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HOREB 2020

UN ENCUENTRO CON DIOS

Nombre: _______________________________

Grupo: ________________________________

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HOREB
Encuentro con Dios

Horeb es el nombre con el que también se conoce al monte Si-


naí, lugar donde Dios habló a Moisés, monte santo y apartado
donde se dio una conversión íntima entre el hombre y su crea-
dor.
Los retiros del Movimiento Avanzada Católica se denominan de
esa forma para transmitir la esencia de esta práctica: apartarse y
“subir al monte” donde Dios nos espera para ser escuchado y
escucharnos.
Para oír la voz de Dios se necesita un ambiente apropiado. Un
clima de silencio, de recogimiento interior, que facilite el diálogo
personal con Él. Hablarle y escucharle. Y en ese ambiente, pode-
mos preguntarle sobre su voluntad sobre nuestras vidas.
Que estos días sirvan para renovar tu amor al Corazón de Jesús
y así te encamines en una vida de santidad ininterrumpida y cre-
ciente.
¡Bienvenido! Disponte a iniciar
ese diálogo con tu Creador.

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CONSIDERACIONES
PREVIAS

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CONSEJOS PARA VIVIR BIEN ESTE RETIRO

 Guarda el máximo recogimiento interior y exterior, para


tu propio beneficio y por consideración a tus hermanos
(as) que hacen el retiro contigo.
 Toma apuntes para guiarte luego en tu meditación
personal.
 Medita profundamente las lecturas bíblicas, acude si
deseas a las citas paralelas para comprender mejor la
Palabra de Dios.
 Toma la postura que más te ayude: ni tan incómoda
que te distraiga, ni tan cómoda que te disipe. Aunque la
más apropiada es de rodillas. También te ayudará fijar la
mirada en el sagrario o en una imagen, para evitar mejor
las distracciones.
 Haz cada día algún sacrificio o penitencia para que tu
voluntad se fortalezca.
 En el transcurso de las meditaciones debes ir concretando
propósitos. No lo dejes para el final del retiro.
 No confíes el éxito del Retiro a tus propios esfuerzos
humanos. Pide constantemente la gracia de Dios, que es
la protagonista en la obra sobrenatural.

Finalmente recuerda que:


 Hace falta mucho reflexionar y mucho examinarse para
llegar a conocerse.
 Además de conocerse, hace falta mucha oración para

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llegar a cambiar.
 El objetivo del retiro anual, no es solo pasar un tiempo de
meditación, sino elaborar un plan de vida adecuado que
me permita crecer en santidad este año.
 Ten presente que este tiempo de retiro es la mejor oportu-
nidad para pedir a Dios aquellas gracias que necesitamos
para avanzar en nuestra vida espiritual, por eso te reco-
mendamos que hagas constantes visitas al santísimo en los
tiempos oportunos.

“Siempre empiezo a rezar


en silencio, porque es en el silencio
del corazón donde habla Dios.
Dios es amigo del silencio:
Necesitamos escuchar a Dios,
porque lo que importa no es
lo que nosotros le decimos,
sino lo que Él nos dice
y nos transmite”

(“Camino de sencillez”, Santa Teresa de Calcuta).

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GUÍA PARA HACER LA MEDITACIÓN

Ponte en presencia de Dios, pídele la gracia para

1 que todo lo que vayas a meditar esté dirigido a la


mayor Gloria de Dios.

Pídele a Dios qué es lo que quieres alcanzar en

2 esta meditación: qué quieres entender, qué quieres


trabajar. Qué quieres escuchar de Él.

La composición de lugar es importante. Cuando va-

3 yas a meditar, imagínate lo que estás meditando: a


Jesús con sus apóstoles, caminando por Jerusalén,
en el mar de Galilea en medio de la tormenta, etc.

Aprovecha en leer tus apuntes, aquello que te llamó


más la atención de la meditación; las citas bíblicas

4 que te sugerimos te pueden ayudar también a con-


centrarte. Orar con la Biblia es importante y vital. Es-
cuchas las palabras de Dios.

En silencio, medita, ora: ¿qué debo sacar de esta


meditación para mi vida práctica? ¿en qué me ayuda

5 a acercarme a Dios y buscar ser santo? ¿Cómo des-


cubro la voluntad de Dios en mi vida. Pon medios
concretos para realizar lo que acabas de meditar.

Esta parte es importante: habla con Dios como con


un amigo. Lo bueno o malo que descubras, lo

6 que ves que te ayuda o te da miedo, aprovecha este


tiempo de diálogo, para que sea Dios el que ilumine
tu corazón y te dé aquello que necesitas para ser
santo.
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¿HE PERDIDO LA BRÚJULA?
“El hombre ha sido creado para amar, hacer reverencia y servir a
Dios y mediante esto, salvar el alma” es el principio y fundamen-
to de los Ejercicios Espirituales. Tú, como miembro de Avanzada
Católica, estás llamado a interiorizar, vivir y plasmar en tu perso-
na esta pauta para tu vida, esta relación indispensable que man-
tienes siempre con Dios. Sin embargo… ¿ha sido así? ¿Puede
que hayas perdido la brújula? En este tiempo de retiro debemos
preguntarnos: ¿por qué Dios me envió al mundo? ¿qué quiere
hacer Dios a través de mi?
Dios tiende su mano a nosotros y nos dice a cada uno: “tienes
que ser santo”. ¿Qué es la santidad? Esta es una pregunta difícil
de responder. Comúnmente se le ha propuesto como “cumplir
la voluntad de Dios con alegría”, pero, sin negar esto, quisiéra-
mos añadir un matiz particular y es el GOZO. El hedonismo con-
temporáneo ha conseguido que el placer, el gozo y la alegría se
confundan. ¿Qué diferencia existe entre ellos?
La sensación agradable fruto de la satisfacción del apetito cor-
poral (en todos sus órdenes), recibe el nombre de PLACER. Éste
refiere, pues, a la sensualidad y rectamente ordenado es positi-
vo, es bueno. Sin embargo, no debe confundirse con el gozo. En
el momento en que toda nuestra búsqueda se reduce al placer,
entonces hemos quedado reducidos al plano de lo meramente
animal; nos privamos de nuestra verdadera vocación trascen-
dente que poseemos por ser hombres y, más aún, por ser hijos
de Dios.
La alegría es la experiencia agradable aunque efímera fruto de la
cotidianidad de las experiencias a las cuales hacemos frente. La
risa, la sorpresa o la conformidad son disposiciones que nos ha-
cen partícipes de la alegría. Es algo espontáneo y pasajero. Sin
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ser mala e, inclusive, necesaria, tampoco agota el horizonte de
realización de la persona. Hemos sido llamados para algo más
que esto.
Ahora bien, el GOZO es algo totalmente diferente. Es una expe-
riencia que involucra todo nuestro ser, nuestra alma y nuestro
cuerpo, fruto del Espíritu Santo. Sin poder ser descrito totalmen-
te con palabras, podemos conceptualizarlo como el eje de la
santidad, es decir, la meta de todo cristiano. VIVIR ETERNAMEN-
TE GOZOSOS EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR: en esto consiste
nuestra vida futura (si somos de los de Cristo). “Vivir”, es decir,
mantenemos nuestra propia personalidad y nuestras potencias
para ser totalmente satisfechas por su creador. “Eternamente”,
no bajo los estándares del tiempo, sino de un modo sin fin, ya
no condicionado sino instantáneo. “GOZOSOS”, un estado de
plenitud sin límites, que no termina, que es dado para siempre
para nosotros. “En la presencia del Señor”, contemplando y par-
ticipando de la misma felicidad divina que es el gozo.
No podremos amar, hacer reverencia y servir a Dios si no apun-
tamos a ser santos, y no podremos ser santos si olvidamos este
componente fundamental: el gozo que Dios promete, y del cual
podemos ser partícipes ya desde esta vida, cumpliendo sus
mandamientos y permaneciendo en su presencia.
Ahora bien, Dios, a quien buscamos amar, desea ver algo con-
cretado en el mundo. Ésta es su VISIÓN: que la Jerusalén celes-
tial se instale en medio de nosotros. Evidentemente, no se trata
de caer en un “milenarismo”, es decir, en la pretensión de que el
Reino de Dios llegará a ser definitivo en esta vida: se trata de
apuntar a que Dios reine en los corazones de las personas y que
su nombre sea reverenciado. Para ello nos otorga un PROPÓSI-
TO: que nos dediquemos a conseguir que Él reine en medio de
los corazones de todos, que sea verdaderamente Rey en los co-
razones de las personas, especialmente de los más reacios. Des-

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de luego, como decía Santa Teresa, Dios no tiene otras manos
sino las nuestras. Para que nuestro propósito se haga realidad,
nos otorga una MISIÓN: ser corredentores con Cristo.
¿He cumplido con la visión y la misión? ¿El principio y funda-
mento se me han clavado en el corazón? Por dejadez, ¿no habré
impedido el nacimiento de una persona en la fe? Debemos re-
flexionar sobre nuestro destino, debemos repensar lo que he-
mos hecho hasta ahora, el fruto que hemos dado. Quizás, Dios
no ha sido verdaderamente quien ha guiado nuestra vida y pue-
de que no hayamos sido conscientes del gozo que nos promete,
pero es la oportunidad de retomar el rumbo. No desaproveche-
mos esta oportunidad para encontrarnos de nuevo con la brúju-
la en la mano y, en el mapa de nuestra vida, orientémonos al
norte del gozo eterno que únicamente puede entregarnos Dios.

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EXAMEN DE CONCIENCIA

¿He cuidado mi vida espiritual? ¿He sido delicado en cuidarla?

¿He caído en la rutina y no he puesto los medios para salir de


ella? ¿Me he desanimado sin sentido y he creído que ya no pue-
do seguir adelante?

¿Cómo he estado viviendo mi vida de oración? ¿He puesto to-


dos los medios para realizarla con la mayor perfección?

¿He dialogado con Dios o me he buscado a mí mismo? ¿La he


postergado?

¿Soy consciente de la importancia de dar testimonio, con mi vi-


da cotidiana, de la presencia de Dios en medio del mundo? ¿soy
coherente en mi forma de vivir en donde me toca estar? O, ten-
go doble vida: ¿uno en el movimiento y otro en la calle, con mis
amigos?

¿Hago las cosas por cumplir, para quedar bien? O, ¿Por qué de
verdad quiero buscar a Dios y conocerle? ¿Quiero buscar, de
verdad, el rostro de Dios?

¿La vida sacramental es una de las prioridades en mi vida espiri-


tual? ¿He postergado la confesión poniendo excusas? ¿Cómo he
vivido la Misa y cómo me he dispuesto para la Eucaristía? ¿Me
preparo con conciencia o me he relajado? ¿La vida sacramental
se me ha vuelto una rutina?

¿Me he preparado para vivir bien este retiro? ¿Lo he planificado


a tiempo? ¿He venido con conciencia de vivir bien una vida de
perfección y santidad? O, ¿he venido porque es una actividad
más en el año?

