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• PALJL FRIEDLÁNDER

PLATON
Verdad del ser y realidad de vida

I
l
PAUL FRIEDLÁNDER

PLATON
VERDAD DEL SER
Y REALIDAD DE VIDA
TI TU LO O RIG INAL:
Plalan. Band 1: Seins wahrheil und Lebenswirkl íchkeit

Im presión de cubierta: INDI CE


G rá ficas Malina
INTRODUCCiÓN . . . . . . . Pág. 9

DEL PRÓLOGO A LA PRIM ERA EDICIÓN (1928) . 17

PRÓLOGO A LA TERCERA EDICION 18

PRIM ERA PAR TE

CAPíTULO 1: MEDIO Y E NTO RNO 21

CAP1TULO 11 : DEMON . 48

CAPITlJLO 1Il : A RRHETON 73

CAPITULO IV: ACA DEMIA 95

CAPITULO V : LA OBRA ESCRITA 115

CAP1TULO VI: SOCRATES EN PLAT O N lJ O

CAPITULO VII : I RONIA 140

CAPITULO VlII: DIA LOGO

CAPITlJLO IX : MITO 170


Reserv ados todo s los derecho s. Ni la to ta lid ad ni par te de este libro p uede
rep roduci rse o tra nsmitirse por nin gún pr ocedim ient o electrón ico o mecá -
nico, incluyendo fotocopia, gra ba ció n magnética o cualquier almacen am iento SEGU NDA PARTE
de informaci ón y sistem a de recuper a ción , sin per miso escr ito de Ed itorial
Tecnos, S.A. CAPITULO X : I NT UlCIO N y CONSTRUCCIO N (Un pu ent e hasta Bergso n y
Schope nha ue r) . . .............. ................. 207
© WALTER DE O RUYTER & CO., Bd. 1, 1964 3. , durch gcs.u.erg.Au fl,
© E DITO RIA L T ECNOS, S.A., 1989 CAPITULO XI : ALETHE IA (Una p olémica del auto r co nsigo mismo y con Ma r-
Josefa Valcárcel, 27 - 28027 Ma dr id tí n Heidegger) .. . . 214
ISBN : 84- 309-167 1-7
Depósi to Legal : M-3 14 2-1 9 89 CAPITU LO X II: DIALOGO Y EX ISTE NC IA (Un a preg unta a Karl J asper s) 222
Prlnted in Spain. Im preso en Espa ña p or Un igraf. Avd a . Cáma ra de la Indu stria, 38.
Mó stoi es (M adrid) CAPITULO X III: SOBRE LA S CARTAS PL ATONICAS 226
8 PLATON

CAP!TULO XI V: PL ATON COMO FISICO DEL ATO MO (Construcción ato -


mlstica y destrucción atom ística en el Timeo de Platón) ........... 235

CAPITULO XV: PLATON COMO GEOF ISICO y GEOGRAFO .. .. . . . 248

CAPITULO XV I: PL ATON CO MO JURISTA (Po r HunlinglOll Cairn s) 269 INTRODUCCION


CAPITULO XVII: PLATON COMO PLANIFICADO R DE CIU DADES (La
ciudad ideal de Atlantis) . 293 La obra de Pa ul Friedlánder sobre Platón ha sido objeto de nu-
merosas reediciones y trad ucciones a muchas lenguas, pero hasta ahora
CAPITULO XVIII: SOCRATES EN RO MA . 300 no lo ha sido al castellano. Con to do, creemos que ya este hecho ju s-
tificaría un a versión a nuestra lengua que nos acercase a esta impor-
NOTAS 309 tante apo rtación al estudio y a la comprensión de un filóso fo funda-
mental no sólo en el mundo griego sino sobre todo en la génesis de
I NDICES .. . .. . •. • •.. • • . • • •• . • • • •• • •• • 357 la civilización occidenta l. Sin embargo, el que desde la primera edi-
A. Sinopsis del contenido . l59 ción de esta obra se hayan producido numerosas contribuciones cien-
B. Nombres y conceptos . . 367 tíficas en este campo puede dar pie a la idea de que nos encontramos
C. Escrilos de JOlalón • . . . . . . o • ••• • • 379 ante algo desfasado o simplemente superado en sus líneas más impor-
D . Escritos de Aristóteles 38 1 tantes. Semejan te punto de vista ha sido atajado por el prop io autor.
en cada una de sus nu evas ediciones. Concretamente la tercera edi-
LÁMINAS 383 ción alemana , que es la que nos ha servido de base para nuestra tra-
ducción, ha sido cuidadosamente revisada, correg ida y acrecentada
con nume rosas adiciones, incluso con tod o un capítulo, acerca de Pla-
tón como ju rista , que se debe a Huntington Caíms . Así que, por esta
part e, no caben dud as al respecto.
Por otro lado, la obra de Friedlñnder supone un cambio en el punto
de vista tradicional que se mant enía entre los historiadores de la Filo-
sofía Antigua, como él mismo estab lece en los diferentes prólogos a
sus ediciones, sobre todo en el correspondiente a la tercera edición
alemana. Se tra ta de intentar comprender a Platón en cuan to autor
«total», esto es, sin extraer de sus Diálogos los supuestos hechos doc-
trin ales apartándolos del «ropaj e» literario, como si éste fuese sólo
escenificación o relleno sin valor ideológico. Eso lleva a un análisis
filológico más profundo y más completo, capaz de ir más allá de la
terminología o del estudio lingüístico para establecer la cronología de
sus obras por estilometría. Todo ello se ant icipa a las concepciones
que se barajan actualmente y que, en buena manera, se deben a los
trabajos de la escuela alemana y a esta obra entre otras.
Indudablemente sería preciso establecer la influencia filosófica que
se encuentra en la base de semejant e actitud, pero eso lo deja perfec-
tamente claro Friedlander y no es preciso hacer elucubraciones al efec-
to. Están suficientemente expresados en su obra el alcance y las limi-
taciones que, ineludiblemente , se encuentran en la utilización de las
cor rientes filosóficas del momento en que él la escribe. De esta mane-
ra el valor científico queda intacto , y es preciso estab lecer asimismo
otras correcciones desde nuestro propio momento, a partir de las crí-
ID PLATON INTROD UCCION 11

ticas que actualmente se ha cen a las escuelas filosóficas utilizadas ccn ap orías y de convertir a Platón en un platónico o neoplatónico
por él. má s bien.
El mero hecho de servirse de las corrientes de interpretación filo- Si Che rniss trató de libera r de aristotelismo a los filósofos grie-
só fica allí , en donde las categorías filo lógicas presentan sus limita cio- gos, incluido P latón, Friedlander trata de apartar la ps eudo -filología
nes, es alg~ qu e debemos a Friedla nder y que hoy constituye un fenó - y la pseudo-filoso fía de la Hist oria de la Filosofía y en concreto de
meno habitual de los buenos aná lisis en Historia de la Filosofía . Con Plató n. Y, aunque él mismo reconoce que todavía queda una gran
t?do, la obra de este autor es un mo delo precisamente en esta utiliza- labor por delante, sin du da su aportación puede dejar una línea y una s
cíen, ya que el estudio de Platón no se convierte en la excusa para directrices perfectamente establecidas sobre las que la investigación
estab lecer una doctrina propia o una versión int eresada , aj enas a la puede continuar.
verdadera comprensión del filósofo griego. Son estas consideraciones las qu e nos han llevado a traducir esta
Ad emás queda también claro algo que es particularm ente impor- obra y a pon er a dispos ición de los alumnos de Filosofía y de cuantos
tante y qu e por lo genera l se mantiene fuera de los a fanes de un inves- sientan la necesidad de comprender a Plató n y a su aplicación de la
tigador en estos estudios. Nos referimos al sent ido de la Historia de Filosofía a la ciudad el cam ino imprescindible para ello .
la Filosofía, a su valo r y razón de ser en un mundo mode rno, sin que
est.o n.os lleve a plantearnos las aportaciones lejanas del pasado o las
reliquias que han quedado de una cosmovisión primitiva y desfasada. NUEST RA T RADUCC ION
. Fr!edla nder ha:e notorio qu e P latón nos puede enseñar y que el
histor iador de la Filosofía no es un embalsamador de cadáveres sino Cuando se pret ende establecer una versión en castellano de una
q.uien descubre los prob lemas de nuest ra sociedad y pon e de mani - labor filológica y filosófica tan precisa como la que nos atañe, es pre-
ñes to que , en la solución de los mismos, nos encontramos con un Só- ciso solucionar un conjun to de problemas previos.
cra tes y un P lató n en la ap licación operato ria de todos los días a par-
tir de lo que denominamos «cultura occidental» y que tenemos en la l . Las citas en las lenguas originales: En líneas genera les hemos
base de todas nuestras acti tudes y respuesta s. de respet ar el que el autor haya preferido no inmi scuirse en un int en-
En esta línea inicia o descubre Friedlander el camino que llevó desde to de tradu cción que pud iera traicionar la forma y el contenido por
la ciudad a la Filosofía y que Platón transformó en una vuelta desde el que aparecen pr ecisamente como elementos de l estudio qu e se está
é ~ ~ a a la ciu?ad. El valor de la «utopía» platónica, como planifica- llevando a cabo. Sin embargo , somos también conscientes de que ello
clan necesana y campo para el desarrollo de la actividad filosófica puede significar el aleja miento de la realidad que tratan de mostrar,
ap arece anali zado desde todos los cauces posi bles. Y es precisame nte por cuanto en este caso lo mejor sin duda es enemigo de lo bueno y,
en eS,ta dir ecc,ión en la qu e el papel de los mitos, de las ideas y de la lam entablement e, el estado de nuestros Estudios Clásicos y el conoci-
poesta plató nica se estab lece como orientación para todo tipo de filo- mient o de los Mod ernos no alcanza ni mu cho menos el grado de difu-
s?,fías y teorías. Es,' pues, una recuperación de Platón y una compren- sión que sería de esperar en nuestra cult ura y qu e resu ltaría impres-
sie n de la. «letra viva» de sus. diálog os, tal com o pret endía él mismo cindible para la comprensión de Fri edl ánder . Como pretendemos que
cua ndo dio esta forma pecuhar a la Filosofía, a la comunicación de esta obra result e asequible y pueda conseguir el fin propuesto , hemos
las ideas. Y el estudio de Friedlander nos pone en disposición de ap ro - traducido , por nuestra par te, dichas citas, bien aliado del texto origi-
vechar este campo y estos análisis. na l o bien mediante no tas a pie de págin a. En el primer caso, figu ra
P ero no es eso todo lo qu e se pued e sacar de esta obra. Queda entr e ba rra s y con letra diferent e.
un punt o pa rticularmente válido hoy : la «desmitificac i ón» de los es-
tudios pla tónicos qu e se puede notar en el esfuerzo de Friedlander por 2. La familiaridad de Friedlander con el mundo griego le lleva
superar todas las cuestiones que la Filología ha esgrimido du rante si. a utilizar conceptos o térm inos que entiende como per fectamente co-
glos pa ra de alguna man era llegar a la exactit ud en el conocimiento nocidos por los lectore s. La razó n que hemo s aducido ante s nos ha
de Platón, pero que asim ismo han pert urbado la comprensión de su llevad o a utilizar las notas a pie de página para explicar aq uéllos que
ob ra; se trata de problemas como el de la cronología, autentic idad pudieran plant ear dificultades y oscurecer la argumentación que apa-
conceptualización y valo r poético de sus comparaciones. Todo ell~ rece en el texto. Con el fin de evita r confusiones hemos detallado cuán -
no es má s que un intento de traicionar la escritu ra platónica de con . do las anotaciones son del autor y cuándo son nuestras . En todo caso
vcrtir al diálo go en tratado , de ha cer dog ma s en donde se' establ e- hemo s señalado con asteriscos y en notas a pie de página nuestras acla-
12 PLA TON INT RODUCCION 13

raciones y hemo s ma ntenido la numeración y la colocación al final 6. En lo que se refiere a estudios au tor izados s?bre P latón, e,s
de las notas que el auto r señala. posible acudir a la traducción del clásico libro d,e David Ro~s, Teoría
de las Ideas de Platón, Madrid, 1986. ed . Cat e~ ru;. rea lizada por
3. Las citas en alemán han sido tradu cidas al igual qu e tod o el J . L. Díez Arias . Hay tr ad ucción al castellano, asrrrusmo, de la ma-
texto en esa lengua . En lo que se refiere al capítu lo de H. Cairns, en yor pa rte de las obras generales que cita Friedlander y que hemos ~d ­
inglés, lo hemo s traducido asim ismo, al igual que las cit as que en él vertido en su lugar correspo ndiente. No hay , en cambio, t r ad u~c l ó.n
y en sus notas aparecen en dicho idioma. Fuera de estos casos hemos de la gran obra de Wilamowitz, que es en la que más se apoya filcló -
respetado siempre el idioma origina l y hemos traducido el texto en gicamente el autor.
las notas a pie de página.
Ovíedo, 4 de febrero de 1988
4. Por lo que se refiere a las citas de lenguas clásicas , cua ndo S . GON ZÁLEZ ES CUDERO
ésta s fueron traducida s o parafraseadas por Friedlánder hemos res-
petado su versión, que es la que hemos traducido (y en este caso no
hemos cambiado la letra ni lo hemos colocad o entre barras). Cuando
no era así. hemos tr atado de establecer una traducción 10 más litera l
posible. El lector puede cot ejar las existentes en cast ellan o que respe-
tan la numeración científica utilizada por el autor, y que asim ismo
hemos tenido en cuenta:
Platón, Diálogos, to mos I-V, Gredas, Col. Clásicos. Varios tra-
ductores .
L. Gil, El Banquete y Fedro, Guadarrama.
J. velarde, Protágoras, Pentalfa .
Merecen especial ate nción las ediciones bilingües del Instituto de
Est udios Políticos. reeditadas recientemente bajo el no mb re de Cen-
tro de Estudios Constitucionales:
J. M . Pa bón-M, F. Galiana. La Rep ública, Centro Estudios Cons-
tit ucion ales. 1949. 3. a ed . en tres tomos 1981.
J. M . Pab ón-M. F. Galiano, Las Leyes, C. Est. Const., 1960, 2. a
edic. en dos tomos 1983.
J. Calonge, Gorgias, C. Est. Co nst., 1951.
M. Toranzo, Cartas, C. Est. Const. , 1954.
A. González Laso . El Pottüco, C. Est. Co nst. , 1955.
M . Rico. Critón, C. Est. Const., 1957.
L. Gil. Fedro, C. Est. Const. , 1957.
A. Ruiz Elvira, Menen. C. Est. Const ., 1958.
A. Tovar, El Sofista, C. Est. Cons t., 1959.
La edición hecha por Aguílar de Platón, Obras Completas, corres.
pendiente a dife rentes traductores de muy distinto valor. carece de
la num eración científica estricta.

5. Para una orien tación bibliográfica acerca de Platón nos re-


mitimos a los dos magníficos est udios realizados por E.LledÓ:
E. Lledó , La memoria del Lagos, Madrid. 1984, sobre todo págs.
229-237. y la introducción al tomo 1 de Pla tón. Diálogos, en la Bi-
blioteca Clásica G redas.
UDALRICO DE WI LAMQWITZ-MOELLEN DORF
TOl AAIMON lm
hoc opus manet dedicatum
MDCCCCXXVI II MDCCCCL III MDCCCCL XIV
,

DEL PROLOGO A LA PR IMERA EDI CION (1928)


w as kann uns allein wiederherstellen? Hace casi 10 afias - en los inol vidab les días de la «Universidad
Del" Anblick des Vollkommenen alemana de guerra en Wilna»- ha hab lado el autor por primera vez
sobre Platón, con la conc iencia aún impr ecisa de que sobre él ten ía
Nietzsche, que decir algo propio y, a la vez, no sólo subj etivo. Para quien en
Vorarbeiten zum Pall Wagner los años de la guerr a, en las trincheras ante Ypern y en las cabañas
rusas, estaba a solas con las ob ras de P latón, pa ra ése tuvieron que
hacerse vivos esos «dr ámata», ese mundo de Filía y Neíkos / A mor
/¿Qué es lo único que puede restaurarnos? y Odío/, con una fuerza hasta entonces desco nocida. Ni de lejos se
La visión de lo perfecto pensaría en cualquier clase de trabajo científico en el que tod o futu -
N., ro , sobre todo el futuro científico, se disipaba en lo desconocido . Pe-
Trabajos previos al caso Wagner/ ro eso sería algo muy distinto al azar el que P latón, sob re las embro-
lladas fronteras de la guerra y la paz, se convirtiera en guía y consi-
guiera sob re todo la vuelta a la ciencia en este trabajo de ah ora recon -
virti éndo lo en sendero científico.
He obt enido, por medio de conversaciones o mediante críticas al
manuscrito , múltiples estímulos ante todo de Fritz Klingner, Nikolai
Ha rtmann, Ernst Robcrt Curtius, Herbert Koch, Rudolf Bultmann ,
Martín Heidegger y Ha ns-Geo rg Gadamer. A to dos etlos les doy las
gracias.

Marburg, a 18 de Enero de 1928


P.F.
PROLOGO A LA T ER CERA EDICION
¿Por qué toda vía un libro sobre P lató n, además de los mucho s PRIMERA PARTE
q ue ya se hicieron y de los que siempre van de nuevo a escribirse? El
aut or se encontra ba ent onces entre dos frentes. Uno , lo ocu paban los
Neo-kantia nos y ot ras líneas de la Filoso fía trad icional. El elemento
literario y poético de Platón no ten ía valor fundam ental alguno para
los filósofos; era obra de relleno . la bor de espacio pa ra el con tenido
filosófico. El ot ro frente llevaba al gra n intérprete de la Filología Clá-
sica , a quien estaba y siempre permanecerá dedicado el libro : a VI ·
ricb von wñ amowitz-Moellendor f. El escribe la biografía de Pla tón
y analiza sus obras, pero, con frecuencia, deja lo pro piamente filosó-
fico a los filóso fos.
Para superar esa cont radicción , habia ento nces, y todavía queda
ho y. una tarea . « Verdad del ser y realidad de la vida », figura por eso , .
desde la segunda edición, de subtítu lo en el primer to mo . Vale tam o
bién para los to mos 11 y 111 . «Idea y Existencia» se podria po ner
igualmente.
Se ha n revisado el texto y las notas para la tercera edición; no obs-
ta nte, no ha y diferencias susta nciales respecto a la segunda. Como
cambios generales sólo se ha introd ucido la discusión co n Heidegger
en el capítulo XI. Hu ntington Cairn s ha permitido imprimir aquí su
trabajo « Plato as J urisr» co mo capítulo XVI , igual que ya -apare cía
en la edición inglesa del volumen 1 de Platón . Ello ayuda a com ple-
tar, ju nto con los capítulos XIV. XV YXVII. la imagen de la univer-
salidad de Platón .

Los Angeles, California, a 24 de Ab ril de 1964


P .F.
CAPITULO I
MEDIO Y ENTORNO
lUnas palabras de Platón .. .!

«Una vez, cuando yo era joven» - así escribe Platón a los setenta
y cinco añ os en su manifiesto epistolar «A los am igos y partidari os
de Dióne -c- «me sucedió como a muchos: pensaba dedicarme a los
asuntos públi cos de la ciudad en cuanto fuera dueño de mis actos.
y me topé, en la vida de la ciudad, con las siguientes clases de vicisi-
tudes: pues, como el régimen de entonce s fuese censur ado por la ma-
yoría, tuvo lugar un cambio, y se colocaron al frente de esta transfor -
mación, como dirigentes, cincuenta y un hombres, once en la ciuda d
y diez en el Pir eo, en cuyas mano s se concent raba lo referente al ágo-
ra y a los asuntos entre los conciudadanos; en cam bio establecieron
con plenos poderes a treinta como jefes de todos" . Casualment e al-
gunos de éstos eran pari ent es y fam iliares míosv", así qu e, en efecto,
me llamaron de inmediato, en la idea de que eran asuntos que me con-
venían . Yo , a causa de mi juventud, nada extraordinario noté; pues
pensaba que ellos iban a conducir de verdad a la ciudad de una vida
injusta a un mod o justo, de form a que atendí con todas mis fuerzas
a ver qué hacían . Y cuando vi que, en efecto en poco tiempo esos hom-
bres demost raron que el régimen anteri or habí a sido una eda d de o ro
y que, entre otros abusos, también a un anciano amigo mío, a Sócra-
tes, de quien no me daría vergüenza decir que era el más justo de los
de ent onces, le iban a enviar junto con otr os a tra er a la fuerza a un
ciudadano para asesinarl o , a fin de que, tanto si quería como si no ,
quedase implicado en sus ma nejos*** - mas él no les obedeció y se
expuso a sufrir to do ant es de converti rse en su cómp lice en acciones
indig nas . Al ver, en efecto, todo eso y otros detalles nad a insignifi -
cantes de semejante índole, me irrité y apa rté de los males de enton -
ces. No mucho tiempo después cayó 10 de los treinta y todo el rég í-

• Se refiere al 404 a.C e, época de la derrota de Aten as po r Esparta com o fina l de


la Guerra del Peloponcso y al estab lecimiento de los llama dos T reinta Tiran os, enca r-
gado s en un principio de refo rmar la Co nstit ució n y tra nsformarla de democrática en
oligárquica, bajo la pro tección de los espart anos. (N. del r .)
•• Cármides y Críuas, que formaban parte de este gobierno , eran tíos de Pla tón
y hablan esta do relacion ado s con Sócra tes, (N. del T.)
• •• Se trata ba de la detención de León de Salamin a. Este pro cedi miento co nstituía
un sistema ha bitu alment e utilizado por los Treinta para involucrar a la gente en sus
accio nes. (N. de! T.)
22 PL A TON MEDIO Y EN TO RNO 23

me n de esta época . De n uevo, a unque co n más lenti tud . me da ba vuel- ad mitir ag radecidos todos los datos, que por el testimo nio propio se
ta s sin em bargo el deseo de actuar en los asuntos público s y comuni- nos permite llenar, o ver la confirmación de cualqu ier otro. Pero p~­
tarios. Hab ía, por consiguiente. ta mbién en aq uellos mome ntos con- ra el co nocimiento de la evolución platónica no utilizamos en resunu-
fusos mucho s sucesos que cua lquiera desaprobaría y no era nad a da s cu entas más qu e este pasaje auto biográfico -c-que sin duda t ie~e
extraño que se di esen grandes ven ganzas de en em igo s perso nale s en en cont ra a los muchos que se han molestado en llevar la contran a
aqu ella época de cambios; con todo , los que regresaban entonces uti - a P latón en su manifiesto epistolar y ta mbién el escepticismo de un
lizaron gra n moderaci ón". En cambio. por una mala suerte, unos de Nietzsche: « Ninguna fe se puede dar a una historia de la vida de P I.a-
los poderosos, a su vez, llevan a juicio a ese compañero nuest ro , a t ón escrita por él mismo , como tampoco a la de Rousseau o a la VIto
Sócrates, con la acusación más ignomin iosa y meno s apro piada a Só- Nuova de Da nte l .
crates que a nadie: pues co mo impio le detuvieron, condenaro n y eje- Aqucl doc umento se opone sob re todo a la repr esenta ción popu-
cutaron, a él que no quiso participar en una ocasión de arresto inj us- lar de P lató n. A él lo han visto como su predecesor gra ndes pensado-
to de uno de los amigos de los exiliados de entonces, cuando ellos es- res de siglos posteriores. El pertenece a la Histor ia interna de la Me-
ta ban pasando desgracias al huir. Al observar eso, ya los hom bres tafís ica occidental. Dentro de las conclusiones de sus prob lemas des-
que llevaban los asuntos públicos, las leyes y su carácter, cuanto más cubre verdades, en el fund amento de las verda des, que ya Parm éni-
me fijab a a medida que ava nzaba en eda d, en tanto más dificil me des Heráclito y Sócrates hab ían descubierto , y a las que ot ros filóso-
parecía qu e era la correcta administración de los asuntos públicos: en fos'proyectan sus problemas. «Después dc los anteriorm ente llamados
efecto , no era posible actuar sin am igos ni compañeros dignos de con- filóso fos, se presenta la doctrina de P latón com~ la q u ~ en g~nc ral
fianza, y era imposible co nseguir otros nuevos con una cierta Iacili- siguió a ésos, pero en muchas cosas ta mbién ~efleJó partlC u l a r~ d ades
dad , ya qu e no se man tenía la ciudad en las costumbres y convenien- de rivada s de la Filosofía de Italia». ¿Es posible proyectar afinados
cias de nuestros padres; ad emás se iban corrompiendo la letra y el ca- torrent es creadores sob re una superficie mu y co ncreta de problemas
rácter de las leyes que se daban en admirable cantidad; de forma q ue históricos como Aristóteles hace aq uí (Metafts íca, A 6)7 Así es pos i-
yo, aun que en un principi o estaba lleno de mucha ilusión para actuar ble referirse a aqu ella forma de pensamiento , En efecto , si ni P latón
en los asun tos públicos, al verla así y conte mplarla arrastrada por to - mismo podía verse ya en esa perspectiva , ca~e p regu~tars~ si nc.' se
dos en tod as direcciones y al terminar hastiado , aunque sin deja r de oye en el Fedón a Sóc rates referirse a su pro pia evoluci ón filosó fica .
ob servar por dónde pod ría surgir algo mejor sob re estas cuestiones, Pero eso queda sin respuesta, y en ningún momento hay nada de ello
ta nto enton ces como en toda Constitución, esperab a siempre oport u- en la carta.
nidades par a actuar; y al final llegué a pensar que, en lo que se refiere Por lo tanto seguro que la ojeada d e la carta no es completa . De-
a los asun tos públicos , todas las ciudades act uales están ma l goberna- bería ser demostrado el concepto de «Filoso fía», que sa lta al fina l sin
das. En rea lidad en cuestión de legislación casi están desahu ciad as, que en ningún lugar se hubiera dicho có mo se ~a llegad o a esa filoso-
a no ser que, con suerte, se dé algún remedio ext rao rd inario . Es o bli- fía . Platón se sabe a sí mismo como el descub ndor de u n mundo me-
gado decir, en alaban za de la correcta filosofí a, que d e ella procede tafísico y la correcta Filoso fia , de que habla en su car ta, ¿acaso pue-
el en focar los regímenes justos y los asunto s part icula res. Asi pues, de ser otr a cosa que el conocimiento de las formas eternas y de su
no cesarán los males del género humano antes de que la estirpe de verdadero ser? Pero tampoco trataba de alcanza r ese n uevo mundo. 'J
los q ue correctament e filosofan llegue a [as magistraturas polí ticas o El buscaba la ciuda d yen la búsqued a de la verdad era ciudad" enco n- '
bien la de los que dirigen en las ciudades llegue, por una suerte divi- tró el reino de las ideas.
na , a filosofar de verdad . Co n ese bagaje de pensamientos viajé a Ita-
lia y a Sicilia en la primera vez que Iui» 1. . .
Así el viejo Plató n echaba una ojeada al tiempo de su desarrollo
espiritual, en tre los J 8 Ylos 40 años de su vida . Ta l vez tenga ra zón • El autor emplea el térmi no Staat cuando se refiere a tod o lo concern iente a nues-
rro t érmin o mod erno «Estado», como es lógico desde el punto de vista de la equivalen-
Goet he en que «Nadie puede participar de la forma peculiar con la cia lingüística . Sin embargo resulta m uy discutible el q ue los Griegos en. la Antigüeda?
que un individuo contempla su vida pasada». Nosotros deberlamos hu bieran llegado a un concepto semejante (d r. a es~os e.fectos CoIoqulO$ ! ob rt' teorra
ae
poJ¡~iJ:a la Anligufflad, Madrid , I9fíS). Lo q ue ss tema n era u~a orgaml~ctÓn cen-
nada en la ri udad y completamen te autó noma puesto que no ha bla est ablecido un po-
• Se reñe re al derrocami ento de 1m T reinta y la consígmeme resta uración de 13 de- der sc penor. Por esa razón hemos uuliza de en este sentido la palabra «ciuda d», como
mocracía t on el regreso de los exiliados . (N. del T.) traducció n del griego ~OAIf y no co mo el t érmino usado entre no sotr os como tal.
•• La, not as del au tor se encuentra n a pa rtir de la página 309. (N. del T.)
24 PLATON MEDIO Y ENTORNO 25

A partir de las condiciones hist óri cas bajo las que Pla tó n se desa - no ha llegado a ser lo bastante pronto alumno del enton ces recién lle-
r~o ll6 quedará más claro cómo ha de ser la ma nera de entender sufi - gado Protágoras. Y su respuesta: «Sí, po r Zeus , ami go Sócrat es, si
clr::otemente eso y que no pu eda ser de otra forma. Su nacimiento ocu- debo decir lo que pienso», ha bía sido el pensamiento de aquel ate -
rnó en un lugar ~ tiemp?,,r la Sociedad que le rodeó no impulsa ade- niense educado (Protágoras 312 A).
m~s a llevar la vida de filosofo , tal como desd e siglos un hombre po -
dr á haber nacido - y no por él mismo- dentro de un gran filoso fa r
qu e pa~a a t ravés del género humano. «Como yo estaba introdu cido / La formación de Platón /
en l~ Filosofía... », escribe Dilthey en una ocasión. P latón no hu biera
p.odldo hablar así. Pues era completa mente distinta la situación espi- Aristóteles, allí en donde inscribe a la Filosofía de su maestro co-
n tual para un hombre que ha bía nacido, al comienzo de la gran gue - mo continuación del sistema metafísico (Metafísica A 6),cuenta que
r ra, en Atenas dentro de una renombrada estirpe. Platón, de sde su ju ventud, había estado en relación con Cratilo, el
segu idor de Herácl ito, y que ha bía pasado a través de él la doc trina
del eterno flujo y de la imposibilidad del verdadero conocimiento. Pero
/ Situación de Atenas y su renovación/ que luego Sócrates le había imbuido algo , en la parte ética, que no
pertenecía al mundo de los sentidos, y que de esta manera habr ía to -
~l Aric a era todavía un peque ño país de señores, agriculto res y mado él esas «ideas». No se pu ede inter pretar a Aris t óteles a duras
marmcros en el alb?rear de su ya amanecido día, en el qu e el sol de penas y ma l, de peor manera que si se entendiese esa cons trucción,
~omero ya l,uce .bn llante sobre Jonia. No tomó parte Atenas en el que sólo tiene sent ido en la dirección de sus propios problemas, en
ár bol de la ciencia y de la metafísica qu e brotó en MiJeto y qu e fue una relación histórica sobre el verdadero desarrollo espiritual de P la-
trasplan tado a l~s colonias de It alia. Mien tras que en la ot ra orilla tó n. Pues, sin duda, no es má s difícil hacer que se anticipe al periodo
se calcula ban eclipses y se compr obaba el fundamento último del ser escéptico en su vida uno materialista, inclu so. Sólo se necesita que
del mundo , cons truían Salón y Plsfstraro para los atenienses su ciu- aq uello que Sócrate s conta ba en el Fedón sobre su evolución filosófi-
d,ad y le creaban a un pueblo joven una pos ibilidad de entrada en las ca se tome como biográfico y se tras lade a P lat ón J. Y ha cer ab str ac-
nc as c,o~tas del Este. Mient ras que en Jonia y en la Magna Grecia fue- ción, sin embargo , igualmente de modern as hipótesis: no sabemos en
ro n erigidos el ser c?mo único sin contrastes y la ley del eterno, y siem- 10 más mínimo qué profundamente pudieron habe r entrado en él so-
pre opuesto, devcn~r, que se altern ab an para regir el mundo, y se iba br e todo algunos pensamientos «fi losóficos» de aquella época que,
desarrollan~o la búsqueda del orden en la con str ucción del mundo par medio de Cratilo y seguramente también a t ravés de otros , llega-
y de su ~entJdo, fundamentaba Atenas la ciudad de ciudadanos libres, ro n a su entorno. E incluso si hu biera llegado a una desesper ació n
c?mba~Ia, a J? S persas y regalaba al mundo la T ragedia , Sin duda, la de todo conocimiento - lo que sin duda recordaría más al doctor Faus-
filosofía Jom a de la Naturaleza delegó a At enas a su primer gran de- to que a un hombre de la Antigüedad- as! se hu biera podido dedicar
tentador en Ana xágoras, cuya nueva sabiduría se ganó tanto al go- al mundo, al come rcio . Y habría podido dedica rse al comercio y se
bernante Pencle~ como al P? eta Eurípedes. Pero era un extran jero , hubieran volatilizado, tal vez, todas las cavilaciones, no de forma dis-
como t o.~ os los i óvenes «fisiólogo s» qu e suscitaban en Atenas, por tinta que el do lor del mundo a lo Byron y el escept icismo de Feuer-
ap robaci ón, carcajadas o enemistad. Y pronto llegaría el tiempo en bac h fuero n, por ejemplo , para el joven Blsmark en el mom ento en
que, a parur de la oposición a esa fisiología y de los pensamientos qu e empezó a orientar la vida.
de l~ s anter~or~s sobr e «teo ría del conocimiento», se extendiera la con- No , un at enien se, en cuyo árbol genealógico figuraba el nombre
clusi ón esccpuca. de Salón, y también al fina l del siglo V, sólo podía q uerer ha cerse
También Gorgias y Protágor as, los sofis tas, vinieron a Ate nas co- hombre de Estado . «Lle gar a ser un hombre dirigente de la Polis» ,
~o huéspedes. A su lado corr ió la juventud atenien se, porque ap ren- eso es lo que quiere cada uno a los veinte a ños o incluso an tes : Alci-
dIa'.l a conocer allf una nueva clase de deseada competición , y a su bíades, en el diálogo de Platón del mismo nombre, Glaucón, el her-
an sia de peder se le ofrecían armas has ta ahora desconocidas, Pero, mano de Platón, en los Recuerdos de Jenofonte, el propio Platón,
a.unq u~ se .reclbe ~on hono,r al vendedor de esa mer cancía de nu evo en la mirada retrospectiva de su gran carta. Sólo con la diferencia de
upo, lllngU? at enien se hubi era podido ejercer su profesión. «¿No te qu e para él se insertan aquí aq uellos profundos pro blemas qu e, a lo
ave ~g~ n za n.as de pr esen!a rte ant e los griego s como maestro de sa bi- largo de su vida , motivaron los cambios,
duna . », aSI pregunta Socrates, en Pla tón , a un joven ateniense qu e En efecto, más de una vida humana se vuelve a lo esencial tanto
26 PLATON M EDI O Y ENT ORNO 27

más cuando se ve ta n llena con los símbolos que ante ella aparecie- ca. algo se establece en él a pa~i~ del r~uerdo de ca da momento del
ron. Pla tón vio la disolución de At ena s conectada al destino de Só- m un do y de la existencia soctanca en este . . .
c ra tes. Si Atenas ya no so po rtab a a su más fiel servidor. que siem pre Nosot ros . finalmente pues, podemos com pa rtir co n el n ~ otra co-
esta ba dispuesto a morir por esa ciudad y que, de hecho , murió por sa que el «modo peculi ar en el que P lat ón con templó su Vida pasa-
sus leyes - cuando los revoluciona rios a ristocrá ticos quisiero n hacer- da» ' . Segura me nte ese desa rro llo es ta n rico que una fór mu la. ta n
le cóm plice de sus acto s, a él qu e siempre luchó po r la voluntad de amplia no podría abarcarlo , No obstante es por eso po r lo que el ha
la mayoría en cada ocasión y que había seguido el régimen de los «me- visto válido lo esencial como justifi cación de su propia obr a: Lo Re- x.
jores»- . si, con una inau d ita forma de llevar las cosas, la restau ra- p ública y Las Leyes supera n ya con m,u,cho. en gr,osor a c ualquiera ot ra
ció n dem ocrát ica lo sometió a jui cio , a él qu e se había negad o ante de sus ob ras, El examen de su creac ton literaria debe colocar Just a:
los oligarcas a ir co ntra un miembro de la democracia; ento nces ya mente en su centro a La Rep ública; Y es da rse c ue n l~ del asun to SI
no proporcionaba la ciudad aq uello para lo que los antepasado s la se ve a la mayoría de los pri meros diálogos como camillas ~ue lleva n
hab ían const ruido y con lo q ue se desa rrolló, mas bien su espacio fue derechos a ella . Su elaboració n tend ría luga r de nuevo a partir de aque-
ocu pado por una act ividad política que se ha bía desviado de las más lla convicción de qu e tos verdade ros dirigentes y los verdade ros filó-
profundas raíces. sofos serí an un o solo , hasta incluso en lo más in tern o , y en s~ ,cent ro
Ser un hombre púb lico : eso fue par a Platón . cua ndo toda vía este- a ira vez el ag udo ep igrama de la Séptima Ca rta sob re los dir igentes
ba decidiéndose para llega r a ser algo . una ocupación no sepa rada de filósofos, Defin iti vamente la vid a de Pla tón aparece llena de inte ntos
la vida. Pue s Ari stóteles. con su de finición del homb re como «a nima l re novado s po r realizarse en la ciud ad de. su tiem po . a pesa r de todas
pol nico », só lo puso e n concepto lo que cada hom bre vivía. Cómo ga- aqu ellas paradojas. ¿Qué significa , por fin , est?? A es ta, p regu nt~ res-
no yo «Areté: • y cómo llego a ser un hom bre público : esas eran las ponde una corta punt ua lizació n so bre la esencia de la CIUda d griega .
preguntas que existían a ntes de cada desa rroll o . y ambas er a n. en de-
finit iva, sólo una. Uno podía no llega r a ser un político; y eso no co n- I Lo ciudad griega: su esencial
sistía -como de alguna ma nera actualmente- en elegir en opción un
o ficio frente a cualquier otr o. sino en que un hom bre se nega ba e n La ciudad griega. en un primer mom ento . está ligad a a los dioses.
su ser. T ambién esa im posibilida d, que Platón vio ligada a la suer te Zeu s, en Homero , proporciona a los reyes cetro y auto n dad para do-
de Sócra tes, significaba o bien la negación de la vida o la prom oció n mi nar . Hesiodo coloca a T emis" como esposa de Zeus y l: s da co mo
para esta blecer ot ro ca mpo distin to ente ra mente nuevo . Eso quiere hijas. además de las Mo iras, las gra ndes entidades del destino qu e e n-
decir - pues todavía fa ltaba much o tiempo para que el individuo ais- vía n bien y mal a los hombres mortales. a la s tre s H o ras. en cuyos
lado se pu diera colocar den t ro del todo sin la ayu da de la Sociedad - nom bres de g uno mía, Dike e Irene está expresada la ley de los hom-
una nu eva funda mentación del hombre y, en consecuencia. de su ciu- bres. de la sociedad «urba na» . T a mbién. todo aq uel q.u: , ,como des-
dad . ¿Y no había t amb ién Sócrates mostr ado cómo se debla come n- tr uctor o tir ano. conc ulcase el derecho . reconoce su d ivinidad cua n-
zar eso? Ya no valía remenda r las instit ucion es, ha brí a que renova r do pronuncia la pa labra Temis o Dike. Pero. ,cuan~o en lugar de la
la sustancia. Sin que el hombre se hubiera convertido en «virtuoso» . inquebra ntab le seguridad se pasa a preguntar e ínvesng a r, fundament,a
no habría que pensa r en la Are té de la ciu da d . Por eso. cuando Só- H erácli to . de for ma meta física. a la ciudad en el cosmos . ¿ Po~ que.
cra tes enseñaba a pregunta r por la «virtud », había él ya comenza do si no, «de be luchar el pu eblo por su ley como por sus m urallas»? P or-
la ob ra de renovación . El sólo ha bía sa bido qu e es necesa rio; y ha bía que el orden de la ciudad es una parte del gra n orde n de l m undo . De
sido así el único hom bre verdaderamente político (Gorgias. 52 1 D). la misma manera. en to nces. las leyes humanas tendrfa n razón de ser
Si, po r medio de su boca, Platón estableció la conclusión de que los
filósofos debían ser dirige ntes o los dirigentes filósofos. eso no fue
un «exceso de autoconciencia filos ófica » {Burckhardt) ", sino la com- * 'r emts es la personificaci ón de las normas rmdicionales de organizació n socia l.
prensión, resumida en un epigrama, de que , pr ecisam ente pa ra políti- Sob re los origenes del no mbre cfr . M. S. Ruipérez, " H ~,to.T1 ~ de e}<~~II:: en ~, I om.ero ».
· , XXVIII I""n ~~ ..~ <)9. 125 Dike en un pnncipto se aplica ba a os aju stes
en Emen o . ,........ va....· · . 6 id H ·000 '
sentencias en casos d udoso s de la Temis, a la q ue luego suslltuy ,V I . esr
• El concept o griego de ..Areté» se ref iere a los ideales co munes y genera les en ca- , I .,- d .- Dike en Los T,..,.... ;",· Y hJj oas. Eunomia se rditr t a la «out1\a
su nueva va OI1IClun 1'... ........~ . . I d 1 h .
da época y por lo ramo su significado es va riable. Respo nderla más a nu estra idea de le islacló n» Y se aplicó a las ooTTtCCio nes y establecimientos de eyes e ~ «sop ?I~>
«modelo» o «a rquetipo » qu e a la de « virtud" q ue es por lo que se sude tradu cir. 8 rimeros legisladores' éste era el titulo del poema en el qu e Solón resurma su actwr-
(N. del T.) ~~d en esle campo . E ir~ n e es una personificación del co ncepto de « pa z», (N. del T,)
28 PLATON MEDIO Y ENTORNO 29

a parti r de una sola. la divina . «Domina tan am pliamente co mo quie- Nat uraleza lo Que es co rrecto según la Constitución» y «Lo Que fue
re y se extiende desde todas parles a todas par tes» 6 . establecido co mo útil por la Co nstit ución, eso es traba de la Natura-
Que Heráclito , con esto, no ha jugado co n ningún verdadero jue- leza» , Píndaro honra a la ley como al «rey de los d ioses y d e los
go de palabras. es algo que es licito pensar. Aquellos primeros pensa- hombres», el sofista Hipias (en Platón) la calificó co mo «tir ano
dores habían ya precisamente co locado, en rivalidad entre ellos. a la de la mayoría que constr iñe a la Naturaleza». , .
Dike de la sociedad hum ana en el todo universal. Anaximandro ve En donde todavía habí a prevalecido algo de esa Vieja configura-
en la negación de todo orden el castigo y expiación (hiN'!.. ka i TiOI" ), ción , el mundo y la ciudad en un único lazo, allí . s~ co nvirtió en pe~.
los cuales pagan las cosas, recíprocamente. por la «inj usticia» (&óu'ia) meable. De los hermanos enemistados, que Eurfpides, en Las Feni-
de su ser. A la Dike confía Parménides las llaves del po rtón por el cías", enfrenta ent re si en una lucha verbal , como má s ta rde en una
que pasa el sendero del d ía y noche. y las cadenas en las que permane- bata lla reclama el un o su poder con el nombre de Derecho , que ya
ce sujeto el ser uno, inmóvil e inaherable. Dike es, para Heráclito . no es p~ra él una divinidad . El ot ro reconoce, sin reparos, «la .tira nía
expresión de necesidad cósmica - para acercarl o al pensamiento de la más gra nde diosa». Nada extraña que no ba ste con co nj u r~r a
actual-o Ella se pr eocupa , por medio de «sus auxiliares las Erinias» la madre para la di scor dia frate rna, pues sólo , en efecto , la. d lO ~ a
('E'HI'VH .1.íIH/S bri}(ouQo ¿) de que «Helios no sobrepa se sus medi- «Igua lda d» puede acudir en ayuda . Bajo su ley apa recen «ojos sin
das». Y si de nuevo Heráclito asienta en una sola a las fuerzas opues- brillo de la noche y luz del sol que ven siempre igual el círculo del
tas «De recho» y «Lucha» , luego apare ce, a través del apenas cubier- año». Así, o sea ent re hombres y ciuda des, t~mbién domi ~a «la que
to círculo mítico, su visión primitiva de la ley del mu ndo, de la «a r- co n los amigos coloca al amigo y enlaza conjuntamen te clUda~ con
mo nía bien tensada» de part e a parte . Así se ensancha aq uí el orden ciudad y ca marada con cama rada». Pero allí en donde se olvida la
legal de la c i ~ dad en el todo y gana allí la ciudad y su ley de nuevo, divinidad de la Dike debe establecerse a lsotes'", como un espectro
en el pensam iento , la grandeza que empezó a decrecer en una larga de palabras que ya no tiene ningún p ~ er sob re l a~ almas. El sag rado
realidad llena de dioses ". lazo es aflojado y ro to , y desatado el hbre albed río ; el ( hombre nra-
Pues no era n aquellas ligadu ras tan firmes que no hubiera n sido nico» se desliga del lazo de la Dike. . .
su ficientes unas cuantas generacio nes de hom bres de movimiento más . En Sóc rates encont ró Dike a su defensor. Para aprender a mq ui-
ráp ido para soltarlas. La separación del yo y de la Sociedad habia siem- rir de nuevo, después de su desaparició n, lo co locó ante esa tarea la
p.r~ aumenta do, tanto en el pensamiento como en la vida . l a amplia época del mundo en la que él habla nacid o. Y sólo po r eso «ha enco no
visi ón en to rno a muchos pueb los y a sus di ferentes cost umbres habia trado el método ind uctivo y la d efinició n» o «ha fund ament ado la
hecho comparables las co nstituciones particulares de los demás y, co n ciencia» - icuán ta s veces Y ta nto co mo él había hecho! ~o_; porque
la ~ nvicción de su caracter ística prudencia, sacudieron la fe en la ne- él, en el la gos, en la conversació n sin fin, preguntaba e indagaba de
cesida d. Los grandes destinos individuales de la época trágica habían qué en concreto y prop iamente el discurso trataba: el «gq u é es?» acerca
hecho con vertirse en pregunta a la ju sticia, que hasta entonces estaba de la justicia, las «virtudes» y la única «virt ud» . El bu.sca, en e ~ecto ,
firmemente fundamen tada en la ciudad y en los dioses. Ahora el «do- có mo ella en la ciudad y Estado de los padres ha do minado : asr, por
ble discu rso » de los sofistas enseñaba que correcto e incorrecto serian mucho q ue la hayan ocultado , tiene que ser de nuevo encontra~ ~ . De
lo mismo : lo que una vez era correcto, sería incorrecto otra vez' lo esta manera muere bajo su mando y a sus ó rdene s en el serVICIO de
inco rrecto podía ser tan bueno co mo lo correcto, incluso mejor que esta ciuda d que incluso en la decad encia da muestras de su poderío:
lo co rrecto . tiene q ue ser así.
Critias co ntab a - igual que Demócrito, Epicuro y lo s ilustrados
de época más reciente- una historia de la civilización humana en la
que unos indi viduos inteligent es superaban la más profu nda susta n- ! El encuentro con Sócrates y los «ojos del alma»!
cia primi tiva median te leyes: «co n ello el Derecho sería un tirano y
tendría por esclava a la aut oridad », Y así, humana o demasiad o hu- Plató n se encuentr a a Sócrates. Encuentra la propia volunta d too
ma na , sería para Antifonte la ley por la que se establecen acuerdos davía muy indecisa «para alca nzar de inmed iato la e~ e~ ci a general»
sobre lo que se asient a y se eje rcita. l o que en Heráclito hab ía sido a través de aquel pregunt ar orientado en una car actensnca direcci ón.
una parte del gran orden del mundo, eso lo at raviesa entonces la Fisis « Para mí nada hay más urgente que llegar a ser tan capaz como le
como un completamente ot ro, con un efect o a veces co nt rario co mo
una acción enemiga: ( En la mayo ría de los casos es enemigo de la • Personifkación del concepto de «igualdad» . (N. del T.)
30 PLATON ME D IO Y ENTORNO 31

sea posible a cualquiera . y para ello, creo, nad ie puede echarme una (518 C) - cua ndo allí se habla de los peso s d e plomo d e la sensuali-
mano más resueltam ente que t ú». Así hab la en El Banquete Alcibia - dad , que la «mirada del alma» (n7" T~S y,uxi¡~ OY,l ") barre hacia a ba-
d:s a Sócrates, y así lo ha dicho o sentido Platón frente a él. Y de jo , de fo rma que no puedan esto rba r pa ra lo verdadero (519 B)-.
Soc.rat es ha lom ado, o pensado tomar, las pala bras cuando le hace Más tarde eso significa que, a pa rt ir de la ciencia ma tem ática y de
decir en otro diálogo al joven Alcibíades: «Tod os tus proyectos no la astron om ía, (la través de ellas , en cada uno , llega a reunirse y an i-
pueden ~lca nzar su término sin mí; pues hasta ese punto he tenido marse un instr ument o del alma (oe -ya vó" TI y, I1 X~ s ) , qu e se pierde y
influencia yo sobre tus cosas y sobre ti». Así tomó él vida y muert e a paga bajo otras conside raciones; as¡ que seria más se rio co nserva r
del maestro como su propio destino. eso qu e centena res de ojos: pues sólo a tra v és de eso po drla verse la
Platón dijo lo que le faltó a Sócrates, sin que fuera consciente de verdad» (527 DE). Y de allí procede un escrito to davía más peq ueño
ello: el ojo escultórico de los griegos, un ojo parient e de aq uel con que ha bria tomado los ( ojos del alma» j usta mente como aquellos «or-
el que Polfcleto ha observado el canon en los co rredores y lanzad ores ganas » (533 O): éstos se encon t raría n enterrados en barr o y po co a
~e jab alina ~e la pa lest ra y Fídías, en los hombres llenos de Ze us (ÓiOl po co se alza rían y el métod o dialéctico los co nd uciría a rriba a lo inte-
QPÓpu)". la imagen de Zeu s. en Homero; pari ente también de aquel ligible más elevado, que enseguida aquí llegar ía n a igualar el mundo
male~át lco gnego que le orienta ba en las formas pu ra s geométricas . de lo sensible con la más excelsa co ntemplación (532 B). Así tra nscu-
Deb ena parecer como si Platón se hubiese hecho consciente de ese rre durante largo tíempo la preparación, con el objeti vo final en esa
don .que entre ot ro s pensadores le ha llevado a él a la mejor part e. inte rde pend encia rea l, la pura metafísica y la con templación de las
O bíen , zes una cas ualidad qu e se cons truy a precisam ente en él po r ideas, enlazando inte rn amente por fin la ima gen acabada : el alma ,
1 pnmera vez la metáfora de «ojos del alm a) ? 11 pensada según el modelo del cuerpo, tie ne ojo s co mo él pa ra ver , sólo -,
An tes de él un poe ta como Esquilo se ha at revido a hab lar de un que esos ojos están enfocados hacia las forma s etern as. J
enten,dimiento que tiene ojos (t/JQi vu w¡¡.¡mTw¡¡.i VTI")' como , a la inver- Platón es un poeta qu e no se rep ite con faci lidad en sus imágenes
sa , Plndaro de un corazón ciego (TI,<phOV qTO Q). Asimismo se encuen- sin un propósito . El mito d el al ma en el Fedro habla de l lira de ca ba-
tra en los filóso fos poetas Parménides, Bmpédocles y Epicarmo la exi- llos y del cond ucto r de su ca rro, del plumaj e del alma. y se recon oce
gencia de qu e se debería «Ver co n el espíritu »; allí efectivamente en el porqué el ojo no se adapta del tod o a este cuadro de co nju nto. Pe-
un giro medio poético y medio de crítica del con oc imiento , se pi;nsa ro se debería intentar pensar, en efecto , en la imagen de Lo Rep úbli-
o se expresa el co ntraste respecto al mirar corpóreo , En la So ñs tlca ca, cua ndo una y otra vez nos topa mos co n expresiones del eje mplo
suena algo de eso cuando Gorgias habla de los bu scad ores de lo de de la acció n de mira r. Las almas inmortales co ntemplan lo qu e hay
~ rr i ba (PETf WQOh ó')' Ol ): « Los que trataron de demostrar claramente lo fuera del cielo , La fuerza del pensam iento (óHXVOta ) d e la divinidad
increíble y no a bierto ~ I~s ojos de la creencia (m is riis dóbll: ó¡¡.¡mo~ v»)) ; ve la justicia en si en el recor rido celeste; ve la Medid a. ve el Co noci-
y no otra cosa muy distin ta pret end e también el compilador so físt ico mient o; y después de eso co ntempla así a los verdade ros seres y se ha
de un escrito hipo crát ico qu e coloca enfrentada en el méd ico la mi ra. acercado a ellos , luego cae de nuevo a su casa. Por el a lma hum ana ,
da del espírit u (~ T'iiS 1'vw¡¡'1/S ó1/Jn 12) a la mirada de los ojos. Todo co n la ca beza del co nductor , puede ser alcanzado lo más puro en el
eso es muy griego, también cuan do ent re sí se diferencia n de múh i- espacio exte rior , y ser visto , con esfuerzo , lo que es. Pero a la na tur a-
~I es .~aneras: Pero ~e encuent ra todavía lejos de la corpo reida d y de l leza del alma le corresponde qu e ha reci bido la esencialidad por la
'/ significado Sistemático de la imagen platónica,
Verda de ramente no pa rece sepa rarse demasiado de los últimos
vista , y, si el ho mbre sintet iza en el pensar una for ma a pa rt ir de muo
chas sensaciones, así pare ce que el alma ha utilizad o la vista en el en-
ej e~p l os la fras; de El Bc:nquete (2 19a): «La vista del pensami ento torno de la divinidad . De esta man era se podría a veces inser tar las
(~ Tr¡s ÓUHO W: ~ o1/Ju) comienza a echar agudas miradas cuando la de pa la bras de ojos del alma. Casi como la solución a un enigma se ex-
los ojo s se dispone a perder su agudeza visual». Así Platón va mu cho presa en El Banquete allí en donde Diotima muestr a a Sócrates qu e
más lejos. Ya, en una bella comparación del R ip ias Mayor, había tra- él se convierte en un sab io al fina l de un camino de grados . Sería allí
zado la Imagen del proceso del conoc imiento en el mirar de los ojos visible para él la divina belleza, pura , sin mezcla, limp ia de todas las
humanos, de esta man era el símil de la caverna en La República saca futilidad es humanas, de una sola forma (jw voét5ú). El «mira con aq ue-
sus mejores fuerzas a partir de ese paralelismo " . y no es una casua- llo con lo que se le perm ite mir an> (dQwVTt ~ dQ aTóv) (212 A) - fá-
lidad si en una discusión, qu e explica en pa rticular lo an ímico y lo cilm cntc se dedu ce qu e con los ojo s del alma . Y por ultima vez se alu-
cor poral, pon e los «instrumento s con los que cada uno aprende en de a la misma imagen en El Sofista (254 A), de tal modo que uno piensa
el alma», y coloca los ojos del cue rpo comparándolos un o con otro toda vía alcanzar de lejos la ima gen de conjunto en la que eso se ha -
32 PLATON ME DI O Y ENTORNO 33

bría realizado: el filósofo se detiene en el prot otip o del ser, y no es avala su existencia, y en su esencia los «ojo s del alma). de Platón lle-
fácil pode r mirar en ese lugar a pesar de la claridad . porque la mayo- garon a vislumbrar inmediatamente figu ras de aquellas imá genes de
Tia de los ojos del alma se encuentran sin fuerzas para dirigi r la mira- formas l • •
da a lo divino. Aristóteles utiliza una sola vez, en la Ética, la rene-
xién ( Ip(? ó" qon) «ojos del alma », y así, de forma extraña, se sit úa es-
ta imagen en medio de un co ntexto aristot élico que no se puede reco- l Eidos e Ideal
no cer en relació n co n P latón l• • Todavía en tiempos de la vida d e Pla-
tón uno podía volver a una 11 ot ras de aquellas historias en las que ¿P ues a qué se llama «eidos» e «idea» 17? Algo para 10 que la ac-
los cínicos se bu rlaban a propósito del ojo con el que la «caballidado" ción de ver abre la entrada . Podr ía ser que «id ea» fuera, en un pri -
recibía un aspecto o el del espíritu de la «mcsidad». Luego Epicuro mer moment o ya, la «visión », en donde se reúne la activida d de ver
o uno de sus discípulos. cuando peleaba con la cosmología platónica, y lo que llegaría a ser visible alojo ; «eidos» má s bien lo visible y lo
hacía brom as sobre los «ojos del espírit u- co n los qu e Pla tó n habría visto , imagen, forma , figur a , que o bjeto del mirar . En tod o caso am-
contemplado el taller del mun do u . bas pa la bras han llegado a ser cas i interca mbiab les. En e fecto , se sue-
Así de pront o, parece. se hebrfa apoderado de aquella elevada ima- le pensa r que su sentido se ha ido desgastan do más o menos con el
gen la charlatanerla inevitable. En épocas tardías se encuentra mu - tiempo . Más ace rtado seria, tal vez, decir, en lugar de eso, que él ha -
chas veces entr e platónicos muy distintos, co mo Filón, P loti no, Pr o- bía tom ado la di rección de la mirada desde el exterio r hasta la forma
clo y Agustin, o tam bién podría ser Que de alguna manera claramente y estructura intern as . Heród oto " dice «hojas de cada forma o clase).
las flor es del ja rdín de Plat ón hub ieran florecido . (rplÍ)J.,a T017joÓE l~m - idéas- ) y piensa también qu e la acción co-
P or ot ra parte, no es ningu na casua lida d que Plat ón, por primera rrosiva de la savia no es algo dife rente po r comp leto a lo visible, o
vez en lo Que sabemos, hu biera hab lad o de los ojos del alm a; pues deja a cada uno «pensar en doble forma» (lrpeó"'I oa v ót<{JQaoim lóÉcn
él realizó ju stam ente eso, cuando deja rad ica r en la mirada el últ imo - idéas- ). Los médicos jonios, frente a los físicos, negaban «q ue
objetivo d e su filosofar, y también allí, en donde no se sirve de la pa - hubiese caliente o fria o seco o húmedo en si, qu e no se asoc iase
lab ra, cor respon de a la misma tarea el lenguaje de imágenes y de mi- con ningun a ot ra forma de sensación» (P.r¡5EV¿ &>'>'0/ EloEt - eídei-
tos. Sólo sitúa como gu ía para este objetivo a Sóc rates, a t ravés de x O( l' w vif o v , Il.aex. lr¡Te .l 605 L); o piensan sobre las. «cuatro for-
qu ien ha encontrado el camino , en sus diálogos . Tamb ién, en el símil mas de lo húmedo: ( Tf <1l:Ja QH lOÉm - idéa- TOl! ~"YQOü . Iltg ¿ "Yo v~s
de la caverna de La República, el hombre que logró la disolución de - Sobre generación VII 474, Il t Qi I'o úawl' - Sobre enfermedades-e-
las cadenas y la salida lleva el paso de Sócrates. Pues a aquél, cua ndo VII 542) flema, bilis, agua y sangre, o del «j ugo dulce» h>'vx¡:'~ xv~ó s) ,
vuelve de nuevo con los encadenad os y quiere «liberarlos y saca rlos que se tr an sfor ma en ot ra forma (la &llo Elóo ~ - eidos-. Il . &ex .
-1 afuera ». llega rán a matarlo, só lo con pod er tenerlo a mano. Platón lr¡TQ. -Sobre la A ntigua Medicina- I 635 ), o de las m uchas « fo r-
no pod ría decir claramente quién lo había transformado y sacado hasta mas » de las enfermedades (ro>J..a¡ lófm n7l v I'OVO",,~TWV. Il . rplÍa .
allf en don de por primera vez ap rendió a ver somb ras reales de cosas &P6e . -Sohre la naturoteza del hombre- VI 36) de las. que depende
reales, luego sus imág enes reflejadas, y despu és a (ellas mismas» y la ca ntidad de salud , o de las «ciares» (como nosotros decimo s) de
al «sol» . También po r medio de Sócrates, y justamente en él, con- vendajes, fiebr es y remed ios. De seguro que ha y en ello algo de clast-
tem pló con los ojos del alma «lo j usto » y también «el valor», (da ver- Ficación, pero aquí Incluso es el pensamiento el que dirige la clasifica-
dad », «lo sabio» y, sobre todo, «las virt udes» y «la virtud ». T odos ción (co mo en otros casos el pensamiento de la ram a ..,il' o~ , f8J'o~­
los ho mbres hablaban en realidad de ellas, ya fuera n enseñables o no , o de la manera y modo -T'lÓ:¡rOS- ). Y los mismos reco piladores ha-
y cada UllO pensab a una cosa distinta, con el no mbre grabado en lo blan de «for ma nudosa » (ElóM XO I'ÓU>'WOH) de un fémur, o de que
más querido de lo Que amaba . P ero Sócrates es el único que no bus- los riñ ones tienen la «forma » de corazón; o bien, de nuevo, de algo
caba estas cosas sólo con palabras - al menos eso intentaba con más más interno, de la «naturaleza del hombre, eda des y forma» (nj v TE
seriedad y asiduidad que los otros-, sino a través de su vida; su muerte h>'u(i"l/I' )(a¡ TO flóos VII 52), en las que deb e fijarse el médico. Aris-

• Se trata de 1M burlas acerca de las ideas de Platón, ya que entendía que no se • A partir del fundador de la Historia . Heródoto, el autor menciona una serie de
trata ba de las cosas reales sino de estructu ras generales, as' treme al caballo concreto ejemplos en los que figura la palabra «idea". En ellos hemos colocado entre guiones
ellos colocaban irónicamente la «cabaljidad» , como recoge Diógenes Laercío en $U bio- la tran scripc ión para que quedase más claro su uso en griego. Luego hemos puesto la
grafía de Platón, en el libro 11I de su ob ra. (N. del T.) correspondiente trad ucción co mexruat . (N. del T.)
34 PLATON MED IO Y ENTORNO 3S
tófanes trae siempre «nuevas formas» a la escena (&ú xm,,¿u lófcn das las demá s de su lengua, debería expresa r qu e lo «j usto en sí», «lo
f l l1"Pf Qw I'), y su coro cant a una «forma distin ta de himn os» (hÉpa !' valiente mismo » era para él un algo que él pod ría contem plar con los
f./-lJ'w" iói:a,,). Tucidides, segun ent iende n sus comentaristas , suele co n- ojos dcl alma .
serva r casi siempre la pa lab ra l óf u para usa rla en algo como «tipo Sóc rat es, se dice desde Aristóteles, habr ía sido el descubridor del
y clase» " : así pod emos sin duda dec ir «m uchos tipos de guerr a», concepto y de la defi nició n, y Platón ha bría hecho la id ea a pa rtir del
«cada t ipo de muert e», «ca da clase de fuga y decadenc ia». ¿Pe ro q ué concepto 111. ¿Cómo par ece que sería pro yectad o aquí lo viviente a la
es lo qu e nos ob liga a cree r qu e allí, en donde a noso tr os no s falta superficie de la ab stracción histórica del co ncepto? ¿Preguntaba Só-
el sello preciso, tam bién les tendría que haber fa lta do a los griegos? crates continuamente , sin duda, qué es la ju sticia, qué es el bien, y
Nosotros también ha blamos de los «cuad ros de la enfermedad » (f ló o ~ rumbién qu é es la «p olis» o el «p olües » o la democracia , qué es la
rij~ "óao u, 70 vócrl1¡.ta TOW Ü TOV~" hri ,¡ni" ft¡v {óf rn / cuadro de la en - «rékhne» o la «so phía» o fu ndamentalmente aquello so bre lo qu e ha-
fermedad. la dolencia era tal en toda la apariencia/) , y segur ame nte bla ba cada vez? El di rigía en la conversación un trabajo const ante de l
que un a com prensión de la lengua mucho más se nsible que la nu estr a «legos» en to rno a esas preguntas reno vadas en cada ocasión . Pero
podría llegar con seguridad a algo más evidente allí, en donde noso- no era una determinac ión concept ual, un último ob jetivo, puesto qu e
tros «trad ucimos» la «forma visible» por un té rmi no genérico deseo- nunca po dría permanecer fija en torno a una definició n cua ndo ésta
lorid o o por un - ía o - idad . se hub ier a alca nzado. Det rás de cada pregunta en pa rticu lar y detrás
Plató n pa rticipa po r co mpleto del uso común de la s pa labras de todas en co nj unto est a ba la últ ima : có mo el hom bre debería vivir
«eidos» e «idea», y tampo co es lícito ver en él gener alidades e imp re- al servicio del Estado, qu e quiere al hombre lleno de virtudes, y de
cisiones en lo qu e en griego está sellado con precisión . Segurame nte la divi nidad , que quiere al hombre bueno en la poli s o rdenada. Por-
él podría a firma r que co nsiste en el sonar las sila bas , concert adas en- que él mism o era ese hombre, por eso sabia Sócra tes que había una
tre sí, co mo una unid ad . Sin em ba rgo dice : como una fo rma unita- respuesta, y, a tra vés de ese sabe r, era establecida la for ma de su d iá -
ria , un cuadro un ita rio (picx ló~cx lE b,á oTúJ P TW P otJ Pcxep.orró PTúJP logo. El, po r medi o de sus pregun tas, movía a los demás hacia allí
OT0tXtlúJP ~ OUhhcxtN · Teeteto 204 A . / La silaba es un solo cuadro a e n donde deberla esta r la respuesta . P regunta ba.. .:¿qué es.. .? Ta m-
part ir de los elementos que la comp onen/) , algo qu e se recibe en el bién ten dría que consistir en un ser . Pero sólo los oj os de Pla tón veían
ojo» . No pregun ta Platón si el alma es una dualidad o tríada; ta mpo- y encontra ban en el <leido s» lo que Sócrates enseña ba a bu sca r y lo
co si tiene do s o t res part es, sino si dos o tres «formas», las enccr ra- qu e Sócrates vivía.
das en st, las piensa enseguida con la vista la per son alidad separada No pasa de mero afán de curios idad biográfi ca , que aquí estarí a
de cad a uno . Si, en efecto, po r fin toda «verdade ra j usticia », toda meno s e n su sitio que en cua lquier ot ra par te, si noso tro s queremos
«pura belleza» todo «bien en sl» también se tom a a veces como «eidos» ba rru nta r có mo P latón siente la «idea». Seri a tam bién más cla ro qu e
o «idea», ento nces te nemos que c uida r de int roducir para «idea» una noso tros tr at ásemos co n ello, no una acció n histórica o tal vez bio-
palabra ext ra njera ya acuñada terminológicamen te. Debemos ta mbién gráfica , sino un último fina l filosó fico sin trascendencia . La idea ne-
cuidarnos de habl ar de «doct rina d e las ideas » en el viejo Platón , en uc una historia de dos mil añ os y ningu na pa lab ra del léxico ñlos óñ-
el que ya se llegó a ese completo esquema de pen samiento (rj rW P fllJ,W .. ca es más fuerte en el uso de la la bor del pen sa miento de cientos de
ao<piCf r; xa h; rau r¡¡. Carta VI 322 O/ ... con ese bello conocim iento a ños. El «eidos . platónico no es sólo filoso fía de filoso fia , como des-
de las ideas/t. Es tamb ién pa ra noso tros m uy poco significa tivo , en de Plat ón, y esencialmente por él, tod a búsq ueda de ideas. Por ello
el fondo de dónd e saca Plat ón aquel nombre: si de la Medicina, de es necesari o de inmedia to hacer el concepto visible otra vez en su pu-
los físico s o de los ret óricos, del c uadro de conjunto de una enferme- reza . Sin dud a, no es posib le da r una transmisión histórica de la «p ri-
dad o de la materia fun da mental del cuerpo (nem a, bilis o sangre) , mitiva me moria» de Pla tón . En luga r de ello , pa ra no d esco ncertarse
o de aqu ella s especies de susta ncias casi reales: «calor y fr ío» o «ato- a t ravés de la opinión ha sta a hora dada de for ma incompleta, se to -
mas» de los ñslc os o figura s del discurs o delinead as como «formas» ma lo siguiente: lo contem plativo, estético e intuitivo en la idea - que
o «con figuraciones»; o de la lengua corriente que verda deramente entre apenas con dific ultad se puede conocer- sería una conces ión pro ba-
los griegos, mucho más que en cualquier ot ro pueb lo, tenía una moti- bleme nte disculpa ble, en todo caso autén ticam ente griega , pero al fin
vación pa ra escoger palabras de estas esfe ras. " Formas visibles»: así y al ca bo una concesión a partir de la pureza del co ncepto , una «cal-
denominab a el -sin percibir una solidez termin ológica, pero proba- da pecaminosa intelectual»; - más bien los nomb res, co n los que Pla-
bleme nte no sin un sentido de las pa radojas de la expresión- a las tó n del inea su expe rie ncia , son muy senci llos de alcanzar y de ver po r
esencias eternas invisibles; po rq ue también esa pala bra, mejor qu e ro- los sentidos j untam ente co n sus mitos e imágenes . Inmedia ta mente
36 PLATO N ME DI O Y ENTORNO 37

de aque l origen por cuya causa no podemos parafrasear desde el prin - Schopcnha uer) «sólo es alcanzab le para el genio, de a hí que no sea
cip io concept ualmente <do que la idea sea» , cómo ella en efecto a Pla- co mpa nible de mala manera sino sólo bajo co ndiciones ) ? 21 ¿Cómo
tón le sirve verdadera me nte de co mprensión más que todo lo demás, habría qu e esta blecer so bre todo firmemente lo que es utilizable para
a unque no sea complet amente expresable en co nceptos 10. Nosotr os conocimiento y sa ber . o sea . pa ra el con oci miento particu lar y el sa-
nos cuida mos ta mbién. sob re el tipo de «int uició n» , de fija r algo y ber más elevado? De hecho «no es decible en mod o alguno como ot ros
qu eremos expresa mente guardarnos de ello, de iluminarla como un objetos de la doctrina»: así se considera en aq uella Séptima Carta (341
acto de éxtasis, en el sent ido usua l del término actualmente. Sólo se C) . Y Platón nunc a ha po dido o querido habla r, de otra man era que
har ía aquí el inte nte de fija r el punto en donde Pl atón . en la bú sq ue- en indicacion es. de las formas ete rnas. Pero él sa brta q ue «meras op i-
da de la verdade ra ciudad, se encuentra con aquel asu nto en cuya des- niones del alma del hombre corr en, así que no vale n mu cho hasta qu e
cripción utilizó las pa labras «eidos. e «idea». Pero luego tiene que alguien las sujete . a tra vés de a rgume ntos conceptuales. a su fun da -
penetrar, desde ese punto , en la totalid ad . ment o esencial» ( ~W~ á p TU a vnh &ja'!'l alríen AO"Ytap..if Menón 98 A).
Q uien con los ojos del alma vio las formas ete rnas. segura mente Y si también lo que él en su oj eada hab ía recibido era inexp lica ble,
y sin comparación, lo logró con más certeza que con los ojos del cuer po Ill UY distinto de la opi nión y apariencia, necesitaba, por ta nto, del sos-
las terrenales por pa rte de aquellos que ha bían hecho perder todo sen- tén de la pa labra para qu e perdurase pa ra él y pa ra los demás. Busca r
tido a los «dobles discursos» de los so fistas. Que bue no y malo sea n algunas ligaduras sería el con tenido de todo su filoso fa r. Y conducir
un a sola cosa; Que uno y lo mismo sea para estos bu eno y pa ra aq ue- a los hombres, «a través de duradera socied ad» que «como de una
llos malo. y pa ra los mism os hombres unas veces bueno y otr as malo ; súbita chispa se encendiese una luz en el alma ) (Corto VII . 341 C) ,
y que de la misma ma nera se trate bello y feo . justo e injusto, verdad era la fo rma de tod a su doct rina .
y falsedad : todo eso se revela como un ju ego de pa lab ras vacías para Un a digr esión podría ser permitida para expli car lo dicho de otra
los que ha yan visto lo «bello» y (do justo » y «lo verda dero », Ya no forma por completo dífc rente " . Se conoce la respuesta que el 14 de
se pod ría. pu es. preguntar más si habrá justicia o si lo útil. pero sin ju lio de 1794. en aq uel primer encuentro. Goethe reci be de Sch iller,
co nsiste ncia en sí. es una pa lab ra en un certa men. Se podría. pues. cua ndo él le «expuso la meta mor fosis de las plantas y con muchos
no du dar si eso ju sto es enseñab le o no . Si lo justo existiera , sería un rasgos característicos hizo forma rse una plant a simbó lica a nte sus
«eidos», así, si éste se co ntemplaba . se llegarí a a ser j usto. I(¿D sos- oios». Schiller mueve la cabeza y dice: «Eso no es un expe rimento .
tie nes t Ú» -dice el Sóc ra tes de La República (VI . SOO C) -«que le eso es una ídea.» Y piensa la idea, según se comprende en el sentido
es posible a alguien duda r de que no se imit a lo que se admira? (~ kantiano. como concepto me ntal necesar io al que, en lo s sentidos, .no
OfH n va W'l XO'.v~v fI va¡ bTW¡ ní Ol-ltAft &:"Yá~ fVO ~ ~~ p..¡w;:ia80'.t h ftVO: pued e ser dado nin gún ob jeto congruente. O ocrhe se q ueda perplejo ,
/ ¿ O crees que hay algún medio por el que alguien no imit e aqueJJo está enfadado. Pa ra él, para un espíritu intu itivo . como enseguida se-
que adm iro y con lo que convtverrt. También el filóso fo. el Que se rá delineado Schiller al comienzo de su correspond encia , es aq uella
ent retiene en lo divino y ordenado , llegaría a ser or denado y di vino . diferen cia . la Que se asienta pa ra el espíritu especulativo ent re expe-
seg ún las po sib ilidad es huma nas ». Pero fue culpa ble de eso. pues s ó- riencia e idea. indefin ible cada vez. «P uede ser m uy que rido po r ml»
lo dio algunas leccio nes par a abrir a los dem ás los o jos a lo que uno - es su respuesta- «que tenga ideas sin saberlo y que la s vea Irecucn -
mismo vio, Y no sólo vino eso para la educación de un pa rticul ar. temente con los ojos» , No un a kantian a sino una idea po r completo
Se disuel ve el Estado porque Temis y Dike ya no ha bría n de ha bita r pla tón ica en sent ido primitivo : eso era la pr imera de Ooerhe . Goe the
en su tierra : así debería ser fu ndamentado pa ra el «eidos- de la justi- sa bia «q ue ha bía un a di ferencia e ntre ver y ver . que lo s ojos del espt-
ci a, so bre tod o llegaría a ser pa ra el eidos. finalme nte para la primit i- ritu tenían que actuar en un a vital a tadura con los ojos del cuerpo,
va imagen del «bien» como un med io ordenado . relacionado y di vi- po rque. de lo contra rio. se corre el peligro de ver y P3Sa:r de largo» 2J.
no . En eso y no en ot ra cosa piensa el epigra ma de Pla tó n de que nin- El vio «con los ojos» - con los ojos del alma , ha brí a d icho Plat ón -
gún final del desastr e se puede percibir si ni los filósofos dominan ni la plan ta primigenia en aq uella pa lmera de abanico en el jardín botá -
los dominadores bus can la verdad en recto sentido. Sólo es una ex- nico de P adua , él esperaba «descu brirla» entre la vegetación de los
presión distinta de aquella interdepende ncia «siste má tica» q ue - no jard ines púb licos de Palerm o , y si él. según sus propia s palabras. ( se
por cons t rucció n sino por necesidad vital- pa ra él se ha esta blecido dio cuenta en Sicilia de la prim igenia ide ntida d de tod as las partes de
en tod o tiempo entre «eidcs» y «pó lis». las pla ntas y t ratab a ahora de realizar eso en todos los sitios y perca-
Pero. sin duda. ¿cómo podríamos ha cer visible para los demás lo ta rse de nuevo », así es lo qu e él toma co mo comprensió n finalmente
hecho , lo que sólo los ojos internos de Plat ón vieron, lo que (segun de aq uel com pre nder por observaci ón y de cualquier a iro intento de
38 PLA TON MED IO Y ENT ORNO 39
hacer sensible lo qu e sucede a t ra vés de la lucha siempre re nov ada del ma terial del habla de su tiem po, fueron muy imitadas. Pu es con aqué-
la gos. llas entra ba en un a búsqueda del ser, qu e, por encim a de Gorgias,
Mellsc y Zenón, volvía al gra n Parménides como descu bridor de un
ver inalterable y eterno. Al principio Plat ón , para esa dependencia his-
/ Or íg ínatidad de la Filosof ía platónica/ tórica. no necesitaba saber. y probablem ente sa bría ta n poc o de ello
como un hom bre de hoy sa be qu e habl a al modo hegelian o cuando
Si nosot ros, present ando a quí a Platón, habl am os de aq uellos la- dice ( en y para sb o de un mod o paul ina -lu ter ano cua ndo dice «tod o
zos mediante los cuales él a pa rta de su conte mplació n la existencia en lod o» o a lo Co rnee con «I a m po sní ve». Pero no es ningun a ca-
y co municabilidad, de esta ma ner a se alejaría de la opinión. cua ndo cualid ad qu e él tome aqu í la dir ecció n hacia aque lla mu y tem pra na
Quería mos o pod íamos demostrar de alguna ma nera un sucesivo lle- '1 muy po derosa bú squeda del ser.
gar a ser. Sólo pa ra hacer sensible la estructura debe ser empleada La Histo ria de la Filosofí a qu e predom ina despista e n cierta ma-
una ap a re nte representación genética, probablement e no de distinta ncra sobre quién e ra e n realidad Sócrates. Le po ne en efecto . con C i-
m anera a co mo él mismo, en el Timeo, rela ta el m ito d e la creac ió n cer ón , a pasa r la Filosofía del ciclo a la Tierra, y con ello ha ce má s
del mundo y 10 advierte ant es, para to mar , literalmente, una cosa des- amplio el aleja miento ent re él y los anteriores pensadores. P ero no
pués de la otra. Pl ató n podría ser am pliamente un expert o en los filo- conoce la cuest ión so bre si, sin Platón que relacio nó la fuerza y dir ec-
sofcmas de los predecesores, yen efect o Cratilo le hace tra nsmisión ción de las pruebas y enseñanzas de Sócrates con las especulacio nes
de ellos, ent re los de los segu idores de Heráclito ; as í, al me nos de esta de aq uellos predece sores. hab ría so bre todo la posibil id ad de meter
zona del pensamiento él ha tenido conocimlento w. Casi por 10 ge- en una y la misma «Histori a de la Filosofía» a los «e l énkticos" con
ner al encontramos exte nd ida al menos la certe za. y casi siempre el re- los físicos. Y en efecto, también aquí se extiende una sec reta ínterd e-
conoc imiento, de que no extrae la filoso fía dc sistemas anteriores. En pendencia . Sócrates se realizó en medio de los (so fistas », pa ra la gra n
primer lugar, cua ndo le abrieron con fuerza los ojos par a el «eídos», mayoría no d ifere nciab le de ellos; pa ra Aristóteles, sin ir más lejos,
se volviero n todas las fuer zas de su ser con inesperada tensión en ese era su representa nte; y así ciertamente en una abismal opo sició n a ellos
se ntido . Por prime ra vez a hora fue Plat ón «filóso fo . -en un sentí- que se debería ser ca paz de ver con el ojo agudo de Pla tó n. La So fís-
do completa mente nuevo- oY es más com plicado busca r la ley según tica , sin em ba rgo, cuan do ejercitaba sus juegos de bo lsillo con el ser
la cual las mat erias crista lizan e n aquel único punto de unida d que y el no -se r, no siempre conserva ba las formas de pensami ent o de Par-
el orde n histórico en que todo pasó . ménides y deseaba q ue éstas est uviesen disecadas como esqueleto de
Si Platón qu eria sostener su intuición pa ra sí y pa ra ot ros, se de- la pa lab ra . En efecto, no fue en realidad di ferenciada la esencia de
bía servir del ma terial de construcción de su lengu a . ( Lo justo» o (do Sóc rates po r medio de la o pos ición a los sofistas. sino en efecto po r
bello », que él contem plaba con los ojos del alma , lleva ba para él el el tipo de su pregunta . Cuando él pregun t aba « ¿Q ué es la justicia?»,
sello de toda realidad . Qu ería, asimismo , proteger (do bello» ante la de una cosa al menos estaba seguro , de qu e la justicia es o de qu e
confusión con una bella muchacha - yeso sucedía y era a veces cla - algo es; por eso no necesitab a sa ber qu e en secreto hab ía sido mostra-
ro , como el H ipias May or (287 E) m uestra->, así podía él añadir: (d o da a ntes de él, que así pretendía , y era por completo dife rent e la for-
bello mismo . (a ¡iTl) Te, xa>'ó v). Además se le present ó una palabra ma de la búsq ueda po r medio de los viejos grandes pen sad ores.
que, como moneda recién acuñada del tiem po de la So físt ica, ha bía Así, con la pregun ta de Sócrates, luego ante todo con cada pru e-
sido dada por ellos desde ento nces: A partir de Eurípidcs y de A ristó- ba pa ra de no minar esencias recié n contem plad as y para a fia nza rlas
fa nes se conocía aquel «siendo en fo rma de sen ) ( ÓV TWi , T~)( ovn), frente a aquello con lo qu e no debe rían ser con fundidas, tom ó P latón
que, en contraste con lo sólo apa rente, no suele expresa r cosas rea- formas corrientes de dicción y de pensamiento que , finalm ente, lleva -
les " . Así ha ha blado P latón del «realmente bello. y de «belleza»; ba n sus ramas genealógicas ha sta Pa rménides. Pero con esas múlti-
también ha exte nd ido ese adverbio a una pequ eña frase: «el conoci- ples formas , a veces débilmente or denadas , muy poco podría Pla tó n
mie nto de lo igual mismo, (es decir , de aqu ello) que rea lmente es» conformarse pa ra sus elevad as enseñanzas. Por medio de toda apa r-
({lrton1¡.u/ aVToíi 70V ¡'OOl! on fonl' Fedón 75 B), Yha da do a esta pe-
queña frase un primer y leve tono term inológico: «todo eso a lo que im-
primimos lo que es (realme nte) » (7l"fel Q1l"aPTwJI oli ~T¡O<pe a )' l }óJ.u,Oa • Co n este término se señalaba el método de preguntas y refutaciones de respues-
70l'TO t) ron Fedón 75 O lS) .
las q ue se relaciona ba con los sofistas pero ta mbién con Sócrates y sus seguido res. en
Aquellas exp resio nes, que Platón arran ca o refunde a partir del pa rticular a los Megáricos, (N. del T.j
40 PLATON MED IO Y ENTOR t'O 41

tada espec ulación vuelve de nuevo a su pun to de partid a. No tomó de captar del conocimiento J<l. Platón , que coloca dentro de su mun -
como pensado r filosófico - como ha hecho más tarde probablemen- do del ser toda la cantidad de formas obs ervadas para cuya gra n ex-
te Aristóteles respecto a él mismo o Kant con los empiristas en senti- pericncia, por medio de Sócrates, el hombre posee el «a lma», ya no
do más estr icto - , los problemas restantes que sus pred ecesores hu- ha de pode r construir tan sencillamente. El se encarga dc las forma s
biera n dejado . Má s bien la doctrina del ser de Parmén ides le dio los fundamentales del pla n. Pues coloca, frente a los grados de los obje-
medio s de llevar a térm ino su intuició n con pensamient os y pala bras ros, los grados del co nocimiento de los obj etos en hábil correspo n-
du rad eras. En verda d. en el lugar del ser de una forma circular com- dencia. Ha construido , pues, un arm ónico sistema del ser y del cona.
pletame nte simple e inqu ebrantable en la fantasía contemp lat iva de ccr mas allá , a partir de Parménides. Pero eso pertenece a la cons-
este primer gran on tólogo , en ese más inhábil y desmañado pero gran Irucción de su filoso fia y debe permanecer apartado aJli en donde só-
poeta , que ta mbié n «ha bría mirado con el espír itu », estaba en Platón lo se debe mostrar que utiliza la materia del pensa miento precedente
la plenitud de la mirarla qu e con nuevas ojeadas se engrandeció y en- para unirla, conceptualmente, a la int uición propia.
sanchó; y así se alca nzaba una nueva unidad que nu nca aq uellas de- Tampoco hoy está muert a la rep resentaci ón qu e, como for ma dc
sertizadas rigideces hubieran podido conseguir . Pero , a pesar de ese pensamiento al men os, se puede remontar a Aristóteles: Platón ha-
inevitabl e co ntraste, vemos asombrosas correspondencias hasta en el hría unido al ser de P ar ménides el devenir de Heráclito y así habría
curso de las palabras . Incluso so n aquellos predicad os del ser de Par- construido su «sistema». Pero una adición nunca implica una cosa
mén ides -ccompleto, simple e inalterabl e- los que Platón traslada viviente y Platón habría tenido otras preoc upacio nes que el asegurar-
a su «imagen primigeniae é . Y, si Zenón habia deducido de nuevo se un lugar en la Historia de la Filosofía . Habría recibido, en la vista,
la existencia en solita rio del ser de Parménides a pa rt ir de las pruebas el «eidosr y se habrfa encontrado ante la tar ea de convert ir la con-
en contra de la multiplicidad , así emplea Pl atón el contrasent ido que lemp lación en algo fijo po r medio del «lagos». Eso signi fica . sin du-
se comete si se piensa lo jus to, bello y pie en plura l, en vez de en la da, que lo qu e siemp re es sólo puede ser dado inm ed iatam ente co n
unid ad del ser ideal 27• la op osición de uno qu c no es en este modo. Así también los pensado -
P ero más lejos qu e eso. La con strucción co mpleta del mundo del res indio s habrían tomado de múltiples maneras al m undo que está
ser y de las formas del co nocimiento comprend idas en sus grados, tal enfrentado a un «a una n. eterno, en calidad de inestabilidad . cam-
co mo él hab ía mostrado mu y clar amente en La República (476 E y bio, pesadumbre y no-m ismo . Pl atón , según sus propias palabras, no
ss. ), es estrechamente parmeniana . En ambos pensadores se extiende necesitab a tocar . Cuando él busca nombr es pa ra eso «que noso tros
en el ser el absoluto no-ser como diametralmente opuesto . Para am- (en la vida diaria de tod os) consideramos que es) " , tam poco aquí le
bos es el no-ser incognoscible. «¿Cómo se podría llegar a conocer un deja Parmén ides en la estacada . La fórmula de Parm éni des «ser tan-
no-ser?», pregunta Glaucón en La República. «T ú no puedes ni co- lOcomo no-sen ) «(l val re K(X i It~ ( l POOl) sirve pa ra ello en lodo el sis-
nocer ni lomar el no-ser». enseña la dio sa a Parm énides 11. En cem- lema ontoló gico de La República, pa ra enlaza r finalm ent e nuest ro
bio , lo que es en perfecto s modo s de ser (1n:~ V U}.,W 5 ov) es en P lat ón mundo del devenir co n el verdadero ser y pa ra formar plenamente un
cognoscible por perfectos modos (1rOOVTfAW ~ YVWU7ÓV); como en P ar- eterno contraste a partir de una pa radoja. Pero Parménides ha bía se-
mén ides, sólo ha y un único cam ino de bú squeda: el que de verdad parado también el puro ser de lo qu e deno mina este irreal mundo nues-
cond uce al puro ser y lleva com o señales (<n1lto: m) las determi nacio- tro: devenir y transfo rmarse, crecer y disminu ir. De su boca toma Pla-
nes esenciales de ese ser. En ambo s yace el mundo , en qu e nos mo ve- tó n esas palabras para qu erer ser ori ginal, po rque ellas delinean pero
mos, entre aquellos po los , o sea, ser y no-ser n . Sobre ese mu ndo de rectamente su propio sentido y no está suficiente mente falto de ini-
incertidumbre está en Platón dirigido el part icular mundo del conoci- ciati va n . «En esa ojeada» vio a Heráclito y a Parmén ides enfrenta-
miento, al que considera «dóxa», (pur a) op inión . En Parm énid es se dos entre st. En ello el discípulo de C r átilo debería pasar po r alto en
llam a al mundo intermedio comple tamente cor respondiente al mun- principio, como en todo su tiempo ya no se sabría , que en Herácl ito ,
do según «dóxa» (x cn a OÓtOO f~ U 7Ó'Óf ) , sólo que en él en esa pa labr a si no se miraba al devenir y al cambio sino a la ley del devenir y a
se mezcla la opi nión entur biada del yo y la experiencia enturbiada del la du ració n en el cambi o, aquello daba ade más algo parecido a Par-
ello inmóvil. Pues aq uí ciframos entonces la diferenciación de las dos ménide s. Con aq uella fuerza de lo aparente y del orden, por med io
estr ucturas tan pa recidas. Pa ra Parménides, el que por fin sólo reco- de la cual Sócrates y los so fistas (históricamente con más profundo
noce co mo rea l el puro ser uno , es «ser y pensar uno y lo mismo », derecho), a pesar de todo lo que era común entre ellos, apartaro n.
justamente así como para él, en aquel mundo intermedio de la d óxa. igual q ue en el techo de la capilla Sixtina el Creador, el día y la noche ,
andan en conju nto en uno solo el modo de ser del objeto y el modo y sit uaron alejados entre si el sentido del mu ndo de H eráclito y el de
42 PLA TON MEDIO Y ENTORNO 43

