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A la memoria de mi abuelo Alfredo

y a la entereza de mi abuela Berta,


que dentro de poco apagará 90 velas.
AGRADECIMIENTOS

Guardo una invaluable deuda de agradecimiento con el Dr. Humberto


Maturana, quien en estos últimos años siempre me ha brindado generosamente
su tiempo, su afecto y su estentórea risa. Con el Dr. Carlos Sluzki, quien no sólo
me ha honrado con su amistad, sino además, con su hospitalidad en los Estados
Unidos. También con el Dr. Barnett Pearce y el Dr. Vernon Cronen, a quienes
conocí en distintos lugares y momentos; ambos, además de la atención a
nuestras conversaciones, me proporcionaron material de apoyo para realizar mi
trabajo acerca de su teoría. Con la Fundación Interfas de Buenos Aires y sus
Directores Dora Schnitman y Saúl Fuks, a través de quienes pude tener contacto
directo y conocer a personas de inestimable valor, como Harold Goolishian,
Bradford Keeney, Lynn Hoffman, el Dr. Marcelo Pakman y el mismo Dr. Sluzki.

Tengo reconocimiento también para con la Universidad de Valparaíso, en la


cual he completado 10 años de trabajo académico, durante los cuales he
recibido el apoyo de muchos otros docentes como yo y de autoridades como el
ex-Rector Jorge Espinosa y el Dr. Ernesto Fernández, quienes respaldaron mis
primeras actividades de perfeccionamiento para cursar estudios de Post-título y
luego de Post-grado. Igual disposición encontré en los Profesores Juan Pinto y
Jorge Ruiz, mientras desempeñaron cargos en la División General Académica y,
hasta hoy, en el Decano Dr. David Sabah y el Rector Agustín Squella, lo cual me
compromete con el desarrollo y el futuro de esta Universidad.

A fin de cuentas, este libro representa la materialización de una diversidad de


formas de apoyo y, pertenece por tanto, a todos aquellos con quienes, en alguna
medida, he compartido estos últimos 10 años, muy especialmente mis colegas
de la Escuela de Psicología y las tres primeras promociones (1990, 1991 y 1992)
de la misma. Con este grupo humano hemos transitado un camino difícil, que
al mismo tiempo, creo yo, nos ha ido haciendo un poco mejores. De entre ellos,
mi reconocimiento por su conducta personal y su desempeño académico a
Osvaldo Corrales, Ayudante-alumno de la Cátedra Psicología de la
Comunicación, de valiosa ayuda en la parte final de este trabajo.
PREFACIO

Creo que como todos los libros, éste también tiene un largo proceso de gestación. Comenzó a
incubarse --sin que yo lo supiera entonces-- hacia finales de 1988. En esa época, me asomaba
al mundo de la Terapia Familiar Sistémica como un estudiante más de un Programa de Post-
Título en la especialidad, aunque mi interés por la Teoría de Sistemas propiamente tal, había
partido unos 10 años antes, a través de la Psicología Organizacional, cuando aún era alumno de
pre-grado en la Universidad de Chile.

Al término del Programa de Terapia Familiar, me encontré junto a dos colegas más, con un
tema de Seminario final que nadie había tomado al hacer sus elecciones; en el pizarrón,
lacónicamente rezaba: "Terapia Familiar de Segundo Orden". Nadie sabía tampoco,
demasiado, por no decir nada, de qué se trataba aquello. Aceptamos el tema con una mezcla de
resignación y curiosidad. El artículo "On Second Order Family Therapy", de S. Golann,
editado ese mismo año, constituía -al parecer por lo mismo- toda una novedad de la que había
que enterarse. El trabajo, sin embargo, partió con el pie cambiado. Ni nuestra asesora para el
Seminario ni ninguno de nosotros, prestó suficiente atención al término "on" del título del
artículo a partir del cual se nos indicaba trabajar. Y eso, en conjunto con nuestro precario inglés
de entonces, nos jugó una mala pasada, pues el artículo en el que estábamos basándonos, era la
réplica a una publicación previa que todos desconocíamos.

Según leíamos el artículo de Golann, aumentaba nuestra sensación de estar entendiendo poco,
hasta caer en cuenta que nos faltaba el artículo original, publicado hacía 3 años en una revista
que no estaba disponible en Chile. Inicié un acelerado intento por contactarme directamente
con Lynn Hoffman, la autora. Años después tuve oportunidad de conocerla personalmente y
ella aún recordaba mi carta y cierto tono angustioso con el que le pedía su artículo. Al parecer
tocada por lo mismo, me lo envió con prontitud, acompañado de una nota muy cordial. Ese
trabajo, "Beyond Power and Control: Toward a Second Order Family Therapy" (Hoffman,
1985) con el tiempo ha pasado a constituirse en uno de los más frecuentemente citados en la
literatura sobre terapia familiar de los últimos años, pues de hecho, propuso un primer marco
teórico referencial amplio, para el desarrollo de modelos aplicados en dicho campo, con
consideración de los principios cibernéticos de segundo orden.

Al momento de presentar oralmente el trabajo, aún no habíamos recibido la respuesta de L.


Hoffman, y pasamos un difícil momento tratando de representar -malamente- la operatoria del
Reflecting Team de Andersen (1987), que aparecía referido en el artículo de Golann como una
herramienta representativa de esta nueva concepción de Terapia Familiar.

Una vez que pudimos leer el artículo que constituía el primer eslabón del pretendido trabajo, la
mayor parte de las cosas se aclararon, lo cual nos permitió, por lo menos, "salvar el honor y
recomponer la dignidad" con la entrega posterior de la parte escrita del Seminario. No hubo
calendario para resarcirnos exponiendo de nuevo el trabajo, así es que sólo dimos las
explicaciones relativas al desencuentro con el artículo de L. Hoffmann a nuestro grupo-curso
en la reunión evaluativa final del Programa.

En lo personal, esta experiencia constituyó un hito relevante: por primera vez, para mí,
aparecieron hilvanadas en una trama teórica con proyecciones para el campo de la Terapia
Familiar, las ideas de H.Maturana, F. Varela, E. von Glasersfeld y H. von Foerster.

1
En el simpático Anuario de la promoción 1988 del Programa de Post-título que se ha venido
refiriendo, mis compañeros vaticinaron que, a partir de dicho episodio, yo estaba en vías de
fundar la "Cibernética de Tercer Orden"; creo que lo personalizaron en mí y no en mis otros
compañeros de Seminario, en tanto me percibían más vivamente interesado en este tipo de
nociones y planteamientos. Y aunque la profecía, ciertamente no se ha cumplido, este libro
constituye una síntesis integrada y largamente decantada, de los principios cibernéticos que
empecé a conocer a partir de entonces.

Quise colocar en la portada el dibujo "Banda sin fin", del pintor holandés M.C. Escher (1956),
pues al igual que gran parte de su obra, es una bella representación estética de la condición
cerrada, autorreferencial y recursiva, que se ha venido develando en los últimos treinta años
respecto de los procesos interactivos y cognoscitivos humanos, aspecto que constituye a la vez,
el rasgo peculiar y distintivo de la Cibernética de Segundo Orden. Dichos hallazgos,
provenientes de la neurofisiología, establecieron un nuevo referente para observar los procesos
de interacción y comunicación humanas, aunque quizás ya estaban incorporados de manera
intuitiva en la obra de artistas como Escher, célebre por la creación de mundos gráficos
imposibles, donde las perspectivas se trastocan de modo tal, que los límites y
condicionamientos de la percepción humana se ven fuertemente confrontados.

Creo que la epistemología cibernética con sus implicancias y aplicaciones en el campo de la


Terapia Familiar es, probablemente, la dimensión que connota en forma más marcada, el
sentido último de esta obra. De allí que aparezca incluida en el título mismo del libro, más allá
de la importancia en extensión y alcances, que sin duda tienen por sí mismas, las teorías de
comunicación que en él se revisan.

Valparaíso, Noviembre de 1994.

2
Prólogo

Mientras leo este volumen rico, complejo, de Guido Demicheli, psicólogo y académico chileno, me
encuentro pensando en dos temas aparentemente no relacionados entre sí; a saber, cartografía y etimología.
Mi libertad como prologuista me permite imponer esas disquisiciones al lector desprevenido.

El famoso dictum de Korzibsky “el mapa no es el territorio, el nombre no es la cosa nombrada”, ha sido
citado una y otra vez en la influyente literatura de Gregory Bateson. Su referente es, por cierto, el trazado
de mapas conceptuales, es decir, de los modelos mentales que utilizamos para orientarnos y organizar la
realidad (la metáfora compite con éxito, desde mi punto de vista, con la de Thomas Kuhn, quien describía a
los modelos como redes con las que cazamos o aprehendemos la realidad).

Los primeros mapamundis, trazados cientos de años atrás, resultan, desde nuestra sofisticada perspectiva
actual, deliciosamente ingenuos y transparentes en su simplicidad: los diseños definían el punto de vista
del cartógrafo y del observador, como localizado en el centro del universo (¡cómo podía ser de otra
manera!), y al universo como todo aquello que el cartógrafo podía observar, o que los paseantes le
informaban como existiendo más allá de su visión. El mundo era bidimensional, plano y simple, y de hecho
el mapa cumplía sus funciones útiles para el viajero, informándole no sólo las características del territorio
adyacente, sino dónde terminaba el universo de lo conocido: quienes incursionaban más allá de sus
confines no regresaban más, se los tragaba la tierra, caían en las cataratas al borde del fin del mundo plano,
víctimas tal vez de la falta de contra – mapas que les permitieran re-trazar sus caminos de regreso, cuando
no de brigantes o tribus vecinas hostiles, cada una de ellas con sus propios mapas que definían sus propios
confines regionales. La competición de los grandes poderes europeos por nuevos mercados, durante la
edad media, y la explosión informativa del Renacimiento, dando crédito a la tridimensionalidad de nuestro
planeta y a su finitud, empujó la cartografía a nuevos niveles de complejidad. Los trazados de los
continentes – en su tensión constante entre representación (detalle, precisión de imagen) y orientación
(utilidad instrumental para los usuarios) – comenzó por los bordes, tal cual es el caso de esos portolanos
medievales para cuyos diseñadores lo importante no era una representación adecuada del globo, sino su
efectividad para orientar a los navegantes. Aparecieron, así, esos mapas que muestran continentes de terra
incógnita, vacía de todo rasgo, rodeada por una costa plena de notaciones minuciosas conteniendo la
información necesaria para su navegación. Con el paso del tiempo, las áreas en blanco fueron siendo
llenadas, trazadas y re-trazadas, y a la aventura del diseño cartográfico siguió la tarea no menos fascinante
de ensamblar la información de modo de establecer las conexiones: no sólo se re-trazaron las observaciones
de los viajeros originales, sino que se fue armando el conjunto con las piezas del rompecabezas de los
múltiples mini-mapas dibujados desde distintos puntos de vista o de partida, encajados entre sí como
piezas dúctiles que se fueron dando mutuamente forma hasta llegar al acuerdo actual de cómo representar
cartográficamente a nuestro navío espacial Tierra.

Cada disciplina tiene como puertos de partida los viajes de navegantes osados que propusieron mapas,
modelos y visiones, que de hecho, más que permitir descubrir el territorio de la disciplina y sus confines, la
inventaron. Guido Demicheli nos provee una cartografía rica, texturada y compleja de esos modelos,
tomando como puntos de partida los primeros mapas que guiaron a quienes incursionaron en el territorio
para entonces virgen de la Terapia Familiar, y nos alerta frente al proceso mediante el cual esos mapas
influyeron selectivamente en esos viajeros, generando figuras donde hasta entonces sólo había fondo,
permitiéndoles ver cosas nuevas y maravillosas, a la vez que sustrayendo selectivamente su atención de
otros eventos no relevantes para los mapas/modelos usados como guía. Demicheli nos muestra luego,
cómo otros mapas/modelos (algunos más influyentes, tales como los modelos intermedios del equipo
reflexivo, algunos menos centrales pero no menos útiles, como la teoría CMM) se entrecruzaron con los
anteriores, a veces enriqueciéndolos, a veces simplemente abriendo nuevas dimensiones de exploración, a
veces compitiendo en términos de atraer la atención de los exploradores (de nosotros, exploradores) a
nuevas dimensiones, a expensas de otras ya reconocidas, generando batallas en las que lo importante es
decidir cuál de las visiones mono-oculares es la “correcta”, a expensas de todo esfuerzo por conjugar
visiones multi-oculares … lo que me lleva a pasar en mis divagaciones de la cartografía a la etimología.

El cibernetista Heinz von Foerster, en el curso de una presentación plenaria que le escuché en Bruselas, creo
en 1987, hizo una disquisición fascinante acerca de las raíces etimológicas de epistemología, understanding
(palabra inglesa lega aproximadamente equivalente a la primera, cuya traducción más apropiada al
castellano es “comprender”) y verstehen (el término alemán equivalente). “Epistemología” tiene dos raíces
griegas: epi – por encima - e histamein – donde se está -, lo que coloca al observador apropiadamente fuera
del objeto de observación, o más precisamente, por encima. “Understanding”, a su vez, está compuesta por
under – por debajo – y standing – estar parado o estar -, estableciendo una vez más esa relación de
distancia de nivel entre el observador y lo observado, si bien colocándolo por debajo, y no por arriba, del
objeto de observación, lo que va bien ya que mantiene la distinción de tipos lógicos tan propia del dualismo
newtoniano. Y finalmente, el “verstehen” alemán contiene ver – delante – y stehen – donde se está - . Así,
estos tres vocablos relacionados denotan la posición “meta” del observador para abarcar lo observado, a
cierta distancia (arriba, abajo o adelante, según la lengua) o a otro nivel lógico.

El recuerdo de esta observación fascinante de von Foerster me empuja, a mi vez, a explorar las raíces
latinas del vocablo hispano con que traducimos undertanding y verstehen, y aun con que simplificamos la
compleja denotación de “epistemología”, a saber, “ comprender”. Y resulta que “comprender” deriva de
dos vocablos latinos, cum o com, un prefijo colectivo por excelencia, que expresa la relación de dos o más
personas en compañía o reunión (piénsese en con-fluir, con-versar, con-sentir, con-cordar, com-binar) y
prendere, coger o aprehender. Así, para mi sorpresa, descubro que la raíz de este vocablo clave, usado por
centurias en nuestra lengua, posee una base conceptual que resuena con la cibernética de segundo orden:
“comprender” realza la naturaleza consensual (más que la naturaleza “meta”) del proceso de aprehensión
de la realidad: este proceso requiere acuerdo, requiere al otro, requiere consenso. Esta sabiduría
etimológica, espero, sorprenderá también al lector que acompañe a Demicheli en su discusión crucial acerca
del pasaje de la cibernética de primer orden – así llamada “cibernética de los sistemas observados” – a la
de segundo orden – así llamada “cibernética de los sistemas observantes” -, punto clave para seguir los
desarrollos de la Terapia Familiar desde sus albores a su estado actual.

Este libro constituye un mapa bienvenido que nos ayuda a familiarizarnos con aquellos modelos
capturados por nuestro campo que lo han influido más acabadamente y que, a su vez, se vieron influidos
por él. Comunicación en Terapia Familiar Sistémica, da cuenta cabal de la complejidad conceptual y política
que subyace a los modelos influyentes en el campo de la Terapia Familiar, a la vez que su autor nos
recuerda que estos modelos no son propiedad de dicho campo específico, sino que, a lo sumo, los hemos
incorporado para ayudarnos a pensar y ver y hacer, al mismo tiempo que, tal vez, hemos contribuido un
poco a su desarrollo. Este libro se inscribe así y, lo que es aún más importante, permite al lector participar
en el doble proceso dialéctico enriquecedor de aprender y contribuir, de descubrir y construir.

Carlos E. Sluzki, M. D.
Santa Bárbara, abril de 1995.
INTRODUCCION.

Este libro pretende, principalmente, bosquejar el modo en que la Teoría General de Sistemas, la
Cibernética, y las dos principales teorías de Comunicación de los últimos años (Pragmática de
la Comunicación Humana de P. Watzlawick et al., 1967, y Coordinated Management of
Meaning de B. Pearce y V. Cronen, 1980), han evolucionado, incidiendo de manera significativa
en el curso seguido por la Terapia Familiar Sistémica durante estos 25 años.

El primer capítulo, reseña a grandes trazos la manera en que la Teoría General de Sistemas y la
Cibernética (en su triple expresión) se generan y entrelazan, desarrollando progresivas
conexiones con la Terapia Familiar de orden sistémico.

El segundo capítulo da cuenta, desde un punto de vista teórico, de los axiomas básicos de la
Pragmática de la Comunicación Humana (PCH), así como de la comunicación paradójica y sus
potencialidades patológicas y curativas.

El tercer capítulo está dedicado a revisar los aspectos centrales del Enfoque Estratégico en
Terapia Familiar Sistémica, tanto en sus dimensiones teórico-clínicas, como en sus recursos
técnicos.

Dado que los principios teóricos de la Pragmática y los fundamentos y modalidades propias del
Enfoque Estratégico de los capítulos 2 y 3 son los de más amplia difusión, han sido aquí
deliberadamente circunscritos a las dimensiones más medulares y expresivas de lo que ellos
representan.

Por el contrario, los capítulos 1, 4 y 5 evidencian mayor extensión: el número 1, introduce al


amplio campo de la Teoría de Sistemas, describe sus principios fundamentales y señala sus
vínculos y diferencias con la Cibernética. Revisa los desarrollos teóricos de ésta última, y la
derivación que tuvieron los principios cibernéticos haciendo que esta disciplina pasara de ser
una teoría, a ser una epistemología.

El cuarto capítulo, revisa las proposiciones generales y específicas de la teoría CMM


(Coordinated Management of Meaning), sus conceptos centrales, el modelo jerárquico de
significaciones que propone para explicar la comunicación humana, y las reglas que gobiernan
dicha dinámica. Esta teoría de comunicación -que aún no cuenta con versión hispana- parte de
premisas medularmente distintas a las de la Pragmática y evidencia, como conjunto, diferencias
significativas con esa proposición teórica.

El quinto capítulo trata, en su primera parte, aquellos aspectos provenientes de las Cibernética
de Segundo Orden y del llamado Constructivismo, los cuales constituyen las bases teórico-
epistemológicas del Enfoque Reflexivo en Terapia Familiar Sistémica. Seguidamente, se revisan
los fundamentos de este enfoque psicoterapéutico, sus premisas epistemológicas, sus
derivaciones éticas y su operatoria técnica; ésta última, a través de una descripción de los
diversos tipos de 'preguntas, reflexivas' (Tomm,1987b) que constituyen la llamada 'entrevista
interventiva' (Tomm, 1987a) y de la operatoria del 'Reflecting Team' (Andersen, 1987).
Es necesario, finalmente, señalar que el tipo de planteamientos (sistémicos y cibernéticos)
utilizados y enfatizados en el presente texto, van más allá de los límites del quehacer
psicoterapéutico; en efecto, las propuestas cibernéticas para los sistemas educacionales y
políticos, por ejemplo, (Maturana, 1991) son una clara evidencia de ello, pues pareciera que la
nociones de 'circularidad', 'recursividad' y 'pauta organizativa' (nódulos centrales de la
Cibernética) son suficientemente aplicables a la diversidad de sistemas que el hombre ha ido
configurando en su deriva como ser social.

En consecuencia, ha de entenderse que en esta obra, se ha hecho una opción preferente sobre un
ámbito específico -el de la psicoterapia- y sobre otro más particular aun -el de la terapia
Familiar Sistémica- sin que ello valide ninguna suposición que pretenda que las proposiciones
globales aquí empleadas, se encuentran circunscritas sólo al campo particular del quehacer
psicoterapeútico.

2
3
INDICE

PREFACIO.
AGRADECIMIENTOS.
INTRODUCCION.

CAPITULO 1. TEORIA GENERAL DE SISTEMAS Y CIBERNETICA: LOS ORIGENES DE UNA


NUEVA EPISTEMOLOGIA.
1.1 BREVE PREAMBULO ACERCA DE EPISTEMOLOGIAS
1.1.1 Epistemología lineal.
1.1.2 Epistemología sistémico-circular.
1.1.3 Epistemología cibernética de la pauta.
1.2 TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS.
1.2.1 Antecedentes históricos.
1.2.2 Definición y delimitación de los sistemas.
1.2.3 Los sistemas y su condición de apertura operacional.
A. Incorporación de energía/información.
B. El procesamiento.
C. El resultado.
1.2.4 Características generales de los sistemas abiertos.
1.2.4.1 Totalidad.
1.2.4.2 Homeostásis y estado estable.
1.2.4.3 Retroalimentación.
1.2.4.4 Diferenciación y especialización.
1.2.4.5 Equifinalidad.
1.3 CIBERNETICA.
1.3.1 Antecedentes históricos.
1.3.2 Desarrollo y etapas de la Cibernética.
1.3.2.1 Cibernética de Primer Orden.
1.3.2.2 Cibernética de Segundo Orden.
1.3.3 Los senderos de una nueva epistemología.
1.3.4 Hacia una epistemología cibernética para la psicoterapia.

CAPÍTULO 2. PRAGMATICA DE LA COMUNICACION HUMANA.


2.1 BASES EPISTEMOLÓGICAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNI-CACIÓN.
2.2 AXIOMAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA.
2.2.1 Axioma I
2.2.2 Axioma II
2.2.3 Axioma III
2.2.4 Axioma IV
2.2.5 Axioma V
2.3 LOS AXIOMAS DE LA COMUNICACIÓN Y SU PATOLOGÍA.
2.3.1 La imposibilidad de no comunicarse.
2.3.2 El contenido y la relación.
2.3.3 Lo digital y lo analógico.
2.3.4 Simetría y complementariedad.
2.3.5 La puntuación de la secuencia de hechos.

2.4 LA COMUNICACIÓN PARADÓJICA.


• Antinomias
• Definiciones paradójicas.
• Paradojas pragmáticas.
CAPÍTULO 3. ENFOQUE ESTRATEGICO EN TERAPIA FAMILIAR SISTEMICA.
3.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.
3.1.1 Las reglas de comunicación en sistemas familiares.
3.1.2 Las etapas del ciclo familiar.
I El galanteo.
II El matrimonio.
III El nacimiento de los hijos.
IV El período intermedio del matrimonio.
V La partida de los hijos.
VI El retiro y la vejez.
3.1.3 Las modalidades del cambio.
3.1.4 La noción de doble vínculo terapéutico.
3.2 LA CONCEPCIÓN OPERATIVA DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.
3.3 LAS TÉCNICAS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.
3.3.1 Instrucciones directas.
3.3.2 Instrucciones paradójicas.
3.3.3 Redefinición.
3.3.4 Connotación positiva.
3.3.5 Prescripción del síntoma.
3.3.6 Desalentar.

CAPÍTULO 4. TEORIA CMM: COORDINATED MANAGEMENT OF MEANINGS.


4.1 ASPECTOS GENERALES.
4.2 PROPOSICIONES GENERALES DE LA TEORÍA CMM.
• Proposición I.
• Proposición II.
• Proposición III.
• Proposición IV.
• Proposición V.
• Proposición VI.
• Proposición VII.
• Proposición VIII.
• Proposición IX.
4.3 PROPOSICIONES ESPECÍFICAS DE LA TEORÍA CMM.
4.3.1 Concepto de relaciones jerárquicas.
4.3.2 Concepto de reflexividad.
• Proposición I.
• Proposición II.
• Proposición III.
• Modelo jerárquico de significaciones.
Patrones culturales.
Guiones de vida.
Relación.
Episodios.
Actos comunicativos.
Contenidos.
• Proposición IV.
4.3.3 El principio de transitividad en las reglas constitutivas.
4.3.4 Las bases culturales y experienciales de la transitividad.
CAPÍTULO 5. ENFOQUE REFLEXIVO EN TERAPIA FAMILIAR SISTEMICA.

5.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE REFLEXIVO.


5.1.1 Cibernética de Segundo Orden.
5.1.2 Lenguaje.
5.1.3 Reflexividad.
5.1.4 Sistema observante.
5.1.5 Determinismo estructural, clausura operacional, autonomía.
5.1.6 La familia como sistema autónomo.
5.1.7 Objetividad.
5.1.8 Hipotetización, circularidad, neutralidad.
5.2 LA CONCEPCIÓN OPERATIVA DEL ENFOQUE REFLEXIVO.
5.2.1 El Reflecting Team.
5.2.2 Las Preguntas Reflexivas.
5.3 LOS TIPOS DE PREGUNTAS DEL ENFOQUE REFLEXIVO.
5.3.1 Preguntas orientadas al futuro.
5.3.2 Preguntas perspectiva-observador.
5.3.3 Preguntas de cambio inesperado de contexto.
5.3.4 Preguntas con sugerencia incorporada.
5.3.5 Preguntas de comparación normativa.
5.3.6 Preguntas que clarifican distinciones.
5.3.7 Preguntas que introducen hipótesis.
5.3.8 Preguntas de interrupción de procesos.
5.4 SISTEMAS TERAPÉUTICOS OPERANDO CON REFLEXIVIDAD.
CAPÍTULO 1: TEORIA GENERAL DE SISTEMAS Y CIBERNETICA:
LOS ORIGENES DE UNA NUEVA EPISTEMOLOGIA.

En los últimos 50 años se ha venido produciendo un cambio epistemológico verdaderamente radical para la
ciencia y, por lo tanto, de extraodinaria significación para todo este ámbito de quehacer humano. El
advenimiento de la Teoría General de Sistemas y el desarrollo casi paralelo de la Cibernética, juegan un
papel fundamental en el curso que ha seguido el quehacer científico durante dicho período.

1.1 BREVE PREAMBULO ACERCA DE EPISTEMOLOGIAS.

Los usos, sentidos y alcances de los términos epistemología y cibernética han sido múltiples y diversos, en
parte producto de la evolución de dichos términos dentro del código lingüístico de los científicos o, mejor
dicho, de las transformaciones que la propia noción de conocimiento ha ido experimentando durante el
transcurso de la historia misma de la ciencia.

En la tradición filosófica, por ejemplo, el término epistemología refiere principalmente a una pregunta
global por el conocer usando como instrumento la reflexión; remite, por tanto, a un conjunto de
procedimientos analíticos diversos, orientados, en última instancia, a definir los límites y la validez de lo
que formalmente podemos saber/conocer.

En este ámbito, la epistemología es entendida como aquella "...rama de la filosofía que estudia la
investigación científica y su producto, el conocimiento científico " (Bunge, 1980).

La "epistemología experimental" por su parte, denominación que dio W.S Mc Culloch, biólogo investigador
del célebre M.I.T. a un conjunto de trabajos iniciados en la década del 30 en el campo de la neurofisiología y
orientados a desentrañar la organización del sistema nervioso que hace posible el conocer, refiere a otra
concepción de epistemología que muy poco o nada tiene que ver con la tradición filosófica. En efecto, Mc
Culloch sostenía que el desarrollo de la Psicología como ciencia, pasaba por estudiar los sistemas de
relaciones formales que, por decirlo de algún modo, corporizan la mente.

Según Dell (1985), Bateson utilizaba el término epistemología en a lo menos cinco sentidos distintos: como
teoría del conocimiento, como paradigma, como cosmología biológica, como ciencia y como estructura
caracterológica personal .

Globalmente, puede decirse que Bateson sostuvo siempre que mucho más básica que cualquier teoría en
particular, era la epistemología, en tanto entendía a ésta como dando cuenta de las reglas de operación que
gobiernan la cognición, el conocimiento como acto. Según sus planteos, en la epistemología de cada
individuo se encuentran las premisas básicas que subyacen a las acciones y cogniciones de cada cual.

En la concepción de Bateson (1982), la epistemología gira en torno a las reglas que utilizamos para
otorgarle sentido al mundo, para configurarlo coherentemente en cada uno de nosotros; es decir, la
epistemología se ocupa de las operaciones que realizamos para conocer, pensar y decidir.

Atendidos los postulados de Bateson, en el dominio socio-cultural puede entenderse que la epistemología
refiere al estudio del modo en que las personas --o sistemas humanos-- conocen cosas y al modo en que
ellas piensan que conocen cosas; es decir, el estudio de la epistemología en este ámbito, conduce a la
revisión de cómo las personas construyen y mantienen sus hábitos de cognición (Keeney, 1987).

Durante todo el libro, el término epistemología es utilizado en el sentido de Bateson y Keeney, es decir, se le
emplea como una manera de aludir y enfatizar el modo --y los procesos que subyacen a éste-- en que los
Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

seres humanos construyen y organizan las distintas realidades en que participan. En síntesis, las
principales distinciones que pueden realizarse en este ámbito, dicen relación con:

1.1.1 Una epistemología lineal-causal: basada en la noción que una cosa causa a la otra, es decir,
sustentada en la idea que todo fenómeno tiene un origen específico y que sus componentes específicos
poseen propiedades inherentes que actúan como determinantes causales de su expresión última. Este
entendimiento proviene de la Física newtoniana y fue adoptado con mayor o menor grado de analogía, por
los modelos sociológicos y psicológicos clásicos. El psicoanálisis, por ejemplo, la teoría de mayor
trascendencia en los inicios de la psicología, sostiene sus explicaciones y tratamiento del comportamiento
humano, basado en premisas epistemológicas fundadas en un modelo de energía psíquica (la libido), en que
participan distintas fuerzas (impulsos eróticos o tanáticos) y regulado por mecanismos de diverso orden. Si
se presta atención a este planteamiento teórico, se verá que enfatiza lo intrapsíquico, lo monádico y los
atributos inherentes; en consecuencia, su epistemología no puede ser sino causal y unidireccional.

1.1.2 Una epistemología sistémico-circular: basada en las nociones holísticas, que enfatizan la reciprocidad
de las relaciones y las dependencias entre los distintas partes que constituyen una realidad o fenoméno
particular en estudio. Desde esta perspectiva, los organismos o sistemas se conciben como estructuras
unificadas, coherentes en su dinámica interna e irreductibles a la suma de sus componentes, sin que se
pierda una parte fundamental de lo que se pretende describir o explicar. El método analítico tradicional de
descomponer lo más finamente posible el todo en sus partes, resulta aquí inaplicable, ya que el énfasis está
puesto justamente en tratar de configurar una visión de conjunto que señale, con la mayor claridad, la
mayor cantidad de relaciones posibles que se presentan en el fenómeno o sistema en estudio. De este
modo, la consideración del medio o entorno en que se halla un sistema o se presenta un fenómeno, pasa a
ser factor central para su comprensión. Se entiende que conforman el medio/entorno del sistema todos
aquellos elementos no contenidos en éste, pero que en tanto cambian afectan su dinámica, al tiempo que se
ven también afectados, como resultado de las modificaciones de estado del sistema. Desde esta perspectiva,
no hay intento explicativo a partir de características inherentes al sistema (por ejemplo, elementos
intrapsíquicos o rasgos de personalidad) o de causalidad lineal, sino una óptica en que se considera que
causa y efecto son distinciones que realiza un observador al puntuar de una cierta manera la realidad, en
tanto que en la dinámica de los procesos sistémicos operan de una manera circular en que la una y la otra
resultan, de hecho, indistinguibles e inseparables.

Un ejemplo tomado de P. Watzlawick: en determinado momento de la crisis petrolera de los 70, en Estados
Unidos circularon rumores que habría desabastecimiento de combustibles. Los automovilistas comenzaron
a llenar sus estanques, por si se presentase la eventualidad. Comenzaron a hacerse filas en las gasolineras;
eso llamó la atención de otra gente y pronto las estaciones de servicio se hallaban atestadas de personas que
querían aprovisionarse de bencina en cantidades que no requerían habitualmente. En pocos días hubo
crisis y el desabastecimiento efectivamente se produjo. ¿ Cuál fue el efecto y cuál fué la causa ?.

1.1.3 Una epistemología cibernética o de la pauta: focalizada en el intento por discernir los patrones o
pautas que organizan, configuran y/o corporizan ciertos eventos o sistemas, ya sean materiales o
inmateriales. Dicho aspecto, (la materialidad) no tiene aquí importancia, en tanto esta epistemología
claramente enfatiza la forma respecto de la materia. Lo que se quiere dilucidar es el modo en que están
organizados los eventos o sistemas que se tratan de explicar, en términos del patrón que los constituye y
hace posible distinguirlos como tales. En este mismo sentido, la epistemología cibernética está
principalmente orientada a cambiar el foco desde la sustancia/materia a la forma/patrón y, por lo tanto, no
hace el mismo énfasis en el todo por sobre las partes, como la epistemología sistémica, sino que examina
tanto el todo como las partes, en búsqueda de sus respectivas configuraciones distintivas. Tampoco esto
hace incompatible los aspectos físicos con los relacionales. Por ejemplo, en el caso de una máquina
cualquiera, la pauta de relaciones que la configura como tal, está dada por la organización de sus
componentes en una cierta forma particular. Dicha configuración puede además ser dintinguida --en tanto

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
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relaciones--, con absoluta prescindencia de las propiedades materiales de dichos componentes. Al mismo
tiempo, también se puede señalar el patrón que configura a cada componente material en tanto tal, para lo
cual resulta irrelevante la distinción de la pauta que configura a la máquina como entidad.

Por razones de orden diverso, existe una tendencia a asociar la cibernética con el campo más circunscrito de
la computación y, a partir de dicha asociación, a considerar que esta perspectiva epistemológica --como
conjunto-- pretende aplicar un reduccionismo proveniente de las máquinas y la tecnología, a fenómenos
humanos y sociales. Eso tiene un fundamento, aunque distorsionado, en los orígenes (matemáticos) de la
Cibernética. G. Bateson, quien llevó estas ideas al campo de las ciencias sociales, aludía con el término
'mente' a la pauta organizativa, concibiéndola como aplicable no sólo a algo que estaría "dentro de la
cabeza", sino que a todo fenómeno donde es posible señalar conexiones y distinguir configuraciones, sean
éstos redes de conversaciones como las culturas, cadenas de componentes de la naturaleza como los
sistemas ecológicos, o agrupaciones de seres humanos como las sociedades.

1.2 TEORIA GENERAL DE SISTEMAS.

1.2.1 Antecedentes históricos.

La Teoría General de los Sistemas comenzó a ser desarrollada desde los años 30 por el biólogo austro-
canadiense L. von Bertalanffy, aun cuando fue formalizada en dos trabajos bastantes posteriores en los
años 1955 y 1956. (En von Bertalanffy, 1976).

Haciendo un recuento de sus escritos, que se remontan a inicios de los 40, von Bertalanffy (1976), señala que
él introdujo la expresión "teoría general de los sistemas" , deliberadamente en un sentido amplio. Lo que
importaba, según este autor, era la incorporación del "sistema" como un nuevo paradigma científico, en
contraste con el paradigma analítico, mecanicista, unidireccionalmente causal, de la ciencia clásica (pag.
XV).

En 1937, durante el desarrollo de un Seminario de Filosofía en la Universidad de Chicago, él expuso --como


una extensión de su trabajo en biología-- algunos elementos de lo que más tarde sería su proposición
fundamental.

En un lenguaje no técnico, von Bertalanffy publica, en 1955, un artículo que contiene aspectos centrales
(isomorfismo, entropía, retroalimentación, equifinalidad), de lo que será su formalización teórica posterior.
Al año siguiente, General Systems Theory es el artículo inicial (pags. 1-10) -más formalizado y técnico que
el de 1955- del primer Anuario de la Sociedad para la Investigación General de los Sistemas, creada por el
mismo Bertalanffy, el bio-matemático A. Rapaport y el fisiólogo R. Gerard en 1954.

La Teoría General de Sistemas --biológica en sus orígenes-- corresponde a una formalización lógico-
matemática que por la generalidad de sus principios básicos (totalidad, equifinalidad, entropía y otros)
adquirió notoria difusión y aplicación en el ámbito de las ciencias sociales en los años siguientes a su
formulación original. Distintas disciplinas como la Administración, la Psicología o la Comunicación,
acogieron y adaptaron sus conceptos y desarrollaron modelos fundados en dicho corpus teórico. Al mismo
tiempo, la llamada Ingeniería de Sistemas adquirió gran relevancia y llegó a establecerse como expresión
predominante en el campo, durante los años 70.
Dichos conceptos fueron rápidamente acogidos y adaptados en diversas disciplinas: en Psicología, la Teoría
Organizacional de Katz y Kahn, (1966), la Pragmática de la Comunicación (Watzlawick, Beavin y Jackson,
1967) y el Modelo Estratégico en Terapia Familiar (Haley, 1973, Watzlawick, Weakland y Fisch, 1974), son
expresión manifiesta de las primeras y principales aplicaciones de la Teoría General de Sistemas en esos
ámbitos.

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De hecho, en Psicología sentaron las bases para el desarrollo de toda la Terapia Familiar Sistémica hasta
nuestros días. En el ámbito específico de la Terapia Familiar, puede decirse que la Teoría General de los
Sistemas proporcionó una base sólida y coherente para comenzar a conceptualizar a la familia como un
Sistema.

Esta teoría proporciona un andamiaje conceptual divergente con el modelo médico tradicionalmente
aplicado a la psiquiatría clásica, en tanto desplaza el énfasis de los intentos explicativos desde lo individual
(aspectos intrapsíquicos), hacia la búsqueda de explicaciones en la interacción y la comunicación entre las
personas (aspectos relacionales).

Aunque hubo también, otras formas de aplicación derivadas de la teoría de sistemas --principalmente en
Terapia Familiar-- durante los años 70, las ciencias sociales tendieron a quedarse en el desarrollo de los
hallazgos y proposiciones de la década anterior. Los aportes más significativos provinieron entonces de la
Cibernética.1

1.2.2 Definición y delimitación de los sistemas.

La definición más general de 'sistema', considera que se trata de totalidades que resultan de la relación
existente entre las distintas partes que las componen, y que son indivisibles mediante análisis, en tanto
dichas totalidades poseen condiciones cualitativas propias, que no pueden emerger o estar representadas
mediante la sumatoria o agregación de sus partes componentes.

Un aspecto fundamental de esclarecer al tratar con entidades de cualquier tipo, definidas como 'sistemas',
es la delimitación de éstas y consecuentemente, de lo que se entenderá como su entorno. De acuerdo a Hall
y Fagen (1956), éste correspondería al conjunto de objetos y fenómenos que son modificados, o modifican al
sistema, como resultado de su interacción con éste.

