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1.

La hipótesis del silencio

Esta misma inhibición hizo que la opinión que recibía apoyo explícito pareciera más fuerte de
lo que era realmente, y la otra opinión más débil. Las observaciones realizadas en unos
contextos se extendieron a otros e incitaron a la gente a proclamar sus opiniones o
«tragárselas» y mantenerse en silencio hasta que, en un proceso en espiral, un punto de vista
llegó a dominar la escena pública y el otro desapareció de la conciencia pública al enmudecer
sus partidarios. Éste es el proceso que podemos calificar como de «espiral del silencio».

El efecto del carro ganador solía explicarse aludiendo a la voluntad general de formar parte del
bando vencedor. ¿Siempre del bando vencedor? La mayor parte de la gente probablemente no
sea tan pretenciosa. A diferencia de la elite, la mayor parte de la gente no espera obtener un
cargo o poder con la victoria. Se trata de algo más modesto: el deseo de evitar el aislamiento,
un deseo aparentemente compartido por todos nosotros. Parece que el miedo al aislamiento
es la fuerza que pone en marcha la espiral del silencio. Correr en pelotón constituye un estado
de relativa felicidad; pero si no es posible, porque no se quiere compartir públicamente una
convicción aceptada aparentemente de modo universal, al menos se puede permanecer en
silencio como segunda mejor opción, para seguir siendo tolerado por los demás.

2. Comprobación con instrumentos de investigación mediante encuestas:

Plantear la hipótesis de la existencia de este proceso implica afirmar que las personas
observan su medio social; que se fijan en lo que piensan sobre ellas y son conscientes de las
tendencias cambiantes; que registran qué opiniones están ganando terreno y cuáles van a
convertirse en dominantes. ¿Podemos probar estas afirmaciones?

3. Descubrimiento de una nueva capacidad humana: la percepción del clima de opinión:

Las personas captan intuitivamente el grado relativo de aceptación de las opiniones


contrapuestas. Ahora bien, ¿la gente adapta realmente su conducta a la fuerza o la debilidad
aparente de las distintas opciones?

Se confirma el segundo supuesto: los que confían en la victoria se


pronuncian y los perdedores tienden a callarse.

La ventaja de tener grupos habladores en nuestro bando: Los resultados de


nuestras encuestas sustentan la afirmación de que, independientemente del asunto de que se
trate y de la intensidad de la convicción, algunas personas son más propensas a hablar y otras
a quedarse calladas. Esto también sucede con grupos enteros de población. En una situación
pública, los hombres están más dispuestos a participar en una conversación sobre temas
controvertidos que las mujeres, los jóvenes más que los mayores, y los pertenecientes a
estratos sociales superiores más que los pertenecientes a estratos inferiores (tabla 5). Esto
tiene repercusiones evidentes sobre la visibilidad pública de los diversos puntos de vista. Si
una facción atrae a muchos jóvenes o a muchas personas de un alto nivel educativo,
automáticamente tiene más posibilidades de parecer la facción destinada a lograr la
aceptación general. Pero ésa es sólo la mitad de la historia. Hay un segundo factor que influye
en la disposición a manifestar la propia opinión: el acuerdo entre las convicciones propias y la
evaluación que cada uno realiza de las tendencias vigentes, del espíritu de la época, del ánimo
de los que parecen más modernos, más sensatos; o sencillamente la sensación de que la gente
«mejor» está a nuestro lado.

La lengua se suelta cuando uno se siente en armonía con el espíritu de la época:

Presumimos que el temor al aislamiento de los individuos normales pone en marcha la espiral
del silencio, y el experimento de Asch demuestra que este miedo puede ser considerable. Y
considerable tenía que ser para explicar los resultados obtenidos con el método de las
encuestas. Sólo suponiendo que la gente teme intensamente quedarse aislada podemos
explicar la enorme hazaña colectiva consistente en saber con precisión y fiabilidad qué
opiniones se están fortaleciendo y cuáles están perdiendo apoyo, y en hacerlo sin recurrir a la
ayuda de ningún instrumento de investigación demoscópica. Los seres humanos economizan la
atención que prestan a las cosas. El esfuerzo que dedican a observar el entorno parece ser un
precio menor a pagar en comparación con el riesgo de perder la estimación de los otros seres
humanos; de ser rechazados, despreciados, de estar solos.

