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El Loco (Alejandro Jodorowsky – La vía del Tarot):

Libertad, gran aporte de energía

El Loco tiene un nombre, pero no tiene número. Es el único arcano mayor que no está definido
numéricamente. Representa la energía original sin límites, la libertad total, la locura, el desorden, el caos, o
también el impulso creador fundamental. En las barajas tradicionales, dio lugar a personajes como el
Comodín o Joker, que pueden representar a todas las demás cartas a voluntad, sin identificarse con ninguna.
La frase clave de El Loco podría ser: «Todos los caminos son mi camino».
Esta carta da impresión de energía: en ella, el personaje camina con paso resuelto, calzado de rojo,
hundiendo en el suelo un bastón rojo. Pero ¿adonde va? ¿Va todo recto? Es posible, pero podríamos
imaginar que va girando sin fin en torno a su bastón. El Loco representa el eterno viajero que anda por el
mundo sin vínculos ni nacionalidad. Puede que sea también un peregrino que se dirige a un lugar santo. O
también, en el sentido reductor que le dan muchos comentadores, un loco que camina sin finalidad hacia su
destrucción. Si se elige la interpretación más fuerte, se verá El Loco como un ser desprendido de cualquier
necesidad, de cualquier complejo, de cualquier juicio, al margen de cualquier prohibición, un ser que ha
renunciado a cualquier demanda: un iluminado, un dios, un poderoso gigante en el flujo de la energía, una
fuerza liberadora inconmensurable.
Su hatillo de color carne está iluminado desde dentro por una luz amarilla. El palo que le sirve para llevarlo
es azul cielo y su remate tiene forma de cuchara: es un eje receptivo que lleva la luz de la Consciencia, lo
esencial, el sustrato útil de la experiencia. En la mano que sujeta ese palo se esconde una hojita verde, signo
de eternidad.
El Loco es también un personaje musical, puesto que sus ropas están adornadas con cascabeles. Podríamos
imaginar que toca la música de las esferas, la armonía cósmica. En varios elementos de su traje se
encuentran símbolos de la trinidad creadora: su bastón tiene un pequeño triángulo compuesto de tres
puntos, uno de los cascabeles -el blanco- es un círculo dividido por tres líneas... Se puede discernir en ello la
voluntad de la trinidad cristiana o las tres primeras sefirot del Árbol de la vida de la Cabala, o los tres
procesos fundamentales de la existencia: creación, conservación y disolución. El movimiento del Loco está,
pues, guiado por el principio divino o creador. El camino se vuelve azul cielo a medida que avanza en él:
camina por una tierra pura y receptiva, sacralizándola con sus pasos.
En el cinturón del Loco se encuentran otros cuatro cascabeles amarillos que podrían corresponder a los
cuatro centros del ser humano simbolizados por los Palos de los arcanos menores del Tarot: Espadas
(intelectual), Copas (emocional), Oros (corporal) y Bastos (sexual y creativo). El Loco produce un aporte de
energía luminosa en esos cuatro centros, que también están simbolizados en los cuatro mundos de la
Cabala: Atzüoth, el mundo divino; Briah, el mundo de la creación; Yetzirah, el mundo de la formación; y
Asiah, el mundo de la materia y de la acción.
El animal que lo sigue, posiblemente un perro o una perra, apoya sus patas en la base de su columna
vertebral, a la altura del perineo, en el lugar en que la tradición hindú sitúa el centro nervioso que concentra
las influencias de la Tierra (chakra müládhára). Si el Loco fuera un ciego, sería guiado por su animal, pero
aquí es él el que va delante, como el Yo visionario que guía al ego. El yo infantil está dominado; no es
necesario seducirlo para dominar su agresividad. Ha alcanzado un grado de madurez suficiente para
comprender que debe seguir al ser esencial y no imponerle su capricho. Es la razón por la cual el animal, que
se ha vuelto receptivo, es representado en azul claro. Amigo del Loco, colabora con él y lo empuja hacia
delante. La mitad de su cuerpo se encuentra fuera del marco de la carta: el hecho de que vaya detrás del
Loco nos permite pensar que también representa el pasado. Un pasado que no frena el avance de la energía
hacia el futuro.
El traje del Loco es rojo y verde: lleva esencialmente en sí la vida animal y la vida vegetal. Pero sus mangas
azul cielo indican que su acción, simbolizada por los brazos, es espiritualizada, y su gorro amarillo lleva la luz
de la inteligencia. En este gorro se observa la presencia de dos medias lunas. Una de ellas, de color amarillo
claro insertada en un círculo naranja, está vuelta hacia el cielo. La otra, situada en la bola roja que remata la
punta trasera del gorro, está vuelta hacia abajo. La luna roja representa el don total de la acción, y la luna
amarilla, la recepción total de la Consciencia.

En una lectura:
El Loco evoca un enorme impulso de energía. Vaya donde vaya, lleva consigo ese impulso vital. Si se dirige
hacia una carta, la carga con su energía creadora. Si se separa de la carta que lo precede, abandona una
situación para aportar sus fuerzas a un nuevo proyecto, un nuevo lugar, una nueva relación. Representa
entonces una liberación una huida (material, emocional, intelectual o sexual). En otros términos, esta carta
plantea la cuestión de cómo va la energía del consultante, en qué emplea éste sus fuerzas.
El Loco representa a veces la locura o la inconsecuencia cuando se identifica con un personaje. Y,
naturalmente, un peregrinaje, un viaje, una fuerza que va. La cuestión es saber hacia dónde: El Loco no tiene
en sí mismo, ninguna preferencia.
Esta carta inseminadora de energía exacerbará, nutrirá o despojará las cartas que la rodean. Espejo del
Arcano sin nombre, que podría ser su esqueleto, El Loco nos revela que la capacidad de actuar se adquiere
también mediante la travesía iniciática de la locura y de la muerte.

Y si El Loco hablara...

«¿Sabes que en cada instante puede producirse una mutación de consciencia, que puedes súbitamente
cambiar la percepción que tienes de ti? Uno se imagina a veces que actuar es triunfar respecto al otro. ¡Qué
error! Si quieres actuar en el mundo, debes hacer que estalle esa percepción del yo impuesta, incrustada
desde la infancia, que se niega a cambiar. Amplía tus límites sin fin, sin descanso. Entra en trance.
Déjate poseer por un espíritu más poderoso que el tuyo, una energía impersonal. No se trata de perder
conciencia, sino de dejar que hable la locura original, sagrada, que está en ti.
Deja de ser tu propio testigo, deja de observarte, sé actor en estado puro, una entidad en acción. Tu
memoria dejará de registrar los hechos, las palabras y los actos realizados. Perderás la noción del tiempo.
Hasta aquí has vivido en la isla de la razón, descuidando las demás fuerzas vivas, las demás energías. El
paisaje se ensancha. Únete al océano del inconsciente.
Experimentas entonces un estado de supraconciencia en que no hay acto fracasado ni accidente. No tienes
la concepción del espacio, devienes espacio. No tienes la concepción del tiempo: eres el fenómeno que llega.
En este estado de presencia extrema, cada gesto, cada acción son perfectos. No puedes equivocarte, no hay
ni plan ni intención. Sólo hay la acción pura en el eterno presente.
No temas liberar el instinto, por primitivo que sea. Superar lo racional no significa negar la fuerza mental:
mantente abierto a la poesía de la intuición, a los fulgores de la telepatía, a voces que no te pertenecen, a
una palabra venida de otras dimensiones. Ve como se unen a la extensión infinita de tus sentimientos, a la
inagotable fuerza creadora que te confiere la energía sexual. Vive tu cuerpo, ya no como un concepto del
pasado, sino como la realidad subjetiva y vibrante del presente. Verás que tu cuerpo deja de estar dominado
por concepciones racionales y se deja mover por fuerzas que pertenecen a otras dimensiones, por la
totalidad de la realidad. Un animal enjaulado tiene movimientos comparables a la percepción racional. El
movimiento libre de un animal en el bosque es comparable al trance. El animal enjaulado debe ser
alimentado a horas fijas. El racional debe recibir, para actuar, palabras. El animal salvaje se alimenta solo y
nunca se equivoca de comida. El ser en trance no actúa movido por lo que ha aprendido, sino por lo que es.»

