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Neoclacisismo en America Latina.

La fundacion, en 1752, de la Real Academia de Nobles Artes en América de San Fernando marca,
en la evolución del arte español, la latina consolidación de la influencia neoclásica originada en
Francia; en lo que concierne a la arquitectura, se advierte el aban dono de ciertos efectos
característicos del Barroco hispánico. Alberto S. J. de como la ornamentación concentrada en las
portadas y, en el Paula caso del espacio interior, el énfasis puesto sobre ciertos elementos
dominantes como los retablos de los templos. El "modernismo" de esa época consistió en actitudes
"racionales' como el ordenamiento rítmico de las fachadas, la mayor claridad en los espacios
interiores y, en todos los casos, la nítida definición del rol de cada uno de los elementos
constructivos. La diferenciación entre el soporte y lo soportado, entre columna y entablamento, era
coherente con un diseño del muro plano y recto (sin alabeos), de los fustes verticales (sin
contorsiones). de las ventanas y puertas bien definidas; fue el final de los "efectos ilusionistas" tales
como cielorrasos perspectivados y los juegos de luces, pero también fue el final del sentimiento de
participación del sujeto observador en el gran espectáculo de la arquitectura barroca: el sujeto
pasaba a ser espectador y su visión se posaba sobre una ordenada superposición de partes, cada una
de las cuales expresaba su rol constructivo. Para un arte de emociones como lo fuera el Barroco
español, el advenimiento del Neoclasicismo marcó una pérdida de identidad.

En 1767, con la expulsión de la Compañía de Jesús y la consecuente dispersión de sus equipos


técnicos, desapareció del ámbito hispanoamericano el "estilo jesuítico" conformado por influencias
del Barroco alemán y del tardío Manierismo italiano sobre criterios estructurales vernáculos; el
vacío cultural resultante fue cubierto prontamente por el aporte de aquel Neoclasicismo franco-
español.

En 1783 fue erigida la Real Academia de San Carlos de la Nueva España cuyo funcionamiento
comenzó dos años después en México; fue esta institución uno de los principales multiplicadores
del Neoclasicismo en territorio americano, pero hay que recordar la acción personal de varios
grandes artistas que trabajaron en distintas ciudades del continente. Durante las dos últimas décadas
del siglo XVIII, en efecto, destacadísimos arquitectos "modernos" trabajaron profesionalmente en
México, Santiago de Chile, Bogotá, el Río de la Plata y aun en ciudades de Córdoba y de Cuyo, lo
cual nos da una idea de la rápida difusión que el Neoclasicismo tuvo en el ámbito
hispanoamericano, durante la etapa final del virreinato.

Las obras más significativas del Neoclasicismo virreinal hispanoamericano se deben a sus dos
principales exponentes: el romano Joaquín Toesca (1745/1799) quien arribó a Santiago de Chile
hacia 1780, y el valenciano Manuel Tolsá ( 1757 /1816) quien se radicó en México en 1791 ; a uno
y otro pertenecen, respectivamente, el Palacio de la Moneda ( 1784/1805) en Santiago de Chile y el
Palacio del Real Tribunal de Minería ( 1797 /1813) en México. Ambas obras se caracterizan por su
volumetría prismática, la expresión rnamposteril de su masa muraria, el predominio de la
horizontalidad en su diseño, la composición simétrica y tramada que combina rítmicamente las
pilastras verticales y las cornisas horizontales que rematan en altas balaustradas.

El destacado historiador mexicano Manuel Toussaint, ha deducido, mediante el examen de


testimonios de época, la crítica despectiva dirigida poco antes del 1800 contra el patrimonio
artístico barroco, considerando sinónimo de "mal gusto"; contrariamente, el diseño neoclásico
apuntaba hacia tres ideas principales; claridad, modernidad y curiosidad.

