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Dererum noturo se divide en dos libros.

Si bien no sientl)r(' :,('


atiene al siguiente esquema, en el primer libro Telesi«) ('xlx
ne su pensamiento, mientras que en el segundo critit',u,i ,r l,r
r
L0 Berrrardino Telesio
tradición peripatética. Ya en las primeras sesenta pá¡1irr.rs ,lr'
la obra, Telesio muestra las principales directrices ntt'lot lol, , I¿ natr¡raleza según sus proPios Principios
gicas y conceptuales de su filosofia. EI principal lltolivr, ¡r,t
el que se considera innovador se debe a su empirisrn« ¡. I l.r:'t.r
Telesio, Ios filósofos no habrían investigado adectt.ttl.ttrr('rrI. (Ltbros primero y segundo nuevamente editados)
la naturaleza, al haber minusvalorado los Sentidos, krs t tt,tl,", Nápoles 15 70
proporcionan Ia información correcta acerca dc l.r tt',tlr,l.t,l
tmilfllriift§sfl! W"
externa. Más allá de esta renovación metódica, la t'osnr.l,,¡'t,t
telesiana se caracteriza por un reductivismo ontolírgit ( ) ( uy( )',
principales agentes son el calor (encarnado prirrt ip,rlnr('nlr'
en el Sol) y el frío (materializado en Ia Tierra). lrtt t'sl,t rr,',
mología todo se crea por el calor del Sol a partir «lt' l.t 'l'r.rr,r
A pesar de este doble principio activo, no exisLc sit¡tt'tr i,r lr',r
ca: el calor resulta mucho más activo que el frío y k ¡s cu('t lr( )'.
no son una suma de calor y frío, pues sóIo estárl ('()nrl)u('1,1( l.'
de una naturaleza agente. Otro de los principios linr,l,urt,'rt
tales y más llamativos del pensamiento del De rcruttt rtrtlurrt r''.
el del pansensismo. Si todos los entes no sintier¡n, r'('srtlt,u t,r
imposible la misma autosubsistencia que, sin erttb.trgo, rlcli
ne la visión telesiana del mundo. lr

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de las
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lunrrdlno Tele¡lo (1509-1588) es uno de los
nt{¡ ltttereñurtes y desconocidos fiIósofos de la
n¿trrr¿ler,¡ rlel Relrrcimiento. Se trata de un au-
tor tle u¡t¿ c¡br¡ resrfngfda: unos cuantos ensa-
yrlr rohre truestlt¡nes cosmológicas (la naturaleza
drl rrt¿r, cle los coklres <¡ de los cometas y la Vía
Lát'tea) y de una ¡¡ran obra de frlosofia de Ia na-
trrnlezr, que rerscrlbi/¡ en tres ocasiones (1565,
I 570 y I 586) sln carnbiar el título De rerum ncturo
mismo Giordano Bruno 1o
iuxto proprlo princlpio, El
cottslderCr su precursor por su completa renuncia
a la filt¡sofla de Aristóteles. EI interés de este pen-
sunlent«1, que si hien es crítico con Ia tradición
perlpatétlca tr¡clavía queda encerrado en una ima-
gerr antlgua y pregalileana del mundo, se mate-
rlaliza en un individuo que se atreve a enfrentarse
cle ¡nodo solitario con todo un mundo concep-
tual. Más que en sus resultados científlcos, nos
atrae la compleja rebeldía con la que se enfrenta a
una de las tentaciones más constantes y negado-
principio de autoridad.
ras de la ñlosofia: el
La natutaleza
según.suq propios
A la memoria de Manuel José
Cubillos (1970-2010)
pnnclplos
Bernardino Telesio
Colección
Clásicos del Pensamiento
fundada por Antonio Truyol y Serra

La naturaleza
f.
Director:
Eloy García segun.sus proplos
prlnclplos
rffiT MINISIIR()
H,ffi
*l§11§.
rcR I BTNI
lr ¿rrvrrA
E (Libros primero y segundo
fiim, CL-]11 UR^tI
nuevamente editados)
( ()i\'1 ITAT() NAZIONALI, IVIINISTERO PER I BENI
I'l:tt t-ll (-LLLtsRAZIONI E LE AT:ffYrrA cuuruil{lr
I )I I l. \' ( IIrN'l'l lNARIO DIILLA Ir*ASCITA
I rl lll.l(Ni\ltl)lN( ) llll.llSIO (r5o9 zoo9)
Ditezioxe gtn*ale per le biblioteche
gh istitutt c*lture!í e il diitt() d,'autüre Nápoles 1570
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'u, ' I llt,' l',tt¡¡»t¿k¡ l¡,1 l)nttlott Jcllt Repubblica

l)r' .rr rrr'rrlo ( ()n l;r\ Nrrnrlrs tlt'l ('onrillrlo N¿tziotlltlc la presente traducción Traducción, introducción y notas de
lr:r .,¡rlo r('\ r\;r(lir vt'ottt'gttllt ¡rol I\4igtrcl A. (iranada
MIGUEL SARALEGUI

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Diseño de cubierta:
JV, Diseño gráfico, S.L.

Título original:
De rerum natura iuxta propria principia,
liber primus et secundus, denuo editi, Giuseppe Cacchi,
Nápoles, 1570 ÍNnrcp

rNTRoDUccróN Pás XI

I. BrocnarÍ.q XIV
II. La Nu¡ve rrlosorÍe DE LA NATURALEZA XxIII
l. Estructura y resumen del libro primero xxv
2. Estructura y resumen del libro segundo L
III. TEr-Eslo EL ANTIARrsrotÉllco LXIx
l. Historta de lafilosoJía: historia del aristotelismo. LXXVIII
2. La conjura de lafilosoJía LXXXV
3. El desconocimiento aristotélico de la incansa-
ble naturaleza agente XCI
IV. T¡leslo EL HETERoDoxo .......... XCVI
1. La eternidad del mundo XCIX
2. La inmortalidad del alma ........ C
3. La existencia de Dios CIV
4. Los límites de la heterodoxia CXII
V. Ln nEcppcróN ............ CXVI
VI. Le nscr,pclóN eN Espeñn CXXI
Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra
está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o
multas, además de las correspondientes indemnizaciones por BIBLIOGRAFIA CXXIX
daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, dis-
tribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte,
OsRAs op TEr-pslo CXXIX
una obra literaria, artística o científica, o su transformación,
interpretación o ejecución artística hjada en cualquier tipo
Osms DE orRos AUToRES cxxx
de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin Esruoros CXXXI
la PrecePtiva autorización.

O Traducción, Introducción y notas de Mlcur'l SnnaI-Ecul, 2013 LA NATURALEZA SEGÚTN SUS PROPIOS
(o EDITORIAL TECNOS (GRUPO ANAYA, S.A.),2013 PRINCIPIOS
Juan Ignacio Luca de Tena, 15 - 28021 Madrid
ISBN: 97 8-84-309 -5 836-8 Lrsno I .

Depósito Legal: M-29.558-20 I3 Lreno II 147

Printed in Spain lvrrl


LANATIJRALEZA
SEGÚN ST]S PROPIOS
PRINCIPIOS
INTRODUCCIÓN

A pesar de que figuras de la talla de Francisco de


Quevedo o Marcelino Menéndez Pelayo recordaron
la originalidad de su pensamiento, Telesio sigue sien-
do un gran desconocido para los historiadores espa-
ñoles de la filosofia. Poco se sabe de é1 aparte de los
escasos comentarios veces sorprendente-
mente imprecis que -muchas
pueden encontrarse en las
obras generales de historia de la fllosofial. La publi-
cación del opúsculo Sobre los cometas y la,Vía Láctea
editado por Miguel Angel Gra-
-admirablemente
nada en 2012- cubrió este reprochable hueco2. Fal-
taba, sin embargo, una traducción a nuestra lengua
de la principal obra de Bernardino Telesio De rerum
natura iuxta propria princip¿a3. Este e scrito constituye
el verdadero núcleo de su programa intelectual. De

I Una presentación de la filosofia de Telesio, siempre en el


plano de las introducciones generales, puede leerse en C. Mín-
guez, Filosofia y ciencia en el Renacimiento, Síntesis, Madrid,
2006,pp. 222-239.
2 B. Telesio, Sobre los cometas y la Vía Láctea. De cometis et
lacteo circulo, edición y traducción de M. Á. Granada, Tecnos,
Madrid,2012.
' Hay que señalar, sin embargo, la presentación del De
rerum natura hecha por M. A. Granada en su <<Introduc-
ción» a B. Telesio, Sobre los cometas y la Vía Láctea, cit.,
pp. XX-XXXIX.
lxrl
)(II MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN XIII

rerum natura iuxta propia principia Natura se mente por la ortodoxia de su proyecto intelectual. En
-De constitu-
titulaba en la primera edición de 1565- caso de que el fllósofo se identifique íntimamente con
ye una especie de work in progress que el pensador la religión católica, su cometido intelectual adquiere
calabrés siempre reelaborará, al menos desde 1565 casi inevitablemente una preocupación por la expan-
hasta 1586 años antes de su muerte- cuando sión o, al menos, la apología de la fe. Si se toma como
se difundió -dos
la tercera y deflnitiva edición.Latraduc- patrón la libertad intelectual, el pensador católico del
ción que el lector tiene delante es la versión de 1570 xvrr se parece más al del xxr por la influencia
segunda edición- del indudable opus magnum -salvo que al del xv.
social de las opiniones del primero-
-la
de Telesio. En cierta medida, Domingo Báiez es más próximo a
Antes de exponer los principales hitos de su vida, Étienne Gilson que a Marsilio Ficino era clé-
creo conveniente hacer una reflexión sobre la situa- -quienTelesio.
rigo- o, salvando las distancias,, al propio
ción de Telesio en la historia del pensamiento del Re- La vida y obra de Telesio muestra quizá
nacimiento. Además, esta cuestión, sobre todo en su olvidado tras siglos de luchas a causa de -algo
la ortodo-
vertiente teológica, ha encendido los debates más in- xia- de manera clara que esta obsesión por la fe no
tensos de la bibliografia. Mientras el más importante corresponde obligatoriamente a todo pensador ca-
estudioso, Luigi De Franco, jtzga a Telesio como un tólico. Por este motivo, Telesio se perfila como uno
pensador plenamente ortodoxo, otro de los grandes de los últimos representantes de la filosofía italiana
especialistas, Roberto Bondi, insiste en su heterodo- del Renacimiento la española fue siempre
xia. Para entender este conflicto en su justa medida, -quizá
algo más tridentina-, en la que el pensador católico
es necesario mostrar hasta qué punto la figura de Te- no se obsesiona en compatibllizar su propuesta in-
lesio encarna paradigmáticamente la transformación telectual con la fe. El filósofo cosentino pertenece a
drama resulte una palabra más apropiadaa- una clase intelectual que, al menos biográflcamente,
-qruizá
que el filósofo católico comienza a sufrir por la in- resulta indudablemente vaticana: recibió a lo largo
fluencia de la Reforma luterana y, sobre todo, por las de su vida muchos beneficios eclesiásticos, incluso
consecuencias del concilio de Trento. Esta transfor- le fue ofrecido el obispado de Cosenza. De hecho,
mación profesional oblíga a todo pensador del mun- aunque declinó la oferta sabemos si por escrú-
do católico a preocuparse -no distracciones de su vo-
pulos espirituales o por evitar
-creyente
menos si quiere -al
llevar una vida apacible- primaria- cación intelectuzl-, mantuvo el suficiente predica-
mento como para que la diócesis le fuera otorgada a
a Con este término describe el cambio que padece el filósofo su hermano predilecto. Más aún, en muchos pasajes
católico entre Quattrocento y Cinquecento,E. Garin, Giovanni de su obra que tiene un cierto peso, salvo que
Pico della Mirandola. Vita e dottrina, Roma, Edizioni di Storia se opte por -1o
una lectura sistemáticamente straussiana
e Letteratura,20ll U9371, p. 8: «Il contrasto fra nuove esigenze
di pensiero e formule religiose tradizionali, che nel '500 sará
de cualquier pasaje ortodo se declara católico.
cozzo drammatico, travaglioso per ogni coscienza,fra gli uma- Con estas palabras se cierra la edición traducida de
nisti non era profondamente sentito». De rerum natura'. «Espero que todas estas cosas fse
XIV MIGUEL SARALEGUI
INTRODUCCIÓN XV
refiere a la esencia de Dios] que se haránmanifiestas
exhaustivas páginas a la biografía, su extensión se
cuando el alma, liberada del cuerpo, vuele al mismo
reduciría considerablemente si la exposición fuera
Dios del que ha venido» (II 60)'.
meramente sintética. De la etapa formativa poco se
Sin embargo, en el caso de Telesio esta identidad
sabe aparte de que su educación corrió a cargo de
católica no resulta opresiva ni omniabarcante. Su
su tío, el famoso humanista Antonio Telesio ( 1482-
catolicismo no implica una filosofia con una carga
1534), a quien nuevamente Giovio dedica algunas
teológico-dogmática. En cierta medida, como flgura
páginas en los Elogia: <<Tuvo fama de ser un poeta
intelectual, Telesio nos recuerda a un Paolo Giovio
no banal, puesto que prefería ser único [...] en fiatat
que fue obispo de una diócesis meridional
-cuya las cosas pequeñas en vez de mediocre y oscuro mi-
sede se encuentra a unos trescientos kilómetros de
diéndose con la literatura alta, donde sólo alcanzaria
Cosenza-, detestó Trento nunca asistió- y
-adonde a ser uno entre la muchedumbre de poetas que can-
mientras se producía el saco de Roma el para-
-que que Te- tan temas sobados y repetidos más de cien veces>>6.
lelismo no es totalmente arbitrario 1o muestra
Es conocido que el joven acompaña, desde la edad
lesio se encontraba en Roma el 6 de mayo de 1527-,
de los ocho años, a su familiar en un periplo por la
encontró consuelo en las Disputaciones tusculanas
Italia septentrional y central. A1 tío Antonio se le ha
en yez de en la Biblia o en la oración. Sin tener en
dado tanta influencia que se ha llegado a aflrmar que
cuenta la transformación que el intelectual católico
la filosofía del sobrino es continuación filosófica de
sufre a mediados del siglo xvr resulta muy fácll caer
su poesía7.
en una interpretación del lado ortodoxo, ya del
-ya de este interesante l/a-
librepensador- exagerada En 1517 se traslada a Milán, en 1523 a Roma, la
cual, junto con Cosenza y Nápoles, constituyen los
turphilosoph.
ejes geográf,cos sobre los que se desarrollará su vida.
De Franco considera que ya en esta primera visita a la
I. BIOGRAFÍA ciudad pontificia Telesio anudó unos contactos con la
corte papal que se mantendrán de por vida. Precisa-
Bernardino Telesio nació en 1509 en la ciudad ca- mente durante esta estancia, un Telesio de dieciocho
labresa de Cosenza, donde murió casi ochenta años años asiste a uno de los acontecimientos más espec-
más tarde. El conocimiento de su vida está marca- taculares de la historia moderna: el saco de Roma. En
da por numerosas lagunas. Aunque en su monogra- coherencia con su desinterés por 1o histórico-político,,
fía sobre Telesio De Franco dedica más de sesenta no se conserva ningún documento en que ofrezca su

6 Cfr. P. Giovio, Elogio degli uomini ilustri, edición de


5 Todas las referencias que se limiten a un numeral romano F. Minonzio, Einaudi, Turín, 2006, pp. 338-339.
7 E. Sergio, «Telesio e il suo tempo: considerazioni prelimi-
(I o II), seguido de un árabigo hacen referencia a la edición de
1570 de De rerum natura. El romano designa el libro; el arhbigo, Bruniana & Campanelliana, XVI, 2010, pp. lll-724, en
nari>>,
el capítulo. p. 124: «una fllosofia della natura iuxta propria principia, pre-
sente giá in nuce nelle pagine di Antonio».
XVI MIGUEL SARALEGUI INTRODLTCCIÓN XVII
parecer sobre la catástrofe, incluso cuando, por su rante estos retiros intelectuales, reposaba en un mo-
condición noble, fue hecho prisionero. Se sabe que, nasterio benedictino de Calabria, quizá la Grancia de
después del colapso, su tío fue llamado a Veneciapara Seminara. La permanencia en estos lugares no pudo
<dezer in Umanitá», siendo probable que, en caso de ser continuada, pues es conocido que durante los
haberlo acompañado que tampoco es seguro-, años 1540 y 1541 acompañó a la corte papal, visi-
-lo curso en la universidad de
hubiera asistido a algún tando Roma y Bolonia. Carecemos apenas de datos
Padua. entre 1544 y 1551, por 1o que De Franco se ha pre-
Debido a este desconocimiento, se carece de guntado si «son estos años los de retiro y meditación
cualquier seguridad, a pesar de que existe una larga solitaria»e.
tradición sin base documental que considera que se En 1551 Telesio ya ha regresado a Cosenza, donde
doctoró en la ciudad del Véneto, sobre su educación su vida se reparte entre tres actividades. En primer lu-
universitariaS. Más bien Luigi de Franc un jui- gar, forma una familia, pues se casa con la viuda Diana
cio que compartimos plenamente- estima que la si- Sersale, la cual, además de una generosa dote, aportaba
guiente confesión de Telesio en la edición de 1570 dos hijos de un matrimonio anterior. A éstos se añadi-
de De rerum natura revela que nuestro filósofo no rían otros cuatro: Prospero, Antonio, Anna y Yincenza.
recibió una completa educación superior: «confieso En segundo lugar, Telesio cuenta con una intensa vida
sinceramente estar dotado de un ingenio más craso y social y llega a ser representante (sindaco) de los nobles
a quien sólo le ha sido concedido filosofar en el tramo de la ciudad. Sin embargo, estos deberes familiares y
final de la vida, y en absoluto libre de preocupacio- sociales no impiden que continúe con sus estudios, pues
nes y cuidados, reducido a las máximas dificultades y se encarga de dirigir la Academia Cosentina fundada
molestias por el inaudito crimen y crueldad de aque- por Aulo Giano Parrasio a comierr:os del siglo xvr. Es
llos que más debían amanne» (I 19). posible que durante esta época comenzasen a brotar los
La escasez de datos resulta muy acentuada en las discípulos de Telesio, situación que se puede reconocer
décadas de 1530 y 1540. La única certeza describe en la siguiente cita de Sertorio Quattromani: «El autor
una situación puramente privada'.la queja de Telesio del presente escrito oyó la filosofia de Telesio junto a
por carecer de tiempo pana estudiar. Parece que gran muchos otros j ovenes cosentinos»l0.
parte de su tiempo 1o consumía como funcionario La vida de Telesio, como é1 mismo nos confiesa en
eclesiástico, tarea que intemrmpía para descansar y sus obras, no estuvo libre de problemas, a pesar de
meditar en soledad. Es habitual considerar que, du- la prestancia familiar y del apoyo vaticano. Muchas
veces se ha considerado que las desgracias se inician
8 Con todo detalle se narra la genealogía de este doble mito
en Padua y obtención del grado de doctor- en L.
-estudios
De Franco,lntroduzione a Bernardino Telesio, Rubbettino Edi- e L. De Franco, lntroduzione a Bernardino Telesio, cit.,
tore, Soveria Mannelh (Catanzaro), 1995, pp. 18-22. También p.28.
R. Bondi considera muy dudosa la veracidad de que Telesio r0 S.
Quattromani, LafilosoJia di Bernardino Telesio,Rubbetti-
recibiera esta educación. no, Soveria Mannelli (Catanzaro), 2003 [1589], p. 7.
XVIII MIGUEL SARALEGUI
INTRODUCCIÓN XIX

filosófico: ¿cómo es posible que durante tantos si-


cuando su mujer Diana Sersale fallece (es sabido que
glos las mejores cabezas hubieran sido engañadas
en 1561 ya no estaba viva). Tras su desaparición, se
por una filosofía tan imprecisa como la aristoté-
marcha a Roma y delega sus asuntos económicos en
lica? En segundo lugar,la confianza ilimitada en
su hermano Tommaso, a quien,, por no haber cumpli-
su propuesta, la afirmación de que los principios
do diligentemente el encargo, se le suele considerar
fundamentales de Aristóteles no sólo son incier-
responsable de las penurias que amargaron los últi-
tos, sino casi delirantes. De una parte, el deseo de
mos años de la vida de Bernardino.
romper violenta y definitivamente con el principio
Telesio vuelve a Roma en 1563, donde permane-
de autoridad, que ha convertido a la historia de la
cerá hasta 1566. Este trienio ha sido descrito como
filosofía en una gran conspiración de falsedad. De
<<los momentos más importantes y decisivos de 1o
que le quedaba de vida>»l1. La relevancia se debe otra, la inseguridad quizá simplemente el sen-
tido común- 1o lleva -oapracticar una versión dilui-
a que, durante este periplo, se decidió a publicar
da del denostado principio: necesita que un pensa-
la primera versión de st opus magnum, entonces
dor reputado certifique su valía. De este conflicto
todavía titulado De natura. Sin embargo, como el
el respeto y el desprecio por la tradición-,
propio Telesio narra en el proemio de la edición -entre
se nutre la filosofía telesiana, de modo especial-
de 1565, dudoso de sus capacidades como filóso-
mente claro en la edición de 1570.
fo humildad es sólo un aspecto de una com-
-la
pleja personalidad intelectuallz-, decide visitar La edición la llevaría a cabo Antonio Blado
quien era, desde 1535, impresor papal. Es llamati-
en Brescia al filósofo Vicenzo Maggi (1498-1564)
vo que la princeps romana de El príncipe corriera
en 1563. Telesio hubo de mendigar la lectura de
a cargo de este mismo editor, pues tanto la obra
su obra hasta que un prestigioso profesor accedie-
maestra de Maquiavelo como la de Telesio gozarán
ra a leer su manuscrito. De hecho, «nos confiesa
de una fortuna pareja: unos primeros años tranqui-
cándidamente» palabras son de De Fran
-las catedráticos de filosofía ni
que muchos famosos
los en los que nadie parece reparar en la hetero-
doxia autorizados por la casa editorial
siquiera se dignaron recibirlo. La visita a Maggi -estaban
resulta nodal no sólo para conocer la biografía de
del Papa- para luego ser condenadas, si bien la
obra de Maquiavelo fue perseguida de modo in-
Telesio, sino para comprender los extremos de los
comparablemente más puntilloso y prolífico que
que brota su filosofía. En primer lugar, el momen-
De rerum natura.
to humilde, la duda ante su propio punto de partida
La obra, al igual que las dos ediciones posterio-
rl res, cuenta con un frontispicio en el que se ve, en
L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit., p. 31.
12
N. Abbagnano, Bernardino Telesio e la filosofia del Ri- la edición de 1565, al ave fenix y se lee .fit aeterna
nascimento, Garzanti, Milán, 1947, p. 53, ha insistido exclusi- quibus, aunque la frase completa habríadebido de ser
vamente en la humildad telesiana: <(assume di fronte ad essa un solis, fit aeterna quibus, digna ignibus uri. L:uigi De
atteggiamento di umiltá e rispetto alieno da ogni pretesa di anti- Franco ha interpretado este emblema y la imagen del
cipazione e regolamentazione>>.
XX MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN XXI

fénix en coherencia con el proyecto renacentista, 1o desarmonías estructurales hacen que Telesio
que le resulta casi obligado. Con su escrito, Telesio -que
\uyu sido considerado un autor farragosola- pue-
vendría a rescatar una sabiduría perdida, «querría dar den deberse a que las obras no responden a un pta,
a entender que con su obra la verdadera filosofia re- de redacción, sino a un constante ir y venir sóbre
nacia de las cenizas de la antigua»l3. Aunque resulta un texto cuyas imperfecciones se van puliendo sin
dificil de afirmar que ésta sea la imagen de la historia imponer, sin embargo, una estructura por completo
de la fllosofla defendida en 1565 existir una nueva y armónica con las modif,caciones.
contradicción entre frontispicio y-puede
contenido-, esta Uno de los cambios más evidentes es el del fron-
interpretación no sería plausible al menos desde la tispicio, que la edición de 1570 compartirá con la de
concepción de la historia de la filosofia defendida en 1586. Desaparece el ave fénix al que sustituye una
las ediciones de 1570 y 1586. De hecho, el frontispi- mujer desnuda encarna la verdad- contem-
cio de las dos ediciones postreras es absolutamente -que
plando el sol y con los brazos abiertos. Esta imagen
diferente. lleva la inscripción Mona moi fila: sólo la sabidüría
Entre la visita a Maggi en 1563 y la publicación le es querida a Telesio. Este lema no tiene una am-
de la primera edición en 1565, a Telesio le es ofre- bición meramente retórica o general, sino que en su
cida la sede arzobispal de Cosenza, la cual declina- propia relación con Aristóteles el cosentino invocará
rá en favor de su hermano. Tommaso Telesio, quien este principio para mostrar cómo é1, por amor a la
será obispo hasta 1569, cuando muere, dejando sin verdad, debe ser considerado mejor aristotélico que
pagar a su hermano Bernardino una importante can- los peripatéticos, quienes habrían preferido la vene-
tidad de dinero. En 1566 regresa a su ciudad natal. ración al maestro a la cercanía con la verdad. El he-
Si la etapa anterior había sido repartido entre Roma cho de que Telesio era <<incontentable» como autor
y Cosenza, estas últimas decadas se dividirán entre lo designa De Francol5- queda demostrado por
la capital calabresa y Nápoles, donde 1o hospedará -así
la traducción italíana que, por petición de Fernando
Ferrante Carafa. En 1570 se publica la segunda edi- de Médicis, Francesco Martelli realizo de la segunda
ción de su obra maestra, esta vez ya con el título de- edición. A pesar de que Martelli realiza su traduición
finitivo de De rerum natura iuxta propria principia. a comienzos de la década de los setenta fe-
El escrito cuenta con importantes modiflcaciones -está
respecto de la primera edición, aunque no existe la ra Telesio no sólo
no se avergüenza de su insistencia, sino
notable desproporción de tamaño que distingue a la que la considera un motivo de orgullosa reivindicación. More
tercera. Hay que recordar que una de las caracterís- Telesio, no es la claridad, sino la repetición la cortesía del filóso-
ticas más importantes del Telesio escritor es la ob- fo: «No me cansaré de repetir una y otra vez las mismas cosas,
sesión por recorregir sus obras apenas han salido de las cuales, puestas continuamente ante los ojos, manifiestan más
claramente la verdad» (II 8) o ((pues no me óansaré de repetir las
la imprenta. De hecho, parte de las incongruencias y tesis establecidas incluso un poco más arriba para que la verdad
reluzca de modo más claro» (ff 15).
13 15 L.
L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit., p. 38 De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit.,p. 47 .
XXII MIGUEL SARALEGUI
INTRODUCCIÓN XXIII
chada en 1573-, muchos de los pasajes traducidos II. LA NUEVA FILOSOFÍA
anticipan el texto de 1586. DE LA NATURALEZA
A partir de 1570 las noticias vuelven a escasear.
Se sabe que el hijo predilecto de Telesio, Prospero, Es momento de exponer el pensamiento que Tele-
que era clérigo en Cosenza, fue asesinado. Tras su sio defiende en la edición de 1570 de De rerum na-
muerte, el filósofo se aleja de su ciudad, pasando tura. La presentación estará dividida en dos grandes
largas temporadas en la residencia napolitana de Fe- apartados. Por un lado, se hará un repaso general y
rrante Carafa. En 1 586 Orazio Salvazio publica en detallado del libro, cuyas principales ideas y doc-
la ciudad partenopeala última versión de De rerum trinas resultan poco conocidas. De esta manera, se
natura, dedicada a su anfitrión. E,sta edición tripli- quiere evitar uña imagen de la fllosofía de Telesio
ca en tamaño las dos anteriores y se extiende por absolutamente centrada en los temas que más han
nuevos campos, se añaden cinco nuevos libros
-los
que van del quinto al noveflo-, pues los dos prime-
interesado a la bibliografía: su relación con Aristó-
teles y la heterodoxia de su pensamiento. Esta obse-
ros libros en las dos primeras ediciones-
-únicos sión por los aspectos más modernos o simplemente
se desdoblan en cuatro. Que estos tuvieran una es- llamativos de su filosofíaha arcinconado muchos de
pecial importancia incluso en la edición de 1586 lo los temas, las preocupaciones y los procedimientos
demuestra que, en la divulgación de la filosofía de más habituales de Telesio. Esta descripción detalla-
Telesio que hace Quattromani a esta ú1-
-posterior da de la fllosofía experiencial preocupada por
tima versión-, sólo se incluye la presentación de -tan como por ex-
ensalzar un empirismo metodológico
los cuatro primerosl6. Se desconoce la fecha exacta plicar incansablemente ciertos ejemplos qr'ré pare-
en la que Telesio muere. E,s segura, en cambio, la fe- cerían contradecir sus teorías- confirma el acceso
cha del sepelio de octubre de 1588-, al que un
a Telesio por Roberto Bondi de modo
joven Tommaso-8 Campanella, quien no pudo conocer -defendido
especialmente enérgico- desde sus aspectos más
vivo a su maestro, asistió. empíricos y parcialesrT. Para acercarse ala identi-
dad de este pensador, resulta tan nuclear estudiar
los principios a Aristóteles, propuesta de
-critica
16 S. Quattromani, La filosofia di Bernardino Telesio, cit.,
p. 15: «Per la qual cosa io ho tratto da i suoi quattro libri un 17 R. Bondi, «Introduzione>> en B. Telesio, De natura iux-
breve discorso, nel quale [...] si ragiona dei principii delle cose
ta propria principia. Ad Felicem Moimonam iris, Carocci,
naturali I...] e delle differenze che egli ha in ció con Aristotele».
Roma, 2011, p. XXIV: «Chi pensasse questo finerebbe col
Sin embargo, esto puede ser puramente circunstancial, pues pa-
non capire un punto essenziale: 1a sua immagine della scienza.
rece que Quattromani no habría podido completar un resumen
Per Telesio, la ricerca scientifica non assomiglia a un'astratta
completo de la edición de 1586 que, sin embargo, tenía previsto,
dissertazione sui principi. Prevede, invece, il constante tenta-
comó dice más adelante: «Riserbandomi in tempo piü commodo
tivo di spiegare gli specifici e concreti fenomeni naturali. Il
e piü opportuno di ridurre in brevitá et in stile piano e vulgare il
De rerum natura e gli opuscoli sono in fondo due facce della
rimanente di tutte l'altre sue composizioni».
stessa medaglia».
XXIV MIGUEL SARALEGUI
TNTRoDUCctót't XXV

un nuevo método filosófico- como los experimen- Subsección 3.2. Capítulos l6-18: ¿Por qué se
tos y los modos particulares a través de los que es- produce diversidad? El problema de los tipos de
tas innovaciones son justificadas. Tan central resul- calor y de la homogeneidad/ heterogeneidad de la
taparaTelesio defender el empirismo o diferenciar materia.
dos tipos de alma como explicar exempla particu- Subsección 3.3. Capítulo 19 La imprecisión de
lares, por qué el hierro, de por sí inmóvil, suba ha- nuestro conocimiento de la cantidad de calor.
cia el imán o por qué, ante un calor muy extremo, Subsección 3.4. Capitulos 20-29: La continuidad
cuerpos no homogéneos patezcan endurecerse en del cambio: de densidad a tenuidad. Explicación de
vez de atenuarse. De hecho, se dedica un número la variedad de los entes a partir de los principios
de páginas mucho mayor en De rerum natura de del calor y la materia. Diferentes tipos de cambio
1570 a estos dos casos que, por ejemplo, a dilucidar entre los variados estados. Los tipos de entes que
su postura sobre el alma o a justif,car su método. producen los fluidos. La producción de animales y
En suma, en un primer momento, ofreceremos una plantas.
versión global del pensamiento de Telesio; en un Subsección 3 .5. Capítulos 30-32 La producción
segundo momento, nos centraremos en las cuestio- de la diversidad de los entes se da a partir de 1o se-
nes f,lósoficas e históricamente más relevantes de mejante.
su pensamiento. Sección 4. Capitulo 33: E,xplicación metafísi-
ca de las situaciones respectivas del cielo y de la
Tierra.
l. EsrnucruRA y RESUMEN DEL LIBRo PRIMERo Sección 5. Capítulos 34-36: Pansensismo.
Sección 6. Capítulos 37-51: Crítica a Aristóteles
Sección 1. Capítulo 1 : E,studio de la nattraleza a por puntos expuestos anteriorment o la idea
través de los sentidos. de que el calor/ frío son sustancias, el cielo es ígneo-
Sección 2. Capitulos 2-13: Los componentes del así como por puntos no expuestos anteriormente
mundo de Telesio. teoría del movimiento-. -la
Subsección 2.1. Capítulos 2-4: Descripción de los Subsección 6.1. Capítulo 3l: Por qué ambos prin-
grandes cuerpos. cipios agentes y ambos cuerpos son eternos.
Subsecci 6n2.2. Capítulos 5-8: Teoría de la materia Subsección6.2. La operación de los grandes cuer-
y teoría de la forma. pos.
Subsección2.3. Capítulos 9-13: Teoría del agente. 6.2.1. Los cuerpos celestes Sol y el cielo
El calor y el frío. (capítulos 38-39); los astros y las-el
estrellas (capítulos
Sección 3. Capítulos 14-32: El proceso de produc- 47-49)- son de fuego.
ción del mundo. 6.2.2. La Tierra es inmóvil (capítulos 40-46).
Subsección 3.1. Capítulos 14-15 La continuidad Subsección 6.3. El frío y el calor son sustancias.
del cambio: se pasa por todos los estados intermedios. Aristóteles diría que no (capítulos 50-57).
XXVI MIGUEL SARALEGUI
TNTRoDUCctóttt XXVII
Se puede considerar que el libro I de la edición de
zó, aunque de modo algo crudo, uno de los aspectos
1570 de De rerum natura iuxta propria principia está
del método científico. Al mismo tiempo que propuso
compuesto de seis secciones. Si siempre resulta com-
una filosofia que iba más allá de 1o que puede ser
plicado establecer divisiones no formuladas expresa-
comprobado por la percepción sensible. Ese pun-
mente por el autor, la dificultad se agrayaen este caso,
pues Telesio expone de modo bastante espontáneo
to fue subrayado por Patrizi t ..]. Pero la combina-
ción de la hostilidad a las abstracciones escolásticas
sus diferentes principios y descubrimientos. El hecho
no solamente con el entusiasmo por la experiencia
de que su cosmovisión se componga de muy pocos
principios y la repetitividad carácterística de iu estilo sensible inmediata, sino también con especulacio-
nes filosóficas insuficientemente fundamentadas, fue
pueden explicar este desconcierto estructural. Ante un
bastante caracteústica del pensamiento renacentis-
pensamiento cuyo fondo resulta muy claro que
ta, que en muchos casos fue al mismo tiempo rico e
observar la naturaleza, compuesta de dos -hay principios
indisciplinado>>18.
activos y materia- es posible que Telesio, cuya obse-
Por otra parte, hay otras secciones cuales se
sión se expresa en continuas repeticiones, se haya des-
pueden denominar fisicas- que incluyen -lasun gran nú-
preocupado de otorgar una presentación que siguiera
mero de capítulos muy entrelazados y continuos. De
una secuencia lógica y haya optado por una estrategia
esta manera,la sección segunda explicará los diferen-
retórica que quizá responda mejor al carácter empírico
tes componentes del mundo de Telesio Tierra y
que debetener el conocimiento humano.
el Sol como principales cuerpos, la teoría-la
de la forma
La desarmonía proviene de la diferente extensión
y la materia así como la exclusividad del frío y del
de cada sección. Por un lado, los capítulos más fi-
calor como principios agentes 1o largo de doce
losóficos o metafisicos, como pueden ser el primero
capítulos (entre el segundo y el décimotercero). Esta
de su método y de los objetivos de su
-exposición continuidad proseguirá también en la sección tercera,
proyecto- y el trigésimo tercero muestra
-donde cuyo objetivo principal consiste en mostrar cómo se
la racionalidad de la posición respectiva del cielo y
produce un mundo diverso a pesar de la escasez de
de la Tierra- constituyen una entera sección. Tam-
los principios agentes. En menor medida, esta estruc-
bién se puede adscribir esta categoria al capítulo de-
tura se reproduce en la sección quinta, pues, aunque
cimonoveno, donde se recuerda la limitada capacidad
mucho más breve que la tercera y la cuarta, se englo-
del conocimiento humano para precisar diferencias
ba en esta categoría por el carácter fisico de los pro-
de calor. Estos capítulos metafisicos aparecen como
blemas sobre los que discurre.
islas, sin relación directa con los capítulos anteriores
o con los posteriores. Aunque la inclusión de estos
capítulos metafisicos pudiera resultar sorprendente al 18F. Copleston, Historia de la FilosoJía 3: de Ockham a
lector que recordase el primer capítulo, ya Patrizi le Suárez, traducción J. C. García Borrón, Ariel, Barcelona, 2001,
reprochó el incumplimiento de los principios empi- p.244.Recientemente M. Á. Granada, Sobre los cometas y la Vía
ristas: «Puede considerarse, pues, que Telesio esbo- Láctea, cit., p. XXX, ha recordado el dudoso origen empírico de
muchos de los principios de Telesio.
XXVIII MIGUELSARALEGUI INTRqDUCcIÓIv XXIX

Aparte de las enorrnes diferencias de longitud en- a medida que se acercan más a la Tierra. Establecida
tre las partes, otro motivo por el que la estructura re- esta complejidad estructural, es hora de mostrar las
sulta poco transparente proviene de la inclusión de ideas que caracterizan a cada una de estas secciones.
una sección sexta según la estructura propues- A pesar de su brevedad extensión no pasa de
ta- en la que -lase critican doctrinas de Aristóteles. las quinientas palabras-, el capítulo introductorio
La inclusión de esta parte además, resulta ser resulta absolutamente fundamental paru captar los
la más larga de todas las -que,
de este primer libro- es caracteres esenciales tanto del proyecto como de la
muy sorprendente, ya que por claridad expositiva, el personalidad intelectual de Telesio. Ahí se estable-
primer libro parecia reservado a la explicación de su ce el principio metodológico, el cual menos de
propio sistema, mientras que el segundo se dedicaría acuerdo con la exagerada descripción -alque el mis-
al rechazo de la filosofia aristotélica de la naturaleza. mo autor ofrece de la historia de la filosofia y de la
Ciertamente no se incumple el principio de exponer ciencia- constituye el principal motivo por el cual
primero la propia postura y luego pasar a la crítica de su pensamiento resulta innovador. Aunque la idea
Aristóteles, orden de presentación que será modifica- de que Telesio es el primero de los modernos
do ha recordado Bondi- en De marite. Sin formulada por Francis Bacon- haya sido criticada -ya
-como que tener en cuenta que
embargo,hay que con- recientemente con diversos argumentos, él mismo se
tradice el plan de presentar primero las-lo propias pos- comprende y se retrata como un pionero en su com-
turas- el lector sólo descubre varios de los aspec- prensión de la naitraleza y del conocimiento. Mien-
tos fundamentales de su cosmolo gia al descartar las tras los fllósofos anteriores habrían confiado dema-
posturas peripatéticas. En esta sección, harán acto de siado en sus capacidades intelectuales
presencia diversos temas hasta ese momento inédi- a su conocimiento facultades de las que -atribuyendo
sólo la in-
tos: la teoría del movimiento y la defensa del carácter teligencia divina está revestida-, Telesio, de modo
ígneo del cielo, de los astros y del Sol. Tan es así que mucho más humilde, se habría limitado a observar
esta sección, que formalmente se caracteriza por la el mundo. Se conforrna con alcanzat una <<sabiduría
crítica a Aristóteles, contiene un capítulo en el que se completamente humana>>. La descripción ordenada
ofrece una postura propia sin entrar directamente en de este conjunto de experiencias incluiría la magni-
polémica: me refiero al capítulo cuadragésimo quinto tud y la forma del mundo y sus partes secciones
en el que Telesio ofrece una explicación antropomór- estáticas del cosmos telesia así como -las la índole,
fica de por qué los cuerpos sólidos caen más rápido la naturalezay las fuerzas de las pasiones, acciones y
operaciones dinámicas-.
-lasprimer capítulo no sólo se descubre
Pero en este
re R. Bond\, Introduzione a Telesio, Laterza, Roma-Bari, los fundamentos del método, sino también uno de los
l99l , p. l5: ((componendo questo opuscolo [se refiere a De mari principales aspectos de su personalidad intelectual la
(1570)], ha ritenuto opportuno procedere in un modo a lui insoli-
to [...] esponendo prima le teorie aristoteliche e successivamen-
complejidad. Por un lado, se conflesa como poco do-
te le proprie». tado paru el saber,, por haberse dedicado tardíamente
INTRODUCCIÓN XXXI
XXX MIGUEL SARALEGUI

tulo segundo, en apariencia, los grandes cuerpos son


a la filosofia. Por otro, con una rabia frente al pasado
cuatro: el mar, el aire, la Tierra y el So1. La actitud cos-
plenamente moderna, no tiene reparos en eliminar de
mológica de Telesio optará siempre por la reducción
un plumazo la validez de toda la tradición f,losófica
ontológica. En la fisica telesiana se produce un recurso
y científica. Tampoco se debe olvidar que humildad y
constante ala navaja de Ockham. Esta contracción se
soberbia cuánta soberbia en esta afirmación
-<<¡Pero practica de modo tan pronunciado que se llegan a des-
de humildad!» así describe De Franco estas frases del
cartar como cuerpos grandes a dos objetos que, en un
primer capítulo2o- son caras de la misma moneda.
principio, ni siquierahabian sido considerados como
La misma reducción de ambiciones permite que sus
tales: el vacío y las estrellas. Por un lado, se rechaza
logros resulten mayores. Acrecentados los resulta-
absolutamente la posibilidad de que el vacío exista a
dos, podrá reprochar a los pensadores anteriores la
través de la siguiente experiencia: cuando las cosas son
escasez de verdad. La emulación de Dios de los filó-
separadas, si nada las toca, éstas seguirán a aquellas de
sofos precedentes de poner límites a su
-incapaces las que se han separado, incluso si naturalmente tien-
razón- resulta catastrófi ca y epistemológicamente
yana: el conocimiento humano no se puede permi- den al reposo. Por otro, tampoco las estrellas pueden
considerarse cuerpos autónomos, sino que resultan
tir el lujo de prescindir de la experiencia, al no estar partes del cielo: a pesar de la variedad de sus círcu-
dotado de una voluntad omnipotente. En suma, esta
los, el hecho de completar el recorrido en un mismo
complejidad se volverá a manifestar en otros pasajes
tiempo revela que todas pertenecen al cielo, verdadero
más íntimos excepcionales e imprevis-
-siempre cuerpo grande.
tos- en una obra de las caracteristicas científicas de
En el capítulo tercero, la reducción se prolonga pre-
De rerum natura2l.
visiblemente a los, al menos en apariencia, grandes
En la segunda sección, Telesio desarrolla los funda-
cuerpos. De los cuatro, ni el mar ni el aire pasan la
mentos de su concepción del mundo: la teoría de los
criba. En primer lugar, existen dos tipos de aire, el que
grandes cue{pos, la de las dos naturalezas y la de
está cerca de la Tierra y el alejado de ella. En segundo
los principios agentes. Tal como anuncia en el capí-
lugar que constituye el principal argumento-,
-1o
para ser cuerpo grande es necesario un cierto tamaño,
20 que, de modo aproximativo, se define de la siguiente
L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit.,
p. 151. Hay que señalar, sin embargo, que De Franco se siente manera: «se debe considerar grandes a aquellas par-
inclinado en otras páginas de su monografia (pp. 91-93) a acep- tes que no son superadas desmesuradamente por las
tar la humildad como la nota característica de la personalidad otras>>. Ni el aire ni el mar pueden ser juzgados gran-
intelectual de Telesio. des en comparación con la Tierra y, sobre todo, con el
2r Por este motivo, no puedo estar de acuerdo con la inter-
pretación global de la edición de 1570,1o que la diferenciaría
cielo. Ni siquiera nuestro planeta podría competir en
de la de 1565. L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, tamaño con el cielo. Sin embargo, «por cantidad de
cit., p. 150: «Sopprimendo ll Proemio sembra che Telesio abbia materia y de peso», la Tierra tiene asegurado un pues-
voluto eliminare del tutto ogni possibile riferimento alle vicende to entre las principales partes del cosmos.
della sua vita».
XXXII uIcuTL SARALEGUI
INTRIDUCCTÓN XXXIII
¿Por qué motivo la Tierra y el cielo pueden ser con- teoría de la materia del Estagirita. La siguiente con-
siderados cuerpos grandes? Además del enorme ta-
fesión del discípulo Persio en el debatJ con patrizi
maño, lafi¡erza, el vigor, la dignidad y la perduración
limita el atrevimiento de esta reformulación: <<mien-
les aseguran una posición fisica preeminente. Por otra
tras discutíamos en una conversación amena Telesio
parte, son inmutables, pues nada puede modificarlos
drjo que habia que entender, por naturalezas agentes,
esencialmente. Sin embargo, no existe en este pun-
lo que los aristotélicos llaman formas»22.81 cárácter
to una completa simetría ontológica, pues mientras el
metafisico de esta teoriaviene respaldado porque in-
cielo modifica a la Tierra bien exclusivamente a
su parte más extema-,la -si
cluso los dos grandes cuerpos no sólo son los
Tierra nunca llega a trans- -qr" e inmutables-
únicos activos, sino también eternos
formarlo directamente, sino tan sólo a sus produccio-
están compuestos de ambas. ¿Qué caracteristicas tie-
nes. De este modo, todos los cuerpos que podemos
nen estas dos naturalezas? Por un lado, la naturaleza
observar-con la excepción del fuego que puede con-
siderarse puro cielo- proceden de la interacción de
qug.s^e añade y que se quita forma- es múltiple
y diferenciada, -lade echar y suprimii a
activa, aapaz
cielo y Tierra. <<Por el Sol a partir de la Tierra» es el
otras naturalezas. A pesar de contar con estas nume-
lema de Telesio. Con una afirmación que relativiza
rosas facultades, sólo subsiste si inhiere en un cuer-
el carácter puramente humano del saber que se ambi- po. E,sta naturaleza es incorpórea. Si no lo fuera, la
cionaba, Telesio, en los confines del capítulo cuarto,
unicidad del ente verdad que, incluso desde
se sirve del relato bíblico de la Creación para refren-
un punto de vista -una
puramente empírico, es absoluta-
dar su teoría: «También las Sagradas E,scrituras testi-
mente incontrovertible- peligraría23. por otro lado,
monian que la Tierra y el-Sol son los únicos cuerpos
la naturaleza que perrnanece materia- una
primeros, pues dicen que fueron creados y producidos
por Dios óptimo y máximo en el principio».
-la de cualquieresope-
e idéntica, no rechaza nada, carece
ración y es igualmente común a todas las naturále-
Tras referirse brevemente al carácter activo de los
grandes cuerpos sobre la que discurrirá
porrnenorizadamente-cuestión
más adelante-, el libro desa- 22 Citado en E. Garin , Storia detla filosofia italiana, Einaudi,
rrollará la teoría metafisica de la doble constitución Turín, 1966, vol. II, p. 655. Tambiénen S. euattrománi, La¡-
losofia di Bernardino Telesio, cit., pp. 19-21, puede encontrarse
del mundo: la naturaleza que se quita y que se pone y esta correspondencia entre la teoría de la forma y la materia y
la naturaleza que peffnanece. Aunque qurzá suponga la teoría de la naturaleza que se añade y se quita y la naturaleza
una traición a la nueva terminología filosófica que Te- que peÍnanece.
23 Este principio
lesio quiere implantar, se puede considerar que esta aparece continuamente en la obra de Tele-
propuesta no es sino una reformulación de la teoría sio, quizá en el Libro I capitulo 17, del modo más expresivo gra-
cias al rechazo de la metáfora del vaso para entendei la relaclión
hilemórfica, por mucho que Telesio, ya en los prime- entre materia y forma- <<La materia no contiene aquellas natura-
ros pasajes de este escrito, resulte sumamente crítico lezas como si se tratara de un vaso, el cual, en caio de ser más
todo por la relación que existe entre mate- amplio, podría contener ellas mismas y a otras si se hicieran más
-sobre
ria y potencia en el pensamiento aristotélico- de la abundantes y numerosas, sino que esás nattrarezas se imprimen
profundamente en la materia y se hacen una sora cora ella».
"on
XXXIV MIGUEL SARALEGUI INTRIDUCcIÓ¡I XXXV

zas activas. Como dice Quattromani, la materia, da propiedades se prolonga en el capítulo duodécimo.
habitación y alojamiento («presta stanza et albergo») Telesio recuerda que estas propiedades no guardan
a las diversas formas2a. E,sta subsección se cierra en una idéntica relación con el principio agente. Si la
el capítulo octavo, donde se recuerda que sólo puede tenuidad-densidad se refiere a la disposición propia
haber una naturaleza activa en la materia al mismo de la sede, la luz-oscuridad se vinculará a su forma
tiempo y que, a pesar de la receptitividad constitutiva y, por último, el movimiento-inmovilidad a la opera-
de la materia, las naturalezas activas sólo pueden in- ción.
troducirse en sustratos que les sean afines.
Pn .1 capítulo undécimo, Telesio explica una ex-
Tras haber establecido cuáles eran los grandes periencia que quitaría principalidad al calor: el mo-
cue{pos fisica- y los fundamentos de todo vimiento produce siempre calor. La estrategia de
cuerpo -teoría metafisica-,, Telesio pasa a deta- Telesio consiste en insistir en la superioridad ontoló-
-teoría
llar el último pilar de su cosmovisión: las naturale- gica del calor sobre el movimiento. Mientras el calor,
zas activas de su cosmos. En primer lugar, todos los aunque no subsiste por sí, dura tanto cuanto dura el
elementos agentes pertenecen a la naturaleza que se ser en el que ha sido introducido, el movimiento es
quita y que se pone. No hay actividad en la materia. manifiestamente distinto de la cosa de la que es pro-
Nuevamente, la sistematización de la naturaleza se piedad y perece a menos que se introduzca continua-
debe a un proceso de reducción: la mayoría de las mente un nuevo movimiento. La relación entre calor
naturalezas que se quitan y que se ponen no son pro- y movimiento es la misma que existe entre sustancia
piamente activas, sino que deben su existencia a una y operación. La consideración muy contex-
naturaleza activamás íntima. De este modo, los pares -por no deja de
tual que sea- del calor como sustancia
b lancura-ne grura, tenuidad- densid ad, luz- oscuridad, resultar paradójica, pues en este mismo capítulo se
movilidad-inmovilidad carecen en sí mismos de ca- recuerda que el calor no cumple con uno de los requi-
pacidad activa; son tan sólo reflejos de una naturaleza sitos básicos de la noción de sustancia,yaque resulta
más íntima, ala cual debe atribuirse la capacidad de «impotente de ser por sí misma y de subsistir por sí
actuar. Paraprobar que no son activos, Telesio ofrece misma». El motivo fundamental que Telesio da paru
el siguiente ejemplo: por poner una cosa tenue cerca explicar que el movimiento siempre va acompañado
de otra densa, ésta no se hace más tenue. En el capí- de calor es que, al ser su operación, el movimiento
tulo décimo, se revela lo que ya ha sugerido: calor nunca podría darse sin un calor previo.
y frío son las únicas nattxalezas activas, de las que La subsección se cierra con el capítulo decimoter-
dependen los otros pares mencionados. Al frío co- cero en el que, además de insistir en el caráctq agen-
rresponden la inmovilidad, oscuridad y densidad; al te del frío y del calor, Telesio empezará a explicar
calor, el movimiento, la blancura y la tenuidad. La lo que menos a primera vista- puede
continuidad de la relación del calor y el frío con sus -al ¿cómo un mundo tan variadoresultar
problemático: puede
haber sido constituido con tan escasos principios
2a S.
Quattromani, Lafilosofia di Bernardino Telesio,cit.,p.26. agentes? La respuesta, que se extenderá alo largo de
XXXVI MIGUELSARALEGIJI I^ITRODUCCIÓN XXXVII

la siguiente sección, insistirá en la infinita gradación La sección tercera, QUe versa sobre el modo cómo
de frío y calor y en el carácter heterógeneo de los los principios activos forman los objetos del mundo,
sustratos así como en el irregular modo como el Sol está divida en cuatro subapartados. En primer lugar,
difunde su calor. En cualquier caso, la variedad se Telesio defenderá el principio básico de la continui-
limitará a la apariencia pues el monismo caractetiza dad del cambio. Esta progresividad asegura que, de la
a los componentes metafisicos. Incluso el frío, como naturaleza más fría, sólo se llega a la más caliente tras
ya recordó Van Deusen, cuenta con problemlg en su haber pasado por todos los estados intermedios, de
óonsideración ontológic a o, al menos, activa2s. Si la los más fríos a los más calientes. E,sta teoría del cam-
materia es idéntica a todos los seres, el elemento di- bio fisico le lleva a rechazar algunos modelos defen-
ferenciador se deberá exclusivamente a una mayor o didos por los presocráticos,, quienes habrían aceptado
menor cantidad de frío y de calor. Telesio también la posibilidad de que la tierra se transformara direc-
informa de algo de 1o que ya había avisado: no po- tamente en algo tan tenue como los vapores sin pasar
drá precisar exactamente qué cantidad de calor está por el estado intermedio de los fluidos. Este mismo
contenida en cada ser. La imprecisión constituye uno principio impide que se pueda aceptar que el vapor
de los límites de la epistemología telesiana. Sabemos tenue- se convierta directamente
que todo está formado de calor o de frío natu- -máximamente
en metal sin haber atravesado la condición de fluido,
-las
ralezas activas no pueden compartir sede-, pero no Tras haber establecido el principio fundamental de
sabemos exactamente cuánto calor es necesario para la continuidad, explica por qué en algunos casos esta
que se prodtzca un determinado ente. continuidad no resulta efectiva. E,l hecho de que la
progresividad no se dé de modo absoluto contribuirá
25 N. Van Deusen, «The Place of Telesio in the History of a explicar una variedad que, al menos fenomenológi-
Philosophy)), en The Philosophical Review, XLIV, 1935, pp. camente, Telesio no le niega al cosmos. Existen dos
417 -434, enp. 424,llega a identificar frío y materia: «Heat seems motivos principales por los que este principio no se
to be his fundamental discovery and the real generative force in cumple: la irregularidad con la que el So1 introduce el
cosmology. Although cold is spoken of also as an active nature,
it tends §iadually to become identified with earth and matter in calor en el mundo y la heterogeneidad de la materia
Telesiarrusage, rather to operate as a force opposed to heat. Thus de la que un determinado ente está formado. El Sol a
we are told that no being has been created by cold but all owe veces provee un calor oblicuo; otras, directo, intenso
their natures to heat. Again, one reason for attributing to matter o suave; por otra parte, su intensidad es diferente si
the tendency of unsupported objects to fall is that cold has not influye sobre las partes superiores o inferiores de la
been given the power of falling but abhors all motioru>. Más pru-
dente, aunque también sensible a las dificultades para integrar Tierra.
del concepto de frío en la cosmología telesiana, L. De Franco, Antes de entrar en la explicación particular del
Introduzióne a Telesio, cit., p. 104: ((ma non si era affermato che modo como se producen los diversos entes cual
il senso appartiene a tutte e due le nature agenti e di conseguenza ocupará una larga subsección de diez capítulos, -lo aun-
anche al freddo, e perció alla terra, che costituisce il suo regno, que el tema aparecerá de modo directo o indirecto
anche se questa terra dovrebbe sentire in una maniera del tutto
diversa da quella del caldo e del cielo?». en muchas más páginas de De rerum nqfyys-, Te-
XXXVIII MIGUELSARALEGUI INTRqDUCCTÓN XXXTX

lesio nos ofrece uno de sus capítulos decimo- rentes estados de la materia. El aspecto más llama-
noveno- más teóricos. En este caso, -el
más que a la tivo se encuentra en el capítulo vigésimo segundo
metafísica, se dirige a los límites de la epistemolo- donde expone por qué en las cosas cuya materia es
gía humana. Con el mismo estilo del primer capí- muy heterogénea parece no cumplirse el principio
tulo, Telesio recurre a confidencias personales para de continuidad en el cambio, ni el de que el calor
excusar la parquedad de sus ambiciones teóricas. atenúa todo aquello sobre lo que actúa. Cuando se
Además de presentarse con esa mezcla de humildad introduce calor en entes heterogéneos
y agresividad calabrés reconoce carecer de una tos de una parte muy tenue y de otra muy-compues-
densa-,
-elara-, existiría un motivo personal
inteligencia precl las partes más tenues se disuelven directamente y
que habría impedido que sus investigaciones mar- las densas, al haberse evaporado las tenues, adquie-
charan como era debido. Un horrible crimen impide ren, al menos en una primera etapa, un aspecto aún
que haya adquirido un conocimiento de la naturale- más denso. Sin embargo, el espectador no percibe
za dotado de mayor precisión. la complejidad de e.sta transformación. Desde fue-
Más allá de esta interesante revelación personal, ra, si no contempla el proceso en toda su duración,,
tan sólo comprueba que las partes duras
¿por qué motivo a la precisión del conocimien- se en-
to humano se le presentan tantos obstáculos? Los cuentran en la parte externa del ente-si hacen
hombres no podemos medir bien los dos principales todavía más densas, al haberse deshecho las par-
constitutivos de la realidad,la forma (la naturaleza tes tenues que rebajaban su densidad. E,ste ejemplo
que se pone y que se quita) y la materia (la natura- será recurrente en De rerum natura y ha de consi-
leza que permanece)26. La incapacidad de exactitud derarse símbolo del método empírico-intuitivo de
no resulta, sin embargo,, simétrica. El conocimiento Telesio.
humano puede determinar mejor las diferencias de Todavía dentro de esta sección, se recuerda, en co-
densidad y de materia que las de calor. Esta diferen- nexión con la continuidad, el principio de que todo
cia se debe a que los sentidos pueden percibir con cambio se produce por 1o semejante. Telesio quiere
más facilidad las diferencias de materia que las de extender este principio a aquellos seres que parecen
calor. no haberse generado gracias a lo semejante. Esta rea-
Antes de llegar a las subsecciones más generales, lidad semejante que está detrás de todo cambio no es
Telesio explica una notable cantidad de produccio- otra que el calor. Para este propósito, se recuerda otro
nes que se deben a diferentes tipos de calor y dife- principio por la reducción ontológica
-justificado
acostumbrada-, el de que para ser producido por
26 Telesio vive en el mundo del «poco más o menos»>, le- lo semejante no hace falta tener una forma externa
jos del <<universo de la precisión» que se introduce con el nue- similar a lo semejante. Esto semejante que produce
vo paradigma matematicista. Véase A. Koyré, «Du monde de todo las almas de los animales- es el
L' ¿á-peulprés" a l'univers de la précision», en ídem, Érudrt calor -incluidas
que proviene del So1. Sin embargo, Telesio en
tJ' histoire de la pensée pbilosophique, Gallimard, París, I973,
este punto (I 31) recuerda motivo por el que rea-
pp.)41362. -el
XL MIGUEL SARALEGUI INTRqDUCcIÓv XLI

hza esta introducción constituye el motivo de un gran Filosofia27. Esta consideración resulta del todo desvia-
debate bibliográfico- que el Sol no ha producido el da, pues para Telesio la materia no está dotada de sen-
alma específicamente humana, sino tan sólo aquella sibilidad y «debe ser considerada totalmente carente de
que sale del semen, la cual es idéntica a aquella con conocimiento». Todavía más gráfico es Quattromani al
la que cuentan los animales. rctratarlacomo «totalmente muefta y sin sentidos»'*. En
La cuafia sección vuelve a estar constituida por vez de hilozoísmo, se encuentra una apología del pan-
una declaración metafísic a, en cierta medida inde- sensimo y no del panpsiquismo, con el que a veces se
pendiente de su contexto. Si en el primer capítulo 1o confunde2e. Además,, si Quattromani está en lo cierto,
Telesio mostraba su personalidad, método y concep- la dotación de sensibilidad aparecería como una suerte
fualización de la historia de la filosofía, en este capí- de regalo de Dios que permite que los entes conserven
tulo, sostiene la necesidad de la peculiar constitución la existencia3o. En cualquier caso, este pansensismo ha
del mundo. A pesar de la excepcionalidad formal de sido continuo motivo de críticas a la filosofia de Telesio
este capítulo, no se puede considerar que el discurso desde el mismo Pafizi «El otro punto contra el que Pa-
normativo sobre la naturaleza constituya una com- trizi golpearáseráelde los sentidos. Todo, para Telesio,
pleta anomalía en el De rerum natura. Por ejemplo, siente»3r.
en el capítulo cuadragésimo cuarto de este primer li-
bro, reaparecerá la normatividad, cuando afirme que 27 Por ejemplo, F. Copleston, Historia
los seres cálidos deben ser más numerosos que los de la Filc¡sofia 3: de Oc-
kham a Suárez, cit., p. 243. <<Una teoría hilozoísta fue también
fríos gracias al principio de que lo más insigne debe mantenida por Bernardino Telesio [...]. El instinto o impulso na-
darse con mayor abundancia. Pero ¿en qué consiste tural fundamental en el hombre es el de autoconservación. Ése es
la prescripción en este capítulo? La cosmovisión de igualmente el instinto dominante en los animales, e incluso en la
Telesio considera correcto que el cielo envuelva a materia inorgánica, que sólo es no-viviente en un sentido relativo,
la Tierra, pues le permite girar sobre algo estático. como lo pone de manifiesto la omnipresencia del movimiento, que
es un síntoma de vida. (En realidad, todas las cosas poseen algún
Así se asegura la unidad del mundo. Por otra parte, grado de percepción, una idea que sería más tarde desarollada por
Telesio jtzga que era necesario el modo como el ca- Leibniz)» y antes, podríamos añadir, por Campanella en De sensu
lor está repartido en el mundo celeste,, así como sus rerum et magia. Se trata, sin embargo, de una interpretación de la
movimientos, pues evita la principal consecuencia teoría de la materia de Telesio bastante desafortunada. Si todos los
que un calor más homogéneo y sin variabilidad de entes los no dotados de vida- poseen sensibilidad,
ésta no-incluidos
se debe a la materia, sino a su componente formal.
traslació decir, que diseminara su calor en un 28 S.
Quattromani, La.filo,sofia di Bernardino Telesio,cit.,p.27.
ángulo de noventa grados- habría producido inde- 2e L. De Franco, lntroduzione a Bernardino Telesio,
cit., p. 98.
fectiblemente: el incendio y carbonización de toda r0 S.
Quattromani, La filosofia di Bernardino Telesio, cit.,
la Tierra. p.27: «E perché é cosa soprattutte l'altre naturale, che colui che
En la sección quinta de este primer libro, Telesio no dié l'essere che é lor dato, e perché ció non sarebbe potuto farsi,
essendo questo mondo uno involto di cose contrarie, se le cose
se adhiere al hilozoísmo, doctrina con la que muchas non sapessero discemere quelle che sono loro contrarie».
veces se le identiflca en los manuales de la Historia de la 'rr E. Garin, Storia della.filosofia italiana, cit., vol. II, p. 653.
XLII MIGUEL SARALEGLII INTRODUCÜÓI',1 XLIII

