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DOCUMENTO DE CÁTEDRA

El Capitalismo
Sara Lifszyc

“La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el análisis científico de
ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y arranca,
por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histórico. Las formas que convierten a los
productos del trabajo en mercancías y que, como es natural, presuponen la circulación de éstas,
poseen ya la firmeza de formas naturales de la vida social antes de que los hombres se esfuercen por
explicarse, no el carácter histórico de estas formas, que consideran ya algo inmutable, sino su con-
tenido. Así se comprende que fuese simplemente el análisis de los precios de las mercancías lo que
llevó a los hombres a investigar la determinación de la magnitud del valor (...) Pero esta forma del
mundo de las mercancías -la forma dinero-, lejos de revelar el carácter social de los trabajos privados
y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas.”

Karl Marx, El Capital

1. Introducción
Durante todo el siglo XX, la palabra capitalismo se convirtió en un término de uso generalizado para
designar, sin mayores precisiones, distintas realidades de la sociedad moderna. En el uso cotidiano
suele utilizarse el término capitalista para calificar a personas que en sus actitudes y acciones se
caracterizan por un afán, a veces desmedido, de obtener beneficios en todos los planos de la vida social,
tanto en los negocios como en la vida personal. También se definen como capitalistas determinadas
concepciones de mundo que tienden a resaltar los valores individuales, que naturalizan la equidad del
capital y resaltan la funcionalidad de la sociedad ordenada jerárquicamente en clases sociales.

La amplitud de sentidos de un término suele ser un obstáculo para la reflexión en general, y en particular
cuando el término "capitalismo" es utilizado para explicar una realidad y construir diagnósticos y pronósticos
sobre los acontecimientos que se suceden en un país y en el mundo actual. La necesidad de establecer con
claridad los alcances y significados se convierte en una tarea prioritaria, más aun en las ciencias sociales,
donde se requiere que las palabras tengan sentidos precisos, distintos a los atribuidos por el sentido común.
Éstas no son ni la realidad misma ni su descripción exacta: son conceptos que los investigadores
construyen y constituyen los instrumentos fundamentales para captar y explicar los fenómenos sociales.

El objetivo de este trabajo es brindar algunos lineamientos para clarificar el significado del capitalismo como
fenómeno social y como concepto analítico, teniendo en cuenta que, si bien existen diferentes abordajes,
que no desconocemos, priorizaremos el realizado por uno de sus teóricos más representativos: Karl Marx.
El Capitalismo UBA XXI
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Sociología

2. Hacia una redefinición


En las ciencias sociales los mismos fenómenos pueden ser interpretados de múltiples formas pero, más allá
de las diferencias, deben contribuir a la explicación del fenómeno real, a captar su origen y dinámica. Los
diferentes esquemas interpretativos suelen originar extensos debates en los que se confrontan supuestos
teóricos, empíricos y metodológicas que ponen a prueba su alcance explicativo.

El capitalismo es un fenómeno complejo con manifestaciones en diferentes dimensiones de la realidad, que ha


dado lugar, a lo largo del tiempo, a una amplia gama de significados. Las diferencias interpretativas han
originado encendidos debates entre diversas corrientes de pensamiento. Una buena parte de dichos
estudios suelen tomar como referente a Karl Marx (1818-1883), cuyo pensamiento ha ejercido una notable
influencia en el campo de las ciencias sociales y cuyas formulaciones se convirtieron, directa o
indirectamente, aun para sus detractores, en el centro de la gran mayoría de las controversias.

Los debates sobre el capitalismo tendieron a desarrollarse en torno a los planos teórico-metodológico y
también en el ideológico-político, en éste último, bajo la apariencia de confrontaciones científicas. En estas
polémicas se observa que muchas veces suelen entremezclarse las ideas de Marx referidas a las formas de
superación del capitalismo con su principal descubrimiento teórico, que fue el formular con implacable
rigurosidad las leyes de funcionamiento de la sociedad capitalista. Este tipo de controversias también tuvo
lugar mientras Marx vivía, pues en la segunda edición de El Capital (1867), su obra principal, ya señalaba:
(...) "lo que puede servirle de punto de partida no es la idea, sino la manifestación externa exclusivamente.
La crítica tiene que limitarse a comparar y contrastar un hecho no con la idea, sino con otro hecho".1

Esta confusión ha originado no sólo prejuicios; también ha opacado y desmerecido el valor científico de
sus descubrimientos, a punto tal de convertir al término "capitalismo" en una palabra tabú, inficionada
ideológicamente. Como señala Marx:

(...) “la libre investigación científica tiene que luchar con enemigos que otras ciencias no conocen. El
carácter especial de la materia investigada levanta contra ella las pasiones más violentas, más
mezquinas y más repugnantes que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado”. 2

