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El Hombre el Cosmos, la Ciencia y el Bien.

Los soportes éticos de la


ciencia soviética

Primera parte

El racionalismo científico de la Ilustración y el pensamiento científico contemporáneo


han convivido y conviven en la actualidad en el hombre ruso/soviético con sus formas
tradicionales o pre-modernas de pensamiento. Esta particularidad ha dado lugar a una de
las características más representativas del pensamiento ruso: la existencia de dos planos
de pensamiento, dos formas de racionalidad que no se excluyen una a la otra y a las que,
tanto el hombre de ciencia como el hombre medio ruso, recurre según sus propias
necesidades.

Esta característica, con ser particular de la cultura rusa, no es sin embargo exclusiva de
ella. Está presente en la mayoría de las culturas no europeas que han sabido, o han
tenido, la posibilidad de asumir valores específicos de la cultura europea occidental sin
abandonar los suyos propios. Así, sin ir más lejos, chinos o japoneses mantienen esta
capacidad, compaginando en sus estructuras de pensamiento los valores de la ciencia
contemporánea, hija de la revolución científica europea, con sus valores tradicionales
más significativos, pudiendo explicar la Naturaleza con las leyes de la física al tiempo
que como manifestación de la voluntad de dioses y espíritus.

Este comportamiento se aleja del modelo representado por Europa occidental, la cual,
en el proceso de reelaboración de sus propias bases culturales, ocurrido en la
Modernidad, ha desplazado primero, y destruido después, sus estructuras tradicionales
de pensamiento y sus medios de explicar y aprehender el mundo circundante, la
existencia del propio hombre y la historia de la humanidad. Para el hombre europeo sólo
existe una forma de entender y explicar el mundo: la que se deriva del racionalismo
científico por él mismo elaborado; todo lo demás ha sido condenado como superchería y
brujería.(1)

Esta doble racionalidad estuvo especialmente presente en el proyecto soviético. La


historia del bolchevismo, de todo el proyecto soviético (y por extensión la historia de
los partidos comunistas en general), nos habla de la existencia en su seno, de forma
prácticamente permanente, de dos proyectos, dos modelos diferentes de comunismo, a
veces no conscientes, incluso podríamos decir que intuitivos, que tienen su origen en
niveles diferentes al ideológico, en la misma concepción de la vida y del papel que el
hombre ejerce en la naturaleza y en la sociedad.

Hubo en el bolchevismo un comunismo cuyo soporte cultural fue una solidaridad que
podemos llamar tradicional, popular, campesina. Este comunismo tuvo y tiene una
concepción orgánica y totalizadora, holística, de la sociedad y de la historia. El pueblo,
el Estado, la sociedad y el hombre son percibidos como sujetos naturales totales, únicos;
son la síntesis de los aspectos objetivos y subjetivos, de los materiales y espirituales que
los conforman. En este modelo de comunismo el hombre está vinculado, solidarizado,
con toda la sociedad y con la naturaleza. Su solidaridad transciende el ámbito de lo
social y se prolonga en la propia naturaleza con la que mantiene vínculos específicos.
En la Unión Soviética, las bases de este comunismo fueron, y siguen siendo, las
tradiciones solidarias de origen campesino mantenidas de un lado por las tradiciones
culturales religiosas, especialmente por el cristianismo ortodoxo oriental (en el caso de
Europa, por el catolicismo popular de los países católicos de la Europa meridional), y de
otro por la pervivencia de determinadas estructuras sociales y formas de vida que, aún a
pesar de la expansión de la sociedad industrial, bien en forma de capitalismo o de
socialismo, se mantuvieron vigentes en algunas zonas de Europa hasta bien avanzado el
siglo XX y en la URSS hasta nuestros días. Incluso cuando éstas fueron desarticuladas,
como en el caso de Europa, la clase obrera emergente, en su aplastante mayoría de
origen campesino, conservó estas tradiciones y con ellas sus formas de comprensión y
aprehensión del mundo circundante. Durante varias generaciones los obreros
industriales continuaron siendo psicológica y sociológicamente campesinos. Un ejemplo
importante lo tenemos en el milenarismo que impregnó el movimiento obrero europeo y
el bolchevismo, expresión de la herencia cultural de la solidaridad tradicional.(2)

El otro proyecto de comunismo presente en el bolchevismo tiene un origen urbano,


racionalista. Es heredero de los valores de la Ilustración y de la Revolución francesa.