Entre las interpretaciones tradicionales de esta carta:


Gran viaje - Larga marcha - Locura - Vagabundeo - Inestabilidad - Imaginación desbordante - Alegría de vivir -
Liberación - Peregrinaje - Sin domicilio fijo - Mendigo sagrado - Bufón, saltimbanqui - Nómada, emigrante -
Delirio - Necesidad de actuar - Vitalidad - Libertad - Idealismo - Profeta - Marcha hacia la evolución -
Visionario - Energía divina - Aporte de energía (si El Loco se dirige hacia una carta) - Liberación o huida (si se
separa de una carta)

El Loco (Jung y el Tarot – Sallie Nichols):


El Loco es un nómada enérgico, inmortal y presente en todas partes. Es el más poderoso de todos los
Arcanos del Tarot. Puesto que no tiene número fijo, es libre de viajar a su capricho, perturbando el orden
establecido en sus correrías. Como ya hemos visto, su fuerza le ha conducido a través de los siglos hasta las
cartas actuales, donde sobrevive en la forma del Joker o comodín. Ahí también sigue alterando el orden
establecido; si es en el poker, puede sustituir al Rey y a toda su corte. En cualquier otro juego, irrumpe
inesperadamente creando lo que llamaríamos un jaleo descomunal.
A veces, cuando hemos perdido una carta le pedimos que la sustituya, función que encaja a la perfección
con su matiz multicolor y su amor por la mímica. Pero la mayoría de las veces no sirve a un propósito
definido. Quizá lo guardamos en la baraja como si fuera una mascota, de la misma manera que la corte
mantenía a su bufón En Grecia existía la creencia de que dar alojamiento a un loco prevenía del mal de ojo.
Guardar el Joker en nuestra baraja puede tener una función similar, ya que hay quien ha llegado a llamar a
los juegos de cartas «los retratos del diablo».
El Joker conecta dos mundos entre sí, aquél cotidiano en que la mayoría vivimos la mayor parte del tiempo y
el mundo no verbal de la imaginación, poblado por los personajes del Tarot y que visitamos ocasionalmente.
Como Puck, el bufón del rey Oberon, nuestro Joker se mueve libremente entre estos dos mundos y, como él
también, los confunde de vez en cuando. A pesar de sus maneras algo tramposas, parece importante
mantener al Joker en nuestra baraja moderna, para que pueda seguir uniendo los «juegos que la gente
juega» con el mundo arquetípico de los antepasados. Sin duda alguna, vigila y transmite nuestros actos a
Alguien Allá Arriba.
Actuar como espía del rey era uno de los cometidos importantes del bufón. Tratándose de un personaje
privilegiado podía mezclarse fácilmente entre las gentes y husmear entre las charlatanerías y valorar los
comentarios políticos. Hay un dicho italiano todavía en uso, «ser como el Loco en el Tarocchi (Tarot)», que
quiere decir ser bienvenido en cualquier lugar.
También el loco de Shakespeare podía actuar como el alter ego del rey en otros aspectos importantes. Por
ejemplo, en El rey Lear parece simbolizar una sabiduría real que el propio Lear no alcanza hasta el final de la
obra. Según James Kirsch, el loco del rey Lear personifica la parte central de la psique, la fuerza que nos guía
y que Jung llamó el sí-mismo. En el Tarot, como veremos, el Loco tiene a veces el mismo papel. Y como su
equivalente shakesperiano, el bufón no para ni un momento de moverse en la escena irrumpiendo aquí y
allá sin que nunca podamos atraparlo. Le gusta estar allí donde hay acción, y si no la hay, la crea.
En muchas barajas de Tarot, el Loco aparece con un perrito que le está mordisqueando, como si tratara de
decirle algo. En el Tarot de Marsella podemos imaginar la naturaleza del mensaje del perro. En el Tarot de
Waite el animal parece ladrar para avisarle del peligro que tiene delante. En cualquier caso, el Loco está tan
cerca de su lado instintivo que parece no hacerle falta mirar por dónde anda, en el sentido literal de la
palabra; su naturaleza animal guía sus pasos. En algunas cartas del Tarot, el Loco está dibujado como ciego,
enfatizando así su capacidad de actuar por visión interna más que visual, usando la sabiduría intuitiva en
lugar de la lógica convencional.
Como el alocado tercer hermano de los cuentos de hadas, que se atreve a entrar donde los ángeles temen
hacerlo y consigue la mano y el reino de la princesa, el modo espontáneo como el Loco se enfrenta a la vida
combina a la vez sabiduría, locura e insensatez. Cuando se mezclan estos ingredientes en la proporción
adecuada, los resultados son milagrosos, pero si se mezcla la fórmula mal, todo puede acabar en un
desastre. Entonces es cuando el Loco enloquece, cosa que, tratándose de un loco, no debe extrañarnos. A
menudo se lo dibuja como Tonto, con orejas de burro, pues sabe que admitir la propia ignorancia es la
mayor sabiduría y la condición necesaria para todo aprendizaje.
Nuestro Loco interior nos empuja hacia la vida, donde la mente pensante es muy prudente. Lo que desde
lejos parece un precipicio puede ser, si nos acercamos a la manera del Loco, simplemente un pequeño
barranco. Su energía barre cualquier cosa que se le ponga por delante, arrastrando a otros como si fueran
hojas llevadas por el viento. Sin la energía del Loco, no seríamos más que meras cartulinas.
En el libro The Greater Trumps, Charles Williams explora una idea similar. Ahí el Loco es la figura central del
Tarot. Verle bailar es entender el misterio de toda creación, puesto que su esencia lo abarca todo y es
paradójica. Camina hacia adelante, aunque mira hacia atrás, conectando así la sabiduría del futuro con la
inocencia de la infancia. Su energía es inconsciente y sin rumbo, pero con un claro propósito en sí mismo. Se
mueve fuera del espacio y del tiempo. Los aires de la profecía y la poesía moran en su espíritu. Aunque vaga
sin rumbo fijo, permanece intacto a través de los años. Su vestimenta multicolor nos recuerda el arco iris
con los destellos de la eternidad. Como las formas de un caleidoscopio que aparecen y desaparecen, así el
Loco entra y sale de nuestro mundo, irrumpiendo de vez en cuando entre los Arcanos del Tarot.
Muchas de las ambigüedades del arquetipo del Loco están dibujadas en una baraja francesa de origen
desconocido que alguien me. En esta carta, el Loco aparece dibujado como un viejo mendigo con barba
blanca y ojos tapados. En su mano derecha lleva su cetro de bufón (su alter ego) de forma que le precede y
le guía en sus pasos vacilantes. Quizá hace sonar sus campanillas para advertir al Loco del cocodrilo que
espera agazapado. El perrito que ladra a su dueño también parece avisarle de algún peligro. Como señal de
que este mendigo está en contacto con su lado instintivo, lleva bajo su brazo izquierdo un violín. Su música
le acompañará mientras cante por su cena en el próximo pueblo, ayudándole a mantener su alma en paz y
armonía a lo largo del solitario camino.
En marcado contraste con el joven Loco del Tarot de Waite, al que vimos justo a punto de emprender su
aventura, este viejo vagabundo se acerca ahora al final de su largo viaje. No es ciego, pero lleva los ojos
vendados, indicándonos que su ceguera es voluntaria para no atender a los estímulos que le llegan del
exterior, para poder contemplar la vida con el ojo interior. Ha prescindido también de la compañía humana y
se dedica a dialogar con su sí-mismo intuitivo, personificado en su cetro de bufón, y con la muda compañía
de su perro. La eterna y tradicional figura del arquetipo del triste y sabio Loco se ha mantenido viva en la
literatura y el arte a través de los siglos y aparece hoy ante nosotros en la figura del payaso chaplinesco y los
tristes bufones, cuyos mundos contemplan al nuestro desde los lienzos de Picasso, Rouault y Buffet. El triste
Loco está emparentado con el arquetipo del Viejo Sabio, un prototipo que veremos personificado en la carta
número nueve: El Ermitaño.
El lugar que ocupa este bufón en la serie del Tarot es apropiadamente quijotesco. En algunas barajas, con el
número cero, abre el mazo; en otras, con el veintidós, clausura el desfile de los Arcanos. Desde nuestro
punto de vista, el hecho de que vaya el primero o el último no tiene importancia; es ambos y ninguno de
ellos. Por ser una criatura de movimiento perpetuo, bailará a través de las cartas cada día, conectando
interminablemente el principio con el fin.
Como es de esperar, los detalles del vestuario del Loco combinan en su diseño muchos opuestos. Su
capucha, aunque concebida como burla de la del monje, revela sin embargo una conexión seria con el
espíritu. Sus campanillas son eco del momento más solemne de la misa y, haciéndonos recordar la fe infantil
de los locos, nos remiten a la exhortación de San Pablo: «Seamos locos, por la causa de Cristo». […]
El vestido del Loco es el símbolo por excelencia de la unión de diferentes tipos de opuestos. Sus colores
variados y su diseño irregular parecen hablarnos de un espíritu en discordia, aunque entre este caos
aparente se discierne un modelo de orden. El Loco se presenta a sí mismo como el puente entre el caótico
mundo del inconsciente y el ordenado mundo de la conciencia. Por este motivo, como veremos más
adelante, lo relacionamos con el arquetipo del Embaucador.
La palabra «loco» (foot) procede del latín fallís, que quiere decir «fuelle, globo, saco de aire». Una baraja
austríaca nos muestra al Loco con capucha de monje y cascabeles, tocando la gaita. En los circos actuales
vemos cómo los payasos llevan fuelles y se sacuden mutuamente con capuchas vacías, manteniendo así la
sonada locura de sus orígenes. Los fuelles proporcionan el oxígeno necesario para la combustión, de la
misma manera que el Loco proporciona el espíritu o el ímpetu para la acción. Él nos «enciende». A veces el
Loco del Tarot lleva una pluma en el sombrero, lo cual nos hace pensar también en su conexión con los
espíritus celestiales. El bufón puede ser también como un globo, lleno de aire caliente como la palabra
«bufón» sugiere (del latín bufo, que significa «sapo» y del italiano buffare, «soplar»).
En el Loco los extremos se tocan siempre. William Willeford hace notar que tradicionalmente el bufón
estuvo conectado con el falo en ambos sentidos, en el impúdico y en el de fertilidad. El falo se llevaba en las
procesiones griegas y romanas, así como también lo llevaban los Arlequines del Renacimiento. Un ejemplo
más actual de este tema es el pequeño ser creado por la revista humorística británica Punch, cuyo personaje
es un ser diminuto con un inmenso falo. Los bufones de las cortes europeas a menudo llevaban una capucha
con forma de falo. Su bastón con dos campanitas colgantes es obviamente otro símbolo de fertilidad; su
«herramienta». Al mismo tiempo, este juguete es el cetro del Loco, lo que le conecta con el Rey como su
alter ego.
Algunas veces el Loco, a quien pintan como el equivalente del Rey, lleva una corona. La corona es
simbólicamente un halo de oro abierto por su parte superior para recibir la iluminación desde lo alto. Así
pues, ambos, el rey y el Loco, reciben la inspiración divina. Dado que el rey reina por derecho divino, su
equivalente tiene un derecho igualmente divino para criticarle y ofrecerle sugerencias alternativas.
Debido a que el Loco contiene polos de energía opuestos, es imposible detenerlo. En el momento en el que
pensamos que hemos atrapado su esencia da media vuelta, regresa a su opuesto y se burla desde atrás. Es la
combinación de su ambivalencia y de su ambigüedad lo que le hace ser tan creativo. Sobre este aspecto del