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MEDITACIONES

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TEMA 1: PRINCIPIO Y FUNDAMENTO

PUNTOS PARA MEDITAR


 El hombre sólo sabrá «quién es» si conoce «de donde vie-
ne», es decir, cuál es su primer principio. Y, además, sólo
sabrá «para qué existe» si es que conoce «hacia dónde va»,
es decir, cuál es su último fin. Por tanto, debo estar con-
vencido que Dios es mi principio y mi último fin.
 Hemos sido creado para alabar, reverenciar y servir a Dios,
y mediante esto, salvar su alma. Me veo a mí mismo como
criatura de Dios: vengo de Dios, vengo todo de Dios, total-
mente de Dios, siempre de Dios.
 De acuerdo a eso, el fin de nuestra vida es servir para
siempre a Dios. Nuestra propia respuesta de amor permite
que la vida de Dios fluya en nosotros sin límites. Debo bus-
car cuál es su voluntad y vivir para El.
 Es fundamento, porque es el cimiento de toda la vida espi-
ritual que se construye en ella. Sin este principio y funda-
mento, se harán con buen fruto los ejercicios espirituales.
El conocimiento de mi Creador me conduce al cumpli-
miento de mis deberes fundamentales.
 No hay cosa más útil que vivir para el último fin, sirviendo,
glorificando y amando a Dios de todo corazón, en todas
las circunstancias concretas de mi vida.

EXAMEN
1. ¿Soy consciente de que mi existencia de cada instante de-
pende de Dios? ¿Se lo agradezco de corazón? Dios me ha

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dado es la existencia… ¿Qué le doy yo a él?
2. ¿Sigo a Dios, busco a Dios de manera amorosa o, lo hago
por obligación?
3. ¿Tengo presente que todos los días debo trabajar y procu-
rar ir al cielo, al encuentro de Dios? ¿Soy o, he sido, muy
descuidado para conseguirlo?
CITAS BIBLICAS
 Mateo 7, 21 – 29
 2 Corintios 4, 16 – 5,10
 Marcos 12, 30
 Romanos 11, 56
 1 Corintios 10, 31Marcos 12, 30
 Romanos 11, 56
 1 Corintios 10, 31

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TEMA 2: TANTO CUANTO

PUNTOS PARA MEDITAR

 Todas las cosas que me ha dado Dios, están orientadas, a


que pueda alcanzar el último fin para el que he sido crea-
do.
 La Regla de Oro o La Regla del Tanto Cuanto dice que el
hombre debe hacer uso de las criaturas tanto cuanto le
ayuden a acercarse a Dios; y si le estorban, debe rechazar-
la.
 Las cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hom-
bre y para que le ayuden a conseguir el fin para el que han
sido creados. Si quieres asegurar tu último fin, debes poner
tu corazón en Dios, y no en las cosas, personas, etc.
 Si pongo mi corazón en ellas, me hace desviarme de mi
último fin: me desordena, me hace pecar.

EXAMEN

1. Dios que es tu Padre sabe qué es lo que más te conviene,


¿te resistes, quejas o reniegas de El cuándo su voluntad no
está conforme a la tuya?
2. No puedes servir a Dios, si estás atado a las criaturas o a
las cosas, ¿qué cosas crees que puedes dejar de una vez,
que te impiden alcanzar tu fin último? Por ejemplo: Mi
imagen, afectos, comodidades, caprichos.
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CITAS BIBLICAS

 Génesis 1, 26 - 29
 Mateo 16, 24-27
 Lucas 9,22-25

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TEMA 3: DOS BANDERAS

PUNTOS PARA MEDITAR

 El objetivo de esta meditación, es que el ejercitante tenga


en cuenta, que no se trata de elegir una bandera y otra;
sino que esté atento contra los engaños del demonio y,
una vez determinado, rechazarlo.
 La PRIMERA BANDERA, es la del demonio; que odia al
hombre y busca tentarlo hasta lograr que pierda su alma.
Su estrategia es: ESTUDIAR al hombre; una vez estudiado,
lo ATACA, atrayéndolo con engaños de placer, honor y ri-
quezas y, el ataque final lo da con la soberbia. Con estas
primeras tentaciones, se da pie a todos los demás vicios.
 Por otro lado, la SEGUNDA BANDERA, tiene como Sumo
Capitán a Cristo, Señor legítimo del mundo rodeado de su
ejército, la Iglesia. Jesús se pone junto a nosotros, lleno de
humildad. El lleva en sí mismo toda la majestad del cielo.
 Cristo, por el contrario, lo que quiere es traer a todos los
hombres, por el camino de la sencillez y humildad. Tres es-
calones: de pobreza contra riqueza; humillación contra el
vano honor del mundo; de humildad contra soberbia. Y
luego, de subir estos tres escalones, podemos alcanzar to-
das las demás virtudes.
 El ejército de Cristo está conformado por la Iglesia: Dios
escoge a cada uno y los envía por todo el mundo para ga-
nar más almas para él.

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EXAMEN

1. ¿Estoy atento a reconocer los engaños del demonio? ¿Los


reconozco fácilmente?
2. ¿He sido descuidado y he caído fácilmente en sus tentacio-
nes?
3. Ahora que sé que el demonio y Cristo luchan por mí, ¿qué
es lo que debo hacer yo? ¿Cómo debo reaccionar ahora?
4. Luego de esta meditación, ¿estoy decidido a no dejarme
engañar por el demonio y caminar con Cristo, hacia la per-
fección?

CITAS BÍBLICAS
 Lucas 11, 14-23
 2 Corintios 1, 18-22

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TEMA 4: EL PECADO

EXAMEN
 Lo primero, me veo a mismo… ¿qué veo? ¿cómo está mi
vida espiritual de cara a Dios?
 Si Dios, a los ángeles que pecaron, les dio una condena
eterna, ¿soy consciente de cuánto debo tener en cuenta la
infinita justicia de Dios?
 ¿Soy consciente que el pecado rompe mi amistad con
Dios?
 ¿Me he dejado llevar por vicios, que han terminado siendo
pecados?
 ¿Soy consciente que toda la malicia de mi pecado es la
que hace que yo ofenda a Dios?
 ¿Soy ingrato para con Dios, que me lo ha dado todo?
 ¿Me pregunto con frecuencia sobre cuál ha sido el modo
en que he ofendido al Señor?
 ¿Estoy dispuesto a reconocer qué cosas son pecado, para
finalmente salir de ellas?

CITAS BIBLICAS PARA LA MEDITACIÓN


 Salmo 50
 2 Samuel 11. 12
 Romanos 6, 12-14

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TEMA 5: JESUCRISTO,
EL IDEAL DEL SER HUMANO

EXAMEN

1. ¿Reconozco quién es Cristo en mi vida? Y, partir de eso,


¿puedo reconocer quién es el hombre y cuál es mi digni-
dad?
2. ¿Soy capaz de ver que en el conocimiento de Cristo en mi
vida me da todas las oportunidades de ser mejor? ¿Es El
quién ilumina la vida del hombre? ¿mi vida?
3. Al ver a Jesucristo y como vive en comunión con Dios, ¿me
veo a mi mismo viviendo de la misma manera? ¿Soy de los
que vive según Dios, a semejanza de Jesucristo, todos los
días? O, ¿me canso de seguirle?
4. ¿Puedo decir de mí mismo que estoy cerca de decir como
San Pablo: es Cristo quien vive en mí?
5. ¿Puedo ver en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesu-
cristo que ése es el horizonte de vida que El me propone?
6. ¿Estoy dispuesto a vivir, en mi unión con Cristo el amor
hasta el extremo?

CITAS BÍBLICAS

 Lucas 2, 48
 Mateo 25, 1 -13

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 Juan 15, 13
 1 Corintios 15,4
 Romanos 8,3
 Romanos 16, 25 -26
 Efesios 3, 8-9
 Gálatas 2,20
 Gálatas 2,20

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TEMA 6: CONCIENCIA DE LO QUE SOMOS

PUNTOS PARA MEDITAR


 “Tu gran confianza en Mí Me obliga a concederte gracias
continuamente. Tienes grandes e inexpresables derechos
sobre Mi Corazón, porque eres una hija de plena confian-
za.” (Jesús a Santa Faustina)

 La santidad no te hace menos humano, porque es el en-


cuentro de tu debilidad con la fuerza de la gra-
cia. (Gaudete et Exusltate n. 34)

 El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida,


la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere san-
tos y no espera que nos conformemos con una existencia
mediocre, aguada, licuada. (Gaudete et Exusltate n. 1)

CITA BÍBLICA
 Génesis 1:27
 Jeremías 1:5
 Jeremías 17, 7 – 8
 1 Corintios 6:19-20
 Gálatas 3:27-29: 27

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TEMA 7: MEDIOS DE PERSEVERANCIA

PUNTOS PARA MEDITAR

 Tú deberías amar a Dios por ser quien es, suma e infinita


bondad, deberías amarle con todas tus fuerzas y, de esa
manera, ponerte en sus manos para obrar conforme a su
voluntad. Para Ser SANTO.
 La perseverancia es importante para alcanzar la santidad.
 Ser fiel a la gracia te ayuda a perseverar. ¿Cómo soy fiel a
la gracia? Confesándote con frecuencia, comulgando en
gracia, haciendo tu oración, cumpliendo la voluntad de
Dios en tu vida. Oyendo lo que Dios quiere de ti en cada
momento, y haciéndolo con alegría. La alegría es fuente de
santidad.
 La vida sacramental y la vida de oración, son fuente de la
vida de gracia. Es importante que vivas bien tu vida espiri-
tual, para que perseveres en tu camino hacia Dios.
 Los siete puntos básicos, herencia del Padre Pablo Menor,
fundador de Pro Ecclesia Sancta, son los pilares de la gran
construcción de nuestra vida espiritual y nuestra santidad.
 Hacer énfasis en la vida de oración, en el amor a la eucaris-
tía y el espíritu de vigilancia.
 La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, también nos
ayuda a perseverar en el camino de la vida espiritual. Es, en
efecto, la devoción más grande, pues es el mismo Corazón
de Cristo a quien uno le tiene devoción.

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EXAMEN
1. ¿Estoy dispuesto a amarle con todo el corazón, con toda el
alma y con todas mis fuerzas y a cumplir su voluntad en
mí? ¿Seré capaz de entregarme a mí mismo al Señor?
2. Después de todo lo que he vivido, ¿quiero ser santo?
3. ¿Estoy decidido a poner todos los medios posibles para
serlo?

