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La Columna de Hierro y la

Revolución
Escritos diversos
Écrits divers

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La Columna de Hierro y la Revolución

Soy un escapado de San Miguel de los Reyes, siniestro presidio que levantó la
monarquía para enterrar en vida a los que, por no ser cobardes, no se sometieron
nunca a las leyes infames que dictaron los poderosos contra los oprimidos. Allá me
llevaron, como a tantos otros, por lavar una ofensa, por rebelarme contra las
humillaciones de que era víctima un pueblo entero, por matar, en fin, a un cacique.

Joven era, y joven soy, ya que ingresé en el presidio a los veintitrés años y he salido,
porque los compañeros anarquistas abrieron las puertas, teniendo treinta y cuatro.
¡Once años sujeto al tormento de no ser hombre, de ser una cosa, de ser un número!

Conmigo salieron muchos hombres, igualmente sufridos, igualmente doloridos por los
malos tratos recibidos desde el nacer. Unos, al pisar la calle, se fueron por el mundo;
otros, nos agrupamos con nuestros libertadores, que nos trataron como amigos y nos
quisieron como hermanos. Con éstos, poco a poco, formamos "la Columna de Hierro";
con éstos, a paso acelerado, asaltamos cuarteles y desarmamos a terribles guardias;
con éstos, a empujones, echamos los fascistas hasta las agujas de la sierra, en donde
se encuentran. Acostumbrados a tomar lo que necesitamos, al empujar el fascista, le
tomamos víveres y fusiles. Y nos alimentamos durante un tiempo, de lo que nos
ofrecían los campesinos, y nos armamos sin que nadie nos hiciera el obsequio de un
arma, con lo que a brazo partido, les quitamos a los insurrectos. El fusil que acaricio,
el que me acompaña desde que abandoné el fatídico presidio, es mío, mío propio; se
lo quité, como un hombre, al que lo tenia en sus manos, así como nuestros, propios,
conquistados, son casi todos los que mis compañeros tienen en las suyas.

Falta de atención

Nadie o casi nadie nos atendió nunca. El estupor burgués al abandonar el presidio, a
continuado siendo el estupor de todos, hasta estos momentos, y en lugar de
atendernos, de ayudarnos, de auxiliarnos, se nos trato como a forajidos, se nos acuso
de incontrolados, porque no sujetamos el ritmo de nuestro vivir que ansiábamos y
ansiamos libre, a caprichos estúpidos de algunos que se han sentido, torpe y
orgullosamente, amos de los hombres, al sentarse en un ministerio o un comité, y
porque, por los pueblos por donde pasamos, después de haberle arrebatado su
posesión al fascista, cambiamos el sistema de vida, aniquilando a los caciques feroces
que intranquilizaron la vida de los campesinos, después de robarles, y poniendo la
riqueza en manos de los únicos que supieron crearla: en manos de los trabajadores.

Conducta

Nadie, puedo asegurarlo, nadie se puede haber portado con los desvalidos, con los
necesitados, con los que toda la vida fueron robados y perseguidos, mejor que
nosotros, los incontrolados, los forajidos, los escapados de presidio.

Nadie, nadie desafío que me lo prueben ha sido mas cariñoso y mas servicial para con
los niños, las mujeres y los ancianos; nadie, absolutamente nadie, puede culpar a esta
Columna, que sola, sin auxilio y si entorpeciéndola, ha estado desde el principio en la
vanguardia, de insolidaria, de despótica, de blanda o de floja cuando de la lucha se
trataba, o de desamorada con el campesino, o de no revolucionaria, ya que el arrojo y
la valentía en el combate ha sido nuestra norma, la hidalguía con el vencido nuestra
ley, la cordialidad con los hermanos nuestra divisa y la bondad y el respecto, el marco
en que se ha desenvuelto nuestra vida.

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Leyenda negra

¿Por qué esta leyenda negra que se ha tejido a nuestro alrededor? ¿Por qué este afán
insensato de desacreditarnos si nuestro descrédito, que no es posible, solo iría en
perjuicio de la causa revolucionaria y de la misma guerra?

Hay nosotros, hombres del presidio, que hemos sufrido más que nadie en la tierra, lo
sabemos; hay, digo, en el ambiente un aburguesamiento enorme. El burgués de alma
y de cuerpo, que es todo lo mediocre y servil, tiembla ante la idea de perder su
sosiego, su cigarro puro y su café, sus toros, su teatro y su emputecimiento, y cuando
olía algo de la Columna, de esta Columna de Hierro, puntal de la Revolución en estas
tierras levantinas, o cuando sabía que la Columna anunciaba su viaje a Valencia,
temblaba como un azogado pensando que los de la Columna iban a arrancarle su vida
regalona y miserable. Y el burgués hay burgueses de muchas clases y en muchos
sitios tejía, sin parar, con los hilos de la calumnia, la leyenda negra con que nos ha
obsequiado, porque al burgués, y únicamente al burgués, han podido y pueden
perjudicar nuestras actividades, nuestras rebeldías, y estas ansias locamente
incontenibles que llevamos en nuestro corazón, de ser libres, como las águilas en las
más altas cimas o como los leones en medio de las selvas.

" Nosotros ", 12-III-1937

También los hermanos...

También los hermanos, los que sufrieron con nosotros en campos y talleres, los que
fueron vilmente explotados por la burguesía, se hicieron eco de los miedos terribles de
ésta y llegaron a creer, porque algunos interesados a ser jefes, se lo dijeron, que
nosotros, los hombres que luchábamos en la Columna de Hierro, éramos forajidos y
desalmados, y un odio, que ha llegado muchas veces a la crueldad y al asesinato
fanático, sembró nuestro camino de piedras para que no pudiéramos avanzar contra
el fascismo.

Ciertas noches, en estas noches oscuras en que, arma al brazo y oído atento, trataba
de penetrar en las profundidades de los campos y en los misterios de las cosas, no
tuve más remedio que, como una pesadilla, levantarme del parapeto, y no para
desentumecer mis miembros, que son de acero porque están curtidos en el dolor, sino
para empuñar con más rabia el arma, sentiendo ganas de disparar, no sólo contra el
enemigo que estaba escondido a cien metros escasos de mi, sino contra el otro,
contra el que no veía, contra el que se ocultaba a mi lado, siéndome y aun
llamándome compañero, mientras me vendía vilmente, ya que no hay venta más
cobarde que la que de la traición se nutre. Y sentía ganas de llorar y de reír, y de
correr por los campos gritando y de atenazar gargantas entre mis dedos de hierro,
como cuando rompí entre mis manos la del cacique inmundo, y de hacer saltar, hecho
escombros, este mundo miserable en donde es difícil encontrar unos brazos amantes
que sequen tu sudor y restañen la sangre de tus heridas cuando, cansado y herido,
vuelves de la batalla.

Penas y alegrías

¡Cuántas noches, juntos los hombres, formando un racimo o un puñado, al comunicar


a mis compañeros, los anarquistas, mis penas y dolores he hallado, allá, en la dureza
de la sierra, frente al enemigo que acechaba, una voz amiga y unos brazos amantes
que me han hecho doler a amar la vida! Y, entonces, todo lo sufrido, todo lo pasado,
todos los horrores y tormentos que llagaron mi cuerpo, los tiraba al viento como si

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fueran de otras épocas, y me entregaba con alegría a sueños de ventura, viendo con
la imaginación calenturienta mundo como el que no había vivido, pero que deseaba;
un mundo como no habíamos vivido los hombres pero que muchos habíamos soñado.
Y el tiempo se me pasaba volando, y las fatigas no entraban en mi cuerpo, y
redoblaba mi empuje, y me hacia temerario, y salía al amanecer en descubierta para
descubrir al enemigo, y... todo por cambiar la vida ; por imprimir otro ritmo a esta vida
nuestra; porque los hombres, yo entre ellos, pudiéramos ser hermanos; porque la
alegría, una vez siquiera, al brotar en nuestros pechos, brotase en la tierra; porque la
Revolución, esta Revolución que ha sido el norte y el lema de la Columna de Hierro,
pudiese ser, en tiempo no lejano, un hecho.

Se esfumaban mis sueños como las nubecillas blancas que encima de nosotros
pasaban por la sierra, y volvía a mis desencantos para volver, otra vez, por la noche, a
mis alegrías. Y así entre penas y alegrías, entre congojas y llantos, he pasado mi vida,
vida alegre en medio del peligro, comparada con aquella vida turbia y miserable del
turbio y mísero presidio.

Pero un día...

Pero un día era un día pardo y triste, por las crestas de la sierra, como viento de nieve
que corta las carnes, bajó una noticia "Hay que militarizarse". Y entró en mis carnes
como fino puñal la noticia, y sufrí, de antemano, las congojas de ahora. Por las noches,
en el parapeto, repetía la noticia: "Hay que militarizarse"...

A mi lado velando mientras yo descansaba, aunque no dormía, estaba el delegado de


mi grupo, que sería teniente, y dos pasos mas acá, durmiendo en el suelo, reclinando
su cabeza sobre un montón de bombas, yacía el delegado de mi centuria, que sería
capitán o coronel. Yo... seguiría siendo yo, el hijo del campo, rebelde hasta morir. Ni
quería, ni quiero cruces ni estrellas ni mandos. Soy como soy, un campesino que
aprendió a leer en la cárcel, que ha visto de cerca el dolor y la muerte, que era
anarquista sin saberlo y que ahora, sabiéndolo, soy más anarquista que ayer cuando
maté para ser libre.

Ese día, aquel día que bajó de las crestas de la sierra, cual si fuese un viento frío que
me cortase el alma, la noticia funesta, será memorable, como tantos otros en mi vida
de dolor. Aquel día... ¡Bah!

¡Hay que militarizarse!

" Nosotros ", 13-III-1937

La vida los libros y el presidio

La vida enseña a los hombres más que todas las teorías, más que todos los libros. Los
que quieran llevar a la práctica lo que han aprendido de otros al beberlo en los libros
escritos, se equivocarán; los que lleven a los libros lo que han aprendido en las
revueltas del camino de la vida, posiblemente hagan una obra maestra. La realidad y
la ensoñación son cosas distintas. Soñar es bueno y bello, porque el sueño es, casi
siempre, la anticipación de lo que ha de ser; pero lo sublime es hacer la vida bella,
hacer de la vida, realmente, una obra hermosa.

Yo he vivido la vida aceleradamente. No he saboreado la juventud, que, según he


leído, es alegría, y dulzura, y bienestar. En el presidio sólo he conocido el dolor. Siendo
joven por los años, soy un viejo por lo mucho que he vivido, por lo mucho que he

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llorado. Por lo mucho que he sufrido. Que en el presidio casi nunca se ríe; en el
presidio, para adentro o para fuera, siempre se llora.

Aprender viviendo

Leer un libro en una celda, apartado del contacto de los hombres, es soñar; leer el
libro de la vida, cuando te lo presenta abierto por una pagina cualquiera el carcelero,
que te insulta o simplemente te espía, es estar en contacto con la realidad.

Cierto día leí, no se dónde ni a quién, que no pudo tener el autor idea exacta de la
redondez de la tierra hasta que la hubo recorrido, medido, palpado: descubierto.
Parecióme ridícula tal pretensión; pero aquella frasecita se me quedó tan impresa, que
alguna vez, en mis soliloquios obligados en la soledad de mi celda, pensé en ella.
Hasta que un día, como si yo también descubriera algo maravilloso que antes estuvo
oculto a los demás hombres, sentí la alegría de ser, para mi, el descubridor de la
redondez de la tierra. Y aquel día, como el autor de la frase, recorrí, medí y palpé el
planeta, haciéndose la luz en mi imaginación al "ver" a la Tierra rodando en los
espacios sin fin, formando parte del concierto universal de los mundos.

Lo mismo sucede con el dolor. Hay que pesarlo, medirlo, palparlo, gustarlo,
comprenderlo, descubrirlo, para tener en la mente una idea clara de lo que es. A mi
lado, tirando del carro en que otros iban subidos, cantando y gozando, he tenido
hombres que, como yo, oficiaban de mulas. Y no sufrían ; y no rugían, por lo bajo, su
protesta; y encontraban justo y lógico que aquellos, como señores, fuesen los que les
tirasen de las riendas y empuñasen el látigo, y hasta lógico y justo que el amo, de un
trallazo, les cruzase la cara. Como animales lanzaban un ronquido, clavaban sus
pezuñas en el suelo y arrancaban a galope. Después, ¡oh sarcasmo!, al dèsnuncirlos,
lamían como perros esclavos la mano que les azotó.

Amargura del dolor

Nadie que no haya sido humillado, y vejado, y escarnecido; nadie que no se haya
sentido el ser más desgraciado de la tierra, a la vez que el ser más noble, y más
bueno, y más humano, y que, al mismo tiempo y todo junto, cuando sentía su
desgracia y se consideraba feliz y fuerte, sin aviso, sin motivo, por gana de hacerle
daño, por humillarle, haya sentido sobre sus espaldas o sobre su rostro la mano
helada de la bestia carcelera; nadie que no se haya visto arrastrado por rebelde a la
celda de castigo, y allí, abofeteado y pisoteado, oír crujir sus huesos y oír correr su
sangre hasta caer en el suelo como una mole; nadie que, después de sufrir el
tormento por otros hombres, no haya sido capaz de sentir su impotencia, y maldecir
por ello y blasfemar por ello, que era tanto como empezar a tener potencia otra vez;
nadie que al recibir el castigo y el ultraje, haya tenido conciencia de lo injusto del
castigo y de lo infame del ultraje; y, al tenerla, haya hecho propósito de acabar con el
privilegio que otorga a algunos la facultad de castigar y ultrajar; nadie, en fin, que,
preso en la cárcel o preso en el mundo, haya comprendido la tragedia de las vidas de
los hombres condenados a obedecer en silencio y ciegamente a las órdenes recibidas,
puede conocer la hondura del dolor, la amargura del dolor, la marca terrible que el
dolor deja para siempre en los que bebieron, y palparon, y sintieron el dolor de callar y
obedecer. ¡Desear hablar y conservarse mudo; desear cantar y enmudecer; desear
reír y tener forzosamente que estrangular la risa en los labios; desear amar y ser
condenado a nadar entre el cieno del odio!

