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Cuaderno de

FILOSOFÍA Y CIENCIAS HUMANAS

Nº 16.— Noviembre-Diciembre
del 2001
“Materialismo Filosófico”
Crítica materialista del

El papel de la Filosofía en el conjunto de la


cultura. La relación del saber filosófico con los
saberes científicos y con el resto de los saberes.

Juan B. Fuentes Ortega

Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’


de las ciencias (de G. Bueno) desde una
perspectiva ‘noetológica’, con especial atención
a: (i) la relación entre la idea general de ciencia(s)
y la idea de conocimiento, (ii) la concepción de
las “ciencias humanas” y (iii) las implicaciones
históricas y socio-políticas de ambas cuestiones

Juan B. Fuentes Ortega

www.filosofia.net/materiales
2 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

Dirección y edición: Isidro


Jiménez Gómez, Gaizka
Larrañaga Argárate, Fran-
cisco Rosa Novalbos.
Consejo de redacción: Is- Sumario1
mael Martínez Liébana,
Juan Bautista Fuentes,
Virginia López Domínguez,
Antonio M. López Molina,
Antonio Benítez López .
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. La
relación del saber filosófico con los saberes científicos y
con el resto de los saberes. 4

Juan B. Fuentes Ortega

Publicación de la Facultad de Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las
Filosofía de la Universidad ciencias (de G. Bueno) desde una perspectiva
Complutense de Madrid.
‘noetológica’, con especial atención a: (i) la relación
entre la idea general de ciencia(s) y la idea de
conocimiento, (ii) la concepción de las “ciencias
humanas” y (iii) las implicaciones históricas y socio-
políticas de ambas cuestiones 36

Versión electrónica:
www.filosofia.net/materiales Juan B. Fuentes Ortega
materiales@ctv.es

Cuaderno de MATERIALES
Madrid, junio de 2007.
ISSN: 1139-4382
Dep. Legal: M-15313-98

1
Cada artículo contiene su propio sumario
Cuaderno de MATERIALES, nº 16 3

Aquí os presentamos una nueva entrega (nueva también en el for-


mato, pues la cantidad de materia así lo exigía) de Cuaderno de
MATERIALES, el nº 16, dedicado exclusivamente a una crítica materialista
(marxista) de la filosofía de Gustavo Bueno (el materialismo filosófico), o me-
jor dicho, de ciertas partes de dicha filosofía, pues no podemos tomar las
teorías (científicas o filosóficas), ni tampoco las doctrinas (políticas, ideológi-
cas) —nada en este mundo— como totalidades indivisas: el materialismo es
un pluralismo, nos enseñó Bueno. A pesar de la pretensión de sistematizar
todas esas partes, su propia lógica interna permite cierta desconexión del Sis-
tema, la cual (o las cuales partes) conjugada(s) con otras teorías, o con otras
partes (pero de otro modo), nos permiten la crítica de dicho Sistema.
Pues bien, esta es la tarea a la que el profesor Juan Bautista Fuen-
tes lleva consagrado los últimos años, tarea de la cual estos dos textos, junto
con la Crítica de la idea de España1, son el fruto más elaborado, si bien hay
que tener en cuenta que la crítica a la gnoseología (el segundo artículo) puede
considerarse un esbozo, aunque no carente de lógica argumentada, de un
Editorial trabajo mucho más amplio —estas notas fueron recogidas por los alumnos de
un seminario y posteriormente han sido revisadas y ampliadas por el propio
autor—.
Por lo que respecta al primer trabajo, hemos de observar que se
inscribe en una trayectoria (obligadamente no inercial) temática, la reflexión
meta-filosófica, cuyas principales manifestaciones fueron: la discusión con
Gustavo Bueno que tuvo lugar en un Ciclo de conferencias sobre la filosofía
de éste —organizada por el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid
(marzo de 1999)—, la entrevista que le hicimos en el nº 11 (marzo de 2000) y
el pequeño artículo de crítica a la LOU publicado (en nuestra WEB) junto con
María José Callejo (diciembre 2001).
Terminaremos recordando que toda escuela filosófica sin crítica, ex-
terna o interna, acaba por convertirse en metafísica, ideológica o doxográfica
(teniendo las más de las veces los tres defectos). En este sentido es cuando
menos “sorprendente” la casi total ausencia de crítica al “materialismo filosófi-
co”. En el profesor Fuentes tenemos la excepción a esta sorpresa, y en un
pequeño artículo de Ángel González2 una posible explicación a esa ausencia
intelectual.
Gracias a todos por vuestras colaboraciones.

1
http://www.anabasisdigital.com/g/g.htm#3
2
http://www.iespana.es/anabasisdigital/g/g4/g4_8.htm
4 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura.


La relación del saber filosófico con los saberes
científicos y con el resto de los saberes.

Juan B. Fuentes Ortega 1

Sumario

Primera Parte: La polémica entre Gustavo Bueno y Manuel totalizadora”. Las relaciones y diferencias entre la
Sacristán sobre el papel de la filosofía. ___________ 5 filosofía “mundana” y la filosofía “académica”. 12
0. —Presentación general: El debate metafilosófico 2.1. El vínculo interno entre las “organizaciones
acontecido en España en torno a los años 70 y su sociales totalizadoras” y la filosofía como
relevancia con respecto de la crisis metafilosófica “totalización trascendental crítica”. — ______13
permanente de la filosofía contemporánea. _____ 5 2.2. Relaciones y diferencias entre la filosofía
1. —La posición de Manuel Sacristán: La demanda de “mundana” y la filosofía “académica”. — ___15
supresión de los estudios de Filosofía como 2.3. Las últimas posiciones de Bueno sobre el
licenciatura o especialidad universitaria y su carácter doxográfico y endogremial de la
transformación en un “Doctorado en Filosofía” filosofía universitaria del presente. —_______16
emanado a partir de las verdaderas licenciaturas o 2.4. La (posible) relación entre las últimas posiciones
especialidades universitarias. Su trasfondo, su de Bueno sobre la filosofía académica y su
alcance y su significado. ___________________ 8 concepción general y de fondo sobre la sociedad
1.1.-(Posibles) límites e insuficiencias del universal en términos de Imperios universales.
planteamiento de Sacristán. — ____________ 10 —___________________________________17
2. —La posición de Gustavo Bueno: La Filosofía como Segunda parte: Crítica de la concepción imperial-universal
“totalización trascendental crítica” en cuanto que de la sociedad (o de la historia) universal y de la
“proceso sustantivo y contradictorio”, filosofía de Gustavo Bueno, y posibilidad de
internamente dada en una “organización social reinterpretar la sociedad (o la historia) universal y la

1
Juan B.Fuentes Ortega es profesor titular en la Facultad de Filosofía de la UCM.
Nota del autor sobre la gestación de este trabajo: A comienzos del curso académico 2001-2002, el autor de este tra-
bajo fue invitado a dar una lección, de tres horas de duración, en un Master en Filosofía, sobre el tema titular de dicho
trabajo, y requerido a escribir un texto que acompañase a la lección y que fuese proporcionado a los contenidos y exten-
sión de la misma; dicho texto viene prácticamente a coincidir en su totalidad con la Primera Parte del presente trabajo si
exceptuamos su apartado último (3).
A raíz de la elaboración de dicho texto, y una vez terminado éste, el autor consideró la conveniencia de desarro-
llarlo exponiendo su crítica de la concepción sostenida por Bueno sobre la sociedad y la historia universales y sobre la
relación entre dicha sociedad histórica universal y la filosofía, y ello no sólo por el interés intrínseco que dicha cuestión
y dicha crítica puedan tener, sino también en función del contexto de la polémica abierta por el autor en torno al libro de
Bueno España frente a Europa mediante su trabajo Crítica de la idea de España de Gustavo Bueno, polémica continua-
da por Bueno mediante su réplica a dicha crítica titulada Dialéctica de clases y dialéctica de Estados. El trabajo que
ahora se presenta es el resultado del mencionado desarrollo del texto inicial correspondiente a aquella lección. Sin que
el presente trabajo pretenda ser una réplica directa y en forma a la mencionada réplica de Bueno, tiene en todo caso cen-
tralmente que ver con la susodicha polémica y puede por ello colaborar a enriquecerla de algún modo.
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 5

filosofía mediante la idea — de estirpe marxista — de 2.2. La (inicial) formación de la filosofía académica
“contradicciones sociales de producción”. _______ 20 en el seno del Estado.-___________________24
1. —Formato lógicamente finito de la concepción 2.3. La cristalización, a una nueva escala
imperial-universal de la sociedad (o de la historia) irreversible, de la filosofía académica en cuanto
universal y posibilidad de reconstruir la idea — de que asociada a la idea ideológica de Imperio.- 26
estirpe marxista — de “contradicciones sociales de 3. —La sociedad industrial contemporánea como fuente
producción” según un formato lógico del surgimiento de una conciencia filosófica crítica
(negativamente) in-finito. _________________ 20 mínimamente sostenida acerca del carácter
1.1. El idealismo teoreticista implicado por la ideológico-metafísico de toda filosofía tradicional
concepción de la filosofía académica como en cuanto que ideológicamente asociada a la idea
“arbitraje metodológico experto” de las de Imperio: las condiciones de formación del
polémicas socio-políticas, y su relación con la marxismo como genuina autoconciencia filosófica
concepción metafísica de la sociedad universal. crítica materialista. _______________________31
— __________________________________ 21 3.1. Límites ideológicos del “marxismo clásico”, en
2. —Recuperación de una idea de Estado de estirpe cuanto que ligado a una concepción y un
marxista como “metatotalización universal proyecto (lógicamente) “monótonos” de la
partidista y precaria” de las contradicciones sociedad universal, y posibilidad de sostener la
sociales (de producción) internas a cada sociedad. crítica marxista en la sociedad universal del
______________________________________ 22 presente.- _____________________________31
2.1. La formación, en el seno del Estado, de las 3.2. Esbozo de una crítica de las principales
ideologías como “representaciones ideologías políticas del presente sobre la
metatotalizadoras universales prácticas y sociedad universal desde una perspectiva
monistas”; de la filosofía, como crítica dialéctica marxista. _____________________________33
entre las ideologías, y de la dialéctica misma
entre dicha crítica y su propia reabsorción
ideológica. — _________________________ 23

comprimido pero por ello muy explosivo y significativo, y


Primera Parte: La polémica entre Gustavo Bueno
no exento de cierto dramatismo, las condiciones mismas
y Manuel Sacristán sobre el papel de la filosofía.
que a lo largo de los dos últimos siglos habían venido gene-
0. —Presentación general: El debate metafilosófico acon- rando en la cultura europea —y en general “occidental” —
tecido en España en torno a los años 70 y su relevancia una acusada conciencia (metafilosófica) de crisis respecto a
con respecto de la crisis metafilosófica permanente de la la naturaleza, validez y alcance de la filosofía.
filosofía contemporánea.
Puede decirse, en efecto, que sólo a finales del si-
La cuestión “metafilosófica”, esto es, la reflexión glo XVIII la filosofía se libera académicamente de su
sobre el saber filosófico, su significado y alcance en rela- condición de “sierva de la teología”, a la vez que, de un
ción con el conjunto de los saberes y de la cultura, ha modo prácticamente simultáneo o consecutivo, experimenta
constituido siempre en alguna medida un momento interno los efectos de la crítica kantiana, efectos estos que son los
de todo pensamiento filosófico, y por ello puede decirse que van determinar en adelante, de un modo ya práctica-
que está presente, si bien con diversos grados de amplitud o mente irreversible, ese estado suyo de crisis metafilosófica
de intensidad, a lo largo de toda la historia de la filosofía. acentuada respecto de su validez, significado y alcance.
En este sentido, abordar un tema como éste podría requerir, Muy esquemáticamente, puede decirse que la crítica kan-
desde luego, su consideración y seguimiento a través de las tiana tuvo el efecto de introducir una fisura irremontable (al
diversas fases o escuelas de la historia entera de la filosofía. menos dentro del propio planteamiento kantiano) entre el
conocimiento que se reconoce como efectivamente posible
Pero, al menos en el contexto de la filosofía espa- —esto es, el conocimiento científico en cuanto que cono-
ñola, cabe ensayar otra manera, más discreta y circunscrita, cimiento confinado a los límites de la experiencia— y
de abordar esta cuestión, que en todo caso no es irrelevante aquellas otras cuestiones que, no obstante su carácter tras-
respecto de la misma, y que por cierto no es ajena a la for-
cendente respecto de dicho efectivo conocimiento
mulación del titular que nos ocupa, como es centrarnos, empíricamente confinado, no podrán sin embargo dejar de
ante todo, en el debate que sobre la mencionada cuestión ocupar “eternamente” la conciencia humana —esto es, el
tuvo lugar en nuestro país hace ahora algo más de treinta
juego antinómico de la razón respecto de las grandes ideas
años entre Manuel Sacristán y Gustavo Bueno a través de (“Dios”, “alma” y “mundo”) que precisamente podrían
dos textos que forman ya parte de la historia canónica de ocupar a la filosofía clásica precedente incluso en cuanto
nuestra filosofía y de nuestra metafilosofía. Frente a las po-
que liberada de la teología —, unas cuestiones éstas que, a
sibles apariencias, la circunscripción de la cuestión a los su vez, y según Kant, no dejarían de responder a las dos
términos de este debate, no resulta desproporcionada o in- preguntas “prácticas” que, junto con la pregunta “teórica”
adecuada al alcance y a la envergadura general de la misma,
fundamental (“¿que puedo conocer?”), ocupan constituti-
y ello es así porque en torno a los años 70 del siglo recién vamente a la conciencia humana (o sea, “¿qué debo hacer?”
terminado se reprodujeron en España, por sus particulares y “¿qué me es dado esperar?”). Inexorablemente, semejante
condiciones políticas y culturales, de un modo si se quiere
6 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

fisura situará, a partir de ahora, a la filosofía en una condi- ciados significativos, y por ello verdaderos enunciados, sólo
ción de crisis respecto de sus propias pretensiones — acerca de los cuales sería posible predicar su posible o
clásicas y autónomas de la teología — de ser, a la par, un eventual verdad o falsedad fácticas, y aquellos otros preten-
saber teórico, de carácter general o totalizador y último (o didos enunciados que, en cuanto que lógicamente mal
primero), y capaz a su vez de orientar, desde dicha condi- construidos, no serían enunciados significativos, de modo
ción suya de saber teórico general y último, el sentido de la que no eran en rigor enunciados, sino pseudoenunciados, de
vida o de la acción humanas. suerte que de ellos ni siquiera podría decirse que pudieran
llegar a ser fácticamente verdaderos o falsos —dado que ca-
A su vez, sobre la crítica kantiana vino a actuar,
recían, en efecto, de la condición lógica de posibilidad de
durante el siglo XIX, lo que podemos considerar como la
su posible verdad o falsedad fácticas—. Pues bien: una vez
crítica marxista de la filosofía, que percibió a ésta desde el
asumido por el positivismo lógico el carácter empírico de la
costado de su naturaleza y su función ideológicas, esto es,
facticidad al menos de parte de los enunciados considerados
como una forma de falsa conciencia encubridora a la vez
como significativos por la crítica analítica, todo el “univer-
que legitimadora de los intereses sociales dominantes de
so del discurso” acabó quedando de este modo sometido al
una sociedad estructuralmente fracturada, y ello sin dejar de
siguiente criterio de demarcación: el que distinguía, por un
apreciar nunca la validez cognoscitiva de los efectivos sa-
lado, entre las construcciones pseudoenunciativas o no sig-
beres positivos, entendidos éstos como una forma de
nificativas, bien por estar cada enunciado lógicamente mal
desarrollo del trabajo humano especializado. Puede decirse,
construido o bien por estar lógicamente mal construidas las
pues, que la crítica marxista de la filosofía como ideología a
relaciones de inferencia entre los mismos, y las verdaderas
la vez que su apreciación de la validez cognoscitiva de los
o significativas construcciones enunciativas, caracterizadas
saberes positivos pudo confluir, al menos en ciertos respec-
por su correcta construcción lógico-formal, y, por otro lado,
tos esenciales, con la crítica kantiana que había establecido
y ya dentro de dicho ámbito de discurso significativo en
una fisura entre los saberes (teóricos) efectivos en cuanto
cuanto que lógicamente bien construido, el que distinguía
que empíricamente posibles y las cuestiones (prácticas)
entre la mera construcción enunciativa lógico-formalmente
que, no obstante su carácter extraempírico, constituirían ne-
correcta —en todo caso lógicamente necesaria para la ulte-
cesariamente la conciencia humana: pues la cuestión es,
rior significación empírica de al menos parte de sus
precisamente, que sería la pretensión de la filosofía tradi-
enunciados — y aquellos enunciados que, además de estar
cional de ser un saber teórico general y último (o primero)
lógicamente bien construidos, poseían significado empírico,
capaz de determinar la acción humana, o sea, ese saber que
bien por ser ellos mismos directamente empíricos u obser-
en sus pretensiones teóricas había quedado invalidado por
vacionales, bien por estar enlazados por relaciones lógicas
la crítica kantiana —no obstante haber reconocido el carác-
de inferencia correcta con otros enunciados (los teóricos) de
ter constitutivo o eterno de la conciencia humana (práctica)
la cadena enunciativa de referencia. De este modo, la filo-
de semejantes cuestiones teóricamente irresolubles —,
sofía de corte analítico-positivista pudo autoconcebirse
aquel que justamente venía a ser críticamente diagnosticado
como una mera tarea o actividad (metalingüística) de acla-
como ideológico (encubridor y legitimador de intereses) por
ración y/o discernimiento de las condiciones lógico-
la crítica marxista. De este modo, ambas críticas, la kantia-
formales de posibilidad de la genuina o verdadera o signifi-
na y la marxista, venían a confluir en ciertos respectos
cativa enunciación y, por ello y en particular, de la
esenciales por lo que toca a agudizar la crisis metafilosófica
significatividad empírica (de los lenguajes de las ciencias
sobre la validez (teórico-cognoscitiva) y el alcance (prácti-
positivas); una tarea ésta, sin duda, explícitamente autocon-
co: orientador de la acción humana) de la filosofía
cebida como menor, modesta o discreta, en comparación
tradicional autónoma de la teología.
con las pretensiones de la filosofía de corte tradicional,
Por lo demás, la propia crítica marxista de la filo- puesto que precisamente quería reducirse a ser mera meto-
sofía como ideología podría emparentarse, al menos en dología metalingüística de análisis —de las condiciones
cierto respecto no secundario, con una corriente crítica —de lógico-formales de la propia lógica formal y de los lengua-
la filosofía — más general que incide en la concepción de jes lógico-formalmente bien construidos de las ciencias
la conciencia, y asimismo de la conciencia filosófica, como empíricas—, pero que no por ello quería dejar de tener unos
una forma de manifestación consciente que expresa a la vez efectos críticos devastadores, como sería precisamente el de
que encubre fuentes prácticas de interés no conscientes, aun decretar como pseudoconocimiento —por inviabilidad lógi-
cuando éstas fuentes sean vistas, de modo distinto que en el ca o por carencia de contenido empírico— a todo aquello
marxismo, más bien como fuentes vitales que como lucha que no fuera, a su vez, mera lógica formal o los conoci-
de intereses sociales. La tradición que enlaza a Schopen- mientos de las ciencias empíricas —junto con, a lo sumo,
hauer, Nietzsche y Freud iría en esta dirección. su metodología auxiliar adjunta, a la que intencionalmente
quería reducirse la crítica filosófica—, o sea, y precisamen-
A su vez, sobre estas críticas, vino a actuar la críti- te, toda la filosofía de corte tradicional que pretendía ser un
ca de la filosofía llevada a cabo desde comienzos del siglo
saber teórico, de carácter general o totalizador y último (o
XX por la filosofía primero analítica y luego analítico- primero), y con valor práctico.
positivista. La crítica analítica realizada ya con anterioridad
a su ulterior orientación o versión lógico-positivista (la rea- Por lo demás, esta crítica analítico-positivista tam-
lizada, ante todo, por Russel y el primer Wittgenstein con poco tenía por qué autoconcebirse como necesariamente
anterioridad a la formación del “Círculo de Viena”) vino a alejada de la crítica kantiana, pues bastaba con entenderse a
establecer una demarcación entre aquellos enunciados que, sí misma como una depuración y precisión — basada en los
en cuanto que lógicamente bien construidos, serían enun- instrumentos de la moderna lógica formal simbólica — de
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 7

la propia crítica kantiana relativa a los límites empíricos del media, se diría que esta filosofía, en su pretensión imperial
conocimiento, con tal, eso sí, de adjuntar a dicha autocon- de erigirse en un saber generalísimo y primero (de los pri-
cepción una determinada interpretación o valoración de la meros principios del ser y del conocer) con capacidad para
fisura que la crítica kantiana había abierto entre el confina- pontificar inequívocamente sobre la acción humana, y de
miento empírico del genuino conocimiento (teórico) y el hacerlo además de un modo tan “añejo” que apenas se inte-
reconocimiento del carácter constitutivo de la conciencia resaba, si no era para criticarlos, por los esfuerzos hechos
humana (práctica) de las cuestiones filosóficas tradicionales por la propia neo-escolástica europea a partir del s. XIX pa-
teóricamente irresolubles (las antinomias). Se trataría, en ra acomodarse a la nueva situación general científica y
efecto, de entender que lo decisivo no sería ya que Kant, no filosófica, esta filosofía, decía, atrajo sobre sí, como un sin-
obstante haber reconocido el carácter transempírico o cien- gular imán, todo el proceso de “(auto)crítica
tíficamente inviable de dichas cuestiones, las hubiese (metafilosófica) de la filosofía” que había ido madurando a
erigido en todo caso como cuestiones constitutivas o eter- lo largo de dos siglos en la cultura europea, y lo hizo, como
nas de la conciencia humana, sino más bien que Kant, no no podía ser menos, bajo la forma de una eclosión, esto es,
obstante haber concedido dicho carácter constitutivo, había de un modo, como decíamos, sumamente comprimido y
en todo caso decretado su carácter teóricamente irresoluble, explosivo, mas por ello muy significativo y aun dramático.
y por tanto definitivamente inaccesible al conocimiento po- En efecto, prácticamente todas las corrientes principales
sible — que estas cuestiones, aun cuando acaso pudiesen que habían venido colaborando a madurar la “crisis metafi-
ser eternas, serían eternamente indiferentes por irresolubles losófica de la filosofía” tradicional durante los últimos dos
por el único conocimiento posible—. siglos en Europa, desde aquellas que, en la tradición kantia-
na revisada en clave analítica y analítico-positivista,
Y ni siquiera esta crítica analítico-positivista debe-
cuestionaban la validez cognoscitiva de la filosofía tradi-
ría verse como enteramente alejada de la crítica marxista, si
cional, hasta aquellas que, en las diversas tradiciones de los
es que, como decíamos, ese saber filosófico tradicional que
grandes críticos de la falsa conciencia — desde Marx a
se pretendía teórico, general y último (o primero) y de al-
Freud, pasando por Nietzsche o Schopenhauer —, diagnos-
cance práctico, cuya pretensión cognoscitiva había quedado
ticaban el carácter ideológico de la misma, se concitaron
invalidada primero por la crítica kantiana y luego por la
contra la filosofía escolástico-católica oficial dominante, a
analítico-positivista, venía a ser justamente aquel que la crí-
la vez que, inevitablemente, abrieron un debate entre sí en
tica marxista diagnosticaba por su parte como una forma de
el curso de dicho enfrentamiento.
falsa conciencia ideológica. (De hecho, como veremos, la
posición de Sacristán resulta de la combinación entre una De aquí que, en efecto, el debate mutuo abierto en
interpretación de corte analítico-positivista de la crítica kan- aquella época en nuestro país entre dichas críticas (me-
tiana y una interpretación, asimismo analítico-positivista, ta)filosóficas —en su enfrentamiento con la filosofía oficial
de la crítica marxista de la filosofía como ideología). dominante —, lejos de ser irrelevante, se nos muestre por el
contrario como muy adecuado o proporcionado con respec-
Así pues, en resolución, la filosofía de corte tradi-
to a la cuestión titular que nos ocupa. Y dentro de este
cional, académicamente autónoma de la teología desde
debate, la polémica abierta por Manuel Sacristán —con su
finales del s. XVIII, vino a sufrir, en cuanto que pretendido
opúsculo de 1968 Sobre el lugar de la filosofía en los estu-
saber teórico, totalizador y último (o primero), y de alcance
dios superiores — y seguida por Gustavo Bueno — con su
práctico, durante los dos siglos subsiguientes, el efecto de
libro El papel de la filosofía en el conjunto de los saberes,
diversos tipos de críticas que se pretendían decisivas, sus-
escrito en 1968 y editado en 1970 —, constituyó segura-
ceptibles de converger o combinarse entre sí de diversos
mente la muestra más significativa de dicha singular
modos, que buscaban, bien invalidar sus pretensiones cog-
eclosión metafilosófica —y ello sin perjuicio del interés de
noscitivas o teóricas —como es el caso de la crítica
otras posiciones, sobre todo las de estirpe nietzscheana y/o
kantiana y de la crítica analítica y analítico-positivista—, o
estructuralista, que asimismo participaban en el debate ge-
bien desvelar el carácter ideológico, esto es, encubridor y
neral, y de las que aquí haremos ocasionalmente mención.
legitimador a la par que interesado, de aquella pretensión de
De hecho, la fórmula misma del tema titular que nos ocupa
saber general y último con alcance práctico —como sería el
— a saber, La función de la filosofía en el conjunto de la
caso de los diversos críticos de la “falsa conciencia”.
cultura. La relación del saber filosófico con el saber cientí-
Pues bien: la cuestión es que este proceso de “(au- fico y el resto de los saberes — retiene un eco de las
to)crítica (meta-filosófica) de la filosofía”, que fue fórmulas mismas con las que esta cuestión fue debatida en-
desarrollándose y cristalizando en la cultura europea duran- tre Bueno y Sacristán — y muy especialmente de las
te los dos últimos siglos, puede decirse que tuvo lugar, fórmulas con las que Bueno la planteara —, cosa que no
como una eclosión, de un modo sumamente comprimido, y puede ser casual, si es que, como decíamos, aquella polé-
por ello muy significativo y se diría que dramático, dadas mica ha pasado a formar parte de la historia canónica de
las condiciones políticas e ideológicas del país a la sazón, nuestra más reciente filosofía debido precisamente a que
en el contexto de la filosofía académica española aproxi- ella expresaba de un modo muy representativo aquel debate
madamente desde finales de la década de los sesenta y al metafilosófico en el que singularmente tuvo ocasión de
menos durante toda la década de los setenta. Debido, en eclosionar en nuestro país toda la revisión crítica (metafilo-
efecto, al carácter de la filosofía académica imperante, es sófica) de la filosofía acontecida durante dos siglos en la
decir, la filosofía de factura escolástica católica impuesta historia de la filosofía.
administrativamente por la ideología franquista del nacio-
nal-catolicismo en las Universidades y en la enseñanza
8 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

1. —La posición de Manuel Sacristán: La demanda de político una filosofía católico-escolástica con pretensiones
supresión de los estudios de Filosofía como licenciatura o de saber sustantivo generalísimo y máximamente principia-
especialidad universitaria y su transformación en un lista, filosofía ésta que sin ninguna duda Sacristán buscaba
“Doctorado en Filosofía” emanado a partir de las verda- suprimir. Pero si Sacristán aspira a suprimir esta filosofía
deras licenciaturas o especialidades universitarias. Su no era desde luego sólo —aunque también —, por estas ra-
trasfondo, su alcance y su significado. zones contextuales inmediatas ligadas a la concreta
situación española, sino también y sobre todo por razones
En 1968 Manuel Sacristán publica un breve opús-
de alcance general. Puesto que en realidad Sacristán estaba
culo (Sacristán, op. cit.) cuyo trasfondo, alcance y
percibiendo en la situación académico-administrativa de la
significado eran notables. El trasfondo de la perspectiva de
filosofía en España se diría que como un condensado muy
Sacristán lo constituye sin duda la crítica kantiana que ha-
acusado — y, todo hay que decirlo, especialmente patético
bía confinado el verdadero conocimiento posible a los
por su general grisura intelectual — de lo que por lo demás
límites de la experiencia a la vez que había invalidado las
habría sido, según su perspectiva, el proceso general de la
pretensiones cognoscitivas (teóricas) de las cuestiones que
filosofía académica en los últimos dos siglos en las Univer-
afectarían constitutivamente a la conciencia humana (prác-
sidades europeas, a saber: un proceso según el cual las
tica), interpretando a su vez dicha crítica kantiana del
kantianas “necesidades especulativas” de la razón, puede
conocimiento en una clave decididamente analítico-
que “eternas” pero en todo caso teóricamente irresolubles,
positivista, lo cual supone decantarse por una apreciación
necesidades éstas que a su vez y precisamente entiende,
positiva de la filosofía pero sólo en cuanto que reducida a
desde Marx, como “necesidades ideológicas”, estarían
reflexión (a la postre, metodológica) sobre los saberes posi-
siendo “usurpadas” por un gremio académico que se “arro-
tivos efectivos generada a partir del efectivo desarrollo de
ga” el derecho a hacer de ellas su propia “especialidad
dichos saberes, a la vez que implica un rechazo radical de la
académica”, y ello precisamente en la medida en que “la
filosofía entendida como una pretensión de conocimiento
subdivisión intelectual del trabajo”, o sea, el desarrollo es-
sustantivo — esto es, con contenidos temáticos propios —
pecializado de los diversos saberes particulares efectivos,
que quisiera ir más allá de dichos límites empíricos o posi-
habría ido progresivamente dejando en todas las Universi-
tivos. Asimismo, a esta lectura analítico-positivista de la
dades carente de contenido esos estudios en filosofía que
crítica kantiana Sacristán adjuntará una interpretación de la
precisamente pretenden confinar, como su especialidad
crítica marxista de la filosofía como ideología (que encubre
académica, aquello que sin embargo ha ido quedando va-
a la vez que legitima intereses sociales de una sociedad es-
ciado de contenido por efecto de la división especializada
cindida) desde las mismas claves analítico-positivistas
del trabajo intelectual.
mediante las que ha leído la crítica kantiana, lo cual impli-
cará, por un lado, que la crítica marxista no podrá dejar de Esta sería, pues, la situación, tal y como la ve Sa-
ser vista sino como resultado de un conocimiento él mismo cristán: De un lado, el desarrollo de la “división del trabajo
positivo o científico, de tipo histórico-sociológico, a la vez intelectual” habría ido dejando vacía de contenido a toda
que, de otro lado, se identificará esa filosofía que la crítica pretensión de mantener un saber unificador y general que
marxista percibe como ideología con aquellas cuestiones generase endógenamente aquellos contenidos — de modo
especulativas de la razón (en último término práctica) cuya que resultaría inviable la pretensión de confinar, como su
pretendida validez cognosctiva (o teórica) ya Kant había especialidad académica, aquellos contenidos vaciados (por
invalidado como algo irresoluble. “desmembramiento”) por dicha división intelectual —, ra-
zón por la cual, y de otro lado, semejante gremio quedaría
Dado este trasfondo, la propuesta de Sacristán
al parecer en la tesitura de tener que “arrogarse”, por “usur-
quiere tener, en consecuencia, un alcance y un significado
pación”, el derecho a tomar, como su propia especialidad
prácticos bien determinados: se trata, en efecto, por un lado,
académica, aquellas “necesidades especulativas e ideológi-
de demandar la supresión de todo estudio universitario de
cas” de la razón que sin embargo y precisamente ya habrían
filosofía que se pretenda como ese tipo de saber sustantivo
quedado invalidadas en su pretensión cognoscitiva (por la
(con contenidos propios endógenos) que precisamente ha-
crítica kantiana), así como desveladas como ideología (por
bía sido invalidado en sus pretensiones cognoscitivas por la
la crítica marxista).
crítica kantiana a la vez que diagnosticado como ideológico
por la crítica marxista, si bien, por otro lado, se pretenderá Desde semejante diagnóstico, Sacristán no se pri-
asimismo reivindicar algún lugar universitario para esa filo- vará ciertamente de recursos expresivos para caracterizar la
sofía que más discretamente se concibe como una mera situación de semejante gremio: presuntos “especialistas” en
tarea de reflexión metodológica sobre el trabajo realizado el “Ser en general”, sin saber “nada en realidad de ninguna
por las disciplinas positivas particulares efectivas, reflexión cosa en particular”, acaban por ser unos singulares y para-
que se supone que surge al compás del propio desarrollo de dójicos “especialistas en Nada”; caracterizados, a su vez,
las mismas. por el “rencor” — se supone que generado por la vaciedad
de su saber en comparación con la efectividad de quienes
Dado el contexto español en la que dicha propues-
poseen conocimientos particulares efectivos —, a la vez
ta, por su costado abolicionista, se mueve, lo cierto es que
que por la “vanidad” — se supone que resultante de la cre-
ella no dejaba de tener una indudable intención crítica so-
encia en la presunta superioridad de su saber sobre los
cio-cultural y política de tipo contextual o inmediato,
saberes particulares positivos —.
determinada precisamente por el contexto socio-cultural y
político de la España de su presente en el que, como decía- Ahora bien, ninguna de las dos razones a las que
mos, estaba impuesta administrativamente desde el poder Sacristán ha aludido para entender la presencia de la Filoso-
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 9

fía como especialidad académica — a saber, “la persisten- dogremial del propio gremio filosófico, esto es, su propia
cia de las ‘eternas’ necesidades ideológicas y la tenacidad tradición artesanal de ideas, que sería, a la postre, según Sa-
de las instituciones burocráticas”, o sea, la usurpación por cristán, todo lo que al licenciado en Filosofía se le enseña y
parte de dicho gremio burocráticamente tenaz de aquellas lo que éste aprende en su licenciatura. Pero Sacristán, en
necesidades —serían suficientes, según el propio Sacristán, coherencia con su propio planteamiento, no puede otorgar
para “justificar” la “persistencia” de dicha especialidad — valor cognoscitivo propio (“valor sustantivo”) a dicha tradi-
de la “filosofía licenciada”—. Puesto que, según argumenta ción artesanal, sino que en todo caso le reconocerá un valor
Sacristán, por un lado, y como una “cuestión de hecho”, derivado o mediato (“por razones adjetivas”, nos dirá), en
aquellas necesidades ideológico-especulativas ya tendrían cuanto que testimonio cultural ideológico que nos pone, a
su cumplido curso por fuera del ámbito de la academia, de su través, en presencia de “otras cosas” — se supone que en
un modo ambiental (o “mundano”, podríamos decir si- presencia de la vida social que se expresaba a la par que se
guiendo la expresión que luego usará Bueno), de modo que encubría y legitimaba mediante los productos filosóficos de
no hay razón para que la satisfacción de dichas necesidades la tradición —. Sólo, pues, como producto cultural, y en
deba quedar “monopolizada” por gremio académico algu- cuanto que testimonio ideológico de “otras cosas”, de la vi-
no; pero es que, además, y por otro lado, continúa el da social que a través suyo ideológicamente se expresaba,
argumento de Sacristán, la academia ya dispone, “después podrá tener interés el estudio histórico-crítico de semejantes
de doscientos años de crítica”, de razones críticas suficien- productos. Pero hay otra posible pérdida, que tiene que ver
tes como para estar en condiciones de estimar, “en una con la concepción de la filosofía que Sacristán sí aprecia
región intermedia entre el hecho y el derecho” — se nos di- positivamente en cuanto que reflexión generada a partir de
ce —, que dichas “necesidades ideológicas”, siquiera en cada especialidad positiva particular, y que consiste en el
cuanto que cultura académica “han caducado ya de dere- hecho de que al suprimirse las licenciaturas en Filosofía
cho”. Naturalmente, esta crítica a la que Sacristán apela nos pudiera acaso con ello perderse la posibilidad de que exista
remite a la crítica de la validez cognoscitiva de dichas “ne- algún “centro” universitario en el que pudiera tener lugar
cesidades especulativo-ideológicas”, crítica de raíz kantiana “la articulación del filosofar de científicos, artistas o profe-
leída en clave analítico-positivista, así como a la crítica sionales”, esto es, la articulación de la tarea de reflexión
marxista del carácter ideológico de las mismas, y lo que Sa- generada a partir de las efectivas especialidades particulares
cristán quiere hacer valer apelando a dicha crítica es que que Sacristán extiende, además de a los científicos, a los
ella nos habría puesto ya, de un modo suficiente, en condi- profesionales o tecnólogos, y a los artistas. Ahora bien, en
ciones de poder desestimar, al menos en el ámbito de la coherencia con las posiciones de nuestro autor, si dicha ta-
cultura académica, si quiera el derecho a que semejantes rea articuladora puede tener lugar bajo la actual forma
“necesidades especulativo ideológicas” ocupen algún lugar académico-administrativa de los estudios de licenciatura en
académico especializado. Sacristán no deja, desde luego, de Filosofía, ello habrá de ser de forma accidental o casual y
reconocer que semejante crítica académica no implica que nunca consistente — más bien como resultado de valiosas
dichas “necesidades” vayan a dejar de seguir funcionando iniciativas particulares que como efecto de la organización
en el ámbito extra-académico (mundano), en el ambiente administrativo-académica como tal . De aquí que el interés
social mismo, puesto que dicho funcionamiento va ligado a por salvar de la pérdida tanto a los estudios histórico-
condiciones sociales cuya transformación no se sigue desde críticos sobre los productos culturales ideológico-
luego inmediatamente de aquella crítica académica, pero lo filosóficos como a la tarea de semejante articulación del
que pretende argumentar es que si, por una lado, dichas ne- genuino filosofar de los verdaderos especialistas, lejos de
cesidades ya siguen su curso social ambiental al margen de coincidir con la permanencia de los estudios de Filosofía
la academia, y , por otro lado, ya hay razones académicas como licenciatura, sólo pueda quedar garantizado precisa-
críticas para desestimar el derecho a la presencia de dichas mente mediante la propuesta positiva que Sacristán va
“necesidades” en la propia academia, no se ve entonces la hacer acompañando indisociablemente a su propuesta abo-
razón por la que habría de persistir un gremio académico licionista.
cuya persistencia no proviene sino de explotar, en beneficio
Pues dicha propuesta positiva, en efecto, contem-
propio, o sea, de su pretendida especialidad académica,
pla, como reverso indisociable de la propuesta abolicionista
aquellas necesidades.
que pide la supresión de la licenciatura o especialidad en
La conclusión que sin duda ha de seguirse de se- Filosofía — en cuanto que ficticia especialidad — “reesta-
mejante argumentación es ésta: la de pedir la supresión de blecer” la filosofía, pero ahora ya sólo y precisamente como
los estudios universitarios de Filosofía como especialidad o “articulación” o “coordinación” de esa tarea reflexiva o de
como licenciatura (como licenciatura basada en una presun- segundo grado que sobre su propia especialidad puede rea-
ta pero ficticia especialización), así como de la asignatura lizar cada especialista. De aquí que, en efecto, fuera preciso
de Filosofía en enseñanza media — puesto que dichos estu- crear en la Universidad un “Instituto central o general de
dios, en efecto, no tendrían otra función más que la de Filosofía”, que, desde luego, “no cubriría ninguna licencia-
ofrecer una salida profesional a los licenciados universita- tura”, sino que sería el resultado de la “emanación” o
rios en Filosofía y de este modo colaborar a reproducir “proyección” de todas las licenciaturas o especialidades —
aquella institución universitaria parásita. de todas las Facultades —, en donde podría tener lugar, ba-
jo la forma de un “doctorado en filosofía”, nunca de una
Ahora bien, Sacristán no deja de preguntarse cuá-
licenciatura o especialidad, precisamente aquella “articula-
les podrían ser las pérdidas, acaso de algún interés, que
ción” o “coordinación” del filosofar reflexivo de cada
dicha supresión pudiera acarrear, y se responde apuntando a
efectivo especialista (o licenciado) sobre su propia especia-
dos posibles. Una de ellas sería el saber historiográfico en-
10 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

lidad. Dicho Instituto congregaría, en efecto, como “miem- sentido de inducir positivamente a todos sus miembros una
bros” suyos (“miembros”, mejor que “profesores”, precisa motivación por la actividad filosófica reflexivo-crítica (tal y
Sacristán, puesto que la “enseñanza” del Instituto no puede como él la entiende). Apelando a un “ilustrado respeto por
sino entenderse como “asistencia a la investigación”) a to- la gente”, y en este caso por los universitarios, y contando
dos aquellos verdaderos especialistas que, por serlo, ya con que no es razonable esperar de todos ellos “la motiva-
serían además profesores universitarios de su respectiva li- ción filosófica auténtica que acompaña a la práctica
cenciatura o especialidad, es decir, sin duda a los diversos racional”, concibe su propia propuesta como queriendo y
“científicos” (“teóricos”, “de laboratorio” y “de campo”), pudiendo tener tan sólo efectos negativos — “emancipado-
pero también a los distintos “profesionales” o “tecnólogos” res” o “liberatorios”— , por la mediación de los cuales, eso
universitarios y a los “artistas” — a los hombres involucra- sí, cabe esperar una libre tendencia a la expansión de la
dos en alguna “práctica racional” especializada, se nos “motivación filosófica auténtica” entre los especialistas
dice—, además de aquellos estudiosos implicados en los es- universitarios. Se trata, como él dice, tan sólo de “suprimir
tudios histórico-críticos de los productos culturales obstáculos”, precisamente esos obstáculos que genera la
filosófico-ideológicos de la tradición artesanal de la filoso- persistencia de la filosofía como especialidad licenciada,
fía tradicional. Y por lo que toca a los estudiantes, podrían que son los responsables de que se reproduzca o “sancione”
seguir sus estudios en el Instituto cualesquiera licenciados esa característica “escisión” de la conciencia que suele dar-
que ya lo fuesen en sus respectivas especialidades o licen- se tanto en los filósofos tradicionales como en los propios
ciaturas — no ya, desde luego, los licenciados en filosofía, especialistas “entre el conocimiento real y la reflexión filo-
licenciatura que precisamente habría desaparecido —, obte- sófica”, o sea, entre el conocimiento especializado efectivo
niendo como resultado de dichos estudios la titulación o y sin embargo acríticamente ciego a sus posibilidades de
capacitación universitaria de “doctor en filosofía” — pero autorreflexión y ese presunto saber superior e independiente
no ya ninguna licenciatura: ni en Filosofía, que habría deja- con respecto a dichos conocimientos efectivos. Suprimidos
do de existir, ni obviamente en la suya que ya poseen, ni en los obstáculos que sancionan semejante escisión de la cultu-
ninguna otra que ciertamente el Instituto no expide —. ra y de la conciencia, es de esperar que, de un modo
mediato, no directo, dicha remoción vaya facilitando el ac-
Confía Sacristán en que sólo de este modo podría
ceso de los verdaderos especialistas a la reflexión crítica
favorecerse adecuadamente el desarrollo universitario de la
sobre sus propios saberes en que consiste la verdadera filo-
tarea filosófica — “la orientación filosófica de los estu-
sofía. Se trata, en definitiva, una medida crítico-ilustrada de
dios”, según su expresión — tal y como él entiende que
“higiene” cultural; de aquí que Sacristán ni siquiera preten-
dicha tarea filosófica es posible y apreciable, esto es, como
da que por ley deban crearse en todas las Universidades
ese “reflexionar” filosófico motivado por, y acerca de, cada
dichos Institutos, sino sólo que la ley permita que puedan
especialidad efectiva, así como la “articulación” o “coordi-
crearse por la iniciativa de cada Universidad que así lo pue-
nación” de cada una de esas reflexiones. Semejante
da considerar oportuno.
“reflexión” es entendida en una clave analítico-positivista a
la que se le adjunta una determinada interpretación (asi- 1.1.-(Posibles) límites e insuficiencias del planteamiento
mismo analítico-positivista) de la crítica marxista, es decir, de Sacristán. —
es entendida, de un lado, como reflexión metodológico-
¿Qué decir de estos planteamientos de Sacristán,
crítica sobre los métodos de cada saber especializado, en
incluso antes de entrar a considerar la crítica a la que los
donde dicha crítica metodológica es entendida a fin de
sometió Gustavo Bueno? Ante todo esto: que, debido a la
cuentas como crítica (meta)lingüística de las condiciones
clave analítico-positivista desde la que Sacristán lee tanto la
lógico-formales de la construcción proposicional y de la
crítica kantiana como la crítica marxista, su argumentación
contrastación empírica, y, de otro lado, como reflexión his-
procede a la postre por meras yuxtaposiciones, entre el va-
tórico-crítica sobre las condiciones histórico-sociales
lor teórico o cognoscitivo de los conocimientos particulares
genéticas de los saberes especiales, una reflexión que, se
positivos y la práctica social humana en su conjunto por un
supone que basada en un conocimiento positivo de tipo his-
lado, y entre el carácter positivo de dichos conocimientos y
tórico-social sobre los condicionantes ideológicos de cada
la crítica (filosófica) posible por otro, así como entre cada
saber, podría proporcionar a cada especialista de este modo
uno de estos dos planos, sin alcanzar nunca a establecer los
una “conciencia de la génesis y de las perspectivas de su
nexos que vinculan, o conjugan, dichas oposiciones dadas
propio conocimiento”. Y por lo que toca a aquella “coordi-
en cada uno de estos dos planos, así como dichos planos.
nación” o “articulación”, se supone que gracias a ella se
alcanzaría la verdadera “universalidad” que le cumple a la Por lo que toca a la crítica kantiana, ya dijimos que
tarea filosófica adecuadamente entendida — “suprimida la esta podía ser interpretada al menos en dos direcciones sig-
filosofía como especialidad, hay que reestablecerla como nificativamente opuestas: o bien poniendo el énfasis en la
universalidad”, se nos llega a decir —, no aquella ficticia confinación empírica o positiva del conocimiento posible,
universalidad o unificación totalizadora que la filosofía tra- relegando por tanto a un lugar secundario el hecho de que
dicional — “especulativa” — pretendía alcanzar, en cuanto Kant reconociera que las cuestiones especulativas de la ra-
que presunta especialidad, endógenamente, de espaldas a zón, no obstante ser cognoscitiva o teóricamente
los saberes particulares efectivos. irresolubles, no dejarían nunca de ocupar a la conciencia
humana práctica, o bien resaltando el hecho de que, no obs-
Por lo demás, Sacristán no espera que sus dos pro-
tante ser teóricamente irresolubles dichas cuestiones, ellas
puestas combinadas vayan a generar por sí mismas, y de un
responden precisamente a las exigencias de la razón formu-
modo directo y positivo, un cambio generalizado en la men-
ladas por las dos preguntas prácticas: “¿qué debo hacer? y
talidad del conjunto de la comunidad universitaria, en el
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 11

¿qué me es dado esperar”. Sacristán se orienta decidida-


mente por la primera lectura, dadas sus claves analítico-
positivistas, de aquí que solo pueda entender a su vez la crí-
tica marxista de la filosofía como ideología en clave
asimismo analítico-positivista, o sea, como crítica que re-
sultaría de un conocimiento asimismo meramente positivo y
particular de tipo histórico-social. Mas con ello Sacristán
está privándose de alcanzar a comprender el significado —
crucial — que tiene el hecho de que esas funciones ideoló-
gicas (de expresión encubierta y legitimadora de la
sociedad escindida) detectadas por Marx en la filosofía tie-
nen lugar precisamente a través de la filosofía, o sea, y
precisamente, a través de la forma de esas kantianas cues-
tiones especulativas de la razón que a su vez no dejan de
afectar esencialmente a la acción humana, es decir, bajo la
forma de una totalización universal que implica, comporta o
afecta decisivamente a la acción humana. Según esto, el
único modo de remontar, a su vez, la fisura introducida por
la crítica kantiana — entre el carácter teóricamente irreso-
luble de las cuestiones especulativas de la razón (en último
término práctica) y el carácter empírico o positivo de los
conocimientos particulares —, es decir, el modo de resolver Repárese, en resolución, en que Sacristán ha pues-
críticamente dichas cuestiones en el sentido de realizar la to el momento de la crítica (filosófica, del carácter
crítica (filosófica) de su propio carácter ideológico en cuan- ideológico de la filosofía tradicional) no ya en esa “articu-
to que cuestiones filosóficas inesquivables, y ello sin dejar lación” o “coordinación” que pide entre las reflexiones
de contar con la crítica kantiana, o sea, sin hacerlo de es- críticas generadas sobre y desde cada especialidad, sino, y
paldas a los conocimientos positivos particulares ya dados, ya antes, en dichas reflexiones, que a su vez simplemente
sería entender a dicha totalización universal no ya, como en ha entendido como crítica metodológica (analítico-
Kant, de un modo abstracto especulativo, sino como el pro- positivista) asociada a cada especialidad positiva y como
ceso histórico-social mismo de la acción humana (o a la crítica histórico-social derivada de un conocimiento históri-
recíproca: entender la práctica humana social como aquel co-social asimismo especial y positivo; de aquí que dicha
proceso histórico cuya forma de desenvolvimiento es preci- “articulación” o “coordinación”, que sin embargo postula
samente la de una totalización universal procesual), de para alcanzar la “universalidad”, no resulten ser más que un
modo que la crítica (filosófica) del carácter ideológico que sobreañadido vacío, ineficaz o inerte — a la postre, una ba-
las cuestiones filosóficas inevitablemente comportan ten- nalidad lógica —, precisamente porque los quicios a partir
dría lugar, procesualmente, a través del desenvolvimiento de los cuales se pretende o postula dicha articulación están
mismo de las contradicciones —pensadas por Kant como pensados ya, de entrada, de un modo analítico-positivista, o
antinomias especulativas — mediante las que semejante to- sea, como elementos-átomos, cada uno de los cuales gene-
talización universal se desenvuelve, y, en el límite, raría su propia autorreflexión filosófica, reducida ésta a su
mediante la superación o reconciliación de dichas contra- vez a mera crítica metodológica analítico-positivista y a crí-
dicciones. En el límite, pues, la “superación de la filosofía” tica histórico-social meramente positiva. Sacristán de este
— la superación de la filosofía como inevitable o necesaria modo no puede llegar a “pensar” filosóficamente esa “arti-
ideología — sólo podría tener lugar mediante su propia rea- culación” que sin embargo postula, esto es, no puede
lización, es decir, mediante la realización histórico-social pensarla como el entretejido entre los saberes positivos
de la superación de las contradicciones a través de las que mismos, entretejido cuya recurrente movilización tiene lu-
se desenvolvía semejante proceso de totalización universal. gar como el despliegue de esas contradicciones —de la
Aquel límite, ciertamente, respecto del que podría llegar a práctica social humana — que adoptan siempre, en cada
decirse, no sólo, retrospectivamente en cada “momento”, momento concreto del proceso, la forma de una totalización
que todo lo real ha sido racional, sino también, y precisa- universal procesual e internamente contradictoria. Un entre-
mente, que esto ha podido ser así sólo y justamente en la tejido éste que, desde luego, de ninguna manera puede tener
medida en que todo lo racional ha podido llegar a ser real. lugar sólo en la Academia, como de un modo ingenuo (y
Una crítica ésta que, como decimos, tampoco deberá enten- por cierto elitista, a pesar suyo) se ve obligado a entenderlo
derse como ajena a la crítica kantiana, es decir, como si Sacristán — mediante su idea de “articulación” o “coordi-
pudiese proceder de espaldas a los conocimientos positivos nación”, “emanada” o “proyectada” desde las Facultades —
particulares efectivos, pero que en modo alguno consiste o , sino, como decimos, en la práctica humana social misma,
se reduce a la mera “suma abstracta” de todos ellos, puesto de modo que si además puede, y debe, tener lugar en la
que tiene precisamente lugar a través de todos ellos, bien Academia , esto será sólo en la medida en que seamos ca-
entendido que dicho “través” consiste justamente en las paces de pensar algún criterio que vincule formal e
contradicciones (sociales) que, en cada momento concreto internamente a la Academia con dicha práctica social como
del proceso, adoptan siempre la forma de aquella totaliza- un lugar necesario del desenvolvimiento de dicha práctica.
ción universal —procesual e internamente contradictoria —
.
12 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

Como es manifiesto, la crítica que se ha esbozado


2. —La posición de Gustavo Bueno: La Filosofía como
de las posiciones de Sacristán no está hecha “desde el va-
“totalización trascendental crítica” en cuanto que “proce-
cío”, sino desde la tradición hegeliano-marxista. Desde
so sustantivo y contradictorio”, internamente dada en una
luego, y en primer lugar, a partir de Hegel, cuyo formidable
“organización social totalizadora”. Las relaciones y dife-
sistema constituye el mayor escollo, siquiera ya historiográ-
rencias entre la filosofía “mundana” y la filosofía
fico, a la tendencia, de factura positivista, a interpretar que
“académica”.
la crítica kantiana arruinó para siempre las posibilidades de
la filosofía — o al menos, de toda filosofía que no se auto- No es arbitrario estimar que, después de Kant, He-
limite a ser mera metodología de las ciencias, a los sumo gel y Marx, no ha habido en toda la filosofía ulterior un
yuxtapuesta a la concepción de la historia humana como autor que se haya alimentado y a la vez haya desarrollado,
susceptible a su vez de confinarse al ámbito de otra ciencia con tanta complejidad y articulación constructiva, la “me-
positiva —, y ello precisamente en la medida en que el sis- todología dialéctico-crítica” de la tradición hegeliano-
tema de Hegel no excluye, sino que incluye, a la vez que no marxista (en cuanto que incluye, a su vez, a la crítica kan-
se reduce, a la crítica kantiana — en la medida en que el tiana) como el filósofo español Gustavo Bueno. Y si ello ha
sistema de Hegel está pensado al objeto de remontar la fisu- sido así es, seguramente, porque la filosofía de Bueno no se
ra introducida por dicha crítica, sin dejar a su vez de contar alimenta solamente de esta tradición (de la “filosofía clásica
con esta crítica. Pero también, y no menos, a partir de alemana”), sino a su vez de las fuentes que, según él mismo
Marx, esto es, de su interpretación materialista del sistema estima, han posibilitado dicha tradición, esto es, la propia
hegeliano, interpretación que hemos de cifrar en su concep- filosofía escolástica (y, acaso, sobre todo, la española de los
ción de las contradicciones hegelianas como siglos XVI y XVII), y así mismo de la filosofía griega clá-
contradicciones sociales dadas por la mediación del desa- sica —y dentro de ésta sobre todo del paradigma platónico
rrollo de las fuerzas productivas, esto es, como —, o sea, esa filosofía que, según el propio Bueno, habría
“contradicciones sociales de producción” en cuanto que sentado la “tradición” (“helénica”) que no hubiera dejado
precisamente adoptan la forma de aquella hegeliana totali- de envolver recurrentemente a toda la ulterior tradición fi-
zación universal procesual —internamente contradictoria losófica en general, en cuanto que se diría que ésta
—. Lo cual significa, a su vez, y por cierto, que la propia constituye una suerte de “melodía” internamente crítica —
interpretación materialista de Hegel realizada por Marx, si autocrítica — inacabada e inacabable.
es que quiere ser vista en todo su alcance y envergadura fi-
Así pues, la filosofía de Bueno, por su complejo
losóficas, debe entenderse como (des)envuelta y
posibilitada por el formato mismo lógico-filosófico hege- formato dialéctico-crítico, y tal como se presenta ya esbo-
liano, y en cierto modo como su consumación o plenitud, zada en su respuesta a Sacristán (ver Bueno, op. cit.), va a
constituir una singular e inexcusable “caja de resonancia”
pues de otro modo la filosofía marxista puede comenzar a
ser rebajada, degradada o degenerada en claves espurias de todos los debates metafilosóficos, tanto de los habidos
respecto de su genuino formato posibilitador (hegeliano) — en la filosofía académica durante los últimos siglos como
de la forma explosiva que éstos adoptaron en España en su
como las analítico-positivistas de Sacristán—. Sería, pues,
la tradición “hegeliano-marxista” aquella desde el cual, y momento. Ahora bien: debido precisamente a dicho com-
sólo desde la cual, podría comenzar a remontarse de un plejo formato dialéctico, con su filosofía ocurre que no es
posible resumirla sin empobrecerla y aun mutilarla o desfi-
modo efectivo la fisura introducida por Kant con su crítica,
sin dejar de contar asimismo con dicha crítica. gurarla, dificultad ésta a la cual se añade que su respuesta a
Sacristán no pasaba de ser un mero esbozo o proyecto —
Y si hemos hecho aquí esta alusión, y en el sentido prácticamente un “embrión” — de su ulterior trabajo filosó-
en la que la hemos hecho, a la tradición “hegeliano- fico, de modo que tampoco tiene sentido considerar hoy
marxista”, es precisamente porque estimamos que la pers- aquel proyecto sin contar ya con su ulterior desarrollo más
picacia con la que Gustavo Bueno va a responder a las maduro — por lo demás relativo, en cuanto que sigue en
propuestas de Sacristán, y a la vez va a proponer su propia curso —.
concepción de la filosofía, se alimentan, y sistemáticamen-
Intentaremos aquí, al objeto de subsanar en lo po-
te, de dicha tradición, si bien buscando, no obstante y a la
vez, desactivar el supuesto finalista (de la historia, de la fi- sible estas dificultades, lo siguiente: atenernos a un
losofía y de la realidad misma) que operaba en las filosofías “registro” mínimo de la concepción de la filosofía propues-
ta por Bueno, pero que sea a su vez mínimamente
de Hegel y Marx, al entender el proceso histórico y filosófi-
co, y a la realidad misma que en su curso se abre, de un sistemático en el sentido de que sea capaz de representar,
modo (negativamente) infinito, o in-cesante, in-finitud ésta con alguna fidelidad proporcional, la compleja sistematici-
dad de su propuesta, y ello sin dejar de contar, porque no es
en la que Bueno va a cifrar la clave de un “materialismo fi-
losófico” consecuente o plenamente autoconsciente. posible, con el desarrollo ulterior de su obra, si bien a la vez
procurando ceñirnos al máximo a los términos en los que
inicialmente se llevó a cabo su propuesta — precisamente
en la respuesta a Sacristán—.
Pues bien: Lo que primero acaso haya que decir es
que Bueno no deja, de entrada, de hacerse cargo de la sin-
gular dificultad que plantea el hecho de que siendo la
filosofía, en un sentido que él no deja de constatar, una ta-
rea dispersa en el medio ambiente social en general, en
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 13

cuanto que actividad “mundana” de filosofar — actividad tuación que, aun cuando puede — por lo que se nos dice:
que llegará a generarse por las razones determinadas que por ejemplo, que “sería posterior a la revolución urbana de
luego se verán —, no por eso haya dejado de cristalizar Gordon Childe” — que sea posterior en el tiempo a la so-
asimismo como un “oficio” u “ocupación profesional”, ciedad de clases, sería en todo caso lógicamente anterior —
“académico”, que de algún modo tendría su propio “campo a dichas relaciones de clase — por lo que respecta a esa
especializado”, con su propia “tradición gremial”, como condición suya de germen formal de la filosofía, y en todo
“un aspecto más dentro del conjunto de la cultura”. caso asimismo histórico-socialmente determinada. Se trata-
ría, en efecto, no ya de la sociedad de clases, sino de
Para clarificar semejante situación — que es el ob-
aquella situación que resulta cuando “círculos antropológi-
jetivo último de su libro — Bueno ensayará, en primer
cos” (o socio-culturales) diferentes, esto es, pueblos
lugar, una demostración de la “posibilidad gnoseológica de
diferentes — puede que ya con estructura interna de clases
la filosofía”, demostración que va proceder haciendo ver en
— se encuentran o relacionan mutuamente entre sí, y ello
qué sentido la filosofía es posible como una “totalización
de suerte que de dichas relaciones mutuas surja el proceso
trascendental y crítica” en cuanto proceso “sustantivo y a la
de una “sociedad universal”, esto es, de una sociedad que se
vez contradictorio” que a su vez sólo puede brotar en un de-
concibe como incluyendo en su proyecto engarzar o conca-
terminado tipo de sociedad, a la que entenderá como
tenar al resto de las demás sociedades posibles de un modo
“organización social totalizadora”. Como veremos, la rela-
universal y por ello mismo necesariamente dotado de unici-
ción entre este tipo de sociedades y la filosofía es crucial
dad.
para comprender la naturaleza y el alcance o la función de
la filosofía, tal y como Bueno lo entiende. Y, en segundo Ésta es, en efecto, para Bueno, el tipo de sociedad
lugar, y una vez demostrada la posibilidad gnoseológica de que, por su estructura lógica (material) misma, va a ser la
la filosofía, Bueno intentará explicar su efectiva realidad, fuente formal del despliegue de la reflexión filosófica. Y
esto es, de qué modo la filosofía, sin dejar de tener que ge- ello será así porque se entiende que no hemos de asumir la
nerarse de un modo disperso en la propia vida social como “hipótesis confortable” de la “armonía mutua”, ni por lo
actividad mundana — y ello precisamente debido al tipo de que respecta a la acumulación de los saberes positivos es-
sociedad que la produce —, no por ello ha dejado de hecho pecializados en esta nueva sociedad, ni por lo que respecta
de ir acumulándose como un oficio especial, académico, en al “encuentro” entre las sociedades de las que brota la so-
este tipo de sociedades. ciedad universal, sino, antes al contrario, el reconocimiento
del enfrentamiento, del contraste o de las contradicciones
2.1. El vínculo interno entre las “organizaciones sociales
mutuas, tanto entre sociedades que dan lugar a la sociedad
totalizadoras” y la filosofía como “totalización trascen-
universal como, dentro de este marco, entre los propios sa-
dental crítica”. —
beres positivos especializados de la sociedad resultante.
Como se ha dicho, la relación entre el tipo de so-
La formación de la sociedad universal, en efecto,
ciedad que genera en su seno la filosofía y la naturaleza y el
no surge de ningún encuentro armónico o pacífico entre cír-
significado de ésta constituye la clave (más decisiva) de to-
culos socio-culturales diferentes, sino de los
do el planteamiento de Bueno —clave ésta sin cuya
enfrentamientos que obligan a ir cribando mutuamente sus
comprensión no es posible hacerse cabalmente cargo de di-
propias tradiciones sociales y culturales: de aquí, justamen-
cho planteamiento, ni por tanto poder tomar eventualmente
te, que se genere la necesidad de una re-flexión
partido alguno al respecto.
totalizadora, que no surgirá ya como una totalización que
Pues, en efecto, la generación de la filosofía re- abrazase, envolviese o re-flexionase “desde fuera” al mate-
quiere para Bueno, sin duda, de la “diferenciación rial totalizado, sino precisamente a partir y en función de
especializada” del “trabajo racional”, “a partir del fondo las contradicciones del material — social y cultural — que
neolítico de las sociedades primitivas”, en diversos y hete- tiene que manejar, y que por tanto sólo puede hacerlo como
rogéneos campos (productivos), técnicos o profesionales, y una metatotalización, o totalización de segundo grado, mo-
eventualmente científicos, campos éstos que van configu- vilizada por los enfrentamientos a los que de algún modo
rando su propio contenido “sustantivo” y que van debe estabilizar y por tanto envolver pero a través de ellos
acumulándose en el seno de una sociedad productivamente mismos, y por eso siendo trascendental a todos ellos, si bien
cada vez más compleja. Pero esta condición (“productiva”), con posterioridad a ellos, y por lo mismo como un proceso
si bien necesaria, no será por sí misma suficiente, puesto cuya sustantividad no excluye, sino que incluye precisa-
que ella debe darse a su vez —se nos dice — “no de cual- mente las contradicciones entre las que se desenvuelve.
quier modo”, sino en el marco de un muy determinado tipo Esto es, en efecto: como una “(meta)totalización trascen-
de sociedad (de determinadas “relaciones sociales”, por tan- dental y crítica en cuanto que proceso sustantivo a la par
to) que va ser como el dinamizador crítico de la reflexión que contradictorio”.
filosófica, la cual, por lo demás, no podrá hacerse ya al
Semejante reflexión metatotalizadora trascendental
margen de aquellos campos de saber sustantivo especializa-
y crítica se moverá, como decimos, en el ámbito del enfren-
do. Dicho tipo de sociedad, y esto es muy importante
tamiento y la criba mutua entre las tradiciones sociales de
señalarlo, no va a ser — como podría acaso esperarse de
las sociedades enfrentadas, a través de la cual criba mutua
quien está asimilando la metodología marxista — la “socie-
va desplegándose la sociedad universal, y, dado este marco,
dad de clases”, ni por tanto las “contradicciones de clase”
en el ámbito asimismo de la criba mutua de los propios
—, y ello sin perjuicio de que se reconozca que éstas pue-
productos culturales que asimismo contradictoriamente
dan conferir “formas particulares” a la filosofía —, sino que
congrega dicha sociedad universal en curso, esto es, de los
va consistir en un tipo de situación social diferente: una si-
14 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

