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La formación docente frente a viejos y nuevos desafíos

LOS ATENEOS: ¿UNA ALTERNATIVA EN LA


FORMACIÓN PROFESIONAL DOCENTE?

Borel, María Cecilia DNI: 16.100.679.

Malet, Ana María LC: 6387518

mcborel@criba.edu.ar; amalet@criba.edu.ar

Universidad Nacional del Sur

Comisión

Introducción
La investigación que estamos desarrollando (período 2008 – 2009) busca identificar el
grado y el carácter de la incidencia de las actividades de docencia, investigación y
extensión en la formación profesional.
Como un objeto de investigación emergente analizamos la práctica de los ateneos
médicos como espacio de formación profesional. En esta ponencia nos proponemos
explicitar en primer término el sentido del concepto “ateneo”. Luego presentamos una
descripción de un ateneo, elaborada a partir de la experiencia compartida, cuyos
datos se obtuvieron por medio de observaciones, filmaciones y entrevistas a los
profesionales participantes en el mismo.
El ateneo se centra en el desarrollo de un caso y en este trabajo consideramos
posibles respuestas a los interrogantes que la situación nos fue generando y de esta
manera nos acercamos a comprender su potencial formativo: ¿Cuál es el sentido
pedagógico de los ateneos? ¿Vinculan de manera significativa a los profesionales
noveles y futuros con problemáticas propias del campo médico?; la participación en los
mismos ¿promueve el desarrollo de competencias profesionales?, ¿permiten interpelar
las prácticas profesionales?
Esta experiencia nos orientó en la formulación de nuestra hipótesis respecto a si los
ateneos pueden constituirse en una alternativa posible en la formación profesional
docente de grado y continua. Consideramos a los ateneos, en la hipótesis propuesta,
como un espacio grupal educativo en el que las diversas modalidades en que pueden
desarrollarse, permiten procesos de comprensión, intervención y reflexión en y sobre
la acción docente y los vinculamos con un enfoque clínico de estudio de la formación
profesional.
Finalmente presentamos una síntesis de los aportes relevantes encontrados para la
formación docente y la prospectiva de la investigación.

Acerca de los ateneos.1

El término ateneo ha sido utilizado para designar instituciones literarias y científicas,


en las cuales, según el gusto reinante y el criterio de la época, se presta culto libre y
desinteresado a la belleza artística y la investigación de la verdad. En este sentido,
conserva la significación tradicional de la cultura griega.

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Así como la investigación rigurosa de la verdad corresponde a las universidades y a
los cuerpos docentes, y la cultura especializada en un solo y único sentido a
academias y sociedades científicas creadas con determinado fin; se reserva la
significación de la palabra ateneo para aquella institución que se dedica a estudios
libres consagrados a expresar el amor a la cultura. Evoca el alcance heredado de la
cultura clásica, cuando en los primeros tiempos del Renacimiento se le otorgaba ese
sentido se le otorgaba a la palabra Humanismo.
Implica un intercambio social, vivo, de palabra y en discusión, acerca de todos
aquellos problemas que interesan a la generalidad, porque en ellos se debaten los
futuros e inmediatos destinos del individuo y la especie, y que solicitan la atención de
pensadores y científicos por el vuelo especulativo y por el relieve artístico que hayan
de tomar en el organismo social. Es un campo donde pueden manifestarse todos los
puntos de vista que deban ser examinados en una cuestión, aquello que es opinable;
que puede ser expresado como ciencia que no es la información lógica y severa del
maestro, y como crítica que no es la del retórico, que tiene patrón y reglas fijas
inmutables.
Toda asociación conocida con el nombre de ateneo conforma esa corriente misteriosa
que expresa el mundo intermediario entre el conocer y el hacer, que comunica la
ciencia y el arte con la realidad y con la vida. Éste era también el spiritus intus de la
cultura griega, por eso la acepción tradicional de la palabra ateneo puede referirse a
los orígenes históricos del Templo de Minerva y de la Asociación humanista, culta y de
cultura al modo ateniense,
La fundación del primer ateneo se atribuye a Calígula entre los años 30 y 37. En esa
época el emperador romano fundó en Lyon una escuela llamada Ateneo que
contribuyó mucho a la educación literaria de los galos, en la que se establecieron
cursos de elocuencia griega y latina. Un siglo después el emperador Adriano creó un
ateneo en Roma para que en él explicaran públicamente los profesores y diesen
lecturas solemnes de sus obras o ejercicios prácticos de oratoria.
Surge una conexión y analogía del espíritu del ateneo con la aparición espontánea y la
creación libre (semi-democrática) de las universidades de la edad media, que tuvieron
en sus comienzos el carácter de asociaciones libres, espontáneamente nacidas y
conservadas por el creciente amor al saber, aunque finalmente fueron consagradas a
la enseñanza dogmática y regularizada.
En Francia, Inglaterra, Bélgica, España, entre otros países, existieron más tarde
asociaciones literarias y científicas que tomaron el nombre de ateneo, en algunos
casos sustituido luego por el de museo y liceo.
El término ateneo también se ha utilizado para designar el edificio o lugar en el que se
reúne cualquiera de dichas corporaciones.
En la actualidad, su uso más extendido se refiere al `ateneo clínico´, una práctica
habitual en el ámbito hospitalario de las ciencias de la salud, cuya implementación
intenta constituirse en una instancia de formación, intercambio y discusión sobre los
casos clínicos. Los ateneos se organizan a partir de presentaciones programadas de
diferentes casos, por profesionales que desarrollan sus actividades en las instituciones
sanitarias. En algunas ocasiones esta instancia se usa para discutir casos complejos
con el objetivo de tomar una conducta institucional.
En algunas instituciones se dispone, a partir del resultado documentado de estos
encuentros, trabajar con los profesionales en la elaboración o mejoramiento de
normas, protocolos o guías internas de consenso, a fin de disminuir la variabilidad en
el diagnóstico y tratamiento de los pacientes.
También se utiliza la expresión `ateneos bibliográficos´, para efectuar revisiones,
evaluación de artículos científicos, trabajos para publicación, actualización de temas,
etc.

