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EL DIALOGO SOCRATICO EN LA

PSICOTERAPIA

2da. Edición. Ampliada y revisada.

Efrén Martínez Ortiz Ph.D

2012

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© Ediciones SAPS
Todos los derechos de autor se han hecho en depósito legal, queda totalmente prohibida su reproducción
total o parcial por cualquier medio, sin la autorización del autor.

Segunda edición. 1000 ejemplares. Febrero de 2012.


ISBN:
Textos e Investigación: © EFRÉN MARTÍNEZ ORTIZ
Editor: SOCIEDAD PARA EL AVANCE DE LA PSICOTERAPIA CENTRADA EN EL SENTIDO
Diseño y Diagramación:
Sociedad para el Avance de la Psicoterapia Centrada en el Sentido
Carrera 14ª N. 101-11 of. 403 Bogota, Colombia
Tels: (571)
e-mail: info@saps-col.org
www.saps-col.org
www.efrenmartinezortiz.com

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MEANING CORP

Meaning Corp (www.meaningcorp.com) es un grupo empresarial fundado por Efrén


Martínez Ortiz Ph.D. (www.efrenmartinezortiz.com) con una importante participación
en diferentes organizaciones con servicios, programas y productos
psicológicos/educativos destinados a favorecer el desarrollo humano en su esencia y
sentido, promoviendo una vida libre y responsable, gobernada por valores que iluminen
el sentido de la vida de las personas, empresas, instituciones y la sociedad en general.
Desde allí, participa en la Sociedad para el Avance de la Psicoterapia Centrada en el
sentido SAPS (www.saps-col.org), sociedad dedicada a difundir, aplicar y formar
profesionales desde el pensamiento de Viktor Frankl a través de su programa de maestría
en psicología clínica (www.maestrialogoterapia.com) y su programa de Coaching
existencial (www.coachingexistencial.org). De igual forma, Meaning Corp hace
presencia en el Colectivo Aquí y Ahora (www.colectivoaquiyahora.org) entidad
dedicada al tratamiento y la prevención de adicciones (www.consentidos.org).

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Dedicatoria
A los estudiantes de los diferentes programas de formación llevados a cabo en la SAPS
por ser en parte “víctimas” de este método socrático.
A Sergio Camacho, Carolina Acevedo, Daniel Serralde, Víctor Rivera, Diana Díaz,
Carolina Vanegas, Mauricio Murcia y María Cristina Riveros, actuales psicoterapeutas
de los centros de tratamiento del Colectivo Aquí y Ahora, por ponerlo en práctica todos
los días.
A Diana Sierra, amiga y trabajadora incesante, así como a Andrea Florez, Jorge
Rodríguez, Felipe Almario, Angélica Claro y Carol Castellanos psicólogos
comprometidos con nuestros proyectos preventivos e investigativos.
A Jaime, Daniel y Diana mis socios del Colectivo Aquí y Ahora.
A María del Rosario, Doris, Popola, Diana, Felipe y Juan Pablo miembros de la
Sociedad para el Avance de la Psicoterapia Centrada en el Sentido por adentrarse en este
proyecto de desarrollo.
A Johanna y a Juana, mis dos princesas.

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TABLA DE CONTENIDO

Prólogo
1. ¿Qué es el diálogo socrático?
Contextualización
Características originales del método
2. El diálogo socrático en psicoterapia
La sistematización de Overholser
El diálogo socrático en las psicoterapias cognitivas
El diálogo socrático en las psicoterapias existenciales
3. El diálogo socrático en la psicoterapia centrada en el sentido (Logoterapia)
Sócrates y Frankl
El dialogo socrático en Logoterapia
Diálogo socrático para el abordaje de lo psicofísico
Diálogo socrático para el despliegue de la espiritualidad en términos de
búsqueda del sentido de la vida
¿Cómo se hace diálogo socrático en Logoterapia?
Las tres preguntas básicas
4. Relación terapéutica y diálogo socrático
5. Estilos de conversación socrática
6. Las preguntas ingenuas e irónicas
La modificación de actitudes
7. Recursos personales (noológicos) y diálogo socrático
Autodistanciamiento
La Autocomprensión
La Autorregulación
La autoproyección
Autotrascendencia
La Diferenciación
La Afectación
La Entrega
8. Entrenamiento en Percepción de Sentido y en Toma de Decisiones
¿Qué es entonces eso que llamamos sentido?
Entrenamiento en percepción de sentido
Toma de decisiones con sentido
9. El método socrático en la praxis grupal
Del porque de un diálogo socrático grupal en la educación
Del porque de un diálogo socrático grupal en la práctica clínica
Dialogo socrático y prevención

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¿Cómo se hace diálogo socrático en la prevención?
El proceso del diálogo socrático grupal en la prevención
10. El facilitador socrático: Recomendaciones y limitaciones
Bibliografía

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Prólogo
Curioso destino el de Sócrates, que no dejó nada escrito pero inspiró kilómetros de texto
intentando dar cuenta de lo que dijo, de su pensamiento y, sobre todo, de la naturaleza de
ese instrumento tan fecundo con el que se ayuda a parir al ser humano en su incesante
búsqueda por el sentido de la existencia. El Diálogo llegó a muchos territorios, la
psicoterapia incluida. Y como ocurre con esas creaciones sobre las que tanto se ha
discurseado, uno puede verse tentado por la pregunta que suscita un nuevo libro: ¿qué
tendrá para aportarme? ¿abrirá un surco o me hará recorrer senderos conocidos?
Responder a la pregunta, ahora, sería dejar pasar la oportunidad de recoger la inquietud
que el mismo método ha sembrado en nuestro cauce cultural, hace unos cuantos siglos.
En lugar de ello me limitaré, brevemente a compartir mi experiencia con la lectura.
Rápida, porque tenía escaso tiempo para escribir el prólogo, pero no por ello menos
intensa y profunda, porque a medida que progresaba me sentía atrapado por un deseo de
saber que desafía la certidumbre de no saber nada.
En el umbral de entrada, el texto nos dibuja el perfil de un hombre que incitaba en los
demás la búsqueda por el sentido de la vida (la virtud por excelencia) a través de un
diálogo que partía de la refutación y se coronaba en esa praxis germinal que es la
mayéutica. Lo hacía preguntando, llegando hasta a forzar al interlocutor si la resistencia
lo exigía. Forzando, no violentando. Como ha sido el modo de operar de muchos
terapeutas, Frankl incluido.
Ese diálogo ha sido retomado por la psicoterapia como un instrumento privilegiado para
explorar la matriz de los significados personales y poder, con su labor, cuestionar a
fondo los prejuicios, los velos que enturbian el acceso al núcleo del sí mismo. Varios
terapeutas de relieve investigaron con ese método, principalmente expertos de raíz
cognitivo-conductual y existencial. El autor reseña los principales aportes, y en su
recorrido, nos aporta una información minuciosa, seleccionada con cuidado, para que
tengamos una buena ventana, sin abrumarnos.
Entre los terapeutas del primer grupo el texto se ocupa en detalle de Overholser, un autor
de curioso recorrido que supo incursionar en la dependencia afectiva patológica y
expone una excelente síntesis de los componentes del método socrático inspirado en un
claro espíritu integrativo. Pero, como muy bien señala Efrén Martínez, aunque la TCC ha
hecho un uso fértil del método, lo ha empleado de un modo directivo apuntando a la
resolución de problemas. De ese modo recortó su potencia que, en lo esencial, apunta a
algo más profundo: “facilitar el despliegue de la espiritualidad en términos de la
búsqueda del sentido de la vida”.
La lectura nos lleva a recorrer otros autores de esa corriente, entre otros Padesky y
Semerari. Este último alcanza cierto relieve en la exposición dado su firme interés en
abordar los aspectos metacognitivos de la experiencia. Allí el enfoque cognitivo se
acerca a la raíz existencial y termina por encontrar un puente cuando se acercan los
aportes constructivistas que confluyen en la obra de Guidano.

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La psicoterapia existencial pasa entonces al centro de la escena. El libro se expande en
ese momento y nos brinda lo más sustantivo. También aquí tenemos la posibilidad de
tomar registro de los autores más significativos que hicieron contribuciones al tema:
Deurzen, Lukas, Frankl y muchos más. Detenerse en la logoterapia de Frankl es una
estación que uno espera desde hace algunas páginas y el autor es generoso pues nos
ofrece una visión descarnada del maestro. Nada más sensitivo que el trayecto en que lo
vemos confrontado con el mismísimo Sócrates. Esa era su altura, así de importantes
fueron sus enseñanzas.
En ese momento nos sentimos instalados en el universo noológico, en el mundo de la
espiritualidad, esa propiedad intrínseca del hombre, esa cualidad específicamente
humana de la que es tributaria nuestra cultura y nuestra pasión por acceder a la verdad.
Frankl, como Sócrates, creía que el hombre puede elegir y eso le otorga la posibilidad de
llegar al fondo, de hacerse la pregunta por la cosa, como había establecido Heidegger. Y
el autor de nuestro libro también se siente libre para ofrecernos un final de obra que va al
corazón de la terapia.
Me gusta calificar su obra de integrativa, en parte porque tengo debilidad por ese
término, pero sobre todo porque me parece que sin declamaciones, el libro logra una
excelente amalgama de lo filosófico y lo terapéutico, de lo teórico y de lo práctico, de lo
modelístico y lo instrumental. Ese final contiene una vasta exposición sobre los recursos
que modulan el diálogo socrático, comenzando por el autodistanciamiento y la
autocomprensión hasta llegar a la entrega. Y en su cenit, despliega como una pieza
articulada la pregunta fundamental: ¿qué es el sentido?
Si uno se atreve a explorar la respuesta se enterará que el sentido tiene que ver con la
percepción afectiva – y cognitiva de valores – que invita a actuar de un modo u otro –
ante una situación particular o a la vida en general – dándole a las personas coherencia e
identidad personal. Y que ese sentido es el nudo de una búsqueda que puede
emprenderse en distintos dispositivos de psicoterapia (individual, grupal) y también en
otros ámbitos de aplicación como la educación y la prevención de la salud.
Ultimo acto. El texto concluye con recomendaciones para el facilitador (también
recordando sus eventuales limitaciones). Y está muy bien que lo haga, porque en nuestra
disciplina, donde tenemos que acompañar con frecuencia el dolor y el sufrimiento, es
indispensable que sepamos cuidar de nosotros mismos para poder seguir dialogando.

Héctor Fernández-Alvarez
Fundación AIGLE
Enero de 2012

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1. ¿QUÉ ES EL DIÁLOGO SOCRÁTICO?

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Contextualización
El diálogo socrático no es una simple técnica psicoterapéutica o estrategia pedagógica,
es todo un estilo de conversación y acompañamiento, es una manera de ser y de
relacionarse con las personas en busca de apoyo o aprendizaje, siendo por ello tan fácil
como difícil a la vez; fácil porque consiste simplemente en aceptar humildemente que no
se sabe la “verdad” y tener el deseo profundo de indagarla con curiosidad auténtica y
gran amor por acompañar a las personas en sus búsquedas, pero difícil a la vez, pues
implica aceptar humildemente que no se sabe la “verdad” y tener la disposición amorosa
de acompañar al otro en su búsqueda, sin ser el protagonista sino un simple compañero
de viaje.
Sócrates nunca escribió ni planteo en algún texto su estilo pedagógico, ni lo que se
conoce hoy en día como diálogo socrático; mas aún, jamás utilizo el diálogo socrático
para hacer psicoterapia propiamente dicha (Rudio, 2001). Sin embargo, ha sido
innegable el aporte que desde su postura educativa ha dado a la psicoterapia, pues
Sócrates argumentaba haber recibido de Dios la tarea de ayudar a los hombres a
conocerse y cuidarse a sí mismos, “siendo su arte definido en términos de una
psychoterapeia, lo que constituyó una sorprendente novedad¨ (Bruzzone, 2008).

Platón retrato a Sócrates en sus diálogos como un individuo dedicado al descubrimiento


de la verdad a través de un estilo de cuestionamiento y diálogo que hacia dar a luz la
verdad que ya existía en el dialogante. Era hijo de Fenareta, de profesión partera, mujer
dedicada a ayudar en el alumbramiento de las mujeres en embarazo de la época; de esta
forma, Sócrates se consideraba a sí mismo como un partero, ya no de mujeres, sino de
hombres a quienes ayudaba a dar a luz su verdad (Eyzaguirre, 2003, Moscone, 2002,
Mondolfo, 1996), de ahí el nombre de su método “Mayéutica” (Eyzaguirre, 2003). En el
diálogo con Teeteto dice:

“¿No has oído decir - pregunta Sócrates, Tee.,148 y ss, - que yo soy hijo de una hábil y
renombrada partera, Fenareta?" "Sí." "Y oíste decir, también, que me dedico al mismo
arte?" "Eso no." "Pues bien: sabe que esa es la verdad. Reflexiona en lo que concierne
a las parteras y comprenderás mejor lo que quiero decir...¿No es natural y necesario
que a las mujeres encintas las reconozcan las parteras y comprenderás mejor que las
otras?" "Ciertamente." "Además, las parteras tienen brebajes y pueden con sus
encantamientos estimular los esfuerzos del parto o, si quieren suavizarlos y facilitar
el alumbramiento de las que sufren al dar a luz y favorecer el aborto cuando resulte un
feto prematuro." "Es cierto." "Ahora bien, mi arte de partear se asemeja en todo al de
ellas; sólo difiere en que se aplica a los hombres y no a las mujeres, y concierne a sus
almas y no a sus cuerpos. Sobre todo, mi arte se caracteriza por lo siguiente: se puede
probar por todos los medios si el pensamiento del joven ha de parir algo fantástico y
falso o genuino y verdadero. Por otra parte, tengo en común con las parteras el ser
estéril en sabiduría y se me puede reprochar lo que muchos me reprochan, es decir, que
pregunto a los demás, pero no contesto nada a cerca de nada, por falta de sabiduría. Y

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esta es la causa: el Dios me impone el deber de ayudar a parir a los otros, pero a mí me
lo impide. No soy sabio , pues, ni tengo descubrimientos que mi alma haya dado a luz,
sino que los que están conmigo parecen al comienzo ignorantes, pero después...hacen
un progreso admirable...Sin embargo, es claro que nada aprendieron de mí, sino que
son ellos quienes por sí mismos hallaron muchas y bellas cosas que ya poseían."

Para Sócrates parece tener poca importancia poseer grandes conocimientos, pues ello
podría ser perjudicial para educar; de hecho, al parecer las parteras de la época eran
escogidas entre aquellas que ya no podían tener más hijos, casi como si este requisito
fuera garantía de su capacidad de asistir el parto de otros (Bruzzone,2008). Sócrates se
consideraba experto en ayudar a otros a parir sus ideas mediante cuestionamientos que
inducía para llegar a la verdad (Strong, 2000, Eyzaguirre, 2003, Bilbeny, 1998),
generando una capacidad educativa en un clima de relación común para investigar y
reorientar la propia existencia (Bruzzone, 2003) con un lenguaje popular derivado de su
padre el artesano, que le permitía acercarse a las personas (Moscone, 2002). En el
Manual para Seminarios socráticos dice (Eyzaguirre, 2003):

“Su tarea es ayudar a los alumnos a sacar hacia fuera todas esas grandes ideas a través
de preguntas, de la indagación constante, de la exploración de los conceptos, ideas o
valores hasta encontrar la verdad. Al igual que su madre, él no engendraba el
conocimiento, sólo ayudaba, a través de las preguntas, a que saliera a la luz.”

El diálogo socrático actual refleja la evolución de Sócrates a lo largo de su estilo


conversacional, pues en principio, el estilo socrático se caracterizaba mas por un
preguntar buscando demostrar la ignorancia de su interlocutor, con actitud retadora o de
enfrentamiento verbal, con la necesidad de vencer, concluyendo la ignorancia de todos
frente al tema, despertando hostilidad en las personas y una fuerte seducción en los
jóvenes para hacerse amar. Sin embargo, posteriormente evolucionó hacia un estilo
conversacional en donde no necesariamente buscaba demostrar la ignorancia de su
interlocutor, ni querer ganar todo el tiempo, empezando a aceptar críticas y logrando que
sus interlocutores no se sintieran abrumados ni molestos, surgiendo nuevos elementos
como hacer discursos expositivos, reflexiones sobre el lenguaje y utilizar alegorías
(Moscone, 2002), partiendo siempre desde una postura inductiva que viene de la vida
real y concreta, buscando desenmascarar el No Saber, a través de un lenguaje cotidiano,
como dice Nelson (2008):

¨Sócrates, después de que este nivel superior de ignorancia ha sido alcanzado, lejos de
dirigir la discusión hacia problemas metafísicos, obstaculiza todo intento de sus
alumnos de abordarlos frontalmente con la recomendación de que ellos harían mejor en
aprender de la vida de los tejedores, herreros, o los carreteros. En esta pauta de la
discusión reconocemos el instinto filosófico por el único método correcto: primero
derivar las premisas generales de los hechos de la vida cotidiana observados,

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procediendo así desde los juicios de los que estamos seguros a aquellos que son menos
seguros.

El diálogo socrático actual recopila las posturas de Sócrates e integra diferentes saberes
derivados de esta práctica, haciendo del proceso un camino más amigable y respetuoso.
Sin embargo, vale la pena mencionar las características de Sócrates planteadas por
Platón, pues sin lugar a dudas reflejan parte del desarrollo por el que atraviesa el
educador o el terapeuta que inicia la utilización de esta técnica. Ricardo Moscone (2002)
en su libro “Sócrates: Sólo se de amor” las enumera así:

1. Declaraba ignorar
2. Tenía tendencia a interrogar
3. Poseía la capacidad de dominar a su interlocutor
4. Tenia la convicción de ser superior a los demás
5. No toleraba que en su presencia se homenajease a otro que no fuese él, ya sea un
hombre o un dios
6. Se extasiaba ante los jóvenes bellos, estando siempre en «disposición amorosa»
hacia ellos, dada su gran necesidad de enamorarlos mediante el diálogo.
7. Poseía una extraordinaria capacidad seductora que dejaba «pasmados y posesos»
a sus interlocutores, por lo que se lo comparó con el sátiro Marsias
8. Hacía sentir a sus oyentes desvalorizados y esclavizados
9. Desconsideraba tanto a las personas como a sus posesiones o atributos
10. Frustraba a sus amantes
11. Comenzaba presentándose como amante, pero terminaba siendo amado

Así pues, el diálogo socrático parte desde una personalidad definida, pero no por ello
sesgada, pues ¨Sócrates no proporciona la verdad, no cree ni intenta poseerla; es dueño
de un método para descubrirla y con ese método es que educa a sus interlocutores. El
encuentro de la verdad de cada persona pertenece a su interioridad, en el misterio de su
autonomía espiritual; Sócrates lo que hace es facilitarla¨ (Unikel, 2007.) Método que
como dice Gadamer (1977), implica que:
La pregunta debe tener un cierto sentido
Preguntar es más fácil que contestar
Preguntar quiere decir abrir
La pregunta implica una oposición entre el sí y el no
La pregunta es mas un padecer que hacer
El arte de preguntar y buscar la verdad no es el arte de ganarle a todo el mundo

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Características originales del método socrático
El método socrático suele denominarse de diversas maneras, bien sea cuestionamiento
socrático, debate socrático, mayéutica, interrogatorio socrático, descubrimiento guiado o
método, sin embargo, a pesar de que hay un cúmulo de información importante sobre el
tema, no existe unanimidad en relación a su procedimiento (Carey & Mullan, 2004) y
parecen hacer referencia a lo mismo cuando se menciona alguna de las denominaciones
anteriores. Ahora bien, no todo lo que se denomina sócratico, necesariamente lo es.

Sócrates partía en sus diálogos desde las opiniones expresadas por sus conciudadanos
(Strong, 2000), mantenía una postura un tanto constructivista que le permitía comenzar
desde la versión del otro e iniciar un proceso conversacional, en donde a través de
cuestionamientos generaba la purificación de las ideas. “El interrogatorio socrático es
cuestión de tratar de entender exactamente por qué se sostienen las creencias. En
esencia, es cosa de preguntar respetuosamente, de uno mismo o de otros: "¿Por qué se
sostienen las creencias y no otras?"(Strong, 2000).

El objetivo del diálogo socrático es desenvolver el pensamiento del interlocutor,


partiendo de su campo fenoménico, de los datos que le interesan, con la intención de que
pueda llegar a una definición bien elaborada de las cosas, teniendo de esta forma como
principio que el saber al respecto de algo se prueba por la definición que se da de ello
(Rudio, 2001). De una u otra forma, Sócrates buscaba llegar a la esencia de las cosas, a
lo que hacia que algo fuese eso y no otra cosa, como es mostrado en los diálogos sobre la
virtud que sostuvo con Menon:

"Yo buscaba -dice Sócrates- una única virtud y encuentro ahora un enjambre . Y,
sirviéndome de esta imagen del enjambre, si te pregunto, ¿cuál es la naturaleza de las
abejas?, contestarás que hay muchas abejas y de muchas especies. Pero... si te
pregunto, ¿qué es aquello por lo cual las abejas no son distintas sino que son todas las
abejas?... Y, en lo que respecta a las virtudes, también sucede algo parecido: aunque
hay muchas y de muchas especies, en todas resplandece una esencia común por lo cual
todas son virtudes... Si alguien preguntase, ¿qué es la figura?... sin duda
encontraríamos muchas figuras distintas; pero no es esto lo que quiero, sino que, puesto
que a todas, a pesar de su oposición recíproca, las llamo figuras… quiero saber lo
siguiente: ¿qué es lo que llamas figura? ¿No entiendes que busco lo que hay de igual en
lo redondo, en lo recto y en todas las figuras?"

El diálogo socrático se desarrollaba en dos momentos, no necesariamente de manera


simultánea (Rudio, 2001), la refutación o contradicción y la mayéutica o desarrollo del
pensamiento (Rudio, 2001, Bilbeny, 1998, Mondolfo, 1996), el primero buscaba un
despertar en los conciudadanos y el segundo, un desarrollo del pensamiento, un enseñar
a pensar (Bilbeny, 1998).

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La refutación se daba en los primeros momentos del diálogo, en donde Sócrates buscaba
en el preguntar constante, que el educando descubriera sus contradicciones y asumiera su
propia ignorancia, para ello utilizaba preguntas que partían desde el campo fenoménico
del educando y que en ocasiones se acompañaban de una postura irónica por parte de
Sócrates, quien no consideraba esta postura como una estrategia de hipocresía, sino
como un técnica de eficacia educativa (Bruzzone, 2003), sin que este de sobra recordar
que en la famosa frase “solo se que nada se” se esconde el hábito de la humildad que
caracteriza al científico, pues según Sócrates, a partir de la ignorancia se puede buscar el
conocimiento (Eyzaguirre, 2003). Sócrates asumía una postura de ignorancia,
mostrándose como quien no sabia y enmascarando de esta forma la ignorancia del otro
(Bruzzone, 2003, 2008, Rudio, 2001), quien al sentir la solicitud de Sócrates por
aprender de él, intentaba enseñar lo que creía saber, obteniendo preguntas de Sócrates
que lo llevaban a la contradicción y al esclarecimiento de su ignorancia (Rudio, 2001,
Bilbeny, 1998, Mondolfo, 1996). De esta manera, disipaba el saber engañoso, las falsas
creencias, los prejuicios y las preconcepciones dogmáticas. Bajo esta postura le dice
Menon a Sócrates:

"¡Oh, Sócrates!, antes de que te conociera me dijeron que todo lo que haces es crearte
dificultades a ti mismo y a los otros a fuerza de sembrar dudas en tu cabeza y en la de
los demás. Pareces un torpedo marino que deja aturdidos a cuantos lo tocan. Tu me
produjiste un efecto semejante: me has aturdido el alma y ya no sé qué contestarte".
"Yo - responde Sócrates- me parezco al torpedo si estando aturdido puedo producir en
los demás el mismo aturdimiento pues no se trata de que yo esté seguro y siembre dudas
en la cabeza de los demás, sino de que, por estar yo mismo más lleno de dudas que
cualquiera, hago dudar también a los demás ."

Como cualquier propuesta de investigación, el diálogo socrático parte de la pregunta, en


donde solo la postura de ignorancia estimula el deseo de investigación y convoca al
educando a mantener una postura activa ante la búsqueda del conocimiento. En palabras
de (Rudio, 2001):

“La ironía es en Sócrates, una estrategia pedagógica, con función catártica


purificadora, para liberar al interlocutor de sus errores. Pretende disipar en él , la
falsa ciencia, el saber engañoso, a fin de prepararlo de este modo, para el saber
verdadero. Para Sócrates, la peor ignorancia consistía en alguien creer que ya sabía lo
que en verdad aún no sabía. Ella se tornaba también, en el mayor obstáculo para la
obtención de los conocimientos que el individuo necesitaba, pues nadie busca saber lo
que piensa que ya sabe”

Tras eliminar los obstáculos para acceder a la verdad (prejuicios, falsas creencias, creer
que se sabe...), el momento de la refutación y la ironía se transforman en Mayéutica o
arte del alumbramiento (Rudio, 2001, Bilbeny, 1998, Mondolfo,1997, Moscone, 2002),

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en donde a través de la pregunta, ya en un tono de mayor respeto, se busca el desarrollo
del pensamiento y la definición de lo buscado. La mayéutica es un arte utilizado para
ayudar al otro a reflexionar (Rudio, 2001), partiendo de que una de las ideas más
poderosas en Sócrates es que sólo a partir de la ignorancia es posible buscar el
conocimiento (Eyzaguirre, 2003). El diálogo socrático es entonces un estilo
conversacional que implica desenmascarar la propia ignorancia, partiendo de la realidad
que capta el interlocutor y viendo en el conocimiento parcial de la realidad que posee,
una verdad que necesita ampliarse ensanchando el campo fenoménico, pero necesitando
para tal proceso de la contradicción o refutación que le permita a la persona poner en
duda su saber parcial y le motive e invite a buscar un desarrollo mayor, un
desenvolvimiento del pensamiento. “La máscara de la ignorancia impuesta de Sócrates
tiene entonces siempre el intento de enmascarar la ignorancia del otro siempre puesta
detrás de la presunción acrítica de la sabiduría, esto constituye el primer momento de la
dialéctica socrática que mira a liberar sobre todo al interlocutor de falsas opiniones, de
prejuicios, de aquellos orgullos de saber que impide la humildad de la investigación
auténtica”(Bruzzone, 2003). La presión persistente que ejercía Sócrates sobre las mentes
de sus interlocutores constituye el primer gran secreto del método: el arte de forzar las
mentes a la libertad (Nelson, 2008).

El objetivo de Socrates siempre fue ayudar a las personas a vivir mejor y de forma
sintónica con principios sólidos, en constante búsqueda de lo bueno y verdadero, a través
de un discurso critico y cooperativo ofrecido por un guia de experiencia, pero respetando
profundamente la actividad e independencia del otro (Durzen & Adams, 2011), sin
descuidar el entendimiento de la virtud y su relación con la vida (Overholser, 1999).
Sócrates ayudaba a comprender que la calidad del conocimiento depende no tanto de las
respuestas disponibles, sino de la capacidad de plantear preguntas que logren que el
educando aprenda a preguntarse y dar cada vez mejores respuestas (Bruzzone, 2008). El
diálogo socrático es una plataforma de reflexión, “un entrenamiento para la búsqueda y
descubrimiento de la verdad y es un método, en el que el sujeto aprende a
responsabilizarse de la construcción de una sabiduría significativa (Unikel, 2007), por
ello, el diálogo socrático se desarrollaba en una investigación común entre Sócrates y sus
dialogantes, en un clima de colaboración mutua y de encuentro, pues como dice Bilbeny
(1998): “Las palabras de los que dialogan pertenecen a un espacio y un tiempo
compartidos: se dan en una relación presencial y constituyen argumentos que «se
tienen presentes» durante todo el diálogo. Lo dice la misma palabra original: diálogos
es romper el monólogo, es un logos entre dos”.
El diálogo constante, la reflexión permanente y la búsqueda de la virtud son la filosofía
de Sócrates, su mensaje es comprender el sentido de la vida a través de una postura
respetuosa y un interés genuino por el otro, generando un fuerte impacto en la relación
entablada, aumentando el respeto, la confianza y la sensación de una verdadera
colaboración (Calvert y Palmer, 2003), en donde ambos protagonistas juegan un papel
activo, lejano de un interrogatorio unidireccional que aleja de la sabiduría socrática, pues

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la misma no debe satisfacer sino mas bien empujar la búsqueda de la verdad. El diálogo
es la forma metodológica privilegiada de una recuperación de la responsabilidad, el
camino del reencuentro de una perdida confianza en la capacidad del ser humano de
descubrir los valores autentificadores de la existencia, el modo para reinvestir a la
conciencia como autoridad interior y sin embargo no aislada¨ (Bruzzone, 2008).

El cuestionamiento socrático no es cualquier tipo de cuestionamiento, es una disciplina


que puede ser usada para explorar ideas complejas, encontrar la verdad de las cosas,
abrir nuevas posibilidades, cuestionar asunciones, analizar conceptos y poner a prueba
que se sabe y qué no se sabe. La diferencia con otros tipos de cuestionamientos, es qué el
diálogo socrático es sistemático, disciplinado, profundo y se basa en principios,
conceptos fundacionales, teorías, conclusiones o problemas (Paul y Elder, 2006) en
busca del sentido y la verdad. Para ello cuestiona metas y propósitos, informaciones,
datos, experiencias, inferencias, conclusiones, conceptos, ideas, asunciones,
implicaciones, consecuencias, puntos de vista, perspectivas y hasta las mismas
preguntas.

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2. EL DIALOGO SOCRÁTICO EN PSICOTERAPIA

Tal vez sea el diálogo socrático la técnica común más utilizada en las diferentes formas
de psicoterapia, sin embargo, su uso y descripción, a pesar de ser ampliamente citado, ha
sido pocas veces desarrollado y definido (Overholser, 1993b, Carey y Mullan, 2004).
Para algunos autores el diálogo socrático involucra preguntas de las que el cliente tiene
el conocimiento para responder, llamando la atención sobre la información relevante
para el tema que se discute y que puede estar fuera del foco del paciente, siendo
preguntas que generalmente se mueven de lo concreto a lo general, para que así, el
cliente pueda aplicar la nueva información para reevaluar una conclusión previa o
construir una idea nueva (Padesky, 1993). Para otros es un proceso dialéctico para
promover una visión más amplia de la gente y las metas de la vida a través del
cuestionamiento sistemático (Overholser, 1993a), el razonamiento inductivo
(Overholser, 1993b), la búsqueda de definiciones universales (Overholser, 1994), la
desaprobación del conocimiento (Overholser, 1995), el automejoramiento (Overholser,
1996) y la promoción de la virtud en la vida diaria (Overholser, 1999).

El diálogo socrático en psicoterapia puede definirse como la conversación que busca de


manera funcional “ayudar al desarrollo del discurso interior posible por el encuentro
del cliente consigo mismo. Las preguntas no son hechas, por tanto, para satisfacer
curiosidades personales del terapeuta o con otros intentos que no sean él de producir la
comunicación interior del propio cliente” (Rudio, 2001). Sin embargo, no es cualquier
tipo de conversación, pues “lo que diferencia la entrevista de una conversación normal
es que las intervenciones de uno de los participantes tienen principalmente forma de
pregunta. Mediante una serie intencionada de preguntas el terapeuta ejerce durante la
entrevista su papel de guía del proceso de descubrimiento” (Semerari, 2002a). Dicho
proceso de autodescubrimiento busca la mejora del consultante a través del
autoconocimiento, la aceptación de si mismo y la autorregulación cognitiva y emocional
en relación con sus metas vitales (Overholser, 1996). Sin embargo, la definición acerca
del método, está dada en mayor medida por la epistemología y visión de ser humano que
subyace a la forma de psicoterapia que utiliza el diálogo socrático, encontrando
diferentes definiciones, incluso al interior de una misma perspectiva psicoterapéutica. En
síntesis, el diálogo socrático en la psicoterapia en general busca:

1. A través de una exploración cooperativa, ayudar a las personas a reconocer las


áreas en las que no conocen las respuestas, motivándolas a descubrir cómo
encontrar soluciones.
2. Minimizar creencias preconcebidas para poder estar abiertos a nuevos
aprendizajes y nuevas ideas.
3. Examinar y evaluar situaciones para comprender lo que le está sucediendo.
4. Aprender a confiar en creencias sólidas y no en simples conjeturas.
5. Facilitar el autodescubrimiento dándose cuenta de la sabiduría que ya se posee.