Loco, Charles Williams dijo: «Se le llama Loco, pues la humanidad piensa que está loco hasta conocerlo; es
soberano y nada, y si no es nada, entonces es un muerto viviente». El Loco abarca todas las posibilidades.
Parece significativo que, hoy en día, los jóvenes de corazón de cualquier edad vayan como él, vestidos de
colorines y parches, con capuchas y campanas. Muchos se convierten en trotamundos que viajan con un
saco con todas sus pertenencias mundanas a la espalda. Alan McGlashan, en su libro The Savage and
Beautiful Country, considera este fenómeno como un intento del inconsciente por volver a las raíces a
buscar el creativo suelo del Edén, para reactivar el poder ilimitado de la primera creación. Muchos jóvenes
abandonan en la actualidad reconocidas instituciones de enseñanza superior para buscar la verdad que se
halla más profundamente enraizada en el suelo de su ser esencial. Quizá los colores psicodélicos de los años
sesenta y setenta ya presagiaban el amanecer de una nueva conciencia para toda la humanidad.
El nombre francés del Loco, Le Fou, afín a la palabra «fuego» (lefeu), hace eco de su conexión con la luz y la
energía. Como nos podría decir el mismo bufón: «Soy luz y viajo en la luz» (ambos aman los juegos de
palabras). Como un símbolo del fuego de Prometeo, el Loco arquetípico personifica el poder transformador
que creó la civilización y que también puede destruirla. Su capacidad para crear o destruir, de orden y de
anarquía, se refleja en la manera en que lo presenta el antiguo Tarot de Marsella. Lo descubre andando por
su propio camino sin importarle en absoluto lo que la sociedad piense de él, sin siquiera un camino que le
guíe, aunque lleva el traje de bufón, lo cual nos indica que posee un lugar preeminente dentro del orden
gobernante. En la corte, juega un papel único como compañero del rey, su confidente y crítico privilegiado.
Como al Coyote embaucador de los Navajo, al Loco se le concede un papel especial en el orden social. Su
presencia sirve a los poderes reinantes como recordatorio de que la necesidad de anarquía existe en la
naturaleza humana y que debe de tenerse en cuenta.
La presencia de bufones en cortes y familias nobles empezó en época muy remota y se mantuvo hasta el
siglo XVII. Esta práctica nos muestra la idea de que hemos de dejar un lugar al factor que rechazamos en
nosotros y admitirlo en nuestra pequeña corte interior, lo que psicológicamente significa que lo hemos de
admitir. Es bueno mantener al Loco visible, donde podamos vigilarlo. Si lo excluimos de nuestra conciencia
puede jugarnos malas pasadas que, aunque puedan ser «prácticas», son a veces difíciles de apreciar. Si lo
aceptamos en nuestro interior, el Loco puede traernos ideas frescas y nuevas energías. Si vamos a
beneficiarnos de su vitalidad creativa, hemos de estar dispuestos a soportar su comportamiento poco
convencional. Sin sus observaciones crueles y sus sabias amonestaciones nuestro paisaje interior podría
tornarse estéril. Así, el antiguo refrán que dice «albergar en casa a un loco protege del mal de ojo» no es
solamente una superstición, sino que es una verdad psicológica de valor constante.
Otra técnica usada en la antigüedad para asegurar a la sociedad contra las sublevaciones imprevistas de las
necesidades cíclicas de destrucción era conceder ciertos períodos de permisibilidad, como las Fiestas de los
Locos, donde se suspendían por unos días todos los convencionalismos establecidos. En estas ocasiones el
orden natural de las cosas se trastocaba. Los rituales más sagrados se parodiaban de manera obscena, se
ridiculizaba a los dignatarios del Poder y de la Iglesia, permitiendo así que se ventilaran los sentimientos de
rebelión y hostilidad que habían estado reprimidos por mucho tiempo.
Hoy en día el espíritu de esta fiesta saturnal pervive diluido en las celebraciones de Carnaval y, en menor
escala, en el día de los inocentes, Nochevieja y San Juan, en circos, desfiles, rodeos, festivales de rock y otros
acontecimientos en los que pervive el espíritu festivo. La erupción en nuestra cultura de la magia negra, así
como el interés creciente por la brujería y los adivinos, nos indica la necesidad que tenemos de incluir lo
irracional de una forma más aceptable.
Hay maneras mucho menos dramáticas de aceptar al Loco en nuestras vidas; una de ellas es admitir
libremente nuestra propia locura. Cuando logremos hacerlo en una situación conflictiva, los resultados
pueden ser insólitos. Al no hallar resistencia, el antagonismo cae de bruces y el adversario se queda
haciendo una pirueta en el aire. Más claramente, la energía que antaño usábamos para defender nuestra
propia estupidez se libera para usos más creativos. En cuanto se puede abrir el corazón para admitir al Loco,
sucede con frecuencia que la risa disipa la hostiliddad y todas las partes del anterior conflicto terminan con
Puck riéndose de la locura de los mortales. En cualquier caso, el Loco es un buen personaje a quien consultar
cuando todos nuestros planes se tuercen, dejándonos desvalidos a la deriva. En estas ocasiones, si
escuchamos, podremos oírle decir mientras se encoge de hombros: «Aquél que no tiene meta fija, no puede
perder nunca su camino».
Hemos mostrado varias de las diferentes figuras del Loco en el Tarot, ya que cada una de ellas permite
resaltar alguna faceta importante de su compleja personalidad. La primera de ellas es una vieja carta suiza
que nos lo muestra como puer aeternus, joven de vigor inmortal (aunque tenga siglos de edad). Su cetro
recuerda la flauta mágica de Papageno, que podía hacer bailar a sus enemigos tras disipar su odio. Si
pudiéramos sintonizar con ella, sin duda sería una bella manera de evitar la discordia y la guerra. La flauta
también nos recuerda aquel infame «Flautista de Hamelin». (Existe de hecho una baraja alemana en la que
dibujan al Joker como el flautista seguido por ratas encantadas.) De esta misma manera, el Loco de la baraja
suiza puede sacarnos de los convencionalismos en los que estamos inmersos y devolvernos al mundo infantil
de la fantasía y de la imaginación. Hay que tener cuidado, sin embargo, con su magia: si olvidáramos pagarle
podría tenernos bailando como sus ratones, prisioneros en el mundo de los instintos, sin ningún tipo de
salvación hasta que le hayamos pagado la deuda pendiente. Parece urgimos a mantener una buena relación
con nuestro Loco. Así, como él, podremos viajar libremente, entrar y salir de los mundos de la fantasía
etérea y de la realidad terrena.
Un buen ejemplo del acuerdo laboral entre el mundo de los adultos y el de la eterna niñez se simboliza en la
historia de Peter Pan. Este chico, como el flautista de Hamelin, se llevaba a los niños fuera de lo establecido.
Aunque no llevara los cascabeles del Loco, podía volar y le gustaba cantar como un gallo. Como el Loco
arquetípico, abarca los opuestos, ya que tiene una sombra oscura que sabiamente cosió sobre sí mismo para
que no se le perdiera ni olvidara.
Cuando Peter Pan se llevó los niños de la señora Darling al país de Nunca-Jamás, ésta quedó muy
desconsolada, así que Peter Pan hizo un trato con lo establecido: Wendy podría vivir en su casa la mayor
parte del tiempo con la condición de que, de vez en cuando, apareciera por el país de Nunca-Jamás para
ayudar en la limpieza de primavera. Quizá, si admitimos al Loco en nuestra vida, nos enseñe a volar y nos
provea de un salvoconducto para su país, siempre que le ayudemos a arreglarse un poco. Por supuesto,
necesita nuestro intelecto ordenado en su país de Nunca-Jamás tanto como nosotros necesitamos su
vitalidad y su creatividad para nuestro mundo de Siempre-Siempre.
El aspecto engañoso del Loco es realmente engañoso. Como observa Joseph Henderson, el tramposo es
completamente amoral. No se somete a disciplina alguna y sólo se deja guiar por su actitud experimental
hacia la vida; de la figura de este tramposo finalmente surge la del Héroe-Salvador. Una necesidad ineludible
para esta transformación es que el joven tramposo tenga que pagar por sus escándalos. Literalmente,
Henderson dice que «el impulso del tramposo nos proporciona el mayor obstáculo para la iniciación y es uno
de los problemas más duros que tiene que resolver la educación, puesto que parece como una ilegalidad
divinamente sancionada que promete convertirse en heroica».
Debido, quizá, al tardío reconocimiento del poder heroico de la juventud, la sociedad admite hoy sus
maneras y modos, vestimentas e incluso cierta ilegalidad en los jóvenes. El hecho de que muchos adultos
adopten vestidos y costumbres juveniles puede indicar un intento inconsciente de encontrar en ellos
mismos su potencial heroico no realizado.
Algunas veces, este ensayo inconsciente de contactar con el potencial irrealizado de heroísmo interior
puede surgir de manera extraña y violenta. Un ejemplo notorio fue el intento de asesinar al presidente Ford,
que protagonizó la joven Squeaky Fromm. No contenta con hacer el papel del bufón arquetipo, como un
atrevido equilibrio de las reglas y leyes establecidas, Squeaky quiso acabar de una vez con el establishment.
«No resultó», dijo ella. Pero este joven Loco descarriado consumó su actuación cuando en la portada de la
revista Newsweek (15 de Septiembre, 1975) apareció su fotografía llevando en la cabeza la típica gorra roja
del Loco.
En nuestro viaje hacia la individuación, el Loco arquetípico a menudo nos muestra tanto la resistencia como
la iniciativa inherentes a su naturaleza, e influye en nuestras vidas de manera más creativa y menos drástica.
Su curiosidad impulsiva nos conduce hacia sueños imposibles mientras que, al mismo tiempo, su naturaleza
juguetona nos devuelve de nuevo al mundo fácil de nuestra infancia. Sin él no emprenderíamos nunca el
esfuerzo del autoconocimiento; pero con él estamos siempre tentados de quedarnos vagando por los
aledaños. Dado que es una parte de nosotros mismos separada de nuestro ego consciente, puede tendernos
trampas mentales, como mínimo confundiendo nuestra lengua o provocándonos lapsus. A veces, sus
bromas nos introducen en lugares donde nuestro ego nunca se hubiera atrevido a ir.
Es evidente que el Loco como Héroe-Tramposo puede jugarnos pasadas buenas o malas según el punto de
vista de cada uno. Marie Louise von Franz lo califica de «mitad diablo mitad salvador... puede ser a la vez
destruido, transformado o reformado al final de la historia». En los siguientes capítulos vamos a ver al Loco
del Tarot (y/o héroe) a través de los veintiún estadios de su transformación. Muchos milagros han de
suceder para que el loco conglomerado de energías simbolizado por el bufón en la carta cero, emerja en la
carta veintiuno como el Mundo, un bailarín sereno que se mueve al ritmo de las esferas.
En la baraja suiza, al Loco se le llama Le Mat, literalmente «el demente». A menudo, los bufones de la corte
eran realmente retrasados mentales. Aunque cortos en materia de intelecto, tenían una relación especial
con el espíritu. Cuando llama a este Loco «una figura religiosa arquetípica», von Franz la conecta con la
función inferior, el término junguiano para el aspecto no desarrollado de la psique. En su Jibro Lectures on
Jung’s Typology compara al Loco con «una parte de la personalidad, incluso de la humanidad, que quedó
atrás, arrinconada, y por eso lleva aún en sí la totalidad original de la naturaleza».