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No podemos dejar de señalar que no ha sido sencillo elaborar este desarrollo
conceptual. Pareciera que se utiliza el término, se realiza una práctica, pero no se
reconoce una construcción conceptual que señale su sentido. En un documento de la
Universidad del Litoral (1994/1995) encontramos que los ateneos son pensados como
proyectos de intervención tendientes a modificar la realidad de prácticas
consuetudinarias, como procesos de producción de conocimientos de acuerdo a los
cánones científicos; forma de participación de los actores académicos, fuente para la
adquisición de un soporte teórico más profundo, respecto de un objeto de estudio,
“lugar” para explicitar dudas y para reflexionar.
“El Ateneo es el lugar privilegiado para el descubrimiento y la validación de hechos; se
validan hechos (ex post facto) por referencia a evidencia fáctica, pero la validación
aparece como procedimiento para descubrir hechos, en tanto producción de
información fáctica” (UNL, 1995).

Un ateneo clínico en el ámbito hospitalario

En el ateneo clínico los casos particulares son estudiados por especialistas y


consultantes logrando, desde un enfoque multidisciplinario, a partir de los
interrogantes que el caso desencadena, respuestas que acuerdan con las prácticas
realizadas con respecto a lo que el caso muestra, otras pueden ser alternativas y
también más completas, como asimismo se puede observar el planteamiento de
dudas a partir del señalamiento de prácticas que se pudieron haber realizado.
En los ateneos observados médicos de distintas especialidades, expertos, algunos
noveles y residentes describen situaciones experimentadas que por sus características
merecen un tratamiento multidisciplinar.
En la experiencia que consideramos en este trabajo, la situación es narrada como un
caso por los médicos a cargo y su presentación se va fragmentando de acuerdo a los
distintos momentos por los que fue pasando el tratamiento del paciente: entrevista
inicial, entrevista con la familia, análisis requeridos, otros estudios, resultados, etc. En
el ateneo hay un coordinador que formula preguntas al auditorio buscando la
participación del grupo.
El caso es de clínica médica y por sus características requiere de la consulta a otros
servicios. La descripción abarca la contextualización del caso (lugar de origen del
paciente, estudios previos, desarrollo temporal de las distintas instancias de
tratamiento).
Esta presentación de la información del caso en fragmentos favorece la intervención
del coordinador quien interroga al auditorio acerca de su acuerdo o no con las
prácticas realizadas.
Formula preguntas tales como: ¿Qué otros estudios se pudieron hacer?; ¿Podría
ser…? ; ¿ Les parece que se podía…?; ¿Se podría haber hecho…? ¿Qué comentario
harían…?
Las preguntas abren la posibilidad a distintas alternativas y de acuerdo a las
respuestas que se van formulando, algunas preguntas son dirigidas a los
especialistas: ¿Doctora…está de acuerdo con…?
En este desarrollo el coordinador además de formular preguntas, plantea hipótesis que
son corroboradas o refutadas por los participantes. Además de regular las
intervenciones y la continuidad del desarrollo del caso, va formulando aportes teóricos
mediante los cuales justifica las acciones realizadas y amplía las probables
alternativas formuladas por los participantes.
En el auditorio se encuentra un número significativo de jóvenes residentes quienes se
mantienen silenciosos y no son interpelados para dar respuestas, pero participan del
espacio en que los datos son puestos en tensión con las prácticas.

