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Nueva …poca AÒo X

Zaragoza-Enero de 2006

N˙m. 24

Nueva …poca AÒo X Zaragoza-Enero de 2006 N˙m. 24 REVISTA PERI Û DICA ECO IMPARCIAL DE

REVISTA

PERI Û DICA

ECO IMPARCIAL DE LA MASONERÍA

Nueva …poca AÒo X Zaragoza-Enero de 2006 N˙m. 24 REVISTA PERI Û DICA ECO IMPARCIAL DE
Enero de 2006 Enero de 2006

Enero de 2006

Enero de 2006

Enero de 2006 Enero de 2006 Director: Jesús Aznar Iranzo Corresponsales: Andalucía J uan Ignacio Jiménez

Director: Jesús Aznar Iranzo Corresponsales:

Andalucía Juan Ignacio Jiménez Aragón Carmen Rábanos Faci Cataluña Santiago Castellá Surribas Francesc Bofill Surís Madrid Alfredo Melgar Alexandre Fernando de Yzaguirre País Vasco Javier Otaola Bajeneta Juan Martín Mas Valencia Javier Jiménez Carpintero

Edita: Logia Conde de Aranda Apdo. de Correos 10.003 50080 Zaragoza www.logiacondearanda.org.

Portada: Dibujo de Juan Gris (1925)

D. L.: Z-2.900-97 Imprime: Imprenta Félix Arilla, S. L.

«La revista LA ACACIA no se identifica necesariamente con las opiniones de los firmantes de los artículos, ni éstos han de pertenecer necesariamente a la institución Masónica.»

Reservados todos los derechos. De confor- midad con lo dispuesto en el art. 534-bis del Código Penal vigente, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes reprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra litera- ria, artística o científica fijada en cualquier tipo de soporte sin la pre- ceptiva autorización.

Juan Gris: un artista masón en París

El gran pintor madrileño José Victoriano González (1887-1927), más conocido como Juan Gris, se inició en la Logia Voltaire de París el 2 de febrero de 1923, asistiendo con una cierta fre- cuencia a sus tenidas, hasta que el 18 de enero de 1924 fue exaltado al grado de compañero y, ape- nas transcurrido un año, el 27 de febrero de 1925, al de maestro masón, según consta docu- mentalmente en los archivos de la propia Logia Voltaire y del Gran Oriente de Francia.

De todo ello se nos da pormenorizada cuen- ta en un interesante libro de José A. García- Diego, que lleva por título: Antonio Machado y Juan Gris. Dos artistas masones (Madrid, Editorial Castalia, 1990), en el que además se publican —entre otros datos y documentos— los carnets masónicos del genial artista español. Un artista que, como es sabido, coincidió con Picasso en los duros tiempos de la bohemia pari- sina, trabajando incluso como dibujante para la prensa ilustrada, hasta que finalmente se convir- tió en uno de los máximos representantes del movimiento cubista, al que supo dar un toque plástico muy personal.

Muchos años después de su fallecimiento, el Gran Oriente de Francia publicó, en el catá- logo de la exposición Hommage á Juan Gris (1887-1987). Centenaire de su naissance (París, junio de 1987), un hermoso dibujo que ocupaba la mayor parte de la portada del citado catá- logo y que, por cortesía de Georges González-Gris, volvió a ser publicado en el libro arriba citado de José A. García-Diego, quien además le dedica unos interesantes y acertados comen- tarios. En efecto, dicho dibujo, que ahora nos sirve a nosotros de portada, se encuentra firma- do por Juan Gris en el ángulo inferior izquierdo, y representa a un masón con la mano en el pecho y ornado con una banda, aunque sin el típico mandil que llevamos los hermanos franc- masones en nuestras tenidas. La escena se completa con una estrella de cinco puntas, símbo- lo masónico que representa al hombre perfecto, y un sencillo taburete con un libro abierto, que bien pudiera ser cualquiera de los textos considerados como sagrados por la Masonería.

En un primer momento, García-Diego pensó que este dibujo podría ser un autorretrato de Juan Gris, aunque luego descartó esta primera idea, debido a que la edad del retratado no se correspondía con la del pintor. Sea como fuere, coincidimos con este autor cuando señala que es «una obra sencilla pero bella, tanto por la firmeza de las líneas, como por la composición». Por lo demás, y al pie del dibujo, éste se completa con la leyenda: «FETE DE FAMILLE / PRO- GRAMME». Y la razón de ello es muy sencilla: el dibujo sirvió de portada para un folleto masón en el que se anunciaba el programa de una fiesta de familia, que tuvo lugar en 1925 y que, al igual que en otros encuentros de esta naturaleza, se celebraban sin ningún ritual o pro- tocolo, con el único fin de servir de simple esparcimiento para los hermanos y de que sus fami- liares pudieran conocerse entre sí.

Señalar, por último, que Juan Gris fue enterrado una mañana del 13 de mayo de 1927. En el sepelio no faltaron un sinfín de coronas que honraban la memoria de este español univer- sal. Una de ellas llevaba la siguiente inscripción: «A Juan Gris, sus compañeros de lucha». Los asistentes quedaron intrigados, pues no pertenecía a ninguno de sus amigos los pintores. De hecho había sido enviada por sus hermanos de la Logia Voltaire de París, según consta en el catálogo homenaje que le rindió el Gran Oriente de Francia en 1987. En la actualidad, los res- tos del pintor, junto con los de su amada Josette, reposan en el cementerio de Boulogne- Billancourt, mientras que sus obras siguen siendo un hermoso regalo para toda la Humanidad.

de Boulogne- Billancourt, mientras que sus obras siguen siendo un hermoso regalo para toda la Humanidad.

J. L. P. G.

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Editorial Amigo Ramón

N˙m. 24 Editorial Amigo Ramón MIGO Ramón, has marchado de viaje, a ese infinito eterno, a

MIGO Ramón, has marchado de viaje, a ese infinito eterno, a un lugar donde el equipaje no pesa. Lo has dejado todo aquí, entre los tuyos.

Ochenta y siete años eran tu fortuna, tu patrimo- nio acumulado desde aquel 1918 en el que la calle Isaac Peral de Zaragoza te vio nacer. Tu madre, una mujer de época, y tu padre, el pri- mer corsetero de Aragón y republicano, por cierto, algo de lo que tú hacías gala por lo que significaba de progreso. Estudiaste en las Escuelas Pías, más tarde en el Ins- tituto, y aprendiste francés, el idioma de moda, mien- tras disfrutabas de excursiones a Juslibol, o la Fuente de la Junquera. Te gustaba sentirte parte de la Natura- leza y aprender de ella. Con poco más de 20 años iniciaste varios nego- cios con afán emprendedor pero la tierra aragonesa es muy dura, y exige mucho a los suyos, y con 32 años, allá por 1950, decidiste viajar a otro continen- te y amaneciste en un Brasil en plena expan- sión, con ilusiones de progreso, pleno de naturaleza y amplios horizontes para los negocios. Era el marco ideal para tu nueva vida. Tu profesión de paisajista te llevó a diseñar y ornamentar diferentes plazas y rincones. Viviste en Sao Paulo, en Río de Janeiro, en Curitiba,

en Fos de Iguazú… Tus manos privilegia- das se impregnaron de cataratas y Amazo- nas. Y allí, entre Argentina y Uruguay, te iniciaste en la Masonería y ésta te unió a nosotros. Respondías al espí- ritu masónico, con personalidad transpa- rente y generosa; soli- dario, buen marido y un gran padre como demostraste con tu hija hasta tu último

respiro. Amante de las plantas, la lectura y el teatro eran tus otras grandes aficiones. Los años nos llevaron a conversar sobre el ser humano, sobre sus logros y descubrimientos, sobre los errores que sige cometiendo en su carrera por vivir. Hablamos sobre la infinidad de problemas que nos creamos y nos creemos, sobre la eterna búsque- da del Hombre, sobre el secreto escondido en la humildad de considerarnos simples aprendices de la vida, despojándonos de las ataduras de una docena de necesidades imperiosas que nos asfixian y no nos dejan vivir en paz, sosiego y armonía con nosotros mismos y con los demás.

Con Ramón intentábamos comprender y pro- fundizar en el mar de la inteligencia y la perseve- rancia para aprobar la asignatura de trabajar para ser felices. Hace algún tiempo, amigo Ramón, me quedé ató- nito viendo cómo abrazabas un enorme pino. Te pre- gunté por qué lo hacías y me contestaste que sentías palpitar su corazón y éste te transmitía energía. El tiem- po me demostró que la naturaleza tiene sus reglas y una ráfaga de aire derribó aquel enor- me árbol. Hoy, hemos dejado de verlo como a ti, pero cuando paso por el lugar en el que echó sus raíces lo recuerdo hermoso y lleno de la sabiduría de la tierra. ¡Qué importantes eran sus anillos para ti! Formaban las circunfe- rencias de sus años y

los surcos de su tron- co, igual que tu rostro marcado por 87 oto- ños de espera. Con el árbol hici- mos leña para calen- tarnos. Su llama nos dio luz. Y ahora, con la sensación de que cogiste el tren de tu invierno, para cuyo viaje engrasaste bien los raíles, te recorda- mos en el andén de la Vida y esa imagen también nos da calor y nos acompaña.