Cariñosamente llamados a veces «los amigos de Dios», estos locos eran mantenidos y mimados por la
sociedad. Esta costumbre sobrevive hoy y tiene su paralelismo en «el tonto del pueblo», que suele ser
mantenido y protegido por toda la villa. Solamente en las sociedades que se llaman a sí mismas
desarrolladas, estas aberraciones de la norma ya no se toleran sino que se les envía a instituciones.
Si el Loco se presentara por ahí con su nombre italiano, Mat-to, esto es el demente, seguramente lo habrían
echado de nuestra sociedad, pues la demencia es una condición del espíritu humano muy temida hoy en día.
Aquí también vemos cómo el poder establecido se vuelve cada vez más intolerante con lo que se desvíe de
lo que se ha decidido llamar «normal». […]
A veces la ruta hacia la verdadera salud pasa a través del infantilismo y la locura. En ciertas ceremonias
primitivas, el médico y el paciente actúan «como locos» para conseguir que el mal imperante se invierta,
conviertiéndose en su opuesto. En El rey Lear, el protagonista, desamparado como un niño, tiene que vagar
sin ayuda de ningún tipo por las tormentas y por los calores hasta que por fin puede llegar a una nueva, real
y clara visión de su alma. Es una característica de la visión interior de Shakespeare que Edgardo, disfrazado
de loco, sea el que conduzca a Lear hasta la salud mental. El Loco puede hacer de demonio, induciéndonos a
la locura, pero puede también conducirnos hacia el camino de la salvación.
Comentando el aspecto salvador del infantilismo y la locura, McGlashan dice lo siguiente: «El hombre debe
regresar hasta sus orígenes personales y raciales, y aprender de nuevo las verdades de la imaginación. Y en
este trabajo le van a ayudar dos extraños maestros: el niño, quien ha entrado a medias en el mundo racional
del espacio y del tiempo, y el loco, que ha escapado a medias de él. Pues sólo estos dos seres están
liberados, de algún modo, de la presión del remordimiento del acontecer diario y del incesante impacto de
los sentidos externos que atormentan al resto de la humanidad. Estos dos tipos originales viajan ligeros, van
lejos en sus solitarios viajes trayéndonos a veces una ramita brillante del Bosque de Oro por el que se han
paseado.»
El Loco como Salvador en potencia es lo que muestra la baraja pintada con cariño a principios de siglo bajo la
dirección de A. E. Waite. Este delicioso joven paje con su vestido floreado y una rosa en la mano, parece casi
andrógino, combinando de modo feliz las cualidades masculinas y femeninas a la vez. En muchas culturas
primitivas los dioses, así como los primeros humanos, se consideraban bisexuales, lo que simbolizaba el
primitivo estado de totalidad que existía antes de que se separaran los opuestos: cielo-tierra, macho-
hembra.
El vestido que lleva el Loco le conecta, pues, con las dos cosas a la vez: con el poder primordial del Creador y
con la inocencia de lo recién creado. A pesar del precipicio que tiene delante, el joven Loco de Waite baila
sin preocuparse por ello. Su cabeza está rodeada de las nubes de ensueño de un mundo perfecto, liberado
de toda miseria, y su corazón anhela aventuras y amoríos. Tiene un aspecto tan ingenuo como Parsifal.
Como Parsifal, el Gran Loco, no tiene ni idea de lo que debe preguntarle a la vida, o ni siquiera que haya que
preguntarle algo; tiene, sin embargo, un perrito que puede olfatear el peligro y le ayudará a evitarlo.
Como le sucede a Parsifal, la conexión que tiene el Loco con su aspecto instintivo tiene el poder de salvarle
no sólo a él, sino a toda la humanidad. Joseph Campbell ha escrito que es precisamente la completa
seguridad que Parsifal tenía en su intuición natural lo que le hacía pasar por alto las costumbres
establecidas, los convencionalismos y los consejos de sus mayores, de manera que al final hizo la única y
sencilla pregunta necesaria para redimir al Mundo Perdido en su totalidad. Quizás el joven Loco de Waite se
salvará a sí mismo (y a todos nosotros). Como todos los locos, ha sido tocado por la mano de Dios.
Dios toca a los locos de muchas maneras; en tiempos pasados, las deformidades del cuerpo se veían como
señales especiales de Dios. Enanos, jorobados, eran escogidos a menudo para hacer de bufones en las cortes
o casas reales de la época. Algunos padres avariciosos hicieron que sus hijos sufrieran tales deformaciones
vendándoles para que pudieran aspirar a ocupar ese lugar tan deseado en la corte. Sin pararse a comprobar
si estos seres eran así debido a la mano milagrosa de Dios o a los trucos y la maldad de sus padres, lo cierto
es que la mayoría de las veces eran seres dotados de una profundidad y sabiduría insólitas. Excluidos por su
deformidad física de los intereses y actividades de la mayoría de las personas, a través de su sufrimiento y
de su soledad estas gentes se vieron forzadas a encontrar recursos en su propio interior. La ironía del payaso
triste ha sido tema de grandes obras de arte, como el lienzo de Picasso, el de Rouault y también en el
escenario, Rigoletto y Pagliacci, pero en ningún sitio ha sido tan admirablemente descrita la dignidad
humana y la capacidad del espíritu de trascender el sufrimiento como en Don Sebastián de Morra, de
Velázquez. El Loco, sea como bufón, como payaso de circo o como tramposo, es siempre un ser solitario y
triste que está alejado del cotilleo anónimo que disfruta del mundo que le rodea. En la baraja moderna
llamada Tarot acuariano, aparece el Loco que capta esta idea solemne de otra manera. En los anteriores
locos de otras barajas, lo hemos visto siempre moviéndose hacia la derecha (tradicionalmente el lado de la
consciencia), mientras que aquí lo hace hacia la izquierda, hacia la siniestra (lado de la inconsciencia) . Todos
los otros locos están saliendo hacia el mundo extravertido de la acción, simbolizando la evolución de la
conciencia hacia la experiencia exterior. El Loco acuariano, como no lo hicieron muchos jóvenes de las
generaciones anteriores, se marcha de este tipo de realidad para llegar con calma a vislumbrar el borde de
otro mundo. Quizás como muchos jóvenes de su edad, está saliendo a la exploración del mundo interior de
sueños y visiones. Es de lejos el más solemne de todos los Locos que hemos visto hasta ahora, es el único
que parece estar mirando hacia donde va. Parece estar dirigiendo su mirada a una meta distante. Aunque
esté dibujado como un joven, no hay nada en él que nos haga pensar en un alocado jovenzuelo inexperto
que se lance sin meta alguna. Parece como si estuviera pensando seriamente en los pasos de la au
torrealización con la dedicación y el propósito que sólo son habituales en la segunda mitad de la vida. Parece
como si se retirara de la vida, antes de haberla vivido. Quizás presiente que nuestro mundo y sus valores no
le proporcionan oportunidad para la autorealización. En principio, al regreso de este viaje a su interior, va a
traernos nuevas ideas para crear un mundo que haga su esfuerzo más valedero.
El Loco del Tarot acuariano es un espejo fiel de la seriedad y la tristeza de los jóvenes de hoy, que tienen el
sentimiento de haber nacido en un mundo que les es extraño, ya que no es el mismo que conocieron sus
padres. Margaret Mead señala a menudo que, quienquiera que haya nacido en este mundo después de la
segunda guerra mundial, lo hace en un mundo científico y cultural desconocido para sus padres, y que
seguirá siéndolo por siempre jamás. El problema no es sólo el de una incomprensión entre ambas
generaciones, sino que existe un abismo cultural tan enorme que podría decirse que los jóvenes de hoy han
aterrizado en un nuevo planeta, física y psicológicamente. No cabe duda de que éste es el abismo que el
joven del Tarot de Waite no veía venir. ¡Qué gran contraste entre este Loco de fin de siglo y el actual
acuariano! Cuando se mira a este nuevo viajero, se siente la confianza de que él sí que tiene la capacidad de
convertirse en el Héroe Salvador que matará al dragón y nos conducirá al nuevo reino. Parece que para esto,
en primer lugar, jóvenes y mayores, tenemos que bajar y tocar con los pies en el suelo y enfrentar después
juntos este abismo real. Quizás hace falta incluso que caigamos dentro y toquemos fondo para encontrar
entonces una base común sobre la cual construir un nuevo mundo.
En el Tarot de Marsella el Loco es el número cero, hecho notable, pues el número bajo el cual «nació» nos
ilumina dándonos a conocer su carácter y su destino. […] El concepto de cero, desconocido en el mundo
antiguo, no apareció en Europa hasta el siglo XII. El descubrimiento de esta aparente «nada» amplió de una
manera importante el pensamiento del hombre. Prácticamente, creó el sistema decimal, y filosóficamente
descubrió la asombrosa paradoja de que «nada» ocupa un espacio y contiene un poder. Parece, pues,
apropiado asignar el cero al Loco. En las antiguas cartas italianas de Tarocchi, el Loco, fiel a la forma, no
tenía valor ninguno por sí mismo, pero aumentaba el valor de la carta junto a la cual aparecía. Como el vacío
e inútil cero, la magia del Loco puede convertir un uno en un millón. […]
Un círculo con un punto en su centro es el signo universal para designar el sol, fuente de todo calor, luz y
poder. Este jeroglífico también designa el Huevo del Mundo, de cuyo fértil centro surgió y sigue surgiendo
toda creación. El loco, cuyo vestido de colores abirragados han llamado muchos el movimiento continuo de
lo que no tiene centro, al igual que su número cero, no expresa nada y lo contiene todo. […]
Con lo que hemos dicho hasta aquí puede verse fácilmente que el emblema del Loco se ha convertido en el
símbolo de la deidad no manifiesta, del primitivo caos o vacío de donde surgió por primera vez el cosmos y
todo lo creado. Se le ha conectado con el signo cabalístico «En Soph» o la Luz Ilimitada, el principio activo de
la existencia previo a su manifestación material, la nada de la cual proceden todas las cosas. Es por lo tanto
lo que en alquimia se llama la Prima Materia o el fondo de las cosas: «aquello en lo que todos empezamos».
[…]
Jung definió el ego como «el centro de la consciencia». El self (sí-mismo) es el término que él usa para
denotar el centro de la totalidad de la psique, un centro de amplio conocimiento y estabilidad. Como nos
mostrará el Loco con su danza circular, el sí-mismo no es algo que inventemos nosotros, ni es tampoco una
zanahoria dorada que llevamos delante de nuestra nariz toda la vida. El sí-mismo es algo que está ahí desde
el principio; el ego es, si se quiere, lo que hacemos, el sí-mismo se nos dio. Existe antes de nuestro
nacimiento, durante nuestro nacimiento y después de nuestra muerte. Está en nosotros siempre, esperando
que volvamos a casa e incluso nos apremia a ello, ya que aquí no hay marcha atrás. Nuestro viaje, como el
del Loco, es circular. Como dice C. G. Jung: «El ego se enfrenta al sí-mismo, como el móvil a su motor, como
el objeto al sujeto. El sí-mismo, como el inconsciente es algo que existe previamente y de donde surge el
ego. Es, por decirlo de alguna manera, una prefiguración inconsciente del ego. No soy yo el que se crea a sí
mismo, pero sí que me sucedo a mí mismo.»
La iridiscencia del Loco no puede limitarse a palabras, pero la cita anterior parece captar algo de sus colores
cambiantes. Podemos decir que el Loco del Tarot es el sí-mismo como una prefiguración inconsciente del
ego. […]

