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El modelo chino

Política Económica (III)

Temas: Economía | Política | Privatización |


Edición Nro.: 44

Por: Bernardo García | Enviar Correo al Autor | Más Artículos del Autor
El estudio sobre el “milagro asiático”, por fin, se publicó en 1993, financiado por el gobierno
japonés (1). Parco informe pero que reconoce que los gobiernos fueron capaces de diseñar
estrategias exitosas, que sólo compartían con el Consenso de Washington el manejo juicioso mas
no obsesivo del equilibrio macroeconómico. No Estados desmantelados y mínimos sino dotados de
instituciones robustas. No obstante, la mayoría de los economistas insiste en convertir las
conclusiones en premisas, como si la mano invisible gobernara el surgimiento mágico de las altas
tasas de ahorro, la transferencia tecnológica masiva y bien focalizada, y sobre todo el manejo
inteligente de las barreras arancelarias. Otro tanto sucede ahora con el explosivo despertar chino.
Deng Xiaoping, líder del viraje chino, no fue quien inventó la fórmula. Vladimir Ilich
Ulianov, alias Lenin2, fue el primero en recitar los primeros versos sobre la economía
mixta. A cada quien sus méritos y sus desaciertos. Su ideológico sucesor Nicolás
Bujarin, quien además de ser ejecutado por Stalin tuvo poca fortuna en su periplo por el
Comité Central. Calificado como jefe de la fracción de derecha, tuvo que resistir los
embates de las tesis trotskistas sobre militarización de la economía y las radicales tesis
de Preobrazhenski, quien no cesaba en formular con acento ortodoxo la necesidad de
cubrir una fatal etapa de “acumulación primitiva de capital socialista”, así chorreara
sangre y fango como en la primitiva capitalista. Completaba la metáfora de Marx con la
necesidad de construir una etapa de transición, monda y lironda, de un recio capitalismo
de Estado. Con el exilio y asesinato de Trotsky y la ejecución de Bujarin,
Preobrazhenski, Zinoviev, Kamenev y otros diecisiete dirigentes bolcheviques y
compañeros de Lenin, la nueva economía política de Lenin es enterrada por Stalin, y las
“tesis de izquierda” se ponen en marcha.

Ni siquiera los teóricos marxistas occidentales, disidentes de la ortodoxia stalinista, de


la talla del belga Ernest Mandel3, de los norteamericanos Paul Sweezy y Paul Baran, y
del francés Charles Bettelheim, volvieron por los fueros de la NEP leninista. Quizá los
sovietólogos e historiadores Stephen F. Cohen y E.H. Carr son quienes mejor hayan
descrito el período de la NEP (década de los 20) como una sociedad relativamente
pluralista y en crecimiento, pese a la dictadura del partido. Luego pudiera sobrevenir la
trágica epopeya stalinista.

Veamos algunos ejemplos4:

1. 25 millones de campesinos independientes (80 por ciento de la población)


producían los abastecimientos, lejos del control del partido y del Estado. Aunque
con herramientas aún tradicionales, su nivel de vida superaba el de antes de
1917. Cierto es que los excedentes destinados a la creciente población urbana no
eran notables, pero los granjeros prósperos picaban en punta del progreso.
2. Varios millones de artesanos y pequeños industriales producían cerca del 28 por
ciento de los bienes manufacturados y el 65 de los bienes de consumo.
3. Millares de pequeños comerciantes desempeñaban el papel tradicional del
movimiento mercantil, e incluso en la prensa comunista publicaban sus ofertas.
4. La mayor parte del personal administrativo no pertenecía al partido, pero se le
solicitaba su opinión en la toma de decisiones. En 1929, apenas un 12 por ciento
de los empleados del Estado. En los puestos directivos los comunistas
constituían un pequeño porcentaje.
5. La baja proporción de tecnócratas bolcheviques y en particular de cuadros
docentes e investigadores era una preocupación del partido. Pero permitía su
desempeño con holgura. Sólo un 3 por ciento de los maestros del país pertenecía
al partido.
6. De toda la prensa oficial, únicamente un tercio de la planta de personal
pertenecía al partido, aunque en las páginas editoriales dominaban la opinión y
las controversias de los dirigentes más ilustrados del partido.
7. Las elecciones locales, a partir de 1924-1925, eran relativamente libres. En
1926, sólo el 13 por ciento de todos los miembros de los soviets locales
pertenecía al partido o al komosol, y sólo un 24 de sus presidentes, pero en 1929
la proporción se incrementó a un porcentaje del 38. En el órgano central del
partido de Leningrado, de las 152 personas de su planta de personal, apenas 28
eran miembros del partido en 1926.
8. Culturalmente se operó una explosión de grandes escritores y cineastas, muchos
de los cuales caerían luego en desgracia, pero en aquel período, al amparo de
una teoría marxista indefinida en muchos campos, las escuelas de pensamiento y
las controversias florecían a granel.