A RAMÓN
A RAMÓN
Enero de 2006

Enero de 2006

Visita al Gran Templo Nacional Masónico de la Gran Logia de Cuba de Antiguos, Libres y Aceptados Masones

Gran Templo Nacional, vista exterior.

S ABÍA de la existencia en el centro de La Habana

de un impresionante edificio en el que se

encuentra instalado el Gran Templo Nacional

Masónico, perteneciente a la Gran Logia de Cuba de Antiguos, Libres y Aceptados Masones, tal y como puede leerse en la leyenda que discurre sobre la entrada principal. Mi sorpresa fue divisarlo —el mismo día de mi llegada— desde el destartalado coche que me introdujo por la Avenida de Salvador Allende, bajo el calor sofocante del Caribe y entre ese bullicio tan palpitante que transmiten las viejas calles habaneras. Es por eso que al día siguiente, ya con más calma, retorné sobre mis pasos, pues quería vivir en primera persona toda la emoción del momento, con- templar los alzados del templo y, desde luego, visitar las dependencias de su interior.

Pero me gustaría señalar, antes de nada, que la construcción de este edificio se remonta a los años cincuenta, cuando la ciudad de La Habana fue elegi- da como futura sede de la III Conferencia de la Maso- nería Simbólica, siendo ésta una circunstancia que aceleró considerablemente la marcha de los trabajos. La primera piedra se colocó el 25 de marzo de 1951, según consta in situ en una inscripción alusiva, y la consagración del Gran Templo tuvo lugar el 27 de

febrero de 1955, en el propio portal del inmueble y durante la apertura de la cita- da asamblea masónica. A la ceremonia asistieron representaciones oficiales de las logias y obediencias de toda América, junto con otras que incluso habían llega- do desde Asia y Europa, haciendo gala en todo momento de los lazos de fraternidad que proclama la Masonería Universal.

En la actualidad, sin embargo, no todos los pisos de la edificación están destinados a actividades masónicas, debido a la gran necesidad de espacios habitables que existe en La Habana, lo que ha conllevado que algunas de las plantas hayan sido destinadas por el Esta- do para otros fines públicos. Sigue con- servando, eso sí, la pureza de su volume- tría exterior, en cuya fachada ostenta el escudo de la Gran Logia de Cuba, situa- do bajo un reloj con los símbolos del zodiaco, así como una cadena que ciñe con elegancia todo su perímetro inferior. Más arriba, y coronando el ático, se divi- sa una bola del mundo que se remata con una escua- dra y compás y que ahora permanece estática, pero que en tiempos pasados —y quizás mejores— giraba accionada por un dispositivo mecánico.

Los símbolos vuelven a repetirse en el vestíbulo principal, en este caso con una escultura de José Martí debida al artista Juan José Sicre. La efigie del procer se ve acompañada por una bandera de Cuba, siempre presente en la vida de la ciudad y dotada de una fuer- te simbología masónica. En lo alto de la estancia des- taca un mural del pintor cubano Manuel Mesa, donde se narran escenas de la historia patria, sin que falten algunos de sus hijos más ilustres, todos ellos masones, como Carlos Manuel de Céspedes y el mismísimo José Martí, a quien está dedicada la Biblioteca Nacional Masónica, situada en el tercer piso, y de quien ade- más se guardan, en el Museo Masónico de este mismo edificio, sus joyas y atributos como hermano de la Obediencia. Por último, justo enfrente de los ascen- sores, se conserva una hermosa caja de escaleras, en cuya barandilla se repiten los emblemas más conoci- dos de nuestra institución: la escuadra, el compás y la letra «G» mayúscula.

Tras recrearme en estos pormenores, un portero me indicó el piso en el que se encontraban las secre- tarías de las logias; no sin antes preguntarme, con

N˙m. 24

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N˙m. 24 V estíbulo del Gran Templo: escultura de José Martí. elementos ha aportado a la

Vestíbulo del Gran Templo: escultura de José Martí.

elementos ha aportado a la independencia, la libertad y el progreso de Cuba», según se pro- clamó en el Primer Congreso Nacional de His- toria de Cuba.

Finalizamos la conversación sin que faltara un sentido y fraternal abrazo de despedida, y luego atravesé el umbral del Gran Templo con el regusto de una singular emoción. Por lo que no es de extrañar que días después, tras mi regreso a España, le contara algunos de estos detalles a un querido hermano de la Logia Conde de Aranda. No hace falta decir que los dos somos plenamente conscientes de los gra- ves errores del sistema castrista, así como del injusto bloqueo con que el imperialismo esta- dounidense va asfixiando cada día al pueblo cubano. Y, después de mucho hablar y nada arreglar, no pudimos por menos que sentir admiración por los hermanos de la Gran Logia de Cuba, por su entrega y por su constante tra- bajo en unas condiciones extremadamente duras. Por eso, y a pesar de que todo es sus- ceptible de mejora, sirvan estas palabras de aliento para que en vuestras logias no cejéis de luchar por un futuro mejor: libre de ataduras y pletórico de prosperidad.

Salud y fuerza, queridos hermanos.

J. L. P. G.

suma discreción, si era hermano masón. Mi respuesta fue afirmativa y, una vez arriba, me recibieron varios hermanos de avanzada edad, entre ellos, el Diputado Gran Maestro, don Francisco J. Eymil Fernández. Con- versamos largo rato sobre las nume- rosas logias que tienen su ubicación en este insigne monumento, además de en otros lugares de La Habana; también tuve la oportunidad de entrar el que ellos llaman el «Templo Gótico», perfectamente acondicio- nado y donde tienen lugar sus teni- das habituales; luego me hablaron de cómo está a su cargo un asilo en la capital que acoge a un centenar de ancianos, y charlamos también de las relaciones entre la Administración de Castro y la Masonería, aceptada por el Estado porque, en esta hermosa isla del Caribe, es sabido que «la Masonería es la institución que más

es sabido que «la Masonería es la institución que más Caja de escaleras y barandilla con

Caja de escaleras y barandilla con símbolos masónicos.

Enero de 2006

Enero de 2006

Lutero, historia de una insolencia

Puede parecer que no son tiem- pos para los grandes debates teo- lógicos, ni para revisitar las controversias religiosas que agitaron Europa en el siglo

XVI pero como señala el pro-

fesor Antonio Elorza hoy somos muy conscientes de «la interactividad, tantas veces ignorada, entre las formas religiosas y su con-

texto» (El País, 21.12.05. Los rostros de la religión) por lo

que no se nos puede escapar

que nuestras viejas disputas teológicas co-dicen conflictos filosóficos, políticos e ideológi- cos de primera magnitud de cuya resolución más o menos definitiva son herederas nuestras sociedades modernas. Esta convicción ya fue expuesta sociológicamente por Max Weber en su obra El protestantismo y los orígenes del capi- talismo. Todavía hoy muchas de las cuestiones problemáticas de nuestra agenda se presentan también, so capa de conflictos teo- lógicos, a saber: terrorismo islamista, choque de civilizaciones, matrimonio homosexual, construcción europea, la Ley Orgánica de Educación, etc.

Si queremos entender Europa y el Mundo no podremos hacerlo sin entender el papel que han jugado en su conforma- ción actual las grandes controversias que han jalonado la evo- lución de las ideas, sabiendo además que hasta el siglo XVIII por lo menos, ideas significaba siempre y sobre todo ideas reli- giosas.

La película sobre Lutero que se exhibe ahora mismo en nuestras pantallas es una referencia obligada, para que noso- tros, educados en una sociedad que durante años se declaró legalmente católica, muchos además formados a la imponente sombra de Ignacio de Loyola, podamos comprender el papel revolucionario que más allá de su propia voluntad jugó el Reformador.

Cuando en abril de 1521, el monje Martín Lutero declaró en la Dieta de Worms «estoy sometido a mi conciencia y ligado a la palabra de Dios. Por eso no puedo ni quiero retractarme de nada, porque hacer algo en contra de la conciencia no es seguro ni saludable» estaba reivindicando el estatuto de su propia con- ciencia sobre la autoridad de Papas, Emperadores y Concilios. No sólo estaba poniendo en marcha la Reforma de la Cristiandad, provocando un gran movimiento religioso y espiri- tual, sino que también estaba levantando acta de la aparición del Sujeto. Un oscuro monje cometía la insolencia inconcebible de establecer como juez soberano de la verdad religiosa a su propia conciencia —no al Papa, ni a los Concilios, ni al Emperador— remitiéndose al fuero de su intimidad para interpretar la palabra de Dios, relativizando así el valor de cualquier mediación insti- tucional y jerárquica entre el individuo y el Logos.

