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HOJA DE TRABAJO

¿QUIÉN SOY?
Como persona:
1. Mi ___________favorito (a) es:

2. Si pudiera tener un deseo, sería:

3. Me siento feliz cuando:

4. Me siento triste cuando:

5. Me siento muy importante cuando:

6. Una pregunta tengo sobre la vida es:

7. Me enojo cuando:

8. La fantasía que más me gustaría tener es:


2. DESCRIBIÉNDOSE A SÍ MISMO. Empleando materiales diversos (tales como
papel, tijeras, pegamento, cinta adhesiva, periódicos y recortes de revistas), los
participantes crean collages en los que se describen a sí mismos.

4. TIRA CÓMICA. Se da a cada participante, una hoja de papel y lápices, con


líneas se divide la hoja en doce partes iguales. En cada sección deberán dibujar
un acontecimiento importante en el cual estuvieron involucrados (Estos
acontecimientos deberán limitarse a los ocurridos durante la vida del grupo)

5. SILUETAS. El Facilitador forma parejas. Los participantes se turnan para


dibujar en hojas grandes siluetas de gran tamaño de la persona que forma su
pareja. Estos dibujos se pegan en la pared y se tratan de identificar. Entonces, los
participantes añaden características que asocian con la persona.

6.- MURAL. Un grupo grande, como en el caso de una comunidad entera, puede
hacer un mural que lo represente. Esto puede hacerse en hojas de rotafolio para
evaluar todo el trabajo, en este trabajo se pueden utilizar recortes de revistas. Se
pega en una pared y cada uno da una breve explicación de lo que hizo.

LA RANA Y EL ESCORPION

Cuenta un relato popular africano que en las orillas del río Níger, vivía una rana
muy generosa.

Cuando llegaba la época de las lluvias ella ayudaba a todos los animales que
se encontraban en problemas ante la crecida del rio.

Cruzaba sobre su espalda a los ratones, e incluso a alguna nutritiva mosca a la


que se le mojaban las alas impidiéndole volar. Pues su generosidad y nobleza
no le permitían aprovecharse de ellas en circunstancias tan desiguales.
También vivía por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana: “Deseo
atravesar el río, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, hermana rana,
llévame a la otra orilla sobre tu espalda”.

La rana, que había aprendido mucho durante su larga vida llena de privaciones
y desencantos, respondió enseguida: “¿Que te lleve sobre mi espalda? ¡Ni
pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si estoy cerca de tí, me
inyectarás un veneno letal y moriré!”

El escorpión le replicó: “No digas estupideces. Ten por seguro que no te picaré.
Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar,
perecería ahogado.”

La rana se negó al principio, pero la incuestionable lógica del escorpión fueron


convenciéndola… y finalmente aceptó. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda,
donde él se agarró, y comenzaron la travesía del río Níger.

Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su
espalda al escorpión. Poco a poco fue perdiendo el miedo a aquel animal que
llevaba sobre su espalda.

Llegaron a mitad del río. Atrás había quedado una orilla. Frente a ellos se
divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un
remolino…

Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión picó a la rana. Ella sintió un dolor
agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron
a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron
fuerzas para gritarle al escorpión:

“¡Lo sabía!. Pero… ¿Por qué lo has hecho?”

El escorpión respondió: “No puedo evitarlo. Es mi naturaleza”.

Y juntos desaparecieron en medio del remolino mientras se ahogaban en las


profundas aguas del río Níger.

¿Que tipo de gente eres?

Porque los escorpiones terminarán siempre sólos, o rodeados de escorpiones o


de otros animales rastreros y ponzoñosos.

Las ranas podrán encontrarse con escorpiones, pero también con otras ranas,
y cuando las ranas se encuentran, existe la felicidad.

Aléjate de la gente ponzoñosa cuya “naturaleza” es estar escupiendo veneno y


cuyas malas intenciones te pueden afectar, e incluso, no te dejarán vivir.
Y algo muy importante: Los animales en la vida real no pueden decidir, por lo
que actuan conforme a lo que su naturaleza les dicta. Pero nosotros los
humanos tenemos libertad, y con esa libertad podemos decidir la moral con la
que actuamos. Cada quien decide si se rige por la moral de la rana o por la
moral del escorpíon; tú puedes escoger en que te conviertes y como terminará
tu vida.

