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Recuerdos de la visita de Keenedy y Jaqueline a

Venezuela
Virginia Betancourt-Valverde

Durante la presidencia de mi papá, de 1959 a 1964. Viví con mi familia en


la urbanización Las Marías de El Hatillo y, después de un asalto guerrillero a
la jefatura civil de ese pueblo, en la Qta. Los Pajaritos de Los Palos Grandes.
Trabajaba como voluntaria en el Banco del Libro, hacía traducciones del
inglés, aprendía francés y disfrutaba de mis hijos aún en edad pre escolar.
Visitaba a mis padres los fines de semana en la Qta. Los Nuñez,una casa de
familia alquilada, convertida, por arte de magia, en residencia oficial del
Presidente de la República, ubicada en Altamira, cerca del restaurant
Tarzilandia. En esas ocasiones sus nietos cumplían el ritual de compartir
con su abuelo un helado de café (bien resguardado por él en una neverita
con la temperatura adecuada), sentados en el quicio del corredor grande, con
vista al jardín, de la casa de huéspedes. Después se bañaban en la pequeña
piscina y, por último, le hacían carantoñas a Gay el perro fox terrier de Don
Rómulo, ya entrado en años. Por mi lado, el ritual consistía en recoger las
revistas francesas semanales ya leídas por papá, así como el NY Times del
domingo. Cuando nos mudamos a Los Palos Grandes, hacía visitas breves a
mi mamá en el día y me acercaba en la noche cuando papá me invitaba a
ver una buena película.
Ese período presidencial fue especialmente azaroso y por ende poco
propicio para jolgorios. Cuando venía un Presidente extranjero en visita
oficial, la recepción de bienvenida tenía lugar en la Casa Amarilla. Cuando
llegaba un amigo extranjero papá lo llevaba a La Guzmania, una casona
propiedad del Ejecutivo, rodeada de corredores con helechos y muebles de
mimbre, ubicada en Macuto, cerca del Parque de las Palomas, a dos cuadras
de la mar, y le ofrecía un almuerzo de hervido de pescado comprado en Las
Quince Letras, un restaurant vecino.
Ni mi mamá, ni yo, nos involucrábamos en la organización de las visitas
oficiales de Jefes de Estado. Hubo dos excepciones: la del primer ministro
de Canadá Tureau y su esposa y la del Presidente Jhon F. Keenedy y
Jaquelyn, el 16 y 17 de diciembre de 1961. En este caso me correspondió
escoger el regalo a Jaqueline: un collar, corto y doble, de perlas que usaba
con frecuencia tal como atestiguan las fotos.
La cena fue el día 16
Querida Milagros: te envié la información solicitada sobre la visita de
Kennedy a Venezuela Constaté en una foto que el collar era de 3 vueltas.Lo
del cambio de menú es cierto aunque no preciso en cuanto a los
ingredientes. Hoy me dijo hoy Josefina Bertorelli que yo le había mostrado el
menú en ocasión de una visita suya a la sede de la FRB. Ahora me fajaré a
buscarlo.

Lo más significativo localizado por mi hija Alejandra es que antes de la


cena del 16/12/1961 hubo una interesantísima reunión, en el salón de Los
Nuñez , de RB y Keenedy y sus respectivos equipos técnicos, a las 5:30 PM,
de la que acuerdo a un registro pormenorizado cuyo texto adjunto,
Al termino de la reunión tuvo lugar un encuentro de RB con los periodistas
registrado en foto a ser remitida por otra vía. Afectuosos saludos, Virginia
La cena ofrecida por los Betancourt el día 16, las 8 PM, por razones de
seguridad, tuvo lugar en el jardín de la Qta. Los Nuñez, cubierto con falso
piso y techado con una carpa. Papá me había dicho con antelación “Negrita
ocúpese del menú y asegúrese que la comida sea venezolana y no francesa”.
Tuve un estire y encoja con el representante de la casa de festejos y logré
sustituir el pavo por lapa y la crema de champiñón por una de apio. Los
dulces fueron criollos. También me responsabilicé del arreglo de la mesa
principal con flores y frutas del país, tarea asumida por Carmen Heny de
García Arocha, mi vieja amiga desde el exilio en Costa Rica. María Luisa
Zuloaga de Tovar me entregó un plato de cerámica sin hornear con el pedido
de obtener la firma de Keenedy. Así lo hice sin pensar que podrían haber sido
dos.
El 20 de diciembre de 1961 Jaqueline le envió a Doña Carmen, desde
Palm Beach, Florida, una carta manuscrita de agradecimiento por sus
atenciones durante la visita a Caracas, haciendo especial referencia al collar
de perlas y al bello mantel de encaje de la mesa del comedor adornado con
flores y frutas tropicales. En nuestros días alguien habría tomado fotos con
un celular.

