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Sabemos que la mujer, en tanto que es semejante al varón, debe participar

necesariamente del fin último del hombre, aunque existan diferencias en más o en
menos; esto es: el varón es más eficaz que la mujer en ciertas actividades humanas, pero
no es imposible que una mujer llegue a ser más adecuada en algunas ocupaciones, sobre
todo en las referentes a la práctica del arte musical. Por esto se dice que resulta mejor
cuando el hombre compone las melodías y las mujeres las interpretan.

Si la naturaleza del varón y de la mujer es la misma y toda constitución que es de


un mismo tipo debe dirigirse a una concreta actividad social, resulta evidente que en
dicha sociedad la mujer debe realizar las mismas labores que el varón, salvedad hecha
de que son en general más débiles que él. Sin embargo, la mayor parte de las mujeres
son más hábiles que los varones en actividades como el tejer, coser y otras artes, así
como por su forma de organizar, tanto en el arte de la guerra como en el resto, y así se
ha comprobado entre los habitantes del desierto y en la ciudad de las mujeres. Del
mismo modo, cuando algunas mujeres han sido muy bien educadas y poseían
disposiciones sobresalientes, no ha resultado imposible que lleguen a ser filósofos y
gobernantes. Pero se cree que pocas veces se da este tipo en ellas, y algunas leyes
religiosas impiden que las mujeres puedan acceder al sacerdocio; otras, por el contrario,
sí reconocen que pueda existir, pero lo prohíben.

Puede aclararse todo esto comparándolo con lo que conocemos de los animales,
a saber: que existen hembras guerreras, nos referimos a los animales que antes hemos
comparado con los guardianes. Así vemos que las hembras del perro cuidan lo mismo
que guardan los machos, y espantan a las hienas al igual que éstos. A veces, en algunos
casos, bien que raros, la naturaleza ha proporcionado a los machos instrumentos que no
poseen las hembras, como en el caso del verraco. Pero, por lo común, en la mayor parte
los instrumentos de lucha son comunes a los machos y a las hembras, lo que quiere
decir que la hembra también realiza esta actividad combativa.

Sin embargo en estas sociedades nuestras se desconocen las habilidades de las


mujeres, porque en ellas sólo se utilizan para la procreación, estando por tanto
destinadas al servicio de sus maridos y relegadas al cuidado de la procreación,
educación y crianza. Pero esto inutiliza sus otras posibles actividades. Como en dichas
comunidades las mujeres no se preparan para ninguna de las virtudes humanas, sucede
que muchas veces se asemejan a las plantas en estas sociedades, representando una
carga para los hombres, lo cual es una de las razones de la pobreza de dichas
comunidades, en la que llegan a duplicar en número a los varones, mientras que al
mismo tiempo y en tanto carecen de formación no contribuyen a ninguna otra de las
actividades necesarias, excepto en muy pocas, como son el hilar y el tejer, las cuales
realizan la mayoría de las veces cuando necesitan fondos para subsistir. Todo esto es
evidente per se. Así las cosas, y en tanto que es evidente en el caso de las hembras que
comparten con los machos la lucha y lo demás, conviene que a la hora de elegidas
busquemos las mismas condiciones naturales que consideramos en los varones, por lo
que deben ser educadas del mismo modo por medio de la música y la gimnasia.

(Averroes Exposición de la República de Platón. Tratado I, capítulo 34 “De la


condición de la mujer” Traducción de Miguel Cruz Hernández)