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Ciberinfidelidad

Marcelo Rozas Pérez, Junio 2011


Buin, Chile

Aunque la comunicación cara a cara es la comunicación interpersonal más


completa, no se excluye en esta comunicación otro proceso vital: La comunicación
consigo mismo. En el mundo moderno existen pocas oportunidades para las personas
de tener intimidad consigo mismas. Cada vez que se tiene la posibilidad de tener una
relación cara a cara se ve el sí mismo contrastado directamente con la percepción que
el otro tiene de uno, y ese espacio de intimidad es invadido por la percepción del otro.
El canal de comunicación de internet, particularmente el que provee el chat escrito,
hace frente a la comunicación cara a cara la misma diferencia que existe entre “leer el
libro o ver la película”, es decir que el espacio “real”, constituido por las palabras que se
leen en la pantalla, con mucho de digital y poco de analógico, permite un enorme
“espacio virtual”, constituido por las construcciones imaginarias, y particularmente
fantasías, que la equiparan a los tiempos de la correspondencia filatélica del siglo
pasado, con la diferencia que es mucho más rápida: en tiempo real, pero dejando un
pequeño margen de tiempo para reflexionar -- inadvertidamente para el interlocutor--,
permitiendo así una pequeña “complicidad en la mentira”, imposible de lograr en la
comunicación cara a cara, en que advertimos todas las señales de la comunicación
analógica que nos da el lenguaje corporal de gestos y movimientos. Tal vez esa sea la
razón por la cual es tan difícil el salto del chat de texto al chat que incluye micrófono y
cámara. En el chat con micrófono y cámara aparecen a la vista del interlocutor
nuestros gestos faciales y nuestras entonaciones de voz, aumentando la transmisión de
señales del lenguaje corporal y analógico, reduciendo el lenguaje “virtual”, y dando
menos oportunidades de “complicidad en la mentira”.
Decir “mentira” no es decirlo peyorativamente. Decimos mentira en el puro
sentido etimológico de “mens”1 o “entre mientes”, o sea… “producciones de la mente”.
Entonces el ciberespacio tiene un atractivo difícil de igualar en la relación
comunicacional directa “persona a persona”, ya que permite crear un espacio
imaginario en que la imaginación y fantasía tienen un amplio espacio hasta que… el
disfrute de tal espacio trasgrede los límites y aparecen no solamente las fantasías
eróticas sino que incluso las sexuales, y entonces hay que cerrar las puerta de la
habitación en que chateo, mi pareja real queda excluida y comienza de veras una ciber
infidelidad.
Sobre la ciber infidelidad se ha escrito poco. Basta con poner el término en
google y frente a escasos trabajos académicos saltan cientos de páginas de quienes,
con más ojo comercial, ofrecen servicios ya sea de espacios virtuales privados,
protegidos de miradas indiscretas para dar rienda suelta a los devaneos amorosos vía
internet, hasta servicios de investigadores privados que ofrecen jaquear el correo de la
pareja para cónyuges celosos que desean espiar lo que transmite y recibe su pareja en
ese medio electrónico.
1
El estudio etimológico de la palabra mentira nos conduce al vocablo latino mens, cuyo significado es
mente.
Según relatos de primera mano, a veces pasa que estos encuentros virtuales
terminan concretándose como encuentros reales y vienen las desilusiones similares a
ver al esposo o esposa en ropa de noche, saliendo de la ducha o con los rulos y crema
en el rostro que matan toda pasión. Ocasionalmente la realización de lo virtual tiene
“éxito”, y una “ciber pareja” se convierte en amantes reales o incluso –para el caso de
los solteros-- termina en una pareja real y existe un sinnúmero, difícil de cuantificar,
que celebra un matrimonio de una pareja que conoció en internet. Para otros – los
casados—que traspasaron el límite de lo virtual a lo real, se inicia el drama de la
infidelidad que ahora no tiene el prefijo de lo “ciber” ni las protecciones de lo “virtual”.
Las personas reales difícilmente inician su relación a partir de esta “realidad
virtual” con el mismo apoyo de los TIC’S. Las relaciones iniciadas antes de la era
internet tienen los matices que entregan las fiestas y malones, los encuentros en la
plaza, los paseos de curso y otras realidades en que el espacio “virtual” era apenas un
par de suspiros frente al SLAM2.
Así, en el mundo post moderno en que los encuentros cara a cara son más
escasos y reemplazables por el uso masivo de Internet, si bien puede éste ser un factor
facilitador para las comunicaciones, cuando este recurso reemplaza a las personas se
torna en un medio peligroso. Cambia la esencia de nuestras interacciones y nuestra
vida cotidiana al dedicar más tiempo para conversar con desconocidos, vitrinear desde
el asiento, en lugar de salir y compartir con la familia. De esta manera se conoce a la
gente desde adentro hacia fuera, pero desde dentro con la imagen que el otro me
quiere mostrar, en oposición con los encuentros personales en que se conoce a las
personas desde fuera hacia adentro, en una relación en que voy descubriendo al otro
con mi subjetividad.

2
SLAM: “Amor en silencio”… cuaderno típico que circulaba entre liceanos de los 60’ al 80’ en que se
manifestaban las fantasías eróticas de los adolescentes.