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A uno de los médicos especialistas, a cargo del ateneo, se le pregunta acerca del por
qué de una práctica y responde: “Fue más por experiencia que por literatura…”
Frente al desenlace del caso, uno de los médicos explicita la necesidad de contar con
un servicio, que por razones presupuestarias ha sido suspendido, que hubiera
permitido llegar a conclusiones más ajustadas en la reflexión sobre las prácticas
realizadas.

Nuestros interrogantes…respuestas inacabadas

¿Cuál es el sentido pedagógico de los ateneos?

El ateneo puede reconocerse como una estrategia integradora de la teoría y la


práctica, formulada en cierta forma desde una visión reflexiva, “reparadora”,
ampliatoria, justificativa, de las prácticas realizadas. Podemos interpretar al ateneo, en
su funcionamiento, como un dispositivo en el que se imbrican factores sociales,
subjetivos e instrumentales.
Souto define al dispositivo pedagógico instrumental “como un acuerdo de personas,
tiempos, recursos, que crea las condiciones para la producción de transformaciones
en los sujetos y en el ejercicio de su profesión” (Souto, 2007:7).
Se constituye en un artificio que crea condiciones para que se analicen las relaciones
de poder. En la experiencia presentada las relaciones de poder y la asimetría se
observaron en la ausencia de intervención de los residentes e inclusive en el orden
asignado a la palabra según especialidades y campos de especialización.
Brinda la posibilidad a la explicitación de capacidades diversas en quienes participan;
su finalidad es provocar cambios, es estratégico al plantear una red de relaciones,
combinatoria de componentes complejos, respondiendo a las situaciones cambiantes
con las que se opera; se constituye en un espacio potencial que da lugar a lo nuevo, a
la transformación, incluye diversidad de dimensiones: social, histórica, psíquica,
epistemológica, institucional, entre otras; y en su desarrollo se identifican procesos
visibles e implícitos.
Contenidos, relaciones interpersonales y actuaciones personales, secuenciación no
lineal del tratamiento de conocimientos profesionales, entrecruzamiento de aspectos
organizacionales e institucionales, prácticas profesionales, constituyen un conjunto de
factores diversos que nos llevan a afirmar que, en este caso, el ateneo es un
dispositivo que se desarrolla “integrado al trabajo”, se realiza dentro del mundo del
trabajo y la profesionalización y puede dirigirse tanto a los novatos como a los
experimentados (Souto, 2007). Se prioriza el acto de trabajo y se reflexiona sobre el
mismo.
En este encuadre la formación se entiende como realización reflexiva de las prácticas,
las que son analizadas para poder plantear alternativas de modificación a las mismas.
“Se basa en una epistemología de la acción que plantea la teorización a partir del
análisis de la práctica: trabaja sobre competencias, saberes de la acción, detentados
en la práctica y puede desde allí construir e incluir saberes teóricos” (Souto, 2007:10)
Podemos afirmar que el ateneo es un dispositivo de enseñanza, aprendizaje y
formación.

¿Los ateneos vinculan de manera significativa a los profesionales noveles y futuros


con problemáticas propias del campo médico?

La vinculación con las problemáticas del campo específico está dada por los casos
seleccionados. Los casos como estrategia de estudio y análisis, representan
situaciones problemáticas de la vida real. Su análisis se realiza desde la propia