Pa rménides; y uncieron ambos, de nuevo juntos. como símbolo de tad pa ra co locar el orden en el luga r del desorden. Según el ejemplo
la op osición del mundo del ser y del mu ndo del devenir, lo que a partó de los tra bajadores ar tesa nos, qu e encaja n en conju nto por pa rtes.
el descubrimiento de las formas eternas. una cosa situada y ordenada en una fila (Tt: T<:rtllf VOV Tf KOl
Pero proporcion ó asimismo un elevado pu nto de vista por el que l(f;Jf. OCJIlJjP.Ü Ol' T ga")'p.a). "así debería ha cerse un orde n ( r&El l' Jf.Ol
esa dualida d se convirt ió de nuevo en unid ad . «Uno es todo», «Lu- ltóo P.O.l') entr e cuerpo y alma. vida casera y ciudad; en ello co nsistiría
cha conjunta -oposición entre contr arios. sonar acorde-sonar dis- la primacía y per fección en cada estruct ura : eso enseña Platón agu -
corde de nuevo, de tod o uno y de un o todo», así H eráclito . Y Platón : damente en el punto culmina nte del diálogo Gorg ías (503 E-507 E
El «eidos» un o y las múltip les cosas pa rticula res se act ivan recíproca- Ys.), después de que ha motejado a los cam peones del a rte de los dis-
ment e. El «eldos» da a las cosas pa rticipación y ser, ellas tiend en a cursos , del placer y de la arbit ra riedad con una sola palab ra: el desor-
la perfección del «eidos». Só lo si lo uno no está sin lo ot ro es «e nla- den . Nada hay más ce rcano a P latón que aquel dicho de Goet he de
zado el tod o consigo mismo ». ¿ No era el heraclitismo más a uténtico que él pod ría sorporta r mejor un a inju sticia qu e el d eso rden . Pues
incluso que aquella conf usa y soñsñca mente mal usada doctrina del injusticia es desorden. Allí e n do nde Platón vio e vitado el od ioso mez-
Flujo de tod as las cosas'] " . Plat ón no ha dad o for ma a esa «juntura cla rse de círculos de prod ucción extraños, eso es medida , «sophrosy-
de nuevo de 10 te nso» ( 'Il"OA. í V TO VO~ aQJ.tovíl1 J4), que en su construc- ne» y ju sticia . Y si un obrero o un a rtesano crea n, en una ma teria
ción del mundo está viva po r to das panes, en ningún sitio má s expre- perecedera , algo «pe rfecta men te ordenado», en mayor medida de al-
sa mente que en su Parménides; pero ahí ella hace cristaliza r, pa ra su guna manera debe corresponder ese (orden» al modelo invisible ( que
culminación, la dialéctica de lo ((l10 0 >> y de 10 «o tro ». Por par adójico observa ro n en su obrar». Así no puede ser otr o que lo que Pla tón vio
que suene, es completamen te correcto decir que el diálogo Parmén i- como reino de las ideas, ese reino de lo perfecto , un recinto en el que
des es el má s fuerteme nte heraclíteo ent re los escritos de Platón . y que todo «t iene su orden y se encue nt ra etern amente de la misma ma nera
el filósofo P ar ménides, en esta ob ra, es ta n «heracliteo » como eléa ta . y ni se hace algo incorrecto ni, recíproca mente, tampoco algo inco-
Pero con ello hem os alca nzado fina lmente el luga r en donde las fue r. rrecto se recibe: todo está a llí per fectamente conj unta do y relacion a-
zas de los dos viejos gra ndes maestros se reúnen para Plat ó n hasta do» (L a República, 500 C). En efecto era el cosmos de los nú meros.
ta l punto qu e «corno en una circunferencia están juntos el princip io esa a rmonía y proporción de las c uerdas vibra ntes que. en la zona más
y el fin». El «modo único s de Heráclito. que la plu ral idad co mo la gra nde del cielo estrellado co mo mod elo de un ser per fecto . se ~xti~n­
tota lidad encierr a expresa men te en sí. y el «ser uno » de Parménides, de y se alza a rriba al lugar suprace leste. Pa ra eso están las ciencias
q ue quiere asimila r no-ser con plura lid ad -Y. e n realidad , no puede de ese o rden , an te tod o son su unidad y referencia en el sistema pita-
asimila rlos , pues frecuentemente hablamos del ser co n «nom bres» , górico las qu e él tomó y qu e le mo straron aq uello . de lo que nad a
desde este mundo del «ser Yno-sen>, Yel ser está presente en el mu n- había podi do encont rar en la ciudad de su tiempo , pa ra proyectarla
do de la apariencia : esas dos visiones coinciden en el m undo lleno de a otro mundo por comp leto diferente. Co smos es tanto la estructura
ideas de Platón. pues en él sobre todo por med io del no-ser se aparece del mundo como de la ciuda d. como del alma. La geometría tra ta en
el ser, po r med io de la m ultiplicidad la unid ad . igual que inexo ra ble conjunto cielo y tierra . «Dicen los sa bios, querido Cacicles, que cielo
y necesa riamente el ser se enlaza con el no-ser. y tie rra, d ioses y hombres esta blecieron la com unidad ( Jf. o l vw v ía ) e n
A l iado de Pa rm énides y de Heráclito . fue P itágoras el te rcero en- con junto y la am istad y la co rrespondencia ( x o CJp. ( Ó 1l1 ~) y la medida
tre los viejos gra ndes sa bios por cuya irradi ación P la tó n fue gradu al- ( owlPe OOúvI/) y la justicia (ó ( /{ cn ó 7ll ~) : todo eso se considera o rden
mente ab ordado en los círc ulos pita góricos del sur de Italia , y ya an- ( Jf. óop.ov xaA.Oiiol Jl), q uerido co mpa ñero , no deso rden e indisciplina .
tes en el entorno de Sócra tes. ¿Qué ha significado Pit ágoras, esa fuerza Pero tú pareces en ello no co nducirte con todo t u se ntido, en tod a
realizadora 15 , leja na en el tiempo , que, de mo do enigmát ico , siem- tu sabiduría; más bien se te escapa que la igualdad geom étrica (la pro -
pre extend ió nuevas fuer zas y a tr avés de ellas llegó hasta alll, ha sta po rcio nalidad) fu e establecida por los dioses como por los hom bres.
Platón? No es un a cas ua lida d que la únic a vez qu e en sus obras fue Tú piensas en que hay qu e ejercita rse sin desca nso en la acción
nombrado P itágoras mismo a pa rezca como «guía de la educaci ón» ('Il"A.fOJl f Eía l' & OH Ei v) . Pues t ú no te preocupas de la geometría». (Oor-
al lado de Homero (L a República, X,600 A ). gius, 507 E Ys. ). A hor a queda cla ro lo qu e le ha ap ort ado la relación
Co nsidera mos que las conmociones más fuertes de Pla tón , en to- con Pít ágoras. Sócrates se ciñó a la esfera del ho mb re y de la ciuda d,
do el ma rco tem po ral, se produjeron a parti r de los enredo s de la ciu- y así Plat ón , tant o po r fa milia como por el precedente del maestro.
dad a la qu e él pensaba perte nece r y a partir de la inco nsistencia de Pero. mient ras que Sócrates nada se molestaba en co mprender «las
los ho mbres que dirigían esta ciudad . Así llevó a ellos tod a su vo lun- cosas de a rr iba» (rO- P.ETfWQ f.Y ) , ha bía en el alma de Pl atón algo ca m-
44 PLATON M EDI O Y ENTORNO 45

bi a~ o y promovido al cos mos, que rodea al hom bre y a la ciudad en cibido ante su vista y qu e pasarla desape rcibido a tod os los de más,
conj unto como los círcu los concéntricos externos. A Platón la rupt u- y el resulta do habría sido una doctrina del lodo-uno . P ero Platón era
ra co n la ciudad .Iellevó afuera. a ese cos mos, y aba rcó hom bre y ciu- demas iado co nsciente del hombre concreto, hab ía oído demasiado en
dad como esencias «de categoría cósmica»; en eso era deu do r de la Sócrates a los demás hom bres, demasiado fuerte al Eros, q ue arras-
gran ~abjdur ía itálica y de la fuerza que aún irradi ab a d e ella. Y era tra al hombre hacia el hom bre y a ambos junto a la idea , para que
~onSCIente del porqué la contemplación de ese universo él la puso ha. le hubi era podido bastar la conjunción de P arménides entre pensar
JO el nombre del pit agór ico Timeo, después de qu e había hecho fun- y ser. En efecto, el mu ndo le parece situado en la zona de lo que nu n-
damentar a Sócrates la ciudad ideal. ca es, siempre devenir y desa rrollo, y en la del ser eter no, que sería
Todavía ha y una cosa más que, pa ra él, los pitagóricos tu vieron port ador de to do valor, en esa estaba la pregunta de ¿a qué pertenece
que hacer inmor tal: la seriedad co n la que ellos tra ta ron sobre el alma el hom bre? Y no se for mula por un interés teóri co o sistemático, sino
humana . Con el alma individual y su profundo sentido se asomb ró ante el objetivo de su tarea de formar al hom bre nuevo y fund am en-
~ erácl ito . sin alcan zar en efecto sus límites. En mitos de co ntempla- tarlo en una nueva ciudad. En A tcibtades May or, en el examen de la
ción hablaron sob re su esencia y destino los pitagó ricos y <e1os del en- sentencia délfica «Co nócete a ti mismo », había puesto la pregunta de
torno de Orfeo ». P latón ha compartido sus not icias del alma con su zq u é es ese «mismo»? Y la respuesta alcanza una gran parado ja, pa-
más f,uert e i~terés, .Y en su obra escrlra hay tanto de ello que podría ra los griegos mucho más paradójico que para los que viven en el mun-
?ar pie a la impresi ón de que hab ría sido ent re otras cosas también do cristiano: el hombre es alma. O sea, lo que propiam ente const itu -
I~cluso un «teólogo órfico», La doctrina de la etern idad e inalt erabi- ye al hombre, su «existencia», lo esencial en él es alma. Para decirlo
Itdad del alma individual, así se denomina , ha y que ponerla en fuerte con palabras de Plotino : «Según lo más excelso es la tota lidad de la
consonancia con la doctrina de las ideas. Pl at ón , en efec to, hab ría forma humana )¡ (xcml: 5f 70 k QEi'íTOII Ti, b}.,ollltÓo~ &1I0 e W "1l" O ~) . P la-
toma do aq uella cuestión de fe de los maestros de fe que la brinda ron Ión ha descubierto el nuevo mundo de los seres eternos. De esta ma-
completa )6. Pero , aunq ue presen tase aquí un co ntra ste co n el siste- nera sería el homb re un miembro de dos mundos y nin guno , algo en-
ma, .10 que no es .en a;bso lulO, no hay man era alguna de explicarlo a Ire ambo s mondos: el mun do del devenir y consumirse relacionado
pa rtir de una conj unci ón, en el punto de partida, de doct rinas separa - con el cuerpo , el sentir y «el no participar del alma », y el mun do del
das. ¡Y a ~U ?to en Plató n! El espiaba sin d uda en todas pa rtes en ser co n lo eterno en el a lma . Así es el desc ubrimiento del reino de las
do nde. percibía to nos emparentados, pero era el último en hace r pa- ideas el que no deja al hom bre ser co mpletamente y de ma la ma nera
sar, bien o mal, a su peculio doctrin as extra ñas. Se está mu y poco un miemb ro de un mundo inseparable, sino que su fuerza de separa-
seguro d e qu e Platón no «en señe» directamen te sobre todo del dcstl- ción radica en «cuerpo y alma ».
no del alma . Sócra tes hab la de ello en los mitos Que son una parte La «doctrina : de la eterni dad o inmortalidad del alma en Platón
de los dramas platónicos . Y si se hace referencia a los sacerdotes de no es ni una comp leta teología transmitida ni se refie re a claves con -
los mist~r~os· ya los teólogos. eso es en todas part es la dirección de seguidas conce ptualme nte . El diálogo Fed ón 10muestra con toda cla-
la q ~e VIniero n aquellos cuadros míticos, con lo que se delinea, pero rida d de dos man eras. Plat ón ve la eterni dad del alma ava lada por
d,e n m~una manera se afi rma, lo que ellos fuero n pa ra él mismo . Se- el t riunfo de Sócrates sobre la muerte. Aq uí habría un algo que no
n a posible so bre ello co njetu rar aq uí algo, si ellos tenían una realidad se trata, que «Sócrates», el que ellos allí tenían, iba a yacer muerto
ta n profunda mente llena de signos o eran indicios de for mas, imáge- y a ser depositado en una tum ba. « Yo no puedo convencer a C ritón
nes y palabras para lo que hab ía q ue decir en un hab la part icular. Pe. de q ue yo, el de aquí, soy Sócrat es, el que ah o ra estoy cha rlando y
r? co nduce a erro r si se hace de ello una física plató nica o una Hisro- pongo aq uello que se dice en su luga r; pero él cree que yo soy el que
na del alma, poco más tarde va a ver como cadáver, y se pregu nta có mo me debe
,Si Pl.atón ~ue ra Pa rm é.n i des ~ estaría enfrentado así por igual a la enter rar,» Pero la creencia en la inmort alidad del diálogo, de la que
acción, inmediatez y consistencia del «agath ón, ...., que él hab ría re- no se alcanzó la meta con mu y buenos fundamentos hasta el final,
apa rece una segunda vez con más claridad , La eternida d del alma es-
tá ava lada para Platón por el ser de la idea . E n efecto, para el «a migo
• El ~ Ulor hace refe rencia a los ó rfic?s y a los misterios de Eleusis, tal co rno a pa re- de las ideas» tiene sentido hablar de inmortalidad. Si el alma humana
cen en Plndar o , de q uien hac e refere ncia expresa Pla tó n en el milo del Más Allá y está tan preparada por su naturaleza que conoce el ser eterno, ent on-
en o bras de Eunpides com o Los BOl·omes. (N. del T,) •
. •• «Agatb ón» significa «bue no » y aqu t, lo ma do co mo a bstr acto «lo bueno» «tI ces - puesto que lo igual se conoce por lo igual- debe de tener un
bien» . (N. di" T.) , , ser según el modo de las formas etern as . Y lo mismo qu e las pruebas
46 PLATON MEDIO Y ENTORNO 47

de la inmortalidad del Fed án no están po r casualida d encuadradas fren- dos ambos modos de conocer en los diálogos platón icos a t ravés de
te al relato de la mu ert e de Sócrates, así tampoco están po r casuali- do s movim ientos que con duce n al «eído s»: «maniaa" y dialéct ica .
dad una frente a a ira aqu ellas dos garantías pa ra el ser ete rno del al-
ma . P ues en Sócrates, y po r med io de él, ha bía o bse rvado P lat ó n las
for mas Nemas; y de esta manera para él se fundam entan en el mismo
medio «S ócrates» , «eídoss e «Inmo rt alidad», que casi son sólo tres
nombres diferentes para la misma esencia.
El ho mb re en la ciudad : esa era la oportu nidad de la que Platón ,
como tod o griego, salió . Se ha bía ro lo la vieja uni dad incuest iona ble.
Pero de la desavenencia y de la lucha para un nuevo orden se formó
su visión peculiar: aqu í, el hombre o el alma como la «po üteía»> in-
terna; allí la ciuda d como alma extend ida , alma y ciudad como jun-
tura uni taria de la misma estruct ura en un recinto necesari amente
opuesto , ambas está n di rigidas al «eidos», al punto más alto de la «idea
del bien ».
El hombre en el tod o: ese era el conocimiento pa ra el que Pit ágo -
ras aux ilió a P latón . Y la visión a [a que impulsó a Pla tón fue esa :
vio encerr ad o en el gran co smos al peq ueño cosm os y a a mbas «esen-
cias vivientes- en necesarias y opuestas fundas, pu es «alm a» do mina-
ba a las estrellas y al mundo y el alma perfect a el mo vimiento ordena-
do del uni versa n . El principio conj unto de su orden es, sin emb ar-
go, lo «agat h ón».
El ho mbre y el «eidos »: ésa era la enseñanza más característic a
de Pl ató n, la que deb ía mu cho a Sócrates y no compartía con nadie.
El alm a recibió de nuevo de pa rte de l «eidos» , de l que fue contemp la-
dora, la eter nidad . El «eidos» esta ría lleno de alma, más bien lo esta-
ba desde el princip io. Pues lo ju sto, valeroso , piadoso y bueno se de-
nom inab an las ideas que Plat ón vio po r primera vez al mirar a Sóc ra-
tes. Y en una épo ca más ta rdía era pa ra él incomprensible cómo po-
dría la soc iedad del ser po r antonomasia contradec ir al conocimien-
to, vida, alma o pensar o bien el parentesco y semejanza co n el
espírit u " .
Alma y «eidos» están también en un reci nto necesario. y como
el ojo del alma reconoció po r primera vez en una gran ojeada a las
formas ete rnas y el filosofar de Platón es luego siempre un ren ovad o
intento de hacer sensible el mu ndo descubierto, así estarían refleja-

• La palabra «polue ía» se sut le traducir por " Constitución», si bien la obra de Plalón
con ese título tradicio nal mente loe conoce co mo Lo Replibli ca. El a utor da a esa o bra
en alemá n una versión más aco rde co n el origina l griego . Staat , as í qu e, por esa razó n,
co n eltérmlno «po liteia » enti ende también teda la amplitud de las retacíones púb licas • La pa la bra ..manía » señalaba la pérd ida.de co ntrol del individ uo sobre ~ í. mi.s mo .
en la ciudad gr iega. demrc de las cuales loe encuentran po r sup uesto incluso lo q ue no- por lo que pud iera trad ucirse por .. locu ra..: Sm en;bargo. de acuerd,o e0J.l su Slgmfiea-
sones esra blecerfamos como pro pias de la familia o del ind ividuo. (N. del T.) do car acterístico, se en tiende co mo la «salida de ~I» hasta llegar al extasia. (N. d/"I T.)
DEMON 49

que «intro ducía nueva s ent idad es de d ém o nes » (XQ¡ I'Or Ocnp..ÓI'¡Q). No
nos cuestionamos . en el terreno de la P sícopat ologta, Que clase de de-
mon era y no intentamos, como Schopenbauer, da rle un lugar ent re
CA PITU LO 11 ensueños, espectros y ot ros fenómenos ocultos 2. No me nos libremen-
DEMüN te se podr ía acercar lo inha bitual por medi o de la razón, como se ha
ordenado en el claro entorno de la experiencia racional y cient ífica
algo así co mo «una voz inte rna de la cadencia individ ual », como «ex-
/ Dem onologta y demonico/ presió n de la libertad espiri tual» o «como med ida segu ra de la subje-
Iividad» 1, Se tras toca propi amen te el paso de esta manera , si se dice
Para l o ~ platónicos de la An tigüedad la demonolo gía" tiene un lu- «el dcrnon» como si fuera una cosa , en lugar de to marlo en el mod o
gar determinado en la co nstrucció n del pensamie nto del maest ro l. neutro de expresión del griego (do dem ónico ». En esa c o?st r ucció~
Los mod ernos estudioso s de su filosofía tienen qu e exp lica rlo pa ra lingüíst ica se encuen tra expresada , po r un a par te. aq uella llld et~r.m l­
toma r completamente en serio sus declara cion es sobre este asunto . ¿Pe- nació n: «Pero tú no sa bes cuándo viene y a dónde lleva »; es suñcien-
ro con qué derecho se to ma por puro j uego lo qu e se dijo de los dé- te, sin em ba rgo, qu e ese algo activ o no se encuentre en el interior del
mon~ y se pasan igual ~en te po r alto las «doct rinas» física y fis iológica hombre y a su disposición, más bien se le acerca , extern amente, des-
del ~lmeo y la « fi ~osofla del lengu aje» del Cralilo en los párrafos de de una zona inco ntrolada. y era tratado con pr ofun do respeto . De
un sistema plat ónico? Sólo po rque hay una ciencia de la Naturaleza est a man era hay otro gra do de (<\0 divino», y Platón hace a Sócrates
y del Lenguaje , pero ninguna de los démones. En efecto, el CratiJo relaciona r, en un razonamiento de justificación, e incluso usar aque-
se pa rece.en ,verdad a un revuelto loco de piruetas, muy lejos de un lla exper iencia de «algo divino y dem ónico » (9t ióI' n Km' ómpóI'tol'
t ratado cíennñco del leng uaje; y so bre la ciencia mítica de la Nat ura- l í'}'vt TCU ) O también (da se ña l del dios» (TO Toii 9toV o'l'Ptiol'). De esa
leza! en el Timeo. un in vestigad or como Demócrito probab lement e fuerza suele Sócrates decir. en Jenofonte, qu e ella le «ac onseja ) o (de
hubiera vuelto la cabeza. Sobre todo no debería ha ber duda algun a muestra antes lo que hay que ha cer o D Q)) · . La únic a vez en qu e una
dc qu e Pl,at ón no enseña directamente en sus escritos ciencia algun a, determinada acción llegó a ser sensible, o sea cuando Sóc rates se quiere
en ,el sentido nuestro. Y SI ~s un «j uego» consci ent e lo que los per so- encargar de su justificación, ella se le opone (~I'o;I'nwlhl Recuerdos
najes de los dramas platónicos declaran sobre el mundo de los d émo- IV 8, 5), Y eso, que es una oposición, algo opu esto, fue subrayado
nes, s: trata. en t o nce ~ de . un ju ego qu e, como todo s los juegos con especia l énfasis en Plat ón , No se tiene fu ndamento alguno, en
plat ónicos, vive en su mten or la más profunda seriedad. Sin duda a líneas generales. pa ra fiar se más de Jenofonte qu e de la m~s estr e.cha
q U,ien q.uisiera a t~ev e rse a expresar con pa lab ras esa seriedad le po - delimitación de Platón. que, a su vez. pudo acrecentar y Sistema tizar
d~la objetar Plat on: «Hasta lo q ue yo sé; si deb iera haber escri to o eso. Al menos se podría co mprender que Sóc rates fue conscien te co n
dicho eso, esta ría dicho po r mí de la mejor ma nera » (Carta VII mucha cla ridad de aqu ella fuerza activa . allí en do nde se establece co-
Ml ~. ' mo oposición . También Goethe - uno no qu erría recurrir a él como
Pl a~ ó n se enco ntró con .un as unto de d émones cuand o acompaña - ayuda pa ra Sócr ates sin precaucion es- casualmente era propenso, en
ba a S~rates. Pu es ~n la Vida de ese hombre. qu e como ningún ot ro un punto de vista muy dife rente que el expresó sobre lo dem ónico,
mere cra ha berse dedicado a la tarea de «explicar » lo inexplicable co n a respetar Jo represivo . que era pa ra beneficio. como algo demó nico
la fuerza de su entendimiento , había acciones misteriosas que él no que se adora sin jactarse pa ra querer explicarlo luego s. La Apología
veri fica ba en su rectitu d sino a las que obedecía . Habl a ba a veces, (3 1 D) expresa q ue la voz nunca intenta prop ulsar (r e o7é r H ot ovói·
y co n gusto, de su «demonio n», y era así ta n reconocida esa pecu lia- ron ) y también te xtualmente el Teages (128 D). Pero no es ningún
rida d que la acusación se pudo fun da men tar en ella y echar sobre él indicio par a el ori gen no platónico dc ese diálogo cuand o allí ensegui-
da se dice que la fuerza de lo demónico «coge a uno con algo» (co-
,. H em o~ l ral a d~ de tra n.scrjbir el término griego óO¡[¡JNJ P como demon . A pa rtir >"AáI3r¡TO!t) (129 E). En todo caso el recop ilador del escrit o deb ía hab er
de el hemos intro ducid o los terrninos «detnó nicm>, «demon ología» y «demonio n», que esta do co nciliando esas do s interpretaciones. Sócr ates podía utilizar
son de uso norm al entre los estudiosos de Platón, El término castellano «demo nio»,
q ue ~ denv.a ~ e éne, es conceptualmente distinto po rq ue recoge sólo co nnota cio nes
y t oma r algo de impulso para la acción inmed iat amente en el silencio
negallvas cnsna nas qu e no resulla n en a bsoluto válidas al Plat ón. Po r esa razón nu n- de lo demónico .
ca lo h~ os uulizado co mo equivalente, a unq ue así apa rezca e n algunas re ferencias
poco CUIdadosas a Sócra tes de algunas trad uccio nes. (N. del T.)
50 Pl ATO N DEMON 51
/ Lo acción del demon/ la voz y piensa en él. En el modo de expresión del Teages, lo dcm óni-
":0 le a yuda . O , como ento nces en donde la fuerza activ a par ece llegar
Pla tón, en primer luga r, ha dejado «el demo níon », en su imagen a su esbozo más cla ro , en el A lcib iades (106 A) se dice: el d ios, qu e
de Sóc rates . como un rasgo por el Que el ho mbre co mún era co noci- hasta a ho ra me estorbaba. a hora me ha d irigido a ti. No sería una
d o , igual q ue po r su nariz respi ngo na y por sus ojos salto nes . A q uello pregun ta pedante la de si aqu í demon y di os sería n lo mi sm o , Lo so n
cc:m m ~cha frecuencia se mete y se po ne en cont ra de pequeñas cosas, y tam bién no lo son. Pu es par a actua r se depende de acciones y no
di ce Sócra tes en su discurso de defensa (40 A). Asi no no s extraña de nom bres ' . T ambién po rque va para instar a lo má s decisivo pa-
en pa rticular, ni debemos ta mpoc o olvida rnos de que est a mos leyen- ra la edu cación. pa ra eso es t am bién aq uí efectivo lo dem óníco . Y es-
do el relato caracter ístico de un irónico, cuando en el Eutidemo (272 tán relacionado s ambos en un sentido t am bién m uy pa recido en el
E) la «señal dem ónica- le impide leva nta rse y le ayuda ta mbién para Teeteto. Sócr ates ha bla allí de s u a rte de comadrona (150 B) y de la
el e ncuent ro en el com bat e con el profesor de esgrima ; y no meno s, acción d iferenciad ora : como muchos lo ab an dona n, a rues de tiempo ,
cua ~ d o en el Fed~o aq uello no le deja salir de allí, a ntes de qu e ha ya par a da ño de aque llo qu e hubiera nacid o , o lleva n con ellas ames de
expiado . por medio de un segund o discurso má s a mplio. su fa lta co n- dar a luz. Como ejemplo principal se tomó al pro pio Ar lstides, qu e
tra Eros (242 BC) - , En el Teages fue comprobada la autenticidad en file admitido a la relación ami sto sa en el Teages y qu e vemo s en el
una lista de casos en los que la prevención se había cumplido: cua ndo t.aques encomendado po r su padre, Lisímaco, a Sócrates. Lu ego se
Cd rmides se ha bía querido entrenar para los juegos de Nemea en el dice en el Teeteto : «Si ése. en efect o, volviese a desear mi compa ñía
plan de asesinato de un conocido Tima rco y en la desgraciada pa rtida y me hiciese signos fehacientes de ello, de esta manera me impide lo
de las naves a Sicilia. Per o aquí está perfectamente seña lado que esas dcm ónico. que se instala ante mí , reunirme con algunos, y me pcrmi-
cosas no son su objet ivo propio . No se encuent ra en absoluto en el te reunirme con otros y luego pasa ad elante con eso s de nu evo »
Teages, como se suele decir, que se haga de Sócrates un ta uma turgo . (15 1 A) . Así quedaría claro el porqué ese tirón es esencia l en la ima -
Muchas veces da Sócrat es mismo el punt o de vista en el que él ha bía gen de Sóc ra tes, pues, para Platón. es más útil que la nari z respi ngo-
c~:m t ad o aq uellas h is l or~a s : «porque esa fuerza dem ónica ta m bién sig- na o los oj os penetrantes. En Jenofon te se debe pensar e n un peque ño
mfi ~a todo pa ra la SOCiedad con los que bu scan mi co mpañía. (Sn oráculo part icula r q ue, a su portado r y a los que es tá n con él, propo r-
" ÓtlVU¡US a un¡ TOV OaIJ!ovi o tl TOtÍ TO tl J(ai ~l~ Ten otl "o tlo¡a~ T(;W ¡ud cio na infor maciones sobre cosas q ue desean, para q ue haga n unas y
'JlOV Otl Jló IaTQl/J 6 J'TWV ni a1fa Jló lÍ')'aTm) (129 E). Pu es muchos lo po- dejen ot ras (Recuerdos 1, 1.4) . En Platón se difere ncia lo demónico
nen en contra. Esos no podrán o bte ner ningún provecho de su rela- en Sóc rat es sobre todo po r su obra de ed ucación. Co n él no es sólo
ció n Y. po r consiguiente, él no esta ría d e acuerdo con semeja nte la aso mbrosa notab ilidad de un ho mbre pa rt icular, sino qu e pert ene -
co m pañia -.~n much os casos no impide el que esté n j unt os. a un qu e ce a la esencia del gran educ ad or . El, como algo extr alógíco, preser va
ninguna utilidad sacase n los int eresados. Pero en don de la fue rza de la educación, que se mueve en el «legos», para convert irla en un asunto
lo demónico toma parte a fa vor de la sociedad . allí ensegu ida va con raci onal. y protege aquella depe nden cia del secreto que le falta a las
ellos. leccio nes de los so fistas. Debe haber sido entendido por Plat ón ta m-
Mu y pa recido en el Atcibtades Mayor. Y allí se tra ta referido a bién como no rma tivo. no como a no rmalidad . Mu cha s veces registró
un primero . mu y trascend ent a l y la rgo encuentro, así se podria reco r- él mismo un hecho semeja nte, ¿y debe tal vez men os registrar algo
dar de nuevo unas pala bras de G oethe a Eck er man n del 24 de ma rzo de eso el qu e no sólo está dedicad o a encuadra r simplemente hom bres
~ e 1 ~29 : «C ua nto más hom bre se es, más se encuent ra uno baj o el sino ta mbi én llamad o a ello'?
influjo de los d émonos, y sólo debe cuida r siempre de que su volun-
tad conductora no se extr avíe , Así fui dominado en mi conocimiento
de Schiller por medi o de algo demónico; nosotros pod íam os antes y / Interpretac íones erróneas del demon /
p od ía ~o s después llegar a estar de acuerdo; pero lo que nos pasó ,
en la epoca en que yo tenía tras de mí el viaje a Italia y SchiJler empe- Lo s platónicos po sterior es se han planteado mu chas veces la pre-
zaba a est ar cansado de la especulación filosófi ca, fue significa tivo gunta po r la esencia del demon soc rático , Tenemos tratados sobre ello
y de grandes consecuencias para ambo s». No de diferente ma nera aquí de Plu tar co . Ap uleyo, Má ximo y Proclo 7. Todos ellos const ruyen,
ta mbién podrían maestro y discípulo ir de ac uer do a ntes y después. hacen concept ualmente a tr a vés de ello lo singu lar qu e libera n de su
Por med io de la o posició n dem ónica ha estado Sóc rates mucho tiem- aislamie nto y lo colocan con ot ros «d émones» en la mism a fila ; sobre
po lejos del joven. A pesa r de que lo había admirad o . Ah ora calla tod o co n aq uel demon que acompaña a los hombres a través de su
52 PLAl ON DEMON 53

vida , según una extendida creencia . y, segú n «doc trina» platón ica , que une macro cosmo s y microcosmo s. La demonología pro pia t ra ~ s ­
al alma huma na incluso má s allá de esta vida . No es tampoco hoy Forma por la base la plat óni ca, incluso además en la form a plat ónica
un absurdo pensa r ta les cosas. P ues no se trat a de enco ntr ar aq uí to - del mito . En el Timeo (90 A) se dice: El dios da a cad a uno, Cot~o
dav ía espí ritus y fa ntasmas para ritos mágic os y teú rgico s, sino de a c- \ 11 demo n 10 dominante en el alma . Reside en la cabeza vuelta al CIe-
cio nes, aunq ue se podrían encont rar tamb ién en Yámblico y P roclo lo y co n éi relacionad a . Y se tr ata de co nsiderar eso divino (7() 8t io ll);
y, po r el cont rario, con mucha frecuencia con los límites borrosos ' , con te que el hom bre tendría perfecta mente colocado al demon como
y también. cuando se despacha este asunto como supersticiones. se ~ u inquilino y llegaría a ser «eudem óníco» . ~ es I~ que, .dt;sde un
pien sa en la jerarquía de án geles que en Dante alcanza el trono del punto de vista lógico y psico.lógico , se de~oml~a I~azo n , recibida co~
Alt ísimo a tra vés de m uchos rangos y se reco noce, a part ir del últ imo piadoso cuidado sobre la mas elevada existencia • Con esa «docni-
libro de «Verdad y poesía ) , las conversaciones con Eckermann y las na» del Timeo pa rece Plutarco habe r visto en una sola cosa lo q ue
vieja s pala bras ór ficas, lo qu e significan en la imagen del mu ndo de Platón poetizó del demon en el mito del alma. En el Fed ón en efecto
Gcethe, por cuya claridad tanto t rabajó, lo dcm ónico y el demon v. gula a los hombres el demon, que formó parte de ellos en la.vida. des-
En P lutarco, sobre [a pura co nfusión infan til en [a qu e [o dem óní- pués de la muert e hasta el jui cio , y después de la sentencta hasta el
ca socrático fue mezclad o con algunas manifestaciones de la mántica lI ades. Y ot ro demon los conduce más tarde a ira vez a fuera . En el
natu ral , como estornudos o «voces» presagladoras. se recoge una opi- mito de La Rep ública sucede a la inversa , es el alma la que esco~e
n i 6~ más elevada, muy cercana al espíritu de Posidonio 10 : como pen- libremente su forma de vida y co n ella a su demon como el «cumpli-
samient os humanos en el o ído , a sí actúan los «lógo¡» (para usar de do r de la elecci ón» (a n "l">"'lJ Qwri¡s ¡WI' aiet6fV7r..H'), antes de la intro-
paso la pala bra de múlti ples sentidos) de los d émones sin parar en el ducció n en un cuerpo -sólo restringida . pero no deter minada, po r
alma huma na . Y lo q ue los ho mbres corrientes suf ren sólo en la laxi- el aza r de la suerte-o Aq uí no hay d iferentes doctrinas de Platón;
tud d el sue ño, eso les pasa desp iertos a los hombres, de contextura Plat ón no da dogma alguno y mucho menos sob re démones. Pero en-
indómita y alma sin torment as, que nosotros consideramos como san - laza con las creencias populares sob re el dem on qu e acompaña a los
tos y dem ónicos. Un caso único, apartado de la falt a de ar monía y hombres a través de su vida; unas veces po r su sab idur ía en to rn o al
de la alteración (&IIa Q~oo¡ ia HQ" j ml?Q"X~) de los demás, fue Sócra- alma humana, a iras veces además po r la imagen ó rfica del Más Allá ,
tes. Y luego , en un milo ptaton ízan re, parecía most rar P lutarco lo que a fin de ha cer imagina ble y aprehensible también para los demás algo
entend ía po r los d émo nos. D émo nes: as¡ co nside ra una voz oracu lar de su propia experiencia. Demon significa en pr imer lugar algo así
a aquellas estrellas qu e en el antro de Trofo nios extasiaron a como la forma humana de nacimiento - <d a existen cia » se dir ía hoy
Timarco s ", las q ue vio suspendida s sobr e la oscuridad: qu e serían las mejor-e, que se mantiene, como la constante propia , a travé~ de todo
partes más pura s de la mente (votit) de hombres selectos, lo q ue no azar y movimiento de la vida y hace que todo co~porta m lento sea
ent ra en la mezcla de alma y de cuerpo . Como nadan los corchos so- mi compo rtamiento . Así ya Heráclito, en la creencia popu lar de un
b~e ~ a red, así aquellas estrellas demó nicas sob re los hom bres, ya ellas, acom pañante espiritual, ha bía situado su fra se: (~Demon es para el
d ócil o no d ócilmente, esta ría atad a el alma . hombre su especificació n». P latón , sin embargo, prensa ver mas y po-
Esta doct rina. aquí inspirada en los estoicos, al meno s tanto co- der expresar más en su mito . Esa especificación interna no es nada
mo en los plató nicos, es la del «lagos) por el que todo t ranscurre , que cor respo nda a su por tador sólo en esta vida . Le sigue sobre las
fro nte ras del Más Allá, permanece co n el ante el tribu nal y le con~u­
ce a la peni tencia . Pu es juicio y castigo están estrechamente relacío -
• Se trat a ba d e un oracujo , d escrito det a llada mente por P a usania s (IX.J9,1-5) , en nadas con la forma de vida que transcurr e por esta parte. Ella . a su
el q ue el con scname, tras seguir un lar go y com plejo ceremo nial de puri ficació n Ibebfa vez, no se encuentr a externamente colgada a su munda na l portado r.
de la « FUe~l1e del Olvido » y de la. « Fuente de la Memo ria.. para conseguir. repectiva - La ha llevado con él más allá de la fro nte ra del nacimiento desde una
mente, olvida rse de lodo lo antcrsor y recordar lo s avisos del o rá culo , era introd ucido existencia anterior . El mito de La Repúb lica lo pone con la libre elec-
en una p ro fund a cueva llena de oscuridad en la q ue ola una voz sín ver su proce dencia .
Se trata ba de lino de lo>«genios» de la épo ca de C ro nos , que ha bía consultado a l espf- ción del individuo y con el anuncio de la Moira '" (<<La culpa está en
ritu de Tro fcnlos aparecido en forma de serpient e. En rea lidad se puede entender co-
mo uno de lo lugares de comu nicació n con el Ha des: son ti ar as las semeja nzas co n
el Aquerc nte y la laguna E!iligia. (N. del T.)
• • Tima ren es uno de los perso najes dd Tta ges platónico . Al q ue precisamente avi- • La pa la bra «rnoirae tiene q ue ver con «rn éros», " pa rte". « porc ió n" y d eterm ina
sa Sócr~tes, Impulsa do por el dérncn , para que no rea lice la acción que piensa ha cer , la ca ntid a d de vida de cada u no. M1 destin o. Las Mcír as personifica n ese co ncepto.
UII asesinato, porque va a suponer su p ropia mu erte. (N. del T.) (N. del T.)
54 PLATON DEMON 55

el q ue elíge»): la casi metafísica forma de responder parece dirigirse bres, despojados del cuidado del demon elegido por no~otros . Aquí
exp resame nte al Pedon, Que quería hacer pos ible un a peligrosa inter- el de mon no es perte neciente al indi vidu o sino de inmediat o a la So-
pret ació n fa tal ista pa ra la cuest ió n mo ral, con la fra se opuesta : «no cieda d como mediador de la mayor existe ncia en sí. de la cósmica o
os podría salvar el demon, sino que vosotros elegiríais al demon ». Así. divi na. Es fácil de ver cómo enton ces ese demon de la totalid ad se
en efecto, en el mundo platónico es el demo n no sólo un símbolo pa - deja unir al demo n del ind ividuo . sobre tod o si se piensa en I~ iguala-
ra aq uello visto y respe tado co mo un hecho de «así debes tú seo, (Goe- ción de «no üs» y demon en el Timeo. P ero no llega a constitu ir un a
the, Urworte .6.AIMON), sino sobre ello además sobre la ta n secreta unidad concept ual sob re eso a partir. si cabe, de su co locación en un
como inexorable vinculació n de la existencia humana co n la t ranscen- espacio part icular . Sólo se tiene qu e sabe r el conjun to d e esas señ ales
dencia . La elección del demo n , tal como se remite a los hom bres en míticas.
el mito de Lo República, simboliza aquella «libe rtad trascendental » Todav ía una cosa sería a precia ble en el últ imo ejemplo: está n tan
(Ka nt) , aquella «libert ad en el deben ) (Jaspers) que es propia de la juntos en el lenguaje demon y dio s que sól ~ .una imperfección huma-
existencia humana : «Sucede como si yo me hubiese escogido antes del na ha ce notoria esa diferencia . E n el pottnco (272 E) se llama una
tiempo como yo soy» (J aspers) 11• • Co n ello , con la igua lación del de- vez al qu e tod o dom ina «el mayor demon» y los somet idos a él se de-
mos y «noüs »". muestra el Timeo cómo en toda introspección en nomi nan «los dioses a uxiliares» , segur ament e para no apart arlos de
lo oscuro Platón acred ita su predominio al espíri tu pensa nte. los «dioses do mmantes» (27 1 D), y proba blemente en su pensam ien-
to tenía a los «démones protecto res de ho mbres» de Hesiod o . Así la
famosa explicación El Banquete (20 1 E y ss.), de qu e Ero s no sería
/ Oemon, alma y dios/ un dios sino un gran demon, se pod ría dejar de to ma r a burla. co mo
si dio s y demon en Platón pudieran significar cosas diferentes y an u-
Para la existencia ciuda dana del hom bre gusta Platón , en sus años larse a su vez uno cerca del otro o mezclarse en uno solo . Uno oye
más ta rd íos, de determina r rango y ta rea , mien tras lo mezcla en un las s~tiles y rí~idas clasificacio nes de los posteriores; así se pien~ en
mític o mundo de la perfección . Así, en el mito del Pol ítico (269 C la anotación de Goethe de que «La s doctrinas ori gina les siempre sien-
y ss. ), estaría represent ado , a trav és de los períodos del mu ndo : allí ten lo aú n inacabado de la tarea y buscan a prox imarse a un mod o
el más alto dios se preocupa por el cosmos; en un brillante pasaje de ágil y "naif" . Las continua ciones ya se co~vierte n en di~ácticas y des-
Las Leyes (713 8 Y ss.), por medio de la Edad de O ro de Cro nos. Y, pués se yerguen en lo dogmáti co hasta lo intolerante: . P or el con-
aq uí como allí. estaría gest iona da esa perfec ción de la esencia social trario en Platón mismo llegará. a hacerse claro cómo se puede n ver
por med io de dém ones di vino s que han repartido todo lo vivient e en- diferenciar las cosas iguales y, una vez diferenciadas. usar se. Conoci-
tre ellos, según est irpes y hogares (Potttíco, 27 1 D). po rque ellos en- miento mente en sí misma y lo co rrespondiente a ella , así se hab la
vían a los lina jes que controla n pa z y unión. en un a palab ra: «cudaí- de «noüs» , puro pensar (~" O P€tv). conocimiento (lll"tuí1ÍJn¡) '. La pie-
monta»..... (L as Leyes. 7 13 E). En Las Leyes se argumentab a qu e sólo dad venerada lo mismo qu e rayo de un mundo de pe rfección, del
el domi nio de dios, no de un mo rtal, podría resgua rdar a las ciudades «bien» , así se co nsidera a lo divino, igua l que en el Atcibtades Mayor
humanas de la-desgracia. y qu e no sotro s deberíamos aspirar de nu e- se tomó «saber y pensar como lo divino, en el alma » y g~a.rdan u~o
vo a aquella perfección de la Edad de O ro por med io de «aquello qu e con el otro. «dios y pensar» (OfOS Ncr¿ ~eOP1JOu) «todo lo divino» (...o v
vive como inmortal en nosotros». En el Politice avanza más el milo . ro (h tov) ". y de nuevo a lo mism o. que es intu ido y usad o po r cada
Si el Altísimo . se dice allí. retirase la mano del timón del mu ndo y obse rvador qu e siente reali zar se las accion es tan incon ceptu al c0rt.t 0
así la totalidad volviera a agitarse según su ley inte rna «y de nuevo inev itab lemente , lo llam a el demon. Tan cerca , hasta q ue ya no exrs-
cometiera errores de antaño) ( x a ¡ ÓllPOl1THíu TO nj~ roAa iof te n fronte ras, se aproximan dio s y demon en Pla tón allí e~ donde n~
& pae ,uooTiof 'II"&8of /r se gobernase en la experiencia del antiguo de- fuero n difere nciados, como en El Banquete. con un a p recisa y rnaru-
sajuste /], entonces dejarían tam bién las divinidades protectoras la zona fiest a expresión. Y siempre hay que recordar una y ot ra vez cómo re-
a ellas confiada, y ento nces nos encon tr aríamos nosotros, los hom- húsa por indigno el desmedido afán po r la terminología (ro l11fOUOOrUp
l ... ¡ rOtf ovóPOOt) y «la lucha por da r un nombre allí en do nde se está
t ratando de co sas tan aut éntic as como si estuviesen ante nosotros»
• « No üs» sig niñca «mente». « int elige ncia». (N_ d el T.) (La República 533 D) 14 . • .'
•• «Eudaimo nía» significa en griego usu al «felicidad» . su co ntrar io es «kakodai- Los platónicos de epoca tardía se habí an entregado demasiado um-
mon ta». (N. del T.) camente sin duda a la fe en las palabras y a lo dogmático" . Ya ba-
56 PLATO N DEM ON 57
jo tos ojos del gra n maestro seca ro n el desa rrollo del milo vivaz con el tr ibunal y luego al H ade s, «tiene la misión de llevarla de aquí», y
el esq uema tismo de una do ctrin a de los démones, que se int ro duce en don de luego otro guía la saca de allí. Se podría pe nsa r par a ello
co mo una rama particular en Filipo de Opunte co n la física de los cinco en el luga r dem óníco e n donde , en el mito del alma de La República
elementos y en.e l suceso r de P latón , Jenócra tes, co n la matem ática (X,6 14 C), se celebra ría el j uicio , «entre» cielo y tierra . Resu en ~ ':0-
de las. rorma~ tr iangula res, y los posteriores, siguiéndoles luego a ellos. mo un eco en el Timeo (90 A) cuando el dem on, aq uí el qu e d irige
co n d ~ferencl as. en punl ~s co ncretos pero en la totalidad de modo mu y en el alma, «nos alza desde la tierra al pa rentesco en el cie lo ». En efec-
J>:8-recldo, ha n In l r~ducl do. al dema n socrá tico en las fuerzas y esen- to, en el Politice (309 c) se llam a a las prop ias almas u n «género de-
cia s del mu ndo , jerá rquicame nte escalonadas . M áxim o de T ir o m óníc» en el qu e como algo ( divino» se int roduce el co noci miento
(XIV , 8) da múlti ples em pleos a los 30.000 démo nes Que imita de He- de lo bello . de lo justo y del bien. Siemp re es lo «meta xy» , el pasaj e
slod o : «.•• y uno ha ob te nido como luga r de resid encia este cuerpo por don de el demon y lo dem ón ico es simbolo , y se ve tod o eso en
el. ~Iro aq uél, uno el de Sóc ra tes. ai ro el de Plat ón . ot ro más el d~ el más preciso co ntorno , si se tiene en los ojos el mito de Diotima .
Pitágoras... », Pa ra Proclo, el de mon io n socrático pertenece a la ele- Segu ro qu e esto es un mito y los platónicos no tienen mucha ra-
se más alta de los d émones, a los d émon es divino s. Plat ón no piensa zón pa ra hace r de él un dogma. Asimis mo , si se dice: eso sería «sólo
en tales esquem as. Pero seguro que el no decía pa labras sino cosas mítico», ta m poco se tiene razón y se trastocaría la cuest ión acerca de
-c-eei ~ice cose e voi dit e parole»- , así debían también para él óaí¡u..JI' 10 que entonces se ha br ía pretendido con ello . Pero, una vez pre gun-
y óal~O "¡ O " corres po nder a 8l Ót y Ol io". Y nadie puede decir de cuán . la da , no por ello tiene que llegar a ser men or , porque finalmente no
to de aquello, que en s~ escuela fue más tarde pensado y afinado, él ha y ningu na respuesta conceptual. Platón no se hubiera expresado en
se hubiera reído o hubiera rechazado involuntariame nte por co locar mitos si lo hubiera llegado a perfeccionar en concepto.
~ormas dem~iado rígidas pa ra lo inconcebible y de que hubiera él de. En efecto, en d onde aq uella representación surge vista genética-
Jada a lgo , aSI como Goethe soportaba d e for ma amisto sa las ínter- ment e, es fáci l de mostrar . Homero y H esíodo hab ían creado par a
pre taclones de Eckerma nn. los griegos sus dioses, o sea ha bían extraído el O limpo y dioses celes-
Aq uellas «demo nologtas , desde Filipo y Jenóc rates hasta Yém- tes del mundo de los d émo nes, y, si también los nom b res di os y de-
blico y Proclo.tienen en común, a través de tod os los siglos, una fo ro mo n tod a vía en Pla t ón podian esta r conta minados el un o con el otro,
ma de pensamiento, o mejo r un momento de conte mp lación, que real. sin embargo estaba fundamentada la representación d e un a di teren -
ment: f~e tomad o de Plat ón y que debe haber sido para el del más cía de ra ngo . Esa represe ntación la ha sacado y sistema tizado Pla tón ,
alto sígníñ cado. Es el pensa miento o la imagen de lo «demó níco» co- cuan do sitúa a lo dem ónico inmediata me nte como medio proporcio-
mo ~n a ~o n a «( en,t re» la superficie humana y la divina Que, por su si- nado entre lo hu ma no y d ivino . Más dificil, con todo , y más real que
tu.acl.6n m~e~maha, «enlaza el todo conj unta me nte co nsigo mismo ». mostra r ese ca mino es pregunt ar qué necesidad de reconst rucción del
Dioti ma snua ese reino, al comienzo de su mito de Ero s, y lo hace pensa miento fue tomada por Plat ón pa ra co nduci r a eso.
como luga r de lodo tr~fico entre di oses y hombres, pa ra lo qu e esta Bajo mu y diferentes fo rmas de co nsigna r y observar el mundo,
todo el a rte de. la m ánti ca y el sacerdot al , toda la bruje ría y la magia , se encuentra n den tro del recint o europeo , cuya imagen del mundo es-
o sea , toda s aq uell.as cere monias y celebraciones qu e P latón perm ite tá fund am entalmente determin ada por la A ntigüedad Clásica, dos ma-
coloca r como al usion es a un a recóndita Alte za, también en calid ad neras, la una frente a la ot ra, Se ven en la más clara di ferencia, cuan-
de intermediari as, mediad oras, así en tan po ca med ida desear ía usa r. do se co mpa ra de alguna form a un paisaje de Dur ero co n uno de Ru -
las. En este espacio está ordenado, pues, el ( hombre demónico » mien- bens 16. Tal como aquél dirige la mirada en capas qu e se van degra-
tras que bajo él perm anece el del «b ana usós » y sobre él -lo que nun- da ndo de delante a atrás, ése la arrastra en un movi mie nto más int er-
ca fue dicho por Diotíma-; la cuestionada esencia divina, no hacia lo profundo - esa diferencia en la for ma de la imagen expresa
una oposición de la visión del mundo, Pues es un a opo sición úl tima,
si fue observado el mu ndo como una obra de const rucció n, conc reta-
/ L a función del «m etaxy» / da e historiada, o como un espacio sin fin qu e se filtra int ernamente.
y esa doble ma nera de observar es también aprecia ble en la Antigüe-
Así, con u~a co mp leta co ntemplación mítica, se encuentra co lo. dad ; por eso se reco nocería poco que la visió n clásica d el,mundo per-
cado lo dem ónico , sólo en El Banquete, como reino intermedio. Per o te nece ab solutamente más a la estru ctura qu e a 10 co nun uo. Así es
se podría co nsiderar una llamada previ a en el mito del alma del Fe. en P latón . Se compara una forma de alma de tr es caras iguales con
don, en donde el demo n acom pa ña al alma a su cargo primero a nte aquella infinitud llena de,fuerza qu e, en ciert a manera, es den om ina -
58 PLATON DE M ON 59

da por los mod erno s «al ma»: o bien su ciudad, constru ida a pa rt ir In qu e crece librem ente, no la int erdepende ncia pensa da , aseg urada
de tres clases , con aq uella ca ntidad de accione s Que se apoyan y se (1 completa mente alca nzad a del sistema. Y d~bemos gu a rdarnos de
oponen,. que mu chas veces está n ante los ojos cua ndo decimos la pa- ver más allá de lo qu e está claro en sus propias expres iones.
la bra «Ciudad ». «Q ue dos cosas so las, sin una tercera, no es posible Sin em ba rgo , deben ser contempladas algunas pa labras de ~ ro.
que se enlac en bien», así se dice en la doctrina de los eleme nto s en cío . Pu es ese discípulo muy tardío ta nto trastocó en 7sque ma~ el hbre
el Tim.eo (31 B). Pues tiene q ue haber un vínculo ( ÓEU/AÓS) en el mun- discerni miento de las imágenes plató nicas, y con ta n dlferente.alre llenó
do um en ~o a ambas. ~I ~ás bello lazo, sin embargo. es aq uel que, su espa cio espi rit ual y el de Plató n, que revive, de ma nera ~ncompa·
en la medida de las POSibilida des, se hace un o solo a pa rtir de si mis- rablemente fuerte , pens amient~, imágenes y pala~ras plat ónicas . Pro-
mo y del entre laza miento conj unto . Y. para termi nar, el más bello d o ta mbié n dice no sólo de S ócrates que «E l mism o Sócrat es es en
de estos es la esencia de la proporción. Así estarí a construida co n prime r lugar un ho mbre eró tico y demó nico (o "Ya ", q¡,lTó ~ lo1"tP
dos partes proporcionad~s, la cuadratura de los eleme nto s, y d; esos lew nx ó~ re xat óm~ó"to~ (h~e ), sino que él va un pas'?,.más ad e la~­
c uat ~o elemen tos se.alzan a el cuerpo del mun do en relación conj unta le, «El demon es por completo culpable de su a mor» (:~v t"'~TOS alrl"wt
consigo mismo , segun la ley de la proporción , y ob tendría luego a mis- o
rá PTws óa¡~ " arnos) 1'. Co n ello ha puest o ta mb i én ba jo una l u~
t a~ ( 1"IAi'u P), así. qu e, «en unión ind isolub le conjunta mente consigo creadora lo que Pla tón deja como no sab ido, así ojea u na verdad allí,
rmsmo . por medio de aq uellos otros, llegó a ser como uno solo, a tra- en lo qu e P latón di ficilmente hu biera dicho que no . Y de nuevo, des-
vés de aq uel que ha e nlazado consigo mismo » (32 C). Esa es la co ns- de un mu ndo estructurado de ma nera por completo di feren te, podría
tru ~cíón de la Naturaleza, tal como fue dominada por las leyes de la ser co nvo cado Ooethc pa ra corrobora r, porque expresa un últ imo y
Física . Y en efecto , pa ra Pla tón sale el m undo sucesiva mente en idea ~rofu ndo par entesco, (~ No so mos el puro ~~on>, ~ice el 5 de mar zo
y a pariencia de form a com pleta mente más sutil un lazo ta n fuerte de 1830 a Eckermann, «sino qu e eso es tam bién el objeto que nos atra~.
~ebia ca'!1biar de nuevo esa oposición en unida d . Así es pa ra él un y luego llega como un ter cero activo también lo qu e ~o hay que olvi-
intermedio (flf m~ lÍ) ent re idea y apa riencia es el alma hum a na, así la da r, lo dem ónico, que cuida de acompañar cada pa si ón y encuentr a
«d óxa» , como terce r grado del mundo del conocimiento un interme- en el amor su elemento propio».
dio entre no-ser y ser , conducida de éste a aquél. Pues' de nuevo la Sócr ates , - para empezar de nuev o con é!-,
vive en !odos los sen-
«dlá nola», la zona de la ciencia ind ividua l, está en el med io, entr e tidos la vida de su patria, Atenas. Esa es la Vida de una clUd a~-Estado
el. puro conoc! ~ i ento qu e se diri ge al reino de las ideas y la mera epi- que , como hereder a de la cultura de la ~ob l eza en decadenc ia, h ~ t~­
mo n que lo di rige a la fluct ua nte ap ariencia 11. Sin la proporción de mado en si m ucho uso ca ba lleresco, de Igual manera qu e las Repubh-
I?s elemen tos, s i~ el armó nic~ sistema de las fo rmas de ser y conoce r, cas italian as de la baja Edad Media. Está fun da mentado en la usanza
sl. n la «n;'etaxy)) del alma, sin la zon a de lo «dern éníco», se rompen guerrera doria , como también «política », el1ra tótKOS tew i~, y esa so-
Ciclo y llena entre sí. ciedad - la más potente en cada materia qu e el mundo ha visto-e- está
com pleta me nte llena del amor ent re hombres t;~ tod os los .grados y
«S iempre q ueda un algo ent re un hombre y él mismo; en toda a preciación, desde la afectuosa aceptacron ~asta el l uego .ru.
y co mo en un a esca la trepa gaz , desde el más huma no fa natis mo ha sta, por a baja, el ma yor utu-
a lo celeste » (Hólderlin) beo del sent ido y, por a rr iba, ha sta aquella fuerza en form ~ hum a na,
ta l com o permanece para no sotros en el ar te; ~ es aquel mlSffi? efec-
to resona nte en la gra n vida por dent ro de la CIUdad, el que dejó p~ o­
I Demon y Eros/ ducirse la caída de ia generación de los P isistrát idas por apetencl~
de amor y por celosv" . No hay que dudar de que Sócrates compartía
A esa zona qu e PI.atón tomó co mo lo «dem ónico . debe, pa ra él,
pert enecer el «dcmo nlo n» de Sóc ra tes , como su nom bre indi ca. Pla- o Para la «pederastia» o el «a mo r do rio .. "id. F. R. Adra dos y o tros, El descubri-
mi ento del umor en Grecia, Madrid, 1955. (N. del r.) .
tón no lo expresa. P ues el mito de Diotima tiene que act uar con Eros. 0* Se refiere al asesinato de Hip a rcc , hijo del tirano Piststra to y su cesor , Junto con
Pero para nosotros, qu e buscam os visiones de conjunto, se muest ran su herma no Hipias, en la tira nía . p arece ser q ue esta a.cción fu~ de~ida a razo~es pa-
demonion y Eros, la acción que estorba y la que perm ite, como em- sio nales y no polttjcas, si bien la gente exaltó a Harmodio y a AmtogJt~n , loe «ur~ nLCI­
parentados en lo más profundo " . En Platón eso es un paren tesco de das.. como cam peo nes de la libert ad . A pa rt ir de ese mom ento la ten sión y hostilidad
cont ra Hipias fue a umentando y conduj o a la inmed iat.a C'l(pulsi.ó.n d e éste , con el ~ta ­
blecimjentc co nsiguiente de la «de mocracia» como régImen político, a Ilna les del Siglo
o « Melaxy.. significa « media dor», «intermediario» . (N. det r.) VI a. C . (N. del T.)
60 PLATON DH toN 61

ese eros desde un prin cipio . Te nemo s la exp eriencia de aqu el Zopy- libro só lo para que su cabeza estuviese mu y cerca de la ca beza del otro
r~s. el iniciador de la Fislogn órnlca, que en los rasgos del rostro de y su hombro desnudo pudiese roza r con el suyo (IV,2 7) 2J. y su re-
Socrates encont raba expresadas sensua lidad y avidez de mujeres. La taro de Eros comienza cuando todos los participantes en la co nversa-
historia está bien atestiguada, se encontraba probablement e en un diá- ción toman compañeros de pandilla entre los dio ses, y de sí mismo
logo del propio círculo socráti co 20. El que se pud iera contar dice más dice: «No sabría fijar un tiempo en el que yo no hubi era am ado a
qu e todo lo restan te sobre el viejo desarrollo de su ape tito de am or . alguien» . Seguramente eso es también poc o, compa rad o con la abu n-
y lo fuert e que se.expresa ba . segun apetito y costumbre. encamina do dan cia plat ónica . ¿Pe ro no debería esta diferen cia estar dispuesta y
sobre todo a los Jóvenes, so bre esto las expresio nes reunidas de los pront a para explicar, a partir de eso, qu e J e-,?-ofont~ ~ólo habla .pero
socráticos no dejan la menor duda . Los diá logos de Pla tón están lle- no experi menta y que Platón . po r el cont rario . debi ó hacer a Sóc ra-
nos de ello. y se pod ría estimar tan alto incluso su acció n sobre los les complet amente com o ama do r (erotik ós), po rque había exper imen-
compañe ros Que ello no a fectaría pa ra pensar la imagen de Sóc rates tado al dios o demon en el co ntacto con su maestro'? Am istad y amo r
determina da sólo po r esto tanto que, con una inversió n parad ójica podrían ta mbién cifrarse en primer lugar en uno solo, pero están c pues:
de tod a probabilida d , se hubiese pu esto a Sócrates como un an tl- ros siempre en su satisfacción: así muestra Plató n ante tod o en el L1-
erótico , po rque sólo actúa una nat uraleza lógica y racional que Pla- sis, en el Alcibíades y luego en los grandes diálogos del amor. Qu ien
tón, que estaba formado de un tipo completa ment e opuesto, a part ir estaba lleno de esta creencia, ¿podría tr ansformar a S ócrates en ama-
de sus p ropias int enciones hub iese tr ansforma do en el tipo del ama n- dor y dejarle incluso enseñar lo cont rario a toda amistad y amor, si
te ed ucador 21. En el diálogo A lcibíades de Esqu ines com par a Sócra- en su juventud se hubi era topado con algún tipo de pasión por un a
tes su amor po r Alcibíades con la pos esión báquica de las mén ades . carencia de amo r?
Igual que epas hacen brotar ? e fuentes secas leche y miel, así él espe- En el Teages de P latón (128 B) se co loca irónic am ente ,Sócrates
rana , med iante su pura acción, hacer mejor al ami go am ado 22. Y frent e a los maestros gremi ales de sabiduría : ' Yo no me enti endo en
tampoco en Jenofonr e falta ese elemento . En realidad [os Recuerdos abso luto en ningu na de esas cosas de altos vuelos - iya me gusta ría,
dic~n poco d~ ello; s.u tono a po logético y mor a lizante no podría co n- ya!- sino que mi pensamiento es éste , qu e fund am entalmente yo no
venrr a la accron peligro sa y en do nde ella sucede, sería interru mp ida me ent iendo más q ue con un objeto de enseñanza mu y pequeño, la
y rehusada . Pero la frase: «muchas veces decía él qu e esta ba enamo- esencia del aman). De forma muy pa recida habla Sócrates de sí mis-
rado de uno » basta ría pa ra toparnos con la realidad , ta nto como in- mo en un pasaje de El Banquete (127 D): (~ EI que yo ha ble de mí (eso
mediatamente las siguientes pal ab ras hacen referencia, en su conteni- puede significa r, y significa si se compara c~n el Teages, ~ l que ~o
do, al uso de las ciudade s: «estaría , con todo , muy claro qu e no se de mí me cuide de hab lar) que yo no me entie ndo a mi mismo mas
mov ía tras aquellos de más atractiva belleza juvenil sino hacia los q ue que en la esencia del ama n) , Ya eso se co rresp~.>n d e, sólo qu e m ~ s
fuero n educados en amplitud (virt ud) de alma » (IV, 1,2). Y en una hinchado en alguna palabra, con aquello del L ISIS (204 B): «Además
larga conversación con Critóbulos, en torno a la cuestión de cómo yo no valgo en abso luto pa ra nada . Sin embarg o , de alguna ma nera
~ podría hacer ami gos, se mete Só crates en una repentina interr up- me Iue dad o po r el dios que yo, al primer impu lso sea ca p~z de reco-
ción: « Proba blemente pu edo ayudarte en tu caza del bello-bue no , por- no cer el amor de alguie n y que está enamorado» . Uno considera estas
q ue soy un amador (oli:r TOi pwnJt:os f l vm). P ues si yo preguntase por expresiones en las que la amatoria socrática se funde ma ravillosamente
un deseo hum ano , así irta violentamente, co n todo mi ser, en relación co n el soc rático no-sa ber y la iro nía socrática; así a d uras penas se
con.ello, a se.r co rrespondido en mi amor por aquél y llegar a ser reco- puede hacer otra cosa qu e creer qu e aq uí más o menos ha sido toma-
nocído en mi a fán y ver mi ape tito de un ión satisfech o con un ape tit o da po r P latón una for ma de pensam iento casi impr esa, un «pcnsa-
de unión semejante» (11 ,6,2 8), Eso aparece sólo a duras pe nas y se mient o fijo» del Sócrat es histórico , Pe ro se podría ence rrar en él - y
gasta Juego otra vez en cha po teos de a fa nes morales. Sin embargo , 110 ha ce falta asegurarlo más, porque la figura platón ica par a nues-
El Banquete de Jeno fonte, má s sencillo, imaginativo y mov ido qu e tros ojo s casi ocu lta el modelo completamente- ; así b rilla po r com-
los Recuerdos, en un juego libremente establecido da más vida y se- pleto la esencia del Sócrates plat óni co en aquella pa la bra , ,Y para el
guramente más realid ad también , Así, cuando Sócrates es ten tado po r gran amador de los diálogos plató nicos debe qu edar reducida sólo a
uno de los compañeros de ju erga con la más frívola proposició n de la con tem plació n. ,
qu e roce el muslo del jove n sentado delante (I V, 20) o cua ndo Cármi- En el diálogo Cárm ides, Sóc rates ha llegado en la tarde ant enor
des le reprocha en broma qu e él, en casa del ma est ro de escritura se del campo de batalla . Su prime ra visita, al día siguiente . le lleva «a
habí a sentado cerca del bello Cr itóbulo y mir ado co n él en el mis~o los acost umbrados p untos de encuen tro », a una escue la de pugilato .
DEMON 63
62 PLATO N