No podemos esperar razonablemente que la gente admita conscientemente su miedo al


aislamiento si le preguntamos directamente sobre sus motivaciones en una encuesta. Sin
embargo, igual que se puede simular una situación pública en una encuesta para medir la
tendencia a expresarse públicamente o a permanecer en silencio, también se puede simular la
amenaza de aislamiento en una situación de entrevista y observar si los encuestados
reaccionan ante ella como nos haría esperar la hipótesis de una espiral del silencio.

La espiral del silencio como proceso de creación y propagación de la opinión pública

Tres significados de «público»: La interpretación de «público» demostró ser al menos tan difícil
como la de «opinión». Muchos estudiosos han discutido sobre el concepto de «público». Como
afirmaba Habermas, «el uso de "público" y de "lo público" muestra una multiplicidad de
sentidos distintos» (1962, 13). Para empezar, está la acepción legal de «público», que subraya
el aspecto etimológico de «apertura»: es lo abierto a todo el mundo –un lugar público, un
camino público, un juicio público- en cuanto distinto de la esfera privada (del latín privare),
que es algo distinguido o apartado como propio. Encontramos un segundo significado en los
conceptos de derechos públicos y poder público. En este caso, «público» denota alguna
implicación del Estado. Según este segundo uso, «público» está relacionado con los intereses
públicos como se expresa, por ejemplo, en la frase «la responsabilidad pública de los
periodistas». Esto significa que se trata de asuntos o problemas que nos atañen a todos,
relacionados con el bienestar general. Los Estados basan el uso legal de la fuerza en este
principio: el individuo ha cedido a los órganos del Estado la posibilidad de aplicar la fuerza. El
Estado tiene el monopolio del uso de la fuerza. Por último, en la expresión «opinión pública»,
«público» debe tener un significado relacionado con un tipo de adhesión a la opinión pública
crea las condiciones que impulsan a obrar a los individuos, incluso contra su voluntad.
La piel social: El tercer sentido de «público» podría caracterizarse como psicosociológico. El
individuo no vive sólo en ese espacio interior en el que piensa y siente. Su vida también está
vuelta hacia afuera, no sólo hacia las otras personas, sino también hacia la colectividad como
un todo. ¿Qué es eso que «expone» continuamente al individuo y le exige que atienda a la
dimensión social de su medio? Es el miedo al aislamiento, a la mala fama, a la impopularidad;
es la necesidad de consenso. Esto hace que la persona desee prestar atención al entorno y se
vuelva así consciente del ojo público. Los individuos corrientes siempre saben si están
expuestos a u ocultos de la visión pública, y se comportan en consecuencia. Es cierto que las
personas parecen diferir mucho en el modo en que les afecta esta conciencia. El individuo
atiende con inquietud a esta corte anónima que reparte la popularidad y la impopularidad, el
respeto y el escarnio.

el aspecto psicosociológico de «público» parece haber sido prácticamente olvidado en todas


las definiciones de este concepto formuladas en el siglo XX. Sin embargo, éste es el sentido
que la gente percibe en su sensible piel social, en su naturaleza social.

Opiniones que pueden expresarse en público sin aislarse


elementos que parecen estar relacionados con el proceso de la opinión pública y son
investigables empíricamente: 1. la capacidad humana de percibir el crecimiento o
debilitamiento de las opiniones públicas; 2. Las reacciones ante esta percepción, que impulsan
a hablar más confiadamente o a callarse; 3. el temor al aislamiento que hace que la mayor
parte de la gente tienda a someterse a la opinión ajena. Con estos tres elementos podemos
construir una definición operativa de la opinión pública: opiniones sobre temas controvertidos
que pueden expresarse en público sin aislarse. Esta definición nos va a servir de pauta inicial
para nuestras investigaciones posteriores. Hay que completar, por supuesto, esta
interpretación de la opinión pública, ya que sólo se aplica a situaciones en las que las opiniones
compiten entre ellas, cuando las nuevas ideas emergentes están encontrando aprobación o se
están desmoronando las concepciones existentes. Hay que completar la definición de la
opinión pública porque, en el terreno de las tradiciones, la moral y, sobre todo, las normas
consolidadas, las opiniones y comportamientos de la opinión pública son opiniones y
comportamientos que hay que expresar o adoptar si uno no quiere aislarse. El orden vigente
es mantenido, por una parte, por el miedo individual al aislamiento y la necesidad de
aceptación; por la otra, por la exigencia pública, que tiene el peso de la sentencia de un
tribunal, de que nos amoldemos a las opiniones y a los comportamientos establecidos.

