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AURELIO ESPINOSA POLIT, S. I.

R ector de la Universidad Católica del Ecuador y Profesor


de Lengua y Poesía Latinas en el Instituto Superior de
Hum anidades Clásicas de la misma.

LI RI CA
HORACI ANA
EN VERSO CASTELLANO

— O D A S - E P O D O S - C A N T O S E C U L A R —

E D I T O R I A L J U S , S. A. M E X I C O , 1 9 6 0
Derechos Reservados ©
por el autor

P R IM E R A E D IC IO N
Abril de 1960. 3,000 ejemplares en
Olmeca de 36 K . y 200, numerados,
en Córsican de 52 K.

E D IT O R IA L JU S , S. A.
Plaza de Abasolo No. 14,
Colonia Guerrero.
México 3, D. F.

Im prim i potest, 21 Februarii 1960.— Aloisius O rellana, S. I., Praep. VProv.


Aequat.
V icaría G eneral de la Arquidiócesis.— Q uito, 23 de Febrero de 1960.
Puede imprimirse.— fBenigno Chiriboga, S. I., Obispo Auxiliar.
HORACIO, UN LIRICO
DE HACE VEINTE SIGLOS

Al finalizar uno de los pasados cursos académicos, los


estudiantes del Instituto Superior de Humanidades Clási­
cas de la Universidad Católica del Ecuador llevaron a las
tablas una de las tragedias de Sófocles, la penúltima de
las que nos quedan, Filoctetes. Fenómeno inesperado en
un auditorio moderno: por toda la hora y media que
duró la representación, vibrando estuvo el público con
una larga ininterrumpida emoción de simpatía compade­
cida para con el gran desamparado de Lemnos, víctima
de la gratuita crueldad y de los cálculos alevosos de la
humana política. La pieza había captado el unánime in­
terés, como pudiera hacerlo el tema más actual. La re­
flexión que de labios de uno de los espectadores escuché
a la salida de la clásica exhibición fue ésta: “ ¿Y dicen
Uds. que esto se escribió hace dos mil cuatrocientos años?
¿Qué ha cambiado entonces la humanidad en más de
veinte siglos? ¿en qué ha progresado su afinación espi­
ritual? ¿qué ha descubierto de nuevo la psicología mo­
derna, si hemos visto aquí retratado al vivo y entero el
corazón humano?”
Esta misma observación se repite invariablemente al
ahondar en el estudio de cualquiera de los grandes clási-
cos de Atenas y de Roma; y éste sin duda alguna es el
secreto de su secular supervivencia, no ningún capricho
de la suerte, no la estancada inercia de una didáctica ru­
tinaria, no la antojadiza imposición de la moda (¿qué
moda dura veinte siglos?), sino la evidencia de su vita­
lidad invulnerable, de su absoluta actualidad.
En esta vitalidad actual pueden distinguirse dos aspec­
tos, la modalidad estética de la forma, y la hondura hu­
mana de la vida que aquellos autores milenarios retratan.
Para explicar la extraordinaria longevidad de estos clá­
sicos, bastaría su excelencia estética. Lo dijo Keats en el
verso primero del Endymion, que en estética reza como
enunciado dogmático:

A thing of beauty is a joy for ever.

“Una encarnación de la belleza es una alegría a per­


petuidad”. Es decir, la belleza que ha logrado encamar
en una forma sensible, cualquiera que ésta sea —revuelo
armonioso de versos o de ritmos oratorios, sinfonía acor­
dada de notas o de colores, piedra que cante o bronce que
respire— se convierte en fuente siempre manante, en ve­
nero de gozo que no se agota y al que llegan a beber todas
las generaciones.
Sí, bastara la sola vitalidad estética de aquellos viejos
poetas de un pasado muerto para dar razón de su super­
vivencia milenaria. Su canto fue belleza, y la belleza no
muere.
Pero para la explicación cabal del fenómeno que a
tantos críticos literarios intriga, debe tomarse en cuenta
también en los escritos de los siglos pretéritos su vitalidad
humana. La belleza que cantaron es la belleza de una
vida idéntica a la que hoy vivimos, a la que hoy hace
latir nuestros corazones, cuando se recogen a la propia
hondura substancial. Por eso nos cautivan, porque, en
cuanto les prestamos oído, se hacen tan nuestros como
los autores del día. Ésta es la gran verdad que muchos
ignoran, y que les hace preguntar por qué seguirán leyén­
dose autores extraños de hace veinte o treinta siglos, con
los que nada tenemos ya en común, cuando son tantos
los poetas vernáculos contemporáneos que nos cantan
nuestras intimidades familiares.
A quien tal pregunte, la respuesta es invitarle discre­
tamente a no quedar en las apariencias. En vano dicen
que todo cambia de continuo en el mundo; en realidad,
lo único que cambia es la superficie de las cosas. El co­
razón del hombre es fundamentalmente inmutable. Res­
ponde sin falla siempre a las mismas llamadas. En la
estridencia de los carteles de propaganda figuran a diario
nombres distintos y famas nacientes: hay que pulsar los
cambiantes del instante fugitivo y dar su oportunidad a
los nuevos. Es justicia. Pero al lado de esta crítica efí­
mera al acecho de toda flor recién abierta, hay otra que
sigue escrutando las viejas perennidades; y esta crítica
ha aprendido que en los ecos lentos que tienen volumen
para prolongarse por siglos, muy pronto se pierde toda
noción de distancia y de intervalos: se dice Darío como
se dice Garcilaso, se dice Tagore como se dice Goethe,
y Shakespeare como se dice Esquilo, o Dante como se dice
Homero. Los genios no tienen patria, son de todas las
patrias. Los genios no tienen edad, son de todas las eda­
des. Son la voz de la humanidad perenne, que en todas
partes y en todos tiempos se repite idéntica a sí misma.
Vitalidad estética, vitalidad humana, fundidas en una
sola inconmutable belleza, esto es lo que nos ofrece en su
poesía la antigüedad grecorromana ; y con una particular
ventaja que es forzoso reconocerle, la ventaja de las vo-

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ces antiguas, voces doradas por el tiempo, con la gracia
privativa de unos dejos indefinibles e inigualables que
nada puede compensar. ¿ Qué violín recién salido de ma­
nos del artífice tiene derecho a hacerse oír al lado de un
estradivario? Todo le habrán podido dar, menos la vibra­
ción cordial de una caja con resonancias de siglos, todo,
menos el secreto de unos sollozos que suenan a verdaderos
sollozos humanos.
El eco de una de estas voces añejas quisiera recoger
aquí, de la voz que para muchos tal vez resulta la más
familiar entre las voces antiguas, la más fácilmente cap­
tada, la voz de Horacio : Horacio, el de la indiscutida vi­
talidad estética, Horacio, el de la no menos indiscutible
vitalidad humana.

DATOS BIOGRÁFICOS

Los datos biográficos de Horacio son tan sencillos como


seguros, por constar todos en su propia obra. Vino al
mundo en la ciudad de Venusa en el extremo de Italia,
el 8 de diciembre del año 65 antes de Cristo. Su padre
era un liberto, recaudador de contribuciones y dueño de
una mísera propiedad. Pero, por humilde que fuese su
condición, este hombre admirable comprendió a tiempo
las capacidades de su hijo, y lo sacrificó todo a su edu­
cación. Lo llevó temprano a Roma, y lo puso en las aulas
de Orbilio Pupilo frecuentadas por hijos de tribunos y
senadores, haciendo él mismo de “pedagogo” de su hijo.
Uno de los rasgos más simpáticos y ennoblecedores de
Horacio, fue la filial gratitud con que, ya convertido en
personaje célebre, públicamente proclamó los méritos del
antiguo esclavo, su padre, ccel mejor de los padres” como

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se complacía en reconocer. Terminados sus cursos en Ro­
ma, pasó Horacio, como lo hacían los jóvenes pudientes,
a estudiar filosofía en Atenas. Allí es donde se encontró
con M. Junio Bruto, uno de los asesinos de César, quien
le conquistó para el ejército que, con Casio, estaba reclu­
tando para hacer frente a Octavio y Antonio. La derro­
ta de Filipos, en la que confiesa en una de sus odas el
poeta que huyó soltando su escudo, acabó con las espe­
ranzas de los republicanos, y le valió a Horacio la confis­
cación de su corta herencia en Venusa. Hubo de buscar­
se la vida en Roma de amanuense en una notaría, hasta
que, por favor de Virgilio y de Vario, fue presentado al
gran patrocinador de las letras y ministro de Augusto,
Mecenas. Éste, después de haberle tenido en prueba unos
nueve meses, lo admitió a su tertulia literaria, y llegó con
el tiempo a la estrechísima intimidad que revelan muchas
de las odas del poeta. Mecenas le regaló una finquita
en la Sabina, finca en la que Horacio hallaba sus deli­
cias, pues, aun llegado a la cumbre de la fama y de la
privanza con el mismo emperador, conservó la mayor
moderación en sus gustos y la más discreta parquedad en
sus ambiciones. Propúsole Augusto tomarlo por secreta­
rio particular, y Horacio se excusó, prefiriendo a esta pri­
vanza comprometida su propia holgura y libertad.
Lenta y parsimoniosamente fue apareciendo su produc­
ción literaria : los Epodos y las Sátiras, que vieron la luz
entre los años 35 y 30 antes de Cristo; los tres primeros
libros de las Odas, compuestos en los siete años siguientes;
las Epístolas cuyo primer libro es del año 20, y el segun­
do, parte del 19 y parte del 13. Este mismo año publicó
Horacio el cuarto libro de las Odas. El año 17 había te­
nido la gloria de ser oficialmente escogido para componer

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el Canto Secular para las grandes fiestas organizadas por
Augusto.
Falleció el 27 de noviembre del año 8 antes de Jesu­
cristo.

EL HOM BRE

Representémonos brevemente la figura que su solo


nombre evoca. Nunca ha sido Horacio un olvidado. Con
todo puede afirmarse que se le descubrió de nuevo en el
Renacimiento, y que desde entonces el aprecio y com­
prensión de su poesía ha ido intensificándose siempre más
y más. El hombre moderno se reconoce en Horacio, está
a tono con él, siente holgura en su compañía. Y es que
tiene el airoso Venusino toda la versatilidad elegante del
Jiombre de mundo, su ligereza satisfecha, su exquisita ur­
banidad, su despiadada sorna para todo lo ridículo e hin­
chado, su picardía sutil, sus ráfagas de emoción cui­
dadosamente encubierta o deliberadamente desvirtuada
cuando sin querer ha transflorado un poco; tiene sus
típicos provocativos desplantes —unos, vulgar cinismo,
otros, inofensivos alardes—, y también unas súbitas hon­
duras y delicadezas que le honran, al lado, con frecuen­
cia, de bajezas que hay que perdonarle con un suspiro.
Mezcla extraña, que tanto se ha repetido en el curso de
los siglos entre los hombres de letras, y por la que nos
resulta la lírica horaciana la orquestación de un órgano
poderoso de múltiples registros, que a ratos consuenan con
maravillosa concordia, y a ratos estallan en rudas disonan­
cias, las mismas que tantas veces destemplan la armonía
de la vida.
Ése es el hombre: un pagano de cuerpo entero. No

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ciertamente un ejemplar de paganismo repugnante y en­
cenagado a lo Ovidio o a lo M arcial; tampoco un ejem­
plar de paganismo depurado, ansioso aleteo hacia la re­
generación cristiana vislumbrada, a lo Virgilio; sino lo
que pudiéramos definir un ejemplar de paganismo nor­
mal. Se exhibe Horacio con el cándido impudor del niño
que no se da cuenta de la propia desnudez; y lo que a la
vista queda es el hombre natural, inconsciente de su ori­
ginal caída, que, sin inquietarse de nada, toma como guía
a la naturaleza pura, unas veces en lo que ostenta de más
noble, otras en lo que tiene de más rastrero.
No hay que buscar otra causa del atractivo que ha te­
nido siempre para los cultores de una franca y desapren­
siva mundanidad. Tienen en Horacio a su hombre. EÎ
neopaganismo imperante está con él a la par; nada tiene
ni que quitarle ni que añadirle, lo encuentra al día.
Los que no comulgamos ni con el paganismo de hace
dos milenios, ni con el neopaganismo actual, podemos a
pesar de ello mirar a Horacio con simpatía. No hay en
él maldad deliberada, ni perversión consciente. Al retra­
tar en sí, como queda dicho, la humanidad al natural, nos
descubre tanto lo que tiene de aprovechable para su ele­
vación al orden de la gracia, como los secretos males que
la misma gracia está llamada a curar. Esta doble ciencia
necesitamos en el mundo cristiano; y entre todos los au­
tores antiguos, ninguno tal vez nos la puede enseñar con
más eficacia y con menos inconvenientes que Horacio.
Ni sería justo decir que todo en sus odas respira hedo­
nismo satisfecho. En más de una percíbese el ahogado
gemido de la humanidad culpable que se revuelve has­
tiada y anhelante hacia una esperanza desconocida. No
es el límpido gemido virgiliano, no es su anhelo adivina­
torio y precursor, pero es gemido y es anhelo.

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Esto es, sin duda, lo que ha hecho que el Venusino
hallara gracia ante el público cristiano, y que muchos de
sus más familiares lectores y traductores hayan sido, des­
de los tiempos más antiguos, monjes, frailes y gente de
iglesia. No han dejado, naturalmente, de suscitarse escrú­
pulos, y hay que confesar que no falta materia para ellos.
Pero en vez de desahuciar al Venusino por sus peligrosas
libertades, caritativamente se aplicaron sus amigos cris­
tianos a tupir un tanto el velo demasiado tenue tendido
sobre sórdidas torpezas, y se inmunizaron de ellas embe­
biéndose, hasta olvidar todo lo demás, en la belleza puri­
ficante de la forma.
Tal fue la actitud de Fray Luis de León, en la intima
y larga familiaridad que contrajo con Horacio, hasta sor­
prender y asimilar los secretos de su arte de composición,
y connaturalizarse con su genio poético denso y sencillo,
directo y definitivo.
Ésta es también la actitud que he creído deber adop­
tar al emprender esta nueva traducción del gran lírico
latino. Traducir íntegra o casi íntegramente a Horacio,
no es solidarizarse con cuanto dice, no es aprobarlo, ni si­
quiera excusarlo. Bien se comprende que esto es imposi­
ble, no ya para un religioso, sino para cualquier cristiano
morigerado. Es sólo presentar con las posibles cautelas el
documento vivo, palpitante en la obra, para los plausibles
fines arriba indicados. Lo que se pretende al no eludir
aquellas odas que se extravían en tópicos moralmente in­
admisibles, no es evidentemente aprobar su contenido,
sino hacerlas servir de documentos reveladores del alma
pagana sumida en sus inconscientes miserias, y a la que
sólo la redención de Cristo pudo sacar de tanta abyec­
ción.
Algunas eliminaciones, sin embargo, se imponían. En

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este punto he creído justo atenerme a la norma de sere­
na objetividad estampada por Menéndez y Pelayo en su
Horacio en España: “Fuera de la justa omisión de las
dos odas In anum libidinosam, para las demás castracio­
nes no veo motivo fundado”.

EL LITER A TO Y EL POETA

Después del hombre, el literato y el poeta, es decir, el


maestro supremo de perfección artística, y el genio que,
si bien contadas veces, algunas al menos se remontó a las
etéreas regiones de la poesía pura.
En el campo estético, ha sido triunfo de la crítica del
siglo XX, y triunfo definitivo, la discriminación entre va­
lores poéticos y valores literarios. Para los modernos co­
rifeos de la crítica, la poesía no es, como se había acos­
tumbrado considerar, una rama de la literatura. Es un
arte independiente. Su relación con la literatura no es
mucho más que la de la pintura con la escultura o con
la música. Está en el orden de las bellas letras y tiene
por elemento material común la palabra, pero eso es todo ;
su inspiración formal y el modo como operan las poten­
cias en su producción son enteramente distintos. En esta
discriminación nada tienen que ver prosa ni verso: hay
versos que son mera literatura, y prosas que son limpia
poesía; nada tampoco que constituya categorías fijas de
valores: la poesía no es necesariamente más valiosa que
la literatura, no es un grado supremo de belleza literaria.
Pueden darse piezas literarias de más valor que genuinas
poesías. La distinción, dicen, está en las esencias. ·
Pero para precaver toda confusión, advirtamos cuida­
dosamente que esta distinción de esencias entre poesía

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y literatura se propugna exclusivamente en el campo es­
tético, no en el de la vitalidad humana de las obras.
Entre las que perduran milenarias por este segundo con­
cepto, se registran con igual derecho obras de poesía y
obras de literatura, Tucídides al lado de Homero, Cice­
rón al lado de Virgilio.
Por cierto que Horacio se adelantó a este descubri­
miento novísimo de la estética moderna, con el que por
fin ha puesto barreras y lindes que ya no se discuten entre
literatura y poesía. Sus Sátiras y aun sus Epístolas son
para él “literatura” y aunque en ellas dejó a la continua
el sello desafiante de lo acabado e intangible, no se pro­
metió por ellas la inmortalidad. Tuvo en cambio concien­
cia tan clara del valor trascendente de su “poesía”, que
olvidado de toda discreción y mesura, afrontando el posi­
ble ridículo de quien se da por sublime, cantó con erguida
convicción profética la perennidad de su gloria:

Puse cima a mi excelso monumento,


bronce y roca inmortales . .
¡No muero todo y o !. ..

Esta inmortalidad se la prometió a sí mismo,

mientras con la Vestal, muda doncella,


el Pontífice suba al Capitolio.

No concebía Horacio perennidad mayor que la del


romano imperio, cuya plegaria oficial tuvo él la honra
suprema de componer en el Canto secular. No pudo ima­
ginar que su propia gloria de poeta lírico se prolongaría
inmensamente más que la hegemonía mundial de Roma,
y que seguiría él irguiéndose como figura dominante en
el panorama de la lírica universal, cuando el Capitolio

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estuviese reducido a ruinas sobre las que van pasando
los siglos. . .
No fue presunción de Horacio sentirse y llamarse poe­
ta. No son muchas, es verdad, las odas en que alcanzó
la cima suprema; pero no se debe olvidar que basta ha­
ber subido a esta cima una sola vez para no ser como
los otros hombres, para poder exclamar sin locura:

sublimi feriam sidera vertice. . .


¡las estrellas del cielo tocaré con la frente!

Ni debe olvidarse tampoco que la poesía pura es tan


preciosa como los diamantes, de los que avaramente se
recogen hasta las mínimas partículas. Si diamantes maci­
zos de odas enteras de poesía pura son contados en Hora­
cio, en cambio por toda su obra está regado polvo de
diamante: versos sueltos o hemistiquios maravillosos, a
veces menos aún: palabras solitarias —un epíteto, un
verbo—, chispazos súbitos, estrellas fugaces que rasgan la
negrura de la noche, pepitas de oro que al soslayo reful­
gen en la arena junto a la corriente fugaz, revelando al
poeta.
Y si no siempre está en acción la genuina pujanza su-
blimadora —como no lo puede estar de continuo en nin­
gún poeta jamás—, nunca al menos falta en Horacio la
exquisita vigilancia del artista de raza, que no sufre en
sí mismo imperfección alguna, y que se afana siempre por
algo en que se revele su impronta inconfundible. ¿Será
fácil encontrar en la literatura de ningún país quien en
esta pulcritud sostenida supere a Horacio, quien le iguale
siquiera? ¿quien tan constantemente ofrezca el tipo de
verso calificado por T. E. Page de “anillo de brillantes
que refulge sobre el dedo del tiempo” ?

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EL CANTOR DE LA M U ERTE

Pero queda una duda que interesa dilucidar cuanto sea


posible. Esta excepcional factura que campea en las odas
horacianas ¿es de orden literario o de orden poético?
Cierta temporada en que estuve más especialmente pre­
ocupado con la insoluble cuestión de la naturaleza de la
poesía, de su esencia íntima, persuadido de que nada se
adelantaba con disquisiciones metafísicas ni ilusorios em­
peños de objetividad, y de que en poesía, antes que ana­
lizar, lo único que vale es catar, quise hacer un sondeo
práctico en las Odas de Horacio, estudiándolas exclusi­
vamente desde este punto de vista: cuáles eran literatu­
ra y cuáles poesía, y entre las que quedaban calificadas
de poesía, a cuánto llegaban los respectivos quilates de
excelencia lírica. El resultado fue un descubrimiento sin­
gular. Las mejores odas, las que se destacaban entre to­
das como evidentes preseas de poesía genuina, no eran las
grandes odas políticas y patrióticas, no era el noble con­
junto de odas morales que encabezan el Libro III, no
eran las célebres odas eróticas tan citadas y tan saborea­
das; eran las graves odas de la muerte.
¿Podía ser esto casual? —La gran poesía nunca es ca­
sual. Parecerán a veces casuales el momento y la forma
en que brota; pero nunca brotará sino de los tesoros de
la íntima hondura, mediante un sacudimiento del alma,
y un sacudimiento que la comprometa toda. Si las odas
de la muerte son las grandes odas de Horacio, es porque
para él la muerte era preocupación trascendental. No
preocupación morbosa que le absorbiera y desquiciara,
no monoidea omnipresente. Al contrario, las odas de la
muerte son más bien excepción, ocho entre más de ciento

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veinte. Recuerdos esporádicos en medio de un febril go­
zar de la vida, en medio de cantos al amor y al vino, o
de entusiastas himnos patrióticos, o de engoladas odas
morales. Pero en los raros momentos en que la agitación
de la vida se detenía para una mirada furtiva al secreto
interior, ¡cómo le traicionaba el corazón! Lo mismo que
en tantos poetas románticos, modernistas o existencialis-
tas, en el corazón estaba al acecho la muerte.
De las ocho odas que le dedica Horacio, cinco sobrevi­
ven inmortales. ¡ La muerte inmortal ! . . . cruel parado­
ja, pero como tantas paradojas, tan verdadera.
Al igual que otros, también Horacio se esforzó por ex­
pulsar, por acallar y ahogar hasta el recuerdo de la In­
trusa, pero cada vez que ésta lograba introducirse y ha­
cer sentir su presencia invisible, arrancó al lírico romano
acentos que no mueren.
Si para todo hombre que siente y goza la vida es tan
amargo el recuerdo de la muerte, ¿cómo no lo había de
ser para el epicúreo regalado, tan fino catador de todo
humano placer? Por más que quiera simular serenidad,
en cuanto roza el tema doloroso, se adivina en sus labios
lo trágico de una forzada sonrisa. Allí están las dos bre­
ves estrofas de la oda a Leucónoe.

¿Quién era Leucónoe? Duele pensar que fuera una


de tantas con Glícera, Lidia, Barina, Asterie, Filis o Cloe.
En todo caso era más delicada y sincera, y Horacio le
habla en otro tono que a las demás :

N o, no inquieras lo vedado. .. no, ni cabala ni agüero


por saber qué fin los dioses, oh Leucónoe, nos darán,
si nos guardan larga vida, o este invierno es el postrero
que al Tirreno contemplamos en las rocas estallar.

19
Hay que estar a lo que venga. . . Sé juiciosa, filtra el vino;
corta el vuelo a la esperanza, pues la vida es tan fugaz:
mientras juntos conversamos, ya el minuto huyó mezquino. . .
goza el día de hoy: ¡quién sabe si mañana otro tendrás!

El metro lánguido, sinuoso, nos va envolviendo en sus


espiras, y nos obliga a leer los versos en voz baja. Indu­
dablemente es la confidencia hecha entre caricias en una
cita nocturna, a media voz. Leucónoe está inquieta, no
sufre su amoroso sobresalto; ha querido consultar a los
adivinos, y Horacio le dice: “No, no hagas eso, no se
p u e d e .. . y tampoco vale”. Pónese luego a inculcarle
suavemente sus filosofías en un lenguaje elevado que la
pobre Leucónoe no entiende muy claramente, pero que
sin duda le parece muy hermoso. Y al ver cómo se le queda
ella mirando suspensa, maravillada, vuelve a la humilde
llaneza que puede comprender la joven, y deja caer la
gran lección de la muerte: “ ¿Para qué tan larga esperan­
za, si el estadio en que se corre la vida es tan diminuto?
¿No lo crees así?” —Sonríe tristemente, y le da la prue­
ba inmediata: “El mismo ratito que hemos estado ha­
blando, ya se nos fue. . . ” Y termina con el melancólico
consejo : carpe diem . ..

goza el día de hoy: ¡ quién sabe si mañana otro tendrás!. ..

No es más la oda a Leucónoe, pero puede uno releer­


la tres y cuatro veces seguidas sin hastío, con una impre­
sión cada vez más honda, cada vez más sumisa ante la
callada angustia de la incertidumbre. Porque ¿habrá pa­
ra el hombre cosa que más íntimamente le humille y las­
time que esta impotencia para descifrar el porvenir en
punto que tanto le importa? Pero n o . . . T u ne quaesie­
ris . . . no trates de averiguar. . . no se puede. . . no se

20
saca n ad a .. . incierta es, e incierta seguirá siendo, a des­
pecho de todos nuestros empeños, la hora prefijada para
la llegada de la m uerte. . .

Esta incertidumbre carcome a Horacio; espina clava­


da en el corazón, el rato menos pensado se le hunde arran­
cándole súbito grito de dolor. Uno de estos sobresaltos
repentinos ha quedado inmortalizado en la célebre oda
IV del Libro I, Solvitur acris hiems, a Sestio.
Las tres primeras estrofas son una descripción encan­
tadora de la primavera, la estación risueña que viene ha­
ciendo sonar las llaves con que se llega a abrir la cárcel
en que ha encerrado el invierno a los rebaños en el esta­
blo y al labrador junto al hogar. Es un canto de libe­
ración, fresco derroche de viveza y de gracia que relum­
bra en la nitidez verbal y en la sagacidad de selección,
tanto de los rasgos descriptivos, como del ritmo y de los
vocablos cantarines.

Templan al crudo invierno los céfiros vernales,


y las enjutas quillas son haladas al mar;
ya no escarcha en los prados, ya ni los recentales
paran en el aprisco, ni al rescoldo el gañán.

Danzando en pos de Venus al fulgor de la luna


Ninfas y Gracias bellas mueven el ágil pie;
y Vulcano a sus Cíclopes afanoso importuna
porque aviven las fraguas y relumbre el taller.

Venga ya a orlar el mirto la lucia cabellera


o la flor que mullido brinda el suelo en abril,
y que en el bosque a Fauno se inmole una cordera
o tal vez un cabrito, si lo prefiere así.

21
Y mientras está el poeta preparando, despreocupado y
festivo, la alegre jira campestre, de repente, sin transición,
sin anuncio previo, sin nada que pudiese hacer sospe­
char el turbión, sin dar lugar ni a volver la cabeza a ver
de dónde llega el estruendo, cae a plomo el golpe brutal :

Pallida Mors aequo pulsat pede pauperum tabernas


regumque turres. . .

Bate la M uerte pálida con pie de igual pujanza


las torres de los reyes y el rancho del pastor. ..

Estos dos versos son de lo grande que se ha escrito en


la literatura universal. Todas las imitaciones que se han
ensayado resultan incoloras al lado del original, aun la
célebre de Malherbes que citan todas las antologías fran­
cesas :

Le pauvre en sa cabane où le chaume le couvre


Est sujet à ses lois,
E t le garde qui veille aux barrières du Louvre
N ’en défend point nos rois.

Importante, por cierto, esta guardia velando a las ver­


jas del Louvre e incapaz de detener el paso de la muerte
que viene en busca del rey. Rasgo impresionante y po­
tente, pero descriptivo. Los dos versos de Horacio tie­
nen toda la enérgica imposición de la poesía gnómica, que
en una breve sentencia define un punto esencial de la
vida humana, y lo caracteriza y lo graba a fuego y lo clava
en el corazón como dardo temblador. Lo que hace entrar
el poeta en nosotros no es la idea, no es ni siquiera la vi­
sión, sino la realidad de la muerte. Nos la echa ma­
terialmente encima. Y la muerte en cuanto horrible:
Pallida mors, lívido espectro que pone término arreba-

22
tftdo a todo regocijo ; la muerte en cuanto inexorablemen­
te igualitaria, que lo mismo derriba el portón real que la
mísera tranquera de una cabaña ; la muerte en cuanto re­
pentina y totalmente inesperada. Esto último no lo dice
ninguna palabra del texto, lo dice la falta de transición
con la descripción anterior —decir las cosas sin decirlas,
precisamente por no decirlas: procedimiento familiar a
Horacio— . La escena se reconstruye de por sí. Estaba
el poeta, como nos lo dijeron las primeras estrofas, pre­
parando la fiesta primaveral. En esto oye unos pasos
que se acercan, indicados en la aliteración de la letra p.
De súbito siente hundirse violentamente la puerta con la
patada que le da el sorpresivo fantasma, y éste hace su
pálida aparición, sin tener que anunciarse ni decir a qué
viene. Ya lo sabe todo mortal, viene a intimar el fin.
Con admirable libertad de procedimiento, con delibe­
rada restricción, tan de su genio poético, Horacio nada
pondera, nada recalca, nada deja traslucir de la emoción
con que mira el verso maravilloso que le ha brotado (por­
que versos como éste sólo nacen por brote espontáneo ).
Llana y al parecer serenamente sigue hablando con el
amigo a quien dedica la oda: “Sestio dichoso, breve su­
ma es la vida, y no nos permite empezar una larga es­
peranza” . . .

O beate Sesti,
vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam. . .

Pero bajo esta aparente serenidad, qué temblor en la


voz. Las lentas sílabas de este verso, también inolvida­
ble, se graban en el corazón; cada una de las palabras,
sin necesidad de analizarse, se siente directamente por su
verdad, por su hondura vital. Sí, pensamos, ¿qué otra

23
I

cosa es la vida que una adición de días, en que la cuenta


de los sumandos bien pronto se acaba? ¿qué es sino una
sola esperanza larga, a la que nuestra ilusión no ve tér­
mino y que en cualquier edad está dispuesta a reanudar,
como si se pudiese vivir dos veces, como si se dejase reanu­
dar hilo tan quebradizo?
Horacio, no se sabe si en tono sentencioso, o dolorido,
o con una sonrisa indescifrable de suave ironía, de disimu­
lada tristeza, como de quien sabe que tiene que tomar
para sí mismo el aviso que da al amigo, concluye en es­
trofa y media:

¿Para tan corta vida tan larga la esperanza?


N o. . . Ya llegan la noche, los Manes y Plutón,

y su morada ¡ay Sestio! de estrechos calabozos,


donde nunca los dados te harán rey del festín,
ni has de mirarte en Lícidas que hoy amartela a mozos,
y a doncellas mañana con su encanto sutil.

La hondura humana de estos últimos versos es bien


difícil de agotar. ¡ Qué disimulado estremecimiento ante
esta noche que tan repentinamente cae sobre el incauto
disfrute de la vida, y ante la lobreguez y el misterio, las
estrecheces y hosquedad que se vislumbran en la casa
de los muertos ! Allí se acabaron fiestas y se acabaron amo­
res, cosa que tan locamente olvidan los que en ellos viven
entretenidos y felices...
Cuando, terminada la oda, vuelve uno instintivamente
al principio para releerla y tomar conciencia de todo lo
que con ella se ha removido en el alma, hieren la fres­
cura y ligereza de la descripción primaveral con que co­
mienza, que, leída sin prevención, sonaba tan linda, y que,
después de la aparición de la muerte, parece lazo traidor.

24
¿ Por qué nos engañará así la vida haciendo que nos crea­
mos retoños exuberantes como la naturaleza? ¿por qué
nos convida a volver a empezar perpetuamente esa larga
esperanza que no se podrá cumplir? Sí, vivimos engaña­
dos; pero cuanto nos rodea contribuye a hacer, no sólo
posible, no sólo natural, sino casi inevitable el engaño...
Doliente perspectiva que se cierne sobre todas las ilusio­
nes. Todo, como lo dirá en la oda a Torcuato, todo acaba
en sombra y en polvo. Y esto es inevitable, es el término
común, al que se llega por todos los caminos.
i

Éste es el aspecto nuevo que pone de resalte la oda a


Delio que en tono tan suave y reposado, sin estridencias,
sin tragedias dice cosas tan tristes. Empieza la oda en el
tono de la poesía gnómica, la más tenue y desvaída, pero
el cuarto verso de la estrofa primera es súbito aletazo
que la levanta a conmovedor lirismo, una vez más al solo
recuerdo de la muerte.
/
Cuida de conservar serena el alma
si te agobia el dolor, y si feliz,
contén las locas alegrías, Delio:
Un día has de morir. . .

Insiste primero el poeta en la universalidad de esta sen­


tencia, la misma para el desventurado que para el di­
choso, y se detiene en este último, pintándolo en una
fiesta campestre, en la tranquilidad de un rincón som­
breado, a mano un ánfora de falerno de lo fino. ¿Por
qué, comenta Horacio, no se habría de gozar de esta man­
sa felicidad? ¿Para qué toda esta belleza que nos rodea,
en sí embelesadora, sino para gozarla? Tan claramente
habla de dicha y de sana alegría que no cabe sino ponerse

25
a tono con ella. ¡ Pronto ! ¡ vino, perfume, flores !, al me­
nos —añade con una sonrisa apenas velada por el miedo
o la pena— al menos mientras nos lo permiten las tres
negras hilanderas.
¿Cómo se han asomado a su recuerdo? ¿quién ha lla­
mado a la muerte a perturbar la fiesta? Nadie; ella sola
se ha venido, y al caer la sombra de las Parcas sobre el
alma de Horacio, la visión de la fiesta se esfuma, los ojos
se pierden en lontananza, como viendo asomarse ya el
día fatal. “Vendrá la muerte, dice a Delio, y tendrás que
ir con ella, tendrás que abandonar tus inmensas posesio­
nes, esos lotes de haciendas, penosamente compradas y
acopladas hasta formar enormes latifundios, tu orgullo,
y tendrás que dejar la casa de Roma, y la villa en la cam­
paña romana, la villa a la vera del Tiber familiar y todas
las maravillas amontonadas, casi una sobre otra, en aque­
llas lujosas viviendas.. . Todo irá a parar a manos de
un nuevo dueño; y esto sin apelación de -nobleza, ni de
linaje, ni de poderío”.
La sentencia es inapelable: Omnes eoáem cogimur.
“ ¡Nos llevan, nos empujan, nos arrastran ineludiblemen­
te a todos ! Hay una urna fatal, no falta en ella el nom­
bre de ninguno. La única diferencia es la posibilidad de
que el nombre salga sorteado antes o después ; pero al fin
ha de salir, y cuando salga, será para embarcarnos en la
barca de Caronte, la barca de los muertos, camino al eter­
no destierro” : Nos in aeternum exsilium im positura cum­
bae, la misma barca en que pensaba el gran dolorido cuyos
versos están en todos los labios :

Mas hay también ¡oh tierra! un día. . . un día. . . un d ia .. .


en que levamos anclas para jamás volver. . .
un dia en que discurren vientos ineluctables.. .
¡un día en que ya nadie nos puede retener!. . .

26
A veinte siglos de distancia el mismo contenido espan­
to, más líricamente trágico en Barba Jacob, más mesura­
damente recatado en Horacio, pero igualmente hondo en
sus cadencias tristes, en sus sonidos lúgubres, en su am­
biente de exequias anticipadas. La muerte está en aque­
llas estrofas ; la muerte tal cual es, desconocida, vagamen­
te angustiosa, trago amargo que habitualmente eludimos
con la despreocupación, como si bastara volver el rostro
y no mirarla para suprimirla. Suavemente nos la impone
el poeta. H a evitado toda exageración, todo falseamien­
to o desenfoque, para quitarnos todo pretexto de rechazo
o de burla. No podemos echarle fuera como a predicador
importuno, no podemos tomarle a broma. Para cortar
toda sonrisa cáustica, él es el primero en sonreír triste­
mente con la sentencia que anuncia y que toma como
propia.

Con la misma detención que las odas a Leucónoe y a


Sestio y esta oda a Delio, pudiera estudiarse la oda a Pos­
tumo, la que más pierde en cualquier traducción por la
imposibilidad material de trasladar al castellano el efec­
to opresor, como de doble de campanas funerales de los
gerundios latinos, que tan duramente recalcan lo inelu­
dible de la sentencia de muerte y de despojo universal
que pesa sobre la humanidad.
¡Qué fin tan triste, pondera calladamente Horacio,
para cosa tan hermosa como es la vida ! ¿ Y después?. . .
¿ qué es lo que nos espera en el más allá? A esta pregun­
ta, la pregunta trascendental, no tenía el paganismo nin­
guna respuesta seria que dar. Un día que, paseando en
su huerto, casi se vio aplastado por un árbol que repen­
tinamente se desplomó, Horacio, tembloroso todavía por

27
la ráfaga de muerte que había sentido pasar junto a sí,
exclamaba :

¡Q ué a punto estuve de ir con Proserpina,


con el juez del Elisio!. . . ¡y casi veo
a Safo que a sus lésbicas doncellas
con eolios gemidos incrimina,
y a ti con tu áureo plectro, noble Alceo,
que entonas más enérgicas querellas.

Pero ¿qué sentido o qué valor cabía dar a toda esta


mitología insulsa, necia palabrería en la que un hombre
como Horacio, ni ningún hombre sensato, podía creer?
Sabía muy bien el acongojado poeta que lo que le espe­
raba en la otra vida no eran recitales de Safo ni de Alceo.
Pero qué otra cosa fuese, no sabía; y en la amarga igno­
rancia de la realidad, se atenía a la despechada confe­
sión de la oda a Torcuato:

Nosotros, al bajar
adonde están Eneas, Tulio y Anco, ¿qué somos?
¡Polvo y sombra no más!

El paganismo precristiano se detuvo espantado y do­


lorido ante el tétrico interrogante de la negra puerta que
se abre hacia el abismo inexplorado. Y el paganismo post­
cristiano de nuestros días —agnosticismo ciego o raciona­
lismo despreciador de verdades reveladas— se castiga a
sí mismo con la angustia existencial, la más desgarradora
de las angustias, la del ciego que no lo es ni de naci­
miento, ni por desgracia casual, sino por haberse arran­
cado voluntariamente los ojos. Con esta angustia existen­
cial, que constituye la última moda filosófica, están ente­
ramente a tono las odas horacianas de la muerte en la

28
denuncia implacable que hacen, bajo su moderación apa­
rente, del vacío inmenso de la vida, de esta vida sobre la
que no tenemos ningún derecho adquirido, y de la que
gozamos como de un bien precario, sin saber cuánto tiem­
po nos ha de durar.
Para el paganismo decadente que presentía su ocaso,
esta angustia callada de las odas a Leucónoe, a Sestio,
a Delio, a Postumo, eran la última palabra : y a quien se
dejaba invadir de su tremenda potencia de sugestión, no
le quedaba sino cubrirse la cabeza con la toga, como Cé­
sar en los Idus de Marzo, y esperar sin verlo venir el
golpe fatal. Para el neopaganismo que, insidioso, vuelve
a invadir el mundo, son otra vez la última palabra, pues
no sabemos de poeta moderno descreído que haya dicho
ni más bello, ni más hondo, ni más triste que Horacio.

EL TRA D U C TO R ANTE H O RA CIO

Incontables generaciones han gozado la humanidad y


el humanismo de Horacio en el mismo hontanar del ori­
ginal latino, cuyo intrínseco valor, aun el meramente lin­
güístico, es tanto, que ha podido decir el insigne scholar
inglés J. W. Mackail que la sola ilusión de llegar a leer
a Horacio en su propio texto sería razón suficiente para
aprender latín.1
Pero como al fin no puede ser de todos este empeño,
ha sido necesario buscar substitutivos que den alguna idea
al menos del original. Numerosísimas son, pues, las ver­
siones de Horacio que se han ensayado en todas las len­
guas en beneficio de quienes, sin poder llegar al propio
manantial de la poesía horaciana, buscan en canales de-
1 T h e Odes Horace. Classical Studies, 1925, p. 144.

29
rivados lo que pueden conservar de ella laboriosos ensa­
yos para transvasarla. Comparado con otros idiomas, el
castellano es relativamente pobre en traducciones de los
clásicos de Grecia y Roma; mas dentro de esta general
escasez el autor menos mal librado es sin duda alguna
Horacio.
No es del caso intentar de nuevo la enumeración y va­
loración de las principales versiones españolas del gran
lírico latino, entre las que conserva puesto de honor apar­
te la de Fray Luis de León, por haberse dado en ella el
caso ideal en los traslados poéticos, en que se verifica la
conjunción de dos genuinos poetas, hechos el uno para el
otro, el vate original y el traductor.
Sólo haré alusión aquí, para rendirles cariñoso home­
naje, a dos traducciones a verso castellano recientes: la
del Maestro Ismael Enrique Arciniegas, publicada por el
instituto Caro y Cuervo de Bogotá en 1950, y la de don
Bonifacio Chamorro, de la Universidad de Madrid, Bi­
bliotecario de la Real Academia Española, editada por el
Instituto Antonio de Nebrija en 1951.
Conocí una y otra versión antes que llegaran a las pren­
sas, cuando oda por oda se iban elaborando, y fueron ob­
jeto, sobre todo la de Arciniegas, de larga corresponden­
cia y amistosas discusiones con sus autores. En el estu­
dio que, como presentación de las versiones de Arcinie­
gas, escribí en 1936, aquilatando su meritísima labor, hice
referencia a un hecho estético digno de la más cuida­
dosa atención, hecho que vale la pena volver a conside­
rar en este prólogo, a saber, el “de hallarse fundidas en
las odas Horacianas cualidades entre sí poco menos que
contradictorias, que sólo pudo amalgamar un genio como
Horacio, y en una lengua como la lengua latina5’. Y ob­
servaba lo que entonces me pareció y todavía me parece

30
consecuencia inevitable de este fenómeno, tan fácil de
comprobar como imposible de remediar, esto es, que “de
estas cualidades, cada traductor asimila la que más o las
que más le agradan, y éstas traslada a su traducción, sa­
crificando las otras. El uno cree sentir lo más típico de
Horacio en su no igualada concisión, lucha por reflejar
a todo trance esta concisión suprema, pero, si lo logra,
será a costa de la soltura y armonía con las que va acom­
pañada la concisión en el modelo. Otro dará importan­
cia capital a la suavidad, holgura y naturalidad del ritmo,
y atinará tal vez a reproducirlas, pero será, casi siempre,
sacrificando la concisión acerada, o si no, la integridad
comprimida de las ideas. Hay traducciones fieles, melo­
diosas; pero de las que la hondura de afecto, tan íntimo
y misterioso de muchas de las odas, se ha desvanecido; o
si ha logrado conservarse, ha tomado un dejo romántico
anacrónico, con que pierde el toque de rudeza romana
que era precisamente el que le daba la consistencia nece­
saria para poder cruzar los siglos.. . ” En síntesis, ningu­
na traducción de Horacio nos da Horacio como es, lo que
pudiéramos decir el Horacio total.
De las tres hipótesis consideradas en esta cita: conci­
sión a costa de la suavidad, suavidad a costa de la con­
cisión, modernización a costa del romanismo, la que afec­
ta al poeta colombiano es la tercera: Arciniegas es siem­
pre suelto y claro, es en grado notable melodioso, pero se
toma grandes libertades con el texto, y en sus versiones lo
concentrado del sentimiento horaciano unas veces se di­
sipa, y otras se vuelve romántico, se edulcora, se enmo­
llece.
La que afecta a Chamorro es la segunda: como na­
die ha sentido él la suavidad de la intimidad del Venusi­
no, como nadie ha empapado de esta suavidad, de este

31
dejo casero, sus versiones fluidas, transparentes, fáciles
con aquella difícil facilidad —lo más inimitable del arte.
En cambio, y en razón sin duda del mismo primor de
labor tan delicada, no es tan conspicuo en ella el vigor
horaciano, hecho de predominio sintético ideológico y
verbal.
La hipótesis que seguramente me afecta a mí es la pri­
mera. Confieso que he considerado este predominio sin­
tético como lo más horaciano de Horacio, lo que menos
se puede sacrificar en él. Horacios castellanos en que, por
no omitir matiz alguno del original, se extiende la versión
de cada tetrástico latino a seis u ocho versos, como es ha­
bitual en Pagaza, pueden ser muy lindos y armoniosos,
pero no son Horacio. Me propuse, pues, traducirlo ver­
so por verso.
Las 119 piezas líricas, descontando los dos epodos su­
primidos, dan 3687 versos latinos, los que están traslada­
dos a 3687 versos castellanos. Sobre pensado me im­
puse esta ley draconiana de la traducción verso por verso,
y para atenerme a ella hube de rehacer versiones que te­
nía hechas anteriormente. Más de una vez vacilé, reco­
nociendo que hay algunas odas de un dejo suave e insi­
nuante y hasta mimoso (como la citada oda a Leucónoe
o la célebre reconciliación con Lidia), que para conser­
var aquel dejo requerirían más libertad y amplitud en
castellano; que hay expresiones latinas cuya concentrada
energía se desvirtúa en la correspondiente expresión espa­
ñola, si ésta no se refuerza y amplifica. Con todo preferí
atenerme a la ley a que me había ceñido, por haber com­
probado la virtud inspiradora de este círculo de hierro,
que, estorboso algunas veces — ¿por qué negarlo?—, las
más es francamente benéfico, y da, como interpretación,
la única que conserva el “tono” horaciano.