Su primera pr egunta, después de que él ha debido hacer un relato de / t-ros educadorl


la bat alla , se ciñe a aqu ello que es lo más verdadero de todo: cuá l es
la situación por allí pa ra la «Filoso fía», si co n los mayores se entre- En el comienzo del Protágoras piensa bu rlarse del «compañero»;
t ienen los muc hac hos q ue se d istinguen por su intelige ncia o belleza . Sócrates viene de la caza de la belleza ju venil de Alcibi ad es y Sócrates
y entonces, cuando entra Cá rmid es, el deseado por todos, recon oce entra en su tono y se muestr a como perito en las co sas de amor. Pero
Só cra tes: él es una «sabia pauta para los her mo sos», no podría dife- algo extr año ha pasado: «Aunque él estaba prese nt e, yo no le estaba
rencia r ent re ellos (co mo s610 los ru bo riza dos), sino q ue todos. c ua n- presta ndo at ención , ya incluso hasta me ha bía ~lvidado completa ment~
do llegan a la adole scencia . le parecerían bellos. Cármides sin duda tic él» . Y el más bello, po r el que él lo ha olvidado , es... Prot ágoras.
le había pare cido en alma y belleza particularmente maravilloso. Y, pues lo sab io es bello. Esto es una broma, segura mente , y como bro-
co mo el co noc edor , que se va nag loriaba de se r en el Lisis. pronuncia lila es tom ada a ju ego por tod os. Pero en ello se encuent.ra el amor,
el j uicio: La genera l conmoc ión de la gente no había sido tan marav i- tamb ién el amor sensual po r Alcibíades, comp letam ente SIR más,:ar a:
llosa . Los muchachos, po r su parte, sólo ha bían mirado a uno y to- I:s rea l, es el grado sobre el Que se alza el filoso far, co mo en el Cdrmi-
do s le ha bían contemplado como a la ima gen de un dio s. des la belleza del jo ven era un grad o sobre el Que se alza ba su belleza
No se reconoce la iro nía -iSócrates, el que creía no pod er dife- anímica y la belleza del alma sobre todo . Así marcha en efecto el ca-
renciar!-, qu e per ma nece asimismo co nsta nte y notoria a trav és de mino gradua l (~lJ'n e bra va.fJa.O~ois xe W~{ ~OV / como ~t;l~zando gra-
toda s las capas: un a pasio nado am or de la belleza . Más tarde dirá Pla - dos/2 11 C) a la par del amor y de la ñlosoñ a, al qu e Díotíma co ndu-
tón : un recuerdo del arquet ipo de la belleza cae en el alma desde el ce en El Banquete, para alzarse más tarde desde un ,:uerpo he~ ~oso
cuerpo bello a través de los oj os. Los muchachos, los homb res, Só- a la belleza de alma en donde luego sin duda «t amb ién es suficiente
cra tes mismo, todos está n ( como tocados po r un golpe y arrast rados». una pequeña nores~ncia del cuerpo» (210 B). Esto es pla tónico y grie-
Nadie tiene razón pa ra hacer débiles las palabras fuert es, pa ra decir: go , mient ras que en el adagio de Nietzsche «El ~ ás bello cuerpo -un
Sócrates sólo está jugando. Sócrates no se encuentra detrá s de los de- velo solamen te pa ra el pudoroso- oculta lo mas hermoso» con la pa-
más en el a pet ito po r la belleza viva . En ello , sin embar go , entre ot ras labra «solamente» introd uce un tono de un mund o co mpletamente
cosas , se diferencia de los qu e se detienen allí como en algo último , distinto.
él , al cont rario, todav ía aña de a esto «u na pequ eñez »: que, en efecto , En el diá logo Alcibtades se hace mayor qu e en cua lquier ot ra pa~­
también Cármides está bien desarro llado an ímicamente. Cuan do Só - te la oposición entre el modo con el qu e aman Sóc rates y I~s. demas
crates mezcla una pequeñez así, es ind ud ablemente lo diferenciad or . hom bres. La mayo ría de los ena mo rados, qu e ent ran en delirios tras
No bleza de amor no sería desv irtuada po r nobleza de alma , sino que un jo ven, se o lvidan de él cua ndo se marchitó su flor ~e ju ventud ;
ambas dan la forma perfect a juntas. Y la misma int ensidad y movi- Sócra tes, que 10 ha rodeado largo tiempo , ahora por p n?;lera vez se
miento se repiten una y otra vez. Cármides se ha sentado al Iado de acerca a él. De esa rara diferenciación part e la conversación, y la so-
Sóc ra tes y le lanza mirad as con ojos expecta ntes. «Allí vi lo que esta- lución se da al final: los demás han amado sólo el cuerpo , en ab sol u-
ba en su ropaj e y me puse caliente y ya no estu ve más en mi, me pa só, to «a él mismo» . Sóc rates, que ama su alma. es el único enamorado.
en cosas de amor, aq uello de que está muy ente rado Clinias, el que Así se coloca eso en la descompo sición con ceptu al de Sócrates . Pero
cuando hab la de un hermoso muchacho acon seja a otro guardarse de ese aislamiento del amor del alma radica , sin embargo , sólo en la opo-
que , ante los ojos del león, no fuera él a tomar parte en el ba nq uete sición al amo r senso rial en genera l de la mayoría . El amor de Sócra-
como un cervat illo ». Todo eso hay que contemplarlo literalmente - lo tes es el hombre total. Uno piensa experimentar qu e la emoció n del
mue str a la mi rada a la desnudez tapada- incluso, si se pudiera, hay sent ido tampoco falta aquí, al comienzo, en donde Sóc rates alude a
que tama l de nuevo las fuert es pal abr as poé tica s como el primer ind i- la «belleza y tipo » del joven . y se podría entonces perfectamente ~om­
cio de una caricatura en voz baja . Pu es, co n lodo, en cua nto se desa- plementa r, a par t ir del Prot ágoras y de El Banquete, lo que aqur s~lo
rr olle la co nversació n quedará claro : que lo malo y lo bueno pa ra el se bos queja en voz baj a. Ese elemento sensorial no es ta mp oco de nin-
amor , y pa ra tod o lo hum ano en partic ula r, procede del alma. Y en guna manera sólo máscara y envoltura. Es c~sc ara, pero cáscara de-
la superficie del alma perma nece entonces la discusió n que trata de sarr ollada , sin la cual el núcl eo tampoco serta verdadero. Es un gra-
la «sophrosyne» . de la medida y pudor de las a lmas bellas. do qu e lleva al más alto gra do, pero necesa rio, sin el que no se pod ría
alcanzar lo más elevado .
y tod avía enseña un a cosa má s este encuentro, con má s cla ridad
que ninguna otra cosa ade más en la obra plat ón ica: Alcibiades ha sen-

64 PLATON U EM O N 65

tido la silenciosa admiración de Sóc rates como «Inc ómod a». Esta es tln aprende , sino además incluso ese amor es desde lo que «se esta ble-
una palabra fuerte. y se ras trea la ira, sin duda tam bién la curiosidad. \"l' la má s profunda intro spección» . Así se conv e rtiría Eros en gu ía
con la que él se hubiera anticipado aún a la alocución de Sócrates. hacia la idea , y ese es en primer luga r el giro propiam ente platónico .
P ero al final, después de la primera conversación, ha pa sad o a nte no- I um bi én aparece incluso co mo interpretació n de la Figura de S ócra -
sotros, se ha tr ansformado la relación a mo rosa de am bos, y a parti r I l' ~ , pero ella lleva a más pro fund idad . a nte la cua l tal vez el Sócra tes
de la de pendencia espiritual de las palabras oye Sóc rates con razón h i ~ hl r ico se hubiera quedado ma ravillado .
q ue su amor en el joven «co mo un tipo de cig üeña ha empollado amor Ese giro propiame nte platónico se muest ra prim ero en el di álo go
alado y de ese amor con tra riado entonces de nuevo va a ab rigar espe- lisis, en don de Pla tón. en In fo rma y en la superficie espirit ual de
ra nzas». En do nde la pasión camina al obj etivo co rrecto , tiene nece- vu obra te mp ra na , discut e aq uella pregunta que luego , en El Banq ue-
sa ria men te que responderle pasión. Y vemos por todas partes, más /1', va a cond ucir más allá a una más elevada situación. En real idad
fuerte o más dé bil , junto a Sóc rates aquella fuerza que extrae de sí: el objeto de la con ver sación es la «a mistad» ("' IAin ); pero el que bajo
cua ndo él llega a la palest ra, va n inmedia ta mente los muchachos a l'"'' pa la bra se oc ulte, tímida me nte toda vía , el ero.. pred omi na nte IIc·
su entorno, se sientan en su banco, se ruborizan cua ndo él ha bla . Suena gará más ta rde a esta r claro. y a hora ya por alguna s ind icaciones po-
en especial fuertemente aq uello en la boca de aquel joven del di álogo tlría ga na r una cie rta pro ba bilida d Yo . No sólo está cr ótlcamc nre in-
Teeteto ( IJO E): «C on mucho y en mayor grado me sucedió a mí, cua n- luido todo el espacio de la co nversa ción, ha y un fu lgor d e a mo r so bre
do me enco ntraba sentado cerca de ti y en ti me alXlya ba» l4. las figuras de los jóvenes y muchachos. Aq uí es tam bién en donde
El enamorado le ha bla por primera vez a aquel cuya mirada ha Sócrates confiesa su único don pa ra recon ocer rápida men te a ama-
persegu ido desde hace mu cho tiempo. ¿Serian entonces, en su pri me- dos y enamo rados (204 B). En efecto, Sócrates puede ha bla r de sí mis-
ra conversación, las pa labras acerca del yo y el tú y de aquello que 1l10 , del joven so bre el q ue hace valer toda su pasión a morosa e~ la
han sent ido el uno del otro? Pe ro, en luga r de eso, se oye sobre el adquisició n de amigos ("- Q o ~ ",V rwv ",u.wv Il' rija u' :lf<YVV f Qw n ll' W~ hw
enseña r, sobre el hacerse mejores, sobre la ciudad y la acci ón en la 2 11 E) . Y así resulta menos una cla sificaci ó n aq uello q ue se dijo e n
ciudad . En vez de llega r a ser festejado por el e na morado , lo llena pri mer luga r d e que el q ue ansía a nhela algo en donde hay mucho ;
la altivez de examinarlo, hu millarlo y pro ba rlo . Así la conversación y, al punto, podría seguirse de esto que se extiende al poseedor «amor,
amo rosa de Sócrates pa rece lo cont rario de las falsedades que hacen a mistad y deseo» ( 70 Ü o{x !Í ou 1) r e fQw s na ~ ¡pIAin: )(l:Ú ~ f-1f¡(Jup.Ífx
los dem ás. «Así, querido Hi p ótale s, », se dice en el diálogo Lisis (210 ll'l'Xá VH oz,lJo:) .
E) después de que Sócrates ha dado una prueba de la conversación Tam bién fue a bordada en esta conversació n la esencia de la «a mis-
a morosa en esos térm inos, «se debe cha rlar con el ena morado , al que tad». y la d iscusión se m ueve a las preguntas de si la inclinación pue-
se re baja y humilla, no co mo tú que lo haces enorgullecerse y o pulen- de ..cr de una pa rte so la o tiene q ue ser recíproca , de si el igual es a mi-
to ». Prueba del alma y con d ucción a la «aret é» y a la «pólís», es la ':0 del igual o el di ferente del difere nte; o sea , si se m ueve en la di rcc-
co nversación a morosa para Sóc ra tes y Pla tón , la que se rem ite aq uí ci ón única del yo y el tú. En primer luga r, hacia el fina l, después de
a lo más pro fundo y da menos la imp resió n, po r el co ntra rio , de cual- que se ha hab lado d ialéctica y em píricamente, sin resultado, de aquí
quier ot ra cosa. Y un a ley general consigue, en el Sócra tes plat ónico, y allí , hace Sóc ra tes notar que se ha llegado a 10 má s importante . La
la figura más sensible por la que uno se puede referi r a lo más grande : inclinaci ón es querer un algo . su «ca rác ter intencio nal» (por deci rlo
«a ma r es da r lo mejor de lo mort al- en Hól der lin , «Se enseña sobre en el lenguaje escolar de hoy) es evide nte; y ese objetivo al que se diri-
todo de aquello q ue se a ma » en Goethe , «Só lo a partir del amor se ge es algo co mo «a mor» o un «b ien». Má s que eso : en efec to. cada
esta blecen las más profundas ob ser vacio nes» en Nietzsc he. Se co rres- hie n tiene uno más elevado so bre él. así se esta blece una se rie gradual
pond en de mar a villa esas pala bras, que Bm st Bcrtra m, en su lib ro so- hasta a rriba, en «el más elevado ob jeto del amo r» ( :lI"QWTO V ",t" ov/ ama-
bre Niet zsche, ha concretado en t res acuerdo s: Hdld erlin mu estr a al do p rimero!2 19 O ) o a 10 qu e es a mado en su propio se r (r o rrf ó vn
que enseña, Goethe al que aprende y Nietzs che aq uello que de la con - ", ¡"A O II 220 1l) Y no en cualquier ot ro género . Con ello se ha llegado
junción se esta blece > . Tod os los encontr amos a su vez en P latón, en- arriba a la nueva dimensión de aq uello , y tanto cl ca mino grad ual co-
tonces del tercero tiene qu e ser todavía el discurso . rno la fó rm ula de lo más a lto y del a mor que está en la verd ad clar a-
Ero s conduce juntos a dos hombres, y, si esos do s se llam a n Só- ment e m uestra n que se recoge la nueva dime nsión en el «cidos».
c rates y Alcibladcs, llega n luego a filo sofa r entre ellos. Así 10 ha n vis-
to los otros. Pero Pla tón vio más. Vio la fuerza del gra n demon co ns-
tre ñida a una nueva direcció n: no sólo enseña el e namorado y el a ma-
66 PLATON DEMON 67
l E! objeto del Eros/ 1 1 1' ~1 't' lo divino que él pro fesa al a mad o (f<'oet~E, Elm W~ (lEOI' ad3w:n
l/lItlrl escalof r íos, luego le reverencia como a un dios!) es como un
. E~ ~iscu rso de Sócrates, en El Banquete, se consume ya desde el I IIU de plata en el qu e viven recíprocamen te rec uerdo y ret rato , y es-
pnncipio en aquel caracter «intencio nal» del amor: amor de algo. Pa- "u lu Iihre el camino al reino de las idea s. P ero eso es el comien zo ,
r~ce ~ ~mo si esa rc.lación fue ra necesaria pa ra co locar en co nceptos 1 11 11I imer lugar. Y un tipo huma no dife ren te, que se habría pasado
ñlosóñcos la esencia demón ica so bre fiestas de himnos, sobre mitos ,1,,1 M\quito de un dios al reino su pracclcstc (lo que significa - si se
y también sob re el retin tín de las palab ras. Eso fo rmal se llena de con. lllllu de deci rlo sin mitos - qu e es la ley individual de fo rmación de
tenido, allí le:' l?c.1I0 y el perfecto bien se reco nocen como el obje tivo 1,. vida) la cond uce desde aq uel punto a caminos distintos , cuando ella
de aq uel ser-JU ICIO. La dimensión del ello se con tem plaría ta mbién al 1 1I 1 ~ l'll su parentesco en lo otro . As í el alma , por medio del am or, lle-
pri ncipio. Y como si así fuera ya suficiente la cla ridad conceptual, 11 111111 a ser consciente de su pa rticu lar inqu ilino divino ; y las almas
~ace Sócrate s que, en un tono de difusión más festivo, la vidente Dio. Iluh elevadas, que ha n estado en el séquito de Zeus , de su determina-
urna hab le d~ nuevo del amor . Amor se nota po r una procreación en I h\ 1l para filoso far y di rigir. Ellas, a través del am or, se darán cuenta
lo bc~l~: aquí corporalmente, allí anímicamente; y ese deseo de pro- .t.' mirar a Zeus y de formarse según él. «Zeus», eso signi fica aq uí
cre~clOn e.s anhelo de perpet uació n, así el verdadero am or exige que l'I IIl:\s alto mo do de existencia divina en el rostro de la s formas eter-
el bien «siempre» to me pa rte en él. La producción del alma sucede IlUS. El más alto mo do; pues ta mbién en ese mundo hay un orde n je-
en ella cuand o el deseo de procreación se encuentra sobre una bella ¡,I r(juico dentro de los dioses, como en el Paraíso de Da nte. Y por
alma en un cuerpo bien desarrollado. Lo que él en eso prod uce es «vir- , ' ~ 101 jerárquica estructura está determ inada la comunidad am orosa de
tud>; y alimenta lo producido en conjunto con ella . Se ve como el yo, IlIs hombres de aq uí y la de to do s los hombres. Que hombres filóso-
el. tu y el : 110 se conuencn en sí incompa ra blemente conjun tados, y 1m y las ideas se amen entre sí es una función de ello , de q ue Zcus
como aquí se separan las dos dime nsiones que nosotro s hemos reco- contempla las ideas. Sólo desde aque lla pa rte se deja conceptualizar
nocido. Y sobre una más alta superficie se re pite una vez más la mis- cuán alto modo de amor puede conducir al punto a filoso far y a la
~a relaci? ll fu nda m en ~ aI. El do ble mov imiento a 10 queri do, y con educaci ón filosófica de los demás de igu al tipo , ad em ás de cómo un
el a la «vir tud», llega ra a ser en un camino gradual que lleva a rr iba verdadero amor - del dios más elevado- es una verdadera educa-
a la contemp l~ción de las ideas: si se es joven, se ve la belleza corpo- rión hacia el más alto dios. En el encuentro amoroso doble, para el
ral , y desde all¡ se avanza en grados, de los que no pue de hacerse om i- ncrtcnecicnte a Zeus, o sea para hombres que son filóso fos y dirig en-
sión alguna , hasta arriba finalmente «a lo configur ado en sí consigo les, está dada inme diatamente la nue va dimens ión en la idea.
y que .s ie~pre es» (& ~ ¡ Ko:{I' O'Óro ¡.uO' O:Órov p.o l'oHóh (h; 01'). Eso es El filóso fo lleva , en su nombre, la adoración amoro sa . P ues si en
la asp irac ión del amo r desarrollada hasta la más alta satisfacción - en l-ros siemp re está presente, potencialmente al menos, el linaj e, así pue -
el amor están incluidas las más profundas introspecciones- o toda - de por un momento encont ra rse como un contacto productivo -y eso
vía, sin embargo, radica el or igen en la contemplación de la belleza sucede en un pasaje de L a Rep ública (I V 490 AB )- el impulsar a lo
en sí a partir del encuent ro inequívoco del yo con el tú. y así como verdadero y el llega r ha sta lo verdadero. Como el que procrea debe
al principio, se encuentra el ob jetivo bajo el mismo gran demon. ser del mismo género « 7 v 'Y)'fI'~ ~) que el objeto de su amor, así el ena-
y la necesaria unión de ambas di men sion es, la unidad de la ense- morado de la verda d debe estar próximo a lo verdadero y rozarlo con
ñanza del amor y la contemplación de las idea s, aún má s ines ta ble- su alma (se podría casi decir: con su órgano), o sea, es pariente de
men te a vanza an te el lector en el Fedro . El mome nto en el que la mi- ese verdadero ser. BI ser y esencia en el alma, al procrear, ta mbién
ra? a de lo b~ llo enciende el a mor es como un ra yo que cae desde el se reú nen con el verd adero ser y esencia de las que está llena el alma;
reino de las Ideas en nuestro mundo del devenir y del cam bio. Pues y, com o una auténtica reunión de linajes no sólo procrea sino que pro -
el que miró a lo bello se acuer da de la pura belleza qu e cada hom bre duce, así también debe aquí el conocimien to producir .. . ¿qué? : espí-
- por el contrario, ning un o ha br ía entonces- ha contemplado en un ritu y verdad. El niño lleva los r asgos de ambos pa dres. Y asimismo
lugar sunracelcste , antes de la entrada en esta vida. Pero él ve bellos no es aquí 10 pro ducido, como un niño entre los hombres, ajeno a
a los demás, porque vio un rost ro de figura divina o una figura de ellos, sino que el amante mismo de la sabiduría se coloca, según esa
amor que el mod elo de la belleza lleva configurada en sí (STo: I' (/w Hóh pro ducci ón y nacimiento, com o uno de los que «están hechos enton-
7I'"~óaw7l'"ol' 1'Ó11 K~AAOS ~O p.€p.¡p.r¡p.áol' tí UI'O' awp.O'ro~ lÓÉ.O:I'/cuando ces pa ra el conocimiento y viven verdadera mente y se desarrollan en
VIera un rostro de fíg ura divina o unaforma corp órea que ha im itado uno con él.» También, dentro de su propia existencia vital, se esta-
perf ectamente fa belfeza/251 A) . y lo que sien te el co ntemplador y blece el conocer no como algo establecido a parte de él. Es conocer
,

68 PLATON DEMON 69

«ex iste ncialme nte . vivir y recon ocer un idos en inconmovible un idad . buno. Si. según las pala bras de Diot ima , Am or inspira al ed ucador
« y así tienen las desgracias un fina l» con cluye Sócra tes, cua ndo él los discurs os de «c ómo ser el hombre perfect o (Ó: JI~Q á-y0l8ós) y lo que
con la sola palabra wói~ /doJor de parto / revoca una vez más el sub- el deber ía ejercita r; así no hay qu e dej ar de lado el to no po lítico. y
suelo de esa igualdad de prod ucir y engendr a r. esta ría así más cla ro cua ndo se encuentr a conside rado como produc-
¿ Po r qué no da el nombre de Eros a un dios sino a un gra n de- cien espiritu al entre las gra ndes creacio nes poét icas de H omero , He-
rnon? ¿Q ué es el conj unto de dernon, demonion yeros? No lod os ellos siodo y las leyes de Licurgo y de Sa lón (El Banquete 209 D). La Re-
designan un ser perfecto , más bien zo nas, movimien tos y acciones q ue pública pla tó nica enseña que Eros y Eidos sólo se realizan completa-
lleva n má s allá de tal se r. Ta mb ién Eros perte nece al m undo de los mente en la « p ólis» , co mo a su vez la «pó lis» co nsiste sólo en Eros
«mc raxy» y significa un ca mino del alma a un otro lado en el doble y Eidos. Pues está funda da para lo «aga thó n» , y Eros es el e nlace de
se ntido . ya q ue une el yo y el t ú en do ble conversación, pues los tran s- los que ella cond uce en la aspiració n so bre este medi o .
mite uno Iras otro hasta el «eid os».
El doble movimient o hacia lo bello y desde lo bello fue visto po r
Platón en la acción que tomó por Eros. Suceso de am or y co nocimiento I EI puesto filosófico del dém on /
d e las idea s se enlaza n ind isolub lemente: no es co mo un d ogma el ca-
rácter con el que el pensador lo siente, así sólo puede decir las parti- Pero el hombr e y su «pó lls» está n ordenados dentro del cosmos.
c ula res experiencias d e si mismo. P reservado a través de tod a una la r- Cielo y tierr a se destru irían entre si sin el Eros. Así, para Platón, se
ga vida. es eso todavía para sentir en las pa labras de mediados los llevaba a cabo su actuaci ón. sobre tod o cua ndo él tam bién lo intu ía
setenta a ños . Plat ón hab la en la Sépti ma Carta de la s cosas que mere- en ese amplísimo espacio . A través de la zona demónica , asi lo en seña
dan su verdadera seriedad (n e i 61 " O'lfovoo t w / por las que me afa- I>iot ima en El Banquete. se encuentra «el tod o relacionado consigo
110 / 341 C) . No serían compa rtidas median te discur sos. como ot ro s mismo ». Eso es sólo una oj eada corta . Luego Sóc ra tes. y Diotim a por
objetos de la doct rina. «si no a pa rtir de una vida jun tos y de un roce medio de él, hablan del hom bre. Fedro . sin emba rgo. ha conj urado
conj unto para que la cosa misma surja de repe nte. com o de una bri- a aquel e ros cosmogónico de los viejos po etas para intr od ucció n de
llant e chispa salta rina se enciende un fuego en el alma y puede ento n- tod o discurso de Ero s. Erixímaco ha mostr ado al Eros no sólo en las
ces ella misma acerca rse». Allí sin dud a nad a se no ta . o nada más qu e almas de los hom bres sino también en los c uerpos de toda esencia vi-
eso . qu e el filóso fo ga na. en el ca mino del co nocimiento , a partir de viente y en todo aquello de la tierr a que cre ce. y sobre todo en todo
un suceso de a mor. Sólo de la pa rt icipación par ece que es el discurso . ser como la acció n que co njunta a los contrari os op uestos: frío y ca-
no ya de la prod ucción de las más altas verdades . ¿ Pero en dónde se lor, a margo y dulce. seco y húmedo predo mina n. en r itmo y a rmo-
encuentra n los límites fronterizos? ¿Tam bién pa ra el ancia no . asimis- nía . has ta en el o rden cósmico celeste. Finalmente Aristófa ncs con-
mo . es cada pa rticipación producció n re no vada y la do ctrina no es fiesa la espera nza de que Eros venga a nosot ros de nuevo para condu-
ningún bien fijo sino co ntinua búsq ued a que se re nueva. qu e no pro - cirnos a la vieja susta ncia; o sea. q ue nos proporcione otra vez aqu e-
cede incluso de aquello q ue no puede llegar a ser expresado como lo lla figura perfecta qu e nosot ros tenfa mos en un pr incip io , cua ndo fui-
má s alto ? lila s pro ducidos. Eso es un ju ego poético, segura me nte. Pero ¿por qu é
y ant erio rm ente, a pro pósito de esto , se indicó qu e - no por re- juega así P latón? En el Fedon, con más «seried ad» pero asimismo
co nstr ucció n sino po r necesid ad vita l- pa ra Platón existe un a int er- siem pre con una expres ión medi o mítica, dice él qu e las cosas tien-
dep endencia «siste mática» entre «cíd os » y «pólis » como entre Ero s den y sienten apetencia de l Eidos, Ero s es ta mbién el lazo entre aqué-
y «cidos». Con ello se ap un ta . en pri mer luga r, que ta mb ién Er os y llas y esto. De nuevo en fo rm as míticas habla él en el Fedro, en donde
p ólis está n entrelaza dos de modo ind isoluble. Si, según opinión de Pla- la contemplación de las forma s eternas domina el obje tivo afanoso
tón , Sócrates fue el ún ico verdadero político, incluso a través de aquello a que se aspira, que es, ta nto «de lo divino como del alm a human a»,
de que se reco noció a ma ndo, si par a Pl at ón mismo , el fundamen ta - la «avidez de lo de ar rib a» , como una fuerza que mueve, la cual - na-
dor del reino de las ideas y el fundado r de la Acad emia. la situació n cida del dios del amor- es esa alada expresión concentradora y do -
histórica determ inab a el pri mado de 10 «p olíti co », así es imposible minadora del mundo . Tal vez sólo sea eso qu e otros mo tivos míticos
el err ar de fuera a adentro , cua ndo se ha da radica r en el Eros pla tó- pusieron como lo do minante en el mito de la creación del mundo; culpa
nico el que, medi ante su guía a la idea, hada realida d aspiraciones suya seria si en el Timeo no suena nad a del Eros cósm ico y cosmo-
y necesida des individuales, q ue quiere aislar a lo particul ar de la tot a- gónico.
lidad . No hay ningun a «areté » ni «paideía» qu e no tenga sentido ur- Se qui ere asegu rar la tota l profu ndidad y ca ntidad q ue, pa ra Pla-
70 PL ATO N DEM ON 71

t ón, subyace bajo el nombre de Eros, así uno podría, por un lado ayu- .ln algo visto para intuir algo de la fractura qu e ya desde a llí, hasta
da rse co n una oj eada a la su perficie sobre la que Plat ón se encum bra- Ilualmente en aquella profunda grieta, separa co rpo reidad inanima-
ba pa ra filosofar , la socrática; por otra part e, a aq uella sublimación .In y animidad incorp órea .
y ensimisma miento del mundo platónico , ta l como se puede encono En el discurso de Pausanias, en El Banq uete e- tam bié n bastan te
t ra r en Plot ino y en los platónicos ta rdíos. Sobre la superficie «soc rá- Iit'IlIPOantes de que Sócrates llegue a tomar la palab ra y, de un gol-
t lca» - como mu y bie n po dríamos decir. si fuéramos suficiente mente pI' , haga insignificante todo lo an teriormente dicho- , se sacó a relu-
co nscientes de aquello último inabar cable Que el nombre de Sócrates rir II n desaj uste en la apariencia entre la esencia de Afrod ita y Eros:
supone para nosotros- se realiza Eros en la única dimensión entre "'luí Afrod ita Ura nia , alli A frodi ta Pan dcmos, cada una con su hijo
hombres ena mora dos y filóso fos, les da la fuerza del nunca agotado t' ros. Esa oposición nunca ha muerto desde entonces; ta mbién resue-
preguntar -c-ecomu nicacién existencial», pa ra decirl o con Jaspers-c. 111\ en Plotino . Pero, en él las fro nteras en tre las dos zonas se mostra -
En Platón lo objetivo camina a la fuerza socrática que él conserva ron muy diferentes a las de aquel discurseado r platónico , y de nuevo
- si no sistema, sí, sin em bargo, aspiración al sistema co mo una nue- hay ahí una d iferencia en la q ue puede leerse la distancia entre Platón
va cantida d positiva- oY entonces quedaría claro , por la otra parte, y Plotino . Para P ausan ias la fro ntera d iscurre a través de este rnun-
có mo P lot ino ya no pod ía mantener esa fuerza y ca ntidad. Ero s to- \10, separa nobleza de vulgaridad en el amor de homb re a hom bre.
daví a significa para él el movimiento hacia arriba, al altísimo Uno. Seguramente aqu í no habla Sócrates y no se habría declar ado de acuer-
Asuntos mundanos de amor no podían ya ser salida dispensadora de \10 con aqu ella separación que, en el sentido de P latón , sería definiti-
fuer za de toda filosofí a para aq uél cuyo bióg rafo, su discípulo Porfi- va. Y asimismo él nunca habría trazado la línea por donde él anda
rio , comienza con la fra se: «Plotino, el filósofo de nuestro tiempo, r u Plotino. Para él es amor el impulso necesario del a lma para reu-
es como aq uel que se avergonzaba de estar en un cuerpo». nirse de nue vo con dios, a partir del cual ella es pero del que se en-
Se nota con la ma yor clar idad la distancia de Platón a Plotino allí, cnentra separada (VI 9,9). Como una doncella . lleva noble amor a
en donde el tardío sucesor se ad hiere so bre todo al maestro . Qui ere \ tI noble padr e. Cuando ella está allí, tiene Ero s, celeste y es la propia
saber el cam ino que, tras un vasto rodeo, lleva a la casa del pad re, Afrodita celeste. Pero si se introduce en el devenir, enga ña a ot ros
a los lugares verdaderos y pertenecientes al alma, al bien y al Uno ( 1111 amores mortales en su lejanía del pad re, así se co nvertirá ella mis-
(V 9,2). Allí puede dirigirse «el hombre aventajado en am or a la Na- lila en Pan demos, efectivame nte sería considerada como si fuera una
turaleza, que, desde los primeros filósofos, es el recinto de la verdad ». ..hercra»> (l J'TO' íi8or -Y{"fTCH :lTáJ'óJl~o s 010J' LTal Qts olooo). Vida terr e-
«El, como un homb re que sigue el amo r, sufre do lorosas penas por na y amor terreno son ta mbién una caída , y ella deb e od iar esa
lo bello. Pero él no sopo rta la belleza corpo ral, sino q ue vuela desde co hybris))" y purificarse de esa vida para volver de nuevo al padre.
aq uí a arriba, a la belleza del alma, virt ud , co nocimiento , acción y De esta mane ra es perfectamen te consecuente q ue no se pueda habl ar
leyes (0 0" aJ'a(f XO~f J'O f TO U ~ " (fw~O' n xá>J..ovs ahh' f MJf" ava<PlryWJ' ), propiamente de «amor» en el recinto de lo sensible. Am or se desar ro -
y desde a llí ava nza de nuevo hacia ad entro al or igen de la belleza ani- lla en principio si se prod uce una impresión no sensible ( 001{ aloOTlToJ'
mica y a lo que tod avía está más alto que ésta, hasta que finalmente n j 'lro " VI.7 ,33) en un alma no dividida . Así pues amor de hombre a
alcanza al ultimo. Primero , el que es bello por sí mismo . Y una vez hombre ya no es un grado, co mo en P latón, y un grado necesario ,
q ue lo alcanzó, esta rá liberado de su dolorosa pena, pero ant es no.» vino pur a marca de reconocimiento para almas apoc ad as . «Quien la
Eso es easi igual al camino de grados que Diotima muestra en El Ban- sustancia del verdadero amor, la fusión en uno con la divinidad, no
quete, menos en una gran diferenci a: en Platón, cad a uno de los que conoc e, ese podría medir en amorosas experiencias terrenas lo que eso
to ma n el ca mino recto tiene que amar en pri mer lugar un hermoso quiere decir, el alca nzar eso por 10 que uno ve en la ma yoría de los
cuerpo y en él «producir hermosas palab ras », luego debe reconoce r, casos» (VI,9,9) . Un puro y débil reflejo , <limitación » de elevados su-
en otros cuerpos bellos, la única belleza y llegar a ser ama nte de todos l;CSOS, eso pasa cuando parejas de amantes terrenales tienen que fun-
los bellos cuerpos. Nadie se salta esos grados, sobre los cuales el ca- dir conjuntamente el impulso (VI,7 ,34). Pero el modelo primitivo, el
mino conduce a la belleza del alma y luego más arri ba . Pero Plotino umor pro piam ente, es la unificaci ón del alma con el más alto dios.
ya no sabe nad a de eso. Para él comienza la ascensión correcta pro-
piamente con el aparta rse de lo bello corporal, que su alma «no so-
po rta) . As! es ella completamente extraña a este mundo y está tan • Con el térm ino griego «he tera» se designa a una «mujer pública ». (N. del T.)
.. La «hybrls» era el sentimiento de creerse po r encima de los limites humano s
lejos la espiritualidad sin cuerpo de la sensualidad completa en la ple- y llevaba cons igo el castigo imparable de los dioses, la «né mcsís». Este conj unto co ns-
nitud de la vida plató nica que, frente a este tiempo tardío, ap enas que- tituia el mecanismo de la mayoria de las T ragedia s griegas. (N. del T.)
72 PLATON

Luego depo ne la figura en qu e ella se asienta e incluso lo q ue de espi-


ritual tiene como figu ra . Pu es en ta nto Que ella mism a tod a vía es algo
o llegaría a ser. ni puede ver al altísimo ni llegar a estar en armo nía
co n él. En primer luga r. si se desembaraza de tod os esos imped imen-
tos y se ha preparad o par a el enc uent ro con él. y ha llegad o a ser se- CA P ITULO 1II
mejante a él, entonces de repente le ve a él aparecer en sí. «Ya nada
hay en medio . y ya no dos sino uno son am bos. No se pued e ya dife-
ARRH ETüN
renciar ent re ellos, en tanto qu e él está pr esente». Así la «unío mysti-
ca» exige no s610 acto de mezcla del cue rpo sino d isuelve asimismo Eros es un gra n d émon , un intermedia rio ent re dios y hom bre. El
toda forma anímica . Eso es de Plotino, ya no co n mucho Eros plato- cond uce al alma huma na desde el mundo del devenir hacia arriba , al
nico . lugur supraceleste en don de tienen su morada los dioses y los arqu en-
pos. En esos espacios mít icos, figuras y destinos , Plató n, como
ütóso fo-poeta . ha visto la esencia del mundo . Nosot ros nos erice n-
11 amos lejos de ello para reducir su visión a los conceptos actua les:
muamos de seguirle hasta el secreto de las más altas esferas.
Sobre ese punto no se oye nada de cómo Pla tón se hi zo consciente
de ese secreto . P ero sabemos que Sócrates le servía de compañía. SÓ-
enucs vivía, en completo aislam ient o , la vida de sus conciudadanos
en el mercado y en los banquetes, en medio de la mul titu d y en las
batallas. Vivía, sin embargo, más arriba de allí, en la super ficie del
nrbcr: y aq uí se perdía su vida en lo indecible, en la tr ascendencia .
H mismo no había sabido expresa rlo. dado lo Que pr egun ta ba y ense-
naba a preguntar, y lo sencillo además Que vivía y de la man era tan
dm ple en que muri ó . ¿Acaso ese secreto de lo alto ha sido consciente
para su portado r de ot ra manera Que en una vida colmada po r la sen-
sació n de su divina profesión o po r la súplica al dios que lo había lla-
mado ? Desde fuera se nota ba si el ha blador y cuestionadcr incansa-
blc de repent e se quedaba de pie y caía en un estado de silencio , du-
mnte un largo rato , en las proximidades de la casa a la que estaba
invitado . o en el campa mento, desde po r la mañ an a tem prano duran-
te todo el día y la noche hasta la salida del sol. ( Luego se ma rcha ba ,
desp ués de q ue habia rezado a Helios». Ca da expresión de ese secreto
..e veía abrirse paso como uno de los más profundos .
l o qu e Sóc rates preguntaba seria en Plat ón pregunt a y respuesta.
lo que Sóc rates vivía, vida y do ct rina . Sócrates pregunta: ¿qué es lo
justo? Deja a los d emás ver que ellos no saben nada de eso. Busca
la respuesta en un co ncepto, pero fina lmente la da en su vivir y en
su mo rir. Pl atón vio y dio forma a ese vivir y morir. P ero ve má s.
Encuentra también la respuesta como un filosofema , ve po r dent ro,
a t ravés de la figura de Sócrates, la idea. «Lo justo ». como etern a
esencialidad, como arq uetipo contem plado y mostrado : esa es la res-
puesta a la pregunta de Sócr ates, a la que Sócrates se refiere, leída
en la misma realidad.
Si se ha est udiado a pensador es modern os sobre (da doctrina pla-
tó nica de las ideas» y luego se ha vuelto a los propios d iálogos de Pla-
tón. se habrá llegado a tener qu e aprender en un primer mom ento la
74 PL ATON ARRHETON 75

extrañeza po r lo poco que alli se halla expuesto propiam ente de esa .lc gra n esfuerzo y trabajo (P ¡jI'I ~ !con dificultad!) de repente
pa rle funda menta l de la filosofía plat ónica . Efectiva mente, en los d iá- ¡I ~ ,d'P JllJ ~) el co nocimiento reflexivo brote (l: ~É}.,o.P. '¡'f 'Pe ÓJl'1(f1S n ,,¡
la gos tem pra nos hasta el Gorgias se topa uno sólo con insinuacio nes h HOTOJl x o.i lI oii~ / brilló sobre cada cosa ref lexi ón e ín teligencia/} o ,
de que algo se dar ía como un bien en sí, un amo r alt ísimo o algo bello cruno se dice a nteriormente. «sa lte la chispa y se e ncienda el fuego
en verdad. El Fedón promueve (al menos en apariencia) pruebas de en el al ma del compa ñero» (341 C ). Co n esto se cump le aquí. sobre
inmo rta lida d que asie nta n previamente a las ideas como se res. En El el ca mino del conocimiento , que sus grad os son. en pa rl e, de una c1a-
Banq uete se encuent ra descr ito el camino qu e conduce hacia a rr iba, " o' más co nceptual o lingüíst ica co mo pala bra y frase. y, en parte, de
a las ese ncialidades eternas ; en el Fedro, un mito tej ido por medio una clase más propia de la observació n como imagen . En ello ya se
de l espacio de las ideas; en La Rep ública se ha mostrad o la elevación encuentra que el «conocimiento del quin to» (lr t oní~u7 '10 (; r ÉjlrTolJ
a tra vés de la ciencia; y, med ia nte un ca mino igual , desfigurando esen- 142 E). o sea, del ver dadero ser, debe tener pa rte en am bas formas
cia y acció n, está n en el Parménides estab lecidas las aporías de la doc- ejecutadas espiritualmente. El o bjetivo es una co ntemp lación intelec-
trina y en ot ras obras po ste riores su previa funda mentació n lógica y mal . Lo más elevado sería «lo más ra ro y singula r de la creac ión».
las co nsecuencias corr espo ndientes. Pero una misma «doctrina» no Se puede in dica r perfectamente el camino del conoci mie nto. eso se
figur a en ningun a pa rte ; ningún sistema que encierr e el orden d e esas hace en la ca rta. P ero most ra rlo e ir po r él so n dos cosas distintas .
for mas, qu e pa rt icipe su conocimiento, que expliq ue su relación co n 't' en su ob jetivo ha y algo no expresa ble. Pod ría ya ser algo de eso
el mundo de las sensaciones. que aquí ha sido mo strado un reino místico y un ca mino de glo ria
Así pues, es así, nos ense ña la Séptima Corto. aquello sobre cuyos pe rso nal, sólo si baj o mística se represe ntase algo del éxt asis del ebrio
a uténticos reco vecos siem pre de nu evo nos lleva el camino: No hay y bajo camino de gloria algo clerica l.
escr ito alguno de P lat ón, no es pos ible. y no fue dado po r él escrito Es pri vilegio de Platón que el solo pud iera hab lar en fo rma no do g-
alguno acerca de lo que , en su doctrina y par a él. es propia mente se- mática de ca mino y objetivo , mien tr as que toda interpre tación de Pla-
rio. «p orq ue no es en for ma alguna decible como otros objetos doc- Ión, casi po r necesida d , cae en el riesgo de dogmatizar . Lo de menos
trlnales». No ca be du da alg una de qu e se está refiriendo a la esfera t'S que se permanezca consciente de ese peligro . P la tón no tie ne, en
de las ideas. ¿Po r qué no pudo ser escrito po r él eso? ¿por qué no la Sép tima Carta, ningu na estruct ura dentro de la cual la que él can-
pudo llega r a ser expresado? P ara uno s. po rque no está determinad o sidera allí como «lo qu into ) se encuent re de ntro del verdadero ser.
pa ra todos. « Bien formado » t iene qu e ser el que 10 «bien formado» Nu eleva un ta nto el b ien a un ra ngo pa rt icula r. sino qu e 10 deja estar
qu iere ca pta r. Tam bién se seg uiría un «pa ren tesco ». j unto a la ca pa- al iado del grado y del circulo de 10 bello y justo. en cada individuali-
cida d es pirit ual. del a prender y recorda r. Con las indispe nsables ca - dad q ue Sócra tes le atribu ye en Lo República pa ra a sombro de los
pacidades se debe aq uí relacionar todavía , por pa rte del alma . una oyentes. Por eso se encuent ra en la ca rta toda aquella zona del ser
panicula r adherencia a las ideas. Si el alma huma na , como resulta que fue marcada enseguida co n el sello de lo inexpresab le. Por eso
del Fedon, pertenece al reino de las ideas , de esta manera el mito del debía mos te ner cuidado de que en nuestr as man os no se entu meciese
Fedro muestra gradaciones para las propias almas , después de que más cil io do gmático lo que sólo una vez - visto desde el mit o del Timeo-
pronto o más ta rde ha n po d ido recogerse en el luga r sup raccteste, y está formado , incluso también co n un a expresión medio mística, en
despu és de q ue han seguido al altísimo Zeu s o a algún ot ro dios. Así el espacio más interi or de Los Ley es. sin dud a co n ino lvidable enero
se concept ualíza lo que, en el lenguaje menos ardiente de la ca rla , se gfa. En el cent ro de la gra n ob ra. después de qu e la construcción se
entiende por pa rentesco con las cosas: llegaría eso a ser sólo par a unas mant iene en su esencia , ava nza en el ho rizo nte la pregunt a a la más
escasas . Lu ego , sin embargo , corresponde a ello una «la rga vida en elevada enseña nza (¡.d' I' /CTTOV ¡,«XO'1J.1.O: 504 D) . Lar ga ha discurrido la
co mún (de maestro y discípu lo) y un interés co mún por las cosas». con versaci ón a propósito de ello , y se ha encubierto allí (503 A ). Y
Pu es hay un camino del conocimiento que asciende por grados pero tam b ién ahora se agit a Sócrates y se dej a ins istir por los interlocuto-
fecta mente delim itados: dcsde nombres (OJlOp,o:) o pa labra por encí- res (506 B). Estamos convencidos : eso debe se r algo impor tante, pu es
ma de la expresión (defini ció n oral AÓI'0~)' luego sobre imagen, as- a hora debe llegar a ser pisado el «ca mino» más an cho , a tr avés del
pecto y sensació n ( f iow}.,O Il 342 B, o"¡'f¡~ ú }(o:¡ a laO~ (fm 344 B) hasta cual debe ser recogido por prime ra vez co n exactitud (435 D , 504 B)
los más altos y respetados act os del conocim iento . Y ese camino debe todo lo qu e a ntes se dijo . en la educación, en calidad d e preludio so-
llegar a ser repetido con fr ecuencia como bajada y subida ; las formas bre las virt udes; lo qu e ha sta a hora sólo era n « suposiciones»
de la aprehensió n, en los difer entes grad os , «llega n a fro ta rse entre ( ~ r o 1'e o: fj."~) va a recibir «co mpleta explicaci ón» (504 D). La ciudad
sb ('1 Qt/3ÓJ.4Ho. r e o ~ &}.,}.,'1}.,0. m h wlI f}( o.a m 344 B), hasta q ue después va a estar perfectamente ordenada si su di rigente asienta ese conocl-
76 PL A TON AR IUl E l O~ 77

miento (506 A). También por lo mismo debe espera rse aq uí la con- llIih alto objeto de enseñanza» (505 A) , d ice Sóc ra tes. Ta mbién ya
clusión del todo. Pero la espera fuertemente ala rgada fue fallida . Só- 11ll 1~· .. los discu rsos se han referido frecuen tement e a esto y tiene n que
cra tes también aquí se recon oce como no- sabedor (506 C) . Uno llega- l!lriRir..e a esto en lo que esta el o rigen y met a de todo . Pero na da
ría a acept a r no oí r lo especí fico . se confor ma ría si la discusión per- ' 1' ~'tJllOCC sobre ello, ni ta m poco en ninguna ocasión fue explicado.
ma neciera al margen po r com pleto, como hasta aho ra . en la justicia I'uc.. ..e podría usa r correcta ment e, no expr esar , y no necesita llegar
y en las demá s virtudes. Incluso . lejos de que a hora fuese term inada ' 1 wr cifrado artística mente como «doct rina esot érica) co n prohib i-
aq uella discusión po r medio de ellas. seria preferib le eso a qu e aqu e- Ilolll.'S y s ím bolos. por qu e su propia esencia, más bien su «M ás a llá
llo . qu e esperábamos oír, q uedase pendiente, en la misma for ma ína- 111' tod a esencia », lo prot ege de la profan aci ón .
cabada que aquéllas antes. El saber sería «lo que el bien es», cuando Exi..te una gra n diferencia ent re si me esfuerzo d esde lo cla ro a
nosot ros llegá ra mos al conoci mie nto . Pero ha llegado a ser silencia- lo osc uro o desde lo oscuro a lo cla ro; si, cua ndo la cla ridad no me
do él mismo, el «padre». S610 del vástago del bien O;Jf 'Y o v o ~ 10V & )'0: - conviene, aspiro a en volverme con una conoc ida penumbra o si yo,
Oov) llega mos a oir, y sólo en ima gen llegar em os a recibir en el rost ro, 1' 11 la con vicción de que lo cla ro desea nsa so bre un fu nd am ento pro-
de lejos, la realidad. Igual que, en el m undo del de veni r y la sensa- tundo y d ificil de bu sca r, ta mbién de ese fu ndam ento siempre d ifícil
ción, el sol da a las cosas la luz con la que pueden ser vistas, alojo ,k explica r me he decid ido a saca r adelante lo posible) J, No se pa -
la capacida d de visión con la que se pu eden ver , ast, en el mu ndo del tilla dudar que Platón se ha esfo rzado apasionadam ent e desde la os-
ser, aq uel altísimo bien da al objeto del conocimiento el ser percib ido r uridad a la luz. To da su o bra no es ot ra cosa que un intento siempre
sin man cha (&)" ~ O HC¡':) y al espírit u conocedor la posib ilidad de un ver- renov ado de sacar a la luz lo posib le desde aq uel pro fu nd o funda -
dadero conocer. P ues lo semejante pas a dentro de la zona del cono- mento del que allí hab la Oo eth e. cuyo con tenido fue aq uí muy ter gi-
cer a la del ser. Co mo el sol dispensa al qu e nace en este mundo del ve¡..ado y del que aquí se vislumbraba un pre tendido secreteo, Platón
d evenir su llegar a ser y crecer, y la ley segú n la cual lo q ue llega a 110 es un plató nico 4 . P ero tiene, co mo tal vez ning uno después, con-
se r se hizo , as í la imagen del bien da su ser a las cosas que so n y el I lcuc¡a de a mbas cosas: par a los «Iégoi» y pa ra lo «a rrheton», que

orde n po r el que ellas son. El que el verda dero círc ulo o la verdadera \c debe degusta r sin excusa a tra vés de aquellos con lo que esté más
justicia se cumplan depen de de aquella dignísima perfecció n. Con ella cerca no a esto , en cua nto es posib le para los hom bres, pero ta m bién
llegó al final una ultima ap roximación sensib le a la esfera del ser. Igual In irrecusable de aquéllo s en esto.
que las ca usas del devenir no son devenir mismo, así el dispen sador La obra de P latón existe para co nducir a la vista de la idea y al
de la esencia t ampoco es esencia misma. Entonces esto oscila dentro vi..lumbra miento del más alto bien . ¿Es eso tal vez el sentido más ca -
de la más sublime de las par adojas: no la propia esencia , ni fuera , ructcrfsüco de su creac ión dialógica? Dentro de ellos, en cada caso,
sobre el ser, ni más allá de la esencia , H ay un con ocim iento de lo que llegan a ser mostr ados todavia pasos especí fi cos a cada objetivo . Ex-
es, sin duda aquí ya no sólo un con oc imiento discu rsivo . así ese co no- plica ya la Sép tim a Carta brevem ent e una guia (ó J.a'W"'( ~ ) sobre cua-
cimie nto no puede ya da r aq uello que está mis allá del mismo . «Si 110 determinados grados par a el «co noci miento del q uinto», o sea ,
has expresado lo bue no , nada más asientas así; po r el co nt rario , lle- del más alto ser, al q ue asimismo en las o bras pro piament e dichas se
ga rás a realiza r sólo plena carencia de ello co n aq uellas cosas que aña- delinea n tres caminos. El camino princip al fue to mad o en La Repú-
das», así dice Plotino (111. 8 11), cua ndo q uiere most rar a conti nua- blica en primer lugar en la fam osa contemplació n de lo.. ho mb res en-
ción todo en el sent ido de P latón l. A eso Sóc ra tes nada podría de- cudenados, liberados y co nd ucid os a la luz; desp ués, en la explica -
cir, debe ser un no-sa bedor, porque aqu í algo indecible fue capta do ción de la compa ración , e n do nde él [o recoge expresame nte co mo el
po r la vista . Se encuent ra una elevad a inte nsidad paradójica en esa "ca mino dialéct ico ». En El Banqu ete la vide nte Dionm a a nuncia el
a ntítesis: que , por un lado , [os «l ógo¡», sólo ellos para Plat ón , encie- cam ino grad ual del verdad ero ser a la belleza eterna ; y pa ra ello se
rr a n el ser - «me par ece q ue ha br ía que rem onta rse a [os lógoi yafir- puede ta mbién cons ider a r el mito del alma en el Fedro , el del vuelo
mar en ellos la verdadera esencia de las cosas que so n», se dice en y sa lida de las almas hasta elluga r supr acclcste. El Fedón ensalza de-
el Fedón (99 E)- , pero incluso se arra nca algo de ese ser, lo que está finitiva mente la disolución del alma y del c uerp o , concib e la vida del
más allá de todo y q ue ta mpoco puede llegar a ser co ncentrado en filósofo como paso a esta meta, su muerte como la c ulminación de
los lógoi 1 , Asi desaparece lo alt ísimo en el secre to, Esto sin duda - ran dirigida vida , Se pu eden esta blecer así los t res ca minos: ca mino
ciert a ment e de diferen te modo que en Plotino- no es ningún miste- del conocímleruo , ca mino del a mor y ca mino de la m uert e. So n final-
rio de aque llos q ue ya só lo a tra vés de la palabra puede llega r a ser mente sin emba rgo uno só lo bajo tres formas. P ues tam bién a mor y
pro fan ado . «T ú has oído muchas veces qu e el modelo del bien es el muerte se rea liza n co mo co nocimiento y el conocimie nto, a su vez,
78 PL\TON A RRHETON 79
no exist e sin amor y tam poc . I
por si mismo se ded uce I o srn a m.uert e que lo culmina. Como ll ll ~ tll r os, los hombres, vivimos en oquedades (t-yx ot}..a 111 C) , que
uno solo. ' a consecuencia de ver los tres cam ino s en I I¡ln excavadas en el glob o terráqueo . Pero luego se im prime además
Lo ' 111 rep resentación de la cá rcel. Con cadenas en el cuello y en las pier-
ha de ;~i~~era~ ~~~SO. que el h~ho ~ lo que en él se comprende 1I , 1 ~ re tiene la caverna de La República a sus moradores como pri ste-
«salida d ialécli~> (d ~s pan~s baJo, la Imagen del ca mino r. De la 11\,11)" : eso significa , co mo d ice en la so lució n, el mundo de los senri-

Por todas partes hay l':.l~b~~~~ rQel~a 522 B) hab la L a R epública. ,1m que nos es da do a tr a vés de los ojos (517 B). En el Fedón se deno-
se de lata tod ' h P om.o Ir , anda r. guiar , y e! ((método)) mina prisión , de nu evo con sonido órfico , al cuerpo sensible en rcla -
se debilit a ta~~~n ~i~I~OI:cel «ca rmno ha cia algo de allí»; igual que 11')11 con el alma (67 O h}..VO P.fPr¡P W01rf QÓfllJ1.WP h 1'0;; oWJl.a 1'o ," Isol-
(L a República 533 e Fe~6nS~;~)~llle en.esa coherencia de imagen tandose de l cuerpo como de atoauras/i. Y en el mito del fina l, en el
minado mod o: lleva 'ha cia a·fuera. En ~r;;;~osel arJcanza d ' lun det e~. mismo diálo go, los piado sos llegan desde los espacios a esta tierra «co-
mil liberados de pris ion es para salir a un a man sión pu ra arriba, en
eleva al alm haci "b ' a uerza e plum aje
(246 .o). y a~ 1í ~:~~r~edaa:~c~~sdonde la est irpe de lo~ d ioses vive 1,1 verdadera tierra » (114 B C ). ¿Acaso la prisión en que fue encerra-

't v:z
los d ioses conducen su ca rr o a rr ibao una más ese a rriba , c ua ndo do Sóc ra tes, también encadenado en las piernas (Fedón 60 C) Y libe-
hasta la comida el disfrute de I la bóved a celeste en el trayec to rudo po r el alma para su morada en la luz, ha alcanzado en P lat ó n
de la caverna de 'La Rep ública eSIa: orm~s eternas (247 ~). El símil un a forma mítica mezclad a con imágen es ór ficas ?
el mismo as........... o " comp erarnente det erminado bajo En donde se mostrÓ la pri sión , la liber ación perte nece a esta ima -
. r-'" , y aSI sen a menos experiment ada , . I gen . «El puro ser del cuerpo has ta el dios mismo no s disuelve », se
imagen qu e «sólo de nue vo sería ofr . aqur. me uso, una
d e lo que está arri ba (' " .J. ' ecida para la ret irada y la vista sigue en el Fedón (67 A). Co n la disolució n empieza a expresa rse del
" J1 a l'w UI'atJml u ) como ex r ., d i ' todo el ca mino dialéct ico en La Rep ública. Co n él relacionada y reco-
h~cla arnba del alma , hasta el lugar inteli ibl e» p ,lca~lon e. ca~Jno
T1I" ~(lxlj s ál'oáo" 517 B) H ~ e (f U TOl' I'0 J1TO I' TOr o l' trilla cla ramente como un nuevo acto está la invers ión, el ca mbio
el bro te de la Huma nidad .
ma nu estra ca beza ' allí col
E¿ de;n~~~<~IT ~a) un pe~sam~ento sobre
TI a a lu~, hacia alh se enca ra-
(nc! la'YW)'~ , p f m0 1'e O"'~) de lo hasta ahora vislum br ado po r la pa-
red de las sombras (514 B, 5 18 O, 532 B, crc.). Se contempla en ima-
si sab emos con Pla~ . ocam?s nosotros DIOS, verdad y nitid ez gen co n tod o el cuerpo, en la interpret ació n con toda el alm a (5 18 C).
on
porcion a tanto la m , que el a rn ba especial dcl ciclo estrellado pro~ El fuerte sonido de estas palab ras demuestr a lo decisivo del mo-
e a correcta pa ra sí I di ., '. mento .
para los o~os del alma (La República ~~~~). a ITeCClOn mvertid a
Si la «vuelt a» sólo tiene su lugar en el símil de La República, dc
La subi da tra nscurre po r escaJ L 'Sé. .
lro.gn~dos, que siempre se repiten~~e:~bi~ ~ 6:J!;:~i~~:J?aU,tu;lni'Oa (~,u a. esta manera veía mo s la salida que enton ces comienza , el movimient o
hacia «a rr iba) , también con los demás camino s: el camino del am o r,
xca )(Q:'TW p.f m l1a · 1 'r al'W
descr ito po r O· r tl'o voa '" )(UOTOl'). El ca mino grad ual del a mo r en El Banquete y e n el Fedro; el ca mino de la muert e, en-el Fedón ;
sa do s «uno pOI~ ~:: 'y Pe'no m eIUm
, vod
e a qu e sus grados teng an q ue ser pa: el ca mino del conocimiento, de la Séptima Carla, pro piam en te co n
E
Jlila ~~a~~~~~:)e~:~:;e~~cs~~~eb;~~~1~
en el símil de la caverna s
t: ~/f!in~t~fl ~ec).," s:
o corr ecto» (1", Eii " 0- 2

epu f~a por pnm era vez


ligeras diferencias por toda s partes, Y en ni nguna pa rte fa lta , como
acompañante de esa aspiración, el gra n esf uerzo y tr abajo . ~< E I cami-
no ha cia arriba y ha cia abaj o produce por todos los grados , con es-
mo el ca mino de arriba y ~ m ~estra lueg~ , e~ la Interpretación , co - fuer zo (ju)-,n), conoci miento», se dice en la carta (343 E). Si el pr isio-
y, a través de ella al o b" atOra v s de las ciencia s, hasta la di aléctica ncro , en la ca verna de La República, se endereza , leva nta el cuello,
. , :.le IVO exacto y co mo cierre id da el primer paso, mira hacia afuera, a la luz, cada una de esas accio-
ma s enc~recida serie (532 U). ' , ensegur a una
nes está relacionada con el do lor (1fá l'm Ót txxirnx JfOÚ;'''' &}..-, oi 515
don~;:;~~¿~;e~~~~oe~~~~dexpresamente e.1 p~nto ~e com ienzo. En X); la libera ción está co nfusa ( a ll' og tt P á" 5 15 D), a nte la vista de
puede ser visto de otr ader amente unua na la Imagen , pero no la lu z le d uelen los ojos, quiere aparta rse para echar a correr (515 E).
de a rriba Así I a manera qu e en con tac to con la altura brillante Aspero y escarpado es luego el ca mino a lo alto (Óto: 1'QaV iás rij~
. es o Oscuro en el concepto má I r apa¡jáofw~ )(aL a pcl" r ovl" 515 E) y, como el desencadenado fuc incli-
lo oscu ro a la luz de la luz a I s genera y uerte: de
dad (La Repúblic~ 5 18 A , 516 ~o~cI~ri)con los oj os, llenos ~e oscuri, nad o hacia ar riba co n fuerza (¡jia ~}")( ÓJLf PO ") , así sient e to rt ur a y re-
fango en el q ue yacen los oj os d; 1alma (5~~e~) ~ slm bolo ór fi co del
siste ncia (J óvl'ii uOcn J( cá & -YU I'U)('Tttl' / lamentarse e irritarse/) . En El
Banquete, cua ndo ha alcanzado lo alto, contempla «eso por cuya a tra co
des da vueltas la fan tasía. En el mito geo fisico del ~ ~~r,t~~ ~t¡.~~:: ció n fueron todas las a nterio res molestias» (r óI'ot 2 10 E) . En el mito
80 PL A TON A KRHETON 81

del Fedro condujo a lo alt o el tronco de ca ballos, q ue fun ciona equi- 11111 mat ado al que probó a liberarlos y guiarlos haci a arriba , en cuan-
librado y ligero en la riendas del d ios. pero di fícilmente (p01'H 247 lo le hubieran tenido a mano y le pud ieran mata r?
B) en las de los hombres. porque el mal ca ballo del a lma q uiere a pa r- Platón lleva esta co nducció n y esa co acció n como coacción del
tarse a la tierra. Luego rad ican en esto las may ores mo lestias y luchas 111l10r. Y no hay contradicción en que sea el mismo camino el que,
del alma ( lr Ó VOS Il'ai a-yW p 241 B). Y hacia arri ba fue el alma , at oló n- lleno de esfuerzos , a parece mostr ad o en El Banquete co mo cami no
d rad a (Oo Ql!{JOt'I'i: VT/) por los ca ballos, y sólo con dificultad (uÓ1' t~) pue- lk Ero s. Si a Eros se le llama el inter mediario entre dio ses y hombres,
de ver [os arq uetipos (248 A). En el Fed6n se trata del desp iste (7I"M VM, ~l' expres a así con ello su empleo: ser co nductor ha cia a rriba, a la be-
TAa l'7I 79 D , 81 A) d el que el alm a se libera por medio de la entrada lh-za d ivina. Y expresamente se hab ía d icho, al final del camino , qu e
en lo que es puro y simple. Y Sócr ates expresa la espera nza de qu e t'ros era el mejor cooperador de la naturaleza hu mana en el recinto
él llegue a conseguirlo en la meta de su viaje, «en el afá n de esto ha lid altísimo ser-allí, el d ivino y, en la medida q ue es h umanamente
sido la mucha fatiga ( lrQll l' lUl n ia ») (67 B), todo igual a lo qu e Dioti- posible. el inmortal (2 12 AR). En el Fedro eso es la «locura di vi na )~
Ola ha dicho. en El Banquete, del camino dí.'! amor. lit- Eros q ue co nd uce al am ante hasta el bello amado (249 D). Y, SI
Sobre todo se entiende ese fat igoso cam ino 1.'0 1110 una conducción, ••qu í el «camino» sólo está explicado en voz baj a, sin embargo , así
una coa cción a realizarse. «La conducción sobre todos estos grado s, v Ind o . no debe ser pasad o po r alto : es la ed ucació n d el ama do po r
arr iba y a bajo», se dice en la Séptima Carta ( ~ ódr Tá v¡wv m;¡ wv medio del ama nte, segú n la imagen del dios a la qu e ambos, en su
ÓUl'l'wyq 342 El . Luego, en la imagen de L a República: el prision ero ¡'\l'ncia supratemporal, perte necen (252 E). El amante fo rja al ama-
en la caverna fue liberado y «const reñido» a levantarse y volver el dn . Para ello él mismo debe mirar hacia el dio s, según el cual moldea
cuello . El libertador lo «co nstriñe» a mirar a la luz, lo saca por fuer- L. esencia propia y la act uación ; y, segú n la propia imagen y la del
za de la oscuridad , «él no lo deja en paz hasta que lo ha arrastrado dios, el alumno a su vez. La meta es la participación d el hombre en
a fuera» (515 E) . Y luego en el cami no gra du al de la ciencia: « Nuest ra dios según capacidad humana ( HaO ' ()ao r ÓUI'C1101' OlOU á l'l? QW1f't'
obra , la fund amen tal , es ésta, constreñir a las mejores almas a alean- ¡U HtaXtiV 253 A) y sanción de hermosa bienavent uranza ( TtAf nj X UA ~
l ar el más excelso conocimie nto- (5 19 e ). l os que, final men te, han r. lfai f VOO I~OJllX Jj 253 C) .
q uedado , tras cont inuada selección, despu és de cincuenta años deben Segú n el placer y esfuerzo de la subida, segú n coacción, am or y
ser co nducidos a la meta , y ser constreñid os a mi ra r la fuente de toda tormento, sucede de repente algo . De repente ( l~ i'f' vl'J ¡;) , eso quiere
luz (540 1\). En t..1 Banquete la vidente tiene casi siempre a la vista decir, en aq uel pas aje de la Sép tima Corto (341), que, Iras un la rgo
un co nductor «para ir rectamente a la esencia del amor o llega r a ser esfuerzo conjun to en las cosas, se enciende , como po r medio de tina
co ndu cidos por algún otro . (21 1 B); «si el q ue dirige, dirige correcta - chispa que salta, un fuego en el alma. Y el cami no del amor, qu e Dio-
men te» (2 10 A). Ella piensa el cam ino del am or co mo conducció n de lima muest ra , co nduce a una mela en la que se vislumbr a de repente
muchachos, educació n (tis qp r Ulkeywy"Oij 210 E). El alumno debe ¡,' ~a i.p p "s ) un algo de marav illosa belleza (2 10 E) ~a .
ser co nstreñido a ver lo bello en una espiritualización que siempr e avan- Sería pensab le que la fa ntasía human a viese como un ton o y lla-
za (210 C) . Y tal H~Z se podría recon ocer este mismo camino funda - mada el últ imo val or al q ue el alma penetra . Pero ent re los griegos
men tal . avan zand o a lo más alto, en el miro del Fedro: allí es Zeus sucede q ue las imágenes para aqu ello más alto fueron to mada s ta n
el gran conduc to r en el ciclo, le sigue la hueste de dioses, dérnoncs Idos del mun do de la luz como del mun do del sonido. Eso pa ra Pla -
y almas (246 E); y las hor das paniculares, a su vez, sigue n, si acaso, lt'; n sucede por completo en lo correspondiente «a l más agudo de to-
al dios que es su «se ño r» (247 A, 248 A, 253 B). Es verdad que el dus los sentidos corporales», como se cons idera ba en el Fedro (250
a lma , en un foso solit ario . en una in vestigación so litari a, busca la sa- IJ ) a la vista; también el alma po see o jos y co n estos o jos ca pta la
lud . P latón mismo conduce a sus alum nos y ha encont rad o y ha sen- verdad lilas excelsa. Así es visible y espacialmente plástica como un
tido vivamente una a prehensió n firme como aq uello exigía, para q ue lugar aq uella mela a qu e co nduce el camino dialéctico hacia arri ba.
el alumno fuert e y testarudo se alce más alto sob re aquellas mcdiocri- lu ese lugar se encuentra el más am plio respland or de la luz. Pu cs
dadcs y pueda , desde cualquier part e, llegar almenas a algo de valor. uqu i, en nuestr o mundo del devenir en dond e la oscur id ad predomi-
El mismo hab ía vivido la garra de ese co nd ucto r, d isolu ción de las na, el más noble sentido se queda sin acción y sin realiz arse; por eso
cade nas, giros violentos y do lorosos, coacció n y arrast re hacia lo más en el mundo del ser lo que está puesto co mo de más alto valor se t iene
alto . a t ravés de Sóc rates. i. y que el liberta do r de la cavern a es, fin al- t ille llega r a ver co mo luz. Y en este espac io brillante ta mbién co n el
mente, el propio Sócr ates , a unque eso sea pasado por alto , no se de- más alto rango se vería tina oposición inna ta a toda forma mezclada
bería reco nocer en las solas palabras de que los encaden ados hubie- y correspon diente fealdad. En el simil de L a República la luz prcdo-
82 PLATON A RRHETO N 83
mina en todo . l a explica ció n habla de l ascenso del a lma hasta el lu- « Budemonía», es deci r, aquella sustancia q ue na sa l ro s só lo pode-
gar inteligible (nj .. fl.. rO/l I'011TO I' TÓrO l' rij f f lJxi;s &"OÓOl' 5 17 B). En IIlU S Irad ucir de mala ma ne ra al cas tella no co mo «felicida d», c ua ndo
el vivir de form a duradera en lo puro ( OrNÚ " Él' TijJ Ir:o:8aeijJ 520 O) «ucudemos en ello perfecció n y culminación, as í «eude mo nia. acom-
esta el a nh elo del alma. En el Fedro el «luga r suprace leste» o «lugar ¡",na por lodos los sitios a aq uel espectá culo. En un a culminaci ón pia-
exterio r » (h fE"w TÓ..-oS) está to mad o según la vista (247 e, 248 A). AlIf .!llsa es el ser mismo 10 que es visto ( r o f.' v&nJ.tO J'~o ra ro " ro v ón os
vive el alma más pe rfecta en puro respla ndor (Él' aVy¡i NaOaea), lim- 111 más biena venturado de lo qu e es/ Lo Rep ública 526 E). Quien
pia y sin ra stro del cue rpo (Jra Oa e oi ~ "Tn 'ra í b:o~J.laVTOI 256 C). Y II C:Wa hasta allí es ensal za do co mo «eudemó nicos (516 C) , cree vivir
propiamente lo uno es lo ot ro; si en el Fedón al alma insensible .CO. li la «isla de Jos bienaven turados» (519 C). Así en L a República. Al
rre spo nde a un luga r de insensibilida d pu ra , q ue aq uí, en una explica. , jUl' co ntempla lo bello mismo le ad scrib e Dio rim a un se r-a hí de va lo r
ción etimológica. lleva el nombre popular de H ades ( r ó 'I"ov a tÓ", df ,Ir vida (21 1 D) Yco nsidera a ese , q ue produce y sie nte verdadera vir-
"A¡óoll l en el Hades. lugar «aidé » o invisible/ SO D) . nul, un «ama do del dios» (2 12 A) . En el Fedro es la estirpe de los
Pasó ya el ascenso co n gra n esfu erzo , pe ro no pudo a ho ra el ojo ,1I11ses felices la que co nte mpla las esencias en su paseo (247 A) . Dig-
llega r a ver en la meta a la rea lidad en sí. P ues una turbació n d e los uu de a laba nza el aspecto , feliz e l co ro en el q ue llega ría a ten er pa rtí-
o jos se sigue t anto en el pa so de lo claro a lo oscur o co m? desde . 10 r lpad ón (!in lJV" fVÓCX[¡WV¡ )("oQw ¡.u:n aeio. I' ~1,l- ¡" n x cx¿ 6~cxv f ló o "
osc uro a lo cla ro (L a República, 518 A) . P or eso ahora est an los ojos h ilando con un coro de bienaventu rados contemp lase la visión y es-
llenos de luz y tan cegad os q ue, en prim er luga r , nad a de 10 qu e es I'.'l'/(Ículo feliz/ 250 8 ). El pe nsa mient o del filósofo perm an ece por
rea lme nte verdad ero pueden mirar (516 A ) . Pero luego llega el espec- tuerza siempre junto a aquellos en do nde el dio s se mantien e y por
tá cu lo per fecto que está a rr iba (O~ a 7W" Q:vw 517 B). El alma se ac os- un-dio de los que es divino (lI"QOf ololl"fQ Of OS W" Of 'ióS i on " 249 C).
tumbra al resp la ndo r; ella es capaz de soportar definitivam ente lo más Un ca mino de la oscuridad a la claridad; un camino gradual, no
luminos o de lo-que-es, el a rquetipo del bien (5 18 C). En el mito del _111 m últiples esfuerzos y no alcanza ble por to da la gente, en cu yo fi-
Fedro so n las a lma s de los di oses la s q ue pueden llegar a ser par tici- n.rl, sin emba rgo, se muestra a los ojos a lgo d ivino entre cegad o ra
pant es t ra nquilame nte de esa visió n. Mu cha s mar a villa s co ntem pla y 111 / ; el más elevado o bje tivo , ro de ad o de un secreto, q ue no está asen-
celebr a la estirpe de los d ioses den tro del cielo (247 A}; en el viaje «con- rudo a rbitrariamente , sino q ue pa ra ello no necesita profa nación por
templa el a lma la just icia en sí, co nt em pla l a "sophros yne", co nt en:'- medio de pa la bras , po rq ue no pued e ser expre sable en pa la br as : si se
pla el co nocimiento » (247 D). l a mejor de la s a lma s h um~nas , ~m echa una ligera ojeada a esas t ra yectorias que so n pro p ia s del filos o-
d uda só lo co n la ca beza del co nd uc tor del ca rro, se alza hacia a rriba bu y de la d oc trina platónicas, no se deja ría de reconocer q ue m u-
a l espacio exterior y gira a la vez en el tr ayecto de los d ioses . Pero I has cosas de ella está n em pa renta das co n los misterios de Eleusis 6 .
incluso as¡ ta mbié n sería perturbado r y só lo co n esfue rzo podría ob - Plató n m ismo ha sent ido viva la co nco rdancia y a sume much os det a-
serva r la esencia (PÓ-Y1S Ko.6oQWocx 7a. oJ'To. 248 A); lo mismo que se lic'~ de ello s en su len gua de imáge nes. En el Fedon se m uestr a ya , en
dice en El Sof ista (254 A) que los ojos del alma de la mayoría son ''' llId recinto de culto , la «pur tfl caci ón». que se piensa co mo la sepa-
incapaces de persevera r en la visión de los dioses (Ka pn pfi " 1I"e os 70 I ncion del alma y del cue rpo (67 C). Pu es ritos ca tártico s está n en el
6ü oJ' & .poeWJ'1a &hti J'o.ra). Pero debe haber o bservad o lo q ue pe rte- \ nmino de lo místico . Esa «purificaci ón», sin emb argo . es el co noci-
nece a su esencia; sin lo c ua l no pod ría llega r a enca rn a rse en figur a miente o el pu ro pensar (""eÓPJlon) . Y, en efecto, las bend icio nes $C-
h uman a ( 1I"aocx if¡lJ )( ~ ""tÍou Tt6tam~ ro. Ó" 7a , ij O ~ K &J' ~A6fV d s r oóf «eras y su revelació n se vieron co mo ind icacio nes ( )( ' ''Ó tl ''H¡ O tlO~ P
r o tW to P / toda alma, por naturaleza. ha observado lo que es. o no "t',·iTTEoOm ) para ese proc eso dc pu rifica ción espiritua l; y el co ntras -
podria llegar a ese ser vivo / Fedro 249 E). Y su ta rea es pr ecisa ment e re entre los no sa ntifica d os , qu e yacen en el fa ngo de l Hades , y los
ésta , en una existencia te rre nal po r med io de Eros « pa rticipar en dios, puri ficados y santificad os , que viven en tre los dioses, co ns tituye la
en la medida en qu e es posible al hombre» (253 A). En el Fed ón llega oposici ón en tre lo s qu e ha n buscad o en el m od o correcto la verdad
el alma , po r medi o de la co rrecta filos ofía en la q ue ella se ejercita y los demás . Y el ver so ó r fico de «M uchos so n los q ue llevan el tirso,
en verdad a morir , a lo que es su igual, 10 insensib le, 10 d ivino, in- pn o bacant es hay pocas »> m uest ra la gra da ció n. Si el alma, a sí se
mo rta l y sabio, en donde está fijado q ue sea «cudem ón ica» (81 ~) . dice má s ta rde , llega al recin to no sensible empa rentad o co n ella , en-
Y en la cos mología mítica de! fina l se hace má s a llá de los espacios
terrenales la ve rdadera T ier ra en su preem inencia. la mor ada pura de
• Se refiere a la vara enr ama da que llevab an los participan tes en las celebraciones
los piadoso s (1 14 C), « un espectá culo de felices co ntemplador es» h'¡' luicas o dio nisiacas. Bacantes o ~ énades so n las q ue entran en trance poseíd as por
(8~ cxll o. f ~hcx l~Ó "W " 6W TW P 111 A). fl ,lim (efr . Las B(lC(lntes de Eurfpidcsj. (N . del T.)
r