Cuarteles y cárceles

Yo estuve en el cuartel, y allí aprendí a odiar. Yo he estado en el presidio, y allí, en


medio del llorar y del sufrir, cosa rara, aprendí a amar, a amar intensamente.

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En el cuartel casi estuve a punto de perder mi personalidad, tanto era el rigor con que
se me trataba, queriendo imponérseme una disciplina estúpida. En la cárcel, tras
mucho luchar, recobré mi personalidad, siendo cada vez más rebelde a toda
imposición. Allá aprendí a odiar, de cabo hacia arriba, todas las jerarquías; en la
cárcel, en medio del más angustiante dolor, aprendí a querer a los desgraciados, mis
hermanos, mientras conservaba puro y limpio el odio a las jerarquías mamado en el
cuartel. Cárceles y cuarteles son una misma cosa: despotismo y libre expansión de la
maldad de algunos y sufrimiento de todos. Ni el cuartel enseña cosa que no sea
dañina a la salud corporal y mental, ni la cárcel corrige.

Con este criterio, con esta experiencia experiencia adquirida, porque he bañado mi
vida en el dolor, cuando oí que, montañas abajo, venía rodando la orden de
militarización, sentí por un momento que mi ser se desplomaba, porque vi claramente
que moriría en mí el audaz guerrillero de la Revolución, para continuar viviendo el ser
a quien en el cuartel y en la cárcel se podó de todo atributo personal, para caer
nuevamente en la sima de la obediencia, en el sonambulismo animal a que conduce la
disciplina del cuartel o de la cárcel, ya que ambos son iguales. Y, empuñando con
rabia el fusil, desde el parapeto, mirando al enemigo y al "amigo", mirando a
vanguardia y a retaguardia, lancé una maldición como aquellas que lanzaba, cuando,
rebelde, me conducían a la celda de castigo, y una lágrima hacia adentro, como
aquellas que se me escaparon, sin ser vistas de nadie, al sentir mi impotencia. Y es
que notaba que los fariseos, que desean hacer del mundo un cuartel y una cárcel, son
los mismos, los mismos, los mismos que ayer, en las celdas de castigo, nos hicieron a
los hombres hombres crujir los huesos.

Cuarteles... presidios..., vida indigna y miserable.

"Nosotros", 15-III-1937

Incomprensión general

No nos han comprendido, y, por no poder comprendernos, no nos han querido. Hemos
luchado no son necesarias ahora falsas modestias, que a nada conducen; hemos
luchado, repito, como pocos. Nuestra línea de fuego ha sido siempre la primera, ya
que en nuestro sector, desde el primer día hemos sido los únicos.

Para nosotros, jamás hubo un relevo ni..., lo que ha sido peor todavía, una palabra
cariñosa. Unos y otros, fascistas y antifascistas, hasta ¡que vergüenza hemos sentido!
los nuestros nos han tratado con despego.

No nos han comprendido. O lo que es más trágico en medio de esta tragedia en que
vivimos, quizá no nos hemos hecho comprender, ya que nosotros, por haber recibido
sobre nuestros lomos todos los desprecios y rigores de los que fueron jerarcas en la
vida, hemos querido vivir, aun en la guerra, una vida libertaria, y los demás, para su
desgracia y la nuestra, han seguido uncidos al carro del Estado.

Esta incomprensión, que nos ha producido dolores inmensos, cercó el camino de


desdichas, y no solamente veían un peligro en nosotros los fascistas, a los que
tratabamos como se merecieron, sino los que se llaman antifascistas y gritan su
antifascismo hasta enroquecer. Este odio que se tejió a nuestro alrededor, dio lugar a
choques dolorosos, el mayor de los cuales, por lo canallesco, hace asomar a la boca el
asco y llevar las manos a apretar el fusil, tuvo lugar en plena Valencia, al disparar
contra nosotros "ciertos antifascistas rojos". Entonces... ¡bah!... entonces debimos
haber acabado con lo que ahora está haciendo la contrarrevolución.

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La Historia hablará

La Historia que recoge lo bueno y lo malo que los hombres hacen, hablará un día.

Y esa Historia dirá que la Columna de Hierro fue quizá la única en España que tuvo
visión clara de lo que debió ser nuestra Revolución. Dirá también que fue la que más
resistencia ofreció a la militarización. Y dirá, además, que, por resistirse, hubo
momentos en que se la abandonó totalmente a su suerte, en pleno frente de batalla,
como si seis mil hombres, aguerridos y dispuestos a triunfar o morir, debieran
abandonarse al enemigo para ser devorados.

¡Cuántas y cuántas cosas dirá la Historia, y cuántas y cuántas figuras, que se creen
gloriosas, serán execradas y maldecidas!

La militarización

Nuestra resistencia a la militarización estaba fundada en lo que conocíamos de los


militares. Nuestra resistencia actual se funda en lo que conocemos actualmente de los
militares.

El militar profesional ha formado, ahora y siempre, aquí y en Rusia, una casta. Él es el


que manda; a los demás no debe quedarnos más que la obligación de obedecer. El
militar profesional odia con toda su fuerza a todo cuanto sea paisanaje, al que cree
inferior.

Yo he visto yo miro siempre a los ojos de los hombres temblar de rabia o de asco a un
oficial cuando al dirigirme a él lo he tuteado, y conozco casos de ahora, de ahora
mismo, en batallones que se llaman proletarios, en que la oficialidad, que ya se olvidó
de su origen humilde, no puede permitir para ello hay castigos terribles que un
miliciano les llame de tú.

El Ejército "proletario" no plantea disciplina, que podría ser, a lo sumo, respeto a las
órdenes de guerra; plantea sumisión, obediencia ciega, anulación de la personalidad
del hombre.

Lo mismo, lo mismo que cuando, ayer, estuve en el cuartel. Lo mismo, lo mismo que
cuando más tarde estuve en el presidio.

Como vivíamos

Nosotros en las trincheras vivíamos felices. Vimos caer a nuestro lado, es cierto, a los
compañeros que con nosotros empezaron esta guerra; sabíamos, además, que en
cualquier momento, una bala podía dejarnos tendidos en pleno campo ésta es la
recompensa que espera al revolucionario; pero vivíamos felices. Cuando había
comíamos; cuando escaseaban los víveres, ayunábamos. Y todos contentos. ¿Por qué?
Porque ninguno era superior a ninguno. Todos amigos, todos compañeros, todos
guerrilleros de la Revolución.

El delegado de grupo o de centuria no nos era impuesto, sino elegido por nosotros, y
no se sentía teniente o capitán, sino compañero. Los delegados de los Comités de la
Columna no fueron jamás coroneles o generales, sino compañeros. Juntos comíamos,
juntos peleábamos, juntos reíamos o maldecíamos. Nada ganamos durante un tiempo,
nada ganaron ellos. Diez pesetas ganamos después nosotros, diez pesetas ganaron y
ganan ellos.

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Lo único que aceptamos es su capacidad probada, por eso los elegimos; su valor,
también probado, por eso también fueron nuestros delegados. No hay jerarquías, no
hay superioridades, no hay órdenes severas; hay camaradería, bondad,
compañerismo: vida alegre en medio de las desdichas de la guerra. Y así, con
compañeros, imaginándose que se lucha por algo y para algo, da gusto la guerra y
hasta se recibe con gusto la muerte. Pero cuando estás entre militares, en donde todo
son órdenes y jerarquías; cuando ves en tus manos la triste soldada con la cual
apenas puede mantenerse en la retaguardia tu familia y ves que el teniente, el
capitán, el comandante y el coronel, cobran tres, cuatro, diez veces mas que tú,
aunque no tienen ni más empuje, ni más conocimiento, ni más valor que tú, la vida se
ve hace amarga, porque ves que eso no es Revolución, sino aprovechamiento, por
unos pocos de una situación desgraciada que va únicamente en perjuicio del pueblo.

"Nosotros", 16-III-1937

Ahora

No sé cómo viviremos ahora. No sé si podremos acostumbrarnos a recibir malas


palabras del cabo, del sargento o del teniente. No sé si después de habernos sentido
plenamente hombres, podremos sentirnos animales domésticos, que a ésto conduce
la disciplina y esto representa la militarización.

No podremos ya, será totalmente imposible, aceptar despotismo y malos tratos, ya


que se necesita ser muy poco hombre para tener un arma en la mano y aguantar
mansamente el insulto; pero tenemos noticias que angustian, de compañeros que, al
militarizarse, han vuelto a sentir, como losa de plomo, la pesantez de los órdenes que
emanan de gente, muchas veces inepta y siempre desamorada.

Creíamos que nos estábamos redimiendo, que nos estábamos salvando y estamos
cayendo en lo mismo que combatimos; en el despotismo, en la castocracia, en el
autoritarismo mas brutal y absorbente.

Dos caminos

Pero el momento es grave. Cogidos no sabemos por quien, y si lo sabemos, nos lo


callamos ahora; cogidos, repito, en una trampa, debemos salir de ella, escaparnos de
ella, lo mejor que podamos, pues de trampas está sembrado todo el campo.

Los militaristas, todos los militaristas los hay furibundos en nuestro campo nos han
cercado. Ayer fuimos dueños de todo, hoy lo son ellos. El ejército popular, que no
tiene de popular más que el hecho de formarlo el pueblo, y eso ocurrió siempre, no es
del pueblo, es del Gobierno, y el Gobierno manda, y el Gobierno ordena. Al pueblo sólo
se le permite obedecer y siempre se le exige obedecer.

Cogidos entre las mallas militaristas, tenemos dos caminos a seguir: el primero nos
lleva a disgregarnos los que hasta hoy somos compañeros de lucha, deshaciendo la
Columna de Hierro; el segundo nos lleva a la militarización.

Disgregación de la Columna

La Columna, nuestra Columna, no debe deshacerse. La homogeneidad que siempre ha


presentado, ha sido admirable hablo solamente para nosotros, compañeros; la
camaradería entre nosotros quedará en la historia de la Revolución española como un
ejemplo; la bravura demostrada en cien combates podrá haber sido igualada en esta

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lucha de héroes, pero no superada. Desde el primer día fuimos amigos; mas que
amigos, compañeros, mas que compañeros, hermanos. Disgregarnos, irnos, no
volvernos a ver, no sentir, como hasta aquí, los impulsos de vencer y de luchar, es
imposible.

La Columna, esta Columna de Hierro, que desde Valencia a Teruel ha hecho temblar a
burgueses y fascistas, no debe deshacerse, sino seguir hasta el fin.

¿Quién puede decir que en la pelea, por estar militarizados, han sido más fuertes, más
recios, más generosos para regar con su sangre los campos de batalla? Como
hermanos que defienden una causa noble hemos luchado; como hermanos que tienen
los mismos ideales, hemos soñado en las trincheras; como hermanos que anhelan un
mundo mejor, hemos empujado con nuestro coraje. ¿Deshacernos como un todo
homogéneo? Nunca, compañeros. Mientras quedemos una centuria, a luchar; mientras
quede uno solo de nosotros, a vencer.

Militarización

Será un mal menor, a pesar de ser un gran mal, el tener que aceptar, sin ser elegidos
por nosotros, quienes nos ordenen. Pero...

Ser una Columna o ser un Batallón es casi igual. Lo que no es igual es que no se nos
respete.

Si estamos juntos los mismos individuos que ahora estamos, ya formemos una
columna, ya formemos un batallón, para nosotros ha de ser igual. En la lucha no
necesitaremos quien nos aliente, en el descanso no tendremos quien nos prohiba
descansar, porque no lo consentiremos.

El cabo, el sargento, el teniente, el capitán, o son de los nuestros, en cuyo caso


seremos todos compañeros, o son enemigos, en cuyo caso como a enemigos habrá
que tratarlos.

Columna o Batallón, para nosotros, si queremos, será igual. Nosotros, ayer, hoy y
mañana, no necesitamos estímulos para combatir; nosotros, ayer, hoy y mañana
seremos los guerrilleros de la Revolución.

De nosotros mismos, de la cohesión que haya entre nosotros, depende nuestro


desarrollo futuro. No nos imprimirá nadie un ritmo suyo; se lo imprimiremos nosotros,
por tener personalidad propia a los que están a nuestro alrededor.

Final

Tengamos encuenta una cosa, compañeros. La lucha exige que no hurtemos nuestros
brazos ni nuestro entusiasmo a la guerra. En una columna, la nuestra o en un Batallón,
el nuestro; en una división o en un batallón que no sean nuestros, tenemos que
luchar.

Si deshacemos la Columna, si nos disgregamos, después, obligatoriamente


movilizados, tendremos que ir, no con quien digamos, sino con quien se nos ordene. Y
como no somos ni queremos ser animalillos domésticos, posiblemente chocáramos
con quienes no deberíamos chocar: con los que, mal o bien, son nuestros aliados.

La Revolución, nuestra Revolución, esa Revolución proletaria y anárquica, a la cual,


desde los primeros días, hemos dado páginas de gloria, nos pide que no abandonemos

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las armas y que no abandonemos, tampoco, el núcleo compacto que hasta ahora
hemos tenido formado, llámese éste como se llame: Columna, División o Batallón.

Un "Incontrolado" de la Columna de Hierro.