18
6. Generar autonomía disminuyendo la dependencia del terapeuta, así como de
creencias preestablecidas.
7. Identificar los recursos personales para el cambio, así como la manera adecuada
de utilizarlos.
8. Aumentar la motivación para el cambio y reducir la resistencia de la consciencia
para observar nuevos contenidos y posibilidades.
9. Desencadenar la recuperación de la información solicitada por la consciencia.
10. Cambiar la forma de definir algunos problemas dándoles su verdadera dimensión.
11. Moldear el proceso de pensamiento del consultante para ayudarle a que construya
un mapa de ubicación en el entramado de su vida.
12. Aprender a razonar inductivamente para desarrollar estrategias de afrontamiento
adecuadas.
13. Estimular el deseo del consultante por aprender sobre si mismo y pensarse
críticamente.
14. Favorecer el entendimiento propio, la aceptación de si mismo y la
autorregulación de los procesos emotivos y cognitivos.
15. Fomentar la vida virtuosa, la percepción de valores y metas en la vida, así como
la plenitud de sentido de la misma.
16. Colaborar en el distanciamiento necesario para observarse y regularse, así como
en el acercamiento necesario para aceptarse y dejar vivir la emocionalidad.
17. Promover la conexión de variables que den un orden lógico y coherente a la
identidad expresada en un contexto dado.
18. Llenar de confianza a la persona en sus propios recursos y habilidades
metacognitivas.
19. Responsabilizar al consultante de su propio proceso de cambio.
20. Ayudar a empátizar, diferenciarse de los demás y de sus propios conceptos,
respetando las diferencias y participando activamente en sus procesos.

El diálogo socrático ha sido utilizado por diferentes formas de psicoterapia, la Terapia


cognitiva (Beck & Alford, 2000, Beck, A. Wright, F., Newman, C., Liese, B. 1999,
Overholser, 1995, 1996, Beck, J., 2000, 2007, Padesky, 1993, Caro, 2007, Barlow, 2008,
Calvert y Plamer, 2003), la Terapia racional emotiva (Ellis, 1994, 1999, Caro, 2007), la
Terapia constructivista (Semerari 2002a), las terapias de postura metacognitiva
(Semerari 2002a, 2002b), la Terapia existencial (Rudio, 2001, Van Deurzen, 2002, Van
Deurzen y Young, 2009, Van Deurzen y Adams, 2011, Lantz y Walsh, 2007), algunas
terapias de tercera generación como la ACT (Wilson y Soriano, 2002), la Psicoterapia
adleriana (Stein, 1991), el Psicodrama (Treadwell, Kumar y Wright, 2002), la Consejería
(Glaser y Kirschenbaum, 1980) y especialmente la Logoterapia de Víktor Frankl
(Frankl, 1994b, 2001, 2009, Bellantoni, 2010, Freire, 2002, Bruzzone, 2001, 2003, 2008,
2010, García, 2004, Guttman, 1998, Lukas, 1979, 1983, 2000, 2004, 2006, Marschall,
2010, Restrepo, 2001, Acosta, 2001, Fabry, 2001, Martínez, 2002, 2003, 2006, 2009,
2011a, 2011b, Scraper, 2000). Sin embargo su uso difiere en los planos en los se utiliza,

19
debido a la visión antropológica y epistemológica de cada enfoque, encontrando
coincidencias en algunos elementos metodológicos y en el funcionamiento cognitivo del
consultante.
De igual forma, las aplicaciones terapéuticas que utilizan el diálogo socrático como parte
de su andamiaje son extensas, incluyendo trabajos en el tratamiento de la adicción
(Beck, A. Wright, F., Newman, C., Liese, B. 1999, Martinez, 2002, 2003), la prevención
de adicciones (Martínez, 2006), Trastorno de pánico y agorafobia (Craske y Barlow ,
2008), Trastorno de estrés postraumático (Resick, Monson y Rizvi , 2008), Intervención
en crisis (Calvert y Palmer, 2003). Trastorno obsesivo compulsivo (Abramowitz, 2007),
Trastornos de personalidad (Beck, 2005, Martínez, 2011), Trastornos de personalidad
dependiente con niños y adolescentes (Freeman, 2007), Trastorno dependiente de la
personalidad (Overholser, 2004, Overholser, Kabakoff y Norman, 1989, Martínez,
2011), Trastorno evitativo de la personalidad (Martinez, 2011), Evaluación del riesgo
suicida (Calvert y Palmer, 2003), entre otros. De igual forma, el valor educativo del
diálogo socrático ha sido llevado a la supervisión clínica (Overholser, 1991, Van
Deurzen y Young, 2009) desarrollando un acompañamiento filosófico que le permite a
los terapeutas en formación abrir un espacio para repensarse y reexperenciar lo que esta
pasando en las sesiones y en la vida del consultante.

20
La sistematización de Overholser

Intentando mantener una postura ateórica o por lo menos integracionista (aunque con
mayor cercanía a los modelos cognitivo-conductuales), el método socrático
sistematizado por Overholser incluye el uso de preguntas sistemáticas (Overholser
1993a), razonamiento inductivo (Overholser, 1993b), definiciones universales
(Overholser, 1994) y el desenmascaramiento del conocimiento (Overholser, 1995) que
lleva al automejoramiento (Overholser, 1996) y a la promoción de una vida virtuosa
(Overholser, 1999), siendo los planteamientos de Overholser los que mayor y mejor
sistematización poseen en la actualidad. El método socrático tendría seis grandes
elementos con características específicas (Overholser, 2010), a continuación se sintetiza
cada uno de los componentes con las características correspondientes:

1. El cuestionamiento sistemático (Overholser, 1993a): El diálogo socrático


involucra el uso de una serie de preguntas graduales diseñadas para facilitar el
desarrollo del pensamiento independiente y moldear su proceso a través de un
formato, un contenido y una secuencia para hacer las preguntas.

a. Formato: El método socrático usa una mezcla de formatos que promueve un


entendimiento conceptual integrado soportándose especialmente en el análisis, la
síntesis y las preguntas de evaluación, haciendo énfasis en la integración y la
síntesis de diferentes fuentes de información.

b. Contenido: El contenido de la mayoría de las preguntas está diseñado para


promover un pensamiento centrado en la solución de problemas. La definición
del problema requiere una serie de preguntas que lo hagan especifico,
identificando los aspectos emocionales y de juicio del problema para lograr darle
su verdadera dimensión, haciendo que algo abrumador se vea de forma más
llevadera. La etapa de generación de alternativas conlleva usar preguntas que
faciliten la identificación de nuevas y creativas formas de afrontar los problemas
identificados. En la etapa de toma de decisiones, las preguntas son usadas para
identificar las ventajas y desventajas de cada opción. A lo largo del proceso se
usan preguntas de análisis para promover pensamiento crítico que permita evaluar
de manera adecuada las posibles consecuencias de cada alternativa, las preguntas
de evaluación para examinar cada opción en términos del valor subjetivo de su
resultado, las preguntas de síntesis para promover el pensamiento divergente y
formular un plan de acción, y las preguntas de aplicación para estimar la cantidad
de energía, tiempo y emociones requeridas para implementar dicha opción.

c. Proceso: El terapeuta alterna entre diferentes estilos de entrevista a lo largo de la


sesión, contemplando cinco elementos del proceso de cuestionamiento: La
pregunta inductiva, la explicación, la defensa, una progresión secuencial, y el uso

21
de secuencias cortas.

La pregunta inductiva sirve como un foco de luz que permite centrar la atención
en un área específica, promoviendo una estructura adecuada sin tener que sesgar
la respuesta del paciente. Esta pregunta no requiere información de hechos, pues
mas bien pide a los pacientes que piensen acerca de algunos aspectos de su vida y
expresen sus puntos de vista.
La explicación para aclarar la pregunta inductiva cuando esta no se ha entendido.
La explicación pregunta abiertamente por la afirmación que está implícita en la
pregunta inductiva, sin embargo, si se realiza con frecuencia puede afectar la
relación terapéutica y hacer que el consultante se sienta subestimado.
La defensa se realiza tras una explicación, pidiéndo a los pacientes que defiendan
su punto de vista de tal forma que puedan criticar su propia lógica si es preciso.
Repetir o parafrasear la pregunta original, a la luz de una explicación, puede
motivar a los pacientes a profundizar. Preguntar acerca de porque piensan como
piensan puede ayudarles a evaluar su razonamiento. Sin embargo, hay que tener
cuidado con el cuestionamiento exagerado pues las personas pueden sentirse
amenazadas.
Una progresión secuencial ocurre cuando se usa una segunda pregunta inductiva
para profundizar, mostrándose de manera magistral en este ejemplo que presenta
Overholser: Si uno le pasa una pieza a un niño pero este no puede encontrar el
lugar adecuado, uno no le sigue pasando al niño la misma pieza. En cambio uno
le puede dar al niño otras piezas. A medida que la imagen comienza a
desarrollarse, el niño puede ubicar la ficha inicial con mayor facilidad. De esta
forma, las preguntas iniciales deben ir construyendo el fundamento para
preguntas más complejas.
Las secuencias cortas deben darse alternando el dialogo socrático y no socrático,
pues una exageración del cuestionamiento sistemático limita la espontaneidad y
protege la relación terapéutica.

2. Razonamiento inductivo (Overholser, 1993b): Se desarrolla para la búsqueda


del conocimiento y de definiciones adecuadas, ayudando a los consultantes a
desarrollar expectativas y estrategias de afrontamiento pertinentes. Se han
identificado tres formas de razonamiento inductivo: generalizaciones
enumerativas, comparaciones analógicas y razonamiento causal de eliminación.

a. Generalizaciones: Los clientes frecuentemente realizan generalizaciones


erradas e idiosincráticas en las que se basan muchos pensamientos
irracionales que buscan corroboración y generan una conducta
autoperpetuadora. Los consultantes pueden generalizar de forma inapropiada
de una muestra pequeña a una población general. Por ejemplo, “Pablo sabe
mucho y es agresivo ante mis preguntas. Andrés sabe mucho, entonces el

22
también va a ser agresivo ante mis preguntas”, conduciéndolos a acciones que
pueden finalizar en reconfirmar su teoría. Con el diálogo socrático se puede
lograr otro tipo de posiciones, como dice Overholser (1993b): ¨Las
generalizaciones relacionadas con las metas se enfocan en cualidades que
ayudan al cliente a obtener un resultado deseado. Por ejemplo, un cliente se
quejo de que su vida era terrible. Cuando se le preguntó acerca de que era lo
que hacía su vida tan terrible se quejó de que nadie recordó su cumpleaños.
Otro ejemplo de “terrible” ocurrió cuando tuvo una llanta lisa en un
vecindario peligroso en una noche de lluvia. Sin embargo, cuando se le pidió
que definiera de manera abstracta la palabra terrible, ella concluyó que los
eventos terribles causan un daño permanente a la persona. Ella fue capaz de
ver que sus problemas eran pequeños inconvenientes, no eventos terribles.
Aunque la llanta lisa pudo haber resultado en un evento terrible, ella se dio
cuenta que era mejor verlo como un inconveniente¨. De tal forma, el proceso
socrático implica la evaluación crítica de la generalización del consultante, la
identificación del patrón de la generalización y la validación para probar una
nueva, de esta manera se ayuda socráticamente a examinar las implicaciones
de las generalizaciones buscando qué soporta o contradice las mismas.

b. Comparaciones analógicas: El razonamiento por analogía se da a través de


la comparación entre similitudes no obvias, flexibilizando el entendimiento
desde una perspectiva diferente. Las analogías pueden ser entre una o
diferentes áreas, dentro de la misma área se pueden examinar problemas
similares del pasado o de diferentes situaciones, ayudándole al consultante a
identificar las estrategias de afrontamiento que han funcionado y aquellas que
no. Otra forma útil de analogía puede ser a través de similitudes de eventos
sustancialmente diferentes que pueden estar basadas en áreas diversas como la
comparación de la naturaleza con lo que le pasa a la persona, la comparación
médica con algo que le sucede al consultante en su forma de relacionarse, la
comparación mecánica para comprender en donde está poniendo la fuerza el
cliente, etc.

c. Razonamiento causal: Las atribuciones de causalidad permiten comprender


el curso de una acción, ayudando al cliente a entender, predecir y controlar
sus acciones. El razonamiento causal se basa en confirmación y
desconfirmación de posibles causas, en palabras de Overholser (1993b): “La
confirmación involucra el identificar una causa por 1) la presencia conjunta
de la causa y el efecto, y 2) la ausencia conjunta de la presunta causa y del
efecto. Así, el razonamiento causal basado en la confirmación examina tanto
la ocurrencia como la no ocurrencia de un efecto. Este intenta identificar las
posibles causas asociadas a la presencia pero no a la ausencia de un efecto…
La desconfirmación involucra examinar críticamente una posible causa

23
buscando por 1) la presencia de la causa sin el efecto, o 2) la presencia del
efecto sin la causa. En cualquiera de los casos, la hipótesis causal sería
rechazada y se buscaría una nueva”

3. Definiciones universales (Overholser, 1994): Las definiciones universales se


centran en identificar los aspectos centrales de lo que le sucede al consultante,
describiendo las propiedades esenciales de lo que le pasa al cliente, ayudándole a
evaluar la propiedad de los términos que usa y generalizaciones que hace. Como
dice Overholser: “Clarificar las definiciones puede reducir ambigüedades y
sesgos en la interpretación y descripción que hace el cliente de los eventos de su
vida. Las definiciones universales pueden ayudar a los clientes a cambiar su
perspectiva a una visión más amplia y balanceada de los eventos de la vida¨. El
proceso de usar definiciones universales incluye ayudar a los pacientes a
identificar sus definiciones, evaluar las limitaciones de sus definiciones iniciales
y crear una nueva definición; este proceso involucra la refutación de la definición
original, la colección de diversos ejemplos y la identificación de un tema en
común. El proceso de definición usualmente inicia con la refutación, a través de
la crítica de la generalización del cliente, trabajando juntos para encontrar las
limitaciones o excepciones de la definición. Este proceso puede hacerse
comparando con opuestos, buscando contradicciones o dando ejemplos extremos,
para a través de ello expandir su conocimiento del mundo y de si mismos. En la
psicoterapia, puede ser útil clarificar tres áreas de contenido que se usan en las
definiciones universales: etiquetas del comportamiento, estándares evaluativos y
cualidades abstractas.

a. Etiquetas de comportamiento: Las etiquetas de comportamiento intentan


describir comportamientos problemáticos comunes.

b. Estándares evaluativos: Los estándares evaluativos hacen referencia al


criterio que los clientes usan para calificar su desempeño en ciertas
situaciones como “un horrible juego”, “un buen día”, ¨una terrible tarde”.

c. Cualidades abstractas: Las cualidades abstractas como los problemas


relacionados con el coraje, el amor, el deber, la amistad, la belleza o lo
correcto, pueden ser la fuente de los problemas de los clientes.

Finalmente, el trabajo con las definiciones universales tiene un valor de respeto


por el consultante que fomenta la adecuada relación terapéutica. En palabras de
Overholser (1994): “El proceso de clarificar las definiciones en la terapia puede
aumentar el rapport entre el terapeuta y el cliente. El proceso de
cuestionamiento asegura que el terapeuta entienda y explique las suposiciones
que el paciente no menciona. Esto ayuda a evitar problemas en donde el

24
terapeuta malinterpreta las declaraciones del cliente. Al identificar y explorar
las suposiciones subyacentes del cliente, el terapeuta no asume que las
respuestas son obvias. Los pacientes son obligados a identificar y a retar sus
propias creencias subyacentes”.

4. Desaprobación del conocimiento (Overholser, 1995): Esta desaprobación del


conocimiento, o desenmascaramiento, hace referencia a la famosa ignorancia
socrática que será abordada de forma específica en un capítulo posterior. La
desaprobación del conocimiento parte de la tendencia de permanecer escéptico
frente a la información que se cree poseer y que se asume que el consultante
tiene. La desaprobación del conocimiento del consultante tiene tres objetivos:
reducir la fe que el cliente tiene en creencias sin soporte, estimular el deseo de
aprender y aumentar las habilidades de pensamiento crítico en el cliente.

a. Reducir la fe del cliente en creencias sin soporte: Muchos de los problemas


psicológicos son causados por creencias sin soporte real, en donde los clientes
asumen y dan por hecho que saben y tienen certeza de que algo es o será así
indefinidamente.

b. Estimular el deseo de aprender: El terapeuta puede ayudar al consultante a


aprender de la experiencia ayudándole a que tome distancia de lo que le
sucede y a que busque nueva información, permitiendo que aunque la misma
sea disonante con sus creencias, pueda ser tenida en cuenta e integrada.

c. Aumentar las habilidades de pensamiento crítico: Una de las metas del


método socrático es cambiar creencias que no se sostienen ni justifican. El
método socrático puede ayudar a los consultantes a identificar qué creencias
están fundamentadas de manera inadecuada.

En cuanto a la desaprobación del conocimiento por parte del terapeuta, el método


socrático requiere que el terapeuta vea sus propias creencias como hipótesis a
probar, sin entender totalmente y tener todas las soluciones para el consultante,
siendo muy cuidadosos con lo que dicen, evitando afirmar cualquier cosa de
forma categórica. El terapeuta debe aprender a poner de lado sus sesgos y
preconcepciones para aproximarse al consultante con una mente abierta. Los
clientes pueden sentirse avergonzados o humillados cuando se les obligue a
confrontar sus propias áreas de ignorancia, si el terapeuta no tiene esta postura.
La desaprobación del conocimiento del terapeuta involucra tres elementos:
modestia intelectual, un deseo genuino de conocimiento y un empirismo
colaborativo.

a. Modestia intelectual: El método socrático implica esta actitud. No es

25
incompetencia ni inhabilidad terapéutica, significa estimación real de sus
habilidades y equidad para la relación terapéutica. La modestia intelectual se
desarrolla con mayor profundidad en el capítulo sobre la relación terapéutica
y el capitulo sobre el facilitador socrático.

b. Un deseo genuino por aprender: La modestia intelectual constituye el


fundamento para el deseo de aprender. El deseo genuino de aprender implica
una actitud en donde el terapeuta tiene una curiosidad genuina y disfruta
aprender del consultante, su vida y sus circunstancias.

c. Empirismo colaborativo: Asumiendo que como no es poseedor de las


soluciones a los problemas de los clientes, deben trabajar juntos en la
búsqueda de soluciones potenciales. En palabras de Overholser (1995): “El
empirismo colaborativo hace referencia a que en medio de la relación entre
el terapeuta y el cliente se van examinando diferentes problemas y generando
nuevas ideas para aproximarse a las situaciones problemáticas. Después,
estas ideas son evaluadas cambiando un aspecto del comportamiento del
cliente y observando sus efectos”.

5. El automejoramiento (Overholser, 1996): Una meta esencial del método


socrático es facilitar la autonomía en el cliente y cumplir con tres metas básicas
que involucran ayudarle a entenderse, aceptarse y regular sus emociones y
conductas. Estas metas corresponden al autoconocimiento, la autoaceptación y la
autorregulación. Este automejoramiento se deriva del uso del cuestionamiento
sistemático, el razonamiento inductivo, las definiciones universales y la
desaprobación del conocimiento, siendo por ello necesario no examinarlo de
forma aislada, sino incorporado en el amplio marco ofrecido por el método
socrático.

a. El autoconocimiento: “El autoconocimiento se refiere al entendimiento de el


comportamiento, emociones, cogniciones, expectativas, inclinaciones,
motivaciones y aspiraciones... en ocasiones envuelve la conciencia de las
metas en la vida, en términos de deseabilidad de atributos personales”
(Overholser, 1996), siendo este el objetivo principal y de mayor tradición
dentro del dialogo socrático, pues gracias al distanciamiento que genera la
reflexión sobre si, se manifiesta la autoconciencia que da a luz aquello que se
encontraba en el área de lo no consciente. El autoconocimiento que genera el
diálogo socrático busca aumentar el grado de conciencia de quien se es y de
quien se quiere llegar a ser, facilita nuevas perspectivas que tienden a reducir
las reacciones mal adaptativas, las emociones y los comportamientos
destructivos, y facilita el paso a la autoaceptación y autorregulación. Sin
embargo, la autoconciencia puede verse restringida, haciendo difícil el

26
distanciamiento fecundo para el autoconocimiento, siendo preciso apelar a
diferentes estrategias terapéuticas que faciliten el restablecimiento de las
funciones metacognitivas. Según Overholser (1993b, 1994) el diálogo
socrático en la búsqueda del autonocimiento se enfoca en dos áreas:
identificar patrones de comportamiento y emociones, y en objetivos
personales que parten de los atributos propios y las metas en la vida, pues al
clarificar estos temas, los consultantes pueden ayudarse con sus problemas de
una mejor forma.

b. La autoaceptación: La autoaceptación es un segundo objetivo del diálogo


socrático en donde se espera que el consultante se apruebe a sí mismo como
un todo, de manera integral, con sus defectos y virtudes a partir de su
autoevaluación. Según Overholver (1996), “la autoaceptación implica que los
clientes estén conectados con ellos mismos incluyendo sus defectos. Sin
embargo, la autoaceptación no significa que ellos lleguen a estar sin
motivación para el cambio, por el contrario esto provee de un estable
fundamento para el cual se lucha con el fin de llegar al mejoramiento. La
autoaceptación promueve la estabilidad emocional en los clientes”. Al igual
que con el autoconocimiento, la autoaceptación puede estar restringida, bien
por un déficit de autoconocimiento o por las diferentes creencias que
mantienen una lucha frente a lo que se es y lo que se tiene, sin que esto
plantee una aceptación pasiva y resignada que impida el cambio.

c. La autorregulación: Se refiere a la función metacognitiva de monitorear y


regular los propios procesos cognitivos y emotivos con relación a las metas en
la vida. Overholser dice al respecto (1996): “Se refiere a la habilidad de
dirigir la vida de una manera deseada”. Tal vez sea este uno de los
principales objetivos de la psicoterapia, que si bien requiere del
autoconocimiento para poder ubicarse ante los recursos personales y el
contexto, también requiere de la autoaceptación para no dar luchas perdidas y
aumentar frustraciones.

El autoconocimiento, la autoaceptación y especialmente la autorregulación, hacen


énfasis en la importancia de tener un sentido en la vida en términos de metas que
ayuden a movilizar a la persona y a autorregularse (Overholser 1996). De esta
manera, puede una persona oponerse a cortos momentos de placer, si por encima
de los mismos están las metas que le dan sentido a su vida, no queriendo decir
con ello, que el placer no deba experimentarse. Estos componentes tienen que ver
con lo que en logoterapia se denominan recursos personales (noológicos) que
serán expuestos mas adelante.

6. Promocion de la virtud en la vida cotidiana (Overholser, 1999): “Algunos

27
clientes muestran comportamientos maladaptativos porque simplemente no se
han tomado el tiempo para considerar los aspectos más amplios e importantes de
la vida, las metas, los valores y la virtud”. Sócrates se enfocó en la discusión de
cinco virtudes cardinales: sabiduría, coraje, moderación, justicia y piedad.
Virtudes que orientan la vida y hacen del mundo un lugar más adecuado para
vivir. A través de este proceso conversacional se apuesta a que los clientes
puedan entender sus virtudes y evaluar su propio comportamiento en términos de
una buena vida. El terapeuta y el consultante deben enfocarse en la sabiduría del
bien en la vida, pues de esta forma muchos de los problemas que afrontan se
vuelven insignificantes. “La terapia puede cultivar una nueva perspectiva,
llevándolo a dejar de enfocarse en los problemas más recientes o síntomas
actuales, para comenzar a confrontar dificultades más amplias y profundas de la
mortalidad y las virtudes. Aun con los clientes más difíciles, el terapeuta puede
pensar “donde está la bondad de esta persona y como puedo ayudar a
desarrollarla?”(Overholser, 1999).

28
El diálogo socrático en las psicoterapias cognitivas

El diálogo socrático en Terapia Cognitiva y en Terapia Racional Emotiva Conductual


difiere levemente de la forma tradicional del diálogo socrático en la antropología
subyacente, pues desde estas posturas el terapeuta asume una gran directividad y poca
flexibilidad, trabajando con agendas de intervención programadas (Beck, 2000),
mientras que el método socrático tradicional tiene como principal objetivo el
autodescubrimiento (Overholser, 1996, García, 2004, Acosta, 2001, Fabry, 2001,
Martínez, 2002) y la postura que el experto es el consultante y no el terapeuta, no
queriendo decir con ello, que la terapia cognitiva no obtenga resultados de
autodescubrimiento, pero si colocando en evidencia el paso de una epistemología
estática a una epistemología más constructivista. En palabras de Overholser (1996):

“El método socrático comparte muchas similitudes con la terapia cognitiva. Las dos
aproximaciones hacen énfasis en el funcionamiento cognitivo del paciente y su habilidad
para afrontar la adversidad por medio del comportamiento racional. Sin embargo, el
método socrático se diferencia de la terapia cognitiva en aspectos importantes. La
terapia cognitiva es usualmente estructurada y directiva, en donde las sesiones se
organizan en torno a agendas explícitas (Beck & Emery, 1985; Beck, 1995). Es probable
que el terapeuta cognitivo asuma el rol de experto y tome una postura directiva en la
terapia. De manera contraria, el marco del método socrático es el autodescubrimiento.
Para promover el autodescubrimiento, el método socrático hace énfasis en la
“ignorancia” del terapeuta (Overholser, 1995). Además, en vez de hacer énfasis en la
reducción de los síntomas psiquiátricos, es probable que el método socrático señale
problemas más profundos de la vida (ej. “cuáles son las cualidades que lo ayudan a
vivir una buena vida?)”.

En la actualidad el peso del descubrimiento guiado y el distanciamiento crítico siguen


teniendo gran valor en las terapias cognitivas tradicionales, elementos para los que el
dialogo socrático juega un papel esencial y constituye un pilar fundamental (Calvert y
Palmer, 2003). De igual forma, en las terapias cognitivas estándar o tradicionales el
diálogo socrático se utiliza especialmente para evaluar las creencias enfermizas o
distorsionadas, en palabras de Beck (2000): “El cuestionamiento socrático evalúa la
convicción de creencias psicopatológicas y explora con el paciente la naturaleza de la
evidencia necesaria para evaluar estas creencias adecuadamente”. En si, la Terapia
cognitiva utiliza el método socrático bajo el concepto de “descubrimiento guiado” (Beck,
1999, Beck, J. 2000, 2007, Semerari 2002a, Calvert y Palmer, 2003) elemento que logra
el “distanciamiento crítico” del consultante frente a lo que le sucede (Beck, 2000,
Semerari 2002a), sin que ésta sea la única estrategia por la cual se alcanza tal
autodescubrimiento; con este proceso de descubrimiento guiado se evalúa y ayuda a
reestructurar las creencias que mantienen la disfuncionalidad, buscando el cambio de los
esquemas cognitivos (Semerari, 2002a). Como dice Padesky (1993) “Cuando usamos el

29
cuestionamiento socrático para guiar al descubrimiento, nuestro objetivo final es
ayudar al cliente a usar la información que hemos descubierto para reevaluar una
conclusión previa o a construir una nueva idea. Aunque este objetivo está implícito en el
proceso de descubrimiento, muchos terapeutas, incluyéndome a mí, hacen docenas de
preguntas en una sesión sin tener que ayudar al cliente a juntar las respuestas de
manera significativa”, de tal forma que la primera posibilidad y primera técnica para
buscar respuestas racionales, se encuentra en el uso del diálogo socrático (Caro, 2007),
pero éste debe integrarse y conducir a la acción.

El descubrimiento guiado es un proceso llevado a cabo en la terapia cognitiva, en medio


de una relación terapéutica, que facilita una forma diferente de ver las cosas. Esta
relación se basa en una forma de empirismo colaborativo, en donde entre el terapeuta y
el cliente se van examinando diferentes problemas y generando nuevas ideas para
aproximarse a las situaciones problemáticas (Overholser, 1995), elemento esencial en la
terapia cognitiva, pues como bien plantea Padesky (1993): “Si perdemos el empirismo
colaborativo de la terapia cognitiva, perdemos su beneficio a largo plazo. El objetivo de
la terapia cognitiva no es simplemente hacer que los clientes piensen diferente o que se
sientan bien. Nuestro objetivo como terapeutas cognitivistas es enseñar a nuestro cliente
el proceso de evaluar sus propios objetivos, pensamientos, comportamientos y estados
de ánimo para que puedan mejorar sus vidas por muchos años”. Algunas de las
principales características del método desde el enfoque de la terapia cognitiva son
mencionadas por diferentes autores:

Según Caro (2007), dicho método supone:

No hacer preguntas cerradas, ni muy directivas.


No persuadir al cliente, sino que el terapeuta debe, con preguntas abiertas, lograr
que el cliente se dé cuenta de lo disfuncional de sus pensamientos.
Hacer preguntas de forma tranquila y relajada, y no varias, una detrás de otra, sin
esperar la respuesta del cliente.

Para Padesky (1993), el cuestionamiento socrático implica que:

El cliente tiene el conocimiento para responder. El cliente debe tener el


conocimiento para responder las preguntas. Una pobre pregunta socrática es
aquella en la que el cliente no posee el conocimiento para responder.
Llamar la atención del cliente sobre la información relevante que puede estar
fuera del foco del paciente. La relevancia debe ser para el consultante y no para
nosotros.
Generalmente se mueven de lo concreto a lo general, por ello, el terapeuta tiene
un mundo de preguntas para hacer, ayudándole a definir la preocupación del
cliente o a solicitar un ejemplo concreto. Hacerlo ayuda a asegurar que el

30
terapeuta y el cliente están hablando sobre el mismo tema.
El cliente pueda aplicar la nueva información para reevaluar una conclusión
previa o construir una idea nueva. Después de explorar una situación específica,
el buen cuestionamiento socrático va a conducir a un aprendizaje o
descubrimiento. El terapeuta preguntará para ayudar al cliente a aprender algo de
la discusión y descifrar como experimentar con esa idea en la vida de el
consultante.

Para Beck (2007) la principal técnica que el terapeuta cognitivo utiliza para facilitar la
modificación de sus pensamientos es el interrogatorio socrático. Algunas de las
preguntas clásicas que utiliza para ayudar a los pacientes en la evaluación de sus
pensamientos son:
¿Qué evidencia tiene de que este pensamiento es verdadero? ¿Qué evidencia tiene
de que este pensamiento podría no ser verdadero, o no del todo verdadero?
¿Qué explicación alternativa habría de esta situación, o de que otra manera se
podría ver?
¿Qué cognición distorsionada podría estar cometiendo?
¿Qué es lo peor que podría pasar en esta situación (y, si corresponde, cómo
podría afrontarla si sucediera)? ¿Qué es lo mejor que podría pasar? ¿Cuál es el
desenlace más realista?
¿Cuál es el efecto que se deriva de creer en este pensamiento automático? ¿que
podría cambiar si cambiara mi pensamiento?
¿Qué podría decir yo a [a un amigo o familiar en particular] si él o ella estuviera
en esta situación y tuviera este pensamiento?
¿Qué debería hacer ahora?

Los terapeutas cognitivos también asumen una postura irónica y de “ignorancia” al


manejar el dialogo socrático, aunque desde esta postura ya consideran saber la respuesta
a lo que plantea el consultante (Overholser 1996, Semerari, 2002a). “La desaprobación
del conocimiento es compatible con la terapia cognitiva contemporánea pero no ha sido
discutida previamente en la literatura en cuanto se relaciona con el uso del método
socrático en psicoterapia… Solo en los escritos más recientes (Beck et al., 1993) la
terapia cognitiva ha comenzado a hacer énfasis en la modestia del terapeuta y en una
tendencia a evitar el rol del experto” (Overholser, 1995). Otro de los usos clásicos del
diálogo socrático en la terapia cognitiva es la búsqueda de puntos de vista alternativos,
más racionales y válidos frente a los pensamientos automáticos (Caro, 2007).

Sin embargo, al igual que en otras formas de psicoterapia en donde se utiliza el diálogo
socrático, este suele mencionarse ampliamente pero en muy raras ocasiones suele ser
sistematizado ni descrito en su uso formal; preguntarse acerca de cual es la pregunta
adecuada para el cambio cognitivo sigue siendo una preocupación, ante la cual Padesky
(1993) propone las siguientes etapas:

31
1. Etapa uno: preguntas de información. Las preguntas formuladas seguirán la
postura de que el cliente sabrá las respuestas y que las mismas se pondrán en una
consciencia relevante y potencialmente útil.
2. Etapa dos: escucha. El foco se centra en escuchar muy bien las respuestas. El
terapeuta construirá un caso y entre más preguntas sean resueltas, la dirección
esperada del caso será probada. Si el cuestionamiento socrático es hecho para
guiar el descubrimiento, el terapeuta deberá estar abierto a descubrir cosas
inesperadas, pues si normalmente no estamos sorprendidos por las respuestas del
cliente, tal vez no estamos haciendo preguntas interesantes o no estamos
escuchándolo bien. Se deben escuchar palabras idiosincráticas, reacciones
emocionales, metáforas de los clientes, palabras extrañas en las oraciones, piezas
inesperadas de la historia, y utilizar dicho material.
3. Etapa tres: resumen. Las preguntas socráticas ocurren con frecuencia en una
sesión y deben ser resumidas cada cierto tiempo, pues estará presente un número
de piezas con nueva información, mientras simultáneamente el cliente esta
cargado de estados emocionales y desconcertado.
4. Etapa cuatro: sintetizar o analizar preguntas. Después de haber descubierto
nueva información y significados idiosincráticos, después de haber resumido lo
escuchado, el terapeuta completa el proceso del descubrimiento guiado
formulándole al cliente preguntas que le permitan sintetizar y analizar, aplicando
esta nueva información a la preocupación o creencia inicial del cliente.
En la Terapia Racional emotiva su uso es frecuente (Ellis, 1994, 1999, Caro, 2007, Tosi
y Eshbaugh, 1990), centrándose especialmente en dos tipos de disputas, la socrática y la
didáctica (Caro, 2007), la primera de ellas es una forma de pregunta explícita de tipo
empírico o de tipo funcional, mientras que la disputa didáctica es una forma de pregunta
implícita en el compartir reflexivo que cuestiona desde la lógica, lo empírico, lo
funcional o la presentación de alternativas racionales.