La opinión pública como aprobación y desaprobación


Según nuestra definición, la opinión pública -se refiera al cambio o a la defensa de posiciones
establecidas y consolidadas- no está restringida a ningún tema particular. De lo que se trata es
de la aprobación o la desaprobación de opiniones y comportamientos observables
públicamente. Se trata de la aprobación o la desaprobación perceptible para el individuo. La
espiral del silencio es una reacción ante la aprobación y la desaprobación patente y visible en
el marco de constelaciones cambiantes de valores. Tampoco hay restricción respecto al tema
de quién es el portador de la opinión que hay que tener en cuenta. Desde este punto de vista,
la opinión pública no les pertenece sólo a los que sienten esa vocación o a los críticos
talentosos, al «público políticamente activo» de Habermas (1962, 117). Todos estamos
implicados.
17. Vanguardistas, herejes y disconformes: los desafiantes de la opinión
pública.
Los que no temen al aislamiento pueden cambiar la opinión pública: Ahora vamos a mirar en la
otra dirección, hacia un grupo más abigarrado: el de los que no temen al aislamiento o están
dispuestos a pagar ese precio. El concepto de la espiral del silencio reserva la posibilidad de
cambiar la sociedad a los que carecen de miedo al aislamiento o lo han superado.

No se ha elaborado ninguna tipología de las formas de relación entre el individuo y la esfera


pública. La falta de investigación empírica deja en una situación espectral al abigarrado grupo
de los que no tienen o han vencido el miedo al aislamiento. Sólo sabemos que ese grupo
impulsa la sociedad hacia el cambio, y que la espiral del silencio es útil para los que no temen
al aislamiento. La opinión pública, que para otros significa presión hacia la conformidad, es
para ellos la palanca del cambio.

Los estereotipos transmiten la opinión pública


En cierto momento, sin embargo, cuando el libro ya está bastante avanzado, el recuerdo del
significado original de la opinión pública se abre paso y añade una segunda definición a la
anticuada del primer capítulo (18): «La teoría ortodoxa sostiene que la opinión pública es un
juicio moral sobre un conjunto de hechos. La teoría que propongo afirma que, en el estado
actual de la educación, una opinión pública es primariamente una versión moralizada y
codificada de los hechos» (81-82). El carácter moral de la opinión pública -la aprobación y la
desaprobación ha conservado su lugar central. Pero Lippmann modifica la perspectiva
tradicional a la que aplica el descubrimiento que tanto le fascina: la observación de los hechos
está filtrada incluso moralmente por puntos de vista selectivos, puntos de vista guiados por
estereotipos o «códices». Se ve lo que se espera ver, y las evaluaciones morales están
canalizadas por los estereotipos, ficciones y símbolos cargados de emoción. El panorama
limitado con el que viven todas las personas constituye el tema de Lippmann. Para nosotros,
sin embargo, su mayor logro consistió en mostrar cómo se transmite y cómo se impone la
opinión pública. El estereotipo, sea negativo o positivo, es tan conciso y tan poco ambiguo que
permite a todos saber cuándo hablar y cuándo quedarse callado. Los estereotipos son
indispensables para poner en marcha los procesos de conformidad.

19. La opinión pública selecciona los temas: Niklas Luhmann


Podemos estimar la aportación de Luhmann a la comprensión de la opinión pública sin aceptar
su concepción de las funciones de ésta en el sistema social. Este autor subraya la importancia
de la estructuración de la atención, de la selección de temas, como una fase del proceso de
opinión pública, y no deja dudas sobre la relevancia de los medios de comunicación, que
asumen la tarea de seleccionar estos temas más que cualquier tribunal.

20. Conceder atención pública, privilegio del periodista.


Cuando la espiral del silencio empieza a desarrollarse en público sucede algo único. Lo que da
una fuerza irresistible al proceso es su carácter público. El elemento de la atención pública se
introduce en el proceso con máxima eficacia a través de los medios de comunicación de
masas. De hecho, los medios de comunicación encarnan la exposición pública, una
«publicidad» informe, anónima, inalcanzable e inflexible.

21. La opinión pública tiene dos fuentes: una de ellas, los medios de
comunicación.

22. El clima doble de opinión.


El «clima doble de opinión» es la diferencia entre el clima percibido por la población y el clima
representado por los medios.