Como toda economía mixta, el Estado se reserva, sin embargo, el plan estratégico. Con
el advenimiento del stalinismo se cerró una página que de estar contemplada en la
clásica obra de Shonfield5 sobre las variadas formas de economía mixta dominantes en
Occidente, ciertamente que la NEP aparecería como una mixta autoritaria, al lado del
sistema socialdemócrata sueco, aunque no tan extremada en su transparencia ante la
opinión pública.
Pero es preciso señalar que la sepultura de la NEP leninista se explica también por la
aparición, en los años de la posguerra (1945-50), del Estado del Bienestar y de la
Economía Mixta en todos los países industrializados de Occidente, y el advenimiento de
la Edad de Oro de las teorías de desarrollo para los países emergentes. Grave desafío
para el stalinismo cerril.

En efecto, el peligro avistado por los teóricos ortodoxos constituía el hecho de que en
Occidente capitalista se fraguara una tercera vía inusitada: tesis de capitalismo salvaje,
antítesis soviética totalitaria y síntesis en un Estado de Bienestar en el contexto de una
economía mixta. Es preciso releer las páginas apologéticas del economista trotskista
Mandel (pp. 229, 334), sobre la “vía soviética al socialismo” y las despectivas que le
consagra a la modalidad occidental, para entender la dificultosa resurrección de la NEP
leninista en China. En efecto, los autores del viraje chino tuvieron que padecer los
excesos humillantes de los enardecidos jóvenes maoístas durante la Revolución Cultural
desencadenada contra sus ‘desviaciones’.

Pero, ¿qué pudo haber hecho saltar aquella chispa ‘contrarrevolucionaria’ en China?
Quizá la misma que enardeció a Margaret Thatcher para lanzar un ataque frontal contra
el Estado del Bienestar. El “milagro asiático” de los años 70 –apadrinado por Japón y
con mirada permisiva de Occidente, envuelto en la Guerra Fría– sacudió los esquemas
de pensamiento dominantes. Mihael Gorbachov (1989) confiesa ante las masas cubanas
congregadas en la Plaza de la Revolución de La Habana, a la espera de una condonación
de la deuda, que el sistema soviético está a la zaga en todos los frentes productivos, en
ciencia y en tecnología, y en otros aspectos tan caros para la ideología bolchevique. La
premier Thatcher endosa como culpables de la crisis de estanflación al Estado del
Bienestar y la competencia desleal de los países emergentes. En China surgen también
las disidencias ante el espectacular despegue de los ‘tigres’ asiáticos.

De esas tres reacciones ante la crisis económica, se salva la sabiduría china, con “un
sistema y dos mercados”. La Unión Soviética se derrumba con la ayuda del Fondo
Monetario Internacional y del Banco Mundial. El Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz
no acepta militar entre los que le aducen a estos organismos mala fe y conspiración
contra la competencia exitosa. Ni en Rusia ni en la crisis asiática ni en la Argentina.

No obstante, sus transparentes y pacientes análisis no sólo demuestran el absurdo lógico


en que incurren los consejeros de las dos entidades sino que además lo contrastan con
los éxitos logrados por los países que hicieron caso omiso de aquellos consejeros y se
apartaron del llamado Consenso de Washington. El primero China, el segundo la India,
el tercero Malasia y otros con algunos matices. No es, pues, mala fe sino desaciertos
memorables. Sea.

La insurgente China
Situados en un breve contexto histórico y conceptual, se pueden resumir las
características más notables del modelo chino.

