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POR DIEGO A. GUERRERO MEDINA

Immanuel Kant (1724-1804) dedicó una vida de trabajo a su producción intelectual.


Fue un intelectual de lenta y longeva producción que floreció casi a sus sesenta años. En la
minuciosidad de su trabajo se puede observar el carácter estricto y devotamente puntual de
la personalidad del autor.
Su vida tiene fama de tranquila, con pocos acontecimientos aunque algunos son de
relevancia. Habitó en Königsberg durante casi toda su vida pese a invitaciones para
mudarse. Fue educado en la filosofía de Christian Wolf, pensador alemán influenciado por
Leibniz y Descartes. Dos son las influencias que lo apartan de esta tendencia: Rousseau y
Hume. El mismo Kant afirma que Hume lo despertó de su sueño dogmático, aunque para
Bertrand Russell esto sería únicamente temporal. En la opinión de este último, Rousseau
tuvo incluso más profunda influencia que Hume1. Pretendemos abarcar una introducción
para aproximarnos a algunas de las nociones de la Crítica de la razón pura (Kritik der
reinen Vernunft).
En primer lugar, nos intriga su distinción entre juicios analíticos y sintéticos.
Trataremos de abarcar su trabajo para comprender la intención dentro de la idea de los
juicios sintéticos a priori. Esta noción, como trabajaremos, es parte de su idea de la
comprensión de la realidad. En segundo lugar, daremos un viraje por su idea de los
fenómenos y noúmenos, con motivo de acercarnos a lo que se denomina giro copernicano y
comprender de forma más elaborada el primer punto.
Kant expresa que un juicio sólo puede ser de dos formas: analítico o sintético. En
los primeros el predicado pertenece implícitamente al sujeto, están sujetos por tanto al
principio de no contradicción. En los últimos el predicado se halla fuera del sujeto. Debido
a esto, denomina a los primeros como explicativos, pues ³no añaden nada al concepto del
sujeto mediante el predicado´, y a los segundos extensivos, pues ³añaden al concepto del
sujeto un predicado que no era pensado en él ni podía extraerse de ninguna descomposición
suya´2. Esta distinción entre juicios se encontraba previamente en otros filósofos previos, y
particularmente en Leibniz de forma confusa3.
Ahora bien, el conocimiento puede ser de dos tipos: á  o á . La
primera Crítica comienza afirmando tajantemente: ³No hay duda alguna de que todo
nuestro conocimiento comienza con la experiencia´4. Sin embargo,

³no por eso procede todo de él  la experiencia. En efecto, podría ocurrir que
nuestro mismo conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos
mediante las impresiones y de lo que nuestra propia facultad de conocer produce
(simplemente motivada por las impresiones) a partir de sí misma´5

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1
Russell, Bertrand ([1946] 2009) ß 
  . London: Routledge Classics.
Traducción propia; p.640.
2
Kant, Immanuel ([1781-1787] 2007) á  á á á. México D.F.: Taurus. Traducción de
Pedro Rivas; p.48 [A7.B11].
3
Russell, op. cit.: p.641.
4
Kant,  : p.41 [B1].
5
Ibíd: p.42 [B1].
Admitiendo esto, el conocimiento a priori es aquel ³absolutamente independiente de toda
experiencia´ 6 . Son dos las características del conocimiento a priori: necesidad y
universalidad. La experiencia enseña características, pero no que algo no pueda ser de otra
forma, es decir, necesidad. La experiencia es contingente. Por otro lado, la universidad no
puede ser derivada de la simple inducción empírica. Esta última es aquella en que ³se pasa
desde la validez en la mayoría de los casos a la validez en todos los casos, como ocurre, por
ejemplo, en la proposición «Todos los cuerpos son pesados»´7.
Las proposiciones de la matemática dan ejemplo claro de enunciados a priori, por
ejemplo, «La línea recta es la más corta entre dos puntos»; Kant ofrece un ejemplo no
matemático: «Todo cambio ha de tener una causa», donde

