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Lea esta historia con su discípulo(a)

“En cierta ocasión, un hombre llegó a un campo de leñadores en la montaña, con el


propósito de obtener trabajo.

Durante su primer día trabajo duramente y como resultado taló muchísimos árboles. El
segundo día, trabajó tanto o más que el primero, pero su producción fue casi la mitad que
la del primer día.

Al tercer día, se empeñó en mejorar la producción. Golpeó con furia el hacha contra los
árboles, pero el resultado fue nulo. Al ver el capataz el escaso rendimiento del joven
leñador, le pregunto:

– ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

El joven respondió:

– “¡Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado demasiado ocupado cortando


árboles!”

Pregunte a su discípulo(a) ¿cuándo fue la última que afiló el hacha?

Muchas veces a nosotros lo cristianos nos pasa como al hombre de la historia, vivimos
sumergidos en los afanes de la vida, preocupados por el trabajo, la comida, pagar los
recibos, tanto, que se nos olvida sacar tiempo para estar con el Proveedor.

DESARROLLO
La oración es la comunión con Dios. Es dialogar con Él, es el medio para comunicarnos con
Papá Dios.
Nuestra relación con Dios debe ser de absoluta confianza, fe y obediencia. Como hijos,
debemos acercarnos a Él con amor y gratitud y con la seguridad de que nos oye, tal como
lo dice Juan 15:7 y 1 Juan 5:14-15. Si la oración es menos que esto, no es oración. La
oración es más que palabras; es una actitud y expresión del corazón hacia Dios.
Frecuentemente la oración es mal entendida. Es considerada como algo vago y místico en
la relación del hombre con un Dios Santo y temible, pero la palabra de Dios no enseña esto;
al contrario, la presenta como un hermoso disfrute entre Dios y sus hijos.
En el evangelio de San Lucas se describe que antes que surgiera la iglesia en el día de
Pentecostés, los discípulos "estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios
(Lucas 24:53); y amplía lo que hacían dichos discípulos; "todos perseveraban unánimes en
oración y ruego..."(Hechos 1:14). Es decir, que la iglesia vio la luz cuando el Espíritu Santo
descendió durante un período de oración concentrada.
Una de las mayores mentiras de Satanás es que no tenemos tiempo para orar; sin embargo
todos contamos con el tiempo suficiente para dormir, comer, respirar, etc. En cuanto
comprendamos que la oración es tan importante como estas cosas, nos quedaremos
asombrados de cuánto más tiempo disponemos para dedicarle.
Nuestro mayor ejemplo de oración es el Señor Jesucristo, quien antes de comenzar su
ministerio público, dedicó tiempo para estar con el Padre en oración, además sabemos que
Él pasó largos períodos orando a solas. Ese fue el origen de su poder. El Señor no podía
hacer nada a menos que el Padre se lo revelara.
¿Está usted cansado de las ineficaces oraciones que oye salir de su boca? ¿Está
dispuesto(a) a tener una poderosa vida de oración? Si tal es su deseo, y está listo(a) para
hacer cualquier cosa, y pagar cualquier precio a fin de conseguirlo, entonces prepárese
porque Dios va a cambiar de un modo grande su vida y ministerio, introduciéndole a una
nueva dimensión de poder.
No hay razón para que en su vida no ocurran milagros de manera regular, ni tampoco para
que los incrédulos no sean atraídos al Espíritu Santo, a través de usted. La respuesta es
orar.
Algunos de los secretos para una oración eficaz:

• PASAR LARGO TIEMPO CON ÉL


Es en esos lindos momentos de intimidad cuando Dios nos enseña, nos convence, nos
redarguye de pecado, etc. Cuando en el tiempo de oración entramos en contacto con Él, la
primera cosa que se siente es nuestro propio pecado. Nadie puede experimentar orgullo
ante un Dios Santo; y una vez nos damos cuenta de la falta de requisitos naturales para
estar en la presencia divina, comenzamos a confesar pecados y a humillarnos ante Él. Eso
no quiere decir que su sitio no sea el trono de gracia (de hecho el acceso de cada creyente
a este trono ya ha sido pagado por la sangre de Jesucristo); sin embargo comprendemos
que no contamos con ninguna aptitud natural para estar allí y la reacción inmediata es el
quebrantamiento.