Watzlawick et al. (1974) sostienen que la conceptualización sistema-medio o sistema-subsistema y la


distinción de sistemas abiertos y cerrados, " ... explica en considerable medida, la eficacia de la teoría de los
sistemas generales para estudiar los sistemas vivos, ya sea biológicos, psicológicos o interaccionales" (pag.
118).

Los seres humanos participan diariamente en múltiples sistemas sociales, adquiriendo y representando en
ellos diversas identidades, todas ellas transitorias por definición, aun cuando unas más estables que otras
en el tiempo. Así por ejemplo, considerando sólo la familia, puede verse que en tanto miembros de ella,
cada uno de quienes la integran, se comporta o comunica en, a lo menos, dos dominios diferentes todo el
tiempo:

PADRE MADRE
JOAQUIN: ---------- ALEJANDRA: ----------
ESPOSO ESPOSA

1 La más relevante de las contribuciones teóricas en ciencias sociales con fundamento en la Teoría General de Sistemas
en los últimos años, es sin duda la del sociólogo alemán Niklas Luhmannn, que en 1984 publicó su obra de mayor
amplitud y pretensión: Soziale Systeme: Grundrisse einer allgemeinen Theorie. (Sistemas Sociales: bosquejo de una
Teoría general).

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HIJO HIJA
ALBERTO: ----------------- CONSTANZA: ----------------
HERMANO HERMANA

Lo anterior, sin considerar las familias de origen y extensas de cada uno de los cónyuges, ni las distintas
actividades laborales (estudiantiles), sociales, religiosas, etc., de cada una de las personas que conforman el
grupo familiar.

Un aspecto relevante (y ciertamente reiterado), que un terapeuta familiar puede visualizar en las
problemáticas que presentan las familias, dice relación con el manejo de los límites que ésta como conjunto
hace, respecto de otros subsistemas con los cuales interactúan sus miembros como individuos, o ella como
agrupación (trabajo o familiares políticos, por ejemplo).

Como la conducta de cualquier persona (un adolescente, por ejemplo), resulta ser una intersección de su
actuar personal con otros sistemas de interacción (amigos, polola, padre que vive separado de él, etc.), es
más o menos evidente que esos distintos encuentros y el manejo de la distancia o límites respecto de ellos,
tiene incidencia en el funcionamiento del sistema familiar a que él pertenece de manera más predominante
o permanente.

La consideración de este aspecto es relevante en la tarea del terapeuta familiar. La Teoría General de los
Sistemas ha resultado crucial en tal sentido, pues ha proporcionado el fundamento para entender la
interacción humana como un fenómeno que se constituye a partir de la recurrencia interactiva entre seres
vivos, pero que se expresa al mismo tiempo en una multiplicidad de dominios sociales (y emocionales),
que deben ser compatibilizados y armonizados permanentemente.

La preocupación por estas dimensiones y sus dinámicas asociadas, llevó al desarrollo de una de las
primeras 'escuelas' dentro de la Terapia Familiar de orden sistémico: el llamado Enfoque Estructural
(Minuchin, 1977).

1.2.3 Los sistemas y su condición de apertura operacional.

En una primera etapa, el estudio de los sistemas y sus procesos, estuvo centrado en las relaciones entre el
todo y sus componentes, así como en las interrelaciones entre éstos últimos. No hay una noción cabal de
sistema cerrado, pero el énfasis apunta claramente a una focalización en las relaciones internas de los
sistemas.

Un avance significativo tiene lugar cuando el foco de interés se desplaza, desde la observación de las
relaciones al interior del sistema (relaciones parte-todo), a la observación de las condiciones externas al
sistema y de las relaciones de éste con aquéllas (relaciones sistema-ambiente). Las relaciones internas
adquieren ahora un sentido, en relación con el ambiente; constituyen un recurso instrumental para la
viabilidad y la sobrevivencia del sistema.

Dentro de esta etapa, hay un primer énfasis en los procesos morfostáticos, esto es, en aquellos que dan cuenta
de la organización del sistema como contrarresto de las tendencias entrópicas, mediante operaciones que
establecen y controlan selectivamente sus intercambios con el medio externo. Un segundo énfasis tiene
lugar con los aportes de distintos teóricos (Maruyama, 1963; Beer 1970) en relación a las dinámicas

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vinculadas al modo en que los sistemas cambian como parte de su adaptación a los cambios del entorno; la
atención se centra entonces, en los llamados procesos morfogenéticos.

El concepto de 'sistema abierto' se difundió rápida y ampliamente y pasó a formar parte de los
planteamientos de las ciencias sociales desde mediados de los sesenta en adelante (Katz &Kahn, 1966;
Watzlawick, Beavin & Jackson, 1967).

En tanto tales, los sistemas abiertos pueden caracterizarse mediante varias propiedades, tres de la cuales
están más directamente relacionadas con su condición misma de apertura operacional:

A. Incorporación de energía/información: desde un punto de vista biológico, los sistemas abiertos toman
del ambiente externo alguna forma de energía. Los seres humanos, en tanto seres vivos, no escapan a ese
tipo (constante) de intercambio con el medio en que se encuentran, ya que de ello depende su subsistencia
biológica. Al mismo tiempo, es evidente que el mundo psicológico y social de las personas se construye en
base a intercambios de otro orden.

En este punto es necesario, sin embargo, hacer la distinción entre energía e información. G. Bateson (1976)
en un ejemplo ya clásico, se refirió a este punto, señalando que el desplazamiento de una piedra golpeada
por el pie de una persona puede ser explicado en términos físico-energéticos, pero no así la conducta del
perro al ser golpeado por el mismo pie y la misma persona, ya que en ese caso lo trasmitido ha de
entenderse como 'información' más que como 'energía', si se quiere intentar una explicación más atingente.

B. El procesamiento: los sistemas abiertos transforman la energía incorporada de la cual disponen; en lo


bio-fisiológico, esos cambios son bastante concretos y ostensibles, dado que los 'insumos' también lo son.
En lo psicosocial, aun cuando lo incorporado es menos tangible (es información), la manifestación final no
lo es. Por ejemplo, las personas modifican algunas de sus creencias políticas a partir de nuevos
antecedentes que le entrega una campaña pre-electoral; un sistema familiar adopta nuevos hábitos
alimenticios en virtud de los últimos hallazgos vinculados a nutrición y salud, etc. Lo que los sistemas
humanos procesan es básicamente información.

C. El resultado: algún 'producto' se entrega finalmente al ambiente por parte del sistema, el que en alguna
forma es distinto a lo originalmente incorporado por éste. Lo que en el caso de organizaciones sociales
productoras es una realización material --como un nuevo modelo de automóvil-- y en el caso de una
universidad un nuevo profesional formado allí, en los seres humanos, individual o grupalmente, lo
resultante son conductas en cualquiera de sus posibles niveles de integración, que se expresan en sus
diversos dominios de existencia.

Por tanto ha de asumirse que cualquiera sea su naturaleza, los sistemas no sólo tratan con insumos
energéticos, sino que a partir del procesamiento de éstos, en el caso de las máquinas y más allá de dicho
tipo de insumos, en el caso de los sistemas humanos, existe otro orden de procesos que resultan ser
fundamentales para el entendimiento de la dinámica y la operatoria de cualquier sistema, en tanto se trata,
en última instancia, de información acerca de lo que el propio sistema hace y de los efectos que dicho
hacer tiene en el medio en que éste se realiza.

1.2.4 Características generales de los sistemas abiertos.

Más allá de las propiedades vinculadas directamente con su condición básica de apertura operacional, los
sistemas abiertos presentan otras condiciones que los caracterizan y determinan en su forma general de
comportamiento como entidades globales.

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1.2.4.1 Totalidad.

La Teoría General de los Sistemas establece que un sistema es un conjunto en que los componentes y sus
atributos (o propiedades), sólo pueden comprenderse como funciones del sistema total. Un sistema no es
una agrupación azarosa de componentes, sino una organización interdependiente en que la conducta y
expresión de cada uno influye y es influida por todos los otros. El concepto de totalidad implica no
aditividad, en otras palabras, el viejo principio aristotélico acerca del todo, como constituido por algo más
que la simple suma de sus partes.

En un sentido operativo, la noción de totalidad apunta a señalar que cualquier actividad de un sistema, sea
ésta más o menos abarcativa, corresponde a una manifestación de dicha propiedad, esto es, al hecho que las
partes son interdependientes entre sí y con respecto al sistema global, por lo que las actuaciones de los
miembros de un sistema familiar, por ejemplo, son siempre expresión de un todo inseparable y coherente.

En la Teoría General de los Sistemas, el interés está focalizado en torno a los procesos transaccionales que
tienen lugar entre los componentes del sistema mismo, así como entre éstos y sus propiedades. En términos
prácticos, ello apunta a destacar la imposibilidad de comprender un sistema mediante el solo estudio
pormenorizado de sus componentes por separado (análisis) y la operación aditiva posterior (síntesis) de lo
obtenido en la fase previa.

En su aplicación a la psicología de la familia y la Terapia Familiar, el principio de totalidad dice relación


con un nivel de abstracción más alto que aquél de las acciones de sus miembros como individuos: se trata
de procesos transaccionales amplios (de interacción y comunicación) que involucran en distintos grados y
maneras, a todos quienes componen un determinado sistema familiar.

Como se observará más adelante, en el campo de la Terapia Familiar, esta propiedad teórica de los
sistemas, mostrará su aplicabilidad no sólo en la descripción de la familia misma, sino también para la
conceptualización del sistema más amplio, que conforman el terapeuta y sus atendidos (sistema
terapéutico).

1.2.4.2 Homeostasis y estado estable.

El concepto de homeostasis tiene su origen en la fisiología y fue desarrollado por W.B. Cannon en la
década del 20; por lo tanto, es previo al desarrollo formal de la Teoría General de los Sistemas. Fue
incorporado posteriormente al marco general de dicha teoría y ha constituido desde entonces un aporte
significativo para las explicaciones biológicas, psicológicas y sociales, que se basan en la perspectiva
sistémica.

En la presentación más precisa del concepto original de Cannon (1939), la homeostasis refiere a un
mecanismo funcional y protector; no implica algo inmóvil, sino más bien alude a una condición que puede
variar, pero que es relativamente constante. Los sistemas abiertos pueden ser caracterizados por la
mantención de un estado estable que ha de entenderse referido a la preservación del sistema, por un lado, y
a su modificación permanente, por otro.

La mantención de un estado estable por parte de un sistema, está basada en la incorporación y uso que éste
hace de la información que retorna a él, proporcionándole indicadores acerca de su propia actuación. Es lo
que se denomina retroalimentación, y que se revisará a continuación, como otra propiedad fundamental de
cualquier sistema.

Es claro que todo sistema familiar requiere de homeostasis para mantener un cierto grado de seguridad y
estabilidad respecto de su medio físico y social, así como en el funcionamiento derivado de la interacción

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entre sus propios miembros. Sin embargo, al mismo tiempo requiere plasticidad y posibilidades de
modificación, para comportarse adaptativamente frente a las contingencias siempre cambiantes del entorno
y/o de las manifestaciones individuales de sus miembros.

En un cierto nivel, la mantención del 'estado estable' se basa en un proceso homeostático destinado a
mantener cierto tipo de intercambios que permitan detener la entropía y asegurar la subsistencia del
sistema como tal. En otro nivel, se trata de la mantención del carácter del sistema, aun en el marco de las
modificaciones que van teniendo lugar en él, como resultado de contrarrestar la entropía y aumentar los
intercambios favorables con el medio.

Ciertos entendimientos restringidos acerca del concepto de homeostasis, han llevado a cuestionar este
proceso como algo deseable para el buen funcionamiento familiar. Ello ocurre cuando se observa un
sistema familiar que ha estabilizado un patrón interactivo que genera sufrimiento a sus integrantes. Más
aún, en tales situaciones es frecuente (y naturalmente esperable), que en la medida que la persona que
aparece como portador del problema mejora, las relaciones intrafamiliares empeoren y surjan otros nuevos
problemas.

Al momento de consultar y siguiendo una ley básica de todo sistema, la familia presenta un estado
homeostático (no podría no tenerlo); sólo que dicho estado se encuentra mantenido merced a una solución
dolorosa, problemática. Intuitivamente, el grupo familiar advierte el riesgo de desestabilización debido a la
acción terapéutica y 'resiste' el cambio, trasmitiendo a la vez un contradictorio mensaje al terapeuta:
ayúdenos a solucionar esto, pero sin cambiarnos.

En otras palabras, la familia se aferra al estado homeostático alcanzado. Sin embargo, forma parte de lo
predecible que ello ocurrirá, y por lo tanto, el terapeuta deberá ser capaz de desmontar el dispositivo
homeostático actual, cuidando a la vez de generar otro que no resulte (tan) problemático a la familia. A
veces la solución terapéutica puede consistir, por ejemplo, en reemplazar un problema o conducta
frecuente/inmanejable, por otra menos frecuente y manejable.

Ciertamente la funcionalidad de los estados homeostáticos está en estrecha relación con ciertos períodos de
tiempo; los modos de interacción mediante los cuales un sistema familiar ha mantenido la estabilidad en
determinado momento y condiciones, pueden resultar muy poco apropiados, y en última instancia
patológicos, bajo otras circunstancias.

Por otra parte, el tipo o características básicas de un sistema no cambian directa o esencialmente, como
consecuencia de la sola expansión numérica de éste. Se trata más bien de un cambio cuantitativo, que luego
llega a manifestarse en una diferencia cualitativa del sistema. Quizás el ejemplo más visible de este tipo de
dinámica a nivel familiar, está en el conjunto amplio y significativo de cosas que se modifican (al mismo
tiempo que otras no lo hacen), a partir del cambio (cuantitativo) que tiene lugar con el nacimiento de un
hijo. Los horarios cambian, las tareas se redistribuyen, se asignan nuevas responsabilidades (o se reasignan
las anteriores), las prioridades se evalúan con otro factor presente, se evidencian nuevas aptitudes o
destrezas, se redistribuye la auto-estima de los miembros de la familia, se manifiestan nuevos afectos (y
también nuevos temores), cambian las relaciones y distancia con los familiares políticos, surgen nuevos
compromisos con amistades, etc.

Desde la formalización de la Teoría General de los Sistemas y durante varios años, el debate teórico general
y, consecuentemente, la atención de los terapeutas familiares estuvo muy focalizada en los procesos
morfostáticos (de mantención o protección de lo ya existente), (Demicheli, 1988); con posterioridad a ello,
distintos investigadores (Maruyama 1968, Beer 1970, Buckley 1973) se interesaron en los procesos
vinculados a ampliaciones de diferencias, cambio y expansiones. A estos procesos se los denominó
globalmente como morfogenéticos.

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Un principio significativo derivado del estudio de dichos procesos tiene que ver con el aumento de la
diferenciación de las partes componentes del sistema, por medio de la cual cada una de ellas puede
desarrollar complejidad propia, permaneciendo al mismo tiempo, en relación funcional con la totalidad.

Por otra parte, Ashby (1978) señaló la importancia de la cantidad de información en la relación sistema-
entorno y la consecuente capacidad selectiva del sistema, partiendo del supuesto que la variedad de estados
posibles del ambiente es prácticamente infinita y que, por lo tanto, éste es siempre más complejo que el
sistema.

Basado en dichas nociones, Beer (1970) desarrolló el concepto de viabilidad, considerando que la reducción
de la variedad que presenta el medio por parte del sistema, así como su capacidad de respuesta ante la
variedad significativa actual y de anticipación a la variedad futura, es lo que determina cuán viable resulta
un sistema frente a sus contingencias.

De este modo, el equilibrio pasa a ser considerado como principio fundamental de lo orgánico (sistemas
mecánicos y químicos); la homeostasis se entiende como proceso básico de los sistemas biológicos
(superiores e inferiores), en tanto que la viabilidad, al implicar capacidad inherente de crecimiento y de
cambio autodirigido, pasa a ser factor central en la explicación de los sistemas sociales.

La viabilidad describe un sistema capaz -en diversos grados- de procesos de crecimiento homeostático y
morfogenético. El grado en que un sistema familiar es capaz de utilizar ambas modalidades, para
manejarse apropiadamente respecto de su operar y sus propósitos, es lo que indica su viabilidad como
sistema.

En síntesis, se entiende entonces que los sistemas se desenvuelven merced a una dinámica oscilante que
calibra de manera permanente, la estabilidad y el cambio.

1.2.4.3 Retroalimentación.

El concepto de retroalimentación fue formalizado por N. Wiener (1948) junto con los desarrollos iniciales
de la Cibernética. Básicamente, describe el proceso mediante el cual un sistema recoge información relativa
a su propia actuación y la re-ingresa como parte de su operar, de manera tal de mantener o corregir su
funcionamiento, con consideración de las condiciones del medio en que se desempeña. Por lo tanto, el tipo
de insumo incorporado no es energético, sino informativo.
Cuando la información re-ingresada a un sistema, permite que éste reduzca la amplitud de la desviación de
su operar (en relación al medio), corrigiendo a partir de allí su posterior curso de acción, el proceso es
denominado retroalimentación negativa.

El ejemplo más conocido de un sistema (físico) operando en base a retroalimentación negativa, es el de un


sistema de calefacción que mantiene estable la temperatura ambiente de un recinto, mediante un
termostato. Del mismo modo, los hijos en una familia cualquiera, pueden realizar conductas que
contribuyen a aumentar la tensión intrafamiliar y el mal humor de uno o ambos padres; si dicho mal humor
llega a manifestarse de manera poco grata, los hijos tienden en el tiempo a regular su conducta dentro de
ciertos márgenes que permitan evitar la expresión desagradable final. Como se puede apreciar, los procesos
vinculados a retroalimentación negativa tienen que ver directamente con la recuperación o mantención de
la estabilidad de los sistemas. A la inversa, la retroalimentación positiva, se vincula con las distintas formas
de cambio en los sistemas.

La retroalimentación positiva, alude al fenómeno antagónico al hasta aquí descrito; es decir, información que
re-ingresa al sistema pero que no opera reduciendo, sino aumentando la desviación con que el sistema está

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actuando en relación a su medio; llevada a su extremo, esta forma de retroalimentación conduce a la


desaparición del sistema.

Si se considera la noción de los sistemas operando en base a permanentes calibraciones entre estabilidad y
cambio, la idea tradicional acerca de la retroalimentación positiva como no conducente a adaptación ha de
repensarse. De hecho, los teóricos de la Cibernética de Primer Orden, (Segundo Onda) como Maruyama,
Beekley y Beer, focalizaron su esfuerzo en explicar cómo los sistemas cambian y logran adaptación
mediante ese proceder. Las mutaciones manifestadas y desarrolladas por una determinada especie, serían
un buen ejemplo acerca de patrones secuenciales que han operado en base retroalimentación positiva,
haciendo que se amplifique la desviación y sobrevenga un cambio estructural, que resulta ser finalmente
adaptativo.

El quehacer psicoterapéutico también puede ser entendido como un operar que busca cambio, lo cual hace
que esté más predominantemente basado en la retroalimentación positiva que en la negativa; en el trabajo
con familias, por ejemplo, manejando los delicados hilos del conversar terapéutico, se pretende que la
estructura de ese grupo que consulta, se reacomode de manera tal que, sin perder su organización como
familia, sea algo distinto al final del proceso, de lo que ingresó a la oficina en la primera sesión. Lo que se
hace, entonces, es ayudar a que desaparezca un sistema particular (el que llegó) y que en su reemplazo
surja otro (el que se va) que no tenga contenido el dolor inicial que motivó la consulta.

1.2.4.4 Diferenciación y especialización.

Con el transcurso del tiempo, los sistemas abiertos van adquiriendo un funcionamiento crecientemente
diferenciado y elaborado. Las pautas globales, en un principio difusas, van siendo definidas de modo
paulatino y adquieren, a la vez, mayor especificidad y especialización funcional.

En lo biológico, los distintos órganos sensoriales y el desarrollo mismo del sistema nervioso, muestran
notoriamente un progresivo evolucionar diferenciado y especializado; por ejemplo, motricidad y
coordinación viso-motriz.

En lo psicológico, el desarrollo de un individuo se manifiesta en la creciente complejización de sus diversas


formas de comportamiento cognitivo, afectivo y social; por ejemplo, las emociones que en las primeras
etapas de la vida se remiten a tres grandes formas escasamente moduladas (rabia, temor y alegría),
adquieren sutiles expresiones intermedias a través de una creciente modulación socialmente condicionada.

Por otra parte, todo sistema social sigue la deriva que las contingencias con su entorno le demandan,
debiendo recurrir a modos crecientemente más específicos y diferenciados de respuesta según transcurre el
tiempo, pues de lo contrario, la viabilidad global del sistema como conjunto se vuelve gradualmente más
frágil, en tanto no cuenta con formas de comportamiento suficientemente afinadas para responder a la
diversidad de requerimientos que el entorno le plantea. Por ejemplo, en la actualidad es tal la cantidad y
diversidad de información existente, que ninguna organización o persona, puede pretender el manejo
completo de ella. Las personas se especializan, las organizaciones incorporan especialistas.

En el plano conyugal, se ha mostrado (Altrocchi, 1959) que los sistemas interaccionales que se mantienen en
el tiempo, son aquellos que logran pasar de una relación inicial predominantemente simétrica
(indiferenciada), a otra forma en que prima una conducta complementaria (diferenciada) entre los
miembros de la pareja. En una perspectiva familiar, lo que inicialmente es una dupla de personas más bien
igualitarias en su comportamiento, evidencia la necesidad de diferenciarse con la sola llegada del primer
hijo; de allí en adelante, las múltiples demandas intra y extra-familiares, requieren de repuestas diversas de
todos y cada uno de sus miembros, más que de una sola conducta corporativa e invariable.

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Esta misma propiedad es la que se expresa dramáticamente en el contexto de la Terapia Familiar, cuando se
está frente a lo que se ha denominado el 'paciente índice' o 'designado', entendiéndose que aquél, ha
asumido la función de 'regular' el sistema (de un modo problématico/doloroso) ante la falta o
imposibilidad de otra opción familiar.

1.2.4.5 Equifinalidad.

Esta característica de los sistemas alude a la posibilidad de éstos de arribar a un mismo estado final, aun
habiéndose constituido en condiciones iniciales distintas y habiendo seguido cursos de acción diferentes.

En los sistemas con retroalimentación, los resultados o alteraciones del estado del sistema luego de
transcurrido cierto tiempo, no están determinados por las condiciones iniciales, sino por la naturaleza
misma del proceso. De esta forma, idénticos resultados pueden tener orígenes muy diversos; aquellos son
independientes de las condiciones iniciales.

En la interacción humana, el comportamiento de las personas no está determinado por su origen y sólo
adquiere sentido en el contexto en que se produce. La conducta no es el resultado de causas particulares,
sino una parte integrada de un sistema global en curso.

El concepto de equifinalidad trae como implicancia el hecho que no es necesaria una hipótesis intrapsíquica
(en última instancia imposible de verificar) para explicar el comportamiento humano, sino que ésta se
puede obtener a partir de la observación y la descripción de la interacción, de la comunicación y las
relaciones observables entre las distintas partes de un sistema.

Típicamente, por ejemplo, el 'síntoma' o 'conducta problema' en la familia constituyen sólo un fragmento
de un arco o patrón más amplio, pero cuyos efectos pragmáticos alteran todo el sistema del cual ese
síntoma o problema forma parte.

Una implicancia significativa de este principio para la psicología radica, entonces, en que es posible explicar
el comportamiento de un sistema por el estado actual en que se encuentra y, por lo tanto, la búsqueda de
causas deterministas en el pasado, se hace innecesaria.

1.3 CIBERNETICA.

1.3.1 Antecedentes históricos.

La palabra 'cibernética' proviene del griego kybernetike, que significa piloto/timonel y, literalmente, arte de
gobernar o comandar. Platón la utilizó en La República para referirse al arte de dirigir una nave y a la vez
de comandarla. Según Keeney (1987), que la palabra original se refiera tanto a la naútica como al control

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social, señala que ella se ocupa no sólo de los actos instrumentales, sino también de las personas mismas
que los realizan.

El matemático Norbert Wiener, trabajando en el área de la Ingeniería durante la Segunda Guerra Mundial,
estudiaba la conducta de tiro de los cañones anti-aéreos, enfrentado al problema que la velocidad de los
aviones había aumentado considerablemente desde la Guerra anterior, lo cual hacía que los cañones fuesen
inoperantes si no se contaba con un dispositivo que permitiese la auto-corrección de la trayectoria del
proyectil, una vez que éste ya había sido lanzado. Así, Wiener desarrolló y formalizó matemáticamente el
mecanismo de retroalimentación 2.

Fue Wiener quien introdujo el uso del término Cibernética, para referirse a un cuerpo teórico todavía
incipiente, que agrupaba un conjunto de trabajos referidos a analogías entre máquinas, seres humanos y
modelos globales de sociedad y definió esta naciente disciplina (1948), como "la ciencia del control y la
comunicación en sistemas complejos (computadoras, seres vivos)".

Por su parte, la Teoría General de Sistemas fue formulada y formalizada como tal en 1956 por Ludwig von
Bertalanffy, pero como producto de un trabajo previo de casi 30 años, durante los cuales él fue haciendo
sistemáticos aportes orientados en igual sentido. En ese mismo período surgieron muchas otras
proposiciones teóricas en diversos campos científicos, las cuales también pueden entenderse con propiedad
como teorías de sistemas, en tanto corresponden a enfoques en los que predominan los aspectos
relacionales entre los componentes de los fenómenos estudiados, a la vez que se enfatiza el carácter de
totalidad de ellos, amén de otras correspondencias con la noción de 'sistema' de Bertalanffy.

Las convergencias conceptuales, la utilización recíproca de términos, incluso la sobreposición de nociones e


ideas fundacionales entre la Cibernética y la Teoría General de Sistemas, desarrollada desde la biología por
von Bertalanffy, dieron origen a un cuerpo teórico amplio y a la vez ambiguo en sus delimitaciones, que
desde su conformación misma, se ha denominado globalmente como "sistémica".

Hay algunos equívocos que se originan a partir de la circunstancia --ya enunciada-- que tanto la Teoría
General de Sistemas como la Cibernética, se desarrollaron en forma paralela y casi simultánea en los
tiempos iniciales; esto ha derivado en que la distinción entre ambas no siempre sea lo suficientemente clara
y que, de hecho, se aluda a ellas (y a sus relaciones) de una manera un tanto confusa.

1.3.2 Desarrollo y etapas de la Cibernética.

Como ya fue señalado, las primeras investigaciones cibernéticas aplicadas se realizaron en el ámbito de la
cohetería durante la Segunda Guerra Mundial; aplicaciones posteriores la llevaron al campo de la robótica y
la inteligencia artificial. Sin duda que el concepto de feedback --como proceso autocorrectivo del operar de
los sistemas-- tuvo significativa incidencia en ese quehacer inicial, así como resultó crucial para sus
posteriores aplicaciones en otras áreas de conocimiento. De hecho, lo que pudiera no haber sido más que un
logro tecnológico en un campo específico --el de los sistemas artificiales--, mostró también ser de utilidad

2 G. Bateson estuvo en el umbral de lo que más tarde Wiener formalizaría como Cibernética. Él reconoció en las
exposiciones de Mc Culloch y Bigelow en las Conferencias Macy de 1942, el concepto de feedback negativo que le había
faltado (Bateson, 1976, pag.9). En efecto, en 1936 --aunque sin utilizar el término-- había descrito el feedback positivo, al
explicar las posibilidades de ruptura y mantención de la estabilidad de los sistemas sociales mediante acoplamientos
entre lo que llamó cismogénesis simétrica y cismogénesis complementaria (Winkin, 1982, pag. 35).

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para la comprensión de los sistemas biológicos, naturales. Al mismo tiempo, sugirió prontamente gran
potencialidad para su aplicación ampliada a sistemas sociales.

Según Pakman (1991), cuando los cibernetistas se percataron que la noción de 'circularidad' traía consigo
muchas consecuencias, esta nueva disciplina desarrolló un lenguaje interdisciplinario por naturaleza y su
red conceptual se amplió significativamente. El examen esas consecuencias muestra por ejemplo, que:

a) la idea de circularidad hace que la noción de causalidad incluya ahora no sólo la 'causa efficiens'
actuando desde el pasado, sino también la 'causa finalis' actuando desde el futuro. Además cuando en una
secuencia a-b-c-d, ésta última (d) vuelve sobre la primera (a) se generan dos niveles distintos y simultáneos
de causalidad: uno, en que puede distinguirse una cadena lineal-secuencial de elementos causales actuando
desde el pasado al futuro, y otro, en que la distinción puede ser hecha sobre el conjunto como tal, cerrado
sobre sí mismo, autónomo en relación al medio y con un propósito en el futuro, lo cual hace que se
manifieste una 'endocausalidad' que opera en un nivel distinto al de los elementos causales descritos antes.
Esto hace que el sistema estimulado 'desde fuera', no responda sólo en base a dicha perturbación, sino que
también lo haga en virtud de aquello que el sistema --en tanto conjunto-- tiene como propósito, lo cual
corresponde a una causalidad actuando 'desde dentro'.

b) al unir circularmente los componentes, generando el propósito o dimensión teleológica del sistema, se
establece la diferencia medular entre la Física y la Cibernética: el enlace circular de los elementos no
establece sólo un circuito retroalimentador energético-material, sino más allá de aquello, la posibilidad de
procesos de información y organización de ésta.

c) en los sistemas explicables en términos de circularidad, la historia juega un papel significativo; hay una
acumulación de eventos pasados (información previa) que acota el sistema, determinándolo histórica y
estructuralmente.

d) la noción de circularidad trae consigo la de 'regulación', la que a su vez complejiza la noción de control;
es decir, regular implica generar niveles de meta-estabilidad y no imponer un opción directa y predecible.
Implica más bien establecer rangos de oscilación posible dentro de los cuales los componentes del sistema
pueden rehacer permanentemente su organización.

De este modo, la Cibernética se encontró en condiciones apropiadas para manejarse no sólo con máquinas y
sistemas artificiales, sino también con sistemas biológicos. Desde la década del 30, Bertalanffy había venido
buscando leyes que resultasen aplicables a todos los sistemas, a fin de formular una teoría general para
éstos, independientemente del tipo de componentes que tuvieran. Esto explica las sobreposiciones entre
ambas disciplinas durante varios años de sus respectivos desarrollos; sin embargo, la Cibernética tuvo una
acelerada evolución en las dos décadas siguientes a la formalización de Wiener, mientras que la Teoría de
Sistemas permaneció más ligada, hasta ahora, al ámbito de la ingeniería, la administración y los sistemas
artificiales. Durante dicho proceso evolutivo son distinguibles etapas y momentos particulares que a
continuación se describen en sus aspectos diferenciales.

1.3.2.1 Cibernética de Primer Orden.

La Cibernética se constituye con Wiener en el mundo matemático y vinculada a la ingeniería en


comunicación y a las ciencias de la computación; la premisa de fondo en este momento, es que el sistema
observado es independiente del observador.

En esta etapa inicial de la Cibernética son distinguibles a la vez, dos momentos evolutivos: el que se acaba
de describir, que tiene lugar con el advenimiento mismo de esta nueva ciencia y que se denomina
Cibernética de Primera Onda y otro posterior, a fines de la década del sesenta, que da origen a la llamada
Cibernética de Segunda Onda.
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Durante el primer período de esta etapa se presta atención principal a la retroalimentación negativa y al
modo en que los sistemas mantienen su organización. Desde esta perspectiva, se enfatiza el estudio de la
entropía y los procesos de feedback que la contrarrestan y detienen temporalmente. Esta tendencia a la
desorganización es colocada como aspecto central de las relaciones entre hombre/máquina y su ambiente,
lo cual hace que los procesos de comunicación y regulación --en cuanto intercambio de información--,
resulten cruciales para el ajuste entre ambas partes. Al re-ingresar al sistema la información acerca de los
resultados o consecuencias que ha tenido la propia operatoria o conducta de éste en su entorno, esos
mismos datos pueden ser empleados para las acciones futuras del sistema, lo cual hace que la operatoria
general del sistema se haga más precisa y más estable.

De acuerdo a las concepciones de la Cibernética de Primera Orden, Primera Onda, los sistemas cibernéticos
son sistemas abiertos a la incorporación de energía/materia o información proveniente del exterior, actúan
en respuesta y concordancia con su entorno y tienden fundamentalmente a la preservación de su
estabilidad. En este período se enfatiza el estudio de los procesos constrictivos (de mantención) y el
desarrollo de conceptos tales como homeostasis, morfostásis, reglas y auto-corrección. Durante el segundo
período de esta primera etapa el foco de atención se desplaza hacia la retroalimentación positiva y los
procesos de cambio en los sistemas.

En concordancia con este énfasis, el interés se centra en los procesos que amplifican las diferencias y la
desviación del estado estable del sistema, es decir, en aquellas operatorias que dan origen a estados nuevos
y formas diferentes de las anteriores; modalidades morfogenéticas como la diferenciación, la expansión, la
acumulación progresiva de diferencias, etc., pasan a ser el centro de atención de los investigadores
cibernéticos.

M. Maruyama (1963), afirma que hay sistemas en que la participación de procesos de retroalimentación
positiva es visible y no poco frecuente. De hecho sus planteamientos y aportes enriquecen notoriamente las
posibilidades descriptivas acerca de los sistemas sociales. Fenómenos de cambio económico como la
acumulación de la riqueza en el capitalismo, de cambio político o religioso como las revoluciones, de
cambio psicológico como la psicotización o la psicoterapia, o de cambio social, como el racismo y las
migraciones, pueden ser complejizados y explicados de manera más acabada que sí se considera sólo la
estabilidad y la retroalimentación negativa.

El mecanismo común a estos fenómenos pareciera incluir, de distintas maneras, procesos causales mutuos
de amplificación de desviación, es decir, de feedback positivo. Si se considera que éstos son procesos de
'diferenciación', se entiende entonces que los sistemas de cualquier orden --incluso biológicos-- siguen una
deriva que no está pre-determinada en un particular punto de inicio, sino que va siendo determinada
momento a momento en la interacción misma. El estado particular de un sistema en un instante específico,
resulta explicable por la acción de procesos que amplían diferencias, sobre un fondo también necesario de
invariabilidad. Durante este período entonces, los quehaceres de la Cibernética estuvieron más vinculados
a la noción de cambio y orientados a desarrollar y formalizar conceptos tales como desbalance,
morfogénesis, escalada, amplificación, divergencia, etc.

La Cibernética de Segunda Onda, claramente complementaria con la anterior, proveyó la contraparte


imprescindible para tener una descripción más integral respecto del modo en que los sistemas responden a
las contingencias y manejan sus estados. De allí en adelante, 'estabilidad' y 'cambio' pudieron ser
entendidos y conceptualizados como dos momentos de un mismo proceso, que al igual que el equilibrio de
una malabarista sobre la cuerda floja, no puede ser explicado sin considerar que él logra mantenerse estable
sobre su precario soporte, sólo en virtud de casi imperceptibles, pero permanentes, cambios de posición.

1.3.2.2 Cibernética de Segundo Orden.

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En 1958 se creó el Laboratorio de Computación Biológica en la Universidad de Illinois, Urbana, que von
Foerster dirigió desde ese año, hasta su retiro en 1976. Probablemente, por allí pasaron los pensadores más
fecundos ligados a esa área del conocimiento, H. Maturana entre ellos. Durante dos décadas, von Foerster y
sus colaboradores propiciaron y desarrollaron investigación basada en principios cibernéticos, pero
orientada principalmente hacia el fenómeno del conocer y los distintos modos de organización del sistema
nervioso en seres humanos y seres vivos en general, más allá de las aplicaciones al ámbito de la ingeniería,
la computación y la física.

El interés inicial de los cibernéticos por diseñar sistemas, dio paso al interés por entender aquellos sistemas
que no habían sido creados por ellos, sino que les antecedían en su constitución, como por ejemplo, seres
vivos --incluidos los humanos-- y sistemas sociales. Dichos sistemas comparten la característica de ser auto-
organizadores, propiedad que hace que las nociones de autonomía (regulación por reglas propias y
posibilidad de modificarlas) y autorreferencia (posibilidad de una operación cualquiera de tomarse a sí
misma como objeto de su propia operatoria), pasen a ocupar un lugar preponderante en la comprensión de
los sistemas biológicos y sociales.

En 1974, Howe y von Foerster establecieron la distinción entre una Cibernética de Primer Orden que
supone la observación de un sistema con independencia del observador (cibernética de los sistemas
observados) y una Cibernética de Segundo Orden, que parte del supuesto que ninguna observación puede
darse con independencia del observador (cibernética de los sistemas observantes) y asume que éste, forma
parte del proceso mismo de observar. Esta Cibernética de Segundo Orden considera principalmente el
carácter autorreferencial y recursivo de los fenómenos que se pretende describir, explicar, o con los cuales
se está operando. La realidad ya no es concebida como independiente de los supuestos del observador que
la organiza.

En una célebre conferencia dictada en la Universidad de Pennsylvania en 1974, H. von Foerster basándose
en el aforismo de H. Maturana 'todo lo dicho lo dice un observador', enlazó el observador como ser
biológicamente capaz de hacer descripciones, con el lenguaje como capacidad humana para contactarse con
otros humanos y, la sociedad como unión de a lo menos dos observadores. Estos tres componentes
entrelazados configuran un sistema cerrado e interdependiente, que no permite (ni hace necesario)
establecer cuál de ellos fue primero o es más importante. Esa misma conferencia dio origen después al
artículo 'Cibernética de la Cibernética' y se lo considera la propuesta original de von Foerster acerca de la
Cibernética de Segundo Orden.

A partir de datos neurofisiológicos, von Foerster da cuenta del fenómeno visual humano del 'punto ciego'
que hace que los humanos 'no veamos que no vemos', esto es, que habiendo una parte de nuestro campo
visual en el que no tenenos visión, no percibimos allí un agujero o mancha negra como sería esperable. Von
Foerster denomina a este fenómeno 'ceguera de segundo orden'.