El Loco (Aleister Crowley - El Libro de Thoth):


Esta carta está atribuida a la letra Aleph, que significa Buey […].
La característica realmente importante de esta carta es que su número tiene que ser el 0. Este representa
por tanto lo Negativo que está por encima del Árbol de la Vida, la fuente de todas las cosas. Es el Cero
Qabalístico. Es la ecuación del Universo, el equilibrio inicial y final de los opuestos.[…]
Esta carta es tanto el padre como la madre en el sentido más abstracto de estas ideas. Esto no es una
contradicción, sino una identificación deliberada de lo masculino y lo femenino.[…]
La relación entre locura y santidad es tradicional. El que el tonto de la familia tuviera que entrar en el clero
no era un desprecio. En Oriente se cree que el loco está «poseído», es un santo o profeta. Esta identidad es
tan profunda que actualmente la encontramos presente en el lenguaje. «Silly» (tonto) significa vacío —el
Vacío de Aire— Cero —«las horas tontas del día»—. Y la palabra deriva del alemán selig, santo, bendito. La
inocencia es lo que más fuertemente caracteriza al Loco. […]
El mundo siempre está buscando un salvador, y la doctrina en cuestión es filosóficamente más que una
doctrina, es una realidad patente. La salvación, cualquiera que sea su significado, no se consigue en base a
términos razonables. La razón es un callejón sin salida, una maldición; sólo la locura, la locura divina, ofrece
una salida. La ley del Ministro de Justicia no sirve; el legislador será un camellero epiléptico como Mahoma,
un arrivista megalómano y provinciano como Napoleón o incluso un exilado con tres cuartas partes de sabio
y una de loco, un residente en una buhardilla del Soho, como Carlos Marx. Entre tales personas sólo hay una
cosa en común: todos ellos están locos, esto es, inspirados. Casi todos los pueblos primitivos poseen esta
tradición, al menos en una forma diluida. Ellos respetan al lunático errante, pues cabe la posibilidad de que
sea el mensajero del Altísimo. «¿Este extranjero excéntrico? Obsequiémosle con generosidad. Puede que
estemos agasajando sin saberlo a un ángel.» […]

El Loco (El Nuevo Tarot Ritual de la Aura Dorada):


El Sendero de El Loco es la importante primera conexión entre Kether (La Corona; La Fuente Única de todo)
y Chokmah (Sabiduría). Este Sendero es conocido como la inteligencia ardiente… la primera corriente de
vibración potencial. Es el precursor del Primer Pensamiento. Siendo este el caso, el significado de la carta es
uno de los más difíciles de comprender en razón de su extrema proximidad con el Inmanifiesto. Aleph, la
primera letra del Alfabeto Hebreo (también la letra más amada por Dios) es atribuida a esta carta. En el
Zohar, uno de los más antiguos textos Qabalísticos, la Aleph es descrita como la unidad absoluta; entonces
no se le puede asignar un número ya que los números se distinguen unos de otros. A esta clave se le asigna
el cero, ya que éste representa el círculo de la unidad. El Sendero del Loco es la posibilidad o el primer
destello de una idea o pensamiento. Desde fuera de la Luz Infinita, el aliento de vida de la Ruach (espíritu)
comienza a formar la idea de la manifestación. Es la “Corona de la Sabiduría, el Primum Mobile actuando a
través del Aire en el Zodíaco”. […]

El Loco (Tarot el Arte de Adivinar - Enrique Eskenazi)