"Nosotros", 17-III-1937

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http://flag.blackened.net/pdg/noticias/noticias/jose_pellicer.htm

:: José Pellicer por Miquel Amoros


[05-06-04]
La palabra que mejor describe a José Pellicer (1912-1942) es la de revolucionario,
calificativo relacionado con un estatus de prestigio que en la actualidad resulta de
difícil comprensión, puesto que hoy el prestigio popular va ligado a la imagen más que
al ejemplo, y el valor de un hombre es determinado por su cotización en el
espectáculo más que por el coraje o la integridad.

Si dejamos hablar a los hechos, José Pellicer pertenece a la estirpe de los grandes
hombres, aquellos que han querido acabar radicalmente con la injusticia y la
explotación y han puesto toda su inteligencia y todo su empeño en ello, alcanzando en
la tarea cotas muy altas. Su trayectoria al servicio de la revolución proletaria es
suficientemente explicativa.

Su adhesión a la causa revolucionaria fue tanto más sentida y verdadera por cuanto
no estaba basada en motivos económicos, siendo de una familia con medios. Se hizo
anarquista por idealismo; su entrega fue siempre altruista, pagando con su persona y
buscando la dignidad de los débiles y oprimidos en el combate contra los poderosos y
explotadores.

Ejemplar como hombre de acción y como hombre de ideas, Pellicer alcanzó el rango
de figura histórica al representar su persona la adecuación ideal entre el pensamiento
emancipador de la clase oprimida y la lucha efectiva por su liberación. Fue atraído por
el anarquismo en fecha temprana. En 1931, con tan sólo diecinueve años, era
secretario del Ateneo de Divulgación Anarquista de Valencia. Su valía y arrojo le
hicieron destacar entre los anarquistas valencianos ya que representó al Comité
Regional de la Federación de Grupos de Levante en el Pleno Peninsular celebrado en
Barcelona a finales de julio de 1932.

Se afilió a la CNT ese mismo año como mecanógrafo. Su militancia revolucionaria fue
incesante, participó en todas las luchas insurgentes de su tiempo, en las de 1933 y en
la de 1934, padeciendo por ello persecución y cárcel.

Merece destacarse su intento de sublevar el cuartel donde estaba movilizado en la


huelga insurreccional de Manresa, en octubre de 1934, por lo que fue juzgado y
sentenciado a la deportación. Sus compañeros le sacaron del barco que le debía llevar
a Villa Cisneros. Hasta el 19 de julio se pasó el tiempo entrando y saliendo de la
cárcel. Su militancia en el grupo “Nosotros” de la FAI, su actividad en los comités de
defensa de la CNT y por encima de todo, su intervención en la famosa Columna de
Hierro, cuya sola mención hizo temblar durante meses a cuantos partidarios del orden
opresivo en la modalidad que fuese la escuchaban.

Con apenas unos centenares de hombres más armados con el entusiasmo que con el
material, insuficiente conseguido en el asalto a los cuarteles de la Alameda de
Valencia, Pellicer, Rafael “Pancho Villa”, Rodilla, Segarra y demás compañeros libraron
batalla en Barracas, Sarrión y Puerto Escandón, haciendo retroceder a los fascistas

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hasta las puertas de Teruel. Quedó liberada del fascio una extensa zona, aliviándose
la presión sobre Castellón y Sagunto.

Entonces brilló no sólo por su arrojo, sino por sus dotes de organizador y estratega de
la revolución libertaria, tanto como empezaban a hacerlo Durruti, Máximo Franco o
Francisco Maroto. Era culto, políglota, teóricamente preparado, con ideas muy claras a
las que sabía dar una expresión incisiva, lo que unido a su alta estatura y voz segura,
imponía a quien se le aproximara.

Quienes le conocieron y compartieron sus ideas y objetivos le reconocían una


dimensión humana y un carisma nada corrientes, virtudes que resaltaban más al
acompañarse de un desinterés y de una humildad admirables. Las necesitó para
encabezar una columna compuesta por gente que no reconocía ninguna autoridad y
para dar sentido revolucionario a su ímpetu.

La Columna de Hierro colaboró con los campesinos de los pueblos en los que se
desplegó, mostrándoles la manera de ser libres. Las primeras experiencias de
comunismo libertario tuvieron lugar al calor del combate de los milicianos. Más que
ninguna otra, ni siquiera la Columna Durruti, la Columna de Hierro actuó a la vez como
milicia de guerra y como organización revolucionaria: levantó actas de sus asambleas,
publicó un diario (“Línea de Fuego”), distribuyó manifiestos y lanzó comunicados,
porque necesitaba explicar sus acciones en la retaguardia y justificar sus movimientos
y sus decisiones ante los trabajadores y los campesinos. Una organización tal predica
con el ejemplo y deja constancia de él. Esa fue su principal particularidad, que Burnett
Bolloten rescató en su libro “El Gran Camuflaje”.

Los historiadores se han portado muy mal con él por la sencilla razón de que jamás
han contemplado la guerra civil como una revolución fallida, la última de las
revoluciones sostenida por ideales emancipatorios, y han tratado de presentarla como
un levantamiento militar y clerical, contra un poder democrático legítimamente
constituido. Obrando así, los historiadores tomaban partido por la República y
oscurecían adrede el enfrentamiento feroz entre clases que subyacía debajo del
manto político republicano. La acción independiente y revolucionaria de toda una
clase histórica, el proletariado, fue ninguneada, y con ella sus mejores logros sociales
y sus figuras más señeras.

Incluso el dolor y sufrimiento de las víctimas fue obviado. Las fosas comunes sólo se
han abierto casi treinta años después de muerto Franco. El interés político de los
futuros dirigentes posfranquistas requería una amnesia social y sus historiadores se la
servían en bandeja. La democracia española se edificó con el olvido.

Tampoco, y eso es más grave, los libertarios de ahora han prestado demasiada
atención a sus héroes, fuera de la deplorable santificación de Durruti. Empeñados en
hacer de él un mito, acabaron por matar al revolucionario. Es tan comprensible como
lo anterior. El peso del pasado es demasiado fuerte para los libertarios actuales, que
se desconciertan y deprimen ante sus responsabilidades históricas.

Por eso se sienten cómodos con renegados patéticos como García Oliver, heroicos
moderados como Juan Peiró, o huecos figurones como Federica Montseny. Además, no
hay que pasar por alto el hecho de que muchos cenetistas tuvieron bien poco de
revolucionarios y su actuación, a la luz de la historia, resulta en efecto
descorazonadora y desconcertante.

Si añadimos a ello el hecho de que importantes cenetistas valencianos como Juan


López y los seguidores del manifiesto de los Cinco Puntos, colaboraron en los años
sesenta con el franquismo, no nos extrañará que José Pellicer resulte indigerible para

12
muchos de sus correligionarios. Sus propias virtudes le perjudicaban porque reflejaban
los peores defectos de sus adversarios dentro de la CNT. La integridad de Pellicer
hacía más lamentables sus ambiciones y más vergonzosas sus capitulaciones.

Sabido es que el movimiento libertario se encontraba profundamente dividido en


cuanto a principios, tácticas y finalidades, y el Congreso de Zaragoza no consiguió
zanjar la cuestión. Cuando se levantaron los fascistas el 18 de julio, rápidamente se
dibujaron entre los anarcosindicalistas dos líneas de actuación antagónicas, una
posibilista y contemporizadora y la otra idealista y revolucionaria. En esta estuvo
Pellicer, como, dado su talante, no podía ser de otra forma.

En Valencia las dos posiciones, representadas por el Comité de Huelga, sindicalista, y


por el Comité de Defensa, faísta, despuntaron desde el primer día. Tras la toma de los
cuarteles ambas tendencias encontraron su camino sin estorbarse; la una reconstruyó
la legalidad republicana a través del Comité Ejecutivo Popular, órgano autónomo que
incorporaba en clave política a la nueva realidad representada por la irrupción de la
CNT y la UGT.

La otra creó por un lado comités de base que pasaron a controlar fábricas y pueblos, y
por el otro, organizó las columnas de milicianos que contuvieron a los militares en
Teruel, Andalucía y Madrid. José Pellicer representa al empuje revolucionario de los
trabajadores y campesinos valencianos; Juan López, su contrafigura, representa la
habilidad política de la burocracia libertaria en ciernes, buscando aposentarse en la
gestión de las parcelas de poder conquistado, especialmente en el campo económico.

La tendencia contemporizadora de la CNT, mayoritaria entre los militantes


valencianos, transigirá con las formas de autoridad y legalidad burguesas con tal de
participar en ellas, mientras que la tendencia revolucionaria se estancará en el frente
debido a la falta de armas y demás pertrechos de guerra, descubriendo una
retaguardia donde todo continuaba como antes, sin el menor atisbo de espíritu
revolucionario.

Las justicieras expediciones a la retaguardia de la Columna de Hierro en busca de


armas en las casernas de la Guardia Civil o de la nueva policía comunista Guardia
Popular, por no hablar de la quema de archivos o los asaltos a las audiencias, pusieron
a los dirigentes colaboracionistas de la CNT en mala postura frente a los demás socios
políticos.

Entonces dejaron solos a los revolucionarios frente a la legalidad republicana


reconstruida y armada. El resultado fue la masacre del 30 de diciembre en la Plaza de
Tetuán en la que el mismo Pellicer salió herido, prefiguración bien adelantada de los
hechos de Mayo en Barcelona. Treinta anarquistas fueron asesinados y más de
ochenta heridos sin que los representantes oficiales de la CNT hiciesen otra cosa que
lamentarlo.

Los revolucionarios se vieron atrapados en el chantaje moral a que les sometía su


propia Organización: si abandonaban el frente para vengarse provocarían una guerra
civil en el bando republicano que iba a dar la victoria al fascismo. No quedaba sino
posponer el desquite para tiempos mejores. Pero al ceder en ese punto hubieron de
ceder en todos. En la disolución de los comités, en la entrada en el gobierno de cuatro
ministros anarquistas, en el desarme de los campesinos colectivistas y en la
militarización de las columnas. De nuevo el chantaje: o atemperarse o desaparecer. La
militarización fue acordada con noventa y dos miembros de la Columna de Hierro
presos en las Torres de Quart por los sucesos de Vinalesa, entre ellos Pedro Pellicer,
su hermano, responsable del cuartel de Las Salesas.

13
Sin embargo sería injusto decir que José Pellicer se plegó a las circunstancias como
por ejemplo sugiere Mera en sus memorias. En el seno de la misma FAI, Pellicer, como
miembro del grupo “Nosotros” pugnó por la conducta orgánica más acorde con las
ideas de liberación y no aceptó las alianzas con los otros sectores autodenominados
antifascistas sino transitoriamente, por imperativos de guerra.

Con fondos de la columna, sus compañeros fundaron el diario “Nosotros”, dotando a


los grupos anarquistas valencianos de la mejor publicación ácrata que haya habido en
la península. “Nosotros” no se atuvo a las directivas oficiales mientras fue controlado
por el grupo de Pellicer, y fue portavoz del mejor espíritu revolucionario anarquista
hasta que la FAI se transformó en partido político y el Comité Peninsular lo escogió
como vocero, apoderándose de él a través de arteras maniobras en los plenos.

Los revolucionarios fueron sustituidos por burócratas, y los que no se refugiaron en


sus sindicatos lo hicieron en sus unidades militarizadas esperando tiempos propicios.
Pero los buenos tiempos de la revolución jamás volvieron. Pellicer fue herido en
Albarracín y separado de la brigada 83, la antigua Columna de Hierro, cosa que
aprovecharon los comunistas, mucho más fuertes en el gobierno de Negrín, para
detenerle mediante agentes del SIM y llevarle de checa en checa.

No se atrevieron a asesinarle como hicieron con Andrés Nin y tras nueve meses
consiguió salir de la checa de la calle Valmajor de Barcelona. En octubre de 1938 fue
reintegrado en el Ejército Popular al frente de la brigada 129, pero los comunistas
lograron relegarle al mando de un batallón. La partición de la España republicana le
pilló en la zona centro.

En los últimos días de la guerra, ya en Alicante, se preocupará, como siempre, de


poner a salvo a los demás, aun a costa de su persona. Detenido por los italianos, fue
delatado y salvajemente golpeado por los vencedores. En su traslado a Valencia sufrió
varios simulacros de fusilamiento. Durante tres años fue llevado de una prisión a otra.

No tuvieron bastante con las torturas y ya que no pudieron destruir su hombría y


entereza con palizas y humillaciones lo intentaron con la más pérfida de las
maniobras: trataron de corromperle a cambio de perdonarle la vida. Le ofrecieron ir a
combatir a los rusos. No sabían sus verdugos que alguien como Pellicer no se vendía,
que no había nada en el mundo con qué comprar su honor.

Pellicer se enfrentó a la muerte con serenidad. Fue fusilado en Paterna, junto a su


hermano Pedro, compañero de lucha. Aunque hoy tenga tan poco sentido el valor,
quizás porque no tenga precio, que quien sienta vibrar en su interior la llama de la
rebeldía intente comprender que ese día murieron dos valientes. Sin embargo sus
ejecutores no lograrían matar al símbolo, puesto que los hermanos Pellicer simbolizan
el lado invencible de la revolución: la conciencia insobornable y el anhelo de libertad.

Ningún poeta ha cantado las hazañas o el calvario de José Pellicer, tan cierto es que la
poesía abdicó su función liberadora al postrarse ante la pistola de Líster. Tampoco la
vida heroica de José Pellicer no tiene interés para los historiadores que ignoran la
revolución social y se limitan a arreglar las apariencias para restar legitimidad al
franquismo y poco más.