³el concepto mismo de causa encierra con tal evidencia el concepto de necesidad de
conexión con un efecto y el de estricta universalidad de la regla, que dicho concepto
desaparecería totalmente si quisiéramos derivarlo, como hizo Hume, de una repetida
asociación entre lo que ocurre y lo que precede de la costumbre (es decir, de una
necesidad meramente subjetiva), nacida de tal asociación de enlazar
representaciones.´8
Ahora bien, todo juicio analítico es, necesariamente, a priori y tautológico. Son
formas lógicas que dependen del principio de no contradicción. El ejemplo de Kant es «Un
cuerpo es extenso», donde la extensión está contenida dentro del concepto mismo de cuerpo.
En otro orden de ideas, los juicios sintéticos según Kant pueden ser tanto a priori como a
posteriori. No hay duda alguna de este último: existen juicios sintéticos a posteriori; como,
por ejemplo, «El gato es negro», donde el sujeto ÷ á no contiene analíticamente al
predicado  y, siendo una característica contingente del gato, sólo puede conocerse
empíricamente: a posteriori.
La afirmación de los juicios sintéticos a priori es considerablemente más
problemática y osada. Intentemos comprenderla desde el mismo Kant:
³Tomemos la proposición: «Todo lo que sucede tiene su causa». En el concepto
«algo que sucede» pienso, desde luego, una existencia a la que precede un tiempo,
etc., y de tal concepto pueden desprenderse juicios analíticos. Pero el concepto de
causa se halla completamente fuera del concepto anterior e indica algo distinto de
«lo que sucede»; no está pues, contenido, contenido en esta última representación
¿Qué es lo que constituye aquí la incógnita X en la que se apoya el entendimiento
cuando cree hallar fuera del concepto A un predicado B extraño al primero y que
considera, no obstante, como enlazado con él? No puede ser la experiencia, pues el
mencionado principio no sólo ha añadido la segunda representación a la primera
aumentando su generalidad, sino incluso expresando la necesidad, es decir de forma
totalmente á  y a partir de meros conceptos.´9

Siguiendo a Hume y su prueba de que la causalidad no es analítica, Kant acepta que


es sintética. Pero, sintética a priori. Ahora bien, el justificar los juicios a priori ocupará el
motivo de la Crítica de la razón pura.

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6
Ibíd: p.43 [B3].
7
Ibíd: p.43-44 [B4].
8
Ibíd: p. 44 [B5].
9
Ibíd: p.50 [A9.B13].
Para Kant hay tres tipos de juicios sintéticos a priori: los matemáticos, los físicos y
los metafísicos. Estas tres ciencias teóricas trabajan y necesitan a los juicios sintéticos a
priori. En este sentido, si bien los juicios matemáticos pueden parecer a simple vista
analíticos, en realidad serían sintéticos a priori; lo cual tratará de justificar a partir de la
suma 7+5=12. En esta expresión, se hace necesario
³ir más allá de esos conceptos y acudir a la intuición correspondiente a uno de los
dos, los cinco dedos de nuestra mano, por ejemplo, o bien (como hace Segner en su
Aritmética) cinco puntos, e ir añadiendo sucesivamente al concepto de siete las
unidades del cinco dado en la intuición. [ ] En efecto, tomo primero el número 7, y
acudiendo a la intuición de los dedos de la mano para el concepto de 5, añado el
número 7, una a una (según la imagen de la mano), las unidades que previamente he
reunido para formar el número 5, y de esta forma veo surgir el número 12´.10

