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Teoría y crítica literaria II

Valeria Mussio

Segundo parcial de
Teoría y Crítica
Literaria II

Profesora: Virginia Martin


Alumna: Valeria Mussio
Fecha de entrega: 22/11/2017

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Teoría y crítica literaria II
Valeria Mussio

¿Qué tiene que ver la literatura con el mundo que nos rodea? Un debate entre El ciudadano
ilustre y Poesía para el alma

Introducción

Mi propuesta en este trabajo es explorar la postura de las películas El ciudadano Ilustre, dirigida
por Gastón Duprat y Mariano Cohn, y Poesía para el alma, dirigida por Chang-Dong Lee, frente al
problema de la representación de la realidad y de donde surge la misma literatura, la inspiración, y
si esta refiere o no a una porción del mundo por fuera de ella. Encuentro dos posturas
contrapuestas, situándose la película del director coreano en una línea bastante aristotélica del
arte, anclada en el mundo, mientras que en El ciudadano ilustre está presente constantemente el
deseo de huida por parte del autor de un referente enorme, un pueblo entero, que intenta
devorar a sus obras, e incluso, a su propia persona. Para esto, utilizaré algunos conceptos vistos en
la materia, e intentaré sustentar mi análisis con los textos de Derrida y Deleuze, introduciendo una
de las dos películas en la batalla que los posestructuralistas inician contra el referente y la
representación, retomando algunas cuestiones de Adorno, y pensando un poco en su reacción
contra otro modo de escribir, que me remonta sobre todo a la Poética de Aristóteles y a su
mímesis.

Escribir desde lo cotidiano y para sanar el alma

Comenzaré por Poesía para el alma. La película está construida, si se quiere, de una manera
similar a cómo se nos presenta Diario para un cuento de Cortázar: una obra literaria dentro de
otra, aludiendo a una imposibilidad de escribir un cuento, el narrador lleva a cabo un diario que
deviene inevitablemente en el cuento, pero no en su forma acabada, sino en un híbrido entre
ambos géneros. Poesía para el alma es una película, pero que esconde la escritura de un poema:
toda la película se construye alrededor del poema que Yang Mija no puede escribir, y que hacia el
final, cuando toda una serie de situaciones la golpean y la llevan a reflexionar sobre el mundo,
aparece terminado, primero en su voz, y luego en la de la niña que se suicida hacia el principio de
la película luego de que, durante varios meses, sus compañeros de escuela la violaran.

La película arroja toda la concepción que sus creadores tienen sobre la literatura durante la escena
de la primera clase de poesía. El profesor toma una manzana e invita a sus alumnos a realmente
mirarla. Nunca vieron, no de verdad, una manzana. Los llama a observar todos sus detalles: sus
curvas, su color, su textura, su esencia. Ahora han visto la manzana de verdad, y a partir de esto,
realiza una comparación con la poesía. Hasta aquí, podríamos pensar en las definiciones que
Jakobson hace sobre la definición de realismo en Sobre el realismo artístico, cuando plantea que el
realismo es la elección de un léxico particular y diferente que nos permita experimentar y ver
realmente un objeto:
“La lengua cotidiana conoce un gran número de eufemismos, de fórmulas de cortesía,
de palabras encubiertas, de alusiones, de giros convencionales. Cuando queremos que
un discurso sea franco, natural, expresivo, rechazamos los accesorios de salón,
llamamos a los objetos por su propio nombre y estas formas tienen una resonancia
nueva: en ese caso decimos: c’est la mot. Desde el momento en que hacemos un uso
habitual de ese nombre para designar un objeto, estamos obligados, por el contrario, a

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recurrir a la metáfora, a la alusión, a la alegoría, si deseamos obtener una forma


expresiva. Los tropos vuelven al objeto más sensible y nos ayudan a verlo. En otras
palabras, cuando buscamos la palabra justa que nos permite ver el objeto, elegimos
una palabra que no es habitual, por lo menos en ese contexto, una palabra violada.”
(1976:73)

Por supuesto, que más allá de que esta escena me remonte a este razonamiento de Jakobson, no
puedo declarar que la postura frente a la literatura que se presenta en la película sea la del
formalismo ruso. Nada más distante, en verdad: mientras que los formalistas niegan que haya un
referente por fuera de la literatura, señalando que esta es autorreferencial, la película propone lo
contrario. La poesía surge de la vida cotidiana, de observar la realidad y su belleza, pero en
cualquier parte, ya sea en la pileta de la cocina donde se lavan los platos. La protagonista observa
atentamente la manzana, la pileta, las flores, los pájaros, el paisaje, y de a poco escribe pequeños
versos. El poema que escribe es sobre un hecho de la realidad: escribe sobre el dolor de una niña
que ha muerto, que se quitó la vida, y que lo hizo por las torturas que sufría regularmente por
parte de un grupo de chicos, uno de los cuales es nieto de la poeta. El poema es a la vez una
contemplación y admiración de la belleza del mundo y de su dolor, pero también es una obra
empática, que genera una suerte de catarsis para ella.