campos de sus saberes positivos especializados, y también como “materialidad trascendental”, es decir, como una idea
cuando éstos alcanzan el rango de ciencias. “límite-negativa” o “límite-crítica”, que no equivale, en
cuanto que límite del proceso regresivo-crítico, a ninguna
Por lo que toca, en particular, a las ciencias, aun-
concepción sustancializada o metafísica de la “Nada”, pues-
que a la sazón Bueno no dispone sino de un esbozo de
to que sus funciones críticas (“trituradoras”) recurrentes
filosofía de la ciencia, que luego desarrollará con una
dependen de sus parámetros cambiantes — de las configu-
enorme complejidad constructiva mediante su teoría del
raciones positivas diversas a partir de las que en cada caso
“cierre categorial”, ya posee en todo caso de un esquema
se va obteniendo regresivamente —, y que tampoco puede
mínimamente articulado para apreciar las diferencias y las
ser entendida, en cuanto a sus funciones progresivas, como
relaciones entre el proceder de las ciencias particulares y de
una concepción metafísica o sustancializada del “Ser”,
la filosofía. Cada ciencia particular procedería a un análisis
puesto que el progreso constructivo no se deriva, obtiene o
que a la sazón llama “reductivo” de su campo regional (o
deduce (distributivamente) a partir de idea alguna previa
categorial), es decir, buscaría (regresivamente) reducir los
del “Ser en general”, sino por efecto mismo de la destruc-
materiales de cada campo a ciertos componentes o elemen-
ción mutua previa de las realidades positivas diversas con la
tos a partir de los cuales podría (progresivamente)
cual destrucción incesantemente se conjuga.
reconstruir aquellos materiales a la escala de dicho campo,
es decir, dentro de la propia región de realidad roturada y Éste sería, pues, el material “sustantivo” en el cual
confinada por dicho análisis “reductivo” o científico. La fi- se mueve la actividad filosófica: las “Ideas” trascendentales
losofía, sin embargo, y precisamente porque cuenta, o se resultantes de semejante proceso, incesantemente recurren-
mueve entre, una pluralidad heterogénea de dichos campos, te, de trituración regresiva y reconstrucción progresiva
esa pluralidad congregada por la sociedad en proceso uni- dadas entre la pluralidad de configuraciones positivas di-
versal, podría proceder a lo que denomina como un análisis versas, un proceso éste, pues, que metatotaliza
“recursivo”, es decir, podría remontarse— regresivamente trascendentalmente a través de su propia dialéctica o crítica
—más allá de cada uno de estos campos categoriales — incesante.
podría remontar (dicho en clave platónica) las “hipótesis”
Por ello, semejante concepción de la dialéctica,
de cada campo —, pero no ya globalmente “desde fuera” de
como (meta)totalización trascendental crítica incesante,
dichos campos, sino precisamente poniendo en cuestión ca-
puede percibir a su vez críticamente a las diversas tenden-
da uno de dichos campos (categorías o hipótesis), a partir
cias metafísicas— diríamos, internas a su propio proceso —
de otras categorías o hipótesis (de otros campos) que de al-
que tienden a bloquear, por “sustancialización”, su propio
gún modo obligan a una rectificación de los primeros,
proceso, desconectando de diversos modos sus momentos
pudiendo así, impulsada por su propia dinámica regresiva-
regresivo y progresivo siempre incesantemente conjugados:
trituradora, progresar constructivamente estableciendo ideas
Tanto a la metafísica negativista que tendería negativamen-
transcendentales a los diversos campos considerados según
te a sustancializar, bajo la idea de “Nada”, las funciones
un “tejido” en el que ciertos contenidos de dichos campos
críticas recursivas de la “materialidad trascendental”, como
se relacionan con contenidos de otros, pero no todos con
la metafísica positiva que tendería positivamente a sustan-
todos, ni de igual modo.
cializar, bajo la idea de “Ser”, dicha materialidad, como a la
En general, en efecto, es decir, no sólo respecto de no menos metafísica — frente a las apariencias, y se diría
los campos positivos de las ciencias y de los saberes parti- que la más rampante — tendencia positivista, o analítico-
culares, sino asimismo respecto de las diversas instituciones positivista, que tendería a ver el mundo como una mera co-
o configuraciones sociales que va congregando contradicto- lección, agregado o reunión, de realidades o hechos
riamente la sociedad en su proceso universal, la filosofía inconexos, sólo susceptibles de totalizarse a lo sumo bajo la
procedería siempre remontando o “triturando” regresiva- forma de la suma abstracta, aditiva, o enciclopédica. De es-
mente las diversas “configuraciones” positivas dadas te modo, dicha concepción de la dialéctica como un proceso
(sociales, productivas), no “desde el vacío” sino a partir de “negativamente in-finito” en cuanto que incesantemente re-
sus contradicciones, rectificaciones o críticas mutuas, al ob- currente, la permite autoconcebirse como crítica de sus
jeto de proceder, asimismo no “desde fuera” sino impulsada propios posibles momentos de bloqueo o sustancialización
por su mismo dinamismo crítico-regresivo, a reconstruir metafísica, y de este modo no despreciar, sino conferir beli-
progresivamente tejidos trascendentales de ideas entre gerancia — precisamente beligerancia dialéctica, polémica
aquellas configuraciones positivas diversas, tejidos éstos — a sus posibles momentos de sustancialización metafísica,
que precisamente cumplirían el principio platónico de la y entender a la postre al proceso histórico de la filosofía
“symploké”, esto es, aquel según el cual las ideas se rela- como un proceso universal, y por tanto dotado de unicidad,
cionan unas con otras, pero no todas con todas ni ninguna en donde dicha unicidad sin embargo no implica “unifor-
con ninguna, y no del mismo modo o en el mismo respecto. midad” u “homogeneidad”, sino precisamente autocrítica
Así pues, el carácter “recursivo” — es decir, “incesante- incesante, esto es, crítica dialéctica incesantemente interca-
mente recurrente” — de dicho proceso (filosófico) lada entre las doctrinas metafísicas que tienden a coagular o
dialéctico de regreso crítico y progreso constructivo radica bloquear, por sustancialización, dicha crítica. La propia
tanto en la pluralidad heterogénea incesante de las partes o concepción de la dialéctica de Bueno le permite, en resolu-
configuraciones positivas (sociales y productivas) entre las ción, autoconcebir su propia filosofía, en cuanto que
que se mueve como entre sus incesantes desajustes y por contiene aquella concepción, como una forma de autocon-
tanto críticas o rectificaciones mutuas. Y es justo en virtud ciencia filosófica plena que precisamente vendría a consistir
de dicha dialéctica incesantemente recurrente, por lo que el en el “materialismo filosófico”, como doctrina que “sabe”
límite de dicho regreso destructivo es pensado por Bueno que la realidad misma (trascendental) que se abre paso a
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 15

través de la filosofía es negativamente in-finita — o como


2.2. Relaciones y diferencias entre la filosofía “munda-
doctrina que niega, dialécticamente, la idea misma de la
na” y la filosofía “académica”. —
“unidad del mundo”. De este modo, y sin dejar de alimen-
tarse, y sistemáticamente, de la dialéctica hegeliano- Una vez que Bueno ha demostrado de este modo la
marxista, Bueno ha podido desactivar el principio finalista, “posibilidad gnoseológica ” de la filosofía — en realidad,
a la postre asimismo metafísico, relativo a un término final como él mismo dice, su “inevitabilidad” gnoseológica, dado
(de la historia, de la filosofía y de la realidad) que contenían el tipo de sociedad que la genera —, lo primero que no de-
aún dichas filosofías. jará de reconocer es su necesaria presencia como filosofía
“mundana” (traduciendo de este modo el concepto kantiano
Pues bien: dicho carácter negativamente infinito de
de “filosofía cósmica”): la “sabiduría filosófica” no podrá,
la dialéctica (de la filosofía) vendría precisamente a corres-
en efecto, dejar de extenderse de un modo disperso por el
ponderse con el formato lógico (lógico-material) mismo del
tejido de la sociedad “universal”, siquiera sea desde el mo-
tipo de sociedad que la hace posible, y que la hace posible,
mento en que dicho tejido incluye continuamente las
además, de un modo internamente necesario tomando a la
situaciones en las que unos oficios o saberes particulares
filosofía como su propio mecanismo de meta-estabilización
deberán reajustarse mutuamente con otros oficios o saberes,
(“cibernético”, se nos dice) incesante. Pues también dicha
así como que unas tradiciones, intereses o instituciones so-
sociedad, en cuanto que dotada de un proyecto de universa-
ciales deberán asimismo reajustarse con otras en el proceso
lidad, y por ello de unicidad, debe incorporar a su
ilimitado de la sociedad universal. Y Bueno reconoce que
metabolismo cualesquiera otras posibles sociedades, y pre-
dicha “filosofía mundana” será siempre a fin de cuentas “la
cisamente no de modo armónico, sino mediante la crítica
legisladora de la razón”. Pero no por ello, piensa Bueno,
mutua incesante, crítica que procederá asimismo triturando
cabe dejar de constatar o señalar — siguiendo un método,
y reconstruyendo incesantemente las tradiciones sociales y
nos dice, a la postre “denotativo” — la progresiva acumula-
culturales de las sociedades de procedencia que la sociedad
ción histórica de los “métodos” (dialéctico-críticos) de la
universal es capaz de congregar, no armónica, sino conflic-
filosofía, reunidos institucionalmente de un modo “acadé-
tivamente, más por lo mismo sacando adelante su proceso
mico”, esto es, debiendo recurrir sistemáticamente a su
de universalidad incesante. De aquí que dicha sociedad no
“propia disciplina” — una disciplina, se nos dice, “científi-
pueda sino necesariamente generar la filosofía, y además no
ca”, aun cuando con ello no quiera indicarse que ella quede
de cualquier modo, sino precisamente como el mecanismo
reducida o confinada a ninguna ciencia efectiva en particu-
“metaestabilizador” sólo a través del cual dicha sociedad
lar, sino que más bien nos estamos refiriendo a la obligada
puede proseguir su curso universal incesante . Se compren-
recurrencia sistemática a su propia disciplina metodológica
de, entonces, en efecto, que Bueno haya concebido el
crítico-dialéctica, y ello sin dejar de reconocer que el desa-
formato de dicha sociedad de un modo estructuralmente
rrollo especializado de los saberes, y entre ellos las
isomorfo con la estructura y la dinámica misma de la filoso-
ciencias, hace que dicha disciplina deba estar al tanto de la
fía, esto es, como “organizaciones sociales totalizadoras”, y
complejidad de esos saberes entre los que inevitablemente
que haya destacado, asimismo, que la idea misma de dicho
(trascendentalmente) ha de moverse —. Así pues, “acadé-
tipo de sociedad — la idea de “organización social totaliza-
mico”, en Bueno (expresión que resulta a su vez de traducir
dora” —, sin perjuicio de sus referentes empíricos o
el concepto de filosofía “escolástica” de Kant), quiere refe-
positivos determinados — de sus posibles localizaciones
rirse, antes que a ninguna circunscripción institucional
geográfico-históricas —, no deja de ser una idea filosófica,
determinada — por ejemplo, las universidades, medievales
como la propia idea de filosofía, es decir un tipo de idea
o modernas o contemporáneas —, a esa obligada acumula-
que forma justamente parte de la constelación de ideas filo-
ción sistemática de los métodos dialéctico-críticos que
sóficas que sólo dicha clase de sociedad puede generar y
exigiría inevitablemente un trato cada vez más creciente-
genera.
mente disciplinado de los mismos: razón por la cual podría
Como decíamos, este vínculo interno e indisocia- comprenderse la efectiva presencia de una tarea, la del “fi-
ble entre las sociedades de proyecto universal y por tanto lósofo académico”, que, sin perjuicio de tratar con un
unicista y la filosofía — en cuanto que sólo aquellas socie- “material sustantivo” de alcance universal-trascendental,
dades podrían generar la filosofía, a la vez que ellas han de como son las “ideas” filosóficas, no dejaría sin embargo de
ser pensadas filosóficamente — constituye el nudo más verse confinada a los límites de un oficio especializado, es-
crucial de toda la filosofía de Bueno, puesto que él nos exi- pecialidad determinada precisamente por ese obligado trato
ge, para poder pensar, y por tanto discutir, la idea misma de crecientemente disciplinado de dichas ideas transcendenta-
sociedad universal — por ejemplo, las determinaciones al- les. De este modo, y sin dejar de reconocer que la filosofía
ternativas de su rumbo o prosecución, e incluso, en el “mundana” “legisla” siempre la razón filosófica — por tan-
límite, su propia posibilidad de prosecución — movernos to, también la propia razón del filósofo académico —, el
ya en el plano de la discusión filosófica, a la vez que nos filósofo “académico” no obstante se generaría como un “ar-
obliga asimismo a reconocer que si podemos pensar, o dis- tesano” o “artista” de esa misma razón.
cutir, filosóficamente —cualquier cosa, además de la propia
Por lo demás, lo cierto es que Bueno no deja de
sociedad universal — es porque estamos ya envueltos en
ofrecer, sobre la mera constatación “denotativa” de la pre-
alguna sociedad universal en curso.
sencia de semejante oficio, alguna razón que justificaría la
presencia de dicho oficio filosófico — precisamente en el
contexto de la sociedad “universal” —, aunque se nos
muestre más bien como una razón negativa: de no darse di-
16 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

cho oficio, su lugar no quedaría vacío, sino que sería inme- practicada por el público en general, y, dentro de las insti-
diatamente llenado por “mitologías dogmáticas” (de tipo tuciones reconocibles como académicas, sólo entre la
político o religioso), de modo que la persistencia del oficio filosofía mundana generada entre el público discente de la
parece ir críticamente encaminada a mantener la “paideia”, enseñanza secundaria. Ciertamente, estas últimas posi-
en su sentido de edificación de la conciencia crítica en la ciones de Bueno se acercan hasta cierto punto a las que en
sociedad política (universal). A la postre, pues, y aun cuan- su momento mantuviera Sacristán, en la medida en que, en
do este extremo no haya acabado de quedar nunca efecto, perciben a la actual filosofía universitaria como una
suficientemente precisado, parece que la persistencia de la institución (por decirlo con la misma expresión que en su
filosofía académica iría encaminada, se diría, a mantener momento usara Sacristán) “parasitaria” por lo que respecta
“alerta” el espíritu de la “crítica” — de la crítica fundada, a su capacidad para generar entre medias suyo la crítica dia-
con método — en la sociedad universal, o sea, precisamente léctica característica de la filosofía genuinamente
en esa sociedad cuyo proyecto de universalidad, y por tanto académica; pero sólo, como decimos, “hasta cierto punto”,
de unicidad, no es homogéneo o uniforme, sino que requie- puesto que Bueno no ha dejado ciertamente de seguir man-
re de la crítica incesante, al objeto justamente de mantener teniendo la referencia a una filosofía académica que pueda,
erguido su proyecto incesante de universalidad y unicidad. y deba, seguir ejerciendo la crítica dialéctico-trascendental
respecto de los materiales positivos del mundo del presente
A la postre, pues, y esto me parece decisivo, Bue-
a partir de la obligada disciplina de sus métodos dialéctico-
no se estaría comprometiendo, mediante su defensa de la
críticos. Lo que ocurre — y en esto se debe entender que
filosofía académica, con el medio necesario para mantener
reside su singular diferencia con respecto a su primer plan-
erguido el proyecto de sociedad universal infinita que hace
teamiento — es que dicha crítica aparece ahora desligada o
posible y necesaria dicha filosofía precisamente como dicho
disociada de las fuentes metafísico-dogmáticas que, en
medio.
cuanto que momentos de “coagulación” de la dialéctica in-
Ahora bien: ¿cabría acaso detectar algún fallo es- ternos asimismo a la tradición académica, suministraban a
tructural, si no ya en la “metodología dialéctico-crítica su vez y por ello el medio en cuyo seno podía tener lugar
infinita” con la que Bueno — asumiendo y a la vez trans- dicha crítica, debiendo obrar ahora ésta directamente entre
cendiendo la tradición hegeliano-marxista — ha pensado a medias del medio filosófico mundano — del público en ge-
la filosofía y a la sociedad universal en curso, sí acaso en neral, y, sólo como parte de este público, de la población
los contenidos entre los cuales ha querido mantener dicha discente de la enseñanza secundaria en particular. Así pues,
crítica y dicho concepto de sociedad? si bien es cierto que Bueno nunca se había comprometido
con ningún lugar institucional determinado donde debiera
2.3. Las últimas posiciones de Bueno sobre el carácter darse la filosofía académica por él reivindicada, no es me-
doxográfico y endogremial de la filosofía universitaria nos cierto que sí había entendido que dicha tradición
del presente. — académica incluía, como parte de su propia sustancia en
Seguramente un “hilo conductor” significativo que cuanto que condición misma de la crítica dialéctica, a las
nos permite detectar alguna falla en los planteamientos de ideas metafísico-dogmáticas como “coagulaciones” o sus-
Bueno nos lo suministren sus últimas posiciones sobre la fi- tancializaciones de la dialéctica que a su vez suministraban
losofía académica, aparecidas en su libro de 1995 “¿Qué es las fuentes a partir de las que desbloquear dichas sustancia-
filosofía?, en donde Bueno ha decretado que la actual filo- lizaciones mediante dicha crítica dialéctica. En la filosofía
sofía universitaria no sería el lugar donde ejercerse la de Bueno, en efecto, había estado siempre presente — si-
“filosofía académica” por él reivindicada, dado que aquella quiera ejercitada — la idea de una dialéctica incesante entre
se habría visto engolfada en un “ensimismamiento endo- las sustancializaciones metafísico-dogmáticas de la propia
gremial” puramente “histórico-doxográfico” que la situaría dialéctica y la crítica dialéctica misma de dichas sustancia-
“de espaldas a los problemas del presente”, lo que quiere lizaciones, y ello como la sustancia misma de la tradición
decir que ni siquiera estaría ya actuando como el material académica. Pero entonces es preciso entender que es dicha
dogmático o metafísico que, en cuanto que coagulación o dialéctica (entre la metafísica y la crítica dialéctica de la
bloqueo de la dialéctica filosófica — en cuanto que “verda- misma), en cuanto que constitutiva de la sustancia misma
dera filosofía, aun si no “filosofía verdadera”, por tanto —, de la tradición académica, la que está quedando rota o dis-
serviría a su vez para proceder a su crítica dialéctica. El locada por las últimas posiciones de Bueno, al decretar
único lugar, reconocible como institución positiva académi- éstas, por un lado, el carácter parasitario de la filosofía uni-
ca, en el que dicha crítica académica podría actualmente versitaria como posible medio de la crítica dialéctica y a la
acontecer, según Bueno, sería la enseñanza secundaria, di- vez, por otro lado, no indicar, — cosa que, en efecto, hasta
rectamente entre medias por tanto de la “filosofía el presente Bueno no ha hecho — , algún otro posible lugar
mundana” generada en los estudiantes en “edad de la ra- académico distinto del universitario donde las ideas metafí-
zón”, así como, en general, directamente entre medias de la sico-dogmáticas pudieran estar actuando en el presente
filosofía mundana generada en la sociedad en su conjunto. como fuente de alimentación de su propia crítica dialéctica,
Pero esto implica (y éstos son, en efecto, los dos supuestos de suerte que parece preciso entender que se está de hecho
internamente vinculados, siquiera implícitos, que anidan en remitiendo el lugar de dicha fuente directamente al ámbito
sus últimas posiciones), no sólo que la única filosofía aca- de la filosofía mundana en general.
démica actualmente existente es la suya propia (así como la (De este modo, por cierto, Bueno se está pudiendo
de sus posibles seguidores), sino también, que ésta ya no ganar últimamente — a nuestro juicio de un modo objeti-
podrá ejercer su crítica sino sólo, se diría, “a la intemperie”,
vamente sofístico — la aquiescencia de muchos de aquellos
esto es, directamente entre medias de la filosofía mundana
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 17

que, sin haber dejado de estudiar filosofía en la universidad, del universitario — en donde pudiera tener lugar la reali-
y habiendo sido desplazados, por diversas razones, bien del mentación dialéctica entre dicha crítica y su adecuado
trabajo universitario a la enseñanza secundaria, o bien de medio de ideas metafísico-dogmáticas, debiendo proceder
cualquier trabajo docente, universitario o secundario, al por tanto, como decíamos “a la intemperie”, o sea, directa-
mundo laboral no docente — o al paro —, puede que tien- mente entre medias del ámbito de filosofía mundana. (En
dan a ver en estas últimas posiciones de Bueno una este sentido, por cierto, la frecuente presencia de Bueno en
“valiente” denuncia de los muchos males y carencias que los últimos años en los medios de comunicación de masas
sin duda afectan a la actual enseñanza universitaria de la fi- — como la televisión —, y aun la reflexión filosófica sobre
losofía, o también a la actual enseñanza secundaria. Pero lo dichos medios — como ocurre con su último libro, del año
que convendría es no confundir lo que puede ser una análi- 2000, sobre la televisión — no son desde luego gratuitos o
sis sociológico correcto del actual estado de la enseñanza casuales, sino que deben entenderse desde sus propias co-
universitaria, o también secundaria, de la filosofía — relati- ordenadas filosóficas recientes, esto es, desde la
vo a las miserias múltiples de dicha enseñanza, unas autoconcepción —siquiera implícita — que entiende que la
miserias que ciertamente implican que suelan ser, por lo suya es la única filosofía capaz de ejercer la crítica dialécti-
general, precisamente los mejores los que queden expulsa- ca característica de la tradición académica, y que lo hace
dos de dicha enseñanza —, con lo que sin embargo ya sería además desvinculada de toda posible tradición académico-
un reduccionismo sociologista del problema (me- metafísica vigente y por ello “a la intemperie” respecto del
ta)filosófico en cuestión, si es que no se es capaz en efecto público en general).
de advertir el desnivel o desajuste que las últimas posicio-
nes de Bueno implican respecto de las primeras: pues
mientras Bueno, en efecto, no nos explicite en qué otros lu-
gares distintos de los universitarios puede estar actualmente
funcionando la dialéctica entre la crítica dialéctica de la me-
tafísica y esta propia metafísica, en cuanto que dicho
funcionamiento constituye la sustancia misma de la propia
tradición académica, Bueno está, como decíamos, objeti-
vamente dislocando sus propias posiciones iniciales, en
cuanto que está “borrando”, del ámbito académico que sin
embargo pretende seguir defendiendo, las fuentes metafísi-
cas que, en cuanto que coagulaciones de la dialéctica,
deberían alimentar, asimismo académicamente, dicha críti-
ca dialéctica académica, y de este modo está arrojando
directamente dichas fuentes metafísicas de alimentación de
la crítica dialéctica académica al ámbito de la filosofía
mundana misma).
No es posible ignorar, o pasar por alto, este singu-
lar desnivel, desajuste o anomalía que las últimas
posiciones de Bueno sobre la filosofía académica introdu-
cen respecto de sus primeros planteamientos, como no es 2.4. La (posible) relación entre las últimas posiciones de
posible asimismo dejar de advertir el singular aislamiento Bueno sobre la filosofía académica y su concepción ge-
en el que dichas posiciones últimas dejan a su propia filoso- neral y de fondo sobre la sociedad universal en términos
fía (aunque, de nuevo, este aislamiento pueda dar de Imperios universales. —
sofísticamente pábulo a la admiración por parte de los li- ¿Podría encontrarse, entonces, alguna pista o hilo
cenciados sociológicamente desplazados). Pues desde el conductor que pusiese en conexión esta singular anomalía,
momento, en efecto, en que dichas posiciones decretan el así como la singular soledad filosófica que ella acarrea, con
“ensimismamiento” (respecto de los problemas actuales) de alguna determinada falla estructural de su filosofía? Nuestra
la actual filosofía universitaria y por tanto su irrelevancia respuesta es que sí; y que ello puede comenzar a hacérsenos
respecto de las posibilidades de la filosofía académica del visible cuando advertimos cuál era la concepción que, ya
presente, a la vez que no se indica ningún otro posible lugar desde el principio, Bueno hubiera tenido del tipo de socie-
académico distinto del universitario en el que pudiera estar dad capaz de generar proyectos universales, y que acaba
teniendo lugar actualmente la realimentación dialéctica en- por hacérsenos plenamente manifiesto cuando considera-
tre la crítica dialéctica y las ideas metafísicas, en esta mos la opción determinada que Bueno ha debido tomar en
misma medida son dichas posiciones las que no pueden de- estos últimos años, después de la caída de la Unión Soviéti-
jar de quedar (auto)recluidas en un singular aislamiento: el ca y de su órbita geopolítica de influencia, por la sociedad
aislamiento que consiste, en efecto, no ya sólo en tener que concreta capaz de albergar en el presente dicho proyecto
asumir (aun si es implícitamente) que la suya es la única fi- universal.
losofía capaz de ejercer en la actualidad la crítica dialéctica
característica de la tradición académica, sino también en te- Aquella concepción relativa al tipo de sociedad
ner que entender que dicha crítica ha de hacerse capaz de generar un proyecto universal ya habría quedado
desvinculada o aislada de todo posible lugar académico ac- ciertamente apuntada —si bien acaso no del todo suficien-
tualmente vigente — mientras no se indique alguno distinto temente precisada— en su libro de 1970, en el que en más
18 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

de una ocasión se recurre, en efecto, a la idea de “Imperio” del poder en cada momento alcanzado por dicha sociedad
como equivalente, o determinación, de la idea de “sociedad en su curso expansivo, unos límites que sin duda deben
universal”; y es dicha concepción la que hubiera estado asegurarse, en cuanto que sometidos a la tensión derivada
asimismo siempre presente en todo el desarrollo ulterior de de su enfrentamiento con otras sociedades, a la par que, y
su pensamiento, obrando precisamente detrás del compro- por otro lado, la crítica dialéctica tendería precisamente a
miso político —si bien crítico— que en su momento Bueno remover dichos límites y a promover por ellos la reabsor-
manifestara con la extinta Unión Soviética y con su órbita ción o reincorporación de las nuevas sociedades
geopolítica de influencia, precisamente en cuanto que con- inicialmente enfrentadas al proceso de la sociedad universal
cebía a la Unión Soviética como un Imperio universal; y es en curso.
sin duda esta misma concepción la que podemos reconocer
En este sentido, debe repararse en que, durante la
ahora de un modo mucho más neto y explícito a raíz de su
existencia de la Unión Soviética, Bueno pudo jugar, y de
reciente libro de 1999 España frente a Europa, en el que,
hecho jugó — de un modo siquiera permanentemente ejer-
como se sabe, Bueno ha optado por la actual comunidad
citado — con la idea de que la filosofía académica
hispanoamericana de naciones como la sociedad capaz de
dogmática (o metafísica) que necesariamente tendía a de-
albergar en el presente el proyecto de sociedad universal
fender los límites del poder de expansión alcanzado por
precisamente en cuanto que heredera del Imperio español
dicha sociedad sería precisamente el Materialismo Dialécti-
católico —medieval y moderno—. Se trata, en efecto, de la
co e Histórico (el “Diamat” y el “Hismat”)
idea de que la universalidad de tales sociedades consistiría
escolásticamente codificados por dicho Estado, filosofía
en su carácter de sociedades imperiales, si bien entendiendo
dogmática ésta a partir de la cual precisamente se estaría
dichos Imperios, no ciertamente de cualquier modo —en
abriendo críticamente paso su propia filosofía — el deno-
particular, no como Imperios meramente “depredadores” o
minado, por él mismo, “materialismo filosófico” — como
explotadores—, sino como Imperios que, aun cuando deba
crítica dialéctica académica de aquella dogmática académi-
reconocerse que incluyen inevitablemente componentes de
ca — una crítica dialéctica ésta que justamente se
rapacidad o depredación o explotación, serían capaces no
autoconcebía como orientada a desbloquear el componente
obstante de subordinar y enderezar dichos componentes a
finalista metafísico de aquella dogmática académica sovié-
su proyecto de universalización (infinita), en cuanto que
tica en una dirección dialéctica infinita —, de modo que
capacidad para propagar (incesantemente) su estructura y
Bueno podía estar concibiendo su propia filosofía como la
funcionamiento político-civilizados a cualesquiera otras so-
crítica comprometida con el proyecto universal mismo que
ciedades con las que puedan ir encontrándose —
percibía actuando en la Unión Soviética. Así pues, el proce-
encontrándose se supone que conflictivamente, pero a la
so filosófico académico de la crítica dialéctica incesante de
par reincorporándolas a su funcionamiento político-
las propias coagulaciones metafísicas de la dialéctica, que
civilizado universalmente propagable.
entendemos que nunca dejó de estar presente en la concep-
Ésta es, exactamente, la concepción de la sociedad ción de Bueno de la filosofía académica, estuvo, en efecto,
(y de la historia) universal que Bueno ha sostenido desde ejercitado por Bueno jugando-con la filosofía dogmática
siempre, y que ha sostenido desde siempre por tanto inter- soviética como fuente académica (con-jugada) de su propia
namente vinculada a su concepción de la filosofía filosofía en cuanto que crítica dialéctica de aquella dogmá-
(académica) como crítica dialéctica incesante entre sus pro- tica, lo cual sin duda era en principio perfectamente
pios momentos de “sustancialización” metafísica o coherente con su concepción de aquella sociedad como la
dogmática. Para Bueno, pues, la función de la filosofía crí- sociedad dotada del proyecto universal capaz de albergar y
tica académica —en cuanto que necesariamente alimentada promover semejante “juego” (con-jugación) dialéctico aca-
por su propios momentos de “coagulación” metafísica o démico tal y como el propio Bueno podía percibirlo.
dogmática— hubiera sido siempre la de colaborar a mante-
Ahora bien, una vez caída la Unión Soviética y su
ner enderezado o erguido ese proyecto de universalidad (del
bloque geopolítico de influencia, ha sido, precisamente, la
modo como siempre fue entendido) de la sociedad misma
ulterior opción tomada por Bueno en el sentido de com-
que genera dicha filosofía a efectos de cumplir dicha fun-
prometerse con la sociedad hispana como portadora de
ción. Y aquí entonces es fundamental entender que,
aquel supuesto proyecto universal la que entendemos que
supuesto el curso la sociedad universal como un proceso de
precisamente le habría conducido, interna y necesariamen-
enfrentamientos conflictivos con otras sociedades, a través
te, a sus últimas posiciones sobre la filosofía académica,
de los cuales enfrentamientos es como éstas últimas puedan
esto es, a tener que dislocar o desquiciar, como decíamos,
ir quedando reincorporadas al proceso de la sociedad uni-
aquella dialéctica (o con-jugación) académica que siempre
versal en curso, el proceso filosófico académico mismo de
había sostenido entre los momentos dogmático-metafísicos
la crítica dialéctica de sus propios momentos de coagula-
de la dialéctica y su propia crítica dialéctica, dislocación és-
ción dogmática o metafísica se corresponderá, precisa y
ta que no es posible ignorar, al menos hasta el punto y en la
necesariamente, con el proceso mismo de enfrentamiento y
medida en que Bueno no señale cuáles pueden ser las fuen-
reincorporación —con y de otras sociedades— de la socie-
tes metafísico-dogmáticas — se debe suponer que
dad universal en curso. En particular: aquellos momentos
defensoras de la estabilidad de la actual potencia de la pre-
de coagulación metafísica o dogmática actuarían como
sunta civilización hispana —, respecto de las cuales pudiera
momentos, en todo caso necesarios, que se corresponderían
obrar críticamente su actual defensa del carácter universal
inevitablemente con la defensa de la estabilidad en cada
de la Hispanidad en el sentido de remover aquella estabili-
momento alcanzada por la sociedad universal en curso, esto
dad y promover su curso universal infinito. La cuestión es,
es, con la necesaria defensa de la estabilidad de los límites
en efecto, que mientras que la Unión Soviética existía, con
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 19

su potencial geopolítico efectivo, Bueno pudo jugar-con su sobre todo a raíz de la segunda guerra mundial, como el he-
metafísica dogmática oficial como con-jugada con la crítica redero de la Rusia imperial histórica —. Para Bueno,
de la misma que se suponía que representaba su propia filo- entonces, hubiera sido acompasada con dicha cadena de
sofía; pero desde el momento en que ahora, caída la Unión Imperios Universales como se hubiera ido desarrollando la
Soviética, parece preciso jugar con la Hispanidad, se hace vida misma dialéctica de la filosofía académica (como críti-
del todo punto necesario preguntar — preguntarle a Bueno ca dialéctica de sus momentos metafísico-dogmáticos),
— cuales pueden ser o dónde pueden estar esas — necesa- como un medio necesario, como decíamos, para mantener
rias, según su propia concepción previa — formas erguido el proyecto universal de dicho proceso, una tradi-
metafísico-dogmáticas de defensa de la (actual potencia) de ción académica ésta que Bueno entiende que estaría en la
la Hispanidad con respecto de las cuales pueda con-jugarse actualidad mantenida y proseguida por su propia filosofía
su remoción dialéctica al objeto de mantener erguido su en cuanto que precisamente comprometida con el carácter
proyecto de universalidad. Por lo que hasta el presente universal de la sociedad hispana.
Bueno nos ha dicho, ya sabemos que esas fuentes no están
Ahora bien, y en resolución: si, como decíamos,
en la Universidad; pues bien, será entonces que, o bien es-
mientras existía la Unión Soviética, Bueno pudo jugar-con
tán en algún otro lugar — que Bueno no menciona —, o
su filosofía oficial dogmática como fuente académica de
bien será que, si no las menciona, no están en ningún otro
con-jugación o alimentación de su propia filosofía crítica,
sitio, de modo que entonces, como decíamos, es preciso
ahora sin embargo su actual compromiso con la sociedad
constatar que ha quedado violada o desquiciada su propia
hispana parece haber quedado desnudo de toda fuente aca-
concepción previa de la con-jugación dialéctica académica
démica dogmática (al menos mencionada). Pues bien: es
entre la crítica dialéctica y la metafísica, y que por tanto su
precisamente este singular hecho — este desajuste respecto
defensa actual de la filosofía académica (o sea, e implícita-
de su concepción previa y de fondo — (que algunos podrán
mente siquiera, de su propia filosofía como única heredera
percibir sólo en clave psico-sociológica como perspicacia o
de dicha tradición filosófica académica), defensa interna y
valentía para desenmascarar las miserias de la actual ense-
necesariamente vinculada a su actual defensa de la Hispa-
ñanza de la filosofía), aquel que justamente nos parece que
nidad como sociedad universal, han quedado despojadas de
es preciso tomar como guía o pista para, siguiendo el curso
todo arropo académico (dogmático) y arrojadas “a la in-
de un (contra)argumento apagógico, remover en su totali-
temperie” de la filosofía mundana misma.
dad, o poner en cuestión de un modo general y de principio,
Esto es, pues, y esto es exactamente, lo que está su concepción fundamental misma, siempre sostenida, de la
detrás de las últimas críticas de Bueno al carácter académi- sociedad y de la historia universales en términos de Impe-
camente irrelevante de la actual filosofía universitaria: su rios universales. Si somos, en efecto, capaces de demostrar
defensa de la Hispanidad como sociedad universal, la cual que semejante concepción universal de los Imperios consti-
defensa es la que justamente ha quedado al parecer desnuda tuye la falla fundamental de toda su filosofía, entonces,
de toda clase de arropo académico (dogmático) — al menos descendiendo desde dicha falla de principio hasta sus diver-
mencionado —. Extremo éste que conviene advertir, siquie- sas manifestaciones a la largo del desarrollo de la obra de
ra sea para que aquellos que puedan tomar partido por sus Bueno — a su inicial compromiso con la Unión Soviética y
actuales posiciones sobre la filosofía universitaria y la filo- luego hacia su compromiso ulterior con la sociedad hispana
sofía académica sepan cuál es el partido que están tomando. —, podremos desentrañar en qué medida dichos consecuti-
vos compromisos constituían todos una mera ilusión o
Por lo demás, es preciso señalar que la actual de-
apariencia, derivada de una concepción dialécticamente
fensa de Bueno del carácter universal de la sociedad
desquiciada de la idea de sociedad universal. Hubiera sido,
hispana no es, de ningún modo, al menos como cuestión de
en efecto, una mera apariencia, aquel pretendido juego-con
principio, frente a lo que acaso ingenuamente se pudiera
la filosofía dogmática soviética, en cuanto que presunta
creer, incoherente con la defensa que en su momento hizo
fuente de con-jugación con la crítica dialéctica propuesta en
del carácter universal de la Unión Soviética. Pues Bueno
su propia filosofía, una apariencia basada meramente en la
defiende el carácter universal de la actual sociedad hispana
efectiva presencia y potencia en su momento del bloque
en cuanto que está concibiendo a dicha sociedad como he-
geopolítico soviético, pero no ya — y ésta es la cuestión —
redera de lo que a su vez siempre habría concebido como la
porque dicho bloque estuviera siendo aquello que la con-
“traslación de Imperios universales” cuya cadena, comen-
cepción de Bueno pretendía que fuera — un Imperio con
zando con el Imperio grecomacedónico, hubiera continuado
capacidad universal —: era su existencia y su potencia, pe-
en el Imperio romano, y a su vez en la Iglesia católica ro-
ro no esa presunta esencia que Bueno quería suponerle
mana y por fin en el Imperio español católico (medieval y
como sociedad universal, aquello que permitía jugar a Bue-
moderno) del cual precisamente sería heredera la actual so-
no a con-jugar la filosofía dogmática oficial de dicho
ciedad hispana. En este sentido, es fundamental advertir
bloque con su propia filosofía. De aquí que dicha apariencia
que su compromiso con la Unión Soviética no tuvo otro
no haya podido sino acabar estallando — y por tanto desve-
sentido sino el del compromiso con una ramificación muy
larse como tal apariencia — al pretender ulteriormente con-
determinada (a saber, el Moscú de la Rusia Imperial como
jugarla con la defensa de la Hispanidad una vez más como
la “tercera Roma”) de dicha cadena de Imperios Universa-
presunta sociedad universal. Pues es el caso que el actual
les en la que Bueno siempre reconoció el curso de la
grupo de naciones hispanoamericanas, además de no ser
sociedad (y de la historia) universal — de aquí su compro-
depositario de proyecto alguno de universalidad — como
miso (crítico), precisa y específicamente, con el
ocurre, desde nuestro punto de vista, con cualesquiera otros
estalinismo, al cual pudo percibir, en muy buena medida
grupos o efectivos boques geopolíticos —, resulta además
porque así fue como el propio estalinismo se autoconcibió
20 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

que carece, como tal grupo, de la más mínima presencia o


Segunda parte: Crítica de la concepción imperial-
potencia mundiales como para poder generar — como, se-
universal de la sociedad (o de la historia) univer-
gún luego veremos, de hecho generan los efectivos boques
sal y de la filosofía de Gustavo Bueno, y
geopolíticos en pugna mundial — ideología pujante alguna
posibilidad de reinterpretar la sociedad (o la histo-
que pudiera promoverla como bloque pujante, y que por
ria) universal y la filosofía mediante la idea — de
tanto pudiera suministrar la dogmática que pudiera con-
estirpe marxista — de “contradicciones sociales
jugarse con la crítica que Bueno pretende al comprometerse
de producción”.
con su defensa. Y éste es justamente el significado que es-
timamos que tiene esta situación desvalida o desnuda de
todo arropo académico dogmático — al menos, menciona-
ble —, en la que ha venido a parar la actual defensa de 1. —Formato lógicamente finito de la concepción impe-
Bueno de su propia filosofía como la actual heredera de rial-universal de la sociedad (o de la historia) universal y
aquella (presunta) tradición de la filosofía académica histó- posibilidad de reconstruir la idea — de estirpe marxista —
rico-universal, se supone que de siempre comprometida con de “contradicciones sociales de producción” según un
el curso de la sociedad universal, y por ello mismo actual- formato lógico (negativamente) in-finito.
mente llevada a comprometerse con la universalidad de la La idea central que nos parece preciso hacer valer
sociedad hispana. es ésta: que la propia concepción imperial de la sociedad (o
la historia) universal, mediante la cual Bueno ha pretendido
Ahora bien, semejante argumentación estará fun-
damentada sólo si somos en efecto capaces de demostrar asumir y desarrollar la metodología dialéctico-crítica de la
que la concepción misma imperial de la sociedad y de la tradición hegeliano-marxista en una dirección infinitista —
buscando desactivar de este modo la resolución finalista
historia universales constituye la falla fundamental de toda
la filosofía de Bueno. Y a este respecto debemos precisar metafísica que obraría aún en dicha tradición—, lejos de
que lo que nuestra crítica pretende no es, desde luego, obje- hacer posible dicho desarrollo infinista, precisamente blo-
tar la metodología filosófica dialéctico-crítica de la quea lógicamente dicho desarrollo, el cual sin embargo sólo
tradición hegeliano-marxista, que Bueno a su modo ha des- sería lógicamente posible recuperando, de cierto modo, la
concepción marxista de la sociedad y de la historia univer-
arrollado, y aun menos si cabe la dirección infinitista
mediante la que Bueno ha buscado desactivar el supuesto sales en términos de “contradicciones sociales de
finalista y a la postre metafísico que podía obrar todavía en producción”.
dicha tradición — desactivación ésta que seguramente En efecto: la idea según la cual el motor incesan-
constituya la lección académica (y académica en cuanto que temente recurrente de la sociedad universal residiría en los
universitaria) más importante que, entre otras, Bueno nos enfrentamientos entre sociedades — sociedades políticas o
ha legado —, pero sí objetar los contenidos sustantivos, o estatales, sin perjuicio de que cada una de las cuales pueda
temático-doctrinales, con los que, por su parte, Bueno ha incluir ya sus propios conflictos de clase, que en todo caso
pretendido engranar dicha metodología, o sea, la concep- no dejan de reconocerse —, de modo que, en todo caso —
ción misma imperial de la historia y la sociedad es decir, no obstante sus posibles conflictos internos de cla-
universales, pues es dicha pretensión de engranar o montar se —, el motor incesante de la contradicción (dialéctica)
la dialéctica sobre quicios semejantes la que nos parece que generadora de la sociedad universal resida formalmente en
acaba por dislocar o desquiciar inexorablemente a la meto- aquellos enfrentamientos entre sociedades políticas — que
dología dialéctica misma que se pretende hacer valer — serían capaces de sub-ordinar sus conflictos de clase a la
acabando por mostrar semejante “engranaje” su carácter dinámica de los enfrentamientos entre Estados —, y de mo-
aparente justo en el momento de comprometerse con un su- do que, a su vez, sólo dado ya este marco, los conflictos
puesto bloque geopolítico que, como el hispano, ni siquiera entre los diversos saberes especializados productivos — in-
ofrece una potencia geopolítica efectiva que pudiera actuar cluyendo en su caso a las ciencias — alcancen a engranar
como “señuelo” para jugar a conjugar con sus defensas me- con aquella dialéctica de los conflictos entre Estados, dicha
tafísico-dogmáticas la propia crítica filosófica. De aquí que, idea, en efecto, lejos de resultar, como Bueno ha pretendi-
y como alternativa a semejante engranaje, debamos por do, una alternativa, desarrollo o superación de la idea
nuestra parte ensayar la posibilidad de reinterpretar aquella marxista que pone el motor recurrente de la sociedad y de la
metodología dialéctico-crítica, y precisamente sin perder su historia universales en el desarrollo de las “contracciones
dirección in-finita, en cuanto que engarzada sobre un con- sociales de producción”, se nos aparece como una pseu-
tenido doctrinal que de algún modo recupere la idea dointerpretación, o como una mixtificación lógica, de dicha
marxista de las “contradicciones sociales de producción” — idea marxista y por tanto de su fondo mismo temático o
en cuanto que idea opuesta a la concepción imperial de la doctrinal; y ello en la medida en que dicha idea supone la
sociedad universal — como la materia misma adecuada de abstracción — y consiguiente dislocación — del engarce o
aquella forma dialéctica universal e infinita. de la conjugación dialéctica misma entre las “relaciones so-
ciales” y las “fuerzas productivas”, esto es, supone percibir
a la “relaciones sociales” haciendo abstracción del desarro-
llo de las fuerzas productivas como mediación formal
necesaria de dichas relaciones sociales (precisamente: “de
producción”), de suerte que entonces las “relaciones socia-
les”, al dejar de ser pensadas como formalmente mediadas
por el desarrollo — histórico-concreto — de las fuerzas
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 21

productivas — o sea, y precisamente, como “relaciones so- mente entendido como relativo a un hecho (históricamente)
ciales (contradictorias)-de —producción” —, han de ser contingente — salvo que justamente fuese aquella preten-
vistas a la postre como un sobreañadido que sobrevuela di- sión de unicidad ella misma una apariencia —, es decir,
cho desarrollo productivo, un sobreañadido con respecto al siquiera lógicamente concebible como suprimible o cance-
cual resultará por fuerza dislocada la pretensión por engar- lable por el curso de la sociedad universal en cuanto que se
zar dialécticamente con él dichas fuerzas productivas: se pretende unicista, razón por la cual es justamente el presun-
trata, en efecto, de la concepción buenista de dichas “rela- to carácter (negativamente) infinito de dicha sociedad
ciones sociales” como relaciones de enfrentamiento entre universal en cuanto que se pretende unicista el que resulta
sociedades políticas — entre Estados o bloques de Estados ser a la postre una apariencia.
— que se enfrentan en cuanto que “compiten” por la “apro-
Por el contrario, creemos que va a ser la concep-
piación” de las fuerzas productivas — de modo que sólo
ción marxista de las “contradicciones sociales-de-
dado el marco de semejante “competencia” podría pensarse
producción”, en cuanto que susceptible de engarzarse sobre
el engarce dialéctico que en todo caso se pretende entre las
quicios dialécticos efectivos — sobre la conjugación dialéc-
fuerzas productivas con dicha “competencia”. Ahora bien:
tica entre la morfología y el funcionamiento de las
es precisamente dicha concepción de la contradicción dia-
relaciones sociales y el desarrollo concreto de las fuerzas
léctica como “competencia” — entre Estados, o bloques de
productivas en cada momento histórico concreto —, aquella
Estados — “por la apropiación de” las “fuerzas producti-
que precisamente sí puede llegar a ser entendida de manera
vas” la que entendemos que resulta ser una idea
que logre albergar ese formato (negativamente) infinito con
(técnicamente) pseudodialéctica en cuanto que supone, en
el que Bueno ha pretendido desbloquear el supuesto (meta-
efecto, por un lado, percibir a las fuerzas productivas como
físico) finalista de la tradición hegeliano-marxista. Y ello,
de algún modo “dadas ahí” — a la percepción práctica de
como ahora veremos, no ya en cualquier momento del desa-
los Estados — como “exteriores” por respecto a las relacio-
rrollo histórico de las “contradicciones sociales de
nes sociales — o sea, y precisamente, abstracción hecha de
producción”, sino muy precisamente a partir del tipo de so-
su mediación formal necesaria respecto de la morfología y
ciedad generada por la producción industrial.
el funcionamiento de dichas relaciones sociales —, a la vez
que, y por lo mismo, entender a dichas relaciones sociales, 1.1. El idealismo teoreticista implicado por la concep-
ahora ya como relaciones de competencia (entre Estados) ción de la filosofía académica como “arbitraje
por las fuerzas productivas, como “flotantes”, y por ello so- metodológico experto” de las polémicas socio-políticas, y
breañadidas a la postre, con respecto de dichas fuerzas su relación con la concepción metafísica de la sociedad
productivas. No se trata, pues, sólo, de que no sea la idea universal. —
marxista originaria, se trata de que es una mixtificación ló-
Pero antes de entrar a dibujar nuestra propuesta al-
gica de la idea marxista — que en todo caso tiene un
formato y bebe de otras fuentes bien ajenas y distintas — y ternativa, debemos precisar de qué modo la concepción
políticamente enfrentadas — a las marxistas. buenista de la sociedad universal, en cuanto que montada
sobre semejantes quicios pseudodialécticos y pseudo-
En consecuencia, el defecto lógico (lógico-material marxistas, no pueda dejar de afectar a su concepción de las
dialéctico) de semejante idea buenista (de la competencia relaciones entre la filosofía (académica) y dicha sociedad
entre sociedades políticas por las fuerzas productivas como universal, determinando que esta última concepción quede
motor recurrente de la sociedad universal), mediante la cual sujeta a ciertas fallas insuperables. Unas fallas éstas que, sin
Bueno ha pretendido dotar de una dirección (negativamen- embargo y por otro lado, estimamos que sería posible su-
te) infinita — y en esta medida consecuentemente perar si somos capaces, como decíamos y más adelante
materialista — a la dialéctica hegeliano-marxista, consiste veremos, de resituar, de cierto modo, la idea de la sociedad
precisamente en que dicha idea, por su carácter pseudodia- universal sobre el concepto marxista de “contradicciones
léctico, no es capaz en realidad de albergar un formato sociales de producción” de forma que dicha sociedad uni-
lógico (negativamente) infinito, sino finito, o sólo aparen- versal pueda mostrársenos como construida según un
temente infinito. Pues, en efecto, el presunto carácter formato (negativamente) infinito.
(negativamentre) infinito de la sociedad universal, según el
propio formato de la idea buenista, debería residir, o bien Nos referimos básicamente a la concepción de la
en el carácter (negativamente) infinito de las sociedades po- filosofía académica como ese singular oficio o disciplina,
que se entiende generado por la sociedad universal en cur-
líticas susceptibles de ir engranando con la sociedad
universal — pero es el caso que el número de dichas socie- so, y que, merced a su custodia y entrenamiento en la
dades es, en cualquier momento de su evolución histórica disciplina técnica resultante de la acumulación de los méto-
dos dialéctico-críticos de la tradición — una tradición a su
posible, necesaria y positivamente finito —, o bien en el
supuesto de que siempre debiera haber, opuesta o enfrenta- vez alimentada por semejante custodia y entrenamiento a lo
da a la sociedad universal en curso, alguna(s) otra(s) largo de las generaciones —, cumpliría la función necesaria
de “guardián” o “vigilante” capaz de mantener erguido el
sociedad(es) o bloque(s) político(s) de sociedades, con res-
pecto a la(s) cual(es), y por enfrentamiento con ella(s), proyecto universal mismo de la sociedad que a estos efectos
pudiera decirse que la sociedad universal ha de mantener su la genera y alberga. Una concepción ésta que ciertamente se
alimenta de lo que podemos considerar el aspecto más dis-
(presunta) dialéctica (negativamente) infinita. Ahora bien,
precisamente este último supuesto, y en cuanto que enten- cutible de la propia concepción platónica de la filosofía y
dido desde la pretensión de unicidad de la sociedad de la Academia filosófica, concepción que nos parece que
tan nítidamente se expresa en la función reservada a la figu-
universal (negativamente infinita), habrá de ser necesaria-
ra de Sócrates por Platón en sus diálogos. Pues no
22 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

objetamos, desde luego, en principio, la idea de la estructu- sido pensada por Bueno la “sociedad política universal”, en
ra y el funcionamiento de la dialéctica tal y como ésta cuanto que superpuesta sobre la fuerzas productivas, aquel
queda ejercitada — “dramatizada”, se diría — en los diálo- que a su vez se expresa en el idealismo teoreticista (no me-
gos platónicos, esto es, la idea de que el conocimiento nos metafísico) que supone pensar la función misma de un
filosófico (el proceso de las definiciones y clasificaciones “arbitraje experto metodológico” de la lucha político-social:
de las ideas transcendentales) se alcanza entre medias y a un “arbitraje”, en efecto, asimismo “superpuesto” a la post-
partir de la criba, crítica o rectificación mutuas de las inicia- re a la pugna político-social, que es lo que anida tras el
les opiniones de los litigantes o contendientes en el diálogo concepto de “implantación”. Pero sólo si resituamos a la
(lo cual sin duda expresa el proceso socio-político mismo sociedad política, y a la sociedad política universal, sobre
de enfrentamiento crítico entre las diversas partes sociales sus quicios dialécticos adecuados, o sea, si percibimos, del
en pugna); en este sentido, tampoco Sócrates, desde luego, modo como ahora veremos, a los enfrentamientos socio-
como explícitamente queda reconocido en los diálogos pla- políticos como efectivamente mediados por el desarrollo de
tónicos (por ejemplo, en el arranque de El Banquete), puede las fuerzas productivas, es entonces cuando podemos y de-
conocer “de entrada”, o “de antemano”, sino que también él bemos evacuar toda referencia a un presunto “arbitraje
estará sometido al proceso dialéctico o dialogante de la cri- metodológico experto” en dichos enfrentamientos, de suerte
ba mutua de opiniones. Ahora bien, lo que no es posible que nos sea preciso reconocer que en las luchas socio-
dejar de objetar es precisamente esa singular función que la políticas, así como en los debates filosóficos que dichas lu-
figura de Sócrates no deja en todo caso de desempeñar en chas generan como mediación suya, no hay, en absoluto,
dichos diálogos, a saber, la función de “arbitro” o de “guar- ninguna clase de “árbitros”, sino sólo, e incesantemente,
dián” del debate entre los litigantes o contendientes, o sea, contendientes.
la función de aquel que, en cuanto que experto en los méto-
dos dialéctico-críticos, resultaría necesario para encauzar el
diálogo y llevarlo a buen puerto o término (aun si este tér- 2. —Recuperación de una idea de Estado de estirpe mar-
mino es sólo relativo, inacabado). Es justamente dicha xista como “metatotalización universal partidista y
función de “arbitro metodológico” que la figura de Sócrates precaria” de las contradicciones sociales (de producción)
desempeña en los diálogos socráticos, y que sin duda ex- internas a cada sociedad.
presa la propia concepción de Platón de su Academia
(filosófica), aquella que a su vez alimenta la concepción de Pues bien: para resituar el lugar de la filosofía en
el seno de la sociedad política sobre quicios adecuadamente
Bueno de la filosofía académica en la sociedad universal: la
sociedad universal generaría, en efecto, como una media- dialéctico-materialistas, es preciso ante todo recuperar la
ción suya necesaria, a la filosofía académica — fueran idea, de estirpe marxista, que pone la formación de la so-
ciedad política (del Estado) en la sociedad socialmente
cuales fuesen las formas institucionales en las que en cada
caso se determinase su función — como un incesante “árbi- fracturada (en la “sociedad de clases”), una fractura social
tro” o “guardián” “metodológico” de la dialéctica filosófica ésta cuya génesis a su vez habrá que remitir al momento en
el que las sociedades ya excedentarias del neolítico supe-
incesante a través de la cual debe mantenerse erguido el
proyecto de universalidad (dialéctica) infinita de dicha so- rior, hacen posible, debido a su propio carácter
ciedad. En este sentido, la referencia a la “geometría”, excedentario, la apropiación y el control sociales por parte
de determinados sectores sociales de la fuerza de trabajo y
presente tanto en Platón como en Bueno, viene a cumplir la
función, no ya ciertamente de reducir o confundir la filoso- de los productos de otros sectores de su mismo círculo so-
fía con la geometría, pero sí la de ofrecer una suerte de cial, y ello en el contexto del intercambio de mercancías
con otras sociedades sometidas por su parte a un proceso
pretendido “apoyo técnico”, en cuanto que científico, a la
filosofía que podría garantizar el carácter “experto” de los semejante. Es, pues, de la confluencia mercantil recurrente
métodos constructivos dialéctico-críticos del filósofo aca- entre los sectores ya propietarios de los medios de produc-
démico. La idea es, pues, ésta: la sociedad política universal ción en sus respectivas sociedades de procedencia
se encargaría de generar y promover esos “árbitros expertos (neolíticas excendentarias) de donde surgirá la necesidad de
ir congregando de un modo ya irreversible en un mismo
de los métodos dialécticos”, de suerte que sería este mismo
carácter experto el “garante técnico” del mantenimiento y la círculo social al conjunto de dichas sociedades de proce-
prosecución de la dialéctica (socio-política) por la que debe dencia, un nuevo círculo social éste resultante cuya
estabilidad (siempre necesaria) sólo podrá comenzar a ser
transitar aquella sociedad. En este sentido Bueno ha podido
hablar de “implantación política” de la filosofía, bien en- garantizada, y dado el carácter ya socialmente fracturado
tendido que semejante “implantación” estaría técnicamente del mismo (y no sólo entre los propietarios y los producto-
res, sino también entre los diversos y desiguales sectores de
(académicamente) garantizada.
propietarios y de productores), precisamente por medio del
Ahora bien: es precisamente esta concepción de la Estado, esto es, mediante el proceso de meta-totalización de
filosofía académica como “árbitro experto metodológico” los intereses sociales desiguales y enfrentados a partir y en
(de los enfrentamientos socio-políticos) aquella que debe función de dichos intereses. Es, pues, el Estado mismo, el
ser puesta en relación interna y formal con la concepción de que, en cuanto que surge en función de la sociedad fractu-
la sociedad política universal — según decíamos — como rada, como necesario estabilizador de sus enfrentamientos,
un sobreañadido que sobrevuela, sin engarzar dialéctica- no podrá dejar de tener la forma y la función de una meta-
mente con ellas, a las “fuerzas productivas”, en cuanto que totalización (o sea, un totalización de segundo grado) de di-
éstas se toman a su vez de un modo “abstracto” o “exter- chos enfrentamientos surgida a través suyo.
no”. Es, en efecto, el idealismo metafísico con el que ha
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 23