Ejemplos de disputa didáctica:

Empírico: lo que me quieres decir es que si fueras capaz de agradar a todo el


mundo tus amigos no te hubieran rechazado, pero no tenemos evidencias
concretas de que haya alguien en el mundo que tenga ese poder.

Lógico: que a veces no hagas todo lo que otros quieren que tu hagas no significa
que un verdadero amigo te rechace.

Funcional: me da la impresión que por haberte creído la historia de que deberías


agradar a todo el mundo, te la pasas buscando aprobación y sufres por ello.

Alternativa racional: tal vez podrías aceptar que a veces en la vida nos creemos

32
ciertas historias que nos son útiles durante algún tiempo, como, cuando eras niña,
y que gracias a ello pudiste evitar que tu padre te maltratara más, sin embargo,
eso no quiere decir que si le pones límites a tu pareja necesariamente serás
maltratada.

Ejemplos de disputa socrática:

¿Dónde esta la prueba de que si fueras capaz de agradar a todo el mundo,


eliminarías la libertad de las personas para decidir con quien está y con quien no?

¿De donde sacaste que realmente eres capaz de agradar a todo el mundo?

¿Qué evidencia tienes de que siempre lograrás ser aceptada si buscas


aprobación?.

¿A dónde te ha llevado seguir manteniendo esa creencia?

¿Qué has logrado por seguir creyendo en esa historia?

En síntesis, la Terapia cognitiva utiliza el diálogo socrático para lograr un mayor


distanciamiento critico frente a lo que acontece, proporcionar insight, mejorar la toma de
decisiones, mejorar la solución de problemas, promover un pensamiento más activo y
facilitar el empirismo colaborativo. Así, el terapeuta cognitivo y el terapeuta racional
emotivo usan el diálogo socrático constantemente, algunos son mas fieles al método
original y otros introducen útiles modificaciones, sin embargo, vale la pena observar los
comentarios de un estudio mencionado por Overholser (1996) centrado en comparar la
terapia racional emotiva, la terapia centrada en el cliente y el diálogo socrático:

“Los terapeutas que usaban el método socrático eran calificados como mas empáticos,
más cálidos y amigables, más honestos y sinceros, y más colaborativos. Así, el método
socrático era percibido como mas óptimo en dimensiones claves del proceso de
psicoterapia. Aunque el método socrático y la terapia cognitiva son similares en muchos
aspectos, las dos aproximaciones enfatizan aspectos diferentes del proceso de terapia.
Las dos aproximaciones terapéuticas se enfocan en las cogniciones del cliente como las
áreas centrales que necesitan ser cambiadas, pero el método socrático hace énfasis en el
autodescubrimiento del paciente guiado gentilmente por el terapeuta. En la terapia
cognitiva y en la terapia racional emotiva, el terapeuta frecuentemente asume un rol
más directivo, como de profesor o reparador”.

Otros autores, especialmente los del III Centro de Psicoterapia Cognitiva de Roma,
hablan de la relación entre psicoterapia y metacognición, dejando entre ver los usos del
diálogo socrático en esta forma de psicoterapia (Semerari 2002a, 2002b). Desde aquí y

33
resumiendo al autor, las preguntas socráticas…

“...estimulan procesos de diferenciación, como por ejemplo. ¿qué siente?, ¿qué


experimenta?, ¿qué piensa?, ¿qué idea le venía a la cabeza?, ¿cuando dice que está mal
a qué tipo de emoción se refiere?... Otras preguntas estimulan, por lo general, la
construcción de las relaciones entre las variables. Por ejemplo: sabría explicarme por
qué sentía angustia?, ¿qué pensaba en ese momento?, ¿qué hay de especial en la actitud
de A para que usted se enfade?, ¿mientras hablábamos de X me ha parecido incómodo,
qué pensaba?, podría especificar qué situaciones le producen vergüenza?... Las
capacidades de integración pueden describirse también con ayuda de preguntas que
estimulen la comprensión entre estados mentales diversos. Por ejemplo: en todas estas
situaciones ¿qué tienen en común sus estados de ánimo y sus maneras de pensar?, ¿qué
diferencia hay entre la cólera que siente cuando está en el trabajo y la que siente
cuando su mujer se muestra poco disponible?... Por último, las preguntas que requieren
la construcción de narraciones coherentes sobre cambios y transiciones de los estados
mentales son cruciales para la valoración de la integración. Por ejemplo ¿cómo ha
cambiado desde ese momento la relación con L?, ¿cómo pasa de un estado de ira y de
sensación de injusticia repentina a un sentimiento de tristeza y soledad?...”.

De igual forma, propone la utilización de preguntas socráticas para evaluar otras


funciones metacognitivas, como es el caso del descentramiento de la mente propia para
evaluar y diferenciar la mente del otro, así como la práctica socrática para indagar,
corroborar o falsear hipótesis, tal como lo hacen otras perspectivas cognitivas. En si, en
las psicoterapias metacognitivas, el diálogo socrático debe hacerse en un clima de
honestidad y actitud genuina, de manera empática, con aceptación incondicional y
consideración positiva por el consultante, sin que ésto sea impedimento para mantener
una postura respetuosamente irónica en beneficio del consultante. Las preguntas deben
ser claras y de fácil comprensión, sin generar competencia entre las partes, y como dice
Semerari (2002a), tener en cuenta unos elementos mínimos:

1. Que no suene a reto o búsqueda de errores del consultante.


2. Que se dé en un clima interpersonal basado en el empirismo colaborativo.
3. Que se tengan en cuenta los sesgos cognitivos comunes (generalización,
pensamiento dicotómico...), y
4. Poner a prueba las convicciones del consultante.

Actualmente, en el ámbito de la psicoterapia contemporánea, se ha dado una creciente


preponderancia de las posturas constructivistas, quienes también utilizan el diálogo
socrático de una manera más tradicional, pues parten de una visión antropológica y
epistemológica de mayor proximidad a la postura socrática, especialmente la línea
constructivista crítica y no tanto la radical. Al igual que las demás corrientes que utilizan
el dialogo socrático, el terapeuta constructivista también hace uso de la actitud irónica

34
(Semerari, 2002a), pero diferenciándose de las terapias cognitivas estándar en el tipo de
ser humano al que se dirigen.

Si bien, el uso del diálogo socrático en psicoterapia cognitiva, metacognitiva y


constructivista, está plenamente justificado, el diálogo socrático tradicional está más
dirigido “a temas de la vida (Overholser, 1996)”, acercándolo de esta forma, en su uso
más específico, a las psicoterapia existenciales y especialmente a la Logoterapia de
Frankl. Como dice Strong (2000): “los psicólogos cognitivos descuidan la dimensión
moral del credo socrático: que es necesario que nuestra respuesta sea "humilde", o en
palabras de Einstein, que uno debe cuidarse del "autoengaño inconsciente". El concepto
de integridad intelectual incluye la metacognición, pero agrega al concepto de
metacognición, nuevamente en palabras de Einstein, "un fuerte principio ético
subyacente". La metacognición es un concepto útil, y los procedimientos mentales
específicos formulados por los psicólogos cognitivos son útiles instrumentos mentales.
Pero nos servirán más en la búsqueda de la verdad si están incorporados a una
identidad que se describe como "socrática". Ahora bien, en justicia debe decirse que las
actuales posturas de la psicoterapia cognitiva, así como las nuevas tendencias, incluyen
estas dimensiones criticadas hace algunos años, incluyendo posibilidades de integración
cognitiva-existencial en donde el diálogo socrático sería un eje fundamental, pues
finalmente es una técnica de conducción del diálogo orientado esencialmente a favorecer
una reestructuración de la experiencia del consultante, en orden a la percepción de un
significado diferente y el asumir la responsabilidad frente al evento en cuestión
(Bellatoni, 2010).

35
El diálogo socrático en las psicoterapias existenciales
Las psicoterapias existenciales parecerían alejarse de las posturas socráticas dado su alto
componente cognitivo y la asunción de que lo existencial “debe” alejarse de tales
posturas; nada más ajeno a la realidad, pues no existe forma de psicoterapia que no
contemple elementos cognitivos y no por ello denominarse una “psicoterapia cognitiva”;
siendo precisamente todo lo contrario, pues no hay una propuesta más existencial que
una postura coherentemente socrática, enfáticamente dialógica. Tal vez sean tres autores
o movimientos existenciales los que introducen explícitamente el diálogo socrático en su
forma de hacer o comprender la psicoterapia, por un lado Emmy Van Deurzen de la
psicoterapia existencial inglesa, por otro lado Viktor Frankl de la Logoterapia y algunos
autores como Franz Rudio de la psicoterapia existencial brasileña.
En la psicoterapia existencial inglesa de Emmy Van Deurzen (1997, 2002, 2009a, 2011)
la principal tarea del terapeuta es ayudar al cliente a descubrir su experiencia emocional
inespecífica y a identificar sus significados, de tal forma que los consultantes puedan
llegar a interpretar sus experiencias emocionales por si solos. Un terapeuta existencial
hace una estrecha vigilancia de los estados emocionales del consultante, identificando
maneras de buscar y dar pistas sobre que mirar, sin forzar las cosas o llegar a sugerir
respuestas, por ello, “el asesoramiento o la psicoterapia existencial es de esta forma
similar al método socrático. Es una forma de guiar al cliente hacia la acción. Sin
permitir la pereza o la mentira, pero siempre recordándole cómo ella sola puede
presentar las ideas e intensiones esenciales que están escondidas detrás de una aparente
confusión en la superficie” (Deurzen, 2002).
La aproximación existencial finalmente busca aprender a filosofar en el sentido de hacer
preguntas importantes acerca de qué significa estar vivo, cómo están las dimensiones de
su existencia y el propósito de su vida. En una aproximacion de este tipo, la
resposabilidad compartida entre terapeuta y consultante se focaliza en aplicar con lucidez
las ideas y entender nuestra posición en el mundo, asi como las consecuencias de la
verdad y la realidad. Si esto se hace de corazón se convierte en una forma de disfrutar el
vivir la vida y aprender a apreciar los momentos en los que uno se conoce. Una
acercamiento dialógico de este estilo implica según Van Deurzen y Adams (2011) que:
Los clientes estarán animados a explorar las polaridades y paradojas que
sustentan la vida del humano en general y sus vidas en particular.

El proceso consistirá en una cuidadosa descripción de la experiencia del cliente y


en una completa exploración de las implicaciones, razones, propósitos y
consecuencias.

Esto es una toma de consciencia de la importancia del diálogo y del intercambio


de puntos de vista donde cada persona es igual y capaz de considerar qué se
puede aprender de la exploración colaborativa.

36
Debe haber voluntad para probar las hipótesis acerca de la vida humana y revisar
éstas a la luz de las nuevas ideas encontradas.

Otra propuesta de psicoterapia existencial de corta intervención es realizada por Lantz y


Walsh (2007), autores de gran influencia existencial y logoterapéutica. En esta
propuesta el Insight es el factor curativo más útil en la búsqueda del desarrollo personal,
la búsqueda de patrones específicos de pensar, sentir y comportarse, así como los
problemas relacionados con el significado de la vida. Factor alcanzado a través del
dialogo socrático, en cuya reflexión el practicante socrático usa preguntas, comentarios e
interpretaciones y demuestra interés genuino para estimular la reflexión del cliente sobre
el significado de las posibilidades y potencialidades que posee. El éxito de dicha
intervencion socrática depende de la habilidad del practicante para enfocar al cliente en
áreas en las que pueda considerar nuevas formas de abordar sus preocupaciones. La
reflexión socrática sera más efectiva si el practicante está pendiente de la importancia del
significado de las percepciones (Lantz y Walsh, 2007).

Algunos autores de las corrientes de psicoterapia existencial brasileña, especialmente


Franz Rudio (2001), sistematizan el diálogo socrático como método a partir de las
siguientes recomendaciones:

Como la verdad no viene de afuera sino que está dentro del individuo, éste debe
realizar en sí, por el diálogo, un proceso de interiorización para buscarla y
encontrarla.

El diálogo no crea la verdad, la revela.

Esta revelación es hecha por medio de un proceso de reflexión, en que el


individuo respondiendo a las preguntas de Sócrates pudiese encontrarla por
medio del raciocinio.

Sócrates busca adaptarse a su interlocutor, presentando como tema de diálogo un


asunto que sea de su interés e intentando encontrar, como punto de partida para el
mismo, un punto común que pudiese suscitar un acuerdo entre ambos.

Una cuestión es enunciada de forma metodológica para ser resuelta, y en busca de


solucionarla es que el diálogo prosigue.

En el inicio, las ideas presentadas por el interlocutor acostumbran a ser muy


generales e imperfectas. Pero Sócrates no las refuta ni las niega de forma directa e
inmediata. Procura, al contrario, examinarlas y perfeccionarlas progresivamente,
por etapas, a través de reflexiones, confrontándolas y comparándolas con datos de
la experiencia. La intención que él hace, por su método inductivo, consiste en

37
separar del concepto lo que no le pertenece, a fin de tomar lo más preciso y claro,
buscando lo que es en él universal e inmutable, esto es, lo que tiene de esencial.

Como meta final, buscaba una solución del diálogo, decir lo que la cosa es, es
decir, definida, presentando las características que le son esenciales y que la
diferencian de todas las otras cosas que no son ella.

Los aportes de Rudio para comprender el uso del diálogo socrático en la psicoterapia
existencial son bastante importantes; sin embargo, dada su relevancia, han sido
integrados de forma más extensa en el siguiente capítulo, junto a los aportes y su uso en
la psicoterapia centrada en el sentido o Logoterapia clínica.

38
3. EL DIALOGO SOCRÁTICO EN LA PSICOTERAPIA CENTRADA EN

EL SENTIDO (LOGOTERAPIA [1])


La logoterapia es una perspectiva de pensamiento con influencias humanistas-
existenciales, de aproximación cognitiva (o más bien metacognitiva) y
epistemológicamente fenomenológica/constructivista (Martínez, 2007), la psicoterapia
centrada en el sentido (PCS) es la aplicación de dicha perspectiva al ámbito de la
psicoterapia, es decir, la PCS es una psicología clínica de orientación logoterapeutica
(Martínez, 2011).
La Logoterapia hace un énfasis especial en la dimensión noológica (espiritual) del ser
humano y en los aspectos cognitivos de la misma. Sin embargo, como se expuso en otro
trabajo (Martínez, 2007), la logoterapia en su dimensión noológica abarca lo cognitivo y
lo metacognitivo. “Esta facultad originaria, esta posibilidad originaria del ser
espiritual, es la condición de otras posibilidades: la percepción, el pensamiento y el
lenguaje; y esto significa entenderse unos con otros y ponerse de acuerdo, pero también
es la condición del recuerdo y la evocación, y esto significa estar presente en lo distante
temporal y espacialmente” (Frankl,1994a). Mas aún, dice Frankl: “la Logoterapia, que
es el nombre con que se bautizó este nuevo enfoque, intentaba significar el
desplazamiento del énfasis desde los aspectos afectivos a los aspectos cognitivos de la
conducta humana” (Frankl, 1988). Pero la Logoterapia va más allá de lo cognitivo, pues
“la idea de logos estaba sólo parcialmente esbozada en los términos cognitivos clásicos
de la cognición, indicando que durante el desarrollo de la Logoterapia (sería mejor
decir de la logoteoría subyacente a la misma), el logos incluía la cognición, o la
percepción del significado”(Frankl, 1988). Por ello, la Logoterapia puede retomar la
utilización que las terapias cognitivas, metacognitivas y constructivistas dan al diálogo
socrático e ir mas allá, profundizando en aquello que es esencial en el ser humano: su
espiritualidad.
En este orden de ideas, el diálogo socrático en ´Logoterapia va a ser utilizado para los
usos tradicionales de la psicoterapia, buscando movilizar los recursos personales frente a
las afecciones que padece el organismo psicofísico y al mismo tiempo, hará énfasis en
dar a luz las potencialidades de la dimensión noologica y en especial, su sentido de vida
como característica propia y especial del abordaje logoterapéutico (Freire, 2002). En
palabras de Frankl: “En psicoterapia, evidentemente, puede ser evocado, planteando
preguntas provocativas en el marco de un diálogo mayéutico, en sentido socrático. Lo
que sale entonces a la luz es que las preguntas últimas sobre la existencia humana
afloran en los labios de todo hombre y que estas preguntas interpelan constantemente al
psicoterapeuta.” (2001).

39
Sócrates y Frankl

Las posturas de Sócrates en cuanto a su filosofía y su método, reflejan algunas


coincidencias con el pensamiento de Frankl (García, 2004, Blair, 1993). Según David
Guttmann (1998) “lo que Sócrates consideraba como virtud, por ejemplo, Frankl
considera como significado. La felicidad se halla en la virtud , ha dicho Sócrates,
mientras que para Frankl la virtud se encuentra en una tarea significativa y en la
atención a otro ser humano. Ambos filósofos y maestros coinciden en que los seres
humanos son capaces de elegir y deberían hacerlo; y ambos manifiestan que el
aprendizaje del pasado es esencial para el futuro. Difieren, sin embargo en la cuestión
del suicidio. Aunque Sócrates pensaba que puede ser una opción, Frankl mantiene que
el suicidio nunca es una opción”. Blair (1993), hace la siguiente comparación:

40
41
El diálogo socrático en Logoterapia

El diálogo socrático es la principal técnica de trabajo en Logoterapia, podría decirse que


el logoterapeuta es esencialmente un partero de los recursos del consultante, utilizándolo
en la mayoría de sus intervenciones (García, 2004) como caballito de batalla (Guttman,
1998) para a través de un continuo preguntar y refutar la apariencia de las cosas, surja la
esencia de las mismas (Bruzzone, 2003).
Según Fabry (2001): “El diálogo Socrático es el instrumento que el facilitador emplea
con más frecuencia para ayudar al paciente en la búsqueda de sentido. Este diálogo nos
pone en contacto con nuestro núcleo saludable, el espíritu, a fin de que podamos hacer
uso de sus recursos.” Por recursos noéticos o noológicos[2], como se ha definido en otra
parte (Martínez, 2004, 2007, 2010, 2011), se entiende el Conjunto de Fenómenos,
capacidades o manifestaciones espirituales[3], expresadas por el autodistanciamiento y la
autotrascendencia. El diálogo socrático con su cuestionamiento sistemático busca
movilizar los recursos personales, bien sea para el cambio personal abordando las
afecciones implantadas en el organismo psicofísico o para el despliegue de la
espiritualidad en términos de descubrir el sentido de la vida, sin que estos dos objetivos
sean mutuamente excluyentes o lleven un orden lógico.

42
Diálogo socrático para el abordaje de lo psicofísico

La Logoterapia es una psicoterapia que arranca de lo espiritual (Frankl, 1994c). Es decir,


moviliza los recursos personales (noológicos) para generar un fecundo
autodistanciamiento. Como Frankl propone en diferentes lugares, la captación de la
realidad se hace de manera selectiva (1994a, 1994c, 2001) siendo entonces el papel del
logoterapeuta ayudar al consultante a que se distancie de su captación selectiva del
mundo y amplié el mundo de lo posible, aumentando de esta forma su margen de
libertad potencial, desidentificándolo de sus síntomas para disminuir la hiperreflexión,
explorando así, las huellas de sentido que ayuden a dirigirse a opciones más
significativas o como diría Overholser (1996): “Los consultantes pueden ayudarse si se
focalizan en los aspectos positivos de sus vidas, por ejemplo: Sócrates no tenía en
cuenta los aspectos negativos de la apariencia pero si enfatizaba en las cualidades
positivas de la funcionalidad (Ejemplo: una buena visión). Él enfatizaba que lo bonito y
lo feo venía, no de lo que se veía, pero sí de cómo se interpretaba (Burnyeat 1990).
Sócrates definía a algo como bonito cuando se podía adaptar bien a la función (Guthrie,
1971, Parker, 1979). Si algunas buenas palabras de estos entendieron el propósito, esto
puede ser apreciado. Cuando algo causa angustia emocional o reduce la habilidad de
funcionamiento se debe cambiar y mejorar.”

En resumen, el diálogo socrático puede ser utilizado para:

1. Distanciar a los consultantes de su captación selectiva del mundo.


2. Ampliar el mundo de lo posible para la toma de postura y elección de opciones o
captaciones selectivas más sanas.
3. Redimensionar los síntomas dándoles su verdadero tamaño, evitando la
hiperreflexión y empoderando al consultante frente al cambio.
4. Definir con el consultante, la esencia de lo que le sucede.
5. Descubrir huellas de sentido, los “para qué de la libertad” que faciliten la elección
responsable de otras posibilidades.
6. Disminuir las restricciones cognitivo/emotivas que implanta lo psicofísico a lo
espiritual, dificultando la expresión de sus recursos personales.
7. Cambiar la pasividad y actividad incorrecta frente a los síntomas.
8. Lograr la formulación diagnóstica del caso.
9. Lograr el autoconocimiento, la autoaceptación y la autorregulación.
10. Desplegar lo espiritual a través de las capas de lo psicofísico.

Es necesario aclarar que el hecho que la Logoterapia sea un abordaje que arranca de lo
espiritual, en ningún caso propone una escisión de la persona, mas bien permite
comprender su grandeza de unidad múltiple de cuerpo-psique-espíritu. Pues como ya se
sabe en la antropologia Frankliana, lo espiritual instrumentaliza al organismo psicofísico
y lo utiliza como medio de expresión, de tal manera que la persona no es solo lo

43
psicofísico, pero sin lo psicofísico no puede hacerse real.

44
Diálogo socrático para el despliegue de la espiritualidad en términos de búsqueda
del sentido de la vida

Si bien en el punto anterior se muestra cómo la espiritualidad (lo especifícamente


humano) se manifiesta con la utilización del diálogo socrático, como recurso terapéutico
ante las dificultades del organismo psicofísico, de igual forma la espiritualidad se
expresa para la búsqueda y esclarecimiento del sentido de la vida. Para David Guttmann
(1998) el diálogo socrático en busca del despliegue de la espiritualidad:

1. Ayuda al solicitante a ponerse en contacto con su inconsciente noológico.


2. Le capacita para ser consciente de sus poderes internos que se hallan ocultos.
3. Le dirige a encontrar un significado en la vida.
4. Le capacita para revisar su experiencia pasada y prever el futuro.
5. Actualiza experiencias cumbres del pasado, que una vez fueron significativas para el
individuo.
6. Proporciona oportunidades para que el solicitante reevalúe su situación presente, su
poder y capacidad para manejar los problemas a los que se enfrenta.

El diálogo socrático en Logoterapia se utiliza preponderantemente para la búsqueda de


sentido (Bruzzone, 2003, 2008, Guttman, 1998, Fabry, 2001), para lo cual Fabry (2001)
propone que “el diálogo Socrático utiliza cinco caminos para explorar las áreas en las
que es más probable encontrar el sentido:

1. Autodescubrimiento. Mientras más averigüemos sobre nuestro ser real, detrás de


todas las máscaras que usamos para protegernos, mayor sentido descubriremos.

2. Elección. Mientras más alternativas de elección se contemplen en una situación


dada, el sentido se hará altamente accesible.

3. Unicidad. Hay más posibilidades de encontrar el sentido en situaciones en las que


uno no puede ser reemplazado fácilmente por alguien.

4. Responsabilidad. Nuestra vida será mayormente significativa si aprendemos a


asumir responsabilidades en situaciones en que se tiene la libertad de elegir, y si se
aprende a no sentirse responsable cuando se enfrenta uno a un destino inalterable.

5. Autotrascendencia. El sentido viene a nosotros cuando salimos de nuestro


egocentrismo y llegamos a los demás.

Siendo necesario enfatizar que dentro del área del autodescubrimiento se pueden
engoblar especialmente los recursos buscados por el diálogo socrático (Acosta, 2001,
Fabry, 2001, Martinez, 2002), pues es en esta área en donde se movilizan los recursos

45
que permiten verse en situaciones con sentido. Sin embargo, la elección, el proceso de
adoptar una opción ubicada en el mundo de lo posible, es sin duda un área de sentido
importante, pues en donde no hay posibilidad de elección el sentido se dificulta, a pesar
de que siempre y en última instancia los valores de actitud abren el camino hacia el
sentido, cuando la persona deja de sentirse víctima ante las circunstancias y abandona su
indefensión para elegir una actitud distinta, esta en capacidad de hallar sentído.
En cuanto a la tercera area de sentido, dice Fabry (2001): “La búsqueda del sentido a
través de la unicidad, es diferente de aquella que conduce a las experiencias "Ajá", del
autodescubrimiento. La unicidad propia se hace evidente no tanto por lo que es uno,
sino por lo importante que es en nuestras relaciones con otras personas o
circunstancias”, es decir, en la medida que lo “uno propio” deja huella, en la medida que
la persona se hace irremplazable e insustituible, no en la función, sino como persona,
ingresa al área de la unicidad, al área de la ubicación activa de su papel en el mundo,
abriendo espacio a la cuarta área de sentido: La Responsabilidad.
Según Fabry (2001) “Existen tres rutas para encontrar el sentido mediante la
responsabilidad: dando respuesta al sentido del momento, haciendo elecciones
responsables cuando existe la posibilidad de elegir, y no sintiéndose responsable cuando
no hay alternativa disponible”. Sin embargo, es importante recordar que la
responsabilidad es también entendida como la habilidad de dar respuesta a las preguntas
que la vida plantea, es decir, a las múltiples oportunidades de hallar sentido en medio de
la respuesta acertada que se le da a los cuestionamientos que la vida ofrece. La vida es
socrática en si misma, cuestiona y ofrece experiencias que se pueden convertir en
vivencias de sentido, brinda infinitas posibilidades que llaman a la persona a salir de si
misma y entregarse al sentido, invitan a la persona a autotrascender y entrar en la quinta
área de sentido.
Ahora bien, la Logoterapia como psicoterapia que arranca de lo espiritual, finaliza en un
análisis existencial como psicoterapia que orienta hacia lo espiritual, siendo dos caras de
la misma moneda (Frankl, 1994c), de tal forma que las dos posturas de utilización del
diálogo socráticp son mutuamente complementarias y hacen, mas que dos métodos, una
sola postura.

A continuación se expone un breve y clásico ejemplo de diálogo socrático tomado del


mismo Frankl (1994b):

"¿Ha conocido usted a alguien a quien haya admirado y respetado por lo que hacía.?".
"Desde luego -contestó - Nuestro médico de familia era una persona extraordinaria.
¡Cómo cuidaba a sus pacientes, cómo dedicaba su vida a ellos!
"¿Es que murió?", pregunté. "Sí" , contestó, "Y no cree Usted que su vida estaba llena
de sentido?", la pregunté. "Si había alguna vida que tuviese sentido, era la suya", dijo.
"¿Y cree usted que todo ese sentido que llenó su vida desapareció al fallecer él, y ahora

46
es como si no hubiese existido?" "De ningún modo - contestó -. No hay nada que pueda
cambiar el hecho de que su vida estuvo plena de sentido." Continué incitándola: "¿Y si
ni un solo paciente tuviese en cuenta y apreciase lo mucho que debe a su médico de
familia?" "Su vida seguiría teniendo sentido", murmuró. "¿y cuando llegase el día en
que haya muerto el último de sus pacientes?" "Seguiría teniéndolo".

En síntesis, “la técnica se basa en preguntas que formula el terapeuta, de un modo


similar al método usado por Sócrates. La cuestión es hacer conscientes las decisiones
inconscientes de los "buscadores", de esperanzas y expectativas ocultas. También
ayuda a conocerse mejor. Al individuo se le pide que se observe detenidamente y que
descubra quien es realmente. Se le ayuda a recordar instantes en los que sentía que su
vida era significativa, cuando estaba pleno de energía y a aprender de los sucesos
pasados, a ganar seguridad en sus propias capacidades para manejar las dificultades
presentes y los problemas de la vida. El diálogo socrático persigue potenciar la auto-
conciencia del individuo, para que sea consciente de su libertad de elección...La
Logoterapia usa el diálogo socrático para ayudar a los clientes a ponerse en contacto
con su inconsciente espiritual. Cuando nuestra voluntad de significado ha sido
reprimida y, en consecuencia, ha originado el vacío existencial, debe ser recuperada
para la conciencia con el fin de lograr que la vida vuelva a ser significativa y
merecedora” (Frankl, 1994b).
Alejandro Unikel (2007) propone cuatro tipos de intervención socrática por parte del
terapeuta y dirigidas a que el paciente sea capaz de descubrir aquello que conoce, pero
que no sabe que conoce:

1. La pregunta simple que es la pregunta clásica socrática.

2. Las propuestas de interpelación que son las que comprometen mas al terapeuta
desde su propia perspectiva, pues mas que preguntas son reflexiones que
interpelan al consultante.

3. La autorrevelación que consiste en que el terapeuta plantea una experiencia


propia que tiene que ver con el tema y que considera que puede ayudar al
paciente a descubrir algo valioso.

4. La completación repetitiva de frases. Se basa en que una misma frase incompleta


formulada una y otra vez, y completada con diferentes contenidos cada una de
estas veces, conduce a una clarificación cada vez más profunda del asunto. El
terapeuta es el que sugiere, frente a un problema específico, la frase a completar,
y después es el paciente quien se encarga de hacerlo.

47
¿Cómo se hace diálogo socrático en Logoterapia?

El inicio del diálogo socrático requiere de un clima de encuentro, de una disposición


amorosa (Bruzzone, 2003), de un diálogo que integre el Logos, para evitar que se
convierta en un monólogo (Freire, 2002, Frankl, 1994b); la Logoterapia establece el
clima del encuentro con sus rasgos peculiares, creando la confianza necesaria para la
psicoterapia y al mismo tiempo huyendo de cualquier tono exhortativo, moralizante o de
adoctrinamiento que intervenga en el sentido de la vida del paciente, pero si utilizando
en el diálogo cierto tono de humor (Freire, 2002). Dando inicio así, al primer momento
del diálogo socrático: la ironía e ignorancia del logoterapeuta, postura recomendada por
Frankl constantemente (Freire, 2002). El uso de la ironía es mencionado frecuentemente
por diferentes logoterapeutas (Lukas, 2000, 1983, Restrepo, 2001, Martínez, 2002,
2003); sin embargo, es recomendable manejar con precaución dicha postura para evitar
una sensación de irrespeto por parte del consultante, es por ello que no debe olvidarse la
actitud empática que recuerda Restrepo (2001): “En la casuística Frankliana
encontramos esta forma incisiva y provocadora de preguntar; la "ironía", también
característica socrática, la encontramos resaltada especialmente en la técnica de las
preguntas ingenuas. Y siempre encontramos que es en una "actitud empática" como el
terapéuta toma las respuestas del consultante y se vale de ellas para inducir al
encuentro de un significado”. Una vez se cuestionan las falsas certezas, la persona esta
lista para ¨parir¨ la verdad de la que está ¨embarazada¨, iniciando así un momento
¨mayéutico¨ que consiste en una especie de obstetricia del alma (Bruzzone, 2008).

Una vez se ha entablado el clima adecuado para la realización del diálogo socrático, el
logoterapeuta escucha en silencio para que el consultante pueda abrirse y presentar sus
problemas (Lukas, 1979), es allí, en donde asumiendo una postura de ignorancia, el
logoterapeuta intenta ampliar el campo fenoménico del consultante a través de preguntas
que buscan definiciones sobre lo que realmente es. Es decir, asumiendo la primera parte
del método socrático, el logoterapeuta busca refutar el conocimiento parcial para
acercarse más a un conocimiento esencial y lograr que el consultante aumente su nivel
de autoconocimiento. Durante dicho proceso el logoterapeuta está pendiente de las
“logopistas” que en términos de Fabry (2001) “es una frase, incluso una palabra o
indicación no verbal, como un tono brusco o de excitación que insinúen lo que es
significativo para el paciente; tal vez sea un valor que se aprecia mucho y que se
manifiesta en una promesa, en una vocación, o en un pasado tiempo. Estas preferencias
de sentido de valores a menudo se almacenan en un nivel inconsciente, y el facilitador
debe tener oído fino para escuchar estas pistas del subconsciente de las personas, pues
le dan la base para confirmar la dirección del sentido que se ha detentado.” Ahora bien,
no sólo el logoterapeuta está pendiente de las logopistas que indican posibles rutas para
el sentido, también está alerta para descubrir en las restricciones psicofísicas del
consultante las posibilidades de manifestación de sus recursos personales. Como dice
Lukas (1979) “Cuando el paciente empieza a expandirse acerca de sus teorías

48
victimizantes sobre cosas fuera de su control, el logoterapeuta empieza a tener un rol
activo dentro de la discusión”, ayudando a dar a luz la libertad responsable del ser
humano.