Lutero fue un insolente en el sentido estricto del término, por cuanto contradijo de frente y con publicidad la solencia hasta entonces vigente, la conducta que se esperaba de él, la que solía mantenerse en esos casos, la que todos o casi todos consideraban de sentido común en ese trance: depositar su jui- cio en el juicio ajeno de la Comunidad y sus representantes. Como más adelante diría Kant, piadoso luterano, dejarse guiar no por su propio entendimiento sino por el entendimiento de quienes ejercían de guías oficiales, según el consabido dicho Doctores tiene la Santa Madre Iglesia. El Papado no supo ver en

tiene la Santa Madre Iglesia . El Papado no supo ver en aquella gesta sino un

aquella gesta sino un acto de soberbia y no el alumbramiento de una nueva forma de conciencia.

El ejemplo de Lutero fue ruidoso porque fue seguido de un movimiento político-religioso de ruptura del marco de referen- cia unitario, hegemonizado hasta entonces por la Iglesia

Católico-Romana.

Tal ejemplo no podía quedar encerrado en el ámbito exclu- sivo de lo eclesiástico. La reivindicación del tribunal del propio entendimiento tenía que trascender tarde o temprano al ámbito de la Ciudad y del Mundo. Cuando Descartes proclama el Cogito como fundamento de todo conocimiento, ese principio se constituye en piedra sillar de toda la Modernidad.

Después de Lutero vendrían Locke, Voltaire, Kant. El Sujeto se insolentó también con el Soberano, con la Ley, y proclamó sus derechos inalienables.

Martín Lutero, nacido en el seno de una familia de agricul- tores, en la localidad sajona de Eisleben el 10 de noviembre de 1483, se hizo monje y luego sacerdote agustino. En 1509 obtu- vo el bachillerato en Teología en Wittenberg e inició su magis- terio en la recién creada Universidad de Wittenberg. Como teó- logo se levantó indignado contra los abusos sobre los que se sostenía el sistema de recaudación romano de las indulgencias,

y publicó 95 proposiciones acerca de la doctrina de las indul-

gencias, desafiando a la autoridad eclesiástica que comerciaba con las cosas del espíritu. Negó fundamento evangélico a la

obligación del celibato sacerdotal, a las misas de difuntos y a la legislación eclesiástica. Negó la transubstanciación eucarística declarando que el sacramento es un fenómeno espiritual y no substancial, negando también que la misa fuera un sacrificio que se añadiera al sacrificio de la cruz. Rechazó los sacramen- tos que no tuvieran fundamento en las Escrituras, aceptando el bautismo y la eucaristía, pidió el matrimonio de los sacerdotes

y el establecimiento del divorcio. Luchó en contra del culto ido-

látrico de la Virgen y los santos, e introdujo el uso de la lengua popular en el culto, rechazando el latín y traduciendo la Biblia al alemán.

Olvidados ya los orígenes estrictamente religiosos de la controversia Reforma-Contra-Reforma, Europa, sin embargo, sigue discutiendo, con menos violencia, pero no por ello con

menor intensidad, sobre las grandes cuestiones que enfrentaron

a Lutero con el Papa León X, quizá ahora presentadas con otras

palabras, y bajo otras banderas, con otras terminologías, con otros dioses, con otros dogmas y otras ortodoxias.

Sin ir más lejos, algo tan básico como el concepto de Verdad en el ámbito de los valores, es entendido de forma muy distinta entre nosotros según la tradición intelectual a la que nos adhiramos. Mientras que algunas posiciones afirman la existencia de una verdad axiológica objetiva, la cual es cono- cida y definida, a través de una u otra institución dogmática, y frente a la que no cabe sino sumisión o rechazo, otras en cam- bio no aceptan la idea de un dogma que se pueda formular de una vez para siempre, y mucho menos una institución que se considere a sí misma depositaria y administradora última de esa verdad. Para esta tradición intelectual la aproximación a la ver- dad es más modesta y exige un proceso permanentemente abierto de diálogo y libre examen. Como seres humanos y como sociedad nos proponemos unos valores, que son fruto de una combinación de conocimientos científicos previos, de paradigmas religiosos y filosóficos, experiencias históricas y biográficas acumuladas y en última instancia de nuestra irre- nunciable libertad personal. Así somos y en esas estamos.

Javier OTAOLA

Abogado y escritor Defensor del ciudadano de Vitoria-Gasteiz

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El Pilar como tótem del Ebro

El diccionario de la lengua española define como tótem un objeto de la naturaleza que se toma como emblema protector de la tribu o del individuo y a veces como ascendiente o pro- genitor.

La columna de Zaragoza posee este carácter totémico y las celebraciones que giran en torno suyo tienen que ver con el cambio de estación el idus oto- ñal de los antiguos romanos; de hecho en Aragón descienden las temperaturas para el Pilar y se produce en la práctica el cambio de estación, con lo que estas festividades tienen que ver con los rituales de cristianiza- ción, entre los que se encuentra la veneración del antiguo tótem del Ebro como columna relacio- nada con la Virgen que a su vez actualiza en el ritual cristiano el culto a las primitivas diosas madre, cuyos primeros templos se erigieron en Europa, en la isla de Malta, 5.000 años antes de Cristo (los templos de Tarxien).

Si recurrimos a la antropología comparada, tanto las tribus de Mongolia, como las tibetanas (las stu- pas budistas), como las etnias de América del Sur (mayas e incas) recurren a rituales similares a los que rodean a la Virgen del Pilar de Zaragoza, ritua- les relacionados con el simbolismo del color que se aplica a amuletos protectores realizados con los colores del arco iris o cintas de ese mismo colorido, que en el caso de Zaragoza se venden en el cama- rín de la Virgen, pero que en las stupas budistas ondean al viento con simple apariencia decorativa, aunque tengan un hondo contenido simbólico.

El valor simbólico del color, retomado en el siglo veinte por los textos (cursos de la Bauhaus) y obras pictóricas de un Kandinsky, es tan antiguo como la humanidad, por eso no puede comprenderse en arte del siglo XX sin poseer una amplia cultura de base.

La pintura de Kandinsky se vuelve cada vez más conceptual y centrada en la vehiculización de sen- timientos, en la cual el color tiene un papel priori- tario. En sus cursos de la Bauhaus, analiza las sen- saciones que puede transmitir cada color. Estos cursos los había dado en la Escuela de Bellas Artes de Moscú, y son notas de profesor guionizadas, sin obtener un texto definitivo.

de profesor guionizadas, sin obtener un texto definitivo. — El rojo transmitiría tensión, calor, vida, fuego,

— El rojo transmitiría tensión, calor, vida, fuego,

y tiene un valor simbólico usado desde los antiguos egipcios. (Es el color de la energía vital.)

— El verde, tensión atenuada. (Tiene que ver con la intuición.)

— El gris, carencia de tensión.

— El naranja, tensión frenada. (Es el color de las

emociones y la energía sexual y el amarillo el de la iluminación.)

— El azul y el violeta, frialdad. (El azul es el

color de la creación y el violeta de la introspec- ción). (Aunque Kandinsky no aluda a un último color, las cintas de la Virgen utilizan también el blanco, símbolo de luminosidad, pureza y espiritua- lidad en todas las civilizaciones.)

Sus cursos de la Escuela de Bellas Artes de Moscú y de la Bauhaus, publicados en España por la editorial Alianza Forma, transmiten la fórmula habitual desde el punto de vista compositivo, recu- rriendo a los signos simbólicos tradicionales de las culturas de la Antigüedad, generalmente de tradi- ción geométrica, que se transmiten a los informalis- tas (incluido Tàpies). En todos esos signos se obser- va la tradición masónica, que también sirve para explicarnos las tradiciones pilaristas.

Carmen RÁBANOS FACI

Enero de 2006

Enero de 2006

Historia de la Masonería en España

Enero de 2006 Historia de la Masonería en España Los datos existentes atestiguan que la masonería
Enero de 2006 Historia de la Masonería en España Los datos existentes atestiguan que la masonería

Los datos existentes atestiguan que la masonería espe- culativa fue introducida en España en el primer tercio del siglo XVIII, a escasos años de su fundación en Inglaterra. Fue precisamente España la primera nación del continen- te europeo que solicitó constituir una logia regular bajo la soberanía de la Gran Logia de Inglaterra. Así figura en uno de los libros de Actas de la Obediencia inglesa, que data de esas fechas. Corría el año 1728 cuando se fundó esa primera logia en Madrid, en un hotelito de la calle Ancha de San Bernardo. Fue llamada indistintamente «La Matri- tense», «French Arms» o «Tres Flores de Lys». Sus miem- bros eran todos militares extranjeros. Por lo común, las escasas logias que durante el periodo de la Ilustración tuvieron cierta presencia en la Península, vivieron una

existencia fugaz, y en todos los casos estuvieron formadas por ciudadanos provenientes del extran- jero: militares, comerciantes, marineros y diplo- máticos principalmente. La razón de la nula pre- sencia de españoles en estas logias está en la prohibición que pesaba sobre las actividades masónicas: una desautorización que mantuvieron invariable los m onarcas Borbones Felipe V, Fernan-

do VI y Carlos III. Todos ellos expidieron edictos en contra de las sociedades secretas, aplicando disci- plinadamente la bula del Papa. Clemente XII, que condenaba a la excomunión a los «liberi muratori»

o francmasones. Desde el siglo XVIII hasta el XX se

sucedieron no menos de 500 edictos eclesiásticos antimasónicos. El Santo Oficio intervino en España

a fines del XVIII, abriendo proceso a varios indivi-

duos que fueron delatados por sus vecinos al adver-

tir éstos comportamientos sospechosos. Sólo unos pocos de los denunciados habían mostrado interés por la Masonería, aproximándose a ella más por ignorancia que por verdadero conocimiento de los fines que perseguía.