El paradigma tradicional en ciencia, indaga en los objetos y los observa como si sus propiedades o
características estuvieran 'allí afuera', en los objetos mismos, y eso representa --según von Foerster-- otra
expresión de ceguera cognoscitiva propia de nuestra civilización occidental: la que ha dado origen a la
noción de objetividad.

En el quehacer científico esta idea rectora se manifiesta en la regla básica: las propiedades del observador no
deben entrar en la descripción de sus observaciones. Al examinar esta proscripción, von Foerster se pregunta de
qué manera podría un observador hacer las descripciones que hace si no contara con dichas propiedades. Y
continúa ... " de allí que yo diga, con toda modestia, que proclamar objetividad ¡ no tiene sentido !. (von
Foerster, 1991, pag.91).

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De este modo, cuando la Cibernética se cuestionó de manera radical el principio de la objetividad y como
disciplina se hizo la pregunta por el conocer como interrogante válida de la cual hacerse cargo, se produjo
el salto cualitativo que marcaría, en ese momento, una diferencia fundamental con la Teoría de Sistemas.
Al querer dar cuenta de algo más que la 'realidad observada', la Cibernética pasó de ser una ciencia,
(interesada en ciertos fenómenos) a ser una epistemología, (interesada en el fenómeno mismo del conocer,
en sus limitaciones y posibilidades).

1.3.3 Los senderos de una nueva epistemología.

G. Bateson y M. Mead, ambos antropólogos, fueron los precursores de estas ideas en el campo de la
Ciencias Sociales. A través del primero de ellos, pasaron al campo de la psiquiatría y la comunicación
(Bateson & Ruesch, 1951) y se desarrollaron después en el campo de la Terapia Familiar Sistémica desde los
años 60 en adelante, a partir del trabajo inicial del llamado Grupo de Palo Alto en el Mental Research
Institute de California.

Según L. Hoffmann (1985), Bateson no sólo era un científico, sino que tenía una gran capacidad de
visualizar anticipadamente eventos que el resto de la gente ni siquiera sospechaba. " Ya en 1970, Bateson
había llegado a ser algo así como un 'cruzado' para la integridad de la biosfera. El comenzó a hablar más y
más acerca de los peligros del pensamiento lineal-no holístico y de los errores epistemológicos involucrados
en las nociones de control y poder" (pag. 1).

En sus distintos planteamientos epistemológicos, Bateson prioriza de manera reiterada la forma por sobre la
materialidad o la acción de 'fuerzas' (término que denota y connota una concepción físico-mecánica) y hace
preponderar la comunicación por sobre la energía, apuntando esencialmente a la búsqueda de las 'pautas
organizativas' de los fenómenos en estudio. También señaló tempranamente (1951) el fenómeno de la
'puntuación' que hace cada persona respecto de las situaciones en que participa. Ahí ya estaba implícita su
idea de la epistemología como una 'estructura de carácter' (u observador participante), que entra en juego
toda vez que una persona cualquiera interactúa con otra. Bateson fue un precursor del uso de la teoría de
los tipos lógicos de Whitehead y Russell en Ciencias Sociales y la empleó como un instrumento para
describir la comunicación y la interacción humanas, modificando el sentido inicial que sus propios
creadores le dieron, esto es, como un recurso para eludir o proscribir las paradojas.

En su libro póstumo (1979), fue más explícito aún respecto del modo en que él visualizaba y concebía para
ese entonces la idea de 'tipificación lógica', señalando que "... cuando ésta es trasplantada de los reinos
abstractos habitados por los filósofos, matemáticos, al alborotado mundo de los organismos, toma una
apariencia bien distinta. En vez de una jerarquía de clases, tenemos ante nosotros una jeraraquía de órdenes
de recursividad" (p. 179).

Cuando M. Mead y H. von Foerster (1968, 1974) comenzaron a hablar de Cibernética de la Cibernética, se
referían a una disciplina que tomaba rumbos epistemológicos al girar sobre sí misma e incluir conceptos de
segundo orden, es decir, conceptos con capacidad autológica o autorreferencial. A partir de ese
movimiento las preguntas cambiaron, centrándose en la búsqueda de explicaciones acerca de la propia
operatoria cognoscitiva del observador. En otras palabras -al decir de von Foerster-, se hizo necesaria una
teoría del observador, que debía ser biológica, lingüística y social a la vez.

Como ya se ha enunciado, el advenimiento de las nociones de segundo orden transformó la tarea científica
de la Cibernética en una práctica epistemológica, al hacerla focalizarse en la exploración de los procesos
mismos con que el ser humano intenta conocer su mundo. De manera análoga y en consecuencia, la
Psicología y su quehacer terapéutico comenzaron a verse afectados por esta nueva concepción desde
mediados de los años ochenta.

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La Terapia Familiar, particularmente ligada desde sus inicios a los desarrollos de la Teoría de Sistemas y la
Cibernética, y a la vez como ha dicho Sluzki (1991) " ... siempre a la búsqueda de nuevos modelos para
enriquecer su vocabulario, de nuevos paradigmas para difundir su visión y, tal vez de nuevos íconos para
adorar ...al menos por un tiempo" (pag.9), ha mostrado una rápida resonancia de estas ideas en sus
prácticas, según ellas han ido emergiendo en este nuevo campo, vasto y fascinante a la vez.

Algunos aspectos que podrían ser de más ostensible implicancia teórica y epistemológica para la Psicología,
se delinean a continuación. Otros que tienen que ver con el ámbito de sus aplicaciones en el campo
específico de la Terapia Familiar se describen más detalladamente en el capítulo V.

1.3.4 Hacia una epistemología cibernética para la psicoterapia.

Al igual como las nociones de segundo orden modificaron radicalmente el quehacer de la Cibernética,
cuando dichas nociones se asumen en el ámbito de la Psicología cambian de manera sustancial el ejercicio
psicoterapéutico, configurándolo como una actividad con fuerte connotación epistemológica. Las relaciones
entre Cibernética y psicoterapia se redefinen sustancialmente; ya no se trata de un nuevo modelo
intermedio basado en ciertas conceptos teóricos particulares, sino de un referente epistemológico general (que
incluye planteos acerca de realidad, verdad, objetividad y acerca del proceso mismo de conocer), a partir
del cual se puede generar una diversidad de nuevas herramientas técnicas y conceptuales aplicables a la
psicoterapia. Esta postura epistemológica global de segundo orden, es lo que se ha resumido y difundido
con el término de constructivismo

Desde una perspectiva constructivista, resulta inevitable preguntarse cómo emergió la realidad en la que se
participa; ante cualquier observación, descripción o prescripción, el terapeuta de segundo orden se
preguntará por el proceso que generó dichas distinciones y al mismo tiempo asumirá que hay otras
alternativas posibles, al menos potencialmente. Al mismo tiempo, una parte esencial de la práctica
psicoterapéutica pasa a estar en la capacidad del terapeuta para meta-posicionarse y abrirse
permanentemente a nuevas posibilidades de entendimiento, revisión, valoración, alternativas de solución
etc., en conjunto con quienes le han consultado.

Desde esta posición, el terapeuta ya no es más alguien que describe el sistema desde fuera, sino alguien que
construye un sistema (terapéutico) del cual él también es parte activa; más aún, él sólo puede emerger como
tal mediante dicha participación, al mismo tiempo que la viabilidad y efectividad de esa relación,
dependerá del modo en que todos los participantes en dicho sistema se acoplen en pos de su propósito
común.

El campo psicoterapéutico se complejiza al dejar de ser el terapeuta alguien que habla de un sistema
externo a él y, por lo tanto, descriptible con 'objetividad', para pasar a considerar las propias limitaciones,
restricciones y determinantes de su 'hablar acerca del sistema', así como para operar promoviendo una
revisión de las premisas invisibles que limitan, restringen, y determinan, lo que los pacientes dicen acerca
de los sistemas en que participan. De igual modo, actuando desde una perspectiva de segundo orden el
terapeuta se abocará menos a desentrañar la verosimilitud de la realidad en que encuentra y más a
promover realidades que contengan menos restricciones para los consultantes dentro del dominio que ha
sido definido, con ellos, como problemático.

La perspectiva de segundo orden invita y empuja a la búsqueda permanente de nuevos contextos,


escenarios, marcos, galerías, encuadres, etc. para la conversación, con la sola acotación --ni más ni menos-de
las restricciones que impone la capacidad humana para operar más allá de ciertos niveles de complejidad
(meta-meta-posición). Evidentemente, este tipo de ejercicio sólo puede hacerse incluyendo la mirada de los

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otros participantes. Esta manera de afrontar el quehacer terapéutico proporciona un medio para abrir paso
a la curiosidad y hacer espacio a la aparición de nuevas visiones; para tantear caminos inexplorados e
invitar a la novedad y a la diversidad a sentarse en la mesa de conversaciones en que, consultantes y
consultados, buscan una nueva forma de 'construir la realidad', que pueda ser menos problemática o
dolorosa de lo que era antes de empezar a dialogar.

El establecimiento de un nexo recursivo entre observador, lenguaje y sociedad, que se ha señalado


previamente, muestra un aspecto distintivo de la mirada cibernética sobre los sistemas y debiera llamar la
atención de los que están en el campo de la psicoterapia, a lo menos en dos sentidos: 1) por una parte, pone
de relieve que lo central del planteamiento cibernético es el vínculo, la pauta, la organización, y que las
localizaciones cerebrales, las dinámicas químicas de los neuro-trasmisores, las interacciones lingüísticas o
los modos y estilos de convivencia, presentan cada uno su propia organización y, al mismo tiempo, ciertos
nexos de continuidad descubiertos o por descubrir, más que dicotomías o categorías analíticas
independientes, 2) por otra, al reconocer las propiedades y limitaciones del acto biológico de conocer, la
práctica básica de la psicoterapia (de segundo orden) pasa necesariamente por un mirarse a sí mismo del
terapeuta a través de la conversación con quienes le consultan y de su (eventual) interacción con otros
sistemas involucrados en el caso (profesionales derivantes, servicios de asistencia social, co-terapeutas,
asesores tras el espejo, etc.), con vistas a examinar y trascender las limitaciones del propio mirar/operar.

Una de las posibles formas contribuyentes a este propósito, sugiere que el terapeuta se comunique con los
consultantes, siguiendo un procedimiento abductivo, es decir, un estilo de dialogar que no considere las
narraciones de éstos sólo como un caso particular de algo más general (deducción), ni establezca
apreciaciones generales a partir de un relato o situación particular (inducción), sino que se realice
moviéndose siempre dentro de un mismo nivel lógico (Pakman, 1991).

Es pertinente señalar en relación a este punto, que no se pretende una malentendida igualdad entre el
terapeuta y quienes consultan, porque de hecho ambos tienen propósitos y expectativas diferentes en torno
al motivo que los convoca; al mismo tiempo, existen también atribuciones sociales que definen de distinta
manera el papel que cada uno ha de jugar en ese encuentro. De lo que se trata --y ha sido señalado ya en
otro lugar-- (Demicheli, 1991), es de cómo maneja el terapeuta esa diferencia socialmente asignada y
establecida.

Todo participante en una interacción (de cualquier tipo o naturaleza), puede realizar (y de hecho lo hace)
puntuaciones propias y particulares acerca de su participación en dicha interacción. Puede hacer lo mismo
en relación a el/los otro (s) interactuantes y también respecto de la situación global en que ambos/todos
toman parte.

Dicha perspectiva individual fue comparada por Bateson (1979) con la visión monocular, estableciendo la
analogía con los ojos, al señalar que al igual como en el funcionamiento de éstos, en donde la visión
binocular (amplia del conjunto) se obtiene por la participación de ambos, la perspectiva relacional sólo es
posible cuando se funden las versiones de las dos partes en proceso.

Del mismo modo en que un consultante se halla restringido para mirar la situación que lo aproblema de un
manera distinta que le resulte liberadora, la biología de la percepción nos ha mostrado que el terapeuta --al
igual que quienes le consultan-- no puede distinguir entre ilusión y percepción y no tiene ningún acceso
privilegiado a 'cómo las cosas son en realidad', sino que es otro humano con iguales restricciones, sólo que
en otros ámbitos y momentos. De allí la importancia de la exploración auto-referencial respecto del proceso
(terapéutico) mismo en que se participa, entendido éste como un espacio donde co-construir con los
consultantes versiones alternativas 'pertinentes', desde un punto de vista ético, estético y pragmático.

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Pakman (1991) ha propuesto interesantes referentes para evaluar dicha pertinencia en la construcción de
realidades psico-terapéuticas alternativas: en lo ético, que la terapia promueva un contexto que salvaguarde
la autonomía de cada participante, de manera que cada cual pueda definir sus propósitos sin imposiciones
desde ni hacia los demás. En lo estético, que la terapia constituya un dominio que resguarde la trivialización
de la experiencia humana, permitiendo revalorizar sus aspectos distintivos y originales. En lo pragmático,
que la terapia genere posibilidades efectivamente nuevas y diferentes de entendimiento y/o acción en aquel
espacio consensualmente definido como problemático para los consultantes.

La generalidad de los intentos explicativos en psicología y en psicoterapia se han basado en descripciones


simples; es decir, en pretender la explicación del conjunto, en base a alguna de las mitades que configuran
las pautas amplias de relaciones.

Keeney (1987), ha señalado que la doble descripción es una herramienta epistemológica fundamental, en
tanto permite generar y/o distinguir diversos órdenes de pautas. Son los contextos de la acción --dice este
autor siguiendo a Bateson--, los que determinan la forma en que se conectan las acciones simples en la
organización social, es decir, el modo en que las manifestaciones de unos individuos se ordenan en el
tiempo, frente a las manifestaciones de otros individuos (pag. 54).

Si se siguen estos planteamientos se bosqueja clara la necesidad que no sólo la psicoterapia, como un
quehacer específico, sino que la Psicología, como disciplina científica, tienen de contar con una
epistemología que considere la participación del observador en sus observaciones y los procesos recursivos
entre los distintos niveles de significación y acción social en que transcurre la vida humana.

En concordancia con Keeney (1987), se propone aquí que dicha epistemología ha de estar basada en
nociones cibernéticas, en el sentido de priorizar la observación de la pauta más amplia y la recursividad que
constituye a todo proceso como tal. Y se agrega que dicha manera de observar ha de incluir los
fundamentos biológicos del conocer humano que han propuesto Maturana y Varela (1984) y la reflexividad
propia de los procesos de comunicación e interacción social postulados por Pearce y Cronen (1980).

De alguna manera, este conjunto de principios rectores acerca de la capacidad humana de auto-observarse
y sus raíces biológicas, así como la consideración de los procesos recursivos y de la reflexividad en los
procesos de comunicación/interacción humana, pueden apreciarse en lo que aquí se propone denominar
Enfoque Reflexivo en Terapia Familiar Sistémica (capítulo V); dicha modalidad de trabajo psicoterapéutico,
parece constituirse como una forma suficientemente coherente de psicología aplicada, que emerge desde el
tipo de premisas epistemológicas antes referidas.

Guido Demicheli M. 19
CAPÍTULO 2: PRAGMATICA DE LA COMUNICACION HUMANA.

La PCH fue desarrollada por P. Watzlawick y un grupo de investigadores del Mental Research Institute en
Palo Alto, California (Grupo MRI) durante la segunda mitad de los años 60.

Siguiendo los planteamientos previos de Bateson y utilizando la Teoría General de los Sistemas de von
Bertalanffy y la Teoría de los Tipos Lógicos de Russell y Whitehead como referentes teóricos principales,
Watzlawick, Beavin y Jackson (1967), postularon cinco axiomas básicos para la comunicación humana y, al
mismo tiempo, las formas en que estos procesos comunicativos pueden verse alterados, dando origen a
trastornos o patologías que se manifiestan en la convivencia cotidiana de las personas.

Sin embargo, Pragmática de la Comunicación Humana no representa sólo una teoría más acerca de la
comunicación humana. Hasta el momento de su aparición en 1967, las formulaciones previas en esta
materia constituían todas, representaciones de una epistemología lineal-causal respecto de la conducta
humana. Esta teoría constituye un cambio de paradigma en el entendimiento de los procesos
comunicativos, pues forma parte de una nueva epistemología, discontínua con la anterior: aquella en que lo
central es la circularidad, las relaciones y la interacción. A continuación, se revisan algunos de dichos
fundamentos.

2.1 BASES EPISTEMOLÓGICAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN.

Las teorías previas a la Pragmática de la Comunicación en dicho campo (Retórica, Teoría de la Información,
Teoría de D. Berlo) compartían un mismo entendimiento epistemológico básico: estaban basadas en la
lógica aristotélica y la física newtoniana. En el caso de las dos últimas, extrapolaron el modelo clásico de la
ciencias exactas y como conjunto, conceptualizaron la comunicación como un proceso unidireccional.

Dicha conceptualización describe el proceso comunicativo como una secuencia de hechos temporalmente
ordenados, que se inicia con la acción de un emisor que envía un mensaje y concluye con la recepción de
dicho mensaje por parte de un receptor.

El entendimiento lineal y unidireccional, supone que una persona actúa sobre otra y que esta última re-
acciona a lo que aquella ha hecho inicialmente; dichas reacciones se consideran como una variable
dependiente del comportamiento inicial del primero. Si se invierte el proceso (como se hace al decir que el
receptor también tiene, a continuación, la posibilidad de actuar como emisor), no hay ningún cambio
sustancial en el modelo porque el entendimiento en sí, es monádico; es decir, la unidad de análisis sigue
siendo el individuo. Cualquiera sea la dirección del proceso, cada evento es ordenado como parte de una
secuencia que implica una relación lineal-causal entre emisor y receptor.

La Pragmática de la Comunicación, por su parte, se desarrolló fundada en los planteamientos de la Teoría


General de los Sistemas y en la Cibernética. Ello proporcionó un soporte epistemológico radicalmente
distinto para todos sus planteamientos.

Desde el entendimiento sistémico-cibernético, la comunicación es conceptualizada como un proceso


predominantemente circular, que no puede ser comprendido a partir de cada uno de los individuos que
participan en ella, sino a partir de la interacción y las relaciones que ellos establecen. Eso hace que la
unidad mínima de análisis en esta perspectiva sea la díada.
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Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

A diferencia de la epistemología newtoniana que adscribe realidad a las cosas excluyendo el contexto y las
relaciones, la epistemología sistémica aplicada a la comunicación examina las relaciones y el contexto, más
allá de las cosas mismas (en este caso, los contenidos).

En los procesos de comunicación humana, los mensajes y los contenidos de éstos, en última instancia
dependen del contexto en que se dan y del tipo de relación establecida entre los comunicantes.

Dado lo anterior, es que la Pragmática de la Comunicación focaliza su atención en los efectos que la
conducta comunicativa de alguien (en interacción), tiene sobre el comportamiento de otro (s). Asimismo,
considera que la comunicación (en su sentido más global) está gobernada por reglas, de una manera
análoga a cómo el lenguaje está determinado por su gramática y su sintaxis.

Dichas reglas estarían, usualmente, fuera de la percatación de quienes se comunican, pero al igual como el
conocimiento formal de la gramática no hace menos determinante su papel en los actos lingüísticos entre
las personas, los principios básicos de la pragmática comunicacional estarían presentes en todo intercambio
comunicativo humano.

En consecuencia con lo anterior, la Pragmática de la Comunicación postula cinco axiomas básicos que
vienen a ser las reglas operativas fundamentales, que guían la acción de todo comunicante en interacción.

2.2 AXIOMAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA.

2.2.1 No es posible no comunicar (se).

Este axioma está basado en una premisa inapelable: no hay nada contrario a comportarse; en otra palabras,
no existe el no-comportamiento. Si además se acepta que en situaciones de interacción, toda conducta tiene
un valor de mensaje, resulta que aun intentándolo, la comunicación no se puede evitar.

Ello ocurre porque, en última instancia, dicho acontecer no tiene que ver con las intenciones de que ello
ocurra o no por parte de los interactuantes, sino con la condición que, participando éstos de una realidad
compartida, resulta de hecho, imposible no hacerlo. Desde esta perspectiva y dentro de un contexto
interaccional, conducta y comunicación se entienden entonces como sinónimos.

Todo gesto, toda forma de comportamiento en una instancia compartida con otras personas, constituye una
forma de comunicación; no importa que no haya palabras. El silencio, el acercamiento o el alejamiento, la
sonrisa o la indiferencia en presencia de otro (s), tienen un valor comunicativo y se manifiestan en tanto
tales, es decir, operan como conductas y generan conductas en un entrelazamiento que sólo tiene fin,
cuando alguno de los participantes abandona transitoria o definitivamente la situación.

Resulta difícil entonces, pretender que "no hay comunicación" en situaciones de convivencia cotidiana. La
vida diaria de una persona en los distintos sistemas sociales en los que participa, se realiza inevitablemente
en el lenguaje y la comunicación.

2.2.2 Toda comunicación tiene un aspecto de contenido y un aspecto de relación, tales que el segundo
clasifica al primero, y es por ende una metacomunicación.

El presente axioma asume que la comunicación humana no se presenta en un solo nivel, sino que conlleva
operaciones en dos niveles distintos. Uno que alude al contenido de lo comunicado y que se realiza mediante
el uso de diversos sistemas de signos (en el caso humano, predominantemente lingüísticos) y otro, que

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refiere a la relación entre los comunicantes; dicho aspecto relacional opera como un 'calificador' que da un
cierto marco de entendimiento a todo aquello que se expresa en el contenido de lo comunicado.

El nivel del contenido corresponde al nivel denotativo simple o, en otras palabras, a lo que es explícito
dentro de un cierto mensaje. Incluye, entonces, todo lo que es comunicable, más allá de que sea cierto o no,
válido o preciso. En el caso humano, se expresa por lo general a través de palabras o de lo que globalmente
se denomina 'discurso', pudiendo ser éste hablado o escrito. Puede decirse, por tanto, que el nivel de
contenido en la comunicación humana, principalmente trasmite información.

En lo relacional, por otra parte, aun cuando también hay trasmisión de información, ésta corresponde a
otro orden lógico (superior), pues se trata de información acerca de la información; es decir,son 'instrucciones'
respecto del cómo debe entenderse la información. Este aspecto está centrado en la relación entre los
comunicantes. Acorde como ella se defina, se entenderá lo comunicado entre los interactuantes.

Lo relacional no es habitualmente explícito, sino por el contrario, corresponde a un aspecto meta-


comunicacional del cual no se es conciente la generalidad de las veces. No por ello la relación entre los
comunicantes (cualquiera sea su forma o tipo), no se manifiesta, sino que es omnipresente en todo
intercambio comunicativo humano, sea éste de la naturaleza que sea.

Las distintas formas que constantemente asumen las relaciones entre las personas, producto de las diversas
definiciones que de dichas relaciones hacen quienes participan en intercambios comunicativos de breve o
prolongada duración, hacen que todo lo dicho o comunicado de cualquier modo, resulte en un cierto tono
que matiza todo aquello que ocurre en la reciprocidad del convivir.

Así, aquellas relaciones definidas como de cooperación mutua, tiñen todo intercambio conductual-
comunicativo con esa coloración y generan un sistema de convivencia particular, mientras se mantenga
dicha definición de relación. Si cambia, por ejemplo, por una definición de relación competitiva,
consecuente y contingentemente la calificación de todo lo dicho o hecho también cambia y el patrón global
de interacción y comunicación se modifica.

Por tanto, la forma en que las personas llegan a definir sus relaciones de convivencia con aquellos que le
rodean, no es un mero agregado a dicho convivir, sino que resulta ser un aspecto medular que señala los
confines dentro de los cuales se entenderá la generalidad de los intercambios propios del compartir un
espacio social, cualquiera que sea (trabajo, familia, escuela, grupo de amigos, club social, iglesia, etc).

2.2.3 Los seres humanos se comunican tanto digital, como analógicamente. El lenguaje digital cuenta con
una sintaxis lógica compleja y poderosa, pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación,
mientras que el lenguaje analógico posee la semántica, pero no una sintaxis adecuada para la definición de
relaciones.

La tercera proposición axiomática de la teoría aquí revisada, se refiere a las dos grandes modalidades
mediante las cuales se realiza el proceso de comunicación humana: lo digital, que se refiere a texto, palabras,
discurso, etc. en última instancia contenido propiamente dicho y lo analógico, que alude a todas aquellas
formas comunicativas distintas de lo que se quiere decir, diferentes de la temática, el contenido o el
discurso.

Lo digital se circunscribe al qué de la comunicación, independientemente de que sea materializado


mediante signos lingüísticos hablados o escritos, e incluso mediante señas particulares, como en la
utilización de ciertos códigos específicos, al modo del utilizado por los sordomudos.

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Lo analógico, remite al espacio del cómo de los procesos comunicativos y guarda relación por tanto, con la
diversidad de manifestaciones que acompañan --pero no en un sentido secundario--, a aquello expresado
como contenido, ya sea mediante la verbalización, o el uso de cualquier otro código particular.

De la misma manera en que puede observarse que lo digital se halla estrechamente ligado a lo denotativo
del intercambio comunicacional, es visible también que lo analógico se vincula con la dinámica de la
connotación de todo mensaje intercambiado. Al mismo tiempo y por lo general, lo digital asume aquella
parte del comunicarse que tiene que ver con la transmisión de los contenidos, en tanto que lo analógico se
hace cargo de transportar los aspectos vinculados al tipo de relación existente entre los comunicantes,
pudiendo ocasionalmente ser a la inversa.

La comunicación digital corresponde a un mayor nivel de abstracción que la analógica (ligada a lo presente
y lo concreto) y se rige por principios lógicos de no contradicción. Esto permite mayor versatilidad y
complejidad al mensaje digital. En tanto la lógica misma es producto de lo lingüístico (digital) esta
modalidad conlleva la posibilidad de representar términos como 'no', 'si', 'dado que', 'y', 'o', 'ninguno', etc.
y permite dar cuenta de conceptos que no tienen un referente concreto, tales como 'sabiduría', 'valor', 'fe',
etc.

En lo analógico, en cambio, nada de lo anteriormente descrito es posible, o sólo lo es dentro de márgenes


muy restringidos. En dicho espacio, todo se define positivamente, es decir, a través de comportamientos.
No existe el no-comportamiento y, por lo tanto, la negación sólo es posible en el lenguaje digital.

En el modo analógico, la negación sólo se puede representar mediante la realización (primeramente) de


aquello que se quiere negar o a través de la ejecución de una conducta claramente antogónica. Ambas
formas pueden resultar ambiguas o confusas, pues el lenguaje analógico carece de los calificadores
explícitos del lenguaje digital, para indicar cuál es el significado implícito. Por su parte, el modo digital no
posee expresiones propiamente adecuadas para definir el aspecto relacional.

2.2.4 Todos los intercambios comunicacionales son simétricos o complementarios, según estén basados en
la igualdad o en la diferencia.

Dentro de la diversidad de tipos de relaciones que pueden establecer personas que interactúan y se
comunican (circunstancial o regularmente), la Pragmática de la Comunicación postula dos grandes
categorías agrupadoras: las relaciones simétricas y las relaciones complementarias. Las primeras, conllevan
una definición de relación que hace que ambos interactuantes realicen, o puedan realizar, el mismo tipo de
comportamiento, y de hecho, están basadas en esa modalidad de intercambio. Quienes participan de ella,
pueden jugarse bromas, llamarse la atención, realizar tareas domésticas, etc.

Por otra parte, las segundas, se basan en una definición de relación que implica comportamientos disímiles
de ambas partes, y si así no fuera, la relación (o comunicación) no podría tener lugar. Los participantes en
ella, deben aportar un comportamiento diferencial respecto del otro comunicante, de modo tal que la
conducta de éste último, pueda tener lugar y sentido. Así, alguien ha de aceptar ser "regaloneado", para
que otro alguien pueda expresar cuán cariñoso es. Algunos han de querer seguir directrices y permitir que
otro tome la iniciativa, para que la conducta de liderar de éste último, pueda tener lugar y su liderazgo
pueda, a la vez, tener algún sentido.

Si bien las relaciones complementarias implican la existencia de dos posiciones distintas, ello no debe
considerarse como indicativo de una posición superior (positiva, buena, etc.) y otra inferior (negativa, mala,
etc.). Este tipo de relaciones pueden constituirse a partir de convenciones sociales (médico-paciente,
entrenador-jugadores), o del particular modo de relación de dos partes en interacción (amigos, pololos). Sin

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embargo, lo medular de la complementariedad consiste en que cada uno aporta a la relación, aceptando de
un modo u otro, la definición que ambos hacen de ella.

2.2.5 La naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los
comunicantes.

El quinto axioma aquí revisado, considera la comunicación como una secuencia ininterrumpida de hechos,
mientras dos interactuantes permanezcan compartiendo una situación. Al ser de este modo, la interacción
humana puede dar cabida a versiones parciales, pero igualmente válidas, de parte de cada uno de quienes
participan de una cierta relación.

Cada individuo puede tener un entendimiento particular de las relaciones o realidades en que participa, a
partir del punto o momento en que éste realiza su particular "lectura" de ellas, proceso al que globalmente
se denomina puntuación. De hecho ésta no es buena ni mala, pero evidentemente 'organiza' los hechos en
que las personas participan, y por lo tanto, resulta crucial para el curso que sigue la interacción entre ellas.
Como se verá en la siguiente parte (2.3), las divergencias en el modo de puntuar la secuencia de hechos, se
encuentran a la base de una gran parte de los conflictos en las relaciones interpersonales.

Así, la naturaleza o tipo de relaciones que se desarrollan, van siendo determinadas por la puntuación que
los interactuantes realizan, acerca de los intercambios que están teniendo lugar en el proceso comunicativo
global en que participan.

2.3 LOS AXIOMAS DE LA COMUNICACIÓN Y SU PATOLOGÍA.

Dado su carácter de tales, los axiomas que se han descrito precedentemente, se suponen principios
fundamentales e ineludibles en el proceso de comunicación humana. Del mismo modo, las teóricos de la
Pragmática de la Comunicación postulan que dichos axiomas conllevan la posibilidad de generar
dificultades de distinto orden y grado, que se manifiestan en una comunicación conflictiva o patológica
entre las personas.

2.3.1 La imposibilidad de no comunicarse.

Lo más medular de este axioma, consiste en afirmar que las personas no pueden evitar la comunicación,
cuando comparten una situación de interacción.

Sin embargo, quienes interactúan pueden intentar, y de hecho realizar, una serie de maniobras tendientes a
transgredir este principio pragmático.

Cuando en una situación social cualquiera de interacción obligada (es decir que, por lo menos
transitoriamente, no permite el abandono), alguien (A) toma la iniciativa de conversar con otra persona (B),
la alternativa menos conflictiva y no tendiente a transgredir el axioma por parte de B, es aceptar la
conversación y comportarse en consecuencia; sin embargo, existen también tres gruesas maneras de
pretender evitar el compromiso que trae consigo el comunicarse:

a) Rechazar la comunicación: esto es, señalar explícitamente a quien ha tomado la iniciativa, que no se
desea conversar. Sin embargo, dada la condición de obligatoriedad situacional, ello no evita la
comunicación, sino que genera una relación incómoda y tensa entre ambos, que se mantendrá mientras la
interacción prosiga y no se pueda abandonar la situación.

b) Descalificar la comunicación: esto es, acceder a conversar, pero de un modo tal que lo dicho por él
mismo B o por A, vaya siendo invalidado en el mismo proceso de conversar. Existen variadas formas de
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descalificación comunicacional; por ejemplo, malentender, literalizar lo metafórico, metaforizar lo literal,


cambiar de tema, usar formas idiomáticas rebuscadas o modismos poco comprensibles para el otro, etc.

c) Usar síntomas como comunicadores: esto es, invocar algún tipo de deficiencia o dificultad como
condición imposibilitante para poder comunicarse (sueño, malestar, sordera, etc.); este recurso en
cualquiera de sus formas, trasmite siempre un mensaje similar: yo conversaría, pero algo que no depende
de mí, me lo impide. Al igual que las anteriores, esta modalidad tampoco permite, efectivamente, evitar la
comunicación; quien la emplea, sabe que está fingiendo y, por lo tanto, debe mantenerse cuidadosamente
atento a seguir comunicándose de manera congruente con lo expresado inicialmente como justificación.

Otra posibilidad es que la persona que utiliza el ardid, entre en efectiva correspondencia con la excusa; por
ejemplo, que verdaderamente se duerma (para no conversar), se desmaye (por no presenciar algo) o
paralice sus piernas (para no concurrir).

En una dimensión más dramática, algunas de las formas comunicativas presentes en la esquizofrenia,
pueden ser entendidas como un intento de doblegar este imperativo comunicacional. Puesto en la
circunstancia de no querer comunicarse, como resultado de otras dinámicas que no es del caso detallar
aquí, el esquizofrénico se ve enfrentado a la vez, al problema de no poder dejar de comunicarse. Entonces,
para negar que la negativa a comunicarse es tambien comunicación, adquiere sentido la proclama del
esquizofrénico, por ejemplo, en orden a que no es él quien realmente habla, sino Dios o cualquier otro ente
superior, quien lo hace a través suyo. Un lenguaje ininteligible, plagado de disgregaciones y neologismos,
puede también servir al mismo intento. Una postura catatónica y un comportamiento autista global,
pueden pretender comunicar que ni siquiera se está allí y que la situación no existe.

2.3.2 El contenido y la relación.

El axioma referido a estos aspectos de la comunicación, destaca que ambos están estrechamente ligados en
su dimensión pragmática, y que es el aspecto relacional el que porta información indicativa acerca de cómo
debe entenderse el contenido.

Existen seis posibilidades relativas al modo en que los interactuantes pueden manejar los aspectos de
contenido y relación durante sus intercambios comunicativos:

a) La más favorable, es aquella en que los interactuantes están de acuerdo, tanto en lo relativo al contenido
de sus comunicaciones, como en la definición de su relación.

b) Una de favorabilidad predominante, en que los interactuantes no están de acuerdo en el nivel del
contenido de sus comunicaciones, pero sí concuerdan en la definición de su relación.

c) Una de desfavorabilidad (potencial) predominante, en que los interactuantes están de acuerdo en el


contenido, pero no en la definición de relación. Esto da origen a situaciones de frágil estabilidad, que
terminan apenas desaparece la necesidad de seguir estando de acuerdo respecto al contenido.

d) La más desfavorable, en que los interactuantes muestran desacuerdo, tanto a nivel del contenido, como
en lo relativo a su definición de relación.

e) En la interacción, también pueden presentarse confusiones respecto de los niveles de contenido y


relación. Los interactuantes pueden intentar resolver problemas de relación en el nivel donde no existen (el
del contenido), o pretender manejar un desacuerdo de contenido mediante una maniobra relacional.

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f) Una última posibilidad es que una persona se vea obligada de un modo u otro, a dudar de sus propias
percepciones en el nivel del contenido, para no poner en peligro una relación vital con otra persona. Esto
implica el tipo de comunicación paradójica que se revisará en 2.4

Por otra parte, toda expresión de un contenido conlleva una propuesta de relación; es decir, cada vez que
alguien manifiesta algo a otra persona, conjuntamente le propone una definición de relación entre ambos,
respecto de la cual el segundo debe pronunciarse.

En el nivel relacional, las personas no comunican nada relativo a hechos externos a la relación, sino que
proponen definiciones acerca de esa relación, y por implicación, de sí mismos. El mensaje
metacomunicativo es siempre del tipo "así me veo yo, en relación a ti en esta situación" .

Ante el imperativo de pronunciarse frente a cada proposición de definición de relación inherente a todo
intercambio comunicativo, existen tres posibilidades concretas de manejo:

a) Confirmar la definición que el otro hace de la relación y de sí mismo, lo cual constituye el factor básico
para que la comunicación humana se haya desarrollado en sus actuales dimensiones.

b) Rechazar la definición que el otro hace de la relación y de sí mismo, lo cual aunque resulte conflictivo, no
niega la realidad de la imagen que aquél tiene de sí, pues el rechazo supone un reconocimiento, aunque sea
limitado, de lo que se rechaza.

c) Desconfirmar al otro, negando la realidad (o validez) que éste tiene como posible fuente de definición de
relaciones. Esta posibilidad es la más significativa desde el punto de vista psicopatológico, pues dice
relación con la pérdida de 'mismidad', es decir, con la alienación.

2.3.3 Lo digital y lo analógico.

Además de la simultaneidad de ambas formas y de la exclusividad de dicho fenómeno en el género


humano, este axioma hace ver las dificultades que encierra el hecho de contar con ambos 'lenguajes' en la
comunicación humana.

En tanto el ser humano es el único que utiliza ambos modos de comunicación, requiere inevitablemente
hacer traducciones permanentes de uno a otro. Esto presenta dificultades como la pérdida de información
al traducir de lo digital a lo analógico, o la cosificación al hacerlo desde lo analógico a lo digital. En este
último caso, como ejemplificó Haley (1966), cuando algo fundamentalmente analógico como el galanteo, se
digitaliza con el matrimonio, la definición inequívoca acerca de su relación, se vuelve, de hecho, más
problemática para los miembros de la pareja. Ya no pueden tener certeza de estar juntos solamente porque
así lo quieren. En efecto, los trastornos de la comunicación referidos a lo digital y lo analógico, se
relacionan principalmente con errores de traducción de un modo a otro.

Digitalizar lo analógico, por ejemplo, presenta una dificultad de base: el material de los mensajes analógicos
es de por sí ambiguo. Esto abre la posibilidad que, al traducir, cualquiera de los interactuantes digitalice de
modo tal, que lo comunicado (analógicamente) por el otro, calce con la propia apreciación que el que
traduce tiene de la relación entre ambos. Por ejemplo, alguien puede realizar cierto acto como un gesto de
cortesía; el otro lo puede traducir como un intento de comprometerlo.

Por otra parte, al intentar traducir el material digital al modo analógico, se está ante la dificultad de
encontrar expresiones adecuadas de ese tipo, para conceptos que no poseen referentes concretos.

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Cuando se pierde o se encuentra bloqueada la capacidad de hablar acerca de la relación (metacomunicarse


digitalmente), el trastorno comunicacional se expresa recurriendo a la somatización (modo analógico) de
ciertos contenidos digitales, como los expuestos en 2.3.1, c).

