecerme
ese mequetrefe hereda alguna vez el trono de Ro- eventuales pretendientes para co
ma! Ese alfeñique de Octavio, ese don nadie, ru- na de Egipto y guiarme en el mo
bio hasta decir descolorido, flaco como una espiga que deberé seguir. Esta actitud de
de trigo que se troncha con el primer viento. ¡No, de César, francamente, me saca d
no y no! El trono de Roma será para m i hijo; pa- también me seca la paciencia co
ra nuestro hijo. Antonio, su segundo. El mismo q
misión a negociar con mi difunto
yo apenas tenía once años. " Y quié
César con voz de Celestina, "si A
prendado de t i cuando eras una n
bre de confianza ha mirado con a
La reina del Nilo
de once años? Así que César, además de querer IX
quitarme de encima como quien se sacude el pol- MASIA PARA EL NIÑO POR NAC
vo del desierto, desea casarme con un pederasta.
Un hombre que, como si fuera poco, tiene fama de
cabeza fresca, de mujeriego, jugador, dispensador
de demasiados favores, taimado, hipócrita, des-
leal. Según mis espías, el tal Antonio únicamente
le es leal al César, porque ya se sabe la frase que
viva toda la soldadesca: "Julio César es amor".
Cicerón, el gran amigo de César, por lo bajo El, NIÑO D E N T R O D E M Í M E
apoda "la tropa de vampiros" a Marco Antonio y lingre y tengo miedo de perd
Curión, Celio y Dolabela, Vatinio y los demás que t la gran comadrona del Mu
lo siguen lamiendo su toga cual perritos falderos. lentó paños de lino y los pus
Como yo rechazo también esta opción, César pitiendo una vieja, vieja fórm
pronto vendrá a ofrecerme algún otro magnífico dolores femeninos:
legionario del montón, por ejemplo, esos roñosos
mata-galos que no tienen dónde caerse muertos. Tres mujeres están senta
¿Y por qué no un gladiador del circo romano de tienen las entrañas huma
la Ciudad Emérita donde se apoya el mundo? Ya La primera las mueve,
que me quiere lejos y me humilla con estos ofreci- la segunda las cierra,
mientos, ¿por qué no me envía a la Luna de nup- la tercera vuelve a coloc
cias con su lugarteniente?
Estas intenciones suyas me sumen en una amar- Al cabo de un rato, el
ga melancolía. permanecí acostada todo el
La reina del Nilo
de que César se preocupara por m í y apareciera X
buscándome afanoso. N o fue así, sino que Tutu lOBRE ALGUNAS REGLAS DEL REINAR
me entretuvo, contándome viejas historias y aven-
turas de los dioses egipcios y de los dioses de los
asirlos que en el pasado invadieron Egipto. Cuan-
do me sentí mejor, ya era el atardecer y se veía la
constelación del Perro en el cielo y me puse a dis-
cernir cuál era su oreja y cuál su rabito y así pasó
también la noche.
Sé HABLAR BASTANTE B I E N SEIS IDIOMAS.
do8 modos, el latín me da más trabajo de
dría esperarse y el César (yo lo llamaría
ta intimidad del palacio; pero sigo dicién
lar, porque no quiero quedar como una
Cuda, ni una indiscreta revelando, por
que en mis papelitos de amor le escribo
Bichito de Luz y Escarabajo Chinchudo
porque se enoja y monta en cólera con
cilidad), solo para hacerme rabiar, pron
lante de mis sirvientes frases latinas con
Incomprensibles y alocuciones imposibl
tender. Los sirvientes entonces me miran
ama, esperando a que yo traduzca al gr
La reina del Nilo
tonta y de analfabeta. Acto seguido, el César, el de los ángeles tiene un no sé qu
p a t r ó n de Roma y dueño del mundo, lanza una r i - tre o de pato salvaje. Digamos
sotada que sacude las columnas de mi casa. Dibu- permanecer con vida si uno tie
jar jeroglíficos tampoco es lo mío. Los garrapateo ción de los pájaros, claro, porq
con el pincel y cuando algún sacerdote tiene la que nos comemos y las que en
osadía de corregirme, debo contener las ganas de deitripan los romanos para con
mandarlo a que le corten la cabeza. Aquí, en Egip- través de los menudos, estamos d
to, que un rey o un faraón de los de antes mande veda celeste.
a cortar la cabeza a alguno de sus subditos es lo Continúo, mejor, con la list
más natural del mundo. Lo mismo hacen los grie- personas a las que un rey puede
gos: cuando llega un mensajero con una noticia I, los que traen malas noticias, ya
calamitosa, como que se ha perdido una batalla o traen buenas noticias y deben se
ha muerto en la guerra una personahdad que pue- dioses; III, los médicos, falsos o v
de sumir en duelo a toda la nación, se lo manda a curan al rey y los parteros que n
morir. Las malas noticias nunca son bien recibi- y o a su vastago del peligro del p
das; por eso me pregunto c ó m o alguien puede que les hable de m i nacimiento,
querer ser mensajero. Nuestros vecinos los he- un maestro cuando enseña cosa
breos tienen por mensajeros a los ángeles, seres gra aprender; V, una modista qu
alados que suelen bajar del cielo a comunicar a menta no nos sienta; V I , un sirvi
los hombres advertencias de su dios, al que deno- revela intimidades que nos desfa
minan Jehová y es muy celoso. Los ángeles corren una se despierta cada mañana c
con ventaja pues si caen al palacio del rey con una dos y llenos de lagañas o que no
mala noticia y acto seguido él los manda ejecutar, tando después de un plato de gol
ellos ya se volaron a su lugar de origen. La esencia Vil, un cocinero que guisa menú
La reina del Nilo
mal a nuestro estómago; VIII, los artistas que se mucho más sentimiento que los
proponen entretenernos y nos aburren, así como yo cetro se paseara por las már
también podemos enviar a la muerte a aquellos ar- dccitliera ser severo y acatar to
tistas que sí nos divierten o emocionan, y tanto, f jccución para con su gente, e
que uno no puede reponerse del ataque de risa o de Únicamente los peces, y a menos
llanto; I X , los escultores y pintores que nos repre- y los hipopótamos —nuestros
sentan de manera que parecemos más animales del llos— aprendiesen a pararse e
valle que personas; X , cuando alguna persona, de bliir, no habría otros seres que
nación egipcia o extranjera, mata por accidente o in- Yo, en cambio, seré una reina
tencionalmente un gato; X I y etcétera, todos aque- imabilidad y su bondad y me l
llos que nos contradicen o insultan, así como nuestros intcs de mandar a ejecutar a
enemigos que suelen ser incontables y los prisioneros tiempo nada más y ya oirán ha
de guerra que también son muchos.
Acá, como pueden ver, a los verdugos nunca
les falta trabajo. Ha habido épocas en que debie-
ron reunirse y pedir al rey que les concediera un
horario de trabajo y ciertos beneficios extra, co-
mo evitar ejecutar famifiares, amigos, parientes y
algunos otros detalles sentimentales al caso. Aun-
que a veces yo haga uso de mis sentimientos, nun-
ca serán como los del pueblo. Hay una realidad
que, habiendo nacido noble y en cuna de oro, se
aprende con rapidez: la gente del pueblo, es decir,
Patricia Suárez

XI país las serpientes son un símbolo sagrado, y la


ABU, MI SERPIENTE ra engalana la corona de los faraones y repre-
ta el poder de este faraón para reinar sobre la
"ra. La cobra es la diosa Uadyet.
Antes yo tenía un gato, pero se me murió. Lo
,'enó la estúpida de mi hermana Arsínoe un día
estaba jugando. Ya les dije que Arsínoe no era
confiar; andaba de aquí para allá con sus polvos
5ÍC0S y ¡zas!, el pobre gato fue a beber del cuen-
T E N G O UNA C R I A D A Y UNA S E R P I E N T E D E M A S C O - con beleño y quedó duro en el acto. M i padre
ta. M i criada se llama Tutu y a mi áspid venenoso ntuvo el secreto de esta muerte para que Arsí-
le puse de nombre Abu-Ba: "pájaro con cuernos". no fuera descuartizada por aquellos del pueblo
Ba en egipcio significa "alma de pájaro" y Abu e adoran a la diosa Bastet y a los gatos. Trajeron
"cuernos". Es que ella es muy hábil (me refiero a embalsamador del templo de Osiris, un buen
la serpiente, ¡porque a Tutu se le cae todo de las ,mbre, habilidoso en las artes de la inmortalidad
manos!) y muy ágil y puede lanzarse de la rama nos dejó al gatito rígido para toda la eternidad.
más alta de un árbol hasta el suelo sin el menor te- :y el pobrecito reposa junto a la tumba de mi pa-
mor, como si gozara de unas alas invisibles que ~e. A l embalsamador no hubo más remedio que
pudieran sostenerla en el cálido viento de los días andar a cortarle la cabeza, porque nunca se pue-
del verano. ét confiar en que un plebeyo mantenga un secreto.
Ese gatito era una dulzura: estaba adiestrado para
¿Por qué, dirán ustedes, una reina de mi talan-
cazar pájaros: mi padre derribaba con un búmeran
te pudo encapricharse con un bicho rastrero y pon-
los pájaros que le gustaban, pájaros pequeños cu-
zoñoso.? Así es como mis subditos ven mi afición
yas minúsculas pechugas y sus míseros muslitos
por mi áspid, mi magnífica cobra. Sin embargo, en

50 51
Patricia Suárez
La reina del Nilo

servían de relleno a aves más grandes, como el gan- aró que haría correr las peores habladurías so-
so o el ibis, o como golosinas preparadas con fru- mí y sobre el poder de los Ptolomeos, y que el
tas dulces y mazapán; y el gatito iba y los recogía blo me acusaría de cruel hechicera. A lo que yo
entre sus mandíbulas y nos los traía. Después de pendí que si los sacerdotes de Tebas y de Shodú
que se rne murió el gatito, ya no quise saber nada entan a los temibles cocodrilos con sus ma-
con tener felinos en el palacio y por eso un emisa- , bien podía yo enseñar a mi serpiente. Hablé y
rio de la familia real viajó a Luxor, la ciudad sagra- ble durante un largo rato, hasta que al fin logré
da de los faraones, y mediante espías y contraespías vencer a mi padre y consintió. Hoy, m i Abu es
logró traer unos pichones de los áspides que cuida- mejor amiga, y en segundo lugar. Tutu, a quien
ban la tumba de Tutankamón. Alrededor de los ozco desde que nací y con quien bebimos leche
sarcófagos de los grandes faraones y para cuidar mismo pecho.
sus tumbas de ladrones y salteadores de caminos,
la famiUa suele dejar varios nidos de serpientes ve-
nenosas, la mayoría cobras. Eligen a las cobras por
su agresividad y hacen luchar a dos machos entre
sí: el que triunfa va con su familia a custodiar la
tumba. A l perdedor se lo convierte en adorno del
trono.