No obstante las pasiones que este tema despierta desde el punto de vista ideológico, también en el plano
teórico el capitalismo ha originado extensos debates. En las ciencias sociales estos criterios son plurales,
en el sentido de que acerca de una misma realidad, el "capitalismo", distintos investigadores pueden
abordarlo de manera diferente. Por ejemplo, suele considerarse al capitalismo como un sistema cuyo
funcionamiento está regido por las leyes del mercado, basado en la libre empresa y en la iniciativa
individual. Desde otra perspectiva, se categoriza al capitalismo como un fenómeno presente en las
sociedades urbanas e industrializadas, en las que el poder político y el ejercicio de la dominación se encuentra
centralizado en un Estado nacional. También se consideran que son capitalistas las sociedades modernas en
las que predominan las libertades individuales, con movilidad social, tanto ascendente como descendente,
estratificadas en clases.

Estos significados del término capitalismo tienen en común que son parciales; se han considerado
algunos de sus elementos característicos, y al hacerlo se tiende a circunscribirlo a una sola dimensión, ya
sea a la económica, la política o la social, sin integración entre ellas. Estas parcializaciones suelen opacar
la comprensión del fenómeno, e incluso, a veces, conducir a ciertos equívocos.

Es corriente pensar que la industrialización y el Estado son atributos del capitalismo, como si fueran términos
de una relación causal, en la cual la industrialización y el Estado serían una consecuencia lógica derivada del

1
MARX, Karl: El Capital, Prólogo a la primera y segunda edición, FCE, Bs. As, 1966.
2
MARX, Karl: E! Capital, Torno I, Prólogo a la primera edición, citado.

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funcionamiento del capitalismo. Sin embargo, es posible observar que en diferentes épocas históricas han
existido desarrollos industriales y formas de Estado, independientemente el uno del otro. La particularidad
del capitalismo moderno en Occidente, residiría entonces, en la convergencia de ambos fenómenos, la
industrialización y el Estado, como sus componentes. Al respecto señala Ugo Pipitone:

“En realidad, más que una idea específica se trata de una visión global que hace coincidir el desarrollo
capitalista con el desarrollo industrial y con el cambio tecnológico. (...) de la misma manera como el
renacimiento del comercio europeo antecedió en cuatro siglos a la expansión colonial, hubo tres siglos
(por lo menos) de la evolución del capitalismo antes de la Revolución industrial. Por banal que pueda
parecer, tiene un sentido redescubrir el agua tibia: entre capitalismo e industria el prius histórico es el
capitalismo. Obviamente las diferencias entre estas dos dimensiones tienden a desdibujarse cuando se
tiene una visión del capital casi exclusivamente técnica o cuantitativa. En esta perspectiva, la
originalidad histórica del capital parece consistir en las manufacturas, en las fábricas como lugares de
concentración de eficientes y poderosos medios de producción. De ahí que, si bien de manera silenciosa,
tienden a coincidir entre sí las imágenes del capitalismo e industria. En esta visión no sólo hay una
evidente distorsión histórica, sino además, una fuente grave de errores acerca del presente.”3

En cambio, para Marx (quien ha utilizado en forma indistinta los términos de "sociedad burguesa", "sociedad
moderna" y "régimen de producción capitalista"), el capitalismo no es reductible ni a lo económico, ni a lo
político ni a lo social. Es un fenómeno integral, caracterizado por un tipo de organización de la sociedad en su
conjunto, en el que las relaciones sociales asumen la forma de relaciones entre los propietarios y no-
propietarios de los medios de trabajo. Ésta es la principal diferencia respecto a otras formas de relaciones
sociales -esclavistas o serviles- que la precedieron, ya que es dentro del capitalismo moderno donde esas
relaciones se plantean como relaciones entre hombres libres e iguales. En la sociedad en la que prevalece
ese tipo de vínculo social, el móvil central es la producción, la apropiación y la acumulación de riquezas.

3. EL capitalismo: un concepto y un desarrollo histórico


En una primera instancia se puede establecer que el capitalismo es una forma de organización social basada
en la producción de mercancías, en la acumulación de riquezas en manos de particulares,4 y en la existencia de
un mercado mundial integrado. El trabajo libre, asalariado, y la propiedad privada de los medios de
producción, son sus categorías básicas. Éstas expresan el divorcio del productor de sus instrumentos de
trabajo y del producto de su trabajo; expresan la separación definitiva del capital del trabajo de la figura
del trabajador. En épocas históricas anteriores a la conformación de la sociedad moderna, ambas categorías
no se diferenciaban, se fundían en la figura del trabajador manual; en el capitalismo se escinden para re-
unirse a través de una relación social entre el obrero y el capitalista. Como señala Hobsbawm:

