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Sócrates: una ética y un método 1

David Emilio Morales Troncoso Universidad Diego Portales

Resumen El presente artículo considera ponderar a la figura de Sócrates, tal como surge en el diálogo Critón de Platón, como un paradigma histórico- filosófico que es adecuado para la comprensión de los conceptos básicos de la disciplina discursiva de la ética. Para tal efecto propongo una formalización de sus máximas de orientación de la conducta que presuponen un método racional para la toma de decisiones Palabras clave: Ética, Sócrates, heroísmo, método.

Abstract The present article proposes the historical and philosophical figure of Socrates, as a model for the comprehension of the basic concepts of ethics. To do so, I propose a formalization of the maxims that appears in the platonic dialogue Crito, where the philosopher drives his conduct by the application of a rational method to take decisions Key words: Ethics, Socrates, heroism, method.

Preliminares

El método natural para la enseñanza y la transmisión de valores y virtudes, en toda institución que tenga a la educación como un motor generador de actividades es el de ilustrar, con ejemplos históricos y marcos conceptuales, las ideas fuerza que sustentan la vertebración moral de la misma.

En el caso del Ejército de Chile la enseñanza de la disciplina discursiva de la ética, que busca orientar futuro profesional de las armas, es un desafío permanente para todo profesor. Este imperativo no sólo es válido para los profesores del área de liderazgo, que agrupa a las asignaturas temáticamente afines a la educación para el mando, sino que también vale para todos los académicos e instructores, de todas las áreas de la formación curricular militar, pues es una idea que involucra transversalmente la educación del futuro oficial de Ejército.

La búsqueda de estos paradigmas conceptuales, que son los vehículos necesarios para la representación de ideas y valores, es muchas veces una fuente inagotable de interpretaciones y de discusión en vista a la defensa o el rechazo de aspectos controversiales, propios del ejercicio de la hermenéutica filosófica e histórica, de toda figura que tenga calidad humana.

1 David E. Morales Troncoso. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile (2000). Cerca de 20 Publicaciones a la fecha. Actualmente es Investigador Fondecyt y profesor de la asignatura de Filosofía y Ética en el Programa Académico de la Escuela Militar (PAEM). Este trabajo fue presentado al 2º Congreso de la Sociedad Colombiana de Filosofía, (26/9/2008) y es parte del proyecto Fondecyt Nº 1070618, Eros y Sofía en la Filosofía de Sócrates (2007-2010).

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No obstante, hay figuras que se prestan mejor que otras para concentrar con una particular densidad, algunos elementos que pueden servir como polo permanente de referencias paradigmáticas. Los héroes, los sabios, los genios, los grandes estadistas y los líderes en general son parte del amplio catálogo de estas formas idealizadas para la expresión de la excelencia, la sabiduría y los axiomas de moralidad, que orientan y fecundan tanto a las personas particulares como a las instituciones que las reúnen.

El perfil de Sócrates: heroísmo e ironía

Una de estas figuras históricas cruciales que, como todo símbolo de una humanidad superior es el resultado de un largo proceso de idealización, por parte de la tradición de Occidente, es la del filósofo Sócrates considerado como fundador la ética filosófica.

Biografía. Nació en la polis de Atenas en el demo de Alopece en el 469 a. C. Su padre Sofronisco era escultor y su madre Fenareta, fue partera de profesión. Fue casado en segundas nupcias con Jantipa, famosa por su mal carácter, y tuvo tres hijos con ella:

Lamprocles, Sofronisco y Menexeno.

Por su extracción social sabemos que perteneció a la clase media de su época y que, como todo ciudadano, con plenos derechos y deberes - en una ciudad que no tenía ejército profesional -, sirvió en la infantería como un hoplita de armas pesadas. En la época de su mediana edad le tocó participar activamente en la larga guerra contra Esparta, conocida como la Guerra del Peloponeso (429-404 a. C.), además existen testimonios fidedignos sobre su notable participación en tres largas campañas: Delium, Amfípolis y Potidea. En estas instancias se hizo conocido por sus cualidades de fortaleza y valentía, y como soldado ejemplar en las situaciones de alto riesgo. Se escribió que era un gran ejemplo dentro del campo de batalla y que, incluso arriesgando su vida, salvó la vida de varios de sus amigos compañeros, tales como Alcibíades y Jenofonte - dos reconocidos socráticos - en acciones de notable valor que le ganaron fama de comportarse como un verdadero héroe en el campo de batalla.