El espía que envió mi padre trajo seis ejempla-


res en una canasta de higos ma,duros; venían rela-
miéndose y agitando sus colitas. N o pude evitar
un momento de ternura y elegí a la más colorida.
Me la quedé para mí y la llamé Ba, como dije más
arriba. M i padre me criticó duramente por esto y

53
52
Patricia Suárez

XII nizan la velada. Por lo general, no hay gran-


AULETES composiciones para flauta, aunque hay con-
s y m i padre participó en unos cuantos y solo
6 uno.
El problema que afectó su reputación no fue
to su afición a la flauta, sino los lugares adon-
,le dio por practicar su música. Porque, por
pío, podría haberse encerrado a practicar en
baños, donde solo lo escucharían sus esclavos
A s í ERA COMO LLAMABAN A MI PADRE. A u L E T E S , "egado el caso de que hubiera tocado muy mal,
"flautista". N o eligieron ese nombre porque fuera iera podido mandar a degollarlos para que
precisamente un as de la interpretación musical iie comentara su faha de aptitud musical. Pero
en flauta, sino en sentido peyorativo. Entre los fue así. Evidentemente mi padre padecía de
griegos y los romanos, la flauta es un instrumento especie de sordera y estaba convencido de
menor y despreciable, un poco como si uno dijera era un gran ejecutante de flauta y un mejor
que hace música batiendo palmas. Tocan la flauta ico, razón por la cual se paseaba por toda la
por lo general las mujeres, las muchachas, en la dita Alejandría, el Faro y la Necrópolis, el An-
sobremesa de las comilonas y los banquetes. Por atro y los alrededores soplando la flauta. N i n -
ejemplo, se reúne un grupete de filósofos para dis- o de sus cuatro hijos tolerábamos un recital
cutir acerca del significado del alma o del amor; se mpleto, de modo que solía enojarse mucho y
echan en sus esteras, los camareros escancian las litar: "¡¿Por qué los dioses me atormentan con
bebidas y sirven la comida y luego, al fin, cuando "ijos tan insensibles, destructivos y blasfemos?!".
ya están hartos de afilar sus pensamientos en tor- Hubo una época, incluso, en que se le dio por
no a una idea, llaman a las flautistas. Y ellas llegan probar nuevos sonidos, extrañísimos y que nunca

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La reina del Nilo Patricia Suárez

habían sonado antes: él creía que era su inventor; • p n d o mi padre, para recuperar el poder, mandó
nosotros, que estaba medio sordo. Por aquel tiem- •kutar a la mojigata. Sé, queridos lectores, que es-
po, solía anunciar a mi hermana Berenice, la mayor wiebe de sonar espantoso, pero la verdad es que
(que aún vivía): "Cuando yo pase al siguiente mun- B]la tradición de la realeza no es algo tan extraor-
do, tú serás la estrella de la mañana y la estrella de •tiario que uno, apenas se hace del poder, acuda a
la noche". Pero Berenice acabó cobrándole inquina Wt recurso para quitarse de encima a un pariente
por el asunto de los ataques de flauta. "Padre", le •ositor.
rogaba, "¿por qué no viene usted a deleitarme a m i Br Andando los años m i padre se sosegó respec-
recámara?". Ella pensaba que podía recluirlo en su •í,de la flauta y cayó en otro vicio, el del alcohol.
cuarto y así evitar el escándalo público. N o tuvo • I bebida podía m á s que su voluntad o su deber
éxito: m i padre quería que el mundo lo conociera •ano rey y finalmente lo llevó a la tumba. Bebía
en todo su esplendor musical. El resultado fue que prveza roja y no de la otra, la clarita, que aquí
montaba en cólera cada vez que ella le pedía cesar pben hasta los niños. La roja se hace con cebada
con esos soplidos tan desafinados, y le reclamaba: Oja y suele ser pesada para el estómago y estraga
"Todavía soy la estrella de la mañana y de la no- I hígado. De todas formas, al Reino de los Muer-
che. Se hará lo que yo diga", y seguía dale que dale bs nadie lleva sus visceras, solo el corazón, que es
con la flauta por el Faro, el Museion, la Biblioteca, P ó r g a n o donde reside la inteligencia, aunque los
la Necrópolis en los momentos más santos, la Puer- •Ornanos lo discutan.
ta de entrada a la ciudad... N o es de extrañar, en- m Creo que desde que se dio a la bebida, yo me
tonces, que tiempo más tarde m i desventurada her- b o r t é mal con él. Nadie quiere tener un padre bo-
mana Berenice le arrebatara el trono y se quedara l^fracho, y en muchas ocasiones me avergonzó. H u -
sentada en él casi un a ñ o , sin mover un dedo (no 5(bo días en que rehuí su presencia para no verlo reír
era muy hacendosa). Su mayor cualidad era la mo- de cualquier tontería y hacer cosas de ebrio, como
jigatería. La historia de m i familia se vio manchada jugar con las abubillas amaestradas y enseñarle a

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La reina del Nilo Patricia Suárez
las fuentes. Su criado Rufio relató en cierta ocasión así. César permaneció de pie, solemne, y al cab
que habiendo trinchado César un ganso relleno tie un cuarto de hora sacó al ganso de los hornos
con perlas y diamantes servido en su honor en la lo examinó, hizo traer una fuente donde lo colo-
costa dálmata, descubrió que no habían limpiado caron y ahí mismo se lo comió, sentado en el sue-
bien las tripas del bicho y montó un escándalo de lo y compartiéndolo con cocineros y ayudantes
padre y madre, estrelló la vajilla contra el piso y A Rufio le cedió una minúscula parte del ala, p
despidió a los invitados de sopetón, los que huye- ra que le quedara grabado en la mente cómo es e
ron en desbandada temiendo por sus vidas. El an- sabor que él pretende en un animal asado para
fitrión, un general romano que había organizado la halagarlo.
cena, temblaba de pies a cabeza, como era lógico. Dado que el César expresó que esa noche d
Estaba convencido de que el César lo eliminaría seaba solo una comida sencilla, algo más que un
ahí mismo, sin la menor contemplación, y que tentempié, el cocinero mayor de mi palacio prepa
nada importaba cuántas batallas hubiera ganado ró cuatro abubillas rellenas con castañas y miel.
el general con sus legionarios ante el furor del rey Las abubillas abundan en las márgenes del Nilo
del mundo. Rufio cuenta que hasta él mismo tem- son pajaritos del tipo del martín pescador y den
blaba y le castañeteaban los dientes solo por ser tro de su cuerpo apenas si tienen espacio para ser
testigo de la escena. Pero el César —mi Julio— rellenadas con una sola castaña. Por eso las casta-
respiró profundo, tomó el ganso de una pata y al ñas deben macharcarse y picarse mucho.
general del brazo, y llevó a ambos hasta la coci- (Cuando yo era niña solía tener una gran jau
na. Hizo que los cocineros y los ayudantes echa- la con pájaros. Me agradaba dejar la jaula abiert
ran leña al fuego y cuando consideró que este es- para que ellos pudieran volar a su antojo durante
taba lo suficientemente fuerte, metió allí al ganso. el día. Pero desde que Abu, mi serpiente, vive con-
El general hubiera jurado que él también termi- migo, la colección de pájaros de Egipto se ha vist
naría junto al pobre bicho, sin embargo no fue tan mermada que decidí entregárselos a Tutu, q
La reina del Nilo
los envío muy lejos de aquí, a un templo sagrado desesperadamente aparentar juvent
en Menfis.) do su cabello. Ha logrado que el Sen
Nos sentamos en esterillas con dibujos pinta- lo autorice a llevar una corona triun
dos que representaban ibis y cocodrilos y los cria- lucir en todas las ocasiones y que u
dos nos sirvieron frutas acidas y frutas dulces. honores de la corona en sí, sino por
También comimos berzas, unas semillas propias de la calvicie. Me negué a darle mi fór
aquí y que evitan la borrachera si se las mastica an- do no recordarla. Temía que todo l
tes de las bebidas. Tutu pasaba a cada tatito con el ra de mi persona fuera una simple
aguamanil para que nos enjugáramos las manos. para hacer crecer el pelo. Pensar en e
Tomé una patita de abubilla con las puntas de los hecho romper a llorar en ese mi
dedos y susurré: También le dije que habría de a
—César, dueño de mi alma, quiero hablarte con pelo o sin él, aunque fuera un v
de... César se ensombreció por mis
—Un momento, Cleo, un momento, nada —Recién he cruzado la front
más. cuenta, Cleo...
Y se abalanzó sobre las abubillas restantes, —Perdón. Quise decir que te
metiéndose en la boca cuantas le entraban en las pre, César. Tú tienes la fuerza del l
manos. dad del cocodrilo y...
—Qué delicia, Cleo... —rumiaba con la boca —Ya, ya está bien —sonrió,
llena. Mientras Tutu escanciaba un
Al César le complació la cena, que fue silen- del cobre, pronuncié con anhelo:
ciosa, aunque dos o tres veces interrumpió su rít- —^Venerado César, padre y du
mica masticación para pedirme la receta contra la do entre los amados, debo comunic
calvicie. Julio César tiene poco pelo ya y desea cia importante...
La reina del Nilo
—Ahora no, Cleopatra —respondió él. Solo una vez, desde que n
Había pasado el día estudiando su próxima llamó bello loto azul. El loto
campaña militar y estaba cansado. preciosa que hay en las már
—Es importante de verdad, César... nunca he recorrido el río Nilo
—Tal vez debamos ajustar el concepto "im- nacimiento, pero ese viaje es
portante", hermosa niña. Una guerra es impor- querría proponerle a César si
tante, una batalla es importante, una sublevación, charme.
un regicidio es importante, un magnicidio. El res- Antes de salir de la estan
to puede esperar. frente y me hizo una cosquilla
—^Aunque no es ninguna de aquellas cosas que —Escarabajito... —pron
consideras importantes, creo que te gustaría saber, acabo de cumplir dieciocho a
César... una niña porque me veo baja
Entonces mi Julio eructó estruendosamente. no lo soy.