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experiencia y el conocimiento. Plantean a veces finales inacabados, dilemas,
tensiones entre distintos puntos de vista y no proporcionan soluciones sino datos
concretos para reflexionar, analizar y discutir en grupo. Llevan a pensar y a contrastar
conclusiones.
El puente que vincula el caso con el campo profesional está dado por las preguntas
que se formulan y el desempeño del coordinador.
En el apartado anterior pueden identificarse preguntas que inducen a los participantes
a examinar las distintas instancias problemáticas del caso. Las preguntas
acompañaron a los distintos momentos de la exposición dando lugar a un cierto
ordenamiento, de un avance desde datos básicos (datos de laboratorios, entrevistas) a
situaciones más profundas como los sucesivos diagnósticos, sus respectivas terapias
y resultados. Las preguntas estimularon el examen reflexivo y se formularon con un
“tono” particular: invitaban en lugar de exigir.
Así como se demandó reflexión, se requirió la formulación de hipótesis, se
contrastaron cuestiones teóricas, y algunas preguntas fueron generativas, en tanto se
promovió a los participantes a aportar nuevas alternativas, a conjeturar, a teorizar.
El coordinador tenía un conocimiento profundo del caso y esto nos lleva a suponer que
fue lo que facilitó la formulación de las preguntas. Generó un clima de confianza y de
respeto mutuo que permitió el aporte colaborativo de todos aquellos que participaron.
Escuchó, prestó atención y no emitió juicios evaluativos a las ideas que se fueron
aportando.2

La participación en los ateneos ¿promueve el desarrollo de competencias


profesionales?

Según Barbier un profesional competente es alguien que logró resolver un problema


en forma eficiente. La formación y la enseñanza entrenan, movilizan competencias,
pero no las producen. La competencia como tal es construida, es una construcción
intelectual, lo real es la actividad. “Si hago análisis de las prácticas sobre mi práctica
es un medio muy importante de profesionalización, esto permite a la vez cambiar la
acción y cambiar yo mismo en la acción” (Barbier, 1999:24).
El análisis de las prácticas, en este caso médicas, es un proceso de desarrollo de
competencias o de profesionalización. Podemos suponer que el impacto de esta
actividad difiere en novatos y en expertos. Los primeros incorporan esta actividad en
su proceso formativo, junto al tránsito hacia la profesionalización ya constitutiva en la
identidad de los expertos.

¿Los ateneos permiten interpelar las prácticas profesionales?

La respuesta a este interrogante nos lleva a recuperar una de las expresiones


formuladas en el desarrollo del ateneo: al preguntársele a un especialista sobre la
justificación de una práctica respondió “Fue más por experiencia que por literatura…”
Consideramos que en los ateneos se pone en juego una “epistemología de la práctica
profesional” definida como “el estudio del conjunto de los saberes utilizados realmente
por los profesionales en su espacio de trabajo cotidiano, para desempeñar todas sus
tareas” (Tardiff, 2004:188)
Estos saberes abarcan conocimientos, competencias, habilidades, y actitudes y el
ateneo facilita que sean revelados, que los participantes intenten comprender cómo
se integran en concreto en las tareas de los médicos y cómo estos los incorporan, los
producen, utilizan y aplican y transforman según los límites y los recursos inherentes a
sus actividades. Desde la epistemología de la práctica profesional se sostiene que es
preciso estudiar el conjunto de saberes movilizados y utilizados en las actividades y de
esta manera analizar, investigar la posible articulación de los conocimientos científicos

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y los saberes temporales, heterogéneos, singulares y situados que se constituyen en
la práctica.
La teoría, en el ateneo planteado, se desarrolla a partir de la acción de una manera
espiralada: una construcción conceptual da un marco de interpretación y al mismo
tiempo la realidad singulariza y enriquece respecto de lo que la teoría ofrece. No se
sustituyen las intuiciones por ideas elaboradas, sino que se promueve la confrontación
de los saberes con la realidad.

Hipótesis propuesta

El análisis realizado dio lugar a nuestra hipótesis respecto a si los ateneos pueden
constituirse en una alternativa posible en la formación profesional docente de grado y
continua. Consideramos a los ateneos, en la hipótesis propuesta, como un espacio
grupal educativo en el que las diversas modalidades en que pueden desarrollarse,
permiten procesos de comprensión, intervención y reflexión en y sobre la acción
docente.
Al reconocer el potencial formativo de los ateneos “integrados al trabajo” consideramos
la posibilidad de que los mismos puedan implementarse en la formación docente
continua.
Asimismo “dado que las prácticas de ensayo, pasantías, residencias, y otras
alternativas de formación en la práctica, se desarrollan en el contexto real de trabajo
profesional, el estudiante enfrenta allí, la necesidad de resolver un conjunto de
problemas prácticos ligados al campo de intervención profesional. Tales problemas
suelen presentarse bajo la forma de episodios o sucesos inéditos que ponen de
manifiesto situaciones de carácter complejo, para las cuales no existe una respuesta
modélica predeterminada; no pueden ser tipificadas en base a categorías derivadas
del conocimiento teórico o técnico disponible y encierran en muchas ocasiones
cuestiones valorativas e ideológicas que comprometen la necesidad de adoptar una
perspectiva ética en su momento de solución. La posibilidad de enfrentar episodios
tales como los descriptos constituye una de las claves para comprender el impacto
formativo de la práctica” (Andreozzi,1998:36), es que nuestra hipótesis se extiende a
suponer que los ateneos pueden constituirse en un dispositivo a considerar en las
prácticas pre-profesionales. Estas prácticas son una anticipación del trabajo
profesional, a través de la ejecución de competencias, la transferencia de
capacidades, de saberes, de la acción en situación real pero preparada y supervisada
a los fines de la formación (Souto, 2007)
En esta instancia los incidentes de la prácticas pueden constituirse en casos a ser
abordados por los grupos de estudiantes en formación, quienes transitan un espacio
de pasaje entre el mundo del trabajo y el de la formación.
Esta hipótesis la vemos fortalecida en el marco de nuestra investigación, si vinculamos
los ateneos con un enfoque clínico de la formación profesional.