Estas hazañas militares de su mediana edad lo hicieron muy popular entre sus conciudadanos, y probablemente fue un aspecto principal de su primera notoriedad pública, mucho antes de hacerse conocido como maestro de filosofía de jóvenes aristócratas, ya que en principio se confundió, para el ciudadano común, con el

destacado grupo de sofistas extranjeros que vivieron en la Atenas del s. V

últimos fueron los primeros profesores de estudios superiores de la Atenas clásica, ya que fueron pioneros en trabajar como maestros profesionales (didaskalós) y a vivir en buena situación a expensas de transmitir destrezas superiores del espíritu y del intelecto.

Según la tradición el famoso Protágoras fue el primero en cobrar honorarios por sus lecciones y luego lo hicieron todos los demás, tales como Gorgias, Pródico, Eveno o Hipias, por decir sólo los mas renombrados. Sócrates en cambio confesaba que no cobraba por su discipulado, cuestión que lo tenía casi siempre al borde de la indigencia, (según señala en su Apología, 24c).

Estos

En efecto, Sócrates es incomprensible sin el marco histórico del movimiento de la Ilustración ateniense, que se debió en gran parte a la presencia de este grupo de sabios extranjeros (metecos) que llegaron a la ciudad, la mas rica de la época, para ganarse la vida como oradores y profesores de cultura superior, cuyo arte de hablar con persuasión, la retórica, era un don apreciable y necesario para actuar en política y protegerse en el

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ambiente de los tribunales; aunque la gran función del oficio de la palabra pública estaba en la política, el arte regio por excelencia. Por tal motivo era una destreza fundamental para todo aspirante a ejercer el arte del mando en la Polis.

En tanto, sabemos que Sócrates era imbatible en el diálogo cruzado de las ideas, lo que lo convirtió también en un ser antipático para muchos; su método dialógico se desplegaba como una forma especial de ironía compleja, y sus diversas modalidades de refutación provocaron gran desconcierto en quienes lo enfrentaban en debates públicos

o en quienes simplemente lo seguían como un maestro de vida. En su método, por

medio de una actitud intelectual de disimulo (eironeia), lograba siempre la refutación de las opiniones poco esclarecidas de sus interlocutores, muchos de ellos jóvenes aristócratas, que no siempre estaban en condiciones de justificar sus actos racionalmente. Así es como la actividad de Sócrates era de interpelación constante en

torno a temas de moralidad; quizás por eso Nietzsche lo compara con un maestro de esgrima retórico que enseñó su arte a los jóvenes que eran los más promisorios de la sociedad de su época 2 .

La moral en crisis

Todo lo que un ciudadano común realiza de un modo voluntario, debiera ser posible de justificarse racionalmente: esto es lo exigido por Sócrates, y es lo sostenido en su axioma de que “una vida sin examen, no es una vida digna de ser vivida” (cf. Ap. 28e); esto implica para Sócrates el poder dar cuenta o responder articuladamente por la justificación de las acciones, tales como los actos de habla, las opiniones de valor, y las acciones mismas, Estas son examinadas a la luz del razonamiento (logos), y se respaldan, a posteriori, por razones prácticas o máximas responsables, apoyadas siempre en ciertas creencias últimas sobre la ética. Este era el ámbito teórico fundamental de las conversaciones que cultivó el maestro.

En tanto, la incomprensión que Sócrates padeció por parte de la gente de su tiempo fue debido, en parte, a que le tocó enfrentarse contra enemigos poderosos, y defensores acérrimos de cierta moralidad tradicional, tales como Anito, Meleto y Licón, tres ciudadanos que el 399 a C. lo acusaron de impiedad religiosa y corrupción juvenil, de modo que lograron condenarlo a muerte, como quisieron. De tal suerte la ética heroica de este individuo autónomo y de opiniones políticas controversiales se opuso de modo

notorio a la presión moral ejercida por los grupos conservadores. Como todo reformador

u hombre adelantado, cuestionaba con sus actitudes independientes las figuras de

autoridad de su época. La moral y la religión tradicional de su tiempo también fueron

foco de sus críticas racionalistas.