Agregaba Toussaint que, según aquellos teóricos ... "Los templos deben ser claros y luminosos, no
como los de siglos pasados que son lóbregos, tenebrosos, negros'.' Se desconoce el principio por el
cual el culto católico requiere interiores más bien oscuros y sombríos. Aunque no se encuentre
explícitamente expresado, ni se podía tal, en aquella época en que el autor se hubiera colocado en
un campo de extremo peligro, suena de modo evidente una palabra que implica toda la censura;
oscurantismo. La segunda idea se dirige, más bien que a atacar a la antigüedad que en sí misma no
podía constituir un mal, puesto que la arquitectura en boga imitaba a la griega y a la romana, mucho
más antiguas, contra la antigüedad colonial, es decir, contra el régimen, contra la Colonia. Las
nuevas formas venidas de Italia y de Francia -de tales naciones son quienes expresan estas ideas-
implican una suposición de independencia política como consecuencia de una independencia
artística. La curiosidad, tercer punto en que se insiste, es una forma muy mexicana para expresar lo
delicado, lo bien construido, lo que atrae, intensamente contrapuesto a otra curiosidad: la
contemplativa. Así vemos cómo el Racionalismo y las gestiones de independencia aparecen tras el,
al parecer, inocente fenómeno artístico".

Podríamos hacernos, todavía, otra reflexión de orden contextual: si en la cultura barroca podemos
reconocer un estrato de 1ndole popular que, en la América española, hizo posible la expresión
artística de una cultura mestiza, no ocurre lo mismo con el Neoclasicismo. Las características de
movimiento "culterano" (o sea fuertemente intelectualizado) en su práctica y de internacionalidad
en su lenguaje y en sus signos formales, tomados de un repertorio clásico igualmente valido en
todos los países. Hicieron que el Neoclasicismo liquidara. al propagarse por Hispanoamerica, toda
posibilidad de expresión vernácula y mestiza, en aras del concepto convencional de “orden clásico”
sistema completo de ideas que se supone contiene las respuestas para todos los problemas del
diseño.

El Neoclas1c1smo en el Río de la Plata

En 1 784 asum10 el gobierno de Córdoba del Tucuman (incluido Suyo) el marqués de Sobremonte.
cuya progresista acción contó con el apoyo del ingeniero voluntario Juan Manuel Lopez (,, 1812)
autor, en ese mismo año. de la reconstrucción de la Recova de la capital cordobesa donde. ademas.
proyecto y construyo el Cabildo ( 1786/1789) y las 1g1es1as de San Francisco ( 1794/1813) y
Nuestra Señora de la Merced (180711826) entre otras obras muy influidas por la estética neoclásica.
También en 1784 llegaron a Buenos Aires los hermanos Ramon y Jaime Roquer, catalanes. este
graduado en Guadalajara y ex maestro mayor de la ciudad de Vich. quien propuso establecer en la
capital bonaerense una Escuela de Arquitectura que nunca llegó a funcionar. pese a los informes
favorables de las autoridades locales: los Roquer se establecieron en Mendoza, donde también se
radicaron los arquitectos Cayetano y Santiago Ayroldi (respectivamente suizo y lombardo)
afirmándose hacia 1802 que dicha ciudad tenía buena edificación por ejercer en ella esos cuatro
arquitectos. bajo cuya dirección se han construido y se continuan formando de nuevo, otros
edificios y temo/os al estilo moderno. de la mas bella arquitectura, con preciosas portadas. cornisas
y antepechos" (El Telégrafo Mercantil. Buenos .Aires. 31 de enero de 1802).