Y aquí es fundamental resaltar la diferencia entre


2.1. La formación, en el seno del Estado, de las ideologí-
esta concepción, de linaje marxista, del Estado, y la con-
as como “representaciones metatotalizadoras
cepción de Bueno, en la medida en que ésta pone la fuente
universales prácticas y monistas”; de la filosofía, como
del Estado en los enfrentamientos entre círculos sociales di-
crítica dialéctica entre las ideologías, y de la dialéctica
ferentes — y no ya entre los sectores sociales diferentes del
misma entre dicha crítica y su propia reabsorción ideo-
mismo círculo social —, los cuales círculos, tomados como
lógica. —
unidades globales — no obstante sus posibles diferencias
sociales internas, las cuales en todo caso se supone que se A su vez, dicha función de “metatotalización uni-
subordinarían a los intereses globales del círculo de refe- versal partidista y precaria” (de la sociedad socialmente
rencia —, generarían al Estado en el curso de sus fracturada) sólo podrá llevarse a cabo — canalizarse, soste-
enfrentamientos mutuos. Y es fundamental resaltar esta nerse y proseguirse —, como por lo demás toda praxis
oposición porque, en efecto, según se entienda la dialéctica humana, a través de representaciones (inexcusablemente
del Estado, bien pivotando formalmente sobre los conflictos proposicionales, aun cuando no sólo), que sean proporcio-
sociales internos (“lucha de clases”), o bien pivotando for- nadas o adecuadas, y por tanto estructuralmente isomorfas,
malmente sobre los enfrentamientos sociales externos a la forma y la función de la praxis que a través suyo se sos-
(“lucha entre pueblos”), nos hallaremos ante dos concep- tiene y promueve: En este caso, por tanto, a través de un
ciones no sólo distintas, sino opuestas e irreconciliables — tipo de representaciones proposicionales que resulten iso-
y opuestas e irreconciliables en la vida misma política — de morfas con la forma y la función mismas del Estado, o sea,
la sociedad política, y de la sociedad política universal, y una clase de representaciones ellas mismas (me-
ello a pesar de las posibles similitudes, sin embargo pura- ta)totalizadoras del conjunto de las relaciones sociales
mente aparentes, que pudiera parecer que se dan entre enfrentadas — y del mundo natural mismo que va abrién-
ambas concepciones, como luego veremos. dose paso, a través de la producción (ya excedentaria)
crecientemente diversificada, de un modo conjugado con
Desde la concepción de linaje marxista que aquí
dichos enfrentamientos sociales. Se trataría, en efecto, de
proponemos, pues, la meta-totalización de los diversos in-
las primeras “cosmovisiones” o “representaciones del mun-
tereses desiguales y enfrentados de la sociedad fracturada
do” (natural y social) características ya de las primeras
sólo podrá llevarse a cabo, por un lado, en cada caso a tra-
sociedades políticas o estatales — de las sociedades políti-
vés de instancias o formaciones sociales específicas
cas clásicas en sus fases “arcaicas” —; representaciones
(justamente, las estatales) encargadas de planificar y ejecu-
que, en efecto, habrán de adoptar la forma (lógica) de una
tar dicha meta-totalización, cuya “especificidad” reside en
“cosmovisión”, o sea, como decimos, de una representación
el propio carácter de segundo grado de la totalización que
“totalizadora” y “universal”, en la medida en que dicha “to-
realizan — que es lo que venía a ser recogido por la idea
talización universal” brota necesariamente, como una
del Estado como “poder separado” de la tradición marxista
operación lógica de segundo grado, del enfrentamiento
y anarquista; mas, a su vez, y por otro lado, dicha metatota-
mismo entre las múltiples “versiones” sociales enfrentadas
lización no podrá dejar de ser en ningún momento
de la sociedad de referencia. Y unas representaciones que, a
“partidista”, y por ello no armónica, esto es, no dejará de
su vez, y sin perjuicio del valor cognoscitivo (o teorético)
consistir en alguna determinada “hegemonía” alzada entre
que pretendan, serán ante todo eminentemente prácticas
medias de alguna “correlación de fuerzas” que represente y
(normativas) en cuanto que a través suyo se buscará siem-
promueva determinados intereses de determinados sectores
pre promover la acción política del Estado. La vida del
sociales (dominantes) frente a otros sectores sociales (do-
Estado incluye, pues, como mediación suya proporcionada
minados), y ello sin perjuicio de tener que contar de algún
formalmente necesaria, la actuación de semejantes “cosmo-
modo con estos otros intereses dominados, mas precisa-
visiones” en cuanto que “representaciones
mente al objeto de mantener dicha dominación sobre ellos.
(meta)totalizadoras universales eminentemente prácticas”.
De aquí dichas hegemonías o dominaciones, dentro de cada
correlación de fuerzas, no puedan dejar de ser en todo mo- Pues bien: será ahora el carácter precario que ine-
mento constitutivamente precarias, esto es, sujetas a las vitablemente constituye a la acción política
incesantes transformaciones en la “correlación de fuerzas” metatotalizadora en cuanto que inexorablemente partidista,
que dependen en cada caso del curso de los propios enfren- aquel que afectará asimismo a dichas representaciones (me-
tamientos sociales que a través de aquellas hegemonías se tatotalizadoras, universales y prácticas) en cuanto que
metatotalizan. En esto consiste, pues, la dialéctica del Esta- medio adecuado de canalización y prosecución de la acción
do: en que la metatotalización política a través de la cual el política. Ello quiere decir que dichas representaciones se
Estado alcanza en cada momento la estabilidad social verán constitutivamente sometidas a la tensión resultante de
(siempre necesaria) de una sociedad socialmente fracturada las transformaciones en las correlaciones de fuerzas en las
es siempre, y sin perjuicio de su carácter metatotalizador (y cuales transformaciones se juega en cada caso la hegemonía
por ello estabilizador) de tipo partidista, y por ello mismo, de dichas correlaciones. Dicha “tensión” es la que nos pone
precaria o sometida a incesante transformación interna de sobre la pista para comprender no sólo el carácter ideológi-
las hegemonías partidistas en cada momento alcanzadas. co que, en principio, cabe reconocer a aquellas
representaciones, sino asimismo la crítica dialéctica que,
desde el principio, surge a partir de la criba mutua entre di-
chas representaciones ideológicas, así como la dialéctica
incesante entre dicha crítica dialéctica de las representacio-
24 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

nes ideológicas y la incesante reabsorción ideológica de di- les que en cada caso puedan pugnar por alcanzar la hege-
cha crítica dialéctica. monía dentro de la correlación de fuerzas de la que forman
parte, no por eso dejará ciertamente de cristalizar en cada
En efecto, el carácter en principio “ideológico” —
caso alguna hegemonía determinada, la que se corresponde
en su sentido “adjetivo” de “falsa conciencia” — de dichas
con la estabilidad — siempre necesaria, aun cuando preca-
representaciones podremos cifrarlo en ese aspecto suyo se-
ria — que la acción política no puede dejar de lograr.
gún el cual ellas contienen y promueven una determinada
“solución” metatotalizadora (de estabilidad) que, en cuanto Se comprende entonces en qué sentido podemos
que inevitablemente partidista — o sea, en cuanto que ex- considerar que una sociedad política, en cuanto que socie-
presan y promueven los intereses de algún determinado dad socialmente fracturada (de clases), deba generar, ya
sector en cuanto que enfrentado a otros en la pugna por al- desde sus comienzos políticos mismos — “arcaicos” — si-
canzar la hegemonía dentro de la correlación de fuerzas quiera el germen en ejercicio de la “filosofía”, si es que
estatal —, se pretenderá como definitiva e irrevocable, lo comenzamos por identificar ésta justamente con esos mo-
cual logrará mediante algún principio (monista) de clausura mentos de “intercrítica dialéctica” que constitutiva e
que cierre definitivamente, y por tanto bloquee, su concep- incesantemente han de brotar entre las ideologías enfrenta-
ción del mundo. Dichas representaciones das que buscan sostener y promover los intereses de los
(meta)totalizadoras universales y prácticas del mundo son, sectores sociales que pugnan por su hegemonía dentro del
pues, en principio, además, monistas, en cuanto que siem- Estado. Se trata, en efecto, del germen ejercitado de la filo-
pre tenderán a cancelar o cerrar el “universo de su sofía que comienza por aparecer en su sentido “mundano”,
representación” mediante algún principio monista que pre- en cuanto que necesario ejercicio de la criba o reajuste mu-
sente dicho universo como definitivo o irrevocable. Ahora tuos dialécticos entre dichas ideologías, una criba ésta que
bien, como quiera que siempre se dará el caso de que no sin duda tendrá lugar en el momento mismo en que, en el
son sólo una, sino varias, las representaciones en pugna por seno del Estado, los diversos y conflictivos proyectos de
alzarse con la hegemonía dentro de la correlación de fuer- acción (sostenidos y promovidos por sus respectivas cos-
zas, siempre cambiante, que en cada momento ocupa la movisiones ideológicas) se enfrenten mutuamente, y dichos
acción del Estado, la cuestión es que dichas representacio- enfrentamientos pongan límite o freno a aquellos principios
nes (metatotalizadoras, universales y prácticas) múltiples, (monistas) que cerraban el universo de discurso de cada
sin perjuicio de operar cada una de ellas según el mismo ti- cosmovisión, y de este modo obliguen a reabrir por rectifi-
po de principio de cierre (sintáctico) monista de su universo cación aquellos universos de discurso como condición
de representación, estarán no menos y asimismo inexora- misma de la prosecución de la acción política global.
blemente enfrentadas por los contenidos (semánticos) que
2.2. La (inicial) formación de la filosofía académica en el
albergan cada uno de dichos principios, de suerte que se ha-
seno del Estado.-
rá constitutivamente inevitable la crítica, el reajuste o la
criba mutuas incesantes entre ellas, o sea, la intercrítica dia- Ahora bien, y esto es no menos decisivo, la cues-
léctica incesante como la vida de su proceso mismo. tión es que esta intercrítica dialéctica entre las ideologías
puede ir llegando a quedar, una y otra vez, reabsorbida o
Y a este respecto es preciso puntualizar: primero,
reapropiada —y en esta medida trasmutada su inicial fun-
que no serán cualesquiera posibles representaciones (gene-
ción crítica —, por las ideologías dominantes asociadas al
radas en la sociedad de referencia) con “intención (objetiva)
mantenimiento de cada hegemonía, en cuanto que dichas
social”, o sea, con el proyecto de determinar unas partes so-
ideologías pueden precisamente ir cristalizando no ya al
ciales desde otras, aquellas que adopten la forma
margen, sino mediante la incorporación de la crítica dialéc-
“metatotalizadora universal” que se corresponde con la
tica al servicio de nuevos cierres pretendidamente
forma y la función del Estado, sino sólo aquellas que de un
definitivos de su universo de discurso. Pues puede, en efec-
modo u otro ya vivan en el seno del Estado, o sea, aquellas
to, irse logrando un uso cada vez más consumado y/o
que puedan pugnar en cada caso por alcanzar la hegemonía
experto de la crítica dialéctica precisa y objetivamente
dentro de la correlación socio-política de fuerzas de la que
orientado a clausurar el universo del discurso mediante
en todo caso ya forman parte. Es, pues, sólo en el marco del
principios de nuevo monistas: así irá ocurriendo cuando las
Estado como es posible un proyecto de meta-totalización
cosmovisiones dominantes, en cuanto que asociadas al
universal con respecto al conjunto de la sociedad, de suerte
mantenimiento de cada hegemonía, no dejan, desde sus
que los sectores o “clases” sociales que puedan pugnar por
propios intereses, de un modo progresivamente explícito y
semejante proyecto serán aquellos que de algún modo ya
sistemático, de contar —dialéctica, polémicamente — con
forman parte de la correlación de fuerzas dentro de la cual
otros intereses enfrentados que se expresen mediante otras
se juegue en cada caso la pugna por la hegemonía. Ahora
cosmovisiones, pero ello al objeto de acabar por reducir a
bien, dicho proyecto es a su vez dialéctico, esto es, inter-
apariencias a dichos intereses en cuanto que enfrentados a
namente contradictorio — de aquí que deba ser de segundo
los propios, buscando de este modo armonizar y clausurar
grado —, en cuanto que obra en función de los incesantes
en la representación dichos intereses con los propios. Se
intereses enfrentados de la sociedad fracturada. Así pues, es
trata, pues, de un uso progresivamente técnico de la dialéc-
la propia dialéctica de las clases sociales enfrentadas aque-
tica, esto es, progresivamente sedimentado, acumulado o
lla que puede sostener el proyecto de la totalización de
rodado, por la recurrente crítica dialéctica entre las ideolo-
segundo grado universal que precisamente unifica, o vincu-
gías, que puede acabar usándose objetivamente al servicio
la universalmente, a las partes sociales enfrentadas a partir
de cada nueva ideología dominante. En otras palabras: que
y en función de su propio enfrentamiento. Y segundo, que
inexorablemente acaba por generarse una dialéctica ince-
aun cuando siempre sean varias y diversas las fuerzas socia-
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 25

sante entre la crítica dialéctica de las ideologías y la reab- diversificación y complejidad cognoscitivas crecientes de
sorción de dicha crítica dialéctica por parte de cada (nueva) cada uno de los saberes productivos y de los saberes socia-
ideología dominante, una reabsorción ésta que precisamente les con ellos conjugados — unos saberes productivos éstos
va haciéndose posible por el rodaje, acumulación o sedi- que sin duda pueden llegar a adoptar en su momento confi-
mentación de los usos crítico-dialécticos recurrentes, guraciones científicas, eventualmente múltiples diversas e
“rodaje” éste que inexorablemente acaba por ser susceptible inconmensurables —, complejidad cognoscitiva ésta que
de ponerse objetivamente al servicio de cada (nueva) ideo- sin duda deberá ser tenida en cuenta e incorporada por la
logía dominante en cuanto que asociada a cada (nueva) acción política — tanto por parte de las hegemonías como
hegemonía socio-política. porparte de las fuerzas que pugnan por removerlas y reha-
cerlas —, y por tanto por las cosmovisiones ideológicas y
Y nos parece, en efecto, que es dicho “rodaje” (de
por su crítica dialéctica, que de este modo irán necesaria-
los usos dialéctico-críticos recurrentes), en cuanto que sus-
mente adoptando una complejidad cognoscitiva “experta”
ceptible de funcionar objetivamente al servicio de cada
creciente. Ahora bien, sin negar en absoluto semejante
(nueva) ideología dominante, en lo que justamente va a
“complejidad cognoscitiva experta”, podemos considerarla
consistir, en principio, la generación de lo que podemos
meramente “co-genérica” por respecto de la formación de
considerar como la “filosofía académica”. Pues esta última
la “filosofía académica”, cuyas fuentes “específicas” sin
— como en efecto ha percibido Bueno desde sus coordena-
embargo habría que cifrar en el momento mismo en el que
das — va resultando sin duda de la progresiva acumulación
el inexorable rodamiento de los usos dialécticos puede tras-
tradicional de los usos dialécticos, y por consiguiente con el
mutar objetivamente su sentido en orden a cumplir
progresivo trato experto de los mismos que va derivándose
funciones de legitimación ideológica de las hegemonías es-
de dicha acumulación, así como con el mantenimiento in-
tablecidas: es, en efecto, en dicho “rodamiento” — que
tencional de dicha tradición. Ahora bien, lo que aquí se
incluye sin duda acompasado el incremento de la compleji-
propone es que son precisamente dicha acumulación o ro-
dad cognoscitiva experta “co-genérica” — en cuanto que él
daje y dicho trato experto de los métodos dialécticos
hace posible la trasmutación de los usos objetivos de la dia-
(resultantes, en principio, de la crítica dialéctica entre las
léctica en orden a la legitimación ideológica de los intereses
ideologías) aquellos que precisamente van haciendo posible
de las hegemonías establecidas, y no en aquel incremento
la trasmutación del uso o de la función objetivos de la dia-
“co-genérico” de la complejidad cognoscitiva experta, en lo
léctica en el sentido de ser ésta usada al servicio de la
que proponemos que consisten, formal y específicamente,
legitimación ideológica de las hegemonías establecidas. En
las fuentes de la “segregación” del “momento académico”
otras palabras: que desde el momento en que los Estados se
de la filosofía a partir de su usos mundanos — iniciales, y
ven envueltos por el rodaje de la dialéctica incesante entre
en todo caso incesantemente renovados —. En un caso,
la crítica dialéctica de las ideologías y la reapropiación por
pues, podríamos hablar de un uso “experto” (de los méto-
dichas ideologías de aquella crítica, son las propias hege-
dos dialécticos) en un sentido meramente “técnico-
monías las que comenzarán a poder disponer, y en esta
cognoscitivo” en cuanto que ligado a la diversidad y com-
medida de hecho a utilizar, los usos progresivamente exper-
plejidad de los saberes positivos efectivos (productivos y
tos de la dialéctica al servicio ideológico de la preservación
sociales), mientras que en otro caso hablaremos de dicho
de sus propios intereses, en el cual uso experto de la dialéc-
uso “experto” en un sentido formal y específicamente “so-
tica ideológicamente interesado comienza a consistir en
cio-político”, en cuanto que ligado a la experiencia política
principio la propia filosofía “académica” (con independen-
creciente (y en este sentido “experta”) de la posibilidad ob-
cia de sus diversas formas positivas de
jetiva de usar el “arma de la crítica dialéctica” al servicio de
institucionalización). Serán, pues, las propias hegemonías
los propios intereses hegemónicos. “Académico”, pues, en
en cada momento establecidas aquellas que deberán co-
este contexto, no significa sino la inevitable y creciente ex-
menzar a promover el cuidado y el uso experto de la
periencia práctica política de la posibilidad objetiva del uso
dialéctica en cuanto que ideológicamente interesada como
de los métodos dialécticos al servicio (de hecho, objetiva-
un medio imprescindible de la preservación de su propia
mente ideológico) de los propios intereses hegemónicos. De
dominación (de la legitimación de su dominio) y por tanto a
este modo, aquel movimiento de las filosofías académicas
promover alguna forma de institucionalización de dicho uso
por el que éstas puedan llegar a autoconcebirse como apo-
experto como mediación necesaria de sus actos de gobier-
yadas en los métodos de alguna ciencia particular (por
no. En este sentido, será la propia filosofía mundana, en
ejemplo, la geometría — como es el caso del platonismo —
cuanto que necesitada siempre directamente por la actividad
), aun sin reducirse al campo de dicha ciencia, al objeto de
política, la que a su vez comenzará a verse necesaria e in-
garantizar de este modo su presunto rigor “experto” — en
exorablemente auxiliada, y por tanto moldeada, por aquella
cuanto que “árbitros metodológicos” en el debate filosófico
filosofía académica, y ello sin perjuicio de que sea la prác-
académico y sociopolótico —, no deberá dejar de ser visto,
tica política la que una y otra vez actué como fuente
él mismo, sino como una maniobra objetivamente ideológi-
renovada de nuevas experiencias filosófico-mundanas que a
ca del propio debate filosófico.
su vez serán eventualmente incorporadas al acerbo de la fi-
losofía académica. Se comprende, entonces, que la filosofía académi-
ca deberá adoptar, en principio, necesariamente la forma de
Se nos hace imprescindible entonces distinguir dos
alguna metafísica, puesto que “metafísico”, en efecto, ha-
sentidos en los que podremos considerar “experto” (“técni-
bremos de considerar al uso socio-políticamente experto de
co”, “disciplinado”) al tratamiento de los usos dialécticos
la dialéctica en cuanto que orientado a establecer una visión
en la sociedad política: por un lado, en efecto, habría que
del mundo cerrada, definitiva e irrevocable, y por ello obje-
reconocer un sentido de “experto” en cuanto que ligado a la
26 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

tivamente ligada a la legitimación ideológica de alguna de la distensión social hasta el momento lograda, con el
hegemonía establecida —. Ahora bien, la cuestión es que, consiguiente incremento de la tensión entre sectores socia-
de nuevo, dado ya el inexorable rodamiento de la filosofía les hasta el momento aliados por los beneficios de la
académica, no serán, una, sino varias, las metafísicas distin- expansión, a la vez que, y por otro lado, se generará una
tas que pugnen por lograr la hegemonía del Estado, de tendencia opuesta por mantener aliados la mayor cantidad
acuerdo con las diversas fuerzas sociales que pugnan por posible de sectores sociales sobre la base del proyecto de
dicha hegemonía, de suerte que se hará una vez más inexo- pugnar, hasta donde sea posible, por vencer a los restantes
rable entre ellas la crítica dialéctica — que a su vez será bloques enfrentados, de suerte que la amplitud y firmeza de
incesantemente reabsorbida por nuevas formulaciones me- cada una de estas alianzas tenderá a confirmarse o debilitar-
tafísicas: Es, pues, también, dentro del propio rodamiento se, en cada Estado, en función de su mayor o menor
de la filosofía académica (a través de sus diversas determi- capacidad de vencer a los Estados competitivos en su pug-
naciones institucionales) donde se reproducirá la dialéctica nas expansivas mutuas. Ya aquí es fundamental entender
incesante entre la crítica dialéctica (ahora ya ) de las forma- que la dinámica y la morfología que puedan ir adoptando
ciones metafísicas (metafísico-ideológicas) y la propia los “enfrentamientos entre Estados” es una función de sus
reabsorción metafísica (metafísico-ideológica) de dicha crí- “luchas de clases internas”, tanto como la morfología y la
tica dialéctica, un proceso éste a través del cual se expresará dinámica que puedan ir adoptando dichas luchas internas de
y promoverá, necesariamente y formalmente, la propia vida clase es una función del curso que puedan ir tomando los
incesante del Estado. enfrentamientos entre Estados. Así pues, desde el momento
en que la expansión misma sobre “terceros” de cada Estado
2.3. La cristalización, a una nueva escala irreversible, de
reobra o se conjuga con el estado de sus luchas sociales in-
la filosofía académica en cuanto que asociada a la idea
ternas, tanto dichas expansiones como los enfrentamientos
ideológica de Imperio.-
interestatales resultantes de las mismas comenzarán a verse
Ahora bien, si la formación del momento académi- conjugados con sus luchas de clases internas.
co de la filosofía puede ir teniendo lugar, en general, del
Pues bien, sin descontar los momentos relativa-
modo como hemos visto, resulta en todo caso necesario
mente estacionarios de dichos enfrentamientos entre
destacar ciertos “puntos críticos” del desarrollo de las so-
Estados expansivos, y por tanto las fases durante las cuales
ciedades políticas en torno a los cuales deban cristalizar de
alguno o algunos de ellos pueden estar dominando sobre
un modo especial la formaciones filosófico-académicas —
otros — y por tanto adoptando distintas configuraciones las
como nódulos, se diría, de condensación y cristalización de
tensiones y ajustes sociales en cada uno de estos Estados en
dicho proceso general a una nueva escala ya irreversible —:
cuanto que conjugadas dichas respectivas configuraciones
Se trata, en efecto, según propongo, de aquellos espacios
con la potencia expansiva de cada Estado frente a otros —,
(geográfico-políticos) y momentos (histórico-políticos) en
una salida que estará disponible a estos enfrentamientos se-
donde comienza a tener lugar lo que vamos a caracterizar
rá justamente, de nuevo, la alianza entre los sectores
como “saturación geográfico-política” de diversas civiliza-
dominantes de cada Estado sobre la base o a expensas de la
ciones enfrentadas, momentos y lugares éstos en donde
expansión y el dominio, ahora conjuntos, sobre nuevos
precisamente dichas civilizaciones comenzarán a autocon-
“terceros” territorios, poblaciones y recursos circundantes
cebirse como Imperios, y ello de modo que la filosofía
al conjunto del nuevo bloque de este modo formado. Se tra-
académica experimente una cristalización específica acom-
ta, pues, de una reproducción a escala ampliada del mismo
pasada con dicha autoconcepción.
dinamismo por el cual, como veíamos, la distensión de la
Para exponer, muy esquemáticamente, el proceso tensión social interna y los consiguientes reajustes sociales
que conduce a dichas situaciones, es preciso comenzar por interiores puede tener lugar a expensas de la generación de
remitirse a los momentos en los que los primeros Estados nuevos desajustes y presiones ejercidas sobre “terceros”. Y
— las primeras ciudades-Estado —, resultantes de sus lu- éste será precisamente el momento de la formación de las
chas sociales interiores y en principio mutuamente “civilizaciones”, es decir, de ese tejido o entramado entre
independientes, pueden comenzar a lograr cierto grado de ciudades políticas (inicialmente, ciudades-Estado), cada una
distensión y por consiguiente de reajuste o reordenación de de ellas “capital” de algún área de influencia, el cual tejido
sus tensiones sociales internas a expensas o en función de la se sostiene por el interés común de la dominación sobre
expansión exterior, es decir, de la ocupación de territorios y “terceros” circundantes y absorbidos, y ello sin perjuicio de
de la apropiación de mano de obra y materias primas — o las jerarquías, o hegemonías escalonadas, que puedan irse
aun recursos productivos — de pueblos exteriores (en prin- dando entre diversas zonas o regiones (capitalizadas por
cipio preestatales: bárbaros). Supuesto, a su vez, varios de distintas ciudades) de la civilización de referencia, jerarquí-
estos Estados, en principio mutuamente independientes, as en cuyo seno tenderá a prevalecer la alianza sobre el
sometidos cada uno de ellos a un proceso semejante, y dado enfrentamiento en la justa medida en que éste esté descar-
el carácter finito del territorio, dichos Estados en expansión gado sobre “terceros” comunes. Aquí, de nuevo, es
deberán antes o después encontrarse, y, al menos de entra- fundamental entender que la morfología y la dinámica de
da, enfrentarse mutuamente en su pugna por la expansión y cada una de estas civilizaciones sigue siendo una función de
ocupación de “terceros” pueblos y territorios. Semejante sus “luchas internas de clases”, o sea, de la configuración
enfrentamiento se verá entonces sometido a la siguiente global adoptada por las relaciones de clase del bloque en su
dialéctica: por un lado, el freno mutuo de los intereses ex- conjunto, tanto como esta última configuración será una
pansivos de los sectores dominantes o hegemónicos de cada función del curso y de la fuerza expansiva que puedan ir
Estado en expansión acarreará una tendencia a la retracción adoptando dichas civilizaciones. Es decir, que una vez más
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 27

es preciso reconocer el carácter conjugado entre la configu- les internos (sus “luchas de clases”) a su proyecto expansi-
ración socio-política adoptada por las tensiones sociales vo, y en consecuencia entender dicho proyecto expansivo
internas de cada bloque y el curso y la fuerza expansiva de como una presunta capacidad de “integración” de nuevos
dichos bloques en sus pugnas mutuas. pueblos, y de presión sobre otros bloques en función de di-
cha capacidad de integración, ligada a aquella presunta
En este sentido es fundamental entender el sentido
capacidad de “contener” y “sub-ordinar” sus conflictos in-
lógico-funcional del concepto de “terceros” — pueblos y
ternos: semejante espejismo puede sin duda alimentarse del
territorios dominables —, en cuanto que se trata de aquellas
hecho de la efectiva distensión y consiguiente reajuste de
sociedades (inicialmente bárbaras o preestatales) cuyas
sus conflictos sociales internos que cada bloque político lo-
condiciones socio-productivas las sitúan en un grado tal de
gra, a su escala, con cada nueva expansión, y por ello de la
desequilibrio con respecto a los Estados, o las civilizacio-
mayor capacidad de pujanza frente a otros bloques derivada
nes, que se expanden sobre ellas, que hace que la victoria
de aquella mayor estabilidad o cohesión social interna, pe-
— y por tanto la integración o la absorción mediante el do-
ro precisamente “borra”, e “invierte” en la representación,
minio — esté necesariamente decantada — no obstante su
el hecho de que cada nueva expansión implica el dominio o
posible duración relativa — del lado de los Estados o de las
la explotación de “terceros” pueblos, a expensas del cual
civilizaciones expansivas; a diferencia precisamente de lo
dominio puede justamente producirse aquella distensión y
que ocurre con los enfrentamientos entre los Estados — o,
reajuste en función de la cual a su vez dicho bloque puede
como ahora veremos, entre las propias civilizaciones —, en
tener mayor capacidad de presión sobre otros bloques. Se-
los cuales enfrentamientos, y sin perjuicio de las posibles
mejante espejismo borra e invierte en la representación, en
diferencias relativas de poder (político y socio-productivo)
efecto, el hecho de que la mayor capacidad de “integración”
respectivo en cada caso, dichas diferencias no son en todo
de cada civilización sobre otros pueblos, y en esta medida
caso tales que sea seguro o inevitable que alguno de estos
su mayor capacidad de expansión o de presión sobre otras
Estados o civilizaciones deba imponerse sobre los otros. De
posibles civilizaciones, no puede ir en ningún caso más allá
aquí precisamente la función que dichas “terceras” socieda-
de su mayor capacidad de explotar a estos “terceros” pue-
des cumplen por respecto de los Estados o civilizaciones
blos precisamente como condición de una mayor
que sobre ellos se expanden, a saber, la de hacer posible el
estabilidad o cohesión social interna sobre la que a su vez
(relativo) predominio de la alianza sobre el conflicto entre
se basa su posible mayor capacidad de presión sobre otras
sus sectores internos socio-políticos enfrentados a cada una
civilizaciones. Ciertamente, todas y cada una de las civili-
de sus posibles escalas sucesivamente ampliadas: a la esca-
zaciones posibles (sea cual fuere la valoración que podamos
la, en efecto, de los enfrentamientos socio-políticos internos
hacer de sus riquezas culturales y de sus peculiaridades so-
a cada Estado — en cuanto que dichos enfrentamientos
ciales) albergan una zona de inexorable dominio o
pueden ser descargados a expensas del dominio sobre “ter-
explotación sobre “terceros” pueblos, un dominio desigual
ceros”—, a la escala de los enfrentamientos interestatales
con respecto a sus relaciones sociales internas de dominio,
— en cuanto que éstos pueden ser descargados a expensas
y conjugado con éstas, mediante el que estos “terceros”
del dominio sobre “terceros” ahora comunes a dichos en-
pueblos se integran al curso de la civilización, y sobre el
frentamientos, y de este modo formarse las civilizaciones
cual dominio se alimenta la (relativa) estabilidad o cohesión
—, así como, en efecto, asimismo a la escala de los enfren-
social interna que a su vez puede dotar a esta civilización de
tamientos entre civilizaciones — en la medida en que éstos
una mayor capacidad de expansión, pujanza o victoria en su
puedan todavía descargarse a expensas del dominio sobre
pugna con otras. Y es, justamente, esta “zona de explota-
nuevos “terceros” pueblos comunes a dichas civilizaciones
ción” la que queda “borrada” (en la sombra) e invertida por
en principio enfrentadas —.
los espejismos ideológicos que entienden que la capacidad
Pues, en efecto, el carácter finito del territorio hará de integración de otros pueblos de una civilización y por
que dichas civilizaciones, cada una de ellas en expansión tanto de su mayor pujanza frente a otras civilizaciones de-
según la dinámica indicada, acaben antes o después encon- pende de su (presunta) capacidad para contender y sub-
trándose, y de nuevo enfrentándose mutuamente, ordinar sus conflictos internos a dicha presunta capacidad
reproduciéndose una vez más, a una nueva escala ampliada, de integración y de expansión. Dichas ideologías obran en
la misma dinámica histórico-política según la cual las for- realidad ignorando que el carácter conjugado entre los con-
mas y la dinámica de los conflictos internos de cada bloque flictos sociales internos a cada bloque político y los
socio-político, a su escala, se realimentan o conjugan con la conflictos entre bloques distintos depende, a su vez, del ca-
potencia expansiva de cada bloque en su pugna con otros rácter “desigual y conjugado” de aquellos conflictos
bloques por extender su dominio sobre “terceros”. De este sociales internos y el dominio sobre “terceros” pueblos, de
modo, podrán formarse sin duda nuevas alianzas entre civi- suerte que es el hecho de borrar dicha relación desigual y
lizaciones inicialmente enfrentadas, dando lugar a bloques conjugada — entre la presión interna y el dominio sobre
(supra)civilizatorios más amplios y complejos en la medida “terceros” — la que lleva a “construir en falso” aquella
en que se mantengan en principio disponibles nuevos “ter- primera conjugación — entre los conflictos interiores y los
ceros” escalones socio-territoriales que dominar comunes a enfrentamientos entre bloques —, sustituyendo en realidad
dichos nuevos bloques. dicha “conjugación” (“diamérica”) por una mera “reabsor-
ción” (“metamérica”), justamente aquella que entiende que
Se comprende, entonces, a la vista de semejante la capacidad de integración de nuevos pueblos por parte de
dinámica reampliada a sucesivas escalas, el espejismo ideo- cada bloque, y por ello su capacidad de presión victoriosa
lógico que supone entender que cada bloque político pueda,
sobre otros bloques, depende de una presunta mayor capa-
a su escala, “contener” y “sub-ordinar” sus conflictos socia- cidad de “contención” y “subordinación” de sus conflictos
28 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

sociales internos a dicha integración y presión victoriosa. Pues bien: va a ser bajo la presión de semejante es-
Esta es la diferencia inmiscible entre un punto de vista de tado de cosas como las civilizaciones van a incorporar un
factura marxista y un punto de vista — justamente como el mecanismo ideológico completamente característico, como
de Bueno — que bebe en fuentes radicalmente distintas de es precisamente el de autoconcebirse y proyectarse como
las marxistas. Imperios. Pues la idea de Imperio supone, en efecto, des-
arrollar la idea del proyecto universal que cada una de estas
Pues bien: es dicha interconexión geográfico e his-
civilizaciones ya albergaba, pero ahora en el sentido de in-
tórico políticas entre diversos bloques civilizatorios, en
corporar el carácter de “unicidad” a dicho proyecto de
principio sujeta al juego alternativo de alianzas (frente a
universalidad frente a cualesquiera otros posibles, o sea,
otros bloques) y enfrentamientos mutuos sobre la base de la
supone tomar el propio proyecto de universalidad en curso
explotación respectiva de “terceros” — en cuanto que ex-
como universalmente ampliable, sin limitación alguna posi-
plotación desigualmente conjugada con sus respectivas
ble, frente a cualesquiera otros posibles proyectos de
presiones sociales internas —, aquella que comenzará a en-
universalidad de cualesquiera otras civilizaciones.
contrar determinados límites, que irán haciéndose
progresivamente irreversibles, justamente allí donde estas Ahora bien, para comprender el mecanismo ideo-
civilizaciones, en su pugna mutua por ocupar y dominar te- lógico que anida bajo semejante forma de concebir la
rritorios de “terceros”, comiencen a agotar los recursos unicidad de universalidad, es preciso comenzar por enten-
(finitos) territoriales y poblacionales de estos “terceros” der en qué sentido no dejaba de ser ya asimismo ideológico
pueblos, es decir, allí donde vaya dejando de haber nuevos el proyecto mismo de universalidad que podemos reconocer
“terceros” pueblos disponibles que ocupar y dominar, habi- en las civilizaciones con anterioridad al desarrollo de dicho
da cuenta de que todos ellos van quedando ya absorbidos y proyecto en un sentido unicista. Cada sociedad política, sin
distribuidos entre los diversos bloques civilizatorios en duda, como hemos visto, debe ejecutar una operación de
pugna — en pugna precisamente por semejante ocupación y metatotalización universal de sus propios enfrentamientos
dominio—. Sin duda que allí donde todavía queden territo- sociales precisamente en función de su diversidad social de
rios y pueblos “terceros” disponibles que ocupar y dominar partes mutuamente enfrentadas. Y semejante operación de-
— bien geográficamente circundantes y potencialmente berá asimismo ejecutarse a cada una de las sucesivas
comunes a cada civilización en su pugna con otras, o bien escalas ampliadas mediante las cuales se reproduce la for-
geográficamente intercalados y potencialmente comunes a ma y la función de dicha sociedad política: tanto en el seno,
cada una de dichas civilizaciones diversas en pugna —, to- pues, de las iniciales ciudades-Estados, como el seno las ul-
davía podrá proseguir el juego de las diversas y alternativas teriores redes civilizatorias y supracivilizatorias. Ahora
alianzas y enfrentamientos mutuos entre dichas civilizacio- bien: la cuestión es que las representaciones mediante las
nes — en pugna por seguir arrebatándose dichos “terceros” que se expresan y promueven dichas operaciones de univer-
territorios y pueblos aún disponibles. Pero allí donde, por salización, y precisamente en la medida en que ellas
efecto del desarrollo de dichas pugnas intercivilizatorias — indefectiblemente recaen en sus formas ideológicas domi-
por la ocupación y apropiación de dichos “terceros” pue- nantes asociadas al mantenimiento de alguna hegemonía
blos y territorios —, y de modo que, a su vez, dado el socio-política establecida, tenderán a presentar como defini-
desarrollo de las fuerzas productivas de dichas civilizacio- tivo o irrevocable el estado actual de la hegemonía
nes (“clásicas”), no sea posible proseguir la expansión establecida, y por tanto a expresar y legitimar dicho estado
sobrepasando el territorio geográfico-político que acota o presente, a la vez que a encubrir el carácter precario de la
circunscribe a la pugna intercivilizatoria, cada una de estas misma, y por tanto las fuerzas sociales que pugnan por rec-
civilizaciones comenzará a experimentar o constatar, de un tificar o remover dicha hegemonía. Y esto ocurrirá tanto en
modo recurrente y crecientemente irreversible (dado en las iniciales ciudades-Estado como en las ulteriores civili-
efecto el nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas), es- zaciones resultantes: también, en efecto, en el caso de las
te hecho: el de la “saturación geográfico-política” de aquel civilizaciones, la necesaria operación (de segundo grado) de
juego de las distintas y alternativas alianzas y enfrentamien- universalización del bloque socio-político resultante, y en
tos mutuos en su pugna por “terceros”, y por tanto el del cuanto que inevitablemente ha de recaer en formas ideoló-
enfrentamiento mutuo que se presenta ya como irrevocable gicas dominantes, deberá tender a presentar como
o definitivo — en cuanto que precisamente no re- irrevocable o definitiva el estado de la hegemonía en cada
canalizable o re-ampliable en función de nuevas ocupacio- caso establecida, hegemonía que ahora consiste en la alian-
nes de “terceros"—. Un enfrentamiento intercivilizatorio za de las jerarquías escalonadas del tejido civilizatorio que
éste que no presenta en el horizonte por tanto otra alternati- se sostiene sobre el dominio de “terceros”, y por tanto a ex-
va más que la de vencer o perder definitivamente, o sea, la presar y legitimar el estado presente de dicha hegemonía, a
de tener que imponerse cada bloque civilizatorio (o alianzas la vez que deberá encubrir, de nuevo, el carácter precario de
entre bloques) sobre otros bloques (o alianzas) o quedar la misma, o sea, el hecho de que (ahora) se trata de un je-
sometidos por estos otros bloques (o alianzas) — dado que rarquía escalonada de dominios cuyos “escalones”, si en
precisamente va quedando descartada la posibilidad de ciertos sectores o radios de acción pueden mantenerse alia-
alianzas sobre la base de la ocupación y dominio de nuevos dos, es sólo sobre la base del desplazamiento o la descarga
“terceros” pueblos disponibles —. Ahora ya no se tratará, del dominio sobre nuevos escalones dominados de un modo
en efecto, de la posibilidad de ocupar nuevos “terceros” desigualmente conjugado con respecto a dichos radios o
pueblos y territorios disponibles sino de la necesidad de sectores, o sea, y justamente, la tensión misma de fuerzas
arrebatarse mutuamente los ya ocupados de un modo inexo- sociales no armónicas que en cualquier momento pueden
rable. reobrar frente a la hegemonía establecida mientras ésta no
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 29

se alimente una y otra vez de nuevos escalones dominados Ahora bien: nuestra intención no es negar, de un
de un modo desigual y conjugado. modo general, el carácter unicista de la sociedad universal,
esto es, que la idea de universalidad (de sociedad política
Se comprende, entonces, que, dada la saturación
universal) acaba implicando inexorablemente la idea de
geopolítica resultante del agotamiento — por depredación
unicidad, sino desvelar el carácter ideológico de esa forma
tendencialmente exhaustiva — de nuevos sectores escalo-
de pensar la unicidad universal contenida específicamente
nados susceptibles de un dominio desigual y conjugado, la
en la idea de Imperio en cuanto que esta idea pretende la
operación de universalización deba recaer ahora en esa
extensión universal sin limitación alguna de una universali-
nueva forma ideológica que consiste precisamente en pro-
dad ya previamente entendida de un modo ideológico en la
poner la unicidad de la propia universalidad ya previamente
medida en que abstrae, borra o encubre los conflictos socia-
entendida de un modo ideológico, o sea, en la pretensión de
les internos sobre los cuales sin embargo (entendemos,
extender universalmente sin limitación alguna la propia
como réplica crítica a dicho carácter ideológico) inexora-
idea (ideológica) de universalidad de la que se partía frente
blemente no puede dejar de pivotar la genuina dirección
a cualquier otro posible proyecto civilizatorio de universa-
universal de la sociedad. Así pues, comprender el carácter
lidad, que es, precisa y exactamente, en lo que consiste,
ideológico de semejante modo de entender la unicidad uni-
siempre, toda idea de Imperio.
versal supone a su vez la posibilidad de comenzar siquiera a
Naturalmente, dicha idea de Imperio, como toda entender, como réplica crítica de dicha ideología, la direc-
idea ideológica, no es neutral, sino que está objetivamente ción que puede tomar el proceso de las fuerzas sociales
determinada, en su caso, a expresar, promover y legitimar, capaces precisamente de generar en dicho proceso dicha ré-
los propios intereses de la alianza hegemónica que se ha to- plica crítica, si es que, en efecto, dicho proceso no puede
pado con los límites del proceso de virtuales reampliaciones sino acabar por tomar, como suponemos, la dirección de la
de su hegemonía a expensas de nuevos posibles escalones destrucción y el desmembramiento de las jerarquías hege-
de dominio desigualmente conjugados, y precisamente en la mónicas de dominio escalonado en el seno de cada
medida en que se ha topado con dichos límites, a la vez civilización por efecto de la explosión de las luchas sociales
que, y por lo mismo, está determinada a encubrir justamen- internas a cada una de ellas, de modo que la dirección uni-
te las tensiones sociales ahora crecientes que, a raíz de cista de la sociedad universal no pueda sino sostenerse y
dichos límites, inexorablemente tenderán a reobrar en la di- encauzarse mediante el curso de dichas luchas sociales uni-
rección de destruir y desmembrar la propia jerarquía versales.
escalonada de dominios en la que se asienta la civilización
Ahora bien, la cuestión es que precisamente este
que ahora se pretende como Imperio. Cada Imperio deberá,
proceso no podrá cursar de un modo definitivamente uni-
pues, luchar inexorablemente con otros por arrebatarse sus
versal y por tanto definitivamente orientado a la
respectivos escalones de dominio ahora ya internos a cada
instauración de la sociedad política universal única si no es
bloque — para empezar, sus respectivos escalones de do-
cuando, definitivamente desbordadas y transformadas las
minio desigualmente conjugados respecto de cada bloque,
fuerzas productivas de las civilizaciones políticas clásicas
y, si es posible, para irse ulteriormente arrebatando otros
bajo la forma de la producción industrial contemporánea, la
escalones de dominio — y ello como condición del mante-
saturación geopolítica de los posibles y alternativos “arre-
nimiento, o del acrecentamiento, de su propia estabilidad o
glos” entre civilizaciones enfrentadas a expensas de nuevos
cohesión social interna, siempre presta a quebrar en la me-
dominios escalonados, haya dejado de estar dada en función
dida en que no prosiga su pujanza victoriosa sobre los otros
de unas cotas geográficas todavía dependientes del desarro-
Imperios. Se comprende entonces la singularidad de la idea
llo de las fuerzas productivas de las civilizaciones clásicas,
ideológica de Imperio, singularidad que consiste en que di-
y haya comenzado a resituarse en una dimensión definiti-
cha idea debe ideológicamente generarse en el momento
vamente universal en cuanto que efectivamente planetaria.
mismo en que su proyecto comienza a hacerse realmente
Pues será, en efecto, la producción industrial contemporá-
imposible: y ello porque, de entrada, dada la equiparación,
nea, resultante a su vez del desarrollo del comercio
siquiera relativa, de las fuerzas socio-productivas y políti-
moderno capaz de establecer la primera interconexión en-
cas de los bloques que han llegado a enfrentarse como
frentada (geopolítica e históricopolítica) de la totalidad de
Imperios, ya no podrá decirse que, al menos en principio, la
las civilizaciones (y pueblos) del planeta, aquella que aca-
victoria deba decantarse necesariamente de algún lado fren-
bará por resituar — que de hecho ha resituado en los
te a otro (pongamos: el momento del enfrentamiento
últimos dos siglos —, en una dimensión definitivamente
irrevocable entre los Imperios romano y cartaginés mientras
universal por irrevocablemente planetaria, la saturación
la suerte de dicho enfrentamiento aún no estaba decidida), y
geopolítica de la posibilidad de que los (nuevos) enfrenta-
más aún y en definitiva porque, aun supuesto en el límite la
mientos intercivilizatorios puedan cursar indefinidamente
victoria y el arrasamiento definitivos de algún Imperio so-
reampliados mediante nuevos dominios escalonados, dado
bre otro u otros, dicho Imperio victorioso reproduciría
el definitivo agotamiento a nivel planetario de dichos posi-
inexorablemente en su seno la totalidad de las tensiones so-
bles nuevos escalones de dominio al que han acabado por
ciales de todos los escalones de dominio que su victoria
conducir los imperialismos industriales contemporáneos.
misma le hubiera acarreado, tensiones que precisamente ya
Así pues, la crítica que podamos hacer de las ideologías
no podría descargar a expensas de su victoria sobre nuevos
imperiales habidas a lo largo de la historia, no la podremos
Imperios (pongamos: la situación en la victoria definitiva
hacer naturalmente “desde fuera” del proceso histórico que
del Imperio romano sobre el cartaginés acaba por conducir
ha conducido — en particular a través de los últimos dos
al Imperio victorioso a su ruina socio-política interna inexo-
siglos de producción industrial — a la situación actual, sino
rable).
30 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

sólo y precisamente a partir de dicha situación actual, sólo porados: un “silencio” éste, repárese, que precisamente re-
desde la cual, en efecto, suponemos que puede fraguar una sulta ser (ideológicamente) necesario para el sostenimiento
conciencia crítica mínimamente sostenida acerca del carác- del propio proyecto (ideológico) imperial, desde el momen-
ter ideológico de todos y cada uno de los proyectos to en que dicho proyecto sólo puede gestarse allí donde ha
imperiales habidos y presentes. comenzado justamente a quedar agotada la posibilidad
misma de reampliación indefinida del dominio sobre aque-
Así pues, y por lo que respecta a la filosofía aca-
llos “terceros” escalones.
démica, nuestra propuesta es ésta: que la filosofía
“académica”, tal y como en principio y en general aquí la ¿Y no es, acaso, semejante formato académico el
hemos entendido, deberá experimentar una singular cristali- que podemos reconocer ejemplarmente cristalizado en la fi-
zación a una nueva escala justo allí donde las ideologías losofía platónica y en su autoconcepción del lugar de la
imperiales necesiten promover una concepción metafísica filosofía “académica”, y por tanto en su utilización de la
del mundo acorde con su nuevo proyecto imperial. Se trata- “figura dialéctica” de Sócrates como alegoría de la función
rá, en efecto, de presentar ahora una concepción universal de dicha filosofía académica, en cuanto que dicha “dialécti-
(del mundo) metafísica (que por tanto se pretender irrevo- ca” se nos presenta en efecto como un uso experto
cable) que deberá contar, y precisamente para poder (aparentemente sólo técnico-cognoscitivo, pero en realidad
sostenerse, polémica o dialécticamente, tanto con los inter- socio-políticamente determinado) de dicha dialéctica en
eses de las propias partes sociales internas a la civilización cuanto que ordenada a la justificación metafísica de una he-
que pugna con otras por expandirse, como también e inclu- gemonía política establecida — en este caso: la espartana,
so con los intereses de estas otras civilizaciones, pero en el contexto de la federación conflictiva de las ciudades-
encubriendo o borrando precisamente la dependencia de sus estado áticas, y en cuanto que dicha federación busca solu-
tensiones sociales internas escalonadas respecto de las ejer- ciones imperiales frente a la civilización persa —? ¿Pero no
cidas de un modo desigualmente conjugado sobre será acaso Sócrates mismo de algún modo rescatable de su
“terceros”, de manera que, no descontando, sino contando, versión platónica en cuanto que pudiéramos ver en él más
polémica o dialécticamente, con dichos intereses, éstos bien el uso interminable de la argumentación dialéctica pre-
puedan presentarse, aun cuando de entrada opuestos, a la cisamente dirigida a remover una y otra vez las propias
postre susceptibles de ser reintegrados al curso de la propia “seguridades” o “evidencias” (metafísico-ideológicas) de la
civilización que de este modo acaba mostrándose como propia hegemonía en la que se vive — en este caso: de las
principio último y definitivo de integración universal uni- pretensiones atenienses por desligarse de la hegemonía es-
cista de sus propias partes sociales así como de toda otra partana y promover por su parte una solución asimismo
civilización posible. La clave, pues, de esta nueva filosofía imperial pero esta vez dirigida a mantener el orden demo-
académica metafísica, estará no ya en prescindir, sino antes crático ateniense?
bien en hacer un uso (sociopolítico) experto de la técnica
¿Y, en todo caso, no es, desde luego, la filosofía de
dialéctica al objeto de contar con aquellos intereses conflic-
Gustavo Bueno, y su concepción del papel de la filosofía
tivos de las propias partes sociales internas y aun del resto
académica, en cuanto que de estirpe y factura estrictamente
de las civilizaciones conocidas que, junto con la propia,
platónicas, heredera, ya no sólo de Platón, sino también y
abarcan el “universo del discurso o de la representación”,
por ello de toda la tradición metafísico-ideológica imperia-
pero ello precisamente de tal modo que, silenciando la de-
lista desenvuelta al compás de la propia realidad histórica
pendencia (ella misma desigualmente conjugada) de la
imperial de la “sociedad occidental” — releída esta historia
propia relación conjugada entre sus conflictos internos y
a su vez en una clave “romano-católica”, inicialmente “ru-
sus conflictos con otras civilizaciones con respecto de sus
sa” (y sólo aparentemente “soviética”) y ulteriormente
“terceros” pueblos explotados, pueda reestablecer a la post-
“hispana” —?
re el carácter último o definitivo (y por ello metafísico) de
la capacidad de universalización unicista de la propia civili- En todo caso, tampoco esta nueva forma de meta-
zación frente a cualesquiera otras. Semejante ideología física académica que cristaliza asociada a la legitimación
metafísica podrá producir, pues, la apariencia (la apariencia ideológica de la idea de Imperio, y que a partir de su gesta-
dialéctica) de estar conjugando las tensiones sociales inter- ción suponemos que va a anidar en el formato básico de
nas de la propia civilización (sus luchas o “dialéctica de toda ulterior filosofía académica, podrá verse enteramente
clases”, con las que por tanto “parece” que se cuenta), con libre, y ya dentro de la propia “Academia”, de la intercrítica
los enfrentamientos entre civilizaciones (con la lucha o dialéctica entre sus diversas modulaciones, unas modula-
“dialéctica entre civilizaciones”), de manera que aquellas ciones éstas que inevitablemente resultarán de las no menos
tensiones internas puedan presentarse como sub-ordinadas inevitables tensiones, oscilaciones o desequilibrios, y aun
al enfrentamiento con las otras civilizaciones, pero en reali- reestructuraciones, que habrán de irse dando en las relacio-
dad se trata de una pseudoconjugación, que escamotea y nes conjugadas entre los enfrentamientos inter-civilizatorios
sustituye la genuina conjugación por una mera “reabsorción y los intra-civilizatorios, en cuanto que dichas relaciones
por yuxtaposición” — de los conflictos internos al conflicto conjugadas dependen a su vez, como decimos, de las rela-
entre civilizaciones —, y ello precisamente en la medida en ciones asimismo conjugadas, de manera desigual, con los
que se ha borrado, abstraído o encubierto, la dependencia “terceros” escalones dominados por cada una de estas civi-
desigualmente conjugada de aquellos conflictos internos — lizaciones.
y por tanto de su conjugación misma con los conflictos in-
tercivilizatorios — con el dominio sobre los “terceros”
escalones respectivos que cada civilización ya tiene incor-
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 31

3. —La sociedad industrial contemporánea como fuente producción industrial”, cuya realidad misma es la que hace
del surgimiento de una conciencia filosófica crítica míni- posible este acceso esta nueva forma de autoconciencia fi-
mamente sostenida acerca del carácter ideológico- losófica sólo desde la cual a su vez puede ser pensada dicha
metafísico de toda filosofía tradicional en cuanto que realidad. En esto consiste, en efecto, y no en otra cosa, la
ideológicamente asociada a la idea de Imperio: las condi- clave de la interpretación filosófica materialista de la dia-
ciones de formación del marxismo como genuina léctica hegeliana (y con ella de toda la tradición dialéctica),
autoconciencia filosófica crítica materialista. una interpretación que en cuanto que filosóficamente mate-
rialista implica el acceso al comienzo siquiera de una
Con todo, y ésta es la cuestión, la fuerza y la figura
genuina autoconciencia filosófica crítica mínimamente sos-
que dicha crítica dialéctica (asimismo académica) pueda
tenida.
tomar, en cuanto que necesariamente acompasada con las
propias transformaciones que puedan ir adoptando, para ca- Al quedar resituadas, en efecto, las contradicciones
da sociedad de referencia, las relaciones conjugadas entre sociales de producción a la escala de la nueva forma de
los conflictos intra e intercivilizatorios, no alcanzará una producción industrial, se diría que es esta nueva escala la
dimensión y una plenitud mínimas (y por tanto una genuina que abre ahora irreversiblemente bajo sus pies el abismo de
conciencia crítica retrospectiva mínimamente fraguada del una efectiva universalidad irrevocable y por ello negativa-
carácter metafísico-ideológico del formato básico de toda la mente in-finita: pues ahora, saturada ya, de un modo
filosofía académica anterior) hasta que dichos conflictos irreversible, por la propagación planetaria de la industria, la
mutuamente conjugados no hayan quedado resituados a una posibilidad de una reampliación indefinida del desplaza-
escala ya definitivamente universal, cosa ésta que sólo co- miento del dominio sobre nuevos escalones socio-
menzará a poder ocurrir, como ya apuntábamos, justamente territoriales, en cuanto que todos estos posibles escalones
a partir de la forma industrial contemporánea de produc- deben acabar por llegar a estar ocupados y repartidos por
ción. Se nos podrá entonces comenzar a hacer comprensible los nuevos bloques imperialistas del capitalismo industrial,
el sentido y el alcance de esa crisis metafilosófica perma- será la relación conjugada entre los conflictos socio-
nente que hemos visto que viene experimentando la políticos internos a los nuevos bloques geopolíticos con los
filosofía académica precisamente a partir y durante los dos conflictos entre dichos bloques aquella que se verá ahora
últimos siglos en los cuales ha tenido lugar la irreversible abocada a cursar congregada de un modo ya irreversible-
extensión universal en cuanto que planetaria de esa forma a mente universal. Lo irreversible, irrevocable o definitivo,
su vez universal de producción que es la producción indus- pues, de la nueva situación que la industria planetaria aca-
trial. Pues dicha crisis, en efecto, no puede sino ser vista rrea consiste justamente en el carácter irreversible de la
como la creciente conciencia crítica del carácter prioritaria dirección in-finitamente universal a la que los conflictos
e inevitablemente metafísico e ideológico de la totalidad de socio-políticos y geopolíticos conjugados se ve abocada —
las variedades o modulaciones históricas de la filosofía y con ello, por tanto, al estado, ahora ya, de crisis perma-
académica tradicional, una conciencia crítica precisamente nente a la que inevitablemente se verá sujeta toda ideología
posibilitada por las nuevas condiciones históricas abiertas que pretenda ofrecer alguna solución que se pretenda preci-
por la irreversible extensión universal o planetaria de la samente como definitiva o irrevocable. Y es justamente el
nueva forma universal de producción industrial. En este acceso a la conciencia del carácter irrevocablemente uni-
sentido, y sin perjuicio de la importancia, a este mismo res- versal del curso de la nueva sociedad planetaria
pecto crítico, de otras corrientes filosóficas críticas internamente quebrada por sus conflictos sociopolíticos y
contemporáneas que obran una dirección en cierto modo geopolíticos conjugados aquel que siquiera comenzó a ser
afín — en general, todas aquellas que se inscriben en la ór- abierto por el materialismo filosófico marxista.
bita de la crítica de la “falsa conciencia”—, se hace
3.1. Límites ideológicos del “marxismo clásico”, en
inevitable destacar el alcance decisivo de la crítica marxista
cuanto que ligado a una concepción y un proyecto (lógi-
de la filosofía, en cuanto que no podemos dejar de ver en
camente) “monótonos” de la sociedad universal, y
dicha crítica el acceso más consistente a la mencionada
posibilidad de sostener la crítica marxista en la sociedad
conciencia crítica, ella misma filosófica, del carácter priori-
universal del presente.-
taria e inevitablemente metafísico-ideológico de todas las
variedades históricas de la filosofía académica tradicional. Ahora bien: como apuntábamos, todavía el mar-
xismo “histórico” o “clásico” (socio-político y filosófico),
Pues ciframos, en efecto, la clave de la crítica
en cuanto que incluye desde luego y ante todo las aporta-
marxista de la(s) filosofía(s) en el acceso a un nivel de au-
ciones (filosóficas y políticas) leninistas, pudo recaer en la
toconciencia, ella misma filosófica, del carácter inevitable y
“coagulación” ideológica y metafísica consistente en pensar
prioritariamente metafísico y de las funciones ideológicas
“una” clase social “universal” que, en virtud de su posición
de todas las variedades históricas de la filosofía, un acceso
social en las relaciones sociales capitalistas universales de
éste que sólo puede tener lugar cuando se resitúa, como hi-
producción industrial, fuera capaz de remover y resolver, de
zo Marx, a la dialéctica misma — en efecto, esa tradición
un modo definitivo, dichas relaciones sociales capitalistas
dialéctica siempre en ciernes, pero siempre sólo incoada,
en una dirección socialista universal. Para ello, dicha “clase
dados sus inexorables bloqueos metafísicos — sobre los
universal” hubo de ser pensada, más bien a partir de Lenin
quicios abiertos de un modo irreversible por la nueva forma
(y Trotsky) que del propio Marx — es decir, más bien a la
de producción industrial ya irreversiblemente universal —
altura de la formación del “imperialismo como fase supe-
universal por su contenido formal, y por ello mismo por su
rior del capitalismo” —, como una clase dotada de una
inexorable extensión planetaria —, a saber, sobre los qui-
morfología y un funcionamiento universalmente transversa-
cios de las “contradicciones sociales (capitalistas) de
32 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

les a las morfologías y los funcionamientos de los diversos Se trata, pues, de pensar al actual proceso de la so-
bloques geopolíticos capitalistas en pugna imperialista pla- ciedad histórico-universal como (trascendentalmente)
netaria, capaz por ello mismo de movilizar la re-vuelta sometido a la dialéctica de un relación conjugada entre los
social y política desde dentro de cada uno de dichos blo- conflictos entre los bloques y los conflictos entre las clases
ques en pugna — y no de cualquier modo, sino por sus de cada bloque, y de pensar a su vez dicha relación conju-
“eslabones más débiles”, esto es, desde los “escalones” de gada, en cuanto que circularmente saturada por efecto de la
cada uno de dichos bloques que soportaran el mayor peso producción industrial, de forma que dichos conflictos mu-
del dominio desplazado —, y de este modo ir concatenando tuamente conjugados se nos presenten como
universalmente (inter-nacionalmente) dichas revueltas o re- universalmente congregados de modo irreversible cuales-
voluciones hasta el punto de disolver el propio quiera que puedan ser los cursos que pueda llegar a ir
enfrentamiento entre dichos bloques imperiales por efecto tomando dicha doble circulación conjugada, la cual en todo
de la resolución de las luchas de clases en cada uno de ellos caso no podrá dejar de proseguir realimentándose indefini-
lograda por dicha clase, una resolución ésta que se suponía damente de un modo universal.
que acabaría universalizándose por todo el planeta bajo la
Ésta idea tiene una factura que quiere alimentarse
forma de un socialismo mundial.
ciertamente de la idea mediante la cual Lenin y Trotsky pu-
El hecho mismo del fracaso, que es obligado reco- dieron en su momento pensar al “imperialismo” como la
nocer, de semejante proyecto y de la concepción misma que “fase superior del capitalismo” que debería conducir a una
lo sustentaba, nos conduce desde luego a considerar, a la al- revolución socialista mundial, si bien ahora ya desprendida,
tura de nuestro tiempo, como habiendo recaído en una en nuestro análisis, del concepto (de formato lógico monó-
forma ideológica (y metafísica) a aquella concepción mar- tono) de la clase universal mediante la cual aquellos
xista clásica de la “clase universal”, así como del finalismo marxistas pudieron concebir como necesaria la resolución
de la historia que dicha concepción llevaba acoplada. Pero socialista mundial de dicha fase superior del capitalismo.
no por ello hemos de prescindir, nos parece, de las genuinas De este modo, al despojar dicha idea de semejante formato
claves materialistas filosóficas mediante las que el propio (monótono) nos vemos conducidos sin duda a retirar el su-
marxismo clásico comenzó a abrir el acceso a la conciencia puesto del carácter monótono de una resolución socialista
del carácter irreversiblemente universal del curso de los universal del proceso histórico-universal que aquella idea
conflictos socio-políticos y geo-políticos planetarios a partir pretendía pensar. Lo que no quiere decir, sin embargo, que
de la forma industrial de producción — unas claves éstas por ello debamos quedar huérfanos de todo criterio filosófi-
que podrán llegar a manifestar su potencia reinterpretando co-político marxista para el análisis y para la crítica, en
precisamente el sentido de aquel fracaso en cuanto que éste cada momento, del “estado planetario de cosas” del presen-
las conduzca a desbloquear su recaída metafísico- te, y que asimismo no sea posible comprender
ideológica consistente en aquella concepción de la clase retrospectivamente, en clave marxista, el sentido del fracaso
universal y del finalismo de la historia a dicha concepción de aquella concepción y de aquel proyecto monótonos en
asociada. Se trata, en efecto, según propongo, de advertir, cuanto que generados por unas condiciones históricas del
que el defecto (lógico) fundamental de la concepción mar- desarrollo de la forma y la extensión universales de la so-
xista clásica de la “clase universal” es el formato ciedad capitalista industrial todavía insuficientes por lo que
“monótono” (es decir, uniforme y lineal) con el que aquella respecta al despliegue de todas las “desigualdades” e “irre-
concepción obligaba a pensar un proceso histórico- gularidades” contenidas en dicha universalización.
universal que, sin embargo, despojado de dicho formato
Pues la clave, en efecto, de semejantes análisis y
monótono, nos parece que es imprescindible de algún modo
crítica nos la ofrece, según propongo, el carácter (recurren-
seguir pensando como condición misma del mantenimiento
temente) “desigual” de la conjugación mutua entre ambos
de la genuina conciencia filosófica materialista, a saber, y
tipos de conflictos — “geopolíticos” y “sociopolíticos” —,
precisamente, éste: el de un proceso universal (trascenden-
una desigualdad que precisamente tiene lugar trascenden-
tal) consistente en la conjugación, incesantemente
talmente por respecto a las configuraciones positivas
recurrente, entre los enfrentamientos entre los diversos blo-
(socio-políticas y geopolíticas respectivamente) mutuamen-
ques geopolíticos imperialistas mundiales y los
te “irregulares” de cada uno de dichos tipos de conflictos
enfrentamientos entre las diversas clases sociales internas a
conjugados sin embargo de forma universal–trascendental.
cada bloque, en donde, y dada la saturación geo-histórica
Se trata, en efecto, de un “desarrollo desigual y conjugado”
política planetaria de escalones antropológicos explotables
de los conflictos entre los bloques y entre las clases que re-
al que la forma de producción industrial ha acabado por
sulta ser trascendental con respecto de las mutuas
conducir a los imperialismos capitalistas — y por tanto la
diferencias o “irregularidades”, asimismo recurrentes, de
clausura definitiva de la posibilidad de un desplazamiento
las configuraciones “culturales” positivas (sociopolíticas y
indefinido del dominio sobre nuevos escalones ya inexis-
geopolíticas) a través de las cuales cursa dicho proceso
tentes —, todo posible curso que pueda tomar la pugna
trascendental recurrente. Dichas configuraciones socio-
mutua entre dichos bloques deberá inexorablemente reobrar
políticas y geopolíticas pueden ser, y de hecho son, sin du-
sobre la totalidad del curso de sus relaciones de clases in-
da, sumamente diferentes, o mutuamente “irregulares, entre
ternas, esto es, sobre la totalidad de sus escalonamientos
sí, y con una diferencia ciertamente no sólo de grado, sino
internos de dominio socio-político, de modo que a su vez
de tipo, como se corresponde con cada una de las “culturas
serán estas inevitables transformaciones en las relaciones de
históricas” positivas de cada bloque civilizatorio —; pero es
clase dependientes del curso de las pugnas entre los bloques
el desarrollo “desigual y conjugado” de sus luchas socio-
las que a su vez deberán reobrar sobre dicho curso.
políticas y de sus pugnas geopolíticas el que, en cuanto que
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 33