De tal suerte, la ciencia ética también es posible describirla como una investigación por lo particular, pues su pregunta original pide cuentas por el fundamento del

2 Aristóteles observa en la Etica que:” Los irónicos, que minimizan sus méritos, tienen evidentemente, una carácter mas agradable que los jactanciosos, pues parecen hablar así no por bueno, sino para evitar la ostentación. Estos niegan sobre todo, las cualidades que son mas reputadas, como hacía Sócrates” (E.N. 1127 b23). En tanto F. Nietzsche observa que:” una de las causas de su atracción fue el hecho de descubrir una modalidad nueva de agon, convirtiéndose en el primer maestro de esgrima de los círculos aristocráticos de Atenas” El viajero y su sombra, aforismo 145.

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comportamiento humano en términos de la responsabilidad personal. Así es que el término que designa lo moral es mas bien entendido como una dimensión normativa general de las costumbres de un pueblo o de una cultura particular, cuya legalidad vinculante, ya sea escrita o tácita, involucra necesariamente una suerte de presión social en el juicio de valor, tanto ético como estético, sobre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto, lo pío y lo impío, cosechando de un omnisciente ser colectivo el valor de las cosas éticas.

En tanto, podemos decir que Sócrates no es un típico inmoralista, pero si es un hombre que tiene una ética distinta, propia, inalienable, y en extremo coherente, pues fue lo mismo su ser ético que su pensar. Esta integración plena entre su ser y su saber, conocido como intelectualismo ético, es quizá el primer valor de la ética de Sócrates, cuyo valer está en el cuidado y dominio de sí. Eso va sumado a su afán declarado por la búsqueda de la virtud política en los demás, y que lo impulsaba con una integridad a toda prueba entre sus palabras y sus obras. Desde estos rasgos de su personalidad se comprende mejor el axioma socrático de que el conocimiento es igual a la virtud, ya que el valor, en Sócrates, obliga a ser, y esta experiencia de la verdad ética obliga a acatar el deber.

Así las cosas, esta figura se convierte, gracias a la obra idealizadora de sus biógrafos íntimos, en el arquetipo del filósofo sabio, filántropo y de autodominio personal (enkrateia, en Jenofonte), cuyo modelo de vida lograda o demónica (eudaimonia) se hace evidente en su discurso ético y sus proposiciones racionales de justificación.

Sin embargo, como veremos a continuación, estas ideas sobre la vida buena pueden llegar a ser perfectamente comprensibles para todos los que las lean, pero difícilmente aplicables para quienes no controlan los impulsos naturales de la inclinación, por esto tal vez su posición radical es considerable como simbólica, pues tiene algo de heroico y sobrenatural. Hablemos entonces de la ética de Sócrates.

La ética de Sócrates

Para decir algo sobre Sócrates, lo primero es salir al paso del tema inevitable de las fuentes literarias directas del socratismo. Sócrates no escribió nada y fueron sus discípulos directos como sus evangelistas, si cabe la fácil analogía con el también ágrafo Jesús de Nazareth, pues al igual que los primeros escritores cristianos, como Pablo y Juan, Platón y Jenofonte se diferencian y complementan bien para configurar el retrato espiritual del que fuera su maestro. Esto a la vez da inicio a una rivalidad forzosa en que se disputarán, para siempre, el galardón de la autenticidad que era posible transmitir sobre el inasible Sócrates histórico.

Lo cierto es que el testimonio de Platón, al menos en el siglo XX, es la tradición triunfante a la hora de decidir qué es lo mas importante de la compleja cuestión socrática, en tanto Jenofonte será un testimonio que aportaría un correlato mas bien histórico. Sin embargo, para lo que al presente importa, pasaremos directamente al núcleo duro de los textos mas significativos en Platón, que responden de forma clara a la pregunta por la ética de Sócrates.

En efecto, es reconocido por todos los especialistas que la posible filosofía de Sócrates se encuentra, desde ya cifrada, en su famosa Apología de Sócrates, y que junto a los

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diálogos Eutifrón, sobre la piedad y Critón, sobre el deber, constituyen una trilogía fuertemente entramada de significaciones que remiten a un pensamiento coherente. No obstante, el tono dramático e irónico de la Apología dificulta su plena comprensión, por eso no hay diálogo mas socrático en su doctrina ética, que el Critón, que describe con meridiana claridad un método para la toma de decisiones: el razonamiento ético, y que además termina siendo aplicado directamente a la justificación de su famosa decisión. Esta última resulta ser la de morir por respetar las leyes de Atenas 3 .

