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«La muerte de Mó nica Spear fue en vano: nada cambió »

Al cumplirse siete añ os del asesinato de la actriz y de Thomas Bery, el padre de su


hija, la periodista María Isoliett Iglesias, coautora de un libro sobre el crimen que
estremeció a Venezuela, asegura que la tragedia de la inseguridad ciudadana está igual
que aquella infausta noche del Día de Reyes.

Milagros Socorro

«De aquel Día de Reyes de 2014 a este nada ha cambiado. Absolutamente nada. Las
bandas siguen actuando en la misma carretera. La carretera sigue sin iluminació n, sin
reparació n de pavimento ni vigilancial policial. La inseguridad sigue galopante, en esa
carretera y en todos los confines del país, donde se ha registrado un ínfimo descenso
de la criminalidad, pero solo porque hasta los delincuentes han emigrado para huir
del hambre en Venezuela».
Este es el balance de la periodista María Isoliett Iglesias al ser consultada acerca del
asesinato de la actriz Mó nica Spear, quien había nacido en Maracaibo octubre en 1984,
y de su ex esposo Thomas Henry Berry, quienes fueron asesinados, en presencia de su
hija de cuatro añ os, quien resultó herida de bala en una pierna, la noche del 6 de enero
de 2014, cuando circulaban por la autopista Puerto Cabello-Valencia.
Iglesias es coautora, con Deivis Ramírez Miranda, del libro ‘Capítulo final: el
homicidio de Mó nica Spear’, publicado por la editorial Ediciones B, en Caracas, en
2015, con una reedició n aumentada al añ o siguiente, que incluyó el testimonio del
autor material del asesinato, Gerardo José Contreras Á lvarez (19), alias El gato.
María Isoliett Iglesias cubrió el caso como reportera de El Universal (de “el antiguo
Universal”, enfatiza) y al detectar inconsistencias en la investigació n policial
emprendió , con Ramírez Miranda, la pesquisa que resultaría en una publicació n que
llegó a agotar la edició n.
Mónica era demasiado querida, no podían ocultarlo
—Este caso fue emblemá tico -explica María Isoliett-. Ya traíamos, en Venezuela,
una situació n social, política y de inseguridad ciudadana muy aguda. Un contexto de
violencia ciudadana que el régimen chavista y luego madurista intentaban ocultar… y
entonces matan a Mó nica Spear y al padre de su hija en medio de un robo. El país
amaneció al día siguiente, el martes 7 de enero de 2014, con una noticia que generó
estupor en la sociedad y se convertiría en un hito en la historia criminal de Venezuela
por ese dolor e impotencia que produjo.
«La víctima era una miss Venezuela (2004), que se había convertido en actriz
reconocida, con logros importantes en la escena internacional y que, ademá s, era una
imagen muy bonita de Venezuela en el mundo. Spear era una figura pú blica que no
solo no se había visto involucrada en escá ndalos, sino que má s bien era conocida por
una sostenida labor social».
—Para ese momento -sigue la periodista- la inseguridad era una realidad que todo
el mundo conocía, pero ante la cual las autoridades se hacían de la vista gorda e
incluso trataban de censurar en los medios. Pero al empezar el añ o 2014, una
personalidad pú blica, que gozaba de especial afecto entre las masas, se convierte en
víctima de la violencia y entonces no pudo ocultarse un crimen que, ademá s, distaba
mucho de ser el primero. En nuestro libro no solo contamos contamos el homicidio de
los Spear-Berry, sino que también hicimos una recapitulació n de muchos casos
ocurridos allí y que no tuvieron difusió n. Pero lo sabía la policía, los ministerios
concernidos por la violencia ciudadana, así como las víctimas y sus familiares. Las
autoridades saben muy bien quiénes son y dó nde operan los criminales, los narcos y
los secuestradores; y la ciudadanía, que también lo sabe, sobre todo en los barrios,
vive en el terror que las bandas infunden y en el de denunciar sus tropelías por miedo
a las retaliaciones.
Si en este caso el régimen se dio por aludido fue porque la reacció n de la gente fue
demasiado intensa como para ser desconocida.
El añ o que acababa de terminar, el 2013, había arrojado, segú n cifras aportadas por
la ONG Observatorio Venezolano de la Violencia una cosecha de 24.763 homicidios,
(79 por cada cien mil habitantes), lo que equivale a 67 víctimas de asesinato por día:
tres por hora.
Una piedra en el camino
Al pedirle un resumen del orden de los sucesos, Iglesias explica que la familia
Spear-Berry venía de regreso de unas vacaciones por diversos lugares del país.
«Habían partido de Mérida, donde estuvieron luego de pasar por Barinas y Lara. Era
de noche. Los delincuentes, que eran seis, habían estado maquinando có mo salir a
robar. Necesitaban dinero para comprar droga. Ellos solían asaltar en zonas aledañ as
al barrio El Cambur, que queda en la carretera Puerto Cabello-Valencia, pero esa
noche decidieron irse a la autopista, donde pusieron piedras para que, aprovechando
la pésima iluminació n, los conductores tuvieran que detenerse. Pasó un primer carro,
que no frenó tras dar contra las piedras. El segundo carro fue el de los Spear-Berry».
En medio de la oscuridad y de los tumbos que dio el carro al chocar contra un
obstá culo que no habrá n visto sino hasta el ú ltimo instante, estallaron dos cauchos. El