84 PLATON ARRHETü N 85

tonces es «cud cm ónica» y, «com o se ha dicho de los santificados, pa- El «viaje dialéctico » de Plató n, su pun to de arranque par a la luz
sa el resto del tiempo en la verdad con los dioses» (/;JlJ1l"EQ ÓE "Af)' E7a1 lid sol desde lo oscu ro de la caverna , la pa rtida del carro del alm a
xccrix TWI' ¡.tt/wr¡¡;.,¿rwv, W ~ UAl'/ eW5 7011 AO ~ 1l"OIl Xgóvoll (l ETa 'h:wp hasta el luga r supraceleste: todo eso tiene de inmedia to sentido allí
ólá)'ol)(Ja 81 A). Así, en la sustancia precedente , en el «d ar vueltas {' JI do nde siempre ha y mística. La peregrinación de Dan te a través de
alrededor, en la locura , en el espa nto , en la salvaje pasión del amo r los tres rein os es la formulación poética más elevad a. Pe ro en esencia
y en las restan tes penalidades humanas» se habría intentado encon- rudica sobre lo mismo San Buena ventu ra con su ltinerarium mentís
t rar formado algo del paso de lo misté rico, por medio de todo tipo lid Deum, en donde se prefigura la par tida «desde lo más abyecto hasta
de oscu ridad y pavor, de lo que la fe tradicion al sobre los Mist erios 1\1 más sublime, desde lo extern o a lo más interno , desde lo tempor al
hub iese informado 7 . En El Banquete establece Diotima la difer encia n lo etern o» o un monjil «conductor del cielo), o u na «escala de per -
ent re el impulso baj o y elevado. El anuncio de Ero s como aspi ració n lección ». Viaj es de peregrinación mística ha y tanto en la Inglat erra
a la inmortalida d: eso es el misterio preparado (xáv 01; ¡,wr¡e EÍ'lI ~ I y prot estante como en el Oriente islámico. El «suñ» es un viajero sobre
serias iniciado a los misterios/); por el cont rar io , el camino gradual una calle, debe atr avesar siete valles o ava nzar siete grados desde el
a la vista de las imágenes eternas : eso es la culminación del giro, la «arrepentimiento: hasta la «purificació n», cada estación le conduce
elevación a la «epopt é» (7a n "A(rx )(a1l 1ro7fTl)(á Ilos misterios y :" U más más cerca de dios. En la Ind ia enseña Buda e! «verdade ro camino de
alto grado - la contemplación-/). En el Fedro po r fin se vio el des- ocho pliegues», qu e com ienza con la correcta creencia y termina con
tino cósmico del alma como un giro de misterio . Antes de nuestra exis- lu aut ocomplacencia, conduce a la superación del su frimi ento . Pero
tencia terrenal, vivíamo s en felices coros a la vista y con temp lación lambién la religión de vísn ú conoce el «camino de! conocimiento» y
divinas y estábamos consagrados por la bendición que con razón se e! «camino del amor a dios», la meta de ambos es la unificación con
considera la más comp leta bienavent uran za. Nosot ros la celebr ába- lu divinidad 10.
mos incólu mes verdad eram ente, y no en contacto con los males que Oscuridad y luz, cárcel y libertad . Para los indios que adoran a
nos aguard aban en tiempos posteriores: el rostro como intacto , sen- Siva, es el cuerpo un animal hundido en las cadenas de la materia.
cillo , inconmovible y feliz contemplaba , por medio de la más elevada Sólo si disuelve las cadenas puede el alma alcanzar a Siva 11 . Para el
bendición, en el puro resplandor (",á ap.ara p.lJ oúW/Joí TE )( CÚ «sufl» ésta se encuentra en la cárcel, separada por setenta mil velos
E1r01r n ÚOvn s f/J aV'Yi/ )(aOag ? 250 C) . Pero quien tiene experien cia tic la divinidad de la que procede. «T ú sabes qu e el cuerpo es una c ér-
de eso , al introducirse en la vida terrenal , pued e en cada acción de wl» . dice poéticamente Goe the , com o un sufí, en el Div án, P ero ante
recordar ma ntenerse en esa medida, y así «estaría él solo realmente lodo , a través de la An tigüedad tardía y de la Eda d Media, discurre
realizado, consagrado a una continu a bendición» ( nA É OlJ ~ chi nA~rá s una gran corriente de la «metafísica de la luz» que, siemp re nueva,
n"A o ú ¡t~YO S, ri:Aws or7w<¡ p.óros "y í'Yr~1CH 249 C). Aqu í com enzaban bro ta prof undamente en el homb re como fenómeno histórico y tiene
las palabras de Platón sobre el resplandor que en el «telesterion» de mas fuentes, adem ás de La República de Pla tón; sobre todo el cuarto
Eleusis hacía felices a los creyentes y sob re la conocida esper anza de ttvangetío (ey la luz brilla ba en las tirueblas») y el círcu lo Helenístico
una inmortalida d qu e ellos sentían a pa rtir de aqu ella consagración. de la piedad de los misterios al que ese Evan gelio «míst ico» pcrtene -
Más aún: la teoría de Platón de las for mas eternas ap arece, vista des- ce. En los escritos Herméticos, en Filón , no pueden ser pasad os por
de aquí , no como una enseñan za particular sino com o una sublima- alto los sones platónicos; tampoco pod rá ser negado e! momento orien-
ción, dentro del auténtico helenismo, de la piedad más sub lime del rul". Y sobre P lotino , el Areopagita y San Agustín pa sa la corrien-
pueblo 8 . te a la Edad Media. Heinrich dc Susa «mir a fija men te el brillo más
Un cam ino grad ual de esfuerzos desde la oscuridad hacia arriba , resplandeciente», Mechthild va n Magdcburg ve la «Luz que se extiende
hasta la contemplació n de la divinida d del rayo: uno se figura ese to - de la divinidad». Para Dan te es el punto de partida de su viaje la «sel-
do, y se sabe también incluso cómo ha empezado su consagració n de va oscura», su objetivo se define:
los misterios de Eleusis; así, y con ello Platón no va a ser tergiversa-
do, uno debe preguntar: ¿es Platón un místico? La pregunta tiene que «Ficcar 10 viso per la luce eternas"
esta r autoriz ada cuando se con oce que en toda mística el alma huma-
na llena un afán intem poral; sin embargo las for mas histór icas que y para su reunión con la má s excelsa realidad encuentr a estas palabras:
adopt a esa etern idad, al menos en la mística cristiana , la islámica y
la cabalística, han recibido su estructura de pensamiento en su part e
esencia l de P lotin o y, en consecuencia, no sin Platón 9 . • «Fijar 10 visto por la luz eterna». (¡V. del T.)
86 PLATON A RRHETDN 87

«Ció cb'lo d ico e un semplice lume»>. mtnació n «llega n en la regla como una corrie nte r ápida y aguda a ntes
de que se pueda reunir su pen samiento», así describe Sa nta Te resa
Como el camino d ialéctico d e Pla tón , empieza el ca mino místico U I exper iencia . «En Dio stando r ápido », as í ca nta Tomás de Ce lano
co n la disolución y vuelta , ruptura liberado ra de las ligaduras del mun- 111 suya. Según Samkara el percatarse del propio ser Brahma sucede
do sensible. vuelta del alma a dios. Tampoco aquí llega a ser visto ruu un go lpe , cua ndo se percib e la gra n palabra «Tat tva m as¡» ; y
en realidad históricamente el movimiento sino el sistema espirit ual de ' t\lo pa ra quien esa experien cia no le es enviada el correcto camino
Pla tón en el que fue con ceptuaí lzedo . Segú n su ejemplo. los neopla- f \ pensa r repetidamente el texto del Veda. El sufí se sabe sepa rado
tónicos. que ven el destino del alma como salir de la divinid ad ('iI"eóo- de rodas las cosas ter renas , pa ra asenta rse en aq uella sustancia en la
Óot) y tendencia a ella «í voóos). han puesto la vuelta (f r !OTQor,Mj) en. tille le entra la más excelsa revelación como un relám pago bri llante 17.
t re esos dos movimientos. Agustín la ha refundido co n elllamamíen- { ' 0I1l0 algo humanamente co rr iente, muy a pesar de t od o , es lo que
to de la nueva doct rina de «Ca mbiad vuestro sentido», y co n aq uella enseña un relato de visión exrática de nue stro s días: «Me encon t ré allí
vuelta (fJrWTeO<p~) que significa , en el N ue vo Testamento, la conver- de repente, sin indicios previos. envuelto e n una nube de fuego» 11.
sió n de los gentiles al verdadero dios, y la ha fund am entado como Existe ra ra vez la mística sin el pr imado del amor de Dio s. Se usa
«conversío- en el ser-ahí y el pensamiento occídc ntal v . Pero la aven- sólo para pensar, en el comienzo en las Confesiones d e San Agu stín
t ura es general y no ha y vida mística algun a en cuyo comienzo no se y en las últimas palabras del «Paradiso» de Dante, o para oír en las
co nceda aq uel cambio rad ical. Con frecuencia será prese ntado como conversaciones de amor de Susa, Ta uler y Mecht hild I ~ . Místico es
un acto repen tino «como un relámpago que brilla en la oscuridad de uuubién, en Spinoza , el a mor intelectual del espíri t u a Dios, que fi -
la noche, así parece que el pensa miento de los hom bres, por medio lialmente es a mo r de Dios a los hombres y amor de Dios a sí mis-
de la gracia de Bud a , se vuelve en el "Nu" hacia el bien» " . 1Il0 lll • Una mirada sobre el mundo occidental pasa luego al sufí ebrio
El camin o pla tón ico está acompa ñado de esfuerzo s. Así ta mbién de a mo r que , en el (doble escr ito secret o» de su canción de a mo r,
el ca mino de los místicos; pue den mort ificar su cue rpo, luchar su yo media nte la alegor ía del ruiseñor y la rosa. la ma riposa y la vela, es-
cont ra el inte rio r, o sufrir por un resb alón ot ra vez e n las proximida- conde y pregona la sit uació n del a lma hacia la mas alta rea lidad . Y
des de l di os. Los torme ntos que Heinrich de Susa ap lica a su po bre la India tiene el amor a Dios de Bha kti, cantor e brio . que celebra a
cuerpo se co rrespo nd en en con junto con los gra ndes horrores del a rte M I d ios como el «emba ucador, el ladrón, el gran seducto r». «El ha
gótico en las imágenes. Pe ro los sufrimie ntos del alma son más fuer - llegad o co mo un mago y ha penetr ado en mi co razó n y en mi vi-
tes y la luc ha co n los sufrimie ntos , que es el medio para la ilumina- da» 21. En el B ñagavad-Gua. sin em ba rgo, suena:
ción, será descrito po r el persa A l Gh azzal¡ con palabras mu y pa reci- El más excelso espíritu se alcanza a través del amo r que no busca
d as a las Que utili za el silesio Jakob Bóhme ", En la Ind ia se ap ren -
día en libros desde mileni os el yoga como un a técnica y era practica- otra cosa.
A tr avés del amor él me conoce en verdad quién y có mo soy».
do casi escola rmente. En lo mas fuerte agarra el tormento , en donde
él es ma r, suave. «Mon Dieu, me qui uerez-voust a- », consigna por es- El más excelso bien, al que Amor condu ce al b uscado r, es, según
crito Pascal cua ndo la iluminación comienza a sac udirlo. El «exilium Pla tó n, «no la misma esencia, sino incluso más allá de la esencia».
cordis», la noche oscura del alma , la sequía espi rit ual so n pena s que y esa pa radoja en la utilización de lo inutilizable es, a su vez, una
pertenecen a la enseña nza míst ica. Si ade más la metod ología míst ica tra yecto ria que pa sa a tra vés de toda míst ica . Lo s neo plat ó nicos no
se cuida de diferencia r el su frimiento del ca mino y el suf rimiento en pueden tra ba jar lo sufície nte con eso co mo para a pa rtar al excelso
la meta, de esta ma nera con elJo pa rece apenas enco ntrada la esenci a; Uno de aquella predicción; a veces, sin embargo , repi te n y defo rman
pues, en efecto, el cam ino es sin fin y detr ás de la meta siempre hay el platónico «más allá ) 22, a veces, en un so plo, amon ton an en lo
un nuevo camino , y a su vez ta mbié n siempre fat igoso . Uno las expresiones opuestas. (Nada es eso del ser y todo; nada, por-
Tras muchos esfuerzos en el camino, llega el alma «de rep ente» que el ser es po sterior; todo, porque es a partir de él». Esa frase de
a la meta prevista . Así P lat ón . Y tam bién esa ense ñanza vuelve de Plotino (Vl ,7,32) per man ece a m bigua para cualquiera . El cristiano
muchas ma neras. «L uego, se debe creer qu e se ha co ntemplado si el neop latónico Dioni sia el Areopagita, que se esfuerza en «expr esar la
alma capta de repente la luz», dice P lotino (V, 3, 17) 16 . Éxtasis e Hu- multiplicidad de nomb res de la divinidad im pronunciable e ínascqul-
ble», lo ha formulado ya en la Icaria : «En la divi nidad se debe to ma r
• «Aq uello que d igo es una simple luz». (N. del T.) y afi rma r lodo ser - pues ella es la ca usa de lodos- y no negar todo
.. «¡ Dios mio! ¿Me vais a abandona r?» (N . del T. ) ser e n pa rtic ular, pu es ella está sobre todo. Y no se p uede creer que
88 PL ATON ARR UETON 89

la negación cont rap uesta a la afirmación, po r más que est é ella mis- res, sin embargo , se vuelve incluso más sensible que el ca mino dcl co-
ma sobre la negación , esté sobre tod o Quita r y po nen) 1). Esa teolo- nocim lento. En verdad la «G nos ls». tal co mo predomi na en los escri-
gía apofá ntica suena más tarde en aquello del maestro Bckart «Das tos Hermét icos, se sirve de remiendos platónicos pa ra el traje torn a-
¡S.l sin nature, daz el ane natu re sil) / Lo que es p ura naturaleza, es sola do en el que encierr a su éxtasis. ¡Sin emba rgo no se tol era a nda r
Sin naturaíeza/ , en la fra se de Scoto Erigen a «Deus pr ópter excetlen- dando vueltas ! Ya las invitaciones a «h acerse igua l a Dios) , «llega r
tiam no n immer ito nihil vocatur»>, en la « No esencia) de Susa en 11 ser ete rn idad» (a l w l' ')'EI'oti) , «to ma rse a sí mism o por inmorta l y
la de Ange lo Silesio « Dios es una pura nada» -y de la misma ma ne- 1)(11' ca pa z de conocer todo: tod o arte, tod a ciencia, tod a clase de esen -
ra también en los no mbres que la Kaba la tiene pa ra lo ilimitado ~~. da vital, estar en tod as partes yen tod o , co nocer todo de inmed ial o,
Pero , fuera de esa línea de pro pagación, ta mbié n entre los indi os se tiempos, luga res, cosas, cualidades y ca ntidades ) tod a esta lista mues-
e~ cue n t ra n asom ?rosas semeja nzas y ademá s lo do un desarrollo pro - Ha, como aqu ¡ se ha explicado, un espíritu completamente nuevo > .
pro. En los Upamshad a parecen cont ra puestas las mism as pa radojas. Lo que quedará especialmente claro si se da la vuelta enseguida a lo
« Lo uno se mueve y no se mueve, está cerca y está lej os, está dent ro que señala , sin ca mbia r nada en cl funda mento, y pa sa a l luga r del
y fue.ra de toda s las cosas) . Hay la misma ab unda ncia de negaciones : conoci mie nto de todo el silencio de lod o co noci miento. Es sólo una
1(Lo I ~ p er ecc? er~ no esgrueso ni. delgad o, ni corto ni lar go, sin sa- clara voz, pero no aislada, la que suena en Filón: la luz divina va so-
bor ni olor, sin oj os y sin o ído , Sin voz y entendimiento sin fuerza brc el homb re, si el ente ndimiento huma no se ha hundido , y la oscu-
vita l ni aliento, sin boca y sin medida , sin in terio r y sin exte rior-. No ridad , en prim er lugar, le pr odu ce éxtasis y locura llena de dios 27 .
co nsume nada ni es consumido por nada» . Y es definiti vo aquel «no, Nada puede habe r más aleja do de Platón que tal sup er emb ar azo ex-
no» qu e para muchos de los viejos sa bios in dios dibuj a en la forma tñrico , que se sirve tan a gusto de fór m ulas platón ica s y sin embargo
más aut ént ica la esencia de Brahma 25. se llena en oposición a la fuerza soberana del hom bre . Y un paso más,
I.:a ~st ru~t ura d e la co ncien:ia mística, y a nte todo d el pensa mien- asi ha llegad o la vida míst ica a un a co acción mágica . Las mortifica-
to r~lI st l co , tiene la ma yor semeja nza con la estructu ra de la visión pla- cioncs del místico cristiano realizan as¡ co rrecta mente, en primer lu-
t ónica de l mund o . La acci ón hist órica de Pl at ón ha co nt ribuido ta nto gnr, la dan za salvaje del de rviche y la inacab a ble repet ici ón del nom -
a m uchos sistemas místicos como a generales as piracio nes de desa- bre del tod o en el Isla m, la regulación de la respiración en los indi os,
rrollo. apo yadas e n la búsqueda de orígenes del a lma human a , Pero la mirad a fija en la base de la nari z de los magos de la síla ba «o m».
ya es hora de decir que, con todo, Platón no es un místico, y de de- A travé s de un ancho m undo , el contenido del pen sam iento y la ense-
mostrar en qué se di fe rencia él, por su parte de un míst ico verdadero ñanza del pensam iento fuert eme nte científico de Pla tó n se encuent ra
y determinado . ' segregado po r tales rito s. No sólo es que él se ha bía mantenido lejos
Lo mas excelso de Plat ón no se coloca a ntes del mu ndo , ni ca nce- de tod a magia, incluso desde la mística debía apa recer él como un com-
la el ser , más bien se ma ntiene inmedia ta mente en la fila del ser, sólo pleto racionalista . En verdad no se encuent ra en él aq uella sepa ración
tan elevado sobre tod os los demás qu e la pa radoja puede toma rlo por entre sent ido y pensam iento, entre co razó n y espí ritu, por la qu e úni-
más allá del ser pero incluso más allá del Ser. A él se llega , no a t ravés cemente se justifi ca n tales a preciaciones . Par a él ningú n dios ha he-
de un solita rio hundi miento, salt o vio lento o caída en la osc ur idad dIO la sa bid uría de este mu ndo por una ton tería . Sería incon cebible
sino por el ca mino que se aseg ura en el conocimícnto del ser. Sin doc - en él la cont radicción de la lla mada tan con movedo ra de Pascal q ue
trina de los núme ros, geo metrí a, astrono mía y teo ría musical sin una dice : «Dieu d'Abra ha m, Dleu d 'lsaac, Oieu de Jaco b, non des ph i10-
estrecha y filosófica dia léctica, no se pue de aprox ima r nadi e a aq ue- sopbes el des sa va nts!»» . En Platón locura de dios y matem áticas guían
lla meta , a un que a nte la visión de la meta la pal ab ra ya no bast a. La hacia a rriba el ca mino , a través de la geometría llega el ho mbre a dios.
mística se ma ntiene allí mismo , por la ot ra pa rte, en donde se encuen- Así este mundo es algo incl uso en su más a mplia int ensidad ,
tra bas t~n t e llena del.conocim iento , en la zona teológica; y se queda E igua l que toda zo na espirit ua l Platón contempla así todas las
fuera, siempre consciente de que el ob jeto de su búsq ueda . no va a fuerzas hum anas, amor del sentido, pensam iento agudo , la má s ex-
ser encontrado po r rncdio de la «ratio» sino a través de un descender celsa elevación . Para los mí sticos, los sentidos son lo que merece an u-
«al fundame nto de lo que es sin fu ndamento». La may oría de las ve- lació n, de man era mu y par ecid a al mundo de los cristianos, dcll slam

• « Dios, po r su elevada d ignidad, no inr nerecida meme es lla mado "nada"». • «¡Dios de Abraha m , Dios de l ~aac , Dios de Ja cob y no el de los filósofos y el
(N. del T.) de los sabios !». (N. de{ T. )
90 PL ATON A RRH ETO N 91

y de la India. Y sólo en intrigas, llevadas por alas de alta s canciones listo es por completo d iferente, sin embargo, de la divinidad sin sabi-
o por la poesía de los suñes , avanza la sensualid ad de nu evo , defor- du ría de Bckart , del mar sin co lor de toda d ivinidad, como dice poé-
mada las más de las veces, a la vida mística. Seguro que ha y ta mb ién ricamente Angel Silesíus, o del to do completo sin forma como Brah-
en Pla tón to nos enem igos de los sentid os. Vivir es a pren der a morir, ma en los Upaníshads. No se podría mos trar con fac ilidad la difer en -
cada deseo y de sga na cose com o una aguja el a lma al cuer po ; por ello cia . En el cam ino se deb e ap reciar lo que se co nsidera a q uí y allf alma
el al ma qu e quiera filosofar de verdad tiene qu e librarse del cuerpo : y las formas sobre las que ella consigue «como las co rr ientes que flu-
así suena esto en el Fedón. Pero en El Banquete y en el Fedro suena yen allí en el mar y pierden nombres y for mas, a sí la manera de nom-
de ma nera mu y d istin ta y, si hay igualment e fuertes lucha s co n el ca- bres y formas habría perdido y entra en la "purusa" celeste , qu e es
ba llo de salvajes a petencias del alm a , sin embargo tampoco está la más a lto qu e el altísimo» , as í en un Upanisnad ". «¡Oh, d éjame ser
temeros a opción entre felicidad sensible y pa z del alma . El amor de nunc a; pu es ser-nunc a se pregona en el ó rgano: no so tros vol vemos
los senti dos y el amor de dios no se encue nt ran en frent ad os co mo ene- al hogar en él!», así en Dschel-Alledin JI . Y el ma estro Eckart: «To-
migos, sino qu e el am or por un cue rpo herm oso es un grado neccsa - da nuestra perfección y toda nuestra felicidad radica en eso que el hom-
rio para el ascenso hasta el más excelso ser. Se podría añadir también hre, a través y por encima de toda condición y de t oda temporalidad
que P latón ha deja do permanecer en el exterior el contraste entre el y de toda esenciali dad , pase má s a llá y vaya al fundam en to q ue es
Fedón y los diálog os del amor , de forma que se podría ver la fisura sin fundamento » J2. La totalidad de fo rmas eur opeas y la herencia es-
ya ind icada como un ligero sa lto, que más tarde pasa a través del mu n- pirit ual griega ha n protegido sin duda a la Huma nidad occide nta l co n
d o , y q ue circun scri be , en cu rva s q ue oscilan ampliame nte , todas las frecuencia de m ezcla rlo todo, com o el hombre del Este lo ve. Pa ra
fuer zas human a s. los místicos cristianos se to ma a veces eso que mantiene su esencia
El a lma mística está solitaria . «Flujo del Uno al Un o », así consi- en otra fo rma 11. Pero dejar de ser, separa ció n y deshacerse es asimis-
dera Pl ot ino (1,6,7. VI,9,11) el camino del alma a Dios, como ya los lila en Bckan y en la mayoría de los místicos cam ino del a lma hacia
neopitagórico s había n hablado de la com un idad del uno con el su met a, el desca nso exte rno en Dios es la cu lmina ción pa ra el ho m-
uno 19. P ero lo mism o se da en t oda s partes. En el maes tro Ecka rt es bre . Así el místico sólo conoce un movimiento: fuera del aquí y aho-
la separación 10 mejor de tod o , «Ella deja conoce r a Dio s, lo unifica ra, en el que se colm a por completo el hombre clásico. y si Platón,
con la criat ur a y la reúne co n Dio s». Y así ya la Mística con oce gra n- visto históricamente, a tr avés de su movimiento a la «e pekeina», in-
des guías espirituales ; así en parti cular en el Islam y en la India, pero tro d uce aquel flujo de aquí y en él ha y que bu sca r el punto de partida
también algo en los monjes griegos qu e, co mo medio para la santi- de una gran especulación mís tica, per te nece sin duda mucho má s al
dad , habían seguido en noviciado co n un sabio, qui en de be hab er pen- lipa clásico , de fo rma que finalmente no debería llegar a ser visto en -
sado probablemente el propi o acto de «u nío » según Plotino lo descri- Frentado a toda mística. El objetivo a que él llega aquí podrá hacerse
be " . Per o P lotino no es a hí un platónico. Según Platón, se cnclen- claro al final, en donde co mpa ramos los eleva dos vérti ces platónicos
de «t ra s un a larga vida en co mún y afanes conjuntos po r la s cosas, y la especulació n de Plotino, a sí como a nteri or mente hem os me did o
co mo por una chispa q ue salta, el fuego en el a lma», y si tam bién se clara ment e el Ero s platónico en el de P lotino.
h ubiese a trevido a querer expresar algo ad emás de como el alma llega El que siguiera las instrucciones del camino de Diotima «toca en
a la «epe keina e", un o no pu ede así , sin la comunidad de investigado- la meta » (aXfÓOI' al' 7t &'1l"70¡ TO TOV T¿>"OV j 211 B), el que recibe el ar-
res enamorados, llegar a su bir el camino dialéct ico. q uetipo de lo bello en la vista ( x a Tól/-fT CH 210 E). El discur so es siem-
El cam ino dia léctico co ndu ce al reino de las formas puras o sabi- pre nuevamente de ver y de cont emplar . Aq uel ar q uet ipo de lo bello
d uría y más a rriba de él, a lo q ue est á más allá de toda esencia . Si (211 C) sería cons iderado un objeto de doct rina (¡uxlh¡Jia). Para q uien
as í lla ma a «el bien» , se encu entra así exp resados po r igual en él toda co ntem pla lo bello, es digna de aprecio la vida (21 1 D) . Y luego deb e
belleza fo rma l, orden rea liza do ; per fección creadora. Aú n se debe pa- «pro d ucir verdade ra virtud, a cercarse y llega r a ser ama d o de dios co n
sar so bre la s más a ltas fo rm as para llegar hasta él. Como lo más ex- ellas y, en la medida en que es human am ent e posible, ser inmor ta l»
celso en el re ino de la sabiduría, sólo com o tal, se ha lla so br e todo (212 A). En el Fedro se ven los dioses, lo perfecto , los arquetipos,
esenci a. Es un a forma tan alta qu e, por ello, está sob re toda forma. en un espa cio no sen sible; las almas humanas quieren llegar a él y re-
cibir con esfuerzo en su vista la s esencias. Ese aspecto es el sust ent o
de lo mejor en el a lma (~ 1l"eo a~xo u aa "pvxih TW¡ &Q ¡aTW¡ I'OjlJÍ 24 8
• El tér mino «cpckcína» es el uso abstracto del demos trativo que literalmente equivale B) Y por medio de ello crece el plumaje del a lma . Si ella recib e en su
a la expresión «mas allá». (N. del T.) rostro algo de lo verdadero, eso deci de so br e su destino (249 B). El
92 PLATO N AR RIIf:TON 93

filóso fo se mantiene siempre por fuerza junto a aquellos recuerdos. dad del ob servado r, en un sustancia en la que, sin quererlo, se con sa-
El sabe (l~(aTó:~ltJ'oI ) de las co ndiciones humanas Y. como así está en- ara la irradiación, po r si deja de tomarse y transfo rma rse. «Tanto ticm-
tre lo di vino , trata de la ca ntidad como locura del sent ido y no sabe (lO como él lo vea co mo un otro , tod avía no está en lo bello, pero
que está en un éxtas is a~o vouí túl" 249 O) . \ i él mismo llega a ser para ello , entonces él está sobre todo en lo be-
En todas partes se sostiene fuert emente un cara a cara de al ma lto». Una vez que se ha visto la «energía » de esa «kcnosíso" , se vuel-
y arquetipo. También el entusiasmo y la divina locura no correspon- ve de nue vo a Platón, en donde el yo y el ello se mantienen en estre -
den a ningun a introducció n del alma en algo muy distinto O a la in- cho en frentamiento.
tr oducción de ese otro en el alma . sino a un alejamiento de 10 que Lo qu e Plotino ha vivido con lo «be llo» se repite en mayor grado
los hombres loman como serios condicionamientos (&ve" W"I" l JlU cu n lo « bueno o el uno» (VI,9). El no puede co nfo rmarse con dec ir
a"'ollóáa~aro / condicionamíemos humanos/) . Para Plo tino. sin em- siempre, una y otra vez, que el alma va a un algo sin forma (d i
ba rgo , experiencias comp leta mente dis tintas se mant ienen en el mis- .r¡'f iÓt oJl, ca p. 3), que aquel sin forma es asimismo sin la form a llena
mo lugar de la interdependencia sistemát ica. En su pasaj e sobre lo del puro pensamie nto (ó:/LOe lpOJl Ót JHt t JlO J(Qi ¡LOQ.¡rih 1'0 '1n1 ¡ , ca p. 3),
bello inteligible repi te la imagen del Fedro del tr ayecto al dios y del ¡IIJC aq uello sea sin forma como anterior a toda forma (¿ " fiÓf O" Tea
alma a la mirada de las formas eternas. Pero ya aquí se pierde el es- '¡'ÓOu¡ &lI'{l I'TOÜ. Así necesitaba, pu es, el homb re también una pecu-
tre cho contraste entre la imagen contemplada y el contemplador liar man era para alcanzar ese alt ísimo. «No a través del conoci mien-
(V,8, lO). «Pues todo despid e brillo y llena a los llegados allí, de for- to, ni a t ravés del puro pensar, esto sería alcanzado, como las dem ás
ma que lleguen a ser ellos bellos, así como a los hombres, cuando lle- entidades inteligibles, sino en una oposición q ue está más allá de lodo
gan arriba al lugar más excelso , llegan a estar colmados por el color conocimiento» . Y para ello debe ser también el alm a de configura -
amar illo br illan te qu e tie ne allí la tierra y se hac en igua les al suelo en ctón particular, pariente de lo qu e ella quie re alcanzar, por lo ta nto
el qu e se encuentran». Lo que despide rayos y fuer zas se sintió con ct!a misma sin forma y figura . «Co mo se d irá de la ma teria q ue ella
may or int ensidad . La act ividad del conte mplador se trastoca, se lle- tiene que libra rse de toda co nfiguració n co ncreta, si t iene que so po r-
na rá de aqu ella fuerza qu e irradia de allí. Más, la to ma en sí, estaría la r la impresión po r med io de toda s las cosas, así, y má s a mpliamen-
«enseguida borracho y comp leta mente lleno de néctar» . Lo co ntr ario te, ha de ser el alma sin figura, si es qu e no tiene que haber co n ella
tiene qu e ser oído . «P ues no es más el uno fuera y el ot ro fuera . Sino nada sensible, que sea em barazo so pa ra llega r a ser colmada e ilumí-
que quien ve con ag udeza tiene lo visto en él y, como lo tiene, no sa be nada po r medi o de la más excelsa ent idad» . Y si ella ha alcanzado
má s que él lo tiene y mira hacia sí como hacia el Uno que está a fue- (" 3 meta , «entonces ve aq uello y enseguida a sí misma según la ley:
ra». «Tod o lo que cualq uiera ve, med ian te algo se nsible, lo ve afue- ¡l s¡ misma transparente, llena de luz inteligible. mucho más pu ra luz
ra . Pero eso se debe luego t ransmitir a sí mismo y ver como uno , co- cltn misma , sin gravidez, ligera , con vertida en d ios o má s bien sién-
mo si mismo , igual que si alguien, conmovido por un dio s, po r Febo dolo» . Tan pronto como el alma ha llegado a ser sin figura como lo
o una de las Musas, realizase en sí mismo la observación del dios; de uno, ento nces siente po r completo lo que no deb e considerarse co n-
esta man era él tend ría fuerzas pa ra ver en sí al dios». Pero todavía tcmplaci ón sino un ión (Wj &1' p.i¡ lwecr.p.i Jlo v ¿>..>... v"wp.iJlov cap . 11).
se buscará un a nueva expresión pa ra dec ir con mayor claridad este No se podría ha blar de quien ve y lo visto sino de qu e a mbos son uno
sentimiento de la unidad del contem plador y de lo contemplado. «Pero colo. «P ues ni ve el observa do r ni difere ncia, tampoco se representa
si alguno de nosotros, (despu és) de ob serva r 10 q ue hay fuera de sí dos entidades, sino él llegaría a ser un ot ro y no él mismo y no está
mismo , recibiera en la vista algo visible, conmov ido por un dios, se illli como do minio propio, como propiedad de aquel otro ha llegado
recibiría a sí mismo en la vista y miraría la más hermo sead a ima gen ¡, ser uno , un id ad de inmed iato, mitad co n mita d». " , Y el t rayecto
de .sí mismo. P ero luego se dejaría llevar por la imagen , tan hermo sa II lJ se llama «co ntemplación sino ot ro modo de ver, éxtasi s y simplíñ-
es, y llegaría a uno consigo mismo y ya no estaría dividido, sería uno ración , aba ndono de sí, an sia de tocar, paralización y sensació n de
y todo con aqu el dio s que, sin ruido, se encuen tra presente y él está nuión . ' \
con él t anto tiempo como le guste y quiera». En giros nuevos cada Cuando Ploti no tom a como «el bien» a este elevado Uno, sigue
vez se expresará el llegar a ser uno , recogiendo al contra rio. «Ha su- u Platón, se realiza como su exégeta (VI,8). y lo «epck cin a» de ese
bido corriendo a lo in terior de tod o y, en donde queda atrás la sensa -
ció n por temor a ser algo d istinto , es allí uno». (Se deb e uno diri gir • «Keuosis » es el sustantiv e verba l co rres p ondiente al verbo «vaci a r»; pod rla mo s
a lo interior y en el luga r de ver uno no llegar ya a un a ob servación nuducirjo po r " privación» y rererír to a l a cto media nte el cual el alma pierd e su indivi-
del uno distinta del o bserva do r». Eso se ha convert ido , por la act ivi- dualidad y se co n funde co n la d iv inida d en un todo único. (N. del r .)
94 PLATON

eleva dísimo bien, que el Sócrates de Lo República ha ex presa do, siem-


pre resuena en Plot ino : «No quiere deci r " más allá de todo ser" ése
determinado; pues no lo establece. y no expresa tampoco ningún nomo
bre de é l sino se reduce só lo a qu e aquello no es eso». Pero claramen. CA P ITU LO IV
te no es men or la diferencia frent e a Platón . La vieja forma se ha como
penetr ado con una vida comp leta mente dist int a. Qu e lo altísimo fue- ACADEM IA
se sin forma ni figura, que el alma tuv iera que llega r a ser sin forma
ni figu ra para alca nzar a aquél, de eso no ha y nad a en Plat ón . Permi- 11-:1sentido de lo fundación /
le a Sócrat es calla rse sobre todo de eso. P ero a él le hubie ra n pareci-
do esas palabras seg ura me nte minimizació n y se llegar ía, en su senti- No e ra P lat ón m uy libre sobre si quería «Forma r escuela» o no .
do de pa radoj as, a la subida que él esta blece en el «más allá de tod o SI.' hab la enco nt rado en Sócrates un a fuerza pa ra la que pensar y en -
sen>, am pliándo la a un «incluso más allá de toda fo rma y figura». , r nar era una sola vida indivisible. hast a tal punto que no se puede
y no le ha llegado el pensa miento para de ja r perd erse el alma en algo hablar a gusto de una filosofía socr á tica que sea sepa rable de su ense-
sin figura, podría no llegar nunca el habit ante de un mundo lleno de nar. Platón es, de una manera completa mente distinta, un pensador
figuras. Así finalmen te tampoco conoce la unión extá tica del alma con teórico como su mae stro ; y, en luga r de mom entos de p ro fundo hun-
lo altísimo . Seguramente él se calla sobre todo de eso y Plot ino po- dimiento . que en la vida del Sócrates plat ón ico qu edan como algo ra-
drla inte rpretar en el sentido suyo este silencio. P ero , co mo pa ra P la- I ns veces explica ble, debe ha ber ha bido en Platón mismo la rgas tem -
tón es impe nsa ble qu e alguien no se moldease copia ndo la imagen se- porndas de pensar , in vestiga r, observar y escri bir, todo a la vez. Pero
gún la que está conjuntado, enamorad o y ma ra villado, y como ta m- hasta tal pu nto es fuer te el impulso socrático . básico en él. que pue~e
bién la visión «de lo or denad o que se mantien e siempre de la mism a 'l" visto filoso fando y enseñando s610 como dos ext remos de la mis-
man era» por necesidad debe el alma hacer pa recida a lo ob servado , lila fuerza qu e irr adia de un solo medio . Así que, si es correc to q ue
a la idea (La Rep ública 500 C), incluso debe ser visto lo mism o sólo In voluntad era ir a renova r la susta ncia de la ciuda d, ¿cómo lo po -
en un alto grado de espiritualización cua ndo ella está pró xima a lo tiria hacer co n los demás más que por medio de la ense ña nza? Así
que está más a llá del ser. « Llega r a ser Dios», es el a fá n de Plotino: dcju que Sóc ra tes - prototipo e imagen a la ve;z- diga en el Menón
« No se tra ta de esta r fue ra de defectos, sino de ser Dlos» (1,2,6). En (100 A) qu e sólo quien fuera un hombre per fecto de verdad podría
Platón se de nom ina el objet ivo llega r a ser de for ma de dios, a mado convenir a algún otro en hombre politico ; yen un fa moso pa saj e del
de dios , ser parecid o a dios, en la medida de la s pos ibilida des 1<1. Y (Inrg ías (521 D) se toma a sí mismo co mo la más alta paradoj a del
no se trata de pura diferencia de pa labras, sino qu e aqul se cambian uutco que pone sus ma nos en el verdadero ofici o del Est ad o y el úni-
el ca mino dialéct ico de Pla tón y la «scala myst ica» de Plotino, que , ro, entre los ho mbres de su epoca. que se preocup a de los asuntos
pa ra equivoca ción de aquellos que se fían de los no mbres. se diferen- rle la ciuda d. Eso dice el propio Sócrates. que en la Apología partici-
cia n por comp leto entre sí. Plotino dice so bre el objetiv o má s cosas pn su alejamiento del Estado co n la dem ostración de que «necesa ria-
qu e a partir de Plat ón . Pero se debe sa ber que aqul no habla en nom- mente qu ien qu isiera lucha r en la rea lidad por lo justo. si ta mbién.
bre de Pla tón. El ca mino de Plató n cond uce a lo secret o por medi o aunque fuera por corto t iempo , quisiera perma necer con vida, debe-
del reino de las fo rmas eternas. ¡Cu án llena debe esta r el alma con rfa ser un hom bre pa rt icula r y no una perso na pública » (32 A ). De
las figuras en las que ella ha contem plado los a rquet ipos iguales a esen- \'\Ia mane ra se ha co nvertido aqu í e n enseñanza el asunto prop ia men-
cia s, q ue conserva frente a ella ! Y así es el camino a lo «a rrhet on»; le político .
ta mpoco se tr ata de aq uel Altísimo alc an zable por ejercicio pro pio. Lo que ha debid o ser pa ra Sócra tes es pa ra P latón un fundame n-
Sino inclus o debe permanecer el alma frente a él en una ma nera llena 10 ta nto debido como quer ido . Sócra tes entra en conversación pasean -
de mi sterio. no hun dirse en la co rr iente 11. Con ello podrla , por me- do con cualquiera y le instruye, por medio de su conv ersación cxa mi-
dio de la compa ración fre nte a Plotino , llega r a hace rse cla ro lo ca- uudor a, en to do lo que qui era deja rse inst ruir. Si se relac iona con él
racterístico de P latón; así seria medible lo qu e quiere expresar en lo 1111 círculo más rest rin gid o de jóvenes de los mejores, sucede así, se
que él mismo ha debido calla r. podría pensar. como por una ley natural. Plató n vincula su fu nda-
rh'm a un solo lugar. se preoc upa de su existencia externa, deter mina
IIn sa ntua rio de las Musas pa ra su sagrado medio . Exc avaciones de
lo~ últimos diez a ños en el recinto de la Academia ha n sacado a la
96 Pl ATON ACADEMIA 97

luz los pó rt icos que se debían esperar y una inesperada inscripción IU sentido de la Academia desde los Diálogosl
todavía del siglo V. por lo tant o más antigua que la fundación plato-
níca, con nombres que se repit en en el entorn o de Sócrates y en la ¿Pero so n, pues, los diálogos una cop ia de la vida en la Acade-
familia de Plat ón l. A la pregunta de ¿q ué era la Academia de Pla- mia? Ellos no lo pretenden ser, ya que inte rpreta n efect ivamente el
tó n? sin duda no se puede responde r med iante exca vacio nes. mundo socrát ico . So bre tod o , por el choque entre Sóc ra tes y fuerzas
Una escuela semejante exige, como tam bi én los primeros adeptos enemigas de aq uello que allí es mo strado , a penas podí a haber sido
pod ría n haber sido reu nidos así, la co nsciente elecció n de a lumnos ca- liado en ellos para la escuela un mod elo inalt erable. Y por ot ra pa rte
paces. Eso co nfirma la Séptima Carla. en la que Plató n ha bla de su 110 hay que pensar que la escritura de Platón pod ía ha ber existido sin
prop ia perso na y ta mbién de la Academi a. El. primero , gradúa el ca- relación fun cion al co n su doctrina - en el triple sent ido de que sus
mino del co nocimiento hacia arriba. a las «formas etern as) y luego diálogos aq uí transmiten rayos de la Academia, allí envían rayos a
lleva má s lejos (343 E): «La conducción sobre tod os esos grados, pa- 101 vida de la Academia y, finalmente, q ue la Academi a era el espa cio
sean do a rriba y aba jo de todos ellos co n esfuerzo , saca un conoci- 1.'11 el que sus escritos deberían ser «p uestos en pú blico» y conserva-
miento de lo que está bien pr oducido (o bjeto) en quienes están bien do!\ J .
pr odu cidos (suj eto), En cambio , si est uvieran mal dispuestos-como Cuando, sob re esas cuestion es genera les, se ha intentado efectiva-
en la mayorla se encuent ra ma l prod ucida la disposición del al ma pa- mente ava nza r a lo concreto, se han establecido imágenes fan tásticas
ra aprender y para lo que llaman carácter, que una s veces se ha dis- pur co mpleto diferentes. Para el q ue se inspiraba en El Banquete, se-
puesto así y otras veces está corrompido- ni Linceo mismo podría ría la Academi a una espec ie de reuni ón festiva en la que predom ina-
ha cer a tales person as que viesen. En una pa labra : qu ien no tuviera ha la locura divina y en donde se enton ab an himnos a Er os o se discu-
afinidad co n el objete, no podría proporcio nársela ni la facilidad de lía la esencia del amor. Así lo ha n pensad o , con la intención de reme-
aprend izaj e ni la memoria. Pu es en dispos iciones aj enas no rad ica un morarto , los flor entinos. Si se echase un a ojeada atenta al Fed án, se
principio; de tal manera q ue cuan tos no esté n ind inados y sean a fines llega ría a una secta de liberadores q ue se suma ba a la im agen de los
co n las cosas justas )' las demás qu e son bellas, a unq ue, en cambio, buscadores de salvación. Hay profesores alemanes qu e corren el ries-
fuesen buenos co nocedo res de ot ras y al mismo tiempo las reco rda- go de confund irse con un semina rio universita rio, y el que pertenece
sen, y cua ntos sean a fines pero n o ca pac itado s y sin memo ria, ningu- l\ una asoc iación de enseñanza ve sin querer en ella a la ciencia orga-
no de estos a prenderá jam ás la verdad de la virt ud ni la ma ldad en uizuda actualmente en Aca dem ias. Mu y dist into , a su vez, fue lo q ue
lo posible». Fácil ca pacidad de comprensió n y at enci ón ag uda , co n \ IKOOió en los denodados inte ntos del último siglo pa ra desentrañar
un a incli naci ón a la vez a la «virtud», fuera de «placer y de ot ras lu- \ 11 esencia, tan buenos como pa ra una escuela de matemáticas co n un
j urias»: eso es tam bién lo que Pla tó n, en otro pasaj e de la misma car- Platón, en ella o ju nto a ella, q ue escribe diálogo s filosóficos. Una
ta P~? A Y s.), elogia del joven Dión , por la época del primer viaje volu cosa ha cen cierta todas esas imágenes cont rapuestas: que nun ca
a Sícilia , un poco a ntes ta mbién de la fundac ión de la Acad emia. Exi- \ 1.'coge la totalidad, si se per mite q ue se co nvierta en abso luto un con-
gencias espirituales y de cost umbres, exacta men te po r igual, determi- tenid o parcial; y otra: que se debe diferenciar, con más clari dad de
nan , en la utop ía de la ci udad, la elección de los ca pacitados par a el lo que co mú nmente sucede, entr e la Acad emia como institución y la
o ficio de filóso fos-dirigentes: «Pr imero hay que con ocer su natu ralc- Academia como espac io espiritual, que en la primera está mucho me-
za» (485 A) 2, ¿Y c ómo deben ser pr eparados ellos? Por buena me- nos pues to que en la segunda, y q ue no sotros, por suerte, po demos
mori a y ap licació n, elevac ión de sentimientos, simetría y buena dis- saber más de ése que de aq uélla 4 .
posición (ri'}H Te O ~ x a L f tiXa e ¡f) se encariñan y familiarizan con la ver- En primer lugar, se podría tomar como única pretens ión para la
dad , ju st icia, valentía y «sophrosyne»> (487 A). Aq uí concierta las Acade mia de Platón lo que se ha lla como común en tod os sus escri-
exigencias qu e Platón pone en bo ca de Sócrates, de acuerdo co n las los : eso es, que incans a blement e se dirige al conocimiento, al saber
que en la ca rta recoge por prop ia boca. hacer, una conversación examinadora e investigado ra . Luego , sin em-
burg o , algo que , a modo de imán no sensible, da a todos los diálogos
el giro determinad o , Todos se refieren a las ideas, se encierran en ellas.
FIl los comienzos se podría , de t odos modos, dudar si P latón cnton-
res «ya estaba tan avanzado». Luego ésto s se mue stran cada vez con
• El término griego «so ohro sync» es ma s p reciso que el cast ellano «prud encia- e más claridad ante aq uellos puntos centrales que fueron abarcados de
indica más bien «autodominio». (N. del T.) cerca o de lejos en las obras de madu rez, Pu es es la idea , secreta o
f

98 PL AT ON ACA DEM IA 99
claram ente. el punt o de gravitación de toda obr a platónica; de esta piensa que esas dos fuerzas del cosmos plató nico, la que huye del mun -
manera es el punto central, en todos los sentidos, ~e la ci ud a~ plato- do y la que vuelve al mundo , imperaba n equilibra damente en ella.
nica . Idea y ciuda d tampoco son aquí separab les, smo q ue la Idea es-
tá envuelt a po r la ciudad como la pepita y la semilla por la cáscara
protectora . Con ello se ve efectivamente de forma bastante general IS(k rotes y lo A cadem ia/
el ensamblaje fundament al de la obra escrita que podr ia ser confiada
a la Academia . También la Academia era una comunidad dialógica A la vista de los diálogos se pod ría preguntar si la Academia se
en mo vimiento . T a mb ién se e ncerr a ba en el «eidos». Se podría decir l'eiHa más al maestro vivo o a la imagen del sabio Sóc ra tes. Pero eso
de eso más o menos: todo lo que allí era d icho se man tenía po r eso un sería ya luego exigir una diferencia más o menos, si se hubiera mos-
en primer lugar en un último sentido. Y rigurosa mente era la Acade- nudo cómo tod o Pla tón ha recogido en si mismo todas las fuerzas
mia la que en cualq uier modo. más lar de aparecerá más cla ro, se vuelve vitales de Sóc rates 1 . «Dejadme decir po r mí mis mo q ue ningu no de
hacia la ciudad . po r más q ue o precisamente porque se apar tó de la vosot ros co noce a Sóc rates; por ot ra parte q uiero mo st rároslo a vos-
política ateniense de su tiempo . Eso no podría ser de otra manera, otros ». Esas son pa labras de l platón ico Alcibfad es (El Banquete
si uno se acuerda de que P latón encontró el reino de las ideas cuan do l l6 C) l . Pero , tanto vio la Acad emia a Sócrates, po r a sí decir, a tra-
buscaba la verdadera ciudad y de qu e fundó la Academia cuando creía vés de Platón, q ue para ella siempre significaba algo n uevo y ante él
tener qu e renunciar a su o bjetivo de t rabajo par a la ciuda d . revivía. Y que ésa era una comunidad de amado maes tro y amado
T am bién a pa rtir del Banquete y del Fedon se pod ría transferir dtccfpulo lo confirman po r to da s pa rtes los diálogos pla tó nicos de ju-
menos la «tendencia) como el movimiento funda mental de la Acade- ventud has ta el Fedr o. Pu es se podría con razón gua rdar e individua-
mia - y el lector moderno la ve fácilmente por si mismo en su más hsur pa ra recoger la imagen de la Academia a partir de él: no se pue-
agudo cont ra ste- oEl Fedón celebra el recuerdo de la muerte de SÓ· dl' pensar en ella sin tod a la fuerza en movimiento del gra n «demon».
crates. Y esto tam bién fue celebrado por la Academia . Pero ante too M.is aún: ella es él mismo en una encarnación anta ño histórica y
do enseña en aquella imagen de qu e el vivir es aprender a morir. Lo ejem pla r.
q ue no significa abandona rse a la muerte sino má s .bien vivir d.e cara A ella Platón tras ladó en su propi a forma las afi nes y mo ldeadas
a la idea, y así el saber y la muerte da n su ley a la vida ; pero. Sin e.m- tuerzas que el, en el entorno de Sóc ra tes. ha bia experime ntado consi-
ba rgo, o bien justamente po rque la muerte corporal para esta vida lIn mismo y con los demás, con lo qu e surgió un producto qu e en su
nad a im po rta, sitúa un final muy lejos de esta vida. El Banquete ha- ni igen se asemeja más bien en general al orden pitagó rico . Co n una
bla de amor y de fiesta . Y, co mo en la ciuda d de Atenas ape nas algo comu nidad que se consideraba al modo de Pitágoras se relacionó P la -
podría ser tomado más en serio que el juego de la fiesta , ha pe rtenecí- lbll en el sur de Italia. En La República (600 AB) se refi ere a Pitágo-
do la fiesta en la Acad emia a la plen itu d de la vida . A «P lató n y Es I ji " como «guia de educación » ( ~ YfJlW I' Tm óf ún), amada y mara vi-
peusipo» se remite todavía la escuela aristotélica par a sus pro pios con- llosa cabeza de un tropel de discípulos y fundad or de aq uello que los
vites de amor l. Pero más auténtico es el movimiento interior , aquel wgutdores tard íos consideraron forma dc vida pitagórica (lIuOa yoQHo5
«hacia ar riba » de la belleza sensible a la eterna , el ascenso a la idea, Il.Hílf05 TOV (3 iov ). Si se comparan las escuelas pitagórica y plató nica ,
Lo que todavía hay en ambas obras más o puesto entre flujo de la vi· U' ve, tanto en una como en ot ra, al ma estr o como centro, en torno
da y afi rma ción de la vida debe mos tomarlo nosot ros, con nuestros ni cual mira , con particular adm iración qu e llega hast a la ap oteosis,
pensamientos, dentro de la Academia ". P ues así seguramente el «més . u círculo . Aq uí como allí es un objetivo la unidad espi rit ual de vida
allá ) del lugar del alma y el «hacia arriba», que es su movimiento ca rn conjunto del que enseña y del que apre nde, qu e cont iene sin dife-
rrespondicnte, muestra n a este mundo , como enseña el Timeo , con rcucíar religión y conocimiento , ética y polít ica . Esas d os aso cíacio-
su or den po r el bien del creador y lleno con las copias de las puras III' S se distinguen por completo de la enseñanza de los so fistas . Ellas
esencias. Pe ro luego sólo el movimiento circular , alzarse y descender ~ ll ll creadas, no hechas; son una for ma ción esencial, no una organi-
en eterna cadena , llena toda la realidad. Así se dice en La R epública ració n para un objetivo . En ellas el espíritu , qu e los sofistas vend ían
que quien ha dejado tr as de sí los más altos grados de enseña nza debe rmno mercancía, es un libre do n del maestro , y por med io de la libre
ser ob ligad o a regresar a este mundo y a realizarse en él (539 E). LI «uuribución de sus miembros se mant iene su existencia externa . Se
fuerte energía qu e subyace en el «ob ligan> puede mostrar cuá n difícil encuentran casi asentad as en el espacio y perd urando en el tiempo ,
era la componenda, pero tamb ién cuán inmo rtal. Y así seria ajustada 1'11 vez de, como los maestro s am bulant es, llegar a establecerse siem-
sólo luego la plenit ud de la vida que la Academia for mulaba, si se pre otra vez en un lugar nuevo cada vez.
100 PL ATü N ACADEM tA 101

Pero la com unidad platón ica, por su parte, se sepa raba asimismo d ones human as y espir it uales. Ta mbién de eso da ría n probablemente
de 10 más pa recido a ella por medio de l espí rit u de Sóc rates. qu e se tina imagen los diálogos . C uando Ti mco expo ne su filosofía na tural.
hab ía int roducido en ella po r co mpleto. Sócra tes , según unas bellas Hermóc rates q uiere hab lar de po lítica y Critias co mienza su relato de
pala bras de Pluta rco en las que sólo una ca rac terís tica a uté ntic a del la ciudad . o ta mbién, cua ndo el «E xtr a nje ro de Elea» em prende un
Sócra tes platónico está fun cionand o. « ha hecho so bre tod o huma na lar go ejercicio dialéctico con los jóve nes co nd ucidos a él. Sócr ates se
a la filosofía por medio de la pérdida de nebulosas y por la senci- encue ntra po r allí presente sin toma r part e más q ue ocasiona lmente .
llez» ". Pa ra el q ue proced ía de aq uélla s de bía n existir sím bo los lle- Pero sin duda él, a pesa r de tod o , está presente po r allí y tod o lo qu e
nos de misterio y cer emo niales. y ta mbién ascet ism o en vestidos y ali- allí se dice tiene un últ imo sentido en la referencia a su «doctrina de
mentos, só lo víncu los a poyados en la zona de la superstición, sin re- las ideas». Igual mente Plat ón a veces per ma necería callado. cua ndo
ferencia al verdade ro ser. El secreto pitagórico parece volunta riamente - así podríamos pensar- Eudoxo disertaba sobre la teoría de los irra-
afi rmado y refo rzado po r prohibicion es silenc iosas, mient ras que lo cio nales o sobre las esferas de est rellas. Incluso callado. determ ina el
platónico necesa riam ente crece de eso , de qu e el más excelso co noci- sentido que se experime nta ante tod o eso, por el qu e no hubiera sido
miento «en ninguna manera es decib le como los dem ás objetos de la presentado en el ob servato rio de Cízico sino en Atenas , en la Aca -
doctrina , sino que , a partir de una larga vida en co mú n y de la Ia rni- demia.
Iiarizadón conjunta con las cosas. como una chis pa de fuego que sal- Si algún género de particularid ad es podría ser aportado po r los
ta de repente y enciende una luz en el alma , se extiende y se acerc a diálogos para la imag en buscada de la Academia. eso es la en señanza
desde ahora a si mismo» (Carta Vll, 341 C). Y, pa ra delinear el con- de los guar di a nes en la utopía de la ciu dad. Segura me nte esa ense-
tr aste probablemente más agudo. allí distingue en «él mism o lo ha ña nza en doctrina de los núm er os. geo metría. estereometría , ast ro-
dic ho» cada pregunta. mientras qu e la gran herencia de Sócrates en nom ía y armonía es una exigenc ia de la ciuda d ideal, Y. pu esto que
la escuela plat ón ica es qu e la Filosofia se red uce a una conversaci ón la estereometría. qu e en a bsoluto esta ba dada todavía. fue colocada
entre maest ro y discípulo y a mbos. en búsqueda con junta. sube n el en el pla n se m uestra como ta mpoco aquí se pu ede proced er sumari a-
ca mino dialéctico hacia las id eas y a lo que est á «más all á». ment e. P ero en esencia la educación de los guar d ianes no pod ía haber
sido pensada como diferent e a la de los alumnos de la Academia. cua n-
do ent onces, como ya se dij o y más adelan te qued a rá a ún más cla ro ,
/ Orgunizacion y sentido de la Academ ia/ la Academia tenía un sent ido de ciudad. Y que al meno s la geome trta
era usad a en tod as pa rtes en donde se da ba un discu rso de enseña nza
Esa ha sido la constante. En puntos particula res, sin embarg o , de- académica . eso pertenece a lo conoci do po r todos. U no puede que-
ben ha ber sido cambiados muchos. casi todos incluso . d ura nte las cua- da rse sat isfecho de sí cu a ndo topa con aq uella inscripción en el par-
tro déca das en las que Platón ha dirigido su Academ ia. l os joven- lón de la Acad emia qu e prohibía presunta mente la ent rada a tod o « Ig-
zuela s. que se ha bian reun ido los prime ros en torno al a mado maes- noran te en geome tría» u .
t ro . se hace n hom bres. Se va n luego lejos, como Eu freo a Macedo- Ejercita rse en geo metría , sin emba rgo . fue lo prime ro que Pla tón
nia , Co risco y Erasto a Assos, y asimismo lleva n co n ellos un tr ozo exigió al joven Dionisia y pronto , a su vuelta - así d ice un relat o
de la Acad emia y Plató n se realiza en extensión a tra vés de ellos . Ot ros burlesco-e al palacio de Slracusa. vio los mismos espacios, po r los
se q ueda n más t iempo perteneciendo al bo squ e de la Academ ia y se qu e ha bia discurr ido el bulli cio de la fiesta , cubiertos d e po lvo en el
convierte n a sí mismos en maes tros de otros discípulo s. tal vez no de que se dibuja ban figuras geométricas. lo que fue apostillado por la
la misma man era que hay en el Peripato una or gan ización por grados oposición : tanto un solo sofi sta le había comido el seso que abando-
de «jovenzuelos» (Jiw Jiiaxot) , de «mayores » (1T Qf a{% u Qo L) y de <de- nó las anteriores prerrogativas reales pa ra «buscar en el círculo de la
fes» (O: QXWJi) In. As í lo dice He racIides P ónüco, el conoci do astró no- Acade mia el bien silencioso y llega r por la geometrí a a [a per fección »
mo , pol ítico y pol ígra fo, discípulo en pa rte de P la t ón y en pa rte tam- (11' 'A k a ór¡w ír¡ ro a LW1fWI'O'OI' o:yo:Ool' t r¡r~i l' kCÚ ÓH::t 'Y twp.tr Qtia ~
bién del discípulo de Plató n Espeusipo 11. Si un hombre pr incipesco, 1 l1 óo:[I'0 JiO' 'YtvÉaOw ). De ma nera completa mente igual llevó a la corte
como Dión , va a la Academia , si un astrónomo como H elicón, si to- de Perdicas III de Macedonia el discípul o de Pla tón Eu freo los estu-
__ - _ da un a hilera de ma temáti cos. además del alumno de Eudo xo, accc- dios geométr icos «yen una forma tan ins ulsa org a nizó los asuntos
;;-::,-o~--c> ieron a ella , si el propio Eudo xo era señala do como co mpañero del de la corte» - dice una insc ripción host il a Platón- «q ue en el plan-
<~}' '{":~ culo platónico , la inicial relación de maestro y joven ya no está asen- rcl cortesa no sólo podían to ma r pa rte quienes supiesen eje rcer geo-
l· húla en un forma simple sino a tra vés de un va riado siste ma de rela- metr ía o filosofía» .
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102 PLA TON ACADEM IA 103

/ Contenidos doctrinales y hmít es/ tcnc i ón de interpreta r la investigación y doct rin a de la A cad emi a, de-
la tan , pues, có mo Platón perm ite alca nzar su reino suces iva mente en
U no ha leido , a propósito de Lo Rep úbííca plat ón ica, que en Pla- muchos aspectos, en los qu e ni de lejos en un prime r momento pre-
tón sólo se ha bía llegado en las ciencias matemáticas a la especula- tend ía hab er pensado . y una y ot ra vez se recogen las mismas pre-
ció n co n los núm eros, o sea, al co nocimiento a priorístico de las rela- guntas por la est ructura y sentido de este cosmos espiritual. Se ha co n-
cio nes y consonancias a bsol utas de los núm eros ". En ese punte es templado , a veces, la divert ida descrip ción del co med ió grafo Epícra-
seguramente correcto que él no qu ería comentarse con la astro no mía 1<.'5 : Un discíp ulo de Platón es obligado , en el prim er curso, a esta ble-
y a rmonía de <dos asl Ilamados pitagóricos) , porque ellos dab a n la cc r rasgos diferenciadores entre a nima les, á rbo les y lech ugas entre si,
imp resión de quedarse fijo s en lo empírico (L a Rep ública 53 1 C) . Y preocupado por la pregunta de a qué género pertenece la cala baza.
el extra ño juego de números- ¡ju ego y realida d son herm anos!- , co- t'or estos es present ado P latón , y se le m uestra sin dejar su gra ve re-
mo los cómputos del «n úmero de la salud» y del «número de la felici- poso a ca usa de u na molestia incómoda, intenta ndo de nuevo orde-
dad», en L o República, o la construcción del alma del mundo según llar el sistema. ( P ero ellos hacían divisiones»: Usenc r ha considerado
princi pios a rmónico s, en el Timeo, muestran, tanto como las aspira- la realida d, que, po r medio de la caracte rización fác il de los comed ió-
ciones de sus viejos discípu los Espeusipo y Filipo de Op ur ue, a dónde gra fos, ~parc;~ bastan te clar amente como una a nticipación del em pi-
tendía eso ". Pero , po r otra parte, no puede llega r a desconocerse TlS~O aristot élico, cuan do él veta ese as unto de ciencia s biol ógicas en
Que su alu mn o Teeteto ha confi gurado la estereometría Que Platón conjunt o con la s dem ás, en part icula r con las mat emát ica s, hab lando
ped ía y Que el funda do r de la ast ronomía matem ática, el gra n Eudo- de una «o rga nizació n del tr abajo cíenuñ co» en la Academia. Por el
XO, con su sistema de esferas concént rica s daría la respuesta a la pre-
otro lado , parece qu e el comediógra fo efectivamente d elata que aqui
\ C v~ menos una dim ensión a mpliam ente em pírica que alg o as¡ como
gunta, planteada po r Platón a los astrónomos, acerca de Qué mov i-
mientos ~e?erian ser asentad os para «preserva r los fen ómenos», o sea, «delimitaciones» y ( divisio nes» co nceptuales, e n las que de un lado
los mo vmuenros a pa rentes de los planetas IS. El contras te se pierde se debe pensar en el ( furor díc hotomlcus» de los diálo gos ta rdíos y
de for ma Que entre los números y las figuras matemát icas griegas siem- I~o r ot ro en el escrito de Espeusipo titulado Semejanzas ('O¡tOl Ó7llTB
pre se ha resgua rdado algo Que, más allá de la ab stracción sin colo r, ' O¡tola ). Y ta mbién en la expresió n algo sucia co n la qu e un recién
co bre un poco de belleza y magia . Para Platón era además esto dis- llegad o médico sicilia no confirma la «pala brcrta» de esos jovenzue-
t inti vo de que él eie rcta y deja ba ejercer las ciencias matem áticas con los, dedicados a una conocida a ntítesis de esa investigación empírica .
tod as las fuerzas, de forma qu e ellas siempre tuviera n un sentido por A,í en efecto se une ho ya P lat ón incluso el dar por b ueno «menos
encima de lo que una ciencia particula r era en sí, elevaran y co nduje- interés po r la ciencia empírica de la Na tur aleza » y el reh usa r la fór-
ran a lo más excelso. Lo contra rio hubiera sido también q ue lo que mula de Usener, po rqu e ella mezcla ba la Acad emia a ten iense co n las
enseña ra fuera sólo erudición . Pu es en «a rte de habla r, astrono mía, em presas de enseña nza actu ales, o a Plat ón con A ristó teles 17. Pero,
geometría y música» enseñaba ya el sofista Hipias 16. Pero el giro pla- por otra parte, es sin embargo ind udable qu e «e n la esc uela del viejo
tón ico más peculia r es éste: las ciencia s elevan al alma hacia a rr iba , Platón ha bría sido conside rado y come ntado un mat eria l m uy am plio
a la verdad, está n dirigidas al co nocimiento del ser eterno (527 B), y un Ari stóteles pudo , en ese entorno , ap render a aq uilata r el signifi-
pur ifica n la herra mient a del alma (527 D), sir ven pa ra la búsqueda rada de las particularidade s de las cosas, que más tarde seria n tan esen-
de 10 bello y bu eno (531 C). De est a manera ta mpoco se podría n estas clalcs pa ra su forma de investiga r» (J aeger). Se podría también pro -
desa rroll ar en nuestr o sentido . En efecto , la búsqueda individual por luiblemente (0 0 haber tenido a la vista ningun a leor ía positiva de las
tod as pa rtes por mor de sí mismo y más lej os está tra tada como algo plan tas, en la cla sificación de las plantas», así se ha br ía tra bajado en
« ridículo» (531 A). Sin emba rgo la op inión opuesta, que sólo ha lle- cierto ~odo incid entalmente. Pue s, para po der «hace r di visione s»,
gado a a bsur da s especulaciones, se opone no poco a los hechos. Y ha n tenido que verse en la Academia ba stantes «a nim ales , á rboles y
también aqu í se contempla sólo para igu ala r la estructu ra jerárquica lechugas». Y, en realidad, desde la sistemá tica del reino animal y ve-
de la búsqueda académica y de la doctrina, cuando se piensa confronta r gctal , tal como por med io de Aristótel es perdura hoy, ya desde los
mat emát icas, astro nomía y a rmonía con una pasión, que no se siente escasos, pero caractcn stícos , fra gme nto s de Espeusipo se habria de-
a part ir de la fuer za que se ori gina en los problemas parti cul ar es y most rado no menos que un bien académico 18, Si se piens a ahora en
en su s ~s t em a , sino que, desde el objetivo supraordenado , experimen- el ~am po biológico de las especies, se muestr a esa latin ización del griego
ta sus Impulsos más fuert es tanto como sus paradas delimitad oras. «cidos» como un símbolo: en primer lugar, que la sistemát ica toda -
Propia mente los diálogos platón icos, que en absoluto tienen la in- vía usada actualment e se debió en su pr incip io a P latón , y, en segun-
104 PLATO N
ACA l>H ll A 105
do lugar, qu e ha sido formada no a partir de una pasión por llenar
la realidad. sino porque el ojo de su creado r buscaba las formas eter- pensa r en ello. pues ya en Las Nubes de Aristófanes (v .200 y ss. ) Só-
nas y su or den arriba, más allá de tod o ser terreno. cra tes est á guarnecido co n un globo del cielo y un ma pa de la tie rra
A las ciencias matemáticas pert enecen en Platón. de distinta ma- en el «pensadero»> de los sofistas. y en el «Testamento de Teo fra s-
nera que en Demócritc y en Aristóteles, los principios de la Fisica. 10)) [Diógenes Laercio ,V,51) se mencion an en una sala del Liceo « Las
Sin du da que en el Tímeo sirvieron para eso, cuando no otros ade- pizarras con los mapas» " . Pero en Platón hay aún un segundo cua-
más, los cuerpos elementales de los cuatro elementos. form ados pre- dro de la tierra situado al co mienzo del Timeo, co n el fin de adecuar
viamente de manera rigurosa mente esrereom étrica, en su co nstr ucción, el espacio para el relato de la Atlántida del Crítias. Otra vez el «ecu-
su d ispersió n y su nueva formación, que se muest ra en el ca rácter ar- mene», inmoderadamente pequeño , yace sobre la colosal superficie
tístico medio mítico del libro. en absoluto para la Acade mia. Aristó- del circu lo. Sin embargo las alturas ya no son nuestro espacio habita-
teles cita la obra que denomina Divisiones de Platón para el número ble separado po r otras p ro fundidad es sin número , y co n ello ha ca ído
tres de elementos. Jenócratcs, q ue debía saberlo sin emb argo. atribu- sobre los hom bres una indescriptible desgracia. Aho ra nuest ro «ecu-
ye a Platón cinco elementos igual que el pro pio J cn ócr a res , Filipo de mene» es una isla entr e muchas, a las que pertenece ta mbién la in-
Op unte, Espeusipo y Aristóte les ha n fijado el núm ero cinco . Q ueda compar able Atlántida. A todas ellas las rodea el «verd adero Mar»
P latón muy lejos de esta blecer dogmas sobre esos principios. Pero la qu e po r su parte está encerrado dentro de la «verda de ra Tie rra Fir-
variedad de testimonios pru eba que sobre los fun damento s de Física me». Por si esto no present ara dificultade s empíricas para avan zar
y Cosmología habrí a realizado vivas discusiones en su círculo 19. desde nuestro «ecurncnc> a alguna otra parte y al verdadero co nti-
Fray además qu e tocar aquí otr o tema con el qu e tienen que ver nente, el viaje no estaría permitido por fronteras física s, o cas i se po-
los tr azo s de la investigación académica y que llegarán a esclarecer dría decir meta físicas, que son indescr iptibles para nosot ro s, La su-
su estr uctura interna : La geogr a fía del globo terrestre lO. En el mito perficie superi or del circulo terrestre se ha co nvert ido ahora en pri-
del Fedó n fue co locado ante el lecto r, como luga r del mítico suceso, mcr lugar en una unidad y la exploraci ón está abierta.
un model o suficiente , se pod ría decir, de la esfera terrestr e; como en No SOIl dos fantasías q ue se encuentran sin relación en la creación
el mito del Final en La República un modelo suficientemente cons- platónica, sino dos cuad ros de la tierra pensados con rigor cient ífico,
truido del edificio de l mu ndo . La esfera terrestre es muy grande en entre los cuales hay una cont inuida d histórica. No sa be mos si Platón
compa ración con nuest ro «ecumene»>. Pu es ése req uiere un espacio mismo o a lgún otro ha reconstruid o el primero en el segu ndo . Pero
tan peq ueño en la gran esfera que noso tros vivimos en el mar interior ambos, incluso, pudieron haber sido co nstruidos fue ra de la Acade-
(como ran as en un charco u hormigas» . Nuest ro «ecumene» no está mia: así se probarla. no obstante, una interesante parti cipa ción de Pla-
co locado en la sup erficie superio r propiamente dicha del círculo sino tón, una decena de años ant es. en el problema de la geog rafía del clr-
en una elevación , de las qu e ha y muchas situadas en esta superficie culo de la tierra .
del círculo. Pero la nuestra es la única que pod emos co nocer. P ues y también aquí está cla ro que , por lo menos al com ienzo , no ha -
sólo las a lturas están llenas de aire, en el que respiramos, mientras hría una interru pción propiamente voluntaria de Plató n en la atenta
qu e la pro pia superficie super ior del circulo se plant ea en el puro ojeada a la realidad . El cuadro de la tierra co n las elevaciones so bre
« éte r» . Ese es un intento muy tempr ano , incluso el primero , de la ima- lodo co n la elevación de nuestr o «ecumene », es sólo, a l menos en el
gen del «ecumene», tal como fue ideado por Anaxima nd ro: luego , milo del Fedon, el suelo apro piado para el dest ino del alma huma na .
en un cambio inmediato de par ad igma de cons trucció n y de realiza- 1.;1 oposición mela física entre mundo de las idea s y mundo de la ex-
ció n, a través de una serie de investigado res - sólo Hecateo , Herodo- periencia sensible, está aquí proyectada en la tierra . y se interpr eta
to y Dem ócrito serían co nsiderados aqu í- fue recon struido para su en t.a oposició n de valor entre la «verda de ra tierra», la super ficie su-
t raslad o al círculo de la tierra de los pitagóricos. Pero no sólo fue he- rcnor del círcu lo prop iamente, q ue irra dia en los más puros colores,
cho intu itivamente dónde y cómo vivimo s, sino que un sistema de pa- compuest a po r las más ricas materias , y nuestro «ecum ene», que, in-
sillos y espacios sub terráneos sirven de precedentes de una, hasta ellos sen ado pro fundamen te en aquella superficie, sólo es un destello de
I única. teoría geofísica co nstr uida . aquel seño río de arriba . Vivimo s debajo, sin presentir que no vemos
i Eso es tod avía menos aplicable a la Academi a. aunq ue se pueda

• El término griego e rro nnste non», usado en este co media, fue co nstruido burles-
• «Ecumene» se refiere al mundo hab itado por el homb re. (N. del T.) rmnente po r Arisl? fanes sirviéndo se del sul1jo utilizado para designar los lugares cñ-
, 1;11('$. La trad ucción por «pensadero» es la más frecuente del mismo. (N. del T.)
....
106 PLATON ACA DE MIA 107

el verd ad ero cielo so br e noso tro s, sino Que vemo s, a t ra vés d el med io cómo se de bía pon er la vida anímica en la figur a humana, así tiene
turbio de nuestro mar de aire. el Eter hacia a rriba . Y el juez tendría que llegar a ser com prendida de una vez también en la s o bras d el arte
que ~ ife renci a ~ si nuestra alma debería q uedarse. en el futuro. en el figurativo aquella penetración de «Manía» · y dialéctica , de «pathos. ....
interior de la tierra o llegar arriba, a aque lla verdadera superficie su- e «iro nía», aquella nueva tensión ent re la parte de aq ul y más allá .
perior en el puro « éter». y la pregunt a es ta l vez más apro piada sobre que de platón ico pued e
haber en un Apolo, Eros o Hcrmes de Esca pas o Praxiteles !". No-
sotros vemos en el último encrespamiento de la supe rficie supe rior,
/ ¿Para qué la Academia?1 en la charla de los ciudadan os, tal como apa rece en la comedia de es-
le tiempo , qu e se reconoc ía a los al umnos de Platón :!l. Se vest ían y
De es ta ma nera, ciencia de la Naturaleza y poesía mítico -met a física
tenían mejor t ipo que la mayoría , hab laban y se mo vía n con una re-
se introd ucen fuertemente unida s en Platón . Y todavía una decena conocida graveda d. pero no se podí a en ese tiempo d ejar de recon o-
de años más tard e se conserva en el segundo cuadro del círcu lo de la cer a un hombre tal, que era más exquisito (f t O' TO XO ~ ) y ca paz de pro-
tierra . al menos en los nom bres de «verdadero mar » y de «verda dero nuncia r perfectos pensamientos (o ~ x l'raXf'll"m Ó l1 ,á~fJ'Of >"É")'HJ' / que
co ntinente», que fuero n usados así por nuestro mar y nuestro co nti- podio decir palabras no desmañadas/) . Llamaba la atenció n de cua l-
nente , dil uyendo como siempre el contras te de la idea con la apari en- quiera con:
cia . El Todo es un símbo lo, como mu cho se esfo rzaba Platón desde Una túnica más blan ca, aseado y fino el tr a je gris,
la especulación en to rn o a una ciencia específica , y com o mucho para un suave gorrill a , bien torneado bas tó n,
él, sin embargo, toda ciencia específica estaba bajo el precepto mela-
fisico. Y si se mira n ambas en conjunto , se pod ria vislumbrar có mo ento nces, «se pensaba ya qu e se veía a la Academia co mpleta» . O en
ha sido eso realmente. la Asam blea d el Pueblo estaba «uno de los de la Aca demia , un alum -
Asl pod ríamos co mpre nder aquí y allí un luga r de investigaci ón no de Platón » éL.:
aca dé mica en la fantasía reproductora, nun ca el T odo , pues perma-
nece ca llado el Tod o en su tr an sformación temporal. Eso , q ue aque l Llevaba el cabello cortado a navaja - muy fi no ,
fragm~nto no permita conocer la estructura del Todo, sería muy po- dejaba la barba abu nda nte sin a feita r - muy fina ,
ca satis fac torio. Y si hay que insistir sobre ello para conoce r lo bas- calzaba en los pies sa nda lias - muy fino,
t ~ nt e sobre la organi zación del estudio, se llegaría po r fin a la convic- con co rreas a la misma altura de las piernas.
ción de que tod o ese desconocim ient o es ta mb ién meno r en rea lidad . Perfectamente blasonado po r la riqueza del tr aje,
Se llega a la Acad emia no co mo institución sino como vida . Y allí ha y la respetab le figura en un bas tó n apoya da ,
unas tareas casi ina movibles: có mo y en qué or den también deb ían Al mo do extra njero. no indígena me parece,
llegar siempre los objetivos doctr inales al ed ucando en el curso de la comenzó: «Hombres vosot ros de la tierr a ateniense... »
enseñanza; tod o debla, «tenia que ser usado para contemplació n co n-
junta , tanto según el parentesco de los objetos de enseña nza entre si l a compacta mayoría de los ciudada nos sólo atendla a lo exter-
como po r la naturaleza del verdadero ser. Pues só lo tal ap rendizaje no, como se comprende. En Plató n se destacaba [a po stura inclinada
se encuentra casi en su portador. Yeso es fa prueba más fuerte de hacia delante, que muchos de sus alu mnos habían imitad o , o su in-
una na tu raleza dotad a para la dialéc tica y una no do tada . Qu ien pue- quisitivo ir y venir; un personaj e de comedia gritaba:
da observar en conjunto , es propiamente un dialéct ico, y qu ien no,
no» (La República, 537 C) . ¡Oh Platón ,
Plat ón no se d irigía sólo al intelecto, aunq ue él lo amaestraba mu- tú no sabes en ab soluto cuándo la frente se arruga
cho . Pensaba en el hombre comp leto , al que enseñaba a diferenciar y cómo un caracol dirige hacia ar riba solemne las cejas .
etern o y cambiante con más claridad que en su tiem po , y distinguía
entre el rango del «alma» y «cuerpo ». Nos otros ya no vemos el géne-
ro qu e él sacaba , y con ello nos falta la más firme realización de la
Acad emia . Y, sin embargo , como en los Recuerdos de Jenofont e la • «Man ta» es el eq uivalente a (locu ra divina» o «exaltación» . en el sentido de su-
vuelta socr ática haci a si mismo se desarrolla en una con versación con ¡..... ració n de lo particular, qu e a par ece en ot ras ocasiones . (N. de' T.;
el pintor Pa rrasio y con el escultor Clitó n , que ap rendían de Sóc rates •• «P ai hos» designa la «experiencia», lo que uno sufre. (N. del T.)
108 PLATON ACADE~lIA 109