(...) “la radicalización de esta separación del trabajador directo de sus medios de producción, llega
a su culminación con el capitalismo, en el que el obrero queda reducido a simple fuerza de trabajo,
pudiendo añadirse que, inversamente, la propiedad se transforma en un dominio de los medios de
producción enteramente divorciado del trabajador”. 5

3
PIPITONE, Ugo: La salida del atraso: un estudio histórico comparativo, FCE, México, 1994.
4
MARX, Karl y F. Engels: El Manifiesto Comunista, ediciones del Siglo, Buenos Aires, 1969.
5
HOBSBAWM, Eríc: Introducción a Las formaciones económicas precapitalistas de Carlos Marx, Ciencia Nueva, Madrid,

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El concepto de sociedad desarrollado por Marx es una de las premisas de las cuales parte para construir y
fundamentar su método para el análisis de las realidades socioeconómicas y políticas, pasadas, presentes y
futuras. Para él la sociedad es un todo: una configuración integrada por diferentes niveles, en la que la
producción es la dimensión fundante de lo social. Señala que para que exista cualquier sociedad, los
individuos deben reproducirse como tales: deben satisfacer sus necesidades produciendo los medios para
su subsistencia. La producción material que constituye la estructura económica, incluye al trabajo como la
actividad creadora y transformadora por excelencia, mediante la cual las personas obtienen de su medio
natural y cultural los elementos necesarios para su vida. En dicha actividad las personas van estableciendo
relaciones entre ellas, es decir, la producción de la vida es social. Cómo producen y qué relaciones
establecen con su entorno y con los otros individuos, la forma que adopta la producción de sus vidas, es
decir, el modo de producción, define el tipo de sociedad. Por ello, el análisis de Marx del capitalismo
comienza por la mercancía, por la forma concreta que adopta el resultado del trabajo y al mismo tiempo
expresa las relaciones sociales de producción que esa clase de trabajo requiere. Estas categorías
constituyen la base de la sociedad, la estructura sobre la cual se va configurando la otra dimensión social,
la superestructura jurídica, política e ideológica. Ambas, base y superestructura, definen el modelo de
sociedad y el modelo de sociedad no es otra cosa que lo que se deriva de un modo de producción. Y dice:

“En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e
independientes de sus voluntades, relaciones de producción que corresponden a una determinada
fase del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de
producción constituye la estructura económica de la sociedad, que tiene una base real, sobre la que
se edifica una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden determinadas formas de
conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona, por lo tanto en general, el
proceso de vida social, política y espiritual.” 6

En la sociedad capitalista, las relaciones de producción adoptan la forma de relaciones entre propietarios
aparentemente iguales, que intercambian libremente sus productos: propietarios de los medios de producción,
de los instrumentos y las materias primas y propietarios de la fuerza de trabajo. 7 Estos últimos conforman la
categoría de trabajadores totalmente "libres"; libres en un doble sentido: no están sujetos territorialmente
al dominio de ningún señor, y también libres en el sentido de no poseer ninguna propiedad, sometidos a
una desnudez total, pues lo único que poseen es su capacidad de trabajo, su fuerza de trabajo. La
aparición del trabajador libre como categoría social ha sido el resultado de un proceso histórico, en que el
productor, en un estadio histórico, era propietario de sus medios de vida y controlaba las condiciones de
producción de su existencia, es decir controlaba el proceso de trabajo. La separación del productor de su
producto y de sus instrumentos comienza en el mundo feudal.

Como afirma Marx:

“Lo estructura económica de la sociedad capitalista brotó de la estructura económica de la sociedad


feudal. Al disolverse ésta, salieron a la superficie los elementos necesarios para la formación de
aquella”.8

“De los siervos de la Edad medía surgieron los villanos libres de las primeras ciudades; de este

1967.
6
MARX,
Karl: Contribución a la crítica de la economía política, Ediciones Estudio, Buenos Aires, 1970.
7
Para Marx, la fuerza de trabajo es la potencia que posee el trabajo, su capacidad y energía y el trabajo es el uso de
esa potencia; dice Marx: "El uso de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo", El Capital, Tomo i; Capítulo V, citado.
8
MARX, Karl: El Capital, Tomo I, Capítulo XXIV, La llamada acumulación originaria, citado.

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estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía”.9

Alrededor del siglo XI, con el resquebrajamiento del mundo feudal, con la disolución de los lazos de vasallaje
y la descomposición del feudo como unidad social económica y política, la actividad productiva se fue
trasladando del campo a la ciudad. En esta última predominaba la producción artesanal, en la cual el
trabajador fabricaba en su domicilio productos por encargo. En una etapa posterior, el trabajador se irá
transformando en un productor independiente que producirá y venderá su producto. Los instrumentos de
producción, sus habilidades y su producto son de su propiedad, mejor dicho son aún de su propiedad.

