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Universidad Nacional de Colombia

Literatura Colombia precolombina, de la conquista y la colonia


Nicolás Andrés Sánchez Hernández
Ejercicio sobre El desierto prodigioso y el prodigio del desierto

La obra El desierto prodigioso y el prodigio del desierto es una obra escrita por el
neogranadino Pedro de Solís y Valenzuela, esta fue escrita alrededor del año 1650 y fue
redescubierta en Madrid, siendo publicada en 1977 por parte del instituto Caro y Cuervo.

Su autor, Pedro de Solís y Valenzuela, nació en Santafé en el año 1624 y murió en 1711.
Hijo de los españoles: Pedro Fernández de Valenzuela y Juana Vásquez de Solís, Pedro fue
a su vez hermano de Fernando Fernández de Valenzuela, quien escribió la obra de teatro
“colombiana” más antigua de la que se tenga registro. Sobre su vida se sabe que, siendo
criollo, perteneció a una elite neogranadina con acceso a una educación eclesiástica que
explicaría la producción escrita tanto de Pedro como de su hermano Fernando. Pedro
estudio entonces en el Colegio Mayor de San Bartolomé, donde entro en contacto no solo
con las letras y el latín, sino también tuvo un acercamiento a las órdenes religiosas como la
de los agustinos y jesuitas; es entonces allí donde se empieza a configurar su producción
escrita y un estilo de vida que lo llevara a ser uno de los primeros administradores de la
iglesia de Monserrate. Otros de sus escritos fueron: Panegírico Sagrado en alabanza del
serafín de las soledades; San Bruno (1647); Epítome Breve de la vida y la muerte del
Ilustrísimo doctor Bernardino de Almansa (1647); Fénix Cartuxana: vida del gloriosísimo
patriarca San Bruno (1647); El desierto prodigioso y el prodigio del desierto (1650).

El desierto prodigioso y el prodigio del desierto es una obra hibrida, compuesta por
variedades de géneros que complican su estudio y evitan una única calificación sobre el
texto de Solís y Valenzuela. Su trama comienza cuando Don Andrés, siguiendo a un ciervo,
encuentra la cueva de un eremita llamado Arsenio, allí encuentra algunos poemas y
cartapacios que le inspiran gran piedad por su propia existencia y su relación con Dios. Al
salir de la cueva les cuenta el suceso a sus amigos Don Pedro, Don Fernando y Antonio y
estos empiezan a leer los poemas y a escribir otros siempre con relación a Dios, la muerte y
su propia relación con estos tópicos. Vuelven a discutir con Arsenio, este les cuenta su vida
y las aventuras de Pedro Porter, siempre entremezclando géneros como la narrativa,
sonetos, romances, e incluso autos sacramentales. Al final los personajes principales entran
en la orden de los cartujos inspirados por los sucesos en el desierto la Candelaria.

En cuanto a la forma de la obra El desierto prodigioso y el prodigio del desierto, se puede


decir que su trama va encaminada a representar al desierto de la candelaria como un lugar
donde el espíritu humano se encamina de nuevo a Dios, a través del uso constante del
tópico Memento Mori, por lo cual sus protagonistas experimentan una conversión espiritual
que hace que todos ellos terminen siendo monjes recoletos.

Es importante, al hablar de El desierto prodigioso y el prodigio del desierto, resaltar la gran