Habrá que esperar a la invasión napoleónica para que la Masonería despegue por fin en nuestro país. Paradójicamente será el ejército invasor el que siembre de Logias la geografía Ibérica. En realidad, la Masonería de este periodo es bicéfala. Por un lado estaban las logias de afrancesados, es decir, de opositores al régimen absolutista borbónico que, además, se sentían identificados con los planes revo- lucionarios importados de Francia. Logias con nom- bres tan significativos como «Beneficencia de Josefi- na» (en honor de la esposa del Emperador francés) «Santa Julia», «Almagro» o «Estrella de Napoleón». Todos estos Talleres constituyeron una incipiente y primeriza Gran Logia Nacional de España. En para- lelo a esta masonería autóctona, pero de innegable influjo francés, se encontraba un cúmulo de logias estrictamente bonapartistas y que dependían orgáni- camente del Gran Oriente de Francia. Por si queda- ba alguna duda de su raigambre francesa, el cargo de Gran Maestre de esta Obediencia lo ostentaba el hermano de Napoleón, el rey intruso José Bonapar- te. La importancia de esta Masonería bipolar radica en que, por vez primera en la historia del Reino de España, la Orden del Gran Arquitecto del Universo disfruta de plena libertad.

La vuelta de Fernando VII dio al traste con todo lo realizado por la balbuciente masonería española. A la libertad le sucedió la persecución sistemática; masones y liberales fueron asesinados, encarcelados o condenados al exilio. La represión cesó durante el Trienio Liberal. Tras el pronunciamiento de Riego, los masones recobraron de nuevo la libertad (se dice, sin contar con pruebas irrefuta- bles, que Riego mismo era masón). El rey Fernando juró de mala gana la Constitución liberal de 1812, y durante casi tres años los masones ocuparon incluso cargos gubernati- vos. En su novela El Grande Oriente, el genial Galdós des- cribió un panorama de la Masonería de aquel periodo real- mente muy poco edificante. «Al comparar la masonería española con la foránea, el resultado es demoledor para la primera: «los masones de todos los países —cuenta

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Galdós— existen tan solo para fines filantrópicos, inde- pendientes, en absoluto, de toda intención y propaganda políticas». En España la Masonería ha sido desde sus orí- genes «una poderosa cuadrilla política que iba derecha a su objetivo …proporcionar destinos, levantar y hundir adeptos»; «una hermandad donde del lado de hombres inocentes y honrados había tanto aprendiz holgazán que deseaba medrar y redondearse».

La Revolución liberal fue derrotada por la reacción fer- nandina con la ayuda de los antiguos enemigos franceses:

los llamados Cien Mil Hijos de San Luis; de nuevo la represión se cebó en las logias. Todo aquel que ejerciera empleo público estaba obligado a jurar solemnemente su no pertenencia a sociedad secreta alguna.

Muerto el monarca absolutista, el Gobierno de la Regencia que le sucedió cesó la represión, interesado como estaba en atraerse las simpatías de los liberales más egregios (masones muchos de ellos) frente a las demandas dinásticas de los carlistas. Los masones pudieron entonces incorporarse a la Administración y desarrollar sus trabajos con libertad relativa.

En 1868 estalló la «Gloriosa» y se abrió el llamado «Sexenio Revolucionario». Fueron años dorados para las logias; un periodo de tolerancia como no se había vivido antes. Hombres de Estado como Castelar, Pi y Margall, Nicolás Salmerón, Estanislao Figueras o Sagasta ostenta- ban altos grados en la Masonería. El liberalismo y el repu- blicanismo coincidieron en muchos de sus fines con la masonería. El lema «Libertad, Igualdad, Fraternidad» era común a todos ellos. Sin embargo, esta racha de bonanza tuvo su contrapartida en una enfermedad que ha caracte- rizado desde sus albores a la masonería española: el ansia desmedida de protagonismo de algunos de sus líderes, la desunión entre las Obediencias y la falta de coherencia ética de algunos de sus miembros. Un observador extran- jero, también masón, describió, muy gráficamente esta lacra: «…en vez de masonería es un burdel masónico polí- tico…Hay ahora en Madrid: el Gran Oriente Nacional de España…; el Serenísimo Grande Oriente de España…; el Serenísimo Grande Oriente Hispano…: el Serenísimo Oriente cuyo nombre no me acuerdo, pero que procede del Oriente Lusitano Unido… Individuos de nueve meses masones son hace tiempo grado 33. Hay Logia cuyo Vene- rable se ha comido hasta el nombre de Gran Arquitecto del Universo. Hay Venerables a quien se le ha formado causa misma por detentador de caudales…». Dos de estas Obediencias lograron rebasar la frontera entre siglos. Gra- cias al carisma, el liderazgo y las dotes organizativas del catedrático de Historia, don Miguel Morayta, el Gran Oriente Español se convirtió en pocos años en la Obe- diencia mayoritaria.

Al igual que el Gran Oriente Español, la Gran Logia Sim- bólica catalana-balear salió indemne de la crisis finisecular y amplió su radio de influencia a toda la nación, hasta que en 1921 se transformó en la Gran Logia de España.

La llegada de la IIª República fue analizada por los masones españoles como la ocasión por excelencia para hacer efectiva su triple consigna Libertad, Igualdad, Frater- nidad. 17 ministros de la República eran masones, un dato que habla por sí solo de la influencia recíproca existente entre el nuevo régimen y la masonería. Pero como ya ocu- rriera en el siglo precedente, la reacción política, materiali- zada en el golpe franquista, aprovechó el estallido de la guerra civil para poner en marcha una brutal represión que se llevó por delante a la abrumadora mayoría de los maso-

nes españoles. Los pocos que sobrevivie- ron lo hicieron en el exilio. Decenas de templos masónicos fueron saqueados y destruidos y su docu- mentación incautada. Los masones que no lograron ponerse a

salvo fueron detenidos

y fusilados sin forma-

ción de causa. En su celo represivo el fran- quismo no respetó ni a los muertos. Un de- creto del 21 de di- ciembre de 1938 esta- blecía que todos los símbolos e inscripcio- nes de carácter masó- nico que pudieran herir la sensibilidad de la Curia católica, fue- ran eliminados. El cementerio civil de Madrid fue de los pocos que se salvaron de la destrucción, debido, sin duda, a que la capital fue una de las últimas en caer en poder de las tropas franquistas, y una vez que la persecución y el exterminio de los opositores políticos vivos se puso en marcha, olvidaron hacerlo con los muertos.

El largo exilio de la masonería finalizó recién iniciada

la democracia, en 1977, cuando comenzaron los trámites

para la legalización de la Orden. Como era de esperar, la desunión siguió siendo la nota protagonista: el Ministerio del Interior tuvo que legalizar dos Obediencias: El Gran Oriente Español y el Gran Oriente Unido. Cada una de estas Obediencias pretendió vincularse a la tradición del Gran Oriente, la encabezada por Jaime Gil de Terradillos (con el nombre de Gran Oriente Español) y la presidida por Francisco Espinar Lafuente, con el nombre de Gran Oriente Español Unido. Esta última Obediencia, tras una serie de vicisitudes que sería prolijo detallar, dio origen a

la Gran Logia Simbólica de España; a la gestación de esta

Obediencia contribuyeron igualmente masones proceden- tes de la Logia «La Luz de Oriente» de Gante, compuesta por masones de la Gran Logia de Bélgica. Así mismo, se sumaron al proyecto individuos procedentes de la Gran Logia de España descontentos con esta última. Al margen de todos estos acontecimientos, la Masonería en la España democrática, con independencia de sus varias Obedien- cias, goza hoy día de entera libertad, sea cual sea el gobierno de turno. Los únicos ataques que recibe, proce- den de los sectores más tradicionales de la Iglesia Católi- ca y de ciertos escritores (Ricardo de la Cierva, César Vidal, Pío Moa…, etc.) muy críticos con la masonería por lo que califican de tendencias izquierdistas en su seno.