Con este ejemplo se hace complejo aceptar la noción kantiana de juicio sintético a
priori. Considerando que el sujeto 7+5 incluye inherentemente dentro de su concepto todo
un conjunto de predicados, como 11+1, 1+1+10, etc. Estos predicados no son, de ninguna
forma, ajenos al mismo o sería imposible que conformen una igualdad.
Sin embargo, la Crítica de la razón pura trabajará afirmando que Ô 
  á á   . Sólo aquellos cuya expresión es enormemente
ambigua y son susceptibles a una representación intuitiva; como a=a, ó (a+b)>a, pueden
considerarse como juicios analíticos. En todo caso, para Kant, los juicios matemáticos
necesitan de una intuición para unir el predicado al sujeto.
Asimismo, los juicios físicos o de las ciencias naturales son algunos sintéticos a
priori. Se ofrecen como ejemplos: En toda transmisión de movimiento, acción y reacción
serán siempre iguales» y En todas las modificaciones del mundo corpóreo permanece
invariable la cantidad de materia». Para los juicios metafísicos la proposición El mundo ha
de tener un primer comienzo» resulta un buen ejemplo de un enunciado sintético a priori.
Si bien podemos encontrar objeciones a la noción según la cual los juicios
matemáticos sean sintéticos a priori, los juicios físicos y metafísicos se ajustan con mayor
facilidad a la noción de los juicios sintéticos a priori. Considerando que, por ejemplo, el
sujeto ÷ á á 
á      no implica en su concepto la
conservación de la materia. Asimismo, este enunciado sólo puede pensarse a priori por su
condición de necesidad y universalidad; pero no se extrae del principio de no contradicción.
La noción de juicio sintético a priori intenta abrir la posibilidad de una
comprehensión del mundo externo al individuo independientemente de la experiencia.
Siendo los juicios analíticos tautológicos, estos no describen al mundo exterior: por ello se
les considera explicativos. Un enunciado sintético tiene la capacidad de describir o explicar
al mundo exterior al individuo, es decir, los juicios sintéticos interactúan con la realidad
ontológica del objeto. Afirmar la existencia de los juicios sintéticos a priori es declarar que
puede conocerse á, necesario y universal del mundo externo al individuo,
independientemente de la experiencia.
No es extraño entonces que, considerando tales ideas, Bertrand Russell exprese que
³Hume, por su crítica al concepto de causalidad, despertó [a Kant] de su sueño dogmático

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10
Ibíd: p.52 [B15-16].
según él dice, pero este despertar sería sólo temporal, y él pronto inventó un soporífero que
le permitió seguir durmiendo´11.
Con la Estética Trascendental, Kant pretende demostrar que no conocemos a los
objetos a priori como son, sino a partir de lo que nosotros mismos ponemos en ellos12. Es
decir, el objeto ³se rige por la naturaleza de nuestra facultad de intuición´13 y, por ello,
³nuestro conocimiento racional a priori [ ] se refiere a fenómenos y [ ] deja, en cambio,
la cosa en sí como no conocida por nosotros, a pesar de ser real por sí misma´ 14 .
Considerando esto, se hace una distinción esencial entre
   y  .

Deja clara la Estética Trascendental que, a través de la sensibilidad, un objeto-en-sí-


