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LA CONSTRUCCIÓN DE LO REAL POR EL PSICOLOGO

Epistemología Y Métodos En Ciencias Humanas

Christiane Gillieron

CAPITULO 1.

La aproximación científica

La psicología científica "se distingue de la psicología filosófica no sólo


por su objeto sino también por su método que es, esencialmente, la de
las demás ciencias: consiste en someter hipótesis a la prueba de
hechos establecidos objetivamente, es decir de una manera al que
puedan ser verificados por cualquier observador que sepa el manejo
de las técnicas que sirvieron para establecerlos". Reuchlin, 1967, p.5.

"Los psicólogos estudian su materia de una manera muy semejante a


la de los demás científicos. Hacen observaciones precisas y
experimentan. Incluso si sucede que SIL objeto de estudio sea otro'
ser humano, el psicólogo debe tratar ese ser humano objetivamente,
de la misma manera en que los físicos, los químicos y los biólogos
tratan su objeto de estudio. En lo que concierne a la ciencia
psicológica, el hecho de que su objeto de estudio sea' frecuentemente
el ser humano no significa ninguna diferencia. Las reglas de
objetividad válidas en la ciencia, siempre se aplican”.1 Lewis, 1963,
p.12.

Estas dos citas, escogidas entre decenas de otras semejantes en su


espíritu, expresan la convicción de que la psicología se volvió científica
porque los psicólogos adoptaron cierta manera de proceder. Al
someterse a las reglas del "método científico", permitieron que su
disciplina" se constituyera como ciencia. Pero, ¿qué es una ciencia?

LA CONSTRUCTION DU REEL CHEZ LE PSYCHOLOGUE, Epistémologie et méthodes en sciences
humaines, Meter Lang, Berna, 1985. Traducción: ANTHONY SAMPSON, Prof. Escuela de Psicología,
Universidad del Valle; documento universitario.
1
“Psychologists study their subject matter in very much the same fashion that other scientists study their
subject matter. They make precise observations and they conduct experiments. Even though the object of
study may be another human, the psychologist must treat this human objectively, in the same fashion that
physicists, chemists, and biologists treat their subject matter. As far as the science of psychology is
concerned, the fact that its subject matter is frequently the human being makes no difference. The science-
wide rules of objectivity and precise measuremente still apply”.
¿Qué es ese método? ¿Es verdaderamente específico el conocimiento
científico? ¿Realmente existe un conjunto de reglas que pueda
.proporcionar al investigador la garantía de que "hace ciencia"? Al
lector tentado de creer que un manual de metodología consiste en una
recopilación de recetas necesarias y suficientes para garantizar la
cientificidad de una investigación, conviene precisarle de entrada que
este no es el caso.

El concepto mismo de ciencia ha evolucionado. Los métodos de


investigación se han modificado, tanto en la historia como en función
de su objeto de estudio. Las controversias muestran que no existe
ningún criterio absoluto de acceptabilidad científica. La epistemología,
es decir el estudio crítico de la construcción de los conocimientos, ha
sido reconocida progresivamente como esencial para los practicantes
de la investigación, por razones que vamos a ver.

Esta preocupación de orden filosófico puede parecer asombrosa en el


contexto contemporáneo. ¿No se ha convertido el término de ciencia
para muchos en equivalente de verdad? En nuestros días, el poder de
limpieza de un detergente es "demostrado científicamente", y es una
de las condiciones de su fiabilidad. De la misma manera la eficacia de'
una cera, las virtudes soporíficas de un somnífero, las calidades
dietéticas o nutritivas de una harina, la superioridad de un·material son
demostradas científicamente y·por tanto según se cree indubitables. El
prestigio de la etiqueta científica no se limita a la publicidad comercial.
En todos los dominios de la actividad humana, un hecho no es
reconocido, aceptado, reivindicado y utilizado si no puede ser
bautizado "científico". De ello resulta una valorización absoluta del
conocimiento científico. No sólo es visto como el único verdadero, sino
que lo es por sí mismo. Sería puramente objetivo. No dependería ni
del lugar, ni de la época, ni de un sujeto. No obstante, si el hombre de
la calle (que puede ser usted o yo) atribuye al científico (que puede ser
también usted o yo) un conocimiento verdadero, éste, por su parte, no
puede dejarse engañar por la misma ilusión. Ciertamente, el científico
preconiza la utilización de técnicas particulares, elige métodos y
rechaza otros, pero intenta ante todo medir su alcance. Lejos de
considerar como inmutables sus teorías y sus instrumentos, reconoce
su relatividad y su fragilidad. Admite 'que sus saberes son solidarios
con el contexto que los permitió y con la historia que los fabricó.
"Hacer ciencia" implica, entonces, una doble actividad: construir los
hechos que constituyen el objeto de esta ciencia, y reflexionar sobre el
procedimiento de construcción de estos hechos. La reflexión crítica
sobre las actividades cognitivas no es, claro está, del mismo orden, no
es llevada a cabo en los mismos términos que la reflexión crítica sobre
los hechos mismos. No obstante, la una y la otra son racionales, y se
sostienen mutuamente. Al iniciarse en una, disciplina que se llama
científica, no hay que temer ser confrontado de entrada a una
pregunta que le subyace:

¿EXISTE UN METODO CIENTIFICO?

La respuesta inductivista

Sí, existe un método, un canon. La investigación científica ideal


procede por etapas bien definidas, que parecen evidentes. Esto es lo
sostienen los inductivistas, y la imagen que proporcionan de este
procedimiento, en efecto, parece imponerse naturalmente.

La observación neutra y paciente constituye la primera etapa de este


programa. El sol se levantó ayer. Esta cereza cayó del árbol
verticalmente desde el punto donde estaba adherida a la rama. El Sr.
Jourdain murió a los ochenta y nueve años. Esta piedra rueda, esta
leña flota en este estanque. Tantos "hechos" que cualquiera presente
en el buen momento está en condiciones de comprobar. Ahora bien, la
ciencia se construye a partir de hechos, y la primera tarea del científico
es la constituir su catálogo. Hay que observar. Las observaciones
deben ser neutras, exhaustivas, verificables.

Neutras, porque el científico registra sin tener opinión a priori, y no


hace más que informar verbalmente lo que sus órganos de los
sentidos, o instrumentos que los prolongan, le han enseñado.
Exhaustivas, porque no se da ningún criterio para elegir entre lo que
ve, oye, siente. Procede sin evaluar, sin privilegiar, sin seleccionar.
Veriticables, porque todo ser humano normalmente constituido puede,
ha podido, podría o hubiera podido comprobar la misma cosa.