Pero tan pro nto como la gente supiese lo que ha bía tras esa fren- escrita de P la tón . La relació n de esa ob ra escrita con la fo rma de la
le; podía sa ber que , bajo ese manto de la más fina clase y co n aque- Academia se podria pen sa r, incluso , ta n apartada que la co rrespon-
llos zapatos de cordones, a van zaba tal vez un hom bre nuevo, prepa - dcncía ent re a mbas fuese en general: si se deja cla ro qué espacio exí-
rado para la «areré. platónica . gen, en la obra escrita, los diálogos de I ~ ciudad, .del político y de !as
La doct rina platónica y la formación platónica de hombres, tal leyes, es imposible pen sar as¡ la Academia e~ un aisla miento ~~ la CIU -
como ha llegado a ser notada hasta ahora . permanece todavía siem- dad como el jard ín de Epi curo. Desde el d ia en el qu e la visi ón del
pre asentada en un último malentendido. En efecto, hast a a hora na- rey filóso fo apareció an te él, Platón ha ten id~ siempre; e.n.el ca mpo
da imp ide pen sar en lo que significa Acad em ia: flujo desde la reali- visual de sus ojos, la ciudad ideal que esta ba sm pa rar dirigida al ser.
dad , culto de la idea en el alejamiento del vivir , pura post ura «reórl- l-n su o bra pr incipal la recon stru ye a partir de aq u í~ y muestr a a las
ca ». y los dis~ip u los de Plat ón estarían formados pa ra no llegar más demás ciuda des posibles co mo fo rm as err óneas en di fer entes grados.
a una perfecci ón para aira s q ue pa ra ellos encerrados en sí mismos. En el diálogo del Político se vuelve un a vez más a lo tra nscendente
S! ~ em bargo , así no puede ser , si es que es algo de lo que antes se y coloca allí a la total ida d de las demás ciudades, un a frente a ot ra,
dije: que la Academ ia te nía un sentido político, que ella no se refería corno el único a rqu etipo cuyas copias (JHp-~ t1a m), más o menos per-
a la idea sino de inmediato a la ciuda d . fec tas, sería n las form as emp íricas de C~:msti t u dó n . En L as.Leyes, por
fin, lo deja incluso aparecer en el honzont; como ap ro piad o ~(para
dioses e hijos de díose s», mientras que sen a constrUl~a un a ciud ad
/ Eidos, pó lis y Academia/ de segund o orden ant e nu est ra mirad a. Era la Acad~mla una. necesa-
ria irradiación de la linterna plat óni ca, por eso ta mbi én ella tiene. qu e
Platón ha encontrado el rein o de la idea , cua ndo buscab a la ver- ha ber teni do m ucho tiemp o a la ciudad en su vista . Y eso lo co nfirma
dadera ciudad. «Eidos» y «pólís» , la más elevad a «thcoria» y la más Aristóte les. En el estrato más a ntiguo de su potníca, allí en do n~c
elevad a tarea práctica perma necía n pa ra él unidas sin d isolución . Eso roda vla ha bla como u n acad émico, es su int ención d irigir po r medio
es lo que enseñaba , j unto a tod a clase de libertad poética , el siempre de ella a la «mejor ciudad» 24. •
todavía fiel desa rrollo de la Academia: la com unidad de filósofos de Platón no ha dejad o pasa r ocasió n alguna de acumular expenen-
la Polileía plat ónica . Ese círc ulo interno , qu e, como cent ro ordena - cías sobre At enas y las demás ciuda des de su t iempo. Eso aparece re-
do , encierra en si a todo el edificio del Estado , es cond ucido hacia cogido por su bosquejo a utobiográfico en la Séptim'! Carta , y sus .es-
arriba , a la vista de la idea, por medi o de la ed ucación . Sobre él se critos so bre la ciudad, a nte todo Las Leyes. lo exp lica n. Se est ~dlan
dirige el ojo de los filósofo s, pero siempre tiene que ser otra vez for- basta nte las Co nsti tucion es de C reta y de Esparta , sin duda med iant e
zado a vo lverse hacia abajo, con lo que 10 contemplado sería recons- la mirada totalizadora de la Filosofía y no co n la del Der echo Políti-
tru ido en la ciudad . L ~ Academia, la imagen empírica - o, platóni- co. La edu cación fue así comprendida co mo la vida en soci ~ad y la
ca mente pensada, COP Ia - de ese circulo ideal tiene la misma forma formación del poderío. En una Hi storia del fundamenh? dono .de la s
de educación: el camino dialéctico; la misma dir ección de la mira da : ciuda des - la pregunta iba so bre cuá les se han m~nte mdo , c ua l e~ se
hacia arriba , a la idea . Les fall a ba una ciuda d real que los rod ease. ha n hundido y po r qu é- se e ncierr a la comprobació n d e la Con stitu-
Así la vue lta al tra tam ient o de los as untos de la ciudad sólo puede ción espa rta na como mezcla de reino de prosperidad y de zo na firm e
toma rse en el fondo, no co lma rse . Pero si la relación de Academia por eso (691 O Y ss. ), un a ná lisis que más ta rde se lleva a ca bo en
y gua rdia nes ha de ser co rrec ta me nte vista, no fue un repentino deseo Polibio y C iceró n. Cu ando se refiere a otra pa rte, en Ta rento toda
sino una necesida d el que la Academ ia se volv iese a la po lítica at e- la ciu dad esta ría ebr ia e n la fiesta de Dionisos (637 B), los de Locros,
niense; ~sa misma necesidad q ue había pro duci do al maest ro, según que hab ía n tenid o las mejores leyes entre las ciu dades del sur de it a-
su propio relat o , a causa de la imposibilidad de la realización en la lia hab rían sido asimismo so metidos po r los siracusanos (638 B): eso
d ll ~ a d . Pero, como Plat ón «siempre espe ra ba por la corre cta o po r- suena así como a obse rvacion es del viaje de Platón por It alia . Egipto
tunídad del asun to) hasta que por fin se dio cuenta de qu e sólo el ser ía ap recia do como una especie de prototipo, a causa dc la incf:">ll-
go berna nte filósofo o el filóso fo convertido en goberna nte podían lle- mens ura bilida d de su art e imagi nero y de su música a tra vés de milc-
va r rectitud 23, se debe concluir así también que la Acade mia había níos, y las palabras de «si tú allí contemplas, así llegarás a e.nco ntr.ar.)}
sent ido los sones esta ta les y esperaba áv ida el momento en que ella enseñan cla ra me nte qu e aque llo cons iste en una cxpenencra de v ~aJe
misma pudiera convertirse en el cent ro de una ciuda d ideal realizad a . (656 DE). La depredació n del scñorlo persa será most rad a y explíca- .
Lo dicho se llega a con firmar por medio de un a oj eada a la obra da (695 A Yss.), pero inmediat am ente cae ta mb ién la mirada en las
110 PLA TON ACA DEM IA 111

necesidades de pueblos primitivos: las cost umbre s de los escitas en el Un demo ledo r de la tir anía como Qu ión de Heraclea o Clot is, el
beber, de cart agineses. celta s, iberos y tracios (637 DE), la posición asesino del caudillo de Odrisía , se consideran como perte necientes a
de la esposa entre t racias y s ármatas (805 D. 806 8) . Ho mero sirve la Academi a. Por otra pa rte, una hostilid ad coetánea po r las di versas
de demost ración para la sustancia pr imitiva de la cultura humana (680 revolucio nes totalitarias que ate nta ban co ntra ciud ade s democráticas
B. 681 E). De ello no se usa na da para decir qué co nocimiento de la ha hecho responsab le a Pl at ón como maestro de un Eveo de Lá mpsa-
int rod ucción ateniense de las leyes - hasta las disposiciones sobre ubi- (O, T imo lao de Cinco y Q uerón de Palene. la malicio sa cari cat ura
cación de jardines y ut ilización pub lica de aguas- pertenece a esto de que Querón se ha bía iniciado en su violencia «con ayuda de la her-
para poder reconstr uir la ciudad de las leyes 2S. Se ve sobre qué abu n- mosa co nstituci ón y de las leyes ideales) (~ ~'10l i s b.: rijs .-:aAijs
dancia de experiencias se eleva la const rucción . Sin duda no hay nada II OAITE la s .-:a i TW P "ll"aea pop.wv Nopw p A teneo X I, 509 B) , muestr a
empírico, en el sentido del Aristóteles posterior que reunió toda la amo mejo r qu e muchas otras lo que se pensaba que la Acad emia era ca paz
plit ud de las Co nstit uciones en aquella gran obra de la Po!iteia. Pero de d irigir. De ella salió también el político ateniense Formión . Y, si
se deja ver aquí también una a preciación y observación muy vivaz , se puede dudar de si su parca po nderació n de los medios atenienses
dominada siempre en todos los aspec tos po r el pensamiento de la «me- y su con fianza en lo s macedo nios d ebía alcanz ar las estrellas, en cual-
jo r ciudad» . Es impensa ble q ue no hub iera tenido que esta r. tanto quier caso su pusilan imidad frente a Casandro . po rque seria mejo r
para la una com o para las otras, en la Aca demia. sufrir una injusticia que cometerla 29, le ha situado tras la mal enten-
dida doctrina de la primera gran ob ra de Platón sobre la ética de la
d udad .
/ Teoria y práctica en la Academ ia/ Pero queda finalmente lo má s importante: en su avance guerr ero
co ntra Dionisia , fue auxiliado Dión por la Academia y, si se lee la
Se podría entend er siempre como «t e ór ico» todavía . Pero la tr ans- referencia de Plutarco, se tiene completamente la imp resión de que
misión no dej a ningun a d uda de qu e P latón y la Academia, a su vez, una comunidad de eruditos, só lo consagr ada a sus estudios, se t ran s-
fueron reconocidos co mo hecho político y han tenido realización en forma de repente en algo distinto , como si el pensar y p lanificar dedi-
las ciudades l6 • Platón fue llam ado por los de Cirene pa ra esta blecer ende a la ciudad encontrase aquí su legítimo desarrollo. Uno mira otra
leyes. pero se negó . Tampoco fue él en person a a Mega lópolis, sino vez el «jardín» de Epicuro y está cla ro que en él sería imposible una
que envió a Aristónimo, como a Elis a su «compa ñero» Fo rmíón. ocupaci ón semejante.
Quien allí dulcificó la co nstitució n del Con sejo de oligarq uía ext re-
ma . En la mitad de los sesenta, bu sca el rey Perdicas de Macedonia
a Plat ón pa ra establecer un Co nsejo . Platón le envía a Eu fr eo , quien 11.0 práctico de Sicilia/
exh orta a la cort e a «ejercitar geomet ría y a filoso far» y por cuyo in-
flujo Perdicas se resuelve a dar al joven Filipo una pa rte concreta de Así queda, pu es, la mirada remitida a Sicilia y con ello nos topa-
su tierr a en adm inistración propia. Espeusipo ha ind icad o más tarde riamos pro pia mente con el tr ab ajo práctico y po lít ico d e Platón . Con
a Filipo que él debía los co mienzos de su poderío a Plat ón " . Tam- razó n: pues sólo de él, com o su irrad iación necesaria, tendría que ha-
bién hemos ha blado bastante sobre Corisco y Eraste, a lumnos de Pla- hcr sido contemplada aquí la Academia . El d rama - la s personas im-
tó n, q ue se traslada ron a Assos, en Eolia, Asia Menor , y que entra- plicadas, ade más del prop io Plat ón. so n: el joven Dion isia , que s.e
ro n en estrecha relación co n el dinasta Hermias de Arameo . Tenemos convirt ió , sin embarg o, en el más indolente y voluble de los prfnci-
la carta en la que a parece P lat ó n como el co nsejero de esa alianza , pes, Dión. el príncipe relacionad o con Platón en a pasio nada amistad ,
y sa bemos qu e, gracias a él y a sus alum nos, Her mias t ransformó en que qu ería lo más excelso, sin estar completamente p reparado para
concreto la tir aní a en un a suave y casi legal forma de dominio u. Se ello y po r ello se relacio nó con la vileza de este mund o y se lanzó a
reconoce aquí, como en la refo rma de Formi ón , el pensa miento de la culpa y ruina; su an tagon ista , el astuto ca udillo popular Heracli-
Platón sobre el poder ; en la medida en que él se inmi scuy ó en las ciu- des, ya flexible ya te na z según que el asunto de Dión fuese bien o no ;
dades de su épo ca , y el desarrollo político en esa realida d ter rena, que Cnlipo , el Ju das del círculo , y mucho s otros caracteres que apar ece~
fue transmitido a Her mias, puede mostrar con qué de recho fue juz- luego menos claramente pr esentados- oEl dr ama se presentab a aqur
gado Pla tón po r tales cosa s como «político» - en el más concreta- co rno co nocido. igual que nosot ros en efecto. por las prop ias cartas
mente mod ern o sent ido de la palabra-; como el «ideólogo a pa rta do de P lató n y por los rela tos de los histori ad ores. co nocemos bastantes
del mun do» fue piadosamente considerado . hombres y recuerd os JO. El juicio sobre estas cosas es hoy casi unáni-
112 PLATON ACADHHA 113

me : aquí está el gra n ejem plo de la perniciosa y ta mb ién culpa ble usur - rias, que en abso luto era n desho nrosas, y me entreg ué a un gobierno
pación de un hombre teórico en la zona de la acción JI . a utoritario que no iba de acuerdo ni con mis palabras ni co n mi per-
Pero nosotros sabemos que Platón fue cua lquier cosamenos un sona. Sin em ba rgo fui a él», así recog e una vez más al final sus moti -
hombre teó rico en el sentido de Aristóte les o en cualqu ier sentido ac- vos, «Me libré de mi culpa cont ra Zeus, protector de los derechos de
tua l del término. Si él participa en un hecho po lítico, no hay por ello hospita lidad , y me compor té sin mancha fre nte a la Filosofía, que se
usurpación alguna de un recinto to talmente extra ño. Más bien él vio hubier a con vertido en objeto de bur la y censura si yo, llevado por co-
aqu í por fin la ocasión po r la que - como dice él mismo en aquella ha rdía o desidia, hub iese pa rticipado en alguna vergonzosa malda d ».
carta-e- nu nca había dejado de espe rar. Y si se dirige la mirada a la Así habla alguien qu e tiene bastante conoci miento de los hom bres para
totalidad de la vida platónica , se tiene que reco nocer así qu e la reali- hacerse ilusión alg una sob re las perspectivas de su empresa , pero una
zación, para un eupátrida de la rama de Sa lón, de su más prístino, just ificación es suficiente frente al amigo y la cau sa para to ma r sobre
alto y legítimo impulso era la acción en la ciudad . sí, a pesar de todo , la arriesgad a empresa. ¿Y cómo le fue en el terc er
P latón tampoco ha vivido , a través de esto, algo así como el trági- viaje ? En un pri mer moment o rehusó las exhorta ciones apremiantes
co na ufragio de su más osado proyecto . Con ma nifies ta desc on fia nza de Dion isia tanto como las de Dión. El príncipe insistía cada vez con
hab ía ido a su segundo viaje a Sicilia y con mayor aún a su tercero. mayor apremio. Le envió un ba rco de guer ra , pa ra alige ra r el viaj e,
¿O se tienen motivos para duda r de su expresa reseña? El describe y a las personas con las que Plat ón más se había relac io nado en su
suficientemente cómo le había importunado Dión para que fuese allí, a nterior esta ncia en Siracusa . Ello s contaban que Dio nisia se hab ía
después de la entrada en el gob ierno de Dionisia el Joven; el joven vuelto de lo más ad icto a la Filosofía. Un ma nuscrit o del príncipe ha-
príncipe y sus jóve nes pa rientes serían fáciles de ganar pa ra el ideal d a pend iente la suer te de Dión de si P lató n aceptaba la invitación o'
platónico; ahora podría cumplirse la esper anza de que se unieran en 11 0 . Otras cartas de Arquítas y del círcu lo de Ta rent o co nfirmaban
una sola persona filosofía y poder. «P ero a mi entender, así continúa que esta ba n de acuerdo con [os enviados siracu sanos so bre las incli-
Platón (Carta VJJ, 328 B), «tenía miedo, en lo que a tañe a los jóve- Ilaciones filosófi cas de Dionisia y añadían có mo la llegada de Pla tón
nes, de por dónde podrían llegar a salír: pues rápidos son los deseos sería del mayor int erés para sus relac iones po líticas con el tirano . De
en tales gentes y muchas veces llegan a pos tu ras con trarias a sí mis- lluevo sopes a todas las cosas que le esto rba n para el viaje: «y así me
mos. En cambio, conocía el ánimo de Dión, que era de nat ural sensa- puse en marcha, enfra scá ndome en ta les reflexion es, a pesa r de que
to, aun que ya más asentado por ed ad. Por eso , tras observa r y vaci- tenía muchos temores y no vaticinaba bien alguno» (340 A). De esta
lar si debí a ir o no, sin embargo me arr astró el qu e era neces ario , si manera no habla nadie que resba lase con facilidad so bre dur as reali-
es que alguna vez se debía t ra tar de lleva r a la práctica lo pen sado dade s. Platón conocía a los homb res, y más que sexagenario iba por
sobre las leyes y la Constit ución, y ahora era el momento de intentar- el mar, sin falsas ilusio nes en nada, pero en la convicción de que tenía
lo : pu es si persuadía a una sola perso na, esta ría todo perfectamente que hacerlo .
bien. Con este pensamien to, en efecto , y at revimie nto partí de casa, En la expedi ción guerrera contra Sirac usa, que tu vo lugar irreme-
no por lo que algunos creían sino sob re todo por vergüenza prop ia diablemente po r med io del fracaso de su último viaje, to mó viva par-
de dar la impr esión de ser sólo experto en todo tipo de pala bras y en Iicipació n la Academia al iado de Dión. Su so metimiento a juicio an-
cambio no estar dis puesto nun ca a intenta r na da de obra , y de arri es- le la ciudad parece aq uí encontrar su just ificación , muy poco así se
garme a traicionar primero la amistad y camaradería de Dión , que ha escla recido el asu nto - sin di rigente, como ella estaba en sentido
se encontr ab a en peligros no pcqUCÜOS». Y, en efecto, en don de el pro pio- oPu es el maestro mismo se se apartaba de nuevo por su avan-
movimiento es más fuerte le imp one una forma de pen sar y narr ar l ada edad y porque, como huéspe d, Dionisia era sagrado pa ra él. Que
que conocemos en él desde el Cr íton. El momento que podia llegar l'l deseab a suerte a la emp resa , desp ués de que de una vez Dión se
a suceder sería vivid o con todo deta lle. Ve a Dión, como desterrado, hab ía decid ido a ello, nad ie puede duda r. Pero él no lo habla aconse-
venir a él lleno de recriminacio nes y le deja exponer que Platón come- jado y también sus discípulos sólo permitía n perma nece r no inc ita r.
tió traición , además de contra él mismo, contra la Filosofía : «Pero Con consejos po líticos se mezcla todavía una vez más, cuando los com-
la filosofía , cuyo pa negírico tú estás siemp re cantando y que, en tu nnñer os de Dió n, despu és del asesinato de su jefe, se dir igen al maes-
opinión, perm anece deso ída por los demás hombres , ¿cómo no iba Ira , como partícipe de sus plan es. Y, en efecto , se pue de ver, en los
a ser ella t raicionada junto conmigo, en la medida en que la tenías dos gra ndes escritos enviados por P latón, cómo es en la ideología po -
en tus ma nos?». Así estric tamen te no le quedaba a P latón elecció n lítica que se le atr ibuye. La verdad es que nadie con ocía con más fuerza
alguna. No fue ligero de corazón . «Aba nd oné mis ocupaciones dia- que él la realida d política conc reta de los as untos sicilia nos. Sabía bien
114 PLATON

que «la gra n ciudad de Dionisia el Viejo estaba puesta para salvar
a los griegos ante los bárbaros. así qu e se tenía so bre todo entonces
la posibilidad de hablar po r primera vez sobre una Constit ución»
(VIl,35 5 D). Y, en consonancia con esto, ante la perspectiva del peli- CAPIT U LO V
gro capital qu e se ceñía a partir de Cartago y de los OSCOS, ha ce él
su advertencia política (353 E). Ese consejo gravita sobre una monar- LA OBRA ESCRITA
quía, afirmada por medio de leyes, que aplaqu e la hos tilidad de los
pret endi ent es y proporcione una base firmemente apoyada y segura / Pensam íe nco y Iúgosl
a los gobernantes. ¿Hubiera tenido él que decir lo que los histori ado-
res polít icos de nu estro tiempo pa recen at ribuirle: sólo un tirano del Cer ta ins peuples se perdent dans leur pcnsécs; mais po ur nous
tipo del primer Dionisia puede dominaros? Pero Platón era demasia- a utres Grecs , to utes chose s son t forme s. Nous n'en ret enons que les
do sabio y dem asiado político para clam a r por el héroe qu e es un te- rapp orts, et, comme enfcr m és dans le jour !impide, nous bátíssons,
galo de los dioses . Y lo qu e él aconseja a los partidarios de Dión es pareils a Orphée, au moyen de la pa role, des tem ples de sagcs se et
10 qu e hab ía llevado a cabo He rmi as en Asia con éxito, por lo que de scíence qui peuvent suffirc a tou s les erres raisonnables. Ce gra nd
aquello en el oeste no podía ser inviable. Finalme nte , ¿qué se sabe, urt exige de nous un lang age admirablem ent exact. Le nom m émc qui
pu es, en contra de la proposición de Platón? ¿Algo así como 10 con- le d ésign e est a ussl le nom, parmi nous , de la raison et du calcul ; un
tr ario de 10 que él hacía y que pareciera miserable? Nad ie, sin embar- scul nom dit ces trois c1IOSeS »*. Así habla Sócrates en el di álogo Eupa-
go, sabía mejor qu e él mismo cómo un «cons ejo semejante a un de- linos ou l'archítecte de P aul Valéry.
seo» (VII, 352 E) encuentra la realización en las rodillas de los dioses. Cuando los griegos descubrieron la Filosofía y se di eron cuent a
Así efectivament e todo fracaso no podía haber hecho a Platón de que er a el lago s el qu e infiere la esencia de las cosa s, allí empezó
a band ona r ilusiones que le hab ían llegado a ser por complet o extra- casi un pod erío señorial. Cua ndo Heráclito habla de «ese le gos» qu e
ñas. Seguramente que debió afecta rle pro fundamente la m uerte de él anuncia, están así con él unidas sus propias pa labras como la ley
Dió n. El epi gram a en su t umba , compuesto por él, da prueba de ello , etern a del mun do que siemp re ha ce nuevos ap énd ices pa ra expresar.
como también el qu e usó pa ra citar en el final de la gra n ca rta: «Así se. En un fa moso pasaje del Fedón platónico , en el que describe SÓ~
yace él derribado, y ha desa tado sobre Sicilia un inacab able dolor» orat es, según parece, autobiográficamente su desarrollo filosófico, es
(351 E) J O. También le debe haber conmovido el que un miem bro de el momento decisivo cuando Sócra tes fluct úa de las «cosa s» a los «l ó-
la Acad emia comet iera el vulga r asesinato de Dión, a pesa r de que goi», de la especulación en Filosofía de la Naturaleza se remite al me-
hay qu e cree r qu e ta mbién él mism o estab a ente rado sob re Calipo , dio que ha ce po sible en todo principio la especulación . Así los «dis-
cua ndo dice de Dión : «Q ue 10 malo sería que a él le harí a caer des- cursos: en Platón llegan a esta r en una esencia viva que preexiste al
pués de todo, sobre ello no se hacía ilusiones; sólo le intri gab a qué hablar individual , que debe llegar a ser realizada por el hablar . Eso
altura iban a alca nza r sus tonterías y sobre todo su maldad y avidez exige y conduce sin duda al aparent e err ar hasta su objetivo, corre
en t odas las cosas». ¡Cómo te nían que ofusca rle a Platón todas esas desde él, no permite dejarlo en la esta cada , nos suena como un hom-
cosas! bre (/:JlJ7I" f Q &P/}QW1f05), se burla, pa sa alIado de no sot ros, hace con
Su nombre fue arrastr ado en la lucha de pa rt idos aq uí y allá, y nosotro s lo qu e quier e y hay que ir allí a donde, como un golpe de
con tra las embestidas que le propinaban se defiende en su gran ma ni- viento , nos a rrastr a l.
fiesta epis tolar. P ero si nos ot ros podemos vislumbrar algo sobre ello, «La gos» es desd e el princip io discurso oral, y un a primacía del
su más pro funda acción es permanecer int act o. Había visto proba- lego s oral fre nte a la escritura siempre se ha mantenido entre los grie-
blemente suficiente maldad humana desde su juventud com o pa ra ha-
bcr po dido aprend er alg o nue vo sobre ello. Que cada ima gen de la
idea en nuestra existencia es una rea lizació n y un mezclarse con lo ma- - --
* «A lgunos pueblos se pierd en en sus pensam iento s; pero para no sotr os , los grie-
10, eso pertenece a las frases fundamentales de su doctrina. Pero su ~" \ , to llas la s cosas son formas . Nosotr os no reten emos de ellas ma s que las relac¡o-
alm a no vivía insertada en el mundo pa ra cons umírsc en esas cosas: IICS, y, com o encerrados en cl límpid o día, cosntruim o s po r mcdio de la palabra, al
rgual que Orfeo, templo s de pru d encia y de ciencia que pue den ser suficiente s para los
ella per ma necía con sus oj os fijo s en las formas eternas y dirigida a hombres ra zona bles. Ese gran art e exige de nosotros un lenguaje admirablemente exacto.
la verdade ra ciudad . Jo:! propio nomb re que lo d esigna es también el no mb re, entre nosotros, de la ra zón
y del cálc ulo; una so la pa labra dice esta s tres co sas». (N. del T.)
116 PL ATO N

ga s. Ningún dios entre ellos ha descubierto la escritura o la ha regala.


r LA OBRA ESCRITA 117

hil' la el último d ía de su vida esta palabra como algo q ue se corres-


do al hombre, como Apolo el verso o el arte de tocar la cítara , La llulldía co n su filosofar; mien tr as que la escr lrura de Pla tó n muestr a
escrit ura ha sido traída a ellos po r un hombre fenicio y en ello , antes drhcr de escribir, como una irresistible necesidad de figur a, asimismo
del influjo o riental en tiemp os de Alejandro, no estaba en par te algu- uqucllo era ya de don de na da en ab solu to percib ía en sí m ismo Sóera-
na asen tada una fuerza sag rada o mágica. No hay ent re ellos «[erc - Il'\. Pero . ¿cómo habría qu ema do para eso Platón sus tragedia s, al
glíñ cos». Tam poco co nocen el libro sagrado de las religiones asiári. comienzo de su nueva vida . y empezado de nuevo desde el princip io
cas o bien tienen bastante con conocer eso en do nde nosotr os esta- ron tates rep resentaciones que, sin em ba rgo, nad a se había n pensad o
ma s en la frontera de lo prop iamente helénico , en los círculos I o n toda escritura y tod o arte? ¿Q ué valor tenia su esc rit ura que le
órficos ". Impuso una coacción interna y que no parecía esta r de acuerdo co n
La escritura ha sido par a ellos, durante cientos de años , un auxi- el funda mento socrático? ¿Q ué valor ten ia sobre lod o escribir?
lia r. no un sustit uto, de la pal ab ra. El «epos» hom érico só lo llegará
a ser escrito para ser transmitido . El poner po r escrito un poema de
P índa ro ayuda a la interp retación y al recuerdo . pero es vivo s610 en I. ogos y escritura /
la alta ocasión de la Fiesta , en la que será can tado en hon or del ven-
cedor . de su hazaña y de su pa tria. Y no sucede de otra manera con Tuvo qu e tocar Pl atón aquí. al meno s, la vivaz discu sión que se
la interpretació n dr amá tica . En primer lugar. cuando se descubrió el había desatado entre los maes tros del habla de su tiempo sobre la re-
pensamiento. el pensam iento ind ividual . tiene qu e establecerse el de- luci ón entre pa labra y escritura ; por lo menos la habrla alcanzado en
seo de qu e ot ros ho mbr es lejanos también puedan reproducir lo pen- 111 profundidad en que movía su propia problemática .
sado en el silencio. Uno puede imaginar. no sin dificultad, que las El ar te de la pa labra. ejerci tad o desde mucho tiempo antes en la
sentencias de Heráclito hub iesen sido en esa misma forma palabras prúctica , se contemplaba tam bién teóricamente desde hada una dé-
públicas. como seguramente fue toda la vivaz poesía de Hesíodo . Con ruda, y también có mo se habia empeza do a utiliza r las letr as como
ello. sin emba rgo, gana la escritura su persona lidad frente a la pa la- «auxiliares de la pa labra ». Lisias tuvo entonces que convertirse en «es-
bra ha blada . Ambas jurisdicciones se desa rrolla n extensamente en los vrttor de discursos» par a los demás co n el fin de ga na r d inero . Pero,
siglos V y IV, no sin apoyos. sin embargo. de una en ai ra , pero, con rn primer lugar , co n Isóc rares, el mayor talen to ret órico entre los coe-
todo , libres entre sí. cua ndo se compara la anterio r relación , cas i uni- ulneos de Plat ón, venció el lagos escrito - siemp re aún «discurso» ,
dad . Cuando Plat ón escribe sus dr amas filosóficos. esto no les pro- II111lque escrito-e a l ora l, co mo ideal de la «destreza » (a x " í,su a ) a r-
porciona , de diferente manera que a los pasajes de Sófocles o de Aris- tbtica sobre el discurso improvisado ). A part ir de su pro pia experien-
r ófanes, aquellas horas en las cuales. y sólo en las cuales, ellos se ha- da construyó una doctrina y, como él mismo elaborab a larga y muy
bían «p ropia mente. vivido. Ellos al men os eran tant o pa ra la lectura cuidadosamente en el silencio de su cua rto de estud io sus «discu rsos
de un individuo como para la lectura en un círculo dete rmina do. Y politice s», en realidad folletos y manifiestos, así transmit ía a sus dis-
el coe t áneo dc Plat ón Is ócrates, escribe, con la inte nción dc realizarse clpulos un com porta miento semejante. Pero eso levantó una o posi-
polí ticame nte y de for mar en el discur so. tr atados retó ricos y mani- clón a la novedad , por parte de la fila de las cor po racio nes qu e pa rtl-
fiestos en la man era en que fuero n pro nunciados en púb lico ante el ripaban del arte or al puro de su maestro Gorglas. Docum entos de esa
pueblo de Atenas o de los pan helénico s. No necesitab a mucho para con versa ci ón de dispu ta , a veces con ducida de forma mu y mor daz,
que la relación del «togos» hablado con el escrito fuera objeto del peno nos coloca n ante los discurso s de ambo s líderes de palab ras, ls ócrates
samlento. y i\ lcidamante. Pertenecen a los aftas oc henta del siglo IV · . Plat ón
En él Platón filosofa ba y enseñaba ; pod ría verse como portado r también vio ante él esa discusión cuan do co mpon ía el Fedro, el díálo -
de aquella fuerza- «Sócrates» que hab ía entrado completamente en 1(0 que par te de las diarias discusiones de los r étores y cond uce de nuevo
él-, Pero P latón ha escrito ad emás libros, a través de una larga vi· ,1 la sit uación trans formada desde la que él. co n inalca nzable vuelo
da , mientr as que Sócrates vivía tanto en la conv ersación qu e no se 1'11 la «m anía» de Eros . ha remiti do a la mayo r altura de la Filosofía,
le puede imaginar escribiendo . ¿No estaba entonces P latón allí. en don- Alcidamante (en su discur so - escrito- «Cont ra el propu gnado r
de representaba a Sócrates, influido sobre todo po r él? De hecho se de discursos escritos») se ve a sí mismo com o el hom bre afortunado
descubre aq uí, como en un símbolo , una diferencia. desde el comien- cu discursos (Q~TWe óUj)ó~, cap . 34). el qu e consigue sus discursos im-
zo, entre él y su ma estr o . Sócrates recibía con aso mbro, en sueños provisados (O:~TOoX~ÓlCl'an x o ~ AÓI' 0l) sin una larga dem ora (~ l )( 6 / de
a veces repe tidos . la orde n: ¡Ej ercita el arte de las Musas} , y pensó /llanera naturat/ , cap , 29) . P or la otra parte frente a él se sitúa el «ar-
11 8 PLATON LA OBRA ESCRITA J 19

list a d e la palabra» o «p oe ta de di scursos» (7I"OtlJn)~ AÓI'WV), u,n nomo de. El pu nto de pa rtida es la ret órica; pero, después de que ha sido
bre q ue Is ócra res habla usa do para él y que entonces le designaba . considerado el a mor, qu e se a rr an ca de la pa la bre ría de I?s retores
Eso es el hombre que ela bora mucho co n an ter io ridad sus disc ursos y se co loca en su esencia propia como cond uctor has ta la Idea; des-
tranquilamente (O'Xo),,~. p.u-ñ :r(l{laO'xurijt). En Pla tón se po ne S ócra. pués de que se ha sacado a la Filoso fía co mo la única e l oc ue~cia ver-
tes, con irónica autodeprecíacíén, como improvisador inculto (lOu:.,TIll dadera y, por el contrario, aquello que se to ma por elocuencia, c.s a.l~
athOO XfÓHrtwp 236 D) f rente a l h ábil artist a (ToulT7Ít 236 D , 278 E). go asf co mo palabreria : ¿qué validez tiene allí todavía la l.ucha di ana
Lisias, que en largo tiempo con calma (l " n h>4 XQó"<t' /Caro O)(Oh~~ de las escuelas pa ra una com posició n im pro visada o escrita? Es ver-
228 A i r xeó"o/ 278 D) hab ía comp uesto su d i s~ur so del amor . Segun dad qu e ni Alcid amante para ellos, ni Is ócrates se diferen cia n de Pla-
Alcídamante. es s6lo la pa labra, que se eleva sin más del pen s amle~ . tón. ¿Esas señales no está n lejo s de ser «au xiliares de la palabra" , co-
lo a nimad a y vivaz (tP.lfIlXÓt lun Jtai tii ca p. 28). U n di scu rso escn rno el tío Cntias hab ía dicho po ét ica mente heQJ4IlQ1 ' &:>"f ~íAO)'Q frg.
la ' no es, en sentido est ricto . un aut éntico «discurso » sino só lo una 2, 10), muy lejos de ser un a medi cin a para I ~ mem oria y sabid uría,
copia, forma e imitació n (trów>..o: )(Ul oxJÍ¡.KITa )(Ul p.tp. JÍp.a Ta >..ó~w ~ , como el egipcio Theut h, el inventor de la escritura de letras, se va na-
t ilr¿¡v>"ó)'ov). No es igual a un cuerpo real sino a hombres esculpidos gloriaba en aquella fáb ula del Sócrat es platón ico? ¿No p r?ducen ellas
o pintados (xa A)(W" &"óeui",wv xo¡ >..,Oi"w" a )'a>..,uí'w" )(al más bien olvido en las almas cuyas fuerzas de la mem o na perrnan e-
)'f )' Qa ll¡Ú PWP f"wwp ), es inmóvil «(h i P11 'o ~) y ta n inútil como ésos . En (en inac tivas? ¿Y no sería una oposició n entre la po sesión, ap arente-
el Fedro se llama a la palabra hab lada «viva y animada» (>.ó'Y0P f"Wl'1"O ment e negra o bla nca, qu e se pu ede lleva r a casa y la posesión rea l
)(ui lip.1/tvx op 276 A), y a la escri ta su mera copia (liL 6w>"ov) . Tam bién que se lleva en el alma? « De la sa biduría tú cre as en el alum no a pa-
allí fue colocada la escritura en el lado de la pintura (0P.01O" f"w)'Qa<pi<, riencia , no verda d», así esta blece diferencias Amm ón sobre el descu-
27S O) . En su nacimi ent o son co mo vivas , pero se queda n allí sin roo brimiento de T heut h.
vimic nto (fOnjltfV Wf f"w pra ) y sólo d icen siempre lo mismo s. y Pero tampoco eso sería otra cosa que un juego de pen samient?
cuando Sócrates añade luego que los discursos escrito s «necesitan siem espiritual, sin mostrar las palabras «a pa riencia ", «verdad» y ~(sa bl.
pre de su padre como ay uda (& i n u (301180 ii), pues po r sí mismos no durla» e n su última profundidad , sin referirse al punto de mira de
pu eden ni protegerse ni ayudarse» (olí, ' ap.v PQ'(J8al ol lre (10T/ 8~ (JCfl toda la discusión sobre discur sos y escritura: la Filosofía . Se podría
ÓV VQ'7lh av , w), es secundado así est a vez por Isócrates que, con oca- toma r, finalmente, lo mi smo po r a rt e del discurso, ya sea hablado o
sión de una carta a Dionisia de Siracusa , reconoce entonces por una escrito (>"f1't1 ~ )'Qá",u 277 B): en donde esto va a lo Just o, hermoso
sola vez la desventaja de la pala bra escrita frente a la com unicación y bueno, allí ta mb ién en do nde no-saber es igno minioso, no puede
oral: «C ua ndo el que escribe está au sente, entonces falta la ayu da pa- habe r una pregunta qu e el la gos escrito necesa riamente considere co-
ra lo escritos (fe'7p.a' ro ii ¡So 178JÍ (Ja p 1"(i~ Jan, cap . 3 6 ) . Sin embargo es mo juego y no completamente en serio (277 DE) . Y quien pien se ?O-
finalme nte en Alcidaman te tan fuerte el an tagonismo frente a la pa- dcr dejar su sa ber como una «doctri na de a rt e» confiada a la es~ nt u­
labra escri ta como e n P lató n; no pued e, sin embargo , ser censurado
en ellos completam ente lo qu e ambos escriben . Sir ve co mo una ex-
ra, y así a prehen sible, debe ser mu y iru:ensato (27 5 9 .. l o escnro es
I igido. No pued e dar un a respuest a, mas allá de sus límites, a lo.pre-
ten sión de nu estra voz, da señal de nosotros, sirve pa ra nuestra pro- guntado y no tiene protecció n contra ataques. ~on ello .se re~hc a .a
pia memoria y como recuerdo casi pa~a ot ros de lo que hemo~ dicho . la sentencia socrát ico-pla tó nica fun damental: solo ha y Filoso ffa, FI-
Así Alcidamante (29-31) . Y para el Sócrat es plat ónico la escritura es loso ffa co mo una co nversac ión sin fin qu e se renueva co ntinua mente
recuerdo para no sot ros y marcas del ca mino pa ra aquellos q ue vienen ;1 partir de la preg un ta . Para ello ha y qu e escoge r un verdadero dis-
detrás de nosot ros (275 O, 276 D). J uego ( walól á , 35) es finalme nte ( ursa filosófico, pa ra dirigir la pa lab ra a uno si y a otro no -la frase
para Alcidam a nte, y como juego ( WatÓ t & ~ xáe lP, wai f"up) permite fund amental que, en oposición a la enseñanza de los sofi stas, debe
t ambién P latón tomarla una vez (276 D) . haber determinado el mod o de enseñar de P latón- , mientras que la
También aqu í se ve cómo la conversación vivaz de la escuela y de palabra escrita se diri ge a todos y a cada uno (275 E , 276 A).
la disputa hab ía proporcionado un tesoro en mon.eda acuña~a en el
que sólo se necesitab a int roducirse. Así el Fedro tiene el comienzo y
el ob jet ivo aparente en co mún co n los representantes d.el art e del pu- lI.ogos y escritura en Platón/
ro discurso oral. Pe ro eso sería sólo verlo en la superficie, y la pro ble-
mática , que existe en Platón desde el encuentr o con la ~i pificaci ó n por Así de dubi ta tivo pensaba P la tón , tras haber escrito dura nte toda
co mpleto distinta de Sóc ra tes, avanza a una pro fun didad mu y gran - una vida libros, acerca del valor de la escrit ura. P ero q ue aquí no se
L A O BRA ESC RIT A 121
120 PLATON
110 so n cosas susceptibles de expresión como ot ras materia s. sino que,
despierta poco a poco una duda ta rdí a 7 , sino Que ella aco mpañ a ba a pa rtir de la la rga con vivencia en relació n con el mismo asunto y de
toda la obra de su vida, lo dem uest ra un pa saj e de uno de sus d iálo- la com penetración , de repe nte, co mo de una ch ispa centelleante, se
gos de juventud, Pro tágoras (329 A), en don de Sócra tes esta blece su enciend e una luz en la pro pia alma y se alimenta a sí mism a». Y lue-
manera de co nvers a r entre do s personas fre nte a los largos discursos go , una vez más , despu és de que él, en un as poc as frases, tam bién
de los sofistas y po líticos: «Cuando pregunta algo a uno de ellos. le efectiva mente más ha justificado aq uí que expues to su doct rina y m é-
pasa como con los libros: no pueden ni respon der algo ni ta mpoco lodo: «C ua ndo se vea un escri to consignado por alguien, b ien en co-
preguntar a ellos algo de 10 que dijeron. suenan como vasijas de bro nce sas legales po r un legislador o bien en cualquiera ot ra me ter la por cual-
go lpeadas . q ue siguen reso na ndo si no se las pa ra . Así actúa n ta mo qu ier per sona , es preciso saca r la con clusión , en una palabra , de qu e
bién los ora do res. Nada más que alg uien les hace sólo un a peque ña no era n muy serios esos puntos, si es que él mismo es serio, sino que
pregunt a, desata n exte nsa mente igual sus discursos». Eso no es a ún esa seriedad se enc uentra e n algu na pa rte e n el lugar más hermoso
toda la pro blemá tica qu e el a ncia no Plató n descuidaba . Pero. co mo de su apa rtado U). Pero si fue ron colocados por él en la esc ritura esos
procedente de Sóc ra tes qu e nunca ha pod ido escr ibir un libro, es ade- lemas co n verda dera seriedad, entonces (p a ra decirlo con Hom e-
cuada a él esa duda de e nto nces sobre el valor de la escritura , y aquí ro) no los d iosas sino los mismos mortales destruyeron su ra zón »
llegó a ser una convic ción mant enida luego a lo largo de to da su vida. (344 CD).
Sus cartas concuerdan con eso que él deja deci r a Sócra tes en los H ay una prueba de qu e para Platón la rela ción ent re discurso y
diálogos 8: «Ten cuidado», escribe él en la Segunda Carta (entre 360 escrito poseía un sent ido simb ólico . Pu es la mism a problemát ica se
y 367) a Dio nisia , «de q ue estas doctrin as mías no caiga n en manos repite una vez más en otr o lugar diferente. ¿P or qué se sir ve Pla tón,
de estúpidos. P ues, en mi opinión, no hay na da que suene má s rid ícu- en el pasaje de su car ta fina lmen te citado a modo de eje mplo , para
lo en el oído de las masas, pero tampoco nada qu e sea más maravillo- eso de que lo escrito no con tiene la última seriedad de un ho mbre ver-
so y espirit ual pa ra los bien prepa rados) (3 14 A) . Ento nces Platón dadera men te serio , de las leyes escritas? ¿No debe pe nsa r en sí mis-
mismo M= ha precavido bien . El, como diplomá tico que era , no ha que- mo, q ue d urante muchos afias escribia leyes, prim ero pa ra Slrac usa
rido en a bsoluto rechazar a l príncipe de compartir su doct rina «en y luego pa ra la fa ntástica ciuda d de Creta ? Y el que, en su ú ltimo gr.a n
palabras enigm áticas», difícil por de más, «con lo qu e, si a lo esc rito diálogo , hace decir al Ate nien se (858 E) qu e de todo lo que fue escruo
le pasase algo en tierra o en el sinuoso mar, quien lo leyera no lo pue- era n fundamentalmente las leyes de la ciudad co n m ucho lo más bello
da entender »: por otr a parte seguro que de este mod o pa ra el propio y mejor y qu e ellas darán la medida pa ra tod o lo que un poeta escr i-
destinatario permanecería ta mbién en e nigma. Dion isia , en su fa tui- be. ¿Ta mpoco ento nces era esto co mpleta mente serio pa ra él? Y allí
dad , ha bia compuesto un «Ma nua l» sob re la Filosofí a plató nica, co- lino se acuerda de cuán frecuentemente era designad o co mo bro ma
mo cuenta Pl atón a los a migos de Dió n en la Sép tima Carta. So bre y juego ('J'cuóui) aquello qu e, en su última gran obra, se elabora con
ellos debe de ir aquí, en la Segunda, la declaración al p ropio tir a no: partic ula r celo: la construcció n de la ciudad de las leyes. «Eso tene-
« jProcura qu e no tengas qu e arr epe ntirte de lo que tú ahora has deja- lilas nosotros ahora que contempla rlo y experimenta rlo», d ice un a vez
do resbalar! La mejor preca ució n es que sobre todo no se escriba na- el Ateniense (685 Al , «nosot ros qu e con las leyes hemos jugado ~n
da, sino sólo que se ap renda . Pues lo esc rito se le esca pa necesa ria- juego educa tivo pa ra mayore s ('J'f12i I'ó,""I' "l"a i t Ol'ITH "I"~ tÓtal'
mente a uno de las manos. Por eso yo nun ca he esc rito nada sobre " i! f ol3v mt ~ I' OW,p e Ol'a) , y así nos he mos ayuda do en las m o l es~ las ~el
esas cosas, y no ha y escrito alguno de Platón y nu nca habrá. Lo que ca mino». De igual man era as imismo a veces . Pero una e xplicaci ón
a hora se toma por tal - así se cierra an ula ndo sec reta mente o , si se por co mpleto a uténtica y en serio de l profundo sentido de tales pa la-
prefie re, con la más pro fund a broma- fue dic ho por Sócrates c uan- liras se in fiere en el diálogo de El Pollt ico (293 ss.) 11 .
do era joven y bello » 9. Y en la Sép tima Carta se mo fa a propósito
de Dionisia, po rqu e había hecho un ma nual a partir de lo que le ha-
bía llegado sob re la doctrina de Platón , por el propio Plató n o a tra- / Logos y ley l
vés de un tercero, y al mismo tiem po a propósi to de los otros qu e hu -
biera n hecho cosas pa recidas a esas. «Tanto tengo qu e añadir sobre El verdadero mona rca, así se demuestra allí, se diferen cia de los
aquellos que han escr ito o va n a escribir cuanto dice n que sa ben so- demás dominadores en qu e (el conoci miento y lo justo» so n conduc-
bre las cuest iones en las que me a fano , bien porque las ha yan oído lores de su acció n (293 D), o , como sc menciona en ot ro pasaje, e n
de mí o de otros o las hubiera n descubierto ellos por sí mismos: a és- que él «co n razón y a r te lo que conviene a cada uno distri buye entre
los no les es po sible co nocer nada sobre el tema , en mi o pinión. Pu es
122 PLATON
LA OBRA ESCRtTA 123
los ciu~a~~ nos y ~~emás lo ma ntiene y hace mejor en la medida de
I~ s posibílídad es, . E nt0':lc~ n~ pued e estar ligado a ninguna ley, convicto de haber com unicado a un joven o a un viejo su influencia
smo ~ ~e llene que poder discernir con entera libertad . Pu es las leyc, contra la ley, condenar a las más altas penas. Pu es nada pu ede con -
so n. n glda.s y po nen obstáculos para la colma ció n de la vida. «Es im- tlucir mejor que las leyes. Cada uno , asimismo, sa be lo q ue hay co n
pos l~l e . Sin emba rgo , qu e pueda pasa r por sencillo lo que nunca e~ 1:1Medicina y la salud o con el art e del piloto y las características náu-
s~nc I JlO» u. Para orga niza rse en su cometido, el sa bio co nd ucto r de ticas que le a fecta n. Todo el que quiera puede, en efecto , tomar co-
c 1Ud~d es debe da r ta,mbién. sin d uda , leyes. Ellas s610 pod rían no o bs- nccímien to de aquello que permanece escrito y de las cost umbres de
tact.t l~zarle y, 7omo ; 1las ha dado . él las po d ría apa rt ar, a su vez, pnr los padres.
~ ccl sl ón propi a. ASI qu e Pl atón está resuelto, al menos, a dar campo No se llegaría a reconocer que esas sarcásticas palab ras tienen que
libre 8.. la, voluntad . La opinión del gobern ante s610 puede ser el pu ro ver con el destino de Sócrates. y por una vez podemos ver clarament e
cono C~I~ l ent o que hab,la a t ra ~ é s de él, y allí en do nde aqu el verdade - a dó nde le lleva eso a Platón. El sabio permane ce sobre la ley, no en
ro pol ítico no eS,té, quiere decir ~ n toda ciudad empírica, debe seguir. el sentido de una voluntad sino como la más alta norma perman ece
se a la ley lo mas ,fielmenle posible. Pues quien no quisiera preocu- sobre las norm as más inferiores. En donde no sea reconoc ido eso se
parse de las leyes ese tra stocaría lodo cuando tuvie ra que hacer algo camina hacia el más vil asesinato de la justicia y en pos de lo indivi-
antes de las leyes escritas. En efecto, siempre son las leyes un sedi- dual: ( Todo o ficio deberla caminar por completo y de grado en su
mento de muchas experiencias, y bueno s co nsejeros han moti vado al fundam ento », y «La vida, que ahor a ya es basta nte dificil, ya no se-
p~e~l0 .rara darlas. Tam b!én son leyes «copias de la verdad» ~'1,I.~¡.¡am ria, sobre todo para el futu ro , digna de valor» 14. Así pensaba el Vie-
:'1{ ~'10f(Q'{ 300 C). Est ricta co nsecuencia de la leyes el segundo vía - jo , al que por lo general se remeda ba , que él había querido const reñ ir
Je.(ol VTf QO{ rXoiit), en donde se rehúsa lo mejo r. Y si el desconocí. a la vida en formas rígidas insoportables. Pero nadie ha sab ido mejor
nu ento osa ~i v.i r sin leyes, sería lo verdadero una cop ia muy mala del qu e Plató n que lo de uno no se puede t raslada r a todos. La voluntad
PUTl? conocimiento, que hace super fluas en la ciudad ideal las leyes co ntraria del tirano permanece en amplia oposición en el exterior frente
e~~lt as . Aquí se ~ ecoge la oposición entre las dos grandes o bras pla- al poderío libremente asentad o de los regentes sabios. Pero la ciudad
torneas s? bre la c 1U d ~d : La República construye aq uella ciudad en la recibe la jurisdicción mediad ora para la que son una necesidad leyes,
que domin a el conm:lmlento y que, en consecuencia, no utiliza ley al. aunq ue la ley no asegure la más elevada rectit ud (oú x d Q Oó m To~ d
g u n~; Las Leyes qui eren asegu rar, ~.n un «segund o ca mino» ya que J!Ó¡,tOs 294 O). Nos referimo s a los grados del ser y del cono cimiento
e~ primero, el que es.«para dioses e hiJOS de dioses», no puede ser tran- de Platón: El señor sabio represent a la superficie del puro ser y del
sitado, la co mprensi ón al menos de esa form a cercana a lo mejo r por conocimiento , el ti rano la del no-ser y del no-saber, y las ciuda des
medio de los más estrictos precepto s. ' con leyes pertenecen en múltiple grado a la jurisdicción mediadora
Có mo, co n todo eso , se habrá hundido la so nda en lo profundo del mundo cambiante. Con esto también está propiamente dicho qué
del pensar y ser plató nicos lo muestran unas poca s frases pasadas por valor tienen las leyes. Como todo valor en el mundo ca mbiante, de-
alto (298 E y ss.)-. ~ un desatino limitar al regente sabio por medio pen de de su participación en el «eidos»: as¡ son las leyes «ar quetipos
de leyes y de precisiones de comportamiento. Para hacerlo notor io del verdade ro sen (,l t¡u íp.a m 7~ S &X'I8f ias 300 C) . Y no llega con ello
pone Platón, en un irónico juego, al médico y al timo nel sabios efec- finalmente en la ob ra a que en efecto al iad o de las leyes escritas, en
t l~ameme tambi.én en su oficio, const reñidos como el po'litico por las el mismo grado de l ser y valor, debe n ser tom adas las no escrita s, en
m l sma~ ga ra nnas e-leyes. decretos en ca ntidad y nor mas de calidad de las más completas y puras tradiciones de los pad res 11. Por
act ua~lón - . Y eso llega hasta una caricat ura grotesca. Se finge una otra parte, la escritura es só lo el símbolo más claro de la rigidez, o
ley: SI alguno, al desempeñar el o ficio del arte de co nducir barcos o sea , de la materia que está mezclada co n las fo rmas pura s.
de ~ a Me~icin a , intro?uce ot ras informacione s fuera de aquellas que
es ta~ es: n tas.o se re mlt~ a una i~terpretación particular de ellas ( .I'1TW~
1raQ~ rcx i'Qct¡.¡p,o.Tct xcu: O:01Pt .lOp,flJO~ onovv 1rl Q¡ 7Q 7o mü m ) , a ése, IL ogos Y di álogo/
en primer lugar, no se le tiene que considerar un ap licado a la Medici-
na o a I ~ náut ica , sino un ob servador de las estrellas ~lnwQ o >" ó)' o s ) De la escritura de leyes volvemos de nuevo a la escritura de diálo-
y un so fista ~ h arl atá n. Así pues, a ése, co n el fundamento de q ue ca - gos, así quedarán clar as muchas cosas. No queda d ud a alguna de có-
r!ompe a la Juventu d y de que lleva a la Medicina y a la Ciencia N éu- mo Platón , en los años tem prano s como en los tard íos, tanto durant e
uca cont ra las leyes, se le deberla detener, procesar y, si era declarado la escritura de sus diálogos como en la de sus leyes, experimentó la
dignidad de pregunta de toda escritura , y que en sus escritos - también
124 PLATON L A OBRA ESCRITA 125

para lo que nos ha quedado de él y que nosotros a veces entendcmo de Aristóteles, le faltaba el «erhos» (de PoIigno to), que po r ello sen-
co tT,l~ sus f!l ás elevadas creaciones, como las más elevadas, quizás, dQl tIa placer con todo lo particular y pintab a unos racimo s d e uvas tan
espmtu griego -e- no pensaba haber d icho lo más serio . Lo má s se¡ i emba ucadores que los páj aros picoteab an en ellos; o en Parrasio y
pro piamente fue para él su filosofar y su doctrina , o sea , ñ nalmenr l' lI Pa us ón 20. Dent ro de la creación se encuentran tales pintores mi-
su co nocimiento de dios y la co nducción de los qu e acudían a él haslll mét icos en múltiples aspectos iguales al Eurtpidcs ta rd ío y a sus se-
ese co ~oci mient o. Pero el hacer diálogos fue para él un juego al qu guidores. Uno ve en ellos al destructor de la alta tragedia y al que allanó
se ded ica ba, «c ua ndo los demá s se entrega n a ot ros juegos, en un ha ll el camino pa ra el d ram a burgués - que no formó a su pueblo de Ate-
q uete o en a lgo pa recid o , se lo pasan bien ». Así dice Sóc ra tes en el nas co mo Esqu ilo ni puso la inexorabilidad tr ágica frente a la caída
Fedro (276 D). Sin d uda «es un juego muy bon ito frente a algum (lile sobreviene, como Sófocl es, por el contrario, él mism o incrustó
de muy poco valo r». le responde Fedro, «si uno sabe j ugar con paln en su poesía tod o el movimiento en torno a éI 21_ ; así quedaría cla-
bras y conta r historias de la ju sticia y de lo de más de que tú ha blas» ro có mo, en su arte, la mayoría común no podría ver ot ra cosa , Pla-
y Sócra tes asiente " . Ión no quería ver ot ra cosa que la imitación de la Nat ur aleza y no
El lugar q ue tiene en el mundo platón ico el «juego. ( 'lral Ó H~) nu J c una vez la más bella. Pero con ello ta mbién qu edaba d etermin ada
ha sido aún bastante determinado . Se recuerda en la pa rte fina l da la mane ra, pues el arte de los señores pro po rcio na an tes para tod o
La República. La construcció n permanece en los comienzos, son mo. la medida, en la que se co ntemplaba a Esqu ilo y a Sófocles y se leía
tr ad as las constitucion es ( corrompidas» y por fin se ha llegado desde a Homero , el abuelo de la poesía tr ágica . Así está claro por qué no
el recinto de la ci udad al d iscurso del alma individu al. Luego vienen podía qui tar de su juicio tam poco a los viejos gra ndes maestros, po r
un par de palabras sobre el lugar de la ciudad ideal -«en el ciclo, los qu e él mismo «a veces habia quedado aso mb rado ». Mím esis taru-
como modelo para él, quiere verlo y luego forma rlo según esoe-; asen roca era otra cosa que la tende ncia real hecha co nsciente en el co n-
tado como un sello bajo el Todo. Y, en efecto , un poco antes del rnl cerno que la co ndensación le ayuda ba a fundamenta r. Im itación per-
to del Final, se encuentra forzado y cargado de apariencia el episodio manece un grado después del verdade ro ser, cua ndo el mundo de los
del poeta «Imitador» y la hostilidad de la ciud ad platónica contr a ~t objetos, q ue el Pr oductor (ÓljJLWVe"'Óf ), co n la mirada dirigida a las
(X, 595. t:'- y ss.). ¿Por q ué es eso tan imp ortante par a Pla tón que I( for mas arquetípicas, saca (5% B). Ella tiene «el tercer puesto después
da un silla tan inesperado ? ¿No ha puesto ya ant es la pregun ta cuan del rey y de la verdad» (re i To'> TI'> &,,0 (j ao(>"t'w'> J<a¿ Tlj,> 0:>"lj8fim 597
do él expuso la educación musical de los guardianes? (I1I, 394 y ss.) E) y quien la practica no tiene sabiduría alguna sobre los objetos, ni
¿Para qué ento nces la nueva discusió n sobre lo aparentemente ya con siquiera o piniones correctas . Tampoco nad ie, que co mpre nd iese a las
c!uido ? 17 . No tiene sentido imaginable eso, si ya Plató n no se reñe (los para crear la ob ra según el modelo del «eidos» etern o y a la vez
re aquí a la propia creació n de diálo gos y quiere asegurarle el conve las cop ias de esa ob ra , habría dedicado la últim a serieda d a tal actu a-
niente espacio en su nueva ciudad . ci ón imitadora ({¡ri rfi TWP flóW>..w p Ó7JI.uovQ'Yia l a vToP &"'fiPO't (i-p
Al principio de este ap artado (595 e y ss.) se encuentra una teorfa rnro uóá t u p) qu e le pareciera la ocupación cap f!al de su vida . G ran
de la mimesis que nu nca se ha evaluado correctamente, cua ndo se bus seriedad habría puesto él en la ob ra y habría inten tado dejar muchas
ca en ella ~n a poco valiosa filoso fía del arte -una cosa asi no la pu hermo sas ob ra s. ¿No hace en el Fedro (276 y ss. ) el mismo Sócrates
do co ncebir Platón en sentido propio 18_ en lugar de reconocer Ia, el co ntraste entre el «j uego» de escribir libros y la «serieda d» co n la
armas co n las que él hab ía pensado golpear a los arti stas - esta vez que se impl an taba conocimient o en el alma? ¿No sospechab a el lec-
poetas- de su tiempo. El pin tor es como uno que se coloca ante un tor a quién se refieren las pa lab ras también aquí en La República ?
espejo y con él crea imágenes de todo objeto viviente, que de ninguna ¡\ uno que es autoconscient e de poder crear tanto las ob ras como las
manera produc e una cama sino que sólo pro por ciona ilusión , y por imágenes, y que por ello está suficientemente enterado del rango di-
eso lo coloca detrás del eba nista. No se not a la ma licia y que Platón ferente entre ambas acciones.
no hubiera ju zgado así con la mirada puesta en Poli gnoto - ¿el «buen
pintor qu e pinta un mode lo puede ser algo así como el hom bre más
hermas??» (472. D) I ~- . Per o tamb ién ha pensad o en la más joven / Poesta y di álogo/
generael? n de pintores que, tanto por su comportamiento co mo por
su tr abajo, compara con razón con los «sofistas»: en Apo lodoro , el
inventor del ilusionismo del «pintar con somb ras» (O"J< to:'Y I2 Q'l"ia), que Así es esto un indefinible enigma que lleva Sócrates ad elante cuan-
Plat ón rechaza co mo una farsa ; o en Zeuxis, al que, según el juicio do se hace a Homero el t utor de los asunt o s públicos, o por tutor del
._ --- - - - - - - - - - - - -.
126 PLATüN LA OBRA ESCRITA 127

hombre parti cular, como Pitágoras ha sido pa ra muchos «co nducto¡ daría aún más claro qu e ocu pa el luga r que necesita inclus o quitar
de la educación»; y asimismo Pródico y Pr otágoras, los sofis ta s, su- n los poe tas t rágicos.
piero n aportar a los homb res el convencimiento de qu e debían ir con Finalm ente el resu ltado : en nuestra ciudad no tienen sitio tod os
ellos a su doctrina . De hecho muestra cl 16n qu e tales opi niones dio aquellos poetas mim ético s y su abuelo Homero. Nosotros toma mos
sobre Homero que hab ría tenido en cua lquier época anterio r su buen sólo himnos a los dio ses y enco mios de los mejores ( V"'I' OV ~ (Jwis XCiL
sent ido, pero ahora sólo podía distraer de lo esencial. ¿Licurg o , co- l -y x wlltCi TOis &'Ycx (Joi~ 60? A). Segu ro qu e se tiene que tomar literal-
mo funda do r del Estado , Pitágoras y los sofistas, como educadores, mente, en primer lugar. Pero luego uno se da cuenta de que El Ban-
estarían colocados frente a los poetas? ¿Pero incluso P latón mismo quete y el Fedro están llenos de himnos a los dioses, que ha de ser
no hab ía fun dament ado, por medio de Sócrates, a la ciuda d educa. expresament e usad o así, El Banquete corona, en el discurso de elo-
dora, que esta ba por encima de la de Licurgo como la idea po r enci- gio, al bueno de Sócrates. ¿Y qu é son tod os los diálogo s plató nicos.
ma de la copia , y qu e lleva ordenada en sí misma la educación pitagó - en definitiva, sino encom ios dirigidos a un Sócrates en concreto y al
rica como par te de una zo na compendiada ? ¿No se ve qui én es el que más excelso «agathón»?
trata de pisar la pretensión al puesto de Homero ? 2 ~. Y en efect o es- El «agon»» resuena una vez más en la obra tardía de Las Leyes
t á ~ij ad o su arte en su rango: es, como pura cop ia, un juego y no algo (SI? A y ss.). El creador ( 1rOt17 ní ~) de la tragedia hac e int ención de
seno ( t l l' cl't 7l"cnó,ál' TI VCi xcú OV rJ7l"O V01]JJ 7~ 1' ¡.iÍ,¡;:r¡rJ I V 602 B). Nos da- tratar algo en nuestr a ciuda d. P ero nosotro s, dice el A ten iense, so-
mos cuenta una v.cz más de q ue P latón ha designado su dialógica, en mos en persona creadores (7l"OOjTUi). Luego, si una tragedia es un a
el Fedro, como «Juego», y nos pr egun ta mos cóm o él ent onces hab ría copia de la vida, es de esta manera nuestro fundamento de la ciuda d
tenido que designarla en todo el mund o, si no es com o mimesis de algo así como «imagen de la vida má s hermosa y mejor» - que se pre-
la vida socrática; así es evidente que aquí no sólo hab la de sí mismo senta igualmente llena de ideas y es realizada por nosot ros-, la más
com o fundamentador de la ciudad y educado r sino también como ar- hermosa y mejor de las tragedias. Po r eso somos noso tros vuestr os
tista mim ético . rivales artísticos y antagonistas para el premio al más bello drama
Pero luego se trata de ras trear qué clase de lugar, den t ro del arte (al'Ti ux voi TE xcú rXl'TCi-YW l'wmi TOU xuA}.. íaTO v óQá¡.¡.cao ~ . y carece-
mim ético, se atribuye a sí mismo . Objeto de la poesía, se dice, son ría de sent ido que os diésemo s un espacio vacante en n uestra ciud ad.
hombres de acción (7l"eá7TO¡¡m~ ¡'¡"/-Iúm, 603 C), apasionados actan- Más bien tendríais qu e poner vuestras composic iones frent e a las nues-
tes que se encuentran en fuertes emociones y en lucha cons igo mis- [ras, con lo que los di rigentes de la ciuda d podrían comparar. Se re-
mos . Héroes que dan rienda suelta a su dolor, person ajes cóm icos que conoce lo com pleto de este juicio . Se expresa claramente aq uí tam-
se portan sin dignidad. De todo ello ya tiene bastante nuestra alma, bién la lucha del mundo . Ta mbién aq uí está introdu cida en el diálo-
y no se le debe mostrar eso qu e le daña, al desviar su proporción por go . También podría llegar a estar co locad o el diálogo, com o for ma
medio del mal ejemp lo, sino lo que ayu da a que alcance ese ord en artística , frente a la tragedia , como forma artística , sin rom per la ilu-
de la «ciudad interior», la sede de la fuer za del pensamiento. Racio- sión o la estructura . Pero ape nas se podría dudar de que, por lo me-
nalidad y tipo de esencia tranquila que siemp re per ma nece igua l (70 nos , está pensada en con junto la lucha del mundo de la tragedia y
\C' g o v'1l 0 ¡¡ u x cú ~ rJ tÍ X w v ~(Jo~ 7l"cxQa1r}..~ rJw l' 01' /xli mlro cxlnw 604 E) el diá logo filosófico. ¿Es que no ha luchado cons igo mismo, el pri-
sin d uda no es fácil de representar por el poeta y difícil de conseguir mero, Platón en esta lucha, él que prete nd ió llegar a ser un poeta
increí ble, en consecuencia, para el obs ervador. ¿Pero cómo ? ¿No h~ trágico?
representado siempre ya P lat ón por todas pa rtes en Sócrates ese tipo Se trata, dice P latón en L a Repúblic a, de una vieja desa venencia
de esencia? ¿No se muestra por él en el Fedón cómo despide a las mu- entre Filoso fía y Poesía (607 B). El conduce el «agon» con tra la poe-
jeres deshecha s en incon ten ible dolor, am ones ta y anima a los amigos sía mimética, que ha predo mínad o en el viejo mundo del pasado, rom -
que llor an? ¿No nos da mos cuenta , en El Banquete, de cómo el <do- pe el primado de aquella poesía y lleva allí a la Filoso fía , pero con
gos » supera el riesgo de t urbación cómica ? Y cuando luego se dice ella, igualmente, el nuevo art e mimét ico. Sin duda no se trata de una
que el poeta mimét ico pon e por ob ra un mal orden de ciudad en el mimesis cuyo objetivo fuera el placer. Esa nueva marcha hacia la ver-
alma de los individuos ( )( a x ~ 1' 7l"oAmícxl' {ÓiCi ExáoTOV rii l/tvxfí Ejl1rO lfil'
605 B) con quienes él co n ello ha bría caíd~ en lo irnlciona'l ; así nos
damos cuenta de que Platón a partir de la obra llega incluso a orde- " «Agom designa el certamen en un deporte. ta mbién el choque de la batalla. la
nar el Esta do de los ciuda danos como el estado en el alma individual discusión en un juicio y, en elteauo, el cua dro de la dispu ta entr e [as tende ncias co n-
para asegurar, tanto aqu í como allí, el dom inio de la razón . Así que - tra puestas . (N. del T.)
128 PLATON LA OBRA ESCRITA 129

dad sería por ello no sólo, como la antigua, agraaable sino también prcsentativo , luch a P latón, que, a su vez, fue reno m brado como el
sería útil (ou P.ÓI'OI' ~óf'io: a AAo: xcú W<pEAlWr¡ 607 D) para la ciudad y uutor «homérico» en el escrito de crítica de arte más apro pi ado entre
la vida hu mana. Pero se mantiene la mimesis, con la que se coloca los griegos (n f g ~ l.Il/tOIJS ISobre elevación deestilol cap. 13), yeso con
en la «tercera plaza tras el rey y la verdad» Y si se ella se pu ede apro un bu en fundame nto, ¿pues es que no hay en los di álogos plató nicos
xima r a lo serio, queda como juego . un tor rente de lo representativo, también de lo «homérico», incluso
lilas allá de lo que la po esía anterior ha bía creado como mímesis: SÓ-
crates de paseo con Fed ro, en el ba nquete, en el gim na sio y en la ca r-
I EI valor del juego/ rcl? También es aquella lucha con tra la mimesi s an te todo esto: lucha
de P latón contra sí mismo , lucha del filósofo en él mism o contra el I,
Aq uí es preciso recorda r una vez más qué valor, no el más digno poeta en él mismo, y co n ello una vigilancia que establece sob re sí y
pero sin embargo alto, ha dado Platón, quien como po cos domina ba que sólo puede ejercita r so bre ot ros. La ob ra escrita de Platón es siem-
la ley de los grados , a la broma y al j uego . <dura con to tal seriedad », pre mimesis repet ida, pero se de fiende del permanecer como mime - I
escribe en la carta a [os discípulos de Assos a pa rtir de aqu el sencillo vls . As imismo, allí en donde parece establecerse con más fuerza como
ta puj o que enton ces apenas deshace, «el que no fuere alegre, y con obra de art e no qu iere en definitiva ser leída como tal, sino co mo «exis-
la broma, hermana de la seriedad» (hrop. vúJi T(n 07ro vofi TE ~/m ¡.t~ rcncial» o sea, con la mirada fija: tua res agitur.
&¡.tovo'f xa ; ry ri]s a¡¡-ouó1js &óú, opij 1'I"móu'i 323 O). En el Timeo (59 C, Ya la escuela de P latón se ha preocupado de la pregunta de la que
69 A) se llama a lo mít ico, es decif, a lo s~ncillamente po sible, discur- nos ocupamos aquí noso tros 25. En un tratado neoplató nico se ha
sos del mu ndo cam biante, «un placer del qu e uno no tien e que arre. presentado la aporía de que el maes tro habla despectivamente de la
pent irsc» y un «juego medido e intelect ual» (¡u TgiO' }(O'i <p g ó l' ¡¡W~ escrit ura y de que entonces hab ía estimado de valor poner por escrito
1'I"mó¡á). Pu es, elevados sob re esas ocupaciones, de las q ue en efe cto su obra. La solución rad ica en lo siguiente: había querido seguir tam-
trata n tantas fuerzas del pensamiento , brillan los «dis curs os sobre lo bién en este aspec to a la divinidad . Como la divi nidad ha bía creado
que es» (AÓ)'O' 1'I"~ g¡ TWI' bI'TWI') como el objeto de nuest ra propia se. ta nto lo insensible como lo que cae bajo nu estros sentidos, así habría
rieda d (ha ¿v(( El{!' o i~ (J'/f ovóá i'o/u v /aquettos sobre lo que nos afana- él transmitido algunas cosas por escri tu ra y otras sin escribir. ¿Po-
mos!) " . Jue go, cuentos y sueños toma a veces P latón en Las Leyes drí a ser así pensado todo en las for mas fuert es del dogma neoplat óní-
como la ob ra del legislador , a la qu e ha con sagrado dur ante muchos co? ¿No parece al menos vislumbrado correctam ente algo de la rcla - i
a ños un trabajo agotador. Y sobre la relación entre los dos herma- ción en la que la cre ación y la escritur a platónicas se mantienen en I
nos , juego y seriedad, habla, probab lemente en la manera más enér- su filosofa r? 26.
gica, en un pas aje de esa o bra ta rdía (VII , 803 B): «La vida huma na La vida humana un juego, el hombre un juguete: y entonces ¡qué
no es digna de gran seried ad ». Ca si literalmente así había ya dicho fuerzas de la volun tad ética tra nsforman al viejo Platón qu e así habla
en La República (X, 604 B). Ahora va más lejos: «D ios es digno de de la vida y con qué responsabilidad ha visto an te sí siemp re con tra -
feliz seriedad, el hombre, por el contrari o , es sólo un juguete en las baj o esta vida! Dar leyes un juego: y en efec to, ¿no es ino lvidable la
ma nos de Dios, y eso incl uso es lo mejor para él» 24. Así sin dud a só- imagen del Anciano que, después de malogr ars e todas sus espera nzas
lo pu ede ha blar quien «di rigía la mirada a díos » (804 B). Y que el polí ticas, para un a fundación en la tierr a de Utopía, que est a vez se
hombre, con todo - pro bablemente incluso por eso- , es «digno de denomina Cre ta, escri be leyes y siempre leyes? La escritura, la nueva
una consabida seried ad» (804 B), qu e <da educación seria par a na so" forma de arte y toda la filosofía dram ática , un jue go: y asim ismo ¡con
tros el asunto más serio» (803 D) estaría dicho en la misma interd e- qué pas ión artística , con qué artística ... seriedad ha jugado él durante
pendencia .;'Jn juego también la escritura , un juego que se com pa ra medio siglo a este juego! Así no se podría apartar probableme nte de-
con lo serio del filosofar y edu car de Plató n y final me nte del conoci- masiado de él, si se piensa en el sen tido de su ob ra escrit a - por aho-
miento platónico de dios, en consecuenci a un ju ego serio . Por eso, ra suficiente- según el arquetip o de los fenómenos que son sólo im á-
¿po rq ue se esta blecen en una relación de imagen respecto a aquella gene s de las esencias, pero incluso como imá genes de las esencias ado -
seried ad en sí? ¿Porque eso mismo es educar? ¿No es asimismo sólo lecen de todas las restr icciones e inestabilidad de aquéllas. Sólo, en
mimesis de lo crea do? ¿Tal vez inc!pso tam bién un crear demiúrgico efecto , pa ra el ojo que entiende de ser , corresponde enfocar al ser eter-
con la mirada en los a rquetipos?/ no y a lo que está má s allá del ser . .
Se ve así qu e la luch a de Plató n con t ra la mimesis tiene ot ra dir ec-
ción todav ía. Con tra H omero, como fun da mentador de todo a rt e re.
SOCRAT F.S EN PLATO N 13 1