En el Río de la Plata, el mejor representante del estilo moderno fue el español Tomás Toribio
(1756/1810) arquitecto graduado en la Real Academia de San Fernando, donde había sido alumno
de Juan de Villanueva y condiscípulo de Manuel Tolsá: se lo nombró Maestro Mayor de 1as Reales
Obras de Fortificación de Montevideo y, en 1799. llegó a esa ciudad donde. entre otras· obras fue
autor del Cabildo ( 1804/1812) y de la Recova (1804). En Buenos Aires proyectó la remodelación
neoclásica del templo de San Francisco, transformado totalmente hacia comienzos del presente sig
lo. La "Recova Vieja" de la Plaza de Mayo en Buenos Aires ( 1802/1804, Agustín Conde, Juan
Bautista Seg1smundo y Juan Antonio Zelaya, maestros alarifes, demolida en 1883) fue una obra
neoclásica significativa por su emplazamiento, destino (galería comercial para internar los puestos
dispersos por la plaza) y por su monumentalizad y estilo neorromano, con el "Arco de los Virreyes"
implantado con sentido triunfal, al medio de las dos alas de arquerías de sencillo pero fuerte ritmo,
enfatizado por las pilastras de orden toscano nítida- mente acusadas.

La emancipación americana y el Neoclasicismo


El contexto cultural correspondiente a la Revolución de Mayo fue neoclásico y se lo percibe en la
literatura (especialmente la poesía épica) y hasta en el mote de "godos" con que se insultaba a los
adversarios de la Revolución: nada más contrario al Neoclasicismo que lo "gótico" o bárbaro. La
Pirámide de Mayo (1811, Francisco Cañete, maestro alarife) es, ala vez que el primer monumento
conmemorativo de la Revolución de Mayo, un pequeño obelisco que documenta la influencia del
estilo "neoegipcio ", en boga al comienzo de la época bonapartista.

La llegada de algunos artistas franceses, con posterioridad a la Independencia, contribuyó a


acentuar la influencia del Neo - clasicismo, especialmente en los niveles oficiales.

En 1817, el ingeniero francés Jacobo Boudier fue consultado con respecto de un proyecto por
construirse hacia el costado 8 sur de la Plaza de Mayo; se habían delineado a modo de remate, unas
pilastras toscanas con copones que concitaron la dura crítica de Boudier diciendo que " …
pertenecen al estilo morisco y cuando las instituciones del país tienen tendencia a borrar los últimos
rastros del vasallaje español ,los edificios públicos deben manifestar otro estilo 10 que el de !os
godos porque, como monumentos, han de llevar el tipo del ánimo público en el tiempo adonde son
edificados . ....

Durante la década de 1820 a 1830 actuó en Buenos Aires un grupo de arquitectos franceses, entre
ellos Próspero Catelin, Pedro Benoit y Juan Pons; las obras más representativas de esa época
(todavía existentes) son la fachada de la catedral de Buenos Aires (1821/1827) y el hemiciclo para
la Sala de Representantes (1821/1822) en la "Manzana de las Luces "; respectivamente inspiradas
en el frente y en la sala de Sesiones del Palacio Borbón de París. También hay que mencionar la
catedral anglicana de Buenos Aires (1831 /1832) de orden dórico muy depurado en su fachada, obra
del arquitecto escocés Ricardo Adams.

Una de las primeras obras de arquitectura neoclásica en Brasil quizá también la más interesante de
todas ellas, es la sede de la Asociación Comercial de Bahía, en la ciudad de Salvador (1814/1816),
Cosme Damián da Cunha Fidié, arquitecto): se la vincula, por su lenguaje y tratamiento decorativo,
con el "estilo Adam" que remonta a las ideas del tratadista Andrea Palladio en la re interpretación de
lñigo Jones y que const1tu1an la base del Neoclasicismo en la segunda mitad del siglo XVIII
británico. La sede de la Asoc1acion Comercial de Bahía destaca su volumen en razón de su
emplazamiento de perímetro libre entre dos plazas; la planta baja está tratada como un podio sobre
el cual nacen las columnas que abarcan la altura total del edificio, el pórtico ocupa el centro de la
fachada y está situado a plomo con el resto del frontispicio; la planta es de composición axial y está
formada por un luminoso salón central de doble altura y cuerpos laterales de dos pisos para las áreas
administrativas.