Pero la ciencia no se interesa en los acontecimientos particulares,


pretende enunciar leyes. A partir de este primer catálogo de hechos
únicos y yuxtapuestos, ahora habrá que constituir un segundo, un
catálogo ordenado en el cual los hechos serán tomados de nuevo,
reagrupados, sistematizados. Ya no figurarán aquí proposiciones
singulares, sino proposiciones universales. En otros términos, la
segunda etapa consiste en una clasificación e implica un pasaje de lo
particular a lo general. Se habla de la fase de generalización y de
elaboración de leyes. Las manzanas caen, y no sólo las manazanas,
sino las peras, las tejas, los alpinistas. Los corchos, los barcos flotan:
las monedas de un franco, de dos francos ruedan... Al observar las
características de cada acontecimiento, el científico está en
condiciones de reagrupar ciertos hechos y de definir clases de hechos.

A medida que se acrecienta el número de observaciones, el análisis y


el trabajo de elaboración racional permitirán clasificaciones más,
complejas, pondrán en evidencia relaciones más generales. Partiendo
del hecho singular de que el Sr. Jourdain murió a los ochenta y nueve
años, y juntándolo con muchos otros hechos del mismo orden -la Sra.
Jourdain murió a los setenta; Euripedes a los setenta y cuatro; San
Luis a los cincuenta y seis; Mozart a los treinta y cinco el 'investigador
podrá decir que la duración de la vida humana es de ciento diez años,
o que el promedio de edad es de sesenta años. Al comparar este
hecho general con otros (la ley que define el promedio de la edad de
los gatos, de los colibríes o de los colibacilos), logrará, ¿quién sabe?,
establecer una relación entre la esperanza de vida y...¡ el número de
patas! Sin embargo, las leyes, por complejas que sean, son el fruto de
la mera elaboración "lógica". Si las observaciones recogidas en el
primer tiempo son exhaustivas, como deben serIo, las leyes surgirán
naturalmente de la comparación, de las coincidencias, de la lectura
racional.

Una tercera fase, finalmente, se impone al investigador. En la medida


en que las relaciones que él erige en leyes son válidas, deberá poder
predecir con el fin de verificar. Si es verdad que todo cuerpo hundido
en un líquido experimenta de parte de éste un empuje vertical igual al
peso del volumen del líquido desplazado, entonces se puede,
conociendo la densidad del aceite y el volumen de una aceituna, saber
exactamente la fuerza del empuje que se ejerce sobre él. Si es verdad
que, para recaer sobre sus patas, los gatos se sirven de Su cola como
medio de equilibrio, entonces los gatos de la isla de Man no deberían
recaer sobre sus patas. Si es verdad que el consumidor es atraído por
el precio de una mercancía más que por sus cualidades intrínsecas,
entonces se puede prever que al aumentar el precio de una aspiradora
no vendida, se encontrará un comprador.

Así como la fase de generalización, la fase de predicción consiste en


un trabajo puramente lógico. A partir de leyes y de la descripción de
las condiciones de partida, es posible deducir lo que se debería
observar. En cierto sentido, las predicciones se imponen, son vueltas
necesarias por la verdad de las dos premisas. No dependen sino de
ellas, cuya consecuencia son. La predicción es intrínsecamente
deductiva: si tal leyes verdad y si tal condición se cumple, entonces
debería producirse tal fenómeno.. .La predicción en sí se convierte en
instrumento de validación. Cuando una previsión se cumple, ella
justifica las dos premisas de las que depende, y en particular la
primera, lo que resulta crucial. En efecto, mientras que las condiciones
de partida son contingentes, les leyes supuestamente corresponden a
una realidad universal. En otros términos, según si las observaciones
subsiguientes son o no compatibles con sus predicciones, el
investigador, podrá seguir confiando en estas leyes los hechos habrán
confirmado la teoría o al contrario deberá volver a considerar la
cuestión. Cuando los hechos no responden a su espera, al menos una
de las premisas era falsa. Según el caso, se impugnarán las leyes
puestas a prueba, o, menos dramáticamente, se volverá a examinar la
descripción de las condiciones de partida. Es esto lo que se producirá
cuando, por ejemplo, un niño con ojos oscuros nace de dos padres
con ojos azules. En lugar de revisar las leyes mendelianas., se
concluirá que al menos uno de los padres no tema ojos azules...

La versión inductivista pasó mucho tiempo por una descripción


adecuada. Porque las nociones de rigor, de neutralidad, de
objetividad, de prueba que le son asociadas parecían características
esenciales de “la ciencia, la descripción inductivista fue erróneamente
reconocida como un modelo, aceptado como una norma. No obstante,
incluso en calidad de descripción ideal, es decir irreal, el inductivismo
ya no es actualmente justificable. Puede y debe comprenderse
históricamente como el producto de la toma de conciencia y del
esfuerzo de codificación que culminaron en el siglo xix, pero entonces
eran solidarios de toda una visión del mundo. David hume, entre otros,
admita que la ciencia esta basada en la inducción. Sin embargo, para
el el inductivismo era una descripción y no una prescripción. Ya en
1739, el formulo, en su tratado de la naturaleza humana, lo que se
llama el problema de la inducción que a continuación vamos a
examinar. Allí reconoció que la ciencia no es justificable
racionalmente. No obstante, incluso no fundada, el la estudiaba de
todos modos, porque es una de las actividades humanas importantes,
y por esta razón permite conocer mejor la naturaleza humana. John
Stuart Mill, conocido por su Sistema de Lógica, era también y ante
todo un humanista defensor de la libertad. Era inductivista cuando
hablaba de las reglas de investigación empírica y de sus cuatro
famosos métodos (diferencia, concordancia, variaciones
concomitantes, residuos). Pero el sistema lógico que él describía no
'estaba destinado en ningún caso a servir de referencia práctica. La
educación que MilI preconizaba, pluralista y humanista, estaba' en
contra de un entrenamiento dogmático en la racionalidad. . Como Io
recuerda Feyerabend (1978, pp.20 y 48n), es su tratado sobre la
libertad lo que hay que leer para comprender la actitud de Mill frente a
la investigación. Al considerar hoy en día como preceptos
metodológicos las descripciones inductivistas, .separadas del contexto
que las motivó, se las volvería estériles y peligrosas. En lugar de
esclarecer y guiar, la fábula inductivista extravía.

Las críticas que se han podido formular a su respecto son múltiples.


