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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

La envidia
La envidia es un fenómeno psicológico muy común que hace sufrir
enormemente a muchas personas, tanto a los propios envidiosos como a
sus víctimas. Puede ser explícita y transparente, o formar parte de la
psicodinámica de algunos síntomas neuróticos. En cualquier caso, la
envidia es un sentimiento de frustración insoportable ante algún bien de
otra persona, a la que por ello se desea inconscientemente dañar. ¿Por
qué?

El envidioso es un insatisfecho (ya sea por inmadurez, represión,


frustración, etc.) que, a menudo, no sabe que lo es. Por ello siente
consciente o inconscientemente mucho rencor contra las personas que
poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor,
personalidad, experiencia, felicidad, etc.) que él también desea pero no
puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o
percatarse de sus deseos y facultades y darles curso, el envidioso odia y
desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su
privación. La envidia es, en otras palabras, la rabia vengadora del
impotente que, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la
competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de las personas más
débiles, acomplejadas o fracasadas.

Dicho sentimiento forma parte también de ese rasgo humano, el


narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de
destacar, ser el centro de atención, ganar, quedar por encima, ser el "más"
y el "mejor" en toda circunstancia. Debido a ello, muchas personas se
sienten continuamente amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y
la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia contra todo el
mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. No es ya sólo que los
demás tengan cosas que ellas desean: ¡es que las desean precisamente
porque los demás las tienen! Es decir, para no sentirse menos o "quedarse
atrás". Este sufrimiento condiciona su personalidad, su estilo de vida y su
felicidad.
Las formas de expresión de la envidia son muy numerosas: críticas,
ofensas, dominación, rechazo, difamación, agresiones, rivalidad,
venganzas... A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos
trastornos psicológicos y de personalidad (p.ej., algunas ansiedades,
trastornos obsesivos, depresión, agresividad, falta de autoestima...). En las
relaciones personales y de pareja, está involucrada en muchos conflictos y
rupturas. En lo social y político, su influencia es inmensa. Por ejemplo, la
envidia del poder sexual, emocional y procreador de las mujeres alimenta
el machismo. La envidia de la fuerza y libertad del varón refuerza el
feminismo. La envidia de los pobres y resentidos estimula sus violentas
revoluciones e igualitarismos. La envidia de los poderosos fomenta sus
luchas intestinas. La envidia de los narcisistas y codiciosos nutre los
concursos millonarios de televisión y sus audiencias. La mutua envidia de
las mujeres robustece el colosal negocio de la belleza y la moda, así como
la de los hombres excita su frenética competitividad. La envidia sexual es
el combustible del morbo y la prensa rosa. Las envidias económicas
desenfrenan el motor consumista... Etcétera.

No hay que confundir la envidia con los celos, que son sentimientos muy
distintos. La envidia nace de las carencias del sujeto, que quiere destruir al
objeto-espejo. Los celos, en cambio, nacen del miedo a perder el afecto de
la persona amada, a la que se quiere conservar. No obstante, ambos
sentimientos pueden ir juntos. Por ejemplo, cuando una persona ataca a
su pareja infiel y al (o la) amante de ésta diciendo que lo hace por "celos",
a menudo una gran parte de su rabia procede también de su envidia
inconsciente, ya que el despechado/a deseaba secretamente ser infiel sin
atreverse a ello, mientras que sus engañadores se le adelantaron. Por eso
ahora se siente herido/a y humillado/a en su orgullo.

En suma, cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, tanto


más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta. La envidia sólo se
cura concienciando y resolviendo las propias carencias y facultades, a
través de un proceso de crecimiento emocional. La persona madura no
envidia a nadie.

© JOSÉ LUIS CANO GIL


Psicoterapeuta y Escritor
Texto revisado: Feb/2009