Milagros: Las correcciones a tu texto las destaque en amarillo. Francia y


Bocaranda confirman cuan tramposa es la memoria.Por ello averigüe con
Teresa Albanez el nombre de la ONG: Comité de madres venezolanas, cuya
presidenta,e incansable trabajadora, a diario, era la Sra. Alicia de Vegas. Otra
participante era Mercelena Gonzalez.

Es muy probable que el pequeño salón y el amplio corredor del área de


huéspedes, construcción separada de Los Nuñez, que daban al jardín de
grama, fueran incorporados al área destinada a la cena . Aún así, era
pequeña. Por eso es muy probable que sólo asistieron los ministros y sus
esposas, el embajador de USA y el equipo que acompañó a RB en la reunión
previa la cena y sus esposas.Además, las medidas de seguridad eran muy
estrictas y la falta de estacionamiento un problema real
Tengo el libro, Jaqueline Kennedy: the White House years en el que
aparece una foto suya en el kinder y otra del traje solo. Mañana las hago
fotografiar y te las envío.Virginia

¡Apareció la carta de Jacqueline a mamá, a la que hice


referencia en la nota mia enviada sobre la visita de los Kennedy a
Caracas! Adjunto transcripción.
Palm Beach, diciembre 20,1961
Querida señora Betancourt:
El Presidente y yo estamos muy agradecidos por su maravillosa
hospitalidad en Los Nuñez. El Presidente y Ud. no podrían habernos hecho
sentirnos más cómodos, y la casa fue una completa delicia con sus bellos
jardines, el encantador nacimiento y las frutas de Venezuela.
Nosotros disfrutamos de la comida y la recepción tanto y yo nunca olvidaré
la mesa con su mantel de encaje antiguo y las miles de orquídeas
destacadas por su tapiz.
El collar de perlas de Venezuela es mi compañero constante y cada vez
que me lo pongo pienso en la amistad del pueblo de Venezuela y la
hospitalidad del Presidente y la Sra. Betancourt.
Otra vez nuestras gracias por todo, y yo espero volverla a ver muy pronto
en nuestro país. Una alegre navidad para toda la familia.
Sinceramente
Jacqueline Kennedy