Argumentos lógicos aparecerán a continuación. Los argumentos
psicológicos en cuanto a ellos, se desarrollan principalmente en torno
a la noción de observación. Ninguna observación es neutra ni
exhaustiva. Toda percepción ya depende de una espera y de una
interpretación: con mayor razón, la definición de los acontecimientos la
delimitación de las observaciones imponen la necesidad de escoger.
Cada vez más Be reconoce que la observación no es independiente
del observador, sino que, al contrario, es altamente selectiva,
defoffi1ante, cargada con todo un pasado. En lugar de, negar la
importancia del sujeto, o de ignorarlo, los investigadores deben más
bien reconocerla para acercarse mejor al objeto. Se vuelven así
epistemólogos, y al mismo tiempo dependientes de la psicología. Pues
es al conocerse, al evaluar sus prejuicios, su limitaciones, al estudiar
sus propias maneras de observar como el científico podrá evitarlos lo
mejor. En el plano de los métodos, se ve que la psicología, después
de haber imitado largo tiempo sus hermanas mayores que admira, las
ciencias naturales, está en condiciones de ayudarlas a reformular sus
problemas.
Crítica lógica del inductivismo

Al calificar de lógica la segunda fase del programa inductivista, he


procedido imprudentemente. En efecto, el procedimiento que consiste
en pasar de lo particular a lo general, y que precisamente se llama la
inducción, no es formalmente válida. El problema de la inducción,
planteado por Hume y que el lector habrá presentido, puede ilustrarse
como sigue.

Antes de emprender costosas siembras, los primeros cultivadores


observan y degustan. Numerosas degustaciones de manzanas les
convencen, y deciden cultivar manzanos, para su deleite y el de sus
descendientes. Más tarde, escriben un tratado de botánica
(desgraciadamente perdido después), en el que enseñan que las
manzanas son agradables de comer. A partir de n observaciones,
todas de que la forma "esta manzana es buena", nuestros ancestros
parecen luego haber generalizado y concluido que "todas las
manzanas son buenas". Sin embargo, la operación era arriesgada,
puesto que bastaba con que se encontrara una manzana que no
estaba buena para invalidar esta ley. La simple posibilidad de
semejante acontecimiento indica que la conclusión no es
necesariamente verdadera.

Una manera de salvar la situación, lógicamente hablando, sería la de


decretar que por definición las manzanas son buenas. Si tal x no está
buena, entonces no es una manzana. Pero prácticamente subsiste la
dificultad mayor de ligar la Manzana, entidad teórica, a una realidad. Si
tal fruta, que parece en todos los puntos a una manzana, es insípida o
mala, ¿a qué sirve decir que no merece el nombre de manzana? Lo
que habría que tener es una certeza empírica y, en presencia de -un
objeto x que se parece a una manzana, poder decidir de otro modo
distinto a la degustación de que se trata efectivamente de una
manzana.

Consideremos ahora un metodólogo que escudriña ese manual


olvidado de botánica. Parte del principio de que la inducción es
posible, y se fija la meta de definir en qué condiciones. Al examinar el
procedimiento de sus antepasados, comprueba que en ciertos casos
las generalizaciones parecen posibles. Así, le parece permisible
inducir la ley "cada grano reproduce una planta de la misma especie
que aquella de la cual proviene", pero otras inferencias, en cambio, le
parecen viciosas. Preocupado por la idea de validez, intenta precisar
lo mejor posible en qué circunstancias la inducción es posible. En la
medida en que concluye, se encuentra en uno de los dos casos
siguientes:

a.) Ha identificado condiciones definidas al comparar las situaciones.


Ha formado criterios, se ha dado una lista de características que
permiten formar la clase de inducciones válidas. Por tanto, ha
generalizado a partir de lo particular. Ha utilizado la inducción para
validar la inducción, lo cual es un razonamiento circular.

b.) El tenía una idea a priori de lo que es válido y lo que no lo es.


Habría podido, por ejemplo, partir del principio de que es lógico
únicamente lo que es necesariamente verdadero (ef supra). En ese
caso, no habría utilizado la inducción y proporcionaría un contra-
ejemplo suficiente para invalidar el model inductivista.

Si quiere evitar la situación incómoda del caso a.), al mismo tiempo


que saca provecho de la lección que le enseña su empresa, él debe
revisar sus normas metodológicas y admitir que debe partir de ideas a
priori. Sólo permanece entonces, en su lista de prescripciones, lo que
corresponde de la tercera fase del programa inductivista, es decir la
fase de validación. Esta, al menos, es la respuesta del racionalismo
crítico y de Karl Popper.

El racionalismo critico

Partiendo de la ley enunciada a priori de que todas las manzanas son


buenas para comer, es posible probar el valor de esta afirmación
confrontándola con la realidad. Sin embargo, no todas las
observaciones tienen el mismo peso. La inspección de miles de
manzanas sabrosas, en el mejor de los casos, puede reforzar la
creencia de partida. En cambio, bastará con una desafortunada
manzana ácida para quebrantada. Una única comprobación puede
cuestionar la teoría. Nos damos cuenta, entonces, de que el único
conocimiento certero es el que procede del error. Una proposición
puede ser evaluada con certeza cuando es falsa pero no cuando es
verdadera. Una ley no puede ser verdadera sino provisionalmente, es
falsa en espera de su condena. De ahí se sigue que, más bien que
pretender la confirmación de la idea de partida, lógicamente habría
que buscar los casos que la invalidan. Esto es lo que preconizan
Popper (1935) y los partidarios del racionalismo crítico.

El procedimiento científico, según él racionalismo crítico, se


caracteriza, por tanto, por la búsqueda de la desmentida. Una
disciplina es científica cuando se da los medios para falsificar una
hipótesis. El método científico, y siempre se trata de una norma, de un
ideal, consiste en crear las condiciones materiales que permiten
contradecir una hipótesis a priori. Debemos, entonces,
necesariamente distinguir dos estadios en el proceso de investigación,
que se pueden llamar la fase de descubrimiento y la fase de
justificación. La primera es la que culmina en la formulación de la
hipótesis. Esta no se deja codificar, es dependiente de la "psicología"
del investigador. En efecto, ¿cómo estipular fórmulas para crear lo
nuevo? No existe ningún procedimiento que conduzca infaliblemente a
la invención, a la originalidad, que garantice que se desembocará en
una hipótesis plausible2.

En cambio, la fase de justificación se deja tematizar. Es ella la que


permite calificar una investigación. Es por la manera como es
conducida como puede juzgarse el carácter científico de una teoría, de
una disciplina, de un conocimiento.