CITAS BIBLICAS
 Mateo 5, 48
 Mateo 6, 5 - 6
 Romanos 12, 10-14
 1 Tesalonicenses 4, 3
 Efesios 1,4

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APÉNDICE 1: EXAMEN DE CONCIENCIA
"Descálzate, porque la tierra que pisas es sagrada" (Ex 3,5)

Cada año es necesario descalzarse, quitarse las sandalias,


porque vamos por la vida muy cargados. Y es preciso sacar-
nos el polvo para entrar "con los pies descalzos" en la presen-
cia de Dios. Descalzarse es señal de pobreza. Es darle a Dios
un corazón vacío de si mismo. De todo. Así entraron los san-
tos. Descalzos, ligeros, pobres.
En el monte Horeb, ante la zarza ardiendo, Dios dice a Moisés
que se descalce porque la tierra que pisa es sagrada. Esas
mismas palabras nos las dice hoy día a nosotros.
Encontrarse a Dios en el silencio y en la oración de un retiro
es recibir la gracia que hace posible nuestra santificación.
Los santos no nacen, los hace Dios, poco a poco en la medida
que ellos se dejan. Dios llama, espera, insiste pero respeta
Ha pasado rápidamente el año.
A los que han sufrido mucho, tal vez sus horas se hayan he-
cho interminables. Si las has llevado bien ¡Cuantos méritos
que se convertirán en gloria!
A los que se han divertido mucho, se les ha pasado como un
soplo.
Para unos y para otros, pasó. Pasaron los sufrimientos y
pasaron los placeres.
A todos se nos fue el ano de las manos, para no volver más.

Como ha pasado este año pasaran los que nos quedan de vi-
da y con más rapidez.

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Pasaron los placeres que te ilusionaban. ¿Qué te han dejado?
Si fueron desordenados, te han dejado remordimientos,
purgatorio, infierno.
Aunque fueran ordenados, si no los espiritualizaste, pasaron
sin dejarte nada en las manos: sombra, humo.
Paso el tiempo ¿Qué has ganado con él?
¿Dinero? Lo perderás todo en la hora de la muerte.
¿Gracia? ¿Aprovechaste los medios que el Señor te puso
para incrementar tu fe, tu amor y tu esperanza? Disfruta-
ras de ellos toda la eternidad.
¡Cuanto cielo podías haber adquirido en un año!¡Qué capital
tan estimable podías haber depositado en el banco de Dios!
¿Qué has hecho con el tiempo?
De las 24 horas que tiene el día ¿cuántas has desperdiciado?
Las que gastaste durmiendo mas de lo debido, arreglándote
excesivamente, leyendo o viendo cosas frívolas, divirtiéndote
exageradamente, sosteniendo conversaciones inútiles...
Tiempo perdido que no volverá.
Dios es quien señala a cada hombre el numero de días que ha
de vivir; y El se reserva ese secreto. Por lo tanto, con certeza
no dispongo ni de un aho, ni de un mes, ni de una hora, ni de
un segundo.
¿Cuántas horas has dedicado al apostolado? ¿Cuántas
obras de misericordia has hecho? Al cabo del año eso te
quedara para la eternidad.
Aunque no hubieras hecho cosas extraordinarias, si hubieras
hecho bien las ordinarias, si hubieras cumplido fielmente con
tu deber, esas obras ordinarias hechas en gracia de Dios hu-
bieran multiplicado el caudal de tus méritos eternos.

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Ahora tienes un nuevo año delante de ti: otro gran beneficio
que Dios pone al alcance de tus manos. Aleccionado con la
experiencia de los años que pasaron, procura aprovecharlo
bien, que acaso sea el último que puedas disponer.
Un año más. Un esfuerzo mas en la vida espiritual, un paso más
en el camino del espíritu. ¿Qué grado de santidad querrá Dios
de ti en este año?
Organiza bien tu vida.
No pases un momento en pecado mortal, que eso es caminar
hacia el infierno. ¿Qué vicio deseas erradicar de tu alma?
No cometas pecados veniales deliberados, que son tropezones
que te detienen en el camino de santidad. ¿Qué propósito no
cumpliste el 2016?
Distribuye bien las horas del día en cumplir tus deberes, en
ocupaciones provechosas.
Purifica la intención en todas tus obras. No hagas nada por
vanidad, por respeto humano. Todo por motivos sobrenatura-
les, por amor a Dios, a Jesucristo.
Pon empeño en hacer bien, con toda perfección, lo que estas
haciendo, como si fuera la ultima obra de tu vida.
¿Has perdido mucho tiempo en tu vida? Procura resarcirlo
aprovechando muy bien lo que te queda.
Al comenzar este retiro ofrece al Corazón de Jesús el tiempo
que te regala. Puedes tambien hacer un ofrecimiento de todo el
año. Un acto de aceptación con todos los sufrimientos y gozos
que te envíe; todo para su gloria por intercesión de la Santísima
Virgen.
Dios te ofrece un año mas, capital valioso, para que hoy
negocies con el y compres eternidad. !Señor que llore el tiempo
perdido y aproveche mejor lo que me queda!

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EL EXAMEN DE CONCIENCIA DIARIO
NOS AYUDA A:

1. Evaluarnos y diagnosticar para dar frutos abundantes.


2. Señalar nuestro progreso.
3. Preparar la confesión y descargarnos rápidamente de
nuestros pecados.

PASOS:

1. Dar gracias a Dios por los beneficios recibidos.


2. Pedir gracias para reconocer los pecados cometidos,
cuántos, cuáles y cuán graves. Ver las faltas con sinceridad.
3. Pedir perdón con verdadero arrepentimiento.
4. Propósito de enmienda.

TRES NIVELES:

1. Examen Particular
Sobre el defecto que queremos erradicar o la virtud que
queremos alcanzar.

2. Examen General
Ayuda a evaluar cada día la relación con Dios, contigo mis-
mo y con los demás a la luz de los 7 puntos básicos.

3. Objetivo Anual
Evalúa tus avances de cara al objetivo anual

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APÉNDICE 2: PLAN DE VIDA

"Olvido lo que deje atras y me lanzo a lo que esta por delante,


corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me
llama desde lo alto en Cristo Jesús". (Flp 3,12-14)

San Agustín, nos ha dejado una frase que viene muy al caso
ahora que estamos por definir un nuevo plan en el camino
de nuestra santidad. Él decía "Conócete, acéptate, supérate".
Aceptar y no resignarte porque entre ellos hay una diferencia
muy grande. Resignarse es reconocerse como soy y creer
que ya no se puede cambiar. "He tratado tantas veces de ser
paciente, especialmente con mi suegra... pero ya me conoz-
co, no puedo cambiar. Es algo superior a mis fuerzas".
Aceptarse en cambio es reconocer lo que uno es y estar dis-
puesto a luchar para cambiarlo. Saber que la gracia de Cristo
nos puede transformar.
Con esta esperanza elabora tu Plan de Vida, en el escribe los
propósitos que deseas alcanzar este año según los deberes
de tu propio estado:
vida espiritual, personal y familiar, apostolado y compromiso
en el Movimiento.

Recomendaciones:
 Luego de hacer el Plan de Vida, enséñalo a tu guía espiri-
tual.
 No te pongas objetivos si no defines CUANDO (fecha) y
CUANTO (regularidad) lo vas a cumplir, ponte fechas con-
cretas siempre.
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 Controla mensualmente tu avance y cumplimiento del plan
en todos los aspectos.
 El tiempo ideal para comenzar, modificar, enriquecer o
perfilar un programa de vida espiritual son los días en
que tenemos más momentos de oración, de silencio y de
reflexión, en donde el Espíritu Santo nos ilumina para per-
cibir la verdad mas claramente lo que el Señor nos pide
cada año.

HOREB 2020 52
MEDIOS
PROPÓSITO QUE CUÁNTO Y
ASPECTOS CONCRETOS PARA CUÁNDO
DESEO LOGRAR CUÁNTAS VECES
ALCANZAR

HOREB 2020
ESPIRITUAL

MIS ESTUDIOS
Y/O TRABAJO

HUMANO Y
FAMILIAR

APOSTÓLICO

IDENTIDAD

53
HOREB 2020 54
LECTURAS
COMPLEMENTARIAS

HOREB 2020 55
HOREB 2020 56
SANTIDAD, PERFECTA CARIDAD Y PLENA
FELICIDAD COMO LO ENSEÑÓ
NUESTRO FUNDADOR

El camino de la virtud, de la renuncia al pecado mortal y la lucha


contra el pecado venial, es camino seguro de felicidad, porque
el pecado roba la alegría del corazón. Y este camino de virtud
por amor a Dios, no es otra cosa que la batalla por alcanzar la
santidad.
Aquella llamada que nos ha hecho Dios desde el Bautismo y que
nos la reafirma al convocarnos en Avanzada Católica, espera de
nosotros jornaleros perseverantes, que con humildad sepamos
pedir perdón y volver a empezar confiados en la misericordia de
Dios.
Es Dios mismo quien nos invita a actualizar en nuestras vidas el
triple mensaje de santidad. Así nos habla el P Menor: “Por eso, el
Padre desde el Sinaí llama al hombre para la santidad: “Sed san-
tos como YO vuestro Dios y Señor soy Santo” (Lv 19,2); y el Hijo
en el sermón de las bienaventuranzas: “Sed perfectos como el Pa-
dre” (Mt 5, 48); y el Espíritu Santo por el Vaticano II “Quedan to-
dos obligados a buscar la santidad” (LG V, 42).
Pero esta exigencia radical de santidad…nos llama al mismo
tiempo que, a conocer sus demandas, también sus garantías.
Porque el Señor que así nos llama, así hará realizable tan alto pe-
so de perfección.
Y decimos que esa fianza de arraigo la tienen precisamente los
Siete Puntos Básicos: ellos son fundamento, apoyo firme y seguro
para desafiar todas las dificultades que pueden presentarse.
Precisamente: esa exigencia de mucha diaria oración, esa deman-

HOREB 2020 57
da de mucha y continua abnegación, ese enamoramiento de Cris-
to en su triple aspecto:
Misa (redención) o Cristo Redentor
Eucaristía (alimento) o Cristo Comunión, de aquí
Cristo eucarístico: sagrario, intimidad
Ese espíritu de vigilancia que incluye el examen de conciencia, la
dirección espiritual y los Ejercicios Espirituales; llevan consigo
una seguridad tal de alcanzar esa alta santidad, que no será
posible no llegar a esa meta.
Tenga por norma invariable vivir cada día de esos Siete Puntos
Básicos, que bien pueden llamarse “graneros” de toda santidad.
Sobre todo que, con el enamoramiento de Cristo suponemos la
vivencia continua y perfecta con María, la Madre de Jesús”.
Pidamos al Corazón de Jesús haga de nosotros, mujeres y hom-
bres heridos por el fuego de la santidad.