2.3.4 Simetría y complementariedad.

El axioma relativo a estos aspectos, enfatiza que la naturaleza misma de la relación entre los comunicantes
depende de si éstos realizan intercambios de igual o distinto tipo.

Una de las formas en que la comunicación entre dos personas (instituciones o países) puede adquirir ribetes
patológicos, es aquella en que uno de los interactuantes considera (a partir de su particular puntuación de
los hechos o de la relación misma), que se encuentra en una posición de desmedro respecto del otro e inicia,
a partir de allí, la realización de conductas destinadas a 'equiparar' su posición o, en otras palabras, a
establecer una relación simétrica entre ambos.

Al mismo tiempo, el otro interactuante realiza una puntuación exactamente igual, pero opuesta: considera
que la relación es simétrica, que no hay nada que equiparar y que es él quien quedará en una posición
desmejorada, como consecuencia de las maniobras del otro. Por lo tanto, reacciona con comportamientos
destinados a restablecer la 'verdadera' simetría, que a su vez el otro interpretará como un nuevo intento por
superarlo. Y así sucesivamente, ad infinitum. Esta progresión, teóricamente sin fin, es lo que se ha
denominado escalada simétrica.

El otro posible trastorno comunicacional vinculado a este axioma, se presenta cuando la forma en que ha
sido definida (y aceptada) una relación durante un cierto período o etapa de la relación, deja de ser
adaptativa porque las circunstancias han cambiado, o porque alguno de los interactuantes ya no quiere
mantener la definición pretérita.

En dicha circunstancia, un interactuante A pretende (y exige) que B lo confirme en su propia definición, aun
cuando éste último no está de acuerdo en como A se ve a sí mismo en su relación con él. Por ejemplo, un
padre que insiste en brindar protección a un hijo, que a la vez siente que ya no la requiere.

En esta disyuntiva, para que la relación (complementaria) pueda seguir su curso (y evitar así el conflicto), B
debe modificar la propia definición que tiene de sí mismo, corroborando la definición que A tiene de sí y de
la relación con B.

Esta dificultad relacional y comunicativa se denomina complementariedad rígida, en tanto tiende a la


conservación poco flexible de patrones interactivos y comunicacionales, que en virtud de las circunstancias
dejaron de ser los más apropiados.

2.3.5 La puntuación de la secuencia de hechos.

Este axioma destaca el hecho que la naturaleza misma de la relación entre los comunicantes va siendo
determinada, según la forma en que cada uno ellos puntúe las distintas realidades que comparten.

Una de la dificultades que trae consigo este principio pragmático, es que uno de los interactuantes (A)
puede contar con distinta cantidad de información respecto de un cierto asunto, en comparación con B, y al
mismo tiempo no saberlo. A partir de eso, evidentemente A puntuará los hechos en correspondencia con
su supuesto; esto es, que el otro tiene la misma información. Consecuentemente, atribuirá intención y
significación a la (s) conducta (s) del otro, basado en dicha premisa. Es fácil, entonces, que en el

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desconocimiento de la diferencia de información que ambos tienen, A haga atribuciones erróneas e


interprete de un modo equivocado todas y cada una de las conductas de B de allí en adelante.

Por otra parte, sin duda la conducta de A resultará inexplicable para B, lo cual no evitará que éste último, a
su vez, responda a ellas, basándose en su propia puntuación. El conflicto, que en virtud de su origen puede
permanecer implícito o silencioso, se mantendrá indefinidamente, hasta que por decisión de ellos mismos, o
por alguna circunstancia, descubran o decidan averiguar qué pasó.

Maniobrar en este último sentido, implica de parte de los interactuantes, la capacidad de salir del círculo
vicioso y colocar la comunicación misma como tema de comunicación; en otras palabras, se requiere que
ellos puedan meta-comunicarse.

Otro aspecto que está en la base de una parte considerable de las dificultades comunicacionales humanas,
es la tendencia de las personas a organizar (puntuar) secuencialmente los hechos en términos de causa y
efecto. Es decir, las personas tienden a ordenar de manera lineal las secuencias comunicativas, en vez de
considerarlas como partes de un proceso circular, donde causa y efecto resultan, en última instancia,
indistinguibles.
Al tener este entendimiento en relación a los procesos interaccionales y comunicativos en que participan, las
personas quedan en una disposición predominante para ver sus propios actos comunicativos sólo como una
reacción ante ciertas formas de conducta (o comunicación) de los demás, soslayando (sin que sea su
deliberada intención) la condición de estímulo (o causa), que su propio comportamiento tiene, a la vez, en
relación a los demás.

Esta perspectiva de no considerar los procesos comunicativos e interaccionales en su naturaleza circular o


sistémica, se vincula estrechamente con la disposición a considerar que existe una sola realidad, que en tanto
tal, ha de ser compartida por todos. Dicho tipo de creencia o convicción genera, también, una parte
considerable de los conflictos interpersonales y comunicativos, que las personas, ignorantes de su propia
cosmovisión, vivencian como incomprensión (hacia o desde el otro), maldad, o en última instancia,
enfermedad mental y locura.

Finalmente, otra forma en que las dificultades provenientes de la puntuación se manifiestan, es mediante la
llamada profecía que se cumple a sí misma. Este fenómeno interaccional y comunicativo es también un
problema de puntuación, dado que se origina en la creencia --ya descrita-- que una persona tiene, en
cuanto a estar 'solamente' reaccionando frente a las formas de comunicación o conducta de los demás, sin
alcanzar a percatarse que una o más de sus formas conductuales tienen incidencia (actuando como
estímulo) en que las otras personas manifiesten hacia él ciertas formas de conducta, que son las que él
visualiza, a su vez, como generadoras de la propia, sin alcanzar a darse cuenta de la contribución que él
mismo hace al ciclo.

Desde otro punto de vista, puede decirse que las profecías que se cumplen a sí mismas constituyen una
forma de relación complementaria, es decir, invariablemente requieren de una contraparte que posibilite
que lleguen a manifestarse.

Un ejemplo recurrente en la vida cotidiana es aquel de las personas celosas. Dado cierto guión particular
de historia de vida, quienes sufren celos inician sus relaciones de pareja predipuestos a que, en uno u otro
momento, serán engañados por la otra persona. En consecuencia con su convicción, duda, revisa, husmea,
interroga, acosa, sin percatarse que con su propia conducta genera dos posibles efectos en la relación,
ambos aumentadores de la posibilidad que su pareja, efectivamente, se vincule a un/una tercera.

1) Cualquier otra persona resulta --dentro de un cierto plazo-- más atractiva o grata, que alguien que
duda, revisa, husmea, interroga y acosa.

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2) Si las conductas controladoras --como suele suceder al inicio de una relación-- son gratuitas e
infundadas, no deja de ser una buena alternativa para el/la perseguido (a), descargar su molestia,
involucrándose con un (a) tercero (a), cuando se presente la oportunidad.

No es difícil visualizar que cualquiera sea el fundamento que permita la materialización de la infidelidad,
cuando ello ocurre, para el que había 'profetizado' el engaño, no es sino la confirmación de lo predicho. Y
aquí radica, probablemente, la parte más dramática de las profecías que se cumplen a sí mismas; esto es,
que además de ser recurrentes, son recursivas, es decir, no sólo iteran en el tiempo, sino que cada evento al
ser confirmativo, profundiza la creencia de la persona, disponiéndola más firmemente que antes en la
misma dirección para situaciones análogas futuras. Afortunadamente, el hacer profecías no discrimina
signo, por tanto, el ejemplo anterior puede ser contrarrestado con facilidad por uno más positivo, como
aquel de las personas autoafirmativas, que consolidan progresivamente su seguridad en sí mismas con cada
una de sus actuaciones.

2.4 LA COMUNICACIÓN PARADÓJICA.

En el capítulo siguiente se revisará el Enfoque Estratégico desarrollado en el ámbito de la Terapia Familiar


Sistémica; allí se verá que una parte medular de sus planteamientos y modalidades de intervención están
fundados en la noción de lo que globalmente se denomina comunicación paradójica. Esta parte aborda
dicho fenómeno y establece las distinciones y precisiones necesarias para comprenderlo como sustento
comunicacional de la modalidad psicoterapeútica antes señalada.

El planteamiento central de Watzlawick et al. (1974), es que las paradojas, más allá del asombro, la
fascinación y también la frustración que han generado por no saber cómo tratarlas, tienen implicancias
pragmáticas directas, ya que afectan la conducta, la interacción y la salud mental de las personas.

La paradoja puede definirse como "una contradicción que resulta de una deducción correcta, a partir de
premisas congruentes". (Watzlawick et al., 1974) Es posible diferenciar tres tipos de paradojas:

1) Las antinomias, que son contradicciones lógicas que surgen de modos aceptados de razonamiento o, en
otras palabras, son aseveraciones contradictorias y demostrables a la vez. En un cierto nivel, hay
contradicciones que solamente evidencian que se ha trasgredido una ley básica de la lógica; por ejemplo, en
el típico caso de afirmar que algo es (A) y no es (-A), al mismo tiempo. Sin embargo, en un nivel lógico
superior al recién descrito, como 'la clase de los conceptos' se puede ver que ésta puede, además de ser
'clase', ser un 'concepto' en sí misma. En este nivel, ello implica una división entre las clases que son
miembros de sí mismas y aquellas que no lo son. Una aseveración en tal sentido (que una clase sea y no sea
miembro de sí misma), puede desecharse sin problemas, en tanto simple contradicción; sin embargo, si se
repite esta operación en el nivel superior siguiente, ocurre que una clase resulta ser miembro de sí misma sí
y sólo sí no es miembro de sí misma y viceversa. Ya no se está en una simple contradicción, sino ante una
paradoja, que surge de una rigurosa deducción lógica y no de una mera trasgresión a las leyes de la lógica.

En dicha situación, la teoría de los tipos lógicos de Russell y Whitehead postuló que ninguna clase puede
ser miembro de sí misma, a la vez que ningún miembro puede constituir una clase en sí mismo: es decir,
una clase corresponde a un nivel lógico superior al de sus miembros. Hay que ascender un nivel en la
jerarquía, para poder afirmar que la clase de los conceptos es un concepto en sí misma; de hecho, eso se
puede hacer, no es falso, pero carece de significado.

2) las definiciones paradójicas, en que la paradoja tiene lugar cuando un mismo término, por ejemplo
'concepto', se utiliza en dos niveles distintos como si fuesen lo mismo. El problema está entonces en el

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dominio del lenguaje, donde por falta de indicadores apropiados (de tipo lógico), se crea una ilusión
lingüística que los hace aparecer como idénticos.

La más conocida de las definiciones paradójicas es la de Epiménides de Creta que afirma que "todos los
cretenses son mentirosos". En su conclusión lógica, esta aseveración puede ser verdadera sólo si no lo es y
viceversa. Además, a diferencia de lo que ocurre con las antinomias lógicas antes descritas, aquí se trata de

una antinomia semántica, en que la teoría de los tipos lógicos no permite eliminarlas, dado que las palabras y
las combinaciones de ellas que constituyen el lenguaje, no cuentan con una jerarquía de tipos lógicos.

Un equivalente a la teoría de los tipos lógicos fue desarrollada como teoría de los niveles del lenguaje,
distinguiendo lo que podría llamarse el nivel objetal del lenguaje y el nivel meta- lingüístico que se refiere
al primero y así sucesivamente, ad infinitum. Con este marco de entendimiento, en la paradoja de
Epiménides se observa que ambos niveles están simultáneamente presentes. Sin embargo, dicha teoría
referencial tampoco permite resolver el problema y conduce sólo al mismo resultado que la teoría de los
tipos lógicos en la que está basada: la afirmación carece de significado.

3) Las paradojas pragmáticas, refieren a aquellas situaciones comunicacionales de la vida real y cotidiana (a
diferencia de las hasta aquí empleadas que remiten al mundo de la lógica y de la semántica
respectivamente), en donde por absurda que pueda parecer una afirmación, solicitud o mandato, ello no
obsta para que dicho intercambio comunicativo se presente y no evita las consecuencias comportamentales
y emocionales que de allí se derivan.

Existen tres condiciones gruesas que, cuando concurren, permiten que se presente el tipo de comunicación
paradójica que aquí se está refiriendo. En primer lugar, debe existir una relación clara de
complementariedad entre los comunicantes; en segundo término, el mensaje paradójico ha de presentarse
dentro del marco definido por el tipo de relación antes descrito, y en tercer lugar, quien ocupa la posición
inferior en la relación complementaria, por el hecho mismo de ser esa su posición, no puede salirse del
marco relacional y comunicarse respecto del tipo de comunicación (y situación) que se está dando.

Watzlawick et al., (1974) afirman que una persona en la situación recién descrita, se encuentra en una
posición insostenible, lo cual hace la diferencia entre estudiar este fenómeno desde un punto de vista
puramente lógico y hacerlo en el ámbito de la interacción humana, donde la pragmática de la
comunicación paradójica resulta crucial para la estabilidad y la cordura de los involucrados, sean éstos
individuos o sistemas sociales de cualquier naturaleza o tamaño.

Las condiciones señaladas anteriormente para la aparición de la paradoja pragmática, sirvieron de


fundamento para el desarrollo de la teoría comunicacional del doble vínculo, extensamente desarrollada
durante los años 50-60, lo que a su vez sirvió de punto de partida para su conceptualización y empleo como
recurso psicoterapéutico en el Enfoque Estratégico en Terapia Familiar Sistémica, materia de la cual es
objeto el siguiente capítulo.

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CAPÍTULO 3: ENFOQUE ESTRATEGICO EN TERAPIA FAMILIAR SISTEMICA.

Con posterioridad a la formulación de la Pragmática de la Comunicación Humana, el grupo de


investigadores del Mental Research Institute en Palo Alto, California, continuó su trabajo acentuando el
énfasis de la comunicación como herramienta útil para el cambio en psicoterapia. A partir de allí, se
desarrollaron nuevas técnicas para el trabajo en psicología clínica.

Esta nueva modalidad de trabajo, que viene a ser la resultante de las aplicaciones de la Pragmática de la
Comunicación en el ámbito de psicoterapia. se difundió y se conoce hasta ahora como Enfoque Estratégico en
Terapia Familiar Sistémica.

3.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

Esta modalidad de trabajo psicoterapéutico, considera que todo sistema interaccional está gobernado por
una especie de “cálculo” comunicacional que se expresa en la pragmática y tiene un funcionamiento
análogo al de la lenguas, en que los hablantes hacen uso de ellas sin tener ni necesitar conocimiento formal
de su operatoria. Los sistemas familiares no escapan a esta condición sino, por el contrario, estructuran una
sofisticada y compleja trama comunicacional que permite, en última instancia, la preservación de los
mismos. En esta misma característica radica el hecho que pueden verse atrapados en intentos fallidos e
inconducentes de solución, al reiterar en pautas pre-establecidas de interacción/comunicación, en
circunstancias que ya no les sirven ni les permiten salir del círculo en que se hallan atrapados, repitiendo
'más de lo mismo'.

El Enfoque Estratégico considera también las distintas etapas por las que atraviesa un familia como grupo,
durante el ciclo de vida que desarrolla; cada una de dichas etapas tiene sus peculiaridades en cuanto a las
relaciones intra y extra-familiares y sus consecuentes definiciones y re-definiciones a través del tiempo.
Todas ellas son potencialmente transitables sin problemas, siguiendo ciertas tendencias naturales, pero
también dicho tránsito entre una y otra puede generar serios problemas, cuando por diversas razones
surgen dificultades de ajuste y respuesta a las condiciones que cada una de ellas demanda.

Por otra parte, la distinción hecha por Watzlawick et al. (1974) respecto de las paradojas pragmáticas, indica
que quien enfrenta ese tipo de situaciones se encuentra en una posición insostenible, dado que las
alternativas con que cuenta no son tales, en tanto en un nivel lógico superior la posibilidad misma de
elección tampoco existe. Al mismo tiempo, percatarse que las opciones presentadas constituyen sólo una
ilusión, significa que la persona afectada debiera ser capaz de darse cuenta no sólo de la característica de las
'alternativas', sino también de la condición doble-vinculante global en que se encuentra. Y como se ha
expresado anteriormente (en 2.4), la posibilidad de ponerse en una meta-posición respecto de los
intercambios comunicativos en que participa, es una acción que le está vedada a quien se halla involucrado
en situaciones del tipo descrito.

Cuando un patrón de comunicación paradójica llega a establecerse, la conducta emergente crea una
situación de doble vínculo para ambos participantes. De allí en adelante, tiene poco sentido el cómo,
cuándo o por qué, se estableció, pues este tipo de intercambios tienen una fuerte capacidad de auto-
perpetuación. Estos patrones comunicacionales evidencian una imposibilidad de generar cambio desde
dentro y parecen estar sujetos a la necesidad que los cambios provengan desde fuera.

La descripción del párrafo anterior, señala un pilar fundamental del entendimiento que sustenta al Enfoque
Estratégico como modalidad de acción psicoterapéutica. Una vez que se ha constituido una modalidad
comunicacional e interactiva que atrapa a los participantes en un juego sin fin, una posibilidad es recurrir a
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un terapeuta, como alguien que puede contribuir a generar un cambio allí donde el sistema está bloqueado,
esto es, en sus propias reglas de operación.

3.1.1 Las reglas de comunicación en los sistemas familiares.

D. Jackson, primer Director del M.R.I. de Palo Alto, California, publicó en 1965, "The Study of the Family",
dando cuenta de los principios teóricos acerca de la Terapia Familiar que había estado desarrollando el
Instituto. Allí propuso la idea de la familia como un sistema homeostático esencialmente gobernado por
reglas que, operando repetitivamente, regulan y organizan la comunicación y el comportamiento de sus
miembros.

Todo proceso de comunicación implica un aspecto de contenido y un aspecto de relación, dado lo cual, el
definir la naturaleza de la relación en que participan no puede ser soslayado ni dejado al azar por los
comunicantes que interactúan de manera sostenida en el tiempo. Sus intercambios comunicativos
estabilizan la relación o provocan su ruptura, pero no pueden evitarla. Así, se entiende que toda
interacción mantenida en el tiempo, tiene a la base una definición relativamente estable acerca de la
naturaleza de la relación entre los interactuantes. Esto supone cierto grado mutuo de aceptabilidad
respecto del modo en que la relación está definida o, por lo menos, acerca los límites aceptables de
discrepancia dentro de la relación. Dichos acuerdos han sido conceptualizados como reglas familiares y no
implican una necesaria percatación conciente de ellas por parte de los interactuantes, sino más bien al revés,
la mayor parte de las reglas de relación entre las personas no están presentes en su conciencia.

En el mismo sentido anterior, las reglas familiares son inferencias, abstracciones que un observador hace
para describir ciertos patrones redundantes de comportamiento/ comunicación que él distingue en la
dinámica familiar.

Poder realizar esta distinción en términos sistémicos suficientemente amplios tiene importancia, pues
cualquier conducta por compleja que sea, puede finalmente ser señalada como parte de un patrón más
amplio en el que ella tiene sentido, a diferencia de cuando se la mira aisladamente como la manifestación
interna de un individuo.

Una regla es, en última instancia, un indicativo acerca de cómo deben comportarse (relacionarse) los
miembros de un grupo familiar, entre ellos y con los ajenos al sistema. Un ejemplo de regla familiar podría
ser el siguiente: "en esta familia no se discute, porque no hay diferencias; somos todos iguales". Dicha regla
importa un bloqueo, descalificación o sanción a las peleas internas y una presentación de igualdad y unidad
hacia los no-familiares. Lo exactamente opuesto, conlleva también los mismos poderosos efectos sobre la
conducta y la comunicación intra y extra-familiar de los miembros, sólo que en la dirección inversa.

Las reglas que regulan las relaciones familiares son propias de cada familia, a la vez que presentan ciertos
grados de sobreposición y/o referencia respecto de las normas culturales donde la familia se inserta. Las
reglas familiares pueden ser descritas como referentes centrales, en torno a los cuales oscilan los
comportamientos de los distintos miembros de la familia.

La noción de la familia como un sistema homeostático (Jackson, 1965), considera que las reglas familiares
son mantenidas y reforzadas mediante procesos homeostáticos que operan mediante restricciones a la
conducta de los componentes de un grupo familiar, de manera tal que ésta resulte adaptativa a la regla. De
este modo, cuando alguna manifestación individual dentro de la familia se desvía sobrepasando el rango
que permite la norma, se activan mecanismos homeostáticos (en este caso, la conducta de otros miembros
en cualquiera de sus manifestaciones), tendientes a colocarla de nuevo dentro del rango permitido por la
regla, restituyendo, al mismo tiempo, el equilibrio que esa regla cautela.

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Una parte significativa de esta operatoria homeostática descrita se da mediante el uso de la meta-
comunicación; los comportamientos que representan intentos de retornar la conducta de otros a los
márgenes posibles o de restringirlos dentro de ellos, son manifestaciones meta-comunicativas, es decir, no
se dan a través del contenido de lo comunicado, ni son habitualmente explícitos.

Los llamados procesos estocásticos dicen relación con la redundancia en comunicación, esto es, con
aquellas secuencias de configuración repetitiva y más probables que otras. Al observar las interacciones
humanas, también es posible detectar en ellas configuraciones redundantes de conducta, bajo las cuales se
puede suponer, subyace algún tipo de reglas. Esta redundancia pragmática puede, a la vez, considerarse
análoga al concepto matemático de cálculo; es decir, se puede pensar que al igual que éste, la comunicación
también sigue un método, con presencia de reglas que generan su congruencia.

A diferencia de la matemática, que cuenta con el lenguaje natural para referirse a ella misma (éste
constituye la meta-matemática), para comunicarse acerca de la comunicación (meta-comunicación) el ser
humano cuenta con un sólo y mismo lenguaje. Y dado el hecho que comunicación y meta-comunicación
corresponden a niveles lógicos distintos, esta situación peculiarmente humana establece las bases para que
se genere la comunicación paradójica, al mezclarse ambos niveles.

Como se señaló en 2.4 , en la condición antes descrita se origina una fenómeno comunicativo --la paradoja
pragmática-- particularmente complejo y conflictivo para la interacción humana. Al mismo tiempo, como
se describirá más adelante (3.3), a partir de allí también se ha buscado la forma de generar intervenciones -
-el doble vínculo terapéutico o contraparadoja-- que contribuyan a manejar los mismos problemas que esta
condición genera.

3.1.2 Las etapas del ciclo familiar.

La consideración del proceso evolutivo familiar como una transformación que puede ser visualizada
mediante etapas, parte de la base que aquellos períodos se hacen distinguibles uno de otro en tanto
presentan características propias, que a su vez implican demandas particulares sobre cada uno de los
miembros de la familia y sobre el sistema familiar como conjunto. Esto sustenta la premisa del Enfoque
Estratégico, que en cada una de dichas etapas, así como en la transición de una a otra, pueden surgir
dificultades que se expresan mediante un síntoma o conducta problemática de uno o más de sus miembros.
Haley (1980b), ha indicado las etapas que se revisan a continuación.

I. El galanteo. A diferencia de todas las otras especies animales, el ser humano es el único que con la
acción de elegir una pareja, involucra a otras familias y adquiere con ello parientes políticos. Cuando el
matrimonio se consuma, éste no constituye la sola unión de dos personas, sino un acto de convergencia de
dos familias extensas que de uno u otro modo ejercen influencia, al mismo tiempo que construyen una
nueva y compleja red de interacciones y significaciones.

En la especie humana hay un período relativamente largo durante el cual cada miembro ha de establecer
su propia identidad, diferenciándose y, al mismo tiempo, intengrándose de una nueva manera con los
demás; una parte significativa de dicho proceso se vincula con la elección de una compañera para las
siguientes etapas de su vida.

Desde el momento en que un hombre o mujer joven evidencia alguna forma de interés serio por una
persona del sexo opuesto, por lo general, dos parejas de padres pasan a formar parte de un proceso global
de decisiones que los involucra a todos. El humano en proceso de conseguir pareja enfrenta una situación
muy particular: el inicio de una relación que lo involucra simultáneamente en tres ámbitos; su pareja misma
y ambas familias, cada cual con sus propias expectativas y demandas.

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II. El matrimonio. El inicio mismo de la convivencia implica establecer un conjunto de acuerdos,


imprescindibles para cualquier par de personas que asumen una vida íntima en conjunto. De manera
explícita o implícita, requieren definir una gran cantidad de aspectos imposibles de haber previsto antes de
casarse. Esto incluye elaborar el modo en que habrán de manejar los desacuerdos; áreas de discrepancia
inicialmente no tocadas por razones diversas, comienzan a emerger paulatinamente. Las soluciones
intentadas pueden resultar insatisfactorias, provocando un creciente descontento que, en uno u otro
momento, se puede expresar con inesperada fuerza emocional.
La forma en que cada pareja avanza en este proceso de manejar sus diferencias, no sólo está influida por las
condiciones actuales en que ellas se presentan y por la propia apreciación que cada uno de los cónyuges
tiene al respecto, sino también por la propia historia que cada cual trae consigo al matrimonio y por la
trama todavía vigente (en diversos grados) con sus respectivas familias de origen.

En esta etapa, la pareja enfrenta, entonces, el desafío de abrirse a consideraciones distintas de las
familiarmente aprendidas respecto de ciertos aspectos del convivir en pareja; al mismo tiempo, requiere
establecer una distancia apropiada y suficiente de las respectivas familias de origen, para evitar que se
involucren en aspectos que deben resolver por sí mismos.

III. El nacimiento de los hijos. Con la llegada de un nuevo miembro a la familia, lo que antes era una
díada, se convierte de manera automática en un triángulo, con la particularidad que se trata, además, de un
tercero especialmente significativo: no es un extraño, ni un miembro de la familia extensa. Un hijo no sólo
impone una cantidad casi innumerable de nuevas demandas que la pareja deberá saber satisfacer, sino que
define de una manera hasta entonces inédita la relación misma de los cónyuges. Si la unión matrimonial ha
sido considerada inicialmente como una prueba, la separación puede empezar a considerarse menos
posible. Si los miembros de la pareja se veían a sí mismos como muy comprometidos, pueden percibir
ahora la fragilidad de ese compromiso en contraste con el que implica un hijo en común. Si la separación ha
estado cerca, pueden comenzar a pensar que seguirán casados por el hijo, imposibilitados de allí en
adelante de saber, a ciencia cierta, si en ausencia del hijo se habrían separado o no.

Por otra parte, el nacimiento de un niño vuelve a actualizar la convergencia de ambas familias de origen; el
calibrar su participación en la nueva etapa y la necesaria delimitación de los territorios de pertinencia de
ambas, se constituye en una tarea relevante para la pareja y puede, de hecho, generar disputas y
dificultades entre los cónyuges por aspectos que los trascienden a ellos y que son más bien propios de la
relación con la familia extensa.

Al mismo tiempo, el nacimiento de un hijo gatilla toda una re-estructuración en cada componente de la
pareja, respecto de su propia relación con su familia de origen; como expresa Haley (1980b), "... con el
nacimiento de un hijo, la joven pareja queda más distanciada de sus familias y a la vez más involucrada en
el sistema familiar. Siendo padres, son menos hijos y se individualizan en mayor medida como adultos,
pero el niño los introduce más en la red total de parientes, en cuanto se modifica la índole de los viejos
vínculos y se forman otros nuevos" .

Un momento en que las dificultades tienden a intensificarse es cuando el/los niño(s) inician su vida
escolar; parecieran ser dos los factores que contribuyen principalmente a que esto ocurra en dicho
momento. Por una parte, la salida de los niños al colegio es una primera representación, aunque atenuada,
de la casi inevitable partida definitiva del hogar una vez que terminen su educación, lo cual volverá a dejar
a los padres solos el uno con el otro. Por otra parte, las concepciones y modelos de crianza que cada padre
tiene, se expresan de manera más ostensible cuando el niño objeto de la crianza, amplía su mundo y
contactos sociales y la forma en que los padres están llevando a cabo la tarea de criarlo, queda expuesta a la
evaluación de los demás.

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IV. El período intermedio del matrimonio. En esta etapa hay grandes redefiniciones en juego; los niños se
vuelven menos demandantes y generan otra vivencia del tiempo en la mujer. Ella puede considerar que es
el momento de retomar las actividades postergadas por la crianza, pero si no tiene proyecciones de ese tipo,
puede comenzar a aproblemarse según ve que los niños la necesitan cada vez menos y que la importancia
del ser dueña de casa y madre, disminuye según pasa el tiempo. El marido, en tanto, se encuentra en un
punto de su vida laboral en que ya tiene claro en qué medida ha alcanzado o podrá alcanzar sus propósitos
largamente proyectados; si lo ha conseguido, eso puede desbalancear aún más la relación con una esposa
circunscrita al hogar. Si sus aspiraciones están frustradas, su desilusión puede afectar de manera
considerable el vínculo conyugal y familiar.

A esta altura del ciclo, la pareja y la familia como conjunto, han sobrellevado muchos conflictos y
elaborado pautas de comunicación y modos de interacción bastante rígidos y repetitivos, en tanto les han
servido --hasta ese momento-- para resolver problemas, o bien, para evitar resolverlos; sin embargo, según
pasa el tiempo, los patrones previos de intercambio familiar pueden volverse inapropiados.

Este período intermedio reedita y señala, esta vez más claramente que en la etapa anterior, que los hijos
terminarán partiendo de manera total y definitiva, que los esposos se encontrarán el uno frente al otro, y
que además, les quedan por delante menos años que los ya vividos. Este conjunto de cambios
indesmentibles puede hacer que la pareja entre en un período caracterizado por la turbulencia; pueden
sobrevenir fuertes tensiones y aun habiendo superado graves crisis previas, encontrarse frente a la
posibilidad concreta de separarse. Esta etapa tiene un cariz particular, que quizás Haley (1980b) resume en
lo más medular cuando dice: " ... la mayor parte de los otros períodos de tensión familiar aparecen cuando
alguien ingresa o abandona la familia; en los años intermedios en cambio, el punto no es ése, pues no hay
modificaciones en el reparto".

A diferencia de los problemas surgidos en los años iniciales del matrimonio, en que la inestabilidad emerge
asociada al naciente establecimiento de pautas para manejarlos, los del período intermedio responden a
patrones habituales y recurrentes a los que la pareja hecha mano, pero que dadas las nuevas condiciones, ya
no resultan útiles. Una forma habitual de estabilizar la relación entre los padres puede haber sido el
comunicarse a través de los hijos; cuando los hijos comienzan a estar mucho menos en la casa y sus vínculos
se empiezan a extender a otros ámbitos, prefigurando la partida, el recurso empieza a difuminarse y la
pareja puede entrar en crísis.

V. La partida de los hijos. Los progenitores humanos, a diferencia de los de otras especies, mantienen
durante largos años un vínculo de responsabilidad respecto de los hijos. Dicho período cubre todo el
tiempo que va desde que son niños, hasta que pueden ser considerados como iguales; según avanza el ciclo,
son los hijos los que paulatinamente se van haciendo cargo de los padres. Este proceso particular de la
especie humana, obliga a profundos y complejos cambios adaptativos en la interacción padres-hijos a lo
largo de los años y redefine también, muchas veces de manera dramática, la relación entre los propios
padres cuando los hijos finalmente parten.

Las turbulencias matrimoniales de esta etapa pueden ceder progresivamente, según los padres van re-
elaborando su relación como pareja, con ausencia de los hijos y asumiendo de manera gradual un nuevo rol
de "orientador" o "consejero" opcional, cuando aquellos lo requieren y de abuelos cuando nazcan los nietos.
Por otra parte, la dificultad puede surgir como resultado de encontrarse ambos cónyuges sin mucho que
decirse o compartir, ahora que no están los hijos; a veces los hijos han sido el tema o preocupación casi
exclusiva durante todos los años previos. Las nuevas condiciones hacen que la pareja pueda volver sobre
aspectos que ocasionaban disputas previo al nacimiento de los hijos; éstos reaparecen, pues en realidad
nunca se resolvieron, sino que simplemente se dejaron de lado mientras los padres se hallaban abocados a
lo más inmediato de la crianza.

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Cuando el hijo ha abandonado el hogar paterno y establecido el propio formando su familia, sus padres
tienen el desafío y la oportunidad a la vez, de transitar a este nuevo estadio iniciando el aprendizaje de ser
abuelos, elaborando otras reglas para participar, de ahora en adelante, en la vida de sus hijos y buscando
formas de arreglárselas solos en el propio hogar. Muchas de estas viscisitudes se van resolviendo de
manera 'natural', sobre todo en estas últimas etapas, en la medida que hay una continuidad generacional
que así lo permite. Por ejemplo, la llegada de un primer nieto puede contribuir notablemente a que la
pareja desdramatice un poco la partida de los restantes hijos y comience a interesarse por la tarea de ser
abuelos. En un sentido opuesto, si los hijos junto con partir se aíslan de sus padres, no sólo privan a los
propios hijos de abuelos, sino que hacen más difícil para éstos el manejo de este momento en sus propias
vidas.

VI. El retiro y la vejez. Una pareja que ha logrado adaptarse a la partida de los hijos, habiendo superado
también las posibles duras redefiniciones del período intermedio, puede entrar a esta etapa en condiciones
que favorecen el logro de la armonía; sin embargo, muchas veces el retiro de la vida activa del marido,
puede complicar esta nueva fase. La utilidad de los problemas para mantener la funcionalidad del sistema,
que resulta evidente durante todo el ciclo, puede tornarse marcadamente manifiesta en los años de
declinación vital, en que la autoestima y valoración de las personas, depende casi exclusivamente de la
importancia que cada miembro de la pareja tiene para el otro. En este contexto, incluso la enfermedad y el
desvalimiento de uno o de otro, puede servir para evitar disfuncionalidades mayores en el sistema de
convivencia.

Cuando finalmente alguno de los cónyuges muere, el que sobrevive tiene que volver a re-definir su utilidad
y valía como persona; puede también volverse --otra vez-- de una manera distinta hacia la familia extensa,
donde las generaciones más jóvenes adquieren un papel fundamental, pues como señala Haley (1980b) " ...
del modo como los jóvenes cuidan de los viejos, deviene el modelo de cómo se cuidará de ellos cuando a su
vez envejezcan, pues el ciclo familiar se renueva sin fin" .

3.1.3 Las modalidades del cambio.

Basándose en la teoría de los grupos y en la teoría de los tipos lógicos, Watzlawick et al. (1976), han
señalado que la primera de ellas otorga bases para la explicación de los cambios que pueden ocurrir dentro
de un sistema que --como conjunto-- no presenta variaciones. La segunda, proporciona elementos para
explorar los cambios que ocurren por el paso del sistema --como una totalidad--, desde un nivel lógico al
inmediatamente superior.

En este mismo sentido, pueden distinguirse dos diferentes tipos de cambio: a) el que tiene lugar al interior
de un sistema y que consiste en una dinámica basada en distintas combinaciones de elementos que están
contenidos dentro del sistema mismo, denominado cambio 1, y b) aquél que se manifiesta desbordando los
límites del sistema y yendo más allá de la oposiciones que pueden presentarse al interior de éste. Se trata
de un 'cambio del cambio' e implica una situación radicalmente distinta a la anterior. Se le denomina
cambio 2.

Al respecto, Watzlawick, Weakland y Fisch (1976), señalan:

a) El cambio 2 es aplicado a aquello que dentro de la perspectiva del cambio 1 parece constituir una
solución, debido a que dentro de la perspectiva del cambio 2, tal 'solución' se revela como la causa del
problema que se intenta resolver.
b) Mientras que el cambio parece basarse siempre en el sentido común, por ejemplo 'más de lo mismo', el
cambio 2 habitualmente aparece como extraño, inesperado y desatinado; se trata de un elemento
desconcertante, paradójico, dentro del proceso de cambio.

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c) Aplicar técnicas de cambio 2 a la 'solución' significa que se aborda la situación en el 'aquí y ahora'. Estas
técnicas se aplican a los efectos y no a sus supuestas causas; la pregunta crucial correspondiente es ¿ qué ?
y no ¿ por qué ?.
d) La utilización de técnicas de cambio 2 libera la situación de la trampa engendradora de paradojas creada
por la auto-reflexividad de la solución intentada y coloca la situación sobre una base diferente.

3.1.4 La noción de doble vínculo terapéutico.

Tal como se señaló en el capítulo anterior, cuando una persona se enfrenta a situaciones de comunicación
paradójica, es decir, ante paradojas pragmáticas, su posición resulta insostenible, dado que queda atrapada
en una condición (doble vínculo) que no le permite elección verdadera y cualquiera sea su elección ella no
da la respuesta acertada, por lo que finalmente recibe las consecuencias de dicho 'error'.

Basándose en la idea que lo mismo que ha hecho enloquecer a alguien debiera servir para devolverle la
cordura, Watzlawick et al. (1974), postularon que este mismo tipo de situación o comunicación, (usada
como recurso terapéutico) parecía ser, incluso, el único modo eficaz de interrumpir los circuitos o patrones
de comunicación doble vinculante que presentan los distintos sistemas de interacción humana.

Un doble vínculo terapéutico puede entenderse como la imagen reflejada de un doble vínculo patógeno y
contiene los siguientes elementos esenciales:
1) Una relación complementaria intensa, en este caso terapeuta-paciente, que conlleva elevadas expectativas
y valor de supervivencia de parte de éste último.
2) El marco definido por el tipo de relación antes descrito, sirve de contexto para que el terapeuta emita
mensajes que, a) refuerzan la conducta que el paciente espera modificar, b) hacen que dicho refuerzo
constituya el vehículo del cambio y, c) generan una paradoja, pues se le indica al paciente que cambie
permaneciendo igual.

De este modo, la persona atendida es colocada en una situación insostenible respecto de su problema: por
un lado, si sigue la instrucción que el mensaje del terapeuta indica, muestra que aquello que le aqueja no
está fuera de su control; por otro, si no sigue la instrucción contenida en el mensaje del terapeuta, deberá
dejar de comportarse problemáticamente. En ambos casos, el paciente experimenta control sobre la propia
conducta-problema y puede, luego, regularla según sus propias intenciones.