Asume el modelo atomizado de hombre y con él el individualismo; condena el mundo


tradicional campesino, el mundo popular, como un residuo del feudalismo; asume todos
los tópicos de la historiografía europea posterior a la Revolución francesa sobre el
mundo campesino y el supuesto Antiguo Régimen. El comunismo ha de ser creado
sobre la base de individuos libres unidos por sus intereses de clase o por su conciencia
de clase. La ausencia de conciencia de clase entre los campesinos los convierte en
pequeñoburgueses, en “un saco de patatas”. Se trata de un proyecto de comunismo que
ha terminado aceptando los principios básicos sobre los que se asienta la sociedad
capitalista. Acepta el papel regulador del mercado (eufemismo tras el que se esconde la
aceptación de la economía de mercado y la propiedad privada), la sociedad civil basada
en la concepción del hombre como átomo y la democracia parlamentaria como sistema
político.

En este proyecto de comunismo, llamémoslo racionalista, cada individuo tiene su propio


valor específico: la posesión de su propio cuerpo (su verdadera propiedad y mercancía)
y sus cualidades intelectuales y físicas (su fuerza de trabajo). Como individuo tiene sus
“derechos individuales” intransgredibles y un espacio de actuación legítimo, es decir,
marcado por las leyes, independiente de cualquier otro individuo. Es la sociedad
atomizada, fruto de la Reforma Protestante, de la Revolución científica y de la cultura
del industrialismo moderno. Los valores comunitarios tradicionales, la solidaridad
tradicional, basada en el modelo de “hombre común” indivisible (una parte de mí está
en todos los hombres y en mí se encuentra una parte de todos los hombres), son
considerados como reductos del pasado de la existencia humana condenados a su
desaparición, estorbo y lastre para el progreso.

Toda la experiencia práctica del socialismo durante el siglo XX ha estado condicionada


por la presencia, en mayor o menor medida según los casos concretos, de los dos
“proyectos de comunismo” anteriormente mencionados. El bolchevismo fue quizá el
caso más explícito. En él estaban presentes las dos formas de comunismo, o si se
prefiere, las dos formas de solidaridad. Las tradiciones solidarias populares rusas y del
conjunto de pueblos y etnias que conformaban el Imperio ruso habían sido elaboradas
por la filosofía, la literatura y la ciencia rusa durante todo el siglo XIX, pero, aún a
pesar de dicha elaboración teórica, no habían podido convertirse en protagonistas del
proceso modernizador e industrializador que Rusia estaba demandando y buscando. El
marxismo clásico, casi académico, de los socialdemócratas rusos, no pasó de lo
anecdótico durante décadas y aún a pesar de su relativa fuerza e importancia en los años
previos y durante la propia Revolución rusa, no pudo convertirse en el protagonista de
los cambios. El bolchevismo fue la síntesis entre las tradiciones socialistas y solidarias
nacionales -vernáculas como las llama Shanin-(3) y el marxismo.

Dicha síntesis asumió el protagonismo de la Revolución y del cambio social y condujo a


Rusia, ya en forma de URSS, a la época industrial.

El bolchevismo, y todo el proyecto soviético hasta en sus más recónditas


manifestaciones, estuvo condicionado por esa doble naturaleza racionalista y
tradicional. Como consecuencia de su componente tradicional, el bolchevismo estuvo
imbuido de los conceptos del bien y del mal de la cultura tradicional rusa. En su
percepción ideológica, el proyecto soviético fue algo más que un instrumento para
“hacer el bien”. En su seno el bien y el mal eran parte consustancial del mismo. Pero,
mientras el mal se percibía y se manifestaba como anecdótico, el bien se establecía
como dominante.(4) La idea principal del proyecto soviético, en su componente
tradicional (milenarista y mesiánica), fue la de construcción del “Reino de Dios” en la
tierra. El proyecto soviético estuvo imbuido desde el principio por un mesianismo
científico. La ciencia era el medio fundamental del que habría de valerse el poder
soviético para la consecución del comunismo (del Reino de Dios en la Tierra). Incluso
Bulgakov, en su Maestro y Margarita realizó una irónica crítica de aquella visión
idealizada de la ciencia.(5) La ciencia soviética también participó de la existencia en su
seno de las dos formas de racionalidad de que hablábamos anteriormente con respecto
del bolchevismo, heredando las categorías éticas y morales, y con ellas las categorías
del bien y del mal de la sociedad tradicional rusa. Veamos, aunque sea de forma
resumida, el desarrollo de este proceso.

II.