Caracas, 29 de julio de 2013


El 16 de diciembre de 1961 tuvo lugar, en Los
Nuñez, una reunión del presidente Keenedy y el
presidente Betancourt. El registro oficial de USA de
esta entrevista es como sigue:
• “Conference Between President Kennedy and Venezuelan President
Betancourt—Cuban Problem—OAS Foreign Ministers Meeting
• PARTICIPANTS
• The President
• Ambassador Chester Bowles
• Mr. C. Allan Stewart, Charge d'Affaires ad interim
• Mr. Robert F. Woodward, Assistant Secretary of State for Inter-
American Affairs
• Mr. Teodoro Moscoso, Assistant Administrator for Latin America of the
Agency for International Development
• Mr. Richard Goodwin, Deputy Assistant Secretary of State for Latin
American Affairs
• Mr. Harold Linder, President of Export-Import Bank of Washington
• Mr. Fernando van Reigersberg, LS staff interpreter
• President Romulo Betancourt of Venezuela
• Dr. Marcos Falcón Briceno, Foreign Minister of Venezuela
• Dr. Andres German Otero, Minister of Finance of Venezuela
• General Antonio Briceno Linares, Minister of Defense of Venezuela
• Dr. Jose Antonio Mayobre, Venezuelan Ambassador to the United
States
• Dr. Alejandro Oropeza Castillo, Governor of the Federal District of
Venezuela
• Dr. Manuel Perez Guerrero, Chief, Office of Coordination and Planning,
Venezuelan Government
The meeting convened at 5:15 p.m. on December 16, 1961, at Los Nunez,
President Betancourt's residence in Caracas, Venezuela. Several unrelated
matters were discussed at this conference, including the subject covered in
this memorandum.2
Cuban Problem—OAS Foreign Ministers Meeting
President Kennedy brought into the conversation the OAS Foreign
Ministers' Meeting (MFM) scheduled on January 10 to deal with the Cuban
problem. He said the Panamanian Government had offered Panama City as
site for the Meeting but had indicated that circumstances made it necessary to
hold the meeting in February. President Kennedy asked President Betancourt
whether a delay would be advisable or whether the meeting should be held as
scheduled in the Pan American Union headquarters in Washington.
President Betancourt replied that he had discussed this point with Foreign
Minister Falcón Briceno and Ambassador Mayobre and had concluded that
the important point was not the site but whether the necessary two-thirds
votes could be obtained to vote sanctions against the Castro regime. He said
the Governments of Colombia and Venezuela were working a “pincers”
movement against Ecuador. He had written a letter to the Ecuadorean
President and might send an emissary to converse with President Arosemena
about changing his country's policy in favor of voting sanctions. He is also
considering a possible trip to Venezuela by the Ecuadorean President.
President Betancourt added that when President Frondizi of Argentina
stopped briefly in Venezuela he was of the opinion that Argentina planned to
vote favorably for the Meeting of Foreign Ministers, but actually had
abstained.
President Betancourt also said that as a result of a trip of President López
Mateos of Mexico to Caracas, personal contact was established between the
two Presidents. The Government of Venezuela was considering the possibility
of sending a special envoy to Mexico in order to try to convince that country to
modify its stand vis-a-vis Cuba. Of course, there were internal political factors
and a traditional attitude on the part of the Mexican Foreign Ministry that
would make such a change extremely difficult to achieve.
When President Kennedy asked again whether the timing of the MFM was
vital President Betancourt responded that time was not as important as having
the necessary 14 votes.
President Kennedy expressed the view, which was corroborated by
Assistant Secretary Woodward, that it would be difficult to obtain a resolution
imposing sanctions on Cuba but thought that one would pass asking the
Castro regime to sever its ties with the Sino-Soviet bloc and return to the
inter-American family. He felt that the strongest possible resolution should be
passed.
President Betancourt agreed with this. He added that Venezuela would
vote for sanctions or for any other resolution such as the one that had just
been indicated by the President. President Betancourt observed that the
resolution against the Dominican Republic, voted at San Jose, did not go very
far but it was of great moral assistance in paving the way for downfall of the
Trujillo regime.
President Kennedy asked for Mr. Woodward's comments on the MFM
meeting and the latter stated that it was not likely Chile, Brazil, Argentina,
Mexico and possibly Bolivia and Ecuador would vote for strong sanctions. Mr.
Woodward thought that we should support the Colombian resolution strongly
and attempt to pin down Castro to break with the Sino-Soviet bloc or face
sanctions.
At this point President Betancourt observed that any unilateral action
against Cuba would destroy the inter-American system and President
Kennedy assured him the United States did not intend to take unilateral action
against the Castro government.
President Kennedy added that the United States hoped to get as strong a
resolution against Cuba as it was possible to get; but even if one calling only
for a break with the Sino-Soviets were obtained, it is certain Castro would
refuse to do so and thus place Cuba in a most difficult position. He said if we
lower our aim from the outset the final result might well be a watered-down
resolution that would not be very effective. Perhaps we would not be able to
agree on sanctions at this meeting but we could lay the groundwork for them
in the future. Castro will obviously reject the OAS request and his refusal
could be the basis for another Meeting of Foreign Ministers later on. Because
it will take some time to line up the necessary votes and the Christmas
holidays are near, President Kennedy expressed the view that the February
meeting was most logical.
Mr. Woodward added that President Kennedy would have an opportunity
on December 17 to obtain President Lleras Camargo's judgment on the timing
of the meeting and the type of resolution which could be obtained. President
Kennedy said Mr. Woodward would stay an extra day in Bogota to go over the
proposed resolutions which are to be presented at the MFM meeting. He
thought the revised drafts would be ready for consideration in 10 days.
President Betancourt stated that Venezuela would support strong action
against Cuba but cautioned that it might be necessary to go by easy stages,
as was done with the Dominican Republic. He expressed the conviction that
Castro's days were numbered and he based this on his residence in that
country for two years. Castro has insulted everyone and brought about
rupture of relations with most of the OAS members. He said that the
resistance movement in Cuba must be strongly supported and Venezuela is
so doing within its resources. President Betancourt indicated that the situation
in Cuba is different from that in the Soviet Union because the Cuban people
had known freedom and the Russians never have. He hoped that the Cuban
people will eventually be able to get rid of Communism. Any unilateral action
on the part of the United States would be extremely harmful.
President Kennedy replied that the police system in Cuba was very
powerful and that it would make it difficult for the Cubans to revolt. On the
other hand, the United States would not act unilaterally but only on a
hemisphere-wide basis. In view of Castro's recent speeches and of the
economic and social structure he was trying to impose on Cuba it would seem
that it would be difficult for the Latin American governments to oppose a
resolution that urged Castro to return to the inter-American family of nations.
Castro has shown himself to be a Communist rather than a great American
revolutionary leader. President Kennedy thought it would not be likely that
Castro would return to the inter-American family and therefore action against
his regime would be easier once he had refused to break his ties with the
Sino-Soviet bloc.
President Betancourt expressed his total agreement with the President's
views.”
Los Kennedy en Venezuela
Milagros Socorro