cantidad de géneros que componen la obra ya que estos demuestran el amplio conocimiento
que tenía la elite criolla de las literaturas latinas, sobre todo la española, y su manejo en la
producción literaria colonial en la Nueva Granada. Por una parte, podemos notar distintas
formas poéticas que aparecen en la obra de Solís y Valenzuela; el soneto, importado a
España desde la Italia de Petrarca por Garcilaso y Boscán, ya se encontraba legitimado en
la poesía española por autores como Quevedo y Góngora. Esta forma poética es recurrente
en el texto, así como los romances y las décimas, formas más autóctonas del país ibérico.
Por otro lado, también podemos encontrar en El desierto prodigio autos sacramentales,
estos eran obras de teatro muy famosos durante la colonia puesto que se usaban para educar
y adoctrinar a los indígenas, y así hacer más fácil la conversión de estos, y la imposición de
la cultura española en América. Al respecto menciona Atehortúa: “Sin descartar la función
lúdica del teatro colonial, debemos resaltar el carácter utilitarista del mismo, al servicio,
desde los albores de la conquista, de las instituciones dominantes.” (p. 114). Estos autos
sacramentales se encuentran dentro del marco narrativo haciendo recordar a la obra dentro
de la obra como sucede en Hamlet de Shakespeare. Géneros narrativos como la hagiografía
también aparecen en la obra de Solís y Valenzuela; la vida de San Bruno es narrada por
Arsenio con una intención moralizante, pero, así mismo, siguiendo las reglas del género,
tan popular en la edad media castellana. Atehortúa resalta la importancia de la intención de
Arsenio, y a fin de cuentas del autor, puesto que contar la vida de San Bruno y privilegiar
ciertos pasajes de su vida implica cierta obediencia respecto a las leyes del genero; “Los
datos no obedecen por lo tanto a una relación fría, descriptiva, existe una mediación estética
que tiene como fin privilegiar, volver excepcional todo cuanto tienen que ver con San
Bruno” (p. 108). Otro genero narrativo del cual se alimenta El desierto prodigioso es la
novela bizantina, respecto a los viajes que realizan los protagonistas, y puesto que la obra
en si misma se plantea como un viaje, un discurrir por un laberinto con una salida única. La
mezcla de géneros enriquece el texto de Solís y Valenzuela y lo vuelve problemático ante la
mirada del lector, en el texto de Chibán y Altuna se menciona: “El fenómeno de la mezcla
de géneros —esencial a la novela según lo ha demostrado Bachtin — se presentaba con
mucha mayor evidencia en las novelas del siglo XVII español y en obras
hispanoamericanas como Siglo de Oro en las selvas de Enfile o los Sirgueros de la Virgen.
Frente a ellas El desierto prodigioso sólo potencia una norma literaria genérica y epocál:
acoge no solamente abundantes composiciones líricas y obras dramáticas, sino también
historias cerradas cercanas a la leyenda, o más erráticas, propias de la novela bizantina.” (p.
571). La variedad que se expone en la obra también repercute en los temas que utiliza;
tópicos clásicos como el locus amoenus y tópicos barrocos como la muerte, el vanitas, y el
Memento mori, son constantemente referidos en la obra. Las autoridades españolas, por su
parte, son constantemente citadas y alabadas en el desierto prodigioso, así pues, nombres
como: Fray Luis de León, Pedro Rodríguez, Góngora, Lope de Vega, Montalván, Gabriel
Bocángel, Francisco de Quevedo, Luis de León, Calderón y Jorge Manrique son
mencionados, citados directa o indirectamente y alabados, haciendo ver que la elite criolla
neogranadina tenía acceso a la literatura española y que esta era consumida en el territorio
americano.

Luego de explorar la relación de el desierto prodigioso con la literatura española y los


géneros que allí se trataban, podemos decir que la obra de Solís y Valenzuela no es un caso
excepcional, en cuanto a los géneros y temas tratados, dentro del corpus de la literatura
neogranadina producida en su historia colonial.

Un claro ejemplo es El carnero de Juan Rodríguez Freyle; allí las historias entrelazadas
forman un gran relato donde se evidencia cierta consciencia del territorio y la intención de
abordar un contexto histórico y contexto social de una forma arbitraria y con una intención
de relatar la verdad. Algo similar sucede en El desierto, allí Solís y Valenzuela demuestra
una consciencia importante sobre el territorio neogranadino, así que ya no estamos
hablando de un español que habla sobre América, sino un americano que habla sobre
América y le otorga un carácter divino a una de sus locaciones, puesto que el desierto de La
candelaria tiene efectos místicos sobre quienes transcurren allí. Por otro lado, el texto de
Solís y Valenzuela no tiene la intención de pasar por ficción, al igual que El carnero, en el
desierto se busca que el texto este dotado de una apariencia de verdad, puesto que los
milagros que allí ocurrieron tienen que cumplir un efecto retorico sobre el lector. Así
mismo, los personajes principales si existieron y se tienen registros de sus vidas y oficios,
por lo que la construcción de ambos textos se aleja de la mera ficción, aunque lo sea, y
busca mas bien proponer un texto histórico que guarde la memoria de acontecimientos que
forjaron la historia de la Nueva Granada y sus habitantes.