Una corriente importante del pensamiento solidario ruso está representada por el
cosmismo (6) ruso. En Rusia están todavía muy arraigadas en su conciencia colectiva
las concepciones cósmicas del mundo (del tiempo, del espacio, de la historia, etc.), que
ha venido manifestándose de formas diversas en las tradiciones, el folklore, las crónicas,
y después en la literatura, la filosofía y la ciencia. El cosmismo ruso puede ser
considerado como una nueva tendencia filosófica, consolidada a finales del siglo XIX,
que pretendió dar una nueva explicación del fenómeno de la vida sobre la tierra y de la
actuación y misión del hombre como manifestación perfeccionada de la misma.(7) Fue,
en definitiva, la eclosión de un proceso de maduración de ideas y creencias que con el
paso de los siglos fueron consolidándose e incorporándose al patrimonio cultural ruso.
Sus fuentes se encuentran en las creencias, usos y tradiciones de la antigua Rus y de los
antiguos eslavos, enriquecidas por las aportaciones de otros pueblos y etnias que con el
paso del tiempo conformaron, junto con los eslavos, la entidad política y cultural
conocida como Rusia, así como por las aportaciones del cristianismo. En este último
caso fueron siempre significativas las reflexiones de los padres de la Iglesia ortodoxa en
general, y rusa en particular, sobre las relaciones entre el Creador y la Creación.
Uno de los conceptos claves del cosmismo es el de Bogochelovechestvo
(Teohumanidad),(8) elaborado por la filosofía religiosa rusa y especialmente
desarrollado durante finales del siglo XIX y principios del XX por autores como
Solovev, Berdiaev, Trubetskoi, Karsavin, etc. Enlaza con el estudio cristiano de la
unidad de lo divino y lo humano en la naturaleza de Jesucristo. Cristo es interpretado
como la Unidad, síntesis de lo divino y lo humano en la Tierra. Esta idea está
relacionada con el concepto de Vseedinstva (Unidad Total) (9) que puede ser entendido
como conocimiento total, global, o concepción única del mundo. Sobre la idea de
Vseedinstva escribieron diversos autores, entre ellos Solovev, Bulgakov, Karsavin,
Florenski, Zenkovskii, Kiriievski, Jomiakov, etc. Es importante significar aquí que estos
autores pertenecían a diferentes tendencias ideológicas del pensamiento ruso y que sin
embargo el concepto de Unidad Total se encuentra presente en todos ellos como parte
del núcleo o fundamento cultural (¿genotipo cultural?).

En el concepto Vseedinstva (Unidad Total) el hombre es considerado como la unión de


la manifestación de lo divino con la naturaleza material, con lo terrenal. La Creación,
como obra de Dios, está revestida de divinidad. El hombre como parte de la Creación es
a la vez creación divina e intermediario entre Dios y la Naturaleza, entre Dios y la
historia terrenal, de la que forma parte. El hombre en sí no es nada, sólo llega a ser
persona, a considerarse a sí mismo persona, hombre, en la medida que toma conciencia
de su pertenencia a una personalidad cósmica. En esta personalidad cósmica el hombre
tiene una naturaleza colectiva por pertenecer a la comunidad de los hombres, y divina
por saberse incorporado al orden divino, a la Creación.

Se considera a Nikolai Fiodorovich Fiodorov (1829-1903) como el fundador de la


filosofía cosmista rusa. Durante mucho tiempo fue bibliotecario en el museo
Rumiantsevskii, la actual Biblioteca Lenin. Sus ideas filosóficas, aunque influyeron de
forma significativa en Tolstoi, Solovev, Tsiolkovskii y Dostoyevski, etc., eran apenas
conocidas por un número reducido de amistades y alumnos, manteniéndose
desconocidas para el público en general. Sólo después de su muerte sus trabajos fueron
recogidos en dos volúmenes y publicados por primera vez en 1906 bajo el título de
Filosofiia Obshego Dela (Filosofía del Hacer Común, del Asunto Común o de la Causa
Común)(10). La singularidad de las ideas filosóficas de Fiodorov reside en la forma
inusual de acercarse a los problemas habituales de la filosofía rusa y a sus originales
propuestas de resolución, creando un sistema filosófico globalizador en el que el
hombre, la Tierra y el cosmos, son interpretados como un todo interrelacionado e
interdependiente. El sistema filosófico desarrollado por Fiodorov incide especialmente
en la colaboración de la energía del hombre, del trabajo del hombre, del “Hacer” del
hombre, con la voluntad divina de liberar al mundo del mal, de la destrucción y de la
muerte, y en la creación del Reino de Dios (¿en la Tierra?).(11)

Para Fiodorov, el principal problema con el que se enfrenta la humanidad es el de la


violencia, la cual alcanza sus formas más elevadas en el aniquilamiento de unos pueblos
por otros en el curso de la historia. Esta situación es a su vez consecuencia de la
situación de dependencia total del hombre con respecto a la Naturaleza, que lo somete a
las leyes de la muerte y del “final” konechnosti (finitud). En esa situación cada persona,
cada comunidad, cada pueblo, se plantea el problema de la supervivencia de una manera
aislada con respecto a los demás, toda vez que condicionado por esa situación de
dependencia, el hombre debe preocuparse antes de nada por su propia conservación y
perpetuación, lo que genera una tendencia egoísta e individualista hacia el aislamiento.
Para que la humanidad pueda superar esta tendencia, debe tomar conciencia de su
situación de dependencia con respecto a las fuerzas de la naturaleza y unirse para su
superación. El hombre, con su capacidad para el razonamiento, debe conocer los
secretos de las fuerzas de la naturaleza y vencerlos, regularlos en beneficio de la
humanidad. El conocimiento de las fuerzas de la naturaleza y su regulación llevará
incluso al hombre a dominar la muerte. “Tres cuestiones fundamentales; la regulación
de los fenómenos atmosféricos, el control del movimiento de la Tierra y la conquista de
” nuevas tierras”, se concentran en una sola cuestión general, [a saber] … el
restablecimiento de la vida a los antepasados.”(12) La muerte, según Fiodorov, es un
fenómeno temporal, causado por la falta de conocimiento de la naturaleza y de
autoconocimiento del propio hombre.

