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LA ÚLTIMA VERDAD

BALTASAR RAMOS MARTÍNEZ


© Baltasar Ramos Martínez, La última verdad.

Primera edición: 2019

Taller Papel en Blanco

Colección «Cuadernos Rupestres»

Serie de Poesía. No. 1.

Cartonera Tzapotlatena

Cooperativa «In Tlalli in Tlapalli»

Zapotlán El Grande, Jalisco.

Apoya a las editoriales independientes que reciclan, diseñan y crean


una nueva alternativa contra el capitalismo y la mercadotecnia global
de los grandes imperios editoriales. Creemos que el libro cartonero
es un espacio abierto a la diversidad cultural. Esto no es un negocio,
es un movimiento latinoamericano de compromiso y libertad de
expresión: la literatura es de quien la trabaja.
Baltasar Ramos Martínez

La última verdad
LA ÚLTIMA VERDAD
9

ÍNDICE

La gente se va 11

Máscaras 14

Lágrimas 16

Expulsión 18

Desde esta calle 20

Puedo esperarte 22

Penas amargas 24

Tu boca sobre mis labios 25

Burguesa 27

Claveles 31

Sin sexo 33

¿Así fue? 36

Que todo llegue 38

Carta a una antropóloga 39

El semáforo 43

Casa 46

Espera 48

Ser mexicano es un placer 51

Baltasar Ramos Martínez


10

Indio nuevamente 56

¿Seré yo, señor? 59

Gracias 63

Te escribía un poema cuando murió Lucía 65

Mi cocodrilita 67

Me reclamas que nunca te escribo un poema 69

Las maté por error 72

Pensando en vos, María 73

Lo hagamos otra vez 75

Viejito verga 77

Terrorista 80

No pude llegar anoche 82

Y sin embargo… se mueve 84

Las piedras 87

Una muchacha cualquiera 88

Nadie sabrá lo nuestro 89

Lección moral 90

La última verdad
11

LA GENTE SE VA

La gente se va de cabeza, del puente al pavimento.

La gente se va cuando se muere.

La gente se va de la Tierra a Marte.

Se va de compras: a pie, en combi, volando,

en aviones que cuestan millones de escuelas, hospitales,

viviendas, comidas y desayunos.

La gente se va cuando se enoja,

cuando decide viajar o suicidarse.

La gente se cambia de ropa y de casa,

cambia de pareja

o de sexo.

La gente se va sin despedirse:

escapa cuando roba, cuando mata,

cuando niega la pensión alimenticia,

cuando traiciona con elegancia.

La gente se va si se duele y no se peina;

si va herida cae, se levanta y ya no vuelve.

La gente se va de lado, mareada, ebria;

Baltasar Ramos Martínez


12

mete el pie en una coladera

o se hipoteca con el banco.

La gente va de su casa a la oficina,

de la cita al cine y al hotel,

a la misa de gallo,

a lapidar al traidor.

La gente va de oriente a oriente,

de occidente a ningún lugar;

va de la sala a la cocina,

del regaño a la obediencia.

Va con su maleta y su chequera,

con las puras manos y con hambre;

va de repente o con cita previa;

va de la mano o a empujones;

solo va o va solo,

con mochila al hombro

y solo un rifle de palo.

Alguien piensa en matar con arma

y el otro matar a besos;

se van corriendo por el boulevard,

en silla de ruedas,

La última verdad
13

bailando o llorando… es igual.

La gente se va.

Baltasar Ramos Martínez


14

MÁSCARAS

Ocurrió anoche, entre el silencio más escandaloso,

quirópteros de negro silbido hirieron la estridencia de mis ojos;

huí sobre la sierpe de siempre,

y con llamas en el cuerpo que besaste

alcé las alas para despedirme.

¡Cúbreme con tus máscaras!

En la ceguera del rayo guardé tu nombre y edad,

en la cueva en que soñamos guardé mi rostro y mi edad.

Entre torbellinos oculté tu rostro y tu voz lloviendo,

tus ojos abiertos entre gemidos y vaivenes del mar.

Está en secreto el silencio de mi boca,

la canción mal entonada.

A ello, mi máscara apuesto.

A veces asoman el brillo de las monedas enterradas,

los vidrios del corazón asfixiándose.

Levántate la máscara, enséñame el respirar:

dime qué juegas y qué apuestas;

desde qué trampolín es tu mortal al frente.

La última verdad
15

No soy yo, es él:

cuando dice “estrella”, tu aliento es luz;

cuando dice “manos”, ofrendas la tibieza de las tuyas;

cuando él es profundo en su mirar, miras desde el hondo de sus ojos.

Gané la partida:

como banderas de guerra, las máscaras se prensan en mi puño;

grito de anticipado triunfo, piedras me hundo;

mentiras fantasmales que, latas viejas, por pavimento, arrastran.

Ocurrió anoche:

es tiempo de partir; oculto mi rostro que no es el tuyo,

descubrámonos, está oscuro;

nadie nos sabrá desnudos.

Baltasar Ramos Martínez


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LÁGRIMAS

Tócame con tu lengua la parte de mi cuerpo que aún no llora.

Las mujeres beben mi sal, sacian su sed en mis corrientes.

¿Observas a la anciana que se persigna y me desea suerte?

No, te lo juro: no es tu muerte.

A mí, me sigue doliendo la misma parte.

¿Acaso no existe una mujer en mi cama con la que no te recuerde?

¿Acaso no existe una cama en que haga el amor con ellas y no vuele?

¡Grito en todas partes! En tus ojos, en tu boca ardiente,

en tu gruta de molusco,

en tus manos de aves, en tu fértil y aromático vientre…

Busco alivio en todas partes: grises puertas de hoscos templos,

en el camino donde la mujer de blanco espanta,

en el pasto rojo en que se alimenta el becerro turquesa,

en mis arterias simples,

en la galaxia que con su brillo engaña,

en los fuertes brazos de mi amante.

¡Grito hasta que escuchen sordos y muertos!

¡Grito hasta que escuche el enajenado con audios en el cielo!

La última verdad
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¡Grito hasta que escuche la banda de rock que, en el 68,

amaneció en la cárcel!

¡Y tiemblo! ¡Tiemblo! ¡Tiemblo!

Falta agua, aliento, besos, rascaditas en la espalda…

una espulgada, por favor;

un terrenito de un millón de pesos,

la herencia de la avara que, igual que Rodia, asesinaré.

¿Traes un beso, casualmente, en tus tiliches?

¿Ahorraste, en el cochinito,

los mendrugos de excitación, sobrantes en septiembre?

¡Lloraré nuevamente! ¡Lloraré! ¡Lloraré! Puedo hacerlo en tu regazo,

en la ventana de tu cuarto, sobre el osito de peluche,

en la ortografía pésima,

en los muslos de tu amiga, en el abdomen de lavadero,

en las deudas que dejaste,

en los chismes que creyeron,

en las volutas de perfume,

en las fugas con otro hombre,

en la combi que te deja cerca,

en las manos ensangrentadas del que mató a tu hermana…

¡Júralo!

Baltasar Ramos Martínez


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EXPULSIÓN

El fin de semana me expulsó el sacerdote del pueblo.

Ofreció misa y confesó a los purificados.

La inocencia despegó del paladar la ostia.

El crucifijo abrió una grieta en mi frente,

mi cabello escurría pecado y sangre.

Busqué bajo las patas de la cama. Ella, salió al mercado.

Infernalmente,

desgarré libros que aves escaparon por la ventana

pernoctando en la basura local.

¡Oh! Dios, lanza estrellas hacia arriba y las cacha con la boca;

abajo, los patos nadan en mi estanque.

Una moto enciende la rabia del autista que conozco.

¿Cuál es el motivo?

Una adolescente confesó masturbarse en mis poemas.

¡Qué bochorno! ¡Qué pena!

Mi saliva, diablos con tridentes, perfora el decoro de la iglesia.

La bofetada rodó hasta la esquina del periódico.

El aire, mi aire, mi respiración; latidos y lamentos,

La última verdad
19

gemidos atados a piedras que bajo el agua desfallecen.

Guardo mis cosas, cierro mi edad

y me guardo en este hotel con agrio olor a sexo.

Reconozco que soy un tanto infernal.

