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EL PAÍS, martes 22 de junio de 2010 25

OPINIÓN

Patriotismo y huelga general


N
o creo que alguien ponga Ya sabemos que el Gobierno caminos: o mandamos a hacer nes, rebajando sueldos en la
en duda que, cuando las de España necesita realizar me- puñetas a los mercados y toma- Función Pública, desarmando la
cosas han ido razonable- didas de ajustes que generen mos el camino de la calle de en protección jurídica del emplea-
mente, los distintos Gobiernos confianza en los mercados, para medio, o jugamos a su juego y do y abaratando la contratación
socialistas no hayan echado el que nuestra deuda pueda seguir continuamos poniendo nuestra y el despido, la respuesta sindi-
resto a la hora de construir y re- siendo pagada a unos intereses mejor cara y nuestra más ama- cal no parece ser otra que la lla-
forzar el Estado de bienestar por que la hagan factible para todos. ble sonrisa para ver si nos consi- mada a la huelga general. Ya se
el que los españoles suspirába- Los mercados no acaban de te- deran merecedores de su con- ha probado en anteriores ocasio-
mos y soñábamos, cuando nues- juan carlos ner confianza total en nosotros. fianza y de su dinero. Es decir, o nes y, por cierto, con desigual
fortuna. La primera, la que se
tro país vivía bajo la dictadura
franquista y Europa no era más
rodríguez Nosotros tampoco nos fiamos de
ellos. En ese aspecto, las cosas
nos suicidamos o nos prostitui-
mos. La elección no es fácil, pe- hizo al Gobierno de Felipe Gon-
que una entelequia para noso- ibarra están equilibradas. Pero ellos tie- ro si descartamos la primera, no zález, fue la de más éxito; las
tros. Les ahorro el esfuerzo de nen el dinero y a nosotros nos nos queda más remedio que en- otras siguientes despertaron me-
leer lo que es sabido para todos Lo épico sería que falta, como consecuencia de su trar por la segunda. nos entusiasmo y adhesión de la
en relación con pensiones, educa- los sindicatos lujuria y avaricia. Cuando ellos, Y bien, ya hemos decidido ciudadanía. No es que los moti-
ción, sanidad, etcétera. Me inte- apoyasen las los mercados, nos exigen sacrifi- ejercer de meretrices. ¿Y ahora vos por los que se hizo la prime-
ra fueran más sangrantes para
resa más reflexionar sobre el pa- cios, no están hablando de ellos; qué? El catecismo viene en nues-
pel que la izquierda, fundamen- medidas de ajuste están hablando de nosotros. Los tra ayuda y nos enseña que, los trabajadores que las posterio-
talmente la sindical, debería ju- del Gobierno ricos no piden medidas de ajus- cuando un Gobierno da marcha res. No. Es que la de 1988 fue la
gar en estos cruciales momentos te estructurales para los ricos; atrás en sus propuestas ideológi- que tuvo mayor contenido épi-
en los que estamos sentando las las piden para los que no lo so- cas y sacrifica parte del Estado co. Era la primera vez que los
bases del futuro o del desastre. mos. Por lo tanto, solo hay dos de bienestar, congelando pensio- Pasa a la página siguiente

