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Contracepción

Por Roberto Martínez (26-Jul-1997).-

En 1968, el Papa Pablo VI publicó su encíclica más famosa, Humanae Vitae, en la


cual enfatizó la enseñanza constante de la Iglesia que señala que siempre está
intrínsecamente mal usar métodos artificiales de control natal o contracepción para
el propósito de prevenir una nueva vida.

El control artificial de la natalidad se entiende aquí como cualquier acción que


tanto antes del coito o en su término o en el desarrollo natural de sus consecuencias
tiene por objetivo, ya sea como fin o medio, hacer imposible la procreación. (ver
Humanae Vitae 14). Esto incluye la esterilización, los métodos de barrera como el
preservativo, espermicidas, el coitus interruptus, la píldora y todos los otros
métodos de contracepción artificial.

La mayoría de la gente no cae en la cuenta de que antes de 1930, todas las


denominaciones protestantes concordaban con la enseñanza de la Iglesia católica y
condenaban de manera oficial la contracepción como un acto pecaminoso.

Durante la Conferencia de Lambeth, en 1930, la Iglesia Anglicana capituló ante la


creciente presión social y anunció que a partir de entonces la contracepción sería
permitida en algunas circunstancias.

Con el tiempo, la falta de claridad en cuanto a qué circunstancias sí y cuáles no,


hizo que pronto se ampliara el uso del control artificial dentro de la Iglesia
Anglicana sin restricciones. Siguiendo su ejemplo, el resto de las denominaciones
protestantes abandonaron la enseñanza cristiana histórica contra la contracepción
y cedieron hacia las costumbres permisivas de la sociedad secular.

Hoy en día, sólo la Iglesia Católica proclama la postura cristiana tradicional en el


tema del control de la natalidad. A pesar de esto, un número cada vez mayor de
protestantes están reconociendo que la contracepción es contraria a las Sagradas
Escrituras y totalmente opuesta a la enseñanza cristiana histórica, y están
adoptando la postura católica.

La evidencia que muestra que la contracepción entra en conflicto con los mandatos
de Dios proviene de varias fuentes. La primera de ellas es la naturaleza, o en
términos más religiosos: la creación. Los actos contraceptivos son malos porque
deliberadamente violan el diseño natural hecho por Dios para la raza humana, algo
que conocemos como la ley natural. El propósito que marca la ley natural para el
acto sexual es la procreación. Esto no pretende indicar que los cónyuges no deben
disfrutar el acto conyugal. Lejos de eso. Desde el comienzo, los cristianos han
reconocido que el placer derivado del coito es una bendición de Dios, adicional a las
bendiciones del acto sexual, que tiene el propósito importante no sólo de tener
como consecuencia en ocasiones de fertilidad el que comience una nueva vida, sino
también en las ocasiones de infertilidad, fortalecer el lazo de intimidad, respeto y
amor de la pareja. Este fortalecimiento del lazo conyugal trae como resultado un
ambiente estable y armonioso, e ideal para criar a los hijos.

Cabe señalar que el placer sexual dentro del matrimonio se vuelve antinatural e
inclusive dañino cuando se utiliza de manera que intencionalmente se excluye su
propósito básico de procrear. Un acto sexual cerrado a la vida no es hacer el amor,
sino hacer el egoísmo, lo más contrario al amor.

Una segunda fuente la encontramos en la Biblia. Con frecuencia se piensa que la


contracepción es un invento moderno y que, por lo tanto, un problema que los
escritores de la Biblia no enfrentaron.

Esto es falso. El control natal no es nuevo, ha estado presente por miles de años.
Durante el imperio romano se utilizaban métodos rudimentarios como telas de
lana para absorber el esperma, venenos para fumigar el útero, amuletos, posiones,
e incluso objetos similares a los preservativos pero de materiales naturales, no de
latex.

La Biblia menciona dos formas específicas de contracepción y las condena.


 Una, el coitus interruptus, fue utilizado por Onan para no cumplir, según la
costumbre judía de antaño, con su obligación de procrear hijos para la viuda
de su hermano. "El Señor se disgustó mucho por lo que Onán hacia, y
también a él le quitó la vida". (Gen. 38:10)
 Otra, la esterilización, la cual según Deut. 23:1, excluye al hombre
esterilizado de la congregación del Señor.

Por último, el impacto social que ha tenido el uso generalizado de los métodos
artificiales se convierte en una fuente de evidencia para terminar de convencernos
de no utilizar y no fomentar el uso de los anticonceptivos. La contracepción se nos
presenta como comodidad, remedio al estrés y método práctico de planeación
familiar, pero en realidad es uno de los principales enemigos de la familia.

Pablo VI previó graves consecuencias del uso irrestrictivo del control artificial de la
natalidad. El nos advirtió que la contracepción abre un camino ancho y fácil
hacia la infidelidad conyugal y la degradación general de la moralidad.
No se requiere de mucha experiencia para saber lo débiles que somos como
humanos y para entender que los hombres, especialmente los adolescentes, que
son tan vulnerables en este momento de sus vidas, necesitan motivación para ser
fieles a la ley moral, y no debe la sociedad ofrecerles un medio tan sencillo para
eludir esta observancia querida por Dios.

También el Papa temía lo que ya vemos hoy en día, que el hombre acostumbrado a
usar anticonceptivos llegara a perder el respeto hacia la mujer y considerarla como
un mero instrumento de placer y ya no su compañera amada y respetada. Basta
revisar el contenido de las películas, los programas y algunas revistas para
constatar que la percepción de la mujer en la sociedad ya está presentando estas
consecuencias. Las mujeres se sienten cada vez más presionadas a mantenerse
bellas, vestirse con ropa entallada, enseñar el ombligo y lo que marque la moda,
porque los medios de comunicación las están educando así.

Yo, siendo padre de familia, me pregunto cómo se vestirá mi hija cuando le toque
su turno de ser adolescente, si la tendencia actual continúa. Me gustaría que la
sociedad regresara a valorar el pudor y la modestia, dos valores que nos permiten
conocer a las personas, y amarlas con respeto.