Baltasar Ramos Martínez


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DESDE ESTA CALLE

Desde esta calle, en silencio, digo que te extraño.

Un niño sucio, con un güiro, canta su limosna;

los locos siembran nada y sus pasos no van lejos.

Tu cuerpo en sus zapatillas… disimuladas grietas.

Desde esta calle degusto miel adolescente…

lenguas del reptil.

¡Oh, sí: Madre puede morir de repente!

Esta guerra no tiene caballos ni balas.

Tu felicidad: monstruo en la chequera.

Desde esta calle te lloro viento y furia, relámpagos.

Desde esta calle escucho: “— a un lado, anciano…”,

las palomas no se despegan de mis manos.

Desde esta calle mato, de repente. Sin gesticulaciones: mato.

Quiero tocarte, saber si existes.

El reflejo de la ventana me enceguece

y mis ansias buscan lentes y sedantes.

Los transeúntes murmuran: “¿Me quieres?”

Me asfixia la envidia, la muerte.

La última verdad
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La nieve al derretirse en mis cabellos se hace años.

Desde esta calle te invoco: “asciende a mi gloria

en tanto construyo tu corona de laureles”.

Este silencio tiene nombre: martillo, carne, nube, panadero, tibieza,

un pájaro rumbo a las garras de un felino, espérame un momento.

Este silencio se llama miedo,

no molestes por favor, me choca tu insistencia,

no me vuelvas a llamar.

En esta calle haces falta en el taxista que me observa

y reclama el servicio a no sé quién,

En esta calle tengo miedo a empezar.

En esta calle mis piernas tiemblan de inseguridad y celos.

Me desala el miedo

mar que me devora con sus fauces de alba espuma.

En esta calle te extraño siempre:

¡Qué importan las lejanas horas de burdel!

Baltasar Ramos Martínez


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PUEDO ESPERARTE

Distante los cerros, los países, dios y las semanas.

Distante la gente de hierba y de mercurio que aún no conocemos.

Tu aroma se adelgaza y se distancia.

Leo las profecías en las líneas de mis manos.

¿En qué ocupas las abismales curvas de tus ojos?

Tu casa es ciega como pájaros alborotados.

El caballo jobero no relincha ni el mudo me hace señas.

Escapas de mis sueños, ánima.

Mi abuela me otorgó el don de adivino y curandero.

Enfermarás si sueñas culebras en el río de la montaña.

¿Existe imán que te arrebate?

Puse claveles sobre el recado que en el espejo dejaste,

la rana de cuarzo azul que entre pirámides encontraste;

un vaso de agua fresca y una lágrima en cada día que pasa.

Einstein debió eternizar la vida, reducir el tiempo,

la velocidad y la distancia.

Puedo esperarte elevando mis manos,

observar el tendedero fetichista en que pendían tus bragas,

La última verdad
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o salir corriendo: huella y sangre,

y mojarme de sombras y quirópteros.

Mis arrugas y mis canas son el tiempo;

soles de olvido me apagan, me encienden.

Agonizo toro de circo, llorando,

y aun así puedo esperarte.

Baltasar Ramos Martínez


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PENAS AMARGAS

Mis lágrimas son puras como las de María,

verde esperanza como las del Ché,

transparentes y agitadas como las de Zapata y Villa,

tutifruti como las de Julio el esposo de Manuel.

Me amarga la garganta y lágrimas,

me amenaza la guadaña y lágrimas,

una rana salta fuera de la charca de lágrimas,

la revientan los latidos que la arrastran.

Voy de nuevo en lágrimas,

arde mi país y sus casas.

Voy de nuevo lágrimas:

una soga, un revólver, un arma blanca;

tus labios, amor mío, tus labios

y una lancha de lágrimas.

Voy de nuevo lágrimas, amor mío:

al sucio hotel de nuestros sexos vírgenes…

Lágrimas.

La última verdad
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TU BOCA SOBRE MIS LABIOS

Quiero tener tu boca en mis labios

al ritmo y la sonrisa de los Negros,

con el movimiento suave: alas de Quetzalcóatl;

corazón y aliento, durazno.

Será tu canto libertarias cuerdas del chelo

y de la angustia: sax de doradas teclas.

Tus labios: congruente palabra, libre el pensamiento;

acción clandestina sembrando futuro,

germinando en el vino.

Tus labios: sabiduría materna,

francos besos paternales,

culta oratoria de libros e historia.

Tu boca en mis labios son metales y especias rumbo a Europa,

el mole que destila un millar de cazuelas.

¿Por qué recordé al Mahatma hilando y Luther King,

biblia y arenga?

¿Filosofía profunda en la poesía de Netzahualcóyotl?

Tu boca: pezón y canela.

Baltasar Ramos Martínez


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Tu boca: entereza y carácter,

viaje astral, el yo interminable.

Con tu boca en mis labios una luna acaricia la paciencia,

el manantial del desierto colma contusiones y rabia.

Una cátedra de besos, por favor.

Ven nigromántica, sin ruido, por las noches.

No sientas el olfato de mi perro,

ven cual infantes jugando,

sin la irreverencia de México y sus mares.

¿Por qué recordé que, en la selva, hay hombres y mujeres,

por nosotros, luchando?

¿Cuándo, al fin, lesbianas y homosexuales, con armas, luchando?

Ya sé: tus ojos recuerdan luminosas capuchas Mayas,

el sonido de las balas, el silencio con que hablan.

Tu boca sobre mis labios son pan y sol,

manos sobre mis manos,

canciones mexicanas extrayendo lágrimas.

La última verdad
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BURGUESA

Lo confieso: anduve con ella:

¿falto de ética? ¿traidor?

Se rompió la bolsa y cayó la librería.

Los treinta años y su soltería me ruborizaron en dinero.

Afuera, el bullicio urbano era el mismo:

¡lleve sus calcetines a 5 pesos el par! ¡paletas!

(¡dos por cinco… mire usted! …),

¡la música del recuerdo con más de 24 canciones! …

En frente, sigue Bellas Artes con Sabines y Juan Gabriel;

a unos pasos sátrapas y delincuentes;

aquí, los canastaquis. Acá, los tatuados.

El pueblo, a gritos, pedía limosnas:

“para allá no, es zona de prostitutas”;

“a éstos los levantarán por una ciudad limpia”.

Las madres de los desaparecidos seguían llorando y preguntando

de puerta en puerta, de calle en calle.

En los panteones cactus nacían.

“Ya mataron a los delincuentes” (léase guerrilla urbana).

Baltasar Ramos Martínez


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¡Qué diría Marighella! Levanté sus bolsas.

Tomamos café cerca a Monsiváis.

_ “Pero eres muy joven, ¿qué estudias? _ Bachillerato, señorita.

_ Soy viuda. Me gustaría verte nuevamente. Un billete aceptó la cita.

Los guardaespaldas se detenían en el aire

como el tigre que alude Martí.

¿Qué es el amor? No puedo darlo.

La fortuna estuvo entre la apariencia, el sexo y el silencio;

ademanes discretos y gemidos estrepitosos.

_ “Vuelo a Francia y vas conmigo”. _ Me matarán tus vigilantes.

Encaja tu rostro en mi falda y toco una sonata.

¡Qué pianísimas piernas!

El pasaporte con un rostro que no era el mío,

Pantalones nuevos…mis primeras corbatas.

_ “Deja de dormir desnudo”. La pijama de seda es de mi esposo.

Mañana, compro las tuyas.

Los limosneros, en la misma esquina,

los revolucionarios, cayendo; el que me cooptó había desertado.

La sangre, tributo para ser libre. Pero acá:

el piano seguía sonando, los libros olían a nuevo;

comida nunca olida, oníricos viajes; ropas y joyas

La última verdad
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que al despertar las empeñé sin saber lo que valían.

Lloré.

_ ¿Por qué no luchas? _ No soy de acá. Estoy lejos... vuelo…

Me cortaron las uñas, me laquearon los dientes;

suaves paños con celestiales aromas ungieron mi piel de lagarto;

masajes de edecanes hermosas,

lociones para grietas y protuberancias…

_ “Modifica tu lenguaje, no te suenes la nariz en mi delante,

atínale al migitorio…”. Habla de potajes, de la isla en que buceamos,

de las perlas en tu cuello, del sonido del metal

en tus muñecas y de las muñecas que te acuestan,

de las tarjetas que te otorgo sin cesar,

sutiles drogas que jamás podrías pagar…”

Y entonces, llegó Maurer, dos años mayor que yo:

le cargué maletas, le preparé fragancias, lustré los zapatos

con que me arrojó desde la escalera al hospital.