“El productor directo, el obrero, no pudo disponer de su persona hasta que no dejó de vivir sujeto a la
gleba y de ser esclavo o siervo de otra persona. Además, para poder convertirse en vendedor libre de
su fuerza de trabajo, que acude con su mercancía a dondequiera que encuentra mercado para ella,
hubo también que sacudir el yugo de los gremios, sustraerse a las ordenanzas sobre los aprendices y
tos oficiales y a todos los estatutos que embarazaban el trabajo”.10

Entre los siglos XIII y XIV, con la intensificación del comercio y el crecimiento de la población urbana, el productor
delegará la venta de su productos en el mercader, quien concentrará la producción de diferentes trabajadores
independientes y los venderá en el mercado, aprovechando las diferencias de precios entre la compra y la venta
para obtener sus ganancias. Al mismo tiempo, y como forma de incrementar sus beneficios, extenderá los límites del
mercado hacia lugares cada vez más lejanos.

A partir del siglo XV, las innovaciones científicas, los descubrimientos de territorios y la circunnavegación de
África, la colonización de América, los mercados de China e India, dieron al comercio un nuevo impulso: se
inicia el desarrollo del comercio de ultramar. La manufactura vino a ocupar el lugar del artesanado, que no
podía abastecer la demanda de los nuevos mercados extranjeros. Pero el crecimiento de los mercados
continuaba y la demanda iba en aumento. Ya no bastaba tampoco con la producción manufacturera. El
desarrollo de la ciencia y la tecnología posibilitaron la introducción de la máquina a vapor que revolucionará la
producción y la gran industria sustituirá a la manufactura.

Los pequeños productores independientes no podrán resistir la competencia del capital que los arrollará y
los transformará en obreros industriales y la economía de mercado comenzará a transitar hacia una más amplia
y desarrollada: la economía capitalista.

Como señala Marx en un conocido párrafo:

“Al llegar a una determinada fase, las fuerzas productivas de la sociedad chocan con las
relaciones de producción existentes, o lo que no es más que su expresión jurídica de esto, con las
relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo
de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Se abre así una época de
revolución social.” 11

Efectivamente, entre los siglos XVIII y XIX este largo proceso de transición culminó con dos grandes
revoluciones que dieron sustento político, jurídico y tecnológico a la consolidación del capitalismo moderno.
La Revolución Francesa en el siglo XVIII, porque liberó a los individuos de las relaciones de propiedad

9
MARX, Karl: El Manifiesto Comunista, citado.
10
MARX, Karl: El Capital, Tomo I, Capítulo XXIV, citado.
11
MARX, Karl: Prefacio a La crítica de la economía política, citado.

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personal, disolviendo los lazos de sujeción y vasallaje, estableciendo la libertad y la igualdad de las
personas. La Revolución Industrial en el siglo XIX, con la adopción de la nueva tecnología, posibilitó el salto
cualitativo para el desarrollo de la producción a gran escala. Se había iniciado una nueva época de enormes
cambios y transformaciones, bajo el predominio del capital, como una forma de relación social de
producción entre personas jurídicamente iguales, pero socialmente diferentes, transformando la
producción "en un gran arsenal de mercancías" como señala Marx en el primer párrafo de El Capital,
convirtiendo a la fuerza de trabajo en una mercancía más que es vendida y comprada.

“Ni el dinero ni la mercando son de por sí capital, como no lo son tampoco los medios de
producción ni los artículos de consumo. Necesitan convertirse en capital. Y para ello han de concurrir
una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse así: han de enfrentarse y entrar en
contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías; de una parte, los propietarios de
dinero, medios de producción y artículos de consumo, deseosos de valorizar la suma de valor de su
propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres,
vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo. Obreros libres en el doble
sentido de que no figuran entre los medios de producción, como los esclavos y los siervos, etc., ni
cuentan con medios de producción propios, como el labrador que trabaja su propia tierra, etc.;
libres y dueños de sí mismos (...). El régimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y
la propiedad sobre las condiciones de realización de su trabajo (...). La producción capitalista no
sólo mantiene este divorcio, sino que lo reproduce y acentúa a escala cada vez mayor. Por tanto,
el proceso que engendra el capitalismo sólo puede ser uno: el proceso de disociación entre el
obrero y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo, proceso que de una parte convierte en
capital los medios sociales de vida y de producción, mientras de otra parte convierte a los
productores directos en obreros asalariados.” 12