En 1816 llegó a Brasil la Misión Artística Francesa, dirigida por Joaquín Lebreton. Entre sus
integrantes se contaba el arquitecto Augusta Grandjean de Montigny ( 1776/1850) quien desarrolló
una vasta labor docente y alcanzó el cargo de director de la Academia Imperial de Bellas Artes de
Río de Janeiro (1834): directamente, con sus numerosas e importantes obras, como asimismo a
través de sus discípulos, ejerció una muy considerable influencia en la difusión del Neoclasicismo
en todo el ámbito brasileño.

Dentro de las concepciones ortodoxamente canónicas del Neoclasicismo. uno de los aspectos más
apreciados por sus cultores era el de la monumentalidad dórica o jónica. Uno de los mejores
ejemplos (acaso el mejor) que hemos encontrado en la arquitectura latinoamericana de la primera
mitad del siglo XIX es el Capitolio de Bogotá (1847, Tomás Reed, arquitecto proyectista; concluido
en 1913); abarca una manzana completa y su volumen, de perímetro libre, configura un prisma
virtual ya que, si bien un gran atrio ocupa el tramo central de la fachada principal, la embocadura
resultante está cubierta por una triple columnata jónica que forma un pórtico transparente.
Según las palabras de Reed (18207/1878) nacido en las Antillas Danesas y educado en Alemania,
disponía de un cuadro de 108 metros de lado, que reduciría a solo 96 para mayor desahogo del
emplazamiento; en su memoria descriptiva incluía no solo consideraciones técnicas y funcionales
sino también morales, políticas y expresivas en cuanto al carácter de la obra que debía ser;

·· . . . un capitolio, un palacio republicano que proporcione decente alojamiento a todos los altos
poderes nacionales . .. "

Con respecto de la relación con el medio económico y social, decía Reed:

sería censurable y aun ridículo que una República modesta consumiese sus tesoros, como la Francia
de Luis XIV, en construir una obra de ostentación y regalo que se que daría empezada y que, ni
concluida, podría competir en lujo de ornamento con las europeas. Ni ella representaría bien a un
pueblo sobrio y viril, a los hijos de la estoica Colombia libertadora de un mundo; ni conviene
cebarlos en lo superfluo cuando todavía carecen de mucho de lo necesario. La sobriedad, la
severidad republicana, la entereza de carácter de que tanto ha menester un pueblo reducido y
modesto para luchar con los poderosos, estas cualidades determinarán el estilo de la obra y, por
fortuna, se alían estrechamente con la dignidad y majestad que debe respirar el primer templo civil
de una nación…

La arquitectura popular urbana y suburbana

Pese al carácter intrínsecamente académico del Neoclasicismo, puede reconocerse un primer


impacto formal sobre la arquitectura popular urbana, obrante no por adición sino por sustracción, es
decir, por despojo de la ornamentación barroca y por tendencia a la volumetría prismática.
eliminando el tejado que fue sustituido por techo plano o azotea. En esa arquitectura domestica de
muros lisos, el ritmo estaba dado por la regular distribución de las ventanas verticales;
eventualmente, en coincidencia con los ejes de entrepaños se ubicaban pequeños pilares de
mampostería sobre el plano de azotea, para ordenar los parapetos compuestos, además, por
balaustradas o por barandas de hierro.

Este "Neoclasicismo popular" que surgió durante los primeros años del siglo XIX y se prolongó
hasta mediados de dicha centuria, aproximadamente, apareció en diversos puntos de
Hispanoamérica como México, Guatemala y el Río de la Plata; en Buenos Aires todavía pueden
verse ejemplos tales como "los altos de Elorriaga" (Defensa y Alsina) y la Casa de Mitre; en el
interior de la Argentina, pueden mencionarse también la llamada "Casa del Acuerdo" en San
Nicolás de los Arroyos y la casa natal de Sarmiento, en San Juan.