1. En política, el régimen mantiene su estructura autoritaria. Muchos observadores


afirman, sin embargo, que en un país tan densamente poblado (tan grande como
Estados Unidos o Brasil pero con mil quinientos millones de habitantes), las
autoridades regionales y locales tienen márgenes de fricción y disidencias en un
número crecido de materias que no permiten hablar de un autoritarismo vertical
pero tampoco de un pluralismo consolidado.
2. En economía, en cambio, si bien las grandes directrices están centralizadas en
manos del Estado, se ha abierto un enorme margen para la economía privada,
para empezar, en la “agricultura responsable” y los comercios libres. Pero en
lugar de jugar a la catarata de privatizaciones al estilo ruso-Fmi, se inclina más
bien por la creación de nuevas empresas privadas, desplegando una alta
capacidad de negociación con el capital empresarial extranjero. Está probado
que las multinacionales prefieren eso: contratos y reglas claras, más que los
guiños simpáticos y los aderezos. Más aún, el peso presupuestal consagrado a
controlar y subsidiar al campesinado se ha convertido en las localidades en un
recurso para crear empresas de servicios públicos y de bienestar social.
3. La apertura al capital extranjero no es entonces una feria persa de remates de las
empresas existentes. Es un sector simpático, sí, pero de toma y da. Las barreras
arancelarias están bajo control. Quien quiera gozar del gigante mercado chino,
también se compromete a exportar, también se compromete a consolidar
transferencia tecnológica, y, por qué no, ¿quizá con alguna participación inicial
o quizá con una participación progresiva del Estado? Sí, si el contrato lo
estipula. Es un negocio entre socios. No un sometimiento general, estilo Tlc,
impuesto a peones de brega en furor.
4. Pese a las poderosas presiones del FMI y del Tesoro norteamericano mismo,
permanece intacto el “control de cambios” con ciertos esguinces menores para
Hong Kong pero que impiden la globalización caótica de las finanzas rusas que
sucumbieron como el Chile de Pinochet y en otros patios traseros
suramericanos, ante las jaurías de noveles y corruptos banqueros. Sic. En 2003,
el déficit comercial de los Estados Unidos ante Pekín alcanzó la fabulosa cifra
de 130 mil millones de dólares. Así, el confortable manejo de sus reservas
internacionales de monedas duras le permite además, como al Japón, concederle
cuantiosos préstamos para apalancar las finanzas del gobierno norteamericano,
mediante compra de bonos del Tesoro.
5. La quinta característica consiste en que “desde que el Partido Comunista Chino
dejó de ser comunista al estilo soviético, se vio en el deber de ser chino” (7). Sin
mucho ruido, la ideología stalinista se ha sustituido por un nacionalismo
acendrado. No más agrio que europeo en vísperas de la II Guerra Mundial pero
que ya alcanza los niveles de Japón o Norteamérica. Nacionalismo alimentado
en las escuelas y con ruidosos incidentes con Japón ex imperial y la “ley
antisecesión” (marzo 2005) contra Taiwan en trance de declararse
independiente. Se especula sobre su próximo perfil de gran potencia en plan de
medrar en temas mayores, como habría sido el de Iraq. Más bien practica la
prudencia, la cordialidad y su absoluta lealtad en los negocios pactados; pero sin
llegar al extremo de que “un país débil no tiene diplomacia”, porque la
competencia entre Estados Unidos, Europa y Japón por ganarse el mercado
chino le otorga al gobierno un margen confortable de maniobra con énfasis más
en la economía que en la política. La agresiva consigna antiimperialista maoísta
está fuera de concurso, para dar paso a la contratación con reglas del juego
claras y cordiales.

Talla de potencia
No cabe duda de que el modelo chino, como el de la India o el de Brasil, brilla porque
se trata de un país de talla mayor. El famoso modelo de los Tigres Asiáticos medró
confortablemente gracias al auspicio regional del Japón y la permisividad de Occidente
ante la expansión comunista sino-soviética. Y sigue siendo un modelo, como el
practicado en China con mayor energía y presencia del Estado, pero a condición de que
se plantee en grandes mercados. Esta es la diferencia más notable con las economías
latinoamericanas, cuya integración apenas ha vuelto a despertar en medio de bostezos.

Admitida en 2001 en la Organización Mundial de Comercio (OMC), China se sitúa


como la cuarta economía más grande y encabeza la lista de los países más prósperos del
mundo, aunque en el protocolo de Kyoto (2002) ya era considerado el segundo país más
contaminante del planeta.

A esos ritmos de crecimiento, se estima que en 35 años China se convertiría en la


primera potencia económica del mundo. La monstruosa demanda de petróleo y la
deficiencia de la oferta implican que China tendría que duplicar su capacidad nuclear
mediante la construcción de dos centrales atómicas anuales, durante 16 años. Efecto
similar se operaría sobre la demanda y el más acelerado agotamiento de materias
primas, puesto que su ímpetu exportador le ha dado la solvencia necesaria para
convertirse en un voraz importador.

Por otra parte, los altos ritmos con que el Estado multiplica a marchas forzadas la
construcción de infraestructuras, puertos, aeropuertos, autopistas, vías férreas, puentes,
embalses y rascacielos dan la impresión de que China se prepara para hacer una
espectacular presentación de su nueva cara en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 y
para la Exposición Universal de Shangai en 2010.

El desafío social
Los pobres, en apenas una década, forzados o invitados al éxodo, se estiman en 300
millones migrados hacia las costas orientales, en donde se concentran las inversiones de
las empresas multinacionales y por supuesto el acceso al mar y el transporte más masivo
y económico. Los salarios no son tan misérrimos, como se presentan al convertirlos en
divisas duras porque la moneda china se encuentra subvaluada en casi un 20 por ciento.