Menos interés si cabe mostrarán los herederos del anarquismo de Estado, los hinchas
de aquellos traidores de antaño, adalides de la colaboración de clases, para quienes el
pasado es algo brumoso cuyas verdades han de ser explicadas a los legos desde el
templo de la ortodoxia circunstancialista y del santoral orgánico.

14
Pero para los revolucionarios, o simplemente, para los partidarios de la verdad, para
aquellos que no ven en la ideología anarquista algo pintoresco e inofensivo con que
entretenerse, mantener en el olvido la memoria de José Pellicer es más que un crimen;
es la peor ofensa que se puede cometer contra los ideales por los que luchó y murió.

Nadie puede considerarse, en Valencia sobre todo, anarquista, y por ende,


revolucionario, sin tener presente el ejemplo del mejor de todos los anarquistas y del
mayor de todos los revolucionarios. La memoria es de lo único que no pueden
prescindir los idearios derrotados.

Es lo único que puede guiar en el presente a quienes los profesan. Por lo tanto, en lo
que concierne al patrimonio humano de la revolución española, ignorada por la
mayoría, combatida por todas las fuerzas del orden burgués, abandonada por el
proletariado europeo y traicionada por unos cuantos que debieron defenderla, la
biografía de José Pellicer es la asignatura pendiente.

Miguel Amorós, 27 de abril de 2004.

*************************************

http://www.nodo50.org/despage/Nuestra%20Historia/guerra%20civil/pellicer.htm

El Durruti valenciano

Juan Antonio Blay

Levante, 13 de enero de 2002.

José Pellicer Gandía, uno de los anarquistas valencianos fundadores de la Columna


de Hierro, tiene en su hija Coral la salvaguardia de su memoria, reivindicada ahora
tras años de postergación y olvido.

No hay mayor peligro para denigrar a una persona que, sencillamente, abrir la boca.»
Con esta contundente frase se manifiesta, dolida e indignada, Coral Pellicer (Valencia,
1937), hija de José Pellicer Gandía, el carismático impulsor de la Columna de Hierro,
una fuerza de choque integrada por anarquistas valencianos que combatió en el frente
de Teruel nada más iniciarse la Guerra Civil en defensa de la República. Considera
que, aún hoy, perviven versiones distorsionadas «y terriblemente injustas» sobre lo
ocurrido en Valencia y el resto de la Comunidad Valenciana durante la contienda,
«especialmente, respecto a los anarquistas».

Desde hace unos años, a raíz de la publicación de varios libros y la apertura de los
archivos sobre los juicios militares sumarísimos de la posguerra, se dedica con fervor
a reivindicar la memoria «de aquellos jóvenes que luchaban por la dignidad de la
persona con un gran sentido social. Mírelos -dice mostrando varias fotografías de
integrantes de la fuerza organizada por su padre-, eran unos chavales con alpargatas
y poco más. Lo dieron todo por creer en una sociedad mejor para todos». Y se le
humedecen los ojos.

Rodeada de montañas de papeles, libros, recortes de prensa, cartas de columnistas


que residen en el extranjero, fotocopias de múltiples documentos, Coral no para de
hablar -su energía y aspecto físico son de una mujer con veinte años menos-
intentando reconstruir minuciosamente lo ocurrido con el anarquismo valenciano hace
65 años.

15
José Pellicer pertenecía a una familia de la alta burguesía valenciana -su abuelo
Vicente Gandía Pla fundó las bodegas Castillo de Liria- y estudió en los Jesuitas. Entró
a trabajar en la empresa familiar donde llevaba la contabilidad y con 20 años, en
1932, ya militaba en la CNT tras pasar por la FAI. «Se preocupó de concienciar a los
trabajadores en el sindicalismo y organizó muchas huelgas en la época, incluso en la
empresa de su abuelo. Además, era una persona muy culta. Hablaba francés, inglés,
castellano y valenciano, también esperanto», insiste Coral.

Fue precisamente en una clase de esperanto donde conoció a Maruja Veloso, «su
compañera y mi madre, que fue una de las primeras mujeres en estudiar medicina en
Valencia», puntualiza Coral al tiempo que muestra la última carta que le remitió desde
la cárcel en la que pide que cuide la educación de la hija de ambos.

Pellicer «fue para sus compañeros lo mismo que Durruti para los suyos. Tenía un gran
carisma y uno de los pocos a los que no se les subieron los galones con las
responsabilidades que asumieron, tanto en el comité de guerra de Valencia como en
el que coordinó la Columna de Hierro, que llegó a tener más de 20.000 hombres y
mujeres en el frente de Teruel». Y muestra cartas recientes de compañeros de su
padre remitidas desde varias partes del mundo con verdaderas declaraciones de
admiración a su persona.

Precisa que entre los anarquistas «no había jefes ni líderes» pero su padre fue uno de
los comandantes de esa fuerza cuando se convirtió en la 83 Brigada Mixta del ejército
republicano, en 1937. Fue herido dos veces en el frente, viajó a París a comprar armas
comisionado por sus compañeros y llegó a estar preso seis meses en la checa
comunista de Valmayor debido a las divergencias entre el PCE y los anarquistas que
Coral no oculta pero sobre las que no hace caballo de batalla. «Eran cosas que
ocurrieron», dice.

Su indignación crece ante la falta de rigor a la hora de analizar sucesos de aquella


época. Especialmente los contenidos en los sumarios militares sobre los «paseos»,
patrullas de milicianos a las que se les atribuyen crimenes indiscriminados en varias
comarcas valencianas. «En absoluto se organizaron por parte de los anarquistas
valencianos patrullas para dar los paseos. Es una falacia y una indignidad», afirma
contundentemente.

«Hubo patrullas de anarquistas, sí, mi padre las organizó, pero para controlar los
desmanes. Se llegó a detener, juzgar y fusilar a saqueadores y asesinos como el
llamado "El Chileno", por ejemplo. Hubo muchos infiltrados, quintacolumnistas,
rencillas personales en muchos pueblos. Tras la guerra era muy fácil atribuir a los
anarquistas todos los desmanes. Y se hizo.»

En ese contexto atribuye la delación «canalla» contra la joven María Pérez la Cruz, La
Jabalina, fusilada en Paterna en 1942 tras un juicio sumarísimo. «Tras la guerra fueron
fusiladas 41 mujeres en Valencia, de ellas 12 en la ciudad», agrega Coral. En los
últimos años se ha sumido en archivos civiles y militares en Segovia, Ávila,
Salamanca, Toulouse, Burdeos, entre otros, tras dejar su actividad como periodista.
«No es sólo amor de hija, es la necesidad de recuperar la memoria histórica»,
sentencia.

Y refiere un hecho en el que José Pellicer fue protagonista. La ocasión en la que «salvó
el Santo Cáliz». «Lo descubrió mi padre durante un registro en casa de Sabina Suey en
el fondo de un cajón, pero no dijo nada a sus compañeros de registro. Y le recomendó
que lo trasladara a un lugar más seguro.» La versión del suceso en el libro Cómo fue
salvado el Santo Cáliz de la Cena, de Elías Olmos Canalda, canónigo de la Catedral de
Valencia «es burda y falaz», añade.

16
«¡Lo que es la vida! -añade-, a principios de los 80 mi madre viajó a Teruel en tren y
coincidió con un grupo de mujeres pensionistas. Entre ellas estaba Sabina Suey y en el
trayecto le contó la historia tal y como mi padre se la había contado a ella la misma
noche del suceso y ella me la había transmitido a mí.»

Coral también reivindica el suceso de la apertura de la cárcel de San Miguel de los


Reyes, decisión que atribuye a su padre y a otros compañeros suyos, todos
anarquistas. «Fue un acto hermoso porque había mucha gente injustamente
encarcelada. Es lo que se hace en cualquier revolución. Francia celebra como fiesta
nacional la toma de la Bastilla, una cárcel, todo un acto revolucionario», explica.

José Pellicer fue sentenciado a muerte y fusilado en Paterna el 8 de junio de 1942


acusado de asesinar a un hermano de un oficial de las tropas de Franco. «Mi padre
jamás disparó fuera del frente de batalla. También fue delatado anónimamente y
torturado en las Torres de Quart.» «Y hubo más», señala al recordar a su tío Pedro
Pellicer y compañeros de su padre como Rafael Martí "Pancho Villa", Paco Mares, Elías
Manzanera, Joaquín Canet..., y una lista interminable.

«Los perdedores de la Guerra Civil son los protagonistas de una epopeya, pero no
tuvieron a un Sófocles. Es un error histórico olvidarlos en el contexto de la historia de
España. Y la Columna de Hierro fue una división de combate formada por voluntarios
anarquistas que tuvo que luchar en el frente con muchas carencias y defenderse de
las agresiones en la retaguardia. Por ser revolucionarios, su memoria ha tenido que
sufrir la calumnia, la injuria y el descrédito. Sólo pido honor o respeto para ellos»,
concluye Coral con la mirada firme y limpia.

********************************

Autor: Obregón, Enrique de


Título: La columna de hierro / Enrique. de Obregón
Editor: Barcelona : Grijalbo, [1972]
Descripción 764 p., 2 h. ; 20 cm
física:

Autor: Romero, Néstor


Título: Los incontrolados : chronique de la. 'Columna de hierro' :
(Espagne, 1936-1937) / Néstor Romero
Editor: La Bussière : Acratie, 1997
Descripción 192 p. ; 22 cm
física:
Serie:
Materias: Anarquistas-España-1936-1937

17
Structure et organisation de la Colonne de Fer (Columna de Hierro)
& Ce que nous sommes

Jose Pellicer

Rapport sur la nouvelle structure de la colonne et du comité de guerre.


Présenté lors de la réunion (19 décembre 1936) des délégués de centuries et qui est
publiée pour que celles-ci puissent les étudier.

Compagnons,

Il n'est pas nécessaire de faire de l'histoire pour comprendre qu'aujourd'hui notre Colonne n'est plus,
loin de là, ce qu'elle a été. Cette "petite colonne", surgie de l'enthousiasme spontané, boycottée par
les uns et trompée bien des fois par les autres, est devenue en quelques mois, et grâce à une action
révolutionnaire et anarchiste continue, une colonne aguerrie, habituée au feu, énergique et dotée
d'une personnalité bien définie. Celle-ci, malgré notre absence totale de propagande, s'est fait
connaître à Valence et chez les paysans. Elle a pris une importance que l'on pourrait qualifier de
nationale et nous a attiré la sympathie des masses chargées de la production qui voient en nous autre
chose qu'une colonne provisoire.

Pour quels exordes ? Voici la réalité.


De cette "clique de bandits et d'ex-bagnards" qui, du fait d'une campagne diffamatoire orchestrée
par des politiciens et des maquereaux, étaient le " croque-mitaine " des pacifiques travailleurs et des
comités de l'arrière, il ne reste plus rien. Aujourd'hui, on nous juge à notre juste valeur. Non pour
avoir transigé et nous être comportés "comme de bons petits gars", mais justement pour notre
constance dans les idées et notre évaluation de la situation actuelle. Notre sang a coulé. Des dizaines
de compagnons sont tombés pour toujours et d'autres sont invalides, mais on nous a enfin reconnus
pour ce que nous sommes.

Mais tout n'a pas été que réussite. Il y a un détail, une petite question aujourd'hui qui peut être
résolue posément mais qui, si elle n'est pas corrigée, entraînera de sérieux contretemps. A cause de
l'inactivité, notre organisation s'est un peu amollie. Des questions sans aucune importance
surgissent, de petits détails provoqués le plus souvent par l'ennui et qui à la longue débouchent sur
de véritables conflits face auxquels, si l'on veut être énergique, il faudra prendre des décisions
totalement anti-anarchistes. Cela ne peut plus durer, compagnons; idéologiquement parlant, ce serait
la mort de notre Colonne.
Allons-nous permettre de laisser mourir notre Colonne ? Jamais !
Car, comprenez-le, elle est à nous. Nous l'avons enfantée ; alimentée par notre sang, avec la vie de
ceux que nous aimions tant; formée pu nos corps et soutenue par nos fusils contre vents et marées.
Cette Colonne qui est aujourd'hui notre grande réalité. Forgée jour après jour, heure pu heure, avec
espoir et une foi enthousiaste. Non, compagnons. Cela n'arrivera pas. Nous avons devant nous trop
de choses à faire. Et si cela arrive ce sera notre faute, Oui, vous entendez bien: la nôtre. De celle du
Comité, pour s'être laissé influencer par l'ennui et s'être écarté de sa stricte obligation; de la vôtre,

18
délégués de centurie, pour ne pas avoir été de fidèles exemples et ne pas avoir maintenu les accords
dans vos centuries respectives.

Nous n'allons pas discuter. Le fait est plus que patent. Il nous faut des solutions et nous allons
essayer de les apporter. Vous connaissez tous le nombre approximatif d'hommes composant cette
Colonne. Celui-ci, joint aux milliers d'ouvriers contrôlés par nos bureaux et le projet d'installer des
centres de recrutement dans tous les secteurs de la région, demande formulée par les compagnons
paysans, nous laisse supposer que, d'ici peu, nous parviendrons à former une colonne très
nombreuse qui nous posera une série de difficultés si nous n'adoptons pas d'emblée une organisation
établissant une base solide sur laquelle repose l'avenir.

Cette organisation peut se constituer, comme jusqu'à maintenant, à l'aide des centuries, avec la
modalité que 10 centuries formeront un corps de 1000 hommes qui pourra s'appeler, par exemple,
une division. Cela facilitera grandement la mise en place et la mobilisation des centuries.