Nicolás BRIHUEGA

(Texto leído por el autor en el Ateneo de Madrid, el 11 de diciembre de 2004, con ocasión del 25º Aniversario de la legalización de la Masonería en España)

Enero de 2006

Enero de 2006

Socialmente incorrecto, ecológicamente incoherente

de 2006 Socialmente incorrecto, ecológicamente incoherente Sé que molestaré a más de uno. Que la verdad

Sé que molestaré a más de uno. Que la verdad es trémula pero siempre intrínseca y que alejarse del arte de mentir no es, por ende, políticamente correcto. No se trata de ejerci- tar una nueva historia de infamias, insultos o menosprecios. Se trataría de ponernos, todos, en línea con el único objeti- vo básico e irremplazable: Nuestra Supervivencia como Especie a Proteger dentro de un Eco-Sistema, suficiente, pero degradado hasta la extinción. Para eso tenemos que pisar la sensibilidad artera de algunos, verdadera de otros y aparente de la mayoría. Hacer crítica, y plasmar alternativas, por lo menos en el plano intelectual, paso previo a una necesaria revolución cultural, de ideas y costumbres. No voy a hacer una exposición detallada de las evidencias de la degradación medioambiental de nuestro planeta. Para eso existen tantos colectivos y organizaciones como falta de efectividad real en la solución de los problemas. No voy a meterme con los políticos empleadores de nuestro cliente- lismo. No voy a pensar que «esto» no tiene solución. Quiero agitar las conciencias y «maldecir» sobre las vidas (no tumbas) de todos los que por acción u omisión posibili- tan la muerte de la vida, el finiquito de los recursos de esta nuestra Tierra. ¡Menos discursos en defensa de la naturaleza! ¡Menos pro- testas contra la reacción y la especulación! ¡Menos derro- tismo y señalización de culpa ajena!… Y más reconocer que nuestra muerte es segura y que no vale esconderse en la res- ponsabilidad de unas generaciones futuras que no existirán. Pululan demasiados, y sesudos, análisis y alternativas. Pro- puestas que no sirven sino de excusa para diluir el proble- ma en la diferencia de criterios, en las acciones a empren- der para la resolución total. Otras veces dejamos en la parcialidad (… como no podemos acometer todo…) nues- tra carencia de criterio, y nuestra coherencia en costumbres preservadoras. Dejando al Autoengaño como única eviden- cia y alternativa a nuestra Derrota. ¿Se consume el planeta?: ¡Menos ideología, menos consu- mo! ¿El cambio climático es irreversible?: ¡Menos Kyoto y más sabotaje a la compra de emisores! ¿Comienza a faltar agua para vivir?: ¡Menos juegos políticos de cuencas, menos despilfarro clientelar y más ahorro! ¿El aire y el ruido nos consumen?: ¡Más naturaleza y menos diversión! ¿El

fuego elimina nuestros bosques/oxígeno?: ¡Menos quejas aparenciales y muerte (social) para el pirómano/especula- dor!, etc., etc. Las evidencias, siempre, dejan en paños menores nuestras conciencias satisfechas. La Evidencia nos pone ante el espe- jo de nuestras miserias y nos proyecta, porque no somos capaces de reconocer que nos encontramos cómodos en nuestro papel denunciador; pero incapaces, individualmen- te, para dar respuestas a la demanda de la Vida. Insultamos a los especuladores, pero no posibilitamos reba- jar el parque de viviendas vacías. Insultamos a la reacción pero dejamos arrasados y sucios los lugares que llamamos de festival o diversión. Damos lecciones de democracia a nuestros hijos, pero consentimos sus graffiti y su basura en suelo. Nosotros que denunciamos el agujero de ozono, que seña- lamos a los gobiernos como autores únicos de esa desfa- chatez (¡mi conciencia tranquila!) compramos, día a día, coches más potentes, electrodomésticos más contaminado- res, tecnología más degradada. ¡Tranquilos! Ya nos lavamos, en costumbres, con el buen hábito del reciclado. Ilusión tras ilusión hasta la… derrota final. Y digo bien: No vale reciclar y luego salir de acampada y dejar nuestro ras- tro, esparcido, sin limpiar (basura en bolsa a casa). No vale que para manifestar nuestra modernidad, progre y vindicativa nos divirtamos en los circuitos más tecno- guays…. y que luego no crezca la hierba por nuestra conta- minación arrasadora. No es de recibo que acudamos a una «mani» y luego pon- gamos nuestra moto en estruendo pavoroso. Coherencia… Coherencia. Criterio… Criterio… Responsa- bilidad. Personal, no proyectada en el otro. Tiene que ser posible compatibilizar nuestra producción, nuestro ocio y nuestras costumbres con un vivir sostenido más que con un desarrollo sostenible; coherente más que reivindicativo; vital más que aparente. Y… (lo siento)… menos progresía de palabra, menos movi- miento alternativo y mas coherencia en nuestras vidas. No seamos estúpidos… y suicidas. Esto ya no es ninguna tontería con diferentes apreciaciones. Nos estamos jugando la SUPERVIVENCIA COMO ESPECIE Y EL ECOSISTEMA QUE NOS SUSTENTA. Por lo tanto: muerte social para pirómanos, especuladores, consumidores irracionales de electricidad, derrochadores de agua, contaminadores de aire, para ruidosos, incultos y maleducados, para furtivos de negocio, para… ¿Y las pequeñas cosas…chicles, papeleras, orines, suciedad, vasos, litronas…? MENOS ECOLOGÍA DE PALABRA. EL SISTEMA VA POR OTROS CAMINOS. NO VAYAMOS POR LOS MISMOS CREYENDO QUE SÓLO CON NUES- TRA IMAGEN ES SUFICIENTE. ¡DEMOSTRÉMOSLO! DE LO CONTRARIO MERECERE- MOS QUE EL FIN ANIQUILE NUESTRAS VIDAS. Decía Jorge L. Borges que la HISTORIA de la humanidad se convierte en INFAMIA, porque nos especializamos en el Arte de Mentir, sobre todo, a nosotros mismos. Posibilitemos que la humanidad se desarrolle en tres dimen- siones. Si tuviera que decantarme por una, ahondaría en Profundidad.

José Ramón SÁNCHEZ

N˙m. 24

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La última frontera de la esclavitud

Seamos serios, tenemos, como hombres, una oportunidad única de, aunque sea parcialmente, saldar deudas con el pasado, ese gran pasado que abarca desde el aún fresco ayer hasta nues- tra más remota historia, hasta probablemente casi el inicio de nuestros andares como humanos. Ahora, tal vez, os asalten las dudas ¿qué deuda puede ser tan

antigua? ¿Algo que ver con la religión tal vez?, ¿algo con el medio ambiente que está de en boga actualmente? ¿O será con la igual-

dad?

Sí y no, es cierto que las religiones, más bien, las creencias diversas en algo superior que orienta, sustenta o condiciona nues- tras vidas tienen su origen en ese remoto pasado, desde que el ser humano tuvo el mínimo atisbo de razonamiento la necesidad de

creer en un ser superior que diera orden y sentido a lo inasumible

o inentendible, o simplemente, al descargo de sus responsabilida-

des se estableció en la mente. Por lo que se refiere a la igualdad, mejor dicho, a las desigualdades tampoco aunque también es igual de probable que nacieron probablemente con nuestro ori- gen en esas batallas por la supervivencia de las especies donde el más fuerte imponía e impone su ley a quienes eran más débiles. Con respecto al medio ambiente tampoco porque desde luego toda la polución, hasta donde podemos analizarla es bastante más cercana en el tiempo, el hombre inició su ímproba tarea de des- trucción del medio, talando árboles y provocando incendios, en tiempos muchos más cercanos, si bien se puede medir su recorri- do en período de siglos. ¿Será acaso, algo relacionado con nuestros miedos o nuestras ambiciones?, ¿serán lo que la religión cristiana tuvo a bien llamar los siete pecados capitales?

Tampoco, no niego que todos tenemos miedos absurdos que adecuadamente aleccionados han sido y son un yugo para nues- tro crecimiento humano, siempre utilizados hábilmente por los diferentes poderes para socavar nuestra ansia de ejercer el dere- cho a actuar libremente. Los siete pecados capitales no dejan de tener dos caras según y cómo se observen aunque desde luego estaríamos mejor sin ellos.

Y, entonces, ¿a qué me refiero?, ¿al matar acaso? Puedo afirmar que el matar está implícito en todos los posi- bles enunciados incorporados más arriba, aunque por su especial incidencia, por supuesto, mereciera una reflexión individual, pero no, me refiero, si cabe, a un asunto más reprobable que el propio asesinato. ¿Qué puede ser tan indigno que supere al acabar fría- mente con la vida de otra persona?, imposible no puede haber nada ¿o sí? Creo que sí y voy a sustentarlo con el siguien-

te razonamiento.

otro hasta sus últimas consecuencias, poner por encima o, como mínimo, en paridad a lo ajeno con lo propio, íntegra es aquella persona, en definitiva, donde la ética no tiene fisuras. Con estas asunciones, ¿cuál es la deuda? Caballeros, y fíjense que digo caballeros, es una deuda que tenemos con todas las mujeres que han transitado por la tierra desde su inicio. No solamente no les hemos permitido, ni les per- mitimos, vivir en régimen de igualdad con el hombre ¡como si

nosotros tuviéramos la potestad de decidir el régimen!, sino que, por ejemplo, aún hoy en los países calificados como más desa- rrollados, apoyándonos en falacias inmensas, paternalistas todas ellas, seguimos manteniendo y desarrollando leyes que amputan sus posibilidades de ser iguales. Así vemos que a una trabajadora

se le «concede» la baja de maternidad por un período determina-

do; de esta manera apoyamos su relación con la criatura recién nacida, pero simultáneamente mermamos su acceso al desarrollo

laboral, si no ¿por qué no se legisla que la baja tiene que ser com- partida obligatoriamente por ambos en turnos sucesivos se quiera

o no? Así las empresas no harían distingos en la contratación,

saben que ambos, si tienen hijos, dejarán de prestar sus servicios por el mismo tiempo determinado.