Bondi ha insistido especialmente en que, a pesar Si todos los entes están dotados de sensibilidad, se
de que el pansensismo pertenece alatradición mági- debe no la terminología telesiana- a la
co-hermética, lateoría de Telesio resulta contrastante natttraleza-siguiendo
que perrnanece materia-, sino a la que
con la mayoría de los principios de esta corriente32. -la de calor presente en
se añade y se quita,la cantidad
Las siguientes frases de De Cometis et lacteo circulo cada ente. Son los principios activos constitu-
muestran hasta qué punto rechaza la validez de una -los a los
tivos formales- los que otorgan sensibilidad
astrología, estimada en su tiempo también por mu- entes. Aunque de manera diversa, el frío y el calor
chos f,lósofos: «Con razón (hecho que señalan cons- cuentan con esta facultad. E,sta superior sensibilidad
tantemente) grandes corrientes de viento preceden, del calor es responsable de que aquellas capacidades
acompañan y siguen a los cometas, especialmente a que pierden intensidad de calor resulten cadavez más
los grandes, los frecuentes o los coincidentes en el insensibles. Por esta razón, los ancianos no pierden
tiempo, pues nos resulta imposible comprender que sensibilidad exclusivamente en aquella facultad
anuncien también muertes de grandes príncipes, gue- -el
olfato- que no pierde calor. El argumento principal
ffas y los males que acompañ an a las guerras. Veis para dar plausibilidad ala idea de la pansensibilidad
que todas esas cosas suceden por doquier cuando nin- es otro más básico y fácilmente aceptable: el de que
gunos cometas están presentes y que a veces, en su todos los seres están dotados del apetito de propia
presencia, nada de eso oculre, antes bien todas las co- conservación. ¿Cómo podrían conservarse en la exis-
sas son buenas, y que los reyes promueven y suscitan tencia si no fueran capaces de reconocer lo favorable
gueffas no cuando sus cuerpos son algo más secos, y lo desfavorable?
sino cuando se da la oportunidad o la posibilidad de Al defender el pansensimo, Telesio debe rechazar
apoderarse de los reinos ajenos. Además, el cielo y una postura que coffesponde al sentido común. Es
cualesquiera condiciones de los tiempos son graves habitual juzgar que exclusivamente los seres dotados
y pestilentes para el género humano,, no más éstas con órganos de percepción animales- pueden
para los reyes que para la mayoría de los hombres; -los telesiano no sólo
sentir. Obviamente, el ontozoísmo
incluso para ésta más que para ellos, por cuanto están rechaza esta intuición, sino que mantiene una postu-
menos expuestos a las fuerzas del cielo y a sus afren- ra absolutamente opuesta, cuyos problemas han sido
tas,, puesto que saben que son graves y nocivas»33. recordados por un estudioso tan proclive al pensa-
miento telesiano como Luigi De Francosa. Pareceria
32 R. Bond\, Introduzic¡ne
a Telesio, cit., p. l8: «Quando Te-
lesio sostiene che tutte le cose sentono no fa altro che esprimere tradizione magico-ermetica», Rivista di Filosofia, LXXXVIII,
un motivo che si trova con forza negli scritti magico-ermetici 1991, pp. 461 -4J3, enpp.469-470, ha insistido en la nula atrac-
largamente circolanti per tutto il Cinquecento. [...] É opportuno ción que Telesio siente hacia la astrología y cómo esta posición
peró insistere sull'assenza in Telesio di una serie di temi impor- <<presenta importantes analogías con la de Bacon y Galileo».
tanti della tradizione magico-ermetica». ra L. De Franco, Introduzione ct Bernardino Telesio, cit.,
33 B. Telesio,
Sobre los contetas y la Vía Láctea, cit.,p.23. p. 99: «Tesi importante e fondamentale questa della teoria
Desde un punto de vista bibliográfico, R. Bondi, «Telesio e la telesiana e tale che non subirá mai [...] sviluppo o modifi-
XLIV MTGtJEL SAk4LEGUt INTRODUCCIÓN XLV

que, para Telesio, los seres dotados de órganos son Aristóteles, Telesio presentará varias doctrinas que o
mucho más incapaces de percibir que los que care- bien resultan del todo novedosas para el lector de De
cen de ellos. Cualquier ente percibe sin necesidad de rerum natura o bien explican de manera porrnenori-
órganos. Éstos existen sólo como vías de acceso al zada algunas que sólo habían sido esbozadas en la
espíritu cálido para aquellos particulares seres cuya parte doctrinal del primer libro. La critíca a Aristóte-
capacidad de sentir se encuentra recubierta por una les de esta última sección se desarrolla en tres puntos:
protección incapaz de sentir: la piel, los pelos, etc. el primero versa sobre el carácter eterno de los prin-
Así, si todo ente por el mero hecho de serlo parece cipios agentes, el segundo, sobre el movimiento y la
sentir, los entes que están dotados de órganos dejarán operación propia del cielo y de la Tierra y el tercero,
de hacerlo en el momento que lavia de acceso-el sobre el carácter sustancial de cielo y Tierra.
órgano- quede bloqueada. Paru defender que los principios activos y los cuer-
En el capítulo trigésimo sexto, en que Telesio con- pos primeros son eternos, Telesio rechazarálateoría
cluirá esta sección dedicada al pansensismo, se produce aristotélica de la comrpción de todos los seres su-
una transición muy continua a la siguiente. Se abre con blunares. Vuelve a repetir que, en tanto que grandes
un principio metafisico que sustenta el pansensismo: cue{pos, ni la Tierra en su parte superior es
los entes sólo podrán contar con las propiedades de las -sólo
modificada-, ni el cielo 1o son sus obras-
que estén dotados sus principios activos. Este principio -sólo
padecen modificaciones sustanciales. Este rechazo de
le lleva a un campo diferente: el de la discuiión con la comrpción general que afecta al mundo sublunar
Aristóteles y los peripatéticos acerca de la natt¡raleza se sostiene sobre la critica que Telesio hace de una de
cálida del cielo. Puesto que los seres sublunares están sus bestias negras: la teoría de la materia de Aristóte-
dotados de un calor que el mismo Aristóteles reconoce les. La comrpción se debe para los peripatéticos a la
que proviene del cielo, éste, a su vez, deberá ser cálido facilidad con la que la materia adquiere otra forma.
porque si no lo fuera, no podría haberles transferido Sin embargo, para Telesio, las cosas que son princi-
calor. De esta manera, este capítulo funciona como palmente calientes o frías no tendrán esa inclinación
una bisagra entre la sección dedicada al ontozoísmo y al cambio, la cual se introduce en el mundo sublunar
la que se centra en la crítica a Aristóteles. aristotélico por una teoría de la materia una
Aunque esta sexta última sección- del libro especie de agregado de formas durmient -como
que Te-
prlmero se caracteriza-yformalmente por la critica a lesio no sólo no comparte, sino que vehementemente
rechaza.
ca alguna; tesi, perd, che non pare essere molto in accordo E1 siguiente punto es el de la operación natural de
con l'altra piü generale [...] pansensismo. Ed infatti, se tutto los grandes cuerpos. Las dos tesis que Telesio defen-
sente, anche se in grado maggiore o minore a seconda della derá es que el cielo, los astros y el sol son sustancial-
natura agente predominante nell'ente, come si puó sostenere
che esistono delle parti nell'animale nelle quaii non si pro-
mente calor (capítulos 38-41y 47-49) y qre la Tierra
duce alcuna sensazione perché ivi non si troverebbe nessuna carece de la facultad de moverse (43-47). En primer
porzione di spirito?». lugar, Telesio argumenta que no son válidas las posi-
XLVI MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN XLVII

ciones del Estagirita diferente movimiento en el los dos movimientos que ejercita el cielo permiten
-el
mundo sublunar y supralunar; si el cielo fuese ígneo, que, a pesar de ocupar mucha más materia que la Tie-
habría destruido todo 1o demás; la velocidad de las rra, incida sobre ella sin destruirla ni modificarla de
estrellas fugaces; la blancura del Sol- que le condu- modo esencial.
cen a defender que el cielo no está dotado en sí mis- ¿Por qué motivo Telesio sostiene que los astros
mo de calor. En segundo lugar, recuerda un principio y las estrellas son ígneos? En primer lugar, existe
metafisico aristotélico con el que está plenamente de un argumento provisto por el mismo Aristóteles: las
acuerdo, aunque esta postura avanza una nota cosas de color blanco de astros y estre-
distintiva del libro-yII- se lamenta que el mismo fi- llas- son por 1o general-tonalidad
de fuego. Además, Telesio
lósofo griego no haya sido capaz de seguirlo: sólo se aporta argumentos propios en el capítulo cuadragé'
conocen las sustancias de los entes a través de sus simo noveno. El primero es que al tacto son cálidos;
operaciones. a la vista, luminosos. E,l segundo, 1o que se mueve
En el capítulo cuadragésimo recuerda que el movi- es cálido; el cielo no sólo se mueve, sino que jamás
miento circular no se opone al movimiento vertical, cesa de despl azarse a una velocidad altísima. En el
sino a la inmovilidad. Para Telesio cual es re- tercer argumento, vuelve a sacar una consecuencia
frendado por el comportamiento de -1o los animales-, no extraída de la propia teoría aristotélica. Según las
al ser móvil no le resulta extraño ningún movimiento. ideas del propio Aristóteles, debe existir un primer
Pero va más allá, incluso la posición aristotélica del cálido que caliente todo lo demás. Por último, y to-
movimiento específico del cielo conflrma, contra lo davía bajo la influencia de Aristóteles, Telesio afirma
que Aristóteles quería defender, eue el cielo es íg- que a 1o más noble cielo-, debe asignársele lo
neo. Para asignar calor al cielo en todo caso, Telesio
-el el movimiento circular, por
más noble: por un lado,
rechaza en primer lugar la tesis aristotélica de que el otro, el calor.
movimiento natural del fuego es el rectilineo ascen- La insistencia en el carácter ígneo del cielo
dente. De manera habitual, el fuego se mueve de ma- como de todos sus componentes- se extiende-así por
nera circular decir, como el cielo- y, Por tanto, dos subsecciones no consecutivas. Entre ambas, se
ambos comparte n naturaleza. encuentra la defensa de Telesio de la inmovilidad de la
En el segmento que ocupan los capítulos 47-49,Te- Tierra, que contradice el principio aristotélico de que
lesio af,rma que también los astros y las estrellas son las cosas terrestres están dotadas de un movimien-
ígneos. Aristóteles habría formulado una teoría de las to natural (el rectilíneo descendente). Para criticarle,
proporciones del cosmos que, a pesar de su aparente nuevamente Telesio menos en primera instan-
armonía y justif,cabilidad los grandes cuer- -al de la f,losofia aristotélica.
cia- recurrirá a principios
pos deben ocupar la misma -todos
cantidad de materia-, Ésta def,ende que el frío es inmóvil y que la Tierra es
carece de base empírica. El motivo para adoptar esta fría. De este modo, el mismo Aristóteles hubiera de-
postura consistía en evitar que el cielo ocupará e in- bido defender que la Tierra es inmóvil. La naturaleza
cendiarátodo. Telesio la considera inapropiada, pues es principio de movimiento y de reposo. Si a la Tierra
XLVIII MIGUELSARALEGLTI INTRODUCCIÓN XLIX

le correspondiera naturalmente el movimiento, la na- mente cuanto más cansadas están: <<En cambio, no
turaleza dejaúa de ser principio de reposo y 1o sería se debe considerar que las cosas que continuamente
exclusivamente de movimiento. incrementan su movimiento se mueven por natura-
Telesio reconoce que la Tierra decir, las co- leza, sino que también 1o pueden hacer [...] porque
sas terrestres- se mueve, pero siempre de manera son atraídas por un bien t...1 Esta última posibilidad
violenta. Dos tipos de fuerza la hacen moverse: la es 1o que a veces parece sucedernos a nosotros, pues
generada cuando la Tierra no se encuentra en su lu- hay cosas que, cuando las hacemos, nos producen
gar natural y la que proviene de estar separada de molestias, pero que, sin embargo, deben ser realiza-
cosas afines. Parece que la segunda posee una mayor das absolutamente y una vez las hemos completado,
efectividad. E,stos dos tipos de violencia explican dan placer y tranquilidad. Pues bien, cuanto más las
por qué un cuerpo terreno se dirige más velozmente llevamos a cabo, tanto más incrementamos el movi-
bien a su lugar natural, bien a las cosas aflnes. A1 ser miento, aunque aborrezcamos y estemos cansados
más grande la concentración, el impulso es mayor. del trabajo, pues deseamos todavía más el placer y la
Por otro lado, la mayor efectividad de la violencia tranquilidad cercanos)) (I 45).
que proviene del estar separado de las cosas afines El último subapartado que compone esta última
se demuestra a través del caso de la atracción que parte del primer libro está dedicado a señalar que el
el imán ejerce sobre el hierro. Éste, incluso encon- frío y el calor son, al contrario de lo que sostienen
trándose en reposo en su lugar natural, se moverá los peripatéticos, realidades sustanciales. ¿Por qué
hacia el imán por deleitarse junto a las cosas que son piensa Aristóteles que frío y calor no son sustan-
de su misma naturaleza. Se trata del otro aparente cias? En el capítulo quincuagésimo
contraejemplo con mayor presencia en las páginas -introducción
a esta temática-, se critica la argumentación de
de Telesio. Aristóteles en dos sentidos. En primer lugar, habría
Tras mostrar que este movimiento violento de la operaciones cuya nobleza no podría ser atribuida
Tierra no es una acción, sino una pasión y que la Tie- ni al frío ni al calor. En segundo lugar, el calor y el
ffa se sostiene no porque tenga capacidad para ello frío deben ser accidentes, pues ambos se introducen
que implicaria un cierto movimiento-, sino en muchos entes sin modificarlos sustancialmente.
-1o
porque no tiene lugar dónde caer, Telesio dedica dos Telesio responde al primer argumento en este mis-
capítulos cuadragésimo quinto y sexto- a ex- mo capítulo. Afirma que resulta falso que las ope-
plicar por -el
qué las cosas caen más rápido cuando están raciones de algunos entes de los animales-
más próximas a la Tierra. La explicación -lasdel frío y del calor.
sean superiores a la nattraleza
dante con el ontozoísm desliza conscientemen- -concor- Telesio rechaza otros argumentos aristotélicos,
te al antropomorfismo. Los objetos materiales caen como que el calor y el frío no pueden ser sustancias
a una mayor velocidad cuanto más cerca están de por oponerse mutuamente, por ser susceptibles de
la Tierra de objetos de naturaleza aftn- por el un más o un menos o por ser percibidos con los
-o que las personas trabajan más rápida-
mismo motivo sentidos.
L MIGUEL SARALEGUI INTRIDUCcIÓv LI

Esta crítica al planteamiento aristotélico Sección 5. Capítulos 36-59 : La crítica alateoría de


-que
constituye el último capítulo de este primer libro- las propiedades del cielo.
insiste en que la gnoseología del propio Aristóteles Subsección 5.1. Capítulos 39-49: El cielo es en sí
reconoce la posibilidad de percibir formas con los mismo caliente.
sentidos: las que se conocen por el tacto. El programa Subsección 5.2. Capítulos 50-59: E,l cielo es en sí
empirista de Telesio irá más lejos, aunque 1o consi- mismo móvil.
dera deudor del mismo Aristóteles, y defendará que Sección 6. Capítulo 60: Conclusión teológica: de-
<<las formas no se perciben sólo con los sentidos, sino mostración de que Dios existe y es Creador de todas
que sólo se perciben éstas, porque sólo ellas actúan» las cosas.
(r s7).
En el capítulo primero se realiza una detallada
minuta del recorrido por el que procederála critica
2. EsrnucruRA y RESUMEN DEL LtBRo sEGUNDo a Aristóteles, objeto principal:, pero no exclusivo, de
este segundo libro. Telesio rechazalos cuatro pilares
Sección l. Capítulo 1: Plan del segundo libro: crí- fundamentales de la física del Estagirita: el número
tica a Aristóteles. de los cuerpos primeros, el número de las naturale-
Sección 2. Capítulos 2-6: La critica al número de zas agentes, la composición de los cuerpos mixfltos
principios agentes. y la teoría del cielo, según la cual no es en sí mis-
Sección 3. Capítulos 6-29: La crítica a los cuerpos mo caliente por rozamiento- ni móvil
primeros, -calentaría
movimiento lo obtendría de un motor inmó-
Subsección 3.1. Capítulos 6-10: Los cuatro cuer- -el
vil-. El interés de este capítulo introductorio no se
pos primeros y la cuestión de la doble oposición. limita a exponer el índice de este segundo libro sino
Subsección 3 .2. Capitulos 11-16: La critica a Hi- al retrato que ofrece de la historia de la filosofía y de
pócrates y la defensa de que dos son los cuerpos su posición en ella. En este proemio, fiel al espíritu
pnmeros. de reducción, Telesio limita el valor de la historia
Subsección 3.3. Capítulos 17-19: Naturaleza de la de la filosofía precedente. Si dos son las naturale-
humedad y sequedad. zas agentes, también son dos los filósofos a tener en
Subsecci on 3 .4. Capítulo s 20-26: Crítica de la teo- cuenta: Aristóteles y é1 mismo. Considera que, paru
ría de los cuatro elementos y de los cuatro cuerpos construir una nueva filosofía de la nattraleza, basta
primeros. con criticar a Aristóteles por dos motivos. En primer
Subsección 3.5. Capítulos 27-29: EI modo como lugar, el mismo Aristóteles ya se habría encargado
se transforrnan los cuerpos primeros muestra que no de refutar a los filósofos que 1o antecedían. En se-
son cuatro. gundo lugar, al no haberse conservado en su inte-
Sección 4. Capítulos 30-35: La critica a la teoría gridad las obras de los pensadores precedentes, no
aristotélica de los cuerpos mixtos. tiene sentido dedicarles mucha atención. Antes de
LII MIGUEL SARALEGLU INTRODLICCIÓN LIII

exponer los motivos de su rechazo, a cuya divulga- privación, pues a veces la describe como el contra-
ción le obliga el ser libre y probo, Telesio recuerda rio más innoble en todo caso, agente- y
que, al menos desde un punto de vista formal, tam- otras se la jtzga -aunque,
como puro no ser. Telesio resuelve
bién é1 es aristotélico: ama la verdad por encima de parcialmente el problema al insistir en la compleji-
cualquier otra cosa. En esta descripción del trabajo dad del corpus aristotélico. Recuerda que Aristóte-
intelectual como algo abierto, cuyos conocimientos les considera la privación como no ser cuando habla
y descubrimientos se deben revelar al mundo, Bondi de la constitución de los entes particulares y como
ha encontrado uno de los motivos por los que Tele- contrario innoble cuando examina los principios que
sio se acerca a la imagen moderna del pensador y constituyen todas las cosas. Para Telesio, la teoría
se aleja de la mágico-hermética del sabio que sólo aristotélica, que peca de excesiva sutilidad, se in-
revela su sabiduría a unos pocos iniciados3s. troduce en este problema terminológico para evitar
Telesio criticará, en primer lugar, la teoría de los las objeciones fundamento para Telesio- de
principios agentes de la fisica aristotélica. Es nece- -sinel movimiento. En el capítulo
Parménides contra
sario señalar que la crítica a los principios agentes quinto cierra esta segunda sección- se pue-
está directamente unida a la del número de grandes -que el fundamental acuerdo metaflsico con
de comprobar
cuerpos. En primer lugar, llama [a atención el aprecio Aristóteles. Ambas filosofias defenderían que la rea-
que Telesio muestra en esta sección por la fllosofia lidad está compuesta de tres elementos: una materia
de Aristóteles. En el capítulo segundo, se expone de inactiva y una oposición de forma y
modo muy objetivo y acrítico trata de un resu- privación- activa. El mismo -compuesta
Telesio traza un para-
-se
men más que de una critica, procedimiento habitual lelismo entre la doctrina aristotélica de la forma y de
en este libro segundo- la teoría de los principios la privación con la suya del calor y del frío. En este
agentes de Aristóteles, quien Telesio- ha- capítulo, se muestra de acuerdo no sólo con los prin-
-como
bría defendido que una única oposición es suficien- cipios generales, sino con los argumentos ofrecidos
te. El tono objetivo continúa en el capítulo tercero, por Aristóteles: una naturaleza no puede estar sujeta
donde establece que la oposición de estos principios a varias oposiciones, pues si hubiese más de un par
agentes se constituye por la forma y la privación. de oposiciones o más de un sustrato, todas las cosas
En el siguiente capítulo, Telesio recuerda el carácter no podrían ser transformadas en todas las demás. De
problemático de la consideración aristotélica de la este modo, parecería que el problema fundamental
de Aristóteles consiste en no haber extraído las con-
3s
R. Bondi, «Telesio e la tradizione magico-ermetica>>, secuencias correctas que implicaba su teoría de las
cit., p. 472: <<L'immagine che del sapere e del sapiente ebbe natrtralezas agentes y del sustrato único. De hecho,
Telesio é opposta a quella degli esponenti della magia, e pre- todo este libro segundo puede leerse como un largo
senta significativi punti di contatto con quella dei moderni. reproche al E,stagirita por no haberse atenido a una
Occorre, a questo proposito, tenere presenti le pagine nelle doctrina que le hubiese asegurado una irreprochable
quali Telesio insiste sui propri limiti e si dice dotato di un in-
gegno piuttosto "tardo")). imagen de la naturaleza.
LIV MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCñ¡N LV

En la tercera sección, se critica la concepción aris- por jtzgar que los sentidos nos informan de que son
totélica de los cuerpos primeros así como su núme- cuatro los cuerpos primeros, proceso que, metódica-
ro. La primera subsección sexto y sép- mente, Telesio no puede juzgar incorrecto. Si sólo
timo- se limita a -capítulos
describir la teoría de Aristóteles hubiera una contrariedad, los cuerpos primeros ha-
de los cuatro elementos. En el capítulo sexto, se se- brían de resultar forzosamente dos. Aristóteles no
ñalan las dos oposiciones de principios activos que ha extraído el número de cuerpos primeros a partir
respaldan la teoría de los cuatro elementos: la que del de los agentes, sino que ha privilegiado la ex-
opone el calor al frío y la humedad a la sequedad. periencia directa. El problema estriba no en el pro-
E,stos principios activos son los constituyentes de los cedimiento los sentidos que los análisis
cuerpos primeros. De esta manera, según Aristóteles, -primero
racionales-, sino en su equivocada percepción. Por
de la unión de calor y seco se obtiene el fuego; de tanto, en este capítulo, Aristóteles ya no es retratado
la de calor y húmedo, el aire; de la de frío y seco, como el soberbio filósofo que decide arbitrariamente
la tierca; de la de frío y húmedo, el agua. De estos la constitución del mundo, sino simplemente como
cuatro primeros principios activos no podrían surgir un observador despistado. Telesio afirma que los
más cuerpos primeros, pues ni el frío se puede unir sentidos revelan que son dos los cuerpos primeros
al calor ni la humedad a la sequedad. En el capítulo y Tierra- y no cuatro. El mismo Aristóteles
séptimo, Telesio 1o que ya tiene algo de ctítica -cielo
habría establecido que ni agua ni aire son cuerpos
-en lógica que supondría- señala
por la inconsistencia primeros. Sin.embargo,. el capítulo no continúa este
cómo para Aristóteles los cuerpos primeros pueden camino experimental, sino que provee de un segun-
transformarse los unos en los otros. Aunque todos do intento de def,nición de cuerpo primero. No son
pueden cambiarse en todos, siempre será más fácil la cuerpos primeros aquellos que tienen una ciefta ca-
transformación cuando existe algún principio activo pacidad de pro«iucción o de conservación en la exis-
en común. tencia de lo que ya existe, sino aquellos que no son
En el capítulo octavo, comienza [a crítica al número producidos y son absolutamente necesarios para la
de cuerpos primeros. Señala que resulta absolutamen- producción de las cosas.
te injustificado haber introducido una segunda oposi- En el capítulo undécimo, expone la principal ra-
ción de humedad y sequedad-, que es inactiva. zon por la que Aristóteles habría aceptado de modo
-la error
El principal menos el que más encienda su acrítico la teoría de los cuatro elementos de Hipó-
espíritu crítico- -al
procede de que el propio E,stagirita crates. El capítulo retrata a un Aristóteles desorien-
habria defendido que, para la constitución del mundo,, tado que acepta una teoría fundamental de los
bastaba con un principio pasivo y dos activos. La con- cuatro elementos- sin examinarla a fondo, -la lagu-
tradicción le parece tan grande que Telesio se siente en na que Telesio se encargará de cubrir: «Pero como
la obligación de explicar su misma posibilidad. Aristóteles no ha hecho esto fcriticar a Hipócrates],
En el capítulo noveno, Telesio explica que Aris- lo haré yo» (II 11). E,ste descuido resulta difícilmen-
tóteles habría introducido una segunda oposición te compatible con el aprecio que, como historiador
LVI MIGUEL SARALEGUI INTRODUCAÓIN LVII

y crítico de la filosofía, Telesio suele reconocerle a cimocuarto afirma que, a pesar de las apariencias,
Aristóteles. Para Hipócrates, la teoría de los cuatro humedad y sequedad no son naturalezas agentes
elementos aparece en un contexto antropológico. El y que no son cuatro los cuerpos primeros. E,n este
hombre debe estar compuesto de varios elementos, capítulo, también se critican concienzudamente
pues si estuviera constituido sólo por uno, no sufri- las tesis de Hipócrates. Se rechaza qüe el dolor
ria o, en caso de padecer, un solo remedio bastaría obligue a considerar que existen varios elementos
para sanarlo. Sin embargo, la experiencia nos mues- tanto en el mundo externo como en el humano.
tra tanto la cotidianeidad del dolor como la variedad Se puede sentir dolor por la diferencia de intensi-
de los remedios que sanan al hombre. Por este mo- dad de formas que disputan,, aunque la sustancia
tivo, Hipócrates considera que el ser humano está de todas las formas sea idéntica. Establece
compuesto de varios elementos: la sangre, la flema, que analtzará de modo más pormenorizado en -1o
el
la bilis amarilla y la bilis negra. Por analogía, se lle- segmento de capítulos entre el 1l y el l9- que la
gará a la conclusión de que el resto de los seres tam- humedad y sequedad no son activas. ¿Por qué? No
bién están constituidos así. se producen a sí mismas, como sí 1o hacen el calor
En el capítulo siguiente, todavía dentro de un exa- y el frío. Por otra parte, si parece que transforman,
men objetivo y acrítico de la doctrina de Hipócrates, no se debe a su capacidad activa, sino a la yuxta-
Telesio recordará las experiencias que hacen razo- posición. Por último, Telesio recuerda eue, tanto
nable que los cuerpos mixtos estén compuestos de por el variado modo de actuar del calor como por
cuatro elementos. Por un lado, al menos en aparien- la heterogeneidad de los cuerpos mixtos, puede
cia, tierra, fuego, aire y agüaparecen proceder de una parecer que los cuerpos se descomponen en algo
combinación de, por un lado, calor y frío y, por otro, más que calor, el cual, sin embargo, es su único
humedad y sequedad. Otra experiencia que parece material constitutivo.
conflrmar la teoría es que los cuerpos, al coffomper- E,l capítulo decimoquinto insiste en la unicidad
se y desaparecer, se deshacen en los cuatro elementos sustancial del calor en un marco netamente bioló-
antedichos. gico: los animales se componen sólo de calor. Esta
Si los capítulos undécimo y duodécimo son re- convicción de la imposibilidad de que diferentes
súmenes de la teoría de Hipócrates, el decimoter- principios activos constituyan un mismo ser es uno
cero no sólo resulta más crítico, sino que contiene de los núcleos de la física de Telesio, responsable
una ambición más general. Por un lado, se acusa de que se rechace tanto el concepto de potencia de
a sus argumentos de suponer aquello que quieren Aristóteles como su teoría de los cuerpos mixtos.
probar. Por otro, se vuelve a ofrecer una teoría de Si el animal contuviera varias naturalezas, éstas
los cuerpos primeros. Si bien éstos deben perci- obligatoriamente se enfrentaúan entre sí. Además,
birse poi los sentidos, existen criterios racionales la teoría de los humores en absoluto conf,rma en el
impasibilidad y capacidad de genera- plano humano la de los cuatro cuerpos primeros.
-completa
ción- paradescubrir cuáles son. En el capítulo de- En primer lugar, en el cuerpo humano existe una
LVIII MIGUEL SARALEGUI INTROD(]CCñT,{ LIX

variedad de humores muy superior a los cuatro pro- consistente una sola oposición agente y dos
puestos por Hipócrates. En segundo lugar, la bilis -existe
son los cuerpos primeros-, su postura resultaría casi
negra no se asemeja a la tierra, ni la flema idéntica a la telesiana. También se insiste en la in-
cálida- al agua, ni la sangre al aire, ni la bilis-muy
ama- tensidad de la contradicción que se produce no sólo
rilla al fuego. En el decimosexto, se recuerda que, si entre libros, sino entre palabras. En el capítulo deci-
Aristóteles no hubiese sido engañado por Hipócra- monoveno, se afitma que la humedad es producción
tes, su teoría habría defendido la existencia de dos del calor y la sequedad del frío, 1o que contradiria la
cuerpos primeros cuales siempre se situarían relación que Aristóteles habría establecido anterior-
en los extremos y -los
en pleno vigor nunca podrían es- mente. Aristóteles, aunque, a diferencia de Telesio,
tar situados en un lugar intermedio- y de una sola las habría dotado de una misma naturaleza agenfe,
oposición agente. habria relacionado a la sequedad con el calor y
En la subsección compuesta por los capítulos que que no queda tan claro la humedad con el -lo frío.
van del decimoséptimo al decimonoveno, se vuelve Sobre todo, Telesio critica la identificación entre se-
al tema ya apuntado de la naturaleza ningún quedad y calor, pues, sin duda, éste genera humedad
-en
caso activa- de la humedad y de la sequedad. En y convierte todo a 1o que se acerca en tenuidad y li-
este capítulo, se comprueba una vez más el carácter gereza, en algo que dificilmente se contiene y fácil-
reductivo de la física de Telesio. Humedad y seque- mente puede ser contenido por otro, es decir, el modo
dad no poseen la _dignidad _de nattralezas agentes, como Telesio entiende la humedad.
sino que no pasan de ser productos del calor y del frío En la hetorogénea subsección que va del capítulo
respectivamente. E,sta subsección también está domi- vigésimo al vigésimo sexto, Telesio critica la teoría
nada por una nota que caracteriza todo el De rerum aristotélica de los cuatro elementos y los cuatro gran-
natura: la fundamental inconsistencia de la cosmolo- des cuerpos,, tanto desde un punto de vista general
gía aristotélica. En el capítulo decimoséptimo, fija los como particular. No sólo defiende que los cuerpos
dos polos sobre los que este problema se desarrolla. primeros y los elementos constitutivos son dos, sino
Por un lado, Aristóteles habría defendido que la hu- que no está de acuerdo de la
medad y la sequedad están dotadas de una natttraleza -independientemente
cuestión de su carácter primero- con el modo con el
pasiva o que actlan como una especie de sustrato del que Aristóteles caructeriza al agrla, al aire y al fuego.
calor y del frío, posibilidades más cercanas al pen- En el capítulo vigésimo, Telesio comparte el inte-
samiento telesiano. Por otro, cayendo en una grave rés por el problema que Aristóteles quiere resolver:
incoherencia, habria afirmado que están dotados de cómo tiene que estar constituido el mundo para que
capactdad activa. sea posible que todo se transforrne en todo. Uno de
El capítulo decimoctavo se adentra todavía más los atractivos de la teoría de los cuatro elementos se
en la inconsistencia de los fundamentos de la fisica debe a que permite esta posibilidad. Sin embargo,
aristotélica. El aspecto más llamativo de la crítica del Aristóteles, al haber establecido que todos los entes
libro II proviene de que si Aristóteles hubiera sido están compuestos de dos principios agentes Y, Por
-

LX MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCñ^I LXI

tanto, de dos nattxalezas, habría creado un nuevo análisis del fuego, el cual sí es un cuerpo primero.
problema. Por la doble oposición, las cosas no serían Los capítulos vigésimo segundo y vigésimo tercero
una, sino dos. E,sta es precisamente la dificultad que están unidos por la idea de que la naturaleza del agua
se afanan en resolver los peripatéticos con muy poco es más caliente que fría. Si en el primero de ellos se
éxito. La solución más habitual ha sido la de señalar realizauna descripción del mar como cálido, en el se-
que una de las oposiciones compuesta por el frío gundo se describe con todo detalle por qué toda agua
y el calor- actúa como forma, -la mientras la segun- es cálida y no fría, como Aristóteles habría estable-
da de la sequedad y humed&d-, como materia. cido. Tanto el proceso de producción del agua, como
Para-laTelesio, esta teoría tiene el problema fundamen- diferentes hechos particulares ejemplo que la
tal de que no explicaría la omnitransformación de la -por 1o que ocuffe
lengua no se encoja ante su contacto,
realidad mundana, pues no todo podría transformarse siempre que toca cosas frías- muestran que resulta
en todo, sino sólo aquellas cosas dotadas de la misma más cercana a 1o cálido que a 1o frío. Telesio resuelve
materia. un contraejemplo que parecía indicar que el agua es
En el capítulo vigésimo primero se critica el lu- fría; pues tiene la capacidad de apagar el fuego. Aquí
gar en que Aristóteles sitúa los cuerpos grandes. se produce un contraste de acuerdo a la magnitud del
Estos no pueden encontrarse en lugares contiguos, fuego. Si bien el agua apaga fuegos pequeños
pues los cuerpos se colocan donde son favorecidos, -1o
que pare cería validar la tesis de que el agua es fría-,
mientras que disputarán con cuerpos opuestos que también líquidos sumamente cálidos en
estén próximos. Para Telesio,, nuevamente de modo ebullición- pueden extinguir el fuego.-inclusoSin embar-
muy prescriptivo, los cuerpos primeros deben estar go, los incendios no son apagados por agua, sino tan
alejados, situándose entre ellos cue{pos de naturale- sólo por tierra, 1o que vendría a confirmar la postura
za intermedia. telesiana de que el agua es cálida y la tierra, fría. La
Entre el capítulo vigésimo segundo y vigésimo operación propia del agua es el movimiento, el cual
sexto, se analizan tres cuerpos primeros para la teo- es consecuencra directa e inseparable del calor.
ría aristotélica: el agua, el aire y el fuego. El hecho En el capítulo vigésimo cuarto, el cuerpo primero
de que el fuego se pueda considerar cuerpo primero analizado es el aire. Mucho más brevemente Telesio
tanto que se identifica con el cielo- en el pen- rechaza que sea esencialmente cálido, pues el mis-
samiento de Telesio informa ya del peculiar derrote- mo hecho de que se enfríe cuando no es calentado
ro que toma en este punto el curso del de De rerum por el So1 y de que rodee habitualmente a un cuerpo
natura. No se defiende era previsible- que tan esencialmente frío como la Tierra muestran que
el aire y el agua no son-como
cuerpos primeros,, sino que él mismo no es esencialmente cálido, sino variable.
Telesio entra en la crítica del modo particular como En los capítulos vigésimo quinto y vigésimo sexto,
Aristóteles habría entendido estos cuerpos. Puesto se estudia la naturaleza del fuego. En el primero de és-
que en esta sección parece que sea indiferente que tos, se quiere determinar si es seco como piensa
sean verdaderamente primeros, también incluirá el Aristótel o húmedo. Antes de -tal realizar su critica,
LXII MIGUEL SARALEGLII INTRoD(]CCIÓI¡ LXIII

Telesio define y describe con más claridad que nunca como Aristóteles ha prescrito, las transformaciones
hasta ahora dos conceptos tan absolutamente centra- todo entre fuego y tierra- deberían resultar
les para el libro segundo como humedad y sequedad.
-sobre
mucho mayores y más inmediatas. Sin embargo, no
Aunque el libro segundo cuenta con un orden más cla- se producen tal como Aristóteles previó. En el capítu-
ro que el primero, este tipo de aclaraciones, sifuadas en lo vigésimo octavo, insiste en que aire y agua deben
un lugar algo imprevisible, son habituales. En esencia, considerarse cuerpos segundos. El argumento por el
afirma que, mientras la sequedad se caracteriza por que se establece esta reducción proviene de la falta de
oponer resistencia,la humedad no ejerce ninguna de- capacidad de transformación de aire y agua. El aire no
fensa. Por tanto, el hecho de que el fuego no oponga transforma ni al fuego, ni a la tierua, ni al agua. Aun-
resistencia exhibe su carácter húmedo. que parece transforrnar el fuego al extinguirlo,, el agua
En el capítulo vigésimo sexto, se continúa criti- no 1o transforma, sino que simplemente tapa sus po-
cando la consideración del fuego como seco. Si es- ros, facultad con la que cuenta todo líquido. Tampoco
tuviera dotado de esta característica, no resultariatan el agua transformalatierra. sino que ésta se disuelve
absolutamente contrario a la Tierra fun- en pequeñas partículas, sin perder su sustancia.
damental de la cosmología telesiana-, -principio
pues ambos El capítulo vigésimo noveno repite que no se puede
elementos compartirían precisamente la naturaleza aceptar que el fuego y la tierra, al no estar compues-
de 1o seco. Sin embargo, todas las caracteristicas del tos de sustancias absolutamente disímiles, pueden
fuego tenuidad, blancura, lumino- transformarse recíprocamente de manera casi instan-
sidad y-transparencia,
movilidad- se contraponen absolutamente tánea. Telesio, parareforzar su punto de vista, señala
a las de la Tierra. Para acercarlos y justificar así su cómo nadie ha visto jamás imposible- que
parecido, algunos aristotélicos han defendido que la
-resulta en fuego o vi-
la tierra se transformara directamente
Tierra era blanca, postura que Telesio yaha refutado ceversa. Es interesante que en este capítulo la crítica
en el opúsculo Sobre la generación de los colores. a Aristóteles que no resulta tan constante como
Nuevamente se insiste en que el mismo Aristóteles podían sugerir-lo las frases programáticas del capítulo I
hubiera sido cuerdo y atento- habría defendido del primer libro- se da en un plano puramente em-
-si
esta radical incompatibilidad entre estos dos cuerpos pírico: nadie ha podido observar la mutación que la
primeros. física de los cuatro grandes cuerpos preveía.
En la subsección formada por los capítulos vigé- Con esta critica a esta falsa posibilidad de cambio
simo séptimo, vigésimo octavo y vigésimo noveno, refierza la teoría de los dos principios activos y
Telesio vuelve a fratar de modo directo el error de -que
de los dos grandes cuerpos-, Telesio pasa a refutar la
considerar que el mundo está compuesto de cuatro doctrina de la composición de los cuerpos mixtos en la
grandes cuerpos. Esta vez se critica la teoría aristoté- sección cuarta, que se extiende del capítulo trigésimo
lica desde la perspectiva del cambio. En el vigésimo al trigésimo quinto. Siempre se dirigirá el ataque a un
séptimo, Telesio muestra la incorrección de las pre- mismo punto: los cuerpos mixtos no están formados
visiones de Aristóteles. Si los cambios se producen de cuatro elementos, sino de una sola nafuruleza que
LXIV MIGUEL SARALEGTJI INTRzDUCcIÓ¡v LXV

se manifiesta con diversos grados de intensidad. En no hay diferencia esencial entre cuerpos mixtos y cuer-
el capítulo trigésimo, donde se expone la teoría de la pos primeros, sino tan sólo de grado. Como sintetiza
composición de los cuerpos mixtos, Telesio se muestra Quattromani sin percibir las posibilidades monistas de
algo más impaciente con Aristóteles de lo que había la postura de su maestro, estos tipos de cuerpo <<se di-
sido en otros capítulos del libro II. Tras esa primera ferencian solamente en el ser más o menos puros, más
crítica, Telesio recuerda que, para Aristóteles, todos o menos sutiles>>36.
los cuerpos mixtos están compuestos de cuatro ele- En el capítulo trigésimo segundo, Telesio muestra
mentos. En primer lugar, constan de tierra, pues se por qué el agua no sirve de pegamento de las cosas
forman en el lugar propio de ella. Además, contienen terrestres. Dado que la tierra está dotada de sequedad,
agua, la cual actua como un límite dice que se caracteriza por contenerse en su propio límite,
-pegamento
Telesio-- para las cosas terrestres. Por último, también resulta absolutamente superfluo postular la necesidad
son necesarios fuego y aire, pues de no ser así, no se de algo que la contenga. Además, si es lo húmedo lo
producirían cambios en el mundo terrestre. que contiene inaceptable para Telesio-, el
La critica de Telesio es absolutamente frontal y se -punto
aire, al ser más húmedo, debería encargarse de con-
dirige a todos los puntos que justifican la teoría de la tener a la Tierra. En el capítulo trigésimo tercero, se
composición de los cuerpos mixtos, si bien la actitud explica la imposibilidad de que el aire y el fuego se
general del libro segundo ante Aristóteles proble- introduzcan en la Tierra para componer cuerpos mix-
ma de la Física no está en sus principios,-el sino en no tos. E,l fuego no puede introducirse en la Tierra al ser
haber sabido extraer adecuadamente las consecuen- de una naturaleza completamente diferente.
cias- no se modifica. El capítulo trigésimo primero En el capítulo trigésimo cuarto, la crítica se da en
se enfrenta abiertamente a la teoría de la mezcla de un plano más metafisico: el principio de que la natu-
Aristóteles. En los primeros párrafos, sin embargo, raleza activa nunca puede dejar de ser y comportarse
mantiene una actitud más conciliadora al juzgar que como tal. Incluso si se hubiera de aceptar que el agua
los «antiguos)) llama a veces a los presocráti- sirve de pegamento y el fuego y el aire descienden
-asíen que todos los entes tienen su
concordaban a la Tierra, las formas de estos cuatro elementos no
origen en los cuerpos primeros. Acepta este principio, podrían nunca convivir en un mismo ente, al ser, al
incluso cuando sus predecesores [o han obtenido más menos para Aristóteles, su naturaleza activa y con-
por la razón que por la experiencia. Sin embargo, el traria. Las naturalezas activas se deleitan con una de-
desacuerdo es radical a la hora de explicar cómo se terminada operación y preparan el sustrato para que
produce la relación entre cue{pos primeros y cuerpos éste se asemeje a su operación. Además, lo que es
mixtos. Si bien para los antiguos esta vez más importante, la naturaleza activa no puede renun-
Aristóteles- los cuerpos primeros-incluido
se mezclan en los ciar a serlo y, por tanto, al encontrarse dos naturale-
mixtos, paru Telesio el cuerpo mixto no es sino un
cuerpo primero debilitado. Nuevamente nos topamos 36 S.
Quattromani, La filosofia di Bernardino Telesio, cit.,
con el reductivismo metafisico de Telesio: juzga que p. 36.
LXVI MIGUEL SARALEGUI tNTRoDIJCctót't LXVII

zas activas, se combatirán. Telesio formula una latga Entre los capítulos dedicados a explicar que el
pregunta retórica en la que se pone en duda la posi- Sol es cálido, el capítulo trigésimo séptimo resulta
bilidad de que una naturaleza activa deje de serlo. La especialmente interesante por su carácfer metafísico
naturaleza activa se parece al guerrero: no deja jamás y teológico. De hecho, se puede aflrmar que, más
de combatir, aunque tras muchas batallas vaya per- incluso que el capítulo final del libro, la teolo gia fi-
diendo fuerzas. sica alcanza su grado más sofisticado y, al menos
Los lectores de Telesio 1o han encontrado de modo desde los principios cosmológicos, más sólido en
frecuente algo aburrido lo llama De este punto. E,l capítulo resulta complicado de inter-
-((farragoso))
Ruggiero, aunque ya Quattromani consideraba que pretar, pues se pasa casi sin transición que es
«el estilo [...] fuese algo duretto>>31-. A este capítu- otro rasgo estilístico muy extendido del -1osegundo li-
lo trigésimo quinto no le faltaresponsabilidad en este bro de De rerum natura- de la exposición del pen-
juicio. Si ya estaba claro que los cuerpos mixtos no samiento de Aristóteles este capítulo con un
estaban compuestos de los cuatro elementos y que el tono especialmente respetuoso- a la presentación
agua no era un cuerpo primero, Telesio dedica todo de la propia postura. En el capítulo trigésimo sexto,
un capítulo a mostrar que el agua no es un cuerpo pri- se dice que Aristóteles habría pensado que el mismo
mero, al existir líquidos más fríos, 1o que qturzá, más So1 se autorregula en su movimiento para crear unos
que un capítulo completo, podría constituir un caso armónicos entes sublunares.
probatorio de la tesis expuesta en el capítulo trigési- En el capítulo trigésimo séptimo Telesio señala
mo segundo de que el agüano era un cuerpo primero. su acuerdo respecto a que la causa eficiente debe
La penúltima sección está dedicada a negat la seguir un patrón o un arte: nada puede ser produ-
descripción aristotélica del So1. Entre los capítulos cido adecuadamente si no sigue un modo habitual.
trigésimo sexto y cuadragésimo noveno, se defiende También Aristóteles ha defendido que los principios
que el So1 y el cielo son en sí mismos cálidos. En agentes no pueden padecer. Si padeciera uno, el otro
la segunda subsección, que se cierra en el penúltimo principio agente prevalec ería. Si padecieran los dos,
capítulo,, defenderá que la movilidad del cielo es in- el cosmos colapsaría. Aquí Telesio muestra su des-
trínseca. Nuevamente el discurso de Telesio, si bien acuerdo: la transformación a la que se ven someti-
resulta claro en sus objetivos sin cansancio das las cosas producidas por esos principios informa
-repetirá
desde el inicio de [a sección que el Sol es en sí mismo de que ellos también padecen. Si no sufrieran, sus
caliente y móvil-, volverá a tomar una deriva enáti- obras no son sino una manifestación debili-
ca y desestructurada38. -que
damental para captar su filosofia: «Non ritengo molto necessario
alla comprensione del suo pensiero seguire il filosofo in tutta
31
S. Quattromani, La.filosoJta di Bernardino Telesio, cit., questa lunga tratazione, che non presenta nulla di particolarmen-
p t. te caratteristico per la delineazione delle sue tesi, anche se egli,
18 También L. De Franco, Introduzione a Bernardino Tele- al contrario, riteneva tali punti molto importanti, tanto che essi
sio, cit., p. 114, considera que esta sección de la obra no es fun- veffanno sempre ripresi nell'edizioni successive».
LXVIII MIGUELSARALEGUI INTRODUCcIÓ¡II LXIX

tada de ellos- tampoco padecerían. El disenso se exaltada por esos mismos estudiosos, cierra su obra
produce en considerar si el orden con el que el So1 con una confesión de fe clara y rotunda3e.
se mueve es extrínseco o intrínseco. Para Telesio,
el modo de moverse y de actuar no responde a las
caracteristicas de las naturalezas agentes, sino ala di- III. TELESIO EL ANTIARISTOTÉIICO
recta acción de su Creador. De esta manera, es Dios
el único responsable de la distancia, del modo como La fllosofia de Bernardino Telesio ya fue distingui-
el Sol emite su calor, de la concordia del Sol y de la da por el mismo Campanella con dos características:
Tierra, y en última instancia de que ambos cuerpos «Telesio llenó mi ánimo de alegría [en mi juventud]
primeros <<constituyan una gran cantidad de cosas tanto por su libertad de filosofar como porque deriva-
llenas de belleza, todas ellas siempre con una misma ba su doctrina de la naturaleza misma, no de las pala-
razón>>. bras de los hombres>»ao. Todavía hoy se puede aceptar
El libro se cierra con un capítulo de carácter ne- lavalidez de esta breve descripción. En primer lugar,
tamente teológico que resulta plenamente coherente reivindica un método empírico para acceder al cono-
con otros incisos y comentarios acerca de Dios des- cimiento de la naturaleza. En segundo lugar, desde
perdigados en la obra. E,ste capítulo se desenvuelve en una perspectiva más formal, se desmarca radical-
el plano de la teología fisica: la distancia a la que el mente de Aristóteles, cuya filosofia de la naturaleza
Sol se encuentra de la Tierra permite la estabilidad y habria predominado en Occidente desde su recupe-
armonía del cosmos, lo que revela la inteligencia con ración a partir del siglo xrr. Aunque parece razonable
la que Dios ha diseñado la Creación. Aunque se otor- que Telesio considerase más importante el aspecto
gue esta importancia especial a esta armónica sepa- material que el formal fin y al cabo, la razón
ración, el argumento que Telesio ofrece en el sexagé- para criticar al Estagirita-al
consiste en haber alcanzado
simo capítulo es una versión personal del argumento un método y un conocimiento más verdadero del cos-
cosmológico: quien observe la estructura del cielo y mos-, a los mismos contemporáneos y discípulos
de los animales esté en sus cabales-, se conven- les llamó especialmente la atención el atrevimiento
-y de que Dios existe. Si bien esta
cerá automáticamente con que Telesio se enfrenta al Filósofo. También, por
configuración nos permite conocer que Dios existe y la intensidad retórica del De rerum natura, el lector
es el creador de todas las cosas, Telesio frjaráun límite
a la teología natural: nada se puede decir acerca de sus 3e N. Abbagnano, Bernardino Telesio e la filosofia del Ri-
atributos. Só1o la Revelación permite al hombre co- nuscimento, cit., p. 53: «[Telesio] assume di fronte ad essa un
nocer los caracteres particulares de la esencia divina. atteggiamento di umiltá e rispetto alieno da ogni pretesa di anti-
Aunque estas últimas frases han sonado acomodati- cipazione e regolamentazione>>.
a0 T. Campanella,
cias a muchos de los más importantes conocedores de Sintagma dei miei libri e sul corretto me-
todo di filosofare. De libris propriis et recta ratione studendi
la f,losofia del Renacimiento, tampoco se debe pasar :;.vntagma, edición de G. Ernst, Fabrizio Serra, Pisa-Roma,2007,
por alto que Telesio, cuya probidad intelectual ha sido p. 32 (nuestra traducción).
LXX MIGUEL SAK LEGUI INTRODUCCIÓN LXXI

puede quedarse con la impresión de que a Telesio le han señalado hasta qué punto Telesio queda enmara-
molesta más que Aristóteles haya ocultado la verdad ñado en las redes del aristotelismoaa. El mismo Ko-
que el que ésta.no se haya conocido. Por este motivo, yré, quien no cita nunca a Telesio en su famoso Del
parece inapropiado considerar aTelesio hace mundo ceruado al universo infinito, debería haberlo
Soleri- un moderado en su cfitica al -como
E,stagitita4t. .ivgado como totalmente premoderno al no recurrir
También estudiosos recientes han subrayado su in- nunca a las matemáticas ni haber defendido la aper-
capacidad para desvincularse del magisterio de Aris- tura ontológica del cosmosas.
tóteles. Se puede afirmar que la mirada de los inves-
tigadores todo a partir de la segunda mitad aa E. Garin Storia dellafilosoJia italiana,
, cit., vol. II, p. 651:
del siglo -sobre
ha relativizadola capacidad de Telesio «Comunque in Telesio é caratteristica questa concordia discors
de liberarse del yugo aristotélico. Contradictoriamen- con Aristotele, per cui Aristotele é di continuo aspramente com-
battuto mentre di continuo si ritorna a spunti e processi aristo-
te con el juicio de Francis Bacon lo había
descrito como «el primero de los-quien
telici». G. de Ruggiero, Storia dellafilosofia. Rinascimento, Ri-
moderno5¡¡42-,
fbrma e Controriforma, Laterza, Bari, 1942, p. 113: «Questo é
muchos estudiosos han recordado el carácter premo- uno dei numerosi esempi che si potrebbero allegare per mostrar
derno de su pensamiento innegable che l'abitudine mentale a pensare nelle forme dell'aristotelismo
-absolutamente
paru las apreciaciones astronómicas o biológicasa3- ü piü forte di qualunque proposito di staccarsi da Aristotele». A.
Ghisalberti, La filosofia della natura di Bernardino Telesio e le
y han mostrado cómo, más allá de las proclamas re- suefonti, Busento, Cosenza, 1989, pp.6-7: «la critica agli anti-
tóricas, su pensamiento resulta profundamente de- chi, in particolare ad Aristotele ed ai suoi interpreti medioevali e
pendiente de la tradición aristotélica. En conexión o rinascimentali, mira a liberare la fllosofla da una specie di timo-
no con su retraso científlco, estudiosos de la talla de re reverenziale per il filosofo greco, per mettersi alla esclusiva
Eugenio Garin y Guido De Ruggiero, o Alessandro ricerca della veritá. Ma il Telesio critico severo del passato d
anche il Telesio che dal passato accoglie indicazioni, modalitá
Ghisalberti y Guido Giglioni en tiempo más reciente, di lettura, interpretazioni della natura e del suo svolgimento». G.
Giglioni, «The First of the Moderns or the Last of the Ancients?
4t G. Soleri, «Telesio contro Aristotele», Rinascimento,Ill, Bernardino Telesio on Nature and Sentience)), Bruniana & Cam-
1952, pp. 143-151, p. 143: «Telesio passa per un moderato di
panelliana, XVI, 2010, pp. 69-87, en p. 70: «it would be fair to
fronte ad Aristotele». say that his work remained deeply rooted in the hermeneutical
42 Sin embargo, el mismo Bacon yahabría afirmado que Te- situation of Renaissance Aristotelism and adhered to the charac-
lesio no se habría podido liberar absolutamente de las redes del teristic scholastic formats».
4s A. Koyré, Del mundo ceruado
aristotelismo. Para un examen detallado sobre las opiniones de al universo infinito, traduc-
Bacon sobre Telesio, cfr. R. Bondi, <<Bacon e la restaurazione ción de C. Solís, Siglo XXI, Madrid, 1979, p. 2: «Me parecia
que [los cambios alumbrados por la revolución del siglo xvrr]
de Parmenide», Rivis ta di Filo s ofia, XCII, 200 1, pp. 327 -339, y
se podían reducir a dos acciones fundamentales e íntimamente
L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit., 389-395.
a3 Punto en el que ya insistieron los primeros estudiosos en relacionadas, que caracterizaba como la destrucción del cosmos
acercarse a Telesio, por ejemplo, N. Van Deusen, «The Place of
y la geometrización del espacio; es decir, la sustitución de la
Telesio in the History of Philosophy», cit., p. 432: «his cosmo- concepción del mundo como un todo finito y bien ordenado, en
logy bears almost no relation at all to the universe as revealed by el que la estructura espacial incorporaba una jerarquía de per-
modern physics».
lección y valor, por la de un universo indefinido o aun infinito
LXXII MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN LXXIII

Recientemente, y de modo especialmente claro, cntendidas como cuerpos sólidos de la misma com-
Miguel Ángel Granada ha insistido tanto en la depen- posición ígnea de los astros t ..] V como el verdadero
dencia de Aristóteles, como en que en absoluto puede sujeto del movimiento celeste, affastrando en su cur-
considerarse precedente de la Revolución científica so los astros inmóviles»48.
que protagonizan Copérnico y Galileoa6. En el citado Pero se pueden multiplicar los motivos por los que
'Ielesio es un pensador ligado al aristotelismo o, de
estudio introductorio al opúsculo Sobre los cometas
y la Vía Lactea, Granada realiza una breve enume- rnodo más general, a la concepción antigua del mun-
ración de las razones que encieffan a Telesio en el do. A1 recordar la dependencia de la tradición peri-
marco aristotélico. En primer lugar, el cosmos tele- patética, Guido De Ruggiero señala cómo el cielo
siano sigue resultando flnito y geocéntricoa7. En se- todavía aparece dotado de una indudable superiori-
gundo lugar, su concepción de las esferas celestes 1o clad ontológtcaae.Incluso en el rechazo de la teoría de
conecta con la vieja cosmología: «El universo finito y la quintaesencia,, se puede detectar un sabor a fisica
geocéntrico de Telesio conserva las esferas celestes, premodernaso. Precisamente el hecho de que el cielo
no esté compuesto de éter permite que sea ontológi-
camente cálido y, por tanto, el ser más excelso de la
que ya no estaba unido por subordinación natural t. .] V la de la Creación. Pero en Telesio no sólo se proclama esta
concepción aristotélica del espacio [...] por la de la geometría
euclídea [...] que, a partir de entonces, pasa a considerarse idén- superioridad bien existen aspectos que mitigan
tica al espacio real del mundo»>. Es cierto que, de acuerdo con -si
el dualismo aristotélico-, sino que enrazón de ella
Koyré, la concepción del espacio de Telesio lo conectaría con la que resulta, si no aristotélico, sí problemático
ciencia moderna. Cfr. K. Schuhmann, «El concepto de espacio -lo
con el empirism prescribe a la naturaleza cómo
en Telesio>>, en Bernardino Telesio y la nueva imagen de la na-
turaleza en el Renacimiento, edición de M. A. Granada, Siruela, debe ser5r. Telesio llega incluso acrtticar a Aristóteles
Madrid, 2013, pp. 43-68.
46 M. A. Granada, <<New visions of the cosmos)), en J. Han-
18 lbid., p. XXXI. Más aún, se indica la precisa forma que
kins, ed., Cambridge Companion to Renaissance Philoso-
phy, Cambridge University Press, Cambridge, 2007, p. 272: csta doctrina adquiere en la obra de Telesio: «se inclina por la
«Although he is very hostile to the Peripatetic tradition, Telesio astronomía de esferas homocéntricas propia de la tradición peri-
for the most part proceeds along Aristotelian lines. [...] Coper- patética, pero en la versión asociada al pensador árabe Alpetra-
nicanism has not left the least impression on Telesio, failing to gio (siglo xrr)>>, ibidem.
4e G. de Ruggiero, Storia dellaJilosofia. Rinascimento, Rifur-
elicit even a negative response». Sin embargo, esta problemá-
tica relación con Aristóteles no sería exclusiva de Telesio, sino rna e Controriforma, cit., p. 113.
50 <<No se puede considerar en modo alguno que
común a muchos pensadores de la época: «Nevertheless, even sea de una
these alternative philosophies all embraced the key features of naturaleza diversa de la de las cosas sublunares, ni que sea com-
the Aristotelian universe finitiness and sphericity of the pletamente incapaz de calor» (II40).
5r Los límites del empirismo de Telesio han sido recordados
cosmos, the heterogeneity-the and hierarchy between the supralu-
nar and sublunar worlds and the Earth as central and unmoving- por la mayoría de los intérpretes recientes. Una versión muy crí-
and Aristotelianism thus retained an unthreatenend hegemony, lica de esta carencia se encuentra en G. Soleri, «Telesio contro
especially in the universities»> (ibidem, p.270). Aristotele»>, cit., p. 150: <<Ma, in lui, lo spirito e il metodo riman-
a7 Sobre los cometas y la Vía Láctea, cit., p. XXX. gono filosofici e razionali e non si fanno scientifici ed empirici».
LXXN MTGUELSARALEGT.II INTRODUCCñ\,{ LXXV

por no ser fiel a su perfeccionismo metafisico: <<Tanto Tampoco el hecho de que la Tierra se sostenga su-
más si, como es también la opinión del mismo Aris- pone aceptar que se mueva. Dado que la capacidad
tóteles,, es necesario que en toda serie haya un primer de sostenerse refleja una capacidad de movimiento
ente, el cual, al existir como tal por naturaleza, es la y puesto que es totalmente incapaz de é1, la Tierra
causa por la que el resto de las cosas contenidas en sólo puede mantener la estabilidad gracias a que se
la serie existan. Sobre todo, es necesario que, en la encuentra en el punto más bajo del cosmos, que no
serie de los seres calientes, alcancemos un primer necesita de autosostenimiento, porque no hay un lu-
ente que, siendo por naturaleza caliente, sea la causa gar adonde caer: «Del mismo modo que la facultad
de que el resto de los entes sean calientes y tengan la de sostenerse parece indicio y principio de movilidad
capacidad de calentar. [...] Sin embargo, ¿qué puede y que una cierta peffnanencia y sujeción en 1o alto
haber más absurdo que la cosa más noble de todas, parece preceder a todo movimiento, se sigue de la in-
de la que todos los entes constan y gue, si no la natu- movilidad la incapacidad de sostenerse. [...] Sin em-
raleza misma, le parece ciertamente a Aristóteles la bargo, la Tierra, en su totalidad, se sostiene en cierto
más natural de todas las cosas, no inhiera en ningún modo en lo alto, puesto que no tiene dónde caerse y
cuerpo y no sea propia de ningún cuerpo, sino que se parece sustentarse toda ella en sí misma y mantenerse
produzca accidentalmente?>> (l 49)52 . por sí misma. Si se inclinara hacia una parte, 1o ha-
Incluso se podría afirmar que, en ciertas cuestio- ríahacta el contrario que detesta y aborrece en sumo
nes, la fisica del cosentino resulta más anticuada que grado» (l 44). Más aún, la inmovilidad de la Tierra
la del mismo Aristóteles. La completa inmovilidad de sirve para justificar el movimiento del cosmos: <<Posi-
la Tierra es un cimiento irrenunciable de su cosmolo- blemente el cielo no podría moverse, al no tener nada
gía. Por definición la Tierra es, para Telesio, inmóvil. inmóvil sobre 1o que poder girar o se movería por el
Resulta tan absolutamente quieta que el movimiento vacío, pues nada estable o firme lo retendría» (I 33)t'.
que realice cualquiera de sus partes posibilidad No obstante, aunque la dependencia de la cosmolo-
de que toda la Tierra se mueva resulta -lasimplemente gía precopernicana se extienda por numerosos cam-
implanteable- debe considerarse violento. Por este pos de su filosofia de la nattraleza, se puede dar una
motivo, Telesio acusa a Aristóteles de considerar la visión algo más positiva y moderna del antiaristote-
Tierra demasiado móvil, al haber descrito como natu- lismo de Telesio. De hecho, retóricamente, su crítica
ral un movimiento rectilíneo de la tierra- que, radical a Aristóteles entronca con un procedimiento
-el
por definición, es violento.
53 L. De Franco, Introduzione a Telesio, cit., pp. 96-97, in-
terpreta este pasaje de manera muy diferente, ya que lo consi-
52 Otramanifestación de perfeccionismo metafisico: «Y cabe dera un antecedente de la ley de la gravitación universal: «E
pensar que así debería haber procedido, pues es necesario que cosi [...] potremmo anche sostenere che, integrando in tal modo
los entes más insignes y divinos sean mucho mayores, e incluso l'affermazione aristoteliche del De coelo [...], a modo suo il fi-
que los entes más innobles existen quizá en la cantidad en que losofo cosentino parrebbe anticipare, anche se in una forma per
permiten la conservación de los más nobles» (I47). quanto si vuole ingenua, la legge della gravitazione universale»>.
LXXVI MIGUEL SARALEGUr II{TRODTJCCIÓN LXXVII

fundamental de la filosofia moderna: la renuncia al lrr palabra de nadie (in nullius verba iuratus), ba-
principio de autoridad. Aunque sin citar al cosentino, s¿rrme sobre todos los maestros de filosofía, exami-
Rodolfo Mondolfo cifra la continuidad entre filoso- nar cada página, conocer cada escuela»s5. Por otro,
fia del Renacimiento y moderna en el radical aban- 'l'e
lesio, para quien el desvincularse de la autoridad
dono del principio de autoridad: <<Por otro lado, la lc lleva a un desprecio completo de cualquier filó-
misma actitud negativa frente al pasado, eue intentan sofo precedente. Esta versión solipsista de la crítica
asumir los iniciadores de la filosofia moderna, era al principio de autoridad lo acerca más a Descartes
consecuencia y aprovechamiento de la otra exigen- que a Pico. El deseo de rechazar la tradición aristo-
cia proclamada valientemente por los renacentistas, télica comparte con el pensamiento de Descartes el
con peligro y a veces con sacrificio de su propia vida: afán por liberarse de toda autoridad, incluso del mis-
la exigencia de la independencia espiritual de todo mo pasado como tal. En el Discurso del método, con
principio de autoridad y la libertad del pensamiento una de las más bellas imágenes con las que se critica
filosóf,co»54. la idea antigua de conocimiento, se quiere anular la
Sin embargo, el rechazo del principio de autoridad necesidad de volverse al pasado para el progreso del
cuenta históricamente con dos vertientes: una enci- conocimiento: «Asimismo vemos que casi nunca ha
clopédica, la otra solipsista. Por un lado, Giovanni ocurrido que uno de los que siguieron las doctrinas
Pico della Mirandola, para quien el no haber jurado de esos grandes ingenios haya superado al maestro;
las palabras de ningún filósofo aviva el deseo de co- y tengo por seguro que los que con mayor ahínco si-
nocer toda tradición filosóflca: «En efecto, aquellos guen hoy a Aristóteles!, se estimarían dichosos de po-
que se han unido a una escuela filosófica cualquiera, seer tanto conocimiento de la naturaleza como tuvo
la de Tomás por ejemplo o la de Escoto, que ahora é1, aunque hubieran de someterse a la condición de
son las más ampliamente favorecidas, pueden poner no adquirir nunca más amplio saber. Son como la ye-
a prueba su doctrina en la discusión de pocas cues- dra, que no puede subir más alto que los árboles en
tiones. Yo, en cambio, me he impuesto no jurar por que se enreda y muchas veces desciende, después de
haber llegado hasta la copa; pues me parece que tam-
bién los que siguen una doctrina ajena descienden, es
sa R. Mondolfo, «El Renacimiento italiano y la filosofia decir, se tornan en cierto modo menos sabios que si
moderna>», en Figuras e ideas de la filosoJía del Renacimiento,
Losada, Buenos Aires, 2004 U9547, p. 247. Esta ligazón entre
se abstuvieran de estudiar; los tales, no contentos con
Renacimiento y Modernidad filosófica no implica que Mondolfo saber todo 1o que su autor explica inteligiblemente,
refrende la actitud moderna ante la herencia filosófica: «Los ini- quieren además encontrar en é1 la solución de varias
ciadores de la filosofia moderna recogen sólo parcialmente esta dificultades,, de las cuales no habla y en las cuales
sugestión fecunda, cuando, a partir de Descartes, proclaman su
intención de ignorar todo antecedente, pararealizar con plena in-
dependencia sus propias investigaciones y reflexiones, iin darse 55 G. Pico della Mirandola, Discurso sobre la dignidad del
cuenta de la utilización que hacían de las herencias asimiladas hombre, edición de S. Magnavacca, Winograd, Buenos Aires,
del pasado» (p.246). 2008, pp.249-251.
LXXVIII MIGUELSARALEGI-U INTRODUCCIÓN LXXIX

acaso no pensó nunca>>s6. Quizá no sea el primero de ces principal- que se otorga a sí mismo en el decurso
los modernos, pero su solipsista crítica al principio de la filosofia. Con un espíritu plenamente moderno,
de autoridad 1o convierte en uno de ellos. lamenta la invalidez de todo pensamiento anterior. Se
Más allá de que le otorgue un aura de modernidad podría pensar que, para llegar a una afirmación tan
que su cosmología le roba, el objetivo de desacreditar rotunda sobre un pasado filosófico de más de veinte
la tradición aristotélica en la edición de 1570 resul- siglos, ha estudiado y criticado a una masa ingente de
ta central por un motivo mucho más sencillo: se tra- autores. Esta presuposición resulta del todo errada: Te-
ta del pulmón por el que respira el libro. Telesio lee lesio sólo analiza aAristóteles y a los comentadores de
obsesivamente a Aristóteles y, contra sus doctrinas, su obra, sobre todo a Averroes y Alejandro de Afrodi-
escribe su obra. A continuación se expondrá el retra- sia. Este supuesto historiográfico bien o para
to detallado de esa batalla y los fundamentos de la -para
mal, la historia de la filosofia se reduce a Aristóteles-
lucha. Éste es el mejor camino para comprender esta vuelve a convertirlo en un aristotélico malgré lui. La
edición del De rerum natura iuxta propria principia. muy reductiva imagen de la historia de la filosofia 1o
aproxima más a Santo Tomás o a Hobbes que a otros
filósofos del Renacimiento. Por este adelgazamiento
1 Htsrorua DE LA prlosopÍe: HISToRIA de la historia de la filosofia, tanto Patrtzi como Bacon
DEL ARISTOTELISMO no pueden identificarse con el proyecto filosófico de
Telesio, ruzónpor la que indudablemente se alejan de
Antes de entrar en los múltiples motivos por los que su obra57.
Telesio quiere despegarse del Estagirita, es necesario
anahzar el discurso historiográf,co sobre el que se sos- 57 R. Bondi, <<Bacon e la restaurazione di Parmenide»>, cit.,
tiene De rerum natura, en el que, a su vez, contará con p. 330 ha señalado que «lo scopo principale lde Discussiones
una gran relevancia tanto la crittca a Aristóteles como ¡teripateticae) é di abbatere il mito dell'originalitá di Aristotele,
el papel que Telesio se atribuye a sí mismo en la histo- il quale ha compiuto un vero e proprio plagio nei confronti dei
suoi predecessori; verso di questi egli era mosso dall'odio, e la
ria de la filosofia.La importancia de la cuestión resulta
sua discordia eravoluta>>. También ha recordado hasta qué punto
patente, pues, ya en las primeras páginas de De rerum Bacon rechazaba una historia de la filosofia no sólo dominada
natura, Telesio razona y justif,ca el lugar todas lu- por Aristóteles, sino por su culpa: <<nell'Advancement of Lear-
-a ning 1...] paragonando Aristotele a un Ottomano che puó reg-
nare soltanto dopo aver ucciso tutti i suoi fratelli, affetmava che
56 R. Descartes, Discurso del método, traducción de M.
García coloro che vanno in cerca della veritá non possono che giudicare
Morente, Espasa-Calpe, Madrid, 1997 U6371, p. 99. En cualquier vantaggioso il porsi di fronte le varie dottrine sui fondamenti
caso, comparto el juicio de L. De Franco, lntroduzione a Bernar- della natura>> (ibid., p. T$. Bacon ha llegado a considerar, en
dino Telesio, cit., pp. 396-398, donde recuerda que resulta muy la Redargutio philosophiarum, que Aristóteles es similar al An-
improbable que dos de los grandes filósofos del xvrr Des- ticristo o al Príncipe de los impostores, pues ha despreciado la
cartes y Hobbes- hubieran leído las obras de Telesio.-como
Siguiendo antigüedad hasta tal punto de no nombrar a cualquiera de los
la terminología de Mondolfo, Telesio es más <<antecedente» que antiguos, sino para insultarlo, buscando borrar la memoria de sus
<<fuente>> de la Filosofia moderna. predecesores (ibid., p. 335).
T

