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LECCIONES DE INTERÉS Y

LEGITIMIDAD PARA OBRAR

Abog. Vladimir Raúl LLacua Anco

www.iuriscal.edu.pe
INTERES PARA OBRAR

Toda persona como parte integrante de una sociedad donde imperan los conflictos de
intereses tienen derecho a la tutela jurisdiccional para el ejercicio o defensa de sus
derechos o intereses, por lo que al promover un proceso invocará su interés, interés
para ejercitar su acción y plantear su pretensión, es decir el Interés para Obrar.

Se tiene interés cuando se busca el reconocimiento o la declaración de un derecho,


así como la solución del conflicto o la incertidumbre jurídica que surge.

Juan Monroy, sobre el tema nos precisa que “hay interés para obrar cuando una
persona ha agotado todos los medios para satisfacer su pretensión material y no tiene
otra alternativa que recurrir al órgano jurisdiccional. Esta necesidad inmediata, actual,
irremplazable de tutela jurídica es el interés para obrar”.

El interés para obrar es una institución procesal surgida con la finalidad de analizar “la
utilidad” que el proceso puede proveer a la necesidad de tutela invocada por las
partes.

Francesco Luiso señala que la razón de ser de esta institución está vinculada
estrechamente con el principio de economía procesal, concluyendo que el interés para
obrar “(…) sirve para evitar una actividad procesal inútil”

Luiso señala que existe interés para obrar en el medio cuando la tutela que persigue
el autor puede ser conseguida sólo por el medio jurisdiccional del proceso; y existe
interés para obrar en el resultado cuando el resultado que se derive del proceso
necesariamente producirá un cambio en la esfera del actor y será, por tanto, útil.

En la doctrina nacional, el profesor Juan Monroy también ha señalado que el interés


para obrar es la “necesidad inmediata, actual, irremplazable de tutela jurídica” y
también la “necesidad de acudir al órgano jurisdiccional”.

El profesor Monroy también relaciona la institución con la utilidad del proceso. Si no


existe esa necesidad de acudir al órgano jurisdiccional o si no habrá utilidad, no existe
interés para obrar. Este contenido que el profesor Monroy da a la institución encaja en
lo que Luiso llama “interés para obrar en el medio”, puesto que el proceso se presenta
como el “bien” que satisface la necesidad de tutela que no puede ser satisfecha con
otro medio distinto de él, con el ingrediente clave de la “utilidad”.

Del desarrollo doctrinal de la institución se concluye que necesidad y utilidad son


indispensables en la existencia de interés para obrar

Ejemplos de falta de interés para obrar en el medio:


• No es necesario demandar la resolución de un contrato si se ha pactado que
esta opera de pleno derecho; la sentencia que se expida será fundada pero no

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le habrá servido de nada al demandante pues por su sola declaración, según el
contrato, este ya había quedado resuelto.

Ejemplo de falta de interés en el resultado:


• El hermano del difunto que demanda la nulidad del testamento por falsificación,
pero no tiene interés para obrar porque aunque la demanda sea declarada
fundada, el hermano no heredará por haber herederos forzosos.

LEGITIMIDAD PARA OBRAR

La legitimidad para obrar se refiere a la capacidad legal que tiene el demandante para
interponer su acción y plantear su pretensión a efecto de que el juez analice y verifique
tal condición para admitir la demanda.

En la legitimidad para obrar, el demandante afirma ser el titular de un derecho


lesionado, y dirige su pretensión contra quienes él considera han lesionado ese
derecho. Es esa correspondencia lógica entre las personas que conforman relación
jurídico material (relación de conflicto) y la relación entablada en el proceso (relación
jurídica procesal) que se conoce como legitimidad para obrar.

LEGITIMIDAD ACTIVA Y PASIVA


La legitimidad para obrar no tiene dos aspectos:
1. La legitimidad activa.- Corresponde a la parte que sostiene la pretensión
(demandante).
2. La legitimidad pasiva, Corresponde a la parte contraria (demandado).
La legitimidad de terceros por sus intereses, terminan integrándose a la legitimidad
activa o pasiva.