Como lo oyen; es una práctica de buen tono entre Hubo un silencio pesado,
los romanos: significa que la comida les ha caído El César permaneció qui
en gusto y están agradecidos a la casa y al anfi- tio. Se volvió hacia mí y susu
trión. Me quedé de una pieza, porque entre los —¿Me perdonas, Cleopat
egipcios esto se considera una absoluta asquerosi- ta noche prefiero dormir solo?
dad. El emperador del mundo se limpió los labios sas en las que pensar.
y se levantó. En ese instante, el sirvie
—No te enojes, mi bello loto azul. Mañana palacio pasó con la caja del h
hablaremos... virtió. Es un viejo rito egipci
—¿Mañana recién? El tiempo apremia. pués de comer, y sobre todo
—El sueño también, bello loto azul. para alguna celebración. Se
La reina del Nilo
pequeño ataúd, con una figurita de madera muy XIV
bien tallada y pintada que representa un esqueleto EL CUENTO OE LA LEONA TEFNUT
humano. (Antes se mostraba un esqueleto huma-
no de verdad.) A César le llevó unos minutos re-
ponerse de la impresión que le hizo ver semejante
esperpento justo cuando debía estar más relajado.
Entonces, el sirviente levantó al hombrecito muer-
to y pronunció las palabras rituales:
—Miren a este hombre: ustedes, tú y tú, se
parecerán a él después de muertos. Beban ahora y L A P A R T I D A D E CÉSAR M E PRO
diviértanse. de rabia inmenso. Únicamente
Luego, el anciano sirviente salió de la sala. padecen ataques de ira pueden e
También lo hizo César en puntas de pie. refiero. Losfilósofosestoicos sue
ira no debe liberársela. Al parec
axioma que dice que si uno lib
desaparece. Más bien lo contrari
ira, la aumenta.
César se marchó sin escu
tenía para darle y yo eché al su
copas, rasgué mis vestidos, los
patada al canasto donde dormí
ñé las mejillas de Tutu cuando
qué estaba yo tan ofuscada. D
cerveza roja, y grité y aullé de d
La reina del Nilo
que César se preocupara por mí, se apiadara y re- y no provocarle más ira, se transfor
gresara a verme. Nada de esto sucedió; permanecí monos pequeñitos. Algunos dicen que
en silencio y hundí mi nariz en un frasco con per- tos rabones, pero muy sabios. El emi
fume de nardos. Los nardos son unas flores mara- do Thot, era un maestro de las palab
villosas y dulces y lograron calmarme un poco. para amansarla le cuenta la fábula del
Lloré hasta que me vino el sueño, y así, en ese es- tón. Tal vez, lectores míos, conozcan
tado de duermevela, recordé la historia que mi pa- fábula. Tal vez no.
dre contaba sobre la muchacha leona. Ra, el Sol,
tenía una hija a la que adoraba, Tefnut. Un día,
ella decide viajar a Nubia y escapa a escondidas
de su padre. El tremendo calor de Nubia la enfu-
rece y tanta es su furia que se transforma en una
leona. Loca e iracunda, recorre los desiertos como
una fiera, sedienta de sangre, a la búsqueda de
frescor. Sus ojos chispean, su boca lanza llamara-
das y sus rugidos se oyen en la lejanía como una
pesadilla para quienes sufren el horror de oírla. El
dios sol, sin embargo, echa de menos a su hija. Le
perdona la fuga del hogar y envía dos emisarios a
buscarla. No tardan en encontrarla, porque la
gente les señala el camino que lleva adonde ella
mora y aterroriza a todo el mundo. Los emisarios
de Ra le hablan desde lejos, pero solo consiguen
enfurecerla aún más. De modo que para acercarse
XV crea en sus palabras. Un tiempo d
LO QUE THOT RELATA A TEFNUT pisa una trampa tendida por un ho
dor lo saca del pozo en que había
con gruesas cuerdas. Lo deja a merc
y del sol, así atado, en pleno desiert
tarde, cuando ya es noche oscura, a
tón: "¿Te acuerdas de mí? Soy el rat
concediste la vida como regalo y ve
verte el favor y salvarte de la desgrac
FÁBULA DEL LEÓN Y EL RATÓN QUE EL MONO SABIO buenas acciones son útiles para quie
Thot cuenta a la hija del Sol, convertida en Tefnut, Y el ratoncito roe las cuerdas hasta l
la leona sanguinaria. Este fue el cuento que el mono
Un ratón aparece una vez entre las patas de Tefnut, la hija de Ra, convertida en
un león. Como el león iba a comerlo, el ratón le por el mucho calor y el disgusto qu
dice: "No me comas. Si me comes, no te saciarás, cido en el desierto. Al oír las palabr
y si me dejas marchar, no habrás perdido nada. Si diosa comienza a llorar con un mau
me das la vida como regalo, yo salvaré la tuya en de gatita. Está sola, se lamenta, s
otra ocasión. Si no me haces daño, algún día te abandonada de la brisa fresca y las
ayudaré a escapar de la desgracia, si es que esta de una princesa. Thot, entonces, la
cae alguna vez sobre ti". Al león le dan mucha ri- que abandone su aventura de hija r
sa las palabras del ratón: ¿cómo semejante ani- va a Heliópolis, donde todos los d
malejo podría salvarle la vida a él, el más fuerte de de menos y donde su padre. Ra, llor
todos los animales del reino? Lo deja marchar, falta de su hija querida. Tefnut, final
La reina del Nílo Patricia Suárez
placer. Nadie hubo ni habrá más bella que la rei- verde malaquita para los párpados y el kohol son
na Nefertiti, y tomando su ejemplo elaboré rece- una verdadera pasión. M e fascina que contrasten
tas de todo tipo: para blanquear la piel, para tan bien con el manto púrpura real (el púrpura es
protegerse del sol y que no ardan luego los hom- mi color favorito) y con mi doble diadema faraó-
bros o el tabique de la nariz, para oscurecerse el nica de áspid y gavilán. Quizás no comenté esto
cabello y que nunca se haga visible una cana blan- aún: m i corona real está ornada con un áspid, co-
ca. También enseño a trenzar el cabello, cómo ra- mo la de todos los antiguos faraones, porque el
parse y que dure Usa la cabeza. Consejos para áspid nunca envejece. Las faraonas, en cambio, en
suavizar la piel y matarse las pulgas en público sin sus coronas solo llevaban la imagen de un gavilán,
que nadie lo note. Cómo utilizar la mirra para que, según se cree, siempre es hembra. Los gavila-
perfumar vestidos y cabellos y que el aroma i m - nes son únicamente hembras, ya que no existen
pregne todo el aire alrededor de nuestro paso. Ha- los machos en esa especie. Yo nunca he criado un
cemos traer la mirra de Punt, un país escondido gavilán en m i jaula de los pájaros, así que no pue-
adonde solo los egipcios sabemos llegar. Tenemos do dar fe de lo que afirman sobre esta ave. N o
muy buenos proveedores: los cedros vienen del obstante, desde que el estúpido de m i hermano
Líbano; las turquesas, del Sinaí. Los egipcios po- fue depuesto del poder, me han colocado una dia-
seemos dos productos cosméticos que utilizo con dema y la otra, yuxtapuesta, y las dos juntas pe-
frecuencia: el polvo de antimonio, también llama- san como una tonelada. Este asunto de tener tanto
do kohol, para delinear y decorar el borde de los peso sobre la cabeza no me hace nada feliz. Que-
párpados, y el colorete verde, derivado de la mala- ridos lectores, ignoran ustedes el calor infernal
quita, traído en su caravana desde Asia hace casi que puede hacer en Egipto, en Alejandría, aunque
mil ochocientos años por un hebreo llamado de tanto en tanto soplen los vientos benéficos des-
Abesha. Desde entonces los egipcios somos verda- de el Mediterráneo. En esos días tórridos resulta
deros fanáticos de la malaquita verde. Para mí, el insoportable llevar nada encima.
Patricia Su
XVIII pestañas o la calvicie total. Sus resultados son
RECETA OE LA REINA CLEOPATRA ravillosos. Tómese: de ratones domésticos que
CONTRA LA CALVICIE dos, una parte; de harapo de vid quemado, u
parte; de dientes de caballos quemados, una p
te; de corteza de junco, una parte. Todo ello
machaca y mezcla con abundante miel, hasta
quirir la consistencia melosa; entonces se le a
den grasa de oso y médula de gamo derretidas.
pomada se conserva en una vasija de latón. C
H U B O UNA VEZ UN MERCADER QUE ERA CALVO DE ella se untan las manchas calvas hasta que vue
a partes, no completo. Vivía en Fenicia y dejó ano- a crecer el cabello.
tadita en un rollo la fórmula que usó para curar- He aquí m i arte para hacer de los pelad
se, fórmula que ha llegado hasta nuestros días y ¡peludos!
aquí les transcribo: "Contra las manchas calvas,
consigue un poco de arsénico y mézclalo con resi-
na de roble en tanta proporción como necesites.
Se extiende la untura en un trapo y se aplica, des-
pués de haber lavado el sitio calvo con agua y ja-
bón. Añadir al unto espuma de nitrato de plata y
resultará muy bien".
Sin embargo, la mejor receta contra la calvi-
cie que conozco y obra también contra la caída
del cabello es la siguiente, aplicada con aceite o
pomada; también es eficaz contra la caída de las
Patricia Suárez
XIX ha nutrido del arte de la palabra. Por eso era tan
AMOR Y DESCRIPCIÓN DEL CÉSAR TAL valiosa la Biblioteca de Alejandría que no supi
COMO ES Y TAL COMO LO VEO YO mos conservar, porque estaba hasta el tope de ro-
llos escritos por filósofos, por poetas, relatos de
países extraños al que han llegado apenas un pu-
ñadito de exploradores.
Juho César, además de general de toda Roma
y dueño del mundo, es escritor. Sí, yo no sé cómo
se hace el tiempo para esa tarea, pero ya ha redac-
CÉSAR HABLA MEJOR QUE NADIE EN TODA ROMA, tado un par de libros —debo confesar que no los
lo que es lo mismo que decir en todo el mundo. leí aún— que no inspiran demasiada curiosidad.