LA RANA SORDA

Un grupo de ranas viajaba por el bosque, cuando de repente dos de ellas


cayeron en un pozo profundo. Las demás se reunieron alrededor del agujero y,
cuando vieron lo hondo que era, le dijeron a las caídas que, para
efectos prácticos, debían darse por muertas. Sin embargo, ellas seguían
tratando de salir del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras les decían que esos
esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas atendió a lo que las demás decían, se dio por
vencida y murió. La otra continuó saltando con tanto esfuerzo como le era
posible. La multitud le gritaba que era inútil pero la rana seguía saltando, cada
vez con más fuerza, hasta que finalmente salió del hoyo. Las otras le
preguntaron: “¿No escuchabas lo que te decíamos?” La ranita les explicó que
era sorda, y creía que las demás la estaban animando desde el borde
a esforzarse más y más para salir del hueco.

La palabra tiene poder de vida y de muerte. Una voz de aliento a alguien que
se siente desanimado puede ayudarle a terminar el día, mientras que una
palabra negativa puede acabar por destruirlo. Cualquiera puede decir palabras
que roben a los demás el espíritu que les permite seguir la lucha en medio
de tiempos difíciles. Tengamos cuidado con lo que decimos, pero sobre todo
con lo que escuchamos.

Anónimo dijo...
Quien soy es una pregunta que pueden responderse pocas personas .
La razón es que son los demás los que con actitudes de aprobación o
rechazo nos dicen quienes somos . Este es un yo social que insume
gran cantidad de tiempo y esfuerzo .
¿Pero somos lo que dicen los otros , o los otros nos entendieron mal?
¿O negamos lo que los otros creen de nosotros? ¿O el individuo
realmente existe y puede prescindir de la existencia de otros
humanos ?
Para quien cree en Dios , nuestra identidad se confirmará o disolverá
sólo ante su Presencia . Y quizás en esto consista el fantaseado
infierno católico . Simplemente en no ser , por no haberlo querido ,
por no pagar el costo de ser en este mundo .
Para quien no cree , esta examinación final no existiría , lo cual lejos
de una ventaja se convierte en una exigencia más para hacer las cosas
bien .
Es el deber ser de la cultura patriarcal aún vigente expresado de dos
formas diferentes según las creencias . Saludos desde la arrocera .
M.S
Yo pienso que el "quienes somos" debemos definirlo nosotros mismos en cada
momento; no creo que nuestro ser esté separado de nuestra voluntad y decisión.

Los demás no siempre reflejan quienes somos, sino muchas veces sus propios
prejuicios. Nos ven con sus propios lentes, y solo cuando esta visión coincide
(casualmente) con lo que pensamos de nosotros, es que decimos "esa persona me
conoce bien, sabe quien soy".

Es por este motivo que diferentes personas pueden tener una diferente visión sobre
nosotros. Unos nos ven con antipatía, otros con cariño y cordialidad, unos nos
atribuyen actitudes negativas, otros positivas. ¿Quien tiene la razón? ¿La mayoría?
¿Desde cuando el quienes somos se decide por mayoría de votos?

Para quien cree en un Dios cristiano, su ser personal está determinado por gracia
divina, que se consolidaría post-mortem.

Para quien no cree en Dios ni en lo trascendental, la pregunta puede que no tenga ni


sentido, porque su destino final será la aniquilación permanente, la radical
desaparición definitiva y plena; y su existencia aquí es meramente un hecho
accidental, sin sentido objetivo último.
Ciertamente, para quien no cree, el examinen o juicio final no existe. Pero no existe
porque la propia personalidad se extingue para siempre; y no se puede enjuiciar a
quien no existe, a quien carece de "ser".

Quienes creen en un Dios no cristiano, como el filósofo que enlazo a continuación,


pueden considerar inexistente el juicio final, pero probablemente no descarten una
existencia trascendente post-mortem, o una realidad espiritual:

http://www.tothesource.org/10_30_2007/10_30_2007.htm

Steven Nachmanovitch sugiere en su libro Free Play


http://www.freeplay.com/Top/index.m2.html
que el secreto de una vida inspirada consiste en oír la voz interior de la intuición y
saber responder a su llamado. A mí esa idea me parece sugerente. Por experiencia
propia, cuando no he actuado consecuentemente con lo que me decía, he sufrido las
consecuencias. Quizás es que aún no soy yo mismo.