32
Que esto no haya de satisfacer a todos, lo doy por des­
contado : ningún traductor de Horacio ha satisfecho a to­
dos, ninguno podrá lograrlo jamás, porque ninguno puede
hacer otra cosa que reflejar una sola, o unas pocas, de las
múltiples facetas del inimitable lírico latino.
Lo que esta versión mía intenta es : primeramente, apu­
rar cuanto es posible el sentido exacto del texto original
tantas veces tergiversado o eludido ; y luego, hacer vislum­
brar los que es en sí la pujanza de esta lírica deliberada­
mente sucinta, que procede por síntesis casi continuas, y
en la que —fenómeno extraordinario— lo que pudiera
denominarse “unidad estética de medida” no es (como
en tantos líricos vernáculos) la estrofa>ni siquiera (como
se reputa por normal) el verso, sino la palabra. Procu­
rar hacer ver en castellano qué efecto tan sorprendente
produce una poesía que, en vez de fluir risueña y des­
preocupada, arrastrando al lector distraído en su ritmo
halagador, le obliga a una lectura concentrada en que se
detenga a dar valor a cada palabra de por sí, porque cada
una confiere algo concreto a la síntesis emocional : tal ha
sido mi ilusión, y harto será si en algunas piezas al menos
lo haya conseguido, o cuando sólo fuese en algunos versos
sueltos.
Persuadido estoy de que no poco ganaría la poesía cas­
tellana con un afán similar de ceñidura artística, con un
empeño mayor por lograr síntesis medulares. Es en todo
caso una de las tendencias más conspicuas de las escue­
las modernas, que en busca de una mayor pureza lírica,
vuelven, sin saberlo seguramente, a las normas estéticas
del horacianismo vital y constrictor.
Faetonte, cuentan las Metamorfosis de Ovidio, por em­
peñarse locamente en regir la irresistible cuadriga solar

33
de Apolo, hubo de ser fulminado en medio cielo. Su epi­
tafio elogioso decía:

. . .magnis tamen excidit ausis.

Cayó, mas fue su audacia hazaña insigne.

El mismo epitafio podrá servir para todas las traduc­


ciones del Venusino. Tan inmanejable como la cuadriga
celeste del Sol, es la cuadriga de la estrofa horaciana. A
quien haya desfallecido en la empresa quimérica de do­
meñarla, queda el consuelo de que al menos tuvo valor
para acometerla.1

1 Frente a frente a las versiones, reproducimos en las páginas pares el


texto latino de Horacio, según la edición Teubneriana, con ligerísimas diver­
gencias en la ortografía y en la selección de variantes. Cfr. Q. Horatii
Flacci Carmina. Recognovit et praefatvs est L v c ia n v s M v e l l e r . Lipsiae.
In aedibus B. G. Teubneri. IM D C C C L X X V .

34
ODAS
Li br o Pr i mer o
I- 1

Maecenas, atavis edite regibus,


O et praesidium et dulce decus meum,

Sunt quos curriculo pulverem Olympicum


Collegisse iuvat, metaque fervidis
Evitata rotis palmaque nobilis
Terrarum dominos evehit ad deos;

Hunc, si mobilium turba Quiritium


Certat tergeminis tollere honoribus;
Illum, si proprio condidit horreo,
Quidquid de Libycis verritur areis.

Gaudentem patrios findere sarculo


Agros Attalicis condicionibus
Numquam dimoveas, ut trabe Cypria
Myrtoum pavidus nauta secet mare.

Luctantem Icariis fluctibus Africum


Mercator metuens, otium et oppidi
Laudat rura sui ; mox reficit rates
Quassas, indocilis pauperiem pati.

Est qui nec veteris pocula Massici


Nec partem solido demere de die

38
A MECENAS

Brote de antiguos reyes, Mecenas, noble dueño,


amparo y gloria mía, ponen unos su empeño

en que del carro olímpico la rauda polvareda


los bañe, mientras ciñe la meta hirviente rueda;
y si es suya la palma, gala de la victoria,
por señores del mundo se endiosan en su gloria.

Éste triunfa si pugnan catervas de electores


por alzarle, volubles, a los triples honores;
y aquél, si ve que entrojan en sus propias paneras
cuanto trigo barrieron de las líbicas eras.

Al que los patrios campos con ilusión escarde


no lograrán moverle, ni con todo el alarde
del oro de los Átalos, a que en barco ciprino
el m ar de Mirtos cruce, tembloroso marino.

Y el mercader que mira cómo el ábrego traba


contienda con las olas del mar Icario, alaba
la paz de sus campiñas; mas, pobre, se despecha
y restaura impaciente su embarcación deshecha.

Hay quien de añejo másico precia la primacía,


y robará unas horas al trabajo del día,

39
Spernit, nunc viridi membra sub arbuto
Stratus, nunc ad aquae lene caput sacrae.

Multos castra iuvant et lituo tubae


Permixtus sonitus bellaque matribus
Detestata. M anet sub Iove frigido
Venator tenerae coniugis inmemor,

Seu visa est catulis cerva fidelibus,


Seu rupit teretes Marsus aper plagas.
Me doctarum hederae praemia frontium
Dis miscent superis, me gelidum nemus

Nympharumque leves cum Satyris chori


Secernunt populo, si neque tibias
Euterpe cohibet nec Polyhymnia
Lesboum refugit tendere barbiton.

Quodsi me lyricis vatibus inseres,


Sublimi feriam sidera vertice.

40
bajo verde madroño tendido muellemente
o junto a los veneros de una sagrada fuente.

En clarines y trompas hallan marcial encanto


los que adoran la guerra, de las madres espanto.
Y al sereno trasnocha, sin que el frío le importe,
el montero, olvidado de su tierna consorte,

si ventean sus perros corza que huyendo brama


o si, rotas las redes, el jabalí se encama.
A mí, lo que a los dioses me encumbra es la corona
con que a las sabias frentes la hiedra galardona ;

a mí el acceso al bosque donde bulle la danza


de las ninfas y sátiros, me es egregia privanza
que del vulgo me exime, si el don no me retira
Euterpe de su flauta, Polimnia de su lira.

¡ Inserta entre los líricos mi nombre, y, refulgente,


las estrellas del cielo tocaré con la frente!

41
1-2

Iam satis terris nivis atque dirae


Grandinis misit Pater et rubente
Dextera sacras iaculatus arces
Terruit Urbem,

Terruit gentes, grave ne rediret


Saeculum Pyrrhae nova monstra questae,
Omne cum Proteus pecus egit altos
Visere montes.

Piscium et summa genus haesit ulmo,


Nota quae sedes fuerat columbis,
Et superiecto pavidae natarunt
Aequore dammae.

Vidimus flavum Tiberim retortis


Litore Etrusco violenter undis
Ire deiectum monumenta regis
Templaque Vestae,

Iliae dum se nimium querenti


lactat ultorem, vagus ct sinistra
Labitur ripa Iove non probante u-
xorius amnis.

42
A CESAR AUGUSTO

Bastan ya las nevadas y granizos


con que a las tierras, hace tiempo, doma
Jove que, al fulminar las sacras cumbres
con roja diestra, puso espanto a Roma;

y al mundo puso espanto de un diluvio


cual vio la edad de Pirra : por manadas
las focas que Proteo conducía
rondaban las alturas anegadas,

y encallaban los peces en los olmos,


donde antes la torcaz tuvo su nido,
y por los vastos llanos hechos mares
huía a nado el corzo espavorido.

Vimos, ai choque de la etrusca orilla,


correr furioso el Tiber a la opuesta
a derrocar con sus revueltas ondas
las regias aulas y el altar de Vesta,

—celos de amante, que vengar presume


el sentido pesar de Ilia quejosa,
y que, indócil a Jove, audaz inunda
la izquierda playa en su agua cenagosa—.

43
Audiet cives acuisse ferrum,
Quo graves Persae melius perirent,
Audiet pugnas vitio parentum
Rara iuventus.

Quem vocet divum populus ruentis


Imperi rebus? Prece qua fatigent
Virgines sanctae minus audientem
Carmina Vestam?

Cui dabit partes scelus expiandi


Iuppiter? Tandem venias, precamur,
Nube candentes humeros amictus,
Augur Apollo;

Sive tu mavis, Erycina ridens,


Quam locus circum volat et Cupido ;
Sive neglectum genus et nepotes
Respicis, auctor,

Heu nimis longo satiate ludo,


Quem iuvat clamor galeaeque leves
Acer et Marsi peditis cruentum
Vultus in hostem;

Sive m utata iuvenem figura


Ales in terris imitaris, almae
Filius Maiae, patiens vocari
Caesaris ultor:

Serus in caelum redeas, diuque


Laetus intersis populo Quirini,
Hierro que a Persas acosar debía
clavó Roma en su seno en lid malvada :
víctimas de sus padres, oirán de ella
la que nos queda juventud diezmada.

¿ A qué deidad llamar? La patria se hunde..


Vesta a los cantos el oído esquiva:
¿qué harán las sacras vírgenes porque oiga
su clamor de angustiada rogativa?

¿A qué dios manda Jove que remedie


de nuestras culpas el inquieto asombro?
—Acude a nuestra voz, Febo agorero,
terciada blanca nube sobre el hombro,

o tú, Ericina Venus, que sonríes


cercada del Donaire y de Cupido;
o tú, M arte, tú el padre de la raza,
si de ella estás al fin compadecido,

ven, ya cansado de tan triste juego,


tú a quien el choque de los yelmos place,
y el sañudo mirar del Mauritano
contra el vencido que sangriento yace;

o tú tal vez, alígero Mercurio,


cuyas trocadas formas coinciden
con las del gran mancebo, y que consientes
que “Vengador de César” te apelliden.

Tarde, muy tarde, vuelve al cielo; mora


con tus caros Quirites luengos años;
Neve te nostris vitiis iniquum
Ocior aura

Tollat; hic magnos potius triumphos,


Hic ames dici pater atque princeps,
Neu sinas Medos equitare inultos,
Te duce, Caesar.
que prematuras auras no te lleven
harto de nuestros crímenes y engaños.

Triunfa y goza escuchando que te llaman


“Príncipe y Padre”, y admitir no quieras,
oh César, por tu honor, que, impune, el Medo
cabalgue por los campos en que imperas.

47
1- 3

Sic te diva potens Cypri,


Sic fratres Helenae, lucida sidera,
Ventorumque regat pater,
Obstrictis aliis praeter Iapyga,

Navis, quae tibi creditum


Debes Vergilium, finibus Atticis
Reddas incolumem, precor,
Et serves animae dimidium meae.

Illi robur et aes triplex


Circa pectus erat, qui fragilem truci
Conmisit pelago ratem
Primus, nec timuit praecipitem Africum

Decertantem Aquilonibus,
Nec tristes Hyadas, nec rabiem Noti,
Quo non arbiter H adriae
Maior, tollere seu ponere vult freta.

Quem mortis timuit gradum,


Qui siccis oculis monstra natantia,
Qui vidit mare turbidum et
Infames scopulos, Acroceraunia?

48
A LA NAVE
DE V I R G I L I O

¡ Que la diosa de Chipre y los hermanos


de Helena, astros de luz, y el padre Eolo
te rijan —contenidos los solanos,
suelto el yápigo solo— ,
oh nave de Virgilio! ¡y en tu vuelo
hacia el ático suelo,
cuida la prenda que el amor te fía,
y guarda a esa mitad del alma mía!

Cercado en triple bronce el pecho adusto


tuvo el que frágil barca al mar que estalla
lanzó el primero, y arrostró sin susto
las Híadas nublosas, la batalla
que entre el cierzo y el ábrego bravea,
y la rabia del noto
que en el Hadria por árbitro campea
y emborrasca o aquieta su alboroto.

¿Qué muerte hizo temblar a quien sin llantos


vio el ponto con sus monstruos nadadores,
la peña Acroceraunia y sus espantos?

49
Nequiquam deus abscidit
Prudens Oceano dissociabili
Terras, si tamen impiae
Non tangenda rates transiliunt vada.

Audax omnia perpeti


Gens humana ruit per vetitum nefas.
Audax Iapeti genus
Ignem fraude mala gentibus intulit.

Post ignem aetheria domo


Subductum macies et nova febrium
Terris incubuit cohors,
Semotique prius tarda necessitas

Leti corripuit gradum.


Expertus vacuum Daedalus aera
- Pinnis non homini datis;
Perrupit Acheronta Herculeus labor.

Nil mortalibus ardui est;


Caelum ipsum petimus stultitia, neque
Per nostrum patim ur scelus
Iracunda Iovem ponere fulmina.
i En vano con oceánicos hervores,
próvido, quiso un dios poner fronteras
entre los continentes, si, atrevidas,
cruzan osadas naves las barreras
de esas sendas prohibidas!

Audaz y sufridor, a lo vedado


precipítase el hombre. Prometeo
la llama al cielo hurtó, regio trofeo
mas doloso y falaz; y este pecado
trajo a la tierra nunca visto enjambre ·
de fiebres, peste y hambre,
que el paso antes inerte
hizo avivar a la tardía Muerte.

Con alas que al mortal no fueron dadas


lanzarse quiso Dédalo al vacío;
y Hércules en flagrante desafío
forzó del Aqueronte las entradas.
¡ Nada imposible al hombre ! Su estulticia
goza en retar del cielo los rigores,
ni a Júpiter permite su malicia
que los rayos deponga vengadores.
1-4

Solvitur acris hiems grata vice veris et Favoni,


Trahuntque siccas machinae carinas,
Ac neque iam stabulis gaudet pecus aut arator igni,
Nec prata canis albicant pruinis.

Iam Cytherea choros ducit Venus inminente luna,


Iunctaeque Nymphis Gratiae decentes
Alterno terram quatiunt pede, dum graves Cyclopum
Vulcanus ardens urit officinas.

Nunc decet aut viridi nitidum caput inpedire myrto


Aut flore terrae quem ferunt solutae;
Nunc et in umbrosis Fauno decet inmolare lucis,
Seu poscat agna sive malit haedo.

Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas


Regumque turres. O beate Sesti,
Vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam.
Iam te premet nox, fabulaeque Manes,

Et domus exilis Plutonia ; quo simul mearis,


Nec regna vini sortiere talis,
Nec tenerum Lycidan mir ab ere, quo calet iuventus
Nunc omnis et mox virgines tepebunt.

52
A SESTIO

Templan al crudo invierno los céfiros vernales,


y las enjutas quillas son haladas al m ar;
ya no escarcha en los prados, ya ni los recentales
paran en el aprisco, ni al rescoldo el gañán.

Danzando en pos de Venus al fulgor de la luna


Ninfas y Gracias bellas mueven el ágil pie;
y Vulcano a sus Cíclopes afanoso importuna
porque aviven las fraguas y relumbre el taller.

Venga ya a orlar el mirto la lucia cabellera


o la flor que mullido brinda el suelo en abril,
y que en el bosque a Fauno se inmole una cordera
o tal vez un cabrito, si lo prefiere así.

Bate la M uerte pálida con pie de igual pujanza


las torres de los reyes y el rancho del pastor.
¿Para tan corta vida tan larga la esperanza?
¡N o !.. . Ya llegan la noche, los Manes y Plutón,

y su morada, ¡ ay Sestio !, de estrechos calabozos,


donde nunca los dados te harán rey del festín,
ni has de mirarte en Lícidas que hoy am artela a mozos
y a doncellas mañana con su encanto sutil.

53
1-5

Quis multa gracilis te puer in rosa


Perfusus liquidis urget odoribus
Grato, Pyrrha, sub antro?
Cui flavam religas comam,

Simplex munditiis? Heu quotiens fidem


Mutatosque deos flebit et aspera
Nigris aequora ventis
Emirabitur insolens,

Qui nunc te fruitur credulus aurea,


Qui semper vacuam, semper amabilem
Sperat, nescius aurae
Fallacis. Miseri, quibus

Intem ptata nites. Me tabula sacer


Votiva paries indicat uvida
Suspendisse potenti
Vestimenta maris deo.

54
A PIRRA

¿ Quién es el jovenzuelo que entre rosas,


todo él fragante a esencias olorosas,
te asedia, Pirra, en cueva regalada?
y tú ¿por quién la blonda cabellera
con gracia tan feliz tienes atada?

¡Ay! cuántas veces abismado, yerto,


tu fe y tus dioses llorará mentidos,
y tus serenos mares combatidos
por el negro aquilón, el que inexperto
hoy goza en tu belleza y verte espera
¡ cándido ! siempre fiel y placentera. . .

¡ Ah, no sabe del aura mal segura


quien, ciego, no ve en ti sino hermosura !
Yo del dios de los mares en el templo
colgué en exvoto, para mudo ejemplo,
salvo ya, mi empapada vestidura.

55
1-6

Scriberis Vario fortis et hostium


Victor, Maeonii carminis alite,
Quam rem cumque ferox navibus aut equis
Miles te duce gesserit.

Nos, Agrippa, neque haec dicere nec gravem


Pelidae stomachum cedere nescii,
Nec cursus duplicis per mare Ulixei,
Nec saevam Pelopis domum

Conamur, tenues grandia, dum pudor


Inbellisque lyrae Musa potens vetat
Laudes egregii Caesaris et tuas
Culpa deterere ingeni.

Quis M artem tunica tectum adamantina


Digne scripserit, aut pulvere Troico
Nigrum Merionen, aut ope Palladis
Tydiden superis parem?

Nos convivia, nos proelia virginum


Sectis in iuvenes unguibus acrium
Cantamus, vacui, sive quid urimur,
Non praeter solitum leves.

56
A AGRIPA

¿Aedo buscas? — Vario, cisne de épicos vuelos,


es quien exaltar puede tu arrojo y tus victorias,
y el valor que exhibieron jinetes y marinos
guiados por tus firmes voces imperatorias.

Yo, Agripa, no podría con tan altas proezas,


ni con el fiero Aquiles de los tercos rencores,
ni con los luengos viajes del solapado Ulises,
o la casa de Pélope de trágicos horrores :

temas todos muy grandes para cantor tan tenue.. .


El Pudor y la Musa de mi lira sin brío
me intiman que no empañe ni las gestas de César
ni las hazañas tuyas con mi ingenio tardío.

¿Acaso pueden todos cantar con estro a M arte


de diamantino peto, ni a sus héroes en Troya:
Merión, negro del polvo de la lid, o Diomedes
que a dioses desafía, cuando Palas le apoya?

Banquetes y fingidas reyertas de doncellas


que con suaves araños a los mozos rechazan :
de eso formo mis trovas, ya esté libre, ya preso
de fáciles amores que a veces me solazan.

57
1-7

Laudabunt alii claram Rhodon, aut Mytilenen,


Aut Epheson, bimarisve Corinthi
Moenia, vel Baccho Thebas vel Apolline Delphos
Insignes, aut Thessala Tempe.

Sunt quibus unum opus est, intactae Palladis urbem


Carmine perpetuo celebrare et
Undique decerptam fronti praeponere olivam.
Plurimus in Iunonis honore

Aptum dicet equis Argos ditesque Mycenas.


Me nec tam patiens Lacedaemon
Nec tam Larisae percussit campus opimae,
Quam domus Albuneae resonantis

Et praeceps Anio ac Tiburni lucus et uda


Mobilibus pomaria rivis.
Albus ut obscuro deterget nubila caelo
Saepe Notus, nec parturit imbres

Perpetuo; sic tu sapiens finire memento


Tristitiam vitaeque labores
Molli, Plance, mero, seu te fulgentia signis
Castra tenent seu densa tenebit

58
A MUNACI O P L A NC O

Poetas tienen que les den cantares


Éfeso, Mitilene y la gran Rodas,
Corinto que se yergue entre dos mares,
Tebas de Baco, Delfos apolínea
y Tempe de Tesalia. Más que todas,
los tiene en su solar Palas virgínea,
poetas incansables, que de olivo
se orlan la frente. A Juno cantan otros
en Micenas y en Argos rica en potros.

Recia es Esparta, espléndida Larisa;


mas tan dignas de amor no las concibo
como Tíbur, el Anio y sus cascadas,
Albúnea resonante, y la sonrisa
del agua entre sus huertas sombreadas.

A veces limpia el noto oscuros cielos,


y no siempre en chubascos se desata :
así, discreto Planeo, tus recelos
ahoga en vino y del dolor rescata,
lo mismo al brillo de águilas guerreras
que en las sombras de Tíbur placenteras.

59
Tiburis umbra tui. Teucer Salamina patremque
Cum fugeret, tamen uda Lyaeo
Tempora populea fertur vinxisse corona,
Sic tristes adfatus amicos:

‘Quo nos cumque feret melior fortuna parente,


Ibimus, o socii comitesque!
Nil desperandum Teucro duce et auspice Teucro:
Certus enim promisit Apollo,

Ambiguam tellure nova Salamina futuram.


O fortes peioraque passi
Mecum saepe viri, nunc vino pellite curas;
Cras ingens iterabimus aequor.’

60
De Salamina y de su padre huyendo,
Teucro, al ver a su tropa desmarrida,
la sien con hojas de álamo ciñendo,
copa en mano, a los suyos apellida :
“Más que mi padre la Fortuna es blanda
ella nos guía, ¡vamos! Teucro os manda,
auspicios él os da. Febo asegura
para otra Salamina igual ventura.
¡ Esperanza y valor, amigos fieles
que sufristeis conmigo mil azares !
¡ Echad fuera hoy con vino viejas hieles;
mañana arrostraremos nuevos mares!”
1 -8

Lydia, dic, per omnes


Te deos oro, Sybarin cur properes amando
Perdere; cur apricum
Oderit campum, patiens pulveris atque solis?

Cur neque militaris


Inter aequales equitat, Gallica nec lupatis
Temperat ora frenis?
Cur timet flavum Tiberim tangere? Cur olivum

Sanguine viperino
Cautius vitat, neque iam livida gestat armis
Bracchia, saepe disco,
Saepe trans finem iaculo nobilis expedito?

Quid latet, ut marinae


Filium dicunt Thetidis sub lacrimosa Troiae
Funera, ne virilis
Cultus in caedem et Lycias proriperet catervas?

62
A LIDIA

¿Por qué a Síbaris, dinos por los dioses,


tu amor, oh Lidia, pervertir pretende?
Ayer, soles y polvos. . . y hoy no sufre
el campo marcio, resolana ardiente.

¿ Por qué entre amigos ya no luce el pulso


del domador o el garbo del jinete?
Teme un baño en el Tiber, y rehuye
como sangre de víbora el aceite.

¿ Será justo que, púgil, en los brazos


cárdena huella de armas ya no ostente,
él que, antes, disco o dardo despedía
siempre más lejos que el rival más fuerte?

¿Por qué le escondes, como cuando, a punto


el fin de Troya, recelaba Tetis
que el atuendo viril lanzase a Aquiles
a ensangrentarse entre las licias huestes?

63
1-9

Vides ut alta stet nive candidum


Soracte, nec iam sustineant onus
Silvae laborantes, geluque
Flumina constiterint acuto.

Dissolve frigus ligna super foco


Large reponens atque benignius
Deprome quadrimum Sabina,
O Thaliarche, merum diota.

Permitte divis cetera, qui simul


Stravere ventos aequore fervido
Deproeliantes, nec cupressi
Nec veteres agitantur orni.

Quid sit futurum cras, fuge quaerere et


Quem fors dierum cumque dabit lucro
Adpone, nec dulces amores
Sperne puer neque tu choreas,

Donec virenti canities abest


Morosa. Nunc et campus et areae
Lenesque sub noctem susurri
Composita repetantur hora,

64
A TALIARCO

¿Ves cómo en la nevada lejanía


surge blanco el Soracte, y agobiada
gime la selva umbría,
y el río enfrena la corriente helada?

Temple glacial.. . Echa, Taliarco, al fuego


copiosa leña, y ese néctar fino
de cuatro años, te ruego,
saca rumboso del barril sabino.

Lo demás, a los dioses.. . Si sujetan


el reluchar del viento que en hervores
levanta el mar, se aquietan
los cipreses y fresnos gemidores.

No cures del mañana, al día vive;


lo que el hado te dé, con alborozo
por ganancia recibe :
¡ tuyas las danzas y el amor, buen mozo !

Mientras a tu verdor no es amenaza


la enfadosa vejez, ¡ tuya la cita
en el Campo, en la plaza,
cuando la noche al secreteo invita,

65
Nunc et latentis proditor intimo
Gratus puellae risus ab angulo,
Pignusque dereptum lacertis
Aut digito male pertinaci.
y la graciosa risa que traiciona
a la que oculta en el rincón espera,
y fácil se abandona
defendiendo el anillo o la pulsera!
I - 10

Mercuri, facunde nepos Atlantis,


Qui feros cultus hominum recentum
Voce formasti catus et decorae
More palaestrae,

Te canam, magni Iovis et deorum


Nuntium curvaeque lyrae parentem,
Callidum, quidquid placuit, iocoso
Condere furto.

Te, boves olim nisi reddidisses


Per dolum amotas, puerum minaci
Voce dum terret, viduus pharetra
Risit Apollo.

Quin et Atridas duce te superbos


Ilio dives Priamus relicto
Thessalosque ignes et iniqua Troiae
Castra fefellit.

Tu pias laetis animas reponis


Sedibus, virgaque levem coerces
Aurea turbam, superis deorum
Gratus et imis.

68
A MERCURIO

Mercurio, nieto de Atlas, tu facundia


del hombre primitivo fue maestra :
su rudeza puliste con el habla
y el uso afinador de la palestra.

Nuncio del alto Jove y de los dioses,


fue tu gloria inventar la corva lira,
y es tu gracia llevarte por donaire
cuanto a tu genio audaz antojo inspira.

De niño hurtaste su rebaño a Febo,


y él con furiosas voces te increpaba;
mas hubo de reír al ver, atónito,
que le habías robado hasta la aljaba.

Salió de Ilion con regios dones Príamo,


cuando la hueste griega la ceñía:
Atridas sin piedad, hogueras tésalas,
todo dejó burlado con tu guía.

A las piadosas almas, sombras leves,


lleva tu vara de oro al goce eterno,
grata deidad para los dioses todos,
encanto del Olimpo y del Averno !

69
I - 11

Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi


Finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
Temptaris numeros. U t melius, quidquid erit, pati,
Seu plures hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,

Quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare


Tyrrhenum: sapias, vina liques, et spatio brevi
Spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
Aetas : carpe diem, quam minimum credula postero.

70
A LEUCONOE

No, no inquieras lo vedado. . . no, ni cábala ni agüero


por saber qué fin los dioses, oh Leucónoe, nos darán,
si nos guardan larga vida, o este invierno es el postrero
que al Tirreno contemplamos en las rocas estallar.

Hay que estar a lo que venga. . . Sé juiciosa, filtra el vino ;


corta el vuelo a la esperanza, pues la vida es tan fugaz:
mientras juntos conversamos, ya el minuto huyó mezqui-
[no.. .
goza el día de hoy : ¡ quién sabe si mañana otro tendrás !

71
1-12

Quem virum aut heroa lyra vel acri


Tibia sumis celebrare, Clio?
Quem deum? Cuius recinet iocosa
Nomen imago

Aut in umbrosis Heliconis oris,


Aut super Pindo gelidove in Haemo?
Unde vocalem temere insecutae
Orphea silvae.

Arte materna rapidos morantem


Fluminum lapsus celeresque ventos,
Blandum et auritas fidibus canoris
Ducere quercus.

Quid prius dicam solitis parentis


Laudibus, qui res hominum ac deorum,
Qui mare ac terras variisque mundum
Temperat horis?

Unde nil maius generatur ipso,


Nec viget quicquam simile aut secundum.
Proximos illi tamen occupavit
Pallas honores,

72
A CLIO

¿ Quién será el hombre, quién el héroe, Clío,


digno de cantos de tu flauta o lira?
¿quién el dios, que su nombre oiga en los ecos
con que el aura suspira

por las vertientes de Helicón umbrosas,


por las del Pindó y Hemo, entre nevadas,
donde las selvas en tropel se iban
tras Orfeo encantadas?

—Él por su madre detener sabía


ríos caudales, ráfagas de viento,
al son, llevando de sus cuerdas magas
el robledal atento.—

Jove en mi canto tiene la primicia,


padre de dioses y hombres: él gobierna
tierras y mares, y a las estaciones
rige en su ronda eterna.

Nada de él nace que le venza en gloria,


nadie se le asemeja ni avecina.
Síguele Palas, la segunda en lustre,
guerreadora divina.

73
Proeliis audax; neque te silebo,
Liber, et saevis inimica virgo
Beluis, nec te, metuende certa
Phoebe sagitta.

Dicam et Alciden puerosque Ledae,


Hunc equis, illum superare pugnis
Nobilem; quorum simul alba nautis
Stella refulsit,

Defluit saxis agitatus humor,


Concidunt venti fugiuntque nubes,
Et minax, cum sic voluere, ponto
Unda recumbit.

Romulum post hos prius, an quietum


Pompili regnum memorem, an superbos
Tarquini fasces, dubito, an Catonis
Nobile letum.

Regulum et Scauros animaeque magnae


Prodigum Paullum superante Poeno
Gratus insigni referam camena
Fabriciumque.

Hunc, et incomptis Curium capillis


Utilem bello tulit, et Camillum
Saeva paupertas et avitus arto
Cum lare fundus.

Crescit occulto velut arbor aevo


Fama Marcellis; micat inter omnes
Iulium sidus, velut inter ignes
Luna minores.
Ni he de callarte, Baco; ni a ti, Virgen,
rauda enemiga de las fieras bravas,
ni tus proezas, Febo, gran flechero
que el blanco siempre enclavas;

tampoco a Alcides, ni a los dos mellizos


hijos de Leda, claros luchadores,
púgil y auriga, cuya blanca estrella,
cuando da sus fulgores,

rompe ante el nauta los marinos tumbos,


limpia los cielos, la tormenta aplaca
y hace tenderse mansos los montantes
de la hirviente resaca.

¿Quién en pos de ellos? ¿Rómulo, o bien Numa?


¿su paz serena, o el feroz Tarquino
de duras fasces? ¿o Catón que arrostra
heroico su destino?

Cante a Romanos la romana musa,


a Régulos y Escauros ; y la palma
dé a Paulo Emilio, que, al rendirle Aníbal,
prodigó su grande alma ;

cante al intonso Curio, al gran Fabricio


y a los Camilos : los crió guerreros
el lar estrecho del paterno fundo
de rústicos aleros.

Cual crece el árbol al fluir del tiempo,


así, Marcelo, con loor descuellas,
y es de los Julios, en la altura, el astro
luna entre las estrellas.
Gentis humanae pater atque custos,
Orte Saturno, tibi cura magni
Caesaris fatis data: tu secundo
Caesare regnes.

Ille seu Parthos Latio inminentes


Egerit iusto domitos triumpho,
Sive subiectos Orientis orae
Seras et Indos,

Te minor latum reget aequus orbem;


Tu gravi curru quaties Olympum,
Tu parum castis inimica mittes
Fulmina lucis.
Padre y custodio de la raza humana,
tú que de César el destino cuidas,
reina, oh Saturnio, y él contigo dome
las naciones vencidas:

ya en triunfo justo rinda al Parto fiero,


que a Roma inquieta con eterno amago,
ya en el Oriente de los Seras e Indos
logre ver el estrago.

Si a ti se humilla, será rey del orbe,


mientras el cielo cruzan tus divinas
raudas cuadrigas retumbando, y selvas
impúdicas fulminas.
1-13

Cum tu, Lydia, Telephi


Cervicem roseam, lactea Telephi
Laudas bracchia, vae meum
Fervens difficili bile tumet iecur.

Tum nec mens mihi nec color


Certa sede manet, umor et in genas
Furtim labitur, arguens
Quam lentis penitus macerer ignibus.

Uror, seu tibi candidos


Turparunt umeros inmodicae mero
Rixae, sive puer furens
Inpressit memorem dente labris notam.

Non, si me satis audias,


Speres perpetuum dulcia barbare
Laedentem oscula, quae Venus
Quinta parte sui nectaris imbuit.

Felices ter et amplius,


Quos inrupta tenet copula nec malis
Divulsus querimoniis
Suprema citius solvet amor die.

78
A LIDIA

Cuando te escucho: “Télefo, Télefo,


cuello de rosa, brazos de cera. . . ”,
Lidia, la bilis hierve en mí toda
y el alma en ansias se desespera.

Pálido y mudo, perdido el seso,


baña mi rostro lloro furtivo,
que a todos dice la honda tortura
que me consume con fuego vivo.

En iras ardo si tu hombro bello


báquica riña marcó insolente,
o si en tus labios audaz el mozo
dejó las locas huellas del diente.

Creeme, no esperes que fiel te sea


bárbaro amante que así profana
los dulces labios en que de Venus,
quintaesenciada, la dicha mana.

¡Ay, venturosos los que se aferran


a la ternura de un firme lazo,
y que sin quejas logran que sólo
el postrer día corte su abrazo !

79
1 - 14

O navis, referent in mare te novi


Fluctus. O quid agis? Fortiter occupa
Portum. Nonne vides ut
Nudum remigio latus

Et malus celeri saucius Africo


Antennaeque gemant, ac sine funibus
Vix durare carinae
Possint imperiosius

Aequor? Non tibi sunt integra lintea,


Non di, quos iterum pressa voces malo.
Quamvis Pontica pinus,
Silvae filia nobilis,

lactes et genus et nomen inutile:


Nil pictis timidus navita puppibus
Fidit. Tu, nisi ventis
Debes ludibrium, cave.

Nuper sollicitum quae mihi taedium,


Nunc desiderium curaque non levis,
Interfusa nitentes
Vites aequora Cycladas.

80
A LA REPUBLICA

¡O h nave! ¿quién te vuelve al mar airado?


¡A toda prisa al puerto! ¿Qué? ¿no miras
desnudo de remeros tu costado,
tus entenas gimiendo, y con las iras
del ábrego tu mástil malherido?
¿Y dónde los cordajes
que el casco resentido
salven de los furentes oleajes?

Velas te faltan, y ni dioses tienes


de quien en otro azar valerte puedas;
y aunque del Ponto vienes,
hija de linajudas arboledas,
en vano de tu alcurnia haces alarde,
que una pintada popa no es aliento
para el nauta cobarde.
¡ Ay, no llegue a burlar contigo el viento !

T ú que el objeto de mi angustia fuiste,


y hoy lo eres de mis ansias suplicantes,
evita el mar que embiste
los bajos de las Cicladas radiantes.

81
1- 15

Pastor cum traheret per freta navibus


Idaeis Helenen perfidus hospitam;
Ingrato celeres obruit otio
Ventos, ut caneret fera

Nereus fata. ‘M ala ducis avi domum,


Quam multo repetet Graecia milite,
Coniurata tuas rumpere nuptias
Et regnum Priami vetus.

Heu heu, quantus equis, quantus adest viris


Sudor! quanta moves funera Dardanae
Genti! Iam galeam Pallas et aegida
Currusque et rabiem parat.

Nequiquam Veneris praesidio ferox


Pectes caesariem, grataque feminis
Imbelli cithara carmina divides;
Nequicquam thalamo graves

Hastas et calami spicula Cnosii


Vitabis strepitumque et celerem sequi
Aiacem: tamen, heu serus! adulteros
Crines pulvere collines.

82
PROFECIA DE N E R E O

Cuando el pastor perjuro raptaba en barco ideo,


huésped traidor, a Helena, de pronto en su camino
freno a los vientos cómplices puso airado Nereo
para intimarle su fatal destino.

“A tu casa la llevas.. . ¡ ay de ti! Grecia toda


soldados apellida, y ha jurado en su encono
con agüeros fatales desbaratar tu boda
y hundir contigo a Príamo y su trono.

¡ Qué sudores esperan al corcel y al guerrero,


y a la dardania estirpe qué fúnebre algazara !
¡ Ay ! ¡ Palas ya desprende su égida del armero,
su yelmo y carro y su furor prepara!

¿Qué logras con que Venus en tu custodia vele,


si, mientras acicalas tus rizos que unge el nardo
o arrobas a doncellas con tu cítara imbele,
junto al tálamo zumban lanza y dardo?

—lanzas que te lo arrasen, dardos que con estruendo


Áyax tira en su avance veloz. . . ¡Ay esos rizos
seductores, adúlteros, el polvo irán barriendo,
deslustrados al cabo sus hechizos!

83
Non Laertiaden, exitium tuae
Genti, non Pylium Nestora respicis?
Urguent inpavidi te Salaminius
Teucer, te Sthenelus sciens

Pugnae, sive opus est imperitare equis


Non auriga piger. Merionen quoque
Nosces. Ecce furit te reperire atrox
Tydides melior patre,

Quem tu, cervus uti vallis in altera


Visum parte lupum graminis inmemor,
Sublimi fugies mollis anhelitu,
Non hoc pollicitus tuae.

Iracunda diem proferet Ilio


Matronisque Phrygum classis Achillei;
Post certas hiemes uret Achaicus
Ignis Pergameas domos.
¿No ves a,tus espaldas al Pilio armipotente,
e impávidos y juntos, a Ulises que maquina
con implacable saña la ruina de tu gente,
y a Teucro, el flechador de Salamina?

¿a Esténelo, tan hábil a pie como en el carro,


y a Merión, gran auriga? Mira, ya invade el coso,
más fuerte que su padre, más terrible y bizarro, .
Diomedes, rebuscándote rabioso.

Y tú, como cervato que, al divisar distante


al lobo, pavorido se olvida de la grama,
con cobardes ahogos escaparás jadeante. . .
¡ No prometiste tal a la que te ama !

Mas aunque dé al derrumbe de Ilion plazo precario


la cólera de Aquiles que abandona la liza,
tras contados inviernos el argivo incendiario
reducirá sus casas a ceniza.”

85
1 -1 6

O matre pulchra filia pulchrior,


Quem criminosis cumque voles modum
Pones iambis, sive flamma
Sive mari libet Hadriano.

Non Dindymene, non adytis quatit


Mentem sacerdotum incola Pythius,
Non Liber aeque, non acuta
Si geminant Corybantes aera,

Tristes ut irae, quas neque Noricus


Deterret ensis nec mare naufragum
Nec saevus ignis nec tremendo
luppiter ipse ruens tumultu.

Fertur Prometheus addere principi


Limo coactus particulam undique
Desectam et insani leonis
Vim stomacho adposuisse nostro.

Irae Thyesten exitio gravi


Stravere et altis urbibus ultimae
Stetere causae, cur perirent
Funditus inprimeretque muris

86
PALINODIA

H ija más bella que tu madre hermosa,


da el fin que quieras a mis crudos yambos,
ya castigue la hoguera sus desmanes,
ya los traguen las olas del Adriático.

Fueron ira s .. . No agitan ni el dios pítico


tanto a la pitonisa en su santuario,
ni Dindimene al coribante loco
que danza al son del címbalo, ni Baco,

como las negras iras al furioso


a quien nada intimida, ni naufragios,
ni fuego o hierro, ni el fragor de Jove
que se desploma en tempestad de rayos.

Cuenta el mito que tuvo Prometeo


que amalgamar al primitivo barro
parcelas de otros seres, y en la entraña
iras nos puso de león vesánico.

Las iras acabaron con Tiestes;


las iras causa dieron al estrago
de tanta gran ciudad, y que a sus muros
insulto fuera el enemigo arado.

87
Hostile aratrum exercitus insolens.
Conpesce mentem: me quoque pectoris
Temptavit in dulci iuventa
Fervor et in celeres iambos

Misit furentem; nunc ego mitibus


M utare quaero tristia, dum mihi
Fias recantatis amica
Opprobriis animumque reddas.
Calma ya tu rencor: también fui víctima,
en el hervor de juveniles años,
de esa fiebre de iras, que a mi pluma
inspiró la insolencia de los yambos.

Mas quiero ya cambiar: por mis crudezas,


dulzura ofrezco y el baldón reparo,
con tal que tú también vuelvas amiga
tu amor al que hoy retracta sus agravios.
1-17

Velox amoenum saepe Lucretilem


M utat Lycaeo Faunus et igneam
Defendit aestatem capellis
Usque meis pluviosque ventos.

Impune tutum per nemus arbutos


Quaerunt latentes et thyma deviae
Olentis uxores mariti,
Nec virides metuunt colubras

Nec martiales Haediliae lupos,


Utcumque dulci, Tyndari, fistula
Valles et Usticae cubantis
Levia personuere saxa.

Di me tuentur, dis pietas mea


Et Musa cordi est. Hic tibi copia
M anabit ad plenum benigno
Ruris honorum opulenta cornu.

Hic in reducta valle Caniculae


Vitabis aestus, et fide Teia
Dices laborantes in uno
Penelopen vitreamque Circen ;

90
A TI ND A R I S

Cuántas veces al bello Lucrétil


viene Fauno dejando el Liceo:
ágil siempre defiende mis hatos
del bochorno, las lluvias y el cierzo.

A su amparo las cabras, oh Tíndaris,


sin temer las culebras del cerro,
por el bosque tomillo y madroños
van buscando en feliz ramoneo.

Ni se arredran las chivas del lobo,


cuando, dulce, en los hondos sesteros
o en los lisos canchales de Ustica
pasa el son de la flauta en el viento.

Me protegen los dioses; les placen


mi piedad y mi musa. Por ellos
va en mis campos vertiendo benigna
la Abundancia su cuerno opulento.

Aliviar la canícula puedes


en las sombras del valle repuesto,
y a Penélope y Circe hialina
celebrar en la lira de Teos:

91
Hic innocentis pocula Lesbii
Duces sub umbra, nec Semeleius
Cum M arte confundet Thyoneus
Proelia, nec metues protervum

Suspecta Cyrum, ne male dispari


Incontinentes iniciat manus
Et scindat haerentem coronam
Crinibus inmeritamque vestem.
i Ay, las dos se acuitaban por uno !.. .
Tú el innocuo vinillo de Lesbos
tomarás, sin temor de que a M arte
venga Baco a azuzar pendenciero,

o que lleguen a ti, desmandadas,


las audacias de Ciro violento,
a rasgarte la falda inocente
o la flor que te adorna el cabello.

93
I - 18

Nullam, Vare, sacra vite prius severis arborem


Circa mite solum Tiburis et moenia Catili;
Siccis omnia nam dura deus proposuit, neque
Mordaces aliter diffugiunt sollicitudines.

Quis post vina gravem militiam aut pauperiem crepat?


Quis non te potius, Bacche pater, teque, decens Venus?
Ac nequis modici transiliat munera Liberi,
Centaurea monet cum Lapithis rixa super mero

Debellata, monet Sithoniis non levis Euhius,


Cum fas atque nefas exiguo fine libidinum
Discernunt avidi. Non ego te, candide Bassareu,
Invitum quatiam nec variis obsita frondibus

Sub divum rapiam. Saeva tene cum Berecyntio


Cornu tympana, quae subsequitur caecus amor sui,
Et tollens vacuum plus nimio gloria verticem,
Arcanique fides prodiga, perlucidior vitro.

94
A VARO

No siembres otros árboles, planta cepas al filo


de los muros de Tíbur, tibio edén de Catilo :

mil trabajos te esperan, Varo, como rechaces


el vino, único alivio de inquietudes mordaces.

¿Quién ser soldado o pobre, mientras bebe, deplora?


¿quién antes a vosotros, Baco y Venus, no adora?

Pero abusar del vino provoca amargas cuitas:


por ello se asaltaron Centauros y Lapitas ;

por ello Evio castiga, severo, a los de Tracia


que el bien y el mal confunden con desbocada audacia.

No seré, Basareo, quien profane tus cultos,


orgiásticos misterios entre frondas ocultos;

mas contén de tus trompas y címbalos el ruido,


no me infundan los humos del amor propio erguido

que con vacua jactancia se engalla impertinente,


o secretos prodiga, cual vidrio transparente.

95
1-19

M ater saeva Cupidinum


Thebanaeque iubet me Semeles puer
Et lasciva Licentia
Finitis animum reddere amoribus.

U rit me Glycerae nitor,


Splendentis Pario marmore purius;
U rit grata protervitas
Et vultus nimium lubricus adspici.