En si, el logoterapeuta esta presto a ayudar a cambiar las actitudes de sus consultantes,
como bien lo expresa Restrepo (2001): “La mayéutica socrática es una forma de poner
en práctica la modulación de la actitud y consiste en una discusión del consultante sobre
sí mismo con la ayuda del terapéuta, quien, como facilitador, presenta preguntas
"provocadoras" e "incisivas" sobre lo que el consultante sostiene en virtud de una
pasividad o actitud malsanas; en otras palabras, consiste en extraer el conocimiento del
propio interlocutor”. Si el arte de preguntar es constitutivo de la mayéutica, entonces el
arte de confrontar las preconcepciones dogmáticas es típico de la ironía socrática
(Bruzzone, 2008). De esta forma, el logoterapeuta intenta ayudar a parir los recursos que
ya posee la persona para generar un cambio de actitudes y lograr los beneficios que
busca la técnica y que han sido expuestos en líneas anteriores o como señala Restrepo
(2001): “La apelación de Sócrates a Menón: ¿Quieres que averigüemos juntos lo que es
la vida?", hay que entenderla como una invitación a participar en un diálogo en el que
el logoterapéuta es un compañero de viaje que colabora para que el consultante dé a
luz su fruto, su verdad”.

49
Las tres preguntas básicas

En el diálogo socrático el dispositivo metodológico privilegiado es la pregunta que


supone un sujeto capaz de pensar y de avanzar en la consciencia a través de la misma
(Bruzzone, 2008). En el método socrático podemos encontrar tres preguntas básicas
necesarias para el desarrollo de la conversación. En primer lugar encontramos la
pregunta fundamental: ¿Qué es la cosa en si?, es decir, la pregunta básica que le permite
al dialogante ubicarse en el campo fenoménico de su interlocutor, que le permite
humildemente aceptar que no sabe y que necesita que su compañero de diálogo lo ubique
en su propia realidad; la pregunta del “¿Qué?” es la pregunta básica y fundamental de
cualquier diálogo: ¿Qué es estar deprimido?, ¿Qué es sentirse muy mal?, ¿Qué es
sentirse acabado?, sin esta pregunta el diálogo podría convertirse en un monólogo que
mataría toda posibilidad.

La segunda pregunta básica es la del “¿Cómo?” cuya función es doble, tanto para la
descripción de procesos: ¿Cómo seria eso?, ¿Cómo fue que eso paso?, como para el
posicionamiento del consultante ante lo que le acontece: ¿Y cómo le hiciste para venir a
pesar de lo deprimido que estabas?, ¿Cómo has logrado todo eso a pesar del ejemplo que
recibiste?. Las preguntas del ¿Cómo? describen los procesos y posicionan a los
consultantes o educandos ante su propia vida.

La tercera pregunta básica es el “¿Para que?” cuya función es buscar la intención de la


conducta o el significado de la misma: ¿Y para que haces eso?, sin embargo, también es
una pregunta susceptible en mayor frecuencia de manejo irónico o ingenuo: “si, y ¿Para
qué?”. El “Para qué” busca el servicio humano, es así como Bilbeny (1998) lo expresa al
plantear: “Ciencia y ética empiezan por un «qué», pero sólo en esta última se da por
supuesto que la contestación tiene que llevar aparejada la respuesta al «para qué» o
servicio humano de la cosa preguntada”.

50
4. Relación terapéutica y diálogo socrático

El foco de Socrates no se ubicaba en la relacion sino en el descubrimiento de la verdad,


de tal forma que clasicamente era tosco e incluso brusco en su proceder. La Terapia
Racional Emotiva y la Logoterapia de Viktor Frankl en sus orígenes mantenían un estilo
socrático bastante clasico, muy característico de la personalidad de su creadores. Según
Lukas (2004) “El estilo con el que Frankl se comunicaba con estos pacientes era –dicho
con todo el cuidado- bastante rudo. No les permitía que se extendieran con sus
lamentos, no vacilaba con rebatirles con vehemencia sus opiniones y, a veces, llegaba
incluso a ofenderlos con sus reacciones inesperadas. Sin embargo, era inequívoco que
los tomaba en serio y que le importaba mucho su desarrollo como personas. Frankl los
conducía –podría decirse que de manera dominante- hacia un lugar filosoficamete
explosivo y, una vez alli, les daba a ellos las riendas”. Situación por la que –entre otras
críticas- la Logoterapia ha sido tildada de autoritaria, sin embargo, no puede confundirse
la personalidad de un terapeuta con una teoria, y si bien, el uso clasico del diálogo
socrático era de esta forma, no es la única manera de realizarlo, siendo necesario que el
mismo se ajuste a las características particulares de cada terapeuta y las necesidades
especiales de cada consultante.
La relación terapéutica o mas bien el encuentro existencial entre la persona del terapeuta
y la persona del consultante es la pieza fundamental del proceso terapéutico, pues sin
relación no hay proceso dialógico, mas bien mero monólogo, generando la frustración de
la existencia al no ex–sistir (salir de si). Al respecto dice Frankl (1994b): “Cualquier
diálogo que se limite a la mera autoexpresión no participa de la cualidad
autotrascendente de la realidad humana. El encuentro auténtico es un modo de
coexistencia que está abierto al logos.” Siendo por ello posible generar verdaderos
diálogos, encuentros de personas en el mundo de sentido que se configura en la relación
amorosa de la psicoterapia, una relación en donde lo dado a la conciencia establece un
mundo fenomenológico que se habita. “Todos los potenciales referentes intencionales,
los objetos a los que se refiere el lenguaje, y los que son aludidos por dos sujetos que se
comunican entre si, forman un todo estructurado, un mundo de “sentido”; este cosmos
de sentidos es lo que podemos denominar, adecuadamente, el logos”. (Frankl, 1994b).
El dialogo socrático requiere de un clima de encuentro, de una disposición amorosa
(Bruzzone, 2003), de un diálogo que integre el Logos, para evitar que se convierta en un
monólogo (Freire, 2002, Frankl, 1994b). “Las palabras de los que dialogan pertenecen
a un espacio y un tiempo compartidos: se dan en una relación presencial y constituyen
argumentos que «se tienen presentes» durante todo el diálogo. Lo dice la misma
palabra original: diálogos es romper el monólogo, es un logos entre dos”. (Bilbeny,
1998). En si, “el encuentro es una relación con un semejante en la que se reconoce a
éste como ser humano” (Frankl, 1994a).
Para Frankl (1992), el encuentro terapéutico se da a través de una ecuación de dos
incógnitas X + Y= ψ, “donde X representa la singularidad y unicidad de la personalidad

51
del paciente, e Y la no menos singular y única personalidad del terapeuta”, siendo
solamente posible esta relación cuando se reconoce al otro como ser humano (Frankl,
1994a), es decir, como un legítimo otro con independencia de la propia mente del
terapeuta, motivo por el cual la cualidad autotrascendente del terapeuta debe estar bien
desarrollada.
El Encuentro terapéutico bien puede tener sus bases en las propuestas de Martín Buber
(1998) sobre el fundante mundo de la relación de la palabra básica Yo-Tu, pues sólo esta
palabra puede ser dicha con la totalidad del ser, es decir, de persona a persona, con sus
dimensiones de unicidad y espiritualidad, guiados por la característica antropológica
fundamental de la autotrascendencia que permite el “estar junto a otro”, dicha condición
permite el efecto mágico de la psicoterapia de continuar dialogando con el terapeuta en
la mente interna, horas e incluso días después de haber finalizado el encuentro. La
relación terapéutica y el diálogo socrático son un espacio de amor, centrado en ayudar a
las personas a alcanzar la mejor versión de si mismos. “Sócrates es un enamorado no
solo de los otros seres si no también y sobre todo del poder del otro y del deber ser, en
tal modo su amor deviene un potente factor educativo. En el amor verdadero entonces,
según el mismo Frankl se comprende no sólo aquello que el otro es, sino también
aquello que el otro puede llegar a ser” (Bruzzone, 2003).
La importancia que le han dado diferentes psicoterapeutas cognitivos y constructivistas
(Neimeyer, 1988, Neimeyer, G., 1988, Mahoney, 1988, 1997, Guidano, 1988, 1995,
Greenberg, Rice & Elliot, 1996, Semerari, 2002a, 2002b, Perris, 2004) y diferentes
psicoterapeutas existenciales (Frankl, 1992, Romero, 2003, Cohn, 1997, Lander y
Nahon, 2005, Deurzen, 1997, 2002, Deurzen y Adams, 2011, Spinelli, 2007) a la
relación terapéutica al interior de los procesos de cambio, deja sin duda su papel
fundamental para la praxis de la psicoterapia; sin embargo, en este sistema, la relación
terapéutica no es un simple instrumento, es el modo de ser del terapeuta, quien actúa
“Como un partero”, es decir, como una persona que ayuda a dar vida, a dar a luz, a
acompañar en un momento de gran vulnerabilidad a otro ser humano que está creando,
iniciando y abriéndose al sentido de la vida. Dicho acompañamiento se enmarca en la
aceptación incondicional por el otro, la actitud empática, la consideración positiva, la
tolerancia y el respeto profundo, sin embargo, “la tolerancia no significa que se acepten
las creencias del otro; significa más bien que se le respeta como ser humano, con el
derecho y la libertad de escoger la manera de creer y de vivir” (Frankl, 1999). La
relación terapéutica es interpretada por Frankl como una intervención que desde el punto
de vista de procedimiento se inspira en el modelo clásico del diálogo socrático
(Bruzzone, 2008), en donde la responsabilidad de la relación es compartida, y dicha “co-
construcción se puede hacer a través de ese instrumento privilegiado que es el diólogo
socrático, entendido como un encuentro entre dos individuos (dos indivisibles, únicos e
insustituibles), uno de ellos, sobre todo (aunque no exclusivamente) en el papel de
ayudante partero y el otro en el de descubridor de sus verdades. El ayudante partero –
terapeuta– observa, escucha, pregunta, siente, se deja impactar por el descubridor –su

52
paciente- para ir empatizando cada vez más, mejor y más fino. Esto solo es posible
mediante un diálogo verdadero a través del cual cada respuesta del descubridor es
recibida y procesada por el partero, quien vuelve a intervenir para mover una pieza,
tensar un resorte, abrir una puerta del mundo de aquél y continuar así este círculo
virtuoso¨ (Unikel,, 2007).
La Logoterapia establece el clima de encuentro creando la confianza necesaria para la
psicoterapia, cuidándose de tonos exhortativos o moralizantes, y aunque se tiñe de un
poco de humor, el clima de respeto es esencial y aunque Frankl recomendó
constantemente el uso de la ironía (Freire, 2002) y otros logoterapeutas (Lukas, 2000,
1983, Restrepo, 2001, Martínez, 2002, 2003) hacen énfasis en su utilidad, es
recomendable manejar con precaución dicha postura para evitar que la relación
terapéutica se vea afectada.
Una vez se ha entablado la atmósfera característica de la Logoterapia, el clima se ha
hecho adecuado para la realización del diálogo socrático, se comparte el silencio que con
comodidad le permite al consultante abrirse y presentar sus problemas, para que el
logoterapeuta humildemente asuma su ignorancia y le pida al consultante que amplié su
campo fenoménico para que le permita ingresar, partiendo de la premisa y la convicción
de que el paciente podrá llegar por si mismo al lugar buscado (Pacciolla, 2007). El
logoterapeuta asumiendo la primera parte del método socrático busca navegar en el
conocimiento parcial del interlocutor, ubicándose en el campo fenoménico al que ha sido
invitado a acompañar al consultante para que aumente su nivel de autoconocimiento.
Durante dicho proceso el logoterapeuta esta “conectado” al consultante percibiendo
fenomenológicamente lo que esta sucediendo en el tiempo y espacio que se ha creado en
medio de este encuentro, y como bien dice Guidano: “a esto se añade una actitud de
investigación (una curiosidad o fascinación con la perspectiva del cliente y sus
implicaciones). A partir de aquí el terapeuta desarrolla una forma de empirismo
colaborador, estableciendo una relación de trabajo que transmite el deseo de unirse al
cliente en un proceso exploratorio que pretende poner a prueba o trascender las
limitaciones de la visión que éste tiene del mundo” (Guidano, 1995).

Cuando el logoterapeuta ha ingresado a la intimidad del consultante, ha llegado el


momento de asumir una postura más activa, un rol de liderazgo en el diálogo, ayudando
a dar a luz la libertad responsable que habita en el ser humano que acompaña. Es decir,
una vez el logoterapeuta ha terminado de manera genuina el trabajo prenatal, inicia su
acompañamiento al parto de lo específicamente humano, no empuja, ni va en contra del
ritmo de quien va a dar a luz, mas bien motiva, muestra, incita, provoca y anima el
proceso. El logoterapeuta está atento a percibir las infinitas posibilidades de sentido y
todas aquellas opciones en donde es posible ayudar al consultante a expresar sus
recursos personales, mas que estar centrado en los problemas, esta ubicado olfateando
las soluciones, pero siempre respetando el momento del alumbramiento. “Nuestra
actitud terapéutica tiene que ser bastante flexible porque el paciente sabe mejor que

53
nosotros cuándo es el momento de hacer un avance en su conciencia de si mismo, cuáles
son las fases para él más importantes y los aspectos de su vida más urgentes de
analizar.” (Guidano, 1995).

La importancia de la relación terapéutica para el diálogo socrático radica en que ella:


Brinda una base segura para disparar nuevas captaciones de la realidad, es decir,
cambios profundos de actitud con menos miedo.

Facilita el cambio por el sentido que atrae y no por la presión del terapeuta.

Facilita la manifestación de los recursos personales a partir de la relación,


permitiendo que los supuestos riesgos que mantienen a la persona cerrada a la
experiencia sean disuadidos.

Moviliza la expresión del autodistanciamiento a través de las circunstancias que


plantea la relación, permitiendo que la persona tome distancia de si en vivo y en
directo.

Ayuda a expresar la autotrascendencia al reconocer la mente del otro con


independencia de la propia, fomentando así la capacidad de abrirse íntimamente,
dejarse ver y ver a los demás.

Permite validar la experiencia del consultante aceptando que lo que el cliente


expresa es su verdad y por ello es respetable. Desde esa posición intenta conocer,
comprender y respetar el mundo de la persona que se tiene enfrente,
familiarizándome con lo que ve, entiende y siente, y con cómo significa su
realidad. “Soy un invitado a conocer su casa, tengo que ser cuidadoso para
captar los delgados hilos de ese hábitat, sin romper ni dañar nada.¨ (Unikel,
2007).

Nos obliga a considerar y recordar a nosotros mismos que la persona no es un


receptáculo de conocimiento vacío y pasivo dentro del cual se puede verter
nuestro saber, irrespetándolo, pues el terapeuta mas que un profesor
unidireccional, es un facilitador del proceso para que el consultante descubra lo
auténticamente propio.

Solo en medio y a través de la relación existe un diálogo y sólo a través del


diálogo existe la relación.

Permite generar vínculos de compromiso que favorezcan el proceso de cambio.

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Ahora bien, la relación terapéutica debe contemplar la velocidad adecuada para un
proceso de cambio a través del diálogo socrático, “tiene que ir de acuerdo con lo que
son los procesos de ordenamiento del paciente. No puede apurarlo demasiado; tiene que
seguir su ritmo” (Guidano, 1995), pues en algunas personas con afecciones severas, las
restricciones psicofísicas son tan amplias que en principio debe favorecerse como
exclusiva esta relación, ya que la misma, como lo mencionan diferentes autores
(Semerari, 2002, Perris, 2004), es la clave para el desbloqueo o restablecimiento de
funciones metacognitivas que pueden estar seriamente afectadas. Cuando los niveles de
restricción de la libertad son altos y los recursos noológicos se encuentran seriamente
afectados, la capacidad de autocomprensión se encuentra debilitada y la persona no logra
verse en situación, circunstancia que puede exasperar a algunos terapeutas e incitarlos a
presionar el proceso e incluso a violentar a los consultantes, de igual forma, cuando la
capacidad autotrascendente de la diferenciación se encuentra golpeada, el terapeuta
puede sentirse desorientado y sin acceso a la persona del consultante, siendo el problema
más serio cuando son los propios recursos noológicos del terapeuta los que se encuentran
restringidos, impidiendo totalmente la relación terapéutica.
Es frecuente en el encuentro existencial entablado con personas que padecen trastornos
severos, encontrar cierto temor del terapeuta a ser mal interpretado por la captación
restringida de la realidad que tiene el consultante, preguntándose constantemente cómo
tomara la actitud ingenua o irónica, o si tomará de buena manera la pregunta socrática,
por ello, en aquellas personas con serias dificultades psicológicas, antes de utilizar
cualquier estrategia socrática, el objetivo fundamental es el establecimiento de la
relación de encuentro.
El diálogo socrático requiere de un persuadir amoroso centrado en la motivación para el
cambio, la expresión empática, la aceptación incondicional, la escucha reflexiva y
reflejante, el acompañamiento en la crisis, el compartir el campo fenoménico del
aconsejado y la generación de un espacio confiable; cuando esto se ha logrado es común
encontrar que la relación terapéutica va más allá del consultorio, es allí en donde
encontramos, como dice Semerari (2002a) “… un continuo diálogo imaginario con el
terapeuta que se desarrolla durante los intervalos entre las sesiones. Por medio de este
trabajo cognitivo, la memoria de los diálogos terapéuticos se organiza en nuevas y
verdaderas estructuras esquemáticas de significado a la que he propuesto llamar
neostructuras terapéuticas. Dado que el paciente utiliza habitualmente estas
neostructuras para comprender y regular la actividad de las otras estructuras, se la
puede considerar como estructuras supraordenadas y su presencia se traduce en un
incremento de las funciones metacognitivas”.
La relación terapéutica y el estilo de conversación tejido desde la Logoterapia es una
retorica del amor que contempla, según Lukas (2004) cuatro elementos:
1. Revaluar la persona. Significa no dejar pasar la posibilidad de valorar en su
doble percepción a la persona que se ayuda, por un lado identificando los lados

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buenos presentes (¡que solidario de su parte¡) y al mismo tiempo las buenas
posibilidades de expansión futuras (¡de seguro llegará Ud. muy lejos con este
esfuerzo que hace¡).

2. Contribuir a la claridad. Definiendo claramente lo que acontece, frenando


interpretaciones aceleradas y desconsideradas del cliente (¿Para que te tratas así
de mal?, ¿Qué estas buscando?), evidenciar las contradicciones y pedir
explicaciones.

3. Jugar con alternativas. Ayudándole a encontrar posibilidades compartiendo


ideas que inician con ¿qué pasaría si…?, ¿y si de pronto…?, pero
fundamentalmente evitando que se quite así mismo la libertad (¿te toca que…?,
¿te obliga alguien a la fuerza…?).

4. Seguir las huellas de sentido. Buscando unir a la persona con su voz interior
para que olfatee los llamados que la vida le hace.

Finalmente, vale la pena mencionar la reflexión que hace Unikel (2007) acerca de la
empatía en la relación terapéutica, pues si bien, el objetivo de Sócrates no era empátizar
sino descubrir la verdad, una relación terapéutica que carezca de este componente y
modo de ser compartido, jamás fluirá de la mejor forma:
¨Empatizar es un proceso continuo mediante el cual el terapeuta está constantemente
descubriendo el mundo de su paciente; desde ahí: lo conoce, lo comprende y lo valida.
En cada sesión, terapeuta y paciente ponen en marcha este saber cada vez más cómo es
ese mundo: que hace que el paciente piense, actúe, sienta y simbolice su vida y su
ambiente como lo hace, y no de otra manera. Hacerlo no es un logro sólo del terapeuta
ni sólo del paciente, sino producto de la relación y del diálogo. No de cualquier diálogo,
sino de una cuidadoso, asertivo, inteligente, sensible, en donde ambos protagonistas
asumen el riesgo de ponerse en la relación, se abren honestamente a la colaboración,
cada uno desde su plataforma y rol. Sócrates asumía riesgos, abría el corazón y
entregaba toda su honestidad para que sus alumnos llenaran sus vasijas con la verdad¨
(Unikel, 2007).

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5. ESTILOS DE CONVERSACION SOCRATICA

Desde los planteamientos expuestos a lo largo de este texto, se pueden proponer tipos de
preguntas socráticas dirigidas a un manejo más sistemático, aunque flexible, del diálogo
socrático en la práctica clínica:

1. Distanciar a los consultantes de su captación selectiva del mundo: utilizando el


diálogo socrático para que desplieguen su libertad ante lo que les acontece.

- P: Estoy que vuelvo a beber doctor, no aguanto más esta ansiedad.


- T: ¿Y como le has hecho para no beber estando tan ansioso?

2. Ampliar el mundo de lo posible para la toma de postura y elección de opciones o


captaciones selectivas más sanas.

- T: ¿Y cómo has hecho para no beber estando tan ansioso?


- P: Es que no quiero volver a lo mismo
- T: Si no quieres volver a lo mismo, supongo que quieres algo diferente
para ti, ¿a que te refieres?
- P: Bueno, quiero una vida más tranquila y con mi familia.

3. Redimensionar los síntomas dándoles su verdadero tamaño, evitando la


hiperreflexión y empoderando al consultante frente al cambio.

- P: Estoy muy deprimido doctor, muy, muy mal.


- T: ¿Qué es estar muy deprimido?, ¿qué es estar muy, muy mal?
- P: Pues doctor, no estoy durmiendo, ni estoy comiendo...
- T: ¿No duermes ni una hora al día y no comes ni un bocado?
- P: No doctor duermo un poco y como un poco.
- T: ahh (en tono de alivio), ¿qué más es estar muy mal?

4. Definir con el consultante, la esencia de lo que le sucede.

- T: ¿Qué más es estar muy, muy mal?


- P: Bueno, tengo mucha pereza
- T: ¿Qué es tener mucha pereza?
- P: Pues a veces me quedo un poco más en la cama

5. Descubrir huellas de sentido, los “para que de la libertad” que faciliten la elección
responsable de otras posibilidades.

- P: Hoy estoy muy mal doctor

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- T: ¿Qué es estar muy mal?
- P: Pues hoy casi no logro levantarme de la cama
- T: ¿Y como le hiciste para venir a consulta?
- P: mmm. Pues saque fuerzas para hacerlo.
- T: ¿Y de dónde las sacaste?
- P: mmm. No se.
- T: ¿No sabes?
- P: Se que es importante venir.
- T: ¿Importante para qué?
- P: Para estar bien
- T: ¿Y qué es estar bien?
- P: Estudiar nuevamente, estar feliz con mi familia, con mi novio.
- T: Ya entiendo. Parece que tienes muchas cosas por las que levantarte
de la cama.

6. Disminuir las restricciones cognitivo/emotivas que implanta lo psicofísico a lo


espiritual, dificultando la expresión de sus recursos personales.

- P: Es que no soporto que no me haya llamado a la hora que dijo.


- T: ¿Que es lo insoportable de ello?
- P: Pues que seguramente no soy tan importante para él, como él lo es
para mi.
- T: ¿Crees que además de esa explicación puede haber otra
posibilidad?.
- P: Bueno, puede ser que haya tenido un problema, pero es que siempre
pasa lo mismo.
- T: ¿Siempre?, ¿todos los días?.
- P: No, no siempre, solo algunos días.
- T: ¿Qué son algunos días?
- P: Bueno ha pasado... un par de veces
- T: (irónicamente) ¿Esta semana?
- P: Nooo (con risa), desde que estamos saliendo hace un año.
- T: ¿O sea que de 365 posibilidades, solo en dos no ha podido llamarte?
- P: Pues si.
- T: Bueno, quisiera que retomáramos un poco esa explicación que me
dabas acerca de no ser alguien tan importante para él. ¿A que te refieres?

7. Cambiar la pasividad y actividad incorrecta frente a los síntomas.

- T: Bueno, quisiera que retomáramos un poco esa explicación que me


dabas acerca de no ser alguien tan importante para él. ¿A que te refieres?
- P: Pues ya no creo mucho eso, pero es que me pongo muy ansiosa

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cuando no se donde está, y se que eso está mal, pero no se qué hacer.
- T: ¿Qué has hecho para manejarlo?
- P: Bueno, trato de no pensar en él, y todo el tiempo estoy pendiente
para no hacerlo.
- T: ¿Qué es estar pendiente para no hacerlo?
- P: Pues que estoy alerta para no hacer cosas que me lo recuerden,
desconecto el teléfono para que no me den ganas de llamarlo...
- T: Que curioso, parece que entre más intentas no pensar en él, más lo
haces. Porque no intentamos un ejercicio parecido. ¿Te parece?
- P: Ok.
- T: Trata en este momento de no pensar en un televisor.
- P: (En risas) ...no pude.... ya entendí....

8. Lograr el autoconocimiento:

- T: ¿Cuándo pasa eso que piensas?


- P: Pienso que soy un tonto.
- T: ¿Y eso como te hace sentir?
- P: Mal.
- T: Bien, ¿Qué es lo tonto de ser sincero?
- P: Que la gente puede aprovecharse de ti.
- T: ¿Querrías decir con ello, que la gente sólo se aprovecha de los
sinceros?
- P: No, no sólo de los sinceros, también de otras personas.
- T: O sea que si se aprovecha de los sinceros y tambien de los no
sinceros. ¿Qué es lo tonto de ser sincero?
- P: Bueno, no es que sea tonto, es que la gente lo ve así.
- T: ¿Toda la gente?
- P: Bueno, algunos.
- T: Y esos algunos dicen que es de tontos ser sinceros.
- P: Si.
- T: Qué interesante, porque si estuviesen siendo ellos sinceros, estarían
asumiendo lo tontos que son, y si no estuviesen siendo sinceros, no dirían
eso. ¿Cómo ves esta reflexión?
- P: Es cierto.
- T: Y si eso es cierto, entonces, ¿qué es lo tonto de ser sincero?
- P: Nada, realmente no es tonto ser sincero.
- T: ¿Y si alguien no es tonto, que es entonces?
- P: Debe ser inteligente.
- T: Bueno, es grato escuchar tu sinceridad, pues pocas personas hablan
de sus sentimientos y menos de sentirse tontos.

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9. Lograr la autoaceptación: A través de preguntas que llevan a la unicidad (Fabry,
2001).

10. Lograr la autorregulación:

- P: Es que ya no resisto más sin verlo, creo que voy a morir.


- T: ¿Cómo has hecho para no llamarlo?
- P: He tenido que contenerme y mantenerme ocupada.
- T: Claro, pero antes ni siquiera podías ocuparte ni contenerte, ¿qué hay
ahora en ti que hace que te detengas?

11. Preguntas que buscan la definición (como se ha presentado en diálogos


anteriores) esencial de las cosas, el “qué”, el “para qué” y el “cómo”. Según
Bilbeny (1998) : “En el debate, toda definición que se tome como válida se habrá
introducido con un pronombre qué interrogativo y tendrá que mantenerse con un
que relativo delante: ¿Qué es entonces, Sócrates, el coraje?, El coraje, amigo
Laques, es que.. Y más adelante continua: “El interés por el «qué» de las cosas
está en función del interés por su «para qué» de las cosas que es aún más
característico del filósofo moral. El «cómo», en un sentido fenoménico, externo,
y el «por qué», o causa natural primera, pueden esperar más aún, esto último, en
la ética....”

De igual forma, el diálogo socrático es utilizado en los ámbitos como la orientación y


consejería, a continuación se brindan algunos ejemplos de su utilización:

1. Distanciar a los estudiantes de su captación selectiva del mundo: utilizando el


diálogo socrático para que desplieguen su libertad ante lo que les acontece.

- Estudiante: Es que estar con los amigos y no tomar es imposible…


- Profesor: ¿Y como le has hecho para no beber aquí que estas con
ellos?
- Estudiante: Es que es distinto profe…
- Profesor: Y que es lo distinto?
- Estudiante: Que no hay música ni fiesta…
- Profesor: Ah, entiendo, te refieres a las fiestas (ingenuamente), por un
momento creí que estar con los amigos y no tomar era imposible.

2. Ampliar el mundo de lo posible para la toma de postura y elección de opciones o


captaciones selectivas más sanas.

- Estudiante: No, no es que sea imposible…digo en las fiestas es

60
imposible.
- Profesor: ¿Y que es lo imposible de ello?
- Estudiante: Que uno no se siente bien si no hay trago…
- Profesor: Y que cosas da el trago que te hacen sentir bien?
- Estudiante: Me desinhibe, me hace estar más alegre con mis amigos,
puedo bailar…
- Profesor: Quieres decir con ello que normalmente eres inhibido, que
no estas siempre muy alegre con tus amigos y que no puedes bailar…?.
(irónicamente).
- Estudiante: No, no profe, tampoco.
- Profesor: Entonces ¿Para que tomas trago?
- Estudiante: ehh…mmm
- Profesor: Habría alguna otra forma de disfrutar de una fiesta sin trago?
- Estudiante: Pues si profe.
- Profesor: ¿Por ejemplo?

3. Redimensionar las preocupaciones dándoles su verdadero tamaño, evitando la


hiperreflexión y empoderando al alumno frente al cambio.

- Estudiante: Pues si pero la gente le insiste a uno y no es tan fácil


manejar la presión…
- Profesor: ¿Y que es lo difícil de ello?
- Estudiante: Que van a pensar que uno es un nerd o un tonto…
- Profesor: ¿Y que sería ser un tonto?
- Estudiante: Pues ser bobo, que se la monten los demás, que no salga…
- Profesor: Y ser influenciable y hacer lo que otros quieren también
podría ser de tontos…?.
- Estudiante: Claro profe.
- Profesor: Que interesante, entonces ¿cómo haces tu para no ser tonto y
no dejarte influenciar?
- Estudiante: Pues uno sabe que le conviene y que no…
- Profesor: ¿Así la gente insista y presione?
- Estudiante: Pues si profe…
- Profesor: Bueno es un alivio que no seas tonto…

4. Definir con el educando, la esencia de lo que le sucede.

- Profesor: Te veo como triste ¿te pasa algo?


- Estudiante: Estoy con la depre profe…
- Profesor: ¿Y que es estar con la depre?
- Estudiante: Pues no tengo ganas de hacer nada…
- Profesor: Ni de caminar, ni de hablar, ni de nada…?.

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- Estudiante: De nada…
- Profesor: Y como haces para hablar conmigo y caminar por ahí
estando tan depre?
- Estudiante: Bueno es que tampoco me voy a echar a morir…
- Profesor: ¿Y por que no? (ingenuamente)
- Estudiante: Porque no vale la pena, también hay muchas cosas
buenas…
- Profesor: Y ¿cómo cuales…?.
- Estudiante: Pues mis amigas, mi novio…
- Profesor: Bueno, parece que tienes muchas razones para a pesar de la
depre seguir adelante…

5. Descubrir huellas de sentido, los “para que de la libertad” que faciliten la


elección responsable de otras posibilidades.

- Estudiante: Ahora si me voy a ajuiciar profe…


- Profesor: Y ¿para qué?
- Estudiante: Pues para no tener más problemas…
- Profesor: ¿Y que hay de malo en emproblemarse a veces…?.
(irónicamente)
- Estudiante: No que ya estoy mal en mi casa y me quiero graduar con
mis amigos…
- Profesor: No me digas que eres de los que quiere estar bien en su casa
y hasta cuidar la relación con sus amigos? (irónicamente)
- Estudiante: Pues claro profe…
- Profesor: ¿Y para que?
- Estudiante: Pues a la larga es lo más importante en la vida.…

6. Buscar sentido en las áreas de autodescubrimiento, elección, unicidad,


responsabilidad y autotrascendencia (Fabry, 2001), mencionadas con
anterioridad.

