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Acerca de la Oración

Disciplina de la Oración -- Cómo se Cultiva la Oración


La oración es una dura disciplina. C.S. Lewis escribió que lo difícil de la oración disciplinada es
que "por la constitución misma de nuestras mentes en el presente. . . resulta difícil para nosotros
concentrarnos en algo que no es ni perceptible (como las patatas) ni abstracto (como los
números). Lo que es concreto, pero inmaterial, puede mantenerse enfocado sólo mediante un
penoso esfuerzo."
Disciplina de la Oración – Una Difícil Tarea
C.S. Lewis llama a la disciplina de la oración tediosa, una palabra que dudo haber utilizado jamás
en conexión con la oración, pero que añade una evaluación refrescantemente honesta de nuestro
penoso esfuerzo:
"Lo raro es que esta reticencia a la oración no está confinada a períodos de sequía.
Mientras que las oraciones de ayer estaban llenas de consuelo y exaltación, las de hoy aún
se sentirán, en cierto grado, como una carga.
"Ahora, lo inquietante no es simplemente que escatimamos y resentimos la obligación de la
oración. Lo realmente inquietante es el hecho mismo de que se encuentre en la lista de
obligaciones. . . .
"Si estuviésemos perfeccionados, la oración no sería una obligación, sería una delicia.
Algún día, por favor Dios, así será. . . .
"Hoy debo decir mis oraciones sin importar si me siento devoto o no; pero eso es sólo
como aprender la gramática si alguna vez quiero llegar a leer los poetas." 2
La oración es una disciplina difícil que debemos aprender hasta que se convierta en algo natural.
El objetivo es convertirse en personas que oran constantemente, "sin cesar" (Primera de
Tesalonicenses 5:17). Debemos aprender a orar, y para hacerlo debemos vencer ciertas fuentes
de inercia espiritual que luchan contra nosotros a nuestro alrededor.
Disciplina de la Oración -- Pensar que la Oración No Hace Ninguna Diferencia
1. Al comenzar la disciplina de la oración por primera vez, debemos abordar el problema de la
fe. David Wells llama nuestra atención sobre esto cuando escribió que la razón por la que
no oramos como debiéramos es que no creemos que la oración hará ninguna
diferencia.3 Esta es una acusación significativa, aún así, parece que hay muchos que han
llegado a esa paralizante conclusión. Pienso en mi madre. Su esposo, mi padre, fue
enviado por el hospital a la casa para morir de cáncer a una edad bastante temprana.
Algunos años después, ella me dijo que hacía años que no había orado realmente.
Recordaba que había orado y ayunado una y otra vez, y que de todos modos su esposo
murió. Dijo que no había podido orar desde su muerte, porque no creía que haría alguna
diferencia. Ella no es la única con esta crisis de fe; ella y otros como ella, necesitan ver que
la bondad y la fidelidad de Dios no pueden ser evaluadas en función de una oración no
contestada, por muy fácil que sea llegar a tal conclusión. Paradójicamente, parece que
Dios está más distante en los momentos de crisis, llamándonos al principio de caminar por
fe, y no por vista.
Disciplina de la Oración -- Pensar que Soy Auto-Suficiente
2. Una segunda clave en la disciplina de la oración es vencer la inercia del orgullo y la
acompañante actitud de autosuficiencia. Jesús dijo resueltamente: "Yo soy la vid. Y
ustedes los pámpanos. Sin mí, nada podéis hacer" (Juan 15:5). Podríamos vivir con eso
más fácilmente si hubiera dicho: "Sin mí pueden hacer algunas cosas, pero conectados
conmigo pueden hacer más cosas." Es una lección de humildad pedir por el pan de cada
día. Es una lección de humildad tener que orar cada día por sabiduría, por guía, por gracia,
por misericordia, y por paz. ¿Existe alguna manera con la que podríamos "orar por una
semana" y luego dejarnos llevar? Me parece una lección de humildad el tener que
reconocer diariamente: "Padre, soy un pecador que necesita misericordia. Soy un ser
creado, y tú eres el Creador. Dependo totalmente de tu gracia hoy para cada aliento que
tomo, para cada latido de mi corazón, y para cada necesidad material." Bien, ya oré eso
ayer, alego en mi propio corazón autosuficiente y orgulloso. ¿Necesito realmente orar hoy
por eso de nuevo? ¡La humillante respuesta es sí! Aunque pueden hacerse oraciones
rituales por adelantado con una autosuficiencia como la de los Fariseos, la disciplina de la
verdadera oración comienza cada día con un orgullo crucificado.
Disciplina de la Oración -- No Entendiendo Nuestro Derecho de Nuevo Nacimiento
3. En el tercer lugar de nuestros ejercicios en la disciplina de la oración se encuentra la
necesidad de superar nuestros sentimientos de culpa y vergüenza. Dios nos ama con un
amor perfecto e inmutable, y anhela que acudamos a Él, que le pidamos cosas, que
probemos y afirmemos sus grandes y preciosas promesas. Él nos conoce íntimamente—
nuestros pensamientos, nuestros motivos, nuestra culpa, nuestra vergüenza; y ha proveído
en Cristo para que podamos acercarnos a Él, a pesar de nuestra percibida condición.
Hebreos 4:9-15 revela a un Dios que nos invita a abandonar nuestros esfuerzos de auto-
justificación y de manejo del pecado—y a entrar en su descanso. Él nos examinará con su
palabra (un proceso no siempre cómodo, como sabemos) y nos revelará nuestra verdadera
condición espiritual. Él nos recuerda que, a pesar de nuestra condición espiritual, tenemos
un Sumo Sacerdote que simpatiza con nosotros y que vive eternamente para interceder
por aquellos que redimió. Él nos invita a entrar en su presencia, a un ambiente de gracia y
misericordia. Su invitación de acercarnos confiadamente confirma que no existe nada que
pueda impedirnos orar, excepto nuestra falta de comprensión de nuestro derecho espiritual
de nuevo nacimiento.
Disciplina de la Oración – Ahora es el Tiempo de Aprender
4. Al final, no existe un único camino para cultivarnos a aprender la disciplina de la oración.
Pero ciertamente debemos aprender. De otro modo, nos arriesgamos a toparnos con una
crisis sin haber desarrollado una adecuada capacidad de oración e intimidad con Dios. Por
supuesto, no podemos excluir la posibilidad de que Dios permita o inclusive nos envíe una
crisis para enseñarnos a orar, si no lo hemos aprendido antes (una verdad que no es fácil
de procesar por ninguno de nosotros). Y bien podría ser que Dios permita una crisis para
enseñarnos a orar como preparación para una crisis mayor más adelante. Así que, el
tiempo de revisar el medidor o de practicar el uso de un extintor es antes de que la olla se
derrame y la cocina comience a arder. El tiempo de aprender la disciplina de la oración es
antes de que nos encontremos en un conflicto espiritual mayor.