El sábado 16 de diciembre de 1961, a las 9:16 de la mañana, aterrizó en


Maiquetía un avión a reacción, el jet Boeing (707) versión VP137A, marcado
con el número 86970, propiedad de la Casa Blanca. Procedente de Puerto
Rico, iba piloteado por el teniente coronel James Swindal, oficial de la fuerza
aérea de los Estados Unidos y veterano de la dos guerras mundiales; y, al
ingresar al espacio venezolano, fue escoltado por una escuadrilla de las
Fuerzas Aéreas Nacionales.
En la pista se encontraban el presidente de la república, Rómulo
Betancourt, su esposa, la primera dama Carmen Valverde de Betancourt, y
como una numerosa comitiva que incluía autoridades civiles, militares y
eclesiásticas. Estaban allí para recibir a John Kennedy y su esposa
Jacqueline, quienes llegaron a Venezuela en la segunda escala de un viaje
programado para dar fe del interés del gobierno norteamericano en fortalecer
vínculos con América Latina.
A partir de las 8:33 comenzó a cernirse dulcemente una garúa que, según
constató el reportero enviado por El Nacional, “era anticipo de la lluvia
cerrada que caería” cuando el notable pasajero de aquella nave pronunciara
su discurso de saludo al pueblo anfitrión.
Cuando la nave terminó de posarse, todos estiraron el cuello para ver un
mito viviente: una mujer blanca, de 32 años, que en un año había
transformado la noción de “esposa de jefe de Estado” y se había convertido
ella misma en centro de atracción y operadora política en la labor de
acarrearle simpatías a los Estados Unidos, entonces fajado en fragorosa
guerra fría con el bloque soviético.
En lo alto de la escalerilla, al lado del presidente John Kennedy, apareció
Jacqueline con un traje claro, guantes y zapatos blancos, y un pequeño
sombrero que sería motivo de polémica. Sin detenerse por la impertinencia
del clima, Betancourt y Kennedy emprendieron el protocolo que daba inicio a
la visita oficial, mientras las respectivas consortes cuchicheaban. Al término
de la agenda, -que incluyó una interpretación del himno, la revista a las
tropas y la irrupción de la pequeña María Teresa Ianneta Hernández, (de 5
años), ¡vestida de “llanera”, blusa de faralaes y falda ancha, para entregarle a
Jacqueline Kennedy unas orquídeas en una caja transparente-, todo el
mundo estaba mojado. Y la glamurosa neoyorquina no era la excepción.
–Famosa por su elegancia, -escribió Francia Natera- era inevitable que sus
vestidos atrajeran la atención de todos. El de su arribo, color rosado mamón,
dividió las opiniones de las esposas de los ministros y otros altos dignatarios.
Algunos estuvieron en desacuerdo con el peinado “Jacqueline”, una bomba
un tanto exagerada medio sujeta por un pequeño sombrerito blanco. Con
este traje mojado (cuando los paraguas aparecieron en el aeropuerto, ya Mrs.
Kennedy estaba empapada), la primera dama de los Estados Unidos saludó
a la señora Betancourt: “I’m very glad to meet you”. Y así, toda mojada, entró
en el helicóptero que la llevó a la campiña carabobeña. En el hotel Maracay,
la señora Kennedy cambió su indumentaria por un traje blanco, de shantung,
con doble falda abierta a los costados, que hizo exclamar a todo el mundo:
“Esta sí es Jacqueline”.