HOREB 2020 58
SOLO UNA VIDA

En el Evangelio se nos hablaba de las bienaventuranzas: felices


seréis en la medida en que seáis pobres en el espíritu, bienaven-
turados si lloráis, dichosos si vivís la mansedumbre.
Y pensaba que una persona que vivió todo esto fue San José: él
tenía hambre y sed de justicia, de santidad; él fue misericordioso
con todo aquél que estaba necesitado de que le ayudaran a lle-
var su miseria. Fue José un hombre limpio de corazón y por eso
pudo ver a Dios en esta misma tierra.
Vamos a pedirle a este maestro de la vida interior que nos con-
siga cercanía, proximidad con Dios. Para que no tengamos otra
meta en nuestra vida, otra ilusión que hacer su voluntad.
Que no busquemos nuestra afirmación personal al margen de lo
que Dios quiere de nosotros. No sólo una afirmación personal
contraria sino al margen de lo que tiene que ser la razón de ser
de nuestra vida.
Solamente seremos bienaventurados, felicísimos, si nos entrega-
mos para que se realice el querer del Señor: aunque sea paradó-
jico como son las bienaventuranzas.
Las personas que nos hemos entregado a Dios no tenemos
asuntos personales y además, asuntos relacionados con Dios,
como si las dos clases de asuntos fueran complementarios. Para
las santos sólo hay un tipo de asuntos.
En el fondo esto es la unidad de vida: que todo, absolutamente
todo, hasta el descanso, hasta el sueño, acabe siendo oración,
acabe siendo amor a Cristo.
Los santos han sido personas que sólo tenía un fin: hacer la vo-
luntad de Dios. Eso tiene muchas consecuencias prácticas. No
HOREB 2020 59
debemos contrariarnos, chirriar, si no tenemos tiempo para
nuestras cosas personales porque en realidad no deberíamos
tener cosas sólo personales, como si sólo fueran nuestras.
La unidad de vida para alguien que busca la santidad en medio
del mundo, es fundamental porque nosotros no sólo nos ali-
mentamos espiritualmente de rezos: nuestra misión es santificar
lo material.
Se necesita rezar mucho para que lo de fuera sea lo mismo que
lo de dentro: en realidad la unidad de vida tiene mucho que ver
con la sencillez.
Que nos dé igual ordenar la habitación que trabajar en el asunto
más trascendente. Ordenar nuestro armario no es una cosa per-
sonal, sino que refleja lo que somos cara a Dios, aunque no nos
viese nadie más que Él.
Necesitamos hacer oración para ver a Dios en todo, también en
lo que los demás no ven.
Cuánta gente predica una cosa y hace otra: pero la verdadera
fuerza ésta en cuando se nota que hacemos lo que decimos.
Y debe ser lo mismo: hacer que decir, realizar una cosa ordinaria
que una que llaman extraordinaria.
Qué feliz se encontraba San José aserrando troncos. Él, que era
una de las personas mejor dotadas que han existido, con una
riqueza interior prodigiosa, estaba feliz en la carpintería.
Por eso Satanás no pasaba del umbral de su taller, porque aquel
ruido de la sierra y del martillo era como una música religiosa.
No sabía el demonio por dónde tentarle: este carpintero le pa-
recía un ser enigmático: se encontraba feliz con su trabajo mo-
nótono y gris, quien podía haber sido una celebridad.
«No lo entiendo, no lo entiendo: cómo una persona puede vivir
sin buscar el lucimiento en las cosas que hace».
HOREB 2020 60
En el trabajo apostólico debemos de dar prioridad a la forma-
ción... Y la formación en gran medida consiste en conducir a ca-
da uno a la unidad de vida.
A unos habrá que insistirles en que no piensen que la vida inte-
rior consiste sólo en rezos. A otros, ayudarles para que en la
práctica nada esté al margen de Dios.
Efectivamente hay una ruptura en la unidad de vida cuando se
conduce la vida interior al margen del trabajo: entonces se ven
las prácticas de piedad como un gasto de tiempo.
Y es que la vida interior es como un árbol, que se alimenta de
todo lo que tiene alrededor, y el trabajo es una de las facetas
que está más presente en nuestra vida.
La vida interior se alimenta también de las dificultades. Debe-
mos ser santos, no «a pesar de las dificultades», sino «a través»
de ellas.
Todo nos ha de llevar a Dios, incluso el pecado. Nosotros tene-
mos la posibilidad de amar a Dios desde el pecado: quizá la vida
interior no consista en otra cosa que hacer muchos actos de
contrición, porque nosotros somos pecadores.
Nos acordamos de aquel pasaje de la Sagrada Escritura en la
que se dice que los hombres movido por el orgullo quisieron
hacer una torre, como si se tratase de un monolito, un monu-
mento construido para emular a Dios.
Es como si el hombre dijera: hago esta torre para que se vea cla-
ramente que yo puedo construir cosas de espaldas a Dios.
Sabemos que aquello terminó mal. Cuando uno vive de espal-
das a Dios, cuando no quiere contar con Dios, a esto llamamos
pecado.
Y precisamente el pecado es lo más deletéreo, lo que más
desune, por eso a aquella torre se le llamó «Babel», que significa

HOREB 2020 61
confusión. En ese sitio ya los hombres no se entendían. Al sepa-
rarse de Dios, también entre ellos dejó de haber comunicación
fluida.
El pecado es lo que hace que se pierda la unión, la unidad. Por
eso la mejor forma de reconstruirla es la contrición, el pedir per-
dón.
Dile al Señor ahora mismo: –Tú sabes todo, Tú sabes que a pe-
sar de mi miseria, te quiero.
El pecado es lo que separa, y disgrega, y el amor es lo que crea
la unidad. El amor simplifica todo: ama y haz lo que quieras de-
cía San Agustín.
Todos los alimentos se unen en el estomago, se entremezclan
para pasar al organismo, allí ya no hay primer plato, segundo
plato y postre. Según dicen en la barriga se mezcla todo, para
luego darnos la energía que nos hace vivir.
También en el organismo sobrenatural todas las virtudes se aca-
ban entremezclando y nos ayudan a vivir la vida de nuestro Se-
ñor. Todas las virtudes se mezclan para ayudarnos a ser otro
Cristo.
Todo lo que hacemos tiene que servir para eso. Nada debe estar
desconectado de nuestra vida en Cristo.
En esto consiste la santidad en nuestra unión con Cristo. La san-
tidad es perfección, pero no es una perfección cualquiera. La
santidad es perfección en el amor. Hacer las cosas por Él y en Él,
porque el amor es unión de voluntades.
Cuando algunas cosas que hacemos están desconectadas de
amor de Dios, entonces no sirven para lo principal de nuestra
vida.
Y lo curioso es que se pueden hacer prácticas de piedad sin que
haya esa conexión. Cuando se hacer normas de piedad desco-

HOREB 2020 62
nectadas del Señor, indudablemente se busca la perfección, pe-
ro es una auto-perfección
Hay diversas formas de asemejarnos, pero hay una sola santi-
dad, una sola, que es vivir la vida de Cristo.
Aunque seamos todos distintos, con carácter diferente, tenemos
todos la misma partitura que seguir.
La misma sinfonía interpretada con instrumentos distintos, cada
uno el suyo: eso es la santidad.
Pero en nuestro camino por identificarnos con el Señor, por se
ipse Cristus, el mismo Cristo, habrá muchas veces que desafina-
mos. Que no interpretamos bien la melodía. Entonces habría
que rectificar hasta que nos salga según la voluntad de nuestro
Director de orquesta.
Poniendo un símil de la jardinería podemos decir, que en la vida,
nuestras equivocaciones y pecados pueden formar un tapón
que obstruya el paso del agua, y se impide el riego que hace
crecer las plantas
En nuestra vida conviene limpiar los canales, que no haya tapo-
nes que impidan la conexión con Dios.
Hay que limpiar los conductos del alma para que las hojas
muertas por pecado no obstruyan los canales por donde nos
llega el amor de Dios. Esto es el arrepentimiento, la contrición,
que el Señor nos pide para unirnos a Él, sabiendo que nosotros
somos pecadores, ante todo pecadores. Pero el pecado no pue-
de separarnos de la unión con Dios.
La unión con Dios, que es unión con su voluntad: amor profun-
do a la voluntad del Señor. Esto es lo que hace que en esta tie-
rra sólo tengamos un objetivo.
A veces no tenemos ganas de hacer la voluntad de Dios, pero
eso no importa. Lo que verdaderamente importa es que aunque

HOREB 2020 63
sea a contra pelo la realicemos.
Cuando hacemos la voluntad de Dios con sentimiento, bien es-
tá, pero en esta vida tiene más valor hacer el querer del Señor
sin ganas.
Ante un viaje, un santo del siglo XX decía:
–¿Queréis saber por qué será de mucho fruto este viaje? Porque
no tengo ganas de ir.
Bien sabía este santo que las cosas tenía que hacerlas como las
hicieron los místicos del siglo XVI, por «dar contento» al Señor.
No por darnos gusto a nosotros. Y esto se ve claro cuando esos
dos gustos no coinciden.
Estamos en temporada de esquí, y podemos poner un ejemplo
de este deporte: cuando se hace la voluntad de Dios vamos en
telearrastre, cuando no se hace así, es agotador, subir una mon-
taña con nuestras propias fuerzas.
La Virgen dio gustó en todo a Dios, no tuvo otra meta en la vida
que hacer su voluntad, vivía siempre pensando en Él. Y como
San José también ella fue felicísima, bienaventurada, porque su
vida fue la de Jesús, no tuvo otra..

AMOR A LA VOCACIÓN. RECOMENZAR. SANTIDAD


PERSONAL

Puede parecer una verdad de Perogrullo, pero lo verdadera-


mente importante en nuestra vida es la llamada de Dios. Mu-
chas mujeres santas han existido, pero sólo a una la eligió Dios
para que fuese su Madre.
En la hora actual, no hace falta tener muchos conocimientos de
historia, o saber mucha teología para darse cuenta de que son
HOREB 2020 64
pocos los que se mantienen con ideas claras. Hace medio siglo
este cataclismo era impensable.
El Señor –por su misericordia– nos ha mantenido fieles a nuestra
vocación cristiana. Pero esto no nos sirve de orgullo, sino de
agradecimiento al Señor, que nos ha puesto en camino al Cielo.
Con la llamada, el Señor nos da unas cualidades especiales, una
serie de carismas. Que el Señor nos ha dado precisamente para
ser santos, cada uno siguiendo su camino.
«¿Cómo podré expresar la angustia de mi corazón? En un ins-
tante se me presentó la vida con toda su realidad, llena de sufri-
miento, y continuas separaciones, y derramé amarguísimas lá-
grimas. Ignoraba entonces el goce del sacrificio» decía Teresa
de Lisieux.
Pues a nosotros, por nuestra vocación también nos sucederá lo
mismo: incluso en el sacrificio sentiremos goce, mejor dicho: su-
frir para nosotros será llenarnos continuamente de amor.
Con la mirada que posa sobre nosotros, Dios nos invita a la san-
tidad. El Señor nos ha llamado y busca nuestra respuesta: la co-
rrespondencia a esa llamada. Y nos estimula a la conversión y al
progreso en la vida espiritual.
Pero sin provocar nunca la angustia de no llegar. Esa «presión»
que sentimos a veces bajo la mirada de los demás. Y es que en
la vida sufrimos frecuentemente la tensión de responder, a lo
que los demás esperan de nosotros (o a lo que nos imaginamos
que esperan de nosotros).
Y esto puede acabar resultando agotador. Precisamente en
nuestro tiempo hay gente que desecha el cristianismo, sus dog-
mas y sus mandamientos bajo el pretexto de que es una religión
culpabilizadora.
Pero es lo contrario: bajo la mirada de Dios nos sentimos libera-