En efecto, en el diálogo Critón tenemos a Sócrates en conversación con su amigo mas cercano, que le da nombre al texto. Esta circunstancia, de una franca conversación, facilita el mecanismo de acuerdos que se van dando en el diálogo, que son la base sobre la que se construye toda justificación ética, aquí expresada en una razonada decisión adoptada en base a principios regulativos del actuar. Paradojalmente, esta deliberación, sobre la justicia o no de ciertos comportamientos, conducirá a Sócrates a escoger voluntariamente su destino, vale decir, la muerte por mano del Estado, antes que huir al exilio y salvarse, como lo deseaban sus amigos; pues ante la interpelación conjunta, la objeción de conciencia se utilizará para el bien morir de Sócrates.

Frente a una situación tan extrema como la descrita demostrará con firmeza, convicciones inalienables, que son los verdaderos fundamentos de su disposición ética, que consiste, según las propias palabras de Sócrates, en una predisposición a no cometer injusticias ni violencia bajo ninguna circunstancia. Aún cuando el sujeto moral de la decisión sea, el mismo, una víctima de infamias y violencias,- y además tenga la inclinación natural a tomar represalias -, pues aún en tales casos, no sería válido actuar movido por el sentimiento de venganza, pues nunca será lícito devolver un mal con otro un mal, desestimando para siempre la lógica tradicional de la ley de Talión 4 .

Estas proposiciones, a modo de conclusiones decisivas de su ética, resumen lo mas singular y extraordinario de la tesis socrática en el Critón, puesto que indican la forma íntima de su conciencia moral- que en él se confunde con una voz interior - que le impide huir de la pena de muerte. Puesto que, ante la disyuntiva que se presenta - de huir al extranjero, o morir legalmente por la ingesta del veneno de cicuta- , será mejor (es decir menos malo), acatar la sentencia de muerte antes que escapar al exilio huyendo de la condena. Las razones son las antedichas, ya que huir sería equivalente a dañar al espíritu o el alma de la patria, simbolizada por las leyes.

En este último caso se estaría devolviendo un mal violento (la injusta condena a muerte tramada por un grupo de poder), con otro mal no menor (como sería desobedecer las venerables leyes de la Patria). En todo caso la justificación última de Sócrates para ponerse en tal situación heroica, más allá de los límites de una reacción natural, la

3 Al inicio de la respuesta de Sócrates a su amigo Critón, le recuerda su modo de ser: “Porque yo, no solo ahora sino siempre, soy de condición de no prestar atención a ninguna otra cosa que al razonamiento (logos) que al reflexionar me parezca el mejor” Critón, 46b. En este breve texto vemos lo que entiende Sócrates por un método, de sentido común, para tomar las decisiones en la vida que busca la virtud. 4 Derivado del término latino lex talionis, esta forma primitiva de entender la práctica de la justicia es parte de una antigua tradición de pensamiento moral de la antigüedad. Así lo encontramos ya en el código de Hammurabi (s. XVIII a. C.), en la ley 196: “si un hombre libre vació el ojo de un hijo de un hombre libre, se vaciará su ojo”. De allí se sigue su formulación axiomática ojo por ojo, diente por diente. Cf. Éxodo 21,23-25, Levítico 24, 18-20, Deuteronomio 19, 21 y Mateo 5,38, donde Jesús desestima esta práctica en su sermón de la Montaña.

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veremos surgir al final de su argumentación práctica, y cuya causa final de justificación será mantener la virtud perfecta de aquello que se daña con la injusticia: el alma misma. Para ilustrar con detalle la deducción de estos principios éticos, presentaremos un breve esquema, en orden dramático, junto con la estructura argumentativa del texto.