Pero esa deuda con todas las mujeres no es la igualdad, es una deuda de dignidad hacia ellas, seguimos teniendo en todas nues- tras sociedades auténticas esclavas potenciadas, mantenidas y aceptadas si no por todos y cada uno de nosotros sí por la gran mayoría. Aún hoy consideramos que la prostitución es inherente al ser humano, el sexo pago, con eso de que es pago, es acepta- ble, también los trabajadores (mayoritariamente hombres por cierto) en los siglos XIX y comienzos del XX eran pagos pero aprendimos a reconocer que era absolutamente inaceptable por sus condiciones inhumanas. No, señores, el sexo forzado,

pago o no, es una violación en toda regla, atenta contra la dig- nidad de la mujer, es una tortura continuada, es la anulación de

la persona obligada a esclavizarse para subsistir y son ¡millones

de esclavas en todo el mundo! De todas las edades, raza, clase… Auténticos campos de exterminio psicológico reparti- dos como granitos por este globo habitado, no es la superiori- dad de la raza aria sino la perviviencia de la superioridad del hombre sobre la mujer, no son hornos crematorios pero, aun sin serlo, aniquilan a miles de forma también callada, lo que es peor, consentida, y así podía extender en similitudes de holo- causto sin caer, reconozcámoslo, en catastrofismos cine- matográficos, solamente pincelando la cotidiana reali- dad de nuestro entorno más cercano.

la cotidiana reali- dad de nuestro entorno más cercano. P or eso, señores, tenemos una oportunidad

Por eso, señores, tenemos una oportunidad única de cambiar el curso de la historia, de lle- var la dignidad a quienes teniendo derecho a ella, por no tener acceso no pueden serlo, tenemos que ser capaces de exigir a quie- nes legislan que persigan a quien deman- da los servicios de la prostitución, que lo detenga y lo juzgue por delito contra la dignidad de la persona. No debemos, sin embargo, descargar toda la responsabili- dad exclusivamente en los legislativos de turno, hemos de ser capaces de comba- tir esta guerra en las trincheras indivi- duales con nuestras actitudes, con, en definitiva, nuestra palabra como arma efectiva. Dejémonos de hipocresías y, en lugar de perseguir y castigar al débil, condenemos a quienes les hacen débiles, desterremos de nuestras vidas el mal denominado «Oficio más antiguo del Mundo»; en caso contrario, seremos, por pasividad, cómplices de ello.

José BUENO

Yo asumo que lo peor que se puede realizar

a otra persona es la tortura, física o sicológica, hasta un estado en el cual desee perder su propia vida para terminar con el proceso en

el que se haya inmersa, todos podemos con-

tar historias en ese sentido, y la propia HIS- TORIA está poblada de acontecimientos de esa naturaleza, individuales y colectivos. También asumo que uno de los valores que más nos identifica como personas es la integridad, sobre ella está nuclearizado nuestro hacer cotidiano, su presencia o ausencia nos define ante nosotros mismos y ante la sociedad. También reconozco que la integridad, como tantos grandes conceptos, ha sufrido y está sufriendo tempestades banaliza- doras en el afán de catalogar a cualquier perso- na como íntegra, cuando en realidad no son más que consecuentes con sus ideas. Integridad es bas- tante más que eso, es ser honesto, respetuoso con el

Enero de 2006

Enero de 2006

Las divisiones de la Masonería

Desde antiguo, o al menos en España cuando se desea defi- nir a las distintas masonerías, se realiza una clasificación ambi- gua como es masonería liberal frente a otra conservadora, o dog- mática frente a otra a la cual se caracteriza como adogmática. Y se da el caso luego que en una Obediencia la que sitúa en la ultraliberalidad como es el GOdF (Gran Oriente de Francia) o la GLSE (Gran Logia Simbólica Española) pues hay logias y maso- nes amantes del iluminismo o de los ritos templarios, y en cam- bio en las que se consideran como dogmáticas pues hay mili- tantes activos del internacionalismo y militantes de la izquierda republicana. Lo cual en parte nos rompe los esquemas. Las clasificaciones o sistematizaciones en que tópicamente se suele dividir a las Obediencias masónicas, y me estoy refi- riendo, a cuando caracterizamos conceptualmente a la masone- ría en dos grandes bloques: masonería «regular» y masonería «liberal», emboscándonos en un cenagoso firme en el cual la generalización hace que se pierdan muchos conceptos, sobre los que creo debemos reflexionar. Por tanto, para salvar en parte ese empatanamiento «con- ceptual» propongo una clasificación distinta, y muy alejada de los tópicos, pero que creo que en líneas generales, puede resul- tar más fácil de entender por qué las distintas Grandes Logias y Orientes adoptan unas u otras Constituciones o landmarks, o el porqué de la aplicación rigurosa y hasta dogmática de esas directrices ritualísticas, o por el contrario del inmovilismo que impera en algunas Obediencias, o del espiritualismo que presi- de todo el ámbito de trabajo otras, o los aspectos de seculariza- ción que algunas predican… Estoy hablando de ese «corpus ideológico» del cual se revis- ten las Obediencias que se llama Rito y se ejercita como ritual. Tal vez, bajo un prisma de clasificación novedoso podamos entender por qué existe esa negación continuada por parte de algunos investigadores, masones y Obediencias a plantear la existencia de una filosofía de la masonería, tal y como nos plan- tea Giuliano di Bernardo en su trabajo: Filosofía de la Masonería 1 . Tal vez, esa renuencia es debida a que el terreno de la ambi- güedad es un buen estanque donde todos pescan, y queda poco espacio para las explicaciones enojosas, aunque luego esas sim- plistas clasificaciones pasan factura. Es evidente que ir a la simplificación entre masonería liberal

y regular, nos está superando y a veces se nos queda coja, como tal clasificación al uso, al menos a mí me quedan cortas. Creo que hay que ir a otra clasificación que nos permita «ver» la idiosincrasia y la «ideología» que hay detrás de las «Obediencias», y por tanto habría que dividir a la masonería en otro tipo de compartimentación que nos permita reflexionar con más precisión acerca del corpus que las conforma, que es por un lado la tradición, y por otro el Rito expresado en el ritual. En este caso siguiendo la línea argumental de D. Ligou 2 , podríamos generalizar que la masonería se divide en cuatro blo- ques masónicos 3 :

Se ha de tener en cuenta que estamos ante un sistema abier- to, sin concluir, y que por tanto está abierto a ser complementa- do, ello sin olvidar que existen los particularismos Obedien- ciales, geográficos, políticos-religiosos que dan una nueva configuración si entramos en el detalle. MASONERÍA BÍBLICA: Bajo esta concepción masónica se sitúa de forma definida la Gran Logia Unida de Inglaterra (GLUI)

y las grandes logias americanas.

Nace esta masonería en el medio protestante, sin que ello signifique o conlleve un conflicto con otras profesiones religio- sas como la católica u otras ramas del protestantismo, ya que el punto de confluencia es el GADU (Gran Arquitecto del Universo) que se conceptualiza como voluntad revelada. Tal masonería huye de colocar a la masonería como movimiento filosófico que admita cualquier orientación u opinión. En gene- ral podríamos considerar que tal masonería actúa como un sos- tén de la religión. Es una masonería que basa toda su tradición en la Biblia, y no en la Biblia en general, sino en el Viejo Testamento, del cual por una parte extrae el «corpus» general, y luego hace una pro- fesión de fe en el desarrollo neo-testamentario. En general es una masonería que practica el RITO DE EMU- LACIÓN 4 (RE) 5 . Rito codificado en 1813 en Gran Bretaña, por una logia de «Iniciación», compuesta de «Modernos y Antiguos» que fundaron la GLUI. A juzgar de la opinión de algu- nos investigadores, éste es de los mejores ritos conservados. Bajo esa concepción de tradición hace una lectura «dogmá- tica» de las Constituciones de Anderson. Bajo cuyo patrón se desarrolla el trabajo en tenidas, en las cuales no hay trabajo filo- sófico, «puesto que la masonería no es un movimiento filosófi- co o de opinión» y por tanto se descarga en el ámbito horario y geográfico de los Ágape todo el trabajo fuera ya de logia. Dicho Rito está compuesto de tres grados, más un complementario a la maestría. Este Rito exige la creencia en Dios y la inmortalidad del alma, y por tanto en sus rituales, hay un momento reservado para la oración elevada al Altísimo. Es por otro lado una masonería con una larga presencia en Estados Unidos hasta donde han llegado las influencias de las logias anglosajonas, irlandesas y escocesas y de la propia Francia. Pero hay una, pese a la disparidad de Grandes logias, una por Estado, una cierta uniformidad homogénea en el corpus ritualístico: «la creencia en Dios, la presencia de la Biblia, la defensa de toda actividad política y la neutralidad en materia religiosa y una cierta fe ciega en la obediencia a la ley moral.» Es una masonería que se extiende con ciertas singularidades por el sudeste asiático y se registra con una importante presen- cia en las colonias anglosajonas, y en aquellos lugares como España, la Gran Logia de España (GLE) tiene en la costa medite- rránea una serie de talleres compuesto mayoritariamente por extranjeros, ingleses, alemanes, etc… que están en dicha órbita y que forman parte de la masonería española de la GLE, pero son el enlace directo con la GLUI. Luego tendríamos la MASONERÍA MÍSTICA: Es una masone- ría más exigente, pues busca en el Ritual un complemento a la religión positiva, aunque también le sirve cualquier sucedáneo. Aunque existe una masonería mística protestante (exclusiva- mente luterana) en incluso interconfesional, esta masonería se encuentra fundamentalmente en los países nórdicos y anglosa- jones. Su libro básico también es, como no podía ser menos, la Biblia. Esta masonería se enraíza o se desarrolla a partir de los Altos Grados del siglo XVIII, y que bebe en parte de la masonería mís- tica católica (Gran Logia de Francia, 1750), Capítulo Escocés Trinitarios de Pirlet, etc.). Practican el RITO ESCOCÉS RECTIFICADO (RER), cuyo Rito emana de otro denominado «Estricta Observancia», y que a su vez deviene del Rito Templario. Rito instaurado en 1780 y que se engarza en el espíritu cristiano y la leyenda templaria jacobita. De ahí que a este tipo de masonería se la llame de «San Andrés».