LXXX MIGUEL SARALEGUI INTRoDUCcIÓN LXXXI

Su parquedad historiográfrca guarda un gran pa- lrabajo de exponer y refutar otras doctrinas, solamen-
recido con la estrategia argumentativa que Hobbes tc tendríamos que explicar la nuestra» (II 1).
utlliza al reivindicarse como fundador de la ciencia Miguel Angel Granada ha mostrado su sorpre-
civil. E,l filósofo inglés considera que nadie ha pen- sa por no haber encontrado en De rerum natura
sado científicamente la política. Como en el caso de ninguna mención o crítica, explícita o
Telesio, este rechazo no implica recoffer exhaustiva- -positiva Sin embargo, por la
cscondida- a Copernico5e.
mente la teoría política precedente, la cual contaba total escasez de referencias a filósofos contempo-
con una interesante y prolífica nómina a mediados rirneos comentario se limita a un genérico
del siglo xvu. De hecho, baste recordar que en el -todo recientes» o <<los mejores mate-
<<los peripatéticos
siglo inmediatamente anterior figuras de la talla de nráticos>>-, más llamativa hubiera resultado una
Maquiavelo, Guicciardini o Bodino muchos rnención a un representante de una filosofía con-
otros- habían revolucionado este saber. -entreEn el Le- lcmporánea por la que no sólo no siente ningún
viatán como en el resto de su obra política, se puede interés, sino que, en el caso de Copernico
encontrar exclusivamente Ia crítica veces su defensa del heliocentrismo y del movimiento -porde
sorprendentemente imprecisa y partidista--muchas dela Po- la Tierra-, niega radicalmente los principios de su
lítica de Aristóteles. fllosofía natural. Desde diferentes puntos de vista,
Para regresar a la interpretación de Telesio, el mis- algunos estudiosos Abbagnano y Eugenio
mo discípulo Sertorio Quattromani ofrece un trata- Garin- han descrito -Nicola
a Telesio como representante
miento algo más cuidadoso de las diferentes filoso- paradigmático de la filosofía del Renacimiento6o.
fias que precedieron a su maestro. Quizá por haber En la medida en que a los pensadores de los siglos xv
llegado a la verdad telesiana después de haber pere- y xvr Giovanni Pico della Mirandola, Mar-
grinado por otras menos satisfactorias, confiesa que -como
<<vistos los libros de todos aquellos filósofos, tanto
se M. Á. Granada, <<New
antiguos como modernos [...], no he sabido encon- visions of the cosmos)), cit., p. 272:
«Copernicanism has not left the least impression on Telesio, fai-
trar un método ni más claro, ni más breve, ni más sen- ling to elicit even a negative response». Respecto de la escasez
sato del que ha utilizado Bernardino Telesio en sus de las referencias de las que están provistas las obras de Telesio,
libros de filosofia>>s8. No se trata de obsesiva erudi- valga el comentario de L. De Franco, Introduzione a Bernar-
ción comentario puede ser todo lo genérico que dino Telesio, cit., p. 384: «non cita mai nessuno, ad eccezione
-el pero al menos reconoce que la Filosofia
se quiera-, dell'avversario di turno>>.
60 Aunque
ofrece una imagen de la filosofia del Renacimien-
no se reduce al Filósofo. Que el gusto de Telesio por to que no comparto, R. Bondi en B. Telesio, De natura iuxta
la historia de la filosofia resulta inexistente es patente propria principia. Ad Felicem Moimonam iris, cit., p. XXIX, ha
en que envidia a los aristotélicos por dedicarse a la insistido en vincular a Telesio más con la Modernidad que con
historia todavía menos que é1: «liberados del largo cl Renacimiento: «Allontanandosi da tanta letteratura del Rinas-
cimento e awicinandosi a quella che, su questo punto, sará la
posizione dei moderni, nel De natura Telesio giudica una nefan-
58 S.
Quattromani, La filosofia di Bernardino Telesio,cit.,p.14 dezza il nascondimento della veritá».
LXXKI MIGUELSARALEGLrI INTRqDI.]CcIÓ¡II LXXXIII

silio Ficino o, en el caso español, Sebastián Fox do de una filosofia clásica mejor conocida gracias al
Morcillo- les atrae toda la historia de la filosofía, Humanismo es impulso para nuevas ideas62.
este desinterés lo acerca, historiográficamente, a La continuidad historiográfica con Aristóteles se
la Modernidad y a la Escolástica. Sin la brillantez comprueba claramente cuando Telesio enjuicia el
literaria de Hobbes, quien,, en el capítulo XLVI del pensamiento de Platón. Cuando se refiera a sus pos-
Leviatan, considera que la historia de la filosofía turas, le bastará decir ((con razón, pues, Aristóteles
debería recibir el nombre de Aristotelity, Telesio ha criticado y rechazado esta tesis [la idea platónica
juzga que los filósofos posteriores al Estagirita se de Creación a partir de las Ideas] constantemente» (I
retratan como una enferma yedra que ni siquiera 30). Por mucho que le desagrade, Telesio reconoce,
llega a la altura del árbol sobre el que se encara- al fin y al cabo, a Aristóteles como un igual, lo cual
ma. Por este motivo, aunque resulta innegable la ha indicado la crítica con excepción de Ghi-
frontalidad de la crítica a Aristóteles, no se pue-
-como
salberti- no ocurre en el caso de Platón63. Telesio se
de estar de acuerdo con De Franco cuando afirma muestra, por tanto, partidario de la primera historio-
que es mérito de Telesio el haber sido «alguien que grafía de la filosofia, la que estructura el primer libro
se habría atrevido, por primera Yez en su época,,
a establecer una intensa lucha contra la mentali- 62 E. Garin, Rinascite e rivoluzioni.
Movimenti culturati dat
dad imperante, que consideraba que la filosofía de xiv secolo al xviii secolo,Laferza, 1975, Bari-Roma, p. 315: «La
rottura rinascimentale della tradizione scolastica aveva proposto,
Aristóteles y la de sus seguidores era la filosofía con una pluralitá di concezioni del mondo, la possibilitá di alter-
por excelencia»ór . Para una nómina muy interesan- native. [...] In realtá la intera vicenda é molto piü complessa: la
te de pensadores del xv y del xvl la filosofía era crisi filosofica, e in essa l'avento del platonismo, e il pluralismo
algo más que Aristotelity. delle concezioni del reale, aprono la strada alla rivoluzione scien-
Si la fllosofía postaristotélica es o bien repetitiva tifica; la nuova fisico-matematica, che ne scaturisce in polemica
antiperipatetica fa appello a concezioni filosofiche opposte».
o bien muda, algo más de interés le suscitan los pen- 63 A. Ghisalberti, La
filosofia della natutra di Bernardino
sadores que precedieron al E,stagirita. Sin embargo, Telesio e le sue.fonti, cit., p. l3: «In realtá, piü ancora che nei
la mayor presencia de los presocráticos no les ase- presocratici, mi pare che la fisica di Telesio abbia una fonte pri-
gura una estima definitiva. Más que en un análisis maria nel Timeo di Platone». Aunque las críticas a Aristóteles
detallado, la invalidez de la filosofía presocrática son mucho más numerosas, no cabe duda de que Telesio lo res-
peta bien errado en la mayoría de sus conclusiones- como
descansa en el severo juicio de Aristóteles, así como a un -si
legítimo filósofo de la naturaleza, reconocimiento que no
en la incompletud y escasez de testimonios. Nue- se produce en el caso de Platón. L. De Franco, Introduzione a
vamente no parece claro si nos encontramos ante Bernardino Telesio, cit., p. 109, al referirse a la generación de los
un aristotélico oblicuo, inconsciente o simplemente entes según Telesio, ofrece una interpretación muy válida, que
esquizofrénico. En ningún caso, en Telesio, el lega- resulta común en 1a biblio grafra'. «Telesio sente il bisogno di con-
futare non solo la teoria aristotelica a tal proposito, ma anche e
soprattutto la platonica, che gli appare [...] molto piü erronea di
6r L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit., quella di Aristotele, e giustamente, com'egli tiene a sottolineare,
p.392. da questi sempre respinta e disapprovata>».
LXXXIV MIGUELSARALEGUI INTRoDUCCIÓN LXXXV

de la Metafisica: «No hay que examinar ni evaluar los 2. La coNruRA DE la pllosor'Ía


juicios de los otros filósofos, los cuales fueron refu-
tados por el mismo Aristóteles y además no nos son Como otros grandes filósofos el siglo xx es
conocidos en su integridad» (DRN, II 1). I{eidegger quien ha convertido esta extraña teoría en
Existe una gran excepción a esta reducción histo- habitual moneda de cambio-, Telesio ve la historia
riográfica, protagonizada por Hipócrates a partir de de la filosofia como el relato de un colosal fracaso.
la edición de 151064. ¿A qué se debe esta inclusión ¿,Cómo es posible explicar este descalabro en el que
en esta gigantomaquia binaria que es la historia del la mentira prevalece con un éxito rotundo? En Tele-
pensar para Telesio? Paradójicamente, la entrada sio, hay dos justificaciones, si bien pronunciadas con
del médico griego se debe a un descuido del pro- diferente intensidad. La primera se encuentra ligada
pio Aristóteles. El Estagirita normalmente al objeto de la reflexión filosófica. La segunda se vin-
es respetado como historiador -quien
y crítico de la filo- cula a la perniciosa influencia de Aristóteles.
sofía- habría tenido un desliz. De este modo, la La primera justificación, que se puede encontrar
famosa teoría de Hipócrates de los cuatro ele- en los primeros párrafos de De rerum nAtura, consi-
mentos- se habría introducido -laen su filosofía, sin dera que el imperfecto método que ha acompañado a
que el Estagirita la hubiera analizado suficientemen- la reflexión filosófica es el responsable de este magno
t. y, lo que es más grave, sin darse cuenta de que la desastre. Los filósofos habrían privilegiado de manera
teoría de los cuatro humores de dos irresponsable a la razon a la hora de conocer la na-
oposiciones fundantes- resulta -dependiente
contradictoria con ttraleza. En cierta medida, esta imprecisión metódica
el principio de una única oposición de su Física. se debe a la misma diflcultad de la materia filosófica.
Otro médico, Galeno, es el único pensador que, Tanto las confesiones personales de Telesio las
sin tener una continuada presencia en la obra, reci- -en po-
que se revela un gran esfuerzo del que se derivan
be tres ocasionales piropos en De rerum natura. Es cos resultados-,, como la ardua gestación redaccional
necesario recordar, sin embargo, que la admiración del De rerum natura a 1o largo de más de veinte años
en ningún caso se extiende incondicionalmente por el que De Franco ha demostrado a través del exa-
corpus telesiano. De hecho, Yd en 1565, había escri-
-lo de
men los manu5s¡l1ss06- permiten reconstruir una
to un opúsculo contra su pensamiento: Quod animal imagen del conocimiento fllosófico como suprema-
universum ab unica animae substantia gubernatur. mente arduo. Los filósofos habrían estado en el error
Contra Galenumís. por un motivo muy sencillo: la filosofia es una empre-
sa dificil.
A la dificultad del conocimiento filosófico con-
6a R. Bondi,lntroduzione a Telesio, cit., p. 104. tribuye también el carácter engañador que muchas
65 B. Telesio,
Quod animal universum ab unica animae subs-
tantia gubernatur. Contra Galenum en Varii de rebus libelli,
66 L. De
edición de Luigi de Franco, La Nuova Italia Editrice, Firenze, Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit.,
1981, pp. 188-288. 1tp. 183-224.
LXXXVI MIGUELSARALEGUI INTRIDUCcIÓ¡¡ LXXXVII

veces adquiere el lenguaje filosófico, especial- nráxima tranquilidad, lo consigan, de tal manera que
mente cuando 1o emplean los aristotélicos: «Cier- los hombres no sólo alcancen el conocimiento de
tamente, las palabras solas no pueden desvelar todas las cosas, sino casi el poder sobre todas las
completamente la naturaleza, sino que hay que cosas)) (I 19)68.
examinar más bien y mucho más ampliamente las
cosas mismas, sus operaciones y facultades, y se
debe poner tanto las unas como las otras tal como ('8
Este aspecto de la filosofía de Telesio ha sido comentado
se las ha visto>) (II
57). ¡ror G. de Ruggiero, Storia dellaJilosofia. Rinascimento, Rfor-
Sin embargo, dado que la mayoría de las veces la ntu e Controriforma, cit. pp. 115-116: «la dottrina telesiana si
rnantiene al livello di una cauta generalitá, e affronta solo di
crítica se debe a razones morales aristotélicos
no han investigado el mundo como-los
rado qualche spiegazione particolare. Questa prudenza non é
debían-, el ori- priva di probitá scientifica. Il Telesio é consapevole che per
gen del effor por la dif,cultad de la materia filosófica rlare ragione adeguata della varietá delle cose non basta assu-
se encuentra de modo más claro en el resumen de su nrere un unlco e indifferenziato calore, ma bisognerebbe scen-
discípulo, siempre más comedido y discreto: «Si la tlcre al quale, al quantum, al robur, alla copia di esso, e deli-
nlitare con eguale precisione la parte della terra su cui il calore
investigación de las cosas naturales no fuera tan com- agisce. Ed egli é convinto che lo stato delle conoscenze scien-
plicada como es, no se habrían visto durante tantos liflche dei suoi tempi non perrnetta determinazioni cosi preci-
siglos ni tampoco se verían hoy tan variadas y dife- se; pertanto formula l'augurio che l'indagine da lui presentita
rentes opiniones, las cuales defienden no sólo hom- trovi nell'avvenire dei cultori meglio preparati ut homines non
bres de mediano intelecto, sino también los hombres omnium modo scientes, sed omnium fere potentes fiant. Qtti
ü accennato il concetto, che ritroveremo poi in Bacon, come
con más elevado y sublime ingenio que la Naturaleza potenza prattica, che ci chiarisce il carattere strettamente natu-
hay a producido j amás»67. ralistico delle aspirazioni telesiane». Sin embargo, en algunos
También la imposibilidad de conocer los detalles pasajes en los que se critica a Aristóteles, Telesio parece exi-
de las cantidades de materia y calor muestra has- gir al filósofo natural un conocimiento mucho más preciso del
que él mismo consideraba posible: «Ya que [el calor] siempre
ta qué punto resulta trabajosa esta tarea: <<Se puede
¿rcude inmediatamente donde se le necesita adaptando su modo
considerar que no hay que investigar qué tipo de ca- de actuar, con razón 1os peripatéticos lo habrían puesto como
lor o cuánto decir, cuánta intensidad y canti- instrumento del alma en los animales, si hubiesen señalado de
-es la Tierra y unos entes en otros,
dad- transforma qué manera el alma misma lo envía donde es necesario, 1o reti-
puesto que al hombre de ninguna manera ra de donde es necesario, o de qué modo intensifica y reduce su
parece- le está permitido conocerlo. [...]-como Quiera
fuerza y acción, de qué manera el calor, al que los peripatéticos
consideran insensible, percibe la voluntad del alma y por qué
el cielo que otros, dotados de una natutaleza más quiere seguirla y realizar su voluntad y por qué razón modifica
perspicaz y a quienes les esté permitido escudriñar su modo de actuar. Si no explican todo esto, no pueden consi-
por largo tiempo la naturaleza de las cosas con la clerarlo instrumento del alma, sino la sustancia del alma y el
alma misma, a saber: aquel espíritu que, extraído del semen y
de las cosas constituidas a partir de ella, se encuentra en todas
67 S.
Quattromani, La filosofia di Bernardino Telesio, cit., las demás cosas, con excepción únicamente de los huesos y de
pp. 13-14. las cosas parecidas a los huesos» (I 52).
LXXXVIII MIGL]ELSARALEGUI INTRODUCCIÓIv LXXXX

Sin embargo, más que a una causa epistemológica, quier consideración personal. Aristóteles y los aristo-
el fracaso de la historia de la filosofía se debe a una télicos son retratados como seres obsesionados, más
debilidad moral. Son Aristóteles y los aristotélicos los que con la elucidación de la verdad, con el éxito de
principales responsables de esta lamentable degenera- sus afirmaciones: «Todas las cosas que digan estarán
ción. También en este caso se encuentra en Quattroma- destinadas a defender las propias tesis, no a buscar
ni una interesante justificación. Confirmando involun- la verdad» (II 33). Su vanidad alcanza una alturatan
tariamente la importancia de Aristóteles, se excusa por elevada que los lleva a creerse dotados de un poder
juzgar erradas sus doctrinas más sustanciales. No se divino: «Se puede considerar que Aristóteles ama de-
quiere explicar que hermenéuticamente resultatia masiado sus propias opiniones y, como ya se ha di-
más interesante--1o cómo es posible que la mentirahaya cho, imitando la sabiduría del mismo Dios, compone
prevalecido durante tanto tiempo en una disciplina o el mundo totalmente a su capricho» (I 47). Se han
(ue la totalidad de los pensadores no haya percibido olvidado de la realidad, centrándose exclusivamente
el error. De manera coherente con la interpretación en el estudio de los libros del maestro: «hay quien
aristotélica de Telesio, Quattromani quiere dar raz6n afirma que no es necesario seguir investigando y es-
de cómo un hombre tan inteligente como Aristóteles tudiando poffnenortzadamente la naturaleza de cada
«investiga con mucha sutileza»@- pueda cosa, sino que basta con reflexionar acerca de lo que
-quien
haberse equivocado tan notablemente: ((nos maravilla Aristóteles opinó de cada cosa)) (II 1).
enorrnemente cómo un hombre de tan elevado intelec- Todavía dentro de las críticas moralistas, aunque
to haya caído a decir cosas tan extrañas y tan lejanas de vinculada ya con la siguiente incapacidad de
los sentidos y de laraz6n>>10. ser coherente con los principios-,-la se descubre el
Existe una crítica a Aristóteles de siguiente reproche a los aristotélicos. La culpa del
la que se dirige a sus discípulos--indistinguible
directamente mo- effor se debe a unos discípulos que ni siquiera cono-
ral. El respaldo a Aristóteles por parte de los peripa- cen bien el original: «Si se dignaran recordar los prin-
téticos está teñido de irracionalidad. Incluso cuando cipios de Aristóteles,, los peripatéticos tampoco po-
consideran errados sus planteamientos, tienen miedo drían negar que las formas verdaderamente existentes
de «abandonarlo», pues lo consideran «el mayor de e inmersas en la materia estén dentro de la capacidad
los crímenes)). Más que ((perezosos y cortos>), son de los sentidos y son percibidas por ellos» (I 57). No
<<quizá demasiado osados» (Il 43). Aristóteles es un se evita ni la burla ni la exageración para insistir en la
vanidoso, lo que le lleva incumplir el principal man- ignorancia en la que viven estos mendaces acólitos:
dato del filósofo: amar la sabiduriaalmargen de cual- <<Pero, ¿por qué traigo a colación los principios de los
peripatéticos, que ellos mismos contradicen cuando
niegan que las sustancias puedan ser contrarias entre
6e S. Quattromani, La filosoJia di Bernardino Telesio, cit., sí? Se puede escuchar al mismo Aristóteles decir de
p. 65.
70 S. modo clarísimo en seiscientos lugares diferentes que
Quattromani, La filosofia di Bernardino Telesio, cit.,
pp. 57-58. las sustancias son contrarias entre sí» (I 55).
XC MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN XCI

La segunda crítica muy común y a ve- Aunque Telesio nunca 1o señale explícitamente, la
ces dificil de discernir-también
de la moral- se desarrolla en incoherencia, sobre todo cuando se esfudia a un pen-
un plano lógico. Resulta muy común el sador del pasado y no a un interlocutor contemporá-
-constituye
núcleo del libro II- que se le reproche a Aristóteles neo, hace siempre referencia a un problema textual. En
su incoherencia. Esto resulta normal, pues dos son los tal lugar, Aristóteles afirma A; en tal otro, no A. La
criterios de verdad paraTelesio: empirismo y coheren- lectura telesiana resulta sumamente consciente de la
cia del discurso7r. Algo exageradamente, Soleri llega complejidad de los escritos aristotélicos. Percibe que,
a considerar esta critica a la incoherencia el principal dependiendo del contexto particular, Aristóteles pue-
motivo por el que se separa de Aristóteles: <<La cntica de afirmar cosas muy diferentes: <<Eso no impide que
telesiana a los primeros principios aristotélicos se pue- Aristóteles, poco después, paru el problema de la ge-
de resumir en esta afirmación fundamental: Aristóteles neración de las cosas, utilice la privación como no ser.
se contradice al afirmar en primer lugar la necesidad y Hace esto no cuando investiga los principios de todas
suficiencia de los tres principios únicos paru dar razón las cosas, sino tan sólo de las cosas particulares» (II
de la constitución de los seres, utllizando, sin embar- 4). También señala los pasajes en los que Aristóteles
go, después cuatro elementos cuando explica efectiva- no muestra una opinión propia, sino una doctrina ge-
mente los entes reales sensibles>>72. neral: «Aristóteles no expone su propia opinión sobre
A veces esta incoherencia se debe a un effor de lógi- una cosa, cuando la investigación no versa sobre ella,
ca; otras, aüfia memoria inaceptablemente defecfuosa [...] sino sólo allí donde se ha propuesto hacerlo. En
(I 41). Nuevamente, es posible la lectura del Telesio los otros lugares, o expone la opinión de otros filósofos
aristotélico, quien se lamenta de que el siempre veja- o las ideas del vulgo» (II 46). A pesar de la sofistica-
do maestro no haya continuado el espíritu inicial de da lectura del corpus aristotélico, Telesio nunca seña-
verdad que el díscolo alumno que es Telesio nunca le la que esta incoherencia pueda deberse a cuestiones
dejará de reconocer. De hecho, por mucho que se le puramente históricas: una evolución en la filosofia de
vilipendie, Aristóteles aparece como una fuente de sa- Aristóteles o una contaminación en la transmisión de
biduría de la que no se ha podido nutrir adecuadamen- los manuscritos que contienen sus doctrinas. Para Te-
te ni el aristotelismo ni, por contraituitivo qüepaÍezca, lesio, toda incoherencia depende de una inconmensu-
el mismo Aristóteles: <<Lo confirman también razones rable incapacidad lógica.
mucho más sólidas (creo) que las de los aristotélicos,
tomadas incluso del mismo Aristóteles>> (I49).
J E,r- osscoNocIMIENTo ARISToTÉllco
DE LA INCANSABLE NATURALEZA AGENTE
71 Se puede afirmar que la insistencia de Telesio en la cohe-
rencia del discurso no se debe tanto a un requisito lógico, sino a
que sólo un discurso coherente puede reflejar la continuidad de Si se quiere juzgar e[ antiaristotelismo más allá de
la propia naturaleza. las imprecaciones y críticas de Telesio, el estudioso
72 G. Soleri, «Telesio contro Aristotele>>, cit., p. 145.
se encuentra ante un problema dificil. La debilidad
XCII MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN XCIII

del antiaristotelismo de Telesio menos desde lcrpreta la teoría de la forma y la materia de acuerdo
un punto de vista metafisico- no-aI es una moda bi- l las categorías telesianas: se obtiene la menos sinté-
bliográfica. En verdad, parece que no hay doctrina tica designación de naturaleza que se añade y que se
de Aristóteles o de la cosmolo gía antigua que no deje rluita forma- y naturaleza que perrnanece
poso en De rerum natura. -la Incluso en la descripción de las natura-
nrateria-. -la
Si Telesio niega al cielo la inmutabilidad y afirma lczas agentes más sencillo de llamar a las
que está compuesto de una materia absolutamente (lue se quitan y-modo
que se añaden-, parecería haber un
diferente de la de los cuerpos sublunares, su doctri- rccuerdo de la teoría aristotélica de la forma y priva-
na resguarda cuidadosamente el carácter ontológica- ción calor y el frío respectivamente-. Siempre
mente supremo del Sol y del cielo. De hecho, esta -el
r¡ue Aristóteles otorgue una naturaleza agente a la
asignación queda asegurada cuando se afirma que no privación, el pensamiento telesiano aparecerá como
está compuesto de éter, sino de calor. Só1o así po- una renovación más terminológica que metafisica de
drá ser verdaderamente superior, ya que la cantidad Ios planteamientos peripatéticos: «Al juzgar, pues,
de calor no la quintaesencia- def,ne en la cos- que es necesario que los contrarios que se estable-
mología -y de Telesio los grados del ser. Por otra par- cen como principios sean máximamente universales
te, es cierto, como recuerda Soleri, que la objeción y no estén contenidos por nada, sino que ellos mis-
aristotélica que más páginas suscita es la de segunda rnos contengan a los demás, Aristóteles ha tomado la
oposición agente de humedad y sequedad, db- fbrma y la privación como los contrarios que, en su
-la e innecesaria- paru explicar
solutamente superflua opinión, contienen a todos los demás. La forma con-
la constitución del mundo. Sin embargo, también el tiene a los más insignes y nobles, la privación a los
núcleo del pensamiento de Aristóteles menos la más innobles y.peores. Por consiguiente, Aristóteles
intuición originaria- habría reconocido -al una única no parece considerar la privación como no ser, sino
oposición. El problema estriba no en la falsedad de como una cierta naturaleza qüe contiene a los contra-
la intuición, sino en no haber continuado con la am- rios peores y, sin duda, la ha considerado el contrario
plitud necesaria este principio: «Aristóteles parece peor» (II 3)?3.
hapel investigado la naturaleza y el número de los
principios correctamente. Si ha establecido lo demás
73 Obviamente Telesio se desmarca de Aristóteles en los pa-
en correspondencia consigo mismo y con las cosas,
sajes en los que éste defiende que la privación no cuenta con una
habrá que considerarlo máximamente digno de apro-
naturaleza agente: «Si esto no se hubiera hecho así, no sólo Aris-
bación. De 1o contrario deberemos rechazarlo>> (II 5). tóteles debería ser muy criticado, sino que no debería ser toma-
Por otro lado, algunas teorías aristotélicas, más que do en consideración, pues no habría investigado los principios
criticadas, son reinterpretadas de acuerdo a la propia de todas las cosas, ni habría aportado la causa de su diversidad
terminología, a pesar de la desconf,anza de Telesio ni de la recíproca transformación de todo en todo. [...] Y esto
cs mucho más necesario, porque (como se ha dicho) no puede
hacia los juegos del lenguaje, a los que recurren los
ofrecer la causa de la diversidad de las cosas, ni de la recíproca
peripatéticos. De modo especialmente claro, se rein- transformación de todo en todo, ni tampoco de la generación y
XCIV MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN XCV

A pesar de la continua penetración de doctrinas pe- ('r'ítico con la teoría de la materia, en la medida en que
ripatéticas en el antiaristotelismo telesiano, me pare- ú'sta sea subsumida por la de la potencia o que se le
ce que hay un punto fllosóflco a mi modo de tlote de una cierta actividad, también se separará de la
ver- donde Telesio se desmarca -único
irrevocablemente lcoría aristotélica: «De esta suerte, incluso si no hay
de Aristóteles: en la consideración de las naturalezas rringuna forma contraria que actúe sobre la forma que
agentes. Por este desvío se produce el rechazo radical rrctualmente inhiere en la materia, el mero apetito y
de la teoría de la potencia y de la de la composición ¡rotencia de la materia basta, según Aristóteles, para
de los cuerpos mixtos. incomodar y expulsar a la forma [...] Los peripatéti-
E,l principio fundamental para la fisica de Telesio cos estiman que todas las formas y cualidades están
defiende la incansable e imparable actividad de la ¡rresentes en toda la materia y en cualquiera de sus
naturaleza agente. A este principio recurre también ¡'rerrtes, pero no se encuentran todas siempre en acto,
para explicar por qué no existe el vacío y por qué sino tan sólo una y las demás en potencia, esto es,
las naturalezas prefieren un movimiento violento a no activas, sino como dormidas, las cuales, por tan-
estar rodeadas de entes diferentes. Para Telesio, la to, parecerían haber sido introducidas en vano por la
naturaleza agente sólo deja de actuar cuando ha sido naturaleza si no pasaran al acto devez en cuando y se
completamente derrotacla y muerta por otra natura- ¿rlternaran a 1o largo del tiempo eterno>) (I 37).
leza agente. E,sta incansable actividad provoca que La critica a que todos los cuerpos mixtos están
sea imposible que dos naturalezas agentes existan constituidos de los cuatro elementos se sostiene so-
contemporánea y pacíficamente en un mismo sus- hre la misma raí2. No hace falta recordar que ni si-
trato. El mundo telesiano, más que una mezcla de quiera se acepta que existan cuatro elementos origi-
frío y calor, es un combate, en el que en algunos rrarios. Sin embargo, la crittca fundamental se basa
entes sale victoriosa la naturaleza agente del frío y cn un principio metafísico más profundo. Incluso si
en otros mayoría- la del calor. concediera existencia a cuatro elementos fundamen-
De esta -la
manera, parece inevitable que se muestre tales, en la medida en que estuvieran dotados de una
agresivamente irónico frente ala teoría de la poten- nattraleza agente no podrían convivir en un mismo
cia: <<¡Por Hércules! Aristóteles, como é1 mismo sin- sustrato. La naturaleza actla de los entes
ceramente confiesa, debe estar muy agradecido a la -princi-
pio absolutamente incontrovertible en la metafísica
distinción entre el acto y la potencia, con cuya ayuda de Telesio- no lo permitiría. E,l ente sólo puede
espera solucionar todos los problemas» (II 31). El contener más de una natutaleza agente, cuando se
problema de la potencia estriba en que no sólo convi- constituye y de alguna manera todavía no es ente.
ve en un mismo sustrato una naturaleza agente, sino E,n suma, el único reproche de fondo a la filosofía
infinitud de ellas. Aunque Telesio no se muestra tan de Aristóteles, donde no parece posible llegar a nin-
gún acuerdo, proviene de no haber reconocido sufi-
cientemente la belicosa actividad de las naturalezas
comrpción, quien no reconoce dos contrarios, cada uno de los
cuales puede actuar sobre el otro y destruirlo» (II 4). agentes.
XCVI MIGUEL SARALEGUI IIvTRoDUCcIÓ¡v XCVII

IV. TELESIO EL HETERODOXO todo, la defectividad de muchos de los experimentos,


una gran parte de páginas de Telesio nos recuerdan
No resulta arriesgado considerar que la relación más a un experimentador 1o ingenuo, preci-
de Telesio con la ortodoxia católica representa el -todoque a un catedrático
pitado y caótico que se quiera-
casus belli más espectacular de la bibliografía tele- de astrofísica o a un epistemólogo. De esta escasez,
siana. Vista la dificultad para conectar su intuitivo se pueden extraer dos consecuencias. En primer lu-
empirismo con la ciencia moderna, es posible que se gar, la poca importancia que Telesio allá de
hayainsistido en la inconciliabilidad de algunas doc- que se sintiera ortodoxo o heterod-más concedía a
trinas, con la ortodoxia de la filosofía católica para esta cuestión para definir su identidad intelectual. En
hacer a Telesio más atractivo al gusto fllosófico con- segundo lugar, la dificultad de realizar interpretacio-
temporáneo7a. Para evitar el malentendido de que a nes globales a partir de materiales tan escasos.
Telesio le interesan los mismos temas que a sus estu- Como ya se ha apuntado,, además de prolífica, la
diosos, resulta conveniente señalar preliminarmen- bibliografia se encuentra enfrentada. Existe una larga
te que las páginas acerca de cuestiones netamente tradición de lectur la que se pueden encontrar
teológicas o doctrinas filosóficas sobre las que existe Garin y Abbagnano- que considera que todas las
una censura canónica existencia de Dios, la in- afirmaciones de Telesio plenamente ortodoxas
mortalidad del alma o -la
la eternidad del mund cuales no son ni escasas ni excepcionale -Ias reali-
escasas. Al insistir acertadamente en la importancia zan pro bono pacis o para mantener las apariencias.
de los Opúsculos para la comprensión de la filoso- Algo más intensamente ha defendido esta postura
fia de Telesio, Bondi de los intérpretes más Roberto Bondi. En el ámbito español, si bien con la
-uno
proclives a la lectura heterodoxa- ha recordado que cautela de los primeros estudiosos italianos de fllo-
el pensamiento de Telesio no es sólo una reflexión sofía del Renacimiento, Miguel Ángel Granada se ha
sobre los principios de la ciencia o del conocimiento, inclinado por esta aproximación: «Todo ello permite
sino una investigación particular sobre diferentes fe- rrl lector sospechar del carácter fundamentalmente
nómenos naturalesTs. Salvando las distancias y, sobre cautelar de la introducción del alma infusa, carente
de una fundamentación suficiente en el conjunto del
sistema, aunque pueda ciertamente estar conectada
7a Para una opinión diferente sobre la relación entre empi- con una fe religiosa de la que el filósofo cosentino
rismo y ciencia moderna, cfr. P. Rossi, La nascita della scienza
h izo constante profesión»76.
moderna in Europa, Laterza, Bari-Roma, 201 | .
75 R. Bondi en B. Telesio, De natura iuxta propria principia. Ad

Felicem Moimonam iris,cit,p. XXIV: «Chi pensasse questo finere- 'u M. Á. Granada en B. Telesio, Sobre los cometas y la Vía
bbe col non capire un punto essenziale: la sua immagine della scien- l.út'tea, cit., p. XXXIX. Sin embargo, se da cuenta de que «este
za. Per Telesio, la ricerca scientifica non assomiglia a un'astratta s;rlvar las apariencias>> en Telesio es algo mas intenso y menos
dissertazione sui principi. Prevede, invece, il constante tentativo di ;rr'omodaticio que en otros casos. Al referirse a la edición de
spiegare gli specifici e concreti fenomeni naturali. Il De rerum na- I 5136, afirma: <<Ante las amenazas y peligros de censura, Telesio
tura e gli opuscoli sono in fondo due facce della stessa medaglia». ir('aba sometiendo 'en obsequio de la fe', al menos como cautela
XCVIII MIGUELSARALEGUI INTRIDUCcIÓI¡ XCIX

Tampoco han faltado defensores de la lectura or- I Ln ETERNIDAD DEL MUNDo


todoxa. Entre ellos, se puede encontrar a Alessandro
Ghisalberti. Sin embargo, es Luigi De Franco, el más lrrr primer lugar, es necesario tratar la cuestión de
prolífico estudioso de Telesio tanto desde un punto l:r ctcmidad de los cuerpos primeros. Ciertamente Te-
de vista filosófico como filológico, quien más enér- Icsio opina de modo heterodoxo al afirmar, sin poner
gicamente ha defendido no sólo la ortodoxia, sino el rringún pero en la edición de 1570 ni hacer referencia
fondo religioso de su pensamiento. Para De Franco ir sr.r sempiternidad, que los dos cuerpos primeros son
Telesio no se olvida jamás de subrayar el hecho de r'lcrnos: «Aquellos entes, sobre los cuales los contra-
que su nueva filosofla, incluso si combate duramente r ios más fuertes no pueden nunca actuar, serán eter-
a la de Aristóteles, no se enfrenta a su credo religioso, n()s y no se coffomperán nunca» (I 37). De hecho, la
pues aquélla, en el fondo, deriva de éste. t'lcrnidad es uno de los atributos que distingue a los
Se puede decir que son tres los temas sobre los que ('ucrpos primeros.
la ortodoxia de Telesio se ha puesto en duda: la in- trn I 4 se define por primerayez la naturaleza de los
mortalidad del alma, la existencia de Dios y la eter- cucrpos primeros. En él se dice dos ocasiones-
nidad del mundo. Antes de entrar en el examen de los (luc son cuerpos primeros aquellos que superen a los
textos, hay que decir que los intérpretes heterodoxos rlcrnás en duración temporal: «Se debe considerar
han descartado la lectura literal de los pasajes en los t¡Lre el cielo y la Tierra no sólo son las partes grandes
que Telesio se muestra más conciliador, incluso obse- tlcl mundo, sino también las primeras y principales.
quioso de la autoridad pontificia y ortodoxia católica. Superan a las demás no sólo en tamaño, sino también
De esta manera, existe ya una asentada tradición de crr fuerzas, vigor, dignidad y tiempo» (I a). Esta cita
interpretar straussianamente los pasajes en los que el rri confirma ni rechazalateoría de la eternidad de cie-
autor se confiesa más ortodoxo. Aunque este método Io y Tierra. Sin embargo, el hecho de que en la frase
puede justificarse en alguna ocasión, es necesario re- linal del mismo capítulo se respalde la teoría con la
cordar que esta lectura introduce un enorrne grado de narración del Génesis hace que la interpretación de
arbitrariedad, que sólo puede ser limitado que
tiende a ser una situación más bien ideal- en-lo caso de rle los dos grandes cuerpos telesianos gane plausibi-
que se descubra otro documento del autor que invali- lidad. En cualquier caso, se muestra en este pasaje un
de la lectura literal. Si no se posee esta certificación, procedimiento habitual del Telesio heterodoxo. En su
la lectura straussiana parece un gigante con pies de obra,, coexiste la postura filosófica cual puede
barro. -,la
no se descubre ningún esfuerzo por compattbllizar
ambas posturas.
preliminar, algo más que el intelecto, hasta el principio mismo
de la filosofia: la experiencia de los propios sentidos» (ibidem,
p. XXV, en nota).
C MIGUEL SARALEGUI INTRoDUccIÓIv CI

2. Le txvlonrAltDAD DEL ALMA Sin embargo, después de haber afirmado que inclu-
so las almas de los animales (el espíritu procedente del
Se debe examinar, en segundo lugar, la cuestión semen) no procedían sino del calor, Telesio niega que
de la inmortalidad del alma, cuya situación, en lo cl alma humana infusa tenga este origen: «pero que na-
que a la ortodoxia concierne, resulta muy parecida die piense que afirmo esto del alma humana que ha
á la de la eternidad del mundo. Todos los estudiosos sido introducida por el mismo Dios en cada uno de
De Franco, PupoTr- que han descendido los cuerpos de los hombres, como nos enseñan no sólo
-Bondi,
al detalle de las obras para interpretar la filosofia las Sagradas Escrituras, sino he dicho más
de Telesio insisten en la importancia de la edición -como
largamente en otro lugar- también la razónhumana.
de 1570, donde se introduce una distinción Lo que se ha dicho sólo sirve para explicar el alma
-alma
proveniente del semen y alma infusa por Dios- que c¡ue sale del semen y gue se puede considerar obra de
iespetaría la inmortalidad del alma humana. Es el ca- la naturaleza agente. Unicamente hablaremos de ésta
pítulo I 31 donde aparece esta alma infusa. En primer siempre en todo este libro» (I 31).
iuga., realiza una descripción general de su visión El primer aspecto que llam a la atención no es el
del cosmos: «El Sol, pues, sumamente cálido, pero cscaso espacio que se dedica al almade origen divino
que actúa sobre la Tierra es muy fria y densa cn la edición de 1570, sino que apenas se describen
-que actua durante un bre-
y Oe ta que está muy alejado- las capacidades del alma humana que procede del
ve lapso de tiempo sobre sus partes, moviéndose con semen, cuyo tratamiento se presentará en los libros
un movimiento (como se ha dicho) que es siempre ¿rñadidos que van del V al IX- en la edición
cambiante,, perenne y rapidísimo. No transforma en de 1586. De -losesta manera, si es cierto que no se rea-
sí mismo, ni siquiera en algo parecido y próximo a lizaun examen del alma divina, tampoco se estudian
é1, todas las partes de la Tierra, igual que el fuego las funciones del alma del semen. Por este motivo,
tampoco transforma en fuego todo aquello sobre 1o ni siquiera se conocen exactamente las atribuciones
que actúa. Sin embargo , aleja de la naturaleza de la (lue corresponden al alma cuyo origen es el calor.
Íierra las partes sobre las que actúa y las hace de su I)ada la identificación de sensibilidad y movimiento
propia naturaleza, esto es, dota a todas de un cierto con el calor, no puede extrañar se puede con-
óalór y una cierta tenuidad, haciéndolas partícipes de siderar un argumento para defender -ni la artificialidad
su propia naturaleza y forma. A algunas las hace muy o injustificabilidad del alma divina- que la capa-
cálidas y tenues, como aquellas que son transforma- cidad de sentir y de moverse dependa directamente
das en vapores muy calientes y tenues o, incluso, las rlcl alma que procede del semen: «Además, se pue-
mismas almas de los animales» (I 3l). rlc ver en ocasiones que otros animales y sobre iodo
Ios mismos hombres tienen un cuerpo muy bello y
17 Cfr. S. Pupo, L'anima immortale in Telesio, L. Pellegrini,
lpropiado, pero que son muy lentos, inmóviles casi y
Cosenza, lgg9. De este mismo autor, Telesio e Dio, Settecolori ¡taralizados si estuvieran siempre adormila-
Edizioni, Cosenza, 2009.
-como
(fos- por culpa, pues, de la forma o del alma que se
CII MIGUEL SARALEGUI I^ITRqDUCcIÓIv CIII

sirve del cuerpo de aquella que proviene del nranera, el contraste en la edición de 1570 se produce
-hablo
semen-, la cual produce defectuosamente su propia cntre el claro reconocimiento de la existencia de un
operación, por consiguiente disminuida o dotada de llma proveniente de Dios y el hecho de que no se
füerzas disminuidas>> (I 56). En la edición de 1570, atribuya específlcamente ninguna función a este alma
incluso la inteligencia parece pertenecer al dominio divina. Ciertamente, la interpretación straussiana re-
del alma procedente del semen: «Según Aristóteles, sulta posible, pero también afirmar que, en esta obra
pues, parece que es propio del calor no sólo el movi- -ecuador de su producción intelectual- Telesio
mientó y el sentido, sino también el mismo intelecto. tytnzá quiso comenzar a incluir realidades y objetos
Todos ellos, cuando aumenta el calor, se ve que se que no logra incluir en su viejo modelo. Más que a
excitan y agudizan)) y <<Pero sea porque el espíritu Lrna disimuladora estrategia, la defectiva explicación
que exisie eñ un sustrato tenue padece más, fácilmen- sc puede deber a una situación de crisis: Telesio no
te, sea porque el calor tiene esta propiedad de por sí, sabe cómo introducir en su viejo pensamiento nocio-
de sueúe que puede más prontamente seguir 1o bueno r)es que a la altura de 1570 le parecen indispensables.
y evitar lo malo y debe ser conservado en mayor me- En suma, la psicología racional presente en la ver-
didu, parece ciertamente que el espíritu cuanto más sión de l5l0 de De rerum natura resulta sumamen-
cálido, más siente. No he sido yo el primero en de- tc decepcionante e insatisfactoria. Se habla de dos
cir esto, pues Galeno ya decia mucho antes que la almas que procede del semen y la creada por
abundancia de calor produce iracundos y furiosos, Dios-,-laaun cuando no se establ ezca una clara dis-
pero una temperatura fría estúpido_s, pesado.s y pe- tinción de facultades entre el primero y el segundo
ierosos. Ya só haya dado al calor [una facultad de] tipo de alma. Si tanto el sentido como la inteligencia
sentido mayor, o la misma a ambas na1nttalezas, se -en la reductiva metafisica de Telesio parece que
ve ciertamente que a ambas les ha sido dado y que no hay problema en identificarlos: la inteligencia no
convenía que a ámbas se les diera» (I 34)?u. De esta cs sino un grado elevado de la sensibilidad- son
()peractones que pertenecen al alma que procede del
78 Como muestra esta cita, que la inteligencia provenga del calor, ¿qué funciones se pueden atribuir ál aha que
calor es una doctrina que a Telesio no le parece original, sino
viene de Dios? ¿A qué se dedica? ¿Exclusivamente a
respaldada por la autoiidad de Galeno. Otra cita en la que la la contemplación?
intáligencia depende de condiciones climáticas y geográficas se
en If 39: «Sin embargo, la región que no dista mucho
"r.rátru
de ella y que se puede considerar intermedia entre la equinoc-
cial y lós irópicós es quemada por el Sol, que se demora allí v sus habitantes son de color oscuro, con las piernas torcidas,
durante mucho tiempo, puesto que lleva a cabo muy lentamente cstúpidos y salvajes, de tal modo que no se les puede considerar
hombres, sino animales de otra especie»>. por olra parte, la doc-
el movimiento diari,o y está muy poco alejado del vértice por
mucho tiempo, mientras se vuelve del punto equinocial al trópi-
trina de la determinación climático-geográfica de lá inteligencia
co y viceveisa. Esta región se enfría menos por las noches, que cstá presente en muchos autores del xvr, como, por cjernplo,
(iiovio y Las Casas, por lo que difícilmente podría sei fuénte
son más cortas y no igualmente frías. Todas las partes que se
rle heterodoxia.
encuentran más allá del trópico son, por tanto, áridas y yefrnas
CIV MIGUEL SAK4LEGUI
rNrRoDUCctó¡v CV

para atribuir a las cosas las facultades que han de


3. La Extsrp,NclA DE Dlos
cxtraerse de ellas mismas» (I 1). Aunque se trata
rle una mención cuya validez es principalmente po-
A1 contrario de 1o que ocurre con la eternidad
lémica, Dios aparece como un objeto de respeto:
del mundo y la inmortalidad del alma, Dios cuenta
Alguien a quien ningún ser humano siquiera el
con una t otubl.,, incluso determinante, presencia -ni
rnismo Aristótel podrá igualar nunca.
textual en De rerttm nAtura7e. Aunque no todas las
Estas referencias, sin embargo, cuentan con es-
menciones busquen probar su existencia, en ningún
caso interés filosófico. Además,, podrían leerse de
caso se le puede considerar un tema lateral en la
rnodo puramente retórico, pues no se puede dudar
obra de 1570. Ya se pueden encontrar referencias a
de que su principal objetivo consista en dejar en ri-
Dios en el primer capítulo, cuando Telesio reprocha
tlículo a Aristóteles y a la legión de sus seguidores.
a Aristótelés confundir conocimiento y voluntad: la
I)e mayor importancia están dotadas las citas a la
sabiduría humana no cuenta con la eficiencia on-
Sagrada E,scritura. Ciertamente, sería desorientador
tológica voluntad- que respalda a la divina'
-,laDios queda asegurado por la-omnipo-
Lo que para presentar a un Telesio en el que existe una convi-
vencia entre teología y filosofía, entre fe y razon,
tencia, para los hombres no pasa de capricho.- Estas
referenóias a Dios se encuentran en el mar- cntre texto revelado y argumento fllosófico como
-que
co de la crítica a Aristóteles- se extienden a otros ocurre en tantos filósofos cristianos del siglo xvt y
del xvu. Sin embargo, en De rerum natura
campos.
so si se dice pretender una sabiduría sólo hum-inclu-
Télesio reprocha a los peripatéticos profesar una
y al cabo, solo un no es del todo excepcional que las palabras de la
reverencia a su maestro
-al fin
hombre- que sólo le sería debida a Dios: «No es Biblia aseguren alguna doctrina cosmológica. Así
si pudieran prescribir a la ocurre en el primer libro, donde el texto sagrado
admisible que
-como
de ser y pretendieran no sólo la certifica que sólo el cielo y la Tierra son cuerpos
nafuraleza su modo
primeros: «También las Sagradas Escrituras testi-
sabiduría de Dios, sino su mismo poder- los hom-
rnonian que la Tierra y el Sol son los únicos cuer-
bres se complazcan y se vanaglorien tanto como
pos primeros, pues dicen que fueron creados y pro-
tlucidos por Dios óptimo y máximo en el principio»
7e N. Van Deusen, «The Place of Telesio in the History of (l 4). Todavía en el primer libro la Biblia aseguraba
Philosophy>>, cit., p.433: «It is however, in Telesio's theological la doctrina del alma proveniente de Dios: <<la cual
opinions that the most typically modern positions are take¡. God ha sido introducida por el mismo Dios en cada uno
is read out of the natural world except as the creator and director
cle los cuerpos de los hombres, como nos enseñan
of the natural principles, heat and cold. [...] This change_from a
God who is th-e finai cause of the universe, the goal which gives no sólo las Sagradas Escrituras» (I 31). Volviendo
natural activities their direction, to a God who set natural acti- a la filosofía de la naturaleza.las Sagradas E,scritu-
vities going and whose consummate craftsmanship guarantees ras respaldan, ya en el segundo libro, el calor del
their m--echinism to be everlasting is precisely that which we find cielo, doctrina que rechaza el peripatetismo: «Pero
in many seventeenth-century writers>».
=-

CVI MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓX CVII

volvamos al So1 y establezcamos que, más allá de rrrcsperadamente, hace referencia a un Dios creador
toda duda, es ígneo y caliente, [...] también 1o tes- ,rlt g¡¡¿vno y a sus designios, nos damos cuenta de
timonian las Sagradas E,scrituras, las cuales llaman tluc su discurso se torna falso e injustificado»8o. En
ígneos a los ministros del Dios óptimo y máximo t'stc capítulo conclusivo, las sospechas de un Tele-
y empíreo al cielo supremo. Incluso Dios mismo, :,ro interesado pueden parecer justiflcadas. Este cie-
habiendo hablado a Moisés desde una columna de rrc al libro I[ se inicia atribuyendo a Dios casi las
fuego, dice: "desde el cielo he hablado">) (II 49). Es urismas características excluye, sin embargo,
necesario tener presente, sin embargo, gue este re- una Omnipotencia que Telesio le atribuye en otros
curso no es masivo. E,xisten numerosas teorías fun- ¡xrsajes- del Símbolo de los Apóstoles: <<La exis-
damentales para Telesio por ejemplo, la de i.'',.ia de Dios y que É1 es creador de todas las cosas
-como,
la inmovilidad de la Tierra- que, aunque podrían sc rnuestra claramente» (II 60). Se insiste en que la
ser refrendadas por la autoridad sagrada, no buscan ;rrlecuada distancia entre la Tierra y el Sol prueba la
ese respaldo. cristencia de Dios, 1o que constituye el núcleo de
Pero Dios no sólo se reviste de este papel retóri- ll 37, tesis de enorme relevancia. También afirtna
co y de apoyo teológico en un discurso mayoritaria- lrr validez del argumento cosmológico: «lo muestra
mente naturalista. En De rerum natura también se lla existencia de Dios] la admirable configuración
dan argumentos en tres capítulos: el tlcl mismo cielo y, en medida algo menor, de los
trigésimo séptimo,-concentrados
quincuagésimo noveno y sexua- tlcmás entes, sobre todo de los animales» (II 60).
gésimo del segundo libro- prototípicos de la teolo- A su vez se quiere incluir en la tradición de la teo-
gia natural. En los tres se acepta la completa plau- logía negativa. Para conocer ia esencia de Dios la
sibilidad de la existencia de Dios. Más bien, sólo la f ilosofía es inservible. Só1o la Revelación ha abierto
insensatez se atreyeria a negarla: «¿Cuántos hay, en cste camino: <<Indagar su sustancia u otras opera-
efecto, que no vean y reconozcan la suma bondad de ciones suyas puede parecer no más arrogante que
Dios'/ Del mismo modo, ¿habrá acaso alguien que cstúpido, ya que son cosas que de ningún modo
no confiese que todas las cosas constituidas entre el ¡rueden ser conocidas por el hombre. Aquello que
cielo y la Tierra son todas generadas por el cielo a c¡uería que de Sí se supiese, el mismo Dios nos lo
partir de la Tierra? Finalmente ¿qué hombre en sus ha revelado. Contentos con ello, no osemos indagar
cabales puede negar que Dios puede hacer todo 1o con nuestras propias fuerzas o con razones humanas
que quiere?>> (ll 59). trtras cosas, que superan ampliamente la agucleza de
Más allá de la razonabilidad de la existencia de rruestro ánimo y son mucho más resplandecientes
Dios, en estos capítulos se puede encontrar una só- de lo que el ojo humano puede ver)) (II 60). E,l capí-
lida y personal teología natural. Quizá el más re- lulo concluye con la confesión más pía que se leer en
tórico de todos ellos sea el capítulo sexagésimo l)e rerum natura: «Espero que todas estas cosas se
que cierra el libro, que puede haber provocado el
siguiente comentario de Eugenio Garin: <<cuando, 80 E. Garin, Storia della.filosofia italiana, cit., vol. II, p. 650
C\/ITI MIGUEL SAvALEGUI INTRODUCCIÓN CIX

harán manifiestas cuando el alma, liberada del cuer- directamente de una suerte de Creador providente
po, vuele al mismo Dios del que ha venido» (II 60). queda conflrmada en el epítome de Quattromani8r.
Quizá estas últimas frases, donde existe una revela- Sin embargo, en esta misma edición, se puede en-
ción excesivamente personal bien no contrasta contrar una versión más naturalista del pansensismo
-si
con el tono de algunas otras confidencias- podrían y de la capacidad de todos los seres de mantener su
justificar una interpretación pro bono pacis. ¿Por existencias2.
qué Telesio habría de mostrarse tan pío en una obra La explicación de cómo Dios se relaciona con su
cuyo mismo objetivo excluye este tipo de reflexio- creación ocupa una importante parte del penúltimo
nes? E,sta lectura, sin embargo, me parece imposible capítulo de la obra (II 59). Aunque el objetivo prin-
dejustificar si se tienen en cuenta los dos capítulos cipal del capítulo consiste en rechazat un argumento
que a continuación comentaré. tradicional por el que Dios se vincula con su creación
Hay que precisar que, incluso si el mismo Tele- cielo se mueve porque desea a Dios-, Telesio
sio se adscribe a la fradición de teología negafla, -el
aprovecha para defender, en un marco creacionista,
su obra no es muda respecto de la esencia de Dios. la consistencia ontológica de la creación. El pensador
En primer lugar, se refiere a Dios a 1o largo de De cosentino sostiene la completa realidad de las causas
rerum natura 4, II 37,1I 59- con los epítetos segundas,, lo que lo aleja máximamente del ocasio-
-I
«máximo y óptimo». Por otro lado, con variaciones nalismo y de cualquier metafisica que niegue capa-
en su intensidad teológica,, explica el cosmos como cidad efectiva a las creaturas . Para Telesio, creación
una creación ordenada: «la bellísima creación de las y conservación son un único e idéntico acto: «Todo
cosas» (II l0). Pero sobre todo Telesio se explaya aquel que contemple la sabiduriay la bondad de Dios
sobre la relación entre Creador y creación. Por la en las demás cosas, verá inmediatamente también
razonabilidad de Dios como creador, se da uno de que Dios puede hacer ciertamente todo lo que quie-
los pocos argumentos que sirven parajustificar uno re puesto que creó todo el mundo de la nada. Verá
de los principios básicos del pansensimo unido que no constituyó el mundo de tal manera que los
-el
siempre a la autoconservación de los entes- de la
física de Telesio: «Aquel que las creó no descuidó ¡ir S.
Quattromani, La /ilosofia di Bernardino Telesio, cit.,
su conservación, como un artífice inerte que no las p.27: «E perché é cosa soprattutte l'altre naturale, che colui che
hubiera dotado de todas aquellas cosas que necesi- di¿ l'essere che é lor dato, e perché ció non sarebbe potuto farsi,
essendo questo mondo uno involto di cose contrarie, se le cose
tanpara conservarse: el sentido del propio bien y de non sapessero discernere quelle che sono loro contrarie>>.
la propia conservación y del propio mal y de la pro- t' (iÉl mismo [Aristóteles] había visto la bondad y la laborio-
pia destrucción; la facultad, además, y el deseo, gra- sidad de la naturaleza,la cual da a todos los entes, incluso a los
cias a los cuales pueden seguir lo primero y evitar lo más innobles, una operación y el modo con el que se conservan y
segundo, dado que se había establecido que fuesen deleitan. También ha querido que todos la tuviesen en sí mismos,
como operación que no depende de nada externo, sino que pro-
contrarias, dañándose y eliminándose mutuamente» viene de la sustancia propia de cada uno de los entes y que llevan
(I 34). E,sta idea de que el pansensismo proviene a cabo sin necesidad de ninguna ayuda o acción externa>> (I 41).
CX MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN CXI

entes tengan necesidad continuamente de una nue- agentes sin criterio y tanto cuanto pueden»
va voluntad suya para realizar sus operaciones,, sino -«actúan
(ll 37)-, muestra que, por sí mismas, no cumplen
que cada cosa, una yez ha recibido del mismo Dios los requisitos necesarios para obtener la creación que
Ia nattraleza que le es propia y la facultad de llevar ¡ruede contemplarse: «las fuerzas de los agentes se
a cabo las propias operaciones, opera según la propia rnoderen y se apliquen con muchísimo arte y medi-
nattraleza, aunque cada cosa por igual nunca deje de da» (II 37).
depender del sumo Dios y siempre tenga necesidad ¿Quién será entonces responsable de la riqteza
de la ayuda del Creador. Por consiguiente, todas las de la Creación? El modo particular como el Crea-
cosas actúan y operan siempre por sí mismas y por la clor ha organizado y, por tanto, limitado las natura-
propia nafiraleza, aunque se ve que a veces operan lezas agentes, en sí mismas dotadas de un ansioso y
y actuan por la intercesión de otros. En cada una de violento deseo de expandirse sobre toda materia. E,s
las obras de nuestro Creador resplandece su indus- Dios quien ha moderado las naturalezas agentes y
tria y su sabiduúa, de tal manera que puede parecer ha creado un movimiento oblicuo. Después de que
que todo aquello que se ha hecho necesariamente ha una hubiera prevalecido sobre la otra,la victoriosa
sido hecho deliberadamente y con vistas a 1o mejor, habría producido un cosmos a su imagen y semejan-
y que la operación de cada una de las partes busca la za. Só1o Dios es el responsable del orden y de la me-
conseryación de todas las otras partes, y también de dida inteligencia- que se puede comprobar en
sí misma» (II 59). Quizá en este capítulo se sentía en -la «Por tanto, si parecen eternos, sin haber
la creación:
la especial necesidad de dar el do de pecho teológico padecido nunca, puesto que nunca es modificada la
que indudablemente hace-, al negar una de las construcción del mundo o la generació, y la consti-
-1o
doctrinas de cosmología teológica más tradicionales. tución de cualquier cosa, y si parecen actuar según
Si en II 59 se puede percibir el deseo de reafianzaÍ una medida y razón-todas las cosas son realizadas
la ortodoxia, en II37 la postura teológica de Telesio según una medida y razón suprema-, esto no es
no sólo resulta plenamente creativa, sino que consi- causado por los mismos principios agentes contra-
dera que la estructura del cosmos ofrece ,, u.gr-.n- rios, sino por su moderador, principio verdadero de
to para la existencia de Dios que la filosofia de Aris- todas las cosas, que no modifica jamás su naturale-
tóteles habría ignorado. El capítulo quiere responder za, ni reprime o limita nunca sus fuerzas, sino que
a la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que se haya actua con una razon y un modo mucho más divino.
dado un cosmos tan variado y rico? En primer lugar, [. . .] De este modo, Dios óptimo y máximo será [la
Telesio reconstruye la respuesta aristotélica: el movi- causa] y no la traslación oblicua del Sol, que debe
miento oblicuo del Sol por la eclíptica es responsable ser considerada obra del mismo Dios y establecida
de la riqtezay diversidad de la creación. E,ste tipo de ciertamente con admirable sabiduría. Transportado,
traslación ha hecho posible que la Tierra no hayá sido pues, por esa traslación, el Sol ilumina y estimu-
completamente abrasada por la energía del So1. Tele- la todas las tierras, procurando sedes apropiadas a
sio, al recordar las características de las nattralezas todos los animales y también al mismo género hu-
CXII MIGUEL SARALEGUI INTRoDUCcIÓ¡v CXIII
mano. No quema ninguna pafie de la Tierra cuando necesanamente, aunque tengan probabilidad, basta
se mueve en línea recta, ni mucho menos cuando 1o apuntarlas solamente para que no parezca que la fe
hace de modo oblicuo» (II 37). La riqueza del mun- católica se funda en vanas razones y no más bien en
do es extrínseca en la medida en que las naturalezas la enseñanza solidísima de Dios. Y por esto es conve-
agentes puras, en sí misma salvajes e ilimitadas, de- rriente exponer cómo salen al paso (obvietur) los que
ben ser moderadas por la acción de Dios. defienden la eternidad del mundo>>Sa.
Para que sea considerado heterodoxo en este pun-
to de la eternidad de los cuerpos primeros, Telesio
4. Los lÍH¿rrES DE LA HETERoDoxTA debería haber defendido que la eternidad equiv ale a
increado así como haber defendido que la narración
¿Es Telesio ortodoxo? La respuesta debe ofre- del Génesis resulta incompatible con la idea de si-
cerse escalonadamente. Respecto de la teoría de los rnultaneidad de tiempo y creaciónSs. En De rerum
cuerpos primeros, la insistencia en la eternidad del natura no se encuentra manifestación de ninguna de
mundo 1o acerca a la heterodoxia. Se trata, sin em- estas dos posturas, más bien parece querer ser res-
bargo, de una cuestión complicada, con una disputa petuoso con la narración bíblica y la cosmología de
que se remonta al siglo xul, al menos, en su relación los dos grandes cuerpos se encuadra en un marco
con la ortodoxia. Santo Tomás de Aquino considera creacionista. De este modo, aunque no puede con-
que, desde un punto de vista estrictamente natural, siderarse heterodoxa,hay una falta de explicitación
la Creación podría darse desde siempre, puesto que que impide la plena consideración de heterodoxia.
no resulta necesario que el tiempo exista antes de la
creación. En Ia Suma contra gentiles, simplemen-
8a Santo Tomás
te quiere demostrar que la narración del Génesis es de Aquino, Suma contra gentiles, cit., cap.
posible: <<Así, pues, parece evidentemente que nada XXXVII, pp.408-409.
tt Que en Telesio no hay una tendencia al panteísmo, ni a
impide afirmar que el mundo no fue siempre. Lo cual la divinización del cosmos lo demuestra la siguiente cita en la
afirma la fe católica: Al principio creó Dios el cielo que se defiende que la eternidad de los cuerpos primeros no está
y la Tierra; y de Dios se dice: Antes de que hubiese vinculada ni a la infinitud ni al excesivo tamaño, sino simplemte
hecho nada al principio>>83. De hecho, en el capítulo a carecer de contrario que les haga padecer: «Esto es, para que
XXXVII, Santo Tomás quiere separarse de aquellos una cosa exista durante un tiempo infinito y eterno y opere según
la propia naturaleza durante un tiempo infinito, no es necesaiio,
filósofos, eue en un marco puramente natural, han paralarazón humana, que sea incorpóreo o infinito, o que tenga
defendido la necesidad de la Creación en el tiem- necesidad de otra cosa de este tipo. Sólo es necesario que, por
po: «Pero como estas razones no concluyen del todo muy pequeño que sea, no padezca nada de un contrario, no su-
fra ninguna mutación. t .] Por tanto, aunque el cielo sea finito,
como ningún contrario lo hace padecer, existirá durante un tiem-
83 Santo Tomás de Aquino, Suma contra gentiles, edición po infinito y nunca cesará su movimiento, ni se cansará jamás
dirigida por L. Robles y A. Robles, BAC, Madrid, 2007, cap. por la propia operación, sino que, al contrario, de ella tomará
XXXVII, pp.408-409. constantemente vigor y fuerzas para seguir operando» (II 58).
CXIV MIGUEL SARALEGUI INTRIDUCcIÓ¡¡ CXV

La cuestión sobre la inmortalidad del alma resulta t',('ntLtr probaría su heterodoxia. Históricamente es
algo más compleja. En primer lugar, se cuenta con una l:rcilmente comprobable que la susceptibilidad de la
declaración dogmática-através de la bula Apostolici lslcsia sobrepas determinados momentos his-
regiminis promulgada por León X en el V Concilio de ttiricos con una distancia tontamente dramática- las
Letrán, en 1513- en la que mi interpreta- ,.'xigencias de la ortodoxia. Todo historiador de cual-
ción- no se obliga al filósofo-según
católico, en tanto que t¡uier aspecto de la cultura occidental debe tener en
filósofo, a afirmar la inmortalidad del alma. Se le im- ('ucnta que la historia de_lapersecución por heterodo-
piden dos cosas. En primer lugar, desde la fe, no podrá r i¿r no es equivalente a la historia de la heterodoxia.
negar la inmortalidad o ponerla en duda: «condenamos Si todos los perseguidos fueran heterodoxos, Tomás
y reprobamos a todos los que afirman que el alma in- tlc Aquino o el mismo perseguidor Roberto Belarmi-
telectiva es mortal o única en todos los hombres, y a r¡o deberían ser considerados como tales88.
los que estas cosas pongan en duda, pues ella no sólo Por otra parte, esta estrategia de identificar hetero-
es verdaderamente por sí y esencialmente la forma del tkrxia y persecución eclesial se puede volver en con-
cuerpo humano [...], sino también inmortal y además tra de aquellos que la utllizan. ¿Qué ocurre entonces
es multiplicable»86. En segundo lugar, las conclusiones t'uando la obra deja de ser perseguida? ¿La obra se
de la filosofia no podrán ser contradictorias --obvia- t'onvierte en ortodoxa durante los años el caso
mente no todo 1o que no es idéntico es contradicto- tlc Telesio, su propia vida y todo el siglo xx- en los
rio- con las de la teología: «Y como quiera que lo (lue se la deja de perseguir? Que la persecución no
verdadero en modo alguno puede estar en contradic- sc da por la heterodoxia de la obra sino por motivos
ción con lo verdadero, definimos como absolutamente lristóricos muchos más complejo numerosos
falsa toda aserción contraria a la verdad iluminada>>87. c¿rsos incomprensibles y puramente personales-, se
El filósofo no podrá decir que la filosofía le revela que r:omprueba porque la teoría del alma de Aristóteles,
el alma es mortal. Pero, en tanto que filósofo, están rnucho más heterodoxa que la de Telesio, no fue per-
permitido aceptar una situación de duda. Desde este scguida en los siglos xvt y xvu, sino que, al contrario,
punto de vista, simplemente por su indefinición, la sc escribieron numerosos comentarios a De anima,
postura de Telesio no es heterodoxa. cuyo original dificilmente puede ser compatible las
Se ha utilizado el argumento de que el hecho de tloctrinas exigidas por la Apostolici regiminis. Por
que las obras de Telesio fueran obieto de crítica teo- otro lado que vale tanto paru esta cuestión como
lógica y que se incluyeran en el Indice donec expur- ¡rara la de-lo
la eternidad de los cuerpos primeros-, in-