In me tota ruens Venus


Cyprum deseruit, nec patitur Scythas
Et versis animosum equis
Parthum dicere, nec quae nihil attinent.

Hic vivum mihi cespitem, hic


Verbenas, pueri, ponite turaque
Bimi cum patera meri :
M actata veniet lenior hostia.

96
A GLICERA

M andan la cruda madre del Deseo,


Licencia, que de nada se sonroja,
y Baco, el dios tebano Semeleo,
que al muerto amor de nuevo el pecho acoja.

De Glicera la nítida blancura,


más que de mármol parió, amor me inspira,
amor, su maliciosa donosura,
y ese rostro que es lazo a quien lo mira.

Venus, dejando a Chipre, me ha invadido,


ni sufre que en mis cantos dé loores
al Escita ni al Parto que, aun vencido,
lucha en la fuga; sólo admite amores.

Siervos, para un altar traedme incienso,


el vino en ancha copa, la verbena
y el césped vivo : tras la ofrenda, pienso
que venga menos agria y más serena.

97
1 -2 0

Vile potabis modicis Sabinum


Cantharis, Graeca quod ego ipse testa
Conditum levi, datus in theatro
Cum tibi plausus,

Care Maecenas eques, ut paterni


Fluminis ripae simul et iocosa
Redderet laudes tibi Vaticani
Montis imago.

Caecubum et prelo domitam Caleno


Tum bibes uvam: mea nec Falernae
Temperant vites neque Formiani
Pocula colles.

98
A MECENAS

Vinillo de Sabina en copas chicas


beberás hoy conmigo,
aunque en ánfora griega fue el envase,
que lo sellé yo mismo,
el día que el teatro, mi Mecenas,
tal ovación te hizo
que el eco respondió del Vaticano
y del paterno río.
Tú estás hecho a beber caleño y cécubo;
yo en mi trujal no embriso
caldos preciosos de falemos rancios
ni de formianos finos.

99
1-21

Dianam tenerae dicite virgines,


Intonsum, pueri, dicite Cynthium
Latonamque supremo
Dilectam penitus Iovi.

Vos laetam fluviis et nemorum coma,


Quaecumque aut gelido prominet Algido,
Nigris aut Erymanthi
Silvis aut viridis Cragi ;

Vos Tempe totidem tollite laudibus


Natalemque, mares, Delon Apollinis,
Insignemque pharetra
Fraternaque humerum lyra.

Hic bellum lacrimosum, hic miseram famem


Pestemque a populo et principe Caesare in
Persas atque Britannos
Vestra motus aget prece.

100
HIMNO A D I A N A
Y APOLO

Gante la niña a Diana, y el mancebo


cante en sus coros al intonso Febo;
den juntos a Latona,
supremo amor de Jove, un himno nuevo.

Niñas, load a aquella que entre ríos


se goza, y en las selvas de los fríos
Álgido y Erimanto,
y del Crago en los cóncavos umbríos.

Niños, vuestro cantar Apolo inspira:


Tempe alabad y Délos que le admira,
en el hombro la aljaba
y entre las manos la fraterna lira.

Él de César aleje y del Romano


las pestes, guerras y hambres, que no en vano
rogáis porque propicio
las lance contra el Persa y el Britano.

101
1-22

Integer vitae scelerisque purus


Non eget M auri iaculis neque arcu
Nec venenatis gravida sagittis,
Fusce, pharetra,

Sive per Syrtes iter aestuosas,


Sive facturus per inhospitalem
Caucasum vel quae loca fabulosus
Lambit Hydaspes.

Namque me silva lupus in Sabina,


Dum meam canto Lalagen et ultra
Terminum curis vagor expeditis,
Fugit inermem,

Quale portentum neque militaris


Daunias latis alit aesculetis,
Nec Iubae tellus generat, leonum
Arida nutrix.

Pone me pigris ubi nulla campis


Arbor aestiva recreatur aura,
Quod latus mundi nebulae malusque
Iuppiter urguet;

102
A ARISTIO FUSCO

Quien se yergue en la vida entero y puro


ni del mauro venablo necesita,
ni de la flecha, Fusco, en que el conjuro
su tósigo de muerte deposita,
lo mismo si las Sirtes o si el duro
inhospitable Cáucaso visita,
o si se arriesga hasta la tierra extraña
que el fabuloso Hidaspe manso baña.

A mí me aconteció que andando inerme


por la selva sabina, embebecido
a Lálage cantando, acertó a verme
un lobo, y escapó despavorido.
¿Cómo pudo tal monstruo a mí temerme,
si ni Daunia en sus bosques tan fornido
lo vio jamás, ni Juba en sus peñones,
áridos criaderos de leones?

Llévame donde el aura no recrea


el yermo de arboledas despojado,
porque el lóbrego cielo no clarea
nunca en la cerrazón del polo helado ;

103
Pone sub curru nimium propinqui
Solis in terra domibus negata :
Dulce ridentem Lalagen amabo,
Dulce loquentem.
o ponme donde el sol relampaguea
en el erial de fuego inhabitado:
no hay quien mi amor de Lálage desvíe,
que habla tan dulce y que tan dulce ríe.
1-23

Vitas hinuleo me similis, Chloe,


Quaerenti pavidam montibus aviis
M atrem non sine vano
Aurarum et siluae metu.

Nam seu mobilibus veris inhorruit


Adventus foliis, seu virides rubum
Dimovere lacertae,
Et corde et genibus tremit.

Atqui non ego te tigris ut aspera


Gaetulusve leo frangere persequor:
Tandem desine matrem
Tempestiva sequi viro.

106
A CLOE

Huyes, Cloe, de mí, como corcino


que a su medrosa madre ansioso busca
perdido en monte y breña, tan sin tino
que hasta el soplo del céfiro le ofusca.

Si la brisa vernal las hojas riza


o si el verde lagarto al paso bate
la enramada, él de miedo ya agoniza,
sus corvas tiemblan, su pechillo late.

¿Quiero acaso trizarte, cual rabiosa


tigre, o como león, líbica fiera?
Ya estás grande y en punto: ven, hermosa,
deja a tu madre, ya el varón te espera.

107
1- 24

Quis desiderio sit pudor aut modus


Tam cari capitis? Praecipe lugubres
Cantus, Melpomene, cui liquidam pater
Vocem cum cithara dedit.

Ergo Quintilium perpetuus sopor


Urguet? Cui Pudor et Iustitiae soror,
Incorrupta Fides, nudaque Veritas
Quando ullum inveniet parem?

Multis ille bonis flebilis occidit,


Nulli flebilior, quam tibi, Vergili.
Tu frustra pius heu non ita creditum
Poscis Quintilium deos.

Quid si Threicio blandius Orpheo


Auditam moderere arboribus fidem?
Num vanae redeat sanguis imagini,
Q uam virga semel horrida,

Non lenis precibus fata recludere,


Nigro conpulerit Mercurius gregi?
Durum: sed levius fit patientia,
Quidquid corrigere est nefas.
A VIRGILIO
En la Muerte de Quintilio Varo

¿ Será justo el rubor o la mesura


cuando se llora a un muerto tan querido?
Entona tú, Melpómene, el plañido,
pues en ti lira y canto son dulzura.

¡ Ay, en el sueño eterno entró Quintilio !


¿y quién podrá encontrarse que le venza
en Fe sin falla, en púdica Vergüenza,
en Justicia, en Verdad? Nadie, oh Virgilio.

Tantos buenos le llo ra n .. . y ¿quién debe


llorarle más que tú? Mas, ay, no pida
tu piedad a los dioses una vida
que sólo fue fiada a plazo breve.. .

Ni aunque tu voz venciese a la de Orfeo


que, dulce, al árbol embelesa y pasma,
la sangre devolvieras al fantasma
tocado ya del negro caduceo.

Con él junta Mercurio su hato horrible,


Mercurio que no sabe de clemencia.
¡ Duro ! mas sólo queda la paciencia
donde todo remedio es imposible.. .
1-25

Parcius iunctas quatiunt fenestras


lactibus crebris iuvenes protervi,
Nec tibi somnos adimunt, amatque
Ianua limen,

Quae prius multum facilis movebat


Cardines. Audis minus et minus iam:
‘Me tuo longas pereunte noctes,
Lydia, dormis?’

Invicem moechos anus arrogantes


Flebis in solo levis angiportu,
Thracio bacchante magis sub inter­
lunia vento,

Cum tibi flagrans amor et libido,


Quae solet matres furiare equorum,
Saeviet circa iecur ulcerosum,
Non sine questu,

Laeta quod pubes hedera virenti


Gaudeat pulla magis atque myrto,
Aridas frondes hiemis sodali
Dedicet Hebro.

110
A LIDIA

Ya no golpean tanto a tu ventana


ni te quitan el sueño los moceros ;
ya está quieta en el quicio la liviana
puerta, que a todos de tan buena gana
abría sus postigos placenteros.

Menos ya cada vez oyes la cuita :


“ ¡Duermes, Lidia, y muriendo aquí me dejas
la noche entera !” . . . Pronto ya, marchita,
eres tú quien irás por las callejas
llorando tras el joven que te evita.

Y al sentir el rigor del tracio viento


en las noches sin luna embravecido,
abrasada con celo, fuego lento,
del ulcerado corazón tormento,
exhalará tu labio hondo quejido,

porque es así de infiel la gente moza,


que sólo con verdores matinales
de oscuros mirtos y de yedras goza,
y al Hebro tira sin piedad la broza,
mustia ofrenda a sus aguas invernales.

111
1- 26

Musis amicus tristitiam et metus


Tradam protervis in mare Creticum
Portare ventis, quis sub Arcto
Rex gelidae metuatur orae,

Quid Tiridaten terreat, unice


Securus. O quae fontibus integris
Gaudes, apricos necte flores,
Necte, meo Lamiae coronam,

Pimplei dulcis. Nil sine te mei


Prosunt honores: hunc fidibus novis,
Hunc Lesbio sacrare plectro,
Teque tuasque decet sorores.

112
EN H O N O R
DE E L I O L A M I A

Amigo de las musas, no me inquieta


ningún cuidado vano :
llévelo todo el viento al mar de C reta. . .

¡ Qué me puede importar quién es tirano


en la helada región bajo la Osa,
ni a Tiridates qué temor le aprieta !

Oh amante de la fuente soledosa,


Pimplea, con tus flores
corona tú a mi Lamia, bondadosa:

si en ritmo nuevo y cítaras lesbianas


no lo festejas tú con tus hermanas,
¿qué pueden para honrarle mis loores?

113
1-27

Natis in usum laetitiae scyphis


Pugnare Thracum est: tollite barbarum
Morem, verecundumque Bacchum
Sanguineis prohibete rixis.

Vino et lucernis Medus acinaces


Inmane quantum discrepat: impium
Lenite clamorem, sodales,
Et cubito remanete presso.

Vultis severi me quoque sumere


Partem Falerni? Dicat Opuntiae
Frater Megillae, quo beatus
Vulnere, qua pereat sagitta.

Cessat voluntas? Non alia bibam


Mercede. Quae te cumque domat Venus,
Non erubescendis adurit
Ignibus ingenuoque semper

Amore peccas. Quidquid habes, age,


Depone tutis auribus. A miser,
Quanta laboras in Charybdi,
Digne puer meliore flamma !

114
A UNOS AMI GOS »

¡ Tirarse así las copas del banquete


como Tracios!. .. ¡qué bárbaros modales! '
A Baco escandaliza el que entremete
riña y sangre en las fiestas, comensales.

Qué mal parece una cuchilla meda


en alegre triclinio de festines. . .
y esa zambra infernal. . . ¡ Calle quien pueda !
¡quietos siquiera, el codo en los cojines !

— ¿Que yo también pruebe el falerno ardiente?


Bien; pero que el hermano de Megila
diga quién le flechó tan dulcemente
y veneno de amor en él destila. . .

¿No quiere? Pues no esperen que yo beba.


Sea quien sea la beldad que adores,
¿qué puede haber que abochornarte deba,
si son siempre con nobles tus amores?

Anda, dilo sin miedo aquí al oído.


— . . .¿Quién? ¿cómo? ¡desdichado, qué locura!
¡ en qué horrenda Caribdis has caído !
¡ ay joven digno de mejor ventura !

115
Quae saga, quis te solvere Thessalis
Magus venenis, quis poterit deus?
Vix inligatum te triformi
Pegasus expediet Chimaera.
¿Quién te libra —qué mago, qué hechicera—
de este filtro tesalio? Un dios acaso .. .
Mas, preso de esta tríplice Quimera,
no, ¡ni Belerofonte en su Pegaso!

117
1- 28

Te maris et terrae numeroque carentis arenae


Mensorem cohibent, Archyta,
Pulveris exigui prope litus parva Matinum
Munera, nec quicquam tibi prodest

Aerias temptasse domos animoque rotundum


Percurrisse polum, morituro.
Occidit el Pelopis genitor, conviva deorum,
Tithonusque remotus in auras

Et Iovis arcanis Minos admissus, habentque


T artara Panthoiden iterum Orco
Demissum, quamvis clipeo Troiana refixo
Tempora testatus, nihil ultra

Nervos atque cutem morti conccsserat atrae,


Iudice te non sordidus auctor
Naturae verique. Sed omnes una manet nox,
Et calcanda semel via leti.

Dant alios Furiae torvo spectacula Marti,


Exitio est avidum mare nautis;
Mixta senum ac iuvenum densentur funera, nullum
Saeva caput Proserpina fugit :

118
H A B L A C O N A R Q U I T A S EL
E S P E C T R O DE UN N A U F R A G O

Tú el sabio que medías m ar y tierras, oh Arquitas,


y contaste en las playas arenas infinitas,
en ésta de Matino reposas encerrado
bajo un poco de polvo. . . ¿ Qué sirvió el atreverte
a explorar las esferas celestes que has soñado,
cuando el común tributo debías a la muerte?

La muerte vieron Tántalo, comensal de deidades,


Titón llevado al cielo de esposo de la Aurora,
Minos que al mismo Jove como juez asesora,
Pitágoras que vuelve segunda vez al Hades:
—se acreditó de Euforbo por conocer su escudo
de los tiempos troyanos; y su ofrenda a la huesa
fue sólo piel y nervios ; mas tu piedad confiesa
que supo de las cosas cuanto saberse pudo.

Y es que a todos espera la luenga noche inerte,


todos una vez pisan la senda de la muerte.

Unos dan fiesta a M arte segados por la guerra,


otros tienen por tumba la inmensidad marina;
juntos, mozos y viejos al hoyo van; no yerra
una sola cabeza la cruel Proserpina.

119
Me quoque devexi rabidus comes Orionis
Illyricis Notus obruit undis.
At tu, nauta, vagae ne parce malignus arenae
Ossibus et capiti inhumato

Particulam dare: sic, quodcumque minabitur Eurus


Fluctibus Hesperiis, Venusinae
Plectantur silvae te sospite, multaque merces,
Unde potest, tibi defluat aequo

Ab love Neptunoque sacri custode Tarenti.


Neglegis inmeritis nocituram
Postmodo te natis fraudem conmittere? Fors et
Debita iura vicesque superbae

Te maneant ipsum: precibus non linquar inultis,


Teque piacula nulla resolvent.
Quamquam festinas, non est mora longa; licebit
Iniecto ter pulvere curras.

120
A mí también el Noto me anegó en los tumultos
de las olas ilíricas, el que sigue en su ocaso
a Orion.

—Mas ¡ ay ! recubre, marinero, a tu paso


con un poco de arena mis restos insepultos:
¡ así en la playa hesperia no te haga daño el viento
cuando del este bate las selvas de Venusa!
¡así Jove y Neptuno, protector de Tarento,
viertan en ti sus bienes con largueza profusa !

Mas si escuchar desdeñas mi queja funeraria,


¿no temes que en tus hijos recaiga el escarmiento
debido al que soberbio se cierra a la plegaria?
¿o ignoras el castigo que a ti mismo te espera
cuando sea vengada mi suerte lastimera,
sin que nada se admita que expíe tu pecado?

Por más prisa que tengas, para, vierte un puñado


de polvo por tres veces, y sigue tu carrera.

121
1-29

Icci, beatis nunc Arabum invides


Gazis et acrem militiam paras
Non ante devictis Sabaeae
Regibus, horribilique Medo

Nectis catenas. Quae tibi virginum


Sponso necato barbara serviet?
Puer quis ex aula capillis
Ad cyathum statuetur unctis,

Doctus sagittas tendere Sericas


Arcu paterno? Quis neget arduis
Pronos relabi posse rivos
Montibus et Tiberim reverti,

Cum tu coemptos undique nobilis


Libros Panaeti Socraticam et domum
M utare loricis Hiberis,
Pollicitus meliora, tendis?

122
A ICCIO

i Por el oro de los Árabes,


Iccio, partes en campaña,
y al rey de Sabá y al Medo
yugo y cadenas preparas !

¿Qué virgen, muerto su novio,


será tu bárbara esclava?
¿y tu copero qué príncipe
de melena perfumada?

¿algún flecherito chino?


¡Ay fallidas esperanzas!
¡ bien puede ya monte arriba
llevar el Tiber sus aguas,

si tus obras de Panecio,


a tanta costa compradas,
y todo Sócrates vendes
por una loriga hispana ! . . .

123
1-30

O Venus, regina Cnidi Paphique,


Sperne dilectam Cypron et vocantis
Ture te multo Glycerae decoram
Transfer in aedem.

Fervidus tecum puer et solutis


Gratiae zonis properentque Nymphae
Et parum comis sine te Iuventas
Mercuriusque.

124
A VENUS I

¡Reina de Gnido y Pafos, dulce Venus,


ven, Glícera te llama, ven de Chipre!
Quiere, en nubes de incienso, de su casa
hacer un templo que a tu culto brinde.

Venga tu hijo contigo, Eros ardiente,


y, suelto el cinto, en derredor se apiñen
las Gracias y las Ninfas y Mercurio
y Hebe que es grata cuando en ella ríes.

125
1-31

Quid dedicatum poscit Apollinem


Vates? Quid orat, de patera novum
Fundens liquorem? Non opimae
Sardiniae segetes feraces,

Non aestuosae grata Calabriae


Armenta, non aurum aut ebur Indicum,
Non rura, quae Liris quieta
Mordet aqua taciturnus amnis.

Premant Calena falce quibus dedit


Fortuna vitem, dives et aureis
Mercator exsiccet culullis
Vina Syra reparata merce,

Dis carus ipsis, quippe ter et quater


Anno revisens aequor Atlanticum
Inpune. Me pascunt olivae,
Me cichorea levesque malvae.

Frui paratis et valido mihi,


Latoe, dones ac precor integra
Cum mente nec turpem senectam
Degere nec cithara carentem.

126
A APOLO I

Hoy que a Febo dedican un templo, ¿qué le pide


confiado su poeta?
y al libar en la pátera vino nuevo, ¿ qué implora
con plegaria discreta?

No las mieses opimas de Cerdeña, la fértil,


no las regias vacadas
que la Calabria ardiente por las laderas cría
de sus hondas cañadas;

no el oro o los marfiles de la India fabulosa,


no la campiña verde
cuyas silentes márgenes el Liris taciturno
con lentas aguas muerde.

Pode viñas en Cales y beba en copa de oro


tratante a quien Dios cuida,
pues tres y cuatro viajes hace al año al Atlántico
y regresa con vida.

A mí me bastan malvas, achicoria, aceitunas,


y que la edad me asalte
sano, en paz con mis bienes, preciado, y sin que en ella
la cítara me falte.

127
1-32
%

Poscimur. Siquid vacui sub umbra


Lusimus tecum, quod et hunc in annum
Vivat et plures, age dic Latinum,
Barbite, carmen,

Lesbio primum modulate civi,


Qui ferox bello tamen inter arma,
Sive iactatam religarat udo
Litore navim,

Liberum et Musas Veneremque et illi


Semper haerentem puerum canebat
Et Lycum nigris oculis nigroque
Crine decorum.

O decus Phoebi et dapibus supremi


Grata testudo Iovis, o laborum
Dulce lenimen medicumque, salve
Rite vocanti !

128
A SU LIRA

Un canto me exigen. Travieso, a la sombra,


tantos otros cantos saqué de tus cuerdas;
un canto latino que perenne viva
tienes hoy que darme, mi cítara griega.

Primero en tañerte con bélico entono


fue el Lesbio terrible; y él mismo en las treguas,
o cuando su barco lograba en la playa
seguro ancladero tras recia tormenta,

cantaba a las Musas, a Baco y a Venus,


y al niño que siempre retoza con ella,
e, imán de cariños, a Lico que luce
negros los ojuelos, negra la melena.

Oh gloria de Apolo, tú que los banquetes


de Jove engalanas, mi cítara bella,
alivio en mis males, responde al conjuro,
siempre que por estro te implore el poeta.

129
1-33

Albi, ne doleas plus nimio memor


Inmitis Glycerae neu miserabiles
Decantes elegos, cur tibi iunior
Laesa praeniteat fide.

Insignem tenui fronte Lycorida


Cyri torret amor, Cyrus in asperam
Declinat Pholoen: sed prius Apulis
Iungentur capreae lupis,

Quam turpi Pholoe .peccet adultero.


Sic visum Veneri, cui placet impares
Formas atque animos sub iuga ahenea
Saevo mittere cum ioco.

Ipsum me, melior cum peteret Venus,


Grata detinuit compede Myrtale
Libertina, fretis acrior Hadriae
Curvantis Calabros sinus.

130
A ALBIO TIBULO

¿Tantos recuerdos, Albio, tanto duelo


por Glícera cruel?
¡ No llore tu elegía que un mozuelo
seduzca, por más joven, a la infiel !

Licoris bella, la de frente breve,


por Ciro ciega está;
y él en la arisca Fóloe se embebe,
(a quien no ha de rendir tan ruin galán:

¡ antes la cabra al lobo se juntara !)


¡Ay, Venus es así:
a los más desiguales acollara,
y este juego traidor la hace feliz ! . . .

Noble ternura en mí prendió, y esclava


de Mírtale ya es. . .
dura liberta, como el m ar que cava
con sus olas el seno calabrés !

131
1- 34

Parcus deorum cultor et infrequens,


Insanientis dum sapientiae
Consultus erro, nunc retrorsum
Vela dare atque iterare cursus

Cogor relictos: namque Diespiter,


Igni corusco nubila dividens
Plerumque, per purum tonantes
Egit equos volucremque currum;

Quo bruta tellus et vaga flumina,


Quo Styx et invisi horrida Taenari
Sedes Atlanteusque finis
Concutitur. Valet ima summis

M utare et insignem attenuat deus,


Obscura promens ; hinc apicem rapax
Fortuna cum stridore acuto
Sustulit, hic posuisse gaudet.

132
PALINODIA

Si en el divino culto descuidado


las locuras seguí de ciencia impía,
el rumbo que a mi nave descarría
cambio y las velas vuelvo al otro lado.

Pues Júpiter que siempre en el nublado


truena y el rayo fulgurante envía,
su carro atronador lanzó este día
a galope en un cielo despejado.

Tierra, ríos, Estige y el abismo


del Ténaro temblaron, y hasta Atlante
la convulsión sintió del cataclismo.

Al más alto, al más bajo, a su talante


traspone Dios : humilla el despotismo,
ensalza la humildad. En un instante,

arranca la Fortuna de una frente


el lauro que a otra ciñe refulgente.
1-35

O diva, gratum quae regis Antium,


Praesens vel imo tollere de gradu
Mortale corpus vel superbos
Vertere funeribus triumphos,

Te pauper ambit sollicita prece


Ruris colonus, te dominam aequoris,
Quicumque Bithyna lacessit
Carpathium pelagus carina.

Te Dacus asper, te profugi Scythae,


Urbesque gentesque et Latium ferox,
Regumque matres barbarorum et
Purpurei metuunt tyranni,

Iniurioso ne pede proruas


Stantem columnam, neu populus frequens
Ad arma, cessantes ad arma
Concitet imperiumque frangat.

Te semper antit saeva Necessitas,


Clavos trabales et cuneos manu
Gestans ahena, nec severus
Uncus abest liquidumque plumbum.

134
A LA FORTUNA
DE A N C I O

Honor de Ancio la bella, magna diosa,


que ensalzar puedes la miseria astrosa
y en exequias trocar pompas triunfales,
en ti pone el labriego su esperanza,
en ti, reina del mar, el que se lanza
al Carpatio, a retar sus vendavales
en bitinio bajel.

Todos te temen:
el Escita fugaz, el duro Dacio,
los pueblos y naciones, y aun el Lacio,
madres de jefes bárbaros en guerra,
y empurpurados reyes : los aterra
sólo el pensar que con soberbia planta
tronches su poderío, al grito airado
de i A las armas ! que surge y se agiganta,
y a la dormida plebe solivianta
a que el trono conculque derribado.

Ante ti, despejándote el camino,


con sus clavos trabales va el Destino,
con cuñas, garfios y fundido plomo;

135
Te Spes et albo rara Fides colit
Velata panno, nec comitem abnegat,
Utcumque m utata potentes
Veste domos inimica linquis.

At vulgus infidum et meretrix retro


Periura cedit, diffugiunt cadis
Cum faece siccatis amici,
Ferre iugum pariter dolosi.

Serves iturum Caesarem in ultimos


Orbis Britannos, et iuvenum recens
Examen Eois timendum
Partibus Oceanoque rubro.

Heu heu cicatricum et sceleris pudet


Fratrumque. Quid nos dura refugimus
Aetas? quid intactum nefasti
Liquimus? unde manum iuventus

Metu deorum continuit? quibus


Pepercit aris? O utinam nova
Incude diffingas retusum in
Massagetas Arabasque ferrum!
detrás la Fe tan rara, en blanco lino,
y la Esperanza, que al primer asomo
de la desgracia con que, hostil, te alejas
de algún alcázar regio, disfrazada,
se arrima al infeliz y de él se apiada.
—No el vulgo así, no la mujer lasciva,
no el falso amigo que, agotado el vino,
se va y el yugo del dolor esquiva.

Mas tú vela por César, que en campaña


parte a rendir las más remotas tierras,
el Oriente, el M ar Rojo, la Bretaña,
con leva juvenil, bisoña en guerras.

¡Ay torpes criminales cicatrices


en hermanos abiertas por hermanos!
¡ qué impiedades las nuestras, infelices !
¿Y de qué crimen refrenar las manos
supo esta juventud? ¿qué aras respeta,
o de qué dios la maldición la inquieta?
¡ Haz tú que el hierro que de nuevo afiles,
que mellaron ayer guerras civiles,
hoy al Árabe venza, al Masageta!
1-36

Et ture et fidibus iuvat


Placare et vituli sanguine debito
Custodes Numidae deos,
Qui nunc Hesperia sospes ab ultima

Caris multa sodalibus,


Nulli plura tamen dividit oscula
Quam dulci Lamiae, memor
Actae non alio rege puertiae

M utataeque simul togae.


Cressa ne careat pulchra dies nota,
Neu promptae modus amphorae,
Neu morem in Salium sit requies pedum.

Neu multi Damalis meri


Bassum threicia vincat amystide,
Neu desint epulis rosae
Neu vivax apium neu breve lilium.

Omnes in Damalin putres


Deponent oculos, nec Damalis novo
Divelletur adultero,
Lascivis hederis ambitiosior.

138
A PLOCIO NUMIDA

El incienso y la música que prometí a los dioses


y la blanca becerra,
hoy ofrendo, pues salvo nos ha traído a Númida
del extremo de Hesperia.

Qué abrazos, qué 'caricias a tanto viejo am igo. . .


a Lamia, las más tiernas:
si en sus juegos, de niños, rey era Lamia, y juntos
dejaron la pretexta.

¡ Día de piedra blanca ! Que derramen las ánforas


el vino con largueza,
y al modo de los Salios, en el festivo baile
los pies no tengan tregua.

Que en beber a lo tracio, Baso a la bebedora


Dámalis hoy no ceda;
ni apio vivaz, ni rosas falten en el banquete,
ni la breve azucena.

Y aunque todos en Dámalis pongan los ojos lánguidos,


no habrá quien la divierta
del amor que la tiene ceñida al nuevo amante
como apretada yedra.

139
1-37

Nunc est bibendum, nunc pede libero


Pulsanda tellus, nunc Saliaribus
Ornare pulvinar deorum
Tempus erat dapibus, sodales.

Antehac nefas depromere Caecubum


Cellis avitis, dum Capitolio
Regina dementes ruinas
Funus et imperio parabat

Contaminato cum grege turpium


Morbo virorum, quidlibet impotens
Sperare fortunaque dulci
Ebria. Sed minuit furorem

Vix una sospes navis ab ignibus,


Mentemque lymphatam Mareotico
Redegit in veros timores
Caesar, ab Italia volantem

Remis adurguens, accipiter velut


Molles columbas aut leporem citus
Venator in campis nivalis
Haemoniae, daret ut catenis

140
CONTRA CLEOPATRA

¿Y qué esperáis para beber, amigos?


¡Rompan en libres danzas los Quirites,
y a los dioses en sacro lectisternio
brinde su gratitud salios convites!

Antes.. . ¿cómo sacar de la bodega


el cécubo vetusto, cuando, impía,
retar con ruina y muerte al Capitolio
y al Imperio una reina se atrevía?

Con su rebaño impúdico de eunucos


creyó tan alta empresa fácil juego,
¡ embriaguez de la suerte ! . . . Pero pone
freno a tanto furor el raudo fuego:

cebándose en su escuadra, la aniquila;


y el reto que brotaran los hervores
de sus mostos egipcios, trueca César
en realidad de súbitos terrores.

A todo remo desde Italia acosa,


halcón, a la paloma fugitiva,
cazador velocísimo, al lebrato
que por las nieves pávido se esquiva.

141
Fatale monstrum. Quae generosius
Perire quaerens nec muliebriter
Expavit ensem nec latentes
Classe cita reparavit oras.

Ausa et iacentem visere regiam


Vultu sereno, fortis et asperas
Tractare serpentes, ut atrum
Corpore combiberet venenum,

Deliberata morte ferocior;


Saevis Liburnis scilicet invidens
Privata deduci superbo
Non humilis mulier triumpho.
Listas al ver el monstruo las cadenas,
quiere más noble fin, y no desmaya,
como débil mujer, ante el acero,
ni busca reinos en oculta playa.

Ve su palacio en tierra y no se inmuta,


y arranque tiene para abrir el seno
al áspid y azuzarle, con el ansia
de embeber el recóndito veneno.

Frente a la muerte indómita se yergue,


resuelta a que jamás liburnia nave
logre llevar cruel al duro triunfo
a quien fue reina y ser mujer no sabe.
1-38

Persicos odi, puer, adparatus,


Displicent nexae philyra coronae;
Mitte sectari, rosa quo locorum
Sera moretur.

Simplici myrto nihil adlabores


Sedulus curae: neque te ministrum
Dedecet myrtus neque me sub arta
Vite bibentem.

144
A SU PAJE

No gusto, muchacho, de lujos de Persia,


de ricas coronas que entrelaza el tilo;
no andes rebuscando dónde aún florecen
rosales tardíos.

El mirto me basta : su gracia sencilla


no requiere adornos; bien nos sienta el mirto
a ti mi criado, y a mí que a la sombra
de la parra brindo.

145
Li br o Segundo
II- 1

Motum ex Metello consule civicum


Bellique causas et vitia et modos
Ludumque fortunae gravesque
Principum amicitias et arma

Nondum expiatis uncta cruoribus,


Periculosae plenum opus aleae,
Tractas et incedis per ignes
Suppositos cineri doloso.

Paullum severae Musa tragoediae


Desit theatris : mox ubi publicas
Res ordinaris, grande munus
Cecropio repetes cothurno,

Insigne maestis praesidium reis


Et consulenti, Polio, Curiae,
Cui laurus aeternos honores
Delmatico peperit triumpho.

Iam nunc minaci murmure cornuum


Perstringis aures, iam litui strepunt,
Iam fulgor armorum fugaces
Terret equos equitumque vultus.

148
A POLION

Los tumultos civiles desde el cónsul Metelo,


las causas de la guerra, sus yerros, sus azares,
los juegos caprichosos de la Fortuna, el velo
con que los grandes se unen para fines dispares,

armas tintas en sangre que Roma aún expía:


tal la intrincada historia cuyos riesgos arrostras,
caminando por lavas que atizan todavía
fuegos, bajo el engaño de las falaces costras.

Acalla un tiempo el canto de la trágica musa


mientras la historia acabas que hoy afanoso ordenas;
podrás volver entonces a tu empresa inconclusa
de hacer émula a Roma del coturno de Atenas,

Polión, de tristes reos amparador bizarro,


lumbrera del Senado, tú que subiste al solio
de la más firme gloria cuando, uncido a tu carro,
al domeñado Dálmata llevaste al Capitolio.

Mas ya de cuernos bélicos llega hasta mí el bramido,


las trompetas estallan, y el fulgor del acero
enloquece al caballo que huye despavorido,
y en él, fantasma pálido del miedo, el caballero.

149
Audire magnos iam videor duces.
Non indecoro pulvere sordidos,
Et cuncta terrarum subacta
Praeter atrocem animum Catonis.

luno et deorum quisquis amicior


Afris inulta cesserat impotens
Tellure, victorum nepotes
Rettulit inferias Iugurthae.

Quis non Latino sanguine pinguior


Campus sepulcris impia proelia
Testatur auditumque Medis
Hesperiae sonitum ruinae?

Qui gurges aut quae flumina lugubris


Ignara belli? quod mare Dauniae
Non decoloravere caedes?
Quae caret ora cruore nostro?

Sed, ne relictis, Musa procax, iocis


Ceae retractes munera neniae,
Mecum Dionaeo sub antro
Quaere modos leviore plectro.
Y escucho las hazañas de los que honran el mando
con las manchas de polvo de la liza bermeja;
oigo que el orbe entero se ha rendido, quedando
en pie tan sólo el ánimo de Catón que no ceja.

Juno que, con los dioses de África protectores


la abandonó, impotente para vengar su ruina,
hoy hace de los nietos de sus conquistadores
víctimas funerarias que a Yugurta destina.

¡Cuántas vegas regadas con sangre de Romanos


proclaman con las tumbas que las ciñen al ruedo
lo sonados que han sido nuestros odios insanos
y el derrumbe de Italia con que se goza el Medo !

¿ Qué ríos o qué piélagos no saben el desastre


de nuestras torpes guerras? ¿qué oleajes no han teñido
fratricidas matanzas? ¿o hay playa a que no arrastre
cadáveres romanos el m ar entristecido?

Pero ¿qué estás haciendo, mi musa juguetona?


No te sientan endechas del plañidor de Ceos;
vente conmigo y juntos en la cueva de Diona
busca para tu plectro más leves aleteos.

151
I I -2

Nullus argento color est avaris


Abdito terris, inimice lamnae
Crispe Salusti, nisi temperato
Splendeat usu.

Vivet extento Proculeius aevo,


Notus in fratres animi paterni :
Illum aget pinna metuente solvi
Fama superstes.

Latius regnes avidum domando


Spiritum, quam si Libyam remotis
Gadibus iungas ct uterque Poenus
Serviat uni.

Crescit indulgens sibi dirus hydrops


Nec sitim pellit, nisi causa morbi
Fugerit venis et aquosus albo
Corpore languor.

Redditur Cyri solio Phrahaten


Dissidens plebi numero beatorum
Eximit virtus populumque falsis
Dedocet uti

152
A CRISPO SALUSTIO

La plata no parece rozagante


en el filón, Salustio, y tú, discreto,
sólo guardas respeto
a la que el uso práctico abrillante.

Vivirá Proculeyo : ¡ eterna fama


para el que amó cual padre a sus hermanos!
Con vuelos soberanos
ya gloria duradera le encarama.

Más rey serás si enfrenas la avaricia,


que si logras formar de Libia a Gades
un cerco de heredades,
y ambas Cartagos colman tu codicia.

No aplacará la sed que le embravece,


aunque beba el hidrópico sin tasa,
si en sus venas rebasa
la linfa con que mustio languidece.

A Fraates feliz llaman los hombres


porque el trono de Ciro ha recobrado :
desmiente tal dictado
la Virtud, que no sufre falsos nombres,

153
Vocibus, regnum et diadema tutum
Deferens uni propriamque laurum,
Quisquis ingentes oculo inretorto
Spectat acervos.
y diadema de rey tiene guardada
para el que a vista de montones de
se enhiesta con decoro
sin desviar siquiera la mirada.
I I -3

Aequam memento rebus in arduis


Servare mentem, non secus in bonis
Ab insolenti temperatam
Laetitia, moriture Deli,

Seu maestus omni tempore vixeris,


Seu te in remoto gramine per dies
Festos reclinatum bearis
Interiore nota Falerni.

Quo pinus ingens albaque populus


Umbram hospitalem consociare amant
Ramis, quid obliquo laborat
Lympha fugax trepidare rivo?

Huc vina et unguenta et nimium breves


Flores amoenae ferre iube rosae,
Dum res et aetas et sororum
Fila trium patiuntur atra.

Cedes coemptis saltibus et domo


Villaque, flavus quam Tiberis lavit,
Cedes, et exstructis in altum
Divitiis potietur heres.

156
A DELIO

Cuida de conservar serena el alma


si te agobia el dolor, y si feliz,
conten las locas alegrías, Delio:
un día has de m orir. . .

lo mismo si es tu vida ansia perpetua,


o si en las fiestas en rincón de paz
sobre el césped, finísimo falerno
tienes para escanciar.

Para que la gocemos, pino y álamo


su sombra ayuntan — ¿para qué si no?—,
y va torciendo el paso en ágil fuga
arroyo bullidor.

Vino y perfumes haz traer, y rosas


¡flores de un día ! : te dan tiempo aún
los negros hilos de las tres Hermanas,
tu oro y tu juventud.

Luego será el adiós a tus haciendas,


a tu casa, a esa villa que, al pasar,
el Tiber besa.. . cúmulo de bienes
que al fin de otro serán,

157
Divesne prisco natus ab Inacho
Nil interest an pauper et infima
De gente sub divo moreris,
Victima nil miserantis Orci.

Omnes eodem cogimur, omnium


Versatur urna serius ocius
Sors exitura et nos in aeternum
Exsilium inpositura cumbae.
sin que importe que seas rico o pobre,
plebeyo o casta del argivo rey,
pues del Orco que a nadie compadece
víctima habrás de ser. ..

Todos vamos a un fin, todos tenemos


nuestro nombre en el ánfora fatal;
salta tarde o temprano, y nos embarca
para la eternidad.
I I -4

Ne sit ancillae tibi amor pudori,


X anthia Phoceu. Prius insolentem
Serva Briseis niveo colore
Movit Achillem;

Movit Aiacem Telamone natum


Forma captivae dominum Tecmessae;
Arsit Atrides medio in triumpho
Virgine rapta,

Barbarae postquam cecidere turmae


Thessalo victore et ademptus Hector
Tradidit fessis leviora tolli
Pergama Grais.

Nescias an te generum beati


Phyllidis flavae decorent parentes:
Regium certe genus et penates
Maeret iniquos.

Crede non illam tibi de scelesta


Plebe dilectam neque sic fidelem,
Sic lucro aversam potuisse nasci
M atre pudenda.

160
A JA NC IA FOCEO

Amor de esclava no te avergüence,


Jancia Foceo, pues era esclava
también Briseida, y al duro Aquiles
prendó por nivea, prendó por cándida;

y al Telamonio prendó Tecmesa


—bella cautiva fue dueña de Áyax— ;
y en pleno triunfo robó el Atrida,
ciego de amores a su Casandra,

cuando al empuje del jefe tésalo


cedió vencida la ciudad bárbara,
y dio a los griegos fácil victoria
Troya sin Héctor, tras lucha brava.

¿Y si es que tiene la rubia Filis


padres que te honren por su prosapia?
S í . . . de seguro, son reyes, y ella
la ruina llora de excelsa casa.

Sí, lo contrario fuera imposible:


tener no pudo cuna villana;
tan fiel amante, tan desprendida,
debe ser hija de madre honrada.

161
Bracchia et vultum teretesque suras
Integer laudo; fuge suspicari,
Cuius octavum trepidavit aetas
Claudere lustrum.
No te den celos si en ella alabo
brazos y rostro, formas torneadas
que no de balde los años corren,
y los cuarenta ya poco tard an . . .
I I -5

Nondum subacta ferre iugum valet


Cervice, nondum munia comparis
Aequare nec tauri ruentis
In venerem tolerare pondus.

Circa virentes est animus tuae


Campos iuvencae, nunc fluviis gravem
Solantis aestum, nunc in udo
Ludere cum vitulis salicto

Praegestientis. Tolle cupidinem


Inmitis uvae: iam tibi lividos
Distinguet autumnus racemos
Purpureo varius colore.

Iam te sequetur: currit enim ferox


Aetas et illi, quos tibi dempserit,
Adponet annos; iam proterva
Fronte petet Lalage maritum,

Dilecta, quantum non Pholoe fugax,


Non Chloris, albo sic umero nitens,
U t pura nocturno renidet
Luna mari Cnidiusve Gyges,

164
A UN A M I G O

La testa aún no agacha tu ternera


al yugo, ni pudiera
compartir el trabajo o la lascivia
del encelado toro. Por los cerros
y verdecidos céspedes se goza;
loca con los becerros
en saucedales húmedos retoza,
y en frescas aguas el bochorno alivia.

El racimo en agraz fuera locura. . .


Vendrá el otoño, que la vid purpura,
y pintará en su día
el envero que aguija tu sentido.

Ya ella te seguirá. La edad bravia


pronto se trueca en juventud lozana ;
los años que tú pierdes ella gana:
Lálage pronto pedirá m arid o .. .

Lálage, más que Fóloe, seductora.. .


más que la misma Cloris que enamora
con las alburas de sus hombros bellos,
cual luna que en el m ar riela destellos.

165
Quem si puellarum insereres choro,
Mire sagaces falleret hospites
Discrimen obscurum solutis
Crinibus ambiguoque vultu.
más que Giges de Gnido
que, entre un corro de niñas engañara
los ojos más sagaces, confundido
por sus guedejas y su ambigua cara.
I I -6

Septimi, Gades aditure mecum et


Cantabrum indoctum iuga ferre nostra et
Barbaras Syrtes, ubi M aura semper
Aestuat unda,

Tibur Argeo positum colono


Sit meae sedes utinam senectae,
Sit modus lasso maris et viarum
Militiaeque.

Unde si Parcae prohibent iniquae,


Dulce pellitis ovibus Galaesi
Flumen et regnata petam Laconi
Rura Phalantho.

Ille terrarum mihi praeter omnes


Angulus ridet, ubi non Hymetto
Mella decedunt viridique certat
Baca Venafro;

Ver ubi longum tepidasque praebet


Iuppiter brumas, et amictus Aulon
Fertili Baccho minimum Falernis
Invidet uvis.

168
A SEPTIMIO

Septimio, que conmigo te vendrías


a Gades, o a Cantabria la rebelde,
o a las ásperas sirtes mauritanas
donde en perpetuo afán las ondas hierven,

si llego a la vejez, mi sueño es Tíbur,


hogar que se labró la argiva gente :
harto de viajes, mares y campañas,
en él halle por fin mi último albergue.

Si la Parca me acorta el plazo, injusta,


iré al Galeso de mimosas greyes
que arropan su vellón, iré a Tarento
que de su rey Falanto se envanece:

rinconcito del mundo que entre todos


más dulce me sonríe, en que las mieles
vencen las del Himeto, y que compite
con Venafro en riquísimos aceites,

donde las primaveras son tan largas,


tan tibios los inviernos, y es tan fértil
para Baco el Aulón, criando viñas
que en nada del falerno desmerecen.

169
Ille te mecum locus et beatae
Postulant arces; ibi tu calentem
Debita sparges lacrima favillam
Vatis amici.
Ése es el dulce nido que nos llama :
allí vivamos juntos, allí ruede
sobre los restos del poeta amigo
el llanto que tu amor debe a su muerte.
I I -7

O saepe mecum tempus in ultimum


Deducte Bruto militiae duce,
Quis te redonavit Quiritem
Dis patriis Italoque caelo,

Pompei meorum prime sodalium,


Cum quo morantem saepe diem mero
Fregi, coronatus nitentes
Malobathro Syrio capillos?

Tecum Philippos et celerem fugam


Sensi relicta non bene parmula,
Cum fracta virtus et minaces
Turpe solum tetigere mento.

Sed me per hostes Mercurius celer


Denso paventem sustulit aere ;
Te rursus in bellum resorbens
Unda fretis tulit aestuosis.

Ergo obligatam redde Iovi dapem,


Longaque fessum militia latus
Depone sub lauru mea nec
Parce cadis tibi destinatis.