Au cas où l'on approuverait cette suggestion, nous organiserions avec les compagnons du front et de
La Puebla un certain nombre de divisions. Les 500 compagnons détachés à la Colonne Torre-
Benedito, ajoutés à un nombre similaire, en constitueraient une autre. D'autre part, nous pourrions
disposer, à Mora et à Sarrion, d'une ou deux divisions supplémentaires en réserve, que nous
pourrions utiliser comme relèves des postes avancés. Le reste des compagnons disponibles
pourraient former des sous-divisions par secteurs, effectuant leurs travaux habituels tant que leur
présence n'est pas nécessaire.

Ouvrier en rejoignant la Colonne de fer, tu renforces la


révolution.

Structure des divisions


Durant la campagne, comme jusqu'à aujourd'hui : des
délégués de groupe et de centurie, avec des
réunions périodiques de ces derniers devant
le comité. Les divisions du front, Mora et
Sarrion, seront considérées en campagne.
En réserve : les unités contrôlées dans les
différents secteurs seront tenues en réserve.
Celles-ci seront constituées sur la base
exacte de 10 centuries, avec les mêmes
caractéristiques que celles du front.

Chaque division aura donc 10 délégués de


centurie et un de division, dont la mission
sera " purement administrative" tant qu'elle
ne montera pas au front. Ces compagnons
ne pourront jamais décider de leur propre
chef des changements, des réquisitions,
etc., sans en référer préalablement au
compagnon délégué du comité chargé des
liaisons et ils devront se soumettre à
l'intérêt général. Dans le cas contraire, ils
seront expulsés.

19
Paysan, la révolution te donne la terre. Colonne de Fer

La nouvelle structure de la colonne et du comité de guerre :

Mission du délégué de centurie : Celui-ci ne devra pas se limiter à être le porte-parole de sa


centurie, il tentera, par tous les moyens, de faire comprendre aux compagnons qui l'ont délégué les
accords passés et l'importance de les respecter.
Il sera responsable de tout le matériel remis à. la centurie, tant sur le Plan militaire que sur celui de
l'approvisionnement, et à son tour il fera en sorte que le soient les délégués de groupe. Pour le reste,
rien n'est changé.

Mission du Comité : En passant d'une colonne relativement réduite à ce que l'on pourrait appeler
une petite armée, les besoins font apparaître, au vu du travail énorme, des responsabilités - disons-le
clairement - un manque de compagnons intelligents et de confiance pour tous les comités devant
être formés. Un comité composé de 6 compagnons est donc constitué, il assumera toute la
responsabilité de la Colonne, recueillant les aspirations des délégués et des autres compagnons et
les coordonnant. Afin de pouvoir contrôler parfaitement toute la Colonne, ce comité peut se
subdiviser en trois parties : l° Quatre délégués pour la zone de guerre. 2° Un délégué de liaison avec
les unités de réserve, de secteur, etc. 3° Délégué des bureaux à Valence.

Mission de ces délégués :


1° De guerre : Contrôle absolu et responsabilité totale de tout ce qui concerne le front. Ces
compagnons, en accord avec les délégués de centurie, choisiront ceux qui devront prendre en charge
les différentes sections qui composaient jusqu'à maintenant le Comité de guerre. Cela impliquera
une amélioration complète de cet aspect, car en affectant une section totalement séparée des tâches
du comité à un compagnon, il sentira davantage la responsabilité de sa charge comme étant sa seule
occupation. En même temps, le comité, aussi restreint, réalisera un contrôle plus efficace sur les
différentes sections, qui peuvent continuer à être les mêmes qu'aujourd'hui.
2° De liaison : Ce délégué n'aura pas d'autre mission que de visiter périodiquement les secteurs de
recrutement et les différentes zones où opèrent les forces de notre Colonne, communiquant au reste
du comité le nombre de rapports et de demandes recueillis qui, à leur tour, seront transmis aux
délégués de centurie.
3° De bureaux : Ce compagnon se chargera de tout ce qui concerne les revenus, la propagande, la
presse, la présence aux réunions des comités de la CNT et de la FAI, des délégations de guerre, etc.
A cet effet, il tentera d'installer un bureau capable de résoudre les carences observées jusqu'à ce
jour.

Voilà, en résumé, le projet de réorganisation de notre Colonne. Vous avez maintenant la parole.
Nous désirons seulement vous rappeler une chose : nous sommes désormais une force respectée et
crainte par certains et que les meilleurs aiment à l'infini, ne décevons pas ces derniers. Pensez que
les ouvriers et paysans révolutionnaires sentent dans notre force la leur et dans nos idées la véritable
révolution.
C'est tout.

Pour la présentation, José Pellicer.

Une fois cette présentation approuvée en principe et complétée par les délégués de centurie, on passa à la
nomination des compagnons qui devaient constituer le nouveau comité et ses différentes sections, avec les
postes suivants :
Comité de guerre : Pellicer, Segarra, Cortés, Espi, Gonzàlez et Montoya.
Logistique générale : Morell.
Santé : Quiles.
Transport : Sema.

20
Matériel : Gumbau.
Délégués de division: Rufino, Villarroya, Navarre, Sanchis, Rafael Alonso et Marmol.
Il est entendu que ces nominations ne seront effectives qu'après avoir reçu l'approbation des centuries,
jusqu'à ce jour, afin que dans cette réunion cette affaire soit définitivement réglée.

Pour une humanité libre, pour l'anarchie ! Colonne de Fer

La Colonne de Fer : Voilà ce que nous sommes

Notre Colonne s'est faite toute seule. Le seul matériel disponible en abondance était l'enthousiasme
et la foi dans la victoire contre les vers de terre franquistes. Mais tout n'était que jeunesse et peu lui
importait la tourmente déclenchée contre laquelle elle allait lutter sans autres moyens que son
cerveau et ses muscles. Et c'est ainsi que nous sommes parvenus à Barracas pour ensuite parcourir
des kilomètres et des kilomètres, traversant la terre muette des Aragonais.

Nous avons combattu et vaincu en propageant nos idées et nous avons été écoutés. Nous avons vu
grandir le blé doré et avec lui notre masse de combattants. Ils sont venus à notre Colonne de Fer, car
ils ont une trempe de fer et de ce métal est et sera faite notre lutte. Nous sommes les rebelles et nous
soutenons l'hégémonie de la rébellion.
Nous avons fait la guerre pour la Révolution. A l'avant-garde avec les armes entraînées par les
muscles. A l'arrière dans la ville avec les armes de l'esprit.

Certains nous haïssent, d'autres nous adorent. Mais les "autres" sont les ouvriers, qui voient en nous
les fidèles gardiens des principes révolutionnaires. La bureaucratie née dans la révolution nous hait,
car nous l'avons démasquée et montrée à la lumière des véritables parias. Mais peu nous importent
les haines.
Par contre, nous voulons que l'usine, la campagne soient avec nous et avec la révolution.
Nous sommes calomniés et déclarés hérétiques. Mais notre hérésie nous honore, nous rend dignes
en nous portant aux sommets de la vérité. Nous sommes la véritable lumière de notre vie, car nous
sommes nés pour la libération.
Nous formons l'immense légion qui cherche à trouver la plénitude pour que tous s'aiment. Nous ne
donnons guère de salaire, mais la voie de la lumière et de la fraternité.
Brisons le présent pour nous empêcher de revenir sur sa rive corrompue et boueuse. Offrons une
terre ferme, où l'on puisse construire la ville des vrais hommes, fondée sur des esprits libres.

21
Jeunesse et fer.
Voilà pourquoi, pour ce que nous sommes, nous vaincrons.

Jaime Serna
Article paru dans Linéa de fuego (ligne de feu, organe de la Colonne) le 14 décembre 1936.

Plénum des colonnes confédérales et anarchistes


Valence, 5 / 8 février 1937.
"Camarade unis
ta volonté à la discipline."

affiches des
colonnes et
milices
anarchistes

"Sans discipline,
il n'y a pas de victoire"
PSOE

Les affiches
sur la
militarisation

Avec la participation officielle des délégations des Colonnes Tierra y Libertad , Durruti, Andalousie
et Estrémadure, Secteur Valdepenas-Jaén et Secteur Manzanares, Francisco Ascaso, Iberia ,
Colonne de Fer, et celle non officielle des milices confédérales du Centre, colonnes Ortiz, Énergie
et Rebellion, CNT 13.

Le plénum débute à 10 h 30 du matin, et le camarade Pellicer, de la Colonne de Fer, commence par


un compte rendu : Comme vous le savez par une circulaire, il y a eu à Valence une réunion des
22
colonnes du Levant avec celle de Maroto et, étant donné la nécessité d'un échange de vues en
général, on y a pris l'initiative de convoquer ce plénum, afin de se mettre en rapport avec les
colonnes qui n'y avaient pas assisté.

Extraits de la circulaire :
Nous désirons seulement faire remarquer qu'à cette heure, tragique et sublime sur le front comme
frivole et insouciante à l'arrière, toute une série de comités d'organisations et de partis ont passé une
multitude d'accords, vraisemblablement dans l'intention de leur donner une efficacité
révolutionnaire; mais ces accords. souffrent d'un grave défaut : jamais personne n'a eu l'idée de
demander leur avis aux combattants.
Cela est impardonnable.
D'autant plus que nous, qui défendons en fait les terres de l'Ibérie, nous le faisons dans l'intention
plus ou moins définie dans chaque colonne de créer une vie nouvelle. Évidemment nous
appartenons à des organisations qui ont dans tous les comités imaginables une infinité de délégués.
Mais il y a une réalité aveuglante et indiscutable à l'arrière, on semble avoir actuellement oublié le
sens révolutionnaire ... Nous n'allons pas présenter un vaste ordre du jour, étant donné que c'est
lorsque les colonnes présenteront leurs problèmes que l'on pourra discuter de ce qui paraîtra
important. Aussi, nous ne vous soumettons que deux points :
· Position des colonnes vis-à-vis du décret de mobilisation ;
· Rapports entre nous.
Dans l'attente de votre participation, fraternellement,
pour le comité, la Colonne de Fer.

Un groupe de reconnaissance de la Colonne de Fer

Compte-rendu des débats :

Pellicer, de la Colonne de Fer, déclare :


Nous n'allons pas faire l'historique, cela nous semble superflu, de ce qui nous est arrivé et ce qui
nous arrive à tous. Le boycott de l'Etat ne doit pas continuer, selon nous, et nous devons exprimer
notre désaccord devant le fait que sur aucun front les colonnes de la CNT et de la FAI ne sont
correctement fournies. Grâce à des camarades qui sont allés à Carthagène à un moment précis, nous
avons appris l'énorme quantité d'armes déchargées dans ce port, alors qu'en Andalousie, quelques
mois après, il y a encore des colonnes qui combattent avec des fusils de chasse.
L'État était en train de se nantir et il se consolidait avec des forces superbement armées et vêtues, ce
dont nous manquions tous. Nous devons accuser les organismes responsables et nous-mêmes,
puisque nous sommes coupables d'avoir les meilleurs éléments sur le front, tandis qu'en revanche
les arrivistes sont restés dans les comités des organisations et que, bien assis dans leur charge, ils
menaient un travail opposé à la bonne marche de celles-ci.
Nous avons dit et répété tout cela à l'Organisation, qui n'a rien fait, au point que nous étions presque
convaincus d'être isolés; mais en apprenant que les camarades des autres colonnes se trouvaient

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dans une situation identique, nous avons eu l'espoir que la CNT et la FAI pourraient encore renouer
avec la démarche qui a toujours été la norme de nos actes et imposer à tous des normes de liberté.
On parle beaucoup de militarisation sous le prétexte que les milices reculent, mais ceux qui
l'affirment oublient de dire que lorsque nos milices reculent sur un front, l'armée avec ses chefs et
ses officiers se sont débandés et enfuis trois kilomètres devant. On répète aussi avec trop
d'insistance qu'on manque de techniciens et d'une discipline de fer qui impose aux miliciens une
conduite plus courageuse.
C'est intolérable. Nous ne sommes pas des ennemis catégoriques de la technique, mais ceux qui en
sont les partisans doivent savoir qu'en Espagne les militaires qui ne se sont pas soulevés ont agi soit
par lâcheté, soit simplement parce qu'ils n'en ont pas eu l'occasion. C'est la majorité des cas.
Nous n'oublions pas, évidemment, qu'il y a des camarades militaires que leur éducation plus ou
moins libérale a entraînés de notre côté dès les premiers jours de la lutte. Nous ne le nions pas, car
nous en avons eu dans notre Colonne, mais savez-vous ce qu'en fait le commandement ?
Quand il voit qu'ils sympathisent trop avec certains camarades, il les relève et les charge de
missions bureaucratiques, comme cela s'est passé chez nous. Vu cette situation, sur la foi d'une
simple affirmation à propos du manque de techniciens, allons-nous supporter des officiers d'opérette
fabriqués en gros, en deux semaines, par n'importe quelle école militaire ?
Il n'y a pas à se tromper, c'est un fait que le dernier délégué de nos centuries en connaît plus sur la
guerre que le plus malin de ces petits officiers. Et parlons du manque de discipline, puisqu'il semble
qu'on se soit donné le mot pour colporter cette fable à tout vent. Comparer nos miliciens aux
fascistes sur le fait que ces derniers placent des hommes armés de pistolets derrière un certain
nombre de soldats, c'est vouloir ignorer des choses aussi importantes que les idées et le courage des
nôtres, et que les autres ne possèdent pas.
En outre, nous affirmons carrément que, si la victoire doit dépendre du fait que, derrière tous les
sept ou huit camarades, il y en ait un autre armé d'un pistolet, on peut d'ores et déjà dire que nous
avons perdu la guerre. Les partis politiques nous ont toujours haïs et ont toujours fait de la
propagande contre nous. Mais c'est nous qui, contre l'avis de la CNT elle-même, avons détruit les
archives des propriétés; qui avons brûlé les fichiers, désarmé la Garde civile et obligé les gardes
d'assaut et les membres de la Sureté à partir au front. Notre intention a toujours été de laver les
cochonneries de l'arrière. Le gouvernement sait que la seule colonne qui peut nettoyer le Levant est
la Colonne de Fer. C'est pour ça qu'il nous refuse les armes.
L'Organisation, pour ce qui a trait au Levant, a eu un sale comportement, elle a manipulé les
comités, et ceux-ci ont voté la militarisation; tant et si bien que le dernier plénum régional des
syndicats a décidé le contraire. Nous ne parlons pas contre l'Organisation, que nous aimons autant
que ceux qui y sont le plus attachés. Nous critiquons les comités qui la déshonorent.