En otras palabras, si en el doble vínculo patológico la persona tiene consecuencias negativas cualquiera sea
su elección, en el doble vínculo terapéutico, el paciente se ve empujado al cambio si sigue la instrucción y
también si no lo hace.

3) El modo en que la situación (terapéutica) define la relación entre el terapeuta y el atendido, impide, o
hace muy poco esperable, que éste último maneje la situación paradójica en que se le coloca, mediante el
recurso de hacer comentarios (meta- comunicativos) acerca de ella. En términos generales, aunque la
instrucción sea poco comprensible o, incluso, lógicamente absurda, igualmente constituye una realidad
pragmática; por lo tanto, el paciente no puede dejar de comportarse en respuesta a ella, pero tampoco
puede hacerlo en la forma problemática habitual.

Dicho de otra manera, el doble vínculo terapéutico empuja al paciente fuera del sistema comunicacional e
interactivo previamente establecido, en el cual se ha constituido su problema.

Este paso fuera del marco en que ha surgido la dificultad, es lo que quienes solicitan ayuda no han podido,
hasta ese momento, realizar por sí mismos. La inclusión de un experto, que además es ajeno al sistema
original, posibilita no sólo la configuración de un sistema más amplio con nuevas posibilidades de auto-

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observación, sino que también permite introducir nuevas metarreglas (cambio 2), que el sistema no podía
generar a partir de su propio funcionamiento (cambio 1).

3.2 LA CONCEPCIÓN OPERATIVA DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

El Enfoque Estratégico utiliza una visión sistémica (circular) para explicar la mantención del problema y
una orientación estratégica (planeada) para buscar el cambio de la situación problemática . La perspectiva
global de entendimiento está basada en la Teoría de Sistemas, al tiempo que las intervenciones se hallan
claramente fundadas en los aspectos pragmáticos de la comunicación humana.

En esta modalidad de trabajo, los problemas 'individuales' son vistos como manifestaciones de un patrón
más amplio de interacción familiar y los síntomas se consideran comunicadores no verbales de ese mismo
patrón. El comportamiento problemático es concebido como un fenómeno social que refleja disfunción en
el sistema como conjunto, lo cual hace que la intervención grupal aparezca como la mejor forma de tratar
con la dificultad.

El Enfoque Estratégico se centra básicamente en las formas de interacción y comunicación que están
contribuyendo a mantener el problema. Considera que las familias están involucradas en una dinámica
que tiende básicamente a la mantención de la homeostasis del sistema, pero de un modo problemático y en
última instancia, doloroso.

Las familias patológicas son sistemas que no se adecuan suficientemente a las cambiantes circunstancias --
del ciclo familiar, por ejemplo-- y en las cuales paulatinamente comienzan a predominar de manera poco
proporcionada las tendencias homeostáticas, por sobre el cambio y la transformación. Dificultadas para dar
con formas adaptativas de respuesta al medio o a nuevas condiciones intra-familiares, tienden a generar
patrones redundantes de conducta basados en las mismas reglas y premisas previas. En su intento por
preservar el sistema como entidad global, se apegan a secuencias rígidas de interacción que ya no resultan
funcionales en las nuevas condiciones; generan elaborados circuitos de interacción y comunicación del tipo
'más de lo mismo' (Watzlawick, Weakland y Fish, 1976). En otras palabras, los integrantes del sistema no
están en condiciones de encontrar una alternativa desde dentro del sistema; reiteran en soluciones del tipo
cambio 1, sin llegar a modificar las reglas mismas que gobiernan la interacción familiar.

A partir de lo anterior, en el Enfoque Estratégico el terapeuta orienta su acción a incorporar novedad y


diversidad en los modos de comunicarse e interactuar que muestran los miembros del grupo familiar al
momento de ser atendidos. Se sitúa en una meta-posición respecto del sistema familiar y opera desde allí
mediante intervenciones destinadas a producir cambios de tipo 2, es decir, cambios que desborden los
límites dentro de los cuales, hasta ese momento, la familia ha estado buscando infructuosamente la
solución. Dicho de otra manera, el terapeuta estratégico intenta destrabar la interacción familiar que se le
presenta, proporcionando nuevos elementos que permitan que las reglas que gobiernan dicha interacción
sean cambiadas.

Una vez que el terapeuta cree saber de qué modo está siendo mantenido el problema en el sistema familiar,
planea una estrategia global y diseña intervenciones específicas, cuyo propósito, en primera instancia, es
bloquear la secuencia de acción/comunicación en que se sustenta el síntoma o conducta- problema.

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

El Enfoque Estratégico es medularmente pragmático y centra su atención en los síntomas como formas de
comunicación que dan cuenta de la red de interacciones y definiciones de relación entre los comunicantes
dentro del sistema familiar. De allí que preste menor atención a los 'contenidos' de lo comunicado (que
generalmente intentan desentrañar por qué se produjo el problema) y se focalice más en las acciones
actuales de los miembros de la familia, que permiten y contribuyen a que éste se mantenga.

En tal sentido, aunque el propósito es llegar a modificar el patrón de interacción familiar que mantiene el
problema, se considera que dicha pauta interactiva es claramente observable en el contexto terapéutico, a
través del modo en que los familiares se comunican entre sí y con el terapeuta, respecto de la situación que
les aqueja. Asimismo, el Enfoque Estratégico opera basado en el supuesto que una manera efectiva de
modificar las secuencias comunicativas familiares mantenedoras de un problema, es mediante la influencia
que el terapeuta pueda ejercer en la psicoterapia misma, sobre las maneras en que los miembros de la
familia se responden unos a otros y sobre el modo en que ellos se comunican con el terapeuta.

Haley (1980a), postula que los cambios tienen mayor probabilidad de ser logrados en etapas, que de una
sola vez. Sugiere este autor que, en primer lugar el terapeuta debe interrumpir la secuencia de interacción
que mantiene el problema, aunque sea sustituyéndola por otra no del todo deseable, para luego desde allí
intentar la reorganización más completa y funcional del sistema. Por ejemplo, en una familia con un padre
periférico y una madre excesivamente involucrada con alguno de los hijos, en un primera etapa éste puede
ser colocado al cuidado absoluto y exclusivo del padre (situación también poco deseable), para luego, en
una segunda etapa, realizar acciones orientadas a lograr un patrón familiar más equilibrado.

El Enfoque Estratégico considera que las soluciones de sentido común rara vez funcionan bien; es poco
habitual que las personas tengan la capacidad de observar el sistema desde fuera, lo cual hace que al
intentar resolver su problema, reiteren conductas del mismo tipo: cambio 1, o 'más de lo mismo'. En esta
modalidad de trabajo psicoterapéutico, también se asume que el eventual cambio se manifiesta de dos
maneras contrapuestas en quienes solicitan ayuda: por un lado, desean cambiar pues consideran que al
haber un cambio se solucionará el problema, pero al mismo tiempo se angustian y resisten el cambio, pues
éste necesariamente hará cambiar todo el sistema en una dirección que suponen mejor, pero que
desconocen y desconocerán, hasta que el cambio haya ocurrido.

Por lo tanto, el Enfoque Estratégico enfatiza la necesidad de detectar y alterar las bien intencionadas, pero
redundantes e inconducentes soluciones que las familias sintomáticas aplican a sus propias dificultades; al
mismo tiempo, se asume que habrá resistencia, se espera que las personas no sigan las indicaciones e,
incluso, que tengan comportamientos en la dirección exactamente opuesta a lo indicado.

3.3 LAS TÉCNICAS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

El Enfoque Estratégico parte de la base que toda terapia es directiva, en tanto al terapeuta le resultará
imposible evitar la directividad por el sólo hecho de hacer elecciones temáticas, o tener un cierto estilo de
comunicación no verbal. En ese entendido, esta orientación psicoterapéutica planifica deliberada y
cuidadosamente las intervenciones, asumiéndolas como instrucciones con clara intencionalidad de parte del
terapeuta.

Las directivas son aplicadas en el contexto mismo de la conversación terapéutica, o bien se dan
instrucciones para que la familia realice actividades entre una sesión y la siguiente. Las acciones son
prescritas y las tareas son asignadas bajo la premisa que el cambio surge más de la acción misma que del
entendimiento (insight).

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

Dado que los problemas se consideran mantenidos por las propias interacciones familiares, las
prescripciones deben encajar con la dinámica general que la familia presenta e involucrar, en lo posible, a
todos los miembros del grupo.

El terapeuta que trabaja con el Enfoque Estratégico dedica un esfuerzo importante a corroborar los datos
que proporciona la familia respecto de sus patrones de acción y comunicación; por otra parte, prepara
adecuadamente las condiciones previas a su intervención, de modo tal que las directivas no requieran de
explicaciones ni comentarios una vez que han sido hechas. Muchas veces, el terapeuta explicita
previamente una prohibición en tal sentido; es decir, explica en términos generales que hará una
prescripción o dará una directiva específica y advierte, al mismo tiempo, que no habrá comentarios de
ningún tipo una vez que él concrete su intervención. Finalmente, dichas instrucciones pueden ser directas o
paradójicas.

3.3.1 Las instrucciones directas están orientadas a modificar ciertas secuencias de interacción, reglas y roles
familiares que parecen poco contribuyentes a la consecución de un cambio en lo que más centralmente
afecta a la familia, y que aun cuando no atentan de manera significativa contra éste, de modificarse pueden
llegar a facilitarlo enormemente. Por ejemplo, promover el aglutinamiento o cohesión familiar frente a
ciertas dificultades, cuando sus miembros aparecen muy disgregados, proporcionar información y/o
directrices respecto de ciertos problemas colaterales a la dificultad principal, otorgar parámetros que
ayuden a delimitar las obligaciones, los espacios de intimidad, etc.

3.3.2 Las instrucciones paradójicas se sostienen en la premisa que los cambios de tipo 1, que por lo general
las familias intentan fallidamente aplicar por sí mismas a sus problemas, están basados en el sentido común
y conllevan 'más de lo mismo', reverberando en un circuito sin fin. En contraste con aquellos, las
instrucciones que imparte el terapeuta en orden a conseguir un cambio de tipo 2, parecen ilógicas y no
siguen el sentido común.

El Enfoque Estratégico desecha las soluciones basadas en éste último, asumiendo que ya han sido
intentadas sin resultados favorables, antes que las personas vayan a la terapia.

De allí que las técnicas psicoterapéuticas más propias y características del Enfoque Estratégico no sigan la
lógica habitual de causa-efecto y por el contrario, estén basadas esencialmente en las nociones de la
comunicación paradójica y en el concepto de doble vínculo terapéutico.

Las instrucciones paradójicas son un recurso clave dentro del Enfoque Estratégico. Están diseñadas para
promover el cambio mediante una rebelión a las instrucciones mismas, o bien mediante un acatamiento de
éstas hasta un extremo absurdo que finalmente hace que la familia se niegue a seguirlas. Las instrucciones
paradójicas generalmente parecen absurdas y, a menudo, toman la forma de prescripción del síntoma. Por
ejemplo, un terapeuta puede señalar la conveniencia de que un adolescente mantenga su mal
comportamiento, para que su padre se encargue de reprenderlo brindando, de paso, apoyo a la madre y
mostrando una mayor consideración por las necesidades emocionales de ésta (que se siente abandonada y
carente de apoyo en la crianza). Esta prescripción claramente inaceptable para cada uno de ellos, los lleva a
rebelarse, rehusándose a seguirla, lo cual constituye el paso fundamental para que la familia inicie el
cambio de su actual patrón de interacción.

Trabajando con una perspectiva estratégica, los terapeutas tratan de inducir el cambio, utilizando lo que
genéricamente puede denominarse como: doble vínculos terapéuticos (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967)
contraparadojas (Selvini-Palazzoli, Boscolo, Cecchin y Prata, 1974) o paradojas terapéuticas (Papp, 1983).
En todo caso, más allá de la diversidad de nombres y énfasis que pueden ser otorgados a las distintas

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maneras de intervenir sustentadas en principios paradójicos, pueden señalarse cuatro grandes modos en
que ésta tiene lugar concretamente:

3.3.3 Redefinición, re-encuadre o re-estructuración.

Este recurso técnico consiste en cambiar el marco conceptual o emocional en que se experimenta una
situación, colocándola dentro de otro que permita vivenciar los mismos hechos de un modo más favorable,
cambiando el sentido de los mismos (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1976). En otras palabras, no es la
situación la que cambia, sino el sentido y las significaciones acerca de ella. Estas últimas palabras indican
que cualquier apreciación o atribución se hace desde una posición 'meta' respecto de ese mismo algo; por lo
tanto, la re-estructuración opera en el nivel de la meta-realidad.

Por ejemplo, en el caso de una madre que se queja de no entender ni poder manejar los permanentes
desafíos y hostilidad de una hija, habiéndose lamentado también de no haber sido nunca suficientemente
'firme' con su ex marido --y haber fracasado en la relación matrimonial por ello--, el terapeuta puede
redefinir la situación como una manera que emplea su hija --a falta de otra mejor, por ahora-- de
recordarle, en forma constante, que no repita el mismo 'error' con ella.

Según Watzlawick, Weakland y Fisch (1976), hay tres grandes aspectos involucrados y fundacionales en la
re-estructuración. En primer lugar, el hecho que la experiencia humana se basa en la categorización de lo
percibido, recurriendo a 'clases'. En segundo lugar, el hecho que lo percibido y conceptualizado como
formando parte de una cierta 'clase' resulta difícilmente considerable, con posterioridad, como
perteneciente a una 'clase' distinta; la asignación de lo que se percibe como perteneciente a una determinada
'clase' le otorga 'valor de realidad' a dicha percepción. Visiones distintas se explican sólo por algún tipo de
deficiencia, maldad o locura. Y en tercer lugar, la posibilidad de una pertenencia alternativa (a otra clase),
otorga la condición esencial para el cambio, en tanto se hace muy difícil una vez vislumbrada esa otra
posible lectura de los hechos, volver a la angustia y la desesperanza de solución del estado de bloqueo
previo.

La redefinición como técnica para facilitar el cambio en sistemas familiares, requiere imprescindiblemente
de considerar los modos de entendimiento, perspectivas, motivaciones, premisas y expectativas de todos
quienes componen una familia, en tanto son todos ellos los que de hecho participan --en distintos grados--
de la situación. En este sentido, constituye una condición básica de este procedimiento redefinir la
conducta 'aislada' de cada uno de los miembros, como parte del bien intencionado y preocupado propósito
de cada uno de ellos, de contribuir a preservar el grupo como totalidad.

3.3.4 Connotación positiva.

Esta posibilidad técnica consiste en realizar una descripción contextual de tal tipo, que en ella los síntomas
o conductas problemáticas, así como las formas peculiares de comunicación y comportamiento intra-
familiares, pueden llegar a ser considerados, en última instancia, como formas de adaptación que permiten,
por ejemplo, la expresión de las habilidades de un miembro familiar, o que contribuyen a la cohesión
familiar, a la estabilidad de la relación conyugal, o a la protección de algún otro miembro, etc.

Cuando el terapeuta realiza una cierta descripción considerando el problema mismo que la familia presenta
y las conductas asociadas de cualquier otro miembro de ella como 'positivas', él está empleando esa
instancia comunicativa para unir de manera explícita, los distintos modos de interacción y comunicación
familiar que constituyen a esas personas como un grupo familiar, queriendo, al mismo tiempo, resaltar y
confirmar que hay una trama más global, situada más allá del problema mismo, en la que todos participan
con el fin último de proteger, ayudar o cohesionar a la familia como totalidad. El terapeuta quiere generar
un contexto, suficientemente positivo y compartido, donde colocar las premisas para un posterior cambio.

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El recurso comunicacional de connotar de manera positiva en el diálogo terapéutico las mismas conductas
problemáticas por las cuales las personas están consultando, se basa en un precepto más general que indica
que ningún cambio puede generarse a partir de un contexto negativo.

El connotar positivamente aquello por lo cual la familia está pidiendo ayuda, sin duda resulta paradojal
para quienes consultan. Por lo mismo, constituye una técnica poderosa para abrir en el grupo familiar la
interrogante acerca del porqué se ha elegido esa forma para llevar a cabo la función adaptativa que el
terapeuta ha descrito. Al mismo tiempo, genera diversos grados de curiosidad (que el terapeuta utilizará
posteriormente), respecto de cuáles podrían ser otras maneras en que aquello para lo que está sirviendo la
conducta problemática, pudiera llegar a ser realizado de una manera no problemática.

Desde un punto de vista comunicacional pragmático, la crítica, el cuestionamiento o la descalificación en


cualquiera de sus formas a quien aparece como portador de la conducta problemática, al igual que la
desvalorización absoluta o la consideración negativa inapelable de ésta, como parte del diálogo validado
por el terapeuta, pueden generar a lo menos tres efectos que dificultan el cambio:

1. El terapeuta puede generar, sin pretenderlo, una acción que replique la situación familiar, esta vez en el
contexto de la terapia, reforzando con ello el mismo tipo de interacción y comunicación que originó y
sustenta el problema. Lo más probable es que todos quienes componen la familia la estén ya considerando
negativamente. Desde el momento en que ellos han buscado ayuda profesional, resulta manifiesto que
dichas consideraciones --así como las soluciones intentadas-- no han resultado apropiadas y, por lo tanto,
el terapeuta debe cuidarse particularmente de replicarlas.

2. Las consideraciones negativas respecto de la conducta problemática tienden a focalizar la discusión en


ella y en quien la manifiesta; el interés de la conversación se desplaza en una dirección opuesta a aquella
que puede llegar a hacer partícipes a todos los miembros del sistema familiar en la solución del problema.
Demasiado poca novedad puede surgir de consideraciones negativas hechas por un ajeno a la familia,
respecto de algo que ésta por sí misma ya considera suficientemente negativo, como para, de hecho, haberse
decidido a consultar a un profesional.

3. Los integrantes de la familia que no se perciben ni vinculados ni en el centro mismo del problema,
pueden verse confirmados en su posición de prescindencia, restando importantes posibilidades al
terapeuta, al no lograr éste configurar un sentido 'positivo' que genere, al menos, una cierta curiosidad por
la conducta-problema de parte de todos quienes componen la familia y un mínimo interés de parte de ellos
por contribuir a su solución.

3.3.5 Prescripción del síntoma.

Un síntoma es esencialmente involuntario y, por lo tanto, autónomo; se trata de un fragmento de conducta


tan espontánea que el mismo paciente la experimenta como algo incontrolable. Intentar que la persona
cambie, mediante instrucciones orientadas a que ella logre mayor control sobre la conducta-problema,
fracasa irremisiblemente, pues el paciente no tiene un manejo deliberado sobre esa conducta.

En psicoterapia estratégica individual, la forma opuesta de tratar con la conducta problemática, es


indicando al paciente que se siga comportando del mismo modo que lo está haciendo. Al responder a esta
indicación, realizando la conducta que él considera espontánea, ésta deja de serlo, pues la indicación le
quita toda condición de espontaneidad; en otras palabras, la conducta ya no es incontrolable. Como
señalan Watzlawick, Beavin y Jackson (1974), "... no podrían haber dos cosas más distintas que lo que se
hace 'porque no puedo evitarlo' y esa misma conducta realizada 'porque mi terapeuta dijo que lo hiciera' ".

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Para llevar a cabo una intervención paradójica del tipo prescripción del síntoma, el terapeuta relaciona la
conducta con la función que ésta cumple dentro del sistema familiar y puede enumerar las consecuencias
que tendría la eliminación de dicho comportamiento. Recomienda, entonces, que la conducta se mantenga y
que la familia continúe manejando su problema a través del síntoma. Por ejemplo, se puede indicar a un
adolescente que mantenga su mal comportamiento, pues de esta manera su padre presta mayor atención a
los estados emocionales de su mujer, que se siente triste y abandonada en la crianza de los hijos, sin ser
capaz de manifestárselo a su marido.

Lo que se espera con una intervención de este tipo es que la madre considere insensata la recomendación,
que el padre exprese que no necesita que su hijo se haga cargo de sus responsabilidades y que éste, a la vez,
alegue que en realidad, son ellos (sus padres), quienes deben arreglar sus propios problemas. Este tipo de
reacción, conocida como 'retirada', pone en evidencia que la familia se rebela contra la prescripción,
cuestionándola o rehusando cumplirla. Es la respuesta deseada a una intervención paradójica de este tipo,
ya que señala que la familia ha cuestionado de una manera que no permite vuelta atrás, su modo de estar
resolviendo el conflicto.

En el siguiente paso, el terapeuta puede, incluso, llegar a exacerbar la situación, señalando los riesgos
implícitos en el hecho de eliminar la conducta calificada como problemática; puesta en esta situación
contradictoria, la familia se verá movilizada a buscar formas alternativas más deseables, demostrando al
terapeuta que está equivocado.

3.3.6 Desalentar.

Dentro del uso recurrente que el Enfoque Estratégico hace de las intervenciones paradójicas, es común que
el terapeuta insinúe que las cosas (y principalmente la mejoría) podrían estar yendo demasiado rápido.

Se 'previene' entonces a los atendidos, en orden a que las cosas deben tomar su tiempo y que es poco
probable que puedan estar avanzando de manera efectiva a ese ritmo. El propósito final es que los cambios
se aceleren y consoliden, a través de acciones de la propia familia empujada a intentar revertir el
pesimismo del terapeuta.

Dentro del mismo contexto antes señalado, con frecuencia los terapeutas estratégicos prescriben algún tipo
de "recaída" una vez que han logrado algún tipo o grado de mejoramiento, en relación al problema
inicialmente tratado. Evidentemente, este manejo varía en cuanto a contenidos comunicacionales, de
acuerdo al estilo de los atendidos: con personas desafiantes, pueden utilizarse mensajes que minimicen los
logros y expresen un predominante escepticismo respecto del problema en el futuro. Dentro de ese marco,
se les puede plantear que no hay nada que asegure que el problema no pueda reaparecer más adelante y
que aun cuando ellos han mostrado tener algunos recursos propios para arreglárselas, es dudoso que
puedan hacerlo por sí mismos, etc.

El propósito final, en este caso, es plantear un desafío a quienes se manejan de manera desafiante; dada esa
misma condición, se asume que ellos no podrán evitar la aceptación del desafío y que, por lo tanto, no
cederán de manera fácil en el intento por seguir manejando las cosas del modo conseguido a través de la
terapia. Se esforzarán por ganar el desafío y demostrar que el terapeuta estaba equivocado.

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CAPÍTULO 4: COORDINATED MANAGEMENT OF MEANING (CMM):
UNA TEORIA ACERCA DE LA REFLEXIVIDAD EN COMUNICACION.

4.1 ASPECTOS GENERALES.

Uno de los argumentos más influyentes respecto de las relaciones jerárquicas en cuanto a niveles de
significación en los procesos comunicativos, es el formulado por Bateson (1951) y elaborado con
posterioridad en la Teoría de la Comunicación de Watzlawick, Beavin y Jackson (1967) y el modelo de
Terapia Familiar Sistémica del Grupo de Palo Alto.

La teoría CMM (Manejo Coordinado de Significados) de B. Pearce y V. Cronen (1980), constituye una
propuesta acerca de la comunicación humana que incluye el fenómeno de la reflexividad en los sistemas
de significación y acción social, como parte esencial de dicho proceso.

En tal sentido, se sustenta sobre bases radicalmente distintas de aquellas que otorgan fundamento a la
Pragmática de la Comunicación Humana; Pearce y Cronen (1980), sostienen que la teoría de los Tipos
Lógicos de Whitehead y Russell (1926), que dio fundamento a los primeros trabajos de Bateson y del
Grupo de Palo Alto, se base en una epistemología actualmente poco apropiada.

En la concepción de Whitehead y Russell, el rol del lenguaje consiste en representar un orden natural,
perfecto, y sus niveles (externos) de organización, de modo tal que no se produzcan 'confusiones'. El
otorgar sentido, presupone una realidad ordenada, en donde la confusión de niveles hace surgir la
paradoja y resulta en un imposible de comunicación.

De allí que lo que la teoría de los Tipos Lógicos en estricto rigor hizo (y así lo reconoció Russell
posteriormente 1), fue tratar de deshacerse del problema de la confusión de niveles (reflexividad), por la
vía de prohibirla: ninguna clase podía ser miembro de sí misma a la vez. Un sistema de significación en
que se presente tal fenómeno, es decir, confusión de niveles o reflexividad, es considerado como un error.
En otras palabras, resulta inadmisible que un elemento dentro de un contexto 'gire' sobre sí mismo.

Siguiendo la concepción de los tipos lógicos, la idea central de la Pragmática es que la paradoja o
confusión de niveles de significación jerárquicamente ordenados, es una condición recurrente de los
trastornos comunicativos, en general, y del cuadro global denominado esquizofrenia, en particular.

La teoría CMM, por su parte, rechaza el supuesto que reflexividad y paradoja sean co-términos;
inversamente, sostiene que la reflexividad es una característica propia y omnipresente en los sistemas
humanos de significación. Afirma que existen reglas (regulativas y constitutivas) que permiten explicar el
modo en que se organizan las relaciones reflexivas entre los distintos niveles jerárquicos de significación.

Cronen, Johnson y Lannamann (1982), señalan que no es demasiado controversial sostener que los
significados sociales dependen del contexto, pero que en la práctica ello implica hacerse cargo de las
complejidades estructurales propias de los sistemas de significación jerárquicamente organizados, entre
ellas, " ... la tendencia de dichos sistemas a presentar reflexividad entre sus niveles" (pag. 91).

1 Más tarde Russell admitió la naturaleza arbitraria de su teoría de los tipos lógicos. G. Spencer-Brown refiere la reacción de Russell

en su libro Leyes de la forma : " ... no sin vacilar, me acerqué a él en 1967 con la demostración que esa teoría era innecesaria. Para mi
alivio, se mostró encantado. Esa teoría --me dijo-- era lo más arbitrario que hubieran hecho nunca Whitehead y él; no era realmente
una teoría, sino un recurso provisional para salir del paso y se alegraba de haber vivido lo suficiente como para ver resuelta la
cuestión" . (Spencer-Brown, 1973. En La estética del cambio, B. Keeney, 1987, pg. 45).
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La teoría propone el término ‘loop reflexivo’ en lugar de ‘paradoja’, y una nueva visión de éstas últimas,
en tanto considera que si bien las paradojas son verdaderamente loops reflexivos, sólo algunos de éstos
resultan ser problemáticos para quienes interactúan y se comunican en situaciones sociales.

La concepción esencial de Bateson (1951), fue que la comunicación puede ser tratada como un sistema
jerárquico y que las significaciones sociales, al igual que otros sistemas jerárquicos, pueden exhibir loops
reflexivos.

La traducción literal de la teoría de los tipos lógicos a las ciencias sociales y del comportamiento,
implicaba fijar una regla que vedara cometer errores intencionales en la tipificación de los niveles; sin
embargo, Bateson llegó a modificar la idea de niveles discontinuos o discretos de organización. En su
última obra (1979), Bateson describió los niveles de significación en los sistemas humanos como "una
jerarquía de órdenes de recursividad" y en su libro póstumo (1989), insistió en describir 'mente' como un
proceso amplio, jerárquico y recursivo del siguiente tipo:

1. La mente es un conjunto de partes o componentes que están en interacción.


2. La interacción entre partes de la mente, es desencadenada por la diferencia.
3. El proceso mental requiere energía colateral.
4. El proceso mental requiere cadenas circulares (o más complejas) de determinación.
5. En el proceso mental los efectos de las diferencias han de considerarse como trasformas (es
decir versiones codificadas) de sucesos que los precedieron.
6. La descripción y clasificación de estos procesos de transformación revelan una jerarquía de tipos
lógicos inmanentes a los fenómenos.

(Bateson, G. y Bateson M.C., 1989, pag.31)

Por su parte, el trabajo original del Grupo de Palo Alto impone una restricción más a la teoría de los Tipos
Lógicos. Aunque la concepción de Bateson de los niveles de aprendizaje implica múltiples niveles de
conocimiento, su trabajo sobre juego y fantasía examina dos niveles de significación: contenido y relación.
El trabajo subsecuente de Watzlawick y sus colegas se focalizó exclusivamente en esos dos niveles y la
relación entre ellos. El resultado de concebir la comunicación como un proceso de dos niveles con
tipificación lógica, es lo que origina la focalización en el análisis de las 'confusiones' entre niveles, en
sistemas concebidos con ese tipo de jerarquía.

La teoría CMM, que se describe a continuación, ofrece un postulado fundamental que sirve de encuadre
para todos los demás aspectos que la constituyen:

"Los sistemas de significación y acción son más bien el resultado de


construcciones cognitivas que las personas hacen de sus realidades sociales, más que
reflejos de realidades externas".

Este postulado conlleva una nueva concepción acerca de la comunicación, en tanto no la concibe como un
vehículo para describir la realidad externa y transmitir descripciones no distorsionadas de una persona a
otra; más bien la considera como un proceso mediante el cual las personas 'crean' realidades sociales. En
este caso, sirve como analogía lo señalado por Austin (1955) respecto del matrimonio: éste no es un
fenómeno natural, sino una institución creada, significativa socialmente, que no se juzga como verdadera
según la fidelidad. Es evidente que una pauta de veracidad resulta inapropiada, no así otras relacionadas
con felicidad, utilidad y satisfacción.

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Las raíces de esta forma de entender la comunicación se encuentran en diversas disciplinas: en la Filosofía
(Austin, Langer y los últimos trabajos de Wittgenstein); en la Sociología, (G. Herbert Mead, Berger y
Luckmann); y en la Antropología, (Malinowski).

Como se apreciará, al igual que el postulado fundamental antes indicado, las siguientes proposiciones
generales y las sub-siguientes más específicas, así como los conceptos y las definiciones empleadas, se
presentan en su máxima simplicidad y no resultan mayormente controversiales, pero en conjunto,
forman un contraste radical con la postura russeliana original de los tipos lógicos.

4.2 PROPOSICIONES GENERALES DE LA TEORÍA CMM.

Proposición I: las personas comunicándose, constituyen la más pequeña unidad de análisis social.

El énfasis está puesto aquí, en las personas comunicándose. Dos personas participando de un
intercambio comunicativo no constituyen tres unidades básicas, sino una. Comunicarse no es algo que
los seres humanos elijan hacer, ya que en ningún estadio de su desarrollo como tales ha habido ausencia
de ella. La comunicación es parte de la condición natural de los mamíferos y particularmente de los
primates; el desarrollo mismo de la humanidad no puede concebirse sin comunicación entre las personas.

Proposición II: los comunicantes son seres físicos que perduran en un espacio y tiempo reales.

No es posible una forma coherente de vida social sin asumir que las personas son también entes
materiales ocupando un lugar en un tiempo y espacio real y que ellos perduran y pueden ser reconocidos
más allá de la ocurrrencia de un episodio o una historia particular. Además, las personas poseen una
condición fisiológica que les ofrece respuestas diversas como seres humanos. Mientras las emociones
cambian a través de las culturas y la historia, las personas en todas las culturas tienen respuestas
fisiológicas que son parte de la comunicación.

Proposición III: toda comunicación humana es tanto social como idiosincrática a la vez.

Una cultura puede estimular las diferencias individuales y al mismo tiempo, recalcar la elaboración de
cierto tipo de distinciones. El modo en que las diferencias son identificadas y elaboradas, variará en las
distintas culturas. Una teoría social en que las diferencias culturales son relevantes, debería poder
identificar las prácticas que producen y sostienen sus peculiaridades y ofrecer un examen crítico de
aquellas formas y prácticas.

Proposición IV: la comunicación establece una relación reflexiva entre estructura y acción.

Esta proposición desafía la dicotomía que divide significado y acción, en cuanto al intento de reducir la
acción al problema de conocer lo que la gente piensa (teorías de los constructos personales), o reducir lo
mental al problema de lo que la gente hace (conductismo radical). Desde este punto de vista, lo mental
se forma en el curso de la interacción social y mediante sus distintas formas, se abre a una gran
diversidad de posibilidades para llevar a cabo la acción.

Al hablar de mente se alude a estructuras que guían la acción y se entiende que toda estructura personal y
societal aparece, es sostenida y, al mismo tiempo, posible de modificar, a través de las prácticas sociales
mismas.

En las personas, dichas estructuras son recursos de dos tipos organizados por reglas: 1) capacidades
neurológicas y, 2) significados jerárquica y reflexivamente organizados. A nivel individual, las reglas
organizan los recursos en la forma de conciencia, roles emocionales, intencionalidad y actividad. A nivel

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
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de la sociedad, los recursos incluyen no sólo el ambiente físico y las instituciones, sino también los objetos
socialmente producidos que configuran el mundo humano; es decir, modos de intercambio económico,
edificios, ropa, arte, máquinas y, por supuesto, los textos que objetivizan la historia, la tecnología, los
rituales, etc. Las reglas pueden conectar la historia con el arte, constituir el dinero como medio de
intercambio o instituir un medio de transporte como significativo de comodidad.

Al igual como las estructuras societales y personales surgen, se mantienen y cambian mediante la acción
práctica, ésta es guiada, a la vez, por la estructura dentro de la cual emerge y se manifiesta. Toda
estructura humana porta las marcas de la significación, la intencionalidad, la conciencia y lo físico. De
igual modo, estas características humanas se ven reflejadas en la actividad comunicativa.

Proposición V: la historicidad puntuada, es propia de la comunicación humana.

Lo central de esta proposición es de cáracter epistemológico, pues apunta a la interrogante acerca de


cómo se sostienen los juicios prácticos. La teoría CMM argumenta que la reflexión inteligente acerca de la
experiencia, provee las bases racionales imprescindibles para la acción.

Los reales significados de cualquier declaración o acción son, en principio, desconocidos; más aún,
asumiendo distintos contextos, se pueden asignar significados racional y radicalmente distintos. Por otra
parte, aunque las personas interactuando no están permanentemente pendientes de las infinitas
interpretaciones que podrían hacer acerca de lo que está ocurriendo, ellas hacen juicios apropiados a
partir del flujo de acontecimientos en que participan. Por lo tanto, no es la reflexión reiterada y estática
de las cosas la que proporciona el carácter racional a la actividad humana, sino el cambiante flujo de
actividad mental que es unificado y realizado en la comunicación.

Proposición VI: la comunicación humana es intrínsecamente imperfecta.

Esta proposición asume que el gran poder de la comunicación humana radica, justamente, en su
imperfección. Términos tales como claridad, entendimiento recíproco, seguridad y consenso, sólo tienen
valor dependiendo de la situación y ninguno de ellos captura el hecho (medular), que es la misma
naturaleza perfectible de su comunicación la que abre al hombre toda la multiplicidad de su condición
como tal.

Cronen, Chen y Pearce (1988), afirman que la comunicación no puede ser perfectible mediante estándares
tecnológicos, basándose en siete líneas de argumentos, que aquí sólo son enunciadas: 1) hay límites
internos para la formalización, 2) los símbolos siempre tienen una utilidad y/o un propósito más allá de
sí mismos, 3) los patrones de comunicación son siempre producidos conjuntamente por dos o más
interactuantes, 4) el entendimiento recíproco es solamente un camino de coordinación productiva, 5) los
fines evolucionan como aspectos orgánicos de estructura, 6) la comunicación tiene dimensiones inefables,
7) no hay una relación estrecha entre el grado de autoconciencia y la calidad de la comunicación.

Proposición VII: los órdenes morales emergen como parte de los procesos de comunicación.

Todos los sistemas de comunicación son intrínsecamente órdenes morales. Las culturas varían
considerablemente, de acuerdo a la forma en que el propio fluir cultural y la responsabilidad son
organizadas, pero en todas ellas se encuentran presentes ideas sobre lo que uno debe, puede o no puede
hacer, así como respecto de lo que está fuera de la propia responsabilidad. Todas involucran pautas de
conciencia que organizan y legitiman responsabilidades.

Proposición VIII: la comunicación es el proceso mediante el cual los modos duales de liberación pueden
ser materializados.

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Según la teoría CMM, hay dos tipos distinguibles de momentos en los cuales la libertad puede ser
experienciada: una es la elaboración de ideas seminales dentro de estructuras sofisticadas, a través de la
acción; la otra, es la posibilidad de ir más allá de los puntos problemáticos de la estructura, hacia un
nuevo punto de vista. Las implicancias morales parecen claras: el movimiento desde períodos de
elaboración rigurosa a períodos de reconstrucción imaginativa a la vez, constituye el proceso de
liberación. Este proceso es único en los seres humanos, dado que ellos mismos y las sociedades que
conforman son constituidos mediante el proceso de comunicación. La teoría CMM sugiere que es esta
participación en procesos de liberación lo que distingue al ser humano como tal.

Proposición IX. La diversidad es esencial en la elaboración y transformación a través de la


comunicación.

En la cultura occidental es tradicional la búsqueda de métodos 'correctos' para eliminar otros 'incorrectos'.
En contraste con esta tendencia por dar con la certidumbre, la teoría CMM subraya la crucial importancia
de preservar la diversidad, sosteniendo que probablemente la más importante contribución que los
estudios interculturales pueden hacer, dice relación con proporcionar una idea acerca del rango de
posibilidades para 'ser' humano en diferentes, pero productivas maneras. Ello porque la naturaleza
imperfecta e incompleta de los procesos sociales primarios resulta imposible de conocer, sin saber cómo
las diferentes formas de práctica social pueden enriquecerse unas a otras.

4.3 PROPOSICIONES ESPECÍFICAS DE LA TEORÍA CMM.

A continuación, se describe un conjunto de cuatro proposiciones más específicas que las precedentes;
éstas deben considerarse en relación con el postulado fundamental inicialmente referido y en relación
con los dos conceptos básicos que en seguida se desarrollan.

4.3.1 Concepto de relaciones jerárquicas.

Se considera que dos unidades de significación se encuentran en relación jerárquica, cuando una de ellas
constituye el contexto para la interpretación del significado y función de la otra. En los adultos, por
ejemplo, el tono sarcástico (característica paralingüística) de un mensaje, generalmente constituye el
contexto para interpretar el contenido verbal. El concepto de relaciones jerárquicas es, distintivamente, no
aristotélico; es decir, un contexto no es simplemente una agrupación natural de unidades de un tipo (o
clase), en que una entidad debe ser 'A' o 'no-A'. En un conjunto de significaciones jerárquicamente
organizado, un mensaje puede ser 'A' o 'no A', dependiendo del contexto en el cual éste aparece. Es así como
bajo ciertas condiciones un zarpazo es considerado como un intento de amenazar o agredir, pero en otro
contexto --de juego por ejemplo--, el mismo zarpazo no significa amenaza, ni pretende dañar.