LEGITIMIDAD ORDINARIA Y EXTRAORDINARIA


A. La legitimidad ordinaria (más común).- Se presenta cuando el demandante
afirma ser titular del derecho subjetivo cuya tutela pretende (legitimidad activa)
y dirige la pretensión contra quien el propio demandante afirma ser la parte
pasiva de la relación jurídica de derecho material (legitimidad pasiva).
B. La legitimidad para obrar extraordinaria.- No está referida al ejercicio de los
derechos materiales por quien afirma ser su titular, sino por quien la ley
autoriza a ejercitarlos a pesar de tratarse de derechos ajenos.
El caso más conocido de legitimidad extraordinaria lo constituye lo
contemplado por el inciso 4 del artículo 1219 del Código Civil. Esta norma
otorga al acreedor el derecho de ejercer los derechos de su deudor, sea en vía
de acción o para asumir su defensa. La doctrina civilista denomina acción
subrogatoria u oblicua a la pretensión que formula en estos casos el acreedor
.
Es así que le acreedor frente a un deudor negligente e insolvente, tiene el
derecho de cobrar judicialmente el crédito de su deudor, a fin de conservar e
incrementar el patrimonio de su deudor; de no hacerlo, se verá perjudicado
puesto que no se encontrará en aptitud de cobrar su propio crédito. También el

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acreedor podrá actuar colaborando en la defensa de su deudor, en caso que
éste recurra a los estrados judiciales para cobrar su crédito. Por ejemplo, “A” es
acreedor de B y “B” es a su vez acreedor de “C”. Encontrándose exigible el
crédito entre “B” y “C”, si “B” no despliega actividad alguna en orden a cobrar
su crédito, el derecho autoriza a “A” a ejercitar el cobro del crédito directamente
a “C” o, a colaborar en la defensa de “B” si éste último hubiera iniciado el
proceso judicial contra “C”. Todo ello en orden a incrementar el patrimonio de
“B” y así “A” poder cobrar su crédito.

EL MINISTERIOR PÚBLICO Y LA LEGITIMIDAD PARA OBRAR


El Ministerio Público se encuentra exonerado de invocar legitimidad para obrar, tal
como lo señala el artículo IV del título Preliminar del Código Procesal Civil, lo que no
significa que sea ajeno a la categoría procesal de la legitimidad. Ello se debe a que la
concesión de legitimidad para obrar al Ministerio Público no supone atribución de
derechos subjetivos materiales, sino simplemente la posibilidad de realizar el proceso
sin pedir permiso para él mismo.

OPORTUNIDAD PROCESAL PARA DETERMINAR LA EXISTENCIA DE LA


LEGITIMIDAD PARA OBRAR
La oportunidad en la que el juez establece a existencia o la inexistencia de la
legitimidad para obrar, es el momento en el que pronuncia la sentencia definitiva.
Cabe recordar que en el proceso de cognición, la declaración judicial de certeza se
produce en la sentencia definitiva. La pretensión, al ser exhibida en la demanda, sólo
implica la afirmación de un derecho cuya tutela se persigue y, recién será en la
sentencia que el juez se encuentre en aptitud de determinar la real existencia de tal
derecho. Lo propio sucede con la legitimidad para obrar.

EXCEPCIÓN DE FALTA DE LEGITIMIDAD PARA OBRAR


La excepción de falta de legitimidad para obrar, a que refiere el inciso 6 del artículo
446 del Código Procesal Civil, está dirigida a denunciar la falta de identidad entre los
sujetos que integran la relación jurídica sustantiva y quienes forman parte de la
relación jurídica procesal. En ese sentido, lo que se busca es poner de manifiesto la
carencia de identidad entre las personas inmersas en una y otra relación, más no la
falta de titularidad del derecho, pues esta se resolverá al momento de expedirse la
sentencia.

La excepción de falta de legitimidad para obrar no tiene por objeto cuestionar los
argumentos de fondo de la pretensión del demandante.

DIFERENCIAS ENTRE INTERÉS Y LEGITIMIDAD PARA OBRAR


Ambos son requisitos previos para que el juez pueda pronunciar una sentencia mérito.
La legitimidad para obrar está referida a la presencia en el proceso de aquellas
personas autorizadas por la ley den orden a la eficacia del objeto perseguido por el
mismo mientras el interés para obrar alude a la necesidad de obtener la tutela
jurisdiccional respecto de un interés sustancial determinado.

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