mismo nos suministra intuiciones. Estas intuiciones empíricas se encuentran libres de las
formas puras de intuición, el espacio y el tiempo. Lo que Kant denomina el sentido externo
(espacio) y el sentido interno (tiempo) nos permite representarnos objetos exteriores. Estas
nociones son una propiedad de nuestro psiquismo ()  . Podría considerarse que
espacio y tiempo son condiciones a priori subjetivas de la sensibilidad. Es decir, la cosa-en-
sí es esquematizada16 por nuestro yo.
Dado que el mundo está constituido por objetos, hay dos formas en que podemos
comprender a un objeto. La primera es un objeto para sí, independiente de cualquier sujeto
y con cualidades que son propias de sí mismo. La segunda, es un objeto dado para alguien o
algo: un  á  o un fenómeno.
De estas nociones surge la distinción crucial entre el noúmeno y el fenómeno. El
primero es el objeto-en-sí, el segundo es el objeto para un sujeto: aquel que es intuido por el
sujeto y que es configurado en el entendimiento por las formas puras de la intuición.
Esta realización surge sólo de la larga reflexión de nuestro filósofo, quien llega a
concluir que
³si no adelantáramos más en las tareas de la metafísica suponiendo que los objetos
deben conformarse a nuestro conocimiento, cosa que concuerda ya mejor con la
deseada posibilidad de un conocimiento á  de dichos objetos, 
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 . Ocurre aquí como con los primeros pensamientos de Copérnico. Este,
viendo que no conseguía explicar los movimientos celestes si aceptaba que todo
ejército de estrellas giraba alrededor del espectador, probó si no obtendría mejores
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11
Russell,  : p.640.
12
Kant,  : p.21 [Bxviii].
13
Ibíd: p.20 [Bxvii].
14
Ibíd: p.22 [Bxx].
15
Pedro Rivas, traductor de la edición de Taurus, se plantea una problemática con este término. Él
decide traducirlo como   basándose en un trabajo de Javier San Martín en su artículo
«La teoría del Yo trascendental en Kant y Husserl», Anales del Seminario de Metafísica, Madrid,
1974. Algunas otras nociones que pueden valer para la traducción son ³mente´, ³ánimo´,
espíritu´; pero para el traductor no representan la dimensión sensitivo-volitiva en conjunto con
el matiz intelectual del alemán Gemüt. José del Perojo decide traducir la palabra como ³espíritu´
(Kant, I. Crítica de la Razón Pura, vol. I, Barcelona, Ediciones Orbis, 1984). Nosotros
tomaremos parte por psiquismo, siendo esta la elección de Rivas, traducción con la que
trabajamos principalmente en nuestro ensayo.
16
Usamos ³esquema´ a raíz de la traducción de Pedro Rivas: ³Los principios del entendimiento puro,
sean constitutivos a priori (como los matemáticos) o meramente reguladores (como los
dinámicos), no contienen sino el esquema, por así decirlo, de la experiencia posible´ (Ibíd:
p.260 [A236-237.B296]).
resultados haciendo girar al espectador y dejando las estrellas en reposo. En la
metafísica se puede hacer el mismo ensayo, en lo que atañe a la   de los
objetos. Si la intuición tuviera que regirse por la naturaleza de los objetos, no veo
cómo podría conocerse algo á  sobre esa naturaleza. Si, en cambio, es el
objeto (en cuanto objeto de los sentidos) el que se rige por la naturaleza de nuestra
facultad de intuición, puedo representarme fácilmente tal posibilidad.´17
Así, sólo puede resultar dos cosas: que los conceptos se rigen por los objetos, y en ese caso
no puede saberse nada a priori; o que la experiencia se rige por los conceptos18. Esta noción
es el denominado giro copernicano.
Implica una concepción donde se comprenda la interacción entre el sujeto y el
objeto. El objeto, como ente inteligible (noúmeno) 19 , se presenta como objeto dado
(fenómeno) y el sujeto interactúa con este último; estructurándolo según su psiquismo. El
Yo tiene una relación trascendental con los objetos.
A su vez, la crítica de la razón pura, pretende establecer los principios del
entendimiento que norman a la experiencia. Por ello, la filosofía crítica no pretende ser
dogmática sino trascendental: no pretende ocuparse de los objetos, sino de nuestro modo de
conocerlos20.
Kant especifica y trabaja con la idea de mundo sensible y mundo inteligible de
algunos de sus contemporáneos. Considera al respecto que ³semejante tergiversación de
palabras es un puro subterfugio sofístico con el fin de soslayar una cuestión difícil´21, de
esta forma, ³cuando decimos que los sentidos representan los objetos á  
á 
á , mientras que el entendimiento los representa á   , hay que entender
esto último en sentido meramente empírico, no trascendental´22.
Así, explica que el entendimiento y la sensibilidad deben usarse conjuntamente para
determinar objetos23. Cuando no se obedece esto último, y se trabaja el entendimiento y la
sensibilidad no conjuntamente, surgen las anfibologías.
³Sí, después de todas estas aclaraciones, alguien sigue vacilando y no se decide a
renunciar al uso meramente trascendental de las categorías, que haga una prueba
con alguna afirmación sintética. En efecto, una afirmación analítica no hace avanzar
el entendimiento, y, teniendo en cuenta que éste sólo se ocupa de lo ya pensado en
el concepto, deja sin resolver si tal concepto se refiere en sí mismo a objetos o
expresa simplemente la unidad del pensar [ ]. Que haga pues una prueba con algún
principio sintético e hipotéticamente trascendental. Por ejemplo: Todo lo que
existe, existe como sustancia o como determinación inherente a ella», o bien: Todo
ser contingente existe como efecto de otra cosa, a saber, de su causa», etc. [ ]
Nunca será capaz de demostrar tal proposición. Es más, nunca podrá justificar la
posibilidad de semejante afirmación si no tiene en cuenta el uso empírico del
entendimiento y renuncia así por entero al juicio puro e independiente de los
sentidos. El concepto de objetos puros, meramente inteligibles, carece por completo