62
6. LAS PREGUNTAS INGENUAS E IRONICAS

Para Sócrates el saber era el principal obstáculo para aprender, así es que debía ponerse
frente a su interlocutor en la postura de quien debe aprender y no en la de alguien que
ostenta el saber, su búsqueda constante, su rechazo por la apariencia de las cosas y su
mensaje permanente acerca de que la vida consiste en el intento mismo de comprender
su sentido, constituyen al diálogo socrático en una propuesta para buscar la verdad
(Bruzzone,2008). El escepticismo socrático es una tendencia crítica a lo que se conoce
como conocimiento objetivo siendo la ironía el instrumento privilegiado por Sócrates,
dicho pensamiento crítico involucra la aceptación de la carencia del conocimiento del
que se cree estar seguro. Sócrates desarrollaba un estilo conversacional ingenuo y en
ocasiones irónico, desenmascarando con fuerza la ignorancia de su interlocutor, llegando
a veces a humillarlo en publico; hoy en día, el uso apropiado del método socrático no
involucra usar preguntas que llevan a los clientes a estar defensivos, humillados o a
sentirse mal ante el reconocimiento de su ignorancia, pues está claro que la relación
terapéutica termina siendo a veces mas potente que el mismo dialogo. Por ello, el
dialogo socrático puede generar este tipo de preguntas o de actitudes, pero siempre con
compasión, respeto, apertura y cercanía. La postura ingenua motiva tanto al terapeuta
como al consultante a permanecer abiertos a nuevas experiencias, ayudándolos a
aprender acerca de la etiología, la variabilidad, y la modificación de los
comportamientos maladaptativos (Overholser, 1995). En el método clásico “Sócrates
fingía ingenuidad, simulando querer aprender de su interlocutor con el fin de
provocarlo a que se expusiera y se confundiera con las convicciones más ingenuas,
hasta qué, atrapado en las redes de sus mismos razonamientos e ideas, admitiese que no
sabía nada. Porque el ¨saber que no sabes¨ es una condición irrenunciable de la
búsqueda de sentido y del auténtico aprendizaje. La ironía no es entonces un simple
artificio literario, ni se puede considerar como un síntoma de hipocresía: Sócrates le
reconoce una intencionalidad precisa y le atribuye una eficacia educativa¨ (Bruzzone,
2008).

Este tipo de cuestionamiento ingenuo ha sido formulado en la Logoterapia por Elisabeth


Lukas (1983, 2000, 2006), en él, las preguntas son realizadas con cierto tono irónico e
ingenuo aceptando "aparentemente" la conducta insana del consultante, quien lleno de
inseguridad intentará defenderse nuevamente de la aceptación del terapeuta, redefiniendo
su problema como un verdadero problema. (Restrepo, 2001, Martínez, 2002, 2003), en
palabras de Lukas (1983): “Pero en la terapia se puede utilizar también la oposición del
paciente aprobando y reflejando aparentemente las actitudes negativas e insanas del
paciente y provocando así su oposición a ellas... De este modo, el propio paciente
rebate sus actitudes negativas, lo cual en el terreno del conocimiento conduce a la
«experiencia del ¡ah!« y, con mucha frecuencia, facilita una corrección de la actitud o
la produce sin ninguna otra intervención del terapeuta. Si uno «exagera un poco» y
ridiculiza algo estas actitudes insanas, se consigue mejor el distanciamiento del

63
paciente de sus propias actitudes negativas (ahora algo caricaturizadas). Muchos de los
que buscan consejo y ayuda ni siquiera advierten la estrategia del terapeuta en la
técnica de las preguntas ingenuas, pero el efecto es el mismo: rechazan con el terapeuta
sus propias ideas insanas”. Con respecto a este tipo de preguntas, las mismas buscan
utilizar la oposición del consultante o la defensividad del mismo para alcanzar el insight;
son preguntas formuladas en tono irónico que pueden desarrollarse a partir de la aparente
aceptación de las actitudes insanas del consultante, provocando la oposición del mismo y
la resignificación del problema (Martínez, 2003), si bien, la actitud ironica era
característica de Sócrates, se debe a la logoterapeuta alemana Eisabeth Lukas el
complemento de la ingenuidad.

Aunque no hay conscenso acerca de la postura Sócratica de ingenuidad como recurso


pedagógico o como actitud genuina, se puede afirmar que desde el pensamiento
logoterapéutico la actitud socrática es de genuina ingenuidad, pues el logoterapeuta se
cuida de no imponer sentido y debe estar alerta para identificar y asombrarse ante las
opciones de sentido que el consultante pueda expresar, siendo la capacidad de asombro
una cualidad de la ingenuidad, el logoterapeuta que pregunta socráticamente es un
maestro filósofo que en sus simulaciones juega con las ideas y creencias de su
interlocutor exagerándolas o simplemente logrando con su acitud, mostrar la
inadecuacion de las mismas, esta máscara busca desenmascarar el saber engañoso
convirtiendose en un sembrador de dudas y cuestiones que faciliten al consultante captar
realmente las preguntas que la vida le hace. Sócrates como dice Bilbeny (1998): “… es
un maestro preguntador y está acostumbrado a usar su sentido de la ignorancia en
beneficio del diálogo y con una doble intención, que nada tiene de extraño para los que
le conocen bien. Por una parte hay una mención textual y directa de la propia
ignorancia en cuanto se proclama la limitación del saber personal y del saber humano
en general. Por otra parte se hace uso irónico e indirecto de ella como recurso- puro
fingimiento de lo que es además verdad- para destapar y hacer admitir también la
ignorancia del contrario”.

A continuación se describe un breve ejemplo que refleja –por cuestiones de espacio- el


momento exclusivo de la pregunta y actitud ingenua e irónica (Martínez, 2002):

C: Mi problema en realidad no es tan grave, yo controlo el consumo de drogas.


T: (Ingenuamente). ¿Qué es lo que más controlas del consumo?
C: Bueno, no lo hago tan seguido y no consumo tanto.
T: (Ingenuamente). En realidad es un alivio saberlo, por un momento creí que lo hacías
por lo menos cada mes. ¿Cada cuanto consumes?.
C: A ver, en ocasiones si lo hago seguido, pero a veces duro un buen tiempo sin
consumir.

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T: Bueno señor C., ¿por qué decidió venir a nuestra institución?
C: En realidad mi mujer me insistió en que viniera.
T: (Exclamativa e ingenuamente). ¡Su mujer le insistió en que viniera, no creerá ella que
usted esta muy mal¡
C: Es que a veces exagera un poco.
T: (Ingenua e irónicamente). La verdad es que para usted debe ser muy difícil convivir
con una persona que no lo comprenda y que no entienda que usted puede drogarse de vez
en cuando; ¿no ha pensado usted en conseguir una mujer que le permita drogarse
tranquilamente?
C: Bueno en realidad ella tiene razón, si yo estuviera solo consumiría más.
T: (Ingenuamente), pero como así, ¿Qué tiene de malo drogarse?.
C: Si tiene muchas cosas malas, uno se va volviendo irresponsable, la relación con la
familia y la pareja se va dañando.
T: (Irónica e ingenuamente). Bueno, pero usted cree que ser irresponsable, estar
perdiendo a su familia y a su esposa, serán razones suficientes para dejar de consumir?
C: Por supuesto, yo no quiero dañar mi matrimonio, ni terminar mal.

La técnica de las preguntas ingenuas invita a la reflexión de dos posibilidades: la


pregunta ingenua que evoca la ignorancia característica de Sócrates, la humildad
legítima del investigador de sentido, y la pregunta irónica que busca la refutación a
través de la contradicción experienciada por el dialogante. En el primer tipo de pregunta,
el terapeuta deja ver su asombro y trasluce una postura de ignorancia, “de no saber”,
buscando que se genere el insight en el consultante, que el mismo se posicione frente a
lo que ya sabe o que cuestione el conocimiento que supone poseer. El segundo tipo de
pregunta busca mas la contradicción y el cambio de actitud del consultante, quien
estrella sus propias convicciones con la actitud del terapeuta, como se observa en el
diálogo anterior. Sin embargo, es preventivo recomendar que las preguntas irónicas no
sean utilizadas con consultantes que se encuentren en un momento de sufrimiento, pues
pueden ser desconsideradas con el doliente; de igual forma, es recomendable que se
tenga una sólida relación terapéutica que permita utilizar este tipo de mecanismos. Por
ello, “el terapeuta, sin embargo, tiene que darse todo, no solo tiene que ser psicólogo y
un buen terapeuta, tiene que seguir siendo humano y tiene que recordar que sus
consultantes más que pacientes son seres humanos” (Lukas, 1979).

Un ejemplo extraído de la numerosa casuística de Elisabeth Lukas (2006), muestra el


procedimiento actual de las preguntas ingenuas en un caso no psicopatológico, sino mas
bien de acompañamiento y orientación:

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Señora X: siento una gran culpabilidad por mi hija.
E.L: ¿Qué quiere ud. decir?
Señora X: por ejemplo, a menudo tiene bronquitis porque siempre la mantuve muy
abrigada cuando era pequeña.
E.L: Pero señora, ¡ esa no es razón para culparse!
Señora X : (resistencia basada en una actitud nociva). ¡Oh si!, es mi culpa, la niña no
esta acostumbrada al frio y se enferma fácilmente. Nunca he sido una buena madre.
E.L : ¿Siempre arropo a su hija durante el invierno?
Señora X: Si.
E.L: (ingenua) ¿Así que ud. quería que le diera bronquitis?
Señora X: No, no. ¡ yo no quería eso!
E.L : (Ingenua) ¿No quería que se enfermara? ¿qué quería?
Señora X : Que estuviera sana, por eso la arropaba.
E. L : (Ingenua) suponga que hubiera sido descuidada en el invierno sin chal ni gorra;
con sandalias y sin medias en febrero y mas tarde callera con bronquitis porque tuviera
esa predisposición. Entonces probablemente nunca hubiera pensado que pudiera ser su
culpa.
Señora X: No lo se. Quizá también me hubiera sentido culpable porque no la arrope lo
suficiente. Si, creo… que sin chal y gorra me hubiera culpado yo misma.
E.L: (Ingenua) entonces, ¿es su responsabilidad en cualquier caso?
Señora X: Bueno, una nunca sabe que es lo mejor, ¿o si?
E.L: Pero si ud. hace lo que cree que es mejor, ¿aún tiene que culparse?
Señora X: No. Si un persona hace lo mejor que puede no debe culparse.
E. L: (Normal) correcto, señora; nuestra falta se mide por intenciones, de hecho ud.
tiene que ser responsable por todas las enfermedades que le deseó a su hija.
Señora X: (Riendo) entonces no tengo culpa, nunca le he deseado enfermedades a nadie.
E.L: En tal caso, ¿estamos de acuerdo en que la bronquitis no se le puede imputar a ud.
sino al destino, como sucede generalmente con las enfermedades?
Señora X: Si, es cierto. Eso me hace sentir mejor.

Para terminar, hay que recordar que el diálogo socrático debe cuidarse de no desarrollar
una actividad exagerada que termine convirtiéndose en persuasión, tener en cuenta la
necesidad de improvisación, intuición y creatividad por parte del terapeuta (Fabry, 2001)
y considerar que “la relación interpersonal y el diálogo intersubjetivo, llegan a ser así
los instrumentos mediante los cuales el logoterapeuta facilitador en la investigación de
sentido, acompaña al cliente en su difícil pasaje de la inautenticidad de las dispersiones
a una progresiva apertura al mundo de los significados y de los valores, hasta la
asunción de una decisión plena y responsable por su propio cambio ( Lords, 1964.citado
por Bruzzone, 2003)”.

66
La modificación de actitudes
La modificación de actitudes es un método logoterapéutico que en gran medida se lleva a
cabo a través de una intervención socrática, fue desarrollado por la logoterapeuta
alemana Elisabeth Lukas con la intención de ayudar a los clientes a enfrentar el
sufrimiento inevitable, funcionando como una corrección de la reflexión de una actitud
psicológicamente nociva a una sana; en si, una modificación de actitud busca enseñar a
las personas a hacerse cargo de sus vidas, en lugar de echarle la culpa al destino (Lukas,
2006).
Esta técnica busca cambiar actitudes psicológicamente insanas, por unas más sanas,
partiendo de cuestionarle al paciente mismo sus propias actitudes para evaluar si son
suficientemente sanas, desde el punto de vista psicohigiénico y suficientemente positivas
para su vida o su supervivencia; el terapeuta basándose en sus conocimientos y
experiencias, debe intentar valorar cuando una actitud vital es desfavorable o destructiva
para una persona concreta, en una situación y momento histórico particular. Cuando el
terapeuta escucha disonancias existenciales y aparecen elementos negativos en la
conversación debe abordarlos de forma concreta (Lukas, 2003), ayudándolo a asumir la
conciencia de la responsabilidad en su vida y a no claudicar su libertad, echándole la
culpa de lo que vive a su pasado o a las circunstancias. Por ello, cuando un consultante
empieza a atribuir sus problemas internos a causas externas o del pasado, el terapeuta
debe fomentar el autodistanciamiento de sus problemas y así poder aceptar lo que esta
sucediendo y buscar soluciones. Un ejemplo de ello lo expone Lukas (2006) al decir:

“El counselor busca cambiar el nocivo ¨no puedo por que¨, a la actitud saludable de :
¨puedo a pesar de¨. Muchas psicoterapias se concentran en explorar las razones de
porque un cliente ¨no puede¨, en lugar de planear un curso de acción de los obstáculos
¨a pesar de¨. Los logoterapeutas discuten las razones del ¨no puedo¨, para encontrar si
existen limitaciones objetivas, entonces conducen a los pacientes gradualmente y con
propósito, hacia ¨no tengo que creer cada tontería de mi mismo¨ (Frankl). Apoyada en
el poder desafiante de los enfermos para vencer sus debilidades. El método tiene éxito
generalmente, porque los que han experimentado por lo menos una vez, que ¨pueden a
pesar de¨, nunca vuelven a ser víctimas indefensas de las ¨ineludibles¨ razones que los
retenían. La puerta esta abierta a la actitud saludable de ¨ yo siempre puedo cambiar¨.

Cuando se practica la modificación de actitudes, los consultantes empiezan a entender


que depende de ellos responder a las preguntas que la vida les plantea y que nadie lo
hará por ellos. La modificación de actitudes los fortalece para no temblar ante los
inesperados golpes de la vida, especialmente cuando los clientes deben enfrentarse a
situaciones inmodificables, en donde lo único que puede hacerse es aceptar lo que
sucede y tener una actitud más saludable frente a ello. Cuando el terapeuta trabaja en el
ámbito de las actitudes cognoscitivas tiene que observar el siguiente orden:
1. Cambiar la actitud ante el síntoma viéndolo como oportunidad o pregunta que la

67
vida plantea. Es decir, viendo los síntomas como preguntas urgentes que la vida
realiza a través de interlocutores sintomáticos que le pueden estar diciendo a la
persona: es hora de descansar, es momento de confrontar tus miedos, hazte libre
de tus miedos, etc.

2. Cambiar la actitud ante los factores negativos de la propia vida asumiendo la


responsabilidad de que la actitud y su destino están en sus manos, sin echarle la
culpa a sus padres o a un locus de control externo.

3. Cambiar la actitud ante los factores positivos de la propia vida, encontrándole un


sentido a su situación actual, develando la ganancia existencial obtenida a través
o en medio del sufrimiento.
Este tipo de intervención terapéutica se lleva a cabo especialmente –aunque no
exclusivamente- bajo la técnica de las preguntas ingenuas expuesta en este capitulo, sin
embargo, requiere de precauciones importantes expuestas en el capítulo sobre el
facilitador socrático.

68
7. RECURSOS PERSONALES (NOOLOGICOS) Y DIALOGO SOCRATICO
Los recursos noológicos al hacer referencia a capacidades específicamente humanas y al
constituir los principales elementos para desarrollar una psicoterapia centrada en el
sentido, son sin lugar a dudas una pieza fundamental de profundización y estudio para
los logoterapeutas y terapeutas en general. Los recursos noológicos son características
antropológicas básicas de la existencia humana, potencialidades inherentes que
constituyen al ser humano en persona y que Frankl consideraba como “las dos
características antropológicas fundamentales de la existencia humana… (1992)”.
Autodistanciamiento y Autotrascendencia.

69
Autodistanciamiento

El autodistanciamiento es la capacidad específicamente humana de tomar distancia de si


mismo, de monitorear y controlar los propios procesos emotivo-cognitivos; “lo espiritual
nunca se diluye en una situación; siempre es capaz de distanciarse de la situación sin
diluirse en ella; de guardar distancia, de tomar postura frente a la situación” (Frankl,
1994a), es la manifestación de la autoconciencia que terapéuticamente es bastante útil y
se expresa a través de la autocomprensión, la autorregulación y la autoproyección,
siendo el diálogo socrático una de las principales herramientas terapéuticas y
pedagógicas para su desarrollo y movimiento (Martínez, 2011), elementos centrales que
tiene el diálogo socrático como meta (Overholser, 1996).

70
La Autocomprensión

La autocomprensión como dice Frankl se refiere “a la comprensión de sí mismo,


autocomprensión, que como decimos es inmediata e indirecta, la conciencia de sí
mismo, la autoconciencia sin más, el tener conciencia de algo que también es mediata es
de suyo intencional, y en tanto que lo es, representa un tener consciente, de modo que al
fin la autoconciencia equivale a una conciencia propiamente dicha. La intencionalidad y
la reflexividad de que acabamos de hablar son las que constituyen la doble
trascendencia de lo espiritual.” La autocomprensión es la capacidad de autoobjetivación
que se produce en la trascendentalidad reflexiva de lo espiritual, es la capacidad de ver lo
fáctico en el hombre desde aquello que le es facultativo, es la capacidad de monitorearse,
es decir, de hacerse seguimiento, de encontrarse consigo mismo; la autocomprensión es
la capacidad de verse a sí mismo en situación y en sus circunstancias particulares, es la
capacidad que tiene la persona de darse cuenta de lo que le sucede, de lo que piensa y de
lo que siente, es la posibilidad de descubrir y asumir su participación en lo que le
acontece, de revisarse atemporal y aespacialmente, de identificarse y afirmarse a sí
mismo a través del autoconocimiento. La autocomprensión no es una simple distancia de
sí, es un proceso más complejo que se da gracias al autodistanciamiento y que implica:

Evaluar lo dado a la conciencia, no solamente observándolo de forma pasiva, sino


también valorando lo visto.

Generar conexiones entre los diferentes objetos intencionales, relacionar lo que


aparece en la conciencia al distanciarse de si, generando mapas que brinden un
orden coherente o un entendimiento de lo desintegrado.

Describir lo que está en juego, seguir detalles en lo acontecido, describiendo la


vivencia, sus conexiones y valoraciones.

Aceptar lo captado, incluyendo la aceptación de lo inaceptable que puede ser lo


dado a la conciencia; aceptar no es solo reconocer lo que aparece, implica
permitir la experiencia del fluir emocional involucrado. Aceptar no es resignarse,
pues en la aceptación no se queda estancada la emoción.

La autocomprensión es una expresión auténtica de lo humano y no una expresión de la


psicopatología, pues si bien en muchos casos la hiperreflexión es común a varios
trastornos, la misma no tiene que ver con la capacidad de autocomprensión. En la
hiperreflexión el proceso de aceptar lo captado, no se da, la persona lucha y se esfuerza
precisamente para no aceptar lo dado a la conciencia, de tal forma que aunque algunas
formas de psicopatología parecieran verse mucho a sí mismos (trastorno evitativo de la
personalidad, fobias sociales, trastorno obsesivo compulsivo…etc), no siempre es una
autocomprensión, en el sentido real de lo noológico.

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Tal vez la principal herramienta en Logoterapia para movilizar este componente del
autodistanciamiento sea sin lugar a dudas el diálogo socrático, pues es socráticamente
como el logoterapeuta logra movilizar la autoconciencia del consultante para que logre
autoobjetivarse:

T: ¿En este momento que sientes con eso?


C: Me siento triste como abatido.
T. ¿Qué es sentirse abatido?
C. Como terminado.
T. ¿Te has sentido asi en otra oportunidad?
C. Claro, asi fue cuando perdi mi anterior trabajo también.

------------------------------
T. ¿Cómo actuas cuando estas en esa situacion?
C. Trato de disimular que estoy nervioso.
T. ¿Y para qué haces eso? (ingenuamente)
C. Para que la gente no se de cuenta que me da pena.
T. ¿Y qué es lo penoso de ello?
C. Es que me sudan las manos
T. ¿Hay otras circustancias en las que te pasa lo mismo?
C. Siempre que estoy en reuniones o que hay mucha gente.
T. ¿Que pasa allí en estas situaciones que te genera esa sensación?
C. Bueno, me pasa cuando me siento un poco observado
T. Entiendo, te sudan las manos porque te sientes un poco observado, sin
embargo me pregunto ¿cúal es el peligro que corres?, es decir, ¿qué crees que
podrían llegar a descubrir estas personas que te están observando?.
C. Pues que me sudan las manos…
T. Claro, pero si te sudan las manos, ¿estas personas podrían llegar a pensar que
cosas de ti?.
C. Que soy nervioso
T. ¿Y que es lo penoso de ser nervioso?
C. Que seguramente pensarán que no soy bueno en mi trabajo.

----------------------------------
T. ¿Cómo te describirían tus familiares en este momento de tu vida?
C. Creo que dirían que soy un poco tímido.
T. ¿Qué es ser un poco tímido?
C. Bueno, que casi no hablo, ni comparto mucho, no tengo muchos amigos…
T. ¿Que otras personas podrían estar de acuerdo con esto que dicen tus
familiares?
C. Mis profesores también.

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T. ¿Podría haber alguien que piense lo contrario?

El método socrático le ayuda a los consultantes a adquirir más conciencia de quiénes son
y de en que quieren convertirse, les ayuda a tener una nueva perspectiva que reduce las
reacciones emocionales maladaptativas, ayuda a simplificar las decisiones difíciles y
colabora en controlar o cambiar las reacciones ante diferentes eventos. La
autocomprensión fomenta también la autoaceptación desarrollando en los consultantes
una fuerza interior para tolerar las evaluaciones críticas pero realistas de sus propias
fortalezas y debilidades, así como promover la estabilidad emocional (Overholser,
1996), la autocomprensión es la pieza clave del diálogo socrático que predispone para la
adecuada autorregulación y autoproyección.

Algunas preguntas guía para la autocomprensión:

¿Qué te genera eso?


¿Qué estas sintiendo?
¿Qué se te ocurre en esa situación?
¿Qué es lo bueno de ello?
¿Qué piensas cuando eso pasa?
¿Cuándo piensas en ello que sientes?
¿Cuándo te pones asi que se te pasa por la cabeza?
¿Corporalmente como te pones?
¿Qué pasa en esa situación que te molesta tanto?
¿En que otras situaciones te sientes así?
¿Cómo me puedes describir esa sensación?
¿Cómo me lo describirías de otra manera?
¿Qué es lo que te duele de ello?
¿Cuál es el sentimiento que te surge?
¿Cómo empieza a darse esto?
¿Cuál es el precio que tienes que pagar por seguir así?
¿Cómo te sientes con eso?
Y cuando eso pasa, ¿qué sueles hacer?.
Y cuando reaccionas de esa manera ¿qué hacen los demas?
¿De donde sacaste que las cosas tenian que ser así?
Si le pusieras un color a tu estado de animo, ¿cuál sería?
Si te pudieses identificar con un animal en esta situación, ¿cuál sería?
¿Que metafora podrias usar para ayudarme a comprender lo que te pasa?
Si fueras un objeto de los que hay en tu casa, ¿cuál serias y por qué?.
¿Qué te dices cuando eso pasa?
Si tu vida fuese una pelicula, ¿cómo se titularía?, ¿cuál sería la trama central?
Si tu vida fuese un libro, ¿cómo se titularía el capítulo que estas escribiendo
en este momento?, que errores de redacción u ortográficos tienes?, ¿qué es lo

73
mejor de ese libro?.
¿Qué es sentirte _______?
¿Qué quieres decir con _________?
¿Qué es ser un __________?
Si fueras una canción, ¿cuál seria el coro?.

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La Autorregulación
La autorregulación es la capacidad específicamente humana de distanciarse de si para
oponerse a sus mandatos psicofísicos, expresada por Frankl al decir: “Contrariamente al
paralelismo psicofísico, hay algo que podemos llamar el antagonismo psiconoético
facultativo. Este responde a la capacidad del hombre para distanciarse de lo psicofísico.
En lugar de identificarse con los instintos, el hombre se distancia de ellos; si bien, desde
esa distancia, puede decirle si. Esto es lo que constituye en definitiva lo humano del
hombre; la posibilidad de distanciarse de los instintos y de no identificarse con ellos;
esto no puede hacerlo el animal porque, en cierto modo, ya es idéntico a sus instintos. El
animal no tiene instintos, porque es sus instintos. Por eso el animal no experimenta
ningún antagonismo, sino que vive siempre en paralelismo psicofísico desde la realidad
psicofísica unitaria. Pero el hombre empieza a ser hombre en el punto donde puede
enfrentarse a la realidad psicofísica (1994c)”. Esta autorregulación del ser humano no
es sólo interna, pues la misma también habla de la postura ante lo externo, es decir, no
solo hace referencia a la distancia consigo mismo sino también con situaciones
exteriores. La autorregulación es la capacidad de tomar distancia y regular los propios
procesos cognitivos y emotivos, de reconciliarse con lo psicofísico o de oponerse a sí
mismo si es preciso. Es la capacidad de ser proactivo y no reactivo ante los que se piensa
o se siente, es la capacidad de poder detenerse y pensarse, de poder aplazar o detener la
satisfacción de instintos, es el generador de la autodisciplina humana; en sí, es la
capacidad de ejercerse a pesar de la disposiciones o características internas.
La autorregulación es una capacidad que se da gracias a la facultad del
autodistanciamiento y que se diferencia de la “regulación” psicológica, pues la misma
se da en libertad y no de forma reactiva para preservar la identidad, como sucede en la
dimensión psicológica; es decir, la autorregulación hace referencia a la apertura de lo
espiritual para aceptar y tolerar el malestar psicofísico, sin dejarse dominar por el
mismo, ni sentirse obligado a distensionarse. La dimensión psicológica es una dimensión
cerrada cuya función es preservar la identidad de la persona, brindándole un orden lógico
y coherente a través del cual lee la realidad, sin embargo, cuando este sistema protectivo
se ha hecho rígido y se ha cristalizado, la persona espiritual no puede manifestarse,
quedando atrapada y gobernada por la voluntad de placer que intenta distensionar hasta
el mínimo movimiento emocional. La autorregulación implica:
Aceptar el malestar psicofísico y la incertidumbre sin luchar ni huir,
aumentando la tolerancia al malestar, sin entender por ello una tendencia
masoquista o de búsqueda de sufrimiento.
Oponerse si es preciso a los mandatos psicofísicos que buscan “regular” el
malestar.
Ejecutar –cuando amerite- conductas alternativas a la “regulación” de las
necesidades psicofísicas.
La autorregulación es una expresión de la capacidad espiritual del autodistanciamiento,

75
no es una represión, pues la misma se da de forma consciente, incluyendo la aceptación
de aquello a lo que se opone, así como de las pérdidas que trae cualquier elección. Es
diferente manejarse a sí mismo que reprimirse. La autorregulación es una expresión
auténtica de la espiritualidad humana y no una expresión de la psicopatología, pues si
bien en muchos casos las personas parecen regularse bastante, la autorregulación no es lo
mismo que la “regulación”. El trastorno de la personalidad obsesiva parecería
autorregularse bastante, sin embargo, sucede todo lo contrario, no es capaz de
autorregular su exceso de “regulación”; realmente en la psicopatología, no se da la
autorregulación, la persona lucha o huye intentando “regularse” el malestar que
experimenta (Martínez, 2011). En si, la autorregulación “puede ayudar a los clientes a
reducir la tendencia de comprometerse en comportamientos maladaptativos... La
persona autorregulada es capaz de mantener la flexibilidad y la espontaneidad… La
autorregulación le permite a los clientes perseguir el proyecto de vida que
racionalmente han escogido. Cuando los clientes se enfocan en el aburrimiento, la
rabia, la soledad, o el deseo sexual, es probable que la frecuencia e intensidad de estas
necesidades incremente. El regular los propios deseos no significa intentar suprimirlos
o ignorarlos por completo. De manera contraria, los clientes pueden aprender a
moderar esos impulsos enfocándose en los intereses a largo plazo, controlando
emociones específicas, y comportamientos en el camino de obtener metas de mayor
alcance” (Overholser, 1996).
El diálogo socrático posee gran potencia a la hora de introducir disonancias cognitivas
que ayuden a cambiar la actitud ante la realidad captada y a poner en duda versiones de
la realidad que han sido aprendidas a lo largo de la vida restringiendo la libertad, si bien
es posible que algunas personas para autorregularse necesiten de algunas técnicas más, el
diálogo socrático puede lograr muchas cosas por si mismo y en otros casos abonar el
terreno para poder desarrollar otros ejercicios.

T: ¿En este momento que sientes con eso?


C: Me siento triste, como abatido.
T. ¿Qué es sentirse abatido?
C. Como terminado.
T. ¿Te has sentido asi en otra oportunidad?
C. Claro, asi fue cuando perdi mi anterior trabajo también.
T. ¿Y como lograste superarlo?
C. No me pensaba echar a morir por eso.
T. Y ahora que dices que estás como terminado, quieres decir que ya no hay
nada más que hacer?
C. No… lo que pasa es que me da duro, pero la vida sigue…

------------------------------
T. ¿Cómo actúas cuando estás en esa situación?

76
C. Trato de disimular que estoy nervioso.
T. ¿Y para qué haces eso? (ingenuamente)
C. Para que la gente no se de cuenta que me da pena.
T. ¿y qué es lo penoso de ello?
C. Es que me sudan las manos.
T. ¿Hay otras circustancias en las que te pasa lo mismo?
C. Siempre que estoy en reuniones o que hay mucha gente.
T. ¿Que pasa allí en estas situaciones que te genera esa sensación?
C. Bueno, me pasa cuando me siento un poco observado.
T. Entiendo, te sudan las manos porque te sientes un poco observado, sin
embargo me pregunto ¿cuál es el preligro que corres?, es decir, ¿qué crees que
podrían llegar a descubrir estas personas que te están observando?.
C. Pues que me sudan las manos…
T. Claro, pero si te sudan las manos, ¿estas personas podrían llegar a pensar que
cosas de ti?.
C. Que soy nervioso.
T. ¿Y que es lo penoso de ser nervioso?.
C. Que seguramente pensarán que no soy bueno en mi trabajo.
T. Que curioso, no había conocido una empresa en donde la sudoración de
manos fuese un indicador del trabajo bien realizado…(irónicamente).
C. JEJEJE, no bobo, no quice decir eso, jejeje, es que….jejej.
T. ¿De dónde sacaste que no eras bueno en tu trabajo?
C. Siempre he tenido esa sensación…desde niño.
T. Si. Pero de dónde lo sacaste?
C. Supongo que de mi padre, el viejo era tan exitoso y tan descalificador…
T. ¿Y cómo has logrado a pesar de ello mantenerte en un cargo tan importante
durante tanto tiempo?.
C. Bueno, supongo que no se han dado cuenta…
T. ¿Cómo asi?, estás rodeado de gente tan poco observadora y mediocre que no
logra darse cuenta. (íngenuamente).
C. No. allí hay gente muy buena.
T. Seguramente. Por algo estás allí.
----------------------------------

T. ¿Cómo te describirían tus familiares en este momento de tu vida?


C. Creo que dirían que soy un poco timido.
T. ¿Qué es ser un poco timido?
C. Bueno, que casi no hablo, ni comparto mucho, no tengo muchos amigos…
T. ¿Que otras personas podrían estar de acuerdo con esto que dicen tus
familiares?
C. Mis profesores también.
T. ¿Podría haber alguien que piense lo contrario?

77
C. Mi exnovia.
T. ¿Y cómo lograste engañarla?
C. Es que con ella me sentía muy libre.
T. ¿Y cómo le hiciste para deshinibirte tanto?
C. Era cuestión de no pensar tanto y simplemente actuar.
T. Es un alivio saber que puedes hacerlo.

Algunas preguntas útiles para la autorregulación:

¿Cuál es el precio que estas pagando por cambiar?


¿De dónde sacas que van a reaccionar de esa manera?
Y cuándo eso pasa, ¿qué cosas diferentes puedes hacer?.
¿Cómo le haces para contenerte?
¿De donde sacaste que ________?
¿Cómo te obligas a ti mismo a___________?
Y si te sientes mal un rato ¿Cuál sería el problema?
¿Cuál es el diálogo que tienes contigo para tomar esa decisión?
¿De donde sacas la fuerza para mantenerte en tu decisión?
¿Cómo lograste superarlo?
¿Qué te detiene?
¿Cómo logras mantenerte _________?
¿Y sí regulas tu exceso de regulación?
¿Cómo así?, ¿de verdad crees que puedes obligarlo a que cambie?
¿Y si comprendes tu exceso de comprensión?
¿Cómo haces para manejar lo que sientes?
¿Cómo haces para oponerte a ese deseo?
¿Qué te dices para contenerte?
¿Cómo te atreves a contradecir lo que otros esperan de ti?
¿Y cómo hiciste para ________?
Parece que no siempre te crees esa historia, ¿cómo lo haces?
¿Cómo lograste hacerlo diferente esta vez?
¿Cómo haces para manejar lo que te genera eso a pesar de lo que piensas?.
¿Cómo logras contradecir lo que tu cabeza te presiona a hacer?
¿Y si dejaras de controlar y vivieras un poco la incertidumbre que te genera?
¿Y que es lo peor que puede pasar?.
La autorregulación se facilita a traves de la autocomprensión que le permite a las
personas ser más concientes de sus tendencias y de sus limitaciones, ayudándoles a
evaluar mejor sus situaciones de riesgo. De igual forma, la autorregulación involucra
comportarse de forma consistente con las metas a largo plazo aun cuando los factores
situacionales tienden a disparar comportamientos que serían más placenteros a corto
plazo (Overholser, 1996), dando paso así a la autoproyección.