irrevocablemente congregado e impulsado por la forma in- luto (o metafísico), sino justamente de un modo crítico-
dustrial universal de producción, resulta ser trascendental negativo in-finito (negativamente in-finito) dado en función
con respecto a dichas diferencias o irregularidades mutuas de parámetros positivos cambiantes, o sea, en función de las
histórico-culturales positivas a través de las que dicho pro- diversas morfologías positivas comparativamente irregula-
ceso universal-trascendental se abre paso. res que puedan ir adoptando los conflictos desigualmente
conjugados de un modo trascendental-universal entre los
Así pues, la deficiencia lógica fundamental de la
bloques y entre las clases. Se trata, pues, de la idea nuclear
idea marxista clásica de la “clase universal” se nos revela
mediante la que es posible el pensamiento de una “(me-
en el hecho de que, pretendiendo tener dicha idea funciones
ta)totalización universal internamente contradictoria y
trascendentales — con respecto a la pluralidad de morfolo-
(negativamente) infinita” como la forma misma de la pro-
gías histórico-culturales de cada bloque y de sus conflictos,
secución tanto de la sociedad universal como de la
internos y mutuos—, acababa sin embargo reducida, debido
autoconsciencia filosófica crítica materialista.
a su formato lógicamente monótono, a un concepto mera-
mente positivo o empírico-práctico incapaz por tanto de Y es, por tanto, esta idea, o este criterio, el que
cumplir aquellas funciones trascendentales. puede, y debe, salir adelante — el que podemos y debemos
hacer salir adelante — como crítica de las ideologías que
Ahora bien, una vez que hemos retirado el supues-
inevitablemente tenderán a bloquear el propio proceso con-
to de “una clase” de “configuración” (monótonamente)
templado por dicha idea, en cuanto que ideologías
“universal” que pudiera conducir a una “resolución univer-
acompasadas con las hegemonías socio-políticas y geopolí-
sal (monótonamente) socialista” de dichos tipos de
ticas en cada momento interesadas en bloquear dicho
conflictos conjugados, hemos de reconocer que, de acuerdo
proceso, unas ideologías éstas cuyo formato metafísico
con las morfologías irregulares de cada uno de los conflic-
(académico) ya no dejará por lo demás y en todo caso de
tos entre clases y entre bloques, los recurrentes reajustes de
estar, como decíamos, precisamente a partir de la sociedad
cada uno de los tipos de conflictos mutuamente conjugados
contemporánea industrial, sometido a la atmósfera de una
deberán adoptar morfologías positivas asimismo sumamen-
sospecha crítica permanente.
te “irregulares” entre sí — y no monótonas —: mutuamente
“irregulares” deberán ser en efecto las formas de reajuste de 3.2. Esbozo de una crítica de las principales ideologías
cada uno de los conflictos socio-políticos internos a cada políticas del presente sobre la sociedad universal desde
bloque — sin embargo dependientes de los conflictos geo- una perspectiva marxista.
políticos entre los bloques —, así como mutuamente
Por esbozar, para terminar, los perfiles más básicos
“irregulares” serán los diversos reajustes (desplazamientos,
de dichas ideologías del presente, frente a la cuales debe
reconfiguraciones) que puedan ir adquiriendo las morfolo-
proseguir la crítica de las mismas en cuanto que precisa-
gías de cada bloque según el curso de sus conflictos con los
mente alimentada por los desajustes mutuos entre dichas
demás bloques — asimismo dependientes con sus conflic-
ideologías. Ante todo, es preciso apuntar a las diversas
tos socio-políticos internos —. Mas no por ello, como
ideologías de factura imperialista que tenderán a defender y
decíamos, hemos de quedar despojados de todo criterio
promover la victoria del bloque propio frente a los demás
“partidista” y crítico, si es que somos capaces mantener la
bloques — aun si el carácter de dicha victoria quiere pen-
perspectiva trascendental-universal del desarrollo desigual
sarse de un modo negativamente infinito —, sobre el
y conjugado entre aquellos reajustes de conflictos dados en
supuesto de la capacidad del propio bloque para contener y
unos planos (socio-políticos y geopolíticos) de morfologías
subordinar sus conflictos sociales internos a aquella victoria
histórico-culturales sin duda muy irregulares.
sobre los otros bloques. Se trata, sin duda, de las diversas
Se trata ciertamente de efectuar una cierta “rever- ideologías que en la más reciente actualidad promueven la
sión” en la “Gestalt lógica” mediante la cual fue percibido idea y el programa del “choque entre civilizaciones”. Pero
— y promovido — el “socialismo” por el marxismo clási- cabe desvelar y cifrar el carácter ideológico de semejantes
co: el socialismo ya no deberá verse como aquel proceso programas imperialistas en la abstracción que éstos efectú-
monótonamente universal, conducido por una presunta cla- an de las relaciones desigualmente conjugadas entre sus
se de formato lógico monótonamente universal, que nos desajustes socio-políticos internos y sus conflictos con otros
pusiera en las puertas de una sociedad igualitaria planetaria bloques, razón por la cual pueden presentar (representarse)
en estado estacionario (el comunismo); sino más bien como “en abstracto” aquella presunta capacidad de contener y su-
aquel proceso, que de algún modo debe estar ya obrando — bordinar dichos desajustes a sus enfrentamientos con otros
se diría que como un conato inexorable e inextinguible — a bloques. De aquí que sea preciso distinguir, dentro de estas
partir de la sociedad industrial irrevocablemente universal ideologías de corte imperialista, entre dos tipos principales
— dado el carácter saturado de la conjugación (universal- suyos: aquellas promovidas por bloques cuya comparativa
trascendental) desigual entre los conflictos entre los bloques mayor capacidad de pujanza sobre otros bloques les permite
y entre las clases —, en cuanto que dicho proceso no puede incorporar una mayor cantidad de sectores sociales internos
sino consistir en la rectificación universal-trascendental in- a sus propias hegemonías socio-políticas, y por ello organi-
cesante del carácter recurrentemente desigual de aquella zar sus Estados de forma que dichos diversos sectores
conjugación universal-trascendental, precisamente en cuan- sociales tengan comparativamente una mayor capacidad de
to que ésta se ve en todo caso abocada a cursar de un modo participación en la propia gestión de su hegemonía, y aque-
inexorablemente universal-trascendental. llas otras promovidas por bloques cuya menor capacidad
comparativa de pujanza sobre otros bloques les fuerce a
Ésta es, ciertamente, una idea (universal-
ejercer una mayor presión social interna, y por tanto a orga-
trascendental) negativa, pero no negativa de un modo abso-
34 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

nizar sus Estados bajo formas de encuadramiento más in- clases, está vez en la dirección de abstraer el hecho de que
tenso de sus propios sectores sociales dominados. En el la pretendida extensión universal de la democracia es senci-
primer caso estaremos ante ideologías imperialistas que se llamente imposible en la medida en que es el propio poder
permiten ir asociadas a formas de defensa de “la democra- geopolítico ejercido sobre los bloques a los que se pretende
cia” en el seno de sus propios recintos socio-políticos, extender la democracia el que hace imposible que dichos
mientras que en el segundo estaremos en presencia de ideo- bloques dejen de regirse por formas no democráticas de
logías asimismo imperialistas que sin embargo deberán ir dominio, a la vez que es el que hace posible sólo para el
asociadas a la defensa de formas más restrictivas y tensas propio bloque y en cuanto que más poderoso la presencia
de mantener la propia hegemonía interna — y en este senti- de dichas formas democráticas. La ideología de la extensión
do el prototipo clásico de semejantes imperialismos universal de la democracia, que tenderá característicamente
creemos que precisamente lo siguen ofreciendo los “fas- a arropar las posiciones “progresistas” o “socialdemócra-
cismos” históricos o clásicos de las primeras décadas del tas”, no podrá dejar de ser críticamente vista, desde luego,
recién terminado siglo —. No es difícil, por ejemplo, identi- sino como ligada a los intereses de los sectores sociales
ficar en el presente como prototipo del primer tipo de menos poderosos de las hegemonías de los bloques geopolí-
ideologías a aquellas que, en la línea de la concepción de ticamente más poderosos, en todo caso asimilados o
Huntington del “choque entre civilizaciones”, toman parti- integrados por dichas hegemonías, como una suerte de bea-
do por la civilización “occidental” en cuanto que tífica versión optimista de la sociedad universal ejercida
“democrática”, mientras que serían sin duda representativas desde la perspectiva de la propia posición no dominante pe-
del segundo tipo las ideologías que puedan estar en la línea ro acomodada dentro del bloque, o los bloques,
de las posiciones de Bin Laden — o también, de la manera geopolíticamente más poderosos.
como Gustavo Bueno defendió en su momento a la Unión
Asimismo habría que considerar a aquellas ideolo-
Soviética y en la actualidad defiende a la comunidad de na-
gías que, seguramente generadas desde el punto de vista de
ciones hispanas —. Pero debe observarse que en ambos
las “clases medias ilustradas” acomodadas pero no dirigen-
casos se trata, como decíamos, de abstraer o silenciar el ca-
tes de los bloques más pujantes, buscan promover el
rácter desigual de la relación conjugada entre los conflictos
“diálogo”, el “encuentro” o el “entendimiento mutuo” entre
con otros bloques y los propios conflictos internos, si bien
los diversos bloques civilizatorios como una manera de al-
ejecutando dicha abstracción de diversos modos: en un caso
canzar o mantener siquiera un relativo estado de paz
en la dirección de abstraer el hecho de que la mayor capaci-
universal lo más estacionario posible. Estas ideologías pue-
dad efectiva de asimilación socio-política interna depende
den enfatizar más o menos las diferencias entre las
de la mayor capacidad de presión sobre otros bloques, y en
morfologías histórico-culturales de cada uno de los actuales
otro caso en la dirección de abstraer el hecho de que la de-
bloques civilizatorios en pugna, pero en todo caso suponen
seada o promovida mayor capacidad de pujanza sobre otros
posible alguna forma de mutuo entendimiento entre los
bloques depende inexorablemente del ejercicio de la mayor
mismos como una medida siquiera de freno o de modera-
presión socio-política interna.
ción de sus pugnas mutuas. En este caso, lo que estas
Pero también estarían, de otro lado, aquellas ideo- ideologías abstraen es el hecho de que la efectiva resisten-
logías que, promovidas desde dentro de los bloques más cia a la “comprensión” mutua entre las configuraciones
pujantes — característicamente: la “sociedad occidental”—, histórico-culturales positivas de cada bloque sólo puede ser
y dirigiendo la atención ante todo a las formas más demo- rectificada y reconfigurada — no definitivamente anulada
cráticas de organización interna de los Estados de dichos —, no ya mediante ninguna clase de diálogo pacífico, sino
bloques, tenderán a promover la ampliación extensivamente precisamente por el desarrollo e intensificación de los con-
universal de dichas formas democráticas, y en el límite a flictos “internos” y “externos” universales desigualmente
pensar el “final de la historia”, como consecuencia de se- conjugados.
mejante presunta universalización de las mismas.
Y, por último, también habría que considerar a
Semejante modulación ideológica de los bloques más pode-
aquella ideología que, frente a todas las anteriores, que en
rosos tenderá a prevalecer sin duda en los momentos o bajo
todo caso propugnan alguna determinada idea o versión de
las perspectivas en los que el poder de estos bloques no se
la sociedad universal, optan por retirar la idea misma de so-
perciba como especialmente amenazado por las presiones
ciedad universal (y con ello la idea misma de universalidad,
de los demás bloques menos poderosos, así como la ideolo-
o de realidad universal). Se trata, sin duda, de las ideologías
gía del “choque entre civilizaciones” tenderá a prevalecer
de factura postmoderna asociadas siempre a alguna forma
en las situaciones o bajo las perspectivas en las que estos
de “relativismo histórico” — y por ello, a la postre, noeto-
otros bloques den muestra activa de su enfrentamiento: de
lógico, ontológico y político-moral —. Se comprende, en
aquí el desplazamiento bien reciente que la ideología del
cualquier caso, que, ante el carácter extraordinariamente
“fin de la historia” (tal y como había sido propuesta, por
complejo e irregular del caleidoscopio formado por la des-
ejemplo, por Fukuyama) ha experimentado ligado al alza de
igual conjugación universal saturada entre los conflictos
la ideología del “choque entre civilizaciones” (de Hunting-
“interiores” y “exteriores” planetarios, pueda generarse una
ton, por ejemplo) en el seno de la “civilización occidental”.
ideología que tiende a retirar la idea misma de universali-
Pero obsérvese que también aquella ideología que promue-
dad. Seguramente se trata ante todo de una ideología más
ve la extensión universal de las formas democráticas de los
bien gremial, asociada a diversos sectores académicos, que
Estados de los bloques más poderosos actúa abstrayendo o
tiende sobre todo a defender sus propios intereses de super-
silenciando el carácter desigual de las relaciones conjuga-
vivencia académica, en cuanto que dichos sectores
das entre los conflictos dados entre los bloques y entre las
comienzan a sentirse cada vez más perplejos o incapaces
El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura. 35

para pensar alguna idea de universalidad —como la que sospecha. Dicha diferencia de potencial crítica, o dialéctica,
precisamente aquí estamos promoviendo — que pueda ac- surgirá, en efecto, por ejemplo, de los “choques” entre las
tuar como réplica crítica a las ideas de universalidad ideologías que defienden y promueven la extensión univer-
promovidas tanto por las diversas ideologías imperialistas sal de las formas democráticas de los Estados de
agresivas — democráticas o fascistas —, como por la inge- determinados bloques — y en el límite acaso el fin de la
nua y progresista ideología de la extensión universal de la historia — y las ideologías que sin embargo defienden y
democracia. Y ello sin perjuicio de que dichas ideologías promueven “el choque entre las civilizaciones”; o también
postmodernas puedan no dejar de alimentarse mundana- surgirá necesariamente de los choques entre cada una de es-
mente de aquellas ideologías y movimientos que, ante la tas ideologías que alientan el “choque de civilizaciones”
actual “globalización”, o sea, ante la actual pujanza victo- desde cada una sus civilizaciones respectivas; o bien brota-
riosa del bloque geopolítico capitalista denominado rá del choque entre cualquiera de los dos tipos de ideologías
“occidental” sobre otros bloques geopolíticos, no menos anteriores y la que aspira a un entendimiento mutuo que
capitalistas si bien irregularmente más débiles con respecto respete las morfologías particulares de cada bloque; o bien,
al primero, parecen no tener otra alternativa más que pro- por fin, surgirá de los choques entre todas, o cualesquiera
mover la vuelta o la retirada a espacios sociales geo- de estas ideologías, que promueven sus determinadas ver-
históricos “locales” o “regionales” — susceptibles de en- siones de la historia universal, y las ideologías que
tenderse a su vez a diversas escalas: desde las “patrias pretender retirar toda referencia universal en complicidad
segmentarias” de los Estados nacionales constituidos, hasta con alguna suerte de presunta retirada local geohistórica
el terruño o el huerto —. Pero semejante complicidad, tan que pudiera darse al margen de esa historia universal por la
postmoderna, con dicho pretendido regreso o retirada a es- que sin embargo siguen pujando inexorablemente procesos
pacios sociales geohistóricos “locales” no puede sino obrar e ideologías opuestos.
de una manera puramente retórica, en cuanto que se ve
Y semejante crítica, por fin, no se dará sólo en el
obligada a un defensa o compromiso con dichos espacios
ámbito mundano, o directamente político, de los procesos y
locales meramente relativista, y por ello absolutamente abs-
las ideologías acompasadas en pugna, sino que tampoco
tracto-indiferenciada, o sea, debiendo hacer absolutamente
podrá dejar de darse en los ámbitos académicos en donde, y
abstracción del hecho de que no hay ya lugar social “local”
precisamente a partir de la irrevocable congregación uni-
en este planeta que no éste enteramente envuelto, moviliza-
versal contemporánea de la desigual conjugación de todos
do y concernido por la universal conjugación desigual entre
los conflictos planetarios, también se hará ineludible alcan-
los conflictos sociopolíticos y geopolíticos que lo atraviesan
zar y proseguir esa conciencia filosófica materialista crítica
irrevocable y por ello incesantemente.
capaz de desvelar, una y otra vez, entre ellas y frente a
ellas, las maneras como la dialéctica puede ser objetiva-
mente usada de un modo experto (específicamente
“sociopolítico”) al efecto de construir metafísicas ideológi-
camente funcionales, en todo caso ya irremediablemente
sometidas a sospecha, y de cultivar dicha crítica además de
un modo no menos (“sociopolíticamente”) experto. Sin du-
da que este “momento académico” del proceso mundano
mismo del deshacerse y rehacerse incesantes del mundo (de
la historia y de la realidad universales que a través suyo se
abre) no podrá dejar de alimentarse una y otra vez de las
nuevas experiencias prácticas mundanas que el proceso
mismo de la realidad vaya arrojando, pero tanto como estas
experiencias y sus ideologías acompasadas se verán inevi-
tablemente moldeadas y formateadas por el inexorable
“rodamiento” académico (“socio-políticamente” experto)
de las ideas. De aquí que, no obstante las miserias socioló-
gicas, o psico-sociológicas, que con toda justicia puedan y
Por lo demás, y en resolución, la crítica de seme- deban denunciarse en la actual vida académica — inclu-
jantes ideologías desde la idea misma de sociedad universal yendo sin duda la vida universitaria como un apartado de
que aquí estamos defendiendo — como solidaria con la dicha vida académica—, no deje de constituir una posición
conciencia misma filosófica materialista — no podrá dejar, metafísica e ideológica más — y “metafísica”, por cierto,
como decíamos, de alimentarse incesantemente entre los en cuanto que sostenida de un modo “experto” por su
desajustes mutuos incesantes de dichas ideologías, así como aprendizaje académico universitario — aquella que dejara
entre los desajustes entre los procesos sociales mismos con de percibir que dicho “momento académico”, con su propia
dichas ideologías acompasados, como una “diferencia (dia- dialéctica interna, no puede dejar de constituir un momento
léctica) de potencial”, siquiera mínima, que incesantemente funcional de la propia dialéctica del deshacerse y el reha-
deberá alentar entre aquellos desajustes, y supuesto ya el cerse incesantes del mundo.
hecho, por lo demás, de que el formato metafísico de dichas
Madrid, Diciembre de 2001.
ideologías no podrá ya dejar de estar en la sociedad con-
temporánea, como decíamos, continuamente sometido a
36 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las


ciencias (de G. Bueno) desde una perspectiva ‘noetológi-
ca’, con especial atención a:
(i) la relación entre la idea general de ciencia(s) y la idea
de conocimiento,
(ii) la concepción de las “ciencias humanas” y
(iii) las implicaciones históricas y socio-políticas de am-
bas cuestiones.
(Notas de Clase)

Juan B. Fuentes Ortega1.

Sumario
1. Planteamiento general de la cuestión.- ____________ 37 I. 5. La experiencia religiosa primaria como
(I) Planteamiento general de la cuestión en G. Bueno 37 experiencia privativa de desbordamiento por
(II) Primer acercamiento a la crítica del respecto de las normas. __________________ 47
planteamiento general de la cuestión en G. (II) Esquema de las coordenadas generales del
Bueno.- _______________________________ 38 sistema dialéctico de los conocimientos.- _____ 48
2. Esquema de las coordenadas generales de una II.1 Estructura y funcionamiento de las
noetología (antropológica).- __________________ 43 sociedades “primitivas”. _________________ 48
(I) Esquema de las coordenadas filosófico-generales (i) Los saberes (técnicos y sociales) en las
de la idea de ‘campo antropológico’.- ________ 43 sociedades “primitivas”.- _______________ 49
I.1. La función significativa (apofántica) de los II.2. Estructura y funcionamiento de las
lenguajes y el papel de dicha función sociedades histórico-políticas.- _____________ 49
significativa en el contexto socio-productivo (i) .El Estado como forma de metatotalización
global. _______________________________ 45 partidista y precaria de los enfrentamientos
I.2. Carácter formalmente extrasomático de la sociales. ____________________________ 50
cultura objetiva antropológica. ____________ 45 (ii). El proceso de la civilización y la
I. 3. Reinterpretación de la distinción aristotélica formación de los Imperios. ______________ 51
entre el “entendimiento agente” y el II.3. Esquema del sistema dialéctico de los
“entendimiento paciente” en términos de la conocimientos en las sociedades histórico-
distinción entre los “componentes somáticos” políticas. Observaciones preliminares.-______ 52
y los “componentes normativos” del campo (i). La producción “excedentaria” como motor
antropológico._________________________ 46 recurrente del desarrollo de los saberes
I.4. El proyecto noetológico en cuanto que particulares, físico-naturales y sociales. ____ 52
asociado al proyecto filosófico- (ii). El tejido (dialéctico) recurrente y abierto
antropológico._________________________ 46 entre los saberes físico-naturales y los
(i) Sinexión entre las figuras cognoscitivas saberes sociales en el contexto del Estado.
objetivas (noemáticas) y los valores.- _____ 46 El Estado y la Filosofía. ________________ 53
(iii). La dialéctica entre el momento
“destructivo-regresivo” y el momento

1
Juan B.Fuentes Ortega es profesor titular en la Facultad de Filosofía de la UCM.
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 37

“constructivo-progresivo” de la entre los saberes sociales y la historia


metatotalización política como dialéctica (como historiografía).- ______________ 62
universal de los saberes particulares, físico- (b) Carácter ideológico y (relativo)
naturales y sociales. __________________ 54 fundamento real del proyecto de las
II.4. Esquema del sistema dialéctico de los “ciencias humanas. _________________ 64
conocimientos en las sociedades histórico- (c). Tipos de ciencias humanas en proyecto:
políticas.- ____________________________ 55 Etnología, “ciencias” sociológicas y
(i). El desarrollo de los saberes físico-naturales: Psicología.________________________ 66
de las técnicas a las ciencias y al complejo 3. Corolario: Crítica de la tipología dialéctica de
tecnológico-científico-industrial.- ________ 55 situaciones y fases gnoseológicas de las “ciencias
(a) Los saberes físico-naturales en el humanas” de G. Bueno. _____________________ 70
contexto de las técnicas. _____________ 55 (i) Sobre el concepto de la “fase a1”.- ____________ 70
(b) La formación de las ciencias y del (ii). Sobre el concepto de las “ fases a2” (I-a2 yII-a2) 76
complejo tecnológico-científico (iii). Sobre el concepto de la “fase b2”. ___________ 78
industrial: la sociedad universal in-finita (iv) Sobre el concepto de las “fases b1” (I-b1 y II-
y el capitalismo industrial. ___________ 57 b1) ___________________________________ 79
(ii). El proyecto de las “ciencias humanas” 4. Conclusión y recapitulación.-____________________ 80
como proyecto ideológico de la sociedad (i) Conclusión. ______________________________ 80
capitalista industrial. __________________ 62 (ii) Recapitulación. ___________________________ 81
(a) Las morfologías de los saberes sociales
en las sociedades históricas. Dialéctica

te segregadas o neutralizadas en la estructura objetiva esen-


1. —Planteamiento general de la cuestión.-
cial de cada verdad resultante (o sea, en la “identidad
(I) Planteamiento general de la cuestión en G. Bueno.- sintética” demostrada en la que se cifra la forma de las ver-
dades materiales de las ciencias).
I. 1. Gustavo Bueno ha defendido la necesidad de un
enfoque “gnoseológico” (y no “epistemológico”) para apre- I. 2. Desde semejante enfoque gnoseológico, Bueno ha
sar la idea de ciencia sobre el supuesto de que dicha idea es planteado el problema de las “ciencias humanas (y etológi-
solidaria de la idea de verdad en cuanto que construcción cas)” , básicamente, como el problema planteado por aquel
conjugada entre la materia (semántica) y la forma (cons- subgrupo de (posibles) ciencias en las que, al menos en el
tructivo-demostrativa) de cada ciencia, de modo que sería “sector fenoménico” del “eje semántico” de sus campos fi-
posible alcanzar una idea general de ciencia como “género guran formalmente “operaciones” (temáticas), entendidas
posterior” obtenido por la recurrencia comparativo- éstas como un ”análogo riguroso” de las operaciones de
clasificatoria entre la pluralidad de ciencias (o subgrupos de los sujetos gnoseológicos que, en general, están presentes
ciencias) ya dadas o en curso, o sea, entre la pluralidad de en la génesis constructiva de cualesquiera ciencias — in-
las mencionadas construcciones demostrativas conjugadas cluyendo, en su caso, a las propias ciencias humanas.
materia/forma en las que las ciencias consisten. Semejante situación será denominada situación “b”, por
oposición a la situación denominada “a”, que se corres-
De un modo diferente, se entiende que la perspec-
pondería con la de aquellas ciencias en cuyos campos no
tiva “epistemológica” tendría que ver con la oposición figuran formalmente sujetos gnoseológicos o algún “análo-
conjugada entre el sujeto y el objeto de los conocimientos. go suyo riguroso” (o sea, el caso de las estrictas ciencias
Se supone, por ello, que no cabría relacionar, sin más, lo
físico-naturales).
“epistemológico” y lo “gnoseológico” como un “género” y
una “especie (recta)”, de suerte que “resultará que cuando El carácter problemático de semejante situación
contemplamos las cuestiones gnoseológicas desde la pers- “b” residiría, entonces, en que ella nos sitúa, de entrada, an-
pectiva epistemológica, no solamente estaremos te esta doble alternativa problemática: si, como se ha
abstrayendo algunas determinaciones cogenéricas (mante- supuesto, las operaciones constructivas, genéticas o etioló-
niendo intactos, acaso, los caracteres generales), sino que gicas, de las ciencias han de quedar neutralizadas por sus
estaremos probablemente deformando o anegando la estruc- resultados verdaderos, entonces, o bien por un lado la pre-
tura misma de la ciencia (en el supuesto de que esta sencia de operaciones temáticas en los campos de estas
estructura sólo oblicuamente pudiera interpretarse como (posibles) ciencias compromete su carácter metodológica-
una especie — “conocimiento científico” — del género mente científico al poner en cuestión la necesaria
“conocimiento” (G. Bueno, La teoría del cierre categorial, neutralización de las operaciones constructivas o etiológi-
vol. I, p. 332). cas, o bien de otro modo la segregación de éstas últimas, en
cuanto que acarrearía la segregación de las temáticas, com-
Ello no quiere decir que el enfoque “gnoseológico” promete el carácter (temático-operatorio) “humano” — o
pueda prescindir por completo de los “sujetos” que hacen
“etológico” — de las mismas.
las ciencias; antes bien, éstos se entenderán , ante todo, co-
mo los sujetos corpóreos operatorios cuyas operaciones, Semejante situación problemática, planteada de
debiendo estar presentes en la génesis constructiva de las entrada de este modo, pretende ser dialécticamente canali-
ciencias (de cada una de sus verdades), quedarán no obstan- zada o desenvuelta y resuelta mediante la introducción de la
38 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

distinción entre estos dos tipos de metodologías: las deno- Pues bien: semejante ensombrecimiento de la
minadas “metodologías b-operatorias”, que serían todos perspectiva “epistemológica” (sólo correlativamente men-
aquellos procedimientos mediante los cuales estas ciencias tada y genérico-indiferenciadamente caracterizada) desde el
consideran y tratan como presentes las operaciones temáti- modo de definir la escala “gnoseológica” (por su parte,
cas de sus campos, y las denominadas “metodologías a- constructivamente definida del modo efectivo que se ha vis-
operatorias”, que serían todos aquellos procedimientos to), deberá acarrear ciertos límites insuperables no sólo a la
mediante los cuales estas ciencias, partiendo de contenidos hora de ensayar cualquier filosofía general del conocimien-
fenoménicos ellos mismos operatorios, construyen relacio- to que quisiera hacerse asociada o dependiente de
nes entre los términos de sus campos en donde sin embargo semejante “gnoseología”, sino también incluso por lo que
quedarían neutralizadas las operaciones temáticas de parti- respecta a las posibilidades mismas de dicha gnoseología, y
da. La distinción entre ambos tipos de metodologías quiere ello de un modo especialmente acusado al plantearse el
referirse, más que globalmente a dos ciencias o grupos de problema de las “ciencias humanas”.
ciencias, a dos momentos o fases o estados por los que en
II. 1. Para empezar, estos límites podrán comenzar a
principio transitarían cualesquiera de estas ciencias, ten-
manifestarse ya en la posibilidad de una comprensión des-
diendo, en todo caso, cada una de ellas a su modo, a
dibujada o insuficiente de ciertos aspectos o estratos de las
asentarse más en una fase que en otra en su proceso de osci-
ciencias estrictas físico-naturales.
lación permanente.
Ante todo, y en general, por lo que respecta a la
De aquí, se supone, el carácter constitutiva o per-
cuestión de la relación entre los conocimientos, que inexo-
manentemente problemático de estas ciencias por lo que
rablemente hay que vincular (del modo que fuere: ver más
toca a sus fundamentos de cientificidad.
adelante) a los sujetos científicos, y las formas de construc-
Por lo demás, y a su vez, estas dos fases o momen- ción demostrativa de verdades materiales objetivas que las
tos metodológicos deberán ser desglosados todavía en ciencias ejercen.
distintas subfases, construyéndose así una tipología, preten-
En efecto: La dialéctica o conjugación entre la
didamente dialéctico-gnoseológica, de las diversas fases y
forma (constructivo-demostrativa) y la materia del campo
subfases de los procedimientos metodológicos por los que
de cada ciencia, a través de la cual tiene lugar la segrega-
dichas ciencias transitarían y en torno a las cuales, cada una
ción de las operaciones constructivo-genéticas (no
a su modo, tenderían a asentarse sin perjuicio de su oscila-
proposicionales) en sus resultados objetivos (asimismo ex-
ción. Como se sabe: las fases a1 y a2 — incluyendo ésta
traproposicionales) , no se reduce, por lo que respecta a los
última sus momentos Ia2 y IIa2 — y las fases b2 y b1 —
sujetos, a dicho tipo de participación, puesto que incluye
incluyendo esta última los momentos Ib1 y IIb1 —, de las
también un tipo de participación formal de los sujetos cien-
cuales fases y subfases más adelante se hablará.
tíficos en cuanto que sujetos cognoscentes, por cuya
(II) Primer acercamiento a la crítica del plantea- mediación puede llegar a tener lugar precisamente dicha
miento general de la cuestión en G. Bueno.- construcción objetiva verdadera (extraproposicional) y la
correspondiente neutralización de las operaciones (no pro-
Ahora bien: es precisamente la pretensión de defi-
posicionales). Dicha participación de los sujetos científicos
nir una escala gnoseológica de análisis en el sentido
cognoscentes tiene lugar sobre todo mediante el lenguaje,
indicado la que ensombrece toda posible definición de la
esto es, a través de las representaciones proposicionales
perspectiva denominada “epistemológica” que, sin embargo
científicas (de los procedimientos constructivos y de los re-
y en todo caso, ha sido mentada correlativamente. En efec-
sultados construidos extraproposicionales) que, como
to: la mención de dicha perspectiva epistemológica,
soporte procesual intercalado entre medias de dichos pro-
simplemente caracterizada en general por la conjugación
cedimientos y resultados constructivos
objeto/sujeto, y en todo caso traída a colación con ocasión
extraproposicionales, hacen posible sostener y proseguir las
de la definición del enfoque gnoseológico en cuanto que de-
propias construcciones objetuales no proposicionales.
finido por la conjugación materia/forma asociada a la
verdad del modo que se ha visto, queda necesariamente fue- En este sentido, el concepto de “producto relativo”
ra del cono de luz arrojado por la escala gnoseológica así (entre los “signos”, los “sujetos”, y los “objetos”), usado
definida, hasta el punto de que sólo podrá ser conceptual- por Bueno al objeto de articular las relaciones constructivas
mente registrada desde dicha escala de un modo privativo o entre los momentos de los distintos sectores de los tres ejes
negativo: como aquellas situaciones, en efecto, que no de una construcción científica, es sin duda imprescindible,
cumplen las condiciones de la verdad gnoseológicamente pero puede que insuficiente, si no va explícitamente acom-
definidas, sin que por lo demás se nos diga, de un modo pañado por el reconocimiento de que las representaciones
formal y recto, en qué puedan consistir, o cuales pueden ser proposicionales características de la actividad cognoscente
las distintas configuraciones de dichas situaciones (de su- de los sujetos científicos, como soporte procesual intercala-
puesta conjugación sujeto/objeto ), así como su relación con do a lo largo de toda la construcción científica
la verdad — salvo, precisamente, aquellas situaciones (extrapoposicional), incluido el momento de la construcción
“científicas” de conjugación entre el sujeto que hace las no proposicional de verdades objetivas y de la consiguiente
ciencias y sus objetos verdaderos que ya están definidas a neutralización de las operaciones no proposicionales, resul-
escala gnoseológica, o sea, definidas por la segregación de ta ser formalmente imprescindible para el sostenimiento y
las operaciones constructivo-etiológicas por sus resultados la prosecución de los propios momentos no proposicionales
(materiales) objetivos verdaderos (formalmente demostra- de las construcciones científicas. Muy en particular, tam-
dos). bién las verdades objetivas extraproposicionales (las
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 39

identidades sintéticas materiales formalmente construidas), estrictamente nuevo o no contenido en el pasado anterior a
momento extraproposicional objetivo en el cual suponemos dicha reconstrucción. En otras palabras: que también forma
que tiene lugar la segregación de las operaciones construc- parte del pasado de una ciencia aquella situación en la que
tivo-genéticas no proposicionales, pueden y deben ser la convergencia problemática de una pluralidad de teoremas
conocidas por los sujetos científicos, esto es, proposicio- puede llevar a resoluciones (teoremáticas) anamórficas que
nalmente representadas, a través sin duda de operaciones reorganicen racimos de teoremas previos de forma que in-
proposicionales , y ello como condición formalmente me- cluyan proyectos alternativos anteriores de resolución de
diadora sin la cual sería imposible levantar y proseguir las problemas en su momento descartados por algún determi-
propias verdades no proposicionales construidas. nado teorema o grupo de teoremas. En esta medida, el
campo presente de una ciencia, sin estar indefinidamente
Un reconocimiento insuficiente, o desdibujado, de
abierto de un modo positivo (sin que “cualquier cosa sea
semejante papel formal de la actividad cognoscente de los
posible”), sí que está indefinidamente abierto de un modo
sujetos científicos — mediante sus operaciones proposicio-
negativo, lo cual no sólo hace necesaria la mencionada re-
nales representacionales sostenidas a lo largo de toda la
visión histórica, sino que a su vez determina el que ésta
construcción científica — en el conjunto del metabolismo
pueda tener lugar de un modo asimismo polémico, esto es,
constructivo de las ciencias, puede dar lugar a interpreta-
de modo que sean posibles reinterpretaciones históricas di-
ciones restrictivas muy significativas de dicho
versas y mutuamente enfrentadas a la luz de los diversos
metabolismo. En particular, por lo que respecta a la cues-
proyectos hipotéticos de resolución de los problemas del
tión de la dialéctica entre cada ciencia y su “historia
presente.
interna”, por lo que toca a la dialéctica entre cada ciencia y
su denominada “historia externa”, y asimismo en lo que se De este modo, la cirularidad hermeneútica , com-
refiere a la dialéctica entre las diversas ciencias. pleja (o multilineal) y polémica, entre el pasado y el
presente, en cuanto que incluye las operaciones de
(i). Por lo que respecta a la dialéctica entre cada cien-
(re)interpretación del pasado científico, y del cálculo, deli-
cia y su “historia interna”, la cuestión es que el estado
beración y planificación respecto de los problemas del
presente, o actual, del campo de cada ciencia ha de conside-
presente, se nos muestra como un contenido o característica
rarse no sólo “irregular” (o “gromerular”), debido sin duda
formal también del metabolismo constructivo (o “gnoseo-
a la distribución irregular del conjunto de sus teoremas, o
lógico” mismo) del campo de cada ciencia.
racimos de teoremas (teorías), vigentes, sino también polé-
mico, o conflictivo, en el sentido de que dicho campo Por ello, la enseñanza de las ciencias se nos pre-
incluirá, no sólo teoremas, sino también problemas — res- senta como una institución formalmente interna e
pecto de dichos teoremas —, resultantes de las confluencias imprescindible al metabolismo constructivo del campo de
mutuamente desajustadas de sus teoremas en curso. De ahí cada ciencia, y precisamente en cuanto que ella consiste en
el carácter internamente infecto, y por ello procesual o his- la transmisión, no ya de un presunto cuerpo de conocimien-
tórico, del campo de cada ciencia, o sea, la necesidad de tos homogéneo y acabado, sino más bien constitutivamente
una incesante revisión, desde el estado polémico del presen- polémico, que debe incluir por tanto su propia historiogra-
te, de los estratos pretéritos de cada campo, al objeto de fía, asimismo polémica, como condición de la prosecución
reintepretar, una y otra vez, los cursos pretéritos de plan- en el presente del proceso de la ciencia de referencia.
teamientos de problemas a partir de teoremas y las
Mas ninguna de estas situaciones formalmente in-
resoluciones mediante teoremas de dichos problemas, y ello
ternas al campo de cada ciencia son desde luego posibles
como condición del cálculo, deliberación y planificación de
sin los conocimientos de los sujetos científicos, los cuales
la posible resolución mediante nuevos teoremas de los pro-
conocimientos, expresados mediante representaciones pro-
blemas del presente.
posicionales (por descontado, no sólo orales, sino escritas;
A su vez, semejante reinterpretación histórica tam- y ello debido a su carácter histórico), son los que precisa-
poco podrá ser ni lineal ni homogénea, sino multilineal y mente permiten operaciones tales como la aprehensión de
conflictiva o polémica, puesto que tampoco los “datos” del los problemas a partir de los teoremas asimismo conocidos,
pasado científico hablan “por sí mismos” de manera ente- la planificación y el cálculo o ensayo hipotéticos de resolu-
ramente inmediata e inequívoca. Dichos “datos” contienen ciones a dichos problemas, la consiguiente revisión
sin duda teoremas, como resoluciones de problemas pre- historiográfica, asimismo polémica, de los datos del pasado
vios, las cuales resoluciones, sin perjuicio de la franja de como condición de la planificación y el ensayo polémicos
verdad dentro de las que se dan y que instauran, se estable- de resolución de los problemas del presente, así como, des-
cieron como alternativas a otros posibles proyectos de de luego, las efectivas construcciones de teoremas en su
resolución que, aun cuando descartados por dicha resolu- estrato proposicional.
ción efectiva, pueden no obstante volver a ser considerados
Sólo un reconocimiento explícito y suficiente del
desde el presente, y ello en la medida en que también forma
lugar de los conocimientos científicos en la dialéctica entre
parte del pasado de una ciencia la reintroducción de pro-
el campo de cada ciencia y su historia científica nos permite
yectos alternativos de resolución, en su momento
evitar de raíz la posible interpretación, en el límite absurda,
descartados por algún determinado teorema, en el seno de
que viera a la historia “interna” de cada ciencia como el
ulteriores reconstrucciones de (más o menos) amplias y
mero proceso genético de constitución del sistema científi-
profundas ramificaciones de teoremas pretéritos que, sin
co de (cada) presente en cuanto que destinado a quedar
perjuicio de las franjas de verdad de cada uno de estos teo-
anegado (neutralizado o segregado) por dicho sistema del
remas, pueda haberlos reconstruido a todos de un modo
presente; posible interpretación ésta que se vería abocada a
40 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

la postre a un “presentismo” metafísico incapaz de com- cos deben hacer del campo de su ciencia como condición de
prender la conjugación entre el carácter “sistemático de la la orientación en la investigación científica del presente, así
historia” y el carácter “histórico del sistema” también y como manifiestamente la revisión de dicha investigación
precisamente en el caso de las ciencias . actual, no serán neutrales desde el punto de vista socio-
político, puesto que acarrearán objetivamente responsabili-
(ii). Por lo que respecta a la dialéctica entre cada cien-
dades sociopolíticas insoslayables.
cia y su denominada historia “externa” o “contextual”, la
cuestión es que desde dentro del campo de cada ciencia, en (iii). Por último, y por lo que respecta a la dialéctica
cuanto que incluye, como se ha visto, la dialéctica con su entre los diversos campos científicos, esta dialéctica no po-
historia “interna”, dichos campos se encuentran vinculados drá desvincularse de la dialéctica entre las historias
con sus contextos históricos socio-culturales, y precisamen- “interna” y “contextual” de cada campo científico, puesto
te como una vinculación que tiene la forma de una que ella misma tiene lugar ante todo en el proceso de con-
retroalimentación específica y endógena, no meramente fluencia tecnológica de los resultados de cada ciencia. En
“externa” y genérica. Si, como se ha dicho, son posibles re- efecto, es el “complejo científico-tecnológico industrial”,
organizaciones de ramas enteras de teoremas anteriores que desarrollado a partir de la sociedad industrial en adelante,
incluyen la posible reinclusión de alternativas pretéritas de aquel donde tiene lugar formal y precisamente la dialéctica
resolución de problemas en su momento descartadas por al- entre las diversas ciencias, y es por ello dicho complejo el
gún teorema o grupo determinado de teoremas en todo caso que requiere un análisis específico y dialéctico proporcio-
ulteriormente reorganizados, la cuestión es entonces que el nado a su complejidad. Un análisis éste que, en todo caso,
sistema de alternativas posibles de cada momento, así como requerirá la consideración de los modos de conjugación, in-
el curso efectivo resolutorio que en cada caso se siga, no es ternos y formales, de las relaciones sociopolíticas en el
en cualquier caso independiente de las condiciones socio- proceso de levantamiento y desarrollo de dicho complejo.
culturales específicas a partir de las cuales las alternativas Más adelante se esbozará con mayor fundamento un análi-
“victoriosas” demostraron su eficacia, y además y preci- sis semejante.
samente bajo la forma de su rendimiento tecnológico.
Una vez más, debe recordarse que sin la mediación
Sin perjuicio de que más adelante desarrollaremos de los conocimientos de los sujetos científicos — y tecno-
más esta cuestión decisiva, me limito simplemente ahora a lógicos — (pero también, y por lo visto, de los “sujetos
apuntar lo siguiente: que dichas condiciones socio- socio-políticos ‘contextuales’” —concepto que incluye a
culturales tienen que ver con determinadas relaciones socia- los científicos y tecnólogos en cuanto a su responsabilidad
les que se encuentran sin duda conjugadas con un grado y socio-política), conocimientos proposicionalmente expresa-
un tipo de desarrollo de las fuerzas productivas que impli- dos e intercalados en cada uno de los goznes o mediaciones
can la industria, puesto que así como no es posible la de esta compleja dialéctica, todo este complejo proceso no
industria sin las ciencias, tampoco cabe al menos la genera- podría levantarse, sostenerse ni proseguirse.
lización y el desarrollo de las ciencias sin la industria. Ello
De aquí, en resolución, la importancia de recono-
quiere decir que la realimentación de las resoluciones teo-
cer explícitamente el lugar formal de los conocimientos en
remáticas “victoriosas” y su rendimiento tecnológico a
las ciencias (y en todo el complejo con el que éstas se en-
través de la industria no es en todo caso neutral, o sea, “ex-
cuentran formal e internamente conjugadas), un
terna” y/o “genérica” respecto de las relaciones sociales en
reconocimiento éste que en todo caso no queda suficiente-
cada caso alternativas de organización de la producción —
mente explicitado por la sola aseveración “gnoseológica”
de dichos rendimientos tecnológicos —, sino que está vin-
de que las ciencias, en cuanto que construcciones (forma-
culada o realimentada con dichas formas sociales de un
les) de verdades (materiales) objetivas extraproposcionales
modo “endógeno” y “específico”, tanto en el sentido de que
“no se reducen” a los “conocimientos” ni a las “proposicio-
la planificación social (alternativa) de la investigación cien-
nes”, puesto que dicha aseveración, de suyo abstractamente
tífica encauzará las resoluciones teoremáticas que puedan
verdadera, requiere , para ser dialéctica e íntegramente ver-
llegar a alcanzarse, como en el sentido de que dichas reso-
dadera, ser redoblada y conjugada con un análisis de los
luciones, una vez encontradas, y realimentadas tecnológico-
modos como los conocimientos y las proposiciones carac-
industrialmente, encauzarán la forma y la dirección de di-
terística o específicamente científicas forman asimismo
chas relaciones sociales.
parte interna de las ciencias — y, a través suyo, de todo el
Así pues, la dialéctica entre cada campo científico complejo contextual socio-productivo que asimismo inclu-
y su historia científica o “interna” resulta estar conjugada, o ye conocimientos y proposiciones a sus correspondientes
realimentada, con su historia socio-productiva contextual escalas específicas.
específica (muy oscuramente caracterizada como “externa”,
II.2. Ahora bien, los límites del enfoque “gnoseológico”
por lo que estamos viendo) por la mediación de las aplica-
se muestran más acusados cuando se trata de plantear el
ciones tecnológico-industriales de sus resultados,
problema de las “ciencias humanas”. La cuestión es, en
aplicaciones éstas que resultan a su vez conjugadas con las
efecto, que el supuesto de partida desde el que dicho enfo-
formas sociales alternativas de organizar dichos rendimien-
que plantea el problema (a saber, el de que estas ciencias
tos tecnológico-industriales. De este modo, así como es
serían aquellas en cuyos campos temáticos figuran formal-
posible una historia social (sociopolítica) de las ciencias
mente, siquiera como fenómenos, “sujetos operatorios
endógena y específicamente vinculada, o requerida, desde
gnoseológicos”, o bien algún “análogo suyo riguroso”)
la propia historia científica de cada ciencia, no menos, y por
constituye una mera petición de principio desde el momen-
lo mismo, la propia revisión historiográfica que los científi-
to en que predefine o filtra las que puedan ser las
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 41

características de las configuraciones adoptadas por la con- (gnoseológica) de proporción propia”, sin cuya efectiva
jugación sujeto/objeto como contenidos temáticos de estas justificación no salimos de una mera petición de principio
disciplinas, así como las posibles formas mismas disciplina- argumentalmente vacía o tautológica.
res de conocer dichas configuraciones, desde la idea previa
Así pues, la estrategia (pseudo)argumental que es-
de un “sujeto gnoseológico” definido por la neutralización
tamos considerando se reduce, en definitiva, a esto: A partir
de sus operaciones constructivo-genéticas en los resultados
de una definición del enfoque gnoseológico (mediante la
verdaderos objetivos (materiales) que en las ciencias estric-
conjugación entre la materia y la forma de las ciencias con-
tas (formalmente) se alcanzan. De este modo, todo lo que se
cebidas como construcciones formalmente demostrativas de
está haciendo, al menos mientras no se ofrezcan ulteriores
verdades materiales objetivas, a través de las cuales cons-
determinaciones que justifiquen de algún modo el supuesto
trucciones las operaciones constructivo-genéticas de los
de partida, es simplemente reiterar, en abstracto, la escala
sujetos científicos quedarían neutralizadas en sus resultados
gnoseológica misma de análisis de la que se parte.
objetivos), enfoque “gnoseológico” éste que se supone in-
El ardid argumental mediante el que se intenta ha- accesible o inaprensible desde la perspectiva
cer valer semejante modo de plantear el problema consiste correlativamente mentada como “epistemológica” (y sólo
en asegurar que, en aras del “rigor constructivo (geométri- genérico-indiferenciadamente caracterizada por la conjuga-
co)” y para asegurar la “pertinencia gnoseológica” de la ción sujeto/objeto), para luego, en el momento de
idea de “ciencias humanas”, es preciso, siquiera “metodo- habérnoslas con el problema de las ciencias humanas, limi-
lógicamente”, o “al menos al comienzo”, conceptualizar o tarse a asumir la “traducción”, mediante el supuesto de la
registrar las que puedan ser las características temáticas de mencionada “analogía rigurosa”, de estas situaciones men-
estas ciencias desde sus “determinaciones gnoseológicas”, o tadas como epistemológicas, que son las que precisamente
sea, desde aquellas presuntas características suyas que se figuran como contenidos temáticos de las posibles ciencias
suponen “rigurosamente análogas” a las de los sujetos gno- humanas, a la escala o el formato de los sujetos científicos
seológicos agentes de las ciencias estrictas, y todo ello aun tal y como éstos han sido definidos gnoseológicamente.
cuando no se deje de reconocer, pero de un modo puramen- Semejante “traducción” no pasa, en efecto, de ser una peti-
te abstracto indiferenciado, que la “idea de lo humano” ción de principio vacía, y no dialéctica, en la medida en
puede contener una “riqueza de connotaciones” que vayan que, en vez de ofrecer ulteriores determinaciones de su pre-
“más allá” que las que tienen que ver con su “determina- sunto alcance analógico-gnoseológico que, desde el marco
ción gnoseológica”: “Sin duda — en efecto, se nos dice —, gnoseológico de partida, afectasen a otras posibles determi-
el rigor con el que se nos asegura esta pertinencia tiene co- naciones, nos limitamos a postular la “restricción”
mo precio la restricción, acaso excesivamente enérgica, de analógica de dichas posibles determinaciones a su pre-
lo “humano” a sus determinaciones gnoseológicas (científi- supuesta “determinación gnoseológica”. De este modo se
cas). Preferimos, sin embargo, metodológicamente nos difumina la construcción efectiva de una “analogía
sacrificar, al menos al comienzo, al rigor ‘geométrico’ la ri- gnoseológica de proporción propia” que es lo que sin em-
queza de la idea de lo humano — que contiene sin duda bargo se está pretendiendo.
muchas más cosas que las que tienen que ver con las cien-
Semejante petición de principio (pseudodialéctica),
cias” (G. Bueno: “En torno al concepto de ciencias
que se limita a reproducir y a expresar — a pesar suyo —
humanas: La distinción entre las metodologías a-operatorias
los límites insuperables de la escala “gnoseológica” de aná-
y b-operatorias”, El Basilisco, 1978, p. 24 —sub. mío-).
lisis de la que se parte y en la que todo momento se
Pero este presunto “rigor metodológico constructi- pretende moverse, no puede dejar de tener, entonces, con-
vo (geométrico)” al que, “al menos al comienzo”, habría secuencias muy precisas, y fatales, por lo que respecta a la
que atenerse para asegurar la “pertinencia gnoseológica” de tipología, que quiere ser una tipología dialéctica de inten-
nuestra percepción de las ciencias humanas, no pasa de ser, ción analógico-gnoseológica, de situaciones y fases
en rigor, un mero ardid (pseudo)argumental que se limita a mediante las que se pretende desenvolver y resolver dialéc-
(pseudo)justificar lo que no es sino una mera petición de ticamente el problema de las ciencias humanas.
principio, a saber, la de la “analogía rigurosa” entre los su-
(i). De entrada, el modo mismo de plantear el proble-
jetos temáticos de estas posibles ciencias y los sujetos
ma ya expresa el carácter pseudodialéctico de dicho
gnoseológicos agentes de las ciencias estrictas. Y se trata,
planteamiento, en la medida en que dicho problema ha sido
en efecto, de una pseudojustificación en la medida en que la
planteado, precisamente, mediante esta doble alternativa —
petición de principio que mediante ella se pretende hacer
presuntamente problemática —: o bien las ciencias huma-
valer es una petición de principio constructiva o argumen-
nas, en la medida en que quisieran ser formal o
talmente vacía o tautológica, y no dialéctica, dado que en
metodológicamente científicas, dejarían de ser temática-
ningún momento ulterior de la construcción se nos ofrece
mente humanas; o bien en la medida en que mantengan su
ninguna otra posible determinación que avale el alcance
carácter temáticamente humano, dejarían de ser formal o
analógico-gnoseológico de la presunta analogía (gnoseoló-
metodológicamente científicas. Pero esta doble alternativa,
gica) que se quiere hacer valer — un alcance analógico-
así planteada, se limita a expresar y reproducir la mutua
gnseológico que precisamente habría de algún modo de
impermeabilidad, o mera yuxtaposición, conceptuales entre
afectar, desde el marco gnoseológico de partida, a esas
la escala gnoseológica tal y como ha sido definida y la
otras determinaciones de lo “humano” que abstracto-
perspectiva epistemológica tal como ha sido sólo mentada y
indiferenciadamente se han reconocido en algún sentido
genérico-indiferenciadamente caracterizada, de modo que
distintas de las estrictamente gnoseológicas: sólo de este
no se trata en realidad de un genuino planteamiento dialéc-
modo podríamos hablar propiamente de una “analogía
42 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

tico del problema, sino sólo y precisamente de un mero di- temáticas en dichas estructuras — y que se supone duplica-
lema. Un dilema, en efecto, en el sentido de que ninguna de do por la correspondiente neutralización de las operaciones
sus dos posibles salidas resuelven el problema: Pues o bien científicas — ha de ser “rigurosamente análogo” con el “re-
estas ciencias lo son a condición de anegar su (inicialmente greso” que en las efectivas ciencias estrictas (físico-
supuesta) condición temática peculiar — en cuyo caso el naturales) tiene lugar desde sus fenómenos de partida (que
presunto problema se disolvería en cuanto que mera apa- sin embargo en esta caso se suponen ellos mismos no ope-
riencia —, o bien dicha condición temática característica las ratorios) a sus resultados objetivos, regreso mediante el cual
haría inviables como ciencias — en cuyo caso la resolución se neutralizan las operaciones científicas. Lo cual supone, a
del problema se nos aleja indefinidamente . En ambos ca- su vez, y a la postre, asumir la “rigurosa analogía” gnoseo-
sos, pues, es la condición problemática misma del problema lógica, o sea, siquiera a efectos de la construcción científica
que se pretende plantear la que queda sin formular adecua- que sobre ellos pueda levantarse, entre los fenómenos de las
damente, bien porque se nos se nos acaba resolviendo en la posibles ciencias humanas, que han comenzado por recono-
dirección de reconocer el carácter aparente del problema de cerse como siendo ellos mismos formalmente operatorios, y
partida, bien porque dicha resolución se nos aleja indefini- los fenómenos de las ciencias físico-naturales, que sin em-
damente. bargo se reconocen en todo caso como no siendo ellos
mismos operatorios, lo cual implica a fin de cuentas disol-
(ii) Semejante carácter no dialéctico, sino sólo dilemá-
ver, por efecto de la mencionada “rigurosa analogía”
tico, del planteamiento del problema se reproducirá ahora,
presuntamente gnoseológica, la diferencia misma mediante
inevitablemente, en la tipología, pretendidamente dialécti-
la cual se había comenzado sin embargo por caracterizar a
co-gnoseológica por analogía, de situaciones y fases
los campos de estas posibles ciencias por comparación con
oscilantes mediante la que se pretende desenvolver y resol-
los de las ciencias físico-naturales.
ver el problema: Puesto que, en efecto, o bien por un lado
(a) el carácter genuinamente analógico-gnoseológico de di- A fin de cuentas, pues, como decíamos, semejante
cha dialéctica depende del supuesto de su “rigurosa diferencia se nos acaba revelando, al menos a efectos “gno-
analogía” con la dialéctica gnoseológica previamente defi- seológicos” de la construcción científica, como una simple
nida de neutralización de las operaciones genético- apariencia.
constructivas científicas en sus resultados objetivos, pero en
(b) Por que respecta al segundo “cuerno”: mas si, por
tal caso ello implica la disolución de las características es-
otro lado, nos confirmásemos en la característica diferencial
pecíficas de los campos temáticos mediante las que
mediante la cual hemos comenzado por definir los campos
inicialmente habíamos caracterizado dichas ciencias, o sea,
temáticos de estas posibles ciencias en términos del carácter
que, como decíamos, dicha inicial caracterización se nos
formalmente operatorio de sus fenómenos, entonces lo que
revela a la postre como una apariencia , o bien, por otro la-
precisamente no se nos especifica es cual puede ser el (pre-
do, (b) si es que dicha característica temática específica no
sunto) alcance analógicamente gnoseológico de la
es una apariencia, entonces no se especifica cual podría ser
mencionada dialéctica de situaciones y fases, esto es, no se
el sentido pretendidamente analógico-gnoseológico de se-
nos ofrece la construcción de la “analogía gnoseológica de
mejante dialéctica, si no fuera el de ofrecer una mera
proporción propia” que sin embargo debiera efectivamente
caracterización, puramente privativa y oblicua, de los gra-
construirse a tal efecto, dejando por ello abierta la posibili-
dos de alejamiento o distancia de las situaciones y fases por
dad de interpretar dicha dialéctica como una mera
ella contempladas y la efectiva dialéctica gnoseológica de
caracterización, privativa y oblicua (en vez de positiva y re-
las ciencias estrictas , de modo que, como decíamos, en tal
cta) , de los grados de alejamiento de las construcciones de
caso el problema se aleja, por extraño a la escala gnoseoló-
estos saberes por respecto del canon gnoseológico del que
gica de partida, indefinidamente.
partimos.
Estos son, en efecto, los dos “cuernos” del dilema
Con lo que, en tal caso, como también decíamos,
que resultan del planteamiento que se ha hecho de la cues-
el presunto problema de las ciencias humanas se nos revela-
tión. Más en particular:
ría como indefinidamente inalcanzable, en recto, desde el
(a) Por lo que respecta al primer “cuerno”: la presunta patrón gnoseológico del que partimos y en el que nos mo-
dialéctica analógico-gnoseológica oscilante — entre las si- vemos.
tuaciones “a “ y “b”, y las fases de dichas situaciones a1,
El equívoco radical y de fondo, en resolución, en
Ia2, IIa2; y b2, Ib1 y IIb1 — sólo podría entenderse como
el que no puede dejar de moverse todo el planteamiento
una genuina dialéctica analógico-gnoseológica sobre el su-
“gnoseológico” que Bueno ha querido hacer del problema
puesto de su “rigurosa analogía” con la dialéctica
de las “ciencias humanas” reside en no haber podido dejar
gnoseológica regresiva/progresiva de las ciencias estrictas
de contar, por un lado, con una caracterización de dichas
(físico-naturales) mediante la cual se entiende que tendría
ciencias en unos términos inevitablemente asociados a su
lugar la neutralización regresiva de las operaciones cons-
concepción meramente genérico-indiferenciada de lo que
tructivo-genéticas en sus resultados objetivos a partir de sus
pueda ser la perspectiva “epistemológica “ (:carácter opera-
fenómenos iniciales recuperables progresivamente. Pero
torio de los fenómenos mismos de sus campos), y por ello
ello supone asumir que el “camino” que en las ciencias hu-
una caracterización se diría que meramente denotativa o re-
manas tendría lugar desde los fenómenos (que se han
ferencial, a la vez que, por otro lado, en haberse visto
comenzado por suponer ellos mismos formalmente operato-
llevado a tener que re-traducir, reajustar o filtrar concep-
rios) a sus resultados estructurales objetivos, proceso
tualmente (connotativamente) dicha caracterización en los
mediante el cual quedarían neutralizadas las operaciones
únicos términos a los que su enfoque “gnoseológico” alcan-
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 43

za (: analogía rigurosa, a efectos gnoseológicos, entre los Semejante dialéctica entre las figuras adoptadas
sujetos operatorios temáticos y los gnoseológicos, pero sin por los distintos tipos de conjugación sujeto/objeto podre-
que se construya dicha analogía gnoseológica rigurosa), mos reconocerla como una genuina noetología — dentro de
quedando de este modo todo su planteamiento, desenvol- la cual quedarían conceptualmente refundidas de un modo
vimiento y resolución pretendidamente gnoseológico- nuevo la perspectiva mentada como “epistemológica” y la
dialécticos del problema inexorablemente envueltos en la reconocida como “gnoseológica” por la “gnoseología” de
situación dilemática (pseudodialéctica, en cuanto que dicha Bueno.
pretendida dialéctica quiere ser fiel al registro gnoseológico
Se trata, pues, de ensayar la construcción del sis-
de partida) según la cual, como se ha visto, y en la medida
tema dialéctico comparativo-clasificatorio de las distintas
en que no se construye efectivamente la analogía gnoseoló-
configuraciones adoptadas por la conjugaciones suje-
gica (de proporción propia) que se pretende, o bien el
to/objeto, o sea, se trata de obtener por recurrencia
problema se nos ha de revelar como aparente desde el ca-
comparativo-clasificatoria el “sistema dialéctico de los co-
non gnoseológico de partida, o bien se nos acaba por tornar
nocimientos”.
extraño e indefinidamente alejado por efecto de dicho ca-
non. Este sistema podrá y deberá incluir, desde luego,
en sus distintos estratos, diversas ramificaciones y subrami-
Como más adelante se verá, la situación más
ficaciones (procesuales), a su vez mutuamente intersectadas
ejemplarmente representativa de dicho equívoco de fondo
en parte y en parte separadas de diversos modos, de acuerdo
insuperable lo constituye la conceptualización que, dentro
siempre con el proceso mismo de desenvolvimiento de sus
de su tipología, Bueno ha hecho de la fase o estado que de-
apartados o ramales. Así, por ejemplo, dicho sistema podrá
nomina a1, esto es, precisamente de ese estado que, dado el
considerar, en uno de sus estratos, la bifurcación entre los
grado máximo de analogía que Bueno le supone con las
conocimientos que lo son de realidades ellas mismas no
ciencias físico-naturales, serviría para reconocer bajo el
cognoscitivas y los que versan sobre hechos ellos mismos
mismo rótulo — el de “género anterior” —tanto a aquellas
cognoscitivos; mientras que, en otro de sus estratos, podrá
situaciones (biopsicológicas, según la propia caracteriza-
considerar la ramificación entre conocimientos técnicos
ción del autor) en las que partiendo de los fenómenos
que, sin perjuicio de su configuración reconocible de un
operatorios temáticos iniciales (conductuales) se alcanzaría
modo recto y formal, aún no han alcanzado la forma de las
una estricta neutralización de dichas operaciones temáticas
ciencias, y los conocimientos científicos. O bien podrá, y
por regreso a (presuntos) “géneros anteriores” (de tipo mor-
deberá, dicho sistema asimismo afrontar el problema de las
fofisiológicos, como veremos) y aquellas otras situaciones
diversos tipos de intersecciones y disyunciones que pueden
características en general de las ciencias físico-naturales es-
ocurrir entre sus diversos apartados y subapartados: así, por
trictas en las que los fenómenos, en este caso no
ejemplo, podrá considerar, dentro de los conocimientos que
operatorios, quedan regresivamente neutralizados por sus
versan sobre hechos ellos mismos cognoscitivos, la distin-
resultados objetivos constructivamente alcanzados. Como
ción entre aquellos conocimientos (etiológicamente
luego veremos, un análisis mínimamente en forma de la
humanos) sobre organismos animales cognoscitivos y los
presunta analogía gnoseológica que se quiere hacer valer
conocimientos que unos grupos humanos pueden alcanzar
mediante el concepto de “género anterior” servirá para po-
sobre otros grupos humanos, y podrá, y deberá, en este con-
ner de manifiesto el carácter radicalmente mal construido
texto, discutir en qué medida cada una de estas dos
de dicho concepto, así como el alcance paradigmático que
subdivisones pueden alcanzar el rango de ciencias o más
dicha pseudoconstrucción tiene por lo que respecta a la
bien permanecer dentro del ámbito de los saberes técnicos.
construcción global que Bueno ha hecho del problema de
las ciencias humanas. Ahora bien, y esto es fundamental, lo que en todo
caso no podremos hacer es fingir que dicho sistema puede
construirse desde fuera del “campo antropológico”, es de-
2. —Esquema de las coordenadas generales de cir, desde fuera del ámbito de realidad , ella misma
una noetología (antropológica).- procesual, dentro de la cual tiene lugar — etiológicamente
— el propio desenvolvimiento del sistema, y dentro de la
Para remontar los límites y las insuficiencias del
cual se nos puede hacer accesible o reconocible dicho des-
enfoque “gnoseológico” aquí considerado es preciso rever-
envolvimiento, precisamente como un momento interno
tir la perspectiva adoptada por dicho enfoque, de forma que
suyo. Así pues, el proyecto noetológico de construir el
se nos puedan hacer accesibles, de entrada, de un modo
mencionado sistema dialéctico de los conocimientos es
formal y recto, las situaciones de conjugación sujeto/objeto
formalmente indisociable de la necesidad de elaborar una
por él mentadas como “epistemológicas”, y ello de manera
antropología filosófica como condición de semejante pro-
que podamos asimismo llegar a percibir, como un desen-
yecto, el cual se nos muestra entonces como una
volvimiento de la dialéctica de dichas situaciones, la propia
antropología (filosófica) del conocimiento.
formación del tipo de situaciones concebidas como “gno-
seológicas,” esto es , la formación de las ciencias, como un La antropología filosófica es, en efecto, el marco
tipo sin duda límite de dicha dialéctica, dotado sin duda de trascendental (constitutivamente recurrente) imprescindible
sus propias diferencias específicas, pero que en todo caso más inmediatamente proporcionado al proyecto noetológico
no puede dejar de formarse a partir del desenvolvimiento en cuanto que antropología (filosófica) del conocimiento.
de la misma.
44 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