También según Fiodorov, la humanidad en general, y el hombre en particular, han


perdido su propia unidad. Por un lado la humanidad se ha dividido en clases y todo tipo
de divisiones sociales, por otro el propio hombre se ha separado de su propio ser. Ha
separado el pensamiento del cuerpo, la razón de la voluntad, el conocimiento de la
moral, la razón práctica de la razón teórica. Por este motivo, la llamada época de la
“razón” y del “progreso” que ha consumado esa división y la ha llevado hasta extremos
críticos, tiene para Fiodorov un carácter negativo. A lo único a que ha dado lugar es a la
realización de insignificantes mejoras, que dan la sensación ilusoria de un
mejoramiento, pero en realidad tienen una acción destructora sobre la naturaleza y sobre
el propio hombre, toda vez que refuerza la individualización del hombre e impide su
unión para la realización de la “Causa Común”: el dominio de las fuerzas de la
Naturaleza, el control de la muerte y el gran acto de suprema solidaridad, la resurrección
de los antepasados.

“No es difícil constatar cuando el pueblo se encontraba en un nivel intelectual superior


… cuando creó la literatura épica, la epopeya religiosa, que abrazaba al mundo entero
como una totalidad única … o cuando la vida en las fábricas lo arrancó del campo
desviándolo de la cuestión global, universal: la muerte; lo dirigió hacia las minucias
insignificantes de la civilización. … Qué vacías y lamentables suenan todas estas
cuestiones sobre las garantías de una parte del pueblo contra el otro, todas estas
declarations des droits (en francés en el original, A.F.), es decir la declaración de la
guerra total. La verdadera educación tiene como objetivo desviar la atención del
hombre de todas estas disputas … y dirigirlo hacia el trabajo común, porque sólo
entonces se habrá educado el hombre … entonces … el pueblo, en todas sus capas,
percibirá la Unidad.” (13)

El hombre está llamado a dominar la naturaleza, a dirigirla, y con ello procurar el bien a
la humanidad. Es el hombre el encargado de llevar a cabo la labor de poner la naturaleza
al servicio del bien. Pero el hombre no actúa únicamente por su propia voluntad, como
entidad independiente, sino que, como parte de la naturaleza, como parte divina de la
creación, Dios, completa a través de él el acto mismo de la Creación y permite al
hombre convertirse en coprotagonista de la Creación. La Creación adquiere así un
carácter continuo, no acabado. Dios a través del trabajo del hombre continúa la obra de
la Creación. El hombre se convierte en protagonista activo de la Creación como
manifestación de la divinidad. La Creación debe ser conducida a su culminación, que
implicará el dominio de la naturaleza, de sus fuerzas, el dominio de la Tierra, para
ponerlo al servicio de la humanidad, al servicio del bien como manifestación de la
voluntad de Dios.
“Dios educa al hombre con su propia experiencia; Él es el Zar que hace todo, no sólo
para el hombre, sino y a través del hombre; por algo no hay racionalidad en la
naturaleza, porque debe ser el hombre quien la introduzca, y precisamente en esto
reside la racionalidad superior. El Creador vuelve a crear el mundo a través de
nosotros … Nosotros no podremos saber con seguridad con qué fuerza se mueve
nuestra Tierra mientras no dirijamos su marcha”.(14)

Pero la humanidad no debe limitarse solamente a conseguir el control de la naturaleza


terrestre, sino que, al ser la tierra parte del cosmos, el hombre debe aprender a controlar
el sistema solar y todo el cosmos. Esta es también parte de la voluntad divina
manifestada a través del hombre. El cosmos, a través de la actividad creadora del
hombre, y ésta como manifestación de la voluntad de Dios, también debe ser puesto al
servicio de la humanidad, al servicio del bien. “La actividad humana no debe limitarse a
los límites del planeta tierra”(15) La salida al cosmos es una necesidad del hombre,
presente en su memoria colectiva a lo largo de la historia de la humanidad: “En todos
los periodos de la historia es evidente una aspiración que muestra que la humanidad no
puede conformarse con los estrechos límites de la tierra”.(16)

La salida del hombre al cosmos vendrá a satisfacer el interés general, el interés común:
“ante el rostro de las fuerzas cósmicas cesan todos los demás intereses: personales, de
clase, nacionales; sólo un interés no se olvida: el interés general de todas las gentes, es
decir, de todos los mortales”. (17)Si el hombre renuncia a salir al cosmos, renuncia con
ello a la solución de los problemas de la humanidad, especialmente los problemas
económicos, y con ellos a la posibilidad de una existencia digna del hombre. Renuncia,
en definitiva, a la supervivencia del hombre sobre la Tierra.