86 Apostolici regiminis, 19 de diciembre de 1513, 1440, en


H. Deinzinger y P. Hünermann, El Magisterio de la lglesia, tra- 88 fJna visión
completamente diferente en R..Bondi, «Telesio
ducción de B. Dalmau, C. Ruiz Garrido y E. Martín-Mora, Her- c la tradizione magico-ermetica»>, cit., p. 47l: «E possibile che il
der, Barcelona, 2006, pp. 468-469. suo interesse verso la religione fosse sincero, ma si cadrebbe in
81
Apostolici regiminis, 19 de diciembre de 1513, 1441, en H. crrore valutando la condanna ecclesiastica dei suoi scritti come
Denzinger y P. Hünermann, El Magisterio de la lglesia,cit.,p.469. un fraintendimento da parte della Chiesa».
CXVI MIGUEL SAR4LEGUI INTRzDUCcIÓI¡ CXVII

cluso si el fondo de su pensamiento quedara marcado rvr contó con un algún lector relevante,, no constitu-
por la heterodoxia, no cabe duda de que existe un cla- ye uno de los grandes hitos de la conciencia filosófica
ro deseo de ortodoxia. Y la heterodoxia siempre tiene rnoderna. De Franco ha considerado que la recepción
que ver con una obstinada decisión de la voluntad de de Telesio queda delimitada por tres reacciones: la pri-
separarse de la ortodoxia que no se encuentra en nin- rnera, puramente negativa; la segunda, entusiasta; la
gún pasaje de su obra. tercera, más moderada se deriva de las germi-
Por úItimo, es necesario resaltar que las referencias -que reconoc e importan cia a
nale s O b i e c t i o nes de P atrizi-
a Dios a su existencia, como a su relación con la ruptura que supone su pensamiento, pero señala los
-tanto
la creación- no sólo son ortodoxas, sino que cuen- límites de su propuesta. De Franco reconoce que esta
tan con una cierta originalidad Y, si se leen desde la lectura <<estaba destinada a durar hasta nuestros días».
peculiar filosofia de la natttraleza de Telesio, resultan La primera fortuna de Telesio se caracteriza por un
persuasivas. Só1o en el caso de tomarse por separado, gran contraste entre las obras que aplauden las nove-
podrían interpretarse como afirmaciones interesadas, dades introducidas por su sistema y las que 1o critican
destinadas exclusivamente a evitar problemas. Sin integralmente. Entre las más importantes publicadas
embargo, el conjunto de ellas presenta a un Telesio en su favor,, se encuentran las siguientes. En 1575 se
que quiere incluir, siempre que el contexto lo permi- edita en Veneciael Liber novarLtm positionum de An-
ta, referencias a Dios y a su relación con la creación tonio Persio, en 1589 se da a la imprenta La philo-
de un modo tan original que le hacen merecedor de .;ophia di Bernardino Telesio ristretta in brevitd de
un puesto en la historia del argumento cosmológico. Sertorio Quattromani.
Incluso se le podría llegar a considerar un predecesor Se considera que el Pugnaculum Aristotelis adver-
de la teología fisica tan en boga entre los seguido- .sus principia Bernctrdini Telesii de Jacopo Antonio
res de Newton. No sólo las maravillas de la creación, Marta, publicado en Roma 1587, es «el primer ata-
sino la distancia entre la Tierra y el cielo, así como el que verdadero ala philosophia telesina>>8e. En 1593,
movimiento de éste, aseguran paraTelesio la existen- se difunde en Verona, la obra de Andrea Chiocco
cia de una inteligencia organizadora del cosmos. Quaestionum Philosophicarum et Medicarum, donde
se quiere rebatir la concepción del alma de Telesio.
lrstas dos críticas obtuvieron respuesta del más famo-
V. LA RECEPCIÓN so seguidor de Telesio: el dominico Tommaso Cam-
panella. En l59l Campanella publica en Nápoles
En su pequeña obra sobre la filosofia de Telesio, Philosophia sensibus demonstrata, en la que se refuta
Quattromani confia enoffnemente en el juicio positivo a Marta. En este escrito un joven y brioso Campane-
de las generaciones venideras: <<Los tiempos futuros, lla, si bien completamente identiflcado con Telesio,
que carecen de envidia, daránun juicio elevadísimo de ofrece una versión muy «campanellizada>> del pen-
sus obras». Más allá de que la previsión haya sido o
no acertada,la obra de Telesio, si bien desde el siglo 8e L. De Franco, Introduzione a Bernardino
Telesio, cit., p. 383
CXVIII MIGUELSARALEGUI INTRoDI.]CcIÓN CXIX

samiento de su maestro. El filósofo de Stilo escribió rle Parménides. El rechazo se debe a no haber reco-
también una defensa de Telesio contra la obra de nocido esta deuda y presentarla mentirosamente como
Chiocco pro Bernardino Telesio, philo' nueva y originada por los sentidose0. De un modo más
-Apologia
sophorum eminentissimo, contra quendam medicum general, critica el pensamiento telesiano por ser ((pas-
Chiocum Veronens€ffi-, la cual lamentablemente se toral>>, al no tener en cuenta al hombrey tratarse de una
pierde cuando Campanella la envía a su amigo Gas- filosofia puramente contemplativa, que no sirve para
par Schopp en Alemania. transformar el mundo, lo cual, para el planteamiento
Fuera de la Penínsulaitálica, el primer gran retra- de Bacon,, supone una casi total desacreditación.
to sobre la filosofia de Bernardino Telesio lo realiza Aunque muchas veces este juicio se malentendió
Francis Bacon de un modo mucho menos positivo la recepción a repetir los aspectos po-
De Franco se ha encargado de recordar- de -limitándose
sitivos-, la opinión que Bacon escribe de Telesio
-como
1o que normalmente se cree. Las referencias al pen- resulta fundamental para la imagen que en Europa
sador cosentino son numerosas en la obra de Bacon y se tuvo del pensador calabrés hasta que Francesco
no se limitan, aunque en esta obra sean más abundan- Fiorentino publicara en 1812-14 Bernardino Telesio.
tes, a Sobre los principios y los orígenes según las Studi storici su l'idea della natura nel Risorgimento
fábulas de Cupido y del Cielo, o bien la.filosofía de italiano.
Parménides y Telesio, y especialmente de Demócrito, Lorenzo Bianchi ha estudiado la recepción en Fran-
tratada en la fábula de Cupido, publicada en 1653. cia. Según el juicio de De Franco, la fortuna resulta
Bacon, en un juicio que se cita en la mayoría de los escasa porque los círculos franceses interesados por
estudios introductorios, considera a Telesio el prime- la filosofía italiana del Renacimiento no compartian
ro de los modernos (<<novorum hominum primum»). la cercanía con la religión que profesaba Telesio. En
Existe un aspecto positivo del retrato de Bacon. Jttz- cualquier caso, Telesio no fue incluido en ese grupo
ga a Telesio como un amante de la verdad. Tambien heterogéneo- de filósofos italianos
cita con admiración el pasaje en el que prevé el gran -sumamente
del Renacimiento Cardano, Vanini,
poder que el hombre adquirirá si se alcanzauna com- Cremonini, Bruno -Pomponazzi,
y Campanella- en los que el li-
pleta precisión en el conocimiento de la cantidad de bertinismo francés se inspira. Existen, sin embargo,
calor y de materia. algunos aspectos de la filosofia natural de Telesio que
Si nos volvemos al aspecto negativo, Bacon limita llamaron la atención en Francia: que los animales te-
el valor de la f,losofia de Telesio a restaurar las doc- nían conocimiento y la naturaleza del frío y del calor.
trinas de Parménides, lo cual no habría de represen-
tar motivo de crítica pues el pensador inglés tiene en e0 R. Bondi, <<Bacon
e la restaurazione di Parmenide», cit.,
grandísima estima al filósofo de Elea. Sin embargo, p. 339, ha ofrecido una imagen totalmente contraria de la opi-
el aspecto negativo proviene de que el cosentino no nión de Bacon en este punto. Bacon habría admirado a Telesio
por haber reintroducido la filosofia parmenídea. Su problema
ha hecho sino copiar y difundir una obra de Plutarco, estribaría en no haberse librado totalmente de la influencia de
De primo frigido, en la que se examinaba la filosofia Aristóteles.
CXX MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN CXXI

También Telesio es mencionado forma negati- escritos de Telesio en su contexto histórico. A pesar
-de de la importancia y validez de la obra, no está exenta
En Alem ania, las primeras referencias considerable s de defectos,, algunos de los cuales bien de modo
a la filosofia de Telesio se producen en el siglo xvltt. algo exagerado- Franck reseñó-si en el Journal de
Sin embargo, hay noticias algo inciertas- Savants de 1873. Las principales debilidades de las
-aunque
de que su obra se editó en Colonia en 1646. Del mismo que se acusaba a la monografta de Fiorentino son su
modo que Bacon, Tobías Adami, el editor alemán de excesivo patriotismo y el hegelianismo historiográfi-
Campanella, considera a Telesio seguidor de Parméni- co. Otro hito fundamental en el estudio de Telesio es
des. Sin embargo, en Adami no hay rastro crítico, pues la obra de Giovanni Gentile, quien es el primero en
considera como una fuente de verdad el hecho de que darse cuenta de que el pensamiento del calabrés no
Telesio se haya ligado a la antigua sabiduría de Parmé- era idéntico en todas sus manifestaciones, sino que
nides. En 1733 Georg Lotter publica enLerpzig la pri- conocía una progresiva transformación y consolida-
mera biografia importante de Bernardino Telesio, De ción, a lo largo de las sucesivas y diversas ediciones
vita et philosophia Bernardini Telesii: Commentarius del De rerum naturae2.
ad illustrandas historiam philosophicctm universim et Tras Gentile entramos ya en la historiografia del
litterariam saeculi WI christiani sigillatim compara- siglo xx, cuyas variadas posiciones han sido ya ob-
tus. También el pionero de la historia de la filosofia, jeto de mención a 1o largo de esta introducción. Los
Johann Brucker habla positivamente: <<considero que estudios se han hecho cada vez más especializados y
Telesio es verdaderamente digno de loa>>. numerosos. A diferencia de lo que ocurre con otros pa-
Tras la intensidad de la polémica a favor y en con- dres filosóficos de la Modernidad, se puede considerar
tra de la philosophia telesina de la primera época el que los escritos sobre Telesio todavía no han alcan-
pensador calabrés vuelve a contar con un peso mayor zado el carácter prolífico y obsesivo de otras biblio-
en las historias de la filosofia publicadas en Italia du- grafias. Esta situación permite que todavía se pueda
rante el siglo xvur. Sin embargo, De Franco ha consi- aportar mucha luz sobre el lugar que Telesio ocupa en
derado que estos juicios positivos no van acompaña- la historia de [a filosofia de la nattraleza.
dos de un sólido conocimiento de las obras,, sino que
las referencias a su filosofia se escriben de oídas y sin
conocer las fuenteser. VI. LA RECEPCIÓN EN ESPAÑA
La biblio grafra moderna sobre Telesio comienza
con la ya mencionada monografia de Fiorentino Ber- En su examen de la fortuna de Telesio, De Franco
nardino Telesio. Studi storici su l'idea della natura recuerda que «falta un examen particular y profundo
nel Risorgimento italiano. Por primera yez se inves- sobre el conocimiento que de Telesio se tuvo en los
tigan y tienen en cuenta meticulosamente todos los países de la Península ibérica. Que en sus tiempos

er De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit., p. 411 e2 De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit., p. 413
I
I

CXXII MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCñ]'{ CXXIII

el pensamiento del filósofo cosentino fuese conoci- rle sentirse orgullosa de que en sus aulas no se haya
do en E,spaña no es posible negarlo, debido a que las cscuchado el eco de esta subversiva Yoz: «Añades:
relaciones entre este país y el vicerreino de Nápoles "Aman los españoles las mal fundadas cavilaciones
eran muy estrechas>>e3. En esta breve presentación de de los sofistas". Todo lo dices al revés. ¿Por ven-
la fortuna de Telesio en E,spaña, quisiéramos cubrir tura en E,spaña halló aplauso vuestro Pedro de Ra-
este vacío con tres notas: una perteneciente al siglo rnos, perturbador de toda la filosofía y apóstata de
de Oro; la segunda, al xvur; la última, al xrx. las letras? ¿Cuándo abrió en E,spaña nadie los labios
De entre nuestros escritores clásicos, es en Fran- contra la verdad de Aristóteles? ¿Turbó las acade-
cisco de Quevedo donde se encuentra la caractert- mias de España Bernardino Telesio, o halló cátedras
zactón más interesante de la filosofía de Telesioea. como en ltalia?»e5.
La mención se encuentra en España dekndida, obra Pasado poco más de un siglo,, se puede encontrar
pionera de uno de los géneros más originales de la un examen bastante completo de [a fllosofia de Te-
cultura española: el de la apología de las letras pro- lesio en la obra de Benito Jerónimo Ferjóo. Telesio
pias. El escritor áureo defiende de todas las maneras hace acto de presencia en sus dos obras principales.
imaginables los logros no sólo pequeños, sino insu- En el Teatro crítico universal,, el discurso séptimo del
perables de la cultura hispánica. Uno de los motivos tomo cuarto lleva el título de «Mérito y fortuna de
de orgullo proviene de la pureza y ortodoxia de la Aristóteles». En este ensayo el benedictino, incluye
academia española. Precisamente en esta sección, a Telesio en la nómina de los principales antiaristo-
ostenta Telesio un breve papel. La universidad pue- télicos: «Casi al mismo tiempo Bernardino Telesio,,
natural de la ciudad de Cosenza, en el Reino de Ná-
poles, hombre de sutil ingenio, se declaró contra la
e3 De Franco, Introduzione a Bernardino
ea LJna completa revisión del papel que
Telesio,cit., p. 408. Física Aristotélica, estableciendo la suya sobre los
Telesio interpreta en principios que después con alguna variación siguió
la obra de Quevedo se encuentra en L. Schwartz, «Telesio en
Quevedo: "No es artífice, no, la simetría» en su contexto cultu-
Campanela. Tuvo en Italia muchos discípulos y sec-
ral", en B. Dutton y V. Roncero (eds.), Busquemos otros montes
y otros ríos. Estudios de literatura española del Siglo de Oro en
honor de Elías L. Rivers, Castalia, Madrid, 1992, pp. 221-233 e5 F. enL. Schwartz, «Telesio
Quevedo, España defendida,
especialmente pp. 225-233. La postura de Schwartz no resul- en Quevedo: "No es artífice, no, la simetría" en su contexto
ta del todo clara. Parecería defender que Quevedo, a pesar de cultural>>, cit., p. 232. En el articulo se cita otra referencia de
criticar y rechazar la validez de la filosofia telesiana, no se ve Quevedo a Telesio en la que éste aparece como crítico de Aris-
libre de su influencia bien inconsciente- en el concepto de tóteles. El único aspecto particular de esta cita es que se inclu-
amor presente en uno -si
de sus más famosos sonetos. Así al menos ye en un contexto general de la vanitcts philosophiarum'. <<no
interpreto esta frase: «La poesía amorosa de Quevedo, como el soy yo el primero que los llamo ignorantes [a los filósofos] [...]
resto de su obra, registra el impacto de lecturas, de encuentros ellos me lo enseñaron [...]. A Platón llamaron el divino, y Aris-
intelectuales, de formas discursivas que se adoptan y se modifi- tóteles reprobó toda su dotrina; y la de Aristóteles Platón [sic],
can, que se recontexfualizan en el proceso de la composición de y en nuestros tiempos, Pedro de Ramos y Bernardino Telesio»
un nuevo enunciado» (p.233). (p.232).
CXXIV MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓ¡V CXXV

tarios mientras vivió; pero no só que hiciese después Para desacreditarle, el padre benedictino no recuffe
algún progreso considerable su sistema»e6. a sus obras, que reconoce no poseer, sino ala critíca
Más particularmente se explaya en las Cartas que encuentra en los mismos escritos de Bacon. Para
eruditas y curiosas. La epístola en la que Telesio Feijóo, el antiaristotelismo de Telesio no se reahza
cobra importancia es la vigésimo cuarta del segun- sobre un nuevo método, sino que consiste en sustituir
do volumen y lleva por título: «Satisfacción a un la autoridad del E,stagirita por la de Parménides: «La
reparo histórico-filosófico>>. E,n esta carta, el monje senda, que les propuso Bacon, fue la de la experien-
se quiere librar de la acusación de haber considera- cia, de que no se acordó Telesio. ¿Ni cómo podía éste
do a Bacon el primero de los críticos a Aristóteles. proponer la via experimental para deducir por ella
Un lector de su obra Ie habría reprochado desco- las verdades filosóficas, estando ya preocupado del
nocer precisamente la originalidad de Telesio en la Sistema de Parménides, que pretendía siguiesen todo
lucha contra el principio de autoridad, 1o que indica como verdadero?>>ee.
que, en la E,spaña del xvrr, todavía existían lectores Como ocurría con Quevedo, el juicio acerca de
que recordaban y valoraban el antiaristotelismo de Telesio es negativo. En este caso, la objeción no pro-
su pensamiento. Obviamente, Feijóo le recuerda a viene de una excesiva novedad, comrptora de la sabi-
su crítico lector haberlo citado en el ya mencionado duría heredada, sino en su incapacidadpara subvertir
pasaje del Tecttro crítico universal. El monje, sin la filosofia sistemática, la cual se dedica al examen de
embargo, no se limita a repetir lo ya dicho. Consi- un autor en vez de a la contemplación de la realidad:
dera a Bacon el primero no en criticar al E,s- «Telesio quiso derribar el sistema aristotélico, para
tagirita-, sí en enseñar -si ((que eran descaminados erigir sobre sus ruinas el de Parménides. Bacon quiso
los rumbos de todos los sistemas y en varias obras derribar el de Aristóteles, el de Parménides y todos
suyas mostró a los filósofos la senda por la que de- los demás, para aplicar los Filósofos al único estudio
bían caminar>>e7. de las observaciones experimentales>>r00.
Aunque Ferjóo reconoce una posible influencia de Mucho más abundantes, y también positivos, son
Telesio es que Bacon se aprovechase de los comentarios que se encuentran en la obra de don
-«posible
uno, u otro raciocinio de Telesio, para impugnar tal Marcelino Menéndez Pelayo. El erudito santande-
cual proposición particular de Aristóteles»e8-, niega rino no sólo conoce a Bernardino, sino que mues-
que el pensador inglés,, cuya filosofia es sumamente tra interés por la obra del tíor0r. Sin embargo, con-
apreciada, construya sobre los andamios de Telesio.
ee B. J. Feijóo, Cartas eruditas y curiosas, cit., vol. II, p. 305.
r00 B. J. Feijóo, Cartas eruditas y curiosas, cit., vol. II, p. 305.
en B. J. Feijóo, Teatro crítico universal, Blas Morán, Madrid, r0r M. Menéndez y Pelayo, Estudios y discursos de críti-
ll'75, vol. IV, p. 147. ca histórica y literaria, Aldus-CSlC, Santander, vol. Il, 1941,
e7 B. J. Feijóo, Cartas eruditas v curiosas, lmprenta Real de pp. 151-152 «El mismo Dr. Cian, con una generosidad literaria
laGazeta, Madrid, 1713, vol. II, pp.302-303. que nunca le agradeceré bastante, ha tenido la bondad de enviar-
e8 B. J. Feijóo, Cartas eruditas curiosas, cit., vol. ll, p. 305. me copia de estos versos que yo habia buscado en vano, por ser
v
CXX\/I MIGUEL SARALEGUI INTRODUCCIÓN CXXVII

centra su atención en la figura del sobrino, alguno ;r cncarnar tres de las catacteristicas fundamentales
de cuyos manuscritos hubo de observar durante su rlt: ssfs período: el antiaristotelismo,, la libertad in-
visita a las bibliotecas de la ciudad de Nápolesro2: tclcctual y la formulación de un método científico.
<<Cuatro han sido los filósofos napolitanos de mayor l',rr Menéndez Pelayo se escucha el eco del crítico de
mérito e influencia, Telesio, Campanella, Giordano I cijóo que admiraba el antiaristotelismo del filósofo
Bruno y Vico»103. ¿,Por qué motivo Telesio le inte- ,.'llabrés.
resa? Al ser admirador confeso de la fllosofía del Su libertad de pensamiento es aplaudida inclu-
Renacimiento cual le lleva a preferir a Telesio so cu&fldo se despliega de modo desmedido: «Pero
-lo Tomás en su intercambio con el
antes que a Santo cs condición casi ineludible de la mente humana el
integrista Fonsecar04-,, el pensador calabrés viene l)roceder por exageraciones contrarias; y a los espí-
ritus violentos, a los amotinados filosóficos como
llirancisco] Sánchez, no hay que pedirles cuenta de
muy raro en España el libro de [Antonio] Telesio. De buen grado la doctrina tanto como del impulso, que en su tiempo
transcribiría aquí esta oda, que no pertenece a la latinidad de
f rre generoso y acompañó dignamente aquel heroico
colegio, sino a la grande y bella poesía latina del Renacimiento;
pero las dimensiones de esta revista no lo toleran, y por esta vez tlcspertar de la ciencia física desde Telesio y Cesal-
he de renunciar a mi intento».
r02 M. Menéndez y Pelayo a G. Laverde,2S
¡rino hasta Galileo, y desde Galileo hasta Newton.
de marzo de 1817 Sin un poco de fanatismo no se hacen milagros en
en Epistolario, edición de M. Revuelta Sañudo, Fundación Uni- lilosofia ni en otra ninguna ciencia humana>>r0s. Su
versitaria Española, Madrid, 1982-1991, vol. II, Carta 162, pp.
lntiaristotelismo bien parcial- 1o acerca a Vi-
323-324: «La biblioteca de Nápoles es riquísima de autógrafos:
posee los de tres diálogos y varias cartas de Tasso, los de varias
-side Menéndez Pelayo se convierte
vcs, 1o que en boca
obras filosóficas de Telesio y Campanella, el de la Magia Natu- cn el más grande de los elogios, pues el valenciano
ral de Juan Bautista Porta y el de la Scienza Nuova de Vico». cncarna el modelo de las virtudes filosóficas, el gran
r03 M. Menéndez y Pelayo, Estudios y
discursos de crítica f ilósofo español, núcleo del que brota lo más intere-
histórica y literaria, cit., vol. Y, 1942, p. 330.
r04 M. Menéndez y Pelayo, sante de la filosofia moderna: «Telesio es el que más
La ciencia española, Emecé Edi-
tores, Buenos Aires, 1947, vol. II, p. 154, «Contestación a un fi- se acerca a Vives en estas condiciones, pero no acertó
lósofo tomista»: <<No menos extraña ocurrencia es atribuir a San- ¿r desarrollar sino bajo un parcial aspecto (naturalista
to Tomás el descubrimiento de la inducción baconiana. Como el
Padre Fonseca no trata este punto ex profeso, sino al soslayo, me
limitaré a decir que pertenezco al número de los inconscientes, ciscano, y en el Renacimiento por el gran Vives, por Telesio y
que creen que Santo Tomás no adelantó en esto de la inducción por otros italianos. Y aunque sea hoy moda decir mil afrentas de
sobre 1o que Aristóteles le había enseñado, y que Aristóteles, Ilacon, a título de fautor del positivismo, yo creo que a cada uno
aunque conoció la inducción como todo ser racional, y la apli- rlcbe darse lo suyo, y que el procedimiento inductivo no es malo
có maravillosamente a las ciencias naturales, a la política y a la cuando rectamente se aplica a sus naturales objetos. Lo malo es
teoría del arte, en su lógica la relegó a muy secundario lugar, cl exclusivismo y el abuso». Qué pena que la obra de Don Mar-
y no la estudió con el mismo amor que el silogismo, ni fijó los cclino sea tan poco conocida y tan mal interpretada.
cánones del método de invención, mérito que estaba reservado r05 M. Menéndez y Pelayo, Ensayos de críticafilosóJica,vol.
a Bacon, precedido en la Edad Media por el otro Bacon fran- YLIII, Aldus-CSIC, Santander, 1948, p.201.
r I

i
CXXVIII MIGTJELSAR4LEGUI ;r
:
i
o experimental) eI criticismo Por último,
vivista>>106.
lo que también 1o acerca al valenciano, Telesio apare- ¿

ce como uno de los fundadores del método científico


moderno, lo que, en demasiadas ocasiones, habría
sido olvidado injustamente muy posible que tu- i¡
viera en mente el reproche -esde las Cartas eruditas-
por los historiadores de la ciencia: <<Menos conoci-
l
BIBLIOGRAFIA
do, pero no menos digno de serlo, es otro escrito del
P. Andrés, el Saggio dellafilosofia del Galileo (1715), OBRAS DE TELESIO
que no sólo es una exposición clara y precisa de los
principales descubrimientos del gfan físico florenti- 8., De nutLtra, Roma, Antonio Blado, 1565 [reproduc-
Tr.r-F:sr{),
no, [...] V se reivindica para él la gloria de primer re- ción anastática: De natura iuxtu propria princ'ipiu liber pri-
formador del método de investigación, comúnmente mu,s. et secundus (Antonio Blado, Roma 1565). Ad Felicem
Moimonctm iris (Muttia Canc'er, Nupoli 156ó). presentación
atribuida a Bacon, y en la cual no sólo Galileo, que de Nuccio Ordine. introducción e índice analítico de Roberto
predicó principalmente con el ejemplo, sino Luis Vi- Bondi, Carocci, Roma,20l l].
ves y Telesio pueden reclamar tanta parte>>r07. De rerum natltra,losephum Cacchium, Nápoles, 1570 [repro-
- ducción anastática: De rerum natura iurta propria print'i¡titt.
liber primtts, ef secundus denuo editi OpuscttlalDe hi.t,quue
in aere.fiunt; et de tercaemotibus - De colorum genercrtione
De maril. presentación de Nuccio Ordine, introducción e
índice analítico de Roberlo Bondi, Carocci, Roma,20l3].
De mari,losephum Cacchium, Nápoles, 1570.
- De his, quae in aere.fitrnf : et de Terroe motibus,losephum
- Cacchium, Nápoles, 1570.
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CXXX MIGTJEL SARALEGUI INTRODUCCTÓN CXXXI

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-
CXXXII MIGUELSARALEGLU

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traducción de A. Beltrán Marí, Paidós, 2002. sino que deben ser percibidas por los sentidos y de-
MÍNcur,z, C., Filoso.t'ía y ciencia en el Renacimiento. Síntesis, ben ser extraídas de las mismas cosas.
Madrid,2006. Aquellos que antes de mí han estudiado la estruc-
MoNoor-po, R., «E,l Renacimiento italiano y la filosofia moder- tura del mundo y la naturuleza de las cosas parecen
na)), en Figuras e ideas de la filosofía del Renacimiento,Lo-
sada, Buenos Aires, 2004 U 954].
haberlo hecho con largas vigilias y grandes esfuerzos,
PuLrn¡rrr,r, A.L., «La filosofia telesiana attraverso gli occhi di un pero sin haberlas observado en absoluto. ¿Qué po-
contemporaneo: Francesco Patrizi da Cherso>> en Bernardino drían haber conocido de éstas, cuando todas sus ex-
Telesio e lu cultura napolefana, Guida y Nápoles, 1992, pp. plicaciones disienten y son incompatibles tanto entre
251-210.
sí como con las mismas cosas? E,sto les ha ocurrido
Pueo, S., L'anima inmortule in Telesio, L. Pellegrini, Cosenza, 1999.
Telesio e Dio, Settecolori Edizioni, Cosenza, 2009. porque por tener demasiada confianza en si
--
Rossl, P., La mascita della scienza mr¡derna in Europa,Laterza, mismos -quizá
cuando observaban las cosas y sus fuerzas-
Bari-Roma, 201 1. no les han asignado la naturaleza y las facultades de
Ruc;ctuno, G. de, Storia della filosofia. Rinuscimento, Rifbrma e las que estaban dotadas, como era necesarior. Al con-
C o n t r o r ilb r ma, Laterza, Bari, I 9 42.
ScHuuH,taNN, K., ((El concepto de espacio en Telesio>>, en Bernardi-
I Existen dos criterios de verdad en la filosofia de Telesio: la
no Telesio y la nue.vu imugen de lu naturaleza en el Renacimien-
ro, edición de M. A. Granada, Siruela, Madrid, 2013. pp.43-68. coherencia que se le exige al discurso filosófico tanto por la
ScHwRttl2, L., <<Telesio en Quevedo: "No es artífice, no, la si- lógica como-laporque la naturaleza está dotada de continuidad- y
metría" en su contexto cultural>>, en B. Dutton y V. Roncero la correspondencia entre el pensamiento y la realidad. Respec-
(eds.), Busquemos otros montes y otros ríos. Estudios de lite- to del primer punto, el autor no se considera original. Respecto
ratura española del Siglo de Oro en honor de Elías L. Rivers, del segundo, sí, pues el pensamiento sólo corresponderá con la
Castalia, Madrid, 1992, pp. 221 -233. realidad cuando, dada la limitación del conocimiento puramen-
Sencro, E., «Telesio e il suo tempo: considerazioni preliminari», te intelectual, acepte un método empírico. Aristóteles, objetivo
Bruniana & Campanelliana, XVI, 2010, pp. lll-124. de la crítica de Telesio, no habría cumplido ninguno de los dos
SoLunt, G., «Telesio contro Aristotele>>, Rinascimento, lll, 1952, requisitos.
pp. 143-151.
tll
2 BERNARDINO TELESIO LA NATuRAtszu snc(¡w sus pRopros pRrNcrprcs 3

trario, como si disputarafl con Dios en sabiduría, se contendrá nunca nada que sea contrario ni entre sí ni
han atrevido a investigar con la razón los principios con las cosas, pues es evidente que no he seguido otra
y las causas del mundo. Juzgando y pretendiendo ha- cosa sino los sentidos y la naturaleza,la cual siempre
ber descubierto algo que ellos mismos han inventado, cstá en el máximo grado de concordia consigo misma,
han representado el mundo a su antojo2. A los cuerpos rrotúa y opera siempre de la misma manera3.
de los que el mundo parece estar compuesto no les
han atribuido la magnitud, la dignidad y las fuerzas CapÍruro 2. Se puede considerar que los cuerpos
que poseen, sino las que su propia razon les dicta- ,qrandes de los que está compuesto el mundo entero
ba que debían tener. No es admisible que son el cielo, la Tierra, los mares y el aire, y que las
si pudieran prescribir a la naturaleza su modo -como
de ser c,strellas se mueven con el cieloa.
y pretendieran no sólo la sabiduría de Dios sino su El mundo entero, según puede parecer a quien lo
mismo poder- los hombres se complazcan y se va- rrbserva por primeravez, está compuesto del cielo, de
naglorien tanto como para atribuir a las cosas las fa- la Tierra y del mar y también del aire, el cual ocupa
cultades que han de extraerse de ellas mismas. todo el espacio que está entre el cielo, la Tierra y el
Yo, que no confio tanto en mí mismo y que estoy rnar. Aunque con ningún sentido se perciba ni el aire
dotado de una inteligencia más lenta y de un ánimo c¡ue está bajo el cielo, ni el mismo cielo, sino sólo las
más débil, amante y respetuoso de una sabiduria ab- cstrellas en é1 contenidas, sin embargo, se puede pen-
solutamente humana (la cual ciertamente debe consi- sar que, por 1o que se ha percibido por los sentidos,
derarse que llega a su grado más alto si ha examinado las estrellas están contenidas en un cue{po idéntico a
atentamente 1o que los sentidos le han mostrado y lo su propia sustancia y gue, del mismo modo, el espa-
que puede extraerse de la similitud de las cosas perci- cio bajo el cielo está relleno de un cuerpo parecido y
bidas a través de ellos), ffie he propuesto observar el fbmiliar al propio cielo.
mundo y sus partes individuales, así como las pasio- Se ve que la naturaleza muestra gran aversión ha-
nes, acciones y operaciones de las partes y de las cosas cia el vacío, más aún ni siquiera puede soportar el
en é1 contenidas. Rectamente examinadas, éstas vacío y 1o inane. Por esto, los entes disfrutan al to-
partes y las cosas- manifestarán su magnirud -las y su carse y al rodearse mutuamente y tienen gran odio y
forma, aquéllas acciones y operaciones-,
-pasiones,
su índole, sus fuerzas y su naturaleza. Si se juzgara 3 El proyecto intelectual telesiano se caracterizapor una humil-
que lo que digo no contiene nada divino, digno de ad- rlad orgullosa. Es humilde, pues es consciente de las limitaciones
miración o, ni siquiera, especialmente agudo, tampoco tlel conocimiento humano, que sólo alcanza la verdad cuando se
irrclina ante la naturaleza. A la vez, es orgulloso, pues mira con
lltanería un pasado filosóflco que, por pensar que carecía de ata-
2 La soberbia de un intelecto que no respeta los datos sen- tluras, no ha contribuido al progreso del conocimiento.
a Por estrellas, hay que entender en la obra de Telesio astros.
sibles lleva a que no se conozca la realidad, sino una ficción.
La creación en el conocimiento aparece como el gran error, una I)e este modo, los planetas quedarían incluidos dentro de la cate-
influencia perniciosa de la voluntad en el campo del pensar. goría de estrellas como estrellas errantes.
4 BERNARDINO TELESIo LA NATURALEZA SEGL]II SUS PROPIOS PRINCIPrcS 5
i
suma aversión a ser separados y alejados los unos de *
*
I
ruún, se debe establecer que el cuerpo que las contie-
los otros. Esto es manifiesto por lo siguiente: si algo
i
i ne mismo cielo- está constituido por la misma
es separado y alejado de otra cosa de tal manera que
j
-el que ellas, ya que las cosas que están próxi-
sustancia
el lugar que los separa no es ocupado ni por el aire ni nras son semejantes y aflnes y se favorecen las unas a
por ninguna otra cosa y la cosa que queda no es toca- las otras. Como se ha visto, el cielo, que gira con las
da por ninguna otra, ésta seguiría a aquella que se ha cstrellas y, sin duda, lleva a cabo la misma operación,
alejado, aunque su naturaleza sea inmóvil o incluso tlcbe tener la misma naturaleza que ellas. El cielo no
st goza con un movimiento contrario al que conviene calienta ni ilumina ni es completamente visible como
seguir. Por consiguiente [al moverse], ejercería una las estrellas, porque en é1, que es muy tenue, el calor y
violencia contra la propia naturaleza. Hasta tal punto laluz son sumamente lánguidos y débiles, de tal modo
los entes muestran aversión y horror de estar separa- que no achia sobre las cosas lejanas, sino tan sólo so-
dos y de que ninguno los toques. Por tanto, se puede bre las cercanas. Está claro que está dotado de una ex-
comprender que ni el aire que rodea la Tierra ni las trema tenuidad, dado que no impide o modifica
estrellas no son tocados por ninguna cosa, como si que sí hacen los vapores, incluso los fsnuss- en nada-lo
estuvieran puestos en el vacío, sino que tanto el aire la visión de las estrellas fijas en lo más alto. Las mis-
como las estrellas son tocados por algún cuerpo. rnas llamas muestran que, en 1o que es tenue, el calor
Además, el mismo movimiento de todas las estre- y laluz disminuyen o languidecen; en lo que es denso,
llas muestra manifiestamente que todas están incluidas por el contrario, las fuerzas se hacen más intensas y
en un mismo cuerpo; puesto que completan círculos numerosas. Cuando se encienden llamas en cosas den-
muy diferentes y que todas los completan en un mismo sas, adquieren mucha luminosidad y calor mientras que,
tiempo, se debe decir que todas están incluidas en un por el contrario, cuando se encienden en cosas tenues,
único cue{po, con el cual giran. Si cadauna se movie- Ianguidecen completamente y si las tocamos, incluso si
ra por sí misma, ya que son de la misma naturaleza, las acariciamos, ni siquiera nos calientan y, aunque son
todas completarían es razonable pensar- los visibles si las acercamos, ni iluminan ni resplandecen.
-comosobre el mismo centro. Más
mismos círculos y girarian Puede decirse que el cielo está dotado de la misma na-
Iuraleza y fuerzas que las estrellas, pero que en éstas,
que son más sólidas, las fuerzas son más abundantes
5 La aversión al vacío y la naturalidad del movimiento o del repo-
y, por esto, resultan más visibles. Por tanto, se puede
so dependiendo deltipo de sustancia son dos principios fundamenta- concluir que los grandes cuerpos de los que está com-
les de la cosmología de Telesio. En este caso, se muestra que la aver-
puesto todo el mundo son el cielo, la Tierra, el mar y
sión al vacío resulta más intensa que la naturalidad de movimiento o
reposo. Ono principio fundamental de la mecánica de Telesio es el cl aire6.
gusto de los entes por estar rodeados de sustancias similares
que deriva del impulso a la subsistencia-, el cual también -placer
es supe-
6 Puesto que Telesio presenta, de manera habitual en sus
rior a la naturalidad del movimiento o del reposo. Por este motivo,
el fuego, cuyo movimiento natural es circular, se mueve de manera obras, primero su postura y luego la de Aristóteles, se podría
rectilínea hacia su totalidad cuando eslá separado de ella. creer que siempre ofrece en primer lugar lo que estima como
t

LA IVATURALEZASEGÚNSUS PROPIOS PRINCIPrcS 7


6 BERNARDINO TELESIO
J
j

i
CapÍrulo 3. Los cuerpos grandes que componen el las estrellas y girar con ellas. Por tanto, el aire debe
I
mundo entero son exclusivamente el cielo y la Tierra.
I
I
considerarse de la misma naturaleza que el cielo.
Pero quien investiga diligentemente no podrá consi- t Además, el aire restante (que, como no gira con el
¡
I cielo, no se le puede considerar idéntico) y el mar están
derar que el mar y el aire son partes grandes del mun-
do7, sino que sólo 1o son el cielo y la Tierra. No se
muy lejos de poder ser considerados entre las grandes
partes que componen el mundo, puesto que se debe con-
puede coniiderar que el aire que está entre el cielo y I

ia Tierra sea de la misma nattttaleza ni que sea todo i siderar grandes a aquellas partes que no son superadas
desmesuradamente por las otras. Incluso si los ponemos
aire, sino [sólo] su parte superior. Quizá todo el aire i
juntos, tanto el cielo como la Tierra las superan amplia-
que está sobre las cimas de los montes hay qu9 asig- ;

mente. Puesto que, aunque el mar no sea menos extenso


nárselo al cielo, ese aire que está cerca y próximo al
;

cielo y que cuando se recoge un poco en sí mismo,


¡

i
y menos amplio que la Tierra, todo é1 es ciertamente
muy poco profundo, como muesfra su color azulado por
se hace luminoso y resplandeciente, como muestran i
las estrellas fugaces y los cometas, si se considera que doquier. El mar se ve más oscuro y negro allí donde
alcanza un poco más de profundidad. Incluso donde al-
éstos, como Aristóteles piensa, se forman en el aire8.
canza su mayor profundidad, su altura está muy lejos de
Pues si los cometas no se producen por el aire que se
poder ser comparada con la profundidad de la Tierra.
ha condensado, es necesario que se produzcan por una
Incluso en las mismas fosas marinas, esta profundidad
cosa que no diflere del aire en nafuraleza, sino tan sólo
por una pequeña diferencia en la densidad, pues no se no sobrepasa los doce estadios y si se considera su pro-
podría llevar allí una cosa contraria al aire. Ya que, por fundidad media es posible que no llegue a un solo esta-
tont.rrto unánime, el aire gira con el cielo, sin duda dio. En cambio, la profundidad de la Tierra, para aque-
realiza la misma operación y, como muestra el movi-
llos que la jtzgan muy escasa, alcarza los veintiocho
miento de los cometas, el aire gira con el cielo y las mil estadios; para otros, los supera por muchoe.
estrellas. Los cometas a veces parecen estar fijados a
También el aire que se encuentra entre los montes
ocupa un espacio bastante reducido. Los matemáti-
cos más prestigiosos consideran que la altitud de los
verdadero, para, en un segundo momento, criticar las posturas
montes más altos no excede los diez estadios. Incluso
insatisfactoiias, sean éstas de origen aristotélico o no. Sin em-
bargo, Telesio introduce aquí una teoría que intuitivamente po- si los superasen, el espacio que hay entre los montes,
dríiparecer cierta de los cuatro grandes cuerpos- la cual, comparado con la extensión de la Tierra, resulta to-
-la
postériormente, rechazarademodo radical, pues sólo existen dos talmente insignificante. Como ya se ha dicho, la mag-
cuerpos primeros: la Tierra y el cielo. nitud del mar y del aire, incluso si se toman conjunta-
'^Mundo en la obra de Telesio no designa a la Tierra, sino al
mente,, es supérada largamente por la de la Tierra en
universo.
8 Sobre la concepción aristotélica de los cometas y las estre-
llas fugaces como fénómenos sublunares, cfr. M. A. Granada en e El estadio es una unidad de longitud, cuya extensión puede
B. Telésio, Sobre los cometas y la Vía Láctea, Tecnos, Madrid,
variar dependiendo al tipo de estadio al que se refiera Telesio. La
2012, pp. XLII-XLIV. Sobre la evolución de la teoría telesiana
medida varía entre 157 y 209 metros.
acercade los cometas, ibidem, pp' LXXVIII-CI'
8 BERNARDINO TELESIO LA NATURALEZA SEGUN SUS PRqPIqS PRINCIPIqS 9

cuanto al espacio y a la masa,, pues, por cantidad de las cosas que se encuentran en las partes más profundas
materia o por el peso, carecen de proporción con la de la Tierra, muy alejadas de la naturaleza de la Tierra,
Tierra. Comparados con la Tierra, ni el mar ni el aire frecuentemente parecen coffomperse, generarse y mo-
pueden ser considerados partes grandes del mundo. dificarse, tanto por el cielo entero, especialmente por el
La Tierra, en cambio, aunque no parezcatener una Sol,, que es intensísimo, como por la misma Tierra. Sin
magnitud comparable a la del cielo, ha de ser con- duda, todas las cosas son creadas por el Sol y por la Tie-
siderada, sin embargo, [un cuerpo] grande. No sólo na y frecuentemente el Sol y la Tierra actuan sobre la
por la razón que se ha dicho de que supera a todas las nalxaleza de las cosas y la modifican. Si el aire no se
otras partes incluso cuando se han puesto juntas, sino condensara constantemente en aguas, granizo y nieves,
porque, si por el espacio y la masa no puede compa- crecería inmensamente, por el aire constantemente incre-
rarse con ninguna parte del cielo, no es así en cuanto mentado que el Sol extrae continuamente. Y si la Tie-
ala cantidad de matertay al peso. Si la Tierra se ex- ffa no produjera continuamente agua, finalmente todo
pandiera, haciéndose tenue en vez de densa, o bien el mar desaparecería no sólo por evaporación, sino que
si el cielo se contrajera, haciéndose denso, quizá la sería modificado y transformado en una gran cantidad de
Tierra no sería superada inmensamente por el cielo. seres. No pidas que se explique más largamente cómo
Por tanto, se puede considerar a la Tierra una parte todos los entes son consti¡ridos por el Sol a partir de la
grande del mundo, al estar dotada no de un gran espa- Tierra, puesto que si consideras la naturaleza,la forma y
cio, pero sí de una gran cantidad de materia. las operaciones de cada uno de ellos y de los otros entes,
verás que la Tierra es transformada por el Sol en todas las
CnpÍrur-o 4. Sólo el cielo y la Tierra son los cuer- cosas y que es casi transformada en su propia naftraleza.
pos principales del mundo. Como el Sol posee calor, blancura, ltz y capaci-
Se debe considerar que el cielo y la Tierra no sólo dad de moverse a sí mismo en el más alto grado y la
son las partes. grandes del mundo, sino también las Tierra, por el contrario, posee frialdad,, oscuridad e
primeras y principales. Superan a las demás no sólo incapacidad de moverse en sumo grado, el resto de
en tamaño, sino también en fuerzas, vigor, dignidad los entes no tiene otra cosa que no sea calor o.fiío,
y tiempo. En verdad, el cielo y la Tierra se muestran luz u oscuridad, capacidad o impotencia de mover-
siempre idénticos a sí mismos, y no son constituidos se a sí mismos. Las mismas naturalezas, facultades y
ni corrompidos,, ni siquiera mínimamente modifica- formas del Sol y de la Tierra constituyen el resto de
dos por las otras partes. A la Tierra sólo la modifica los entes, pero con una diferencia: todas ellas no se
el Sol, pero no toda ella, sino sólo su superficie ex- presentan completas ni en su integridad, sino debili-
terna. El cielo nunca es modificado por ninguna otra tadas, disminuidas por las contrarias, como si fuesen
cosa, sólo son modificadas por la Tierra alguna de sus intermedias. Todos los entes son o cálidos o fríos,
obras similares y parecidas a la naturaleza de aquéI. luminosos u oscuros, móviles o inmóviles. Quizá con
En cambio, el aire, el mar, todas las aguas, todas las la excepción de un solo ente: el fuego,, que se pue-
otras cosas que eslán entre el cielo y la Tierra y todas de considerar idéntico al Sol. Ningún otro es cálido,
I O BERNARDINO TELESIO LA I'¡ATURALEZA SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPIOS 1 1

luminoso, móvil como el Sol; tampoco hay ninguno El cielo y, sobre todo, el Sol, que es muy intenso,
que sea frío, oscuro e inmóvil como la Tierra. Como modifican la Tierra, y la transforman en cosas poco
se ha dicho, todas las cosas pueden ser consideradas diferentes de ellos: menos frías, menos densas, me-
tierra, que participa de la naturaleza del Sol o, más nos negras y oscuras, incluso menos inmóviles o,
bien, tierra a la que el Sol ha dotado de su naturaleza, al menos, más capaces de movimiento. También la
forma y fuerzas de modo reducido. transforman en cosas muy parecidas y afines, concre-
Por consiguiente, si se puede considerar partes pri- tamente en tenuísimos y blanquísimos vapores, que
meras y pnncipales del mundo a aquellas que superan a son también móviles y cálidos, y en fuego, que míni-
las demás en intensidad de fuerzas, dignidad y tiempo, mamente difiere del Sol y de las estrellas. La Tierra,
únicamente el cielo y la Tierra deben ser considerados por el contrario, si no modifica ni el cielo ni el Sol,
como tales. Estos dos no están en absoluto constituidos pues es mucho menor y por esto quizá está dotada
por ninguna otra cosa, ni son capaces en absoluto de su- de fiieruas mucho menores, modifica todas sus obras
ftir por otras cosas, pues se constituyen a sí mismos y se incluso aquellas que son muy parecidas al cielo y al
modifican únicamente por ellos mismos, mientras que Sol. De este modo, da su naturaleza a todas, recupe-
generan, modifican y cofrompen todas las demás cosas. rando continuamente aquellas partes suyas que ha-
El aire, el mar y todas las aguas son partes secundarias, bían ido adquiriendo la naturaleza del cielo, todas las
producidas (como todas las otras cosas) por el Sol a par- cuales le son restituidas. Si no hiciera esto, la Tierra
tir de la Tierra, y también constantemente corrompidas perecería, pues todo se transformaría en cielo y Sol.
y modificadas por ellos. También las Sagradas Escri- Se debe considerar que ambos, el cielo y la Tierra,
turas testimonian que la Tierra y el Sol son los únicos tienen la capacidad de actuar el uno sobre el otro,, es
cuerpos primeros, pues dicen que fueron creados y pro- decir, de transforrnar al otro en su propia nafi¡raleza.
ducidos por Dios óptimo y máximo en el principior0 . Ni la Tierra, ni el cielo, ni siquiera el mismo Sol, o
cualquier otro ente, por muy homógeneo, simple y
CnpÍrur-o 5. El cielo y la Tierra tienen la capa- único que parezea, es verdaderamente simple y úni-
cidad de actuar el uno sobre el otro. Todos los entes co, sino que todos están compuestos de una doble na-
están constituidos de una doble naturaleza: de una ttttaleza, una que permanece, la otra que desaparece.
que se genera y se corrompe y de otra que permane- No se puede jtzgar que el Sol o cualquier otro agente
ce. Esta da a los entes el cuerpo y la masa; la otra, la constituyan algo a partir del no ente, sino a partir de
naturaleza y la.forma. otro ente. Tampoco se puede considerar que las cosas
que se coffompen, se colTompen en el no ente. Más
bien, hay que decir que la generación y comrpción
to Génesis I, l: «En el principio creó Dios el cielo y la Tie- de cualquier ente no es una generación o colTupción de
ra». Aunque Telesio desea ofrecer una sabiduría completamente todo el ente, sino una modificación del ente. El ente
humana, no se resiste a respaldar sus posturas filosóficas, si bien que se genera no es generado y no nace por comple-
tan sólo en tres ocasiones a lo largo de todo el libro sobre la
Biblia. to sin nada que 1o precediera, sino que 1o precedente
12 BERAIARDINO TELESIO LA IVATLIRALEZA SEGÚA/SUS PROPIOS PRINCIPrcS 13

asume una nueva forma. E,l ente que se coffompe no lugares y de generarse en ellos a sí misma, constitu-
desaparece por completo, sino sólo su forma y natu- yendo así los entes. Pero no sólo hace esto, pues esta
raleza, en cambio, la masa y el cuerpo perrnanecen. naturaleza puede operar sobre los entes ya constitui-
Como ya se ha dicho, no se puede considerar que los dos. Al conservarse la misma masa y materia, ha-
entes son simples y que están constituidos de una biéndose expulsado la naturaleza que se encontra-
única naturaleza, sino de dos: una naturaleza que se ba, se introduce una nueva nafuraleza agente y, de
genera y se corrompe, que confiere a los entes la for- este modo, se produce una nueva operación, que es
ma, y otra naturaleza que perrnanece petpetuamente propia de la nattraleza que se ha tomado. E,s incor-
y qué dota a los entes de masa y cuerporr. pórea y no puede subsistir y existir si no inhiere en
un cuerpo. Los entes son transformados, haciéndose
CapÍrulo 6. La naturaleza que se añade y que se otros, sin que el elemento activo, que los transfor-
quita no es una )) simple, sino múltiple y tiene la ca- ma y los hace fluir, les añada nada corpóreo; sólo
pacidad de hacer y de operar, y es incorpóre,a. 1o preexistente queda dispuesto y afectado de una
Puesto que, por la naturaleza que se añade y que manera diferente. Dependiendo siempre de la forma
se quita, los entes son modificados y se hacen ver- de la naturaleza que se introduce, lo preexistente se
dadéramente diversos, no puede considerarse que hará más tenue y como más extendido o se hará más
esta naturaleza sea única y simple, sino múltiple y denso, concentrado y contraído.
diferenciada de diversas maneras, las cuales, toma- Se da también el caso del ente, el cual, aunque no
das particularmente, constituyen a los entes. Como se puede ver si su masa o su forma han sido modifi-
el cuerpo y la masa de los entes que se generan cadas, sin embargo, aparece dotado de una natura-
preexisten, sólo la naturaleza y la forma s€ gene- leza diversa, con fuerzas completamente diferentes,
ian y sólo perecen la forma y la naturaleza de aque- puesto que es incorpórea la naturaleza que se añade
llos que se corromPefl, pero permanecen el cuerpo y se quita, que modifica y hace diferentes a los en-
y la masa. Hay que considerar que cualquier cosa tes, los cuales asumen fuerzas diferentes y diversas
qrr. seu hecha y sea generada, se genera y se hace naturalezas. Ningún ente sería verdaderamente único
a partir de una cosa similar. Se debe considerar que y todo único,, dotado de las mismas fuerzas, a no ser
la naturaleza que se añade y que se quita tiene la que la naturaleza que se tomara fuese incorpórea. Si
capacidad de suprimir y de echar a las otras de sus fuese corpórea, ella misma apenas p_enetraría en la
masa nl se mezclaria con ella para llegar a ser una
rr única y similar cosa con ella. Sin embargo, se ve que
Aunque uno de los elementos constitutivos del pensamiento
de Telesio es el antiaristotelismo, existen diversas teorías ocuffe todo lo contrario: resulta un ente todo similar e
que ha sido resaltado unáni¡remente por [a bibliografi¿- s¡ l¿5
-lo idéntico sin que ninguna de sus partes pueda ser con-
que la deuda con la tradición aristotélica resulta innegable. Por siderada exclusivamente o la naturaleza que recibe o
ejemplo, en esta teoría de las dos naturalezas que se añade y
-laclara continuidad la que se añade, pues es ambas al mismo tiempo. Por
qr. t. quita, y la que permanece-, existe una 1o tanto, las naturalezas que se añaden y se quitan pa-
ion 1a téoría de Aristóteles de la forma y materia.
l4 BERNARDTNo TELESIo LA NATL]RALEzu SEGUN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 15

recen ser incorpóreas y dotadas de las capactdades de agentes que inhieren en ella y en la cual se conser-
actuar sobre sí mismas, de suprimir y echar a las otras van, puesto que, al ser incorpóreas, como se ha di-
de sus lugares, de generarse a sí mismas en ellos, de cho, estas natural ezas agentes no pueden en modo
modificar y constituir a los entes y de operar sobre los alguno existir y subsistir por sí mismas. E,sto puede
ya constituidos. ser comprendido de la siguiente manera: en aque-
llas cosas que la naturaleza hace, cuya sustancia e
CepÍrulo l. La naturaleza que permanece es índole aquí estudiamos, no se ve ninguna acción
toda una, y libre de toda acción y operación, recibe y ni ninguna operación que proceda de una sustancia
conserva las naturalezas agentes y operantes. incorpórea que no esté fijada en algún cuerpo. Por
La naturaleza que peffnanece parece ser por com- consiguiente, la naturaleza que permanece parece
pleto una e idéntica, no rechaza ni odia ninguna ser un todo único, carece de toda acción y opera-
naturaleza agente, sino que es igualmente común y ción, mientras que recibe y conserva las naturalezas
propia paru todas, y acepta unirse con todas y con agentes y operantes.
todas conviene, las recibe a todas y a todas conserva,
Capirulo 8. Las naturalezas agentes pelean en-
.

convirtiéndose en sede y domicilio de todas ellas. A i


partir de la naturaleza que peffnanece, que es única e §
tre sí a causa de que cada una de ellas quiere ocupar
toda la materia y varias naturalezas no pueden inhe-
F
idéntica, se constituyen los entes más diversos, pues ;i

queda afectada e informada de todas aquellas diver- i rir simultáneamente en la misma materia.
sísimas naturalezas. t Por lo tanto, las naturalezas agentes no se com-
Si del mismo modo que [ocurre] con las natura- baten entre sí perpetuamente por azar y sin motivo,
lezas agentes fuera necesaria también una materia sino que todas desean sumamente existir y conser-
diversa para la constitución de los diversos entes, a * var la existencia, así como extenderse y generarse
partir de un ente cualquiera no se constituiría otro á
sobre todos los sustratosr2. Todas son aptas para
ente cualquiera, sino sólo aquel que estuviera cons- ,i
estar en todos los sustratos, pero varias no pueden
{
tituido de la misma materia. La naturaleza que re- L
?
estar en un único sustrato. Además, cualquier sus-
cibe no aparece provista de ninguna capacidad de ¡
I
trato, dispuesto de cualquier modo, no conviene a
actuar o de operar, sino que es completamente inerte
*
toda naturaleza, sino que más que a los
e inactiva, como si estuviera muerta. Por eso, nin-
t
animales el lugar donde -mucho
viven- le conviene que le

guna operación o acción parece emanar de ningún
ente que no sea propia de la naturaleza que se añade { t2 Lanaturalezaagente se caracteriza en Telesio por un deseo
f
o se quita. Cuando en la misma materia entra otra :i' constante e irrefrenable de actuar. Más adelante, se la llega a
natutaleza, se produce otra acción y otra operación,
6 describir con un léxico militar. E,ste principio fundamental de la
¡i
ontología telesiana estará detrás de que se rechace cualquier teo-
puesto que se ha asumido otra naturaleza a la que i
¡ ría a juicio de Telesio, la de la potencia o la del carácter
pertenece la acción y la operación. La materia presta §

f
-como,
omniconstitutivo de los cuatro elementos- que parezca mitigar
solamente la masa y el domicilio a las naturalezas la efectividad de la naturaleza agente.
l6 BERNARDTNo TELESII LA NATURALEzu SEGÚN SI]S PROPIOS PRINCIPrcS 17

sea propia y apta. Como se ha dicho, la nafuraleza todas las demás están constituidas por ella sola, una
que penetra en la materia se convierte en una única solo actuaria y de una única naturaleza provendrían
cosa y por completo idéntica con ella. Y si la natura- todos los efectos; todas las demás parecerían ser ca-
leza puede estar en cualquier sustrato, no puede sin paces únicamente de sufrir y ser obra de esta única
embargo operar, puesto que conviene que el sustrato natutaleza agente.
sea más apto y proporcionado a la operación de 1o Pero no se puede atribuir ni a la tenuidad, ni a la
que lo son los instrumentos al artista. Como la natu- blancura,, ni a laluz, ni siquiera ala movilidad
raleza inhiere mucho más en el sustrato, con el cual cuales vemos inherir en el Cielo y en el Sol -las
y pa-
se hace uno y actua como uno, la operación no pue- recen generarse y corromperse en los entes que se
de ser considerada más de la nafixaleza que opera generan y se corrompen- la capacidad de actuar.
que de la naturaleza que contiene. Parece, pues, que Ninguna de estas parece expulsar a la contraria de
toda nafixaleza que se añade hace esto: hacer apta su sustrato y generarse en é1. Puedes aproximar
para su propia índole y para su propia operación la cuanto quieras cosas tenues a cosas sólidas y den-
materia en la que penetra y en la cual se infunde, sas, nunca éstas se harán tenues o aquéllas sólidas
no pudiendo y no queriendo estar ni operar en una o densas. Las unas y las otras actúan sólo sobre las
materia extraña. La pugna y la disputa de las natu- i{ opuestas allí donde están mezcladas y se modifi-
ralezas agentes es, pues, por el sustrato y cuando la ¡
can mutuamente, pero no se puede pensar que la
una vence, expulsa y aniqulla a la otra. transformación hecha de esta manera es realizada
por la fuerza de la nattraleza agente, pues la trans-
CapÍrur-o 9. Tenuidad y densidad, luz y tinieblas, formación se puede llevar a cabo cuando el agente
movimiento e inmovilidad no tienen capacidad de ac- está íntegro y no ha sufrido lo más mínimo y parece
tuar los unos sobre los otros. hacerse cuando el agente es intenso. Si la tenuidad
Puesto que se ve que el Sol y la Tierra actúan no y la densidad tuvieran la facultad de actuar, para
a través de la masa y del cuerpo, sino a través de que el agua se condensase y la tierra se atenuara,
aquellas naturalezas que se generan y se corrompen!, no tendrían que mezclarse, sino que sería suficiente
hay que examinar todas las naturalezas presentes en que la acción de una extirpase la otra del sustrato
el Sol y en la Tierra y que en los otros entes parecen y ahí se constituyese. Puesto que el aire, que es su-
generarse y corromperse. Si ciertamente se viera que mamente tenue, cuando se lo acerca a cosas muy
todas actuan sobre las naturalezas contrarias y a su sólidas y se 1o mezcla con ellas, no las hace jamás,
vez son afectadas por ellas decir, que se con- en 1o más mínimo, tenues, ni él mismo adquiere de
-es una de ellas se es-
vierten en las contrarias y cada ellas ninguna densidad. Además, dado que la te-
tablece en las sedes de las nattralezas contrarias-, nuidad y la densidad no actúan sobre sí mismas, ni
habría que considerar que todas las naturalezas es- se constituyen a sí mismas, debe considerarse que
tán dotadas por igual de la capacidad de actuar y de ellas mismas están lejos del actuar sobre otras cosas
padecer. Pero si se viera que solamente una actúa y y del constituir a otras.
aF.