en efecto, como trascendental , esto es, constitutivamente


(I) Esquema de las coordenadas filosófico-generales de la
recurrente, a todas y cada una de sus configuraciones socio-
idea de ‘campo antropológico’.-
productivas positivas que vayan formándose por efecto
Muy esquemáticamente: la formación de lo que mismo de dicho desenvolvimiento dialéctico.
denominamos el ‘campo antropológico’ puede entenderse
Ahora bien, antes de esbozar siquiera el curso o el
como una determinación de los procesos de ‘anamórfosis’,
sistema de dicha dialéctica necesitamos hacernos con algu-
esto es, de aquellos procesos de transformación por refun-
na idea general de la forma o estructura de dicho núcleo-
dición de una pluralidad de cursos genéticos heterogéneos
atractor, — o “núcleo generador recurrente” — en cuya
de cuya convergencia resulta una estructura cualitativa o
formación y desenvolvimiento ciframos la realidad (tras-
formalmente irreductible a cada uno de dichos cursos gené-
cendental) de campo antropológico. Y a tal efecto propongo
ticos por separado, así como a la mera suma abstracta de
que es posible generalizar y reaplicar el concepto, en prin-
todos ellos.
cipio de orden lingüístico o gramatical, de morfosintaxis
En el caso de la formación del campo antropológi- para caracterizar la estructura de dichas “relaciones sociales
co, proponemos identificar dichos cursos, en principio, con de producción”, de suerte que los efectivos lenguajes de pa-
el proceso biológico evolutivo de hominización que cono- labras se nos presenten, a su vez, como una subclase
cemos por la etopaleontología homínida, esto es, con el especial de la clase más general constituida por las relacio-
proceso de formación evolutiva de los diversos rasgos ca- nes morfosintácticas como las relaciones más
racterísticos de las morfologías orgánicas (de las especies y características y generales (trascendentales) del campo an-
los géneros de la familia homínida), en cuanto que dichos tropológico.
rasgos ya incluyen las conductas, es decir, en cuanto que
Se trata, en efecto, de generalizar y reaplicar la
ellos posibilitan, como su soporte o canalización morfofi-
idea de unas formas sintácticas de interdependencia entre
siológica, determinadas conductas — con sus aspectos
las variaciones de las flexiones morfemáticas, que es bási-
cognoscitivos y apetitivos — mediante las que tiene lugar la
camente en lo que consisten las morfosintaxis lingüísticas,
propia adaptación selectiva al medio y la consiguiente evo-
para caracterizar, también y precisamente, a las relaciones
lución de dichas morfologías.
sociales de producción. Lo cual podrá hacerse cuando con-
Ahora bien, el campo antropológico sólo comenza- sideramos a los entramados formados por (sub)grupos de
rá a cristalizar cuando estas operaciones, en principio distintos objetos como una estructura compuesta por una
zoológico-conductuales, comiencen a quedar refundidas a pluralidad de posiciones o lugares operatorios diversos, de
la escala que imponen los primeros objetos o enseres fabri- modo que respecto de dichas posiciones resulten mutua-
cados de los que nos da cuenta la arqueología prehistórica. mente intercambiables y rotables una pluralidad numérica
Si proponemos, en efecto, cifrar en los objetos o enseres fa- de distintos sujetos operatorios, y ello precisamente en la
bricados siquiera el núcleo de la estructura específica del medida en que dichas posiciones se encuentren vinculadas
campo antropológico (resultante de dicha convergencia), por determinadas interdependencias. En virtud de la inter-
ello es debido a que suponemos que sólo a partir del entra- cambiabilidad y rotación mutuas de los individuos
mado formal que comienza a fraguar entre dichos objetos operatorios respecto de dichas posiciones podremos consi-
comienza a hacerse posible un nuevo tipo específico de derar a éstas como análogas a las flexiones morfemáticas
operaciones empleadas en su fabricación y en su uso social, (de los lenguajes), y a su vez, las interdependencias entre
y por ello un nuevo tipo específico de relaciones sociales, dichas posiciones, en función de las cuales son posibles
ya no reductibles a las relaciones sociales que sin duda se aquellas intercambiabilidad y rotación, serían análogas a las
dan en diversas especies zoológicas, como son precisamen- relaciones sintácticas entre las flexiones morfemáticas (de
te las “relaciones sociales de producción”, en cuanto que los lenguajes). De este modo, podremos considerar a cada
relaciones, en efecto, constitutivas (trascendentales) de la trama socio-productivamente integrada de objetos funcio-
estructura característica o específica del campo antropoló- nando como un segmento (analógicamente) gramatical, en
gico. cuanto que consiste en una pluralidad de posiciones opera-
torias (analógicamente morfemáticas), que de hecho van
Una vez mínimamente cristalizado dicho núcleo,
correspondiendo con las diversas tareas o subtareas produc-
esto es, dicha trama mínima de objetos, y por ello dichas re- tivas, en función de cuyas interdependencias sociales
laciones sociales de producción, éstas comenzarán a actuar (analógicamente sintácticas), que se van correspondiendo
como un atractor respecto de otras operaciones conductua-
de hecho con la distribución cooperatoria de las diversas ta-
les todavía zoológico-genéricas, las cuales irán quedando reas productivas, se hace posible la intersustitución y
progresivamente refundidas a la escala de dicho núcleo se- (creciente) rotación mutuas de los sujetos operatorios res-
gún las formas y los ritmos que vayan progresivamente
pecto de aquellas posiciones o tareas. Y podremos percibir,
adquiriendo dichas relaciones sociales productivas. en general, una sociedad o círculo socio-productivo antro-
De aquí que una teoría filosófica del campo antro- pológico (una vez que, como ahora veremos, estos hayan
pológico deba poder engranar una teoría de su formación llegado a cristalizar como tales círculos) como una gramáti-
(por refundición a partir de sus cursos biológicos previos) ca global objetiva, esto es, como una distribución
con una teoría de su transformación o de su desarrollo a cooperatoria global (sintáctico-social) entre todas sus tareas
partir de su núcleo estructural inicial (trascendental), es de- y subtareas productivas (morfemático-productivas).
cir, del desenvolvimiento de la dialéctica de las relaciones Mediante semejante idea de morfosintaxis, en el
sociales de producción en las que hacemos residir dicho nú- sentidol que aquí se ha esbozado, podemos comenzar si-
cleo inicial. Una dialéctica ésta que habremos de entender,
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 45

quiera a hacernos con una idea general mínimamente preci- presente a las operaciones y percepciones de ambos grupos.
sa de cuestiones filosófico-antropológicas tan importantes Bajo semejante condición, el único modo disponible de lle-
como las siguientes. gar a hacer co-presente a ambos grupos de partida las tareas
de este tercer grupo será desde luego re-presentándolas, y
I.1. La función significativa (apofántica) de los lenguajes
representándolas sin duda a través de operaciones somáticas
y el papel de dicha función significativa en el contexto
susceptibles de ser percibidas mutuamente por ambos gru-
socio-productivo global.
pos, lo cual precisamente se hará posible a través de las
Dicha idea analógica de morfosintaxis nos permite, proferencias sonoras del lenguaje, las cuales podrán re-
en efecto, comenzar a comprender de un modo mínimamen- presentar aquellas situaciones no accesibles a las percep-
te adecuado la función significativa de los lenguajes (de ciones y operaciones de los grupos que las profieren y las
palabras), esto es, la razón por la que los lenguajes re- perciben (escuchan) mutuamente sólo en la medida en que
presentan, y no de cualquier modo (semiótico-genérico), si- por su estructura formal (morfosintáctica) compartan la es-
no de un modo específico, esto es, semántico (o tructura (asimismo morfosintáctica) de la situación socio-
apofántico), las cosas. Si cada lenguaje (natural o positivo) productiva global. De aquí, en efecto, el carácter impres-
puede representar las “cosas” (las realidades de cada círculo cindible y el significado crítico de la “tercera pesona” (de
socio-cultural antropológico positivo), esto es así en la me- los pronombres personales y de los tiempos verbales en ter-
dida en que — como nos dijera el Wittgenstein del cera persona, así como de los deícticos de “tercera posición
Tractatus — comparte con ellas su forma misma de repre- o lugar” — “aquello”, frente a “esto” o “eso”; “allí”, frente
sentación, puesto que las cosas, que son sin duda una a “aquí” o “ahí”-) en toda posible lengua real de palabras
realidad extralingüística, no por eso son algo ajeno o extra- (en todo lenguaje específicamente antropológico).
ño al lenguaje, puesto que están talladas a la misma escala
Es, pues, esta situación socio-productiva global, en
del lenguaje en cuanto que producidas o construidas según
cuanto que formalmente compuesta por dicha estructura tri-
una estructura que es precisamente isomorfa con la estruc-
posicional (tri-personal), aquella que sólo puede ser cons-
tura misma del lenguaje que por ello puede representarlas.
truida (levantada, sostenida y proseguida), y precisamente
Así pues, significar, o representar semánticamente (apofán-
como tal estructura extralingüística, por la mediación, como
ticamente) es participar isomórficamente la estructura de
su soporte intercalado, de su propia re-presentación lingüís-
la instancia representante en la estructura de las realida-
tica, en cuanto que ésta, a la vez que consiste en
des representadas, participación ésta en la que propiamente
operaciones somáticas susceptibles de estar co-presentes a
consiste la representación.
las percepciones de cualesquiera pares de grupos de dicha
A su vez, el privilegio que podemos reconocerle al estructura tri-posicional, es no obstante capaz, debido a su
lenguaje, respecto de las realidades que él representa, reside estructura formal (morfosintáctica), de participar isomórfi-
en su carácter “intrasomático” (siquiera en principio, esto camente en la estructura (morfosintáctica) de la situación
es, con anterioridad a los lenguajes escritos), esto es, en su socio-productiva global tri-posicional, y en esta medida po-
cualidad de consistir en cadenas articuladas de sonidos eje- der representarla para cualesquiera pares de grupos suyos
cutados mediante la musculatura bucal y supralaríngea, lo posibles co-presentes, y por ello mismo sostenerla y prose-
cual permite que los individuos puedan “portar”, mediante guirla como tal estructura extralingüistica.
la estructura (fonológica y morfosintáctica) de sus profe-
Una teoría filosófica del conocimiento no puede,
rencias sonoras, la forma misma (morfosintáctica) de las
pues, dejar de apreciar que para construir y proseguir la es-
cosas por ellos producidos, sin necesidad de estar simultá-
tructura del “mundo humano” en su estrato extra-lingüístico
neamente operando con ellas con el resto de su morfología
— del mundo de los entramados de objetos producidos y de
somática operatoria.
las relaciones sociales que ellos hacen posible — es necesa-
Y si, a su vez, hemos de considerar imprescindible ria la mediación de su propia representación lingüística, la
esta función representacional del lenguaje, precisamente en cual, en cuanto que participación isomorfa intercalada en
el contexto de las relaciones sociales de producción, esto es dicha estructura puede representarla y por ello mismo ha-
así en la medida en que es el lenguaje, y sólo el lenguaje, el cer posible su construcción y prosecución. Y esto tampoco
que, como soporte intercalado entre las actividades produc- podrá ser olvidado por ese apartado de la teoría del cono-
tivas y las relaciones sociales que éstas conllevan, hace cimiento que se ocupe de las ciencias estrictas, pues, como
posible el levantamiento, el sostenimiento y la prosecución ya se ha apuntado y más adelante se detallará, también la
de dicha producción y de la vida social que ésta acarrea. Lo construcción de las “identidades sintéticas” en su estrato
cual es debido a una característica esencial de la actividad objetual o extraproposicional, con la consiguiente segrega-
productiva, que desborda enteramente cualquier situación ción de las operaciones no proposicionales que dichas
operatoria zoológica previa, y que hemos de cifrar en lo si- identidades acarrean, sólo será posible por la mediación de
guiente: en el hecho de que la producción implica que dos o las representaciones proposicionales.
más subgrupos humanos ocupados en posiciones o tareas
I.2. Carácter formalmente extrasomático de la cultura
susceptibles de estar copresentes a las operaciones y per-
objetiva antropológica.
cepciones de cada uno de estos subgrupos deban a su vez
tener de algún modo presente, y contar con ello como con- La mencionada idea de morfosintaxis nos permite
dición formal de la prosecución de dichas tareas y de sus asimismo entender el carácter formalmente extrasomático
interdependencia, alguna tercera tarea o posición desem- del entramado de objetos de cada cultura antropológica ob-
peñada por algún otro posible subgrupo, la cual sin jetiva. Dicho carácter extrasomático no ha de ser entendido
embargo no puede estar, por razones geográfico-físicas, como una mera obviedad empírica espacial, puesto que su
46 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

razón de ser reside formalmente en la necesidad de que di- quedar sujetos o prendidos de dichas formas objetivas ex-
chos objetos (entramados), deban ser conservados o trasomáticas.
almacenados, debido a que ellos llevan impresa, en la pro-
A su vez, la puesta en acto, en cada caso, de la po-
pia morfología de su entramado (morfosintáctico), su
tencia operatoria somática por las tramas objetivas de
propia norma de construcción y uso sociales, de modo que
objetos — la “ciencia en acto” aristotélica, que es “lo mis-
su conservación o almacenamiento actúa como condición
mo que su objeto”, según Aristóteles — no podría tener
de la recurrencia de dicha norma de construcción y uso so-
lugar, por las razones vistas, sin la mediación del lenguaje
ciales. Una conservación y una recurrencia que deben ser
— de cada lenguaje positivo inserto en cada círculo antro-
no sólo transindividuales, sino transgeneracionales, es de-
pológico —, esto es, sin la participación isomorfa (respecto
cir, que deben transcender a las diversas generaciones
de las tramas de objetos) de las operaciones somáticas lin-
biológicas (sin perjuicio del posible deterioro de la materia
güísticas como soporte intercalado (entre dichas tramas), en
física con la que estén fabricados), de suerte que cada nueva
virtud del cual soporte puede llevarse a buen término la
generación de individuos pueda incorporarse a, o instalar-
“ciencia en acto”, o sea, puede sostenerse y proseguirse la
se en, los usos o relaciones sociales puestos en acción y
propia “arquitectura objetiva” que pone en acto a los cuer-
soportados por la morfología de la trama de dichos objetos.
pos operatorios.
Así pues, en la medida en que dichos objetos llevan impre-
sa, en su trama, su propia norma de construcción y uso Incluso dentro del lenguaje es preciso distinguir y
sociales, en virtud de dichos entramados ellos consisten en conjugar entre aquel aspecto suyo que puede ponerse de
una objetividad formal normativa, sin perjuicio de su posi- parte del “entendimiento agente”, cuya objetividad extra-
tividad existencial efectiva. somática vendría dada por la gramática de cada lenguaje
portada por los cuerpos de “los demás” en cuanto les supo-
I. 3. Reinterpretación de la distinción aristotélica entre
nemos “ya hablando”, o poniendo en acto dicha gramática,
el “entendimiento agente” y el “entendimiento paciente”
y aquel otro aspecto suyo que podría ponerse del lado del
en términos de la distinción entre los “componentes so-
“entendimiento paciente” en cuanto que potencia o capaci-
máticos” y los “componentes normativos” del campo
dad (o “competencia”) lingüística de los cuerpos
antropológico.
operatorios. Sin la puesta en acto de dicha competencia lin-
Pero ello quiere decir que dichas tramas de objetos güística — sin duda, por aprendizaje social
(en cuanto que “componentes normativos” del campo an- transgeneracional —, puesta en acto que sólo es posible in-
tropológico) ponen en acto, o actualizan, la capacidad o tercalada entre medias de su cultura objetiva
potencia de los cuerpos operatorios (en cuanto que “com- correspondiente, es dicha cultura objetiva la que a su vez no
ponentes somáticos” de dicho campo) para quedar podría proseguir (transgeneracionalmente) sus curso, y por
instalados o sujetos a dichas tramas. Esto es, que la operato- ello, poner recurrentemente en acto la integridad de la pro-
riedad (cognoscitiva y apetitiva) de los individuos pia potencia operatoria de cada cuerpo en su propia cultura.
somáticos del campo antropológico debe ser vista como una
I.4. El proyecto noetológico en cuanto que asociado al
capacidad o potencia para quedar prendida o sujeta por una
proyecto filosófico-antropológico.
posibilidad indefinida de formas o tramas objetivas cultura-
les, o círculos socio-culturales antropológicos, del mismo La anterior reinterpretación, y precisamente en la
modo que dicha capacidad sólo se actualiza a través y con medida en que quiere ser estricta, de la mencionada distin-
posterioridad a alguna de dichas formas culturales objeti- ción entre el entendimiento agente y el paciente implica que
vas. una antropología filosófica no puede dejar de desenvolverse
si no es, justamente, como una noetología, o sea, como una
Es posible y preciso, por tanto, reinterpretar la dis-
teoría (filosófica) del conocimiento en cuanto que teoría
tinción aristotélica entre el entendimiento agente y el
transcendental — constitutivamente recurrente — del sis-
entendimiento paciente identificando éste último con los
tema dialéctico de las diversas clases y subclases — y por
cuerpos operatorios — con los “componentes somáticos”
tanto de su “simploké” — de la figura de la “ciencia en ac-
del campo antropológico — y aquel con cada una de las
to” que fragua junto con el campo antropológico. Lo cual
formas culturales antropológicas objetivas — con los
equivale a decir, a la recíproca, que todo proyecto noetoló-
“componentes normativos” de dicho campo —, de modo
gico sólo puede realizarse, como su escala más
que el entendimiento paciente sea visto como la operatorie-
inmediatamente proporcionada, a través o en el contexto de
dad somática en cuanto que capacidad o potencia para
una antropología filosófica en cuanto que antropología del
“conocer todas las cosas”, es decir, para quedar sujeta o
conocimiento.
prendida (pero tanto cognoscitiva como apetitivamente) de
cualesquiera posibles círculos socio-culturales antropológi- (i) Sinexión entre las figuras cognoscitivas objetivas (noe-
cos, a la vez que el entendimiento agente sea visto como máticas) y los valores.-
cada uno de estos posibles círculos en cuanto que actuali-
zan o ponen en acto aquella capacidad. Se comprende, por Hecha la muy importante precisión, a su vez, de
que dicha noetología deberá verse intextricablemente aso-
tanto, que los objetos del campo antropológico, por su tra-
ma, deban ser formalmente extrasomáticos, así como el ciada, como al anverso y el reverso de la misma cuestión, a
“entedimiento agente” aristotélico actúa “separado del una estimativa filosófica (o transcendental), en cuanto que
teoría filosófica de las “valoraciones” o “importancias
cuerpo”, de modo que puedan “poner en acto”, una y otra
vez, recurrentemente, la capacidad o potencia de los cuer- prácticas” que toda figura cognoscitiva o “ciencia en acto”
pos operatorios, o sea, del “entedimiento paciente”, para comporta. Pues no son sólo los momentos cognoscitivos,
sino también los apetitivos o conativos, de los cuerpos ope-
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 47

ratorios (de los componentes somáticos del campo antropo- En lo que resta de estas “notas”, se esbozará un es-
lógico), aquellos que quedan refundidos por la estructura quema mínimo del sistema dialéctico de dicha noetología,
objetiva de las tramas normativas socio-culturales (por los sin poder dejar de lado, por las razones vistas, sus implica-
componentes normativos del campo antropológico). La an- ciones prácticas (axiológicas, estimativas).
tropología filosófica debe desenvolverse entonces como
I. 5. La experiencia religiosa primaria como experiencia
una “antropología del conocimiento” y como una “antropo-
privativa de desbordamiento por respecto de las nor-
logía de los valores” como las dos caras indisociables de las
mas.
tramas normativas que constituyen (trascendentalmente) al
campo antropológico. Pero antes de terminar este apartado (I), no quiero
dejar de apuntar, aunque sea muy rápidamente, a lo que se-
Dichas tramas normativas, en efecto, consisten en
ría una reconstrucción del fundamento del denominado “eje
procesos cognoscitivos a la par que prácticos, esto es, con-
angular” por G. Bueno.
sisten en cursos de acción, o de intervención operatoria, y
en este sentido eminentemente prácticos, cuyas construc- En el eje o dimensión cultural, las construcciones
ciones están dotadas a su vez de determinadas figuras levantadas sobre el medio físico extra-humano/operatorio,
cognoscitivas objetivas (noemáticas, esto es, noemático- sin perjuicio de venir conformadas en cuanto que objetos
normativas: cuya objetividad noemática es la de su propia construidos, no dejan ciertamente de estar en relación de
formalidad normativa) . Unos procesos éstos que, a su vez, continuidad (por contacto y por co-presencia cognoscitiva),
y por otro lado, podremos considerar, tanto en su dimensión con dicho medio a partir del cual han sido construidas. Pues
social como cultural, ambas mutuamente conjugadas, esto bien: la percepción (práctica, operatoria) de este medio, en
es, que podremos considerar bien como procesos o relacio- cuanto que desborda incesantemente la trama normativa,
nes formalmente sociales en cuanto que cursos o proyectos tanto de los procesos culturales como de los sociales, cons-
operatorios de acción mutua de unos grupos sociales sobre tituiría la fuente de la experiencia religiosa. La experiencia
otros — mediados por sus contenidos culturales — , o que religiosa, en efecto, en cuanto que experiencia de lo “numi-
podremos considerar como procesos formalmente cultura- noso” o de lo radicalmente ajeno, extraño u otro,
les en cuanto construcciones operatoriamente levantadas consistiría, en su origen, en una experiencia privativa por
sobre el medio extra-humano/operatorio — mediadas por desbordamiento por respecto de las propias normas, esto
aquellas relaciones sociales . Tanto los procesos o relacio- es, en la experiencia de un medio, con el que los individuos
nes sociales como los procesos culturales podrán adquirir antropológicos deben inexorable y continuamente tratar, en
sus encadenamientos, morfologías y ritmos formalmente cuanto que desborda incesantemente sin embargo el propio
propios, pero siempre mediados o conjugados con los pro- funcionamiento de las normas, culturales y sociales, desde
cesos existencialmente presentes de la otra dimensión. las cuales en todo caso se trata con dicho medio, y desde
dentro de las cuales normas va configurándose el campo an-
Se comprende, entonces, que tanto las relaciones
tropológico. Se trata, pues, de la experiencia del aura de
sociales (los proyectos mutos de acción entre grupos socia-
radical extrañeza que irradia de las cosas físico-naturales
les), como los propios procesos culturales (las
en cuanto que éstas no se ajustan o engranan con los patro-
construcciones operatorias levantadas sobre el medio extra-
nes normativos de los procesos operatorios, técnico-
humano/operatorio), además de estar dotados de configura-
culturales y sociales, desde los cuales sin embargo se trata
ciones cognoscitivas objetivas (noemático-normativas)
crecientemente (antropológicamente) con ellas.
comporten inexorablemente valores, esto es, importancias
prácticas mutuas respecto de los grupos sociales en juego: Se comprende, entonces, que los animales deban
no sólo, desde luego, de un modo formal y recto, en la di- sin duda inicialmente formar parte del campo de la expe-
mensión social, en cuanto que los proyectos mutuos de riencia religiosa, en cuanto que entidades operatorias
acción comportarán directa y formalmente importancias cognoscitivas y apetitivas cuyas operaciones o conductas,
prácticas mutuas para cada uno de los grupos sociales en dado su carácter extranormativo, se perciben como desbor-
juego, sino también en el orden cultural, y aquí de un modo dando privativamente los patrones normativos (sobre todo,
indirecto o mediato pero en todo caso no menos formal, en sociales) desde los cuales es preciso en principio vérselas
cuanto que las construcciones culturales, en la medida en con ellos; pero lo mismo ocurrirá con el resto de las entida-
que median las relaciones sociales, afectarán o efectuarán des y procesos naturales envolventes no operatorios, y
alguna modificación en las importancias sociales prácticas precisamente en el grado y medida en que éstos asimismo
comportadas por dichas relaciones sociales. Unas importan- desborden los patrones normativos (sobre todo, técnico-
cias sociales prácticas éstas que, sin duda, no dejan de tener culturales, de los objetos) desde los que se trata con ellos.
una configuración cognoscitiva objetiva (noemático-
Y se comprende, por lo mismo, que en la medida
normativa).
en que estas entidades naturales, operatorias y no operato-
Se comprende entonces que, como decíamos, el rias, vayan siendo formalmente integradas o reabsorbidas
proyecto de una noetología no pueda dejar de venir “sinec- en los procesos productivos (y a través suyo, en las relacio-
tivamente” asociado al proyecto de una estimativa nes sociales antropológicas), — como luego veremos, en la
filosófica (o transcendental), esto es, que la antropología fi- medida en que vayan siendo dominadas —, vayan desacra-
losófica deba desenvolverse como una antropología del lizándose o perdiendo su aura religiosa: así ocurrirá, por
conocimiento sinectivamente unida a una antropología de ejemplo, y característicamente, cuando, en la domesticación
los valores. de animales, éstos (o sus operaciones) se integren como un
momento o fase de los aparatos o del montaje de aparatos
48 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

de alguna tarea técnico-productiva. Y así ocurrirá, por an- sociales paleolíticos. Mientras que la “economía depredado-
tonomasia, en el caso de las ciencias, en la medida en que ra”, en efecto, de los grupos paleolíticos de “cazadores y
éstas son capaces de reconstruir (como luego se verá), en el recolectores” tiende a esquilmar el medio al no reponer los
interior de sus artefactos, franjas de verdad objetiva del abastos obtenidos, la ganadería y la agricultura permiten la
mundo evolvente, el cual quedará en esta medida sometido reposición multiplicativa de los productos (de la riqueza
a un dominio estricto y por ello íntegramente desacralizado. elaborada), de modo que sólo ahora podremos hablar pro-
piamente de “re-cursos”, o sea, del carácter recurrente de
Según ésta idea que cifra la experiencia religiosa
los abastos producidos, en la medida en que éstos se repo-
en una experiencia privativa por desbordamiento realizada a
nen, y se reponen multiplicativamente.
partir de las normas de cada círculo socio-cultural antropo-
lógico, podría decirse que en aquellos casos de encuentro o Ello supone, por un lado, la posibilidad de abaste-
choque entre culturas antropológicas en las que alguna de cer a un volumen de población incomparable al que pueda
ellas se encuentre en una singularmente acusada relación de abastecer una “economía depredadora” (los miles o decenas
desigualdad o desventaja por lo que toca a su capacidad pa- de miles de individuos de una aldea neolítica, frente al pu-
ra comprender y/o actuar desde su entramado normativo ñado de decenas de una horda paleolítica), y por tanto la
(socio-cultural) en relación con el entramado normativo de posibilidad de congregar a estos miles de individuos en un
la otra, los miembros de la primera tenderán a “sacralizar” grupo social; posibilidad ésta que, en todo caso, sólo puede
— a “ver como dioses” — a los individuos de la segunda, y hacerse efectiva mediante la organización o distribución
aun a ciertos objetos, enseres o artefactos de esta segunda social cooperatoria de la diversidad de las nuevas tareas
cultura inasimilables desde los objetos de la cultura propia. productivas — agrícolas y ganaderas —, lo cual requiere a
Incluso entre individuos de una misma cultura, cabría con- su vez algún tipo de soporte procesual que, intercalado en-
siderar ciertas situaciones límite de sus relaciones sociales, tre medias de las diversas tareas productivas, las entreteja a
en cuanto que en éstas se diesen operaciones que impliquen todas ellas y permita justamente su recurrencia cíclica, o
un cierto desbordamiento de los patrones normativos de su sea, la formación del círculo socio-cultural de referencia,
trato mutuo, como situaciones análogas a las experiencias función ésta que, como es sabido, cumplen necesariamente
religiosas primarias. en estas sociedades las relaciones sociales de parentesco.
(II) Esquema de las coordenadas generales del sistema Ahora bien, dichas sociedades, sin perjuicio de su
dialéctico de los conocimientos.- economía productora, son todavía, y dado el desarrollo (ne-
olítico) de sus fuerzas productivas, sociedades
En sus términos más generales, puede decirse que
subsistenciales, esto es, sociedades en las que por encima
los saberes físico-naturales se irán formando al compás del
de determinado crecimiento de la población, dicho exceden-
desarrollo del eje técnico-cultural (del desarrollo de “las
te poblacional debe entrar en crisis de supervivencia. Por
fuerzas productivas”), mientras que los saberes sociales (o
ello, la dialéctica entre dichos límites subsistenciales y las
“humanos”) irán formándose al compás del desarrollo, con-
formas de su organización socio-productiva adopta en di-
jugado con el anterior, del eje social (de las “relaciones
chas sociedades la siguiente forma: por un lado, en efecto,
sociales — de producción —)
en cuanto que sometidas a dichos límites demográfico-
Ahora bien, para poder comenzar a hacernos con el subsistenciales, puede decirse que, en cierto sentido al me-
sistema del despliegue de dichos saberes, es preciso partir nos, dichas sociedades son aún sociedades biológicas (o
de una distinción crítica, a saber, aquella que tiene que ver “ecológicas”, o “naturales”), si bien, por otro lado, tampoco
con la diferencia y las relaciones de transformación entre dichos límites son ya de tipo abstractamente orgánico-
las sociedades prehistóricas ya cristalizadas antropológica- ecológico, puesto que a su vez están metabolizados econó-
mente y las sociedades históricas o políticas. micamente, es decir, puesto que ellos tienen lugar a través y
con posterioridad a su capacidad productora (de reposición
multiplicativa) conjugada con sus formas sociales de orga-
II.1 Estructura y funcionamiento de las sociedades nización de la misma (sus relaciones sociales de
“primitivas”. — parentesco); unas formas sociales éstas, eso sí, que, dados
los límites subsistenciales de su capacidad productora, de-
Suponemos, en efecto, que el campo antropológico berán estrictamente ajustarse o adoptarse a su técnicas y
sólo cristaliza o fragua plenamente a la altura de las socie- sus recursos productivos, y por ello no dejar margen para
dades neolíticas (o etnológicas), es decir, allí donde la ninguna otra posible forma alternativa de organización so-
práctica totalidad de las operaciones de todos individuos del cial de la riqueza elaborada — como podrá comenzar a
grupo social quedan sujetas a las normas (socio-culturales), ocurrir precisamente en las sociedades “excedentarias”.
lo cual sólo podrá ocurrir en la medida en que el entrelaza-
miento dialéctico entre las diversas tareas o ocupaciones De aquí el carácter, ya no sólo circular o recurren-
productivas y las relaciones sociales a través de las que di- te, sino también y precisamente cerrado del círculo socio-
chas tareas quedan entrelazadas adopta la forma de un ciclo productivo adoptado por dichas sociedades, es decir, del
recurrente , es decir, la forma propiamente de un “círculo” hecho de que la recurrencia cíclica lo sea de los mismos
o “esfera” socio-cultural. Y para que esto pueda ocurrir, ha contenidos sociales y productivos, justamente mientras se
sido necesario, a su vez, que la transformación de las fuer- mantengan sus límites subsistenciales, y ello sin perjuicio
zas productivas que supone la agricultura, y la ganadería a del carácter posterior de dichos límites a su organización o
ella asociada, haya hecho posible una “economía producto- metabolización socio-productiva — y por ello ya específi-
ra”, frente a la “economía depredadora” de los grupos camente antropológica —. Es justo en esta medida en la que
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 49

dichas sociedades carecen de principios internos de trans- dos, engranados o concatenados por relaciones en las que
formación (de su estructura y funcionamiento), es decir, no media ningún conflicto estructural, habida cuenta del ca-
que carecen de dinamismo histórico, permaneciendo idénti- rácter subsistencial de dicho tipo de sociedades. Los límites
cas a sí mismas a través de sus recurrencias cíclicas — subsistenciales de estas sociedades, en efecto, sin perjuicio
como sociedades “frías”, “folklóricas”, “estacionarias”, de su carácter posterior a sus formas de metabolización so-
“tradicionales”, “ahistóricas”....—. cio-productiva (económica), determinan tanto el carácter no
conflictivo o armónico de sus relaciones sociales como el
ajuste estricto entre las formas que éstas adopten y sus re-
(i) Los saberes (técnicos y sociales) en las sociedades cursos (tareas y/o saberes) productivos.
“primitivas”.-
Se trata, por así decirlo, de un bloque socio-
Podremos esbozar ahora, en sus líneas más genera- productivo compacto, sin perjuicio de la diversidad hetero-
les, la figura de los saberes (físico-técnicos y sociales) de génea de sus tareas y/o saberes productivos y de sus
una sociedad de este tipo como sigue. relaciones sociales, en donde, la recurrencia circular cerrada
de la totalidad socio-productiva queda asegurada por sus
(a) De entrada, y por lo que respecta, a los saberes
límites subsistenciales.
técnico-productivos, la cuestión es que los diversos sectores
del medio físico se irán haciendo, en principio, cognosciti- (c) Una característica decisiva, entonces, de este tipo
vamente accesibles conformados a través de los objetos de sociedades es que no necesitan de ninguna forma de “to-
fabricados en cuanto que herramientas o instrumentos de talización explícita”, es decir, de ningún proyecto de acción
transformación del medio. De este modo, el conocimiento que, sostenido desde alguna parte o lugar social determina-
de dichos instrumentos, esto es, la práctica operatoria con- do, tuviera el cometido de asegurar la estabilidad, y con ello
sistente en las “relaciones funcionales de aplicación” entre la recurrencia, del grupo social, mediante la tarea de ajustar
sus partes, sin perjuicio de ser en algún grado alternativa- la totalidad de sus relaciones sociales. Antes bien, en la
mente disociable respecto de los diversos “materiales” con medida en que dicha función de totalización tiene lugar de
los que los propios instrumentos estén hechos y sobre la di- un modo implícito, mediante las relaciones sociales de pa-
versas materias del medio sobre las que a su vez pueden rentesco (en cuanto que éstas ajustan estrictamente a sus
aplicarse, será en todo caso continuo con los efectos que recursos productivos dados sus límites subsistenciales), no
sobre el medio resulten de la aplicación de dichos aparatos, es necesario que ninguna parte o grupo social deba “tener a
del mismo modo a como el conocimiento, o la obtención la vista”, como su proyecto de acción, dicha función de to-
operatoria, de dichos efectos, es decir, de las diversas regu- talización.
laridades causales obtenidas en el medio, será asimismo
Ello quiere decir que no son sociedades políticas, o
continuo con el conocimiento de aquel funcionamiento en
acaso mejor, que en ellas no es necesaria la forma y la fun-
cuanto que dichas regularidades se obtienen precisamente
ción del Estado, en la medida que las solas relaciones
como efectos de aquella aplicación.
sociales de parentesco cumplen de un modo implícito y en-
Semejante continuidad entre el funcionamiento tretejido con el resto de las relaciones sociales dicha
(operatorio) de los aparatos y los efectos regulares que me- función “política” (en este caso implícita) de totalización
diante su aplicación se obtienen en el medio hace que las estabilizadora.
regularidades causales obtenidas, sin perjuicio de la relativa
En todo caso, como veremos, será la totalidad fun-
sistematicidad interna que puedan ir alcanzado, no adopten
cional de dichas sociedades — su funcionamiento circular
en todo caso ninguna figura formalmente cerrada, o sea,
cerrado — la que podrá ser objeto de conocimiento por par-
formalmente independiente de las operaciones técnicas em-
te de otras sociedades, precisamente de aquellas sociedades
pleadas en su obtención.
ya histórico-políticas que, en sus fases de expansión, pue-
A su vez, dichos efectos relativamente regulares, dan tener, entre sus proyectos de acción y/o de
sobre ser continuos con el funcionamiento de los aparatos conocimiento, el de envolver e integrar a su funcionamiento
empleados en su obtención, resultan estar asimismo en rela- socio-productivo a aquellas sociedades primitivas, de modo
ción de dependencia funcional continua con las demandas que la totalidad funcional de las mismas se convierta for-
sociales prácticas a partir de las cuales dichos efectos son malmente en materia de la ciencia etnológica construida por
obtenidos como realimentación de dichas demandas. aquellas otras sociedades como parte del proceso de domi-
nio de las primeras.
Unas demandas éstas que a su vez provienen del
sistema de interdependencias sociales que, intercalado entre II.2. Estructura y funcionamiento de las sociedades his-
medias de aquellas tareas y/o saberes técnico-productivos, tórico-políticas.-
sostienen su entretejimiento y con ello la recurrencia (cícli-
Las sociedades históricas se generarán a partir de
ca y cerrada) de la totalidad socio-productiva de referencia.
la aparición y la generalización recurrente de los excedentes
(b) Por lo que respecta a los saberes sociales conteni- de producción, los cuales se originan de la transformación
dos en dicho sistema de interdependencias sociales, se trata de las fuerzas productivas que supone el uso de la técnica
de los cursos operatorios de acción mutua entre los diversos de los metales en la fabricación de los instrumentos produc-
grupos sociales (y sólo a través suyo entre los individuos), tivos.
conformados como proyectos normativos de acción (mu-
La presencia y progresiva generalización de los
tua), cuya característica fundamental en una sociedad de
excedentes de producción implica la rotura y transforma-
este tipo es, precisamente, la de estar mutuamente ajusta-
50 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

ción de los límites susbsistenciales anteriores, en la medida misma de la plusvalía, como núcleo generador recurrente
en que una sociedad con “economía excedentaria” comen- del capital.
zará a poder abastecer a su población progresivamente por
A su vez, el espacio de intercambio de dicha forma
encima de cualquiera que sea su posible crecimiento demo-
de circulación de mercancías provenientes de sociedades ya
gráfico.
en proceso de fracturación social, comenzará a constituirse
A partir de aquí comenzará a hacerse posible, en como el centro de convergencia de dichas sociedades y
primer lugar, el comercio, como forma de relación entre al- como el núcleo de reorganización, ya irreversible, de una
deas previamente aisladas, pero también, en segundo lugar, nueva sociedad global ya fracturada. En esto va a consistir
y como una inflexión de dichas relaciones comerciales, un las formación de la Ciudad. La Ciudad, en efecto, no se
nuevo tipo de relación social (de producción), que precisa- forma como lugar de cruce de un comercio socialmente
mente en la medida en que implica la quiebra o fractura de neutral, sino como lugar de cruce de un comercio que pro-
la nueva sociedad resultante, va a dar lugar a la estructura y viene de sociedades ya en proceso de fractura social, y por
la dinámica de las sociedades históricas ello como “cabeza” o “centro” de reorganización de la nue-
va sociedad fracturada resultante. La ciudad es la condición
Muy esquemáticamente: la primera fase del co-
misma de reorganización recurrente, y por tanto de su irre-
mercio entre aldeas generado a partir de los excedentes de
versibilidad, de la nueva sociedad global resultante ya
producción respondería a la fórmula “Mercancía-Dinero-
fracturada .
Mercancía” (M-D-M), o, como Marx dijera, “vender para
comprar”, en la que todavía no estaría presente ninguna re- Pues bien: la nueva sociedad socialmente fractura-
lación social de fractura. Ahora bien, para ver surgir a partir da contiene ya las condiciones irreversibles del
de dicha situación, como una inflexión suya, dicha relación enfrentamiento entre las diversas partes sociales que vincu-
social de fractura, sería suficiente con esto: con contar con la — y no sólo entre propietarios (de diversas formas de
la presencia de una pluralidad de aldeas, ya excedentarias y capital) y entre poseedores de fuerza trabajo; también di-
entre las cuales suponemos ya fluyendo relaciones comer- versos sectores de propietarios, y entre diversos sectores de
ciales (en principio bajo la fórmula “M-D-M”), en el trabajadores —, es decir, que la relación — o mejor, las re-
interior de cada una de las cuales, sin embargo, hemos de laciones — misma(s) entre las diversas partes sociales de
suponer la aparición de una diferencia interna en la pro- una sociedad fracturada es constitutivamente su relación (o
ducción de excedentes, una diferencia debida, en principio, sus relaciones) de desajuste o enfrentamiento — incluyen-
necesariamente (puesto que hemos de suponer de entrada do, como momentos internos de la dinámica que dichos
una distribución compartida de las técnicas productivas por enfrentamientos generan, los diversos reajustes y alianzas
parte del grupo) a diferencias internas en las condiciones entre los diversos sectores sociales enfrentados —. De aquí,
naturales de fertilidad, como deberán ser la distinta proxi- justamente, que estas sociedades comiencen a adquirir una
midad respecto de zonas fluviales o marítimas. Bajo dinámica estructural característicamente histórica, es de-
semejante condición, será suficiente con que los subgrupos cir, sujeta a una incesante transformación de su estructura
que inicialmente trabajaban en las subzonas (de cada aldea) constitutivamente fracturada como desenvolvimiento de di-
naturalmente privilegiadas y por ello generadoras de dichas cha fractura o enfrentamiento.
diferencias internas de excedente, vayan desplazando a los
Y la forma más general — esto es, transcendental,
subgrupos que trabajaban en las zonas menos privilegiadas
en cuanto que constitutivamente recurrente — de dicha di-
y excedentarias a trabajar a las zonas más privilegiadas y
námica estructural consistirá en esto: en un proceso de
excedentarias, como para que sea posible que, de resultas
incesante reconstrucción de las relaciones entre las partes
del comercio con otros subgrupos de otras aldeas a los que
enfrentadas, y por tanto entre las partes mismas, mediada
por su parte suponemos en un proceso semejante, aparezca
por la destrucción mutua entre dichas partes y sus relacio-
el germen siquiera de una forma de quiebra social interna
nes de enfrentamiento.
en el seno de cada grupo de referencia; es decir, que los
subgrupos que han desplazado a trabajar a otros subgrupos Se nos hace manifiesto, entonces, que sólo en el
a las zonas comparativamente más excedentarias (de la marco de semejante dialéctica transcendental histórica se-
misma aldea) puedan obtener de la venta en el mercado de rá posible una teoría del sistema dialéctico de los saberes
los productos elaborados por estos últimos una cantidad de de una sociedad histórica.
valor superior al que emplean en reponer su fuerza de traba-
Mas, para esbozar siquiera el esquema de semejan-
jo, y ello aun sin merma de las condiciones biológicas de
vida de estos últimos, y aun pudiendo mejorarlas — a causa te teoría de los saberes, importa realizar antes ciertas
precisamente de la mencionada diferencia excedentaria —. precisiones generales, al menos sobre estas dos cuestiones
fundamentales: sobre la forma y la función del Estado y so-
Así pues, el intercambio de mercancías controlado por cada bre lo que podremos llamar el “proceso de la civilización”
uno de estos subgrupos de las diferentes aldeas comenzará a como resultante de la dinámica estructural a la que dan lu-
tomar ahora la forma, también señalada por Marx, “Dinero- gar las sociedades políticas (estatales).
Mercancía-Dinero”, esto es, según la expresión de Marx,
consistirá, no ya en “vender para comprar”, sino en “com- (i) .El Estado como forma de metatotalización partidista y
prar para vender”: comprar fuerza de trabajo para vender precaria de los enfrentamientos sociales.
los productos elaborados por dicha fuerza de trabajo por un De, entrada, en efecto, es preciso percibir de qué
valor superior al empleado en reponerla, o sea, la estructura modo aquella dialéctica histórica sólo podrá funcionar a
través del Estado. Pues dada, en efecto, una situación es-
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 51

tructural en la que unas partes sociales pugnan por llevar a Pues bien: asimismo necesaria (transcendental) se-
cabo proyectos de acción que, desde sus intereses, tiendan a rá la dinámica que deba tener lugar a partir de la vida socio-
envolver o determinar los proyectos de acción que, por su política de las Ciudades-Estado, la cual dará lugar esos teji-
parte, otras partes sociales asimismo pugnan por hacer valer dos entre las ciudades que denominamos civilizaciones.
desde sus intereses al objeto de envolver o determinar a
Muy esquemáticamente: la clave de dicha dinámi-
aquellas partes, el único modo de alcanzar la estabilización
ca deberá cifrarse en esto: en que la presión socio-política
mínima que sin duda es necesaria como condición de recu-
interna de cada sociedad política de partida debida a sus en-
rrencia de la totalidad social de referencia, será
frentamientos internos puede ser canalizada bajo la forma
precisamente la formación de una instancia social específi-
de la expansión exterior, es decir, mediante la ocupación de
ca cuya función sea la de envolver o abarcar a la sociedad
nuevos territorios y correspondiente apropiación de mano y
internamente enfrentada, o sea, la de totalizar la pluralidad
obra y materias primas (y aun recursos productivos) de
de sus partes y relaciones enfrentadas, razón por la cual di-
“terceros”. El efecto que sobre la presión socio-política in-
cha totalización sólo podrá llevarse a cabo como una
terior tendrá semejante expansión exterior deberá ser éste:
totalización de segundo grado, o como una meta-
el de facilitar, bajo la forma de la distensión de la tensión
totalización, respecto de dicha pluralidad de partes enfren-
inicial, los reajustes socio-políticos internos, a expensas de
tadas, la cual, sin embargo y en todo caso, sólo podrá
la generación de nuevos desajustes y tensiones con respec-
brotar desde dentro de la propia sociedad, a partir de sus
to de los grupos exteriores sometidos. Ahora bien, si
enfrentamientos, y por tanto no será ninguna suerte de ar-
suponemos que esta situación debe estar dándose a la par
monizador neutral exterior, sino que estará siempre en
en diversas sociedades políticas (o Ciudades-Estado) en
función de los intereses de aquella parte o de aquellas par-
principio mutuamente aisladas, o sea, que cada una de estas
tes sociales aliadas que en cada momento puedan ser
sociedades debe encontrarse en semejante proceso de ex-
dominantes o hegemónicas, una hegemonía ésta que, a su
pansión en torno a sus territorios y poblaciones
vez, tampoco podrá lograrse de espaldas o ignorando los in-
circundantes, entonces deberá ocurrir que, debido al carác-
tereses de las partes dominadas, sino de algún modo
ter finito del territorio, antes o después dichas sociedades
contando con los intereses de dichas partes al objeto de po-
en expansión inexorablemente se encuentren, y, al menos
der codeterminarlas , si bien precisamente para dominarlas.
de entrada, se enfrenten mutuamente desde sus respectivos
El Estado es, pues, una instancia de totalización de proyectos expansivos. Semejante enfrentamiento deberá es-
las partes sociales enfrentadas que, si debe funcionar como tar sometido entonces a la siguiente dialéctica: por un lado,
un meta-totalizador, es precisamente en función de dichas y en virtud del freno mutuo de sus respectivos intereses ex-
relaciones de enfrentamiento, y que por ello mismo es, a la pansivos que supone su enfrentamiento, se producirá una
vez que (meta)totalizador, partidista. Se comprende, enton- tendencia a la retracción de la distensión hasta el momento
ces, que la estabilización social que semejante forma de lograda sobre la base de la expansión, con el consiguiente
metatotalización partidista pueda en cada caso alcanzar, sin incremento de la tensión entre sectores sociales hasta el
perjuicio de ser necesaria, no sea nunca perfecta, o definiti- momento aliados por los beneficios de la expansión; mien-
va o clausurada, sino siempre y precisamente precaria, es tras que, por otro lado, y en función del posible empuje en
decir, en incesante estado de transformación, como se co- algún grado victorioso sobre el bloque opuesto, se manifes-
rresponde con el estado de incesante transformación tará una tendencia opuesta por mantener aliados a la mayor
histórica de la sociedad que a través suyo se desenvuelve. cantidad posible de sectores sociales al objeto de continuar
la pugna, hasta donde fuere posible, por vencer al bloque
Así pues, en sus términos más generales, la dialéc-
opuesto.
tica del Estado vendrá a consistir en lo siguiente: en
funcionar como un meta-totalizador de las relaciones socia- Ahora bien, sin descontar los momentos relativa-
les de enfrentamiento debido precisa y formalmente al mente estacionarios en donde cada una de estas dos
carácter enfrentado de dichas relaciones, razón por la cual tendencias puede estarse imponiendo relativamente sobre la
dicha metatotalización sólo podrá ser partidista. Mas por otra en cada uno de los bloques enfrentados, una salida que
ello, y sin perjuicio de que dichas relaciones de enfrenta- siempre estará disponible a dichos enfrentamientos será
miento sólo puedan cursar a través del Estado, como su justamente, de nuevo, la alianza entre los sectores domi-
necesaria forma de metatotalización partidista, semejante nantes de dichos bloques sobre la base o a expensas de la
metatotalización, por ser precisamente partidista, quedará expansión y el dominio ahora conjuntos sobre nuevos terri-
incesantemente desbordada por las relaciones sociales de torios (y poblaciones y recursos) circundantes al conjunto
enfrentamiento que a través suyo se cursan. del nuevo bloque. Se trata, pues, de una reproducción a es-
cala ampliada del mismo dinamismo por el cual la
(ii). El proceso de la civilización y la formación de los Im-
facilitación de los reajustes por distensión de la tensión in-
perios.
terna puede tener lugar a expensas de la generación de
No es casual, sino necesario (transcendental) que nuevos desajustes y tensiones sobre “terceros”.
las primeras formas de Estado hayan debido ser la de las
Y éste será el momento de la formación de las civi-
Ciudades-Estado, si es que, como se ha dicho, cada ciudad
lizaciones, es decir, de ese tejido o entramado entre
surge como centro de reorganización irreversible de la nue-
ciudades, cada una de ellas “capital” de algún área de in-
va sociedad fracturada, de modo que en el seno de cada una
fluencia, tejido sostenido por el interés común de la
de ella deba gestarse la primera forma de Estado.
dominación sobre “terceros” circundantes y absorbidos, y
ello sin perjuicio de las jerarquías, o hegemonías escalona-
52 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

das, que puedan darse entre las diversas regiones (capitali- determinados a enfrentarse ilimitadamente no asegura de
zadas por distintas ciudades) de la civilización, jerarquías entrada la victoria definitiva de algún bloque sobre los de-
en cuyo seno tenderá a prevalecer la alianza sobre el enfren- más — como sin embargo lo pide su ideología imperial
tamiento en la justa medida en que éste esté descargado respectiva —, sino que, a su vez, supuesta en el límite la
sobre “terceros” comunes. victoria definitiva de algún bloque (o alianza entre ellos)
sobre los demás, dicho bloque victorioso debería cargar con
A su vez, el carácter finito del territorio hará que
todas las conflictos y tensiones sociales ahora ya global-
dichas civilizaciones acaben antes o después encontrándose
mente resultantes de su victoria total, conflictos que
y enfrentándose mutuamente, reproduciéndose una vez más,
tenderán necesariamente a desmembrar y hacer explotar la
a una nueva escala ampliada, la misma dinámica histórica
estructura sociopolítica del hipotético Imperio victorioso.
mencionada, una dinámica que, en efecto, llegará a ser de-
finitivamente histórico-universal en el momento mismo en Por lo demás, esta situación de saturación geopolí-
que, dado el carácter finito (y esférico) del planeta, se pro- tica de la explotación indefinida de terceros eslabones
duzca la interconexión enfrentada planetaria de los bloques antropológicos puede darse en la historia — y de hecho se
civilizatorios, y a través de ellos, de las diversas regiones ha dado — bien de un modo efectivo, pero sólo relativo, o
políticas histórico-geográficas escalonadas que ellos incor- bien de un modo efectiva e irreversiblemente universal. El
poran — situación ésta que, en efecto, comenzó a tener primero es, por antonomasia, el caso de la civilizaciones
lugar, mediada por la expansión americana de España, a “clásicas”, en donde aquella saturación depende todavía de
partir de lo que se conoce como “Edad Moderna”. un nivel de desarrollo de las fuerzas productivas que deter-
minan la circunscripción de los enfrentamientos entre
Ahora bien, en el enfrentamiento entre civilizacio-
civilizaciones a unas cotas geográficas no rebasables por
nes, a éstas les quedará todavía abierta la posibilidad de
dichas fuerzas productivas —. Pero sólo cuando las fuerzas
alianzas mutuas como alternativa a su enfrentamiento sólo
productivas alcancen su nivel industrial, y, con ello, se pro-
en la medida en que todavía queden “terceros” pueblos y te-
duzca la extensión universal o planetaria de la forma
rritorios disponibles por explotar comunes y circundantes (o
industrial de producción, es cuando aquella saturación geo-
intercalados) al nuevo posible conjunto resultante de dicha
política alcanzará una dimensión efectiva e
alianza — unos “terceros” escalones de explotación, cuyo
irreversiblemente universal, de modo que serán los proyec-
eventual dominio queda asegurado por su desnivel socio-
tos ideológicos imperiales de proseguir la victoria
productivo con respecto a las civilizaciones que los incor-
ilimitadamente los que encontrarán sus límites universal-
poran —. Pero dada la dinámica expansiva imparable de las
mente insuperables.
civilizaciones — sobre “terceros” pueblos y territorios, co-
mo condición del mantenimiento de su propia cohesión
social interna —, y dado el carácter finito de los “terceros”
II.3. Esquema del sistema dialéctico de los conocimien-
escalones antropológicos (socio-territoriales) susceptibles
tos en las sociedades histórico-políticas. Observaciones
de dominio, deberá producirse una tendencia asimismo in-
preliminares.-
evitable al agotamiento exhaustivo de dichos “terceros”
escalones antropológicos de dominio, a resultas del cual Podemos ahora esbozar siquiera una tipología del
agotamiento comenzará a quedar frenada y en el límite sistema dialéctico (procesual) de los saberes en las socieda-
clausurada la posibilidad de aquellas alianzas interciviliza- des históricas.
torias, de suerte que ahora la situación a la que las
civilizaciones deberán verse abocadas será la de un enfren- Como principio máximamente general, según ya
tamiento mutuo incesante — para mantner cada bloque su dijimos, los saberes “físico-naturales” irán desarrollándose
como ramificaciones acompasadas al desarrollo especiali-
(relativa) cohesión social interna —. Es entonces bajo se-
mejante condición de saturación geopolítica — de la zado de las “fuerzas productivas”, esto es, irán ellos
posibilidad de expansión de los bloques civilizatorios sobre mismos desenvolviéndose a partir de las diversas especiali-
“terceros” eslabones susceptibles de dominio —, como es- dades técnico-productivas; y los saberes “sociales”, por su
tos bloques comenzarán a constituirse, a la par que a parte, irán especializándose y desarrollándose según se va-
yan configurando las diversas morfologías de los diversos
autoconcebirse, como Imperios , esto es, como bloques en
expansión dotados de un proyecto de unicidad universal en tipos de relaciones sociales generadas en dichas sociedades.
cuanto que inexorablemente determinados a imponer su ex- Ahora bien, antes de entrar en la consideración de
pansión sobre los demás sin limitación alguna posible. En las configuraciones o morfologías de cada uno de estos sa-
el caso de los Imperios, pues, su “realidad” y su “idea” (o beres particulares, físico-naturales y sociales, es preciso
autoconcepción) son inseparables, en la medida en que el hacer ciertas observaciones generales previas de primera
proyecto o autoconcepción de unicidad universal del que importancia teniendo a la vista precisamente la estructura y
deben dotarse es efecto forzoso de la necesidad de enfren- funcionamiento históricos de dichas sociedades.
tamiento mutuo ilimitado al que se ven sometidos. Ahora
bien, de aquí deriva, a su vez, y precisamente, el compo- (i). La producción “excedentaria” como motor recurrente
nente de legitimación ideológica que inevitablemente del desarrollo de los saberes particulares, físico-naturales
deberá acompañar a la idea de todo Imperio, habida cuenta y sociales.
de la objetiva imposibilidad real de lograr el proyecto de En primer lugar, es preciso señalar que el desarro-
unicidad universal del que sin embargo se dotan. Pues no llo y la progresiva especialización de dichos saberes se
sólo el (siquiera relativo) equilibrio de fuerzas — socio- nutre, como de su motor recurrente, del carácter progresi-
productivas y políticas — entre los bloques civilizatorios vamente excedentario de dichas sociedades. Por lo que
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 53

respecta a los saberes “fisico-naturales”, en efecto, la pro- ventes o determinantes de los proyectos de acción de otros
gresiva ramificación de las especialidades (o profesiones) grupos sociales enfrentados. Representaciones “(me-
técnico-productivas va haciéndose posible a partir del pro- ta)totalizadoras”, en efecto, en cuanto que buscan hacerse
gresivo dominio sobre el medio que supone el crecimiento con una visión global de las relaciones sociales (y del mun-
recurrente de la capacidad de producción excedentaria de do natural envolvente que a través suyo se da) que
dichas sociedades. Ahora bien, que dicha capacidad de pro- armonice, conmensure o clausure, los intereses sociales del
ducción excedentaria actúe como el “motor energético resto de las partes sociales enfrentadas desde los propios in-
recurrente” de dicho desarrollo no quiere decir que las di- tereses del grupo que la sustenta; desde el momento en que
versas configuraciones cognoscitivas que vayan adoptando dicha visión sólo puede llevar a cabo su pretensión de tota-
dichos saberes dependan lineal y formalmente de aquella lización contando ya con los intereses de otros posibles
capacidad excedentaria; antes bien, dichas configuraciones grupos enfrentados, aun cuando sólo sea para declararlos
se irán estableciendo, como ahora veremos, según su propia aparentes en cuanto que opuestos a los propios, dicha tota-
lógica constructiva interna, siempre mediada, a su vez, por lización deberá de algún ya incluir alguna “operación
sus “funciones sociales”, esto es, por el modo como afecten dialéctica meta-totalizadora”. Representaciones “prácticas”,
a las relaciones sociales con las que se entretejen o conju- asimismo, en cuanto que ellas buscan promover los proyec-
gan. tos de acción acordes con los intereses que las sustentan. Y
“monistas”, en efecto, precisamente en el sentido de que
Por lo que toca a los saberes ligados a estas rela-
deberán dotarse de algún principio uni-versal de cierre,
ciones sociales, la cuestión es que, sin perjuicio de estar
clausura o conmensuración definitiva del “mundo” (social y
siempre alimentados por aquel motor energético excedenta-
natural), desde el cual queden armonizados en el “universo
rio, las diversas morfologías cognoscitivas que ellos por su
de la representación” el resto de los intereses sociales
parte puedan ir adoptando dependerán formalmente de los
opuestos a partir de los propios. En cuanto que representa-
diversas formas de desajustes o conflictos sociales que ca-
ciones (proposicionales) intercaladas entre medias de los
racterizan a dichas sociedades, de modo que, como ahora
proyectos socio-políticos de acción, dichas representaciones
veremos, dichos saberes tendrán todos ellos el común dise-
— (meta)totalizadoras universales, prácticas y monistas —
ño que se corresponde con el proyecto de resolver o
resultan funcionalmente imprescindibles como el soporte
reajustar dichos desajustes sociales.
mismo de dichos proyectos que buscan en efecto envolver o
(ii). El tejido (dialéctico) recurrente y abierto entre los sa- totalizar universalmente al resto de los proyectos socio-
beres físico-naturales y los saberes sociales en el contexto políticos de acción de la sociedad de referencia. Ahora bien,
del Estado. El Estado y la Filosofía. es precisamente del choque o enfrentamiento entre dichos
proyectos de acción, y de sus correspondientes representa-
Ahora bien, en estas sociedades (históricas) la con-
ciones ideológicas, de donde habrán de brotar tanto las
jugación dialéctica entre sus relaciones sociales y sus rectificaciones o reajustes mutuos entre dichos proyectos
prácticas productivas (y por tanto entre los saberes a los que como la inter-crítica entre sus correspondientes representa-
dichas relaciones y prácticas van dando lugar) , una conju-
ciones ideológicas, una inter-crítica que inevitablemente
gación cuyo ciclo recurrente es ya “abierto” en cuanto que deberá adoptar la forma de la crítica dialéctica pluralista,
sometido a incesante transformación (histórica), cursa es decir, ante todo de la incesante rectificación, por crítica
siempre, como hemos visto, a través o en el marco del Es-
mutua, de aquellos principios “universales últimos” de
tado, como necesaria instancia de meta-totalización clausura definitiva del mundo que pretendían hacer valer
partidista y por ello infecta o precaria de dicha recurrencia las ideologías (de aquí precisamente la conciencia crítica
abierta o incesante. Pues bien: este hecho implica ciertas
retrospectiva que podemos llegar a tener de las ideologías
características generales o universales del tejido formado como formas de falsa conciencia.) Y en semejante intercrí-
por dichos saberes que es preciso considerar, sin perjuicio tica dialéctica y pluralista (entre las ideologías) podemos
de la necesidad de considerar asimismo sus diversas morfo- precisamente cifrar la clave de la filosofía, y ello sin perjui-
logías cognoscitivas particulares características. cio de que, a su vez, la forma explícitamente dialéctica de la
Repárese, en efecto, que la definición que hemos argumentación filosófica pueda una y otra vez ser reabsor-
propuesto de la forma y la función del Estado — en cuanto bida ideológicamente bajo la forma de sistemas dotados de
que metatotalización partidista, incesante por precaria, de principios monistas que vuelvan a clausurar definitivamente
las relaciones sociales conflictivas — resulta ser enteramen- el mundo, reabsorción ideológica ésta que podremos identi-
te isomorfa con respecto de la forma y la función que ficar con las metafísicas, entre las cuales a su vez no dejará
podemos reconocerle a su vez a la propia filosofía, en cuan- de abrirse paso, una y otra vez, la crítica dialéctica. Hay,
to que, en efecto, incesante saber de segundo grado, pues, una incesante dialéctica entre la crítica dialéctica de
sistemático y crítico, respecto de los saberes (sociales y fí- las reapropiaciones metafísico-ideológicas de dicha crítica
sico-naturales) de primer grado. y dichas reapropiaciones metafísico-ideológicas en la que
consiste el proceso mismo (histórico) de la filosofía.
La filosofía, en efecto, debe verse como la intercrí-
tica dialéctica incesante que brota de los proyectos Una dialéctica ésta a través de la cual tendrá lugar
ideológicos de los diversos grupos sociales en pugna. Pues la dialéctica misma de Estado, esto es, la dialéctica entre la
entendemos, en efecto, a su vez, a las ideologías como re- tendencia, por un lado, a reproducir, afianzarse o perseverar
presentaciones (proposicionales) (meta) totalizadoras, sobre los (sólo relativamente estables) equilibrios de poder
prácticas y monistas, a través de las que cada grupo social (de los bloques hegemónicos o dominantes) en cada caso
pugna por promover sus proyectos de acción como envol- alcanzados (frente a las fuerzas que siempre pugnan por
54 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

