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Ayer volví a Sol invitado por un amigo que se ocupa de la biblioteca infantil, la que está
en la guardería, y aproveché para intentar aclarar uno de los episodios más oscuros de
esa supuesta revolución que ahora todos los periodistas que tanto la alababan, la
inflaban, la utilizaban para darse una capita de juventud, han abandonado a su suerte (ya
no es ³popular´ afirmar que sus propuestas son concretas, por muy absurdas que sean, o
ignorar el juego que le ha dado a la derecha). Me refiero a cuando la palabra ³feminista´
fue arrancada de una pancarta colgada por un grupo de feministas en la ya famosa
³fachada de Paz Vega´.

Este infame episodio, que revela más del talante de los ³indignados´ que todos sus
ambiguos lemas juntos, ocurrió del siguiente modo: varias mujeres, que muchos
acreditan como miembros de la mítica       , empezaron a colgar un
enorme lema que decía: ³La revolución será feminista´. La plaza aplaudía entusiasmada
cada vez que las mujeres que treparon por el andamio colgaban una nueva palabra:
³La´, bieennnn, salva de aplausos, gran entusiasmo revolucionario; ³revolución´,
bieennnn, salva de aplausos, gran entusiasmo revolucionario, gritos de afirmación ³esto
es una revolución, sí´; ³será´, bieennnn, salva de aplausos, gran entusiasmo
revolucionario... ³feminista´, shock, silencio disimulado por algunos aplausos
avergonzados, pero una gran parte de la plaza, según me cuentan, empieza a abuchear y
a gritar contra la palabra ³que no es nada revolucionaria´ (¿¿!!). Las feministas que
habían decidido exponer lo obvio (el feminismo como movimiento ha generado las más
importantes revoluciones del pasado siglo) se quedan perplejas y se bajan dejando el
lema, ante un evidente malestar y división de opiniones en la plaza.

Entonces un joven, un machista de mierda, se sube y arranca la palabra feminista de la


pancarta ante el gran regocijo general. A continuación se dirige al público en la plaza y
hace el gesto de un gorila golpeándose el pecho en clara referencia al macho dominante.
La plaza le vitorea y ríe la gracia ³revolucionaria´. Nadie se acuerda entonces del tan
cacareado ³consenso´. Ultrajante. Necio. Indignante (de verdad). Infame.