Dans la division Ascaso


Il est arrivé la même chose que dans les autres colonnes confédérales. La plupart des questions que
la Colonne de Fer a exposées ici, nous les connaissons également. Nous avons déclaré directement
au comité régional de Catalogne, au comité de défense de la Confédération et aux organismes
spécifiques qu'on va nous saboter.
Les intentions sont claires. Personne n'en doute.
On ne nous fournissait rien de ce dont nous avions besoin pour gagner la guerre et on faisait un tel
travail que je crois même qu'il y a chez nous quelqu'un qui sème la zizanie à tout moment sur le
front. On va nous saboter.
La division Ascaso constate aujourd'hui ce fait, et les choses continuent de même; il y a beaucoup
d'interventions de chefs militaires russes dans la direction pratique de la guerre, et à ce proposje
tiens à répéter une phrase quefaie dite il y a quelques jours : "Beaucoup de Russes mais peu de
chose qui nous parvienne de Russie." Il faut gagner la guerre avant la révolution. Nous devions
nous y préparer, mais nous n'avions pas encore de forces suffisantes.
Il fallait savoir si nous faisions la révolution pour notre propre compte ou avec la collaboration des

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autres. Nous n'avions pas assez de forces et nous avons accepté la collaboration pour vaincre le
fascisme, et d'abord, ce qui est fondamental, pour pouvoir faire la révolution dans la foulée.

Colonne Ortiz
La discipline n'est pas responsable de notre manque de succès. C'est parce que, jusqu'à Belchite,
nous n'avons pas eu d'ennemis sérieux et avons stoppé, et que nous nous en sommes contentés,
parce que l'Aragon est le seul endroit où l'on n'a pas reculé et où l'on ne recule pas. Nous devons
faire l'impossible pour que ce triomphe le soit pour de bon, en surmontant les difficultés qu'on nous
crée. Les armes, cherchons-les nous-mêmes, parce que j'ai désormais perdu l'espoir que la Russie ou
quelqu'un d'autre nous en fournisse.
Ou nous vaincrons, nous la CNT-FAI, ou bien ceux qui apparemment font la guerre, les
antifascistes, vaincront avec nous. Si quelqu'un d'autre gagne, c'est sur nous qu'ils tomberont. Nous
devons rester fermes sur les fronts, et ne jamais les abandonner.

Colonne CNT 13 :
Notre Colonne est partie pour se réorganiser et se militariser, parce que nous avons appris
d'expérience que la guerre sur le front n'est pas un jeu. Nous avons remarqué (il est douloureux de
l'avouer) qu'en allant au feu on s'est retrouvé avec une bonne centaine de malades, malades de peur
qui trouvaient mille prétextes pour retourner à l'arrière, et contre ça aucune considération
idéologique n'a été suffisante.
Devant cette attitude, j'ai moi-même délivré les sauf-conduits de licenciement et j'ai écrit en
majuscules MALADES DE PANIQUE, et ils n'ont pas eu honte de le montrer en route. Il faut donc
trouver le moyen que personne ne recule et sous aucun prétexte.
Il n'y a plus de volontariat : ou nous faisons la guerre ou nous nous faisons vaincre par la guerre.
Dans l'assaut contre Teruel, la Colonne CNT 13 a manqué son objectif, comme celle del Rosal, à
cause des raisons indiquées, parce que chaque volontaire faisait ce qu'il voulait. Nous nous
plaignons tous de ce qu'à l'arrière il y a un contingent de lâches et de bourgeois et nous en sommes
la cause.
Il faut créer un climat qui fasse que chaque homme aille au front pour donner son dû, que personne
n'esquive le danger. C'est pourquoi nous avons accepté la militarisation, pour être sûr que si nous
attaquons à mille, nous soyons mille à donner notre dù.

les ambitions, le militarisme, la guerre,... c'est le fascisme.

Délégué de la Colonne Ibéria


Nous acceptons une discipline de fer; nous fusillerons ceux
qui abandonneront le front; nous acceptons un
commandement unique, mais nous n'acceptons pas que
quelqu'un assis derrière une table veuille nous diriger sans
affronter le danger. Je suis d'accord pour qu'on oblige nos
Maures à nous, les gens qui se promènent, à monter au
front, et ce n'est pas au gouvernement à les y obliger, mais,
nous-mêmes, parce que pour manger il faut combattre ou
travailler.
Et ceux-là ne travaillent pas.

Le délégué du Comité national


Il proteste parce qu'on ne l'a pas mis au courant de cette
réunion.
A cela le camarade président de séance, Pellicer, répond en
disant qu'il est non moins exact qu'on n'a pas voulu tenir
cette réunion sans sa présence.

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Le délégué du Comité reprend la parole pour déclarer : Il est facile de critiquer le Comité. Mais qu'il
soit bien clair que lorsque le Comité a accepté la militarisation, il ne l'a imposée à personne. Il l'a
fait en accord avec un plénum de comités régionaux. Eh bien oui, on a passé l'accord dont on
parlait.
La faute en est à ceux qui ont outrepassé leurs fonctions en acceptant une chose à peine autorisé par
un plénum national. je dois dire que le camarade Poblador a rendu visite au ministre de la Guerre
pour obtenir des armes.
Nous avons fait ce qui était possible pour en avoir et Largo Caballero a très clairement dit
"Pourquoi irais-je vous donner des mitrailleuses que, une fois dans vos mains, on ne les reverra
jamais " L'organisation confédérale n'a que les armes qu'elle a prises au début dans les casernes.
Garcia Oliver lui-même a présenté sa démission de lajunte de guerre pour protester contre le
sabotage de Largo Caballero à l'encontre de nos forces, particulièrement en Catalogne.
Mais le gouvernement ne veut pas s'en rendre compte, ou est trop inepte pour en prendre
conscience. La militarisation vient d'un accord d'un plénum national des régions. Ce fut en voyant
les colonnes à commandement communiste qui disposaient d'un matériel militaire formidable, alors
que nous étions à chaque fois plus mal en point. J'en ai personnellement demandé à Largo Caballero
la raison, et il m'a répondu que c'était parce que les forces confédérales ne voulaient pas s'organiser
en brigades et que le gouvernement avait perdu confiance dans les miliciens.
"Les armes de l'État sont pour les forces de l'État, m'a-t-il dit, et s'ils ne veulent pas y entrer, que
leurs organisations leur en donnent."
Il ne restait plus comme recours qu'attaquer le lieu où se trouvaient les armes. Mais considérez la
responsabilité et les conséquences que cela pouvait entreiner, en permettant au fascisme de profiter
de nos conflits pour nous surprendre au moment où nous étions les plus faibles et remporter la
victoire. Nous avons accepté la militarisation, mais en précisant bien que nous n'admettrons pas
d'être commandés par des communistes et des socialistes, mais par nos militants. Ce qu'il faut, ce
sont des Maures: il faut les faire marcher et ne pas discuter si nous devons ou non admettre telle ou
telle forme.

Le délégué des milices du Centre


De nombreuses interventions vont dans le sens que je désire que cette réunion ait un caractère
officiel. Et je le voudrais pour les accuser [les membres du Comité national] d'avoir fui
honteusement de Madrid, de manquer de virilité et d'être la cause du chaos politique actuel,
puisqu'ils ont fui avant même le gouvernement. Ceux qui ont arrêté le fascisme à Madrid ne furent
que deux ou trois cents militants de la CNT, et notre Comité national n'a trouvé comme solution que
de fuir, de peur que les bombes lui tombent dessus et le tuent comme si la vie de ses membres était
plus importante que celle de n'importe quel autre militant.
Permettez-moi de vous dire que nous ne devrons pas appeler Maures une partie de notre peuple,
nous n'en avons pas le droit. Et nous-mêmes, nous le critiquerions si ce n'avait pas été dit par un
ministre de la CNT, ce pourquoi nous l'utilisons tous. Mais je répète qu'appeler Maures nos frères
est contraire à nos principes.
L'expérience m'a démontré que si nous, milices, nous continuons à combattre en tant que telles, c'est
l'échec le plus grand, parce que nous n'avons plus l'autodiscipline que nous avions au début de la
guerre. L'instinct de conservation est plus fort que nous. Les dangers de la guerre s'emparent de
l'individu, et l'auto-discipline se voit réduite à rien. Le délégué signale que d'actifs militants se
plaignaient des cruautés de la guerre actuelle et en perdaient leur persévérance au combat.
Telles sont les considérations qui ont amené la région du Centre à opter pour une nouvelle
orientation de la structure des forces confédérales, étant donné l'échec des milices. Il expose des
paroles du camarade Durruti sur les cruautés de la guerre et la nécessité de posséder un armement
égal ou supérieur à celui de l'ennemi. Le camarade Mera leur exposa alors la nécessité d'une
discipline de fer, ce à quoi Durruti répondit : " Peut-être as-tu raison, on en reparlera." Mera relate
les incidents qui eurent lieu à l'hôpital Clinico et les conséquences qu'en tirèrent les camarades en se
prononçant pour une discipline forte dans le sens de l'organisation, mais qui ne soit pas celle de la

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caserne.
Il dit que la discipline doit commencer par les comités, et qu'on ne peut accepter de l'imposer
seulement au milicien, mais qu'en revan'che les comités agissent comme bon leur semble sans
consulter les camarades intéressés.
Il donne l'exemple de ce qui est arrivé avec une offre du Commissariat général qu'il a refusée parce
qu'elle n'était pas présentée comme il pensait qu'elle devait l'être.
Il finit en insistant pour que ce soient les comités qui donnent l'exemple de la discipline.

Pour les Milices !

La délégation de Tierra y Libertad


Au début, nous avons accepté la militarisation, mais aujourd'hui, au vu des événements, nous
n'avons plus qu'à changer d'avis, parce que les faits ne correspondent pas à ce que nous avait
dépeint l'assemblée régionale catalane. Afin de traiter à fond le problème, nous avons convoqué une
réunion dans notre Colonne : les camarades ne veulent pas de la militarisation, comme le prouve le
fait que la moitié de notre effectif, plus de cent quarante-trois, dit qu'un camaxade qui est en proie à
la panique y cédera de toute façon, qu'on l'appelle militaire ou milicien.

Le camarade Coffado, de la Colonne Durruti


Il commence en rappelant des propos du camarade Mera au sujet du transfert du Comité national de
Madrid à Valence. Puis il rappelle qu'au départ de la Colonne Durruti de Barcelone pour l'Aragon, il
était dans un camion avec trente-sept camarades, et qu'ils vainquirent le fascisme de Barcelone à
Pina, où un avion les fit reculer de 48 kilomètres. Si nous avions connu la guerre, cela ne serait pas
arrivé et nous n'aurions pas perdu cinq camarades parmi les plus chers, victimes de la mitraille.
Nous n'allons pas accepter la militarisation, à preuve que vous n'avez jamais vu dans l'armée des
caporaux, sergents, lieutenants et capitaines nommés par leurs hommes.
Nous, nous le faisons.
Par conséquent il ne s'agit pas de militarisation, mais de structure de type militaire.
Nous n'admettons pas les nominations selon le bon plaisir du commendement, mais nous acceptons
les délégations de compagnie et de bataillon. [ ... ]

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Si nous pouvions donner à ceux qui fuient la militarisation les galons qu'ils critiquent, je suis sûr,
sauf exception, qu'ils n'abandonneraient pas les fronts, pour militarisées que soient les milices.

Raquel Castro
A propos du premier bombardement dont a parlé le carnarade, dont nous, de la Colonne Durruti,
fûmes les victimes, je dois dire que ce ne fut pas par manque de connaissances militaires. Bien au
contraire, ce fut la faute de Farràs, notre responsable militaire, qui était saoul (protestation de
Collado).

Le camarade président dit qu'il y a une proposition pour faire une réunion avec le plénum des
régions, qui aura lieu demain, et leur envoyer un compte rendu, afin qu'ils soient au courant du
plénum des colonnes; et pour que cette réunion ait lieu après-demain.

Le camarade Mera manifeste son désaccord, parce que toutes les délégations ne pourront
certainement pas y participer. Le camarade président insiste sur sa proposition, vu l'importance
indiscutable de la réunion. Le camarade Mera demande que soit inscrit son désir d'avoir une réunion
demain avec les comités régionaux, et qu'on s'y emploie vigoureusement.

départ des colonnes pour le font

TROISIÈME SÉANCE.