4. El valor del trabajo y el trabajo como valor


En el punto anterior se sintetizaron las categorías básicas sobre las que se funda el capitalismo, en el presente
se esbozará el mecanismo de su funcionamiento. Se ha señalado que las relaciones sociales en el capitalismo
aparecen como relaciones entre iguales, desde el punto de vista jurídico, que intercambian sus diferentes
productos en iguales proporciones. 13 Para que esta relación se mantenga como igualdad, el trabajador debe
vender su fuerza de trabajo, no su persona: vende su potencia, su capacidad y habilidad, por un
determinado tiempo. Pues, como dice Marx, (...) "si se la vende en bloque y para sí, siempre lo que hace es
venderse a sí mismo, convertirse de libre en esclavo, de poseedor de una mercancía en mercancía".14

El trabajo es la actividad que realiza el ser humano con la ayuda de instrumentos-herramientas para
transformar, en un tiempo y en un espacio, un objeto en producto. Por ejemplo: el pan no es simplemente la
suma de sus elementos, es algo diferente al trigo y a la levadura: es algo más. El trabajo combina dichos
elementos y los transforma en un objeto cualitativamente diferente a sus componentes, los que a su vez son
resultado de trabajos realizados por otras personas: en este caso, el pan es la suma de trabajos anteriores. El
trabajo crea valore que se manifiestan cuando se plasma en productos concretos útiles, objeto que
satisfacen algún tipo de necesidad, pues nadie produce objetos inútiles. Cuando los productos son
consumidos o usados por su propio productor, éstos sólo asumen la característica de ser objetos útiles, de ser

12
MARX, Karl: El Capital, Tomo I, Capítulo XXÍV, citado.
13
MARX, Karl: El Capital, p. 121.
14
MARX, Karl: El Capital, Tomo I, Capítulo, citado.

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valores de uso. Pero cuando lo producido por el trabajo no le pertenece, y su destino es ser vendido en el
mercado, el producto, además de ser un valor de uso, contiene un valor de cambio. Dicho valor se revelará
en el contacto con otros productos, que al igual que éste han sido el resultado del trabajo humano.

Es entonces cuando el producto adopta la forma de mercancía y la generalización de este tipo de producción
pone de manifiesto la transformación operada en la figura del trabajador libre, que debió vender su
capacidad útil, su fuerza de trabajo para poder subsistir, convirtiéndose ella misma en una mercancía
más. El trabajador vendió al propietario de los medios de producción su fuerza de trabajo, y éste la compró
por su valor equivalente en dinero. Hasta acá no existe ningún misterio: ninguno perdió ni ganó en el cambio
y éste se desarrolló según lo esperado y lo pactado en términos de equivalentes.

Pero, entonces, ¿cómo se desarrolla la acumulación del capital? se pregunta Marx; ¿de dónde proviene la
ganancia del propietario de los medios de producción? Y Marx responderá que provendrá del trabajo-
realizado-no-remunerado, pues el secreto de la producción capitalista reside en el proceso de trabajo,
cuando el trabajador produce más valor del valor por el que fue comprado. Como se señalara anteriormente, la
fuerza de trabajo, posee la cualidad de crear, tanto valores de uso como de cambio y éste se determina por su
costo, es decir, por el tiempo socialmente necesario para su producción. En el caso de la fuerza de trabajo, el
costo de producción se estima en una cantidad de medios de vida para poder al día siguiente continuar con
sus tareas, en iguales condiciones de fuerza y de salud. Es la cantidad indispensable de objetos como
comida, descanso, confort, vestimentas, algunas de las cuales deberá reponer todos los días y otras con
menor frecuencia.

El valor y los equivalentes


Durante siglos, filósofos y economistas intentaron develar el secreto del Intercambio de equivalentes,
intentaron explicar qué es el valor y por qué adopta la forma equivalencias cuyo patrón de medida es la
cantidad de trabajo utilizada en su producción, es una magnitud, un valor, independientemente, del tipo
producto concreto que sea. Dice Marx: “Esta forma de equivalencia se presenta con mayor claridad si nos
remontamos a Aristóteles, que fue el primero de los pensadores que analizó la forma valor.” Ante todo,
Aristóteles dice claramente que la forma-dinero de la mercancía no hace más que desarrollar (...) la expresión
del valor de una mercancía en otra cualquiera. He aquí sus palabras: 5 lechos = 1 casa, no se distingue de 5
lechos = tanto o cuanto dinero. Aristóteles advierte, además, que la relación de valor que contiene esta
expresión de valores, a su vez, una relación condicionada, pues la casa se equipara cualitativamente a los
lechos, y si no mediase alguna igualdad sustancial, estos objetos corporalmente distintos no podrían
relacionarse entre sí como magnitudes conmensurables. “El cambio -dice Aristóteles- no podría existir sin
la igualdad, ni ésta sin la conmensurabilidad". Mas al llegar aquí, se detiene y renuncia a seguir analizando
la forma valor. “Pero en rigor-añade- es imposible que objetos tan distintos sean conmensurables”, es
decir cualitativamente ¡guales. Esta equiparación tiene que ser necesariamente algo ajeno a la verdadera
naturaleza de las cosas (…)”