Después de Cicerón, es el orador más destacado y, ¡A mí me gustaría que escribiera poemas de amor!
ya saben, para un político el poder de oratoria es Aunque, claro, si los hubiera escrito para otras
fundamental. Porque no solo es importante el dis- mujeres me enfermaría de celos. Ahora mismo es-
curso, es decir, aquello que se va a decir, sino el tá acabando su libro Comentarios de la Guerra de
modo de hacerlo. Supongamos que un orador de- las Gallas y me ha pedido de buena gana que le
be arengar a sus soldados a tomar las armas y sa- diera un vistazo. Pero así como les digo que es tan
lir al campo de batalla. A un general tartamudo le buen orador, tiene pésima caligrafía, no sé por
costaría mucho convencerlos, aunque fuera justo qué se empeña en hacerlo él mismo, en lugar de
aquello que debe decir. Tampoco podría uno que ordenarle a un escriba que haga el trabajo.
estuviera mal del pecho y la tos lo interrumpiera Las serpientes silban a m i alrededor que lea
en momentos clave, como explicar la táctica y la ese libro, que es imperioso que yo me entere de
estrategia. Por otro lado, un buen orador es aquel cómo trató él a los galos y a su rey Vercingétorix,
que ha pensado detenidamente en su discurso y se
La reina del Nilo Patricia Suárez
los egipcios y a mí, su reina, de acabar completa- Mis enemigos me han achacado numerosas
mente en sus manos. Tal vez no me animo a leer maldades, como por ejemplo que para comprobar
sus escritos por temor a lo que haya en ellos. El cuáles son los venenos más efectivos los probé en
deseo y el temor de descubrir quién es de verdad mis esclavos. Nada más alejado de la realidad;
la persona que amamos es la materia de que está desde las más antiguas tradiciones saben los egip-
hecha lo que llamamos pasión entre un hombre y cios quién es la cobra y la respetan como a una
una mujer. gran diosa. Por eso la llevan los faraones en la tia-
César afirma que un escritor es una persona ra, sobre la cabeza, para que nunca se les olvide
eminente y que nadie puede hacerlo por él, en su que hoy estamos parados sobre este mundo, pero
lugar. Aunque no llegue a ser un libro, yo me he no somos más que un soplo, una hoja amarilla
atrevido en estas pocas líneas a contar algo de m i colgando de un árbol, una gota de saHva tragada
historia, m i gran amor por César y este suceso que mientras comíamos lentejas y dentro de un ins-
me viene pasando y crece en el cuerpo y me abate tante podemos no ser nada, arrastrados por los
en sueños. Desde hace tiempo, un mes o más, es- vientos ahsios hasta depositarnos lejos, muy lejos,
toy buscando la fórmula para revelarle mi tan en el reino de la muerte.
preciado secreto y cada vez que llega el momento,
algo ocurre. Él debe irse o no tiene tiempo o nos
interrumpen. Y yo quedo sumida en la angustia,
sintiendo latir dentro de mí dos corazones. Un po-
co más allá, el bisbiseo de mi serpiente me advier-
te: "Divina Cleopatra: siempre es posible morir
con dignidad gracias al suicidio. Y para suicidar-
te, ¿qué mordedura más rápida, más suave, más
eficiente, que la del áspid?".
Patricia Suárez
XX mudo y en silencio. Cierta vez, un esclavo sugirió
SOBRE EL SUICIOiO que debíamos sacrificarlo en honor de Anubis, el
dios con forma de perro —aquí sacrificar en honor
de los dioses es una manera elegante de deshacerse
de los animales y de algunas personas molestas—,
sin embargo, me opuse. El podenco quería decirme
algo con su mutismo, valga la paradoja, y yo debe-
ré, a través de su vida y de los años, descubrir cuál
es el mensaje. Hubiera preferido mandar a morir
N o HACE MUCHOS DÍAS TUVE UNA BREVE CONVER- al esclavo que tuvo tan cruel sugerencia para con
sación con Rufio, el sirviente de mi señor. Aunque el perro. N o lo hice para no quedar mal delante de
no es persona que me caiga demasiado bien, afuera los otros esclavos.
llovía y yo estaba muy aburrida. Esa tarde había Precisamente la conversación que tuvimos
pensado en organizar carreras de podencos; poseo con Rufio aquella tarde de lluvia versó sobre las
tres podencos negros, veloces como el tifón, uno de distintas maneras de morir. N o deja de llamarme
los cuales no sabe ladrar. N o sé por qué le ocurre la atención que para los romanos el suicidio sea un
esto al pobre animal, tiene lengua y sus labios y acto de honor. A veces, un general hace prometer a
dientes correctamente dispuestos. A veces me sien- su sirviente que este lo matará cuando él se lo pi-
to, le paso la mano por el lomo y le hablo. Mientras da. Porque en determinadas situaciones al romano
hago eso, suelo preguntarme: ¿y si de pronto este podría darle dificultad caer sobre su espada (es así
perro rompe a hablar como los humanos? Por eso, como se suicidan los generales y otros políticos) y
me dirijo a él en los seis idiomas que conozco y le necesitarían una ayuda externa y fiel; vale decir, un
digo: "buen chico", "querido", "amigo mío", para servidor o un esclavo. Yo le expUqué a Rufio que
que tome confianza. Pero no lo hace, permanece aquí en Egipto, y en la corte de los Ptolomeos para
La reina del Nilo
ser más precisos, los reyes no acostumbran a suici- XXI
darse. Digamos que tienen otros pasatiempos, pue- YO MISMA
de que se maten unos a otros sin el menor escrúpulo,
pero se lo pensarán tres veces antes que dejar este
mundo por mano propia. A menudo medito sobre
el asunto y llego a la conclusión de que el suicidio es
un recurso desesperado al que no me gustaría tener
que recurrir jamás. N o quisiera desear suicidarme
nunca; de hecho, ni siquiera acepto tener que morir
de muerte natural. Pero dado que la inmortalidad C R E E N Q U E SOY MORENA, PORQUE LLEVO UNA PE-
me fue negada a pesar de mis ruegos a Isis, querría luca negra como el cabello de los egipcios. En reali-
ser recordada como una diosa o una heroína griega dad soy rubia, al igual que muchas griegas. También
de esas muy, muy bellas, como Helena de Troya o
hay quien cree que soy gorda y no es así, soy muy
Psique. Y que los pueblos y los reyes que me suce-
menuda —aunque estoy segura de que la naturale-
dan comenten: "Hubo en Egipto una vez, una reina
za y la madre Isis me harán engordar y protegerán
muy hermosa llamada Cleopatra y que además de
mi gordura—. Y tengo una nariz perfecta, larga,
destacarse en su hermosura, fue una gobernante
recta, una nariz majestuosa. N i Berenice ni Arsí-
muy justa". Ojalá sea un deseo que se me cumpla.
noe, mis hermanas, pueden compararse a mí en be-
lleza. Berenice era alta y con los ojos desviados
como un camaleón, y Arsínoe siente demasiada pre-
dilección por los dulces como para mantener una fi-
gura esbelta.
A los once años, cierta vez que acompañaba a
m i padre a una reunión oficial, decidí que quería
La reina del Nilo
ser reina. Para eso me instruí aprendiendo las len- XXII
guas de otros pueblos, sus costumbres y sus cultos TÍTERES
a los dioses. Es verdad que en el fondo de mi co-
razón late m i fervor por la diosa Artemisa (Diana,
como la llaman los romanos), protectora de las
jóvenes doncellas. Pero también reverencio a Isis,
la madre de todos los dioses.
TUVE UNA IDEA FELIZ. D E C I D Í QUE LA MEJOR MA-
nera de comunicarle a César aquella cosa tan i m -
portante que quiero decirle es dando una pequeña
fiesta. En realidad, más que un banquete con pla-
tos exóticos a su paladar será un acto cultural. A l
principio, había pensado en representar una obra
de teatro griega. Algo grandioso, al estilo de Eurí-
pides, por ejemplo, que narre la guerra de Troya o
cómo después los griegos se apoderaron de las
troyanas. Sin embargo, calculé que debería em-
plear muchos actores para esto y los egipcios no
son buenos para el teatro. Cuando deben vestirse
a la griega, con coturnos y largas togas blancas,
en general suele suceder que se tropiezan, se pisan
La reina del Nilo
lo largo de estos doscientos años de representa- los dos. Digo, el amor tiene sus cons
ciones en el anfiteatro de Alejandría se ha roto Venus de ellos resolvía las cuestiones b
una pierna. damente: secuestraba un pastor para s
Llamé a Tutu y nos sentamos alrededor de se escapaba por aquí o por allá. Pero
Abu para oír su bisbiseo... El bisbiseo de Abu sue- padece las consecuencias del amor, aun
le abrir mi mente... ¡Títeres! En Egipto los títeres cir que para ella, como para mí, so
existen desde hace mucho tiempo y los niños les unión y de alegría. ¡Al menos, espero
tienen tal aprecio que cuando sucede la desgracia En la historia que he de contar,
del fallecimiento de alguno, lo entierran con sus está embarazada y debe protegerse
títeres más queridos. A Tutu y a mí nos pareció que la busca para matarla. Por eso vi
una gran idea. Enseguida llamamos a los artesa- ñada de cerca por siete escorpiones v
nos que trabajan el papiro y a los pintores que vi-
nieron con sus paletas de púrpura y de azurita. El
maestro de artesanos me preguntó con timidez:
—Majestad, señora entre las señoras, ¿qué
historia contará usted en esta velada?
Seguramente el maestro quería enviarme al-
gún escriba o un poeta del Museion. Pero conside-
ré que nadie mejor que yo podía contar una historia
con grandes sentimientos. De todos modos, y como
mi letra es muy fea, hice llamar a un escriba. Recor-
dé una leyenda de la diosa Isis. Se trata de una his-
toria que debería hacerle pensar al César en las
Patricia Suárez
XXIIi Escenarios
ISIS Y LOS SIETE ESCORPIONES La puerta de casa de la señora Usert
La puerta de la choza de la joven pescadora
Escena 1
RELATOR: La historia que ahora habremos de
contar es la de nuestra madre y señora, la diosa
Isis. El malvado Set, al que aquí veremos en su
forma de podenco furioso, luego de matar a nues-
OBRA ESCRITA POR LA REINA CLEOPATRA VII, PARA Di- tro padre y protector Osiris, busca a Isis para ase-
versión de su señor el emperador Julio César, amo sinarla también a ella y sobre todo al fruto de su
de Roma y el Mundo. vientre, su hijo Horus. Isis, para proteger al hijo
La obra transcurre en Per-sui, adonde Isis lle- que aún lleva en su seno, decide huir por los pan-
ga en busca de refugio. tanos y lo hace con un séquito de siete escorpio-
nes, de los cuales el jefe es el llamado Tefén, un
Personajes: escorpión cuyo veneno es tan poderoso como el de
RELATOR los otros seis juntos. Los siete escorpiones son un
ISIS caso, porque sufren mucho la humedad de los pan-
SIETE ESCORPIONES: Tefén, el jefe de los siete, tanos y se quejan...
y Thetet, Befent, Maatet, Mestet, Mestefet y Petet. Los SEIS ESCORPIONES: Estamos cansados,
B i C H i T o DE L U Z estamos hambrientos...
USERT, una señora de la nobleza ESCORPIÓN I : Quiero comerme un bichito de
L A JOVEN PESCADORA luz...
La reina del Nilo Patricia Suárez
ESCORPIÓN 3: Quiero paladear un pétalo de JEFE: ¡No! ¡Un buen soldado enfrenta todos
loto... los peligros con el aguijón bien alto, sin temer a
JEFE DE LOS ESCORPIONES: ¡Basta, viejos que- nada ni a nadie!
josos! ESCORPIÓN 4: Set es un dios malvado y archi-
ISIS: Oh. O h , malvado Set, ¿por qué me per- viliano. Nos comerá de un solo mordisco y nos en-
sigues sin cesar? Ya me has hecho desgraciada de- viará a la oscuridad.
jándome sin mi amado esposo, para que quieras JEFE {dándole un coscorrón): ¡Cabezón! ¡Mal
quitarme el bien más preciado, la vida. soldado! Nosotros triunfaremos sobre él...