• ORAR CON EL ESPÍRITU SANTO


Este es otro elemento indispensable para la oración eficaz. Estamos en la era del Espíritu
Santo, Jesús dijo a sus discípulos que resultaba indispensable que Él se fuera a fin de que
viniese el Espíritu Santo; y el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los 120
fieles que esperaban en Jerusalén y los llenó. Así se cumplió la profecía de Juan el Bautista.
El Espíritu Santo puede bendecirle al testificar de Cristo; ungirle al predicar y enseñar la
palabra de Dios; pero si desea tener una comunión íntima con Él, usted necesita orar.

• ORE CON BASE EN LA PALABRA DE DIOS


Es muy clave tener en cuenta la conexión palabra de Dios - Oración, Jesús hace
énfasis en esto cuando afirma: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho" (Juan 15:7). La profunda importancia
de esta verdad se impone más de una vez, Jesús había dicho "permaneced en mí y yo en
vosotros". Pero aquí en lugar de decir "vosotros en mí y yo en vosotros, dice: "vosotros en
mí y mis palabras en vosotros" Sus palabras permaneciendo, son el equivalente a Él mismo
permaneciendo.
Cuando usted tenga una Biblia en sus manos ore al Espíritu Santo para que Él se la revele:
"Amado Espíritu Santo, abre mis ojos para que entienda la verdad de Papá Dios, en tu
Palabra Sagrada". ¡Que delicia estudiar la palabra de Dios después de haber orado!
En el libro de Romanos Pablo escribe, que "la fe viene por el oír y el oír por la palabra de
Dios". El Señor aumenta nuestra fe cuando desarrollamos el sentido del oído o sensibilidad
espiritual. Dicha sensibilidad espiritual es el resultado de un estudio con oración de la
palabra de Dios. Al desarrollarse nuestros sentidos espirituales, podemos comprender el
"alimento sólido" de la palabra de Dios. "Pero el alimento sólido es para los que han
alcanzado la madurez, para los que tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del
bien y del mal" (Hebreos 5:14)

APLICACIÓN TEOTERÁPICA
El secreto del éxito en la vida cristiana es "pasar largo tiempo con El". Nuestro problema
consiste en que hemos pensado, leído e incluso recibido enseñanza acerca de la oración,
pero no hemos orado. Recuerde: "Se aprende a orar, orando!"
No se puede descuidar la comunión continua y ferviente con Dios, pues se pierde el ímpetu
del avivamiento y lo único que queda es el impulso del pasado. Cuando el Espíritu Santo
trae el avivamiento como respuesta a la oración hay que orar el doble para que continúe.
Si llegamos a descuidar la oración el avivamiento pasará y solo quedará vivir de "glorias
pasadas".
Debemos orar por nuestro país con ganas, no hay tierra demasiado dura para el Espíritu
Santo, ni Distrito demasiado muerto, ni territorio demasiado cerrado al evangelio. ¡La
solución es orar!

Responda a las siguientes preguntas


¿Cómo está mi vida de oración?
¿Qué tiempo dedico a la oración y al estudio de la Palabra?
¿Dejo que el Espíritu Santo me dirija para hacer conforme a la Palabra?

Lleve a su discípulo(a) a que en oración tome decisiones de cultivar una vida de oración
perseverante para que cada día Dios le use y le respalde con milagros señales y prodigios.

Luego de orar, invite a su discípulo(a) a que en su agenda, además de su tiempo


devocional, establezca tiempos de oración, personales y en familia, y los lleve a cabo,
compartiendo las enseñanzas y resultados de esos tiempos.