Como se ve, el relato falsificacionista reposa sobre una base, ante


todo, lógica. Desde este punto de vista, indudablemente es más
satisfactorio que la respuesta inductivista. Sin embargo, es imposible
dejar de observar que la imagen del proceso de investigación que
intenta acreditar es paradójica. Parecería que al intentar definir un
método válido, se pretendería acrecentar la confianza en el
conocimiento que este método permite construir. Empero, es lo
contrario lo que en este caso se produce, ya que somos llevados a
preconizar la destrucción de las hipótesis. Por lo demás,
interrogaciones de carácter más psicológico no faltan. ¿Es
verdaderamente posible separar radicalmente una fase de
descubrimiento intuitivo, irracional, impenetrable, privado - y una fase
de validación sistemática, clara, bien formulada, pública? ¿Un
separación tan tajante, no desempeñaría la misma función,
2
Esta es, claro está, una de las condiciones previas para toda hipótesis sometida al proceso de verificación: es
preciso que no esté invalidada desde le principio por lo que ya se conoce.
tranquilizadora y falaz, que el mito de la neutralidad de la observación?
En lugar de buscar otra respuesta a la pregunta que abría este
capítulo, más bien vamos a examinar algunas de las razones que nos
inducen a rechazar la pregunta tal como ha sido formulada.

El rechazo de la pregunta

Una persona bien intencionada puede reconocer en las dos


descripciones que acabo de hacer algunos aspectos que le parecen
esenciales, y considerar que valdría la pena perseverar en la dirección
que ellas indican. Podría sospechar que el rechazo de la pregunta no
es sino una evitación, una manera fácil de ahorrarse el trabajo de una
reflexión profundizada. Al situar el problema en un contexto
psicológico, yo quisiera desplazar la pregunta y no evitada.
Comenceré, por ello, por explícitar algunos principios que aparecerán
de diversas maneras a lo largo de esta obra.

Después de haber citado en exergo a dos psicólogos, daré la palabra


a un biólogo, para mostrar que los primeros no son los únicos que
tienen esas creencias. Para Le Dantec (1912, p. 68), la ciencia “no
guarda ninguna huella de su origen humano: y [...] ella tiene, por
consiguiente, sea lo que sea lo que piensan la mayor parte de
[nuestros] contemporáneos, un valor absoluto. De hecho, sólo la
ciencia posee este valor".

¿Es semejante afirmación más que una mera opinión? Le Dantec no


sólo era un científico, sino un ser humano. Los científicos trabajan en
una época y en un medio particular es, con una función social
determinada. Tienen convicciones, más o menos próximas a las de
sus contemporáneos, y tienen una imagen de sí mismos, así como la
tiene de ellos la sociedad que los nutre. Ahora bien, una definición
explícita del método científico (que, observémoslo, por principio se
plantea como posible) contribuye a formar esta imagen y a transmitirla.
Me parece, pues, indispensable partir de un punto de vista opuesto al
de Le Dantec, para examinar la imagen del método científico, y
conjuntamente la del investigador que depende de la primera.

La imagen del método será necesariamente vaga, impresionista: se


trata de esbozar sus características esenciales desde el punto de vista
del sentido común. Para ello, me basaré en un análisis no formal y no
técnico de lila centena de definiciones dadas por un igual número de
estudiantes a inicios de su formación universitaria. La pregunta
planteada fue vaga: ¿qué evoca para usted el término de método
científico? Intente definirlo brevemente, y mencione los conceptos
principales asociados con 'esta expresión. A partir de un inventario de
términos aparecidos en las definiciones, y sin preocuparme por sus
frecuencias respectivas, reagrupé los conceptos en algunas familias y
reformulé lo que parecen ser las ideas claves. Obsérvese además
que, entre las respuestas entregadas, ninguna cuestionaba la tarea
misma, siendo la respuesta más prudente "no sé, tal vez podría decido
al final del año" (l). Otra persona anotó que el término de "científico" ha
sido puesto en cuestión hoy en día. No obstante, todas las demás
respuestas concurrían a trazar lila cierta imagen.

La idea dominante expresada fue que, para ser científica, una


disciplina no puede ser especulativa. Sus saberes no son teóricos o
abstractos, sino que hay una confrontación necesaria entre las ideas y
los hechos (lo que muestran términos como "concreto, objeto,
observable, real, hecho, confrontar, prueba, soporte"). Se desprende,
con mucha evidencia, que, si hay método científico, es "hipotético-
deductivo" y consiste en deducir a partir de premisas consecuencias
comprobables. Pero, también aparece que si se comprueba de esta
manera a las hipótesis es con el fin de comprobar que son verdaderas.
Los términos de "confirmar, verificar, verificable, verificación" están
exclusivamente ligados a los de "deducción, prueba". Nunca son
mencionados los términos de "falsificar, invalidar, rechazar, refutar", ni
siquiera "elegir". La prueba empírica por excelencia es la de la
experimentación (la física es citada en calidad de modelo), lo que
sugieren las palabras de "variables, criterios, controlador, mantener
constante, hacer variar, comparar, grupos experimentales,
operacionalizar, disociar los factores, manipular", y claro está,
"experimentar, experiencia". La idea de instrumentos específicos y de
técnicas puede estar ocasionalmente asociada con ellas ("aparataje,
técnicas, estadísticas, laboratorio, instrumentos, pruebas"), así como
la cuantificación precisa ("cifras, cuantificación, medida, precisión,
porcentajes"). El concepto de reproducibilidad resulta importante
("regularidad, cualquiera, repetir, volver a hallar los mismos
resultados"). La lógica no desempeña un papel unívoco. Claro está, se
encuentra la idea de procedimiento coherente, de organización
("etapas, rigor, reglas, racional, infalible, correcto"), pero la lógica,
porque es abstracta, es sospechosa. El sistema normativo que
constituye a veces puede ser visto corno incompatible con las
exigencias de la validación empírica. Se verifica, pero "no de manera
teórica". ¿Podría la coherencia formal eventualmente desembocar en
contradicciones con lo real? Una última serie de observaciones tiene
que ver con la subjetividad y con la persona del científico: "frialdad,
anular su persona, desprovisto de elementos personales, personalidad
no está en juego, punto de vista dejado de lado, no hay interferencias".