No obstante, las prestaciones sociales, los seguros de vejez y otras condiciones de vida
de los trabajadores flaquean todavía por doquier. Los niveles de vida crecen, pero en
forma desordenada y con no poca disparidad. Los pequeños y medianos empresarios,
esos ‘contrarrevolucionarios’ de ayer, son ahora declarados “fuerzas productivas de
avanzada”. La enmienda (2003) de que “la propiedad privada obtenida legalmente no
podrá ser violada” sigue en pie, y las fisuras políticas que se expresaran en Tian’anmen
están en el congelador sine die.

Brotes de corrupción entre algunos amigotes de la dirigencia política y el empresariado


surgen episódicamente, aunque sin alcanzar la trágica dimensión alcanzada entre los
camaradas rusos en plan de privatizar la economía a ritmos acelerados y de desangrar al
país con fugas de capitales fríamente calculadas.

Lo que los chinos aún no han podido demostrar es que su empeño por el crecimiento
económico se haya doblado de una ingeniosa ingeniería que le garantice pasar el
examen propuesto por J. Shumpeter para calificarse como una sociedad más allá del
capitalismo clásico y por cierto del “socialismo real”, en desuso.

1. Aplicación de fuertes dosis de intervención del Estado aplicadas en la coyuntura


económica para prevenir las recesiones y, por consiguiente, el desempleo.
China, como lo demuestra Stiglitz8 a propósito de la grave crisis asiática, operó
como el mejor a pesar del desplante sufrido por los consejeros del FMI. La
planificación estratégica sigue en pie. Cinco admirado.
2. Decisión efectiva de alcanzar una mayor igualdad en la distribución de los
ingresos. En este tema, los observadores occidentales registran un abanico más
disparejo con la múltiple apertura a los negocios privados, pero advirtiéndose
una mejoría general de los niveles de vida. Quizás un tres con cinco.
Calificación menos honrosa que la de los Tigres Asiáticos.
3. Cierto número de medidas de control de precios, entre las cuales se contempla la
vigilancia de los precios de los monopolios. En general, en China no se han
registrado brotes inflacionarios negativos. Le cae bien un cuatro.
4. Un manejo público, en grado adecuado, de los mercados de trabajo y de la
moneda. Sin el neurótico monetarismo neoliberal, China maneja una sana
política macroeconómica, con énfasis en el crecimiento y por tanto con mucho
éxito en la creación de empleo. Donde brilla, por su destreza, es en el manejo de
las finanzas internacionales. Nada que envidiarle al ya fenecido 444 colombiano.
Cinco aclamado.
5. Una extensión indefinida de la categoría de las necesidades que deben ser
atendidas por el Estado, en el presente y en el futuro, sea gratuitamente, sea a
servicios subsidiados. En este terreno, lejos de feriar los servicios públicos, a
diferencia de los soviéticos, los ha fortalecido sobre todo por las autoridades
locales. Muchas falencias heredadas aún se constatan. Cuatro interrogado.
6. Todos los tipos de seguridad social. Según los observadores, el sistema ya era
deficiente y en muchas áreas trastabilla ante las generosas concesiones otorgadas
a los inversionistas extranjeros que reclaman regímenes laborales de libre
contratación, al destajo y con salarios integrales. Casi todos se inclinan por un
2,5 aunque con el prurito de atacar el “dumping laboral” que afecta la
competitividad de Occidente.

En efecto, los bajos salarios contabilizados por las empresas, no incluyen la moneda
subvaluada en casi un 20%, más los subsidios estatales o la gratuidad de los servicios de
educación, salud y vivienda.

Para no caer en cálculos ingenuos y conclusiones represivas de los salarios a nombre de


la competitividad, solo en términos cambiarios, los salarios colombianos estarían
inflados en un 50% con relación a los chinos, sumada la subvaluación de la moneda
china de 20% y la sobrevaluación del peso colombiano del orden del 30%. Diferencia
radical, pero de política cambiaria. Cuatro pues en materia laboral, ¡y cinco en
dumping!

1 B.M.: The Asian miracle economic growth and public policy, N.Y. Oxford University Press, 1993.

2 El socialista alemán R: Hilferding, autor de “El capital financiero” (1913), desarrolla simultáneamente algunas novedosas sobre el

capitalismo post Marx, en la que advierte la posibilidad de regular el caos capitalista (crisis cíclicas) a través del dirigismo planificado de los

grandes carteles financieros.

3 Ernest Mandel: Tratado de economía marxista (2 tomos).

4 Stepehen F. Cohen: Bujarin y la revolución bolchevique, Siglo XXI Editores, Madrid, 1976.

5 Andrew Shonfield: Modern capistalism-The changing balance of public and private power, Oxford University Press, London, 1968.

6 Ver “La suerte del dólar se juega en Pekín” en Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, marzo 2005.

7 Famosa sentencia Thomas Chistensen en Foreign Affairs, N.Y. Sep. 1996.

8 J. Stiglitz: ídem. p.160.

http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=267&numero=44