4.3.2 El concepto de reflexividad.

La Pragmática de la comunicación sostiene que la comunicación involucra dos niveles de significación:


uno de 'contenido' y otro de 'relación' que se dan en una organización jerárquica tal, que el segundo
constituye el contexto para la interpretación del primero y que la paradoja ocurre cuando ambos niveles
de significación se "confunden".

Por otra parte, Pearce y Cronen (1980), sostienen que la reflexividad existe siempre que dos elementos
están organizados en una jerarquía, de modo tal que cada uno de ellos sea el contexto y esté dentro del
contexto del otro, simultáneamente.

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Como señala Hofstadter (1987), se puede identificar un loop reflexivo dentro de un sistema, cuando "...
moviéndonos por arriba (o por debajo) de los niveles de algún sistema jerárquico, inesperadamente nos
encontramos justo donde habíamos comenzado" (pag.9).

PROPOSICION I: en las relaciones jerárquicas es común algún grado de reflexividad.

Como se describirá detalladamente más adelante, la teoría CMM postula una jerarquía idealizada de seis
niveles de significados que incluye: contenido (de una afirmación), actos de habla (la expresión como un
todo), episodios (el encuentro social completo), la relación interpersonal, guiones de vida (del individuo),
y el patrón cultural. Al respecto, la teoría postula la existencia de transitividad entre los distintos niveles
de la jerarquía. Por ejemplo, la relación no sólo influye en la significación del contenido, sino que éste (lo
que se dice), también influye en el significado de la relación interpersonal.

Las relaciones de organización entre dos niveles cualesquiera de significado (contenido-actos de habla,
contenido-episodio, relaciones-guión de vida, patrones culturales-episodio, etc.) son circulares y
reflexivas; esto es, el significado, en cualquier nivel, puede retornar reflexivamente influyendo en el otro.
Por lo tanto, la jerarquía de Pearce y Cronen (1980), no es una simple organización vertical, sino un
circuito autorreferencial.

Pearce y Cronen (1980), describen también la operatoria de reglas regulativas y constitutivas que hacen
que en algún momento, la influencia de un nivel de significados sobre otro, por ejemplo, del ítem A en
un nivel más alto, sobre el ítem B en un nivel más bajo, pueda parecer más fuerte que a la inversa.

De acuerdo a la terminología CMM, dicha situación sería descrita diciendo que A ejerce una fuerza
contextual hacia abajo dentro de la jerarquía, donde A determina el significado de B. La teoría sostiene
también, que mientras la relación entre estos niveles puede parecer lineal y estable, con B respondiendo
'pasivamente' a la 'dominancia' de A (como si fuera una jerarquía vertical), la relación en realidad se
mantiene circular y activa. Esto es, B siempre sigue ejerciendo una fuerza implicativa ascendente sobre A.
La naturaleza circular de esta relación se hace más aparente, así como las implicancias de B por A se
hacen más notables. Por ejemplo, la fuerza implicativa de B puede potenciarse cuando se hacen
conexiones entre aspectos de B y ciertos significados en niveles más altos de A. Además, si la fuerza
implicativa de B aumenta en significancia, su influencia eventualmente excederá la fuerza contextual de
A.

Cuando esto sucede, los niveles de la jerarquía se revierten bruscamente. Entonces B se convierte en el
contexto, y lo que previamente era la "fuerza implicativa ascendente" de B ahora se convierte en la "fuerza
contextual descendente" de B, la cual entonces redefine el significado de A. Dependiendo de la
naturaleza de B, dicha reversión puede resultar en un cambio dramático en el significado de A. Esto
podría producir un brusco cambio en las conductas comunicativas, porque ahora es aplicable una nueva
regla constitutiva.

Por ejemplo, si dos personas tienen una relación que ellas consideran de amistad, resulta esperable que
cuando se encuentren, habrá un episodio de interacción amigable. Por lo tanto, sus acciones iniciales
tenderán a ser de ese orden y cada uno estará orientado a interpretar las acciones del otro de igual modo.
En términos CMM, el significado atribuido a la relación proveería la fuerza contextual que determina la
naturaleza de la conducta inicial en el episodio de interacción. Suponiendo ahora que durante el
episodio, ellos comienzan a discutir por algo en que no están de acuerdo: si la fuerza contextual de la
amistad sigue siendo predominante, ellos considerarán la articulación de las incompatibilidades de sus
respectivas posiciones, como esfuerzos útiles por aclarar y resolver sus diferencias; aún así, sus puntos de
vista discrepantes pueden tener implicancias para su relación y la amistad puede llegar a resentirse. Si las

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incompatibilidades se amplían y el desacuerdo llega a desembocar en un fuerte conflicto (quizás debido


a que se vio involucrado --por ejemplo-- un guión de vida en un nivel más alto), la significación del
episodio podría pesar más que la relación de amistad y que lo amigable inicial del episodio. En tal caso,
ocurre una reversión en la jerarquía de significados con que se maneja el sistema de interacción entre los
comunicantes, lo que hace que el episodio (conflictivo) se convierta en contexto, para redefinir la relación
entre ellos.

Como se observa, la fuerza contextual del episodio conflictivo puede redefinir la relación como de 'claras
diferencias' o incluso como de enemistad. Cuando sucede esto, hasta una opinión conciliatoria puede ser
vista de manera suspicaz debido al nuevo contexto. Consecuentemente, los episodios futuros de
interacción empezarán con diferentes supuestos acerca de la relación y, por ende, con diferentes
conductas.

Las reglas regulativas (de acción) delimitan entonces el grado en que ciertas conductas específicas deben
ser propiciadas o evitadas, bajo ciertas circunstancias situacionales. Por ejemplo, en un sistema
comunicacional particular, una regla de este tipo puede especificar que "cuando surgen conflictos entre
otros miembros del sistema es necesario distanciarse, para no verse involucrado".

Por otra parte, las reglas constitutivas (de significados) tienen que ver con el proceso de atribuir
significados a una conducta, afirmación, evento, o relación particular. Por ejemplo, una regla constitutiva
puede especificar que "en el contexto de un episodio de discusión, un halago constituye sarcasmo u
hostilidad, más que disposición amistosa o respeto." La teoría CMM propone que una trama de reglas
constitutivas y regulativas, guía momento-a-momento la acción de las personas que se están
comunicando.

Cronen, Johnson y Lannamann (1982), sostienen que sin la fuerza implicativa de las partes hacia el todo,
no podrían percibirse los cambios en el contexto, ni podrían establecerse nuevos patrones de
conversación; subsecuentemente, éstos últimos tampoco podrían reconocerse.

Los trabajos de Peabody (1967) y Delia (1976) estudiaron los cambios en las relaciones jerárquicas
preexistentes, mostrando que hay influencia recíproca entre las unidades de dos niveles de organización
jerárquica, aun cuando esté claro cuál de ambos está más alto que el otro. Por otra parte, Hinkle (1965),
descubrió que un cambio en el orden más alto del concepto, tiene el impacto sustancial de subordinar las
unidades de significación.

Por ejemplo, suponiendo que una conversación entre cónyuges es percibida por uno de ellos como un
episodio de 'aconsejar'; en ese contexto, el mensaje 'creo conveniente que lo hagas de tal manera'
comúnmente podría considerarse como ayuda-apoyo y conllevar una valencia positiva general para el
receptor. A la inversa, suponiendo que éste último percibe el contexto como 'dominación', el mismo
intercambio comunicativo podría considerarse como un acto de valencia negativa de imponer-ordenar.

En tanto que un cambio en el nivel más alto trae cambios profundos en las significaciones, también las
unidades de contexto no son --o no debiera esperarse que fuesen-- impermeables a todo cambio en las
unidades de significación de nivel más bajo. Utilizando el mismo caso y suponiendo para fines del
ejemplo, que el patrón habitual de ayuda-apoyo de la pareja incluye también unos cuantos mensajes que
en otro contexto podrían ser órdenes desagradables y uno de los comunicantes los emplea en un alto
número agregando al final ... "si no lo haces como te digo, eres bastante poco inteligente". El receptor
podría considerar este último mensaje como 'broma' porque en sus episodios de ayuda-apoyo no se
incluyen 'descalificaciones'; sin embargo, lo más probable es que el conjunto global de mensajes se mire
ahora como un episodio de ayuda-apoyo tan distinto, que resulte en asumir un nuevo contexto, por

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ejemplo 'dominación', y que a todos los mensajes, incluyendo los primeros, se les asigne una nueva forma
de significación.

Ahora bien, cuando en una circunstancia dada las fuerzas implicativa y contextual se igualan, se forma
un loop reflexivo; extendiendo el mismo ejemplo anterior, se puede observar esta operatoria. Quien
recibe el mensaje " si no lo haces así, eres bastante poco inteligente" en un contexto considerado hasta
entonces como episodio de ayuda-apoyo, percibe que en ese tipo de contexto no correspondería ese tipo
de mensaje y siente que todo el patrón debe ser re-definido, por ejemplo, en términos de 'resistencia a la
dominación'.

Al mismo tiempo, este individuo hipotético siente también que lo ocurrido no tiene por qué no ser un
esfuerzo real de su pareja de ayudar/apoyar. En dicho contexto, el mensaje debiera ser tomado como
'ayuda' y no como 'descalificación' ; en consecuencia, el mensaje es el contexto para el patrón y éste, el
contexto para el mensaje.

El análisis anterior muestra cómo la concepción de los tipos lógicos es insuficiente para explicar estos
vaivenes permanentes y al parecer propios de la comunicación humana, que trasgreden a cada momento
el supuesto de una comunicación perfecta, basada en categorías de significados claramente delimitadas,
que no operan con transitividad.

También se puede observar que la ausencia de fuerza implicativa es problemática. Los contextos que no
pueden cambiar, en respuesta a cambios en un nivel más bajo, pueden ser sintomáticos de un sistema
enfermo, incapacitado para la adaptación a nuevas condiciones.

A partir de lo anterior, la teoría CMM postula que "hay una dimensión temporal en la experiencia de
relaciones reflexivas" (Pearce y Cronen, 1980); basándose en los trabajos de Rommetveit (1971), sostienen
que las personas monitorean las relaciones entre significaciones de un orden más alto y otro más bajo, en
el curso temporal de conversación. Dicho monitoreo permitiría percibir los cambios en el contexto y los
problemas surgidos por el ajuste entre el contexto asumido y las significaciones de órdenes inferiores.

Cuando se presenta un loop reflexivo, una persona examina primero un aspecto del loop y hace una
interpretación del siguiente tipo: "si estamos en un episodio de ayuda/apoyo, este mensaje debe ser una
broma"; luego se examina la otra parte del loop: "pero, si este mensaje es una descalificación, entonces
estamos en un episodio de 'dominación'. Un loop reflexivo implica, por tanto, una experiencia definida en
parte por el tiempo; es decir, la persona vivencia --durante un período breve de tiempo-- cada uno de los
aspectos del loop como contexto para el otro, mientras trata de interpretar una unidad particular de
significación social.

La teoría CMM postula también que "las relaciones jerárquicas no son siempre isomórficas con las
relaciones parte-todo" (Pearce y Cronen, 1980).

En la primera proposición examinada se pudo observar que un mensaje particular puede emerger como
el contexto a través del cual todo un patrón de interacción toma un nuevo significado. Por ejemplo, el
concepto de sí mismo evoluciona mediante la participación en muchas relaciones, donde cada una de
ellas está compuesta, a la vez, de varios episodios de interacción. Sin embargo, el concepto de sí mismo
puede ser percibido también mediante el contexto de ciertos episodios particulares; dicho de otro modo,
cuando un episodio crucial, como por ejemplo, "ser comprendido", no resulta eficaz, el concepto de sí
mismo del individuo puede verse significativamente alterado. De igual modo, una separación
matrimonial puede alterar otras relaciones particulares, en tanto es el contexto a través del cual un
individuo se define globalmente a sí mismo.

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Hay situaciones en las que un episodio termina con una relación en curso, en tanto uno de los
interactuantes re-contextualiza todas las acciones del otro, a partir de ese episodio particular; por lo
tanto, un cambio de significación particular en algún aspecto de una relación, puede tener el efecto de romper la
coherencia de la relación misma.

PROPOSICION II: los loops reflexivos son intrínsecos a la interacción social.

En su etapa primaria, el desarrollo de un contexto a menudo toma la forma de un loop totalmente


reflexivo; cuando comienza una conversación, el mensaje mismo debe crear su propio universo de
discurso. Por ejemplo, el mensaje "hola, ¿ cómo estás ?" puede indicar un episodio del tipo 'breve
intercambio de saludos' o la pretensión de un intercambio más largo del tipo 'confidencias mutuas'. Si el

episodio corresponde al primer tipo, entonces el mensaje se considera como un saludo; en el otro caso, es
una invitación a contar la condición anímica de cada cual, lo que no está posibilitado en el episodio más
breve. Esta 'ambigüedad' o 'confusión' es propia de los intercambios comunicativos y no un 'error de tipo
lógico', pues la condición medular misma de los episodios es que éstos deben ser consensuados mediante
la acción de los comunicantes. Esta calidad emergente de los contextos se vincula con la formación de
loops reflexivos.

Si se considera cabalmente la proposición de entender el significado como emergente del contexto, surge
la pregunta acerca del modo en que el nivel más alto puede llegar a ser significativo en un sistema
jerárquico cualquiera. El problema no se resuelve proponiendo una regresión infinita de niveles
conceptuales, pero puede ser tratable, si se asume que los sistemas jerárquicos deben exhibir un loop por
el cual el nivel 'más alto' se entienda dentro del contexto de otro nivel (Hofstadter, 1987).

PROPOSICION III: se requiere de tres o más niveles de significación para analizar las relaciones
reflexivas.

Wine (1969) sugirió que en orden a entender la conexión entre las dimensiones de significación de
relación y contenido en la comunicación familiar, se debe entender la relación entre los comunicantes, en
tanto ésta forma los contextos para ambos aspectos. Cuando la relación interpersonal es clara, las
personas están en condiciones de saber cómo clasificar el 'tipo lógico' de los órdenes más bajos de
significación; por ejemplo, si alguien dice "te felicito" a otra persona, usando un tono sarcástico y la
relación entre ambas está definida como 'conflictiva', con seguridad el receptor sabe que es el tono el que
otorga el contexto para el contenido. Sin embargo, cuando las relaciones no están claramente definidas,
pueden presentarse distintos niveles de significación, lo cual hace que los comunicantes impongan un
contexto episódico para clarificar la asignación de significado de nivel relacional a un mensaje (Pearce y
Conklin, 1976).

Cronen, Johnson y Lannamann (1982), señalan que una proposición de este tipo es opuesta a la idea que
lo nuevo debe provenir del azar, en tanto ellos proponen que lo nuevo puede producirse también por el
interjuego de los niveles jerárquicos que otorgan nuevas perspectivas a los interactuantes. Asimismo,
consideran que se debe conocer el contexto en el cual tiene lugar una relación y se expresa un contenido,
por lo que resulta inapropiado concebir la comunicación como un fenómeno de sólo dos niveles.

La operatoria de estas complejas relaciones entre distintos niveles de significación con reflexividad entre
ellos, puede ser clarificada mediante el modelo de reglas constitutivas propuesto por la teoría CMM
(Cronen y Pearce, 1980).

Ampliando lo antes señalado, se puede decir que las reglas constitutivas especifican el modo en que los
inputs sensoriales se constituyen como significados y de qué manera los significados de un nivel de
abstracción se constituyen como significados en otro. Por ejemplo, la frase "eres buena persona" en un

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contexto episódico de compañerismo, se considera como un acto comunicativo de halago; sin embargo, en
un contexto episódico de disputa, es otra la regla constitutiva rectora, lo cual hace que la misma expresión
sea significada como un acto comunicativo de sarcasmo.

Las reglas constitutivas describen centralmente, aquel aspecto del procesamiento de la información que
tiene que ver con la asignación de significado. En su forma primaria, esta reglas especifican que si, en cierto
contexto, determinadas condiciones específicas antecedentes son satisfechas, la significación en un nivel
de abstracción se considera como tal en otro nivel.

Las reglas regulativas, en tanto, describen el proceso por el cual ciertos actos comunicativos particulares
son sentidos como apropiados o no. En su forma primaria, estas reglas especifican que si dentro de un
contexto de acción social, una condición antecedente es seguida por cierta (s) acción (es) específica (s),
algunas consecuencias deben o no deben venir a continuación.

Dado que las reglas regulativas guían secuencias de acción, ellas existen sólo en aquellos niveles del
modelo jerárquico, donde los significados son temporalmente duraderos. Las reglas regulativas son
reorganizaciones cognitivas de las reglas constitutivas.

De acuerdo a lo anterior, la teoría CMM postula: que "se pueden identificar múltiples niveles de contexto
en la interpretación de la acción social de las personas" (Cronen, Johnson y Lannamann, 1982). Basándose
en diversas investigaciones (E.T. Hall, 1977), la teoría CMM postula el siguiente modelo de significaciones
jerárquicamente organizadas:

PATRONES CULTURALES (PC).

GUIONES DE VIDA (GV)

RELACION (R).

EPISODIOS (E).

ACTOS COMUNICATIVOS (AC).

CONTENIDO (C).

PATRONES CULTURALES (PC). Todos los niveles de significación descritos previamente comprenden
una forma de puntuar los inputs sensoriales, a partir de los eventos y entidades de la experiencia.
Pareciera que dicha puntuación es irrelevante para establecer criterios de verdad, pues hay una lógica
fundamental que se emplea para categorizar la experiencia en niveles más abstractos, que no sólo guía a
las personas en la puntuación de la experiencia, sino que también hace que dichas puntuaciones sean

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comunicables. Se trata de patrones de orden cultural que ubican la experiencia humana en un contexto
más amplio y legitiman formas de conocimiento y acción compartidas.

GUIONES DE VIDA (GV). Se refieren al repertorio de episodios que una persona percibe como
identificados con sí misma y mediante los cuales elabora su autoimagen. El término está tomado del
Análisis Transaccional en tanto es semánticamente compatible con la metáfora dramática y connota el
sentido de una secuencia de escenas con contenido y estructura variables. En el proceso normal de
socialización, cada persona aprende (directa o vicariamente) un gran repertorio de episodios, que son
definidos como cosas que pueden hacerse o no; que calzan o no con uno mismo.

Además, algunos de los episodios definidos como relativos al Yo, pueden ser establecidos positiva o
negativamente en cuanto a su valencia (Buen Yo y Mal Yo). Al conceptualizar el 'sí mismo' como un
repertorio de episodios que son vivenciados secuencialmente, se focaliza la atención en un conjunto de
variables que son informativas de la acción humana. Por ejemplo, el rango de episodios asociado con el
guión de vida, puede variar entre las personas y aquella parte del guión de vida involucrado en una
relación particular, puede variar entre los participantes en una cierta relación.

RELACION (R). Alude a entendimientos, usualmente implícitos, destinados a elaborar el colectivo


'nosotros'; en tal sentido, no se corresponde con el nivel 'relacional' focalizado en mensajes particulares,
del modelo del Grupo de Palo Alto. Alude a la propensión de las personas a definir su relaciones con las
demás, como si éstas tuviesen atributos particulares. El término 'contrato interpersonal' es aplicable a este
nivel de significación y posee cuatro aspectos:

a) límites: identifican las diferencias entre 'nosotros' y 'ellos' y pueden ser descritos en términos tales
como inclusión y permeabilidad.
b) repertorios: denotan la disposición a eventos que son/están legítimos/legitimados dentro del contexto
que define el contrato.
c) valencia: la configuración del afecto involucrado en el contrato; incluye el nivel de comparación con
otras relaciones sociales y otros posibles contratos que las personas perciben como probables.
d) redes: describen el rango en el cual las personas se identifican a sí mismas como pertenecientes e
incluidas dentro del sistema.

EPISODIOS (E). Eventos de comunicación que las personas ven como 'totalidades' distintas y separadas
de otro tipo de discurso, caracterizados por reglas especiales de conducta verbal y no verbal; a menudo
distinguibles también claramente, por secuencias reconocibles de apertura y cierre. La característica
distintiva de los episodios, es que ellos incluyen tanto un patrón temporal como un significado abstracto,
que hacen que cuando un acto comunicativo particular es percibido como parte de un episodio, no sólo
sea contextualizado jerárquicamente, sino también temporalmente. El significado de un acto necesita y es
necesitado por el contexto de los actos precedentes y subsecuentes.

ACTOS COMUNICATIVOS (AC). Las cosas que las personas se hacen o dicen unas a otras para
comunicarse algo. La noción de actos comunicativos proviene de Austin (1962) y Searle (1969) y se
focaliza más en la pragmática que en la semántica o la sintáxis del discurso hablado. También son
asociables al nivel relacional en el modelo de Watzlawick et al. (1974), pero no circunscritos a lo no verbal.
Los actos comunicativos son auto-explicatorios, en tanto incluyen promesas, insultos, avisos, disculpas,
etc.

CONTENIDO (C). Información de cualquier cosa que es comunicable, no conteniendo información


acerca de qué tipo de mensaje es. El contenido se refiere a los procesos cognitivos referenciales mediante
los cuales los individuos organizan e interpretan el mundo del modo en que finalmente lo hacen.

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Más allá de la proposición misma del modelo jerárquico descrito, Pearce y Cronen (1980), explicitan que
la jerarquía propuesta es una idealización en a lo menos dos sentidos:

1) Es una adaptación en base a las relaciones parte-todo, en circunstancias que éstas no siempre son
isomórficas con las relaciones jerárquicas.
2) Los distintos niveles de la jerarquía no son todos necesariamente relevantes para analizar un
intercambio comunicacional particular.

Recapitulando acerca de lo hasta aquí expuesto, parece ser que la teoría de los Tipos Lógicos no es un
constructo analítico adecuado para el estudio de las características reflexivas de la comunicación
humana, entre otras cosas, por ser estática en el tiempo. La solución normativa al problema de la
paradoja ofrecida por Whitehead y Russell, --prohibir la confusión de niveles-- resulta inaplicable a la
comunicación humana porque:
1) es inherente algún grado de reflexividad entre los niveles de significación.
2) las relaciones jerárquicas no son isomórficas con las relaciones parte-todo.
3) los loops reflexivos son inevitables en muchas de las situaciones de interacción y comunicación social.

Por otro lado, la aplicación de la teoría de los Tipos Lógicos a la Pragmática de la Comunicación del
grupo de Palo Alto, basada en la identificación de tan sólo dos niveles de comunicación (contenido y
relación), resulta insuficiente para tratar con los múltiples niveles de contexto involucrados en la
interacción social.

PROPOSICION IV: cuando dos niveles de significación están en un loop completamente reflexivo, su
relación puede ser transitiva o intransitiva.

De acuerdo a la teoría CMM, los niveles de significación jerarquizada están integrados por reglas
constitutivas que muestran cómo la significación en un nivel de abstracción considera la significación en
otro nivel, en vista de un contexto más alto que ambos niveles; por ejemplo, el contenido "me tendré que
sacrificar" como respuesta de una persona al ofrecimiento de algo rico de comer por parte de otra, se
considera un acto comunicativo de 'humor', en un episodio de 'broma'.

Como una extensión de la lógica de la teoría CMM, se pueden distinguir dos tipos de loops reflexivos: los
loops 'extraños' que se consideran problemáticos en tanto colocan a la persona en una situación confusa,
en que no sabe si el episodio en que participa debe ser tratado como contexto para la relación o viceversa
y, al mismo tiempo, sabe --por su experiencia vital y cultural-- que sólo algunas combinaciones entre
ambos niveles son posibles. Como contrapartida, los loops 'manejables' son también reflexivos, pero no
presentan dicha condición problemática para los interactuantes.

Para ejemplificar lo relativo a loops 'extraños' se planteará una situación hipotética que permita
representar los distintos aspectos involucrados.

Supóngase que un adolescente (Alejandro) refiere que en la tercera cita con una joven (Paula), dentro de
una relación que se había desarrollado fluidamente y suponiendo que ella también había empezado a
considerar la relación como más comprometida, él pidió un intercambio de compromisos verbales. Para
su sorpresa, ella respondió a sus palabras de compromiso, haciendo bromas, generándole una extraña e
incómoda sensación.

Alejandro está, entonces, en el problema: si asume la relación como más formal o comprometida, debería
interpretar las bromas de Paula en ese contexto, entendiendo que "están suficientemente seguros el uno
del otro como para bromear al respecto"; por otro lado, el episodio puede ser parte de un proceso general
de acercamiento y retirada en una relación aún demasiado nueva. Si las respuestas en broma de Paula

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fuesen esfuerzos de ella por enfriar la relación y retirarse un poco, entonces Alejandro necesita reevaluar
la relación emergente como una sólo de tipo casual, mediante el contexto del episodio.

4.3.3 El principio de transitividad en las reglas constitutivas.

Las alternativas de Alejandro (como él las ve) son cuatro. El puede encontrarse en una relación
'comprometida' o en una relación 'casual'. El patrón de broma puede ser pensado como un episodio de
'distanciamiento' o como un episodio 'confirmativo'.

Como ya se dijo, no sólo el no saber como tratar la dualidad contexto-relación, sino también el saber que
sólo algunas combinaciones son posibles, es lo que genera la situación problemática de Alejandro. En
efecto, no hay confusión en cuanto a tener una relación 'comprometida' como contexto para la percepción
de un episodio 'confirmativo', ni tampoco es incoherente el pensamiento de un episodio 'confirmativo'
como contexto para percibir una relación 'comprometida'. Aunque éstos asuman la organización de un
loop reflexivo no hay problema, porque no resulta necesaria la redefinición de uno para tratar como
contexto al otro.

Sin embargo, el mundo social no viene pre-ordenado de manera pura dentro de unidades obvias de
significación tales como relaciones comprometidas-episodios confirmativos; de hecho, las unidades de

significación social debe ser creadas, o al menos identificadas, a través de la acción social, lo que hace que
la definición de relaciones y episodios sea siempre potencialmente problemática.

Una relación nueva no preexiste a los episodios, sino que debe emerger gradualmente con ellos, y
entonces funciona como contexto para los sentimientos, en relación a interacciones pasadas y futuras;
pero este proceso emergente no tiene porqué ser necesariamente dificultoso. Si un interactuante cree que
una relación 'comprometida' está emergiendo con episodios confirmativos, ello no involucra confusión,
ya que las definiciones de relación y episodio son transitivas.

Se pueden denominar como 'transitivas' aquellas relaciones en que dos niveles de significación pueden
servir --recíprocamente-- como contexto para el otro. Esto hace que exista poca diferencia en la
interpretación de significaciones en niveles más bajos de la jerarquía, como en el caso de los actos
comunicativos y los contenidos. Por ejemplo, el contenido "encontremos un lugar para estar a solas",
puede considerarse como un acto comunicativo de "petición para hablar en intimidad", sin mayor
consideración del hecho que sea la relación la que contextualice el episodio o a la inversa.

Si se reconsideran las cuatro elecciones de Alejandro, se observará que un episodio de 'distanciamiento' y


una relación 'casual', también pueden formar un loop transitivo no problemático; cada uno de los niveles
involucrados puede ser considerado posible contexto para el otro. Sin embargo, hay por lo menos una
combinación de las alternativas consideradas por Alejandro, que no resulta posible: es difícil concebir a
alguien diciendo que llegó a percibir la relación como 'comprometida' mediante el contexto de un
episodio de 'distanciamiento'. Allí radica el problema de Alejandro; si él considera como contexto 'el
compromiso', entonces las bromas pueden ser consideradas como parte de un episodio confirmativo, pero
si las bromas constituyen un contexto de distanciamiento, él debiera interpretar la relación emergente
como algo distinto a 'compromiso'.

Esta situación involucra un loop extraño, en que dos niveles de significación no pueden intercambiar
posición jerárquica, sin que cambie la significación de uno de ellos. Se trata, entonces, de una relación
intransitiva. Para clarificar más la distinción entre relaciones transitivas y las que no lo son, se requiere
introducir el concepto de 'metarreglas'.

4.3.4 Las bases culturales y experienciales de la transitividad.

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La cultura de Alejandro y su experiencia de vida han generado una metarregla, esto es, una regla para la
construcción de otras reglas. En este caso, se encuentra ante un loop extraño al no saber cómo asignar
significación a la experiencia y ello ocurre porque en él, opera una metarregla que establece que el acto
comunicativo de 'bromear' de Paula, puede ser indicativo de una sola cosa y no de ambas (confirmación o
distanciamiento); es decir, las metarreglas estipulan el tipo de relación (transitiva o intransitiva) que
puede haber entre distintas significaciones.

Según Cronen Johnson y Lannamann (1982), los loops intransitivos son productos culturales,
experienciales, en los que la validez de los argumentos está enraizada en el aprendizaje; ello implica que
un loop reflexivo que es problemático para una persona puede no serlo para otra. Y también que aun
cuando la posición inicial de Alejandro fuese la descrita, él podría llegar a concebir una relación
'comprometida' que se desarrollara mediante fases de distanciamiento y confirmación. Si la experiencia
personal y cultural permitiese esta transformación de la metarregla, entonces Alejandro ya no se
encontraría vivenciando un loop intransitivo. El episodio y la relación pueden formar un loop 'manejable',
en donde Alejandro no está frente a una elección disyuntiva al interpretar el mensaje de Paula. El
bromear de ella, pasa ser considerado una acción de 'distanciamiento transitorio' dentro de una relación
'comprometida' emergente.

La teoría CMM postula que los loops intransitivos tienden a producir confusión en el nivel de acción y que
cuando los individuos carecen de una estrategia para resolver loops intransitivos en sus sistemas de
significación y orden, o cuando los 'otros significativos' bloquean sus esfuerzos para resolverlos, las
confusiones tienden a persistir. Por otra parte, se sostiene también que las personas a menudo son
capaces de actuar creativamente sobre sus propios sistemas de significación, separando niveles o
convirtiendo loops intransitivos extraños en loops transitivos manejables. El daño psicológico propiamente
tal, se observaría sólo como consecuencia de una extensión a niveles de significación más altos, por
ejemplo, patrón de vida (noción de sí mismo), que vienen a estar involucrados en tales loops, pero no
necesariamente cuando se trata de niveles inferiores.

Guido Demicheli M. 14
CAPÍTULO 5: ENFOQUE REFLEXIVO EN TERAPIA FAMILIAR SISTÉMICA.

Fueron Keeney (1983), Hoffman (1985) y Tomm (1987a, 1987b, 1988), quienes vincularon explícitamente una
perspectiva fundada en la cibernética de segundo orden (como una epistemología apropiada para discernir las
pautas que organizan la problemática familiar y su terapia) y en la reflexividad (como una condición básica
con la cual tratar en el dominio conversacional propio del quehacer terapéutico). De estos tres terapeutas
familiares, Keeney proveyó la epistemología, Hoffman el amplio marco teórico de referencia y Tomm --a
partir de la teoría CMM en comunicación-- el recurso técnico de las Preguntas Reflexivas que se revisa en
la tercera parte de este capítulo.

Por otro lado, distintos investigadores pertenecientes, incluso, a campos distantes de la Psicología, la
Psiquiatría o la Terapia Familiar (Bateson 1976, 1979, Maturana 1978, Maturana y Varela 1984, von
Foerster 1972, 1973, 1974, Varela 1983, von Glasersfeld 1981) han contribuido con diversas nociones
constructivistas y cibernéticas de segundo orden, las que, a su vez, han permitido nuevos desarrollos en
estas disciplinas y quehaceres, así como en el ámbito de las Ciencias Sociales en general.

Dichas nociones constituyen los pilares teórico-epistemológicos centrales de lo que Hoffman (1985) llamó
Terapia Familiar de 2° Orden, y que el presente texto conecta con lo que aquí se propone denominar Enfoque
Reflexivo en Terapia Familiar Sistémica.

5.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

En 1985, L. Hoffman propuso la distinción entre aquellas terapias que enfatizan el poder y el control y las
que operan basadas en una concepción cibernética de 2° orden. Lo propuesto por Hoffman (1985) no es un
método ni una modalidad técnica de hacer terapia, sino un conjunto de principios que, agrupados, otorgan
fundamento teórico a una concepción de Terapia Familiar Sistémica radicalmente distinta del denominado
Enfoque Estratégico.

Las implicancias centrales del planteamiento de Hoffman, pueden resumirse de la siguiente manera:

1. Un 'sistema observante' que incluye al propio terapeuta, en lugar de un 'sistema observado' por aquél.
2. Un sistema terapéutico organizado en base a una estructura más bien colaborativa que jerárquica.
3. Un objetivo terapéutico orientado a proveer un contexto para que tenga lugar el cambio, más que una
especificación de éste.

Las directrices generales de esta nueva concepción pueden verse reflejadas en los fundamentos teóricos y
en el proceder técnico del Enfoque Reflexivo que a continuación se revisa. Puede decirse que este enfoque
es particularmente cauteloso en la exploración de la ecología de ideas que sustentan los propios
consultantes, de allí que mire y considere con distanciamiento las técnicas centralmente fundadas en la
intencionalidad.

Se entiende aquí que la psicoterapia es un campo en que tanto quienes consultan como el consultado,
interactúan mediante sistemas de significados, que Goolishian y Winderman (1988) han definido como "...
tramas recursivamente organizadas de acuerdos consensuales y lingüísticamente organizados en base a la
experiencia" (pag.133).

Por sobre todo, el Enfoque Reflexivo pareciera considerar que el quehacer psicoterapéutico es un 'mapeo'
(que realizan el terapeuta y quienes le consultan) en que lo medular es explorar en calidad de iguales --
como humanos--, en búsqueda de nuevos entendimientos y/o modos alternativos de conducta, con un
Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

cuidado y un respeto irrestrictos, de lo que Bateson (1976) llamó 'pauta' o 'ecología de la mente', en este
caso, de quienes solicitan ayuda.

5.1.1 Cibernética de Segundo Orden.

La distinción entre Cibernética de Primer Orden, en que el observador es independiente de lo observado, y


Cibernética de Segundo Orden, en que el observador forma parte del arco total de lo que observa, fue hecha
por R. Howe y H. von Foerster en 1974.

Esta segunda postura, también denominada Cibernética de la Cibernética, trajo consigo, por lo menos tres
significativas consecuencias epistemológicas:

1) Al situar al observador como componente del sistema observado, toda descripción resulta, en último
término, autorreferencial.
2) La pretensión de objetividad pierde fundamento, pues sólo resulta sostenible cuando existe separación
entre el observador y lo observado.
3) La consideración central de la relación entre el observador y lo observado, focaliza la atención en la
participación de quien observa y en los procesos mismos de observación.

5.1.2 Lenguaje.

La perspectiva constructivista parte del supuesto que cualquier afirmación acerca de la realidad, es una
afirmación de quien observa y no se refiere a la objetividad/subjetividad de ésta, sino únicamente al
ordenamiento y la organización de un mundo constituido por la propia experiencia (von Glasersfeld, 1981).

Goolishian y Winderman (1988), sostienen que los sistemas sociales de los cuales los individuos forman
parte, son redes comunicacionales caracterizadas por, y a través de, el lenguaje, entendiéndose que éste, se
refiere específicamente a los significados lingüísticamente mediados y contextualmente relevantes que se
generan en la interacción.

Por otra parte, en la concepción de Maturana y Varela (1984), cuando dos seres vivos poseen una historia
recíproca de interacciones, de manera que están acopladas estructuralmente y tienen suficiente
complejidad, podrán coordinar acciones sobre la coordinación de sus acciones. En tal sentido, el lenguaje es
más que la sola coordinación de comportamientos: es la coordinación de conductas coordinadas. Es la
adscripción de significado a la coordinación de comportamientos. Podría agregarse que dicha adscripción sólo
la hace alguien que es, a la vez, un observador.

Este tipo de complejidad estructural, genera un campo lingüístico consensual, un campo de interacciones
semánticas. De esta manera, los seres humanos interactúan lingüísticamente, creando significados que se
comunican mediante actos de habla y diversas manifestaciones corporales no verbales.

5.1.3 Reflexividad.

La teoría CMM considera la comunicación humana como un complejo proceso de interacción en el cual los
significados son generados, mantenidos y/o cambiados, a través de las propias interacciones en que
participan los seres humanos. La comunicación no se toma como un simple proceso lineal de transmitir
mensajes desde un emisor activo a un receptor pasivo, sino más bien como un proceso circular, de co-
creación por parte de los participantes involucrados.

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
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En la Teoría CMM, la reflexividad se considera como un rasgo inherente de la relación entre significados
dentro del sistema de creencias que guía las acciones comunicativas.

La reflexividad da cuenta del modo en que los significados de un cierto nivel dentro de una jerarquía,
pueden operar como contexto para otro nivel y, a la vez, estar contenidos dentro del contexto de dicho
nivel.

La teoría CMM postula que cuando las fuerzas implicativa y contextual se igualan como resultado de la
reflexividad entre niveles, se crean loops reflexivos que pueden ser 'extraños' o 'manejables', y que a partir de
sus diferencias, tienen efectos también disímiles en el contexto del quehacer terapéutico. Sobre dichos
aspectos se volverá a tratar en 5.2

5.1.4 Sistema observante.

Bateson (1972) ha planteado que cualquier individuo participante en un sistema dado, por el sólo hecho de
formar parte de él, está sujeto a todas las condiciones propias de la particular relación entre las partes y el
todo, en que él participa.

Lo central de toda epistemología radica en lo que Spencer Brown (1973), refirió como el acto de hacer
distinciones y Bateson (1972), había denominado previamente 'puntuación'.

Tanto las culturas como los individuos, pueden presentar una amplia diversidad respecto de su mundo de
experiencias, a partir de la manera en que puntúan o distinguen dichas experiencias. De igual modo, cada
uno de los miembros de una familia que consulta, posee, de hecho, una visión particular acerca del
problema que los aqueja, al mismo tiempo que cada eventual terapeuta hace, también de hecho,
particulares distinciones respecto de aquello que va surgiendo en el contexto de la conversación
terapéutica.