“El carácter fantástico de la posibilidad de un tránsito real de un mundo a otro es sólo


aparente; el carácter imprescindible de tal tránsito es indudable ante una directa y sobria
mirada al asunto … Si nos negamos al dominio de los espacios celestes, deberemos
renunciar a la resolución de los problemas económicos formulados por Malthus, y en
general de la existencia moral de la humanidad” (18)

Precisamente Rusia, el Estado ruso, es considerado por Fiodorov como la entidad


llamada a la consecución del objetivo común (la “Causa Común”) de la humanidad,
toda vez que en ella se concretan los elementos que pueden servirle de fundamento,
tanto materiales como sociales y psicológicos. La Rusia no contaminada por el
individualismo de Occidente puede y debe llevar a cabo la “Causa Común”. Fiodorov
manifiesta así el mesianismo del que participan sus ideas, el cual es a su vez expresión
del mesianismo ruso. Piotr Chaadaev, casi más de medio siglo antes que Fiodorov,
expresó por primera vez en un lenguaje laico y con un contenido social el mesianismo
ruso que hasta entonces sólo se había expresado en su sentido religioso. Chaadaev
consideraba que Rusia estaba llamada a solucionar incluso los problemas sociales que la
humanidad todavía no había llegado a plantearse.(19)

Fiodorov llamó a su filosofía Supramoralizm (Supramoralismo), por el cual entendía:


“La síntesis de dos razones (teórica y práctica) y tres materias del conocimiento y de la
praxis (Dios, el hombre y la naturaleza, de los cuales el hombre es el instrumento de la
razón divina y él mismo se convierte en la Razón del universo)… Supramoralismo es la
deuda con nuestros padres/antepasados, la resurrección como la más alta e
incondicional moralidad general, moralidad natural para los seres racionales y
sensibles, del cumplimiento de la cual, es decir, del deber de la resurrección, depende
el destino de la especie humana”.(20)

A primera vista los escritos e ideas de Fiodorov (pensemos sólo en una de sus ideas
principales: la resurrección de los muertos) se nos presentan como un cúmulo de ideas
absurdas, barbaridades y herejías del cristianismo;(21) aspiraciones irrealizables,
utópicas, de construcción de un mundo feliz, del Reino de Dios en la Tierra. Sin
embargo, estas ideas absurdas y en muchos casos incoherentes dieron frutos realmente
sorprendentes. Con su influencia sobre filósofos y científicos, las ideas de Fiodorov
impulsaron el desarrollo de la filosofía y el desarrollo teórico y práctico de ramas
concretas de la investigación científica soviética, como fue el caso del Programa
Cósmico soviético, al tiempo que sus teorías se convirtieron en parte de los soportes
éticos de la ciencia soviética. Pero no sólo eso, las ideas cosmistas de Fiodorov fueron
parte fundamental del bolchevismo. El rastro de este componente cosmista en el
bolchevismo no es difícil de seguir y lo podemos observar en multitud de
manifestaciones. En la literatura, por ejemplo, Andrei Platonov (22) mostró en sus obras
las imágenes más importantes del cosmismo bolchevique (el “bolchevismo
tecnológico”).

Otro ejemplo lo tenemos en el debate ideológico y político que se produjo en el seno del
movimiento euroasiatista.(23) En 1928, en plena crisis de este movimiento en su exilio
europeo, una parte importante del mismo vio en el bolchevismo precisamente la
expresión de las ideas de Fiodorov, lo que sirvió a muchos para argumentar su vuelta a
la URSS.(24)

Hay un sentido oculto en el discurso filosófico, histórico y político, del cosmismo ruso
que hunde sus raíces en el inconsciente colectivo de la cultura rusa. De manera aislada
aparece en las concepciones de uno u otro filósofo, escritor o científico y se manifiesta
entonces de manera incoherente e incomprensible. Sin embargo, visto en su conjunto,
uniendo en un único discurso estas ideas, este sentido oculto parece manifestarse con
mayor claridad. Y decimos parece porque no siempre queda evidente y manifiesto. Una
parte importante del bolchevismo vino a ser una manifestación del sentido oculto del
cosmismo ruso.