Y luego: como fiel guardián me quedé atizando el fuego,

cuidando el hogar. Llorando, siempre llorando.

Y ella ¿dónde estaba?

En el mismo vuelo, en el mismo piano,

en las pastas de nuevos libros,

Baltasar Ramos Martínez


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entre alcoba y alcoba supervisando el traje nuevo,

la longitud de la corbata…

entre caviar, vino, sexo, vino y caviar… o tal vez, bailando.

De pronto, por cosas que no entendí, surgió mi historia:

- “¡Sí, él es un criminal! Lo reconozco, él robó, él mató…

Él, está en contra nuestra…” Indio estúpido…

Los golpes me despertaron… y lloré, y lloré… y sigo llorando…

¡Puto el Maurer!

La última verdad
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CLAVELES

No son para mi abuela ni para mi madre,

ni para mi hija que abandoné en un barco sin velas.

Son para ti, porque a ti me recuerdan.

Son rojos como tus labios y tus corpiños,

como el vestido que al primer hotel llevaste,

como el collar donde penden perlas y soles;

como el jeans que en un local del tianguis probaste.

Son rojos, nocturna luz que en el antro excitan;

oblicuo semáforo del niño que los vende.

Así es la tierra donde nacen, roja,

suave y bondadosa como tu piel;

horizonte en que un día te veré partir.

De estos claveles rojos nace mi corazón,

mi herencia, mi incolora convicción,

sangre femenina del niño al nacer,

fuego en la protesta y grito de dolor en la tortura.

En estos claveles rojos te entrego mi luz,

la garganta que iracunda aterra,

Baltasar Ramos Martínez


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mis palabras bélicas,

mi corazón latiendo en cada espera,

este poema sin sentido,

y toda, toda mi lujuria…

La última verdad
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SIN SEXO

Nada. Estoy satisfecho.

Garañones atosigan huellas y feromonas tras las féminas.

Perros en brama son apaleados por niños y trastornados.

¡Agua fría, cochinos!

Pollinos, por amor, no dejan de lanzarse coces en los llanos.

Estoy solo: uno y medio. Mi pistola, calla, espera el momento.

No quiero sexo.

Las sexotrabajadoras ingresan por la puerta grande a mi país;

los federales despojan pétalos del vello púbico en flor;

el diezmo del burdel acrecenta el salario oficial.

Hay mujeres que buscan en la calle lo que adelantan homosexuales.

Los peces en la contaminación están en veda;

mis manos olvidan sus muslos y sus años;

ahora, solo quedan los sueños enhebrados,

el recuerdo de la guitarra, tu cintura en la esquina, rota.

No estoy de humor, Rivera y Modotti diluyen mi conciencia;

la música juvenil derrama lágrima en baúles bostezando,

mis zapatos nuevos portan pasos que desobedecen.

Baltasar Ramos Martínez


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En el fondo del espejo te desnudas,

pero ya no resbalo, insondables curvas.

Moriré excitado.

A pesar de ello: no más sexo.

Me brota la desesperanza, un desasosiego que veneno exhalo.

Las hierbas del brujo pierden aroma y magia,

y los obesos, en el asiento, no acomodan la escuálida anorexia.

No estoy de fiesta, estoy caníbal,

langosta en el recipiente, un café antes de dormir;

estoy salamandra, un cigarro, víbora de Teotihuacan.

No más sexo, tu imagen nocturna dice quién eres;

déjame ver tras el arco iris

tu sonrisa en el jorongo que me cubrió la niebla

de orfandad y guerra.

En el incensario de la mesa hay humo y copal

protegiéndome de las que se fueron mar y tempestad.

¿Qué interés puede tener el vértice de tus muslos?

Yo, me fui ayer; ayer, me espera mañana para volver.

Humedad y bellos, no sé de qué placer.

Repite en voz alta los poemas de Alberti,

Lorca… Huerta, Cardenal… ¿pueden ser?

La última verdad
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Esta memoria trae la canción de él. ¿Ella? Tampoco está.

El sexo y el afrodisiaco.

La industria tiene pastas y condones. El porno está vivo:

infantes, colegialas, “tráigame una copa, señor”;

ya es noche o va a amanecer. No más sexo, por favor:

voy a dormir.

Baltasar Ramos Martínez


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¿ASÍ FUE?

Puedes decirme que así fue.

Si a pruebas vamos el tren (pulque y chisme) no existe,

la estación es un motel y por sus vías hay un lago artificial.

Recuérdame si fue allí.

¿Cómo era el baile?

¿Saltos de dos en dos, un giro y besos en el pezón?

Y yo ¿era tan feo como hoy?

¿Tenía un buen padre de chocolate y caramelos?

Dime, amor: en ese entonces ¿creía en dios?

Gracias…

Me dijo el más viejo que mis piernas eran de gladiador.

Tomaba anís, aguardiente de hombres,

un puro que mi abuela materna con su saliva forjó.

Me gustaban las gaviotas y dialogar con las canas del mar.

¿Jugué a la pelota? ¿Logré una jaiba, un cuatete, un chiquilique,

una sirena, un Zeus, una llanta vieja? ¿Vi a Jesús gravitar?

¿Nadando, en forma de cerdo, llegó Satán?

Y luego la ciudad…

La última verdad
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¿La Pascuala que escapó con el Gime, estaba enamorada de mí?

Gracias. ¿Sigues aquí?

Dime la verdad: ¿fui bastardo? ¿un adoptado?

¿Pisé la cárcel? ¿fui fichado? ¿comí del tiradero? ¿ebrio, me pegaron?

Es verdad: tantas veces me mataron.

¿Había una jaula para cada canto? ¿él, es mi verdadero hermano?

¿Verdad que ya no estoy en tu regazo?

La cama tiembla como tiemblan mis manos.

Te regalé una muñeca ¿recuerdas? ¿te la regaló tía?

Gracias por despertarme y llamarme Archie.

Tengo hambre, ganas de asaltar el banco.

La Universidad me genera urticaria.

El silencio de tus zapatillas, amor.

El aroma de tu cigarro y de tus medias. Hazlos a un lado, por favor.

Escúchame un ratito más.

Fue en el circo donde, ahora, la acróbata no está.

Oye: ¿nos drogamos con la misma charla, con la misma historia,

con la misma hierba, con la misma agua?

Gracias.

Baltasar Ramos Martínez


38

QUE TODO LLEGUE

Deseamos con fervor que todo llegue:

la primera menstruación, la primera relación sexual,

la pérdida del prepucio o la virginidad,

semana santa, año nuevo, navidad.

Queremos que todo llegue:

los senos, el vello púbico, la espalda ancha,

los bigotes de Zapata, la primera erección.

Queremos que todo llegue:

el primer pantalón, el primer amor,

el primer hijo, las vacaciones,

el primer auto, el primer boleto de avión.

Queremos que todo llegue:

la fiesta del pueblo,

la anhelada liberación,

el amor que se fue,

la vida que no volverá,

el dinero que se extravió.

Queremos que todo vuelva.

La última verdad
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CARTA A UNA ANTROPÓLOGA

Te amo desde el costumbre, con el lenguaje mítico, la magia de las

fiestas, algarabía de tus ritos. Te ama el ave de mi corazón y el latir

de mi ch´ulel. ¿Te preocupa el trueno, el águila y el jaguar en la trenza

de mi linaje? Desde el celibato procuro la endogamia, y ahora, eres

la elegida de Dios. Acepto tu poliandria sin traiciones ni poliginia.

Por tu amor, estructuro mi senti-pensar. Testifica mi evolución,

voy sobre la línea Maya-Azteca sin Malinovsky y Morgan cuyos

horizontes limitan tu cuerpo, tu rostro y tu ígneo resplandor. No

creo en Egipto ni en el dios de los sacrificios, solo en tu perdón, amor.