desbordar dichos equilibrios), lo cual tenderá a legitimarse A su vez, si bien las fuentes mundanas incesantes
siempre de modo metafísico-ideológico, y la tendencia, por de la filosofía beben, como decimos, fundamentalmente de
otro lado, a desbordar y rectificar dichos equilibrios, ten- la necesidad de legislar, el momento académico de la mis-
dencia que cursará precisamente a través de los momentos ma debe entenderse ligado a la conciencia retrospectiva que
crítico-dialécticos resultantes de la puesta en cuestión al todo Estado va adquiriendo de la posibilidad y la necesidad
que las ideologías dominantes se verán sometidas por parte de conservar, cuidar y pulir los métodos de la argumenta-
de las que pujan por desbancarlas. ción filosófica del pasado (incluidos naturalmente sus
tramos metafísicos) al objeto de ponerlos, una y otra vez, a
Es, pues, de primera importancia apreciar de qué
disposición del acto de gobierno. En principio, el momento
modo el propio proceso socio-político — en cuanto que in-
académico de la filosofía no es, en efecto, otra cosa más
cluye al Estado, como su metatotalización partidista
que la resultante de la posibilidad y la necesidad de institu-
precaria — debe tener lugar a través de la filosofía, esto es,
cionalizar, por parte del Estado, la permanente revisión de
de la incesante dialéctica entre la crítica dialéctica de las
los contenidos filosóficos del pretérito, al objeto de mante-
metafísicas y la reapropiación metafísico-ideológica de di-
nerlos activamente disponibles a efectos de la
cha crítica, en cuanto que dicha dialéctica
incesantemente renovada práctica de ejercer la filosofía
(representacional-proposicional), intercalada entre medias
mundana en el acto mismo de gobernar, y ello sin perjuicio
de la propia vida socio-política, sostiene y promueve su in-
de que dicha práctica constituya a su vez una fuente siem-
cesante prosecución.
pre renovada de nuevas experiencias filosóficas mundanas.
Las fuentes mundanas, pues, de las que brota la fi- (Y si dicho momento académico de la filosofía puede llegar
losofía radican en la propia vida socio-política de las a adoptar, como ocurre a partir de las sociedades modernas,
sociedades histórico-políticas, y muy especialmente en el la forma de una enseñanza institucionalizada que tienda a
momento de gobernar, esto es, de tener que meta-totalizar abarcar a la totalidad de la población (de la nación política
los intereses sociales enfrentados de dichas sociedades, y moderna), mediante la formación universitaria de especia-
más especialmente en el momento de legislar, que es preci- listas que a su vez enseñan filosofía a toda la población (la
samente allí donde deben ajustarse, una y otra vez, dichos nación) en los estudios secundarios, esto es así debido a la
intereses enfrentados. La filosofía (su dialéctica incesante) creciente democratización de estas sociedades según la cual
no requiere, pues, para brotar y llevarse a cabo, especial- se va abriendo paso la tendencia a la participación de la po-
mente del modelo (privilegiado) de ningún saber particular blación, de diversos modos y en diversos grados, mediante
determinado (ni social, ni tampoco físico-natural — como las instituciones democráticas, en las tareas y las formas
pudiera ser, en la tradición platónica, la “geometría”—), y mismas de gobierno).
ello sin perjuicio de que debe contar precisamente con to-
Es gratuita e ingenua, por tanto, la suposición de
dos ellos en la medida en que sólo puede llevarse a cabo a
que, por principio, o automáticamente, el peso crítico hu-
través de ellos, o sea, de su dialéctica o conjugación misma
biera de recaer en el momento “académico” de la filosofía,
abierta y recurrente, puesto que su único lugar privilegiado
mientras que su carácter acrítico hubiera de pertenecer más
(o “contexto determinante” o “preparatorio”) es precisa-
bien a sus fuentes mundanas. Antes bien, la posibilidad
mente aquel en el que se impone la necesidad de legislar,
misma de mantener y disponer los métodos filosóficos de
que es justamente la necesidad a través de la cual debe tener
argumentación del pasado al servicio del acto del gobierno
lugar dicha dialéctica recurrente y abierta entre los saberes
supone que el momento académico de la filosofía comenza-
físico-naturales y los sociales que cursa a través del Estado.
rá ante todo bajo la forma de una apropiación metafísico-
Lo cual se debe, precisamente, a la imposibilidad material
ideológica de la propia crítica dialéctica al servicio de algu-
de que ningún gobierno de ningún Estado pueda cerrar,
na hegemonía gobernante, y ello sin perjuicio de que dicha
dentro de un sistema completo y axiomático, el conjunto de
forma metafísico-ideológica no pueda ser, como por su ca-
sus propias leyes — y ello sin perjuicio de su necesaria ar-
rácter metafísico se pretende, eterna, sino susceptible de
ticulación relativa interna —, como se corresponde con el
quedar una y otra vez revocada, ya dentro de la propia vida
carácter siempre precario, por partidista (y por ello sujeto a
académica de la filosofía, por la crítica dialéctica resultante
incesante transformación histórica), de la función metatota-
de la puesta en cuestión de cada metafísica ideológica do-
lizadora que sin embargo necesariamente el Estado cumple.
minante por otras que pugnan por revocar su dominio. Así
Semejante sistema legal “cerrado, completo y axiomático”,
pues, la dialéctica entre la “crítica” y el “dogma” (entre la
sólo podría tener lugar, por hipótesis, dentro de un Estado
crítica dialéctica y su reabsorción metafísico-ideológica)
realmente totalitario, hipótesis que precisamente queda re-
deberá con-jugarse tanto en los momentos mundanos como
ducida al absurdo por la concepción aquí propuesta del
en los académicos, a su vez ellos mismos conjugados, sin
Estado. (De aquí, por cierto, que debamos considerar como
que tenga ningún sentido determinar a priori o en abstracto
completamente metafísico el ideal que anida en el corazón
en cual de los momentos deberá ser comparativamente ma-
de la filosofía del catolicismo político, desde la gran teolo-
yor el peso de la “crítica” o del “dogma”.
gía política de los siglos VXI y XVII hasta la actualidad, o
sea, — para decirlo con la expresión del brillante represen- (iii). La dialéctica entre el momento “destructivo-
tante de esta tradición, Carl Smitt — el ideal de la regresivo” y el momento “constructivo-progresivo” de la
complexio opossitorum, es decir, de una presunta capacidad metatotalización política como dialéctica universal de los
formal jurídico-política (de la que estaría dotada la Iglesia saberes particulares, físico-naturales y sociales. —
católica) para abrazar o envolver, sin necesidad de dialécti-
Hemos visto que el tejido, o la dialéctica recurren-
camente resolver, desde fuera de ellos, cualesquiera
te y abierta, entre los saberes físico-naturales y los sociales
posibles intereses sociales enfrentados.)
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 55

cursa a través del Estado, como su metatotalización parti- fecta, nos será posible ahora localizar y articular el lugar y
dista e infecta, y por ello a través de la incesante dialéctica la función de los distintos saberes particulares, físico-
característica de la filosofía (entre la crítica dialéctica y sus naturales y sociales, esto es, de esos distintos “micro-
formas de reabsorción metafísico-ideológicas). procesos” particulares (por comparación con el proceso de
aquella dialéctica general o universal) asimismo de regre-
Pues bien: la dialéctica global o universal de dicho
so/progreso cognoscitivo, a través de los cuales en todo
proceso socio-político se articula, a su vez, mediante la con-
caso tiene lugar aquella dialéctica universal.
jugación incesante entre estos dos momentos suyos críticos:
el de la destrucción regresiva de las relaciones sociales de Esto es lo que, por fin, pasamos a continuación a
la totalidad de la que en cada momento se parte, como con- esbozar.
dición mediadora de la reconstrucción progresiva de dicha
II.4. Esquema del sistema dialéctico de los conocimien-
totalidad de referencia. De otro modo: la cuestión es que la
tos en las sociedades histórico-políticas.-
función de meta-totalizar los intereses sociales enfrentados
de una determinada sociedad sólo puede tener lugar me- Como hemos visto, el desarrollo ramificado de los
diante la destrucción regresiva de las relaciones sociales de diversos saberes (y por tanto realidades) físico-naturales
esa totalidad que se busca re-establecer o (meta)totalizar, tendrá lugar conjugado con el desarrollo de los diversos sa-
como mediación necesaria de la reconstrucción progresiva beres (o realidades) sociales, una conjugación ésta que, por
de las nuevas relaciones sociales de la totalidad misma que cursar necesariamente en el contexto del Estado, tendrá lu-
se quiere re-establecer o metatotalizar. gar bajo la forma de la incesante metatotalización
(partidista y precaria) del “mundo”, o de la realidad (socio-
Más en particular, la cuestión es que el momento
natural) misma, que la vida socio-política impone y acarrea,
“destructivo” debe ser “regresivo”, y ello tanto en un senti-
una metatotalización que, a su vez, discurre mediante la in-
do lógico como en un sentido procesual-material
cesante conjugación entre los momentos regresivo-
(temporal); así como que el momento “constructivo” debe
destructivos y progresivo-constructivos de la realidad mis-
ser “progresivo” asimismo en un sentido tanto lógico como
ma (incesantemente metatotalizada).
procesual —material (temporal).
Sólo en el contexto de dicha dialéctica general o
Por un lado, en efecto, la trituración o destrucción
universal (de la “realidad” misma) podremos ahora ir loca-
de las relaciones (socio-productivas) entre las partes enfren-
lizando y dibujando las morfologías particulares de los
tadas debe ser regresiva en el sentido de buscar, y llegar a
diversos saberes determinados de referencia.
alcanzar, las fuentes proporcionadas o adecuadas a partir de
las cuales se organizaron las morfologías (socio- (i). El desarrollo de los saberes físico-naturales: de las téc-
productivas) actualmente enfrentadas, y ello precisamente a nicas a las ciencias y al complejo tecnológico-científico-
partir de su carácter actualmente conflictivo o enfrentado, industrial.-
de suerte que a partir de dichas fuentes se haga posible el
ensayo de re-construcción alternativa de nuevas relaciones Comenzaremos por esbozar el desarrollo de los sa-
y morfologías (socio-productivas) reajustadas. Dichas beres que estamos denominando “físico-naturales”.
“fuentes” nos remiten, pues, a contextos (socio- (a) Los saberes físico-naturales en el contexto de las técni-
productivos) “anteriores”, tanto en un sentido procesual- cas.
temporal como lógico, y a ellas llegaremos a través del pro-
ceso lógico-material mismo de destrucción regresiva de los En su origen, los saberes “físico-naturales” van
“datos” enfrentados del presente y como consecuencia de generándose y conformándose en el contexto de las técnicas
su mismo carácter enfrentado. productivas, y por tanto su inicial desarrollo tiene lugar en
el contexto del desarrollo ramificado de dichas técnicas
A su vez, y por otro lado, la re-construcción de los como especialidades profesionales.
“datos” enfrentados del presente, a partir de sus fuentes
“anteriores” destructivo-regresivamente alcanzadas, deberá Y a este respecto es menester comenzar por esta-
ser asimismo un proceso “progresivo” en el sentido de blecer las siguientes distinciones. Por un lado, en efecto,
buscar alcanzar, como término de un proyecto (por conoci- suponemos que las diversas técnicas van desarrollándose y
miento retrospectivo de procesos similares anteriores), los diferenciándose entre sí en principio en cuanto que profe-
resultados de una acción enderezada a las resoluciones o re- siones especializadas diferentes, las cuales profesiones, si
ajustes de los datos enfrentados del presente. Dichos pueden ciertamente irse diferenciando mutuamente como
términos resultantes de un proyecto de acción (por conoci- especialidades, es en la medida en que, dentro del continuo
miento retrospectivo) nos remiten a contextos (socio- de cada serie, montaje o cadena productiva, cada una de
productivos) ulteriores, en un sentido tanto lógico como ellas puede aplicarse sobre las otras dentro de un cierto
procesual-temporal, que irán alcanzándose por resolución y margen de disociación alternativa, esto es, de manera que
reajuste de los conflictos del presente — “preparados” des- cada técnica particular pueda aplicarse o engranar en conti-
tructivo-regresivamente. — nuidad con una serie de técnicas alternativas diversas
dentro cada montaje general productivo. A su vez, y al ob-
Pues bien: sólo dentro de la dialéctica general o jeto de entender dicho principio de la “aplicación continua
universal entre el momento “destructivo-regresivo” y el por disociación alternativa” de un modo no meramente “so-
momento “constructivo-progresivo” que exige toda meta- ciológico-genérico” o “abstracto”, es preciso reconocer que
totalización política (por tanto: toda metatotalización — dicho principio puede tener lugar en la medida en que cada
socio-productiva —del “mundo” ), siempre partidista e in-
56 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

técnica va conformando un sector (de conocimiento) real nicos” implican siempre, en algún grado, por mínimo que
relativamente propio o autónomo. sea, configuraciones ya estructurales, esto es, alguna regu-
laridad causal entre dichos fenómenos, de modo que si los
Lo cual nos pone en presencia de la segunda dis-
consideramos “momentos fenoménicos” de la construcción
tinción que es preciso establecer, a saber, la distinción entre
es sólo en cuanto que estamos considerando aquellos tra-
el conocimiento (o experiencia operatoria) que va lográndo-
mos de dicha construcción en los que, partiendo de dichos
se sobre el funcionamiento de los propios aparatos o
momentos (ya estructurales) se regresa a otras estructuras
instrumentos productivos y el conocimiento (o experiencia
(como ahora veremos “más profundas”), a la vez que aque-
operatoria) que va alcanzándose sobre el sector de la reali-
llos tramos en donde, a partir de estas últimas estructuras
dad físico-natural envolvente sobre el cual se aplican
será preciso progresar volviendo a aquellos momentos de
dichos aparatos, y ello sin perjuicio de la continuidad entre
partida para recuperarlos o reintegrarlos desde aquellas es-
ambos “momentos” cognoscitivos. Como ya hemos apunta-
tructuras (“más profundas”). A su vez, y por otro lado, si
do, el primer tipo conocimiento (o experiencia operatoria)
podemos considerar a dichas “estructuras”, en cuanto que
lo sería sobre las relaciones de aplicación funcional opera-
términos (relativos) de un regreso (a partir de los momentos
toria entre las diversas partes de cada aparato o montaje
fenoménicos) y “principios” (relativos) de un progreso que
engranado de aparatos, mientras que el segundo iría versan-
debe “salvar” dichos fenómenos de partida, es en la medida
do sobre las regularidades legales o causales de aquel
en que suponemos que dichas estructuras contienen algún
sector del medio sobre el que se aplican dichos aparatos.
sistema de regularidades legales que nos permite recons-
Mientras que el primer tipo de conocimiento sería más bien
truir articulados en (mayor) profundidad los sistemas de
el conocimiento propiamente técnico (o “poético”, en el
regularidades que tomamos comparativamente como feno-
sentido de la poiesis griega: el conocimiento sobre las pro-
ménicos, de modo que también dichas “estructuras”, el
pias obras humanas), el segundo iría dando lugar al
menos en el caso de los saberes ligados a las técnicas, no
conocimiento “físico-natural” sobre (las diversas regulari-
dejarán de ser “estructuras fenoménicas”.
dades sectoriales) del medio.
Lo cual no obsta para que el círculo regresi-
Y aquí es fundamental apreciar que, sin perjuicio
vo/progresivo, a través del cual se nos abre
de las relativas complicación y diferenciación mutuas que
constructivamente cada uno de estos sectores de realidad,
puedan ir alcanzado cada uno de estos dos momentos cog-
no alcance, en el caso de estos saberes ligados a las técni-
noscitivos, ellos permanecen en todo caso funcionalmente
cas, principio alguno de cierre interno (demostrativo), y ello
continuos, o en relación de dependencia funcional mutua
precisamente en la medida en que dichos sectores, sin per-
continua, habida cuenta de que dichas regularidades causa-
juicio de su relativa sistematicidad interna, no quedan en
les sectoriales, sin perjuicio de la relativa sistematicidad
ningún momento desvinculados (segregados) de las opera-
interna que puedan ir alcanzando (sistematicidades éstas en
ciones constructivas empleadas en su prosecución.
virtud de la cuales se irán abriendo cognoscitivamente di-
versos “sectores de realidad”), no pueden dejar de obtenerse Ahora bien, y por otro lado, dichos campos secto-
en todo caso sino como efectos de la aplicación de aquellos riales no sólo no se desvinculan de sus operaciones
aparatos, así como, recíprocamente, el conocimiento del constructivas (relativamente) internas, sino que asimismo
funcionamiento de dichos aparatos no tiene otro sentido dependen funcionalmente, de un modo continuo o directo,
operatorio más que el de la obtención de dichos efectos. de las demandas sociales prácticas entre medias de las cua-
les se intercalan y a las que por lo mismo realimentan
Ello quiere decir que las operaciones constructivas
continuamente. Y es justamente en el momento de dicha
empleadas en la fabricación y uso de dichos aparatos, así
conjugación con estas demandas sociales por donde dichos
como en su aplicación a los sectores del medio que se nos
campos engranarán con la dialéctica (universal) regresi-
van abriendo a través de dicha aplicación, no quedan en
vo/progresiva de metatotalización socio-política (de la
ningún momento segregadas de la propia sistematicidad in-
“realidad” misma) que caracteriza a las sociedades históri-
terna de las regularidades legales sectoriales que van
cas. Y ello, en efecto, del siguiente modo: en cuanto que las
obteniéndose; antes bien, es la obtención y prosecución de
posibles transformaciones o desarrollos (relativamente) in-
dichas regularidades sectoriales la que requiere, una y otra
ternos de cada uno de estos campos deberán afectar a las
vez, del curso continuado de aquellas operaciones.
relaciones sociales (socio-políticas) vigentes, en el sentido
No obstante lo cual, podemos reconocer ya aquí, de que introducirán un motivo de regreso, dentro de aquella
en la obtención de dichas diversas regularidades sectoriales, metatotalización, hacia las fuentes adecuadas anteriores
que ya alcazan una cierta sistematicidad interna relativa- desde las cuales será preciso (políticamente) imprimir un
mente autónoma (o sectorial), la presencia de un primer curso de progreso orientado a hacerse cargo y /o planificar
curso dialéctico regresivo/progresivo, interno a cada siste- el efecto social de aquellos desarrollos.
maticidad sectorial, entre los momentos “fenoménicos” y
Y precisamente en una sociedad en la que, dado su
los estratos “estructurales” de cada uno de estos sectores.
carácter excedentario (no ya subsistencial), siempre hay lu-
Pues los conceptos, en efecto, de “fenómenos” (o mejor, de
gar para un margen de organización socio-política
“momentos fenoménicos”) y de “estructuras” (o mejor, de
alternativa (de la propia riqueza elaborada) que no depende
“momentos estructurales”), son conceptos no absolutos, si-
unívocamente de ningún límite subsistencial, no podremos
no eminentemente comparativos o correlativos, en cuanto
decir que el curso de regreso inducido por aquellas modifi-
que ligados respectivamente a los “tramos” constructivos
caciones en sus campos técnicos sectoriales determine
“progresivos” y “regresivos” de cada uno de estos campos
directa o automáticamente las resoluciones políticas que
sectoriales. Por un lado, en efecto, los “momentos fenomé-
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 57

deban tomarse, sino que más bien serán éstas, según el es- Ahora bien, la cuestión es que si esto precisamente
tado vigente de resolución de los conflictos sociopolíticos, puede llegar a ser así, es sólo en la medida en que ello es
aquellas desde las cuales se imprimirá progresivamente el susceptible de ser re-conocido, y no por cierto meramente
curso de planificación política orientado a hacerse cargo de supuesto, y re-conocido precisa y necesariamente a través
los efectos sociales de aquellas modificaciones (una planifi- de un (nuevo) tipo de experiencias operatorias controlables
cación política que podrá incluir, incluso, en su caso, el asimismo construidas: unas experiencias éstas que precisa-
freno o el bloqueo, de dichos desarrollos). mente son hechas posibles por tales aparatos —
precisamente resultantes de la transformación entre los
(b) La formación de las ciencias y del complejo tecnológi-
aparatos previos dentro de los que se han presentado los
co-científico industrial: la sociedad universal in-finita y el
desajustes iniciales y los aparatos que hacen posible la re-
capitalismo industrial.
solución de dichos desajustes mediante la construcción de
Suponemos que las ciencias surgen, en efecto, de tales relaciones de identidad —, en cuanto que dichos
la confluencia conflictiva entre determinados contenidos de “nuevos aparatos resultantes” están construidos de forma
los campos sectoriales ligados a las técnicas, dado un grado que instauran un nuevo tipo u orden de fenómenos (si se
de desarrollo de dichos campos que hace posible la presen- quiere, “de segundo orden”) tales que entre ellos y las rela-
cia de dichas “confluencias conflictivas”, esto es, de ciones construidas entre las cosas mismas median
desajustes lógicos (lógico-materiales) entre dichos conteni- relaciones de transformación controlables asimismo por el
dos. Los teoremas científicos surgirán justamente como tipo de experiencia operatoria (de “segundo orden”) hecha
formas demostrativas de resolver o reconstruir dichos des- posible por dichos aparatos, y en virtud de las cuales “rela-
ajustes. ciones de transformación” es posible precisamente re-
conocer, de un modo operatoriamente controlado, la objeti-
Ahora bien, aquí es necesario introducir determi- vidad de aquellas construcciones, y por ello mismo su
nadas precisiones de primera importancia. La primera tiene propio carácter (en determinado aspecto o sentido) trans-
que ver con los contextos determinantes o preparatorios en fenoménico y trans-operatorio.
los que puede tener lugar tanto la generación de dichos des-
ajustes lógicos como su posible resolución demostrativa. Dichos “fenómenos de segundo orden” se constru-
Dichos contextos sólo pueden venir dados por determina- yen, en general, mediante artefactos (del tipo “pantallas”,
dos aparatos o artefactos, resultantes del desarrollo técnico “reglas”, “escalas puntuadas”, etc.), integrados formalmente
previo, cuya estructura formal objetual hace posible, en en los (nuevos) aparatos resultantes, en los que se hacen fe-
primer lugar, que se presenten dichos desajustes, y, en se- noménico-operatoriamente accesibles (por tanto, de nuevo,
gundo lugar, y mediante la adecuada transformación de mediante co-presencias a distancia), bajo la forma de diver-
dichos aparatos, que pueda tener lugar la resolución demos- sos tipos de coincidencias puntuales, y precisamente en
trativa de dichos desajustes mediante la construcción de las virtud de dichas relaciones de transformación controlables
relaciones (de identidad sintética) entre las cosas mismas, mediante los aparatos, las propias relaciones (esenciales)
en cuanto que relaciones (re)producidas o (re)construidas de contigüidad espacial que re-conocemos que caracterizan
en la estructura formal misma de dichos aparatos. Y si uti- a las identidades sintéticas entre las cosas mismas asimismo
lizamos, por cierto, el prefijo “re”, en expresiones tales construidas en dichos aparatos. Por ello mismo, si podemos
como “re-construir” o “re-producir”, es en la medida en que re-conocer la efectividad material de dichas relaciones for-
sólo con posterioridad a la construcción de semejantes apa- males de identidad sintética “entre las cosas mismas”, es
ratos y de las relaciones que ellos hacen posibles es como precisamente en virtud del control operacional y experi-
podemos re-conocer que eran (determinados estratos de) mental sobre dichas relaciones de transformación hechas
“las cosas mismas y sus relaciones” aquellas que habían posibles por dichos (nuevos tipos de) aparatos.
quedado re-producidas o re-construidas en dichos aparatos.
Así pues, sobre las operaciones y fenómenos que,
Lo cual supone varias cosas: por un lado, en efec- habiendo estado genéticamente presentes, quedan sin duda
to, es preciso reconocer que las estructuras objetivas (ya segregados por las verdades científicas demostradas, es
esenciales) alcanzadas por dichas relaciones son, en cierto preciso considerar aquel (nuevo) estrato o tipo de operacio-
sentido al menos, trans-fenoménicas y trans-operatorias, es nes y fenómenos (de “segundo orden”), generados como
decir, inaccesibles a la experiencia operatoria corpórea (que “interpuestos” y necesitados en el momento mismo de la
sin embargo ha debido estar genéticamente presente en su construcción de dichas verdades, de los cuales hemos de
construcción): se diría, en efecto, que “las realidades mis- decir que sólo queda segregado (de dichas verdades) su as-
mas” que las ciencias alcanzan, son “invisibles”, o pecto (o capa) formalmente orgánico (o somático), pero no
insusceptibles de percepción o de experiencia operatorias su aspecto (o capa) formalmente artefactual, y ello sin per-
(como lo son, precisamente, las “relaciones de contigüidad juicio a su vez de la accesibilidad orgánica — material —
espacial” que suponemos esencialmente alcanzadas desde de dicha capa formalmente artefactual de los fenómenos y
las “co-presencias a distancia” fenoménicas). En el seno de operaciones — sin la cual accesibilidad dichos fenómenos
aquellas “relaciones entre las cosas mismas” alcanzadas por y operaciones en su capa formalmente artefactual, junto con
las ciencias quedan, pues, necesariamente remontados (o las verdades objetivas con las que mantienen relaciones
segregados) los fenómenos, y con ellos las operaciones, (formalmente artefactuales) de transformación, quedarían
que sin embargo tuvieron que estar genéticamente presentes absolutamente desprendidos de los cuerpos humanos opera-
en la construcción de dichas relaciones. torios. Son, pues, estas nuevas operaciones y fenómenos —
“interpuestos” o de “segundo orden” —, en su aspecto o
capa formalmente artefactual, que no en su aspecto for-
58 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

malmente orgánico que asimismo deben retener, y gracias a formalmente (y por ello existencial o materialmente). Muy
su vez a esta accesibilidad orgánica — material — de dicha en particular, dichas representaciones deben tanto “apoyar-
capa formalmente artefactual, los que nos permiten contro- se” sobre las capas formalmente artefactuales de los
lar, operatoria y experimentalmente, la efectividad material fenómenos (de segundo orden) como “recorrer” las relacio-
de las identidades sintéticas formales construidas, y por ello nes de transformación entre dichas capas fenoménicas y las
mismo re-conocer en qué sentido dichas relaciones (de identidades a través de las cuales transformaciones se cons-
identidad sintética, entre las cosas mismas) resultan ser truyen dichas identidades, como para poder llegar a re-
efectivamente trans-operatorias y trans-fenoménicas en presentar, precisamente, la estructura misma de dichas iden-
cuanto que inaccesibles a toda posible operatoriedad feno- tidades, sin la cual re-presentación dichas identidades no se
ménica en su aspecto formalmente orgánico. sostendrían ni formal ni materialmente.
Sólo percatándonos de esta singular modalidad de Sin duda que, dada la condición orgánicamente in-
“participación” de los cuerpos operatorios antropológicos susceptible de experiencia operatoria de las identidades
en el metabolismo formal de las construcciones científicas, entre las cosas mismas construidas por las ciencias, las re-
podremos apreciar adecuadamente la diferencia específica presentaciones proposicionales, en todo caso necesarias, de
de las ciencias como un caso sin duda límite o singular del dichas identidades deberán recurrir — sobre todo por lo que
desarrollo (noetológico) de las relaciones de conjugación respecta a los contenidos léxicos — inexorablemente a las
entre los sujetos operatorios antropológicos y sus construc- metáforas — como metafórica es la expresión misma de
ciones objetuales. Pues dicha diferencia específica consiste “contigüidad espacial” mediante la cual definimos por
en esto: en que los cuerpos operatorios humanos participan ejemplo a los puntos “contiguos” de la geometría métrica a
en las construcciones formales de las ciencias en la medida partir de experiencias somáticas operatorias de adosamiento
en que son capaces de producir o construir, sobre las nece- —, lo que no quiere decir que dicho léxico metafórico sea
sarias experiencias operatorias genéticas, ese nuevo estrato gratuito, precisamente en la medida en que la sintaxis que
de experiencias operatorias, cuyas capas formalmente arte- entreteje a estos contenidos léxicos reproduce isomórfica-
factuales, ligadas por relaciones formalmente artefactuales mente la propia sintaxis constructiva extraproposicional de
de transformación con las identidades sintéticas objetivas las ciencias, y muy en particular las relaciones de transfor-
construidas asimismo en el seno de dichos artefactos, a la mación entre las capas fenoménicas formalmente
vez que son materialmente accesibles a sus (propias) capas artefactuales y las identidades construidas en los aparatos.
fenoménico-operatorias orgánicas, segregan sin embargo
Por ello no es, por cierto, necesariamente gratuito
formalmente a toda experiencia operatoria en su sentido
hablar de un “lenguaje científico”, si se entiende en el pre-
formalmente orgánico.
ciso sentido de los diversos desarrollos específicamente
Semejante forma de participación implica cierta- científicos adquiridos por los lenguajes naturales (de aque-
mente un nuevo tipo de dominio muy determinado sobre el llas culturas capaces de hacer ciencias), sin los cuales
medio natural entorno, un dominio que en cierto sentido desarrollos lingüísticos específicamente científicos sería
podemos considerar “perfecto”: no ya ciertamente en gene- formal y materialmente imposible levantar y proseguir las
ral, pero sí precisamente por respecto de las franjas de ciencias. No es de extrañar, por tanto, que, no anteriormen-
realidad o de verdad efectivamente controladas por cada te, pero sí con posterioridad a las diversas ciencias ya en
construcción científica verdadera. Pues los cuerpos (somá- marcha, y por tanto a sus desarrollos lingüísticos específi-
ticos) operatorios de los agentes científicos, sin dejar de camente científicos, haya sido posible (académicamente)
estar presentes, “en cuanto a su materia” (somática), en las levantar una “sintaxis lógica” (por decirlo con la expresión
construcciones científicas, alcanzan, merced a las experien- de Carnap) , esto es, un sistema de reglas meta-lingüísticas
cias operatorias de “segundo orden” y específicamente de transformación proposicional abstraído de los lenguajes
merced a las capas formalmente artefactuales de dicho tipo específicos de las propias ciencias en curso, es decir, en de-
de experiencias operatorias, un control formalmente arte- finitiva, el sistema de la denominada “moderna lógica
factual sobre las franjas materiales de realidad construidas simbólica” (o logística). Naturalmente, dicha sintaxis lógica
formalmente como verdaderas tal que puede decirse que no deberá verse como ninguna suerte de normativa meta-
llegan a quedar formalmente exentos de verse afectados lingüística apriorística a partir de la cual pudieran, por su
somáticamente por aquellas precisas franjas de realidad ma- mera aplicación práctica, “hacerse las ciencias” (como aca-
terial formalmente construidas como verdaderas. Se diría so fuera percibido por las versiones más ingenuas y
que quedan, en efecto, en la máxima condición de aleja- metafísicas del positivismo lógico), pero sí debe ser reco-
miento y descentramiento respecto de las franjas de realidad nocida como un extracto abstraído a partir de los
formalmente construidas (como verdaderas) en la justa me- desarrollos lingüísticos específicamente científicos de las
dida en que alcanzan, mediante dicha construcción, un ciencias en curso, y en este sentido, como una determina-
control “perfecto” de dichas franjas. ción (académica) muy especial de las gramáticas, o de las
sintaxis gramaticales, de las lenguas naturales mismas
Por lo demás, y a su vez, todo este proceso cons-
cuando están alcanzan un nivel suficiente de “desarrollo
tructivo no podría desde luego llevarse a cabo y proseguirse
científico”.
si no es por la mediación de las representaciones proposi-
cionales (escritas; pero también orales) de la íntegra Pues bien: una vez dibujado mínimamente el modo
totalidad formal del proceso, las cuales representaciones, en complejo y singular mediante el cual están formalmente
cuanto que isomórficamente intercaladas entre todos y cada presentes los sujetos operatorios antropológicos, y con ellos
uno de los goznes formales del mismo, permiten sostenerlo sus conocimientos — proposicionales y fenoménico-
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 59

operatorios formalmente artefactuales —, en las construc- se como una clase “distributiva-geográfica” de aparatos ( ya
ciones formales de las ciencias, podremos intentar ensayar industriales), o de montajes de dichos aparatos, en cada uno
ahora la comprensión del modo como engarzan las ciencias de los cuales se “fabrican” determinado tipo (categorial) de
— cada una con su dialéctica interna — con aquélla dialéc- relaciones reales objetivas universalmente reductivas según
tica (metatotalizadora) universal que, precisamente en el su categoría, mientras que el conjunto de los diversos cam-
caso de las ciencias, viene a ser ahora la dialéctica misma pos científicos ha de verse como la clase “atributiva-
de la sociedad industrial. histórica” (y por ello trascendental) de los diversos y hete-
rogéneos campos científicos “distributivo-geográficos”, de
Sin duda que en el caso de cada ciencia podremos
forma que la congregación o convergencia, lograda justa-
reconocer una dialéctica constructiva interna según la cual
mente por la producción industrial, de dichos campos
el círculo regresivo/progresivo, a través del cual se alcanza
científicos diversos, tiene lugar precisamente bajo la forma
a reproducir alguna región (categorial) de la “realidad mis-
de la recurrente propagación histórico-geográfica (y en
ma”, se nos presenta internamente cerrado por efecto de sus
cuanto que histórica, trascendental) de aquellos montajes de
lazos sintácticos demostrativos entre sus términos (por efec-
aparatos industriales de los campos de las diversas ciencias
to de sus teoremas o racimos de teoremas), lo que quiere
— convergencia ésta en la que justamente consisten las tec-
decir que la sistematicidad alcanzada en el campo de cada
nologías —. Así pues, el “espacio social” del que
ciencia es sin duda una sistematicidad efectivamente uni-
hablábamos no es sino este “espacio” histórico-geográfico a
versal — en cuanto que sintáctico-demostrativamente
través del cual se van propagando las ciencias mediante la
cerrada, si bien semánticamente no clausurada —, si bien
producción industrial, de modo que las diversas distribu-
reductiva a su propia categoría.
ciones geográficas de los campos de cada ciencia van
De lo que se trata ahora es de acertar a comprender propagándose o engranando entre sí de un modo histórico-
el engarce entre la dialéctica interna de cada ciencia, en trascendental, en el cual engranaje o propagación consiste
cuanto que dialéctica universal reductiva a su propia cate- justamente eso que llamamos las tecnologías.
goría, y aquella dialéctica general asimismo universal, pero
Semejante realidad nos pone en presencia del pro-
esta vez ya no reductiva, sino precisamente trascendental,
blema dialéctico (universal trascendental), y ello en cuanto
esto es, recurrentemente abierta en cuanto que (me-
que “problema” práctico-político, más agudo y profundo al
ta)totalizadora — por histórico-política —, de la que a su
que sin duda nos abocan las ciencias — al que nos aboca la
vez aquellas dialécticas científicas deben sin duda formar
propagación tecnológica misma de las ciencias en el “espa-
parte.
cio social” en la que consiste la forma industrial de
Como vimos, en el caso de las técnicas en las so- producción—, a saber: el problema que justamente se nos
ciedades históricas, las transformaciones o desarrollos abre ante el hecho de que es aquella propagación la que, por
cognoscitivos en cada uno de sus campos imprimían un un lado, nos pone en el umbral mismo de un margen de al-
efecto regresivo-destructivo sobre las relaciones sociales ternativas por lo que toca a las posibilidades de
cuya reconstrucción progresiva (socio-política) no podía- organización socio-política de la producción que resulta ser,
mos entender que estuviese inmediata o automáticamente por primera vez en la historia y de un modo ya irrevocable,
determinada por aquellos efectos regresivos, dado precisa- verdaderamente universal (trascendental) de un modo ne-
mente el margen de alternativas sociopolíticas que gativamente in-finito, mientras que, por otro lado, el curso
precisamente están siempre abiertas a una sociedad históri- social y socio-político tomado de hecho por la sociedad in-
co-política — en cuanto que excedentaria. ¿Qué decir ahora dustrial contemporánea planetaria tiende inexorablemente,
en el caso de las ciencias acerca de sus efectos regresivo- si bien con ritmos y formas propias comparativamente
destructivos en el tejido social y de las posibilidades de re- “irregulares” según las diversas zonas geohistóricas, a una
construcción progresiva (socio-política) que ellas abren — creciente degradación y empobrecimiento de aquellas posi-
precisamente en la sociedad industrial que las ciencias ha- bilidades universales infinitas, y ello precisamente en la
cen posible —? medida en la que de hecho se han ido abriendo paso las
formas capitalistas de producción industrial a las que la
Ante todo, es preciso entender que la forma indus-
propia industria indudablemente ha podido dar lugar.
trial de producción no es tanto una eventual “aplicación”
ulterior de las ciencias, cuanto propagación misma en el El análisis y la crítica de semejante problema filo-
“espacio social” (en las relaciones sociales de producción) sófico, en cuanto que político, constituye seguramente el
de los campos científicos mismos, y ello en la medida en desafío más complejo, agudo y profundo que la actual so-
que dichos campos son formalmente indisociables de (se di- ciedad universal tiene sin duda planteado. Como quiera que
ría que están formalmente embutidos en) los aparatos y los aquí sólo queremos atenernos, y además de modo esquemá-
montajes o engranajes de aparatos industriales — de las tico, al aspecto noetológico del mismo — por lo demás en
máquinas industriales —. Si la industria no es posible, en inexorable “symploké” con sus restantes costados —, me
efecto, sin las ciencias, ello es así en la medida en que las limitaré a apuntar sobre dicho problema lo siguiente.
primeras construcciones científicas suponen ya los comien-
Por un lado, en efecto, como decimos, la propaga-
zos mismos científicos de la industria. Se trata, en efecto,
ción tecnológica de las ciencias en el “espacio social” nos
según propongo, de entender a los campos de las diversas
sitúa en el umbral mismo de una irrevocable universalidad
ciencias, así como al conjunto formado por todos ellos, en
trascendental (negativamente) infinita — por lo que respec-
un sentido eminentemente histórico-geográfico (sin perjui-
ta a las formas de organización socio-políticas de la propia
cio de su carácter trascendental, en cuanto que histórico):
producción industrial —. Como decíamos, las innovaciones
según dicha concepción, el campo de cada ciencia debe ver-
60 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

técnicas (precientíficas) introducen un efecto regresivo- demostrativas cuyo posible curso futuro exige a su vez la
destructivo en el tejido social cuya reconstrucción progresi- revisión del pasado del propio campo científico, esto es, el
va no puede quedar inmediatamente determinada por los regreso hacia ciertos “lugares críticos” donde se alcanzaron
efectos regresivos de aquellas innovaciones, dado el “mar- resoluciones de problemas previos en una dirección cuya
gen de maniobra” socio-política del que siempre dispone revisión puede comprometer el curso futuro posible de la
una sociedad histórica (en cuanto que excedentaria). Pues resolución de los problemas del presente. Pues bien: ningu-
bien: en el caso de las ciencias, los desarrollos de cada no de estos “lugares críticos”, ni pretéritos ni presentes —
campo científico (los nuevos teoremas y las consiguientes ni futuros posibles —, son neutrales desde el punto de vista
reestructuraciones teóricas que ellos acarrean en cada cam- socio-político, en la medida en que cada uno de ellos, desde
po), en cuanto que cada uno de ellos consigue y prosigue un dentro del campo de cada ciencia, se encontrará atributivo-
tipo de dominio “perfecto” sobre sus diversos estratos de históricamente entretejido con otros “lugares críticos” de
realidad (de su propia categoría), dado el carácter universal los campos de otras ciencias, y ello precisamente mediante
reductivo de dicho dominio, harán que el engranaje mutuo su convergencia o engranaje mutuo en la producción tecno-
recurrente, o la propagación tecnológica, de dichos desarro- lógico-industrial, y por lo mismo en las orientaciones socio-
llos vaya introduciendo un surco en el tejido o “espacio” políticas en cada caso imprimidas a dicha producción tec-
social que comprometa de un modo irrevocablemente uni- nológico-industrial. Puede decirse, pues, que es la totalidad
versal-trascendental la totalidad del mismo (su propia (trascendental) de los propios campos de las diversas cien-
metatotalización sociopolítica), y ello tanto por lo que res- cias, tanto en sus posibilidades destructivo-regresivas como
pecta a su alcance regresivo-destructivo como a sus reconstructivo-progresivas, la que queda socio-
posibilidades progresivo-reconstructivas. políticamente comprometida en cada momento del presente
por su convergencia, o engranaje, o propagación tecnológi-
Como decíamos al principio de estas notas, el
co-industrial.
campo de cada ciencia, desde dentro de su propia historia
interna, engrana con su historia contextual socio-política. Éste es, pues, el abismo de universalidad in-finita
Podemos comprender ahora el alcance histórico-universal (destructiva-reconstructiva) socio-política que abre inexo-
trascendental de dicho “engranaje” si nos situamos en la rablemente bajo nuestros pies la sociedad científico-
perspectiva del engranaje mutuo tecnológico de los diversos tecnológica-industrial. Estamos, en efecto, inexorablemente
campos científicos en los que justamente consiste la tecno- convocados y abocados, en cada momento del presente, a
logía en la sociedad industrial: pues será, en efecto, la una necesidad de reconstrucción cuyas posibilidades uni-
totalidad de las relaciones sociales y sociopolíticas pretéri- versalmente in-finitas se ven incesantemente surcadas por
tas, así como la totalidad de las relaciones sociales y la universal destrucción del pretérito alcanzada por la so-
sociopolíticas futuras posibles, las que comenzarán a que- ciedad industrial.
dar concernidas y comprometidas en cada momento del
Dado este contexto histórico-universal trascenden-
presente por efecto del desarrollo de la sociedad “científi-
tal, es como podemos comprender ahora el sentido de la
co-tecnológica-industrial”. Concernidas las pretéritas, en
tendencia positiva que en todo caso la industria ha hecho
efecto, en cuanto que éstas comenzarán a verse sometidas a
posible, y que en todo cado se ha impuesto de hecho con el
un proceso irreversible de destrucción en su totalidad por
desarrollo de la sociedad contemporánea industrial, a saber,
efecto de aquel engranaje o propagación tecnológica ince-
la realimentación o conjugación incesante entre las relacio-
sante; y comprometidas por ello mismo la totalidad de las
nes sociales capitalistas y la forma de producción industrial,
futuras, en cada momento de dicho proceso de propagación
en la cual conjugación consiste, en efecto, el modo o el ré-
tecnológica, en la medida en que dicho destejido, ya irre-
gimen capitalista de producción.
versible, de las relaciones pretéritas, nos aboca
inexorablemente ante la necesidad de una reconstrucción de En esencia, suponemos que la dirección que a la
las mismas cuyas posibilidades han de tener un alcance tan sociedad industrial ha ido imprimiendo el régimen capitalis-
in-finitamente universal como universal es la destrucción ta de producción, si bien con ritmos y formas propias
misma alcanzada por dicho proceso. comparativamente “irregulares” según las diversas zonas
geohistóricas, ha consistido en un creciente empobreci-
Un compromiso éste que sin duda asimismo afec-
miento o estrechamiento, y por ello degradación, de las
tará al propio curso del desarrollo de cada campo científico
posibilidades mismas socio-políticas universales negativa-
— de la “investigación científica” —, así como al curso del
mente infinitas abiertas a su vez por la producción
engranaje o propagación tecnológica de dichos campos —
industrial. Y ello en la medida en que suponemos que dicho
de las “investigaciones y rendimientos tecnológicos” —.
régimen genera una realimentación negativa incesante entre
Como decíamos, el campo de cada ciencia no sólo no es re-
el incremento de la producción — de su diversificación es-
gular u homogéneo, sino irregular, debido a la distribución
pecializada — y del consumo que a su vez es condición
irregular de los racimos de teoremas que en cada momento
necesaria de realimentación de la relación social misma
contiene, sino que es además polémico, en cuanto que no
“capital” — de la relación de plusvalía entre la fuerza de
sólo contiene en cada momento teoremas, sino también
trabajo y un capital por lo demás crecientemente “imperso-
problemas aún no resueltos resultantes de la convergencia
nal” y transnacional —.
problemática de teoremas. De aquí que, aun cuando cada
teorema, o racimo de teoremas, sea, por su carácter univer- Por lo que importa a la perspectiva noetológica de
sal-demostrativo, irrevocable con respecto a su “franja de estas notas, dos son principalmente los tipos de efectos de
verdad”, no por ello dichos racimos no son susceptibles de semejante realimentación entre producción y consumo co-
reorganizarse según nuevas formas constructivo- mo condición de realimentación de la relación social capital
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 61

que queremos considerar, a saber, los efectos sobre la mor- (metatotalizadora) en el mencionado respecto por efecto ya
fología adoptada por la propia propagación tecnológica de de semejante mapa laboral-productivo y cognoscitivo.
las ciencias en el espacio social y los efectos sobre la vida
Pero es que, a su vez, como decíamos, dicha dis-
social y socio-política misma de dicha determinada forma
posición debe conjugarse con el desarrollo imparable del
de propagación.
consumo, el cual asimismo adoptará la forma de una cre-
Por lo que respecta a la primera cuestión, el efecto ciente multiplicación numérica y de una creciente
tendencial impreso por el régimen capitalista de producción diversificación en variedades de objetos consumibles, razón
sobre las relaciones entre las ciencias y su propagación tec- por la cual tenderá a adoptar la escala de un consumo cre-
nológica, tendencia que podemos apreciar consumándose cientemente individual (de masas). Ello implica reorientar
con un ritmo acelerado en las sociedades con “economías la producción, ahora y sobre todo, a la fabricación de unos
(capitalistas) desarrolladas” desde aproximadamente el final escenarios sociales — fundamentalmente: urbanos, intraur-
de la segunda guerra mundial, consiste básicamente en lo banos e interurbanos — cuyas morfologías culturales
siguiente: en el creciente desprendimiento de la producción objetivas encaucen y encuadren precisamente dicho consu-
(y la investigación) tecnológica de todo posible control mo de masas a escala individual, y por tanto generen unas
científico de sus consecuencias en el propio “espacio so- relaciones sociales — unos modos sociales de vida — que
cial” — lo que implica, por su mediación, en el mundo precisamente se van a caracterizar, tanto como las relacio-
mismo natural —. Si bien la producción tecnológica no es nes sociales contenidas en la producción, por una
posible desde luego, en principio, sin las ciencias, lo que en inexorable y creciente automatización de la vida social des-
todo caso sí resulta posible es un desarrollo de dicha pro- arrollada al compás mismo del desarrollo del consumo.
ducción desprendido del control científico de sus
Dicha tendencia a la automatización (consumista)
consecuencias, desprendimiento éste que precisamente re-
de la vida social imprimirá a su vez un efecto de retracción
sulta consecuente con la “optimización” de la relación entre
de la acción política (metatotalizadora), esta vez por lo que
“inversión” y “rendimiento productivo” que sin duda re-
respecta ante todo al posible control socio-político de di-
quiere el incremento imparable de la producción
chas relaciones sociales, una retracción que consistirá, en
diversificada como condición de realimentación del incre-
efecto, en la creciente inhibición de toda posible recons-
mento imparable del consumo. Semejante optimización
trucción progresiva de dichas relaciones según avanza la
implica la tendencia a la formación de un mapa sociológi-
destrucción regresiva de todas las relaciones sociales preté-
co-productivo con una morfología muy característica, a
ritas por efecto de semejante automatización. En efecto: la
saber: se trata de disponer un continuo productivo en el
automatización consumista de la vida social va destejiendo
quede encuadrada la población laboral organizado según es-
implacablemente toda forma de relaciones sociales pretéri-
tas dos coordenadas: una creciente diversidad de segmentos
tas según va haciendo inviable toda posible reconstrucción
de cualificación (técnico-cognoscitiva) y una creciente di-
política alternativa de las mismas.
versidad de ramas de especialización tecnológica desligadas
del control científico de sus consecuencias, de forma tal que Así pues, si consideramos ahora la conjugación en-
el incremento de la cualificación técnico-cognoscitiva vaya tre la tendencia a la retracción del control político del
ligado al incremento de aquella especialización tecnológica desarrollo científico y tecnológico impresa por la disposi-
desprendida del control científico de sus consecuencias. ción misma del mencionado mapa laboral-productivo con la
Semejante disposición ya implica de suyo un creciente em- tendencia a la retracción del control político de las relacio-
pobrecimiento de toda investigación científica básica — un nes sociales impresa por su forma de destrucción
freno al desarrollo de cada uno de los campos científicos — consumista y automatizadora, tendremos ante nuestros ojos
en beneficio del desarrollo de la propagación tecnológica de — ante nuestra propia acción social y política — la inexo-
dichos campos desprendida del control científico de sus rable tendencia conjugada al “grado cero” de “inacción”
consecuencias; e implica por lo mismo una tendencia a la política (metatotalizadora) — que suponemos sin embargo
disminución del propio control socio-político de aquella de- trascendentalmente necesaria para toda sociedad política y
terminada forma de propagación tecnológica de los campos por ello respecto de toda posible “realidad” — impresa por
científicos en beneficio de la mencionada optimización me- la sociedad capitalista industrial.
ramente económica de la relación entre inversión y
rendimientos productivos responsable de aquella forma de Así pues, en contraste con las posibilidades uni-
versalmente infinitas abiertas por la producción industrial,
disposición del mapa laboral productivo.
hemos de constatar sin embargo una inexorable tendencia a
Puede decirse, pues, que semejante disposición ya la nihilificación de la acción social y socio-política misma,
conlleva un destejimiiento de los hilos de la propia (y nece- y por ello de la misma “realidad”, como el más perverso y
saria) acción de meta-totalización socio-política — por lo paradójico efecto del desarrollo capitalista de la forma in-
que toca al control político del desarrollo de las ciencias y dustrial de producción. Éste es, en efecto, el círculo de
de su propagación tecnológica — en beneficio de una ren- barbarie cognoscitiva y sociopolítica que tiende a cerrarse
tabilidad puramente económica, y ello en la medida en que sobre nuestras propias vidas por efecto del desarrollo de la
ésta precisamente tiende a imponer sus efectos regresivo- forma capitalista de producción industrial.
destructivos sobre la acción política metatotalizadora al
En particular: por contraste con aquellas posibili-
compás mismo en que va haciendo a su vez inviable toda
reconstrucción progresiva de la misma. Es, pues, la propia dades universalmente infinitas por lo que respecta a las
política la que va tendiendo a su “grado cero de inacción” relaciones sociales abiertas por el dominio científico sobre
la naturaleza y por su propagación tecnológica, el más per-
62 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

verso y paradójico efecto del modo capitalista de cursar (a) Las morfologías de los saberes sociales en las socieda-
aquel dominio y su propagación consistirá en que dichas re- des históricas. Dialéctica entre los saberes sociales y la
laciones sociales, tanto en sus momentos productivos como historia (como historiografía).-
en sus momentos consumistas, se verán progresivamente
Pues suponemos, en efecto, que los saberes socia-
reducidas a un tipo de dominio, por respecto de la relación
les se generan, en las sociedades histórico-políticas, a raíz
social capital — crecientemente impersonal y “global” —
de los conflictos sociales diversos (y crecientes) que hemos
que resultará ser tendencialmente análogo al tipo de domi-
visto que caracterizan a estas sociedades fracturadas, en la
nio que sobre la naturaleza misma alcanzan las propias
medida en que en el seno del “espacio socio-cultural” de
ciencias y su propagación tecnológica, un tipo de dominio
dichas sociedades se forman diversos “torbellinos sectoria-
social, en efecto, que cursará bajo la forma de una creciente
les de conflictos” que precisamente habrán de ser
automatización de la vida social, tendencialmente análoga
reconstruidos o ajustados una y otra vez.
a la automatización misma de los sectores de realidad físi-
co-natural lograda por cada una de las construcciones De este modo, el campo de cada uno de estos sa-
científicas físico-naturales mismas. beres viene a corresponderse con la región o el sector
social donde se generan estos conflictos y se producen sus
Y éste es, justamente, el contexto adecuado o pro-
reajustes, adoptando dichos conflictos y reajustes una cierta
porcionado para desvelar el “secreto” del proyecto de las
sistematicidad cuya dialéctica interna regresivo/progresiva
“ciencias humanas” generado por la sociedad capitalista in-
viene a funcionar como sigue: el “plano” o el “momento”
dustrial.
“fenoménico” de dichos campos podremos reconocerlo en
(ii). El proyecto de las “ciencias humanas” como proyecto el momento mismo del enfrentamiento de una pluralidad de
ideológico de la sociedad capitalista industrial. — proyectos sociales normativos de acción, esto es, en el mo-
mento en que unos proyectos de acción (de unas partes
En efecto: El proyecto de las denominadas “cien-
sociales, sociopolíticamente dominantes) pugnan, desde sus
cias humanas” (o “sociales”) viene a asentarse en la
fines (o intereses), por envolver o determinar, como planes
tendencia a lograr, sobre los sectores diversos de la vida so-
suyos, los fines (o intereses) de otros proyectos de acción
cial generados por el modo de propagación tecnológica de
(de otras partes sociales, dominadas) que en todo caso
las ciencias en la sociedad capitalista industrial, un tipo de
muestran alguna resistencia, u oposición a aquellos planes.
dominio que fuera lo más analógo posible al dominio cien-
Los “fenómenos” de los saberes sociales no se dan, pues,
tífico efectivo (“perfecto”) alcanzado por las ciencias
tampoco, exentos, o “en bruto”, sino que consisten, como
estrictas físico-naturales sobre sus regiones del medio natu-
decimos, en el momento mismo del enfrentamiento entre
ral. Se trata, pues, de la tendencia, y de la pretensión, ya
proyectos normativos de acción diversos y enfrentados de-
puesta en marcha por la morfología global del régimen ca-
ntro del juego de las relaciones sociales de dominación
pitalista de producción industrial de consumar, de un modo
entre grupos sociales.
cerrado, el círculo socio-productivo capitalista-industrial,
bajo la forma de una reproducción, en el conjunto de los A partir de estos “momentos fenoménicos”, el pro-
diversos sectores de las relaciones sociales generados por el ceso de estos saberes cursará como un regreso que,
modo de propagación tecnológica de las ciencias caracterís- deshaciendo las relaciones sociales enfrentadas hasta el
tico del capitalismo industrial, de la propia forma de momento vigentes, tienda a rehacer o reestablecer el pro-
dominar el medio natural por parte de las ciencias físicas yecto normativo capaz de reajustar de algún modo, en el
estrictas, de suerte que al compás mismo en que dicho cír- progreso, los conflictos de partida. Dichos “proyectos nor-
culo tienda a cerrase tenderá a quedar evacuada la mativos” capaces de lograr en algún grado dichos reajustes
necesidad misma de toda posible metatotalización política se corresponden, pues, con lo que podemos considerar co-
del mismo por efecto de la yugulación de toda posible recu- mo los “momentos estructurales” de dichos saberes. Así
rrencia abierta (esto es, trascendental en cuanto que pues, también ahora podremos decir, tanto que todo “mo-
contradictoria) de sus contenidos. Se trata de aquel proyec- mento (comparativamente) fenoménico” implica algún
to, en efecto, que modélicamente se expresaba en el ideal grado de configuración estructural, en cuanto que las opera-
positivista-burgués comtiano de realimentar indefinidamen- ciones están siempre insertas en proyectos normativizados,
te de un modo cerrado, o sea, sin conflictos, el “orden con como que todo “momento (comparativamente) estructural”
el progreso”. no pierde su asidero fenoménico, puesto que las operacio-
nes no quedan, en estos contextos, en ningún momento y en
Suponemos, entonces, que la posible consumación
ningún sentido, neutralizadas o segregadas, sino siempre
del proyecto implicaría haber dado un paso (cualitativo)
contenidas y absorbidas por las normas.
más allá de lo que entendemos que en las sociedades histó-
ricas de hecho han sido los efectivos saberes o disciplinas Por ello, cada uno de estos saberes sociales parti-
sociales, un paso cuyo carácter ideológico, y ello sin perjui- culares o sectoriales vienen a consistir en los diversos
cio de su relativo fundamento real, podremos desvelar si “carriles sectoriales” a través de los cuales debe sin duda
comenzamos por reconocer previamente cuáles han sido las cursar la acción política misma (metatotalizadora) planifi-
morfologías de dichos saberes sociales efectivos, al menos cada en su momento progresivo, en cuanto que dichos
antes de la pretensión capitalista contemporánea de trans- saberes consisten en la puesta a prueba práctica de la capa-
formar dichos saberes en ciencias (o, diríamos, en cidad reconstructiva misma, o de reajuste social, de los
“análogos suyos rigurosos”). proyectos normativos regresivamente alcanzados a partir de
cada uno de sus sectores conflictivos: “salvar” o “recupe-
rar” los “fenómenos” en el caso de estos saberes consiste,
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 63

en efecto, y precisamente, en poner a prueba mediante la partir de proyecto “estructural” alguno que implique un cie-
acción política práctica (sectorial) la capacidad de reajustar rre sintáctico-demostrativo semejante de los contenidos
conflictos (fenoménicos) previos sectoriales. normativos conflictivos de partida, sino que más bien aque-
llos proyectos “estructurales” resolutorios se nos muestran,
Una capacidad ésta, de los proyectos normativos
una y otra vez, constitutivamente incapaces de “salvar” (de
(comparativamente) “estructurales” o “victoriosos”, que
dominar de un modo “perfecto”) precisamente todos los
ciertamente no tiene por qué ser fenoménicamente accesible
(nuevos) “fenómenos” que cada momento progresivo arro-
(“consciente”, conocida), o al menos de igual modo, por to-
jan sin embargo en su propio curso.
das las partes o grupos sociales en juego, puesto que bastará
en todo caso con que lo sea, como capacidad operatoria En realidad, desde el momento en que estamos
planificada de control, para los grupos sociales victoriosos contando con el carácter (crecientemente) excedentario de
resultantes como para proseguir su curso. Así pues, el juego las sociedades histórico-políticas, es precisamente el “mar-
(correlativo y comparativo) entre la “consciencia” y la “in- gen de maniobra socio-política alternativa” respecto de
consciencia” (o entre el conocimiento y la ignorancia) de cualesquiera posibles conflictos sociales sectoriales suyos
las “estructuras” de reajuste (sectoriales) de los conflictos posibilitado siempre por dicho carácter excedentario, aquel
sociales (sectoriales), en cuanto que capacidad planificada que hará a la postre inviable toda pretensión por confinar
de control social, tendrá precisamente que ver con (el grado dentro de algún sector “universal reductivo a su categoría”
de) victoria o de dominio socio-político (sectorial) de unas la resolución de los conflictos sociales sectoriales.
partes, grupos o intereses sociales sobre otros. No será ne-
Y si suponemos, precisamente, que dicha situación
cesario, por ejemplo, que todos los grupos sociales (por
está dándose, a la par, en los distintos sectores (o saberes)
ejemplo, las naciones étnicas hispanas peninsulares) a las
sociales de la metatotalización política de la sociedad de re-
que se va imponiendo la lengua castellana según avanza la
ferencia, esto es, que no deja una y otra vez de producirse la
“reconquista”, o luego los grupos sociales (pueblos, o civi-
confluencia, ella misma conflictiva, entre los reajustes pre-
lizaciones americanas) a los que asimismo se les impondrá
carios en cuanto que “im-perfectos” de cada uno de sus
dicha lengua en la conquista americana, tengan necesidad
sectores sociales conflictivos, y ello precisamente en virtud
de conocer la gramática de la lengua triunfante (española, y
del carácter precario de cada uno de dichos reajustes secto-
luego hispana), precisamente esa necesidad que sí llegará a
riales, podremos comprender entonces precisamente la
tener y a satisfacer, como consecuencia de sus choques y
necesidad de un nuevo tipo y escala de regreso, hecho jus-
reajustes victoriosos con otras lenguas, la lengua del bloque
tamente necesario por dicha situación, como es
socio-político triunfante — primero, castellano; y luego,
precisamente la necesidad de remontar regresivamente la
español.
totalidad de los campos de dichos sectores conflictivos se-
Ahora bien: precisamente no entenderemos que gún una dialéctica global (o universal no reductiva) que no
dichos sectores, cada uno con su dialéctica y su relativa sis- se reduce a ninguno de dichos campos, sino que se da a tra-
tematicidad internas, alcancen algún principio de cierre, vés de todos ellos, y ello tanto en su momento regresivo
universal-demostrativo y reductivo a su categoría, que fuese como progresivo. Será el momento regresivo de dicha dia-
comparable (de cualquier forma analogable) con el princi- léctica global aquel que incluya necesidad de revisión
pio de cierre que llegará a caracterizar al dominio que las histórica (“historiográfica”) de dichas sociedades — de
ciencias estrictas, las físico-naturales, efectivamente alcan- suerte que serán las sociedades históricas aquellas que, por
zan sobre los sectores de la realidad que re-construyen. su propia dinámica, acaben arrojando como una necesidad
Como vimos, el cierre sintáctico-demostrativo de las cien- interna un saber histórico (historiográfico) sobre ellas mis-
cias físicas, aun cuando no suponga clausura semántica, sí mas.
implica la capacidad de incorporar nuevos materiales (se-
En efecto: de los conflictos (socio-políticos) ince-
mánticos) de un modo universal reductivo a la propia
santes resultantes entre las resoluciones precarias o in-
categoría en función del mismo principio sintáctico-
fectas de los conflictos (socio-políticos) sectoriales surgirá
demostrativo de cierre que ya funciona en dicha categoría.
la necesidad de re-visión historiográfica del pasado (socio-
De este modo, el tipo de dominio “perfecto” en cada caso
político) global, esto es, la necesidad de destejer retrospec-
alcanzado por cada ciencia por relación a cada estrato real
tivamente, siquiera sea mediante la representación
de su propia categoría resulta en principio indefinidamente
(proposicional) apoyada en (o intercalada entre) los docu-
ampliable, en profundidad y extensión, con respecto de
mentos y los restos (culturales y sociales) disponibles, el
nuevos estratos semánticos de la propia categoría. Pues
proceso mismo global que progresivamente condujo hasta
bien, que en los campos de los saberes sociales pudiese
la situación de partida (de conflicto entre resoluciones sec-
funcionar un tipo de cierre semejante supondría que la vic-
toriales infectas de conflictos), y ello al objeto de detectar
toria o el dominio socio-político sectorial de los proyectos
los “lugares de cruce críticos”, dentro del tejido metatota-
normativos victoriosos — sobre los vencidos — sería asi-
lizador, en donde se tomaron resoluciones conducentes al
mismo perfecto, en un sentido semejante al dominio
estado del presente, de forma que semejante revisión alcan-
perfecto ejercido por las ciencias físicas sobre sus campos
ce conocimientos que puedan conjugarse precisamente con
categoriales, lo cual supondría ciertamente la recurrencia
el momento progresivo de la acción política metatotalizado-
estabilizada de los mismos contenidos sociales victoriosos
ra del presente, que precisamente no excluye, sino que
sobre cualesquiera nuevos posibles conflictos dados (reduc-
incluye, de nuevo, aquellos tramos suyos sectoriales en los
tivamente) en el seno del propio campo. Sin embargo,
que consisten los saberes sociales particulares.
suponemos que en ninguno de estos sectores los conflictos
inter-normativos de partida (“fenoménicos”) se reajustan a
64 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