Por otro lado, el tema religioso ya ha aparecido con los afectos espirituales de la Madre
Josefa del Castillo, en este sentido la relación con Dios explicada por parte de americanos
ya ha sido explorada por la monja del Castillo. Aquí es interesante explorar dos ideas; por
un lado, el misticismo expresado en los afectos a partir de las formas poéticas del cantar de
los cantares es reemplazado en el desierto a partir de un tópico barroco como lo es la
muerte, así pues, la relación con la divinidad puede establecerse desde distintos registros,
aunque siempre se busque establecer una relación directa con Dios. Por otro lado, la idea
humanista de que el autoconocimiento lleva al conocimiento de Dios es compartida en
ambos textos a partir de la escritura. Tanto la escritura personal de la madre Josefa del
Castillo, como la escritura constante de los personajes de el desierto, implica una
reconstrucción del sentido del sujeto a partir de experiencias místicas que acercan a estos a
la divinidad y, a fin de cuentas, a la salvación del alma.

La relación de los neogranadinos con las órdenes religiosas ya había producido textos como
el Poema heroico a San Ignacio de Loyola de Domínguez Camargo. Ambos textos buscan
exaltar a personajes religiosos, así como a las ordenes religiosas agustinas y jesuitas, ambas
organizaciones educaron a la mayoría de los criollos en la Nueva Granada. Cabe destacar
aquí también la retorica barroca que se usa en ambos textos, si bien el desierto es mucho
mas rico en formas, el poema de Domínguez Camargo hace gala del ingenio y la agudeza
barroca, tan importante para la época.
Sobre los autos sacramentales, La laurea critica de Fernando Fernández de Valenzuela, sin
entrar del todo a corresponder al género, comparte con este la intención moralizante, puesto
que busca corregir vicios mostrándolos en escena.

Por último, quiero poner en cuestión la idea que se expresa en el articulo “La ciudad
letrada” de Ángel Rama; allí se menciona como la escritura sirvió en la colonia como una
forma de poder sobre la organización social, la historiografía y los discursos de poder,
valga la redundancia. En este sentido podemos notar que Solís y Valenzuela hacia parte de
esta elite criolla con acceso a las letras, y que a partir de estas legitima su posición social en
la colonia; de esta forma, los personajes de El desierto prodigioso expresan esta misma
situación ya que ellos, quienes tienen acceso a la escritura, tienen a su vez el acceso directo
a escrituras sagradas, por lo que pueden así mismo ascender socialmente al convertirse en
monjes recoletos, Atehortúa menciona: “Los personajes se afirman en su condición social
privilegiada mediante la escritura y lectura de textos sagrados. Las páginas en blanco
aparecen como la principal prueba que deben superar; ellos la asumen y superan por
completo.” (p. 111).

De esta manera podemos establecer de una forma simplificada, la posición del texto de
Solís y Valenzuela en el corpus colonial neogranadino, y en las letras hispanas en general.
Bibliografía

Altuna, Elena. Chibán, Alicia. (1989) “LA TRANSTEXTUALIDAD DEL SIGLO DE


ORO ESPAÑOL EN «EL DESIERTO PRODIGIOSO»”. Thesaurus Tomo XLIV. Núm.
3. Salto – Argentina.

Atehortúa, Arley (2002) “La metáfora del camino Aproximación a El desierto prodigioso y
el prodigio del desierto” Editado por Universidad tecnológica de Pereira. Pereira.

Martínez Cuesta, Ángel (1978) “«El desierto prodigioso» de pedro de Solís y Valenzuela”.
Thesaurus Tomo XXXIII. Núm. 2. Bogotá

Orjuela, Héctor Hugo (1984). El desierto prodigioso y prodigio del desierto: de Pedro de
Solís y Valenzuela, primera novela hispanoamericana. Publicaciones del Instituto Caro y
Cuervo, 68. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

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