Existió también una suerte de "Neoclasicismo mamposteril'' o "a la romana", cuyo ejemplo más
representativo fue quizá la Casa de Rosas, en Palermo (1838, Felipe Senillosa, arquitecto); era un
vasto caserón de patio central y torreones en los ángulos, cuya planta cuadrangular se emparenta
formalmente con la del Poggio Reale de Nápoles, transcripta por Serlio en su famoso tratado. La
volumetría de la Casa de Rosas era prismática pero chata y su perímetro, totalmente libre, estaba
constituido por una arquería de medio punto que aligeraba su masa al abrirla hacia los vastos
parques que la rodeaban, en una búsqueda de integración con el entorno que, en sí, puede
considerarse como una componente romántica.

Si la Casa de Rosas era un buen ejemplo de arquitectura doméstica suburbana, también lo es la


Quinta de Pueyrredón, en San Isidro, cuya galería de columnas toscanas orientada hacia el Río de la
Plata, revela simultáneamente el empleo del orden clásico y la apertura hacia el paisaje.
El tejido suburbano, formado por edificaciones de perímetro libre rodeadas por parques y jardines. e
incluso conservando ciertos accidentes topográficos como elementos de paisaie sería, reiteramos,
una actitud romanticista antes que neoclásica; en los alrededores de Buenos Aires ese género
arquitectónico comenzó a generalizarse durante la década de 1820 y adquirió gran difusión durante
los años 40 y 50. Desde mediados del siglo XIX se hizo notoria la influencia estilística de Palladio a
la cual se suma, desde la década de 1870, la difusión de la sintaxis pintoresquista y del estilo
normando y otros lenguajes neofolkloristas.

La tendencia neorrenacentista, creciente desde mediados del siglo XIX, generó una imagen urbana
constituida por la reiteración de pequeñas fachadas, tramadas según la conocida combinación de
elementos verticales (pilastras, ventanas, puertas) y horizontales (zócalo, cormisa, balaustrada)
proporcionada según la preceptiva clásica. La correcta modenatura de los frentes y la relativa
uniformidad de las alturas de cornisas daban una imagen homogénea y ordenada, a las calles de una
ciudad.

Los Neoestilismos
No solo existen diferencias formales. evidentes. entre el Neoclasicismo y los demás estilos
histonc1stas, hay también divergencias en cuanto a la interpretación ideológica y a la relación con el
contexto social y cultural. El Neoclasicismo estuvo, desde fines del siglo XVIII y hasta mediados
del XIX, asociado al pensamiento liberal y al racionalismo enciclopédico del Iluminismo; las
formas grecorromanas connotaban ideas de democracia y libertad asociadas a la república o al
imperio constitucional; el Neoclasicismo tendía, además, a un vigencia universal y confería valores
supremos a los órdenes griegos y a los cánones compositivos del Academicismo,
internacionalmente válidos y no asociados a cultura regional alguna.

Anticlásico y antiliberal, por definición, fue el movimiento romántico que, gestado en las
postrimerías del siglo XVIII, sintetizó a partir de 1830 el espíritu contestatario a la "cultura oficial"
del Neoclasicismo; planteó alternativas de justicia social y propuestas laboristas y socializantes de
diversa índole; revalorizó la herencia medieval y estructuró un lenguaje artístico neomedievalista,
asociado a ideas de cristiandad, nacionalidad, orden social y protección de valores humanos. En
contraposición a la estética racionalista del Neoclas1c1smo, el Romanticismo puso énfasis en el
sentimiento y en la intuición para la creatividad artística; también se rescataron formas
arquitectónicas de tradición vernácula (el normando y otros regionalismos) a partir de las cuales se
estructuró la sintaxis pintoresquista basada en principios como la asimetría, la ruptura del perimetro
con sentido organicista y otros recursos compositivos contrapuestos a los cánones del
Academicismo.

