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Relación entre ética y ciudadanía

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FEB

Ética Pública

Debemos repensar la relación entre ética y ciudadanía. La palabra ética tiene varias acepciones
pero definitivamente está relacionado con las costumbres, el temperamento, los hábitos buenos.
Desde Aristóteles ha quedado expresado que al momento de nacer las personas traen un sin
número de rasgos que son biológicos, físicos, hereditarios que se conocen como «primera
naturaleza».

Por el nacimiento no podemos predecir que una persona será moral o inmoral , si tendrá hábitos
buenos o malos, es la socialización, el contacto con los demás y con las realidades los que
posteriormente generará los que se conoce como la «segunda naturaleza», la que es adquirida, no
se nace con ella.

De manera pues que esa segunda naturaleza se educa, se socializa y de ella depende ese «ethos»
o costumbres que desarrollemos. Para algunos autores la moralidad la llevamos dentro y la
tendencia natural es a ser buenos. Bueno quiere decir con valores positivos, virtudes . Así la tarea
ética será fomentar las virtudes y evitar los vicios. Promover lo bueno y evitar lo malo. Eso será ser
ético o moral.

La ética no es nada difícil de explicar, es el bien hacer y si cada quien hace bien lo que le toca o lo
que le asignaron hacer será ético. La obligación moral es la misma para todas las personas, lo que
varía es el escenario donde cada cual se desenvuelve y el grado de responsabilidad que cada quien
tiene a su cargo.

En una oficina pública la obligación moral de hacer bien sus tareas, es decir con responsabilidad es
la misma para el director que para el encargado de limpieza, claro que se les exigirá diferente y
respuestas al nivel de lo que hacen y la una tendrá mas envergadura que la otra, pero el deber es
el mismo.
La ética es una y el deber moral es uno, el mismo para todos, por eso no podemos hablar de que
hay «éticas públicas y privadas», solo hay «ética» como tarea a ser realizada, lo que cambian son
los escenarios y si estoy en la oficina pública afirmo que estoy en el espacio de lo público pero ello
no borra mi vida privada, ni que al salir a la calle ya estoy haciendo ejercicio de esa vida.

En ambos casos es una misma ética la que me convoca y me invita a hacer las cosas bien hechas y
si las hago mal, en pleno ejercicio de mi autonomía, seré no ético o inmoral en mi
comportamiento y la sociedad a través de sus normas y leyes hará lo que corresponda por
devolverme al cumplimiento de ellas.

El servidor público tiene como obligación moral cumplir con las tareas asignadas con
responsabilidad, cortesía, honestidad, es decir con todos los valores que deben acompañar el
ejercicio de la asignación dada y por demás de lo moral, por eso le pagan. Esta es la clave el
servidor público recibe remuneración por hacer bien las cosas, por ser éticos en sus funciones.

En ese espacio de lo público el principio ético que debe predominar es el de la «Justicia», pero esta
entendida como «equidad», como lo justo en el tratamiento dado, sin discriminaciones, sin
privilegios, con imparcialidad y en su otra versión cuando se traspasan los límites de los valores
que deben primar en su accionar se pasa de lo propositivo de la ética a lo punitivo de la justicia.

Toca a la sociedad protegerse y al estado protegernos, como garante del bien común que es, esta
protección viene vía la justicia, las leyes y las sanciones coercitivas con penas y castigos. Son dos
puntos complementarios pero diferenciados. La ética no es punitiva es propositiva, propone el
bien hacer hemos dicho antes. La Justicia es punitiva cuando nos alejamos del circulo virtuoso y
nos apegamos al circulo vicioso.

Al estado corresponde proporcionar justicia y con esos mínimos estaríamos creando condiciones
para que los individuos construyamos planes de vida buena, individuales que son de felicidad.
Cuando el estado se interesa en ofertar o cumplir con proyectos individuales de felicidad tiende a
fracasar porque no es su tarea ni tiene posibilidades de hacerlo porque la felicidad es un máximo
de cada persona, mientras que la justicia es un mínimo de la sociedad.

Corresponde entonces como meta moral el lograr que tanto el servidor público como el usuario,
toda la población se convierta en «ciudadano» y construyamos una ciudadanía política y moral
basada en la identidad y la co-responsabilidad, como ha dicho la maestra Adela Cortina.
Ser ciudadanos es como ser miembros de una familia. En ella nos identificamos por el apellido, nos
conocemos, nos apoyamos, nos defendemos, somos solidarios entre nosotros y allí aprendemos a
serlos con las otras familias. Es un compromiso al que debemos llegar por la educación ciudadana
y ética y es un poco el propósito de los talleres que desde Conare estamos ofreciendo con la
finalidad de desmitificar la ética y ponerlas en mano de la persona común.