JEFE: N O llores. Reina, mi ejército y yo te man- Los SEIS: Sin bichitos de luz, ni dulce rocío,
tendremos segura. ni suave loto...
ESCORPIÓN I {por lo bajo): Eso, si no nos El Jefe de los Escorpiones reparte coscorro-
morimos de hambre. Sin bichitos de luz que engu- nes entre sus soldados. Se oye "auch", "ay",
llir, sin moscas bravuconas... "ough".
ESCORPIÓN 2 {por lo bajo): La cuidaremos Isis: General Tefén, toda esta angustia me ha-
con todo nuestro aguerrido honor. Si no desfallez- ce sentir agotada. Ya no puedo dar un paso más.
co de la sed... ¡Necesito desesperadamente una Necesitaré descansar.
gota de dulce rocío! ESCORPIÓN 5: ¿Deseas hacerlo aquí, Gran Rei-
JEFE {a los Escorpiones): ¿Qué dicen? ¿Qué na, a la sombra de esta palmera fresca?
clase de soldados son ustedes? Parecen unas neni- Isis: N o , soldado. Debo hacerlo bajo techo,
tas, unas florcitas de la ribera que se doblan a la donde algún egipcio fiel a m i esposo y a mí me dé
menor brisa del viento... ¿Les parece que un buen reparo y me proteja de las inclemencias del tiem-
soldado debe asustarse por los peligros que se le po. El malvado Set está robándole la luz a Ra pa-
presentan en su misión? ra sumirme en la negrura y la desesperación.
JEFE: Nosotros te cuidaremos. Diosa.
La reina del Nilo
Patricia Suárez
ISIS: N O será suficiente, mi General. Escena 2
ESCORPIÓN 4 Y 6: Iremos nosotros, madre Isis. Puerta de la casa de Usert.
Espera aquí y volveremos con novedades. Usert habla desde su puerta con un bebé en
IsiS: Esperaré ansiosa. brazos.
JEFE: También yo iré con ellos a procurarte RELATOR: Tefén, el jefe de los escorpiones, to-
un refugio. Quedarás muy bien cuidada por el res- ca a la puerta de la señora Usert.
to de mis escorpiones. J E F E : Toe toe.
El Jefe de los Escorpiones sale. USERT {detrás de su puerta): ¿Quién llama a
ESCORPIONES I Y 2: Siempre y cuando no mu- estas horas? ¿Dónde está m i esclava que no atien-
ramos antes de hambre por un bichito de luz, una de a la puerta cuando llaman?
mosca bravucona o una mariposa coqueta... O JEFE: Soy Tefén, jefe de los escorpiones...
por una gota de rocío o del manantial del... U s E R T : ¿Quién? Eleni, Eleni... ¡Esta esclava es
El Jefe de los Escorpiones al oír estas pala- una coqueta que apenas puede se escapa para verse
bras de sus soldados, vuelve y reparte más cosco- con los muchachitos!
rrones a los que responden los "ay" y "ouch". JEFE: ...y m i labor es proteger a Isis...
RELATOR: La madre Isis ha quedado al cuida- U s E R T : ¿Quién...? Estas no son horas de mo-
do de sus fieles escorpiones. Está apesadumbrada lestar.
por el mal que le toca vivir y teme que Set avance JEFE: ...la madre Isis que requiere de t i en es-
entre la espinosa oscuridad para cortar su gargan- te delicado momento...
ta. Los escorpiones se ponen delante de sus pies, UsERT: Madre, ¡lindo oficio! Que me lo cuenten
dispuestos a atacar cuanta criatura se acerque y a mí. Llevo dos días que parecen dos años sin dormir
represente un peligro. Incluso, cuando la criatura y el párvulo ni siquiera se entera que aquella que le
fuera un volador bichito de luz que... dio el ser es también un ser humano. Los dioses no
La reina del Nilo Patricia Suárez
pasarse la noche en blanco, mirando las sonrisitas una vecina con el cuento de que Astarté la cananea
del bienamado niño y haciéndole ajó, ajó. M i bebé les bendecía no sé por qué cosa y cuando se metie-
acaba por fin de dormirse, después de darme un día ron en la casa, ¡no dejaron ni una prenda de lino,
con más dolores de cabeza que de horas. Que rom- ni un manto de seda, ni siquiera una peluca! Le ro-
pió su garito de madera y el aburrimiento lo hizo llo- baron los perfumes, los muebles, la ropa de cama,
rar. Que le crujió la pancita y el retorcijón lo hizo los abrigos... Por eso, yo la puerta no se la abro a
llorar aún más fiaerte. Que se metió en la boca un es- ninguno. Aunque venga de parte de dios padre y
carabajo sagrado y debimos hacérselo vomitar ¡no de la diosa madre, ¡prefiero el castigo!
quieras saber, forastero, cómo lloró entonces el bebé! JEFE: ¡Vivirás entonces la cólera de los dioses!
JEFE: La DIOSA Isis precisa que le des refugio U s E R T : ¿La qué..? ¿La qué...?
esta noche. Está esperando un hijo y le duele el Tefén, el ]efe de los Escorpiones, derriba la
vientre. Tal vez esté próximo el parto... puerta con su aguijón.
USERT: Jamás. Lo siento muchísimo, pero no Usert grita, horrorizada cuando lo ve. El bebé
puedo darle entrada a NADIE. Menos a quien dices llora con alaridos.
que es, que ni siquiera la conozco y mucho me te- Tefén la corre por la estancia y, al fin, pica al
mo que empiece a dar ayes y gritos de dolor y co- bebé, que grita y hace silencio de repente.
mo para ayes está m i casa, con el hijo que tengo JEFE: Ahora tu hijo no te molestará más. Aho-
que no sabe qué es madre y qué es sueño. ra que no lo tendrás, sabrás cuáles son las penas
JEFE: Debes estar sorda, señora. Estoy dicién- de una madre.
dote que la diosa Isis, la madre de todos los egip-
cios, la madre del futuro dios Horus, necesita de t i Escena 3
y de tu morada, adonde... En el pantano.
U s E R T : A otra con ese cuento. Ya supe de unos RELATOR: Mientras tanto, la madre Isis gemía
La reina del Nilo Patricia Suárez
la estremecía y la tardanza de Tefén, General de los ESCORPIÓN I : ¡Por Osiris, me habla la comida!
siete escorpiones, la llenaba de miedos. Tiritaba de BICHITO DE LUZ: Salve, Diosa de Egipto. Ven-
pies a cabeza, sin poder contenerse. go a socorrerte en la medida de mis fuerzas.
Isis: ¿Qué será de mí? ¿Qué será de m i hijo? ESCORPIÓN I : ¡Se me hace agua la boca!
ESCORPIÓN 3: N o temas. Diosa, nuestro jefe BICHITO DE LUZ: Desde el cielo he visto que
salvará todos los peligros y te pondrá en lugar tu general Tefén no saHó airoso en su búsqueda de
seguro. una morada segura para t i . La mujer a quien pidió
ESCORPIÓN I : Aunque de un bichito de luz refugio, la señora Usert, es una necia que no ha
¡nada! N o nos traerá ni un mosquito para comer. hecho más que encolerizarlo y él, en un ataque de
El jefe, cuando está en una misión, no puede pen- rabia incontenible, se ha vengado de ella. Ahora
sar en otra cosa. Lo sé de buena fe. Lo he visto en se ha producido una tragedia, y el hijo de la seño-
misiones anteriores y uno le dice: "Tefén, te escri- ra Usert, un bebé inocente, ha muerto envenenado
bió Berenice tu amada. Contéstale esa carta, por- por Tefén.
que te va a dejar por algún alacrán fanfarrón de ISIS: ¡Oh!
esos de las pirámides...". Y Tefén como si nada, se ESCORPIÓN 2: Siempre le decimos que tiene
queda lo más tranquilo. Por él, que lo abandone muy mal carácter.
Berenice y la abuela de Anubis, que él no moverá BICHITO DE LUZ: N O estoy aquí para juzgar
un dedo por nadie que lo desconcentre de su m i - las acciones del jefe de los escorpiones, sino para
sión. Un héroe, nuestro General: por eso, diosa ayudarte, querida reina. Por aquí, a solo dos pasos,
Isis, no debes temer. está la choza de Nenúfar, una joven pescadora, hu-
BICHITO DE L U Z : Pst. Pst. milde pero muy generosa. Ella te dará auxilio.
ESCORPIÓN I : ¿Qué es eso? Isis: Tengo miedo, luciérnaga.
BICHITO DE LUZ: Pst, Thetet. Aquí, soy una BICHITO DE LUZ: NO, no debes tenerlo, ma-
La reina del Nilo Patricia
Isis: Podría ser una trampa. cocodrilo. Eso dijeron: caca de cocodrilo, no
ESCORPIÓN I : Si es una trampa, Diosa, ¡me La gente puede ser muy cruel con una simpl
zampo al bicho este! cadora y muy grosera, también. N o quieren
BICHITO DE LUZ: Ven, te guiaré por el camino. me aquellos lucios, ni comprarme más pesca
RELATOR: De este modo, y con mucho esfuer- ESCORPIÓN I : NO queremos lucios, pesc
zo, la diosa Isis emprende el camino hacia la casa PESCADORA: Percas tampoco. M i padre
de la pescadora. Teme por el hijo que lleva en su hace dos meses rumbo a los lagos del norte,
vientre y por el futuro del mundo. Si ella perece, ya car una perca gigante de cien kilos. N o s
no habrá Bien sobre la tierra y todo, todo, desde el pensar, si lo habrá logrado y estará en cami
primer rayo de sol al más pequeño grano de lente- regreso o si la perca lo habrá volteado al a
ja, estará sometido al imperio del malvado Set. ahora yace en el lecho del río... Este asunt
daderamente, me tiene muy preocupada...
Escena 4 Isis: Tu padre, bella pescadora, estará
RELATOR: Con mucho esfuerzo, la diosa Isis y greso antes de que cambie la luna.
los escorpiones Thetet, Befent, Maatet, Mestet guia- PESCADORA: ¿Cómo lo sabes?
dos por la Luciérnaga, llegan a la puerta de la cho- Isis: Yo sé muchas cosas.
za de la joven pescadora. PESCADORA: ¿Quién eres tú?