Dentro del campo clasicista sobrevino, hacia 1830, una evolución formal que bien pronto alcanzaría
trascendencia y que el arquitecto e historiador Nikolaus Pevsner ha sintetizado en estos términos:

.. . ''el ampuloso estilo Pleno Renacimiento sustituyo a la pureza del Neogriego ( . . . ) Lo que
contribuyó a popularizar el estilo Renacimiento fue, sin duda alguna, su vigor plástico frente a lo
plano de las formas neoclásicas y a la fragilidad de las neoperpendiculares. Ademas, encarnaba una
prosperidad mas sólida y esto, como es bien sabido, fue el ideal de las clases dirigentes durante la
época victoriana" (Esquema de la Arquitectura Europea).

Hacia mediados del siglo XIX fueron muchos y variados los estilos que se incorporaron al
repertorio de la arquitectura académica; su rasgo común era el Historicismo, es decir, su inspiración
en las diversas expresiones del Renacimiento europeo y, especialmente, del Clasicismo francés
cuyas fases pasan a conformar estilos conocidos bajo el nombre de los sucesivos reyes: Francisco 1,
Luis XIII, Luis XIV, Regencia y Rococó o Luis XV, Neoclásico Luis XVI. El sentido ideológico
asociativo que gobernara los lenguajes arquitectónicos durante los primeros decenios del siglo XIX,
se hace cada vez más lejano hasta resultar nulo, en razón directa del avance del Historicismo
ecléctico.

En el contexto latinoamericano, la incidencia de los neoestilismos europeos fue desigual. En el Río


de la Plata se recibió muy tempranamente el Neogótico inglés: la capilla del cementerio protestante
( 1833, Richard Adams, arquitecto) fue la primera de una serie de iglesias cuya expresividad se basa
en el uso de muros de ladrillos visto, techumbres en pendiente cuya estructura de madera es
interiormente lustrada y dejada en evidencia, ventanas con vitrales y, frecuentemente, un
tratamiento pintoresquista de la relación con el paisaje circundante. Hacia fines del siglo XIX se
generaliza en la construcción de templos católicos el estilo Neogótico francés, pero en su
configuración suele advertirse el empleo de efectos simulados: revoque símil piedra, sobre tabique
de ladrillo que recubre una estructura metálica y otros recursos similares, ajenos al escrúpulo por la
nobleza en la expresión de los materiales, que caracterizara al Neogótico inglés según la prédica del
famoso crítico John Ruskin.

Enorme difusión alcanzó el Neorrenacimiento italiano, no solo en territorio argentino, donde


prevaleció casi masivamente hacia fines del siglo XIX, sino también en diversas latitudes
latinoamericanas, bien que con un grado de permeabilidad diverso según la región de que se trate.
Dentro de la expresividad básicamente italianizante de la corriente neorrenacentista, pueden
reconocerse aportes de otros orígenes como el británico (caso de los arquitectos Eduardo Taylor y
Henry Hunt & Hans Schroeder, en Buenos Aires) o el alemán (ingeniero Julio Federico Koeller,
arquitecto Gustavo Waehneldt, en Petrópolis y en Río de Janeiro); la actividad de los mencionados
Taylor, Hunt & Schroeder abarcó algunos edificios públicos y bancarios, en los cuales se advierte
un tratamiento decorativo liviano, coherente con el gusto británico de la era victoriana; en la obra de
los alemanes Koeller y Waehneldt se advierte una tendencia muy marcada hacia los volúmenes
prismáticos (Palacio Imperial en Petrópolis, Palacio Catete en Río de Janeiro, entre otros).