172
A POMPEYO VARO

Oh Pompeyo que, al mando de Bruto, en la milicia


tantas veces conmigo desafiaste la muerte,
¿por qué deidad propicia
de quirite en tu Italia logro de nuevo verte?

¡Querido compañero, cómo de las cansadas


lentas horas solíamos aliviarnos con vino,
las sienes coronadas,
y estilando el cabello sirio ungüento mirrino !

Contigo vi la rota de Filipos, la huida


en que al soltar mi escudo no pequé de valiente,
cuando una hueste ardida
tocó, rotos sus bríos, el polvo con la frente.

Raudo entonces Mercurio de en medio la refriega


me arrancó tembloroso, velado en nube roja;
a ti, la ola te anega
y a nuevas tempestades ensañada te arroja.

Cumple, pues, hoy con Jove que te salvó la vida;


después de tantas guerras, ven, descansa en la grama:
mi laurel te convida,
mi tonel que te espera dulce olvido derrama.

173
Oblivioso levia Massico
Ciboria exple, funde capacibus
Unguenta de conchis. Quis udo
Deproperare apio coronas

Curatve myrto? Quem Venus arbitrum


Dicet bibendi? Non ego sanius
Bacchabor Edonis : recepto
Dulce mihi furere est amico.
Muchachos, la áurea copa de másico hasta el filo
llenadle, y de ancho frasco verted el rico ungüento;
¿de mirto, de apio o tilo,
quién las frescas coronas nos prepara al momento?

Nombre a quien quiera Venus rey de los bebedores,


que hoy bebo como un Tracio, y hoy pienso hacer el loco:
tras tantos sinsabores
vuelto el amigo, es dulce perder el seso un poco. . .

175
I I -8

Ulla si iuris tibi peierati


Poena, Barine, nocuisset umquam,
Dente si nigro fieres vel uno
Turpior ungui,

Crederem. Sed tu simul obligasti


Perfidum votis caput, enitescis
Pulchrior multo iuvenumque prodis
Publica cura.

Expedit matris cineres opertos


Fallere et toto taciturna noctis
Signa cum caelo gelidaque divos
Morte carentes.

Ridet hoc, inquam, Venus ipsa, rident


Simplices Nymphae ferus et Cupido,
Semper ardentes acuens sagittas
Cote cruenta.

Adde quod pubes tibi crescit omnis,


Servitus crescit nova, nec priores
Impiae tectum dominae relinquunt,
Saepe minati.

176
A BARIN A I

Si te alcanzara alguna vez, Barina,


por tus perjurios pena justiciera,
si un diente o si la uña alabastrina
negra se te volviera,

creer podría en ti; pero perjuras


con el voto en los labios aun vivo,
y más graciosa en tu beldad fulguras,
ni hay joven insensible a tu atractivo. . .

¡ Sigue —pues te conviene— perjurando !


i miente por las cenizas maternales,
por las estrellas, taciturno bando,
y aun por los Inmortales !

Muy complaciente es Venus y hace fiesta,


hacen fiesta las Ninfas y Cupido,
que en mollejón sangriento duro apresta
los filos al flechazo enardecido.

Crece la juventud : para ti crece


—nuevo turno de esclavos que hoy te nace—,
ni por ello el de ayer desaparece,
aunque más lo am enace.. .

177
Te suis matres metuunt iuvencis,
Te senes parci miseraeque, nuper
Virgines, nuptae, tua ne retardet
Aura maritos.
Te temen, por sus hijos angustiada
la madre, por su plata el avariento,
y por su esposo la recién casada,
no le detenga tu hechicero aliento.
I I -9

Non semper imbres nubibus hispidos


M anant in agros aut mare Caspium
Vexant inaequales procellae
Usque, nec Armeniis in oris,

Amice Valgi, stat glacies iners


Menses per omnes, aut aquilonibus
Querceta Gargani laborant
Et foliis viduantur orni:

Tu semper urgues flebilibus modis


Mysten ademptum, nec tibi Vespero
Surgente decedunt Amores
Nec rapidum fugiente solem.

At non ter aevo functus amabilem


Ploravit omnes Antilochum senex
Annos, nec impubem parentes
Troilon aut Phrygiae sorores

Flevere semper. Desine mollium


Tandem querellarum, et potius nova
Cantemus Augusti tropaea
Caesaris et rigidum Niphaten,

180
A VALGIO

No de continuo a desgreñar las tierras


bajan los aguaceros torrenciales;
no tiene el Caspio eternos temporales,
ni Armenia eternos hielos en sus sierras ;
no entabla el huracán perpetuas guerras
del Gárgano en los altos robledales,
ni se embravece por dejar sañudo,
al verde quejigal de hojas desnudo.

Mas tú, Valgio, con ciega demasía


renuevas por tu Miste eterno llanto,
ya Véspero su luz prenda en el manto
de la noche, o la apague frente al día.
Néstor no así lloró con tal porfía
a Antíloco, que fue todo su encanto,
ni hubo tan largos trenos femeniles
por Troilo niño, a quien m atara Aquiles.

Trueca más bien por cantos de combates


la languidez de tu íntima querella:
canta a César Augusto que ya huella
victorioso las nieves del Nifates;

181
Medumque flumen gentibus additum
Victis minores volvere vertices,
Intraque praescriptum Gelonos
Exiguis equitare campis.
huella entre los vencidos al Eufrates
que, humillado en sus ondas, no resuella,
y hace que en corta linde los Gelones
ciñan el galopar de sus bridones.
11-10

Rectius vives, Licini, neque altum


Semper urguendo neque, dum procellas
Cautus horrescis, nimium premendo
Litus iniquum.

Auream quisquis mediocritatem


Diligit, tutus caret obsoleti
Sordibus tecti, caret invidenda
Sobrius aula.

Saepius ventis agitatur ingens


Pinus et celsae graviore casu
Decidunt turres feriuntque summos
Fulgura montes.

Sperat infestis, metuit secundis


Alteram sortem bene praeparatum
Pectus. Informes hiemes reducit
Iuppiter, idem

Submovet. Non, si male nunc, et olim


Sic erit: quondam cithara tacentem
Suscitat Musam neque semper arcum
Tendit Apollo.

184
A LICINIO M U R E N A

Seguro vivirás si ni te enfrascas


en alta mar por vano desafío,
ni por temor, Licinio, a las borrascas
rozas la playa y das en el bajío.

Quien con dorada medianía goza


ambos extremos mesurado evita:
las sórdidas miserias de una choza,
la justa envidia que un palacio excita.

Se ensaña el viento en el más alto pino,


se ensaña el rayo en la más alta cresta;
mayor derrumbe el raudo torbellino
amenaza a la torre más enhiesta.

Sabe esperar cuando la suerte abruma


el prudente, y temer cuando sonríe.
Júpiter nos contrista con la bruma,
y a su tiempo él será quien la desvíe.

No porque hoy llores, llorarás m añana;


si enmudeció en tus manos hoy la lira,
puede la Musa despertarla ufana,
y no por siempre Apolo el arco estira.

185
Rebus angustis animosus atque
Fortis adpare; sapienter idem
Contrahes vento nimium secundo
Turgida vela.

186
Aunque doblegue tu alma el sufrimiento,
tente firme; y cercena cauteloso
las velas del bajel, cuando es el viento,
por demasiado bueno, sospechoso.

187
II - 11

Quid bellicosus Cantaber et Seythes,


Hirpine Quinti, cogitet Hadria
Divisus obiecto, remittas
Quaerere, nec trepides in usum

Poscentis aevi pauca: fugit retro


Levis iuventas et decor, arida
Pellente lascivos amores
Canitie facilemque somnum.

Non semper idem floribus est honor


Vernis, neque uno luna rubens nitet
Vultu: quid aeternis minorem
Consiliis animum fatigas?

Cur non sub alta vel platano vel hac


Pinu iacentes sic temere et rosa
Canos odorati capillos,
Dum licet, Assyriaque nardo

Potamus uncti? Dissipat Euhius


Curas edaces. Quis puer ocius
Restinguet ardentis Falerni
Pocula praetereunte lympha?

188
A QUINCIO HIRPINO

¿Qué se te da de lo que trama el Cántabro,


o allende el m ar Adriático el Escita?
¿por qué tantas zozobras del mañana?
¡ la vida de tan poco necesita !

Se va la juventud, Hirpino Quincio,


su tersura y v e rd o r.. . Seco y canoso,
¿cómo pensar en amorosos juegos
y en aquel sueño fácil, tan sabroso?

Marchítase la flor de primavera,


cambia la luna su matiz rojizo :
¿y con planes eternos tu alma abrumas,
que para afán perpetuo no se hizo?

Mira, ¿ves ese pino o ese chopo?


¿ quieres, sin más atuendo, una jarana?
No faltarán ungüento, nardo, rosas,
que nos perfumen la cabeza cana.

Todavía podem os.. . M ata el vino


al pesar roedor. . . ¡ Muchacho, al vuelo !
apágame el falerno de ese pomo
en la linfa veloz del arroyuelo.

189
Quis devium scortum eliciet domo
Lyden? Eburna, dic age, cum lyra
M aturet, incomptam Lacaenae
More comam religata nodo!
¿Y quién al punto acá nos echa a Lide?
Que venga con su lira marfileña,
y se aguije esa picara, anudando
rápida el pelo como Esparta enseña.
Π - 12

Nolis longa ferae bella Numantiae


Nec dirum Hannibalem nec Siculum mare
Poeno purpureum sanguine mollibus
Aptari citharae modis,

Nec saevos Lapithas et nimium mero


Hylaeum domitosque Herculea manu
Telluris iuvenes, unde periculum
Fulgens contremuit domus

Saturni veteris: tuque pedestribus


Dices historiis proelia Caesaris,
Maecenas, melius ductaque per vias
Regum colla minacium.

Me dulces dominae Musa Licymniae


Cantus, me voluit dicere lucidum
Fulgentes oculos et bene mutuis
Fidum pectus amoribus;

Quam nec ferre pedem dedecuit choris


Nec certare ioco nec dare bracchia
Ludentem nitidis virginibus sacro
Dianae celebris die.

192
A MECENAS

¿ Cómo pensar pudiste que mi cítara muelle


cantara el largo asedio de Numancia la brava,
la fiereza de Aníbal, el ponto siciliano
que con púnica sangre sus azules deslava,

la lucha sanguinosa de los crudos Lapitas,


la embriaguez de Hileo, los soberbios gigantes
rendidos por Alcides cuando al viejo Saturno
en su mansión fulgente cercaron arrogantes?

Las hazañas de Augusto mucho mejor tú mismo


puedes narrar, Mecenas, en majestuosa historia,
y los altivos reyes que, bajas las cervices,
desfilaron uncidos al carro de su gloria.

A mí con otros temas me convida la musa:


de Licimnia, tu dueño, los bellísimos cantos,
el fulgor de sus ojos, la dulzura del pecho
con que en mutuos requiebros te brinda sus encantos.

En la sagrada pompa de la fiesta de Diana,


cuán en su punto estuvo, cuán fiel a su decoro
al cruzarse en la danza y entrelazar festiva
los brazos con las vírgenes que formaban el coro.

193
Niim tu quae tenuit dives Achaemenes
Aut pinguis Phrygiae Mygdonias opes
Permutare velis crine Licymniae
Plenas aut Arabum domos,

Dum flagrantia detorquet ad oscula


Cervicem, aut facili saevitia negat,
Quae posccntc magis gaudeat eripi,
Interdum rapere occupat.
Mas di, ¿por los ingentes tesoros de Aquemenes,
por cuanto en los migdonios campos se recolecta,
por el oro de Arabia, trocar sólo un cabello
quisieras de tu dulce Licimnia predilecta,

cuando a tu beso ardiente feliz el cuello inclina,


o de pronto se niega, simulando rigores,
y gusta que le hurtes caricias, si no es ella
quien a ti te las roba porque más te enamores?

195
II- 13

Ille et nefasto te posuit die,


Quicumque primum, et sacrilega manu
Produxit, arbos, in nepotum
Perniciem opprobriumque pagi;

Illum et parentis crediderim sui


Fregisse cervicem et penetralia
Sparsisse nocturno cruore
Hospitis; ille venena Colcha

Et quidquid usquam concipitur nefas


Tractavit, agro qui statuit meo
Te triste lignum, te caducum
In domini caput inmerentis.

Quid quisque vitet, numquam homini satis


Cautum est in horas : navita Bosporum
Thynus perhorrescit neque ultra
Caeca timetve aliunde fata,

Miles sagittas et celerem fugam


Parthi, catenas Parthus et Italum
Robur; sed inprovisa leti
Vis rapuit rapietque gentes.

196
C O N T R A UN A R B O L
DE S U H U E R T O

¡Árbol maldito, y quién te plantaría!


¡ a que, al hacerlo, era nefasto el día !
¡A que, impío, regó su primer brote
un criminal, porque el oprobio hoy sea
del pueblo, y de sus nietos el azote !
¡Fue malhechor de la peor ralea,
parricida tal vez, tal vez manchado
con la sangre de un huésped degollado,
y práctico en los cólquicos venenos,
quien te puso, vil tronco, en mis terrenos,
a que, inicuo, amagaras con fiereza
de tu inocente dueño a la cabeza ! . . .

Con tanto lazo el hombre se intimida


sin saberse guardar. Tiembla el piloto
Cartaginés del Bosforo, y descuida
los bancos de algún ponto más remoto.
Teme el Romano al Parto por su flecha;
de Roma teme el Parto las prisiones ;
pero la muerte en su escondite acecha
y ensangrienta su zarpa en las naciones.

197
Quam paene furvae regna Proserpinae
Et iudicantem vidimus Aeacum
Sedesque discretas piorum et
Aeoliis fidibus querentem

Sappho puellis de popularibus


Et te sonantem plenius aureo,
Alcaee, plectro dura navis,
Dura fugae mala, dura belli.

Utrumque sacro digna silentio


M irantur umbrae dicere; sed magis
Pugnas et exactos tyrannos
Densum umeris bibit aure vulgus.

Quid mirum, ubi illis carminibus stupens


Demittit atras belua centiceps
Aures, et intorti capillis
Eumenidum recreantur angues?

Quin et Prometheus et Pelopis parens


Dulci laborum decipitur sono,
Nec curat Orion leones
Aut timidos agitare lyncas.
i Qué a punto estuve de ir con Proserpina
con el juez del Elisio; y casi veo
a Safo que a sus lésbicas doncellas
con eolios gemidos incrimina,
y a ti con tu áureo plectro, noble Alceo,
que entonas más enérgicas querellas:
del destierro el afán, del m ar la saña,
la dura brega en la marcial campaña I

Bebiéndoles la voz, oye admirado


el pueblo de las sombras en suspenso; ,
mas tras aquél apíñase más denso
que canta del tirano derrocado.
¿Qué mucho, si la música hechicera
aun al Cerbero amansa, y se entorpece
el manojo de sierpes que guarnece
de las Furias la horrenda cabellera;
si Prometeo y Tántalo, un momento,
tienen alivio en su inmortal tortura,
y Orion, presa también del dulce acento,
de linces y leones no se cura?
I I -14

Eheu fugaces, Postume, Postume,


Labuntur anni, nec pietas moram
Rugis et instanti senectae
Adferet indomitaeque morti;

Non, si trecenis, quotquot eunt dies,


Amice, places inlacrimabilem
Plutona tauris, qui ter amplum
Geryonen Tityonque tristi

Conpescit unda, scilicet omnibus,


Quicumque terrae munere vescimur,
Enaviganda, sive reges
Sive inopes erimus coloni.

Frustra cruento M arte carebimus


Fractisque rauci fluctibus Hadriae,
Frustra per autumnos nocentem
Corporibus metuemus austrum:

Visendus ater flumine languido


Cocytos errans et Danai genus
Infame damnatusque longi
Sisyphus Aeolides laboris.

200
A POSTUMO

¡Ay cuán fugaces, Postumo, mi Postumo,


los años se nos v an . . . y sin que acierte
ni la piedad a retardar las rugas
y el indómito avance de la muerte!

Ni con llevar tres diarias hecatombes


al altar de Plutón en sacrificio,
alcanzaran tus lágrimas un plazo
del carcelero de Gerión y Ticio.

Esas tétricas aguas que los cercan,


cuantos vivimos de la madre tierra
tendremos que cruzar, lo mismo el príncipe
que el labrador que al pegujal se aferra.

Vano es huir de la sangrienta liza


y del ronco fragor del mar turgente,
vano, guardar el cuerpo en el otoño
del influjo del austro pestilente.

Será forzoso ver el cauce lánguido


y los negros meandros del Cocito,
el oprobio que abruma a las Danaides
y el largo afán de Sísifo maldito;

201
Linquenda tellus et domus et placens
Uxor, neque harum, quas colis, arborum
Te praeter invisas cupressos
Ulla brevem dominum sequetur.

Absumet heres Gaecuba dignior


Servata centum clavibus et mero
Tinguet pavimentum superbo,
Pontificum potiore cenis.

202
y forzoso, dejar tu tierra y casa,
tu amable esposa, y ver, ¡ay breve dueño
que, único entre tus árboles, asombra
el odioso ciprés tu postrer sueño,

mientras un nieto, a gusto, con tu cécubo,


que cien llaves guardaban, se regala,
y tira por los mármoles un vino
que en cenas pontificias fuera gala. . .
I I -15

Iam pauca aratro iugera regiae


Moles relinquent, undique latius
Extenta visentur Lucrino
Stagna lacu, platanusque caelebs

Evincet ulmos ; tum violaria et


Myrtus et omnis copia narium
Spargent olivetis odorem,
Fertilibus domino priori;

Tum spissa ramis laurea fervidos


Excludet ictus. Non ita Romuli
Praescriptum et intonsi Catonis
Auspiciis veterumque norma.

Privatus illis census erat brevis,


Commune magnum: nulla decempedis
M etata privatis opacam
Porticus excipiebat Arcton,

Nec fortuitum spernere cespitem


Leges sinebant, oppida publico
Sumptu iubentes et deorum
Templa novo decorare saxo.

204
C O N T R A EL L U J O

Con tantas moles soberbias


van a faltar labrantíos;
se multiplican estanques
más inmensos que el Lucrino.
Suplanta el plátano célibe
al olmo ; violas y mirtos
en regalo del olfato
truecan el don del olivo;
cunden bosques de laureles
contra el sol. No así prescrito
fue por Rómulo o Catón
en los tiempos primitivos.
Pequeño el haber privado
—tal fue su ley—, grande el fisco;
pórticos descomunales
para el fresco no eran lícitos,
ni el despreciar las viviendas
de adobe y alar pajizo ;
y el mármol sólo en los templos,
los foros y peristilos.

205
I I - 16

Otium divos rogat in patenti


Prensus Aegaeo, simul atra nubes
Condidit lunam neque certa fulgent
Sidera nautis;

Otium bello furiosa Thrace,


Otium Medi pharetra decori,
Grosphe, non gemmis neque purpura ve­
nale neque auro.

Non enim gazae neque consularis


Submovet lictor miseros tumultus
Mentis et curas laqueata circum
Tecta volantes.

Vivitur parvo bene, cui paternum


Splendet in mensa tenui salinum
Nec leves somnos timor aut cupido
Sordidus aufert.

Quid brevi fortes iaculamur aevo


Multa? Quid terras alio calentes
Sole mutamus? Patriae quis exsul
Se quoque fugit? ·

206
A GROSFO

Calma pide a los dioses el que mira


cómo la m ar se aíra
al tiempo que entre nubes no destella
la luna, y no le guía ni una estrella.
Paz pide Tracia, en las refriegas brava,
paz, el Medo vistoso con la aljaba,
paz, supremo tesoro
que no compran la purpura ni el oro.

Pues ni hacienda ni fasces consulares


despejan los pesares
cuando zozobras mil, Grosfo, revuelan
bajo el techo que orífices cincelan.
Con poco vive bien quien el salero
luce de sus abuelos placentero,
sin que nada le acuite,
sin sórdida ambición que el sueño quite.

Es tan breve el vivir : ¿ por qué se lanza


tan lejos la esperanza?
¿a qué otros climas? Quien la patria deja
¿por ventura de sí también se aleja?

207
Scandit aeratas vitiosa naves
Cura nec turmas equitum relinquit,
Ocior cervis et agente nimbos
Ocior Euro.

Laetus in praesens animus quod ultra est


Oderit curare et amara lento
Temperet risu; nihil est ab omni
Parte beatum.

Abstulit clarum cita mors Achillem,


Longa Tithonum minuit senectus,
Et mihi forsan, tibi quod negarit,
Porriget hora.

Te greges centum Siculaeque circum


Mugiunt vaccae, tibi tollit hinnitum
Apta quadragis equa, te bis Afro
Murice tinctae

Vestiunt lanae; mihi parva rura et


Spiritum Graiae tenuem Camenae
Parca non mendax dedit et malignum
Spernere vulgus.
En pos de él el dolor sube al trirreme ;
si huye montado, a su corcel no teme :
más que el gamo es ligero,
más que el euro que avienta el aguacero.

A tu paz de hoy no inquiete lo futuro,


y atempera lo duro
con la mansa sonrisa y el buen modo :
no hay dicha en vida que lo abarque todo.
A la gloria de Aquiles falta espacio;
sobra a Titón, que se marchita lacio ;
a mí tal vez la vida
me da lo que te niega, desabrida.

Tus hatos y vacadas cubren leguas


de campiña; tus yeguas
gloria serán de una cuadriga; y lana
vistes que has reteñido en doble grana.
Yo tengo un rebujal; mas es mi orgullo
de griega inspiración tal cual arrullo:
don medido y pequeño ; '
pero por él al vulgo vil desdeño.
I I - 17

Cur me querellis exanimas tuis?


Nec dis amicum est nec mihi te prius
Obire, Maecenas, mearum
Grande decus columenque rerum.

A, te meae si partem animae rapit


Maturior vis, quid moror altera,
Nec carus aeque nec superstes
Integer? Ille dies utramque

Ducet ruinam. Non ego perfidum


Dixi sacramentum: ibimus, ibimus,
Utcumque praecedes, supremum
Carpere iter comites parati.

Me nec Chimaerae spiritus igneae


Nec, si resurgat, centimanus Gyas
Divellet umquam : sic potenti
Iustitiae placitumque Parcis.

Seu Libra seu me Scorpios adspicit


Formidolosus, pars violentior
Natalis horae, seu tyrannus
Hesperiae Capricornus undae,

210
A MECENAS

¿Por qué así me desgarras con tus quejas?


¡ No han de querer los dioses, ni yo qúiero
que partas tú el primero,
Mecenas, mi sostén, mi honra y valía!
¡Parte del alma mía!
¡ ah ! si el hado te roba, si me dejas,
¿qué hará la otra mitad? ¿quieres que trunca
viva odiosa a sí m ism a?.. . ¡Nunca, nunca!
Con doble ruina a tierra nos vendremos;
que no han de ser falaces los supremos
juramentos que te hice: ¡voy contigo,
y si marchas delante, yo te sigo!

De ti no ha de apartarm e fuerza alguna,


Gigante ni Quimera. Orden es ésta
de la excelsa Justicia y de la Parca.
No sé qué astro brilló sobre mi cuna,
si es Libra quien me marca,
o Escorpión, o tal vez, fiera funesta,
Capricornio, señor del mar hesperio;

211
Utrumque nostrum incredibili modo
Consentit astrum. Te Iovis impio
Tutela Saturno refulgens
Eripuit volucrisque Fati

Tardavit alas, cui populus frequens


Laetum theatris ter crepuit sonum;
Me truncus inlapsus cerebro
Sustulerat, nisi Faunus ictum

Dextra levasset, Mercurialium


Custos virorum. Reddere victimas
Aedemque votivam memento;
Nos humilem feriemus agnam.
pero sé que es misterio
por cuán extraño modo
van nuestros astros a la par en todo. . .
Contra Saturno te libró del hado
Jove, cuando aclamado
te vio el teatro con ardientes vivas.
Yo del tronco fatal nunca escapara,
que a mi frente amagó, si compasivas
Fauno a tiempo las manos no extendiera
por salvar al poeta.
Tú, prepara
las víctimas y el templo prometido;
yo, bastante he cumplido,
si humilde sacrifico una cordera.
I I -18

Non ebur neque aureum


Mea renidet in domo lacunar,
Non trabes Hymettiae
Premunt columnas ultima recisas

Africa, neque Attali


Ignotus heres regiam occupavi,
Nec Laconicas mihi
Trahunt honestae purpuras clientae.

At fides et ingeni
Benigna vena est, pauperemque dives
Me petit : nihil supra
Deos lacesso nec potentem amicum

Largiora flagito,
Satis beatus unicis Sabinis.
Truditur dies die,
Novaeque pergunt interire lunae.

Tu secanda marmora
Locas sub ipsum funus et sepulcri
Inmemor struis domos,
Marisque Bais obstrepentis urgues

214
CONTRA UN A V A R O

Artesones con oros y marfiles


no brillan en mi hogar;
ni el Himeto arquitrabes, ni columnas
las canteras numídicas me dan;
ni por fortuita herencia de los Átalos
en su alcázar me vi;
ni hacen labor con púrpuras laconias
ahidalgadas clientes para mí.

Mas por mi ingenio y por mi fe los grandes


me buscan con afán;
y ni apremio a los dioses, ni al amigo
al que ya tanto debo pido más.
¿Más? ¿para qué? ¡Mi finca de S ab in a...
y soy rico y feliz!
Un día empuja al otro, y van las lunas,
una tras otra, todas a m o rir.. .

Tú contratando mármoles en vísperas


del propio funeral. . .
y en Bayas, olvidado de la tumba,
labras quintas que se entran por el m a r. . .

215
Submovere litora,
Parum locuples continente ripa.
Quid quod usque proximos
Revellis agri terminos et ultra

Limites clientium
Salis avarus? Pellitur paternos
In sinu ferens deos
Et uxor et vir sordidosque natos.

Nulla certior tamen


Rapacis orci fine destinata
Aula divitem manet
Erum. Quid ultra tendis? Aequa tellus

Pauperi recluditur
Regumque pueris, nec satelles orci
Callidum Promethea
Revexit auro captus. Hic superbum

Tantalum atque Tantali


Genus cohercet, hic levare functum
Pauperem laboribus
Vocatus atque non vocatus audit.
Retrocede la playa ante tu empuje
de codicia febril.
¡ Qué ! si aun mojones de vecinos campos
sacrilego, has osado subvertir. . .

¡ Avaro, has invadido a tus clientes !


y del paterno lar
hombre y mujer con harapientos niños,
los dioses en el seno, expulsos v an . . .
¡Aguarda !, el Orco acecha codicioso,
ni hay aula de festín
que con mayor certeza espere al dueño.
Ya es tiempo, ¿a dónde más pretendes ir?

Madre común, el seno abre la tierra


a todos por igual,
pobres e hijos de reyes. Prometeo
a Caronte no pudo sobornar.
Él al soberbio Tántalo y los suyos
detiene en su confín;
él, que le llame o no, de sus pesares
al pobre acude, un día, a redimir.
I I -19

Bacchum in remotis carmina rupibus


Vidi docentem, credite posteri,
Nymphasque discentes et aures
Capripedum Satyrorum acutas.

Euhoe, recenti mens trepidat metu,


Plenoque Bacchi pectore turbidum
Laetatur. Euhoe, parce Liber,
Parce, gravi metuende thyrso.

Fas pervicaces est mihi Thyiadas


Vinique fontem lactis et uberes
Cantare rivos atque truncis
Lapsa cavis iterare mella ;

Fas et beatae coniugis additum


Stellis honorem tectaque Penthei
Disiecta non leni ruina
Thracis et exitium Lycurgi.

Tu flectis amnes, tu mare barbarum,


Tu separatis uvidus in iugis
Nodo coherces viperino
Bistonidum sine fraude crines.

218
A BACO

Razas futuras, ¿lo creeréis?— yo he visto


a Baco que a las Ninfas enseñaba
sus cantos en las peñas; vi a los Sátiros,
orejitas agudas, pies de cabras. . .

¡ Euhé ! tiemblo del susto todavía ;


lleno de Baco, en túrbida algazara
me bulle el pecho. . . ¡ Euhé ! ¡ Líbrame, Líber,
del rudo golpe que tu tirso amaga !

Ya cantar puedo a las rabiosas Ménadas,


y el vino y leche que en arroyos manan;
puedo al vivo pintar los huecos troncos
que destilan la miel en dulces lágrimas ;

y celebrar la gloria de tu esposa


entre constelaciones endiosada,
el rayo en el palacio de Penteo,
la ruina de Licurgo, rey de Tracia.

T ú domeñas los ríos y el mar índico;


y, temulento, en serranías bravas,
sin daño la melena a las Bistónidas
con nudos viperinos enmarañas.

219
Tu, cum parentis regna per arduum
Cohors Gigantum scanderet impia,
Rhoetum retorsisti leonis
Unguibus horribilique m ala;

Quamquam choeris aptior et iocis


Ludoque dictus non sat idoneus
Pugnae ferebaris, sed idem
Pacis eras mediusque belli.

Te vidit insons Cerberus aureo


Cornu decorum, leniter atterens
Caudam, et recedentis trilingui
Ore pedes tetigitque crura.
Tú, cuando la gavilla de Gigantes
subió al asalto del paterno alcázar,
vuelto león, pusiste en fuga a Reto
con horrendas mandíbulas y zarpas.

Inútil te creyeron en las luchas


y apto tan sólo para el juego y danza,
pero lo mismo que en la paz supiste
demostrar tu valía en la batalla.

Suspenso ante tu hermoso cuerno de oro


te vio Cerbero y moderó su rabia,
y a tu paso, halagando con la cola,
con sus tres lenguas lamiscó tus plantas.
I I -20

Non usitata nec tenui ferar


Pinna biformis per liquidum aethera
Vates, neque in terris morabor
Longius invidiaque maior

Urbes relinquam. Non ego, pauperum


Sanguis parentum, non ego quem vocas,
Dilecte Maecenas, obibo
Nec Stygia cohibebor unda.

Iam iam residunt cruribus asperae


Pelles et album mutor in alitem
Superne, nascunturque leves
Per digitos umerosque plumae.

Iam Daedaleo tutior Icaro


Visam gementis litora Bospori
Syrtesque Gaetulas canorus
Ales Hyperboreosque campos.

Me Colchus et, qui dissimulat metum


Marsae cohortis, Dacus et ultimi
Noscent Geloni, me peritus
Discet Hiber Rhodanique potor.

222
A MECENAS

Con desusado y poderoso vuelo


por el aire sutil, biforme vate,
parto a buscar, desamparando el suelo,
dónde de tanta envidia me rescate.

Pues yo el nacido en desdeñada cuna


no moriré : me alientas tú a la gloria,
caro Mecenas; la infernal laguna
no podrá retener mi vil escoria.

Piel más dura en mis plantas se improvisa,


y en cisne voy trocando mi figura ;
ya en manos y hombros miro cuál se alisa
rico plumaje de perfecta albura.

ícaro quede atrás: ave canora,


trasvolaré las sirtes africanas,
del Bosforo la orilla gemidora,
las llanuras del polo siempre canas.

Todos oirán mi nombre, Coicos fieros,


Dacios que el miedo a mársicas legiones
no logran ocultar, doctos Iberos,
ribereños del Ródano, y Gelones.

223
Absint inani funere naeniae
Luctusque turpes et querimoniae;
Compesce clamorem ac sepulcri
Mitte supervacuos honores.
Sobre mi cenotafio no resuenen
plañidos de dolor, honra ilusoria,
trenos, llantos ni quejas, que convienen
sólo al que muere sin dejar memoria.
L i br o Te r c e r o
Il l - 1

Odi profanum volgus et arceo.


Favete linguis; carmina non prius
Audita Musarum sacerdos
Virginibus puerisque canto.

Regum timendorum in proprios greges,


Reges in ipsos imperium est Iovis,
Clari Giganteo triumpho,
Cuncta supercilio moventis.

Est ut viro vir latius ordinet


Arbusta sulcis, hic generosior
Descendat in campum petitor,
Moribus hic meliorque fama

Contendat, illi turba clientium


Sit maior: aequa lege Necessitas
Sortitur insignes et imos;
Omne capax movet urna nomen.

Destrictus ensis cui super impia


Cervice pendet, non Siculae dapes
Dulcem elaborabunt saporem,
Non avium citharaeque cantus

228
A SI M I S M O

¡Fuera el vulgo profano! Me causa horror. ¡Silencio!


Lírico sacerdote, las Musas reverencio:
con ellas nuevos cantos hoy entona mi lira,
hoy, mancebos y vírgenes, por vosotros se inspira.

Los reyes su dominio sobre las propias greyes


hacen pesar, y el suyo Jove sobre los reyes,
Jo ve que en los Gigantes ganó claro trofeo
y estremece los mundos con sólo un parpadeo.

Que uno en surcos más largos olmos y cepas plante,


y otro, ufano en su alcurnia, baje más arrogante
al campo de elecciones ; que éste más bien se engría
en las puras costumbres que abonan su valía,

y aquel otro, en la turba de sus muchos clientes :


—a todos acechando, lo mismo a los potentes
que al más pobre y humilde, la Muerte taciturna
mezcla los nombres todos en una misma urna.

Guando sobre la frente del criminal amaga


la espada que desnuda se mece, no le halaga
ni lo más exquisito que produzca Sicilia,
y ni el canto de pájaros al infeliz concilia

229
Somnum reducent. Somnus agrestium
Lenis virorum non humiles domos
Fastidit umbrosamque ripam,
Non zephyris agitata Tempe.

Desiderantem, quod satis est, neque


Tumultuosum sollicitat mare,
Nec saevus Arcturi cadentis
Impetus aut orientis Haedi,

Non verberatae grandine vineae


Fundusque mendax, arbore nunc aquas
Culpante, nunc torrentia agros
Sidera, nunc hiemes iniquas.

Contracta pisces aequora sentiunt


lactis in altum molibus: huc frequens
Caementa demittit redemptor
Cum famulis dominusque terrae

Fastidiosus. Sed Timor et Minae


Scandunt eodem, quo dominus, neque
Decedit aerata triremi et
Post equitem sedet atra Cura.

Quodsi dolentem nec Phrygius lapis


Nec purpurarum sidere clarior
Delenit usus nec Falerna
Vitis Achaemeniumque costum:

Cur invidendis postibus et novo


Sublime ritu moliar atrium?
Cur valle permutem Sabina
Divitias operosiores?
el sueño, ni las cítaras. El sueño más bien ronda
las chozas de labriegos que entre la verde fronda
de ribereños sotos recatadas humean,
o los valles de Tempe que las brisas orean.

Aquel que a lo preciso sus deseos limita


no tiembla de congoja cuando el ponto se irrita,
y desatan tormentas Bootes en su ocaso
y, antes de él, las Cabrillas que al cielo se abren paso,

ni cuando sus viñedos el granizo destruye,


y burlan su esperanza los campos, y atribuye
su desnudez el árbol a la sequía ardiente
o a las aguas y hielos de un invierno inclemente.

Los peces espantados sienten que el m ar se estrecha


con las inmensas moles que en los cimientos echa
la cuadrilla de obreros a orden del empresario;
mas ¿qué puede el antojo del rico propietario

aburrido de fundos en tierra firme? — El Tedio,


el Terror y la Angustia le siguen sin remedio:
se embarca, y tras él suben a su bajel ferrado,
y si monta, a la grupa sube el negro Cuidado.

Si, pues, nada es alivio para el pecho doliente,


ni mármoles de Frigia, ni púrpura esplendente
que a la luz bermejea, ni aromoso falerno,
ni pérsicos perfumes, ¿por qué, al gusto moderno

querré yo alzar un atrio de ambicioso arquitrabe


sobre excelsas pilastras, para que el diente clave
su envidia en mí? ¡ No trueco por riquezas mezquinas,
avispero de afanes, mis cañadas sabinas!

231
I l l -2

Angustam amice pauperiem pati


Robustus acri militia puer
Condiscat et Parthos feroces
Vexet eques metuendus hasta,

Vitamque sub divo et trepidis agat


In rebus. Illum ex moenibus hosticis
M atrona bellantis tyranni
Prospiciens et adulta virgo

Suspiret: ‘eheu, ne rudis agminum


Sponsus lacessat regius asperum
Tactu leonem, quem cruenta
Per medias rapit ira caedes.’

Dulce et decorum est pro patria mori.


Mors et fugacem persequitur virum,
Nec parcit inbellis iuventae
Poplitibus timidove tergo.

Virtus, repulsae nescia sordidae,


Intaminatis fulget honoribus,
Nec sumit aut ponit secures
Arbitrio popularis aurae.

232
A LA JUVENTUD R O MA NA

Aprenda el fuerte joven que a las armas se aveza


a sufrir como amigas la estrechez y pobreza,
y arrollador jinete, temible por su lanza,
aterre al fiero Parto cuando a él se abalanza.

Haga vida al sereno, confronte trances duros ;


que, al mostrarse en el campo, de lo alto de los muros
en pávidos gemidos rompa la regia esposa,
viendo, con la hija núbil, cómo a su rey acosa:

“ ¡Ay! ¡no provoque el príncipe sin pericia en la liza


a este león que al toque más leve se encarniza,
y que, cuando sangrienta la furia en él estalla,
va sembrando de muertes el campo de batalla!”

¡ Cuán dulce es por la Patria morir, y cuán glorioso !


¿Salva acaso la vida quien deserta medroso?
—Persíguelo la Muerte, lo desjarreta y balda,
y a imbeles juventudes derriba por la espalda.

La Virtud que no sabe del rechazo que humilla


refulge con el timbre de honores sin mancilla,
y no toma ni deja las segures del mando
al popular arbitrio de caprichoso bando.

233
Virtus, recludens inmeritis mori
Caelum, negata tem ptat iter via,
Coetusque vulgares et udam
Spernit humum fugiente pinna.

Est et fideli tuta silentio


Merces : vetabo, qui Cereris sacrum
Vulgarit arcanae, sub isdem
Sit trabibus fragilemve mecum

Solvat phaselon; saepe Diespiter


Neglectus incesto addidit integrum,
Raro antecedentem scelestum
Deseruit pede Poena claudo.
La Virtiid que franquea la celeste morada
a quien ha merecido ser inmortal, la entrada
le abre por senda ignota, y en desdeñoso vuelo
huye del torpe vulgo y encenagado suelo.

También el fiel Sigilo tiene premio seguro:


al que arcanos de Ceres divulgare perjuro,
las vigas de mi techo no le brinden abrigo,
ni sufra yo imprudente que se embarque conmigo;

pues suele envolver Júpiter, cuando el crimen le enoja,


al bueno con el malo; y aunque tullida y coja,
sigue al reo la Pena con afán implacable
y deja raras veces de alcanzar al culpable.

235
Ill-3

Iustum et tenacem propositi virum


Non civium ardor prava iubentium,
Non vultus instantis tyranni
Mente quatit solida, neque Auster,

Dux inquieti turbidus Hadriae,


Nec fulminantis magna manus Iovis;
Si fractus inlabatur orbis,
Impavidum ferient ruinae.

Hac arte Pollux et vagus Hercules


Enisus arces attigit igneas,
Quos inter Augustus recumbens
Purpureo bibet ore nectar.

Hac te merentem, Bacche pater, tuae


Vexere tigres, indocili iugum
Collo trahentes; hac Quirinus
Martis equis Acheronta fugit,

Gratum elocuta consiliantibus


Iunone divis: ‘Ilion, Ilion
Fatalis incestusque iudex
Et mulier peregrina vertit

236
A L PUEBLO ROMANO

Al varón justo y fuerte que se afirma en su empeño


nada de sus propósitos lo conmueve o desvía:
clamen pidiendo el crimen las plebes, frunza el ceño,
amagador, el déspota con brava tiranía,

al Hadria encrespen austros en túrbida algazara,


con mano ponderosa fulmine Jove mismo:
cuando el orbe en pedazos sobre el justo estallara,
impávido en sus ruinas le hiriera el cataclismo.

Así ascendieron Pólux y Hércules vagaroso


a las ígneas mansiones por su invicta firmeza,
y Augusto, en medio de ellos, el néctar delicioso
con purpurinos labios a saborear se aveza.

Así lograste, oh Baco, tú también encumbrarte,


unciendo tus indóciles tigres a la coyunda;
y así subió Quirino, que en bridones de M arte
salvó del Aqueronte la barrera profunda.

Salvóla por el voto con que Juno aplacada


dio contento a los dioses : “ ¡ Ilion, Ilion, tu ruina
debes al juez adúltero de la sentencia osada,
debes a la Espartana, funesta peregrina!

237
In pulverem, ex quo destituit deos
Mercede pacta Laomedon, mihi
Castaeque damnatam Minervae
Cum populo et duce fraudulento.

Iam nec Lacaenae splendet adulterae


Famosus hospes nec Priami domus
Periura pugnaces Achivos
Hectoreis opibus refringit,

Nostrisque ductum seditionibus


Bellum resedit. Protinus et graves
Iras et invisum nepotem,
Troica quem peperit sacerdos,

M arti redonabo; illum ego lucidas


Inire sedes, ducere nectaris
Sucos et adscribí quietis
Ordinibus patiar deorum.

Dum longus inter saeviat Ilion


Romamque pontus, qualibet exsules
In parte regnanto beati;
Dum Priami Paridisque busto

Insultet armentum et catulos ferae


Celent inultae, stet Capitolium
Fulgens triumphatisque possit
Roma ferox dare iura Medis.

Horrenda late nomen in ultimas


Extendat oras, qua medius liquor
Secernit Europen ab Afro,
Qua tumidus rigat arva Nilus,

238
A merced te tuvimos, yo y la casta Minerva,
con tu pueblo y tu príncipe, desde que el rey perjuro
a sus dioses propicios, con falacia proterva,
negó el premio pactado por el troyano muro.

Ante la infiel Laconia ya no luce el villano


deshonrador de huéspedes, y paga la falsía
de Laomedonte Priamo: tras tanto esfuerzo vano,
contra el ímpetu aqueo, sin Héctor ¿qué podía?

Mas concluyó la guerra que alargaron infaustas


divinales contiendas. Quiero olvidar mi enojo,
dejo extinguirse el fuego de mis iras exhaustas;
y al nieto aborrecido de M arte al fin acojo.

Aunque hijo de troyana sacerdotisa, admito


que en el celeste alcázar haga su entrada ufano,
que se nutra de néctar, y que su nombre inscrito
vea entre las deidades: hoy a todo me allano.

Con tal que inmenso ponto para siempre separe,


airado, Ilion de Roma, reinen los fugitivos
doquiera que un asiento la suerte les depare,
y felices levanten nuevos muros altivos.

Con tal que sobre el túmulo de los troyanos reyes


trisque el ganado y críen las fieras sus camadas,
yérgase el Capitolio, constriña con sus leyes
Roma a las gentes medas por su acero domadas.

Que, temida de todos, lleve su nombradla


a los confines últimos, donde el mar circunscripto
se abre entre Europa y África, donde hace labrantía
el Nilo, al desbordarse, la llanura de Egipto.

239
Aurum inrepertum et sic melius situm,
Cum terra celat, spernere fortior
Quam cogere humanos in usus
Omne sacrum rapiente dextra.

Quicumque mundo terminus obstitit,


Hunc tangat armis, visere gestiens,
Oua parte debacchantur ignes,
Qua nebulae pluviique rores.

Sed bellicosis fata Quiritibus


Hac lege dico, ne nimium pii
Rebusque fidentes avitae
Tecta velint reparare Troiae.

Troiae renascens alite lugubri


Fortuna tristi clade iterabitur,
Ducente victrices catervas
Coniuge me Iovis et sorore.

Ter si resurgat murus aheneus


Auctore Phoebo, ter pereat meis
Excisus Argivis, ter uxor
Capta virum puerosque ploret.5

Non hoc iocosae conveniet lyrae :


Quo, Musa, tendis? Desine pervicax
Referre sermones deorum et
Magna modis tenuare parvis.
Y pruebe su entereza con desdeñar el oro,
dejándolo en el suelo donde hace menos daño,
sin afán de adueñarse del ansiado tesoro
que excita la codicia y el sacrilego amaño.

Con armas invencibles llegue a la linde extrema


que marca el fin del mundo, goce en ver los parajes
donde con mayor furia la canícula quema,
o donde llora el cielo con más tristes celajes.

Pero anuncio estos hados a los bravos Quirites


con prevención que nunca, píos en demasía
o en orgulloso alarde, busquen vanos desquites,
ni sueñen para Troya resurrección tardía.

Si jamás renaciese — ¡suerte suya ominosa!—,


fuera para la ruina de un segundo escarmiento:
yo misma que de Jo ve soy hermana y esposa,
m archara ante las tropas con triunfal ardimiento.