De Maiquetía los dignatarios pasaron a La Carlota donde, según recuerda


una nota del Museo del Transporte de Caracas, “los aguardaban cinco
helicópteros marca Sikorsky S58 verde oliva y techo blanco de la US
Marines” para llevarlos al interior del país. “A uno de esos helicópteros
subieron los presidentes Kennedy y Betancourt, ayudantes militares y civiles,
y el traductor. En otro viajaron las primeras damas Jacqueline Bouvier y
Carmen Valverde”.
Poco antes del mediodía llegaron a El Frío, estado Carabobo, donde
asistieron a la firma del primer crédito del Banco Interamericano de
Desarrollo, concedido a 48 familias. De allí volaron a La Morita, asentamiento
agrícola ubicado al sur de Turmero, estado Aragua, donde ofrecieron
discursos los dos presidentes… y Jacqueline Kennedy, quien se anotó un
resonante triunfo al ofrecer una breve alocución en español, lengua que
hablaba con fluidez, lo mismo que el francés. Terminado este acto abordaron
nuevamente los helicópteros para dirigirse a los campos de golf del hotel
Maracay en cuyas instalaciones tomaron el almuerzo.
Mientras se desarrollaba esta intensa agenda, unos periodistas escribían
las notas con la noticia de la visita de los Kennedy y otros se apostaban en
La Carlota a la espera del regreso de los importantes personajes para hacer
seguimiento informativo a su peripecia. En el grupo de La Carlota se
encontraba Francia Natera, quien era, a la sazón, una de las periodistas más
conocidas del país debido a sus crónicas, llenas de deliciosas observaciones,
y a sus audaces avances para conseguir noticias y revelaciones.
Su nota aparecería en la edición de El Nacional del domingo 17 de
diciembre, con el título de “Medio día de Jacqueline Kennedy en Caracas”.
–Con una sonrisa favorecedora que le duró de la mañana hasta la noche –
consignó Natera- , una Jacqueline Kennedy radiante pasó el día de ayer en
Caracas. La sonrisa no pudo ser borrada ni por la inoportuna lluvia del
aeropuerto de Maiquetía, ni por el calor de Maracay y ni siquiera por la
antipática actitud de los detectives del FBI, que fueron lo único desagradable
que rodeó a Mrs. Kennedy.
En las horas muertas, Francia Natera se peleó con los efectivos militares
que impedían a los periodistas venezolanos estar en la pista de aterrizaje,
mientras que se lo permitían a los norteamericanos. Naturalmente, ella
impuso su voluntad. Y se distrajo conversando con la secretaria de Prensa de
la señora Kennedy, Pamela Turnure, a quien hizo “las mismas tonterías que
le preguntaban los periodistas de todo el mundo: Sí, la señora Kennedy tiene
más secretarias, no soy la única. No, la señora Kennedy no duerme hasta
tarde. Sí, trabajamos desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la noche”.
En alarde de picardía, Francia Natera escribió que “la señorita Pamela,
una rubia muy joven y bastante agraciada, peinada a los Jacqueline y vestida
con un traje parecido a los de ella, nos contó que había conocido a Mrs.
Kennedy porque fue secretaria de su esposo en el Senado durante tres
años”. Y agregó que una joven periodista, carente de la diplomacia que
supuestamente ella sí tenía, le preguntó a Pamela Turnure que si ella
siempre se peinaba como Jacqueline Kennedy; y que “la rubia Pamela,
enrojecida, le aseguró que solo por el día de ayer”. El trasfondo de esta
anécdota, aparentemente anodina, es que se rumoreaba que Pamela
Turnure había sido amante de John Kennedy y, de hecho, había llegado al
cargo de encargada de Prensa de la primera dama sin tener experiencia en
medios. “Sin comentarios”, era su frase más usual frente a reporteros.
El largo plantón en La Carlota rindió magros frutos para Natera. “Después
de mucho rogar”, escribió, “pude retratarme junto al Lincoln negro, placa
EX915. En él entró la señora Kennedy acompañada de la señora Betancourt
después de bajar del helicóptero”.