llosa tamb ién allí en do nde , respecto a la sente ncia de la unidad de


lod o ser dice oír «no a mi sino al lagos» {Frag. SO), Pues en él se ría
perceptib le el lagos. Sin un «me par ece» o «yo digo » o « me exp resa ré
CAP ITU LO VI co n más cla rida d», po cos, entre los fil óso fos de l siglo qu into y los
SOCRATES EN PLATON médicos qu e pertenecen a ellos 2, pod ría n ser co nsiderad os po r su lec-
tor. l a nueva Historia se d ifere ncia de toda cró nica po r medio del
yo de Heca teo , de H erodoto y de Tu cldíd es. Y la So fístic a d ice su yo
I EI «yo» del autor! más e n voz alta que en baj a . En eso no ha y contenido alguno que la
línea socrát ica hubiera rec hazado en algo. Jeno fonte escri be sus Re-
Hesiod o de Ascr a , con su yo a nte los hombres, da el primer paso cuerdos de Sócrates, en El Banqu ete ha estado él mismo presen te y
en la H istor ia del espir itu europeo pa ra tal osad ía cua ndo desde ese la Defe nsa de Sócrates la a bre y cierra co n sus propias o pinio nes: en
yo se vuelve al tú , al lado de l más alto dios: suma, el yo de l escritor de memorias se introduce en IOdo lo que él
ha escrito sobre Sóc rates.
«juzga segú n inflexible de recho Uno t iene qu e a tend er a estas cosas en su sentido y luego mirar
tú , Zeus ; yo quiero, sin embargo, anunciar a Per ses la verdad.» en relación con Platón . Pla tón ha escrito , a lo largo de cincuenta años,
par a el mu ndo coetáneo y pa ra el mundo posterior. Per o , además en
. La forma épica transm itida dej a tod avía más vencido el senti do , algunas ca rtas , que fueron compuestas para un circulo más reducido
de forma que aquí se ha desprendido la cubierta bajo la que hasta y con un objetivo determinado, nun ca ha bla él por propia perso na l .
aho ra se ocu ltaba el yo del poeta, y se mide lo fuerte que tiene que Uno piensa lo que Quiere deci r: ¡Pl at ón no ha querido que n osot~os
haber sido la tensión interior que, a partir del salto de sde el sent ido oyéramos su yo! Y su nombre, que asimismo en el circ ulo soc r ático
de los propios derechos, mej or qu e la fe en la todopo derosa «Dike» tenia q ue significar algo , a parece muy ra ras veces en sus propios diá-
de Zeus, j unto al movimient o del derecho, hacen q ~e se desa rrolle en logos y sólo casi en el mar gen . En la Apologla, Sócrates mismo me n-
la T ierra un dirigente" . Ese yo lib remente estab lecido habla po r mu- dona dos veces a Plat ón como situado e ntre los a migos más cerca nos
chos en el futu ro. H abla de la po esía de la elegía y del ya mbo, de lu- y co n ellos cuenta para librarse de la ac usac ión. Y, como por el con-
cha y amor , de neces idad y de la alegria de fiesta , ca nta en ~a n ci o ncs 1rurio , el Fedán se refiere casi por encima a la au sencia de Plat ón en
de Sa fo y de Alceo'. y luego , cuand o ha nacid o el pensa miento, 110 la muerte de Sócrat es: « Plat ón, sin emba rgo, creo que est a ba enfer-
dicen «yo » al men os todos aqu ellos pensadores o rgullosos por sepa- 11I0» . Ahí se lee ent re lineas -sólo que menos festivas- lo q ue Da n-
ra rse el uno del otro, y de las masas, ca ntores y leyendas. l os vence- 1(.., qu e sin e mba rgo conduce a su yo por todos los reinos, dice a ma-
do res de luch as y de carreras, asegura Jenófan es, « no so n ta n merco llo de just ificación allí en donde po r única vez e n tod o el poema toma
cedores (del premio) como yo; pues nuestra sa bidu ría es mejor que ~ 1I nomb re pro pio: «la necesidad que aqu í im pu lsa a ha bla n >.
fue rza victoriosa de corceles y de hombres ». Pa rménides c uen ta poé-
tica me nte la visita a la d iosa q ue le a nuncia la verd ad. «Yo, co mo un
dios desterrado en med io de todos vosotros, ta mbién fui expulsado / 1"0 presencia de Sócrates en fa obra plat ónica/
una vez. v.», así habla Empédocles a sus co nciudada nos. Y los que uti-
Iizan el nuevo ar te de la prosa no son me nos am igos del yo. Her áclito No menos maravill oso que el silencio del yo plató nico es un se-
pone agud ament e las «pala bras y obras, como yo las anuncio » con- gundo deta lle perteneciente a ese un o que, en correspondencia, se ma-
tr a (dos discursos de hombres sin ra zón» , y su yo suena todavía orgu- nifiesta como nece sari o : es la importancia de Sócrates e n la obra pla -
tónica. ¿En dónde se conoce un ejemplo de eso de que un filóso fo ,
a lo la rgo de una década, en lo má s importante que pu do compa rtir
• Se refiere a las noticias acerca de su vida q ue nos da Hesíodo en Trabajos y [)im ro n los hombres se pued a decir designado, se pueda decir encubiert o
que refieren el hecho de q ue su hermano Perscs habla con seguido ar rebatar le la hcre- a tra vés de un no mbre distinto , el de su ma estro? No hay escrito algu-
dad paterna, apo yándose en j ueces q ue se dejaban co mprar; Hesiodo reacciona acon-
scjan do a su hermano sob re el cultivo de los campos con el fin de qu e no se piertln 11 0 de Platón, a excepción de Las Leyes, que es ob ra ta rd ía , en el qu e
por co mpleto dicha heredad. De esta manera la o bra comb ina la exposición dc un pro- xócr at es no estuviera presente. En la ma yor pa rte él se e nca rga de de -
blema particular y la necesida d de un calendario de orientaciones gene rales sobre el cir lo decisivo, o al men os fue dicho ante sus oído s. Uno pregunta
mod o dc vida de un agricultor cn esta época. (N. del T.) lo qu e significa el predo minio de esta figura en la obra p latónica; s é-
132 PLA TON SOCRATES EN PLA TON 133
lo puede dar razón de ello , por cons iguiente, la propia obra. Per o e 1'1 omite un tercer acontecimiento, a pesar de que , como muestra la
razón tiene que pas ar, en primer lugar , por la superficie de la vhl lp% gü¡, le hab ía producido una gran impresión: la oposición de SÓ-
de Plat ón : Plat ón ha tenido en su vida un destino en el qu e todo I \ mtcs contra la sente ncia del tu mu ltuoso juicio en el proceso de Las
que en él entra -ccncucntros con gentes, co n el mismo Dión , amplf A l glnusasv. Sólo permite vislumbrar que Sócrates había conocido en
viajes, incluso con los pit agó ricos y sacerdotes egipcios, acciones pu ~ 1I (l la med ida que en todas las cosas es «justicia» y « piedad», y no
líticas, la propia int romisión en los asuntos de Sicilia- se convertí ,Ilre que reconoció la «verdadera Filosofía», a la que él se hab ía vuel-
en un episodio . Luego todo eso ha dejado en su obra hu ellas más 111en ese suce so en la justicia y piedad de Sócrates. Pe ro no necesita
menos claras, pero, co n todo, na da más qu e hu ellas. Y se plant e decir lo que todos saben.
al contra rio, la gra n exte nsión de este destino. Este destino se Hum
Sócrates .
En ningun a part e nadie, ta l vez, se percató con más claridad d rt .a relaci ón Platón -Sócrates/
«h álito de final» del tiempo en el que Platón fue un hombre que ..
maest ro de la comedia po lítica. El gran Búpolis , despu és del írrcm No necesita en ab soluto hablar de lo humano que había ent re él
diable desastre de la expedición a Sicília, en su Dcmol, manda a hu v Sócrat es. El discurso de los antiguos desp rende vapores y crea con -
car a los viejos políticos al mundo subterr áneo , po rque los politiqui uus tc: «un viejo amigo amado por mí, Sócrates» ("P~'}..Oll álloga ¿/-lo¡
1I0s de su tiempo llevan a Atenas al caos. Un año antes de la con qui ~ l.l w{3 ú u g o " :CwxgáTl}) y (muestro compañero Sócrates» (ro" h a tg o"
ta de la ciudad po r Lisandro, presentó Arlstó fa nes, en Las Ranas, ~II W P) . Habría sido Sócrat es para él sólo eso , de forma qu e diera co-
los grandes poetas t rágico s también desde el m undo inferior «porqu IIIn enigma la escritura de P latón y el dominio que Sócrates ejer ció
tú no puedes encontrar ya a ningún creador, por muc ho que busque s 1' 11 él durante una década . As í tiene razón la biografía en sentido par-
que pued a hacer sona r una pala bra au téntica» . El comediógrafo n rlcular cuando hace el encuentro de ambos como leyenda . Sócrates
quería darse cuenta de qu e tamb ién él ca ntaba el ca nto del cisne d ve. en un sueño, sobre sus rodillas a un jov en cisn e qu e inme diat a-
su pro pio a rte, la gran comedia antigua . Asimismo en las art es figu mente echa a volar y que marchará volando bajo un dulce canto. P la-
ratívas, después de Fid ias y de la generaci ón de sus discípu los, habl 11\ 11 rompe las tragedias, qu e él entonces habría querido presentar, de-
qu edado como nu eva tarea luminosa un a palpabl e debilidad que pn lnntc del teatro de Dio nisos, cuando ha oído a Sócrates. Sócra tes tie-
rece per du ra r a lo largo de la década 4 . Los bri llantes po rtadores de uc que ha ber sido consciente de qu e estaba allí la fuerza que le arr as-
movimiento sofístico o bien han muert o , como P rot ágoras, o está nu ría tod a su vida. N unca llegaremos a sa ber en qué for ma se ha de-
viejos y lejos de Atenas, como Gorgias. Y la decadencia del aparará uurollado el encuentro . Pero no haremos nada incor recto en ello si
est at al y humano, que ellos con su t rastoca miento t eórico de las no 1111rodu círnos a Platón entre los Carmídes, Lisis y Menexenos que es-
mas ha brían anu nciado ya como consecuencia, se muestr a, alojo ave ruch amos al iado del nombre de Sócrates, quienes pudieron, a ru ego
zad o , en la escasa dirección y en la incapaci dad de los grandes dir! Ik sus padres, ser alumnos suyos; los que, cuando él se ha sentado
gen tes incluso para pretende rla y queda clar a ta nto en los fracaso \' 11 el vestua rio del gimnasio, se int roducen de improviso y le rodean
exte riores como en las revo lucio nes inte rnas y en la s accio nes escan luego cua ndo habla . No suena tampoco cómo se experimenta eso que
dalosas de los en otro tiempo podero sos. P latón vio la ru ina del vie] \'1 jo ven Ar fstídcs dice a Sócrates en el diálogo Teages: «Me pasó a
orde n con los ojos ab iertos y tan clara como él, por nacimiento y de Illi, cua ndo estaba contigo , con ta l de estar en la misma casa, aunque
cisió n prop ia, experimentó el dedicarse a pa rticip ar en la vida de eS1 II n en el mismo cuarto; y cuando estaba en el mismo cu a rto, mientr as
ciudad y «como m uchos en cua nto llegan a la mayorí a de edad pensa t ú ha blabas, te mira ba y cada vez me parecía como si mirase a un si-
ba ir a los asuntos públicos», yen la caída vio una cosa firm e: a Só tio diferente; a partir de entonces más y mejor, sin em bar go, me en-
crates. cent ra ba cuando esta ba cerca de ti y en contacto conti go» . Nada ex-
Platón pretende hablar de su propia evolución sólo en el pasaj e truño, sin du da, qu e los hombres de hoy considere n esto en for ma
au tobiográfico y serio de su gran relato de rend ición de cuentas . Mues
tra cómo había reconocido el desastre general y la ruina creciente, y
cómo sólo Sócra tes se mantenía en pie, fre nte a su tiemp o, en los dos • Se refiere al jui cio contra los generales en la batall a de las Arginusas, en los años
grandes momentos en que él se rebeló contra la revolu ción de los Trcin- d l' decadencia. Dicha batall a habí a resultado una victoria at eniense, pero los generales
1'" habían recogido los cadáveres de los caldo s en la misma , ya que una tempestad exl-
ta y en el qu e la resta uración democrá tica se desembaraza de su ínso- ~ í:l
q ue retiras en los barcos. A pesar de todo , sin emba rgo fueron co ndenados a mue r-
po rtable amonestador. Platón de ningún modo pretende ser íntegro. h', pese a la o posició n de Sócrates . (N. de! T.)
134 PLATON SOCRATE5 EN PLATON 135

no platónica y mezclado con «fenómenos ocu ltos», porque les faltll enton ces se tra ta de asegur ars e una vez má s de la especie única: Pla-
la experiencia. ¿Yen realidad hubie ra podido P latón escribir todo eso t ú u nunca ha hab lado en sus escrito s de forma manifiesta y ha hab la-
que dice de Sócrates Alcibíadcs en El Banquete sin haberlo experl do siempre de Sócrates o al menos permitido oír, a lo largo de cua -
mentado en contacto con Sócrat es en person a? «Si alguien te escu 1¡' II ( a añ os, sobre todos los temas. Ese estado de cosas lo designa por
cha, a ti o tus pala bras por boca de otro, puede quedar asimismo com dlls part es y se oculta igua lmente Platón mismo, t ras el particular ara-
plet amcntc pr endado, ya sea muj er, hombre o muchacho el qu e te o ye bcsco de su estilo maduro , en aqu ellas pa labras de la Segunda Carta
ra, así quedaría de atónito y co mo en destierro», «Cuando yo te o igo , l' 14 C) . El nun ca habría escrito nada sobre los pri ncipios de la Filo-
me da un salto el corazón mucho más que el de los danzantes y S~ ~ o fía yeso no lo proporciona ningú n escrito de P latón y nu nca llega-
me caen las lá grimas b ajo tus pal abras, y también veo a m uchos com 111 a ser prop orcionad o uno; 10 que aho ra era cons iderado como ta l
port arse de esa manera», «Este Marsias a veces me conm ueve de foro pertenecía a un Sócrates qu e habí a sido joven y hermoso - o más bre-
ma que [a vida qu e yo llevo no me par ece digna de vivir». ¿No se de vemente: a un Sócra tes rejuvenecido, Y no hab ría escrit o Plató n mis-
be creer, incluso con un fund amento mayor , que el encu entro, que 11 10 , como muchos incluso hoy piensa n , estas pa la bra s; así ha brían
encadena de por vida a Platón, no pudo haber ocu rrido sin la fuerza quedado po r eso par a siempre ellas en la fuert e y fan tástica expresión
del gran demon? En efecto , ¿es pos ible sin éste, sob re todo en la Are- que para nosotros incluso es lo más característico de sus escritos. ¿Pero
na s del siglo v , un encuentr o semejante ? ¿Y habría mostrado Platón, cómo explicamos lo caracte rístico ?
en sus escritos, a Sócrates más o menos siemp re como amante , si no Es perfectamente cor recto decir que aquí el agradecimiento del jo -
hubiese estado jamás en relacione s con él? Y, en definitiva, ¿hubierll ven respecto al maestro encuentra una expres ión como , por otr a par -
podido P lat ón dar en su imag en del mundo ese espacio a la fuerza te, no se encuentra otra en tod a la His toria del Espíritu. Arist óteles
que él denomina Eros, si no hubiera realizado todos los encuent ros lI a permanecido durante veinte añ os en la escuela de P latón. Se man-
particular es a partir de él? 1lene ha sta su edad madura com o platón ico en part icip ación tota l de
El acto más fuert e de ese amo r y la proximidad a ese individ uo ~ Il esencia . Pero el Aristóteles tardío - siempre está lo plat óni co ta n
peculiar ha n reco nducido al joven Pla tón por todos los ca uces a par- rucrtcme nte en su ima gen del mund o- sc ve en una confrontación
tir del destierro qu e pa recía predestinado para él. P ero hay tiempos const ante con el maestr o y de cua ndo en cuando par ece como si sólo
en los que se tiene asimismo que perd er lo má s grande pa ra encon- pudiera ser él mismo con clari da d cuando toma el cam ino po r encima
tr arse '. ¿Qu é hu biera llegad o a ser de Platón sin el encuentro con de esa op osición . Tal vez sea ese su mod o de agradecim iento . Plató n,
aquel hombre anciano , caracterizado de fo rma t an distin ta? Un diri- por el co ntr ario , no sólo nunca se ha opuesto a Sócrates, él ha habla-
gente político en la lucha de las facciones at enienses, seguidor de Cri. do por boca de Sócra tes a lo largo de decenios. Y así sería perfecta -
tía s, en un tiempo de confusión po lítica, en el que las más gra ndes mente correcto , aunque tampoco basta, decir que el alumno ha erigi-
de tales luchas no merecian el más mínimo esfuerzo. Y, ad emás de do con sus escritos un mon umen to de grat it ud .
eso, un comp ositor de tragedias , seguidor de Eurí pides y de Agatón, «En cada corazón noble arde una sed eterna de uno más nob le,
ent onces cua ndo el momento de la alta t raged ia ática llegaba al final 1· 11 lino hermoso de uno más hermoso; quiere contempla r un ideal fuera
y sólo había espacio para epígonos. Sin embargo , ten ía que llegar 11 tic sí, en un objeto corpóreo , con un cuerp o transfigurad o o acepta-
ser pri mero socrático dur ant e mucho s año s pa ra poder llegar a ser el 110, pero más fácil de lograr porque el ho mbre elevado tiende sólo a
mismo . P odrí a no permitir qu e se hicieran libres sus pretension es po é- una elevación , lo mismo que se logra el bri llo de los diamantes sólo
tieas y políticas, si él estaba decidido al conocimient o y en un idad con con diamantes». Esas palabras, en Titán de lean Paul , las habría vi-
él para constructor de la ciud ad ideal y para poeta de drama s filos ófi- vido ant eriormente Platón durante largo tiempo . En su Academia los
coso y él mismo tenía conciencia de ello. Ha da do las gracias a S ócra- ulumnos tendían a esto mismo . Se dirigía en libro a lo s homb res, así
tes, por sacarle del destierro, a tr avés de un a larga vida como nunca wn an sólo pa labras para él, aunque las más pura s y brillantes, sin
un mo rtal ha agradecido a otro mortal. Lo sacó par a tod a la poste ri- efecto , sin el portador viviente, por más qu e - o pr ecisamente
dad de la masa de los sofistas, en la qu e, po r otra parte, tal vez en porq ue-e- para él todos los «discursos» no eran en ab soluto del «dis-
el futuro hu biera permanecido ocu lto y desconocido , y le metió en curseador», pre cisamente porque «no se podían reproducir fácilm en-
el cielo en la imagen del hombre qu e murió por la verdad , como la te la verdad ni S ócrates» (El Banquete 201 C) . Y así tien e él a la fuer -
del único dirigente para la Filoso fía 6 . la que haber hecho a Sócrates más violen to en su obr a escrita, por -
A partir sólo de la Séptima Carta nunc a se podría adivinar lo que que de ninguna otra ma nera sería posible transmitir claramente la re-
Sócrates ha sido pa ra Plat ón. Para ello hay que leer los diálo gos y lnció n del «hablante» co n el «discurso», ya qu e le parecía que sólo
136 PLATO N
SOC RATES EN PLATON 137
a sí pod ría llegar a ser int eligib le ed ucación y lucha , búsq ued a y co ns-
trucció n. fiesta y muerte, en una pa labra: Filosofía. No sólo un mo- ches años: se dirige en sus comi enzos al intento de ejercer polít ica prác-
nu mento de gra titud, sino ta mbién el más excelso monumento de la rica en Sicilia y cuá nta pro fund idad de ese ncia, dilapida da en este tr a-
fuerza de formación para todo tiempo lo ha erigido allí. en do nde co- bajo, se pued e co legir a part ir de aqu el pasaje de la ca rta en el que
locó a Sócrates co mo centro de su d rama filosófico . Sin duda pod ría su tem prano conocimiento so bre las esencias opuestas de ciudades ex-
llegar a ser tergiversado incluso esto , como si se tr atase aqu í de algo plica «que ellas en co nj unto está n en un a mala Constitución; pues la
as í co mo de un recurso a rtístico o sobre tod o de una opc ión. Pero susta ncia de sus leyes es ta n buena como incurab le si no se reúne de
a bier ta mente se t rata de una necesidad. Inmedia to una act uació n milagrosa con un azar propiCiO») (VII, 326 A) .
[P ero entonces se ve ta mbién la ot ra ca ra ! En Las Ley es recono ce
expresame nte el H uésped atenie nse: la ciuda d en la qu e predomine
/ S ocrates en Platón y el Viej o Ateniense/ al má ximo la comun id ad de bu enos, mu jeres y ni ños, sería la prime ra
(' I~ el ra ngo ; pod ría ta mbién servir sólo par a dioses o h ijos de dioses,
¿Q ué defiende el Sóc ra tes pla tónico ? El esta blece la pregun ta po r nuentras que la Co nstit ución, en la que ellos ahor a han puesto las rna-
la «enseñabllidad de la virt ud), po r la esencia del «virt uos o», por la nos, sólo pu ede estar próxima a la inm ortalida d y ten drí a el segundo
esencia de los demás actos de la vida como amistad y conoc imie nto . puesto , sin du da como ún ico (739 C y ss.). Ta m poc o . como podría
Defiende la inalcan zable dignidad de la justicia y de las dem ás «virt u- p~recer, esta ría dad a la primera const rucción de la ci udad , ella más
des» . Co nst ruye la ciuda d ideal . De su boca sue na el elogio de Eros, hien debe ( mantenerse en la vista inevitabl ement e como prot otipo» .
suena n los mitos de inmortalida d , el jui cio de los muertos, la eleva- y así se podría con buena s ra zones creer qu e no se hab ría desalojado
ció n d el alma hasta el lugar no sensible. Defiend e, en fin, lo qu e fue 11 Sócrates del centro del ca m po visual plató nico, más bien que él do-
mo strado po r las idea s y el ascenso a tra vés del reino d e las ideas has - mina allí co n una acción invaria ble y sólo la ciud ad de Los Ley es será
ta lo «arrhe to n». Pero de ninguna manera defiende tod o lo q ue Pla- ent re todos un trabajo dem asiado alejado del ce ntro pa ra entra r in -
tón com pa rte con sus lectores. En verdad no ha y eso q ue alguno con cluso baj o los elevados nombres.
mala intención suele tra ta r: qu e se ha defendi do contra Sóc rates, qu e La di aléct ica, tal como fue ejercitada en el Parménides. El Sof ista
vo luntariamente P latón de algun a ma nera lucha encub ierta mente con y El Pottttco es, sin duda, ejercicio prepara tori o par a las más eleva -
Sócrates; seria e ntonces qu e lucha co ntra el Sócrates dentro de él, con- das ta reas filosó ficas , pero , sin em ba rgo , en rea lidad sólo ejerci cio
t ra sí mismo ' . Pero la image n del m undo, a mod o de las ciencias de prepa rat o rio . ¿Y Sócrates no se ha convert ido e n algo más insignifi-
la Na turaleza, fue puesta en boca del pitag órico T imeo, en calidad cante? 9 El esta blece allí la existencia inq uebra nta ble del «filós o fo»,
de ast ró nomo y de rep uta do investigador de la na tu raleza del Todo; él coloca un algo para el verdad ero ser que, como en un juego , unas
y en la de Critias, el ho mbre de la más ra ncia nobleza átic a , la histo- VL'Ces toma de imp roviso , con ojos fijos, esas pesq uisa s y otras veces
ria de cuento po pula r ace rca de los hechos de la At lán tida co ntra la de nuevo las deja de las man os. Así tienen ento nces que simbolizar
vieja Atenas. A llí deja qu e Sócra tes «se regale con discursos ». De la el estado de las cosas esos di álogos ta rdíos, de for ma que aqu ellos
misma ma nera se contenta co n escuchar, en la seg unda par te del Par- mismos a nálisis, elevados e import a ntes, no t ienen u n valo r p rop io
ménides y en los diálogos de El Sofista y de El Poutico, en do nde él vino que sirven a uno más elevado. Adem ás del ce nt ro socrá tico en
sólo provoca ejercicios dialécticos sin inte rvenir en ellos. Y la gran Platón. se encuentra asimismo enfocado a ello el eléa ta , como ta m-
ma sa práctica del estable cim iento de leyes en La s Leyes él no la escu- hién la investigación pita górica de la Naturaleza , que también se en-
c ha ni una vez s. cont ra ba en él. P ues para la const rucció n de la imagen científico-
Segura mente que la ciencia de la Nat uraleza del Timeo ha tenido natural del mund o , en el sentido de los viejos «fisiólog os», ha usado
para Plat ón la mayor importa ncia, como lo ha determ inado a nte to- Pla tón el trabaj o agot ado r de muchos a ños , pero nunca esos resulta-
do la ima gen platónica a través de los siglos. Un largo tiempo de bus- do s pod rían alcanzar la sa bidur ía de la dialéctica ; tend ría que que dar
qu eda, reflexión y creació n conjunta serían necesarios hasta qu e esa en «d iscursos de probabilidades» 10, que incluso Sócra tes , el sabio del
const rucción hub iera pod ido erigirse. Seguro que los ejercicios día- camino di aléctico, no hub iera pod ido suplir. Pero debe presta r aten-
l éctíc o s en los que el sofista y el político defin en y establecen las pa ra- ción a ella. porque la investigación de la Na turaleza só lo para P la tón
doj as de lo uno y de lo otro-múltiple, allí en donde el sepa rar y reunir tiene sentido por eso, porque rem ite a la bú squ eda de las ideas, por-
confo rma la dia léctica, son grado s prev ios al grado más elevado . Se- que desarrollo natural o paradoja platónica corresponden al desplie-
guro que el gra n esta bleci mient o de leyes con tiene el t ra bajo de mu- gue del «ei dos- en el espacio. ¿Se necesit a entonces inclu so el rela to
polí tico del Critias pa ra llega r a explica r por q ué nadie podría espera r
138 PLA TON SOCRAT ES EN PLATOÑ 139

co mp rende rlo de la boca de Sócrat es? Esta ba ya ta n lejos, por fuera, rcc ido es ta mb ién la diferencia en cuanto se penet ra en el int erior y
en la esfe ra plató nica , q ue las fuerzas del centro ya no podía n ma nt e- se llega con la vista a l ca mpo en el q ue las luchas filosó ficas tu vieron
nerlo po r igual y formarlo para la per fecció n. luga r. Pu ede la distancia llega r a ser ca da vez ma yo r co n los años,
Así, en los diálogos q ue dejan visiblemente retroceder o disipa rse así sin em ba rgo no hay ningún diá logo «soc r ático» de a ntema no q ue
por completo a Sóc rates, fue ya más cla ro para qué él está íntr od ucí- deje de parecerse a lgo a l puro platónico del t iempo ta rdí o . Ha y so bre
do e n Pla tó n y pa ra q ué no . Resulta ría abiertament e fa lso dec ir que tud a só lo un más o menos de alejam iento . Ya e l Protágoras, Laques
para el viejo Platón la figura del maest ro habla palidecido completa- y Córmides m uestr a n co nverge ncia en un o bjeto no p ura mente idea-
mente. Atestiguaría lo co ntrario el que en el Filebo correspo nde lo do y no del todo ex presado; también el objetivo platónico, co mo pa-
más importante a Sócrates , por no hablar del Fedro. en do nde trae m el hijo de So fro nísco, ha sido extraño. Así q ue el Sócra tes pla tó ni-
la más viviente frescura a la escena. Y q ue él en El Sofista, en El Pal/- co crece a partir del Sócrates histó rico . Y se reco noce có mo ese creci-
t íco, y en la seg unda parte del Parm énides. no ma ntiene a llí algo por miento ha ido a nte sí, cua ndo se co ntempla a l Sócrates de los más
costumbre y q ue está lim ita do ento nces a un indiferente papel ar tísti- puros diálogos platónicos. La doctrina del orden en el a lma indivi-
ca, eso q uedará claro cuando se le piensa fuera de ello : enseguida cam- d ual y en el gran recint o de la ciudad: ésa es la plas maci ón del pen sa-
bia todo su sentido , pierde u n ca rácter relega do si eso ya no fue trata- miento, de la cual lo q ue Pl a tón vio en Sóc rat es sólo él en sí podría
do ante sus oídos. Pero tampoco puede Plató n, en el modo en que ver, y la ampliación concéntrica en la esenci a de la ciudad , a la que
utiliza a la persona de su maestro en sus dramas , pronunciar un jui- tam bién se había ref erido todo sen tido y pregunta de Sócrates hi stó-
cio en cua lquier di mensión histórica. Pu es lo q ue él ocupó en la His- rico . La «te oría del aman) platóni ca es un to ma r co ncie ncia y un ex-
toria y el Sócr ates histó rico en re lación con la creencia en la inmo rta- poner en pa labras aq uello que Sóc ra tes vivía y lo que P lató n en él y
Iidad del Fed án, el discu rso de Eros en El Banquete. la co nd ucción co n él vivió . La ( doc trina de las ideas» de P latón : esa es la respuesta
d e la ciudad y la co ntemplació n d e las ideas de La República, sólo a la pregunta de Sóc rates, el S ton / to que es/ q ue res pon de a la pre-
co n un mov imiento de ca beza podía decir algo de la semejanza ; lo gunta Ti ton / i qu éest/ , la visión de la just icia verdadera como res-
q ue (en un verdadero y pro fundo senti do ) ya deja vislumbra r la anéc- puesta a la pregu nt a de q ué es propiam ent e ju sticia . Y no supone eso
dala según la lección del diál ogo Lisis: « ¡Po r Herá cles! ¡Cuánto in- que Pla tó n diera la resp uesta só lo desp ués de q ue Sócra tes hub iera
ve nta el jo ven ese de mí!» Incluso es Pla tón m ucho menos un direc- hecho la pregu nta . La pregunta - vista co mo te ndencia a clari ficar
to r de escena de sus diálogos que Cice ró n, que basta el fina l está du - toda la .existencia socrática para las cos as, para las cosas q ue ig ua l-
dando de a q uién tiene q ue po ner en la bo ca los pa peles de los Acode- mente tienden a los a lumnos - resu elve en un sentido muy co ncreto
m ica o de la co nversa ció n del De re publica, sino q ue eso es notoria- la respuesta en sí. Más a ún , el S ócra tes q ue pregunta era, e n su exis-
me nte una necesidad , q ue so bre ello dife rencia lo q ue Sócrates tiene tcncía . la res puest a que Plat ó n dio co mo filosofem a , nunca, sin em-
q ue decir o escuchar . Así pu es, tiene que ra strea r esa necesida d y me- bargo, co mo do gm a fijo . Lo qu e ha bía del Sócrates histó rico lo ex-
d ita r la pregunt a co mo los platón icos.. .decimos en primer luga r: la presa el Sócrates plató nico cua ndo él en ello acred ita la expresión: «Ca-
forma de exp resión «Sócra tes : se manti ene a costa de la realidad his- tia respu esta perma nece sólo co mo respuesta a la fue rz a en la medida
tórica «S ócra tes» . en q ue está arr aiga da en el pregunta n> (Heidegger) .
Si el Sócrates de Plató n habla , si escucha, si está por com pleto
aus ente: en ello está n simbolizados g rados de nt ro del lem a pla tó nico.
/ Los rasgos reales de Só crates/ Sólo la zona cent ra l del pensam ient o de Pla tón podía y debía mete r
a Sócra tes en los diá logos, aquella zon a q ue es interpretació n de la
El Sóc ra tes qu e ha bla en los diálog os plató nicos lleva los ra sgos figura de Sócrates . La respuesta ha desarrollado a pa rtir del pregu n-
físicos del Sócra tes rea l, sus penetrantes ojos y su na riz roma, su ir tar, q ue en la respuesta se ma ntiene conse rvado , la figura filosófico-
descalzo y su incan sab le preguntar y examinar, su esencia de tranq ui- poét ica a partir del ho mbre vivo filosofan do , en un cre cimiento nece-
lidad espiritual, su crá neo de bebedor, su du rez a co nsigo mismo y Sil sa rio del que Platón con seg uridad no ha sido co nscie nte en la expli-
pa rt icular va lentía . Lo suficientemen te qu e ha sido co nfigurado el Só- cació n ra cional e hist óri ca co n la qu e noso tros, hom br es de un tiem -
cra tes real, en apa riencia , movimientos y ac to s, po r P lató n se puede po histó ricamente ma yor, co ncebimos ta les fen ómen os : sin em ba rgo,
co nfirma r en la sala de la cú pula de la Gliptot eca de Munich, si se esto , que .a pa rece claro y acuitado enseguida, a l modo de la Antig üe-
siguen las con versa cio nes q ue co nducen , frente a frente, el Sóc rates dad, ha Sido expre sado en la pa labra sim bó lica de Sócrates « rej uve-
en bro nce co n el Lisis en bronce. Sólo tan gra nde co mo es a quí el pa - necido».
IRONIA 141

honia de Sócrates» (L a Rep ública 1,337 A ). Si un maestr o de retórica


hnbla del concepto de iro nía y, a este propósito , quiere ilustrar sobre
tille no sólo ésta oc upa un lugar determ inad o en la técn ica del discu r-
CA P ITU LO VII m sino «que tod a una vida pue de te ner iro nía », e nto nce s utiliza co-
mo ejemp lo la vida de Sócrates {Q uintilian o , IX.2,46 ). No se t iene
IRüNIA II<¡uí motivo alguno par a diferencia r agudamente entre el Sóc ra tes his-
t órico y el platónico . Le vemos a aqu él sólo a tra vés de éste, pero ta m-
/ ¿Qué es ironlo? IIO{."O po dría mos duda r de que lo hemos recib ido de verdad aquí en
Iigura . Y la pregunta va más allá: a qu é luga r ocu pa la ironía en la
(Segura mente q uien no s expusiera lo que los hombres como Pla- existencia soc rática y platónica.
tó n han dicho en serio , en broma o medio en broma y lo qu e por con- El irón ico, según la imagen de Teofras to en Los caracteres, es un
vicción o sólo en for ma discursiva nos hab ría hecho un serv icio ex- hombre que se compo rt a, en accion es y discursos. más frívo la mente
traordinario y ha bría co ntribuido infi nitamente a nuestra forma- de lo que es, que oculta sus puntos de vista e intencio nes, su obrar
ción» 1, No se puede decir que esas palabras de Ooeth e hubiesen si- y sus energfas ' . Este aficion ad o a la bot án ica no atie nde a valores
do ta mbién tomadas en ser io lo sufici ente sólo como exigencia. Pero morales, aunque el sistema de valores éticos de su maest ro Aristóteles
seguramente es qu e no se pu ede uno int ernar en Platón , si no se ha coloca su fundamento a tod o lo que la «eíroneía». co n un a partarse
considerado lo qu e es «ironía» y lo qu e significa en su ob ra. del ca mino de la verdad, asienta. Y asl se podría hacer oscilar el con -
Sin duda , si iro nía no fuese más qu e «un puro inter ca mb io del si ccpto de iro nía entre un disimulo más bajo que se aprecia o despre-
frente al no» - por decirlo co n la definición bromista y a nod ina de c¡a, un juego de pensa mie nto sencillo q ue la soc ieda d de la Atenas
Jea n Pau l- esta ría así la co nsideración de un fina l antes de que ella democrá tica, tan rica en espíritu como suspicaz me nte cr ítica , ha bria
hubiese comenzado co rrec tamen te. Pero hoy se emp ieza de verdad a recogido casi como to no general del discu rso y del t ra to, y como una
a prender algo en serio so bre «el problema de la ironía q ue, sin igual, peligrosa cubiert a que sería efectiv a pa ra lo temido o e xtraño . De he-
pro fun diza y radicaliza el m und os-e-y ¿en quién mej or que en Th o- che a migos y enemigos podría n hab lar de la iro nía de Sócra tes con
mas Ma nn, el gra n irónico ? 2. Por ot ra pa rte, desde hace cientos de muy dist into so nido . Pues en él ha bía un co ntraste similar, pa rticu-
a ños, el sa ber sobre esas cuestiones casi sólo ha disminuido. Frente larmente evidente, entre comportami ento exte rior y aspecto y la esen-
a esto , los románt icos, a nte todo Fr iedrich Schlegel y Solger, luego da interna . Nadie ha dicho nada más pene tr a nte que Alc ibíades, en
co mo co nt inuación Kierkegaa rd , han sido consc ientes del sentido me- JJ Banquete, con la imagen del aspecto de l Sileno qu e encierr a una
ta físico de la ironía y sus investig aciones han pro fund izad o siempre noble imagen de un dios. Po r fuera no bello, por dent ro divino : así
en la imagen de Sócrates, del Sócrates pla tó nico . «La iron ía de Pla- aparece él desde el primer mom ento frente a aque llos que no son más
t ón », así se dice en Jea n Paul , «se pod ría tomar como si hubiera un allá de her mosos, y eso ta ntas veces como sencilla me nte se tom a la
humor del mundo, una iro nía del mun do , qu e no se cierne pura mcn- belleza . Pero si se ha recon ocido e n él q ue hay una más profu nda y
te, ca ntando y juga ndo , sobre el equivoca rse (como ta mpoco igual misteri osa belleza, aquella «belleza interi or» q ue Pla tón hace ped ir
so bre las tontería s), sino sobre todo saber; lo mismo que una lla ma a su Sócrates a P an y a las Ninfas al fina l de l Fedro ( ÓOÚ/ 1É ¡JOl xa AWt
libre, qu e se consume y a viva, de fácil movim iento y as imismo que i'H Éu{}m Tá "óo{} f/I / concededme llegar o ser bello de in terior/ 279 B),
só lo penetra en el ciclo» l . luego , las dos superficies, que se han visto hasta ah ora , inte rca mbia n
Si incluso las marcas par a la ironía falta n siem pre en nuestros ti- sus posiciones , ta nto como en un diseno en perspectiva pu edan saltar
pos de imprenta , lo qu e el propio Jean P au l simu la ba mezcla r - iró- ade la nte y atrás . Lo que parecía hasta a hora má s fút il, se ve de repen-
nicam ente- entre los signos de preguntas y de admiracio nes, no se le encima y al fin al queda la gra n extr a ñeza sobre 10 inesperado en
necesita, pa ra saberlo, que P latón además de patét ico fuera un iróni- lo que se ha con vertido en visible.
co y a veces am bas cosas cn el mismo instante. Pe ro en ello no se po- El A lcibíades platónico describe al maestro sobre t od o en contac-
dría duda r que el Sócra tes platónico , en primer lugar, no toma pres- 10 con jóvenes (El Banquete 2 16 D): «Sabed qu e si al guien es bello
tada su ironía de Plat ón, que Sócrates era un irón ico mucho más ca- le deja de lad o en cierta ma nera (por otra pa rte, él des precia mucho
racte rizado que la ma yor ía de sus discíp ulo s, que m ucho s, en la rela- eso, como nad ie pod ría creer), ni si alguien es rico, ni si alguien tie ne
ció n con Sócra tes, habían pensado o dicho lo que P la tón hace maní- otro privilegio lo elogia como la gente. Además co nsidera todo eso
Iesta r burlo namen te al so fista Trasimaco : «T enemos aq uí la consabida de ni ngún valor y tamb ién a nosotros. E irónicamente, y como un jue-
142 PLATON IRONIA 143

go, tran scurre el tiempo de su vida frente a los hombres». ¿Sería as! dos» (Lisis 210 E). No es su Eros una máscara ; una máscara es la for-
entonces lo eró tico una máscara'? Sin duda, si sólo se atu viera al Eros t il a que él utiliza con dignidad, la ad aptación a la Sociedad de su tiem-
Pandemo s, no pod ría ver ninguna esencia en Sóc rates como simula- po . Pero este Eros de Sócrates se diferencia del de cua lquier otro co-
ción . En Alcibíades esto es fuerte, al menos así por completo se como uro su no-sab idurí a de la de cua lquier otro . Como un pro fund o sa-
portaba. Oye al Sócratcs-Ma rsias tocar la flauta y pretende sacar pro- ber, así es su Ero s una fuerza de transfo rmación de hombres empare-
vecho de a quello que es [a clase de lo im pensa ble. P ues se da perfecta jada al unísono con el «le gos». Al que eso soporta como algo
cuenta de que Sócrates podría ser muy bien el más fuert e valedor en tota lmente nuevo , para ése se había abierto una profundidad que no
sus intenciones ({1lJAA~ 1(TO(la oVáiv r:x X VQ H') Tf QO I' ~ l"oa ero ü 2 18 D). Pe- había ideado .
ro no tiene idea de qu e Sócra tes aquello no podría llevarlo en sentid o Y, en efecto , se asienta la ironía en la discusión particular, en la
má s profundo si estuviese ocupado por un Eros vulgar. Por eso argu- conversación educadora . La forma de esa relación irónica es aquella
ye Só crates, que medita todo, «mal irónicamente y de muy bu ena ga- que Sócrates pone entr e los jóvenes, en los qu e, según la opinión co-
na, según su man era de ser y costumbre»: «Si fuera eso así, entonces mún, debía establecerse como educador, igual qu e realizan rea lment e
de hecho mi belleza estaría muy por encima de tu buena hechura. Luc- esolos sofis tas. En el Cármides se dice, como inicio de la sesión: «De-
go irías a cambiar en realidad oro por cobre. Pero eso no es así». En hemos examinar en común» ( )(OtVV áv d 1¡ OX f1l'7 ÉO/l 158 D). En el H í-
la fo rma de la irrealida d se dibuja lo pa rt icular. Sí y no se encue ntran pías Mayor, aún más fuerte: «Nosot ros queremos tratar en común
pro piamente trastocados en las pa labras de los irónicos . Repu lsión de qué manera podemo s llegar a esta r de forma tan perfecta como
pelea con atracción en el pecho de los demás, en cuanto que la ncga- sea posible. Pues yo estoy muy lejos de decir de ti lo que tienes que
ción estric tame nte vence y su contr ario, sólo como una espina esti- desarrollar y de igua l ma nera de mí 10 que no hub iera precisado» (124
mula nte, se contiene en ella. Pero Sócrates no se mu estra agudo por C) . Y, cuan do más tarde le pregun ta Alcíbíades qué debe hacer él,
medio de pa labras sino a través de su autodominio, que él asienta real- le es repetido : «Contestar . Y si tú ha ces eso, entonces todo irá mejor
mente en aque lla alta belleza. entr e noso tros» (127 E). En el M en6n: «Tú y yo, mi qu erido Menón,
parecemos ser ho mbres que no sirven para nad a, y a ti te pa rece con
Gorglas y a mí con Pr ódlco que no han triunfado en educarnos. Más
/ M ascara y personalidad en el irónico/ ¡ [lI C todos los demás deb emos también cambia r el sentido y buscar
quién de alguna manera nos llegue a hacer mejores). Y en el Laques,
Mucho, ciertament e, es máscara en los sentimientos de Sócrate s. a [os pad res que 10 querían de maes tro par a sus hijos: «Yo digo que
Se comporta como si hub iera dominado al instint o de «ser vencido todos nosotros juntos debemos buscar a la vez el mejor maes tro posi-
por los bellos» (~ TTW ¡J TW¡J x aAW¡J Menón 76 C) Yél tiene, en las ac- ble sobr e todo para noso tros mismos - pues tenemos necesidad de
cion es de am or, la apariencia de participar por completo como los c[- , luego también pa ra los muchachos. Pero para quedarnos así co-
demás, sólo que, incluso, sup era en pasión sensual. P ero Sócrates es mo ahora somos, pa ra eso no aconsejo ... pretender pasar cuidado s jun-
un transformador. Por encima de las demandas aparentes se muestr a tos por noso tros mismos y por los mu chachos» (201 AB). De nuevo
enseguid a qu e él es un señor, no un esclavo , de su instinto . La con- tamp oco está aquí como máscara par a hablar. Sócra tes sólo puede
versación con Cármides, con el Alcibiades del diálogo del mismo nomo de hecho buscar en conversación conj unta, y para él tal búsqueda es
bre , ya se ha olvidado de todo ero tismo en las primeras palab ras. Y una verdadera tarea qu e por nad ie está culminada ni tampoco por él
el Alcibíad es de El Banqu ete ha recibido una doctrina que es todavía mismo. Y, en efecto , ¿es qu e no parece Cármídes respecto a Sócrates
más penetrante que la más aguda catequesis: «Me levant aba, despué s en relación como de evolución frente a culm inació n? Sí, en efecto ,
de haber dormido con Sócrates, no de otra manera que si hubiera dor - ¿no es en realidad Sócra tes algo así como un consumado conocedor
mido con mi padre o mi hermano mayor». Así es de desmedida, pues, siempre del camino así como del ser en cada instante? Y de nuevo ,
la realización: «De esta manera me maravillaba de su cscncía, de su ¿no es también Cármides necesario par a Sócrates? Sí, en rea lidad ¿no
autodominio y de su valent ía, allí me había encontrado con un hom - es Cá rmides el joven perfe cto en educación natural a su modo? Así
bre, de tal categoría en razón y autodominio, co mo nunca creí encon- se encuentra ya, en esa delicada y ocultamen te agit ada dia léctica, la
tr ar a nadie» . Sócrates no avanza por los grados de los demás en su propia seducción: iro nía es el olfato del gran educador para la caza,
relación con los jóvenes, sino que tiene un modelo, como ellos solían Particularmente fuerte se extiende la ironía al final de aque llos di á-
decir: «Querido Hipotales, debe s departir con los amados de forma lag os terminados en aporía en la «prima ma niera» de P latón , Tú no
ta l qu e se les haga recogidos y hum ildes pero no exultantes ni engreí- sabes. c.q uíé n 10 dirige, quién debe añadi r eso mismo ; porque el «ló -
144 PLATON IRO NIA 14l

gOS)} lo desvía. él se enco ntr a rá humillado. Asi mismo Sóc rat es se ele natu raleza de tirano , como Calicles, con clerica les como Eut ifrón . En
rra igualme nte con sigo mism o : yo tampoco sé; y el otro se ve cogido 111 A po logía describe Sócra tes có mo , impulsado por el d ios, exa min a
en la sociedad de un nosotros que transforma la derrota casi en In [us difere ntes ramas. Acude a los po líticos, a los poe tas, a los trabaja-
cont rar io. Los pa rt icipa ntes e n la conve rsació n tiembla n con el resul rlores manuales y exa mina su «sa ber». Se da cuenta de que c uanto
lado: no pod emo s reconoce r q ué es la valentía o la «sop hrosyne». Pero más alta es la pretensión ta nto menos se acredita : en efect o, pued e
cada uno experimenta que con este reconocimiento de no-saber no estA comproba rse Que allí en realidad a los hom bres no les fue dado el sa-
dic ho lod o con largueza. «Cómo tengo yo que saber», así dice Cár ber, pero tam bién falta en ellos la convicció n del no -saber. Mu y duro
mides (176 A), <d o que voso tros mismos no podéis encontrar en su tiene Que hab er sido el encue ntro co n los maestros gre miales de sa bi-
propia esencia e-como t ú, al menos, dices; yo, sin duda, no le creo .lurfa, Que en la Apología no son mencio nad os. Pu es incl uso a nte los
mucho (Wf ~ s oii. hw P.fJ' TO! 00 ..á ll u UOt ni9oJlm). Y yo mismo. políticos siem pre hay toda vía una práctica , a partir de una inte ncio-
mi querid o Sóc ra tes, es perfecta me nte evide nte que necesito una fór nulidad, Que pod ría cond ucir a buen os result ados -así ensena el M e-
mula mágica (la image n chusca de la fór mula mágica pasa a través I/t>n. Pero qu ien sólo hace j actancia en el as unto de la sa b iduría y de
de todo este diá logo), y, en lo que de mí d epende. nada impide ser ,ti doctri na , ese nada sobre tod o puede sa ber y co noce r.
encantado por ti durante los día s Que sea n hasta Que tu di gas que 1: La co nversación sobre la «justicia », a part ir de la Que se desa rro-
suf iciente» . El disc ípulo ha no ta do que Sócrates, por su pa rt e. sabe lla Ia co nstrucció n d e La República, es anunciada en un no-saber . Allí
más de simplemente nada, a nte todo qu e es más de lo que él ha dicho de po r medio anda Trasímaco como el más recto doxógrafo de la es-
ha sta ahora . tal vez más de lo que pudiera exp resa r. Y en esa su perio tricta oposición a los filósofos. Tod o eso seria mera cha rlatanería. Só-
ridad, Que no se llena con intenciones sino con necesidad y que estó erutes no s610 tie ne que pregunta r sino también Que responder. Y tie-
ma ravillosamente emparejada con a mor. radica aquella seducción que ne que precaverse en su respu esta pa ra acepta r eso , lo otro y lo de
los jóvenes husmea n. m,is allá . Una imp osible exigencia de una respuesta, y una resp uesta
De nuevo se expresa con más clarida d el Alcibíades de El Banque fU determina da de a ntemano, solicita da po r aquel pa ra Quien sólo hay
le; en efecto, con finura dice: «Qu é mal se ha po rta do él conmigo, uue buscar. Sócr at es sería un dogmá tico y un so fista. no un a ma nte
y no sólo me ha hecho eso a mí. sino también a Cá rmi des y a Eutide tic la sa biduría, si se so met iese a ello . Tr asímaco se encuent ra , a su
mo y a m uchísimos ot ros: él engaña , como si fuera el ama nte, y resul vez, fuera de lugar pa ra reconocer esa im posibilidad. Toma tod o eso
ta luego más como amado Que co mo a mante ». Esa misma tran sfor lltlr disim ulo intencionado , po r «ironía» e n el se ntido com ún del tér-
maci ón está fo rmul ad a co mo precedent e en Alcibíades M ayor: al co mino . ( Yo sabía Que no iba a Quer er responder sino j uga r a ocu lta r
micnzo a parece Sócrates como el Que persigue, AIcibíades como el con- (de wvuíaato))) (337 A) . El desea ría en favo r de sí mismo, si pudiera
trariado; al final dice el mismo Alcibíades: «H a llegado a ser como hacerlo, Que esa ironía no fuera Querid a sino obligada.
si hubiésemo s interca mbiado los pa peles. P ues no de otra ma nera yo
me apartaba de t i desde ese día y tú querí as hacert e acampanar pOI
mil}. Así no se recon oce, pues, a al go esco nd ido presente como más ttroma, Eros, educación y j uego!
ca ra , más bien como ironía impregnada de erotismo, y a la conversa
ción examina do ra, cuya actit ud además es iró nica, finalment e como Segura mente hay un juego en la actitu d de Sócrates. Así, cuando
la más elevada expresión de la esencia propiamente socrática: él tram describe su asustarse por que Traslmaco anda entre ellos, cu ando rue-
for ma. educa , saca hacia sí y hacia su elevada tarea . lla que puedan com padecerse de él más que enfadarse. Pero ya lo que
Ironia se realiza por igual como repulsión y atracción ' . En un Al de ot ros pudiera ser tomado por hipocresía, «yo no pu edo» (o~
cíb íades, como el que P latón coloca en El Banquete para dis cursear, hU l'tX¡.u(Jo: 336 E), eso es comp letamente de verda d o cont iene al me-
lucha n ent re sí, en una especie de 'test' en broma, las dos fuerzas opucs nos algo completa mente verda dero. Y «tú er es el más fuerte » (Ó1rO
t aso C ua ndo se encuentra más cerca el otro de la esencia socrática y I"/IW I' TWV OU I'W I' !por vosotros los fuertes/Y, eso rea lment e en el sen-
cuando má s disp uesto él está a la educación socrática, tanto más con- lido plató nico no es corre cto. P ero pa ra la representación común el
tie ne en si, como un aguijón, la rep ulsión a su co ntrario. Lo repulsl- labio Traslmaco está por enci ma de Sócrates que no sa be . Asimismo
vo de la ironía tien e que llega r a ser comp leta mente realizable sólo comie nza entonces el juego específico qu e se podrla toma r por envol -
allí , en donde ningun a educación puede ser dada de in mediato por- tura irón ica. El sabio (cree tener una respuesta perfectamente bu ena
qu e el otr o, a su man era , ha llegado a ser inflexible: en citrato ante li la cuestión» (t/"Yov/.u I'O~ f XH V O:1fÓXQHJ"l1' 1fO:"Y XO: h~ 1' 338 A) qu e él
todo con un maestro gremial de sa biduría , como Trasímaco, con una pretende llevar al hombre. Y ya ese -defecto de a utoco nciencia, qu e
146 PLAT ON IRO NIA 147

enseguida es defecto de iron ía , lleva al «fuerte» a la caída. Pues tan erares es la fuer za central. Como Sócrates y Pla tón «so n la pareja que
p ronto como esa respuesta tan hermosa se encuentre fuera, es cosa ni los más potentes instrumentos llega n a separar por com pleto» (Emer-
de nada para Sócra tes el mostrar su futilidad . Así llegará a ser sorne- son), así no hay ent re ironía socrática y platónica ningun a aguda fron -
tida la apariencia a lo q ue está por encima en la verdad. Com o tra s lera, y también lo qu e has ta ahora sería notorio en Sócra tes tend ría
la no-belleza de Sócrates se esconde una belleza de más alto orden, todavía que mo strarse con esa frecuencia en la vida del hijo de So fro-
y tra s el enamoramiento un verd adero am or así llega a ser noto rio
I nisco ; eso necesita ba P latón para convertirse en algo as í de not orio .
t ras el no -saber un pro fund o saber. Pero tan pronto como esa nueva Pero ava nzamos, empero. a formas de iro nia de las q ue po r comp leto
a parece, el saber del sofista y el no-sa ber del filóso fo invierten su rano sólo Plat ón, el artista y el meta físico, tiene que responder.
go, y los oyentes de la co nversación exper ime nta n pro piam ente aquel Cómo el a rtista Plat ón , en las a bu nda ntes figuraciones de sus
«salta r adelante» y el aso mb ro interno que despierta . obras , ta mbién está relacionado y enred ado de mú ltiples ma neras oon
Hegel 6 ha entendido la iro nía socrát ica como una cara del méto- la ironía , el diálogo Eutidemo da , en reducído espacio, el más rico
do socrá tico (la a ira es la ma yeútica). ( Lo q ue S ócra tes quie re reali- ejemplo de esa irónica polifonía: Est á ocupa do en su ma yor par te por
za r con ello sería a port ar sus fund amentos que se man ifiesta n a los la payasada, interpretada , por los do s so fistas maestros de esgrima
otro s» . Sin duda está descrit o así correctamente algo esencia l de la y bufo nes, con una traca del más completo reperto rio del arte eríst i-
realización . Pero estar ía siempre te rgiversado el fenómeno - y en la co: finales enga ñosos y equívocos. Aquí se da ría una lu cha ta n co mo
litera tu ra filosófi ca, cuya comprensión He gel pa rece haber determi- pleta menre inútil y tan por debaj o de la dign idad de Sócra tes q ue la
nad o, no es rara esa terglversacíón-c-, si se toma po r una regla de me- más cortante defensa irónica podría ser su única acción op uesta. El
dida pedagógica intencionada lo que asimismo sólo pod rla sacarse ver- celebra a los dos, como representantes de la verdadera ciencia , más
dad erament e como un ser deb ido . Una verda dera iron ía contiene en que al Gran Rey por su a uto ridad (274 A ). «Tú te entiend es en la co n-
sí la tensión que ella ocu lt a, co nfundiendo, po r una ca ra ; po r la ot ra versación filosófica mejor qu e yo (kÓ:>J..w l' 17riuroUJOIL ÓW:A¿-yf u(Jal 295
dice sin reservas lo q ue es. Más o meno s co mo Sócrate s dispo ne del I!) q ue sólo tengo el art e de un ho mb re sencillo », as í d ice el maest ro
co njunto de la figura de Sileno y de su belleza interna , más o meno! del diálogo y de la dialéctica a uno de los dos imp ostores. Y a nima
así es libre de ocu lta r vo lunta ria men te tras un no sa ber su sa ber. Por a aq uellos, qu e hasta a hora hab ía n brom eado, a act uar m ucho más
otra pa rte, ambas cosas está n relacion ad as en un co nti nuo círculo o en sería (278 C). Si ellos fina lmen te sacan a relucir su seriedad, en-
movimiento de bala nceo . Abierta mente él sa bia. Pu es conducía a 101 tonces se da ría por primera vez algo tot almente bello (288 C). Luego,
dem ás y a los que cre ía n sa ber y se revela ban enseguida a nte él como ellos saca ría n tam bién el conocimiento en cuyo recinto se podría lle-
no-s a biendo. En par ticular , sin embargo , él sabía . según sus propia, var muy bien su vida a rtística (293 A ). E igual Que se co loca un bob o
y siemp re repetidas palabras, qu e no sabía . Así se inclina el sa ber a en la comedia . así estaría el esclavo de la sabiduría. En esa escena de
su cont ra rio. Y en realidad él no sabía expresar qué es 10 justo , y, payasada hay trozos flot antes de una seria co nversación educa tiva que
po r medio de ser ese no-sa ber , nunca hab ía llegado al final de exami Sócrates lleva a través del joven Clinias . y si él ma neja por doq uier.
na r y pregunta r corr ecta me nte. Pues el no -sabe r esta ba funda menta en aquellas esce nas, una maliciosa y fur ibunda, ta nto como re pulsi-
do en el «legos» sobre un vivir allí de lo no-sa bido . ¿Y en dónde aquc vn, iro nía, ta mbién per mite oír e n ella los to nos de la a mabl e y a trac-
110 puede da r un profundo saber, como si eso fuera verdade ra mente tiva ironía , sólo q ue en voz muy baj a y ocasio nalmente . Así, c ua ndo
en el vivir y morir . po r lo cua l no se deja nunca busca r en pa labras1 se dirige al pup ilo «m ás hermoso y sa bio , a Cllnías, (290 C) o c ua ndo
él se coloca ent re los ot ros en su conocida forma : «C a si nos hemos
port ado e n son de burla a nte los ext ra njeros, yo y t ú, hijo de Axioco»
(279 C) . Eso, reun ido entonces, da ría aq uello de la «do ble ironía» qu e
/ t ronia socrática e ironía plató nica! Fricdrich Schlegel luego verla esta blecida «cuando dos líneas de iro-
nfn co rre n paralela me nte, la una j unto a la otra, sin estorbarse, una
Lo que Ooerhe, en un eufemismo de herencia kanti a na. dice: «Kant para el sucio y otra para el palee » ij.
se circunscribe int encionada mente a un conocido circu lo y se manl Pero entonces las dos lineas escénicas del diálogo se encuentran
fiesta siempre irón icamente sobre ello» 1 , sucede -si no se imprime una frente a la otra , diri gidas y relacionadas una sobre la otra en iró-
«intencionada mente»- en relación con Sócra tes . como hasta a hora utca tensión. Por todas pa rtes muestra Sóc ra tes a ambos sofistas en
lo hemos visto en el espej o prepa rado po r el a rte de Platón . Eso S~ una conversación prototípica, tal como ellos tendrían que hacerla. Pero
udapru bie n, en primer luga r, a Platón , en cu yo proceso creador S6 ' lo' tra ta po r entero de aq uellos dos tipos de ironía, si él da por senta-
148 PLATON I RO NIA 149

do previamente que ellos tendrían qu e actuar así y q ue se de berí a des de si en Fr iedrich Schlegel esta ría asentado ta mbién aq uel centro al
prender de ello algo tota lmente bello en pa rticular (278 D, 288 el que siempre apunt a Pla tón a través de un espacio vací o, N o ob st ant e
A la inversa, sería to d avía más drást ico. Ya qu e reconoce en u n mall hu realizado una pro funda compr ensión , a través del recur so a la ob ra
cio so pasaj e que los dos , Clinias y él, se habían portado burto nameu platón ica , de la esencia de la ironía. Así q uedaría demostrado en aque -
te, no sólo mal, por ot ra part e, a nte los ext ranjeros (279 D). Y casl llus palabras el punto en do nde ironía se ade nt r a en lo me tafísico y
como la representa ción de una farsa sería eso cua ndo él, al llega r ¡ lu última alt ura en la que se recoge el P latón metafísico e irónico . El
un punto de do nde no se podía pasa r adelante, llama a los sofi sta Sócra tes plató nico lleva el secreto socráti co y la ironía soc rática, q ue
pa ra que le ayuden . «Como yo esto y atas cado en esa dificultad, IIn expresa y supera aq uella te nsió n ent re el no sab er de pa labra y el sa -
roo a hí con toda mi voz y pido a los ext ra njero s, como se acud e 11 bcr en la vida que se vive, pero lleva, como desarrolla a lo largo de
los Dió scuros, q ue nos a co nsejen , a m í y a l mu chac ho , desd e esas NI los años co n Platón y en él, to davía además el secreto pl at ónico y la
nuosidades del l ógos» (l x ri:¡s ¡ QUíU/ÚCXS TOV AÓI'0 U 293 A). De ellos: Ironía plat ó nic a. ¿No es ma ra villoso cómo P latón envuelve con iro -
po r cierto , p uede esp erar « ¡que lleguen a sacar el conocimien to qll" uta lo más elevado q ue él tiene q ue m ostrar? En do nde llega a las pro-
se debe te ner para ir co n belleza por la vida fu tu ra !» dmidades de los prototipos, en el Pedon, dice: «Si hay allí de dond e
Pero no basta con ese pa ralelismo de las iro nías y de su irónl« nosotros siempre esta mos cha rlando un bello , un bien y todo lipa de
tensión ent re ellas. En efe cto, las con versaciones de Sócrates con ¡;j¡¡ esencia s de esta cla se», y po r otr o lado habla de ellas co m o «aq uello
jo ven Cr ít ón sería n co nt adas con todas esas ironías , sería n conta das tuuy deb atido», co mo si escogiese intencio nadamente palab ras de me-
iró nicam ent e - ¿pues cómo hu biera podido Sóc ra tes de otra man co nospr ecio 10. Luego, dirige la discusión al punto central de La Repú -
ra ? Y com o así la t otalidad esta ría incluso sume rgida de una vez en Mica. Anteriormente se hab ía ya demostr a do có mo a lo largo de la
un medio irónico , estarí a permitido hablar, con Schlegel, de una «tro conversació n se ha evita do 10 último , lo más excelso, y cómo expres a-
nía de las ironías», si es que no se hu biera alca nza do a quí igualmente mente so bre este ent orno sería indicado cuando se acercaba ento nces
una dimen sión más alta, Se resp ir a ese aire por todas partes, sin He nl «más perfecto cum plimiento» ( íiA~w 7á711 &7l"~e "ya(Jía ) JI . Pero. a
ga r a estar preparado para ello , P ero en un pasaje se hace de pronto pesar de t oda la espe ra excita nte . no sería a lcanzado lo más alto . SÓ-
tr a nsparent e to do lo que se cue nta allí. Sóc rates deja decir a Clinla¡ erutes se revela co mo el no -sab edor . «Pe ro ¿cómo te parece co rrecto
cos as ta n inte ligentes q ue Critón, el que escucha , se q ueda ató nito a hablar so bre eso , de lo q ue ningún saber se tiene , co mo si se supi e-
interrumpe el hilo del relato. Critó n: ¿Cómo dices tú, Sócrates, qua re? » (506 C) . Y cuand o los oyen tes se han aclarado lo suficiente, tan-
a quel jovenzuelo podría hab er dicho tale s cosas? Sócr at es: ¿Crees tu lo so bre lo bueno como so bre to do lo ant erior, para recib ir sólo preli-
q ue no, C rit ón ? Critón: No , por Zeus, de ningun a manera. P ues cree minares , dice él allí , un a vez más, iró nica mente: «También ser á su fi-
q ue , si él hubiera dicho eso, no se encont raría falto de enseñanza ni ciente eso para m í, con gusto. [Pero yo estoy fuera de mi sit io y si
de la de Eutidemo ni de la de cualqu ier o tro hombre, Sócra tes: ¿P et'o yo supie ra, a pesa r de mi situac ión, sacar pro vecho de mí mismo, me
no es, curio so Crit ón, que prefe rirías que algo de cualquiera de In. compo rta ría burlo nament e b (506 D ). Esa es la inexpresión de la vi-
más a ltos (o sea , de los dioses) hub iera estado por allí y hub ier a dicho sión platónica más a lta, qu e sería simbo lizada por me dio de la ironía
eso? Cr itón: Sí, po r Zeus, Sócrates, eso me parece a m í de hecho, del no-s aber socráti co . Sin d uda se muest ra lo « bueno» «incluso más
de los m ás a ltos ¡y de los m uy altos, en verdad! -c-Entonces cada uno nllá de la esencia , situ ado por encima de la grandeza y acción- (509
enc uentra, a través de ese iró nico juego, que no sot ros no hem os oído H). A llí cae Gl aucón en un to no muy bro mista»: «r l'o r Apolol , [un
a Cli nias sino a Sócrates-o La tra nsmisió n, a q ue Sócrates se refiere. exceso complet am ente demónico! » (xa¡ o PAmíx wv ¡.¡.áAa "y~A oíw s,
habría estremecido , ha bría roto la ilusión de la conversación lntenm "A-lfOAAOV, fl'n¡, ow¡.¡o vía s vn e (3 oAi¡s 509 C) . Sobre lo cual reco noce
co mo en una comedia romántica. Pero noso tros no estamos en uu Sócrates: «D e eso tú eres efectivamente culpable po rq ue me o bligas
mu ndo romántico; sería impens able que esa so lución ro mántica tam n decir mi opin ió n sobre ello». Aquí propiamente se encuentra, por
bién entre ba stidores pudiera to mar la conversa ción. El movimiento decirlo con Schlegel, la imposib ilida d y necesidad de un a completa
centelleante no se pierde as imismo, y la elevada luz irónica perma nc comunica ción . Y expresame nte estaría ase nta da esta irónica tensión
ce adherida a la figura del saber-no saber. no só lo co n el acostum brado recurso de la ironía socrática, del socrá -
Según unas pa lab ras de Friedr ich Schlegel: «Ironía co nt iene y re tico no-s aber , sino también incluso a través de esto de qu e lo có mica-
gula una zona de la oposición indisoluble de lo inco ndiciona do y de mente serio se coloca de inmediato frente a lo festivo , Así sería aqu í
lo condicionado, de la im po sibilidad y necesidad de una cons ta nte co llevada la ironía no sólo po r Sócrates sino ap ortada ta m bién po r lo s
municac ión- 9 . Uno puede, co n dificu ltad, sustraerse a la sospecha demás interlocu tores para la «cos a » sup erior; y se ve ya en ello q ue
.. '

150 PLATON IRONIA 15 1

aq uí no sólo se va en torno a la ironía socrática sino en torno a un nía. ( Yo no co nocía tampoco la cor recta ma nera del elogio de l amor
co nte nido de frase de más rico orden . y, sin sabe rlo, os he prometido que esta ba dispuesto a hacer po r mi
Cua ndo en El Banquete tiene qu e a brir el discurso de Sócrates. parte un discur so de elogio. La lengua, asi mismo , ha p ro metido , pe-
entre muchos otros añad idos , el camino al reino de las fo rmas etcr ro el espíritu no . ¡Q ue lo co nduzca , pues! Por que yo ya no elogio de
nas, sucede algo notab le. No lo co nduce Sócrates en perso na sino que: ninguna man era - no sería ca paz. Mas , co n tod o, quiero , si os pa re-
muest ra cómo la vidente Diotim a le ha guiado a él mismo . Así se du ce correcto , decir la verdad a mi man era , no co n la mi rad a en vues-
da meno s de que Diotima es en todo lo esencial una creación del 56 tTOSdiscursos, de est a manera no me portaría bur lonamen te». Así se
erares platón ico - igual que la elevad a figuració n de aq uel más o me extiende la iro nía y descubre el camino de la mayo ría a Sóc rates.
nos indeterminado «c ualquiera» co n q ue él tan frecuente mente jue Pe ro, apenas ha comenzado Sóc rates, y ya no es él mismo el más
ga , en co nversación y combate verbal, como si fuera otro de su entor alto. Alguien más excelso se a lza sobre él. Diotima le ca tequiza igual
no , para ocultarse iró nica mente tras él- , así se está de desacorde so que él a los demás. Ella ironiza co n él y se burla de él (202 B). Ella
br e el sentido e intenció n de ese invento. ¿Sóc rat es aporta aquí cosa encuentra la respuesta a una de sus preguntas , «también clara para
que no fueran doctrina del Sócrates históri co? Pero infinitamente mu un niño» (204 B). Y ante todos se explican sus pa lab ras q ue muestran
chas expresa Sóc rates en los diálogos de Platón a las q ue el hijo de: el paso a la más excelsa culminación: «A esa esencia de amor pod rías
Sofronisco nunca dedicó un pensamiento. ¿Sería una fina cortesía para tal vez llegar tú a estar consagrado. Pero la co nsag ració n perfecta de
Agatón qu e no hubi era superado a Sócra tes mismo? Pero así deter la más alta conte mplación, po r cuya voluntad tam bién es esto, si to-
mina la libera lidad perfeccionada de un ha blar form and o y de su pro mas un camino correcto -yo no sé si tú ahora estarías para ese»
piament e segura com pa ñía y forma de expr esión en los diálogos pla (209 E). La vidente, que puede llevar a los mayores secretos, con duce
tónicos; de est a manera nunca se podría deducir completamente e 5lt una fuerza que igualmente, a partir de Sóc rates, se po ne, frente a los
elevada creac ión de Platón a partir de la esfera colectiva. ¿Sócratel discursos bellos y de medi as verdades de la mayoría , co mo una íroni-
podría, com o el dia lógico , no tener ningú n discurso y P latón , para ro tensión en Sócrates, qu ien domina el principio de la verdad pero,
la unidad de la imagen socrática, tend ría que solucio nar voluntaria no obstante, no sabe. La iró nica tensión entre él y los dem ás es super-
mente en un diálog o qu é discurso. por ot ra pa rte, hubiera sido? Pero puesta en el punto de diferencia de una tensión irón ica en tre el busca-
en el Fedro pronuncia Sócrates largos discursos y la consideración téc dor de la verdad y una fuerza que est á so bre él imp ulsándole. Uno
nica da tan to co mo la colectiva una última respu esta a la preg unta. se queda dudando si Sócrat es sería «consag rado» y si, en primer lu-
Má s co rrecto es ver en est o que el no-sa bedor no pod ría llevar a 111 gar, si se está iniciado uno mismo pa ra la «e po pté» del misterio. Y
más alta culminación de la tarea filosófi ca 12_ Con todo , la totalidad asl eleva a los gu ías de grados, en te nsión iró nica respect o a los lecto-
consigue una más amplia pr udencia. res, a la idea de un as elevadas existe ncias y deja at rás el a fán de b üs-
queda int eligible según lo ideado. Ella regula, pa ra decir lo con Fr ie-
drich Sch legel, una zona de la oposición insoluble de 10 incondiciona-
/ La iron ía como salida de lo condicionado! do y de lo condicio nado 1).

Cuando Sóc rates, despué s de muchos precedentes, comienza a ha


blar, quedará claro enseg uida qu e ha alcanzad o una nueva superfl- ! La ironta cum a recurso del Arte en Platón!
cie. ( Me he da do cuenta de que me he po rt ado bur lona mente, cuan-
do , en correspondencia con vosotros , quería elogiar igualm ente por Otra clase distinta de iro nía, con [a que el artista Pla tón quiere
mi parte a Eros y creía estar impu esto en cosas de amor; allí en donde identi ficars e, es la que se po dría denominar en ob ras de a rt~ el des-
por otra part e na da ent iendo de lo qu e cua lqu iera tiene qu e usar paru plazamiento del peso. El Banqu ete es un a conversación de la esencia
elogiar algo. Pu es, en mi torpeza, pensaba que se deb ería decir la ver- de Eros y to dos los discursos han asentado esto com o un objeti vo cla-
dad » ( 198 C) . Con esa última pa labra quedaría desp reciado todo lo ro. Muy diferentes son los discur sos de amo r del Fedro. Ese diálogo
anterio r ante lo nu evo: habria que actuar con correcci ón ante el pcn- procede en efecto del arte del discur so y de la adm iración ap asio nada
samiento sorpre nden teme nte sencillo ... de la verda d . «La verdad es, que Fedro siente por ello y que Sócrates pretend e tener . El discu rso
mi muy querido Agat ón, aq uello de lo qu e tú no pu edes disentir. Pues apo rta do por Fed ro depende de Lisias, como muestra de un tema es-
discre par de Sócrates no es difícil» (201 C) . Y ese trayecto de la nueva colar, retó rico y complej o, sobre las fra ses que debe rían ser para pla-
zona fue llenado po r la vieja a tr avés de la co noc ida for ma de la Iro- cer ta nto del no enamorado como de l enamorado . El amor, par a el
P'
r
IRONI A 153
152 PL ATO N
llegado a estar claro. es aq uello por cuyo motivo es tod o eso que a ho-
maestro de discur sos, carece por comp leto de un sentido pro fundo, ra ha sido hablad o» (286 A). Pero asimismo no podemo s vo lver a es-
y Sóc rates tiene mucha razón con eso de qu e, en lugar de l ena morado cuchar co n ai re solemne aquella coo rdinació n del sofista con el pes-
y no enamorado , d e la misma ma nera podría pon erse el rico y el po- cudo r de ca ña y muchas otra s d e tipo similar. y si com pleta mente en
bre oel joven y el viejo o alguna otra cosa a gusto de cualq uiera (227 C). serio fueron puestos frente a frente los hombres y los p ájaros co mo
El p rimer discur so de Sóc rates sólo pretende mostrar en primer lugar bípedos frente a cuadrúpedos (266 E), habría tenid o así mucha razón
cóm o sob re el mismo objeto se puede habl ar de otra man era y mucho Diógenes para bu rlarse de la bipartición platónica con su ga llo des-
mejor. Luego , par ece Sóc rates traer a la memoria el co ntenido en pri- plumado . Pero lo cómico de nuestr a división está expresa mente mos-
mer lugar . Lisias y él han herido a Eros. Qui ere, po r med io de un dis- trado en el propi o diálogo (266 BC). Aparecen tensiones irónicas .aquí
curso como pócima. eliminar lo salino que le pertenece. Pero qu e tamo para den unciar de una vez entre correctas y falsas pa rticiones, pa ra
bién aq uí -c-aparentemente.-. se mueve sob re la superficie de las lu- impulsar a la conciencia crítica de otra manera pa ra las señales ent re
chas retóricas , lo muestr a el consejo a Lisias, él debía en erecto por intención y ejecución, a lo qu e, po r otra pa rte, esos ejercicios prepa-
su part e seguir posiblemente de inmediato al discur so de Sócr ates con ran ante lo más serio , pero en efec to sólo preparan .
uno propio co n el tema ahor a debatid o (243 D). Se encuentran esas tensiones irónicas en el lado de la forma , así
Después de qu e se ha remontado el tercer discurso de amo r, el se- se tiene una tensión irónic a diferente a tr avés del objeto. Se busca al
gundo de Sócrates, con el impulso de la «man ía» al cielo de las ideas. sofista , asimismo , como en un juego, con los ojos fijo s se encuentr a
retorna de nuevo la discusión a la Tierra para fundamentarse. Esto con el fil ósofo. Y la pregunta qu e se plantea es si con esa defin ición
sucede cuando en absolu to el discurso ha sido de tan altas cosas, sino 11 0 se hace demas iado honor al sofista (El Sofista 231 A) . ¿Pero no
qu e todo 10 qu e ah or a llega depende de la técnica retóri ca, de la ins- c.~ al filóso fo , al que propiamente se busca y piensa, cuya imagen per-
trucción de los or adores, de la relación de la obr a escrita con la ora l. manece tr as el otro, cuya definición tiene que ser dad a después de que
Si se toma el diá logo letra por let ra , se circunscri be a la retór ica , y se encuentran determinad os sofista y polí tico? Aqu í ha y así una író-
los discursos de amo r resulta n meros ejemplos retóricos, algo en tor- nica tensión entre el que se defin e propiam ente y el que fue buscado
no a la const rucción co rrecta o falsa de un discur so o lo cont rario de como último final, y se refuerza a través de eso qu e, como en un ins-
t rabajar mediant e escr itura y de hacer observable un «légos. impro tant e, llega a esta r más cerca de la pro pia meta .
visado. Pero ya la primera impresión dice que eso no puede ser real. Pero luego los ejercicios d ialécticos y el objeto del que se oc upa
mente así. Y de hecho quien pretenda designar as í defi nitivamente el no están asimismo enfrenta dos po r casualidad , como la ma yoría de
contenido . se habrá dejado llevar a error po r el arte irón ico de Pla- las veces tiene la apariencia. En efecto , es improbab le que, en pura
t ón . P ues. como hay imágenes en las qu e el centro perma nece vacío seriedad , la defi nición del politico sólo tuviera el valor d e un ejercicio
y el peso pesado, a través del juego com pletamente inesperado de ll- dialéctico , como se dice en el diálogo por todas partes (El Político
neas , colores y luces. está desplazado a una esqu ina . si se echa una 285 D). Con ello pa rece más bien encubierta irónicam en te la relación
mirada aho ra al d iálogo , co ntiene igu almente lo que hasta ahora pa- de valor . P ues el ejercicio dialéctico sin duda pretende equipa rar el
recía el centro . co mo sent ido propio del todo , el más Fuerte resplan- objet ivo de la búsqu eda de la esencia y de su contemplación ; y este
dor que efectivamente irrad ia todavía sobre eso y le da un pro fundo objetivo es el objetivo de los Filóso fos, cuya for ma aparencial se t rata
contenido, que, en ta nto no se reconoce ese iró nico desplazamiento de separar de la del sofista y del político . Así final mente en una so lo
de lo pesado, debería a pa recer como el objetivo principa l. en co njunto cae n el objetivo material y fo rmal . y también las tensio-
Trabajad a aún más a conciencia , se encuentra la misma iron ía aro nes iró nicas en ambas líneas está n, no por casualida d, una frent e a
tistica en do s diálogos tardíos . El Sofista y El Po tiüco . Pr opiament e la otra . Ellas designan ambas veces un condicionamiento e ind icación
están aqu í, entrela zados uno co n otro , los lar gos ejercicios dial éctico- en lo profund o de lo incond icion al.
formales. por medio de la división binari a, para llegar a la definición Con ello los dos diálogos conducen a una última fo rma de juego
y a la búsqueda de aquellas esencias espirituales qu e se designan con irón ico : (a iranio sin palabras. qu e se extiende a tr avés d e aqu ello que
el nombre de sofista s, políticos y filósofos. Se ter mina lo que se dijo, Sócrates llegó a ser por medi o de su man era de estar allí, en silencio
así es esta búsqueda de objetivo , de método for ma l, (da q ue sólo para pero lleno de tensión irónica. Det rás de las definiciones del so fista y
eso coloca ant e nosotros la inspección sobre los políticos, con lo que del político. se esta blece como tar ea la del fil ósofo . Sobr e ello se in-
nosotro s nos convert imos en dialéctico s pa ra todas las cosas) (El Po- terp retaba repetidamente y también se esperaba q ue se pensase en qu e
lítico. 285 D). «P ues lo incorpóreo , lo más bello y lo más grande que debería buscarse un tercer d iálogo, «El filósofo »; y o bien se enco n-
sólo a través del " Iógos" y no po r med io de ninguna ot ra cosa ha
154 PLATON

traba en algún otro diálogo o se ay udaba con aq uello, en los dos \1


lagos conservados, el fragmento de una incomp leta trilogía de la vu
vers ación 14. ¿Pero no se ha llevado a ca bo con ello el sacriftcto t
una Iro nía platónica? Una tensió n irónica va des de el SÓcrates sil CAPI TULO VIII
cioso oyente a la co nversación del Extra njero de Elca y a sus jóvCI
int erlocutores. Están bu scando el cam ino a lo más excelso . Se enea I DIALOGO
tra presente allí Sócrates, el que, en Platón, tra nsita por ese cantlu
y la misma dialéctica irónica conduce de las defi niciones de amhl fI discurso griego!
diálo gos a la definición que se une del filóso fo, y de ella, de 1l11C'
oscila a aq uéllas en el modo oculto de esta obra tardía, pero SiClll~ Tan poco pueden decirse, en completa correspo ndencia, concep -
toda vía llena de figuras . entre el por tador de la convers ación de e] ! 1I\ como «legos» y «eidos» en castellano, igua l que son poco tradu-
cícío dialéctico y el filósofo que, como un di os homérico, pcrmnu Ihb térmi nos como «interioridad » o «provi ncial) al gri ego. Ta m-
allí, «oc ulto en el aire». hi t'u, allí en do nde el griego evita e! mundo , sucede eso só lo porque
La ironía socrática , contemplada en su punto central, expr esa pi mundo qu e busca o persigue ya no existe o todavía no existe. Su
tensión entre - lo que cons tituye la imposibilidad - el no -saber de I ,olt'dad es azar o necesidad, no suerte o camino para la perfección
completamente en pa labras <do que es lo justo», y el vivir allí de 1 humana. Y si la soledad del hé roe trágico , en la tragedia d e Sófocles,
no sabido , el ser del hombre correcto , que lo eleva hasta la supcrf k] l1l'lIcnece a su perfección, asimismo ta mb ién de la misma manera a
de lo divino . Para P latón sería co ntestable «en pa labras» a").,61'11(1 ' " a niquilació n. Pues es indi solu ble en la esencia del griego la Socíe-
la pregunta socrática . P ero esa resp uesta sería primero c umplida .l.ul y lo que él en ella representa. Ver y que rer llegar a ser necesa rio
la contemplación de las formas eternas y en su conocimiento de 1I V tener que serlo - aunq ue sólo como aUI'lnfíov- bajo los presupucs-
ideas, que está n más allá de todo ser. As í se repite una vez más aqu 1m más pro fundos de los que se toma por forma griega l .
en una superficie aún más alta, la misma relación fun da mental, la mi Discursos epidíctícos, disc ursos que se mues tran o en los qu e uno
ma oposic ión de lo condicionado e incondicionado. Co n ello se mucsu ~l' represe nta , son un género del mo do antiguo de discursos descono-
la ironía plató nica, despu és de que ella ha t omado en sí misma lml cldo y fuera de clasificación. Pero algo de epidcixis hay en cada dis -
la «d idaxis» y tod a la magia de la figura socrática, más allá que com I Il I'SO griego y se podría or denar toda fo rma de discurso en una csca-
envoltur a y protección de! secreto platónico . Pero , como en una e In , según el dominante de ese elemen to de comedia . Discur sos ob jct t-
cultura griega e! traje no sólo envuelve sino que man ifiesta, a Sil V~ vos contienen menos de eso que discursos de ostentación, convers a-
lo envuelto en un a fo rma muy característica, así es la ironía de I'ln 11t'1Il entre dos me nos que discurso de uno solo. Y como la más aleja-
t ón , como una con ducto ra pa ra e! camino hacia las formas eternll, ¡la epideixis de todos ha bría quedado la verdadera co nversación
y lo que está más allá de! ser I ~ . socr ática . Pues nunca ha hab ido en Grecia palabras que fuera n de for -
ma tan completa única mente al «sen) como estas que salieron de la
lux-a de Sócrates y que buscaban a ot ros para sonsacarles. En ellas
rl se dife rencia de todos en que él era sólo sencillez y no se representa-
ha. Tal vez sería lo que todos podemos con más claridad entender por
medio de una comparación con Di ógenes, «el Can»", que asim ismo
se relaciona con Sócrates. En él es conscien te ese apartarse de tod a
representación de sí mismo y ese conver tirse a su vez en representa -
clón de sí mismo .
'1
* Se refiere a Diogcnes de Sínope (4\3-327 a.C) que se suele co nsiderar como el
III ;"IS representativo, cuando no el fundador de la escuela Cínica. Como es sabido el
nombre de dicha escuela procedía del lugar en el q ue solían hablar de sus ideas, la «Puerta
del Perro». El primero que lo relacionaba con Sócra tes era el mismo Díóae nes, según
informa Laercic, q ue, como era su costumbre . conta ba el mismo relato que aquél en
relación con sus antecedentes familiar es y su vinculación a la Filosofía , sólo q ue dis-
torsio nado . (N. de! T.)
156 P LATON DIALOGO 157