Nuestra crisis común, vista desde el Este


E
uropa y la otra Europa no con tal de conservar el puesto de tán dispersos, actúan dispersos, obsoletos: de ser por sí misma cul-
son capaces de aproximar- trabajo en peligro o de obtenerlo casi siempre encerrados en círcu- tura y no, en cambio, una mera
se realmente la una a la —para mantener un nivel de vida los restringidos, relegados a sus derivación. Las causas y las conse-
otra, y menos aún de unificarse. normal o al menos más adecua- propios ambientes y a sus exclusi- cuencias acaban de esta forma
Se difunde el temor de que el futu- do, o al menos la apariencia de vas competencias. Los intelectua- por invertirse y no son capaces ya
ro pueda parecerse al pasado, a semejante tenor de vida—. Brecht les, aislados, son incapaces de de determinarse unas a otras.
un pasado no muy lejano, el peor, dejó escrito que fundar un banco unirse para actuar en conjunto; En un contexto semejante se
que recordamos con angustia. es un delito más grave que el que quienes ocupan el poder los igno- haría necesario determinar tam-
Al acabar la primera década Predrag se comete desvalijándolo. Hoy, en ran por lo general o los obligan a bién el ritmo de los propios acon-
cambio, son muchos los pobres dedicarse a sí mismos. Con las de- tecimientos. Ya hemos visto que
del tercer milenio, Europa, Amé-
rica y gran parte del resto del
Matvejevic que tienen miedo de lo que po- bidas excepciones, la voz de los la llamada globalización ha ido
mundo se han visto sorprendidos Nos hallamos frente a dría suceder si quiebra un banco, intelectuales se deja oír poco en avanzando a fuerza de reptar, de
por acontecimientos evidentes, llevando a la ruina a sus accionis- la sociedad a la hora de la toma serpentear desde lejos, chocando
que casi nadie podía prever en una inversión de los tas-propietarios y a la pérdida de de decisiones; y demasiado esca- con toda una serie de obstáculos
los llamados países del Este: una valores en los que las acciones que conserva. “¡Tra- so es el respeto que merece cuan- y una maraña de recelos. La cri-
gran crisis cíclica que se ha exten- muchos creían y por bajo, trabajo!” se convierte casi do consigue ser escuchada. El “di- sis, por el contrario, se ha extendi-
dido y trivializado, una de las en una letanía. Nos hallamos fren- sentimiento” de otros tiempos, do rapidísimamente y de manera
más graves de los últimos 100 los que se sacrificaron te a una inversión de los valores que tanto osaba arriesgarse du- directa, cubriendo en un brevísi-
años, sigue manifestándose en la en los que muchos creían y por rante los regímenes estalinistas y mo plazo el planeta entero.
sociedad y en la economía del Es- los que se sacrificaron. post-estalinistas, ha dejado de ¿Podremos controlar, y de qué
te y del Oeste al mismo tiempo, Hace ya mucho tiempo que la actuar. El intelectual crítico está forma, este ritmo de los aconteci-
sometiendo a un asedio a la políti- política ha perdido definitivamen- condenado a la soledad. mientos y orientarlos en una di-
ca y a la cultura, provocando si- te algunas de sus más relevantes Las tecnologías y sus más va- rección favorable a la gran mayo-
tuaciones que no habíamos podi- referencias culturales. Evita in- riadas aplicaciones, digitales y de ría de la humanidad? ¿Qué suce-
do ni imaginar: una catarata de cluso estimular el surgimiento de otros tipos, conservan la aparen- derá cuando consigamos salir del
acontecimientos que no somos cualquier forma de cultura políti- te capacidad de sustituir a la vieja todo por fin de esta crisis de la
capaces de controlar ni, sobre to- ca positiva. Los intelectuales es- cultura y sus métodos superados, que estamos hablando? ¿De dón-
do, de bloquear. de, de qué punto arrancaremos y
Quién hubiera imaginado, ha- en qué dirección nos encaminare-
ce solo una decena de años, que mos? ¿Cuáles serán nuestros pri-
el llamado capitalismo financiero FORGES meros pasos? ¿Cómo reconquista-
llegaría a poner en peligro la pro- remos la confianza necesaria pa-
pia existencia del capitalismo. ra poder salir adelante?
Que desnudaría sus contradiccio- En la época en la que estamos
nes internas y externas, exponién- viviendo y con los problemas que
dolo a una mirada crítica hasta nos acucian, las preguntas son
los extremos a los que hemos lle- mucho más numerosas que las
gado. Lo mismo puede decirse de respuestas que se nos proporcio-
un neoliberalismo obligado a re- nan. Las respuestas que escucha-
nunciar a las distintas formas de mos y leemos no nos satisfacen
liberalización por las que juraba en exceso. En todo caso, raramen-
hasta ayer mismo, y que le ha- te consiguen animarnos. Des-
bían sido servidas como marcas pués de todo lo que ha sufrido
registradas; o de un sistema ban- nuestra civilización, nos hemos
cario que frena el funcionamien- vuelto menos ingenuos, más críti-
to de los propios bancos; o de bue- cos o irónicos, y esta es una de las
na parte de Europa, enferma de raras conquistas positivas en
euroescepticismo. nuestro mísero balance a favor. Y
El antídoto se deriva del te- no solo en el Este.
mor de los propios consumido- Ex oriente lux? Dejémonos de
res, que bloquea la fiebre del con- bromas. Occidente está cansado
sumo. El llamado desarrollo soste- de sí mismo. Fija la mirada en
nible ha relativizado al máximo su propia suerte. Tal vez deba
su propia “sostenibilidad”, es de- ser así.
cir, su naturaleza o la autentici-
dad. La crisis empuja a los más Predrag Matvejevic es escritor croa-
pobres a apoyar a los poseedores ta, profesor de Estudios Eslavos en la
de las riquezas, sean estos de de- Universidad de Roma.
rechas o incluso de izquierdas, Traducción de Carlos Gumpert.

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