18 BERNARDINo TELESII r.A NATUvALEzu sncúu sus pRoplos pNNCIPtos 19

Si la blancura sigue a la tenuidad, no se debe pen- produce a sí misma y hace todas las cosas que parece
sar que sea su obra, sino que es obra de aquello de 1o hacer. Además, si la luz integray poderosa no parece
que la tenuidad también es obra. Tampoco se debe tener la capacidad de actuar sobre las tinieblas, ni de
considerar que, como a las cosas sumamente tenues generarse en sus lugares, se debe considerar que está
les es natural el movimiento, el movimiento proviene lejísimos de esta capacidad la blancura, la cual es una
de la tenuidad, sino que la tenuidad es obra de aque- luminosidad disminuida y lánguida. Como la luz no
lla naturaleza de la que es propio el movimiento y puede entenderse ni ser otra cosa sino blancura viva,
que hace el sustrato parecido a sí misma, como se vigente y visible por sí misma, la blancura debe con-
mostrará en su lugar más detalladamente. Ciertamen- siderarse luz disminuida, lánguida y no visible por
te parece que la luz actia sobre las tinieblas y la os- sí misma. Por mucho que acerquemos cosas blancas
curidad. Gracias alaluz, el aire y oscuro a negras, no parece que éstas coloreen a aquéllas, ni
por sí mismo- se hace visible y-invisible
luminoso, es decir, que aquéllas actúen y modifiquen a éstas, sino que
que la luz se difunde por el aire y se hace visible en parece que ambas adquieren un color intermedio allí
é1. Las cosas que son oscuras y negras, cuando se les donde se han mezclado, ciertamente no porque la una
aceraaluz,la rechazan y la impiden, porque haya sido despojada por la otra de la propia naturale-
también se ha dicho en su lugar- la fiierza, la-como
acción za, sino porque, al estar mezcladas, se ven juntas. Si
y la naturaleza de la luz es que ilumine y atraviese to- la una se pudiera separar de la otra, se vería que no
das las cosas tenues instantáneamente, mientras que se han modiflcado ni se han visto afectadas en nada y
su avance es detenido y rechazado por cualquier cosa que han conservado la propia naturaleza.
sólida. Pero no se ve nunca 1o que es propio de las Tampoco el movimiento expulsa a la inmovilidad
naturalezas agentes, que las tinieblas y la oscuridad de su sustrato para constifuirse en é1, ni la inmovili-
desalojen alaluz de su propio sustrato y que ellas se dad al movimiento. Los entes móviles no otorgan a
constituyan en é1, ni que la luz expulse a la oscuridad los inmóviles la facultad de moverse a sí mismos:,
y las tinieblas de las cosas sólidas, esto es, de sus ni los inmóviles se la quitan, haciéndolos inmóviles
propias sedes para ocuparlas ella misma. Además, en yez de móviles. Por consiguiente, el cielo, máxi-
cuando parece que hace esto, no 1o hace ella ni su mamente móvil y que gira con movimiento perpetuo
acción propia. y perenne alrededor de la Tierra, no la hace nunca en
Cuando la luz del Sol es intensísima y está unida absoluto móvil,, aunque haya sido capaz de transfor-
a poco calor o cuando es muy débil pero esta unida a marla en cosas muy alejadas de su propia naturaleza.
un gran calor decir, cuando no está presente en Tampoco la Tierra parece haber despojado, al mismo
una grandísima -es
cantidad y no resplandece mucho- cielo o al aire que gira con é1y que no está muy alejado
no se constituye a sí misma, sino que 1o hace donde de la Tierra, de su facultad de moverse.
hay una fuerza casi ígnea, aunque sea mínima y re-
Iuzca lánguidamente, puesto que no en tanto que lu- CapÍruro 10. El calor y el frío actúan mutua-
minosa, sino en tanto que cálidalab¡z se genera y se mente el uno sobre el otro y ambos producen y son
T'

20 BERNARDTNI rELESro LA NATURAmzu sscú¡tt sus pRoptos qRINCIPTS 2l

el origen de la tenuidad y la densidad, de la luz y las t'ulor. El calor sólo une y hace más densas aquellas
tinieblas, del movimiento y la inmovilidad. r'osas que, al no ser completamente homogéneas, el
Pero no sólo se observa que el calor y el frío actuan t'ulor no las modifica y atenúa de modo simultáneo y
el uno sobre el otro y mufuamente se expulsan y se eli- lromogéneo,, sino que muta y atenúa únicamente las
minan, ocupando el uno los lugares del otro, sino que partes más tenues, a las cuales no sólo convierte en
ellos mismos producen y son origen de la tenuidad, la vapores y humo, sino que las hace desaparecer por
blancura, lalt:z y el movimiento, así como de la densi- completo. Lo que queda lo que se ha extraído las
dad, la negrura, la oscuridad y la inmovilidad, aunque, -a
¡rirrtes más tenues, al ser la mezcla poco intensa- se
por supuesto, no todas provienen del frío y del calor, lrace necesariamente más duro y denso, así que no
sino que éstas provienen del f.ío y aquéllas del calor. lray que considerar obra del calor aquello que el ca-
Es necesario, en efecto, que acciones, formas y ope- Ior no pudo superar y transformaÍ, sino aquello que
raciones contrarias se produzcan por naturalezas con- Iogró efectuar y constituir, esto es la tenuidad que ha
trarias; así la tenuidad parece ser claramente producida liberado y no la densidad que perrnanece, la cual fi-
por el calor, seguir al calor y ser propiedad del calor. En nalmente, sometida a un calor más duradero y más
cualquier lugar donde haya calor que actue y transfor- ;
{ robusto, se disolverá en suma tenuidad.
me, habrá del mismo modo suma tenuidad si el calor es Del mismo modo, lahu, sin ninguna duda, es pro-
muy intenso, como ciertamente ocurre con el humo y
¡riedad del calor, 1o sigue de modo maniflesto y es
los vapores, y la habráen menor grado donde hay blan- tl producida por el calor, pero. aquella luz cuantiosa,
dura, cuando el calor no es intenso ni constante. Las f
$
pura y vigorosa no es producida por cualquier calor,
T
cosas muy densas y duras, como las piedras, el hierro y II sino por uno muy cuantioso que se encuentra en las
:
la misma tienaterminan por fundirse en aguapor la ac- t cosas tenues. La luz, cuando es verdadera y grande,
r
ción del calor intensísimo y, por último, se convierten sólo se observa en el fuego y en las cosas ígneas,
en vapores y en humo. Por el contrario, todas las cosas on cosas que son sumamente cálidas y muy tenues.
que ocupa el frío parece que se hacen más densas o, i
,i Todas aquellas cosas que adquieran esta luz, con
por lo menos, que se hielan y se hacen más compactas, i{
f
Í
independencia del modo y razón con que la hayan
y que se hacen más duras y densas. Los vapores más 1
adquirido, resplandecen y brillan. Y el humo brilla
tenues se contraen en aguas y nieves; el agua, incluso :,1. y resplandece no sólo cuando se lo aproxima a las lla-
;
la del maf , se hace hielo, cristal y, al final, tierra, si ha- * rnas, sino también a cosas con sulfuro, pues éste aña-
I
ce un ftío intensísimo, el cual en absoluto puede darse * de al humo el calor que le falta para ser llama. Por el
en las partes superiores de la Tierra, a las cuales siem- {
¿
t contrario, que el frío se enfrenta y es profundamente
pre calienta todo el cielo y las estrellas contenidas en §
n
t contrario a la naturaleza de la luz lo declaran las mis-
{I
éste. ,§ mas llamas ya que vemos que todas, si se envían a lo
I
No se debe considerar que, porque algunas cosas i rnás profundo de la Tierra y a los fríos más intensos,
se hagan más densas y duras por el calor, la densidad
§

se extinguen. Se extinguen porque el frío superior ex-


sea obra de ambos o que la tenuidad no sea propia del tingue y aniquila el calor, al cual laluz sigue.
22 BERNARDTNI rELESro LA NATURALEzu SEGÚN SUS PROPIOS PRINCTPrcS 23

Por estas cosas, se debe considerar que el calor CnpÍruro 1114. El calor precede al movimiento
constituye la blancura, pues ésta, que es wa luz lán- t'n naturaleza, dignidad y tiempo. El movimiento es
guida y disminuida, no puede ser constituida por otra Irt op€ración del calor. Por qué el movimiento pro-
materia diferente de la que constituye lalruz íntegra y ,lttce calor.
vigorosa. La blancura es una propiedad principal de la Creo que si examina qué es el calor, qué el mo-
tenuidad, sigue siempre a la tenuidad y de ella proce- virniento y cuál es la generación de uno y de otro,
de, como se ha demostrado en La generación de los ,¡uedará claro si el calor precede al movimiento o el
colorest3. Del mismo modo la blancura es obra del ca- nrovimiento al calor en naturaleza, dignidad y tiem-
1or, como lo es la tenuidad. Por último, todas las cosas ¡ro. Ciertamente, el calor puede parecer la sustancia
móviles e inmóviles declaran que el mismo movimien- tlc las cosas en las que se encuentra que sin nin-
to es de modo absoluto una propiedad del calor y obra runa duda es una sustancia quedará-yexplicado más
de éste, y que la inmovilidad, por el contrario, es una lx)rrnenorizadamente en su debido lugar-; tanto el
propiedad del frío y obra suya. Las cosas inmóviles c¿rlor que está en las cosas eternas perrnaneciendo
parecen ser todas frías y estar constituidas por el frío: ¡rcrpetuamente idéntico como el que está en las co-
como ocuffe con la tierra y todas las cosas que están :ias no eternas y dura tanto cuanto la cosa en la que
hechas de ella. Por el contrario, todas las cosas cálidas cstá, pues si se puede considerar que el calor no pue-
y que están constituidas por el calor el cielo, rle existir ni subsistir por sí mismo, sin embargo, se
el fuego y los animales, y de éstos -comolos que son más convierte una sola cosa con el sustrato en el que está,
cálidos- son más proclives al movimiento. Así, ni la 1
rle tal modo que se puede considerar que son una úni-
tenuidad actia sobre la densidad, ni la blancuray laluz {
i ca cosa.
sobre la negruray la oscuridad, ni el movimiento sobre El movimiento, en cambio, en ningún momento
la inmovilidad, ni viceversa. Como todos proceden del perrnanece idéntico. Aquel que parece perrnanecer
calor y del frío, habrá que atribuir solamente al frío y al cterno, perenne y único mientras se realiza, perece y
calor la capacidad de actuar y de operar, a menos que I ¡lerecerá por completo, a menos que un nuevo movl-
el movimiento produzca calor y 1o que es propiedad rniento suceda constantemente al que se ha acabado.
del calor casi en la misma cantidad que parece hacerlo
*
Y como el movimiento es manifiestamente distinto
el mismo calor. Por tanto 1o que hay que estudiar ahora t
de la cosa de la que es propiedad y por la que es pro-
¡
§
es si el movimiento no es producido por el calor, sino ducido y de la que, además, puede ser separado por
el calor por el movimiento, o si se constituyen igual iI la imaginación, por ello, no puede ser considerado
ü
¡
y mutuamente y si ambos son de la misma condición y sustancia de la cosa ni sustancia en absoluto, sino una
I
dignidad. t
I
tll ra L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit.,
13 B. Telesio, De colorum generationn enid,., Varii rJe natu- p. 157, ha recordado que en este capítulo se produce un gran
I
ralibus rebus libelli, edición de Luigi de Franco, La Nuova Italia cambio respecto de la edición de 1565, donde Telesio habría de-
Editrice, Florencia, 1981, pp. 315-328. fbndido «la total identidad de movimiento y calon>.
-

24 BERNARDTNo rELESro LA NATURALEzu SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 25

cierta operación, propia además del calor, puesto que zl. Por eso, cuando el fuego resulta agitado y puesto
se ve que perpetuamente sigue al calor, sólo está don- t'rr movirrliento, se ve que se enciende y vivifica. En
de hay calor y sólo el calor 1o produce. r'urnbio, cuando se ve privado del movimiento, pare-
Por tanto, se debe considerar que el calor precede al ('c que se extingue y se coffompe. Por tanto, se debe
movimiento en naturaleza, dignidad y tiempo como la t'onsiderar que el movimiento proviene de la propia
sustancia precede ala operación, aunque si se produce sustancia y la naturaleza del calor y que no puede ser
aquélla, se producirá inmediatamente ésta, si bien se ¡rroducido por ninguna otra sustancia. La operación
debe considerar que, al proceder y emanar de la sus- (lue parece propia del calor y del cielo y por la cual
tancia,la operación sigue a la sustancia temporalmen- cl calor y el cielo, eue ha sido constituido por el ca-
te. Es manifiesto que el calor precede al movimiento Ior, son conservados y la cual el cielo parece producir
en el tiempo. Incluso aquellas cosas que finalmente se rncesante y perpetuamente, proviene no de su propia
hacen móviles, porque han sido agitadas y movidas sustancia e índole, sino que proviene de otra natura-
por una fuerza externa durante bastante tiempo,, son lcza o puede provenir de alguna otra.
antes calientes y luego se hacen móviles por sí mismas Por tanto, el movimiento produce calor, pues, como
a la manera concreta del fuego, y parecen dotadas de proviene de la sustancia y de la índole del calor y no
la facultad de moverse. No es necesario que aquellas puede provenir de otra naturaleza, es necesario que
cosas que arden por el calor hayan recibido el movi- haya allí calor. E,s necesario que, al ente que agitas y
miento anteriormente para hacerse fuego, sino que se obligas a moverse, le des la capacidad del movimien-
ve que sólo el calor, sin ningún movimiento, es capaz lo, es decir, la naturaleza e índole de los entes móvi-
de hacerlas ígneas y cálidas, de suerte que (como se les. La Tierra no realiza operaciones que provengan
ha dicho), si tras la generación de un fuego éste inme- de la sustancia y la naturaleza del cielo y fuego, sino
diatamente se mueve, se puede observar que el calor que,, transformada en cielo y fuego, es necesario que
precede al fuego temporalmente. ¿rsuma las fuerzas y la naturaleza de aquello cuyas
Sin embargo, se debe buscar la causa por la que el operaciones realiza.
movimiento genera calor. Todavía no se ha explicado
suflcientemente la similitud y la afinidad que tienen CapÍrulo 12. El calor produce tenuidad, la cual
el calor y el movimiento entre sí, por la que no pue- es apta al movimiento con el que se deleita. El.frío,
den ser separados ni divididos, sino que se siguen y ¡tor el contrario, produce densidad, que es apta a la
se hacen el uno al otro. Allí donde hay calor me inmovilidad por la cual es conservado. Por qué moti-
refiero al calor sumo y perfecto-, en ese mismo -y lu- vo se odian el calor y el frío y de qué modo la tenui-
gar se ve que hay movimiento, que es de modo abso- dad, la luz y el movimiento son propiedades del calor,
luto la operación propia del calor, con la que el calor mientras las opuestas lo son delfrío.
se deleita y conserva. Cuando expira la operación, se Se ve, pues, que el calor introduce tenuidad y que
ve que el movimiento se extingue de manera tanrápi- el frío hiela, une y condensa. El calor, al que place el
da como si se le hubiera quitado su propia naturale- rnovimiento, se procura un sustrato que pueda elevar
t

26 BERNARDINo TELESIO LA NATURALEZA SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 27

y transporfar haciéndolo tenue y ligero, dado que la sas están compuestas. De entre las cosas que están en
abundancia de materia impide y limita el movimien- el cielo, sólo el calor parece acttar; de entre las de la
to. Por esto, las llamas que se encienden, contra su Tierra, sólo el frío. Por otra parte, el resto de las afec-
propia naitraleza, en cosas densas van hacia abajo y ciones y condiciones de uno y de otra no hacen nada,
yacen inmóviles; sólo la parte de las llamas que ha sino que son producidas todas por el calor y son abso-
sido hecha ligera va hacia arriba. E,s decir, aquello lutamente obra del calor. En el cielo no parece existir
que va hacia arriba y se mueve es el calor, que se ha nada en absoluto ni operar o actuar nada, a no ser las
dado una sede ligera. Por el contrario, el frío hace propiedades del calor y lo que el calor hace y opera.
densas las cosas que ocupa, puesto que, al deleitarse Tampoco parece existir nada en la Tierra ni nada ha-
con la inmovilidad, constituye para sí un sustrato lo cerse u operarse, a no ser las propiedades del frío y 1o
más incapaz posible de movimiento. que el frío hace y opera, por 1o que debe parecer que
Por tanto,, el calor y el frío parecen odiarse, enfren- el cielo está constituido por el calor y la Tierra por el
tarse, tratan de eliminarse el uno al otro, pues ambos frío. Ni en el cielo ni en la Tierra hay otra na1nxaleza
desean completamente la misma materia y un sustrato que opere o actúe, la cual existiría en vano, inerte e
idéntico, aunque con una disposición absolutamente inactiva, no haciendo ni operando nada.
diversa. El sustrato denso, que es sumamente apto y Si fuera necesario explicar más ampliamente que
apropiado a la naturalezay a la operación del frío (si la el cielo está constituido por el calor, podría hacer-
inmovilidad es considerada como una operación y no se mostrando que todas las cosas que un gran calor
como la ausencia de una operación), es absolutamente parece producir entre nosotros resultan similares al
inhábil y completamente inapropiado a la operación cielo contraído y condensado, es decir, fuego y lla-
de calor, con la que el calor se conserva y deleita. Por mas, las cuales, cuando son puras, producidas por un
esto, el calor no puede producir su operación en este calor máximo, son todas sumamente tenues, blancas,
sustrato. Si bien la tenuidad,laluzy el movimiento son luminosas, como se dan en el mismo So1 y en el res-
propiedades del calor y la densidad, la oscuridad y la to de las estrellas. Puesto que el cielo se diferencia
inmovilidad del frío, no son todas esas propiedades del máximamente de la Tierra no tanto por el lugar, como
uno y del otro del mismo modo, sino que la tenuidad por la fuerza con que actúa y opera, debe considerar-
es la disposición propia de la sede del calor, la luz es se que está compuesto de una naturaleza totalmente
la forma propia del calor perfecto y el movimiento, la contraria a la de la Tierra.
operación del calor. Las características opuestas se re- El resto de los entes han sido extraídos y produ-
lacionan todas con el frío de forma análoga. cidos a partir de la Tierra por la acción del cielo y
principalmente, como se ha dicho, del Sol. Los entes
CapÍruro 13. Los principios agentes de todas las rro tienen nada que no resida o no provenga de uno
cosas son elfrío y el calor. de los dos, sino que son todos similares al cielo o a la
El cielo y la Tierra parecen ser las únicas partes Tierra, o bien tales que pueden considerarse interme-
principales del mundo, de las que todas las demás co- dios, pues están constituidos por uno de ellos, pero no
28 BERNARDINo TELESIo LA NATURALEzu SEGUN SUS PRoPIoS PRINCIPrcS 29

totalmente sobresaliente ni íntegro, sino disminuido no pueden ser destruidas instantánea y completa-
por el otro y afectado por é1. Como se ha visto que rnente, sino que han de ser disminuidas poco a poco,
los entes actúan sólo por el calor y el frío, y no por convirtiéndose en las contrarias y, al hacerse las fuer-
otra naturaleza, y que son afectados y transformados zas diferentes, se constituyen entes diversos. puesto
únicamente por el calor y el frío, se debe considerar que, como es evidente, las fuerzas del calor y del frío,
que todos están constituidos por el calor y el frío. No cuando éstos son intensísimos e íntegros, no se gene-
se puede considerar que, en ningún ente, actúe o se ran ni desaparecen completa y simultáneamenie, ni
encuentre otra naturaleza agente diferente de aquella las mismas naturalezas son íntegramente constituidas
por la que está constituido y ha sido producido. Y se ni completamente eliminadas, sino que, al contrario,
ve que tampoco es afectado por otra naturaleza, sino se generan y disminuyen paulatinamente, las natura-
por la contraria u otra semejante, provista de fuerzas lezas, aun existiendo cada una de ellas como única,
diferentes. Toda nattraleza agente,, sin olvidar jamás ¡rueden atravesar de hecho los atraviesan- esta-
su propia naturaleza, no cesa nunca de actuar, sino rlos muy diversos -yy, mientras se generan, son comba-
que combate y expulsa incluso a las naturalezas si- tidas por la contraria y llevadas a la destrucción.
milares y afines para extenderse en su sustrato, apete- Los calores, individualmente contrarios y diversos
ciendo máximamente y esforzándose sumamente por cntre sí mismos, constituyen sus propios entes y no
conservarse en su ser y difundirse y producirse en sólo desean y se esfuerzan por conservarse en ellos,
todos los sustratos. Así pues, los principios agentes cualesquiera que sean, sino por difundirse, extender-
de las cosas son, como se ha dicho, el calor y el frío. se y.ocupar todos los sustratos. Puesto que el cielo y
lrr Tierra propias de naturalezas tan diferen-
CnpÍrur-o 14. Las dos naturalezas agentes cons-
-sedes
tcs, que han introducido en el cielo y la Tierra esas
tituyen una enorme cantidad de entes. Como sus tlisposiciones y afecciones- no están separados por
rrn punto, que si se atravesara, resultaría que las unas
fuerzas son muy poderosas, cuando éstas se hacen
diversas, sus naturalezas también. Como sus propios sc transformarían en las otras y la Tiena se transfor-
sustratos difieren muchísimo entre sí, antes de que rnaría en cielo, sino que esas disposiciones y afec-
e iones deben atravesar un espacio tan grandé como
uno se transforme en otro, ha de pasar por todos /os
intermedios. cl que separa el cielo de la Tierra para que las unas
Además, el cielo,, al actuar sobre la Tierra y has- sc transforrnen en las otras. El progreso de cualquier
ta transformarla en su propia natutaleza, constituye n¿rturaleza agente no se produce por saltos, sino que
muchísimos y muy diversos entes a 1o largo de este t'onsiste en un cierto flujo: no completa el espació o
proceso, pues las naturalezas del cielo y de la Tierra r'l intervalo que existe entre la cosa que desapárece y
no poseen fuerzas como indivisibles, las cuales se de- ;rr¡uella que se genera dando un salto, sin tocar las co-
terioren, decaigan y perezcan a poco que se las altere, ';ls intermedias, sino que fluye a través de todas ellas.
transformándose en las contrarias. Al contrario, sus '\quello que ella transforma, antes de transformarlo
fuerzas son amplísimas y poderosísimas, las cuales t'rr lo cosa en que está decretado, 1o transforma en to-
30 BERNARDINo TELESIo LA NATURALEZA SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 31

das las cosas intermedias allí donde se encuentranls. Puesto que el Sol le quita la propia sustancia a la
Antes de convertir lamáxima densidad y duteza en la 'fierra paulatina y progresivamente, otorgándole su
suma tenuidad y blandura,la transforma en todas las naturaleza, disposición y forma propias, debe consi-
tenuidades y blanduras intermedias. La suma negrura derarse que aquellas cosas que están menos distantes
y oscuridad,, antes de cambiar alamáxima luzy blan- y alejadas de ella están constituidas por ella y que
culra, debe pasar por el color purpúreo , azüL, rojrzo y después ellas se convierten en las cosas que están
por el resto de colores, si el calor es uniforme y actúa más cercanas y próximas al cielo y al So1. No se debe
sobre un objeto homogéneo. 1uzgar, por tanto, como opinaron los antiguos, que la
Aunque el Sol supera con mucho a la Tierra, en Tierra se transforrna en primer lugar en vapores, de
modo alguno la convierte, inmediatamente y con una los cuales los que consiguen escaparse constituyen el
única acción, en su propia sustancia, transformando la aire sublunar, mientras los que permanecen retenidos
Tierra es sumamente fría, densa, negra, oscura en las concavidades de la Tierra, congelados por su
-que
e inmóvil- en cielo y Sol, los cuales son máxima- fiío, se condensan en piedra.
mente cálidos, tenues, blancos, luminosos y móviles. Se debe jttzgar, por el contrario, eue, al ser privada
Antes bien, el Sol arrebata a la Tierra paulatinamente poco a poco de la propia naturaleza y de las propias
sus propiedades y paulatinamente introduce las su- disposiciones, se ve dotada de aquellas capacidades
yas. Por tanto, antes de que la Tierra adquiera la na' y formas que son intermedias entre la naturaleza y
turaleza del Sol y del cielo, es necesario que asuma la forma del cielo y de la Tierra, transformándose a
muchas naturalezas y formas y que se transforrne en lo largo de este proceso en muchas cosas hasta que,
los entes más diversos. finalmente, la Tierra se convierte en el mismo aire.
Pues, al ser la Tierra sumamente fría y densa, pafa
CapÍrur-o 15. La Tierra es transformada por el hacerse absolutamente cálida y tenue, es absoluta-
Sol, primero en aquellas cosas más parecidas a su mente necesario que antes se huga templada y blan-
propia naturaleza, después en aquellas cosas más da. Tampoco los vapores se condensan en metales,
distintas y fro, como los antiguos han sostenido, si antes no se han convertido en cosas intermedias,
primero en vapores, los cuales después se habrían a saber, fluidos. Aunque la misma Tierra no puede
trans.formado en aguas, en metales y ptedras. transformarse en metales, sino que éstos se produ-
cen siempre a partir de fluidos, no es necesario, en
15 El principio de la continuidad en el cambio lo más cambio, que la Tierra se transforme primero en va-
-de
tenue a lo más denso, de lo más cálido a lo más frío y vicever- pores que posteriormente se condensarán en fluidos,
sa- es un principio fundamental para la cosmología de Telesio. los cuales, condensados en un grado mayor, termina-
De hecho, en el siguiente capítulo, reprochará a ciertos filósofos rán por convertirse en metales, sino que la Tierra se
antiguos no haber respetado la progresividad de la naturaleza y transforma primeramente en fluidos:, que son mucho
sus mutaciones, pues habrían aceptado como posible la transfor-
mación directa de tierra a aire sin pasar por el estado intermedio más parecidos a la Tierra que los vapores, pues de
del fluido. alguna manera son un intermedio entre la Tierra y los
32 BERNARDINo TELESIo LA wATURALEZA sEcúu sus pRopros pRrNcrprcs 33

vapores y se forman directamente apartt de la Tierra sr: reúnen en un lugar. Sin embargo:, en algunas oca-
por el So1 y de los fluidos proceden a continuación siones, en lugares máximamente cálidos, se ha visto
los vapores. r¡ue las fuentes se hacían más abundantes, las cuales,
Si las aguas no procedieran de la Tierra, sino sólo de ¿rl acercarse el So1, han brotado y durante todo el ve-
los vapores y no de todos de aquellos extraí- rano han fluido, mientras que, al alejarse el Sol, han
dos de las aguas encerradas-tansólo
dentro de la Tierra, como tlesaparecido por completo. En primavera, aunque no
le parece a Aristóteles-,, será necesario que terminen i sc produzca ün incremento ni por el deshielo de las
4
por agotarse, a no ser que el Tártaro de Platón sumi- nieves ni por las lluvias, las aguas se producen en una
nistre a Aristóteles los vapores apartir de los cuales se cantidad manifiestamente mayor que en invierno. Se
forman tantos y tan grandes flujos de agua. Habría sido puede considerar que los peripatéticos no han aporta-
necesario, ciertamente, que los lagos contenidos en el do nada que demuestre que las aguas que proceden de
interior de la Tierra se hubieran agotado y disuelto en la Tierra no son generadas de la misma Tierra por el
vapor hace tiempo. Aristóteles no nos puede explicar Sol o por el calor introducido en ella, ni que la Tierra
de qué modo esos lagos se han producido allí, dado no se transforme primero en las cosas más próximas y
que, según é1, el agua no se genera ni de la Tierra ni similares a su propia sustancia y después en aquellas
de los vapores extraídos de la Tierra,, puesto que, al ser que son más lejanas.
seca y árida, parece incapaz de emitir la materia que Tampoco se debe negar que los vapores sean con-
constituye una cosa húmeda. densados en agua por el frío y que los mismos fluidos
Además,, si es necesaria una acción duradera pata se congelen y se unan y que las cosas que el calor ha
que la Tierra se convierta en agüa,los peripatéticos no hecho más suaves, fluidas y tenues hagan el camino
deben temer que los flujos de agua se detengan. Mien- inverso convirtiéndose en duras, compactas y densas,
tras que el calor introducido en la Tierra, el cual parece como generalmente ocurre y parece necesario que
ser el principal productor de las aguas, transforma en ocurra. Puesto que el Sol no actia prolongadamen-
agua las partes de la Tierra reblandecidas, atenuadas te con las mismas fuerzas y, al actuar con diversas
y hechas más cercanas a su naturaleza, ablanda entre- fuerzas, hace cosas diferentes (como será explicado
tanto otras y las hace de la nafriraleza del agua. Una rnás ampliamente en su lugar), y entretanto permi-
vez comienzan a fluir, fluyen siempre y nunca dejan te que la Tierra actúe en sentido contrario, las cosas
de hacerlo puesto que nunca falta la acción del agente que han sido transformadas en blandas y líquidas por
ni la materia próxima. Durante el verano parecen ser la acción oblicua y moderada del Sol pueden hacer-
menores quizá el calor más fuerte las haga se, cuando el Sol está más próximo y se hace más
-aunque ya que las aguas extraídas y pro-
más abundantes-, intenso, sólidas y duras y, cuando se aleja, pueden
ducidas se convierten inmediatamente en vapor. En congelarse y densificarse por el frío de la Tierra. Pero
invierno, no son disminuidas por ningún calor, sino no por esto debe suponerse temerariamente que la
que aumentan continuamente de aquellas que surgen Tierra se transforrna en las cosas que son más lejanas
de la Tierra (como le parece a Aristóteles), las cuales a su naturaleza y que después éstas se transforrnan
--

34 BERNARDI¡NO TELESIO
LA lvATLrRALnzq srcúlr f;us pRopros pRINCIprcs 35

tc similar a sí misma, queda transformada en entes


en aquellas que son más cercanas a la Tierra. E'sto
compuestos de partes totalmente diferentes. El Sol,
debe considerarse que ocuffe sólo allí donde la dis-
c¡ue gira siempre alrededor de la Tierra, no actúa, en
posición inherente a las cosas no parece propia de la
cambio, sobre la misma Tierra siempre, sino que, en
naturaleza de la que se debe considerar que el ente
irlgunas ocasiones, deja de influir y parec e dár a la
está constituido, sino que parece propia de otra, como 'fierra_la oportunidad
un poco más abajo se mostratá. Donde no se dé esta de contraatacar, de manera que,
si no destruye y deshace la obra del So1, al menoi la
necesidad,, se debe afirmar rotundamente que la Tie-
retrasa y obstaculiza, como actuando en sentido con-
ffa se transforma en el orden establecido.
trario o hacia cosas diferentes.
16. La Tierra se transforma en entes de El So1, cuando actua,lo hace con fuerzas muy di-
CnpÍrur-o
f'erentes, pues no modifica siempre las mismas tie-
lo más diverso y no siempre en entes más tenues o rras ni de modo directo, sino que se mueve de aquí
más cálidos, puesto que el Sol actúa con un calor
para alláy actua de modo obliCuo envez de directo.
sumamente diverso y diferente sobre una Tierra su-
La diferencia entre el Sol del invierno y el del vera-
mamente diversa y diferente.
no muestra suficientemente que la luz directa difiere
Pero, para retornar al punto del cual nos hemos
enorrnemente de la oblicua. Más diferente aún resulta
alejado, fhay que decir que] la Tierra es transformada
laluz que se refleja en los espejos. Laluz oblicua ni
poi el Sol en entes muy diversos, no sólo por estar siquiera se siente caliente, mientras la directa quema
muy alelada de él y por tener una naturaleza muy di-
sin diferenciarse en nada del fuego. Además, se ve
ferente, sino porque es necesario que, en el proceso
que el Sol no actia exclusivamente con el calor que
de adquirir la naturalezay la forma del Sol, vaya aco-
emana de sí mismo, sino también, y quizá en una me-
giendo numerosas formas y adquiriendo una natura-
dida no menor, con el calor que a lo largo de los días
ieza muy diferente. Más aún, no se puede pensar que
ha introducido y sigue introduciendo errla Tierra. No
la Tierrá se transforrrla, siguiendo una cierta sucesión
actua exclusivamente sobre las partes más elevadas
o un cierto orden, en cosas más cálidas y tenues, cada
de la Tierra,, sino también sobre las más profundas,
vez más cercanas y afines al So1, sino que algunas
las cuales, al estar escondidas y defendidas por las
cosas parecen recoffer el camino inverso, pues se ha-
elevadas, padecen y se transforman mucho menos. Se
cen más densas y hasta más frías. Algunas cosas se
puede pengal que esas partes no sufren nada o muy
transforman en cosas diversas, algunas partes suyas poco por el So1, que nunca se ha detenido sobre ellai,
adquieren naturalezas diversas, puesto que e1 Sol ac-
pero sí por el calor impreso en las partes más altas
túa con un calor sumamente diverso y variado. De
de Ia Tierra, que paulatinamente ha descendido a las
este modo, actúa sobre una Tierra que yaha padeci-
partes inferiores, un calor que no es ciertamente ni
do y ha sido modificada de diversos modos por é1, la
máximo ni íntegro, sino disminuido y debilitado, mas
cual ha quedado transformada no sólo en algo muy
cn todo caso concentrado sobre sí mismo y mínima-
diferente de sí misma, sino también en algo informe.
mente informe. Cuando acfia sobre la superflcie de
lncluso la Tierra, que parece toda única y sumamen-
36 BERNARDINO TELESIO I.A NATURAT.EZA sscút't sus pRopros pRnvcprcs 37

la Tierra, no actúa con las mismas fuerzas sobre toda esta transformación en cosas diversas se produce por
ella o sobre las partes próximas y cercanas, pues no la acción de un mismo Sol, más ampliamente se efec-
sólo la Tierra está dividida en montañas y colinas, l,uará cuando éste resulta ser sumamente diverso y su-
cuyas diversas partes son iluminadas y calentadas rnamente diferente también. Si tan sólo la diversidad
por un Sol sumamente diverso, sino que la parte que y la diferencia del Sol y de la sola materia parecen
parece perfectamente esférica y plana es sumamente suficientes para constituir por sí solas entes diversos,,
irregular,, toda ella dividida en pequeñas colinas, si cuando todas ellas estén unidas y conjuntadas tanto
bien tan mínimas y continuas que se escapan a los más producirán casi innumerables especies de entes
sentidos, las cuales, como los grandes montes, no y rnuchas otras cosas que podrán considerarse reali-
reciben ni reflejan todas la misma luz,, sino que una zadas y constituidas por ambas natural ezas.
parte la recibe más prolongada y directamente, mien-
tras que la otra la recibe más breve y oblicuamente, CnpÍ"lur-ct 11. Un calor diverso o variado a partir
las cuales oscurecen, dividen y separan la luz que se de una materia idéntica, así como un calor idéntico
refleja de los lugares más bajos y de los valles. a partir de una materia diversa o variada., producen
Que la luz padece de una desigualdad de este tipo entes diver,sos, y también son diversos aqttellos en-
y que por eso no sólo disminuye su esplendor, sino tes en los que la intensidad de su calor es idéntica,
también su intensidad 1o ponen de manifiesto los mis- pero diferente su cantidad. Por qué cuando el calor
mos espejos, que, incluso cuando son sumamente ho- es intenso, pero exiguo, actúa más débilmente, pero
mogéneos, a menos que sean sumamente regulares, cuando es mas abundante actúa más intensamente. Y
nítidos y limpios de toda mancha, no reflejan una luz en qué se dif'erencia éste de aqué|.
resplandeciente, intensa y ardiente, sino una luz limi- Puede parecer que no hay que decir que un ca-
tada en su fuerza, intensidad y luminosidad, puesto lor diverso, o incluso un mismo calor actuando de
que las manchas ensombrecen e interceptan la luz, forma intermitente a parlir de una misma materia o
la cual ya no se refleja íntegramente y unida, ni está un mismo calor actuando siempre del mismo modo
provista de las mismas fuerzas. Así pues,, aunque la a partir de una materia diferente o diversa produce
superficie de la Tierra existe idéntica desde el prin- diversos entes. Si anteriormente no ha sido aclarado
cipio, la misma Tierra recibe una diversa acción del satisfactoriamente, las cosas mismas lo muestran por
So1, se ve afectada y transformada de modo diverso. doquier: se puede observar siempre, pero se mostrará
No están dotadas de una diversa nattraleza y una di- más extensamente, que un calor diverso, o uno idén-
versa disposición exclusivamente las partes más altas tico que actia intermitentemente, transforma las mis-
y las que reciben un Sol más directo, sino también mas cosas en cosas diversas o diferentes y un calor
las partes internas y que reciben un sol más oblicuo. idéntico que actúe siempre del mismo modo trans-
También es necesario que las partes más altas y que fonna cosas diversas y diferentes en cosas diversas.
están próximas y contiguas reciban una diversa na- No son diversos exclusivamente los entes en los que
turaleza y se les otorgue una diversa disposición. Si es diferente el calor, también 1o son, aunque un poco
-'

I-A I'¡ATURALEZA SEGÚ¡/SUS PROPIOS PRINCIPrcS 39


38 BERNARDINo TELESIo

se refleja sobre sí misma:, se concentra en sí misma


menos, aquellos que tienen el mismo calor y del mis-
mo orden, pero más exiguo o abundante. Me refiero
y se hace completamente una, calienta más ardierl-
temente que el mismo fuego. Cuanto más abundan-
a aquellos entes que están constituidos por el mismo
te se hace el calor, con mayor intensidad actúa, no
calor, cuya intensidad es la misma, pero que no tie-
cieftatnente por adueñarse de otras fuerzas como por
nen la misma tenuidad y por tanto tampoco la misma
actuar al mismo tiempo con muchas fuerzas unidas.
cantidad o abundancia de calor.
Parece ciertamente también es necesario expli-
La materia es el lugar y receptáculo de las natura- -si
car esto- que un calor intenso, pero exiguo, diflere
lezas agentes. Allí donde hay mucha, recibe aquellas
de un calor rnás débil, pero concentrado en sí mismo
naturalezas más abundantemente; allí donde es exi-
y restringido en gran canticlad en una sola cosa,, igual
gua no, por mucho que se extienda y por muy grande
que un único dardo lanzado con gran fuerzadifiere de
que se haga. La materia no contiene aquellas natura-
lnuchos lanzados ciertamente a menor velocidad pero
lezas como si se tratara de un vaso, el cual, en caso
ala vez y alcanzando su objetivo simultáneamente.
de ser más amplio, podría contener ellas mismas y a
Al actuar con grandes fuerzas, el calor penetra pro-
otras si se hicieran más abundantes y numerosas, sino
que esas naturalezas se imprimen profundamente en
funda e inmediatamente en aquellas cosas sobre las
que actúa, mientras que con fuerzas exiguas apenas
la materia y se hacen una sola cosa con ella. La ma-
actua. Por el contrario, un calor más débil, pero que
teria, si es exigua, puede disminuir o crecer todo lo
está rnuy concentrado y que actúa simultáneamente
que se quiera, así como ocupar un lugar más amplio.
con todas sus fuerzas, no llega ciertamente a penetrar
Sin embargo, mínimamente puede recibir una natu-
raleza agente más abundante que ella misma cuando
y extenderse tanto, sin embargo actua más, no por
la intensidad de las fuerzas (como parece), sino por la
está sumamente restringida y contraída en una masa
abundancia de la sustancia. Pues, como se ha dicho,
mínima.
es, recogido en sí
el calor que se concentra en sí mismo actúa más no
E,l calor en gran cantidad
porque asuma verdaderamente más fuerzas, sino por-
mismo y como englobado y-esto hecho una sola cosa-
que muchas se concentran en una.
no difiere quizámenos del calor en pequeña cantidad
decir, difuso por su tenuidad- de cuanto difie-
re el disminuido y lánguido del íntegro y abundante. CnpÍrulo 18. Por qué un calor diferente y el mis-
Así, se ve que las llamas tenues no consiguen siquie- mo calor, pero no uniforme, producen entes diversos.
ra calentar, mientras que las más densas, que son ge- Muchos entes son producidos por ambas naturalezas,
neradas por el mismo calor, parecen quemarnos y el aunqlte en ningún ente existen ambas simultánea-
mente.
agua en ebullición y el hierro incandescente queman é
t
mucho más que las llamas de las que obtienen su ca-
:)
I No se debe explicar más ampliamente por qué un
1or. La luz del Sol, cuando llega de cerca y es directa,
calor diverso produce entes diferentes ya que se ha
posee un calor tan lánguido que apenas se siente su explicado suficientemente más arriba. La razón es
que los entes son la nattraleza agente que en ellos se
fuerza calorífica, mientras que la misma luz, cuando
40 BERNARDIAIo TELESIo LA NATURALEZA SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 4I

encuentra. Una y otra natttraleza, dotada de fuerzas inicial; y ello en medida mayor o menor según haya
¿rl

diversas, hecha tal por la intensidad o por la canti- dejado de actuar durante un tiempo mayor o menor y
dad de la sustancia, no sólo es diferente con respecto de que la naturaleza que entretanto haya actuado sea
a sí misma, sino que parece también contraria y es rnás diferente o contraria.
absolutamente contraria cuando ella misma existe Por tanto, se puede ver que algunas cosas, por así
diferente. Aunque su forma parezca la misma, es ne- decirlo, parecen estar constituidas alternativamente
cesario que los entes sean contrarios y diversos, tanto por ambas naturalezas agentes, no ciertamente por-
más si una naturaleza agente les ha dado una forma clue la índole y la fuerza de una y otra naturaleza y
y disposición diversa. E,sto es lo que hay que aclarar una y otra naturaleza se puedan dar simultáneamente
ahora: ¿por qué una misma cosa a la que afecta un cn algún ente que sea homogéneo y parezca verda-
mismo calor no continuamente, sino que tleramente una única cosa. ¿De qué modo las natura-
-aunque
a veces deja de actuar- se conviefte en cosas dife- lezas cuales, puestas en cosas separadas y con
rentes? -las
f uerzas debilitadas cuanto se quiera, se enfrentan y

Creo que esto quedará claro si observamos la ín- se hieren mutuamente con un odio no menor que si
dole y las acciones de las naturalezas agentes, puesto cstuvieran íntegras y no cesan nunca de actuar la una
que la fuerza y las facultades de todas ellas actuan sobre la otra, a no ser que, completamente eliminada
continuamente sobre las cosas que están próximas la una, la otra ocupe su sustrato- podrán coexistir,
y modifican la naturaleza de las cosas sobre las que reuniéndose y uniéndose, y, como si hubieran acorda-
actúan de acuerdo con la propia índole. Aunque son do la paz o, por lo menos, hecha la tregua, descansen
las mismas, al estar dotadas de diversas fuerzas,, dis- sin enfrentarse? ¿Laparte más intensa y poderosa no
ponen la misma materia de un modo diferente. Tam- quitará a la otra su sustrato? ¿No se procurará todo
bién porque la misma nattraleza, si actúa sobre cosas aquello que desea con la máxima vehemencia?
diversas, no las dispone del misrno modo, ni se intro- Aunque, como se ha dicho, ambas naturalezas no
duce en ellas del mismo mo«lo, sino que las atenúa se encuentran en ningún ente que sea homogéneo y
en mayor o menor.meclida y no sólo penetra más o verdaderamente único, en muchas cosas, sin embar-
menos copiosa o exigua, sino también más vigorosa o go, se comprueba la acción de ambas, así como mu-
más débilmente, más o menos soportada o rechazada chas cosas parecen hechas por la acción de ambas.
por una mayor o menor densidad. No parece que los entes siempre estén dotados de las
Si el calor que ha empezado a actuar cesa a veces disposiciones propias de la nattraleza que reside en
de hacerlo, no encontrará en absoluto,, cuando vuelva cllas y verdaderamente los constituye, puesto que,
a acttar,la disposición que había producido, sino que sólo con esfuerzo y con tiempo, el frío expulsa al ca-
ésta se habrá transformado profundamente por la ac- lor y el calor al frío, y 1o que vence, penetra y ocupa
ción de otro calor o del frío. Tampoco penetra ya del cl lugar de lo que ha sido vencido y eliminado. Así el
mismo modo, ni del mismo modo atenia, ni constitu- calor hace tenue lo que es denso y el frío hace denso y
ye en absoluto el mismo ente, sino otro muy diferente rune lo que es tenue, pero es necesario que actúen por
42 BERIVARDINo TELESIO LA NATURALEzu,S¿GÚ,VSUS PROPIOS PNNCIPrcS 43

un largo tiempo, para que el frío transforme la tenui- cleterminadas fuerzas del calor y a una cierta y de-
dad en densidad y el calor la densidad en tenuidad. Y terminada cantidad del calor ciertas acciones sobre
eso es 1o que finalmente ocurrirá si la materia opone una cierta cantidad y disposición de la materia, así
resistencia y el agente es débil. Mientras tanto éste como una cierta y determinada cantidad de calor a
no queffá alejarse de ahí, pues no quiere extinguirse, una cierta cantidad de materta?
sino que prefiere estar en un sustrato ajeno, que con- Quiera el cielo que otros, dotados de una naturale-
tinuamente muta y que finalmente no desespera de zamás perspicaz y a quienes les esté permitido escu-
hacer propio. driñar por largo tiempo la naturaleza de las cosas con
la máxima tranquilidad, lo consigan, de tal manera
CapÍrulo 19. Ir'[o se debe investigar por qué tipo que los hombres no sólo alcancen el conocimiento de
de calor ni de qué cantidad están constituidos los en- todas las cosas,, sino casi el poder sobre todas ellas.
tes, pues las diferencias de calor no pueden ser per- Yo confieso sinceramente estar dotado de un
cibidas con precisión. Del mismo modo, la diferente -quemás craso y a quien sólo le ha sido conce-
ingenio
dtsposición de la materia no puede ser percibida con dido filosofar al final de la vida, y en absoluto libre
precisión, aunque puede ser distinguida y determina- de preocupaciones y cuidados, reducido a las máxi-
da mejor que las fuerzas del calorl'. mas dificultades y molestias por el inaudito crimen y
Se puede considerar que no hay que investigar crueldad de aquellos que más debían amarme, ayu-
qué tipo de calor o cuánto decir, cuánta inten- darme y promovermerT- quedaré satisfecho, si me
sidad y cantidad- transforma la Tierra y unos entes está permitido observar qué tipo de calor y qué canti-
en otros, puesto que al hombre de ninguna manera dad da esta o aquella disposición a este o aquel ente.
parece- le está permitido conocerlo. ¿De Y no de un modo minucioso y diferenciado, sino de
-como
qué manera se podría dividir las fuerzas del calor un modo impreciso y confuso, al no poder ver las
o el calor mismo en grados o la cantidad y magni- particulares diferencias del calor, las cuales parecen
tud de la materia o del calor, y asignar a ciertas y ;
i
ser innumerables en cuanto a intensidad y cantidad,
?
ni tampoco la diferente densidad de la materia, sino
r únicamente unos pocos ejemplos de ambas cosas, y
r6 Excepcionalmente Telesio ofrece al lector un capítulo de $
$
además de un modo confuso e indistinto.
índole más teórica. Aquí se encuentra uno de los pilares sobre
los que se constmye la imagen de Telesio como filósofo humilde
17 L. De Franco, Introduzione a Bernardino Telesio, cit.,
y probo. Sin embargo, que en Telesio humildad y orgullo son
siempre dos caras de la misma moneda lo muestra el hecho de p. 161, ha recordado que «Telesio con esta expresión pudiese
que Francis Bacon De principiis atque originibus secun- hacer referencia al asesinato de su hijo Próspero [...] es abso-
dum fabulas Cupidinis-enet Coeli (1623-1624)- se entusiasmara lutamente imposible, ya que éste [...] sc producirá en 1576' Del
ante la lectura de este capítulo. El mismo Telesio reconoce que, mismo modo, tampoco se puede pensar que se quiera referir a
aunque dificil de alcanzar, si el hombre conociera con toda pre- todos aquellos que lo persiguieron con graves acusaciones tras
cisión la cantidad de materia y de calor que hay en los entes, el la muerte de su hermano el Arzobispo, puesto que las mismas
conocimiento alca¡zaría casi la efectividad de la omnipotencia. frases aparecen en la edición de 1565».
44 BERNARDINO TELESIO LA NATUkAtzzu socúx sus pRopros pRrNcrprcs 45

Pues, también el gusto, que se ha expuesto ,,ino indeterminado y confuso. No es posible asignar
más ampliamente en su lugar- -como
parece percibir con t'icrtas disposiciones de la materia a ciertas y deter-
toda precisión las fuerzas y la índole de la naturaleza nrinadas fuerzas del calor, sino tan sólo a un calor
existente en las cosas, percibe poquísimas diferencias rrrás fuerte o más débil. Y si se establece qué es la
de modo confuso- de calor y todavía menos de tlcnsidad, qué la tenuidad y en qué difieren entre sí,
-y
frío. No reconoce de qué tipo ni de qué cantidad de confleso que se harán evidentes los límites en los
calor es acción la dulzura o la amargura; toda dulzura (lue se pueden separar y cuántas y cuáles diferencias
y toda amargura, aunque sean muy diferentes entre y formas sensibles recibe la densidad mientras se
sí y respecto de sí mismas, las considera idénticas y t ransforma en tenuidad.

homogéneas, la acción de un único calor, cuando, en


verdad, proceden de diferentes calores. Si alguna de CnpÍruro 20. Qué son la densidad y la tenuidad.
las acciones parece ser superior, no puede juzgar si Los principales cambios que atraviesa la densidad
excede por intensidad o por cantidad de la natutaleza ,tl hacerse tenue son la ductilidad, la.flexibilidad, la
inherente. t'iscosidad y la.fluidez. La densidad no puede ser pro-
Tampoco pueden conocerse todas las diferencias tlucida por ninguna fuerza nuestra, sino tan sólo por
de densidad o de tenuidad, las cuales son innumera- cl frío intenso.
bles y varianentre sí con márgenes imperceptibles. De La densidad y la tenuidad, por acuerdo de todos,
todos modos, puesto que, a diferencia del calor, una son propiedades de la masa o de la materia y son sin
y otra diferencia se ofrece a nuestra consideración y cluda una disposición de la materia, aunque la una di-
se puede ver y tocar el progreso por el que la una se fiera profundamente de la otra. Además, la materia,
transforma en la otra, se nos permite por decirlo así cn sí misma, no puede diferir de sí misma en otra
dividir su extensión dentro de ciertos límites. Puesto cosa que estando más o menos unida consigo misma,
que es posible percibir cómo paulatinamente, a través más o menos condensada en sí misma o reducida a
de grados que parecen imperceptibles, la densidad Lrn espacio más angosto sólo por este motivo
se convierte en tenuidad, aunque no tanto en cuanto -tan de la densidad y sólo
la tenuidad puede diferenciarse
progresa como en cuanto se transforma en otra cosa, cn esto parecen diferir-. A todos les parece que la
y es posible percibir que, \na vez alcanzados ciertos rnateria se ha hecho verdaderamente densa, cuando
grados, se convierte constantemente en otra, puede se ha condensado tanto y se ha reducido a un lugar
ser dividida dentro de ciertos límites. La parte conte- tan angosto que no puede condensarse más y que no
nida en cada uno de ellos, aunque no es enteramente puede reducirse a un lugar más angosto, con 1o que
homogénea, puede ser considerada única y puede in- no proporciona ningún lugar a lo que la toca u opri-
vestigarse de qué tipo de materia y, sobre todo, de qué rne, ni cede en absoluto. Pero si no puede sostener el
tipo de calor está hecha esta o aquella parte. peso de la masa que se le ha superpuesto y la oprime
Sin embargo, en absoluto, como se ha dicho, esto o no puede rechazar el impulso de 1o que la golpea,
puede ser realizado de modo preciso y determinado, se romperáhacténdose tan densa que no permitirá ni
LA NATURALqz,q socúw pRopros pRrNcrprcs 47
46 BERNARDINo TELESIo SUS

siquiera que la l:uzla traspase. En suma, la densidatl ,nr que nunca fuera dividido ni pudiera ser apartado
es el máximo grado de condensación de la matetia.
lotlo é1de allí simultáneamente.
Por el contrario, parece tenue la mole cuando esth l)or eso se extiende, porque busca en otro sitio el
tan dilatada, tan extendida hacia cualquier dirección Iusar que ha cedido a aquello que 1o oprime, al no es-
y en un lugar tan amplio que no se puede extender a t,rr tan condensado y comprimido en sí mismo como
un lugar todavía más amplio, haciéndose por tanto l)irra encontrarlo en sí mismo. Empujado desde lo
algo tán incorpóreo que no opone resistencia a nada :rlto, se extiende a 1o largo y a 1o ancho, puesto que,
qu. la toca y, al no ser siquiera percibida, cede ante ¡rt»' su naturaleza, puede constreñirse hasta tal punto
ello, permitiendo que la ltz la traspase, sin. impor- r¡trc, collstreñido y comprimido, no tiene necesidad
tar dé qué cantidad sea, sin retrasarla en absoluto, rlc otro lugar. Sin embargo, no puede ser concentra-
sin disminuir su potencia, sin deformar su color. En tlo hasta tal punto por obra nuestra, pues no nos está
conclusión, se puede considerar que la tenuidad es la ¡,crmitido producir ninguna densidad. Aquellas co-
máxima dilatación, extensión y amplificación de :iits que parece que nosotros hemos concentrado, se
la materia. t'oncentran o porque se saca o se expulsa la tenuidad
(luc en ellas existía o porque se hacen continuas las
Así pues, como se ve que es propio de la densidad
t'r)SOS qUe antes no eran verdaderamente continuas y
que nopueda ser reducida aun espacio más estrecho
sc juntan cosas que no lo estaban. Só1o el frío puede
i qr. nó ceda inmediatamente el lugar a-aquello que
la ioca, se debe considerar que la densidad se trans- ¡rroducir densidad, sobre todo el frío grande, el cual
forma en tenuidad y que asume por completo la na- rro existe en las partes superiores de la Tierra, asi-
fixaleza de la tenuidad cuando paÍezca que se pueda tluamente calentadas por todo el cielo y por las estre-
condensar algo sobre sí misma y adquirir mayor den- llas en é1 contenidas. Por tanto, no se ve que ninguna
sidad. E,sta pósibilidad resulta verdaderamente mani- tcnuidad sea transformada en verdadera densidad,
flesta, cuando la materia se puede extender, dilatar o sino que sólo parece congelarse y como unirse, como
doblar. Pues aquello que se dobla, cuando se dobla, nruestra el agua que se ha hecho hielo y cristal. No se
se reduce a un espacio menor: los mismos ojos nos puede considerar que se haya hecho densa, pues en
permiten verlo. En cambio, aquello que se extiende nada ha disminuido, en nada (o de modo insensible)
no se concentra apenas en sí mismo. Si fuese así, al sc ha hecho más angosta y en nada se ha hecho opaca.
no haberse ampliado a ninguna parte, sino al haberse Así pues, como las cosas que pueden ser dobladas o
concentrado más en sí mismo, cedería el lugar a aque- cxtendidas parecen constreñirse más sobre sí mismas
llo que 1o oprime. Es necesario, sin embargo, que se y ceder su lugar, se debe pensar que la densidad se
co.ráerse en alguna medida y ceda el lugar a aquello transforma en tenuidad y toma la naturaleza de late-
que le toca y oprime, pues si no puede condelsarse y nuidad allí donde se ha hecho flexible, moldeable y
réducirse a un lugar más angosto, no podría dilatarse con más capacidad de condensarse.
por ninguna parte, sino que se mantendría desde el Se puede pensar que el primero de los límites y de
principio en su lugar, el cual ocuparía perpetuamente, los términos en los que puede dividirse la densidad
48 BERI{ARDINI rELESro LA NATURALEzu SEGUN SUS PRoPIoS PRINCIPrcS 49

que avanzahacia la tenuidad es aquel en el cual pa- cntre los fluidos y la tenuidad, se esconden al tacto,
rece estar contenida la maleabilidad y la flexibilidad, pero no a la vista, y si no rechazanlaluz, al menos la
que es ciertamente muy amplio y puede ser a su vez reducen y la oscurecen, y cuando se condensan sobre
dividido en muchos términos. Pero (como ya se ha sí mismos, se convierten en agua, incluso en granizo.
dicho), al ser incapaces de explicar o ver los innume-
rables y diminutos grados, a través de los cuales la Cepirulo 21. La maleabilidad, la blandura y la
densidad ayanza hacia la tenuidad,, toda la maleabi- viscosidad íntegras y puras pueden ser producidas
lidad y toda la flexibilidad, por mucho que difiera en por cualquier tipo de calor con tal que sea uniJbr-
su interior, puede considerarse única. Así, todas las me, pero más facilmente por un calor mas lánguido
cosas que, con un cierto esfuerzo, se doblan, se cons- .v sólo a partir de una cosa homogénea. Del mismo
triñen sobre sí mismas y ceden ante quien las oprime, modo, estas cualidades, cuando son impuras, son
pueden considerarse flexibles y maleables. Aquellas producidas por un calorfuerte o débil, pero en orden
cosas que sufren tal cosa sin que se les haya aplica- contrario y a partir de una cosa heterogénea.
do ninguna fierza o una fuerza muy pequeña, no de- La maleabilidad, la blandura y la viscosidad pue-
ben considerarse flexibles o maleables, sino blandas. den ser puras e íntegras o hechas por una mezcla de
Pues bien, la blandura, diferente de la maleabilidad, densidad y de fluidez, pues al ser algo intermedio en-
parece que debe ser puesta en un segundo grado. En tre ellas, pueden estar constituidas simultáneamente
el tercero, la viscosidad y la glutinosidad, que no sólo por ambas. Puesto que, al contrario de las naturale-
parece sufrir todo aquello que sufre la blandura, in- zas agentes, la tenuidad y la densidad pueden unirse,
cluso mucho más rápidamente, sino que, sin que nada coincidir y estar juntas, y al no estar dotadas de la
la fuerce a difundirse o fluir por sí misma, esto es, facultad de enfrentarse, hacerse daño o actuar la una
concentrada y condensada un poco sobre sí misma, sobre la otra, se unen perfectamente y muchas cosas
cede a su propio peso y busca en otra parte el lugar que aparentemente son bastante densas, al entrar en
que ha cedido. A la viscosidad sigue el fluido, el cual contacto con un fluido, se hacen maleables, blandas
cede ante quien lo toca mucho más rápidamente que y viscosas.
la viscosidad y es transparente y transitable para la Las íntegras y puras se pueden producir por un ca-
htz, de tal modo que puede ser separada de la viscosi- lor dotado de grandes fuerzas. En efecto, para que
dad, ocupando otro grado y constituyendo un cuarto la densidad se convierta en tenuidad, tiene que pasar
límite. El quinto y último grado coffesponde a la te- por todas las disposiciones intermedias, primero por
nuidad, la cual no sólo parece no oponerse en absolu- la maleabilidad y luego por la blandura y la fluidez.
to a la cosa que la toca, sino que, como si se tratase de Pero es necesario que el calor sea uniforrne, pues
algo incorpóreo, huye tanto del tacto como de la vis- aquel que no es uniforme no transforma aquello so-
ta. Por muy grande que sea, no impide ni oscurece la bre 1o que actúa en un único e idéntico ente
luz cuando la atraviesa y parece encontrarse en todo son aquellas cosas no compuestas de una mezcla-como de
el aire y en el cielo. Pues los vapores, a medio camino densidad y fluidez, sino por sí mismas y del mismo
5O BERNARDINO TELESIO LA l,'uTuktLgzu srcúN sus pRoplos pRINCIprcs 51

modo son todas maleables, blandas o viscosas, sino r lt' rnodo peffnanente. Ciertamente este calor es sua-
que (como en otro lugar se explicará más detallada- re. blando y uniforrne. Que el oro es blando, viscoso
mente)- transforma en una cosa las partes internas r completamente homogéneo se puede comprender
y en otra cosa las partes externas. por el hecho de que, al ser derretido por el fuego,
Pero a pesar de que (como se ha dicho) estas cua- rro disminuye en nada o, al menos, en una medida
lidades pueden ser producidas por cualquier tipo de ¡,crceptible. Por eso ciertamente no disminuye, por-
calor, se ve que son producidas más fácilmente por (
luc ninguna de sus partes se atenúa antes o en mayor
un calor débil, pues difícilmente el calor utt poco más r¡rcdida que las demás, sino que todas 1o hacen simul-
fuerte hacer tenue a una cosa sumamente homogé- t:urca e idénticamente y si algunas de ellas lo hacen
rrca a toda ella por igual y de un mistno modo. E,l :urtcs o en mayor medida que las demás, las otras, sin
calor intenso, al actuar con grandes fuerzas, modifica ('nlbargo, que son viscosas o glutinosas, reprimen y
mucho más la superñcie externa y mucho antes que ¡ror'?sí decir retienen a aquella parte que se escapa y
las partes intemas. Cuando es notablemente intenso, lrrrye. Así pues, parece que la maleabilidad, la blan-
hace sumamente tenue la superf,cie extetna antes de rlrn'a y la viscosidad puras e íntegras son producidas
hacer a las partes internas maleables o blandas. Pero ¡ror cualquier calor, con tal que sea uniforrne, pero
un calor más débil, antes de transforrnar la superficie, rrr¿is fácilmente por uno que sea también débil y es
que es particularmente densa y se opone a hacerse nccesario que se produzcan a partir de una cosa muy
blanda, yahapenetrado en las partes interiores y nun- lrornogénea, pues aquello que no es homogéneo no
ca dejará de hacerlo. Al no hacer nunca dura la su- ¡rrrcde verse afectado todo ello en medida igual por
perficie contrario del calor fuerte-, no se cierra rringún calor ni ser transformado en una misma cosa.
nunca el-aIacceso a las partes interiores. De este modo, I)or otra parte, se ve que siguen un orden contrario
actua con las mismas fuerzas tanto sobre las partes l;rs cosas impuras, que son unamezcla de densidad y
interiores como sobre las exteriores y las hace a todas lltridez a partir de una cosa no homogénea produci-
tenues del mismo modo y simultáneamente. ,Lr por un calor cualquiera. Un calor más débil hace
Aquellas cosas que están dotadas de una maleabi- rnlis tenues aquellas cosas más cercanas a la densi-
lidad, blandura y viscosidad pura, las cuales son dcl ,lld; por el contrario, un calor más fuerte hace más
mismo modo maleables, blandas y viscosas ,lcnsas las cosas más cercanas a la tenuidad. Un calor
el oro-, parecen hechas por un calor de este -como
tipo, rniis débil, que actúa poco y lentamente sobre la te-
muy débil, blando y uniforme. No se puede consi- rrrridad, en cualquiera de sus grados, antes de hacer-
derar que el oro producido en lo más profundo de la lrr apta para que se escape y abrirle una salida,hace
Tierra sea realizado por el mismo So1 o por un calor ;rlr-{o más blandas entretanto las partes más densas.
muy intenso. El So1, que permanece tan brevemen- l'or tanto, mezclado lo uno con 1o otro y hecho una
te, no actia sobre una parte tan oculta y protegida :;ola cosa, si es exiguo, el calor produce maleabilidad,
de la Tierra, sino que 1o produce el calor, que el Sol ',r cs más abundante y tenue, blandura y finalmente
ha introducido anteriormente en la Tierra e introducc r iscosidad. Por el contrario, si el calor es fuerte, antes
V
LA NATU RALEZAs¿cú,n¡ sus P RoP los PRINC I P tos 53
52 BERNARDINo TELESIo

ciéndose primero de viscosos líquidos y fluidos, poco


de ablandar las partes más densas, otorga a las partes
después como antes eran, incluso más viscosos y den-
más tenues la *á*irnu tenuidad y abre una puerta de
sos, por último duros y compactos, puesto que el ca-
ruti¿u; de tal manera que aquel ente no homogéneo
más fuerte se hace lor acfua no sólo más continuamente, sino con fuerzas
a; ¿; transformado pór uny calor más denso, pues resulta siempre mayores, estando la naturaleza de las cosas
constantemente más'duro
pot el calor de la tenuidad sobre las que actt¡acada vezmás vencida, más modifi-
continuamente despojado
tanto, un calor suave cada,más abierta su masa, actuando sobre cosas que le
que hacía blanda limezcla. Por
en blandura, la blandura muestran una menor resistencia.
tiansforma la maleabilidad
án ,ir.osidad y la viscosidad en fluido. Por el con-
iiu.io, un caloi fuerte transforma el fluido en visco- Ctpituto 22. Las cosas que de densas se hctcen
tenues no pasan por todas las disposiciones inter-
,i¿u¿, la viscosidad en blandura, la blandura en vis-
medias, sino sólo aquellas que no son muy heterogé-
;iá;d y la viscosidad en densidad, la cual llegará neas. La viscosidad, que parece ser producida por un
a su máximo grado si el calor actia durante mucho
tiempo. ComJ se ha dicho, la maleabilidad, la blan- calor muy grande a partir de una cosa heterogénea,
pro- no se produce por un calor muy grande.
dura y la viscosidad, que son- impuras y que son
se hacen por un calor más Pero parece que todas las cosas que de densas se
ducidas por una
^"i,rólu, un orden contrario hacen tenues, no adquieren antes las disposiciones in-
f;;, i,tar A¿Ull, pero siguiendo
termedias, sino sólo aquellas cosas que no están com-
apartií de una coru completamente heterogénea.
tipo son lás acciones de un calor muy puestas de partes muy heterogéneas. Todas [las cosas
Que de este
que no son muy heterogéneas] son transformadas casi
fueie y muy débil sobre los cuerpos heterogéneos y
qráiáfár ,oí lur disposiciones que se han nombrado, lo del mismo modo, si no idéntico e igual, tampoco muy
diferente y diverso. E,sto es necesario para que se pro-
muestran tanto los huevos al cocerse como las carnes
al asarse. Se ve que las carnes, ante un calor.suave
y duzcala blanduray laviscosidad. De modo diferente,
moderado, se .rr.t.., todas ellas de modo igual y cuan- [ocurre con] las cosas que están compuestas de partes
do se ven afectadas un poco más en la superficie exte-
muy diferentes entre sí, de las cuales unas son mu-
cho más densas y otras mucho más tenues. Además,
áár', to¿us se hacen una única cosa,, uniforme y blanda;
calen- estas últimas flas tenues] se hacen muy rápidamente
en óambio, ante un calor fuerte, apenas resultan
despojadas de mucho más tenues por un calor especialmente fuerte
tadas las partes internas, las extérnas,
6A; tenuidad, se secan y endurecen en máximo grado y se transforman en la más grande tenuidad, sin que
parczaanhaber pasado entretanto por una disposición
y t. t unsforman en corteza' Les ocuffe 1o mismo a
intermedia. Las partes más tenues que se encuentran
los huevos cuando son sumergidos en agua hirviendo'
Mientras las partes internas apenas son transformadas,
cn las más densas, antes de hacerse blandas por la
las externas Se hacen sumamente densas y duras; en
acción de aquellas que las contienen (es cierto que
partes se hacen blandas, pero en nada se percibe que se han
cambio, si se les mete en agua fría, todas sus
y cási del mismo modo' ha- ablandado, al estar enceffadas en una cosa pequeña y
se transfofinan por igual
54 BERNARDINo TELESIo LA NATURILEzu s¿cú¡¡sus PRoPIos PRINCIPTy 55

dura y haberse transformado rápidamente de blandas lcs- muestran suficientemente que un calor suave
en tenues) se disuelven en vapores y humo. Mientras lr¿rstaparatransformar en líquidos incluso los cuerpos
sucede esto, las cosas que eran menos densas reciben nrás densos. Ese calor, por el que la densidad ha co-
esa tenuidad que puede ser transformada inmediata- rnenzado a ser vencida, a ser disminuida y ablandada,
mente en vapores, recibida previamente nos tcrmina finalmente por superarla completamente y 11e-
-como
está permitido pensar- la blanduta,la cual, sin em- varla a la más absoluta tenuidad. Sin embargo, resulta
bargó, no es percibida puesto que está encerrada en necesario que el calor sea muy continuo. E,ste no sólo
una cosa sólida y oculta. Por este orden, todo ente se rrctuará por un largo tiempo, sino que lo hará constan-
hace tenue, sin que se haya visto que antes se hubiera tcmente y se introducirá por completo en las cosas so-
ablandado, pues la blandura que constantemente se bre las que acfua, esto es, con una acción continua y
genera está contenida en la densidad, la cual larga, añadida a una gran cantidad por su parte.
-tanto
la que desde el principio se encontraba en la superf,- Como se ha dicho, el fluido es obra de cualquier
cie como la que se forma posteriormente en ella- se calor, pero el más fuerte parece producirlo más tápt-
hace máximamente tenue en un solo instante- De for- rla y fácilmente. Sin embargo, no parece producirlo
ma que se puede considerar se ha dicho an- run calor máximo,, que transforme inmediatamente el
teriormente- que la -como
viscosidad, cuando se produce, Uuido producido en tenuidad y vapores, como se pue-
sobre todo a partir de una cosa heterogénea, procede tle ver en las piedras que forman la cal, en los leños
más de un calor suave que de uno fuerte. También rnás densos y en aquellos en los que la tenuidad que
aquella que parece producida por un calor fuerte pro- se encuentra es densa, porque al no haber alcanzado
cede, en cambio, de un calor suave, pues no se puede la supremacia, esto es, al no acfuar el fuego con todas
pensar que incluso el calor máximo, mientras no al- sus fuerzas, no produce llamas y vapores, como hace
cance la supremacía (cualquiera que sea la tazónpor posteriormente cuando ha vencido completamente. Se
la que eso ocurre), sea máximo o íntegro, pues no es limita a extraer agua y así aparecen flujos de agua, los
completamente íntegro, al ser rechazado, disminuido cuales, por lo que se puede entender, si son más abun-
y debilitado por la naturaleza o la densidad del ente dantes en verano por la acción de un Sol más intenso,
iobre el que acttJa. Pero volvamos al lugar de donde como son hechos tenues inmediatamente, se muestran
nos hemos desviado y veamos qué tipo de calor, a mucho menores que en invierno.
través de qué cosa, produce el fluido y la tenuidad.
C¡piruto 24. También la tenuidad es producida
CepÍruro 23. Los fluidos son producidos por un por un calor cualquiera, aunque más.fácil y rápida-
calor débil, incluso cuando actúa sobre una cosa su- mente por uno más fuerte. Sin embargo, la tenuidad
mamente densa, más rapida y.fácilmente que por un no es producida pura, sino con mezclas de hollín,
calor muy intenso. mientras que las cenizas son producidas por un calor
Los mismos líquidos que surgen de las partes más que no actúa constantemente. Asimismo, [se explicaJ
profundas de la Tierra un poco menos los meta- qué son el hollín y las cenizas.
-y
56 BERT{ARDINo TELESIq LA NATURAT\Z,I SECÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 57