Notas

1. La Ilustración europea realizó una reconstrucción de la historia europea (y no sólo


europea) dominada por una acentuada animadversión hacia el pasado. Creó y construyó
mitos y tópicos que con el tiempo han sido asumidos como verdades por la propia
cultura europea. Sobre este tema pueden verse, entre otros:
- J. Heers, La invención de la Edad Media, Barcelona 1995, Crítica – J.I. Ruíz de la
Peña, Introducción al estudio de la Edad Media, Madrid 1984, Siglo XXI.(volver al
texto)

2. Sobre la presencia del componente milenarista en el movimiento obrero y campesino


pueden verse, entre otros:
- E. J. Hobsbawm, Rebeldes primitivos, Barcelona 1968, Ariel.(volver al texto)

- G. Brenan, El laberinto español, París 1962, Ruedo Ibérico.


- J. Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas – Córdoba
(Antecedentes para una reforma agraria, Madrid 1973, Alianza Editorial.

T. Shanin, “El marxismo y las tradiciones revolucionarias vernáculas”, en: El Marx


tardío y la vía rusa.

Marx y la periferia del capitalismo, Madrid 1990, Editorial Revolución.

3 Nos referimos aquí a las percepciones ideológicas del proyecto soviético, incluso a su
percepción moral, no a la realidad objetiva del mismo, que requiere otras categorías de
análisis. El filósofo ruso Alexandr Zinoviev, uno de los principales críticos del sistema
soviético que vivió largos años en Occidente en un exilio voluntario, y por tanto persona
poco sospechosa de tener una actitud prosoviética, declaraba en relación con la
percepción de la naturaleza del sistema soviético: “Pero, en primer lugar, las represiones
en lo fundamental estuvieron justificadas, tenían sus causas; segundo, aquello fue un
fenómeno secundario en la historia soviética real. Yo viví todo este período, y para
nosotros eso [las represiones A.F.] se encontraba en la periferia de nuestra vida, era
secundario, no era eso lo que determinaba nuestra vida, sino la creación positiva que
abarcó a un gran pueblo, y prácticamente a todo el planeta”.(volver al texto)

4- A. Fernández Ortiz, “Interviu s Alexandrom Zinovevim”, en A. Zinoviev, A.


Fernández Ortiz y S. Kara- Murza Kummunizm, Evrokommunizm, Sovietski Stroi,
Moskva 2000, ITRK, p. 18-19. (volver al texto)

5.M. Bulgakov, El Maestro y Margarita. La Habana 1989. Arte y Literatura. (volver al


texto)

6 El concepto “cosmismo” no es habitual en la lengua española. Su utilización en este


trabajo proviene de la traducción directa del concepto en lengua rusa kosmizm, el cual
proviene de cosmos, a su vez del griego kosmos. La traducción de la palabra kosmizm
por cosmismo en español se ha realizado siguiendo el modelo habitual para las palabras
que en ruso terminan en “izm” (kommunizm = comunismo, sotsializm = socialismo,
nigilizm = nihilismo, panslavizm = paneslavismo, etc.). Para sus derivados se ha
seguido una regla similar, así para los filósofos que han desarrollado esta corriente del
pensamiento ruso o que se han considerado miembros de la misma, hemos utilizado el
concepto de cosmistas, lo mismo que para los seguidores del comunismo se utiliza el de
comunistas o para los seguidores del paneslavismo el de paneslavistas. (volver al texto)

7 S. G. Semenova, “Russkii Kosmizm”, en Russkii Kosmizm; Antologiia filosofskoi


misli. Moskva 1993, Pedagogika Press, p. 6. (volver al texto)

8 Concepto compuesto por las palabras Bog (Dios) y (Chelovechestvo) Humanidad.


Teohumanidad.

Viene a significar la naturaleza divina y humana de Cristo. En la filosofía rusa esta


categoría tuvo una importancia fundamental en la obra de numerosos autores, e incluso
fue el soporte principal del modelo antropológico propuesto por diversas corrientes
filosóficas rusas, como fue el caso de los euroasiatistas quienes, frente al individualismo
occidental, propusieron la “Personalidad Sinfónica” de Karsavin. Puede consultarse:
- V.S.Solovev, Chteniia o Bogochelovechestve, en V.S.Solovev. Sochineniia v dvuj
tomaj, Moskva 1989.

- S.N. Bulgakov, Svet nevechernii. Sozertsaniia i umozreniia, Moskva 1994.

- S.N. Bulgakov, Dva grada. Issledovaniia o prirode obschestvennij idealov, S.


Peterburg 1997.

PJGI – L.P. Karsavin, O lichnosti. Religiozno-filosofskie sochineniia. Moskva 1992.