23. La función de articulación: aquellos cuyo punto de vista no está


representado en los medios de comunicación están realmente mudos.
NUCLEO DURO: El núcleo duro está, en un cierto sentido, relacionado con la vanguardia, ya
que considera el aislamiento como un precio que debe pagar. A diferencia de los miembros de
la vanguardia, un núcleo duro puede dar la espalda al público, puede encerrarse
completamente cuando se encuentra en público con desconocidos, se puede encapsular como
una secta y orientarse hacia el pasado o hacia el futuro más lejano. La otra posibilidad es que
el núcleo duro crea ser simultáneamente una vanguardia. Esto lo demuestran en su disposición
a expresarse, una disposición tan intensa al menos como la de la vanguardia.

Los medios suministran a la gente las palabras y las frases que pueden utilizar para defender
un punto de vista. Si la gente no encuentra expresiones habituales, repetidas con frecuencia,
en favor de su punto de vista, cae en el silencio; se vuelve muda.

26. Hacia una teoría de la opinión pública


La mayoría silenciosa no refuta la espiral del silencio.
¿Qué teoría subyace tras el análisis de este estudio de caso? La teoría de la espiral del silencio
se apoya en el supuesto de que la sociedad -y no sólo los grupos en que los miembros se
conocen mutuamente- amenaza con el aislamiento y la exclusión a los individuos que se
desvían del consenso. Los individuos, por su parte, tienen un miedo en gran medida
subconsciente al aislamiento, probablemente determinado genéticamente. Este miedo al
aislamiento hace que la gente intente comprobar constantemente qué opiniones y modos de
comportamiento son aprobados o desaprobados en su medio, y qué opiniones y formas de
comportamiento están ganando o perdiendo fuerza. La teoría postula la existencia de un
sentido cuasiestadístico que permite realizar esas estimaciones. Los resultados de sus
estimaciones influyen en la inclinación de la gente a expresarse, así como en su
comportamiento en general. Si la gente cree que su opinión forma parte de un consenso, se
expresa con confianza en conversaciones públicas y privadas, manifestando sus convicciones
con pins y pegatinas, por ejemplo, pero también mediante la ropa que visten y otros símbolos
públicamente perceptibles. Y, a la inversa, cuando la gente se siente en minoría se vuelve
precavida y silenciosa, reforzando así la impresión de debilidad, hasta que el bando
aparentemente más débil desaparece, quedando sólo un núcleo duro que se aferra a sus
valores anteriores, o hasta que la opinión se convierte en tabú.

Es difícil verificar la teoría porque se basa en cuatro supuestos diferentes, así como en un
quinto supuesto sobre la relación entre los cuatro primeros. Los cuatro supuestos son:
1. La sociedad amenaza a los individuos desviados con el aislamiento.

2. Los individuos experimentan un continuo miedo al aislamiento.

3. Este miedo al aislamiento hace que los individuos intenten evaluar continuamente el clima
de opinión.

4. Los resultados de esta evaluación influyen en el comportamiento en público, especialmente


en la expresión pública o el ocultamiento de las opiniones.

El quinto supuesto afirma que los anteriores están relacionados entre sí, lo que proporciona
una explicación de la formación, el mantenimiento y la modificación de la opinión pública.

No cabe duda de que la amenaza de aislamiento existe y que la gente sabe qué opiniones
suponen un alto riesgo de activación de esa amenaza al ser expresadas públicamente.

Actualmente sabemos que los medios de comunicación constituyen la fuente más importante
para la observación constante que el individuo realiza del medio. Siempre que la distribución
de frecuencia de la opinión popular sobre un tema se desvía de las estimaciones de la
población sobre cómo piensa la mayoría de la gente sobre ese tema, podemos sospechar que
se deba a la influencia de los medios de comunicación. En otras palabras: los medios de
comunicación transmiten las ideas sobre las distribuciones de frecuencia (Noelle-Neumann
1989).

Por lo que sabemos, la causa de la transformación de la suma de las opiniones individuales en


opinión pública es la continua interacción entre las personas debida a su naturaleza social. La
amenaza de aislamiento, el miedo al aislamiento, la continua observación del clima de opinión
y la evaluación de la fuerza o de la debilidad relativas de los diferentes puntos de vista
determina si la gente expresa sus opiniones o permanece callada.