Podemos decir entonces que en la película se trasluce una visión propiamente aristotélica del arte.
El arte representa, el arte hace mímesis, y esta consiste en la aprehensión y expresión por parte
del artista de las armonías de las cosas. El arte imita las cosas según la belleza que se manifiesta en
las mismas, según su armonía. No es una simple copia de la realidad, pero se funda en ella, la
aprehende e imita. Yang Mija está constantemente observando el mundo y escribiendo: su belleza
la conmueve y escribe. No puede copiarla, pero con el lenguaje hace mímesis de la realidad. Todo
esto da origen a la “creación de un nuevo ser” que sale del amor por la vida de la que habla
Aristóteles.

Siguiendo esta misma línea, la creación del poema final sale de un claro lugar de empatía y amor.
Es un nuevo nacimiento de la niña que se tiró al río al principio de la película. La poeta recorre la
acción fuertemente perturbada: debe llevar a cabo un negocio organizado por un grupo de
hombres, padres de los demás adolescentes que cometieron el crimen, para hacer callar a la
madre de la víctima con dinero. A su vez, Yang Mija se entera de que tiene Alzheimer, y que
prontamente comenzará a olvidarlo todo, incluso el habla, y ya no podrá escribir poesía nunca
más, ni siquiera comunicarse. Todas estas sensaciones y sentimientos perturban a la protagonista
en su interior, y de alguna forma, este poema que al final logra escribir tiene la facultad de
armonizar anímicamente a su artista. La película termina con la lectura del poema y con Yang Mija
abandonando todo, yéndose de viaje, desligándose de su familia que la estaba utilizando. De esta
forma, se produce la catarsis, que según Aristóteles, logra producir la obra de arte.

Abandonar el pueblo natal (y el referente)

Algo muy diferente encontré cuando miré El ciudadano ilustre. Si bien las novelas del protagonista,
Daniel Mantovani, se anclan siempre en Salas, el pueblo donde el autor nació, no representan la
realidad de Salas tal cual es. El autor constantemente intenta dejar esto claro, frente a las hordas
de gente enojada que lo ataca en sus clases por ser un difamador del pueblo, y con las personas
que están seguras de que aparecen en sus novelas, intentando acaparar por completo la atención

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del autor. Si quisiéramos ubicar a Daniel Mantovani en un bando particular del debate Lukács-
Adorno, seguramente se pararía del lado del último de los dos. Sus novelas no intentan
representar la totalidad de la realidad, en absoluto. Se fundan en lo verosímil, pero no son
verdaderas, ya que en lo que en verdad sucede es que “se anula fundamentalmente la diferencia
entre lo real y la imago” (Adorno:51). Y si bien él es consciente de esto, de que sus novelas son un
gesto de “como si fuera la realidad” y no de “así es la realidad”, su público definitivamente no lo
sabe, y polariza entre el amor y el odio a los lectores que piensan, quizá como Lukács, que la
literatura puede dar un reflejo objetivo de la realidad, sin que de por medio mediara un lenguaje
que recorte y transforma lo que se presenta.

Pero podemos ir, incluso, más allá. No podría teorizar realmente si Adorno sería un arduo lector
de las novelas de Mantovani, porque al no conocer los recursos estilísticos que este utiliza
(suponiendo que fuera un autor real, claro), es difícil sostener la postura de la nada. Si las novelas
de Mantovani fueran construcciones fragmentadas, podría decir que sí. Pero eso no lo sabemos.
Lo que si podemos saber, ya que es puesto en boca del propio personaje, es que, él intenta pero
no puede alejarse de ese referente. Lo hizo físicamente, pero no puede quitar a sus personajes de
ahí. Y cuando la gente lo ataca, lo persigue, lo acosa y le pregunta, él intenta contestar siempre lo
mismo, una suerte de ¡Pero esto no es la realidad, esto es literatura! La literatura es simplemente
eso: literatura, y por ende, habla de sí misma, no de la realidad de un pueblo.

Esto nos remonta a las posturas de los posestructuralistas, sobre todo aquello que retoman del
formalismo. La literatura no es representativa, y nada tiene que ver con la realidad. Ellos
pretenden anular la dicotomía significado-significante, diciendo que no hay un significado en el
sentido profundo y oculto en el que lo entendemos, sino que este se esparce como un rizoma, y
está contenido dentro del propio significante. No hay un referente externo, por fuera del
significante, sino que la literatura es autorreferencial, vuelve constantemente a sí misma, y solo a
ella misma se refiere. Esta “desborda cualquier materia vivible o vivida” (Deleuze:1).