(volver al texto)

9 Categoría filosófica que expresa la unidad orgánica del ser universal. Concepto
fundamental de la filosofía rusa en el que se puede apreciar la influencia de la filosofía
romántica europea. Está compuesto por las palabras Vse (Todo) e Edinstvo (Unidad) y
puede ser traducido como la Unidad de Todo, la Unidad Total, la Unidad Global, etc.
Esta categoría filosófica está presente en los trabajos de la gran mayoría de filósofos
rusos. Además de en sus obras, puede encontrarse una interesante reflexión sobre
“Vseedinstvo” en la Historia de la filosofía rusa de Zenkovskii, un clásico de la
filosofía rusa. (volver al texto)

- V.V. Zenkovskii, Istoriia russkoi filosofii (v 2 tomaj), París 1989. YMCA-PRESS.

10 Filosofiia Obshego Dela. Concepto formado por las palabras Obschii (común,
general, global, total, etc.) y Delo (asunto, causa, acción, arte, industria, etc.) Filosofía
del Asunto Común, de la Acción Común, de la Causa Común, pero uniendo el sentido
de asunto y el de acción en el de Hacer Común, en el sentido de construcción en común,
por todos y para todos. Ver:
- N.F. Fiodorov, Sobranie sochinenii v chetirioj tomaj, Moskva 1995. Progress (volver
al texto)

11 S. G. Semenova, “Filosofiia voskresheniia N.F. Fiodorova”, en N.F. Fiodorov, ob.


cit. Tom 1,p. 7. (volver al texto)

12 N.F. Fiodorov, Vopros o bratstve, ili rodstve, o prichinaj nebratskovo,


nerodstvennogo, t.e. nemirnogo sostoiania mira i o sredstvaj k vosstanovleniiu rodstva
(Zapiska ot neuchionij k uchionim, dujovnim i svetckim, k verouiuschin i
neveruiuschim), en N.F. Fiodorov, ob. cit., p. 256 (volver al texto)

13 N.F. Fiodorov, ob. cit., p. 263 (volver al texto)

14 N.F. Fiodorov, ob. cit., p. 255-256 (volver al texto)

15 N.F. Fiodorov, ob. cit., p. 255 (volver al texto)

16 N.F. Fiodorov, ob. cit., p. 256 (volver al texto)

17 N.F. Fiodorov, ob. cit., p. 263 (volver al texto)

18 N.F. Fiodorov, ob. cit., p. 256 (volver al texto)


19 Piotr Yakoblevich Chaadaev (1794-1856). Figura clave de la filosofía y del
pensamiento ruso. En sus escritos están presentes la crítica a Rusia, la admiración por la
cultura occidental y el reconocimiento del carácter singular de la cultura rusa y la
presencia de un elemento “asiático” en su naturaleza. Sus trabajos marcan el inicio de la
división del pensamiento ruso entre eslavófilos y occidentalistas. En uno de sus
primeros trabajos, sus Cartas filosóficas, escribía: “De nosotros puede decirse que
formamos parte de una excepción entre los pueblos. Pertenecemos a aquellos de los que
no entrarían a formar parte integrante de la especie humana, y existen solamente para
dar una gran lección al mundo.” – P.Ya. Chaadaev, Filosoficheskie pisma. Pismo
pervoe, en Polnoe Sobranie cochinenii i izbrannie pisma (v dvuj tomax), Moskva 1991,
Nauka, p. 326

Esta afirmación, realizada en la primera de sus Cartas Filosóficas, fue confirmada y


ampliada más tarde en su Apología de un Loco: “Considero que nosotros hemos llegado
después que otros pueblos, para hacerlo mejor que ellos, para no caer en sus errores, en
sus equívocos y supersticiones. … Es más: yo tengo el profundo convencimiento de que
estamos llamados a solucionar la mayor parte de los problemas de tipo social, a llevar a
cabo la mayor parte de las ideas que han aparecido en las viejas sociedades, dar
respuesta a los más importantes problemas que ocupan a la humanidad. Yo con
frecuencia he dicho y con gusto repito: nosotros, por así decirlo, por la propia naturaleza
de las cosas, estamos destinados a ser el verdadero juez de conciencia en muchos de los
juicios que se debaten ante los grandes tribunales del espíritu humano y de la sociedad
humana.”

- P.Ya. Chaadaev, Apologia sumasshedshego, en ob. cit., p. 534 (volver al texto)

20 N.F. FIODOROV, ob. cit., p. 388 (volver al texto)

21 El propio L. Tolstoi fue anatemizado y condenado por la Iglesia Ortodoxa rusa por
sus ideas heréticas. (volver al texto)

22 Andrei Platonovich Platonov (1899-1951). Escritor soviético cosmista directamente


influenciado por los escritos de Fiodorov, como él mismo reconoció en multitud de
ocasiones. Sus obras son la expresión, bella y terrible, del mesianismo cosmista
bolchevique. En ellas, el hombre nstruye el comunismo transformando la naturaleza con
la ayuda fundamental de la ciencia. Así, en su obra more, sus protagonistas tratan de
establecer el “bolchevismo tecnológico” en el koljos “Roditelskij Dvorikaj” y en n el
resto del “espacio terrestre conocido”. Sus obras principales (Iuvenilnoe more,
Kotlovan, Gosudarstvennii zhitel, Reka Potudan, Chevengur, etc.), han sido reeditadas
en varias ocasiones en los últimos años:
Sovetskii pisatel.