Por último, hay que analizar la tenuidad verdadera cn la máxima tenuidad e incluso en llamas mismas,
y máxima, la cual no sólo cede, sino que se escon- cr-rando actia sobre un ente heterogéneo no produce
de al tacto y huye a la vista al no estar condensada. trna tenuidad íntegra y pura, sino mezclada con co-
Tanto los vapores como el aire y el cielo entero,, con sas verdaderamente pequeñas, pero muy densas, las
excepción de las estrellas, están constituidos de esta cuales reciben el nombre de hollines y son más nu-
manera. Como se ha dicho, incluso un calor reducido nrerosas cuanto mayor sea el calor. Puesto que la den-
puede producirla, y que esto sucede así lo muestra el sidad no puede dar salida aIa tenuidad que imrmpe
aire, que continuamente es extraído de la Tierra, el violenta y compactamente, resulta necesario que toda
cual es tanto más tenue cuanto más frías, más recón- clla se rompa en pedazos muy pequeños, pero cier-
ditas y más heladas son las tierras de las que surge la tamente muy densos. Despojadas completamente de
tenuidad a partir de cosas moderadamente cálidas y toda tenuidad y altamente concentradas, estas cosas
sumamente duras. Por esto, las cosas creadas por el son movidas por la fuerza del calor y por la misma
calor se coffompen finalmente todas, porque el calor, tcnuidad, que imrmpe grande y abundantemente.
que constituye su sustancia, no perrnanece en ningu- Cuando el calor no actua con tantas fuerzas ni genera
na, aI estar en un sustrato muy tenue, que el mismo simultáneamente tanta tenuidad, ni imrmpe al mismo
calor ha construido y formado. Pero aunque la tenui- tiempo con tanta fvetza, pero se abre una salida para
dad puede ser producida por cualquier tipo de calor, que salga aquella tenuidad que paulatinamente se pro-
más rápida y prontamente la produce un calor ínte- duce y se escapa, la densidad remanente, que no se ha
gro e intenso cuando su acción es prolongada. Pues roto en absoluto o 1o ha hecho en partes no diminutas,
el movimiento, como se ha dicho, agrada al calor y prolonga la acción del calor. Finalmente, toda o la ma-
en cuanto ha obtenido el sustrato en una tenuidad que yor parte de ella es transformada en verdadera tenui-
pueda transportarlo, se escapa y por eso se ve surgir dad, mientras que ninguna o una parte muy pequeña
continuamente un aire muy denso de las tierras blan- se hace hollín. Cuando además el calor no actúa muy
das y pantanosas, ya que puede escaparse de cosas prolongadamente, produce cenizas pequeñísimas, pero
de este tipo, incluso en un sustrato muy denso. Por el muy densas. La centza es densidad que puede ser al-
contrario, surge un aire sumamente tenue de las co- terada por el fuego, pero que no puede ser modificada
sas densas, espesas y muy viscosas, incluso del mis- completamente. Por tanto, como se ha dicho, el calor,
mo mar, pues como el mar es ciertamente un fluido cuanto más intenso, atenúa más rápidamente, pero no
moderadamente denso, por tanto, extraída un poco produce una tenuidad pura y uniforme. Cuando actúa
de tenuidad, se condensa en sal y es completamente sobre cosas heterogéneas y de un modo no prolongado
partícipe de la viscosidad, de tal manera que puede puede parecer que es el artífice de la densidad, aunque
como retener y contener las partes que se ha únicamente lo es de la tenuidad.
dicho- se escapan y huyen. -como
Pero incluso aquel calor íntegro y máximo, que CapÍruro 25. Qué cuerpos son producidos por
vence completamente la densidad, transformándola un calor uniforme a partir de una tierra homogénea.
58 BERNARDTNq rELESro LA IVATURALEZA SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 59

Qué fluidos son producidos por qué calor a partir r¡r,re el calor introducido en las profundidades de la
'l-ierra cambie continuamente. De este modo, puesto
de qué tierua. Qué cosas son producidas a partir de
fluidos espesos y condensados. Qué cosas son produ- t¡ue ninguna cosa es verdaderamente homogénea y
cidas a partir de diferentes fiuidos. ningún calor es verdaderamente uniforme, se puede
Los siguientes acontecimientos no podemos obser- considerar homogénea aquella cosa y uniforme aquel
varlos de modo distinto y preciso (puesto que tampo- calor que no parecen lo contrario.
co podemos conocer aquello de lo que 1o sacamos), Además, se puede considerar que están constitui-
sino de un cierto modo impreciso y confuso: cómo tlas exclusivamente por un calor uniforme y además a
son producidos los cuerpos constituidos exclusiva- partir de una materia homogénea todas las cosas que
mente de un calor uniforme; [cómo son producidos] parecen homogéneas y que han obtenido una disposi-
aquellos que están constituidos por el frío y por calor ción apropiada aLa accion del calor, esto es, aquellas
actuando alternativamente; [cómo son producidos] cosas que son tenues, fluidas, suaves, blancas, par-
aquellos que, iniciados por el calor y terminados pos- ticipan absolutamente de la tenuidad y de aquellas
teriormente por un frío que 1o vence y extingue, son cosas que son propias de la tenuidad. Puesto que pa-
transformados en otra cosa; [cómo son producidos] recen homogéneas, no pueden parecer producidas a
aquellos que son producidos por una sola acción del partir de cosas heterogéneas, ni por un calor diverso,
Sol o por muchas y que han sido formados a partir ni tampoco transformadas nunca por el frío, al estar
de una Tierra modificada poco a poco y hecha cada dotadas de aquellas disposiciones que son propias
vez más tenue; [cómo son producidos] aquellos que, únicamente del calor y que son producidas sólo por
producidos como a la inversa, son hechos más densos el calor. Por tanto, todas las aguas, todos los fluidos y
de una situación de mayor tenuidad inicial; y final- las cosas producidas a partir de fluidos condensados
mente a partrc de qué tipo de materia son producidos por un calor que actúa continuamente, son produci-
los distintos tipos de cuerpos. das, si no por un calor verdaderamente uniforme, sí
Pero, ea, investiguemos también esto. Sin embar- por uno que difiere poco del unifonne y si no a partir
go, hay que advertir, antes de nada, QUe no podemos de una cosa verdaderamente homogénea, sí a partir de
conocer ni la homogeneidad de la materia o de las una cosa muy aercana a la homogeneidad.
cosas ni la uniformidad verdadera y perfecta del calor Sin embargo, es necesario que difieran enoffne-
en ningún ente ni en la constitución de ningún ente. mente los mismos fluidos y las cosas apartt de ellos
Puesto que ninguna porción de la Tierra (ni tampoco producidas, cuando los fluidos son generados y con-
de ningún ente) sobre la que actua el Sol está toda densados por un calor completamente diferente en
ella expuesta al Sol del mismo modo, resulta necesa- cuanto a uniformidad, intensidad y duración a par-
rio que sus diferentes partes adquieran una disposi- tir de una cosa que no es igualmente homogénea, ni
ción diferente las unas de las otras. Y dado que el Sol ofrece la misma resistencia. Se debe considerar que
no perrnanece idéntico en casi ningún instante, sino aquellos fluidos que vencen por calor, por tenuidad
que cambia continuamente, resulta también necesario y por todo aquello que es propio de la tenuidad, son
60 BERNARDTNI rELESro LA NATLtk LEzu sEGúNsus pRoptos pRINCrprcs 61

producidos por un calor más intenso y a partir de una c¡ue han sido extraídos por un calor más fuerte a partir
tierra que opone menos resistencia, mientras que los tle una tierra que ha opuesto menos resistencia y que
más densos y más fríos son producidos por un ca- cra también menos homogénea. Se debe considerar
lor más débil a partir de una tierra que ejerce más tlue las gemas transparentes son producidas a partir
resistencia. Puesto que si superan en cuanto a calor, tle un fluido más tenue, pero no son blancas y su flui-
son superadas en cuanto a tenuidad, lo cual sucede tlo no es puro ni homogéneo, sino mezclado con una
al agrta marina en comparación con el agua dulce, cierta densidad. Incluso si al principio eran blancas,
pues las aguas marinas son más densas y también l]asan a ser rojas o verdes en yez de blancas, por un
mucho más cálidas, como se puede notar por el sabor continuo calor que priva a sus fluidos de las partes
de ambas; las marinas son producidas a partir de una más tenues.
cosa que es más resistente y por un calor más suave, Esto puede verse en los jugos de las uvas y en los
porque un calor más intenso las habría hecho más te- fluidos que se forman en las plantas. Los jugos que se
nues. El agua dulce, por el contrario, es extraída por oxprimen de uvas blancas son completamente blan-
un calor ciertamente más intenso, pero más breve, y cos y seguirán siendo completamente blancos, si no
a partir de una tierra que perrnite ser más atenuada, se los deja madurar más o no se mezclan con ninguna
concretamente de las de las partes más externas de la otra cosa externa. Cuando maduran con sus propios
Tierra, las cuales, al sufrir y ser transformadas de cer- pellejos, se hacen rojos, o porque sus partes más te-
ca por el So1, obtienen una mayor tenuidad y calor. nues son extraídas por el calor o porque toman de los
Las aguas marinas, en cambio, como se ha dicho en pellejos una cierta densidad o porque esa densidad se
el comentario escrito a tal efecto, parecen haber sido mezcla imperceptiblemente con los jugos sumamen-
extraídas de las partes más profundas, las cuales, al te blancos. Podrás ver que su calor se modifica mu-
estar protegidas y ocultas de las partes más externas, cho y que la luz, al atravesar los muy tenues vapores,
sufren menos la acción del So1, son menos tenues y de blanca se convierte en roja, amarilla y purpúrea,
también menos cálidast8. como más extensamente se ha referido en su lugar.
De las cosas que son producidas a partir de flui- Y los brotes, que nacen todos blancos, se vuelven
dos, algunas son mucho más tenues, pero no blancas,, posteriormente verdes, pero no sus raíces, las cuales
como, por ejemplo, muchas gemas que son cierta- perrnanecen perpetuamente blancas, puesto que el
mente transparentes, son rojas y verdes, mientras que Sol no extrae tanta tenuidad de esas partes ocultas y
otras, por el contrario, son blancas, pero en absoluto protegidas.
transparentes,, como muchas piedras. Ciertamente las
gemas pueden hacerse compactas a partir de fluidos CapÍrulo 26. Las cosas que aparentemente han
:;ido constituidas a partir de fluidos condensados.
rs B. Telesio, De mari enid., Varii cle naturalibus rebus libe- Como se ha dicho, a partir de los fluidos conden-
lli, edición de Luigi de Franco, La Nuova Italia Editrice, Floren- sados por el calor, se deben producir todas aquellas
cia, 1981, pp. 120-161. cosas en las cuales están presentes aquellas cosas que
62 BERAIARDIA.IOTELESIO LA NATURALEzu SEGÚN SUS PROPIOS PRII\¡CIPruS 63

parecen propias de una tenuidad mayor de la que ellas t .rrgcl&das por un continuo frío son disueltas por el
mismas parecen tener. Se trata de aquellas cosas quc , rrlrrr. Pero \Jnayez disueltas, no se condensan por sí
son blancas, pero no transparentes, pues la blancura nrsnras en absoluto. De tal manera, las que no se han
se ha demostrado en la Generación de los ( ()ndensado por un defecto de tenuidad, sino porque
colores- es propiedad de la tenuidad y de ningún ,'sl¿r h& quedado como anudada, ufla vez es desata-
modo puede ser introducida en una natutaleza que no ,kr cl nudo, continúan siendo fluidas como eran. Pero
sea muy tenuere. Por tanto, cuando parece estar pre- rro los metales, que por muy derretidos que estén, se
sente en alguna cosa sólida, se debe juzgar que ésta ( ondensan de nuevo por sí mismos y no por ningún
ha sido producida a partir de una tenuidad condensa- lr ío, puesto que se habían condensado por falta de
da en sí misma. It'nr-ridad y con mucha frecuencia, una vez fundidos
Así parece que se forman los huesos de los ani- tlrrrante bastante tiempo, dificilmente se vuelven a
males, constituidos sin ninguna duda a partrr del se- Irnrdir después.
men que no ha sido congelado por el frío (que no
está piesente en los cuerpos de los animales), sino L)tpÍturo 2J. Por qué calor y a partir de qué
condénsado por el calor. Se debe considerar que la t (),t0son producidas aquellas cosas que aparecen
sal y aquellas cosas que son similares a la sal (aunque , icrtamente cálidas, pero no blancas ni partícipes de
no pueda observarse que ha sido producida a partir Itt trunsparencia o la blandura.
del agua marina, despojada de sus partes más tenues Aquellas cosas que se muestran cálidas, pero mí-
por el calor) se han formado, como se ha dicho, a nirnamente blancas y que mínimamente participan
partir de fluidos condensados. Y no menos la plata, tlc la transparencia o la blandura bien se puede
no sólo blanca, sino también nítida y cándida; pues -si de fluidos con-
r'onsiderar que están formadas aparttr
ni el candor ni la nitidez que parece haber en la pla- tlcnsados por el calor, el cual no puede, o sólo con
ta pueden introducirse en una cosa más densa que el rnuchas dificultades,, introducirse en cosas que no se
fluido. También los metales, y no sólo aquellos que lr¿rn hecho tenues o al menos blandas y convertirse
son similares a laplata, sino incluso todos los demás, cn su sustancia- parecen haberse producido por un
no se producen de un modo diferente o por vnarazón c¿rlor ciertamente intenso y a partir de fluidos suma-
diferente a la de la plata. rrrente heterogéneos. Estas cosas no parecen parti-
Por otra parte, no se debe considerar que los flui- cipar de ninguna tenuidad, porque antes de que sus
dos, a partir de los que se hacen los metales, se con- paftes más densas, que estaban latentes y mezcladas
densan por el frío, sino por el calor,, puesto que las t:on el fluido, adquieran alguna tenuidad o blandura,
cosas que el frío congela la tenuidad no con- las partes más tenues se hacen máximamente tenues
-con
sumida, sino ligada- se condensan ciertamente en tlesapareciendo todas ellas. Quizá estas cosas no son
algunos casos a duras penas, esto es, las que han sido producidas a partir de fluidos condensados, sino a
¡rartir de tierra, sólo de ella o bien de aquella dotada
re B. Telesio, De colorum generatione, cit., pp. 31 5-328 tle partes densísimas que un calor intenso ocupó o en
64 BERNARDII{O TELESIO
v LA NATURALEZA sec(.w sr¡s pRopros pRrNcrprcs 65

las que se introdujo, pero a las que en absoluto pudo .!,una de las que son verdaderamente únicas y homo-
dotai de tenuidad, como parece suceder a las piedras sóneas esté dotada de ambas naturalezas. Esto ocuffe
que se transforman en cal. Las cosas que son así de- l)orque también se ha dicho ya- las natura-
ben ser consideradas, con independencia del sustrato -como
lczas agentes se expulsan recíprocamente con esfuer-
a partir del cual han sido hechas,, totalmente carentes /,o y la una se introduce y ocupa el lugar de la otra,
-Sin
dé tenuidad y verdaderamente densas, siendo absolu- r¡uedando transformada la disposición. embargo,,
tamente incapaces de fundirse o disolverse, así como l)ara que esto ocurra se necesita tiempo y a veces [la
totalmente desprovistas de tenuidad. tlisposición] apenas es modificada. En cambio, las
cosas que son transparentes, densas y frías
CapÍrur-o 28. Cuáles son las cosas en las que el las gemas y algunas piedras- en primer lugar-como
son
calor se encuentra como sustancia propia, aunque transformadas en fluidos por la acción del calor. Lue-
no sean producidas exclusivamente por la acción del go, extinguido el calor, debe pensarse que el frío las
calor, sino también por la delfrío. En aquellos entes ocupa y las congela, transformando los fluidos en ob-
en los que se comprueba la acción de ambos, si ver- jetos estables. Que estas cosas son así y que se han
daderamente son similares y homogéneos, no puede constituido de esta manera 1o muestran el-hielo y el
encontrarse la naturaleza de ambos. cristal. Se puede pensar que el cristal es producidó de
En verdad, hay cosas que son cálidas, duras y den- un hielo congelado en medida mayor por un frío más
sas y no porque la tenuidad se haya agotado, sino por- prolongado. Pero no se podría dar la iransparencia a
que ha sido como anudada. E,sto les ocurre a las cosas aquellas cosas que antes no hayan sido héchas muy
que han sido congeladas por el frío. Se debe conside- [enues, muy líquidas o fluidas, ni permanecerían tan
rár que estas cosas han sido producidas por el calor, transparentes, si, extraída la tenuidad, se condensaran
pues son cálidas, pero no sólo han sido producidas por por su falta. Con lo dicho quede el momento-
é1 calor, sino también por el frío, el cual o actua alterna- suficientemente explicado de qué -por
modo se producen
tivamente o reemplazala acción del calor y como que las cosas que,, si no son verdaderamente homogéneas,
liga y comprime el fluido hecho por el calor, mientras tampoco se muestran compuestas de cosas muy dife-
que el calor que está en estas cosas no es expulsado y rentes. En otro lugar examinaremos, si es posible, la
sufre o muy poco o nada. Se puede considerar, ade- generación de cada cosa más diligente y detallada-
más, que estas cosas son las que parecen muy homogé- mente.
neas yligeras, pues aquellas cosas que toman la dureza
del calor son más duras y heterogéneas. El calor no C¡pfturo 29. Por qué calor y a partir de qué ma-
extrae igualmente la tenuidad por doquier. En cambio, teria se producen los animales y las plantas.
cuandoét frio liga el fluido, no hace su superficie nada Aquellas cosas que están ró.rrprrértas claramente
heterogénea y no la transforma de ningún modo. de_partes diferentes se ve que son las plantas
Aunque estas cosas están constituidas por ambas y los animales -como forman a partir de una materia
nafixalézas, en absoluto se puede considerar que nin- completamente heterogénea y por un calor muy blan-
V
LA NATURArczu szcúw pRopros puNcrprcs 67
66 BER¡,{ARDINoTELESIo SUS

do y uniforme, si se tiene en cuenta tan sólo aquel ca- algo tan aceptado y aprobado por todos que las de-
lor que, a partir de la materia próxima, las constituye más cosas se generan del mismo modo que nadie ha
y completa. Ese calor, además, no puede extraer en investigado con sumo interés y ansiedad 1o siguiente:
absoluto la tenuidad y el espíritu que genera de una cómo se producen a partir de 1o semejante aquellas
cosa que no es dura. Los animales y las plantas pare- cosas que no parecen producidas por lo semej ante,
cen ser esto (como se ha expuesto más ampliamente como parece que sucede con muchas cosas, especial-
en su lugar): espíritu recluido en su propio revesti- mente las plantas y los animales que no parecen nacer
miento y en su propio órgano. La explicación y el de semilla alguna. ¡Por Hércules que 1o hicieron bien!
análisis de la constitución y las operaciones de ani- Ciertamente, las natutalezas no actuan ni pueden
males y plantas deben hacerse de una forma mucho actuar, sino para extenderse y establecerse en aque-
más diligente, pero debemos postergarlo para otro llas cosas sobre las que actúan. Aquellas que son
lugar. Ahora hay que explicar algunas cosas relacio- afectadas por otras no parecen sufrir otra cosa de
nadas con la comprobación y verificación de lo que ellas ni pueden sufrir otra cosa que transformarse en
hemos expuesto; después hay que refutar 1o que pue- la naturaleza agente. Por tanto, quien no declare que
de objetarse a nuestras tesis Y, Por último, deben ser cualquier cosa que es producida es producida por 1o
examinadas y ponderadas las opiniones que los an- semejante, está lejísimos de tratar rectamente acerca
tiguos han. transmitido sobre la constitución de los de las causas agentes así como de la constitución y
cuerpos primeros y segundos. generación de las cosas. Así pues,hay que investigar
las naturalezas por las que, según los antiguos, están
constituidas estas cosas.
CnpÍrur-o 30. Todas las cosas que han sido pro-
Si se confirma que las cosas que constituidas y he-
ducidas, incluso aquellas que parecen haber sido
chas pueden estar constituidas por ellas y están do-
producidas espontáneamente, son producidas por lo
tadas de aquellas naturalezas, habrá que mantener y
semejante, como han visto y sostenido los antiguos,
aceptar todas sus tesis. Pero si ellos no han aportado
aunque no lo han explicado suficientemente.
nada semejante que aparentemente pueda haber cons-
Nuestras observaciones no tienen necesidad de
ninguna otra confirmación, pues las confirrnan y es- tituido estos entes, lo que, por el contrario, yo habría
tablecen los mismos sentidos, pero si puede parecer
mostrado manif,estamente, se deberían rechazar y
abandonar todas sus tesis, debiéndose considerar que
que requieren una demostración más amplia, ésta
yo he establecido correctamente las causas agentes
solo podrá resultarnos manifiesta por el hecho de que
de las cosas, la naturaleza del Sol y de la Tierra y la
aquellas cosas que parecen nacer espontáneamente
generación de todas las cosas.
y ii, semilla alguna son producidas también por lo
Platón, al no ver nada a lo que poder atribuir la cons-
semejante, cosa que los antiguos no han explicado
titución de las plantas y los animales que nacen espon-
suficientemente.
táneamente, colocó en la mente del mismo Dios las
En efecto, el fuego ,la tietra, las plantas y los ani-
ideas de todas las cosas, es decir, las similitudes que
males más perfectos se generan por lo semejante. Es
68 BERNARDINO TELESIO LA ]''IATUK4LEzu SEGÚIV STJS PROPIOS PRTNCIPruS 69

producirían y constituirían todos los entes2o. Postura ¡rroducidas. Sorprende ciertamente que el agente más
esta remotísima y oscurísima, que no debe ser defendi- r n iversal par ezca a Ari stótele s acfu ar accidentalmente,
r

da por un filósofo natural, cuyo conocimiento depende lo cual no ha dejado satisfec.hos a muchos seguidores
por completo de los sentidos y quien no debe af,rmar liLlyos y quienes 1o aceptan, lo aceptan a causa de que
jamás sino aquello que (o algo semejante a ello) haya las otras explicaciones resultan más inverosímiles.
percibido directamente por los sentidos2r. Con razón, Otros filósofos verdaderamente ilustres, incapaces
pues, Aristóteles,ha criticado y rechazado esta tesis de aceptar las tesis de Aristóteles cuales en ver-
constantemente. Este, mucho más abiertay claramente dad resultan mínimamente sostenibles -las y que parecen
casi puede verse con los mismos ojos-, afir- ¡roder demrirse de muchos modos y en absoluto ex-
ma que sólo el Sol genera todas las cosas que se produ- plican (como se ha dicho) que las cosas que nacen es-
cen espontáneamente y sin ninguna semilla, mientras pontáneamente se generan a partir de lo semejante-,
que las cosas que se producen a partir de una semilla, han introducido en el mundo un alma única y univer-
1o hacen en virtud del calor encerrado en ella. Pero qué sal. Ésta se introduciría en cualquier materia en cuan-
semejanzahay entre larana y el Sol y cuál es esa se- to resulta aptapara recibirla o bien se han imaginado
mejanza más cercana que se investiga, Aristóteles no una inteligencia cuya función sería la de introducir
1o explica en ningún lugar, ni podría explicarlo nunca, las formas en las cosas22. Cabe asombrarse de unos y
puesto que sostiene que el Sol no tiene nada en común de otros, pues a pesar de haber visto que las almas de
con las cosas sublunares, sino que está privado los animales y todas las otras cosas producidas son
-en
su propia naítraleza y sustancia- del calor con el que generadas por el calor23 , y z pesar de haber oído al
actua puesto que [el Sol] mueve y roza el aire como mismo Aristótel quien veneran- afirmar que
por accidente, generando calor de esta manera. En las el calor produce todas las cosas, dejan de lado el calor
cosas que actuan de este modo no debería siquiera y buscan otra sustancia,la cual introduciría las almas
buscarse ninguna semejanza con las cosas generadas y en los animales y las formas en las otras cosas. Esta
posibilidad está muy alejada y oculta a los sentidos,
20 Cfr. Platón, Timeo,90e-92c. rechazada y refutada por el mismo Aristóteles. Así
21 Telesio vuelve a insistir en que los límites de la filosofia de pues, se puede juzgar que ninguno de los antiguos
la naturaleza son prescritos por la experiencia sensible. Aunque
habitualmente la jurisdicción de la filosofla de la naturaleza se
22 Cfr. Aristotelis opera cum Averrois commentariis, Meta-
defiende frente a aquellos que quieren introducir en ella conoci-
mientos que no proceden de la experiencia sean metafisi- physicorum, XII, com. 18. Para establecer todas las referencias
-ya
cos, teológicos o derivados de la voluntad-, en Il23 su períme- a Aristóteles, Averroes, Alejandro de Afrodisia, Ammonio, he
tro se distinguirá también del de la medicina. Si la filosofia de la seguido las notas de B. Telesio, La natura secondo i suoi prin-
naturaleza se preocupa de toda experiencia sensible, la medicina cipi, edición de R. Bondi, Bompiani, Milán, 2009, pp.457-467.
1o hará sólo de aquellas experiencias que tengan al hombre como Cuando cite sin nota a Bondi me estaré ref,riendo también a esta
origen o fin. Obviamente, la medicina así entendida posee un sección de su edición de la obra de Telesio.
23 Cfr. Aristóteles, Sobre la generación de los animales,ll,
campo más amplio que en la actualidad, más cercana ala psico-
logía racional que a la terapéutica. 3.736b 33-737a 6.
T
I
T

70 BERNARDTNq rELESro LA NATURALEzu SEGÚN SLIS PROPIOS PRINCIPrcS ]I

ha explicado satisfactoriamente que las cosas que se lonnir externa y en la disposición de la materia, son
producen espontáneamente,, se generan por 1o seme- :,crlrejantes a sus constituyentes por la sustancia.
jante. Tampoco parecen haber explicado satisfacto- Irl So1, pues, sumamente cálido, pero que acf:a sobre
riamente las cosas que se constituyen a partir de una ll 'fierra ---que es muy f.ía y densa y de la que está muy
semilla, pues dado que, según Aristóteles, el semen ;rlcjado-, acfia durante un buen lapso de tiempo sobre
masculino da forma a todo el cuerpo, aunque no esté :;rrs partes, moviéndose con un movimiento (como se ha
dotado de sus partes y no derive tampoco de todas tlicho) que es siempre cambiante, perenne y rapidísimo.
ellas, quizá debería habernos enseñado mejor por qué No transforma en sí mismo, ni siquiera en algo parecido
cosa semejante cada parte ha sido producida. v próximo a é1, todas las partes de la Tierra, igual que el
lircgo tampoco transforma en fuego todo aquello sobre 1o
CnpÍrur-o 31. Se debe considerar que son produ- t¡rrc actua. Sin embtrgo, aleja de la naturaleza de la Tierra
lrrs partes sobre las que acf¡ay las hace de su propia natu-
cidas por lo semejante no sólo aquellas cosas que po-
seen unaforma exterior semejante a las cosas que las r;ieza, esto es, dota a todas de ur cierto calor y una ciefia
han constituido, sino también las que estan dotadas tcrruidad, haciéndolas partícipes de su propia natwaleza
de una naturaleza similar, aunque su forma externa y fbrma. A algunas las hace muy cálidas y tenues, como
sea diferente. De qué modo las cosas que se generan, rrquellas que son transformadas en vapores muy calientes y
o espontáneamente o a partir de una semilla, son tcnues o, incluso, las mismas almas de los animales. Pero
producidas por lo semejante. r¡ue nadie piense que afirmo esto del alma humana que
Según mi opinión, si no me equivoco, es posible lra sido introducida por el mismo Dios en cada uno de los
observar con más claridad que la misma luz que las cLrerpos de los hombres, como nos enseñallno sólo las Sa-
cosas que se generan se producen a partir de lo seme- gmdas Escrituras, sino ----como he dicho más largamente
jante. Aunque pienso que está suficientemente com- cn otro lugar- también la razon humana. Lo que se ha
probado apartir de 1o que se ha dicho, sin embargo, lo rlicho sólo sirve para explicar el alma que sale del semen y
mostraré más pormenorizadamente. Adelanto que no clue se puede considerar obra de la naturalezaagente. Uni-
debe considerarse que son producidas por 1o similar camente hablaremos de ésta siempre en todo este libro2a.
sólo aquellas cosas que poseen la misma apariencia
externa que sus constituyentes, sino también aquellas :a Bondi recuerda que, en este punto, Telesio ha modificado su
que, aunque poseen una apariencia externa diferen- tcoría del alma respecto de la primera edición de De natura, donde
te y diversa, están dotadas de la misma naturaleza, cl alma se identificaba en todo caso con el espíritu que procede del
incluso si ésta no se ha introducido íntegramente, al scmen. También indica que este tema ya habría sido tratado por
haber sido debilitada y disminuida por una nafiiraleza l'clesio en Quod animal universum ab unica animae substantia
preexistente que le era contraria. Los entes, en efecto, .4tbernatur. Contra Galenum, obra en la que habría defendido un
l)arecer idéntico al de la primera edición. Por otra parte, Telesio
no son sus formas externas, sino la sustancia ínsita. tliscurrirá acerca del alma divina en el libro V de la tercera edición
Por eso, se debe considerar producidas por lo seme- tlc De rerum natura. Es interesante que Telesio no indique qué
jante aquellas cosas que, aun siendo diferentes en la lLrgar de la Biblia refrenda la teoría de la inmortalidad del alma.
72 BERNARDINO TELESIO LA ¡IATURALEzu s¿cú¡r¡s¿.¡s pRopros pRrNclptos 73

Todas las cosas que son producidas por el So1 pa- Incluso el fuego, que es producido por el movi-
recen haber sido constituidas por algo semejante, rniento y el rozamiento de cuerpos duros, parece ser
pero debilitado y rechazado por la fuerza contraria producido por lo semejante, al provenir el movi-
de la Tierra, y por eso (como se ha dicho) no son del rniento, como ha quedado expuesto, de la sustancia
todo semejantes e idénticas al Sol, sino que partici- propia del calor y ser su operación, con la cual el
pan todas de su naturaleza y sustancia. Del mismo calor se conserya y se deleita y sin la cual no po-
modo, me parece que las cosas producidas a partir dría subsistir de ningún modo. Esto se puede com-
de una semilla claramente son producidas por algo prender clarísimamente por el hecho de que, apenas
semejante, a pesar de que esa semilla no proviene de cs producido, el fuego se mueve inmediatamente y
las partes singulares del cuerpo y que no esté dotada mientras existe no cesa nunca de moverse e impedi-
de todas las partes que parecen tener los animales do el movimiento, se extingue en un momento. Esto
constituidos a partir de ella25. Como será explicado ocurre por el hecho de que la inmovilidad, que pro-
más ampliamente en su lugar, el calor del útero pa- viene del frío y es propiedad del frío, en absoluto
rece ejecutar el papel del artífice en la generación puede unirse al calor, sino que dondequiera que se
de los animales y de forma variada transforma tanto produzca frío se producirá necesariamente inmovi-
el semen mismo como la sangre de la mujer, attaída lidad, en el cual inhiere la inmovilidad y al cual está
por el espíritu producido en el semen, siendo ambos completamente pegada,, como si fluyera de é1. Así,
y sangre- muy heterogéneos. Este calor sr quisieras mover a la misma Tierra, sería necesa-
-semen
introduce en ambos diferentes sustancias, formas y rio que introdujeras en ella calor y la transformaras
disposiciones, de acuerdo con las fuerzas, disposi- finalmente en lanaturaleza del cielo y del fuego. La
ciones y cantidad de las cosas en las que actúa. Sin Tierra no podría llevar a cabo las operaciones que
embargo, todas ellas son propias del calor, de tal provienen de la sustancia del fuego y del cielo, sin
modo que hay que juzgar que son producidas ente- asumir la naturaleza, eI carácter y la fuerza del fue-
ramente por 1o semejante, no porque estén dotadas go y del cielo. Se puede considerar que la operación
de la misma cantidad y forma externa de los padres, propia no sólo está conectada y unida a la sustancia
sino porque todo 1o que tienen lo tienen por el calor, que la produce, sino que es una con ella, no sólo flu-
por el cual han sido producidas. yendo perpetuamente de ella, sino llevándola, ade-
más, y transportándola consigo a todas partes. Por
CapÍrulo 32. También elfuego, que es producido tanto,, se debe considerar que el calor, producido por
por el movimiento y el rozamiento, es producido por el movimiento, producido por la operación propia
lo semejante. del calor, es producido por la misma sustancia del
calor.
25 Traducimos por semen y semilla, dependiendo del contex-
t:;,r:"T:r:n el original queda representado por un único térmi- CapÍruro 33. Por qué el cielo ha sido constituido
alrededor de la Tierra. Por qué ha sido distinguido
q
74 BERNARDI]{O TELESIO LA NATURALEZA SEGÚN SUS PROPIOS PRIIVCIPrcS 75

con estrellas y dividido en esferas, las cuales no se y la facultad de restaurar en su propia nattraleza las
mueven con un mismo movimiento25. partes destruidas y transformadas eñ otra nattraleza.
Era necesario que uno de los dos cuerpos princi- El cielo debía estar distinguido, por tanto, con estre-
pales estuviese contenido en el otro, de tal manera llas y con un Sol máximamente grande y luminoso,, ab_
que el mundo completo fuese esférico, que no se ex- solutamente único, por el cual todas lai cosas quedan
tendiera en línea recta y que la Tierra se colocara en iluminadas y el cual da vida a todo. Debía darle u, doble
una parte y el cielo en la otra. Pues si uno de los cuer- movimiento a todas las estrellás y, sobre todo, al Sol: el
pos primeros no contuviese y rodease al otro uno, muy veloz, por el cual girana el Sol a tal veloci_
vemos que ocurre-, se enfrentarían y se evitarían-como dad que no transformana ninguna parte de ra Tierra ni
recíprocamente, al ser opuestos y contrarios el uno a ninguna parte peffnanecería ocultb; el otro, más lento
al otro. No se producirían las cosas que vemos que y vago, por el cual lo llevaría de aquí a allí, de tal modo
son realizadas por el Sol a partir de la Tierra, o no que no se elevara directamente por largo tiempo sobre
se producirían apartir de toda ella, y tampoco existi-
ry.ngun? parte, ni permaneciera alejadó de ninguna de
ría un único mundo. Posiblemente el cielo no podría ellas, sino que diera a luz a todas ias cosas igñalmen-
moverse, al no tener nada inmóvil sobre 1o que grcar te e hiciera agradables todos los lugares para Iodos los
o se movería por el vacío, pues nada estable o firme animales, deteniéndose en cada lu§ar y élevándose de
lo retendría. modo casi directo, como actuando-con más fuerza, de
Todo el cielo no debía estar dotado de las mismas tal manera que supere y transforme todas las cosas, sin
fuerzas, ni que éstas fuesen grandes, puesto que, ro- destruirlas, y caliente con luz habitual y duradera a las
deando por todas partes a la Tierra y transformándola que no puede transformar directamente.
a toda ella del mismo modo, habria producido una Era necesario, por tanto, que el cielo no estuviese
sola cosa, haciéndola arder y, finalmente, destruyén- totalmente unido y entremezclad,o,ni que fuera abso-
dola, pues no le daria ningún espacio en el que ella lutamente único, sino que estuviera dividido y dife-
pudiera. rehacerse y volver a su ser. Por tanto, era renciado en muchas esferas, de tal mane.u qré éstas
necesario que se le concediera al cielo una suma te- no se movieran a la misma velocidad, ni sobre los
nuidad, que debilitaria el calor que se expandiera por mismos polos. Pues si el cielo fuera completamente
ella,, reuniéndose y haciéndose más intenso solamen- único y transportase consigo mismo todoi los astros
te en algunos lugares en los que, actuando intermi- e incluso el mismo sol, si las mismas esferas de los
tentemente, transforrnase la Tierra, pero sin destruirla astros se movieran con su propio movimiento con la
absolutamente, permitiéndole, en cambio, el espacio misma velocidad o con la misma del cielo más alto y
si el Sol, incluso cuando va hacia atrás y por Ia par-
2rr §" trata de uno de los capítulos en los que no sólo la cos-
te contraria, se elevara continuamente én el miimo
modo y actuara con las mismas fuerzas sobre todas
mología de Telesio resulta más anticuada, sino que su discurso
se sostiene sobre un normativismo dificilmente compatible con
las partes de la Tierra, finalmente el Sol quem aria y
el proclamado empirismo metodológico. destruiría aquellas partes de la Tierra como las
-urí
76 BERNARDINO TELESIO LA NATURALEZA SEG¿A/SUS PROPIOS PRINCIPrcS 77

cercanas a éstas- sobre las que se eleva directamen- rio y lo diferente. En vano desearían conservarse y
te y alcanza su máximo grado. Sin embargo, aquellas rechazarían corromperse, si no reconocieran 1o que
partes extremas cuales el Sol no alcanza o lo las conserva y lo que las destruye y no se esforza-
-las
hace de modo absolutamente oblicuo- nunca las ca- ran por seguir lo primero y evitar lo segundo. Se ve
lentaría ni las iluminaria. Para que esto no oculra, era que todas estas propiedades han sido concedidas a las
necesario que el Sol y todos los astros próximos no naturalezas agentes. Aquel que las creó no descuidó
sólo rodeen, sino que se muevan de un lado a otro, su conservación, como un artífice inerte que no las
pero, para ello, era necesario que a cada uno de ellos hubiera dotado de todas aquellas cosas que necesitan
se le diera su propia esfera y a esas esferas se les die- para.conservarse: el sentido del propio bien y de la
ra esos movrmlentos, a través de los cuales el So1 se propia conservación y del propio mal y de la propia
puede acercar y alejar,lo cual es necesario que ocuffa destrucción; la facultad, además, y el deseo, gracias a
y se ve que efectivamente ocuffe. los cuales pueden seguir 1o primero y evitar lo segun-
do, dado que se había establecido que fuesen contra-
Cepírulo 34. A ambas naturalezas agentes les ha rias, dañándose y eliminándose mutuamente.
sido otorgada la.facultad de sentir, siendo la única que Tanto a Aristóteles, de modo particular, como a to-
el cielo y la Tierra comparten, aunqLte al calor se le ha dos los demás filósofos les parece que el calor y el
concedido esa.facultad de modo mucho más refinado21. frío por sí mismos, cuando el uno supera al otro en
Como se ha visto, cualesquiera cosas que se en- intensidad, se reúnen y se concentran en sí mismos
cuentran en el cielo difieren sumamente de las que y, por esto, toman fuerzas, es decir, el uno percibe y
se encuentran en la Tierra, lo que resulta sumamen- nota la acción del otro y la pasión propia. Si el uno no
te conveniente, ya que están constituidas por natu- sintiera al otro, ni el calor ni el frío se concentrarian
ralezas sumamente diferentes. Y si esas naturalezas o se reunirían nunca, mientras que se esfuerzan al
tienen algo en común, es necesario que en ello sean máximo por ampliarse y difundirse en todos los sus-
similares y parecidos los entes constituidos por ellas. tratos. Tampoco el uno tomaría fuerzas con la venida
Pero como las naturalezas se deben conservar, resultó del otro, si no se concentrase y no se uniese. Puesto
necesario que se les introdujera no sólo el máximo que al calor y al frío se les ha dotado del sentido de
apetito de la propia conservación y el máximo odio la propia conservación y de la propia destrucción, re-
a la propia destrucción, sino también la capacidad de sulta conveniente que todos los entes estén dotados
reconocer 1o afin y 1o semejante frente a [o contra- de este sentido,, esto es, que en todos los entes las pro-
pias naturalezas agentes sientan. Como se ha dicho,
27 Presenta Telesio una teoría que ya habia sido sugerida en todo 1o que los entes son, realizan,padecen u operan
los capítulos anteriores: la del pansensismo. Este no aparece se 1o deben a las naturalezas que los constituyen. Por
como principio absolutamente primario, sino, más bien, como este motivo, se debe juzgar que la materia por
una de las consecuencias que hace efectiva la autopreservación
sí misma está privada de toda acción y de toda -que opera-
que caracteriza a los entes. Si los entes no pudieran sentir, la
autopreseración sería imposible. ción- está privada también del conocimiento.
V
18 BERNARDINo TELESIo LA NATURALEZA SEGI]N SLIS PRoPIqS PRINCIPrcS 79

Se ve que los entes sienten. Por tanto, puedes ver senil, que sólo se hace más tenue pero no más cálido
que mnchos entes se alejan de unos y se acetcan a (como se ha expuesto en su lugar más ampliamente),
ótros,, incluso siguen a aquellos que se alejan. La natu- percibe mucho más exquisitamente con el sentido del
rulezaparece aborrecer sumamente el vacío y no poder olfato, esto es, aquellas cosas que se dirigen directa-
soportárlo en absoluto,, porque el contacto mutuo de- mente al espíritu, pues 1o que percibe por la piel, los
leiia y estimula a los entes, que aborrecen verse priva- nervios o cualquier otra cosa intermedia, en algunos
dos de é1. Cuando un ente es alejado', otro lo sigue con casos 1o siente menos, puesto que la acción de las co-
sumo esfuerzo, puesto que no quiere estar separado de sas sensibles atraviesa con mayor dificultad esas partes
é1. Los entes sienten, por tanto, el mutuo contacto y que son más densas y más duras, afectando por tanto
la mutua acción. Si no hubieran adquirido algún co- menos al espíritu que está en ellas.
nocimiento después de haber padecido un bien o un Pero sea porque el espíritu que existe en un sustra-
mal cualquiera, no seguirían 1o primero ni evitarían 1o to tenue padece más fácilmente, sea porque el calor
segundo. Para que lo hagan, es necesario que a veces tiene esta propiedad de por sí, de suerte que puede
ejérzan alguna violencia sobre la propia naturaleza, más prontamente seguir 1o bueno y evitar lo malo y
esto es, que se muevan aquellas cosas que son inmóvi- debe ser conservado en mayor medida, parece cierta-
les y las que son móviles que se muevan con un movi- mente que el espíritu cuanto más cálido, más siente.
miento nátural, aunque desacostumbrado2s. No he sido yo el primero en decir esto, pues Galeno
Parece, por tanto, que a las naixalezas agentes les ya dijo,, hace mucho, que la abundancia de calor pro-
ha sido dado el sentido de |a propia conservación y del duce iracundos y furiosos, pero una temp erattra fria
propio bien, 1o que convenía que les fuera otorgado' estúpidos, pesados y perezosos2e. Ya se haya dado al
^Sirembargo, calor [una facultad de] sentido mayor, o la misma a
no se les ha dado a ambas el mismo sen-
tido, sino á1 calor uno más refinado, como muestra el ambas naturalezas, se ve ciertamente que a ambas les
espíritu encerrado en el cuerpo de los animales, el cual ha sido dado y que convenía que a ambas se les diera.
está dotado de un espíritu tanto más exquisito cuan-
to más cálido y tanto más aletargado cuanto más frío, CnpÍrulo 35. lVo se puede sostener que no se ha
ya se haya llegado a esta sifuación por naturaleza, por dado la capacidad sensitiva a todos los entes porque
énfermedad o por una circunstancia cualquiera. Esto no se haya dado a todos los órganos del sentido, los
puede deberse ál hecho de que el espíritu más calien- cuales no son en absoluto órganos del sentido, sino
te es también más tenue, por lo que padece mucho y, vías y caminos por los que las acciones de las cosas
por consiguiente, siente también más fácilmente' No sensibles pueden llegar al espíritu que siente.
ie puede considerar que el sentido sea otra cosa que Por el hecho de que a algunos entes no se les haya
la percepción de la propia pasión. Por esto, el espíritu dado los órganos con los que los animales parecen

2e Galeno, Quod animi mores corporis temperamenta se-


2s Primera manifestación de la teoría de que para los cuerpos
móviles no existe movimiento <<contra natura>>. qtrantur, cap. 8.
80 BER¡¡ARDINO TELESIO LA NATURALEzu SEGUN SUS PRoPIoS PRINCIPrcS 8I

sentir, no se debe pensar que sólo los animales están allí donde el espíritu es más abundante y está menos
dotados de la facultad de sentir y que los demás entes cubierto. En el éspíritu, que de alguna *ánera está cu-
están totalmente privados de ella. No parece que los bierto y protegido, siguen actuando esas fuerzas, pero
órganos del sentido otorguen una facultad de sentir y no cuando son suaves y están como dormidas y muer-
de operar o una facilidad para sentir (que es la función tas, tal como parecen existir en los alimentos. Só1o el
de los órganos), sino que se limitan a admitir, o a no cspírifu que se encuentra en los nervios más blandos
rechazar con fuerza,la acción de las cosas sensibles. de una lengua muy relajada percibe estas fuerzas tan
Por tanto no son órganos, sin los cuales o no se siente débiles, que actuan sobre el espíritu que está cubierto
nada o se siente algo con mucha más dificultad, sino por una cosa muy suave.
sencillamente vías y caminos (como se ha expuesto Sobre este espíritu no pueden actuar ni los olores,
más largamente en su lugar) por los cuales la acción cs decir, las disposiciones del aire ni la luz, sino que
de las cosas externas y las mismas cosas se presentan cs necesario que se trasladen directamente al espíri-
al espíritu, que es el que verdaderamente sienter0. tu, no recubierto por ningún nervio o piel, y que se
En efecto, el sentido que está presente en los anima- rnezclen completamente con é1, pues, al estar dotados
les no es propio de todo el cuerpo, sino sólo del sistema de fuerzas extremadamente débiles, si no lo tocasen,
nervioso y ni siquiera de todo é1, sino del espíritu que, no podrían modificarlo en lo más mínimo. Por tanto,
como se ha expuesto más ampliamente en su lugar, re- para que el espíritu perciba las afecciones de la luz y
side en é1. Así, cuando los nervios son cortados o tapo- del aire, se debe abrir vías y caminos para el aire y la
nados de tal manera que el espíritu no puede penetrar luz, como parece que se ha abierto. No parece cierta-
en ellos, el animal no siente en absoluto las pasiones mente que los conductos de la nariz o la suma trans-
de la parte a la que estos nervios conducen. Por eso, parencia de la túnica de los ojos conceda otra cosa,
paru que se produzca el sentido en el animal, es nece- sino abrir un camino a aquellas cosas que entran: al
sario que la acción sensible llegue al espíritu mismo aire que penetra por los conductos de la nariz y a la
y que actue sobre é1. El animal sólo parece sentir allí luz [que penetra por] las túnicas accesibles de los
donde el mismo espíritu se ve afectado y no en otro lu- ojos. Las orejas no hacen otra cosa que acoger y con-
gar. Por tanto, percibe en cualquier parte del cuerpo las servar unido el aire que ha llegado a ellas, impidiendo
fuerzas intensas y vigorosas del calor y del frío, pero que el aire y el movimiento que en él se ha produ-
sólo con esta diferencia, que siente más precisamente cido se difunda y disipe. E,ste movimiento, comuni-
cado a1 espíritu, se manifiesta como el sonido. por
30 L. De Franco, Introduzione a Telesio,cit.,p.99.ha mostra- consiguiente, los órganos el sentido no parecen dar
do la dificultad que existe para compaginar esta teoría del órgano a los animales la facultad ni tampoco la facilidad de
como vía,y no como facultad sensible, con el mismo pansensis- sentir, como hacen los instrumentos de los artesanos,
mo. Si todas las cosas sienten, incluso si el espíritu siente con sino que se limitan a acoger las acciones de las cosas
más precisión que los órganos, ¿por qué no habrían de sentir
sensibles y las cosas sensibles mismas. Son tan sólo
los órganos? Curiosamente, el pansensismo telesiano conoce una
limitación: los mismos órganos. vías por las que la acción de las cosas externas y las
V
82 BERNARDINO TELESIO LA NATURALEzu secúu sus pRopros pRrNcrprcs g3

cosas mismas son llevadas al espíritu encerrado, pues t¡ue la elemental, sino que es producido en el aire su-
si no, al estar cubierto por el cuerpo y los neryios, hlunar, al ser agitado y sometido a rozamiento por el
no podría ser afectado por nada. Los demás entes, al nrovimiento del cielo. Por tanto, el calor, producido
no estar dotados de ninguna cobertura, sino siendo cn los elementos y accidentalmente, puede ser con-
como aparecen, no tienen necesidad de orificios en siderado más innoble que aquel elemento, pero cier-
la cobertura para percibir las propias pasiones, sino tumente no de otra cualidad. Necesariamente, pues,
que, al ser verdaderamente únicos y homogéneos, es todas las propiedades que tienen los cuerpos mixtos o
necesario que sientan por igual en las partes externas compuestos deben ser atribuidas a ambos principios y
como en las internas. a ambos cuerpos primarios o, al menos, a uno de ellos.

CepÍrulo 36. Si los sentidos y el movimiento no CepÍrulo 37. Ambos principios agentes y ambos
fueran propiedades de ambos principios o de uno de ('uerpos primeros o principales son eternos, a pesar
ellos, no podrían atribuirse a ningún ente. tle la opinión de Aristóteles, quien sostiene lo con-
Si los sentidos, el movimiento también la I rario3l
luz,la blancura, la tenuidad y por-pero
.

tanto aquello que Ambos principios agentes y ambos cue{pos princi-


está incluido en uno o en ambos cuerpos principa- pales son eternos, y no parece que el uno corrompa
les-, no fuesen propiedad de ambos principios o al al otro, por mucho que sean sumamente contrarios y
menos de uno de ellos, no podrían ser atribuidos a opuestos. Ciertamente el calor y el cielo
ninguno de los entes que están constituidos por ellos, do por un calor que es extraordinariamente -constitui-
grande
por más que mutuamente se alteren, transfoÍnen y c intenso- están enorrnemente lejos de la inslgnifi-
modifiquen. Aquello que es alterado y transformado c.ante y débil Tierra. La Tierra misma no es corrompi-
no recibe de aquello por lo que es transformado e in- tla completamente ni por los otros cuerpos divinos ni
fluido nada que no sea una propiedad suya fde aque- por el mismo Sol, el cual, al estar alejadísimo (como
11o que transforma], sobre todo si es más noble y más se ha dicho) y desplazarse con un movimiento, aun-
excelente. Por tanto, se debe considerar que aquello clue rapidísimo y perenne, siempre diverso, no actúa
que tienen los cuerpos principales todo aquello ni vehemente ni prolongadamente sobre las mismas
que es generado y constituido a partir-y de ellos, cual- partes de la Tierra. Parece, pues, que sólo la parte su-
quiera que sea el modo por el que se han generado-, perior, la superficie, es calentada y transformada por
es propiedad del frío y del calor. E,sto vale para los cl Sol, pero que la Tierra misma, sin embargo, per-
peripatéticos no menos que para mí.
Pues a pesar de que, según ellos, el cielo es incapaz
3r A.pesar de que la
de calor y está desprovisto de é1, [el cielo] no emite .bro, crítica parecia reservarse al segundo li-
nada más que calor, el cual no deriva de la sustancia toda esta última sección del primer libro estará dedicada a
rechazar aspectos fundamentales de la cosmología peripatética.
propia del cielo, la cual podría qutzá ser considera- Además, en este rechazo, harán acto de preseniia por-primera
da de una cualidad diferente, más excelente y divina vez algunos de los principios de la cosmovisión de felesio.
V
84 BERNARDINo TELESIo LA NATURALEzu sEGUNsus pRopros pRrNcrprcs 85

manece siempre idéntica, pues las partes de las que el que todas las formas y cualidades están presentes en
Sol le ha privado son restituidas de diferentes modos. toda la materia y en cualquiera de sus partes, pero
Las partes un poco más profundas no se calientan no se encuentran todas siempre en acto, sino tan sólo
nunca, sino que pernanecen perpetuamente gélidas, una mientras las demás están en potencia, esto es, no
en la cuales quedan extinguidos no sólo los animales, activas, como dormidas, las cuales, por tanto, parece-
sino incluso el mismo fuego. No parece que el calor rían haber sido introducidas en vano por la naturaleza
que se siente en invierno bajo la superficie de la Tie- si no pasaran al acto de vez en cuando y se alternaran
rra, introducido por el So1 del verano, o aquel que a lo largo del tiempo eterno33.
parece existir perpetuamente en las partes un poco En primer lugar, sostienen una cosa que ninguna
más profundas, pueda penetrar hasta el centro de la imaginación puede concebir. Para ellos, las naturale-
Tierra o descender hasta partes mucho más profun- zas agentes están despojadas de su capacidad de ac-
das. Este calor,, que se hace muy débil cuando apenas tuar y como durmientes. Además, siendo muchísimas
desciende un poco, si no es destruido por el potente y máximamente contrarias entre sí, estarían unidas
frío propio de la Tierra, no puede aYafizar más y es y conectadas entre sí, casi hechas una misma cosa,
comp letamente r echazado . existiendo simultáneamente en cualquier parte de la
Los argumentos de los peripatéticos no convencen materia y casi en el mismo punto, de tal manera que
de lo contrario. Según ellos, toda la Tierra y todos los cualquier parte de la materia y cualquier punto sería
cuerpos sublunares tienden a coffomperse, porque capaz de convertirse en cualquier ente. En segundo
están dotados todos de una materia común a todos, lugar, si todas las formas están contenidas siempre en
la cual, al poder recibir todas las formas, ni puede ni la materia, ninguna forma se coffomperá ni se gene-
quiere mantenerse en una única forma. De esta suerte, rará nunca, sino que aquella que parece coffomperse
incluso si no hay ninguna forma contraria que actúe será como arrojada al sopor y la que parece generarse
sobre la forma que actualmente inhiere en la materia, se despertatá,, existiendo esta forma perpetuamente,
el mero apetito y potencia de la materia basta, segú1
Aristótelás, para incomodar y expulsar a la forma32. 33 La teoría aristotélica de la potencia
es una auténtica bestia
Así, el aire sublunar, aunque no patezca estar afec- negra para Telesio. Interpreta la potencia como un especie de
tado por ningún contrario, parece coffomperse, por- acto en miniatura que conviviría pacíficamente con otros actos
en miniatura, lo que, parala teoría telesiana del acto y de la natu-
que su materia, mínimamente contenta de su forma, raleza agente, se trata de una contradicción en los términos. Para
ápetece las otras formas que puede recibir y convie- Telesio, en cada realidad, existe una sola naturaleza agente que
ne que reciba, para que esta potencia de recibir otras puede cambiar, no porque en potencia contenga otras naturalezas
formas no quede frustrada. Los peripatéticos estiman agentes, sino porque es atacada y modificada por otras naturale-
zas agentes externas. De hecho, esta crítica a la potencia resulta
rnuy similar al rechazo a la composición de los cuerpos mixtos
32 En la medida en que no sea completamente pasiva, Telesio por los cuatro elementos: para Telesio, resulta simplemente im-
criticará la teoría de la materia aristotélica, la cual respetará enla posible que cuatro naturalezas agentes convivan armónicamente
mayoría de los casos que la menciona. en un único ser.
V
86 BERNARDINo TELESIo LA NATURALEzu SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 87

ora en potencia ora en acto, esto es, ora vigente y no 1o encuentre y, una vez encontrado, no 1o des-
activaora durmiente e inactiva. Por 1o tanto, toda apa- truya. Aunque la forma victoriosa no pudiera hacer
rición de formas no se podría considerar una gene- esto, ciertamente nunca sería superada y expulsada
ración, sino su despertar o resuffección. Las formas por aquella a la que ha arruinado y ha despojado de
perrnanecen idénticas siempre en la misma matería, toda capacidad de actuar, pues no quiere y rechaza
difiriendo exclusivamente las unas de las otras en que el ser expulsada. Por tanto, las formas externas, se-
no están perpetuamente activas ni despiertas, sino mejantes a las formas internas que se esconden en
que de yez en cuando duermen (como se ha dicho) y la materia, no sólo sostienen los peripaté-
se vuelven ociosas. ticos- preparan la -como
materta y Ia hacen apropiada y
Resulta sorprendente, además, que la nueva forma apta a ellas cuales, cuando se ha hecho esto,
expulse y quite de en medio a la forma que existía salen alaluz-las y comienzan a actuar-, sino que real-
en acto, aunque activa y contraria pero ya casi muer- mente las generan, sin que preexistan en absoluto,
ta o sumida en un profundísimo sueño y carente de mientras ellas mismas se amplifican y se multiplican
cualquier facultad de actuar, y no la expulse ni la y dan a las cosas vecinas la propia naturaleza, como
elimine completamente, ya que la vieja forma le es es propio de las naturalezas agentes.
completamente contraria. [La nueva forma] desea y Tampoco debe considerar Aristóteles que nece-
se esfuerza continuamente por destruirla, 1o que fi- sariamente cualquier potencia debe ser conducida
nalmente conseguirá, si en la naturaleza no existe la al acto, sino sólo aquella que es propia de los entes
materia, sino sólo formas en potencia. De este modo particulares, con la cual pueden operar conforme a
la materia y el sustrato no serán de ninguna utilidad, la propia natttraleza. Es necesario que ésta no sólo
sino que bastarán las solas formas, con lo que Aristó- sea conducida al acto, sino que inhiera siempre en el
teles no podrá estar de acuerdo. El juzga que la ma- acto,, esté fija siempre al acto y sea una sola cosa con
teria y el sustrato son necesarios para la generación el acto; esto es, encontrándose en cada ente y siendo
de las cosas y que su naturaleza es muy diferente propia de cada ente,, esa naturaleza no necesita nada
de la privación y de las formas en potencia. La for- externo para la propia operación. Sin embargo, no
ma que ha expulsado a la contraria estaba en aquella por la cual los entes pueden ser afectados por
acto, activa y opuesta- no le permitirá -queestar ahí ni otros, la cual no es propia de aquellos entes que ac-
en potencia ni de ningún otro modo. El calor, pues, túan o que se coffompen, que no es libre ni absoluta,
tras haber expulsado y eliminado el frío vigente de la sino común a unos y otros y como bajo condición,
Tierra y existente en acto, no quiere que el frío esté esto es, a condición de que el que sufre se una a aquel
ni en potencia ni que resida o viva de ninguna otra que actúa, es decir, que el más débil se una al más
manera en la materia que ha ocupado completamente fuerte, puesto que ninguna necesidad obliga al uno
y en la que está vigente y reina. El frío no puede opo- a actuar y al otro a sufrir. Aquellos entes, sobre los
ner resistencia ni ocultarse, ni descender a ningún cuales los contrarios más fuertes no pueden nunca ac-
escondite, donde el calor, que perrnea y ocupa todo, tuar, serán eternos y no se coffomperán nunca.
T
I

88 BERNARDINO TELESIO LA NATURAuEzu sncú¡v sus pRopros puNcrprcs 89

CapÍrur-o 38. Las razones y los signos por kt,t' Puesto que (según dice) todos los cuerpos naturales
que Aristóteles defiende que el cielo no es ígneo, atri- trcnen un movimiento natural y propio, gracias al cual
buyéndole una sustancia completamente diversa dr '.t' rnueven por su propia nattraleza, se debe considerar
las cosas sublunares. tluc ileuellos que tienen un movimiento similar son si-
Puesto que tanto Aristóteles sostiene que el ciekr rrrilares, aquellos que 1o tengan contrario son contrarios
carece de calor y es incapaz de é1, como algunos dc v aquellos que 1o tengan diferente son diferentes. De las
sus discípulos consideran también que el calor y cl y el agua son similares, pues
t't)soS sublunares, la tierra
frío no son sustancias, sino accidentes 1o quc rrnrbas se mueven hacia abajo, y el aire y el fuego son
no pueden ser ni formas de los cuerpos -por
simples ni trrrnbién similares, pues ambos se mueven hacia arri-
mucho menos de los compuestos, ni en absoluto prin- l,rr; éstos son totalmente contrarios a aquéllas, pues el
cipio de las cosas, pues las sustancias no pueden estar rrrovimiento que va del centro a arnba se muestra com-
constituidas por los accidentes-, hay que explicar y ¡rlctamente contrario y opuesto al que va hacia abajo o
examlnar sus argumentactones. lurcia el centro. En cambio, se debe considerar que el
En primer lugar deben ser examinadas aquellas opi- ciclo, que tiene un movimiento circular, no es ni similar
niones que niegan el calor al cielo, pues si no fueran rri contrario a ninguno de ellos, pues no se mueve con
firmes, al mismo Anstóteles le parecería que el cielo, rnr movimiento similar o contrario, sino completamente
que calienta muchísimo, es cálido. Y todavía más si rliverso. En efecto, el movimiento circular no se puede
se muestra que el Sol en absoluto parece poder hacer considerar contrario al movimiento que va desde el cen-
calor del modo que opina Aristóteles, a saber, movien- tr'o o hacia el centro, puesto que estos dos son mutua-
do y rozando las cosas sublunares, como será demos- nrente contrarios y un único movimiento no puede tener
trado en su lugar. Pero si el Sol calienta en virtud de r'¿rrios contrarios. Tampoco se puede considerar propio
su propia sustancia, no será lícito continuar dudando tlcl fuego ese movimiento con el que parece desplazarse
aaerca de si el calor es sustancia o forma, habiéndolo con el cielo, pues elfuego parece dirigirse pornaturaleza
de considerar forma del mismo cielo y del mismo Sol, lracia ambay un cuerpo sólo tiene un único movimiento
pues no podrían conceder otra naltraleza al Sol que lrropio y natural, igual que única es su naturaleza3s.
aquella por la que parece acfriar, pues Aristóteles pro- Según Aristóteles, todos los otros cuerpos, incluso
híbe multiplicar las sustancias sin necesidad y temera- l:r Tierra misma, se mueven por naturaleza, porque
riamente3a. Eapues, explíquense las argumentaciones l¿r naturalezaparece principio de movimiento36. Por
de Aristóteles, por las cuales priva al cielo del calor csto, todos los cuerpos naturales, puesto que tienen
y demás cualidades propias de las cosas sublunares, eI principio de movimiento en sí mismos, parecen
y dice que el cielo está constituido por una sustancia nroverse por la nattraleza de la que están compues-
completamente diferente. tos. Además, puesto que se mueven, si no se movie-

3a En comentarios como éste se muestra el ambivalente trato r5 Cfr. Aristóteles Acerca del cielo,I, 2,268b l5-269a 32
,
16 Cfr. Aristóteles, Acerca del cielo,I, 2,268b t6-t7
que Telesio tiene con su principal fuente y objeto de crítica. .
V
90 BERNARDINO TELESIO LA NATUk4LEzu SEGUN SUS PRoPIoS PRINCIPrcS 9I

ran por naturaleza, sería necesario que se movleran mente su propio lugar, es decir, el fuego se mueve por
por ,.ru fuerza contraria a la natutaleza. Pero si hay naturalezahacia arrlba y la tierrahacia abajo3e.
átgtn movimiento contrario a la naturaleza, es nece- Así pues, puesto que, según Aristóteles, los entes
ruiio que haya un movimiento natural contrario a é1. sublunares se mueven por naturalezay los vemos mo-
Pues |b que es contrario a la naturaleza es posterior verse con un movimiento diferente al del cielo, por
a lo que és por naturaleza y es una especie de exceso cso el cielo parece de una sustancia diferente de la
en la generación de aquello que es según naturale- de las cosas sublunares. Además, si el cielo fuese íg-
za. Alemás, puesto que descansan, es necesario que neo, al ser tan superior en masa y al ser tan activo el
descansen, ya sea por naturaleza o violentamente' luego, yahabría destruido todos los demás elementos
Reposan con violencia allí donde son llevados por y habria ocupado toda la materiaaO. Por esto, según
violencia y descansan por nattraleza alli donde son Aristóteles, los elementos no parecen hacerse daño
llevados por naturaleza. Por consiguiente, ya que cn absoluto por su acción recíproca, sino que se man-
algo parece permanecer en el centro, si esto ocuffe lienen siempre tal cual son, por el hecho de que el
nr-trrtá1*enté, es claro que también la traslación que uno no excede al otro, sino en la medida en que pare-
1o lleva hasta ese lugar sucede por natutaleza. Esto
ccn transformarse el uno en otro. Toda el agua y todo
es: si el reposo es por |a naturaleza, también será cl aire están en la misma relación que existe entre una
natural el désplazamiento que lo ha conducido hasta ¡rarte de agua y laparte de aire que se produce apartir
ese lugar37. tle ella. En los cuerpos principales se encuentran las
Además, la tterca y el fuego, cuanto más cerca rrrismas naturalezas agentes, dotadas de las mismas
tierra ciertamente f uerzas, puesto que han obtenido una materia igual.
están de sus lugares propios
en el centro, el fuego en 1o -la
alto-, más velozmente Puesto que (como se ha dicho) la naturalezaagenfe
Por lo tanto, se mueven por natttraleza y no existe en la materia como si se tratara de su sede o
se mueven.
no violentamente, pues las cosas que se mueven por tlomicilio, sino que inhiere y está completamente fija
cuanto más alejadas están de lo que les ha ;r ella, hecha una sola cosa con ella, la cantidad de la
violencia,
introducido la fuerza,más lentamente se desplazany naturaleza agente se introduce según la cantidad de
vuelven su propia nattraleza y no por la fuer- lir materia que recibe. Si cualquiera de los cuerpos
-por rr clementos primeros supeÍara a los otros por canti-
Péro si se movieran por la fietza, un fuego
fuerza3s .
rlad de materia si del mismo modo la nattraleza
mayor se movería más lentamente hacia arctba y una
-y
rrgente que se encuentra en é1 excediera y superase a
poición mayor de tierra más lentamente hacia abajo' lls demás por tamaño y consiguientemente por in-
i'.to oculrelo contrario, pues un fuego más grande y tcnsidad de sus fuerzas, expulsara y eliminaru a la
una porción de tiercamás grande buscan más táptda- r[rturaleza contraria de todos los sustratos_, ese