 Una mirada clínica de la situación de formación

Si la formación se entiende como realización reflexiva de las prácticas, “sólo se puede


formar practicantes reflexivos a través de un procedimiento clínico global que afecte al
conjunto del programa de formación” (Perrenoud, 2004:103).
El enfoque clínico es entendido como “un modo de conocimiento cuyo objetivo central
es la comprensión de una persona total en situación y en interacción” (Blanchard
Laville, 2004:79).
El adoptar un enfoque clínico en ciencias humanas implica una dimensión básica, que
es el reconocimiento de la existencia de fenómenos inconscientes, que actúan a pesar

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del sujeto, con una fuerza difícilmente dominable y orientados por su propia lógica. Por
lo tanto estos fenómenos no serán identificables por el sujeto o por el grupo, y
necesitarán de un dispositivo que pase por la palabra y cuente con la presencia de
alguien que ayude en su identificación, al no estar implicado en la situación.
Para Blanchard Laville (2004), como segunda dimensión del enfoque clínico surge la
implicación, como forma de relación del observador con el sujeto o el grupo
observado. En la perspectiva clínica la implicación no es un obstáculo, sino que actúa
como un motor.
La tercera dimensión es el reconocimiento del carácter irrepetible de los hechos que
se estudian, son algo dinámico que evoluciona, que nunca se repite, singular, por lo
que no es posible recomenzar la situación.
Por último, una dimensión que plantea que no hay clivaje entre normal y patológico.
Según la autora, el trastorno o disfuncionamiento actuará revelando algo del
funcionamiento normal.
Cuando se implica la perspectiva institucional, en la que los participantes se conocen y
trabajan juntos, el principio de realidad está más cerca y, si alguien dice algo, otro
puede pensar “pero en la realidad esto no es así”. Considera que hay que luchar para
que puedan implementarse ese tipo de enfoques a nivel institucional.
La autora privilegia como herramientas de investigación para este enfoque la
entrevista clínica, la historia de vida (el enfoque biográfico) y el estudio de caso.
Para Perrenoud (2004) en un procedimiento clínico, la práctica no es un simple
ejercicio de aplicación de los conocimientos adquiridos. Es un trabajo de construcción
de conceptos y de saberes teóricos nuevos a partir de situaciones específicas y un
trabajo de integración y de movilización de los recursos adquiridos.
“Un procedimiento clínico desarrolla saberes previamente situados y contextualizados
y luego conectados a las teorías académicas y a los saberes profesionales
acumulados. A su vez desarrolla en paralelo capacidades de aprendizaje, de
autoobservación, de autodiagnóstico y de autotransformación…Este saber analizar
(Altet, 1994,1996) puede alimentarse de una iniciación a la investigación, pero
procede sobre todo de un entrenamiento para el análisis de situaciones educativas
complejas” (Perrenoud, 2004:105).
Se trabaja con casos reales y se plantea la cuestión de saber cómo organizar en la
formación el vaivén entre la experiencia y la reflexión sobre la experiencia. Parecería
más sencillo implementar este enfoque en la formación continua, pero a veces los
participantes sienten el temor de ser juzgados por sus pares. Los condicionantes son
menores en la formación de grado, pero se dificulta fundamentar el procedimiento en
una experiencia “sustancial”. Por este motivo adquiere relevancia la organización de
pasantías, residencias, regímenes de alternancia.
El ejercicio de reflexión posterior a la acción se incorpora a la práctica clínica y es el
disparador de la integración y movilización de los recursos adquiridos y por lo tanto
del desarrollo de competencias.
Si recuperamos el primer párrafo de este apartado, Perrenoud sostiene que este
enfoque no puede limitarse a instancias aisladas en los procesos de la formación
inicial y continua sino que “el ejercicio de la competencia clínica” implica abarcarla con
diversos dispositivos para la construcción de un habitus reflexivo.