Extraño tu pensamiento, el diario de campo y Tristes Trópicos de

Lévi-Strauss, las hermosas fotos de los Argonautas del Pacífico

Occidental, el latir de tu corazón, tus gemidos, el tiempo que

dedicas a las tareas de Geertz. Espero, mi niña, que traces la línea

del tiempo antropológico de los frailes a Augé y la postmodernidad.

Baltasar Ramos Martínez


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Te celo cuando susurras al Otro-Nosotros, al tic del lenguaje

ancestral; y entonces me mata pensar el estupor y la promiscuidad,

la pederastia. Pienso en ti y en el tabú del incesto; y por horas,


desnudo, rezo por ti a mi tótem de batracio. A cada instante

edifico mi etic: confiésame en silencio la postura desde ti.

Por ti me sacrifico, rasgo mis venas, ofrendo mi vida al sol de tu

interior. Arrojo espada, cruz y sacerdotes sobre la misma pira en

que incendiaron abuelos y libros. Me quito el vaho de los ojos para

soñar mi nahual. ¿Así ama un in-dio, “sin dios”? En celo deseo borrar

de tu mente a Redfield, a Villa Rojas el yucateco, al jarocho Aguirre

Beltrán y a Palerm, el gachupín… No quiero perderte, amor. ¿Podrá

Mead atestiguar nuestra sexualidad? Y Benedict ¿mi suicidio por ti?

Te necesito como la antropología del arte y toda creación; como la

antropología filosófica el origen y destino de nuestra población; como

la antropología marxista su cultura con sello de clase y explotación.

Te invoco sincrónica y dialógicamente, porque deseo hacerte el amor

para que lo registres en tus notas de campo, pedagógicamente, sin

protocolo de investigación, sin reportera ni cámara fotográfica, sin

cámara de video que atestigue la construcción de un nuevo linaje

La última verdad
41

en esta patrilinealidad. Tus jeans y tus botas con barro atestiguan

tu pesado y peligroso andar. La mochila de tu espalda guarda los

testimonios, las entrevistas, el levantamiento, la tradición oral.

-“Ya sé –me dirás-: hacer el amor en hotel es urbano, y bajo la

sombra de los árboles, es rural”. –“Sin interpretaciones ni análisis”,

te contestaré. ¡Cómo no necesitarte! No me importan los datos,

las fotografías, las grabaciones, sino tu alma en solidaridad como

lo hizo Gough, Olivera y Nolasco. Deseo besar tus manos cuando

escribes, tus labios cuando te inmiscuyes en todo ritual y me

traduces sus sistemas simbólicos. Me fascina tu observación al

hacer levantamientos, al trazar mapas y a copiar difíciles murales

de oscuras cuevas… Me encanta tu cuerpo al vaivén de la etnografía,

saltando de estrella a estrella en los confines de tu numinosidad.

¿Cómo interpretarás esta confesión desde la lingüística

diacrónica o desde el discurso de Foucault? Susúrrame al oído

tu semiosis, amor. También mi libido es un acto político. Se me

olvidó Freud y su malestar. Ven mi vida, quiero fotografiar tus

huellas en la arqueología, recorrer a besos toda tu antropometría,

buscar tus lágrimas a través de la antropología social.

Baltasar Ramos Martínez


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Te necesito en equilibrio, ecológicamente, con todas las raíces

culturales en tu ADN, con la leche de tus pechos, con tus grietas

de Madre Tierra Nosotros. Detesto la guerra fría y la contrainsur-


gencia, adoro al lek´il kuxlejal tanto como te idolatro. Que aparezcan

los 43. Repudio a la tortura, los desaparecidos y asesinados.

No lo digas, sé qué queremos: antropología para la libertad.

Te pienso hermosa teniéndote en mi desde la profundidad

de nuestro país, híbrida, religiosamente sincrética, entre

cama y llamas; desde las teorías etnológicas que me

enseñaste y que desconfío por imperiales; desde tu sentido

de pertenencia, necesitándote siempre, antropóloga mía.

Abracémonos y besémonos en el nacionalismo de nuestra enseña

tricolor, que involucra al mestizo, al negro y a nuestros pueblos

originarios. Démosle sentido a nuestras vidas sobre las olas del

mar, a nuestra cultura libertaria despertando al sol, a nuestra

forma de amar sin prejuicios. Mi corazón te espera siempre,

toda, completa, con tu ciencia aplicada, jurídico-forense… Te

espero con todo análisis e interpretaciones, antropóloga mía.

La última verdad
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EL SEMÁFORO

En este semáforo murió una niña que me nació del alma,

aquí, donde el policía vigila pensando en su esposa que lo engaña;

aquí, donde los borrachos se apoyan y vomitan

y “La Licuadora”, después de las 00:00 horas,

ofrece su sexo a machos desvelados que tiritan.

En este semáforo una patrulla arrolló a un ciclista,

una mujer de abultado vientre

y pintados labios, hace sonar sus zapatillas.

Al pequeño burgués este semáforo le vale madres

y el grafitero aprovecha “el verde” para marcar su “clica”;

el perro lo orina de repente

y las consignas de combate que se esconden

retumban cuando cambian sus colores.

Aquí, los novios se besan y el claxon de un moraloide los despierta.

Es el semáforo de rojo alto, amarillo prevención y verde siga;

rojo alto, amarillo prevención y verde siga…

Se descompuso... pero en el piso hay un nido de mil hormigas.

En este semáforo la gente va de prisa

Baltasar Ramos Martínez


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y el ciego lo respeta esperando que su bastón lo persiga.

Allí van los sin zapatos y con hambre, los modositos,

los de traje sin plata, los de plata sin traje;

van mujeres, varones e indecisos.

Por aquí pasará el que se suicidará mañana,

el que se casará el domingo porque ella salió embarazada,

el que salió o entrará a la cárcel,

el que huye, el asesino con cara de bueno, el fanático,

el trabajador… Los niños “tragafuego” piden su limosna.

Este semáforo, a escondidas, arroja del puente a su amante;

perdón, la asesina en un hotel y la saca envuelta.

El gobierno a las etnias sentencia a muerte;

los vendedores ambulantes espantan las moscas

y una payasa hace guiños para que la besen.

Hay indígenas con sus críos bebiendo flacidez de sus senos

un Jesús preguntando por sus hermanos;

una anciana con rebozo llorando

y unos ojos azules haciendo fotos, gozando.

En este semáforo el ladrón lanza sus garras

y el inocente lleva un burgués en su mente;

hay gente que, para cruzar, se arrastra

La última verdad
45

y gente que vuela, sin alas, de repente.

A este semáforo lo fabriqué siendo obrero a los diez y seis años,

este semáforo me debe dinero,

mi fuerza y toda mi sangre.

Baltasar Ramos Martínez


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CASA

En esta casa me guardo salamandra en llamas,

reptil interminable;

aquí me siento Corazón de Salamandra-Guerra-Jaguar,

palabras-hombres que inician y no acaban.

En esta casa soy cualquier animal en su madriguera,

estuche que guarda su diamante,

mi sangre que abismal desborda

el grito que reprimo y que arde.

En esta casa soy sol y arcoíris,

estupor, sonrisas… escarcha en mi cabello,

una nube que alas alborota,

una llave enmohecida que no abre.

En esta casa soy casa, ventana,

el tubo de agua, las flores que embellecen,

las lianas que al sol abrazan.

Soy la charla y los niños,

el aroma a tortilla dorada,

las palabras del abuelo y la marimba que no acaba.

La última verdad
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Esta casa es el moño negro y el ave que se posa

la carreta destartalada que tira la mancuerna

la luna que a hurtadillas se escurre por las marcolitas.

Esta casa es vuestra casa,

pecho abierto para tu alma.

Esta casa tiene pájaros y chimenea que humo difunde la esperanza,

tiene panal y miel, abejas,

árboles que piensan y flores que coquetas embelesan…

En esta casa te tengo en ningún lugar

hay hojas, felicidad y lágrimas,

la vergüenza del abuelo: su espada vieja.

Desde esta casa viajaremos al funeral

esperando turno en la fila en que nadie falta.

Y no acaba.

Esta casa es vuestra casa.

Baltasar Ramos Martínez


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ESPERA

Cuando te espero la gente te nombra,

cuando te llamo él también te espera.