37 Cfr. Aristóteles, Acerca del cielo,IlI,2,300a 20-33 ''r" Cfr. Aristóteles


, Acerca del cielo,l,8,277b 1-5
3s Cfr. Aristóteles , Acerca del cielo,I,8,27Ja 28-30. Cfr. Aristóteles, Meteorológicos, l, 3, 340a 2-3.
Y
92 BER]NARDINO TELESIO LA NATURAtzzu sscúN s[JS pRoptos pRrNcrprcs 93

elemento ocuparía todas las cosas y todas se harían te y blanco, pero no ígneoa3. Persuadido, al parecer,
una. Para que esto no ocutra, es necesario que to- por estos argumentos e indicios, Aristóteles declaró al
dos los cuerpos primeros sean iguales, si no por su cielo cárente de calor y totalmente incapaz de calor,
mole y espacio, sí por la cantidad de materia, pata sin ningún temor por el testimonio de los sentidos, los
que las natutalezas agentes sean iguales en todos, cuales perciben que el Sol es de fuego y no pueden
de tal modo que ninguna supere a las demás, des- ver que el Sol diflera en nada del fuego. Examinemos,
truyéndolas y superándolas, sino que, dotadas de las entonces, esas argumentaciones e indicios.
mismas fuerzas, todas se conserven perpetuamente
y con ellas sus cue{pos. Por tanto, era necesario que CnpÍrur-o 39. La naturaleza de las cosas, su se-
estuviesen dotadas de una masa más amplia las co- mejanza y desemejanza ha de ser recabada de su
sas que han sido hechas más tenues y con una mate- operación. Según la primera argumentación de Aris-
ria como dilatada. Por el contrario, las cosas que se lóteles, el Sol es caliente.
formaron con una materia condensada y concentrada Sin duda Aristóteles busca correctamente la desco-
sobre sí misma están dotadas de una masa menor. nocida sustancia del cielo en su operación, así como
Por tanto, el agua es mayor que la Tierra,, el aire que la diferencia entre el cielo y las cosas sublunares en
el agua, el fuego que el aire, pues el fuego es mucho la diferente operación de ambos. La operación de
más tenue que el aire. rrna sustancia es ciertamente única jtzga el
Además, la velocidad con la que se mueven las es- rnismo Aristótel y cualquier sustancia -como tiene su
trellas fugaces y la blancura del Sol parecen indicar propia operación,la cual realizatan pronto como es
a Aristóteles que el cielo no es ígneo. Si fuese ígneo constituida y nunca deja de reahzar, pues si se le obli-
o capaz de encenderse e inflamarse, se en- gara a dejar de hacerla, se le obligaría a dejar de sefa.
-dice-
cendería por aquel movimiento rapidísimo y se for- En cuanto el fuego se produce se mueve,
marían en é1 las estrellas fugaces, pero su velocísimo -dice-,
csto es, realiza su propia operación. Mientras existe,
movimiento muestra que no se forman en el cieloar, nunca cesa de moverse y si se le impide moverse
especialmente en el cielo superior, puesto que pare- decir si se le prohíbe su propia operación-, no -esse
cen completar la máxima parte del círculo en un solo cxtinguirá más lentamente que si se le privase de su
instante, mientras que la esfera no effante apenas lo propia nattralezaas. Por el contrario, las cosas que se
cumple en muchas horasa2. Nadie podría decir que las
estrellas fugaces se adelantan al movimiento de esta a3 Aristóteles, Meteorológicos, l, 3, 34la 35-36.
esfera. Además, dice Aristóteles, el Sol parece calien- aa El empirismo de Telesio queda respaldado por el mismo
Aristóteles, lo que sin duda tiene un componente paradójico.
('on la insistencia que caracteriza su estilo, Telesio repetirá
ar Aristóteles, Meteorológicos, I, 3, 34la 33-35. lcrando también su respeto a Aristóteles en este punto- que la -rei-
a2 Debe tratarse de la esfera de las estrellas fijas, por oposi- sustancia de un determinado ente sólo se descubre a través de su
ción a las esferas de los planetas o «estrellas errantes>». Las «es- ,rperación.
a5
trellas que parecen caeD) son fenómenos sublunares o meteoros. Aristóteles, Física, VIII, 4,255b 6-8.
U
r
94 BERNARDINO TELESIO LA NATURALEZA SEGU]v SUS PRoPIoS PRINCIPIqS 95

mueven, es decir, que realizanla operación del fue- están afectadas por nada ajeno, como fue realizado al
go, todas se calientan y finalmente se convierten en fobservar] el cielo. Pues si la fuerzay la operación de
fuego, puesto que el movimiento, que es la operación toda 1á Tierra es la misma que la de un pedazo, no son
del calor, no puede ser producido por otra sustancia. idénticos la necesidad y el apetito de ese trozo de tierra
La Tierra, mientras existe como tal, no rcaltza la ope- cuando está en su propio lugar y en su propia integri-
ración del cielo y del fuego, ya que no parece su ope- dad que cuando está en un lujar ajeno y entre cosas
ración propia, que proviene de su sustancia, que está contrarias, donde los entes, a veces, llegan a realizar
unida a su sustanciay es una única cosa con ella. Así operaciones manifiestamente contrarias a su propia
pues, nada manifiestatan claramente la sustancia de naturaleza. Sin embargo, entre las cosas sublunares, la
una cosa como su propia operación. Tierra está siempre inmóvil y en reposo, siendo con-
Además, se puede juzgar que la operación propia servada por la inmovilidad y siendo corrompida por el
es aquella que rcalizan los entes en toda su integri- movimiento. El aire sublunar, sin embargo, parece su-
dad cuando se encuentran en sus lugares propios y mamente móvil, al desplazarse siempre con el mismo
en su nattraleza propia, operación que tealizan ince- cielo en un movimiento circular.
sante y perpetuamente, con la cual se deleitan y con- En suma, Aristóteles debía haber considerado, en
servan su existencia. No se puede considerar como primer lugar, que la Tierra es absolutamente contraria
operación propia ni aquella que tealizan las partes de al cielo. Por otra parte, el cielo es muy similar al aire
los entes alejadas de la integridad de la que forman sublunar y muy diferente al contiguo a la Tierra, que
parte ni aquella que reahza el mismo ente en su in- parece agitado por un movimiento muy lento, pero
tegridad cuando está separado de su propio lugar y constante y cuando es enceffado y se le impide el mo-
de su propia naturaleza. Esta última operación qtizá vimiento, se cotrompe. Y fdebía haber considerado]
Ia realizan cuando se dirigen hacia la propia integri- que el mar mismo y todas las aguas se mueven con un
dad, naturaleza o lugar. Pero cuando llegan al lugar movimiento constante, las cuales se conservan cuan-
propio y restituidas en la propia natutaleza, dejan de do se las ve moverse y se coffompen cuando se las
ieaiirar esa otra operación, y realtzan la operación obliga a la inmovilidad.
propia, que, sin necesidad alguna, parece acorde con
su propia naturaleza y es completamente diferente y CnpÍrur-o 40. Los movimientos son mínimamente
contraria a aquella por la que los entes se coffompen. diferentes entre sí y sin duda todos ellos realizan una
Por tanto, Aristóteles ha establecido correctamen- misma operación y todos convienen por igual a los
te que la sustancia del cielo era diferente de la de las entes móviles. Razón por la que sólo el Cielo se mue-
cosás sublunares, puesto que el movimiento del cielo ve circularmente.
decir, su operación- resulta diferente de la ope- Pero que no estime Aristóteles que sólo es propio
-es
ración de las cosas sublunares, cuya operación debía del fuego el movimiento con el que se dirige en línea
ser observada, no en partes separadas de la propia in- recta hacia su propio lugar y hacia su propia integri-
tegridad, sino en todas las cosas sublunares cuando no dad y no también el movimiento circular, por el que
96 BERNARDINO TELESIO LA NATURALEZA SEG(N SUS PRzPIzS PRINCIPrcS 97

perpetua y continuamente da vueltas sobre sí mismo cn círculo, aunque puede moverse con todos los movi-
é" ét lugar que le es propio, siendo por eso el cielo dc mientos, se mueve sólo en círculo y sólo le place mo-
una naturaléza completamente diferente. En primer verse con el movimiento circular, pues sólo con este
lugar, no hay que atribuir a una sustancia y a-un cuer- movimiento, unido y recogido sobre sí mismo, puede
po tan sólo un movimiento, como Aristóteles hace' moverse continua y uniformemente en su propiolugar
pres todos los movimientos son propios igualmentc y sobre sí mismo, y con este único movimienio quiére
de aquello que es móvila6. rnoverse sin que le falte ningún movimiento ni desee
El espíritu encerrado en el cuerpo de los animales, ningún otro.
el autof de todos sus movimientos se ha de-
mostrado clarísimamente en su lugar-
-comoy es móvil por CapÍrulo 41 . Aunque los movimientos fueran di-
su propia naturaleza, moviéndose con todos los movi- t,ersos entre sí y sólo uno.fuera propio de un cuerpo,
miéntós, mueve al cuerpo que lo contiene con todos ,lristóteles no habría protado qr" él cielo es difeien-
los movimientos. El fuego es conservado, viviflcadtr tc delfuego. Irlo debería haber d"frnd¡¿o quu rí¡uugo
y encendido por todos los movimientos, 1o cual no su- c,s inmóvil en su propio lugar, sino que es móvit yá,
óedería si el-movimiento rectilíneo hacia lo superior todo similar al cielo.
fuese su único movimiento natural y propio, y los dc- Aunque se conceda a Aristóteles que en ab-
más le fuesen extraños, contrarios o diferentes. Ningún soluto haya que concedérselo- que -sin los movimientos
movimiento es contrario o diferente de cualquier otro, son contrarios y diferentes entre sí y que a un cuerpo
sino que todos tienen una misma operación y los mo- simple le conviene un único movimieñto, esto no im-
vimientos que se dirigen a lugares opuestos difieron ¡rlica que el cielo sea diferente del fuego. De hecho,
entre sí de la misma manera que una escalera o unil no es propio del fuego el movimiento momentáneo
carretera diflere de sí misma por procurar un camintr con el que una pequeña parte perceptible
a lugares contrarios. La inmovilidad y el reposo, si sc y generada en un lugar ajeno--apenas
se despla2a haóia su
pueáe hablar así, son contrarios y opuestos al movi- ¡rropio lugar y hacta su propia totalidád, y flo aquel
miento, pues, incluso según Aristóteles,, proceden clc rnovim_iento perpetuo y continuo con el que todó el
una naturaleza contraria, coffompen el movimienttl, gira sobre sí mismo en su propio lugar.
son coffompidos por el movimiento y difleren máxi- Puede parecer que Aristóteles se ha olvidado
mamente dél movimiento. Además, el cuerpo que girtr completamente de sí mismo cuando no atribuye ala
t«rtalidad del fuego un movimiento propio y nátural,
aó Telesio se separa de la teoría aristotélica de la naturalidttl sino la inmovilidad, como alaTierra, 1á cuál es con-
de los movimientoi, aunque conserva algunos aspectos. Collsi t.aria al fuego no por los movimientos contrarios,
dera que la oposición fundamental se da entre los entes inm(rvi- sino por la inmovilidad. La Tierra debía
1"r -principáhente la Tierra y los entes derivados de ella y r':itar constituida de tal modo que el -dice-
los móviles aquellos en los que la naturaleza agentc scit
cie10 tuviera
-todos ;rlgo firme y estable sobre 1o que gtrar. pero, unayez
el calor-. Sin embargo, no acepta que a un ente móvil puctltt
resultarle violento ningún movimiento. t'trnstitui da Ia Tierra, era necesario constituir tam-
T
LA NATURATEz,q sgcút¡ sus pRopros qRINCIztos 99
98 BERNARDINO TELESIO

operación de la sustancia más elevada y noble. Aris-


bién el fuego,, pues si en la naturaleza existe uno de
tóteles habría debido demostrar la causa por la que
los contrarios, en la naturaleza está también el otro.
el fuego, a pesar de que nosotros 1o vemos deleitarse
En efecto, la materia de los contrarios es la misma
y conservarse con el movimiento, se vuelve inmóvil
y la afirmación es anterior a la negación, como 1o cuando está en su propio lugar y disfruta cuando es
óaliente es anterior a 1o frío. En cambio, el reposo y
movido por otro. Además, habria debido demostrar
lo pesado se dicen en tanto que privación del movi-
cómo todo el fuego, siendo inmóvil por sí, es movido
mi'ento y lo ligeroa7. Por tanto, ya que a Aristóteles
cn círculo por el cielo y ala misma velocidad que el
el fuego no le ha par.cido contrario a la Tierra por la
cielo mismo, lo que a Aristóteles parece evidente en
graveáad, la ligereza y los movimientos contrarios
primer lugar por el movimiento de los cometas. No se
áár qr. por el movimiento y la inmovilidad, tampo- puede ver que el cielo al tocar el fuego, sumamente
co ha'bríá debido afirmar que el fuego en su totalidad
ligero y uniforme,.lo agite, 1o conmueva y lo arrastre
permanece inmóvil en su propio lugar --como hace
consigo, aunque gire en torno a é1 y sin embargo no
la Tierra- tanto menos al ver que se conserva con
lo comprima, si el fuego en su lugar se complace con
el movimiento y se corrompe con la inmovilidad,
la inmovilidad. Si 1o moviera un poco, no 1o movería
incluso que es máximamente móvil, aunque no se
todo é1, como de hecho hace, con el mismo orden y
le vea móverse. Él mismo había visto la bondad y la
la misma velocidad, sino por casualidad y más len-
laboriosidad de la naturaleza,la cual da a todos los
tamente, moviendo sólo su parte más alta. Ya que el
entes, incluso a los más innobles, una operación y el
fuego es mínimamente compacto y no se contiene en
modo con el que conservan y deleitan. También ha
sí mismo y es muy susceptible de separarse y difun-
querido que todos la tuviesen en sí mismos, como
dirse, si le gustase permanecer inmóvil en su lugar,
operación que no depende de nada externo, sino que
sólo su parte superior sería movida por el cielo, pero
pioviene dé la sustancia propia de cada uno de los
sus partes restantes disfrutarían de la inmovilidad, sin
bntes y la cual llevan a cabo sin necesidad de ningu-
que todo é1 siguiera al cielo con tanto orden y a tan
na ayuda o acción externa.
gran velocidad, arrastrando además una buena parte
Cón tanta mayor razon, pues, al moverse el fue-
del aire situado debajo. Es necesario que las cosas
go en su integridad y seguir el movimiento del cielo,
sólidas, compactas y muy contenidas en sí mismas,
li este movimiento es ciertamente saludable y agÍa' de cómo o por qué parte sean
dable para é1, debe considerarse que se mu€ve por -independientemente
empujadas o affastradas- sigan todas ellas [a aque-
propia naturaleza con ese movifniento. Si le fuese
llo que las mueva], pero no aquellas que son tenues
moiesto y dañoso, no convenía que fuera movido por
y que fácilmente pueden ser divididas, como ocurre
el cielo, pues sería destruido por é1 por culpa de una
con el agüa, en una mayor medida con el aire y con el
operación externa y transfotmado en la nattraleza de
fuego en grado máximo.
lá cosa cuya operaciónrealtza. a fin de que realice la
Pero los mejores de los peripatéticos no acep-
tan que el cielo pueda tocar el fuego, pues han sido
a7 Aristóteles. Acerca del cielo,Il,3,286 a,1l-28
lOO BERNARDINo TELESIo LA NAT'qRALEZA.tEcú,\i sus PRzPlos PRtNCIPTy 101

instruidos y persuadidos por el mismo Aristóteles. ttbsurdas. Por qué razón se desplaza espontaneamen-
Según é1, el cielo, al no estar dotado de ninguna tc hacia abajoas.
capacidad táctil, no toca nada, ni puede ser toca- El cielo es sumamente contrario a la Tierra. Esta es
do por nada. Por consiguiente, si el aire sublunar sumamente inmóvil y permanece siempre sin mover-
fuese en su propio lugar inmóvil por naturaleza, el sc. Cuando se la mueve o se la calienta, se corrolnpe.
movimiento del cielo no lo haría girar. Si para el l-as razones por las que Aristóteles le atribuye también
aire no fuese cualquier movimiento propio y natu- trn movimiento son todas ellas por sí mismas absurdas
ral, ciertamente lo sería el movimiento circular, con y algunas de ellas muestran hasta qué punto Aristóte-
el cual todo el aire gira siempre sobre sí mismo y lcs petmanece obstinadamente aferrado a sus posicio-
en el propio lugar, sin que nada 1o perturbe y sin ncs. Con tal de no desecharlas, no teme contradecir
odiar a ninguna cosa contigua. Así, sin huir de nada Io que él mismo había establecido en otro lugar o a
y sin faltarle nada, no desea ni busca nada, sino que los mismos sentidos. Aristóteles nunca ha visto que la
aquello que realiza, parece realizarlo por propia na- 't'ierra se moviera, pues ella disfruta de una petpetua
ltraleza. No le sería natural ni propio el movimien- inmovilidad, existiendo numerosas razones que seña-
to rectílineo, con el cual una pequeña parte apenas lan que debe estar inmóvil. Al frío, del que
perceptible entre cosas contrarias y en -sobre
todo a Aristótel parece estar compuestalaTrerta,
-generada
un lugar extraño y eue, según los peripatéticos, no se le considera inmóvil. En otro lugar, la natutaleza
estaría dotada de su propia forma ni perfección- se parece ser el principio de reposo y de inmovilidud y,
mueve en un instante. Por tanto,, se puede considerar al mismo tiempo, de movimientoae. Por ello no debió
que no se mueve por naturaleza ni libremente con cstablecer que la Tierra misma y todos los cuerpos
un movimiento rectilíneo, sino que, tan rápido como naturales son móviles, porque,, entonces, se establece
pueda, se dirigirá a su propio lugar, hacia entes afi- clue la naturaleza es sólo principio del movimiento. O
nes y hacia la propia perfección, la cual, según Aris- sea:, no debía, en virtud de esta tesis, olvidarse de los
tóteles, sólo puede conseguir en el lugar superior y sentidos ni tampoco de sus propias afirmaciones, sino
como por encima de todas las cosas. En conclusión,
no se puede considerar al cielo diferente del fuego
a8 El libro I de la edición de 1570 de De rerum nahtra ca-
porque se mueva con un movimiento diferente de é1,
sino [que le es] sumamente similar y afin, pues el rece de capítulo 42, pasándose directamente del capítulo 4l al
,13. Aunque hubiéramos preferido comegir este defecto en nues-
fuego es contiguo y se mueve con el mismo movi- tra edición, hetnos preferido mantenerlo no tanto por respeto al
miento circular perpetuo. crror original, cuanto porque 1a versión latina más fácilmente
accesible de este texto Telesio, De rerttm natura iuxta pro-
CnpÍrulo 43. La Tierra es completamente con- -B.de R. Bondi, Bompiani, Milán. Testi a
pio principia, traducción
traria al cielo y no le conviene ningún movimiento. fionte, 2009- lo ha conservado.
ae Aristóteles, Acerca del cielo.Il,14,296 a24-291 a 5; Aris-
Las razones por las que Aristóteles atribuye a la Tie-
tciteles, Meteorológicos,l, 4, 34lb 10; Aristóteles, Fisica,lI, l,
rra y a los demás cuerpos un movimiento natural son r 92b 8-r 5.
I,A NA7'1.]RALEZA SEGÚNSUS PROPIOS PRINC:IPrcS 103
102 BERNARDTNo rELESro

que habría debido mantener constantemente las afir- \' (ple los movimientos particulares, si bien no todos
maciones que había establecido al principio cuando :.on naturales y propios de cualquier sustancia móvil,
habria seguido a los sentidos y alanattraleza.Habría \on propios de algún cuerpo. Del mismo modo, no se
debido seguir siempre a la naturaleza y ajustar a ella tlcbe considerar que las cosas que parecen ser inmó-
v ilcs por naturaleza y reposar en su lugar propio,, aun-
sus afirmaciones50. Por tanto, habria debido establecer
que la Tierra y el resto de las cosas que, en absoluto, (luc parezcan desplazarce espontáneamente por natu-
se mueven por sí mismas y que se coffompen cuando r'¿leza a su lugar, lo hacen con un tnovimiento natural
se mueven, son completamente inmóviles y habría de- v propio. La inmovilidad y el movimiento no pueden
bido atribuir a la naturuleza no menos la inmovilidad tl¿rrse en una sola naturaleza, sino que es necesario
que el movimiento. t¡Lre las cosas que son inmóvilcs por naturaleza ca-
Sin embargo, no se debe establecer que toda la Tie- tczcan absolutamente de todo movimietrto, rrtientras
rra tampoco sus mismas partes mueve por r¡ue las cosas que se mueven por naturaleza se deben
-y
nattraleza, porque algunas partes de la Tierra parez- nlover sietnpre, sin cesar nunca de hacerlo.
can moverse violentamente. Pues, ¿qué impide que Así debería haber juzgado en primer lugar Aris-
aquello que es inmóvil por naturaleza pueda ser im- t(rteles, quien afirma que una sustancia debe tener
pulsado y movido por otro? A menos que Aristóteles una única operación y sostiene enérgicatnente que
demuestre que la inmovilidad no es propia de ningún cl movimiento de un cuerpo es único y exclusivo
cuerpo natural. Pienso que esto [el hecho de que exis- de é1. Sería mucho menos absurdo e imposible [que
tan cuerpos dotados naturalmente de inmovilidad] no conceder a una nattxaleza el movimiento y la inmo-
repugna ni a la naturalezani a los sentidos, y tampoco vilidad] que se concedieran dos movimientos a un
contradice a lo que él mismo ha dicho. Tampoco po- único cuerpo, cosa que Aristóteles parece aborrecer
drá demostrar que aquello que puede ser movido vio- cn grado sumo. ¿Por qué dos? Vemos que todos los
lentamente, se mueve también por naturaleza, o que rnovimientos difieren entre sí en alguna rnedida en
es natural y propio del ente el movimiento contrario a cuanto al movimiento y la inmovilidad, la cual, in-
aquel con el que se mueve por una fuerza contraria y cluso según el testimonio de Aristóteles,, procede de
contra su propia naturaleza. Sólo puede mostrar que una naturaleza opuesta al movimiento y es verdade-
aquello que es movido por una fuerza se mueve en ramente contraria y opuesta al movimiento. Pues el
última instancia por algo que se mueve por naturaleza reposo se opone al esfuerzo y no al movitniento, en
el que sumamente descansan, se deleitan y se for-
50 En estas dos frases, se ven los dos reproches fundamenta- talecen los entes que son móviles. Por cottsiguien-
les, desde un punto de vista epistemológico, que Telesio revuelve
te, las partes de la Tierra que están separadas de su
a Aristóteles: falta de coherencia y carencia de respeto por la propio lugar y de su propia totalidad caell espontá-
naturalcza. E,l aspecto de la incoherencia avanza lo que cons- neamente, tanto más velozmente cuanto más grandes
tituirá la principal crítica del libro segundo: como las primeras son y más se acercan a su propio lugar, no porque
intuiciones de Aristóteles son ciertas, el principal problema de su aquel movimiento sea natural ni a la Tierra misma ni
obra consiste en no haber deducido adecuadamente.
LA NATI-]RALEzu SEGL]N SUS PROPIOS PRINCIPrcS I05
104 BERtnARDINoTELESIo

a ninguna de sus partes, sino porque se ha rrrrmovimiento natural, y que, ünaYez se han reuni-
señaládo propio de todos los -como
entes tanto el ape- tkr con su integridad, se vuelven también ellas como
tito, el deseo y el amor por las cosas afines y por la ¡rcrpetuamente inmóviles. Se debe considerar que
propia conservación como el odio y la aversión hacia tirmbién ellas ejercen una violencia contra su propia
rr¿rturaleza y que llevan a cabo durante un tiempo una
ia propia destrucción y las cosas contrarias, así como
también el sentido de una y otra cosa, de suerte que ,rperación ajena para ser llevadas a su lugar junto con
parece ejercer una cierta violencia incluso sobre la su integridad.
propia naturaleza, y las cosas inmóviles se mueven
y tas móviles se mueven con un movimiento cierta- 44. Las partes de la Tierra que se di-
CnpÍrur-o
mente desacostumbrado, pero no menos natural. ri.qen hacia abajo no se mlteven, sino que caen. Y de
Así el hierro es inmóvil por natutalezay t¡tú modo la Tierra entera se sostiene.
-aunquehacia el centro no menos que
disfruta del movimiento Esto quizá resulta más sorprendente por el hecho
la Tierra- sube espontáneamente hacia el imán que tlc que, siendo aquellas partes sumamente inmóviles,
se le ha puesto encima, como si 1o fuera a abrazar, rnínimamente pueden sostenerse en lo alto. Del mis-
pues sigue a aquello que es semejante y afín para ser nro modo que la facultad de sostenerse parece indicio
iavo.ecido y cónservado por élsr. El agua y casi todas y principio de movilidad y que una cierta perrnanen-
las cosas terrestres siguen al aire, que está separado y cia y sujeción en 1o alto parece preceder a todo mo-
sube, pues no quieren privarse de su contacto. Aristó- vimiento, se sigue de la inmovilidad la incapacidad
teles óonsideraiá que, en este caso, se ejerce también tle sostenerse. Aquello que es inmóvil no debe pare-
una cierta violencia contra la propia naturaleza cuan- ccr capaz de permanecer en 1o alto ni de sostenerse,
do se transportan a las cosas afines por las que son pues una perrnanencia de este tipo es un cierto tipo
favorecidas, pues se siguen ciertamente con un mo- tle movimiento. Por tanto, las partes de la Tierra no se
vimiento que es opuesto y contrario a su movimiento nrueven por su propia natttraleza y espontáneamen-
propio y natural. En consecuencia, no debe juzgarse tc hacia abajo, sino que más bien caen Y, oll cierto
qr. tut partes de la Tierra que descienden a su propio rnodo, sufren una caída, impotentes de sostenerse a sí
lügar para reunirse con su integridad, se mueven con rnismas. E,sto suceda quizá más por la densidad, esto
cs, por la cantidad de materia, que por el frío. Esto se

5r A Telesio le gusta explicar aparentes contraejemplos de su


¡ruede entender claramente por el hecho de que las
cosas que están compuestas por una materia más con-
teoría. Aunque se tiata de una manifestación de probidad científi- centrada cuando sean más calientes o posean
la tónica de su estilo-- suelen
ca, los contraejemplos
-siguiendo
por sí mismo inmóvil, que se mueve
-aun
una masa menor- caen con una velocidad mayor.
repetirse. Así, este del hierro,
pór la atracción de un imán, se resuelve a través del establecimiento La materia, carente de cualquier operación y movi-
be una jerarquía entre los principios cosmológicos. El principio de rniento, no puede ser considerada capaz de sostenerse
la inmóvili¿á¿ ¿e la Tiená resulta menos «ontológico)) que el del cn lo alto ni siquiera cuando se ha concentrado mucho
deseo de autoconservación, que se manifiesta en el estar rodeado
y es sostenida allí por un gran calor, sino que cae siem-
cle cosas afrnes. Por este motivo, el hierro se desplaza hacia el imán.
Y
I06 BERNARDINO TELESIO LA NATURALEzu SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS IO7

pre desde cualquiet parte, a menos que sea sostenida propia inte gridad, nece sariamente se de spla zar án tanto
y casi obligada por algo firme y estable. Por tanto, ni más rápidamente cuanto mayores sean. Si caen porque
el agua ni las partes de la Tierra que caen a la Tierra son affastradas por la cantidad y el peso de la materia,
cesan jamás de caer, a menos que sean detenidas por es necesario que, cuanto la materia sea más abundante
la Tierra plana o cóncava, sino que 1o hacen continua- y de mayor tamaño que esté homogénea-
mente y, con tanto mayor impulso, cuanto más inclina- -siempre
mente concentrada en sí misma-, caiga tanto más rá-
da es la Tierra a la que se dirigen, pues si está inclinada pidamente, en no menor medida que si cayese atraida
impide menos su caída. El mismo fuego y también las exclusivamente por el solo deseo de estar con las cosas
llamas encendidas en cosas relativamente densas caen afines. Aunque este movimiento no es nafural y propio
hacia abajo, no ciertamente a causa del frío, el cual no de las partes de la Tierra, sin embargo por
puede en absoluto inherir en ellas, sino arrastradas por -movidas
sí mismas, es decir, por sus propias fuerzas, sea cual
la densidad ala que se adhieren y en la que han sido sea la tazonpor la que actuan- es necesario que cuan-
encendidas. Por tanto, del mismo modo que nadie dirá to mayores sean, al no ser impulsadas por una fuerza
que las llamas hacia abajo, sin duda, por externa, se desplacen tanto más rápidamente. Cuando
la abundancia -¿6¿sf¡adas
de materia y de peso contra su propia las cosas son más grandes, se comprueba que se des-
naturaleza- caeny operan o se mueven, sino que más plazanmás perezosamente, si son impulsadas por una
bien caen y padecen, así también se debe jtzgar que la fuerza externa, lo cual no oculTe cuando se mueven
caída de las partes de la Tierra no es un movimiento ni con ese movimiento por sí mismas o como si ejer-
una operación, sino una caída, un deslizamiento, una cieran violencia contra su naturaleza. Pues cuando se
cierta pasión. Sin embargo, la Tierra, en su totalidad, mueven por sí mismas, se mueven exclusivamente con
se sostiene en cierto modo en lo alto, puesto que no sus propias fuerzas, las cuales operan de modo más
tiene dónde caerse y parece sustentarse toda ella en sí enérgico cuando se concentran en gran cantidad sobre
misma y mantenerse por sí misma. Si se inclinara ha- sí mismas y actuan simultáneamente. Sin embargo,
cia una parte, 1o haría hacia el contrario que detesta y este movimiento, que se incrementa siempre de forma
aborrece en sumo grado. creciente, no debe ser considerado nafural ni propio,
sino totalmente contrario a la naturaleza.
CnpÍrur-o 45. No se debe juzgar que el descen- No se debe jtzgar, en efecto, que el movimien-
so de las partes de la Tierra es natural por el hecho to violento diflera del natural, porque aquél se vaya
de que cuanto mayores son, más rápidamente caen, haciendo cada vez más débil, mientras el natural va
ni por el hecho de que no caen con un movimiento como sumando fuerzas y creciendo, sino por el hecho
uniforme, sino con un movimiento tanto más rápido de que el natural es siempre idéntico y no remite ni au-
cuanto más cercanas están a la Tierra. Por qué se menta nunca. Esto es, los cuerpos que se mueven por
produce así. naturaleza, puesto que el movimiento es su operación
Independientemente de que las partes de la Tierra propia y co.n ella se conservan en su propia naturale-
caigan, se deslicen o se dirijan espontáneamente a su za, necesariamente se mueven siempre con el mismo
108 BERNARDTNO TELESTO LA NATURALEZA sscú¡v sus pRopros pRrNcrprcs 109

movimiento. En cambio, no se debe considerar que las propia naturaleza y su propia gravedad, de las cuales
cosas que continuamente incrementan su movimiento había sido privada por el lugar ajeno y los contrarios.
se mueven por naturaleza, sino que también lo pue- Se trata de una argumentación verdaderamente ab-
den hacer ya sea porque son impulsadas por algún mal surda, la cual puede ser refutada de muchos modos.
--{e tal modo que cuanto más les desagrada, más rá- En primer lugar, opino que ni siquiera los mismos
pidamente se mueven-, ya sea porque son atraídas peripatéticos que sostienen esta teoría podrán aceptar
por un bien, al cual siguen con tanto mayor empeño que una piedra que ha sido lanzadahacia arclba, donde
cuanto más gustan de él,ya sea por ambas cosas. Esta no se ha detenido ni un solo momento, resulte privada
última posibilidad es 1o que a veces parece sucedernos de su propia naturalezay grayedad por el muy debilísi-
a nosotros, pues hay cosas que, cuando las hacemos, mo aire, el cual la habría vuelto completamente ligera,
nos producen molestias, pero que, sin embargo, deben para que inmediatamente después, del mismo modo,
ser realizadas absolutamente y unavez las hemos com- la Tierra afin le introduzca la gravedad. Pues ni siquie-
pletado, dan placer y tranquilidad. Pues bien, cuanto ra Aristóteles considera que la ligereza y la gravedad
más las llevamos a cabo, tanto más incrementamos el estén dotadas de la capacidad de actuar y de la facul-
movimiento, aunque aborrezcamos y estemos cansa- tad de constituirse a sí mismas, sino que piensa que
dos del trabajo, pues deseamos todavía más el placer y Ialigereza es obra del calor, mientras la pesadez 1o es
la tranquilidad cercanos. del frío. Entonces, puesto que el aire un poco superior
no sólo no puede ser considerado en absoluto más ca-
CnpÍrur-o 46. Ningún peripatético ha explicado liente que el inferior, sino que verdaderamente es más
suficientemente por qué motivo el movimiento hacia frío aquello donde laltz refleja asciende más
abajo de los graves es cada vez más rápido. débil-como
y menos unida-, la piedra no se puede hacer
Quizá no está fuera de lugar explicar y examinar allí más ligera. Incluso si el aire superior fuera más
las causas por las que, según los peripatéticos,, la caí- caliente y la ligereza estuviera dotada de la facultad
da de los graves no se produce de modo uniforme, de acfuar, en un solo instante no podría otorgar a la
sino que se va acelerando progresivamente. De este piedra ninguna tenuidad ni ligereza, ni tampoco, hecha
modo, si una diversidad de estas caracteristicas no más ligera,la aftn Tierra, también en un solo instante,
parece poder ser asignada correctamente a ninguna podría hacerla más grave.
de las causas aducidas por ellos, sino tan sólo a la Incluso si todas estas cosas ocurrieran, la explica-
que yo he presentado, tanto más quizá no podrá ser ción no sería verdadera, esto es, la piedra, que se ha
juzgado natural ese movimiento de la Tierra, sino que aproximado a la Tierra, no acelera su movimiento por
habrá de juzgarse como nosotros lo hemos estableci- el hecho de que las fuerzas de caída, que habrían dis-
do. Algunos dicen que una piedra que cae de 1o alto minuido lejos de la Tierra, son restituidas íntegramen-
recoffe más rápidamente la distancia final conti- te por la cercana Tierra. Si esto fuera así, cuando la
gua a la Tierra-, porque se ha aproximado -[amás a la piedra se hubiera elevado muy poco y por tanto no se
Tierra, que le es semejante y afrn, y se le devuelve su hubiera podido hacer más ligera, no completaría la dis-
V
l IO BERNARDINO TELESIO
LA NAruRArczt sncúN sus pRopros pRrNctptos 111

tancia que la separa de la Tierra más lentamente, sino ven por una fuerza externa, se mueven por el aue,
más rápidamenie que si cayera de un lugar más alto. ya que éste, al aborrecer el vacío y 1o inane, vuela
Sin embargo, se ve que ocuffe de modo completamen- inmediatamente al lugar de donde ha sido desalojada
te diferenté,, puesto que, cuanto menor es la distancia la piedra con tal ímpetu que no sólo la sostiene, sino
desde la que cae, cae con un movimiento más lento. que también la empuja y lalanza más lejos. De este
Idénticaménte, desciende con un movimiento más rá- rnodo, la piedra se desplaza al principio con un mo-
pido, cuando cae desde un lugar más alto. Así pues, vimiento lento, porque es impulsada por una pequeña
és maniflesto que las fuerzas de caida no parecen au- cantidad de aire. Al poco tiempo, sin embargo, la pie-
mentar por la Cercanía con respecto a la Tierra, ni por dra se acelera cadavezmás, porque es empujada por
ninguná otrarazon, sino por la duración del descenso. una cantidad cada yez mayor de aire,, puesto que todo
Casi del mismo modo se puede techazat la argu- el aire, por el que la piedra se mueve, horrorizado
mentación de aquellos que defienden que la piedra, ante el vacío, vuela al lugar de donde la piedra acaba
cuando se aproxima más a la Tierra, Qae más rápi- de ser desplazada, sin cesar nunca de impulsarla has-
damente porque es menos abundante el aire que está ta que llega a la Tierra. Por tanto, cuanto más largo es
debajo, el cual puede por consiguiente atravesar con el camino que la piedra recotre, es necesario que sea
mayót facilidad. La verdad es que el aire que está impulsada por un movimiento cada vez más veloz,
pues es impulsada por una mayor cantidad de aire.
bajb la piedra en el tramo final es el mismo y el aire
que debi ser atravesado es el mismo, ya carga.la pie- Esta tazón, como se ha dicho, es totalmente vana y
se apoya sobre un fundamento completamente falso,
dra de un lugar muy bajo o muy alto, y parece incluso
que es más lncap az de atravesar este último. De he- porque las cosas que son impulsadas por una fuer-
iho, .o*o la caída de una piedra, especialmente si za no parecen desplazarse por el impulso del aire
es grande, previene y precede la cesión y,.por decirlo sostiene Aristótelos-, sino por una fuerza
-como
impresa. Para el aire es suficiente con procurar que
así, la frgá del aire, es necesario que el aire que está
debajo se contraigay se condense y que, por talto, se no haya ningún espacio vacío y acudir inmedia-
oponga a ser dividido, impidiendo y retrasa-ndo algo tamente a aquel lugar de donde algo se ha alejado,
ei movimiento de la piedra que cae. Sin embargo, se pero no es necesario que se desplace con tal ímpe-
ve que la piedra, que cae de un lugar más alto, com- tu que no sólo rellene el espacio abandonado, sino
pleta el último tramo contiguo a la Tierra- con que también impulse y mueva hacia adelante aquello
ia máxima velocidad, -el
mientras que la que cae desde que ha abandonado ese lugar. Además, al ser el aire,
un lugar bajo lo hace con un movimiento lentísimo. según Aristóteles, por su propia natttraleza, inmóvil
Del mismo modo, parece absurda la argumentación cn su lugar, no se mueve en modo alguno ráptda y
de aquellos que defienden que la caida de la piedra es voluntariamente, sino sólo cuando sea necesario. Por
cadavez mái rápida, porque es siempre impulsaday eso, la piedra, un poco alejada de la mano o mejor
lanzadahacia abajo por una cantidad de aire cadavez inmediatamente después de que se haya separado de
mayor. Parece a Aristóteles que las cosas que se mue- la mano, cae, pues entre la mano y la piedra no se ha
V
I12 BERNARDINO TELESIO LA NATI.]RArcru sTcÚN SUS PRzPIIS PRINCIPoS 1 I3

formado ningún espacio vacío al que el aire se tenga clla- ejerce violencia contra la propia natrtraleza y
que desplazar para llenarlo. Pero tampoco es posible cae en dirección al propio lugar y a los cuerpos afi-
que imagines que cosas muy pesadas y que tengan nes,, haciéndolo siempre con una velocidad cada vez
una masa muy pequeña puedan ser empujadas muy mayor, puesto que, al odiar y aborrecer los cuerpos
lejos por un aire que es, en el máximo grado, tenue y ajenos y el mismo movimiento, acelera cada vez más
suave, el cual cede ante cualquier cosa. para disfrutar lo antes posible de la propia inmovili-
Además, si el movimiento de los proyectiles se dad entre las cosas afines.
produjese por esta razon, no por eso todo el aire
seguiría a la piedra hasta la Tierra, sino sólo la parte C¡pituto 47. No se debe sostener que las esferas
que está siempre más cercana; las demás permane- y las estrellas no son ígneas por el hecho de que si el
cerían quietas, disfrutando todas de la propia in- fuego excediera en tanta masa a los demás cuerpos
movilidad, sin desplazarse por el deseo de seguir los corrompería y ocuparía a todos.
empujando la piedra. Si hicieran esto, 1o harían Se puede considerar que Aristóteles ama dema-
perpetuamente, y la piedra se movería ora primero siado sus propias opiniones y, como ya se ha dicho,
con un movimiento oblicuamente, ora hacia arriba. imitando la sabiduría del mismo Dios, compone
Todas las cosas que son movidas por una fuerza se el mundo totalmente a su capricho. Niega que las
moverían siempre, puesto que si una pequeña parte estrellas y las esferas sean de fuego, puesto que si
de aire es suf,ciente, según Aristóteles, para elevar el fuego excediera en tanta masa a los demás cuer-
una piedra, mucho más puede hacerlo cuando la pos, los corromperiay ocuparía todos. Sostiene que
parte es mayor. Pero no se moverían por una fuerza es necesario que el agua sea más abundante que la
impresa o por un movimiento introducido,, sino que tierra, el aire que el agua y el fuego que el aire en
se moverían siempre tanto más lentamente cuanto la misma proporción en que vemos que la tierra se
más alejados estén de aquello que los ha impulsa- transform a en agua, eI agua en aire y el aire en fuego.
do, esto es, cuanto más se debilite y langutdezca la Según é1, a todos estos elementos se les ha concedi-
fuerza y el movimiento que han sido introducidos. do una materia igual y el mundo se conserva porque
Por tanto, los peripatéticos, hasta este momento, no todos están dotados de fuerzas iguales. De hecho,
han podido explicar (según parece) la causa de por el agua es mucho más tenue que la tierra y
qué la caida de los graves no es uniforme, sino que cuando se-que
transforma en tierra parece constreñirse
siempre se acelera, a pesar de que hayan examinado muchísimo-, aunque debería exceder enormemen-
ansiosamente esta cuestión. te a la Tierra en mole de acuerdo con el cálculo de
La causa parece ser manifiesta por lo que ya ha sido Aristóteles, es manifiestamente mucho menor que la
expuesto. La tierra de su propio lugar y Tierra, incluso si se le añade el mar. Por otra parte,
-separada
de su propia integridad, aunque ciertamente inmóvil puesto que éste es caliente, denso y amargo, el agua
por propia naturaleza, pero odiando intensamente un en su conjunto no debería haber sido considerada
lugar ajeno y el contacto con las cosas diferentes de por Aristóteles como fría, tenue y dulce. Y aunque
r
II4 BERNARDINO TELESIO LA NATURAmz¿ secútv sus pRopros pRrNcrprcs 1 15

toda ella resulta ya caliente, sin embargo, parece ser tan superior en masa, expulse al frío de toda la
que la Tierra nunca se coffompe". materia y que él mismo la ocupe por entero. Como
Por tanto, si Aristóteles se hubiera propuesto exa- se ve que ha ocurrido, fel calor] ha sido colocado a
minar la estructura del mundo y la naturaleza y mag- enoffne distancia y ha sido introducido en una gran
nitud de los cuerpos en él contenidos, y no modelarlo tenuidad, en la cual es muy débil, como el calor que
a su antojo, podría haber advertido clarísimamentq, entre nosotros se enciende en las cosas más tenues.
a partir de todo esto, que el mundo no estaba cons- El calor sólo se ha congregado, unido y hecho más
truido como su propia razón le decía que debía estar intenso en algunas partes, a las cuales, con el objetivo
construido, y que al frío y al calor no les han sido de que no expulsaran el frío de su propia sede, se las
concedidas la misma grandeza ni la misma cantidad ha provisto de un movimiento incesante, velocísimo
de materia, sino que el calor supera por mucho al y diverso. Por consiguiente, ninguna razón aducida
frío y ocupa una porción de materia mucho mayor, por Aristóteles permite deducir que las esferas y los
como se o6serva. Y cabe pensar que así debería haber astros son diferentes del fuego.
procedido, pues es necesario que los entes más in-
iignes y divinos sean mucho mayores, e incluso que CnpÍrulo 48. Lr¡s indicios o.frecidos por Aristóte-
loi entós más innobles existen quizá en la cantidad les muestran que los astros y las esferas son ígneos.
en que permiten la conservación de los más nobles. Todavía menos se sigue de los indicios mostrados
Tampoóo se debe temer en absoluto que el calor, al por Aristóteles que las esferas, el Sol y los astros no
sean ígneos. Puesto que, según Aristóteles,, aquellos
52 En este caso, la cosmología de Aristóteles menos según vapores algo más densos que se elevan a las partes más
-al
la mirada telesiana- queda minada por su racionalismo aprioris- altas del aire, encendidos por el rapidísimo movimien-
ta. Para Aristóteles, los cuatro elementos deberían contar con una to de ese aire, muestran el aspecto de las estrellas, se
igual participación menos densidad más masa- para
-cuanto
Telesio considera que esta teoría sólo se
debe juzgar que los astros son enteramente de fuego y
que háya orden cósmico.
defienáe desde un armonismo que no tiene en cuenta la experien-
que el cuerpo que está bajo el cielo es similar y afrn a
cia. Para Telesio, el orden cosmológico es estable, a pesar de que é1. Dicho cuerpo sólo se diferenciará del cielo en que,
los dos cuerpos primeros no cuentan con la misma parlicipación. al no concentrarse ni unirse nunca en sí mismo, nunca
E,s el peculiar movimiento del cielo lo que impide que la natu- brilla ni manifiesta poderosamente su propio aspecto.
raleza agente solar se extienda por todo el universo. Dicho esto,
Por tanto, cuándo por la llegada de vapores se concen-
hay que tener en cuenta que en Telesio sigue existiendo una cierta
teóríá de la proporción én la cantidad de materia, ya que, redu- tra un poco, entonces brilla. No se puede pensar que
cidos los .rré.pós primeros a dos, si el cielo es muy extenso, la los vapores que se elevan a ese cuerpo como a su pro-
Tierra resulta iumamente densa. Por otra parte, se comprueba de pia integridad y que, unido_s con é1, Eyran con é1 con el
nuevo que el pensamiento de Telesio no está exento de apriorismo mlsmo movlmlento, sean diferentes de é1, salvo en ser
o simplémenti de descuido por los avances científicos. Sigue con-
un poco más densos. Pero esos vapores no brillan ni
siderándo el mar menos extenso que la Tierra, a pesar de que, tras
la circunnavegación del globo de Magallanes-Elcano en 1522,ya perpetuamente ni por un largo período de tiempo, por-
era algo cierto la mayor extensión del mar. que, al haberles dado nuevo calor el nuevo movimien-
Y
LA NATLTRALEzu stcúu sus pRoptos PNNCIPtos l17
1 16 BERNARDINO TEI,ESIO

mucho más sólidas (creo) que las de los aristotélicos,


to, sott llevados a la máxima tenuidad, lo cual no puede
tomadas incluso del mismo Aristóteles. En primer
suceder a los astros,, pues éstos brillan por sí mismos
y por su propia nattxaleza y lro por la llegada de algo lugar, dado que todas las cosas que se mueven y se
agitan, incluso aquellas cuya nafisraleza es muy fría,
á^t.año, pbr el incremento de las propias fuerzas. Al
"i
no ser modificados nunca el1 nada por ninguna cosa adquieren calor por el movimiento y incluso se hacen
fuegosr, según el testimonio de Aristóteles, se debe
extraña,, ni desear nada extraño, los astros pennaneoen
siempre de la manera en que fueron constituidos desde
considerar que el cielo, que gira con un movimiento
incesante y velocísimo, adquiere calor por su movi-
el principio, con la rnismá tenuidad quizá de que están
dotadas ias restantes partes de las esferas, con la única
miento y eso tanto más rápidamente puesto que se
mueve circularmente. Este movimiento parece pro-
diferencia de que esá tenuidad está más concentrada
sobre sí mismá en forma de esfera. Ninguna parte de
ducir calor y encender el fuego más que ningún otro,
pues es continuo y nunca disminuye.
las esferas brilla jamás con una nueva luz, porque ni a
las esferas llega nunca nada nuevo que las obligue a
El cielo es por naturaleza sumamente caliente.
concentrarse, ñi adopta nuevas fuerzas por propia na-
Como se ha dicho, ni siquiera el mismo Aristóte-
les debe considerar que el calor es producido por el
fi¡raleza.
De este mismo modo, podría haber pensado Aris- movimiento más que el movimiento por el calor. En
tóteles, principalmente a causa de su color, que el Sol
efecto, el movimiento no puede ser considerado ni
sustancia ni cualidad agente en absoluto, ni tampoco
es ígneo, prrei enseña en aquellos libros que el fuego,
co.tto el So[, es por propia naturaleza blanco, pero que
algo que se constituye a sí mismo o que hace por sí
mismo a algún otro ente, ya que nunca existe por sí,
ambos pueden volvérse rojos y amarillos, el Sol cuan-
ni informa el mismo la materia o transforma una cosa
do es visto a través de vapores y el fuego cuando es
en algo diferente. Antes bien, el movimiento debe ser
visto a través del humo o en el mismo humo' Como
se ha dicho, Aristóteles defiende las presentes posi-
considerado la operación de algún cuerpo, cuya natu-
raleza sea otra, de la cual fluye y emana, y si se le ve
ciones en muchos lugares. Sin embargo, con tal de no
producir calor, se debe a que fluye de su naturaleza,
desecharlas, parece nb temer abandonar las posiciones
defendidas e, otros lugares ni abandonar los mismos
siendo completamente incapaz de producirlo de otra
sentidos.
sustancia. Esto es, en el ente que por naturaleza es
inmóvil y que se mueve siempre por una fierza exte-
49. Tanto la razón como los sentidos rior, se introduce con el movimiento también la natu-
cepÍrulo
raleza cuya operación es el movimiento. Si el movi-
muestran que el cielo es ígneo.
miento generase calor de cualquier otro modo
Así puei, ninguna argumentación ni ningún indicio
cosa que no existe por sí misma y que tampoco -unapuede
de Ariitóteles cónstituye un impedimento para poder
defender que el cielo es ígneo, tal como los sentidos
nos muestran que es: a la vista es muy luminoso y 5r Cfr. Aristóteles, Acerca del cielo,Il,7,289a22-23; Aristó-
al tacto muy caliente. Lo confirnan también razones teles, Meteorológicos, I, 3, 341 a 1 8-20.
Y i

1 18 BERNARDTNo TELESIo LA NATURLMzu S|CÚI'I SUS PROPIOS PRINCIPrcS 119

existir nunca, sino que cuando es producida perece do que la cosa más noble de todas, de la que todos
y que puede ser considerada un cierto accidente-, los entes constan y que, si no la naturaleza misma,
constituiria o bien una cosa por sí misma existente le parece ciertamente a Aristóteles la más natural de
y perrnanente o bien una sustancia o bien al menos todas las cosas, no inhiera en ningún cuerpo y no sea
una cualidad agente. Además, debe considerarse que propia de ningún cuerpo, sino que se produzca ac-
la naturaleza de la que se saca el movimiento no es cidentalmente? Como Aristóteles juzga que al cielo
otra que el calor, pues no hay nada que se mueva por debe asignársele un movimiento circular, puesto que
sí mismo que esté privado de calor, sino que todas las el movimiento más noble conviene al cuerpo más
cosas que se mueven son muy calientes y tanto más nobless, también debe asignarse el calor, porque al
las que más rápidamente se mueven. cuerpo más noble se le debe también la cualiclad más
Por tanto, el cielo, eue gira con un movimiento noble, y ello tanto más puesto que en el cielo se en-
perpetuo y velocísimo, debe ser considerado, sobre cuentran no sólo las cualidades clel calor, sino aque-
todo por Aristóteles, sumamente caliente. Tanto más llas que son verdaderamente propias del calor y que
si, como es también la opinión del mismo Aristóteles, están constituidas por é1: la luz y la tenuidad.
es necesario que en toda serie haya un primer ente, Además, si a Aristóteles le había parecido el cielo
el cual, al existir como tal por naturaleza, es la causa sumamente móvil, también había de parecerle suma-
por la que el resto de las cosas contenidas en la serie mente cálido, ya que, como se ha visto, atribuye al frío
existan. Sobre todo, es necesario que, en la serie de la inmoviliclad y la gravedad, mientras que al calor con-
los seres calientes, alcancemos un primer ente que, cede lahgereza y el movimiento, y afirma además que
siendo por naturaleza caliente, sea la causa de la que las cosas calientes son producidas por el movimiento
e[ resto de los entes sean calientes y tengan la capaci- y las frías por la inmovilidad, por 1o que establece que
dad de calentarsa. Un ente de estas características no el movimiento es propio del calor y la inmovilidad, del
puede ser, para Aristóteles, ni el fuego ni el aire, a los frío56. Por último, se convencerán de esto todos aque-
cuales no considera sumamente cálidos por su propia llos que quieran buscar la verdad y no simplemente
nattraleza, sino susceptibles de encenderse e infla- defender una tesis, porque la argumentación que niega
marse porque el movimiento del cielo los hace girar y el calor al cielo puede ser refutada de mil maneras. En
separarse, sin que pueda ser considerado ninguno de realidad, como se mostrará clarísimamente en su lugar,
ellos la causa de que el cielo caliente. de ningún modo se puede demostrar que el Sol, sin ser
En suma, el cielo será el primer ser caliente, por el caliente, genera el calor alrozar el aire sublunar (como
cual todas las demás cosas tienen el ser caliente. Aris- Aristóteles sostiene). Hay que ver ahora si el frío y el
tóteles no puede atribuir a ningún cuerpo el máximo calor pueden ser considerados sustancias, si pueden
calor, sino que debería decir que resulta serlo por ac-
cidente. Sin embargo, ¿qué puede haber más absur- s5 Cfr. Aristóteles , Acerca del cielo,1,2,269a 20-32.
56 Cfr. Aristóteles, Meteorológicos, I, 3, 340b 20-22; 34la
sa Cfr. Aristóteles , Metalísica,Il, 1,993b 23-26 l8-20.
V
120 BERNARDTNo rELESro LA NATURATqzu snc(,'t¡ sus pRoptos pRINCIprcs l2l
ser, por tanto, formas y principios de las cosas. Con- aparecen también inmediatamente y perecen cuando
viene, ciertamente, demostrarlo más pormenonzada- ellas también mueren. Por consiguiente las
mente. Puesto que el Sol parece calentar por su propia cualidades propias, instrumentos propios -dicen-
de las for-
nafriraleza y su propia sustancia, el calor no debe ser y
mas, son contrarias opuestas entre sí, no las formas
considerado sólo sustancia, sino, con mucho, la más mismas, que son diferentes de sus propias cualidades,
noble de todas. Pues no se encuentra otranaturaleza o pero las acompañan en su suerte.
forma en el Sol que aquella con la que se le ve actuar. Las formas ni aumentan ni disminuyen, ni reciben
Sin embargo, examinemos y expliquemos las razones más o menos, pues tienen la función de límites y son
de los peripatéticos. ciertamente límites. Las formas no se perciben con
los sentidos, sino que sólo son perceptibles por el
CepÍruro 50. Razones por las que los peripatéti- intelecto. E,sto [el ser percibido por los sentidos] es
cos niegan que el frío y el calor sean sustancias. propio de calor y del frío. Por eso, pues, a los peri-
Dicen que el calor y el frío no pueden ser considera- patéticos no les parece que estas cualidades sean los
dos sustancias. Como todas las operaciones coffespon- principios y las formas de las cosas, porque a veces
den a las formas y las que proceden de muchos cuer- parecen ser accidentes, porque son contrarias entre
pos mixtos son mucho más nobles que aquellas que sí, porque aumentan y disminuyen, son susceptibles
pueden derivar del frío y del calor, es necesario que, en de más y menos y porque son percibidas por los sen-
aquellos cuerpos, se encuentre una forma y sustancia tidos. A Aristóteles le parece que nada de esto puede
diferente del calor, mucho más noble que el calor, que suceder a las formas y a las sustancias. Sin embargo,
se sirve del calor como instrumento y cualidad. Ade- como existen en todos los entes y operan todas las
más, dado que el calor se produce en muchas cosas, de cosas en todos ellos, se muestran como los instru-
las cuales se aleja sin corromperlas ni transformarlas, mentos propios de todas las formas, por cuyo minis-
es claro que el calor existe ahí como accidente. Lo que terio las formas operan todas las demás cosas y se
en algún lugar es accidente, nunca podrá ser conside- constituyen y extraen a sí mismas. Pues cuando las
rado forma o sustancia. cualidades existentes contrarias a la forma que ha de
Pero tampoco existen formas y sustancias contra- ser extraída y constituida son apartadas y expulsadas
rias entre sí. ¿Qué contrariedad se puede observar en y las cualidades propias son producidas y constitui-
la forma del caballo y del hombre? Las formas pare- das cual puede hacerse también por obra de las
cen pugnar entre sí y eliminarse mutuamente, porque
-lo
solas cualidades-, y la materia, por tanto, es la apro-
sus propias cualidades, sus propios instrumentos lu- piada y está dispuesta, al instante (dicen) la forma
chan y combaten entre sí, despojándose y destruyén- brilla emergiendo del seno de la materia en la que se
dose mutuamente. E,stas cualidades son distintas de escondía, donde estaba como entumecida, como en
las formas, las cuales se adhieren a ellas y con ellas una sede extraña en la que no quiere en modo alguno
tienen una unión y afinidad tal que, tan pronto como manifestarse, privada además de los instrumentos sin
las cualidades se constituyen y generan, las formas los que no puede efectuar ninguna operación. De este
r
122 BERNARDTNI rELESro LA wATURALEzu ;EGúN sus pRopros pRrNcrprcs 123

modo, la forma parece seguir a la emergencia y el único ente, cuya forma y sustancia es el alma, la cual
ocaso de la cualidad. no sóIo es superior a todas las otras formas, sino que,
además, está como compuesta de muchas otras for-
CnpÍrulo 51. It'[o hay que atribuir a los entes una mas, culmen de muchas formas y como forma de las
sustancia di/'erente del calor, porque actúen y reali- formas. Puesto que a los aristotélicos les parece que,
cen operaciones que el calor no puede hacer, pues no a diferencia de los demás entes, el animal siente y se
hay ninguna acción u operación producida por un rlueve, si se puede atribuir el sentido y el movimiento
ente que no pueda ser asignada al calor. al calor, no habrá que introducir en los animales una
Los peripatéticos atribuirían con razón a los entes sustancia diferente del calor. Si ésta fuese introdu-
una sustancia diferente del calor, si algunos de ellos cida, 1o sería de modo injustificado, y esta sustancia
operasen o hicieran algo que el calor no puede operar sería inerte y ociosa, sin que efectuara ni llevara a
o hacer. Pues ningún ente puede producir una opera- cabo ninguna operación.
ción o acción que no sea propia de la naturaleza que en Pero el sentido no sólo parece que ha de ser atribui-
él existe. [Sin embargo,] las acciones de cualesquiera do al calor --como ya fue dicho anteriormente-, sino
entes digestiones, nutriciones y generaciones de también al frío. El movimiento mismo, ya se ha visto,
-las animales- las produce manifiestamente
los mismos es claramente propio del calor. También Aristóteles ha
el calor y son obras del calor. Así pues, hay que exa- luzgado que todos los movimientos eran propios del
minar todas las operaciones que a los peripatéticos pa- calor. Dice que son estúpidos y perezosos aquellos
recen tan nobles que no pueden ser atribuidas al calor que tienen mucha bilis negray fria, pero que son entu-
y a las que, por tanto, debe ser asignada una sustancia siastas e ingeniosos quienes la tienen en abundancray
más noble. Si el calor se muestra ciertamente incapaz caliente, siendo, además, propensos a toda cólera y de-
de producirlas, habrá de atribuirse a una sustancia di- seo, de manera que se inflaman con un instinto furioso,
ferente al calor, que realizará esas operaciones a los que produce las Sibilas, las Bacantes y todos aquellos
entes por los que son producidas. De esta manera, les que parecen inspirados por un espíritu divino, 1o que
estará permitido introducir fla sustancia] a los peri- ocuffe no por enfermedad, sino por un desequilibrio
patéticos en los elementos o primeros cue{pos, de los natural57. Según Aristóteles, pues, parece que es propio
que, según Aristóteles, están compuestos todos los de- del calor no sólo el movimiento y el sentido, sino tam-
más. Además,, las operaciones, que, según los peripa- bién el mismo intelecto. Todos ellos, cuando aumenta
téticos, habrían de preceder en dignidad a las demás el calor, se ve que se excitan y agudizan.
y que habría que atribuir a una sustancia mucho más Por tanto, puesto que ni siquiera los animales parecen
noble que el calor, son sobre todo y quizá las únicas producir alguna operación o acción que no sea propia
que se atribuyen a los animales y principalmente al del calor, no hay que introducir en ningún ente ninguna
hombre, al margen del resto de los entes. sustancia diferente del calor, tanto menos en los cuerpos
Los peripatéticos piensan que el animal (y en con-
57 Aristóteles. Problemata, XXX, 7,954a 30-38.
creto aquel que es el más perfecto con mucho) es un
V
124 BERNARDTNo rELESro LA NATURALEzu SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPrcS 125

simples, los cuales, según los peripatéticos, son los más Se puede concluir claramente que, en los cuerpos
imperfectos de todos, están constituidos en función dc rle los animales, el calor no opera por sí mismo, sino
los mixtos y sirven como materia de ellos. Pero el ca- como instrumento y órgano del alma, por decisión y
lor es sustancia excepción de la Tierra y de las rnandato suyo, del hecho de que no actua de forma
cosas semejantes -hecha
y cercanas a la Tierra- de todas las tlesordenada, sino que parece seguir un arte. E,sto es,
demás cosas y también del alma misma, al ser cierto que sólo actúa cuando conviene y dondequiera que algo
las cosas que hacen u operan los demás entes y el alma nocivo amenaza al animal, allí acude de inmediato
misma son todas ellas propias del calor, el cual puede para digerirlo y eliminarlo según la necesidad. Cam-
hacer y operar todas ellas. bia el modo de digerir, cosa que el calor no hace, pues
óste parece que no cambia nunca su modo de actuar,
Cepiruro 52. El calor no es instrumento de otra sino que actia con toda su potencia5s.
sustancia ni en elfuego, ni en los animales, ni en nin- Los peripatéticos son demasiado obstinados en la
gún otro ente, como opinan los peripatéticos, sino defensa de estas tesis, pues, con tal de no abando-
que actúa por sí mismo en todas las cosas y es la narlas, no temen en absoluto construir o imaginar-
sustancia de todas ellas. se cualquier cosa e incluso contradecir sus mismos
Los peripatéticos, que se consideran invictos, no re- principios. Sostienen enérgicamente que deben ser
troceden un solo paso y afirman que no se debe consi- asignadas a los entes sólo aquellas sustancias a las
derar que el calor sea la sustancia de los demás entes que parece coffesponder alguna operación o acción
y de la misma alma, incluso cuando todas las accio- y prohíben absolutamente que sean introducidas sus-
nes y operaciones de los otros entes también de la tancias que no parecen operar ni actuar. Puesto que
misma alma- son producidas por el -yfrío o el calor y no ven en el fuego nada que un cierlo calor in-
son propias del frío y del calor. Como se ha dicho, el
-noins-
herente en el fuego y que no puede ser por tanto
calor no se encuentra, como sustancia propia, no sólo trumento de la forma del fuego pueda realizar u
en ninguno de los otros entes, sino que ni siquiera [se operar de por sí, introducen en el fuego una sustancia
encuentra] en el mismo fuego. Sin embargo, se en- diferente del calor, esto es, introducen sin razón una
cuentra, actia y opera como instrumento y órgano de sustancia completamente ociosa e inerte, la cual no
la forma inherente. La naturaleza de las formas es tal sólo no actua ni lleva a cabo ninguna operación, sino
que no hacen ni llevan a cabo ninguna operación por sí que ni siquiera dota al calor de otras fuerzas o de otro
mismas, sino por obra de las cualidades. Dicen que el modo de operar o actuar. Aunque niegan que algún
calor no es forma del fuego y que existe una sustancia agente pueda producir algo que supere la dignidad y
completamente diferente del calor, gue se encuentra en grado del agente y que sea más noble y excelente que
el calor, en la tenuidad, en la luz, incluso en la facultad
de moverse, como un rey en su fortaleza, impartiendo 58 Es común que Telesio dedique un capítulo a mostrar las
órdenes a todos y llevando a cabo por su ministerio las tesis aristotélicas y otro diferente a criticarlas. En este capítulo,
cosas que deben ser hechas y realizadas. en cambio, combina los dos momentos.
Y
126 BERNARDTNI TELESII LA NATuk4t¡zt sscú¡v sus pRopros pRtNcrprcs 127

él; aunque observan por doquier que el fuego no es rle lo posible, transformarlo en una cosa buena y
producido sólo por el fuego, sino también por el ca- rrgradable. Si no puede transformarlo, se desplazará
1or, sea cual sea el modo como se genere las para apartarlo o alejarlo. Si ha visto que no puede
cosas que son movidas con fuerza y durante -todas
bastante transformarlo con este calor, o lo disminuye o 1o au-
tiempo y que se rozan mutuamente con fuerza, asu- rnenta, esto es, ella misma acude en mayor o menor
men la naturaleza del fuego, convirtiéndose en él-, cantidad para digerirlo y aporta una cantidad mayor
no defienden que el calor sea la forma del fuego, sino o menor de sangre cuya ayuda parece servir-
que le atribuyen otra sustancia, mucho más noble que se-, mueve los vasos -decon más o menos fuerza, es
el calor, la cual se sirve de éste como instrumento. decir, produce una mayor o menor cantidad de calor.
Por tanto, contra sus propios principios, el acciden- Por tanto, parece que el modo de actuar y de cocer
te y el instrumento son las cosas inferiores-, o digerir sólo cambia en aquellas cosas que son rea-
generan la sustancta-quey el artífice, que son las cosas lizadas por el alma misma, por su propio calor y
absolutamente más nobles. por el calor de la sangre que ella aporta y más aún
Por consiguiente, no se puede considerar que, en el por el que se produce por el movimiento de los va-
fuego, el calor sea instrumento de otra sustancia, sino sos. Pero no ocurre lo mismo en las cocciones que
que é1 mismo es la forma y sustancia del fuego. Ya que se producen en las vísceras, que son completadas
siempre acude inmediatamente donde se le necesita exclusivamente junto con e[ calor de las vísceras y
adaptando su modo de actuar, con razón los peripaté- que son reahzadas enteramente por el calor de las
ticos 1o habrían puesto como instrumento del alma en vísceras, pues se hacen siempre del mismo modo en
los animales, si hubiesen señalado de qué manera el cada cosa, resultando buenas o malas según el vigor,
alma misma 1o envía donde es necesario, 1o retira de las fuerzas y el exceso y defecto del calor propio de
donde es necesario, o de qué modo intensifica y redu- las vísceras. Hay, por tanto, cosas donde e[ excesi-
ce su fircrza y acción, de qué manera el calor, al que vo calor del hígado produce una mala sangre y si
los peripatéticos consideran insensible, percibe la vo- pudiera ser moderado por el alma, la haria siempre
luntad del alma y por qué quiere seguirla y reahzar st de buena calidad. Por consiguiente,, puesto que el
voluntad y por qué razón modifica su modo de actuar. calor no puede ser considerado un instrumento de
Si no explican todo esto, no pueden considerarlo ins- la misma alma, debe estimarse que está muchísimo
trumento del alma, sino la sustancia del alma y el alma más lejos de ser instrumento y órgano de cualquier
misma, a saber: aquel espíritu que, extraído del semen otra forma. E,l calor es tan digno de la máxima ad-
y de las cosas constituidas a partir de é1 se encuentra en miración que todas las formas de las cosas
todas las demás cosas, con excepción únicamente de pareciendo a los peripatéticos tan discordantes-aun
entre
los huesos y de las cosas parecidas a los huesos. sí y tan diferentes- parecen servirse de él como de
La misma alma se expuso más larga- su propio instrumento y son hasta tal punto afines y
mente en su lugar- se desplaza inmediatamente conexas al calor, que no pueden actuar y ni siquiera
allí donde siente algo molesto para, en la medida podrían existir sin é1.
-

