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Osvaldo & Zenaida o "Los apartes".

Jean Tardieu

Reparto:

Dirección General: Lavinia Sorge

Producción Técnica: Carlos Arango

Producción audiovisual: Felipe Álvarez – Laura Patiño

Osvaldo: Diego Ruiz

Pomméchon: Carlos Arango

Aparte Osvaldo: Jhony Restrepo

Zenaida: Catalina Gómez

Aparte Zenaida: MIchelly Giraldo

Narración/Presentador: Carolina Taborda


Presentador: Salón burgués en el campo, 1830. Al levantarse el telón Zenaida arregla unas flores. Está sola y
triste en su ensoñación. Tocan a la puerta de la derecha.

Zenaida: (En voz alta) ¿Quién es?

Aparte Zenaida: ¡Con tal de que no sea Osvaldo, mí prometido! No me puse el vestido que le gusta. Además,
¿para qué? ¡Después de todo lo que ha ocurrido!

Voz de Osvaldo: (Afuera) ¡Soy yo, Osvaldo!

Aparte Zenaida: ¡Ay, es él, Es Osvaldo!

Zenaida: ¡Entre, Osvaldo!

Aparte Zenaida: ¡Oh, qué suerte la mía! ¿Qué podré decirle? ¡Jamás tendré el valor de revelarle la triste verdad!

Osvaldo: (Entra, permanece un momento en el umbral. En voz alta.) ¡Zenaida!

Aparte Osvaldo: ¿Qué más puedo decirle? ¡Tan confiada, tan inocente! ¡Jamás tendré la crueldad de confesarle
la grave decisión que han adoptado en contra de ella!

Zenaida: (Acercándose a Osvaldo y dándole la mano a besar.) ¡Buenos días, Osvaldo!

Aparte Zenaida: ¿Es posible que todo se haya terminado? ¡Ah, mientras él oprime mi mano entre sus labios, dios
mío, no prolongues más mi suplicio y haz que este minuto, largo como un siglo, se deslice veloz
como el pájaro sobre el mar espumoso!

Osvaldo: (Levantándose, mientras Zenaida retira graciosamente la mano. Alto, suspirando.) ¡Buenos días,
Zenaida!

Aparte Osvaldo: ¡Ah, ese gesto gracioso y espontáneo, más elocuente que el discurso más largo! Siempre amé el
silencio que crea a su alrededor: silencio animado por misteriosas palabras que el oído no
escucha pero que el alma comprende .

Zenaida. ¡Siéntese usted, Osvaldo!

Aparte Zenaida: ¡No habla, el desdichado! Me parece oír su corazón, late con golpes precipitados, al mismo ritmo
que el mío. ¡Y no obstante, él todavía no sabe nada y cree aún en nuestra unión! (Se sienta.)

Osvaldo: (Sentándose.) ¡Gracias, Zenaida!

Aparte Osvaldo: ¡Esta silla seguramente ha sido colocada aquí por ella, para mí! La pobre niña me esperaba,
ignoraba la razón de mi visita!

(Cinco campanadas se escuchan)

Zenaida: (Melancólica.) ¡Las cinco!

Aparte Zenaida: ¡Pero en mi corazón ha caído ya la noche!

Osvaldo: (Despreocupado.) ¡Ah, si, las cinco!

Aparte Osvaldo: ¡Para mí, el alba de los condenados!

Zenaida: Todavía es de día.

Aparte Zenaida: Pero las flores cierran sus corolas, mi abuelo prefiere los guisantes dulces y el jardinero guarda
sus herramientas.
Osvaldo: (Alto, suspirando.) ¡Es la primavera, Zenaida!

Aparte Osvaldo: (Aparte, sombrío, casi delirante.) ¡En las Antípodas, reina el invierno! En el Congo, los lapones se
embarcan en los icebergs; en China, los bávaros beben cerveza en las tabernas; en Canadá, los
españoles bailan la seguidilla.

Zenaida: (En voz alta, suspirando.) Sí, aún es de día.

Aparte Zenaida: ¡Este silencio me sofoca! El bastón de mi tío tiene el puño de oro, la marquesa sale a las cinco,
mi razón se extravía ¿Debo decirle todo? ¿O devorar mis palabras y enloquecer hasta perder el
habla?

Osvaldo: (Tierno) ¡Es de día! Ya lo dijo usted,

Aparte Zenaida: Y ahora me vuelvo brutal. ¡Fuego y demonio, sangre e infierno! ¡Las brujas vuelan al aquelarre, la
Luna corre por los campo!... ¡Será mejor que le revele el secreto que me ahoga!

Aparte Zenaida: ¡No puedo más!

Aparte Osvaldo: ¡Es intolerable!

Aparte Zenaida: ¡Muero!

Aparte Osvaldo: ¡Enloquezco!

Aparte al mismo tiempo de Zenaida y Osvaldo: ¡Ay, mi fa-mi-lia-no-quie-re-que-me-ca-se-con-ti-go!