En tal sentido, la presencia y participación del terapeuta no puede dejar de contribuir a la organización que
adquiere y desarrolla el sistema terapéutico del cual él forma parte. Cada una de sus intervenciones (en un
sentido amplio y no sólo en un sentido técnico), afecta la conducta y las significaciones que todos y cada
uno de los consultantes tienen hacia los demás (incluido el propio terapeuta), y hacen de las cosas
conversadas, a partir del contexto en que conjuntamente participan.

Por lo tanto, el terapeuta no observa a quienes le consultan; él observa y participa de la relación que
sostiene con ellos. Y este proceso es exactamente el mismo, pero a la inversa, si se parte desde el lado de los
consultantes. Lo que es distinto entre ambos, entonces, no es la posición de observador (privilegiado) de
uno respecto de los otros, sino el tipo de distinciones que ambos pueden realizar.

5.1.5 Determinismo estructural, clausura operacional, autonomía.

F. Varela (1976), ha propuesto distinguir entre sistemas vivos que operan como 'modelos de control' y
aquellos otros que lo hacen como 'modelos autónomos'. Los primeros son esencialmente permeables al
medio; realizan procesos básicos de transformación de insumos que se expresan en un producto
significativamente distinto de lo incorporado. Estos sistemas son teleológicos y en su accionar predominan
operaciones de control y/o poder; pueden ser programados, controlados y cambiados mediante
instrucciones provenientes del exterior.

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

En los segundos, el proceso del sistema es formalmente idéntico a su producto, es decir, su operatoria
constituye la mantención de su propia organización e identidad. Por lo tanto, no permiten la programación,
el control o el cambio a partir de instrucciones externas. Los cambios posibles son aquellos que permite la
propia estructura; es lo que Maturana (1978) propuso llamar 'determinismo estructural'.

Para explicar nuestra interacción social considerando esta condición constitutiva, Maturana y Varela (1984)
han recurrido al concepto de 'acoples estructurales' entendiendo que éstos no se dan ni en uno ni otro
sistema viviente, sino en el espacio que genera la interacción entre ambos. Esto significa que éstos
participan de una deriva1, o más exactamente de una co-deriva, en que ambos sistemas se condicionan
mutuamente en sus respectivos comportamientos.

Asumir la interacción humana como un proceso de acoplamientos estructurales conlleva asumir, también,
que la comunicación entre las personas es siempre indirecta o, en otros términos, que ésta no existe como ha
sido tradicionalmente descrita y concebida; esto es, como 'trasmisión de información', lo cual supone
'interacciones instructivas' en que lo ocurrido a un sistema se entiende determinado por el estímulo o
agente pertubador y no por las características estructurales mismas del sistema afectado.

Al respecto, Maturana y Varela (1984), corroboran diciendo: " ... es evidente aun en la vida cotidiana
misma, que la situación de comunicarse no se da así: cada persona dice lo que dice u oye lo que oye, según
su propia determinación estructural. El fenómeno de comunicación no depende de lo que se entrega, sino
de lo que pasa con el que recibe. Desde la perspectiva de un observador, siempre hay ambigüedad en una
interacción comunicativa .” (pag. 130) En este mismo sentido, se podría agregar como ejemplo, que cuando
alguien amenaza con suicidarse tirándose del balcón en presencia de otra persona y esta última se acerca a
disuadirlo pidiéndole que se calme, todo pareciera indicar que ha habido una interacción instructiva que
especifica la conducta de la segunda persona; sin embargo, aun en esta dramática situación, no es así. Esta
ilusión de interactuar instructivo está más bien fundada en la habilidad (aprendida) para calcular
correctamente las posibles respuestas (estructuralmente determinadas) de un organismo ante un episodio y
contexto determinados. Como la generalidad de la gente sabe --incluido el potencial suicida-- que la
mayoría de las personas socorrerán a otra en esa situación, se tiene la ilusión de estar frente a un evento en
que la conducta del primero determinó la conducta del segundo, pero si se presta atención, se verá que no
hay nada que impida la posibilidad que otras personas en esa misma situación --y en virtud de su historia
previa-- se desmayen, corran a buscar auxilio o, incluso, ignoren la amenaza.

Maturana y Varela (1980), sostienen que en la comunicación humana no puede haber interacciones
instructivas, sino sólo 'perturbaciones' en respuesta a las cuales, cada sistema se comportará de acuerdo a
sus propias posibilidades estructurales.

Aceptando la imposibilidad de interacción instructiva, Hoffman (1985) estableció una posible analogía con
el quehacer terapéutico señalando: " ... ya que no se pueden colocar 'paquetes' de información dentro de la
cabeza de las otras personas, ni tampoco recibirlos de vuelta" ... la terapia pudiera consistir en ... "empujar
el sistema y ver cómo salta". En otras palabras, provocar perturbaciones y ver cómo se compensa; esta
explícita sugerencia en pos de un menor 'intervencionismo activo' por parte del terapeuta, se manifiesta
claramente en la predominancia de las preguntas por sobre las afirmaciones, así como en el tipo y
utilización de ellas que hace el Enfoque Reflexivo.

5.1.6 La familia como sistema autónomo.

1
Deriva: “cambio de posición de un sistema, mientras conserva su forma y su correspondencia con el medio en que se produce el cambio; un sistema
cuya estructura cambia mientras conserva su organización y su correspondencia con el medio, es un sistema en deriva estructural (Maturana y
Varela), 1984, pag. XX).
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Maturana y Varela (en Rodríguez,1988) han mostrado reparos a la utilización del concepto de 'autopoiésis'
aplicado a sistemas sociales o de interacción humana, en tanto su planteamiento está referido a seres vivos
desde un punto de vista biológico, y consiste en la característica de aquellos de producir continuamente sus
propias estructuras y, por ende, a sí mismos en tanto tales.

Por lo tanto, un sistema social como la familia no es propiamente un sistema autopoiético, pues no está
definido en términos de una red cerrada de componentes de orden biológico, sino como una trama
organizada en torno de su propia conservación, es decir, de su identidad.

Por otra parte, Varela (1979), a partir de la distinción ya señalada en 5.1.5, ha buscado y propuesto formas
de generalizar esta noción a sistemas de órdenes más amplios de inclusión a través del concepto de 'sistema
autónomo', el cual comprende cualquier unidad compuesta, formada por elementos que pueden o no ser
autopoiéticos. En esta categoría se incluyen no sólo grupos sociales, como la familia, sistemas
organizacionales, consorcios, clubes y países, sino también órganos como el cerebro y comunidades
ecológicas como las colmenas.

La noción de autonomía se refiere al mantenimiento del carácter de 'totalidad' de un sistema; en tal sentido,
en su orden más alto de recursión, la familia es un sistema autónomo. Es dicho orden más elevado de
procesos de retroalimentación el que define, genera y mantiene la autonomía familiar. Al respecto, Keeney
(1987) señala que "... la amplitud de la desviación que la retroalimentación procura controlar, tiene que ver
con la organización de la propia totalidad del sistema". Es decir, como organismo social, en su nivel más
alto de recursión, la familia tiende a mantener su unidad como 'ser familiar total' y se podría afirmar, por lo
tanto, que la familia se organiza de un modo que le permite mantener la identidad que la define y distingue
como tal.

En base a estas consideraciones, lo que muchos autores han descrito como una situación contradictoria (y
erróneamente como paradójica) en que la familias, parejas o consultantes individuales, parecieran trasmitir
el mensaje: "quiero (queremos) cambiar sin que nos cambie", puede ser visto como un reflejo del deseo (y
derecho inalienable), que tienen las personas a querer ser ayudadas profesionalmente, sin sentir que con
ello se pone en riesgo su propia identidad. Esto trae a colación la temática vinculada al uso y manejo que
hace el terapeuta desde su posición privilegiada y validada socialmente, de experto; como se ha indicado en
otro lugar (Demicheli, 1991), la pregunta o la no-pregunta del propio terapeuta acerca de su participación
como operador epistemológico activo en la terapia, conduce por caminos muy distintos de significación y
acción en el quehacer psicoterapéutico.

Por otra parte, las contribuciones teóricas y aplicadas acerca de reglas, metarreglas y mitos familiares, así
como sus correlatos técnicos --principalmente los rituales-- evidencian la poderosa fuerza de los sistemas
de creencias familiares, que en última instancia no son otra cosa que la más profunda y preciada herencia
interfamiliar y transgeneracional, que permite preservar la identidad que otorga sentido al grupo como
clan, y a cada miembro como individuo.2

5.1.7 Objetividad.

Von Foerster (1974) sostuvo que uno de nuestros puntos ciegos en relación al conocimiento, es la peculiar
ilusión de la cultura occidental respecto de la presunción de objetividad; esto se expresa con incuestionable

2 Los invaluables aportes del Grupo de Milán, al describir sus errores terapeúticos a mediados de los años 70, corroboran estas

apreciaciones. En su libro, Paradoja y Contraparadoja (1975), Selvini-Palazzoli, Boscolo, Cecchin, y Prata, reseñan un caso en que la
desestimación y oposición al mito familiar (sistema de creencias fuertemente enraizado en la familia), fue seguida de una aparente
mejoría, que luego revirtió en un intento de suicidio.

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
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evidencia en el quehacer científico, donde se asume que las propiedades del observador no deben entrar en
la descripción de sus observaciones.

"Yo me pregunto --dice von Foerster-- (1974) ... ¿ cómo sería posible, en principio, hacer una descripción si
el observador no tuviera propiedades que permiten que tal descripción sea hecha ?. De allí que yo diga, con
toda modestia, que proclamar objetividad ¡ no tiene sentido !" (pag. 91).
Consecuentemente, tampoco se puede proclamar subjetividad, puesto que una proposición sin sentido que
es negada, genera otra proposición sin sentido. Esta situación revela que el marco conceptual en que se
discuten las proposiciones es insuficiente o inapropiado y que la salida es hacer una pregunta que, como
dirían Maturana y Varela (1984), permita salirse del plano dela oposición cambiando la naturaleza de la
pregunta y pasando a un contexto más abarcador.
Von Foerster (1974) propuso una pregunta que el biólogo chileno H. Maturana ya se había planteado a raíz
de sus experimentos acerca de la visión de color, durante los años 60. Esta es: ¿ cuáles son la propiedades
del observador ?

La Epistemología Experimental llegó a probar en el transcurso de esa misma década, que el sistema
nervioso es cerrado y opera con clausura operacional respecto del medio; por lo tanto, la percepción del
'mundo externo' no está determinada por éste, sino que es el resultado de las perturbaciones que él provee,
pero que, como producto final, corresponde a una actividad interna del sistema nervioso.

Finalmente, von Foerster (1960) sostiene "...que la realidad aparece como un marco de referencia consistente
para al menos dos observadores" (pag. 43). A lo cual se podría agregar: de allí que una de las sensaciones
gratas que surgen en la convivencia social se da cuando una persona confirma la percepción de otra. Las
ideas de cada cual son, en gran medida y en último término, ideas 'compartidas', consensuadas en la
relación con otros significativos y mediatizadas por el lenguaje.

En esta condición propia del convivir humano, radica el cuidadoso uso de las palabras que ha de hacer
cualquier terapeuta en las conversaciones que sostiene con quienes le consultan. Como se apreciará en la
parte correspondiente (5.2), la utilización de las llamadas 'preguntas reflexivas' y la premisa central de
considerar la formulación de dichas preguntas como actos lingüísticos que por sí mismos intervienen sobre
los niveles de significación de los miembros de una familia, resultan ser un aspecto medular de la expresión
técnica final en que funda su acción el Enfoque Reflexivo en Terapia Familiar Sistémica.

El radical cuestionamiento al modo habitual de pensar --basado en objetividad-- trajo consigo la necesidad
de re-pensar y re-definir aspectos centrales en la Terapia Familiar.

El más básico de ellos se vincula con el hecho que el terapeuta no puede pretender una posición de mayor
objetividad a partir de su estatus de experto, sino que ha de considerar que su visión del problema es una
más de las posibles y precaverse, en consecuencia, de pretender imponerla (aunque sea sutilmente) a sus
consultantes.

Al mismo tiempo, no puede concebirse que exista una sola forma (objetiva) de ser de la familia, sino que es
perfectamente posible que para cada miembro exista una familia 'diferente'. Cada uno de los integrantes del
grupo familiar puede estar vivenciando, otorgando significados y dándose explicaciones para cada uno de
los acontecimientos que lo involucran en sus dominios de existencia compartidos con lo demás familiares,
de una manera particular e igualmente válida.

De allí que las nociones de 'hipotetización', 'circularidad y 'neutralidad', popularizadas por el Grupo de
Milán (Selvini-Palazzoli, Boscolo, Cecchin y Prata, 1980) constituyan guías fundamentales para la
conversación terapéutica en el Enfoque Reflexivo.

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Hoffman (1986), plantea que la Terapia Familiar de 2° Orden "... no es indiferente a la consecución del
cambio, pero el terapeuta que la practica se esfuerza por reprimir el interés de imponer a los miembros de
la familia como propios de ellos, los descubrimientos que son de él " ( en Golann, S., 1988, pag. 61).

5.1.8 Hipotetización, circularidad y neutralidad.

Puede decirse con propiedad que el trabajo del llamado Grupo de Milán, integrado inicialmente por M.
Selvini-Palazzoli, L. Boscolo, G. Cecchin, y G. Prata refleja, de una manera bastante visible, lo que ha sido la
evolución y el tránsito de la Terapia Familiar Sistémica desde un operar predominantemente estratégico, a
un operar psicoterapéutico de orden reflexivo, cuyas bases se han venido delineando.

Teniendo la ventaja de la perspectiva histórica, en la actualidad es posible decir que el célebre artículo de
este grupo, "Hipotetización, Circularidad y Neutralidad: tres guías básicas para el conductor de la sesión",
publicado en 1980, señala el momento en que después de varios años de trabajo clínico y cuidadoso estudio
de los aportes de G. Bateson, dicho grupo propone una aproximación (técnica) para llevar a cabo la
conversación terapéutica, que contiene aspectos esenciales para el desarrollo de una Terapia Familiar
distinta del Enfoque Estratégico predominante hasta ese momento, y que, a la vez, resultan fundacionales
para el llamado Enfoque Reflexivo.

a) hipotetización: alude a la formulación, por parte del terapeuta, de una hipótesis respecto de la
problemática que presentan los atendidos, a partir de la información que él recibe directamente de la
conversación con ellos y/o tomando en cuenta datos previos obtenidos al momento de solicitud de la
entrevista, instancia ésta última, para lo cual los integrantes del Grupo de Milán llegaron, incluso, a
desarrollar un formato básico.

Selvini-Palazzoli et al. (1980) utilizan la idea de 'hipótesis', en su sentido más general, es decir, en tanto
suposición empleada como base para razonar, como punto de partida de una investigación que no hace
ninguna referencia a su veracidad. Agregan ellos que una hipótesis debe ser circular y relacional,
queriendo señalar que en torno a ella se pueden organizar todos los aspectos que aparezacn inicialmente
confusos, para tratar de llegar a darles un sentido en el contexto amplio de las relaciones familiares en que
los eventos ocurren y se constituye el problema.

El valor funcional de la hipótesis estaría principalmente en garantizar la actividad del terapeuta, en cuanto
a la búsqueda de patrones relacionales. En el tipo de trabajo propiciado por el Grupo de Milán, la
hipotetización opera evitando la búsqueda de la 'verdad' e intentando aproximaciones sucesivas hacia una
explicación que reúna la mayor cantidad de datos al servicio de una idea significativa y compartida.

b) circularidad: se refiere a la capacidad del terapeuta para conducir su indagatoria en base al proceso de
retroalimentación que se establece con la familia, a partir de las respuestas que los miembros de ésta
proporcionan a las preguntas que hace el terapeuta para adentrarse en las relaciones intra-familiares.

Basándose en Bateson, los integrantes del Grupo de Milán explicitan que denominan 'circularidad' a la "...
auto-conciencia de ser capaces de obtener información auténtica de la familia, sólo si trabajamos con los
siguientes fundamentos: 1) la información es una diferencia, 2) la diferencia es una relación (o un cambio
en la relación). En este sentido, nuestros datos sensoriales son siempre 'primeras derivaciones', argumentos
acerca de diferencias existentes entre objetos, o argumentos en torno a cambios ocurridos en ellos, o en
nuestra relación con ellos ... lo que nosotros percibimos fácilmente es diferencia y cambio y diferencia es
una relación" (en Selvini-Palazzoli et al., 1980, pag 8).
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La 'circularidad' dentro de esta concepción, permite tratar con las complejidades familiares mediante
relaciones triádicas, es decir, invitando a un miembro de la familia a relatar como ve él las relaciones
existentes entre otros miembros del grupo; es lo que se ha denominado técnicamente, Interrogatorio
Circular, lo cual como recurso, otorga nuevos y variados caminos para articular la conversación terapéutica
hacia adelante.

Según el Grupo de Milán, conducir las conversaciones terapéuticas en base a patrones de circularidad,
requiere desprenderse de la condicionante cultural y lingüística que hace creer que se puede pensar en
términos de 'cosas' y redescubrir que ello sólo es posible en términos de 'relaciones'.

c) neutralidad: se entiende como el efecto pragmático específico que para los atendidos tiene la conducta
del terapeuta durante la sesión. En el transcurso de ésta, el terapeuta establece --permanentemente--
alianzas con los distintos integrantes de la familia, desde el momento en que se dirige individualmente a
cada uno de ellos y con diversas connotaciones afectivas y lingüísticas durante el transcurso de la
conversación. La condición neutral del terapeuta para dirigir la sesión, implica que dichas alianzas sean
transitorias, en la medida que se hace lo mismo con cada uno de los consultantes. Se espera que el
terapeuta establezca alianzas con todos los miembros de la familia y, al mismo tiempo, con ninguno en
particular.

Otro aspecto clave del uso de una postura neutral, dice relación con que el terapeuta estará más interesado
en generar y atender a los procesos de retroalimentación, de manera tal de ampliar lo más posible su propio
bagaje acerca de la familia, que de hacer afirmaciones que conlleven algún tipo de 'juicio moral' en términos
de bondad, maldad, locura, sanidad, etc. Esto último ayuda a no bloquear la exploración de puntos de vista
que pueden resultar de gran utilidad en la búsqueda de explicaciones que cumplan con la condición
sistémica básica, esto es, que incluyan a todos los integrantes de la familia, sin que ninguno de ellos en
particular aparezca como la 'causa' del problema.

Un quehacer terapéutico que se ciñe a este tipo de principios-guía, puede proveer información relevante
respecto del sistema familiar como conjunto, al mismo tiempo que puede otorgar condiciones de 'totalidad'
más favorables para intentar soluciones que impacten sobre el grupo familiar como un sistema global.

Las preguntas reflexivas que a continuación se revisan, corresponden a una evolución posterior y más
depurada de estos principios básicos y de las nociones fundamentales de comunicación desarrolladas
durante la última década.

5.2 LA CONCEPCION OPERATIVA DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

Pareciera que las diferencias más apreciables entre el Enfoque Estratégico y el Enfoque Reflexivo giran en
torno al modo en que se entiende y conceptualiza la configuración del sistema interaccional del que
consultantes y consultado forman parte, así como del tipo de participación que se entiende que éste último
tiene en relación a dicho sistema. Las diferencias medulares entre ambos enfoques derivan, a su vez, de la
discontinuidad epistemológica existente entre ellos: la perspectiva estratégica emerge fundada en nociones
cibernéticas de primer orden (sistemas observados), en tanto que la modalidad reflexiva se constituye a
partir de los planteamientos de segundo orden, que incluyen al observador como partícipe activo (sistemas
observantes).

En ese tipo de diferencias se basa la observación de Hoffman (1985), respecto del cuidado que ha de poner
el terapeuta para no imponer (de manera abierta o encubierta) sus propias apreciaciones a los miembros de

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la familia, como si él tuviese un sitial privilegiado de observación respecto de un sistema que le es


independiente. Como ya se señaló en el capítulo 1, un rasgo distintivo de las terapias de segundo orden es
la consideración que hace el terapeuta respecto de sí mismo, como co-constructor activo de la realidad que
comparte con quienes le consultan. Puede decirse que este tipo de consideraciones, que se verán reflejadas
en la operatoria del Enfoque Reflexivo, señalan lo más medular de las diferencias entre ambos modalidades
de trabajo. Por otra parte, pero en rigurosa coherencia con lo anterior, a partir de la noción de niveles
jerárquicos de significación y de la reflexividad entre ellos, el Enfoque Reflexivo considera, justamente, que
la conversación terapéutica activa procesos de ese tipo, a partir de los cuales las personas pueden organizar
de una manera distinta o alternativa, las visiones o creencias con que llegan a consultar, y en las cuales se
halla contenido el dolor que los ha llevado a esa instancia.

Sin duda, la psicoterapia es esencialmente conversación. Indudablemente también, no se trata de cualquier


tipo de conversación, sino que de un tipo particular, organizado con la intención de aliviar el dolor o el
sufrimiento de quienes lo padecen. Estas conversaciones tienen lugar en un contexto consensuado, donde
se entiende que el terapeuta posee ciertas destrezas y puede apelar a ciertos recursos para contribuir
efectivamente a dicho propósito. Las implicancias relativas a la posición de 'poder' que ocupa el terapeuta
son vastas y no es del caso detallarlas aquí (véase Demicheli, 1991).

Las terapias de segundo orden, dentro de las cuales el Enfoque Reflexivo puede ser considerado, incluyen
recursos que permiten al terapeuta 'monitorear' su propia participación en el proceso terapéutico, e
incorporar otras instancias que contribuyan al propósito de ayudar a quienes consultan. El Equipo
Reflexivo y las Preguntas Reflexivas pueden describirse como herramientas centrales de esta forma de
operar psicoterapéutico.

Las llamadas Preguntas Circulares 3 (Penn, 1982), también han sido referidas con frecuencia en relación a
esta modalidad de trabajo; sin embargo, la misma autora explicita: "Lo central del interrogatorio circular es
establecer el punto en la historia del sistema, en que las coaliciones sufrieron un cambio y la consecuente
adaptación a ese cambio llegó a ser problemática para la familia." (pag. 272). Como se puede apreciar, este
declarado propósito establece una diferencia importante con el sentido no-estratégico que el Enfoque
Reflexivo enfatiza en su operar. Como se observará en la descripción de las preguntas reflexivas, éstas no
apuntan a obtener información, sino a 'gatillar' reflexividad en los niveles de significación de los propios
consultantes, en la expectativa que a partir de allí emerjan nuevos entendimientos en relación a lo que los
aproblema.

La proposición de Penn (1982) está basada en el trabajo previo del equipo original de Milán (Selvini-
Palazolli, Boscolo, Cecchin y Prata, 1980), en donde ellos describen la circularidad como un aspecto básico
para conducir la sesión terapéutica (véase en 5.1.8 el entendimiento del Grupo de Milán acerca de este
concepto) e indican la posibilidad de preguntarle a un tercero, en presencia de otros dos miembros de la
familia, acerca de la relación entre aquellos. Hacen esta indicación como un recurso necesario para tratar
con la información --entendida ésta en un sentido batesoniano-- como diferencias o cambios en las
relaciones. Allí surge la noción de interrogatorio triádico, como un modo de preguntar/interactuar que
'empuja' a la persona inquirida a dar siempre una respuesta relacional. Como se puede ver, la idea de
circularidad y los conceptos complementarios descritos aquí, más allá de su indudable utilidad, son
claramente diferenciables de la noción de reflexividad y sus respectivas derivaciones.

3 Repetidamente, este concepto se usa como sinónimo de 'interrogatorio circular', o bien, aludiendo, a 'interrogatorio triádico', en

circunstancias que se refieren a cosas distintas. Lo que el Grupo de Milán formuló como 'circularidad' en su artículo de 1980, aludía al
empleo permanente de la retro-alimentación -por parte del entrevistador- en el sentido de atender y considerar las respuestas
(analógicas y verbales) de los consultantes, para la formulación de las siguientes preguntas. Por su parte, el interrogar de manera
triádica apuntaba en el sentido de obtener respuestas que mostraran los aspectos relacionales del sistema en consulta, además de otras
ventajas que tendría el requerir información de esa manera.

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Penn (1982) propone nueve categorías de estas llamadas preguntas circulares para --según sus propios
términos-- moverse en el arco que va desde el pasado al presente y viceversa. Estas categorías sí describen,
como dice la autora, puntos posibles de conexión entre el problema, el terapeuta y los atendidos como parte
de un proceso co-evolucionario, sin embargo, si se las quiere ver agrupadas como preguntas (como de
hecho está planteado), constituyen un conjunto total muy poco claro, en tanto las categorías empleadas
corresponden a niveles lógicos tan diversos como por ejemplo: a) lo verbal y lo analógico de todo
intercambio comunicativo, b) la necesidad de definir el problema para establecer los extremos del arco
problemático en el presente y, c) preguntas propiamente tales, que apuntan a establecer clasificaciones,
secuencias diferenciales de comportamiento o comparaciones entre los sub-sistemas familiares.

Siguiendo la concepción reflexiva y la terminología de la teoría CMM, Tomm (1987b) postula que los
llamados loops extraños dan cuenta de un proceso reflexivo en el cual la reversión de niveles produce un
cambio mayor de significados, esto es, se activa una regla constitutiva opuesta o complementaria. Un loop
manejable en cambio, denota un proceso reflexivo en que la reversión en los niveles de significados, resulta
en que éstos últimos se mantengan dentro de una significación similar.

El efecto terapéutico de ciertas intervenciones pareciera estar mediado por loops reflexivos extraños; es
decir, el cambio de significados mediado por la actividad reflexiva entre niveles de significación de los
consultantes y generado a partir de la conversación terapéutica, podría estar a la base de las modificaciones
de comportamiento y emocionalidad más notorias que éstos evidencian como resultado de la terapia.

Por ejemplo, no hay mucho cambio cuando una relación hostil es recontextualizada por un episodio de
enfrentamiento; los cambios generados por loops manejables tienden a ser pequeños y sutiles, más que
grandes o dramáticos. La reflexividad mediada por loops manejables resulta más bien en patrones que se
hacen algo más generalizados o más férreos. Al mismo tiempo, el proceso de generalizar y/o consolidar es
de suma importancia, pues otorga (y explica) el recurso del terapeuta de intervenir (en el sentido más
general del término) para facilitar una ampliación (generalizar) de pautas deseables que ya existen en la
familia, o hacer preguntas para estabilizar (consolidar) nuevas opciones que emergen incipientemente en el
contexto de la conversación terapéutica. En otras palabras, desde un punto de vista teórico puede
sostenerse que los efectos terapéuticos de ciertas intervenciones pueden ser mediados o por loops extraños,
o bien por loops manejables.

Las distintas verbalizaciones del terapeuta (o de el/los observadores) y sus correlatos no verbales,
representan estímulos o perturbaciones que gatillan actividad reflexiva en la interrelación jerárquica de
significados dentro de los propios sistemas de creencias de la familia. Esta explicación teórica opera
asumiendo la autonomía de la familia respecto de qué cambio realmente ocurre; esto es, los efectos
específicos de las preguntas son determinados por el paciente o familia, y no por el terapeuta. El cambio
ocurre como resultado de alteraciones en la organización y estructura de los sistemas de significado
preexistentes en la familia; dada esta formulación, el mecanismo básico del cambio no es el insight, sino la
reflexividad entre niveles de significación. Los cambios en la organización jerárquica de significados no son
necesariamente concientes para los miembros de la familia (aún cuando ellos pueden darse cuenta --
seguidamente-- de los efectos o consecuencias de dichos procesos reflexivos).

5.2.1 El Reflecting Team.

En la modalidad de trabajo denominada Reflecting Team (Andersen, 1987), uno o más terapeutas ubicados
tras un vidrio-espejo observan la conversación que el entrevistador directo tiene con la familia.
Habiéndoles informado al inicio, de la presencia de los observadores, en el trancurso y/o al final de la

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sesión, quien habla directamente con la familia pregunta si desean escuchar comentarios, de parte de la
gente que está tras el espejo, acerca de lo que ellos han estado conversando.

En ese momento el audio y la luz de la sala de entrevista y observación se invierten4, permitiendo que los
consultantes y el consultor directo conozcan lo que piensa (n) el/los observadores. La incorporación de esta
nueva instancia de participación en donde un individuo 'piensa en voz alta' frente a los consultantes y al
entrevistador directo acerca de lo que ellos han estado hablando, o en que dos o más observadores
comentan también 'públicamente' sus pareceres respecto de lo que han oído decir a consultor y
consultantes, trae a la conversación terapéutica todo un mundo (inédito hasta entonces) de significaciones
posibles que pueden ampliar notoriamente el camino y las derivaciones posteriores del discurso
compartido en la sala de consulta.

En un sentido literal, el término Reflecting Team debiera ser traducido como 'Equipo Reflectante' con lo cual
se expresaría de manera más precisa su sentido original, el que de hecho quiere expresar la acción de un
grupo de observadores que 'devuelve', y en ese sentido 'refleja', a aquellos mismos que la han generado,
parte de su conversación (en castellano se ha generalizado la traducción 'Equipo Reflexivo'). Al describir
esta modalidad de trabajo, el mismo Andersen (1994) ha establecido: "La parte del equipo que escucha la
conversación del sistema de entrevista y que luego conversa con el mismo escuchándolo, es lo que se llama
el equipo reflexivo “ (pag.75 ). Esta descripción explicita claramente cuál es la parte del equipo terapéutico a
la que el autor quiere denominar de este modo.

Pareciera que restringir la denominación ‘equipo reflexivo’ para quienes están --inicialmente-- tras el espejo
como 'coadyuvantes del proceso terapéutico central' pudiera ser poco apropiado, puesto que con ello se
deja de lado la transitividad, condición medular de los procesos reflexivos. Por otra parte, la expresión
española Equipo Reflexivo, puede tener a lo menos tres connotaciones, las que en conjunto, ofrecen la
posibilidad de un entendimiento y una descripción suficientemente abarcativas de este recurso terapéutico:
a) una de carácter más bien filosófico --a partir de la palabra reflexión-- en que el término alude al acto
mediante el cual el Yo se hace objeto de auto-observación y la mente obtiene conocimiento de sí misma y de
sus propias operaciones, b) otra de carácter cognoscitivo --a partir del término reflexividad-- como un
proceso mediante el cual se activan significaciones diversas acerca de lo que se está tratando u observando
y, c) una de sentido común y uso cotidiano --basada en el pensar reflexivo-- que alude a la consideración
detenida de algún asunto.

Como se podrá apreciar más adelante, al referirse de manera específica a la operatoria del Reflecting Team en
terapia sistémica, en estos tres sentidos posibles del término 'reflexivo' hay más bien complementariedad e
integración que exclusión, dado que, cuando el quehacer terapéutico incluye esta opción técnica a) se
hace observador de sí mismo y de su propio proceso, b) incorpora y activa mayor diversidad de niveles de
significación posibles y, c) como cualquier otra terapia, crea un espacio particular y dedica un tiempo
específico para considerar y hablar de un determinado tópico o problema.

Si bien puede considerarse --en coherencia con la proposición original de Andersen-- a los terapeutas que
observan y comentan como 'el equipo reflexivo', tomando en cuenta lo antes dicho, se propone aquí una
ampliación que incluya dicha instancia más el/los entrevistadores directos y los consultantes como un
sistema terapéutico que opera con reflexividad, en tanto estas tres instancias se permiten cuantas veces
crean conveniente y necesario, la observación recíproca de sus conversaciones, al mismo tiempo que se
condicionan de manera mutua y permanente en todas sus narrativas y significaciones.

4
La modalidad con vidrio-espejo e inversión de audio y luces es la más sofistiscada tecnológicamente y se hace más necesaria según
crece el número de observadores. Sin embargo, cuando se trata de una sola persona (o hasta dos) en ese rol, puede(n) estar dentro de
la misma sala de entrevista. De igual modo, si no existe la posibilidad de invertir el sonido y la iluminación, los observadores
simplemente se hacen presentes en la sala de entrevista, hacen sus comentarios y luego vuelven tras el espejo
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5.2.2 Las Preguntas Reflexivas.

En una conversación terapéutica se utilizan preguntas y afirmaciones, entre otras diversas maneras de
expresión. Estas últimas más bien manifiestan posiciones o puntos de vista, en tanto que las preguntas, los
hacen emerger. Sin embargo, estas distintas expresiones no son excluyentes, sino que muestran claras
superposiciones. En todo caso, se puede suponer que la forma expresiva predominante empleada por el
terapeuta, tendrá importantes (y diferentes) efectos sobre el tipo y dirección de la conversación que se
desarrolle.

Según Tomm (1988), pareciera haber ciertas ventajas para el quehacer psicoterapéutico cuando predominan
las preguntas, especialmente, en la parte inicial y media de la entrevista. Por ejemplo, la realización de
preguntas tiende a asegurar una conversación centrada en quien (es) consulta (n). Al mismo tiempo,
constituyen una invitación más persuasiva que las afirmaciones, para que los consultantes se interesen
activamente en la conversación, ya que la forma gramatical involucrada en una pregunta plantea la
expectativa social de una respuesta; pareciera que las interrogantes inducen, de manera más poderosa, a la
participación en un diálogo activo con el terapeuta.

Probablemente, la ventaja más significativa de un proceder terapéutico sustentado principalmente en


preguntas y la consecuente reducción de las afirmaciones, reside en que de este modo las personas son
estimuladas a pensar sus problemas por ellas mismas. Eso considera (en un sentido ético) y contribuye (en
un sentido psicológico), a la autonomía de los consultantes en tanto otorga mayor sentido de logro personal
respecto de los cambios, en lugar de inducir dependencia del 'conocimiento personal' del terapeuta.

Las preguntas proveen también una condición de mayor seguridad o resguardo para quienes consultan,
puesto que en tanto tales (y si se mantienen condiciones predominantes de neutralidad y no de
confrontación estratégica encubierta), permiten que el terapeuta explore una diversidad de variantes en un
proceso constante de hipotetización que no es amenazante para quienes son objeto de las preguntas. Ellos
podrán participar del juego de responder (públicamente) y responderse (privadamente) desde su particular
perspectiva acerca de la situación que los aqueja, hasta que alguna de las interrogantes gatille, en cada cual,
visiones con significados distintos a los previos y que contribuyen al cambio deseado, sin sentirse
mayormente en riesgo o amenazados.

Sin duda, también hay condiciones limitantes en la predominancia de las preguntas por sobre las
afirmaciones; por ejemplo, el interrogatorio puede hacerse perpetuo e inconducente, bloqueando el
acoplamiento efectivo (real) del terapeuta con quienes lo consultan. Ciertas preguntas pueden ser
intrusivas o angustiantes, al mismo tiempo que una larga serie de ellas puede ser vivenciada como un
proceso inquisitivo e impositivo. En todo caso, los efectos del balance entre preguntas y afirmaciones
durante el curso de la entrevista no se han explorado sistemáticamente en el ámbito de la terapia marital y
familiar (Tomm, 1988).

Por otra parte, en la operatoria misma del preguntar, se puede suponer que cada pregunta incluye una
cierta intención; concientemente o no, el terapeuta elige ciertas preguntas dentro de un marco referencial y
un sentido, más allá de la pregunta misma. El propósito más habitual tras las preguntas hechas, es
aumentar el bagaje del terapeuta respecto de sus consultantes y de la situación global en que se encuentran.
Sus preguntas constituyen, de cierta manera, una invitación a que ellos compartan todo lo que les parezca
atingente a su motivo de consulta, esto es, sus deseos, expectativas, historias, experiencias previas, etc.

Las preguntas se plantean como un manera de gatillar respuestas de los miembros de la familia que ayuden
a que el terapeuta se acople lingüísticamente con ellos, de modo tal que pueda hacer emerger distinciones
relevantes acerca de sus propias experiencias y generar explicaciones consensualemnte útiles para la

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consideración de sus problemas. En general, las preguntas son elegidas para mantener la actividad del
terapeuta en la posición conceptual de circularidad e hipotetización antes descritas.

5.3 Los tipos de preguntas del Enfoque Reflexivo.

Hay distintos autores (Hoffman 1987, Keeney 1987, Papp 1988, Boscolo, Cecchin, Hoffman, Penn 1989,
Keeney 1992, ) que han trabajado contribuyendo a la sistematización teórica y práctica respecto del proceso
de inquirir información durante la conversación psicoterapéutica, mediante una forma de preguntar guiada
por consideraciones del tipo antes expuesto, acerca de los procesos humanos de comunicación. Sin
embargo, probablemente es K. Tomm quien lo ha hecho de manera más sistemática y en vinculación más
estrecha con los principales exponentes de la teoría CMM en comunicación (Cronen, Pearce, Lannamann,
Mc Namee) y de la Terapia Familiar Sistémica de Segundo Orden (Boscolo, Cecchin --los Asociados de
Milán-- y el mismo Tomm).

En efecto, en 1982 en la Universidad de Calgary, se dio inicio a lo que se denominó Proyecto CMM-Milán,
el cual trajo consigo un interesante conjunto de trabajos e intercambios, vinculando las nociones circulares
de la Terapia Familiar de Segundo Orden que habían venido desarrollando los Asociados de Milán, con la
reflexividad comunicacional propuesta por la teoría CMM (Cronen, Johnson y Lannamann, 1982, Mc
Namee, Lannamann y Tomm, 1983, Tomm, 1987a, 1987b, 1988, Tomm y Lannamann 1988).

Las Preguntas Reflexivas son interrogantes planteadas con la intención de facilitar la autosolución en
individuos, parejas o familias, mediante la activación de reflexividad entre los niveles de significación
propios de los sistemas de creencias preexistentes en todo individuo y grupo interactuante, lo cual hace
posible que generen y/o generalicen por sí mismos, patrones más favorables --para ellos-- de conocimiento
y conducta.