HOREB 2020 65
dos del agobio de ser «los mejores», los perpetuos
«ganadores». Bajo la mirada de Dios podemos vivir con el áni-
mo tranquilo. Sin hacer continuos esfuerzos por mostrarnos co-
mo en nuestro mejor momento. No es necesario gastar energías
en aparentar lo que no somos. Delante de Dios podemos –
sencillamente– ser como somos.
Por eso no existe mejor técnica de relajación que ésta: apoyar-
nos como niños pequeños en la ternura de un Padre que nos
quiere como somos. Y cuando seamos viejos, no nos arrepenti-
remos de habernos entregado al Amor de Dios en plena juven-
tud. Los amigos, nos pararan por la calle, y nos dirán : tu eres el
que más suerte ha tenido.
Eso lo dirán desde un punto de vista humano. Lo que no sabrán
es la recompensa que nos espera por nuestro amor de Dios: con
mayúsculas podremos decir que nuestra vida ha valido la pena.
VALE LA PENA.
La gente madura es amante de la estabilidad, en el fondo, del
ahorro de energías. A la persona adulta no suele gustarle tanto
el cambio. Sin embargo la experiencia de la vida es experiencia
de la inestabilidad humana, del cambio: la experiencia de la fra-
gilidad.
Y esta experiencia muchas veces desemboca en la desilusión,
como dicen los poetas: en las aguas agridulces del escepticismo.
Y es cierto. Esta es realidad: que muy pocas cosas logran esca-
par del desgaste del tiempo. Las ideas se apolillan, como los tra-
jes: las ideas con el tiempo pierden burbujas, y lo que nos entu-
siasmó una vez, puede parecernos ahora ingenuo, o incluso
equivocado.
Pero no solamente las ideas, también los sentimientos se disi-
pan: con el paso del tiempo un corazón enamorado, puede ce-
der poco a poco, y caer en la rutina. La rutina: acumulando ges-
tos sin sentido, anodinos, como dice el poeta: en el arenal de la
HOREB 2020 66
tibieza. Pero no sólo se le debe achacar los cambios al senti-
miento también le pasa a nuestra voluntad.
Nuestra voluntad, a veces, cambia bruscamente de dirección, y
lo que parecía una voluntad férrea nos asusta porque se para, o
cambia. Todo lo humano es frágil: el cuerpo, los instintos, nues-
tra sensibilidad. Por eso, querer medir el valor de la virtud por su
resistencia a todo tipo de desfallecimientos, conduce al desáni-
mo.
Precisamente por esto, expresiones como
«perseverancia»,«constancia», «tenacidad», han perdido presti-
gio. Porque huelen a rigidez, a uniformidad aburrida. Por eso
«perseverar» puede ser algo puramente mecánico, inerte, inhu-
mano. Porque la duración y la estabilidad no son los valores más
altos.
Ninguna cosa es valiosa sencillamente porque es duradera. La
inteligencia del sabio es movilísima, la rigidez del estúpido es
inconmovible. Por eso la fidelidad que le pedimos a la Virgen es
algo vivo, elástico, paciente: aceptar con paciencia la Cruz, las
pruebas del Amor.
La fidelidad está en descubrir nuestra debilidad y por eso poner
la máxima confianza en el Dios que nunca puede fallar: "Dios no
se muda". Podemos decir que en nuestra vida hay dos posibles
caminos.
El de la tensión, el del perfeccionismo, que de alguna manera se
distancia de las cosas, y se vuelve indiferente, e impasible: como
una coraza que nos aísla. Entonces se considera la virtud como
un record, en plan deportivo y de autodominio.
Hablando en una convivencia, con un sacerdote bastante experi-
mentado, mientras que hacíamos footing, al ver que otros se
había quedado en la casa trabajando, me decía en broma: –
Nosotros que somos ya viejos, y llevamos ya muchas conviven-

HOREB 2020 67
cias como ésta, hemos llegado a la excelencia.
Porque nada que tense puede ser bueno. Era una broma, pero
se refería al camino del voluntarismo. Pero también hay otro ca-
mino: que exige un corazón abierto no centrado en uno. La per-
fección no se mira, entonces, como activismo o esfuerzo, sino
como entrega, adaptarse a los demás: llegar a unión con Dios y
con los demás. Por eso a este camino, que es Mandamiento
Nuevo de los cristianos: lo llamaban «ágape». Ese amor que to-
do lo sufre, todo lo espera y que es fundamento de todas las
virtudes. Ese amor que es un continuo comenzar y recomenzar.
Que es lo menos parecido a una virtud petrificada. Al revés, co-
mo todo amor, es tremendamente activo. No es la permanencia
en una postura, sino un amor que sabe adaptarse a las nuevas
circunstancias.
Por eso la fidelidad es algo vivo. En la vida cristiana la perseve-
rancia tiene que ser fidelidad viva. Fidelidad no una a doctrina,
sino a una Persona. Ser fiel a nuestro Señor es volverse dócil,
con elasticidad.
Aceptar con paciencia el amor de Dios que nos prueba. La pa-
ciencia que al lo largo del tiempo ha descubierto su debilidad. Y
busca a Dios que nunca puede fallar.
No se trata de perpetuar una cosa que hicimos hace años, sino
de inventar nuevas formas de decir «fiat»: hágase. Nuevas for-
mas de cantar un cántico nuevo cada vez. Hablar de comenzar y
recomenzar no es revivir el mito pagano de Sísifo: condenado
siempre a repetir lo mismo.
Para nosotros comenzar y recomenzar tiene que ver mucho con
amare y redamare. Nuevas formas de cantar la misma canción.
La canción que oímos en nuestra juventud. A veces resulta ex-
traño oir las canciones que les gustan a las personas mayores.
–¿Cómo le puede ilusionar oír en el lo de «la falsa moneda»?
HOREB 2020 68
–Claro, si es lo que oía en su juventud. La canción de nuestra ju-
ventud, que ahora también cantamos.
La Virgen es la que lleva el ritmo de esa melodía de la fidelidad:
comenzar y recomenzar es renovar el «fiat», el hágase, en cosas
nuevas. Comenzar y recomenzar en nuestro caso es la actitud de
conversión.
No se trata tanto de convertirnos un día, sino en estar abiertos a
cambiar una y otra vez. Esta es «la copla de nuestra existencia,
pecar y hacer penitencia». Este es el ritmo de nuestra vida: tocar
nuestra melodía con instrumentos cada vez más sencillos.
Adaptamos al ritmo de Dios. San Agustín llama a la Virgen
«Tympanistria nostra», nuestra timbalera: la que marca el com-
pás de nuestra fidelidad.
–Tympanistria nostra, Virgo fidelis, ora pro nobis.
–Ruega por nosotros, para que sepamos comenzar y recomen-
zar, con el ritmo que nos marcas desde el cielo..

UNIDAD

Celebramos hace poco la fiesta de la Santísima Trinidad. Tres


personas distintas y un solo Dios verdadero: el Padre es Dios, el
Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Pero no son tres dioses
sino un solo Dios.
De este misterio se pueden sacar varias conclusiones. Yo querría
que en este rato de oración nos fijemos en una. Que Dios es una
familia muy unida: diversidad de personas perfectamente unidas
entre sí.
Señor, te contemplamos sin entender demasiado. Pero nos im-
presiona la unidad que hay entre las tres Personas Divinas.

HOREB 2020 69
LA FAMILIA UNIDA DE LOS HOMBRES
Queremos, no sólo admirar, sino aprender de la intensísima co-
munión que hay entre las Divinas Personas, para vivirla también
nosotros. Es ambicioso, pero es algo que el mismo Jesús desea
para los cristianos.
Quiere el Señor que sus discípulos estemos unidos, tanto como
la Santísima Trinidad. Así se lo pidió al Padre durante lo que se
llama la oración sacerdotal de Jesús, en la Última Cena.
Comienza el Señor rogando por los apóstoles, que estaban con
Él en ese momento. Pero luego, su Corazón se desborda y trans-
ciende a los que le acompañaban para derramar su Amor en los
que vendríamos después.
No ruego sólo por éstos, sino por los que van a creer en mí por
su palabra –esos somos nosotros–. Que todos sean uno; como
Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros.
Lo que pide el Señor es la unidad de todos los cristianos. Una
unidad tan fuerte como la de las Tres Personas Divinas. ¿Y para
qué?
Para que el mundo crea que Tú me has enviado.
Éste es el testimonio que tenemos que dar los cristianos. Si no,
no se va a propagar el Evangelio. Al menos como el Señor quie-
re que lo haga. Porque, si no estamos unidos, no vamos a tener
la credibilidad necesaria para que se acerque la gente a la Igle-
sia. No vamos a ser la imagen de la Santísima Trinidad que los
hombres esperan ver.
Quizá podamos pensar en un primer momento en la falta de
unidad que hay entre los cristianos, a nivel mundial. Los protes-
tantes, con todas sus ramificaciones, según la interpretación que
hagan de la Escritura. Los ortodoxos, con unas iglesias totalmen-
te identificadas con los gobiernos de los países donde están. Los