Elle débute à 22 h 40, sous la présidence du camaradeVal (Madrid) qui, en allant voir le plénum des
assemblées régionales, a obtenu qu'au lieu qu'une délégation des colonnes y aille, ce soit le plénum
des régions qui nomme une commission, laquelle se trouve ici en ce moment.
La Colonne de Fer fait remarquer que la maigre représentation envoyée par le plénum des régions
n'est pas habilitée à discuter d'une affaire aussi importante dans une réunion que l'on peut qualifier
d'historique et dont dépend la vitalité des colonnes anarchistes dans l'avenir.
La représentation du plénum des assemblées régionales demande que soit inscrite sa protestation
contre le qualificatif de " Maigre ". Ce à quoi le camarade Pellicer, de la même colonne, répond en
expliquant que les concepts doivent être compris d'après l'idée qui y préside. Il ne fait aucun doute,
et chacun aurait dû le comprendre ainsi, qu'en disant "maigre" mon camarade de délégation n'a pas
voulu qualifier l'insuffisance des camarades qui composent cette délégation, mais son nombre
réduit, car il pense que, pour un plénum comme le nôtre, toutes les assemblées de régions devraient
être venues. La représentation du plénum des régions déclare que le plénum de colonnes a considéré
par avance qu'il avait le pouvoir de prendre des résolutions et d'intervenir dans le débat, alors qu'il
s'agit d'une réunion illégale.
Le camarade Pellicer dit que le moins qu'on puisse exiger de la représentation du plénum des

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régions, c'est qu'elle ne fasse pas de déclarations de cette nature, car il faut tenir compte du fait que
l'Organisation ne s'est pas souciée le moins du monde des colonnes durant tout ce temps et que
c'était à nous de mettre un terme à une situation aussi anormale.

La délégation de la Colonne Ortiz demande que sa protestation contre les paroles émises par la
représentation du plénum des régions soit inscrite dans le compte rendu. Les colonnes ont le devoir
-puisqu'on ne les consulte pas- de protester contre la militarisation, effectuée sans consultation
préalable, ce qui revient à nier la force que peuvent ou doivent avoir les colonnes sur le front. Le
Comité national veut par son intervention, remettre les choses à leur vraie place.
Il n'est pas possible d'en arriver à de telles extrémités et c'est le devoir de tous de chercher la forme
d'organiser nos aspirations ; au lieu de créer des polémiques entre nous, il faut les faire disparaître.
Cette réumion complètement " anormale " et " irrégulière " n'aurait pas dû avoir lieu, et il souligne
que ce sont là les qualificatifs qu'il applique à la réunion. (...)
Vous avez donné l'impression que l'Organisation est divisée. Les polémiques sont créées par la
Colonne de Fer, par l'envoi d'une circulaire, sans contrôle de l'Organisation et totalement en marge.
Il demande que cela soit inscrit dans le compte rendu. je désire harmoniser les intérêts de tout le
monde. Si ça ne tenait qu'à moi, le Comité national irait remplacer les combattants sur le front, ce
qui ne serait pas nouveau pour moi, puisque j'y étais et que je suis prêt à y retourner.
Nous acceptons le fait irrégulier et accompli, provoqué par la Colonne de Fer, qui emploie là un
procédé peu honnête.

Le camarade Jover (de la division Ascaso)


Pour moi, c'est un affront que l'ensemble du plénum des régions ne vienne pas, qui ne pourra être
réparé que si la Confédération nous convoque a un plénum, et si ce n'est pas le cas, nous nous
retirons et coupons avec nos organisations, qui, jusqu'à aujourd'hui, pour diverses raisons, nous ont
complètement abandonnés, et dont les négligences vont au point que nous ne méritons pas qu'elles
viennent nous entendre.

Roda, de la Colonne Durruti


Nous y avons assisté en croyant qu'il était convoqué par notre Organisation, et nous pensons que
cette polémique ne doit pas transpirer à l'extérieur à cause des effets qu'elle pourrait avoir ; il faut
baisser le ton.

Pellicer, Colonne de Fer


Nous ne pouvons consentir à ce que les comités imposent leurs critères et que la Colonne soit
dissoute, en nous obligeant à imposer des idées sur la militarisation en opposition complète à son
idéologie. Devant notre refus de la militarisation, on nous a imposé comme solution d'abandonner
les armes pour nous relever, ce qui nous a semblé hors de propos. Notre Colonne se croyait en droit
de se défendre contre une situation créée par d'autres colonnes politiques.
Le Comité national, nous le répétons, volontairement ou pas, a fait le jeu de l'État.
Et on nous oblige à abandonner des armes que nous avons conquises d'abord dans les casernes, puis
au front, au prix de beaucoup de sang et en voyant tomber pour toujours les meilleurs camarades.
Que l'État tente de le faire, cela nous paraît naturel, mais que ce soit l'Organisation qui,
suicidairement, détruise ses propres forces, cela nous semble une absurdité.
Nous avons voulu faire voir que ce qui avait été fait est une erreur et s'éloigne des principes
confédéraux. Nous avons cru que c'était un manque de bonne volonté ou de l'indifférence (ce qui est
pire) de ne pas nous avoir convoqués pour nous rendre compte de ce qu'il y avait et en tirer une
impression générale.
Nous, comme confédérés et membres des colonnes, avec notre personnalité, voulons souligner que
nous ne sommes ni en dessous ni au-dessus des comités. Nous ne voulons pas qu'on nous écrase
avec le truc qu'utilisent les comités, avec les accords pris à la majorité. Nous ne voulons pas de
justifications personnelles présentées sur un ton pathétique et pleurnichard. Nous voulons que ce

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soit un comité qui se justifie.
Et il finit en insistant sur le fait que la Colonne de Fer n'abuse pas d'une représentation qu'elle
n'avait pas.

Le camarade Mera, de la délégation des milices confédérales,


dit que lorsque les délégations du Centre furent convoquées, elles savaient que c'était un plénum
convoqué par la Colonne de Fer. En partant de notre local pour venir à Valence avec cette
délégation, je me rappelle qu'avec mes camarades nous nous demandions si on avait eu l'idée de
convoquer le Comité national et les comités régionaux. hier nous avons vu que non, et nous l'avons
dit en leur absence et parlé de conspiration (?), parce que nous pensons que nous devons résoudre
nos problèmes avec nos organisations.
J'ai parlé en tant que délégué, mais maintenant je parle personnellement en mon nom, et je demande
au Comité si, de façon. confédérale, il a pensé à consulter les camarades du Front comme il le
fallait, non seulement sur le grave problème de la militarisation, mais aussi sur l'entrée des ministres
au gouvernement et sur d'autres problèmes.
Dans ces circonstances, où on n'a pas du tout tenu compte de nous, le Comité national n'a pas le
droit de dire que cette réunion est anormale ou irrégulière, et d'autres épithètes. Si on n'a pas fait ce
qu'on n'a pas fait jusqu'ici, il faut le faire.
Le Comité s'est comporté de façon anti-confédérale en ne discutant pas des problèmes avec les
sections syndicales et en imposant en revanche ses accords aux camarades du front de façon
dictatoriale, sans la moindre consultation ; accords qui sont décidés de façon interne, au sein du
Comité, sur un plan, disons-le, familial.
Si un enfant, parce qu'il est mineur, n'a pas le droit de voir son frère sans la permission de son père,
le père aurait dû d'abord se soucier de la santé de ses enfants dans les tranchées. Le Comité national
et les comités régionaux pensent d'une manière qui étrangle la révolution, et on ne doit pas le cacher
aux combattants. Nous acceptons ce qu'on pourrait appeler de l'audace et nous admettons la
militarisation, mais nous protestons contre l'Organisation qui nous fait avaler une chose parce qu'un
ministre en a envie.
Je le le dis clairement: l'Organisation ne m'intéresse pas comme ça.
Voilà ceque moi, Mera, j'avais à dire.

Pour écraser le fascisme, engages toi dans le bataillon


Tolède.

Le représentant du plénum national répond


je vous écoute avec la plus grande amertume en voyant
comment, tous, vous nous couvrez de critiques, et moi,
franchement, je vous dis que si la solution de tout ce
problème consiste à fusiller le Comité national, fusillez-le,
même si quelqu'un reproche à ma position d'être
pleurnicharde. Il fait remarquer qu'il n'a pas exprimé ou
voulu exprimer le qualificatif de réunion illégale, car il a dit
"anormale et irrégulière". Ce que le Comité ne peut
accepter, c'est la division qui se fait jour.
A ce propos, le Comité national dit avoir adressé une
circulaire privée aux assemblées régionales et aux
camarades du front pour les consulter; or, dans les vingt-
quatre heures, Largo Caballero en avait un exemplaire entre
les mains. Il demande comment cela a pu se faire et dit que
l'Organisation a cinquante mille problèmes à résoudre. Il dit
que la famille confédérale doit, à tout moment, être en harmonie : en l'étant, nous vaincrons
l'ennemi, sinon, il vaut mieux ne pas penser à ce qui arriverait. Il admet qu'il est possible que des

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erreurs aient été commises, mais pour le moment, il faut penser qu'il y a un ennemi sur les fronts, un
autre à l'arrière, et que cela nous crée des difficultés constantes.

Un camarade de la Colone Estramadoure Andalousie


Ces provocations, qui ont commencé par plusieurs actes contre Carlos Zimmerman, furent signalées
au commandement militaire, étant donné que, tout en recommandant à nos hommes la plus grande
prudence, nous ne pouvions assurer qu'à un moment ou un autre ils n'allaient pas se révolter contre
des faits si peu acceptables. Un télégramme fut envoyé pour demander s'il y avait une plainte contre
nous et avoir des instructions pour éviter ces faits. Le camarade Gonzàlez Inestal nous répondit qu'il
n'y avait pas de plainte et nous proposa de résoudre le problème en partant, ce qui n'aurait fait que
renforcer les abus dont nous sommes victimes.
Le Comité national répond qu'il est entré en fonction le 20 novembre [1936], et qu'il n'a pas
connaissance des deux communiqués auxquels fait référence le camarade. Ils ont sûrement été reçus
par le comité antérieur, et il souligne qu'ils ont pris la suite d'un comité qui était complètement
désorganisé, sans archives ni rien.

Le délégué de la Colonne del Rosal


Il demande si les brigades seront composées d'éléments absolument à nous ou, au contraire, mixtes.
Le Comité national répond que ce point n'est pas encore éclaircit mais qu'une chose l'est si nous
formons les brigades, elles seront complètement à nous.

Le camarade Mera dit


sur le premier point de la militarisation, d'accord, mais nous devons nous militariser d'un point de
vue nettement confédéral. Nous militariser selon notre organisation en milices homogènes
confédérées. Un bataillon des nôtres parmi des marxistes, avec un commandement marxiste, c'est la
mort de la CNT. Et de même, deux bataillons à nous et deux marxistes, sous un tel commandement
marxiste, ce serait la mort de la CNT, comme nous le voyons dans la pratique.
Le camarade Mera déclare: Nous sommes en train de répéter aujourd'hui tout ce qui a été dit hier. je
dis que si ceux qui sont en Aragon se trouvaient à Madrid, ils changeraient d'opinion. Nous
constatons qu'il faut de la discipline pour avoir un bon résultat dans la guerre.
Pour que l'individu qui y va soit obligé de rester à son poste et qu'il ne l'abandonne à un moment
donné par instinct de conservation. Aucun de ceux qui sont ici ne peut démontrer qu'il a réparti ses
individus avec discipline. Pour faire la guerre, il s'agit d'imposer une discipline militaire.
On ne discute pas un ordre, et quand le commandement se trompe, il n'y a pas non plus à le
discuter : on doit lui tirer dessus. La guerre va à l'opposé de l'homme sentimental.

Le camarade Raquel Castro


Il demande si le Comité national pourrait garantir que, si nous acceptions la militarisation, on nous
donnerait des armes, et que ça ne se passera pas comme dans certains secteurs qui, après s'être
militarisés, n'en ont pas eu.

Le Comité national répond


Nous nous devons à notre Organisation et nous ne pouvons rien garantir, mais nous vous assurons
que nous ferons tous nos efforts pour en obtenir.

CNT-FAI, Acta del pleno de columnas confederales y anarquîstas,


Ce texte est disponible dans deux livres :
Chronique passionée de la Colonne de Fer (Abel Paz) et
Los Incrotrolados de Nestor Romero.

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B. Durruti

Les milices anarcho-syndicalistes, la discipline et


la militarisation 1936-1937
Burnett Bolloten

Milices ouvrières

Des multiples défauts dont souffraient les milices, défauts que les victoires du général Franco
mirent en évidence dès le début de guerre, aucun ne souleva de plus violentes polémiques, aucun
n'exigea d'être corrigé avec plus d'urgence que le manque de discipline. Bien que ce problème ait
été commun à toutes les milices quelle que soit leur idéologie, les unités formées par le mouvement
libertaire furent les seules où l'on se heurta pour le résoudre à un obstacle de nature philosophique.
En effet, la liberté de l'individu est l'essence même de l'anarchie et rien n'est si oppose à cette
doctrine que l'obéissance à des chefs.
"La discipline, c'est la soumission à une autorité; l'anarchie c'est le refus de toute autorité", pouvait-
on lire dans un article publié avant la guerre civile par un important journal anarchiste, La Revista
Blanca.

Les milices de la CNT et de la FAI appliquaient les idéaux anarchistes, à savoir l'égalité, la liberté
individuelle et l'absence de toute discipline imposée. Elles n'avaient ni hiérarchie militaire ni
règlement et ne pratiquaient pas le salut. "Un membre de la CNT ne sera jamais un milicien
discipliné qui, revêtu d'un bel uniforme orné de galons, marque martialement le pas dans les rues de
Madrid, remuant bras et jambes en cadence", déclarait un article de CNT (2).
Voici un extrait d'une résolution approuvée à un congrès régional de la CNT de Valence :
Lorsqu'un camarade entre dans une caserne de la CNT, il doit bien comprendre que le mot caserne
ne signifie pas soumission à d'odieux règlements militaires exigeant des saluts, des défilés et

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d'autres inepties du même genre qui ne sont pas autre chose que du théâtre contraire à tout esprit
révolutionnaire (3).