Critón, sobre el deber. Resumen analítico

Estructura dramática del texto. A.- Prólogo. Temprano por la mañana llega Critón, el mejor amigo de Sócrates, a visitarlo en el calabozo donde espera su hora fatal. La intención de Critón es tratar de persuadirlo para que se salve, escapando al exilio en Beocia. Todo está preparado para la evasión, sólo falta el consentimiento de Sócrates, y éste se niega. Paradojalmente, el recurso de la objeción de conciencia, que otras veces utilizó Sócrates para negarse a seguir ciertas conductas ilícitas, se aplicará ahora para preferir una muerte legal antes que una evasión ilegal. De tal suerte el diálogo se desarrolla: B.- A partir de los argumentos para la evasión propuestos por Critón, y posteriormente, C.- Por las respuestas de Sócrates que incluyen, en su parte final, la hipotética aparición de un coro de espíritus que representa a D.- El espíritu de las leyes de Atenas (oi nomoi = masc. plural). De modo que vemos expresado con claridad el pensamiento ético de Sócrates en sus respuestas a Critón y en la posterior comparecencia de las leyes, que terminan de complementar su argumentación. De tal modo los hitos significativos del texto son:

A.-Prólogo dramático (43a). Sócrates encarcelado. El sueño premonitorio. Critón expone el plan de evasión fraguado por los amigos.

B.- Los argumentos de Critón paran salvar a Sócrates (44b y ss.); se pueden distinguir en:

- La pérdida de un amigo.

- La opinión de la mayoría (oi polloi).

- La educación incompleta de los hijos, que quedarían en la orfandad.

- Acatar la sentencia equivaldría a darle la razón a sus enemigos.

- Es el tiempo oportuno (kairós) para realizar la evasión y huir al exilio.

C.- Las respuestas de Sócrates (a partir de 46b) en que justifica su decisión de morir, a partir de una consecuente deducción racional, en base a principios éticos fundamentales, y que se implican y explican mutuamente, en esquema serían:

1.- No hay que vivir solamente, si no que lo importante es vivir bien.

2.- Vivir bien consiste en tener una vida justa y buena.

3.- La vida justa y buena consiste en no cometer injusticia bajo ninguna circunstancia, esto es, no cometer nunca un daño a los demás.

4.- No cometer nunca una injusticia implicará también no responder a un mal con otro mal, pues se debe evitar siempre entrar al círculo vicioso de la venganza por un daño sufrido, respondiendo a un daño con otro daño. De lo anterior se puede deducir que se da por superada la lógica del Talión (es decir, tal como me dañas tú, así te daño yo también). En consecuencia no se aceptará ya más la premisa de la venganza

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para justificar una acción ética o moral, ya que jamás se debe responder a un mal con otro mal. Aún cuando el agredido sea sujeto de una injusticia y el agresor sea injusto en su actuar, pues es mejor – es decir menos malo – ser objeto de una injusticia (es decir padecerla) que ser el sujeto agente del mal y cometerla.

5.- El motivo final de tal deliberación es que al cometer una injusticia el ser humano destruye aquello que es lo más importante de su vida: su propia alma.

6.- El asunto paradigmático para ilustrar una acción justa, en este caso, es el de hacer valer en el tiempo los acuerdos y las promesas que se han tomado libremente, es decir sin coerción, en tiempo anterior. Por el contrario, el no respetar, de modo unilateral, los acuerdos que han sido tomados de buena fe, es algo injusto y por tanto dañoso para aquél que viola su palabra empeñada.

Por último, utilizando una técnica dramática de autor de tragedias, Platón dispone una especie de escena coral final, en donde acuden los espíritus de los antepasados, en la figura de la prosopopeya de las leyes, a dialogar con Sócrates.

D.- Los espíritus de las leyes hablan.

Para reforzar la coherencia de las anteriores premisas y sus implicaciones éticas, y responder pormenorizadamente a los argumentos de Critón, Sócrates convoca a las mismas leyes de Atenas, que representan el espíritu de los antepasados y también algo así como el alma de la ciudad –estado (Polis). De tal suerte, utiliza la figura literaria de la prosopopeya – esto es, hacer hablar simbólicamente a una realidad inanimada- para reforzar su metódica refutación de los argumentos de Critón.

Sus principales argumentos éticos en esta parte son:

1.- Las leyes son el medio por el cual Sócrates fue engendrado y educado, y todo ciudadano les debe el respeto, como un hijo a su padre o un esclavo a su amo, pues cada ciudadano es parte integrante de la patria, con deberes y derechos que Sócrates ha asumido de modo explícito.

2.- Los acuerdos que se han tomado libremente, sin coerción ni obligación, deben ser respetados y mantenerse en el tiempo, pues violar este tipo de acuerdo equivale a ser injusto y por lo tanto dañar a la parte transgredida.