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17
Ibíd: p.20 [Bxvi-xvii]. Negritas propias.
18
Ídem.
19
Ibíd: p.269 [B306].
20
Ibíd: p.58 [A11.B25].
21
Ibíd: p.274 [A257.B313].
22
Ídem [A258.B313].
23
Ídem.
de principios relativos a su aplicación, ya que no somos capaces de imaginar cómo
tendrían que darse. Aunque el pensamiento problemático deja sitio para tales
objetos, sólo sirve, como un espacio vacío, para limitar los principios empíricos,
pero sin contener en sí ni revelar otro objeto de conocimiento fuera de la esfera de
esos principios.´24
Si consideramos estas nociones kantianas, ¿Qué conocemos de los objetos?
Sentimos al objeto, lo intuimos y representamos a partir de estas intuiciones, generando una
intuición pura ( á ) que nos permite generar juicios ±los cuales, a su vez, son
conformados por las funciones puras del entendimiento±. Al objeto-en-sí le aplicamos
nuestras propias formas de entendimiento, construimos con el ³yo´ a la realidad que se nos
presenta.
Así, pensando en la que Kant expresa como ³La antigua y conocida pregunta, con la
que se creía poner en apuros a los lógicos y con la que se intentaba llevarlos a una situación
tal, que, o bien tuvieran que acogerse a un deplorable sofisma, o bien tuvieran que
reconocer su ignorancia y, consiguientemente, la vacuidad de todo su arte´25: ¿Qué es la
verdad? Como bien nuestro filósofo afirma, ³la conformidad del conocimiento con su
objeto´26.
Si se asienten tales nociones no podemos de forma alguna afirmar tener
conocimiento verdadero. Dado que nosotros construimos el mundo a partir de intuiciones
conformadas por nuestras formas subjetivas de entendimiento. Adicional a estas formas de
entendimiento, conformamos nuestros juicios a partir de conceptos del entendimiento y
categorías que responden a la condición de nuestro tiempo y educación.
En este caso, entendiendo que comprehendemos fenómenos, no noúmenos; lo que
realmente estamos comprendiendo, estudiando, trabajando y juzgando es a nosotros
mismos o como nosotros nos reflejamos en los objetos. Discurriendo estas nociones se
instruirá la idea de ÷    ! á  á que posteriormente formulará
Schopenhauer. El mundo se nos da como una representación o reflejo de nosotros mismos.
Considerado así, existe una forma de entender objetivamente el mundo y son las
nociones a priori. Entonces, no resulta extraña la noción de juicios sintéticos a priori con las
que Kant intenta abarcar el mundo externo, más allá de los enunciados meramente
analíticos. Los juicios sintéticos a priori permiten abarcar algo universal y necesario en el
mundo para superar el solipsismo del subjetivismo fenoménico.
La idea misma de que un enunciado sea á  implica que sea independiente del
sujeto que lo piensa. Estos elementos pretenden formar una base o estructura de aquello que
puede ser conocido y es, en sí mismo, el objeto de forma autónoma al sujeto. Ahora bien, la
razón al tener una naturaleza superior permite abarcar al mundo antes que nos sea dados o,
al menos, pretende hacer aproximaciones limitadas a éste. Estas limitaciones están dadas
por las limitaciones mismas de la razón pura conformadas por la necesidad de aplicar
conjuntamente el entendimiento y la sensibilidad. Como, por ejemplo, su incapacidad de
probar a las ideas que la misma razón pura conforma: dios, libertad o inmortalidad27.Ê

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24
Ibíd: p.275 [A258-260.B314-315].
25
Ibíd: p.97 [A57-58.B82].
26
Ídem.
27
Ibíd: p.27 [Bxxx].Ê