Desde el punto de vista mismo de las personas interrogadas, parece


entonces que la imagen de la ciencia está asociada con una imagen
del científico, lo que no me parece deber sorprender. Para poder
hablar de objetividad, hay que hablar de subjetividad. Pero se produce
el fenómeno notable de que la una está totalmente separada,
desolidarizada de la otra. El conocimiento es visto corno desde el
punto de vista de un supersujeto, quien podría decir, respecto a dos
descripciones, cuál es fiel a la realidad ("objetiva") y cuál corresponde
a una lectura, una percepción, una representación particular es
("subjetiva"). Se llega a pensar que, ya que todo individuo es un
ejemplar del género humano, le basta hacer abstracción de su
singularidad para producir un conocimiento que sería desencarnado,
absoluto y universal. Pero semejante conclusión proviene de la
confusión entre dos significaciones totalmente diferentes de la palabra
"subjetividad". La primera (subjetividad) se refiere a las idiosincrasias.
Juan es diferente de Jaime, por tanto comprenden el mundo de modo
diferente. La subjetividad1 de Juan le hace ver, conceptualizar,
describir un hecho de una manera que no es la que Jaime tendría, en
su propia subjetividad1. En el segundo sentido, la subjetividad remite a
la noción correlativa de objetividad y no puede comprenderse por fuera
de ella. Un "objeto" es un objeto para alguien, para un "sujeto" que se
puede llamar sujeto de conocimiento, o sujeto epistémico. En este
segundo sentido, el sujeto establece una diferencia entre lo que él
considera como exterior e independiente de él (el objeto), y lo que le
es propio. La objetividad es la norma de un sujeto, de un sujeto en el
segundo sentido, pero que se puede reconocer en cada ser humano
racional.

Cuando Le Dantec habla del valor absoluto de la ciencia, habla de una


ciencia no subjetiva, lo que plantea un problema epistemológico
fundamental3: ¿cómo puede la objetividad volverse autónoma, o qué
es lo que permite que sea posible?

En cambio, cuando los estudiantes arriba citados preconizan la


objetividad, entienden el antónimo de la subjetividad: para eliminar el
prejuicio, es preciso que el individuo se borre. La neutralidad exige que
el científico desaparezca, en cuanto individuo y en cuanto persona
susceptible de emociones, cargada de afectos. Para satisfacer a las
exigencias de la objetividad, el científico debe estar desprovisto de una
serie de atributos no contingente.

Efectivamente, parece que la tentativa de definir el método científico


procede de la misma necesidad que hace trazar un cierto retrato del
científico. Ella es objetiva, en el absoluto, no depende de un sujeto
epistémico. Esta es la tesis fundamental. Pero el sentido común no es
epistemólogo. Entonces, forma una cierta imagen de la ciencia,
objetiva independiente del investigador, por tanto de la sujetividad1.
Entonces basta con que el científico sea formado en cierto molde,
todos los científicos son intercambiables, para que se asegure la
validez de los conocimientos que producen. Este deslizamiento
semántica no es accidental. Es por no poder resolver el problema de la
objetividad (objeto sin sujeto) por lo que el sentido común crea
normas. Pero hay que examinar estas normas en su calidad de norma:
en cuantos productos de la actividad normalizante de la mente
humana.

La norma y el hecho

La consigna que impone definir el método científico es


fundamentalmente ambigua. Puede comprenderse corno una cuestión
de hecho (describir lo que hacen, cómo trabajan los profesionales de
la investigación), o como una cuestión de norma (qué es lo hay que
prescribir a un individuo que quiere hacer ciencia, qué modelo ideal
proporcionarle). Las dos cuestiones son diferentes, pero no
independientes la una de la otra. El vínculo que las une me parece
análogo a aquel que existe entre la psicología del pensamiento y la
lógica, y que constituye un pivote de la teoría epistemológica de
Piaget. El psicólogo "pinta a los hombres tal como piensan, [el lógico],
tal como deberían pensar" (Gréco, 1966, p.53). "La lógica es una
3
Remitimos el lector al ensayo de Borel (1978) para una discusión más profunda de la noción de sujeto.
axiomática de la razón cuya ciencia experimental correspondiente es
la psicología de la inteligencia" (Piaget, 1947, p. 37). "La lógica no
tiene que recurrir a la psicología [...]. Inversamente, sería absurdo
invocar la lógica para zanjar una cuestión concerniente a la
experiencia, tal como la del mecanismo real de la inteligencia" (ibid.,
p.40). Lógica y psicología son dos disciplinas autónomas, pero ligadas
por su objeto de estudio. Son solidarias, en el sentido en que la lógica
es el producto de un pensamiento, la del lógico. Piaget considera la
lógica, en cuanto disciplina formal, como un esquema depurado y
abstracto, es decir, en el sentido propio, como el residuo de una
abstracción: "Es imposible disociar esta lógica de su propia
construcción y de su propia historia: lo que axioma tiza a la lógica
formal, es pues una cierta actividad del sujeto, a comenzar por la del
sujeto lógico quien inventa intuitivamente sus sistemas antes de poder
formalizados" (Piaget, 1967, p.383). La lógica constituye, por tanto, un
sistema normativo, pero un sistema que evoluciona y que, en su;
estado actual, es él mismo el producto de una construcción. Para
comprender esta construcción, el método histórico-crítico y el estudio
de la psicogénesis son esenciales. Toda la empresa de Piaget parte
de este postulado de una ligazón entre lo "genético" y lo normativo.

Cuando un niño de cinco años sopesa su maletín y el de su hermano,


y comprueba que pesan lo mismo, luego hace lo mismo con el maletín
de su hermano y el de su primo, comprobando de nuevo que pesan
igual, él no va a concluir, no obstante, que su propio maletín y el de su
primo pesan lo mismo. Para pronunciarse, tendrá quehacer la
comparación. En cambio, a un niño de ocho años o a un adulto,
semejante equivalencia parecerá evidente. El sentimiento de evidencia
que acompaña a la inferencia transitiva muestra que esta constituye,
para el sujeto, una verdadera norma. Sin embargo, esta no existía al
principio. No aparecía en el niño menor. El pequeño no se asombraría
de comprobar que su maletín pesa más que el de su primo. La
transitividad no tiene nada de normal para él. Se dirá que la
transitividad constituye un hecho normativo, es decir algo que para el
psicólogo es un hecho pero que para el sujeto se convierte en una
norma. La psicología de la inteligencia estudia la génesis de tales
hechos normativos.