En el área rioplantense, el iniciador de la tendencia neorrenacentista fue el arquitecto Pedro Fossati


(remodelación del Palacio San José, de Urquiza, en Concepción del Uruguay, circa 1850) seguido
por Nicolás Canale y José Canale, genoveses, padre e hijo respectivamente, arribados a Buenos
Aires hacia 1855 y autores de obras importantes tales como las iglesias de Nuestra Señora de la
Piedad, (1866/1895), Inmaculada Concepción en Belgrano (1864/1916) y catedral de Lomas de
Zamora (1855/1902) como también del trazado urbano y proyecto de los edificios públicos del
pueblo de Almirante Brown (o Adrogué, 1872) en el cual, además de la convencional trama
ortogonal, se delinearon avenidas diagonales, una de las cuales es focal izada en la visual de la
iglesia. Entre las obras de mayor envergadura realizadas bajo la influencia del Neorrenacentismo,
puede mencionarse la ciudad de La Plata (fundada en 1882) capital de la provincia de Buenos Aires;
fue, en su hora. un ejemplo de planificación urbana veloz y eficiente. Entre sus edificios públicos
encontramos una muestra irreprochable y severa del tardío Neoclasicismo (Museo de La Plata,
Enrique Aberg y Carlos Heynemann, arquitectos); también son neoclásicos el Palacio de la
Legislatura (Gustavo Heine y Jorge Hagemann, arquitectos. de Hannover) y el pórtico del
cementerio público; en estos tres edificios tenemos ejemplificados el corintio, el jónico y el dórico.

En la veintena de edificios públicos de La Plata prevaleció el lenguaje neorrenacentista italiano con


pocas excepciones, además de las ya mencionadas; el Renacimiento francés en la casa de gobierno,
el Neogótico en la iglesia de San Ponciano y en la catedral. El autor del proyecto de esta última
ingeniero Pedro Benoit, escribía en su memoria descriptiva que consideraba al Neogótico como
esencialmente cristiano y agregaba que . .. "la mayoría del estilo romano ha sido tomada de la
arquitectura pagana como, a su vez, la cúpula de Santa Sofía ha servido de modelo para tos
mahometanos en sus mezquitas, mientras que a la arquitectura ojival no puede demostrársele
semejante origen ni trazarse parecida descendencia; ha sido y es puramente católica".
Reeditaba asi un planteo ideológico-arquitectónico propio de los comienzos del Romanticismo,
cincuenta y tantos años antes.

En la arquitectura popular urbana de la Plata. predominó también el uso del sistema compositivo y
del léxico formal del Clasicismo renacentista; pero no creemos que esto deba merecerle el
calificativo de "ciudad pagana". Las tipologías de vivienda seguían las pautas de la conocida "casa
chorizo" y también, aunque notoriamente en menos cantidad, de la "casa pompeyana"; según que
los patios enfilados se hallasen rodeados de habitaciones por solo tres lados dejando el cuarto para
la medianera, o bien por sus cuatro lados abarcando una doble parcela. Los frentes de estas
viviendas se caracterizaban, según ya lo hemos descripto, por la trama configurada por zócalo,
pilastras y cornisas cuya reiteración rítmica, y virtual uniformidad de alturas a lo largo de cada
cuadra, daba al conjunto de la ciudad el aspecto ordenado y homogéneo que hemos también
evocado.

La supervivencia del lenguaje y el "seudoclasicismo"

Durante gran parte del siglo XX sobrevivieron los signos y el sistema sintáctico del Clasicismo,
especialmente en el diseño de ciertos edificios públicos: en el ámbito de la arquitectura popular
urbana la supervivencia fue, principalmente, de la trama sintáctica que encontramos vigente hasta
muy avanzados los años 30, bien que con los signos cambiados: desaparecen los capiteles y
entablamentos académicos, sustituidos por formas del Art Nouveau, del Luis XV, del Art Decó, pero
permanecen frecuentemente la modenatura de las pilastras y el criterio de definir zócalos y
cornisones. La tendencia racionalista hacia las fachadas planas y desornamentadas, unida a su
predilección por las ventanas horizontales, planteó una alternativa radicalmente contrapuesta a la
trama clasicista que alteró el aspecto exterior de la arquitectura doméstica; por otra parte. la difusión
del pintoresquismo californiano, cambió las características propias, del tejido urbano, al
desmaterializarse la línea municipal, hecho este que en los reglamentos de la fundación de La Plata
- por ejemplo- estaba expresamente contraindicado.