HOREB 2020 70
anglicanos, que se separaron de la Iglesia por una cuestión polí-
tica...
Es verdad, es algo que desgarra a nuestra madre la Iglesia y que
tenemos que llevar en el corazón constantemente. Como sabes,
era una de las intenciones principales del Papa Juan Pablo II y
sigue siéndolo de Benedicto XVI.
Que seamos uno, como lo son el Padre el Hijo y el Espíritu San-
to. Y la realidad es que no lo somos.
Y quizá se nos puede echar un poco encima el problema y de-
cirnos y yo, ¿qué puedo hacer?
Es bueno que nos lo planteemos así: ¿qué puedo hacer para
contribuir a la unidad de la Iglesia?Si yo no conozco a ningún
protestante, ortodoxo o anglicano.
Quizá lo primero sea actualizar nuestra oración, unirla a la de
Jesucristo: que todos sean uno, como Tú, Padre, en mí y yo en
Ti. Eso está al alcance de todas las fortunas.
SEMBRADORES DE UNIDAD
Y después sembrar unidad a nuestro alrededor. Porque la uni-
dad de la Iglesia no sólo se rompe con los cismas. Ya se ve que
es un problema antiguo, al menos en algunos lugares, porque
ya San Pablo escribía a los de Corinto:
Os exhorto, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, a que (...) no haya divisiones entre vosotros, sino que
viváis unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir. (1 Cor,
1,11)
Y no era un consejo por si acaso surgía algún pequeño roce en-
tre ellos. Era un mandato porque ya había divisiones que escan-
dalizaban a los paganos:
Pues he sabido acerca de vosotros, hermanos míos, (...) que exis-
ten discordias entre vosotros. (1 Cor, 1, 11–12)
HOREB 2020 71
Y a nosotros nos puede ocurrir lo mismo. Seguramente no va-
mos a provocar que se desgaje una parte de la Iglesia. Pero sí
rompemos su unidad cuando dejamos de estar unidos a alguno
de sus miembros.
Cuando vamos criticando a los demás a sus espaldas, en vez de
decirles lo que tienen que mejorar a la cara. O cuando vamos
guardando rencores de “ofensas” (entre comillas) que tendría-
mos que haber perdonado al instante. O cuando hacemos dis-
tingos en nuestro trato somos capaces de marginar a una per-
sona porque nos caiga peor.
Y es que no nos damos cuenta de que los cristianos que tengo a
mi alrededor son Iglesia. Por voluntad de Dios, la Iglesia es una
familia: nuestra familia. Y los demás cristianos, nuestros herma-
nos. Y a los hermanos se les quiere. Por encima de diferencias.
Se les perdona y se les pide perdón. Igual que la Santísima Trini-
dad es La Familia, por excelencia, la Iglesia tiene que ser Familia.
Y una familia unida.
UNIDAD DE AFANES Y VERDADES
Unidad que se manifiesta, se tiene que manifestar, en unidad de
afanes: estamos en el mundo todos para lo mismo. Para querer
mucho al Señor y para irnos al cielo. Y para llevar a mucha gente
con nosotros a la vida eterna. Todo lo demás es secundario.
¿Qué más nos da que tengamos opiniones distintas sobre las
cosas terrenas?
El equipo de fútbol, el partido político o la música que más nos
gusta. Eso no es lo importante.
Y este afán nos une a todos los demás cristianos. Cercanos y le-
janos, trascendiendo diferencias de cualquier tipo. Compartimos
también la misma fe, el mismo modo de ver las cosas. Y los mis-
mos medios para alcanzar la santidad.

HOREB 2020 72
Por la Comunión de los santos, hemos de sentirnos muy unidos
a nuestros hermanos de todo el mundo.
UNIDAD DE AMOR
Señor, Tú nos unes a los demás. Sobre todo compartimos nues-
tro amor a Ti.
Y no es un amor que nos separe, como pueden ser los amores
de la tierra, sino que lo podemos compartir y eso nos une. Por-
que el amor a Jesucristo nos cambia el corazón. Por eso, conse-
guiremos que los cristianos estemos unidos en la medida en
que tengamos como centro a Cristo.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (Io 15,5).
No puede ser de otra manera. Toda unidad se alimenta, de la
unidad con Cristo. Los sarmientos están unidos entre sí en la
medida en que estén unidos a la vid. Porque es el único modo
de que tengan vida. Y sin vida no puede haber unión con los de-
más.
Señor, queremos que la unión con nuestro hermanos esté basa-
da en nuestra unión contigo.
Quizá se entienda mejor desde el punto de vista negativo: todo
pecado es una ofensa a Dios y un daño a nosotros mismos. Pero
a la vez, produce una lesión de la comunión que nos une a to-
dos los hijos de Dios.
LA BASE ES LA HUMILDAD
Por esto la unidad tiene su base en la humildad; porque Dios da
su gracia a los humildes (cfr. Iac 4,6; 1 Petr 5,5). La humildad es
vivir de acuerdo con la verdad sobre nosotros y sobre Dios. Es
darnos cuenta de lo poca cosa que somos. Y de lo mucho que lo
necesitamos.
Sin mí no podéis hacer nada (Io 15,5);

HOREB 2020 73
Y esta convicción nos lleva a acudir a Dios para todo.
Señor, todo lo mío lo pongo en tus manos. Son las mejores. No
voy a intentar mejorar con mis solas fuerzas.
Es muy claro que, el cemento de la unidad es la caridad, el amor
a Dios y a los demás. Y para vivir la caridad hay que ser humil-
des. Dicen los santos que la humildad es la puerta para la cari-
dad. Porque todo hombre se encuentra ante la disyuntiva: o
amor a Dios o amor a sí mismo.
Dos amores construyeron dos ciudades: el amor de Dios hasta el
desprecio de uno, la de Dios; el amor de uno mismo hasta el
desprecio de Dios, la terrena (San Agustín, De Civitate Dei,
14,28).
Se trata de que veamos qué ciudad estamos construyendo en
nuestra alma. Y para eso hay que abrir el corazón de par en par,
con toda sinceridad y sin miedo a lo que nos encontremos. Sin
humildad no hay caridad posible y sin caridad comienza la divi-
sión.
María es la que Madre de la Iglesia que une a sus hijos. Si la
queremos mucho, no ha brá nada que nos separe de los demás.

USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO

Discurso en el Cerro San Cristóbal, 1938

Mis queridos jóvenes: la impresionante ceremonia que se realiza


esta noche está llena del más hondo significado. En lo alto de
un cerro, bajo las miradas de nuestro Padre Dios y protegidos
por el manto maternal de ´María, que eleva sus manos abiertas a
HOREB 2020 74
lo alto intercediendo por nosotros, se reúne, caldeada de entu-
siasmo, una juventud ardiente, portadora de antorchas brillan-
tes, llena el alma de fuego y de amor, mientras a los pies la gran
ciudad yace en el silencio pavoroso de la noche.

Esta escena me recuerda otra, ocurrida hace casi dos mil años,
también sobre un monte al caer las tinieblas de la noche… En lo
alto, Jesús y sus apóstoles, a los pies de una gran muchedum-
bre, y más allá las regiones sepultadas en las tinieblas y en la
oscuridad de la noche del espíritu (cf. Sal 106,10). Y Jesús con-
movido profundamente ante el pavoroso espectáculo de las al-
mas sin luz, les dice a sus apóstoles “Ustedes son la luz del
mundo” (Mt 5,14). Ustedes son los encargados de iluminar esa
noche de las almas, de caldearlas, de transformar ese calor en
vida, vida nueva, vida pura, vida eterna…

También a ustedes, jóvenes queridísimos, Jesús les muerta ahora


esa ciudad que yace a sus pies, y, como entonces, se compadece
de ella: “Tengo compasión de la muchedumbre” (Mc 8,2).
Mientras ustedes—muchos, pero demasiado pocos a la vez—se
han dado cita de amor en lo alto… ¡Cuántos, cuántos… a estas
mismas horas ensucian sus almas, crucifican de nuevo a Cristo
en sus corazones, en los sitios de placer, desbordantes de una
juventud decrépita, sin ideales sin entusiasmo, ansiosa única-
mente de gozar, aunque sea a costa de la muerte de sus al-
mas…! Si Jesús apareciese en estos momentos en medio de no-
sotros, extendiendo compasivo su mirada y sus manos sobre
Santiago y sobre chile, les diría: “Tengo compasión de esa mu-
chedumbre…” (Mc 8,2).

Allí, a nuestros pies, yace una muchedumbre inmensa que no

HOREB 2020 75
conoce a Cristo, que ha sido educada durante años y años sin
oír apenas nunca pronunciar el nombre de Dios, ni el santo
nombre de Jesús.

Yo no dudo, pues, que si Cristo descendiese al San Cristóbal es-


ta noche caldeada de emoción les repetiría mirando la ciudad
oscura: “Me compadezco de ella”, y volviéndose a ustedes les
diría con ternura infinita: “Ustedes son la luz del mundo… Uste-
des son los que deben alumbrar estas tinieblas. ¿Quieren cola-
borar conmigo? ¿Quieren ser mis apóstoles?”.

Este es el llamado ardiente que dirige el Maestro a los jóvenes


de hoy. ¡Oh, si se decidiesen! Aunque fuesen pocos… Un reduci-
do número de operarios inteligentes y decididos, podrían influir
en la salvación de nuestra Patria… Pero, ¡qué difícil resulta en
algunas partes encontrar ese reducido número ! La mayoría se
queda en sus placeres, en sus negocios… Cambiar de vida, con-
sagrarla al trabajo para la salvación de las almas, no se puede,
no se quiere…

¡Cuántos son llamados por Cristo en estos años de vuelo magní-


fico de la juventud! Escuchan, parecen dudar unos instantes. Pe-
ro el torrente de la vida los arrastra. Pero ustedes, mis queridos
jóvenes, han respondido a Cristo que quieren ser de esos esco-
gidos, quieren ser apóstoles… Pero ser apóstoles no significa
llevar una insignia en el ojal de la chaqueta; no significa hablar
de la verdad, sino vivirla, encarnarse en ella, transformarse en
Cristo. Ser apóstol no es llevar una antorcha en la mano, poseer
la luz, sino ser la luz…

HOREB 2020 76
El Evangelio más que una lección es un ejemplo. Es el mensaje
convertido en vida viviente. “El Verbo se hizo carne” (Jn 1,14)
“Lo que fue desde el principio, lo que oímos, lo que vimos
con nuestros ojos y contemplamos, y palpamos con nuestras
manos, es lo que os anunciamos” (1 Jn 1, 1-3). El Verbo, el
Mensaje divino, se ha encarnado: la Vida se ha manifestado. De-
bemos ser semejantes a cristales puros, para que la luz se irradie
a través de nosotros. “Vosotros, los que veis, ¿qué habéis hecho
de la luz?” (Claudel).

Una vida íntegramente cristiana, mis queridos jóvenes, he ahí la


única manera de irradiar a Cristo. Vida cristiana, por tanto, en
vuestro hogar; vida cristiana con los pobres que nos rodean; vi-
da cristiana con sus compañeros; vida cristiana en el trato con
las jóvenes… vida cristiana en vuestra profesión; vida cristiana en
el cine, en el baile, en el deporte.

El cristianismo, o es una vida entera de donación, una transfor-


mación en Cristo, o es una ridícula parodia que mueve a risa y a
desprecio.

Y esta transformación en Cristo supone identificarse con el


Maestro, aun en sus horas de Calvario. No puede, por tanto, ser
apóstol en que por lo menos algunos momentos no está crucifi-
cado con Cristo. Nada harán, por lo tanto, los que hagan consis-
tir únicamente el apostolado, la Acción Católica, en un deporte
de discursos y manifestaciones grandiosas… Muy bien están los
actos, pero ellos no son la coronación de la obra, sino su co-
mienzo, un cobrar entusiasmo, un animarnos mutuamente a
acompañar a Cristo aun en las horas duras de su Pasión, a subir
con Él a la cruz.