Si por arte de Apolo tres veces resurgiera


la broncínea muralla, con mis huestes argivas
la hundiera yo tres veces ; y tres veces se oyera
por esposos e hijos llorar a las cautivas !”

¡ Mas adonde se pierde mi lira juguetona ! . . .


O h Musa temeraria, ¿cómo a contar te atreves
pláticas de los númenes? ¿No oyes cuál desentona
la excelsitud del canto sobre cuerdas tan leves?

241
I l l -4

Descende caelo et dic age tibia


Regina longum Calliope melos,
Seu voce nunc mavis acuta,
Seu fidibus citharaque Phoebi.

Auditis, an me ludit amabilis


Insania? Audire et videor pios
Errare per lucos, amoenae
Quos et aquae subeunt et aurae.

Me fabulosae Vulture in Apulo


Nutricis extra limen Apuliae
Ludo fatigatumque somno
Fronde nova puerum palumbes

Texere, mirum quod foret omnibus,


Quicumque celsae nidum Acherontiae
Saltusque Bantinos et arvum
Pingue tenent humilis Forenti,

U t tuto ab atris corpore viperis


Dormirem et ursis, ut premerer sacra
Lauroque conlataque myrto,
Non sine dis animosus infans.

242
A CALIOPE

¡Baja, oh reina Calíope, baja del cielo y canta!


¡ Que tu flauta preludie, si la flauta te inspira,
o tu voz sonorosa, o, si quieres, la lira
para el estro apolíneo que en himno se agiganta!

¿Oís? ¿o es que el delirio de gozo me enajena?


Yo sí oigo, y aun paréceme que el sagrado boscaje
ya mis pasos recibe, donde bajo el ramaje
corren las frescas linfas, bulle la brisa amena.

De mi Vúltur de Apulia por las fecundas lomas,


lejos de mis linderos, niño, perdime un día;
del juego fatigado, me adormecí en la umbría,
y, como en las leyendas, vinieron las palomas.

Cubriéronme de aljumas, y fue como portento


para cuantos habitan Bancio de hondas cañadas,
o el nido de Aqueroncia riscoso, o las labradas
laderas feracísimas del valle de Forento,

el que a salvo de víboras atezadas y de osos


tan sereno durmiera bajo toldo florido
de mirtos y laureles, infante prometido
a la gloria del verso por númenes piadosos.

243
Vester, Camenae, vester in arduos
Tollor Sabinos, seu mihi frigidum
Praeneste seu Tibur supinum
Seu liquidae placuere Baiae.

Vestris amicum fontibus et choris


Non me Philippis versa acies retro,
Devota non extinxit arbos,
Nec Sicula Palinurus unda.

Utcumque mecum vos eritis, libens


Insanientem navita Bosporum
Temptabo et urentes arenas
Litoris Assyrii viator;

Visam Britannos hospitibus feros


Et laetum equino sanguine Concanum;
Visam pharetratos Gelonos
Et Scythicum inviolatus amnem.

Vos Caesarem altum, militia simul


Fessas cohortes abdidit oppidis,
Finire quaerentem labores,
Pierio recreatis antro.

Vos lene consilium et datis et dato


Gaudetis, almae. Scimus, ut impios
Titanas inmanemque turmam
Fulmine sustulerit caduco,

Qui terram inertem, qui mare temperat


Ventosum et urbes regnaque tristia,
Divosque mortalesque turbas
Imperio regit unus aequo.
Pues vuestro soy, Camenas, vuestro entre las alturas
de mi finca sabina, vuestro en la falda agreste
del empinado Tíbur, o en la fría Preneste,
o en Bayas que me brinda sus límpidas tersuras.

Por fiel amigo vuestro siempre a vuestro cuidado,


me salvé yo, en Filipos, de la rota nefasta,
en mi huerto, del leño que por poco me aplasta,
y en las sículas ondas, de Palinuro airado.

Siempre que estéis conmigo, desafiaré sin miedo,


marino, los furores del Bosforo; viandante,
las riberas asirías, vasto arenal quemante;
y sé que a pueblos bárbaros inmune arribar puedo:

al inhospitalario Britano, hosco y sombrío,


al Cóncano que sangre de sus caballos bebe,
al Gelón que las flechas nunca a soltar se atreve,
y al Escita orgulloso del caudal de su río.

Más : es alto honor vuestro que a César victorioso,


quien tras ruda campaña sus tropas acuartela
y para sí un descanso bien merecido anhela,
deis en el antro pierio regalado reposo.

Consejos de templanza son los vuestros, y pías


gozáis con el que dócil los sigue.
¿Quién no ha oído
cómo hundió a los Titanes, con horrendo tronido
de centellas que arrasan sus escuadras bravias,

el dios que todo abarca bajo su imperio augusto


—mares que barre el viento, tierras que el hombre
[puebla—,

245
Magnum illa terrorem intulerat lovi
Fidens iuventus horrida bracchiis,
Fratresque tendentes opaco
Pelion inposuisse Olympo.

Sed quid Typhoeus et validus Mimas,


Aut quid minaci Porphyrion statu,
Quid Rhoetus evolsisque truncis
Enceladus iaculator audax

Contra sonantem Palladis aegida


Possent ruentes? Hinc avidus stetit
Vulcanus, hinc matrona luno et
Numquam umeris positurus arcum,

Qui rore puro Castaliae lavit


Crines solutos, qui Lyciae tenet
Dumeta natalemque silvam,
Delius et Patareus Apollo.

Vis consili expers mole ruit sua :


Vim temperatam di quoque provehunt
In maius; idem odere vires
Omne nefas animo moventes.

Testis mearum centimanus Gyas


Sententiarum, notus et integrae
Temptator Orion Dianae,
Virginea domitus sagitta.

Iniecta monstris Terra dolet suis


Maeretque partus fulmine luridum
deidades del empíreo, dioses de la tiniebla—
y señorea a todos, dominador y justo?

Triunfó. Si bien la furia de aquel reto alardoso


de pronto aterró a Jove cuando la hueste brava
de Gigantes, irguiendo sus mil brazos porfiaba
por echar el Olimpo sobre el Pelión selvoso.

Mas ¿qué podían todos en revuelo arrogante,


Porfirión y Tifeo que amagan ciegos de ira,
o Reto, o el gran Mimas, o Encélado que tira
contra el cielo los troncos que descuaja pujante,

si, al lanzarse furiosos, vieron al frente a Palas


con la égida sonora, si en torno, de consuno,
juntáronse Vulcano provocador y Juno
y el dios que tiene el arco por sus mejores galas,

el que no baña nunca sus rizos sino sólo


en la Castalia fuente rica en raudales vivos,
que las dehesas licias y los bosques nativos
ronda en Pátara y Délos, incontrastable Apolo?

La fuerza sin cordura por sí se hunde en la ruina ;


mas de aquella que rigen la modestia y templanza
los dioses complacidos acrecen la pujanza,
pues odian al violento que el mal siempre maquina.

Comprueban que este fallo nadie burla ni reta


el centimano Gías, y Orion, jayán lascivo
que osó poner los ojos en el pudor esquivo
de Diana, y fue domado por virginal saeta ;

24?
Missos ad Orcum; nec peredit
Impositam celer ignis Aetnam,

Incontinentis nec Tityi iecur


Reliquit ales, nequitiae additus
Gustos; amatorem trecentae
Pirithoum cohibent catenae.
los hijos de la Tierra, por quienes triste llora
su Madre, al verlos víctimas del lívido Aqueronte,
oprimidos debajo del Etna, sin que el monte
se consuma en las llamas que sus antros devora;

el buitre, fiel verdugo, que en sempiternas penas


el pico ceba en Ticio sin soltarle un momento;
y el seductor Pirítoo, que su alevoso intento
paga en el Orco, atado con trescientas cadenas.

249
I l l -5

Caelo tonantem credidimus Iovem


Regnare; praesens divus habebitur
Augustus adiectis Britannis
Imperio gravibusque Persis.

Milesne Crassi coniuge barbara


Turpis maritus vixit et hostium,
Pro curia inversique mores!
Consenuit socerorum in armis

Sub rege Medo Marsus et Apulus,


Anciliorum et nominis et togae
Oblitus aeternaeque Vestae,
Incolumi love et urbe Roma?

Hoc caverat mens provida Reguli


Dissentientis condicionibus
Foedis et exemplo trahenti
Perniciem veniens in aevum,

Si non perirent inmiserabiles


Captiva pubes. ‘Signa ego Punicis
Adfixa delubris et arma
Militibus sine caede’ dixit

250
A LOS R O M AN OS

Rey de los cielos, Jove : lo dice el ronco trueno


que retumbando estalla de la nube en el seno;
dios de la tierra, Augusto, cuando a los pies de Roma
al Britano sojuzga y al fiero Persa doma.

¡ Que el soldado de Craso viva, torpe marido,


con una esposa bárbara! ¡que siga, encanecido,
— ¡oh Curia! ¡oh viejo espíritu que se hunde y se
[desquicia !—
bajo enemigos suegros, sirviendo en la milicia !

¡ Sobre Ápulos y Marsos un rey medo se arroga


fueros de mando! ¡Ah, viles olvidaron la toga,
su nombre, los broqueles, tu fuego eterno, oh Vesta,
estando el Capitolio sin mengua y Roma enhiesta!

Esto con mente présaga Régulo cautelaba


cuando a turbios ajustes resuelto puso traba,
previendo a qué desdoros iba a dejar expuesto
al linaje futuro dechado tan funesto.

Precisa era en el fallo firmeza incompasiva,


y dejar a su suerte la juventud cautiva :
“Águilas y paveses —decía— vi colgados
en los púnicos templos, trofeos de soldados

251
‘Derepta vidi; vidi ego civium
Retorta tergo bracchia libero
Portasque non clausas et arva
M arte coli populata nostro.

Auro repensus scilicet acrior


Miles redibit. Flagitio additis
Damnum: neque amissos colores
Lana refert medicata fuco,

Nec vera virtus, cum semel excidit,


Curat reponi deterioribus.
Si pugnat extricata densis
Cerva plagis, erit ille fortis,

Qui perfidis se credidit hostibus,


Et m arte Poenos proteret altero,
Qui lora restrictis lacertis
Sensit iners timuitque mortem.

Hic, unde vitam sumeret anxius,


Pacem duello miscuit. O pudor !
O magna Carthago, probrosis
Altior Italiae ruinis!’

Fertur pudicae coniugis osculum


Parvosque natos ut capitis minor
Ab se removisse et virilem
Torvus humi posuisse voltum,

Donec labantes consilio patres


Firmaret auctor numquam alias dato,
Interque maerentes amicos
Egregius properaret exsul.
que morir no supieron; vi yo sus manos yertas
¡ manos libres ! atadas a la espalda ; y las puertas
de la ciudad patentes; y alardeando con mieses
los que hollamos un día campos cartagineses. . .

¿Pensáis que vuelva nunca con arrojo y decoro


a la guerra el soldado redimido con oro?
. . . Sumáis a la vergüenza la necedad de un daño :
teñido, no recobra nunca su albura el paño,

ni la virtud genuina, mancillada, se empeña


en devolverse al pecho que la afrentó; no sueña
en retar a los canes la cierva libertada
de la red; pues tampoco sabrá blandir la espada

postrando en nuevas lides al púnico guerrero


quien pidió a su perfidia clemencia, y, prisionero,
revueltos a la espalda los brazos, sufrió inerte
la correa infamante y hubo miedo a la muerte.

Buscar el tal no supo la vida donde se halla ;


quiso hermanar, cobarde, la paz con la batalla.. .
¡ oh bochorno ! ¡oh siniestra grandeza de Gartago,
a quien Italia encumbra con su ruina y estrago !”

Cuentan que, esquivo, el rostro negó al púdico beso


de la esposa y los hijos; como rendido al peso
que le amengua y humilla de la cadena esclava,
enmudece, los ojos torvo en el suelo clava,

e inconmovible espera que se rinda el Senado


dudoso ante un dictamen que nadie nunca ha dado.
Entonces, aunque el duelo de los suyos le oprime,
apresura la vuelta, desterrado sublime.. .

253
Atqui sciebat quae sibi barbarus
Tortor pararet; non aliter tamen
Dimovit obstantes propinquos
Et populum reditus morantem,

Quam si clientum longa negotia


Diiudicata lite relinqueret,
Tendens Venafranos in agros
Aut Lacedaemonium Tarentum.
Sabe, sabe el suplicio tan cruel y tan largo
que inhumano verdugo le apresta; sin embargo,
aparta a sus parientes y a la plebe dolida
que, llorosa, intentaba retardar su partida,

con gesto tan tranquilo cual, si de sus clientes


dejando despachados los largos expedientes,
se volviera a su finca del campo venafrano
o a Tarento fundada por caudillo espartano.

255
I l l -6

Delicta maiorum immeritus lues,


Romane, donec templa refeceris
Aedesque labentes deorum et
Foeda nigro simulacra fumo.

Dis te minorem quod geris, imperas:


Hinc omne principium, huc refer exitum:
Di multa neglecti dederunt
Hesperiae mala luctuosae.

Iam bis Monaeses et Pacori manus


Non auspicatos contudit impetus
Nostros et adiecisse praedam
Torquibus exiguis renidet.

Paene occupatam seditionibus


Delevit Urbem Dacus et Aethiops,
Hic classe formidatus, ille
Missilibus melior sagittis.

Fecunda culpae saecula nuptias


Primum inquinavere et genus et domos:
Hoc fonte derivata clades
In patriam populumque fluxit.

256
AL PUEBLO ROMANO

Pagarás, oh Romano, culpas de tus mayores,


mientras templos caídos no instaures y decores,
mientras, aunque inocente, con punible descuido
las estatuas no alustres que el humo ha ennegrecido.

Imperas, porque, dócil, a los dioses acatas.


Esto es principio y término de todo: si apostatas
y desaíras su culto, verás cuánta miseria,
cuánto infortunio cae sobre la triste Hesperia.

Por desdeñar agüeros, qué tremendos reveses


sufrimos de las tropas de Pácoro y Moneses:
vimos cómo lucían, realce a sus collares,
nuestras recién ganadas preseas militares.

Con sus luchas civiles debilitada Roma


ante Dacios y Etíopes por poco se desploma,
terrible el Africano por sus raudos veleros
y el Dacio por los tiros que dispara certeros.

Nuestra edad en maldades y torpezas fecunda


amancilló las bodas; y es forzoso que cunda,
de esta fuente corrupta, lascivia que degrada,
lascivia que envenena la Patria infortunada.

257
Motus doceri gaudet Ionicos
M atura virgo et fingitur artibus
Iam nunc et incestos amores
De tenero m editatur ungui.

Mox iuniores quaerit adulteros


Inter mariti vina, neque eligit
Cui donet impermissa raptim
Gaudia luminibus remotis,

Sed iussa coram non sine conscio


Surgit marito, seu vocat institor
Seu navis Hispanae magister,
Dedecorum pretiosus emptor.

Non his iuventus orta parentibus


Infecit aequor sanguine Punico
Pyrrhumque et ingentem cecidit
Antiochum Hannibalemque dirum;

Sed rusticorum mascula militum


Proles, Sabellis docta ligonibus
Versare glaebas et severae
Matris ad arbitrium recisos

Portare fustes, sol ubi montium


M utaret umbras et iuga demeret
Bobus fatigatis amicum
Tempus agens abeunte curru.

Damnosa quid non imminuit dies?


Aetas parentum, peior avis, tulit
Nos nequiores, mox daturos
Progeniem vitiossiorem.

258
Privan las danzas jónicas con la núbil doncella,
las artes que la fingen más atractiva y bella ;
y amores incestuosos la precoz petulancia
va tramando en la niña desde la tierna infancia.

Casada en las beodeces del marido, ella invita


a adúlteros más jóvenes con el guiño que es cita,
sin que escoja siquiera cuál sea quien a oscuras
furtivamente goce sus caricias impuras;

y a plena luz, a vista del complaciente esposo,


levántase llamada de tratante fastuoso,
o del dueño que equipa rica nave española
y paga a precio de oro las limpiezas que viola.

Cuán distinta la prole — ¡de cuán otra familia!—


que tiñe en sangre púnica los mares de Sicilia,
la que a Pirros y Antíocos de un solo lance postra,
y al formidable Aníbal, porque hasta el fin le arrostra. . .

Casta viril de rústicos soldados, enseñada


a remover las glebas con sabélica azada,
jayanes obedientes a una madre severa,
que a su mandar cargaban, en la hora postrera

del día, enormes troncos para el hogar cortados,


cuando, sueltos del yugo los bueyes fatigados,
se hunde el sol en las sombras que la noche remansa,
y en amigo reposo la alquería descansa.

¡ Qué no desgasta el tiempo ! Ya fueron inferiores


a los abuelos rudos nuestros padres; peores
que ellos somos nosotros; y en mustia decadencia
nos sigue una menguada viciosa descendencia.

259
I l l -7

Quid fles, Asterie, quem tibi candidi


Primo restituent vere Favonii
Thyna merce beatum,
Constantis iuvenem fide,

Gygen? Ille Notis actus ad Oricum


Post insana Caprae sidera frigidas
Noctes non sine multis
Insomnis lacrimis agit.

Atqui sollicitae nuntius hospitae,


Suspirare Chloen et miseram tuis
Dicens ignibus uri,
Tem ptat mille vafer modis.

U t Proetum mulier perfida credulum


Falsis impulerit criminibus nimis
Casto Bellerophonti
M aturare necem refert ;

N arrat paene datum Pelea Tartaro,


Magnessam Hippolyten dum fugit abstinens;
Et peccare docentes
Fallax historias movet.

260
A ASTERIE

¿Por qué, llorosa Asterie, así te afliges,


si los .primeros céfiros vernales
rico y feliz te entregarán a Giges,
corazón de ternuras tan leales?

De vuelta de Bitinia, en las orillas


de Epiro, donde el noto le demora,
pasa, mientras dominan las Cabrillas,
frías noches sin sueño, en que te llora.

Cierto es que de su huéspeda un astuto


recadero le ve tarde tras tarde :
“ . . . Que Cloe —dice— está por él de luto
y en amor como el tuyo por él ard e.. .

que excesivo recato es peligroso. . .


que indujo a Preto su mujer impía
a que diera la muerte al pudoroso
Belerofonte, casto en demasía.. .

que Peleo también por poco muere


al eludir de Hipólita el en v ite..
y el cuento eterno del amor refiere
que el descenso a la culpa facilite.

261
Frustra: nam scopulis surdior Icari
Voces audit adhuc integer. At tibi
Ne vicinus Enipeus
Plus iusto placeat cave;

Quamvis non alius flectere equum sciens


Aeque conspicitur gramine Martio,
Nec quisquam citus aeque
Tusco denatat alveo.

Prima nocte domum claude neque in vias


Sub cantu querulae despice tibiae,
Et te saepe vocanti
Duram difficilis mane.

262
En vano. Ante el que así derrocha su arte
sordo se hace él, cual roca del Egeo.
— Mas, tal vez, un consejo pueda darte
yo a t i . . . : No sueñes tanto en Enipeo,

el gallardo vecino cual no hay otro


para atraer la pública mirada,
cuando en el Campo Marcio doma un potro,
o cuando airoso por el Tiber nada.

Cierra la puerta al punto que anochezca


y a la calle no mires desde arriba,
aunque su triste flauta te enternezca;
y aunque te llame dura, sigue esquiva.

263
I l l -8

Martiis caelebs quid agam Kalendis,


Quid velint flores et acerra turis
Plena miraris positusque carbo in
Cespite vivo,

Docte sermones utriusque linguae?


Voveram dulces epulas et album
Libero caprum prope funeratus
Arboris ictu.

Hic dies anno redeunte festus


Corticem adstrictum pice dimovebit
Amphorae, fumum bibere institutae
Consule Tullo.

Sume, Maecenas, cyathos amici


Sospitis centum et vigiles lucernas
Perfer in lucem : procul omnis esto
Clamor et ira.

Mitte civiles super urbe curas:


Occidit Daci Cotisonis agmen,
Medus infestus sibi luctuosis
Dissidet armis,

264
A MECENAS

Ni el calendario de Roma
ni el griego explicarte pueden, ‘
en las calendas de marzo,
estos festejos de un célibe,
con flores, brasas e incienso
ardiendo en el vivo césped.
—Es que a Líber hice voto
de este cabro en un banquete,
por el árbol que a dos dedos
me hizo ver pasar la muerte.

Salte en este aniversario


el lacre que fija el cierre
del tiesto enseñado al humo
desde el cónsul Tulo; y bebes
hoy, mi Mecenas, cien copas
por el fiel amigo indemne.

¡ Hasta el día, y sin peleas !


De la Ciudad desentiéndete;
Cotisón perdió sus tropas,
y los Medos se entretienen
en matarse; el fiero Cántabro

265
Servit Hispanae vetus hostis orae
Cantaber sera domitus catena,
Iam Scythae laxo meditantur arcu
Cedere campis.

Neglegens, nequa populus laboret,


Parce privatus nimium cavere;
Dona praesentis cape laetus horae,
Linque severa.
al yugo al fin se somete,
y el Escita en las fronteras,
flojo el arco, retrocede.

Bien está el pueblo. Descansa,


justo es que un poco resuelles
y como privado goces
del don de la hora presente.
I l l -9

‘Donec gratus eram tibi


Nec quisquam potior bracchia candidae
Cervici iuvenis dabat,
Persarum vigui rege beatior.’

‘Donec non alia magis


Arsisti neque erat Lydia post Chloen,
Multi Lydia nominis
Romana vigui clarior Ilia.’

‘Me nunc Thressa Chloe regit,


Dulces docta modos et citharae sciens,
Pro qua non metuam mori,
Si parcent animae fata superstiti.’

268
LA RECONCILIACION
Canto Amebeo

HORACIO

Mientras fui tu embeleso


y ningún otro joven sostenía
de tu albo cuello el adorable peso,
más feliz que el rey persa me sentía.

LIDIA

Mientras no fue liviana


tu ternura por mí, ni quedó Lidia
pospuesta a Cloe, de Ilia la romana
no tuve yo por qué sentir envidia.

HORACIO

Hoy es Cloe mi anhelo,


la de la tracia lira y dulce canto :
mi vida es ella, y muero sin recelo
si sus hados así detengo un tanto.

269
‘Me torret face mutua
Thurini Calais filius Ornyti,
Pro quo bis patiar mori,
Si parcent puero fata superstiti.’

‘Quid si prisca redit Venus


Diductosque iugo cogit aëneo?
Si flava excutitur Chloe
Reiectaeque patet ianua Lydiae?’

‘Quamquam sidere pulchrior


Ille est, tu levior cortice et improbo
Iracundior H adria;
Tecum vivere amem, tecum obeam libens!’

270
LIDIA

Yo ardo por Calais, hijo


de Órnito el Turio — ¡ay dulce mutua hoguera
Si su hado así lograra tener fijo,
dos veces yo por él feliz muriera.

HORACIO

¿ Y si el amor primero
de nuevo nos trabara con sus lazos,
si echo a la rubia Cloe y si prefiero
a Lidia y en mi hogar le abro los brazos?.. .

LIDIA

Aunque él es linda estrella,


y tú corcho liviano, y más adusto
que el Hadria cuando horrísono resuella,
vivir, morir contigo, ése es mi g u sto .. .
I l l - 10

Extremum Tanain si biberes, Lyce,


Saevo nupta viro, me tamen asperas
Porrectum ante fores obicere incolis
Plorares Aquilonibus.

Audis, quo strepitu ianua, quo nemus


Inter pulchra satum tecta remugiat
Ventis, et positas ut glaciet nives
Puro numine Iuppiter?

Ingratam Veneri pone superbiam,


Ne currente retro funis eat rota :
Non te Penelopen difficilem procis
Tyrrhenus genuit parens.

O quamvis neque te munera nec preces


Nec tinctus viola pallor amantium
Nec vir Pieria paelice saucius
Curvat; supplicibus tuis

Parcas, nec rigida mollior aesculo


Nec Mauris animum mitior anguibus.
Non hoc semper erit liminis aut aquae
Caelestis patiens latus.

272
A LICE

Así fueras, oh Lice, dura Escita,


esposa de algún bárbaro del Tanais,
te dolieras de verme ante tu puerta,
del aquilón bajo las rudas ráfagas.

Allí tendido estoy.. . Contra el postigo


ulula el viento; en torno dé la casa
rechina la arboleda ; el cielo claro
trueca en rígido helero la nevada.

Orgullo es ése que no gusta a V en u s.. .


Vuelve la rueda atrás si el cable estalla.. .
¡y esos humos de frígida Penélope
con un padre tirreno ! . . . ¡Ah, si ni dádivas

ni llantos te doblegan, ni semblantes


de enamorados cual violetas pálidas,
ni la traición te rinde de tu esposo
prendado de una moza de Tesalia,

ten compasión de tantos que te ruegan,


oh dura encina, oh víbora africana,
que no es posible soportar más tiempo
tu umbral de piedra con tan recias aguas !

273
I l l -11

Mercuri, nam te docilis magistro


Movit Amphion lapides canendo,
Tuque, testudo, resonare septem
Callida nervis,

Nec loquax olim neque grata, nunc et


Divitum mensis et amica templis,
Dic modos, Lyde quibus obstinatas
Adplicet aures,

Quae velut latis equa trima campis


Ludit exsultim metuitque tangi,
Nuptiarum expers et adhuc protervo
Cruda marito.

T u potes tigres comitesque silvas


Ducere et rivos celeres morari;
Cessit immanis tibi blandienti
Ianitor aulae.

Cerberus, quamvis furiale centum


M uniant angues caput, eius atque

274
A MERCURIO

Oh Mercurio, oh maestro en el arte


con que Anfión puso en marcha las piedras;
oh mi lira, que adaptas armónica
a tu concha sin voz siete cuerdas :

ayer muda y sin gracia, hoy la gala


de los templos y espléndidas mesas,
lo que pido son notas de un canto
que oiga Lide, aunque esquiva y adversa,

—fresca niña inexperta en amores,


que al varón inmatura desdeña,
cual potrilla que indómita cruza,
sin dejarse tocar, las praderas.

Eso puedes, oh lira, que amansas


a los tigres, y arrastras las selvas,
y los ríos detienes, y un día
desbravaste a la tétrica fiera,

al guardián infernal, a Cerbero,


que erizada de sierpes la testa,

275
Spiritus taeter saniesque manet
Ore trilingui.

Quin et Ixion Tityosque vultu


Risit invito, stetit urna paullum
Sicca, dum grato Danai puellas
Carmine mulces.

Audiat Lyde scelus atque notas


Virginum poenas et inane lymphae
Dolium fundo pereuntis imo
Seraque fata,

Quae manent culpas etiam sub Orco.


Impiae, (nam quid potuere maius?)
Impiae sponsos potuere duro
Perdere ferro.

Una de multis face nuptiali


Digna periurum fuit in parentem
Splendide mendax et in omne virgo
Nobilis aevum,

‘Surge’ quae dixit iuveni marito,


‘Surge, ne longus tibi somnus, unde
Non times, detur; socerum et scelestas
Falle sorores,

Quae velut nactae vitulos leaenae


Singulos eheu lacerant: ego illis
Mollior nec te feriam neque intra
Claustra tenebo.
las tres fauces abriendo esparcía
soplo inmundo entre baba sangrienta.

Por el rostro de Ixión y de Ticio


la sonrisa cruzó pasajera
y al oírte, un momento admiraron
las Danaides sus ánforas secas.

El delito y castigo oiga Lide


de las tristes famosas doncellas,
su tonel siempre vacuo, y el ansia
de la inútil perpetua faena,

y que, aun tarde, en la hondura del Orco


prende el Hado al culpable. . . ¡ Perversas
— ¿y qué crimen mayor?— cada una
sin piedad degolló a su p areja. . .

Una sola entre todas, no indigna


de la tea nupcial, supo diestra,
el perjurio burlando del padre,
con su dolo ganar gloria eterna.

“ ¡De pie! — dice al marido de un día—


¡ Huye ! . . . el sueño fatal no te venga
donde menos pensaste, huye presto
de mi padre y hermanas protervas:

cual leonas que estozan novillos,


cada una a su esposo lacera.. .
¡ yo no a ti, yo más blanda ni mato
ni te encierro en el aula siniestra !
Me pater saevis oneret catenis,
Quod viro clemens misero peperci;
Me vel extremos Numidarum in agros
Classe releget.

I, pedes quo te rapiunt et aurae,


Dum favet nox et Venus; i secundo
Omine, et nostri memorem sepulcro
Scalpe querellam.’

278
Que mi padre, si quiere, me arroje,
por salvarte, oh esposo, en cadenas,
—no me importa— o me mande cautiva
a Numidia en sus naves de guerra:

¡huye tú, mientras Venus te encubre


con la sombra, huye tú ! . . . como puedas..
¡ve dichoso, y un día en mi tumba
grabarás de tu amor las endechas!”
I ll - 12

Miserarum est ñeque amori dare ludum ñeque dulci


mala vino lavere aut exanimari metuentes
patruae verbera linguae.

Tibi qualum Cythereae puer ales, tibi telas


operosaeque Minervae studium aufert Neobule
Liparaei nitor Hebri,

Simul unctos Tiberinis umeros lavit in undis,


eques ipso melior Bellerophonte, neque pugno
neque segni pede victus,

Catus idem per apertum fugientes agitato


grege cervos iaculari, et celer arto latitantem
fruticeto excipere aprum.

280
MONOLOGO DE N E O B U L E

¡Triste de la doncella que no sabe de amores,


ni puede ahogar en vino sus penas y escozores,
sin que de un tío adusto la acosen los terrores!

¡ Cupido te ha quitado tu cesto de costura,


Minerva y sus afanes se te han vuelto tortura,
Neobule, en cuanto has visto de Hebro la donosura!

Si, al bañarse en el Tiber, no hay quien con él compita,


si al gran Belerofonte, montado, resucita,
si en carreras o justas nadie el premio le quita,

y en la caza, a flechazos, él solo una manada


de ciervos diezma, al tiempo que huye a la desbandada,
y al jabalí rececha sin miedo en la enram ada. . .

281
I l l - 13

O fons Bandusiae, splendidior vitro,


Dulci digne mero non sine floribus,
Cras donaberis haedo,
Cui frons turgida cornibus

Primis et venerem et proelia destinat.


Frustra: nam gelidos inficiet tibi
Rubro sanguine rivos
Lascivi suboles gregis.

Te flagrantis atrox hora Caniculae


Nescit tangere, tu frigus amabile
Fessis vomere tauris
Praebes et pecori vago.

Fies nobilium tu quoque fontium,


Me dicente cavis inpositam ilicem
Saxis, unde loquaces
Lymphae desiliunt tuae.

282
A L A FUENTE
DE B A N D U S I A

Oh límpida Bandusia, clara fuente,


vivo cristal, m añana vino y flores
tendrás y un cabritillo, que primores
de pitoncillos luce ya en la frente,
prenuncios de placer y de pelea:
¡ en vano ! —teñirá tus frías ondas
el hirviente sangrar del que en las frondas
lascivo juguetea.

No llega a ti el resol cuando más arde.


A la grey que en los pastos suelta vaga
y al buey cansado, tu frescura halaga
en las quemantes horas de la tarde.
Yo entre las fuentes te he de hacer famosa,
cantando el roble que el peñón cobija
donde surte locuaz, de guija en guija,
tu linfa bulliciosa.

283
Ill - 14

Herculis ritu modo dictus, o plebs,


Morte venalem petiisse laurum,
Caesar Hispana repetit penates
Victor ab ora.

Unico gaudens mulier marito


Prodeat iustis operata divis,
Et soror clari ducis et decorae
Supplice vitta

Virginum matres iuvenumque nuper


Sospitum. Vos, o pueri et puellae

Iam virum expertae, male ominatis


Parcite verbis.

284
EN L A V U E L T A
DE A U G U S T O

Desde el confín de la ribera hispana


vuelve, oh Romanos, César coronado
como Hércules del lauro que ha ganado
al riesgo de la vida. Salga ufana

a su encuentro la esposa que se afana


sólo en realzar su gloria, y tenga al dado,
al litar por haberle recobrado,
a la del vencedor egregia hermana.

Patricias vendas la cabeza adornan


de las madres felices de los mozos,
que de la guerra incólumes retornan.

Mas a vosotros, jóvenes, requiero


que os guardéis entre tantos alborozos
de palabras que entrañen mal agüero.

285
Hic dies vere mihi festus atras
Eximet curas ; ego nec tumultum
Nec mori per vim metuam tenente
Caesare terras.

I, pete unguentum, puer, et coronas


Et cadum Marsi memorem duelli,
Spartacum siqua potuit vagantem
Fallere testa.

Dic et argutae properet Neaerae


Myrreum nodo cohibente crinem;
Si per invisum mora ianitorem
Fiet, abito.

Lenit albescens animos capillus


Litium et rixae cupidos protervae;
Non ego hoc ferrem calidus iuventa,
Consule Planco.
¡Fiesta feliz y fin de mis dolores!
Mientras impere César, ¿quién recela
ni motines ni muertes? Paje, vuela
y búscame perfumes, vino y flores.

Desde la guerra marsia sus licores


tal vez me guarde rica botijuela,
si la hubo que escapara con cautela
de Espartaco y sus fieros salteadores.

Llama a Neera la cantora: ciña


de prisa el rubio moño. Si el portero
quiere dar largas, vente, y no haya riña.

Tem pla las iras el cabello b lan co .. .


¡Cuándo iban a aguantar tal desafuero
mis años mozos bajo el cónsul Planeo !
I l l - 15

Uxor pauperis Ibyci,


Tandem nequitiae fige modum tuae
Famosisque laboribus:
Maturo propior desine funeri

Inter ludere virgines,


Et stellis nebulam spargere candidis.
Non, siquid Pholoen satis,
Et te, Chlori, decet: filia rectius

Expugnat iuvenum domos,


Pulso Thyias uti concita tympano.
Illam cogit amor Nothi
Lascivae similem ludere capreae;

Te lanae prope nobilem


Tonsae Luceriam, non citharae decent
Nec flos purpureus rosae
Nec poti vetulam faece tenus cadi.

288
CONTRA CLORIS

M ujer del pobre íbico,


pon término a tus lúbricas hazañas:
ya es hora de pensar en tus exequias,
y sigues coqueteando entre muchachas. . .

Ellas son los luceros,


y tú la nube que su lustre empaña;
lo que a tu Fóloe perdonarse puede
ya no se aviene, Cloris, con tus canas.

Las puertas de los jóvenes,


cual ménade en la báquica algazara,
asalte tu hija, y que el amor de Noto
la haga triscar como lasciva cabra.

Tú, déjate de cítaras;


pon en tu rueca lucerinas lanas:
para ti, vejezuela, ya no hay rosas,
ya del tonel bebiste las soladas...

289
I l l - 16

Inclusam Danaen turris aënea


Robustaeque fores et vigilum canum
Tristes excubiae munierant satis
Nocturnis ab adulteris,

Si non Acrisium virginis abditae


Custodem pavidum luppiter et Venus
Risissent: fore enim tutum iter et patens
Converso in pretium deo.

Aurum per medios ire satellites


Et perrumpere am at saxa, potentius
Ictu fulmineo: concidit auguris
Argivi domus, ob lucrum

Demersa exitio; diffidit urbium


Portas vir Macedo et subruit aemulos
Reges muneribus; munera navium
Saevos inlaqueant duces.

Crescentem sequitur cura pecuniam


Maiorumque fames. Iure perhorrui
Late conspicuum tollere verticem,
Maecenas, equitum decus.

290
A MECENAS

Torre de bronce, puertas robustas, perros en vela


fueran buena custodia de Dánae encerrada,'
si no burlaran al triste padre que la encarcela
los amores de Jove con Venus por aliada.

¿Cómo no habría de abrirles paso cualquier camino


—decíanse riendo—, si un dios se trueca en oro?
Rompe el dinero por entre guardas, y es torbellino
que fulmina las peñas, invencible meteoro.

Sabe que en Tebas le acecha el hado, y a Tebas parte


por ajenas codicias el augur Anfiarao;
y las bravezas de los maestres no son baluarte
que puedan con el oro cuando asalta la nao.

No arriesga vidas el Macedonio. Las fortalezas


tienen por llave el oro; con él las desbarata.
Minas de guerra de nuevo estilo son sus larguezas,
con que a sus regios émulos el poder arrebata.

¿Crece el dinero? —crece el cuidado, dóblase el hambre.


Con razón me horroriza que a mi ánimo secuestre
la sed del oro o el ciego orgullo, ávido enjambre:
tú me entiendes, Mecenas, flor del orden ecuestre.

291
Quanto quisque sibi plura negaverit,
Ab dis plura feret: nil cupientium
Nudus castra peto et transfuga divitum
Partes linquere gestio,

Contemptae dominus splendidior rei,


Quam si, quidquid arat inpiger Apulus,
Occultare meis dicerer horreis,
Magnas inter opes inops.

Purae rivus aquae silvaque iugerum


Paucorum et segetis certa fides meae
Fulgentem imperio fertilis Africae
Fallit sorte beatior.

Quamquam nec Calabrae mella ferunt apes,


Nec Laestrygonia Bacchus in amphora
Languescit mihi, nec pinguia Gallicis
Crescunt vellera pascuis;

Importuna tamen pauperies abest,


Nec si plura velim tu dare deneges.
Contracto melius parva cupidine
Vectigalia porrigam,

Q uam si Mygdoniis regnum Alyattei


Campis continuem. M ulta petentibus
Desunt multa: bene est, cui deus obtulit
Parca quod satis est manu.

292
Quien más los bienes que al alma enlodan despreciar pudo,
prueba cuánto los dioses benignos le prosperan.
Ya es toda mi ansia, tránsfugo airoso, seguir desnudo
a los que de este mundo nada envidian ni esperan.

Y es que apreciando por bien supremo mi medianía,


en mis cortas yugadas encuentro más encantos
que si, adueñado de cuantas mieses la Apulia cría,
infeliz me sintiera, pobre entre bienes tantos.

Con un arroyo y un bosquecillo y un buen barbecho,


con sus trigos seguros, es mi dicha tan clara
cual nunca pudo soñarla el hombre que, satisfecho,
de los tesoros de África dueño se proclamara.

Pues pasar puedo sin los panales con que la abeja


a Calabria enriquece, sin el lujoso vino
que en lestringonias antiguas cubas el tiempo añeja,
sin lanas de rebaños del campo cisalpino.

A mí me basta que la pobreza no urja importuna,


aunque tenga sabido que, si más yo quisiera,
con sólo un ruego, de ti lograra mayor fortuna,
y viera de mi reino correrse la frontera.

Pero a mis rentas, ansiando menos, daré yo aumento,


más que con la opulencia del rey frigio y del lidio;
que a quien más pide, más cosas faltan a su contento :
deme Dios parcamente lo justo, y más no envidio.

293
I l l - 17

Aeli vetusto nobilis ab Lamo,


Quando et priores hinc Lamias ferunt
Denominatos et nepotum
Per memores genus omne fastos;

Auctore ab illo ducis originem,


Qui Formiarum moenia dicitur
Princeps et innantem Maricae
Litoribus tenuisse Lirim,

Late tyrannus. Cras foliis nemus


Multis et alga litus inutili
Demissa tempestas ab Euro
Sternet, aquae nisi fallit augur

Annosa cornix. Dum potis, aridum


Compone lignum: cras Genium mero
Curabis et porco bimestri
Cum famulis operum solutis.

294
A ELIO L A M I A

Tú que entroncas con Lamo, el que es cabeza


de cuantos Lamias constan en archivos,
tú que desciendes del que dio firmeza
a los muros de Formias primitivos,
y su reino ensanchó donde empereza
el Liris, al formar giros esquivos
como flotando, río taciturno,
por entre las marismas de Minturno,

Elio, mañana cubrirá el estero


de alga inútil el Euro que se ensaña,
y de hojarasca el bosque, si el agüero
que la corneja da no nos engaña:
prevén hoy mismo con largueza el tuero,
vinos y un lechoncillo, y te das maña
para un genial festín, al que invitados
acudirán de fiesta tus criados.

295
Ill-18

Faune, Nympharum fugientum amator,


Per meos fines et aprica rura
Lenis incedas abeasque parvis
Aequus alumnis,

Si tener pleno cadit haedus anno,


Larga nec desunt Veneris sodali
Vina craterae, vetus ara multo
Fumat odore.

Ludit herboso pecus omne campo,


Cum tibi Nonae redeunt Decembres;
Festus in pratis vacat otioso
Cum bove pagus;

Inter audaces lupus errat agnos;


Spargit agrestes tibi silva frondes;
Gaudet invisam pepulisse fossor
T er pede terram.

.296
A FAUNO

Galán de las Ninfas esquivas,


Fauno, al paso por mi heredad,
mis chotos y cabras lascivas
gocen de tu benignidad,

pues el vino que a Venus gusta


y el chivo del anual festín
te brindé en el ara vetusta,
con harto incienso en el jardín.

De Diciembre al llegar las Nonas,


trisca en la pradera la grey,
huelgan pandillas juguetonas,
al labrantío no va el buey;

innocuo el lobo merodea,


las selvas sus frondas te dan,
y con pie triunfante golpea
la tediosa tierra el gañán.
I Ï I - 19

Quantum distet ab Inacho


Codrus pro patria non timidus mori
Narras, et genus Aeaci
Et pugnata sacro bella sub Ilio;

Quo Chium pretio cadum


Mercemur, quis aquam temperet ignibus,
Quo praebente domum et quota
Paelignis caream frigoribus, taces.

Da lunae propere novae,


Da noctis mediae, da, puer, auguris
M urenae: tribus aut novem
Miscentur cyathis pocula commodis.

Qui Musas am at inpares,


Ternos ter cyathos attonitus petet
Vates; tres prohibet supra
Rixarum metuens tangere Gratia,

Nudis iuncta sororibus.


Insanire iuvat: cur Berecyntiae
Cessant flamina tibiae?
Cur pendet tacita fistula cum lyra?

298
A TELEFO

Los años que median entre ínaco y Codro,


el que por la patria no dudó en morir,
Éaco y su estirpe, las luchas de Troya,
todo eso nos cuentas, historias sin fin.. .

Pero a cuánto sale la cuba de quío,


quién calienta el baño, quién casa nos da,
y a qué hora al abrigo de pelignos hielos
lograré al fin verme, de eso ni chistar.. .

¡ Muchacho, unas copas : la de luna nueva,


la de media noche, la de nuestro augur ! . . .
¡ Que viva M urena ! Las copas se escancian
por tres o por nueve: determina tú.

Quien ame las Musas querrá en su delirio


las nueve cabales. No pasen de tres
—dicen, temerosas de que estallen riñas,
las Gracias que lucen su lauta esbeltez— .

¡ Mas hoy, la gran zambra ! ¿ Por qué se ha callado


de las berecintias flautas la canción?
¿por qué está pendiente, muda, la siringa,
y al lado, en el muro, la lira sin voz?

299
Parcentes ego dexteras
Odi : sparge rosas ; audiat invidus
Dementem strepitum Lycus,
Et vicina seni non habilis Lyco.

Spissa te nitidum coma,


Puro te similem, Telephe, vespero
Tempestiva petit Rhode;
Me lentus Glycerae torret amor meae.
Detesto a tacaños: esparce las rosas;
que desde su casa nos oiga gritar
el avaro Lico, que oiga la vecina,
que con el vejete se acopla tan mal.

A ti que reluces con tus gruesos bucles,


como entre arreboles el lucero, a ti,
Télefo, te busca, fresca y nubil, Rhode,
mientras yo por Glícera me siento morir,
I l l - 20

Non vides quanto moveas periclo,


Pyrrhe, Gaetulae catulos leaenae?
Dura post paullo fugies inaudax
Proelia raptor,

Cum per obstantes iuvenum catervas


Ibit insignem repetens Nearchum:
Grande certamen, tibi praeda cedat,
Maior an illa.

Interim, dum tu celeres sagittas


Promis, haec dentes acuit timendos,
Arbiter pugnae posuisse nudo
Sub pede palmam

Fertur et leni recreare vento


Sparsum odoratis umerum capillis,
Qualis aut Nireus fuit aut aquosa
Raptus ab Ida.

302
A PIRRO

Su cachorro al raptar, ¿no te intimida


la getula leona? Si es que ilesa
quieres tu suerte, Pirro, vana empresa
es aguardar su fiera acometida.

En busca de Nearco, que es su vida,


por el corro de efebos ya atraviesa ;
y cuál al fin se quede con la presa
será tremenda lid quien lo decida.