John Kennedy cruzó Caracas en una limusina Lincoln Continental


fabricada en 1961, alargada, blindada, recubierta por un techo transparente
removible, que trajeron a bordo de uno de los tres transporte Lockheed
Hércules C130 destinados a ofrecerle soporte logístico y de personal de
apoyo a la gira presidencial. De cerca, detrás del Lincoln, iba el automóvil
especial para los agentes del Servicio Secreto y dos limusinas descapotadas
marca Cadillac Fleetwood del año 1957, especialmente fabricadas por uno de
los famosos carruajeros estadounidense. En una de ellas iba Jacqueline.
El presidente norteamericano se dirigió a la embajada de su país, que
entonces quedaba en La Floresta. Ese acontecimiento supondría la iniciación
en el oficio del periodismo de Nelson Bocaranda, quien estuvo esa tarde en la
representación diplomática.
–En la Universidad –dice Bocaranda- nos habían dado a los estudiantes
de Periodismo unos carnets de prensa para hacer las prácticas. Con ese
carnet, me fui a la Embajada de los Estados Unidos y me inscribí como
reportero de la Universidad Católica. El día que llegó Kennedy me dirigí a la
Embajada con mi carnet y una Kodak starmate, que tenía un flash enorme
con una bombillita desechable. Llegué donde estaba el presidente de los
Estados Unidos y, cuando estuve muy cerca, levanté mi cámara y le tomé
una fotografía. El fogonazo le estalló en la cara y Kennedy quedó tan
encandilado que me dio un cocotazo mientras se lamentaba: “¡Oh, boy!”.
“Sin amilanarme ni detenerme a sobarme la cabeza, seguí apuntándolo
con la cámara y obtuve una imagen de Kennedy al lado del embajador de
Puerto Rico, Teodoro Moscoso, (quien luego renunciaría a la Embajada en
Venezuela para asumir el cargo de Administrador General de Asuntos
Latinoamericanos en la Agencia de Fomento Internacional), porque los seguí
hasta el interior de la Embajada y no hubo nadie que me lo impidiera. No
podía parar. Le tomé fotos al carro del presidente, por dentro, por fuera. Todo
me parecía noticia. Esas fotos no llegaron a publicarse. Quizá porque yo no
estaba allí en representación de ningún periódico sino de asomado”.
Mientras esto ocurría, las señoras Betancourt y Kennedy estaban en el
jardín de infancia Don Simón, una institución de educación pre-escolar que el
primer gobierno democrático había fundado en la quinta La Muda, que había
pertenecido a Laureano Vallenilla Planchart, ex ministro de Relaciones
Interiores de Pérez Jiménez. En su libro Escrito de memoria, Laureanito
cuenta que, unos días después de su destitución y encontrándose ya en
París, lo llamaron para informarle que Pérez Jiménez había abandonado el
país y estaba huyendo con toda su familia rumbo a Santo Domingo. "Tenga
valor”, le aconsejaron “Su casa ha sido destruida por las turbas".
Cuatro años después del derrocamiento de Pérez Jiménez, la residencia ,
ya despojada de los lujosos muebles y las lámparas de cristal, convertida en
el escenario para recibir a Jacqueline Kennedy, quien, naturalmente, ignora la
violenta historia de la casa. Para ellas es solo la encantadora sede de una
escuela de 120 niños, provenientes en su mayoría del barrio Agua de Maíz,
que la reciben con regalos y cantando aguinaldos
-El niño Ramón López – escribió Francia natera- le ofreció un par de
alpargatas minúsculas y la niña Náyade de Brandon hizo entrega a Mrs.
Kennedy de una virgen con el niño, obra de la artesanía criolla. Con su traje
blanco, sus perlas, una pequeña pulsera con brillantes y su peinado
adornado al centro por una pequeña cinta negra, Mrs. Kennedy recibió los
obsequios de los niños.