128 BERNARDINO TELESIO LA NATURALEzu SEG(]N SUS PRIPIzS PRINCIPrcS I29

Cepiruro 53. En la constitución de los cuerpos sustancia. Si en los cuerpos primeros se encontrase
simples, de los compuestos y de los mismos anima- otra sustancia aquella que, como
les, Aristóteles no ha recurrido a otra sustancia, sino primera, como-especialmente
sostienen los peripatéticos, impera
sólo al calor y alJiío. sobre las cualidades y se sirve de éllas-, inclu§o si
Al explicar la constitución de los cuerpos simples, no hubiese podido manifestarse y exponerse a los
de cualesquiera compuestos y de los mismos anima- sentidos, por lo menos habríamos debido ser adver-
les, Aristóteles no recuffe nunca a ninguna otra sus- tidos de que existe otra sustancia. Esta otra sustan-
tancia diferente del calor que pueda haber constituido cia de ser percibida por los sentidos y, por
a alguno de ellos. Así, cuando investiga los principios -incapaz
tanto, completamente desconocida y completamente
materiales y formales de los cuerpos simples, dice: tncapaz de manifestarse por sí misma- se debería
el principio primero es, ciertamente, la materia inse- manifestar por sus cualidades propias.
parable, pero sometida a los contrarios, pues el calor Digo que esto es lo que Aristóteles debería haber di-
no es materia para el frío ni el frío para el calor, sino cho al investigar los principios de los cuerpos simples
que la materia es lo que está sometido a uno y a otro. y su composición. Sin embargo, é1, sin señalar nunca
Por esto, en primer lugar, es principio el cuerpo que nada de esto,, dice que es necesario que las diferencias
es sensible en potencia; en segundo lugar, son princi- específicas de los cuerpos tangibles sean tangibles.
pio los contrarios mismos, como e[ calor y el frío; por Puesto que investigamos los principios del
último, son principio el agua y el fuego y las cosas de -di ----esto es, tangible-, es claro que no
cuerpo sensible
este tipose. Después, al investigar sólo los principios todas las parejas de contrarios constituyen las formas y
formales el mismo Aristóteles manifiesta cla- los principios del cuerpo, sino exclusivamente aquellas
rísimamente y ninguno de sus secuaces niega-, aflr- que corresponden al tacto6r. Verdaderamente aceftado,
ma: lo caliente, 1o frío, lo húmedo y 1o seco se mues- porque ningún ente tiene nada que no reciba de la natu-
tran como principios, esto es, las cosas que parecen raleza propia que lo constituye. Y el calor es
actuar y padecer y ser primeros, como es necesario un cierto tipo de predicado, una forma y -dice-
el frío, una
que sean los principios de los primeros cuerpos y las privación62. Los mismos peripatéticos dicen que estas
cosas que se transforman las unas en las otras60. diferencias sustanciales separan al fuego de la tierra.
Por tanto, a Aristóteles le ha parecido que la sola Pues no afectarían a la generación y la comrpción
materia y la sola contrariedad son suficientes para la es aquello sobre 1o que está hablando-, si no
constitución de los cuerpos primeros. Ni en este lugar -que
fueran sustanciales, sino que coffesponderían más
ni en ningún otro hace jamás mención a alguna otra bien a las alteraciones. En otro lugar dice que las par-

5e Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción, 6r Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción,


Il,1.329a 28-35. rr, l,32gb l -13.
60Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción, 62 Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción,
il, 1,329b 23-25. I,3,318b 17.
V
LA NAT[JRAtsz,q sacúN sus pRopros pRrNctptos l3l
130 BERNARDINO TELESIO

ner como principios de las sustancias cosas que son


tes homogéneas están constituidas por los elementos: accidentes, sino que, a veces, 1o critica por no haber
por el fuágo, el aire, el agua y la tierra' Y entonces' establecido una oposición universal6T, otras por no
bonro si sJestuviese corrigiet do, dice: están constitui- haber ido en busca de otra causa eficiente, la cual,
das más propiamente por las fuerzas de los elementos, tncapaz de padecer y como usando el arte y la razón,
p;;o r; áe tódos, sino de 1o caliente, lo frío, lo húmedo moderase y contuviera su fuerza68.
y 1o ...o, que parecen ser las formas de los elementos' Por tanto, al explicar la constitución de los cuerpos
prret no parece haber allí ninguna otra cosa que patez-
simples, Aristóteles nunca aporta otra sustancia, sino
ca ser forma63. sólo el calor y el frío. Tampoco la aporta cuando expli-
Sin embargo, esto no me satisface más de lo que calacomposición de los cuerpos mixtos, todos los cua-
parece satisdcer a los mejores y-m.as ilustres de los les, según é[, estarían compuestos de las características
dice que el ca-
ieripatéticos. Alejandro dé Afrodisia diferenciales de los elementos, no ciertamente íntegras,
lor es una sustan.iiu, puesto que es forma del fuegooa
gr¡9- sino tras haber padecido y tras haber sido debilitados
y io *ir*o dicen .uri todos lros demás fi1ósofos
por su interacción recíproca. Dice que todos los ele-
gos. Pero Ammonio, otro príncipe {t l9t p.eripatéti-
mentos poseen una contrariedad, porque las cualidades
Eor, no dice sólo esto,, sino que el calor febril es tam- que los distinguen son contrarias6e. Cuando estas cua-
bién sustancia, pues transforma al cuerpo humano en lidades por las que están constituidos se debilitan, se
otro ente, yu qr. la naturaleza que constituye algo debilitan también ellos. Cuando el frío se transforrna en
es necesaríaménte 1a sustancia y la forma de aque-
llo que es constituido y realizado65. Y es verdad que
paá¿niaes, que estabieció que el calor y e1 frío son Parménides atribuía al frío y al calor ser el principio de la natura-
leza es una doctrina respaldada por la doxografia, especialmen-
principiosuu, n|nca fue acusado por Aristóteles de po- te por Aristóteles. Sin embargo, en los fragmentos conservados
del poema parmenídeo, sólo puede encontrarse una referencia
rnás bien génerica al calor como principio (De Tales a Demócri-
ó3 Aristóte les, Acerca de las partes de los animales,I, 1,646a
to. Fragmentos presocráticos, cit., p. 160). Confusamente esta
t3-ll.
^- teoría del frío y del calor, parece atribuírsele a Parménides en
oo Alejandro de Afrodisia, Commentaria in XII Aristotelis li- Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos ilustres, traducción de
bros de prima Philosophia, XII, com' 12' C. García Gual, Alianza, Madrid,2008, lX,2l,pp.466-46J: <<Y
ot Ammon io, In qiinqu,e voces Porphyrii comentarii, p. 18r,
que los elementos básicos son dos: fuego y agua, y que el uno
col.2.
-- tiene función de artesano y la otra la de la materia. Y que el
66 La cuestión de si Parménides es fuente de la teoría del ca- rracimiento de los hombres procede del sol como primera causa;
lor y el frío como las dos sustancias fundamentales constituyó que de éste dependen lo cálido y lo frío, a partir de lo cual se
Lt píirr.lpul objeto de polémica en la historia de
la recepción De
componen todos los seres»>.
,riu* náruro."U,t *ir*o Telesio reconoce, al responder a Patrizi, 67 Cfr. Aristóteles, Física,l,5, 188b 27-189a 10.
q". fu teoría está presente no sólo en Parménides' sino en una 68 Cfr. Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrup-
Telesio, Solutiones obiec-
Érr" ..rti¿ad de autores antiguos- B. rebus libelli, cit',
ción, 11,9, 335b 30-336a 1.
Tionr* Francisci Patriti en Várii de naturalibus 6e Aristóteles, Acerca de la generación y
de la corrupción,
p. +,52, «Quin non Parmenidi modo, sed reliquis. propemodum ll, 4, 331a 15- 16.
bmnibus .ilidu- frigidumque rerum principia visa sunt>». Que
7
I32 BERNARDINO TELESIO LA NATL:RAttzt stcút¡ sus pRopros pRrNcrprcs 133

calor, el agua se transforrna en aire y se hace aire. Pero se comprime y se produce la generación cuando la
dice que si ninguna de esas cualidades puede vencer a humedad se calienta como una burbuja de espuma72.
la otra, al acfuar mufuamente la una sobre la otra y al En otro lugar dice que, en los cuerpos putrefactos,
padecer los efectos de la otra, disminuyen y se debilitan se generan fácilmente animales, porque el calor libe-
de tal manera que su fuerza aparecerá embotada y sin rado constituye y compone cue{pos, esto es, la mis-
energía. Ambas se transfonlan, ni el aire ni el agua per- ma alma, según Aristóteles, constituye los cuerpos
manecen, sino que se constituye una tercera cosa for- mismos73. Después, al explicar la generación de los
mada por ambos. Pero puesto que hay una desigualdad animales perfectos, afirma que, en el semen de todos
de fuerzas, no en 1o indivisible, no se constituye una los animales, se encuentra aquello que se llama ca-
sola cosa, sino infinitas, como la carne y los huesos7o. lor, el cual no es fuego, ni una facultad similar a é1,
Al mostrar la generación y la constitución de las cosas, sino un espíritu contenido en el semen y en el cuer-
dice que la generación naturaly simple es una transfor- po espumoso y la naturaleza que está en este espíritu
mación reahzadapor las cualidades activas, esto es, por corresponde proporcionadamente al elemento de los
el calor y el frío, sobre la materia subyacenteTr. Aristó- astros. Por este motivo, el fuego no genera ningún
teles piensa que el calor y el ftío no sólo son formas de animal, sino que sólo genera el calor del Sol y de los
los cuerpos simples, sino también de todos los com- animales, y no sólo aquel que está contenido en el
puestos formados a partir de ellos. Ciertamente se han semen,, sino también aquel que es residuo, aunque sea
debilitado y disminuido el uno al otro y han sufrido la de naturaleza diferenteTa. O el espíritu que está en el
acción recíproca; sin embargo, hay que considerar que semen, generado por el Sol, es la sustancia del alma
son los mismos y que en absoluto son otros, pues no o, como quizá opina Aristóteles, el calor contenido
pueden constituir otra cosa por sí mismos. en el espíritu extrae el alma de la sangre menstrual de
Aristóteles opina que incluso las almas de los ani- la mujer y de la putrefacción. Puesto que cualquier
males están constituidas también por el calor, cuan- calor del seno de cualquier materia puede extraer sólo
do observa su generación más de cerca. Dice que calor y ninguna otra cosa, sobre todo que sea insigne
los animales se generan en la tierra y en lo húme- y noble, Aristóteles ni podría ni querría negar que el
do, porque en la tierra se encuentra la humedad, en principio animal y la misma alma sean calor, sino que
la humedad se encuentra el espíritu y el calor ani- sólo niega que sea ígneo, pues el fuego no tiene según
mal se encuentra en todas partes, de tal manera que, é1 ninguna capacidad generativa. Por tanto, Aristóte-
en cierto modo, todas las cosas están llenas de alma. les no piensa que haya que introducir ninguna otra
Por este motivo, aparecen más rápidamente cuando
este calor está recogido y comprimido. Sin embargo,
72 Aristóteles, Sobre la generación de los animales, lll, I l,
762a 19-24.
70 Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción, 7r Aristóteles, Meteorológicos,IV, l, 379b 6-8.
7a Aristóteles, Sobre la generación de los
[,7 ,334b 7 -2] . animales,Ill, 3,
7r Aristóteles, Meteorológicos,lV, 1, 378b 33-35. 736b 34-131a 5.
134 BERNARDTNI rELESro
r LA NATUkArczu szcút¡ sus pRopros pRINCIprcs 135

sustancia distinta del calor en la constitución de nin- nirturaleza en la que se introduce y se puede conside-
gún ente y si quisiera, no tiene de dónde conseguirla. rlrr que el calor, al no haber hecho sufrir en nada la
Pues del cielo, de donde únicamente podría fluir, con- rurturaleza y no haber cambiado el sustrato, ha sido
sideran los peripatéticos que proviene el calor, pero rcchazado y obligado a huir. Pero el mismo calor, si
no está hecho por la propia sustancia del cielo, sino sc hace más intenso o más duradero, introduce en el
que se produce cuando el aire sublunar es rozado por r)rrte otra forma y otra nattraleza, y si alcanzase su
el movimiento del cielo. grado máximo, transformaria al ente en algo pareci-
Se puede pensar, entonces, eue aquel calor produci- tlo a aquello desde 1o que el mismo calor actúa, esto
do según él por el movimiento del fuego y en el fuego cs, en fuego, si lo que ha actuado era un calor ígneo.
y que es transportado hasta aquí por el mismo fuego, lrntonces, por el hecho de que alguna vez el calor sea
no puede ser considerado más noble que el calor ígneo. rcchazado por una naturaleza más fuerte, sin haber
ni diferente de é1, de modo que, si el calor ígneo (al transformado las cosas a las que accede y de las se
igual que el fuego) tampoco parece generar plantas y luleja, pareciendo por eso comportarse como un acci-
animales, se debe considerar que la causa de esto no es tlente, no hay que considerarlo siempre un accidente.
la diferencia de sustancia, sino de fserzas, como se ha Al contrario, hay que considerarlo siempre sustancia,
expuesto más ampliamente en su lugar. porque se ha visto que no sólo constituye el fuego,
sino también la misma alma que se extrae de la mate-
Capirur-o 54. It{o se puede sostener que el calor no riay que es la sustancia de ambos.
sea sustancia, sino accidente, por el hecho de que el ca-
lor, al igual que los accidentes, se introduzca en algunas CepÍrulo 55. Ir{o se puede sostener que el calor y
cosas, marchándose de ellas sin haberlas transformado. cl frío no son sustancias por el hecho de que se opo-
Por el hecho de que el calor no transforma todas nen el uno al otro.
las cosas en las que se introduce y ocupa, ni hace Se puede estimar que los peripatéticos se han olvida-
suyos los sustratos de donde ha expulsado la natura- do de sus propios principios, cuando niegan que el frío
leza existente, sino que, como los accidentes, algu- y el calor son sustancias por el motivo de que éstos se
nas veces se marcha de muchas cosas sin haberlas oponen mutuamente, se expulsan recíprocamente de su
transformado siquiera un poco, tampoco se puede sustrato, se destruyen y son absolutamente contrarios.
considerar que sea un accidente y no una sustancia. Puesto que ellos mismos aflrman que son absolutamen-
te contrarias las cosas que, aunque pueden establecerse
Quiero decir es la sustancia que, cuando abandona
su propio sustrato y ocupa otro, parece hacer que los en el mismo sustrato, no pueden hacerlo simultánea-
entes cambien y se transformen en otros comple- rnente, deberían sostener que contrarias entre sí son, en
tamente diferentes, y siempre en aquellos que son primer lugar, las sustancias y sólo ellas. La modificación
propios de la sustancia que se introduce. y transformación de todos los entes es recíproca, porque
De aquí no se puede inferir que el calor no sea sus- todas las sustancias existentes desean el mismo sustrato,
tancia, sino que es tan débil que no puede expulsar la pero, disfrutando de operaciones contrarias, disfrutan
136 BERNARDINo TELESIO LA ¡,{ATURALEzu SEGÚN SUS PROPIOS PRTNCIPrcS I37

de diferentes disposiciones del sustrato. Por tanto, al no t'rtraer cualquier alma de cualquier materia, sino solo
poder y no querer estar en el mismo sustrato simultánea- ;rr1uella aptay propia paralamateia, con mayor razón
mente, se expulsanlauna a la otra. Incluso si las formas lls nobilísimas formas de los animales ----esto es, sus
fuesen diferentes de las cualidades y actuasen a través ;rlrnas- pueden surgir sólo de aquel cuerpo que ha sido
de ellas como [si se tratarude] sus propios instrumentos, lrccho sumamente apto y propio para ellas mismas. Por
se deberían considerar, no obstante, como contrarias y larrto, las formas del hombre y la del caballo ---que se-
opuestas entre sí. La nah¡raleza no es un artífice inerte sún Aristóteles sonproducidas apartir de cosas comple-
que no se procura instrumentos adecuados y obedientes llrnente diferentes y realizan, según é1, operaciones en
a ella misma, sino que ella misma reside en el sustrato cl máximo grado diferentes- deben ser consideradas
que se ha procurado espontáneamente y aciua según la lt-rsolutamente contrarias y diferentes, puesto que toda
índole del instrumento. ropugnancia formal es una oposición, esto es, aunque
Además, puesto que sostienen que todas las cosas l¿rs formas sólo se repugnen y difieran entre sí un poco,
son generadas por lo semejante, pero siempre a partir son contrarias y opuestas entre sí76.
de los contrarios, y las que se coffompen, se colrompen Pero, ¿por qué traigo a colación los principios de
por los contrarios, si no defendieran que las sustancias Ios peripatéticos, que ellos mismos contradicen cuan-
son entre sí contrarias, su generación y su comrpción no tlo niegan que las sustancias puedan ser contrarias en-
serían producidas por ellas mismas, sino por sus cuali-
dades. Pero esto se opone totalmente a las doctrinas de
todos los peripatéticos. En efecto, según ellos, ninguna lror ejemplo, en el siguiente pasaje del Fedón, traducción de A.
Vigo, Colihue, Buenos Aires, 2009,82b: «Porque es probable que
nattraleza hace o constituye jamás nada distinto de sí v¿ryan aparar nuevamente a una especie de esa misma índole, so-
misma y mucho menos algo que sea más noble y ex- ciable y mansa, como la de las abejas, por caso, la de las avispas
celente que ella. Dicen que hay que evitar pensar tanto o la de las hormigas, o bien que retomen incluso nuevamente ala
que algún agente actue más allá de su propio grado y de raza humanay nazcan así de ellos hombres mesurados». Un tes-
tirnonio sobre la doctrina de la metempsícosis aplicada al mismo
su propia dignidad como que aquello que es produci- l'}itágoras puede leerse en Diógenes Laercio, Vidas de los /ilóso.fos
do no sea producido por 1o semejante. Sin embargo, se ilustres, cit., pp. 418-419: «De manera que lo recordaba todo. E
preguntan: ¿qué contrariedad se observa entre la forma incluso después de haber muerto conservaba la misma memoria
del hombre y la del caballo? Grandísima, por Hércules. de todo lo pasado. En el curso del tiempo revivió luego en Euforbo
Especialmente para Aristóteles, quien critica mucho a y fue traspasado por Menelao. Euforbo afirmaba haber sido antaño
Ijtálides y haber recibido de Hermes el famoso don y refería la
los pitagóricos por haber atribuido injustificadamen- transmigración de su alma, y de qué modo había vagado sin rum-
te cualquier alma a cualquier cuerpoTs. Si no se puede bo y en qué vegetales y animales había revivido, y todo lo que su
alma había sufrido en el Hades y lo que las otras almas tenían que
soportar allí. [...] Y de nuevo lo rememoraba todo: cómo primero
75 Aunque habitualmente se considera que el origen de la doc- f ue Etálides, luego Euforbo, después Hermótimo y más tarde Pi-

trina de la metempsícosis, al menos en ámbito filosófico, surge rro. Y cuando hubo muerto Pirro, vino a ser Pitágoras y mantenía
con la escuela pitagórica, el mismo Platón quien, por otra par- recuerdos de todo lo dicho».
-aadhiere a la doctrina,
te, Telesio no tiene reparos en criticar- se 7ó Cfr. Aristóteles Metafísica, X, 4.
.
138 BERNARDINo TELESIo
r LA NATUv4LEZA ;EGúw SLts pRoptos pRINCtprcs 139

tre sí? Se puede escuchar al mismo Aristóteles decir necesario que los principios agentes y eficientes sean
de modo clarísimo en seiscientos lugares diferentes contrariosSo. Después, al explicar la constitución de
que las sustancias son contrarias entre sí. Al investi- los cuerpos primeros, dice: nosotros sin embargo
gar los principios de las cosas sustancias y las decimos que hay una materia de los cuerpos sensi-
formas de las cosas por las que -las
éstas están constitui- bles, la cual,, sin embargo, no puede estar separada,
das-, Aristóteles defiende que son contrarios. Puesto sino que está siempre con una contrariedad8r, esto
que no cualquier cosa actua sobre cualquier es, nunca separada de uno de los dos contrarios, sino
cosa,-dini cualquiera sufre por cualquier otra, sino que siempre ocupada por uno de ellos. Repitiendo esto
sólo el contrario actua sobre el contrario y sólo el dice: afirmamos que la materia es ciertamente inse-
contrario sufre por el contrario, es necesario que los parable, pero sometida a los contrarios82, es decir, a
principios que actúan, a saber, la forma y la sustan- las formas y a las sustancias. Puesto que, si no fuese
cia a ellas atribuye Aristóteles principalmente así, al investigar la constitución de los cuerpos pri-
toda-pues
acción- sean contrariasTT. Además, puesto que rneros, no investigaria las formas y las sustancias,
es necesario que los principios no nazlan de otra cosa sino los accidentes. Después de haber constituido los
y que uno no flazca del otro y que todas las cosas es- cuerpos primeros, aflrma que el aire es sumamen-
tén constituidas por ellos, conviene que los principios te opuesto a la tierra y el fuego al agua, ya que sus
sean contrarios y, más aún,, primeros contrarios, esto fbrmas y sustancias son opuestas y contrarias entre
es, íntegros y en absoluto debilitados o mezclados sí83. Pues si la cualidad fuese contraria, el fuego no
entre sí,porque solamente en ellos se encuentra todo sería contrario al agta, sino la cualidad del fuego a
1o que debe encontrarse en los principiosT8. Hasta tal la del agua. Y por eso afirma Aristóteles que el cie-
punto es evidente que debemos establecer lo es incomrptible, porque no hay ninguna sustancia
que los-dice-
principios agentes y formales son contrarios, contraria a la suya.
que los antiguos, como obligados por la verdad mis- Creo que algunos peripatéticos, viendo estas co-
ma, estuvieron de acuerdo en esto, todos al unísono, sas, dicen que Aristóteles no niega que una sustan-
pues todos afirmaron que eran contrariosTe. cia cualquiera se oponga a otra cualquiera, puesto
Aristóteles piensa, en primer lugar, que los prin- que no niega que la simple se oponga a 7a simple
cipios eficientes cuales en las cosas naturales en efecto que se oponen abiertamente en-
-los -afirma
son idénticos a los formales- son necesariamente
contrarios. Puesto que la destrucción es ¡'0 Cfr. Aristóteles, Acerca de la generación de la coruup-
contraria a la generación -dice-
y, sin embargo, las causas cirin, Il, I 0, 336a 26-30.
1,

8r Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción.


agentes de cosas contrarias deben ser contrarias, es
11.329a22-25.
82 Aristóteles, Acerca de la generación y tle la coruupción,
77 Aristóteles, Física,I, 5 l88a 31-188b 7 ll.329a 30.
78 8r Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción.
Aristóteles, Física,I, 5 1 88a 27-30.
7e Aristóteles, Física, I, 5 r88b 27-30. II, 3, 33la 1.
140 BERNARDTNo rELESro LA NATTJRAISz¿ socú¡v sus pRopros puxcprcs l4l
tre sí-, sino que la compuesta se oponga a la com- lrrs cualidades. Pues, si no perrnanecieran las for-
puesta, esto es, según Aristóteles, son contrarios nr¿rs mismas y las mismas sustancias, sino sólo las
los cuerpos simples, pero no los cuerpos mixtos t'rralidades, los cuerpos simples no se encontrarían
con respecto a los mixtos. Esto no es correcto, por- ;rllí, cosa que Aristóteles de ningún modo estaría
que si los cuerpos simples, de los que 1os demás tlispuesto a conceder. Dice que cuando una de las
están compuestos, son contrarios y opuestos entre ('osas que hacenlamezcla perece, no se produce una
sí, es necesario que sean también contrarios y rrrczcla, sino un aumento de la parte que predomina;
opuestos entre sí aquellos cuerpos constituidos por c()mo cuando una gota de vino es vertida en diez mil
ellos, los cuales no han sido constituidos por la mis- rncdidas de agua, no se mezcla, sino que la forma
marazón y medida:, pues si así fuera, todos los cuer- rlcl vino perece y se transforma en agua. En cambio,
pos mixtos parecerían una sola cosa, casi como los t:uando las cosas que se mezclan están dotadas de
simples. Por eso están más en 1o cierto aquellos que lirerzas iguales, entonces ambas transforman su na-
dicen que, cuando Aristóteles niega que la sustan- turaleza en aquella que predomina, sin convertirse
cia sea contraria a la sustancia, no niega que la for- cn la otra, sino convirtiéndose ambas en algo inter-
ma sea contraria a la forma,, sino que la materia sea rnedio y común84.
contraria a la materiay el sustrato al sustrato, el cual Según Aristóteles, pues, todas las formas de los
sin embargo es común y remoto, porque es uno e cuerpos simples se encuentran en los mixtos, pero
idéntico para todos, pues el sustrato próximo es no en su máximo grado de vigor, sino como trans-
afectado y dispuesto de un modo diverso y contrario fbrmadas en algo intermedio y debi-
por las formas particulares. Por tanto, no se puede litadas- por haber padecido.-disminuidas
Tanto más la una se
sostener que el frío y el calor no son sustancias por- hace la otra cuanto más intensa es aquella con la
que se opongan mutuamente. que más se ha mezclado; por tanto, ésta actúa poco,
padece muchísimo y en algunos casos desapare-
CapÍrur-o 56. No se puede sostener que el.frío y ce completamente, sin hacer nada o haciendo algo
el calor no son sustancias porque aumentan y dismi- que es del todo imperceptible. Dice que una peque-
nuyen y son susceptibles de un más y un menos. ña cantidad de agua vertida en una gran cantidad
Ya que las formas son contrarias entre sí, actúan de vino, se hace vino, esto es, desaparece el agua,
las unas sobre las otras y padecen de sus acciones sin que la forma del vino se haya transformado lo
recíprocas, es necesario que aumenten y disminu- más mínimo o tan sólo en una medida impercepti-
yan, que sean susceptibles de un más y un menos. ble. Pero si se vierte agna en una cantidad mayor de
Y menos que nadie niega esto Aristóteles, a quien forma permanente, padecerá continuamente, dismi-
parece que todos los cuerpos simples, si bien dis- nuirá y se debllítará la otra forma, haciéndose final-
minuidos y debilitados por la acción recíproca, se
encuentran en los mixtos, esto es, mezcladas las 8a Aristóteles, Acerca
de la generación y de la corrupción,I,
formas y las sustancias de los cuerpos simples, no 10,328a 25-31 .
r
I42 BERNARDINO TELESIO LA wATUv4LEZA s¡cútv sus pRopros pRrNcrprcs 143

mente agua, o una cosa muy similar al agua Y, Por filrma íntegra y pujante, sino por una forma comple-
último, completamente agua8s. tamente debilitada, disminuida y reducida en su in-
Así pues, según Aristóteles, las formas de las co- tcnsidad por la forma contraria preexistente, que se
sas aumentan y disminuyen de intensidad. Puesto lc opone y resiste. Si la forma no fuera debilitada por
que las acciones son propias de las formas y éstas irquella forma contraria preexistente, penetraria ínte-
son muy diferentes, esto es, se han debilitado y lan- gra en cualquier lugar, pues la materia, por sí misma,
guidecido más o se han hecho más intensas y po- no repugna a ninguna forma, ni debilita 1o más míni-
derosas, las acciones manifiestan la intensidad y la nro la intensidad de la forma que penetra. Además,, se
debilidad de las formas, es decir, el aumento y la vc claramente que las formas que se acercan a su fin
disminución de su intensidad. Se ve que todos los remiten y disminuyen, operando más lánguidamente
entes, incluso los animales de la misma especie, es- y conservando el sustrato con dificultad. Por el con-
tán dotados de fuerzas propias de lo más diverso, lrario, aquellas que nacen y ocupan el sustrato, se ve
realízando su acción propia de modo muy diferente, (lue crecen de intensidad, aumentan y toman fuerzas.
puesto que diversas son sus propias fuerzas, es de- No se debería tampoco considerar menos válido si las
cir, más intensas y poderosas o más débiles y lán- lbrmas actuasen por medio de las cualidades como
guidas. Los peripatéticos no aducirán como pretexto ¡ror medio de sus propios instrumentos y fuesen cons-
la incapacidad del instrumento, pues no consideran lituidas por las cualidades tal como sostienen los peri-
que el alma utilice al cuerpo como un instrumento, ¡ratéticos,, esto es, siguiendo el ocaso de las cualidades
sino que, paru ellos, el alma es la forma del cuerpo y (quiero decir, naciendo y muriendo con ellas), puesto
que opera con él como su propio sustrato. Además, (lue es necesario que, cuando las cualidades resulten
se puede ver en ocasiones que otros animales y so- tlisminuidas y sofocadas, también las formas 1o sean.
bre todo los mismos hombres tienen un cuerpo muy Si la forma pudiera mantenerse con la propia cua-
bello y apropiado, pero que son muy lentos, inmóvi- lidad disminuida piensan los más ilustres
les casi y paralizados si estuvieran siempre pcripatéticos-, podría -comomantenerse también sin nin-
-como
adormilados- por culpa,, pues, de la forma o del guna cualidad, puesto que los grados de la cualidad
alma que se sirve del cuerpo de aquella que son todos de la misma condición y 1o que compete a
proviene del semell-, la cual -hablo
produce defectuosa- uno, compete a todos, de manera que si la forma del
mente su propia operación, por consiguiente dismi- lirego pudiera conservarse sin uno de los grados de
nuida o dotada de fuerzas disminuidas. l¿r cualidad, también se podría conservar sin los de-
Pero que tampoco acusen, en particular, a la ma- rnás. Pero es completamente absurdo pensar que, si la
lignidad de la materia,la cual si obstaculiza a la for- cualidad ha disminuido, la forma perrnanece íntegra
ma que opera, 1o hace porque no es ocupada por una y que la misma forma, para la operación propia, se
¡rLreda servir de una cualidad ahora vigorosa, ahora
ti5 Cfr. Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrup-
llnguideciente. De tal manera, si se puede conside-
r¿lr que las formas son unos ciertos límites, en modo
ción, I, 5, 32la 35-321b l, 322a 3 1 -35.
Y
I44 BERNARDINq TELESIO LA NATURALTzu sscúx sus pRopros pRrNcrptos 145

alguno se debe considerar que especialmente las que rras, sino sólo aquellas que caen bajo el tacto. Dice
son formas de los cuerpos segundos son similares a que es necesario que los cuerpos tangibles difieran
las líneas o a los puntos de los matemáticos, los cua- entre sí por una diferencia tangible y atribuye siem-
les no se pueden contraer ni ampliar. Se debe consi- pre toda acción a las formas86. Afirma que la ligereza
derar, en cambio, que esos límites son muy amplios, y la gravedad no son formas de los cuerpos primeros,
extensos y tales que, contraídos y extendidos en un porque no actúan las unas sobre las otras, pero sí el
espacio muy grande, mantienen el nombre y la natu- frío y el calor porque actúan y padecen. Por tanto,
raleza de la cosa que contienen. según Aristóteles, las formas no se perciben sólo con
Esto es, no son indivisibles las fuerzas de las for- los sentidos, sino que sólo se perciben éstas, porque
mas y no residen como en un punto, de tal modo que, sólo ellas actúan. De hecho, no se percibe ni la na-
cuando son expulsadas de é1, sucumben completa- ttraleza ni la sustancia de aquello cuya acción no se
mente y perecen. Los entes, aunque no hayan sido percibe, y de aquello cuya acción se percibe, tam-
debilitados y transformados completamente, dejan de bién se percibe su sustancia y su naturaleza, ya que
ser lo.que son y se nos vuelven otros, pero con fre- se puede pensar que la acción no es otra cosa, sino la
cuencia, aunque hayan aumentado mucho sus fuerzas asimilación y alteración de aquello que hace sufrir a
o hayan padecido mucho, nos parecen los mismos. la naturaleza del agente. Sintiendo así la acción, sien-
Por tanto, las formas aumentan o disminuyen en su te la nafuraleza y la sustancia del agente. Por tanto,
intensidad. Puesto que, si por un lado se sostiene que, puesto que se sienten sólo las acciones de las cosas,
cuando aumentan o disminuyen en cualquier canti- se sienten únicamente las formas. Por consiguiente,
dad, se hacen otras, no se puede negar que el frío y el ninguna razón de los peripatéticos me parece un im-
calor sean sustancias por el hecho de que aumentan y pedimento para sostener que el calor y el frío son los
disminuyan en su intensidad. De hecho, se debe con- primeros principios y formas de las cosas. Y que así
siderar que el calor, cuando aumenta o disminuye, se es, nos lo manifiestan los sentidos mismos, que per-
convierte en algo completamente diverso. ciben que sólo el calor y sólo el frío constituyen todas
las cosas, transforman todas las cosas y hacen en to-
CapÍrur-o 57. Ir,lo se puede sostener que el frío y das las cosas todo aquello que sólo puede realizar la
el calor no son sustancias porque se perciben con los sustancia propia o la contraia. Por tanto, parece que
sentidos. nada se opone a nuestras tesis.
Si se dignaran recordar los principios de Aristóte-
les, los peripatéticos tampoco podrían negar que las FIN DEL LIBRO PRIMERO
formas verdaderamente existentes e inmersas en la
materia estén dentro de la capacidad de los sentidos
y son percibidas por ellos. De hecho Aristóteles, al
investigar los principios del cuerpo tangible, afirma 86 Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción,
que no todas las contrariedades constituyen sus for- ll,2,32gb 12.
V

LIBRO II

CepÍrulo 1. Puesto que todas las cosas expues-


tas en el anterior libro son diferentes de lo que le
parece a Aristóteles, habrá que examinar y explicar
sus posiciones sobre cada una de las cosas que se
han afirmado.
Aristóteles opina que, entre las cosas sublunares,
no sólo la Tierra es un cuerpo primero, sino que tam-
bién lo son el agua y el aire que nos circunda y que
gira con el cielo. También opina que cada uno de és-
tos flos cuerpos primeros] no ha sido producido por
una única naturaleza agente, sino por dos. Estas dos
naturalezas se encuentran, disminuidas y debilitadas,
cn los entes restantes, y flo sólo aquellas que son pro-
pias de un solo cuetpo, sino todas las nafuralezas se
cncuentran mezcladas y complicadas, casi como si
fleran una sola cosa. Aristóteles llama cuerpos mix-
tos a los cuerpos producidos por la mezcla y unión de
los simples. También le parece que el cielo no calien-
ta por su propia nafinaleza y sustancia, pues carece
completamente de calor y de la capacidad de tomarlo,
dado que no tiene nada en común con las cosas sublu-
nares y está dotado de una naturaleza completamente
rliversa. Por otra parte,para é1, el cielo calienta el aire
sublunar al moverlo y rozarlo. Tampoco el cielo se
nrueve por su propia forma o por su propia sustancia,

u47l
I5O BERAIARDINOTELESIO LA NATURArczu srcúu sus pRopros pRrNcrprcs 151

CapÍrulo 2. Aristóteles piensa que los principios ¡ror sí mismo, no se transforma en músico, sino tan
agentes de las cosas son contrarios y tan sólo dos. srilo en lo negro6.
Aristóteles piensa que es necesario que los principios Por tanto, cualquier cosa que es producida y cual-
agentes de las cosas sean contrarios. Como se ve que tluier cosa que se coffompe, se produce a partir de los
todas las cosas sublunares se coffompen y se transfor- contrarios y se coffompe en los contrarios o en algo
man mutuamente y que claramente todas las cosas que intermedio que, a su vez, ha sido generado por los
se coffompen, se corrompen por el contrario, se debe ¡rrimeros contrarios, de tal modo que puede decirse
juzgar que esas cosas están constituidas necesariamen- r¡ue todas las cosas constituidas por la naturaleza son
te por naturalezas contrarias. Aristóteles dice que to- () contrarias o producidas a partir de los contrarios.
dos establecieron, verdaderamente con razón, princi- l.as cosas contrarias son las cosas extremas; las cosas
pios contrarios, pues es necesario que los principios no ¡rroducidas por los contrarios son las cosas interme-
deriven de sí mismos, ya que, si fuera así, serían prin- tlias. Todos los entes, en consecuencia, son produci-
cipios y no principioss. Además, es necesario que no tlos o por los contrarios extremos y puros o por con-
sean constituidos por otros, pues si no son primeros, trarios que están mezclados y confundidos consigo
tampoco serán principios. Por estos principios existen nrismos y disminuidos y diluidos. Aristóteles dice
todas las cosas, lo cual es lo verdaderamente propio de r¡ue hasta este punto casi todos han estado de acuer-
los principios. Todas estas propiedades se encuentran tlo, pues todos consideran que los elementos y lo que
en los primeros contrarios: son en primer lugar y no llaman principios, son contrarios, aunque no den nin-
existen por otros. Tampoco existe cada uno de ellos suna razón y sean más bien obligados por la misma
por e[ otro, pues son contrarios. Por ellos, en cambio, verdadT. A Aristóteles le parece que una única oposi-
son todas las cosas y las constifuyen cuando penetran ción es suficiente y que no es necesario añadir ningu-
en la materia. Además, toda generación se produce de rra otra, puesto que, en una única naturalezay en un
acuerdo con una mutación, mientras que toda muta- t'rnico género también es única la sustancia
ción se produce en los contrarios. Una cosa cualquiera -comola generación y la comrpción de
cn la que se produce
no actua sobre otra cualquiera indiscriminadamente, ni lus cosas y cuyos principios se investigan-, hay sólo
una cualquiera es afectadapor otra cualquiera, esto es, una única y primera oposición, y resulta que esta sola
1o blanco no se hace blanco apartir de la música, sino cs suficiente para hacer y constituir todas las cosass.
a partir de lo negro, de lo púrpura o de cualquier otro
color intermedio. Las cosas no se coffompen en algo CapÍrulo 3. Aristóteles ha considerado a lafor-
cualquiera, sino sólo en el contrario, esto es, lo blanco, utu el contrario más noble y a la privación el mas
ittnoble.
todo la crítica referente a la calidez extrínseca del Sol- ya han
sido avanzados en la parte final del primer libro. Todo el final del "? Aristótel es, Física, I, 5 188a 3l-188b 7
primer libro estaba dedicado ala cntica a Aristóteles. Aristóteles, Física,I, 5 188b, 26-30.
5 Aristóteles, Física,I, 5, 188a 19-30. * Aristóteles, Física, I, 6 189b l2-31.
V
152 BERNARDTNo rELESro LA NATURALEZA SEGÚN SUS PRzPIIS PRTNCIPrcS I53

Aristóteles juzga que es necesario considerar princi- uno de los contrariosrr. Posteriormente, como termi-
pios a aquellos contrarios que no están contenidos por nando el discurso, afirma: por lo tanto, es evidente que
ningún otro, sino que ellos mismos contienen a los de- uno de los contrarios se dice siempre por privacióni2.
más. Establece la oposición de la forma y de la priva- Al exponer esto, Alejandro de Afrodisia dice que,
ción, la cual, según é1, contiene la oposición de todos a pesar de que en el libro Sobre la generación sé ha
los contrarios. Entre estas dos,, a Aristóteles le parece demostrado suficientemente que toda generación se
que la forma y la posesión es el contrario más insigne produce o de la forma y la posesión o de la privación,
y noble, mientras que la privación es el contrario peor también hay que repetirlo aquí. Cuando el no músico
y más innoble, porque se manifiesta como la ausencia o lo negro se producen apartir del músico o lo blanco,
del primero. Considera, por tanto, siempre que es una la generación se produce a partir de la forma y la pose-
privación el frío, 1o negro, lo amargo,, lo pesado, la in- sión, pues como se enseña en el libro que acábo áe ci-
movilidad y el peor contrario. Por esto, la transforrna- tar,laposesión de las formas y, especialmente, las for-
ción de cualquiera de estas cosas en la contraria, esto mas son más nobles, mientras que las privaciones son
es, en lo más insigne, es para Aristóteles verdadera y más innobles. Por tanto, cuando el músico o lo blanco
simple generación, pero no lo es la transformación de son hechos a partir del no músico o lo negro, esta ge-
1o más insigne en lo peor, como cuando a partir del neración se produce a partir de la privación. pero silo
fuego se produce tierra. Aristóteles dice que aquello negro y 1o blanco son contrarios y lo negro es la priva-
cuyas diferencias indican algo determinado es, ción de 1o blanco y el no músico privación del músico,
la forma y la posesión- es más sustancia,-esto mientras no se debe dudar de que toda contrariedad es privación
que aquello cuyas diferencias muestran mayormente y posesión, pero no toda privación es contrariedad,
privación es más bien no ser. Por estas diferencias se puesto que la privación se dice de muchas maneras.
distinguen el fuego y la tierrae. También dice que es evidente por inducción que toda
En otro lugar afirma que la primera contrariedad es contrariedad es una privación, pues la frialdad tiene la
la posesión y la privaciónro, lo cual explica poco más privación del calor, lo negro la de lo blanco. De ello se
tarde diciendo si en la naturaleza las generaciones se sigue que la privación no es otra cosa que uno de los
producen a partir de los contrarios, y se generan de la contrarios, es decir:, una parte de la contrariedad. por lo
forma, de la posesión de la forma o de alguna privación tanto, lo negro es una parte de la contrariedad, la cual,
de la forma, es evidente que toda contrariedad es una en su integridad, consta de lo blanco y de lo negro.
cierta privación, pero no quizá que toda privación es Por consiguiente toda contrariedad
una contrariedad. Esto resulta evidente por inducción. -dice-es el otro contrario. contñne
privación y la privación
En efecto, toda contrariedad comporta la privación de Fn otro lugar, al preguntarse si los principios de
todas las cosas son los mismos, Aristótéles dice que
e Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción,1,
3, 3 18b l5-18. rr Aristóteles, Meta.fisica,X,4, 1055b l1-18
I0 Aristóteles, Metafísica, X, 4, 1055a 34. r2 Aristóteles, Metafísica,X,4,
1055b 26-21
I54 BERNARDINo TELESII LA NATURALEzu SNCÚX SUS PROPIOS PRINCIPrcS 155

1o son y no lo el calor es como la forma de los


son,, impar, 1o grande y 1o pequeño, que aparecen como
cuerpos sensibles, mientras el frío, de otro modo, es exceso y defecto. No considera principios a aquellas
la privación y la materia es aquello que es primera- cosas que son contenidas y posteriores, que son más
mente potencia por sír3. Después, un poco más abajo conocidas por los sentidos, como lo caliente y 1o frío,
dice que podemos afirmar que los principios de todas lo húmedo y 1o seco, 1o denso y lo raro. El critica
las cosas son los mismos por analogía, como si se di- a aquellos que defienden 1o segundo, mientras que
jera que los principios son tres: la forma, la privación admite y aprueba a aquellos que afirman 1o prime-
y la materia. Pero cada uno de éstos es diferente para ro, quizá no correctamente. Admitido que la opinión
cada género, como, en el campo de los colores, 1o de Aristóteles la cual deben ser considera-
blanco, lo negro y la superficie; luz, tinieblas y aire, dos principios -según
aquellos que contienen y que no son
de los cuales surge el día y la nochera. contenidos por otros- es acertada,, no se debe, sin
Alejandro de Afrodisia afirma que, cuando Aristó- embargo, llevar la cosa.hasta el extremo de que, para
teles investiga lo verdaderamente universal no juzgar como principios a aquellos que pueden
-quiero
decir la forma, la privación y la materia-, los princi- ser contenidos por otros, pongamos como principios
pios de todas las cosas son los mismos, pues todas las agentes de las cosas sensibles a aquellas cosas que no
cosas caen bajo la forma, la privación y la materia, 1o pueden ser aferradas por ningún sentido, ni pueden
cual muestra mediante una cierta inducción. Dice que constituir ni efectuar nada, pues ni siquiera pueden
qtizá, por ejemplo, en lo que concierne a los cuerpos existir, sino que,, imaginadas y producidas por noso-
sensibles, el calor es como la forma, mientras que el tros, parecen contener a las demás cosas.
frío es como la privación; en cambio, la materia es Puesto que Aristóteles- investigamos los
aquello que puede hacerse caliente o frío. Por tanto, principios de -dice
los cuerpos sensibles, debemos esta-
el calor es la forma, el frío la privación y la materia, blecer las cualidades sensibles, pero no todas, sino
en cambio, es aquello que está en potencia de ambas tan sólo aquellas tangibles, porque tangibles son los
cosas. cuerpos cuyos principios buscamosrs. De este modo,
Por todo esto, se puede ver clarísimamente que establece que los principios de las cosas son como
Aristóteles ha considerado a la forma el contrario los cuerpos que por ellos son constituidos, sin estar
más noble, mientras a la privación laha juzgado como dotados de fierzas y de facultades mayores que las
el contrario más innoble, como ausencia de aquélla. presentes en los cuerpos que han constituido. Esto es
E,sto es así porque, como se ha dicho, Aristóteles correcto, porque los principios no deben extraerse de
considera que deben ser puestos como principios los otros entes, incluso si son más nobles o grandes, sino
contrarios que vienen antes, que contienen más y que exclusivamente de aquellos cuya naturaleza constitu-
son más conocidos por la razón, como lo par y 1o yente y constitución buscamos.

r3 Aristóteles, Metafisica, r5 Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción,


XlI, 4 , 1070b 10-13
ra Aristóteles, Metafísica, XII, 4 , 1070b t6-21 1\.2, 329b 7 -12.
156 BERwARDTNq TELESTI
LA NATURALEzu SEGÚN SUS PRzPI¡S PRINCIPrcS I57

Por tanto, quienes investigan los principios agen- contrarios contienen, otros son contenidos. De este
tes de las cosas naturales decir, de los cuerpos modo, hablan de igual y de difbrente manera, mejor
-es parecen ser unos
sensibles-, si dichos principios y peor; unos, como se ha dicho, como más conoci-
cuantos (algunos mayores que los otros y contienen, dos por Ia razón, otros como más conocidos por los
otros menores y contenidos), deben aducir sin duda sentidos, pues lo universal es conocido por la razón
los que son p.ímeros y contienen más, pero que al y lo particular por los sentidos, ya que la razón es de
mismo tiempo son sensibles y agentes, por los cuales lo universal, mientras los sentidos 1o son de las cosas
están constituidas las cosas cuyos principios inqui- particulares. Por ejemplo lo grande y lo pequeño [es
rimos. No hay que temer que, una vez establecidos conocidoj por la razon; lo denso y lo raro, por los
estos principios, ocutra algún inconveniente o no se sentidosrT.
pueda explicar claramente las causas de todo aquello Al luzgar, pues, que es necesario que los contrarios
que les sucede. Pero, comecta o incorrectamente,, 1o que se establecen como principios sean máximamen-
cierto es que Aristóteles rechaza los principios que te universales y no estén contenidos por nada, sino
son captados por los sentidos, admitiendo exclusiva- que ellos mismos contengan a los demás, Aristóteles
mente aquellos que son captados,, en vez de por los ha tomado la forma y la privación como los contra-
sentidos, por la sola razón. rios que, en su opinión, contienen a todos los demás.
Dice que todos, como constreñidos por [a verdad La forma contiene a los más insignes y nobles, la pri-
misma, han puesto los elementos y lo que ellos 11a- vación a los más innobles y peores. Por consiguiente,
man principios como contrarios, aunque no han dado Aristóteles no parece considerar la privación como
ninguna razón. Pero se diferencian entre sí al tomar no ser, sino como una cierta naturaleza que contiene
unos como anteriores, unos contrarios y otros como a los contrarios peores y, sin duda, la ha considerado
posteriores; unos lo que es más cognoscible según el el contrario peor.
pensamiento, otros lo que es más cognoscible según
la sensación: pues algunos ponen lo caliente y 1o frío Cnpirur-o 4. Eso no impide que Aristóteles en al-
como causas de la generación, otros lo húmedo y 1o guna ocasión, para el problema de la generación de
seco, otros lo impar y lo par, otros incluso el Amor las cosas, utilice la privación como no ser.
y el Odio, diferenciándose entre sí de la manera que E,so no impide que Aristóteles, poco después, para
hemos indicado. Por consiguiente,, sus principios son el problema de la generación de las cosas, utilióe la
en un sentido los mismos y en otro son diferentes; privación como no ser. Hace esto no cuando investi-
diferentes según el parecer de la mayoría de ellos, ga los principios de todas las cosas, sino tan sólo de
los mismos en tanto que son análogos, pues los to- las cosas particulares: qué principios constituyen las
man de la misma serie16. Aristóteles explica esta afir- cosas particulares y existen en ellas, los cuales cier-
mación a continuación diciendo que algunos de los tamente se puede considerar que son la materia y la
r6 Aristóteles, Física,I, 5, I 88b 21-189a r7 Aristóteles, Física, I,
2
5, 189a2-10
Y
158 BERNARDINO TELESIO LA NAT|.]RALEZA SEGÚN ST]S PROPIOS PRINCIPrcS I59

sola forma de la cosa producida y constituida. Pero sc Por consiguiente, al imprimir en la materia la a:u-
ha visto de modo clarísimo que, en primer lugar, se sencia y la privación de la forma que en ella debe ser
han investigado aquellos principios que constituyen introducida, Aristóteles ha podido enunciar que la ge-
y transfoffnan todas las cosas y que, más allá de la neración procede del ser y del no ser, porque las co-
materia, parecen ser dos, ambos igualmente entes e sas que son producidas, 1o son apartír de la materia,
igualmente agentes. Si esto no se hubiera hecho así, que es ser por sí misma,, y del no ser por accidente,
no sólo Aristóteles debería ser muy criticado, sino esto es, porque en la materia, a partir de la cual las
que no debería ser tomado en consideración, pues no cosas son producidas, se encuentra la privación y la
habría investigado los principios de todas las cosas, ausencia de la forma que se debe generar. E,sto quizás
ni habría aportado la causa de su diversidad ni de la es demasiado agudo y superfluo, pues ¿por qué no
recíproca transformación de todo en todo. podría decirse que todo 1o que se produce se produce
Por consiguiente, para que no deba ser considera- a partir de un ente? Que de este modo llegan a ser
do sumamente absurdo quien, paru explicar la cons- todas las cosas, lo manifiestan los mismos sentidos,
titución de las cosas, ha considerado la privación ora los cuales muestran que nunca se produce nada apar-
como algo más innoble, aunque ciertamente ente y tir de una materia completamente informe, sino a
agente, ora como no ser y ausencia de la forma que partir de otro ente. No ciertamente a partir de aquel
ha de ser generada,hay que decir 1o siguiente: cuando que se produce, sino de otro; como los cuerpos que se
Aristóteles ha investigado los principios que consti- producen, los cuales el testimonio de todos
tuyen y transforrnan todas las cosas, ha puesto la pri- los peripatéticos y de -según
los mismos sentidos- nunca se
vación como el contrario más innoble. Sin embargo, producen a partir de no cuerpos, sino a partir de otros
cuando ha investigado la generación y la constitución cuerpos. Pero más allá de que Aristóteles se sirva co-
de las cosas particulares, ha introducido la privación rrectamente o no de la privación como no ente parala
como no ser. Esto 1o hizo para liberarse del lazo en el generación de las cosas particulares, parece haber he-
que habían quedado enredados los antiguos cuando cho uso de ella mucho antes como del contrario más
negaron la generación de las cosas y se habian atre- innoble ciertamente, pero en todo caso como de un
vido a aflrmar que aquello que se hace no se hace a contrario activo. Y esto es mucho más necesario, por-
partir del ente, pues ya existe, ni del no ente, a partir que (como se ha dicho) no puede ofrecer la causa de
del cual nadapuede producirsers. la diversidad de las cosas, ni de la recíproca transfor-
rnación de todo en todo, ni tampoco de la generación
r8 Es posible que Telesio se refiera aquí a los famosos versos
del poema de Parménides en De Tales a Demócrito. Fragmentos es preciso que no sea, / éste te aseguro, que es sendero total-
presocráticos, introducción, traducción y notas de A. Bernabé, rnente inescrutable. [...] Pues ¿qué origen le buscarías [al ser]? /
Alianza,Madrid, 2001, pp. I 56-158: «Ea pues, que voy a contar- ¿,Cómo y de qué habría crecido? Pues de lo que no es no te dejaré
te [...] / los únicos caminos de búsqueda que cabe concebir: / el / decirlo ni concebirlo, pues no cabe decir ni concebir / que no
uno, el que es y no es posible que no sea, es ruta de Persuasión, cs.[...] Así que es necesario que sea plenamente o que no sea
pues acompaña la verdad; / el otro, el de que no es y el de que cn absoluto>>.
160 BERNARDINO TELESIO LA lvATURAttzt sscú¡v sus pRopros pRrNcrprcs 161

y colTupción, quien no reconoce dos contrarios, cada cstá ocupada por los dos primeros contrarios, que es-
uno de-los cuales puede actuar sobre el otro y des- tos tres principios son suficientes para la constitución
truirlo. de las cosas y que todas las cosas que se producen, se
Dice que los principios deben ser contrarios, pues- producen y se constituyen por los dos primeros con-
to que es necesario que todas las cosas nazcan y se trarios. El mismo Aristóteles, apoyándose (según pa-
constituyan a partir de ellos. Dice, además, que no rece) en argumentos muy sólidos, ha afirmado todas
toda cosa actia sobre cualquier ofra, ni cualquier estas cosas. Dice que aquellos que estudian
cosa sufre por cualquier otra, sino que únicamente el en parte estas cosas, en -para
parte cosas similares- resul-
contrario acttta sobre el contrario y el contrario pa- ta razonable afirmar, como antes decíamos, que los
dece por el contrariore. Por consiguiente, puesto que elementos son tres, pero no más de tres, pues
los entes parecen actuar los unos sobre los otros y bién según el juicio de todos los peripatéticos--tam-
son
padecer los unos por causa de los otros, es necesario suficientes dos elementos activos y uno pasivo. Si se
(ue estén constituidos por natutalezas contrarias que admitiera que son cuatro, habría dos contrariedades,
attúan las unas sobre las otras. Dice que tres elemen- sería necesario que existiera una cierta nattraleza in-
tos son suficientes, uno para padecer y dos para aa- termedia fuera de cada una de ellas, siendo claramen-
tuar. Además, afirma que, para la constitución de las te una de las dos superflua2r.
cosas, es suficiente una única oposición, paÍa 1o que Es verdaderamente acertado considerar se
útliza especialmente el argumento de que todas las ha dicho- -como
que una sola nattraleza no podría estar
cosas se transfoffnan en todas2o. E,sto de ningún modo sujeta a varias oposiciones, mientras que la trans-
podría producirse, si no existiese una forma doble, la formación de todas las cosas en todas muestra cla-
una coñtraria ala otra y ambas activas por igual. Así ramente que una sola oposición y una sola natura-
pues, nadie puede dudar que, al investigar los princi- leza son suficientes para la constitución de todas las
pios de todas las cosas, Aristóteles ha establecido la cosas. De hecho, es imposible que las cosas que se
privación como el peor de los contrarios. han constituido, o en diversos sustratos o por diversas
oposiciones, puedan acttar las unas sobre las otras
CapÍrulo 5. Aristóteles piensa que la sustancia o transforrnarse recíprocamente, ya que fre-
en la que se producen la generactón y la corrupción cuentemente se ha dicho toda cosa-como
actua sobre
sólo esta ocupada por los dos primeros contrarios. cualquier otra, sino solo el contrario sobre el contra-
Pero aunque los peripatéticos techazen algo de 1o rio, y no hay muchos contrarios para uno solo.
que se ha dicho, todos admitirán, aprobarán y reco- Incluso dice que no puede haber varias contrarie-
nocerán que Aristóteles piensa que la sustancia en la dades primeras, puesto que la sustancia es un género
cual se producen las generaciones y las comrpciones único del ser. Por tanto, los principios difieren entre
sí no en cuanto al género,, sino sólo según el antes y
re Aristóteles, Física, I,5, 188a 26-188b 3
20 2r Aristóteles, Física, I,6, l89b l8-24.
Aristóteles, Física, I,5, 189b l9-2s.
7
162 BERNARDINO TELESIO LA wATL:RAT-EZA sgcú¡v sus pRoptos pRtNCtprcs 163

el después. En suma, dentro de un género único, hay damente diferentcs, puesto que, según Aristóteles, no
una sola contrariedad, de tal modo que todas las con- siempre ocupa la materia uno de los dos en estado
trariedades siempre parecen reducirse a una sola22. puro, sino mezclado de muy diversas maneras con el
Con ello quiere mostrar lo siguiente: aunque se pue- otro contrario.
dan observar muchas contrariedades en el campo de Aristóteles parece haber investigado la naturale-
las sustancias, no hay que establecer varios principios za y el número de los principios comectamente2a. Si
ni que la sustancia sea ocupada por varias contrarie- ha establecido lo demás en coffespondencia consigo
dades, ya que no todas son primeras ni difieren entre mismo y con las cosas, habrá que considerarlo m¿ii-
sí en cuanto al género, sino que todas están conteni- mamente digno de aprobación. De lo contrario de-
das en una única contrariedad, a la que todas pueden beremos rechazarlo. Por tanto, escuchémoslo indagar
ser reducidas. Según Aristóteles, para la constitución lo.s contrarios que constituyen los primeros cuerpos y
de todas las cosas, es suficiente una únicanafuraleza, cómo éstos se transforman mutuamente.
dos contrarios y lo que media entre ellos.
Dice que indudablemente todo aquello que nace, Capírulo 6. Según Aristóteles, el calor y el.frío,
nace a partir de los contrarios y todo aquello que lo húmedo y lo seco constituyen los cuerpr)s prime-
muere, muere en los contrarios y en aquello que ros, es decir: el.fuego, el agua, el aire v la tierra.
está entre ellos, como los colores [que se producen] a Dice Aristóteles: puesto que investigamos los prin-
partir de lo blanco y lo negro. Por tanto, todas las cipios de los cuerpos sensibles, debemos invesiigar
cosas que se producen naturalmente, o son contrarias contrariedades sensibles, pero no todas ellas, sino
o proceden de los contrarios; es decir, según Aristóte- aquellas que son comunes en máximo grado y se en-
les, las cosas están constituidas por los contrarios pri- cuentran en todos los cuerpos sensibles, es decir, las
meros y puros o por los contrarios mezclados entre contrariedades tangibles2s. En efecto, aquellas que no
sí2r. Así pues, Aristóteles estima que la sustancia en la se encuentran en todos los cuerpos no pueden ser prin-
que se producen las generaciones y las comrpciones cipios ni formas de todos. Ni siquiera todas las tángi-
es una sola naturaleza y un único genero y está ocu- bles, sino tan sólo las primeras, esto es, aquellas que
pada exclusivamente por una única y primera oposi- no se derivan de otras y constituyen a todas las demás.
ción y que son tres los principios de las cosas genera-
das: una materia única y dos principios agentes 2a La teoría
de la forma-privación de Aristóteles y la del ca-
contrarios no los investiga-, los cuales, lor-frío poseen varias diferencias. sin embargo, el mismo Telesio
actuando el -aunque
uno sobre el otro y esforzándose por concede un sustancial parecido entre las dos teorías, ar conside-
echarse mutuamente de la materia, alternativamente rar que el principal problema de la teoría de Aristóteles no estriba
la ocupan y la informan y constituyen cosas extrema- en la oposición fbrma-privación él reinterpreta como una
oposición entre frío-calor-, sino -que
en haber añadido otra oposi-
ción, inactiva y superflua, como es la de humedad-sequedaá.
22 25 Aristóteles,
Aristóteles. Física, 1,6, t89b 24-28 Acerca de la generación 1, cle la c:orrupción,
23 Aristóteles. Física. [, 5, l88b 2l -25 t!,2,329b 1-12.
Y
164 BERINARDINOTELESIO I-A NATURAI,EZA SEGÚN SLTS PROPIOS PRINCIPrcS I65

Si hay algo que es propio de la naturaleza de los prin- consiguiente, puesto que el calor y el frío, lo húmedo
cipios, es que puedan actuar y padecer. Pues si esto no y lo seco están en todos los cuerpos, actúan los unos
fuera así, no podrían de ningún modo ser principios de sobre los otros y padecen recíprocamente. y además
los cuerpos, los cuales actúan los unos sobre los otros, no están constituidos por ninguna otra cosa, sino que,
padecen y se transforman recíprocamente. por el contrario, constituyen, generan, transforman y
Dice Aristóteles que, de este modo, aparecen el ca- corrompen. a todas las demás, son principios de los
lor y el frío, la humedad y la sequedad. Se ve que el cuerpos primeros. Pero no cada uno de ellos de cada
calor y el frío actúan, mientras que la sequedad y la uno de los cuerpos primeros, como parece necesario
humedad padecen, como es posible ver a través de --pues parece sumamente necesario que et principio
sus propiedades. Se dice calor a aquello que sepa- constituyente sea único y única la naturaleza para un
ra las cosas no homogéneas y une las similares. El rinico cuerpo, especialmente si se trata de un cuelpo
frío, en cambio, es 1o que une todas las cosas, pero el primero y simple-, sino una de las dos cualidades de
unir y el separar son una acción. Se llama humedad a rrna oposición unida y conectada con la otra cualidad
aquello que no cstá determinado por su propio límite, rle la otra oposición.
pero que puede ser fácilmente determinado por otro, Para Aristóteles, por tanto, el calor unido a 1o seco
mientras que la sequedad es algo que no puede ser produce el fuego, unido a la humedad, el aire; el frío
determinado por otro, pero que está bien determinado unido a lo seco, la tierra, y unido a lo húmedo, el
por su propio límite. Por su mismo nombre podemos agua. Estos cuatro principios no pueden constituir
iaber que lo delimitable y lo no delimitable son pasi- rnás cosas, porque el frío no puede unirse al calor, ni
vos. Además, es propio del calor y del frío y también lo seco a 1o húmedo,, especialmente cuando están ín-
de lo húmedo y de 1o seco que no provienen de nin- tegros y no han perdido fuerzas, como deben encon-
guna otra cosa,, ni tampoco de ellas mismas recípro- trarse para que constituyan los primeros cuelpos2T.
camente, pues el frío no proviene del calor, ni lo seco Así deben pensar incluso los peripatéticos, quienes
de 1o húmedo, o viceversa. También dice que aquello consideran que toda pérdida de fuerza es producida
que es húmedo no aparecerá como frío o como ca- por la tnezcla con el contrario, la cual no puede darse
liente, ni tampoco lo seco. en modo alguno en los cuerpos primeros y simples.
Las otras cualidades proceden de éstas, pues la te-
nuidad, la viscosidad y la blandura son propias de la 27 Aunque, según Telesio, Aristóteles no considere posible la
humedad y actúan bajo la humedad. En el campo de Lrni«ln cle humedad y sequedad, la posibilidad de esta mezcla no
1o seco, por el contrario, actúan la densidad, la ari- es rechazada por la tradición hipocrática. Véase Sobre la die-
dez y la dweza, que son propias de la sequedad26. Por ta en Ii'alados hipoc:ráticos. traducción de Carlos García Gual,
Gredos, Madrid, 1986, vol. III, Í,4,p.26: <<A cada uno de ellos,
se le asocian estas cualidades: al fuego lo cálido y lo seco; al
26 Aristóteles, Acerca de la generación y de la corrupción, agua lo frío y lo húmedo. Pero cada uno retiene algo del otro: el
Il, 2, 329b 24-330a I l. Cfr. Aristóteles, Meteorológicos,lV, l, fuego del agua lo húmedo; y el agua del fuego lo seco; pues hay
378b 10-25. sequedad en el agua>».
Y
166 BERNARDTNo rELESro LA NATL|RAI,EZA SEGÚN SUS PROPIOS PRINCIPIO,S 167

CnpÍru¡-o 7. Según Aristóteles, los primeros cuer- Todos los cuerpos primeros se transforman recípro-
pos se transJbrman recíprocamente. camente. A partir de dos se constituye un tercero allí
Como los primeros cuelpos están constituidos por donde ambas cualidade una de las dos--- de utro
principios contrarios que actuan los unos sobre los de los dos cuerpos supera y destruye completanlente
otros y padecen recíprocamente, todos cambian y se arnbas cualidade una de ellas- del otro cuelpo.
transforman los unos en los otros, pero lo hacen de Esto afirman Aristóteles y los suyos sobre la genera-
modo mucho más facil y rápido los que tienen uno de ción y sobre la recíproca tratrsfonrtación de los cuerpos
los dos principios en común, pues en ellos sólo uno simples2s. Si estas afirmaciones estátt de acuerdo y son
de los dos principios debe cambiarse y transforrnarse. congruentes con sus primeras asunciones y, toclavía
Por esto, el agua se transforrna mucho más fácilmen- más, con 1o percibido por los sentidos, habrá que con-
te en aire que en fuego, pues!, para llegar a ser aire, siderar que 1o han dicho correctamente. Si no, deberán
sólo tiene que invertir su frialdad, mientras que, para considerarse erróneas, porque no se puede considerar
transformarse en fuego y hacerse fuego, debe elimi- verdadero aquello que es contradictorio y todavía rne-
nar y destruir la frialdad y la humedad. nos aquello que repugna y difiere de lo transmitido por
E,s más, si una de las cualidades de los dos ele- los sentidos. Por tanto, hay que examinar cada uua de
mentos que actúan el uno sobre el otro se modiflcara las cosas que, según Aristóteles, son cuerpos simples y
en ambos, su transformación sería fácil, aunque no primeros y es necesario establecer si son como él afirma
sería recíproca, sino en un tercer elemento, de suerte y cómo deben ser los cuerpos simples y primeros y si se
que, si el agua y el fuego actuaran el uno sobre el transforman recíprocamente del modo que é1 establece.
otro y el uno padeciera a causa del otro, de tal ma-
nera que se expulsara del fuego el calor y del aglala Cnpirurct 8.
Aristóteles, contradiciéndose a sí
humedad, quedaría de aquél la sequedad y de ésta el mismo, emplea una doble oposición para explicar kt
frío, produciéndose tierra a partir de uno y del otro. constitución de los primeros cuerpos2e.
Y si se eliminara del fuego la sequedad y del aguala Se puede uno sorprender muchísimo de que, en
frialdad, ambos se convertirían en aire, cuyos princi- primer lugar, Aristóteles para explicar la constitución
pios continuarían siendo el calor y lo húmedo. Si la de los primeros cuelpos emplee una doble oposición.
tierra luchara contra el aire y srr sequedad expulsara Irn segundo lugar, fsorprende] que utilice una de las
a la humedad de éste y la caliclez de éste expulsara dos oposiciones, aquella que parece a él
a la frialdad de aquéIla, se acabaría produciendo a mismo- no hacer nada y proceder de -incluso
la otra. No me
partir de ambos fuego, constituido por la sequedad cansaré de repetir una y otra vez las mismas cosas,
de la Tierra y el calor del aire. Sin embargo,, si fue-
sen más intensos el frío de la tierra y la humedad 28 Aristóteles, Acerca de la generación 1t de la c'orrttpcirSn.ll,
del aire,