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LA AUTODISCIPLINA

Tomado de “los Pilares del Temperamento cristiano de John MacArthur

Durante muchos años tuve el privilegio de conocer al afamado guitarrista clásico Christopher Parkening.
A los treinta años llegó a ser un maestro en el dominio de aquel instrumento. Sin embargo, esa maestría
no la obtuvo sin dificultad y esfuerzo. Mientras otros niños jugaban, él se pasaba varias horas al día
practicando la guitarra. El resultado de aquel compromiso asumido la autodisciplina es un dominio del
instrumento que pocos tienen.

La autodisciplina es importante en todos los órdenes de la vida. Su definición más óptima es la


“capacidad de regular la propia conducta en torno a principios y sentido común en vez de por
impulso, deseo o costumbres sociales”. Bíblicamente, puede resumirse en una sola palabra: obediencia.
Autodisciplinarse consiste en mantenerse dentro de los confines de las leyes de Dios a fin de no caer en
el mal.

En vista de que la autodisciplina es tan importante, ¿cómo se hace para cultivarla? ¿Cómo pueden los
padres ayudar a sus hijos a cultivarla? A continuación reproduzco unos consejos prácticos que a mí me
han sido de utilidad.

Comienza por las cosas de poca monta. Limpia tu cuarto o tu escritorio. Habitúate a colocar las cosas
donde corresponde cuando estén fuera de lugar. Convierte en máxima el viejo refrán “Un sitio para cada
cosa y cada cosa en su sitio”. Después de limpiar tu cuarto o escritorio, extiende la disciplinadle orden al
resto de tu casa o lugar de trabajo. Acostúmbrate a mantener tu entorno limpio y ordenado para que
puedas desenvolverte sin una miríada de distracciones. El orden te ayuda a cultivar la autodisciplina,
pues te obliga a decidir qué es importante y qué no lo es.

La autodisciplina en los pequeños detalles allana el camino para los grandes éxitos. Por el contrario
quienes suelen ser indisciplinados en cuestiones de poca importancia probablemente lo son también en
las de mayor envergadura. (Lucas 16,10). V Como dijo Salomón, son las pequeñas zorras las que echan a
perder las viñas (Cantar de los Cantares 2,15). Cuando de integridad y credibilidad se trata, no hay
nimiedades que valgan.

Un famoso poema basado en la derrota del rey Ricardo III de Inglaterra en la batalla de Bosworth en
1485, ilustra la importancia de los detalles:

Por falta de un clavo se perdió una herradura,


por falta de una herradura se perdió un caballo,
por falta de un caballo se perdió la batalla,
por haber perdido una batalla se perdi ó el reino,
y todo por la falta de un clavo de herradura.

Organízate. Hazte un horario con el que te sientas cómodo –ya sea detallado o general- y apégate a
él. Confecciona una lista de tareas o un programa informático. Pero como quiera que sea, organízate,
aunque solo sea apuntando citas o tareas por hacer en un trozo de papel. Si no controlas tu tiempo,
acabará bajo el control de todo lo demás.

No procures entretenerte constantemente. Cuando tengas tiempo libre, haz algo productivo en vez de
dedicarte exclusivamente al entretenimiento. Lee un buen libro, sal a dar un paseo o conversa con
alguien. Dicho de otro modo, aprende a entretenerte con cosas estimulantes, creativas y que supongan
algún tipo de reto. Las cosas no tienen otro valor que el del entretenimiento contribuye escasamente a
nuestro bienestar.

Sé puntual. Si debes estar en un sitio a determinada hora, sé puntual. El apóstol san Pablo afirmó que el
buen aprovechamiento del tiempo es señal de madurez espiritual: “Mirad, pues, con diligencia cómo
andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”
(Efesios 5,15-16). Además la puntualidad pone de manifiesto la consideración por los demás y el valor
de su tiempo.

Cumple con la palabra empeñada. “No te comprometas a algo que no puedas cumplir –se exhortaba
George Washington a sí mismo- pero más vale que cumplas lo que has prometido” Si te has
comprometido a hacer algo cúmplelo y hazlo en el momento y de la forma en que te comprometiste a
hacerlo. Cuando hayas empeñado tu palabra en algo, cúmplela. Eso requiere la disciplina necesaria para
evaluar si cuentas con el tiempo y la capacidad para realizar determinada tarea. Asumido el compromiso,
la autodiscplina te ayudará a cumplir con él.

Aborda las tareas más difíciles primero. La mayoría de las personas hacen todo lo contrario. Se pasan el
tiempo llevando a cabo labores fáciles y de prioridad secundaria. Y al acabárseles el tiempo –y las
energías- las tareas más difíciles e importantes se quedan en el tintero.

Termina lo que empezaste. La vida de algunas personas es una larga retahíla de proyectos inconclusos.
Como dijo el poeta John Greenleaf Whittier: “de todas las palabras tristes alguna vez pronunciadas o
escritas, las más lamentables son: ¡Pudo haber sido!”

Si empiezas algo, termínalo. Esa es una importante clave para cultivar la autodisciplina.

Acepta la corrección. La corrección nos ayuda a cultivar autodisciplina al indicarnos lo que tenemos
que evitar. Por ende, no debe rechazarse, sino aceptarse de buen grado. Salomón escribió: “Escucha el
consejo, y recibe la corrección, para que seas sabio en tu vejez” (Proverbios 19,20); y “el oído que
escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará. El que tiene en poco la disciplina
menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento” (Proverbios 15,31-32).

Asume responsabilidades de buen grado. Ofrécete voluntariamente a realizar tareas que queden
pendientes. Eso te obliga a organizarte la vida de tal modo que tengas tiempo para esos proyectos.

A primera vista, estas sugerencias de orden práctico no atañen a principios espirituales. Pero no puede
uno dividir su vida en el plano práctico y espiritual. Mas bien se trata de vivir todas las esferas de nuestra
vida para la gloria de Dios (1 Corintios 10,31). La autodiscplina cultivada en los aspectos aparentemente
triviales de la vida acaba por trasvasarse al plano espiritual.

CONOCIMIENTOS PUEDE TENERLOS CUALQUIERA,

PERO EL ARTE DE PENSAR

ES UN DON MUY ESCASO EN LA NATURALEZA.