En la arquitectura monumental, la "gran escala" característica del Academicismo y, en términos


generales, rehusada por el Racionalismo, fue cultivada en la corriente del Art Decó dentro de la cual
subsistieron también ciertas tradiciones estilísticas (Neogótico Art Decó, por ejemplo)
ornamentalistas y de juego volumétrico (edificio en altura, apiramidado); también el espacio interior
de escala monumental fue tratado en obras de arquitectos vinculados al Art Decó (Alejandro
Virasoro, en la Argentina, por ejemplo) o muy próximos a ella (Frank Lloyd Wright, en su fábrica
de ceras "Johnsons", Museo Guggenheim y otras obras). Al transcurrir la década de 1930, se
advierte en la corriente del Art Decó una crisis interna que lo lleva a desdoblarse en dos tendencias
principales: una de ellas que, conservando los criterios exteriores de volumetría apiramidada llega,
por su propia desornamentación, a mimetizarse con el Racionalismo y otra que, manteniéndose en
la escala monumental, se orienta hacia una reedición - corregida- del Neoclasicismo.

La aparición hacia mediados de la década de 1930, de la arquitectura seudoclasicista, planteó


nuevos códigos no solo de diseño (la monumentalidad exagerada) sino también de significados:
contrariamente al Neoclasicismo genuino de principios del siglo XIX que se asociaba a ideas
democráticas y liberales, este seudoclasicismo "imperial" de los años 1930 y 1940, suele vincularse
a connotaciones afines al Estado fuerte.

Un ejemplo representativo de arquitectura "imperial"' es, sin duda, la Facultad de Derecho y


Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (1944/1949, Arturo Ochoa, Ismael G.
Chiappori y Pedro Mario Vinent, arquitectos); su pórtico de catorce columnas dóricas que alcanza
aproximadamente 15 metros de altura y el gran salón de actos que supera los 20 metros, así como el
imponente dimensionamiento dado a las galerías de pasos perdidos, salones para autoridades y
profesores, lo constituyen en una demostración de la búsqueda de "prestigio" a través de las formas
arquitectónicas. También puede interpretarse como una respuesta acerca de la posibilidad cierta de
alcanzar ese "prestigio" mediante el manejo de cantidades y de cualidades; generosidad métrica en
las dimensiones y un léxico historicista que, pese a todo, goza de contemplación reverencial por
parte de vastos sectores sociales, parecen constituir la receta. Por otra parte, la utilización
publicitaria que suele darse al frontispicio monumental de esta Facultad, cuasi símbolo de la
Universidad misma pese al gusto manifiestamente contrario de los arquitectos, también podría
impulsar alguna reflexión acerca de este mismo tema.

¿Legado póstumo?

Si tuviésemos que considerar al Neoclasicismo y sus derivados como un hecho definitivamente


vinculado al pasado, podríamos rescatar -de todos modos-algunos hechos positivos cuya validez
supera la vigencia del tiempo.

Ante todo, el concepto de "orden" en el sentido del término que significa rigor y minuciosidad en el
diseño, como también buen sentido de las proporciones; racionalidad en cuanto a diferenciar las
partes constructivas según sus respectivos roles funcionales. El logro de una coherencia interna que
permite que pueda considerárselo como un sistema completo de ideas para el diseño, hace posible
que -considerado retrospectivamente- podamos reconocer hoy no solo una valiosa herencia de obras
monumentales, sino también el "consumo" digno que, en el ámbito de la arquitectura popular
urbana, se hizo respecto de los ejemplos paradigmáticos: maestros de albañilería, escasamente
doctos. que emigraban a Latinoamérica en busca de mejores horizontes, llevaban consigo una
estructura mental clara y, por poco literatos que fuesen, sabían cómo diseñar arquitectura doméstica
convencionalmente buena y, de este modo, formaban conjuntos urbanos que hoy consideramos
armoniosos, dentro de su sencillez.