3.- Relacionado con lo anterior está el hecho de acatar la ley de la patria en que uno vive, que es el modo básico de practicar la justicia y ser un hombre bueno y justo. Desobedecer a las leyes es igual a destruirlas, junto con la patria.

4.- La Patria merece mas honor que la familia y que los antepasados, pues es lo mas santo, venerable y digno por los dioses y los sabios.

5.- Finalmente las leyes afirman (es decir Sócrates a través de ellas) que en el Hades también existe una normativa legal que es análoga a la del mundo de los vivos, ya que el valor de lo justo es igual para las leyes del Hades que para las de la Patria, que son sus hermanas. El texto termina con la imagen de un coro que se aleja cantando himnos y que representa la música divina de las leyes.

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Glosario, a modo de resumen

En lo anterior hemos presentado una síntesis tentativa de la figura de Sócrates como paradigma filosófico, cuya extraordinaria propuesta de vida se justifica con una ajustada presentación del diálogo platónico Critón y sus sorprendentes argumentos basados en claros principios racionales de justificación.

Los elementos de juicio que resumen mejor la pertinencia de la evocación de Sócrates, como modelo y soporte de un paradigma ético heroico, son los siguientes:

Etica. Nombre genérico de la disciplina que discurre racionalmente sobre el comportamiento humano. Derivado de una substantivación singular del neutro plural griego tá etiká (= las cosas de costumbres, cf. Aristóteles, Metafísica 987b). Sócrates es considerado el primer filósofo que buscó definir con exactitud los conceptos de la moralidad y por eso también es considerado un precursor de la lógica discursiva.

Moral. Pudiendo describirse como el aspecto de la sociedad que consiste en “aquellas regularidades en el comportamiento de sus miembros que están basadas sobre presión social” (Tugendhat), representa en este caso la línea de resistencia natural a los cambios introducidos por los grandes reformadores de la humanidad, que al igual que Sócrates muchas veces son rechazados por los sectores mas tradicionales de las comunidades políticas cerradas.

Legalidad. Es una norma que obliga y que tiene carácter universal. Una de sus etimologías latinas se comprende como Lege, que significa tanto leer como ligar, unir. Podemos decir entonces que la ley escrita, como fenómeno etico-político, expresa la idea de un acuerdo social, ya tácito o explícito, que actúan como ligaduras obligatorias que definen el ámbito de una comunidad moral. En el caso presente, del texto Critón, además de lo anterior las leyes representan el elemento espiritual que sustenta la vida de la ciudad, pudiendo desde aquí plantearse la ecuación plausible de que así como el alma es al cuerpo, el principio vital del individuo, así también las leyes de los padres son como el alma de la ciudad, vale decir que el espíritu que da vida a un hombre es algo análogo al principio que le da identidad orgánica a un estado. En el caso de las leyes, estas son representadas dramáticamente como espíritus de antepasados (pl. masc.= oi nomoi) y lo que este símbolo platónico manifiesta es la presencia de unos seres divinos que, para la intuición mítica, son como los daimones o espíritus tutelares de la nación.

Héroe. La ética de Sócrates contiene claramente la impronta del heroísmo debido a que es un individuo que defiende un valor que considera por encima de su propia vida. Para iluminar esta forma de pasión heroica cito un texto platónico sobre el origen del término héroe: “En lo que toca al nombre, está muy poco desviado del nombre del amor (érôs) del cual nacieron los héroes (hêrôes). Esto es lo que define a los héroes, o bien el que eran sabios y hábiles oradores y dialécticos, capaces de preguntar (erôtân)” (Cratilo, 398d5). En efecto el héroe es el que ama apasionadamente algo distinto de si mismo. En el caso de Sócrates, su Polis es lo mas querido y es el objeto de su eros, pues siendo un gran amante de su patria (sujeto, en sentido activo), fue capaz de dar su vida por ella y debido a su sacrificio personal, en lo sucesivo, se convirtió en un héroe moral de culto (objeto, en sentido pasivo) de veneración apasionada por las futuras generaciones de

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filósofos, alcanzando así la inmortalidad terrena y quien sabe, si también la vida eterna, pero eso “es algo oculto para todos, excepto para el dios” (Ap.42a).

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