Asociaciones simbólicas: Es el único arcano sin numerar y le corresponde el número 0. De allí que se le
asocie a la simbología del 0 y del círculo: lo inmanifestado, o lo que es anterior o escapa a toda forma; el
inicio anterior al verdadero comienzo. En tal sentido, es el comienzo de un ciclo y, a la vez, su cancelación: es
el caos previo al cosmos, y en el que éste se resuelve al concluir un ciclo universal. Como caos, el Loco
expresa lo irracional, lo inconsciente, lo radicalmente otro. Es la profusión de posibilidades no realizadas,
implícitas en el caos –el inconsciente- y que toma una doble dirección: la locura o la inocencia, la ebriedad o
la pureza previa a toda mácula.
El concepto de “ebriedad” es importante en el pensamiento griego, que lo asocia al dios hermafrodita
Dionisio-Baco. La cosmovisión helénica se caracteriza por el profundo respeto por los límites propios dentro
de los que se realiza la naturaleza de las cosas: la medida justa. Dionisio, por otra parte, simboliza la
desmesura manifiesta, ya como ignorancia de los propios límites, ya como eclosión que desborda toda
definición en una forma. Esta desmesura fue llamada “hybris” por los griegos, y de ahí “ebriedad”: anulación
de toda medida, anarquía, éxtasis y delirio que siempre están bajo la protección de Dionisio, eterno
inspirador de toda destrucción y renovación. […]
Los dos aspectos de lo irracional –ebriedad e inocencia- se encarnan en la leyenda de Dionisio-Baco. “Baco”
proviene probablemente del sánscrito “baksha” = “devorador”. A esta deidad se le atribuyen los dones de la
locura, el terror, la ebriedad y la alegría, la vida y la muerte. Según una leyenda, Dionisio es concebido en el
momento mismo en que su madre, Semele, muere abrasada al ver a Zeuz, su amante, en toda su gloria. El
niño, perseguido por Hera, es puesto bajo el cuidado de Hermes, que lo disfraza de niña. La vinculación
entre El Loco (Dionisio) y El Mago (Hermes) no es casual. Ambos son hermafroditas, y uno será alumno, en
tanto que el otro, instructor.
Según otra leyenda, Zeuz guardo al niño recién fecundado en su pierna, de la cual nació al completarse su
gestación. De todos modos, Hera lo perseguirá y continuamente será amenazado y despedazado para
resucitar. Dionisio Baco remite al buscador que ha de pasar por la experiencia de su destrucción y
renacimiento. Característico de Baco es el Tirso, su báculo, que acaso esté representado en el bastón sobre
el cual se apoya El Loco en su marcha.
Por otra parte, la versión occidental de la tradición de El Loco se encarna en Parsifal, el joven inocente, torpe
y puro, que recupera el Santo Grial de Montsalvat (Monte de Salvación = Centro del Mundo). En primer
momento Parsifal comete una locura al matar un cisne sagrado, pero su inocencia le hará resistir las
tentaciones del jardín Kundry. […]
En las tradiciones iniciáticas como en los misterios órficos, la figura de El Loco es representada por Dionisio
Zagreus, dios que muere despedazado por las Ménades, y cuya resurrección debe experimentar
personalmente el iniciado. La reflexión sobre los mitos de Dionisio, Baco, Dionisio Zagreus y Parsifal, junto
con la simbología del 0, hacen aceptable la colocación de El Loco al comienzo o al final de la serie de los
arcanos mayores.

Correlaciones esotéricas: Al loco se le asocia a la letra Aleph, que significa toro o buey, animales atribuidos a
Dionisio. Es el primer sendero del Árbol (esto es, el sendero 11, si se cuentan los sefiroth como senderos)
que va de Kether (Corona) a Chokmah (Sabiduría), y de ahí que se le denomine “Corona de la Sabiduría”. Se
asocia con el 0 y con el Ain Soph Aur, previo a toda creación. Es el elemento Aire y se dice que representa al
Primum Mobile actuando a través del aire en el Zodíaco. Inteligencia centelleante. Su color es amarillo
pálido. Es el Espíritu del Éter. Los Silfos.

Significados adivinatorios: Los significados deben derivarse de las correlaciones esotéricas y simbólicas. En el
nivel espiritual o existencial, indica la ambivalencia entre inocencia y error, una actitud de búsqueda que se
ve amenazada por la equivocación. Es el comienzo de un ciclo, las primeras tentativas inocentes y torpes; a
su vez previene contra las ilusiones y la precipitación. La ambigüedad del arcano se manifiesta en una doble
interpretación: es el loco sabio o santo, el que se aparata de las normas establecidas, el anarquista o el
poeta siempre insatisfecho; pero también es el iluso, el torpe, el que se niega a ver y permanece en una
actitud necia y poco responsable. Éxtasis o locura, en todos los casos El Loco indica pruebas difíciles a través
de las cuales madurar.
En el plano psíquico o anímico, señala siempre un estado de ansiedad, insatisfacción, nerviosismo, irritación:
necesidad de movimiento sin tener clara una meta. Dispersión, estados de embriaguez y de sonambulismo.
Temperamento poético pero extremista, gran inestabilidad. Sentimiento de culpa.
En el plano práctico es un naipe de gran inestabilidad: indica una situación irresuelta o un movimiento más o
menos súbito, que puede traducirse en un viaje. Asunto que requiere responsabilidad e intuición
simultáneamente. Advierte contra la precipitación o la imprudencia.

El Loco (Ramirez Marinela):


El Loco, representado por Dionisio, es la libertad de espíritu, el ser libre e indómito en esencia, sin ataduras
materiales ni místicas. Es simple, natural. El Loco es el bohemio por excelencia, es quien, como un niño,
busca sin conciencia de si mismo.

Ideas claves:
· Arquetipo: el niño. Fuerza vital, espíritu puro.
· Lección: aprender cosas nuevas, asumir la vida como una aventura. Aprendizaje lúdico.
· Meta: descubrimientos. La vida como experiencia lúdica. Alegría de vivir.
· Disposición psico-emocional: el ingenuo, el espontáneo. Espíritu aventurero, despreocupado. Capacidad de
asombro, sensibilidad, curiosidad, alegría de vivir. Talentos inexplorados.

El Loco (Astrología y Tarot – Beatriz Leveratto y Alejandro Lodi):


Descripción de la carta: La imagen muestra a una personaje de aspecto bufonesco que camina hacia un lado
pero mira hacia otro. Representa con su postura la dificultad para saber hacia donde dirigirse. Con un brazo
sostiene un pequeño atado para llevar sus pocas pertenencias: es tiempo de andar liviano y con bajas
expectativas de logros materiales. A su lado hay un perro, que representa su aspecto naturalmente
instintivo que lo ayuda a sobrevivir a las situaciones más complejas. El Tarot nos muestra que es posible
confiar en las insólitas propuestas de El Loco aunque no logremos comprender sus intenciones, es tiempo de
incertidumbre y de nuevos desafíos que difícilmente podremos dirigir o controlar. Su aspecto de bufón nos
dice que es él, en definitiva, quien siempre se ríe del Rey –de nuestro propio ego-. El Loco siempre nos
sorprende, crea y destruye sin previo aviso.