ESCORPIÓN I : Toe toe, joven pescadora. ¿Es- Isis: Aunque ahora me veas en este est
tás ahí? necesidad, no descreas de mí. Soy la diosa Is
PESCADORA: N O tengo ya lucios para vender. yendo del malvado Set, asesino de mi marid
Además pesqué muy pocos la semana pasada y amenaza con destruirme a mí, al hijo que ll
me los devolvieron diciendo que tenían el sabor mi vientre y a todo el planeta Tierra...
muy amargo. Me dijeron que eran tan amargos PESCADORA: ¡Madre mía! Pasa, no te
como si hubieran sido alimentados con caca de
La reina del Nilo
de la barriga si la madre permanece mucho tiempo USERT: Perdóname, Diosa. Traigo e
de pie, sin prestarles atención, y después nacen dis- tes para la joven pescadora, y mi mari
gustados y son unos malhumorados toda su vida... brará el camino y te llevará de regreso a
ESCORPIÓN Z {por lo bajo): Eso debe ser lo adonde estarás segura. Pero por favor,
que le pasó al general Tefén. Tiene ese carácter tan hijo.
agrio y tan mandón, que no sé cómo alguien lo so- Isis, dulcemente, arrulla al bebé m
porta... veneno de Tefén, ven hacia mí y gotea
La Pescadora abré la puerta. suelo, que este niño debe vivir y el ve
La diosa Isis entra. morir. Thetet, Befent, Maatet, Mestet,
ISIS: Gracias, pescadora. Petet, seis escorpiones mágicos al mand
PESCADORA: Aquí estarás a salvo esta noche. su general, vean cómo desde hoy el v
Te haré un rico pescado frito para comer. Tu niño miel y el niño respirará feliz, hipand
tiene que alimentarse. despierta y llora. La madre lo toma e
besa pies y manos de Isis en agradecim
Escena 5 y final PESCADORA: N O te vayas. Diosa.
Todos juntos en la casa de la joven Pescadora. pueblo te protegeremos.
Usert, arrepentida, tiene las manos llenas de ISIS: NO, mi hijo tiene que nacer.
regalos y está postrada frente a Isis. RELATOR: Isis, la gran reina y señ
Isis sostiene al niño muerto en sus brazos. del universo, junto a sus siete escorpio
RELATOR: Isis, la diosa de la compasión, al ron el camino al templo. También iba
saber que el jefe de los escorpiones mató al niño, luciérnaga, que tan buenas nuevas les h
decidió ir a curarlo apenas pasara el peligro de la Poco después del arribo, sanos y sal
noche y los pantanos. Con el amanecer, Isis segui- Harpócrates, su hijo y dios en el cielo
La reina del Nilo Patricia Suárez
un momento en que Rufio salió a dar órdenes a es fingida o apenas un gesto político: perdona a
los soldados. Se preparaban a partir en el curso de los políticos que le conviene perdonar y si no que
esos días. Por supuesto, el plan de César no era re- le pregunten al rey de los galos, Vercingétorix, que
gresar a Roma ni a los brazos de su esposa, sino se pudre en una prisión romana desde hace años,
avanzar por África y meterse con sus tropas en si él puede escribir "Julio César es amor". Y a los
Mauritania. Las malas lenguas dicen que está en- galos combatientes, que arrepentidos fueron a pe-
caprichado en hacerlo porque llegó a sus oídos la dirle clemencia en Cahors y a quienes él les perdo-
fama de la belleza de Eunoé, esposa del rey de nó la vida (¡oh, divino Julio!), pero ordenó cortar-
Mauritania, como dije más arriba. Estos rumores les la mano derecha a todos los que habían empuñado
de sus devaneos entre una señora y otra señora las armas.
me tienen harta. Francamente le lanzaría a la gar- ¡Pero eso era la guerra, la guerra! ¡Y esto que
ganta a Abu, m i áspid, para que se saciara en ella. tiene conmigo es el amor!, clamo para mis aden-
Una de las noches pasadas, mientras descansa- tros. ¿O será que para César todo, la guerra y el
ba entre sus brazos, tuve el valor de preguntarle: amor, son más o menos lo mismo? Si es así, habré
"César, César mío, ¿me amas? ¿Amas a tu Cleopa- cometido un tremendo error al enamorarme y
tra?". Qué cosa extraña esta del coraje. Porque darle un hijo a un hombre sanguinario y cruel.
cualquiera sospecharía que es mucho más difícil ir Esa noche roncaba tan profundamente como
a la guerra y matar cien fenicios o britanos o galos, los faraones en sus tumbas y no respondió a mi
que decirle a una mujer: "Sí, te amo". O, mejor: "Sí, pregunta, o deberé decir mejor, a mis anhelos. Por
te amo, adorada Cleopatra". Y sin embargo, no. O eso no quise andarme con tantas vueltas. Yo soy la
César no tiene el valor para decirme que me ama, o reina de Egipto, designada por el único y verdade-
directamente no me ama. O no quiere a nadie: los ro rey de la dinastía ptolemaica, m i padre. Y si ten-
galos, por ejemplo, esos enemigos suyos que él ven- go un hijo del César, será el futuro rey de Egipto y,
ció destrozándolos, afirman que la piedad de César si el mezquino Julio César lo reconoce, lo será
La reina del Nilo Patricia S
también de Roma. Esto se llama política, esto se oro y sin embargo es una cosa tan mala! Esta
llama hacer alianzas. Porque de otro modo parece- aquí frente a la adversidad como una hoja e
ría que César ha tenido una aventura amorosa con viento del norte y somos nada más que juguete
una verdulera y no con la exquisita, inteligente, destino.
políglota reina del Nilo. —César —le dije—, estoy esperando un
Bajo todos los puntos de vista, a mi hijo le con- tuyo.
viene nacer. Estará sujeto a los vaivenes del podei; Levantó la vista de unos rollos en los qu
como lo estuvo ese piojoso hermano mío y como lo nía metida la nariz. Seguramente algún tra
ha estado Berenice, que ojalá lo pase a las mil mara- sobre las guerras.
villas en el Reino de los Muertos. Todos mis hijos — N o es posible.
serán víctimas de la manipulación política; me atre- —Es posible. Soy una mujer y tú eres un
vo a decir más: todos los herederos de cualquier rei- bre. Somos amantes.
no lo están. Cuando los griegos triunfaron sobre —Es que es raro. Casi nunca tengo hijos
Troya, despeñaron al pobrecito Astianax desde una —Tienes a Julia.
cima. Astianax, apenas un bebé, hijo de Héctor, — A h , pero eso fue hace mucho.
príncipe de Troya, y de Andrómaca, su esposa. Aquí,
—Es t u hija, ¿no?
en Egipto, se cuenta una historia de cómo los he-
—Eso dice la madre y debe ser verdad po
breos ganaron la libertad. El faraón Tutmosis III se
sobre la mujer del César no debe pesar siquie
negaba a dejarlos partir del país para irse al desier-
sospecha de infidelidad. Bien lo supo mi seg
to a fundar su propia nación. Entonces Moisés, el
esposa a la que dejé por una leve sospecha,
héroe hebreo de la liberación, pidió ayuda a su dios
que ella negaba tener un amante.
y en una sola noche mataron a todos los primogéni-
— N o estoy para escuchar tus conquistas
tos egipcios. Es decir, al hijo del faraón. ¡Ay, tantos
rosas, César. Voy a ser madre y mi hijo será he
La reina del Nilo Patricia Suárez
—Aja... —susurró César volviendo a sus pa- —Las egipcias no tienen esa costumbre y yo
peles. fui educada con costumbres egipcias, las de m i
El ataque de ira comenzó a invadirme desde pueblo y mi reino.
las puntas de los pies. — M u y bien, muy bien. N o diré nada si te veo
—¿Qué estás haciendo? jugando a las muñecas a escondidas.
—Escribo una carta a Cicerón. Lo echo de me- —César, quiero ser tu esposa.
nos. Es un gran amigo; como todos los grandes — A Calpurnia esto no le va a gustar ni medio.
amigos, hay momentos en que desearía matarlo, la Tiene piedras en el hígado o en los ríñones, no me
mayor parte de las veces él no me trata con el res- acuerdo bien adonde, y con esta noticia se disgus-
peto que debe y a veces me pregunto si sería capaz tará seguramente. Digo que se disgustará, aunque
de traicionarme. tal vez para ella sea un alivio, porque nunca quie-
—¡Voy a tener un hijo tuyo y quiero ser tu es- re asistir a los actos oficiales y siempre se queja de
posa! que huelo como cuero viejo, igual que la soldades-
— O h , Cleopatra. Quizás estés haciendo un ca. ¿Y qué soy yo?, le pregunto una y otra vez
mal negocio empeñándote en tener tu hijo, que di- cuando me reprocha m i olor. ¿No soy, acaso, un
ces m i hijo, y en ser mi esposa y yo tu esposo. ¿Lo soldado? Cuando se disgusta se le pone la piel ver-
dije bien? Cuando estoy concentrado escribiendo de; es un espanto verla y no te recomiendo, Cleo-
me cuesta hablar con normalidad. Y eso que dicen patra querida, que te salga al paso en ese estado.
que soy el mejor orador de Roma, por encima de — N o me importa Calpurnia.
mi amigo Cicerón... —Porque no has visto la cara que pone cuan-
—César, César. Quiero ser t u esposa. do algo le cae mal. Únicamente en un pantano
—Querida Cleopatra, ¿acaso has quemado pueden contemplarse criaturas con fisonomía se-
todas tus muñecas para mostrar que eres una mu- mejantes. Si pruebas a paladear un pepinillo en vi-
jer adulta? nagre podría provocarte la misma expresión en el
La reina del Nilo Patriota Suáre
rostro con la cual Calpurnia vive. Hay que vivir esta vez elegiré la estupidez. Haremos un viaje lo
con una cara así, digo yo siempre: eso también es dos. Un viaje remontando el N i l o hasta su naci
un gesto de valentía. miento. Puede ser algo muy bueno.
—¿No estás contento de que vaya a darte un —¿Un viaje? ¿Un viaje? ¿Y cuál es el objetiv
hijo, verdad? del viaje? ¿Conocer la geografía egipcia?
—Tendré que aplazar la excursión a Arme- —Puedo intentar llevar un hipopótamo de
nia. Los armenios crían fieras, saben domesticar Nilo al Coliseo... Aunque, según comentan, la ca
tigres feroces y en Roma nunca se han visto tigres za del hipopótamo es muy peligrosa, con tanta
aún. Me gustaría llevar algunos tigres, para que barcas con las que hay que acercársele...
los romanos se solacen al verlos. Está bien, los t i - —El hipopótamo es un animal sagrado, Cé
gres podrán ser un asunto menor para t i y podré sar. Es una de las formas de Set, el dios deí mal.
dejarlos para otro momento... —Sí, sí... Deberé entonces esperar a la ca
—Le dirás Cesarión a tu hijo. Su nombre es paña en África, para transportar una jirafa. Un
Cesarión. jirafa sería algo bueno de ver para m i pueblo. E
—Cesarión. porte que tiene, qué animal tan distinguido. Igua
—Desde el vientre me lo susurra. N o creerás quiero conocer el nacimiento del Nilo. En Rom
que lo llamaría Bichito de Luz o un mote por el usamos la frase "buscar la fuente del N i l o " com
estilo. sinónimo de ir tras un imposible. Quiero conve
— N o . Esperaba algo más egipcio. Y que se tirla en una realidad.
escribiera con esos jeroglíficos con patitos y cari- —^No tengo ganas de hacer un viaje. El olea
tas... del N i l o , en m i estado, no me sentará nada bie
—+}akofies y ojos de Ra. tendré vómitos.
— í , n fitt, sapongo que las personas poíientios —También será un viaje de novios, de reci
La reina del Nilo
que se quieren deciden unirse por el resto de sus
vidas y entonces lo celebran con una fiesta y un
viaje inmediatamente posterior a la fiesta.
—¿Un viaje de enamorados?
—Claro: eso —resopló César.
En m i corazón silbaban su advertencia cien
mil serpientes desenroscándose alrededor de m i
destino. Fui hacia el César y lo besé. Y desoí los
consejos. Hicimos el viaje.
ASÍ HABLÓ LA SERPIENTE
E L SOL D E ESTE DESIERTO PUEDE HACERLE SALTAR
lágrimas a una serpiente. Pero nada puede afectar-
me demasiado, porque las serpientes somos inmor-
tales. Mordí a Cleopatra Thea Filopator —como
indica su nombre: la diosa que ama a su padre—
bellísimamente y con dulzura, como correspondía
a su condición de reina, y porque con ella acababan
los suyos, los Lágidas, aunque quedara Cesarión
en pie, y los otros tres hijos que tuvo con Antonio,
ese cabeza fresca, ese matón de Roma que terminó
en Don Nadie. Ella me llamaba Abu, pero yo no
tengo nombre. Las serpientes no poseemos nom-
bres, igual que las piedras o los árboles. Escapé
después y, tal como relatarán los escribas, nunca
fui encontrada. M i huella sinuosa quedó marcada
La reina del Nilo Patricia Suárez
en la arena, como una maldición contra sus ene- legitimó a Cesarión y tuvo tiempo después una ho-
migos. M i destino es regresar a la tumba de Tu- rrible muerte violenta. Cesarión, dijo, es una fan-
tankamón, donde nací hace no sé cuántos años. tasía de la Reina de Egipto, una bruja, una mujer
Este sol me hace perder la cuenta de muchas co- lasciva, prácticamente una prostituta que me man-
sas pero cada escama mía es un ojo y cada gota tuvo encadenado a su lecho. Cesarión es fruto de
de veneno un oído. El gran Julio César, que se algún extravío suyo quién sabe con quién. El Cé-
nombró a sí mismo dios en la tierra, fue aniquila- sar solo tiene hijos dignos de Roma, afirmaba.
do en un motín provocado por sus hombres du- Estoy casi segura de que mi reina, mi dueña,
rante los idus de marzo del año 44. Lo cuento blasfemó contra los dioses romanos y maldijo a
como un dato más de la vida: para mí los sucesos su amante. Ella era devota de Isis y hacía sonar el
de los romanos son triviales, no me producen sistro como lo hacía Isis para alegrar a su hijo, co-
más que indiferencia y, a veces, risa. Las serpien- mo la propia Isis acostumbraba hacer con su hijo.
tes también reímos. M i reina me llevó y me trajo Cleopatra creía, en su interior, que era una esclava
en una cesta de higos, cargada por Tutu, la escla- del amor por César y una esclava del amor nunca
va. Fuimos a Roma, volvimos de Roma a las pa-
abandona a su presa, su amo. Sin embargo, lo
tadas. Quiso que César presentara a su hijo como
maldijo también ella, como antes lo habían hecho
heredero del poder romano. La tozudez de una
las amantes y las esposas que él tuvo y traicionó y
reina es motivo para consultar a los médicos.
como lo hicieron los nobles a quienes él fahó el
¿Iba César a divorciarse del limón agrio de su respeto y los reyes que tomó prisioneros y humilló
esposa y unirse en matrimonio a una princesa en la plaza pública.
oriental? ¡Qué esperanza! ¿Qué clase de locura era Silbaba yo en el oído de Cleopatra: "Cuida-
esa? César obraba como obró siempre: importán- do, no te fíes mucho de él. Cuidado, que el amor
dole un pepino la gente que ya no le servía para no te ciegue, reina, y ten presente siempre al rey de
sus campañas, su riqueza o su poder. César nunca
La reina del Nilo Patricia Suárez
encerrado para después ejecutarlo en Tuliano, de- lleva el culto a algún dios de morondanga, "le rue-
lante de una multitud y en un acto en el que César go, señora mía", "cara señora, le suplico", "besó-
se proclamaba dios por sobre los mortales". Ella, l a " , "tenga a bien, usted que es tan majestuosa, tan
mi dueña, recordó al rey de los galos y volvió tan poderosa, concederme a mí, mísera criatura, un ín-
rápido como pudo, cuando asesinaron a César. Te- fimo favor...", etcétera, etcétera. La mangosta no
mía ser encerrada en una cárcel, entre ratas y ali- es un bicho necio, no es un payaso que busca cal-
mañas, estropeada eternamente su belleza, para culadamente mi risa y m i distracción, sino que ha-
ser exhibida como un monstruo en el Coliseo, ce de la estupidez su instrumento de poder. ¿Cómo
blanco perfecto de las frutas podridas que arroja- aplastará ella, esa infame muerta de hambre, mi
ban los plebeyos romanos. Regresó a Egipto cabiz- cabeza? Después de las reverencias, mientras me
baja, masticando cascaras de desabridas naranjas. adula, apelando a mi vanidad y m i majestad sobre
Después, los nuevos poderosos se repartieron Ro- la muerte, comienza a dar vueltas alrededor de mí.
ma y a ella, a mi dueña, mi ama de eterna belleza, Muchas vueltas, rápidas, y ahí es cuando com-
se la repartieron, mandando un triunviro: Marco prendo el truco. Este animal estúpido, que solo me
Antonio. produce desprecio, ha conseguido someterme a él.
La cadena de las desgracias a veces es infinita; Me ofende y airada hincho mi cuello y me lanzo
y yo sé mejor que nadie lo que es un enemigo pode- sobre ella, una vez, dos veces, tres veces, directo a
roso. Por ejemplo, la mangosta. La estupidez es el su hocico. Los ojos de mi enemiga están rojos de
arma de la mangosta; un cocodrilo no abriría sus ira. Recula y se aleja, un paso, dos pasos; se corre
fauces delante de mí más que para bostezar. Pero a un costado. Bajo la guardia y ese puede ser el
una mangosta es una criatura vil, que me hace bu- momento en que se abalance sobre mí y me dé
far de exasperación con esas falsas reverencias que muerte. Las cobras solemos ser el alimento de esos
acaban por confundirme. Porque la mangosta hace vivérridos, animales con instintos de perro y velei-
La reina del Nilo Patricia Suárez
Lo mismo fue Marco Antonio en Egipto: un por completo. Él tenía, en Roma, una esposa: Oc-
triunviro, gobernador supremo de Egipto y de las tavia. Se apresuró a repudiarla; vivían con m i ama
Provincias del Este, lanzado aquí como una pie- de fiesta en fiesta y yo dormía en el regazo de uno
dra del cielo. Y Cleopatra lo conquista con lujos y o de otro, sin que temieran mi ira ni su muerte.
favores. Nunca había amado Antonio, susurra- A l tiempo, nacieron los mellizos Alejandro
ban, hasta que conoció a Cleopatra. ¿Era ese de- HeUos y Cleopatra Selene, y luego nació otro hijo
talle algo tan fundamental en la política de un más: Ptolomeo Filadelfo. Los amantes celebraban
reino? ¿Era necesario entregarse a otro romano todo: es bonito vivir así, me digo yo, de exceso en
para que acabara dándonos a beber la misma exceso y de ebriedad en ebriedad: debe ser como
hiél? El corazón de m i ama no aprendía de las ex- cenar ardillas todos los días y los festivos, un co-
periencias amargas. El día que lo conoció, ella na- nejo de Ankara de por lo menos tres kilos. Salían
vegaba por el río Cidno en una chalana con popa a pescar, fueron a cazar hipopótamos, a alimen-
de oro, llevando velas de púrpura tendidas al vien- tar ibis que comían de sus manos como palomas
to. Viajaba al compás de la música de flautas, ca- torcazas; todo lo hacían juntos, todo lo disfruta-
ramillos y laúdes. Cleopatra iba tendida bajo un ban. Tal vez se amaran, yo no lo sé, aunque a ve-
dosel espolvoreado de oro, adornada como se ces me lo pregunto. ¿Es el amor humano estar
pinta a Afrodita. Asistíanla a uno y otro lado, pa- siempre juntos? ¿Es saludable un amor así? Ellos
ra hacerle aire, muchachitos parecidos a los Amo- le llamaban "pasión". Eran uno solo, un solo
res. Para Marco Antonio fue verla y caer a sus cuerpo, una sola alma. Tal vez sea culpa de este
pies. Era un buen soldado pero tenía mala fama sol tremendo que hace ver oasis donde no los hay.
como político. Cuando llegó a Egipto no hacía si- Las serpientes llevamos una vida muy solitaria;
no mirar por los ojos de Cleopatra y ella por los por eso m i opinión sobre dos que están juntos
suyos. Yo no sé si era sincero su cariño: el amor es puede ser tan errada. Se pasaban los días prodi-
La reina del Nilo Patricia Suárez
íntimas; tanto interés por el amor no estaba bien de desesperación a cualquiera; como la sal del mar
visto en un soldado romano. Y él había sido un arrancó gritos de odio a los amantes. Cleopatra,
soldado de los mejores, de aquellos que comparte mi dueña, marchó con sus sesenta naves a la gue-
el rancho con su gente. Era querido por los solda- rra; su embarcación era la primera. Antonio acu-
dos y despreciado por los nobles. Pero también dió en otra, detrás de ella. Dicen que en el fragor
supo ser cruel: hizo cortar las manos de Cicerón de la batalla, ella, mujer al fin, tembló de miedo y
antes de enviarlo a la muerte. regresó. Su amado, al ver la partida, creyó lo peor:
Después sus hazañas no fueron tenidas en cuen- que ella había sido herida y estaba muerta. Así que
ta; lo acusaban de afeminarse entre los brazos de Antonio se lanzó por la borda, nadó hasta el bar-
una reina bárbara. Porque, ¿cuál es la vejación más co de Cleopatra la bella, trepó por la proa y se ase-
grande que puede sufrir un soldado? N o morir en la guró de que ella estuviera viva. Lo estaba, lo esta-
batalla, eso no; porque perecer en el combate es ba. " M e abandonaste", le recriminó él, "el amor es
honroso. La muerte más triste para un soldado es una guerra perdida". Pero el daño ya estaba hecho,
abandonar sus principios. porque nunca debe un ser astuto dejarse engañar
por una mangosta. Aquí, tengo que admitir con do-
Comenzaron a hablar mal de él por toda Ro-
lor que la que se comportó como una mangosta fue
ma, debían quitarle el poder, decían, era una ver-
mi dueña. Marco Antonio desertó de su lugar en la
güenza para el país que Marco Antonio se portara
batalla por seguir a Cleopatra; desde la borda del
de esa manera. Porque él no debía, porque él tenía
barco de la amada contemplaba cómo destruían
una misión para con su país y lo había traiciona-
sus fuerzas: veinte m i l hombres. Marco Antonio,
do. Quizás los romanos llevaban la razón en este
dijeron sus soldados, ese disoluto, ese infeliz, no
reproche.
era un héroe sino un hombre que siguió su cora-
Así que Octavio le declaró la guerra y fueron a
zón e hizo trizas sus principios. Esa fue su caída y
enfrentarse en la batalla de Accio. Que fue el final.
no hay otra peor para un romano. Mala suerte.