Este episodio me fue relatado en la comisión feminista de Sol, a la que acudí a


preguntar por el incidente. Llegué a esta, tras perderme por el laberinto de puestos y
comisiones que se ha formado bajo las lonas de Sol. Casualmente, era la comisión
menos frecuentada. Una vez allí me presenté y le pregunté a una chica de Donosti sobre
el incidente. Fue encantadora y me contó lo que ella había visto.Una vez hubo acabado
su relato, me preguntó qué creía yo que habría que haber hecho, yo, por supuesto, le
contesté que volver a colgar el cartel. Estuvimos debatiendo sobre la ignorancia general
hacia el feminismo y nos aproximamos a otras chicas sentadas y allí a preguntar sobre el
incidente. La que respondió ya tenía una actitud mucho más agresiva y beligerante. De
hecho se tomó como algo personal el que yo preguntase si lo habían colgado las chicas
de la Eskalera Karakola. ³No, eso no es así. Éramos muchas, unas 40 y todas
participamos por igual, ¿qué más da quién lo colgó? Ese empeño en etiquetar grupos...´,
me explicó con evidente beligerancia. Su incomodidad creció cuando le pregunté que
cómo era que después de ese incidente se habían quedado allí. Ella, molesta por el
cuestionamiento, se limitó a contarme que ella inicialmente pensó en no volver más,
pero que cuando vio en la asamblea de esa tarde que muchos se solidarizaban con ellas
y que finalmente les ³permitieron´ crear una comisión feminista, cambió de parecer.
³En un principio querían que fuese sólo una subcomisión, pero al final conseguimos
convencerles de que nos considerasen una comisión como las otras, aunque muchos no
estaban de acuerdo. Tampoco querían que se llamase feminista, sino µComisión de
Igualdad¶, pero conseguimos convencerles de que era importante educar a la gente sobre
el feminismo precisamente por el incidente. Al final aceptaron con reservas por la
palabra que a muchos no les gusta´, matizó. Sobre el tema de la Eskalera Karacola, a las
que admiro mucho, por lo que seguí indagando sobre su vinculación sobre el incidente,
se lanzó a soltarme una perorata sobre que no era tan importante y que había muchas
otras organizaciones feministas que habían trabajado tanto o más pero que eran menos
conocidas porque al haber ocupado la casa original y ser autogestionada, la Eskalera se
había hecho muy visible ³y yo también tengo un grupo pero estoy aquí individualmente,
no para darle protagonismo a tal o cual grupo o competir por ver cual ha hecho más´,
acabó de decir. A mí me molestó bastante su empeño en desdeñar la importancia de la
Eskalera, así que volví a cuestionar la estrategia de obviar la agresión feminista y el
mensaje que permitir que la palabra feminista sea arrancada frente a toda una plaza que
bebe de sus fuentes pudiese enviar a los jóvenes. Ella se limitó a afirmarme una
consigna que muchos me han repetido como un mantra desesperado estos días: ³Esto
sólo es el principio´. Sólo había que mirar alrededor para convencerse de lo contrario, el
desánimo y confusión reinantes decían lo contrario. Así se lo hice saber: ³Pues yo creo
que es el final y que habría que haber aprovechado ese momento de visibilidad para
lanzar ese mensaje en lugar de agonizar aquí´, en una esquina condescendiente, estuve a
punto de añadir. Ella se ofendió mortalmente por mi empeño en reivindicar a la
Eskalera o las credenciales previas de los participantes en esta acampada y se marchó
alegando que tenía que atender a unos visitantes. No era la primera ³indignada´ que me
había rehuido en cuanto yo había cuestionado los lemas y consignas más facilonas. En
algunos momentos había llegado a tener la impresión de estar metido en una secta.

Es curioso este interés de los ³indignados´ en no adherirse a ningún movimiento u


organización, en no tener que explicar sus antecedentes, sus credenciales (sobre todo
porque si las tuviesen que exponer nos enteraríamos que el 99% de los entusiasmados
revolucionario jamás han hecho nada más que plegarse al sistema). ¿En serio da igual
una feminista luchadora de la Eskalera Karacola, que lleva décadas planteando una
alternativa autogestionada, que una persona que bien podría ser la oportunista gorrona-
casas de amigos para quedarse ³unos días´? No lo creo.

¿En serio? ¿De verdad hay que considerar revolucionarios a unos jóvenes
sistematizados, que han abrazado los valores patriarcales, exponentes claros del
analfabetismo alternativo del que adolece quien está ³institucionalizado´, integrado en
el sistema hasta tal punto que ni sabe ni quiere pensar fuera de él, que ni siquiera saben
que el feminismo es un ideal, un pensamiento que abarca, afecta, por igual a hombres y
mujeres? ¿Qué revolución se ha hecho ³consensuando´ lo que la mayoría ya cree,
reforzando lo ya aceptado por la mayoría, sin ninguna discrepancia? Ninguna. Sobre
todo porque la dictadura de la mayoría es lo que ha hecho necesaria (y es cada vez más
necesaria, creedme) una revolución que traiga una alternativa a este sistema capitalista=
  
            
       = Pero esto pocos articulistas lo ha dicho. Se han limitado a
adherirse a la moda del momento esquivado cualquier arista en la que su benevolente
magnanimidad pudiese engancharse. Y este movimiento ha tenido más aristas que una
alambrada de espinos, creedme.
Tras esta borrachera de poder que los "Indignados" y aledaños de visita han vivido estos
días, llega la realidad. La derecha recoge el catering, de alcohol sobre todo, que había
puesto a disposición de sus concursantes al modo reality, y se retira a sus cuarteles, a la
sala de control desde la que editará el divertido reality que han protagonizado esos
jóvenes ³apartidistas´. Mientras nosotros ya estamos sufriendo las consecuencias de su
juego a la derecha.

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