En algún punto, incluso, podemos decir que al volver al pueblo, a sus raíces, hay un intento de
Mantovani de abandonar un progenitor, en una concepción edípica de la literatura, en la que
escribir es una suerte de vuelta al origen, de vuelta al padre, que para Deleuze es una
infantilización de la literatura, como escribe en La literatura y la vida:
“Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores, y los lutos, los sueños y las
fantasías propios. Sucede lo mismo cuando se peca por exceso de realidad, o de
imaginación: en ambos casos, el eterno papá y mamá, estructura edípica, se proyecta
en lo real o se introyecta en lo imaginario. Es el padre lo que se va a buscar al final del
viaje, como dentro del sueño, en una concepción infantil de la literatura” (Deleuze:2)

Esta es una gran contradicción de Mantovani: quiere abandonar el referente, sus novelas serán
sobre Salas pero no son sobre la vida real en Salas, pero a su vez él vuelve a la casa de sus padres,
a recorrer las calles de su pueblo, e incluso a su ex novia y a sus antiguos amigos. Cuanto más se
inmiscuye en el referente que quiere abandonar, más problemas acarrea, al punto que hacia el
final, recibe un tiro por la espalda. Si se me permite romantizarlo un poco, el autor encara una
batalla contra el referente, contra la tentación de escribir sobre la realidad externa, y este se
defiende con uñas y dientes. Quiere ser parte, quiere entrar a la literatura e inundarla, y cada

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personaje del pueblo va a pegar un zarpazo en pos de entrar, de pertenecer. Frente al


descontento reacciona de manera violenta.

El autor sale vivo de este altercado, pero realmente ¿gana esta batalla? Podría decir que no: su
última novela es también sobre Salas. Y no solo sobre Salas, sino sobre un hecho real, que le
sucedió a su propia persona. Sin embargo, se permite instalar la duda: en la conferencia de prensa
final, señala que en verdad no importa si eso pasó o no, así como no importa si todo lo de sus
novelas es contenido real, porque la literatura es literatura, habla sobre lo que habla, habla sobre
sí misma, y no sobre otra cosa. Esto nos lleva a lo que dice Foucault en De lenguaje y literatura,
cuando rastrea el origen y la respuesta a la pregunta “¿qué es la literatura?”, y encuentra todo
dentro de la misma:
“La literatura, en sí misma, es una distanciada socavada en el interior del lenguaje, una
distancia recorrida sin cesar y nunca realmente franqueada; finalmente, la literatura es
una especie de lenguaje que oscila sobre sí mismo, una especie de vibración sin
moverse del sitio” (1996:66)

Más allá del universo de la obra no importa nada, y sobre todo, esta tiene una multiplicidad de
significaciones, tantas como puede tener la cicatriz que quedó en su pecho. Sutilmente introduce
la idea de libro abierto, sobre la que teoriza Deleuze con su libro rizomático: el sentido se ramifica
de manera superficial en todos sus sentidos hasta concreciones en bulbos o tubérculos. El autor,
incluso, cita a Nietzsche, quien es retomado Derrida para correr del centro a lo hegemónico y
hacer protagonista a la marginalidad: “no hay hechos, solo interpretaciones”.

Conclusión

El arte puede hablar de muchas cosas, pero siempre, en algún punto, reflexiona sobre el arte. El
puente que se construye entre el cine y la literatura es estrecho y sólido, ya que ambos se
retroalimentan para constituirse a sí mismos. Las reflexiones sobre la literatura que se encuentran
en estas películas ponen a la escritura en el centro, y nos llevan a retomar viejos debates sobre
qué es la literatura, cómo es, sobre la representación y sobre el realismo, y nos hace preguntarnos
de qué habla esta realmente y de dónde surge la inspiración literaria. Algunos serán más
románticos como Yang Mija y esperarán que venga de pronto, y otros desecharán la idea de
inspiración. Lo que es seguro es que la literatura y su esencia son cosas que nunca dejarán de
problematizarse, y en sí misma esta nunca dejará de escribirse. Las posturas analizadas en las
películas son opuestas, pero eso no quiere decir que alguna sea propiamente cierta, absoluta, ni
tampoco que ambas sean excluyentes. La literatura es compleja, miles de cosas confluyen en ella y
la condicionan, la performan y la transforman en algo nuevo. Lo que es sumamente interesante, es
verla puesta en juego por otro arte, como es el cine, que nos invita a nosotros a pensar y
problematizar nuestro objeto de estudio, e incluso nuestra producción creativa, y por qué no
también, a problematizar el propio cine como forma de arte.

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Bibliografía

 ADORNO, Théodor. Notas de literatura. Ediciones Ariel, Barcelona.


 ARISTÓTELES. Poética.
 DELEUZE, Gilles. Mil mesetas.
 DERRIDA, Jacques. La literatura y la vida.
 FOUCAULT, Michel. De lenguaje y literatura. Ediciones Paidós, Barcelona, 1996.
 JAKOBSON, Roman. Sobre el realismo artístico. Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1976.

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