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79
La autoproyección
La autoproyección es la capacidad de verse a sí mismo de otra manera, es la capacidad
intencional de la espiritualidad humana de dirigirse en su reflexividad hacia sí mismo y
concebirse -incluso atemporal y aespacialmente- de una forma diferente. “Y este mi ser
persona significa libertad, libertad para “convertirme en” personalidad. Ésta es
libertad de la propia facticidad y libertad para la propia existencialidad. Es libertad de
ser así y libertad para convertirse en algo diferente (Frankl, 1994c)”. Esta capacidad de
anticipación de la persona es la que le permite cambiar, le permite intuitivamente
anticipar lo que se ha de realizar. La autoproyección es la capacidad de imaginarse a sí
mismo de otra manera, de verse en el futuro siendo distinto a como se es en la
actualidad, de verse como proceso y no mero suceso, de creer y concebir que se puede
cambiar, que se puede llegar a ser mejor persona.
La autoproyección es el centro de la motivación para el cambio y la transformación, es la
puesta en marcha de una voluntad de sentido que contempla:
Elegir la versión de si mismo que se desea, sin fantasías evitativas, ni como
una forma de voluntad de placer.

Evaluar lo dado a la conciencia, observando lo que realmente implica dicha


proyección, el precio del cambio y del esfuerzo.

Generar conexiones entre lo deseado y los posibles obstáculos para lograrlo,


las pérdidas a asumir por cambiar, así como las reacciones de lo externo ante
las nuevas actitudes y formas de vida asumidas.

Describir la vivencia futura, sus conexiones y valoraciones.

Aceptar lo que puede darse y lo que no puede darse.

La autoproyección es una expresión de la capacidad espiritual del autodistanciamiento,


no es una reacción maníaca, ni una fantasía psicológica en búsqueda de distención. La
autoproyección es una expresión auténtica de la espiritualidad humana y no una
expresión de la psicopatología o un mecanismo de defensa (Martínez, 2011).
El diálogo socrático para el fomento de la autoproyección utiliza diferentes herramientas
que le permiten impactar más, es posible dejar variadas tareas, sin embargo, es el estilo
conversacional el que fija la autoproyección.
T. ¿Y cómo lograste superarlo?
C. No me pensaba echar a morir por eso
T. Y ahora que dices que estás como terminado, quieres decir que ya no hay nada
mas que hacer?
C. No…lo que pasa es que me da duro, pero la vida sigue…

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T. Si todo saliera bien… ¿Cómo te verías en unos meses?
C. Feliz, como la otra vez que pasó lo mismo.
T. ¿Qué sería verte feliz?
C. Tranquilo, con las cosas solucionadas, riéndome de lo que pasó…

------------------------------
T. Que curioso, no había conocido una empresa en donde la sudoración de manos
fuese un indicador del trabajo bien realizado…(irónicamente).
C. JEJEJE, no bobo, no quice decir eso, jejeje, es que….jejej.
T. ¿De donde sacaste que no eras bueno en tu trabajo?
C. Siempre he tenido esa sensación…desde niño.
T. Si. ¿Pero de dónde lo sacaste?
C. Supongo que de mi padre, el viejo era tan exitoso y tan descalificador…
T. Y como has logado a pesar de ello mantenerte en un cargo tan importante
durante tanto tiempo?.
C. Bueno, supongo que no se han dado cuenta…
T. ¿Cómo asi?, estas rodeado de gente tan poco observadora y mediocre que no
logra darse cuenta. (Ingenuamente).
C. No. allí hay gente muy buena.
T. Seguramente. Por algo estás allí. ¿Qué crees que sucedería si dejaras de
estar tan pendiente de si los demás están pendientes de ti?
C. Creo que me estresaría menos.
T. ¿Cómo crees que sería tu vida con un poco menos de estrés?
C. Jeje. Creo que la pasaría muy bien…
----------------------------------
T. ¿Podría haber alguien que piense lo contrario?
C. Mi exnovia.
T. ¿Y cómo lograste engañarla?
C. Es que con ella me sentía muy libre.
T. ¿Y como hiciste para deshinibirte tanto?
C. Era cuestión de no pensar tanto y simplemente actuar.
T. Es un alivio saber que puedes hacerlo. ¿Qué sería lo mejor que podría
pasar si superaras un poco tu timidez?
C. Que me iría mejor con las mujeres, jejejeje.
T. Si imagináramos por un momento que este encuentro que estamos
teniendo esta ocurriendo dentro de 2 años después de haber trabajado tu
timidez, ¿qué crees hipotéticamente que me estarías contando?.
C. Tal vez ni siquiera estaría aquí, jejeje. Bueno, estaría saludándote y
presentadote unas amigas, jejeje.

Algunas preguntas útiles para la Autoproyección:

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¿Y para qué quieres eso?
¿Cómo quisieras vivir el resto de tu vida?
Si cambiaras ¿cómo seria todo?
¿Cuál es la versión que te gustaría tener de ti mismo?
¿Vale la pena el esfuerzo por lograr eso?
¿Y para qué lo haces?
¿Para qué haces todo este esfuerzo?
¿Cómo vivirías si_______?
¿Con qué obstaculos te encontrarías para lograr esto que quieres?
¿Estas dispuesto a asumir lo que pierdes si cambias?
¿Tienes claro lo que vas a perder si decides vivir diferente?
¿Cuál es tu meta en este proceso?
¿Para qué apostarle a esto?
¿Cómo te imaginas en unos meses cuando todo esto haya pasado?
¿Qué sería lo mejor que podría pasar si superas esto?
¿De verdad quieres cambiar aunque haya gente a la que no le convenga?
¿Cómo te ves a futuro, despues de acabar este proceso?
¿Qué es lo que hay en el cambio que te motiva tanto a intentarlo?
Cuándo seas muy grande, ¿cómo le contarías a tus hijos o nietos lo que
aprendiste de esto que te pasó?
¿Cómo crees que sería tu vida con menos_________?
¿Para qué quieres cambiar?

Usualmente el enfoque del diálogo socrático está en las metas de larga duración, estando
relacionadas con los atributos personales del cliente, más que en un desempeño o éxito
financiero. Si los clientes ven que los comportamientos diarios entran en conflicto con
sus objetivos de vida, se deben motivar para cambiar esos comportamientos o reevaluar
sus metas (Overholser, 1996). La autoproyección fomenta la motivación para cambiar a
través de la movilización de la persona ante aquello que le da sentido a su vida,
dependiendo la misma de los aportes que hace la autotrascendencia. Para este punto, las
preguntas expuestas en el capítulo sobre el entrenamiento en percepción de sentido
juegan un papel fundamental.

82
Autotrascendencia
El segundo recurso Noólogico es la autotrascendencia, la capacidad intencional de la
conciencia para dirigirse hacia algo o alguien significativo, capacidad “que denota el
hecho de que el ser humano siempre apunta, y está dirigido, hacia algo más que sí
mismo, es decir a los significados de realización o a encontrarse con otros seres
humanos a quienes amar” (Frankl, 1988). La autotrascendencia, en síntesis, deriva en
capacidades que le permiten un funcionamiento pleno a la persona, por ello se puede
decir que un efecto de la autotrascendencia es la capacidad de diferenciación, es decir de
reconocer la mente del otro como legítimo otro, otra manifestación de la
autotrascendencia es su componente intencional, es decir su capacidad de estar orientado
o dirigido a eventos o personas significativas –incluso de manera aespacial y atemporal-;
así mismo, la autotrascendencia tiene efectos de afectación, pues lo que capta lo toca, le
genera resonancia afectiva, es por ello que captar referentes intencionales de sentido lo
afectan y le permiten donarse, entregarse, es decir le facilitan su capacidad de
sacrificarse, servir, entregarse a una tarea, persona o misión altruista. Al igual que en el
autodistanciamiento, el diálogo socrático es un motor para la autotrascendencia
movilizando la capacidad intencional de la conciencia para encontrar sentido.

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La diferenciación
La diferenciación es un fruto de la autotrascendencia que le permite al ser humano
encontrarse con otro ser humano, es decir, que le permite al ente espiritual “estar junto a”
otro ente de la misma clase, en palabras de Frankl: “El ente espiritual no sólo es capaz
de “estar junto a” otro ente, sino que también puede, en especial “estar junto a un ente
de la misma clase”, es decir, junto a un ente igualmente espiritual, es decir, del mismo
tipo. Este “estar junto a” del ente espiritual a otro ente espiritual, este “estar junto a”
entre entes espirituales, lo llamamos “estar junto al otro”. Resulta, pues, que el pleno
“estar junto a” se hace posible solamente y ante todo semejante “estar junto al otro”,
por consiguiente sólo entre existentes de la misma clase (1994c).” Y para que ello sea
posible, es necesario desplegar la capacidad de reconocer al otro como un legítimo otro,
es decir, la capacidad de diferenciar entre el yo y el tu, sin que medie ningún concepto
teórico (Buber, 1998).
La capacidad de diferenciación le permite a la persona no fundirse en el otro, generar
vínculos auténticos, obtener soporte social y convivir de una forma adecuada; la misma
implica:
Reconocer qué es lo propio y lo ajeno, qué características le pertenecen a la
persona y cuáles son “prestadas”, manteniendo límites interpersonales
adecuados.
Respetar las emociones de los otros, sin personalizar ni sentirse atacado,
permitiéndoles ser.
Describir lo propio y lo personal.
Mantenerse en la autenticidad sin permitir que el contexto lo absorba.

Un ejemplo de diálogo con diferenciación:

C. Es que siento que él no me ama tanto como yo a él.


T. A que te refieres con que no te ama tanto, podrías ser un poco más específica?
C. Bueno, es que él para mi es una prioridad, yo quisiera estar todo el tiempo con
él y poder hablar más seguido por teléfono pero parece que el prefiere otras
cosas.
T. Así es que si el quisiera estar todo el tiempo contigo y hablase por teléfono
todas las veces que tu quisieras, te sentirías realmente amada?
C. Si, así es.
T. Ó sea que si él no fuese él, sino más bien fuese una réplica tuya, tu te sentirías
amada.

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C. Bueno, yo tampoco quiero que sea igual que yo.
T. y por que no?.
C. Hay cosas que son sólo mías y que no me gustaría que él tuviera.
T. ¿Por ejemplo?
C. Bueno, yo soy un poco acelerada y estresada.
T. Ah! Entiendo, tu también tienes tus cosas. ¿Qué pasaría si además de el amarte
a su manera, también fuese acelerado y estresado?.
C. Creo que ya hubiéramos roto.
T. Realmente es un alivio que sean diferentes.

Algunas preguntas útiles para la diferenciación


¿Qué has tomado prestado de relaciones anteriores?
¿De dónde sacaste que las cosas tienen que ser de esa manera y no de otra?
¿Para qué evitas que el otro piense por si mismo?
¿Qué es lo que ganas con no permitirle que se sienta mal?
¿Lo obligas a que lo haga aunque el no quiera hacerlo?
¿De verdad crees que lo puedes obligar a que te quiera?
¿Cómo llegaste a la conclusión de que las personas deben actuar igual que tú?
¿Realmente crees que esa es la única forma de hacer las cosas?
¿Podrías conformarte con que ella simule que disfruta ir a esos lugares?
¿Qué pierdes si lo dejas ser?
¿Qué te asusta o preocupa de los sentimientos que él tiene?
¿Qué es exclusivamente tuyo?
¿Qué metas diferentes e individuales tienes?
¿Qué rebeldía sana utilizas para no fundirte con el otro o con el contexto en el
que estás?
¿De dónde sacaste que pensar de esa manera es la única posibilidad?
¿Qué cosas no te gustan de tu pareja pero las respetas profundamente?
¿Qué tendrías que hacer para ser terco con tu terquedad?
A parte de descalificar, ¿de qué otra forma podrías expresar tu desacuerdo?
¿Qué es lo que tanto te cuesta aceptar?
¿En realidad crees que es posible encontrar personas que sean exactamente
como tú?

85
La Afectación
La afectación es ese impacto emocional que se produce cuando “estas junto a” un valor o
al sentido, es la capacidad de dejarse tocar por el valor o el sentido captado, de resonar
afectivamente en su presencia, es la capacidad de vivir esa tensión entre el ser y el deber-
ser, tensión y resonancia que es más fuerte cuando más alto es el valor o el sentido que
atrae. La afectación es un resultado de la noodinamia, entendida por Frankl (2001) como
“la dinámica en un campo de tensión, cuyos polos están representados por el hombre y
el sentido que le requiere” y cuando esta tensión se produce, la misma está dada por la
atracción que ejerce el sentido sobre la persona, es decir, por la afectación que ésta
recibe. Ya se ha dicho que la autotrascendencia es la capacidad intencional de la
conciencia de dirigirse a objetos intencionales como el sentido y los valores, así como a
otro ser humano con quien se encuentra e incluso llega a amar; la afectación no sólo se
da en el terreno de los valores y el sentido, por supuesto, el ejemplo más fuerte se da en
aquello que llamamos a-mor, sin-muerte, en eternidad, es decir siempre presente,
atemporal y aespacialmente junto a otro ser de la misma índole.
La afectación es una percepción afectiva que impacta a la persona moviéndola
internamente, algunos ejemplos del diálogo socrático para movilizar la afectación se
plantean en el capítulo siguiente sobre el entrenamiento en percepción de sentido,
especialmente el punto correspondiente a la percepción afectiva.

86
La entrega
El ser humano no sólo se deja afectar por el sentido o por otro ser humano, la afectación
invita a la acción, a la entrega, es decir a la realización del sentido, pues como dice el
fundador de la Logoterapia en su libro psicoterapia y existencialismo: “Me parece
completamente obvio que la autoactualización es un efecto y que no puede ser objeto de
la intención. Se refleja en este hecho la verdad antropológica fundamental de que la
autotrascendencia es una de las características de la existencia humana. Sólo en la
medida en que el hombre se aparta de sí mismo en cuanto deja de lado los intereses y la
atención egoístas consigue un modo auténtico de existencia (2001)”, es decir, sólo
olvidándose, pero diferenciándose de el otro o lo otro (capacidad de diferenciación),
captando el sentido y los valores, así como otros seres humanos, a través del percibir
afectivo que te toca, te llama, te atrae en un campo de tensión denominado noodinamia
(capacidad de afectación), el ser humano se actualiza a sí mismo, sale de si hacia algo
que no es el mismo, captándolo y dejándose tocar para realizar el sentido (capacidad de
entrega).
El diálogo socrático para la movilización de la capacidad de afectación y de entrega son
ejemplificados en el Entrenamiento en Percepción de Sentido y en el Modelo de Toma
de decisiones que se expone a continuación, siendo estas capacidades un factor
diferencial con otras formas de psicoterapia, pues es el tema del sentido el énfasis
principal –aunque no exclusivo- de la Logoterapia de Frankl.

87
8. ENTRENAMIENTO EN PERCEPCION DE SENTIDO Y EN TOMA DE

DESICIONES [4].
En la psicoterapia escuchamos frases como “mi vida no tiene sentido”, “es que no me
hallo, no me encuentro”, “me desconozco”, “me siento vacío”, reflexiones que no
siempre tienen que ver con problemas psicopatológicos, sino más bien con crisis
existenciales en donde las personas están evaluando su vida fruto de un golpe del
destino, un cambio fuerte de contexto (del colegio a la vida laboral, un divorcio, la
jubilación…), la confrontación con la vulnerabilidad o un cuestionamiento ontológico
sobre el sentido del ser. Estas reflexiones en algunos casos se transforman en preguntas
que atormentan la vida e invitan a la fuga de sí mismos en el suicidio o a la búsqueda
desesperada de algún sentido aparente y pasajero como las drogas, las compras, la
necesidad enfermiza de compañía u otros distractores de las preguntas fundamentales de
la existencia. El entrenamiento en percepción de sentido es un método
fundamentalmente socrático que requiere, en principio, entender que es eso del sentido
de vida (Martínez, 2009).
El sentido tiene diferentes acepciones, para algunos es tener una dirección o una meta en
la vida, pues las metas nos ubican y nos dan un camino, una dirección; sin embargo, el
sentido en parte nos da eso, pero el sentido no es sólo eso, el sentido es mucho más que
un objetivo en la vida, mucho más que una dirección hacia una meta. Para otros el
sentido es un sentimiento, pero el sentido no es sólo algo que sentimos con relación a
algo, el sentido es mucho más que eso, el sentido no es sólo una percepción afectiva de
algo, también es un significado cognitivo.
El sentido también puede entenderse como algo que le brinda lógica o coherencia a la
persona, y en parte es cierto, pues el sentido brinda coherencia, unidad, ubicación, pero
no todo lo que parece lógico necesariamente llena la vida de sentido; por esto, el sentido
no es sólo lógica, es mucho más que eso, hay cosas que son seriamente psicopatológicas
y al mismo tiempo egosintónicas, así es que puede que le den sensación de identidad a
una persona, pero significado no es lo mismo que sentido, en otros términos: ¿qué
significa modorra?, pues “significa pereza” y eso, no necesariamente le da sentido o
plenifica mi vida, es decir, no todo lo que interpretamos nos llena de sentido; el sentido
no es una simple interpretación: dos más dos son cuatro, y aunque yo interprete que son
cinco, no necesariamente es así. Sin embargo, el sentido es un significado personal, pero
es mucho más que una interpretación; por decirlo de alguna manera, es una
interpretación correcta en la perspectiva correcta, entendiendo lo correcto como lo que
más vida construye y no necesariamente como lo más placentero o lo que a mí se me
ocurre. Es decir, el sentido es la opción más valiosa en un contexto más amplio del que
estoy.
Finalmente, sentido no es sólo placer, hay muchas cosas que dan placer y no dan sentido;

88
las adicciones son un buen ejemplo de ello: aunque las mismas brindan placer no dan
sentido, podrán dar significado, pero no dan sentido. De igual forma, hay muchas cosas
en la vida que no dan placer e incluso generan algo de inconformidad, de sufrimiento, y
a pesar de ello brindan sentido. Un buen ejemplo de ello es el proceso de gestación
humana y el parto que nos trae a la vida: no da placer, genera incomodidad y dolor, pero
llena la vida de sentido; la vida está llena de estos ejemplos, sacrificios en búsqueda de
metas, tratamientos médicos, superación de problemas, son experiencias que dan sentido
a pesar de la falta de placer que producen y del sufrimiento que las acompaña. El
verdadero sentido da un tipo de placer especial, un placer de gozo que se produce como
efecto de alcanzar un sentido (Martínez, 2009).
En la actualidad, el sentido de la vida posee gran vigencia en el ámbito psicológico e
investigativo, existen decenas de instrumentos de evaluación (Martínez, 2011) y un gran
numero de investigaciones que relacionan el sentido de la vida con el bienestar, el afecto
positivo, el adecuado afrontamiento y la felicidad (Greenglass y Fiksenbaum, 2009, Pan,
Keung Wong, Wan Chan y Joubert, 2008, Vella-Brodrick, Park y Peterson, 2009,
Peterson, Park y Seligman, 2005, Folkman y Moskowits, 2000, Krok, 2008, Schnell y
Becker, 2006, Adler y Fagley, 2005, Ho, Cheung y Cheung, 2010).

89
¿Qué es entonces eso que llamamos sentido?
El sentido es la percepción afectiva y cognitiva de valores que invitan a la persona a
actuar de un modo u otro, ante una situación particular o la vida en general, dándole a la
persona coherencia e identidad personal (Martínez, 2007, 2009, 2011).
La percepción afectiva hace referencia a una vivencia emocional, es decir, no es una
simple experiencia de algo que pensamos o sucede, es una experiencia con significado
personal; sin embargo, ya vimos que sentido no es solamente significado pues yo puedo
interpretar cualquier cosa de cualquier situación, por ello para que sea percepción
afectiva tiene que generar resonancia interna (hacer eco en mi interior), esa experiencia
de algo que se piensa, que pasa, que sucede o podría suceder, me toca, me llama, entra
en mí y genera vibración, resonancia afectiva, resuena emocionalmente conmigo,
brindándome gozo y plenitud vital como forma especial de placer. Ahora bien, hay que
recordar que sentido no es solamente sentimiento o emoción, pues el sentido es
percepción afectiva y cognitiva, es decir, también es un significado que me brinda
dirección, que me orienta en un hacia donde, en una meta por cumplir, en un sueño por
lograr. La percepción cognitiva es una lógica especial que me da unidad, me da
coherencia, me encuentra y me integra con un camino iluminado por valores; percepción
afectiva y cognitiva son una misma función de mi espiritualidad, de mi conciencia que
para captar el sentido necesita de la integración afectiva y cognitiva de esta función, pues
cuando funcionan por separado, el sentido no es completo.
El sentido es la percepción afectiva y cognitiva de valores, es la percepción de bienes
en donde están depositados valores, es decir, para que yo vea un valor, este tiene que
estar depositado en algo y esos “algos” en donde se depositan, los llamamos bienes, pues
los valores son buenos; si fueran antivalores serían malos y se depositarían en algo que
llamaríamos males[5]. Un ejemplo que nos ayuda a entender esto es el de los colores:
para que yo vea el rojo, este tiene que estar en una tela roja o en un auto rojo, no está
solo e independiente aunque exista el concepto; para que yo vea el azul este debe estar
en una camisa azul o en un libro azul. De igual forma sucede con los valores, no vemos
la justicia, pero sí vemos personas justas; no vemos la fe, pero vemos actos de la misma.
Esta percepción resuena afectivamente en mí y sé que es buena para mi vida porque
construye vida. Es por ello que el sentido no es algo que daña o hace mal, pues el sentido
tiene que ver con la percepción de bienes donde hay valores y no de males donde hay
antivalores. El sentido de la vida de alguien –a pesar de su lógica particular o de la
individualidad del sentido de cada quien- no puede ser drogarse o asesinar, pues como su
nombre lo dice, el sentido de la vida tiene que ver con la vida y no con su pérdida o lo
que la dañe. Es posible que algunas personas interpreten su vida de esta forma, pero ya
vimos que el sentido no es tan solo una significación, no es simplemente una
interpretación. Los valores no hacen referencia exclusiva a lo ético, pues existen una
gran cantidad de valores que llenan la vida de sentido, están los valores estéticos, los
económicos, los religiosos, los intelectuales y muchos otros que pueden depositarse en
bienes culturalmente establecidos.

90
El sentido es la percepción afectiva-cognitiva de valores que invitan a la persona, es
decir, el sentido y los valores atraen a la persona, no la empujan; el sentido es algo que
se percibe en todo el ser, resonando en mí afectivamente, dándome coherencia, unidad,
integración, dirección hacia una meta que me hala, me llama con nombre propio y me
invita, me toca y me convoca a ella. Muchas veces experimentamos resonancias
afectivas, sentimos que algo nos mueve por dentro, sin embargo, hay que recordar que el
sentido no es solo emoción, pues muchas veces circunstancias psicológicas internas nos
ayudan a emocionarnos con algo que no necesariamente es el sentido, pues no es algo
que me llama y me invita sino más bien algo que me empuja; un buen ejemplo de ello es
la reflexión acerca de lo que siento y pienso de una persona, pues cuando capto sentido a
través del amor que tengo por alguien, es porque los valores y el sentido de lo que hay en
ella me llaman y no porque mi miedo a la soledad me empujan hacia ella. El sentido
atrae y no empuja, la adicción no es sentido porque me empuja, el síndrome de
abstinencia, la dependencia afectiva no es sentido porque me empujan mis dificultades
psicológicas, el orden extremo no necesariamente es sentido porque en ocasiones son las
obsesiones las que me empujan, aunque al ordenar experimente unidad y coherencia.
Que algo sea egosintónico momentáneamente no quiere decir que debamos confundir un
síntoma con el sentido de la vida.
El sentido es la percepción afectiva-cognitiva de valores que invitan a la persona a
actuar de un modo u otro, es decir, para que el sentido sea sentido, debe conducir a la
acción, pues de no ser así quedarán opciones de sentido no realizadas que en ocasiones
se convierten en culpas existenciales o en asignaturas pendientes. Elegimos según el
sentido que hallamos en las diferentes situaciones, sin embargo, la conciencia a veces
nos guía a error si no tenemos claro qué es eso del sentido, eligiendo en ocasiones en su
contra y desarrollando sensaciones y pensamientos de extravío, de autodesconocimiento
y extrañeza, diciéndonos cosas como “no me hallo”, “me desconozco”, “no sé porque
actúo así”, “me siento incoherente”, “no se para donde voy”. El sentido se da en libertad;
para acceder al sentido hay que asumir la libertad y la responsabilidad que esto implica.
El sentido es la percepción afectiva-cognitiva de valores que invitan a la persona a
actuar de un modo u otro ante una situación particular o la vida en general. Existe
el sentido en la vida o del momento y existe el sentido de la vida; el sentido en la vida es
el sentido situacional, el sentido oculto en cada momento que vivimos, el sentido del
momento es la percepción afectiva-cognitiva que capto en un momento específico y que
muchas veces marca vivencialmente un hacia donde del camino que voy recorriendo o
brinda una luz para iniciar un nuevo camino que conduzca al sentido de la vida o más
bien de mi vida; es decir, en los diferentes momentos de la vida descubro sentido,
encuentro sentido en el hijo que tendré, en la persona que conocí y me entusiasma, en
aquello que aprendo, en un paisaje que observo, en fin, encuentro sentido en lo
cotidiano; dichas vivencias de sentido van configurando el sentido de la vida como un
continuum de sentidos en la vida, es decir, el sentido de la vida es un gran faro que se
actualiza y se renueva constantemente y que mantiene la esperanza en su existencia a

91
través de sus huellas (sentidos en la vida) y añorando que al final de la vida se haya
logrado. El sentido de la vida, es en cierta forma, la sumatoria de los múltiples sentidos
en la vida que han sido descubiertos. Algunas personas no encuentran sentido en sus
vidas, sin embargo, eso jamás querrá decir que la vida no tiene sentido, tan solo dice que
en ese momento esta persona no encuentra sentido y debe trabajar por hallarlo.
El sentido es la percepción afectiva-cognitiva de valores que invitan a la persona a
actuar de un modo u otro ante una situación particular o la vida en general dándole
a la persona coherencia e identidad personal. Como algunos filósofos lo afirman,
somos la causa que abrazamos, el sentido brinda unidad e integración, nos ubica y nos
encuentra con nosotros mismos, nos hallamos cuando sentimos compaginación con esa
percepción afectiva-cognitiva de valores en medio de las situaciones de la vida, nuestra
identidad alcanza su mejor expresión, su mejor versión de sí mismo; Ana camina hacia
la Anitud, Juan hacia la Juanitud, Pablo hacia la Pablitud, viviendo la resonancia afectiva
que genera la invitación que el sentido hace, eligiendo el camino que traza al seguir las
huellas del sentido y afirmando Yo soy yo y esta es mi causa.

92
Entrenamiento en percepción de sentido
El sentido del momento y de lo cotidiano esta allí aguardando a ser descubierto, pero
para ello se requiere de cierta disposición, de cierta apertura para captarlo, hay que afinar
la conciencia (Bruzzone, 2008) para percibirlo y entrenarse en ello, siendo para ello
construido este método de naturaleza socrática. El EPS (Entrenamiento en Percepción de
Sentido) se desarrolla a través de cuatro momentos:
1. Percepción afectiva.
2. Percepción cognitiva.
3. Captación de valor.
4. Atracción del valor.

Descripción de los momentos


1. Percepción afectiva
Dentro de las cosas que el consultante capta ¿hay alguna opción que le emocione?,
¿hay alguna opción que prefiera y que no desee postergar?, ¿hay alguna posibilidad
que le genera enamoramiento en lugar de rechazo?. El primer paso, es un momento
centrado en identificar la emocionalidad despertada por la presencia del sentido, es
un momento que intenta describir la resonancia afectiva. Dentro del mundo de lo
posible se descubren las opciones que mueven a la persona, el tipo de emociones que
se le generan y se profundiza en las sensaciones que permiten generar asociaciones
entre la presencia del sentido y el emocionar particular. La conciencia es el órgano
del sentido y el mundo emocional la prueba de la presencia o ausencia de los valores;
para Víktor Frankl, lo emocional era lo más profundo de lo humano y aunque es
prereflexivo y tan solo consciente a posteriori, el movimiento orgánico del emocionar
particular, se convierte en un sentimiento en la dimensión psicológica tras la
reflexión pertinente, dejándonos acceder al mundo de los valores por una ruta
diferente a la razón, pues como dice Pascal, el corazón tiene razones que la razón no
puede entender.
La emocionalidad es el correlato subjetivo de los valores y el sentido, que
dependiendo de la altura del valor serán captados por la emoción pura que mueve lo
orgánico, por el sentimiento que mueve lo psicológico o por lo espiritual que se
siente llamado. Es decir, lo biológico te alerta de la presencia o ausencia de un valor,
lo psicológico te preserva incorporando los valores que refuerzan la identidad o
haciéndote consciente de lo que va en su contra, lo espiritual te abre al mundo y
realiza la existencia, prefiriendo o postergando aquello que va en contra o a favor de
la vida.
Cuando una persona percibe que lo más valioso en su vida esta siendo amenazado y
que existe la posibilidad de ser aniquilado, de dejar de ser, se da una alerta emocional
e incluso química-corporal que le produce angustia y que a posteriori será llamada

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psicológicamente miedo, ansiedad, desazón, inquietud, etc. Cuando una persona
percibe que lo más valioso en su vida no está siendo amenazado sino que directa y
explícitamente esta siendo destruido y aniquilado, se da una alerta biológica que le
produce rabia y que a posteriori será llamada psicológicamente ira, molestia,
intranquilidad, enojo, furia, indisposición, etc. Cuando una persona percibe que lo
mas valioso en su vida no esta siendo amenazado ni destruido, pero que de forma
natural a finalizado su existencia, se da una alerta biológica que lo acongoja
produciéndole tristeza y que a posteriori será llamada psicológicamente pesar,
congojo, nostalgia, etc.. Finalmente, cuando una persona percibe que lo más valioso
en su vida no esta siendo amenazado ni destruido y mucho menos ha dejado de
existir, sino que mas bien está presente ante mi en todo esplendor, se da una alerta
biológica que le produce alegría y que a posteriori será llamada psicológicamente
felicidad, dicha, éxtasis, etc.
Por supuesto, lo anterior se evidencia cuando la emocionalidad funciona de forma
adecuada, pues es posible que pierda a un ser querido de forma natural y en lugar de
tristeza sienta primero rabia (tal vez no sienta que fue natural, sino que Dios me lo
aniquiló o que la persona de adrede se destruyó a si misma) y solo a posteriori los
sentimientos de la tristeza. Es posible que ante la amenaza de algo valioso en lugar
de angustia sienta primero rabia (tal vez creo que debo atacar y mostrarme fuerte ante
todo lo que se acerque para proteger lo valioso) y solo a posteriori experimentar los
sentimientos de angustia, o es posible que en lugar de angustia sienta tristeza (tal vez
creo que no hay nada que hacer y que no puedo ni siquiera luchar). Lo importante en
este punto de la llamada percepción afectiva es que se pueden rastrear los valores a
partir de la subjetividad emocional que experiencia el consultante, contemplando
bien sea los semáforos biológico-corporales o los sentimientos psicológicos que se
plantean. La pregunta básica de este momento es: ¿esto que capto me emociona? A
continuación se expone un breve ejemplo de conversación socrática:

Pregunta de sentido: ¿Esto que capto me emociona?


Facilitador: Veo que tus ojos y tu voz cambian cuando me cuentas eso, ¿qué
estas
sintiendo?
Consultante: Me siento bien de volver a la universidad.
Facilitador: ¿Y qué es sentirte bien?, ¿cómo es eso?...
Consultante: Pues, me siento contento, satisfecho.
Facilitador: ¿Y qué es estar contento?
Consultante: Pues complacido, me emociona verlos…
Facilitador: ¿Podrías describirme la sensación?
Consultante: Me siento como completo, tranquilo, como descargado…

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En este punto se debe tener en cuenta que no todo lo que emociona brinda sentido y que
incluso en ocasiones la psicopatología desvía y genera percepciones que no tienen que
ver con el sentido, aunque si con un impacto emocional, es allí cuando se debe tomar la
opción de proponerle al consultante trabajar psicoterapéuticamente antes de continuar
con este proceso de entrenamiento en percepción de sentido. Por otro lado, algunos
consultantes tienen un procesamiento de la información que los hace excesivamente
racionales y con dificultad para acceder a su mundo emocional, motivo por el cual es
posible que se deba iniciar con ellos por el segundo momento que se describe a
continuación y sólo después acceder al primer momento.