(Seis campanadas suenan)

Zenaida: ¿Decía usted?

Osvaldo: ¿Yo? ¡Nada!

Zenaida. Ah, bueno, creí...

Osvaldo: Es decir...

Zenaida: ¿Qué?

Osvaldo: Poca cosa.

Zenaida: ¿Y luego?

Osvaldo. Tonterías

Zenaida: ¿De veras?

Osvaldo: Sí, de veras. Además, le escribiré.

Aparte Osvaldo: ¡Ojalá y mi carta no llegase jamás a su destino y se hundiese en el abismo del olvido, mientras yo
me interno en las arenas de Australia, a la búsqueda de un tesoro menos precioso del que
pierdo!

Zenaida: ¡Quizá contestaré su carta!

Aparte Zenaida: ¡Será la última carta que le escribiré al mundo, antes de enterrar en un convento mi juventud
desesperada!

Osvaldo: (Emocionado.) ¡Hasta la vista, Zenaida!


Aparte Osvaldo: El panadero amasa el pan, la caballista monta a caballo, el navegante busca la ruta, las
chimeneas humean, el sol brilla, pero yo, ¡debo decir adiós a la mujer que amo!

Zenaida: (Emocionada.) ¡Hasta la vista, Osvaldo!

Aparte Zenaida: No sé qué pensar, ni qué decir, ¡soy como la hoja otoñal que cae sobre el estanque, a
medianoche!

(La puerta se abre y aparece el jovial el señor Pommechón.)

Pomméchon: ¡Ah, los pequeños! ¡Ya los vi, ya los vi!

Aparte Zenaida: ¡Cielos, mi padre!

Aparte Osvaldo: ¡El que hubiera podido ser mi suegro!

Pomméchon: ¡Bueno, bueno! ¡Tranquilícense! ¡No me los voy a comer, caramba! A su edad y en su lugar, ya
hace mucho tiempo que... la hubiera besado.

Zenaida y Osvaldo: (Alto y simultáneamente.) Pero, ¿y eso qué significa?

Pomméchon: Significa, mis tórtolos, mis burritos, que han sido víctimas de una pequeña broma. Significa que
he aparecido para arreglarlo todo. Vengo de parte de tu madre (A Zenaida.) y de tu padre. (A
Osvaldo.) Habíamos decidido someter sus sentimientos a prueba. Cuando ustedes creían que
todo estaba perdido, su tristeza nos demostró que la atracción que los une no era uno de esos
fuegos de artificio, una de esas nubes de verano, ni uno de esos afectos que duran un día... Pero,
se ¿quedan callados? ¡Caramba! Parece que la sorpresa los ha petrificado.

Aparte Zenaida: Oh, Dios, ¿es posible dicha semejante?

Aparte Osvaldo: ¡Bendito sea el día en que la abuela de mi novia engendró a mi suegro!

Pomméchon: ¡Vaya, vaya! Veo que la emoción le ha cortado el aliento. ¡Caramba! A su edad, y en su lugar, yo
hubiera saltado al cuello de mi amor. En fin, no insisto y los dejo entregados a su alegría.
Mañana hablaremos de la boda... si es que para entonces ya recobraron el uso de la palabra.
¡Hasta la vista, mis niños, mis pequeñitos!

(Acaricia la mejilla de Zenaida con rudeza, da una palmada a Osvaldo y sale de escena, riendo.)

Silencio. Zenaida y Osvaldo se quedan de pie, frente a frente.)

Osvaldo: (En voz alta.) O primavera! Gioventú dell’anno! O Gioventú! Primavera della vita!

Aparte Zenaida: No comprendo lo que dice, pero un acento de alegre virilidad resuena en sus palabras.

Zenaida: Oh! who is me to have seen wath I have seen, to see wath I see!

Aparte Osvaldo: ¿Qué dice? ¿En qué lengua desconocida habla? ¡Oh música de la voz bien amada! Su melodía
hace vibrar nuestra alma, a pesar de que no comprendo sus palabras.

Osvaldo: ¡Son las cinco, Zenaida!

Aparte Zenaida: Error. Se equivoca de hora, pero debo aprender a no contradecir a mi marido.

Zenaida: (En voz alta.) ¡Pues sí, ya llego la noche, Osvaldo!

Aparte Osvaldo: ¡Diablos, no, todavía es de día! ¡pero nunca hay que contradecir a las mujeres!

Osvaldo: ¡Mira, es bueno darse cuenta que ya me perteneces, ángel querido!


Aparte Zenaida: Otro error: él es el quien me pertenece, pero ¡qué importa!

Zenaida: ¡Es bueno darse cuenta, sí, finalmente estamos aquí nosotros, tú y yo

Aparte Osvaldo: ¡Dijo nosotros! ¡Ella es para mí, yo para ella, nosotros para nosotros!

Osvaldo: ¡Para siempre!

Aparte Zenaida: ¡Hasta el fin de los siglos!

Zenaida: ¿Toda la vida?

Aparte Osvaldo: ¡Hasta la muerte!

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