HOREB 2020 77
Antes de bajar del monte, jóvenes queridos, les pregunto tam-
bién en nombre de Cristo: ¿Pueden beber el cáliz de las amargu-
ras del apostolado? ¿Pueden acompañar a Jesús en sus dolores,
en el tedio de una obra continuada con perseverancia?
¿Pueden? Si ustedes titubean, si no se sienten con bríos para no
ser de la masa, de esa masa amorfa y mediocre, si como el joven
del Evangelio sienten tristeza de los sacrificios que Cristo les pi-
de… renuncien al hermoso título de colaborador y amigo de
Cristo.

¡Oh, Señor!, si en esta multitud que se agrupa a tus pies brotase


en algunos la llama de un deseo generoso y dijera alguno con
verdad: “Señor, toma y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi
entendimiento, toda mi voluntad, todo lo que tengo y poseo, lo
consagro todo entero, Señor, a trabajar por ti, a irradiar tu vida,
contento con no tener otra paga que servirte y, como esas an-
torchas, que se consumen en nuestras manos, consumirse por
Cristo…! . Renovarían en Chile las maravillas que realizaron los
apóstoles en la sociedad pagana, que conquistaron para Jesús.

San Alberto Hurtado, S.J.

HOREB 2020 78
SIEMPRE EN CONTACTO CON DIOS

El gran apóstol no es el activista, sino el que guarda en todo


momento su vida bajo el impulso divino.

Toda la teología de la acción apostólica está en la preciosa ora-


ción: Actiones nostras… “Prevén, Señor, te lo rogamos, todas
nuestras acciones con tus inspiraciones, prosíguelas en nosotros
con tu auxilio, para que toda nuestra acción por ti comience y
por ti termine”.

Cada una de nuestras acciones tiene un momento divino, una


duración divina, etapas divinas, término divino. Dios comienza,
dios acompaña, Dios termina. Nuestra obra, cuando es perfecta,
es la vez toda suya y toda mía. Si es imperfecta, es porque noso-
tros hemos puesto nuestras deficiencias, es porque no hemos
guardado el contacto con Dios durante toda la duración de la
obra, es porque hemos marchado más aprisa o más despacio
que Dios. Nuestra actividad no es plenamente fecunda sino en
la sumisión perfecta al ritmo divino, en una sincronización total
de mi voluntad con la de Dios. Todo lo que queda acá o allá de
ese querer, no es (ni siquiera) paja, es nada para la construcción
divina.

Sin duda que nuestro Padre no se molesta por nuestras torpe-


zas, por nuestras prisas o lentitudes infantiles, o nuestras cegue-
ras ciegas. Espera su hora para mostrarnos que nuestros excesos
son la causa de nuestros fracasos. Reconocer nuestra debilidad
es apoyarnos en Dios, desconfiar de nosotros mismos es fiarnos

HOREB 2020 79
de Él.

Sería peligroso, si embargo, bajo el pretextos de guardar el con-


tacto con Dios, refugiarnos en una pereza soñolienta, en una
quietud inactiva. La caridad nos urge de tal manera que no po-
demos rechazar el trabajo: consolar un triste, ayudar un pobre,
un enfermo que visitar, un favor que agradecer, una conferencia
que dar; dar un aviso, hacer una diligencia, escribir un artículo,
organizar una obra; y todo esto añadido a las ocupaciones de
cada día, a los deberes cotidianos. Si alguien ha comenzado a
vivir para Dios en abnegación y amor a los demás, todas las mi-
serias se darán cita en su puerta. Si alguien ha tenido éxito en el
apostolado, las ocasiones de apostolado se multiplicarán para
él. Si alguien ha llevado bien las responsabilidades ordinarias, ha
de estar preparado para aceptar las mayores. Así nuestra vida y
el celo, nos echan a una marcha rápidamente acelerada que nos
desgasta, sobre todo porque no nos da el tiempo para reparar
nuestras fuerzas físicas o espirituales… y un día llega en que la
máquina se para o se rompe. Y donde nosotros creíamos ser in-
dispensables, ¡se pone otro en nuestro lugar!

Con todo, ¿podríamos rehusar?, ¿no era la caridad de Cristo la


que nos urgía? Y, darse a los hermanos, ¿no es acaso darse a
Cristo? Mientras más amor hay, más se sufre: el deseo de hacer
siempre el bien, de socorrer a los desgraciados, de siempre en-
señar y siempre adaptar la verdad cristiana, todo esto no se
puede realizar sino en ínfima medida. Aún rehusándonos mil
ofrecimientos, imponiéndose una línea de frecuentes rechazos,
queda uno desbordado y no nos queda el tiempo de encontrar-
nos a nosotros mismos y de encontrar a Dios. Doloroso conflicto
de una doble búsqueda: la del plan de dios, que hemos de reali-
zar en nuestros hermanos; y la búsqueda del mismo Dios, que

HOREB 2020 80
deseamos contemplar y amar. Conflicto doloroso que no puede
resolverse sino en la caridad que es indivisible.

Si uno quiere guardar celosamente sus horas de paz, de dulce


oración, de lectura espiritual, de oración tranquila… temo que
fuéramos egoístas, servidores infieles. La caridad de Cristo nos
urge: ella nos obliga a entregarle, acto por acto, toda nuestra
actividad, a hacernos todo a todos. ¿Podremos seguir nuestro
camino tranquilamente cada vez que encontramos un agonizan-
te en el camino, para el cual somos el único prójimo?

Pero, con todo… cristo se retiraba con frecuencia al monte; an-


tes de comenzar su ministerio se escapó 40 días al desierto.
Cristo tenía claro todo el plan divino, y no realizó sino una parte;
quería salvar a todos los hombres y, sin embargo, no vivió entre
ellos sino 3 años. Quería ardientemente la salvación de todos
sus contemporáneos, pero no evangelizó sino una pequeña por-
ción de judíos. Y cuando apresuraban decía: Mi hora aún no ha
llegado.

Cristo no podía sufrir ningún detrimento espiritual por su ac-


ción, ya que su unión al Padre era completa y continua. Cristo
no tenía necesidad de reflexionar para cumplir la voluntad del
Padre: conocía todo el plan de Dios, el conjunto y cada uno de
los detalles. Y, sin embargo, se retiraba a orar. El quería dar a su
Padre un homenaje puro de todo su tiempo, ocuparse de Él só-
lo, para alabarlo a Él solo, y devolverle todo. Quería, delante de
su Padre, en el silencio y en la soledad, reunir en su corazón mi-
sericordioso toda la miseria humana para hacerla más y más su-
ya, para sentirse oprimido, para llorarla. Él quería, en su vida de
hombre, afirmar el derecho soberano de la divinidad. Él quería,

HOREB 2020 81
como cabeza de la humanidad, unirse más infinitamente a cada
existencia humana, fijar su mirada en la historia del mundo que
venía a salvar.

Cristo, que rectifica toda la vida humana, no se dejó arrastrar


por la acción. Él, que tenía como nadie el deseo ardiente de la
salvación de sus hermanos, se recogía y oraba.

Nosotros no somos sino discípulos y pecadores. ¿Cómo podre-


mos realizar el plan divino, si nos detenemos con frecuencia en
nuestra mirada sobre Cristo y sobre Dios? Nuestros planes, que
deben ser parte del plan de Dios, deben cada día ser revisados,
corregidos. Esto se hace sobre todo en las horas de calma, de
recogimiento, de oración.

Después de la acción hay que volver continuamente a la oración


para encontrarse a sí mismo y encontrar a Dios; para darse
cuenta, sin pasión, si en verdad caminos en el camino divino,
para escuchar de nuevo el llamado del Padre, para sintonizar
con las ondas divinas, para desplegar las velas, según el soplo
del Espíritu. Nuestros planes de apostolado necesitan control, y
tanto mayor mientras somos más generosos. ¡Cuántas veces
queremos abrazar demasiado, más de lo que pueden contener
nuestros brazos! ¡Hay que reducir aún las ambiciones apostóli-
cas, para hacer bien lo que se hace! Lo demás ha de expresarse
en oraciones, pero su ejecución hay que dejarla a Dios y a los
otros.

Para guardar el contacto con Dios, para mantenerse siempre ba-


jo el impulso del Espíritu, para no construir sino según el deseo

HOREB 2020 82
de Cristo, hay que imponer periódicamente restricciones a su
programa. La acción llega a ser dañina cuando rompe la unión
con Dios. No se trata de la unión sensible, pero sí de la unión
verdadera, la fidelidad, hasta en los detalles, al querer divino. El
equilibrio de las vidas apostólicas sólo pueden obtenerse en la
oración. Los santos guardan el equilibrio perfecto entra una ora-
ción y una acción que se compenetran hasta no poder separar-
se, pero todos ellos se han impuesto, horas, días, meses en que
se entregan a la santa contemplación.

P. Pablo Menor, S.J.

HOREB 2020 83
HOREB 2020 84
ORACIONES

HOREB 2020 85
HOREB 2020 86
MÍSTICA DE PRO ECCLESIA SANCTA
Será la plena vivencia de esta doble idea penetrada, sentida y
amada: Yo he nacido para la santidad de la vida
Para ella me escogió el Padre; me la compró con su sangre el
Hijo; se comprometió a realizarla conmigo el Espíritu Santo.
Pero esta vocación necesita como obrero resuelto, incansable y
tenaz hasta el fin, mi misma voluntad y mi colaboración asidua.
Por voluntad de Dios, ni Dios puede sin mí, ni yo sin Dios. Y esta
unidad de trabajo se concreta en estas tres realidades: oración y
mucha oración, abnegación y mucha abnegación, y un amor
universal para la familia de Dios. Nacido para esta vocación,
conocida esta vocación, y puesto en marcha este ideal; he de
sentirme nuevo cada día. Este ideal debe brillar como el sol en el
Oriente, al amanecer de cada día. Mi sol es mi ideal.
Y en los días de niebla, y en los días de tormenta, seré yo como
el jornalero, que sale a ganarse el pan; aunque el sol no alum-
bre, aunque azoten los vientos, aunque llueva a cántaros. El sol
saldrá después, vendrá el medio día. Para estas horas de
oscuridad, está la luz del Espíritu Santo. Tal vez no la veré, ni
sentiré, pero estoy seguro que esa luz me
Iluminará. Tendré que hacer de la necesidad virtud, tendré que
jugármela todo por mi ideal, tendré que mirarme a mí y al mun-
do todo a través de esta luz. Y
Así, iluminado, a un mismo tiempo he de pelear cada día
Por mi ideal, y porque ese ideal fulgure en cada uno de mis
hermanos, nacidos como yo, para participar de la santidad
de Dios. ¡Santos y conquistadores de santos, por la oración, por
el ejemplo, por la acción! El Santo mientras se hace, no se puede
mirar a sí solo. Su santidad será simultáneamente
semilla de santos, grano que fecundará El mismo que fecundó la
suya. Voy por el mundo con un ideal, que Dios ha encendido en
mi alma: ideal que nace de Dios y ha de mirar a Dios; ideal que
HOREB 2020 87
ha de influir en la santificación del
mundo; ideal que me ha de tener a mí por paupérrimo y
omnipotente protagonista; porque soy pecador y porque me
apoyo en Dios. Esta es la Mística del Movimiento:
sentirse llamado por Dios para esta vocación; sentirse necesario
para esta vocación; sentirse provisto con todo para su
realización; sentirse un fracasado, si no la realizó:
traidor a Dios, que lo escogió: traidor a sí propio, que defraudó
su patrimonio; traidor a la Iglesia que le arrebató un Santo. ¡No
lo quiera Dios! Más bien, esta última estrofa debe acabar así:
feliz yo a quien Dios escogió; feliz yo que conservé mi
patrimonio; feliz yo que di a la Iglesia un Santo.
“Porque a tu casa, Señor, conviene la
santidad en el curso de los tiempos”
(Salmo 92,5)