- A.P. Platonov, Vziskanie pogibshij: povesti, rasskazi, pesa, stati, Moskva 1995,
Shkola-press.

- A.P. PLATONOV, Vziskanie pogibshij: povesti, rasskazi, pesa, stati, Moskva 1995,
Shkola-press

- A.P. Platonov, Sobranie sochinenii v piati tomaj, Moskva 1998, Informpechat.


- AA.VV., Iz tvorcheskogo naslediia russkij pisatelei XX veka. M. Sholojov, A.
Platonov, L. vorcheskogo naslediia russkij pisatelei XX veka. M. Sholojov, A.
Platonov, L. Leonov, Rossiskaia Akademiia Nauk. Intitut Russkoi Literaturi
(Pushkinskii Dom), S. Peterburg 1995, Nauka.

Akademiia Nauk. Intitut Russkoi Literaturi (Pushkinskii Dom), S. Peterburg 1995,


Nauka (volver al texto)

23 Evraziistvo, procede del concepto Evraziia (Eurasia). Concepto poco conocido y por
ello poco usado, en la literatura española especializada sobre Rusia o la URSS. Se ha
traducido al español como EUROASIATISMO, EURASIATISMO o EURASISMO,
define al movimiento filosófico, que se formó en Rusia y en una parte importante del
exilio intelectual que abandonó Rusia (la URSS) tras la SS) tras la Revolución de
Octubre y la Guerra Civil. Su primer manifiesto fue el libro Isjod k Vostoku (El odo
hacia Oriente), escrito por varios autores y publicado en Sofía en 1921. Rusia es
considerada como una tura específica que reúne en su interior, de manera orgánica,
elementos de Oriente y de Occidente. A diferencia de los eslavófilos, los euroasiatistas
acentúan los componentes orientales, turcos, de la cultura rusa y sobre todo resaltan el
periodo tartaro-mongol en la historia rusa, en la medida que permitió por primera vez la
manifestación del tipo cultural euroasiático como una totalidad y posibilitó la
conservación de la cultura rusa frente al expansionismo de la cultura europea occidental.
También, a diferencia de los eslavófilos, realizaron una severa crítica del eurocentrismo
dominante en la cultura Occidental. En este contexto teórico, la Revolución de 1917 fue
valorada como el principio de una nueva época en la cultura rusa que supondría la salida
de Rusia de un mundo extraño para ella, como era el mundo europeo occidental, y la
entrada definitiva en un proceso de evolución histórica particular. En este trabajo,
evraziistvo ha sido traducido como euroasiatismo y de él, derivados como el de
euroasiatista para definir a personas pertenecientes o identificadas con dicho
movimiento (como de paneslavismo, paneslavista). (volver al texto)

24 En 1928, en París, comenzó a publicarse la revista “Evraziia” (Eurasia) en la que se


trataban cuestiones de cultura y política. En el consejo de redacción de la misma estaban
presentes los miembros más importantes del grupo uroasiatista de París (Karsavin,
Suvchinskii, Malevskii-Malevich, etc.). Aunque esta revista tuvo una vida corta, apenas
un año, la misma fue muy importante para la historia del movimiento euroasiatista
porque significó el punto culminante para el cisma en el seno de este movimiento. Los
euroasiatistas parisinos pasaron directamente a la justificación y defensa del
bolchevismo. Para tratar de aclarar y reconducir la situación, el también euroasiatista
N.N. Alexeev se desplazó a París. Posteriormente, en una carta a N.S.

Trubetskoii, dejo constancia de las causas del cisma y de sus impresiones al respecto:
“Mi estancia en París me ha convencido … que las diferencias no son de tipo personal,
sino de principios. … Ha ocurrido lo siguiente: en lugar de convertir a los comunistas
en euroasiatistas … los parisinos (se refiere a los euroasiatistas de París – A.F.) han
recorrido el camino contrario – de euroasiatistas se han convertido en comunistas. …
Prácticamente de aquí nace la necesidad de justificar la práctica del comunismo en
Rusia, y en particular, considerar totalmente correcta la línea actual de Stalin. …
Cuando yo … les dije que eso era el “Estado de termidor” según Meterlink, me
contestaron que no, que eso era la “filosofía del hacer común” en el sentido de
Fiodorov”.
- R. A. Urjanova, Evraziistvo kak ideino-filosofskoe techenie v russkoi kulture XX veka,
Moskva 1992, Institut Filosofii. Rossiiskaia Akademiia Nauk, Dissertatsia na soiskanie
uchenoi stepeni kandidate filosofskij nauk, p. 49 y siguientes

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