Interpretación: La figura de este arcano y su propio nombre –El Loco- rápidamente evoca a la cualidad
acuariana y la función uraniana en astrología. De este modo, podemos asociarlo con atributos de libertad,
creatividad, espontaneidad, con lo súbito e imprevisible, con lo repentino y excéntrico.
Sin embargo, es necesario tomar como punto de partida la enorme distancia que existe entre esta cualidad y
la posibilidad de hacerla consciente, al menos en el presente estado de evolución de la humanidad. En
principio, decimos que esta experiencia (tanto la que representa El Loco como la que simboliza Acuario-
Urano) resulta intolerable para nuestra conciencia ordinario. Y lo que se advierte claramente en el Tarot, ya
que este arcano no recibe el nombre de “el creativo”, “el libre” o “el espontaneo” (o incluso “el mistico”),
sino “el loco”, es decir, una denominación que remite a la extravagancia, a la marginalidad, a estar “fuera del
orden”.
Ahora, ¿es cierto que este arcano sugiere una experiencia extraña a la realidad? ¿O acaso nos remite a una
peculiar manera de participar en ella? ¿O , mejor aun,, representa el recordatorio de nuestra pertenencia a
un orden que trasciende nuestro anhelo de permanencia en formas seguras y del cual nuestra lógica
racional no puede dar cuenta?
Algo más. Podemos agregar que la imagen de El Loco alude al propósito humano de la búsqueda de la
máxima creatividad en la forma, es decir, al deseo individual de que las estructuras concretas que logramos
desarrollar a lo largo de nuestra vida personal (formas) vayan in crescendo en la expresión de su originalidad
y singularidad (creatividad).
Ahora bien, es fundamental comprender que este anehlo promueve, en la escala humana, un complejo
“doble vinculo”, ya que creatividad (lo que rompe la continuidad, lo que muta) y forma (lo que toma cuerpo,
lo que alcanza una conformación estable y perdurable9 aparecen en una relación tensa de antagonismo y
exclusión: máxima creatividad se corresponde con mínima forma y, viceversa, máxima forma se corresponde
con mínima creatividad.
Desde el enfoque astrológico, este conflicto no es otro que aquel que existe entre la vivencia de la cualidad
canceriana y acuariana, la aparente contradicción entre la función lunar y la uraniana. La Luna cumple con el
propósito de cerrarse y generar un ámbito protector y nutriente para que se gesten formas particulares y
especificas, mientras que Urano promueve la apertura y exposición al curso de corrientes de creatividad
universales y globales.
Resulta inevitable que lo creativo y libre ponga en riesgo la permanencia en formas seguras (lo que se cree y
se sienten seguras), y que la estabilidad de formas sólidas parezca exigir el sacrificio de cualquier innovación
creativa. DE ahí que la libertad se asemeja a la locura en el mundo de las formas humanas personales –
seguras, estables, previsibles-, y la creatividad se confunde con lo absurdo en el orden de la lógica racional.
¿Por qué ocurre esto? La pregunta se impone.
Lo creativo requiere para revelarse estar libre de contenidos del pasado, ya que cualquier material heredado
implica necesariamente un condicionamiento para la manifestación de lo nuevo, un “formateado” previo
que establezca bordes y recortes a la información inédita y que ingresa al sistema, surcos para la circulación
de la energía.
A su vez, en tanto entidades encarnadas, en nuestro desarrollo como personalidades humanas necesitamos
atender a necesidades (corporales, mentales y psíquicas) que sólo pueden satisfacerse en el mundo de las
construcciones concretas (en el espacio y el tiempo) en el orden de lo manifiesto, explicito, definido y
previsible.
Así ese doble vínculo al que hemos referido queda planteado. Al buscar creatividad tratamos de alejarnos
del condicionamiento de estructuras fijas y materiales, pero ante el vacío de formas conocidas que
promueve lo creativo (en tanto representa lo no-conocido) nuevamente buscamos la seguridad de
estructuras definidas y estables, las cuales provocaran el ahogo de un nuevo condicionamiento de la
creatividad, del que se querrá escapar poniendo en riesgo otra vez las formas seguras, etcétera- Esta es, en
definitiva, el circuito cerrado en el que la conciencia humana personal parece quedar atrapada.
La creatividad genera la incertidumbre del vacío, el vacío provoca necesidad de forma y seguridad, la forma
implica la sensación de condicionamiento y prisión, y el condicionamiento suscita el anhelo de creatividad y
libertad.
Más allá de la esfera estrictamente egoica, desde el punto de vista energético o transpersonal no existe
contradicción alguna. La manifestación vital propone un pulso entre forma concreta y vacío creativo, un
latido que contiene el impulso de construcción y destrucción, en pos de posibilitar su proceso de generación.
Aquí adquiere significado la figura de El Loco que representa tanto al número 0 como al 22. El lector debe
estar atento, en primer lugar, a El Loco como 0.
El número 0 presenta una naturaleza paradójica y ambivalente. Su significado varía notablemente según
consideremos este número delante o detrás de otro número.
Si aparece ubicado como dígito detrás de otro número del 1 al 9, establece la completitud e integración de la
cifra, es decir, su máximo potencial (10, 20, 30, etc.). En este caso, el 0 revela el máximo desarrollo creativo
posible en esa forma particular.
Pero si está ubicado detrás de otro número el 0 estimula un salto de cualidad, en tanto “habilita un nuevo
digito en la cifra” (la decena, la centena, el millar). […] La posibilidad de habilitar nuevas dimensiones de
despliegue vital representa un crucial cambio de escala y magnitud: la oportunidad de una circulación de la
energía más amplia y libre, menos ceñida a formas que terminan limitando el potencial creativo que hasta
ese momento supieron contener eficazmente.
Entonces, detrás de otro número el 0 simboliza, en primer lugar, el máximo despliegue creativo de una
forma concreta y, a su vez, el salto de escala que habilita a una nueva dimensión en la que otras formas se
manifestaran para desarrollar una nueva magnitud de lo creativo.
Pero ¿qué ocurre al considerar el 0 delante de otro número? Nada sucede, porque estamos frente a la más
absoluta irrelevancia, vació, no-existencia.
Además, más allá de su ubicación relativa en una cifra, en sí mismo el 0 es símbolo de lo indeterminado, de
aquello que no marca ninguna extensión en el espacio ni despliegue en el tiempo. […]
En definitiva, el 0 representa la expresión del máximo potencial creativo en la forma y, al mismo tiempo, el
despliegue de dimensiones cada vez más abarcativas (0 a la derecha) y la expresión de la máxima
inexistencia en la forma (0 a la izquierda).
El nombre que la figura de este arcano tiene en castellano –esto es, El Loco- da cuenta de esta paradoja. El
loco es aquel que no encuentra su lugar en el mundo, que está fuera de todo sistema organizado, el exiliado
excluido; pero, la raíz de la palabra “loco” remite a lugar, a ubicación (locación). Así, la palabra sugiere tanto
“no lugar” como “lugar”; o sea, tanto aquello que no encuentra ubicación fija o permanente como aquello
que nunca deja de estar en su lugar.
Siguiendo la paradoja de esta imagen, El Loco es el número 0 pero también el 22, esto es, el último arcano.
El Loco es el comienzo y también el final. Es aquello de lo cual surge el principio y aquello a lo cual todo
arriba todo desenlace. Es todo y nada. El nacimiento y la muerte.
“El Loco arquetípico personifica el poder transformador que creó la civilización y que también puede
destruirla… capacidad para crear o destruir, de orden o de anarquía…”
De acuerdo con nuestra reflexión, El Loco del tarot nos propone un profundo contacto con la cualidad
acuariana de la astrología y, sobre todo, con la “recientemente descubierta” (apenas algo más de 200 años=
función de Urano. Sabemos que Urano representa la singularidad creativa que toda forma particular es
potencialmente capaz de expresar, la libertad para diferenciarse de toda pertenencia o continuidad de
modelo, la súbita alteración de patrones y la manifestación renovada del flujo energético vital en una nueva
escala de circulación.
Esta interpretación de lo uraniano permite percibir algo mucho más profundo en esta cualidad que una
mera manifestación arquetípica asociada a la locura. En realidad, la tradicional imagen de El Loco sugiere el
límite humano que el inconsciente colectivo puede otorgarle a esta vibración. Pero desde la astrología –y
desde nuevas representaciones del tarot- podemos resignificar esta imagen aproximándonos a su dimensión
transpersonal (y, en este sentido, no-humana o más allá de lo humano).
En la mayoría de los mazos tradicionales la imagen de El Loco aparece asociada con la locura, con “aquello
que no tiene sentido”, con la pérdida de sentido de realidad en tanto es capaz de “bailar al borde del
precipicio”. No se lo toma en serio, se esperan de él solo bromas, muchas veces pesadas, que pueden
tornarlo algo siniestro (el arquetipo de bufón). […]
Toda la exploración que fue desarrollando la humanidad permite hoy que la cualidad de este arcano no
signifique fatalidad. Somos contemporáneos de una época en que la libertad de búsqueda individual ya no
es vista como un traición a los valores ancestrales, ni la diferenciación singular y creativa como un trastorno
cercano a la locura. Sin embargo, conviene tener presente que la profunda resonancia con la cualidad de El
Loco no deja de plantearnos paradojas de difícil aceptación si son pesadas desde el plano humano personal.
“Una de las exigencias más importantes del Loco es que vivas tu vida. Esto quiere decir que tu conocimiento
no procede de los libros, sino que lo adquiere a través de experiencias de todo tipo, tanto gratas como
desagradables. Por consiguiente, el Loco es puramente impulsivo y no dictamina… Estar abierto a la vida es
muy importante. Con la actitud del loco no hay que esperar que todo vaya como un reloj. Naturalmente, lo
que suceda estará bien, pero lo que el poco crítico Loco considera como “bueno” no es necesariamente
nuestra idea de “bueno”.
El Loco es un buen personaje a quien consultar cuando todos nuestros planes se tuercen, dejándonos
desvalidos a la deriva. En estas ocasiones, si escuchamos, podemos oírle decir mientras se encoge de
hombros: “aquel que no tiene meta fija, no puede perder nunca su camino”.”
Es conveniente, entonces, ni subestimar su efecto desde un entendimiento intelectual apresurado, ni
quedar atrapado en el miedo que despierta todo aquello que no podemos controlar.
El ciclo de Urano en el cielo es de 84 años, lapso que en la actualidad coincide con una expectativa de vida
humana razonable en el mundo desarrollado. Hoy este ciclo parece ligar el inicio dela vida y el final de la
vida. El Loco y Urano como representaciones simbólicas de lo creativo, pueden vincularse tanto con el
misterio de la concepción como con el misterio de la muerte. La vida y la muerte aparecen ligadas en la
misma imagen, una imagen que se interroga sobre el ser, sobre su permanencia en el tiempo y el espacio.
[…]
En una consulta de tarot, El Loco se ríe, parece burlarse, no tomar en serio aquell que, acaso con toda
gravedad, estamos preguntando. El Loco responde con una mueca cómica y trágica lo que queremos saber,
esa constante pregunta, el porqué, ya sea que la formulemos por curiosidad intelectual o por dolor
existencial. Siempre, ante las maravillas y las tragedias de nuestras vidas formulamos un ¿por qué? En este
sentido, es la carcajada de El Loco la respuesta que con mayor certeza da cuenta del misterio. […]
Quien vive en la dualidad es la conciencia egoica condicionada en formas y construcciones personales, esa
conciencia que necesita que la realidad sea separatividad, que sea “una cosa o la otra”. Esta vibración (ya
sea El Loco como respuesta a una consulta o Urano como tránsito a nuestra tema natal) resulta “una broma
pesada) para este estado de conciencia. […]
Otra paradoja compartida por El Loco y Urano se descubre cuando para poder hacer contacto con lo
esencial, auténtico y no-condicionado que vibra en nosotros es necesario ir en búsqueda de los patrones
históricos que nos determinan. Es decir, para descubrir nuestra naturaleza no condicionada debemos
conocer nuestros condicionamientos, reconocernos en lo heredado para ser libres de la herencia. Nuestro
miedo a la libertad y a lo creativo transparenta el diseño de condicionamientos que nos constituye.
Al mismo tiempo, en esta búsqueda de nuestra originalidad topamos con otro tesoro. Más allá de develar
nuestros patrones de condicionamientos materiales y psicológicos, esta aventura en el pasado se transforma
en un encuentro con la fuente de nuestra autenticidad. No se trata de un retorno a lo vivido o una regresión
que malogre el despliegue de nuestro potencial creativo, sino de una conexión con la fuente de nuestro
misterio. […]
En este sentido que algunos autores de la línea junguiana creen ver en El Loco una representación del sí-
mismo, esto es, un símbolo de esencia y totalidad, “la parte central de la psique, la fuerza que nos guía”. […]
“Es mejor considerar al Loco como una especie de fuerza vital, enterrada en lo más profundo de nosotros,
que nos estimula continuamente a emprender la evolución personal… en terminología junguiana, podemos
decir que el Loco queda limitado al papel de motor detrás del proceso de individuación”.
Aquello que en verdad somos, más allá de los condicionamientos de nuestras identificaciones personales e
históricas, va revelándose en el encuentro con nuestro destino, en un movimiento que no es otra cosa que
un regreso a nuestra fuente original, atemporal. El Loco y Urano mostrándonos cómo, al diferenciarse de lo
conocido en el tiempo de nuestra historia personal, la conciencia se reconoce en su más profunda
originalidad: la matriz del ser humano y, aun más allá, el orden incesante del universo.