Amén, Amén

HOREB 2020 88
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS

Reina del Cielo, mi dulce Madre María, yo (nombre)


aunque débil e indigno, pero animado por la amorosa
invitación del Sagrado Corazón de Jesús deseo
consagrarme enteramente a Él. Deseo ofrecerle todo a
través de tu Inmaculado Corazón y con una confianza de
niño en tus cuidados, espero me ayudes a cumplir con mi
propósito. Sagrado Corazón de Jesús Rey de bondad y de
amor, libre y con todo el corazón acepto este dulce pacto
de cuidar Tú de mí y yo de Ti.
Deseo que todo lo mío sea Tuyo y lo pongo en tus manos:
mi alma , mi salvación eterna, mi libertad, mi progreso es-
piritual, mi vida mi salud , mi familia, mis posesiones, mi
trabajo y cualquier obra buena que yo pueda realizar, para
que Tú dispongas de todo según tu Voluntad.
Haré lo mejor que pueda en estos asuntos pero permane-
ceré contento con lo que tu amante Corazón decida para
mí. En cambio, te pido que el tiempo que me resta no sea
desperdiciado. Deseo hacer algo importante
para ayudarte a reinar en el mundo por medio de mi ora-
ción, mi trabajo diario, mis sufrimientos y actos de abnega-
ción. Que todo lo que haga en cada momento de mi vida
pueda ser utilizado para establecer tu Divino Reinado.
Que mis últimas palabras y mis últimas fuerzas
sean palabras de amor, sean entrega generosa a tu
Sacratísimo Corazón.

Amén, Amén

HOREB 2020 89
CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Santísima Virgen María, Madre de Jesús, Madre de la


Iglesia y Madre nuestra, con el amor de los hijos y de los
que se sienten sin nada propio, venimos a hacerte la
entrega de nuestra consagración, de todo lo que somos y
tenemos y de todo lo que deseamos ser y hacer por la
Iglesia de Dios.

Mas para que esta consagración te sea cada día más grata,
dígnate alcanzarnos de tu Hijo estas gracias: que vivamos
con una conciencia permanente de nuestra vocación a la
santidad; que nos sintamos obligados a contribuir a la
vocación de los demás y a la santificación de la Iglesia,
para que aumente en nosotros el afán de oración,
entrega y abnegación; para hacer de nuestra vida toda una
ofrenda agradable para la Gloría del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, mediante tu intercesión amorosa.

Y una súplica más Madre y Señora nuestra, en estos


primeros tiempos de nuestra obra: que te dignes
conducirnos hasta el término definitivo al que
nos destine la voluntad del Padre.

Esta nuestra consagración y esta nuestra súplica las


depositamos a tú inmaculado y Maternal Corazón, seguros
así de poder vivir de tu amor y de realizar la misión que nos
congregó: responder a nuestra vocación a la santidad y
cooperar a la santificación de la Iglesia.
Amén, amén.

HOREB 2020 90
ORACIÓN PARA SENTIR CON LA IGLESIA

Señor Jesús,
si de tu Corazón herido
brotó como esposa tuya muy querida
nuestra Madre Iglesia,
Una, Santa, Católica, Apostólica;
dame un mismo entender,
querer y sentir con ella,
sobre todo en materias
que rocen con el dogma y la moral.
Ame y obedezca con pasión
al Papa, tu vicario,
y una obediencia también rendida
a los sucesores de tus apóstoles,
nuestros Obispos.
Hijo fiel de tu Iglesia
hasta la muerte,
su doctrina me ilumine,
sus glorias me honren,
sus persecuciones me aflijan,
sus fallan me estimulen;
por ella ore, por ella trabaje,
por ella sucumba,
Así sea.

P. Pablo Menor, S.J

HOREB 2020 91
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

San Miguel Arcángel


defiéndenos en la batalla,
sé nuestro amparo contra
las perversidades y asechanzas
del demonio.

Reprímale Dios pedimos suplicantes


Y tú, Príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.

Amén.

HOREB 2020 92
SIETE VISITAS AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

AL EMPEZAR LA VISITA

Por la señal de la santa cruz


Señor mío y Dios mío. Te adoro y te amo con todo mi co-
razón; te doy gracias por todos tus beneficios, y te pido hu-
mildemente perdón por mis pecados. Concédeme tu luz y
tu gracia para hacer con fruto estos minutos de meditación.

PRIMERA VISITA
Oh, Jesús: te amo, por los que no te aman. Te bendigo por
los que no te bendicen. Te creo por los que no creen. Te
recuerdo por los que no se acuerdan de Ti. Te adoro por
los que no te adoran. Te proclamo por los que no se intere-
san por Ti. Te visito por los que no te visitan. Te agradezco
por los que no te agradecen. Y quiero recibirte con amor
por los que no se preocupan por recibirte.
Aquí estas en el altar: manso y humilde, como cuando esta-
bas en Belén, en Nazaret y en Galilea. Enseñando, como en
el Sermón de la Montaña. Transfigurado y hermoso como
en el Monte Tabor. Orando por nosotros como en Getse-
maní. Obrando maravillas como cuando hacías tus porten-
tosos milagros. Sacrificándote como en el Calvario. Inmor-
tal como en la Resurrección. Glorioso como el día de tu As-
censión y de tu entrada al cielo. Y diciendo: “Venid a mi to-
dos los que estén cansados y agobiados que yo los alivia-
ré”.

HOREB 2020 93
Bendito seas por siempre Señor. Amén.
(3 Padrenuestros, Ave María y Gloria)

SEGUNDA VISITA
Ojos de Jesús, miradnos con compasión. Labios de Jesús,
no os canséis de hablarme. Oídos de Jesús, escuchadnos
siempre. Manos de Jesús, llevadnos siempre. Corazón de
Jesús, no dejes jamás de amarnos. Oh Jesús, dentro de tus
llagas escóndenos. A la hora de la muerte, llámanos y lléva-
nos junto a Ti para siempre.
Que comprendamos y correspondamos al amor que Tú nos
tienes desde el sagrario. Amor del Corazón de Jesús, llena
nuestro corazón de amor hacia Ti. Fortaleza del Corazón de
Jesús, llena de valor nuestro corazón. Misericordia del Co-
razón de Jesús, perdona siempre las faltas de nuestro cora-
zón. Ciencia del Corazón de Jesús, ilumina a nuestro cora-
zón como se debe comportar. Jesús manso y humilde de
corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo. Amén.
(3 Padrenuestros, Ave María y Gloria)

TERCERA VISITA
Oh, Jesús: tu permanencia en el sagrario es efecto de tu
gran amor hacia nosotros. Te marchabas al cielo y quisiste
dejarnos no solo tu recuerdo, sino tu presencia. No nos de-
jaste como recuerdo tu retrato, ni el cáliz con que celebras-
te la Ultima Cena. Te quedaste Tu mismo como recuerdo.
Te quedaste no solo en Roma y en Jerusalén a donde no
podían ir los pobres ni los enfermos, sino que te quedaste
HOREB 2020 94
en cada pueblo, en cada barrio. Bendito seas.
Te quedaste no solo un día, ni unas horas, ni un año o un
siglo, sino todas las horas, todos los días, todos los años,
todos los siglos. Bendito seas por siempre Señor. Te que-
daste no como Gran Mandatario lleno de majestad que pu-
diera asustarnos, sino como hostia humilde, pequeña y
sencilla. Gracias Jesús. Te quedaste no como un alimento
finísimo, caro, escaso y difícil de conseguir, sino como el
más sencillo, agradable y fácil de los alimentos: el Pan. Gra-
cias te damos por ello. Por eso venimos a Ti: como las abe-
jas a la colmena; como los enfermos al hospital; como los
perseguidos al refugio; como los niños a la escuela; como
los desamparados al Poderoso.
(3 Padrenuestros, Ave María y Gloria)

CUARTA VISITA
Oh, Jesús: Tu estas en el sagrario repitiéndonos: “No os de-
jaré solos. Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin
del mundo”. En nuestras tentaciones no estamos solos, Tu
nos defiendes y has dicho: “Satanás ha pedido permiso pa-
ra atacaros, pero yo he rogado por vosotros para que la fe
no os vaya a fallar”. En nuestros momentos difíciles no es-
tamos solos. Tú has dicho: “Si Dios no abandona ni siquiera
a las avecillas, ¿Cómo os va a abandonar a vosotros?” En
nuestras humillaciones no estamos solos. Tú has dicho:
“Quien se humilla será engrandecido”. En nuestras tristezas
no estamos solos. Tu palabra nos ha prometido: “Dichosos
los que lloran porque ellos serán consolados”.
(3 Padrenuestros, Ave María y Gloria)
HOREB 2020 95
QUINTA VISITA
Oh Jesús: quiero recordar tus siete palabras porque tu estas
en el sagrario como en la cruz. Perdonándonos: “Padre,
perdónalos porque no saben lo que hacen”. Prometiendo
el cielo a los que te imploran: “Estarás conmigo en el Paraí-
so”. Regalándonos a tu Madre Santísima como madre
nuestra: “He ahí a tu madre”. Deseando nuestra compañía:
“¿Por qué me has abandonado?”. Deseando vehemente
salvar nuestras almas: “Tengo sed”. Con sed espantosa mo-
riste en la cruz. Con sed inmensa de salvar almas estas en el
sagrario. Haciendo todo cuanto puedes por nosotros:
“Todo está consumado”. Todo lo que Dios mandó que hi-
cieras por salvarnos. Quiero decirte con todo mi corazón en
nombre mío y de todos tus amigos del mundo entero: “En
tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.
(3 Padrenuestros, Ave María y Gloria)

HOREB 2020 96
A. M. T. G.

PARA QUE CRISTO REINE,


PARA QUE REINE SU CORAZÓN

CONSAGRAMOS ESTE TIEMPO DE GRACIA A


NUESTRA MADRE LA VIRGEN DEL CARMEN,
MODELO DE TODAS LAS VIRTUDES, Y LE
PEDIMOS QUE NOS ALCANCE DE DIOS LOS
FRUTOS ESPIRITUALES QUE DESEAMOS
EN ESTE RETIRO DE SILENCIO.

HOREB 2020 97
HOREB 2020 98