Si te beso, te cela.

Ahora sé que de joven me esperabas en la fogata,

en aquel bosque, bajo la noche con ojo de luna,

con estrellas inexactas

y la algarabía de nuestras compañeras.

Con dolor, esperas en la esquina en que te pusiste en oferta.

Los perros viejos, los ebrios cayendo, los albañiles mirando,

otros, ofreciendo,

las beatas y Cristo hurgando entre sus senos.

No recuerdo tu precio.

Estamos empates: también te esperé en el colegio

a la hora cero de claxons y embotellamientos,

y marchas de hormigas dignas cargando el dolor de su silencio.

Te esperé bajo golpes, gritos y balas

muy juntito al gobierno que roba y mata.

Esperé también sobre los poemas de Neruda,

La última verdad
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sobre tus labios temblando,

contemplando la foto de Lenin discursando sobre una redila.

Me esperaste, te esperé, nos esperamos.

Yo, con el pantalón de siempre,

con la barriga amplia y mis botas sin marca,

con la bendita amnesia que me acompaña.

Tú, con la preocupación en la mafia que gobierna,

en la venta de la Patria,

en los narcos de cuello blanco.

¿Me odias?

Él, te espera en la misma mesa del mismo café

atendido por la misma mujer con la misma ropa

preguntando lo mismo:

¿le sirvo lo mismo? Y sirve lo mismo.

¿Qué sientes cuando lo ves llegar?

¿Váguidos en el estómago?

¿Ganas de mentarle la madre a los exmandatarios del país?

Hemos perdido, ellos siguen ganando.

¿Qué te gustaría que trajera a mi regreso? ¿Un vestido nuevo?

¿El hijo que tuve con otra mujer?

¿Un besito en el cuello? ¿Un chocolate?

Baltasar Ramos Martínez


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¿Una herida de bala? ¿Te gustaría patear a mi noble nahual,

ahorcar a las serpientes del congreso,

arrojar un gato a la burocracia,

patear a los ministros en su sucio trasero?

Prometo llegar si el patrón me otorga vacaciones,

me incrementa el mínimo o el banco me otorga un crédito,

o si Duarte me facilita un yate de lujo;

si consigo un tour por Europa, un búngalo en las afueras…

entonces sí… pasaré por ti en esta esquina.

La última verdad
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SER MEXICANO ES UN PLACER


(fragmento)

A Chavela Vargas

Dijo Chavela que un mexicano nace

donde se le da su rechingada gana.

Y es verdad:

nacemos entre las tlayudas oaxaqueñas

o entre mole poblano y ángeles.

En Guerrero está el champurrado y el atole de granillo,

en la capital del país los mariachis de Garibaldi.

Puedes nacer y bautizarte en Teotihuacán,

pasear en lancha en el “El Cañón del Sumidero”.

Un mexicano nacido en España fue Secretario de Gobierno,

otro, nacido en Italia se apoderó de la psiquiatría y sus terrenos.

Hay mexicanos ingleses, judíos, árabes,

franceses, alemanes, italianos,

Rusos, cubanos...

Centromexicanos. Los colombianos se dedican a prestar dinero.

Baltasar Ramos Martínez


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Es mexicana Chichén Itzá y la zandunga ¿La llorona?

Nacemos admirando la omnipotencia de Palenque

cruzando el desierto de la muerte a Estados Unidos,

comiendo canastaquis en el zócalo de la Patria.

Un suizo dijo: “ser mexicano es un placer”.

En México los corruptos sacian con gula sus estómagos.

Los pobres nos chupamos el dedo:

la barbacoa, las picadas, las enchiladas, la cecina asada…

las pinturas de nuestros muralistas, las chicatanas,

las Catrinas de José Guadalupe Posada,

nuestra alta literatura,

la gran arquitectura que será toda nuestra,

nuestras minas de oro y plata ahora saqueadas,

el petróleo que se escurre de nuestras manos nuevamente,

la demente avaricia que asesina.

Nuestra música: el jarabe loco y la bruja; José Alfredo Jiménez,

Cuco Sánchez, Miguel Aceves, Antonio Aguilar…

Nuestro clima es escarcha y cactus: hielo y desierto en llamaradas,

Cuernavaca y Comitán de eterna Primavera.

Acapulco y el Veracruz de Agustín Lara no tienen competencia.

Mazatlán (“tierra de venados”):

La última verdad
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la misma rivera del Cancún agringado,

Manzanillo y sus mujeres; Chiapas, síntesis del mundo.

México es hierro, níquel, bronce, mercurio y mineral

para naves espaciales.

México es Maya-Azteca, Rarámur, Wirrárica, Yaqui, Zapoteca,

Mayos, Amuzgos, nahuales,

viento, truenos, jaguares y águilas ocultos bajo nosotros.

En nuestros límpidos cielos y suelos: un guerrero en cada hijo te dio.

¡Los zapatistas luchando! ¡México y su esperanza bajo amenaza!

La danza del venado, de los apaches, el bolomchón, los concheros…

Así es nuestra bandera, unidad equilibrada: serpiente y águila,

río Bravo y el Suchiate y los rayos del sol

dignos con más de cien lenguajes.

Somos tambores y temblores, danza sobre las llagas,

sangre de pueblo y valor y sangre en su vida.

En México hay tacos, tortas, tlacoyos, todos los caldos,

quesadillas de hongos y flor de calabaza; mariscos, lisas a la diabla…

Lo dijo el suizo e hizo eco en el mundo:

“Ser mexicano es un placer” … como el ancestral juego de pelota

y los voladores de Papantla,

placer… gozo de filosofía y ciencia.

Baltasar Ramos Martínez


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¡Y cómo no! La deliciosa cerveza en su monopolio de agua,

aguas frescas de frutas naturales, hierbas comestibles y medicinales,

nuestras fértiles cosechas.

México es el maíz, origen vital, valor y sabiduría,

tierra y muerte. México-Maíz: atole y carnes, pastel de elote,

vigor y sangre. Chile a los arrechos para llorar los que no saben.

Mayonesa no, por favor.

En Tonalá Chiapas a un tamal le llaman “huevo de burro”.

¡Magisterio de lucha inquebrantable!

Los venados saltan de la selva al cielo

y los tlacuaches cargan la recua de hijos.

Fauna y flora abajo y arriba, montañas turquesas.

En el cerro del Tepeyac se apareció Tonantzin

con capucha de Guadalupe.

Ella, está viva y en pie de guerra; Cristo, crucificado.

México es electrificante:

su vientre de agua desplaza luminosas lampreas.

Y más abajo, el petróleo, tilcuate lento navegando interno:

afuera están los saqueadores. En el mar azul, profundo cielos,

pesados barcos. Lo reiteró el mundo:

“Ser mexicano es un placer”: surrealistas, mesiánicos.

La última verdad
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Somos zarapes, tequila y charros. Folklor, el café que en barcos

se impregnó de aroma y dolor esclavo;

con ellos vino la marimba, pero aquí

formamos las bandas de “chile frito”.

Somos montañas y abismos. Los estados del país:

dulces y chocolates, fragancias de nuestras cavas.

Gracias Chavela:

un mexicano nace donde se nos da nuestra rechingada gana.

Y así es Chavela: México es más que grande. Mucho pueblo

para tan poco gobierno.

Pinche suizo: “ser mexicano es un placer”

¡aunque nos lleve la chingada!

Baltasar Ramos Martínez


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INDIO NUEVAMENTE

Hay quien se ríe cuando digo que soy Azteca,

y si digo que soy Maya me consideran demente.

Soy objeto de escarnio. La burla sufrida y el coraje de su ser

lo vuelcan sobre mi yo reconocido, consciente.

Un antropólogo dijo que no soy indio,

que esas patrañas las deje para gente de comunidades.

- ¿Acaso hablas un idioma ancestral?

Mi respuesta fue negativa. Perdí.

No pude defenderme a pesar de mi fe en mis dioses atávicos:

Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Tláloc, Xipe Totec el desollado.

Huehuetéotl, deidad parecida a mi abuelo.

¿Por qué no dije que mi nahual

de halcón, de fuego y viento me revela sueños

y que por las noches oro a la luna, dialogo con el fuego

y, diariamente, recibo mensajes de las aves?