En tanto, aparte, con soberbia calma,


mientras las flechas tú, y ella los dientes
afiláis, tiene el árbitro la palma

bajo el desnudo pie; la cabellera


deja que por los hombros esplendentes
riegue la brisa, y desdeñoso espera,

nuevo Nireo al lado del Pelida,


segundo Ganimedes en el Ida.

303
I l l -21

O nata mecum consule Manlio,


Seu tu querellas sive geris iocos
Seu rixam et insanos amores
Seu facilem, pia testa, somnum,

Quocumque lectum nomine Massicum


Servas, moveri digna bono die,
Descende, Corvino iubente
Promere languidiora vina.

Non ille, quamquam Socraticis madet


Sermonibus, te negleget horridus :
N arratur et prisci Catonis
Saepe mero caluisse virtus.

Tu lene tormentum ingenio admoves


Plerumque duro; tu sapientium
Curas et arcanum iocoso
Consilium retegis Lyaeo;

304
A UNA ANFORA
DE V I N O

Nacida conmigo bajo el cónsul Manlio


ya inspires querellas, ya juegos y bromas,
ya riñas de amigos o locos amores,
ya tranquilos sueños, ánfora piadosa,

el másico puro digno de un gran día,


que fiel has guardado (¿para qué? no importa)
bríndalo y desciende —Corvino te llama—,
tu lánguido flujo, mezquina, no encojas.

No te ha de hacer fieros, por más que en honduras


de libros socráticos a gusto se engolfa;
que aun Catón el viejo solía —se dice—
calentar con vino su virtud ceñosa.

Potro de gustoso tormento, haces que hable


quien, de tardo ingenio, palabras no logra;
tú la lengua sueltas del sabio que encubre
sus planes secretos y sus cuitas hondas.

305
Tu spem reducis mentibus anxiis
Viresque et addis cornua pauperi,
Post te neque iratos trementi
Regum apices neque militum arma

Te Liber et, si laeta aderit Venus,


Segnesque nodum solvere Gratiae
Vivaeque producent lucernae,
Dum rediens fugat astra Phoebus.
La esperanza vuelves al pecho que duda,
al pobre das bríos, y él, tras unas copas,
firme las diademas de reyes airados
y de sus satélites las armas afronta.

Si Baco, si Venus acuden sonrientes,


si vienen las Gracias que juntas retozan,
durarás al brillo de lámparas fieles
hasta que a los astros apague la aurora.

307
I l l - 22

Montium custos nemorumque, Virgo,


Quae laborantes utero puellas
Ter vocata audis adimisque leto,
Diva triformis,

Inminens villae tua pinus esto,


Quam per exactos ego laetus annos
Verris obliquum meditantis ictum
Sanguine donem.

308
A DIANA

Virgen, señora de arboladas cumbres,


que oyes el triple grito de las madres,
y hórrida muerte de su parto alejas,
diosa triforme.

Tuyo es el pino que mi granja entolda,


y año tras año verteré gustoso
cálida sangre de un lechón que embiste
sesgo y mañero.

309
Ill - 23

Caelo supinas si tuleris manus


Nascente luna, rustica Phidyle,
Si ture placaris et horna
Fruge Lares avidaque porca;

Nec pestilentem sentiet Africum


Fecunda vitis nec sterilem seges
Robiginem aut dulces alumni
Pomifero grave tempus anno.

Nam quae nivali pascitur Algido


Devota quercus inter et ilices
Aut crescit Albanis in herbis
Victima, pontificum secures

Cervice tinguet: te nihil attinet


Temptare multa caede bidentium
Parvos coronantem marino
Rore deos fragilique myrto.

Immunis aram si tetigit manus,


Non sumptuosa blandior hostia,
Mollivit aversos Penates
Farre pio et saliente mica.

310
A FIDILE

Fídilc amable, si en las lunas nuevas


al dios ofreces de tu lar paterno,
mientras las manos suplicante elevas,
ávida puerca, incienso y grano tierno,

ni ábrego pestilente hará en tus vides


ni el añublo en tus mieses, ningún daño,
ni a los dulces primales por quien pides
el rico otoño, al enfermar el año.

Entre robles del Álgido se cría,


o en los pastos albanos la torada,
que con su sangre ha de teñir un día
la segur del pontífice sagrada;

tú no pienses en lautas oblaciones:


bástales a tus dioses el esmero
con que su humilde pequeñez corones
de frágil mirto y ramas de romero.

Sin otro don toque el altar tu mano;


no aplaca al cielo el toro que se inmola,
cuanto el óbolo pío del aldeano:
sal crepitante y veneranda mola.

311
I ll - 24

Intactis opulentior
Thesauris Arabum et divitis Indiae
Caementis licet occupes
Tyrrhenum omne tuis et mare Apulicum

Si figit adamantinos
Summis verticibus dira Necessitas
Clavos, non animum metu,
Non mortis laqueis expedies caput.

Campestres melius Scythae,


Quorum plaustra vagas rite trahunt domos,
Vivunt et rigidi Getae,
Inm etata quibus iugera liberas

Fruges et Cererem ferunt,


Nec cultura placet longior annua,
Defunctumque laboribus
Aequali recreat sorte vicarius.

Illic m atre carentibus


Privignis mulier temperat innocens,
Nec dotata regit virum
Coniunx nec nitido fidit adultero;

312
C O N T R A LOS A V A R O S

Finge tus opulencias en oro más copiosas


que la India y la Arabia, sus arcas aún llenas,
invade las riberas apulias o tirrenas
■con tus villas que se entran en el mar, jactanciosas;

como en lo más erguido la inexorable suerte


sus diamantinos clavos afiance con denuedo,
no lograrás ver libre tu corazón del miedo
ni soltar tu cabeza del lazo de la muerte.

Mejor vive el Escita que transporta su casa


por las yermas llanuras en errante carreta;
en sus campos sin lindes vive mejor el Geta
y sin trabas disfruta de cosecha no escasa:

no gusta más de un año derrochar sus sudores


en unos mismos surcos; lograda su fatiga,
descansa, sin que falte quien por turno le siga
con los mismos empeños en las mismas labores.

Allí, al niño sin madre no veja la m adrastra;


no se arroga el derecho de m andar al marido
por su dote la esposa, ni el halago mentido
de mozos tentadores al delito la arrastra.

313
Dos est magna parentium
Virtus et metuens alterius viri
Certo foedere castitas,
Et peccare nefas aut pretium est mori.

O quisquis volet impias


Caedes et rabiem tollere civicam,
Si q u a e r e t p a t e r u r b i u m
Subscribi statuis, indomitam audeat

Refrenare licentiam,
Clarus postgenitis: quatenus, heu nefas*
Virtutem incolumem odimus,
Sublatam ex oculis quaerimus invidi.

Quid tristes querimoniae,


Si non supplicio culpa reciditur;
Quid leges sine moribus
Vanae proficiunt? si neque fervidis

Pars inclusa caloribus


Mundi nec boreae finitimum latus
Durataeque solo nives
Mercatorem abigunt, horrida callidi

Vincunt aequora navitae,


Magnum pauperies opprobrium iubet
Quidvis et facere et pati,
Virtutisque viam deserit arduae.

Vel nos in Capitolium,


Quo clamor vocat et turba faventium,
Vel nos in mare proximum
Gemmas et lapides aurum et inutile,
Allí es la mejor dote la piedad llana y fuerte
de los padres, la intacta castidad que se precia
de ignorar nuevas bodas, y que, inflexible y recia,
tiene, por sanción única del pecado, la muerte.

¡ Oh, quienquiera que anhele poner fin al salvaje


odio entre ciudadanos, y que, al pie de su efigie,
de “Padre de ciudades” el nombre le prestigie,
levántese y enfrene tanto libertinaje!

Pero no espere el premio de esta gloriosa lidia


sino de la progenie futura, pues ¡ oh mengua !
contra la virtud viva concitamos la lengua,
y sólo ante la muerte remite nuestra envidia.

Mas de nada aprovechan las dolientes quejumbres,


si no hay, en tanto exceso, cuchillo incompasivo
que castigue los crímenes y que corte en lo vivo :
¿qué es la ley que no tiene vigencia en las costumbres,

si al mercader no arredran los tórridos calores


ni los hielos boreales y la perpetua nieve,
si el nauta en unas tablas a desafiar se atreve
con serena pericia los marinos furores,

si pasa la pobreza por oprobio supremo,


y si por expulsarla suele admitirse todo,
los trabajos más graves, el más ruin acomodo,
y de nobles virtudes el repudio blasfemo?

¡ Demos al Capitolio, donde aplausos y gritos


nos llaman, nuestras joyas, perlas, y ese oro vano
causa de tantos males, o en el ponto cercano
sepultémoslo todo, si es que estamos contritos!

315
Summi materiem mali,
Mittamus, scelerum si bene poenitet.
Eradenda cupidinis
Pravi sunt elementa et tenerae nimis

Mentes asperioribus
Formandae studiis. Nescit equo rudis
Haerere ingenuus puer
Venarique timet, ludere doctior,

Seu Graeco iubeas trocho,


Seu malis vetita legibus alea,
Cum periura patris fides
Consortem socium fallat et hospitem,

Indignoque pecuniam
Heredi properet. Scilicet inprobae
Crescunt divitiae; tamen
Curtae nescio quid semper abest rei.
De la codicia infanda que nos enerva ahora
preciso es que arranquemos las íntimas raíces,
que los jóvenes muelles dobleguen las cervices
al ejercicio rudo que templa y avigora.

El hijo de familia ya no monta un caballo


y tiembla de la caza; pero, diestro en el juego,
sabe todas las suertes del troco o aro griego,
o del dado que imprueban las leyes con su fallo.

¿Y qué mucho, si el padre sin reparo perjura


por estafar al huésped o al incauto asociado,
si no mira en dinero torpemente ganado,
como aumente del hijo la sucesión futura?

Así crece insaciable la riqueza, y se exalta


más y más la codicia, sin que nunca se aquiete :
no viendo el rico el ápice que su dicha complete,
siempre está lamentando que un no sé qué le falta.

317
Ill - 25

Quo me, Bacche, rapis tui


Plenum? Quae nemora aut quos agor in specus,
Velox mente nova? Quibus
Antris egregii Caesaris audiar

Aeternum meditans decus


Stellis inserere et concilio Iovis?
Dicam insigne, recens, adhuc
Indictum ore alio. Non secus in iugis

Edonis stupet Euhias,


Hebrum prospiciens et nive candidam
Thracen ac pede barbaro
Lustratam Rhodopen, ut mihi devio

Ripas et vacuum nemus


M irari libet. O Naiadum potens
Baccharumque valentium
Proceras manibus vertere fraxinos,

Nil parvum aut humili modo,


Nil mortale loquar. Dulce periculum est,
O Lenaee, sequi deum
Cingentem viridi tempora pampino.

318
A BACO

Lleno de tu deidad, oh Baco, ¿adonde?


¿por qué selvas de horror y oscuros cóncavos
me arrastras endiosado, el alma en vilo?
¿qué antros me oirán, atónitos, del César
sembrar en las estrellas los loores,
y de Jo ve al concilio abrirle paso?
¡ Quiero algo nuevo, nunca oído, insólito !

Y como insomne, estupefacta, mira


desde las cumbres la Bacante el Hebro,
la Tracia, blancas nieves, y en el Ródope
el lejano trajín de huellas bárbaras;
así la soledad del bosque, extático
miro también y con callado júbilo,
el regato feliz.
¡ Rey de las Náyades,
rey de las fuertes Ménades, que a pulso
altos fresnos se llevan, descuajándolos,
nada humilde ni ruin mi labio admite,
nada mortal, Leneo! ¡Riesgo grande,
pero dulce, ir en pos del dios jocundo
que orna sus sienes con verdor de pámpanos!

319
I ll - 26

Vixi duellis nuper idoneus


Et militavi non sine gloria;
Nunc arma defunctumque bello
Barbiton hic paries habebit,

Laevum marinae qui Veneris latus


Custodit. Hic, hic ponite lucida
Funalia et vectes et arcus
Oppositis foribus minaces.

O quae beatam diva tenes Cyprum et


Memphin carentem Sithonia nive,
Regina, sublimi flagello
Tange Chloen semel arrogantem.
CONTRA CLOE

Hasta hace poco grato a las doncellas


no sin gloria reñí lides de amores.
Al fin me rindo derrotado en ellas.

Y quiero yo, Afrodita, que atesores


de tu templo en el muro del oriente,
la lira en que he cantado tus loores.

Van las barras también, la tea ardiente,


y el arco que a mil puertas dio el asalto,
Reina de Chipre y Menfis eminente.

Mas satisface un ansia que me roe:


dale un tiento una vez, látigo en alto,
sólo una vez, a la arrogante Cloe.
Ill - 27

Impios parrae recinentis omen


Ducat et praegnans canis aut ab agro
Rava decurrens lupa Lanuvino
Fetaque vulpes;

Rumpit et serpens iter institutum,


Si per obliquum similis sagittae
Terruit mannos; ego cui timebo,
Providus auspex,

Antequam stantes repetat paludes


Imbrium divina avis inminentum,
Oscinem corvum prece suscitabo
Solis ab ortu.

Sis licet felix, ubicumque mavis,


Et memor nostri, Galatea, vivas;
Teque nec laevus vetat ire picus
Nec vaga cornix.

Sed vides, quanto trepidet tumultu


Pronus Orion. Ego quid sit ater
Hadriae novi sinus et quid albus
Peccet Iapyx.

322
A GALATEA

Por agüero de viaje oiga el impío


plañir al buho, y una galga aviste
o una zorra con crías, o una loba
que de Lanuvio baja y, fiera, embiste;

a sus potros espante sierpe oblicua,


cruzando como flecha la calzada.
Yo arúspice prudente de una bella,
cuido sagaz que todo riesgo evada :

sabré mover al cuervo con mis preces


a que cante del lado de la aurora,
antes que a sus lagunas vuelva el ave
de la inminente lluvia anunciadora.

Sé feliz donde quieras, Galatea,


mas que siempre de mí tu amor se acuerde,
y no pondrán estorbos a tu viaje
ni el grajo ni el siniestro pico verde.

Mas ¿no ves el tumulto que en su ocaso


mueve Orion? ¡Yo he probado la sombría
negrura del Adriático, y cuán loco
es quien del claro yápigo se fía !

323
Hostium uxores puerique caecos
Sentiant motus orientis Austri et
Aequoris nigri fremitum et trementes
Verbere ripas.

Sic et Europe niveum doloso


Credidit tauro latus, et scatentem
Beluis pontum mediasque fraudes
Palluit audax:

Nuper in pratis studiosa florum et


Debitae Nymphis opifex coronae,
Nocte sublustri nihil astra praeter
Vidit et undas.

Quae simul centum tetigit potentem


Oppidis Creten, ‘Pater, o relictum
Filiae nomen pietasque’ dixit,
Victa furore!

Unde quo veni? Levis una mors est


Virginum culpae. Vigilansne ploro
Turpe conmissum an vitiis carentem
Ludit imago

Vana, quae porta fugiens eburna


Somnium ducit? Meliusne fluctus
Ire per longos fuit, an recentes
Carpere flores?

Siquis infamem mihi nunc iuvencum


Dedat iratae! Lacerare ferro et
Frangere enitar modo multum amati
Cornua monstri.
¡ Que hijos y esposas de enemigos sientan
del viento austral el ímpetu salvaje,
y el son del negro m ar cuando temblando
queda la playa al golpe del oleaje !

Tal la suerte de Europa, cuando quiso


confiar su alba hermosura al falso toro;
palideció la audaz, al ver en riesgos
y en monstruos pulular el mar sonoro.

La que para guirnaldas de las Ninfas


en el prado segaba mil corolas,
ya en la lumbrosa noche no ve nada
sino sólo los astros y las olas.

Llegada a Creta, la de cien ciudades,


rompe en llanto: “ ¡O h mi padre! ¡oh torpe olvido
del tierno amor que te debí ! ¡ De dónde,
triste de mí, y adonde me he venido!

¡ Oh locura ! Una muerte es pena leve


para quien, virgen, se p erd ió .. . ¿Mas lloro
una culpa real? ¿o es sólo sueño
que haya puesto yo mancha en mi decoro?

—sueño vano de aquellos que despide


la puerta de marfil— . .. ¡ Cómo es que, ciega,
a las flores que el prado me ofrecía
antepuse la m ar y su honda brega !

¡ Quién pusiera a merced de mis furores


a ese infame novillo ! ¡ Con espanto
me viera a hierro destrozar sus cuernos
y hacer pedazos al que fue mi encanto !

325
Impudens liqui patrios Penates,
Impudens Orcum moror. O deorum
Siquis haec audis, utinam inter errem
Nuda leones.

Antequam turpis macies decentes


Occupet malas teneraeque sucus
Defluat praedae, speciosa quaero
Pascere tigres.

Vilis Europe, pater urguet absens :


Quid mori cessas? Potes hac ab orno
Pendulum zona bene te secuta e-
lidere collum.

Sive te rupes et acuta leto


Saxa delectant, age te procellae
Crede veloci, nisi erile mavis
Carpere pensum

Regius sanguis dominaeque tradi


Barbarae paelex.’ Aderat querenti
Perfidum rides Venus et remisso
Filius arcu.

Mox ubi lusit satis, ‘abstineto,


Dixit, irarum calidaeque rixae,
Cum tibi invisus laceranda reddet
Cornua taurus.

Uxor invicti lovis esse nescis.


Mitte singultus, bene ferre magnam
Disce fortunam; tua sectus orbis
Nomina ducet.’
¿La infamia de dejar mis patrios lares
no paga aún la muerte? ¡ Oh justicieras
deidades —si es que quiere oírme alguna—,
desnuda, inerme entrégueme a las fieras!

¡ A leones, a tigres ! ¡ antes que hosca


la magrez mi belleza desfigure,
antes que a desjugar tan tierna presa
la sevicia del tiempo se apresure!

¡ O h ruin Europa —desde lejos clama .


mi padre— ¡a morir ya! ¿qué te detiene?
¡ a mano está ese olmo, y tu cintura
a que en tu cuello con rigor se estrene !

O si el filo prefieres de esas rocas


para la muerte, corre. . . A la tormenta
tu cuerpo entrega sin ta r d a r ... a menos
que de esclava tal vez quieras la afrenta. . .

hija de rey, h ilan d o .. . , o cortesana


bajo bárbara d u e ñ a .. —Puesto el ojo
burlón en ella, presenciaba el llanto
Venus, con su rapaz, el arco flojo.

Satisfecha de burlas, “Pon a raya


—le dijo— tus furores y altiveces,
cuando brinde a tus golpes, humillado,
las cervices el toro que aborreces.

No sabes ser esposa del gran Júpiter. . .


Deja de sollozar, y a tu fortuna
aprende a hacer honor: ¡desde hoy tu nombre,.
de tres partes del mundo, das a una !”

327
I ll - 28

Festo quid potius die


Neptuni faciam? Prome reconditum
Lyde strenua Caecubum
Munitaeque adhibe vim sapientiae.

Inclinare meridiem
Sentis ac, veluti stet volucris dies,
Parcis deripere horreo
Cessantem Bibuli consulis amphoram.

Nos cantabimus invicem


Neptunum et virides Nereidum comas;
Tum curva recines lyra
Latonam et celeris spicula Cynthiae:

Summo carmine, quae Cnidon


Fulgentesque tenet Cycladas et Paphon
lunetis visit oloribus
Dicetur; merita Nox quoque nenia.

328
A LI DE

Fiesta del dios del m ar: ¿qué hacemos, Lide?


Hay cécubo guardado. . . ¡ Saca présta
el preciado tesoro! En esta fiesta
tu rigor sus escrúpulos olvide. . .

El tiempo volador la hora nos mide,


y hace rato pasó la de la siesta ;
desde el tiempo de Bíbulo repuesta,
que la saques a luz la ánfora pide.

Yo cantaré a Neptuno y las hialinas


crenchas de las Nereidas; y tú afinas
tu cítara por Cintia, por Latona,

por la que cisnes a su carro uncidos


rige, cuando visita Pafo o Cnidos
o en las Cicladas bellas se apersona.

Y al fin del festival, lírico broche,


su nenia cantaremos a la Noche.
I l l - 29

Tyrrhena regum progenies, tibi


Non ante verso lene merum cado
Cum flore, Maecenas, rosarum et
Pressa tuis balanus capillis

Iamdudum apud me est: eripe te morae,


Ne semper udum Tibur et Aefulae
Declive contempleris arvum et
Telegoni iuga parricidae.

Fastidiosam desere copiam et


Molem propinquam nubibus arduis,
Omitte mirari beatae
Fumum et opes strepitumque Romae.

Plerumque gratae divitibus vices


Mundaeque parvo sub lare pauperum
Cenae sine aulaeis et ostro
Sollicitam explicuere frontem.

Iam clarus occultum Andromedae pater


Ostendit ignem, iam Procyon furit
Et stella vesani Leonis
Sole dies referente siccos:

330
A MECENAS

Nieto de etruscos reyes, oh Mecenas,


sin tocarla hace tiempo que te guardo
un ánfora de añejo, de las buenas,
rosas de mis rosales, ben y nardo.

¡Basta de dilación! ¿Toda la vida


en las laderas de Éfula clavadas
vas a tener, o en Tíbur, las miradas,
o en las crestas del tusco parricida?
¡ Deja a un lado ese lujo que es carcoma,
y baja de ese alcázar al que subes
la gloria a contemplar, desde las nubes,
y el humo y el estrépito de Roma.
Aun el rico en un cambio siente gusto:
puede desarrugar su ceño adusto
una cena sencilla, sin doseles,
sin alarde de púrpuras, servida
sobre limpios manteles.

Triple lumbre en el cielo embravecida


—Proción, Gefeo y el León insano—
la vuelta anuncia de hórrido verano :

331
Iam pastor umbras cum grege languido
Rivumque fessus quaerit et horridi
Dumeta Silvani, caretque
Ripa vagis taciturna ventis.

Tu civitatem quis deceat status


Curas et Urbi sollicitus times,
Quid Seres et regnata Cyro
Bactra parent Tanaisque discors.

Prudens futuri temporis exitum


Caliginosa nocte premit deus,
Ridetque si mortalis ultra
Fas trepidat. Quod adest memento

Conponere aequus; cetera fluminis


Ritu feruntur, nunc medio alveo
Cum pace delabentis Etruscum
In mare, nunc lapides adesos

Stirpesque raptas et pecus et domos


Volventis una non sine montium
Clamore vicinaeque silvae,
Cum fera diluvies quietos

Inritat amnes. Ille potens sui


Laetusque deget, cui licet in diem
Dixisse Vixi: cras vel atra
Nube polum pater occupato,

Vel sole puro; non tamen inritum,


Quodcumque retro est, efficiet neque
Diffinget infectumque reddet,
Quod fugiens semel hora vexit.
con su lánguida grey busca frescura,
fatigado el pastor, en los jarales,
junto al regato, donde no murmura
soplo alguno de brisas estivales.
Tú en tanto por la gloria te fatigas
de Roma, siempre atento a las arteras
maniobras y al vaivén de las intrigas
de Bactrianos, de Escitas y de Seras.

Por algo en densa noche Dios encubre


lo porvenir, y su desdén provoca
cuanto el mortal por saber más lucubre.
Lo que el presente en tu poder coloca,
quieto dispon. Va lo demás cual río,
que, unas veces, sereno se desliza
por su cauce hacia el mar, y otras, se eriza
arrastrando en furioso descarrío
troncos, pedruzcos, chozas y rebaños;
gimen selvas y montes aledaños,
y pasa el aluvión haciendo riza.

Dueño de su destino es el que puede


cada día decirse, venturoso:
“ ¡Viví! M añana un sol esplendoroso
luzca el cielo, o de nubes se abovede ;
no hará Jove con ello que a la nada
vuelva lo que pasó, ni que borrada
quede en el corazón la huella viva
que en pos de sí dejó la hora furtiva”.
Fortuna saevo laeta negotio et
Ludum insolentem ludere pertinax
Transm utat incertos honores,
Nunc mihi nunc alii benigna.

Laudo manentem; si celeres quatit


Pinnas, resigno quae dedit et mea
Virtute me involvo probamque
Pauperiem sine dote quaero.

Non est meum, si mugiat Africis


Malus procellis, ad miseras preces
Decurrere et votis pacisci,
Ne Cypriae Tyriaeque merces

Addant avaro divitias mari:


Tum me biremis praesidio scaphae
Tutum per Aegaeos tumultus
Aura feret geminusque Pollux.
En su cruel tarea se divierte
la Fortuna, empeñada
en el juego insolente de la suerte:
hoy para mí las gracias, los honores,
mañana serán de otro sus favores.
Cuando fiel, la bendigo; lo que es suyo,
si el vuelo quiere alzar, le restituyo;
me embozo en mi virtud, y hallo tranquilo
en la pobreza respetable asilo.
Gima el mástil del ábrego al empüje;
no han de verme rogar con ruines lloros
no deje el cielo que la m ar que ruge
trague de Tiro y Chipre los tesoros.
Del tumultuoso Egeo hasta la orilla
los hermanos de Helena
y un aura para el náufrago serena
me llevarán seguro en mi barquilla.
Ill - 30

Exegi monumentum aere perennius


Regalique situ pyramidum altius,
Quod non imber edax, non Aquilo impotens
Possit diruere aut innumerabilis

Annorum series et fuga temporum.


Non omnis moriar multaque pars mei
Vitabit Libitinam: usque ego postera
Crescam laude recens, dum Capitolium

Scandet cum tacita virgine pontifex.


Dicar, qua violens obstrepit Aufidus
Et qua pauper aquae Daunus agrestium
Regnavit populorum, ex humili potens

Princeps Aeolium carmen ad Italos


Deduxisse modos. Sume superbiam
Quaesitam meritis et mihi Delphica
Lauro cinge volens, Melpomene, comam.

336
A MELPOMENE

Puse cima a mi excelso monumento,


bronce y roca inmortales, y más alto
que pirámides regias; el asalto
sufrirá vencedor de aguas y viento,
ni el huir de los siglos le hará mella.
¡No muero todo yo! Gran parte mía
la tumba burlará. Vivaz y bella,
florecerá sin fin mi nombradla,
mientras con la Vestal, muda doncella,
el Pontífice suba al Capitolio.
De mi humildad ha de cantar la fama
que, donde sordo el Áufido rebrama,
donde Dauno asentó su monarquía,
yo a Roma di el primor del ritmo eolio.
De tu vate, Melpómene, blasona
y da a mi frente délfica corona.

337
Li br o Cua r t o
IV- 1

Intermissa, Venus, diu


Rursus bella moves? Parce, precor, precor.
Non sum qualis eram bonae
Sub regno Cinarae. Desine, dulcium

M ater saeva Cupidinum,


Circa lustra decem flectere mollibus
Iiam durum imperiis: abi,
Quo blandae iuvenum te revocant preces.

Tempestivius in domum
Paulli, purpureis ales oloribus,
Comissabere Maximi,
Si torrere iecur quaeris idoneum.

Namque et nobilis et decens


Et pro sollicitis non tacitus reis
Et centum puer artium
Late signa feret militiae tuae,

Et quandoque potentior
Largis muneribus riserit aemuli,
Albanos prope te lacus
Ponet marmoream sub trabe citrea.

340
A VENUS

¿A las guerras de antaño, guerras de amor, oh Venus,


de nuevo me convidas?
¡Ay! ya no soy el mismo que fui bajo el reinado
dichoso de mi C inara. . .

¡Ya deja! cruda madre de los dulces Deseos,


que aunque blanda es tu brida,
duros son mis diez lustros. . . ¡y son tantos los mozos
que tiernos te suplican!

Tienes a Paulo M áxim o. . . Para alegres parrandas


¿qué mejor que su finca?
Allá fulgentes cisnes te lleven, si es que buscan
tus llamas una víctima.

Noble, hermoso, elocuente, gran defensor de reos


que acosa la justicia,
muchacho de mil prendas, que llevará triunfantes
tus gloriosas insignias.

Así que al rival pródigo de regalos derrote,


verás que te dedica,
junto a los lagos de Alba, rica estatua de mármol
con su lonja cedrina.

341
Illic plurima naribus
Duces tura, lyraeque et Berecyntiae
Delectabere tibiae
Mixtis carminibus non sine fistula;

Illic bis pueri die


Numen cum teneris virginibus tuum
Laudantes pede candido
In morem Salium ter quatient humum.

Me nec femina nec puer


Iam nec spes animi credula mutui,
Nec certare iuvat mero
Nec vincire novis tempora floribus.

Sed cur heu, Ligurine, cur


M anat rara meas lacrima per genas?
Cur facunda parum decoro
Inter verba cadit lingua silentio?

Nocturnis ego somniis


Iam captum teneo, iam volucrem sequor
Te per gramina M artii
Campi, te per aquas, dure, volubiles.

342
Allí no han de faltarte ni sahumerios de incienso
ni flautas berecintias
ni liras y tonadas acordes con las notas
de plañideras fístulas.

Allí mañana y tarde, cantarán tus loores


juntos niños y niñas,
hiriendo al modo salió con tres golpes el suelo
en agraciada euritmia.

Para mí ya no hay nada —ni efebo ni doncella,


ni ilusión de caricias,
ni el vino, ni las flores fragantes en las sienes—
nada que me sonría. . .

Y ¿por qué, sin embargo, sí, por qué, Ligurino,


mi llanto se desliza,
y a medio hablar la lengua se detiene de pronto
confusa, enmudecida?

¡Ay, de noche, entre sueños, unas veces te abrazo,


cruel, y otras, te hostiga,
ya por el Campo Marcio, ya en las aguas del Tiber,
mi loca fantasía !

343
I V -2

Pindarum quisquis studet aemulari,


Iule, ceratis ope Daedalea
Nititur pennis vitreo daturus
Nomina ponto.

Monte decurrens velut amnis, imbres


Quem super notas aluere ripas,
Fervet inmensusque ruit profundo
Pindarus ore,

Laurea donandus Apollinari,


Seu per audaces nova dithyrambos
Verba devolvit numerisque fertur
Lege solutis,

Seu deos regesve canit, deorum


Sanguinem, per quos cecidere iusta
Morte Centauri, cecidit tremendae
Flamma Chimaerae:

Sive quos Elea domum reducit


Palma caelestes pugilemve equumve
Dicit et centum potiore signis
Munere donat,

344
A JULO ANTONIO

Quien emular con Pindaro presuma


en céreas alas aventura el vuelo,
para dar nombre al mar de clara espuma,
como Icaro, cayéndose del cielo.

Cual río que del monte se despeña


y, engrosado, sus márgenes rebasa,
lánzase hirviente Píndaro y desdeña
cuanto su voz indómita acompasa.

Suya la fama y el laurel de Apolo,


ya cuando en ditirambos atrevidos
voces acuña que maneja él solo,
o se desboca en metros nunca oídos ;

ya cuando canta a dioses y monarcas


que, divinos, en obra justiciera
suprimieron Centauros, y a las Parcas
entregaron la ignívoma Quimera;

ya ensalce al que a su lar vuelve endiosado


con la olímpica palma, y dé más gloria
al púgil y al corcel su canto alado
que cien estatuas que alce la victoria;

345
Flebili sponsae iuvenemve raptum
Plorat et vires animumque mores-
Que aureos educit in astra nigro-
Que invidet Orco.

Multa Dircaeum levat aura cycnum,


Tendit, Antoni, quotiens in altos
Nubium tractus. Ego apis Matinae
More modoque

Grata carpentis thyma per laborem


Plurimum circa nemus uvidique
Tiburis ripas operosa parvus
Carmina fingo.

Concines maiore poeta plectro


Caesarem, quandoque trahet feroces
Per sacrum clivum merita decorus
Fronde Sygambros;

Quo nihil maius meliusve terris


Fata donavere bonique divi
Nec dabunt, quamvis redeant in aurum
Tempora priscum.

Concines laetosque dies et Urbis


Publicum ludum super inpetrato
Fortis Augusti reditu forumque
Litibus orbum.

Tum meae, siquid loquar audiendum,


Vocis accedet bona pars, et eo Sol
Pulcher, o laudande !’ canam recepto
Caesare felix.

346
ya llore, en fin, al joven sustraído
a su flébil esposa por la muerte,
y de las sombras del eterno olvido
por sus áureas virtudes lo liberte.

Siempre es aura triunfal la que corteja


al gran cisne tebano en su alto vuelo;
yo, Julo Antonio, sólo soy abeja
de mi monte Matino, y es mi anhelo,

como ella liba el jugo del tomillo,


de Tíbur en las frondas y cañadas
ir yo labrando, plácido y sencillo,
con afán laborioso mis tonadas.

Tú a César, por su lauro bien ganado,


cantarás con más alta poesía,
cuando al fiero Sicambro encadenado
conduzca en triunfo por la Sacra Vía;

a César que es la dicha que nos ceden


los dioses como máximo tesoro,
el bien más grande que otorgarnos pueden,
aunque al mundo volviera el siglo de oro.

Cantarás la alegría desbordada


del foro sin litigios, de los juegos
con que celebre Roma la llegada
de César, fruto ansiado de sus ruegos.

Si entonces algo que el aplauso incite


atino yo a decir, “ ¡ O h día hermoso !
—exclamaré contigo—, en que el Quirite
ve de Augusto el retorno venturoso !”
Atque dum procedit, ‘io triumphe!’
Non semel dicemus, ‘io triumphe!’
Civitas omnis dabimusque divis
Tura benignis.

Te decem tauri totidemque vaccae,


Me tener solvet vitulus, relicta
M atre qui largis iuvenescit herbis
In mea vota,

Fronte curvatos imitatus ignes


Tertium Lunae referentis ortum,
Qua notam duxit, niveus videri,
Cetera fulvus.
“ ¡O h Triunfo!” una y mil veces clamaremos,
“ ¡O h Triunfo!”, invicto al Capitolio su b e ...
y volará el incienso a los supremos
benignos dioses, en fragante nube.

Diez toros y diez vacas son tu ofrenda;


con un ternero cumplo yo la mía:
en el hierbal más lauto de la hacienda
hoy crece, ayer lactaba todavía;

brilla su frente como el arco leve


de luna de tres días; un lucero
le pone en el testuz pinta de nieve,
y hace visos leonados todo el cuero.

349
I V -3

Quem tu, Melpomene, semel


Nascentem placido lumine videris,
Illum non labor Isthmius
Clarabit pugilem, non equus inpiger

Curru ducet Achaico


Victorem, ñeque res bellica Deliis
O rnatum foliis ducen,
Quod regum tumidas contuderit minas,

Ostendet Capitolio;
Sed quae Tibur aquae fertile praefluunt,
Et spissae nemorum comae
Fingent Aeolio carmine nobilem.

Romae principis urbium


Dignatur suboles inter amabiles
Vatum ponere me choros,
Et iam dente minus mordeor invido.

O testudinis aureae
Dulcem quae strepitum, Pieri, temperas,
O mutis quoque piscibus
Donatura cycni, si libeat, sonum,

350
A MELPOMENE

Tu mirada de amor desde la cuna,


Melpomene, a la gloria predestina:
no a la de la palestra y sus trabajos ;
no a la de la carrera en que domina
el corcel vencedor, no a la fortuna
del que, adornado con los delios gajos
de bélico laurel, al Capitolio
sube, porque al tirano amenazante
derribó de su solio;
sino a la nombradla que prospera
de Tíbur en la fronda susurrante,
junto al río propicio al canto eolio.

Roma que al orbe impera


se allana a darme asiento entre sus vates;
no me muerde con furia tan rabiosa
la envidia, que ya amaina en sus embates.

O h Piéride, oh señora de la lira,


que para el canto a tu m andar se inspira
tú que dieras la voz del cisne hermosa
al mudo pez, si lo quisieras, m ira:

351
Totum muneris hoc tui est,
Quod monstror digito praetereuntium
Romanae fidicen lyrae:
Quod spiro et placeo, si placeo, tuum est.
i a ti la honra de todo restituyo;
si me veo del dedo señalado
como el romano lírico, si agrado,
si mi estro satisface, todo es tuyo !
I V -4

Qualem ministrum fulminis alitem,


Cui rex deorum regnum in aves vagas
Permisit expertus fidelem
Iuppiter in Ganymede flavo,

Olim iuventas et patrius vigor


Nido laborum propulit inscium,
Vernique iam nimbis remotis
Insolitos docuere nisus

Venti paventem, mox in ovilia


Demisit hostem vividus impetus,
Nunc in reluctantes dracones
Egit amor dapis atque pugnae;

Qualemve laetis caprea pascuis


Intenta fulvae matris ab ubere
Iam lacte depulsum leonem
Dente novo peritura vidit:

Videre Raetis bella sub Alpibus


Drusum gerentem Vindelici; quibus
Mos unde deductus per omne
Tempus Amazonia securi

354
D R U S O C L A U D I O NERON
Epinicio

Cual águila del rayo portadora,


a quien, por Ganimedes, de las aves
hizo Jove señora,
y a la que, tierna, el acicate un día
de juventud e ingénita osadía,
temblorosa lanzó fuera del nido,
y le enseñaron céfiros vernales
el gran vuelo atrevido,
luego el instinto, en ímpetus ferales,
hostil contra el rebaño la dispara,
contra el audaz reptil que se le encara
y al que rauda ajirona;
o cual cachorro que soltó la ubre
de rojiza leona,
y de un alto descubre en la pradera
a una cabra, su víctima primera:
tal apareció Druso
a los Retos Vindélicos, bajando
de los Alpes. — ( Y a éstos, quién el uso
de amazonia segur les dio, lo ignoro,
Dextras obarmet, quaerere distuli,
(Nec scire fas est omnia) ; sed diu
Lateque victrices catervae
Consiliis iuvenis revictae

Sensere, quid mens rite, quid indoles


Nutrita faustis sub penetralibus
Posset, quid Augusti paternus
In pueros animus Nerones.

Fortes creantur fortibus et bonis;


Est in iuvencis, est in equis patrum
Virtus, neque inbellem feroces
Progenerant aquilae columbam:

Doctrina sed vim promovet insitam,


Rectique cultus pectora roborant:
Utcumque defecere mores,
Dedecorant bene nata culpae.

Quid debeas, o Roma, Neronibus,


Testis M etaurum flumen et Hasdrubal
Devictus et pulcher fugatis
Ille dies Latio tenebris,

Qui primus alma risit adorea,


Dirus per urbes Afer ut Italas
Ceu flamma per taedas vel Eurus
Per Siculas equitavit undas.

Post hoc secundis usque laboribus


Romana pubes crevit, et impio
Vastata Poenorum tumultu
Fana deos habuere rectos,

356
ni hay cómo saber todo. ) — Pero el bando
en tantas guerras vencedor, vencido
por las trazas de un joven, ha sentido
qué pueden el decoro
del regio estrado y el amor paterno
de Augusto, para dar al pecho tierno
de sus caros Nerones
temple invicto de heroicos campeones.
Valor cría valor. La gallardía
del potro o del novillo es la que toma
de sus padres, y el águila bravia
nunca dio el ser a tímida paloma;
mas esta fuerza innata la fomenta
la doctrina que educa y el cultivo;
donde vence del mal el incentivo
graba la culpa el sello de su afrenta.

Cuánto debas, oh Roma, a los Nerones


que lo proclame Asdrúbal con el lauro
que le ganaste al borde del Metauro,
cuando, rotos del Lacio los crespones,
viste en tan gran victoria
la sonrisa primera de la gloria,
desde que por Italia el Africano
corría cual incendio, cual solano
por el sículo mar. Resurgió Roma
con más vigor; y templos que abatieron
los púnicos horrendos desacatos
a sus dioses por fin erguirse vieron.
Dixitque tandem perfidus Hannibal:
‘Cervi luporum praeda rapacium,
Sectamur ultro, quos opimus
Fallere et effugere est triumphus.

Gens, quae cremato fortis ab Ilio


lactata Tuscis aequoribus sacra
Natosque maturosque patres
Pertulit Ausonias ad urbes,

Duris ut ilex tonsa bipennibus


Nigrae feraci frondis in Algido,
Per damna, per caedes, ab ipso
Ducit opes animumque ferro.

Non hydra secto corpore firmior


Vinci dolentem crevit in Herculem,
Monstrumve submisere Colchi
Maius Echioniaeve Thebae.

Merses profundo: pulchrior evenit;


Luctere: multa proruit integrum
Cum laude victorem geritque
Proelia coniugibus loquenda.

Carthagini iam non ego nuntios


M ittam superbos: occidit, occidit
Spes omnis et fortuna nostri
Nominis Hasdrubale interempto.

Nil Claudiae non perficient manus,


Quas et benigno numine Iuppiter
Defendit, et curae sagaces
Expediunt per acuta belli.’
Y en llanto rompió Aníbal : “ ¡Ay, cervatos
presa de fieros lobos! ¡qué pretende
tan loco desafío, si es hazaña,
su zarpa al menos esquivar con maña !
Pueblo que, ardiendo Troya, audaz emprende
con sus dioses, sus hijos, sus ancianos,
tan rudas travesías, y en los llanos
de Italia al fin su asiento consolida. . .
es ruda encina que, del hacha herida,
sobre el Álgido, alcor de negra cumbre,
muestra su reciedumbre en que revive
más recia a cada golpe que recibe.

Las segadas cabezas, no más brava,


contra Hércules la Hidra rebrotaba;
ni apareció de monstruos tal ralea
en Cólquida o en T e b a s.. . ¿Al profundo
quieres hundirla? —emerge con más g lo ria .. .
¿Trabas lucha con él?— y en la pelea,
al vencedor arrolla el moribundo,
y cantan las Romanas su victoria. . .
¡Nunca más a Cartago
mandaré yo soberbios mensajeros!
¡ Se puso mi astro cuando en día aciago
cayó Asdrúbal, trozando mis aceros!”

¡No! ¡no hay para los Claudios imposibles!


Jove los guarda ; y en su amparo vela,
de la guerra en los trances más temibles,
augusta y sagacísima tutela.
I V -5

Divis orte bonis, optime Romulae


Custos gentis, abes iam nimium diu;
M aturum reditum pollicitus patrum
Sancto concilio redi.

Lucem redde tuae, dux bone, patriae :


Instar veris enim vultus ubi tuus
Adfulsit populo, gratior it dies
Et soles melius nitent.

U t mater iuvenem, quem Notus invido


Flatu Carpathii trans maris aequora
Cunctantem spatio longius annuo
Dulci distinet a domo,

Votis ominibusque et precibus vocat,


Curvo nec faciem litore dimovet:
Sic desideriis icta fidelibus
Quaerit patria Caesarem.

Tutus bos etenim rura perambulat,


Nutrit farra Ceres almaque faustitas,
Pacatum volitant per mare navitae,
Culpari metuit fides,

360
A AUGUSTO

Don de benignos dioses, custodio no igualado


de la romúlea gente, ¡ mucho tu ausencia 'dura !
No fallen tus promesas al augusto Senado :
el regreso apresura.

A tu patria devuelve la luz, príncipe bueno:


como una primavera, tu apacible semblante
torna para los tuyos el día más sereno,
el sol más rutilante.

Como madre que al hijo, inconsolable, llora,


—más de un año es la ausencia, y en paraje remoto,
por los puertos carpatios el joven se demora,
prisionero del noto;

ella agüeros, plegarias, ofrendas acumula,


fijos siempre los ojos en la curva ribera—,
así la patria, en ansias que el amor estimula,
fiel a César espera.

Por ti Ceres nutricia multiplica las mieses,


por ti pace en los campos la boyada, tranquila,
por ti los marineros navegan sin reveses,
la buena fe vigila.

361
Nullis polluitur casta domus stupris,
Mos et lex maculosum edomuit nefas,
Laudantur simili prole puerperae,
Culpam poena premit comes.

Quis Parthum paveat, quis gelidum Scythen,


Quis Germania quos horrida parturit
Fetus incolumi Caesare? quis ferae
Bellum curet Hiberiae?

Condit quisque diem collibus in suis,


Et vitem viduas ducit ad arbores;
Hinc ad vina redit laetus et alteris
Te mensis adhibet deum;

Te multa prece, te prosequitur mero


Defuso pateris, et Laribus tuum
Miscet numen, uti Graecia Castoris
Et magni memor Herculis.

‘Longas o utinam, dux bone, ferias


Praestes Hesperiae!’ dicimus integro
Sicci mane die, dicimus uvidi,
Cum Sol Oceano subest.
No hay torpes adulterios en el hogar: su afrenta
ley y costumbre acosan con castigo inmediato,
y se encomia a la madre cuando una prole ostenta
que del padre es retrato.

¿Quién, mientras viva César, al Parto y al Escita


temerá, o a los hórridos engendros de Germania?
¿ quién, las continuas guerras que indomeñable excita ‘
la ibérica vesania?