Es una senda que se mantiene repetid a en los diálogos platóu! 11Ic/o\o «recond ucía a la tot alidad de donde salía el discurso a su fun -
de forma q ue Sóc rate s pone su co nversa ció n en un contras te qur a"
,111I llCI11 Q)} (¿lI'i ri¡1' Ó 1l'"ÓO Ea~ 1' JlI'a vijYEI' lI'á vra TO Jl Myo " J enof . Re-
canza a la raíz, a la exposición continua -de los sofistas. El d i ~1 1l werdos, IV, 6,13). y ello se cuidaba luego de revela r que el otro no
Protágu ras est á co nstrui do so bre ese co nt ra ste , incluso resucnnut 1IIIfu da r razón so bre el « zqu é es... 't» . «Yo pert enecía a a q uellos q ue
Gorg ias. Sócrate s no puede man tener discur sos co mo los so ñsnn , II juvto se dejan sacar del erro r, cua ndo dicen algo no -verdader o; gus-
puede escucharl os «po r debilidad de memo ria ». Insi sten ellos vu 111_lllltcnte sacaría a o tro, si dijera algo no-ver da dero, y no men os a
fo rma y no en tr an en su manera de conversar entre dos , así él 1111 _11 _1 0 llega ría a sacar que a ser saca do » (Gorgias 458 A) . La «elé nct í-
capaz luego de participar. El a rtista de di scursos se mece en la son I + 1" de SÓcrates só lo puede [legar a realizar se en conversación con otro .
dad de sus pr opi as palabra s. «C o mo vasijas de bro nce golpeadas . I '1 «clénctica » es un escrito al mo do de una «paideia». Edu ca r, o sea:
suenan largamente y vibran si nadie las toca, así pasa también nmcr saber. Pero saber no es en absoluto aque llo que , como en vasos
el maes tro de discur sos: a nte un a pequeña pregunta dej an corr er «uuunícantes , «co rre de lo lleno a lo vacío» (E / Banquete 175 D) . Son
discurso» (Pro tágoras 329 A) . P ero Sócrates se hall a decidido en • 1'1\ falsos ed ucado res los qu e piensan así: «colocab a n instru cció n en
a q ue la verdad aparezca a la luz; par a sali rse co n la suya nada le Ir 1+1\ almas, cuando ella no se encontraba precisa me nte allí, como si in-
po rt a (Gorgias 457 E). Sin d uda q ue la co nversació n ent re do s pu '~ l l as e n capacidad de visión en unos oj os ciegos » (L a R epública 5 18
tener algo de embuste y converti rse en m edio de represent ación de u 11 ). Frente a esto , como todo el mu nd o sabe, se esta blece lo socrático,
mismo. Los ar tistas universales, los so fistas , de bían también colo ~ I principio eterno de to da educació n, q ue sólo tr at a de lo q ue e! pro -
a su hombre en lucha de pa labras y, en Platón , lo co nside ran eXIl 11io hombre aporta de sí m ismo. Eso es, en efecto, un co nstante dis-
samente así en su prog rama (Pr otágoras 329 B, Gorgi as 447 C) . rurs o en el Sócrates plató nico : «que lo pr egunta do , cua ndo alguien
efect o, e! par de acró bat as que act úa con su pieza ar tística di alé crl entiende co rrec ta me nte de preguntar , dice todo tal com o se encuen-
en el Eutidemo de P latón , da al pu nto una represe nt ació n en un j 1111'>1. Lo que se considera co mo «do ctrina de la an amnesís» , del M e-
go de pregun tas y respuestas. «[Mostraos !», les dice Sócrates, «in\' w ln, es un ca min o semimítico al «eidos» preex istente, q ue reposa en
tados en conjunto a most rar vuest ra destr eza en e! arte» (274 D). Tu uuln consa bida y repenti na convicci ón soc rá tica. El amado educador,
bién el Sócrates platónico a veces to ma in ten cionadamente tales 1lI,: ~ l de la mayéuti ca, se crea su forma aquí, en el diá logo q ue det erm ina
tija s, cuando exhaust ivame nte pru eba y a medren ta par a hacer 1101 111a lumno a afirmar lo propio, a negar, a encontrar la verd a d, en una
las más estúp idas tontería s m edia nte el desconci er to o también cm I pnlabra a «filosofa r». J enofon te hace a Sócr ates tratar arengas de ad-
do qu iere mostrar el obj etivo correc to sobre falsos ca minos . Y a qul monición, de educación y edificantes. El tam bién pue de decir algo so-
llega de fu era le par ecería qu e un trozo de conversac ión socrática brc su mét odo, au nque no dir igía conversaciones, pues : «s i bien él
veces no suena de dist in ta manera que un an draj o de la pelea soñu rulsmo dir igía algo a tra vés de discursos, luego to maba el ca mino so-
ca . Pero esta rá n separados de fo rm a interminabl e po r medio de III \l luc aquello que esta ba a la vista ante to dos los demás, en la opinió n
tima intención: incl uso si Sócrates ace ptara el ar te sofís tico, CUUllLl1 .lc que en ello se encontraba la segurid ad de la di scu sión» (Recuer-
él (como se dice en el Hipías Menor) «e ngaña a sa biendas» , inclu( dI/S, IV,6, 15). Esto es un contraste con e! Sócrates platónic o , en par-
así también estaría dir igida su vol untad «a las cosas». ticular en lo que ése mismo reconoce sobre discursos y co nvers ació n
entre do s co mo su visión . No es co mpletamente impro b able el q ue
rcnofontc cree a Sócrates para el Protr éptlco a partir de ver da de ros
/ E! discurso de Sócrates/ recuerdos . P ero t am bién habría puesto luego P lat ó n la gran realida d
Ilsí, porque ha bía comprendido co nscientemente la ma nera peculiar
Pu es ya él, en la Apotogta, po ne eso como el em pleo que el dio 'J diferenciado ra . «Sócrates preguntaba, per o no respo nd ía; pu es re -
le ha enca rgado. ~< Vo y dea mbu la ndo a busca r e investiga r, según lA cono c ía no sab en) (l: w)(Qá n¡s ~QWTCl', a}.,;": 00)( Ct:1I'"EXQíVO: TO. <1J¡WAÓYH
voluntad de! di os, entre ciu dada nos y extr anjeros si yo me tengo pOI "'( (l e 00)( ~ló~ Jlm, así Aristóte les ha reducido el sag ra do p roccdimicn-
uno entre los sabios . Y si me parece q ue él no muestra eso , en tonela lo a la fórm ula m ás co rta y a lo fun damental inmediata m ente a partir
voy al dios en busca de ayuda y muestro qu e él no es sa bio » (23 II) , del punto centra! del modo de pen sar socrático. En Platón anda to-
La época - co mo la nues tr a- se enco nt ra ba llena de t oda clase di davía Sócrates en perso na por allí en do nd e tiene que mante ner un
fa lsificadores espirituales. Sócrates se vio llamad o por el dios a COl1l discurso ; esto sería por q ue la ley de la ciudad o las reg las del banque-
probar, di ferencia r y golpear en los cacharros , por si ellos esta ban en le perm iten, en la med ida de lo posible, el flujo q ue corre en el género
te ros o tenía n grietas . Una declaració n que él enco ntraba , prob abu dialóg ico. Se encuentra n también excepciones en ello, en el Protágo-
158 P LATO N DIALOGO 159

ras. Menexeno y Fedro. pero por lo general llegan a ser exprcsauu Kll1 h il tl un afilado agui jón a llí en do nde el gra n no-sa bedor debe ha-

designadas como excepciones. En los grandes mitos se alca nza llOl I • mcpa rado la más violenta fuerza de la a poría sin fin.
das pa rtes el punto en el qu e el discurso del Sócrates plat ónico \1'
sa rrolla con mucha diferencia po r encima del histór ico .
1IIIhilogo p lat ónico /

1:1 diálogo plat ónico es la representación de un a co nversación so-


/ El movimiento dialógico/ 11\1 "::1. Pero se difer encia necesa ria mente de ella en su más profundo
tundamento t . Ellas permanecen , la una frente a la a ira, como cua-
A través de Sócra tes ha y un mo vim ie nto dial ógico en lo grie hu urtistico y vida nat ural. l a Na turaleza esta fragme ntada en ca da
con él ha llegado a la vida espirit ual occide ntal que, co n anteriorld 1111 '1 de las partes individuales. En ella se añade el cént uplo pa ra la
sim plemente no había existido. Se puede recordar sólo e n qué Ion 11l 1ll1 itud de la existencia. U na obra de a rte se encuentra a pa rta da de
di ferent es los pensadores anteriores se expresaron ). E incluso 10 I Interdependencia con la Na tu raleza . una totalidad que tiene que su-
pa só a lo escr ito de las co nver saciones y luc ha s espirituales del 1 1,111 . por medio del cierr e y de la reparación , los defec tos; q ue sólo
v como diálogo es menos comparab le con el impulso que ha di vnpuz de un añ adido, y no creíble. Eso , qu e es tan provisional, Ira-
primero poco a poco, Sóc rate s que nunca se rinde por complet I .vu relación con los d iálogos platón icos, de designarlos co mo obra
Tod os sus alumnos. fundam entalmente los que escriben, parece (1 l. ene . l a co nversación socrá tica surge con mucha frecuen cia a par-
ha n compuesto d iálog os. Pe ro ninguno ha transmitido la fuerza 111 de una situación casual en un espacio cas ual, como «a partir del
creaci ón de una larga vida en forma ta n expresa como P la tón. S .onracro vivo de lo Que sucede por cas ualidad con el a rte del trato
pa ra él fue tam bién el arte poé tico de la «conversació n socr ática» I humano y el discu rso de objeto espiritual llevado en conversació n Ii-
cesidad últim a . Pu es los demás socráticos que han dejado una i tuc » [Karl J usti). P latón no podía sopo rta r cas ualidad alguna en su
ob ra de escrit ura , Aristipo, Antístenes y Jenofonte, no se han limll IIhra. Tenía q ue escoger los interl ocutores de la convers ación y orga-
do a los diá logos y no todos sus diálogos han sido conversaciones 1 ntzurlos según las di rectrices del a rte, qu e ha cen co ncordar el co nte-
cr áücas. Los po cos d iálogo s, sin embargo, que se saben de Euclid nIdo con su procedencia espiritual y libera n el espacio d e su cas uali-
Fedón y Esq uines no pueden ponerse alIad o de Platón ni en ca nten ,1,111para deja rle conv ertirse en colabo rador de la obra completa . «Lue-
do ni en ra ngo. Asi, au nque a ntes de él ya se pueda n situar reñe¡ lO está cu mp lido todo el a rte, si tiene el aspecto de se r Nat ura leza)
de conversaciones socrát icas en la literat ura de aq uí y de alli, pucd lo Historia). De ta l ma nera es el triunfo de la fue rza creadora de P la-
que sea él solo creador del d iálogo filosófico como necesidad, de igu 111.11, que nosotros to mamos allí como real idad histórica lo que él as i-
calidad como obra de a rt e qu e la vieja tragedia y la co media. nnsmo ha encont rado. Segura me nte que ha bría podido Sóc ra tes ro-
La conv ersación del Sóc ra tes histórico está perd ida pa ra nosotro pollSC en una plaza pública cualquiera con un sofista forá neo que acom-
y verdadera mente po r necesidad . Pu es a la esenc ia de su co nvena I',tl)aba a su alum no y a la vez a nfitrió n ateniense. Pero q ue esos tres
ción pertenece el ser oral. Se extendió sobre muchas cosas de las qu luego sirviera n de imagen de cla ridad, co mo po r casua lidad en una
nosotr os podemos sa ber a partir de Pl atón. El que Jenofon te, acerca wrlc de grados, y d e apertura de la autoexposíció n de có mo el alum-
de su pa rt icipació n en el camino de Ciro , ha t rasladado el consejo d 11 0 quita las vacilaciones éticas de su maestro en fa vor de un a gra n

un hombre sabio es sin duda un hecho histórico (An ábasis 111 ,1,5) «uisccucncia: el an fit rión incorp or a por completo una inmor alidad
En la A polog ía platónica el propio Sócrates nos dice que ha bía cxn vln ata dur as, qu e asimismo sólo a pa rece como el co nsiguiente desa-
mina do a político s, poe tas y obreros manuales. No toda s esas sitúa 110 110 a pa rt ir de una po sición re tóri ca : eso es el ha llazgo de Pla tón
ciones - y ya no pueden ser má s- están recogidas en los diálogo (' 11 el Gorgias. Con [os m uchacho s y los jóvenes se ha enco ntr ado se-

de Pla tón; así qu e debe mos dirig irnos más bien a Jenofonte para IW gura rnent e Sócra tes en muchos lugares: en la calle, en las casas y en
menospr ecia r la ab unda ncia de los moti vos y de las particip aciones las palest ras. Pero qu e Pla tón sitúe precisam ente en un a pa lestra ese
en conversación , y asimismo escasea, a su vez, en las con versaciones ('l1cuentr o. en donde él so br e todo estab lece con claridad el espacio ,
de Jenofon te aquella energía, aque lla fuerza liber ad ora y pu rificado. en el Eutidem o, y la conversación princip al del Lisis también en el
ra que debí a to mar necesaria me nte prestada nu estra fantasía a la so- Apodyterion , eso habría est ado bien hallado para que llega ra a verse
crática baj o las conve rsaci ones de ést e. No fuero n ilum inadas, en el la gim nasia espirit ual y qu e el precedent e desn udar del espíritu, con
sentido de Jenofonte, y «provechosamente par a tod os». P ero intcr- el qu e juega a gusto Pl atón 6, tuviera su a parente co rres pondencia,
160 PLATO N DI A LOGO 161

proba bleme nte de acuerdo co n que se personificase la imagen de, 111 que él se reconoce acompaña ndo a Clinias como alumno de Eu ti-
da de la educ ació n e n el desa rrollo co rpo ral y espiritual en ellos. ,k l1ltl y Dio nisodoro. Así está fo rmado C tesipo en con tras te con Só -
Protágoras reune a los so fistas en una casa en la que ellos tal vez nun .mtcs y ese co ntraste se expresa desde el principio en el o rde n de las
ca se ha bía n encontrado juntos de esa manera. En ella, al comicnv IllImas en el espacio total.
les hace estar en di ferentes espacios. y no es casualidad en abso lur tenofonte, en su Banquete. ha ce igualmente que Sócrates de ante -
que el más destacado, compa ñero de juegos propiamente de S ócr m lll1 U se encuentre presente y lo hace participar generalmente en la
les, ent re y salga en el vest íbulo delantero así como Sócrates gustul .onvcrsací ón. Co n ello ha renu nciado a todo lo que da u na doble ten-
de ent ra r y salir. mientras que Hipias perma nece sentado al fondo " ,11\11 tan fuerte al cuadro espacial en el diá logo plat ón ico del mismo
su silla de enseñanza » y Pród ico se encuentra aparte, en un espacl¡ nombre : que Sócra tes. en primer luga r. entra cua ndo todos los de-
oscuro, en u n cam as tro . En primer luga r es Sóc ra tes el que conju nt "' 1\\ es t án ya desde la rgo tiempo en la mesa, y su discurso de elogio
a su vez a esos hom bres ta n diferentes mientras se encuentra entre ell urnc luga r cua ndo ya todos los demás ha n ha blad o . As í que nosotros
en el espacio dent ro del grupo unita rio de los «so fistas». Ju nto al pur segunda vez llega mos a est a r ob ligados a esperar con él con á vida
pacio el tiempo colabora a la d ra mática y al punto filosó fica ent rad suciedad, a refe rir a él todo . Pero ¿q ué quiere decir el que Ari stófa-
qu e se observa en los preám bu los de la con versación en este misu¡ Il r.~ , cuando le llega la vez de habla r, se encuentre aq uejado de un ata -
diálogo. El joven Hip ócra tes encuentra a Sócra tes en la cama , y ~ 'lile de hipo de forma que se tenga que reemplazar por un vecino de
un dormitorio oscuro se intercambian las primera s palabras. Pero lu IIIt' Sa , el médico Eri xímaco, y tome después de éste en primer lugar
go salen al pa tio , ta mbién en un recinto a bierto, y anda n de acá pm j" palabra? ¿Por qué P latón no ha a nticipado a los do s hombres un
allá . Enseguida la conversació n se desliza de las perso nas a las COSII .lIio en la mesa de acu erdo con el orden en que él ha pensad o dar
y co mo ellos han hab lado a nter iormente, esperan «hasta que se halt 1,,\ palabras? Má s bien, ¿qué ha prete nd ido con ese desplaz am iento?
la luz: para t ratar de ma rcha rse; as í comienza poco desp ués a di /, lIa huscado esto pa ra dejar desca nsar a la fantasía entr e los discur -
rea r, efectivamente cua ndo Sóc rates pla ntea la pregun ta difercucl ' 0 \ con un juego gracioso y sin objetivo , y pa ra mostra r a nte la gente
dora ..., segur a men te as í se puede ver el ru bor del joven; pero el nr 111cómic o en una situación ridicu la y al méd ico en la más simple pe-
ba r muestra asimismo sólo que ta mbién , en un sentido diferente, «em .rentcrta del ente nd ido? ¿O pa ra rom per de una vez con la mo noto nía
pczó a cla rea r» 1 . .Ir la costumbre con un movimiento en cont ra? Segura me nte que es
El cuadro espacial de l Eut idemo, desp ués de que el movimicm todo eso y tal vez incluso m ucho más. Pero la última cuest ión q ueda
inicial ha llegado a su fina l, aparece as í: En el banco se sie nta [u nt eun por preguntar. La cost umb re: ¿sobre qué pone ella la mira luego
a Sócrates el joven Ctinía s, y ambos llegan a estar cercados , a der 11110 sobre Sóc ra tes? Nosot ros sa bemos en efecto que él hablará al fi -
cha e izqui erda, por la pareja de sofistas . Ctesipo, el adorador de cll nnl, .. ¡si los demás le han dejado algo rest ante! Así la interrupción "/
nia s. que se sentó prim ero como quinto en el banco. se ha colocad, .tcl orden se vuelve al orden mismo, el orden en él. Lo qu e tenemos
frente a los ot ros cuat ro. Y en circu lo se colocan en torno el resto d medio olvid ado entr e los discu rsos de elogio , sobre lo q ue luego todo
los adorado res de Clinias y de los seguidores de los so fistas. Sócrat I/~ (l pretend e salir. eso será de nu evo consta table lo mismo que, me-
en el ba nco jun to al muchacho : nosotros co nocemos el cuad ro desd dtnutc el movimiento contra rio, el movimiento; co n el movimiento
el Lisis y el Cármídes, Se t ra ta del pescador de hom bres que ha unidQ entra en la co nciencia el objeto y con ello él como la más alt a instan -
a él a los m uchach os, el «eiron» que se sabe no frente al pupilo sine cfu. en la que tiene que ser agrupado lo qu e los demás dicen y son.
a su lado . Pero , en efec to , está fla nqueado el grupo de am bos po ¡\ ~í. pa ra la composició n del d iálogo , debe se r exa minado , más de lo
los maestr os de esgrima so fistica s. Así la doble di recció n del co ro d 'lile po r lo gene ral, en su significació n espiritual. el espacio formado
nuestra ob ra , en la que la melodía del diálogo educat ivo -del tillO IHU" los precede ntes corpóreos en él. No como si se trata se de una ale -
del Lisis- y la del diá logo de competición - del tipo del Protágoras lIuría en el sentido de los neoplatón icos -cntre los cuales asimismo Pro-
han llega do, la una a tr avés de la ot ra. a enco ntrar su expresión espll do tiene qu e decir algo muy inteligente sobre la pura visión filos ófi -
cial . El contras te, sin emba rgo, de qu e Ct esipo se man teng a en fin t'ü, y no puramente artística ni pur am en te histó rica, de la pieza dialó-
fren te al otro mientras qu e Sócra tes se man tiene sentado a su vcru, alcu de Plat ón 8. Lo qu e actualmen te se deja al afi ciona do a la lite-
es, a su vez, ob jeto de particular simbolismo. Ctesi po sa lta rá después mrura y al histo riador de la interpretación filosófica de P lat ón debe
en luch a abi erta por su joven am igo cont ra los e rísticos y lleva rá C~ II ~l' l co ntemplado en su conten ido existe ncia l. Pu es aqu ellas pa rcelas
lucha con igual veheme ncia siem pre, au nque no siempre co n éxito. 11 0 est á n por cas ualida d un a co ntra otra, no porqu e los escritos de
Sócrates, po r el con tra rio, no deja nunca aquella iró nica actitud en t'hu ón no perte nezca n a un moralista sino a un relato de a rte clásico .
162 P LATO N DIALOGO 163

IEI espacio dialógico en Platón/ It 1111 espacio del mundo espirit ua l siemp re diferen te por completo,
Hi t !' los indios concretamente, hay una gran liter atura de conversa-
Las mismas preguntas se colocan para la relación de los diñlo hul!" Filosóficas. También ellas son la image n poética de una vida
entre sí. Las conv ersac iones del Sócrates históri co se podrían y se ( '11' _l' mueve dialógicamente , y permiten comparación, entre toda la
berían en realidad con frecuenc ia relacio nar previamen te una con ul 1Iu-n-ncia de unas con ot ras y entre todo el con traste d e con ten ido,
Así no se le ve a men udo a P latón remitir a un a futura conrinuncl 1I11 111 forma griega de ello, con el diá logo socrático; de mane ra que
la conversación interrumpida. También en Jenofonte se Ice cómo . U,U, romo obras litera rias, están frente a la conversac ión natural co-
era tes en primer lugar t iene que actuar tres veces sob re el joven l'u mil una arquitectura respecto a la peña que se yergue. Pero con ello
demo ha sta que él se cura de su altanería (R ecuerdos, IV,2). Pero 11 pmlrfa esta r ya al final de lo comparab le. Co mp letamente distinta
má s está la cantidad de encuentros con los diferentes hombres y 1 In realidad que aquí y allá fue formada . Entre los griegos, de uno
ben ser dej ados cada uno por sí al aza r. Por el con trario, en la oh 'Iur no sa be, de un buscador, de un comproba do r e instructor. En
del gran artista domina la necesidad. Se ha censurado una vez cu 111. rlt mnishads. los muchos sa bios a los que se pregunta, que luchan
mu chas qu e Platón no pone a su maestro en contacto con ob re¡ 1 uuv sí, que desde la profun didad de su sab iduría hab lan en rcson an-
como había hecho Fedón de Elis en un diálogo perdido pa ra nn_ 1 dog mas. Incluso si se destacase uno, si se escogiera a Yajnavalkja
tras 9, Sería mucho más correcto recordar qu e Platón escoge sólo ¡ utuníunte en el torneo de discursos contra todos los b rahmanes, él
terlocutores tales que pudieran llegar a ser fr uctíferos pa ra él. En cr I h 'lI l' UIl espíritu distinto de Sócrates. E incluso radica menos en la
.to, hay allí labradores, zapateros, carpin teros, flau tistas y otros 11 1'1'1' 0 11 '1 , de forma qu e en otros Upanísh ads ta l vez el asceta Aruni
cios ma nuales como ejemplos ap ropiados para aq uello de que ¡¡tlll 11 tnvluso el dios Prajapati llegarían a ser portadores de idéntica pro-
ha aprendido lo que pra ctica, y de que en realidad conoce lo que .bmmción de sa biduría 11.
jact a de conocer a través del nombre de su oficio. Pero tras el orle I':n efecto , parecen estar los diálogos socráticos cerca de aquellas
manual como tal no se extiende mundo espiri tua l algu no qu e trarc 11 , «nvcrsacíones de do ctrina y de disputa tal como se encuentran entre
defe nder eso, ninguna fu erza flo reciente que lo tr ate de educar. y 1.._ "discursos de Gautama Buda» 12. Allí ha y por lo general un real-
la plenitud del cuadro en un cierto sentido no podría añadirle una re¡ 11' uuv en sus monjes, cuando él, predicando, no los «avisa, anima,
lidad más comedida de experiencia qu e radicase en la pro fundidad 1 111 1e....Ia y ama ina», imprime en conversación instructiva el dogma del
las esencias . Se encuent ra también, por un lado, una elección en f 1" ' UI", del desarr ollo del pesar, de la liberación del pesar y del sende-
creación platónica, y así, por la otra parte, una integración de lo el 111, 1) convierte a alguien muy reflexivo y brillante a esa doctrina. Real-
gido. Si el gran artista crea una larga vida por medio de una cantldn 1I11' 11 [ C permiten most rar muchas similitudes de las situac iones y for -
siempre abarcable de obras, entonces no es así verdad scguramcru n lll ~ de la conversación con los diálogos socráticos . Pe ro para sllen -
qu e desarrolla desde el pri ncipio un plan que más tarde sólo ejecutn , Int incluso a pa rtir de la incompat ibilidad de los mun dos que fueron
pero incluso mucho menos sería así que cada obra en particular fuc ~ . uuxr ruidos aquí y allá, pa ra silenciar además que Gau tama tiene una
un fruto cas ual de disposición de án imo e imp ulso. De hecho se v .I..r[rina casi acu ñada de forma inquebra nta ble ha sta en el tono de
ya a pr imera vista que se encue ntran en conjunto gru pos; así las abril 1'1' palab ras qu e él mismo se adju dica, como «comprensión , autopro-
del prime r período, por medio de su for ma aporética y de su ser (;0 luudización y sab idu ría», que contra su oponent e Saccako, cuando
mo un proc eso unitarío hacia un objetivo marcado, de esta manen W II no quiere respo nder, se dirigió a un relampagueante espíritu para
La República, el Tímeo y el Critias; el Teeteto , El Sofista y El Poflll que le rom piese la cab eza en siete tro zos: en ninguna pa rte entre los
co, en la otra par te, po r medio de interlocutores en conjunto y de tm rudlos se encuen tra una gran figura individual como imagen del maes-
ta mie nto unitari o . Y fáci lment e se notan también expresas rcmís¡o ! I O y a la gran cantidad de conversaciones de realce, como en la ma-
ncs, así del Fedón respec to al Men6n, de L as Ley es respecto a La Re wnrfa de los Upanishads, debe fal tarles aquella aita unidad del orga -
pública. To do eso se apr ecia en la primera ojeada y se puede esun nismo que en toda la ob ra escrita de P latón se encuentra ante noso-
seguro de qu e mucho hay que no se ve a primera vista . Tal vez se trn n os. Pero t ampoco está dich o con ello to davía lo más importante,
ta de una tarea sin solución, pero se tiene que intentar «de ter mina¡ Vya aq uí se pod ría hacer aún más clara la comparación que ahora
la ob ra escrita de P latón como un sistema estelar en el que níngunn hay que añadir.
luz ni ninguna fuerza pueden llegar a falta r» 10. En la India, el compos itor de conversaciones o de discursos no tiene
Se pod ría detener uno en este lugar y acordarse de qu e -c-pcrfecta- mula que enseñar qu e no rep ita del maestro o pensase que repe tía.
mente sin aquella interdepend encia histórica con el diálogo plat ónico-e \' , en todo caso, hay, entre su propio mo vimiento del pensamiento
164 PLATON DIAL OGO 165

y el q ue él figura ba , a penas algo q ue sea sentido como tensión . El rnun- que uno de los mayo res a rt istas se ha brí a enga ñado en lo esencial y
do platónico , sin em ba rgo . se ma ntiene frente al socrát ico com o dis- tiene que ser corregido de su err or po r la po steridad? En dond e. co-
tin to con pro pios medios y un círculo pro pio. 1110 co n frec uencia - pa ra decirlo con Schteie rmac her-c-, «sólo des-
co noció el fu ndamento del se nt imiento y e n su lugar fue asenta do el '/
q ue j uzga pa ra busca r en lo juzgado». Q ue él se volvía contra la reali-
/ Dt átogo socrático y diálogo platónico / dad común, seguramente nad ie lo sabia mejor que Pla tón. El comienzo
de su Teeteto sería efectiva me nte su ficiente, si fuese p reciso , pa ra la
Asi se dife rencia, pues, finalmente y ante todo el d iálogo pla t ónl- prueba de que él esta ba perfect a me nte consciente ta m bién en teo ria
ca del socrático. en que él ta mbién ad emás y fuera del reflej o de la sobre los funda mentos de su composición dialógica , Co mo él hace decir
vida socrática - para expresarlo de manera mu y provisional- pre- allí al que narra, había dad o la conversación en pura técnica d ram á ti-
tenda da r representació n de la filoso fía platónic a. Dos intenciones fun- ca pa ra no resultar pesado po r medio de las aco taciones al relat o, así
dam entalmente d iferentes. como pa rece, de las que es preciso pregun- tampoco se habria espantado de omitir los discursos e nt re los partici-
tar se cómo pasan de la una a la otra. Se ha dicho que una o bra en pa ntes en la conversació n. Pero la coacción int erna par a el di álogo
d etrime nto de la ai ra. El iró nico , el no -sa bedor qu e siemp re bu sca tiene que haber sido ta n fuerte que superase tod as las demás co nside-
y persigue, el que mandab a poner la ad oración a los héroes, se en- raciones y for zase a una única for ma toda una vid a. Sobre esa neces i-
cuentra en constante lucha co n el dogmát ico , el qu e ha bla ba o ore- da d es preciso llega r a ser aq uí más cla ro.
tendía hab la r po r Pla tón y que llega a estar impedido pa ra su com ple Sócrates vivía en co nversación oral de forma tan exp resa y sin va-
ta expresión por la au tocoacción impu esta u. Entonces también Pla- cilaciones in ternas que nu nca podría haber pensa do escribir de ello
tó n habia escogido una forma. y se habia man tenido en ella has ta su una filosofía. a unque es per fecta mente cuestionable si él. en efecto.
más ava nza da edad , que le debía po ner en un consta nte con f licto con- se ha hecho un pen samiento sobre el valor o no valor de la escritu ra .
sigo mismo . ¿ Y no se habría sac udido de este lastre nu nca o po r pri Eso ya lo ha ce en P latón , en el Protágoras y ad em ás en el Fedro. po r-
me ra vez en Las Leyes. en do nde ya no ha bla Sócrates en ninguna que Platón lo hacía . Pues lo qu e en Sócra tes co nstit uía un sencillo
par te, pero en don de por ello lo últ imo de la doct rina propia no sólo element o de la vida. se asienta en Plat ó n más allá , como una vacila- ..J
no llegará a ser lib re sino que se oculta aú n más an te el mundo? Pero, clón sob re el valor del escribir, con vencimiento de su duda , desvalo- r-
según lo que a ntes ha bía quedado claro. aquellas op inion es no se pue rtzació n de hecho de tod o escrib ir, de lo que hace ha bla r a Sócr ates
de n resis tir a ello , porq ue Sócrates vive en P lat ón y ha bla a pa rtir de: en aquellos diálogos y él mismo ha bla en su cana 1'. Y ad emás se e n-
f él. Es mejor buscar si las dos sit uac io nes, que andan en ta n a pa rente
me nte enfrentadas direcciones, no se reúnen en lo pro fundo seria mente
centraba vivo en ello el impulso del a rt ista imaginer o co n desacos-
lumbrada fuerza . H abí a quemado las t ragedias , así que tenía que dar
en una sola. figura al nuevo suceso, q ue ya no se lla ma ba Edipo o Filoct etes, sino
" ¿Q ué significa entonces po r fin el diálogo, a nte tod o eldiálogo única me nte Sócrates . Pero en lo qu e llegó a él enco nt ró el med io de
soc rático , en Pla tón? A veces se encuentr a expresada la o pini ón, y levanta r la co nversación socrá tica misma a la altura de un nuevo ar te
aún co n más frecuencia se presupon e en silencio, d e qu e P latón ha dram ático; así, al meno s en la medida d e sus po sibilidades , supera ba
bría empezado a escri bir una vez conversaciones soc rá ticas y de que uquclla ca ntidad de libros que son rígidos y no sa ben res po nder y qu e
se ha bría luego man tenido en ello cuando, con el tiempo , hubiese. t~ súlo da n un tono, como una vasija metálica cua ndo se golpea . P ues ~¡
nido que cehar t ras de sí esa for ma y escoger la manera de escriblr desde el diálogo escrito sale a los lect ores el mo vim ie nto dialógico.
qu e ya los médi cos jonios desde hacia la rgo tiemp o había n dispuesto A él se dirige la pregunta de Sócra tes: a cada «sí» qu e dicen Gla ucó n
y de la qu e más ta rde se sirve Aristóteles 14" P ero si esto fue ra corree o Lisis estaría también su «si» - o también su «no x-c-, y al fina l reso-
to , se tend ría que deducir lo siguiente: luego es La República de Pla- llaría el movimiento dia lógico en él. El di álogo es la ún ica forma de /
tón , un a obra de su altura, pu esta en con denación. ¡Qu é monstr uosi- libro qu e parece superar al pro pio libr o ,
dad de hecho }, [u na conversación de Sócrates relatada dura nte un ca
mino que los antiguo s tuv ieron qu e dividir en diez libros y a la que
nad ie ni siquiera sólo escucha r puede en un cam ino ! Una conversa /Saber y filosofar/
cíó n adem ás que, asimismo , dur ante muy am plio trecho lleva pum
comuni cació n de la doct rina de Sócrates o pa rece qu e lleva, y que ti De Sócra tes procede también este recon ocimiento en Platón de que
mita al int erl ocutor al sí o al no o a ¿cómo piensas tú eso? ¿Pero es JlO hay un saber ter minado y trasm isible , s610 un filoso far , cuyas co-
166 PLA TON D IALOGO 167

las más alias se delimita n por ot ra pa rte frente a frente. Sócr ates filo- erutes histó rico se mant uvo co n sus rivales de forma tan objetiva ca -
so fa nuevamente co n uno y de otra manera con otro , ese es el funda- Il lt l Platón lo hace. Pues P latón mismo es com pleta me nte dist inlo en
me nto de su instru cción . «Un instructor nunca dice lo q ue él mismo rvencia . El valora mucho el placer de discursos sonoros y ret umba n-
piensa : sino siempre sólo lo que piensa sobre una cosa en relación con n-s, de lo contrar io no hubiera puesto en escena a Aga tó n y a Pro t á-
la ut ilidad del qu e él instruye) , así Nietzsche, co n la mirad a puesta lloras. Se alegra con todas las a rgucia s y a rdides de las refriegas de
más en su imagen ideal de Sócra tes que en si mism o 16. Pla tón tiene palab ras, como ca ricat uriza las refriegas de go lpes del diálogo Euti-
sab iduría y doctrina q ue dar. Pero todavía de una ma nera tan fuerte (temo y asimismo las pe rsonifica . Si no hubiera algo en él de Ca licles,
alienta en él aquel funda men to socrá tico: también él llam a «fra ude» el «esprit Iort», di fícilmente hab ría pod ido luego colocarlo co n una
a un saber que es igual par a tod os y siempre de igual ma nera válido. tuerza ta n imponent e que llegase a ser dada siempre e n ho mbres j6-
Se filoso fa a pa rtir de un pu nto continua mente ca mbia nte. con una \"l"IlCS; que aquél combatido y asediado po r Sócra tes mara villase más
extensió n de ho rizon te a veces pequeña y a veces gra nde. en una alt u- que Sócra tes mismo Il. ¿No ha tenido efec tivame nte P latón algo de
ra y direcció n de co ntemplación siem pre di ferente. Y luego , no es sa- nquclla «piedad» clerical de su E utifrón como situaci ó n y protección
ber humano, que se d ifiera igualmente sin calma , después de que una tic aq uella dest reza universal de sus so fistas? «H ay pues to en P latón
vez llega a ser sabido. Igual que Sócrates se crea los opo nentes po r mucho de sacerdocio», juzgaba , co nsider ando su estilo, un crít ico de
medio de su prop ia existe ncia , así los convoca la nueva visió n de Pla. une tan fino como Demet rio de Pal ero " . ¿ Y la luch a que lleva en
tón , y si no est uviera n allí tiene qu e cre a rlos po r si mismo . Filosofía I {/ Repú blica contr a los poetas y sobre tod o co ntra su jefe H omero
es cos mos a partir del caos. Toda altura, ordenada sin embargo, se 110 est á enfocada como una lucha contra la activ idad que le ha bia su b-
encuent ra siempre a me nazada y tiene que llega r a ser prot egida con- yugado (607 B), una lucha cuya veheme ncia segura me nte se adscri be
tra las acciones aventureras. El bien se encuent ra en realidad muy ale- 11 partir del afán verd aderament e griego po r el seño río, pero muy en
jada par a resistir por el favor de su opuesto . Pero la luz no es po r particula r a partir del viejo am or y enca nto? ¿U na lucha ta mbién co n-
tod as pa rtes cognosci ble y asequ ible sin la oscuri dad . Incluso más: Ira si mismo? Platón te ndría qu e superar una natura leza rica mente
el orden huma no ha sido ent umecerse o dormirse, no ha bría q ue pro- tintada, como muchos ba rrunta n. Pero lleva ba ta mbién a Sócrates en
tegerlo siempre de nuevo en lucha cont ra la sublevació n. Así sucede , 1 mismo, y de las luchas y victorias , qu e él muestra, se han hecho
en la frase que se asie nta en el diálogo Lisis -es refu tad o sin duda ('11 él las difere ncias.
co n algo más válido , al meno s e n la zona hum a na , el que el bien se Era uno de los movimientos fundame ntales de la co nversación so-
logra rá «a ca usa de la presencia del mal». Sóc rates no se realiza sin crá tica, pa ra borrar del alum no la creencia de q ue él sabia, desp erta r
Caliclcs. Ta mpoc o llega solo a la victoria (¿fue, pues, Calicles por fín la impresión de qu e él no sa bia; de ninguna manera acaba ba con ello
vencido?); más real que la victoria es la propia lucha , que es también en el escepticismo , más bien era pa ra d irigir a una eterna bú squeda
aq uí el pad re de ladas las cosas. « Nada nos place más qu e el com ba- conjunta de lo verda dero . Ese sencillo encaje se extiende en el mun do
te, pero la victo ria no», escr ibe Pascal. «N osot ros nunca buscamos pla tó nico y se coloca allí una y a ira vez: en primer lugar tiene que
las cosas, sino la búsq ueda de las cosas» . Así P lat ón tie ne que da r destruir lo fa lso; la fuerza contra ria tiene que ser negada , a ntes de
su sa ber en la tensión dial éctica de una lucha tal en la que sólo eso II1Ie pueda ser lo verdadero y funda me ntal el nuevo reino . Según lo
es vivo. Y esa forma de pen sar es vista espirit ualme nte enseguida, por dic ho, está claro que la superación tiene luga r en un t rabajo conjun-
otra parte, en su ar ticulació n dramática . P ues se es dram á tico si se lo; la lucha debe llega r a ser mostrada en todas sus exigencias dialéc-
vive el mundo inmóv il como la luch a de fuerzas desatadas en co ntra , ricas. Lo s diálogo s de la primera époc a platón ica tiene n sólo esta t a-
fuerzas con figu ra 17. Así es, pa ra Platón, el di álogo la ún ica forma rea (al menos en apa rienc ia), au nque ta mbién se prepa ra n ya para lo
a rtíst ica de amor y de lucha; aq uel diálo go en el qu e no todo lo que que ha de llegar. El Alcibiades Mayor, el Gorgia9 Y, en su medida má s
se enfre nta larga mente es vencido y elimina do, sino el que destierr a a mplia , La República destruyen pr imero y luego de n uevo constr u-
a la imagen la lucha y la derrota. Como Goethe en Ta sso y A ntonio , yen. Pero tamb ién la creación de lo nuevo t ranscurre en un filosofa r
así P lat ón no es sólo en Sócrates - y en los discípu los de Sócra tes: en conjunto . Pues, según la Séptim a Carta; sólo «a partir deuna lar -
Cá rmidcs , Teages y Alcibiades-c-, sino en cualqui er manera t ambién ga vida en común para las cosas» surge la chispa repentina y debe tr ans-
en los rivales de Sócrates. Se ve, en efecto , esa rela ción incom pleta, curr ir «la conducción arriba y a bajo , po r todos los grad os del conocí-
si se verifica sólo la defe nsa de esencias, pen sami entos y opciones ex- miento» , as í es necesario que tam bién aq uí cada paso d el alumno ha-
trañ as. Polémica es luchar con un o mismo: esa aguda fó rm ula de No- ya sido hecho po r sí mismo y en un determinad o orden. En el aparta-
valis no sirve finalmente para P latón. U no tiene qu e dud a r si el SÓ- do de la vida filosófica , ese camino grad ual del conocimiento es el
168 PLA TO N
DIALOGO 169
«ca mino d ialéctico», y en el apartado de la creación filosófi ca es '\1
imagen el diálogo . \ l óu soc rática el que termine con el no-saber, así a la del d iálogo pla-
Pero aq uí te nemo s referido a una o pos ición el filosofar socráiíc tónico el que se man tenga firme a nte lo ultimo sin traerlo a la vista
y el platónico . P latón no ter mina como Sóc rates en un no-saber. El Ituh que de lejos. Esto mismo qu edará evidentemente más claro po r
ha descubier to un mundo meta físico y su tare a es hacérselo ver a 10 tudas partes para todo co ntemplado r en el contenido de La República.
demás con sus ojos. ¿Có mo. a la vista de este contraste, la fo rma d4 Si ante riorment e 21 se dijo que el nombre de Sócra tes designa el
t etrato cent ral en la imagen pla tónica del mundo, de esa man era hay
la conversación socrática puede dar abas to para expresa r lo comple-
tament e nue vo ? Más que eso: ¿po r qu e es aq uella forma la (mica en tille añad ir ahor a lo siguiente: con ese nombre se lIenaria enseguida
la que puede ser expresado Jo co mp letam ente nu evo? lo último de la cosmovisión platónica. Esa es la doble función de lo
La solución no está lejos. Platón encontró alli en do nde Sócrate rróulco en la ob ra plató nica, igual que antes nos aparecía como Iun-
«sólo» buscab a y enseñaba a buscar. Pero se sa be q ue buscar bien ríón do ble de la iro nía 12. Y muy lejos de que hubiese aquí una lu-
es válido. «E n la pregunta está la respuesta , la seguridad de que ~G , ha entre el Platón metafí sico y Sócrates el irón ico «zercmarico»: así
puede pensar algo so bre un punto semej ante, idear algo» , dice GOl: hu visto Plató n todo el tiem po en Sócrates, el d ialógico y dialéctico ,
the 20. Después de que P latón se sometió a la dialéctica socrática, lle el símbo lo inmediato de la realidad como también de la inexpresab ili-
gó a ser libre para él la mirada a las forma s etern as. En y por medio dad de ello , lo que él - COIl toda sencillez- ha to mado como «lo
de Sócrates contempló él lo justo en sí. Así pod ía ser alcanzado el nue- trueno».
vo grado que él consiguió, y sobre él sólo ya esto: tenía que tomar
por completo en sí la dialéctica socrática, pero no llevarla más allñ
de sí misma, a un final escépt ico y negativo, sino a la resp uesta a una
cuestión planteada y, si fuese posible, al conocimient o del mismo ser.
Sólo el «camino dialéctico» podría soport ar ese co nocim iento sobre
una visión subjetiva y sin respuesta . Sólo así pod rla P latón llegar II
ser más que «un nar rador de cuentos» , como le pa recían los viejos
fisiólogos (El Sofista 242 C). Sólo así pod ría él, en el modo socrático
e incluso más que socrático , «dar razón» de su nuevo sí mismo y «en-
laza r lo encon trad o, por medio de deducción , sobre el fundam ento»
(Menón, 98 A). Sólo así pod rla elevar se sob re la guía de grados del
fundamento (tiro8iom) a lo imprevisto (&:I'lIró8fTol') (La Rep ública,
5 10 B, 511 B),

I Saber e ideal

Pero existe aú n un último punto de vista desde el cual la forma


dialógica llega ría a ser tan evidente co mo necesa ria para P lató n, por-
q.ue la estructura de la visión platónica del mundo parece igual que
SI repitiese. en gran amplitud asimismo . la estru ctura socrática . Para
Sócrates la respuesta a su pregunt a acabab a en el no-saber. Par a Pla-
tón el camino dialéctico conduce hacia arriba, a lo que está «más allá
del sen >. Lo «epekeína» no es cog noscible y, en consecuencia , tam -
poco compartible. Sólo el camino puede llegar aquí a ser preparad o.
Por ello es el diálogo guía de ca mino paso a paso hasta una meta que
se ga rantiza t ras el socrático no-saber y tras lo inexpresable de la más
alta visión platónica , por med io de la persona viva del maestro como
rea lidad . Y como pertenece a la experiencia sensible de la conversa-
M ITO 171

«mitó logo», ning ún narrador de historias . Su ocupació n fund amen-


lal, la de exa mina r y pregun tar, es completa me nte opuesta a la po stu -
ra del po eta . en relación co n el mundo y con los hombres.
CAPITULO IX Cua ndo P lató n asu mió en sí mismo la pregunta de Sócr ates, que-
mó sus t ragedias. Pero no podía cha musca r al poe ta que se enco nt ra-
MITO ha e n él mismo cer ca del soc rát ico, cerca de Sócra tes. Tenía q ue se r
a mbos a la vez pa ra llega r a ser espectador de las fo rmas etern as y
/El mito griego/ ambos ta mbién para crear la nueva dramaturgia filosó fica. Ta l vez
hoy fuera muy difíci l de comprender, si se dijera que él, para for mar
En la Hi storia del mi to griego, que acom paña a la vida del pueblo llueva s mitos en luga r de los viejos de su pueblo , creó el mito de SÓ-
griego como una linea del destino . es el siglo v el momento de su par - era res. Pero él mismo no ha bría dado ese nombre al «Bias» qu e ima-
ticu la r plen itud en el desarro llo . Mient ras que, co mo T ragedia, ad- ginó ; y só lo hay q ue ha bla r aquí del mito en su prop ia forma de pen o
qu iere su más alta elevación , se ha dispuesto su descomposición por samienro l. «Mito» se encu entra e n él e n co ntras te co n «lógos. 2; es
medio de las reflexiones criticas de hombres más a ntiguos . En la últ i- «Historia ) , en opos ició n a discusión concep t ual, lo que prevalece co-
ma década de Eu rípides , qui en -en calidad de creado r y destructor mo vieja Historia , tradición de los antepasados, sa bidu ría po pular.
de mit os al mis mo tiempo- insert ó las fuerzas de disolución en las doctrina infa nti l, cuentos de viejas y fá bul as: lleva el se llo de «pseu-
raíces del mismo mito , transcurre la j uventud d e P la tón . Es bueno do», al que sin duda no le falt a un contenido de verdad l . Así el tér-
aco rd arse de q ue su tío y admirado mode lo fue Crirías, y de qu e entre mino tiene un cierto tono de a precio , incluso cas i fest ivo, que ta m-
los seg uidores de Eurípides es el propio Critias el qu e, desde la escena bién - entre o tros- se encuentra adh erido a ella en la act ua lidad y
at eniense, muestra el mun do de los dioses co mo el venturoso halla z- qu e no acom paña al uso lingüístico de Pla tó n, a un cuando ho y en
go de un ho mb re astuto . día se haya a proximado basta nte a nosotro s po r medio del uso q ue
En la manera en que se consideraba al mito dentro del círcu lo en hace él de las cosas. En todo caso « fábu la », en su más amplio sent i-
el q ue Pl atón creció se llega ría a recon ocer, tras algunos camb ios, el do , es para él una forma de expresión q ue tiene sus reglas dete rmina.
diálogo . Hipót ales, en honor del bello Lisis, pone en verso las tamo- das . En el Fed án (61 B) rec uer da Sócrates un a observación general,
sas victorias de sus antepasados en las carreras; y además ha y algo a su parecer, de que el poeta, si quiere ser verdadero poeta, tiene que
que es «un pasado todavía má s borroso» (xgo VtIl'WTfea, Lisis 205 C): crear «historias», no «discursos ». Idéntica po stura, sobre la supre -
igual que an tiguamente el que fundamenta ba sucesos, el mismo que macía de la «fábula» frent e a cualq uier otro medio de forma poética ,
se refugiaba en una genealogla mítica, hab ía mostrado a H eracles co- pred om ina en Aristóteles; po r eso tiene qu e ha ber sido as í obli ga to-
mo su a ntepasad o , par a el q ue co mpo ne los versos , q ue co n toda p ro- ria mente ya para Pla tón . Pero , a nte tod o , todavía exis te pa ra él la
bab ilidad se coloca ent re los seguidores de Pínda ro, es de la misma tradición mítica de su pueblo, qu e tampoco se halla ba despreciada por
mane ra un adorno ba stante bueno para su pasión aquello que es to- completo a través de Eu ríp ides y de Crttías, y para cuyo fundamento
mado de ca ntos de viejos (& n e al 'Yeaim Ó:ÓOVO¡I') po r el crítico pro- él se erige en último luga r antes de que quede entumecida en co nsejos
sa ico . En el Fedro (229 B Yss.) el pa isaje del I1iso evoca en la mem o- enigmáticos o se pierda en juegos vistosos. Aquellos mit os era n «mu -
ria el cue nto del ra pto de O ritia por Barcas, y Fedro pregunta , como chos y a ntig uos» (Las Leyes 927 A) y, a través de ellos, parecía ha ber
si se enco ntrase po r primera vez con ello, si Sóc ra tes creía en la ver- un contenido de verdad y una relación co n los oríge nes (El Político
dad de esa fá bula WvOoAó'Y',,~a) . Ta mbién un cuent o de viejas o un 271 A) . Po r otra parte, presentan ser ios riesgos a tr avés de su imagen
juego de crítica y chiste han llegado a ser para los j óvene s las tradi - de los d ioses, q ue no sólo por medio de la crít ica ha bía que enco ntra r
ciones míticas cuya image n Pla tón dibuja. sino ta mbién en el «agom del po eta contra los po etas 4 . Para Plat ón,
Sócra tes, al meno s el S ócrates plató nico , al cont ra rio qu e los so- come intérprete del mun do, había sido dad o en esas leyendas un fra g-
fistas, no compa rte lo de la disolución del mito. Rehú sa la curiosa mento de explicación del mun do - 6 <P¡}"ÓI.wOO ~ 'P¡}"Ó(10'PÓ~ 1rWi ¿o'n
pregunta de su acompañante, porque para él aqu ello es más impor- l el amigo de los mitos (filomythos) de alguna manera es amigo de
ta nte también pa ra hacer útil esa vigencia de su única tarea, el cono- lo sabiduría (jilósofos)-; frag mentos de un gra n mito medido, pero
cim iento de si mismo , en luga r de destru irlo . Pe ro, a pesar de ello, dido y troceado a través de las vueltas del tiempo, que se tra ta de pu -
queda el qu e Sócrates -se t rata, en lo más pu ro , del Sócrates históri- rificar, de enlazar y de da rle forma de nuevo ' .
co qu e ha bla de sí mi smo en el comienzo del Fedón- no es ningún
172 PLATON l\.'I ITü [73

/ Socrates y el mito/ rrotagoras, qu e viene «de la caza de la juvent ud en flo r de A lcíb ta-
dcs») . Es «valiente, int répido , diligente» (el más valien te es, en el La-
En eso de que Plat ón era un const ruct or de mito s y de que Sóc ra- qnes, Sócrates ), siemp re está tram a ndo alguna a rtima ña» (iel guía!,
tes daba la impresión de estar tan lejos de todo mito co mo sólo po día Id ir óníco t): ante todo es «cuidados o segú n la razón y vigila nte del
estarlo un griego se muestra un contra ste similar al que se da ent re f ilmina hacia ella, buscando la sa bid uría (rptAoao<pw I') d ura nte toda
la co ntem plació n platónica de las ideas y la pr egunta sin fin de Sóc ra- \ 11 vida, un gran taumat urgo . e mba ucad or y maestro de sabiduría».
tes. Pero . tal como anteriormen te se demostró que creacio nes de Pla- I o es Sóc rat es y ninguno más; as í la que ha bla eleva también su ima-
tó n, incluso ta n o puestas , se enraízan as im ismo en Sócrates . de la mis- Il l· l l. No hay duda algu na de que Plat ón ha 'listo a su maestro como
ma ma ne ra ha bría que preguntarse si el nuevo mito, tan en contra «eró tico - no sólo en el sentido de «Bios» ni sólo co mo un hombre
del modo socrá tico de ha bla r. no est á desarrollado po r Pla tón en la dcru ónico: hubo un mom ento en el que el maestr o hum a no se co nver-
imagen del ser socrático. 1irá en mítico co mo el gra n demo n Eros en persona ,
¿Comienza ta l vez la evo lución mítica de Sóc rates co n aquel gusto
ta n griego po r la compar ación o semeja nza de imagen (d )(á !;w ' )? A
nadie. encuent ra A lcib íades (El Banquete 215 A Y ss.), es pa recido
este Sócrates; por eso «efectivamente no tiene un puesto, él está sin / Plafón y los mitos órficos /
lugar (á Tor of») en un mu ndo en el que tod os y cada uno pertenecen
a un sitio determinad o . P ero ya en los rasgos de su rostro, exterior- Se cree reconocer el punto en el que Platón se apropia del mito
mente, es parecido al silenc y al sátiro . Más qu e eso: enca nta a los órfic o del Más Allá en la Apología y en el Gorgias , allí en donde se
oyentes con pa labras co mo el «demo n», med io sileno, Ma rsias me- encuentra ese mito por primera vez en la obra platónica. H acia el fi-
d ia nte el so nido d e su flau ta . Así de cerca alcanz a ese Sóc rates al ser nal de la Apología cuenta Sócrates con él: «li bre de estos d e aquí que
mílico . En el Fedro (230 A) se hace aparecer a sí mismo, a despecho \C' hace n pasa r por jueces, para encontrar a los verdaderos jueces, de
de tod o esce pt icismo. en la atmósfera, todavía siem pre llena de mi- 1m que se mencio na q ue hablan más allá del derecho » . Y lo mismo ,
tos, de la tie rra del Arica como una esencia mítica mezclada . «más m ñs o menos, con más am plitu d en el Gorgias. El proceso de Sócra-
ent relaza da que T ifón»; de manera muy pa recida a como en un pa sa- les se revela como el fondo secreto , ya veces no só lo secreto , de ese
je de La Rep ública (588 B y ss. ) «fo rma en palabras una imagen del diálogo . Con los medios de la retórica prepararse de antem a no a tales
alma, compa rá ndose con un mo nstruo de m uchas cab ezas. en la línea pel igros en ciernes , exige Calicles a Sóc rates, y éste se niega impávi-
de la creació n mixta de los mitos. El alma humana , po r ta nto, ina- do, [ta n cla ra mente ve a nte sus ojos él mismo la sente ncia ! Pero , en
barcable; Sócrates. q uien no sólo para otros sino para sí mismo es erecto , 'le él también el Más Allá y a los j ueces del Más Allá. P ues,
ina ba rca ble, es lo más próximo a esa figura mítica. Sólo un paso más, In mismo que en el Fedón se encuent ra la info rmación so bre reco m-
luego llega rá a ser, a pa rtir de la comparación con Marsias, «ese Ma r- pensa y cas tigos y en La República sobre la elecció n de la suerte de
sías» mismo (El Ban quete 2 15 E): la co mpa ración pasa a ser un re- vida. así en el Go rgias sobre el juicio. Antes de ese ju icio del Más Allá,
cu rso mitológico . echa una ojeada sobre sí mismo -pues quien es de o tra índole que
En El Banquete hace Dioti ma qu e llegue a ser sensible un ma ravi- «el filósofo, que ha realizado su come tido y no se ha inm iscui do en
lioso Ero s. No es tot almente suave y hermoso. «como la mayor ía cree» cam po s de act uación aj enos » (526 C)- Ymira a Ca licles, a quien no
y como Agatón lo ha bía calificado poco ant es. sino «desastrado , des- ame na za con algo dis tinto de aq uello co n lo qu e él mis mo habí a am e-
calzo, sin casa , yace siempre en el pur o suel o a fa lta de cam ast ro de nazado en relació n con los tribunales te rre na les: «Tú abrirás de pa r
pa ja y du erme a nte la puer ta, en la calle bajo cielo raso». Q ue aquí, en pa r la boca y scrá para ti mentira» (527 A, C fr. con 486 B). Así
al meno s con estas palabras de «desastrado y descalzo» (a ti XIl7/Q(h x cri se podía contemplar, en la Apologia y en el Gorgias, cómo en el espí-
(hll7rÓÓ7/T05) . no se pu ede pensar en otro qu e en Sócra tes, siempre se ritu de Platón la postura de Sócrates ante el luga r de juicios ateniense
ha visto 6; y lo reafirma má s el qu e ya al comienzo del relato Sóc ra- ha mo str ado en sí mism a la imagen mítica op uesta del juicio de los
tes ent ra «r eci én la vado y con zapa tos elegantes en los pies», m uy irre- muertos: frente a los jueces terrenales, que juzgan con entu rbiado sen-
gularmente y en con t ra de su costumbre (174 A) . Ad emás de a él co- rldo, se alza n los jueces del m undo subterrá neo , que «sólo con el al-
mo pro totipo para el Eros de Dio tima , se indica toda vía a mu chos ma observa n a las alm as solas; fren te al Sócrat es co nde nado y al po lí-
en la dcscripc lón: «Eros se po ne tras los bellos y los buenos, como rico victorioso que tira niza a la democracia, el t irano condenado y
un rep utado cazador » (igual qu e Sócrates a nuncia, al comienzo del el filósofo absuelto. T ambién aquí Sóc ra tes, el q ue parecía tan aleja-
174 PLA TON MITO 175

do del mil o , ha sido convert ido po r Platón e n despert ad or del nuevo t iempo», «no ha bía ciudad algu na»; los ho mbres de é pocas prim iti-
mito. vas se encuentra n desn ud os y yacen en el frío suelo y será n atac ados
Prim er Grado. Dentro de la obra platónica a parece el mito más po r a nimales sal vajes ; Zeu s, o el dios que se cuide de eso, de que lo
an tigu o, el que relat a Prot ágoras en el diálogo de este nombre: sobre creado no vaya a extingu irse. por medio de Promereo . Hefesto y At e-
la creación de (a Huma nidad y el estab lecim iento de la esencia de la nea, inicia a los hombr es en el fuego y en las a rtes manua les - se ve
vida y sobre cómo llega el art e de la política ent re los hombres. No lo fuert emente que se asemejan entre sí ambos a pa rt ad os hasta en los
es Sóc rat es el que ha bla aqui sino el sofista, co n lo q ue no q ueda fija - detalles ~-. La gradación de las fuerzas natu rales (O I1J'á~E U) . Epimc-
do so bre ello si todo o pa rle lo tomó , en cualquier caso, de una obra leo la maesrrla y P rometeo la «a rer é» , q ue Zeus concede se puede vol-
de Pro tá go ras 7 . Co mo un rela to so fistico - que de ninguna manera ver a encontra r sin forza r nada en Lo Rep ública: desa rro lla a pa rt ir
se nom bra : una co mpleta nada- ha puesto Platón ese relato en su de la «fisis» el asenta miento conj unto primitivo que obedece a un mu-
sit io . Allí Protágoras somete a elección si debe proba r su tesis por me- tuo com plemento de la ca pacidad hum a na, y que luego, med ia nte la
d io de un milo o un legos, luego opta por el milo como lo más di fun- «areté» . llega rá a co nvert irse en ciuda des. Así tambié n ya se tie nde
di do . sin em bargo sin dud a todavía la discusió n conce ptual remite a efec tiva mente mucho en el mito de Prot ágo ras al pensa miento e ima-
después del hecho , así tiene que quedar clara la libre voluntad del pro- gen que más ta rde eran au tentic as pa ra Pla tón. Como la postura so-
cedi miento. Cuando Sócrat es, en los diálogos tardíos, se sirve de un fistica no sólo está en frent ad a co mo algo para combat ir y ser derr o-
mito, se desa rr olla de esta ma nera porque él tiene qu e expresa r así tado por Sócrates, sino igualmente como una primera apro ximación
lo qu e no es exprcsablc de otro modo . y de ello depende a la vez el a los prob lem as, de esa ma nera el mito de los sofistas resulta un com-
que los mitos socr át icos se encuentre n en el medio o al fina l, pero no pleto acerc a miento no menor que ella , pero por la mi sma razón no
allí en donde el procedimient o dialéctico a ún no ha comenzado . com pleta mente extra ño a Platón ; más bien co mo algo que va crecien-
Por lo ta nto ser ía falso pe nsar en esto como si se introdu jera aqul do en él co n los años 10 .
algo completamen te platónico . Incluso si se tuviera que dejar indife- De igual man era se enc uentra co n el primitivo mit o del Más A llá
renciado cuá nto de la histori a de Pla tó n es hallazgo propi o , es evi- que hay en la obra pla tónica: en el d iálogo Trasimaco (Lo Rep ública
dente que, pa ra esta blecer relacion es co n sus mitos ta rdíos, aquí sue- 1). La co nversación que Sócrates mant iene co n el a ncia no Céfalo tra-
na n mot ivos q ue durante décadas ha n significado de lejos algo pa ra la de la adquisició n de di nero y de su utilidad . Una co nocida valora-
él. Los escultores divinos de <d a estirpe huma na » se repiten en el Ti- ció n mediadora en el relat o y una conocida negación med iado ra pa ra
meo igua l que los dioses subterr áneos, de los q ue el Demiu rgo saca la ad quisición de dinero se ap recia n ent re los pa rt icipantes. Allí Só-
la imagen del «cuer po mortal». La mat eria de la Que son imagi nados crates le pregu nta por el «gra n pr ovecho » que él tend ría de ello. y
se denomina en el Protágoras «t ierra y fuego . y la mezcla de t ierra entonces aparecen «las historias que sobre el Más Allá solían contar -
y fuego ». Esa vieja Física , en resumidas c uentas de Parm énides ". se» entre los antiguos. Se hace vivo el contraste entre la vida justa
asienta en el Tímeo únicamente una nueva estr uctu ra a ritmética . Pu es y la inju sta , y se relaciona con ello, en fu nción de la re presentaci ón
el cuerpo del mundo , del que tamb ién constit uyen " partes prestadas» del Más A llá, un temor a nte el cas tigo y un a espera nza de premio.
las ese ncias mort ales, con siste igua lme nte e n fuego y tierra , en tre los El no mbre de Pindaro suena igual que más ta rde en Pla tón en el rela-
qu e, al modo de «e nlace» . otras do s materias llega n a ser con struidas to del qu e sale el mit o: la visión ca mina bajo los nom bres de los gra n-
seg ún las leyes de la propo rción. Como en el mito de P rotágo ras Epi- des po etas.
meteo " imagi naba» (IJllJ;V :l!va TO 320 E, 321 A) , así el Demiurgo del H a y qu e recalca r m ucho que e nto nces la conversación expcrime n-
Tímeo (37 E, 70 C , 73 C): co mo aq uél, así imagina este sobre la «con- la el giro hacia el Má s A llá po r medio de Céfa lo. Pod ría n ser culpa-
servación» (aW77/ e i a) de lo creado (P rotágor as 32 1 A, Timeo 45 D); bles de ello los achaqu es de la a ncia nidad o la cerca nía del viejo a la
el uno «ha gast ado» (xUm l'UAWam Protágora s 32 1 C 1, XU m l' 11AWXf l muert e; en cualquier caso, sucede que tiene q ue hab la r, no de mane ra
Timeo 36 B 6) las fuerzas en dividir, el otro lo mezclado dc la ma teria filosó fica . so bre justicia y su cont rario como si el discurso no fuera
del alma. Los sinta gmas finales de relación, «con ello» y (con ello en a bso lut o so bre el Más Allá ; ta n sólo toma el concepto de j usticia,
no». se encuentra n en el Prot ágoras y predo minan en a mp lias zonas y la co nversación tr a nscurre hasta el fina l de mod o completam ent e
del Timeo para la constr ucció n de una fra se com o expresió n del pen- concept ual y no mítico. P ues la tra nsmisió n, que m uestra únicam ente
sam iento teológico. Ot ra co sa , a su vez, tiene su co rrespondencia con al Tras/maco metido en la gran obra de constru cción de la Pottteia,
el mito de El Polftico, en donde se mue stra relacio nado po r igual el po r lo menos no esta ría eq uivocada en ese punto acerca del conten ido
desa rrollo del mund o y el desa rrollo de la ciudad : «Cua ndo llegó el primitivo . Luego, Platón no co noce tam poco en los grado s de los diá-
176 PLATON MITO 177

la gos apo réticos un mito del fina l y, po r pr imera vez, cuando ha amo mediato y que , sin duda , en el sentido de Platón se llenan en primer
pliad o con el Tras/ma co/ La Rep ública, ha situado como desen lace lugnr co n conte nido , si se sa be qué es lo perfecto y el Tod o .
de la to talidad a uno semeja nte a l mito d el co mienzo. En todos estos discursos se encuentra presente el mito en el grado
previo. De ninguna man era se trata de un j uego gracioso y sin signifi-
fado. ¿Lo ha bría escrito Platón si fuera lo co ntrario? ¿Y no son los
Indicios lo suficiente mente fuertes para co nvert irse en pertenecientes
/ M ilo y filosofla/
nlo propia mente platónico? Sin embargo se tiene, sin d uda, la irnpre-
, ión de qu e se ha «mitificado» a l tuntú n y de q ue se hu cuidado en
Igua l que pa ra A ristót eles el milo es una especie de grado previo rilo de que permaneciera sin sepa rar lo que previamente tiene que coin -
del filoso far (Metafísica A. 982b 18), así tampoco aqu ¡ es a lgo sin va- cidir. Allí Sóc rates empieza a hablar y asume completamente en sí,
la r. Pero Sócrates pasa por encima de él a una tarea conceptua l y ya desde el principio, todo lo anterior como «engañ o ». P ues sucedió an-
no regresa a él. En todas las veces que Pl atón cierra con la a po ría. le\ de cualquier discusión co nceptual y, en el sentido de Sóc rates, es
no podía - como had a desde el Gorgias- cerrar co n un mito socré- un mal sust itu to pa ra ellógos y la verdad , En el discurso de Sóc rates
tico ; só lo se encuent ra un mito del co mienzo co mo fo rma de expre- tenernos el cuento de la prod ucción de Eros por med io de Po ros y de
sión momentánea no soc rática , la forma en la que el sofista O tamo l'cnia, «A bundant e. y « Pordios era» en si, no de ot ro tipo que el q ue
bién el hombre llano tienen relación con lo eterno . En todo se revela en el primer grado fue fab ulado ; y asimismo se añ ade q ue se recono-
qu e el mito se encuentra de an temano al margen de la interpretació n ce cambiada la situación. Sócrates ha explicado previamente la esen-
platónica del mundo . Pero primero se introduce más profundamente cia del amor en una discusión conceptual. Se ha establecid o el pu nto
en un segundo gra do y se convert irá en una man era en la que habla más serio : amor es amor de algo, sobre todo de belleza .
el propio Sócrates de Platón , después de que previamente ha reco rri- Amor es un desea r y un carecer. A mo r qu iere co nseguir lo que
do el camino dialéctico . no tiene. Eso es la «verdad. y ant e ello quedan de strui dos tod os los
Segundo grado . En El Banquete se encuentr an los dos grados míti- cont enidos de los discursos anteriores a uxiliados po r la m itología . De
cos, el presocrático y el socrático, el uno j unto al ot ro y no sobre el manera distinta completa mente sucede aho ra cuando sigue un mito
otro , En el presocrático están situados los cinco primero s discursos vocrátlco: el fuego fatuo ya no se enciende en un espacio vacío -en
de Eros. Aquí está el elemento mítico, de la manera más endeble, en rl caso más favorabl e seria una casua l indicación de lo verdadero , en
los discursos de los investigadores de la Naturaleza, de los interme- rl más desfavorable un embro llado juego - sino qu e él sigue suficien-
d iarios . El primero y el quinto, el de Fedro y el de Agató n, propor- teniente las lineas qu e ahora mismo el lógos ha mostr a do .
cio nan los dos aspect os míticos tradicion a les: el Eros cosmogó nico La historia de Poros y Penía pod ría parecer actua lmente co n faci-
y el juvenil d ios del Amor. Y asim ismo se enc uentra en el discurso lidad un revestimiento alegó rico del concepto de «metaxy» pensad o
de Pau san ias, que introd uce en la unitaria esencia de Eros la oposi- raciona lmen te. Pero eso seria verlo mal. T an pro nto co mo Diotima
ción entre el Uranio y el Pandemos, el co mienzo entre las tradici ones comienza a ha blar, por boca del Sócrates «dern énico». esta mos en
poét icas y po pu lares. Lo más característico y creativo de este grado 1111 contexto mítico . Y el «meraxy: mismo es un as pecto casi ta n miti-
se lo ha dado, sin emb argo, Plat ón a Aristófanes. Su fantástica hísto- ni com o racional, referido al T od o. que, a través de ese rela to demó-
ria es del tipo de los mitos de la creación del mundo , qu e ya nos mos- uico, «llegar a estar relacionado consigo mismo»,
Iró el Pro tdgoras. Vemos, tanto en uno como en el otro , actuar y ha- El mito socrát ico no concluye el discur so . Desemboca en la des-
blar a los dioses. Zc us, en medio de per plej idad y preocupación , COII crfpción de aq uel camino gra dual qu e se alza hasta ver lo bello-en-si.
ayuda finalmente de Apo lo - igual que en la otr a parte con Her mes- y no por azar llega así la contemplación de la esencia en imagen a
reformó la creación peligrosa . P or otra pa rte sin duda se cncucntru colocarse en el centro del discurso . Ero s es el prop io med iad or entre
todo en los comienzos . Los hom bres redondos, que se par ecen en for- ciclo y tier ra . En medio de la existencia ve Platón ese pr od igio qu e
ma y en movimiento a los astros de los que se sepa raron, bos quejan ninguna razón puede explicar, y qu e, asimismo, preserva ante el To-
igu almente, en fa ntá stico ju ego , el pensam iento del Fedro, del Tim en do (para decirlo con palabras del Platón tardío) «pa ra hundirse, fue-
y de L as L eyes, antes de la relació n entre alm a humana y cosmos, en- ra de si, en el lugar incom parable sin fron teras» (El Pot nico 273 D).
tre mov imiento del alma y movim iento fantas mal 11, La imperfec- Asi llegará a ser Er os el Metaxy en el discurso de Sóc rates, igual qu e
ció n, el «semi-e-s de nu estra existencia te rr enal, Er os como el « ir n- {'l es lo metaxy en el mundo de Platón .
pulso al Tod o »: eso son imáge nes cuyo valor se eviden cia como in· Ya fue anteriormente establecido que el camino del a mor y el ca-
178 PLATO N M IT O 179

mino de la muert e cond ucen . par a P latón , al mismo o bje tivo n , No. 1I11, e n el primer gra n dra ma escatológic o que ha formu lado P la tón.
pa sa mos al gr upo de los milos escatoló gicos. Y tra nscurre. como tod o el diálogo. en el co ntraste entr e justo e in-
En la Apolog ía ha ce Platón habla r a Sócra tes todavía hipot ética III\ to; aquí será representado ese co nt raste en la tran scende ncia.
rnente sobre el destino del alma. menos segura me nte po rqu e realmcn El mo tivo del peregr inaj e de las almas, que en el Gorgias esta ba
le Sócra tes hub iera hablado así -sobre ello nada puede inferir e~1t presente só lo encubiert o de esa man era de fo rma q ue se reconociera
pasaje- que, por ot ra pa rte, po rq ue es co nveniente ta l consideración mine todo. se saca en el M enón (8 1 A·E) como lo más impo rta nte
ante la audiencia concreta, e incluso más, porque en lo anterior 111) para una esca tología. Aquí se encuent ra en co ncreto el m ito en el pa-
se ha preparado una cha rla más sólida. Todo 10 que se había dicho ~ , I a u n~ nueva superficie, en la qu e tiene q ue llegar a ser afi rm ada
sobre el Más Allá , en cuanto al co ntenido , es o bien contr a posición 111 esencia de la «a rete» , después de que no ha q uedado ca ptad a po r
o co nfirmación de la existencia de aquí. Los jueces del mundo sub! mcdio. d~ la definición. T iene que a yuda r a afirma r la posibilidad del
rr áneo son verdaderos j ueces fre nte a los falsos de aqu i. El e ncuentre vouo cirmento . Ha de ser precipitada a la sab iduría de los sacerdotes
con tales héroes, que al igu al que Sócrates han llegado a la muen y de los poe tas di vinos , y se cita n por un mom ent o versos de Píndaro
po r una sente ncia inju sta . ad quiere aq uí al go irónico , a nte su destt ¡'U la peregrinació n del alm a. Por fin va a ser mostr ad a la co nsecucn-
no , por su a ma rgura . Lo má s impor tan te es la conducció n más all d a pa~a la esencia del conocimiento , qu e es un reco rdar lo qu e se co n-
lnctuso de aquella existencia exa min ad ora de hombres. que él habl tem pl ó antes de esta vida 1); no se podría dejar que se co me nzase po r
mo strado co mo su la rca dad a por el dios, y 10 qu e, por último . e! l ógos de los erísticos, qu e ha perdido el co noc imie nto. sino que se
real iza en su muerte: ante la vista de la eter nidad también eso ser deber ía bu scar de hecho y con fuerza la verdad .
confirmado. y la mu erte se despoja de su am enaza, como si fuera un Si tamb ién con el mit o se va a alcanzar un nue vo grad o. no se tie-
necesar io final, un corte . En el final se alzan inmortalidad y biena lIC q ~e compara r .ést e con los añadidos descoloridos en el Gorgias.
vent ura nza - (lsi es qu e es verdade ro lo que se cuentas-e- muy iró nl Ilabna quedado dicho de antemano en el M enón más bien lo más fuer -
ceme nte fren te al juicio terrenal de m uerte. te, el res ultado anticipado. el tem a que se ha de probar no sólo esta -
blcciéndolo sino sacá ndolo a lo mitico : El sab er-c onsta nte. También
IlI l Uí h ~y da d~ en P lató n en bo squejo una completa interdependencia
/ Formación del mito ptatonico en el Gorgias/ - !iC d!ferenel a en efecto sólo por su mani fiest a pobreza esta repre-
wutacl ón de los demá s milo s del Más Allá-, porque sólo depende
En el Gorgias ha y en pri mer lugar un pasaje en el que el mito d de las consecuencias pa ra el «acorda rse» y pa ra la bú sq ueda de la ver-
Más Allá se qui ere introdu cir prematur a ment e. pue s al fin al se en dad. No seria discordante con la cita de Pmdaro . referida a (dos más
cuentra un segundo pasaje en donde se ha dejad o como a uto rizado poderosos en sab i d u~í~» (oo<píf! P.ii'UJTot) . El Gorgias y el M enón pre-
Primero se ha revelado la tesis de la primacía de lo más fuerte corm venta ron en efecto visiones par ecidas. El Gorgias iba di rectam e nte al
una expresión del principio del placer , de la luc ha individu al pa ra qu correcto obrar, el Menen, en su pa rte central ta n buena como el res-
este principio tenga qu e infla ma rse. Lo intenta allí Sócra tes en prl lo. al verdadero conocer. Qu eda ya exp licado a lli lo inq uebrantab le-
mer lugar con do s imágenes, «re la tos de cu entos) (p.lJ8o>'oi'w 493 D) me nte que am bas se correspo nden en con junto . En el Fedon, actuar
Noso tros nos encon t ra mos muertos, el cuerpo es la t umba del alma y reconocer tr anscu rren uno por otro como la única ta rea del alma
En el Más A llá los no santificados (&p.Vl1TO t) -o sea, los ínse nsatoe de ca ra a la muerte, a la «exis tencia» frente a la «tra nscendencia».
sin espíritu (&VÓl1TO¡)- tienen que saca r agua con un cedazo -o St'I1, t;lo es ca.s u~1 que Sócra tes explique enseguid a, al comi enzo, a propó-
con su alma - de un tone l agujereado . En la segunda imagen, qU¡ Sito de SI rrusmo que él no es un «cucntamítos» (61 B). Eso hace visos
procede «de la misma palestra », se mod ificaría la primera , el cont rau irónica mente entre el sí y el no . En rea lida d este diálogo se encuentra
entre lo mes urado y lo indiscip linado se conformaría a semejanza lt asentado por com pleto con «mitología », y un resplan do r de ello es
la vasija de provi siones complet a y la aguj eread a 12" . ya, al principio, el discu rso, qu e se mueve entre las cree ncias secretas,
Una escatología pa ra la cual Sócrat es se remit e a Eurípidcs , el por ¡J ~ q u~, nosotros los ~ombres estamos «en un a vigilancia, e n una guar -
ta. ya la do ctrina de hombres inteligentes - órficos y pitagóricos dia) (tJl TL V¡ 'PQ olJec¡.: ). La ma no que tap a el destin o del alma se leva n-
Pe ro Sócrates ve por sí mismo que él ta mpoco pu ede supera r su en la un poco durante un os instantes. Ahí el Fedán habla de la muerte
frcnta rnient o «con m uchos de tales cuentos». Como un intent o, insu pero de lo que está má s allá de la fro ntera só lo müíc am ent e se puede
ficientem ente asimismo, debe realizar esto. Pero espera al lugar cu hll ~ l a r ; de es!a mane ra se establ ece igualmente aquí una primera indi-
don de ha de realizarse con suficiencia . Eso sucede al final del dlülo cnció n de la Interdependencia entre esta y aque lla vida . Luego, en la
180 PLATON arr e 181

