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Arte y Educación artística en la infancia

Paso 2 - Redactar Texto Crítico, Tipo Ponencia, Sobre el Concepto de Arte en la Primera

Infancia

Estudiante:

Tutor(a):

Grupo:

Universidad Nacional Abierta y a Distancia – UNAD

2020
El Arte Como Ente Humanizante en la Primera Infancia

Resumen

El presente texto es una presentación de algunas miradas sobre el arte en la primera

infancia, su forma de proyectarse no sólo en la vida de un individuo, sino en la existencia

de la humanidad. Esto no es nuevo, la historia permite que leamos lo que se ha generado

alrededor de la relación hombre-arte por muchos años. En este momento la escuela es la

llamada a rescatar este vínculo para salvar nuestra propia humanidad antes de que se

demasiado tarde. No es un escrito romántico, trata de ser más vale práctico, muy sentido y

pedagógicamente ajustable a nuestras demandas actuales.

Palabras clave: Aprendizaje, Arte, Creatividad, Historia, Humanidad, Imaginación,

Infancia, Transformación.

El presente trabajo busca generar una reflexión sencilla sobre las implicaciones del arte

en la educación inicial, llamando a la conversación a la historia reciente de la humanidad,

para poder contrastar lo que implica la dimensión artística en el desarrollo del hombre. A

partir de ese retomar histórico, se procede a convocar algunas voces de personas que ya

están trabajando en el cambio de esquemas mentales frente al diseño de espacios de

aprendizajes a partir de las diferentes artes y en coherencia a ello, establece sugerencias

prácticas para tener presentes como maestras en ejercicio.

Hablar de arte y humanización dentro de la dinámica educativa de estos tiempos, puede

moverse entre dos puntos altamente preocupantes ambos. El primero como una moda más,

haciendo parte de esta tendencia convulsionada, que tan detestablemente permeo las aulas,

rehusándose a salir de ellas, disfrazada de innovación, pero que al final no resulta ser más
que imágenes, con diversos textos que invitan a comprar un producto determinado y no

otro, entiéndase: este colegio sí, este colegio no, por criterios banales como número de

aulas especializadas, acceso o no a internet por cámaras, piscina, presencia de más dos o

tres lenguas extrajeras, piano o valet; todo esto “pensado” para niños que aún no pierden su

primer diente. O la segunda por ausencia, defecto, o inexistencia, la cual, como el mayor

pecado de omisión educativo de la historia contemporánea, condena al hombre no por

hacer, sino por no dejar hacer, por no dejar ser. A este punto pensar en cuál es peor, o

menos dañina, no viene al caso, porque el punto en cuestión es que ambas palabras deben

convivir en la escuela, pero, en definitiva, no de ninguna de las dos maneras antes

mencionadas.

Se suele hablar desde hace bastante tiempo de las cosas que posibilitan, según algunos

pedagogos, psicólogos y aparecidos, el aprendizaje de los niños y las niñas; surgiendo no

sólo personas con discursos no muy pedagógicos, sino toda una industria editorial, que

desde maneras poco éticas manipula de manera histórica y estética los libros, los cuadernos,

para responder a diferentes necesidades, alejadas de la verdadera intencionalidad que

convoca un centro educativo ; ahora, se habla más de los computadores, redes de wifi,

plataformas virtuales y de más, que facilitan el proceso, haciéndolo más dinámico,

innovador, entretenido, pero esto es solo una dinámica en la cual sólo han cambiado los

instrumentos, la forma, mas no el fondo. En últimas, se habla del material concreto con el

cual se cuenta dentro de las instituciones en general, y dentro de cada aula en particular,

para poder construir esa relación enseñanza-aprendizaje de la mejor manera, pero pocas

veces se habla de la materia fundamental que hace parte de ese encuentro maravilloso de

seres en un único espacio y tiempo: del maestro y sus estudiantes, de ellos y yo.
Esa materia, esa energía, esa desconstrucción de relaciones, que evitan un orden

predeterminado, es lo realmente importante dentro del aula, porque son ellos los que

finalmente otorgan vida, significado y trascendencia a todo lo demás, sin ellos no hay nada,

no pasa el más mínimo accidente creativo o destructivo, no hay magia, ni mucho menos un

encuentro pedagógico propiamente dicho. Somos los seres humanos y no otras cosas, los

que hacemos posible la trasmisión cultural y la construcción ciudadana en cualquier lugar

del mundo; no lo son ni las paredes, ni los edificios, ni mucho menos los materiales con los

que se puedan contar.