Poco antes de su fallecimiento, ocurrido el 5 de diciembre de 2012,


entrevisté a Francia Natera. Hablamos de sus extraordinarias vivencias como
periodista y volvió a recordar la visita de Jacqueline Kennedy.
–Ella no dio rueda de prensa aquí –evocó Francia-. Pero nosotros la
seguimos todo el tiempo. En La Carlota le lancé un papelito a Carmen
Valverde por la ventanilla del carro para pedirle que me facilitara una
entrevista con Jacqueline (porque los Kennedy se hospedaron en Los
Núñez, que era la casa de los presidente de esa época). El día antes yo
había estado allí con Carmen y ella me había confesado su preocupación
porque la bañera que iban a usar los Kennedy se botaba. Era una casa vieja
y había una filtración. Me enseñó cómo había preparado el cuarto para ellos:
una cama cómoda con unas bellas sábanas y muchas flores. Carmen me
enseñó el regalo que ella y Rómulo le tenían, era un collar de perlas
extraídas en Margarita, de tres vueltas, cada cuatro dedos, digamos, tenía
una baguette que separaba las perlas. Era una pieza de alta orfebrería,
hecha por Henri Poinçot, el mejor joyero de Caracas para la época. Ese collar
está en el Museo Smithsonian, en Washington, yo lo vi allí. Siempre que veo
fotos de ellas me fijo para ver si llevaba el collar.
“Carmen me lanzó el papel de vuelta; había escrito que nos viéramos en
el kínder Don Simón. Pero, finalmente, la entrevista no se dio. La gente del
FBI lo impidió. Entonces yo escribí una nota en El Nacional, furiosa”.
Esa noche, la del sábado 16 de diciembre, los Betancourt ofrecieron una
recepción de gala para sus invitados. Margarita de Hernández Ron, esposa
del ministro de Obras Públicas, Santiago Hernández Ron, estuvo allí.
–Era más hermosa de lo que de veía en las fotos –asegura Margarita de
Hernández Ron-. Y muy alta. Conformaba conjunto muy armonioso. Esa
noche llevaba un vestido largo, blanco, suelto en la cintura, una columna de
seda. Y tenía un collar de perlas que se tocaba a cada rato. Era el regalo del
Gobierno y estaba enloquecida con el collar. No llevaba cartera. No habló con
nadie. Estaba siempre muy sonriente, pero no le dirigió la palabra a nadie,
salvo, claro está, a la señora Betancourt, a quien parecía tener mucha
simpatía.
Al día siguiente, muy temprano, salieron de Los Núñez en dirección al
aeropuerto, con una parada de pocos minutos en el Panteón Nacional para
dejar unas flores en la tumba del Libertador.
Ninguno de los dos regresaría a Venezuela.