Los vínculos entre la lógica, discurso normativo, y la psicología de la


inteligencia que estudia los hechos normativos, me parecen
esclarecedores para nuestro propósito. Se puede establecer por
analogía un vínculo de principio entre una metodología, normativa, y
una psicología de la ciencia que estudiaría la evolución de las
conductas científicas. Con la salvedad de que mientras la lógica e
incluso la psicología de la inteligencia tienen un pasado venerable, en
el momento actual faltan, tanto estudios genéticos que trazarían la
evolución de las normas de acción, como una axiomática del
descubrimiento. Es más, los estudios psicológicos que toman por
objeto no el razonamiento abstracto, sino el funcionamiento de la
inteligencia, sólo están en sus inicios. En el punto en que nos
encontramos, dos actitudes son posibles. La primera consiste en
reducir la metodología a la lógica, separando radicalmente la
descripción normativa de toda consideración de los hechos. Esta es la
actitud de Popper y de sus epígonos. La segunda consiste en rechazar
semejante reducción, vista la pobreza de los estudios existentes -
histórico-críticos igual que psicológicos - y en estudiar los hechos por
ellos mismos, renunciando, al menos provisionalmente, a toda
prescripción normativa. Para quien tiene confianza en el programa de
la epistemología genética, es esta última actitud la que aparecerá
como la más razonable. En esta perspectiva, el rechazo de
preguntarse si existe un método científico (lo que arriba llamamos el
"rechazo de la pregunta"), lejos de constituir una resignada
comprobación de impotencia, es al contrario una invitación a la
investigación, y particularmente a la investigación psicológica. No es
de asombrarse que sea hacia el estudio de los hechos de la ciencia
que se inclina actualmente el interés4.

.
CONOCIMIENTO COMUN y CONOCIMIENTO CIENTIFICO

La renuncia a una norma metodológica absoluta no debe llevar a


olvidar que si la idea de método ha adquirido semejante importancia
es porque la mente humana tiene razones para desconfiar de sí
misma. La búsqueda de un conocimiento válido no se hace sin pena ni
sin rodeos. "Cuando se investigan las condiciones psicológicas del
progreso de la ciencia, se llega muy pronto a la convicción de que hay
que plantear el problema del conocimiento científico en términos de
obstáculos [...] es en el acto mismo de conocer, íntimamente, donde
4
Véase por ejemplo Mahoney (1976). Grmek (1981) presenta un alegato convincente para una aproximación
menos religiosa de la historia de las ciencias.
aparecen, por una especie de necesidad funcional, los
entorpecimientos y las confusiones" (Bachelard, 1970, p. B, [p.15, en
español). Es preciso, por tanto, recalcar la diferencia entre El Método,
ideal y mítico, y los métodos o técnicas que permiten afrontar o
contornear lo que Bachelard llama obstáculos episternológicos.

La construcción de un conocimiento nuevo se hace en detrimento de


lo que se creía conocer. La idea de viraje, de ruptura es inseparable
de la idea de progreso, porque la mente nunca está vacía: "Mas frente
al misterio de lo real el alma no puede, por decreto, tomarse ingenua.
Es entonces imposible hacer, de golpe, tabla rasa de los
conocimientos usuales. Frente a lo real, lo que cree saberse
claramente ofusca lo que debiera saberse" (Bachelard, ibid., p.14,
[p.16]).La experiencia primera, la intuición, la evidencia de los sentidos
constituyen igual numero de obstáculos contra los cuales es preciso
precaverse. Homo scientificus prepara para estos efectos un arsenal
de métodos, ninguno de los cuales puede satisfacerle absolutamente,
y que son la marca de cierta aproximación. Lo que podría distinguir el
conocimiento común del conocimiento scientífico es la búsqueda
sistemática del rodeo, el cuestionamiento de sus propias convicciones.
Pero no hay que olvidar que el niño ya es capaz de cuestionarse, y
que él también desarrolla sus conocimientos en contra de lo que creía.

Dos ejemplos de ruptura

Primero tomemos el caso de las flechas de Muller-Lyer o del abanico


de Hering (fig. 1). Cuando se pide a un niño de ocho años que
compare el largo de los segmentos a y b, responderá, naturalmente,
que a es más grande que b. Cuando se le pide que justifique su
respuesta, dirá, como usted y yo, que eso se ve. Pero, invitado a
verificaIl si efectivamente es así o a mostrar que tiene la razón,
buscará los medios para hacerla, es decir se dará rodeos. Tomará por
ejemplo una hoja de papel sobre la cual trazará dos puntos de
referencia y la aplicará al segundo segmento. O doblará el dibujo para
mirar a través de la hoja. O pedirá un metro. Incluso quizás, una vez
comprobado, para su mayor asombro, que los largos no eran lo que él
creía, procederá a varios tipos de control. De manera similar, para
concluir respecto a la forma de los segmentos e y d, no se contentará
ya con "mirar", sino que buscará técnicas de ayuda: colocar una regla,
el lomo de un libro, si es necesario dibujar primero dos líneas rectas, y
enseguida el abanico. El también terminará por concluir que sus ojos
lo engañan de manera inexplicable pero indudable.

Las ilusiones perceptivas conducen al fenómeno interesante de que el


individuo está convencido, frente a los dos términos contradictorios de
una alternativa, que uno es más justo que otro. En vez de creer sus
ojos, elige los métodos indirectos que le muestran lo contrario. Pero no
es meramente la percepción que puede ser ilusoria. El conocimiento
común está constituido de intuiciones, de saberes sueltos de los que
no se puede decir de dónde vienen, pero en los cuales se confía a
menos de tener buenas razones para dudar de ellos. La figura 2 ilustra
otro ejemplo.

¿Si tuviera usted que elegir entre las tres soluciones propuestas al
Iado derecho de la figura 2, cuál le parecería espontáneamente la más
justa? ¿No es la solución B muy pregnante? Sin embargo, en la
medida en que se le exige a usted una certeza, usted procederá a
alguna verificación. Los medios difieren según las personas: tomar un
palo, sostenerlo con una mano en la mitad y hacerlo deslizar con la
otra, experimentando su movimiento. Los que privilegian la vista
preferirán un dibujo, incluso una película. Los matemáticos calcularán
la curva… Pero en esto de nuevo, entre una solución intuitiva, y otra
más o menos elaborada, usted se sentirá autorizado a hacer una
elección, dicho en otros términos, a preferir una forma de evidencia en
detrimento de otra.

Sí todas las personas que usted encuentran ven, en la figura 1, el


segmento a más largo que el b; si todas piensan, en el problema de la
figura 2, que el centro del palo recorre el trayecto B; si cada cual ve el
sol levantarse por la mañana y acostarse por la tarde, ¿por qué sería
preferible decidir que, al contrario, los dos segmentos son iguales; que
el centro del palo recorre, en efecto, un arco de círculo, pero abierto
hacia abajo (solución C), y que es la tierra la que se acuesta y se
levanta respecto al sol? La respuesta no es simple. Lo que me limito a
destacar es que, en nuestras civilizaciones, el niño, a partir de cierta
edad, y el adulto están de acuerdo en preferir ciertas soluciones
indirectas, que ellos creen más justas, más objetivas.
Espontáneamente a veces les falta prudencia (y también tiempo). Pero
una vez comprometidos por su respuesta, una vez confrontados con la
pregunta" ¿Cómo lo sabe usted?" son capaces de darse cuenta de
que en el fondo saben mal y están dispuestos a buscar los medios
para conocer que estiman más apropiados.