4 Aunque su origen es confuso, puesto que se argumenta que fueron los Jesuitas en 1777 lo que en Londres lo introdujeron, y hay quien afirma que fueron los Estuardo quienes los implantaron en Francia, y finalmente hay quien sostiene que fue el Caballero Ramsay en su estancia en Oxford quien 1728 lo introdujo en la gran reforma de Gran Logia de Londres.

5 Aunque es un rito practicado fundamentalmente por la GLUI, ello no es óbice para que sea practicado por otras Grandes Logias u Orientes pero en ocasiones desde una perspectiva más aligerada o laicista.

1

Giulano di Bernado es profesor de la Universidad de la Ciencia en Trento y fue Gran Maestre del Gran Oriente de Italia. Su libro: Filosofía de la Masonería (La imagen masónica del hombre), está editado por Iberediciones.SL. Madrid 1991.

2 Referencia en la bibliografía utilizada. Daniel Ligou es un prestigioso estudioso de la masonería y miembro del GODF.

3 Cuando se expone el tema del pequeño bosquejo historiográfico de los Ritos, no se trata de ajustarse a la definición más exacta de su historia, sino de reflejar un simple bosquejo que nos ayude a situarlo en el contexto general.

N˙m. 24

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., Andrés, Escuderos Novicios, y Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa (estos dos últimos grados no son masónicos), aun- que sólo pueden acceder a ellos los poseedores del cuarto grado. En general, aunque su límites geográficos están muy defini-

dos, han ido penetrando los ritos anglosajones. En general pos- tulan en líneas generales, y con matizaciones, una esencia divi- na, absoluta y creadora, de la cual todo emana y a la que todo debe tender. Tratando la cuestión del GADU, «como un Dios no eterno, sino como un Dios a construir que brota de los actos y pensamientos humanos en la medida que éstos están vinculados

al conjunto de movimientos y evolución del Universo». Ya en un campo más modernista tendríamos la MASONERÍA

ESOTÉRICA de tipo (LAICA): Es una concepción masónica «libre

o independiente» de la creencia religiosa, donde el simbolismo

se trabaja desde una concepción religiosa positiva, bajo primas racionalistas. Aunque se asienta, igualmente, sobre un desarro- llo testamentario a través de la adopción de San Juan como su patrono, y punto clave de su concepción metafísica. Busca el difícil equilibrio entre racionalismo y espiritualismo

y esoterismo, y añade o contempla como parte del trabajo masó- nico, temas como la cábala, el hermetismo, la teosofía, etc. El Rito practicado en este tipo de masonería es mayoritaria- mente el RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO (REAA). Este rito es el más practicado en la masonería europea, y es un rito que denominaríamos RITO CENTRISTA (Ligou), muy estético y cómodo para su trabajo y desarrollo. Nos dice Ligou: «que tiene

una gran plasticidad y el horizonte en el que trabaja está abier-

to a las especulaciones masónicas sobre el plano simbólico bien

entendido». Aunque es un simbolismo masónico que se enraiza en los conceptos religiosos con una cosmovisión propia. Su origen hay quien le remonta a los viejos tiempos de la creación, aunque su rastro se encuentra en 1742 en la obra del abate Perau, Le secret de FM. Sin embargo hay quien confirma o pregona que fue institui- do en 1762 en las grandes Constituciones de Federico II de Prusia, y parece que fue trabajado en Escocia en 1846. Bajo esta concepción estaría la GLSE (Gran Logia Simbólica Española) y DH (Derecho Humano). El REAA es un rito de 33 grados, donde los tres primeros son los llamados simbólicos, luego estarían los de Perfección, los Capitulares y los Administrativos. El desarrollo de este gran Rito por su elasticidad conceptual

es practicado por innumerables Grandes Logias y Orientes, entre

los cuales hay grandes diferencias de concepción y de desarro- llo del propio Rito, que se presta a ese Centrismo del que nos habla Daniel Ligou, en varios de sus libros. Sus defensores o referentes son Oswal Wirth o Paul Naudon, o Jean Pierre Bayard.

MASONERÍA SECULARIZADA: Es una concepción que sin

olvidar los principios andorsianos, éstos se reinterpretan desde una concepción y sentido amplio y moderno, puesto que supo- ne una ruptura al beber en los manantiales de La Ilustración y, cómo no, de librepensamiento. Es una masonería que expresa en esa apuesta por la Libertad Absoluta de Conciencia dentro de

la lo logia y del masón.

Hay un reduccionismo, expresamente buscado, de la carga sincrética y esotérica del simbolismo y del propio Rito, hasta tal punto que se llega a obvia el GADU, lo que supuso una total ruptura en la masonería continental. Pasando el GADU a cons- tituir un símbolo formal en sus trabajos, «haciendo desaparecer casi prácticamente de su filosofía el carácter iniciático en su ver- tiente más esotérica.

Escocés de S.

Sólo conoce seis grados

.,

.,

Es una masonería eminentemente positivista en la cual se aco- moda un metodología ritual como el Rito FRANCÉS, en sus diver- sas corrientes (RF), sin que ello suponga obviar otras presencias ritualísticas, bajo cuya filosofía se sitúa el GOdF, que trabaja el REAA y el RER pero bajo ese prisma de descarga esotérica. El RF Fue creado en París (RFM) en 1761 en base «a un racio- nalismo útil» encontrando una verdadera tradición masónica y se basa en los tres grados simbólicos de la llamada Masonería Azul:

aprendiz (1º); Compañero (2º); Maestro Masón (3º). Hay que anotar que la práctica de algunos otros Ritos, por ejemplo del REAA, por parte del GOdF, o de otras Obediencias

ejemplo del REAA, por parte del GOdF, o de otras Obediencias está generalmente aligerado de la

está generalmente aligerado de la carga que pudiera tener en otras Obediencias más de carácter bíblico o espiritualista, donde se recargan más las vertientes caballerescas y esotéricas del RITO. Esta puede ser una consideración de clasificación que se presta a una mayor riqueza y a explorar más las corrientes que se dan bajo el RITO, que marca el trabajo obediencial. Es esta una clasificación o conceptualización que ya ha tenido sus problemas y detractores, aunque parece que a la mayoría le viene bien situarse en conceptualizaciones como «Masonería Simbólica Regular», que representaría la Gran Logia de España, y en «Masonería modernista», al Gran Oriente de Francia o a la Gran Logia Simbólica Española.