vehículo rodó unos cien metros antes de detenerse. La tragedia avanzaba entre las
sombras.
—Ellos se pusieron a llamar al 171 para pedir auxilio, que no recibieron -dice María
Isoliett Iglesias-. Por fin pasó una grú a, que hacía un recorrido nocturno porque estas
situaciones eran costumbre. De acuerdo al testimonio de los asesinos, que recogimos
para nuestro libro, cuando ya el carro estaba enganchado a la grú a y lo estaban
levantando, llegaron los antisociales y dieron la voz de alto. Llegaron al carro y
robaron a sus ocupantes. La niñ a dormía en el asiento trasero. Cuando ya se retiraban,
el gruero disparó al aire. Entonces, alias El gato disparó en direcció n a la grú a. Los
Spear-Berry quedaron atrapados en la línea de fuego. El informe de balística, por
cierto, confirmaría la versió n de los delincuentes.
Rápido y como sea
El funeral de los dos jó venes (Spear tenía 29 añ os) se convirtió en un acto de masas.
La gente lloraba en las colas que se formaron para pasar delante los dos féretros y
contemplar “a la reina” en su ú ltima aparició n. Muchos periodistas venezolanos
fuimos comisionados por medios extranjeros para cubrir aquel evento luctuoso.
Tal fue el impacto de aquellos asesinatos que el régimen hizo algo del todo
excepcional. Maduro convocó a Henrique Capriles, entonces gobernador del estado
Miranda y la figura má s prominente de la oposició n, puesto que había enfrentado a
aquel en las elecciones de abril del añ o anterior, a una reunió n a la que serían
convidados los gobernadores y alcaldes de los 79 municipios con mayores índices de
criminalidad. Desde luego, el encuentro no pasó de una tramsmisió n televisiva en la
que Maduro se comprometió a adelantar un “cronograma de trabajo para combatir la
inseguridad”, cuya coordinació n recaería en el entonces ministro de Interior y Justicia,
Miguel Rodríguez Torres. Y con pasmosa celeridad, el Ministerio Pú blico anunció que
habían atrapado a los culpables y que en cuestió n de horas comparecerían ante los
tribunales.
—Fueron detenidas má s de 30 personas -asegura María Isoliett-. Tenían orden de
resolver el caso, rá pido y como fuera.
El crimen había trascendido a los noticieros del país y estaba en los de todo el
mundo, donde había quedado confirmado que Venezuela era uno de los países má s
peligrosos del orbe.
«Hubo operativos envolventes, hubo violaciones a los derechos humanos, hubo
detenciones de personas que no tenían nada que ver con los crímenes (tres de esas
personas inocentes quedaron detenidas y fueron asesinadas en la cá rcel); y sí,
también fueron detenidos seis hombres que sí estaban involucrados… pero faltaba el
autor material, que quedó libre y andaba por ahí, en el estado Lara, con una cédula
falsa. Al cumplirse un añ o del hecho, los periodistas volvimos sobre el caso y
recordamos que alias El gato estaba suelto. Habían dicho que el caso estaba resuelto y
era mentira. En Venezuela pasa mucho eso: las bandas tienen má s de doce personas,
pero las polícias atrapan a tres y anuncian que el grupo está desarticulado. Los
periodistas hicimos ruido, hubo un nuevo operativo y el asesino cayó », dice Iglesias.
El gato no le para a nada
El autor material del asesinato se llamaba Gerardo José Contreras. Era un
muchacho de aspecto atlético, cara alargada y ojos aguarapados. Al ser entrevistado
en la cá rcel de El Rodeo II, por Isoliett y Deivis Ramírez, habló con soltura de la
muerte de ‘Mó nica’, como aludía a su víctima, como si en vez de meterle una bala en el
corazó n hubiera jugago a las metras con ella y con el padre de su hija.
Narró , con léxico notable por su exigü idad, su infancia de maltratos y escasa
escolaridad, la presencia de un padre autoritario que no tardaría en marcar la milla.
Recordó a sus cuatros hermanos, también delincuentes, uno ya muerto, los otros tres
en la cana. Habló de sus primeros homicidios, siempre sin perder una sonrisa no
exenta de la gracia propia de la juventud. Ofreció detalles de sus tatuajes, posó para la
cá mara. Chévere, como, por cierto, decía la campañ a para estimular el turismo, que
adelantaba el entonces ministro Andrés Izarra, para promover la temporada de
vacaciones 2013.
Cinco añ os estaría preso alias El gato. Murió de tuberculosis en julio de 2020, en
la penitenciaría de El Dorado, en el estado Bolívar, donde había ido a parar tras
sucesivos traslados por mala conducta.
Su muerte fue en vano
—Para mí fue muy importante que nuestro libro contribuyera a que se hubiera
hecho justicia de verdad, puesto que dimos a conocer las zonas oscuras de la
investigació n.
María Isoliett Iglesias vive en Santiago de Chile desde hace dos añ os y medio. Tuvo
que emigrar, dice, empujada por la censura, la falta de oportunidades y las amenazas
de muerte de las que fue objeto. «Me agoté», dice. «Me cansé. De buscar formas
creativas para evadir el asedio de Conatel. De saber que salía de mi casa, pero no si
volvería…».
En el teléfono, la voz de María Isoliett pierde vivacidad, sobre todo, cuando
concluye: «Mó nica Spear murió en vano. Nada cambió con su injusta muerte, que no
impidió que ya sean má s de 600 mil los venezolanos asesinados durante el régimen
chavista-madurista».