2. Percepción cognitiva

Estas opciones que le entusiasman ¿son buenas para la persona?, ¿le traen algún
beneficio?, ¿le son útiles?. Este es el segundo paso, dentro del mundo de lo
posible, dentro de lo que la persona capta, le ayudo a descubrir cuál es la opción
más buena para ella o si esto que capta es una buena opción, una opción útil que
además de generarle un emocionar particular le permite descubrir beneficios, le
traen algún tipo de ganancia. La percepción cognitiva tiene que ver con el
significado, es decir, con algo que casa con la persona, que tiene que ver con ella,
que lo identifica y le parece lógico. La percepción cognitiva son los pensamientos
y significados despertados por la presencia de un valor o algo valioso para la
persona, en ocasiones es una reflexión a posteriori de un impacto emocional,
aunque en algunas personas con dificultades para acceder a su mundo interno
puede ser la primera opción de ingreso al método.

Pensamos sobre lo que pensamos, sobre lo que sentimos y lo que captamos


intencionalmente, bien sean objetos internos o externos, reales o ideales, pero
interpretamos todo; dichos significados pueden ser importantes para la persona o
simplemente para nada valiosos, la percepción cognitiva permite evaluar dentro
de las opciones captadas cual de ellas es importante y se acomoda con la
configuración de la persona, es decir, cual es la ficha del rompecabezas que casa
en ese contexto mayor que llamamos vida. La pregunta básica de este momento
es: ¿esto que percibo es bueno para mi?. A continuación se expone un breve
ejemplo de conversación socrática:

Pregunta de sentido: ¿Esto que percibo es bueno para mí?


Facilitador: ¿Qué cosas se te pasan por la cabeza con todo esto que estás
viviendo?
Consultante: Pues que me dan más ganas de seguir cambiando.
Facilitador: ¿Y para qué cambiar más?

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Consultante: Para seguir así de bien con todos.
Facilitador: ¿Y qué es lo bueno de eso?
Consultante: Pues todo, pues que eso me llena de ganas.

En este momento del proceso es importante recordar que no toda interpretación que
hacemos plenifica la vida o la llena de sentido, es decir, sentido no es igual a significado
dentro del contexto que se esta planteando. El sentido siempre será un significado, pero
no todos los significados brindan sentido vital, por lo tanto es necesario estar alerta a que
dichos significados no sean expresiones psicopatológicas o debeismos impuestos como
mandatos que le impiden a la persona permitirse-ser y la obligan a llevar su
emocionalidad por aparte de sus significados, en estos casos tal vez la persona requiera
trabajar un poco psicoterapéuticamente estos temas antes de continuar avanzando en el
proceso de entrenamiento.

3. Captación de valor

Esta opción que le emociona y que puede verse como beneficiosa para la persona
¿es un valor o un antivalor?, ¿Es una valoración que construye vida o va en
contra de la misma?. Este es el tercer paso, dentro de lo que la persona capta se
descubren valores, facilitando el proceso a través de preguntas socráticas
dirigidas a determinar ¿qué tanto le hace bien a la persona?, ¿qué tanto es lo
mejor para el contexto en el que la persona esta inmersa?, ¿qué tan profundo y
durable es la experiencia de cumplimiento en la realización del valor?, ¿qué tanto
es lo más valioso posible en esta circunstancia particular?, ¿qué tan elevado es
este valor dentro de la jerarquía personal de valores que tiene?[6]. La pregunta
básica de este momento es: ¿esto que capto construye vida?. A continuación se
expone un breve ejemplo:

Pregunta de sentido: ¿Esto que capto construye vida?


Facilitador: ¿Y que tengas ganas y que te sientas satisfecho a quien le sirve?
Consultante: Pues a todos.
Facilitador: ¿Podrías darme algunos ejemplos?
Consultante: Mi papa está más tranquilo, mis hermanos contentos, yo feliz…
Facilitador: Y dentro de las posibilidades que tienes, ¿hay algunas que podrías
desarrollar que sean mucho mejor que esta que estás haciendo?
Consultante: Pues en este momento no creo…
Es importante para el facilitador recordar que no todo lo que emociona a alguien y no
todo lo que una persona cree que es bueno para si da sentido; para que de sentido, debe

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emocionar, debe ser bueno para la persona, pero además debe construir vida, es decir
debe ser la opción más valiosa en un momento dado y para que algo sea un valor debe
construir vida, no ir en contra de ella o intentar destruirla, así es que si en este punto se
cae la huella de sentido que se estaba proponiendo, se deben buscar huellas paralelas que
si cumplan el requisito, se deben formular preguntas como: ¿Y qué otras opciones te
podían dar sentido en esa situación?, ¿qué otras acciones tendrían esa posibilidad? e
iniciar nuevamente el análisis con cada una de las preguntas de sentido. Sin embargo, si
esta huella construye vida, procedemos con el siguiente momento del proceso.

4. Atracción del valor

En esto que le emociona, que le parece lógico y que sé reconoce como un


valor, ¿hay algo que siente allí que le llama?, ¿hay una sensación inexplicable
de encontrar allí algo?, ¿qué es lo que hay allí depositado que atrae a la
persona?, ¿qué es lo que lo invita?. Dentro del mundo de lo posible se
descubre y se describe que hay algo allí que invita a actuar a la persona. ¿qué
acciones específicas le pide la vida que realice?, ¿a qué cosas esta siendo
invitada la persona?. El sentido sin acción es mera reflexión vacía que con el
tiempo aumenta la frustración, como se dijo en líneas anteriores, somos la
causa que abrazamos. En este momento se contempla la sensación de libertad
para dirigirse hacia un contenido significativo y se le ayuda a la persona a que
experimente la atracción que surge de la presencia del sentido, invitándole a la
acción. La pregunta básica de este momento es: ¿siento que algo allí me
llama, me atrae?. A continuación se expone un breve ejemplo:

Pregunta de sentido: ¿Siento que algo allí me llama, me atrae?


Facilitador: ¿Qué estas encontrando allí en esa elección que te atrae tanto?...
Consultante: Pues, que podré retomar el camino que llevaba antes.
Facilitador: ¿Y en que notas eso ahora?
Consultante: En que de sólo pensarlo siento como mariposas, como que me
ahogo…
Facilitador: ¿Y que acciones concretas debes emprender para realizar esto?

Los cuatro momentos del método de entrenamiento en percepción de sentido llevan


cierto orden lógico, pero el mismo debe entremezclarse en diferentes momentos como se
muestra a continuación:
Consultante: Estoy feliz por ver como estoy de bien con mi familia.
Facilitador: ¿Cómo vives esta huella de sentido?, ¿que sientes?...(percepción
afectiva).

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Consultante: Pues, me siento contento, satisfecho.
Facilitador: ¿Y qué es estar contento? (percepción afectiva).
Consultante: Pues complacido, me emociona verlos…
Facilitador: ¿Podrías describirme la sensación? (percepción afectiva).
Consultante: Me siento como completo, tranquilo, como descargado…
Facilitador: Si me lo pudieses describir corporalmente ¿cómo es esa sensación?
(percepción afectiva).
Consultante: Es como si me expandiera y me inflara.
Facilitador: Y cuando te percibes así, expandido, ¿qué cosas se te pasan por la
cabeza? (percepción cognitiva).
Consultante: Pues que me dan más ganas de seguir cambiando.
Facilitador: ¿Y para qué cambiar más? (percepción cognitiva).
Consultante: Para seguir así de bien con todos.
Facilitador: ¿Y qué es lo bueno de eso? (percepción cognitiva).
Consultante: Pues todo, pues que eso me llena de ganas.
Facilitador: Y si la sensación es de expansión y lo bueno de seguir cambiando es
que te llena de ganas, ¿te dan ganas específicamente de qué? (atracción del valor).
Consultante: De seguir bien con mi familia y con todos en general.
Facilitador: Podrías ser un poco más específico ¿qué es seguir bien…?
(percepción Cognitiva).
Consultante: Cumplir horarios, compartir la cena, contarles cosas, preguntarles
por sus días, acordarme de las fechas, incluso tener contacto físico que me
costaba mucho antes.
Facilitador: ¿Y qué tengas ganas y que estés bien con tu familia a quién le sirve?
(Captación de valor).
Consultante: Pues a todos.
Facilitador: ¿Podrías darme algunos ejemplos?
Consultante: Mi papá está más tranquilo, mi mamá menos enferma, mis hermanos
contentos, yo feliz…
Facilitador: ¿Cuando los ves así que sientes? (percepción afectiva).
Consultante: Que todo esto ha valido la pena, me lleno de alegría.
Facilitador: Y dentro de las posibilidades que tienes, ¿hay algunas que podrías
desarrollar que sean mucho mejor que esta que estás haciendo? (atracción de
valor).
Consultante: Pues no creo… irme de la casa que era otra de las opciones, ya no
tiene sentido.

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Toma de decisiones con sentido
El Entrenamiento en Toma de Decisiones con Sentido incluye el proceso socrático
anterior de percepción de sentido, adicionando dos pasos más:
1. ¿Esto que capto me emociona?
2. ¿Esto que percibo es bueno para mí?
3. ¿Esto que capto construye vida?
4. ¿Siento que algo allí me llama, me atrae?
5. ¿Entre las opciones que ves en este momento, esta es la que más cumple
las cuatro preguntas anteriores?

Facilitador: ¿Entre las opciones que ves en este momento, esta es la que más
cumple todo lo que hemos hablado?
Consultante: Totalmente.

6. ¿Esta elección quiero que sea la que me define en este momento de mi


vida?.

Facilitador: Así es que te ves dentro de poco graduándote de administrador de


empresas?
Consultante: Como uno de los mejores.
Facilitador: Así que en un futuro ¿qué podrían esperar las empresas de ti?
Consultante: Podrán esperar alguien que sabrá como orientarlos…
Facilitador: Si te imaginas unos segundos así a futuro, podrías contarme que te
hace sentir eso?
Consultante: Mucha satisfacción.

El objetivo de este estilo de conversación socrática esta en lograr que la persona en


proceso de búsqueda de sentido interiorice y sea capaz de realizar los siguientes
pasos y de preguntarse:
1. Primer paso. ¿Esto que capto me emociona?

Dentro del mundo de lo posible ¿hay alguna opción que me emociona?, ¿hay
alguna opción que prefiera y que no desee postergar?, ¿hay alguna posibilidad
que me genera enamoramiento en lugar de rechazo?. Como ya es sabido, el
sentido es un percibir afectivo, es una opción que captamos y nos genera
resonancia afectiva, nos mueve por dentro, nos emociona. Al finalizar mi
escuela, en el mundo de lo posible existe la medicina, el derecho, la psicología
y las finanzas, y es el momento de elegirme por una de ellas, descubro que
me emociona más el derecho y las finanzas, y me siento lejos de la medicina y
de la psicología. Este es el primer paso, dentro del mundo de lo posible descubro

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las opciones que me mueven. En este punto puedo utilizar preguntas de
percepción afectiva, utilizar las cosas aprendidas y descubiertas en el continuum
de sentido, puedo usar procesos de imaginería, entre otros.

2. Segundo paso. ¿Esto que percibo es lo más bueno para mí?

Esto que me emociona en el mundo de lo posible, estas opciones que me


entusiasman ¿son buenas para mí?, ¿me traen algún beneficio?, ¿me son útiles?,
¿cuál es la más buena para mí?. El derecho y las finanzas son buenos para mí,
pero son mejores las finanzas pues yo tengo buena memoria y he sido bueno
en matemáticas. Este es el segundo paso, dentro del mundo de lo posible
descubro cual es la opción más buena para mí; en este punto puede utilizar
preguntas de la percepción cognitiva, así como la exploración de diferentes áreas
de sentido como se exponen en el anexo.

3. Tercer paso. ¿Esto que capto construye vida?

Esta opción que me emociona y que se que es buena para mí ¿es un valor o un
antivalor?, dentro de las opciones que hay, ¿es el valor más elevado?. Las
finanzas son una buena opción porque allí se combinan valores vitales como
los económicos y valores éticos como la honestidad. Este es el tercer paso,
dentro del mundo de lo posible descubro cual es la opción que contiene los
valores más elevados o qué valores puedo desarrollar en ese contexto.

4. Cuarto paso. ¿Siento que algo allí me llama, me atrae?

En esto que me emociona, que se que es bueno para mí, que es un valor, ¿hay
algo que siento que me llama?, ¿hay una sensación inexplicable de encontrar allí
algo?. Me imagino manejando las finanzas de una compañía, creando
modelos que ayuden a tener mejores ganancias y rendimientos a las
personas, me veo como un gran financista. Este es el cuarto paso, dentro del
mundo de lo posible descubro que hay algo que me invita a actuar por esa opción.

5. Quinto paso. ¿Entre las opciones que veo en este momento, ésta es la que
más cumple las cuatro preguntas anteriores?.

Entre todas las opciones que veo en el mundo de lo posible, ¿ésta es la que
cumple la mayoría de los cuatro criterios anteriores?. Las finanzas son la opción
que mejor cumple estos criterios, pues la medicina y la psicología solo
cumplen los últimos tres, el derecho cumple el primero y los últimos dos, en
cambio las finanzas cumplen los cuatro anteriores. Este es el quinto paso, al
revisar todas las opciones, encuentro que hay una que cumple la mayor cantidad

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de criterios, me emociona y sé que es buena para mí, es un valor que me invita a
la acción.

6. Sexto paso. ¿Esta elección quiero que sea la que me define en este momento
de mi vida?

¿Esta opción de sentido es la que prefiero sea relacionada conmigo?, es decir, al


elegir esta posibilidad y convertirla en parte del mundo de lo real, en parte del
mundo de “lo ya sido”, acepto que me defino a mi mismo al abrazar esta
alternativa. Si tomo la opción de matar, me convierto inmediatamente en asesino,
si tomo la opción amar a alguien, me convierto inmediatamente en amante, si
tomo la opción de estudiar, me convierto inmediatamente en estudiante. Con la
decisión de las finanzas quiero convertirme en un financista. ¿Elijo esta
opción porque deseo convertirme en ello?. Este es el sexto paso, tomo del mundo
de lo posible la opción que quiero volver parte del mundo de lo real, la opción en
la que quiero transformarme.

Sin lugar a dudas, la principal estrategia logoterapéutica para la búsqueda de sentido es


el diálogo socrático; si bien la utilización del diálogo como recurso terapéutico ante las
dificultades del organismo psicofísico ha sido también bastante utilizado, su uso para
ayudar a expresar la espiritualidad en términos del sentido de la vida es bastante amplio.
El proceso de entrenamiento en percepción de sentido puede ser enriquecido con el
cuestionamiento socrático de las áreas de sentido (Fabry, 2001) expuestas en un capítulo
anterior. Otra estrategia importante en la búsqueda de sentido consiste en buscar fuentes
de inspiración en personas conocidas que han vivido con sentido, preguntándose y
observando cómo actúan, cómo hablan, qué hacen, qué no hacen, así como identificando
personas que hayan marcado la historia, personalidades que dejaron huella a lo largo de
su vida, viendo películas sobre ellas o leyendo sus biografías. Esta estrategia se llama
“Modelos de rol con sentido”, siendo mucho mejor cuando los modelos encontrados son
cercanos a la persona en proceso o por lo menos comparten su misma cultura.

La biblioterapia podría ser otra de las estrategias recomendadas como apoyo en la


búsqueda de sentido, tanto en la literatura como en el mundo de la autoayuda se
encuentran buenos textos de trabajo. Leer siempre ha sido un recurso terapéutico, sin
embargo, tal vez sea la escritura un recurso más potente cuando se trata de un cambio
personal. Otra de las estrategias para el acompañamiento en la búsqueda de sentido, se
centra en la escritura de cuentos que inspiran el sentido, entregándole a la persona solo
los títulos que disparen la historia para que los desarrolle, por ejemplo: “La mujer que
encontró lo que realmente importa” o “El pez que finalmente se dio cuenta que nadaba
en medio del sentido”. Por esta misma línea se encuentra el desarrollo de cartas
temporales, en donde se le pide a la persona que se escriba cartas a sí misma en el futuro,
teniendo en cuenta la misma intención que con los cuentos anteriores, pidiéndole a la

101
persona, por ejemplo, que se escriba una carta a si misma desde el futuro, es decir, que
se imagine en 5 años escribiéndose una carta a sí misma en el momento actual,
contándose todas las cosas plenas que está haciendo y todo lo que ha encontrado; las
cartas también pueden estar dirigidas a personas que han marcado positivamente al
buscador, personas vivas o muertas que lo hayan inspirado en algún momento de la vida
y que puedan servirnos para la tarea que estamos desarrollando (Martínez, 2009).

Así como existe una especie de biblioterapia, no cabe duda que también podría existir
algo así como una cine-terapia, encontrando numerosas películas que ayudan al buscador
en su camino de reflexión personal. La lectura, la escritura y el cine son recursos
terapéuticos que pueden acompañarse (dependiendo de los intereses personales del
buscador) de otras estrategias del mundo del arte. Actividades como la música, la
pintura, la escultura u otras artes complementan el trabajo y ayudan a despertar la
conciencia estética como camino de sentido. Podemos recomendarle a las personas
ciertas canciones que deben ser escuchadas un número de veces al día, teniendo en
cuenta que sean canciones que pertenezcan a la cultura de la persona y preferiblemente a
su idioma materno; algunas personas que pueden tener aptitudes musicales pueden no
sólo escuchar las canciones sino también hacerlas en un ejercicio similar al de los
cuentos escritos; ejercicios a través de la pintura, desarrollo de símbolos o esculturas
pueden cumplir el mismo objetivo en la búsqueda de sentido, sin embargo, es importante
recordar la premisa básica de toda técnica: “Cuándo, cómo y con quién”, pero como
probablemente coincidiríamos en el mundo de la Logoterapia, por encima de la técnica
esta la persona, motivo por el cual la creatividad del terapeuta, la relación terapéutica y
el amor con que se trabaja son los insumos principales del proceso. Finalmente, el
entrenamiento en percepción de sentido puede acompañarse de otro tipo de preguntas
socráticas, especialmente aquellas que van dirigidas a explorar las áreas de sentido
(Fabry, 2001), los valores experiencia, creación o actitud que propone Viktor Frankl a lo
largo de toda su obra o los valores de las propuestas de Scheler (2001).

Algunas preguntas que pueden favorecer en el Entrenamiento en percepción de sentido:

Percepción Afectiva
¿Qué estás sintiendo con eso que me cuentas?
¿Cómo se pone tu cuerpo cuando te das cuenta de eso?
¿Qué emoción identificas cuando haces eso?
¿Qué te mueve de eso?
¿Cómo se siente aquello?
¿Cómo podrías describírmelo corporalmente?
¿Cuál es la sensación que te genera eso?
¿Cómo me puedes describir esa emoción?

Percepción cognitiva

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¿Qué piensas cuando vives eso?
¿Cuándo sientes estas cosas que se te pasa por la cabeza?
¿Qué significa eso para ti?
¿Cómo puedes definir eso?
¿Qué es lo bueno de eso?
¿Qué tiene que ver contigo eso?
¿Qué ideas se te vienen a la cabeza?
¿Qué cosas surgen en tu mente en esa situación?

Captación de valor
¿Y eso a quién le sirve?
¿Qué tanto crees que te dure esa satisfacción?
¿Te parece que esta es una opción valiosa dadas las circunstancias?
¿Qué le aporta eso al mundo?
¿Qué gana tu _______ con eso?
¿Esto es lo más adecuado en esta situación?
¿Y esto como crees que volvería el mundo si lo practicase más gente?
¿Cómo lo vería la gente que te quiere?

Atracción del valor


¿Qué hay allí que te atrae tanto?
¿Qué es lo que crees encuentras en eso a donde te diriges?
¿Qué te invita a actuar de acuerdo a eso?
¿Qué tanto te hala eso?
¿Eso que hay allá qué te dice que debes hacer?
¿A qué te llama esta reflexión que has hecho?
¿Hay alguna otra opción que te atraiga mas que ésta?
¿Hacer eso llenaría el espacio vacío?

103
9. EL METODO SOCRÁTICO EN LA PRAXIS GRUPAL

El diálogo socrático a nivel grupal, no se limita a la aplicación de la Logoterapia


exclusivamente, pues han sido mayores las propuestas que se han realizado desde otras
perspectivas. A continuación, se integran al uso logoterapéutico grupal del diálogo
socrático, algunas metodologías que mantienen coherencia con las posturas Franklianas.

104
Del por qué de un diálogo socrático grupal en la educación

La virtud se construye a través de interacciones sociales, requiriendo en un mundo


convulsionado a nivel axiológico, propuestas que faciliten estos saberes (Strong, 2000).
Para los jóvenes, la influencia y la opinión de los pares cobra vital importancia, motivo
por el cual la educación racional y magistral sobre valores, termina siendo un fracaso;
necesitando de metodologías constructivas y participativas que faciliten el desarrollo de
las virtudes. El trabajo concienzudo de la metodología socrática en este contexto, ayuda
a los jóvenes, educandos o participantes, pues ellos construyen significados que de otra
manera sería imposible crear (Strong, 2000), no queriendo decir con ello, que la práctica
socrática sea exclusiva para jóvenes, pues ha sido utilizada con variadas poblaciones
(Strong, 2000, Martínez, 2002, 2003). Para Eyzaguirre (2003), la práctica socrática
grupal contribuye a formar una comunidad de aprendices en mutua colaboración,
favoreciendo la conexión entre los conocimientos previos, las imágenes, ideas,
conceptos y experiencias de todos los participantes, así como los nuevos aprendizajes.

Otros autores consideran que los conversatorios socráticos grupales brindan (Strong,
2000):

El juicio independiente
La reflexión como estilo de vida
La habilidad de comprender a los demás
El cumplimiento de la palabra
La buena disposición para aceptar críticas
La confianza y habilidad de aprender por nuestra cuenta.
El autorrespeto
La integridad intelectual

Las investigaciones en instituciones educativas que han desarrollado programas con base
en la practica socrática reportan (Eyzaguirre, 2003):

Una mejor percepción de la claridad de los profesores por parte de los alumnos.
Estos comentaron que sus profesores explicaban mejor, se preocupaban por
verificar que los alumnos hubieran comprendido la materia, los hacían pensar y
enseñaban de maneras diversas.

Un mejor clima al interior de la sala de clases: menos tensión, menos pérdida de


tiempo, mayor flexibilidad.

Un mejor autoconcepto por parte de del alumno, sus capacidades y sus logros.

105
Mayores niveles de asertividad y seguridad, en especial en aquellos alumnos
que conforman minorías al interior del curso, y que ya no se sentían discriminados.

Mejoras en las relaciones interpersonales, en la participación de los alumnos al


interior de la escuela.

Una mejor percepción respecto de la claridad y consistencia de las reglas del


colegio.

Su utilización ha sido especialmente documentada en programas que buscan el


desarrollo del pensamiento crítico en jóvenes (Eyzaguirre, 2003, Acosta, 2001); sin
embargo, se considera que “los Seminarios Socráticos pueden contribuir a generar
mejoras en la convivencia diaria, el clima educativo, las habilidades sociales y los
valores (Eyzaguirre, 2003, Strong, 2000). Desde las posturas logoterapéuticas, el uso del
diálogo socrático en los contextos educativos es bastante viable, pues como lo plantea
Bruzzone (2003): “Educar quiere decir entonces principalmente llevar al arte de
interrogarse sobre el sentido de la experiencia, la experiencia cognoscitiva presupone
estructuralmente el hacerse preguntas sobre las cosas para saber si existen de un cierto
modo o en otro... comprender un objeto significa saber a que pregunta esto responde y
para saber buscar, construir o reconstruir autónomamente la respuesta exacta, es
necesario saber poner preguntas justas, el método de las preguntas permite al
estudiante salir definitivamente de rol pasivo, de simplemente repetidor, pasando a
aquel de protagonista y gestor consciente de sus propios dinamismos cognoscitivos y de
sus propios procesos de aprendizaje y de cambio, aprender entonces presupone siempre
una pregunta latente que va explicitada y suscitada y exige la confianza que el sujeto
está en grado de responderle y aprobarla, de proceder de manera cognitiva y de
conducirse a encontrar respuestas adaptadas.”. Es por ello, que diferentes
logoterapeutas del mundo han venido desarrollando prácticas grupales a nivel preventivo
como terapéutico, pues el desarrollo de la Logoterapia grupal como se ha expuesto en
otros trabajos (Martínez, 2003) brinda los siguientes beneficios:

1. Los grupos toman y dan fuerza a sus participantes.


2. Se genera una cultura del encuentro existencial y del compromiso con el otro -en
donde yo mismo soy otro-.
3. Se fomenta la autotrascendencia y la derreflexión (compartir dolor lo divide,
compartir alegría la multiplica).
4. Los costos son más accesibles que los largos periodos de terapia individual.
5. Potencializan los resultados de la terapia individual.
6. Existe mayor posibilidad de enriquecimiento al contar con personas que en un
momento dado pueden ser agentes terapéuticos.
7. Las personas descubren que hay otros que viven lo mismo y aún pueden sonreír.
8. Se fomenta el esclarecimiento existencial.

106
9. Se amplía el panorama axiológico y la posibilidad de captar sentido y valores.
10. Brinda apoyo emocional, alivio, comprensión y sentido de pertenencia.

107
¿Cómo se hace el diálogo socrático a nivel grupal?

Es recomendable iniciar el trabajo grupal bajo esta técnica con grupos pequeños
(Martínez, 2002), en proporción de 10:1 en un panorama ideal (Strong, 2000),
explicitando las reglas que la metodología grupal en curso propone (Strong, 2000,
Martínez, 2002, 2003), teniendo en cuenta el papel a desempeñar por el facilitador del
grupo (Strong, 2000, Martínez, 2002, 2003, Eyzaguirre, 2003), ubicando el espacio
físico de una manera en que los participantes puedan verse y oírse unos con otros, y que
nadie se encuentre en un espacio físico de poder (Eyzaguirre, 2003). Sin embargo, tal
vez lo más importante es el manejo de las preguntas que se utilizan. Eyzaguirre (2003)
propone que éstas consideren seis aspectos:

1. Claridad: explicar sucintamente qué es lo que se espera que los alumnos respondan.
2. Especificidad: Apuntar a un aspecto específico.
3. Ambigüedad: deben permitir que no exista consenso entre los participantes con
respecto a las ideas.
4. Deben ser lo suficientemente interesantes o cautivadoras para incitar al alumno a
expresar sus ideas.
5. Deben guiar al alumno a ir cada vez más profundo.
6. Deben seguir una lógica, de manera que el alumno pueda responderlas y evidenciar
que de algún modo está acercándose a algún tipo de conclusión.

Aunque los seis aspectos anteriores pueden ser una buena guía, es necesario expresar un
desacuerdo frente al primer aspecto a considerar: la claridad, pues no está en la postura
socrática predefinir lo que debe surgir en el seminario socrático (Strong, 2000), aunque
no está de sobra el desarrollo de guías semi-abiertas con preguntas de apertura que sean
amplias y sin una única respuesta, preguntas de orientación que dirijan a posibles
evidencias, preguntas de seguimiento directas y focalizadas al tema y preguntas de cierre
que puedan englobar lo vivenciado (Eyzaguirre, 2003). Autores con experiencia en el
manejo de la práctica socrática a nivel grupal tienen a bien mencionar que la práctica
socrática no es un debate, como lo muestra el siguiente cuadro adaptado de Eyzaguirre
(2003):

108
El éxito de un conversatorio socrático radica en la calidad de las preguntas y en el rol
asumido por el facilitador, si bien, ya se ha expuesto en páginas anteriores y de manera
amplia, la postura del conversador socrático, vale la pena resaltar algunas
recomendaciones hechas por autores a partir de sus reflexiones.

109
¿Cuál es el papel del facilitador de la práctica socrática grupal?

Desde las experiencias de Strong (2000), el conductor de la práctica socrática desempeña


5 roles:

Justificador de la actividad: él en si mismo es un justificador de la actividad,


valorándola para que los participantes también lo hagan, es un rol más implícito que
explicito.
Interrogador socrático.
Proveedor de resúmenes, síntesis y aclaraciones.
Entrenador del proceso: procesando comentarios durante la conversación
(manteniendo el orden en la participación y buscando que el participante se dirija a
todo el grupo), Evaluando lo que se ha dicho cada cierto tiempo, siendo entrenador
del proceso individual fuera de la conversación y estructurando actividades
relacionadas.
Participante genuino.

Por otro lado, y desde el contexto latinoamericano, Eyzaguirre (2003) sistematiza las
conductas del facilitador socrático en 10 puntos:

1. Debe ser capaz de hacer varias preguntas y con ello dar un sentido de dirección a la
conversación.
2. Debe asegurarse que todos hayan comprendido las preguntas, y, en caso contrario,
reformularlas.
3. Debe plantear un problema/tema/aspecto que lleva a los participantes a formular más
preguntas.
4. Debe favorecer la discusión y análisis de los conflictos que se generen en el
seminario.
5. Debe formular preguntas que permitan un amplio espectro de respuestas.
6. Debe examinar las respuestas y, a partir de ellas, sugerir implicancias o razones.
7. Debe insistir en la claridad de las respuestas.
8. Debe exigir razones que sustenten las respuestas de los participantes.
9. No debe insistir en el consenso general si es que no lo hay.
10. Debe escuchar de manera activa:
a. Permite 3 a 5 segundos de tiempo entre una respuesta y otra.
b. Acepta la respuesta de los participantes y luego pide que se justifique :
"Interesante respuesta ...¿por qué?".
c. Redirige la pregunta "¿qué quiere decir _____ ?", "¿qué pasaría si _ ?", "¿por qué
se afirma que ___ ?", etc.
d. Invita a los participantes a explayarse más si es necesario, con el fin de aclarar
algún punto de la discusión.

110
Recomendando sentarse al mismo nivel que los alumnos, mantener contacto visual con
cada uno de ellos, no mantener contacto visual con el alumno que va a hablar una vez
que se le ha dado la palabra, observar las conductas, manos en alto, contacto visual con
los alumnos que están a punto de levantar la mano para participar, cuidarse de la
expresión no estando de acuerdo ni en desacuerdo, especialmente con el lenguaje
corporal. Las recomendaciones de Eyzaguirre y colaboradores (2003) incluyen
sugerencias en cuanto al hablar y escuchar del conversador socrático grupal:

Desde aquí pueden plantearse excelentes alternativas para el manejo terapéutico de


grupos en la práctica clínica y como se expondrá más adelante en la práctica preventiva;
pues bien podría hablarse en este punto de un tipo de Logoterapia de grupo abierta
(Martínez, 2002) como ya se ha definido en otro trabajo.

111
Del porque de un diálogo socrático grupal en la práctica clínica

Como se mencionó en líneas precedentes, los beneficios de una Logoterapia de grupo


son evidentes, y aunque no se puede hacer un sinónimo entre Logoterapia y práctica
socrática, está de sobra mencionar que van de la mano.

La Logoterapia aplicada en grupos puede definirse como la aplicación de los


fundamentos técnicos de la Logoterapia, así como de técnicas precisas y dinámicas de
encuentro existencial -coherentes con la ontología dimensional- facilitadoras de la
movilización de los noodinamismos existenciales, dirigidos a un grupo de personas en
donde las relaciones Paciente/Paciente y Terapeuta/Paciente colaboran dentro de la
manifestación de las potencialidades personales, la reconciliación con lo psicofísico y en
general el cambio, crecimiento o alivio personal. Sin embargo, el uso del diálogo
socrático en la Logoterapia de grupo no dista mucho de todo lo que se ha expuesto desde
las primeras líneas de este trabajo, siendo enriquecido por las propuestas hechas en los
últimos párrafos por autores que provienen mas del plano educativo que terapéutico.
Ahora bien, el lector interesado en otras posibilidades de Logoterapia grupal puede
remitirse a otros trabajos desarrollados por el autor (Martínez, 2003, 2003).

EN LA PRAXIS PREVENTIVA
Si bien ya se ha hablado bastante del diálogo socrático, de sus antecedentes,
lineamientos y procedimientos generales y específicos, no se incluyó en el aparte del uso
terapéutico del diálogo socrático los elementos preventivos que tiene dicha técnica, pues
por su particular importancia requieren de consideración especial, no sin antes aclarar
que lo preventivo hace parte de lo clínico y lo clínico de lo preventivo.