¿No era suficiente gritarle que,

con cempaxúchitl, espero a mis muertos

y que en las cuevas sepulto ofrenda a ocultas, y rezo,

La última verdad
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sin ser descubierto?

¿Por qué, carajos, no dije que me embeleso

con las leyendas heroicas de mis tlatoanis

y que duermo entre mito y magia adelantándome al devenir

y que mis ritos aceleran mi corazón y mis sentidos?

¡Debo estar perdido!

Mantengo la limpieza del cuerpo y del alma,

siento en la piel la energía de las montañas

y la fuerza de sus dueños y amos del universo.

Vislumbro lo que no perciben los normales

y me abrazo y platico invisiblemente con ellos.

Sé lo que dice el sol y su aureola,

sé que viene la tormenta cuando azota una lluvia de insectos

y felices corren los cerdos o los gallos

cantan antes de las diez de la noche.

A silbidos, dialogo con los pájaros que traen noticias desde lejos.

Me alimento de maíz y atoles,

y sé de las desgracias, si en sueños, una serpiente me muerde

o si sueño carne gorda de chancho…

la realidad me la adelantan las visiones.

Soy curandero, médico, sabio.

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Para muchos: brujo, sátrapa, esperpento…

Soy partícipe del trabajo colectivo

y de las luchas contra la explotación de mis hermanos.

Como mis antepasados, prefiero ser despedazado

antes que sucumbir en la lucha libertaria,

porque siempre seremos libres,

porque un Maya-Azteca ama la libertad.

Sin embargo, perdí ante el antropólogo, hombre de ciencia.

Hoy, como mi pueblo que sabe guardar secretos,

en silencio, seguiré creyendo

lo que ya soy: indio nuevamente.

La última verdad
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¿SERÉ YO, SEÑOR?

Señor, si, usted, a quien dicen que nadie puede ver

(menos yo),

le comparto que emulo a Caín,

Usted dirá: - ¿asesino? Le contestaré:

- Indudablemente, señor.

He fornicado desde que tengo uso de razón.

Las mujeres han sido de todas las edades.

¿Ya castigó a Picasso, el español?

¿Pederasta? Si, tanto como sus sacerdotes, señor.

Señor: igual que usted,

también me enamoré de una sexotrabajadora

de nombre Magdalena. Era pobre

y lloraba cada que Salubridad le cobraba su tajada.

La piedra de un policía le dejó una herida en el alma.

Hoy, como en otras ocasiones no me ocultaré:

usted lo sabe, todo lo ve. Está en todas partes:

me masturbé a placer, masturbé y fui masturbado.

Soy misógino, pedófilo, tanto como tus diáfanos representantes

Baltasar Ramos Martínez


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bendiciendo la simiente de esta tierra.

He sangrado a golpes dados y a golpes recibido,

he sido infiel siempre a mis amores

y he reunidos en un trío gemidos y sabores.

He besado cuerpos prohibidos, he robado, he mentido,

he odiado con la rabia que soy capaz,

tanto, como el ácido con que tus fieles

deshacen los cuerpos de líderes y héroes.

Ebrio, a todos falté el respeto: ancianos y recién nacidos,

a una niña de rubios caireles,

de verdes billetes y de blancas mansiones

mostré los genitales que me llevaron a presidio.

¡Qué idilio!

Y no me rindo.

Señor, sáqueme de esta duda: para usted ¿soy Luzbel o Cupido?

También sufrí, señor: como La Maguis también tuve hambre,

lloré hasta perforar cada piedra con mis lágrimas.

Me golpearon, me humillaron, me expulsaron del paraíso

por haber cometido estupro con la Eva;

me corrieron de la fábrica por haber acompañado una huelga.

Un homosexual de fina esposa, me prohibió el ingreso a su fiesta.

La última verdad
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La policía municipal me secuestró robándome la cartera.

Mi reloj viejo, después, lo localicé empeñado en una tienda.

Trabajé como jamelgo, jamás me rendí,

pero anidé interminables desvaríos hasta la esquizofrenia.

Los ricos me explotaron,

los extranjeros succionaron mi última gota de sangre.

No te pediré perdón, soy viejo para hacerlo,

tampoco te tengo miedo,

no es confesión ni ruego:

tú también mientes, tú también has asesinado,

hurtado la conciencia de los hombres.

Tu hijo, mal ejemplo, practicó la zoofilia

con borregos (tampoco me espanta, tampoco lo condeno).

Nunca manejé tu moral

y ahora, a mis años, tampoco somos tan distintos,

quizá venimos del mismo verbo,

del mismo pesebre, y quizá obtendremos la misma muerte.

Eso de las libertades esperan

latigazos, maderos, clavos, dolores, sangre.

También somos sed y carne. Lástima y ofensas.

A ti y a mí nos traiciona nuestra propia gente.

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¿Me castigarás? No creo que tengas la moral,

el valor ni la fuerza. Y no lo merezco,

aunque haya sido tan perverso y tan nefasto,

tan incrédulo en tu existencia,

aunque, borracho, haya orinado las puertas de tu templo.

Te dejo…piénsalo… Me voy como vine, sin regalos,

con las ampollas de mis manos vacías,

me retiro solo, así nomás, como vine a verte:

¿Acaso tienes algo que reprocharme?

La última verdad
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GRACIAS

Gracias poetas de esta tierra, campesinos de buena esperanza,

gracias cantores y librepensantes, dignas amas de casa;

gracias dignidad y energía de estudiantes, periodistas valientes;

gracias mecánico, hombre y hembra de limpia,

minero bajo el peligro y las sombras,

petroleros y petroleras de mar y tierra;

gracias artistas de pincel y martillo, de teatro y cine,

del performance y multicolorida danza; Villa vivo,

gracias deportista amateur y de alto rendimiento,

obreros de overol y ardientes hornos, Zapata cabalgando;

sexotrabajadoras hartas de estafa y castigo,

clase media consciente y culta; rockanroleros y trovadores,

señores del correo y los que están tras las redes,

panaderos, tamaleros, abarroteros, hombres y mujeres originarios,

maestros de puño en alto; empresarios honestos,

militantes clandestinos y con el rostro al viento,

fotógrafos asertivos, los caídos por rabiosas fauces de locos felinos,

lesbianas y homosexuales comprometidos,

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los grandes intelectuales, albañiles en la azotea escuchando radio…

gracias limosneros en los cruceros, niños acróbatas, chavos bandas,

gracias a todos los no enunciados:

gracias, gracias, gracias por este México que me han regalado.

¡Corramos todos a defenderlo!!!

La última verdad
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TE ESCRIBÍA ESTE POEMA CUANDO MURIÓ LUCÍA

Te escribía este poema cuando murió Lucía,

mi hermana mayor, mi hermana de dulce,

la que me arrulló de niño

y con una paleta me opacaba la tiricia.

Es mi hermana la que no recordaba,

la de pan, esposa linda;

mi hermana de corazón enorme

y sonrisa suave y limpia.

Lucía, como aquella heroína de cine,

Lucía, quien me bendecía y lloraba en mis despedidas.

Lucía, mujer Marquelia, mujer mar, río, gaviota,

arena que brilla, solidaridad, esposa niña.

Un vaso de agua fresca, una gelatina,

un vaso de cerveza, comida aromática.

“No dejes de venir a verme, manito” …

Te hacía este poema cuando murió Lucía.

Mi hermana primera, la primera muerta en la familia.

Estoy en deuda contigo, pero ahora murió Lucía,

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Lucía sonrisa, diamante, nube fina, cenzontle y alegría.

Murió Lucía, mi hermana,

se fue con todo el amor que nos tenía.

Lucía…

La última verdad
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MI COCODRILITA

Mi cocodrilita es de agua, de tierra, de arcilla.

La guardo en silencio y ella se agita.

A veces no deja atraparse: se esconde en las esquinas,

en el botiquín del alcohol y las medicinas;

en la caja de zapatos, hurga entre mis cobijas.

No sé dónde ocultarla ante la rubia que me visita:

la guardo en las ollas, junto a la ama de llaves,

en el jardín y bajo la falda de la vecina,

en el auto (entre el volante y el parabrisas),

en el pastel que guardo en el frigo de la cocina,

en el cuarto de atrás y en la casa chica.