Así pues, los propios saberes sociales particulares, sin perjuicio de estas funciones legitimadoras, decía, estos
cada uno con su relativa sistematicidad y dialéctica (regre- saberes globales historiográficos pueden tener un efecto crí-
sivo/progresiva) internas, forman parte, como tico de primera importancia sobre ciertos espejismos
(sub)momentos sectoriales, del momento progresivo — ideológicos del presente, y muy en particular, precisamente,
práctico, planificador — de la dialéctica (regresi- sobre el espejismo consistente en asumir que los saberes
vo/progresiva) global (en cuanto que universal sociales particulares pueden adoptar efectivas formas cien-
transectorial) de la acción política metatotalizadora, la cual tíficas, cuando es el caso, como decimos, que dichos
dialéctica, por su parte, si debe asimismo regresivamente saberes historiográficos globales se hacen precisamente ne-
remontarse más allá de los regresos sectoriales de cada uno cesarios debido al carácter precario (no científico) de las
de aquellos saberes particulares es justamente en la medida resoluciones aportadas por los saberes sociales particulares
en que dichos saberes en sus momentos progresivos no re- — y ello sin perjuicio de que estos saberes sociales particu-
suelven, sino sólo infecta o precariamente, los conflictos lares precarios (pongamos, la “sociología”) se requieran,
sectoriales de cada uno de sus campos particulares, a los una y otra vez, a título de soluciones sectoriales dadas en el
cuales saberes en todo caso dicha dialéctica global habrá de curso progresivo conjugado con el regreso exigido por
volver en sus momentos progresivos. aquellos saberes historiográficos globales (pongamos, la
“historia social”).
Y es dicho momento regresivo de dicha dialéctica
global de la acción política (metatotalizadora) la que justa- (b) Carácter ideológico y (relativo) fundamento real del
mente requiere, como decíamos, de los saberes proyecto de las “ciencias humanas. —
historiográficos “globales” (universales no reductivos o
Pues bien: el proyecto de las “ciencias humanas”,
transectoriales): de la “historia”, sin duda, por antonomasia;
como decíamos, en cuanto que proyecto característico de la
y, ligada a ella, de los saberes filológicos como momentos
sociedad capitalista industrial, viene a asentarse en la ten-
histórico-lingüísticos imprescindibles intercalados en dicho
dencia misma impresa sobre la vida social por la forma
saber histórico, en cuanto que no sólo nos ponen en presen-
capitalista específica de producción industrial que hace que
cia del imprescindible estrato lingüístico intercalado de la
los diversos sectores de las relaciones sociales de esta so-
praxis socio-política del pretérito, sino que asimismo nos
ciedad, tanto en sus ámbitos laboral-productivos como —
garantizan el acceso a los documentos escritos imprescindi-
principalmente — consumistas (conjugados), comiencen a
bles para conocer dicho pretérito. Se trata, en efecto, de
quedar paradójicamente sujetos a un tipo de dominio que
aquellos saberes que en un momento dado serán reconoci-
tiende a ser análogo al dominio “perfecto” que, mediante
dos como “Humanidades”, los cuales saberes, además de
sus aparatos y montajes de aparatos (industriales), las pro-
ponernos en presencia, de un modo recto, con la praxis so-
pias ciencias físicas logran sobre sus sectores de realidad
ciopolítica del pasado desde una perspectiva histórica, nos
(categorial). Y se trata, ciertamente, de un efecto paradóji-
ponen asimismo en contacto, siquiera de un modo oblícuo,
co en la medida en que la sociedad industrial, a la vez que
con las (humanas) obras técnicas y saberes físicos (y en su
abre, en principio, por su forma industrial de producción,
momento científicos y tecnológicos) de dicho pasado, y lo
unas posibilidades universamente in-finitas por lo que res-
hacen precisamente desde su propia perspectiva, que es la
pecta a sus formas sociopolíticas de organización, encuadra
histórica. De aquí que en modo alguno deban confundirse
y encauza sin embargo, por su forma capitalista específica
los saberes sociales particulares o sectoriales con las “hu-
de producción industrial — de propagación tecnológica de
manidades”, en la medida en que éstas precisamente se
las ciencias —, a las relaciones sociales, tanto productivas
alimentan, del modo indicado, del mencionado carácter
como consumistas, en unos escenarios o marcos culturales
precario de aquellos saberes.
que tienden a reproducir un dominio sobre dichas relacio-
(Y es, por cierto, como ya vimos, la totalidad, me- nes sociales lo más análogo posible al dominio logrado por
tatotalizándose (socio-políticamente) en cada caso, de estos las ciencias físicas estrictas sobre sus diversas regiones de
diversos tipos y rangos de saberes, aquella que sólo cursa a realidad.
través de la propia filosofía — y por tanto de la dialéctica
En efecto: si, como decíamos, es precisamente el
incesante entre la crítica dialéctica de las ideologías metafí-
carácter crecientemente excedentario de las sociedades his-
sicas y la reapropiación ideológico-metafísica de dicha
tórico-políticas el que hace que las formas socio-políticas
crítica dialéctica. Razón por la cual la filosofía forma parte,
alternativas de organizar la vida social no puedan quedar
como su culminación dialéctica misma universal-
confinadas, en ninguno de sus sectores, a ninguna forma de
trascendental, del conjunto de las humanidades).
“reducción universal demostrativa” análoga a las de las
Por ello mismo, estos saberes historiográficos glo- ciencias estrictas, y por tanto sujetas a ninguna forma de
bales (las humanidades), aun cuando no dejen de cumplir, dominio “perfecto” semejante al conseguido por dichas
como no podía ser de otro modo, diversas formas de legiti- “reducciones”; la singular paradoja levantada por la socie-
mación ideológica del presente (por ejemplo, la dad industrial capitalista consiste en que, habiendo
legitimación historiográfica del estado actual victorioso de transformado y desbordado enteramente aquellas condicio-
determinadas naciones políticas frente a otras naciones polí- nes excedentarias por efecto de su potencia productiva
ticas, o frente a sus naciones étnicas integrantes; o bien, la industrial, una potencia capaz de ir logrando dichas recons-
legitimación de determinados bloques civilizatorios impe- trucciones universales reductivas de regiones de la realidad
riales frente a otros bloques competidores, o frente a los natural envolvente y alcanzando por ello un dominio “per-
pueblos “terceros” por los que compiten), funciones éstas fecto” sobre estas regiones, a la vez que capaz de ir
que nunca ha dejado ciertamente de cumplir la “historia”, engranando mutuamente mediante la tecnología dichas re-
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 65

giones de este modo “reducidas” y “dominadas”, y por ello cognoscitivo de rendimiento productivo-tecnológico eco-
capaz de surcar, por primer vez en la historia y de un modo nómicamente cada vez más optimizado y el incremento
irreversible, un verdadero espacio socio-político de univer- cada vez más acelerado del consumo — en cantidad y di-
salidad (metatotalizadora) infinita, dicha sociedad, sin versidad —, como una realimentación que tiende
embargo, y debido al modo específicamente capitalista de progresivamente a cerrarse “sin residuo contradictorio al-
organizar la producción industrial, ha ido a su vez confi- guno”, es decir, evacuando crecientemente toda posibilidad
nando las relaciones sociales, en sus diversos sectores, de acción socio-política — metatotalizadora en cuanto que
hasta el punto de imprimir sobre ellas la tendencia a ser internamente contradictoria.
susceptibles de una “reducción” y de un “dominio” lo más
Es precisamente en el seno de los diversos secto-
análogos posibles al que las ciencias estrictas logran sobre
res de dichos escenarios en torno a los que tenderá a
sus regiones de realidad.
cristalizar el proyecto de cada una de las diversas ciencias
Ésta es, en efecto, la singular paradoja (dialéctica) humanas, como un proyecto que en efecto buscará recons-
levantada por las forma capitalista de organizar la produc- truir, a partir de sus conflictos sociales (o socio-culturales)
ción industrial, y éste es, exactamente, el “secreto” que sectoriales “fenoménicos”, aquellos proyectos normativos
anida bajo el proyecto de las “ciencias humanas”: el grado de acción capaces de reducir ( y por ello dominar) aquellos
de éxito de dicho proyecto equivale, exactamente, al grado conflictos de partida de un modo ciertamente lo más análo-
de triunfo histórico-universal de la sociedad capitalista in- go posible a como las ciencias estrictas reconstruyen sus
dustrial, de modo que el éxito consumado del proyecto de fenómenos de un modo “universalmente reductivo a su
las ciencias humanas equivaldría al triunfo histórico- propia categoría”. En este sentido, en efecto, las diversas
universal definitivo de la sociedad capitalista industrial, un ciencias humanas “en proyecto”, además de los recursos
(hipotético) triunfo definitivo éste cuya radical y última pa- metodológicos más o menos “externos” y “genéricos” (o
radoja reside en que equivaldría al final mismo de toda importados de las verdaderas ciencias y de las tecnologías,
(metatotalización) política posible, y por tanto de toda posi- tales como los matemáticos, estadísticos, computacionales,
ble sociedad histórico-política universal, y con ello de toda etc.), buscarán específica y formalmente apoyarse sin duda
posible realidad (trascendental). La consumación del pro- en aquellos escenarios culturales, del modo más análogo
yecto de las ciencias humanas equivaldría en efecto a la posible a como las ciencias estrictas reconstruyen sus re-
consumación de la tendencia a la desrealización o la nihili- giones de realidad dentro de sus aparatos, y ello al objeto de
ficación de la realidad misma (trascendental) que anida lograr aquella reducción y dominio de sus conflictos feno-
implacablemente en la contemporánea sociedad capitalista ménicos de partida del modo más análogo posible a la
industrial. reducción y al dominio alcanzados por las ciencias estrictas.
De aquí que, en efecto, buena parte de la labor estas “cien-
Es preciso reconocer, pues, que el proyecto de las
cias en proyecto” consista en la planificación y efectiva re-
ciencias humanas no es ciertamente gratuito, como si no tu-
construcción o remodelación de tales escenarios — en la
viera algún fundamento real, puesto que el fundamento de
reconstrucción planificada de “ambientes culturales” —, de
su pretensión estriba, precisamente, en la tendencia misma
suerte que, en sus cursos progresivos puedan reconstruir sus
impresa por la forma capitalista de organizar la producción
conflictos de partida a partir de la remodelación o recons-
industrial sobre los diversos sectores de las relaciones so-
trucción de tales “escenarios” o “ambientes culturales”.
ciales que fuerza a tornar éstos susceptibles, como decimos,
de ser sometidos a un “dominio” y a una “reducción” lo Ahora bien: si todavía podemos considerar ideo-
más análogos posibles al tipo de dominio y de reducción lógico, no obstante su (relativo) fundamento real, al
que las ciencias estrictas logran sobre sus regiones de reali- proyecto de las ciencias humanas es justamente en la medi-
dad natural, un “dominio” y una “reducción” sociales da en que podemos cuestionar si dichos saberes, en todo
(sectoriales) éstos en torno a los que vienen a organizarse caso efectivos en cuanto que efectivos saberes sociales, po-
las morfologías cognoscitivas de dichos proyectos de cien- seen o no un principio de “cierre sintáctico demostrativo”
cia. de sus campos capaz de “reducir”, y por ello de “dominar”,
los fenómenos de dichos campos (sus conflictos sectoriales
Y, de hecho, un cierto análogo de los aparatos me-
de partida) de un modo “universal-reductivo a su propia —
diante los que las ciencias estrictas reconstruyen, de un
presunta — categoría” (mediante proyectos normativos re-
modo universal-reductivo, sus regiones de realidad (natu-
constructivos) que fuese en efecto cognoscitivamente
ral), podremos encontrarlos, en los campos de las ciencias
análogo a los procedimientos formales constructivos de las
humanas “en proyecto”, precisamente en las diversas es-
ciencias estrictas — por tanto, con efectiva “analogía de
tructuras, o “complejos de estructuras”, del medio cultural
proporción propia” con respecto de dichos procedimien-
envolvente progresivamente levantado por la industria capi-
tos—.
talista, dentro de los cuales complejos se ve confinada a
discurrir la vida social, tanto productiva como la vida social En tal caso, desde luego, estas (presuntas) ciencias
en general (y en muy en especial consumista), en aquellos estarían dotadas, por su propia morfología cognoscitiva, de
diversos sectores suyos en torno a los cuales precisamente un principio de recurrente pacificación victoriosa reductiva
fraguan las diversas ciencias humanas “en proyecto”. Al de cada uno de sus actuales y eventuales conflictos sectoria-
hablar de semejantes “complejos estructurales” nos estamos les, lo cual implicaría que la totalidad de dichos sectores
refiriendo a aquellos “escenarios” culturales envolventes a iría quedando sustraida a toda necesidad de metatotaliza-
través de cuyas morfologías, cada vez más específicas, va ción universal trascendental (no reductiva) socio-política, y
teniendo lugar la realimentación entre aquel mapa laboral- por ello sustraida a la hitoricidad misma y a la necesidad
66 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

de saberes historiográficos (humanistas), de modo que atribución, y en modo alguno una “analogía de proporción
acabaría por consumarse plenamente el (ideal) proceso de propia” con respecto a las ciencias, y ello sin perjuicio de la
una reiterada conjugación sin conflicto entre el “orden y el presión efectiva, específicamente creciente y triunfante, que
progreso” (socio-tecnológicos). Se hubiera, por así decirlo, globalmente ejerce aquella envoltura sobre la vida social
consumado plenamente el ideal (estrictamente burgués) del del presente.
“panóptico” de Bentham.
Así pues, y en resolución, ésta es la singular para-
Pero esto es, ciertamente, lo que no resulta eviden- doja dialéctica (universal trascendental) levantada por la
te, no obstante la indudable tendencia global victoriosa forma capitalista de organizar la producción industrial, y és-
hasta el presente del “régimen capitalista industrial de pro- te es, correlativa y precisamente, el “secreto” que anida
ducción” Pues una cosa es, en efecto, el hecho indudable de bajo el proyecto de las ciencias humanas solidario de aque-
dicha tendencia global victoriosa, y a escala planetaria, has- lla forma capitalista de producción industrial: el grado y el
ta el presente, del “capitalismo”, y otra es que dicho triunfo alcance del éxito de dicho proyecto equivale, exactamente,
global se estuviese logrando sobre la base de aquellos (pre- al grado del triunfo histórico-universal de la sociedad capi-
suntos) principios de cierre sintáctico-demostrativos talista industrial, de modo que el éxito consumado del
sectoriales capaces de una reiterable pacificación victoriosa proyecto de las ciencias humanas equivaldría al triunfo his-
reductiva de cada uno de los conflictos sociales sectoriales tórico-universal definitivo de la sociedad capitalista
de dicha victoria global tendencial, como si dicha victoria industrial, un (hipotético) triunfo definitivo éste cuya radi-
estuviese resultando de una armoniosa convergencia de las cal y última paradoja reside en que equivaldría al final
“resoluciones demostrativo-pacificadoras reductivas” de mismo de toda (metatotalización) política posible, y por
cada uno de sus sectores conflictivos. Antes bien, dicha vic- tanto de toda posible sociedad histórico-política universal, y
toria global tendencial no deja de arrojar, en su misma con ello de toda posible realidad (trascendental). La consu-
recurrencia global, incesantemente nuevos focos de conflic- mación del proyecto del las ciencias humanas equivaldría
tos sectoriales, y a muy diversas escalas, focos éstos que en en efecto a la consumación de la tendencia a la desrealiza-
modo alguno se resuelven “científicamente”, sino que más ción o nihilificación de la realidad misma (trascendental)
bien actúan como demandas renovadas para intentar apli- que sin duda anida implacablemente en la sociedad con-
car, una y otra vez, el proyecto de las “ciencias humanas”, temporánea capitalista industrial.
el cual proyecto, sin embargo, se limita, de hecho, a quedar
En este sentido, acercarse a semejante paradoja
restringido, una y otra vez, no obstante aquella tendencia
dialéctica (trascendental) en su relación con las ciencias
global, a un conjunto de meros saberes sociales continua-
humanas como lo ha hecho Gustavo Bueno, es decir, conci-
mente desbordados, en sus cursos progresivos, por los
biendo “el problema de las ciencias humanas” como el que
propios fenómenos conflictivos sectoriales internos que
resultaría de la (presunta) contradicción dialéctico-
pretenden reajustar.
gnoseológica, planteada de un modo meramente abstracto
Estos continuamente renovados focos sectoriales “metodológico”, entre los campos de las ciencias en donde
de conflictos se dan, sin duda, como decimos, a muy diver- no figuran formalmente operaciones — “humanas o etoló-
sas escalas: no sólo, desde luego, a la escala de los gicas” — y los campos de aquellas posibles ciencias en
conflictos entre los actuales grandes bloques geopolíticos donde figurarían formalmente dichas operaciones, de modo
capitalistas (por lo demás mutuamente “irregulares” entre que pueda asumirse, al objeto de cursar y resolver aquella
sí, así como en proceso de reorganización, muy inestable y (presunta) contradicción, la “analogía formal rigurosa” a
poco definida por el momento, de sus fronteras en la mis- efectos “gnoseológicos” entre las operaciones temáticas de
mísima actualidad), y por tanto del esfuerzo de cada uno de los “campos humanos y etológicos” y las operaciones etio-
estos grandes bloques por mantener bajo su control a sus lógicas de las ciencias en general, no supone sino un modo
respectivas áreas escalonadas de influencia todas ellas geo- ideológico de abstraer y encubrir, bajo la capa de semejante
políticamente saturadas, sino también a la escala, planteamiento meramente abstracto-metodológico de inten-
constreñida a conjugarse con la anterior de un modo indes- ción gnoseológica, precisamente el problema radical y
plazable dada aquella saturación geopolítica, de los muy esencial implicado por aquella paradoja, y por ello implica
diversos conflictos internos a cada uno de dichos bloques, una forma ideológica de reconciliación con la tendencia po-
incluyendo aquí — y precisamente en el seno de los blo- sitiva y específica imprimida por la sociedad capitalista
ques “más desarrollados” o pujantes — no sólo tasas de industrial a consumar definitivamente su dominio bajo la
desempleo irreductibles y la generalización progresiva de forma del proyecto de las ciencias humanas.
formas de trabajo precario, sino también la generación re-
Ahora bien, hasta el momento hemos hablado, en
novada, a modo de residuos sociales de los conflictos
general, de estas “ciencias humanas” en proyecto, pero
sectoriales, de diversas bolsas de marginación social irre-
convendría distinguir diversas especies dentro del proyecto
ductible.
general de las mismas.
La inviabilidad efectiva de llevar en último térmi-
(c) Tipos de ciencias humanas en proyecto: Etnología,
no a cabo el proyecto de las ciencias humanas nos lleva,
“ciencias” sociológicas y Psicología.
desde luego, a precisar que la analogía entre los escenarios
culturales objetivos industriales por respecto de la vida so- Seguramente el proyecto científico-social que más
cial y los aparatos de las ciencias con respecto a sus se aproxima a la forma constructiva de una ciencia sea el
sectores de realidad natural controlados es, desde el punto del saber etnológico, esto es, el de aquel saber que las so-
de vista noetológico, una analogía muy remota de mera ciedades industriales capitalistas logran, en su proceso de
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 67

expansión imperialista colonial — en pugna mutua —, so- ambos tipos de sociedades como ahora sí que podremos re-
bre la estructura y el funcionamiento de sociedades conocer, en efecto, una cierta “analogía de proporción
antropológicas pre-históricas (“primitivas”, “etnológicas”). (propia)” (como único caso dentro de los saberes sociales)
Ello se debe, sin duda, al tipo de desigualdad o desequili- entre el dominio cognoscitivo y práctico antropológico de
brio socio-productivo radical entre la sociedad dominante y un tipo de sociedades sobre otras y el dominio que median-
la dominada, una desigualdad que hace precisamente posi- te las ciencias estrictas las sociedades industriales
ble un dominio objetivo por parte de la primera sobre la antropológicamente dominantes ejercen sobre los campos
segunda capaz de envolver y determinar la integridad del físicos de realidad de dichas ciencias. De algún modo, pues,
funcionamiento socio-productivo de ésta última por parte las sociedades capitalistas industriales son capaces de tratar
de la primera. Pues se trata, en efecto, del enfrentamiento a las sociedades “etnológicas” sobre las que se extienden y
entre una sociedad (la dominada) con economía subsisten- se ciernen, ejerciendo sobre ellas un tipo de dominio cog-
cial y una sociedad (la dominante) no ya en general noscitivo y práctico proporcionalmente análogo al dominio
excedentaria, sino dotada del tipo específico de condiciones que mediante sus ciencias ejercen sobre los campos físicos
excedentarias hechas posibles por su forma científico- reales de estas últimas.
tecnológica industrial de producción. Como decíamos, es la
Ahora bien, la paradoja a la que se ve indefecti-
condición excedentaria de las sociedades histórico-políticas
blemente sometido dicho dominio cognoscitivo y práctico
la que abre un margen de posibilidad en sus formas alterna-
consumado de unas sociedades sobre otras es ésta: la de que
tivas de organización sociopolítica que torna a los diversos
en el momento mismo de consumarse dicho dominio, el
sectores de dicha organización insusceptibles de ser some-
material (antropológico) sobre el que se consuma queda
tidas a un dominio (social) análogo al que las ciencias
formalmente destruido — aquellas sociedades etnológicas o
físicas estrictas en su momento alcanzarán sobre sus regio-
primitivas quedan deshechas como tales sociedades primi-
nes de realidad, a la par que, sin embargo, es la sociedad
tivas —, y transformado ya en otra cosa, a saber, en
que desarrolla sus condiciones excendentarias hasta el pun-
sectores o partes sociales subordinados al funcionamiento
to de alcanzar la forma industrial (científico-tecnológica) de
global de las sociedades dominantes: como fuente de mate-
producción la que, y debido a su carácter capitalista, expe-
rias primas y mano de obra proletaria tercermundista del
rimentará la paradoja (dialéctica) consistente en abrir unas
bloque capitalista colonial dominante. Se trata, pues, de un
posibilidades universales infinitas de organización sociopo-
proceso de conocimiento y/o dominio sometido a una dia-
lítica que no obstante irán quedando positivamente
léctica singular: aquella según la cual el conocimiento y el
confinadas a formas de dominio social sectorial tenden-
dominio se van logrando precisamente a través (y a costa)
cialmente análogas a las del domino científico-natural, aun
de la destrucción misma de aquello que se conoce y domi-
cuando nunca de hecho según una analogía de proporción
na, y de su transformación en algo ya insusceptible de dicho
propia, sino sólo de atribución y remota. Ahora bien: allí
tipo de dominio y de conocimiento.
donde estas sociedades industriales capitalistas se ciernan,
en su proceso de dominio imperialista colonial, sobre so- Una vez más, pues, las formas científicas de cono-
ciedades subsistenciales, este tipo de desigualdad socio- cimiento (o, en este caso, su único “análogo (propio)
productiva radical entre ambas hará posible, sin duda, por proporcionado” en el ámbito de los saberes temáticamente
parte de las primeras y con respecto a las segundas, un tipo antropológicos) se nos muestran como el ejercicio de un
de dominio cognoscitivo (o de conocimiento dominador) dominio “perfecto” sobre los materiales conocidos: un do-
social que, esta vez, sí que comenzará a resultar mucho más minio que, como decíamos, en el caso de las ciencias físicas
próximo al dominio cognoscitivo que las sociedades so- supone que las operaciones somáticas antropológicas domi-
cialmente dominantes ejercen mediante sus ciencias sobre nadoras quedan, por medio de sus capas formalmente
los campos de éstas. artefactuales, distanciadas respecto de las realidades for-
malmente dominadas hasta el punto de quedar
Se trata, sin duda, del conocimiento etnológico, es-
somáticamente exentas de verse afectadas por dichas reali-
to es, de ese conocimiento que en efecto podemos lograr
dades dominadas, y que, en el caso de la ciencia etnológica
sobre el carácter mismo susbsistencial de dichas socieda-
implica que las operaciones antropológicas socio-
des, y por tanto sobre las formas como sus relaciones
productivamente dominadoras puedan quedar, por medio de
sociales (de parentesco) se ajustan estrictamente a sus me-
la potencia industrial mediante la que se efectúa el dominio
dios productivos en función de dichos límites
social, sociopolíticamente exentas de verse afectadas por
subsistenciales hasta el punto de formar una totalidad socio-
las operaciones socio-productivas de las sociedades antro-
productiva recurrente y cerrada, o sea, precisamente ese co-
pológicas que dominan, pero ello sólo hasta el punto y la
nocimiento que, según decíamos, en dichas sociedades no
medida en que se consuma dicho dominio.
se alcanza desde dentro de ninguna de sus partes sociales,
pero que precisamente sí puede alcanzar la sociedad antro- Ésta diferencia es crítica: pues si en el caso de las
pológicamente dominante debido a su capacidad de realidades físico-naturales dominadas por las ciencias físi-
envolver práctico-operatoriamente, desde sus planes colo- cas estrictas, dicho dominio puede, al menos en principio,
niales, la totalidad de dicho funcionamiento recurrente y proseguirse en profundidad y amplitud (semánticas) de un
cerrado en función de la singular desigualdad de su poten- modo indefinido, a la vez que ser reproducido (distributi-
cia socio-productiva (industrial) frente a la capacidad socio- vamente por cada ciencia) de un modo asimismo
productiva (subsistencial) de la sociedad (cognoscitiva y indefinido, en el caso de las realidades antropológicas (pri-
prácticamente) dominada. Será, pues, en función de esta de- mitivas) dominadas, su dominio implica su destrucción
sigualdad radical en la potencia socio-productiva entre existencial y su destrucción y transformación formales de-
68 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

finitivas, y por tanto la cancelación de toda posible prose- la nostalgia por recuperar, conservar o cuidar, unas “identi-
cución y dominación de dicho tipo de dominio. A lo sumo, dades antropológicas” que hemos dejado irrecuperables
aquellas realidades antropológicas existencialmente des- precisamente al transformarlas e integrarlas en nuestro sis-
truidas y formalmente transformadas comenzarán a ser tema.
conservadas bajo la forma ideológica, que siempre implica
Ahora bien, salvo el caso de la etnología, ningún
alguna connotación de culpabilidad, del “museo etnológi-
otro saber (temáticamente) social o antropológico adquirirá
co” y de la nostalgia, experimentada por los propios
una forma proporcionalmente analogable a las ciencias es-
dominadores, por las “identidades indígenas” ya inexora-
trictas. Éste es el caso de los que podemos reconocer como
blemente destruidas.
saberes sociológicos — en efecto, de la “sociología”, la
Una forma de “culpabilidad” ésta, por cierto, de “economía política”, la “politología”, la “lingüística”, etc.
raíces y alcance seguramente muy profundos, que no con- —, que son precisamente los saberes destinados a reajustar
viene fingir ignorar o despreciar, y que en todo caso en los conflictos socioculturales sectoriales entre las partes so-
estas “notas” noetológicas no podemos sino apenas rozar: ciales internas de las sociedades capitalistas industriales, y
Si el dominio sobre el medio natural envolvente puede ser acerca de los cuales decíamos que no logran cumplir su pre-
una y otra vez ampliado y reproducido, en sus sectores tendido proyecto de cientificidad no obstante instalarse en
científicamente controlables, por los aparatos científicos, la tendencia a culminar dicho proyecto, y ello sin perjuicio
ello no se debe desde luego a que dichos aparatos conten- de su (relativa) efectividad meramente “técnica”. A su vez,
gan la capacidad de re-generar existencialmente las el desenvolvimiento de estas sociedades capitalistas indus-
realidades mismas que formalmente re-producen, sino que triales tiende sin duda lugar bajo la forma de bloques socio-
se debe a la (al menos negativamente) in-agotabilidad de la políticos en pugna mutua imperialista en su proceso de ex-
naturaleza entorno, de la cual precisamente se alimenta la pansión colonial sobre “terceros” pueblos — y entre ellos, y
interminable extensión del tendido histórico(atributivo)- en el límite, los etnológicos — hasta el punto de lograr,
geográfico(distributivo) industrial (científico-tecnológico) como decíamos, el agotamiento existencial y la transforma-
sobre dicha naturaleza. De aquí precisamente el riesgo, cre- ción formal de dichos pueblos etnológicos y de este modo
ciente y manifiesto, de devastación ecológica y en general entrar en la irreversible situación universal de saturación
físico-natural del medio que lleva a cabo implacable y des- política (histórico-geográfica) de las posibilidades de des-
controladamente el progreso de la sociedad capitalista plazamiento escalonado indefinido de la explotación social
industrial, devastación que seguramente ya es fuente de una capitalista. Así pues, en la medida en que dichos “terceros”
cierta forma inexorable de culpabilidad: no ya tanto la deri- pueblos etnológicos van quedando agotados en cuanto que
vada de una presunta relación, abstracta y directa, con la transformados y absorbidos por cada uno de los bloques en
“naturaleza”, pero sí la derivada de un modo específico y expansión, sobre ellos comenzará a cesar el dominio cog-
concreto de beneficiarnos de ella reconocible como socio- noscitivo propio del saber etnológico para pasar a ser
políticamente irracional, el modo industrial capitalista. En incorporados, ahora ya bajo la forma de nuevos sectores o
el caso de las realidades antropológicas (“primitivas”) exis- partes sociales del bloque geopolítico que los transforma y
tencialmente aniquiladas y formalmente transformadas por absorbe, al tipo de dominio cognoscitivo característico de
las sociedades industriales capitalistas coloniales, aquellas los saberes sociales de dicha sociedad en expansión, un
son tratadas por éstas, al menos mientras se consuma su dominio que por ello comenzará ahora a dejar de ser ya
dominio socio-productivo radicalmente desigual, como una “perfecto” (etnológico) para pasar a formar parte del tipo
suerte de recurso energético natural esquilmable (no obs- “imperfecto” de dominio característico de dichos saberes
tante su carácter específica y formalmente antropológico), sociales con pretensión científica de las sociedades capita-
razón por la cual quedan existencial y formalmente irrecu- listas industriales.
perables en sus formas antropológicas específicas
Pero hay, asimismo, otro tipo de saber antropoló-
(primitivas) una vez consumada su inicial depredación in-
gico, diferente por supuesto del saber etnológico, y también
dustrial capitalista colonial en cuanto que sociedades
distinto de estos saberes sociológicos, cuya configuración
primitivas. Así pues, en este caso, la fuente de la culpabili-
es preciso siquiera apuntar: se trata de la denominada “psi-
dad no provendrá tanto, directa y abstractamente, de dicha
cología científica”.
irrecuperabilidad, pero sí del hecho de haberlas dejado irre-
cuperables precisamente para transformarlas y Muy esquemáticamente apuntado (y contando so-
reabsorberlas en un sistema social global reconocible como bre todo con que el lector interesado podrá encontrar
sociopolíticamente irracional y por ello como injusto (y en desarrollos más elaborados al respecto en otros trabajos del
su grado máximo con dichas sociedades, una vez transfor- autor de estas “notas”). Como se ha visto, el juego de posi-
madas), y reconocible como injusto también y precisamente bles alianzas y enfrentamientos mutuos entre los bloques
por parte de sus propios sectores dominantes, cuyos miem- civilizatorios acaba encontrando unos límites de saturación
bros, en cuanto que inexorables sujetos personales éticos (o política (geohistórica) por lo que toca a la posibilidad de
sea, sometidos a la inter-crítica entre las morales de los desplazamiento indefinido del dominio escalonado una vez
grupos sociales en pugna, intercrítica que transforma en su- que comienzan a quedar agotados los “terceros” pueblos
jetos personales éticos a los individuos de todos estos susceptibles de nuevos desplazamiento de dicho dominio
grupos), no podrán dejar de experimentar el “malestar éti- escalonado, unos límites éstos que, sin perjuicio de su efec-
co” derivado de su propia política: precisamente ese tividad, pueden considerarse sólo relativos en las
malestar que se expresa (a la par que se encubre y legitima), civilizaciones preindustriales — relativos precisamente al
ideológicamente, bajo la forma folklórica de la valoración y grado de desarrollo productivo de dichas civilizaciones —,
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 69

pero que se tornan absolutos, es decir, universalmente irre- lo representa, una dinámica psico-genética resultante de un
vocables a raíz de la forma industrial de producción de los conflicto irresoluble de partida entre el deseo somático
bloques geopolíticos del capitalismo industrial. De este humano y cualesquiera de sus posibles formas de canaliza-
modo, la sociedad histórico-política entra en un proceso de ción socio-cultural, sino precisamente una dinámica socio e
definitiva o irrevocable universalidad, tanto por lo que res- histórico-genética acompasada con los momentos y los lu-
pecta a su extensión geográfica irrevocablemente gares sociales “momentáneamente” victoriosos en la lucha
planetaria, como por lo que toca al carácter histórico irre- capitalista inter-imperialista mundial — de modo que dicha
versiblemente universal del curso que puedan tomar las representación freudiana debe ser vista críticamente como
relaciones conjugadas y desiguales entre los conflictos geo- un modo ideológico de expresar, a la vez que de encubrir y
políticos entre los bloques y los conflictos socio-políticos legitimar, dicha realidad histórico-social.
internos a cada bloque.
A este respecto, es preciso apuntar a lo siguiente.
Pues bien: esta conjugación desigual entre los con- Como hemos visto, la tendencia global en la que se instalan
flictos entre los bloques y los conflictos internos a cada los saberes sociológicos con pretensión científica es la de
bloque, irrevocablemente encauzada en una dirección geo- automatizar las relaciones sociales en sus campos sectoria-
gráfica e histórica universal, adoptará unas incesantes les, y en esta medida a sustituir la (metatotalización)
fluctuaciones u oscilaciones que, por lo que toca a la diná- política por una suerte de administración armónica mera-
mica y a la morfología de las relaciones socio-políticas mente “tecnocrática” de dichas automatizaciones sectoriales
internas a cada bloque, cursarán del siguiente modo: cada tendenciales. Mas, por otro lado, como acabamos de ver, en
bloque podrá conocer momentos en los que, por su pujanza aquellos bloques “momentáneamente” favorecidos en la lu-
victoriosa sobre otros bloques, se genere una (comparativa) cha inter-imperialista y sectores sociales suyos asimismo
distensión de sus conflictos sociales internos, así como po- favorecidos, los conflictos sectoriales tienden a relajar su
drá conocer momentos en los que, debido a su debilidad tensión, y en esta medida los saberes sociológicos tienden a
comparativa frente a otros bloques, se incrementará la ten- dejar paso a un tipo de intervención (la psicológica) que
sión social interna. A su vez, tampoco estos momentos tramita una dinámica de cuasi-resolución sustitutiva de los
oscilantes desigualmente conjugados de (co-relativas) dis- conflictos indefinidamente diferida en la medida misma en
tensión o incremento de la tensión internos a cada bloque que dichos conflictos tienden (comparativamente) a rebajar
resultarán ser homogéneos para todos los lugares sociales su tensión. Dicha dinámica, y el saber que la tramita, tienen
de cada bloque, sino asimismo desigualmente conjugados un alcance transversal por respecto a los diversos sectores
entre sus distintos lugares sociales. Según esto, por respecto sociales conflictivos en torno a los que por su parte fraguan
a aquellos momentos, y/o lugares sociales, de cada bloque, los diversos saberes sociológicos. De este modo, la propia
que se están viendo sometidos a un (comparativo) incre- intervención psicológica tiende a ocupar sustitutivamente el
mento de la tensión social, vendrán a ocupar su función las lugar — trascendental — de la propia acción política (meta-
“ciencias” sociológicas en cuanto que orientadas a reajustar totalizadora) en aquellos momentos de pujanza imperialista
sectorialmente sus conflictos sociales (en aumento); sin victoriosa para aquellos bloques y partes sociales suyos más
embargo, y por otro lado, en aquellos momentos, y/o luga- favorecidos. Así pues, como se ve, cabe detectar en la so-
res sociales, de cada bloque, que están resultando ciedad industrial capitalista una tendencia general a la
beneficiados del decremento de la tensión social interna — despolitización — de las relaciones políticas —, y por ello a
decremento desigualmente conjugado con el incremento de la desrrealización — de la realidad trascendental misma —,
la tensión en otros bloques o en otros sectores del propio una tendencia que funciona según dos vectores suyos rela-
bloque —, aquí vendrá cumplir su función la denominada cionados, se diría, dioscúricamente: bien la tendencia a
“psicología científica”, en cuanto que dicha función viene despolitizar (y desrrealizar) por efecto de la automatización
precisamente a consistir, según proponemos, en lo siguien- “científica” de la vida social y de la “política” tecnocrática
te: en cursar una dinámica de relaciones mutuas entre consiguiente, tendencia que “brillará” en las fases y lugares
proyectos normativos de acción que tiende a diferir indefi- sociales de mayor tensión social correspondiente a los mo-
nidamente la resolución o reajuste de los conflictos mentos de menor pujanza en las luchas interimperialistas, o
sociales (de partida) mediante su pseudo o cuasi resolución bien la tendencia a despolitizar (y desrrealizar) por efecto
sustitutiva, la cual cuasi-resolución sustitutiva precisamen- de la psicologización de la vida social como sustituto gene-
te consiste en la indefinida generación de proyectos ral de la vida política, tendencia que “brillará” en las fases y
sociales de acción mutuamente alternativos entre los cuales lugares sociales de distensión de la tensión social corres-
sin embargo media una tensión decreciente, y sin que por pondiente a los momentos de mayor pujanza de aquellas
lo demás dichos proyectos y su juego social mutuo tengan pugnas inter-imperialistas.
otro sentido más que el de su reiteración provisional inde-
Por lo demás, merece la pena apuntar que los es-
finida cuasi o pseudorresolutoria.
cenarios culturales crecientemente levantados por la
En este sentido, debe ciertamente reconocerse que sociedad industrial — y muy en particular determinados es-
la “dinámica estructural y económica” contemplada por la cenarios urbanos especialmente orientados a encauzar la
metapsicología freudiana viene a reflejar de un modo muy vida consumista en los momentos de mayor pujanza inter-
significativo esta efectiva dinámica social de pseudorreso- imperialista y para las partes sociales más favorecidas por
lución sustitutiva indefinida de conflictos en la quedan dicha pujanza — pueden funcionar, y de hecho funcionan,
envueltas las sociedades, y/o los lugares sociales, “momen- precisamente como los canalizadores culturales envolventes
táneamente” favorecidos en sus luchas inter-imperialistas. de dicha dinámica socio-psicológica característica. Dichos
Si bien, desde luego, dicha dinámica no es, como Freud se engranajes de escenarios van creando, en efecto, una red
70 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

proliferativa arbórea de proyectos alternativos de acción —


de “cosas que hacer” —, que va multiplicando su juego de
ocupaciones alternativas según va creciendo el poder del
bloque de referencia — y/o creciendo sus sectores sociales
privilegiados — frente a otros bloques, los cuales proyectos
van precisamente perdiendo todo sentido según se multipli-
can alternativamente — es decir, que tienden
progresivamente a “no conducir a ningún sitio” mientras
mayor es su proliferación.
De aquí, sin duda, el carácter objetivamente fan- 3. Corolario: Crítica de la tipología dialéctica de si-
tasmal, o espectacular (especular), que crecientemente va tuaciones y fases gnoseológicas de las “ciencias
adquiriendo la vida social de estas sociedades y sectores so- humanas” de G. Bueno. —
ciales (victoriosos), es decir, el creciente “juego de espejos” Desde el planteamiento esbozado en estas “notas”,
entre sus proyectos de acción, cual si se tratara del interior podemos, para terminar, lograr una visión más afinada del
de un poliedro caleidoscópico de espejos enfrentados entre alcance de la tipología, pretendidamente dialéctico-
medias de los cuales tendiera a desaparecer todo objeto o gnoseológica, de situaciones y fases metodológicas, pro-
cosa susceptible de ser reflejada. Sin duda, en nuestras ac- puesta por G. Bueno para cursar y resolver el “problema”
tuales sociedades denominadas “post-industriales” — en de las “ciencias humanas” tal y como éste problema ha sido
realidad: sociedades cuyo desarrollo industrial capitalista ha planteado. Veamos.
conducido a un desarrollo del ocio y del consumo en tales
escenarios del que se realimenta imparablemente la circula- (i) Sobre el concepto de la “fase a1”.-
ción a ritmo telemático de los capitales (financieros) — El punto de partida de dicha tipología lo constitu-
dicho juego especular parece estar alcanzando sus cotas ye, como dijimos, el supuesto de una “analogía rigurosa”, a
máximas posibles. Y de ello, por cierto, seguramente su ac- efectos gnoseológicos, entre los sujetos operatorios temáti-
tual contexto envolvente más significativo sea precisamente cos que figurarían formalmente en los campos de las
la “red” por antonomasia, esto es, la red informática (in- “ciencias humanas” y los sujetos operatorios gnoseológicos
ternet), como una envoltura tecnológica que, entre otras que estarían presentes etiológicamente en las construccio-
funciones, tiene la de crear el máximo grado de dispersión nes de las ciencias en general.
posible — por psicologización — de las relaciones socio-
políticas entre las personas, al acercarnos en efecto al Pues bien, según este planteamiento, la fase (de la
máximo número de contactos posibles, máximamente simul- tipología de situaciones y fases metodológicas oscilantes
táneos entre personas, de un carácter sociopolíticamente por las que transitarían las ciencias humanas) en donde po-
irresponsable o impune (para empezar, por sustracción de dríamos reconocer un mayor grado de rigor de dicha
la responsabilidad de la operación de personificación cor- analogía gnoseológica sería la que Bueno denomina “a1”,
pórea) que por ello no llevan rigurosamente a ningún sitio: esto es, aquella en la que, según su propia formulación, par-
seguramente la forma más aguda y miserable de estupidiza- tiendo de situaciones conductuales zoológicas, en cuanto
ción ética que hasta el presente haya podido conocer la que fenómenos temáticos formalmente operatorios, se re-
historia universal. gresaría hacia “factores naturales anteriores” en los que
aquellas operaciones conductuales de partida quedarían se-
Pero no es, en todo caso, éste el contexto para des- gregadas, como podrían ser — según su propio ejemplo —
arrollar de qué modo la institución psicológica ha ido los “reflejos medulares o corticales” (o, en general, según
tramitando las distintas modulaciones de dicha dinámica parece necesario entender, estructuras y procesos morfofi-
social — y ello tanto en sus primeras fases, surgidas en las siológicos). Semejantes “factores naturales anteriores” son
sociedades capitalistas más potentes, y acompasadas preci- concebidos por Bueno como “géneros anteriores” por su ca-
samente con los preparativos de la primera guerra rácter presuntamente común o genérico con las estructuras
(interimperialista) mundial, como psicología “pública” (ba- esenciales físico-naturales a las que por su parte regresarían
jo la forma sobre todo de la intervención “psicotécnica”), las ciencias físicas estrictas, razón por la cual, precisamen-
como en sus fases más desarrolladas, generadas en las so- te, ambos tipos de situaciones guardarían entre sí la más
ciedades victoriosas de la segunda guerra (interimperialista) estrecha analogía gnoseológica , y ello hasta el punto de
mundial, como psicología “privada” (esta vez bajo la forma que, en virtud de semejante extensión analógica, también
sobre todo de los diversos “tratamientos psicológicos”). ahora dichas ciencias físico-naturales estrictas podrían con-
Se trataba, aquí, simplemente de dejar apuntada la siderarse (analógicamente) como formando parte de estas
relación “conjugada y dioscúrica” entre los saberes “socio- situaciones a1.
lógicos” y los “psicológicos” en las sociedades del Pues bien: precisamente la idea de un “género an-
capitalismo industrial. terior” para definir, por (máxima) analogía gnoseológica
con las estructuras esenciales de las ciencias físicas, estos
presuntos “factores naturales anteriores” (en general, mor-
fofisiológicos) del campo bio(psico)lógico, pone
paradigmáticamente de manifiesto la significativa incapaci-
dad de comprensión del campo bio(psico)lógico que resulta
de asumir la “analogía (gnoseológica) rigurosa” entre las
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 71

operaciones “temáticas” y las “gnoseológicas”. Pues la ce y forma de dicho saber—, se relaciona con las conductas
cuestión es que en modo alguno son análogos (por referen- y percepciones orgánicas de los organismos precisamente
cia a los fenómenos de los campos de las ciencias físicas del siguiente modo: las estructuras morfofisológicas (here-
estrictas) los fenómenos formales, y con ellos las operacio- ditarias) soportan y canalizan sin duda las variaciones
nes, de dichas ciencias y los fenómenos de los campos conductuales y perceptivas (aprendibles), de modo que la
bio(psico)lógicos, y ello en la medida en que estos últimos conducta no es existencialmente posible sin dicho soporte y
consisten, precisa y formalmente, en operaciones y fenó- canalización morfosiológica suya, pero ello tanto como las
menos orgánicos (y sólo por ello, efectivamente variaciones conductuales y cognoscitivas introducen con-
conductuales): No son análogos, en efecto, los fenómenos ductualmente (de un modo aprendible, o sea, modificable
de los campos de las ciencias físicas estrictas, como pueden por la propia experiencia conductual) en el medio físico
ser, por ejemplo, los colores en cuanto que susceptibles de ciertas modificaciones de las que la depende funcionalmen-
ser reconstruidos esencialmente en términos de estructuras te la propia adaptación biofísica de aquel funcionamiento
tales como las “longitudes de onda”, con los fenómenos morfofisiológico (hereditario). Así pues, la propia adapta-
percibidos conductualmente por los organismos animales, ción biofísica de los canalizadores morfofisiologicos de la
los cuales, precisamente en cuanto que contenidos fenomé- conducta no es formalmente anterior, sino siempre conju-
nicos temáticos del campo bio(psico)lógico, no son del gada con y por ello funcionalmente dependiente de (y en
mismo modo susceptibles de ser reconstruidos en términos este sentido posterior a), la propia conducta, la cual, por
de circuitos morfo(neuro)fisiológicos. Pues si los fenóme- tanto, no siendo desde luego existencialmente anterior a su
nos de los campos de las ciencias físicas estrictas pueden canalización morfofisiológica, actúa no obstante como me-
ser formalmente fenómenos de dichos campos científicos, diación formalmente funcional crítica de la adaptación
esto es así sólo y precisamente en la medida, como vimos, biofísica de su propia canalización morfofisiológica.
en que ellos están ya construidos, mediante los aparatos
“Morfofisiología” y “conducta” no son, pues, nin-
científicos, como “fenómenos artefactuales” — o como
guno de los dos, momentos funcionales (adaptativos)
“capas formalmente artefactuales” de dichos fenómenos —
mutuamente exteriores (y/o “anteriores”) , sino que funcio-
, de modo que solo en cuanto que tales resultan ser suscep-
nan de un modo mutuamente conjugado en la “adaptación
tibles de ser reconstruidos en términos de las identidades
integral” del organismo al medio, una adaptación ésta de la
esenciales asimismo construidas por dichos aparatos. Sin
que, por lo mismo, ya no podremos decir ni siquiera que
duda que dichos fenómenos deberán tener, además, como
fuese “en último término” (o “anteriormente”) morfofisio-
decíamos, un asidero — o “capa” — fenoménico orgánico
lógica o biofísica, puesto que consiste en la conjugación
(o somático), esto es, ser susceptibles de ser percibidos por
misma entre la modificación conductual del medio de las
los cuerpos orgánicos de los científicos, pero no es en cuan-
condiciones físicas de adaptación morfofisiológica y la ca-
to que fenómenos orgánicamente accesibles, sino
nalización morfofisiológica de dichas variaciones
justamente en cuanto que construidos como fenómenos ar-
conductuales.
tefactuales, por lo que resultan ser formalmente fenómenos
de los campos científicos. Los colores, por ejemplo, que fi- Una conjugación ésta que precisamente tiene lu-
guran formalmente como fenómenos del campo de la gar, a lo largo de la vida del organismo, pautada por ciclos
ciencia física, han de ser sin duda percibidos por los cuer- conductuales, es decir, como conjugación adaptativa o fun-
pos orgánicos de los físicos, pero sólo en cuanto que, cional entre cada “pauta conductual” y el funcionamiento
además de ser orgánicamente percibidos, están ya tratados, morfosiológico que la canaliza: cada uno de estos ciclos, en
en aparatos tales como un espectroscopio, es como pueden efecto, queda cancelado, y por ello dispuesto a ser even-
ser formalmente incorporados como fenómenos del campo tualmente reiterado, desde su propio marco o pauta
de dicha ciencia, y en su momento reconstruidos, mediante conductual, esto es, por el logro conductual de algún refor-
nuevos aparatos, por ejemplo como “longitudes de onda” zador — positivo — ( o bien la evitación conductual de
(orgánicamente invisibles, pero re-producibles por aparatos algún reforzador negativo), a partir de la cual situación
que las conectan con fenómenos que, además de orgánica- conductual de logro puede justamente producirse la conju-
mente visibles, están construidos por dichos aparatos). gación entre la pauta conductual exitosa con sus
condiciones de sostén o canalización morfofisiológica, y de
Por su parte, sin embargo, los fenómenos orgáni-
este modo quedar dispuesta dicha conjugación para reiterar-
camente accesibles, y en cuanto que orgánicamente
se eventualmente en ciclos ulteriores asimismo
accesibles, que es justamente como no pueden dejar de fi-
conductualmente pautados. No sólo, pues, el funcionamien-
gurar formalmente como contenidos temáticos del campo
to morfofisiológico no es modo alguno anterior a la
bio(psico)lógico — y sean cuales fueren las consecuencias
conducta, sino que más bien es la conducta, esto es, cada
que, a resultas de ello, se deriven por lo que toca al estatuto
“pauta conductual”, en cuanto que conductualmente orien-
científico de dicho campo —, no resultan susceptibles de
tada (discriminada) y lograda (reforzada), la que
ser reconstruidos en términos morfo(neuro)fisiológicos pre-
constituye el marco dentro del cual pueda tener lugar la
cisamente del mismo modo y en el mismo sentido a como
conjugación funcional misma de dicha pauta conductual
los fenómenos — o sus capas — formalmente artefactuales
con su sostén y canalización morfofisiológicos, y de este
de las ciencias físicas son tratados y reconstruidos por los
modo quedar dicha conjugación dispuesta a reiterarse en
aparatos de dichas ciencias. Pues, en efecto, el funciona-
nuevos ciclos conductualmente pautados.
miento fisiológico de las conformaciones morfofisiológicas
— por lo que nos es dado de hecho saber de él, y por tanto Cada (pauta de) transformación conductual del
sin prejuzgar, desde ningún filtro “gnoseologista”, el alcan- medio físico, en efecto, en cuanto que transformación al-
72 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

ternativa (a otras posibles transformaciones) resultante de siológicas respecto de la conducta — ni en el plano ontoge-
un aprendizaje no determinado por sus condiciones (heredi- nético, ni en el filogenético —, al objeto de poder asumir el
tarias) de canalización y sostén morfofisiológicos, introduce carácter gnoselógicamente genérico (genérico anterior) de
en dicho medio unas modificaciones con posterioridad a las dichas estructuras con respecto a las estructuras esenciales
cuales debe tener lugar la propia adaptación biofísica de di- de las ciencias físicas estrictas. Se trata, antes bien, y preci-
chas canalizaciones morfofisiológicas (hereditarias). Se samente, de atenerse al “estado de cosas efectivamente
trata, pues, de una conjugación entre la conducta (aprendi- presente” en dicho campo, en cuanto que proyecto de cien-
ble) y sus propias condiciones de sostén y canalización cia, y de saber apreciar en consecuencia el problema
morfofisiológicas (hereditarias) funcionalmente posterior a radical que al proyecto mismo de ciencia de dicho campo
la propia conducta, conjugación que tiene lugar según ci- le plantea el carácter no ya anterior, sino, como hemos vis-
clos cuya cancelación y por ello eventual recurrencia to, conjugado funcionalmente de modo posterior
ocurren conductualmente pautados o enmarcados, o sea, (ontogenética y filogenéticamente), de dichas conformacio-
con posterioridad funcional a cada una de las pautas con- nes morfofisiológicas y de su adaptación biofísica con
ductuales que en ellos tienen lugar. respecto a su propio uso o mediación conductuales.
Y la cuestión es que si semejantes conjugaciones Un problema que precisamente pone en cuestión el
funcionales tienen lugar sin duda a escala ontogenética, es supuesto asumido, por mera petición de principio a partir
decir, en cada uno de los tramos ontogenéticos de la evolu- del prejuicio gnoseologista, relativo al carácter constructi-
ción biológica, dicha conjugación ha de tener por ello algún vamente científico del campo bio(psico)lógico en virtud de
efecto y alcance asimismo filogenéticos, es decir, que será la (presunta) “máxima analogía gnoseológica rigurosa” que
por la mediación de dicha forma de conjugación funcional, se supone que quedaría reconocida por la idea de “género
reiterada en cada tramo ontogenético, como haya podido anterior”.
tener lugar la formación evolucionista (o transformista)
Y no se trata, por cierto, de que los ejemplos que
misma de las formas orgánicas, una formación de dichas
Bueno pueda poner al conceptualizar esta supuesta situa-
formas que debe incluir formalmente en efecto su propio
ción “a1” (como es sabido, el de los reflejos condicionados
“uso conductual”; y ello a pesar de que ni la teoría darwi-
pavlovianos, o el de la comunicación conductual mediante
nista clásica de la selección natural, ni aún menos las
señales presuntamente “factorizables” en ecto-hormonas)
ulteriores formulaciones de la “teoría sintética”, nos ofrez-
fuesen sólo “ejemplos de detalle”, acaso sustituibles o re-
can explícita y formalmente clave alguna del posible
formulables o mejorables por otros más adecuados (“salvo
alcance transformista o evolutivo de dicha conjugación on-
mejor opinión”, como siempre añade el autor al tratar estos
togenética reiterada entre conducta y morfología
ejemplos), que en todo caso dejasen incólume el concepto
(insuficiencia ésta que debe ponerse, en todo caso, precisa-
que por medio de dichos ejemplos se quiere hacer valer: el
mente a cargo de dichas formulaciones), y a pesar
de un regreso a “factores naturales anteriores” como “géne-
asimismo de que haya sido preciso abandonar, primero
ros anteriores” que garantizarían la (máxima) “analogía
desde Weismann y luego desde la biología genética mole-
rigurosa” entre estos factores (presuntamente) anteriores y
cular ulterior, toda posible apelación a los “efectos
las estructuras esenciales de las estrictas ciencias físicas.
lamarkistas” para hacernos cargo del efecto transformista
Por el contrario, es precisamente el concepto mismo el que
del uso conductual de las formas orgánicas: Pero éste es,
ciega la posibilidad de discernir la diferencia crítica que
justamente, el problema que inexorablemente tiene abierto
aquí estamos queriendo destacar y subrayar, a saber: la que
el campo de la biología (pretendidamente científica) mo-
se da entre el hecho de que, por un lado, los fenómenos
derna, en cuanto que campo evolucionista, un problema del
formalmente presentes en el campo bio(psico)lógico, o sea,
que no han dejado de tener plena conciencia determinados
las conductas de los organismos y sus fenómenos orgáni-
autores que van (por ejemplo) desde James Baldwin a Pia-
camente accesibles, se relacionan con sus canalizaciones
get, pasando por Waddington, y que actualmente ocupa —
morfofisiologicas del modo “conjugado funcionalmente
y de un modo que sigue sin resolución — a los biólogos
posterior” a la conducta que aquí hemos señalado, y no se-
más de vanguardia en la investigación evolucionista (ver,
gún el supuesto de los “géneros anteriores” por respecto a
por ejemplo, a este respecto, el libro editado no hace mucho
dichas conductas y fenómenos, y el hecho de que, por otro
por Plotkin The role of behaviour in evolution).
lado, los fenómenos formales de los campos de las ciencias
Un problema éste, ciertamente radical, que preci- físicas estrictas, figuran como tales fenómenos formales en
samente pone en cuestión la viabilidad misma de dicho dichas ciencias precisamente en la medida en que, sin per-
campo (como campo evolucionista) para organizarse cons- juicio de su accesibilidad — material — orgánica (a los
tructivamente como una ciencia — para cerrarse cuerpos de los científicos), están construidos formalmente
demostrativamente como ciencia — , y ello precisamente como fenómenos artefactuales — o como capas formalmen-
debido a la mediación conductual en el funcionamiento te artefactuales de dichos fenóemenos — integrados en los
morfofisiológico de las formas orgánicas. aparatos que reconstruyen las estructuras esenciales respec-
to de las cuales aquellos fenómenos — o capas —
Así pues, a la hora de considerar el “estado real de
artefactuales figuran formalmente como tales.
la cuestión” en el que se encuentra el campo
bio(psico)lógico, no se trata de decretar, desde el prejuicio Es, justamente, esta esencial diferencia específica
“gnoseologista” y por mera “petición de principio” (el prin- (biológica) la que el dogmatismo gnoseologista de Bueno
cipio en efecto de la presunta “analogía gnoseológica”), el no puede sencillamente discernir. Asumir la analogía “gno-
carácter anterior de las conformaciones orgánicas morfofi- seológica” — o sea, a efectos de la construcción científica
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 73