Es importante notar que la denominación de ciertas preguntas como 'reflexivas', no está hecha sobre la base
de su contenido semántico, ni de su estructura sintáctica, sino con consideración central de la intención del
terapeuta al emplearlas, esto es, la idea de activar (reflexividad mediante) significados que provean
'mejores versiones' para un cierto problema, pero desde el propio sistema de creencias de la familia; ello
implica un uso cuidadosamente considerado y deliberado del lenguaje y supone, a la vez, una actitud
facilitadora más que directiva.

A continuación se revisan ocho tipos de Preguntas Reflexivas propuestos y desarrollados por Tomm (1987a,
1987b, 1988) en base al trabajo conjunto con los teóricos CMM durante la segunda mitad de los años 80.
Cabe señalar previamente, que si bien la variedad de preguntas que podrían usarse 'reflexivamente' y, por
lo tanto, ser consideradas en última instancia como tales es enorme, algunas parecieran agrupables de
manera no forzada, criterio que utiliza el autor para proponerlas clasificadamente del modo en que lo hace.

También es pertinente señalar que, aun cuando las preguntas dentro de estos grupos están ligadas por uno
o dos conceptos básicos, hay una superposición considerable entre ellas. Para que cada pregunta sea
apreciada en su totalidad como reflexiva, debe ser situada en el contexto de un escenario terapéutico (que se
trata de proveer mediante ejemplos) y referida a la noción de reflexividad en términos de la teoría CMM.

5.3.1 Preguntas orientadas al futuro.

Constituyen un grupo extremadamente importante, ya que muchas veces las familias con problemas están
tan preocupadas con las dificultades presentes o con las injusticias del pasado que, de hecho, viven como si
'no tuvieran futuro', esto es, consideran tan poco el tiempo por venir, que se van empobreciendo, pudiendo
llegar a la esterilidad absoluta, en el proceso de visualizar alternativas y elecciones a futuro. Preguntando

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extensa y deliberadamente acerca del futuro, el terapeuta puede generar actividad en cualquiera de los
niveles jerárquicos de significación de los miembros de la familia, para que a partir de esas conversaciones,
ellos mismos vuelvan a vislumbrar (primero) y tomar las riendas (después) acerca del futuro.

Es altamente predecible que en familias que se encuentran en la situación descrita, sus miembros no
contesten estas preguntas durante la sesión misma en que se realizan, o que lo hagan 'teñidos' (como de
hecho están), por el desánimo o la falta de perspectiva respecto del futuro, lo cual no resulta aportativo en
el presente inmediato de la sesión. Sin embargo, como bien se sabe, las eventualidades futuras van
quedando condicionadas por los significados y compromisos de lo actual (que luego será pasado); por lo
tanto, las preguntas y giros conversacionales que el terapeuta puede promover a partir de ellas, es
información que en mayor o menor medida los consultantes incorporan a las ceñidas visiones futuras con
que llegan a consultar y pasan a constituir 'algo de novedad' sobre lo cual trabajar más adelante. En la
práctica, el terapeuta puede volver, cuantas veces estime necesario, sobre este tópico en las sesiones
posteriores, a la espera que lo conversado previamente comience a operar como condicionante real de las
acciones y sentires de los distintos miembros de la familia. De hecho, es a través de estas implicancias que
las preguntas futuras tienen sus efectos reflexivos.

Se pueden delinear varios subtipos de preguntas orientadas al futuro, donde las más directas tienen que ver
con el fomento de 'metas familiares' ya sean colectivas, personales o para otros. Por ejemplo, en el caso de
una adolescente con malas calificaciones, se le puede preguntar ¿ de qué manera has pensado o te gustaría
arreglártelas en la vida cuando tengas que hacerlo por ti misma ? ... ¿ Cuánta educación formal crees tú que
necesitarás ? ... ¿ Qué tipo de experiencia en la vida crees tú que te sería útil para poder conseguir ese tipo
de trabajo ?. A los padres: ¿ Qué logros tienen Uds. en mente respecto de su hija ? ... ¿ Tienen metas
compartidas en tal sentido ? ... ¿ Qué les gustaría hacer para que ella alcanzara esas metas ? ... ¿ Hay alguna
en particular que consideren deseable y razonable para el próximo año ?. Si el terapeuta vislumbra que una
parte del problema puede estar en la ambigüedad o, incluso, contradicción de ciertos propósitos, puede
hacer preguntas de futuro que, a la vez, contribuyan a operacionalizar metas vagas; por ejemplo, puede
preguntar: ¿ De qué manera se podrá saber cuando haya logrado su meta ? ... ¿ Cómo podría ella mostrar
que lo ha logrado ? ... ¿ Qué tipo particular de conducta resultaría más convincente para ustedes ?.

Al hacer este tipo de preguntas, el terapeuta está menos interesado en el contenido específico de las
respuestas a ellas, que en el hecho que los miembros de la familia las consideren y comiencen a
experimentar de allí en adelante, las implicancias que podrían tener las respuestas. En tanto introducen
posibilidades hipotéticas, las preguntas orientadas a futuro permiten al terapeuta compartir sus propias ideas
en el proceso de co-crear un futuro en conjunto con la familia y, de hecho, hace que los miembros de ésta
exploren (en un contexto no amenazante ni angustiante), posibilidades que quizás nunca habrían llegado a
considerar por ellos mismos, aunque fuesen compatibles con sus valores y creencias preexistentes. Por
ejemplo, se puede preguntar a los padres: ¿ Pudiera ser que esta obstinada preocupación y dedicación por
los amigos, le haga desarrollar destrezas sociales que de otro modo jamás lograría ? ... Teniendo ese tipo de
hábitos, ¿ cómo creen Uds. que le iría a ella en la parte 'destrezas inter-personales' de un test de aptitudes ?
... ¿ Nunca le han aplicado uno en el colegio ? ... Con ese talento para conversar, ¿ cómo creen que se
desempeñaría ella en ventas o promociones ?.

Probablemente, lo más atractivo de las preguntas hipotéticas futuras es que ofrecen posibilidades tan
amplias para la imaginación y la creatividad, al punto que pueden ser usadas incluso más allá de preguntas
mayor o menormente conexas o independientes, para introducir historias y plantear dilemas; a la hija se le
puede preguntar: ¿ qué crees tú que pasaría con cada uno de tus padres, si decidieses no intentar seguir una
carrera universitaria cuando termines el colegio ?

5.3.2 Preguntas perspectiva-observador.

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Este grupo de preguntas se basa en el supuesto que el ser observador de un fenómeno o de un patrón, es
un primer paso necesario para ser capaz de actuar en relación a él. Por ejemplo, es imposible empatizar con
otra persona cuando no se es capaz de hacer algunas observaciones respecto de las condiciones
experienciales en que ella se encuentra. Lo mismo ocurre cuando los miembros de la familia no se percatan
que, inadvertidamente, se están hiriendo unos a otros --y también a sí mismos-- mediante la forma de
interacción que sostienen y tampoco pueden aplicar su buena voluntad para corregir el propio
comportamiento.

Las preguntas perspectiva-observador están orientadas a fomentar la capacidad de los miembros de la


familia para distinguir conductas, eventos o patrones que aún no han distinguido, o ver la significación de
ciertas eventos y/o conductas, en tanto vínculos o conexiones con patrones de interacción en curso.

Realizar una serie de preguntas de este tipo, frecuentemente ayuda a los miembros de la familia a mirar la
situación con 'nuevos ojos' y a desarrollar nuevas perspectivas acerca de la situación. Por supuesto, es
posible hacer afirmaciones directas y señalar ciertas circunstancias a los miembros de la familia, en vez de
intentar hacer esto mismo indirectamente, mediante preguntas; ello puede ser mucho más eficiente y
conveniente en algunas ocasiones.

Sin embargo, propiciar un contexto en el cual los consultantes puedan generar por sí mismos las nueva
distinciones tiene sus ventajas: en primer lugar, los miembros de la familia son estimulados a desarrollar
más destreza observacional, cuando se les pide deducir su propia conducta y patrones de interacción. En
segundo término, cuando son los propios consultantes los que hacen las nuevas distinciones, ellos
experimentan por y en sí mismos, la poderosa capacidad heurística que éstas les proporcionan, a partir de
lo cual es mucho más probable que desarrollen una mayor confianza en su propio potencial de solución
para el futuro. Por consiguiente, desarrollan también menor dependencia del terapeuta, atribuyendo
mayor importancia a la terapia, que a la vez es vivenciada como una actividad compartida.

Las preguntas perspectiva-observador pueden categorizarse de acuerdo a la persona a la cual se le pide


comentar y la persona(s) o relación (es) por la cual (es) se pregunta. Por ejemplo, las preguntas dirigidas a
una persona pueden estar orientadas a que ésta se vuelva observador deliberado de sí mismo. Por ejemplo,
¿ cómo reaccionó ante lo ocurrido ? ... ¿ cómo interpretó la situación que gatilló esos sentimientos ? propia
reacción ? ... ¿ Qué más pudo haber hecho en esa situación? ... Si se dieran las cosas, ¿ qué haría diferente ?.

Las preguntas acerca de las experiencias de otro (s) pueden propiciar 'otros entendimientos'; por ejemplo, ¿
qué cree Ud. que experimenta él/ella cuando está en una situación como esa ? ¿ Qué cosas piensa Ud. que
serán las que hacen que él/ella se entristezca de esa manera ?

A veces estas preguntas son formuladas a modo de 'lectoras de mente' y pueden ser planteadas para
explorar la percepción inter-personal: si él tuviera la impresión que tú piensas que él no está realmente
desesperado y que sólo está tratando de llamar la atención, ¿ crees que se sentiría menos suicida, o incluso
más ?.

Otro tipo de preguntas, las que exploran la interacción propiamente tal entre los miembros de una familia,
se focalizan en los patrones de conducta intra-familiar interpersonal y pueden incluir o no, a la persona a la
cual van dirigidas. Son extremadamente útiles cuando hay que prestar atención a la recursividad de los
patrones de conducta de las relaciones diádicas, triádicas o más complejas. Por ejemplo, para ayudar a un
matrimonio a ver la naturaleza circular de su interacción uno podría preguntarle a la esposa: "¿ Qué hace
Ud. cuando él se deprime y se aparta?... Y cuando Ud. se frustra y se enoja, ¿Qué hace él?"; luego al
esposo: " ¿Qué hace Ud. cuando su mujer se frustra y se enoja?... Y, cuando Ud. se deprime y se aparta, ¿

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Qué hace ella?". Es más fácil para una pareja interrumpir este tipo de patrón cuando ambos pueden ver su
circularidad, que cuando se encuentran circunscritos a la propia reactividad lineal de cada cual.

En terapia sistémica, el interrogatorio triádico se refiere al uso de una serie de preguntas dirigidas a una
tercera persona, acerca de interacciones entre otras personas; es decir, las preguntas triádicas exploran
patrones de conducta interpersonal que no incluyen a la persona a la cual se dirigen, permitiendo a esa
persona convertirse en un observador más neutral. Un ejemplo de este tipo de interrogante sería: cuando tu
hermana comienza a discutir con tu padre, ¿ qué hace tu mamá ? ¿ Apreciará que ella interceda para hacerle
ver que ha ido demasiado lejos o sentirá que lo desautoriza ?

Una de las ventajas de ver a los miembros de una familia juntos en terapia familiar, más que solos en
terapia individual, es que el proceso de hacer preguntas a un miembro de la familia en presencia de los
demás, siempre sitúa a esos otros en posición de observadores; desde esa posición, obtienen una gran
cantidad de información, ya que no sólo oyen las respuestas abiertas de la persona a la que se dirigen las
preguntas (y de sus
reacciones no verbales), sino que también elaboran sus propias respuestas a las preguntas realizadas, en
base a la 'diferencia' entre su respuesta privada y la respuesta real del interrogado.
Es interesante notar que los individuos no necesariamente tienen que tener conciencia de su 'posición
activamente observante' para que ésta tenga efecto sobre su conducta. Los fenómenos y las conexiones
implícitas en las preguntas del terapeuta o en las respuestas de la familia, pueden también pasar
inadvertidos a nivel conciente y aún así, gatillar cambios en los patrones de significación/acción de estos
observadores. Por otra parte, es necesaria la conciencia explícita de un objeto o proceso, para que los
miembros de la familia actúen sobre él con intentos concientes. Bajo tal consideración, puede entenderse
que las preguntas perspectiva-observador pueden operar en dos niveles de complejidad respecto del
observador/oyente.

5. 3. 3 Preguntas de cambio inesperado de contexto.

Cada cualidad, significado y contexto pueden ser considerados como una distinción hecha en contraste con
alguna otra distinción, es decir, con una cualidad, significado o contexto opuesto o complementario. No
obstante, el acto de hacer una distinción particular frecuentemente enmascara su complemento u opuesto.
Es fácil olvidar que 'el malo' existe sólo en relación al 'bueno', así como la tristeza y la desesperanza sólo en
contraste con la felicidad y la esperanza. Las preguntas de cambio inesperado de contexto apuntan a
iluminar el aspecto que ha quedado en la parte oscura, al hacer una cierta distinción.

Es frecuente que los miembros de una familia se queden pegados a una sola visión o perspectiva y que sus
opciones conductuales se constriñan en concordancia con esa falta de diversidad. En este sentido, a veces
pueden necesitar ayuda para ver una perspectiva recíproca o complementaria, en orden a abrirse nuevas
posibilidades para sí mismos. A veces, unas pocas preguntas certeras de este tipo, pueden liberar a un
grupo familiar de una postura cognitiva limitante, poniéndolos en posición de empezar a manejarse con
otros entendimientos.

Una o dos preguntas intermitentes que introduzcan el lado opuesto o complementario de un tema, pueden
incrementar el interés de los miembros de la familia en sus propios procederes y, al mismo tiempo,
ayudarlos a desprenderse de patrones fijos de percepción y significación. Por ejemplo, en el contexto de las
quejas acerca de las incesantes discusiones y peleas ( las cuales se da por supuesto que son indeseadas), se
puede explorar un contexto opuesto preguntando: ¿ en esta familia quién se siente más cómodo cuando
hay peleas ? ... ¿ quién podría experimentar la mayor sensación de vacío si de pronto ya no hubiera nada
por qué discutir o pelearse ?; o se puede explorar un significado opuesto preguntando: ¿ quién podría ser el
primero en reconocer que papá se enoja porque cada uno de ustedes le importa mucho ?.

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5.3.4 Preguntas con sugerencia incorporada.

Estas preguntas son útiles para acercar a los miembros de la familia a mirar ciertos aspectos, con un poco
mayor de especificidad que otros. En cada pregunta, el terapeuta incluye cierto contenido específico que
apunta a una dirección que él estima potencialmente fructífera para el cambio que la familia desea.

En una pregunta puede estar incorporada una amplia variedad del sugerencias; puede incluir re-encuadres
o re-definiciones, como por ejemplo: si en vez de pensar que él está siendo premeditadamente terco,
pensara que sólo está confundido, tan confundido que ni siquiera supiera que está confundido, y que
simplemente no entendiera lo que Ud. quiere de él la mayor parte del tiempo, ¿ cómo cree que lo trataría ?;
también puede incluir una acción alternativa del tipo: si, en vez de aislarse o irse cuando está deprimido,
usted simplemente se sentara con ella, o quizás pusiera su brazo alrededor de su hombro, ¿ qué haría ella ?
... Y si Ud. persistiera durante unos minutos de manera suave a pesar de un rechazo ¿ quizás ella estaría
más dispuesta a aceptar su iniciativa como genuina ?.

Cualquier pregunta puede ser analizada --con posterioridad-- como conteniendo una o más sugerencias
incorporadas. De igual modo, cuando el terapeuta comienza a 'empujar' más ostensiblemente para que las
soluciones a los problemas sean vistas del mismo modo en que él las ve, estas preguntas pasan a ser más
bien estratégicas.

De allí que una condición básica para que las preguntas que incluyen sugerencias sean consideradas
reflexivas, es que lo incorporado no debe haber ocurrido inadvertidamente, sino de un modo más bien
deliberado por parte del terapeuta.

5.3.5 Preguntas de comparación normativa.

Los individuos y las familias con problemas tienden a percibirse a sí mismos como desviados o anormales,
e inevitablemente desarrollan el deseo de hacerse más normales. Un terapeuta puede sumarse a este deseo
y ayudar a los miembros de la familia a orientarse hacia patrones más deseables, instándolos a hacer
comparaciones relevantes. Por ejemplo, si el conflicto está típicamente reprimido en una familia, se les
puede hacer preguntas para contrastarlos con una norma social: ¿ ustedes creen que son más o menos
abiertos acerca de sus desacuerdos que la mayoría de las familias ? ... ¿ conocen otras familias que Uds.
consideren más sanas y que sean capaces de expresar su frustración o rabia abiertamente ? ... ¿ Imagina que
ellos consideran útil expresar sus desacuerdos o sus frustraciones para clarificar aspectos más de fondo ?

Las preguntas también pueden ser usadas para hacer emerger un contraste con una norma de desarrollo: en la
mayoría de las familias, en esta etapa de la vida, los hijos hombres son más cercanos a sus padres, ¿ Qué
hace que Juan se mantenga tan cercano a su madre ?; o bien, se pueden emplear para contrastar con una
norma cultural; si vuestros abuelos no hubiesen emigrado a este país y esta familia, con los mismos
miembros actuales, se hubiera desarrollado en Italia ¿ Ud. cree que su hijo estaría menos apegado a su
madre ?.

Prestando atención a las formas específicas en que la familia se desvía de la norma, el terapeuta puede
ayudar a conectar significados relevantes de niveles inferiores (episodios, guiones de vida) con el nivel
superior de los patrones culturales, gatillando así, cambios en la organización reflexiva de los sistemas de
creencias de la propia familia.

Las implicancias de la normalidad también pueden ser usadas de otra manera; más que poner el foco
sobre las diferencias, el terapeuta puede resaltar las similitudes, especialmente si percibe que la sensación
de 'distanciamiento' de lo normal, está aislando más a la familia. Enfatizar las diferencias en tal situación
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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
Universidad de Valparaíso-Editorial. 1995.

puede, de hecho, interferir con la capacidad de la familia para producir soluciones sociales normales. Por lo
tanto, en vez de hacer contrastes con la normalidad, las preguntas pueden orientarse a la normalización
social, para ayudar a los miembros de la familia a redefinirse ellos como normales. Por ejemplo: en casi
todas las familias hay problemas relacionados con la rabia. ¿ Cuándo se dieron cuenta, por primera vez, que
ustedes tenían la misma dificultad ?; también podrían orientarse a la normalización del desarrollo: dado que la
mayoría de las familias eventualmente tienen que enfrentar el problema que los hijos dejen la casa, ¿
quién crees tú que estará mejor dispuesto para manejarse en esta situación cuando ocurra, considerando lo
que ha pasado ahora ? ; también pueden orientarse hacia la normalización cultural: si tu madre descubriera
que para la mayoría de las familias en este país es terrible cuando el último de los hijos parte de la casa, ¿ se
sorprendería ?.

Es importante e útil para el terapeuta pensar en términos que generen un proceso de normalización
incluyente cuando hace preguntas para fomentar el sentido de pertenencia en una persona aproblemada.
Por ejemplo, cuando alguien es potencialmente suicida, uno puede preguntarle a otro miembro de la
familia: ¿ tú crees que él se siente aislado y desconectado de todos cuando piensa en suicidarse? ...¿ crees
que se sorprendería si descubriera que la mayoría de las personas tienen pensamientos suicidas alguna vez
en su vida ? ... Si alguno de sus amigos le confidenciara que también ha tenido ideas de ese tipo ¿ le creería
? ... ¿ estaría más dispuesto a hablar al respecto ?. Al dirigir estas preguntas a otra persona en presencia del
potencial suicida, en éste se abren nuevos espacios para considerar las preguntas y sus implicancias. Esto
último es deseable cuando las expectativas sociales de una repuesta explícita del individuo aislado, pueden
generar inadvertidamente mayor alienación o aislamiento.

5.3.6 Preguntas que clarifican distinciones.

El introducir o aclarar una distinción clave, puede tener implicancias mayores dentro de cualquier sistema
de creencias. Estas implicancias pueden ser bastante terapéuticas, sobre todo si hay mucha confusión
alrededor de los temas relacionados con el problema. Por ejemplo, si las atribuciones causales de los
miembros de la familia no son claras, las posibilidades que haya esfuerzos consistentes o coordinados de
solución de los problemas son menores. Un terapeuta puede hacer una serie de preguntas con la intención
de ayudar a clarificar atribuciones causales que los miembros de la familia ya sostienen, pero que son poco
claras o inconsistentes.

Por ejemplo, en el caso de un adolescente que ha sido apresado, después de robos menores reiterados, una
pregunta del siguiente tipo puede ser dirigida a cada miembro de la familia acerca de la perspectiva de
cada uno de los demás miembros y finalmente de la propia: ¿ Usted cree que X (cualquiera de los demás
integrantes de la familia) piensa que el robo es principalmente algo 'socialmente malo' (peligroso, ilegal,
etc.), una 'enfermedad psicológica' o un 'pecado' ? ... Y usted ¿ cómo lo considera ?

Preguntas de este orden pueden ayudar a aclarar supuestos fundamentales que los familiares tienen acerca
de la naturaleza del problema y posibles inconsistencias en los esfuerzos correctivos. Pueden activar desde
recursos religiosos, hasta temores acerca de las implicancias legales que pueden ayudar a inhibir la
conducta. Preguntas similares se pueden usar para aclarar las suposiciones de los miembros de la familia
acerca del grado en que están operando los diferentes factores (biológicos, psicológicos, o sociales) en la
mantención de diversas conductas problemáticas. Los diferentes supuestos tienen, obviamente, diferentes
implicancias en la solución de los problemas.

Se puede usar también una variedad de preguntas para aclarar categorías: cuando ella llora, ¿ será porqué
quiere salirse con la suya o será que está expresando un verdadero dolor emocional ? lloriqueo caprichoso
de un llanto verdadero ?, o bien para aclarar secuencias: ¿ te tomaste esas pastillas (hablando de una

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sobredosis) antes o después de la discusión acerca de dejar la casa?; y para aclarar dilemas: ¿ qué es más
importante para ti, ser realmente comprendido o que no se metan en tu vida ?

Las preguntas aclaradoras pueden operar ya sea separando componentes de un patrón y, por lo tanto,
descomponiendo vaguedades, o conectando elementos dentro de un patrón y creando, en consecuencia,
nuevas unidades de distinción.

La atención dada por el terapeuta a las distinciones hechas por los miembros de la familia pueden ser útiles
también en otro sentido: cuando las familias se han quedado pegadas en patrones problemáticos por mucho
tiempo, es razonable suponer que algunos miembros de la familia probablemente están haciendo ciertas
distinciones cruciales con demasiada claridad/certeza, lo cual sin duda restringe su capacidad de
considerar distinciones alternativas.

El terapeuta puede ayudar a la familia a abrir nuevos dominios, identificando las presuposiciones
subyacentes cruciales y hacer preguntas que inviten a la incerteza: ¿ Hace cuánto que comenzaste a pensar así
? ... Si estuvieras equivocado, ¿ cómo lo podrías saber ? ... ¿ Hay alguien que se tomaría la molestia de
intentar mostrarte las cosas de otro modo ? ... ¿ Quién de los que está aquí, podría ser el primero en querer
mostrarte que las cosas pueden ser distintas de lo que tú crees ?

Para ser reflexivas, este tipo de preguntas requieren ir acompañadas de una cuidada comunicación no
verbal que trasmita una actitud predominantemente neutral y aceptadora de parte del terapeuta; de lo
contrario, pasan a convertirse más bien en una confrontación estratégica.

5.3.7 Preguntas que introducen hipótesis.

Las hipótesis clínicas son explicaciones tentativas que sirven para orientar y organizar la conversación
terapéutica El terapeuta pueden contribuir al desarrollo de la capacidad de la familia para encontrar
nuevas soluciones, introduciendo hipótesis heurísticas en forma de preguntas. El formato de la pregunta
tiende a transmitir esta tentativa, comparando con afirmaciones o explicaciones directas que implican
mayor certeza. Si la hipótesis es coherente y calza con las experiencias de los miembros de la familia,
pueden tener lugar cambios inmediatos y significativos. En caso contrario, con frecuencia la misma familia
provee información relevante para que el terapeuta corrija o re-elabore su hipótesis. Para que tenga
impacto, la hipótesis no necesita ser comprensible ni completa. De hecho, terapeuta y familia constituyen -
-desde el momento que cierran la puerta tras de sí-- un sistema terapéutico que empieza a funcionar, con
vistas a co-crear un entendimiento compartido de la situación.

Los subtipos de este grupo parecen ser muy variados y se incluyen aquí solamente aquellos más vinculados
a la introducción de hipótesis clínicas.

Las preguntas pueden ser hechas para revelar recursividad: cuando usted se enoja y ella se aparta y cuando
ella se aparta y usted se enoja, ¿ qué hacen los niños ? ; para revelar mecanismos de defensa: cuando a él se le
hace difícil manejar su propia culpa y reacciona enojándose con usted, ¿ qué podría servir para que le fuese
más fácil aceptar ese sentimiento ingrato ?: también para revelar respuestas problemáticas: si él se enoja para
encubrir su vulnerabilidad y usted simplemente no alcanza a captar ese sentimiento de fondo, ¿ usted cree
que él la ve hostil, temerosa, o sólo tratando de protegerse a sí misma frente a algo que no acierta a
comprender del todo ?.

Este tipo de preguntas también pueden ser formuladas para revelar necesidades básicas: ahora que se
encuentran en una etapa de estabilidad económica que no amenaza el futuro, ¿ qué tipo de cosas les parece
(a cada uno de los miembros de una pareja) que son las que más valen la pena de aquí en adelante ?, y para

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revelar motivos alternativos: al buscar pareja, ¿ qué cree Ud. que era lo que su mujer más buscaba ? ... ¿ una
compañía para ella, un padre para sus hijos, alguien que la mantuviera económicamente, una pareja sexual,
o qué otra cosa ?

5.3.8 Preguntas de interrupción de procesos.

Hay un grupo de preguntas que pueden ser usadas para remarcar el proceso inmediato que a veces ocurre
en el transcurso mismo de la entrevista. Por ejemplo, si las personas comienzan a discutir de manera
infructuosa y destructiva durante el curso de la sesión, el terapeuta puede preguntar dirigiéndose a otros
miembros de la familia: y en casa, ¿ discuten como aquí o más intensamente ? ... ¿ alguno de ustedes se ve
tentado de intervenir o lo hace realmente ?. A medida que los beligerantes comienzan a seguir la
conversación que el terapeuta ha iniciado acerca de ellos, se van involucrando en una perspectiva de
observador que ayuda a interrumpir el proceso. Ciertamente, esta es una manera más delicada de manejar
este tipo de situación --común en terapia-- que pedir u ordenar directamente que se termine con la
discusión.
Estas preguntas también pueden ser usadas para calibrar el sistema terapéutico mismo en cuanto a sus
relaciones; por ejemplo, el terapeuta puede plantear (se) la siguiente interrogante dirigiéndose a uno de los
hijos: ¿ no estaré siendo ofensivo con tu padre con mi modo de hacer las preguntas ? ... ¿ no será que estoy
viendo las cosas principalmente del lado que las ve tu madre?.

En otros casos, el terapeuta puede usar estas preguntas para hacer un comentario indirecto de la interacción
familiar en la terapia misma; por ejemplo, si los padres están dando a los hijos señales (inconcientemente)
de evitar la revelación de información sensible, un terapeuta pudiera decir: yo sé que jamás harías esto,
pero supongamos que un día tú contaras a los vecinos lo que está ocurriendo en casa, ¿ quién sería el más
molesto ?. Una pregunta de este tipo, ayuda a evidenciar la fuente de restricción y puede empujar al padre
a dar permiso explícito al hijo para que hable, puesto que la terapia es un contexto diferente del cotidiano.

Al mismo tiempo, las revelaciones inesperadas durante una entrevista pueden colocar a algún miembro de
la familia en riesgo de represalias después de la sesión. En dicho caso el terapeuta puede hacer preguntas
para minimizar las reacciones posteriores: ¿ cree que él está pensando que usted se ha enojado mucho por
lo que ha dicho ? ... ¿ puede que esté asustado por su reacción después que se vayan de aquí ? ... o ¿ piensa
que él cree que Ud. reconoce su necesidad de expresar sus quejas, para que puedan ser habladas aunque
sea molesto ?.

5.4 Sistemas terapéuticos operando con reflexividad.

En esta modalidad de trabajo, el entrevistador y la familia son considerados como sistemas autónomos, es
decir, ellos hablan acerca de lo que desean y del modo en que lo prefieran. El equipo observador no da
instrucciones a los entrevistadores respecto a qué decir o cómo hacerlo, e idealmente éstos no son
interrumpidos por sugerencias de temas o preguntas por parte de quienes observan. Cada uno de ellos
mira y escucha en silencio la conversación, elaborando sus propias ideas en el ambiente tranquilo y
silencioso que proporciona la penumbra tras el espejo de visión unilateral. No se hablan entre sí , sino que
cada uno se hace preguntas a sí mismo, principalmente respecto de los modos alternativos en que podría
ser descrito, presentado o explicado el mismo problema.

Transcurrido un tiempo que puede variar entre 15 y 45 minutos, el entrevistador (o algún miembro del
equipo de observación), puede sugerir la posibilidad de escuchar los comentarios de parte de quienes han
permanecido tras el espejo, acerca de lo que se ha conversado en la sesión, lo cual toma usualmente entre 5
y 15 minutos. Entonces, los observadores comentan entre sí sus propias ideas y las interrogantes que les han
surgido durante la conversación del sistema en consulta. Si las versiones de cada uno de ellos no son

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demasiado diferentes, serán un aporte recíproco a la perspectiva de cada cual; al mismo tiempo, quienes
consultan pueden encontrar en los comentarios escuchados, una posibilidad más de hacerse nuevas
preguntas y establecer así otras distinciones. Esta instancia abre la posibilidad para que el/los
entrevistadores y el sistema consultante, tengan un diálogo interno según van escuchando las reflexiones de
quienes estuvieron mirando su conversación. De este modo, una vez que el equipo observador hizo sus
comentarios, el terapeuta directo y los consultantes hablan acerca de las ideas que fueron surgiendo en ellos
según oían a los terapeutas tras el espejo. A partir de ese momento, ellos pueden volver a solicitar la
participación de los miembros fuera de la sala, cuando lo estimen conveniente ... y así sucesivamente.
Andersen (1994), señala que lo habitual es que haya uno o dos cambios o participaciones del equipo
reflectante en cada sesión (habiendo llegado a un máximo de cuatro), pero que no hay ninguna regla fija al
respecto. Los terapeutas observadores también puede ofrecer sus ideas o comentarios al equipo de
entrevista, pero siempre es éste el que decide sobre tal participación.

Andersen (1987) plantea que las 'devoluciones' o 'reflejos' del equipo externo han de comunicar claramente
a la familia que no son interpretaciones ni pronunciamientos, sino ofrecimientos tentativos de carácter
especulativo ("oyéndolos he sentido que ...", " no estoy seguro, pero se me ocurre que ...", etc.), sin perjuicio
de otras consideraciones generales que remarcan la necesidad de tener un especial cuidado respecto de la
identidad y la autonomía familiar, en cada uno de los intercambios con los consultantes.

El reporte de Andersen (1987) señala que un equipo observador de tres personas resulta útil, pues mientras
dos comparten sus ideas conversando con el sistema entrevistador-familia, en la tercera pueden emerger
nuevas ideas que aportar a esa conversación. Más aún, sugiere el mismo autor, si se cuenta con más de 4
personas, éstas se podrían agregar a la estructura anterior, colocándolas en una posición 'meta' respecto de
aquella; esto es, los terapeutas adicionales pueden ubicarse tras el primer grupo de observación asumiendo
un rol silente, pero disponible para los otros dos sistemas (entrevistador-familia, trío de observadores) si
cualquiera de ellos, o el conjunto de ambos, lo requiere.

Esta forma de trabajo también asume que un sistema 'aproblemado' presenta demasiada reiteración y poca
novedad, por lo que, respetando su identidad básica, han de proveérsele instancias para que las cosas
puedan ser vistas de una manera distinta, pero al mismo tiempo, no demasiado inusual. Prestar atención a
la circularidad del proceso en la perspectiva del Grupo de Milán (retroalimentación conversacional), es la
principal guía para percatarse con cuanta apertura o cierre van respondiendo los consultantes a las
preguntas del entrevistador.

Las primeras interrogantes que éste plantea se orientan a obtener la descripción que la propia familia hace
de la situación general en que se encuentra, lo cual deviene a la vez en que el terapeuta vaya configurando
su propio cuadro descriptivo respecto de lo que la familia relata. El terapeuta ha de cuidar que la
conversación se encauce dentro de latitudes aceptables y al mismo tiempo novedosas para la familia; así, la
narrativa emergente tendrá mayores posibilidades de evocar significaciones más amplias y alentadoras que
las inicialmente traídas por el grupo familiar en consulta. Por su lado, el equipo observador establece dos
descripciones: una a partir de la descripción de los propios consultantes y otra, a partir de cómo el
entrevistador directo va trazando su propia descripción del cuadro (C) en el diálogo con aquellos.

En segunda instancia, el entrevistador indaga acerca de las explicaciones (E) que los familiares tienen, o se
han dado, respecto del problema que los ha hecho consultar. Algunos de los tipos de preguntas propuestas
por Tomm (1987b) tales como las de perspectiva-observador, comparación normativa, o clarificadoras de
distinciones pueden ser particularmente útiles en esta fase de la entrevista. Al hablar acerca de la evolución
temporal de la situación, no es poco común percatarse que lo problemático ha variado en el tiempo, lo que a
su vez sugiere que también podría variar posteriormente. Entonces las preguntas orientadas a futuro, las que
incorporan sugerencias, o las que introducen hipótesis (Tomm, 1987b), permiten ampliar el rango de la
conversación terapéutica al ámbito de las alternativas (A) actuales y futuras.

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Simultáneamente, el equipo observador se va haciendo sus propias preguntas, escucha las explicaciones de
la familia y se da sus propias explicaciones acerca de éstas; al mismo tiempo, también establece de manera
contínua, diferencias y similitudes con el curso explicativo que sigue el diálogo entre el entrevistador y los
consultantes.

Las preguntas de cambio inesperado de contexto (Tomm,1987b), sin perjuicio del potencial que en este mismo
sentido puedan tener, y de hecho tienen, los otros tipos de interrogantes planteadas por este autor (por
ejemplo, las que introducen hipótesis), parecieran ser la opción técnica más directamente ligada a los
momentos en que el terapeuta explora descripciones alternativas posibles para el cuadro general y las
situaciones más específicas que la familia plantea como problemáticas. Como ya se ha dicho anteriormente,
la entrevista llevada a cabo en un sistema terapéutico operando con reflexividad oscila entre el cuadro (C),
la explicación (E) y las alternativas (A); al mismo tiempo, tanto el equipo observador como el sistema de
entrevista directo, pueden saltar al nivel de la epistemología (EP), reflejando el modo en que los miembros
de la familia han trazado las distinciones al describir la situación problemática.

Este movimiento hace posible que la familia establezca vínculos entre lo comprendido (qué) y el comprender
(cómo), con lo cual se ingresa a las razones epistemológicas fundamentales de los interactuantes y del
sistema en consulta. Un último nivel señala la posibilidad que una nueva epistemología emerja en la
familia (NEP), a partir de sucesivas expansiones antecedentes; cada una de ellas --tal como propone el
esquema propuesto por Andersen-- (fig. A) funciona en base a retroalimentación y opera como un circuito
recursivo dentro de la totalidad lingüística (y no verbal) que co-crean los consultantes, el equipo de
entrevista y el equipo observador.

Dicho proceso de búsqueda conjunta entre entrevistador y familia, puede representar una instancia
modeladora potente para el desarrollo de flexibilidad en los procesos y estilos de razonamiento familiares.
Por supuesto el/los que observan piensan en 'otras' posibles alternativas, complementarias, similares o
discrepantes con las elicitadas por la familia y con los comentarios relativos a éstas que puede hacer el
entrevistador directo.

Recapitulando, puede decirse que además de trazar sus propias descripciones, explicaciones y alternativas,
el equipo observador tiene la posibilidad de pensar acerca del modo en que los miembros de la familia y
el/los terapeuta (s) en contacto directo con ellos, hacen sus respectivas descripciones, generan sus
explicaciones y crean/plantean versiones alternativas.

Las preguntas propuestas por Tomm (1987b) y el equipo de terapeutas que cavila o conversa acerca de la
conversación que ha observado entre entrevistador y consultantes (Andersen, 1987), constituyen opciones
centrales en la operatoria técnica del aquí llamado Enfoque Reflexivo; al mismo tiempo, evidencian la
consideración de los fundamentos teórico-epistemológicos de segundo orden descritos en el primer capítulo
y al inicio del presente, principalmente, el supuesto de no-objetividad y la noción de autonomía de la
familia en todas sus dimensiones e implicancias, las que resultan ser no sólo técnicas, sino también éticas.

Aunque el proceso ha sido largo, dificultoso y, probablemente, muchas veces errático, parece ser que el
llamado hecho por Bateson al presentar los planteamientos iniciales de su célebre teoría acerca de la
esquizofrenia hace ya más de 30 años, ha comenzado a escucharse. Pudiera considerarse indicativo de ello,
el desarrollo de una teoría de la comunicación que abarca la complejidad que él siempre señaló en ese
proceso básico del convivir humano, y la conformación paulatina y creciente de una concepción de la
Terapia Familiar Sistémica, que considera medular la pauta configurativa de cada familia como entidad
particular y el respeto por dicha identidad:

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Comunicación en Terapia Familiar Sistémica. Bosquejo de una epistemología cibernética.
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" ... nosotros los especialistas en ciencias sociales, haríamos bien en reprimir nuestra avidez
por controlar ese mundo que comprendemos de una manera tan imperfecta. No debemos
permitir que el hecho de nuestra comprensión imperfecta alimente nuestra angustia y de esa
manera, incremente la necesidad de controlar. Más bien, nuestros estudios podrían
inspirarse en un motivo antiguo, pero que hoy goza de menos honor: la curiosidad respecto
del mundo del que formamos parte. La recompensa de tal tarea no es el poder, sino la
belleza.

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