La Logoterapia es ante una psicología preventiva (Oro, 2001, Bruzzone, 2003, Freire,
2002) y tal vez de las escuelas psicológicas, la que mayor posibilidades de prevención
podría tener dada la base antropológica que la sustenta, lamentablemente es un terreno
que hasta ahora inicia a explorarse. Autores como Bruzzone (2003) dicen: “El
pensamiento Frankliano es por lo tanto permeable a una vocación preventiva y
promocional por lo cual se da de un lado análisis existencial que ofrece la base para
una pedagogía antropológicamente fundamentada y, por otra parte, la Logoterapia
aparece ligada a una implicación educativa.” Relevancia educativa que formula al
dialogo socrático como una estrategia fecunda para la prevención.

Como se expuso en otro trabajo (Martínez, 2006), la prevención es una capacidad


específicamente humana que a través del autodistanciamiento y la autotrascendencia
logra anticipar la posible presencia de hechos, atributos, características y condiciones
que le pueden ocasionar mal-estar o bien-estar al ser humano y a su grupo social,
facilitando el descubrimiento, creación o fortalecimiento de medidas de precaución,

112
adoptando o manifestando conocimientos, actitudes, estrategias, habilidades y acciones
que impidan o minimicen el mal-estar previsto y fortalezcan o alcancen el bien-estar
esperado. De esta forma, se parte de la necesidad de utilizar recursos pedagógicos que
movilicen los recursos noéticos de autodistanciamiento y autotrascendencia para lograr
dar a luz la capacidad que tiene el ser humano de prevenir y prevenirse, la capacidad que
tiene de anticiparse a lo que puede acontecer, de verse en situación de riesgo para la
adopción de medidas de precaución, de esclarecer sentidos que lo motiven a cuidar su
salud y en general, que desplieguen la resiliencia y la espiritualidad como macrofactores
de prevención. Bien dice Frankl al respecto (1994ª): “El hombre como debe ser anticipa,
al hombre como es. De este modo ese anticiparse es la condición de toda posibilidad, de
toda variabilidad, de toda autodeterminación, autoconfiguración y autoeducación.”

113
Diálogo socrático y prevención

La prevención parte de una visión antropológica en donde prevenir es posible, pues


considera al ser humano libre para elegir sus conductas y actitudes, y responsable ante
sus elecciones y respuestas situacionales adaptativas; de igual forma, parte de una visión
epistemológica que le permite tener cambios en los niveles epistemológicos personales,
siendo esto recurso imprescindible para el cambio de estilos de vida. Ahora bien, si la
Logoterapia es una perspectiva preventiva y cuenta con un marco antropológico y
epistemológico que la sustenta, es entonces el diálogo socrático el principal fuerte de su
marco metodológico. Pues como dice Frankl (1994b): “Mas de hecho, la salud no es
sino un medio para un fin, una condición previa para alcanzar aquello que pueda ser
considerado como el auténtico sentido de la vida en un determinado caso. Lo obligado
entonces es averiguar primeramente qué finalidad es la que está detrás de los medios.
Un método adecuado para averiguarlo puede ser muy bien una especie de diálogo
socrático”.

Investigaciones desarrolladas en Estados Unidos frente a la práctica socrática en el


medio educativo concluyen que en contextos rodeados por la droga y la pobreza, la
metodología socrática constituye un verdadero antídoto para el entorno de los alumnos,
así como genera una mejora significativa en la capacidad de pensamiento abstracto y la
reafirmación de valores (Eyzaguirre, 2003). Al respecto dicen: “el informe demostró
que el 80% de los alumnos utilizan habilidades para resolver conflictos de manera
constructiva durante los Seminarios Socráticos con el objeto disentir sin herir ni atacar.
El 100% de los alumnos demostró valorar las opiniones ajenas y un 50% demostró
aplicar estrategias metacognitivas más allá de los seminarios.” Dejando entre ver la
amplitud de la técnica para el trabajo de diversos objetivos.

Si dentro de los beneficios individuales y grupales del diálogo socrático se destacan el


autoconocimiento, la autoaceptación y la autorregulación, son estas mismas las variables
que justifican el procedimiento socrático como una práctica preventiva; pues sólo quien
se conoce a si mismo puede identificar sus propios factores de riesgo y protección,
aceptando lo que puede cambiar y con lo que debe aprender a convivir, pero
especialmente aprendiendo a regularse a si mismo a partir de las metas que tiene en su
vida, a partir de su sentido. En un punto anterior, se hizo referencia a la práctica grupal
del diálogo socrático, mencionando la importancia de la construcción de significados,
mas no a la construcción de sentido de vida, puesto que este no se construye sino que se
descubre; la prevención busca estos dos objetivos, por un lado, la construcción y
deconstrucción de significados que repercutan en el cambio de actitudes favorables hacia
conductas de riesgo, cambien la intención de realizar la conducta, aumenten la
percepción de riesgo y el conocimiento sobre las consecuencias de dichas acciones, y al
mismo tiempo, facilita el descubrimiento del sentido de vida y el despliegue de las
potencialidades espirituales.

114
115
¿Cómo se hace diálogo socrático en la prevención?

El dialogo socrático cumple con dos funciones básicas a nivel preventivo: 1. Construir y
deconstruir significados grupales e individuales que conduzcan al cambio de actitud, y 2.
Desplegar las potencialidades espirituales.

Construir y deconstruir significados

La Logoterapia goza de una aproximación metacognitiva que facilita la autorregulación


de los educandos, así como el autodescubrimiento y la autoaceptación. Cuando se inicia
un programa de prevención se ha de contar con un diagnóstico de necesidades, con una
evaluación de lo que acontece en el contexto sujeto de prevención; dentro de esta imagen
que el preventor se traza, se encuentran las actitudes, lecturas, percepciones y en general
captaciones selectivas que tienen los educandos de la realidad. De esta manera se pueden
encontrar creencias como “El VIH sólo le da a los homosexuales”, “La marihuana es
buena para la salud”, “El alcohol es lo mejor para ahogar las penas”, “Solo sufren de
anorexia las hijas de madres perfeccionistas”, entre otras, siendo estas creencias las que
aumentan la probabilidad de incurrir en problemas de este estilo, pues se relacionan con
la vulnerabilidad personal. Esta captación de la realidad selectiva (Frankl, 1994ª, 1994c,
2001) debe ampliarse a un espectro mayor o como dice Frankl (1994ª): “No se trata de
liberar a una persona de su enfermedad, sino de conducirla a su verdad”; de tal forma
que la intervención socrática buscaría que la persona tome distancia de si mismo, de sus
actitudes y creencias, para ampliar de esta forma su visión de mundo, su captación de la
realidad e intersubjetivamente construir o mas bien “captar” con sus demás compañeros
preventivos, posibilidades que promuevan la salud y no la enfermedad.

Desplegar las potencialidades espirituales

Bruzzone (2003) dice: “La Logoterapia se califica originariamente como una


intervención de tipo no solamente reconstructivo, también y sobre todo de
características preventivas que por su peculiar función mayéutica, los psiquiatras
consideraban como una especie de obstetricia espiritual”. De esta manera, el
procedimiento socrático se centra en ayudar a los educandos a parir sus recursos
personales, a dar a luz sus capacidades espirituales que se encuentran en potencia,
haciendo énfasis especial en el esclarecimiento del sentido personal de cada quien. Es
necesario en este punto aclarar, que tanto la construcción de significados como el
despliegue de lo espiritual se hacen gracias a esa condición espiritual del ser humano y
que no son estos dos momentos espacios diferentes de la práctica socrática en
prevención, pues se dan de manera indistinta, bien sea manifestando los recursos
espirituales para aumentar la percepción de riesgo o cambiar la actitud favorable hacia
cierta conducta, o desplegando los recursos para poner en marcha la voluntad de sentido.

116
El diálogo socrático a nivel preventivo se desarrolla generalmente con niños y con
adolescentes, aunque existen buenas experiencias con adultos (Strong, 2000, Eyzaguirre,
2003, Martínez, 2002, 2003). Para estas actividades se recomienda:

1. Manejar un lenguaje popular libre de tecnicismos y adaptado a las edades de los


educandos, pues hay que “señalar que Sócrates, al dialogar, utilizó un lenguaje
popular y que esto se derivaría de la identificación con su padre, que era un
artesano (Moscone, 2002).

2. Partir exclusivamente del diagnóstico realizado y evitar así introducir en el campo


fenoménico de los educandos otras porciones de la realidad que pueden ser
contrapreventivas en este momento de su desarrollo. Una buena recomendación,
es seguir, en la medida de lo posible, los protocolos semi-estructurados para el
encuentro.

3. Hacer cumplir las normas estipuladas para el buen funcionamiento del grupo.

4. Cuidarse de las actitudes de ironía exagerada que conviertan el grupo en una


burla para uno de sus miembros.

5. Manejarse personalmente para que la postura de ignorancia e ingenuidad fecunda


para la prevención, no invite en un momento dado, y en pro del control y la
autoestima, a asumir posturas de experto nuevamente.

6. Retomar las recomendaciones hechas al final de este texto, para los diálogos
socráticos grupales e individuales.

117
El proceso del dialogo socrático grupal en la prevención

El dialogo socrático grupal requiere de gran habilidad por parte del conversador
socrático, especialmente cuando se abordan temas que pueden generar reactividad en los
interlocutores, pues derivan un gran choque de creencias. A continuación se expone una
sistematización de tres momentos para el desarrollo de conversatorios socráticos en el
ámbito preventivo.

1. Momento inicial: ubicación del campo fenoménico

El primer momento del diálogo socrático grupal en la prevención, es la escucha


permanente que permite la ubicación del campo fenoménico de los educandos, es decir,
el facilitador socrático abrirá la conversación con una pregunta disparadora y escuchará
en silencio la opinión de varios de los participantes, asumiendo una actitud receptiva y
sin generar ningún tipo de cuestionamiento o duda, sólo escuchando y haciendo síntesis
cada cuatro o cinco intervenciones, pues dejar la discusión sin retroalimentar cada cuatro
o cinco intervenciones permite que se pierdan algunas opiniones y que la capacidad de
síntesis del facilitador se vea en dificultades; una vez el facilitador hace la primera
devolución o síntesis de las intervenciones iniciales, reformula en otras palabras la
pregunta disparadora para enriquecer la participación grupal o realiza una nueva
pregunta, escuchando las nuevas intervenciones e invitando, si es preciso, a algunos de
los participantes que no han expresado su posición, para posteriormente brindar
nuevamente la síntesis de retroalimentación cada cuatro o cinco intervenciones. Una vez
ha participado más de la mitad de los asistentes al conversatorio se inicia el segundo
momento del diálogo socrático.
Recomendaciones para el primer momento:
1. Realice los conversatorios con un promedio de 12 participantes, hacerlo con más
personas lo hace difícil y hacerlo con menos lo hace muy tenso.

2. No se olvide de las retroalimentaciones cada cuatro o cinco intervenciones y


cuando lo haga no interprete ni intervenga generando duda o cuestionamiento.

3. En esta primera fase la función es solo ubicarse en el campo fenoménico de los


educandos y preparar el terreno en un clima de encuentro genuino y tranquilo.

4. Ubique a su lado derecho e izquierdo a aquellas personas que tienden a participar


bastante y deje al frente suyo a aquellas personas que les cuesta trabajo participar.

5. No se enganche con las burlas o comentarios desenfocados, recuerde que en esta


primera fase sólo hay que ubicarse en la realidad de los jóvenes.

118
6. Recuerde que la pregunta fundamental de este momento es el ¿Qué?, pues este es
el espacio que busca que el facilitador se ubique en el campo fenoménico de los
educandos, así es que la pregunta básica es ¿Qué es la cosa en sí?

2. Momento de la contradicción: la refutación

El segundo momento se conoce como la refutación o la contradicción, una vez el


facilitador se ha ubicado en el campo fenoménico de los educandos, ha escuchado sus
creencias y argumentos, se dispone a generar cuestionamientos o a introducir elementos
que generen un choque de creencias en los educandos, iniciando un proceso de
disonancia cognitiva que los lleva a la duda acerca de las certezas que tienen y que
sostienen sus creencias. Este es el momento en donde se utiliza la famosa ironía
socrática o las preguntas ingenuas, intentando con este procedimiento transformar al
educando en su propio maestro, quien al escuchar las aparentes y disimuladas posturas
insanas del facilitador termina convenciéndolo de aquello que el facilitador quería
trasmitir, iniciándose así un proceso de co-construcción y derrumbando de esta forma las
creencias insanas que se caen solas por medio de la contradicción experienciada por el
dialogante; sin embargo, las posturas ingenuas, irónicas y de ignorancia son tan solo una
técnica del momento de la refutación, en este espacio también pueden utilizarse otras
estrategias que ayuden al cumplimiento de los objetivos del momento, entre ellas se
pueden mencionar:
Mostrar datos de otras fuentes que contradicen los argumentos expuestos por los
educandos: se pueden exponer resultados de investigaciones, comentarios, datos
de los que se tiene conocimiento y que no pertenezcan al facilitador, quien los
debe presentar con cierta ingenuidad y asombro, cuidándose de la imposición y
descalificación, para mostrarlos como elementos que permiten dinamizar la
conversación.

Compartir lecturas, recortes de revistas u otros elementos que de la misma forma


que el punto anterior, sirvan para dinamizar la conversación.

Introducir historias que el facilitador conoce o pedir, preferiblemente, historias


que los educandos conozcan acerca de personas cercanas, familiares o amigos que
hayan vivido cosas que contradicen las creencias insanas que están presentando.

Proponer situaciones dilemáticas que permitan profundizar la conversación hasta


llegar a las últimas consecuencias y alcanzar el objetivo de este momento.

Proponer pequeños juegos de roles que permitan alcanzar el objetivo.

119
Recomendaciones para este momento:
1. No tema ser flexible en este momento, puede que aquí sea necesario desarrollar
preguntas mayéuticas como el ¿Qué?, el ¿Cómo? o el ¿Para qué?, sin buscar una
actitud ingenua, o puede ser que requiera introducir elementos que faciliten el
objetivo de este momento, sin necesidad de asumir posturas irónicas.

2. Si no se siente cómodo con las posturas ingenuas o irónicas, utilice otras


estrategias mientras se va soltando. Todo el material que presente debe plantearlo
de forma indirecta como cosas que ha escuchado o materiales que ha encontrado
y no como algo en lo que se cree ciegamente, es importante no mostrar lo que se
traiga al conversatorio como una verdad absoluta.

3. Es importante que tenga en cuenta las estrategias del primer momento, pues las
mismas son también importantes para este periodo.

4. Recuerde que las preguntas del ¿Cómo? y del ¿Para qué? adquieren gran
importancia en este punto. El ¿Cómo?, haciendo referencia al posicionamiento
del educando y la introducción de la duda que deconstruye creencias (¿Cómo así,
todas las personas que a veces se ponen tristes les toca beber alcohol?) y el ¿Para
qué?, que busca cuestionar el significado que le atribuye el educando a una
acción (con ingenuidad…en serio ¿Y para qué?).

3. Momento mayeutico: el desenvolvimiento del pensamiento

El último momento del conversatorio socrático, se centra en la ampliación del campo


fenoménico, es decir, una vez que se ha alcanzado la contradicción y los educandos han
logrado dudar de aquello que consideraban certezas, se procede con el último momento
buscando que los educandos saquen nuevas conclusiones y amplíen su verdad, este
proceso se realiza a través de preguntas que les permitan ver otras posibilidades y
aunque aquí a veces es preciso continuar con actitudes ingenuas que refuercen lo que se
está haciendo o jugar con actitudes de “abogado del diablo”, lo más importante es que
los alumnos saquen conclusiones nuevas.
Recomendaciones para este momento:
1. Igual que en los momentos anteriores continúe haciendo síntesis cada cuatro o
cinco intervenciones.

2. Proponga formas dinámicas o divertidas de concluir, por ejemplo, hacerlo en una


sola palabra, escribir un cuento al final de la conversación que refleje lo
concluido, hacer un periódico mural, etc.

120
3. Dé la conclusión que sintetice lo que se ha planteado y felicite a los educandos
por el trabajo realizado.

121
10. El FACILITADOR SOCRATICO: Recomendaciones y limitaciones.

El diálogo socrático elimina algunas distancias entre el terapeuta y su consultante, y a


diferencia de lo que podría creerse, esto puede ser realmente estresante para algunos
conversadores socráticos, especialmente para aquellos que la pérdida de poder y control
los complica bastante. El diálogo socrático requiere de una renuncia fuerte al control y
de un buen manejo de la ansiedad personal a la perfección, pues dichas características
dañan el proceso.
Un terapeuta socrático acompaña a su consultante a que sea capaz por si mismo de
comprender e interpretar su mundo emocional y el significado específico que tiene. Está
pendiente del mundo del consultante para señalar hábilmente en donde buscar, sin
sugerir respuesta alguna, pero sí invitándolo a la acción. El terapeuta socrático considera
que todo es hipotético y requiere ser probado, por ello mantiene una postura
fenomenológica, velando por poner entre paréntesis sus sesgos y preconcepciones,
manteniendo así una mente abierta que le permita relacionarse con el consultante de
manera más saludable. Un terapeuta socrático se cuida de hacer interpretaciones y vela
mas bien por lograr de forma colaborativa que se examinen las hipótesis que tejen. Paul
y Elder (2006), proponen que el facilitador socrático desarrolla tres clases de
discusiones: 1. La espontánea que surge en momentos inesperados y que se centra en
preguntar por la evidencia o razón de una posición, la solicitud de ejemplos, la
proposición de analogías o la búsqueda de opuestos que dinamicen el diálogo. 2. La
exploratoria, utilizada para explorar valores o conclusiones y, 3. La focalizada centrada
en tópicos específicos para pensar sobre posibles perspectivas, conceptos problemáticos,
implicaciones y consecuencias.
Si un terapeuta se decide a utilizar esta herramienta es importante contemplar algunas
recomendaciones y compartir algunas experiencias que serán experimentadas durante el
proceso de desarrollo de la habilidad.

Recomendaciones:

Para evitar que los consultantes se sientan interrogados evite hacer preguntas de
las que ya conoce la respuesta.
Tenga en cuenta que no todas las preguntas deben ser enunciadas en forma de
pregunta, pueden hacerse como disputas didácticas en TREC, interpelaciones en
Logoterapia, o sencillamente de forma no verbal.
Tenga cautela con las interpretaciones, recuerde que su función es ayudar al
consultante a ver otra perspectiva de si mismo y de su mundo, y no
necesariamente la perspectiva del terapeuta.

122
No se preocupe por realizar la pregunta perfecta, generalmente esta preocupación
es común al principio de la práctica, sin embargo, la hiperreflexión en esta
preocupación genera bloqueos y aumento de la ansiedad, no se preocupe tanto por
la pregunta perfecta sino por la persona que tiene enfrente.
Practique en la vida cotidiana este estilo de conversación, siendo muy sutil y
progresivo mientras se va soltando con la herramienta y empiece a utilizarla en su
trabajo diario, de esta manera dentro de poco tiempo estará haciéndolo con mucha
naturalidad.
Haga un resumen cada pocos minutos, así tendrá la oportunidad de identificar
aspectos claves y formular conceptualizaciones para el consultante. Los
resúmenes ayudan al consultante a darse cuenta de que está siendo escuchado y le
permite al terapeuta superar los momentos en que se siente bloqueado y no sabe
que preguntar.
La actitud socrática es un modo de ser, el diálogo socrático es una estrategia,
evite desarrollar toda la conversación con esta estrategia, utilice la creatividad y
todo lo que conoce en pro de la mejora del consultante. Utilícelo en secuencias
cortas alternándolo con otras formas de diálogo, la exageración del método
limita la espontaneidad del consultante y puede afectar la relación terapéutica.
Si se distrae un par de segundos y pierde el hilo de la conversación intente hacer
una pregunta reflejo, devolviendo parte de la conversación para que pueda ser
ubicado nuevamente o pregunte con tranquilidad de forma amorosa y sutil:
“Disculpa me perdí un poco en este punto, podrías explicármelo un poco mejor”.
Es muy importante trabajar la humildad y no sentirse agobiado por respuestas del
tipo “Obvio”, “bueno, dígame usted que es el terapeuta”, pues el preguntar
socrático tampoco es fácil en algunas ocasiones para el consultante. Algunas
personas están acostumbradas a ser dirigidas en su vida, a tener personas que
ejercen ascendencia sobre ellos y están esperando que se les diga que hacer y
como hacerlo. Por ello, es recomendable solamente usar la técnica después de un
buen enganche y encuentro terapéutico, y con bastante sutileza en los primeros
encuentros.
Fomente la modestia intelectual, de esta forma podrá abandonar más fácil la
posición de experto y le permitirá al consultante asumirse como el experto en
relación con sus problemas, pues el paciente es el único que tiene acceso directo a
su experiencia fenomenológica. Tenga en cuenta que la modestia debe ser honesta
y no mera apariencia, no subestime ni irrespete a su consultante.
Tenga en cuenta que la modestia intelectual no es la única característica de
Sócrates, también la perseverancia intelectual lo caracterizaban, su vida era
ejemplo de integridad intelectual que le permitía con autonomía y coraje
desarrollar su disciplina ética.

123
Como es claro en gran parte de la teoría logoterapéutica, la dimensión espiritual y
sus recursos pueden verse restringidos por las afecciones que padece el
organismo psicofísico, motivo por el cual el despliegue de las potencialidades se
ve seriamente disminuido (Frankl, 1994a, 1994c), son estos casos en donde el
diálogo socrático puede ser difícil de llevar a cabo. Autores desde otras
perspectivas hablan de déficits metacognitivos que se evidencian en pacientes
graves y que impiden el despliegue de las potencialidades (Semerari 2002a,
2002b); para Overholver (1996): “El método socrático no es el mejor para
clientes que presentan problemas de psicosis, retardo mental, problemas
mentales orgánicos, desórdenes del desarrollo, o con tendencias suicidas.
Además, el método socrático puede ser difícil de implementar en clientes que son
excesivamente habladores y quienes tienen tendencia a tener un habla
circunstancial o tangencial.” Sin embargo, en Logoterapia sabemos que los
pacientes con tendencias suicidas si pueden beneficiarse con esta herramienta,
solo que como con cualquier técnica, hay que saber como, cuando y con quien
debe usarse.
El diálogo socrático no funciona tan bien cuando los consultantes tienen
dificultades para beneficiarse de una exploración cognitiva, así es que el trabajo
con niños requiere de gran habilidad. Las personas con problemas de captación de
información (dificultades auditivas) o con otro idioma, deben manejarse con
precaución.
El diálogo socrático parece funcionar mejor con personas inteligentes,
colaboradores, verbales y motivados para el cambio, aunque finalmente el éxito
del proceder socrático depende mas del terapeuta y de su forma de preguntar que
del grado de motivación del consultante.
Tenga en cuenta el propio autodistanciamiento para prevenir fases de extravió en
la conversación socrática, recuerde que la vida y los problemas del facilitador en
medio de la trama de una excelente relación terapéutica, pueden movilizar la
capacidad de afectación del terapeuta y engancharlo en un diálogo personal
acerca de lo que esta sucediendo en su vida.
Asuma el diálogo socrático como una técnica potente que le ayudará a trabajar
cosas como terapeuta. Esté alerta a los miedos que surgen cuando está empezando
a entrenarse (ej. Se va a dar cuenta que no manejo bien esto, se va dar cuenta que
estoy nervioso y me estoy trabando al hablar, pensara que no soy un experto y por
eso me dedico sólo a conversar y a hacer preguntas). Recuerde que sólo usted
sabe que está utilizando una técnica.
Dentro de las variantes del dialogo socrático, tal vez son las preguntas ingenuas
las que mayor precaución requieren, pues como dice Lukas (2000): “Debe
medirse cuidadosamente esta aparente aceptación, o puede suceder lo contrario;
se refuerza la actitud nociva. La medida correcta puede lograrse mejor a través

124
de contrapreguntas ingenuas. Los pacientes se vuelven inseguros. No pueden
entender por qué el terapeuta reacciona tan inesperadamente. En lugar de
contradicciones, recibe acuerdos irritantes. Esta inseguridad es necesaria para
que pregunten y vuelvan a pensar en su actitud "atorada"”.
De igual forma debe considerarse que en algunos contextos y con cierto tipo de
personalidades, las posturas de ignorancia del terapeuta pueden generar estados
de inseguridad y desconfianza, llevando a la baja adherencia al tratamiento y a la
falta de credibilidad sobre el mismo. Por ello, tanto las preguntas ingenuas como
las posturas de ignorancia son recomendables en fases intermedias del proceso o
cuando la relación terapéutica se encuentre consolidada.
El diálogo socrático no esta para solucionar todos los problemas del cliente, pues
para muchos problemas existen terapias más rápidas y efectivas que son la
primera opción, aunque el diálogo socrático acompañe el proceso.
No se preocupe si en principio no fluyen las preguntas de forma natural, el
diálogo socrático requiere de entrenamiento y práctica. Algunas persona poseen
una gran habilidad casi innata, otras personas requieren de mayor esfuerzo.
Tómelo con calma.
Tenga en cuenta que el terapeuta no es un proselitista moral pero debe ayudar a
sus consultantes a navegar en sus propios valores, haciéndolos explícitos e
incluso retados para ser revisados (Overholser, 1999).
Cuando los consultantes son reticentes a entrar en una relación terapéutica pueden
sentirse incomodos con un terapeuta que no tiene una postura directiva.
Para un adecuado desarrollo del procedimiento, tenga en cuenta que puede
utilizar preguntas que brinden mayor claridad a los dialogantes, que ayuden a
precisar acerca de lo que se está hablando, que saquen a relucir lo relevante en el
diálogo, que le permitan a los conversadores profundizar en el tema, que logren
ampliar la perspectiva, pero que le den exactitud a los términos.
Si está pensando en iniciar un entrenamiento sin supervisión, empiece por
desarrollar conscientemente preguntas en conversaciones cotidianas fuera del
contexto terapéutico o pedagógico, en la medida en que observe que las preguntas
fluyen con mayor naturalidad, empiece a utilizarlo brevemente en sus actividades
profesionales y vaya alternando la estrategia con otro tipo de técnicas hasta que se
sienta con la comodidad suficiente para hacerlo por periodos más largos. Si bien
algunos logoterapeutas plantean que casi toda la sesión logoterapéutica se
desarrolla con diálogo socrático, no se preocupe, no es tan cierto. Finalmente, si
su intención es utilizarlo a nivel grupal, tenga en cuenta que el manejo individual
le dará mucha más confianza antes de lanzarse al trabajo grupal, sin embargo, la
observación de su fluidez y tranquilidad le dará la medida para sentirse listo.

125
Una recomendación importante para evitar la iatrogenia clínica o pedagógica a
través del diálogo socrático, es la intención del terapeuta de estar centrado en los
recursos y potencialidades de las personas, no son de interés central los defectos y
dificultades, sino mas bien los recursos que puede utilizar ante dichas
circunstancias.
Cuando se sienta extraviado de su función, recuerde la siguiente metáfora
expuesta por Overholser (1996) acerca de su papel: “El rol del terapeuta es
asegurarse que todas las piezas del rompecabezas estén sobre la mesa. Si el
paciente bota una pieza al piso con el codo, el terapeuta lo ayuda a ponerla de
nuevo en la mesa. Si el cliente se enfoca en juntar las piezas de una manera
incorrecta, o intenta forzarlas, el terapeuta debe poder señalar en que esquinas o
lugares pueden ir mejor las piezas, pero el cliente es el que encaja y junta las
piezas”.
El diálogo socrático mas que una técnica es una manera de ser del terapeuta que
parte de todos los principios y elementos contemplados en este texto, es por ello
que las preguntas no necesitan llevar signo de interrogación necesariamente, pues
se pregunta mas con la actitud socrática que con el signo. Una pregunta socrática
puede ser una interpelación como propone Unikel (2007) o como se desarrolla la
disputa didáctica en la Terapia Racional Emotiva. Una pregunta puede ser un
gesto, levantar la ceja, poner cara de admiración, bajar la mirada, tomarse la
cabeza, en fin, el terapeuta en si es una pregunta viva, se transforma y se
convierte en una pregunta en si mismo, su presencia invita a la autoconfrontación,
disipa el saber engañoso y motiva al consultante a cambiar.
El silencio también es válido en el proceder socrático, a veces brinda el espacio
para que la persona pueda verse y dialogar consigo misma. El silencio no debe
asustar al terapeuta socrático, el espacio no debe ser siempre llenado con
palabras, pues a veces puede ser más curativo que las palabras; recuerde que
cuando la persona calla, seguramente esta reflexionando.
Por último y como recomendación esencial para el trabajo terapéutico, hay que
tener siempre, y ante todo, presente, que por encima de la técnica está la persona,
por ello, concentrarse tanto en aplicar el diálogo socrático como si fuese una
técnica puntual para el momento terapéutico presente, lleva al descuido de la
persona que se tiene enfrente, y bien hay que recordar que no solo hay que
escuchar lo que la persona dice, sino también a quien lo dice.

126
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[1] Para una mejor comprensión de algunos de los conceptos expuestos en este capítulo, se recomienda al
interesado la lectura del libro del autor: Martínez, E. (2011) Los modos de ser inauténticos. Psicoterapia centrada
en el sentido de los trastornos de la personalidad. Ed. Manual Moderno, así como la amplia bibliografía de Viktor
Frankl.
[2] En un capítulo siguiente se describen los recursos noológicos que aquí se mencionan, entendiendo brevemente
que los mismos hablan de la capacidad de autocomprenderse (distanciarse de si y aceptarse), autorregularse
(dominarse a si mismo), autoproyección (Verse diferente a futuro), diferenciación (comprender la mente ajena
como una mente diferente a la propia), afectación (dejarse tocar por los valores y el sentido) y entrega (llevar a la
acción el sentido de vida).
[3] Entiendase lo espiritual a lo largo de este texto como lo específicamente humano, la autoconciencia reflexiva,
lo propio y exclusivo de la persona, lo libre en el hombre, lo que puede oponerse a lo psíquico si es preciso, es
decir, es aquello que nos permite –entre tras cosas- pensar sobre lo que pensamos e incluso oponernos a ello.
[4] El Entrenamiento en Percepción de Sentido y en Toma de Decisiones es expuesto con mayor profundidad en
Martínez, E. (2009) Manual para la búsqueda de sentido. manual del facilitador. Ed. CAA.
[5] Este punto podría generar una gran confrontación teórica y epistemológica de la que la filosofía después de
varios siglos no ha llegado a un acuerdo formal. Por ello, en este punto y para comodidad de algunos lectores, se
pueden entender los llamados “antivalores” como valoraciones que van en contra de la vida y que hacen del
mundo un lugar menos adecuado para convivir, y los “valores” pueden comprenderse como valoraciones que
construyen vida, aportan, favorecen y acondicionan mi vida y el mundo como un mejor lugar.
[6] Para una descripción más amplia de este punto, se recomienda leer el capítulo sobre valores en Martínez, E.
(2009). En busca del sentido de la vida. Manual del facilitador. Bogotá. Ed. CAA

136
Índice
EL DIALOGO SOCRATICO EN LA PSICOTERAPIA 2
Efrén Martínez Ortiz Ph.D 2
1. ¿QUÉ ES EL DIÁLOGO SOCRÁTICO? 10
Contextualización 11
Características originales del método socrático 14
2. EL DIALOGO SOCRÁTICO EN PSICOTERAPIA 18
La sistematización de Overholser 21
El diálogo socrático en las psicoterapias cognitivas 29
El diálogo socrático en las psicoterapias existenciales 36
3. EL DIALOGO SOCRÁTICO EN LA PSICOTERAPIA
39
CENTRADA EN EL SENTIDO (LOGOTERAPIA[1])
Sócrates y Frankl 40
El diálogo socrático en Logoterapia 42
Diálogo socrático para el abordaje de lo psicofísico 43
Diálogo socrático para el despliegue de la espiritualidad en
45
términos de búsqueda del sentido de la vida
¿Cómo se hace diálogo socrático en Logoterapia? 48
Las tres preguntas básicas 50
4. Relación terapéutica y diálogo socrático 51
5. ESTILOS DE CONVERSACION SOCRATICA 57
6. LAS PREGUNTAS INGENUAS E IRONICAS 63
La modificación de actitudes 67
7. RECURSOS PERSONALES (NOOLOGICOS) Y DIALOGO
69
SOCRATICO
Autodistanciamiento 70
La Autocomprensión 71
La Autorregulación 75
La autoproyección 80
Autotrascendencia 83

137
La diferenciación 84
La Afectación 86
La entrega 87
¿Qué es entonces eso que llamamos sentido? 90
Entrenamiento en percepción de sentido 93
Toma de decisiones con sentido 99
9. EL METODO SOCRÁTICO EN LA PRAXIS GRUPAL 104
Del por qué de un diálogo socrático grupal en la educación 105
¿Cómo se hace el diálogo socrático a nivel grupal? 108
Diálogo socrático y prevención 114
¿Cómo se hace diálogo socrático en la prevención? 116
El proceso del dialogo socrático grupal en la prevención 118

138

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