MS, eh........... No te enojes con mi in-sistencia please........ Pero, ¿y si la "norma"


fuera ser fiel a uno mismo?

No hincho más..... :-))

Anónimo dijo...

La gente tarada como el tractorista que se "olvidó" de echar gasoil ,


me saca , pero estos temas como los planteás me interesan y
entusiasman . No entiendo bien las implicancias de "¿y si la norma
fuera ser fiel a uno mismo?" . No veo el problema . Leí tu última
respuesta a zc y estoy de acuerdo .
En un blog nadie puede ser comprendido sólo por una par de
respuestas a un tema tan complejo , pero no está mal aclararle a zc y
a otro que lea , que cuando hablo de no creyente , hablo de alguien
consciente y convencido que según sus conocimientos y experiencia
de vida dice , para gastarlo una vez más a Galileo "y sin embargo , no
creo" .
No creer en Dios no es sinónimo de ateísmo , indiferencia y menos de
falta de sentido de la vida ; y el libre albedrío de decidir que o quien
ser , es tan importante para mí , que lo doy por sentado todo el
tiempo como el aire que respiro . M.S
Estoy de acuerdo profesor Zanotti en que, haya o no Dios, habría un "ser uno mismo",
en el sentido de tener algún tipo de identidad personal.

Mi punto fue, y quizás allí radiquen las limitaciones de nuestro lenguaje, ¿qué tipo
de "ser uno mismo" es al que nos referimos? ¿Cuál es su fundamento último? ¿En qué
basamos el quien soy?

Es por ello que, quizás desde una perspectiva existencialista (aunque yo no me


defino como tal), el quien soy puede ser definido en función de lo que uno decida y
valore (lo que presupone algún tipo de libre albedrío).

Un no creyente de tipo materialista podría responder "Yo soy mi cerebro", "yo soy
materia altamente evolucionada", "yo soy un producto accidental de la naturaleza",
o cualquier otra respuesta. Otro no creyente, pero con una visión espiritual,
respondería "Yo soy un ser espiritual en un mundo material"; y un cristiano quizás
responda "Yo soy una creatura del Señor"

Concuerdo con M.S. que no creer en Dios no es lo mismo que ser ateo (aun cuando
muchos ateos se definen así, como alguien que "no cree" en Dios, y no como quien
cree que Dios no existe), y tampoco es lo mismo que ser materialista.

A lo que me referí en mi comentario fue que, para el que tiene una cosmovisión
cristiana, su "quien soy" está respondido en parte por el Dios que, graciosamente, le
dio su ser (ya que ese Dios es el que creó el mundo y lo sostiene). Este Dios le ofrece
también la basa ontológica y axiológica de su existencia.

Luego, para un cristiano, la respuesta a "quien soy" no puede responderse con total
independencia de este Dios.

En cambio, para quien no cree, la fundamentación de los valores y hasta de su


identidad personal (su "quien soy" último) debe buscarla y quizás "decidirla" el
mismo; no le viene "dada". Tiene que encontrar, por sus estudios o experiencia, un
criterio de moralidad y un sentido a la vida.

No quise decir que quien no cree carezca de sentido de vida; puede tener un
sentido, pero éste tiene que elegirlo el propio sujeto, no es un sentido último que
exista como algo objetivamente trascendental; sino que es algo contingente, y que
el propio sujeto debe elegir.
Asumir consistentemente la propia finitud, contingencia, y potencial extinción
permanente, nos hace consciente de que cualquier sentido que le demos a la vida es
también contingente y, hasta cierto punto, arbitrario y relativo.

Un mundo sin sentido ni propósito en sí solo puede tener el sentido y propósito que
nosotros arbitrariamente le demos.

Por eso M.S., tu aclaratoria sobre lo que significa ser "no creyente" es pertinente y
correcta, y la comprendí desde el primer mensaje; solo que derivé de ella lo que, en
mi modesta y falible opinión, son sus implicancias últimas consistentemente seguidas
y formuladas, y su relación con este artículo.