Mi cocodrilita sabe bailar

y cuando se baña la espuma se hace mar,

el aroma de su piel me hipnotiza,

su cola en movimiento me hace pecar.

Mi cocodrilita viste a la moda,

se pinta los labios y pone zapatillas,

su escote pronunciado

Baltasar Ramos Martínez


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combina con la minifalda

y sus medias amarillas.

Mi cocodrilita no es una mascota,

me abraza, me asfixia,

con suavidad, en mi espalda posa sus uñas,

mi cocodrilita es mi vida.

La última verdad
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ME RECLAMAS QUE NUNCA TE ESCRIBO UN POEMA

Me reclamas que nunca te escribo un poema…

Es verdad, las manos no obedecen

y el lapicero nunca está en la mesa,

las hojas están manchadas y no hay lugar para mis letras.

Entonces te invito una paleta,

una obra de teatro,

al cine enemigo de Obrador,

te llevo al mar besándote a toda plaza y a todo pulmón.

No sé qué escribirte, sólo sé notas de blues, de rock;

prefiero volar contigo a otro país,

hablar de sueños y tener tu pelo entre mis manos y mi rostro,

besar tu frente, tomarte fotos,

comer poporopos (palomitas de maíz).

Me gusta llevarte de la mano por las calles

y hacerte reír, me entristezco cuando estás triste y lloras,

cuando enfermas.

Siempre quiero verte feliz,

que vistas de rojo o con los colores del colibrí;

Baltasar Ramos Martínez


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me gusta cuando nos bañamos y tú juegas y yo juego

que hasta el agua se pone a reír.

Siempre he vigilado tu sueño, tus ojos,

tu rítmico latir, tu respirar pausado,

tus ganas de vivir.

Y no, no te escribo poemas pensando en la cursilería,

prefiero bailarte, pintarme el rostro de blanco,

volverme mimo y hacerte señas abriendo y cerrando mi puño:

mi corazón es para ti.

La gente se reiría si te dijera:

“mi corazón es tuyo”,

“jamás te dejaré”,

“quiero morir a tu lado”,

“te quiero toneladas”,

“yo soy tú, tú, eres yo…”, un corazón, una rosa y un cupido.

Pero amor,

hoy, me entrego a ti

con todo el valor y toda mi conciencia,

me entrego con todo lo que soy,

mis manos sin una mancha de sangre

y mis ojos con mis gafas y su aumento,

La última verdad
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la boca sin impurezas de las hostias dominicales,

la bolsa a cuestas, las botas chuecas;

te entrego el último de mis sombreros,

el último de mis libros,

el último de mis hijos que también es tu hijo.

Te amo acción y pensamiento,

las estrellas del universo que desconozco,

este aire y los árboles con racimos de pájaros,

te amo y te contengo en mí, porque vos sos mi poema…

¿Seguirás reclamando que nunca te escribo un poema?

Te amo…

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LAS MATÉ POR ERROR

Me llevaron a la cárcel

como cuando se llevaron a mi tío

por haber asesinado (ebrio) al marido de su amante en una hamaca,

como cuando se llevaron a mi primo (hijo de mi tío)

por haber asesinado (ebrio) al marido de su amante en una hamaca.

Me llevaron a la misma cárcel donde, en diversos tiempos,

estuvieron mi tío y mi primo,

a la misma cárcel donde –según ellos-,

un niño “como de dos meses”,

de la mano, les ayudó a escapar.

Igual que ellos, soy asesino,

maté ebrio a las dos amantes

por las que mi tío y mi primo asesinaron a los maridos.

Estaba ebrio cuando me deshice de ellas,

no supe dónde las encontré ni siquiera cómo fue que las asesiné.

Debió haber sido un simple error,

porque yo nunca tuve amantes ni maridos para matar.

¿Vendrá el niño de dos meses a tomarme de la mano y escapar?

La última verdad
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PENSANDO EN VOS, MARÍA

Madre, hoy no te diré tanto.

Perdón, te pedí siempre,

reí contigo, te abracé y besé,

paseamos arena y selva, te hice bromas de repente.

Solo te diré mi secreto:

si volvieras a nacer y me parieras nuevamente

yo estaría feliz de ser tu hijo,

feliz que fueras mi madre siempre.

Seguro existen madres tan buenas como tú,

pero una azoyuteca-marquelina-guerrerense

con valor y trascendencia,

con un espíritu libre quebrantando esquemas,

solo tú.

Solo tú eres agua inagotable,

la montaña azul y el sol que la imanta;

un corazón latiendo, una barca,

palmera y viento que no la mata;

eres mi alegría, en el colegio, jugando;

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mi sudor, madre, mi sangre;

eres los cuentos que por las tardes narraste,

eres noche, día, el planeta, mi vida madre, mi vida.

La última verdad
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LO HAGAMOS OTRA VEZ

¿Y si lo hacemos nuevamente?

Está lista la silla,

el sofá y la mesa de la cocina;

la cama bosteza y la lámpara se apaga sola.

Podemos hacerlo a media noche, a medio día, al amanecer;

cuando el sol se oculte, con la luna azul y tierna,

escapando de la fiesta, escapando de la cárcel.

Podemos hacerlo pecho tierra,

boca abajo y tú, abajo de mí, parados;

mirando desde la ventana,

en el lote baldío o en el edificio derruido.

Podemos hacerlo en silencio,

con música de fondo,

con el sesenta y nueve, en cuatro puntos,

sin quitarnos la ropa, sin bañarnos.

Podría ser bajo el árbol,

en casa de tu amiga la francesa que nos puso Argel,

en el baño público y con los perros observando,

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con la inválida que no llega.

Digamos que la posición no importa,

pero esta sociedad enferma tiene que estallar.

La última verdad
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VIEJITO VERGA

Con todos los dolores de mi infancia,

con todos los dolores de mi espalda,

con todas las traiciones recibidas,

con todas las ideas escritas…

no me rajo.

Lejos de salir a la calle llorando

o caminar mirando hacia abajo,

u observar a la gente cada tarde

(en la misma banca del parque);

salgo erguido, sonriendo y chiflando,

recordando con alegría

los besos rojos de otrora mis amantes.

- “Viejito verga”, me dice el nieto,

se ríe y sale huyendo

para ocultarse tras la puerta.

Y yo,

destuerzo mis mejores momentos:

las trenzas gruesas y negras al lado del rostro de Josefa,

Baltasar Ramos Martínez


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el mezcal que tomé en el bar de la Esperanza,

los juegos al papalote o montando caballos en el río de Marquelia,

en la marcha gritando el alma y la esperanza,

las reuniones clandestinas, el desvelo, el aprendizaje,

la adrenalina…

- “Viejito verga”, me dice el nieto,

se ríe y sale huyendo

para ocultarse tras la puerta.

Y yo,

recuerdo a mis amigos muertos,

el rock y los judiciales, a la banda, amedrentando,

el pastel de moka,

los ojos abiertos bajo el mar nadando,

las armas en cuerpos enemigos penetrando.

Recuerdo los estudios universitarios,

a Rocío y Leticia, ambas del lado mío, de la mano;

el nacimiento de mis hijos,

el cielo raso,

el aire escapando del abrazo de los árboles,

los tlacuaches en el maizal,

mi madre, con aceite de coco, peinándome.

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Recuerdo con orgullo el amor de mis hermanos,

a mi familia extensa que ya no conozco,

el cine y el teatro oliendo a orines y la literatura que nunca dejo.

Y soy parejo:

tengo en el corazón más recuerdo:

con ellos bailo y con ellos sueño…

- “Viejito verga”, me dice el nieto,

se ríe y sale huyendo

para ocultarse tras la puerta.

De tanto en tanto… “viejito verga”, me siento.

Baltasar Ramos Martínez


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TERRORISTA

Te vigilo,

anoto tus pasos y las voces que te llaman,

anoto la hora en que comes y tus horas de descanso.

Conozco tu agenda y la furia con que amas;

hurgo en la basura para saber del hombre que te piensa,

la religión que profesas,

los libros que con tu amiga cambias;

sé si debes la luz, el agua, el teléfono que intervengo;

tus reuniones divertidas o clandestinas

y las horas por venir.

Te sigo por laberintos sin faunos,

bajo el frío y con la temperatura arriba de 40 grados.