S'il n'y avait aucune discipline au sein des milices de la CNT et de la FAI tout au début de la guerre
civile, il n'y avait pas non plus de grades, de décorations, ni aucune différence en ce qui concernait
la nourriture, les vêtements et le logement, et les quelques militaires de carrière dont elles
acceptaient la collaboration n'agissaient qu'en qualité de conseillers (4). L'unité de base était le
groupe, généralement composé de dix hommes (5) ; chaque groupe élisait un délégué qui avait à
peu de chose près les mêmes fonctions qu'un sous-officier du grade le plus bas, sans en avoir
l'autorité. Dix groupes formaient une centurie qui élisait également son propre délégué et n'importe
quel nombre de centuries pouvait former une colonne (6) à la tête de laquelle se trouvait un comité
de guerre (7). Ce comité était également élu, il était divisé en un nombre de sections variant selon
les besoins de la colonne (8). L'existence de délégués de groupe et de centurie et celle d'un comité
de guerre, ne signifiaient pas qu'il y ait eu un état-major permanent jouissant de privilèges spéciaux,
puisque tous les délégués pouvaient être destitués dès qu'ils se montraient incapables de se faire les
interprètes des désirs de ceux qui les avaient élus (9).
"Ce qui frappe le plus au premier abord, pouvait-on lire dans un rapport de la CNT-FAI, c'est
l'absence totale de hiérarchie... personne ne donne d'ordre en se prévalant d'une quelconque autorité
(10)".
Toutefois, il n'en demeurait pas moins nécessaire de répartir les tâches et il fallait le faire de façon
assez adroite pour prévenir les frictions.
Dans la "Colonne de fer", par exemple, selon un article paru dans un périodique libertaire, pour
répartir les tours de garde, les miliciens " découpent des morceaux de papier et y inscrivent des
numéros pour éviter les querelles. C'est ainsi le sort qui décide. Tous veulent les premières ou les
dernières heures (11)".

Cependant, les inconvénients de ce système antiautoritaire étaient si graves, en particulier sur les
champs de bataille, qu'il s'avéra très vite nécessaire de faire un vaste appel à la discipline : Nous
avons dit en maintes occasions que nous n'étions pas partisans d'une discipline de couvent ou de
caserne, déclarait Solidaridad Obrera, l'organe de la CNT, mais que pour un certain type d'action
dans laquelle un très grand nombre de citoyens interviennent, il s'avère indispensable de coordonner
parfaitement nos efforts et de faire coïncider exactement nos résolutions.

" Nous avons assisté ces jours derniers à certains événements qui nous ont déchiré le cœur et qui
nous ont rendu quelque peu pessimistes. Nos camarades agissent individuellement et bien souvent
ne tiennent pas compte des consignes des comités [de la CNT.]. La révolution nous échappera des
mains ou bien nous serons massacrés par manque de coordination si nous ne nous décidons pas à
donner au mot discipline son vrai sens ! Accepter une discipline, cela signifie ne pas faire obstacle
au nom de la liberté qui bien souvent dégénère en licence, aux
décisions que prennent les camarades délégués à une fonction de
nature administrative ou militaire (12). "

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En rejoignant la Colonne Iberia,
vous renforcez la lutte contre le fascisme.

Bureau d'enrolement à Valence

Le célèbre écrivain anarchiste Gaston Leval soutenait qu'il était absurde d'essayer de faire la guerre
en s'appuyant sur les idées anarchistes, puisque : La guerre et l'anarchie sont deux états de
l'humanité qui se rejettent l'un l'autre ; car l'un est synonyme de destruction et d'extermination,
tandis que l'autre signifie création et harmonie; le premier implique le triomphe de la violence, le
second, celui de l'amour. Il y eut à l'arrière, disait-il, un grand nombre de camarades qui
commencèrent par rejeter la discipline en bloc, puis finirent pas accepter l'autodiscipline, mais, si
l'autodiscipline a pour résultat une discipline collective efficace dans une colonne particulière, cela
ne permet pas de faire de dangereuses généralisations, car la majorité des forces miliciennes ne se
trouvent pas dans ce cas, et si l'on veut éviter des désastres, il est nécessaire de se soumettre à une
discipline extérieure (13).

Cependant, faire accepter des idées si opposées à la doctrine anarchiste, n'était pas une tâche facile,
et il fallait parfois pour cela, beaucoup d'ingéniosité. Dans un article publié par l'organe du Comité
péninsulaire de la FAI, un anarchiste influent déclarait : Si la guerre se prolonge autant, cela est dû
non seulement à l'aide matérielle que les rebelles reçoivent des pays fascistes, mais également au
manque de cohésion, de discipline et d'obéissance aux directives de nos milices. Certains
camarades objecteront : Nous, les anarchistes, nous ne pouvons accepter d'être commandés par
qui que ce soit". Nous pouvons leur répondre que les anarchistes ne peuvent pas non plus accepter
une déclaration de guerre. Pourtant nous avons tous accepté la déclaration de guerre contre le
fascisme, car il s'agissait pour nous d'une question de vie ou de mort, et parce que cela devait
entraîner le triomphe de la révolution prolétarienne. Si nous acceptons la guerre, nous devons
aussi accepter la discipline et l'obéissance, parce que sans discipline et sans obéissance il est
impossible de gagner une guerre.

Puis, critiquant un délégué qui avait déclaré à un récent congrès de la FAI, que les anarchistes
avaient toujours été hostiles à la discipline et qu'ils devaient continuer à l'être, il ajoute : Le délégué
de Tarragone appuie son affirmation sur une erreur de raisonnement. Les anarchistes ont prôné
l'indiscipline à l'égard des institutions et des autorités bourgeoises, mais pas à l'égard du
mouvement, ni à celui de la cause. Faire preuve d'indiscipline là où l'intérêt général de notre
mouvement antifasciste est en cause, c'est se condamner volontairement à l'échec et à la défaite
(14).

Tandis que sur les fronts stables, l'idée de la nécessité de se soumettre à une discipline faisait peu à
peu son chemin au sein des milices de la CNT-FAI, sur le front central mobile où les troupes
franquistes démontraient de façon dramatique la supériorité de leur organisation, la remise en
question des principes anarchistes traditionnels était allée si loin qu'au début du mois d'octobre, le
comité de défense de Madrid cénétiste dont dépendaient les milices madrilènes CNT-FAI, put faire
entrer en vigueur un règlement dont voici quelques articles :

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Tout milicien se trouve dans l'obligation de se conformer aux directives des comités de bataillon,
des délégués de centurie ou de groupe. Il ne pourra agir de son propre chef en ce qui concerne la
guerre et devra accepter sans discussion son affectation que ce soit au front ou à l'arrière. Tout
milicien qui désobéit aux instructions du comité de bataillon, des délégués de centurie ou de
groupe, sera sanctionné par son groupe, si la faute commise est légère et par le comité de bataillon
si elle est grave... Tout milicien doit comprendre que bien qu'il soit volontairement entré dans les
milices, il est désormais un soldat de la révolution et son devoir est d'accepter les consignes et de
les exécuter (15).

Bien que de nombreux libertaires se soient résignés à admettre la soumission à nue discipline
comme "l'un des grands sacrifices nécessaires à la victoire des idéaux rédempteurs" (16), certains
voyaient dans l'acceptation du concept d'autorité par le mouvement libertaire une atteinte si grave
aux principes anarchistes, une menace si réelle pour le déroulement futur de la révolution, qu'ils ne
pouvaient dissimuler leur anxiété : Nous ne doutons pas, déclarait un comité de propagande des
Jeunesses libertaires, que les circonstances actuelles nous ont contraints, nous, les anarchistes, à
oublier, momentanément, certains de nos principes les plus chers et que cela est nécessaire si nous
voulons triompher dans cette guerre cruelle qui ensanglante la terre espagnole; mais n'oublions
pas que le principe de base de l'anarchie est l'antiautoritarisme, et que si nous continuons à suivre
la voie de l'autoritarisme sur laquelle se sont engagés certains de nos cama. rades, il ne restera
plus rien des idées anarchistes. Souvenons-nous que d'autres révolutions ont cessé de progresser
lorsque le virus de l'autoritarisme -que porte en soi toute révolution- les a détournées de leur voie...
Non, camarades, pour la sauvegarde des idéaux qui nous animent tous, pour la sauvegarde de la
Révolution, ne suivez pas cette voie; la jeunesse anarchiste vous en conjure. Dans nos rangs, le
ferment de l'autorité ferait naître la haine et n'oublions pas que la haine entre nous est le pire
ennemi de la révolution (17).

…/…

réglement des milices confédérales de la région Centre

Prises de positions diverses à propos du manque d'armes des milices anarchistes

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et de la militarisation :

- On peut citer le cas d'une colonne CNT à Alcoy avec plus d'un millier de miliciens que le
gouvernement refusait d'armer parce qu'elle n'avait pas d'officier, tandis que les socialistes -moins
nombreux- ont obtenu l'arment nécessaire.
- Des anarcho-syndicalistes décidèrent que leurs unités feindraient d'adopter la militarisation pour
avoir des armes (18) en prenant un nom militaire. Pour Castilla Libre : tout continuait comme avant
, seul le nom avait changé. Autre exemple la colonne Durruti fut rebaptisée : 26è division, mais ne
changea ni sa structure, les délégués refusaient de porter les insignes d'officiers.
- Les responsable décidaient d'une offensive, mais les miliciens devaient en discuter pendant, deux,
six, huit heures. Ce temps était souvent mis à profit par les ennemis pour atteindre leurs objectifs.
Lorsque notre opération était approuvée, les ennemis avait atteint leur objectifs. Cela prête à en
rire ou à en pleurer. Frederica Montseny
- Ce fut après la perte de Pozuelo (autours de Madrid) que mes idées sur la discipline et la
militarisation s'effondrèrent. Le sang de mes frères versés dans la lutte me fit changer d'opinion. Je
compris que si nous ne voulions pas être vaincu, nous devions construire notre propre armée. Une
armée efficace et organisée pour défendre les travailleurs. Cipriano Mera
- Ce qui révolta le plus les miliciens s'est d'avoir à saluer des officiers qui jusqu'à présent étaient
leur camarade.

Interview de Mariano Vasquez (secrétaire national de la CNT) à Nosotros organe de la FAI sur
Valence.
Nosotros : Nos colonnes vont-elles disparaître ?
M. Vàzquez : Oui, elles vont disparaître. C'est une nécessité. Quand nous sommes arrivés au
Comité national, il était déjà en train de décider que nos colonnes, comme toutes les autres, seraient
transformées en brigades... Cependant cette transformation n'implique pas, tout bien pesé, de
changement fondamental, car ceux qui commandaient les colonnes commanderont main. tenant les
brigades Cela veut dire que les camarades qui se sont attachés aux hommes sur qui repos, la
responsabilité des opérations, peuvent être sûrs qu'on ne les obligera pas à accepter, par le fait de
nominations fortuites, des chefs dont ils n'approuveraient pas l'idéologie, et avec lesquels, par
conséquent, ils auraient de mauvais rapports personnels. De plus, les commissaires politiques, qui
sont les véritables chefs - n'ayons pas peur du mot des brigades, seront nommés par l'organisation
confédérale, devant laquelle ils seront responsables à tout montent...

Nosotros : J'ai entendu dire et c'est un des problèmes qui préoccupent le plus nos combattants, que
ces brigades seront mixtes, c'est-à-dire formées ci, bataillons réguliers, de bataillons marxistes et de
bataillons confédéral. Est-ce exact ?
M. Vazquez : Il y a du vrai dans cela; c'est, en effet, une des propositions concernant la formation
des brigades; mais nous aussi, nous avons la nôtre : les futures brigades que, logiquement nous
devons former devront être composées de camarades de la CNT et de la FAI et contrôlées par nos
deux organisations, tout en obéissant aux ordres -un autre mot du vocabulaire militaire qui sonne
mal à nos oreilles- émanant du commandant unique que toutes les forces acceptent volontairement .

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Nos côtes seront bien gardées, défendues par nos braves marins

Garcia Pradas directeur du Journal CNT (Madrid) :


Au moment de la militarisation officielle des milices, les nôtres, sur le front central, l'acceptèrent à
la seule condition de pouvoir conserver, une certaine indépendance, condition qui incluait le
maintien an place de leurs propres chefs. Le gouvernement -celui de Largo Caballero et ceux qui lui
succédèrent aussi bien que la Junta de défensa de Madrid- n'était pas disposé à y consentir, mais il
se vit obliger d'avaler la pilule, car nous aurions préféré nous rebeller plutôt que de nous soumettre.
A mesure que le temps passait, nous avons dû admettre dans nos unités des recrues de tous bords,
que nous n'avons jamais obligées à s'inscrire à la CNT. Cependant, nous avons toujours refusé au
gouvernement de nommer lui-même nos chefs. En général, les choses se passaient ainsi : le Comité
de défense proposait au ministère de la Guerre des nominations qu'il jugeait utiles et fournissait les
informations nécessaires ; le ministère d'après ces renseignements, acceptait alors les propositions et
officialisait les nominations. Il était Préférable que nous agissions ainsi pour différentes raisons
dont l'une était d'obtenir la solde élevée allouée officiellement aux commandants. Les nôtres, sur le
front central, après l'avoir touchée, en remettaient la plus grande partie au Comité de défense qui,
par conséquent, disposait de millions de pesetas pour aider les collectivités agricoles. Le
gouvernement essaya parfois de nous imposer certains commandants avec le consentement de notre
Comité national de Valence ou de Barcelone, mais ni Eduardo Val, ni Manuel Salgado, ni moi-
même qui avons longtemps assumé la responsabilité du Comité de défense au Centre, n'avons
accepté une telle chose. C'est grâce à cette attitude que nous pûmes conserver jusqu'au bout les
forces qui nous permirent d'écraser le Parti Communiste en Mars 1939 (à Madrid)

Burnett Bolloten
extrait du livre : La révolution Espagnole (Ruedo Iberico)

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