Somos las mujeres, hombres, niños, niñas y jóvenes quienes a diario recreamos esta

historia con tantas variantes, como estudiantes existan. Pero como maestros no venimos de

una escuela disruptiva, creativa, mucho menos alternativa; la gran mayoría de nosotros

deviene de una educación marcada por la academia, la cuantificación, la jerarquía de las

matemáticas y la devaluación de las artes. Con gran seguridad para la gran mayoría de los

que estamos hoy en frente de pequeños seres humanos, como sus maestras, de estudiantes

fuimos testigos fehacientes de clases de educación física que pasaban sin más, de unas

danzas que eran sólo para el que era bueno, y de los dibujos detrás de los cuadernos, porque

una clase “para perder el tiempo” no nos la iban a otorgar; casi que llegamos a este presente

de un pasado donde las artes o al menos sus expresiones más sencillas asequibles a nosotros

eran prohibidas o inexistentes. Pero la historia, nos ha dejado ver, que si de algo es capaz el

hombre es de generar arte desde la oscuridad, de hablar cuando le negaron las palabras, de

pintar paredes revolucionarias, de cantar poemas contestatarios, de contar la otra parte de la

historia, la prohibida, mientras los libros que supuestamente la contarían se imprimían. El

arte humanizo al hombre, cuando el hombre mismo se deshumanizo.


En ese orden de ideas es preciso comenzar por humanizar nuevamente al maestro, a que

se empodere de lo perdido o de lo que tal vez nunca tuvo, pero que, en este preciso

momento histórico, necesitamos como nación trasmita a las nuevas generaciones. Porque

cuando un docente se conecta con este tipo de ideas, él transforma su vida, su forma misma

de relacionarse con los demás y eso modifica sustancialmente su práctica pedagógica,

porque pasa a reconocer el ser: el de él, y el de sus estudiantes.

La iniciativa Cuerpo Sonoro[CITATION Min14 \l 3082 ] afirma lo siguiente, cuando

manifiesta los cambios vitales que surgen alrededor de la formación docente: “te voy a

enseñar una canción, no, te voy a enseñar a cantar”. Evidenciando que, en ese momento, en

el cual esas palabras son dichas hay un reconocimiento total de lo ya construido y adquirido

por los estudiantes, no sólo como un conocimiento previo, sino como toda una

construcción, la cual en sí encarna todo un poder comunicativo, el cual el maestro puede

entra a diversificar, pero no a enseñar.

De igual manera, ese reconocimiento histórico nombrado anteriormente, debe

permitirnos entender como lo manifiesta claramente Cuerpo Sonoro[CITATION Min14 \l

3082 ], que es “el arte, el lugar donde surge el aprendizaje”. Por ende, en este momento, la

toma de conciencia inicial es fundamental, y de ahí todo lo que implique reestructurar

nuestros esquemas para poder consolidar ambientes de aprendizajes que respondan más a

nuestra humanidad como esencia vital, porque nos guste o no, todos somos testigos de

cómo la violencia lleva años alfabetizando la escuela, haciendo de las suyas, hablando de lo

que nos diferencia, ampliando brechas, monopolizando sectores y estandarizando mentes.

De modo de conclusión se puede decir que Los espacios [CITATION MEN141 \t \l


3082 ]como lugares no definidos, porque deben cumplir un principio de versatilidad que
permite la explosión de la creatividad, de la resolución de problemas reales, acordes a las
necesidades de las edades de los niños y del centro de interés que se desee abordar.

La música como catalizador de emociones y como puente para transitar de un estado


de ánimo a otro, no por la negación de un estado en particular, sino por la capacidad de
cambio que somos capaces de realizar.

El material tangible[CITATION MEN14 \t \l 3082 ] , hablamos de materia sí, pero de


juegos no estructurados, los que no nos dicen qué hacer ni cómo hacerlo, sino aquellos que
pueden ser cualquier cosa: telas, piedras, ramas de diferentes tamaños, aros en madera,
cajas de diferentes tamaños, entre otros.

Entender y recordar constantemente que somos humanos, que por ende el errar
estará presente, al igual que la maravillosa alegría de lo imprevisto y lo demandante de la
incertidumbre, pero esa es la naturaleza humana, no se trata de negarla, sino de lograrla
articular para crear vida y arte entre la realidad que tenemos y la que deseamos lograr.
Bibliografía

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