Aportes y Prospectiva

Las conceptualizaciones desarrolladas en este trabajo constituyen el soporte teórico a


partir del cual en el transcurso de 2009, estudiaremos la implementación de ateneos
en la formación docente de grado y en la formación continua.
Reconocemos como aportes teóricos relevantes:

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 el ateneo como un dispositivo de enseñanza, aprendizaje y formación
 el análisis de las prácticas es un proceso de desarrollo de
competencias o de profesionalización
 el ateneo se constituye en un espacio de aprendizajes complejos y
colaborativos: el caso de estudio es un objeto complejo y como tal
requiere de la interdisciplinariedad y la multirreferencialidad para su
abordaje.
 en los ateneos se pone en juego una “epistemología de la práctica
profesional”
 se puede formar practicantes reflexivos a través de un procedimiento
clínico global que afecte al conjunto del programa de formación.

Al concluir la formación docente de grado, al menos en la universidad, el egresado


comienza a trabajar, aprendiendo su oficio en la práctica y constatando que los
conocimientos adquiridos en su formación no se vinculan fácilmente a la acción
cotidiana.
Interpretamos que este trabajo se constituye como un desafío a enfrentar, en tanto
supone generar rupturas con prácticas consuetudinarias e incluso con modelos
formativos.
Aunque coincidimos con Gimeno Sacristán (1997) en que la investigación educativa
puede ayudar más por lo que ilumina y devela que por proponer cursos de acción
determinados, consideramos que los resultados que se logren al implementar un
dispositivo de formación como los ateneos para la formación docente, resultarán
significativos desde el punto de vista de:

 el debate en la UNS. con respecto a las características que asume la


formación y la capacitación docente.
 la divulgación de los resultados de la implementación, que posibilitará
trabajar con otros docentes interesados en reflexionar sobre la práctica a
partir del conjunto de marcos conceptuales construidos.
 el encuentro e intercambio con docentes de otros proyectos de
investigación, así como la participación en jornadas y reuniones
científicas en las que se presenten trabajos sobre la temática de la
docencia y la formación docente continua.

Bibliografía

ANDREOZZI, M. (1998): “Sobre residencias, pasantías y prácticas de ensayo: una


aproximación a la idiosincrasia clínica de su encuadre de formación.” Revista del IICE.
Nº 13. Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, UBA.

BARBIER, J. (1999): Prácticas de formación. Evaluación y análisis. Buenos Aires,


Novedades Educativas.

BLANCHARD LAVILLE, C. (2004): Saber y relación pedagógica. Un enfoque clínico.


Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras – UBA y Ediciones Novedades
Educativas.

8
GIMENO SACRISTAN, J. (1997): Docencia y cultura escolar. Reformas y modelo
educativo. Buenos Aires, Lugar.

PERRENOUD, P. (2004): Desarrollar la práctica reflexiva en el oficio de enseñar.


Barcelona, Grao.

SOUTO, M. (2007): El carácter de artificio del dispositivo pedagógico en la formación


para el trabajo. Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras. UBA. - Ficha de cátedra
-.

TARDIFF, M (2004): Los saberes del docente y su desarrollo profesional. Madrid,


Narcea.
UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL. “Síntesis y reflexiones acerca de los
ateneos sobre problemática curricular”. 1995

Páginas web

http://www.e-torredebabel.com/Enciclopedia-Hispano-Americana/ (consulta 13/02/09).

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1
Agradecemos los aportes para la conceptualización de los ateneos, de participantes médicos en un curso de Formación
Pedagógica desarrollado por las autoras de este trabajo en el Hospital Municipal de la ciudad de Bahía Blanca.
2
Consideramos conveniente señalar que en otra experiencia de participación en un ateneo el rol del coordinador tuvo otras
características: evaluaba, hacía comentarios irónicos, se movía desde la “autoridad” indiscutible del experto, generándose
en nosotras observadoras una situación de “incomodidad” frente a la descalificación pública de quienes presentaron el caso.
Dialogamos informalmente con los médicos luego de la experiencia y para ellos era “natural” esa forma de proceder.