El propio Aristóteles nos dice, pues, en qué tropieza al llevar adelante su análisis: tropieza en la carencia de
un concepto de valor. ¿Dónde está lo igual, la sustancia común que representa la casa respecto a los lechos?:
¿en la expresión de valor de éstos? Semejante sustancia “no puede existir, en rigor”, dice Aristóteles. ¿Por
qué? La casa representa respecto a los lechos algo igual en la medida en que representa aquello que hay
realmente de igual en ambos objetos, a saber: el trabajo humano.

Aristóteles no podía descifrar por sí mismo, analizando la forma del valor, el hecho de que en la forma de los valores de
las mercancías todos los trabajos se expresan como trabajo humano igual y, por tanto, como equivalentes, porque la
sociedad griega estaba basada en el trabajo de los esclavos y tenía, por tanto, como base natural la desigualdad
entre los hombres y sus fuerzas de trabajo. El secreto de la expresión de valor, la igualdad y equiparación de valor de
todos los trabajos, en cuanto son y por el hecho de ser todos ellos trabajo humano en general, sólo podía ser
descubierto a partir del momento en que la idea de la igualdad humana poseyese la firmeza de un prejuicio popular. Y
para esto era necesario llegar a una sociedad como la actual, en que la forma mercancía es la forma general que

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revisten los productos del trabajo, en que, por tanto, la relación social preponderante es la relación de unos hombres
con otros como poseedores de mercancías. Lo que acredita precisamente el genio de Aristóteles es haber
descubierto en la expresión de valor de las mercancías una relación de igualdad. Fue una limitación histórica de
la sociedad de su tiempo la que le impidió desentrañar en que consistía “en rigor”, esta relación de igualdad.

Como dice Marx: "el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la
subsistencia de su poseedor (...) Las necesidades naturales, el alimento, el vestido, la calefacción, la vivienda,
etc., varían con arreglo a las condiciones del clima y demás condiciones naturales de cada país (...)"15 . Es
decir, el trabajador ha vendido su fuerza de trabajo por un determinado valor, pero a lo largo de su jornada
produce un valor superior al que ha sido comprado. La diferencia entre el valor que ha producido y el valor por
el cual fue comprado es la ganancia del propietario de los medios de producción.

Si el costo de la fuerza de trabajo equivale a una equis cantidad de horas de una jornada de trabajo, en la
que el trabajador produce un volumen determinado de productos equivalente al valor por el que fue
comprado, en ese punto podría dar por finalizada su jornada. Pero no puede y debe continuar trabajando:
lo que produce de ese momento en más ya no le será recompensado. Esa cantidad adicional de productos
creados y no remunerados, representa la ganancia del propietario del capital, es el plus-valor de su
trabajo. Esa partir de este momento que la aparente igualdad de las relaciones de producción revela su
asimetría, cuando el trabajo no remunerado es apropiado por los dueños del capital. Dicho trabajo se
convierte en capital cuando se concreta la venta de la mercancía y la ganancia obtenida la invierte
nuevamente en la producción. El propietario de los medios recupera el capital invertido más el plus de
ganancia que será nuevamente invertido para continuar y ampliar el ciclo productivo y reproductivo del
capital, que es un ciclo de reproducción ampliada.

Dice Marx:

“El valor del capital revestía forma de dinero desde el momento mismo de desembolsarse; en
cambio, la plusvalía (o plus-valor) se presenta desde el primer momento como valor de una
determinada parte del producto. Al venderse éste y convertirse en dinero, el valor del capital
compra su forma primitiva, mientras que la plusvalía cambia de forma y modalidad, son sumas
de dinero y reversión a capital se efectúa del mismo modo, sin que medie diferencia alguna. El
capitalista invierte ambas sumas en comprar las mercancías que le permitan acometer de nuevo la
fabricación de su artículo, esta vez sobre una escala ampliada.”16

El trabajo no remunerado implica la creación de un valor adicional que se genera en el proceso de producción, su
apropiación por parte del capitalista es lo que posibilita la acumulación y la reproducción del capital. El
capitalismo se caracteriza por la apropiación de plus-valor, que es el motor de su funcionamiento; su
continuidad depende de la expansión y profundización del intercambio y de ampliación del proceso de
acumulación. Es decir, la continuidad del capitalismo se centra en el aumento permanente de la productividad
del trabajo, con el fin de obtener cada vez mayor ganancia. Para lo cual requiere la asistencia de la ciencia y
la técnica para revolucionar los procesos de producción, la tecnología, los procesos de trabajo y también los
métodos de organización.