— (máximamente) rigurosa entre las operaciones conduc- morfofisiológicas guardan respecto de sus conductas y fe-
tuales de los organismos y sus fenómenos orgánicamente nómenos la mencionada relación de conjugación
accesibles con las operaciones y los fenómenos formalmen- funcionalmente posterior.
te científicas de las verdaderas ciencias implica a la postre
Éste es, ciertamente, el hecho, que de hecho nos es
asumir la analogía (ontológica) (máximamente) rigurosa
dado saber desde el campo bio(pisco)lógico, y que queda
entre la estructura y el funcionamiento de los aparatos de
cegado por el prejuicio “gnoseologista”.
las ciencias físicas estrictas y la estructura y el funciona-
miento de los organismos conductuales, supuesto éste A este respecto, es una cuestión de primera impor-
gratuito, y gratuito precisamente desde el estado real de los tancia advertir en qué sentido y con qué alcance han podido
conocimientos que nos son accesibles. ser de hecho formalmente aplicados en el campo biológico
aparatos de factura (o acaso sólo de intención) científica.
Y tampoco podrá alegarse que Bueno no deja cier-
Como una cuestión de hecho, es preciso sin duda reconocer
tamente de recordar, cuando trata estos ejemplos, de que
la presencia de aparatos, siquiera de “intención científica”,
“para no perder el sentido global de la investigación” (en
en muy diversos contextos del campo biológico. En efecto,
estas situaciones bio(psico)lógicas), es preciso “mantener
tanto en un sentido anatómico como fisiológico, y en la
de algún modo el contacto con los fenómenos de partida”,
práctica totalidad de los estratos de dicho campo (macro-
que sin duda son las conductas orgánicas y los fenómenos
molecular, celular, tisular, en el estrato de los órganos y de
orgánicamente accesibles. Pues la cuestión es que es justa-
los sistemas de órganos), encontramos la presencia de di-
mente esta “vuelta progresiva” a los fenómenos
chos aparatos, como digo, siquiera de “intención
conductuales de partida, y no ya “de algún modo”, sino tal
científica”. Así ocurre, desde luego, en contextos botánicos,
y como de hecho es accesible en la investigación
y en contextos zoológicos no conductuales, así como en
bio(psico)lógica, y a su vez cuando la comparamos con las
contextos zoológicos (materialmente) conductuales aun
construcciones de las ciencias físicas estrictas, la que nos
cuando sobre estratos suyos de realidad formalmente no
lleva a constatar lo gratuito del concepto de “factores natu-
conductuales (desde los celulares a los sistemas de órga-
rales genérico-anteriores”.
nos), o bien en el contexto de un funcionamiento fisiológico
Son, en definitiva, las dificultades radicales mis- experimentalmente “preparado” a efectos de extirpar for-
mas que de hecho no han dejado nunca de presentarse en el malmente “efectos conductuales” (como, por ejemplo, en
campo bio(psico)lógico, relativas a la viabilidad de organi- las “preparaciones espinales” ordenadas a encontrar el sis-
zar constructivamente dicho campo de un modo tema de reacciones reflejas espinales “automáticas” en
efectivamente análogo (si quiera, con alguna analogía de organismos descerebrados). Pero también están presentes,
proporción efectiva) a las construcciones de las ciencias fí- sin duda, dichos aparatos en contextos zoológicos formal-
sicas estrictas, y precisamente debido a la presencia de las mente conductuales, o sea, como diría Pavlov, allí donde el
conductas y de los fenómenos orgánicamente accesibles en organismo se encuentra “íntegro y desembarazado” — en
dicho campo, y ello tanto en el plano ontogenético como en disponibilidad, por tanto, de actuar conductualmente — , y
el filogenético, las que nos deben llevar a arriesgar la si- están presentes precisamente con la intención de encontrar
guiente consideración — que en todo caso choca, lo las relaciones (la cuestión es qué tipo de relaciones) entre
sabemos, y frontalmente, con la atmósfera “científico- su actividad conductual y el funcionamiento neurofisiológi-
filosófica” ideológicamente establecida con firmeza en co que sin duda correlaciona con dicha actividad.
nuestra sociedad —, a saber: la de que el proyecto de la
Mas, como digo, la cuestión es discernir en qué
bio(psico)logía como ciencia es asimismo un proyecto ideo-
sentido y con qué alcance están de hecho funcionando di-
lógico (en el sentido de falsa conciencia), no desligado
chos diversos aparatos en cada uno de estos contextos. Por
precisamente del proyecto general ideológico (capitalista
lo que toca, precisamente, a su presencia en contextos for-
industrial) de dominar el mundo íntegramente mediante las
malmente conductuales, donde lo que se busca es encontrar
ciencias en la sociedad capitalista industrial — un proyecto
las relaciones entre la conducta y el funcionamiento neuro-
éste que, sin embargo, estaría siendo, según nuestra pro-
fisiológico que con ella correlaciona, la cuestión es, como
puesta, desmentido no sólo por las realidades
decíamos, si dicho funcionamiento, de diversos modos re-
antropológicas histórico-sociales, incluso en su fase capita-
gistrado por estos aparatos, realmente reconstruye o
lista industrial , sino también por las realidades
factoriza las variaciones conductuales, a su vez susceptibles
bio(psico)lógicas.
de control experimental, o si más bien se trata, de hecho,
Tal es, en efecto, nuestra propuesta: que el dominio sólo y precisamente, de establecer meras correlaciones en-
científico de los organismos conductuales sería irrealizable tre dichas variaciones conductuales y el funcionamiento de
en la medida misma que las conductas orgánicas y sus fe- sus condiciones morfofisiológicas de sostén y canalización,
nómenos orgánicamente accesibles son insusceptibles de unas condiciones que, a su vez, y por lo que podemos saber
ser reconstruidos (o “factorizados”) en términos de sus in- sobre todo a partir de los contextos ecológicos, dependen
dudables condiciones morfofisiológicas de sostén y funcionalmente de las variaciones que la conducta introdu-
canalización en un sentido — proporcionalmente — análo- ce en el medio al que biofísicamente se adaptan aquellas
go a como los fenómenos (formalmente) artefactuales del condiciones. Y ello, por cierto, a pesar de la ideología “es-
campo de las ciencias físicas son efectivamente reconstrui- pontánea” o generalizada entre el gremio
dos por las estructuras esenciales reproducidas asimismo en (neurofisiológico), que tiende a asumir la posibilidad de una
dichos artefactos, y ello precisamente en la medida en que, “explicación neurofisiológica de la conducta”, y por tanto
por lo que de hecho nos es dado saber, aquellas condiciones de una “psicología neurofisiológica”, cuando puede que lo
74 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

que de hecho se esté haciendo sea más bien una “neurofi- constituye por sí misma ninguna región o campo científico
siología psicológica (o conductual)”. propio, sino sólo un sector del campo biológico, un sector
que precisamente encuentra sus propios límites (temáticos)
Pero si esto es así, es decir, si los contenidos regis-
en función de su propia (y por lo demás inexcusable) meto-
trados por dichos aparatos precisamente a la escala
dología, y que por ello debe trascender dichos límites
(neuro)fisiomorfológica de los soportes y canalizaciones
conjugándose precisamente con la fisiología. En su mo-
formalmente directos de la conducta no reconstruyen la
mento regresivo, en efecto, la anatomía descompone
conducta, entonces tampoco lo harán los contenidos fisio-
(literalmente, descuartiza) las formas orgánicas, al objeto de
lógicos registrables a escalas de los que ni siquiera
poder, en su momento progresivo, re-componer dichas for-
podremos decir sean que sean, considerados cada uno a su
mas “por sus junturas naturales”, unas junturas éstas que
propia escala, soportes o canalizadores formales o adecua-
ciertamente sólo va descubriendo por ensayo reiterado de
dos y directos de dicha conducta, como es el caso de los
su tarea de descomposición y recomposición. La “ana-
contenidos dados a escala celular, tisular, de los órganos y
tomía” consiste, en efecto, en la des-composición y recom-
los sistemas de órganos. Por un lado, en efecto, tomados,
posición re-iteradas de las formas (o volúmenes) orgánicos,
cada de uno de estos contenidos a su propia escala en cuan-
a través de la cual reiteración (“ana”) va encontrando las
to que experimentalmente “preparada” de forma que se
“junturas naturales” de dichos volúmenes (“tomos”). De
desvinculen de su funcionamiento integrado en las escalas
aquí ciertamente que sea una exigencia metodológica suya
más complejas (o “superiores”) — tomadas las células “ais-
formal la de trabajar con cadáveres, al objeto de poder en-
ladas” de su funcionamiento integrado en “tejidos”; los
sayar una y otra vez aquellas reiteraciones. Ahora bien,
tejidos “aislados” de su funcionamiento integrado en los
dicha condición metodológica suya inexcusable encuentra
“órganos”, etc —, dichos contenidos no se dan desde luego
sus propios límites temáticos cuando, en el momento del
a una escala que actúe como soporte formal y directo de la
progreso, debe recomponer por sus junturas naturales las
conducta, por lo que díficilmente pueden reconstruirla de
partes descompuestas: pues el modo como se relacionan o
este modo considerados. Ahora bien, y por otro lado, toma-
componen dichas partes sólo puede ser íntegramente cono-
dos desde el punto de vista “global” del “organismo íntegro
cido cuando ellas estás funcionando, y por tanto el
y desembarazado”, es decir, desde el punto de vista según
organismo viviendo, o sea, fisiológicamente, y ello sin per-
el cual los contenidos de cada escala funcionan de un modo
juicio de que el propio conocimiento fisiológico deba
“concertado” e “integrado” — o “tallado” — a la escala del
apoyarse, una y otra vez, en el conocimiento anatómico de
funcionamiento de estratos (evolutivamente) “superiores” o
la estructura de las partes. Así pues, anatomía y fisiología
más complejos, precisamente desde este punto de vista
deben mutuamente encabalgarse o conjugarse, y no de
tampoco podremos decir que ninguno de estos contenidos,
cualquier modo, al objeto de lograr el conocimiento morfo-
dados a sucesivas escalas subsumidas, talladas o integra-
fisiológico integral de la estructura y el funcionamiento de
das desde las más simples a las más complejas,
los organismo vivientes; con lo cual ya estamos, de nuevo,
reconstruyan en modo alguno la conducta. Sin duda, y por
no pudiendo desprendernos de la conducta, ni por ello de la
lo que sabemos, las diversas células que componen un teji-
conjugación posterior de sus condiciones de canalización y
do funcionan “concertadas” e “integradas” en la estructura
sostén morfofisológicos con ella misma.
funcional de dicho tejido; asimismo, los diversos tejidos
que componen un órgano funcionan “concertados” e “inte- Es, pues, en definitiva, en el plano de la fisiología
grados” en la estructura funcional de aquel órgano; algo “sintética” o “superior” — para decirlo en los términos de
semejante ocurre con los diversos órganos que componen Pavolv — que trabaja con el organismo “íntegro y desem-
cada “aparato” o sistema de órganos; y, a la postre, la tota- barazo” — asimismo dicho en términos pavlovianos — ,
lidad de aparatos de un organismo funcionan “concertados donde se consuma el saber (ontogenético) biológico integral
e integrados” a la escala de eso que llamamos “el organis- — saber que no excluye, sino que incluye, encabalgada, a la
mo”, una “totalidad” ésta — “el organismo — cuyo nivel anatomía —, un saber éste que, pese a la ideología genera-
máximo y más complejo de integración consiste precisa- lizada dentro del propio gremio (incluyendo, de nuevo,
mente en su conducta, a cuya escala funcionan justamente aquí, entre otros muchos, al propio Pavlov) no tiene lugar
concertados e integrados la totalidad del los funcionamien- tanto, como pudiera parecer, según decíamos, como “psico-
tos (concertados e integrados) del resto de sus subsistemas logía neurofisiológica”, sino precisamente como
componentes. No podremos, decir, pues, que la conducta “neurofisiología psicológica o conductual” — mas por ello
sea reconstructivamente factorizable desde el funciona- mismo, no como un saber que reconstruyera científicamen-
miento de las escalas de ninguno de estos subsistemas te a la conducta desde sus presuntos factores
integrados, puesto que, más bien, y a la recíproca, es la in- neurofisiológicos.
tegración última de dicha totalidad de susbsistemas la que
Seguramente, los únicos contextos biológicos don-
tiene lugar conductualmente, esto es , por la mediación de
de puede tener lugar una cierta reconstrucción de sus
la conducta en cuanto que ésta establece conductualmente
fenómenos (artefactuales) de algún modo análoga a los mo-
las variaciones en el medio a las que la totalidad integrada
dos científicos estrictos de reconstrucción no sean otros
de sus propias condiciones fisiológicas de sostén y canali-
más que los botánicos y los zoológicos no conductuales, es
zación deben biofísicamente adaptarse.
decir, allí donde está material y formalmente ausente la
Podría aducirse, acaso, que el contexto, no ya de la conducta del funcionamiento viviente; pero no, desde lue-
fisiología, pero sí de la anatomía, tiene lugar una efectiva go, en ninguno de los estratos o contextos (ni aún en el
reconstrucción científica (artefactual) de sus fenómenos (ar- funcionamiento de la “ultima célula”) del campo las reali-
tefactuales). Pero la cuestión es que la anatomía no dades biológicas conductuales .
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 75

Dado el carácter noetológico general de estas “no- dan reconstruidos por las relaciones físicas que dichos apa-
tas”, no hay lugar aquí para profundizar más en detalle ratos reproducen (a través de los resortes de la balanza, por
respecto a la tesis nuclear que estamos sosteniendo, a saber, ejemplo). Por ello, dichas relaciones fisicalistas (los incre-
la de que, sin perjuicio de la existencia de aparatos en al mentos exponenciales) no reconstruyen los fenómenos
campo biopsicológico, y del control experimental sobre la orgánicamente accesibles que, en cuanto que fenómenos
conducta del que sin duda ésta es susceptible, los conteni- psicológicos, están formalmente presentes en el experimen-
dos morfofisiológicos que estos aparatos registran no to de Fechner, sino sólo los fenómenos artefactuales que
reconstruyen la conducta, sino que sólo logran establecer por lo demás y asimismo Fechner ha tenido que construir
correlaciones entre aquellos contenidos, en cuanto que sos- para poder construir dichas relaciones fisicalistas y estable-
tén canalizador de la conducta, y ésta misma en cuanto que, cer así las oportunas correlaciones (pero sólo correlaciones)
por su mediación, puede tener lugar el funcionamiento fi- entre éstas y aquellos fenómenos psicológicos — y ello sin
siológico de aquel sostén canalizador suyo. Con todo, haré perjuicio de que dichos fenómenos artefactuales han de ser
aquí una breve mención, siquiera a título de ejemplo, del asimismo orgánicamente accesibles, siquiera para el cuerpo
caso, por lo demás bien característico y representativo de lo del experimentador .
que aquí estamos sosteniendo, de la “psico-física” clásica.
Por esta razón, Fechner contaba con que, en todo
Como se sabrá, Fechner estaba en principio intere- caso, la única posibilidad de incorporar tales fenómenos
sado en desarrollar no sólo lo que él denominó la psicológicos al metabolismo de una ciencia (temáticamen-
“psicofísica externa” — que fue la única sobre la que a la te) propia y específica, — una posible ciencia psicológica
postre de hecho trabajó —, sino también la que asimismo —, y de algún modo semejante por su modo de construc-
denominó “psicofísica-interna”, en la cual precisamente ción a la ciencia física, sería la de buscar la relación entre
podía en principio depositar la expectativa de una verdadera tales fenómenos psicológicos y sus condiciones morfofisio-
reconstrucción científica de los fenómenos psicológicos lógicas, lo cual precisamente proyectó bajo el rótulo de
desde sus condiciones neurofisiológicas. “psicofísica interna”. Ahora bien, éste es precisamente el
proyecto que no llegó nunca a realizar .
Por lo que respecta a la primera, lo que los trabajos
de Fechner lograron, básicamente, es establecer correlacio- Y la cuestión es que los ulteriores desarrollos efec-
nes entre las magnitudes físicas (fisicalistas) del tivos en la dirección de semejante psicofísica “interna” no
denominado “estímulo” y las percepciones cualitativas (fe- han consistido a la postre más que en las investigaciones
noménicas) correspondientes, según una supuesta que de hecho no consiguen más que co-relacionar los fe-
“ecuación” que correlacionaba el progreso geométrico de nómenos y en general las conductas psicológicas con sus
los incrementos cuantitativos de las magnitudes físicas con condiciones de sostén y canalización mor-
el progreso aritmético de las “diferencias mínimas percepti- fo(neuro)fisiológicas a su vez conductualmente mediadas,
bles” experienciadas por los individuos. Se trataba, pues, pero no, ciertamente, reconstruir aquellas conductas desde
por un lado, de ordenar, en una serie meramente ordinal las dichas condiciones morfosiológicas suyas.
sucesivas “diferencias mínimas perceptibles” — esto es, en
El proyecto de la “psicofísica interna”, en cuanto
nuestros términos, las discriminaciones mínimas entre los
que proyecto pretendidamente científico por su modo de
fenómenos orgánicamente accesibles —, otorgándoles, de
construcción y específicamente biopsicológico por sus con-
hecho por convención, un valor aritmético que posibilitase
tenidos temáticos, era a la postre un proyecto ficción.
dicha sucesión serial ordinal “aritmética”, y de reconocer,
por otro lado, el orden serial que sin duda puede establecer- Por lo demás, el hecho de que podamos reconocer
se entre los sucesivos incrementos exponenciales de el carácter ideológico del proyecto científico del campo
magnitud física (fisicalista) que precisamente se constata biopsicológico no quiere decir que dicho campo no consti-
que (aproximadamente y dentro de ciertos límites) correla- tuya un saber efectivo: de hecho, constituye ese saber a
cionan con aquella serie “aritmética” ordinal de partir de cuya efectividad podemos reconocer, adecuada-
“diferencias mínimas perceptibles”. La denominada “ecua- mente analizadas, precisamente sus efectivas limitaciones
ción” de Fechner, pues, se limita a establecer correlaciones como proyecto científico.
entre el efectivo incremento exponencial de valores de al-
guna magnitud física y el incremento, convencionalmente Se diría, en resolución, que la aporía en la que in-
supuesto como “aritmético” en una serie puramente ordinal, defectiblemente se ve envuelto el proyecto de la
bio(psico)logía como ciencia, y precisamente en cuanto que
entre las “diferencias mínimas perceptibles” de fenómenos
orgánicamente accesibles. Así pues, en modo alguno puede proyecto asociado al proyecto de un dominio científico-
decirse que aquellos valores de magnitud fisicalista (ni su industrial capitalista integral del mundo, consiste en esto:
en que allí donde dicho dominio pugne por consumarse, ba-
incremento exponencial) re-construyan o factoricen las per-
cepciones orgánicamente accesibles de los sujetos (ni su jo su forma pretendidamente científica, ello supondrá, de
seriación ordinal por “diferencias mínimas”), puesto que se hecho, además de que dicha ciencia como tal nunca se lo-
gre, que las realidades bio(psico)lógicas mismas tenderán a
trata sólo de establecer las correspondientes correlaciones
— que no reconstrucciones o factorizaciones —. Precisa- quedar destruidas o laminadas, al menos en cuanto que rea-
mente, si aquellos valores de magnitud fisicalista han lidades zoológicas específicamente conductuales, con lo
cual irá quedando anegada la posibilidad misma del único
podido llegar a conocerse, es por la mediación de los apara-
tos cuyos fenómenos artefactuales (por ejemplo, y para el verdadero conocimiento que de dichas realidades puede al-
caso del “peso”, las “coincidencias puntuales” entre una canzarse, un conocimiento éste que, precisamente, sólo
podrá desarrollarse contando con la efectiva e infranqueable
“aguja” y una “numeración” en una “balanza”) sí que que-
76 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

resistencia que las conductas de los animales oponen a la propio funcionamiento disciplinar, una dualidad heterogé-
pretensión (etiológicamente antropológica: capitalista in- nea de contenidos, y aún que el concepto que puede ligar
dustrial) de conocerlas científicamente. bajo el mismo rótulo dicha dualidad es más bien equívoco
— que análogo; y no digamos unívoco —. No es ésta la
Naturalmente, dada la tendencia creciente a la de-
ocasión para extendernos más sobre esta cuestión — por lo
vastación bio-ecológica del planeta de la sociedad
demás muy relevante —. Distintos desarrollos de esta cues-
capitalista industrial desarrollada, es manifiesto cual es el
tión pueden encontrarse en diversos trabajos del autor de
proceso que tiende a imponerse: lo único que, con sentido
estas notas — entre ellos: “El carácter equívoco de la insti-
crítico, podremos decir de dicha tendencia triunfante es que
tución psicológica”.)
ella, además de no poder conseguir jamás lo que de suyo es
inviable, o sea, un conocimiento científico de las realidades (ii). Sobre el concepto de las “ fases a2” (I-a2 yII-a2) . —
zoológicas conductuales, a su vez tiende a hacer cada vez
Según Bueno, en efecto, la (supuesta) metodología
más inviable el único conocimiento que nos es accesible de
a1 no sería el único modo de quedar neutralizadas las ope-
dichas realidades.
raciones fenoménicas temáticas de partida, puesto que
Por lo demás, será preciso también advertir que la también habría otros modos de abrirse paso dicha neutrali-
insensibilidad que el gnoseologismo buenista muestra hacia zación: se trataría ahora de aquel proceso (supuestamente
la “diferencia específica crítica” (específicamente biológi- gnoseológico) en el que, partiendo de las operaciones temá-
ca) que aquí hemos procurado destacar entre los fenómenos ticas, tendría lugar, no ya un regreso hacia “factores
y las operaciones (formalmente) artefactuales de las cien- naturales anteriores”, sino más bien un “progreso” hacia
cias estrictas y los fenómenos y las conductas orgánicas (tal “las estructuras, resultados o procesos” objetivos a los que
y como precisamente dicha insensibilidad se refleja en el estas operaciones pueden dar lugar. Dichas estructuras (re-
falso concepto de “fase a1”, que aquí hemos analizado) no sultados o procesos) serían, pues, resultantes o consecutivas
supone sino añadir una fuerza ideológica más a favor del a las operaciones (de aquí, ahora, su carácter “posterior”),
curso del proyecto capitalista industrial de dominio científi- sin perjuicio de envolverlas, y por ello neutralizarlas, obje-
co integral del mundo. (Aun cuando, desde luego, dado el tivamente — pues, como nos dice el autor, “no está dicho
carácter crítico-negativo de la ontología general de este au- que todo curso operatorio tenga que dar lugar a resultados
tor, que supone la crítica de la idea de la “unidad del operatorios”. Se trata de las metodologías que Bueno de-
mundo” en función del regreso desde las realidades catego- nomina “a2”. Por lo demás, dos serían, a su vez, los
riales inconmesurables, siempre se podría decir, y con caminos mediante los cuales pueden alcanzarse, a partir de
razón, que dicha ontología nos previene críticamente ya las operaciones, dichas “estructuras objetivas” a2: bien
frente a cualquier idea de “dominio integral del mundo”, cuando éstas, sin perjuicio de su posterioridad con respecto
dada la trituración incesante de la “unidad del mundo” que a las operaciones, siguen siendo no obstante comunes o ge-
dicho regreso supone. Con todo, no es menos cierto que, al néricas a las de las ciencias naturales — en cuyo estaríamos
estar montado dicho regreso crítico, cuyo límite funcional en la situación I-a2 —, o bien cuando dichas estructuras re-
es la idea crítico-negativa de “materia general”, sobre “tres sultan ya específicas o características de los campos
géneros de materialidad” formateados según el modelo de “humanos” (o “etológicos”, suele añadir Bueno) que esta-
los “tres sectores del eje sintáctico-demostrativo de las mos considerando — que sería el caso de las situaciones
ciencias estrictas” —a saber: los “términos” para el género denominadas II-a2 —.
de la “exterioridad”; las “operaciones” para el género de la
Pues bien: lo primero que habría que precisar o
“subjetividad”; las “relaciones” para el género de la “obje-
aclarar es que no debemos entender el momento fenoméni-
tividad ideal”—, la cuestión es que aquella rectificación
co de partida desde las operaciones “en abstracto”, como si
crítica no deja de moverse exclusivamente (abstractamente)
de algún modo semejantes operaciones fenoménicas se nos
entre medias de las categorías científicas en función de su
ofreciesen “en estado operatorio puro”, o sea, aún no en-
mutua inconmensurabilidad, y por tanto haciendo abstrac-
vueltas por sus correspondientes estructuras objetivas, y
ción de la mediación misma histórico-política de dichas
como si, a partir de dicha supuesta situación pudieran al-
categorías, o sea, reproduciendo la tendencia capitalista in-
canzarse, por parte de las operaciones temáticas y por parte
dustrial a evacuar dicha mediación, por lo que su alcance
de las que las conocen, dichas envolturas objetivas. Y si
sigue siendo limitado —a la postre, capitalista industrial– ).
hago esta precisión es porque por el modo de expresarse de
Pues bien, semejante insensibilidad de factura gno- Bueno, y por algunos de sus ejemplos, cabría la posibilidad
seologista deberá indefectiblemente reproducirse y de entender las cosas de semejante modo. Algunos de sus
propagarse, con diversas modulaciones, a través del resto ejemplos, en efecto — como el del hipotético incendio en
de la tipología, pretendidamente gnoseológico-dialéctica, de un teatro que determina el que las operaciones de las perso-
las fases metodológicas de las “ciencias humanas”. nas que lo ocupan, siguiendo en un principio pautas
operatorias, terminen por relacionarse, por sus encuentros
(Entre paréntesis, se ha apuntar a los siguiente: el
físicos mutuos, de un modo semejante como lo hacen las
hecho de que, por un lado, hayamos considerado a las
moléculas contenidas en un recipiente sometido a un de-
“cuestiones psicológicas” o conductuales como un momen-
terminado incremento de la temperatura — , resultan ser tan
to, y precisamente crítico, del campo bio(psico)lógico, en el
obvios como triviales, precisamente desde la perspectiva de
sentido que acabamos de ver, y de que, por otro lado,
la intención gnoseológica que los anima, y tienden por ello
hayamos hablado de una “institución psicológica” como
a reforzar la eventualidad de aquella posible interpretación.
una disciplina antropológica específica, implica que, en rea-
Sin negar, por descontado, las cotas o límites fisicalistas a
lidad, el término “Psicología” posee, por lo que toca a su
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 77

las que, en cuanto que corpóreas (somáticas), no pueden de- gico, de suerte que comienza a quedar rota la cadena bioló-
jar de estar sometidas las operaciones antropológicas (y gica hereditaria según la cual se trasmitiría a la
zoológicas), la cuestión es la del alcance y el significado descendencia la fuente hereditaria responsable de los rasgos
que, precisamente desde la propia perspectiva de los cam- orgánicos que hubieran quedado diferencialmente seleccio-
pos cognoscitivos, dichas cotas pueden tener, una vez que nados.
no podemos dejar de contar con su metabolización interna
Por ello mismo, el carácter (biológicamente) co-
antropológica (socio-productiva). Consideradas dichas co-
mún o genérico de aquellos límites biológico-
tas “en abstracto”, o sea, al margen de dicha metabolización
subsistenciales no deja de ser en todo caso relativo, preci-
antropológica, no se ve muy bien cual puede ser el signifi-
samente debido a su carácter antropológicamente posterior
cado y el alcance que ellas pueden tener a la hora de
— socio-productiva o económicamente posterior —.
percibir la figura cognoscitiva — y por tanto metodológica
— de los campos en donde dichas cotas puedan estar fun- En todo caso, sólo en el ámbito de la disciplina et-
cionando. nológica podemos reconocer algún sentido disciplinar
específico a la idea de un “(relativo) género posterior”, es
Antes bien, es preciso partir de la refundición
decir, a la presencia de una cotas, todavía biológico-
anamórfica en las estructuras objetivas normativas (a nues-
genéricas, pero sólo relativas en virtud de su carácter antro-
tro juicio, morfosintácticas) a la que las operaciones están
pológicamente posterior. Más allá de las sociedades con
siempre sometidas en el campo antropológico, y a partir de
“economía de susbsistencia”, es decir a partir del desarrollo
aquí considerar la dialéctica regresivo/progresiva que pueda
de las sociedades excedentarias y por ello históricas, cua-
tener lugar en cada uno de sus campos cognoscitivos, como
lesquiera cotas fisicalistas de las operaciones humanas
decíamos, entre los “momentos (comparativamente) feno-
quedan ya, no sólo, en general, económicamente metaboli-
ménicos” — pero siempre ya envueltos por aquellas
zadas, sino metabolizadas en particular según formas
estructuras antropológicamente específicas — y los “mo-
socio-politíticas alternativas de organización de dichos “lí-
mentos (comparativamente más) estructurales”, de modo
mites” o “cotas”, formas alternativas éstas que en todo caso
que la cuestión es la de en qué medida y en qué casos po-
ya no dependen unívocamente de los propios límites que
dremos decir que en dichos momentos “comparativamente
metabolizan, de suerte que, en estos contextos, y al margen
más estructurales” quedan “neutralizadas” las operaciones,
de ejemplos triviales, toda alusión “en abstracto” a seme-
o por el contrario sólo quedan “absorbidas”, mas por ello
jantes “cotas” fisicalistas como de algún modo “genéricas”
mismo “contenidas”.
— aun cuando posteriores — carece propiamente de alcan-
Y en este sentido, nos parece, en efecto, que, de- ce o sentido cognoscitivo-disciplinar .
jando de lado ejemplos triviales, es la disciplina etnológica,
Pues serán, en efecto, sólo en el contexto de dichas
tal y como aquí la hemos concebido, aquella que, en princi-
sociedades histórico-políticas, donde tenga lugar la genera-
pio, más de cerca cumple con el concepto de metodologías
ción y el desarrollo de unos saberes sociales sectoriales que,
I-a2. Pues, como dijimos, son las sociedades históricas do-
siquiera de entrada (pero, como ahora veremos, sólo “de en-
tadas de una forma industrial (y capitalista) de producción
trada”) nos acercan al concepto de metodologías II-a2. Se
aquellas que, en su proceso de expansión colonial, tienen la
trata, como ya vimos, de esos saberes cuya dialéctica regre-
potencia (socio-productiva) para envolver a las sociedades
sivo/progresiva tiene lugar como construcción de aquellos
primitivas hasta el punto de conocer el funcionamiento glo-
proyectos, regresivamente a obtenidos a partir de proyectos
bal demográfico-ecológico adaptativo que, mediante sus
normativos de acción mutuamente enfrentados (como sus
instituciones sociales, en estas sociedades tiene lugar, y con
“momentos comparativamente fenoménicos”), que, en el
ello justamente los los límites o las cotas ecológico-
progreso, puedan de algún modo reajustar dichos enfrenta-
subsistenciales a las que ellas se encuentran sometidas —
mientos. Tampoco aquí se trata, pues, de partir “en
justo aquel conocimiento “global” que, como también de-
abstracto” de operaciones, para llegar a estructuras o proce-
cíamos, dichas sociedades no alcanzan desde ninguna de
sos resultantes o consecutivas a dichas operaciones, sino
sus partes sociales —. Semejantes límites ecológico-
que se trata, como decimos, de partir del “momento de en-
subsistenciales nos acercan, en efecto, al concepto de “gé-
frentamiento” entre proyectos de acción normativizados (y
nero (posterior)”, es decir, nos ponen en presencia de unas
por ello ya estructurados), a la vez que enteramente opera-
condiciones estructurales que, en cuanto que aún bio-
torios, o sea, que contienen absorbidas operaciones, y de
ecológicas, podemos reconocer como (biológicamente) ge-
alcanzar otros proyectos normativizados de acción que de
néricas o comunes. Ahora bien, como también dijimos,
algún modo y/o en algún grado puedan reajustar dichos en-
dichos límites bio-ecológicos, y sin dejar de serlo, están ya
frentamientos. Y aquí la cuestión es que dichos proyectos
internamente metabolizados por sus condiciones socio-
resultantes hasta cierto punto resolutorios en modo alguno
productivas (económicas), es decir, que es la propia “eco-
segregan o neutralizan las operaciones (unas operaciones
nomía de subsistencia” de estas sociedades la que, a la par
que, de partida, ya no se dan “en abstracto”, sino, como de-
determina dichos límites, hace que ellos sean ya posteriores
cimos, ya estructuradas), sino que asimismo contienen
o internos a su propia metabolización antropológica (eco-
absorbidas operaciones, unas operaciones éstas (sin duda,
nómica). En este sentido, es la propia selección natural
estructuradas en cuanto normativizadas) que en todo caso
(darwinista) la que se ve sometida, como vimos, a una pri-
se diferencian de las “operaciones (comparativamente fe-
mera forma de metamorfosis, según la cual, dicha selección
noménicas) de partida” (no menos estructuradas en cuanto
ya no obra tanto sobre los rasgos orgánicos de los indivi-
que normativizadas) por su capacidad para reajustar en al-
duos (o las poblaciones biológicas de individuos), cuanto
sobre los enseres de la cultura objetiva del grupo antropoló-
78 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

guna medida los enfrentamientos entre dichas “operaciones Pero si dichos saberes sociales no son, como esta-
de partida”. mos viendo, analógicamente científicos, ello quiere decir
que los mismos, lejos de dejarse conceptualizar mediante el
Así pues, los campos de dichos saberes serán, sin
concepto (mal formado) de “a” — y en particular, de “II-
duda, no sólo, en general, antropológicamente posteriores,
a2” —, se encuentran en realidad más próximos del concep-
sino, en particular y precisamente, posteriores a las socie-
to de metodologías “b2”.
dades antropológicas histórico-políticas (a sus diversos
enfrentamientos socio-políticos), y por ello mismo caracte- (iii). Sobre el concepto de la “fase b2”. —
rísticos o específicos de dichas sociedades (de sus
Sólo de este concepto de la tipología de Bueno, en
enfrentamientos). Se trata, pues de situaciones “posteriores
efecto, puede decirse que, en un sentido al menos, no des-
y específicas” a las formas de conflicto socio-político de
dibuja o distorsiona la morfología de los efectivos saberes
las sociedades histórico-políticas.
sociales, y ello precisamente — pero también solamente —
Pues bien: sólo en cuanto que saberes “posteriores en la medida en que dicho concepto acoge situaciones cog-
y específicos” en el sentido indicado, dichos saberes pare- noscitivas a las que se les reconoce que en ningún momento
cen ponernos, pero sólo de entrada, en presencia del quedan neutralizadas las operaciones. Lo mismo ocurre,
concepto de metodologías “II-a2” ciertamente, con el concepto de b1, del que ahora hablare-
mos, pero, como vamos a ver, dicho concepto funciona en
Pues, en efecto, desde el momento en que enten-
la estructura de su tipología más bien como un artificio para
demos que en estos saberes no tiene lugar ninguna forma de
simetrizar las distintas (presuntas) subfases I-a2 y II-a2 (de
segregación o de neutralización de “las operaciones” (sino
la fase a2) mediante el recurso a unas (presuntas) subfases
que, por el contrario, éstas se contienen absorbidas tanto en
I-b1 y II-b1 (de la fase b1).
sus momentos fenoménicos de enfrentamiento como en sus
momentos resolutorios), hemos de retirar el supuesto de El concepto de situaciones o metodologías “b2” es
cualquier analogía (presuntamente gnoseológica) entre di- susceptible, en efecto, de reinterpretarse, desde la concep-
chos saberes con el funcionamiento de las ciencias estrictas ción que aquí hemos expuesto, para referirse tanto a los
(físicas), y por ello hemos de reconocer el carácter mal saberes físico-naturales precientíficos que hemos visto que
formado del concepto mismo de “a” — en este caso, II-a2 van ligados al desarrollo de las especialidades técnicas o ar-
— mediante el que se quiere concebir dichos saberes preci- tesanales, como a los únicos saberes sociales sectoriales
samente en términos de dicha presunta analogía efectivos que puede albergar la sociedad histórico-política,
gnoseológica, y ello en la medida en que las operaciones, como hemos
visto, están siempre presentes — de diversos modos —, y
En todo caso, sólo para el concepto de I-a2 — pero
no neutralizadas, en ambos tipos de saberes — físico-
sólo en cuanto que determinado por el ejemplar de la etno-
naturales y sociales —.
logía —, podríamos reconocer, como ya apuntamos, alguna
analogía — de proporción propia — con el funcionamiento Como hemos visto, en efecto, en los saberes físico-
de las ciencias estrictas, dada la capacidad de dominio que, naturales precientíficos, sin perjuicio de la relativa sistema-
basada en la radicalmente desigual potencia de sus organi- ticidad legal interna de sus campos, dicha sistematicidad no
zaciones socio-productivas, puede ejercer la sociedad se desvincula, ni de las operaciones mediante las que se co-
dominante sobre la dominada, un dominio en virtud del cu- noce el funcionamiento de los instrumentos por cuya
al pudiera decirse que la sociedad dominadora logra llegar a aplicación se obtiene aquella sistematicidad, en cuanto que
no verse socialmente afectada por la sociedad dominada, de ésta es efecto de dicha aplicación, ni de las demandas prác-
modo que en esta medida se daría alguna analogía (propor- ticas sociales, asimismo operatorias, que realimentan el
cional propia) con los modos como las ciencias, mediante desarrollo de aquella sistematicidad. Y por lo que respecta a
sus aparatos, logran que sus agentes antropológicos dejen los saberes sociales, ya hemos visto que en ellos se mantie-
de verse somáticamente afectados por los sectores de reali- nen las operaciones, tanto en sus momentos “fenoménicos”
dad que dichos aparatos reconstruyen. Con todo, si las de conflicto inicial internormativo como en sus momentos
sociedades dominantes llegan a no verse socialmente afec- ”estructurales” resolutorios.
tadas por las dominadas, esto es sólo en la justa medida en
No es otro entonces el valor que podemos conce-
que esta últimas se mantienen en su estado “primitivo” o
derle al concepto de metodologías “b” — y en particular, al
etnológico, no ya cuando, por efecto mismo de la domina-
de metodologías “b2” —que el de recubrir, denotativamen-
ción, pasan a ser sociedades “tercermundistas” vinculadas
te , estas situaciones de saberes, tanto sociales como físico-
por subordinación desigual y conjugada a la sociedad do-
naturales, en los que se mantienen presentes, de distintos
minante: desde este momento también los sectores
modos, las operaciones. Pero precisamente en cuanto que
dominantes de la sociedad (desigual y conjugada) global re-
concepto que quiere formar estructuralmente parte de la ti-
sultante comenzarán a verse afectados por los sectores
pología dialéctica, de pretendido alcance analógico-
dominados, sobre los cuales comenzará por lo mismo a ex-
gnoseológico, de situaciones o fases oscilantes de las “cien-
tenderse el tipo de saberes sociales (no científicos)
cias humanas”, un subgrupo de las cuales situaciones serían
anteriormente considerados. Como dijimos, la paradoja en
precisamente las de tipo “a” — o sea, aquellas mediante las
la que se ve envuelta la etnología es la de que, merced al
que se quiere justamente hacer valer la “analogía gnoseoló-
proceso socio-político de dominio que tiene lugar a través
gica” con las ciencias físicas estrictas —, en este sentido
suyo, queda formalmente destruida la materia misma sobre
deberemos retirar asimismo todo alcance o valor a dicho
la que podía ejercerse.
concepto.
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 79

Algo semejante ocurre con el concepto de situa- a partir de restos despiezados o fragmentarios de artefactos
ciones o metodologías “a” en el siguiente sentido: Acaso se (de reliquias), de la figura de dichos artefactos. Pero es pre-
diría que, según nuestra concepción, los únicos conocimien- ciso no olvidar que dicho saber historiográfico — la
tos a los que les cumple dicho concepto son los de las “historia” como saber —, tiene siempre la factura de un sa-
ciencias físicas estrictas — y esto sin olvidar que en dichas ber global no reductivo — a alguna determinada categoría
ciencias, como hemos visto, las únicas operaciones que —, como se corresponde con la función regresiva que resul-
quedan propiamente segregadas son las operaciones orgáni- ta a partir de la tarea de metatotalización política de la
cas, y no las operaciones artefactuales mediante las que se totalidad de los conflictos sociopolíticos de cada momento
controlan y reproducen sus resultados objetivos, ni tampoco presente, de modo que cualesquiera de sus sectores o frag-
las operaciones proposicionales representacionales — . Pe- mentos (físico-naturales, técnico-artefactuales, o
ro dicho concepto sólo podría, a lo sumo, de nuevo, recubrir propiamente sociales) sólo alcanzan su sentido, precisamen-
denotativamente el caso de dichas ciencias, pero seguiría te historiográfico, dentro de su totalidad entretejida no
careciendo del alcance o valor analógico-gnoseológico con reductiva. También las revisiones historiográficas que pue-
el que precisamente quiere estar construido. dan surgir desde dentro de cada saber sectorial (físico-
natural, técnico, social), siempre a partir de los desajustes
Es, en resolución, la dialéctica misma, de pretendi-
internos de sus campos — incluidas, como hemos visto, las
do alcance analógico-gnoseológico, entre las situaciones
revisiones historiográficas que se generan desde el campo
concebidas como “a” y como “b” — y sus subfases corres-
presente de cada ciencia efectiva —, remiten siempre, y en-
pondientes — aquella que debe ser percibida como una
dógenamente, a contextos más envolventes que enlazan con
reproducción estéril del prejuicio gnoseologista de partida,
dicho tejido totalizador — y ello precisamente porque aque-
un prejuicio incapaz de advertir, como hemos visto, de en-
llos desajustes internos a sus campos no dejaban de estar
trada, la diferencia crítica entre las operaciones y los
atravesados (incluidos los campos de las ciencias mismas)
fenómenos (formalmente) orgánicos y las operaciones y los
por los desajustes del propio tejido totalizador de la socie-
fenómenos — o sus capas — (formalmente) artefactuales
dad política.
de las genuinas ciencias, así como, por propagación del pre-
juicio mismo, la diferencia entre las operaciones Así pues, y sin perjuicio de su mencionado alcance
antropológicas sociales normativizadas, en todos sus estra- denotativo, lo que no se ve es qué función puede cumplir
tos — tanto en sus momentos “fenoménicos” como este fragmento (sobre todo) del saber historiográfico en la
resolutorios — y aquellas operaciones (formalmente) arte- tipología de situaciones oscilantes por las que se supone
factuales de las ciencias estrictas. que pasarían, según el supuesto de su analogía gnoseológica
con las genuinas ciencias, los diversos momentos metodo-
¿Qué decir, entonces, para terminar, de las meto-
lógicos de las “ciencias humanas”, salvo, como decía, el de
dologías concebidas como “b1”, y de sus dos subfases “I-
“cerrar” la buena “figura estética” de la mencionada tipolo-
b1” y “II-b1?.
gía.
(iv) Sobre el concepto de las “fases b1” (I-b1 y II-b1). —
El caso de las situaciones concebidas como II-b1 tiene en
Sin perjuicio de que las dos metodologías, I-b1 y todo caso otro alcance — también denotativo —: pues la
II-b1, recogidas por el concepto de metodologías b1, pue- “teoría de juegos”, que es el ejemplo privilegiado al que
dan acoger, de nuevo, denotativamente, fragmentos o Bueno siempre ha recurrido para determinar esta situación,
momentos de determinados saberes efectivos, como ahora nos parece que tiene que ver, precisamente, con el momento
veremos, nos parece que su composición estructural misma, progresivo en general de todos los saberes sociales, y muy
dentro de la tipología dialéctica, de pretendido alcance ana- especialmente en el momento (histórico) en el que dichos
lógico-gnoseológico, que estamos considerando, no saberes adoptan su proyecto de convertirse en ciencias.
funciona sino como un artificio formal para lograr la “sime- Como dijimos, el momento progresivo de estos saberes es
tría estética” con respecto a las dos metodologías I-a2 y II- aquel en el que se busca poner a prueba, mediante la acción
a2 de las situaciones a2. misma política sectorial planificada, la capacidad de ciertos
proyectos de acción, regresivamente obtenidos a partir de
Por lo que respecta a la extensión denotativa del
los conflictos entre diversos proyectos de partida, para re-
concepto de I-b1, cabe reconocer, en efecto, que ella tendría ajustar dichos proyectos conflictivos, y ello de forma que
que ver con aquellas situaciones en donde, habiendo sido los proyectos que pujan por vencer, puedan lograr su victo-
construidos determinados artefactos de la técnica humana
ria — nunca definitiva —, no al margen sino precisamente
por determinados agentes operatorios, se trata de conocer, contando con los proyectos enfrentados, buscando co-
por parte de otros agentes operatorios que no han construi- determinarlos para vencerlos. Y en no otra cosa consiste,
dos aquellos artefactos, la figura de los mismos, a partir de
justamente, la denominada “teoría de juegos”, sino en el
restos fragmentarios suyos. Se trata, sin duda, del conoci- cálculo o planificación de las estrategias capaces de llegar a
miento de lo que aquí hemos caracterizado como imponerse sobre otras estrategias, entre medias del curso
“relaciones operatorias funcionales de aplicación” entre las
mismo del enfrentamiento, y contando por tanto, para co-
partes de los artefactos técnicos humanos, en cuanto que al- determinarlas y vencerlas, con estas otras estrategias. Ca-
canzable, como decíamos, por agentes operatorios distintos bría decir, pues, que algo en esencia semejante a la
de quienes los han construido. Y en este sentido no hay du-
denominada “teoría de juegos” ha estado siempre presente
da de que semejante forma de conocimiento tendrá un lugar en el momento progresivo de los más diversos saberes so-
privilegiado de realización como un fragmento del saber ciales sectoriales de las sociedades histórico-políticas. No
historiográfico, un fragmento ocupado en la reconstrucción,
es de extrañar, entonces, que a la altura histórica de la so-
80 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

ciedad industrial capitalista, cuando, como hemos visto, los formalmente refundidos en las estructuras normativas —)
saberes sociales pujan por dotarse de un proyecto científico, está siendo — siquiera implícitamente — entendida a la
sobre la base real de la capacidad de las relaciones sociales postre como no teniendo de suyo otro alcance o valor cog-
capitalistas industriales por instaurar un dominio entre sus noscitivo más que el de ser “el lugar del error”: un “error”
partes sociales mismas lo más análogo posible al dominio éste, en efecto, que sólo podría ser remontado o superado a
que las ciencias efectivas logran sobre sus regiones de rea- costa de recortar o retraducir dicha subjetividad desde sus
lidad (y ello sin perjuicio del carácter ideológico del patrones gnoseológicos — o científicos —, es decir, desde
proyecto), dichos saberes recurran a cálculos matemáticos el patrón de medida dado por la neutralización de las opera-
de determinado grado de elaboración (bien importados de ciones por efecto de las estructuras formalmente sintáctico-
otros sectores tecnológicos o científicos, o bien elaborados demostrativas de las identidades sintéticas materiales de las
para el caso), al objeto de no hacer, sin embargo, y a la ciencias estrictas. De aquí que Bueno se vea efectivamente
postre, otra cosa esencialmente distinta de lo que desde llevado a tener que re-traducir o re-codificar, por mera peti-
siempre se ha hecho en los momentos progresivos de dichos ción de principio, cualesquiera posibles situaciones
saberes. Precisamente el hecho de que en la pugna social subjetivas — zoológicas o antropológicas —, en cuanto que
sectorial que da lugar a los saberes sociales no pueda decir- posibles contenidos temáticos de saberes — etiológicamen-
se que haya vencedores ni vencidos definitivos, pone de te antropológicos —, en términos de una presunta “analogía
manifiesto el carácter ideológico de la pretensión de cienti- gnoseológica rigurosa” — cuyo alcance y forma analógicas
ficidad que podría resultar de creer que es posible una sin embargo jamás se precisan — con las operaciones y los
aplicación estricta de la teoría de juegos, en cuanto que fenómenos etiológico-constructivos de las ciencias estric-
construcción académica — en la que sí cabe hablar de ven- tas, para de este modo poder asimismo pre-suponer modos
cedores y vencidos definitivos —, a la resolución definitiva etiológicamente científicos de conocer aquellas situaciones;
de dichos saberes o conflictos sociales. puesto que, de otro modo, su filosofía del conocimiento
quedaría enteramente cegada para apresar dichas situacio-
Una vez más, pues, habremos de decir que, además
nes subjetivas temáticas (zoológicas y antropológicas) y sus
de la posibilidad de reinterpretar, como aquí hemos hecho,
modos de ser (antropológicamente) conocidas. Pues éste es,
la referencia denotativa de las situaciones concebidas como
en efecto, el dilema al que se ve sometida toda su filosofía
II-b1 en términos del momento progresivo de los saberes
del conocimiento — debido a su reducción gnoseológica —
sociales efectivos, sigue sin verse la función que dicha si-
: o bien tener que re-traducir, por gratuita petición de prin-
tuación cumpliría en la tipología dialéctica de intención
cipio, en términos gnoseológicos (científicos) toda figura
gnoseológico-analógica de situaciones oscilantes por las
cognoscitiva etiológicamente antropológica y temáticamen-
que pasarían las ciencias humanas.
te zoológica o antropológica, o bien tener que dejar sumidas
en el más completo ensombrecimiento cualesquiera de estas
figuras — de no ser estrictamente científicas.
No es ajeno a esto, desde luego, que en la revisión
de su ontología — inicialmente diseñada en sus Ensayos
materialistas — realizada en su obra Materia, la referencia
para caracterizar el “segundo género de materialidad” — la
subjetividad — sea precisamente el sector de las “operacio-
nes” del eje “sintáctico” de una construcción científica, o
sea, y justamente, del eje en donde tiene lugar la forma sin-
táctico-demostrativa de las construcciones objetivas de las
ciencias estrictas. Lo cual significa que toda posible “mate-
rialidad subjetiva”, o bien ha de quedar (re)codificada en
términos de la subjetividad etiológico-constructiva de las
ciencias o bien queda desdibujada por completo. De este
4. —Conclusión y recapitulación.- modo, es el género ontológico entero de la materialidad
subjetiva el que queda a la postre desdibujado o evacuado
(i) Conclusión. — merced a su reducción científica (gnoseológica); mas por lo
Puede decirse, pues, en resolución, que, a fin de mismo, y a fin de cuentas, son las propias ciencias — en
cuentas, lo que la entera tipología dialéctica de intención cuanto que tomadas como patrón de medida ontológico, no
analógico-gnoseológica de Bueno nos está poniendo de obstante su crítica “ontológico-general”, en todo caso abs-
manifiesto es su constitutiva incapacidad para hacerse cargo tractamente realizada sólo a partir de ellas — las que
de un modo adecuado del “género ontológico de la subjeti- quedan metafísicamente sustancializadas en la propia onto-
vidad”, el cual sin embargo no ha podido dejar de ser logía que sin embargo se ha pretendido realizar de un modo
tenido en cuenta — siquiera mentado — en su ontología re- no metafísico.
gional. En efecto: desde la perspectiva del prejuicio Pero semejante reduccionismo formalista metafísi-
gnoseologista que atraviesa toda su tipología, la “subjetivi- co de las ciencias no sólo implica, como vemos, la
dad” (bien sea la subjetividad zoológica — las operaciones evacuación o el desdibujamiento ontológicos del género de
y fenómenos formalmente orgánicos —, bien sea la subjeti- la subjetividad, sino que a su vez , y por ello, deja asimismo
vidad antropológica — en nuestros términos: las franco el camino para evacuar de la ontología la imprescin-
operaciones y fenómenos asimismo orgánicos a la par que dible idea de “historia” — y con ella la de sociedad
Notas para una crítica del enfoque ‘gnoseológico’ de las ciencias de G. Bueno. 81

histórica-universal —, idea que queda ciertamente reabsor- trascendental. Y ello precisamente porque es, en efecto, la
bida y anegada bajo la perspectiva de dicho reduccionismo sociedad industrial la que, por su capacidad para lograr me-
metafísico gnoseologista — de suerte que queda de este diante las ciencias un dominio universal reductivo
modo dispuesta para ser tratada de cualquier modo arbitra- indefinido de las diversas categorías de la realidad física y
rio o gratuito. para poder engranar tecnológicamente este dominio de un
modo universal indefinido ya no reductivo sino trascenden-
Sin embargo, sólo cuando no se parte (siquiera im-
tal, abre las puertas a unas posibilidades de organización
plícitamente) por suponer a la subjetividad como “lugar del
sociopolítica de dicha realidad (trascendental) cuya univer-
error”, sino explícita y formalmente como el lugar donde
salidad in-finita ya no puede en modo alguno quedar
van efectivamente construyéndose grados y tipos distintos
adecuadamente tratada por ninguna ontología construida a
de verdad y de realidad, según diversos tipos de conjuga-
su vez de un modo abstracto entre las solas ciencias, esto
ciones constructivas sujeto/objeto que, precisamente por ser
es, abstrayendo o evacuando precisamente aquellas posibi-
genuinas conjugaciones constructivas, no “marginan” o
lidades histórico-políticas in-finitas de organización de
“dejan de lado” — “segregan” — a las operaciones cons-
dicha realidad abiertas por las propias ciencias tecnológi-
tructivas, sino que las incluyen — si bien de diversos
camente engranables.
modos — conjugadas, sólo entonces es cuando podremos
construir una noetología, y con ella una ontología, que por (ii) Recapitulación. —
no “marginar” — implícitamente — de entrada a la subje-
Por ello, frente al reduccionismo gnoseologista
tividad con respecto a la realidad y la verdad, no tenga que
(ontológico) implicado por la “gnoseología” de Bueno, y
verse forzada a (re)codificar toda (posible) subjetividad
frente a sus implicaciones histórico-políticas y a la postre
desde una concepción metafísica (sustancializada) de las
ontológicas, se ha buscado en estas “notas noetológicas”,
ciencias, sino que pueda desplegar la conjugación procesual
ante todo, poner de manifiesto esta idea nuclear, a saber: la
entre los diversos tipos y grados de conocimientos (de las
de que las realidades ellas mismas cognoscitivas u operato-
realidades) con las realidades (conocidas): y ello desde las
rias, tanto las realidades zoológicas dotadas de operaciones
iniciales realidades cognoscentes zoológicas (conductuales)
y fenómenos formalmente orgánicos, como las realidades
antropológicamente cognoscibles, pasando por las diversas
antropológicas asimismo somáticas cuyas operaciones se
realidades antropológicas asimismo antropológicamente
encuentran formalmente refundidas por las normas antropo-
cognoscibles, hasta llegar a apresar esa forma etiológica-
lógicas, en cuanto que contenidos temáticos de procesos a
mente antropológica de conocimiento consistente en las
su vez cognoscitivos o de saberes etiológicamente antropo-
genuinas ciencias — las ciencias físicas —, como un caso
lógicos, no son susceptibles de organización cognoscitiva
límite de conocimiento etiológicamente antropológico —
científica alguna, esto es, precisamente de ese tipo determi-
procedente de las técnicas físicas —en el que la objetividad
nado de construcción cognoscitiva que sólo puede tener
de las realidades conocidas llega sin duda a trascender las
lugar, como un desarrollo límite de los saberes físicos (etio-
operaciones y los fenómenos somáticos etiológicamente an-
logicamente antropológicos) desarrollados a partir de las
tropológicos, pero en la medida en que permanece a su vez
técnicas, a través de unas muy determinadas capas de ope-
materialmente asida a ellos por el intermedio de unas espe-
raciones y fenómenos formalmente artefactuales que, sin
cíficas capas formalmente artefactuales de los mismos, de
dejar de ser materialmente accesibles a las operaciones y
tal modo que por ello el límite cognoscitivo de dichos co-
fenómenos antropológicos somáticos implicados en su
nocimientos científicos viene a ser precisamente el de
construcción, resultan formalmente configurados por aque-
cualesquiera realidades (zoológicas o antropológicas) ellas
llos aparatos capaces a su vez de reconstruir relaciones de
mismas cognoscentes.
identidad orgánicamente tras-fenoménicas entre las cosas
Y sólo, por tanto, cuando, desbloqueando el con- mismas, razón por la cual justamente cualesquiera opera-
cepto metafísico de ciencia desde el que opera el ciones somáticas, zoológicas y antropológico-
reduccionismo (ontológico) gnoseologista de Bueno, po- normativizadas, no son susceptibles de ser tratadas o re-
damos apresar el “círculo histórico-antropológico” de las construidas por dichos aparatos y por tanto por las propias
diversas conjugaciones entre los conocimientos y las reali- ciencias.
dades, como un círculo in-terminable que precisamente
Más escuetamente: que allí donde haya operacio-
incluye una adecuada comprensión de las ciencias en su se-
nes temáticas, zoológicas o antropológicas, no puede llegar
no, sólo entonces es cuando podemos alcanzar una idea
a haber conocimiento científico alguno en torno a ellas, co-
ontológica adecuada de “historia”, y ello justamente en la
nocimiento éste que por su parte sólo puede alcanzarse,
medida en que dispongamos de una idea adecuada tanto de
como un conocimiento operatorio formalmente artefactual
las posibilidades — socio-políticas — que las ciencias in-
límite, sobre realidades ellas mismas no operatorias.
troducen en la historia como de los límites —
cognoscitivos, y por ello prácticos — de las ciencias con Esta idea nuclear es la nos permite revertir la pers-
respecto a dichas posibilidades. Una idea de historia, en pectiva desde la cual han sido tratadas por la gnoseología
efecto, que, obtenida a su vez no en cualquier momento de de Bueno las relaciones entre los enfoques por él mismo
la propia historia antropológica, sino justamente a partir de denominados “epistemológico” y “gnoseológico”, de modo
la forma industrial de producción hecha posible por las que, en vez de quedar meramente mentada, pero ensombre-
ciencias, nos pueda conducir de un modo efectivamente crí- cida, la perspectiva “epistemológica” por efecto del rasante
tico — no metafísico — a conceptualizar la realidad misma “gnoseológico” de análisis, podamos acceder, de entrada, a
de la historia como la realidad trascendental en general, y una consideración formal y recta de la perspectiva mentada
por ello a entenderla como la idea misma de materialidad como epistemológica, esto es, de aquellas situaciones cog-
82 Cuaderno de MATERIALES, nº 16

noscitivas (etiológicamente antropológicas) en la que se nos logo al domino que mediante sus aparatos especiales logran
dan saberes temáticamente físicos, biológicos y antropoló- las ciencias físicas sobre sus correspondientes campos natu-
gicos, y ello de forma que podamos asimismo acceder a la rales, y por tanto un tipo de “engranaje tecnológico-social”
consideración de esas otras situaciones concebidas como resultante de aquel pretendido dominio “científico-social”
“gnoseológicas”, esto es, a esas situaciones que, como un al que quedasen reducidas las posibilidades mismas históri-
desarrollo límite de los saberes etiológicamente antropoló- co-políticas universalmente infinitas abiertas por la efectiva
gicos y temáticamente físicos, tienen lugar sólo mediante tecnología física industrial; un dominio “científico-
las capas de operaciones y fenómenos formalmente artefac- tecnológico-social” éste que ciertamente no deja de encon-
tuales de unos muy determinados artefactos — los aparatos trar su relativo fundamento real en el engranaje cultural
industriales. objetivo envolvente crecientemente levantado por la indus-
tria que incesantemente se realimenta con las relaciones
Es la comprensión del carácter formalmente arte-
sociales capitalistas, pero que en todo caso no puede llegar
factual de dichos conocimientos científicos la que nos
a culminar nunca plenamente.
permite apreciar la inviabilidad para ser científicamente tra-
tadas, como posibles contenidos temáticos suyos, tanto las De aquí que suponer la “analogía gnoseológica (ri-
operaciones zoológicas (formalmente somáticas) como las gurosa)” entre los campos operatorios temáticos de dichos
antropológicas (somáticas, a la par que refundidas en las saberes y los sujetos gnoseológicos que construyen las ge-
normas) que sin embargo son efectivamente tratadas por los nuinas ciencias físicas, y asumir por tanto la viabilidad de
saberes etiológicamente antropológicos no científicos; y la diversos tipos de neutralización (temática y metodológica)
que nos permite asimismo apreciar la artificiosidad y la in- de las operaciones antropológicas dadas en dichos campos,
eficacia de la maniobra “gnoseológica” que, al objeto de unos formas éstas de neutralización que fuesen análogas a
poder “traducir” o “codificar” en clave “gnoseológica” los la neutralización de las operaciones constructivas de las
conocimientos (etiológicamente antropológicos) sobre rea- ciencias físicas estrictas, viene a suponer, objetivamente, a
lidades temáticas bio(psico)lógicas o antropológicas, debe la postre, una forma (escolástico-abstracta) de reconcilia-
asumir, por mera petición de principio, una “analogía gno- ción con aquellas tendencia y pretensión “social-
seológica” — que sin embargo nunca se determina — entre tecnócratas” de la sociedad capitalista industrial.
aquellas realidades temáticas operatorias bio(psico)lógicas
Y de aquí, por último, que la ontología general
y antropológicas y las formas constructivas operatorias de
misma que pueda hacerse ligada a este reduccionismo for-
las ciencias efectivas .
malista (metafísico) gnoseologista, aun cuando quiera ser
una ontología general crítica — y por ello no metafísica —
construida mediante la idea de “materialidad trascendental”,
deberá verse confinada a construir dicha idea exclusiva y
abstractamente entre medias de las solas categorías científi-
cas; en vez de construirse contando sin duda con dichas
categorías, pero en cuanto que susceptibles de engranar en-
tre sí según determinaciones (trascendentales) cuyas
posibilidades universalmente in-finitas, abiertas sin duda y
precisamente por la propagación tecnológica industrial,
vienen a consistir en las posibilidades mismas univeralmen-
Las implicaciones históricas y socio-políticas, y a te in-finitas de la historia política universal. De este modo,
la postre ontológicas, de esta “vuelta del revés” de la pers- queda evacuada y reabsorbida la idea misma de historia
pectiva “gnoseológica” son de primera importancia: las como idea ontológica por efecto de aquel reduccionismo
operaciones antropológicas normativizadas, tanto las temá- (ontológico) gnoseologista, en vez de quedar en disposición
ticas como las etiológicas, de los saberes (etiológica y para poder ser en el límite tratada como la idea misma de
temáticamente) antropológicos, están siempre contenidas y materialidad trascendental. De aquí que, no obstante las
absorbidas — no neutralizadas —, en la estructura de las pretensiones crítico-trascendentales de la idea de materiali-
normas en torno a las que dichos saberes se organizan, y dad trascendental, dicha idea, en cuanto que construida
ello tanto en su momentos (comparativamente) “fenoméni- abstractamente entre medias de las solas categorías científi-
cos”, en los que se presentan los conflictos internormativos cas, viene a verse a la postre abocada a la reconciliación
sectoriales, como en los momentos (comparativamente con la tendencia “social-tecnócrata” impresa a la historia
más) “estructurales”, o relativamente resolutorios de dichos por la propia sociedad capitalista industrial.
conflictos. Ello quiere decir que el proyecto (de la sociedad (Y evacuada de este modo la historia respecto de la
capitalista industrial) de tornar científicos a dichos saberes ontología, queda sin duda dispuesta para ser tratada de
etiológica y temáticamente antropológicos no puede llegar cualquier forma gratuita o arbitraria).
nunca a consumarse plenamente. La voluntad (ideológica)
que anima dicho proyecto supone la pugna por lograr, en el Madrid, Diciembre de 2001.
ámbito de las relaciones sociales conflictivas sectoriales de
dicha sociedad, un tipo de dominio científico que fuese aná-
Cuaderno de MATERIALES, nº 16

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nº 10 Junio de 1999. Monográfico: ley y norma
la acción comunicativa al espacio político.- Ana
-Dialéctica conjugada entre ley y norma —Francisco
González Menéndez
Rosa Novalbos
Marginalia: Michel Foucault y la arqueología en las
-Verdad y contexto. En torno a un escrito inédito de
ciencias humanas.- J.M. Sánchez Fernández
Habermas —Luis Martínez de Velasco
De la caverna al panóptico. Consideraciones entorno al
-La ley natural oculta. De la distinción entre ley natural
poder.- Martín Ivo Delicado Cárdenas
y ley convencional en la sociedad política —Isidro Ji-
ménez Gómez Nº 14.- Marzo-Mayo del 2001
-Entrevista a Ángel Sánchez de la Torre —Gaizka La- Identificación y Especificidad. El Cine de Andrei Tar-
rrañaga y Pablo Garma kovski.- Víctor Cadenas de Gea
Crítica y crítica: Andrei Tarkovski como acto puro y
nº 11 Febrero de 2000. Monográfico: Filosofía, Educa-
como presencia de la ausencia de la excepción..-
ción y Mercado
Juan Jesús Rodríguez Fraile
-Crítica a la situación de crítica de los nuevos Planes de
Un apunte sobre el ejercicio de la actividad filosófica..-
Estudio —María González Navarro
Miguel Á. Vázquez Villagrasa
-Valor de uso de la filosofía y valor de cambio de su en-
Antropología filosófica.- Juan Bautista Fuentes Ortega
señanza —Monserrat Galcerán
-La educación privada: ¿Mejor calidado mayor canti- Nº 15.- Junio-Octubre del 2001
dad? —Hector Martínez Ruíz Mecanismo sacrificial en El ángel exterminador de
-Educación contra mercado: La filosofía y la formación Luis Buñuel.- Víctor Cadenas de Gea
política de la ciudadanía.—Simón Royo Hernández La verdad literal: judaísmo y ciencia en Lacan.- Asun-
-Entrevista a Juan Bautista Fuentes. Entorno a la educa- ción Álvarez Rodríguez
ción de la filosofía. —Gaizka Larrañaga Argárate y Aportes a una genealogía del sujeto moderno.- Niklas
Francisco Rosa Novalbos Bornhauser.
Reseña: Internet. Una indagación filosófica.- Francisco
Rosa Novalbos
PUBLICACIÓN DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA
DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID