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CITAS

A. Según Baeza, Alberto (1996):

“entendemos por arquitectura tectónica aquella en que la

gravedad se transmite de una manera discontinua, en un

sistema estructural con nudos donde la construcción es

sincopada. Es la arquitectura ósea, leñosa, ligera. La que se

posa sobre la tierra como alzándose sobre puntillas. Es la

arquitectura que se defiende de la luz, que tiene que ir velando

sus huecos para poder controlar la luz que la inunda. Es la

arquitectura de la cáscara. La del ábaco. Es, para resumirlo, la

arquitectura de la cabaña.

B. (…), la meta del construir es habitar, crear ese medio físico que

nos permite permanecer y residir en la Tierra (Heidegger, 1994),

C. Ayma (2003): “porque el alimento esencial de nuestra existencia

viene de los nudos que nos enlazan al mundo; habitar es

«fundar relaciones cargadas de sentido con el entorno” (p. 129).

D. Morales J.C. (1999): “considera la arquitectura como «la técnica

del estar […]. El hombre ha de hacerse un mundo

arquitectónicamente, […] debe crear el orden para su vida, por

medio de referencias claras y de lugares habitables” (p. 216).

E. Unwin, S (2003): “la arquitectura incorpora la vida. La gente y

sus actividades no son meros espectadores a los que hay que

entretener, sino elementos indispensables de la arquitectura que

contribuyen y participan en ella” (p.16).


F. Unwin, S. (2003) afirma que:

Hay, por un lado, condiciones físicas, impuestas por el

mundo natural y su funcionamiento: espacio y materia,

tiempo, gravedad, clima, luz…, así como condiciones

políticas, de carácter más voluble, que son el resultado

de las interacciones entre los seres humanos,

individualmente y en sociedad. (p.17)

G. Unwin, S. (2003) explica que:

La estructura y el espacio constituyen parte de los

medios de la arquitectura. (…) Existen dos actitudes

opuestas. La primera consiste en dejar que sea la

estructura la que defina los lugares que uno quiere

crear, mientras que la segunda opta por definir primero

los lugares y forzar luego a la estructura a adaptarse a

ellos. De ahí surgen tres tipos generales de relación

entre espacio y estructura: el orden estructural

dominante, el orden espacial dominante, y la relación

armónica entre ellos, caracterizada por la concordancia

entre ambos órdenes. (p.129)

H. Unwin, S. (2003) infiere que:

Todo cuerpo tiene a su alrededor lo que podríamos

llamar “un círculo de presencia”, que contribuye a su

propia identificación de lugar. Cuando un cuerpo se

relaciona con otros, sus respectivos círculos de


presencia se relacionan entre ellos. Si un cuerpo está

situado en un recinto o una celda, su círculo de

presencia también queda encerrado y, tal vez adopte su

forma. (p.99)

I. Unwin, S. (2003) infiere que:

La arquitectura como marco de la realidad se

fundamenta en la identidad del lugar. Los marcos

definen límites. Los lugares en los que suceden o se

guardan cosas se construyen por medio de la

arquitectura. Los edificios son marcos: las habitaciones

donde trabajamos, los campos donde se practican

deportes, las calles por las que circulamos, la mesa en

la que come una familia, los parques donde nos

sentamos, las pistas sobre las que bailamos…todas

esas cosas son “marcos”: y juntas constituyen una

compleja y extensa estructura dentro de la que vivimos.

(p.75)

J. Ciriani, E. (2014) infiere que:

Las tres P han sido tergiversadas e interpretadas desde su

aparición, alrededor de 1980/82. (…). Sirvió en un principio para

afirmar la importancia del proyecto de arquitectura con

programas de vivienda social (…) Por pertinencia se busca

tratar todo lo que interviene en un proyecto que condiciona el

proyecto. El contexto (historia, lugar, clima, etc.), el programa, la


economía, ¿la tradición?, ¿la convención’, aún la política… El

respeto de estos elementos son los responsables de la

pertinencia del proyecto, se mide la pertinencia en la forma en

que estos elementos se integran al proyecto. La presencia trata

fundamentalmente de lo que pertenece solo a la arquitectura.

Esto indica que el trabajo de la arquitectura comienza cuando se

ha integrado lo pertinente, no al mismo tiempo ni antes. Por

presencia se entiende se entiende lo que se ve, lo que se da a

ver, o sea TODO lo que tiene que ver con la forma. Es lo que es

realmente la razón única y total del arquitecto; en este dominio

no puede ser débil ni frágil, ni inculto, esta es su especificidad,

su responsabilidad, para esta tarea se debe haber formado…

todas las otras las puede resolver con inteligencia, cultura y

conciencia social/ciudadana. Evidentemente que bajo el término

de forma van los espacios, su materialidad y su luz. La

permanencia es la consecuencia de las dos primeras: si se

respetan los elementos garantes de la pertinencia y si la

presencia del edificio permite apreciar este respeto, si al mismo

tiempo la presencia –o sea lo que se ve- conmueve, podemos

estar seguros de la permanencia, su longevidad, pues la

sociedad va a hacer suya y defender la obra. Esta clasificación

de los elementos que intervienen en un proyecto busca crear

una exigencia lúcida. En el fondo, lo que se busca es pertenecer


a su ciudad o país, hacer historia, no contempla lo efímero. (pp.

39-40)

K. Monestiroli, Antonio (1993) manifiesta que:

El tema de arquitectura es planteado por una ocasión histórica:

un estado de necesidad histórico. Está vinculado a un concepto

geográfico y a una voluntad social. Así pues, el tema de

arquitectura, cada vez que se plantea, se basa profundamente

en la realidad histórico-social que los propone. El punto de

partida de cualquier proceso cognoscitivo ulterior está, por lo

tanto, determinado históricamente. (p.19)

L. Monestiroli, Antonio (1993) infiere que:

La primera cuestión concierne a la función. Esta noción es

inherente a la arquitectura en el sentido de que constituye

siempre su causa. Sin embargo, hemos visto cómo ésta puede

asumirse con diversos niveles de generalidad, cómo es

necesario ir más allá de su particularidad y conocer su valor

más general. La función de un edificio, entendida en el sentido

de su razón de ser, se convierte en el objeto a conocer. A través

de este conocimiento, se procede hacia la definición de la

identidad del edificio y de sus partes. El lenguaje de la

arquitectura moderna se construye a través de este proceso.

Los elementos del lenguaje están dirigidos hacia el

conocimiento y la representación de la identidad. Tal


investigación interviene en la arquitectura moderna en todos los

niveles de la construcción del lenguaje después de las órdenes,

es un proceso, aún en curso, de identificación de los elementos

simples y definición de su papel en la construcción. De cada

parte del edificio se busca la ley propia, la forma, más adecuada

a la representación de sí misma.

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