Al mismo tiempo se va profundizando la interdependencia de los mercados para que las mercancías puedan
venderse con mayor celeridad y convertirse nuevamente en capital. Ambos, productividad y mercado, son los
elementos indispensables para el sostenimiento del capitalismo, si bien la creación del plus-valor se inicia en la

15
MARX, Karl: El Capital, Tomo I, Capítulo , citado.
16
MARX, Karl: El Capital, capítulo XXII, citado.

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producción (en el proceso de trabajo), culmina en el mercado con la venta de la mercancía, cuando se
transforma de plus-valor en capital.

Las revoluciones tecnológicas, los cambios en las habilidades y capacidades de la fuerza de trabajo más la
creciente interdependencia del mercado mundial, se desarrollan a expensas del capital y no a la inversa, sin
ellos es imposible concebir el desarrollo del capitalismo.

“(...) la necesidad del mercado exterior para un país capitalista no se halla determinada en modo
alguno por las leyes que rigen la realización del producto social, sino por el hecho de que el
capitalismo sólo aparece como resultado de una circulación de mercancías muy desarrollada, que
rebase las fronteras del Estado. Por eso no es posible concebir una nación capitalista sin comercio
exterior, ni tal nación capitalista ha existido nunca en la realidad.

En los métodos precapitalistas de producción rige la ley de la repetición del proceso de producción
con la misma extensión y sobre las mismas bases que antes: esta ley regía para la economía a base
de prestaciones personales del terrateniente, para la economía natural del campesino, para la
producción artesana del industrial. La ley de producción capitalista en cambio, es ésta; cambios
constantes de los métodos de producción y aumento ilimitado de su volumen (...) esta necesidad
demuestra palmariamente la obra histórica de progreso del capitalismo, que viene a destruir el
aislamiento y el carácter cerrado de los antiguos sistemas económicos, agrupando a todos los países
del mundo en una gran unidad económica.” 17

En una breve síntesis se ha caracterizado al capitalismo, independientemente de las formas históricas que
ha asumido, como un tipo de organización social cuyo objetivo es (a acumulación de riquezas y la continua
reproducción del capital. La expansión e integración constante del "mercado exterior" en una "gran unidad
económica", más el creciente aumento de la productividad del trabajo, por la permanente innovación
tecnológica, son los mecanismos que garantizan su continuidad.

Considerando que la sociedad actual es una sociedad capitalista, y teniendo en cuenta las transformaciones que
en todos los planos de la vida social se están desarrollando desde hace varias décadas, se plantea una serie de
interrogantes relacionados con el sentido y la dirección de los cambios. En tal sentido es pertinente preguntar:
¿estos cambios preanuncian una nueva era histórica?, ¿el capitalismo está cambiando? La respuesta a estos
interrogantes no es sencilla. Mucho se ha escrito, se han acuñado nuevos términos, formulado una variedad
de hipótesis y pronósticos de distinto tenor; no obstante las interpretaciones del sentido y la dirección de los
cambios, todavía son ambiguas. Algunos autores sostienen que estos cambios, propios del capitalismo,
corresponden a su nueva etapa, la etapa globalizadora. Para otros autores, son el fin del capitalismo.

A partir de las últimas décadas del siglo XX el mundo se ha convertido en una inmensa "aldea global" de la
mano de la revolución científico-tecnológica, las sociedades en general y las economías y los mercados en
particular, se han vuelto más interdependientes. Las empresas se han transformado en grandes corporaciones, o
firmas18 como se las denomina actualmente, que se han globalizado y transnacionalizado.19 Los procesos de

17
MARX,
Karl: El Capital, Tomo I, Capitulo XXÍV, citado.
18
André Gorz señala que la firma es "una red transnacional y su centro de coordinación y de decisión estratégica no
tiene nacionalidad más que en apariencia. (...) su sede social puede estar en cualquier parte. Por el juego de los
precios de transferencia, la firma realiza sus beneficios allí donde paga menos impuestos o ningún impuesto." Miserias
del presente, riquezas de lo posible, Paidós, Buenos Aires, 1998.
19
En un artículo publicado en junio de 2002 en el diario Página 12, James Petras, señala: "Una gran cantidad de libros
y artículos sobre globalízadón, corporaciones globales e imperio se ha publicado sin que exista la más mínima noción
de la estructura real del poder mundial. El análisis de un estudio del Financial Times (suplemento 10 de mayo de
2002) sobre las 500 compañías más grandes del mundo, con base en criterios de valor, país y sector, viene a poner
fin al debate en torno a la globalización del imperialismo. El Estado-nación, en este caso los estados imperiales, no
sólo están lejos de desaparecer, sino que además son cruciales para identificar y entender los centros neurálgicos del
poder político y económico. Casi 48 por ciento de las empresas y bancos más importantes del mundo son de Estados