Te observo desnuda cuando te bañas y yo a punto del estallido,

me enfurezco y golpeo el aire con filoso cuchillo,

te pongo trampas, minas, sogas, dinamitas

y un arsenal de gemidos.

¿Cómo estallarte en flores

y llevarte estrellas en una bolsa (prueba de un asesino)?

La última verdad
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¡Soy terrible!

Te acecho, te fotografío,

filmo cada saludo, cada abrazo,

cada sorbo de café que besan tus labios…

estoy presto, acabaré contigo… en el fondo de tu corazón.

Baltasar Ramos Martínez


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NO PUDE LLEGAR ANOCHE

Perdona por no llegar anoche:

el reloj se descompuso,

la carreta se averió y los bueyes se negaron a avanzar.

Quizá se me olvidó que tengo una casa,

que la recámara tiene tu aroma

que donde hubo fuego cenizas quedan,

que el perro se queja por la edad.

Perdona por no llegar anoche,

hacía frío y una casa me ganó la voluntad,

tenía hambre y un sabor me extravió el andar,

para serte franco: temo a la oscuridad…

Había ebrios que escandalizaban la comuna,

la sirena rondaba el ulular,

yo, temía que la leña se mojara

y por los estruendos de la tempestad.

Perdona por no llegar anoche,

los pies me dolían,

el corazón a punto de estallar,

La última verdad
83

me respiraban suaves manos, una sonrisa tímida,

nueva forma de sanar.

Perdóname por no llegar anoche…

Baltasar Ramos Martínez


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Y SIN EMBARGO… SE MUEVE

El universo se mueve y la tierra en su redondez,

enceguecen serpenteando los ríos

y la sabia arbórea llega a la simiente.

Tiembla el planeta,

el vientre materno del niño al nacer;

se mueve el aire,

los sonidos de las cuerdas al rasgar,

el caballo en dos patas relinchando a las hembras del pastizal.

El corazón no deja de latir,

el cerebro no deja de pensar;

se mueve la casa y los zapatos nuevos de mamá.

Se mueven las hojas de la historia,

la crisálida que va a abortar;

el incienso que asciende a los dioses,

la bala asesina y la vida a cegar.

Se mueve la tráquea, el esternón y el bofe,

el fémur y el tuétano, los labios rojos al besar.

Perezoso se mueve el indiferente Creador,

La última verdad
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desganado se levanta el débil trabajador,

arrasando todo va la señora Revolución,

diferentes sonrisas tienen el empleado y el patrón.

Se mueve el papalote como cola de mar,

el sueño incrustando su espíritu nahual;

se mueve la araña y el viejo veliz,

también yo me muevo y me muevo feliz.

Se mueve danzando la muerte,

en el juego de cartas se mueve la suerte;

la fuerza sudando al escalar,

se mueve la injuria, la alegría, la mariposa al parlotear.

Se mueve la trabajadora sexual,

la inocente ama de casa también,

se mueve la luz de la vela,

la flama azul del quinqué.

Se mueve la quijada y su marimba dental,

se mueve la fiebre en el cascajal,

se mueve la hierba, unas alas, el escroto al respirar.

Se mueven los peces y el caballito de mar,

el deseo liberado del homosexual al caminar;

se mueve la rana,

Baltasar Ramos Martínez


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las fauces del cocodrilo al devorar.

Se mueven los barcos y los aeroplanos,

los dólares y los dedos al robar,

el erupto y la guillotina, un hacha, la guadaña,

una anciana y su sombrilla al caminar.

Yo me muevo, tú te mueves, él se mueve, todos nos movemos…

La última verdad
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LAS PIEDRAS

Creo en el latir de las piedras, porque son el corazón de los montes,

creo en su parca sonrisa y en su piel de tierno cachorro.

Son las escamas de la tierra, sus ojos, aretes de plata.

Amo a las piedras, porque son escudos de guerra,

el agua, los puentes, la casa en que se duerme,

son arados, la fertilidad de la tierra.

Las piedras, cuando caes, te detienen, golpean de repente;

son carácter, rascacielos, el suculento maíz que se levanta.

Las piedras hablan en público o en silencio en una caja,

son mágicas, raíces que se enredan en el diamante de las piernas.

Las piedras son el agua, el rayo y la afrenta,

los siglos vividos,

las edades, una limosna, una recompensa, miles de lágrimas.

De piedras son nuestros corazones,

el pedernal glorioso apagando los sonidos,

de piedra es el sol que las absorbe,

de piedras la contemplación de los sentidos.

Amo a las piedras.

Baltasar Ramos Martínez


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UNA MUCHACHA CUALQUIERA

Era una muchacha cualquiera lastimando mi alma,

me enseñaba los senos, se levantaba la falda

echándose a correr sobre la piel de la mañana.

Era una muchacha cualquiera como cualquier agua,

me abrazaba, sobre el aire danzaba

envolviéndose entre engaños, fauces y garras.

Era una muchacha cualquiera como cualquier otra dama,

se escondía en la oscuridad de sus alas, el reloj no llegaba,

yo quedaba llorando una traición,

un dolor, un puñal, una lágrima…

¡Ah, qué muchacha cualquiera,

cómo me sacó las canas!

La última verdad
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NADIE SABRÁ LO NUESTRO

Nadie sabrá lo nuestro, lo prometo;

el café sin leche, el gay que celoso incendió la casa,

nadie sabrá la maloliente ciudad,

el sillón de piel, los libros deshojados,

los secretos en cada una de tus cartas.

Nadie sabrá de nuestros muertos

y la montaña en que descansan,

del enojo, la paleta, la marimba y el teatro;

la militancia secreta, los militares como espectros.

Nadie sabrá de la muñeca de ojos azules que nada sola en la alberca,

ni de nuestros pasos ni de tus marcas.

Nadie sabrá lo nuestro, lo prometo;

la estridencia en tus dibujos, tus fotos blanco y negro,

la puerta, por miedo abierta, tu mutismo contenido,

los movimientos imperceptibles,

el amanecer sin ti y yo contigo.

Nadie sabrá lo nuestro,

lo bendigo…

Baltasar Ramos Martínez


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LECCIÓN MORAL

¿Y si como Mark Twain,

dijera públicamente, que las mujeres,

desde los siete años y hasta su muerte

son aptas para la penetración sexual?

¡Qué moral! ¡Venga la leña verde

y todo el arsenal! ¡Enfermo! ¡Perverso!

¡Blasfemo! ¡Manicomio para el demente!

La hipocresía lubrica su moral;

el telón entrevé el lujurioso rostro

que comulga entre el cura y el altar.

¿Y si como Mark Twain,

dijera públicamente,

que ningún hombre en el mundo

ha sido capaz de satisfacer sexualmente,

y de manera total,

a una mujer?

¡Mándenlo al infierno!

¡Que el fuego infernal lo devore lentamente!

La última verdad
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¡Cástrenlo! ¡Pena de muerte!

Entonces,

mi estrategia es el silencio,

tiro mi red, avanzo, me detengo,

persigo, vigilo,

me excito como sacerdotes y monjas en sus templos.

Atisbo, coloco trampas:

hilos, lajas, estacas,

globos, monedas, una máscara

y me escurro entre callejones y paredes.

Por la mañana salgo digno, de corbata y traje, respetado:

_ ¡Buenos días Don Señor!

_ ¡Bendiciones para usted, por favor!

Huelo a jabón con su tufito francés,

huelo a avión, al connotado café,

a las manos suaves y limpias,

al correcto modo de hablar.

Sé inglés.

Por las noches me coloco mi disfraz,

toco a la niña de ayer.

Moralmente digno… vuelvo a empezar…

Baltasar Ramos Martínez


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La última verdad
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Baltasar Ramos Martínez


La última verdad de Baltasar Ramos Martínez

se terminó de imprimir en mayo de 2019.

Tiraje de 50 ejemplares más sobrantes

Maquetación por Carlos Axel Flores Valdovinos.

Encuadernación y diseño por Elva María Ventura

Taller Papel en Blanco

Colección “Cuadernos Rupestres”

Cartonera Tzapotlatena

Cooperativa <In Tlalli in Tlapalli>

Zapotlán El Grande, Jalisco

Impreso en México