La reina del Nilo
debió pedirle a su sirviente, Eros, que lo matara UN POCO DE HISTORIA
antes de que Octavio pisara tierra egipcia y lo hu-
millara. Sin embargo, Eros se negó a tal labor y
arrojó la espada: mala suerte por segunda vez. ¡Es
culpa de este sol loco que sopla en Egipto! Marco por Jorgelina
Antonio debió, entonces, darse muerte a sí mismo.
Después, ya saben. Cleopatra, vencida, quiso ha-
cer de mí el instrumento de su paz, poniéndome
sobre su seno, descubriéndome su pecho. Su cuer-
po entero era la higuera más dulce que alguna vez ¿ Q U I É N FUE CLEOPATRA? ¿POR Q U É SU N
haya existido. Yo, bellísimamente, la muerdo con se convirtió en leyenda y en sinónimo de Egi
suavidad y huyo. figura convoca la belleza, el poder, la cruel
Después no hay más Lágidas, no hay más sensualidad, la astucia y el dramatismo, pero
Egipto. to sabemos de ella?
Quedan las lágrimas y el sol abrasador que ha- Cleopatra Filopator Nea Thea (tal s
ce saltarle las lágrimas hasta a una serpiente in- bre) o Cleopatra V I I fue la última reina d
mortal cada vez que entre los médanos se arrastra. guo Egipto. Nació en 69 a. C. y murió 3
después. Su vida transcurrió, por lo tanto,
FIN lenios después de la época de los grandes f
constructores de pirámides. Con ella conc
dinastía Ptolemaica o Lágida, iniciada por
meo, un general de Alejandro Magno.
El Egipto de Cleopatra formaba part
que se conoció como el mundo helenístico (i
La reina del Nilo Patricia Suárez
por Alejandro Magno, dominado por el poder de Cleopatra al trono, a los dieciocho años, estuvo
Grecia y beneficiado con el enorme impulso que en- signada por esas intrigas, por el casamiento suce-
tonces se les daba a las ciencias y las artes) e iba ca- sivo con sus hermanos menores Ptolomeo X I I I y
mino a convertirse en una provincia romana. Ptolomeo XIV, y su feroz enfrentamiento con el
Cleopatra fue heredera de esa cultura y, más que primero.
por su belleza —enaltecida por la leyenda y por las
imágenes que luego le atribuirían las artes plásticas
y el cine—, su enorme atractivo y seducción resi- Atada al poder de Roma
dían en la gracia con la que se expresaba en varios En ese contexto, hizo su aparición el general ro-
idiomas y sus conocimientos de matemáticas, as- mano Julio César, un estratega militar extraordi-
tronomía y medicina, a los que sumaba su disposi- nario y un político ambicioso que extendió las
ción para la música y la literatura. Cleopatra era fronteras de Roma hacia el Occidente y el Orien-
una mujer muy culta, y esa cultura la embellecía. te. Cayo Julio César llegó a Egipto tras los pasos
La dinastía Ptolemaica a la que pertenecía se de Pompeyo, otro militar que, luego de conformar
caracterizó por la devoción al rey; es decir, por re- con él el Primer Triunvirato romano, se convirtió
verenciar la figura del monarca como si fuera un en su enemigo. Pompeyo buscó alianza con Ptolo-
dios. Por otra parte, una de las condiciones para meo X I I I —el hermano, esposo y rival de Cleopa-
acceder al poder era el casamiento entre hermanos. tra—, pero este, lejos de ayudarlo, mandó cortarle
Esta creencia en que los reyes eran dioses (y sus de- la cabeza para ganarse la simpatía de César. Por el
cisiones inapelables) determinó que uno tras otro contrario, solo consiguió ponerlo en su contra.
abandonara sus funciones de administración y pro- Mientras tanto, Cleopatra había sido expul-
tección al pueblo y se encaminara a una lucha des- sada de su palacio por Ptolomeo. Enterada del
enfrenada por acaparar el gobierno, lo que marcó enojo de César, decidió acercarse a él para que la
la decadencia del Antiguo Egipto. La llegada de
La reina del Nilo Patricia Suárez
en que se conocieron sellaron su amor y su alian- urdió un complot para asesinarlo, lo que ocurrió
za. Siendo reina Cleopatra, César mantendría el en marzo de 44 a. C.
dominio romano sobre Egipto y, al mismo tiem- Ante el peligro inminente que corrían sus v i -
po, ella tendría en él un aliado fundamental que das sin César, Cleopatra regresó con su hijo a
controlaría los intentos de invasión. Egipto. Pero allí todo era desolación: las plagas y
La alianza rindió sus frutos: derrotado su her- el hambre azotaban al pueblo y el valle del Nilo
mano, Cleopatra fue proclamada reina absoluta de ya no proveía, como antes, magníficas cosechas.
Egipto al tiempo que quedaba embarazada de Cé- Fue poco lo que hizo la reina para remediar estos
sar. Pero el idilio duró poco: juntos emprendieron males. Por el contrario, seguía obsesionada con el
una breve travesía por el N i l o , antes de que el m i - poder y, temiendo que su hermano-esposo Ptolo-
litar se viera obligado a partir rumbo a Hispania, meo X I V se lo arrebatara, decidió envenenarlo.
para cumplir con sus deberes. Cesarión, el hijo de Puso en lugar de regente a Cesarión, que solo te-
ambos, nació pocas semanas después, en 47 a. C. nía cuatro años.
A l año siguiente, tras numerosos éxitos milita-
res, de regreso en Roma, Julio César recibió el títu-
lo de emperador con todos los honores. Mandó a El amor y la caída
llamar a Cleopatra y a su hijo —que permanecie- Por entonces, llegó a Egipto Marco Antonio, a
ron dos años en la ciudad—, pero los romanos no quien le había sido encomendado el gobierno de
vieron con buenos ojos a esa reina extranjera, des- las provincias orientales del Imperio Romano.
pótica y entregada a los lujos. Sobre todo porque Marco Antonio formaba parte del Segundo Triun-
César continuaba casado con Calpurnia. Cuando virato —que sucedió a César— pero tenía una
César se autoproclamó dictador vitalicio —o sea, gran rivahdad con Octavio, otro de sus integran-
de por vida—, el Senado romano entendió que re- tes. Entre ambos, se desató una guerra civil y Mar-
presentaba una amenaza contra su propio poder y co Antonio pidió el auxilio de Cleopatra. Tras el
La reina del Nilo Patricia Suárez
primer encuentro, surgió uno de los amores más Ella huyó como pudo y al advertirlo, Marco A n -
célebres de la historia: el de Cleopatra y Marco An- tonio la siguió, abandonando a sus hombres, que
tonio, que inspiró a WilÜam Shakespeare y a tan- perdieron la batalla. Sin embargo, los enamora-
tos otros artistas y cineastas que decidieron retra- dos no consiguieron reunirse. Un informe falso le
tar y dramatizar esa relación plena de pasión, placeres hizo saber a Antonio que Cleopatra había muer-
y muerte. to, tras lo cual decidió suicidarse arrojándose con-
Se cuenta que, en los meses que pasaron jun- tra su propia espada.
tos, el amor entre lujos y fiestas fue más importan- Por su parte, bajo el dominio de Octavio, a
te que los conflictos políticos que los asediaban. Cleopatra le esperaba una suerte atroz: se decía
En el año 40 a. C , Marco Antonio fue llamado a que la tomaría como esclava y la exhibiría como
Roma y no asistió al nacimiento de sus gemelos trofeo en su regreso triunfal a Roma. Prefirió la
Cleopatra Selena I I y Alejandro Helios. N o volvió muerte. Pidió que le enviaran una cesta con frutas
sino cuatro años más tarde, y esta vez sí pudo re- y, en su interior, el áspid de la mordedura letal.
cibir a su tercer hijo con la reina del N i l o : Ptolo- Murió a finales de agosto de 30 a. C. y fue enterra-
meo Filadelfo. da, respetando su pedido, junto a Marco Antonio.
Agravada por lo escandalosa que resultaba la
conducta de los amantes, la situación con Octavio
empeoró hasta que este consiguió poner en contra
de Marco Antonio y Cleopatra al Senado y a todo
el pueblo romano. La resolución llegó en la bata-
la naval de Accio, ocurrida en 31 a. C. A pesar de
que las fuerzas con las que contaba Marco Anto-
io eran más numerosas, en el combate librado en
l mar la flotilla de Cleopatra resultó encerrada.
Patricia Suárez
SOBRE "LA REINA DEL NILO de obras. Entre ellos se cuentan escritores como
Plutarco, Shakespeare y George Bernard Shaw, la
de compositores como Jules Massenet, que le dedi-
có una ópera, y la de numerosos artistas plásticos,
entre los que se destacan Tiepolo y Delacroix. Su
historia fue llevada al cine en tres oportunidades.
TODOS LOS DATOS RECOGIDOS E N ESTA OBRA SON
fruto de la investigación de su autora, Patricia
Suárez, sobre fuentes bibliográficas históricas re-
conocidas. Con ellos construyó esta ficción que
recrea, por medios literarios, un período de la vi-
da de este personaje fascinante que ha capturado
el interés durante siglos.
Detalles como la afición de Ptolomeo X I I por
la música y la flauta, la popularidad de los títeres
entre los egipcios, los conocimientos de cosmética
por parte de la reina, y hasta su llegada hasta el
César envuelta en una alfombra son considerados
verídicos.
Cleopatra también ha despertado la imagina-

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