El Loco en una lectura:


Desde una conciencia condicionada (estadio pre-personal: identificación sin discriminación): Esta lectura
interpretaba a El Loco como máximo condicionamiento a nuestros aspectos más instintivos y también
mínima libertad para accionar desde nuestro lado más auténtico y creativo; supone al consultante en una
actitud reactiva que actúa de temores del pasado y sin capacidad de diferenciación (esto es, poca capacidad
de discernimiento consciente). En ella prima la necesidad de “hacer lo que se quiere” de un modo impuslivo,
irreflexivo, infantil. El compromiso emocional y el sostén de procesos materiales pueden dar pánico o, por el
contrario, puede existir el anhelo de controlar y retener las actividades o los vínculos conocidos sin
plantearse realmente si en esas situaciones hay vitalidad y autenticidad. Se retienen las cosas y las personas
por creerlas seguras y irremplazables, bajo una apariencia de solidez y compromiso, retención que se
condena de esta manera a la sombra de El Loco, el que emergerá como destino de imprevistos, cortes
súbitos o abandonos. El individuo se sentirá rodeado de situaciones caóticas, confusas y de pérdidas
inexplicables, que incrementarán aun más la angustia y el temor en la persona. La persona se polariza de
forma extrema reforzando aun más la sensación de que es necesario controlar lo incontrolable: la vida.

Desde una conciencia estructura en un yo (estadio personal: discriminación y crisis de identificación):


En esta lectura se genera un clima en el que condicionamiento y libertad están en pugna y hay un intento
conciente de regulación de ambos. El individuo experimenta la angustia y la incertidumbre, lo que le dificulta
la capacidad para definir con claridad sus deseos y por lo tanto entorpece su accionar. Sin embargo, más allá
de esta incomodidad, al mismo tiempo se siente la auténtica necesidad de un cambio profundo, algo anhela
liberarse de aquellos condicionamientos y formas cristalizadas del pasado que ya no se sienten sólidas ni
vitales. Se trata de un tiempo de contracciones, de crisis existenciales y a la vez de grandes aprendizajes. La
capacidad de discriminar entre reacciones condicionadas y acciones vitales se va desarrollando mientras se
convive con la permanente contradicción de la necesidad de una vida más creativa y la angustia de vacío que
eso produce. Suele suceder que se renuevan los vínculos y los proyectos como consecuencia de un nuevo
compromiso con la propia autenticidad, sin que esto implique necesariamente actitudes de rebeldía,
trasgresión o fuga.

Desde una conciencia en expansión (estadio transpersonal: apertura a la integración con una totalidad
mayor): El Loco es entendido como la expresión de máxima libertad para la auténtica expresión de uno
mismo y el mínimo condicionamiento a modos de accionar cristalizados o poco vitales. Esta lectura abre las
posibilidades de que el individuo actúe conectado con el presente, libre de presupuestos del pasado o
expectativas de logros sujetos a modelos rígidos. La libertad redunda en auténtica capacidad de elección
libre de temores. Es tiempo para lo nuevo, para optar por lo diferente. La personalidad se recrea y permite
entrar en contacto con propósitos verdaderamente trascendentes. En síntesis, el sujeto se abre a la
creatividad de la vida, se muestra receptivo a lo que “la vida se propone con él, más allá de lo que él se
proponía con la vida”. La fantasía de control cede ante el propio destino.

Extracto del Libro Metagenealogia – Alejandro Jodorowsky:


En ese año de convivencia con los psicóticos tuve agradables conversaciones –en sus pocos momentos de
calma- con don Juan Muñoz, alias San Calixto. La mayor parte del tiempo, sintiendo que estaba poseído por
un demonio que colocaba en su lengua palabras malditas, se agitaba exigiendo que le cosieran la boca con
hilo bendecido por el Papa. Después de una lección de pantomima donde le enseñe a imitar marchar contra
el viento, me dijo:
-Hace algunos años, antes de que mis enemigos, los servidores de Satán, me encerraran en este castillo,
recorrí gran parte de México, evangelizando a mis hermanos. Como lo hacía a pie, por falta de dinero para
comprarme un burro, muchas veces el Maligno me envió vientos huracanados para impedirme avanzar.
Quizá porque estaba muy flaco y viajaba llevando por todo equipaje una bolsa conteniendo un pan, pude
atravesar con facilidad esos vientos. Una noche me detuve para dormir junto a una pequeña iglesia. A la
mañana siguiente continúe mi viaje. Al cabo de cuatro horas de marcha, me senté para comer. Cuando abrí
el saco me di cuenta de que el pan estaba lleno de hormigas. Pensé: “estos bichitos ahora están lejos de su
hogar. Quizás tienen padres, hijos, amigos. Lo que debo hacer es devolverlos al sitio donde los he tomado”.
Camine de regreso otras cuatro horas, llegue a la iglesia, abrí mi saco y deposite las hormigas en su
hormiguero. Entonces descendió del cielo esta aureola invisible que me rodea la cabeza.
Interprete lo que me dijo Juan de esta manera: “El peregrino simboliza a un hombre con un alto nivel de
Conciencia. Al darse cuenta de que vive en la destructiva trampa familiar, es decir, que su pan está invadido
por un bullicio ajeno, no ve a las hormigas como enemigos, es decir no desprecia al clan por su
egocentrismo, sino que decide devolverlo a su esencia primera, la filiación divina: lleva a las hormigas de
regreso al tempo. Al reintegrar su árbol genealógico a sus raíces celestes, obtiene el equilibrio y la salud
espiritual.”
En sus momentos de calma, convertido en San Calixto, Juan se expresaba de manera profética:
-En mi abismal energía el pensamiento pierde limites. Miro a todos los seres y las cosas con amor de padre y
es intensa mi ternura por la existencia efímera. Nada comienza, nada termina, nada nace, nada muere.
Acepto con amor sacrificar mi figura ilusoria.
A través de las palabras de San Calixto comprendí el profundo significado del arcano sin número del tarot
llamado popularmente El Loco.
En el territorio del inconsciente, si no nos extraviamos y permanecemos al mismo tiempo en el mundo
racional, encontramos no la locura sino ese estado intermedio que llamamos “trance, conexión profunda
con el Inconsciente Transpersonal”, dicho de otra forma: el supraconsciente. Sumidos en este trance
trabajan los grandes artistas, los grandes científicos (quizá Einstein se refería a esto cuando decía: “La
imaginación es más importante que el saber”) o los grandes curanderos como María Sabina, la chamana de
los hongos alucinógenos, que decía visitar al paciente en sus sueños para curarlo. Estos seres talentosos
entran en una dimensión del espíritu que está más allá del ego individual. Para una persona que aun no ha
alcanzado tal nivel de conciencia es difícil comprender su absoluta libertad. Lo que les diferencia de los seres
talentosos es que los delirantes, a pesar de abrir también puertas mentales que los comunican con lo
Indefinible, permanecen prisioneros del ego y sus angustias en lugar de unirse a la humanidad.
A un monje zen le preguntan: “Maestro, ¿qué es la iluminación?”. Y él responde: “¡Puerta abierta al Norte,
puerta abierta al Sur, puerta abierta al Este, puerta abierta al Oeste!”. El ser de conciencia ha vencido la
identificación con las palabras, y en su mente reina el silencio: saber ser. En su centro emocional, el juicio
objetivo reemplaza a la crítica: sabe amar. En su centro sexual las pasiones son bien canalizadas, la
insatisfacción vencida: sabe crear. Controlando sus necesidades inútiles, las reduce a lo esencial, no se
autodestruye: sabe vivir. Ha cesado de pensar que actuar es triunfar respecto al otro. Amplia sus límites sin
fin, sin descanso. A su racionalidad agrega el trance: no pierde la conciencia de la vigilia pero se deja poseer
por su Ser esencial, impersonal para que hable la locura sagrada que habita en su espíritu: Deja de ser su
propio testigo, deja de observarse, es un actor en estado puro, una entidad en acción. Su memoria diurna
cesa de registrar los hechos, las palabras y los actos realizados. La isla de la razón se ensancha, se une al
océano del inconsciente. En su estado supraconsciente no fracasa ni provoca accidentes. No concibe el
espacio, deviene el espacio. No siente el paso del tiempo. En esta lucidez extrema, cada gesto, cada acción,
son perfectos. No puede equivocarse porque no tiene planes ni intenciones: solo experimenta la acción pura
en un eterno presente. No teme liberar el instinto por primitivo que éste sea. Para él superar lo racional no
significa negar la fuerza mental: se mantiene abierto a la poesía de la intuición, a los fulgores de la telepatía,
a voces que no le pertenecen, a palabras venidas de otras dimensiones del espíritu. Palabras que se unen a
la extensión infinita de sus sentimientos, a la inagotable fuerza creadora que le confiere la energía sexual.
Vive su cuerpo ya no como un concepto del pasado, sino como la realidad subjetiva y vibrante del presente,
no está dominado por conceptos racionales, se deja mover por fuerzas que pertenecen a niveles
subliminales, es decir, por la totalidad de la realidad. Un animal enjaulado tiene movimientos comparables a
la percepción racional. El movimiento libre de un animal en el bosque es comparable al trance. El animal
enjaulado debe ser alimentado a horas fijas. El racional, para actuar debe recibir palabras. El animal salvaje
se alimenta solo y nunca se equivoca de comida. El ser en trance no actúa movido por lo que le han
inculcado, sino por lo que es. No busca la verdad sino la autenticidad.

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