Revista Clímax, febrero de 2013

Recuerdos de la visita de Kennedy y Jaqueline a Venezuela


Virginia Betancourt-Valverde
Durante la presidencia de mi papá, de 1959 a 1964. Viví con mi familia en
la urbanización Las Marías de El Hatillo y, después de un asalto guerrillero a
la jefatura civil de ese pueblo, en la Qta. Los Pajaritos de Los Palos Grandes.
Trabajaba como voluntaria en el Banco del Libro, hacía traducciones del
inglés, aprendía francés y disfrutaba de mis hijos aún en edad pre escolar.
Visitaba a mis padres los fines de semana en la Qta. Los Nuñez,una casa de
familia alquilada, convertida, por arte de magia, en residencia oficial del
Presidente de la República, ubicada en Altamira, cerca del restaurant
Tarzilandia. En esas ocasiones sus nietos cumplían el ritual de compartir
con su abuelo un helado de café (bien resguardado por él en una neverita
con la temperatura adecuada), sentados en el quicio del corredor grande, con
vista al jardín, de la casa de huéspedes. Después se bañaban en la pequeña
piscina y, por último, le hacían carantoñas a Gay el perro fox terrier de Don
Rómulo, ya entrado en años. Por mi lado, el ritual consistía en recoger las
revistas francesas semanales ya leídas por papá, así como el NY Times del
domingo. Cuando nos mudamos a Los Palos Grandes, hacía visitas breves a
mi mamá en el día y me acercaba en la noche cuando papá me invitaba a
ver una buena película.
Ese período presidencial fue especialmente azaroso y por ende poco
propicio para jolgorios. Cuando venía un Presidente extranjero en visita
oficial, la recepción de bienvenida tenía lugar en la Casa Amarilla. Cuando
llegaba un amigo extranjero papá lo llevaba a La Guzmania, una casona
propiedad del Ejecutivo, rodeada de corredores con helechos y muebles de
mimbre, ubicada en Macuto, cerca del Parque de las Palomas, a dos cuadras
de la mar, y le ofrecía un almuerzo de hervido de pescado comprado en Las
Quince Letras, un restaurant vecino.
Ni mi mamá, ni yo, nos involucrábamos en la organización de las visitas
oficiales de Jefes de Estado. Hubo dos excepciones: la del primer ministro
de Canadá Tureau y su esposa y la del Presidente Jhon F. Keenedy y
Jaquelyn, el 16 y 17 de diciembre de 1961. En este caso me correspondió
escoger el regalo a Jaqueline: un collar, corto y doble, de perlas que usaba
con frecuencia tal como atestiguan las fotos.
La cena ofrecida por los Betancourt el día 16, las 8 PM, por razones de
seguridad, tuvo lugar en el jardín de la Qta. Los Nuñez, cubierto con falso
piso y techado con una carpa. Papá me había dicho con antelación “Negrita,
ocúpese del menú y asegúrese que la comida sea venezolana y no francesa”.
Tuve un estire y encoja con el representante de la casa de festejos y logré
sustituir el pavo por lapa y la crema de champiñón, por una de apio. Los
dulces fueron criollos. También me responsabilicé del arreglo de la mesa
principal con flores y frutas del país, tarea asumida por Carmen Heny de
García Arocha, mi vieja amiga desde el exilio en Costa Rica. María Luisa
Zuloaga de Tovar me entregó un plato de cerámica sin hornear con el pedido
de obtener la firma de Keenedy. Así lo hice sin pensar que podrían haber sido
dos.
El 20 de diciembre de 1961 Jaqueline le envió a Doña Carmen, desde
Palm Beach, Florida, una carta manuscrita de agradecimiento por sus
atenciones durante la visita a Caracas, haciendo especial referencia al collar
de perlas y al bello mantel de encaje de la mesa del comedor adornado con
flores y frutas tropicales. En nuestros días alguien habría tomado fotos con
un celular.
Caracas, 29 de julio de 2013