conversación propiamente dicha, será relacionado en cada uno de lo 111 1 lluevo medio: igual que la justicia e injusticia en el recinto de
tr es grados el mito del Má s Allá . pa ra suplir lo dicho, y será realmcn 1'1 d udad , así es el destino del alma en el Universo . Allí ent onces ,
te allí en donde se pretende cerrar el circulo . 1"11 una par te, la nueva obra se relacion a con el viejo Tras/maco,
En el primer círcu lo (69 C), despu és de qu e se ha mostrado la vid 111 11 SIL mito de! comienzo; y de esta man era llegan principio y fi-
del filóso fo dirigida a la mu ert e, sale reco gida la corriente del orfl 11111 iI una correspondencia simétrica. Al insuficiente intento de allí
roo, ya desde antes siempre reconocible en el concepto de (disolución II U responde , como acerca de lo mismo, la perfecta conformación
y «purificación», Igu al qu e en el Gorgias y en el Menón, se refler IlIllll. Se podría considerar a ambo s, en la Historia de la evolución
aquí Sócrates a los misterios y a su diferenciación entre recompensn 111 'llll llica o en la Potiteta, como una totalidad qu e se extiende co n-
do y cast igado. Y también la explicación tr anscurre de la misma OHl luida ante nosotros; de esta man era ellos no s most rarían dos gra-
llera: «santificación» significa platónicamente razón ; por ello. los san ,jp ~ de la const rucción platónica de mitos. En e! grad o infe rior, e!
tificados son aqu ellos qu e han filoso fado correctame nte. Así pues ti nl110 es una pr eparación pa ra e! camino dialéctic o; en el segundo,
gan a vivir entre los dios es, mientra s que los no santificados «yacen 1111 11 visión má s allá de la frontera hasta donde puede condu cir la
en el fan go». De esta manera esas do s líneas fundamentales de la eren üurtécríca.
ción órfica del Má s Allá se encuent ra de nu evo en la prolongación Ahora tiene que ret rasarse todo lo demás ant e la comparación de
su ficiente de la compre nsión filosófica. 111\ tres grandes escatologías en e! Gorgias. Fedón y Po fitela 14.
En el segundo círculo va expresamente la pregunta por la «inmm El Gorgias combatió en la lucha entre just icia e injusticia. Esa lu-
talidad del alm a». Así queda asent ado en el comienzo «un viejo di. 1 hl1 es la que se continúa en el mi to. Sólo para ello están verdadera -
curso de lo que nosotros pensamos», que se pasa de allí a aquí y II 1I II'IItc aquí el ju icio de los muertos y los castigos del Más Allá. P ara
aq uí a allí y qu e los vivos hemo s nacido de los mue rtos. Si esto fUclil I UI ~' c r sensiblemente fuert e lo esencial de est e juicio , se fa bu lará que
así, sobre ello se dirige ento nces, al final, la consideración de encaml 1.. sustan cia de ahora no siempre ha sido, sino que se ha d esarrollan-
narsc de nu evo al mito según múltiples conclusiones. El alma que hu .111 a partir de lo opuesto. La an terio r será car acter izada, en e! lado
filosofado de modo correcto y se ha ejercitad o en morir intro duce pu .1 1' los jueces, mediante el que juz gan ellos con sentidos corporales y
rificada con ello de la misma forma su invisibilidad - lo inv isible, el 111 11 todos los atribu tos de la existencia corpó rea; en el lado de los juz-
Hades y el «lugar inteligible» son concept os inte rcambiables-; esll\ Mudos, po r el hecho de q ue han de ser juzgados inmediatamente antes
libre de toda ma ncha y lleva, según va el discur so de los santi ficados, I!I' la muerte, revestidos con el cuerpo y vestidos , y acomp añados de
e! tiempo venidero con los dioses (81 A 9. C fr. 69 C 6). El alma IH1 muigos que en su favor at estigüen . La sustancia actual es así: que jue-
purificada se arr astra, co n lo más corpóreo, terrena l, pesada y vis! ~ (.~ y reos están ambos muertos y ambos desnudos; por lo tan to el
ble. Por ello resu ltan las sombrías sensaci ones que la fe popular pien IHe'-, con el alma pu ra, ve al alma pur a. El radicalismo d e esa dife-
sa qu e ve en t orno a las tu mba s en calidad de espírit us. Ellas se en u-ncia e igualmente la esencia de! puro conocimiento no pueden estar
cuentran errantes, sufren conden a por sus malas experiencias ante u-lacionados más claramente.
riores y se reencarnan de nuevo en los muchos ti pos de especies anl El juicio no será descrito de forma tan expresa en e! Fedón y en
ma les. El err ar , el an sia por lo cor póreo , se encuentra en el Más AI1~ 1(/ Rep ública. Pues en e! Fedón no es temático, como en el Gorgias,
igualme nte etern izado, igual que entre los otros tip os la familiaridad t'[ contraste entre justicia e inju sticia y en cambio en La República
con los dioses y la perte nencia a lo inteligible, al mu nd o «i nvisible». l' ~ ampliado, asimismo, este tema y sob repasado por medio de mu-
Eso son deri vaciones de aqu ello que se most raba en la primera super d lO S ot ros. Po r esa razón podría parec er sufi cientement e descrito el
ficie. Lo nuevo es e! mome nto de la peregrina ción del alma como sím luicío en el Gorgias. Así éste, jun to con su lugar, estaría sólo breve-
bolo mani fiesto de la ete rnidad de la misma . mente delimitado , au nque con agudeza, en los otros do s diálogos. A
Co n el tercer círculo se te rmina el Fedón . Así se establece, aquí rilo se añadir ía en el Fedón la partida hacia el juicio, en la que se re-
en el fina l de la discusión y co n ello sobre to do en el fina l de la con vela igualmente la diferencia ent re alma racional y codiciosa. A aqué-
versación filosófica, el gra n mito del Más Allá , para el cual estaban lla la lleva con facilidad hacia abajo un démon y la ot ra no encuentr a
las ind icacio nes en los dos anteriores grados. ningú n acompañante. Ella vagabundea por los alrededores y será di-
En la Poli/era estarí a reto cada la simp le forma fund amental del I igida violentamente hacia aquel lugar. Allí, más allá de las puras esen-
Gorgios, la qu e se refiere a la oposición entre ju sticia e injusticia, en clas y, con ello, más allá de la mu erte , continúa la existencia juzgada
un nuevo gran plan de construcción . Así se encuentra tambié n de nuevo del filósofo y el vagabundear de su rival en el viaj e del Más Allá. Las
el mito escat ológico del final, el del Gorg ías, también él retocado en distintas for mas de comportamient o de las almas son características
182 P LATON xnr o 183

para el Fedón, mientras que en La R ep ública ese viaje ap enas e 1 ,k ~ !i Il O del alma 16: el Fedon , el cuadro del círcu lo de la Tierra
todav ía pensado (614 B 8). h " I~ ca vern as y canales de en lace; L a República, el h uso celeste
En el Go rgias se encuent ra el pereg rina je de las almas 15 no I ~ 11 _ II~ es feras. En el Gorg ias es ya vivaz el pensa miento del cosmos
sentado expresamente sino sólo presenti do, cuando los incu ruhl U/ I' ), y Sócrates, para el excelso eje mplo que pone frente al rcprc-
el Más Allá sirven de ejemp lo (1I'"aeáÓH)'wl:') de que los demás r¡ 1IIIIII le del deso rden, pa ra el orden del mundo se refiere a los «sa-
que estar mejor: los otros, esos sólo po drían ser los que han plln Ii'_", l'cro la cosm ología todavía no se introduce aq uí en el mito ,
pado en la carrera de círculos. En el te ma estaría la «palíngcne . Ulllltlcnle porque el diálogo se limita casi por completo a la esfe ra
en el bosquejo de mito del Menon, porque sirve para el sabe r ni 11. 11 política . Las otr as dos obras están dirigidas igualm ente en mu-
rístico . En el Fedón , en don de se llega a lo mismo, se menciona 1 111' III1.yor grado a la esfera del conocimiento, en do nde efec tiva men-
vcmente que de nuevo sob re la tierra sería conducido «en círculo l couoclmíento de la Naturaleza sustenta un rango particularmen -
tiempo muy grandes» (107 E). Pero pa ra ello se tiene que tomn ••110 .
que había sido relatado, en el segundo grad o del diálogo , sobre In I
carnación en múltiples tipos de figuras ani males y humanas (H1
ss.). En L a República hay un acento muy fuerte aún en la vucl "1vosmo visi án mítica socrática/
la elección de la nu eva suerte de vida . En realidad las experienc!n
la vida anterior resu ltan serias para la elección de la nueva, pero 1·,11 el rela to que da el Sócrates del Fedón acerca de su desarrollo
a pesar de ello, es completamente lib re. La justi ficación mctnlt 1I1 ,I',Mico se ha seguido una visión del m un do que mostraría al Uni-
del hombre por su existenci a, la negación de todo fa talismo , siell '1 '0 como un sistema de orden más o menos perfecto. Así, en ta l
su más fuerte expresión, mientras que eso en el Fedón -c-algo . plicación del mu ndo la fo rma de los cuerpos terrest res y su pos i- ,1,
flojo - se t iene por «probable», de for ma que la reencar nacións h\n en el espacio del mundo tenía n incluso que desarrolla r ese prin-
de en efecto según el tipo de ser que las almas en la vida an terio r ¡plo de lo «m ejor ». El desengaño sobre tod o 10 que se encont ra ba
revelado. !I wmejant e explicación en Ana xágoras y la limitación a las directri -
Los hombres , cuyo destino en el Más Allá es con tem plado. l.' l ' dcllógos (h' ).,Ó-Y0 LS) no impid ieron a Sócrates reconocer qu e muy
clasificados por todas part es de la misma mane ra. En primer 111 1\ ansro se habrían dejado de instruir en aq uellos con ten idos de cosas
entre aquellos que deben ser cast igados por sus errores, se establ u.hr c la Nat uraleza (99 C) . ¿Es una cas ua lidad que en el mito del fi-
dos gru pos: los que so n capaces de mejorar y los «incurables» «(h i nnlun «cua lqu iera» estableciera una visión del mundo que, en esen-
Gorgias 526 B 8, Fedón 113 E 2, La Repúhlica 615 E 3). Los casrl rlu, resultaría suficiente pa ra lo que ant erior mente se perseguía? La
entre los primeros son medios de educación; ent re los segun dos, e] I u-rra es un círculo en med io del cielo. Ella no necesita el aire o cual-
plos para que los demás se aparten. Como incur ables de la peor ~ i1 nulcr ot ro sustrato mecánico de apoyo, sino qu e llega a mantenerse
ña llegan a enco ntra rse allí, en los dos di álogo s polí ticos (el GfII' ' 1 dmisma en equi libr io. Con ello se encuentra ent re aquellos qu e han
Y L a República), caudillos y potentados; entre todos es mencíou u-ducido la detención de la Tierra a causas ma teriales (97 D, 98 C 1).
Arque1ao de Macedonia y en L a República Ardieo, el tirano de r'cro luego será construida la Tierr a de t al manera que las demostra-
ciudad de P a nfilia, cuyo to rmento fue pintado con imágenes dan¡ rtoncs más reales de la Naturaleza (como marcas. vientos. fuentes y
cas. El Fedón menciona sólo en general a to dos los incur ables en nupcíones volcánicas) llegarán a ser ente ndidas desde esta for mación,
Tártaro, sin cita r sus nom bres; así que 10 particular de este diáln v asimismo al mismo tiempo se establecen los lugares simbólicos para
al que le fa lta el giro «político» de los ot ros dos, también quedO r! destino del alma: el int erior de la Tierra, las cavernas - p ara el tiem-
daro en ello. Además los ca paces de enm ienda so n cla sificados , po de vida terr enal- y la «T ierra más propiamen te » 17. Esa ar monía
una vez aquí en unos que son deudo res de severa corrección y en <lit .k construcción causal y te leoló gica colma las pretensiones y espera n-
que han llevado una vida a medias entre buena y mala. Como lel IllS anteriorme nte expresadas . T odavía la formac ión del mundo en
gru po, fina lmente, llegan a añadirse por todas pa rt es a los curah t \'1 Timeo se mantiene por completo bajo el mismo doble aspecto.
e incura bles los «piad osos», entre los cua les inician todavía un ilPll En La República es ob jeto de consideración ya no la T ierr a como
ta do particu lar, en el Gorgias y en el Fedón, los verdad eros filósofo medio del edi ficio del mundo, sino ese mismo edificio del mundo con
El mito del Gorgías se limit a al juicio. Las otras dos obras illln4i I ll S esferas. Aq uí se mostr a rá el destino de la H umanidad en su necc-
nan más ad elante - y esto es pro ba blemente lo más notor io y mejor vidad (qu e la libertad del ind ividuo no saca sino que incluye) . Las tres
un cuadro cosmológico bas ta nte pensado , en el cent ro de este rchu diosas del destino - Cloto , la que hila; Láquesis, la que da el lot e;

I
MITO 185
184 PLATO N
l uir paso a paso lo designado expresamente po r. Pl~t ón. Pero , t~n
Atr opos, la ineludible-e- son hij as de Ana nke, la necesid ad. De! ~ H III [O como se echa un a ojeada al Tímeo, que dibu ja una vez mas
de Láqu esis serán tomados los lotes. Bajo el trono de Anankc de 1 Imagen de la ciudad a ntes de dirigirse al edificio del mu nd o, q ue-
ca mina r las almas pa ra ad quirir de manos de Clo to y de Atr opo .ll¡l evidente as í la «simetría) entre ciudad y c,os mos. C uando en ~ I
firmación e inaltera bilidad para la libre elección de la nueva vida. 1 """'0 (98 CO) se d ice que ta rea del ho mbre sen a conocer la a.rmonta
bí én son esas manos, de las Moiras sin emba rgo , las que mueven movimientos del círculo del Uni ver so y co ncorda r lo co nocido con
rutas de las estrellas y en el seno de Ananke se ha ce gira r al huvo I que conoce, en la medida de la prim iti va natura leza ~Ner ?"~ nj"
m und o . Así se enlazan sucesos cósmicos y destino huma no. A~I ' (fin" opV(H"), así qued a explicada la simetría 7nlre alma mdlv l d~a l
roo la interdepend encia es aún más profunda. La imagen del muñ 1 11'1 110 5 . A la analogía entre alm a y ciudad remi te toda const rucción
dispo ne la ciu da d, la ciudad de la educación en la que la as trono tl, In t'olueta pla tónica . Y eso significa segura mente leer esa ob ra en
ha sido erigida como un auténtico objeto de ed ucación. l a astro I ecmid o de P lató n, cua ndo se ve que t e~mi na en el mi to del fina l
mía que se ha pensado a llí es, sin emba rgo , escuela preparatorln I • dimensiones generales: alma humana , CIUda d y cosmos se contem-
la dialéctica (VII 529 e y ss. ): no es su objeto lo ab igarrado de Illllll como tres formas colocadas en simetría respecto al mismo cen-
expe riencias celestes, sino las verdaderas distan cia s, núm eros y 111'. Y, asimismo , a su vez no como esferas s~pa rad as , a ~ nque cons-
mas q ue, consideradas con el pu ro pensa mie nto . se relacionan, uutda s a la vez fo rmadas una baj o la ot ra , smo que, al I g u a~ .que el
los ojos fijos en el cielo , como imágenes con su prot ot ipo . Una 'ni nombre pertenece en su esencia a la ciudad, así pare,ce él ta mb ién per -
truccíón ta l dcl Universo y de su movimiento según pu ras pro pord 11 1I1'ccr en su esencia al cosmos. Como en el Fedon el circulo de la
nes matemáticas: eso es -siempre también como bajo un ro paje I l'ler ru, de la misma mane ra parece aqu í organizado el cdi.ficio del rnun-
no de cuentos- el huso con sus vola ntes. Si entonces en cada volar du II fin de crear pa ra el alma humana el espacio medid o en corres-
girase alrededor una sirena qu e e mitiese cada vez sólo un tono, de F l'lllldencia con ella. l os gra ndes mitos del alma ~rese nta ~ , en co rre~­
Ola ta l que «en conj un to los ocho so nasen en una a rmonía únlc 1'll11diente turno al final de una obra, el ~ ás AI!a no sab ido de la VI-
uno se tiene que acordar ento nces del libro séptimo , en do nde se ,11 114, después de que previa mente. co n la mirada 510 du~a en el ser ete r-
en la ve rdadera astronom ía la a utén tica doct rina de la música qu e 11 (1, ha sido conocido en el Más Acá el o rde n d eterm lT~ad ~ o lo cog-
lo t iene que actuar con la consona ncia de la pura proporción de I Illl~c i b le conceptualmente de lo de aquí. Se trata de van~clO nes sob re
núm eros. Igual que aquí se enlazan astronomía y música , ta mbién I elünlco tem a que, asimismo, sólo se adapta a estos diálog os. ~ues
dica en esto (ya visto por los pitagóricos y de elevada seriedad 1l1l1 .Ir difere nte ma nera qu e los mitos de los prim eros grados pla t ónicos
Platón ) un caso modelo para toda com un idad y pa rentesco de las elil ,, \1 ron estos verdad era mente socr áticos un juego chistoso sin respuesta
cias pa rticu lar es , con cuyos mét od os se puede n alzar hasta el obieu II\lC , por casualidad, pueden enco nt ra rse alguna vez con algo ese n-
que se pretend e. Pero este cosmos de las trayectorias astrales y de I( ,1,11. Asl establecen la discusión conceptual previamente y co.n d uc~n
sonidos pu ros es sensible al alma y asequ ible en e! Más Allá . De e 1 '11\ líneas más allá de las fronteras que se asienta n entre la ex~ st e ncla
man era ella se encuentra e n la pro ximidad de los más excelsos COIl\! humana y el conocimiento humano . O incluso más, en.el se ntido pla -
cimientos. Todavía falta la contemplación de la más egregia imall 1 túnico : el mito que, más o menos como el l ógos fue invent ado , fue
mism a, qu e aportará po r primer a vez el Fedro. Aq uí sólo parece pcu hnlludo a su vez, t iene, al igual qu e ése, su propia est ructura. Y sólo
sada en lo que las alma s reciben del bien en su viaje celeste parü nnonces tiene el mito valor si se revela que sus líneas conducen más
as pecto : «as pectos de inaudita belleza» (6 15 A) . .Ila, sobrepasando al l ógos.
Todavía queda una última cosa : Platón no se estremece, al '!'en<?s
en el Menón (86 B) y e n el Fedón (1 14 O), por conmover la sabidu r ía
/ La interpretación neoplatónica del mito/ lid mito de nuevo al final, y no deja en efecto en ~a rt e al guna una
Iluda de que aq uí [a verdad está mezclada con ficció n p.oetlea. ~ s e
Una últim a y excelsa cosa . La interpretación neo platónica del 1111 volver a asegurarse pertenece muy en pa rt icular a la esencia del mito ,
to , qu e tenemos ante nosot ros en el engaste arreglado por P roclo, ~~ «con ello no se podría preparar pa ra lo rígid o». En el Menón : «De:
m ueve e n esa dir ección : igual que nuestra alma debe ser una «poli warta así no reem plazarlo completamente ». En el Fedán: «Esto es aSI
tela » ordenada y la ciud ad re pite el recin to a m pliado del alma , 8\1 1,.1 algo perecid o». Pero de esta manera es más inquebra nta ble la ~egu ­
mu estra el co smo s, tal como incl uso un a vez se present a en el miro nd ad de las consecuencias que el mito ha confi rmado: «Se podría es-
del final , «lo mismo en medidas mayores» (ro erUTa P.f1 j"ól'Wf II 99,23). rar confiado so bre el destin o de! al ma , si se hubieran evitado en la
Se podría renun cia r a interpretaci o nes pa rt icular es, po rqu e se pod rlu
186 PLATON M ITO 187

vida las alegrías corporales. q ue apart an del a prender y se hU"1


I 1 .1In de su pasión po r las Mu sas, anima el espaci o, lo mismo que
arreglado el alma con los adornos que muy propiamente le corres¡ precedente, con figuraci ón mític a. Pero enseg uida expresa la ad -
den» (Fedón 114 O). «Se debe preca ver uno más an te la actuac ucncia de no dejarse confu ndir po r las cigarras sino «po nerse a con-
injusta q ue ante el sufrir inju sticias; se debe cuida r en ello no de I 1' ¡U f), y hace a las Musas presidentas de la co nversación filo só fica ,
cer bu eno sino de se rlo; si alguien exige lo inj usto , debe ser castil l"r ce ha confundido ella misma co n una obra musical. y también
po r ello, y realizar esto es el sentido de la Ret órica » (Gorgias 527 • _ulla significat ivo el pasa je del diálogo en donde se halla el interme-
«Sedebe creer en la inmor talidad y mantenerse siempre en a SCClUl 11 11, allí exactamente en don de co mienza a desa rroll arse la discusió n
practicando ju sticia junto con la razón en todas sus formas» (1.11 uu-dinme una escaramuza llena de seriedad,
p ública 62 1 C). La concordancia qu eda delineada . El mito ticun 1.a histo ria de T heu th y Th amú s (274 C-275 C) no tiene un recinto
valor característico como «dircctio voluntatis», pa ra decirle con Dant 1' 1I 1 ~ajíst ico co mo las do s pr imeras. Pero se encuentra , como la segun -
P or ello . como sus líneas con cuerd a n con la discusión conceptual. 1 ,hl, en una significativ a cesura alll en donde comienza la última dis-
sembocan así de nuevo en las exigencias pedid as a la vida, las ¡¡u. udó u. Y un verdadero lazo objet ivo se est ab lece ent re am bos cuen-
diálogo ha bia explicado y fun damentado . 111' . Igual que el segundo se tomó para el uso musical del discurso ,
..1avisa el tercero ante el ab uso de la escritura . Los do s pu ntos fron-
,,, ilOs de la conversación del lógos llegan a estar fijados juga ndo en él.
I EI espad o m ítico del Fedro / Así apa recen ent relaza dos el primero y el segundo de los mitos a
uuvés del recinto espacial, el segundo con el te rcero a tra vés del re-
Tercer Grado . Con el gran mit o del mundo y del alma, en el tnto obj etivo del diálogo Fedro. En conjunto conforman , dentro de
aro, alcanz amos un nuevo gra do en la for mación platónica de mIl una discusió n muy técnica y abstracta, el país mon ta ñoso mítico so-
Pero , en las pa rtes de l diálogo en que esos mitos ocupan el ceur hit' el q ue se eleva la cumbre del gran mito central.
se encuent ran a ún tres nar racion es míticas peque ñas. Tiene mil)' 1\1 Se diferencia mucho de los mitos en el Gorgias, Fedon y Pottteta .
ca de casual el qu e lo paisajístico en el Fedro tenga un valor más fu I 11 aqu él sería visto el Más Allá en la prolo ngación de esta vida como
te qu e en cua lquier otra parte de P latón. Y, en t ercer lugar, no es nl 1111 ju icio con premio y castigo , y se ensancharía en prime r lugar des-
guna casualidad el que se toque en la conversació n la historia de lit ,k allí aspectu almente a lo telúrico en el Fedón y a lo cósm ico en la
reas, po rque Sócrates y Fedro está n paseando po r el lliso, y la III l' l ~ t'otueta: de esta manera se tr astoca aquí la relación . Se toma enseguí-
mor fosis de las cigarras, por qu e am bos se encuentran echados CII II I dula pos ició n en el cosm os y aparec e en primer lugar, dentro de ese
dio de los ina uditos ruid os de un med iodía mediterr áneo a la somb evpacio más o menos de grosor, el dest ino corres po ndiente al alm a
de los plátan os. Má s bien todo eso se comprende en conjunto. Tkr humana individual; así que también aquí se ha visto una vida terrena
po y hora consti tuyen, en unió n de los mitos, el paisaje an ímico nuno un punto en la gran esencia del mu nd o . Y ese mito tr anscur re
la o bra . no de di ferente manera que en El Banquete, pero con tanto más
La leyend a de Bóreas y de Or itia (229 B· 230 Al también pre!1 111.'\0 cua nto má s allá entr esaca-e en el centro del Todo . Igual qu e en
el espacio a una figuración mítica un poco así co mo en un cuadro rl Banquete. también aqui había pu esto Sócrates la pregunta funda-
P oussin, y esto puede venir de perlas para qu e la mirada inmediat mental en la esencia de aquello sobre lo que se hab lara (237 BC) ; lue-
mente caiga sobre otros personajes de cue nto; centa uros , quimcr llO, habia dejado ata r ju ntas las formas de la «manta» en un sistema
y go rgo nas. Pero ento nces sería explicable el sentido concreto en .1 cuadrimembre y ha bía desplegado como cuarto miembro la man ía er ó-
q ue aq uí se ha hablado de tod o eso. Sócr ates se aparta del presunr üca. a partir de la doct rina del mito.
pensa miento de si la historia podría ser verdadera o no , o de cón« Resu lta un a novedad en el Fedro q ue preceda al mito una díscu -
se podría explicar. No tiene tiempo pa ra ello, porque todav ía é l -~ sión sobre la esencia del alm a -alma como movim iento- oNueva es
gún la sentencia dé lfica- no se «ha conocido a sí mismo ». Pero IW I (le ese to no la fuer te dedu cción co nceptual e igualm ente su contenido
med io de eso no le será ind iferente el mito , much o menos indiferente más solemne. Nuevo es el cuadro conceptual: mov imiento , prin cipio
qu e a aquel nueve veces listo . El, con la mirada en el mito, se pruclm ( (~g X~ ) , ca mb iar y perecer, inalte ra ble e imperecedero - o más bien
a sí mismo si él es más co mp lejo y más engre ído que T ifón . O S~'Jl, no es algo propi amente nuevo : se trata asim ismo de aque lla «busq ue-
apr end e en el mito , qu e él acepta como dad o , para su única lar('ll da de ca usas en el a partado del cambiar y perecen> , qu e Sócrates deli-
El cuento de las cigarr as (258 E·25 9 D), las q ue en un tiempo ( O ncaba en el Fedón com o el prime r grado de su salida filosó fica-. Más
mo seres hum anos se ha bia n o lvida do de la co mida y de la bebida en bien asimismo se tr ata de todo lo viejo de filoso fía de la Naturaleza,
188 PLATON M ITO 189

de lo «presocrático». De hecho encontramos en P arménides, I'u ll ll hll rodeado de obras de arte en las que veía caballos alados o con-
docles y Heráclito una concorda ncia de terminología y de ¡HU ,lUí ror es alados de carro - Eros, Níke o Eos -; podrían ser también
y en Alc meón (como se ha demostrado ampliamente) una vish\l1 '1I11 [,n:->, conductor y caballos, alados. Y, sin dud a, los cubos de las
neral m uy familia r, allí y ta mbié n aquí se deducía la inmortalhhu] IUH ln:-> podían lleva r alas: como frecuentemente se veía en cuadros
alma a partir de un mo vimiento eterno, y los mo vimiento s etcnm "que! ca rro alado en el que viajaba Tr iptolemo distrib uyendo el trigo
veían del mismo tipo que el movimiento de los astros 18, En el l III I C los hom bres. En el mito de Platón lo alado es expresión poética
también se a parta ba Sócrates de tod a invest igación, pero aqutnn 11IU ¡1 eso que antes había sido formulado en el concepto de movimiento
ce fuerte mente imp uesto en ella. Ve <do que se mueve a sí ml ~ IUll' I)I"ico-natural de sí mismo. Un estímulo particular para la COllS-
como esenci a (ou(Júx xcú ;"'ÓY05) del a lma. Ve también el principio 111I1'l'i tÍ n de ese motivo de imagen podría haber sido para Platón el
mundo y del alma como uno solo . Pero esto no sucede así de fu '1"1' en el relato precedente de creación poética el Eros a lado hab ía
que el Sócrates de P lató n vaya a recaer sencillamente en el modo udo modelado para la Psique ala da. P latón mismo parece pensar en
investigación del que se había apartado por entonces . En el punto ~ _11 cuando , poco después, pone en boca de su Sócrates so bre el dios
tral del mito tam bién aquí se establece la necesa ria situación del I ,.Indo del amor dos versos que atribuye a la «poesía misteriosa de un
cio, sucesivamente de alma y «eidos» , tal como se encuentra en el pUl HII IlH:ido homé rida» 19 . Y realmente no sería una casualidad o una
cen tral del filosofar platónico. El cua dro concept ual de filosoffn {mvlución lúdica, sino qu e en ello se explica que un alma es entonces
tural no sustituye en algo al recinto cent ral , sino que fue consnu! ' l1l1l plctamente alma si es alma que ama.
previamente a él - como ya reve la el pas aje de esa ded ucción en t'cro ahora llenan el alma sus pro pias solicitudes: ella anima, avi-
construcción total del mito - en calidad de nuevo pasaje, porque l' \', 1. Si en un principio todo el recinto del mundo pa rece como un es-
tón en la Filosofía de la Naturaleza sólo ve líneas que conducen pucio de acción, por esa razón pasa ella por aquí avivando y movícn-
recinto dc la filosofía de l Eidos. ,lo, sucesivamente. Dos formas de (esencia de vida » (\wc~) fue ron he-
I. IIUS como las verdaderamente más visibles: las inmortales (1os astros)
Vlas mortales (los hombres). Desde el movi miento perfecto, con el
I Ef papel del mito en fa fo rmación del afmal que rodean todos aquéllos el ciclo, el movimiento del alma hu ma na
. hw ifica una caí da. Ella ya «ha perdido plumas» y se ha despeñado ,
El siguiente grado en la construcción del mito es la fo rmación l cuando se encuentra un cuerpo humano y ambos se entrelazan. La
la imagen del alma, después de que la tarea, para habla r de cómo encarnació n como caída pecaminosa de aut oincul pación del alma fue
realmente su esencia, ha deb ido ser dada como «completamente div mostrada en el Fedán y en La República, al igual que el cosmos como
na». En la nueva visión del alma en el Fedro se a br en paso dos mol o pacío para su destino. En el Fedro se consideraba como un cambio
vos de imágenes. El carro tirado por corceles y el hech o de qu e senil .h-l punto de vista de la perfección del cosmos a todo lo restante, y
ala dos. El pri mer motivo se encue ntra hasta , en una pa rticu lar eiccu el mundo de los astros se mantiene como un mundo de vida más per-
ción, en la India, en el Katha Upanisnadv-, Allí aparece el carro ti I fecta frente y an te la humana 20 . En esa nueva dimens ión y con la
cuerpo humano. El intelecto (budd hí) lo condu ce. Las bridas que arra llueva imagen, la contemplación de la s ideas del alma eterna, que no -
tra n so n los órganos del pens amiento (ma nas). Los corcel es diñclle « ur os conocemos por los mitos del Menón, Fedón y La República,
de domina r son los sentidos. La verdadera alma, ella misma (atman j estar ía formada una vez más . El movimiento «de arriba» ha brí a ga-
viaja en ese carro. ¿Ha tenido que venir desde Oriente esa imagen hast llada como «dirección» (a l'w &)'w"y~). como «elevació n» (&vw & 1'0:-
Platón? Sí, si luego la hu biera acom od ado a la doctrina del alma tul (l¡w n ), como «contemplac ión de lo de arriba» (OfO: rwl' &uw), en el
com o ésta predomina en La República. Pues la imagen de Platón, fren símil de la caverna de La República su expresión hasta ahora más al-
te a la india, es simplificada y diferenciada. Los dos caballos son de la. Por medio de la imagen de lo alado estaría a ho ra organizada esa
diferente tip o : un o es el «an sia », el otro es el «t hymos», la voluntad, aspiración del alma como un camino de esencia. y «lo de arriba» pre-
el ansiar. El espíritu dirige a ambos en eq uilibrio o se dej a arrastrar sentar ía una nueva fijación cósm ica. Pues el «l uga r inteligible» ( TÓ 1fQ ~
con el carro a lo profundo. 1' f) r¡ TÓ ~) de La República (VI 509 D, VII 517 B) estaría aquí enlazado
La imagen del carro podría esta r inspirada de lejo s; Pl atón deja con el «luga r sup raceles te» (TÓ1fQ~ VU1fEQouQál'tos ) y ta m bién con la
que predomine un segundo motiv o: el carácter de alado. ¿Qu ién es imagen del cielo que efec tivamente, según la etimología de Platón,
propiamente alado: los ca ballos, el carro o el conductor? Eso no que- es lo supremo «visible» (oueo:vó~ = ÓeO:TÓV, La República 509 O).
da claro, no debe quedar cla ro . Alado es el Todo . Pla tón se encono Y el mismo momento fo rmal cósmico o, si se prefiere, astronómico
]90 PLATON M ITO 19]

co nforma también la contemplación de la s ideas de La Rep úbtica. \13 descripción se recuerda aq uí en el símil de la cave rna de Lo República
relaciona co n el mo vimiento del círculo de estrella s o co n la extens ión y en el episodi o del Teeteto 2l _ constituyen algo necesar io , po rque
de los d ioses imaginada según su mod elo: las esencias de la vida in \ IIS almas aladas, que han contem plado las ideas , buscan necesaria-
mortal se man tienen en el «dorso del cíelo» y la ro tación del circula mente con el recor dar el de sviarse hacia allí, «en donde el dios mora,
se to ma con ella; ellas conte mplan lo qu e se encue nt ra a fuera del cte para co nvertirse en divinas» (reOi OlO'lfEe "8EiH wv (kiói loTtv).
lo . La familiaridad del alma con el «eídos» fue el conoci miento bá ~i En la última parte del discurso del Fedro (249 0 -256 E) estaría
co que en el Fedón determina la «prueba de inmortalidad ». Tam bién captada la situació n en la existencia humana , y llegaría a ser encu-
será esto ahora refor mado en la misma dirección . la visión de las esen hicrta belleza terrenal y sociedad am orosa de los hombres -c-también
cia s eternas es el al imento del alma. Efec tiva mente, segú n su fucrlll el cont enido esencial de l Lisis, del A lcibíades y an te todo de El
alada. consigue pa rticipació n en esa com ida . La encarnación como nooquete-: nuevamente colmad as con la dinámica mítica y la co ns-
hombre depe nde de la «ley de la ad rastefa», si ella ha llegado a esa lrucción de imágenes del Fedro . La belleza humana permanece como
visión . La periodicidad del destino del alma estaba pensada en el PI' objetivo, igual que en El Banquete. al que se dirige el amor. Pero apa-
dón (107 E) sólo co n (dos muchos y grandes recorridos del tiempo» . rece co mpletamente nueva como modelo de una de las imágenes que
En Lo República (X 6 15 A) se revela el «viaje de mil años» como dé el alma ha visto en su viaj e. y verdaderamente no se sirve de una sino
cuplo en recompensa de la vida asentada en cien años. En el Fedro de aquella en la que. po r los ojos terr enales, fue sobre todo reflejado
se encuentra asimismo el per iodo de mil años sometido a un décuplo el modelo " . A partir de eso explica Sóc rates . hast a en lo más carac-
mayo r , sólo Que los filósofos, despu és de tres periodos de mil años , terlstíco, la conducta del enamorado tal como se pr esen ta en la vida.
se apartan ya del círculo del llegar a ser " . El ho mbre busca la proximidad de la belleza, porque ante su visión
Lo República Parte de este tipo de vid a y dete rmina desde ella lo crece el plumaje de su alma. Los dolor es d e amor son dolor es de ere-
restan te. El Fedro ve en primer lugar el gran o rden cósmico y dentro cimiento . Cad a mezcla multiforme de placer y dolor, en Que vive el
de él también la existencia humana. Resulta mucho menos cas ual Que amor sensible, tod a singula ridad en la ascensión del en amo rado sen-
la repart ición del al ma en tres clases de va lor y ante todo la particular sual existe n sólo para ca pta rlos en la verd ad , si yo sé de las plumas
clase de los «Incurables», como ya fue esta blecido desde el Gorgías del alma y también del Eidos . Pero eso no llega finalmente pa ra S ó-
hasta La República, se encuentren aquí dadas y colocadas a t ravés crates en esos pasos. Para él cada verdade ro amor es a mor q ue ed u-
de aq uella sucesiva gradación en las nuevas formas de almas, desde ca. La interdepen dencia entre amor y educación es formaci ón del ama-
la de los filósofo s hasta abajo en la de los tiranos (248 OE) :U. El que do según la imagen del dios de quien am bos, el amante y el amado ,
mire estas cosas desde el cosmos y no desde la vida humana, ése ha se han conv erti do en seguido res; con ello co ncibe la ob ligació n de es-
considerado lo «alado» parte perteneciente a la esencia del al ma que te act ua r igualmente también para el q ue ed uca : mirar al d ios y ase-
no tuvo capacidad pa ra desechar po r co mpleto ninguna alma huma- mejarse cada vez má s a él. Asimismo lo más excelso , el amor socráti-
na, porq ue pertenece a su esencia de forma qu e ella, una vez q ue ( ha co nu nca es una perfección sin perturbaciones. Amor es lucha cons-
visto lo verdadero» (249 B) Ycon ello sus posibilidades, pued e siem- tante entre el conducto r y los caballos por la hegemon ía , y todas las
pre verlo de nuevo . El juicio de los muert os, el sacar la suerte y la distintas fases del amar, que se co nocen en la vida , están entendidas
elección de la vida más ap ro piada aparecen contado en Lo Rep ública a partir de esa lucha : el llegar a ser conmov ido , igua l qu e la realiza-
con el mayor detalle. En el Fedro (249 AS) tan sólo están brevemente ción del recordar en el cond ucto r, la avidez sensible, como tormenta
pensados. Se sumergen así en un episodio en el gran drama cósmico . del cab allo irr acion al, el respetu oso recelo, como temor de ese caba-
Pa ra una rea lización tan gra nde juega en él la an ámnesls . Igual q ue llo domado ante la brid a y rienda del co nd uctor.
en el M enón y en el Fedón tamb ién es ella aquí el rayo que une «cidos: Ya en la dialéctica del Lisis se recogen las sentencias de que cl rna-
y alma, sólo que aq uí el viaje del alma y el lugar supraceíeste presen- 10 no podría ser am igo del malo y de qu e el bueno ten dría que ser
tan sobre el aspecto má s simple que los diálogos ant erior es una di- amigo del bueno. También esas fras es con ducen aho ra a una referen-
mensión más profunda. Así se dice, pues, por un lado qu e la dialécti- cia a la tra nscendencia; en ella se revela la amistad como fundamen-
ca filosófica misma es inmediato «recordar» (249 BC) Ypor otra par - tada po r medio de la partida en común en seguimiento del dios, al
te está fund amentada en el reco rdar la «manía er ótica ». Por tanto que esos hombres se asemejan y pertenecen . Pero con ello entr a en-
ambo s movimi ento s, qu e conducen hacia arriba hasta el Eidos, to- tonces tam bién en con sideración el pr oblema del amor recíproc o . Pa-
man el rumb o de la anámnesis. Con lo cual parece tambi én qu e el aparo ra hacer evidente y sensible el amor tenía Platón que hab er tomado
tarse del mundo y el cómo se sepa ra la esencia del filósofo - cuya de la repr esentación empedocleo-atomística una imagen . Un «flujo»
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192 PLATON MITO 193

(&r oQQolj) desde la belleza pasa de lo bello al enam orado a través II 11:1 papel del mito en el Timeo/
los ojos, yen él po ne en creci miento el plumaje (25 1 B). La corrlent
que flu ye co rre d esde a fue ra Y. al igu al Que d e un objeto q ue se ren"" El mito de la cre ación del m undo en el Timeo es tan singu lar y
ja, vuelve de nuevo a lo bello, a tra vés de los ojos en el alma, en 11 evimismo ext iene sus inesperadas raíces hasta la obra temprana de P la-
q ue a su vez hace crece r el plumaj e (225 e y ss.j. El a mado no sah 14\11 . El moti vo mítico de la creación se reve la ya en el Pro tógoras co-
cómo pasa eso y se le escapa que él se ve «como en un espejo: en mo puesto en frente, y, a pesar de la limitació n a la «especie mortal» ,
el enamorado . Así el amor recíp roco consiste en una imagen (c1ÓWo denota indudab lemente sendas del Tímeo. Luego presentaba fa milia-
AO ") del am o r. Se t iene qu e volver a pen sar aq uí e n el A ícibiades, ('11 tldad co n el discurso de A ristófanes en El Banquete. Pe ro si se co n-
el q ue la situació n en la que están ena mo rado y a mado fren te a frcnlf templa tam bién aquí a la primera visión del hombr e en el ce ntro del
ha sido puest a con una intensidad ina udita has ta El Banquete. AlU lodo, se encontra ría así plena mente ya un desplazami en to del pu nto
tene mos la imagen del espej o: el amado se mira en los ojos del enn ¡le dificu ltad . La figur a de circunferencia de los hombres primitivos.
morado «como en un espejo» (132 E Ys. ). y luego , al fina l, se mues '1 1 movimient o circular y el parentesco con los as t ros , sus producto-
tr a Que el a mor de Sócrates había «empollado» en el joven amor ala ICS, son, sin duda. juegos de cuento popular. Pe ro se m uestran pre-
do (135 E). Se ve eómo la nue va hechura de las imá genes del Pedro viamente en el Tímeo, en donde el Dem iurgo implantó en los as tros
tira hacia dentro de si de esa imagen anterior. Incl uso mas, se consl IlI s almas humanas (41 D), las asentó en la Tierra, en la Luna y en
dera palpable có mo la image n del Eros alado en el A lcibíades se vuel 111 \ demás «prod ucciones del tiempo» (41 E), con lo cual lu ego los dio-
ve ha cia la ima gen del alma alada en el Fedro 25. "'S infe riores -y se encuentran éstos , los astros , a su vez inclu so en-
Remod elado y pensa do de nue vo sería también sin du da lo QUl' II C los dioses de la fe popular - crea n para esto un cuer po humano ;
A lcibíades recon oce en El Banquete acerca del senti rse atraído por S6 y en donde el ca mino de la vida humana cons iste en q ue los moví-
crates . Cuando se oye hablar del amado en el Fedro. él añora ver al mientes circu lares del comienzo , a pa rtir de la co nfusió n en un prin-
enamorado. acaricia rle. besa r le, te nerlo en sus brazos; y cua ndo sr ripio, se vaya n po niendo más claramente en lo correc to (90 C p ). Asl
ve luego la conmoción en el alma del ena morado . igual que el con en aquel juego fa ntástico de A ristófanes se delataba la un ión del ho m-
d uctor y los corceles lucha n po r la primacía, as í se e ncuent ra la rela hrc con la con strucció n orde nada y divina del mundo .
ci ón de A lciblades y Sócra tes exaltados a lo vulga r y tran spasados por Está desde siem pre presente la imagen de la «creaci ón- en la fan -
la nueva fuerz a de imagen . Fina lmente llega n a esta r los diferentes tasia platónica y tem prano a pa rece ya para saca r en si el objeto «mun-
grados de pu reza en la relación amorosa - el primer grado el del «ena ,!cm ; es evidente de esa ma nera en una segunda linea de la esca to logía
morado de la sabiduría», e n el qu e el conductor de l ca rro se manti ene phu ónica cómo ese objeto «mundo. -siempre en el se ntido de cos-
como a mo ; y el segundo, el del «a ma nte fiel». en do nd e el caballo mus o rde nado , lleno de las ideas d ivinas- va a umenta ndo en impor-
nob le en unión con el innob le duran te un tiem po consigue la victo ria-e rancia más y mas.
esos grados se co nvierten de nuevo en significa tivos en un a visión es- Mientras que el Corgias contem pla sólo el de stino del al ma , se ha
catológica pa ra el destino fu tu ro del alma 26. creado en el Fedón pa ra ese dest ino un espacio cn el qu e se desa rrolla
Igu al que el mito de El Banquete. as¡ se encue ntra ta mb ién el del In imagen telúrica. Y, si aquí ya se m ueve el circulo del m undo en me-
Fedro a mitad de la ob ra. Eso hace qu e se desvíen en primer lugar din del espacio del mundo. así, en el mito del final en la Potíteta, la
del pla n de primer término , según el cual las piezas de m uestra de dis- const rucció n telúrica se a mplía a cósmi ca . En el Fedro q ueda rá com-
cur sos son pa ra la discu sión teórico-retóri ca de la segunda parte del pletado el destin o del alma humana como un miembro del Universo.
diá logo. Pero , como la totalida d del diálogo llega a un a pro fun da ex. I le esta manera se aprecia cómo el momento de la «creación. y el mo-
pllcaci ón, probablemen te así también el lugar del mito en él. El Pott- mento del «mu ndo» en Platón se mezclan moderadamente en el mito
tíco sigue, a unq ue está co nfeccionado por completo de di fere nte ma- tic la creación del m und o,
nera, asimis mo en ese punto al Fedro; el Timeo llena comp leta mente Ese mito toma en sí mismo el contenid o de la vieja filosofía de
tod o el espacio con el mito . Así aparece aquí algo delinea do y pensa- In Naturaleza , y con ello el pensamiento de Plat ón se ext iend e, como
do para el tercer y cua rto gra do de la mito logía platónica, rn un último y muy am plio anillo , so bre la zona de las prim eras cspc-
cnlacíones . Rellena con ello una estrecha lcy " . Le sirvieron de ayu-
da en esta labor, como a nterio rmente veíamos, Parm énid es y He rá-
d ilo ; yen la delimitación entre ser y seres, ta l como deberían repre-
wnt a rse según el desa rrollo del «eidos» , le enseñó P itágoras a consi-
194 P LATO N MITO 19 5

dera r el Universo co mo un sistema de orden matemático y a introdu r;'l como formado sobre el pla n funda me ntal del Menex eno, incluso
cir en ese cosmos a la Humani dad ur banizada . De esa manera, en su en formas tan d iferentes. El elogio de Atenas, igual que en el discu rso
empeño también de e ntonces en dominar el contenido,de la e~pe ri c n co nmemorativo en el Menexeno, tal vez con tod a la Ironía posible,
cia individual. encuentra a yuda ent re aquellos qu e hab lan escn to «So pero así y tod o esta ría reproducido ; ahora se convertirá en el m i t~
brc la Na turaleza ». Los a nálisis demost rar án más ta rde có mo se re en el que los co mercia ntes de la vieja Atenas se desa rroll a rá n a partir
mite a la «d óxa- de P arm éni des, Bmp édoclcs, Anaxágoras. Leucipo. de la cosmogonía del Tím eo y se va a con verti r de un a vez el pensa-
Dcmócr ito y Di ógencs de Ap ofonía no meno s qu e fin,a lmentc a.Ale miento pla tónico de la ciudad ed ucadora en un a exist encia mito-
meó n y a los médicos. incl uso hasta en el texto propiam ente dicho. histórica ; y, en tercer luga r, la Antigüedad egipc ia, co mo recuerdo
y có mo se fu nde esa doctrina en su pro pio metal. .. del hombre, se convertirá en la tradición del t iempo viejo qu e se con-
Parménid es y Em pédoc les habían aportad o sus opiniones sobre Irasta (Timeo 27 A H). Pero un a necesar ia rep rese~t aci~n auxili~ r. ~o n
la Na turalez a en forma de cosmogo nía ; en realida d en forma de mí- la que llega ría a sustenta rse el Tod o , es la,l ey delina udito h u~d lm l e n­
tos c uyas potencias divinas - A frod ita, Filia o Nei kos- se encargan lo de la perfección del comienzo, En el Tun eo ap a rece os tenslblemen-
de la creación del mun do . Ta mb ién encontró Plat ón precedentes de le como des tino del alma perdi da en encarn acion es cada vez más a b-
ello en la zon a griega . Si ya las histo rias ori en tales de la creación ha- yectas y en la ciuda d como destino a modo gradual desd e la fo rm a
bía n entrado en su circulo de conocimientos, si de alguna manera Ahu- I......rfecta hasta condiciones cada vez más i m per fecta~ . Aqut se encuentra
ra Mazda le hubiera proporcio nado un modelo para su creador del la formación del suelo ático (Crilias 1L2 A). el hund imiento de la Adán-
mu ndo, esa pregunta sería mu y pertinente, a unque, con nue stro s rne- rida, y con ello la con stitución del mar Atlántico (Timeo 25 C O) -a~­
dios de investigación , no pu eda co ntesta rse deñniüvamentc " . Pero , has qu e sucede n en «una noche» o en «un día y UO? noch es-e, la h l ~
en todo caso , no se trata de limitación síno de necesidad c ua ndo el pótesis geo lógica. Pero ella corresponde a un destino general , y alh
hablab a en el mito de ma teria del mundo y de los ast ros, de cuerpo en donde se inte rr umpe el Cri üas hemos ya for ma do a los a tla ntes
hum a no y de la interdependencia ent re el cuer po y el a.lma. , H ~ s t ? lo como «la po rción del dios desviado en sí mismo a t ra vés de lo mor tal,
qu e siem pre es, hasta los ra yos del «bien» llevan el ca mino dial éctico. que en mucho y a menudo a parece mezclad o co n él» ~C;:ritias 12 1 A).
Pero a un «legos» estrecho le est á ved ado mostr a r en la s cosas del A partir de aquí está tan dife renciado en efect? tambi én el punt~ se-
mundo cambia nte cómo se afana n contra el «bien) y que «po r eso creta de unida d que se reúnen motivos pa ra Vislumbrarlo : el Eidos.
ca mbian». De aquello juniO a lo cual uno encuent ra d istracció n tras El Tim eo realiza la «idea del bien" en la creació n . en L a Rep ública
los esfuerzos de la dialéctica se pueden sólo conta r «disc urso s proba- fue introducido en relación con la acción hum ana, Crit ías recibe de
blcs» (59 CO) de si en el rnito el buen dios crea el m undo según el tímeo al ho mbre como esencia natural det erminada desde el Eidos
modelo de las fo rmas ete rna s, de si «no üs» co ncluye la obra de pero pero, como tod a realización, ya entu rbiada e ~ su pureza , Recibe de
suasl ón de la Anánke, de un orden, lle no de figuras, profundamente Sócrates a «algunas, entre estos hombres, pa rticula rmente ed~c~~ as )
hundido en aquel no-reino de la po sibilidad , siempre sin for ma y que (Timeo 27 A), t ambién como esencias de imagen vueltas y dirigidas
siem pre recibe formas 29. al Eidos. Eg ipto, en el rela to de la experiencia platónica, constit uía
En el Fed6 n (99 C) ha bía d ic ho Sócrates: Iría gustosa me nte a la un aso mbro so ejemplo de una inconmovible existencia urbano-
escuela de quien est uviere en situació n de mostrar la construcción del cult ural en contraste con el inau dito giro de las for mas helénicas de
mundo de forma que todo t uviese en conju nto «lo bueno y necesa- vida , una esencia de ciud ad , en el mun do graduado y sistemá tico de
río » (TO ¿')'aOo p "ai ÓÉ o p) . En el mito del Tímeo rellena P lat ón esa Pla tón, e ntre Atenas y la ciudad ideal. Sin d uda el pensa miento debe-
profunda instancia de su pensa miento. Pod ía llenar la co n aq uello a ría presenta rse a partir dcl hun dim iento en ~o~de se com p.ro bó,el d ~ ­
lo qu e el pit agórico supeditaba el reino de t od a filosofi a ~e.1a Natura- brete : El Eido s presente en este m undo y asumsmo la realidad mfim-
leza a nterior al mo tivo de pensamiento de o rde n mat emanc o : Sóc ra- la mente sepa rada de él; y en don de se sobrepasa esa introducción en
tes ponía en él el mom ento ordena do y fo rmado del «bien» co mo un aquel desarrollo mític o, q ue, desde la leyenda en H esiod o de las eda-
imá n que da la dirección a lo que atra pa , Así es Sócrates, el oyente des del m undo , constituía una forma de pcnsami cnto auténticame nte
-oyente activo-e, cuando el pita gó rico rela ta el mito de la per fec- helénica. Platón deb ería haber teminado el Cm ías, con lo que vería-
ció n del mundo de las ideas. mos representa rse eso e n su continuació n, Se encuen t ra , sin em ba r-
Co n el Timeo se encuentra relacion ad o el Crítías, de fo rma preci- go , establecido po r todas partes. Si tenemos el (verdadero m~n) y e~
sa mente muy entrela zada, as í qu e también en el el mito llena casi to- «verdadero continente» ( Timeo 24 E Ys.), de fo rma qu e aq uellos aSI
do el espacio de la obra . El Critias, al meno s en una mitad , se revela- llamados por nosotro s mares y co ntinentes par ecen ya co ntener a és-
196 PLATON MITO 197

to s en el nombre, igua l qu e las ideas respec to a la expe riencia, así no Pa lco-Atena s es Atenas ideaJizada lo mismo que Atla ntis es Orient e
podríamos vislumbrar cómo se habría realizado luego ese cont raste. idealizado. Ambas son imáge nes muy contrapuestas y asimismo de
Sin emb argo , au nq ue no resulte tan con ocido, la Acrópolis , tal como ninguna ma nera tiene At enas de ant emano la superioridad incon di-
era propiamente, tiene asimismo relación con los fragmentos que nos cional que se suele ver . Ambas ciudades están, en efecto, fundamen-
ha n quedado de eJIa : el Lycabeto, la colina del cast illo, la Prryx y una tadas por los dioses, si bien Atlantis, en ta nt o que construida como
fuente que corre desd e la actual Acrópolis a los muchos regue ros la más rica y más ar tística mente , lleva en sí el mayor peligro de deca-
(vá¡.¡o: m ) en el entorno (C r it ias 112 A Yss.). Con todo, eso podría dencia , y po r ello, en e! t iempo de la guerra con Paleo -Atenas, ya se
concorda r con los no vecientos años que el sacerdote egipcio coloca encuentra muy alejada de la perfección de los comienzos . Lo que so-
entre ent onces y ahora (Timeo 23 E). Desde el mito del Fedro hemos bre todo está contrapuesto aquí son las do s pa leo-constitucio nes de
ap rendido que setecientos años constituyen un período del mundo ; las que, según expre sión de P latón en Las Leyes (693 D Yss.), se deri-
desde el mito de El Polltico, que van cambiando uno tras otro gra n- van todas las restantes: una se llama mo narquía y democracia la otra.
des períodos del mundo en los cuales o bien el dios per mane ce senta- E( gran ejemplo histó rico pa ra la una - como así se mostraría luego -
do al timón de! mundo o e! mundo se co nside ra a sí mismo abando- es P ersía, para la ot ra es Atenas . De ambas formaciones se debe ne-
nado al paso de la Necesidad . Esos mitos y el Critias constituyen sin cesariamente t ener parte, si tienen que predominar libert ad y amistad
du da, por otra parte , desarrollos pa rticulares. Se int enta , sin embar- en unión de comprensión. E n la oposición histórica entre At ena s y
go, unirl os; de esa manera se proporciona al Cr ítias e! resulta do muy Pcrsia se explica la mítica entre Paleo-Atenas y At lant ís.
ap arente de que Atlantis y la vieja At enas lleguen a situ arse en el co- At lantis está regida por un rey supremo y nu eve príncipes territo -
mienzo de nu estro período del mundo, hacia allí también en do nde riales. El palacio del rey supremo y el templo de los fundadores div i-
el Universo «se aco rdaba de la doctrina de! Demiurgo y del padre, nos de la dinastía se encuentra en el centro de la capita l, en el medio
en la med ida de sus posibilidades» (El Político 273 Bj . del círculo, en una isla-ciudadela rodeada po r canales circulares. Un
rígido sistema feuda l establece una det erminada prestación militar ,
como servidumbre, en cada una de las 60.000 parcelas de tierra geo-
/ EI m ito de la ciudad/ mét ricamente igual es. Cada uno de los príncipes tiene a bsoluto poder
en su par te del terr ito rio. Pero su mutua conducta aparece fuertemente
¿Q ué significa, sin duda, el mito de la vieja Atenas? Con el giro determinada med iante la ley sagrada: en una estela de «bronce» per-
del discurso Atenas esta ría aq uí idealizada, se qu edaría a su vez tras manece gra bada, exactamente en el punto medio del círculo en la isla
la voluntad de P lató n tan ampliamente como el ideal tras la vida. Más central. Así el seño r de esta mon arq uía es la ley y no el hombre en
correcta serta la respuesta : Atenas fue ideali zada, estari a ella misma sent ido más estricto . Nada puede delinear con más fuerza su esencia
llena de ideas tan to como se parece sobre todo a la ciudad de la Poli - en el comienzo que la facilidad con la qu e «se llevaba como una carg a
leía platónica y a la construcc ión del mundo en el Timeo . Eso en Ate- el peso del oro y de las demás riquezas» (121 A) Yla convicción de
nas se podría seguir como una experiencia históri ca, a su vez, sólo que «todo se desarro llaba a t ravés de una socieda d de amistosos de-
en la forma de mito histó rico o de novela utópica . Ya qu e Platón in- seos unida a la más alta virtud» (€x <p¿Ai:m Tij~ X O¿Pi¡ S /lf7 · Ó:Qf71i ~) .
ventó esa creación , ya que ha ce presentarse en las fiestas de las Gran- Entre los persa s, Ciro - así lo ve Platón en Las Leyes- era un
des Panateneas con el mito del universo, ya que lo puso en boca de buen soberano que amaba a su ciudad (<p ¡AÓ ll" OA t ~) , sólo qu e le falta-
su tío lejano Criti as 30 , el abuelo del «tirano» Cri tias , ya q ue po nía ba inst rucción y no se preocupaba de administrar. Más claramente
a Sócrates, víctima de'esa ciudad de Atenas, como e! oyent e de su elo- estaría esto en Daría , qu e no es imaginado como un dé spota absolu-
gio, instituye la expiación de una acción tan host il. El camino del Me- to: junto con otros seis ha consegu ido el reino; lo ha dividido en siete
nexeno al Critias, o sea e! camino desde un discurso de alabanza, cons- par tes y aún habría huellas restantes de esa igua lación. Ha propor-
truido muy irónicamente al viejo estilo de los años SO, hasta allí en cionado leyes e introducido una reconocida igua ldad, la «distribución
donde el Eidos de esa Atenas era sensible en su ser verdadero y verda - de Ciro » (70P mi) KV Qíov ÓQU/lÓJl), que, junto con la ley, garantizaba
dero sentido . En el Critias responde P latón a la recrimi nación que se- a todos los persas amis tad e igualdad ("' IAíaJl xa¡ XOIPwJlíaJl). De fun-
guramente sus contemporáneos aten ienses , igual que en época más dament o va ese orden en el que pr evalece la ab undancia (7QU<P1 695
reciente Niebuhr, habrían difun dido de qu e él era un mal ciudada- B); el qu e amenaza también la esencia común de Atla ntís y en el qu e
no J I . Se trata de una reconciliación con Ate nas . Tal vez fuera una el despotismo ha transpasado la med ida acor dada, y así amistad e
necesidad el que esa reconciliación tuviera que permanecer incompleta. igualdad (70 <ptAOJl xai 70 xo¿póP 697 C) son destr uidas. La avidez
198 PLATON M ITO 199

de más es, aq uí como allí, lo que destruye la ciudad (Critias 12 1 B, lleva en sí menos de bien pero un a fuerte mezcla de o puestos JJ . Se
Las Leyes 697 O), porque la pérdida del éxito hac e desarrollarse la Ilota qu e aquí fue int roducida en el Un iverso. de modo más fuerte
guerra de conquista . Y como noso tros hemos experiment ado desde que en el Critias y de manera completamente distinta q ue en el Protá-
ese punt o, a partir de la caída de la milicia entre los persas, de esta Moras, la existencia urbano-humana. Lo que implicaba, al comienzo
manera podemos presumir que sólo para ello está imaginada con cal- del Tímeo , la repe tició n de la uto pía de la ciudad, que fue form ulada
culos ta n precisos la constitución del feuda lismo en Atla ntis; ya que en El Político con incomparable fuerza : se trata de la delimitación
en la guerra de conquista contr a Atenas había quedado mostrada la cósmica de la «politeía».
descomposición de esa condición. El Tim eo hace que el mundo con sista en representación del Eidos
Así Atlantis es la monarquía idealizada, o sea, un po der centrali- en materi a corp órea . Lo per fecto esta ría representado y enturbiado
zado en el que asimis mo igualdad y ley proporcionan el señorío; P aleo- enseguida por la corporeidad. Tanto en el Todo como en cada miem -
Atenas, la democracia idealizada (en el sent ido de Las Leyes de Pla- bro pa rtic ular se encue ntran unidas «no üs» y Ananke y a pa rt ir de
tón), o sea, una esencia de ciudad construida sob re la igual dad de los su int ernamiento está mezclado ese mundo .
ciudadanos, en la que, asimismo. el princi pio de dominio se encon- El tod o cons iste en que el «Noüs» llegó a ser el señor sobre la Anan -
traría remitido po r la gradación permanente y la ley de que cada uno ke (47 E 1). De modo completament e análogo se encuentra mezclada
completa con su tarea . Amb as forma s de ciudad llevan en sí el ger- el alma del mu ndo a pa rtir de do Mismo» y de «lo Ot ro», que se do -
men de la caída, en el qu e se rom pe lo cons truido ant eriorment e se- blan po r sepa rado en los dos círculos de lo Mismo y de lo Otro, los
gún las leyes del número y de las formas geométr icas, y que suele con- qu e se representan en el mundo sideral como cielo de estr ellas fijas
du cir a aquella guerr a de conquista qu e, si P lató n no hubiese dejado y órbita s de los plane tas (38 C); en el mundo físico, como espíri tu y
incompleta la obra, hubie ra llegado a convertirse en un Ma ratón idea- conocimiento , por una part e, y op inión y fe, por otra (36 E y ss.).
lizado 32. Esa dualida d conjuntad a ento nces, qu e ereó su expresión en la ima -
En el Cruias se encuentra, como algo distinto qu e en El Pottttco gen del Universo y, una vez más , en el alma del mundo, fue asentada
(268 O Y ss.) un mito político en la época tardía de Platón. Anterior- en el mito de El Político, por medio del mo tivo for mal de los perío -
mente fu e ano tado respec to al Protágoras que se encuentran cono ci- dos del mun do, a pa rti r de uno en otro y de uno con ot ro en uno des-
das conside racio nes acerca de la existencia humana en el pa leo-tiemp o, pués del ot ro. Espacios de tiempo, en los que el dios está sentado al
acerca del flo recimiento de la civilización y acerca de la par ticipación timón del mundo, se inte rcambian con aquéllos en los que el t imon el
de los dioses en el destino de la Humanida d muy parecidas ya al pri- se ha vuelto a levantar de su at alaya y el Todo se mueve según las
mer gra do en la const rucción platónica de mitos. P ero, sin dud a, eso par tes op uestas, a t ravés de la necesidad del destino (fO{P.rxgP.Ú'r¡) y de
fue llevado en el tercer grado a una forma por completo distinta, que sus innatas apetencias (atÍwPll ToS J7rt6l1p.irx 272 E). Los períodos de pre-
queda más clara con la comparación con el Tímeo, por un lado , y do minio divino significan el orden perfecto , la inmediata realización
con el Crít ías, por el otro. En relación con ello conci erta - se podría del «eld os» en materia mortal, en la medida de lo posibl e; y la send a
decir: a pa rtir de aqu ello concertó- el Demiu rgo los bienes de la crea- irónic a, que también actúa en esta ima gen de la edad de oro, se en-
ción que garantizaban la existencia y la formación del Un iverso como cuent ra allí para eso, para enseñar cómo t ienen que priva rse necesa-
un cuerpo perfecto, pero asimismo cuerpo, el movim iento circular co- riamente todas las imág enes hum anas de tal sustancia J4 . El período
mo aproximación al mo vimiento perfecto y la confusión del pa leo- de alejamiento del dio s tiende a la sustan cia de la vieja realización ,
pri ncipio. En relación con el Critias conc ierta - y, a su vez, se aleja por la qu e el bien divino entonces ha permit ido conformarse al cos-
de él- qu e allí los dios es sortean ent re ellos toda la Tierra por luga- mos y por la que fue reconducido todo lo que de artero e injust o su-
res, aq uí están distr ibuidas por zonas todas las par tes del mundo en- cede en el mundo. Pero lo que también contri buye así a la per fección
tr e los dioses. Allí sería n los dioses , aquí los démones divinos , los que , y orden remit e al recuerdo del tiempo de predo minio divino . En esa
igual que pastores, se encargan de los hombres. «Como con un timón» idea de period ización puede también haber sido estimado el intercam-
conducen ellos a las almas humanas en el Crít ías; el timón del mundo bio de Empédocles entre el régimen del Amor y del od io y puede de-
se pierde y quedan a su vez sin el timonel divino en El Potttico. En sarrollar asimismo algo oriental 31; todo eso pa ra Platón sólo habría
aquél disminuye la pa rt icipación divina ent re los hombre s, porque se sido materi a en bruto y es completamente propio lo esencial de ese
encuentra mezclada con muchas cosas mo rtales y pr edomi na la for- mit o que relaciona con el Eidos el mundo y la existe ncia urb ano-
ma humana de sentir; aquí es eso todo el Un iverso, el qu e pierde po - humana en él. Ya que se trata de vínculos históri cos, te nía qu e predo-
co a poco su perfección po r mezclas entre las corporeidades o porque minar el mo mento temporal en el mito. Pe ro eso sólo podría ocurr ir
200 Pl AT ON M(TO 201

en la forma de período . En ella hab ía figurado amp liam ente Plat ón, la respectiva obra o llena po r com pleto tod o el espacio. Esas no veda-
en La República y en el Fedro. el destino del alm a. En el Tímeo ens~ · des formales constituyen un símbolo de la t ran sfo rmació n del conte-
na a ver co mo ca rre ra cíclica al tiempo , que es el mod elo de ete rm- nido . Aho ra en él ya no se representa un camino sobre el qu e el Ei~os
dad , y con ello se co nvertirá en punto de arr anque.de toda in ~ est i g~ . mostr aría el obj eti vo, sino q ue se forma dent ro del mund o, de la CIU -
ci ón sobre el Todo e igua lmen te en punto de pa rtida de la Filoso fía dad, de la vieja Atenas. Así queda el Eidos secreto o expresado el punto
tTímeo 47 A B). focal de las cu rvas del mito plató nico , igual qu e consti tuye el punt o
El mito se encuentra en med io del diá logo de El pottuco. El El éa- med io del filosofar de Plat ón.
la busca. a pa rt ir del tr ab ajo oral de int ento dicotómico d~ d ~fi n i ­
ci ón, una instrucción y espera de inmediato que la ojead a al mito Junto
a ese mismo métod o pueda serie luego de ayuda (268 e y ss. ). El re- / EI sentid o del mito en Platón /
sullado es, pues, también una pequeña alteración del arte real de la
dudad . Pero uno siente inmediatamente la impresión de que el gasto Hegel ve en el mito plató nico algo perteneciente a la pedagogía
del mito no resulta de igual peso que el beneficio con ceptual, y Pla - de la especie humana, que ya no necesita el co ncepto cuando se ha
tó n ma nifiesta esto mismo: «Nosotros hemos am ontonado una ma- desarrollado.". Pero de un estadio infantil de la Filosofía, un grado
ravillosa ma sa mít ica y ha sido conducida a alegar más de lo que es sobre el que ya Platón habria avan zad o, se podría hablar referido a
necesa rio» (277 B). Para seguir con la tarea fundament al y previa del Plató n en todo caso en un sentido muy concret o, de forma que la con-
diálogo , que de hecho hubiera po dido verse co n más facilidad sin el cept ualización platónica estaría desgaj ada de una má s aguda . Como
mit o, también será menos interru mpido el desarrollo del métod o con- creador tiene tan poco que superar como cualquier crea dor pu ede ser
ceptua l por medio de aquel «j uego». Más ~ien se trata de su .aspecto superado mediante el refinamient o o exten sió n de un medio formal.
para cond ucir a la vista desde la tarea previa de fundame ntac ión h ~s. Sin duda, si efectivament e se rodea al mit o con una tr aducción ro-
ta lo más profundo . El mito asienta a la ciudad en el Todo y permne mántica de las que hoy perviven - precisa mente así porqu e t rata de
qu e, a tr avés de él. tome parte tanto en la per fección COn;t0 en la nece- cosas excelsas- se encumbr a po r encima de la elevada forma de ex-
saria imperfecció n; tanto en el Eidos como en la mate na muestr a la presión de Plató n, y de esta manera se encontrará menor oposición
necesa ria pa rad a de la ciudad en lo malo, la necesari a perte nencia del en sí mismo. En el mundo ún ico , irrepet ible e insuperable de Platón
polüico rea l a este mundo de lo imperfecto , pero t ambi~n la nec~sa ria el mito ocupa su lugar necesario. La transformación de su forma apa-
relación de la ciudad y el po litice con lo perfecto, el Bídos, el dIOS... rencial ilustra sobre la evolución de Platón o, d icho de forma más
Han sido contemplados po r nosotro s t res grados de la formación cuidadosa y correcta , sobre la evo lució n de la obra p latón ica . Pero
platónica de mitos. el uno vuelto hac ia arriba a lo más próxi mo, tam- podría predecir ju gando , pod ría ser guía del camino, pod ría finalmente
bién usurpad o en sí mismo y por lo tanto claramente a partado . En mostrar a lo eterno enca rna do en este mund o de la Nat uraleza y de
el pri mer grado el mito aguarda hasta el límite del mu ndo soc rático la Historia : se encuentra, pues, en el ca mb io algo igual. Mito es el
y pretende penetra r violenta mente . Se muest.ra desar rollado aparen- engaño mezclad o con la verdad (La República 1I 377 A). Co n ello,
temente sin respuesta, de forma qu e - po r ejemplo en el destino del muy lejos de constituir una arbitrariedad, se fundamenta profun da-
alma y la evo lución urbano-hum ana- proporciona algo que no pue- mente en la natu raleza del mismo ser y del co noci miento hu man o de
de ser referido , o no en primer lugar , por el más est ricto y responsa- ese ser. Pues la verdad pura es del dio s: «Además son sin mentira (sin
ble lógo s. A todo eso el Sócr ates en Platón podría no dejar espacio engaño , &1Pwóü) 10dem ónico y lo divino» (La R epúblic~ JI 382 .E) H .
algu no, ha sta qu e po r tod as partes la aporí a hubiese llegado a las pa- As! llegamo s a un punto de vista qu e pa rece desde el mito rel aclO n~ ­
labras. En el segundo grado Sóc rates en persona se apodera del mito. do co n la ironía, en la medida en que se descubre y encubre enseg ui-
Aqu í se encue ntran los camin os qu e conducen al Eidos: el camino de da, y aquí hay que vislumbrar una vez más el po rqué el iró nico Sócra-
Eros por medio de esta existencia, el camino de la mu erte del alma tes puede llegar a ser un descubridor de mitos; en efecto tendría que
en los límit es de esa existencia en la que Sóc rates ava nza, despu és de negar a serlo po rq ue el mito se encuent ra ebrio de ir onía y porqu e
que ha llegado al camino del conocimiento, tantas veces como sea po - en el diálo go irón ico de P latón tiene un sitio en todas part es allí en
sible o necesari o. En el terce r grado per ma nece sólo en el Fedro to da- do nde en prim er lugar unrayo de la «ep ékeina. introd uce más y más
vía Sócrates - el Sócrates dom ina do por la «m aní a» divina - como la carga de ideas en esta vida.
portador del mito . Luego sólo atien de aún a cómo los de más le cuen- Ese es también el fundamento por el que en Las Leyes de Plat..ó~
tan cuentos. Enseguida se ap ar ta definitivamente el mito a mita d de el mito suena sólo co mo de lejos 37" . Tamb ién el Eidos sólo es ~.I~ o:.' \ '·c " ,,~?

l·, ,
202 PL AT ON MIT O 203

rio en los límites, cuando al final de esta inmensa obra por una sola Ira la cual siempre se ha defend ido P larón"> Nunca en realidad ha
vez ~ ~ a ~x ig i do que los guardianes tienen que ser capaces de «mirar pretend ido qu e sus propios mit os fuesen en tend ido s literal mente, po r
a la uruca Id ea » (XII 965 e). Así fu e encajado un «mythos» en medio eso a cada insta nte so n preparad os nuevamen te para retom ar aq ue-
de los «Iógoi» (IV 7 13 A y ss.) allí en donde se comienza pa ulatina- llas «místicas » exp licaciones en la imaginaci ón de l comien zo . Plat6n
mente a da r leyes: es la vieja historia de la edad de oro, en la qu e Cro - 110 sólo evita el peligro de un dog matismo meta ffsico , sino también
nos, co.mo señor, introduce en los hombres accio nes dem ónicas. Pero la rigidez misma de una delimitaci ón crít ica de front eras, lo mismo
enseguida cambia el lo na y aprendemos que la historia «habla en ver- que él, median te una forma art ística de diálogo, evita la seriedad dog-
~ ad » . U na vez más aparece la palabra «mi to» en el gran episod io del mática de la escritura rígida median te la ironía. El mito alca nza «a que-
libro X acerca de las creencias correctas y falsas sobre los dioses: «Ne- 110 de la vida secreta q ue él promueve a sentido abierto» y no sólo
~~ita mos los m.itos para encantam iento de las almas» (903 B). Tam-
como un contenido vago . Más bien la evidente fant asía será cond uci-
bien era percep tible una forma mñica (904 B) en: cuando el rey-creador da a un camino claro y t erminado; los co noci mientos obt enido s dia -
«co ntemplaba esto, allí imaginó .. . » , Así «imagin ó» ya Pr ometeo en lécticamente y las inquebrantables consecuencias de su compo rtamiento
el mito del Protágoras. y la palabra «imaginar» será pronunciada a ético hablan en el mito y él, a su vez, en ellas. Multa namque per inte-
veces en el Tímeo por el creador míti co del mu ndo. Pero. a su vez, lIcctum videmus - se dice en aqu ella carta de Dant e- quibu s signa
lo que po r un insta nte se denomina «mito» enseguida esta rá en el «Ió- vocalia desun t. Quod satis Pla to insinua r in suís libris per assumptio-
gos » (903 B 5), en teología , se podría decir, o en un sermó n. l o que nem meta phcris morum. Multa enim per lumen intellcct uale vidit, qu ae
en el Fed,ón f.ue relato mít ico de la elección de la suerte de vida y de sermone pr oprio neq uivit expr lmere" .
la peregrinaci ón del alma, será transformado aquí en lo legal de la
Naturaleza . Co nceptos de las ciencias naturales, co mo cambio de lu-
gar! se ensalzan a I? alto peor que peor -a lo pro fundo , mejor que
mejor-oEs como SI se dejase a A naxágoras, Empédocles o Demóc n-
too La visió n mítica llena en el Tímea casi todo el espacio . Así en las
leyes s610 por un instante ser ía perceptible la llamada mítica cuando
no corres po ndía propi ame nte a ese a partado de SoI6n ... '
En la gran carta al «G ran Can della Scala» habl a Dant e so bre las
mull.iples interpretacio nes ~e. su Commedia: «quod istius operis non
est simplex sensus, rmmo d ie¡ po test po lysemum » 38•• El único senti-
do es el. «literal» y frente a él se encuent ran enfrentados po r igual el
«aleg órico» o el «mñlco»: cad a uno recibe por su lado distint as foro
m~s . Est ergo subiect um tctius operis, literaliter tantum accepti, «sta tus
ammarum post mort em simpliciter sumptus». Nam de ilIo et círca illum
oper at ur proc essus. Si vera accipiatur opus allegorl ce, subjectum est
«horno , pro ut merendo et demerendo per arbitrii libertatem J ustitiae
praemia nti aut pccnienti obnoxíus est»...... , Tam bién de los mitos de Pla-
tón , que ya, en voz baj a pero con claridad, preludian la gran poe sía
d~ Dan te, se sigue siempre que se entienden o bien alegóricamente o
bien ~ora [mente.o como guías. P ero, segun una manera us ual ya en
otro tiempo para Interp retar los dicho s transmitidos de los dioses, con-

• «Siempr e se puede decir que aquello que en esta obra no es sentido corriente es
pclis émico ». (N. drf T.)
•• «Es , po r ta nto , tema de la ob ra completa, entendida sólo literalmente "el esta-
do de las alma s tras la muerte, simplemente consid erado" , P ues a partir de' esto ~ en • «Muchas cosas , pues, vemos a través del intelecto - se dice en aq uella carta de
to rno a esto se opera un pr oceso. Pero, si se entiende la obra alegóricament e el tema Da nte-e- para las que faltan signos vocálicos. Y esto lo insinúa ba stant e Platón en sus
es: "el hombre en la medida en q ue se encuentra forzado a reci bir premio o; no recl- obra. mediant e la aceptació n de elemento s metafóricos, En efecto , mediant e una luz
birlo mediante la libertad de decisión de la Justicia que premia o ca stiga" ». (N. de / T,) intelectual vio muchas cosas que no puede expresar con palabra s adecuad as». (N. drl T.)
SEGUNDA PARTE
CA PITULO X
INTUICIO N y CONST RUCCIO N
(UN PUENTE H A ST A BERGSON y SCH O PENH AUE R)

I.n tensión entre intuición y construcción, «the orfa» y teor ía", «ma-
11111 » y dialéctica camina a tr avés de la obr a de P latón y allí, desde
C' I princi pio, se encuen tra tomada como en una tensión creado ra. Tal
'<l'1 ap arece en él más fuerte, tal vez más consciente qu e entre la ma-
yor fn de [os filósofo s. Pero ninguna gran Filosofía existe sin aquella
Intuición cent ral sob re la que se dispone n todos los pensamientos con-
ccuruales, a la que en consecuencia está dirigido y de la que irr adia,
u su ve