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El Capitalismo UBA XXI
S. Lifszyc

Sociología

producción, los métodos y la organización del trabajo se han automatizado a tal punto que van sustituyendo
y desplazando de la escena productiva al trabajador asalariado. El mundo del trabajo requiere una fuerza
de trabajo con habilidades y capacidades basadas más en el desarrollo del conocimiento que en el uso de
destrezas técnicas. Mientras tanto, la desocupación crece, la exclusión se multiplica, la riqueza se concentra
y la brecha social es cada vez mayor. SÍ la atención se centra en cambios en las características de las fuerzas
productivas, tecnologías y trabajo y en el funcionamiento del mercado mundial, se puede afirmar que los
mismos se inscriben dentro de la lógica de funcionamiento del capitalismo. No obstante, la novedad histórica
de esta época respecto a las anteriores radica en la dinámica que el desarrollo de las nuevas tecnologías
de la información le ha conferido. Pero ni las relaciones de producción ni las formas de apropiación y
acumulación del capital han cambiado hasta ahora. Desde este punto de vista es posible pensar que el
capitalismo ha entrado en una nueva fase de su desarrollo y no constituye el inicio de su final.

Pero también esta afirmación puede ser puesta en duda, si se consideran los efectos de la automatización
sobre los procesos de producción y sobre el trabajo. Este último se ha ido desplazando del centro de la
escena y de ser el fundamento de la creación del plus-valor, pasó a ser un elemento de control y
supervisión, y dado que las máquinas por sí mismas no crean valor, entonces, ¿dónde se origina la
creación del plus-valor? ¿El plus-valor dejará de ser la razón de existencia del capital? El capitalismo, por
su propio desenvolvimiento histórico, ¿se encuentra en una encrucijada?

Estas preguntas plantean un dilema difícil de resolver por ahora, aunque varios autores han señalado que la
automatización ha decretado el fin de la era del trabajo y, en consecuencia, estos cambios pueden ser el
inicio del final del capitalismo. En su época, cuando la Revolución Industrial se encontraba en su pleno
apogeo, Marx vislumbró la posibilidad de la casi total automatización de los procesos de trabajo y
refiriéndose a dicha problemática, señaló:

“El trabajo ya no aparece tanto como estando incluido en el proceso de producción; el hombre se
comporta más bien como un supervisor y regulador del proceso productivo (...) se presenta al lado del
proceso productivo, en lugar de ser su agente principal. En esta transformación lo que aparece como pilar
fundamental de la producción y de la riqueza no es ni el trabajo directo ejecutado por el hombre ni el
tiempo por él trabajado, sino la apropiación de su propia fuerza productiva general (...) tan pronto
como el trabajo en forma directa ha cesado de ser la gran fuente de riqueza, el tiempo de trabajo
deja, y tiene que dejar de ser, su medida y por lo tanto el valor de cambio del valor de uso (...). Con
ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio.”20

De acuerdo con esta cita, y debido a la mayor automatización, es posible inferir que está desapareciendo un
tipo de trabajo, el trabajo asalariado, creador de valores de cambio, propio del capitalismo industrial. Podría
ser el fin de una forma de trabajo, en tanto actividad, en tanto forma de hacer, y de concebir el trabajo.
Pero no es el fin del trabajo concebido como potencialidad creadora y transformadora propia de los
seres humanos; el trabajo como tal seguirá persistiendo.

Sin haberse modificado las relaciones de producción, sin transformaciones en las formas de acumulación y
reproducción del capital, ¿es posible que sólo los cambios tecnológicos sean un indicador suficiente del final de
una época histórica? Creemos que para que ello efectivamente suceda son necesarios cambios en las
relaciones básicas y fundamentales propias del capitalismo.

Más allá de las elucubraciones teóricas y de las especulaciones hipotéticas, lo que sí queda claro es que aún
es prematuro prever el desenlace de este proceso, sobre todo cuando estamos en un mundo en el que lo

Unidos, y 30 por ciento son de la Unión Europea; solamente el 10 por ciento pertenece a Japón.
20
MARX, Karl: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador) 1857-1858, volumen I, Siglo
XXI Editores, Buenos Aires, 1971.

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El Capitalismo UBA XXI
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viejo no termina de morir y lo nuevo apenas comienza a nacer. Porque más allá de las preocupaciones de los
estudiosos de la realidad social por dilucidar y develar el sentido de los cambios, la reflexión científica, por
ahora, sólo puede aventurar hipótesis, dado que, tal como se señala en el comienzo de este trabajo:

"La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el análisis científico de
ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y
arranca, por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histórico."

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