En la paz de sus lomas, cada cual su faena


cumple, apañando viñas hasta el sol vespertino;
y, como a dios, te llama, cuando en la alegre cena
llega la hora del vino.

Numen nuevo en sus lares, te brindan los labriegos


votos y libaciones del mosto de sus vides:
inauguran tu culto, como un día los Griegos
el de Cástor y Alcides.

“ ¡Larga paz a tu Hesperia concede, oh jefe amado!”


ayunos te decimos en el alba riente;
lo decimos libando, cuando el sol ya cansado
se apaga en el poniente.

363
I V -6

Dive, quem proles Niobea magnae


Vindicem linguae Tityosque raptor
Sensit et Troiae prope victor altae
Phthius Achilles,

Ceteris maior, tibi miles impar,


Filius quamvis Thetidis marinae
Dardanas turres quateret tremenda
Cuspide pugnax.

Ille mordaci velut icta ferro


Pinus aut impulsa cupressus Euro,
Procidit late posuitque collum in
Pulvere Teucro.

Ille non inclusus equo Minervae


Sacra mentito male feriatos
Troas et laetam Priami choreis
Falleret aulam;

Sed palam captis gravis, heu nefas, heu,


Nescios fari pueros Achivis
Ureret flammis, etiam latentem
Matris in alvo,

364
A APOLO

Dios retador de erguidos, que azotaste


a Níobe en su prole, a Ticio impuro,
y que también a Aquiles derribaste
ya casi dueño del dardanio muro.

De todos vencedor por ti vencido,


hijo de Tetis, la marina diosa,
las defensas de Ilion, embravecido,
batía ya con lanza ponderosa,

cuando, como ciprés que el euro abate,


o pino herido por segur certera,
cubrió gigante el campo del combate
y hundió en polvo troyano su cimera.

Nunca él entrara en el caballo —infando


y sacrilego don—, ni del descuido
abusara de Pérgamo, engañando
a Príamo en saraos divertido.

Cruel, pero leal, diera la cara;


y al tierno infante ¡horrible desenfreno!
en las llamas argivas abrasara,
y aun al que duerme en el materno seno,

365
Ni tuis flexus Venerisque gratae
Vocibus divum pater adnuisset
Rebus Aeneae potiore ductos
Alite muros.

Doctor Argivae fidicen Thaliae,


Phoebe, qui Xantho lavis amne crines,
Dauniae defende decus Camenae,
Levis Agyieu.

Spiritum Phoebus mihi, Phoebus artem


Carminis nomenque dedit poetae.
Virginum primae puerique claris
Patribus orti,

Deliae tutela deae fugaces


Lyncas et cervos cohibentis arcu,
Lesbium servate pedem meique
Pollicis ictum,

Rite Latonae puerum canentes,


Rite crescentem face Noctilucam,
Prosperam frugum celeremque pronos
Volvere menses.

N upta iam dices cego dis amicum,


Saeculo festas referente luces,
Reddidi carmen docilis modorum
Vatis Horati.’

366
si doblegado Jove a tus conjuros
que Venus con sus lágrimas apoya,
a Eneas no dejase alzar sus muros
con hado más feliz que los de Troya.

Citarista, maestro de Talía,


que bañas tus cabellos en el Janto,
imberbe Agieo, rey de la armonía,
la honra defiende del latino canto.

Febo me dio la inspiración y el a rte ,,


y el canto y el renombre de poeta.
O h vírgenes y jóvenes, baluarte
de la alcurnia que Roma más respeta,

niñez feliz que Delia patrocina


—terror de linces y antes con su arco—,
en la sáfica estrofa adamantina,
seguid atentos el compás que marco,

mientras cantáis al hijo de Latona


y a la que vuelve ubérrimas las mieses,
Febe que luce nocturnal corona
y precipita el curso de los meses.

O h niña amable, ya de esposa, un día


dirás: Al celebrar Roma y el Lacio
el año secular, fue gloria mía
cantar el himno del poeta Horacio.
I V -7

Diffugere nives, redeunt iam gramina campis


Arboribusque comae;
M utat terra vices et decrescentia ripas
Flumina praetereunt;

Gratia cum Nymphis geminisque sororibus audet


Ducere nuda choros.
Inmortalia ne speres, monet annus et almum
Quae rapit hora diem.

Frigora mitescunt Zephyris, ver proterit aestas


Interitura, simul
Pomifer autumnus fruges effuderit, et mox
Bruma recurrit iners.

Damna tamen celeres reparant caelestia lunae;


Nos ubi decidimus,
Quo pater Aeneas, quo dives Tullus et Ancus,
Pulvis et umbra sumus.

Quis scit an adiciant hodiernae crastina summae


Tempora di superi?
Cuncta manus avidas fugient heredis, amico
Quae dederis animo.

368
A TORCUATO

Huyeron ya las nieves, crían frondas los árboles


y verdura el gramal;
renuévase la tierra; devuelto ya a sus márgenes,
el río manso va.

Las Gracias con las Ninfas su ronda, suelto el manto,


se atreven a iniciar,
y nos dice la hora que huye robando el día :
¿Qué esperas inmortal?

Al frío templa el céfiro ; presto la Primavera


deja el Estío atrás;
él muere en cuanto Otoño sus frutos vierte, y torna
el sopor invernal.

Las lunas, sin embargo, compensan sus menguantes.


Nosotros, al bajar
adonde están Eneas, Tulio y Anco, ¿qué somos?
Polvo y sombra no m ás. . .

¿Quién sabe cuántos días querrán sumar los dioses


a lo vivido ya?
Sólo lo que en ti gastes esquivará las manos
de heredero rapaz.

369
Cum semel occideris et de te splendida Minos
Fecerit arbitria,
Non, Torquate, genus, non te facundia, non te
Restituet pietas:

Infernis neque enim tenebris Diana pudicum


Liberat Hippolytum,
Nec Lethaea valet Theseus abrumpere caro
Vincula Pirithoo.

370
En el punto en que expires y te sentencie Minos
con solemne ademán,
ni nobleza, Torcuato, te volverá a la vida,
ni elocuencia o piedad,

ya que ni al casto Hipólito librar consigue Diana


del abismo infernal,
ni Teseo a Pirítoo, cautivo en el Leteo,
sus cadenas soltar.

371
I V -8

Donarem pateras grataque commodus,


Censorine, meis aera sodalibus,
Donarem tripodas, praemia fortium
Graiorum, neque tu pessima munerum

Ferres, divite me scilicet artium,


Quas aut Parrhasius protulit aut Scopas,
Hic saxo, liquidis ille coloribus
Sollers nunc hominem ponere, nunc deum.

Sed non haec mihi vis, nec tibi talium


Res est aut animus deliciarum egens.
Gaudes carminibus; carmina possumus
Donare et pretium dicere muneris.

Non incisa notis marmora publicis,


Per quae spiritus et vita redit bonis
Post mortem ducibus, non celeres fugae
Reiectaeque retrorsum Hannibalis minae,

Non incendia Carthaginis impiae


Eius, qui domita nomen ab Africa
Lucratus rediit, clarius indicant
Laudes quam Calabrae Pierides neque
A CENSORINO »

Gustoso a mis amigos diera yo bellas páteras


o trípodes y bronces preciosos, Censorino,
de los que a vencedores atletas daba Grecia
(ni el que a ti reservara fuera el menos artístico),
si es que obras yo tuviese· de Parrasio o de Escopas,
artífices ilustres, ambos de gran estilo,
que en vividos colores o en la albura del mármol
a un hombre daban forma o a un numen del empíreo.
Mas nada de eso tengo, ni esas esplendideces
jamás fueron objeto de tus anhelos íntimos.
Lo que estimas son versos, y versos puedo darte
y decir lo que valen.
¿Qué inscripciones ni títulos
de los que en nobles bronces hazañas eternizan
y la vida devuelven a difuntos caudillos,
por Escipión pudieran hacer lo que lograron
las musas de Calabria?
Conquistador invicto
ellas le proclamaron, más que los retos vanos
de Aníbal puesto en fuga, más que el justo exterminio
de Cartago incendiada, más que el glorioso nombre
que de África vencida ganó para sí mismo.

373
Si chartae sileant quod bene feceris,
Mercedem tuleris. Quid foret Iliae
Mavortisque puer, si taciturnitas
Obstaret meritis invida Romuli?

Ereptum Stygiis fluctibus Aeacum


Virtus et favor et lingua potentium
Vatum divitibus consecrat insulis.
Dignum laude virum Musa vetat mori :
Caelo Musa beat. Sic Iovis interest
Optatis epulis inpiger Hercules,
Clarum Tyndaridae sidus ab infimis '
Quassas eripiunt aequoribus rates,

Ornatus viridi tempora pampino


Liber vota bonos ducit ad exitus.

374
Si enmudece la historia, sin premio queda el héroe
Rómulo ¿qué sacara de apellidarse hijo
de Ilia y del dios Mavorte, si, con sellar los labios,
la envidia sus proezas ahogase en el olvido?

Eaco se vio libre de la estigia laguna;


mas si ostenta en las Islas Dichosas señorío,
débelo a los loores de vates poderosos.
No permita la Musa que los varones ínclitos

puedan morir. Al cielo los convida. Por ella


Hércules a la mesa de Jove fue admitido.
Por ella el astro fúlgido de los hijos de Tíndaro
las rotas naves salva de hundirse en el abismo.

Por ella oye propicio los votos que le ofrendan


Baco que alza en las sienes pámpanos verdecidos.
I V -9

Ne forte credas interitura quae


Longe sonantem natus ad Aufidum
Non ante vulgatas per artes
Verba loquor socianda chordis;

Non, si priores Maeonius tenet


Sedes Homerus, Pindaricae latent
Ceaeque et Alcaei minaces
Stesichorique graves Camenae;

Nec siquid olim lusit Anacreon


Delevit aetas; spirat adhuc amor
Vivuntque commissi calores
Aeoliae fidibus puellae.

Non sola comptos arsit adulteri


Crines et aurum vestibus illitum
M irata regalesque cultus
Et comites Helene Lacaena,

Primusve Teucer tela Cydonio


Direxit arcu; non semel Ilios

376
A LOLIO

No receles que mueran las estrofas


de arte nuevo que entono, yo el poeta
del Áufido sonante, para unirlas
al lírico revuelo de las cuerdas.

Ser Homero supremo en nada impide


la gloria con que Píndaro campea,
o Alceo el arrogante, o Estesícoro,
o el vate dolorido de las nenias,

ni que perdure Anacreonte airoso,


ni que sigan ardiendo las endechas
con que, llorando amores en su lira,
la eternizó la eólica doncella.

¿Sólo Helena de Esparta de un adúltero


sufrió la seducción, y corrió ciega
tras sus rizos y el oro de sus trajes,
la pompa y tren de su comparsa regia?

¿Único arquero, Teucro? ¿único asedio,


el que sostuvo Troya? ¿únicas gestas,

377
Vexata; non pugnavit ingens
Idomeneus Sthenelusve solus

Dicenda Musis proelia; non ferox


Hector vel acer Deiphobus graves
Excepit ictus pro pudicis
Coniugibus puerisque primus.

Vixere fortes ante Agamemnona


M ulti; sed omnes inlacrimabiles
Urguentur ignotique longa
Nocte, carent quia vate sacro.

Paullum sepultae distat inertiae


Celata virtus. Non ego te meis
Chartis inornatum silebo,
Totve tuos patiar labores

Inpune, Lolli, carpere lividas


Obliviones. Est animus tibi
Rerumque prudens et secundis
Temporibus dubiisque rectus,

Vindex avarae fraudis et abstinens


Ducentis ad se cuncta pecuniae,
Consulque non unius anni,
Sed quotiens bonus atque fidus

ludex honestum praetulit utili,


Reiecit alto dona nocentium
Vultu, per obstantes catervas
Explicuit sua victor arma.
las que lidiara Estáñelo el auriga,
o Idomeo el campeón de Creta?

¿Deífobo animoso y el gran Héctor


fueron tal vez los únicos que dieran
el pecho a las heridas, por sus hijos,
por sus esposas en sangrienta guerra?

Antes de Agamemnón ¡ cuántos valientes !


Pero nadie los llora ni recuerda:
en su noche sin término, a su gloria
una cosa faltó, una — el poeta.

Que al ruin se olvide, es justo; mas, sin fama,


la misma suerte al más virtuoso espera.
Por mí, no verás tal, Lolio: mi canto
no dejarán sin loa tus empresas.

No sufriré que pálidos olvidos


se ceben en tu nombre, alma discreta,
incapaz de un desvío, ya te encumbre
la fortuna, o te ponga a dura prueba ;

castigador de avariciosos fraudes,


frío ante él oro, con que tantos ciegan,
cónsul no un año solo, sino siempre
que, recto juez, de integridad perfecta,

anteponiendo al interés lo honesto,


el cohecho reprimes y desdeñas,
y entre mil seducciones abres paso
al fallo de sentencia justiciera.

379
Non possidentem multa vocaveris
Recte beatum; rectius occupat
Nomen beati, qui deorum
Muneribus sapienter uti

Duramque callet pauperiem pati


Peiusque leto flagitium timet,
Non ille pro caris amicis
Aut patria timidus perire.
¿A quién darás el nombre de dichoso?
Feliz no llames al que más posea;
feliz será quien dádivas divinas
sepa usar con medida y con prudencia,

quien la estrechez soporte, quien elija


morir mas no arrostrar una bajeza,
quien, si es por los amigos, por la Patria,
vea llegar la muerte y no la tema.
I V - 10

O crudelis adhuc et Veneris muneribus potens,


Insperata tuae cum veniet pluma superbiae
Et, quae nunc umeris involitant, deciderint comae,
Nunc et qui color est puniceae flore prior rosae,

Mutatus, Ligurine, in faciem verterit hispidam;


Dices ‘heu,’ quotiens te speculo videris alterum,
‘Quae mens est hodie, cur eadem non puero fuit,
Vel cur his animis incolumes non redeunt genae?’

382
A LIGURINO

Oh siempre esquivo, que de tu encanto, soberbio, abusas,


cuando, imprevisto, nublando gracias, te apunte el bozo,
y de los hombros los voladores rizos te falten,
y la tez se aje, que de las rosas hoy es sonrojo;

cuando la cara de Ligurino tosca se vuelva,


y te remires en el plateado cristal tan otro,
dirás llorando: “ ¿Por qué, de niño, no amé lo que amo?
o, cuando lo amo, ¿por qué no vuelve mi antiguo rostro?”

383
IV- 11

Est mihi nonum superantis annum


Plenus Albani cadus; est in horto,
Phylli, nectendis apium coronis;
Est hederae vis

Multa, qua crines religata fulges;


Ridet argento domus; ara castis
Vincta verbenis avet inmolato
Spargier agno;

Cuncta festinat manus, huc et illuc


Cursitant mixtae pueris puellae;
Sordidum flammae trepidant rotantes
Vertice fumum.

U t tamen noris quibus advoceris


Gaudiis, Idus tibi sunt agendae,
Qui dies mensem Veneris marinae
Findit Aprilem,

Iure sollemnis mihi sanctiorque


Paene natali proprio, quo ex hac
Luce Maecenas meus adfluentes
Ordinat annos.

384
A FILIS

Un barril de albano, nueve años cumplidos,


y para coronas el apio del huerto;
hiedra, la que quieras, que tanto te agracia
al ceñirte el pelo.

Vajilla de plata por la casa ríe;


ya está con verbenas el altar compuesto,
sólo espera el ara que corra la sangre
del tierno cordero.

Todo es rebullicio, por un lado y otro


van y vienen mozas y alegres chicuelos ;
retorcidas llamas lanzan a lo alto
temblor de humo denso.

Ya oigo tu pregunta: ¿Qué festejo es éste?


Son los idus, Filis, idus abrileños,
que en mitades cortan el mes en que reina
la marina Venus;

y es un natalicio casi más solemne


para mí que el propio, día en que celebro
el de mi Mecenas, día en que contamos
sus años serenos.

385
Telephum, quem tu petis, occupavit
Non tuae sortis iuvenem puella
Dives et lasciva tenetque grata
Compede vinctum.

Terret ambustus Phaethon avaras


Spes, et exemplum grave praebet ales
Pegasus terrenum equitem gravatus
Bellerophontem,

Semper ut te digna sequare et ultra


Quam licet sperare nefas putando
Disparem vites. Age iam, meorum
Finis amorum,

(Non enim posthac alia calebo


Femina) condisce modos, amanda
Voce quos reddas: minuentur atrae
Carmine curae.
Una rival tuya, rica y juguetona,
a gusto en sus mallas tiene prisionero
al que tú pretendes, demasiado grande
para tuyo, Télefo.

El fuego en Faetonte, la ira de Pegaso


que aguantar no quiso jinete terreno,
son grave escarmiento que templar debiera
tus locos ensueños.

Búscate pareja que diga contigo:·


¡ apuntar tan alto fue fatal exceso !
Ea — ¿quieres Filis?— tú de mis cariños
serás el postrero:

ya mujer ninguna tendrá mis ternuras. . .


Ven, aprende un canto que nos dirás luego
con tu voz q u erid a.. . — para negras penas
no hay mejor consuelo.
IV- 12

Iam veris comites, quae mare temperant,


Impellunt animae lintea Thraciae;
Iam nec prata rigent, nec fluvii strepunt
Hiberna nive turgidi.

Nidum ponit, Ityn flebiliter gemens,


Infelix avis et Cecropiae domus
Aeternum opprobrium, quod male barbaras
Regum est ulta libidines.

Dicunt in tenero gramine pinguium


Custodes ovium carmina fistula
Delectantque deum, cui pecus et nigrae
Colles Arcadiae placent.

Adduxere sitim tempora, Vergili;


Sed pressum Calibus ducere Liberum
Si gestis, iuvenum nobilium cliens,
Nardo vina mereberis.

Nardi parvus onyx eliciet cadum,


Qui nunc Sulpiciis adcubat horreis,
Spes donare novas largus amaraque
Curarum eluere efficax.

388
A VIRGILIO

Prenuncio de Primavera,
soplan las brisas de Tracia;
quieto el mar, mansos los ríos
tras los deshielos; no escarcha
ya en los prados. Triste anida
la golondrina cuitada,
baldón de Cecrops, llorando
su propia venganza bárbara.
En el gramal los pastores
cantan y tocan sus flautas,
y al dios pastor entretienen
de los collados de Arcadia.
Sed da la estación, Virgilio:
si mi caleño te cuadra,
cliente de nobles jóvenes,
el vino con nardo paga.
Un tonel por un pom ito.. .
y del que Sulpicio guarda,
famoso quitapesares
y pródigo en esperanzas.

389
Ad quae si properas gaudia, cum tua
Velox merce veni: non ego te meis
Inmunem meditor tingere poculis,
Plena dives ut in domo.

Verum pone moras et studium lucri


Nigrorumque memor, dum licet, ignium
Misce stultitiam consiliis brevem:
Dulce est desipere in loco.
¿Te animas? Ven con tu escote,
pues no pienso yo mis cráteras
brindarte manivacío,
cual rico en casa sobrada.
¡Ya! deja cuentas y piensa
en la pira que no ta rd a . . .
que un poquito de locura
a su tiempo es cosa grata.
IV- 13

Audivere, Lyce, di mea vota, di


Audivere, Lyce: fis anus et tamen
Vis formosa videri,
Ludisque et bibis impudens,

E t cantu tremulo pota Cupidinem


Lentum sollicitas. Ille virentis et
Doctae psallere Chiae
Pulchris excubat in genis.

Inportunus enim transvolat aridas


Quercus et refugit te, quia luridi
Dentes te, quia rugae
Turpant et capitis nives.

Nec Coae referunt iam tibi purpurae


Nec cari lapides tempora, quae semel
Notis condita fastis
Inclusit volucris dies.

Quo fugit Venus, heu, quove color? decens


Quo motus? Quid habes illius, illius,
Quae spirabat amores,
Quae me surpuerat mihi,

392
CONTRA LICE

¡ Conque oyeron mis votos los dioses, oh Lice,


Lice, los oyeron!
Vieja estás. . . y empeñada en pasar por hermosa,
y en copas y juegos...

Ya bebida, con canto temblón solicitas


el lento Deseo:
él se alberga en las rosas mejillas de Quía,
la del canto fresco,

y te pasa de largo, haya vieja : le espantan


esos dientes negros,
esas feas arrugas, la nieve que invade
tus grises cabellos.

No te pueden las sedas y piedras costosas


devolver el tiempo
que, archivado en verídicos fastos, conservan
los días que fueron.

¿Dónde huyó tu donaire y color? ¿y qué ha sido


del grato meneo?
¿ qué, de aquélla, de aquélla que en días de amores
fue todo mi ensueño,

393
Felix post Cinaram, notaque et artium
Gratarum facies? Sed Cinarae breves
Annos fata dederunt,
Servatura diu parem

Cornicis vetulae temporibus Lycen,


Possent ut iuvenes visere fervidi
Multo non sine risu
Dilapsam in cineres facem.

394
cuando, Cinara muerta, era tuya la gloria
de un rostro hechicero?. . .
Mas a Cinara el hado sególa temprana,
y a Lice da aliento

a que en años supere a la anciana corneja,


y vengan mozuelos
a mirarla riendo, hecha yertas cenizas
la que fuera incendio.
IV- 14

Quae cura patrum quaeve Quiritium


Plenis honorum muneribus tuas,
Auguste, virtutes in aevum
Per titulos memoresque fastos

Aeternet, o qua sol habitabiles


Inlustrat oras, maxime principum,
Quem legis expertes Latinae
Vindelici didicere nuper,

Quid M arte posses. Milite nam tuo


Drusus Genaunos, implacidum genus,
Breunosque veloces et arces
Alpibus inpositas tremendis

Deiecit acer plus vice simplici;


Maior Neronum mox grave proelium
Conmisit inmanesque Raetos
Auspiciis pepulit secundis,

Spectandus in certamine Martio,


Devota morti pectora liberae

396
A AUGUSTO

¿Con qué ofrendas y honores podrá el justo


afán de un pueblo fiel y del Senado,
en fastos memorables e inscripciones,
eternizar tus méritos, oh Augusto,
el príncipe más grande y más amado
de cuantos mira el sol en las naciones?

Lo que en la guerra puedes, el Vindélico


no hace mucho probó, rebelde bando,
y el Genauno y el Breuno, a quienes puso
más de una vez en fuga el joven Druso,
postrando su valor con tus legiones,
y ardido derrocando
en los Alpes sus ásperos bastiones.

Tras él, Tiberio en luchas formidables


a los feroces Retos firme acosa
con auspicios felices. Cuán hermosa
su espada centellea,

397
Quantis fatigaret ruinis,
Indomitas prope qualis undas

Exercet Auster, Pleiadum choro


Scindente nubes, impiger hostium
Vexare turmas et frementem
Mittere equum medios per ignes

Sic tauriformis volvitur Aufidus,


Qui regna Dauni praefluit Apuli,
Cum saevit horrendamque cultis
Diluviem meditatur agris,

U t barbarorum Claudius agmina


Ferrata vasto diruit impetu
Primosque et extremos metendo
Stravit humum sine clade victor,

Te copias, te consilium et tuos


Praebente divos. Nam tibi/ quo die
Portus Alexandrea supplex
Et vacuam patefecit aulam,

Fortuna lustro prospera tertio


Belli secundos reddidit exitus,
Laudemque et optatum peractis
Imperiis decus adrogavit.

Te Cantaber non ante domabilis


Medusque et Indus, te profugus Scythes
M iratur, o tutela praesens
Italiae dominaeque Romae.

398
sembrando estrago en pechos indomables
que quieren morir libres. Bizarrea
tan bravo como el austro que arremete
al ponto en el ocaso de las Pléyadas,
acorralando intrépido al jinete,
y su corcel lanzando como ariete
en la hoguera feral de la pelea.

Quien vio al Áufido hervir en las campiñas


de la Apulia de Dauno, cuando hinchado
barre sembrados y descuaja viñas,
puede saber el ímpetu que alienta
la carga con que Claudio, agigantado,
las ferradas hileras desbarata,
y en la arena sangrienta
sus destrozos, sin pérdidas, dilata.
Pero fue tuyo el plan de esa victoria,
las legiones, los dioses y la gloria.

Cumplíanse tres lustros aquel día


desde que, suplicante, Alejandría
te hubo de abrir su puerto y su palacio :
¡ Quince años vencedor! ¡ Tu nombradla
ha conquistado el tiempo y el espacio !

El Medo, el Indo, el Cántabro orgulloso


a quien sólo tu espada invicta doma,
te admiran, y el Escita vagaroso,
oh defensor sin par de Italia y Roma.

399
Te, fontium qui celat origines,
Nilusque et Ister, te rapidus Tigris,
Te beluosus qui remotis
Obstrepit Oceanus Britannis,

Te non paventes funera Galliae


Duraeque tellus audit Hiberiae,
Te caede gaudentes Sicambri
Compositis venerantur armis.
El Istro, el Nilo que su fuente oculta,
el Tigris torrentoso, el Oceano
que, poblado de monstruos, al Britano
aturde con su estruendo,

todo calla ante ti: la Iberia inculta,


el Galo que, aun muriendo, adusto reta,
y el Sicambro feroz, que al fin rindiendo
las armas, humillado te respeta.
I V - 15

Phoebus volentem proelia me loqui


Victas et urbes increpuit lyra,
Ne parva Tyrrhenum per aequor
Vela darem. Tua, Caesar, aetas

Fruges et agris rettulit uberes,


Et signa nostro restituit lovi
Derepta Parthorum superbis
Postibus, et vacuum duellis

Ianum Quirini clausit et ordinem


Rectum evaganti frena licentiae
Iniecit emovitque culpas
Et veteres revocavit artes,

Per quas Latinum nomen et Italae


Crevere vires famaque et imperi
Porrecta maiestas ad ortum
Solis ab Hesperio cubili.

Custode rerum Caesare non furor


Civilis aut vis eximet otium,
Non ira, quae procudit enses
Et miseras inimicat urbes.

402
A AUGUSTO

Quise un canto de guerra y de victoria,


mas advirtióme Febo con su lira
que era audacia ilusoria
entregar mi bajel al ponto en ira.

César, por ti rebosan nuestras eras,


y ve Jove por ti sobre sus aras
las perdidas banderas
que del soberbio Parto recobraras.

Jano cerró sus puertas; libre el crimen


no campea como antes; las pasiones
sus ímpetus reprimen,
y se entablan las viejas tradiciones:

las que a la majestad de nuestro imperio,


al renombre de Italia, a su realeza,
de uno a otro hemisferio,
dieron eternas bases de grandeza.

Con César, no tememos las airadas


revueltas de contienda fratricida,
o que, forjando espadas,
ciudad contra ciudad M arte divida.

403
Non qui profundum Danuvium bibunt
Edicta rumpent Iulia, non Getae,
Non Seres infidive Persae,
Non Tanain prope flumen orti.

Nosque et profestis lucibus et sacris


Inter iocosi munera Liberi,
Cum prole matronisque nostris
Rite deos prius adprecati,

Virtute functos more patrum duces


Lydis remixto carmine tibiis
Troiamque et Anchisen et almae
Progeniem Veneris canemus.
Las leyes Julias, aunque infiel, respeta
el Persa, y a violarlas no se atreve
el Sera inquieto, el Geta,
el que del Tanais o el Danubio bebe.

Y nosotros, en tanto, cada día,


juntos todos, ya en fiestas, ya en labores,
tras la plegaria pía,
gozando de Lieo y sus favores,

a la paterna usanza cantaremos, ’


con lidia flauta, a Troya la gloriosa,
a sus héroes supremos,
a Anquises y al retoño de la diosa.
EPODOS
I

Ibis Liburnis inter alta navium,


Amice, propugnacula,
Paratus omne Caesaris periculum
Subire, Maecenas, tuo.
Quid nos, quibus te vita si superstite
Iucunda, si contra, gravis?
Utrumne iussi persequemur otium
Non dulce, ni tecum simul,
An hunc laborem mente laturi, decet
Qua ferre non molles viros?
Feremus, et te vel per Alpium iuga
Inhospitalem et Caucasum,
Vel Occidentis usque ad ultimum sinum
Forti sequemur pectore.
Roges, tuum labore quid iuvem meo,
Imbellis ac firmus parum?
Comes minore sum futurus in metu,
Qui maior absentes habet:
U t adsidens implumibus pullis avis
Serpentium adlapsus timet
Magis relictis, non uti sit auxili
Latura plus praesentibus.

408
A MECENAS

En bergantín ligero,
a riesgo tuyo, por seguir a César,'
te vas, Mecenas, a retar galeones,
flotantes ciudadelas.

¿Qué liaré? Si no es contigo, yo no puedo


de la vida gozar. ¿ Seguir me ordenas
en este ocio feliz, que no es amable
si con tu compañía no lo alientas?
¿O dejas que a tu lado afronte erguido
como bizarro esta marcial empresa?
La afrontaré, siguiéndote sin miedo
por las alpinas crestas,
o hasta el Cáucaso yermo, o hasta el golfo
que más se hunda a poniente.

¿Mas recelas
que, tan flaco y sin brío, en nada alivie
con mi trabajo el tuyo en esta guerra?
Pero contigo se aminora el miedo,
que crece con la ausencia,
como más teme a la serpiente el ave
si su nidada implume a solas deja,
aunque, de estar al lado, por salvarla,
la infeliz, ¿qué pudiera?
409
Libenter hoc et omne militabitur
Bellum in tuae spem gratiae,
Non ut iuvencis illigata pluribus
Aratra nitantur mea,
Pecusve Calabris ante sidus fervidum
Lucana mutet pascuis,
Nec ut superni villa candens Tusculi
Circaea tangat moenia.
Satis superque me benignitas tua
Ditavit: haud paravero,
Quod aut avarus ut Chremes terra premam,
Discinctus aut perdam nepos.

410
Gustoso, pues, emprendo esta campaña,
y cualquiera por ti: no que pretenda
a mis fuertes arados ver uncidos
más toros en parejas,
o mandar trashumantes mis rebaños
de Calabria a Lucania, ni apetezca
marmórea villa en Túsculo, que toque
sus murallas circeas.

Tengo de tu bondad más que sobrado;


no quiero ser un Cremes que sotierra,
avaro, su tesoro, ni el mozuelo
que el suyo, inquieto y manirroto, avienta.
II

‘Beatus ille qui procul negotiis,


U t prisca gens mortalium,
Paterna rura bobus exercet suis,
Solutus omni fenore,
Neque excitatur classico miles truci,
Neque horret iratum mare,
Forumque vitat et superba civium
Potentiorum limina.
Ergo aut adulta vitium propagine
Altas m aritat populos,
Aut in reducta valle mugientium
Prospectat errantes greges,
Inutilesve falce ramos amputans
Feliciores inserit,
Aut pressa puris mella condit amphoris,
Aut tondet infirmas oves ;
Vel cum decorum mitibus pomis caput
Autumnus agris extulit,
U t gaudet insitiva decerpens pira
Certantem et uvam purpurae,
Qua muneretur te, Priape, et te, pater
Silvane, tutor finium.

412
E L O G I O DE L A
VIDA CAMPESTRE

Dichoso el que, alejado de negocios,


como la gente de la edad antigua,
con bueyes propios el paterno campo
sin usuras ni préstamos cultiva.
No al son despierta del clarín guerrero,
ni el seso pierde ante la m ar bravia;
el orgulloso umbral del poderoso
y el foro y su trajín prudente evita.
Gusta, en cambio, a los álamos proceros
enlazar los sarmientos de la viña,
o contemplar en el repuesto valle
sus mugientes vacadas esparcidas.
Ágil las ramas lujuriantes poda,
injertos distribuye, ánforas limpias
tiende al espeso flujo de las mieles,
esquila las ovejas enfermizas.

Y cuando la cabeza alza el Otoño


de frutos coronada en la campiña,
¡ qué gozo cosechar la injerta pera,
las uvas qué purpúreas se arraciman,
por brindarlas a Príapo o Silvano
que custodian solícitos las fincas!
413
Libet iacere modo sub antiqua ilice,
Modo in tenaci gramine.
Labuntur altis interim ripis aquae,
Queruntur in silvis aves,
Fontesque lymphis obstrepunt manantibus,
Somnos quod invitet leves.
At cum tonantis annus hibernus Iovis
Imbres nivesque comparat,
Aut trudit acres hinc et hinc multa cane
Apros in obstantes plagas,
Aut amite levi rara tendit retia,
Turdis edacibus dolos,
Favidumque leporem et advenam laqueo gruem
Iucunda captat praemia.
Quis non malarum, quas amor curas habet,
Haec inter obliviscitur?
Quodsi pudica mulier in partem iuvet
Domum atque dulces liberos,
Sabina qualis aut perusta solibus
Pernicis uxor Apuli,
Sacrum vetustis exstruat lignis focum
Lassi sub adventum viri,
Claudensque textis cratibus laetum pecus
Distenta siccet ubera,
Et horna dulci vina promens dolio
Dapes inemptas adparet:
Non me Lucrina iuverint conchylia
Magisve rhombus aut scari,
Siquos Eois intonata fluctibus
Hiems ad hoc vertat mare;
Non Afra avis descendat in ventrem meum,
Non attagen. Ionicus
i qué gozo arrellanarse sobre el césped
o a la sombra vetusta de una encina,
mientras el agua corre en hondo cauce,
y llora en el ramaje la avecilla,
y las fuentes manando rumorosas,
a la quietud de leve sueño invitan !

Mas cuando en el invierno azota Jove


los campos con chubascos y neviscas,
a las abiertas trampas acorrala
al feroz jabalí con la jauría, '
o redes de anchas mallas para tordos
sobre alisadas pértigas estira,
o prende a lazo, codiciada presa,
pávida liebre o grulla advenediza.
¿ Quién de males de amores, quién de penas
entre tantos placeres no se olvida?
¿Pues qué? si por los hijos y la casa
pudorosa mujer mira solícita
(tal como la Sabina o la Pullesa
tostada al sol, y cual su esposo activa ),
si el sacro hogar con leña bien enjuta,
al llegar el marido, enciende aprisa
y, atajando entre zarzos las ovejas,
del peso de las ubres las alivia,
si con vino del año de un buen cántaro
la cena no comprada fiel aliña,
no quiero lujos de lucrinas ostras,
de rombos o de escaros que invernizas
tronadas traigan desde el m ar de oriente
a nuestro mar, ni tengo por más fina
■o de sabor más rico la pintada
o el jonio francolín, que las olivas
Iucundior, quam lecta de pinguissimis
Oliva ramis arborum,
Aut herba lapathi prata amantis et gravi
Malvae salubres corpori,
Vel agna festis caesa Terminalibus,
Vel haedus ereptus lupo.
Has inter epulas ut iuvat pastas oves
Videre properantes domum,
Videre fessos vomerem inversum boves
Collo trahentes languido,
Positosque vernas, ditis examen domus,
Circum renidentes Lares.’
Haec ubi locutus fenerator Alfius,
Iam iam futurus rusticus,
Omnem redegit Idibus pecuniam,
Quaerit Kalendis ponere.
que de álabe pingüísimo se escojan
para mi mesa, o la acedera amiga
de los pastos herbosos, o la malva
para cuerpos enfermos salutífera,
o la oveja inmolada ante el dios Término
o el chivo que del lobo se redima.

¡ Qué es ver desde la mesa cómo el hato


del pastizal retorna a la alquería,
ver los lánguidos bueyes, que del yugo
el arado invertido lentos tiran,
y el enjambre vernáculo de esclavos
que junto al rico lar se regocijan !

Alfio el logrero así cantaba, a punto


de hacerse labrador; mas, recogida
en los Idus su plata, en las Calendas
vuelve a ofrecerla donde más le rinda.
I ll

Parentis olim siquis impia manu


Senile guttur fregerit,
Edit cicutis allium nocentius.
O dura messorum ilia !
Quid hoc veneni saevit in praecordiis?
Num viperinus his crúor
Incoctus herbis me fefellit? an malas
Canidia tractavit dapes?
U t Argonautas praeter omnes candidum
Medea m irata est ducem,
Ignota tauris illigaturum iuga
Perunxit hoc Iasonem;
Hoc delibutis ulta donis paelicem,
Serpente fugit alite.
Nec tantus umquam siderum insedit vapor
Siticulosae Apuliae,
Nec munus umeris efficacis Herculis
Inarsit aestuosius.
At siquid umquam tale concupiveris,
Iocose Maecenas, precor,
Manum puella savio opponat tuo,
Extrema et in sponda cubet.

418
A MECENAS

Si alguien tronzó a su padre la garganta,


i ajos coma, peores que cicuta !
¡Qué vientre el de esos rústicos que aguanta
el veneno brutal que me ejecuta !
¿Con sangre viperina se cocieron
estas yerbas, tal vez? ¿o es que anduvieron
en el plato las manos de Canidia?

Del más lindo Argonauta enamorada,


con ajos a Jasón (para la lidia
en que enyugar debía a la torada)
unta M edea; en ajos emponzoña,
sus maléficos jugos remoliendo,
el don que brinda a su rival bisoña,
y en alas huye de dragón horrendo.

i Cielos ! No hay fama que a la ardiente Pulla


abochorne jamás ardor como éste;
ni que el regalo innocuo de la veste
a Alcides el costado así sarpulla. . .

Y si jamás con ajos te envenenas,


que sea tu castigo que tu dama
tu beso esquive, excéntrico Mecenas,
y se escurra al extremo de la cama.

419
IV

Lupis et agnis quanta sortito obtigit,


Tecum mihi discordia est,
Hibericis peruste funibus latus
Et crura dura compede.
Licet superbus ambules pecunia,
Fortuna non m utat genus.
Videsne, Sacram metiente te Viam
Cum bis trium ulnarum toga,
U t ora vertat huc et huc euntium
Liberrima indignatio?
‘Sectus flagellis hic triumviralibus
Praeconis ad fastidium
Arat Falerni mille fundi iugera,
Et Appiam mannis terit,
Sedilibusque magnus in primis eques
Othone contempto sedet.
Quid attinet tot ora navium gravi
Rostrata duci pondere
Contra latrones atque servilem manum,
Hoc, hoc tribuno militum?’

420
CONTRA UN L I B E R T O

i Como la oveja al lobo, te aborrezco!


—es odio natural. Por algo llevas
quemaduras de látigo a la espalda
y lacras de grilletes en las piernas.
Puede inspirar entonos,
mas no cambiar tu casta la riq u eza...
¿No ves que, al pasear tú la Sacra Vía
con seis varas de toga, se voltean
murmurando, indignados los transeúntes
de tan fatua soberbia?
“ ¡Al que sajaron vivo los triunviros,
hasta aburrirse el pregonero, v e a n . ..
hoy en Falerno labra mil yugadas,
y en la Apia Vía su carroza ostenta,
y, a despecho de Otón, gran caballero
va al teatro en las filas delanteras!
¡Tanta nave rostral contra piratas,
tanto hacerse a la vela
tras míseros esclavos, para que éste,
éste, a tribuno militar ascienda!”

421
V

‘At o deorum quidquid in caelo regit


Terras et humanum genus,
Quid iste fert tumultus et quid omnium
Vultus in unum me truces?
Per liberos te, si vocata partubus
Lucina veris affuit,
Per hoc inane purpurae decus precor,
Per inprobaturum haec lovem,
Quid ut noverca me intueris aut uti
Petita ferro belua?’
U t haec trementi questus ore constitit
Insignibus raptis puer,
Impube corpus, quale posset impia
Mollire Thracum pectora;
Canidia, brevibus implicata viperis
Crines et incomptum caput,
lubet sepulcris caprificos erutas,
lubet cupressus funebres
Et uncta turpis ova ranae sanguine
Plumamque nocturnae strigis
Herbasque, quas Iolcos atque Hiberia
M ittit venenorum ferax,

422
CONTRA CANIDIA

“ i Ay, por los dioses que del alto cielo


gobiernan en la tierra a los mortales!
¿qué me quiere esta grita, estas miradas
fijas en mí, todas en mí, feroces?
¡ Por tus hijos te ruego, por Lucina,
si en partos verdaderos te ha asistido,
por la honra vana que me da esta púrpura,
por Jove que estos crímenes reprueba!
dime, ¿por qué esos ojos de madrastra
o de acosada fiera?”

Temblorosos
apáganse los llantos. Cuando al niño
de sus insignias despojado mira,
impúber cuerpecillo que a ternura
al Tracio más selvático moviera,
Canidia entreverada la pelambre
de sutiles manojos viperinos,
pide, para quemar en llamas cólquicas,
cabrahigos de grietas sepulcrales,
funerario ciprés, huevos untados
con la fétida sangre del escuerzo,
plumas de buho, hierbas importadas
de Iolcos o de Hiberia venenosas,

423.
Et ossa ab ore rapta ieiunae canis
Flammis aduri Colchicis.
At expedita Sagana, per totam domum
Spargens Avernales aquas,
Horret capillis ut marinus asperis
Echinus aut Laurens aper.
Abacta nulla Veia conscientia
Ligonibus duris humum
Exhauriebat, ingemens laboribus,
Quo posset infossus puer
Longo die bis terque m utatae dapis
Inemori spectaculo,
Cum promineret ore, quantum exstant aqua
Suspensa mento corpora :
Exsucta uti medulla et aridum iecur
Amoris essent poculum,
Interminato cum semel fixae cibo
Intabuissent pupulae.
Non defuisse masculae libidinis
Ariminensem Foliam,
Et otiosa credidit Neapolis
Et omne vicinum oppidum,
Quae sidera excantata voce Thessala
Lunamque caelo deripit.
Hic inresectum saeva dente livido
Canidia rodens pollicem,
Quid dixit aut quid tacuit? Ό rebus meis
Non infideles arbitrae,
Nox et Diana, quae silentium regis,
Arcana cum fiunt sacra,

424
y huesos arrancados de las fauces
de alguna perra hambrienta.
Haldas en cinta,
con aguas del Averno va rociando
Ságana la vivienda, híspido el pelo
como erizo marino con sus púas,
o jabalí que el cazador acosa.

Veya, en tanto, alma negra y sin conciencia,


a golpes de azadón, con mil jadeos,
cavaba el hoyo donde el triste niño,
soterrado hasta el cuello, como náufrago
sobre el agua suspensa la barbilla,
lentamente muriese contemplando
con ansia moribunda el alimento
dos o tres veces remudado al día,
para que, enjuto el tuétano y el hígado,
se disolviesen en brebaje erótico,
así que las pupilas se apagasen,
yertas al fin ante el m anjar vedado.

Ni allí faltó (dijeron los ociosos


en Nápoles y en toda la comarca)
la incontinente Folia de Ariminio
de lujuria viril, la que enhechiza
y arranca de los cielos las estrellas
y la luna, con tésalos cantares.

Todo a punto, Canidia, remordiéndose


la garfa del pulgar con diente lívido:
“ ¡O h Noche, oh Diana —prorrumpió frenética·
que sois de mis hazañas confidentes,
y el silencio regís, mientras los ritos
Nunc nunc adeste, nunc in hostiles domos
Iram atque numen vertite.
Formidolosis dum latent silvis ferae
Dulci sopore languidae,
Senem, quod omnes rideant, adulterum
Latrent Suburanae canes,
Nardo perunctum, quale non perfectius
Meae laborarint manus.
Quid accidit? Cur dira barbarae minus
Venena Medeae valent,
Quibus superbam fugit ulta paelicem,
Magni Creontis filiam,
Cum palla, tabo munus imbutum, novam
Incendio nuptam abstulit?
Atqui nec herba nec latens in asperis
Radix fefellit me locis.
Indormit unctis omnium cubilibus
Oblivione paelicum.
A a, solutus ambulat veneficae
Scientioris carmine!
Non usitatis, Vare, potionibus,
O multa fleturum caput,
Ad me recurres, nec vocata mens tua
Marsis redibit vocibus.
Maius parabo, maius infundam tibi
Fastidienti poculum,
Priusque caelum sidet inferius mari
Tellure porrecta super,
Quam non amore sic meo flagres uti *
Bitumen atris ignibus.’

426
cumplimos de la magia, ¡ ahora, ahora,
acudidme y volved vuestros rigores
en contra de las casas que me hostigan!

Mientras en la espesura pavorosa


tranquila duerme la emboscada fiera,
ladren las perras de Suburra al viejo,
y ríanse las gentes del adúltero,
todo él bañado en nardo del más fino
cual ni mis manos fabricar sabrían.
. . .¿Q ué pasa? ¿por qué ahora se amortecen
los filtros de la bárbara Medea,
los que de la soberbia émula suya,
hija del gran Creonte, la vengaron,
cuando el veneno de la veste en llamas
la abrasó viva, el día de sus bodas?
Y eso que ni una hierba he descuidado,
ni una raíz en el breñal perdida.