El ser humano, desde que conoce, busca un conocimiento verdadero.


El "científico" no está dotado en esto de ninguna originalidad. Lo que lo
singulariza, en cambio, es su terquedad. Siempre vuelve, frente a un,
hecho, a la pregunta de cómo ese hecho fue construido, cuáles son
los intermediarios que condujeron a su conceptualización.

Saber, mostrar, transmitir, probar

La desconfianza respecto a los hechos invita a producir métodos,


técnicas que no sólo permitan convencerse a sí mismo sino que
también, y se trata del mismo proceso, hagan posible la confrontación.
Establecer un hecho es volverlo manifiesto a sí mismo e igualmente
accesible a otro. El rodeo permite la convicción íntima, también
permite la comunicación.

La percepción y la experiencia son privadas e intransmisibles. No


obstante, dos personas pueden comprenderse si ellas han percibido
en circunstancias análogas, vivido acontecimientos similares. Pueden,
en el sentido figurado, "compartir" una experiencia porque han
elaborado los mismos esquemas. Si degusto un vino y le encuentro un
sabor a corcho, puedo hacerme comprender de mi vecino, en la
medida en que él que ya tenga experiencia de vinos, que haya
degustado vinos bien conservados tanto como vinos acorchados.
Entonces, verosímilmente, él procederá a las mismas clasificaciones
que yo, y podrá reconocer la realidad a la cual mi observación remite,
porque él ha tenido la misma experiencia. Un amante de la pintura
sabrá identificar, entre las personas que se apean del tren, a aquella
que se le ha desquito como parecido a un retrato de Modigliani. Un
melómano puede formarse una imagen del sonido que produce un
instrumento desconocido del cual se le ha dicho que es entre clarinete
y gaita. Incluso privado, un hecho es comunicable, y lo es tanto más
cuanto que puede entrar en esquematismos diversos. Lo que conviene
contraponer, entonces, no .es tanto el carácter privado o público de un
conocimiento, sino más bien el aspecto primario o, al contrario,
articulado de la experiencia que lo constituye. Más numerosos serán
los rodeos, múltiples los discursos, más ricas las clasificaciones, y más
"científico" será su acercamiento. La universalidad de una
comprobación no constituye su valor, sino que su objetividad es
garantizada por las interrelaciones, las confirmaciones, los marcos, y
la teorización que concurren simultáneamente en la validación y en la
transmisibilidad de un hecho.

En una disciplina formal como la lógica, se demuestra para probar. A


partir de premisas reconocidas como verdaderas y operaciones
definidas, se encadenan las deducciones para establecer una
proposición. La verdad de esta proposición no depende sino de la
coherencia interna del sistema y de algunas "verdades" reconocidas
en el inicio, los axiomas, rara convencer a un interlocutor, es necesario
y es suficiente que este posea la misma habilidad para manejar las
reglas y que acepte las proposiciones de base. En las disciplinas
empíricas, en cambio, la noción de prueba es más delicada. Se prueba
(una hipótesis) mostrando (hechos). Ya no es la noción de rigor la que
es importante, sino la de convergencia, de congruencia. Una
proposición hipotética es corroborada por otras proposiciones
múltiples, cuyo valor de verdad es más fácil de establecer, sobre las
cuales el acuerdo puede obtenerse, y que pueden llamarse
proposiciones factuales. Se han creado situaciones, provocado
acontecimientos, .observado hechos. Pero estos hechos no existen en
su condición de hechos sino aprehendidos por la mente. Para
aprehenderlos, la mente las formula, los expresa por medio del
lenguaje. Es preciso por tanto comprender que una proposición nunca
es verificada por un hecho, sino por el enunciado de un hecho, y que,
en última instancia, la prueba empírica emerge ella también dentro de
un sistema de proposiciones. Con la salvedad de que, en lugar de un
encadenamiento deductivo, es la dinámica que el investigador instaura
entre antiguas proposiciones (teoría) y nuevas proposiciones
(comprobaciones), que le confirman en sus creencias. La adhesión de
un escéptico no se obtiene mediante la mera repetición de un cálculo:
hay que persuadirlo respecto al buen fundamento de la, selección
misma de las proposiciones teóricas y de las proposiciones factúales;
convencerlo respecto a su pertinencia así como de su verdad. El
problema de la elección resulta central para la validación empírica.

La ejemplificación y el muestreo
Se ha podido comparar la mente, incluso atenta, a un turista en una
ciudad extranjera, en medio de los indígenas cuya lengua no
comprende. Sólo observa los acontecimientos que le son accesibles.
Retiene los que capta, los que son significativos, y pasa de largo frente
a un mundo cuya existencia ni siquiera sospecha. Conoce únicamente
lo que puede reconocer. Pero hay que destacar otra de sus
particularidades que lo vuelve discriminativo incluso en un país
conocido. Dos acontecimientos tan familiares el uno como el otro no
tienen para él el mismo poder de captación si no están investidos del
mismo valor. Retiene lo que valoriza y desconoce lo que le deja
indiferente.

La mente no sólo es víctima de sus límites y de sus ignorancias. Elige,


y en conocimiento de causa. Conserva lo que le agrada y rechaza lo
que le parece desdeñable.

¿Quién, al dejar caer una rebanada de pan con mermelada, no ha


comprobado con amargura que otra vez ha caído con la mermelada
hacia abajo? ¿Quién lucha ha deplorado la propensión del directorio
telefónico personal a desaparecer justo cuando uno lo quiere
consultar; la del grifo a gotear cuando se quisiera dormir; las de las
linternas de bolsillo a apagarse en el momento en que se desea
usarlas? En cambio, somos menos inclinados a felicitamos por el
funcionamiento "normal" de las cosas. Cuando nos quedamos
dormidos sin pena, ¿hemos tenido el menor pensamiento del grifo que
no gotea?.. La lengua corriente marca la misma parcialidad: hablamos
de los semáforos en rojo que se encuentran en la esquina, de las
subidas de las gradas que hay que barrer, de los contratos de venta,
¡como si los semáforos nunca estuvieran en verde, como si las gradas
no bajaran también, como si la venta no supusiera la compra!
Entrevemos así que, entre los obstáculos epistemológicos, la
"selección natural" impone una vigilancia particular.