Víctor GUERRA

Enero de 2006

Enero de 2006

Cantautores de aquí y de allá

Enero de 2006 Cantautores de aquí y de allá La proyección del quehacer de los cantautores

La proyección del quehacer de los cantautores es un fenómeno fascinante. La amplitud de asuntos que abor- dan los hace artistas politemáticos. Son espejo donde se ven reflejados sucesos de actualidad, aspiraciones colectivas y sentimientos individuales. La difusión de sus canciones es aparentemente un misterio por ser un campo que, hoy por hoy, no obtiene la aprobación de los medios promotores de la subcultura dominante, mayoritariamente comercial y anglosajona, proyectada exclusivamente hacia un mercado artificialmente crea- do para mantener una dinámica lucrativa. La alienan- te intromisión del poder mediático, ha producido una apisonante moda mercantilística, que ha engendrado confusión en la terminología conceptual que define los perfiles y características de cada tipo de música. La des- mesurada cantidad de efímeras denominaciones de fal- sas formas musicales, generalmente bailables, es abru- madora. La fiebre especulativa de las modas es un torrente absurdo de material desechable. Lo rescatable es proporcionalmente ínfimo. El derroche encandila los bolsillos acríticos. Los oyentes de la música popular de autor saben cla- sificar nítidamente el tipo de música de su elección por muy vasta y variada que sea la oferta. Para no reducir aún más sus posibilidades de actua- ciones públicas, los cantautores amplían su repertorio temático, enriqueciendo de este modo la variedad de los argumentos de las letras de sus canciones. Hay una tendencia generalizada a enmarcar al artis- ta como monotemático o de caracterizarlo por el empleo de un vocabulario y un procedimiento repetitivos, es una estrecha visión de lo que es estilo. El abanico inventivo del cantautor es diverso, como en cualquier artista que se precie. Recurre a y recorre los ámbitos del folclore, de la canción tradicional, de la popular y, a veces, entronca con la canción lírica del entorno de la música clásica. Razonable es la adhesión ideológica que sustenta un buen número de sus cultores, puesto que sus temas están enraizados en el folclore rural y en la tradición popular

urbana, por lo tanto, a las capas sociales trabajadoras directas. De aquí provienen las supuestamente diferentes denominaciones con las que se pretende clasificar su producción, tal como cuando se dice «canción compro- metida» y en realidad lo es por coherencia con de adón- de proviene y a quiénes se dirige, que es la gran mayo- ría. Toma el nombre de «canción política» al definirse por una visión sustentada por un partido o por una coa- lición que refleje el ideario del cantautor. También se le ha llamado «canción protesta», cuando su tema versa sobre denuncia de una inmoralidad, de un abuso, en fin, de una injusticia. Otro nombre que se le adjudica es el de «canción de autor», aunque debido a la estrecha liga- zón entre poesía y canción (por algo canción es canto, predominio de la expresión oral sin merma de la línea melódica) sus intérpretes eligen textos escritos por poe- tas, aportando ellos la composición musical y su inter- pretación personal, si bien, mayormente, difunden letras y música de producción propia. El cantautor se presenta ante el público con unas características que lo hacen único: su vestuario remitirá al espectador al lugar de origen del protagonista; un poncho, un sombrero, un pañuelo de cuello, bombachas o cuales- quier otros atuendos específicos de su tierra o, por el con- trario, lucirá una indumentaria de poblador de barrio de ciudad cosmopolita, generalmente de color negro. De esta forma su herencia tradicional y la de su origen quedan representadas en su persona. Otras peculiaridades son la utilización de la voz a la que le da un timbre propio. Igual ocurre con el tratamiento musical que le proporcione a su instrumento, generalmente la guitarra, fácil de portar y dúctil a las inflexiones impulsadas por los sentimientos del intérprete. Estas y otras características suelen converger en la filiación del cantautor sin omitir que todas ellas habi- tualmente ostentan a las claras que se oponen a los con- vencionalismos burgueses. Su extracción social es variopinta. Es frecuente que provengan de capas económicas medias o bajas. Son buenos lectores, fruto de sus lecturas y de su experiencia vital es la consecución de letras de canciones bien con- cebidas por su claridad y objetividad. Poseer una volun- tad a toda prueba por obtener de sus composiciones, de su voz y su instrumento un alto grado de identificación y método para una mejor difusión de su mensaje, son materias coincidentes en su trabajo artístico innovador. Muchos viven modestamente. Resisten el tráfago de una existencia insegura. Es asombroso constatar cómo pueden componer canciones de una aparente esponta- neidad por su frescura y persuasivo o convincente plan- teamiento, sobreponiéndose a azarosas vicisitudes. Son los continuadores, en algún sentido, de los héroes popu- lares rebeldes y justicieros, legendarios, remotos auspi- ciadores de democracias en ciernes. El hilo histórico conducente a sus orígenes se pierde en la más antigua protohistoria. El desenfadado espíritu goliardo afortunadamente continúa empapando la pasión crítica, humorística, irónica, satírica y socarrona que siguen utilizando y que también demuestra una parte de la psicología de los artistas cantautores que tie- nen sus antecedentes documentados en tiempos anterio- res al siglo XIII, época de aparición de los cármina lau-

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des, odas, himnos, etc. Los juglares del siglo X, ya

entonces eran habitualmente condenados por la Iglesia.

Los que sí fueron aceptados para actuar en castillos y

monasterios eran los «juglares de gesta», narradores de proezas favorables a las cúpulas de poder. En el siglo

XIV los músicos profesionales pasan a llamarse ministri-

les. De éstos, los afortunados eran acogidos por la rea-

leza y la nobleza. La mayoría erraba como vagabundos

pobres y desasistidos. Los trovadores en la lengua provenzal y los troveros en la lengua de oil propagaron desde fines del siglo XI

sus relatos versificados y musicalizables desde Francia a España e Italia, influyendo también en los Minnesingers alemanes y otros cultores de centro y norte de Europa. Se tienen noticias sobre algunas corajudas mujeres tro- vadoras. Poesía y música van acendrando a través de ellos el desarrollo del arte y la cultura. Desandar el camino histórico en busca del origen de los cantautores es un hecho esclarecedor y fundamenta la evidencia

que la música no admite exclusividades absolutas, que

es internacionalista. Al desplazarse aporta logros que

son novedades en espacios distantes, donde es acogida y reformada dentro del marco característico que identifi- ca al país receptor.

La música folclórica, la tradicional y la urbana son nexos de unión. No deben ser tratadas como elementos de separación por ser puentes concatenantes a través de las cronologías aborigen, autóctona y mestiza que man- tienen recreadas las esencias identificables como autén- ticas, como propias, ya que definen sentimientos huma- nos sin perder sus peculiaridades distintivas. La música no requiere de traducción para invocar percepciones comunes a nuestra especie, más allá de la pigmentación de la piel y de las memorias de cada país. Y son justa- mente aquellos artistas que mantienen viva la exaltación de las aspiraciones humanas siempre en aumento, y que las expresan con mayor claridad y contundencia, los que dan la materia prima para las obras de más complejidad técnica que son la base de la construcción de la capaci- dad creadora del hombre.

Rolando MIX TORO

Compromiso político

Los griegos del siglo de Pericles llamaban «idiotés» al compatriota que se desentendía de la cosa pública. En nuestra joven democracia, hace tiempo que estas actitu-

des, a veces patrocinadas por seudointelectuales, han

puesto de moda eludir lo público, desentenderse de la política y sugerir que lo propio del ciudadano es «ir del corazón a sus asuntos».

Se ha dicho que la política se hace con nosotros o con- tra nosotros. En todo caso no es posible desentenderse de la política, que rige tantas cosas que afectan a nuestra con- vivencia, tantos de nuestros intereses y estímulos vitales. Ortega y Gasset decía que la política es una actividad espiritual secundaria, pues pertenece al terreno de lo útil. Es, por ello, necesaria y requiere nuestro concurso. El interés por lo público forma parte, además, del ejercicio de una ciudadanía responsable. El nivel de compromiso con lo colectivo denota la madurez de un pueblo, como la calidad moral de una persona gana dimensión por su implicación con la realidad social –transformarla es el reto permanente–, la «maxima mora-

lia» a la que se refería José Luis Aranguren.

Los hombres de la transición, con ejemplar consen- so, contribuyeron a que la España democrática y consti- tucional sea un país próspero, eficiente y respetado. Es cierto que hay lagunas de irracionalidad, tareas de modernidad pendientes, pero también se han producido avances formídables. España es hoy un país serio: el pro- ceso de libertades y la Constitución de 1978 marcan su resurgimiento. La francmasonería hunde sus raíces en la libertad y sólo con la democracia puede existir. El núcleo de la masonería se nutre de libertad, fraternidad, justicia. Es nuestra declaración de objetivos una comunión con los principios democráticos que inspiran las constituciones de todos los países libres del planeta. El masón está compro- metido con la democracia, la libertad y el progreso; sólo el respeto a la pluralidad veda la discusión en la logia.

Nos interesa la política, el viejo y noble arte. Nos inte- resa España, la «España del cincel y de la maza» que que- ría Antonio Machado. Entre nosotros no puede haber per- sonas desentendidas de la democracia, desafectadas de las libertades, enemigas del progreso, pero sí tantas sen- sibilidades, opciones e inclinaciones políticas como fue- ren posibles bajo una óptica –la pluralidad– inequívoca- mente democrática, y una dimensión –la unión en la diversidad– generosa y humanista.

Jesús AZNAR

inequívoca- mente democrática, y una dimensión –la unión en la diversidad– generosa y humanista. Jesú s
Enero de 2006

Enero de 2006

La Masonería Liberal y Adogmática ha retomado la tradición de una Masonería independiente, democrática y pluralista, reuniendo en sus Logias a hombres y mujeres de diferentes tendencias, posiciones o credos, para crear una escuela de libertad. En definitiva, sus miembros no se someten a una voluntad sino que crean su propia voluntad.

se someten a una voluntad sino que crean su propia voluntad. GRAN LOGIA SIMBÓLICA ESPAÑOLA Apartado
se someten a una voluntad sino que crean su propia voluntad. GRAN LOGIA SIMBÓLICA ESPAÑOLA Apartado

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