.. .Dormido está en la alcoba con hechizos


que le hagan olvidar a sus heteras,
j Mas ah ! ¡se ha levantado, y anda suelto,
por ensalmo de bruja más sabida!

¡ Ay, Varo, ay condenado a horrendas lágrimas


vas a saber con qué poción te rindo,
ni pienso yo en vulgares cantos marsios
para traerte a mí; más fuerte pócima,
brebaje irresistible te dispongo
que tu desdén doblegue. El firmamento
antes se irá contra los hondos mares
y sobre ellos la tierra, antes, te digo,
que ceses tú de arder en mis amores,
como el betún sobre las negras llamas !”
Sub haec puer iam non, ut ante, mollibus
Lenire verbis impias,
Sed dubius unde rumperet silentium,
Misit Thyesteas preces:
‘Venena magna non fas nefasque, non valent
Convertere humanam vicem.
Diris agam vos; dira detestatio
Nulla expiatur victima.
Quin, ubi perire iussus exspiravero,
Nocturnus occurram Furor,
Petamque vultus umbra curvis unguibus,
Quae vis deorum est Manium,
Et inquietis adsidens praecordiis
Pavore somnos auferam.
Vos turba vicatim hinc et hinc saxis petens
Contundet obscenas anus;
Post insepulta membra different lupi
Et Esquilinae alites,
Neque hoc parentes, heu mihi superstites,
Effugerit spectaculum.5

428
El niño entonces ya no intenta súplicas
con que ablandar a aquellos monstruos fieros.
Desesperado, ciego, en estas voces
dignas de Tiestes rompe: “Los hechizos
que son del bien y el mal para vosotras
la ley suprema, trastornar no pueden
los destinos humanos. . . ¡Os maldigo !
Y maldición será que no se expíe
con víctima ninguna. Una vez muerto,
os vendré yo a acosar, furia nocturna,
surcando con las uñas vuestros rostros
(que esto pueden los Manes) ; vuestros pechos
vendré a oprimir, horrenda pesadilla,
y os he de hurtar el sueño con espantos.
En los barrios, cercadas por las turbas,
moriréis a pedradas, ¡ asesinas !
Buitres del Esquilino, hambrientos lobos
rasgarán vuestros cuerpos insepultos;
y esto verán, consuelo a su desgracia,
mis padres, que a mi muerte sobrevivan. . . ”
VI

Quid inmerentes hospites vexas, canis


Ignavus adversum lupos?
Quin huc inanes, si potes, vertis minas,
Et me remorsurum petis?
Nam qualis aut Molossus aut fulvus Laco,
Amica vis pastoribus,
Agam per altas aure sublata nives,
Quaecumque praecedet fera;
Tu, cum timenda voce complesti nemus,
Proiectum odoraris cibum.
Cave, cave: namque in malos asperrimus
Parata tollo cornua,
Qualis Lycambae spretus infido gener,
Aut acer hostis Bupalo.
An, siquis atro dente me petiverit,
Inultus ut flebo puer?

430
C O N T R A UN
LIBELISTA

i Al huésped inocente tus ladridos !


perro mudo ante el lobo. . .
] Amenázame a mí, que tengo dientes
para ponerte coto.
Soy perro de pastor, mastín de Epiro
o rojizo laconio;
la oreja en alto, por las altas nieves,
la presa que huye acoso!
El bosque atruenas. Basta un hueso : hueles,
y al punto calla todo.
¡ Cuidado, sí, cuidado ! ya los cuernos
terribles enarbolo,
■cual despreciado yerno de Licambes
' o Hiponacte rabioso.
Si me muerdes, ¿crees tú que, como niño,
me quede con mi lloro?

431
VII

Quo, quo scelesti ruitis? aut cur dexteris


A ptantur enses conditi? .
Parumne campis atque Neptuno super
Fusum est Latini sanguinis,
Non ut superbas invidae Carthaginis
Romanus arces ureret,
Intactus aut Britannus ut descenderet
Sacra catenatus via,
Sed ut secundum vota Parthorum sua
Urbs haec periret dextera?
Neque hic lupis mos nec fuit leonibus,
Numquam nisi in dispar feris.
Furorne caecos an rapit vis acrior
An culpa? Responsum date !
Tacent, et albus ora pallor inficit,
Mentesque perculsae stupent.
Sic est: acerba fata Romanos agunt
Scelusque fraternae necis,
U t inmerentis fluxit in terram Remi
Sacer nepotibus eruor.

432
A L O S ROMANOS

¿Adonde, adonde os arrojáis, malvados,


y empuñáis los aceros ya envainados?
¡A y! ¡de sangre latina, qué tributo
a la tierra y al mar! ¿y con qué fruto?
¡ No por llevar las llamas y el estrago
a la orgullosa y pérfida Cartago;
no por hacer bajar, entre prisiones,
la Vía Sacra a indómitos Bretones;
sino para que el Parto quede ufano,
herida Roma con su propia mano!
Nunca se ve que león o lobo arrecie
sino sólo con fieras de otra especie.
Decid, ¿ciegos furores os deprimen?
¿o es violencia mayor? ¿es vuestro crimen?
¡ Calláis ! pálido el rostro, el alma busca
respuesta en vano, y en su error se ofusca.
¡Ay, hado funestísimo os gobierna,
Romanos, que expiáis sangre fraterna,
la que el suelo bebió, crimen supremo,
riego de maldición, sangre de Remo!

433
IX

Quando repostum Caecubum ad festas dapes,


Victore laetus Caesare,
Tecum sub alta —sic Iovi gratum— domo,
Beate Maecenas, bibam
Sonante mixtum tibiis carmen lyra,
Hac Dorium, illis barbarum?
U t nuper, actus cum freto Neptunius
Dux fugit ustis navibus,
Minatus Urbi vincla, quae detraxerat
Servis amicus perfidis.
Romanus eheu —posteri negabitis—
Emancipatus feminae
Fert vallum et arma miles et spadonibus
Servire rugosis potest,
Interque signa turpe militaria
Sol adspicit conopium.
Ad hoc frementes verterunt bis mille equos
Galli, canentes Caesarem,
Hostiliumque navium portu latent
Puppes sinistrorsum citae.

434
A MECENAS

Aquel guardado cécubo que es gloria,


¿cuándo me dará Júpiter beberlo
en tu alcázar, Mecenas venturoso,
celebrando de César la victoria,
trabadas en concento melodioso
las flautas frigias y la lira doria?,
como cuando en sus barcos incendiados,
no ha mucho, el hijo de Neptuno huía,
el que poner a Roma pretendía
grillos a infieles siervos arrancados.. .

¡ Rom ano. . . y con el pilo y con la estaca


a órdenes de una hembra ! ( en lo futuro
¿quién lo creerá?) ¡ S oldado... y se embellaca
hasta servir a un espadón impuro!
Y en medio de las armas del guerrero
¿ qué ve el sol? ¡ oh vergüenza ! —un mosquitero. . .

Pero al grito de ¡César !, tornan brida


dos mil Galos rindiendo sus corceles;
y dando remo atrás, vuelven de huida
por la siniestra al puerto los bajeles.

435
Io triumphe, tu moraris aureos
Currus et intactas boves?
Io triumphe, nec Iugurthino parem
Bello reportasti ducem
Neque Africanum, cui super Carthaginem
Virtus sepulcrum condidit.
Terra marique victus hostis púnico
Lugubre mutavit sagum.
Aut ille centum nobilem Cretam urbibus
Ventis iturus non suis,
Exercitatas aut petit Syrtes Noto,
Aut fertur incerto mari.
Capaciores adfer huc, puer, scyphos
Et Chia vina aut Lesbia,
Vel quod fluentem nauseam coherceat,
Metire nobis Caecubum.
Curam metumque Caesaris rerum iuvat
Dulci Lyaeo solvere.

436
¿Dónde está, dios del triunfo, el carro de oro
¿dónde, para el altar, no uncido toro?
¿qué triunfador has visto que a éste iguale?
El de Yugurta, al lado de él, ¿qué vale?
¿ni el Africano, que con su alto aliento
se alzó en Cartago eterno monumento?

Vencido en tierra y mar el enemigo,


trueca en luto la clámide de púrpura,
y aun con vientos adversos busca abrigo
en Creta, la isla de las cien ciudades,
o afronta por las Sirtes tempestades,
o anda errante, del viento al rudo hostigo.

Muchacho, con más pródiga abundancia,


de Lesbos o de Quío el vino escancia,
o para defendernos del mareo
mide el cécubo fuerte: que el cuidado
que por César sufrimos, ahuyentado
quiero ver con la ayuda de Lieo.
X

M ala soluta navis exit alite,


Ferens olentem Maevium:
U t horridis utrumque verberes latus,
Auster, memento fluctibus.
Niger rudentes Eurus inverso mari
Fractosque remos differat;
Insurgat Aquilo, quantus altis montibus
Frangit trementes ilices;
Nec sidus atra nocte amicum appareat,
Qua tristis Orion cadit;
Quietiore nec feratur aequore,
Quam Graia victorum manus,
Cum Pallas usto vertit iram ab Ilio
In impiam Aiacis ratem
O quantus instat navitis sudor tuis
Tibique pallor luteus
Et illa non virilis eiulatio
Preces et aversum ad Iovem,
Ionius udo cum remugiens sinus
Noto carinam ruperit.
Opima quodsi praeda curvo litore
Porrecta mergos iuveris:
Libidinosus inmolabitur caper
Et agna Tempestatibus.

438
CONTRA MEVIO

Con agüero fatal zarpa el navio


que va llevando al apestoso Mevio.
Austro, bate sin tregua ambos costados,
es mi encargo, recuérdalo.
Alce el euro contra él negra borrasca,
rompa, riegue en el m ar jarcias y remos,
estalle el aquilón, como lanzándose
a arrancar robles en los altos cerros.
Para él no brille ni una estrella amiga
donde se oculte Orion ; ni halle más quieto
el mar, que lo encontraron en su vuelta
los vencedores griegos,
cuando, abrasada Ilion, castigó Palas,
terrible, la impiedad de Áyax Oileo.
¡En tu marinería, qué sudores!
¡y en ti, qué torpe lividez, qué ruegos,
qué lloros femeniles, qué alaridos
a Júpiter adverso,
cuando a empúje del noto ruja el Jonio
y estrelle sin piedad tu frágil leño !
Si, tendido en la playa, opima presa,
brindas festín espléndido a los mergos,
premio a las Tempestades,
una cordera y un cabrón prometo.

439
XI

Petti, nihil me sicut antea iuvat


Scribere versiculos amore percussum gravi,
Amore, qui me praeter omnes expetit
Mollibus in pueris aut in puellis urere.
Hic tertius December, ex quo destiti
Inachia furere, silvis honorem decutit.
Heu me, per Urbem, nam pudet tanti mali,
Fabula quanta fui! Conviviorum et paenitet,
In quis amantem languor et silentium
Arguit et latere petitus imo spiritus.
‘Contrane lucrum nil valere candidum
Pauperis ingenium!’ querebar adplorans tibi,
Simul calentis inverecundus deus
Fervidiore mero arcana promorat loco.
‘Quodsi meis inaestuet praecordiis
Libera bilis, ut haec ingrata ventis dividat
Fomenta vulnus nil malum levantia,
Desinet imparibus certare submotus pudor.’
Ubi haec severus te palam laudaveram,
Iussus abire domum, ferebar incerto pede

440
A PETIO

La ilusión de mis versos ¿qué se hizo,


Petio, los que escribía amartelado,
víctima como nadie del hechizo
de hermosa niña o joven delicado?

Desde que abrió los ojos mi ceguera


por Inaquia, tres veces ya su adorno
perdió la selva. En la ciudad entera
¡ cuántas burlas, en tanto ! y qué bochorno
de esas cenas, con aves y sombríos
mutismo y languidez de enamorado,
y ese lloro: “ ¡Ay venales amoríos!
en amor nada puede un desdichado. . . ”
Así al calor del vino, el indiscreto
dios me arrancaba mi íntimo secreto. . .

¡ Ah, si estallan en mí libres las iras,


—esos falsos remedios echo al viento,
que no alivian mi mal con sus mentiras,
y de indignos rivales yo escarmiento ! . . . ”
Esto ante ti severo pregonaba.
A mi casa me envías; pero, incierta,
la pasión me encamina ¡ay! a la puerta

441
Ad non amicos heu mihi postes et heu
Limina dura quibus lumbos et infregi latus.
Nunc gloriantis quamlibet mulierculam
Vincere mollitie amor Lycisci me tenet;
Unde expedire non amicorum queant
Libera consilia nec contumeliae graves,
Sed alius ardor aut puellae candidae
Aut teretis pueri longam renodantis comam.

442
de mi enemiga, a su inclemente aldaba
que en el umbral me d e ja .. .
Hoy me encariña
Licisco, más roncero que una niña.
Desvanecer no esperen sus hechizos:
ni consejos ni afrentas me harán mella;
sólo algún nuevo amor, o de una bella
o de un garzón de acicalados rizos.
XIII

Horrida tempestas caelum contraxit et imbres


Nivcsque deducunt Iovem ; nunc mare, nunc siluae
Threicio Aquilone sonant. Rapiamus, amici,
Occasionem de die, dumque virent genua
Et decet, obducta solvatur fronte senectus.
Tu vina Torquato move consule pressa meo;
Cetera mitte loqui: deus haec fortasse benigna
Reducet in sedem vice. Nunc et Achaemenio
Perfundi nardo iuvat et fide Cyllenea
Levare diris pectora sollicitudinibus,
Nobilibus ut grandi cecinit Centaurus alumno :
‘Invicte, mortalis dea nate puer Thetide,
Te manet Assaraci tellus, quam frigida tardi
Findunt Scamandri flumina lubricus et Simois,
Unde tibi reditum certo subtemine Parcae
Rupere, nec mater domum caerula te revehet.
Illic omne malum vino cantuque levato,
Deformis aegrimoniae dulcibus adloquiis.’

444
A SUS AMIGOS

¡ Qué temporal ! Se viene abajo el cielo


que con aguas y nieves se encapota ;
bosques y mar el ábrego alborota,
¡ amigos, a gozar la dicha al vuelo,
mientras ruga senil no lo entorpece!
Ese vino de Manlio, al que enmollece
la misma edad que a mí, sácalo y calla.. .
Quizás nos mude Dios la suerte adversa. . .
Por hoy, cilenias liras, nardo persa,
que a los tristes cuidados pongan valla.. .
Igual dijo el Centauro al gran Pelida:
“Joven invicto de quien Tetis cuida,
te esperan Troya, el Escamandro helado,
el Símois ; mas de allá volverte ileso,
ni tu madre lo puede, que el regreso
las infalibles Parcas han vedado.
¿Qué remedio a este mal? Vino y cantares,
alivio de los tétricos pesares..

445
XIV

Mollis inertia cur tantam diffuderit imis


Oblivionem sensibus,
Pocula Lethaeos ut si ducentia somnos
Arente fauce traxerim,
Candide Maecenas, occidis saepe rogando :
Deus, deus nam me vetat
Inceptos, olim promissum carmen, iambos
Ad umbilicum adducere.
Non aliter Samio dicunt arsisse Bathyllo
Anacreonta Teium,
Qui persaepe cava testudine flevit amorem
Non elaboratum ad pedem.
Ureris ipse miser: quodsi non pulchrior ignis
Accendit obsessam Ilion,
Gaude sorte tua; me libertina, nec uno
Contenta, Phryne macerat.

446
A MECENAS

No porfíes, Mecenas, preguntando


por qué tanta pereza me ha invadido,
cual si el cuerpo tuviera yo embebido
en negras aguas del Leteo infando.

No en sueño ni en olvido estoy holgando:


el poner fin al libro prometido
donde el yambo su hiel vierte atrevido,
me lo prohibe un dios, y nada blando.

No de otro modo Anacreonte ardiera


por el samio Batilo, a quien su lira
brindó fácil endecha lastimera.

También hoy ardes en la misma pira;


mas la que incendio fue de Ilion, no era
mayor beldad que a la que a ti te inspira.

Calma, pues. Yo por Frine ando sin seso,


la de muchos amantes, mi embeleso.

447
XV

Nox erat et caelo fulgebat Luna sereno


Inter minora sidera,
Cum tu, magnorum numen laesura deorum,
In verba iurabas mea,
Artius atque hedera procera adstringitur ilex,.
Lentis adhaerens brachiis,
Dum pecori lupus, et nautis infestus Orion
Turbaret hibernum mare,
Intonsosque agitaret Apollinis aura capillos,
Fore hunc amorem mutuum.
O dolitura mea multum virtute Neaera !
Nam siquid in Flacco viri est,
Non feret adsiduas potiori te dare noctes,
Et quaeret iratus parem:
Nec semel offensae cedet constantia formae,.
Si certus intrarit dolor.
At tu, quicumque es felicior atque meo nunc
Superbus incedis malo,
Sis pecore et multa dives tellure licebit
Tibique Pactolus fluat,
Nec te Pythagorae fallant arcana renati,
Formaque vincas Nirea,
Eheu, translatos alio maerebis amores.
Ast ego vicissim risero.

448
CONTRA NEERA

Noche albar. En un campo sereno de estrellas,


fulgores de luna.
Abrazándome amante, cual yedra a la encina coposa,
( ¡ ay labios aleves ! ¡ ay lengua perjura
ya dispuesta a mentir a los dioses!) conmigo
la dulce promesa decías a una:
“ ¡ Mientras dure la inquina del lobo a la oveja
y Orion al marino trasiegue en las brumas,
mientras ricen las auras la intonsa melena de Apolo,
en mutuos amores nuestra dicha es m utua!”
¡Ah, Neera, verás mis rigores de amante ofendido!
Si varón es Flaco, ¿creerás tú que sufra
que a un rival preferido tus noches entregues,
sin que a su vez busque quien te substituya?
Y no hay miedo que ceda al hechizo de odiada belleza,
si al fin el despecho le llega a la hondura.
Pero tú, más audaz y feliz, tú quienquiera que fueres,
que en mi mal, ufano, te gozas y triunfas,
por más ricas que sean tus greyes e inmensas tus fincas,
y por ti el Pactolo, riego de oro, fluya,
aunque vuelto a la vida, su ciencia te enseñe Pitágoras,
y el lindo Nireo te dé su hermosura,
¡infeliz! ya sabrás cuán sin pena ella muda de amores;
y seré yo entonces quien de ti haga burla.
449
XVI

Altera iam teritur bellis civilibus aetas,


Suis et ipsa Roma viribus ruit.
Quam neque finitimi valuerunt perdere Marsi,
Minacis aut Etrusca Porsenae manus,
Aemula nec virtus Capuae, nec Spartacus acer
Novisque rebus infidelis Allobrox,
Nec fera caerulea domuit Germania pube
Parentibusque abominatus Hannibal:
Inpia perdemus devoti sanguinis aetas,
Ferisque rursus occupabitur solum.
Barbarus heu cineres insistet victor et Urbem
Eques sonante verberabit ungula,
Quaeque carent ventis et solibus ossa Quirini,
Nefas videre ! dissipabit insolens.
Forte, quod expediat, communiter aut melior pars
Malis carere quaeritis laboribus;
Nulla sit hac potior sententia, Phocaeorum
Velut profugit exsecrata civitas
Agros atque Lares patrios, habitandaque fana
Apris reliquit et rapacibus lupis,
Ire, pedes quocumque ferent, quocumque per undas
Notus vocabit aut protervus Africus.
Sic placet? an melius quis habet suadere? Secunda
Ratem occupare quid moramur alite?

450
A LOS R O M A N O S

i Nuevas guerras civiles, destrozo de Romanos,


otra vez los desangran con fratricidas manos!
Roma, a quien no rindieron ni la mársica furia,
ni las altivas huestes de Porsena de Etruria,
ni Capua emuladora, ni Espartaco aguerrido,
ni el Alóbroge aleve que muda de partido,
ni el arisco Germano, pavonado guerrero,
ni el odiado de madres, Aníbal altanero,
¡ a esa Roma, nosotros, generación impía,
en cubil trocaremos de la fiera bravia !
Profanador de tumbas, el bárbaro triunfante
galopará sobre ellas con casco resonante,
y aun abriendo, nefario, vetustos monumentos,
los huesos de Quirino dispersará a los vientos.
Todos, o los mejores, buscáis de qué manera
evitéis tantos males: —oíd la más certera.
De su patria salieron los focenses un día,
sellando con solemne jura su rebeldía:
tierras, templos y lares, todo quedó cedido
al jabalí y al lobo. ¿Qué os parece el partido?
¡ Ir a donde nos lleven nuestros pies, o la vela
tender al primer viento que a la mar nos impela !
Si alguien tiene otras miras más concertadas, que hable;
si no, la nave espera con sino favorable.
451
Sed iuremos in haec: simul imis saxa renarint
Vadis levata, ne redire sit nefas,
Neu conversa domum pigeat dare lintea, quando
Padus M atina laverit cacumina,
In mare seu celsus procurrerit Apenninus,
Novaque monstra iunxerit libidine
Mirus amor, iuvet ut tigres subsidere cervis,
Adulteretur et columba miluo,
Credula nec ravos timeant armenta leones,
Ametque salsa levis hircus eaquora.
Haec et quae poterunt reditus abscindere dulces
Eamus omnis exsecreta civitas,
Aut pars indocili melior grege; mollis et exspes
Inominata perprim at cubilia.
Vos, quibus est virtus, muliebrem tollite luctum,
Etrusca praeter et volate litora.
Nos manet Oceanus circumvagus: arva, beata
Petamus arva divites et insulas,
Reddit ubi cererem tellus inarata quotannis
Et inputata floret usque vinea,
Germinat et numquam fallentis termes olivae,
Suamque pulla ficus ornat arborem,
Mella cava manant ex ilice, montibus altis
Levis crepante lympha desilit pede.
Illic iniussae veniunt ad mulctra capellae,
Refertque tenta grex amicus ubera,
Nec vespertinus circumgemit ursus ovile,
Nec intumescit alta viperis humus.
Pluraque felices mirabimur, ut neque largis
Aquosus Eurus arva radat imbribus,
Pinguia nec siccis urantur semina glaebis,
Utrumque rege temperante caelitum.

452
Mas juremos primero no volver, si no brotan
del m ar rotas las peñas y sobre el agua flotan.
Volveremos el día que el Po cubra al Matino,
que a bañarse en el H adria corra el alto Apenino,
que en no vista violencia de amoroso arrebato
quieran aparearse la tigre y el cervato,
que al milano acaricie barragana paloma,
que tranquilo el ganado no tiemble cuando asoma
rojo león, cuyos ojos relumbran como fragua,
y gusten los cabríos de vivir en el agua.

Con este juramento, o el que más nos enfrene


contra la dulce vuelta, vamos — ¿qué nos detiene?-
todos, o los mejores. Quien se rinda al despecho,
quédese con mal sino sobre el infausto lecho.
¡Vosotros los valientes, llantos femíneos, fuera!
Alejaos sin miedo de la etrusca ribera:
el Océano nos llama, que la tierra circunda.
A los campos felices vamos, donde, fecunda,
sin ararse la tierra sus trigales ofrece;
a las Islas dichosas, donde la vid florece
sin poda, y el olivo no engaña en su retoño,
y pulula la higuera con higos cada otoño;
donde manan las mieles de la encina, y ligera
baja sonora el agua del monte a la pradera;
donde por sí las cabras acuden al ordeño,
retesadas las ubres, y ni perturba el sueño
de los mansos rediles el bramido del oso,
ni brota de los surcos el reptil ponzoñoso.
Allí más maravillas: el euro con sus lluvias
nunca arroya ni asuela campos de mieses rubias,
ni al escogido grano recuece la sequía,
que ambos males el cielo bondadoso desvía.
Non huc Argoo contendit remige pinus,
Neque inpudica Colchis intulit pedem;
Non huc Sidonii torserunt cornua nautae,
Laboriosa nec cohors Ulixei.
Nulla nocent pecori contagia, nullius astri
Gregem aestuosa torret impotentia.
Iuppiter illa piae secrevit litora genti,
U t inquinavit aere tempus aureum;
Aere, dehinc ferro duravit saecula, quorum
Piis secunda vate me datur fuga.

454
El rumbo de esas Islas no señaló la estela
de los nautas del Argo, ni allá viró su vela
la ruin hembra de Coleos, ni el fenicio remero,
ni el cansado marino, de Ulises compañero.
Allí a la oveja tierna ningún contagio daña,
ni astro alguno de estío le hace sentir su saña.

Para una gente pía guardó Jove el tesoro


de esa tierra, al trocarse por cobre la edad de oro.
Hoy que nos rige el hierro, ¡vamos, pueblo escogido,
es hora de la fuga : soy vate, y os convido !

455
XVII

‘Iam iam efficaci do manus scientiae,


Supplex et oro regna per Proserpinae,
Per et Dianae non movenda numina,
Per atque libros carminum valentium
Refixa caelo devocare sidera,
Canidia, parce vocibus tandem sacris
Citumque retro solve, solve turbinem!
Movit nepotem Telephus Nereium,
In quem superbus ordinarat agmina
Mysorum et in quem tela acuta torserat.
Unxere matres Iliae addictum feris
Alitibus atque canibus homicidam Hectorem,
Postquam relictis moenibus rex procidit
Heu pervicacis ad pedes Achillei.
Setosa duris exuere pellibus
Laboriosi remiges Ulixei
Volente Circa membra, tunc mens et sonus
Relapsus atque notus in vultus honor.
Dedi satis superque poenarum tibi,
Amata nautis multum et institoribus.
Fugit iuventas et verecundus color
Reliquit ora pelle amicta lurida,
CONTRA CANIDIA

A tu ciencia y poder al fin me rindo,


y, suplicante, por el reino imploro
de Proserpina, y la intangible Diana,
por los mágicos libros, cuyas fórmulas
hacen bajar del cielo las estrellas,
¡ pon término, Canidia, a tus ensalmos
y, en su giro veloz, invierte el huso !

Pudo aplacar al nieto de Nereo


Télefo, que, orgulloso, le asaltara
con sus Misios y el vuelo de sus flechas.
El cuerpo de Héctor de homicida lanza,
prometido a los perros y a las aves,
ungieron las Troyanas, cuando Príamo
cayó a las plantas del feroz Aquiles.
De sus ásperos cueros y sus cerdas
libres se vieron, al quererlo Circe,
los remeros de Ulises, recobrando
la mente, el habla, el noble rostro de hombres.

¡ H arto ya me castigas, oh querida


de traficantes y marinos, harto !
Huyó mi juventud ; sus arreboles
son sólo mustia tez sobre los huesos,

457
Tuis capillus albus est odoribus,
Nullum ab labore me reclinat otium;
Urguet diem nox et dies noctem, neque est
Levare tenta spiritu praecordia.
Ergo negatum vincor ut credam miser,
Sabella pectus increpare carmina
Caputque Marsa dissilire nenia.
Quid amplius vis? O mare et terra, ardeo,
Quantum neque atro delibutus Hercules
Nessi cruore, nec Sicana fervida
Virens in Aetna flamma; tu, donec cinis
Iniuriosis aridus ventis ferar,
Cales venenis officina Colchicis.
Quae finis aut quod me manet stipendium?
Effare; iussas cum fide poenas luam,
Paratus expiare, seu poposceris
Centum iuvencos, sive mendaci lyra
Voles sonari: tu pudica, tu proba,
Perambulabis astra sidus aureum.
Infamis Helenae Castor offensus vice
Fraterque magni Castoris, victi prece,
Adempta vati reddidere lumina:
Et tu —potes nam— solve me dementia,
O nec paternis obsoleta sordibus,
Nec in sepulcris pauperum prudens anus
Novendiales dissipare pulveres.
Tibi hospitale pectus et purae manus
Tuusque venter Pactumeius, et tuo
Cruore rubros obstetrix pannos lavit,
Utcumque fortis exsilis puerpera.’
y cano me han dejado tus mejunjes.
No hallo en qué descansar: la noche impele
al día, y a la noche la mañana,
sin que nada me alivie de mi angustia.

¡Vencido estoy! Lo que negaba es cierto:


que el conjuro sabino el pecho agobia,
que la mársica nenia enturbia el juicio. . .
¿Qué más quieres? ¡O h tierra! ¡oh mar!, me abraso
cual ni Hércules untado con la sangre
de Neso, cual ni el Etna de Sicilia
en sus llamas verduscas.. . Verme quieres
volar, cenizas secas, por los aires,
y en tanto bulles en venenos cólquicos...
¿Qué más puedo esperar? ¿qué más te debo?
¡ O h ! pagaré leal cuanto me impongas,
cualquier expiación, aun cien novillos,
o este cantar en mentirosa lira :
“ ¡ O h púdica y virtuosa, entre los astros
discurrirás como una estrella de oro!”

Su furia, al ver a Helena difamada,


aplacaron los Dióscuros, benignos,
y la vista al poeta devolvieron:
¡ líbrame tú también de mi demencia !
Lo puedes, tú a quien honran nobles padres,
y no te comprometes, sabia anciana,
aventando cenizas de los pobres
en sus sepulcros al noveno d ía. . .
Oh amable, oh pura, oh madre verdadera
de Pactumeyo, tuyos son los lienzos
que lava la partera cuando saltas
del lecho con valor, tras cada p arto . . .

459
‘Quid obseratis auribus fundis preces?
Non saxa nudis surdiora navitis
Neptunus alto tundit hibernus salo.
Inultus ut tu riseris Cotyttia
Volgata, sacrum liberi Cupidinis,
Et Esquilini pontifex venefici
Inpune ut Urbem nomine impleris meo?
Quid proderat ditasse Paelignas anus,
Velociusve miscuisse toxicum?
Sed tardiora fata te votis manent ;
Ingrata misero vita ducendast in hoc,
Novis ut usque suppetas laboribus.
O ptat quietem Pelopis infidi pater,
Egens benignae Tantalus semper dapis,
O ptat Prometheus obligatus aliti,
O ptat supremo collocare Sisyphus
In monte saxum; sed vetant leges Iovis.
Voles modo altis desilire turribus,
Modo ense pectus Norico recludere,
Frustra que vincla gutturi nectes tuo,
Fastidiosa tristis aegrimonia.
Vectabor umeris tunc ego inimicis eques,
Meaeque terra cedet insolentiae.
An quae movere cereas imagines,
U t ipse nosti curiosus, et polo
Deripere Lunam vocibus possim meis,
Possim crematos excitare mortuos
Desiderique temperare pocula,
Plorem artis in te nil agentis exitum?’

460
Responde Canidia:

¡ En vano ! Son más sordos mis oídos


que las rocas al llanto de los náufragos
en tormenta invernal. ¡ Quedarte impune
tras divulgar los ritos de Cupido
y las Cotitias, tras llamarme bruja
por toda Roma, a fuer de gran Pontífice !
Eso ja m á s.. . ¿Para eso habré pagado
a las viejas pelignas el secreto
de sus rápidos tósigos? ¡ Cuán lenta
será tu muerte ! ¡ Vivirás tan sólo
para sufrir dolores siempre nuevos !

Descanso pide el padre infiel de Pélope,


con hambre del m anjar que se le niega ;
pídelo Prometeo, de su buitre
y Sísifo lo pide, de la piedra
que ansia remontar hasta la cima.
No lo consiente Jo ve. . . De una torre
despeñarte querrás, o por el pecho
envainarte un puñal, o a la garganta
una cuerda enlazar, desesperado.
Mas yo en tus hombros cabalgando erguida,
pasearé con descaro mi victoria. . .
Yo que céreas imágenes animo,
como tu propia indiscreción lo sabe,
yo que abajo la luna de los cielos,
y muertos resucito, ya quemados,
yo, con mis filtros todos, ¿imaginas
que ante ti solo de impotencia llore?

461
CA N T O SECULAR
CARMEN SAECULARE

Phoebe silvarumque potens Diana,


Lucidum caeli decus, o colendi
Semper et culti, date quae precamur
Tempore sacro,

Quo Sibyllini monuere versus


Virgines lectas puerosque castos
Dis quibus septem placuere colles
Dicere carmen.

Alme Sol, curru nitido diem qui


Promis et celas aliusque et idem
Nasceris, possis nihil urbe Roma
Visere maius!

Rite maturos aperire partus


Lenis, Ilithyia, tuere matres,
Sive tu Lucina probas vocari
Seu Genitalis:

Diva, producas subolem patrumque


Prosperes decreta super iugandis
Feminis prolisque novae feraci
Lege marita,

464
CANTO SECULAR

Febo y tú, de los bosques excelsa reina, oh Diana,


con cuyos resplandores el cielo se engalana,
dioses siempre adorables, dioses siempre adorados,
¡favor! —llegó la aurora de los tiempos sagrados.

Dóciles a los versos de la Sibila, el coro


de niñas y donceles alza el himno sonoro
a cuantos extendieron sus égidas divinas,
amparando piadosos a las Siete Colinas.

Almo Sol, que en tu carro viertes desde la altura


el día y lo recoges —sempiterna hermosura
que, al renacer variada, nuevos matices toma—,
¡nunca veas grandeza que iguale a la de Roma!

Y tú, Ilitía tierna, que desprendes el fruto


en sazón, a las madres libra de amargo luto ;
inspírales el nombre que oigas más complacida,
de Puerta de la luz o Puerta de la vida.

Haz crecer nuestra prole ; lleguen a su apogeo


las senatorias leyes en pro del himeneo;
y al calor de esos santos decretos, los enlaces
generaciones nuevas multipliquen feraces,

465
Certus undenos deciens per annos
Orbis ut cantus referatque ludos
Ter die claro totiensque grata
Nocte frequentes.

Vosque veraces cecinisse, Parcae,


Quod semel dictum est stabilisque rerum
Terminus servet, bona iam peractis
lungite fata.

Fertilis frugum pecorisque tellus


Spicea donet Cererem corona;
N utriant fetus et aquae salubres
Et Iovis aurae.

Condito mitis placidusque telo


Supplices audi pueros, Apollo;
Siderum regina bicornis, audi,
Luna, puellas.

Roma si vestrum est opus, Iliaeque


Litus Etruscum tenuere turmae,
Iussa pars m utare Lares et urbem
Sospite cursu,

Cui per ardentem sine fraude Troiam


Castus Aeneas patriae superstes
Liberum munivit iter, daturus
Plura relictis :

Di, probos mores docili iuventae,


Di, senectuti placidae quietem,
Romulae genti date remque prolemque
Et decus omne.
que, al completarse el círculo de los años fijados
para cerrar el siglo, obtengan de los Hados
entre cantos y juegos celebrar numerosas
tres refulgentes días, tres noches jubilosas.

Y vosotras, oh Parcas, que anunciáis infalibles


los decretos eternos, dad fallos bonancibles
que fijen el destino con término seguro,
dichoso en lo pasado, dichoso en lo futuro.

La Tierra, madre fértil, que premia las fatigas,


a Ceres enguirnalde con corona de espigas,
y las auras de Jove, sus cristalinas ondas
den vida a los ganados y verdor a las frondas.

Las flechas en la aljaba, manso el semblante, oh Febo,


las plegarias escucha que te canta el mancebo ;
y tú, reina que exhibes en el campo de estrellas
tu creciente de plata, sé dulce a las doncellas.

Si Roma es obra vuestra, si de una patria en busca


arribaron troyanos a la ribera etrusca,
—la tenue parte de ellos que, obediente al destino,
trocó sus viejos lares por un hogar latino—,

y si cruzando incólume por entre ardientes teas


pudo abrir a los suyos camino el casto Eneas,
reliquia de la patria, dando a su descendencia,
por los muros perdidos, más magnífica herencia,

dad, oh dioses, al joven generosas virtudes,


al anciano, el remanso de plácidas quietudes,
aumentad el linaje de la romúlea gente,
y que en riqueza y gloria su poderío aumente.

467
Quaeque vos bobus veneratur albis
Clarus Anchisae Venerisque sanguis,
Impetret, bellante prior, iacentem
Lenis in hostem.

Iam mari terraque manus potentes


Medus Albanasque timet secures,
Iam Scythae responsa petunt superbi
Nuper et Indi.

Iam Fides et Pax et Honos Pudorque


Priscus et neglecta redire Virtus
Audet, adparetque beata pleno
Copia cornu.

Augur et fulgente decorus arcu


Phoebus acceptusque novem Camenis,
Qui salutari levat arte fessos
Corporis artus,

Si Palatinas videt aequus arces,


Remque Romanam Latiumque felix
Alterum in lustrum meliusque semper
Prorogat aevum.

Quaeque Aventinum tenet Algidumque,


Quindecim Diana preces virorum
Curat et votis puerorum amicas
Adplicat aures.

Haec lovem sentire deosque cunctos


Spem bonam certamque domum reporto,
Doctus et Phoebi chorus et Dianae
Dicere laudes.
Que por sus toros blancos obtenga cuanto anhela
el vástago de Venus y de Anquises: repela
al soberbio que lucha con ciega contumacia,
y perdone al vencido que humilde pide gracia.

Ya con sus fasces Roma, potente en m ar y tierra,


sujeta a los Escitas y a los Medos aterra,
y la India, rindiendo su soberbia insensata,
como a fuente de oráculos la consulta y acata.

Ya del pudor antiguo, ya de la paz propicia


y de todas virtudes el retorno se inicia ;
la fe y honor con ellas reflorecen; la inopia
ve llegar la abundancia, llena su cornucopia.

Febo el dios agorero que luce su arco de oro


y es la gloria y delicia de las Musas en coro,
el que divinizando la augusta medicina,
a todas las dolencias compasivo se inclina,

mira del claro príncipe con amor el Palacio,


la grandeza de Roma, la fortuna del Lacio,
y por un nuevo lustro prospera su ventura,
cada día más grande, cada día más pura.

Y la reina del Álgido, reina del Aventino,


que a los Quince Varones con su amparo divino
placentera cobija, Diana escucha los ruegos
que los niños le ofrendan en estos sacros juegos.

Así lo siente Jove con todas las deidades,


y esta esperarla cierta fundada en sus piedades
a mis lares la llevo, yo el amaestrado coro
que con estos cantares a Diana y Febo adoro.
I N D I G E
H oracio, un lírico de hace vein te s i g l o s ...................................... 7,

ODAS

L i b r o P r i m e r o

1. A M e c e n a s .......................................................................................... 39

2. A César A u g u s t o ............................................................................ 43

3. A la nave de V i r g i l i o ................................................................... 49

4. A S e s t io ................................................................................................ 53

5. A P i r r a ................................................................................................. 55

6. A A g r ip a .............................................................................................. 57

7. A M unacio P la n e o ........................................................................... 59

8. A L i d ia ................................................................................................. 63

9. A T a lia r c o ........................................................................................... 65

10. A M e rc u r io .......................................................................................... 69

11. A L e u c ó n o e ........................................................................................ 71

12. A C l í o ................................................................................................... 73

13. A L i d i a ................................................................................................. 79

14. A la R e p ú b lic a ................................................................................. 81

15. Profecía de N e r e o ............................................................................ 83

16. P a lin o d ia .............................................................................................. 87

473
17. A T í n d a r is .......................................................................................... 91

18. A V a r o ...................................................... .......................................... 95

19. A G l í c e r a .......................................................................................... 97

20. A M e c e n a s .......................................................................................... 99

21. H im n o a D iana y A p o l o ................................................................101

22. A Aristio F u s c o .................................................................................103

23. A C l o e .................................................................................................. 107

24. A V irgilio, en Ia muerte de Q uintilio V a r o ........................109

25. A L i d i a ...............................................................................................I l l

26. En honor de Elio L a m i a ................................................. . . 113

27. A unos a m i g o s .................................................................................115

28. H abla con Arquitas elespectro de un náufrago . . . . 119

29. A I c c i o ............................................................................................... 123

30. A V e n u s .............................................................................................. 125

31. A A p o l o .............................................................................................. 127·

32. A su l i r a .............................................................................................. 129

33. A A lbio T i b u l o .................................................................................131

34. P a lin o d ia .............................................................................................. 133

35. A la fortuna de A n c i o .................................................................. .. 135

36. A Plocio N ú m i d a ............................................................................ 139

37. Contra C le o p a t r a ............................................................................ 141

38. A su p a j e .......................................................................................... 145

474
L i b r o S e g u n d o

1. A P o l i ó n ............................................................................................... 149

2. A Crispo S a lu s t io .................................................... . * . . . . 153

3. A D e l i o ..............................................................................................157

4. A Jancia F o c e o ................................................................................161

5. A un a m i g o .................................................................................... 165

6. A S e p t im io ........................................................................................ 169

7. A Pompeyo V a r o ........................................................................... 173

8. A Barina ......................................................................................... 177

9. A V a l g i o ............................................................................................ 181

10. A Licinio M u r e n a .......................................................... 185

11. A Q uincio H i r p i n o .................................................................... 189

12. A M e c e n a s ................................................................. ....................... 193

13. Contra un árbol de su h u e r t o .................................................... 197

14. A P o s t u m o ..........................................................................................201

15. Contra el l u j o .................................................................................... 205

16. A G r o s fo .............................................................................................. 207

17. A M e c e n a s ..........................................................................................211

18. Contra un a v a r o ...................................................................... .... 215

19. A Baco . . . '......................................................................................219

20. A M e c e n a s ..........................................................................................223

475
L i b r o T e r c e r o

1. A sí m is m o ........................................................................................ 229

2. A la juventud r o m a n a ................................................................. 233

3. Al Pueblo R o m a n o ....................................................................... 237

4. A G a l í o p e ......................................................................................... 243

5. A los R o m a n o s ............................................................................... 251

6. Al Pueblo R o m a n o ........................................................................257

7. A A s t e r i e ............................................................................................261

8. A M e c e n a s ........................................................................................ 265

9. L a R e c o n c ilia c ió n ............................................................................ 269

10. A L i c e ................................................................................................. 273

11. A M e r c u r io .......................................................................................275

12. M onólogo de N e o b u l e ...................................................................281

13. A la fuente de B a n d u s ia ..............................................................283

14. En la vuelta de A u g u s t o ..............................................................285

15. C ontra C lo r i s ..................................................................................... 289

16. A M e c e n a s ........................................................................................ 291

17. A E lio L a m i a .................................................................................295

18. A F a u n o ............................................................................................. 297

19. A T é l e f o ............................................................................................. 299

20. A P i r r o ...............................................................................................303

21. A una ánfora de v i n o ..................................................................305

22. A D i a n a ............................................................................................. 309

23. A F í d i l e .............................................................................................. 311

24. Contra los a v a r o s ............................................................................ 313

476
25. A B a c o ................................................................................................. 319

26. C ontra C l o e ......................................................................................321

27. A G a l a t e a .......................................................................................... 323

28. A L i d e ................................................................................................. 329

29. A M e c e n a s .........................................................................................331

30. A M e lp o m e n e .................................................................................337

L i b r o C u a r t o

1. A V e n u s ..............................................................................................341

2. A Julo A n t o n io ................................................................................345

3. A M e lp o m e n e ................................................................................... 351

4. D ruso C laudio N e r ó n .................................................................. 355

5. A A u g u s t o ........................................................................... 361

6. A A p o l o ..............................................................................................365

7. A T o r c u a t o ........................................................................................369

8. A C e n s o r i n o .....................................................................................373

9. A L o l i o .............................................................................................. 377

10. A L ig u r in o .........................................................................................383

11. A F i l i s ..................................................................................................385

12. A V i r g i l i o ......................................................................................... 389

13. Contra L i c e ......................................................................................393

14. A A u g u s t o ......................................................................................... 397

15. A A u g u s t o ......................................................................................... 403

477
EPODOS

I. A M e c e n a s ...................................................................... 409

II. Elogio de la V ida C a m p e stre ...................................... 413

III. A M e c e n a s ...................................................................... 419

IV. C ontra un l i b e r t o ......................................................... 421

V. C ontra C a n id ia .............................................................. 423

V I. C ontra un lib e lis ta ..................................................... 431


V II. A los R o m a n o s ............................................................. 433
IX. A M e c e n a s ...................................................................... 435
X. Contra M e v io ................................................................. 439
X I. A P e t i o .......................................................................... 441
X III. A sus a m ig o s .................................................................. 445
XIV . A M e c e n a s ...................................................................... 447
XV. Contra N e e r a .................................................................. 449
XVI. A los R o m a n o s .............................................................. 451
X V II. Contra C a n id ia .............................................................. 457

C A N T O S E C U L A R ...............................................465

478
Acabóse de im prim ir el día 30
de abril de I960, en los T a ­
lleres de la Editorial Jus, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero. M éxico 3, D. F.
El tiro fue de 3,000 ejemplares
en Olmeca de 36 K . y 200, n u ­
merados, en Córsican de 52 K .

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