La confrontación empírica exige que se elijan entre la red enmarañada


de los fenómenos, los que se convertirán en hechos probantes; que se
recolecte un muestreo de la realidad que se quiere describir. Pero esa
recolección, ese muestreo presentan defectos notables cuando son
producidos por el sentido común. Deberían ser representativos del
mundo; de hecho dicen más de quien los hace. Todo sucede como si
el retrato se pareciera más al pintor que al modelo.
Un paseo de dos horas por una calle banal puede constituir una
demostración convincente de este estado de hechos, si es vivido de
un modo resueltamente ingenuo. Imaginemos que el Sr. Student5 haya
consentido a hacer la experiencia. Abierto a todo, deja su atención
detenerse un momento aquí, un momento allá. Nada preciso le ocupa,
todo puede atraerle. Sonidos, olores, colores, formas, tanto los objetos
como las personas lo conquistan por un instante. Escucha, mira,
olfatea, observa, se asombra. Se asombra a menudo y mucho. Echa
un vistazo a los automóviles: mire, este número de placa es
verdaderamente notable, es completamente simétrico, su propietario
debe acordarse de él fácilmente, Y este, ¡compuesto sólo de 1, de 3 y
de 5! En cuanto al tercero, es aún más extraño. Salvo una cifra, es el
número de teléfono del plomero... si todo va bien, vaya encontrar
ahora el del dentista. No, no es el dentista, es la hija del dentista la
que veo por allá; hablando del rey de Roma.. . Verdaderamente, hoy
es el día de las coincidencias. Y ese viejo de la barba blanca, lo
reconocí la segunda vez que me topé con él. ¡Ya van tres veces que lo
encuentro!... (...) Esta dama lleva la misma bufanda que regalé a K el
año pasado (...) Este perro se parece, como si fuera su hermano, al de
la portera (...) Este almacén de nuevo ha cambiado de propietario (...)
El Sr. Student anota una multitud de detalles que lo divierten, pero
sobre todo, las coincidencias que lo perturban, los hechos "raros" que
lo impresionan. Pero ¿son tan raros?

Los números de las placas de los autos ciertamente presentan


muchas veces "una característica particular". El Sr. Student habría
sido igualmente asombrado al hallar uno que forma una progresión
aritmética, o que puede leerse tanto hacia adelante como hacia atrás,
o que corresponde a una fecha célebre, al resultado de la ratería, al
precio de su nuevo televisor a colores. De hecho, ¿no sería más raro
encontrar una sucesión de cifras de la que no pudiera sacar
absolutamente nada? De la misma manera, conoce probablemente
más perros que el mero guaguá de la portera. Las probabilidades que
ese perro se parezca a uno cualquiera de los perros que él conoce no
son desdeñables, a menos, claro está, que ese perro sea
verdaderamente excepcional, pero en ese caso, también habría sido
observado. El caso del viejo encontrado tres veces es aun más
5
Quien no debe confundirse con su homónimo el estadístico, para quien, por lo demás, este nombre sólo era
un seudónimo.
interesante. Seguramente habrá evocado para Student el proverbio
"nunca dos sino tres". Nos encontramos aquí con un hecho, muy real,
que confirma una regla. Este hecho podría ser invocado para justificar
el buen sentido del proverbio; constituye un argumento empírico. Sin
embargo, para que sea verdaderamente probatorio, el incidente
debería ser relativizado. Su valor real no puede estimarse sino por
contraste. Habría que saber, cuando un acontecimiento poco frecuente
se ha producido dos veces, si tiene la tendencia o, no a producirse una
tercera vez.

Las notas tomadas por Student, desde cierto punto de vista, consisten
efectivamente en una descripción de lo que ocurrió. Sólo fueron
anotados los fenómenos que se presentaron a su vigilancia. No
obstante para que esas notas representen más que una simple
crónica, habría sido necesario que los acontecimientos narrados
fuesen puestos en perspectiva. Toda coincidencia, todo
acontecimiento son singulares, y pueden ser considerados en su
singularidad. Pero esta singularidad no halla una significación sino
confrontada con otras. Al ser único, un hecho no es forzosamente
excepcional. Desde otro punto de vista, las notas de Student son
reveladoras de él mismo. Son el testimonio de sus expectativas y de
sus sensibilidades. ¿No habría observado Student la simetría del
primer número por la misma razón por la que supone que el propietario
del vehículo debe acordarse fácilmente' de él? Un hecho no existe
solo; Cuando aparece, es porque la mirada lo aísla, la atención lo
privilegia. No es elocuente; es el sujeto quien es ventrílocuo. Un saber
no podría, por tanto, ser neutro, a menos de que el mismo sujeto logre
animar, sin discriminación, todas las figuras que se presentan ante el.
Para ser objetivo, tendrá que seleccionar los hechos de acuerdo con
los otros criterios que los que le son espontáneos. Entre los
instrumentos de ruptura, resulta que los métodos que permiten
delimitar las elecciones son esenciales. Veremos en el capitulo 2 que
los planos experimentales constituyen un método, entre otros, de
selección sistemática, y que las técnicas de muestreo utilizadas en el
caso de la observación desempeñan el mismo papel.

El muestreo puede definirse como una manera de seleccionar, entre el


conjunto de objetos y sujetos y acontecimientos que forman la
realidad, ejemplares típicos. A diferencia del ejemplo y de la
ilustración, aunque estos supuestamente muestran más que sí
mismos, el muestreo es representativo. Para probar que nunca hay
dos sino tres, Student podría contentarse con recopilar 'los casos
ejemplares, incluso si son numerosos. Actuaría así como hombre de la
calle. Si, al contrario, busca también contra-ejemplos; si contabiliza los
casos favorables y los casos desfavorables en un universo de
referencia que él delimita claramente, actúa como "científico".

Por lo demás, podría hacer aún mejor: insertar ese balance en una
teoría; mostrar que "nunca hay dos sino tres" es una consecuencia
previsible a partir de un cuerpo de conocimientos admitidos y
formalizados. Si lo lograra, la mayor parte de sus colegas admitirían
que él ha realmente explicado este hecho perturbador. Pero, en
últimas, ¿se trata en efecto de un hecho, o de una superstición?
Dejaremos al lector intrigado el cuidado de concluir, y lo' remitimos al
artículo de Solterer (1941)6.

6
Paul Mengal fue quien trajo a mi atención la existencia de este artículo.